Superemos negacionismo de los 40 años y de centralidad de extractivismos

 “un modelo autoritario e hipertecnológico de gestión corporativa del territorio y de la población, donde el país deja de ser una comunidad política con destino propio para convertirse en una plataforma administrada desde afuera”.

La cuestión de fondo

En un país dependiente, con un desarrollo económico y social torcido, distorsionado y contradictorio como el nuestro, no existe posibilidad histórica de iniciar un camino hacia un verdadero proyecto nacional sin Fuerzas Armadas consustanciadas con su programa estratégico y con la seguridad nacional.

Esta afirmación, que presentamos como tesis central, no es una consigna militarista. Es una verdad de Perogrullo que la dirigencia argentina, colonizada en su pensamiento, ha decidido olvidar. El estado de inconsciencia general respecto a la importancia inmediata de estos temas no solo profundiza el problema, sino que insufla un espíritu de resignación, derrotismo, conformismo y frustración allí donde debieran reinar el entusiasmo, la lealtad, el orgullo y la moral de combate. (…).

A 30 años de la primera soja transgénica:
un experimento masivo a cielo abierto

27 de marzo de 2026

Por Darío Aranda /Tierra viva           

(…) Los mayores ganadores:

– Las grandes empresas de semillas y agrotóxicos. Bayer/Monsanto, Syngenta-ChemChina, Corteva (Dow/DuPont)y BASF.

– Las corporaciones agroexportadoras: Cofco, Cargill, Bunge, Dreyfus, Viterra y AGD.

 Sus aliados locales: las autodenominadas «entidades del agro» (Aapresid, Sociedad Rural, CRA, Coninagro, Federación Agraria), grandes medios de comunicación y periodistas adictosciencia hegemónica y extractiva, gobierno de turno (municipales, provinciales, nacionales).

Un punto de quiebre fue 2008, con la ya histórica Resolución 125. Como nunca antes, «el campo» se volvió tema de agenda nacional y discusión pública. De repente, habitantes de ciudades que solo tenían tierra en macetas salieron en defensa de empresarios millonarios con miles de hectáreas en las zonas más caras del país.

El agronegocio salió triunfador de una disputa donde el eje de la discusión fue quién se quedaba con una porción más de la torta, quién capturaba más «renta». Ninguno de los sectores en disputa puso en discusión lo central: el modelo agropecuario.

Un modelo con amplias consecuencias

Entre 2002 y 2018 se perdieron 83.000 chacras. Es una forma de decir de cómo los más grandes se comieron (o mataron) a los más pequeños. Cambió la estructura agraria del país. El desierto verde y el vaciamiento del campo avanzaron tan rápido como la especulación de los pooles de siembra y los productores que solo priorizaban los dólares de Europa y Asia. Argentina cosechó cada vez menos alimentos para el mercado local, y produjo cada vez más commodities para los chanchos y aves de Asia y Europa.

El capitalismo agrario mostró su rostro, y su hacer, sin piedad

–  Miles de familias campesinas e indígenas desalojadas de sus territorios de vida.

– Ocho millones de hectáreas de monte nativo arrasadas ubicaron a Argentina entre los primeros cinco países en destrucción de bosques.

– Judicialización, represión y asesinatos en el campo. Entre los casos más extremos (no los únicos): los crímenes de Sandra Ely JuárezCristian Ferreyra y Miguel Galván.

– Contaminación. Se confirmó la contaminación con agrotóxicos se suelos, aire, agua y cuerpos, incluso de personas que viven en ciudades. Se hicieron común situaciones distópicas como la presencia de más agroquímicos en el río Paraná que en un campo sojero, o agua de lluvia con glifosato —por tanto venenos en la atmósfera—.

– Más de 1.000 estudios científicos confirman las consecuencias del glifosato (es sólo uno de las decenas de agroquímicos utilizados).

– La epidemia de enfermedades vinculadas a los agroquímicos se multiplican en las zonas con uso masivo de venenos. Una de las pruebas más contundentes es el trabajo del Instituto de Salud Socioambiental de la Universidad de Ciencias Médicas de Rosario (UNR). Durante siete años visitó ocho localidades de Santa Fe y confirmó un combo de enfermedades vinculadas a los agrotóxicos: cáncer, abortos espontáneos, enfermedades renales, malformaciones, problemas endócrinos e hipotiroidismo. La investigación, publicada en la revista científica internacional Clinical Epidemiology and Global Health (Epidemiología Clínica y Salud Global), da cuenta del riesgo: los jóvenes que viven en pueblos fumigados tienen 250 por ciento más posibilidades de padecer cáncer de aquellos que no viven en pueblos del agronegocio.

Engranajes del modelo

El aparato propagandístico creció a la par de las hectáreas fumigadas. Los diarios La Nación Clarín fueron pioneros, pero no los únicos: radios, sitios web, «periodistas especializados», programas de televisión. Todo un aparato mediático al servicio del agro transgénico, financiado por… las empresas transgénicas.

Sector hegemónicos de «la ciencia» estuvieron al servicio del modelo. Desde el Ministerio de Ciencia hasta el Conicet y universidades nacionales. Casos obscenos:

– El ministro Lino Barañao afirmó que el glifosato era como «agua con sal».

– La «reconocida» científica Raquel Chan —financiada por Conicet, Universidad del Litoral y la empresa Bioceres— corresponsable de que las familias argentinas sean las primeras en el mundo en comer trigo transgénico, cultivado con el peligroso herbicida glufosinato de amonio.

– La Facultad de Agronomía de Buenos Aires (Fauba) financiada abiertamente por multinacionales del agro.

– La Comisión Nacional de Biotecnología (Conabia), espacio «científico-técnico» que aprueba los transgénicos funcionó escondida durante dos décadas. Sus integrantes e informes eran confidenciales. Hasta que salió a la luz los nombres de la corrupción científica: en Argentina, las propias empresas que venden los transgénicos son las mismas que los aprueban, ya sea con sus empleados directos o con científicos y funcionarios adictos. Ya llevan aprobados más de 90 semillas transgénicas (soja, maíz, papa, algodón, alfalfa, trigo), siempre en base a estudios de las propias multinacionales que las comercializan.

Luchar y sembrar vida

«Disculpen las molestias, estamos bloqueando un genocidio», explica la bandera colgada en el predio donde Monsanto, la mayor multinacional del agro, construye su planta de maíz transgénico. Año 2012. Localidad de Malvinas Argentinas, Córdoba.

Y se inicia una lucha que transcurriría durante cuatro años e incluiría represiones, judicialización, peleas de familias y de vecinos, más represiones, manejos clientelares del municipio y la gobernación. Se padeció mucho. El objetivo de los vecinos y vecinas: que la corporación no se instale: «No a Monsanto en Córdoba y América Latina», fue una bandera de la lucha.

Llegaban investigadores y periodistas de diversas partes del mundo para ver cómo era el pequeño pueblo que estaba dando esa batalla, encarnada en el protagonismo de la Asamblea Malvinas Lucha por la Vida.

Luego de cuatro años, bloqueo de la fábrica mediante y paralización de la construcción, Monsanto se fue de Malvinas Argentinas. Corrección: Monsanto fue echada de Malvinas Argentinas.

Es, sin dudas, una de las mayores victorias contra el agronegocio. Pero no la única:

– Movimientos campesinosindígenas y organizaciones que resisten al agronegocio y siembran otro modelo.

– Organizaciones y asambleas que denuncian a los fumigadoreslos llevan a juiciologran condenas y construyen agroecología.

– Las miles de hectáreas de producción sin venenos, la recuperación de tierras militares donde hoy se construye comunidad, las escuelas campesinas, la expropiación de tierras a multinacionales y las colonias agroecológicas.

– Las más de 60 Cátedras de Soberanía Alimentaria en universidades públicas y la ciencia digna para el bienestar del pueblo.

De marzo de 1996 a marzo de 2026. Tres décadas de un modelo transgénico con innegables y amplias consecuencias sociales, ambientales y sanitarias. Pero también tres décadas de rebeldías colectivas que sembraron, y siembran, vida y dignidad.

*«Un experimento a cielo abierto». Definición de Andrés Carrasco para referirse al agronegocio y el modelo a base de agrotóxicos.

Fuente: https://agenciatierraviva.com.ar/a-30-anos-de-la-primera-soja-transgenica-un-experimento-masivo-a-cielo-abierto/

Francisco Santucho

¿Qué es el fetichismo del Derecho?

Amador Fernández Savarter

La idea de que el derecho define una sociedad, un estado de sociedad, cuando sólo es el resultado de una serie de conflictos sociales.

El derecho laboral, por ejemplo, nace del conflicto entre estrategias patronales y sindicales, de las luchas obreras, ¡no se autoproduce desde el universo puro del Derecho!

El derecho puede tener algún tipo de efectividad estratégica emancipadora si se apoya, si arraiga, si se activa en y desde una fuerza que no pertenece al mundo del derecho, sino de los contrapoderes sociales, históricos. Los colectivos de trabajadores en el caso del derecho a huelga, los movimientos anticoloniales e internacionalistas en el caso del derecho internacional, los movimientos de mujeres en el caso del derecho al aborto, etc.

Primero es la resistencia, luego su codificación en términos de derecho. Ese derecho codificado es operativo si y sólo si es actualizado por una nueva resistencia. El cortafuegos necesita otro cortafuegos detrás.

Los lamentos sobre la ineficacia del derecho internacional para detener a los trump, putin o netanyahu revela una incomprensión total de la naturaleza de las cosas que es parte de nuestro problema actual. Las ideas flácidas sobre la democracia, las instituciones, la ley, como universo autorreferencial, autoproducido, primero.

Y además son lágrimas de cocodrilo cuando vienen de la parte de quienes se han dedicado a desmantelar el cortafuegos social que requiere el cortafuegos del derecho para funcionar.

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