1) Septiembre-2026

Qué Sistema

Apuntes sobre el tiempo presente en Argentina

Una instancia histórica más de aplicación del programa económico, social, político y cultural que instauró la dictadura iniciada en 1976. Vale la pena interrogarse acerca de continuidades y diferencias. Y de las respuestas populares necesarias.
Sigue esos pasos el gobierno actual en lo que respecta al sometimiento y pérdida de derechos de trabajadores y pobres. A la transferencia gigantesca de recursos de abajo hacia arriba. Y el rediseño del poder estatal al servicio completo y directo del gran capital. (…)

La presente nota es una reelaboración de la titulada “Sendero de propuestas y lucha”. Publicada en Huella del Sur. 27/12/2025.

Fuente: https://huelladelsur.ar/2026/08/21/apuntes-sobre-el-tiempo-presente-en-argentina/

El día en que se jodió la Argentina

4 de junio de 2025

Por Juan Pablo Csipka

(…) La realidad marcó que el Rodrigazo fue un quiebre en la economía argentina: el inicio de la desindustrialización, el final de la sustitución de importaciones en el país y el puntapié para desmantelar el Estado de bienestar. Los días de junio de 1975 fueron el prólogo de los años de José Alfredo Martínez de Hoz, con variables económicas devastadoras para millones de personas en las décadas siguientes.

El contexto

Dicho de manera resumida: la Argentina cambió el paradigma del modelo agro-exportador a los ponchazos con la crisis de 1929, que planchó los precios internacionales. La solución de los golpistas de 1930 fue aplicar medidas estatistas a regañadientes, como la creación de las juntas nacionales de carnes y granos, que regularon los precios internos, y el Banco Central. Federico Pinedo, la mente más lúcida del elenco gobernante, propuso impulsar la industrialización a través de la sustitución de importaciones, para lo cual el Estado debía incentivar a través de la renta agro-exportadora. El proyecto no prosperó, pero sentó las bases del Primer Plan Quinquenal del peronismo.

Con Juan Domingo Perón, se instauró el Estado de bienestar. El Instituto Argentino de Promoción e Intercambio (IAPI) centralizó la renta de las exportaciones de carnes y granos y así se financió la industralización, que se acercó a la etapa de la industria pesada al momento del golpe de 1955. La llamada «Revolución Libertadora» no pudo implementar lo que ocurriría dos décadas más tarde en un gobierno peronista. La Argentina continuó en la senda de las políticas keynesianas, con distintas variantes, hasta que el mundo cambió en 1973.

En octubre de ese año, y a raíz de la guerra de Yom Kippur, los países exportadores de petróleo agrupados en la OPEP suspendieron sus ventas a las naciones que habían apoyado a Israel en el conflicto. El precio del crudo se disparó y la consecuencia del desabastecimiento llevó en Estados Unidos y Europa a la estanflación, la combinación de alta inflación con estancamiento económico. El excedente de capital que se produjo derivó en que los países de la OPEP depositaran el excedente de los llamados “petrodólares” en bancos de Estados Unidos y Suiza. Allí nació el negocio de prestar esos fondos a países de América Latina y África, en el origen de la deuda externa. 

A fines de los 70, un segundo boom petrolero hizo que la Reserva Federal subiera las tasas de forma abrupta, lo cual complicó más a los países deudores. La era del capital financiero había llegado. La teoría keynesiana quedaba obsoleta y volvía a escena la escuela liberal, pero recargada. El neoliberalismo hizo pie con su discurso desregulador y privatista, y el mundo entró en la vorágine del rentismo financiero.

Hacia el shock

Al momento de estallar la crisis del petróleo, la Argentina llevaba cinco meses de gobierno peronista. Por el sillón de Rivadavia habían pasado Héctor Cámpora y Raúl Lastiri. Juan Domingo Perón inició su tercera presidencia el 12 de octubre. Desde el 25 de mayo, cuando asumió Cámpora, el ministro de Economía era José Ber Gelbard. El líder de la Confederación General Económica (CGE), que reunía a parte del empresariado, propuso el Pacto Social, que congelaba precios y, tras un aumento salarial, propiciaba dos años de suspensión de las paritarias. El objetivo era derrotar a la inflación, llevar a los asalariados a repartirse el 50 por ciento del ingreso y sentar las bases para un crecimiento sostenido.

Pero el Pacto Social se desgastó por el impacto de la crisis del petróleo. A lo que se sumaron tensiones por los aumentos de precios, que los empresarios justificaban por la suba de los insumos. Gelbard debió enfrentar las tensiones y el propio Perón amagó con renunciar, en las horas previas a su último discurso, el 12 de junio de 1974. Como colofón, estaba la violencia política, que se intensificó tras la muerte de Perón. En rigor, el Pacto Social había quedado incorporado como una herramienta del Plan Trienal, lanzado en diciembre de 1973, que otorgaba un papel gravitante al Estado en la vida económica.

“Perón se tendría que haber muerto diez años antes o diez años después. Nunca ahora”, musitó Gelbard el 1º de julio de 1974, según cuenta María Seoane en El burgués maldito. En agosto, a instancias del ministro de Bienestar Social, José López Rega, se inició en el Senado la investigación por la alianza del Estado con Aluar, que involucraba a Gelbard y al exdictador Alejandro Lanusse en la fabricación de aluminio. Desgastado, y con la violencia creciente de la Triple A, Gelbard renunció en octubre y lo reemplazó Alfredo Gómez Morales, un ortodoxo de la economía peronista que había estado al frente del IAPI a comienzos de los 50. Cuando Isabel Perón lo designó ministro era presidente del Banco Central.

Gómez Morales devaluó el peso un 50 por ciento en marzo de 1975, mientras el gobierno peronista militarizaba Tucumán con el Operativo Independencia y reprimía a la conducción opositora de la UOM en Villa Constitución. El ministro era tironeado por la inflación, las presiones de la CGT por las paritarias y los reclamos del empresariado de la CGE para acceder a créditos blandos. Mientras, negociaba con el FMI.

La presión de los sindicatos hizo mella en Gómez Morales. En mayo, la inflación estaba fuera de cauce y el mercado negro concentraba casi la mitad de las operaciones. Sin margen de acción, renunció a fin de mes y el lopezreguismo tomó por asalto el ministerio de Economía a través del oscuro ingeniero Rodrigo.

Funcionario de Bienestar Social desde mayo de 1973 (era secretario de Seguridad Social), Rodrigo acompañó al ministro en sus actividades esotéricas. De hecho, Marcelo Larraquy, biógrafo de López Rega, vinculó al ingeniero con el grupo espiritualista y masón Caballeros Americanos del Fuego. En marzo de 1973 había publicado Espíritu y revolución interior en la actual sociedad de masas, un ensayo incluido en Cuadernos de cultura espiritual, Número 6, editado por la Asociación de Cultura Espiritual Argentina. Allí se lee: “Hemos dicho que quienes son libres y tienen conciencia individual de ser, renuncian a gustos personales y a bienes prescindibles. Ofrendan su energía no gastándola en forma egoísta y, al potencializarla por su amor puro y sumarla a la de otras almas similares, despierta la conciencia de los hombres y los mueve a construir una sociedad más perfecta”.

El 2 de junio de 1975, Rodrigo fue en subte a la Casa Rosada, donde Isabel Perón le tomó juramento. Al día siguiente asumió el secretario de Coordinación del Ministerio de Economía, el virtual viceministro. Ricardo Zinn era un exponente del pensamiento económico más reaccionario y fue el ideólogo del programa lanzado el 4 de junio. La mesa chica se completó con un economista de 31 años, que había simpatizado con las ideas humanistas de Silo en su Mendoza natal y se acababa de doctorar en Chicago: Pedro Pou, el futuro presidente del Banco Central con Carlos Menem y Fernando de la Rúa. Al igual que Rodrigo, Zinn y Pou también eran influidos por los Caballeros Americanos del Fuego.

Ese mismo 2 de junio, Rodrigo habló por cadena, se refirió a una inflación “desordenada” y anticipó que vendrían “medidas necesariamente severas”. Dos días después, comenzó un ciclo que empobrecería a generaciones de argentinos. Ese 4 de junio, el peso se devaluó en un ciento por ciento, los combustibles aumentaron el 175 por ciento, la tarifa de luz tuvo una suba del 75 por ciento y se puso tope a los aumentos salariales. No era un simple ajuste más. La Argentina entraba en la dinámica del nuevo orden mundial. La estanflación había llegado al país en forma de un programa económico propiciado por el alto empresariado, que había decidido sepultar a la Argentina industrial.

La brutal devaluación produjo una transferencia de recursos sin precedentes en el país, de la clase trabajadora a los exportadores y al sector agrícola-ganadero. Por si fuera poco, dos semanas después, la presidenta firmó un acta de compromiso con la industria automotriz: por dos años no se pagaban insumos de las filiales a las casas matrices, que reinvertían ese dinero a cambio de la liberación de precios. La espiral inflacionaria se volvió incontrolable, con desabastecimiento y un costo de vida que alcanzó el nivel de una hiperinflación. La Argentina se convirtió en un país expulsivo, con un clima social asfixiante.

Los sindicatos se pusieron en pie de guerra. La UOM negoció un aumento del 130 por ciento. Otros gremios tuvieron acuerdos similares y Rodrigo salió a decir que su plan no resistía aumentos por encima del 45 por ciento. El 27 de junio, el sindicalismo midió fuerzas. La CGT llamó a un paro y movilización a Plaza de Mayo. La viuda de Perón saludó desde el balcón a una concurrencia de 100 mil personas y al día siguiente se produjo el quiebre entre el Gobierno y la central obrera: Isabel no homologó los convenios y dispuso un aumento del 50 por ciento, al que se sumarían otros dos aumentos del 15 por ciento en octubre y en enero de 1976. 80 por ciento en total.

Mayo había cerrado con una inflación del 3,9 por ciento. La de junio fue del 21,1 y en julio saltó al 34,7 para bajar al 22,5 en agosto. El año acumularía una inflación del 335 por ciento. 1973, el año del Pacto Social, había acumulado el 60 por ciento con una suba del PBI del 2,8 por ciento. En 1974 la inflación fue del 25 por ciento y el PBI subió al 5,5 por ciento. La llamarada hiperinflacionaria de Rodrigo y Zinn hizo que 1975 no registrara suba del PBI, que quedó en cero.

Después de días de negociaciones fallidas, la CGT decretó un paro de 48 horas para el 7 y 8 de julio. En el medio, renunció el ministro de Trabajo, Ricardo Otero, y lo reemplazó Cecilio Conditi. El paro se levantó al mediodía del 8 de julio cuando Conditi acordó con la CGT la validez de todos los convenios firmados desde el 1º de junio.

La caída de López Rega

Horas más tarde, hubo movimientos en el gabinete. El más notable fue la salida de López Rega. Una semana más tarde se fue parte del equipo económico. Entre otros, renunció Ricardo Cairoli, presidente del Banco Central. Sus discrepancias con Rodrigo y Zinn eran totales. A las 48 horas se fue Rodrigo, después de un mes y medio demoledor en el cargo. Lo reemplazó Pedro Bonanni. Casi a la misma hora de la renuncia del ministro de Economía, López Rega dejó el país como embajador plenipotenciario. No volvería hasta 1986, extraditado desde Estados Unidos.

En rigor, el monje negro del gobierno isabelino estaba en la picota desde semanas antes de que su cófrade hiciera estallar la economía. Una investigación interna del Ejército desnudó los vínculos del ministro con la represión paraestatal de la Alianza Anticomunista Argentina, la Triple A. Antes que López Rega cayó el jefe del Ejército, Leandro Anaya, al que reemplazó Alberto Numa Laplane. La segunda línea del Estado Mayor, liderada por Jorge Rafael Videla, había hecho llegar el informe sobre la Triple A al ministro de Defensa, Adolfo Savino, que respondía a López Rega, y eso condujo al relevo de Anaya. 

El 18 de mayo, el terrorismo paraestatal había asesinado a Jorge Money, periodista de La Opinión. El gremio de prensa respondió con un paro de 48 horas. Días después, asumió Rodrigo en Economía y López Rega debió enfrentar no sólo el frente de la Triple A sino también el del sindicalismo. En las primeras semanas de julio, el abogado Ángel Radrizzani radicó la denuncia sobre las actividades de la Triple A y a López Rega no le quedó otra alternativa que irse del país.

El prólogo de Martínez de Hoz

La gestión de Bonanni en Economía duró unas semanas y lo reemplazó Antonio Cafiero, que duró hasta fines de enero de 1976. El nuevo ministro pasó a ser Emilio Mondelli, que en las pocas semanas al frente del Palacio de Hacienda ensayó un intento de lo que sería la política de su sucesor. Isabel había comprendido que para desactivar la amenaza de ser derrocada había que llevar adelante el programa de los golpistas. El 16 de febrero de 1976, el establishment recibió al recién asumido Mondelli con un fenomenal lock-out patronal, auspiciado por la Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias (APEGE), que reunía a las principales cámaras. El ministro tenía en carpeta una mayor liberalización de la economía y más tarifazos, para lo cual quería negociar con los sindicatos (el «no me lo chiflen mucho a Mondelli» de Isabel en un acto en la CGT fue sintomático), y buscaba seis meses de tregua. La respuesta llegó el 24 de marzo de 1976.

37 días más tarde de la huelga empresarial, las Fuerzas Armadas asaltaron el poder y José Alfredo Martínez de Hoz (uno de los organizadores del lock-out) se encargó de perpetuar las líneas del Rodrigazo: reprimarización de la economía y apertura comercial indiscriminada, combinados con salarios congelados y una inflación anual no menor al ciento por ciento. En resumidas cuentas: la destrucción del mercado interno. Y el comienzo de la suba de los índices de pobreza e indigencia. Más allá de la violencia política, el beneplácito de gran parte de la sociedad argentina ante el golpe se asentó en un dato insoslayable: el salario real se había depreciado un 25 por ciento respecto del momento de la asunción de Cámpora.

La faena se completó en febrero de 1977 con la reforma financiera, vigente hasta hoy. A partir de entonces, el sistema financiero argentino pasó a ocupar un lugar preeminente en la vida económica, en desmedro de sectores productivos. La expulsión de trabajadores industriales del sector fabril en vías de ser desarticulado (la «miseria planificada» a la que se refirió Rodolfo Walsh en su Carta abierta de un escritor a la Junta Militar) fue radiografiada así por Alejandro Horowicz en La democracia de la derrota, texto de 1991:

“Entre 1976 y 1982, según el último censo publicado por el Indec, la clase obrera industrial vio reducida su presencia en el aparato productivo en 300 mil plazas. De más de 2,1 millones de operarios, cayó a 1,8 millones, lo que equivale a una merma del 15 por ciento. La merma se vio acompañada de un recorte –a valores constantes- del salario-horario-real, que osciló, según la rama de que se trate, entre el 40 y 60 por ciento con relación al de 1974. Esta disminución en un lapso tan breve no tiene antecedentes en la historia política nacional. Para buscar un momento de salario obrero tan deprimido es preciso remontarse hasta el período 1930-1933. Es decir, las peores condiciones sobre las que se tiene registro estadístico”.

La Argentina previa al Rodrigazo tenía una pobreza del cuatro por ciento, en un contexto en el que pobreza y desocupación eran sinónimos. Medio siglo más tarde, la pobreza se multiplicó por diez y hay trabajadores formales que son pobres. (…)

Disciplinar es la consigna

El ciclo abierto hace medio siglo se resume en dos palabras: disciplinamiento social. Desde la estampida de precios de junio de 1975, la Argentina convivió con una inflación anual del ciento por ciento en los años siguientes, salvo en 1980, cuando fue del 88 por ciento y en 1986, cuando fue del 82 por ciento bajo el Plan Austral. Así hasta la híper: quince años traumáticos que desembocaron en la convertibilidad. En el medio: el terrorismo de Estado, Malvinas, los años de la plata dulce y el empobrecimiento paulatino de la sociedad argentina.

En La disciplina como objetivo de la política económica, un texto de 1980, Adolfo Canitrot (que sería viceministro de Economía de Raúl Alfonsín entre 1985 y 1989), analizó la nueva economía argentina de la segunda mitad de los 70. Para la alta burguesía, capitalismo y democracia eran conceptos antagónicos (como lo habían sido en los años 30) y el nuevo país que asomaba con el Rodrigazo era imposible de gobernar bajo el sistema representativo. La transferencia de recursos del sector industrial a los sectores financiero y comercial debilitaba a la clase obrera, ergo, se debilitaba al peronismo, que no tenía contrapeso electoral. Esa sería la victoria postrera de la dictadura: desgajar a la dirigencia sindical peronista de los trabajadores, lo que en cierta medida explica la victoria de Alfonsín en 1983. Ese nuevo orden lo abrieron Rodrigo (fallecido en 1987) y Zinn (muerto en 1995 en el accidente aéreo en Ecuador que también le costó la vida a José Estenssoro, titular de YPF al que asesoraba) y las consecuencias llegan al presente. 

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/830265-el-dia-en-que-se-jodio-la-argentina/?fbclid=IwY2xjawU02NVleHRuA2FlbQIxMABwZG9mBWJyaWQRMTBFZHdQRVNVS2lxeTdzdWVzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEeYWi35ehZbd0TLNW3Qy2ls45L46ubf5tLJBv51oZrSAlSFsZX5z0PaQpClPU_aem_pa3djbjx8-LOjfbrE8GNGQ

(…) La domesticación del peronismo.
Otro objetivo histórico de las clases dominantes, que hoy parece acercarse a su cumplimiento, es la domesticación definitiva del peronismo. (…)

La presente nota es una reelaboración de la titulada “Sendero de propuestas y lucha”. Publicada en Huella del Sur. 27/12/2025.

Fuente: https://huelladelsur.ar/2026/08/21/apuntes-sobre-el-tiempo-presente-en-argentina/

  Apuesta por los No Convencionales: Desde el inicio, el centro de estudios advirtió que la reestatización no apuntaba a un modelo soberano tradicional, sino a viabilizar la explotación masiva de hidrocarburos no convencionales (fracking) en Vaca Muerta. [1, 2]

  Asociación Transnacional: El OPSur cuestionó que, en los hechos, el Estado operó en sociedad con corporaciones petroleras globales (como Chevron y otras), priorizando la lógica del capital extranjero en lugar de una soberanía energética plena. [1]

  Falta de debate ambiental y social: Para la organización, la medida omitió la discusión sobre la matriz energética y los impactos socioambientales del fracking, subordinando el rol de YPF a la urgencia financiera y de abastecimiento del mercado interno. [1, 2]

  Rendimiento y balances: En sus análisis de gestión posteriores, el observatorio señaló que la empresa estatizada no logró revertir de inmediato las debilidades estructurales previas en materia de producción y reservas de gas y petróleo sin recurrir a acuerdos con los grandes jugadores del mercado global. [1, 2]

Fuente: https://opsur.org.ar/2014/09/04/no-nos-patenten-la-vida-campana-contra-la-privatizacion-de-las-semillas-en-argentina/

(…) La “coexistencia” del agronegocio y la agricultura familiar
Otra de las particularidades del anteproyecto tiene que ver con la propuesta de integrar los agronegocios y la pequeña agricultura territorializada (campesinos, indígenas, huerteros, minifundistas y otros pobladores del campo). De este modo, dos paradigmas, dos visiones del mundo antagónicas, dos modelos difícilmente compatibles desde el punto de vista social, cultural, territorial y ecológico, se amalgaman de manera espuria en el texto de la pretendida reforma.
El planteo de la convivencia/coexistencia de los agronegocios y la llamada “agricultura familiar” forma parte del discurso que el gobierno nacional y las empresas asumieron como nueva estrategia de legitimación del modelo agro-biotecnológico. Dicho planteo está presente de manera explícita en el anteproyecto para modificar la ley de semillas vigente, y su principal expresión consiste en la “excepción” de las obligaciones tributarias para con los denominados “agricultores familiares”, un concepto muy amplio con confusas referencias empíricas a actores muy diferentes, como “el chacarero” y “el trabajador sin tierra”. De cualquier modo en la ley aparece como una suerte de concesión del Estado tendiente a dotar la iniciativa de cierta “apariencia contemplativa” hacia quienes han sido hasta ahora, junto a los Pueblos Originarios, las principales víctimas de la expansión del agronegocio. Basta recordar los asesinatos perpetrados por el Estado o por privados, en situaciones de arrinconamiento, para despojarlos de sus tierras.

La llamada “coexistencia” orientó a los principales actores a conformar una “Mesa de Diálogo” convocada por el Estado (a través de la cartera de Agricultura Familiar) que reunió a las corporaciones del agronegocio con algunas de las más importantes organizaciones campesinas (entre ellas, el Movimiento Nacional Campesino Indígena) y representantes de la Iglesia.

Este encuentro fue resultado de un nuevo clima cultural y político que habilita, a través del diálogo (entre actores de muy distinta capacidad económica y poder político), el “consenso” y la “pacificación”. La historia está plagada de ejemplos que muestran la imposibilidad de estos encuentros pacificadores cuando lo que está en juego es la tierra y su “limitud”, las ganancias y abultadas rentas.

Estos nuevos humores culturales que circulan en el mundo de los agronegocios (y lamentablemente, en algunas organizaciones sociales) se expresan internacionalmente, y buscan integrar la agricultura de base campesina y de pequeños productores a las lógicas de los agronegocios. No es un hecho menor que la FAO haya declarado al presente año como el “Año de la Agricultura Familiar” y que, repentinamente, haya reconocido la “importancia de la agricultura campesina” en términos similares y afines a las lógicas de mercado.

Esto se hizo más evidente todavía, con el entendimiento de cooperación suscripto por la Vía Campesina y la FAO en Roma (Octubre, 2013). Así, las necesidades de “responsabilidad social” y de “maquillaje verde” del capital concentrado de la agro-biotecnología, fueron satisfechas mediante entendimientos que hasta hace poco parecían imposibles.

Los propios documentos de la Vía Campesina denunciaban a la FAO como un organismo que actuaba monolíticamente junto al Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio en la ejecución de las medidas económicas necesarias para la expansión global de los agronegocios. Pareciera que todo ello forma parte del pasado.
Estos mandatos internacionales se articulan nacionalmente con nuevos roles asumidos por las instituciones que rodean la problemáticas: Universidades Públicas, Agencias Científicas, el INTA, etcétera. (…)

Fuente: https://opsur.org.ar/2014/09/04/no-nos-patenten-la-vida-campana-contra-la-privatizacion-de-las-semillas-en-argentina/

Las perspectivas desde abajo.

Frente al vendaval destructivo e individualista se impone la reivindicación de la idea de comunidad, de la acción colectiva, la organización social. Del espíritu de resistencia y lucha. Todos elementos que dan base a la lucha por el poder popular.
Se necesita la búsqueda de la unidad que no ignore ni subestime la diversidad.
Y el impulso a los grandes ejes de combate: Reorganización y movilización de los trabajadores. Reivindicación del feminismo, las disidencias sexuales, la lucha por la tierra, el enfrentamiento al punitivismo. La preservación del ambiente, el antirracismo, defensa de los pueblos originarios y de los migrantes.

Esos ejes producen un salto cualitativo cuando se expande la comprensión de que el enemigo no es otro que el sistema capitalista. El que ejerce una dictadura de clase que articula todo el poder del aparato estatal con el dominio del gran capital.

Es hora de lucha integral por la democracia verdadera; la emancipación femenina plena, el equilibrio justo con la naturaleza. Todo lleva más temprano que tarde al enfrentamiento total contra el sistema, aunque al inicio no se haya apuntado de modo directo a las relaciones de producción.

Quienes dominan procuran la limitación de los descontentos a ser “minorías intensas”. Circunscriptas a un solo problema o asunto que se perciba como escindido de la lógica fundamental del capitalismo. Luchas e identidades aisladas. Micropolítica”, susceptible de ser aplastada con facilidad por la gran política.

Hay que contrarrestarlo no sólo con la denuncia del poder del capital sino con la expansión de propuestas alternativas. Señalar siquiera las coordenadas generales de un mundo sin capitalistas. Una sociedad de igualdad y justicia donde las relaciones prevalecientes no sean mercantiles sino las de colaboración, solidaridad, autoorganización y autogobierno.

Eso equivale a la conformación de una democracia nueva. Que oponga la construcción de poder popular al empobrecido simulacro de gobierno del pueblo que vivimos en la actualidad.

Se necesita recuperar el término “libertad” con un sentido de emancipación real, en contra del que hoy circula subordinado al mercado y a la propiedad.
Cabe hoy la exaltación de la libertad del trabajo en común por causas nobles y compartidas. De reflexión en conjunto sobre un destino mejor para el país y la humanidad. Junto con la de tomar parte activa y decisoria en deliberaciones abiertas acerca de los asuntos de interés público. Libertades con sustento humano real. Y las grandes mayorías como sujetos activos, dotadas de iniciativa y organización propias.

No es tiempo de prudencias y silencios. Es momento de levantar a voz en grito el propósito de construir una sociedad diferente. De alejamiento de la resignación y el miedo de la mano de masas esperanzadas y activas.

La presente nota es una reelaboración de la titulada “Sendero de propuestas y lucha”. Publicada en Huella del Sur. 27/12/2025.

Fuente: https://huelladelsur.ar/2026/08/21/apuntes-sobre-el-tiempo-presente-en-argentina/

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