1)FRENEMOS AL RÉGIMEN EXTRACTIVISTA
Nos condena a creciente malvivir a las diversidades de abajo. Y amenaza de extinción la vida planetaria.
Veamos pruebas sobre el racismo y menosprecio por nuestras personas y Argentina del establishment o alianza de capitales y estados imperialistas con los locales: el 80% de la ancianidad y el 60% niñez-adolescencia bajo avasallamiento total de sus derechos humanos; aumento del gatillo fácil y el secuestro de niños y mujeres para esclavizarlos; desmantelamiento de la educación y la salud públicas; precarización e informalidad laborales en nexo a salarios de miseria; incremento de la desocupación y subocupación; quiebra de las pymes o sometimiento a los grandes capitales; etc.
Enmarquemos dentro de la criminalización a las defensas y recuperaciones de territorios para la vida humana/no humana y la dignidad de los pueblos de Argentina a la exoneración de la doctora en Ciencias Agrarias Virginia Aparicio que coordinó el Proyecto SPRINT, en Argentina, iniciativa financiada por la Unión Europea para estudiar la presencia y el impacto de plaguicidas y agroquímicos en el ambiente, animales y personas. En el mismo proceder de privilegiar los negocios del gran capital sobre la salud de la población hallamos que la biotecnóloga Lorena Diblasi fue apartada del CONICET luego de un sumario administrativo iniciado en 2025. Y la investigadora Marcela Sangorrín atraviesa un proceso similar. Ambas realizaron estudios sobre muestras de vacunas contra el COVID-19, demostrando la inseguridad de Pfizer y Sputnik.
Liberarnos de esta opresión-represión nos desafía a actuar con independencia de clase e internacionalismo revolucionario. Afirmación que nos exige:
1) Esclarecer sobre el colaboracionismo de las izquierdas electoraleras
Porque, durante los 43 años, las elecciones han legitimado la legalidad de la ecocida-genocida acumulación por el establishment. Hicieron posible el incesante avance de la Miseria Planificada, como Rodolfo Walsh acusó a la Junta Militar, por el establishment durante su genocida dictadura militar, eclesiástica y pro imperialista. Se legalizó y legitimó -al establishment-expropiar y mercantilizar los bienes comunes tanto sociales como naturales, también la creciente explotación de la naturaleza y de los trabajadores, los pueblos e individuos de abajo de la Argentina. Es decir, la democracia vigente desde diciembre de 1983 es para la derrota de la emancipación social al implantar conciliación de clases que, sobre todo, se basa en el Estado Corporativo (desde su fundación por Perón en 1944) vertebrando al PJ y en los terrorismos paraestatales que programó e inició Perón.
Reflexionemos sobre qué explica:
Conciencia de clase
Las teorías de la colaboración de clases ocultan que, bajo este esquema, el proletariado jamás tiene cabida en la verdadera dirección y organización de la vida política.
Al imponer una supuesta armonía bajo la tutela del Estado, lo que se hace en la práctica es relegar a la clase trabajadora a un rol puramente pasivo de producción y subordinación. Se prohíbe la organización independiente de los trabajadores en nombre del interés nacional, dejando el monopolio de las decisiones políticas y de la planificación económica en manos de las élites dominantes. Bajo esta mirada el trabajador pasa a ser un simple ejecutor de las directivas del capital, bloqueando de raíz cualquier posibilidad de que la clase obrera tome las riendas de las instituciones estatales.
En definitiva, la idea de que el capitalista y el obrero son órganos del mismo cuerpo resulta ser una ficción ideológica, pues el único modo de eliminar la explotación no es uniendo al esclavo con el amo en nombre de la nación, sino mediante la destrucción del aparato estatal burgués y la toma del poder por parte de la clase trabajadora. Cualquier teoría política que pretenda construir un programa para las mayorías populares partiendo del negacionismo de la lucha de clases está condenada al fracaso o a la complicidad. La realidad objetiva nos demuestra a diario, a lo largo y ancho de un planeta convulsionado por protestas y huelgas, que las divisiones sociales no son un invento teórico, sino un hecho material irrefutable. Desconocer los intereses antagónicos que dividen a la sociedad no es neutralidad ni pragmatismo: es una ceguera ideológica que impide diagnosticar correctamente la realidad y que desarma a los trabajadores ante el poder económico.
Frente a los discursos que apelan a una falsa unidad nacional para adormecer el conflicto social, el análisis marxista-leninista ofrece una conclusión tajante: no se puede teorizar ni gobernar a favor de la clase trabajadora sin asumir que la lucha de clases es el motor real de la historia.