3)Junio-2026

Qué Trabajo

Expropiado y explotado por burguesía / Ecocida y genocida /
Alternativas emancipatorias

Expropiado y explotado por la burguesía

«No es una empresa neutral: es una herramienta estratégica del Estado de Israel.

Su modelo de expansión es claro: no compra activos -porque su estatuto se lo impide-, pero controla información. No gestiona formalmente los recursos, pero define su planificación. Es una forma sofisticada de influencia: menos visible, pero igualmente efectiva (…)»

«El vehículo fue el Consejo Federal de Inversiones (CFI), un organismo que opera en una zona gris del federalismo argentino: tiene alcance nacional, pero carece de un control político efectivo. Sus decisiones eluden tanto al Congreso Nacional como a las legislaturas provinciales. En esa grieta institucional se montó todo el esquema» para el apartheid hídrico o recolonización hídrica.

Fuente: https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2026/05/22/argentina-operacion-mekorot-radiografia-del-coloniaje-hidrico/

Entrevista a Fábio Nogueira

«La lucha de clases en nuestro continente empezó con
las rebeliones de los negros contra la esclavitud»

7 de junio de 2026

Por Federico Pita| Página/12

¿Y si la lucha de clases en América Latina no hubiera comenzado en las fábricas sino en los quilombos, palenques y rebeliones de personas esclavizadas? Esa es una de las tesis que defiende el intelectual afrobrasileño Fábio Nogueira, referente de la tradición radical negra. En esta entrevista exclusiva con NEGRX, analiza las relaciones entre raza, capitalismo y poder en un momento marcado por el avance de las derechas y las desigualdades persistentes en la región.

En su primera visita a la Argentina, NEGRX conversó en exclusiva con Fábio Nogueira, una de las voces más potentes del movimiento negro brasileño y referente central del pensamiento radical negro contemporáneo en América Latina. Sociólogo, escritor y militante, divulgador y estudioso en profundidad de la obra del gran Clóvis Moura para proponer una traducción del marxismo que sitúa a la resistencia afrodescendiente como el motor originario de la lucha de clases en nuestro continente. Su llegada a Buenos Aires marca un hito en la articulación del activismo regional: además de dictar una charla abierta sobre marxismo negro, el intelectual afrobrasilero será el encargado de brindar la conferencia de clausura del I Congreso sobre Racismo y Desigualdades Estructurales en la UMET, aportando claves teóricas y políticas para enfrentar el racismo sistémico y disputar, desde la raíz, un nuevo horizonte civilizatorio para el Sur Global.

Para quienes escuchan por primera vez el término, ¿qué es el Marxismo Negro y por qué considerás que raza y capitalismo deben pensarse de manera inseparable en América Latina?

Marxismo negro es cuando hablamos a partir de Marx, a partir del método del materialismo histórico y dialéctico, y de cómo personas directamente involucradas en las luchas antirracistas y anticoloniales han producido teorías y debates acerca de las vinculaciones de la racialización y la formación de la clase trabajadora en los países postesclavistas. No es posible comprender las dinámicas del capitalismo sin vincularlas directamente a lo que fueron los procesos de colonización, los genocidios de pueblos originarios y también la esclavitud, que fue una esclavitud racializada basada en términos de colores, en términos de una división racial y social del trabajo.

Esto fue fundamental, y el propio Marx lo puso en su debate sobre la acumulación originaria para el desarrollo de las fuerzas productivas en Europa y la Revolución Industrial. El industrialismo que dio origen al movimiento obrero y sindical de Europa tiene una relación directa con la explotación de las colonias, la búsqueda de materias primas y la esclavización por siglos, en base a la raza, de millones de negros, negras y también de indígenas en las colonias de Europa. Eso tiene consecuencias profundas en América Latina, especialmente en países como Brasil, que tuvo una estructura social basada en el monopolio de la tierra por los latifundistas, la explotación para la exportación y una producción agrícola que se vuelve hacia el mercado externo utilizando personas esclavizadas bajo criterios de color en el proceso de producción. La idea del marxismo negro es, entonces, vincular la formación del capitalismo al proceso de racialización y sus consecuencias en las luchas antirracistas y anticoloniales; esto vale para América Latina pero también para África y otros territorios donde el elemento racial tuvo un papel clave en la conformación de la sociedad capitalista moderna.

Gran parte de tu trabajo está dedicado a Clóvis Moura. ¿Quién fue y por qué su pensamiento sigue siendo fundamental para comprender el racismo estructural y las resistencias negras en Brasil?

Clóvis Moura fue un intelectual afrobrasileño vinculado al Partido Comunista que estuvo muy cerca de los movimientos negros y escribió un libro clave en 1959, el año de la Revolución Cubana, llamado Rebeliones de la Senzala. En esa obra defiende la tesis de que la lucha de clases empezó con las luchas de los negros contra la esclavitud; la idea de que la lucha de clases surgió recién después de la abolición es equivocada, pues hay una continuidad entre la lucha de los negros contra la esclavitud y la lucha de los obreros que formó la base de los partidos socialistas y comunistas. Moura utilizó el método del materialismo histórico dialéctico desde una perspectiva no dogmática que parte de la propia base de la formación social brasileña, donde la esclavitud fue abundante y racializada. Los africanos fueron secuestrados en su continente y lanzados a territorios como Brasil para ser sometidos a un orden de trabajo sin remuneración, deshumanizados y bajo las violencias más profundas en haciendas de caña o en la extracción de oro para vitalizar los ciclos económicos de las clases dominantes.

Esta lucha no empieza en la postabolición; comienza anteriormente con la formación de los quilombos, los palenques y las insurrecciones de los esclavizados. El negro no fue un sujeto pasivo ante su propia opresión, hubo mucha resistencia, y es necesario pensar cómo los movimientos negros cargan hoy esa herencia de la revuelta de los quilombos como parte de la lucha de clases en las sociedades capitalistas con pasado de esclavitud. Moura se inserta en una tradición donde hay otras figuras como Claudia Jones, C.L.R. James, Angela Davis, Walter Rodney o W.E.B. Du Bois, además de intelectuales anticoloniales africanos como Amílcar Cabral o Agostinho Neto. Todos ellos crearon esta tradición del marxismo negro, vinculando colonización y racialización con la formación capitalista. A veces se habla del internacionalismo como un monopolio de los movimientos blancos pero nosotros tenemos el movimiento panafricanista, que es centenario y tuvo participación activa de marxistas, como Du Bois y su obra Black Reconstruction. Ellos entendieron el carácter anticapitalista de la lucha antirracista y por eso en nuestro continente el marxismo negro tiene todo el sentido.

Clóvis Moura colocó en el centro de la historia brasileña las rebeliones negras, los quilombos y las formas de resistencia cimarrona. ¿Qué cambia cuando las luchas negras dejan de aparecer como marginales y pasan a ser entendidas como fuerzas históricas y políticas?

En Brasil, en los años 80, con la creación del Movimiento Negro Unificado (MNU), hubo una denuncia del mito de la democracia racial vinculada a una perspectiva que es, en el límite, anticapitalista. Existe una tradición radical negra en Brasil vinculada a la de América Latina que habla en sus propios términos sobre qué tipo de sociedad quiere crear a partir de sus necesidades culturales, políticas y económicas, sin seguir modelos preestablecidos de las izquierdas europeas. Hoy veo un movimiento que consiste en pensar la clase a partir de la raza. Con la desindustrialización en Brasil —donde la industria pasó de representar más del 20% de la economía a solo el 11%—, ha surgido un sector de servicios muy fuerte, como los trabajadores de aplicaciones y entregadores (Uber, etc.), que en su gran mayoría son negros, racializados.

Hoy hablar de raza es hablar de clase; la cuestión racial conforma la cuestión de clases. Vemos surgir un sector de trabajadores por aplicativos que se organiza políticamente y donde el tema racial es evidente, igual que en los movimientos de vivienda (sin techo) o comunitarios, donde el liderazgo es mayoritariamente de mujeres negras. Género, raza y clase se colocan como unidad en la lucha; son términos complementarios que no se oponen entre sí. La idea de sujeto histórico y la organización de los trabajadores deben tener como referente la lucha contra el racismo; no es solo una lucha de intelectuales en la academia, sino una lucha con un carácter comunitario y de base muy fuerte.

Sos investigador y también militante del movimiento negro brasileño. ¿Cómo pensás hoy la relación entre producción académica, organización popular y lucha antirracista?

Es una relación problemática porque, aunque tuvimos una gran victoria con las políticas de cuotas raciales en las universidades públicas de Brasil —lo cual fue una revolución que permitió al hijo de la empleada doméstica acceder a estudiar carreras como medicina o ingeniería—, hay una disputa de sentido sobre estos negros y negras que ingresan al mercado de trabajo. Es vital que el movimiento negro retome su raíz comunitaria del siglo XIX, con sus periódicos y clubes que promovían desde clases hasta cultura en los barrios. Pero, además, el movimiento negro tiene que volver a debatir la economía; no podemos dejar que ese debate les toque solo a los blancos.

Debemos discutir el modelo de desarrollo desde nuestro punto de vista, porque en este capitalismo racializado el desarrollo económico no llega de la misma manera a negros que a blancos. Existe el riesgo de crear una generación negra más conservadora o liberal que piense en términos individuales. La tradición radical negra sostiene que las salidas son colectivas, y hoy sectores del capital estimulan una idea abstracta de “diversidad” que no tiene consecuencias directas para el conjunto de nuestra comunidad. La izquierda también tiene una deuda: debe reconocer que el negro no es un tema de investigación, sino un sujeto de transformación social con una radicalidad política propia, igual que los pueblos originarios.

En un contexto regional marcado por el avance de las derechas y las desigualdades estructurales, ¿cuáles creés que son hoy los principales desafíos —y también las potencias— de los movimientos negros en América Latina y el Caribe?

Es necesario fortalecer nuestras comunidades y, al mismo tiempo, buscar alianzas políticas más amplias con las luchas indígenas, las de las mujeres, las del movimiento LGBT y la lucha del pueblo palestino. Debemos rechazar que estos sean “movimientos identitarios” en forma burlesca; la clase debe ser pensada en términos amplios de formación económico, social y cultural para afirmar un nuevo sentido de humanidad y nuevos marcos civilizatorios que el capitalismo no permite. No basta con promover pequeñas élites o burguesías negras o indígenas porque el mercado excluye a millones mediante la superexplotación de la fuerza de trabajo negra, originaria y de las mujeres.

Necesitamos una perspectiva antiimperialista, aliándonos con nuestros hermanos negros de Estados Unidos para combatir el imperio desde su corazón, como hicieron los Panteras Negras en su momento. También debemos rechazar la política sionista del Estado de Israel, que es una ideología nefasta con bases racistas que victimiza a los palestinos. Finalmente, este movimiento debe enfrentar directamente al fascismo y a la extrema derecha, como Bolsonaro o lo que vemos en Argentina, a quienes llamamos “lambebotas” del imperio. Son figuras antinacionales que no respetan la memoria ni la historia de los pueblos negros e indígenas que constituyeron nuestros países.

Es tu primera visita a Buenos Aires. ¿Cómo observás los debates sobre racismo y afrodescendencia en Argentina y qué importancia tiene construir redes antirracistas latinoamericanas?

Observo que los afroargentinos aún enfrentan el mito de la “Argentina blanca” o la idea de que no hay negros. Sin embargo, hay avances en afirmar la presencia negra en la historia, como la participación de figuras como Remedios del Valle en las luchas por la independencia. En Brasil enfrentamos problemas similares, como el uso del término “pardo” para crear divisiones; el movimiento superó eso entendiendo que todos somos negros y formamos una identidad política. La raza no es una categoría biológica, es una categoría social y política. Por eso es fundamental afirmar la afroargentinidad y la negritud como referentes para la concientización, usando términos propios y no los de los colonizadores.

Las redes regionales son vitales porque la historia de la negritud en Brasil está mucho más cerca de los afroargentinos, afroperuanos o afrocubanos que de los afroamericanos de Estados Unidos. Lélia Gonzalez creó el término “amefricano” para diferenciar nuestra identidad cultural propia en el sur. Debemos reivindicar historias como la de Haití —la primera república negra— y figuras como el general afrocubano Antonio Maceo, quien rechazó pactar con los españoles porque no incluían la abolición de la esclavitud. Formar redes desde nuestra propia historia y cultura es algo fundamental y necesario.

Para quienes quieran profundizar los debates planteados en esta entrevista, Fábio Nogueira ofrecerá este miércoles 3 de junio a las 18 hs el conversatorio “Marxismo Negro” en Espacio Malcolm. La actividad abordará las relaciones entre raza, clase y capitalismo, el legado de las tradiciones radicales negras y los desafíos de construir organización popular frente a las desigualdades contemporáneas. La participación es libre y gratuita, con cupos limitados e inscripción previa en el siguiente link.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/2026/06/01/fabio-nogueira-la-lucha-de-clases-en-nuestro-continente-empezo-con-las-rebeliones-de-los-negros-contra-la-esclavitud/

 Ecocida y genocida

A diez años del pacto YPF/Chevron:
un desastroso pasivo ambiental que nació a fuerza de represión

28 de agosto de 2023

Promesas de desarrollo local, respeto a los derechos humanos y cuidado del ambiente. Eran pilares del discurso del gobierno nacional para comenzar la explotación en Vaca Muerta. A diez años del pacto de YPF con la estadounidense Chevron, el Pueblo Mapuche denuncia el falso progreso, la violencia del modelo petrolero, la vulneración de derechos y la contaminación.

Por Confederación Mapuche de Neuquén

El 28 de agosto se cumplen diez años de la ratificación y validación en la Legislatura neuquina del pacto entre la petrolera privada norteamericana Chevron y la estatal mixta YPF. La promesa social que camufló la irregularidad de este convenio a carpeta cerrada, disfrazado de convenio confidencial, fue la del progreso exponencial de la zona de explotación y del país en general. Todo sin daños ambientales y con la garantía de empezar a tener soberanía energética.

Diez años después, la realidad demuestra que todo aquello era “eldoradismo” del más puro: los impactos ambientales fueron y siguen siendo terribles (contaminación de suelos, de napas, de espejos acuosos y ríos, terremotos en superficie, polución aérea y una larga y desastrosa lista de etcéteras), enfermedades que ya comienzan a definirse como derivadas de la contaminación están empezando a multiplicarse en la población de la cuenca y —como si todo esto ya no fuera suficiente— los números, la balanza de las finanzas, tampoco cierran.(…)

Emerge como preferida en la compulsa la petrolera norteamericana Chevron. Pero el acuerdo se demora por un “pequeño” detalle: desde Ecuador, la Justicia cercaba a Chevron ante un fallo que obligaba a embargar los bienes de la empresa por el desastre ambiental y cultural que habían generado en la región de la amazonía ecuatoriana extrayendo hidrocarburos por la vía del fracking.

La Justicia y el Ejecutivo argentino se pusieron rápidamente de acuerdo: el embargo promovido por la Asamblea de Afectados de Chevron en Ecuador fue rechazado por la Corte Suprema de la Nación a pedido de la procuradora Alejandra Gils Carbó. Así se levantó inmediatamente la medida en nuestro país, liberando a una empresa prófuga de la justicia.

Además, debido a las restricciones cambiarias, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner firmó el decreto 929/2013 de promoción de las inversiones hidrocarburíferas que permitiría a Chevron exportar parte de la producción sin retenciones y la libre disponibilidad de dólares que esas operaciones podrían generar, lo que terminó de apuntalar el acuerdo. (…)

Por primera vez en muchos años medios de comunicación oficiales, estatales, privados y opositores se pusieron de acuerdo para transmitir casi sin interrupción un mensaje al unísono: el fracking era un método extractivista limpio y seguro y estar en contra del pacto Chevron/YPF era ser anti patriota.

En todos los medios se escuchaba, se veía y se leía cosas positivas del tipo: “Exploración y producción”. “Industrialización”. “Desarrollo de ductos”. “Trabajo”. “Infraestructura”. “Potencial de autoabastecernos”. “Exportar energía”. “Matriz Productiva argentina” y como cierre: “Soberanía energética”, a la par que se ridiculizaba o se ponían en tensión de descrédito a los discursos contra el fracking y contra el acuerdo con una petrolera judicializada internacionalmente por efectuar desastres ambientales sin dejar más que hambre en los territorios por donde arrasaba.

A pesar de esa campaña desinformativa y desleal, elegimos estar presentes y en manifestación desde la jornada anterior al tratamiento en la Legislatura de Neuquén del aval que exigía aquel pacto para tener por fin su cara “legal”. Fuimos porque el Pueblo Mapuche ya sabía perfectamente bien qué era el fracking y qué significaba para nuestros territorios y nuestra gente. No porque fuéramos visionarios esotéricos, sino porque la empresa Apache ya había instalado en años anteriores el primer pozo de fracking de la Argentina en la zona de Zapala, produciendo la destrucción por completo del territorio del Lof Gelay ko, y la muerte de su Logko. Cristina Linkopan murió el 14 de marzo de 2013 con treinta años de edad y un diagnóstico de hipertensión pulmonar. Debido a la contaminación de su territorio, agua y animales, es considerada como la primera víctima del fracking en Neuquén. (…)

Diversos sectores nos movilizamos y llamamos a esperar en las puertas de la Legislatura de Neuquén. Miles de personas marchamos durante la mañana del miércoles 28 de agosto desde el playón de la Universidad Nacional del Comahue (UNCO) hasta la Legislatura.

La que se supone es “la casa del pueblo” tenía sus puertas cerradas por un cerco policial interminable y bien férreo. La respuesta a la movilización no se hizo esperar: dos rukas (casas) mapuche quemadas en territorio del Lof Campo Maripe, muchos heridos por la represión que se desató en contra de los manifestantes y una bala de plomo en el pecho de un profesor de la UNCO. Así respondieron a la manifestación popular. (…)

Fuente: https://agenciatierraviva.com.ar/a-diez-anos-del-pacto-ypf-chevron-un-desastroso-pasivo-ambiental-que-nacio-a-fuerza-de-represion/

Gobierno transgénico:
una ley a medida del agronegocio

1 de octubre de 2021

Luego de la derrota electoral, y sin escuchar a los que “salen a la calle”, el Gobierno redobla su faceta extractiva. Envía al Congreso un proyecto de ley gestado junto con las cámaras empresarias del agro, mientras cajonea proyectos claves: acceso a la tierra, humedales y etiquetado de alimentos. El oficialismo pone todas las fichas a un modelo que lleva tres décadas con consecuencias ambientales, sociales y sanitarias.

Por Darío Aranda

Lejos del discurso ambiental y aún más lejos del sector campesino y cooperativo, el Gobierno anunció su proyecto de ley de “fomento al desarrollo agroindustrial”, con el que propone alcanzar 200 millones de toneladas de cereales y oleaginosas para 2030. El plan busca “consolidar al país como líder agroalimentario” mediante “beneficios fiscales e impositivos”. El plan, que presentaron Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, llega de la mano de Gustavo Idigoras, un ex ejecutivo de Monsanto/Bayer.

El proyecto tiene 26 páginas y señala que promoverá “24 cadenas” productivas, pero el eje será aumentar las exportaciones de los cultivos que más divisas generan, entre ellos: soja, maíz y trigo. Los cinco pilares que utiliza son producción, empleo, ventas, exportaciones e inversiones. En ningún momento se habla de ambiente, ni de agroecología ni (mucho menos) soberanía alimentaria. La traducción no publicitada es un plan con mayor uso de transgénicos y agrotóxicos, mayor alianza con el agro empresario y con las consecuencias por demás conocidas: desmontes, conflictos por la tierra, desalojos, concentración de la tierra en pocas manos, afectaciones a la salud y al ambiente, entre otras.

Un plan para el agronegocio

El Presidente, junto a Cristina Fernández de Kirchner y los ministros Julián Domínguez y Juan Manzur, habló durante casi 30 minutos. Textuales:

-“Estamos seguros que este es el camino para ubicar a la Argentina como líder agrobioindustrial”.

-“Esta no es una ley cualquiera, es una ley construida con un criterio federal muy claro, donde participaron gobernadores, universidades de todo el país; donde participaron grandes productores y pequeños productores de la agricultura familiar”.

-“Es una ley que lo que más le interesa es que la Argentina produzca alimentos de calidad. No es lo mismo comer que alimentarse”.

-“Todos han sido oídos. Todos”.

Cualquiera que conozca mínimamente el agro argentino sabe que el Gobierno no escuchó a pequeños productores, ni cooperativas, ni campesinos, ni pueblos indígenas. Mucho menos se tuvieron en cuenta las numerosas denuncias que pesan sobre el modelo que el proyecto de ley impulsa.

Muchas empresas, un hombre de Monsanto y nada de agroecología

El Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) es un espacio nacido en 2020 que reúne a casi la totalidad del sector empresario del agronegocio del país. Su plan para la próxima década se llamó “Estrategia de Reactivación Agroindustrial Exportadora, Inclusiva, Sustentable y Federal. Plan 2020-2030”. Y fue la base para el proyecto de ley presentado por el Gobierno. Se trata de la profundización del modelo de agronegocio durante diez años, donde prometen aumento de exportaciones (dólares que el Gobierno prioriza), con leyes a medida de las empresas, donde sobresalen beneficios impositivos. Traducido: menores impuestos.

El Consejo Agroindustrial está integrado por todas las grandes empresas de transgénicos y agrotóxicos (representadas en las cámaras corporativas Casafe, Asociación de Semilleras Argentina y Acsoja). Las Bolsas de Cereales (de Rosario, Buenos Aires y Córdoba, entre otras), la Cámara de Biocombustibles (Carbio), la Cámara de la Industria Aceitera (Ciara), el Centro de Exportadores de Cereales y la Cámara de Puertos Privados, entre otros. Aunque al principio se mostraron reticentes, también están presentes las cuatro patas de la Mesa de Enlace: Coninagro, Federación Agraria, Confederaciones Rurales Argentina -CRA- y la Sociedad Rurales Argentina.

A poco de crearse, el Consejo Agroindustrial se reunió, en solo tres meses, con el presidente de la Cámara de Diputados Sergio Massa; los entonces ministros Felipe Solá (Cancillería) y Luis Basterra (Agricultura), y Desarrollo Productivo, Matías Kulfas. Lograron el apoyo de los gobernadores de Córdoba (Juan Schiaretti), Entre Ríos (Gustavo Bordet), Santa Fe (Omar Perotti) y Chaco (Jorge Capitanich). También se entrevistaron (el 30 de julio del 2020) con la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, y con el Presidente. “En toda la agroindustria hay una gran posibilidad de exportaciones y necesitamos que produzcan ya”, resumió Alberto Fernández, reflejado por la agencia oficial Télam.

El Gobierno reforzó diálogo con el Consejo Agroindustrial también como forma de debilitar a la Mesa de Enlace. Algunos sectores oficialistas (desde organizaciones hasta medios de comunicación) intentan disfrazar a este sector empresario como «otro campo» o, argumentan, que así debilitan a la Sociedad Rural y compañía. Nada más equivocado: los jugadores dentro del Consejo Agroindustrial son mucho más poderosos que las entidades protagonistas de la resolución 125. Y, sobre todo, representan a capitales internacionales mucho más concretados, con mayor poder para condicionar políticas.

La cara más visible del Consejo Agroindustrial es Gustavo Idigoras, que llegó como presidente de la Cámara de la Industria Aceitera (Ciara), pero tiene un mayor recorrido, en distintos engranajes del agronegocio: agregado agrícola por Argentina ante la Unión Europea (2004-2009), responsable por el Ministerio de Ciencia de la Mesa de Semillas (durante el macrismo), coordinador de la Red de Buenos Prácticas Agrícolas (donde confluyen todas las grandes multinacionales de transgénicos y agrotóxicos). Y, entre 2014 y 2018, ejecutivo de Monsanto (hoy Bayer).

El reclamo de la calle y la sordera gubernamental

“Quiero ser el presidente que escucha, el del diálogo y convocarlos a que si alguna vez sienten que me desvío en el compromiso que hoy asumo, salgan a la calle a recordarme lo que estoy haciendo”, pidió Alberto Fernández en su discurso de asunción, el 10 de diciembre de 2019.

El 20 de septiembre, en la Plaza del Congreso, la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) acampó durante dos días en reclamo de la aprobación de la Ley de Acceso a la Tierra para los pequeños productores. El proyecto de ley fue presentado en 2016, 2018 y 2020. En febrero pasado, el presidente Alberto Fernández se comprometió a aprobar la norma.

El 21 de septiembre, organizaciones sociales se movilizaron de forma masiva. “Ningún trabajador por debajo de la línea de pobreza. Salario mínimo, vital y móvil de 70.000 pesos”, fue uno de los reclamos principales. Estuvieron presente el Polo Obrero (PO), el Frente de Organizaciones en Lucha (FOL) y el Frente Popular Darío Santillán, entre otros.

El viernes 24 de septiembre, organizaciones socioambientales marcharon desde Plaza de Mayo hasta el Congreso en rechazo al extractivismo y exigieron la aprobación de la Ley de Humedales y la Ley de Etiquetado de Alimentos, entre otras iniciativas. En un hecho sin precedentes, a la movilización se sumó La Cámpora.

Nada de lo reclamado en las tres manifestaciones ameritó acciones positivas del Gobierno.

Al contrario, el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, hizo una defensa irrestricta del trigo transgénico (primer evento de su tipo en el mundo, muy cuestionado y rechazo incluso por empresas del agronegocio). Y el Gobierno impulsa nuevas leyes para aumentar la actividad petrolera y minera.

Ambiente, incendios y dólares

En lo que va el del año se quemaron más de 153.000 hectáreas, una superficie equivalente a siete veces la Ciudad de Buenos Aires.

En su “lucha” contra los incendios, el Ministerio de Ambiente (a cargo de Juan Cabandié) envió una gacetilla el 28 de septiembre. “Avanza la construcción de torres para la detección de incendios en el delta del Paraná”, fue el título. Ante la gravedad y magnitud de los incendios, el Ministerio Nacional difundió que se “finalizó la construcción de las dos primeras torres” para “avistar focos de incendios” en el Parque Nacional Predelta (Entre Ríos) y en el peaje del viaducto Rosario-Victoria. Las torres de hierro, al estilo antenas de radio, forman parte de lo que el Ministerio llama pomposamente “estrategia de faros de conservación”. Aspirinas frente al cáncer.

Donde el ministro Cabandié sí fue más serio fue en el programa “Fuego Amigo” de Canal 9. Sinceró la relación entre extractivismo, deuda externa y Fondo Monetario Internacional: “Queremos canjear deuda por acción ambiental. Porque conseguir dólares, para el vencimiento de deuda, no podemos hacerlo sin contaminar”.

Hambre, pobreza y una “soja riquísima”

En diciembre de 2019, el Gobierno lanzó el “Consejo Federal Argentina contra el Hambre”, con empresas del agro (como Syngenta) y una variedad de figuras mediáticas: desde Marcelo Tinelli y Narda Lepes, hasta el periodista Martín Caparrós. Al frente de la cruzada estaba la hoy candidata Victoria Tolosa Paz.

El precio de la carne aumentó 400 por ciento en los últimos cinco años. El precio del pan se incrementó 230 por ciento en cuatro años. Y el precio de la yerba aumentó 55 por ciento en solo un año.

El mismo día del lanzamiento del proyecto de ley agroindustrial, el Indec difundió que la pobreza afecta al 40,6 por ciento de la población de Argentina y la indigencia llega al 10,7 por ciento. En los menores de 16 años la pobreza alcanza al 55 por ciento. Para graficarlo: seis de cada diez chicos de Argentina es pobre.

El Gobierno ya no habla del hambre en Argentina. Pero sí de supuestas opciones: Fernando “Chino” Navarro, referente del Movimiento Evita y secretario parlamentario de la Jefatura de Gabinete, difundió orgulloso su trabajo junto al empresario Gustavo Grobocopatel (alias “el rey de la soja”). Y celebró: “Él nos ayudó mucho, con otros empresarios, aportando soja que se puede consumir, y es riquísima, para comedores populares del Gran Buenos Aires”.

Fuente: https://agenciatierraviva.com.ar/gobierno-transgenico-una-ley-a-medida-del-agronegocio/

Modelo extractivo, memoria, verdad y justicia

De director de Syngenta a asesor presidencial

23 de enero de 2023

Por Mercedes «Meche» Méndez | Agencia Tierra Viva

La designación de Antonio Aracre, de Syngenta, como jefe de Asesores de la Presidencia, confirma qué modelo de agro —y económico— fomenta el peronismo gobernante. Mercedes Méndez, que acompaña a niños y niñas en el hospital Garrahan, denuncia el cinismo del Gobierno y remarca las contradicciones de hablar de derechos humanos y apoyar el extractivismo.

Alguna lágrima para que la platea sepa que también tienen su corazoncito, pero es puro teatro. Bien saben que los modelos de vida de hoy, que ellos imponen, son modelos de muerte”

Eduardo Galeano

Y sí, una casi peca de ingenua. Cuando creía haber colmado mi capacidad de asombro, veo la noticia: “El ex CEO de una multinacional será el nuevo jefe de Asesores de Alberto Fernández. Se trata de Antonio Aracre, quien renunció a Syngenta luego de 36 años para dedicarse a la política”.

Nuevo asesor presidencial. Sí, el mismo directivo de una empresa envenenadora y ahora parte del Gobierno.

Luego de la bronca, impotencia y tristeza que me causó ver ese titular, reflexioné que finalmente ese anuncio solo era la confirmación de más muerte de la que ya se anunciaba desde hace décadas por los distintos gobiernos que, cada uno con su discurso, apostaron a profundizar un modelo extractivo que solo produce más devastación de territorios, enfermedad y muerte.

Cuando tengo que analizar el presente y, para poner claro sobre oscuro, recurro a la historia reciente. Es entonces donde encuentro muchos paralelismos —salvando las diferencias— y entiendo que hay instancias en las que me resulta imposible aceptar grises.

Memoria

Porque no puedo —ni quiero— olvidar los relatos escuchados en carne viva, de los damnificados en el Juicio del Barrio Ituzaingó (Córdoba), barrio fumigado y diezmado de cáncer, malformaciones, abortos espontáneos y tantos otros enfermos. Porque no puedo —ni quiero— olvidar a Fabián Tomasi, a quien su condición de trabajador rural que manipulaba agrotóxicos lo condenó a una pésima calidad de vida y a una muerte prematura.

Porque no puedo —ni quiero— olvidarme de Ana Zabaloy, maestra rural fumigada y generosa luchadora de San Antonio de Areco, quien luego de batallar de manera incansable a favor de la vida, contra las fumigaciones, falleciera de cáncer. Porque no puedo —ni quiero— olvidar los relatos de sus alumnos y los dibujos que grafican su vida rodeada de los venenos.

Porque no puedo —ni quiero— olvidarme de los niños de Corrientes: Nicolás, Celeste, José, Antonella, Azul, Rocío, fallecidos o enfermos que tuvieron en común haber vivido en ambientes extremadamente contaminados por los venenos/agrotóxicos usados en las producciones agrícolas del lugar.

Porque no puedo —ni quiero— olvidarme del calvario vivido por Sabrina Ortiz y toda su familia a raíz de las incesantes fumigaciones sufridas a lo largo de su vida en Pergamino.

Porque no puedo —ni quiero— olvidarme de todo lo escuchado en los ateneos que hemos realizado con la Junta Interna de ATE, en el Hospital Garrahan —donde trabajo—, con el objetivo de concientizar y que se escuchen allí los testimonios de damnificados y de mujeres y hombres de la ciencia que contaron cómo está comprobadísimo que los agrotóxicos son biocidas que contaminan, enferman y matan.

Porque no puedo —ni quiero— olvidarme de los vecinos de San Salvador (Entre Ríos), ese lugar que salió a realizar marchas contra el cáncer, porque ya estaban abrumados de contar casos y más casos.

Porque no puedo —ni quiero— olvidar a los vecinos de Exaltación de la Cruz, de La Matanza, de Lobos, de Monte Maíz, de Mar del Plata, de San Nicolás y tantos otros lugares que, hastiados de ver como su salud y ambiente se quebranta cada vez más, salen y dicen y luchan.

Y podría seguir haciendo memoria para recordar por qué no quiero olvidar.

Verdad

Porque la verdad es una sola. Y no es la que pregona el mediático Antonio Aracre ni la de sus pares. Hay una sola verdad y es la que vienen investigando distintos profesionales —sin conflicto de interés— desde distintas disciplinas y confirmando una y otra vez, en aire, en tierra, en animales, en agua y en humanos: que los agrotóxicos utilizados en la agroindustria son biocidas y eso es lo que hacen: matan la vida; y que no hay forma de utilizarlos de manera segura —como nos quieren hacer creer empresarios como Aracre— no, eso no es posible. Sobran estudios y sobran lamentablemente testimonios de vecinos que relatan el calvario de portar un cuerpo con venenos que es una prueba viviente —o ya no— de este ecocidio anunciado.

Justicia

Es lo que falta: justicia. Salvo algunos casos en los que compañeros abogados batallaron junto a las comunidades y lograron algo parecido a la justicia, lo que reina es la impunidad.

De qué otro modo puede leerse que las comunidades afectadas sean ninguneadas o sean alentadas siempre a ser ellas las que deban comprobar cómo los venenos afectan su vida, su ambiente y sean intimadas a demostrar cuánto veneno porta su cuerpo, pagando —incluso— los estudios de sus bolsillos sin que el Poder Judicial haga absolutamente nada para terminar con ese tormento.

Solo habrá justicia cuando este envenenamiento cese, el resto serán enmiendas o, como dice Galeano, “lagrimas para la tribuna”.

La culpa no es solo de Aracre

De algunas Madres (de Plaza de Mayo) aprendí a respetar y tener en cuenta estas tres premisas —Memoria, Verdad y Justicia— infaltables cuando hablábamos de la defensa de los derechos humanos de ayer.

La implementación del modelo extractivo es una de las violaciones más aberrantes de los derechos humanos —y de la naturaleza, eso somos— de hoy.

Este modelo biocida no pueda coexistir, como muchos sostienen, con la agroecología, salida imprescindible a todo este desastre.

Y nombrar en un cargo del gobierno a Antonio Aracre no parece ser una política precisamente para fomentar la agroecología.

Nombrar al CEO de Syngenta y decir al mismo tiempo que promueven la agroecología es casi tan perverso y cínico como bajar el cuadro de un militar y poco tiempo después darle un cargo, sacarse fotos, abrazarse y defender a un represor.

Hay grises que son sencillamente imperdonables y, una vez traspasados, ya no hay retorno.

Mercedes «Meche» Méndez. Licenciada de Enfermería en el Hospital Garrahan, dentro del cual desde hace años informa y denuncia las consecuencias del modelo agropecuario en la salud de la población.

Alternativas emancipatorias

El capitalismo del siglo XXI y la nueva izquierda revolucionaria

8 de junio de 2026

Por Homar Garcés | Rebelión

En su artículo «¿A dónde se fue el comunismo?», Héctor Meléndez, profesor de la Universidad de Puerto Rico, expresa: «El régimen occidental tiene más de quinientos años y posee innumerables mecanismos de reproducción. Es un amplio espacio de relaciones financieras, educativas, militares, políticas, mediáticas y comerciales. Su epicentro es el Atlántico norte, pero su influencia difícilmente se reduce a Estados Unidos y Europa. Occidente no trata sólo de billonarios y millonarios. Incluye sectores populares y clases medias que participan activamente en inversiones de dinero, cuyas ganancias –que a veces complementan el salario– y amplio consumo alimentan el consenso hacia la política imperialista. Le ayudan a legitimarse sus tradiciones de narrativa, espectáculos e idealización de la subjetividad». En atención a esta reflexión, cabe resaltar lo escrito por Rosa Luxemburgo:

«El marxismo es una cosmovisión revolucionaria que constantemente tiene que luchar por nuevos conocimientos, que no hay nada que desprecie tanto como el aferrarse a formas que alguna vez fueron válidas, que conserva su fuerza vital de la mejor manera en la crítica y en el tronar de la historia». Entre ambos puntos de vista, se podrá ubicar la comprensión del capitalismo del siglo XXI y la nueva izquierda revolucionaria, lo cual requiere adquirir una nueva visión de las cosas, más apropiada a la coyuntura histórica que vive el mundo contemporáneo. En especial ahora cuando en el horizonte mundial comienza a delinearse el control de los monopolios corporativos sobre las naciones y las instituciones del Estado, con Estados Unidos sirviendo de vanguardia, con la finalidad principal de brindarle un mayor margen de acción y de ganancias exorbitantes a sus empresas, sin intervencionismo estatal que las regule.

Tomando eso en cuenta, el problema de la transición al socialismo revolucionario requiere establecer un debate con toda la audacia, el espíritu crítico y el rigor científico que exige el plantearse la transformación estructural del Estado, de la economía y del modelo de sociedad vigentes (incluyendo su aspecto cultural y espiritual). No puede limitarse a un simple cambio de nombres, consignas y de gobierno. Tiene que ser algo integral y constante. De lo contrario, dejará de ser revolucionario y, en consecuencia, dejará de ser una alternativa ante el orden capitalista reinante. Bajo el sistema capitalista todos los actores sociales que participan en el proceso productivo están -de cualquier modo- sujetos a la reproducción de la ganancia que corresponde a los dueños del capital y de los medios de producción (incluyendo la explotación de su fuerza de trabajo) en un ciclo que pareciera normal y eterno, sin posibilidades reales de cambio. Así, desde la época en que Karl Marx y Friedrich Engels redactaron el Manifiesto Comunista hasta la época actual, a través del socialismo revolucionario se ha planteado que tal sistema de desigualdades, injusticias y expoliación indiscriminada de las personas y de la naturaleza sea superado, dando entonces nacimiento a un nuevo tipo de civilización en el cual prevalezca siempre el desarrollo integral del individuo y de la comunidad, en igualdad de derechos, obligaciones y oportunidades, sin dominación alguna del mercado y el capital, abarcando la preservación de la naturaleza; algo que se considera utópico, es decir, inviable o difícil de realizar, pero que no deja de ser posible ni ha dejado de inspirar las luchas sociales.

En el mundo contemporáneo son muchas las disyuntivas que se le presentan a quienes fomentan la instauración de la Revolución Socialista en sus países, entre ellas, el cómo contener la oleada ultraderechista y autoritaria que parece extenderse sin control alguno como opción ante los diversos problemas que confrontan los sectores sociales. A imitación de la III Internacional Comunista, en la última década ha surgido una internacional reaccionaria que cuenta con el apoyo del multimillonario Elon Musk, propietario de la plataforma digital X, quien utiliza este medio para influir en las preferencias electorales en diversas naciones (tales como Estados Unidos, Inglaterra o Alemania), de modo que resulten triunfadores los candidatos de su preferencia, siendo Donald Trump el mejor ejemplo de ello. Sin más ideología que la basada en el autoritarismo y el odio hacia todo lo que represente progresismo, cambio o revolución, sus representantes quieren imponer una visión del mundo, ajustada a lo que sería la lógica del capitalismo neoliberal en su versión más extrema; para lo cual no dudan en destruir los cimientos de la democracia liberal que ha perdurado desde el estallido de la Revolución Francesa de 1789 y plantean el surgimiento de un nuevo orden mundial, reemplazando al instituido tras el final de la Segunda Guerra Mundial, con la Organización de las Naciones Unidas.

El capitalismo en su fase actual, «ha instalado en el imaginario colectivo la falsa idea de que el éxito es un derecho individual desvinculado de cualquier compromiso social. La meritocracia es la gran ficción del capitalismo tardío, que vende como superación lo que en realidad es privilegio de cuna o azar del mercado», como bien lo dictamina Javier F. Ferrero, en «Cómo el neoliberalismo allanó el camino al fascismo en Estados Unidos». Sometidos al albur de las coyunturas del mercado y a las múltiples innovaciones que se producen en los campos científicos y tecnológicos, reflejados en el uso cada día más frecuente de la informática y maquinarias de alta tecnología por parte de las empresas, los trabajadores están llamados a adquirir un mayor grado de conciencia clasista y de organización para entender y confrontar adecuadamente los múltiples desafíos impuestos por el capitalismo neoliberal a nivel local y global. Esta comprensión es parte esencial de la acción y del programa de lucha de la nueva izquierda revolucionaria, lo que exige de ella, al mismo tiempo, una revisión exhaustiva de su forma organizativa y de sus postulados teóricos o ideológicos, sin que esto represente una claudicación frente al orden burgués liberal establecido y, menos, refutar su esencia emancipatoria.

Fuente: https://rebelion.org/el-capitalismo-del-siglo-xxi-y-la-nueva-izquierda-revolucionaria/

Engañan a los trabajadores con una danza electoral permanente, olvidando la acción directa y la tradición revolucionaria del proletariado. Incluso sostienen que se puede alcanzar el socialismo por la «vía pacífica» y «parlamentaria», como si alguna vez en la historia de las clases dominantes hubieran entregado voluntariamente el poder.

(…) Lo que corresponde realzar es un proyecto de emancipación revolucionaria y socialista, destacando cómo se puede forjar ese horizonte con principios de colectividad, solidaridad y, planificación. Tenemos que retomar la respuesta que daban los marxistas de principios del siglo XX a los austríacos de principios de esa época.

Hay que refutar las banalidades de Hayek y Von Mises con los argumentos de Bujarin. La respuesta a Milei en los términos del capitalismo humano del keynesianismo no conduce a ninguna parte. El materialismo histórico ofrece la mejor respuesta al replay del ultraliberalismo austriaco y el socialismo ofrece el mejor horizonte alternativo al ensueño de la irrealizable primacía del mercado.

Con este bagaje debemos retomar el socialismo como un proyecto y como ideal, porque conviene recordar que una sociedad igualitaria asentada en la redistribución de ingresos, es la condición para el despliegue de méritos individuales. Solo en ese marco podrían desarrollarse efectivamente las capacidades individuales, determinando responsabilidades y retribuciones diferenciadas. 

https://revistapaginas.unr.edu.ar/index.php/RevPaginas/article/view/1041

Fuente: https://rebelion.org/reflexiones-de-un-intelectual-marxista-sobre-nuestra-america/

Ianina Harari

Vía Socialista

Ley de asociaciones profesionales:
el sustento jurídico de la burocracia sindical

El modelo sindical argentino está regulado por una ley cuyas características fundamentales datan de 1945, cuando Perón estatizó el movimiento obrero y subordinó a los sindicatos a su política. No es casual que desde entonces resulte excepcional el recambio político en las cúpulas sindicales. Desde mediados del siglo XX, el peronismo gobierna la abrumadora mayoría de sindicatos y la CGT. En general, cuando hay recambio de dirigentes, se trata de cambio de nombres que responden a una misma corriente o de una disputa entre fracciones de la burocracia. La perpetuación de la burocracia tiene como uno de sus fundamentos a la legislación sobre las asociaciones sindicales. La Ley de Asociaciones Sindicales, n° 23.551, fue sancionada 1988 bajo el gobierno de Alfonsín, pero sus postulados reproducen los del decreto n° 23.852, de 1945. (…)

Publicado en El Aromo Nueva Época N° 3 – Julio 2022
Fuente: https://viasocialista.com.ar/ley-de-asociaciones-profesionales-el-sustento-juridico-de-la-burocracia-sindical/

No es el gobierno de Milei que nos somete, es la dictadura del establishment transnacional y transnacionalizado que ha sido legalizada-legitimada por el balotaje. Y es expresión de los 40 años de garantizarle maximización de su neoliberalismo o acumulación oligopólica de riquezas, poder de dominio e ingresos.