Planteemos nexos entre las “zonas de sacrificio” y la criminalización de los desposeídos
Ubiquémonos mediante la explicación de Ana Carrasco-Conde (25/12/2025 La Marea) respecto a lo que tienen en común dos conflictos tan distintos como la ocupación marroquí del Sáhara Occidental y el genocidio actual en Gaza. Para preguntar y contestar:
“¿Qué es lo colonial?, ¿qué es la colonización? ¿y qué es lo colonizado? (…)
Es poder, abuso, extracción, deshumanización, muerte y negación. Lo colonizado es lo desposeído, lo tratado como inferior, lo que no tiene derechos, lo salvaje. Pero no, lo salvaje es lo colonizador que arrasa con toda cultura y civilización. No hay virtud alguna en lo colonizador. No es mejor. Cosifica a las personas, desintegra culturas, roba tierras y aniquila posibilidades.
La lógica colonial es la lógica del avasallamiento, de la muerte y de la negación de los derechos de los otros sobre su propia tierra, de la que son desposeídos al mismo tiempo que son «poseídos» por un sentimiento de inferioridad. Es la lógica de la negación de la civilización porque deshumaniza a otros pueblos y a otras culturas, a otros modos de ser, de creer, de vivir, y puede por ello acabar con ellos amparados en la creencia de que están en su derecho. La lógica colonial es otra perspectiva para entender el mal: la relacionada con los que están convencidos de que pueden ocupar, sin posibilidad de reconocimiento de la alteridad, la tierra de otros, desposeerles de su hogar y desahuciarles de la vida. Es la lógica de la escuadra y el cartabón, de los autodenominados «civilizados» de la historia, del reparto en el que no hay parte ni nada se comparte para los pueblos que cultivaron y habitaron la tierra que se disputa. (…)
Esta es la tragedia del siglo XXI: la consolidación e interiorización silenciosa de una estructura de corte fascista donde afirmar la existencia pasa por negar los derechos del otro y destruirlo. No se olvide que, como indicó Hannah Arendt, colonialismo, imperialismo y fascismo van de la mano.
Adoptemos la conclusión de Ana Carrasco-Conde para enfocar la consolidación e interiorización silenciosa de una estructura de corte fascista en las oficializadas como “zonas de sacrificio” del régimen extractivista o modo único de acumulación del establishment transnacional y transnacionalizado en el Abya Yala y todo el Sur Global.
Descubramos su realidad complementaria en la criminalización de los desposeídos de todos sus derechos por ese avance expropiador y mercantilizador de los bienes comunes tanto sociales como naturales.
Desde abajo a la izquierda nos indignamos recién cuando toda una provincia defiende el territorio para la vida y no para súper negocios desertificadores del 2%. O ante leyes que preferimos atender en vez de mirar por el ejercicio concreto de la omnipotencia del establishment ‘democratizada’ por el fraudulento balotaje del 2023 al contener sus planes de gobierno y los dos candidatos haciendo público su compromiso de gestionarlos sea como sea.
Protestamos ante significados e implicancias de la ley de bajar la imputabilidad a 14 años cuando sólo aporta consenso (por creencia en la democracia sin reparar que es esencialmente antisubversiva) a la profundización en la ejecución de la criminalización que se implantó contra los desposeídos por el Consenso de Washington. Éste reforzó al régimen latifundista convirtiéndolo en régimen extractivista. Fue en los noventa por el gobierno del PJ bajo liderazgo de Carlos Menem que incorporó al nefasto e impune Domingo Cavallo quien lo implementó y condenó a la miseria, también, a las y los jubilados pensionados. Que complementó Néstor Kirchner al aumentar del 17% con la jubilación mínima o de miseria a casi el 80% de la ancianidad.
Cuestionemos a Claudio Katz, quien se auto presenta como bien fundamentado intelectual revolucionario y con la justificación de que vivimos tiempos antisubversivos: argumenta a favor de las izquierdas electoraleras. Todavía peor, siendo economista convoca a confrontar no al establishment y su Estado sino con:
“el avance de la derecha es el dato dominante en el mundo y, por lo tanto, también en América Latina; y acá tenemos una derecha distinta, pero emparentada con la de Europa y de Estados Unidos, que no es el fascismo clásico y que no conviene interpretarla en términos de mero populismo. Pero la prioridad de batallar contra esa derecha con una decisión, con acción por abajo, movilización popular, y la contundencia que nos legaron Chávez o Fidel y no las vacilaciones que predominan en la actualidad. Especialmente en los distintos exponentes del progresismo, que no solo incumplen las promesas de sus gobiernos permitiendo que la derecha recobre permanentemente fuerza, sino que frente a la derecha no muestran decisión. La izquierda necesita audacia, convicción y exponer con nitidez un programa y una estrategia porque no alcanza simplemente con luchar. (…)
Se sitúa de espaldas a la aceleración e intensificación, sobre todo desde el 2019 en Sudamérica, de la expropiación y mercantilización de territorios. Que es menospreciar el aumento de las “zonas de sacrificio” y criminalización de los desposeídos de todos sus derechos por el avance neoliberal. Pero, sobre todo, no percibe la resistencia palestina como causa común de todos los pueblos planetarios y en especial los del Sur Global. De modo que desprecia a las autoorganizadas defensas y recuperaciones comunalizadas de los territorios de Argentina para la vida humana/no humana y la dignidad de los pueblos de nuestro país.