Historiemos la reforma laboral en el Abya Yala y en Argentina

“El impacto de la informalidad, sumado al de la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, es fundamental para entender por qué debemos estar alertas al ‘fenómeno del trabajador pobre’, es decir de aquellas personas que aun teniendo un empleo, incluso un empleo formal, pueden encontrarse en situación de pobreza”, explicó Roxana Maurizio, economista laboral de la Oficina Regional de la OIT.

Esta línea fue continuada y profundizada por los sucesivos gobiernos que, legalizaron la flexibilidad y la tercerización laboral, consolidando de este modo, el ataque del capital al trabajo, que intenta en todo momento disciplinar a los trabajadores, con el objeto de ir aumentando la tasa de ganancia. La década del noventa, también está signada por un marco regional que es el del Consenso de Washington, donde se suma el proceso de privatizaciones, que fueron la punta de lanza de la profundización de este cambio en las relaciones laborales. Y en este contexto, los empleados ferroviarios sufren fuertes procesos de tercerización, flexibilización junto a miles de pérdidas de puestos de trabajo; a esto se sumó la reforma laboral.

La desocupación en los años 90 generó en ese momento un disciplinamiento muy fuerte que condicionó muy negativamente las posibilidades de organización y lucha. Un sector importante del sindicalismo hizo negocios con las reformas neoliberales, lo cual afectó sus propias bases, siendo un ejemplo destacado de esto, el extinto secretario de la Unión Ferroviaria José Pedraza. El juicio contra los responsables materiales del crimen de Mariano expuso el entramado de negocios, complicidades, la organización interna del sindicato, y el disciplinamiento a los propios trabajadores: toda una trama que afecta profundamente la posibilidad de organización sindical, y la posibilidad de militancia en los lugares de trabajo.  La histórica estructura del movimiento sindical y la transformación social de las últimas décadas terminó con algunos de los líderes convertidos en sindicalistas empresarios que, en lugar de defender a los trabajadores defienden los intereses patronales intentando disciplinar a sus bases. 

La no registración de las relaciones laborales se encuentra existente en el empleo “en negro” que se concentra en las pymes, la tercerización laboral que ha sido adoptada por las grandes empresas y por el Estado, y los empleados monotributistas. Todos éstos se encuentran desprotegidos frente a las contingencias del trabajo y además perciben salarios menores que los de sus pares registrados. Es evidente que, en las últimas décadas, la tercerización y la subcontratación laboral se han transformado en las estrategias centrales utilizadas por el sector empresario para motorizar el proceso de flexibilización.

La tercerización es el resultado de una transformación profunda de los procesos productivos, que llevó a las empresas a delegar parte de sus tareas a otras compañías para ganar competitividad a través de la reducción de los costos laborales. Tiene un efecto disciplinador sobre la fuerza de trabajo, los trabajadores marginados conviven en el mismo espacio laboral con los registrados, pero con condiciones muy diferentes, estorbando las posibilidades de generar una identidad colectiva. Los trabajadores subcontratados, aunque hacen las mismas tareas y funciones que los de planta, llegan a tener salarios muy inferiores, al tiempo que tienen escasos derechos laborales y una mayor dificultad para organizarse. Limpieza, vigilancia y mensajería son las actividades más clásicas de tercerización, puesto que se consideran tareas periféricas. Pero también existen situaciones de subcontratación dentro de las propias líneas productivas o de servicios.

Es importante destacar que las actuales normativas respecto de la tercerización siguen siendo las mismas que se aprobaron durante la década menemista. Asimismo, los supuestos logros del periodo K del consenso de los commodities fueron en la cantidad de empleo, pero no en la calidad del empleo. Uno de cada tres trabajadores se encuentra en la informalidad, mientras que una parte importante de los asalariados formales tienen una relación contractual precaria. Este tipo de relación laboral no genera beneficio económico para el conjunto de la sociedad, pero lo que sí genera es una fragmentación del colectivo laboral. Los objetivos son reducir costos, acrecentar las utilidades y también debilitar al movimiento obrero; no afecta sólo a los tercerizados, sino que como sucede con otras formas de precarización laboral, la debilidad de un grupo de trabajadores es también una amenaza para el colectivo. La tasa de ganancias es claramente el objetivo empresario, pero también es fortalecer al capital en su relación con el trabajo con la fragmentación, brindándole un enorme poder. (…)

Fuente: https://huelladelsur.ar/2021/10/20/tercerizacion-y-flexibilizacion-laboral-en-nuestros-trenes-mariano-ferreyra-su-emergente/