Febrero-2026

Conciliación de clases/
Concentración y centralización capitalista/
Alternativas emancipatorias

Conciliación de clases

Agencia Paco Urondo dialogó con el periodista Sebastián Enricci, sobre la publicación digital de «La descomposición de un Estado». El libro contiene ensayos publicados en este portal entre 2018 y 2025, en los cuales el autor ofrece una visión histórica-política para el presente argentino.

Entrevista al periodista Sebastián Enricci, sobre la publicación digital del libro La descomposición de un Estado

«Busco comprender cómo se degrada
el Estado y la legitimidad democrática»

17 de enero de 2026

Por Agencia Paco Urondo

APU: ¿Por qué escribió La descomposición de un Estado?

SE: Escribí La descomposición de un Estado por una necesidad de entender y nombrar un proceso que ya estaba en marcha y que me resultaba imposible ignorar, pero también por una urgencia histórica. No para intervenir en la coyuntura inmediata, sino para dejar constancia de algo más profundo y, justamente por eso, más peligroso. Desde la campaña presidencial, y aún antes, por las características del candidato libertario, noté que no estábamos frente a una simple alternancia electoral, sino ante una mutación en el modo de gobernar y en la relación entre el Estado, la democracia y la vida en sociedad. (…)

APU: El subtítulo del libro es muy personal y plantea una lectura fuerte de estos dos años ¿Qué lugar ocupa dentro del sentido general del libro?

SE: El subtítulo no busca convocar ni clausurar un debate, sino nombrar con precisión el campo de fuerzas que el libro analiza. Es personal porque expresa mi mirada y una experiencia de escritura situada en este tiempo histórico concreto, no porque proponga una consigna o un programa. Nombrar la exaltación cínica de la libertad, la administración del dolor o el simulacro del buen gobierno no es hacer propaganda, es hacerse cargo de lo que se observa. El libro no dice qué hacer, dice qué está ocurriendo. Además, creo que es un acierto decirlo antes de que esos procesos se naturalicen.

APU: ¿Qué entiende por “descomposición del Estado”?

SE: Entiendo la descomposición del Estado como un proceso que no se reduce a desvíos ilegales dentro del sistema, sino que expresa una concepción del poder que niega su función como organizador de la comunidad y mediador de los conflictos sociales. Es un vaciamiento que desconoce al Estado y que se produce aun dentro de la legalidad.

APU: ¿Por qué el libro se centra en Javier Milei y no en sus ministros?

SE: Porque este gobierno se organizó desde el inicio alrededor de una centralidad presidencial absoluta. No hay un gabinete con autonomía política ni ministros con proyectos propios, sino voceros, ejecutores y figuras fácilmente reemplazables dentro de la estructura gubernamental.

APU: ¿No es una personalización excesiva del poder?

SE: No. El recorte analítico responde a una realidad política concreta y no a una voluntad de simplificación. La figura presidencial concentra el sentido, el discurso y la concepción del Estado que luego se despliega en políticas concretas.

APU: ¿Cómo define el rol simbólico de Milei en su gobierno?

SE: Milei no es solo el jefe del Poder Ejecutivo. Es el núcleo narrativo, ideológico y simbólico del gobierno. Define el tono, el sentido, la lógica de confrontación y el desprecio por la mediación institucional, y encarna una exaltación cínica de la libertad que opera en el sentido común y en el ADN de nuestra sociedad. (…)

https://www.agenciapacourondo.com.ar/politica/sebastian-enricci-busco-comprender-como-se-degrada-el-estado-y-la-legitimidad-democratica

Fuente: https://rebelion.org/busco-comprender-como-se-degrada-el-estado-y-la-legitimidad-democratica/

«Hubiera sido más sabio estudiar primero la sociedad con el objeto de entender sus instituciones políticas. Antes de ser una causa, las instituciones políticas son un efecto; la sociedad las produce antes de ser modificada por ella.»

François Guizot, Historia de la civilización en Francia, 1830.

El aumento de la demanda de
aceite de soja para combustibles amenaza con

colapsar la Amazonía brasileña

8 de noviembre de 2022

Ecologistas en acción

Un nuevo estudio analiza la relación entre el incremento del uso de aceite de soja para producir carburantes y los niveles históricos de deforestación de extensas zonas de Brasil.

– Un nuevo estudio analiza la relación entre el incremento del uso de aceite de soja para producir carburantes y los niveles históricos de deforestación de extensas zonas de Brasil, así como con el aumento del precio de alimentos básicos y la destrucción de un ecosistema clave para la vida en el planeta.

– Ecologistas en Acción alerta de que la eliminación progresiva del aceite de palma en la fabricación de combustibles está provocando la utilización masiva de otros cultivos alimentarios como el aceite de soja, con unos impactos muy negativos que deben ser frenados.

– La UE en su conjunto, y España como Estado miembro, deben catalogar el aceite de soja como materia prima insostenible y abandonar de inmediato su utilización para la fabricación de combustibles, tal y como ha propuesto el Parlamento Europeo.

Según el informe publicado hoy por la organización europea Transport&Environment, de la que forma parte Ecologistas en Acción, el fuerte aumento de la demanda de aceite de soja para producir combustibles está directamente relacionado con la aceleración de la deforestación en la Amazonía brasileña, que en 2021 alcanzó su máximo de los últimos 15 años. Una tendencia que se mantiene en 2022, año en el que se ha registrado el mayor nivel de destrucción de la selva brasileña entre los meses de enero y agosto desde 2008.

Tal y como pone de manifiesto el estudio, dicha tendencia coincide con un incremento progresivo en la demanda de aceite de soja para la fabricación de combustibles. En efecto, mientras en 2005 tan solo el 6 % del aceite de soja producido en el ámbito global iba a parar a nuestros depósitos, en 2021 la cifra se había triplicado para alcanzar el 20 %. Si tenemos en cuenta los volúmenes de soja procesados en este periodo, estos han aumentado un 580 %, pasando de 2,1 millones de toneladas en 2005 a 12,2 en 2021.

La UE ha contribuido en gran medida a dicho aumento de la demanda. El fomento de la producción de combustibles procedentes de cultivos alimentarios establecido en la Directiva de Energías Renovables ha provocado que el consumo de aceite de soja en la UE se haya duplicado entre 2015 y 2017. Y esta tendencia podría verse agravada en el futuro: tras la catalogación por Bruselas del aceite de palma como materia prima de alto riesgo en 2019 y el abandono previsto de su uso en 2030, la industria se focaliza cada vez más en materias primas como la soja. De ahí que, según cálculos de Transport&Environment, la demanda de aceite de soja podría cuadriplicarse en los próximos años.

Según el informe publicado, demanda de aceite de soja y deforestación van de la mano. Amplios territorios de selva (como la Amazonía) y de sabana (como El Cerrado, un extensísimo bioma al sur de aquella) han sido arrasados para convertirse en zonas de cultivo de la soja. Incluso tierras deforestadas para ganadería industrial acaban cediendo a la presión del monocultivo de la soja, lo que fuerza a las explotaciones ganaderas a adentrarse aún más en la selva.

Los datos mostrados por el informe son concluyentes: la superficie de terreno dedicada al cultivo de soja en la Amazonía ha aumentado 10 veces entre 2009 y 2019. Algo coherente con las estimaciones de la FAO, que muestra cómo, mientras la superficie para ganadería se ha mantenido estable en Brasil desde el año 2000, las tierras destinadas al cultivo de soja, maíz y caña de azúcar —los cultivos más demandados para la fabricación de combustibles— han crecido en 23, 6,4 y 5,2 millones de hectáreas, respectivamente.

Paradójicamente, ese aumento de la superficie de tierra cultivada no se está empleando para producir alimentos que satisfagan las necesidades alimentarias de personas y animales, como pone de manifiesto el hecho de que las áreas dedicadas al cultivo de arroz o leguminosas ocupan hoy 3,6 millones de hectáreas menos que en 2000.

Por otro lado, la fuerte demanda de cultivos alimentarios para producir carburantes ha provocado importantes subidas en los precios de los aceites vegetales, que alcanzaron un máximo histórico en 2021. La presión sobre una materia prima como la soja genera aumentos inmediatos en el coste de otras materias primas, como aceites vegetales, cereales o productos lácteos.

Intensificada por la guerra en Ucrania, esta situación se traduce en un aumento de los niveles de inseguridad alimentaria en numerosos puntos del planeta: según el Programa Mundial de Alimentos, el número de personas en situación de inseguridad alimentaria aguda ha pasado de algo más de 200 millones en 2019 a 345 millones a día de hoy.

Paralelamente, la destrucción de ecosistemas para el monocultivo de la soja tiene efectos nefastos sobre la vida en espacios de enorme riqueza natural. Según el estudio de Transport&Environment, se calcula que el jaguar ha perdido en torno al 50 % de sus hábitats originales como consecuencia de la deforestación de la Amazonía. Igualmente, en el informe miembros de comunidades indígenas denuncian situaciones de hostigamiento para abandonar sus territorios, incendios provocados, rociamiento de comunidades con pesticidas o contaminación de sus aguas, entre otras agresiones por parte de la industria.

Para frenar todos estos impactos, el estudio apunta a una serie de recomendaciones políticas para la UE, inmersa en el proceso de revisión de la Directiva de Energías Renovables. En opinión de Pablo Muñoz, portavoz de la campaña de biocombustibles de Ecologistas en Acción, “la UE puede y debe frenar el daño que la expansión de la soja está provocando en Brasil y otros puntos del planeta. Para hacerlo, la Comisión y el Consejo deben simplemente apoyar la propuesta del Parlamento Europeo de abandonar en 2023 el aceite de palma y de soja para producir combustibles”.

Algo que aplica igualmente a los Estados miembro individualmente, según recuerda el portavoz ecologista: “España debe sumarse a otros países de la UE que ya han decidido abandonar tanto la palma como la soja. Seguir quemando alimentos en nuestros depósitos no tiene ninguna justificación, como tampoco la tiene seguir deforestando y agravando la crisis climática que nos afecta”.

https://www.ecologistasenaccion.org/212288/el-aumento-de-la-demanda-de-aceite-de-soja-para-combustibles-amenaza-con-colapsar-la-amazonia-brasilena/
Fuente: https://rebelion.org/740752-2/

Brasil y Bolivia concentran el 90% de la deforestación
y degradación de la Amazonia

Según una investigación, dada a conocer por la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica, el bosque tropical más grande del mundo se encuentra a puertas de la “destrucción irreversible del ecosistema”

5 de septiembre de 2022

Por Andrés Rodríguez

La Amazonia se encuentra inmersa en una crisis o punto de no retorno debido a las altas tasas de deforestación y degradación. Esta situación no es un escenario futuro, sino un estado ya presente en algunas zonas de la región. Países como Brasil y Bolivia concentran el 90% de la deforestación y degradación combinadas, entendidas como perturbaciones en el bosque. Como resultado, la sabanización, proceso que lleva a un ecosistema a convertirse en llanuras con pocos árboles o muy distanciados entre síya se está produciendo en ambos países, de acuerdo conel informe La Amazonia a contrarreloj: un diagnóstico regional sobre dónde y cómo proteger el 80% al 2025, dado a conocer este lunes, en Lima, Perú, en la V Cumbre Amazónica de Pueblos Indígenas, organizada por la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA).

La investigación, dada a conocer por líderes indígenas amazónicos e investigadores, aborda la problemática a nivel nacional en los nueve países de la cuenca y evidencia que el 34% de la Amazonia brasileña ha entrado en un proceso de transformación, al igual que el 24% de la Amazonía boliviana, seguido por Ecuador con el 16%, 14% en Colombia y 10% en Perú, que son los países con mayores índices. Asimismo, la sabanización ya es una realidad en el sureste de la región, principalmente en Brasil y Bolivia. Ambas naciones comparten las invasiones o avasallamientos como causa central de la deforestación. Esta problemática pone en el centro de las soluciones a los Estados y sus marcos legales.

La Amazonia se encuentra a puertas de la “destrucción irreversible del ecosistema” debido a las altas tasas de pérdida y perturbación de la selva que, combinadas, ya alcanzan el 26% de la región. Sin embargo, el 74% restante, 629 millones de hectáreas de áreas prioritarias siguen en pie y requieren protección inmediata. La Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) conceptualiza a la Amazonía como un ecosistema integral que cubre un área de investigación de 847 millones de hectáreas. “Sin saberlo, comemos, nos transportamos y nos vestimos con productos que destruyen a la Amazonía. No podemos darnos el lujo de perder una hectárea más. El futuro de la Amazonía es una responsabilidad de todos”, dijo Alicia Guzmán, representante de Stand.Earth, una de las coordinadoras que forma parte de la coalición “Amazonia por la Vida”.

Según el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales, dependiente de la Agencia Espacial Brasileña, en los últimos 30 días se registraron vía satélite 31.513 alertas de incendios en la Amazonia, convirtiendo al pasado agosto en el peor desde 2010, cuando las quemas ascendieron a 45.018 en todo el mes. El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, sugirió que el incremento de los incendios fue causado por eventos naturales o por las comunidades indígenas, según dio a conocer en una entrevista con Globo TV el pasado 22 de agosto.

“En Brasil somos testigos de un Gobierno con una política de Estado frontalmente antiindígena que intenta, de todas las maneras posibles, legalizar lo ilegal. La destrucción y codicia desenfrenada a nuestros territorios ancestrales, nuestra Amazonia, en el norte del país, es la cara visible de la histórica violación de derechos a los que nosotros estamos sujetos hace décadas”, dijo Nara Baré, ex coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Amazonia Brasileña.

Según el mismo informe, desarrollado desde 2021 por la RAISG—con datos desde 1985 a 2020—, la industria ganadera es la mayor impulsora de la deforestación en la Amazonia. La deforestación causada por la ganadería en la selva amazónica representa casi el 2% de las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2) anualmente.La mayor parte de la actividad ganaderaen el mundo tiene lugar en Brasil.

La investigación también señala que el 66% de la Amazonia está sujeta a algún tipo de presión fija o permanente. Apunta a que donde hay fuerte presencia estatal se presentan amenazas y presiones o impulsores “legales” y en sitios donde la presencia gubernamental es débil, se presentan impulsores “ilegales”.Los territorios indígenas y áreas protegidas no están almargen de esta realidad. “Los bloquespetroleros, centrales hidroeléctricas yminas se planifican a lo largo y ancho de la Amazonia. Los marcos legales vigentes generan condiciones para que los Estados concesionen licencias en bosques intactos o territorios indígenas sin el consentimiento libre previo e informado de las poblaciones que habitan la región”, señala el documento.

Otro dato que no es menor, presente en el informe, es que entre 2015 y el primer semestre de 2019, 232 líderes comunitarios indígenas fueron asesinados en la región en disputas por la tierra y recursos naturalesEn 2020, esta tendencia se mantuvo. Mientras que, en 2021, un tercio de todas las violaciones registradas en las Américas fueron contra defensores de los derechos ambientales, territoriales y de los pueblos indígenas. Debido a la alarmante situación de violencia en la región, el pasado julio, el Parlamento Europeo ha adoptado una resolución que condena las políticas de derechos humanos del presidente brasileño y denuncia la creciente violencia contra defensores, indígenas, minorías y periodistas en Brasil, incluido el asesinato de Dom Philips y Bruno Pereira.

Existe una correlación directa entre la destrucción de nuestro hogar y los asesinatos a líderes y lideresas indígenas, defensores de nuestros territorios. Hemos corroborado que el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas de la cuenca amazónica es una solución urgente para salvaguardar el 80% de la Amazonia. Debemos actuar todos en unidad, y debemos hacerlo antes de 2025″, dijo José Gregorio Díaz Mirabal, líder indígena y coordinador general de la COICA.

Fuente: https://elpais.com/america-futura/2022-09-05/brasil-y-bolivia-concentran-el-90-de-la-deforestacion-y-degradacion-de-la-amazonia.html

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¿Amazonía en el punto de no retorno?: Brasil y Bolivia son los países con mayor deforestación y degradación de sus bosques

15 septiembre 2022

Por Ivette Sierra Praeli

  • Un estudio elaborado por la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada señala que un 26 % de los bosques amazónicos se han transformado de manera irreversible y presentan alto nivel de degradación.
  • La sabanización de la Amazonía ya está presente en Brasil y Bolivia, mientras que Ecuador, Colombia y Perú avanzan en el mismo sentido.

Las cifras de deforestación y degradación de los bosques amazónicos han llegado al 26 % en todo el territorio de la Amazonía que cubre 847 millones de hectáreas: 20 % ha sufrido una pérdida irreversible y 6 % presenta alta degradación. El punto de no retorno de la Amazonía ya no es un escenario futuro, sino del presente en algunas zonas de la región. Además, de los nueves países que conforman la cuenca amazónica, Brasil y Bolivia tienen las mayores cantidades de destrucción y como resultado “la sabanización ya se está produciendo en ambos países”.

Así lo indica el estudio La Amazonía contra reloj: un diagnóstico regional sobre cómo proteger el 80 % al 2025, elaborado por la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) —en coalición con la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA) y Stand.earth— que se presentó en la V Cumbre Amazónica de Pueblos Indígenas realizada en Lima, Perú.

En el estudio se destaca que Brasil y Bolivia concentran el 90 % de la transformación y alta degradación que afecta a la cuenca amazónica. El restante 10 % lo comparten Perú, Colombia, Ecuador y Venezuela, con cifras de pérdida de bosques amazónicos cada vez más preocupantes.

Cabe precisar que según los estudios de Thomas E. Lovejoy y Carlos Nobre el punto de no retorno ocurre cuando la deforestación y degradación combinadas superan el umbral de entre el 20 % y 25 %, cifra que los científicos consideraron para la Amazonía este, sur y central.

“Estamos destruyendo el agua, la biodiversidad, los alimentos. El ser humano, las empresas extractivas y los gobiernos continúan con una economía de combustibles fósiles y están destruyendo nuestro presente y nuestro futuro. Este es un llamado de emergencia”, dijo José Gregorio Díaz Mirabal, coordinador general de la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), durante la presentación de este informe.

El documento reúne información sobre el estado actual de las áreas prioritarias clave en la Amazonía, datos de la situación de la biodiversidad e identifica los impulsores o drivers de destrucción de los bosques amazónicos. Además,  plantea soluciones para abordar la crisis Amazónica.

El punto de no retorno en la Amazonía

“Nuestros datos demuestran que la protección del 80 % de la Amazonía es necesaria y posible, pero sobre todo, urgente. De continuar la tendencia actual de deforestación, la Amazonía tal como la conocemos hoy, no llegaría al 2025”, dice el informe elaborado por la RAISG, sustentado en el análisis de datos desde 1985 hasta 2020.

Marlena Quintanilla, directora de investigación de la Fundación Amigos por la Naturaleza (FAN) e investigadora principal del informe, indica que en los últimos 20 años la Amazonía ha sufrido la transformación de por lo menos 50 millones de hectáreas. “A muchos nos cuesta dimensionar cuánto significa esta extensión, pero podemos decir que es un territorio más grande que toda España”.

Quintanilla menciona que “el 26 % de la Amazonía ha sufrido transformaciones completas y una degradación profunda” y precisa que Bolivia y Brasil, los países con mayor impacto y transformación de su Amazonía, presentan síntomas importantes de estos cambios. En Bolivia —añade Quintanilla— las lluvias han disminuido en un 17 % y la temperatura se ha elevado en más de 1 grado centígrado. “Estamos en el momento para revertir y restaurar la Amazonia”, advierte y hace un llamado para que se tomen acciones hacia el 2025 “porque para el 2030 puede ser tarde”.

La experta de FAN se refiere así a una de las conclusiones expresadas en el informe: “Un horizonte al año 2030 puede ser catastrófico para el bosque continuo más grande del planeta y para las más de 500 nacionalidades y pueblos indígenas que en él habitan y para la humanidad”.

El informe también detalla que la Amazonía de Brasil —que ocupa el 40 % del bosque tropical del mundo— ha superado el punto de no retorno con un 25% de transformación y un 9 % de alta degradación, es decir, el 34 % de la Amazonía brasileña prácticamente se ha perdido. “Esta realidad amenaza a toda la región por ser Brasil el país que alberga dos tercios de la Amazonía. La pérdida registrada compromete el sur brasilero y también a los biomas bolivianos. La transformación responde primordialmente a la urbanización”.

En esta vorágine de destrucción, Bolivia ha llegado prácticamente al límite del punto de no retorno con un 20 % de transformación y 4 % con alta degradación. Este país tiene un 24 % de su Amazonía arrasada.

Quintanilla también critica que los discursos de los gobiernos plantean la protección de la Amazonía, pero estos ofrecimientos no se concretan. “El avasallamiento de los territorios indígenas y la no titulación son los principales problemas. Muchas de las áreas que demanda Coica como territorios indígenas no han sido atendidas. En el caso de Bolivia, desde el 2012 no ha habido avances en la titulación de territorios indígenas. La titulación es un paso importante para garantizar y no transformar más la Amazonia”.

En ese sentido, la experta de FAN dice que a través de este informe se busca visibilizar cuál es el rol de los pueblos indígenas para proteger la Amazonía y asegura que la lucha contra el cambio climático debe incluir como protagonistas a los pueblos indígenas.

Las causas de la deforestación

Este informe se presenta un año después de que más de 60 estados miembros de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) aprobara —durante su Congreso Mundial de 2021, realizado en Marsella, Francia— el compromiso de proteger el 80 % de la Amazonía para el 2025.

Ahora, el informe de RAISG indica que se requieren medidas urgentes para salvaguardar ese 80 % de la Amazonía que, en realidad, corresponde al 74 % restante —629 millones de hectáreas— que aún no han sufridos transformación ni alta degradación.

De todo este territorio el 33 % corresponde a Áreas Prioritarias Clave, el 41 % a una Baja Degradación, mientras que un 6 % restante son tierras dedicadas a la restauración (54 millones de hectáreas) de tierras con alta degradación.

Las cifras de este informe también indican que “el 66 % de la Amazonía está sujeto a algún tipo de presión fija o permanente” y especifica que en los lugares con presencia del Estado se presentan amenazas y presiones o impulsores legales, mientras que en donde la presencia estatal es débil, las presiones e impulsores de la destrucción son ilegales.

La actividad agropecuaria es —según el informe— responsable del 84 % de la deforestación amazónica, y las invasiones o avasallamientos, así como los incendios forestales están directamente relacionadas a la ampliación de la frontera agrícola, mientras que la deforestación causada por la ganadería en la selva amazónica representa casi el 2 % de las emisiones globales de CO2 anuales y la mayor parte de la ganadería en el mundo ocurre en Brasil.

La minería es otro de los drivers de la deforestación y degradación de los bosques amazónicos, una actividad presente en los nueve países y que afecta al 17 % de la Amazonía. Además, “la minería ilegal que carece de registros se está expandiendo en toda la cuenca amazónica”, precisa el informe.

La extracción de petróleo también tiene un impacto negativo en el bioma amazónico. Los cálculos de RAISG indican que el 9.4 % de la superficie Amazónica (80 millones de hectáreas) está ocupada por lotes petroleros.

Ecuador es el país donde se extrae más petróleo, pues el 89 % del crudo exportado desde la Amazonía proviene de este país. “Más de la mitad (52 %) de la Amazonía ecuatoriana es un bloque petrolero, 31 % en Perú, 29 % en Bolivia y 28 % en Colombia”, señala el informe. Además, el 43 % de estos bloques petroleros están ubicados en áreas protegidas y territorios indígenas.

Carmen Josse, directora de la Fundación Ecociencia y coautora del estudio, señala que el panel científico ha constatado que en la Amazonía el aumento de la temperatura es de 1.2 grados más, cifra que está por encima del promedio global de 1.1 grados. “Es una de las regiones con más riesgo en la tierra y con más del 90 % de especies expuestas a temperaturas sin precedentes si se ven las estimaciones de los modelos hacia el 2007”.

Josse menciona que el panel científico responsable del estudio ha advertido que estamos muy cerca de alcanzar el punto de no retorno. “Los bosques amazónicos que conocemos ya no podrán existir y serán reemplazados por otros tipos de ecosistemas que no ofrecerán los mismos servicios ecosistémicos que tenemos ahora. Es un efecto en cascada que tendría enorme impacto en el clima y, en consecuencia, en la biodiversidad, agricultura, salud y bienestar de todos los humanos”. (…)

Concentración y centralización capitalista

Narco-mitos y guerra neoliberal:
por qué se intensificó el conflicto en Colombia

24 de enero de 2026

Por Oliver Dodd /Rebelión

Durante décadas, políticos y periodistas enmarcaron la guerra civil colombiana (1964-2016) como un problema de narcotráfico, reduciendo su dinámica política y social a la afirmación de que las FARC no eran más que un cártel de la droga, una organización narcoterrorista disfrazada de movimiento político. Esta narrativa de la «guerra contra las drogas» sirvió como pretexto principal para la amplia intervención estadounidense desde finales de la década de 1990, en virtud de la cual Colombia se convirtió en uno de los mayores receptores de ayuda militar estadounidense a nivel mundial.

Basándome en mi reciente artículo, War of Movement, publicado en la revista Review of International Studies, explico por qué este planteamiento malinterpreta fundamentalmente cómo y por qué se intensificó el conflicto.

El artículo rechaza la idea de que la guerra de Colombia pueda entenderse como un «conflicto interno», la categoría dominante en los estudios sobre seguridad, conflictos y paz. En cambio, reinterpreta la escalada como un proceso fundamentalmente internacionalizado, moldeado por la dinámica desigual y combinada del capitalismo global y el violento proceso de reintegración neoliberal de Colombia durante la década de 1990. Este replanteamiento desvía la atención de la dudosa historia moral de que las FARC «degeneraron» en un cártel de la droga hacia la dinámica político-económica más profunda que configura el conflicto.

La rápida escalada de la guerra durante la década de 1990 fue impulsada por un proyecto de reestructuración revolucionaria pasiva, diseñado por la élite, que destruyó los medios de vida rurales, fracturó la autoridad del Estado y transformó el campo colombiano en un campo de batalla del capitalismo global. Solo en estas condiciones político-económicas cambiantes se hizo estratégicamente viable para las FARC pasar a una guerra de movimiento, lo que supuso una amenaza existencial para el Estado en 1998.

En respuesta a las presiones y oportunidades generadas por la acelerada transnacionalización de la producción desde la década de 1970, las élites políticas colombianas —sobre todo bajo el gobierno liberal de César Gaviria (1990-1994)— se embarcaron en un proyecto de reestructuración del Estado a principios de la década de 1990. Este proyecto siguió la lógica de una revolución pasiva, combinando reformas limitadas para incorporar a los subalternos con la restauración del desarrollo capitalista a través de la apertura económica y una mayor integración en los ciclos transnacionales de acumulación. Celebrado como una iniciativa de «modernización» por las élites políticas, el proyecto tenía en realidad como objetivo realinear la forma de Estado de Colombia con la dinámica evolutiva del capitalismo global.

Si bien la revolución pasiva buscaba restaurar la autoridad de la clase dominante en unas condiciones político-económicas internacionales cambiantes, reconfiguró el terreno del conflicto de una manera que, en última instancia, exacerbó las tensiones. La apertura económica reestructuró fundamentalmente el modelo de desarrollo de Colombia, haciendo que las poblaciones campesinas fueran cada vez más vulnerables a la competencia extranjera. A medida que se desmantelaban las protecciones y los subsidios básicos, las comunidades subalternas se enfrentaban a presiones de mercado ruinosas, que provocaban despojo, pobreza y desplazamiento. Esto supuso una declaración de guerra no oficial a los campesinos como clase, intensificada por una narcoburguesía empoderada que explotó la desregulación para blanquear capital a través de un violento proceso de «contrarreforma» de despojo de tierras.

Ante los efectos destructivos de la apertura económica y la contrarreforma agraria, los campesinos se dedicaron en mayor número a la producción de coca, un cultivo comercial que resultó mucho más sostenible que las fuentes tradicionales como el café, la papa, el maíz y el plátano. Ni la «codicia» ni el «resentimiento» impulsaron este cambio; se trató de una estrategia de supervivencia y resistencia basada en la clase social.

Los campesinos se adaptaron a las condiciones estructurales cambiantes por su propia iniciativa, formando una poderosa trayectoria de movilización popular a lo largo de la década de 1990. Se formaron nuevas luchas y comunidades en las zonas rurales marginales, ya que el deterioro de las condiciones en las ciudades animó a los desempleados y a los trabajadores informales a unirse a las filas de los cocaleros en el campo.

La «guerra contra las drogas» —más visible a través de la fumigación aérea de la coca— reforzó la violencia estructural de la reconfiguración neoliberal. La fumigación no solo se dirigió contra la coca, sino también contra los suministros de agua, los suelos y los cultivos de subsistencia en general, funcionando efectivamente como una forma de guerra química contra las comunidades rurales. En conjunto, estas dinámicas remodelaron las identidades de clase social y animaron a muchos campesinos a identificarse más fuertemente con la rebelión de las FARC.

Las FARC interpretaron esta coyuntura desde una perspectiva marxista, entendiendo el giro de los campesinos hacia la coca como un síntoma de una crisis más amplia del capitalismo global, arraigada en la extrema desigualdad de la tierra y la explotación de clases. En lugar de criminalizar la coca, trataron el tráfico de drogas como cualquier otro sector capitalista, sometiéndolo a impuestos y regulaciones. Al hacerlo, las FARC no solo aseguraron un aumento de los ingresos para financiar su proyecto político-militar, sino también una base social cada vez mayor entre los campesinos sometidos a violencia estructural y directa.

Sin embargo, la rápida expansión de las FARC durante la década de 1990 no puede explicarse únicamente por la generación de ingresos y el creciente apoyo de los campesinos. La reestructuración neoliberal también tuvo repercusiones más amplias. Dentro del propio proyecto revolucionario pasivo, surgieron tensiones entre las fracciones dominantes de la clase, lo que agravó la crisis de autoridad que se estaba extendiendo. Mientras que algunos se alinearon con una élite tecnocrática modernizadora y orientada al mundo global, comprometida con las instituciones liberal-democráticas y la integración en el orden mundial liderado por Estados Unidos, otros —en particular los sectores terratenientes— estaban profundamente envueltos en economías ilícitas y cada vez más alarmados por el avance de la guerrilla. Así, el proyecto neoliberal no logró estabilizar el poder ni asegurar la legitimidad, ni siquiera dentro del bloque de poder dominante. Esta fractura interna del proyecto estatal animó a sectores de la clase dominante a recurrir en mayor medida a la coacción, lo que se reflejó en el creciente apoyo de la política y la sociedad civil al terror paramilitar.

En esta coyuntura cambiante, el concepto de Antonio Gramsci de guerra de movimiento se vuelve decisivo para explicar el avance de las FARC. Gramsci entendía la guerra de movimiento como una confrontación directa por el poder estatal, posible gracias a una crisis de autoridad en la que el Estado gobierna cada vez más mediante la coacción en lugar de la hegemonía. Distinguía esto de una guerra de posición, una lucha a más largo plazo para construir una contrahegemonía en la política y la sociedad civil, centrada más en el consentimiento que en la fuerza.

Con el colapso de la legitimidad y la fractura del Estado, se abrieron nuevas oportunidades estratégicas para las FARC. Actuando en estas condiciones, la organización pasó a la ofensiva estratégica, dando prioridad al reclutamiento masivo, la expansión territorial y las operaciones militares cada vez más convencionales contra el Estado colombiano, abriendo corredores para tomar Bogotá.

Por lo tanto, la escalada de la guerra no fue el resultado de la «cartelización», una ficción despolitizadora que despoja al conflicto de sus fundamentos políticos y económicos internacionales y protege a las clases dominantes de su responsabilidad. La guerra se intensificó a través de un proyecto revolucionario pasivo diseñado por la élite que devastó las comunidades subalternas, fracturó el orden social y desencadenó una crisis de autoridad en todo el Estado integral, lo que hizo estratégicamente posible la rápida expansión de las FARC. Situada en su contexto político-económico internacional, la guerra pone de manifiesto lo que las narrativas oficiales han ocultado: la violencia política no fue una desviación de la modernización capitalista, sino un resultado constitutivo de un proyecto revolucionario pasivo a través del cual se produjo la modernización capitalista.

Oliver Dodd es profesor de Relaciones Internacionales y Estudios de Seguridad en la Liverpool John Moores University y codirector del Centre for the Study of Social and Global Justice.
Fuente: https://rebelion.org/narcomitos-y-guerra-neoliberal-por-que-se-intensifico-el-conflicto-en-colombia/

 Alternativas emancipatorias


¿Amazonía en el punto de no retorno?: Brasil y Bolivia son los países con mayor deforestación y degradación de sus bosques

15 septiembre 2022

Por Ivette Sierra Praeli

(…) Las propuestas de los pueblos indígenas

“Los datos son sumamente preocupantes, estamos al borde de un colapso grave que impacta no solo a los pueblos indígenas, sino a toda la humanidad. Se está dando un aumento significativo de deforestación y relacionado con ese desbosque están las matanzas de los líderes indígenas que defienden su territorio”, señala Ángela Kaxuyana, lideresa indígena de la ​​Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Amazonía Brasileña, en relación con los constantes asesinatos de los líderes indígenas.

Hace tan solo unos días, dos asesinatos impactaron en Brasil. Un primer crimen ocurrió el sábado 3 de septiembre, en el estado de Maranhao, cuando Janildo Oliveira Guajajara, miembro del grupo autodenominado Guardianes de la selva, recibió un disparo por la espalda. En el ataque otra persona resultó gravemente herida. Ese mismo día, también en Maranhao, Jael Carlos Miranda Guajajara fue atropellado por un auto y se sospecha de que se trató de un asesinato selectivo. La policía investiga si estos crímenes se relacionan con la presencia de madereros ilegales en territorios indígenas.

El informe señala que 232 líderes comunitarios indígenas fueron asesinados en la región entre 2015 y el primer semestre de 2019 por disputas por la tierra y recursos naturales. El documento también indica que en 2021, un tercio de todas las violaciones registradas en las Américas fueron contra defensores de los derechos ambientales, territoriales y de los pueblos indígenas.

“La falta de información, vuelve opaco el número real de quienes pierden hasta su vida por proteger sus territorios. La Iniciativa Amazonía por la Vida: protejamos 80 % al 2025 es una medida urgente propuesta por los pueblos indígenas en honor a los que no están y a los que quedamos, y, para frenar la muerte de nuestras familias”, dice Julio César López, Coordinador Organización de Pueblos Indígenas de la Amazonía Colombiana (OPIAC), de Colombia, país con la mayor cantidad de asesinatos de líderes indígenas y defensores ambientales en la región y en el mundo.

Estudios científicos han demostrado que los bosques mejor conservados se encuentran en los territorios indígenas, incluso, con iguales o mayores niveles de conservación que las áreas naturales protegidas. “Esto se debe, principalmente, a la cosmovisión de más de 500 pueblos indígenas que han habitado la Amazonía por milenios”, precisa el documento.

De acuerdo con el informe, los pueblos indígenas, son más vulnerables a los impactos del cambio climático, por tanto, —señala el documento— el camino para una transición justa en la Amazonía tiene que ser liderado por ellos, quienes, a través de su conocimiento milenario, conocen sus secretos más profundos para mantener los bosques amazónicos en pie.

“Es indispensable que la política global y nacional reconozca el rol de los pueblos y territorios indígenas en la preservación de los ecosistemas más sensibles del planeta como protagonistas de las soluciones de la crisis climática que atravesamos”, menciona el documento.

En ese sentido, el informe presenta las soluciones identificadas por los pueblos indígenas para detener el punto de no retorno de la Amazonía, los mismos que deben estar sujetos a un llamado a la comunidad internacional.

“Debemos contar con un plan de acción porque a los pueblos indígenas los están asesinando, encarcelando, contaminando. Este plan de acción vamos a presentarlo  a los gobiernos en la próxima Cumbre Climática Global que se realizará en Egipto y en la Cumbre de Biodiversidad en Canadá”, señala Gregorio Díaz Mirabal, coordinador general de Coica.

Las propuestas para frenar la deforestación amazónica contempla el reconocimiento inmediato de los territorios indígenas que ya están identificados, así como la asignación de recursos para fortalecer la gestión territorial, además, se sostiene que más de la mitad de la Amazonía tiene que entrar en un régimen de gestión territorial para que se pueda preservar toda la región.

En ese sentido, el informe presenta las soluciones identificadas por los pueblos indígenas para detener el punto de no retorno de la Amazonía, los mismos que deben estar sujetos a un llamado a la comunidad internacional.

“Debemos contar con un plan de acción porque a los pueblos indígenas los están asesinando, encarcelando, contaminando. Este plan de acción vamos a presentarlo a los gobiernos en la próxima Cumbre Climática Global que se realizará en Egipto y en la Cumbre de Biodiversidad en Canadá”, señala Gregorio Díaz Mirabal, coordinador general de Coica.

Las propuestas para frenar la deforestación amazónica contempla el reconocimiento inmediato de los territorios indígenas que ya están identificados, así como la asignación de recursos para fortalecer la gestión territorial, además, se sostiene que más de la mitad de la Amazonía tiene que entrar en un régimen de gestión territorial para que se pueda preservar toda la región.

Para lograrlo se propone la titulación de alrededor de 100 millones de hectáreas que aún están en disputa; la definición de una política forestal y de zonificación que permita la creación de áreas intangibles, sin carreteras y sin actividades extractivas; la restauración de tierras degradadas; la creación de reservas indígenas o áreas protegidas cogestionadas; una moratoria inmediata sobre la deforestación y degradación industrial de todos los bosques primarios.

También proponen, entre otras acciones, detener los impulsores de la deforestación actual y futura, y una condonación de la deuda externa de los países amazónicos. Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), para el 2021, la deuda bruta de los gobiernos es del 78 %, en promedio, del PIB regional y representa el 59 % de sus exportaciones de bienes y servicios. Los pueblos indígenas también solicitan que el sector financiero se comprometa a garantizar el cumplimiento de sus derechos y a poner fin a la deforestación en todas las cadenas de suministro que financian.

“Si no planteamos una solución y no invitamos a los gobiernos, los aliados, y todos los que están realizando alguna actividad en la Amazonía, creo que no vamos a lograr defenderla como lo estamos planteando. Estamos ante un problema en todo el planeta y los pueblos indígenas quieren ser protagonistas de la solución”, precisa Diaz Mirabal.

Fuente: https://es.mongabay.com/2022/09/alerta-por-deforestacion-y-degradacion-de-la-amazonia-punto-de-no-retorno/

Qué Democracia

Legalidad-legitimidad de la gran burguesía/
Bloqueo de la lucha de clases/Alternativas emancipatorias

Legalidad-legitimidad de la gran burguesía

Reflexionemos sobre el paradigma de democracia en el sistema mundo capitalista:

Condiciones sociales e institucionales
que coadyuvan al control oligárquico (I)

10 de noviembre de 2022

Por Fernando M. García Bielsa| Rebelión

En Estados Unidos el poder de los grandes grupos económicos ha estado blindado y se ve secundado por los políticos de profesión, los gobiernos de turno, por el andamiaje militar y de seguridad y por todos los mecanismos ideológico-culturales que le dan robustez, aun en el marco del progresivo proceso de declinación de la nación estadounidense.

De entre el conjunto de factores y rasgos de un país tan complejo que explican su estabilidad bajo un claro control oligárquico, debemos jerarquizar el acople existente entre los sistemas eleccionario, de partidos y mediático, de forma tal que garantizan resultados siempre favorables a los intereses imperiales y de negocios, y con capacidad de manipular los miedos y las expectativas de las masas, crear la ilusión de un desempeño democrático y explotar las múltiples contradicciones y recelos existentes en la sociedad.

Mientras tanto, en un país con una tradición de violencia endémica y generalizada, las abundantes carencias y notorias desigualdades, hasta el momento, no se han desbordado significativamente. El propio Daniel Bell señalaba que “ha habido bastante más violencia en Estados Unidos pero con menos efectos políticos e ideológicos que en Europa”.1

En un orden federalista, con diversos niveles de descentralización, y múltiples intereses sectoriales y regionales, polarizado en colisiones de todo tipo – y con una minoría negra numerosa y relativamente poco asimilada, unido al arribo constante de inmigrantes carentes de derechos legales –, ocurre que la resistencia a nivel político se mantiene subsumida. Las razones de ello son complejas y diversas.

Múltiples consecuencias se derivan de la etapa del boom económico posterior a la Segunda Guerra Mundial cuando el producto bruto nacional crecía más del 9% anual y la economía de Estados Unidos se colocó claramente por sobre los demás países. Internamente, en ese clima de desmovilización militar, crecimiento económico y cambios demográficos, gran importancia social e ideológica tuvo la expansión de los suburbios que condujo a la homogenización de la vida cultural y política, y a la consolidación de la base social del sistema imperante.

Ese proceso tuvo consecuencias tanto positivas como negativas. Entre estas la expansión de la segregación racial cuando los afroamericanos fueron confinados a vivir en zonas con infraestructuras decadentes, mientras que millones de ciudadanos blancos se mudaron a los suburbios, tanto como una manera de evitar convivir en barriadas y escuelas integradas, así como resultado del mejoramiento de sus niveles de vida.

Para muchos también se les hacía posible acceder con una vivienda propia a su parte en el “sueño americano”, gracias a la expansión económica y a a la emisión gubernamental de préstamos con bajos intereses, hipotecas accesibles y otros estímulos. A la vez se multiplicaron los centros comerciales y el consumo masivo.

Como otros muchos, el crítico social John Keats señalaba por esos años de post guerra que la vida suburbana vino a destruir tanto las relaciones interpersonales como comunitarias, y se expandió el individualismo y un comportamiento impulsado por la competencia en la obtención de bienes de consumo.2

Aquel primitivo contrato social de la postguerra se rompió a principios de los 70, cuando se produjo un estancamiento de los ingresos medios reales. Otro tanto le sucedió a ese “contrato social” entre la clase trabajadora norteamericana y sus gobernantes cuando se derrumbó el castillo de naipes de Wall Street en 2008.

Hace unos años, el prestigioso académico Richard Falk señalaba: “Parece extraño que esta combinación de proceso democrático y descontento público no se transforma y se expresa en un movimiento radical de masas de algún tipo. Por el contrario, en general, los sectores desfavorecidos aparecen como desalentados y débiles; incluso las agrupaciones sindicales no han actuado para proteger sus intereses en el plano político y económico. El descontento de derecha, aunque mejor organizado, también ha sido mayormente marginalizado”.3

Ciertamente, la estabilidad del sistema político, digamos durante el último siglo, se debe en primer lugar a su todavía privilegiada posición en lo económico a nivel global, con su moneda como principal instrumento del comercio y de las reservas mundiales, que le permite trasladar muchas de sus contradicciones y tensiones al exterior y tener allí buena parte de sus bases de sustentación. La profusión de riquezas de Estados Unidos es pagada por el resto del mundo. Los capitales estadounidenses que se mueven alrededor del planeta retornan al país.

El marco constitucional

Un elemento notable es la misma estructura constitucional con la que el país fue diseñado de manera consiente hace 230 años por los ‘padres fundadores’ para proteger los intereses de la clase propietaria y para hacer muy difíciles los cambios democráticos. Se establecieron, entre otras, formas indirectas de representación y lograron que el principio de la voluntad de la mayoría quedara trabado de manera firme mediante un sistema que otorga capacidad de veto a las minorías enriquecidas y hace menos probable la ocurrencia de acciones rápidas y sustantivas por parte del pueblo. Para ello son claves los sesgos estructurales en favor del sistema de dos partidos, la separación de poderes y la fuerza de los llamados “derechos de los estados”.

La estructura misma de la rama legislativa tiene un efecto moderador sobre lo que los parlamentarios generan, no solo por el hecho de estar separados en dos cámaras, sino porque el intrincado laberinto en que funciona por etapas y compartimentos el Congreso le otorga ventajas a aquellos quienes desean evitar las reformas y los cambios. Con el bipartidismo, con las decenas de subcomités que trabajan los proyectos legislativos y sus prolongadas audiencias, los grupos de presión (abrumadoramente pro empresariales y conservadores), tienen más oportunidades de bloquear, mutilar o moldear a su gusto los proyectos en discusión y los fondos que se autorizan.

El efecto moderador opera incluso sobre congresistas con intenciones progresistas o reformistas cuando comienzan y se ven obligados a moverse en un terreno muy complicado de viejas reglas de juego, procedimientos establecidos, y jerarquías internas de larga data. Un verdadero dédalo de vertientes donde además para lograr algún resultado legislativo hay que entrar en acomodos, complejas relaciones interpersonales, y evitar sucumbir cuando se estará sometido a fuertes presiones institucionales.

Elementos esenciales del statu quo son mantenidos a través del ejercicio de la fuerza en sus diversas formas, así como a través de la hegemonía ideológica y por un constante proceso de cooptación de muchos de los elementos más activos y mejor educados de todos los sectores de la sociedad.

Parte de esa labor se desarrolla a través de una consolidada red de fundaciones filantrópicas y entidades llamadas ‘no lucrativas’, que ejercen un poder e influencia considerable a partir de recursos de los sectores corporativos. Son entidades que sintonizan en mayor o menor medida con los imperativos políticos dominantes y canalizan fondos para instituciones, proyectos y fines que en su casi totalidad coadyuvan a las políticas favorecidas por el sistema. No pocas de ellas patrocinan simultáneamente operaciones o proyectos tanto de los demócratas como de los republicanos.

Es conocido que muchas de las principales fundaciones constituyen la manera más conveniente y creíble de transferir grandes sumas de dinero a los proyectos encubiertos (de la CIA y otros) sin descubrir la fuente a sus receptores, sean estos grupos juveniles, sindicatos, universidades, editoriales, etcétera.

Otro elemento retardatario y contrario a los cambios políticos en el país es cierta sensación de impotencia que genera la apariencia inalterable del sistema político, resistente a la reforma y todavía regido por una venerada Constitución adoptada por una minoría más de dos siglos atrás. Un sistema sumamente indirecto, que tiende a ir en detrimento de la representatividad de las mayorías.

Las cuestiones fundamentales no son discutidas públicamente e incluso no son decididas por los órganos de gobierno electos o sujetos a escrutinio ciudadano. Caso notorio es el Sistema o Junta de la Reserva Federal, entidad autónoma donde se decide el grueso de la política financiera y económica del país, o como ocurre también con todo un grupo de entidades reguladoras y ministeriales cuyo personal permanente ha dominado buena parte de la conducción de los asuntos de gobierno durante décadas.

Son parte de lo que ha sido denominado Estado en las sombras o Estado profundo, es decir, estructuras burocráticas de poder permanentes, no visibles, profundamente arraigadas las cuales, sin constituir un todo coherente, participan con cierta autonomía en la aplicación de las políticas del gobierno de turno y mantienen el control de instituciones esenciales, incluidos los servicios de inteligencia y de seguridad, y buena parte del flujo noticioso de los poderosos multimedia que definen lo correcto y lo incorrecto de las cuestiones en juego.4

Ingeniería del consentimiento

Luego tenemos la alta visibilidad y presencia de los políticos neoliberales y de los expertos conservadores quienes predominan en los medios corporativos de difusión lo cual hace muy difícil que visiones alternativas tengan mucho impacto. Los medios de prensa conservadores, más allá de lo que se piensa, dictan buena parte de la agenda y de los enfoques que adoptan y prevalecen en la mayor parte del resto de los medios de difusión en Estados Unidos.

La mayoría de los titulares son engañosos y confusos, pero esa confusión beneficia a los cabilderos (grupos de presión) corporativos en Washington, los cuales emplean a un ejército de personas para influir en las estructuras legislativas y de toma de decisiones, y no perder oportunidad para evitar se frene el gasto militar o de obstruir la expansión de Medicare, los programas Green New Deal y casi cualquier otro impulso que pueda hacer de aquella una sociedad menos bárbara.

Buena parte de la intelectualidad coopera al clima de desmovilización. Se trata de un sector liberal, supuestamente progresista, generalmente críticos de los excesos del capitalismo pero tolerados por la élite del poder, los cuales en definitiva coadyuvan a desacreditar verdaderas alternativas, a mantener a capas desafectas de la población dentro de los causes del sistema vigente, y a marginar y denunciar aquellos quienes piensan y funcionan de manera independiente.

Resulta habitual que los políticos, los sectores profesionales y de las llamadas clases medias se acomoden a la economía capitalista, a un estado-nación militarizado, se acomoden a una cultura del status impulsada por el mercado.

Los oligopolios mediáticos ejercen una influencia nefasta sobre el conjunto de la vida social. Cuentan tales medios de comunicación con una expandida capacidad de modelar la conducta humana y de generar respuestas emocionales. Manejan el flujo y el contenido de la información en función del statu quo, de apabullar la disidencia, y han hecho de la manipulación sus modus operandi. Más que la mentira utilizan el engaño, las falacias, la patraña oculta entre medias verdades, y sobre todo la supresión de las noticias y otras formas de censura.

Generalmente actúan con eficacia y profesionalismo pero con un sesgo neoliberal muy marcado en función de los grupos de poder y en complicidad con los mismos, dado que tienen con ellos interconexiones económicas y políticas (solo seis corporaciones poseen el 90% de los medios), además de que el gobierno actúa como una maquinaria informativa o desinformativa con capacidad para sentar la pauta.

El ya citado periodista Chris Hedges señala:

“Los medios de comunicación apoyan ciegamente la ideología del capitalismo corporativo. Alaban y promueven el mito de la democracia estadounidense… Prestan deferencia a los líderes de Wall Street y Washington, sin importar cuán pérfidos sean sus crímenes. Veneran servilmente a los militares y las fuerzas del orden en nombre del patriotismo…. Y llenan la mayoría de sus agujeros de noticias con chismes de celebridades, historias de estilo de vida, deportes y trivialidades. El papel de los medios de comunicación es entretener o repetir como loros la propaganda oficial a las masas. Las corporaciones, propietarias de la prensa, contratan periodistas dispuestos a ser cortesanos de las élites y los promueven como celebridades”.5

Esos grandes medios corporativos privados no solo han sido incorporados como parte del aparato ideológico del Estado, sino que también se han integrado a las luchas partidarias de la élite dominante y coadyuvan al habitual quehacer sórdido y envilecido que predomina en la política del país.

Función de primer orden les corresponde, junto a los medios de difusión (en sí mismos, un monopolio corporativo), al sistema educacional y a las universidades que son instituciones básicas del país y esencialmente instrumentos para la reproducción cultural de la sociedad y de las ideas prevalecientes – aunque puedan también servir eventualmente como centros desde donde se genere la crítica radical del sistema. Y por supuesto la llamada industria del entretenimiento que se traduce en un casi total control monopólico de las ideas, las imágenes y la información.

Gran peso tiene en ello ese portentoso sector, simbolizado por Hollywood, pero que abarca un sinnúmero de entidades y vertientes, donde se mezclan – o se deslindan – muchas creaciones artístico-culturales genuinas y valiosas, con la manipulación y la creación de mitos de los cuales está necesitado el sistema político. Es de público conocimiento que el Pentágono tiene capacidad de censura en el sector y financia muchas de sus producciones.

En ese sentido Hollywood es posiblemente el arma de propaganda más poderosa que haya existido, con capacidad de manipulación consciente de los hábitos y las opiniones de las masas, lo que en la actualidad se complementa y se multiplica a través de las vertientes de las super empresas que dominan las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones.

Las llamadas “industrias culturales” de EE.UU. resultan dominantes en el mundo y la C.I.A. ha utilizado el arte como un arma durante la Guerra Fría y hasta la actualidad. Las impresionantes y de por si atractivas y diversas creaciones culturales del más alto nivel que han surgido del pueblo estadounidense, y sus múltiples expresiones (en el campo de la música, la literatura, las artes plásticas, el cine y la televisión) han sido instrumentalizadas por los gobiernos de ese país y sus agencias de inteligencia como basamento para un extenso y costoso despliegue de influencia cultural y política a nivel global. No pocos artistas de categoría fueron utilizados involuntariamente en esa guerra cultural, para vender el ‘American way of life’ y una estrecha visión de la cultura.

La mayoría de los estadounidenses ha considerado a su país como símbolo y encarnación de la libertad. Se crea un clima de opinión favorable al statu quo, al sistema imperante o, mejor dicho: a la representación idealizada del mismo. Junto al dinero, la imagen es parte del poder corporativo. Dos tercios de los 1 700 diarios locales principales (aproximado), que representan el 80% de la circulación total son controlados por cadenas oligárquicas.

Con los métodos más sofisticados se moviliza la opinión ciudadana en favor de conceptos vacíos o se desvía su atención de las cuestiones que realmente tienen significado. Es parte de lo que algunos han llamado la ‘ingeniería del consentimiento’, la cual llega a ser calificada, incluso, como la esencia de la democracia.

(Primera parte de dos)

Notas: (…)

Fuente: https://rebelion.org/condiciones-sociales-e-institucionales-que-coadyuvan-al-control-oligarquico/

 

 

Reseña sobre el libro «Trump 2.0», de Roberto Montoya (ed. Akal)

Trump como cuerpo del neofascismo

28 de enero de 2026

Por Ramón Pedregal Casanova | Rebelión

(…) En el Prólogo el periodista Pascual Serrano: “Sólo una democracia enferma puede llegar a ser presidente un condenado por 34 delitos e imputado por un total de 57 más (todo ello con una posible pena de 200 años de cárcel), como ha sucedido con el caso de Trump. O se está poniendo a un delincuente al frente del país, o se está persiguiendo judicialmente al que fuera candidato presidencial y ya electo presidente. Ambas cosas deberían ser incompatibles con la democracia. EEUU es un país en el que a quien gana las elecciones se le suspenden todos los juicios, y el que las pierde tiene algunos meses para amnistiar a los suyos, como ha hecho Biden con su hijo.”

¿Cómo es posible semejante asunto? Por el dinero, por los multimillones de unos pocos que quieren tener las riquezas del mundo en sus manos, ahí quedan a la vista las operaciones de las grandes multinacionales informáticas empleándose en la ciberguerra, la FED manejando los sistemas de intercambio mundial con el dólar, la resta desbocada que hacen de bienes sociales para dedicarse a las guerras con las que buscan el control de todos los países… su fin es el dominio geopolítico mundial.

Trump suena como un ruido que amenaza con reventar los oídos, en cuántos países del mundo, cuántos pueblos ya saben que sus sentidos lo rechazan. La intención de convertir a Gaza en un lugar de vacaciones para ricos no puede ser más horripilante, y es que esa imagen que despide es la propuesta para realizar en el resto del mundo. Preguntémonos dónde reposarían los restos de Trump, o si se prefiere, dónde reposarían los restos de los multimillonarios, ¿en Gaza? Trump es maestro de la escuela imperialista, estafador, cínico, asesino, secuestrador, es, como su clase, previsible. Si lo comparamos con la navaja de Ockham, Trump, entre todas las hipótesis, es la más simple, para cualquier problema emplea su misma solución. Sí, el ensayo de Roberto Montoya deja limpio el camino de la lluvia de tonterías de actualidad para que el lector entienda quien/es juegan con nuestra vida y la importancia que tiene el que nos dispongamos, con conocimiento, a salir de la trampa de los multimillonarios imperialistas.

Fuente: https://rebelion.org/trump-como-cuerpo-del-neofascismo/

 Bloqueo de la lucha de clases

¿Cuál es la estrategia del Gobierno de Estados Unidos en Venezuela?

16 de enero de 2026

Por Seymour Hersh CTXT

(…) Recientemente, un importante actor de la comunidad petrolera internacional me ha recordado que los imperativos de la actual intervención estadounidense en Venezuela fueron establecidos por primera vez por un grupo de trabajo secreto que se formó poco después de la elección de George W. Bush en el 2000. El vicepresidente Dick Cheney, excongresista republicano y exdirector ejecutivo de Halliburton, una de las mayores empresas de suministro energético del mundo, se dio a conocer rápidamente por sus firmes ideas sobre la necesidad de la independencia estadounidense en el suministro de petróleo y gas.

A los pocos días de asumir el cargo, Cheney convocó al grupo secreto de ejecutivos petroleros y expertos en energía, conocido oficialmente como Grupo de Desarrollo de la Política Energética Nacional, que más tarde se conocería como Cheney Energy Task Force [Grupo de Trabajo de la Energía de Cheney]. La existencia del grupo era pública, pero Cheney, en una maniobra característica, se negó a hacer público nada al respecto, incluidos sus miembros, a pesar de la intensa presión pública para que lo hiciera. Más tarde supe que uno de los objetivos de Cheney, compartido por los miembros del grupo de trabajo, era encontrar una forma de cortar el flujo de petróleo de Rusia a los consumidores de Europa Central y Oriental y frenar lo que se convertiría en importantes ventas a China (los oleoductos de Rusia a Europa han sido motivo de preocupación política para los gobiernos estadounidenses desde los primeros días de la administración Kennedy).

Ese grupo presentó su informe en marzo de 2001 y no se volvió a saber nada de él después del 11S. Sin embargo, Cheney seguía decidido, como comprendían algunos de sus colaboradores más cercanos, a mantener sus manos “alrededor del cuello” –en palabras exactas de uno de sus asesores– de Vladimir Putin, el presidente ruso.

En aquel momento yo era corresponsal en Washington para la revista New Yorker y estaba al tanto de parte de esta información, pero había una guerra contra el terrorismo islámico y las necesidades petroleras de Rusia no eran un tema relevante en ese conflicto. La administración Bush invadió Afganistán en 2001 e Irak en 2003.

Por eso, a día de hoy, en opinión de algunos magnates internacionales del petróleo, el objetivo final del ataque a Venezuela no era el propio Maduro, sino su disposición a vender petróleo a China, considerada desde hace tiempo por el ejército estadounidense y muchos en el mundo político como un enemigo pasado y futuro.

“El gran juego es Estados Unidos contra China”, me dijo un experto en petróleo. “China es el mayor importador de petróleo del mundo, y el verdadero Estado profundo es el que dirige Trump”.

Cuidado, Teherán. Va a destruir tu industria petrolera y tal vez a derrocar a tu Gobierno clerical, con el apoyo y la inteligencia, una vez más, de Israel, y no hay nadie en la vida política estadounidense dispuesto a detenerlo.

Seymour Hersh (Chicago, 1937) es un periodista estadounidense de investigación que en 1970 ganó el Premio Pulitzer por su cobertura de la masacre de My Lai en la guerra de Vietnam. Sus reportajes han salido publicados en el New York Times, el New Yorker y la London Review of Books, entre otros medios. Su libro de memorias, Reportero, salió con Península en 2019.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en Substack.

Fuente de la traducción al castellano: https://ctxt.es/es/20260101/Politica/51662/Seymour-Hersh-Trump-Venezuela-China.htm

Fuente: https://rebelion.org/cual-es-la-estrategia-del-gobierno-de-estados-unidos-en-venezuela/

Inacción sistemática: historial de leyes
sobre incendios forestales que
terminaron archivadas en el Congreso

29 de enero de 2026

Por Alfredo Seguel| Rebelión

“La superficie afectada por estos alcanza las 58.934,8 hectáreas, equivalentes a un 207% de aumento respecto de la temporada anterior, lo que significa que este año se ha quemado tres veces más superficie”

Ante un nuevo periodo de megaincendios forestales, en el Congreso continúa una ley clave de prevención (presentada en 2023), que ha permanecido estancada en el Senado. Hace algunos días, se lanzó una campaña ciudadana exigiendo su aprobación urgente. Proyectos similares fueron presentados hace más de una década y terminaron archivándose en el Congreso, evidenciando una inacción política sistemática.

Un historial de inacción legislativa frente a megaincendios forestales

Mientras Chile enfrenta una devastadora temporada de incendios forestales, con un saldo trágico de víctimas fatales y miles de hectáreas consumidas, el Congreso Nacional se encuentra pronto a su receso de verano, con vacaciones establecidas por su autorreglamento, que partirán el sábado 31 de enero y se extenderán hasta el 2 de marzo.

En este contexto, una ley clave para la prevención y combate de estos siniestros, ingresada en 2023, permanece estancada en el Senado, reactivando el debate sobre la capacidad de respuesta del Estado y la urgencia de las políticas públicas ante la crisis climática.

Lanzan petición ciudadana para exigir al Congreso la aprobación de la ley de incendios

La organización ambientalista Greenpeace lanzó el miércoles 21 de enero la campaña #ChileSinCenizas, una petición ciudadana que busca presionar al Senado para que apruebe con la máxima celeridad la Ley de Prevención de Incendios Forestales. La iniciativa, detenida en su segundo trámite constitutivo hace casi dos años, es considerada por la ONG como un «avance fundamental» para prevenir nuevos desastres. Silvana Espinosa, experta en clima y ecosistemas de Greenpeace, cuestionó la demora: “Cuesta entender la demora del Senado para avanzar proactivamente en esta discusión”.

Greenpeace fundamenta su llamado de urgencia en las alarmantes cifras de la temporada 2025-2026. “La superficie afectada por estos alcanza las 58.934,8 hectáreas, equivalentes a un 207% de aumento respecto de la temporada anterior, lo que significa que este año se ha quemado tres veces más superficie”, explicó Espinosa. El proyecto de ley, que cuenta con urgencia suma, fue aprobado por la Cámara de Diputados en marzo de 2024 y desde entonces permanece en la Comisión de Hacienda del Senado.

Más allá de la ley específica, Greenpeace enfatiza la necesidad de una planificación territorial que incorpore la gestión del riesgo, políticas efectivas de prevención y educación ambiental, y la protección de ecosistemas nativos e hídricos. La vocera concluyó con un llamado a la acción: “No podemos esperar a que el fuego vuelva a arrasar con todo… es urgente que la ciudadanía exija a parlamentarias y parlamentarios aprobar de inmediato la Ley”. La organización dispuso una plataforma para que la ciudadanía envíe mensajes de presión directamente a los senadores.

**Las otras leyes sobre incendios que se archivaron en el Congreso:

La historia legislativa de esta norma es un ciclo repetitivo de advertencias e inacción. A modo de ejemplo, un proyecto de ley (boletín 9810-01) presentado en diciembre de 2014 por el exsenador Alejandro Navarro, proponía una franja de seguridad de 500 metros entre plantaciones forestales y poblados, reemplazando pinos y eucaliptos por cultivos de bajo riesgo. En agosto de 2016, se refundió con una moción aún más estricta del fallecido senador Antonio Horvath (boletín 10.030-01), que exigía mil metros de distancia y prohibía nuevas plantaciones pirógenas cerca de poblados. Esta fusión, lejos de acelerar el trámite, sólo consolidó el estancamiento en la Comisión de Agricultura del Senado, en tiempos que presidía el senador UDI Juan Antonio Coloma.

Pese a las catástrofes, los llamados de urgencia cayeron en saco roto. En julio de 2018, tras los mortíferos incendios, Navarro pidió urgencia al gobierno de Piñera, argumentando que «el modelo forestal no puede seguir siendo intocable». En enero de 2021, emplazó directamente al presidente de la comisión, Juan Castro, y al entonces presidente Piñera: «No puede ser que los pinos y los eucaliptus sigan siendo más importantes que vidas de los chilenos». La respuesta fue el silencio, y el proyecto fue finalmente archivado en junio de 2024.

El bloqueo no se limita a la ley de distancias. Un paquete de iniciativas complementarias y cruciales sufre la misma parálisis desde hace años. Un proyecto que obliga a las forestales a tener planes de prevención y combate de incendios (también de 2014), una moción para capacitar y financiar a Juntas de Vecinos rurales como brigadas preventivas (2019), y una ley para garantizar derechos laborales y seguridad a los brigadistas forestales, yacen en distintas comisiones del Congreso sin avance.

Esta inacción legislativa persistente contrasta con la evidencia dramática en los territorios. Las tragedias de 2017, 2023 y ahora 2026 han sido «prevenibles», según Navarro, quien denuncia una «omisión premeditada» al no exigir responsabilidades a las empresas dueñas de «la materia prima donde está el fuego». Mientras el Estado ha subsidiado seguros para el sector forestal, las comunidades siguen expuestas, y las leyes que podrían protegerlas acumulan polvo en los escritorios de los “honorables”.

El reciente caso de Penco – Lirquén no es una fatalidad aislada, sino el resultado predecible de un modelo forestal desregulado y de una falla sistémica de la política. Más de una década de advertencias, proyectos de ley y tragedias recurrentes no han sido suficientes para que el Congreso priorice la seguridad de las personas por sobre los intereses de un modelo que ha demostrado ser, literalmente, incendiario.

Fuente: https://rebelion.org/inaccion-sistematica-historial-de-leyes-sobre-incendios-forestales-que-terminaron-archivadas-en-el-congreso/

(…) Las causales son más que evidentes, y la razón de estas causales también está en la explicación de la incapacidad de la lucha contra los incendios una vez estos desatados. Inoperancia, mala intención y desidia por parte del Estado ligado al Capital y por parte de los operadores turísticos es lo que hace posible la terrible recurrencia de un incendio tras otro en los veranos patagónicos. Claramente lo que se necesita es un cambio radical de políticas y entender antes que nada la fragilidad del ecosistema de bosque andino-patagónico. Lamentablemente no pareciera ser este el interés del poder económico y político. Pero la organización comunitaria de base que se da siempre que aparece un incendio nos marca el camino. Aquí radica la fuerza social que podría terminar con este flagelo y en esta organización comunitaria independiente de los poderes constituidos está la esperanza. (…) 

3. Gobiernos municipales, provinciales y nacional Todos estos han demostrado a lo largo de los años y de las distintas gestiones, independientemente del color político que representan, una alta, por no decir absoluta ineficiencia, y hasta desinterés real y sincero por solucionar verdaderamente el problema de los incendios. Aportando, por un lado, escasos recursos para apagarlos, una vez iniciados, y por otro, evidenciando un absoluto desinterés por prevenirlos (en la medida de lo que esto es posible). Siempre actúan tarde, con escasos medios, sin ninguna preocupación por hacerse de los recursos técnicos y humanos indispensables para mitigar un incendio forestal que insume, sin lugar a dudas un presupuesto más que adecuado. Obviamente no está en las prioridades de las autoridades por cuanto, a decir verdad, no representa una cantidad de votos suficiente como para moverles el amperímetro a la mercantilizada política servil Capital.

 La pata política del sistema, mayoritariamente se viene dedicando a buscar chivos expiatorios en la fácil y novelesca lógica del bueno y el malo, característica de toda argumentación maniquea. Nosotros somos los buenos, por lo tanto, hay que buscar el malo que prendió el fuego inicial. Por cuanto para los gobiernos solo cabe la posibilidad de un ser perverso, terrorista en muchos casos, que se dedica a promover incendios cual pirómano alocado de film de Hollywood. Comienzan en-tonces así su caza de brujas, centrando la atención mediática en esto y desviándola del problema verdadero que es su incapacidad y desinterés total por apagar el incendio. Como ejemplos vale el gran incendio en El Bolsón – Rio Negro del año 2025 en el “Área Natural Protegida del Río Azul y Lago Escondido” (que todos llaman con la espantosa siglo de ANPRALE), en donde tanto el sistema jurídico, como los gobiernos municipal, provincial de Río Negro y nacional buscaron los chivos expiatorios entre los brigadistas voluntarios, encerrándolos en la cárcel, y liberados gracias a una gran pueblada. O el actual caso, para el incendio de Patriada-Pedregoso-Epuyén (provincia de Chubut), en donde desde el gobierno nacional de Milei, y desde el inicio del incendio  el cuco, nuevamente, del “terrorismo Mapuche”, consigna de la cual se hace eco de forma inmediata Ignacio Torrres, gobernador PRO-LLA (cambia de filiación política de acuerdo a la circunstancia del negocio político). El sistema judicial también participa de esta caza de brujas, ordenando allanamientos en una comunidad que fue una de las primeras poblaciones totalmente arrasadas por el fuego, perdiendo todas las viviendas, el campo y los animales. 

4. Actuación destacada de brigadistas profesionales, aunque con insuficientes recursos Es siempre notable el empeño y el compromiso de las brigadas anti-incendios, tanto provinciales como nacionales, así como las de Parques Nacionales. La voluntad, responsabilidad y tenacidad de cada uno de los brigadistas es admirable. Sin embargo, siempre estuvieron mal pagos y mucho más desde que gobierna Milei. Siempre fueron insuficientes y mucho más desde que gobierna Milei que viene desmantelando el Estado en todas las áreas de asistencia a la población (y reforzando en cambio todo lo que tiene que ver con la seguridad, el espionaje interno y la represión). Siempre contaron con escasos recursos técnicos, presupuesto que está congelado desde que asumió Milei, a pesar de más del 200% de inflación que ya lleva acumulado en su gestión.

Si bien los incendios forestales son más que difíciles de combatir, brigadas mal equipadas, mal pagadas y de escaso número ayudan poco siquiera a mitigar en algo la catástrofe, más allá incluso de la dedicación clara y denodada de los brigadistas. 

Por otro lado, no existe ni la más mínima aplicación de tecnología para la detección temprana de incendios forestales. Los gobiernos nacional y provinciales solo se han enfocado en los negocios privados de extracción de recursos naturales en Patagonia, básicamente hidrocarburos, concediéndoles a las compañías amplias facilidades para su operaciones mercantiles.

El área de cordillera y su fragilidad en estos veranos muy calurosos y secos, solo es parte de sus discursos punitivistas una vez descontrolado el desastre ígneo (además de los grandes negocios forestales y turísticos de elite, incluyendo los Parques Nacionales y Reservas). 

Fuera de esto, toda la región es condenada al abandono para así poder ser terreno libre para los negocios mencionados. Esto va tanto para aquellos de gran escala y de calidad vip para millonarios, como para los emprendimientos medianos y pequeños. Es que todos se manejan con la misma lógica, para quienes el “paisaje” es la materia prima a explotar y a partir de la cual poder encadenar el negocio rentístico (con extracción incluso de plus- valía cuando corresponda). Como ejemplo vale mencionar que el fin de semana del 17 y 18 de enero de este año 2026, mientras se mantenía el fuego en las costas del Lago Epuyen (Bahía Las Percas), las autoridades del municipio de El Hoyo reabrieron Puerto Patriada al turismo. Ante esta medida, los campings -de concesión privada- que impiden la llegada al lago con sus ilegales alambrados a quien no paga la estadía, no solo permitieron, sino que promovieron el uso de fogatas, sin que ningún control se los impidiera. 

5. Una organización comunitaria autoconvocada clave a la hora del salvataje de viviendas, personas y animales En todos los incendios en las áreas llamadas de interface (bosque – zona urbana) la organización comunitaria autoconvocada es absolutamente clave. En las áreas de bosque nativo y en Parques Na- cionales suele no darse esto por cuanto no existe población significativa en esos lugares (más allá de pobladores muy aislados). Las tareas desarrolladas son múltiples, desde brigadistas con moto- bombas y tótems (tanques de agua de plástico con estructura metálica de protección) hasta todo tipo de soporte en alimentación y cuidados de enfer- mería y medicina, tanto para los brigadistas que se movilizan hasta la línea de fuego, así como a la población damnificada por los incendios. Se ponen así en juego, resurgiendo, históricas tradiciones y herramientas organizativas de solidaridad, lucha y trabajo en conjunto para resistir y enfrentarse al desastre, ante la ale-vosa defección de todas las autoridades de los distintos niveles de gobierno. Los estados solo aparecen para implementar negocios jugosos con petroleros, capitales pesqueros, forestales y ganaderos, pero nunca para enfrentar, y mucho menos prevenir y monitorear los desastres am- bientales tan anunciados. Se organizaron entonces brigadas de voluntarios para combatir el fuego, con recursos propios y aquellos que la misma comunidad iba donando. Aparece en estos casos extremos esa capacidad de los pueblos de auto-organizarse más.

*Papiros de CRÍTICA DIALÉCTICA

número 21 (febrero 2026)4 https://criticadialectica.com

Fuente:https://criticadialectica.com/wp-content/uploads/2026/01/21.Claves.Incendios.Patagonia.GG_.pdf

 

Alternativas emancipatorias 

«para que las potencias dominantes … puedan darse el “lujo” de hablar de democracia (y toda la parafernalia que va asociada: libertad, derechos humanos, prosperidad), debe darse una explotación inmisericorde, asentada en muerte y represión, en la gran mayoría del mundo. El auge del industrialismo europeo dieciochesco asienta en la monstruosa explotación de la población negra del África y del saqueo bestial de América. Las potencias que se llenan la boca hablando de esas ¿pamplinas?, en pleno siglo XXI continúan manteniendo colonias en el Sur Global. Groenlandia, que ahora está “de moda”, es una colonia de un reino (¿reino hereditario democrático? ¿Qué intríngulis incomprensible es ese?) Pero…. ¿reyes en la era tecnotrónica? ¿Y hablando y dando lecciones de democracia? Algo no cuadra ahí. Una superpotencia tratando de arrebatarle una colonia a un país más pequeño. Esa es la historia de la humanidad desde que hay propiedad privada: nada nuevo entonces.» Marcelo Colussi

Blog del autor: https://mcolussi.blogspot.com/

Fuente: https://rebelion.org/la-hora-de-los-depredadores-el-capitalismo-se-saco-la-mascara/

Cateo riesgoso para Chubut

Río Negro amplía la frontera minera: buscarán oro y plata en las nacientes del río Alto Chubut

1 de

Las nacientes y el tramo superior del río Alto Chubut quedaron comprendidos dentro de un permiso de cateo minero que la provincia de Río Negro otorgó a una empresa de capitales israelíes. Tamar Mining SA obtuvo permiso sobre diez mil hectáreas atravesadas verticalmente por el curso del río que nutre una cuenca hídrica clave para la vida de la mitad de la población de Chubut, ubicada aguas abajo de donde buscará oro, plata, cobre y zinc. El permiso de cateo alcanza una pequeña parte de la parcela del fideicomiso Amaike (de capitales de Emiratos Árabes Unidos), la ocupación tradicional de un poblador mapuche y las parcelas de familias criollas que resistieron la presión inmobiliaria durante años.

Tamar Mining SA no informa de este permiso en su página web aunque el Catastro Minero de Río Negro lo incluyó en su actualización de enero. Esta medida da cuenta de un corrimiento de la frontera de la minería en esta provincia, que hasta ahora había dejado fuera a los bosques andino-patagónicos y cursos de agua dulce.

Gastón Elian Scolnik, su hermana Lara Julieta, Silvia René Rodríguez y su esposo, Miguel Peral, integran la minera formada a principios de 2023. La mayor actividad pública la desarrollan desde Salta, donde exploran litio, aunque también tienen proyectos en La Pampa, Santa Cruz y Catamarca. Raúl Jalil, gobernador de Catamarca, conoció a esta empresa en una misión comercial a Israel, según relató durante la firma de un acuerdo de sociedad estatal hace tres años. Este grupo económico comercializa cascos balísticos para las fuerzas de seguridad, entre otros recursos tecnológicos.

Puente

“Somos el puente entre Israel y América Latina. Somos distribuidores de compañías High-Tech israelíes –y de todo el mundo– que buscan desarrollarse en Latinoamérica”, sostiene Meridian del Plata, el grupo que preside Gastón Scolnik. La prensa especializada en temas mineros y de energía afirma que Tamar es parte de la constelación Meridian, aunque ésta no la incluye en las firmas que representa.

Las unidades de negocios incluyen tres empresas en tecnología para agua (Watergen LA, Asterra y EZPack Water Ltd), seguridad (Octopus Systems), rendimiento energético (Battery Solutions Int), instrumental de salud y tratamiento de residuos (Biofabrik), entre otras. Watergen está presente en Tucumán, Salta y provincia de Buenos Aires. Además tiene presencia en Añelo (Neuquén) por Vaca Muerta.

Rexys SA, identificada en el mercado minero como de capitales canadienses, fue la primera minera con la que trabajaron. Esa firma se fue transformando al calor de su presencia en las provincias, repartiendo responsabilidades en las distintas etapas de los proyectos con Tamar, al menos para 2023 en Catamarca. Lxs hermanxs también operaban desde 2022 con Iad Latam.

Pasarela

El río Chubut nace en una pequeña laguna en la ladera sureste del cerro Carreras (2.360 metros sobre el nivel del mar), divisoria de aguas en la zona andina, en medio de bosque nativo, formaciones glaciarias y fauna silvestre viviendo libre. El arroyo Gringo aporta su caudal al río que desciende sobre tierras fiscales sin mensurar que ocupan varios pobladores durante el verano. Cruza un manchón de 230 hectáreas de lenga, especie nativa. Entonces sí, ingresa de lleno a la parcela de Felipe Collihuin, un hombre que hace más de diez años denunció ante una comisión investigadora de la Legislatura presiones por parte de una inmobiliaria de Bariloche para que vendiera sus derechos sobre una 2.700 hectáreas.

En su descenso, el Chubut bordea otro manchón de lenga, parcelas cuyo dominio pertenecen al Estado provincial y no se pueden vender ni explotar económicamente. A esa altura están enfrentadas dos parcelas de una familia criolla con casi cien años de ocupación sin título de propiedad que también resistió la presión para vender. Estos pobladores se manejan a caballo por senderos sin mantenimiento. En cambio, los inversores llegan en vehículo doble tracción y, en ocasiones, en helicópteros.

Todo este espacio queda comprendido en las casi diez mil hectáreas autorizadas para el cateo a Tamar Mining SA por un expediente administrativo iniciado el año pasado. En la parte sur, el área comprende una fracción de la propiedad del fideicomiso Amaike, donde está emplazado el coto de caza Futann Tüe.

En todo ese lugar, un camino de tierra bordea el curso del río. Más abajo, en la confluencia con el arroyo Las Minas, el gobierno provincial realizó una pasarela que inauguró el año pasado en un espacio conflictivo donde conviven la demanda territorial del pueblo mapuche y el avance del extractivismo.

El Chubut se extiende unos 1.080 kilómetros, formando una cuenca de 58.000 km2. El 80% de su caudal se genera en el Alto, tramo comprendido dentro de la jurisdicción de Río Negro que representa el 20% del total de su recorrido, menos de 70 kilómetros por cañadones y sobre piedra desde la pequeña laguna y los mallines de El Maitén. Allí ya se registran disminución de las precipitaciones (lluvia y nieve) y aumento de la evaporación de la humedad por el aumento de la temperatura, según pudo documentar un laboratorio interdisciplinario para el proyecto “Un río, todas las aguas: Gestión Hídrica y Perspectiva de Género para enfrentar los impactos del Cambio Climático”.

Este curso es la única provisión de agua dulce para la mitad de la población de Chubut. El año pasado, en pleno invierno, registró una disminución alarmante de su caudal.

El impacto de un cateo minero en sus nacientes hasta ahora no era una variable en discusión.

 Fuente: https://www.elcohetealaluna.com/cateo-riesgoso-para-chubut/

Qué Trabajo

Expropiado y explotado por burguesía / Ecocida y genocida /
Alternativas emancipatorias

Expropiado y explotado por la burguesía

Esta línea fue continuada y profundizada por los sucesivos gobiernos que, legalizaron la flexibilidad y la tercerización laboral, consolidando de este modo, el ataque del capital al trabajo, que intenta en todo momento disciplinar a los trabajadores, con el objeto de ir aumentando la tasa de ganancia. La década del noventa, también está signada por un marco regional que es el del Consenso de Washington, donde se suma el proceso de privatizaciones, que fueron la punta de lanza de la profundización de este cambio en las relaciones laborales. Y en este contexto, los empleados ferroviarios sufren fuertes procesos de tercerización, flexibilización junto a miles de pérdidas de puestos de trabajo; a esto se sumó la reforma laboral.

La desocupación en los años 90 generó en ese momento un disciplinamiento muy fuerte que condicionó muy negativamente las posibilidades de organización y lucha. Un sector importante del sindicalismo hizo negocios con las reformas neoliberales, lo cual afectó sus propias bases, siendo un ejemplo destacado de esto, el extinto secretario de la Unión Ferroviaria José Pedraza. El juicio contra los responsables materiales del crimen de Mariano expuso el entramado de negocios, complicidades, la organización interna del sindicato, y el disciplinamiento a los propios trabajadores: toda una trama que afecta profundamente la posibilidad de organización sindical, y la posibilidad de militancia en los lugares de trabajo.  La histórica estructura del movimiento sindical y la transformación social de las últimas décadas terminó con algunos de los líderes convertidos en sindicalistas empresarios que, en lugar de defender a los trabajadores defienden los intereses patronales intentando disciplinar a sus bases. 

La no registración de las relaciones laborales se encuentra existente en el empleo “en negro” que se concentra en las pymes, la tercerización laboral que ha sido adoptada por las grandes empresas y por el Estado, y los empleados monotributistas. Todos éstos se encuentran desprotegidos frente a las contingencias del trabajo y además perciben salarios menores que los de sus pares registrados. Es evidente que, en las últimas décadas, la tercerización y la subcontratación laboral se han transformado en las estrategias centrales utilizadas por el sector empresario para motorizar el proceso de flexibilización.

La tercerización es el resultado de una transformación profunda de los procesos productivos, que llevó a las empresas a delegar parte de sus tareas a otras compañías para ganar competitividad a través de la reducción de los costos laborales. Tiene un efecto disciplinador sobre la fuerza de trabajo, los trabajadores marginados conviven en el mismo espacio laboral con los registrados, pero con condiciones muy diferentes, estorbando las posibilidades de generar una identidad colectiva. Los trabajadores subcontratados, aunque hacen las mismas tareas y funciones que los de planta, llegan a tener salarios muy inferiores, al tiempo que tienen escasos derechos laborales y una mayor dificultad para organizarse. Limpieza, vigilancia y mensajería son las actividades más clásicas de tercerización, puesto que se consideran tareas periféricas. Pero también existen situaciones de subcontratación dentro de las propias líneas productivas o de servicios.

Es importante destacar que las actuales normativas respecto de la tercerización siguen siendo las mismas que se aprobaron durante la década menemista. Asimismo, los supuestos logros del periodo K del consenso de los commodities fueron en la cantidad de empleo, pero no en la calidad del empleo. Uno de cada tres trabajadores se encuentra en la informalidad, mientras que una parte importante de los asalariados formales tienen una relación contractual precaria. Este tipo de relación laboral no genera beneficio económico para el conjunto de la sociedad, pero lo que sí genera es una fragmentación del colectivo laboral. Los objetivos son reducir costos, acrecentar las utilidades y también debilitar al movimiento obrero; no afecta sólo a los tercerizados, sino que como sucede con otras formas de precarización laboral, la debilidad de un grupo de trabajadores es también una amenaza para el colectivo. La tasa de ganancias es claramente el objetivo empresario, pero también es fortalecer al capital en su relación con el trabajo con la fragmentación, brindándole un enorme poder. (…)

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Fuente: https://huelladelsur.ar/2021/10/20/tercerizacion-y-flexibilizacion-laboral-en-nuestros-trenes-mariano-ferreyra-su-emergente/

 Ecocida y genocida

Cómo implementar
una minería sustentable en Argentina

26 de enero de 2026

Cristián Frers /Rebelión

La minería está tomando un papel protagónico en la transición a la sustentabilidad. El uso del litio, níquel, cobalto y cobre es fundamental para la movilidad eléctrica; el aluminio, cobre y plata son necesarios para la construcción de paneles solares para la generación de energía; y las turbinas eólicas requieren hierro, aluminio, cobre y zinc para su producción.

Esto conduce a la necesidad de contar con ciclos productivos sustentables, ya que de otra manera el esfuerzo de la sociedad por realizar un cambio de estilo de vida hacia uno sustentable carecería de sentido. La economía circular de recursos y materiales en la industria minera debe tener un rol clave en esta transición ya que no solo proporciona importantes beneficios ambientales, sino que también se puede generar valor a partir de los materiales de desecho surgidos de las operaciones mineras y del procesamiento de los minerales.

La minería en Argentina está de nuevo en el centro de la discusión. Se enfrentan dos posiciones opuestas en relación a los efectos que ésta tendría en el desarrollo del país. Una de ellas se centra en sus potenciales efectos negativos, en el medio ambiente y en otras actividades como la agricultura, con la que compite por el uso de recursos escasos como el agua. La otra, rescata supuestos impactos positivosen el desarrollo económico, a través de la generación de divisas, impuestos, empleo y el fomento de otras actividades vinculadas. Las posiciones parecen irreconciliables y las posibilidades de desarrollar la actividad cada vez más lejanas.

¿Es posible implementar la minería sustentable en el país? Sí, representando una oportunidad histórica para equilibrar el desarrollo económico con la protección ambiental y social, especialmente en el contexto de minerales críticos para la transición energética como el litio y el cobre. Requiere, el trabajo conjunto de empresas, estado y comunidades bajo estándares internacionales, la adopción de tecnologías limpias, monitoreo hídrico riguroso y una gestión transparente. 

El desafío al que se enfrenta el gobierno actual en este escenario no es el de elegir una u otra posición, y convencer a un sector de la sociedad o al otro. Ambas posturas deben ser consideradas. Abundan ejemplos de impactos positivos en el desarrollo económico en países como Canadá, Estados Unidos, Australia y Sudáfrica, como de efectos negativos de todo tipo. Uno muy cercano y reciente es la contaminación con cianuro, por un derrame en la mina Veladero, de cinco ríos en la provincia de San Juan.

El verdadero desafío que tiene el gobierno, entonces, es crear las instituciones y los procesos que permitan construir un acuerdo social que sirva de base para el desarrollo de la actividad de manera sustentable.

Con las políticas correctas, ya es aceptado que la minería puede ser plataforma de desarrollo de otras actividades dinámicas, como las de conocimiento, con un gran potencial exportador. En la medida que se localiza en algunas de las provincias menos desarrolladas, esta actividad tiene también el potencial de contribuir al desarrollo local, lo cual parece crucial en un país con fuertes disparidades regionales como el nuestro.

La apuesta al litio en Argentina, Roberto Cacciola, Presidente de la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM) analizó el caso del litio: “En el caso del litio, en nuestro país se encuentra en salmuera, agua subterránea con alta concentración de sales. Para su producción se extrae la salmuera de los pozos con un impacto mínimo en los recursos de agua potable fuera del salar”.

En su mayoría, se la bombea desde las profundidades del salar hasta grandes piletas de evaporación construidas en las propias salinas que están impermeabilizadas. Allí, por evaporación natural gracias al sol y el viento se separa de otras sales (sales de sodio, por ejemplo) hasta obtener una salmuera concentrada en litio. Luego, mediante un proceso químico se produce el carbonato de litio.

“Para los próximos años, se espera que el litio desplace al oro como el principal mineral de exportación de nuestro país. La razón está en las reservas que tienen las provincias de Catamarca, Jujuy y Salta, que hoy compiten por captar inversiones mineras.

La Argentina forma parte, junto a Bolivia y Chile, del llamado Triángulo de Litio, donde se encuentran las mayores reservas de este mineral a nivel mundial. Adicionalmente, se ubica como el cuarto mayor productor del planeta, por detrás de China, Chile y Australia, y es el segundo país con más reservas a nivel global.

Cristián Frers – Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social (Periodista).

Fuente: https://rebelion.org/como-implementar-una-mineria-sustentable-en-argentina/

“verdadero desafío que tiene el gobierno, entonces, es crear las instituciones y los procesos que permitan construir un acuerdo social que sirva de base para el desarrollo de la actividad de manera sustentable”.

La transición energética como amenaza
para hidroagrocomunidades ancestrales.

La minería de litio en el Bolsón de Fiambalá
(Catamarca, Argentina)

Por Horacio Machado Aráoz,* Aimée Martínez Vega,**
Leonardo Rossi***

* Colectivo de Investigación de Ecología Política del Sur. Insti-

tuto Regional de Estudios Socioculturales, IRES, Conicet-UN-

CA, Argentina. E-mail: ecologiapoliticadelsur.arg@gmail.com

** Colectivo de Investigación de Ecología Política del Sur. Insti-

tuto Regional de Estudios Socioculturales, IRES, Conicet-UN-

CA, Argentina. E-mail: ecologiapoliticadelsur.arg@gmail.com

*** Colectivo de Investigación de Ecología Política del Sur.

Instituto Regional de Estudios Socioculturales, IRES, Coni-

cet-UNCA, Argentina. E-mail: ecologiapoliticadelsur.arg@

gmail.com

Resumen: Ante los sucesivos fracasos de las políticas climáticas y mientras el objetivo de permanecer bajo el umbral de 1,5 °C se torna cada vez más lejano, asistimos, además, al peligro de un completo vaciamiento y una cooptación de la llamada «transición energética». Bajo intereses del capital más concentrado, en alianza con los aparatos estatales de las principales potencias mundiales, la expansión de las «energías renovables» pasa a funcionar como dispositivo de una nueva oleada extractivista. 

La carrera por la explotación del litio no solo no está contribuyendo a mitigar la crisis climática, sino todo lo contrario. Como forma emblemática de neocolonialismo verde, realimenta hoy el ya senil sociometabolismo del capital. Su extracción a gran escala está amenazando de extinción los sistemas hidrocomunales vivientes en las regiones altoandinas del noroeste argentino. En la cuenca alta del Abaucán (oeste de la provincia de Catamarca), la explotación del proyecto Tres Quebradas (bajo control de la transnacional china Zijin) implica gravosos trastornos sociometabólicos en las tramas hidroagroalimentarias de las comunidades rurales del Bolsón de Fiambalá 

(….) Aunque no solo viven de lo que siembran en predios de dos hectáreas de promedio y crían en zonas de pastoreo común: el autoabastecimiento alimentario, la administración comunitaria del riego, el trueque de trabajos, productos y semillas nativas constituyeron históricamente la plataforma material de la autonomía económica y política de estos pobladores. Si bien también participan de circuitos de trabajo estacional y otras fuentes de empleo, la subsistencia de estas poblaciones brota de las aguas que toman de la compleja cuenca del Abaucán, en una zona de aridez extrema (150 milímetros de precipitaciones anuales) donde el riego es determinante en los cultivos. Estamos hablando de una territorialidad fundada en la priorización de la producción agroalimentaria como destino principal de sus aguas y sus capacidades de trabajo. Sus pobladores construyeron la habitabilidad de este territorio sobre la base de una dinámica sociometabólica que orientó el curso principal de sus flujos hidroenergéticos a la producción y satisfacción de necesidades vitales; una ecología y una economía política de los valores de uso.

Es precisamente ese sociometabolismo el que está siendo profundamente perturbado con la irrupción del enclave extractivista 3Q. La apropiación de las aguas y la cooptación de las capacidades laborales —mediante los nuevos flujos de dinero— están en el centro de los trastornos sociometabólicos provocados por la economía global del litio. Como toda minería, la del litio es especialmente intensiva en agua. Sumado a los diez pozos de bombeo, el proyecto 3Q ha obtenido permisos de extracción de agua pública superficial del arroyo Z por 63.000 litros al día para operaciones generales en el campamento y la escombrera; además, prevé el consumo diario de 2150 millones de litros durante la etapa de construcción y de 500.000 litros durante la operación. Si bien el IIA señala que «se contempla el agua para lavado de bombas, de equipos, preparaciones químicas, de autos y otros consumos humanos» (Liex, 2021), no se especifican los volúmenes requeridos. Es también intensiva en capital. Eso significa que, junto a la dinámica de absorber las aguas y secar, el proyecto opera como una gran creciente monetaria que inunda abruptamente las economías del tiempo y el espacio local, los modos y fines del trabajo social, los patrones de consumo. Los 380 millones de dólares de inversión que supone el proyecto, la masa salarial de puestos de trabajo temporalmente abierta con la explotación,2 más los flujos de dinero estratégicamente direccionados por las políticas de «responsabilidad social» corporativa, ya están haciendo saltar por los aires los valores y términos de intercambio. La inflación típica de la fase de radicación de enclaves extractivistas refleja de un modo simétrico la devaluación económica y política de los bienes de uso, las formas, las prácticas y los saberes locales. Semejante alteración monetaria detona un incremento sideral de los volúmenes y la velocidad de flujos materiales de todo tipo: camiones de gran porte y maquinaria pesada; flotas de camionetas y vehículos; combustibles, lubricantes e insumos químicos; plásticos, cementos, hierros, cauchos; energía eléctrica; sustancias sólidas, líquidos y gaseosos, muchos de ellos con atributos corrosivos o tóxicos. Todos ellos, vertidos exógenos que son liberados en los entornos hidroagropastoriles preexistentes, así confrontados a una profunda perturbación sociometabólica.

Conclusiones: la cadena global del litio, una forma de energía extrema La economía política de la minería transnacional involucra una asimetría histórico-estructural entre la geografía periférica de la extracción y los núcleos imperiales de procesamiento y consumo (Machado Aráoz, 2012). El caso del litio replica esa matriz: una cadena de valor concentrada en pocas megacorporaciones globales, con ramificaciones capilares de enclaves extractivos en el Sur global que abastecen nodos de industrialización concentrados en las grandes potencias (Slipak y Argento, 2022). Su particularidad es que el litio está materializando las nuevas cadenas del colonialismo verde.

Si bien la megaminería no es intensiva en trabajo, la expectativa de empleo impacta fuertemente sobre la estructura ocupacional local y sus imaginarios, sobre todo al inicio de los proyectos. El de 3Q prevé 600 puestos de trabajo durante la fase de construcción y 99 finales en la fase de explotación. El mito de la desfosilización conlleva viejas y nuevas asimetrías. La explotación del litio en los salares altoandinos desestructura históricos flujos hidroagroenergéticos con base en los cuales las poblaciones locales construyeron sus condiciones de habitabilidad, subsistencia y autonomía relativa.

Las 20.000 toneladas de litio que Zijin exportará anualmente de Tres Quebradas se harán a costa de 8200 millones de litros de agua extraída de las hidrocomunidades del Abaucán. Aunque se diga que el litio es «imprescindible» para sociedades sostenibles, hoy, en gran medida, se usa para la fabricación de una mercancía oligárquica insustentable por antonomasia: automóviles eléctricos (De la Torre et al., 2019). Así, en el extremo inicial de la cadena del litio, tenemos la desestabilización y la perturbación de metabolismos sociales con altos niveles relativos de autosuficiencia y sostenibilidad y, en el extremo final, el consumo suntuario de un bien diseñado (para un mundo) para pocos.

Tal como se está explotando, el litio no forma parte de ninguna cadena de energía limpia ni sostenible, sino de un conglomerado de energías extremas dentro de una matriz socioecológica piramidal de consumo desigual del mundode-la-vida. Su extracción está poniendo en riesgo de extinción territorios-refugio (Tsing, 2015), comunidades bióticas históricamente autosustentables, sin ningún tipo de injerencia en el desquicio hidroenergético de la «modernidad» ni responsabilidad en los factores que provocaron la actual crisis del régimen climático de la Tierra.

Fuente:https://www.ecologiapolitica.info/wp-content/uploads/2023/07/065_2023_Machadoetal_89-94_stfy.pdf

Alternativas emancipatorias

«El objetivo principal de la expedición trumpista es “retomar la explotación del maná petrolero venezolano en beneficio de las grandes fortunas estadounidenses”. (Y, de paso, dar un golpe a China, vista como su principal amenaza)».

No estamos sólo frente a una “agresión”, sino ante un acto de apropiación imperialista del principal “recurso económico” de la nación violentada, que es, a su vez, la principal fuente energética que alimenta el geometabolismo del capital y uno de los sectores más rentables del sistema financiero global.

Imperialismo al desnudo: Venezuela y
una nueva guerra de conquista

23 de enero de 2026

De Trump a Colón, del petróleo de Venezuela a la plata del Potosí, de los entreguistas locales a los saqueadores foráneos. Un análisis profundo que denuncia a las derechas gobernantes y cuestiona a ciertos progresismos e izquierdas por la depredación de territorios y cuerpos. Una invitación a barajar y dar de nuevo, a preguntarse cómo llegamos hasta acá. Una propuesta para un modelo de cooperación y ayuda mutua o el repetir viejas fórmulas y que cada vez sea peor.

Por Horacio Machado Aráoz*

Los hechos consumados el 3 de enero sobre Caracas parecen conminados a marcar un nuevo hito histórico. La intempestiva agresión imperialista del aparato de guerra más poderoso hasta ahora concebido en toda la historia, con capacidad sobrada de aniquilación del planeta entero, ha abierto una nueva puerta hacia el abismo. Como si otra más hiciera falta.

(…)2.- Extractivismo como objeto y fin de la violencia imperial

Desde las primeras declaraciones en Mar-a-Lago hasta la fecha, ha quedado claro el objeto de la intervención militar. Esto no se trata de democracia, ni de violaciones a los derechos humanos; ni siquiera de narcotráfico o cambio de régimen. El objetivo principal de la expedición trumpista es “retomar la explotación del maná petrolero venezolano en beneficio de las grandes fortunas estadounidenses”. (Y, de paso, dar un golpe a China, vista como su principal amenaza).

No estamos sólo frente a una “agresión”, sino ante un acto de apropiación imperialista del principal “recurso económico” de la nación violentada, que es, a su vez, la principal fuente energética que alimenta el geometabolismo del capital y uno de los sectores más rentables del sistema financiero global.

Esto se trata de petróleo. Ese es el botín de guerra. No de otra cosa habló y habla Trump: Vamos a gobernar Venezuela y extraer sus enormes reservas durante años, si fuera necesario.”; “Vamos a usar petróleo y vamos a recibirlo. Estamos bajando los precios del petróleo y vamos a dar dinero a Venezuela, que lo necesita desesperadamente”; “Reconstruiremos Venezuela de una manera muy rentable.

En pocos días, Trump anunció que Caracas “acordó” transferir entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad; se auto-declaró encargado de controlar el dinero de la venta del petróleo “para garantizar que se utilice en beneficio del pueblo venezolano y de Estados Unidos” y, por si fuera poco, aseguró que “Venezuela comprará exclusivamente productos fabricados en Estados Unidos con el dinero que reciba de nuestro nuevo acuerdo petrolero”.De esto se trata. Tomar el control de la tierra para extraer petróleo; perforar y extraer; saquear para vender; comprar y vender; conquistar y controlar para enriquecerse. Por supuesto, no todos; sólo los de su clase, los que controlan las grandes empresas oligopólicas; los dichos “dueños”: apropiadores de los “recursos” del mundo. En eso consiste su fórmula “MAGA”. Por eso, una vez perpetrado el secuestro (no apenas de Maduro, sino del régimen que controla Venezuela) todos los esfuerzos han estado dirigidos a “ordenar” y acelerar el proceso extractivo.

La conquista es el primer paso, pero el extractivismo es el objetivo final; el momento de realización del acto de conquista. Sin él, la conquista pierde sentido; no se completa. La guerra de conquista sólo alcanza su plenitud con la instalación de una maquinaria extractivista sobre la superficie, la “cosa” conquistada. Y en todo caso, lo que es una “cosa” para el conquistador refiere siempre una población unida histórica y materialmente a un territorio como soporte de vida. La mirada cosificadora del conquistador hace caso omiso tanto de la población que vive en y de ese territorio conquistado, como de la propia vitalidad, integralidad y diversidad de ese territorio en cuestión como complejo ecosistémico y cultural viviente. Toda esa sociobiodiversidad es fulminantemente reducida a la condición de unos pocos “recursos” cuya extracción y explotación resultan fuente de rentabilidad y de poder dominial.

La honestidad brutal de Trump está desenmascarando la hipocresía histórica de la pretensión civilizatoria de Occidente. Porque está mostrando de modo pornográfico la relación entre guerra, guerra de conquista, y extractivismo. Entre extractivismo, capitalismo e imperialismo. Entre apropiación destructiva de territorios habitados y rentabilidad; entre rentabilidad y poder imperial.

El extractivismo se revela, así, como principio y función geosociometabólica del capital; como base y soporte histórico-geográfico, estructural, material y simbólico del modelo “civilizatorio” de Occidente. El extractivismo es esa larga y ominosa cadena de apropiación y consumo oligárquico del mundo que sostiene a sangre y fuego el “modo de vida imperial” (Ulrich Brand y Markus Wissen, 2021). La economía política del conquistador hace del territorio no un hábitat, sino una zona de saqueo: el extractivismo funciona como una matriz estructural de apropiación destructiva y explotación diferencial de las energías vitales (tierra y trabajo).

3.- Negligencia y malversación energética en la raíz de la falla civilizatoria de Occidente

Cabría considerar al petróleo como una huella geológica de la propia danza de la vida que anima la Tierra, desde hace 4500 millones de años. Un fabuloso crédito energético constituido de millones y millones de proceso biogeoquímicos acumulados en fórmulas de partículas básicas de hidrógeno y carbono combinadas, procedentes de materia orgánica ancestral depositada por cientos de millones de años en fondos de mares y paleo-lagos que quedaron incrustadas en las profundidades de la corteza terrestre. El petróleo es finalmente una fuente de energía porque, en definitiva, es una estación de los rayos del sol. Es una forma de disposición final de las “radiaciones cósmicas que se vierten sobre la faz de laTierra provocando un poderoso flujo de fuerzas, de forma ininterruptas” en virtud de las cuales “la biósfera obtiene, en toda su estructura, propiedades nuevas, incomunes y desconocidas para la materia terrestre (Vladimir Vernadsky, 1926).

A principios del siglo pasado el astrofísico ruso Vladimir Vernadsky sentó las bases para una comprensión estrictamente científica de la Tierra como un planeta vivo; el único en todo el universo hasta ahora conocido, con capacidad de gestar vida, materia orgánica en movimientos, y de sustentar la biodiversidad gestada a través de su propio metabolismo geológico. La Tierra es un planeta viviente, conforma una biósfera porque “está permeada de energía”; ella toma las fuerzas provenientes de las radiaciones cósmicas, los rayos del sol principalmente, “la acumula en forma de radiación y la distribuye por todo el planeta, transformándola en energía libre y capaz de producir movimiento en el ambiente terráqueo”. Rayos de sol; clorofila; fotosíntesis; mitocondrias; complejos de hidrógeno y carbono, de oxígeno, magnesio, fósforo, calcio y potasio… De esa danza de elementos está hecha la energía que mueve la Tierra.

No es que sólo “hay vida en la Tierra”; la Tierra es un complejo sistema viviente. Y la energía es, básicamente, primordialmente, fuerza vital que genera, circula y da sustento a toda la biodiversidad terráquea como sistema complejo e integrado.Occidente es una civilización fallida porque se construyó sobre una negligencia radical: ignorando absolutamente que la Tierra que habitamos es una entidad viva e ignorando la energía como fuerza vital que fluye por los seres minerales, vegetales, animales —incluidos los humanos—, animando así la Biósfera toda. En el origen de esta civilización fallida, lo que tenemos es la colonización de la energía: la conversión y transformación de la energía en un medio de dominación imperial.

Occidente se estructuró como sociedad hegemónica, logró mundializarse como supuesto modelo “universal”, “superior” de Civilización en base a la apropiación oligárquica de las energías vitales de la Tierra (tierra y trabajo), a la malversación y al uso irresponsable de la energía como mero “recurso” estratégico para alimentar una maquinaria de guerra y de fabricación de mercancías-para-la-extracción-de-plusvalía. Esa maquinaria es lo que desde mediados del siglo pasado se conoce como “complejo militar-industrial”. De fuerza vital a “recurso estratégico” para una maquinaria de muerte y rentabilidad; de conquista, saqueo extractivista y mercantilización que realimenta el aparato de destrucción masiva. Esa es la gran falla, la malversación originaria de los flujos hidro-minero-energéticos (incluidos el conocimiento y la capacidad de trabajo de los organismos humanos vivientes, que como tales son una manifestación específica de las fuerzas vitales de la Tierra) que está en las raíces del Capitaloceno; de la crisis climática; de la asfixia de la biodiversidad terráquea toda.

Como dijimos, no hay capitalismo sin extractivismo. Y no hay extractivismo sin colonialismo. El colonialismo es, eminentemente, un fenómeno energético: un régimen de apropiación oligárquica de las energías vitales de la Tierra que son extraídas de territorialidades vivas, de economías de subsistencia, para trasvasadas y ser insumidas como combustible de una maquinaria de guerra y mercantilización. Aunque el orden colonial del capital no comenzó con el petróleo, ni con el carbón, desde que el petróleo se empezó a usar con fines mercantiles y marciales, éste proveyó una nueva e inédita plataforma material que —por sus inigualables atributos físicos— fue decisiva para el inusitado despegue y despliegue de las “fuerzas productivas” (destructivas) del capitalismo de posguerra.

No se puede soslayar que el petróleo fue el combustible que alimentó el complejo militar-industrial sobre el que se asentó el modelo de “bienestar” de “posguerra”.

En 1910 el petróleo sólo representaba el cinco por ciento de la energía mundial (Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes, 2021). Pero entre 1945 y 1070, la extracción mundial de petróleo se incrementó un 700 por ciento (Boris Pobodnik, 2006). Ese salto exponencial está intrínsecamente ligado al Welfare State («estado de bienestar») en tanto constructo derivado del Estado de Guerra, que lo precede y lo contiene en todos sus términos. Debemos a ese aparato militar industrial de la “posguerra” (Guerra Fría y guerras regionales de recolonización incluidas) no sólo el “salto” en la “calidad de vida” (incremento inusitado de los niveles y patrones de consumo de las clases medias y altas globalizadas) que tanto se pregona como “desarrollo”, sino también la Gran Aceleración de las emisiones “antropogénicas”: tres de cada cuatro partículas de dióxido de carbono industrial se generaron en este breve período de la segunda mitad del siglo pasado.

Son esos “patrones de consumo”, ese “modo de vida imperial”, lo que está asfixiando la Biósfera. Aunque por esas concentraciones nos estamos ya quemando vivos, el mundo —el mundo de los autoproclamados como “dueños” y poderosos— sigue concibiendo la energía como un “recurso estratégico”. Es un insumo indispensable para la industria militar y mercantil y una fuente extraordinaria de rentabilidad. Por eso Trump, como nuevo conquistador, tomó el control de Venezuela y amenaza hacerlo sobre todo “su” hemisferio (incluida Groenlandia).Ante la violencia imperialista desnuda de Trump, algunos analistas han planteado que, en términos geopolíticos, constituye una regresión al siglo XIX (tiempos emblemáticos donde grandes potencias se repartían el mundo en dominios coloniales con la única ‘regulación’ de las armas). Aunque se podría discutir si durante el breve intervalo de la ONU las armas se subordinaron de alguna manera a la fuerza de la razón y el Derecho Internacional, lo que me parece indiscutible es que, en términos ecológicos y epistémico-políticos, el mundodelosdueños no sólo nunca logró ir más allá del siglo XIX, sino que nunca llegó a salir del largo siglo XVI. Los hombres de poder (científico, económico y político) siguen mirando al mundo con los ojos ‘políticos’ de Colón; con los ‘ojos científicos’ de Descartes y Bacon. Para ellos (hablemos de Trump, de Elon Musk o de cualquier otro magnate del minúsculo círculo de “dueños”; hablemos de Estados Unidos, Rusia, China, o aún de la despintada Unión Europea), el mundo es un conjunto inerte de recursos cuyo uso racional implica transformarlos en medios de violencia y/o medios de renta. Para ellos la Tierra es (sigue siendo) un botín de guerra. Y la energía, no una fuerza biosférica que nos mantiene vivos y que anima la comunidad de seres con-vivientes de la Tierra, sino un recurso para mover máquinas y fabricar objetos.(…)

6.- ¿Qué podemos aprender de un mundo en ruinas?

El gran maestro Ailton Krenak se pregunta: “¿Cómo es que a lo largo de los últimos dos mil o tres mil años, hemos construido la idea de Humanidad? ¿No será que esa idea está en la base de muchas elecciones erradas que hicimos, sólo para justificar el uso de la violencia? La idea de que los blancos europeos podían salir a colonizar el resto del mundo estaba sustentada en la premisa de que había una humanidad esclarecida que precisaba ir al encuentro de la humanidad obscurecida, llevándole una luz increíble”.

Ya sabemos qué ha pasado con la Tierra con esta idea de Humanidad y de Civilización. Pero también deberíamos preguntarnos: ¿Qué ha pasado con una Humanidad que se ha (mal)acostumbrado a pensarse y auto-concebirse desde el antropocentrismo, el individualismo competitivo de guerra, el horizonte civilizatorio del ciudadano/consumidor, normalizado en el disfrute inmediato provisto en el universo fetichista de la mercancía como sustancia monopólica de las sociedades contemporáneas? ¿Qué efectos tiene esta trayectoria de devastación incesante y creciente sobre la propia humanidad de lo Humano?

No estoy seguro si podemos aprender algo, de esta civilización fallida, en crisis, de una crisis terminal. Pienso que al menos, podríamos preguntarnos qué significa el realismo y qué entendemos por “idealismo” a esta altura de la historia. Curiosamente, desde Maquiavelo en adelante, para el sentido común hegemónico y el pensamiento ilustrado, realpolitik ha significado la primacía de la racionalidad instrumental y el pensamiento estratégico. Realismo implica la naturalización de la lógica descarnada de la dominación y la conquista. Remite a la antropología imaginaria de Hobbes y Smith. Desde esa lógica se ha descalificado como romántica e idealista no sólo las corrientes de pensamiento que abogan por la cooperación, la ayuda mutua, la solidaridad altruista como proceso de construcción política y de realización humana. Sino también se han descalificado como pachamámicas todas aquellas concepciones que conciben y tratan a la Tierra como una entidad viviente, la fuente y la base del sustento de nuestra propia existencia como especie. No sólo políticos y pensadores de derecha; muchos que se identifican de “izquierdas” descalifican la sabiduría ancestral de los pueblos originarios re-existentes al holocausto de Occidente, como un “pensamiento infantil”, “romántico”, “idealista”, carentes de toda efectividad “práctica”. “Muy bonito pero irreal”, dicen algunos. “Sería como volver a la edad de piedra”, dicen otros, imbuidos del mismo productivismo tecnolátrico del imperio.

Lo cierto es que el realismo ilustrado, el de la primitiva ciencia moderna y el del habitus conquistual, ha concebido la tierra como un botín de guerra. Ha considerado la energía como mero recurso estratégico. Ha entendido la lucha supremacista por la explotación como una pulsión naturalmente humana. A eso se llama “realismo”. Y la verdad, pienso que no hay nada más idealista y alejado de la realidad que esas concepciones y formas de conducta. En todo caso, esto sería un “realismo” suicida. De seguir así, ya sabemos dónde acaba todo.

Fuente: https://agenciatierraviva.com.ar/imperialismo-al-desnudo-venezuela-y-una-nueva-guerra-de-conquista/

 No queda otra…

4 de

Por Daniel Campione| Huella del Sur

La del título es una de las frases más escuchadas en la Argentina de estos tiempos. Oficia como respuesta o comentario a las más variadas cuestiones.

Es el señalamiento de la falta de alternativas, de la carencia de una posibilidad de cambio. O tal vez de la imposibilidad hasta de pensarla. Se la usa en las circunstancias más disímiles. Ante un aumento en el precio del transporte o la demora para obtener un turno médico. Hasta a la hora de quejarse por las elevadas temperaturas. Hay que esperar, aguantar, “no queda otra”.

Vivimos tiempos de “normalización” de situaciones injustas, de atropellos que, como mínimo, deberían ser encarados en tanto anomalías a erradicar cuanto antes. Allí anida otra frase de sentido convergente con la del “no queda”. Nos referimos a “es lo que hay”.

Así, un “hay” que no remite a orígenes ni a motivos, ni a perspectivas de que sea de otro modo. Parece natural, inamovible. Hay que contar con eso, por malo que sea. Padecerlo en silencio. Paliar en algo sus efectos negativos, a lo sumo y si es que se puede. (…)

La organización y la movilización popular tienen la palabra a la hora de reinstaurar la noción de que existen mejores posibilidades. Y la muestra de que en la sociedad argentina anidan voluntades poderosas contrarias a los intereses del gran capital.

Se trata de resistencia claro. No alcanza. También de propuestas audaces hacia la igualdad y justicia. Que dejen de lado las menguadas expectativas de “derrame” de la ganancia capitalista.

Y reinstauren las esperanzas verdaderas de poner fin al reinado destructor y mezquino de las minorías ricas. Hacia la hora de la verdadera democracia desde abajo y de un orden social y económico regido por valores y bienes comunes y no por las ganancias mercantiles.

Fuente: https://rebelion.org/no-queda-otra/

«La organización y la movilización popular tienen la palabra a la hora de reinstaurar la noción de que existen mejores posibilidades».

(…) La tercerización es el resultado de una transformación profunda de los procesos productivos, que llevó a las empresas a delegar parte de sus tareas a otras compañías para ganar competitividad a través de la reducción de los costos laborales. Tiene un efecto disciplinador sobre la fuerza de trabajo, los trabajadores marginados conviven en el mismo espacio laboral con los registrados, pero con condiciones muy diferentes, estorbando las posibilidades de generar una identidad colectiva. (…)

 

Todos y todas a las calles. El 11 de febrero se trata la Reforma Laboral: hay que impulsar un paro nacional para ser miles rodeando el Congreso

Se confirmó que el tratamiento en el Senado de la Reforma Laboral esclavista será el próximo miércoles 11 de febrero. Así lo afirmó Bullrich en los pasillos del Senado tras una reunión con senadores aliados y dialoguistas. El sindicalismo combativo y el Frente de Izquierda vienen planteando la necesidad de imponerle a la CGT el llamado a un paro nacional activo con una gran movilización para que caiga reforma. Este martes, las dos CTA confirmaron finalmente un paro y movilización para ese día.

Ariel Milli

3 de febrero

Pero por fuera de esas negociaciones por arriba y a espaldas de quienes trata en realidad el proyecto -los millones de trabajadores y trabajadoras del país-, es necesario no confiar en la casta del Senado, sino en las propias fuerzas, impulsando la organización, la coordinación y las instancias de debate para que la CGT llame a paro y movilización. Pero también para que esa central junto a las CTA, impulsen un verdadero plan de lucha hasta derrotar por completo el plan esclavista del Gobierno.

Este martes, tras una reunión conjunta, las CTA finalmente se pusieron de acuerdo y anunciaron paro y movilización cuando se trate la reforma. Es decir para miércoles 11, según la posterior confirmación de Bullrich. Es importante que esa jornada sea preparada con asambleas en cada lugar de trabajo para construir desde abajo un verdadero plan de lucha hasta derrotar la reforma.

Por su parte la CGT se reunirá este viernes para definir si sale o no de una vez de su escandalosa tregua y pasividad, y llama también a parar y movilizar. La central obrera más importante, viene limitándose a la mala estrategia de rosquear con los gobernadores y confiar en el poder judicial, en eventuales futuras presentaciones.

Lejos de la rosca y la tibieza de las centrales el sindicalismo combativo y la izquierda vienen planteando la necesidad de imponerle a la CGT el llamado a un paro nacional activo y la necesidad de convocar a una gran movilización. Apostando a fortalecer esa perspectiva, en los últimos días tuvieron lugar distintos encuentros de coordinación en la zona Norte y Sur del Conurbano bonaerense; en la Plata, en Jujuy y en CABA. Allí se reunieron sectores combativos de los trabajadores. Uno de estos encuentros, el de Zona Norte, tuvo lugar en la puerta de Lustramax, donde hoy tiene lugar una importantísima lucha contra los despidos ilegales y antisindicales provocados por la patronal.

El lunes se llevó a cabo un encuentro en Parque Lezama contra la reforma laboral y el ajuste, convocado desde el Plenario Sindical Combativo, y mañana habráun importante Cabildo abierto en el Garrahan para rechazar el nuevo ataque del Gobierno con desafueros, despidos y persecución a los que luchan.

Allí, en Lustramax, tras 23 días de dura lucha de los trabajadores, se logró una tregua y se impuso a la patronal respetar por ahora la conciliación obligatoria, con los que los trabajadores, trabajadoras y sus delegados ingresaron a la planta este miércoles. Esta lucha es un ejemplo para toda la clase trabajadora de como enfrentar estos ataques que son la avanzada de la reforma laboral.

Hay que garantizar una gran movilización el miércoles 11 de marzo. Hay que prepararla desde ahora, discutiendo en cada lugar de trabajo, en cada facultad, en cada barrio. Es necesario fortalecer la coordinación desde abajo en el camino de una gran pelea nacional contra la reforma esclavista que viene por nuestros derechos y conquistas.

Fuente: https://www.laizquierdadiario.com/El-11-de-febrero-se-trata-la-Reforma-Laboral-hay-que-impulsar-un-paro-nacional-para-ser-miles

Qué Abya Yala

Historia y presente/ Ofensiva del sistema mundo capitalista / Alternativas emancipatorias

Historia y presente

«La crueldad de los poderosos que parece no hallar límites. La voracidad de sus ambiciones está perforando ya los propios límites geofísicos del planeta. Ni las evidencias de la catástrofe en curso parecen poder detener o siquiera ralentizar esta carrera aceleracionista, de destructividad manifiesta y de exacerbación de las violencias coloniales». Horacio Machado Aráoz

Imperialismo al desnudo: Venezuela y
una nueva guerra de conquista

23 de enero de 2026

De Trump a Colón, del petróleo de Venezuela a la plata del Potosí, de los entreguistas locales a los saqueadores foráneos. Un análisis profundo que denuncia a las derechas gobernantes y cuestiona a ciertos progresismos e izquierdas por la depredación de territorios y cuerpos. Una invitación a barajar y dar de nuevo, a preguntarse cómo llegamos hasta acá. Una propuesta para un modelo de cooperación y ayuda mutua o el repetir viejas fórmulas y que cada vez sea peor.

Por Horacio Machado Aráoz*

Los hechos consumados el 3 de enero sobre Caracas parecen conminados a marcar un nuevo hito histórico. La intempestiva agresión imperialista del aparato de guerra más poderoso hasta ahora concebido en toda la historia, con capacidad sobrada de aniquilación del planeta entero, ha abierto una nueva puerta hacia el abismo. Como si otra más hiciera falta.

En la propia vorágine de los acontecimientos, una chorrera de tinta se esparce ya tratando de comprender lo sucedido; procurando avizorar lo que cabría esperar de sus consecuencias, tan inevitables como imprevisibles. La verdad, resulta difícil exagerar la gravedad de lo acontecido y la peligrosidad de lo que puede llegar a desencadenar. Y decimos esto, con las imágenes de Gaza atormentando nuestras retinas.

La crueldad de los poderosos parece no hallar límites. La voracidad de sus ambiciones está perforando ya los propios límites geofísicos del planeta. Ni las evidencias de la catástrofe en curso parecen poder detener o siquiera ralentizar esta carrera aceleracionista, de destructividad manifiesta y de exacerbación de las violencias coloniales. En ese marco, la captura militar ordenada por Trump sobre Venezuela resulta, por un lado, inédita, insólita, pero también, por otro, un episodio más, crónico, de largos antecedentes.

Es fundamental procurar discernir lo que esta nueva agresión imperialista tiene de novedad y de ruptura, y lo que remite a profundas continuidades histórico-estructurales, a fin de poder dimensionar lo que está realmente en juego. Parece necesario mirar la actual coyuntura geopolítica a la luz de la perspectiva histórica del tiempo geológico, ese tiempo de longue durée (larga duración) que muestra las huellas de las distintas marcas civilizatorias, tanto sobre la atmósfera, como sobre la propia superficie de la condición humana. Se nos ocurre que sólo así sería posible elucidar qué hay de nuevo en esta nueva guerra, en este nuevo acto de atropello imperial, dentro de la desventurada trayectoria de Occidente, una tal civilización precisamente nacida y marcada consustancialmente por la guerra.

1.- Una nueva guerra de conquista y un nuevo conquistador

La intervención militar estadounidense del 3 de enero sobre Venezuela es un hecho violatorio de toda la institucionalidad vigente —internacional y del propio estado agresor—, un acto de ejercicio nudo y crudo de violencia, desprovisto de absolutamente toda pretendida base de razón, de legalidad y de legitimidad. Constituye, ante todo, un acto de guerra y el anuncio o la amenaza de una nueva oleada de guerras. Esto nos retrotrae a los acontecimientos fundacionales del propio sistema-mundo colonial moderno. Como en aquellos tiempos de acumulación originaria, estamos, lisa y llanamente, ante una guerra de conquista.

Con el brutal desparpajo que le es característico, al día siguiente de la operación militar por la que secuestró al presidente de facto de la República Bolivariana de Venezuela, Trump se presentó como el nuevo conquistador. Hizo alarde de tener el país bajo su control, expresó su voluntad de permanecer al mando todo el tiempo que sea necesario, y se refirió expresamente al petróleo venezolano como “su” botín de guerra. “Vinimos a tomar lo que es nuestro”. Habla de Venezuela como una nueva territorialidad sobre la que se arroga el poder de disponer a discrecionalidad, sin importarle en absoluto la población que vive sobre ella.

Trump se muestra como es. Se siente tan poderoso y tan impune que prescinde de toda máscara. Declara y actúa impúdicamente. Y es lo que es: un macho bruto, violento, desprovisto de todo atisbo de ilustración, pero sumamente consciente de su poder desproporcionado y de su capacidad de provocar daños inconmensurables. Nacido en condiciones de clases privilegiadas, dentro del epicentro geopolítico de su época, muestra haber sido simplemente (mal)educado como súper-dueño: acostumbrado a llevarse el mundo por delante.De una codicia y ambición tan ilimitadas como inescrupulosas se muestra dispuesto a ejercer toda la violencia que sea posible y necesaria para conseguir sus propósitos, sin ningún tipo de miramientos o consideraciones de tipo normativo y mucho menos de valores sociales y éticos. A su juicio, lo único que legitima sus actos es la mera eficacia de la racionalidad de medio a fin. Nada ni nadie le puede poner límite alguno. “Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”. Se concibe como un individuo absoluto, superior, por encima de todo y de todos. Y, desde ese lugar, mira al mundo desde el estrecho utilitarismo instrumental bajo la cual todo lo que existe es codificado en la lógica binaria de lo que le sirve y puede apropiarse, y de lo que le es inútil o le resulta un escollo que debe aniquilar.

Estamos describiendo a Trump a la luz de sus actos y declaraciones. Pero esa descripción remite, en realidad, a un prototipo nada novedoso. Su habitus y modus operandi se remontan, en realidad, a los aventureros del largo siglo XVI que cruzaron el Atlántico en busca de tesoros a conquistar. Trump encarna taxativamente la lógica práctica que pusieron en marcha los Colón, los Pizarro, los Cortez, los Alonso de Ojeda, los Álvarez Cabral, y un largo etcétera de secuaces y seguidores. Aquellos primitivos conquistadores del “Nuevo Mundo”, serían los iniciadores de una ominosa senda geológica y política que se fue abriendo paso sobre la Tierra arrasándola, considerándola un mero botín de guerra.

La reivindicación de Trump de la Doctrina Monroe y las declaraciones oficiales sobre que el Hemisferio Occidental les pertenece (plasmadas ya como Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos), vienen ahora a tomar la fuerza de una demostración categórica de que están dispuestos a hacer lo que sea necesario para ocuparlo y usufructuar de él. Esto, que ha sido interpretado como un mensaje de reparto del mundo, tácito pero manifiesto, podría ser considerada una novedad obscena, en los últimos ochenta años que nos separan de la fundación de la ONU. Pero visto desde una perspectiva histórica mayor, este tipo de prácticas puede rastrearse hasta el Congreso de Berlín (1885), cuando las potencias europeas se repartieron África con instrumentos geométricos sobre un mapa. E incluso más, podrían remontarse al mismísimo Tratado de Tordesillas (1494) por el que las primeras potencias modernas de la península Ibérica —surgidas propiamente como “estados depredadores” (Eric Wolf, 1987)— se repartieron las zonas de navegación y de conquista del “Nuevo Mundo”. (…)

4.- La condición colonial de los regímenes extractivistas y la miopía de ciertas izquierdas

Algo hay que decir sobre la miopía de ciertas izquierdas, sobre todo de peso institucional; las que suelen llevar la vocería (gubernamental, partidaria o académica) de “la izquierda”. Una miopía empeñada en negar lo evidente y justificar lo injustificable. Una izquierda maniquea bien funcional al extremismo militante de las derechas en boga. Esa misma izquierda podría parafrasear a Theodor Roosevelt, colocando a Maduro en el lugar de Somoza, de Batista, de Pinochet, etc. Como si admitir la transformación monstruosa en las que las energías emancipatorias originarias del chavismo devinieron en un régimen corrupto, autoritario, violatorio de derechos de lesa humanidad y de lesa Naturaleza, fuera justificar en algún sentido o siquiera matizar la crítica a la agresión imperialista que nos ocupa.

La deriva del régimen “bolivariano” (con perdón de Bolívar) —por lo menos desde 2013 en adelante— es absolutamente indefendible, desde todo valor y/o principio político que consideremos de izquierda. Es la expresión cabal de lo que llamamos un régimen extractivista: un patrón de poder oligárquico asentado sobre el control de la explotación extractivista de “materias primas” de exportación y que articula el control autoritario, rentístico y plutocrático interno con la dependencia estructural -económica, tecnológica, política y cultural- externa. Es en el siglo XXI una “república bananera” del siglo XIX, con la única diferencia que separa al petróleo de las bananas. Ha quedado obscenamente de manifiesto en estos días, donde no sólo Trump se presenta sin máscara; también el régimen “chavista” (con perdón de Chávez) ha quedado al desnudo.Diana Carboni, editora de Open Democracy, ha escrito: “De la revolución bolivariana no queda nada, ni siquiera dignidad. Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Maduro y una de las figuras más vociferantes de su administración, fue nombrada presidenta interina, con la aquiescencia de Trump. Ella y su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, ministro del interior, y Vladimir Padrino López, jefe de las fuerzas armadas, pasan a ser gerentes de un protectorado de Trump”.

Así, Trump ha operado un “cambio de régimen perfecto” (porque precisamente no es cambio de régimen sino cambio de su cabeza visible). El despecho a la lidereza de la oposición derechista y la elección de Delcy Rodríguez y compañía para terminar de perpetrar su intervención imperialista muestra la reciprocidad funcional del vínculo que los une. Trump necesita la “gobernabilidad” que le puede ofrecer (al menos en el corto plazo) Delcy Rodríguez y no María Corina Machado, por más afinidad ideológica y servilismo incondicional que ésta le garantice. Machado le puede asegurar obediencia absoluta, pero no puede transformar las órdenes de Trump en órdenes vigentes al interior de la sociedad venezolana. Rodríguez & Cía., sí.

Ellos sí le pueden ofrecer el “orden interno” y la extracción de los millones de barriles requeridos. Lo cual deja al desnudo la relación entre extractivismo e imperialismo. Lo que busca el imperialismo es instalar y administrar regímenes extractivistas, lo que les garantiza el acceso irrestricto a las materias primas “críticas y estratégicas” que una potencia necesita para sostener su dominio económico y político. Siendo el objetivo del imperialismo, el extractivismo no se realiza sin la participación necesaria de élites internas con capacidad de controlar la violencia interna que es necesaria desplegar sobre territorios y poblaciones que van a ser convertidas en “zonas de sacrificio”, petrolero, minero, sojero, de la materia extractiva que se trate. Extractivismo es violencia sobre cuerpos vivos. Cuerpos de agua, cuerpos de bosques, cuerpos de biodiversidad ensamblada que va a ser descuartizada en cuadrículas monoculturales de commodities. Cuerpos de humanos, cuyas vidas pasan a ser prescindentes. Son sacrificables porque su valor no llega a cubrir el costo de oportunidad de la renta extractiva.

En los regímenes extractivistas las élites internas —económicas, políticas, mediáticas y académicas; de derechas y progresistas o de “izquierda”—son las que controlan el aparato de poder estatal y los restantes resortes del poder fáctico, que les permite viabilizar la explotación interna para la disposición externa de los “recursos”. El extractivismo requiere un uso abusivo de violencia. El autoritarismo, la concentración y los abusos de poder, la violación de derechos, no son ni una excepción ni meras “extralimitaciones”; son requisitos operativos.

Las izquierdas oficialistas asisten atónitas. Sólo les queda alegar que, a la cúpula del gobierno venezolano, no le queda otra alternativa. Y es verdad. Está encerrado y completamente sumiso ante el poder imperial. Completamente indefenso, pero no sólo ni principalmente por la asimetría abismal del poderío militar y la inescrupulosidad de Trump. Al régimen venezolano no le queda otra porque se ha quedado completamente desnudo en su corrupción, no sólo económica, sino principalmente política. Se ha quedado sin pueblo que lo defienda. Su debilidad no es la debilidad de las armas, sino la debilidad de “poder popular”.

Esas izquierdas oficialistas no pueden seguir fingiendo que no pasa lo que pasa. El trágico espectáculo de la colonialidad extractivista —que se manifiesta hoy trágicamente en Venezuela, pero que también comprende el estrepitoso fracaso de todas las experiencias progresistas que participaron del Consenso de las Commodities— está a la vista. Al menos deberían tener la honestidad intelectual para preguntarse qué les incomoda y qué les molesta de las escenas de centenares de miles (de los ocho millones) de migrantes venezolanos diasporizados por el mundo festejando la caída de Maduro. Ocho millones de personas que no pueden ser “la élite” pro-imperialista, sino que en su abrumadora mayoría son pobres desesperados, madres e hijes de la clase trabajadora que se han visto asfixiadas por las opresiones económicas y políticas de un régimen oligárquico a la deriva. Diana Carboni les ofrece una reflexión: “Cuando se supo del derrocamiento de Maduro, hubo festejos de venezolanos en muchas ciudades, pero no dentro de Venezuela. Allí ya no gobierna Maduro, pero sí el mismo régimen, bajo la sombra de Trump”.

5.- Sobre lo nuevo y lo viejo de esta arremetida imperialista

Estamos asistiendo probablemente a los cimbronazos finales de la Era del Conquistualismo, una trágica era geológico y política signada por la violencia conquistual que, en apenas un segundo geológico de cinco siglos, ha provocado una transformación catastrófica de la “preciosidad” de la Tierra, esa “joya rara en medio de trillones de otros mundos”, “única, con una biósfera exuberante que conecta a todas las criaturas que existieron y que existen, incluyendo a nuestra especie” (Marcelo Gleiser, 2024) a través del aire que respiramos, el agua que hidrata nuestros cuerpos, y la energía que nos nutre, tomada prestada del sol, la fotosíntesis y el suelo fértil.

Trump es, en efecto, una expresión emblemática de dicha Era. Conquistualismo es la exaltación de la violencia supremacista como “principio civilizatorio”. Una guerra de conquista originaria ha desencadenado un devenir catastrófico signado, no sólo por la perturbación de las dinámicas biogeoquímicas que crearon las regularidades climáticas del Holoceno (periodo histórico que abarca desde hace diez mil años hasta la actualidad) y las condiciones da habitabilidad de la Tierra que albergó el despertar y despliegue de todas las formas geoculturales de vida específicamente humanas, sino también por la degradación de lo que nos hizo y nos hace justamente humanus.

Un hombre blanco, armado, violento, que se cree y actúa como dueño del mundo, ha venido ahora a encarnar a aquellos primitivos aventureros del siglo XVI, igualmente violentos, inescrupulosos y de codicia infinita, que desataron la primera y única guerra mundial; esa en la que nos hallamos sumidos desde 1492. Guerra contra las mujeres; contra los pueblos agro-culturales y sus economías de subsistencia; guerra contra la Madre Tierra misma.

Occidente nació de aquella guerra de conquista originaria. El comercio y la guerra, la guerra y el comercio fueron sus principios civilizatorios. Así se expandió por los mares hacia todos los puntos cardinales, haciendo del mundo un botín de guerra y un mercado mundial. Conquistar para explotar. Tomar el control de la tierra (haciendo caso omiso de las poblaciones que lo habitan) para extraer. Perforar montañas, suelos y subsuelos para simplemente extraer; desmontar bosques para extraer. Saquear para vender; comprar y vender. Conquistar y controlar territorios y fuerza de trabajo para enriquecerse, para hacerse cada vez más grandes y poderosos (es decir, violentos y brutos). Conquistualismo es una epistemología y una ontología política que reduce todo lo que existe a una cosa de la que se puede extraer una renta o una ventaja bélica.

Eso es lo viejo, lo crónico, que revela Trump. La lógica conquistual está en las raíces de Occidente; en sus bases más pétreas y en sus principios operativos. En su brillante contra-antropología del “hombre blanco” Davi Kopenawa (2010) describe a Occidente comoel “pueblo-mercancía”. La mercancía cubre todo su horizonte antropológico y civilizatorio. Es lo que llena sus sueños y todas sus ambiciones de trascendencia. La mercancía es el medio y es el fin; el sentido último de la existencia. Ese es su lenguaje de valoración; su patrón único de valor y de rigor. Trump es nada más y nada menos que la encarnación de las “características monstruosas de la civilización occidental” (Eduardo Viveiros de Castro, 2010). Como el hombre más poderoso y peligroso existente sobre la Tierra, hoy Trump nos revela la imagen desfigurada de una humanidad in-humana y des-humanizada, de machos “embrutecidos por los mismos viejos sueños de codicia, de conquista e imperio venidos en carabelas”.

En su célebre prólogo a “Los condenados de la Tierra” (1961) de Frantz Fanon, Jean Paul Sartre así hablaba a Europa, cuna de Occidente y pretendida cumbre civilizatoria de la Humanidad: “Ustedes saben bien que somos explotadores. Saben bien que nos apoderamos del oro y los metales y el petróleo de los continentes nuevos para traerlos a las viejas metrópolis. No sin excelentes resultados: palacios, catedrales, capitales industriales… Europa, cargada de riquezas, otorgó de jure la humanidad a todos sus habitantes: un hombre entre nosotros quiere decir un cómplice puesto que todos nos hemos beneficiado con la explotación colonial. (…) Nada más consecuente entre nosotros que un humanismo racista, puesto que el europeo no ha podido hacerse hombre sino fabricando esclavos y monstruos” (Jean Paul Sartre, 1963).Trump es, nada más y nada menos, que un hijo ejemplar de ese monstruo supereuropeo, la América del Norte”. Sabe bien cómo se hizo la “grandeza” de “América”. Sabe que esa “grandeza” está en declive y por eso justamente evoca la Doctrina Monroe. MAGA es un programa de conquistualismo herido, que ve sus privilegios amenazados. Y que busca desesperadamente recuperar. Trump es un conquistualismo del fin del mundo. Eso revela lo nuevo de este viejo patrón de poder. Muy sucintamente, podemos marcar dos grandes “novedades” en el sistema-mundo.

a.- El desenmascaramiento. Con el Trumpismo, lo que caducó no es sólo el Derecho Internacional sino toda la mascarada institucional y discursiva del humanitarismo liberal occidentalocéntrico. “Democracia”, “Derechos Humanos”, “Libertad”. No es que ahora ya no importan. Es que nunca fueron más que excusas para mantener el dominio material y simbólico supremacista sobre las zonas coloniales; sobre “la gente sin historia”, como dijera Hegel.

Trump es un imperialismo al desnudo que revela a Occidente como un evento apocalíptico que se cierne sobre la faz de la Tierra y sobre los pueblos de la tierra. Esa imagen es de Bruno Latour. Para él, la apropiación de la idea de salvación está en el origen del surgimiento de Occidente. Toda misión imperialista, toda empresa conquistual, desde 1492 en adelante, estuvo revestida como una misión salvífica, sólo que iba cambiando su registro discursivo. Evangelización. Modernización. Progreso. Desarrollo. Democratización. Hoy, “transición energética” y “descarbonización”. Así, recursivamente, cíclicamente, Occidente cayó sobre todas las civilizaciones como un Apocalipsis que puso fin a su existencia. Creyéndonos portadores de salvación, nos convertimos en el apocalipsis para los otros” (Bruno Latour, 2017).

Desenmascaramiento significa que hoy el imperialismo conquistual ni siquiera se presenta como “portador de salvación”. Viene como el matón desnudo que es, como mero conquistador. No viene a salvar nada. Sólo a saquear y explotar. Perforar y extraer. En su desnudez no sólo estamos ante la decadencia del imperio americano, sino ante del derrumbe inexorable del orden colonial de Occidente como civilización fallida.b.- Imperialismo en un mundo lleno. A diferencia del siglo XVI, donde los conquistadores tenían todo un planeta prácticamente virgen, hoy estamos ya frente a un mundo lleno (Herman Daly, 1997), es decir, lleno de emisiones, de consumidores, de plásticos y sustancias tóxicas. Un mundo lleno es un mundo saturado de las ruinas del progreso. Apenas quedan ríos libres sin contaminar entre las montañas de escombros y basurales a cielo abierto. No queda prácticamente nada por conquistar. Por eso, algunos desvarían con ir a la conquista del espacio y terraformar otros planetas. Un mundo lleno es un mundo donde las fuentes y los flujos de energía realmente renovable van siendo agotadas y destruidas en la carrera energívora del crecimiento, así sea verde. Porque ni los parques de paneles solares ni los de molinos eólicos son propiamente renovables. Su expansión crece a costa de más extractivismo para adicionar a los viejos combustibles fósiles nuevas dosis de energía y de rentabilidad; no para reducir las emisiones, ni la quema de hidrocarburos.

Ahora bien, no sólo el siglo XVI estaba vacío de escombros y lleno de “recursos”. También era un mundo donde los conquistadores eran una extraña e ínfima minoría. Los conquistadores eran una patología infinitesimal dentro de una marea humana de agroculturas, criadoras de habitabilidad.

El mundo de hoy, en cambio, es un mundo lleno también de conquistadores, reales e imaginarios, efectivos o deseantes de serlo. El “modo de vida imperial” ha perforado las barreras de género, de clase y de raza. Como una mancha se extiende colonizando los deseos de los “consumidores”; asimilan el consumismo de los privilegiados con “calidad de vida” y “bienestar”. Y, como dijimos, ese “bienestar” es una deriva dependiente del Estado de Guerra. A medida que se expande o se pretende “incluir” en ese patrón a los excluidos, menos mundo habitable va quedando.Un mundo lleno no es sólo el de un clima crecientemente inhóspito y peligroso, degradado ecológicamente. Es también un mundo de paisajes socialmente más hostiles, de islas de privilegios en océanos de pobreza, desamparo, precariedad y muerte. Un mundo lleno es un mundo especialmente contraindicado para quienes han sido maleducados en los marcos del conquistualismo. Pues ya no queda nada por conquistar, y esa falta retroalimenta la pulsión exterminista.

En “Tristes trópicos” Levi-Strauss supo advertir que “cuando los hombres empiezan a sentirse constreñidos en su hábitat geográfico, social y mental, corren el peligro de dejarse tentar por la solución sencilla de negar a una parte de la especie el derecho a ser considerada humana”. Un mundo lleno es un mundo particularmente peligroso para las mujeres, los migrantes, los pueblos agroculturales, los cuerpossin historia, que van dejando de ser considerada “gente”.(…)

Fuente: https://agenciatierraviva.com.ar/imperialismo-al-desnudo-venezuela-y-una-nueva-guerra-de-conquista/

  Ofensiva del sistema mundo capitalista

De Gaza al Guaviare: el espectro asesino de Israel acecha en Colombia

29 de noviembre de 2025

Por Renán Vega Cantor | Rebelión

(…) La “Contrainsurgencia humana” y el sionismo profundo

Cuando se inició el gobierno del Pacto Histórico, el 7 de agosto de 2022, con sus anuncios de Paz Total, se suponía que en este cuatrienio presidencial del progresismo iban a cesar los procedimientos que caracterizan desde hace 75 años a la contrainsurgencia en este país, entre ellos los de bombardear a campesinos e insurgentes.

Además, se iba a dejar de poner precio (al estilo del lejano oeste estadounidense y sionista) a la cabeza de los líderes insurgentes y se iba a modificar el lenguaje descalificador y deshumanizante que se utiliza desde las altas esferas del bloque de poder contrainsurgente para referirse a los alzados en armas. Todo eso se suponía que eran elementos consustanciales de un supuestamente novedoso acercamiento a la guerra en Colombia y una de las premisas de la pretendida Paz Total.

En rigor, poco de eso se ha cumplido y Gustavo Petro, por su boca y su pluma ‒sobre todo a través del tuiteo irreflexivo que caracterizan su incontinencia digital en la Red X‒ replica letra a letra los abusos y la jerga de la vieja contrainsurgencia anticomunista, dominante en este país desde el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán en 1948. Esto quiere decir que, en el frente interno de Colombia, en cuanto a la lógica contrainsurgente no se han presentado ningún cambio sustancial que permita diferenciar la retórica y la práctica del gobierno del Pacto Histórico con sus antecesores, desde los distantes tiempos de Mariano Ospina Pérez (1946-1950). Tal vez lo único nuevo son algunos de los apelativos que se están usado en estos momentos, porque antes se hablaba de chusmeros, nueveabrileños, bandoleros, insurgentes, guerrilleros, terroristas, narcoterroristas y ahora Petro los cataloga de traquetos y narcos y renueva los descalificativos de terroristas.

Así, en la práctica tenemos que se ha ido afianzando la “Contrainsurgencia humana” que no es otra que la contrainsurgencia de siempre, con el sello adicional de que se presenta como propia de un régimen supuestamente progresista. Y tras ella está el espectro asesino de Israel, con su sello inconfundible de mataniños.

Esto demuestra que, a pesar de los dichos y acciones del gobierno de Gustavo Petro en el plano internacional con respecto a Israel ‒régimen con el que se han roto relaciones diplomáticas y sobre el que en diversos lugares del planeta se han hecho denuncias‒, el espíritu del sionismo profundo y asesino sigue presente en Colombia en diversos sectores y sigue siendo la lógica mental que caracteriza al bloque de poder contrainsurgente (Clases dominantes, Fuerzas Armadas, Falsimedia…) y ahora es asumido por el progresismo.

Esto no es algo accidental, es un resultado perfectamente elemental de un modelo que muestra sus falencias estructurales, al suponer que se pueden adelantar transformaciones en un país como Colombia sin afrontar el poder de los militares. En efecto, Petro nunca ha querido enfrentar a las Fuerzas Armadas, a las cuales no ha tocado ni indirectamente en lo referido a su doctrina militar de enemigo interno, a su anticomunismo congénito, a su ADN sionista y mataniños, a su adscripción incondicional a la doctrina de inseguridad nacional Made in USA, a seguirlos adiestrando en la Escuela de las Américas, a que nuestro país sea un corredor de tránsito del Comando Sur, a seguir construyendo bases militares de Estados Unidos en nuestro suelo (Gorgona y la Amazonía)… Por esta razón, más temprano que tarde Petro iba a caer en el redil contrainsurgente e iba a reaparecer el espectro sionista, con su cortejo de muerte, el cual se perfila claramente tras el asesinato de niños pobres y campesinos en Colombia. (…)

EN CASA LOS MISMOS ARGUMENTOS DEL SIONISMO GENOCIDA

Y lo peor del caso es que Petro al intentar justificar unos bombardeos asesinos ha recurrido a los mismos argumentos que el sionismo emplea en Gaza para aniquilar a la población y Donald Trump para masacrar pescadores en los mares de nuestra América. Mientras los genocidas de Israel dicen que todos los habitantes de Gaza son terroristas y es legítimo asesinarlos, sin tener en cuenta el Principio de Distinción, Petro sostiene que en la zona donde se dio el bombardeo “era imposible romper el principio de distinción” porque no había civiles. Una afirmación poco seria, porque en la actualidad ya no quedan campamentos guerrilleros, fácilmente diferenciables del paisaje campesino, y los guerrilleros están en las casas rurales.

Mientras que los sionistas dicen que masacran a la gente de Gaza y Cisjordania para evitar ataques a sus soldados matones (realizando “asesinatos preventivos”), Petro indica que cuando un grupo de insurgentes estaba cerca de 20 soldados y a 285 metros de tiro de fusil y, a pesar de que los soldados estaban informados de la cercanía de los insurgentes, él en persona dio la orden de bombardearlos, porque “Alguien diría, ‘pues retírenlos’. Eso es la derrota de Colombia. Entonces yo tomé la decisión, que es lo más combatiente. Yo tomé la decisión, dado el riesgo de una muerte generalizada, de bombardear”. Es decir que, para evitar un combate, con resultados inciertos, Petro ordenó bombardear, lo más fácil, sin importar que allí fueran masacrados 20 colombianos, entre ellos 9 niños y violando, como hace Israel, el principio de Proporcionalidad. Y agregó, con un tono sionista, que este era un operativo victorioso para las fuerzas militares y la sociedad colombiana, porque “La victoria es que haya paz, pero porque nuestro deseo es que haya paz, entonces no vamos a dejar matar 20 soldados. Por lo menos, yo no voy a permitirlo”. Y el Ministro de Defensa (sic) sostuvo: “De no haber sido por la rápida y oportuna intervención, hoy tal vez el país entero —y las familias de estos valientes militares— estaríamos lamentando un atentado terrorista contra las tropas que, día y noche, trabajan por la seguridad y el bienestar del departamento del Guaviare”. Es el viejo argumento contrainsurgente y sionista de que hay muertos más importantes que otros, y la vida de los rebeldes y de los niños no vale nada, y se les puede masacrar impunemente con tal de evitar la muerte de los “soldados de la patria”. (…)

Fuente: https://rebelion.org/de-gaza-al-guaviare-el-espectro-asesino-de-israel-acecha-en-colombia/

Petro: del antiimperialismo al Plan Colombia

29 de enero de 2026

Por Alfonso Insuasty | Telesur TV

Tras una retórica de ruptura con Washington, el Gobierno de Gustavo Petro reconfigura su política exterior hacia una cooperación militar clásica con Estados Unidos. Este giro actualiza el paradigma securitario del Plan Colombia, deja al país como la plataforma de proyección militar en el Caribe y el norte de Suramérica, y da continuidad a la subordinación estratégica, particularmente contra Venezuela.

La relación entre Colombia y Estados Unidos bajo el Gobierno de Gustavo Petro se define por una tensión irresuelta: rupturas discursivas en el plano simbólico, continuidades estructurales en el estratégico.

Petro construyó una imagen internacional de confrontación con el poder estadounidense —particularmente desde sus posicionamientos sobre Palestina, la crisis climática y el fracaso del prohibicionismo—, pero en el terreno de la política estatal vuelven a ser visibles las señales de reacomodo pragmático con Washington, especialmente en seguridad, narcotráfico y cooperación militar.

Esta ambivalencia tiene raíces históricas. La relación bilateral se institucionalizó con el Plan Colombia (2000), presentado como estrategia antidrogas, pero que operó como reingeniería militar del Estado colombiano, funcional a los intereses geoestratégicos de Estados Unidos y a una doctrina de contrainsurgencia dirigida no solo contra actores armados, sino también contra procesos de organización social en los territorios.

Numerosos estudios y organismos de derechos humanos han documentado cómo este modelo profundizó la militarización, facilitó violaciones sistemáticas de derechos humanos, fortaleció estructuras paramilitares en connivencia con sectores de la fuerza pública y dio lugar a las ejecuciones extrajudiciales conocidas como «falsos positivos». Todo ello degradó el conflicto armado sin resolver las causas estructurales del narcotráfico, la violencia rural ni la desigualdad territorial.

Del enfrentamiento retórico al pragmatismo diplomático

Petro alcanzó notoriedad global por confrontar públicamente a Donald Trump, recurriendo a analogías que lo situaban como posible blanco de presiones imperiales y evocaban experiencias latinoamericanas de intervención externa.

Tras episodios de alta tensión —amplificados por una diplomacia de redes sociales marcada por señalamientos, amenazas cruzadas, la inclusión del presidente colombiano en la «lista Clinton» y advertencias de Trump sobre «hacer algo malo» contra Colombia—, el clima bilateral se deterioró en el contexto de la invasión a Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores.

Pocos días después, en enero de 2026, vino la recomposición acelerada. Una llamada «constructiva» entre ambos mandatarios, celebrada enfáticamente por Petro, derivó en una reunión bilateral programada para febrero en Washington, precedida por encuentros del ministro de Defensa colombiano con altos funcionarios estadounidenses.

La agenda resulta inequívoca: cooperación antidrogas, seguridad regional y, explícitamente, Venezuela. Este viraje confirma que el discurso antiimperialista opera en el plano comunicacional, mientras persiste un pragmatismo alineado con los marcos tradicionales de cooperación militar de Washington.

El distanciamiento de Petro respecto a Venezuela profundiza la contradicción: califica a Maduro como dictador, rechaza asistir a su posesión, guarda silencio ante su secuestro y el de Cilia Flores, y avala acciones militares bajo el argumento de combatir al ELN en la frontera. Todo evidencia un desplazamiento hacia la narrativa de seguridad regional impulsada por Estados Unidos.

La lucha antidrogas como coartada geopolítica

La reactivación del discurso antidrogas como justificación de presencia militar estadounidense en la región constituye el aspecto más problemático. Atribuir la conflictividad fronteriza exclusivamente al ELN y al narcotráfico reproduce una explicación reduccionista que omite factores históricos, sociales, económicos y geopolíticos estructurales.

Esta narrativa recupera los supuestos del Plan Colombia: externalización del conflicto, negación de la identidad política insurgente, reducción a amenaza criminal-militar. Se desconocen así los aprendizajes de seis décadas de guerra interna.

El enfoque contradice abiertamente los principios de Paz Total (Ley 2272 de 2022), las recomendaciones de la Comisión de la Verdad y los compromisos del Acuerdo de Paz de 2016, que subrayan la necesidad de solución integral, transformación de la doctrina militar, sustitución voluntaria de cultivos y fortalecimiento de la soberanía territorial.

Agrava el panorama la profundización de vínculos con la OTAN durante este Gobierno, incluyendo cesión de centros de formación y alineación doctrinal con un bloque militar asociado históricamente a intervenciones armadas. Todo contrasta con una retórica presidencial que sugirió distanciamiento sin materializarlo en decisiones estructurales.

La política exterior de Petro oscila entre retórica emancipadora y praxis que reproduce subordinación estratégica. Al legitimar indirectamente la intervención estadounidense y responsabilizar exclusivamente a actores armados internos de las tensiones regionales, el Gobierno debilita su propio discurso y abre la puerta a la reedición del modelo de guerra que históricamente ha producido más violencia, dependencia y fractura regional.

La paz no se construye profundizando alianzas militares con quienes han sido actores centrales en la prolongación y degradación del conflicto colombiano.

Sin soberanía, sin ruptura real con el paradigma de guerra y sin coherencia entre discurso y práctica no habrá paz posible.

https://www.telesurtv.net/opinion/petro-del-antiimperialismo-al-plan-colombia

Fuente: https://rebelion.org/petro-del-antiimperialismo-al-plan-colombia/

Alternativas emancipatorias

Esto es fascismo

26 de enero de 2026

Editorial de Revista Crisis

Nos encontramos frente a un nuevo claroscuro, frente a una mutación del monstruo que aplastamos un siglo atrás. El corporativismo dirigido desde Silicon Valley nos presenta una aplicación de su modelo de mercado al paradigma fascista que ahora consolida su dominación en una alianza perversa con el Complejo Industrial Militar, que ha traído a la humanidad a una distopía de control social absoluto. La tecnificación de la inteligencia y la subsecuente represión ejercida por los aparatos represivos de los Estados, cada vez más descaradamente al servicio de los intereses corporativos de las burguesías transnacionales, genera una estructura totalitaria que inevitablemente comprende una transformación en la forma de Estado.

El fascismo es una forma de Estado, que han adoptado los EE.UU. y sus Estados satélites como Ecuador, Argentina o Chile, a imagen y semejanza del ente sionista. El Estado de “israel” logró -con 80 años de guerra inclemente contra el pueblo palestino-, reinstituir al fascismo como orden mundial. El fascismo es una moral, una forma de gobierno, una forma de Estado, una innovación política, una monstruosidad completamente degenerada, que se abre paso en la historia con un camino de infinitos cadáveres putrefactos. Monstruos naranjas y morados.  (….)

(…) Ante un momento histórico que pretende imponer al fascismo como norma, desde la clase trabajadora impera la necesidad de caracterizar, de estudiar y de conocer a profundidad al enemigo de clase. Como no es posible cambiar lo que no se conoce, tampoco se puede combatir a un enemigo que parece se construye desde el espectáculo y el vaciamiento de todo valor y principio. La lógica del fascismo se encuentra en su amplitud: aunque enunciado y fomentado en primera instancia por la clase empresarial como los Trump, Noboas, Mileis y Bukeles, esta lógica termina por enquistarse en el grueso de la sociedad, con la deshumanización generalizada como punto de inicio. ¿Acaso el capitalismo nos ha empujado a un punto de no retorno?

Al mismo tiempo, la historia parece repetirse incesantemente, reflejando las propias lógicas constitutivas del sistema capitalista, que se reproducen en tiempos de crisis. Niños fueron y son robados en Palestina, Argentina, España, o ahora en EE.UU –como Liam de 5 años-. Territorio fue y es tomado por la fuerza y anexión parlamentaria, como Gaza y Cisjordania, como lo fueron Polonia y Checoslovaquia en su momento, o como es Venezuela y muy probablemente Groenlandia. ¿Quién será el siguiente territorio invadido? Las ejecuciones extrajudiciales de a Ismaél, Josué, Nehemías y Steven en Guayaquil o Alex Pretti en las calles de Minneapolis, o los cientos de miles de palestinos los últimos 80 años, reflejan la lógica de un sistema en decadencia terminal.

El capitalismo adopta su forma fascista una vez más, en un contexto tecnológico y ambiental que nunca antes habíamos experimentado. En los sures este fascismo tomará su propia forma como imperialismo extractivista, y así mismo el antifascismo tomará su propia forma, como defensa del territorio, como defensa de los defensores de territorio, y como decidamos construirla colectivamente. Es innegable que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, y es ahora nuestra tarea, como clase, encontrarnos a la altura del momento histórico.

¡Antifascismo o extinción!

Fuente: https://www.revistacrisis.com/index.php/editorial/esto-es-fascismo

La doble «repartidirización» de Xi Jinping

29 de enero de 2026

Por Xulio Ríos | Rebelión

Uno de los trazos más destacados de la “nueva era” de Xi Jinping es la defensa a ultranza del liderazgo del Partido. La omnipresencia del PCCh es evocada como una garantía indispensable de la culminación exitosa del proceso de modernización, que atraviesa un momento crítico y decisivo.

En esa dinámica, hay dos estructuras clave sobre las que Xi Jinping ha fortalecido al detalle el liderazgo partidario, alentando en ellas dinámicas de “repartidirización” activa: el Estado y el Ejército.

En el Estado manda el Partido

Uno de los rasgos más distintivos del xiísmo es la clausura explícita del debate -ya tenue- sobre la separación entre Estado y Partido y su sustitución por una lógica de repartidirización integral conforme al aserto de que “el Partido lo dirige todo”. No se trata de un giro abrupto, sino de un proceso gradual, acumulativo y cuidadosamente legitimado, que puede descomponerse en varios planos interrelacionados.

Desde 2012, Xi ha insistido en que el liderazgo del PCCh no es una mera opción política sino un principio constitucional y civilizatorio. A diferencia del reformismo pragmático de Deng Xiaoping, incluido el periodo tardío de Jiang Zemin y Hu Jintao, Xi plantea que sin Partido fuerte no hay Estado eficaz ni modernización posible. Esta idea se codifica progresivamente en documentos clave: resoluciones plenarias, discursos programáticos y, sobre todo, en la constitucionalización del “Pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con características chinas para una nueva era” (2018). El mensaje es inequívoco: el Partido no supervisa al Estado desde fuera, sino que lo encarna y lo orienta desde dentro.

La repartidirización no se limita a una retórica ideológica. Se traduce en una reingeniería institucional que refuerza la primacía de los órganos del Partido sobre los del Estado. El ejemplo más claro es el papel de los “grupos dirigentes centrales”, muchos de los cuales han sido transformados en comisiones centrales del PCCh, presididas directamente por Xi. Estas estructuras partidarias asumen funciones estratégicas en ámbitos que formalmente corresponden al Estado, desde la seguridad a la reforma económica, asuntos exteriores, tecnología o ciberespacio. El Consejo de Estado queda así funcionalmente subordinado, reducido a un ejecutor administrativo de decisiones tomadas en el seno del Partido.

Un elemento clave del proceso es la reforzada presencia de células y comités del PCCh en todos los niveles del aparato estatal, incluidas agencias reguladoras, empresas públicas, universidades, hospitales y, de forma creciente, empresas privadas. Bajo Xi, se enfatiza que el secretario del Partido en cada unidad es la figura central de autoridad, incluso cuando existe un director o gestor con funciones ejecutivas. Esto altera el equilibrio heredado del periodo denguista, cuando el Partido “marcaba la línea” pero dejaba cierto margen de autonomía técnica a la administración.

La potenciación del Estado de derecho bajo Xi no implica una autonomización del poder judicial, sino su alineamiento explícito con los objetivos políticos del Partido. Se refuerza así la idea de que la ley es un instrumento de gobernanza del PCCh, y que los tribunales, las fiscalías y los órganos de seguridad interior operan bajo el principio de “lealtad política”.

En perspectiva histórica, Xi rompe con la ambigüedad funcional que caracterizó a las décadas posteriores a Mao, cuando se toleró cierta diferenciación entre Partido y Estado para facilitar la gestión económica y la profesionalización administrativa. Xi considera que ese modelo generó fragmentación del poder, laxitud ideológica y riesgos sistémicos. Su respuesta no es volver al maoísmo clásico, sino construir un Estado altamente modernizado, pero orgánicamente subordinado al Partido, donde la eficiencia técnica no cuestiona la primacía política.

La repartidirización también responde a una lectura del contexto internacional. En un entorno percibido como hostil e inestable, Xi apuesta por un Estado-partido cohesionado, capaz de movilizar recursos, imponer disciplina y sostener una estrategia de largo plazo. Desde esta óptica, la separación Estado-Partido no es un ideal deseable, sino una vulnerabilidad estructural.

Por último, debe entenderse que el Estado no se debilita frente al Partido, sino que se redefine como su brazo operativo, cerrando un ciclo histórico abierto con las reformas denguistas y restaurando, en clave contemporánea, el principio fundacional del sistema, es decir, la idea de que el Partido es el núcleo dirigente absoluto.

En el Ejército manda el Partido

El Ejército Popular de Liberación (EPL), de actualidad ahora por una nueva depuración en su cúpula, es, quizá, el laboratorio más acabado de la repartidirización bajo Xi. A diferencia de un aparato civil donde aún subsisten inercias tecnocráticas, en el ámbito militar Xi ha actuado con una claridad doctrinal y una contundencia política excepcionales, precisamente porque ahí se juega el nervio último del poder.

Cuando Xi llega al poder, el EPL ya no es, por supuesto, el ejército maoísta de “soldados rojos”, sino una fuerza altamente profesionalizada, con mandos que acumulan poder corporativo, redes clientelares y una cultura de autonomía funcional. Formalmente, el principio de que “el Partido manda al fusil” nunca se abandonó, pero en la práctica se había producido una relajación del control político, especialmente durante las décadas de Jiang Zemin y Hu Jintao, cuando primó la estabilidad interna y el desarrollo técnico-militar. Xi interpreta esa evolución como un riesgo estratégico ya que, en la tradición del PCCh, un ejército eficaz pero políticamente tibio es una contradicción peligrosa.

Desde el inicio de su mandato, Xi, al igual que aconteció con el debate sobre la separación Estado-Partido, ha soslayado cualquier invocación acerca de la “nacionalización” del ejército, una idea que había circulado en círculos académicos chinos en los años noventa, y reitera un mensaje clave: “El EPL es el ejército del Partido, no un ejército nacional en sentido occidental.” Xi entierra esa discusión y enfatiza la lealtad absoluta al PCCh y, en concreto, a su “núcleo” dirigente.

Uno de los instrumentos más decisivos de este proceso es la consolidación del sistema de responsabilidad del presidente de la Comisión Militar Central (CMC). Aunque este principio existía formalmente, Xi lo convierte en un mecanismo de mando real y personalizado. En la práctica, esto significa que todas las decisiones estratégicas clave -operativas, doctrinales y organizativas- se concentran en la figura del presidente de la CMC, es decir, el propio Xi Jinping. Se diluye así la autonomía colegiada del alto mando y se refuerza una cadena de mando vertical, política antes que profesional.

La gran reforma militar que lanza a partir de 2015 persigue el doble cometido de modernizar el EPL y desarticular cualquier centro de poder autónomo. Entre los cambios más relevantes cabría citar la disolución de las cuatro grandes direcciones generales (Estado Mayor, Política, Logística y Armamento), que habían acumulado enorme poder burocrático; la creación de 15 departamentos directamente dependientes de la CMC, para reforzar el control central y reducir la intermediación jerárquica; y la reorganización territorial, de modo que las antiguas regiones militares son sustituidas por comandos conjuntos, limitando el arraigo local de los mandos.

El efecto político que se persigue es claro: menos redes personales y más dependencia del centro partidario.

Xi, además, refuerza de forma explícita el sistema de doble mando (comandante y comisario político), inclinando el equilibrio hacia este último. El comisario deja de ser una figura ideológica decorativa y se reafirma como garante de la ortodoxia política y de la lealtad al Partido. Además, se intensifica el trabajo político en las unidades apelando al estudio ideológico, juramentos de lealtad, campañas de educación partidaria y vigilancia interna. El mensaje apunta a que la competencia militar en modo alguno debe pasar por alto la fiabilidad política.

Al igual que acontece con el Estado, el objetivo final no es debilitar al EPL, sino todo lo contrario, es decir, hacerlo más capaz operativamente y menos autónomo políticamente. Xi persigue un ejército preparado para “librar guerras y ganarlas”, tecnológicamente avanzado y capaz de llevar a cabo operaciones conjuntas, pero incapaz de actuar como actor corporativo independiente.

La corrupción como argumento

La campaña anticorrupción desempeña un papel decisivo en la repartidirización. Más allá de su dimensión moral o administrativa, funciona como un mecanismo de recentralización política al someter a los cuadros estatales a la disciplina del Partido y reforzar la autoridad de la Comisión Central de Control Disciplinario, un órgano estrictamente partidario que actúa al margen del sistema judicial ordinario. La rendición de cuentas se produce primero ante el Partido, y solo secundariamente ante el Estado.

La campaña anticorrupción en el EPL es especialmente reveladora. La caída de figuras como Xu Caihou y Guo Boxiong, ambos ex vicepresidentes de la CMC, tiene un efecto sísmico al demostrar que ningún rango militar está por encima de la disciplina del Partido. Esa onda expansiva es la que también alcanza ahora a Zhang Youxia, el último de una larga lista, junto a Liu Zhenli, altos mandos de la Comisión Militar Central. En octubre del pasado año, había sido el turno de otros nueve generales.

Aquí se refuerza el papel de la Comisión de Control Disciplinario Militar, un órgano partidario que actúa al margen del sistema judicial militar ordinario, subrayando que la rendición de cuentas es, ante todo, política.

A mayores, Xi impulsa una proliferación de reglamentos, códigos disciplinarios y normas internas que regulan no solo la conducta profesional, sino también la expresión política, el uso de redes sociales y las relaciones personales de los oficiales. La legalización del control no busca autonomía jurídica o una normativización neutral, sino institucionalizar la subordinación al Partido bajo el lenguaje de la gobernanza moderna.

El blindaje del Partido

Por tanto, Xi Jinping ha llevado al extremo el principio fundacional del sistema chino que preconiza la primacía absoluta del Partido sobre el fusil. Ciertamente, la novedad no está en la idea, sino en su ejecución sistemática y centralizada, reduciendo al mínimo los márgenes de autonomía del estamento militar e integrándolo de lleno en la arquitectura del Estado-Partido.

Así, el PCCh ha alcanzado su máximo grado de centralidad institucional desde 1978, y probablemente el mayor control efectivo sobre el Estado, el Ejército y la sociedad desde la muerte de Mao, pero sin el caos ni la fragmentación de aquella etapa.

Durante la era denguista, el PCCh actuaba como instancia suprema de arbitraje, fijando los grandes límites, pero dejando amplios márgenes de gestión al Estado, a los gobiernos locales y a los tecnócratas. Hoy, el Partido es el núcleo operativo que decide, coordina, supervisa y sanciona. El PCCh nunca había estado tan orgánicamente presente.

A diferencia de los años 80 o 90, la separación Estado-Partido o la nacionalización del Ejército han cedido paso al enaltecimiento del liderazgo indiscutido del Partido con el propósito de blindarse al máximo frente a hipotéticas vulnerabilidades. A fin de cuentas, el Partido repartidiriza Estado y Ejército para blindar su continuidad.

Fuente: https://rebelion.org/la-doble-repartidirizacion-de-xi-jinping/