4) Agosto-2026

Qué Abya Yala

«Esta ofensiva busca fragmentar la organización comunitaria, debilitar las asambleas, dividir a los pueblos, mercantilizar la tierra y convertir el agua, los minerales, los bosques y la biodiversidad en mercancías. La violencia contra los defensores del territorio, las desapariciones, el desplazamiento forzado, la presencia del crimen organizado y la creciente militarización forman parte de una misma estrategia que pretende garantizar el control de los territorios para los intereses económicos del capital mundial y trasnacional.»

El progresismo:
la inmersión capitalista en la trama comunitaria

21 de agosto de 2026

Por Jesús Cristofer Fuentes Ruiz| Rebelión

Debemos comenzar a cuestionarnos cuáles han sido las implicaciones que ha tenido la llamada cuarta transformación en los territorios originarios, en particular los del sur-sureste del país; donde su presencia no solo se caracteriza por la imposición de megaproyectos, desarticulación de resistencias, crimen organizado, entre otros; sino también y más grave aún, la atomización del tejido social comunitario por la inmersión de los entes políticos en las dinámicas comunales.

Para desmarañar esto, es necesario centrarnos en el estado sureño de Oaxaca y en la llamada “Primavera Oaxaqueña”, misma que ha hecho gala de nepotismo, clientelismo y ha convertido al estado en uno de los más conflictivos por la fuerte concentración de megaproyectos, principalmente en la región del Istmo de Tehuantepec, con la imposición del Corredor Interoceánico; sin dejar de lado los conflictos de las demás regiones, tales como la privatización del agua, el desplazamiento forzado, la gentrificación de los centros urbanos, proyectos inmobiliarios en zonas costeras y mercantilización cultural, subsumiendo los territorios a la lógica capitalista.

Algo fundamental que tenemos que observar es la fuerte desmovilización que trajo consigo la llamada cuarta transformación y la desbandada de movimientos e individuos “en resistencia” que dejó su llegada al poder, ocasionando un proceso de cooptación social de amplios sectores de la población ligados a los programas sociales, los cuales, después de la rapiña neoliberal del PRI y el PAN, habían sido limitados en su repudio a las clases subalternas, mismo que continua latente, a la par de un discurso de aporofobia que cada vez se recrudece más.

Un error muy frecuente es creer que la cuarta transformación es de “izquierda” y sobre todo la creencia de que es diferente a la “derecha”. Lo que sí tenemos que tener claro es que se han apropiado del discurso del movimiento social, levantando el puño, hablando y adscribiéndose del pueblo y del territorio, causando confusión y una permanente defensa de un proyecto nacional que solo deja sobras a los subalternos, contraponiéndolos y despojándolos de su posibilidad de autoorganización.

Los políticos de la primavera oaxaqueña han sido señalados en diferentes ocasiones de corrupción, represión, enriquecimiento ilícito, huachicol, abuso de autoridad, vínculos con el crimen organizado, etc. y, a pesar de esto siguen manteniéndose en el poder; lo más abrupto de ello, no es solamente que sigan reproduciendo estás prácticas, sino que existe una defensa contundente de los políticos de la 4T, por sectores históricamente vulnerados.

Son las organizaciones ligadas a MORENA que se han ido insertando en diferentes rubros sociales, facilitando la implementación de los megaproyectos que perpetuán la valorización de capital, fragmentando comunidades por integrar miembros de la clase política a las prácticas comunitarias; esta cuestión es uno de los procesos más graves que ahora se enfrentan las comunidades, aunado a los megaproyectos y el crimen organizado.

La intromisión de la clase política dentro de las prácticas comunitarias no solo trastoca elementos rituales, sagrados, históricos y de integración social, sino que fragmenta el tejido social comunitario por el cauce de conflictos intracomunitarios, todo por el intento de ganar “adeptos” y legitimidad en la comunidad, convirtiendo en espectáculo el don comunal.

Contrario a la declaratoria del expresidente Andrés Manuel López Obrador con respecto “al fin del neoliberalismo”, la cuarta transformación ha perpetuado las formas de despojo, privatización, represión y ha profundizado el clientelismo con el Estado; la inserción de la clase política en la vida comunitaria no es más que un móvil para facilitar la consolidación de los megaproyectos y eternizar la acumulación de capital.

Ejemplo de esto, puede verse en Istmo de Tehuantepec, donde la reciente aprobación de 2 parques eólicos, “Igú” y “zapoteca de energía”, están colmando las mayordomías de personajes de la clase política, y en otro caso, usurpando la mesa directiva del sitio sagrado Guuze´benda, sitio ubicado a orillas de la Laguna Superior y que, en casual coincidencia, queda dentro del rango de la Eoloeléctrica Zapoteca de energía.

Y sí, esta usurpación es a manos de personajes afines no solo del gobierno municipal sino de la cuarta transformación, quienes, tras el secuestro de la mesa directiva Guuze´benda no solo violaron la forma comunitaria de toma de decisiones sobre los sitios sagrados sino que acompañado de ello, los raptores se han mantenido difamando e intimidando a través de grupos de choque a quienes resguardan el sitio sagrado como parte de su identidad comunitaria y su relación con el territorio; todas estas agresiones bajo el respaldo del presidente municipal de Juchitán y del titular del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca.

Fuente: https://rebelion.org/el-progresismo-la-inmersion-capitalista-en-la-trama-comunitaria/

”.

Imperialismo y América Latina: expropiación,
hegemonía y la lucha por el futuro

15 de agosto de 2026

Por Majid Maleki Meighani| Rebelión

Este artículo es una versión adaptada y ampliada de una sección de mi libro In Defense of Imperialism, actualmente en proceso de publicación. El libro analiza el imperialismo no como un vestigio histórico de la conquista colonial, sino como una estructura cambiante del capitalismo mundial que opera mediante el poder militar, la dependencia financiera, la dominación tecnológica, las relaciones comerciales desiguales y la hegemonía ideológica.

América Latina ofrece uno de los ejemplos más claros de cómo funciona esta estructura. Su historia demuestra que la dominación imperial no se produce únicamente mediante la intervención externa ni puede comprenderse al margen de las relaciones de clase internas. Surge de la interacción entre las estructuras del capitalismo mundial, las clases dominantes nacionales, las instituciones estatales y las luchas populares. El imperialismo debe entenderse, por tanto, como una relación de poder en la que la dominación externa y los intereses de las clases dominantes internas se refuerzan mutuamente, pero en la que ambas dimensiones son también objeto de disputa desde abajo.

América Latina: el laboratorio del imperialismo moderno

América Latina ha sido uno de los principales laboratorios del imperialismo moderno. Desde la conquista colonial europea hasta las formas contemporáneas de dependencia financiera y tecnológica, la región ha experimentado una extracción sistemática de tierras, trabajo y recursos naturales.

La incorporación de América Latina a la economía capitalista mundial creó un patrón que sobrevivió a la independencia formal: economías organizadas en torno a la exportación de materias primas, dependencia de los mercados externos, concentración de la riqueza en manos de las élites nacionales e integración desigual en el capitalismo mundial.

Desde una perspectiva marxista, esta historia refleja la lógica de la acumulación por desposesión. La expansión capitalista ha dependido repetidamente no solo de la producción industrial y del intercambio mercantil, sino también de la apropiación de tierras, la privatización de recursos colectivos, el desplazamiento de comunidades y la transformación de la naturaleza y del trabajo en fuentes de acumulación.

Sin embargo, la dominación imperial no puede reducirse a la extracción económica. El imperialismo moderno requiere también la producción de consentimiento. Opera mediante lo que Antonio Gramsci denominó hegemonía: la capacidad de los grupos dominantes para presentar sus intereses particulares como universales e inevitables.

La transformación neoliberal de América Latina no fue, por tanto, simplemente un programa económico. Fue también un proyecto cultural e ideológico. La privatización, la desregulación y la supremacía del mercado fueron promovidas no solo a través de las instituciones financieras, sino también mediante universidades, redes de medios de comunicación, centros de pensamiento y élites intelectuales que contribuyeron a construir la idea de que «no había alternativa».

El experimento neoliberal chileno posterior a 1973 demuestra este proceso. La influencia de la Escuela de Chicago no se limitó a la política económica; contribuyó a una reestructuración más amplia de la sociedad al redefinir la relación entre ciudadanía, mercado y Estado, al tiempo que reducía el control democrático sobre la vida económica.

La Doctrina Monroe y la arquitectura del poder regional

La historia de la dominación estadounidense en América Latina suele remontarse a la Doctrina Monroe de 1823. Aunque inicialmente fue presentada como una oposición a la intervención colonial europea, gradualmente se convirtió en el fundamento ideológico de la pretensión de Washington de ejercer una posición de supremacía regional.

A lo largo de los siglos XIX y XX, Estados Unidos recurrió a la presión económica, la intervención militar, la influencia diplomática y las operaciones encubiertas para defender sus intereses estratégicos en el hemisferio.

Sin embargo, un análisis serio del imperialismo debe ir más allá de una simple oposición entre dominación externa e inocencia interna. Históricamente, la intervención extranjera ha dependido de alianzas con élites nacionales cuyos intereses se veían amenazados por los movimientos populares y las reformas redistributivas.

El derrocamiento de Jacobo Árbenz en Guatemala en 1954 ilustra esta interacción. La operación respaldada por la CIA estuvo estrechamente vinculada a los intereses de la United Fruit Company, que se oponía a la reforma agraria. Pero el golpe también contó con el apoyo de las élites terratenientes y de sectores militares guatemaltecos que consideraban las reformas sociales una amenaza para su posición de clase.

El mismo patrón apareció en Chile en 1973. El derrocamiento de Salvador Allende no fue simplemente una intervención extranjera organizada por Washington. Fue también una contraofensiva de clase protagonizada por sectores de la burguesía chilena, grupos empresariales, terratenientes y élites militares contra un gobierno que buscaba ampliar la propiedad pública y fortalecer la participación popular.

La dictadura de Augusto Pinochet que siguió se convirtió en un laboratorio de reestructuración neoliberal. La privatización, la desregulación, la liberalización financiera y los ataques contra las organizaciones sindicales no fueron únicamente reformas económicas; fueron mecanismos para reorganizar las relaciones de poder entre las clases.

La lección es más amplia que cualquiera de las interpretaciones nacionalistas o puramente externalistas del imperialismo. El poder imperial no sustituye simplemente a las clases dominantes nacionales. A menudo opera a través de ellas, incorporando sus intereses a una estructura más amplia de acumulación mundial.

La deuda: un mecanismo de dependencia y disciplina de clase

En la década de 1980, los mecanismos financieros comenzaron a complementar las formas más directas de intervención. La crisis de la deuda latinoamericana convirtió a instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en actores centrales de la reestructuración de las economías nacionales.

Los programas de ajuste estructural exigieron privatizaciones, liberalización comercial, reducción del gasto público y retirada de la intervención estatal. Presentadas como soluciones técnicas, estas políticas transformaron las relaciones sociales en favor del capital financiero.

Los activos públicos fueron transferidos a manos privadas, se debilitaron las protecciones laborales y se desmantelaron conquistas sociales obtenidas durante las décadas anteriores. La deuda se convirtió no solo en una obligación económica, sino también en un mecanismo de disciplina política que limitaba las opciones disponibles para los gobiernos y las sociedades.

Los políticos, economistas y empresarios nacionales también participaron activamente en la reestructuración neoliberal porque esta servía a sus propios intereses de clase. Esta interacción entre el poder financiero externo y los intereses de las clases dominantes nacionales resulta esencial para comprender cómo se reproduce la dependencia.

Al mismo tiempo, estas políticas generaron resistencia. Trabajadores, estudiantes, comunidades indígenas y movimientos sociales desafiaron la privatización de los bienes públicos y el desmantelamiento de las protecciones sociales.

La historia latinoamericana demuestra así que el poder imperial puede imponer fuertes restricciones sin eliminar la capacidad de acción política. La reproducción de la dependencia genera continuamente conflictos en torno a quién controla los recursos, las instituciones y la orientación del desarrollo económico.(…)

Más allá del cambio de gobierno: el papel de los movimientos populares

Una de las lecciones más importantes de la historia latinoamericana es que la transformación social no procede únicamente de los gobiernos. Los Estados pueden abrir oportunidades políticas, pero los cambios duraderos dependen de la organización y del poder de la sociedad desde abajo.

A lo largo de la región, los movimientos obreros, las comunidades indígenas, las organizaciones feministas y las luchas ecologistas han desafiado repetidamente tanto la dominación imperial como a las élites nacionales.

El levantamiento boliviano contra la privatización del agua en Cochabamba en 2000 demostró que la movilización popular podía derrotar políticas respaldadas por instituciones financieras internacionales y corporaciones multinacionales. La lucha no se dirigía únicamente contra un acuerdo específico de privatización; era también una defensa más amplia de los derechos colectivos frente a la expansión de la lógica mercantil sobre recursos esenciales.

En Argentina, los sindicatos, las asambleas barriales y los movimientos sociales han desempeñado un papel central en la resistencia a las políticas de austeridad y en el cuestionamiento de la agenda neoliberal representada por el gobierno de Javier Milei. Estas luchas demuestran que incluso en períodos de avance conservador la sociedad conserva la capacidad de generar alternativas políticas.

Los movimientos ecologistas de Brasil y de otros países también han cuestionado los modelos de desarrollo basados en el extractivismo. Las comunidades indígenas que defienden bosques, ríos y territorios plantean una cuestión fundamental: ¿desarrollo para quién y a qué costo social y ecológico?

Estos movimientos revelan una dimensión crucial de la lucha antiimperialista. La resistencia no consiste únicamente en defender la soberanía nacional frente a las potencias extranjeras; también implica transformar las relaciones sociales internas mediante las cuales se reproducen las formas globales de dominación.

El imperialismo en un mundo multipolar

El ascenso de China, la expansión de los BRICS y la creciente presencia de otras potencias mundiales han transformado la posición de América Latina en el sistema internacional. La región ya no opera dentro del mismo orden centrado en Estados Unidos y carente de un desafío significativo que caracterizó buena parte del siglo XX.

Este cambio crea nuevas oportunidades, pero también nuevas contradicciones.

Las inversiones chinas en infraestructura, energía, minería y agricultura han proporcionado a los países latinoamericanos alternativas frente a las tradicionales instituciones financieras occidentales. Han ampliado el margen de negociación de algunos gobiernos y reducido su dependencia exclusiva de Washington.

Sin embargo, una perspectiva crítica debe preguntarse también si estas nuevas relaciones transforman la dependencia o simplemente la reproducen bajo otra forma. En muchos casos, la demanda china continúa concentrándose en materias primas como la soja, el cobre, el litio y el petróleo. Si América Latina sigue siendo principalmente exportadora de materias primas, sustituir un mercado externo por otro no permitirá superar la dependencia estructural.

La multipolaridad, por tanto, no debe confundirse con emancipación. El declive de la hegemonía unilateral de Estados Unidos modifica las condiciones en las que opera el poder imperial, pero no elimina las estructuras subyacentes de acumulación desigual. Las nuevas alternativas geopolíticas pueden ampliar el margen de maniobra de los Estados periféricos y semiperiféricos, pero también pueden reproducir relaciones asimétricas de comercio, inversión y extracción de recursos.

La tarea de las fuerzas progresistas no consiste, por tanto, en sustituir una potencia dominante por otra, sino en aprovechar las contradicciones geopolíticas para ampliar el control democrático sobre los recursos, la producción y la toma de decisiones económicas.(…)

Conclusión: imperialismo y posibilidad de cambio histórico

La historia de América Latina demuestra que el imperialismo no es ni simplemente una fuerza externa ni una estructura autónoma que opera por encima de la sociedad. Es una relación de poder producida mediante la interacción de relaciones económicas mundiales desiguales, instituciones políticas, intereses de clase nacionales, hegemonía ideológica y resistencia popular.

Esta distinción es fundamental. Si el imperialismo se entiende únicamente como dominación externa, las clases dominantes nacionales desaparecen del análisis y la soberanía nacional se convierte en la principal medida de la emancipación. Si se entiende únicamente como una estructura global impersonal, desaparece la capacidad de acción de los Estados, las clases y los movimientos sociales. Ninguno de los dos enfoques es suficiente.

El imperialismo se reproduce precisamente mediante la articulación de estos distintos niveles. El capital global opera a través de los mercados, las instituciones financieras, las tecnologías y el poder geopolítico, pero sus efectos están mediados por los Estados y las coaliciones de clase nacionales. Al mismo tiempo, las contradicciones generadas por este sistema crean espacios para la resistencia colectiva y la transformación política.

La historia de América Latina no es, por tanto, únicamente una historia de intervenciones, golpes de Estado y dependencia. Es también una historia de rebelión, resistencia e imaginación política colectiva.

Superar el imperialismo exige algo más que cambiar gobiernos o negociar mejores condiciones dentro del orden existente. Requiere transformar las relaciones mediante las cuales se reproducen la acumulación mundial y el poder de clase interno, al mismo tiempo que se construyen formas democráticas de poder social capaces de reconfigurar ambas dimensiones.

El futuro de América Latina no estará determinado únicamente por Washington, Pekín, las instituciones financieras o las corporaciones multinacionales. También dependerá de si los trabajadores, las comunidades indígenas, los movimientos sociales y las fuerzas democráticas son capaces de convertir la resistencia política en un poder social duradero.

El imperialismo se adapta a las condiciones cambiantes, y la resistencia también. La cuestión histórica central, por tanto, no es si las estructuras de dominación desaparecerán por sí solas, sino si las fuerzas sociales que se enfrentan a ellas serán capaces de transformar las relaciones que las reproducen.

La dialéctica entre dominación y emancipación permanece abierta.

Fuente: https://rebelion.org/imperialismo-y-america-latina-expropiacion-hegemonia-y-la-lucha-por-el-futuro/

Congreso Nacional Indígena

Encuentro Nacional de las Resistencias en Defensa del Territorio, el Agua, la Vida y contra la Minería

*CONVOCATORIA*

Los pueblos originarios, comunidades campesinas, autoridades comunitarias, organizaciones sociales, colectivos y procesos de resistencia que defendemos el territorio convocamos al Encuentro de Resistencias por la Defensa del Territorio, el Agua, la Vida y contra la Minería, que se realizará los días 22 y 23 de agosto de 2026 en el Centro de Formación para la Autonomía Teocentli, en Santa María Coapan, Tehuacán, Puebla.

Vivimos un momento de profunda amenaza para nuestros pueblos. La guerra que hoy enfrentan los pueblos originarios ya no se expresa únicamente mediante la ocupación militar o la violencia armada; también avanza a través del despojo legalizado, la imposición de megaproyectos, la expansión de la minería, los corredores industriales o polos de desarrollo, la privatización del agua, la criminalización de quienes defienden sus territorios y la ruptura del tejido comunitario. Bajo el amparo de tratados comerciales como el T-MEC, los territorios son concebidos como espacios para la extracción de bienes naturales y no como lugares donde habitan pueblos con historia, cultura, memoria y derechos colectivos.

Esta ofensiva busca fragmentar la organización comunitaria, debilitar las asambleas, dividir a los pueblos, mercantilizar la tierra y convertir el agua, los minerales, los bosques y la biodiversidad en mercancías. La violencia contra los defensores del territorio, las desapariciones, el desplazamiento forzado, la presencia del crimen organizado y la creciente militarización forman parte de una misma estrategia que pretende garantizar el control de los territorios para los intereses económicos del capital mundial y trasnacional.

Frente a ello, este encuentro nace de la palabra colectiva construida durante años de resistencia. Es resultado de los foros, asambleas y procesos de articulación impulsados desde Oaxaca, Puebla y otras regiones del país para enfrentar el avance del extractivismo y fortalecer la defensa de la vida. Da continuidad al camino iniciado con el Primer Foro en Defensa del Territorio en 2018, seguido por los encuentros en Santiago Chazumba, Zapotitlán Salinas, Reyes Metzontla, Chila de las Flores, San José Chichihualtepec y las diversas asambleas regionales que han permitido construir una agenda común entre los pueblos.

Nos reuniremos también en el marco de los ocho años de la desaparición de Sergio Rivera Hernández, defensor del territorio e integrante del Movimiento Agrario Indígena Zapatista (MAIZ), cuya ausencia continúa siendo un recordatorio de la impunidad que enfrentan quienes defienden la vida. Del mismo modo, este encuentro responde a las agresiones, amenazas, campañas de hostigamiento y persecución política contra comunidades y organizaciones indígenas, reafirmando nuestro compromiso con la autonomía, la libre determinación y la defensa de los derechos colectivos.

El Centro de Formación para la Autonomía Teocentli surge como una iniciativa de los pueblos para fortalecer la formación política, el intercambio de experiencias, la comunicación comunitaria, la organización territorial y la construcción de alternativas desde abajo. Durante estos dos días será un espacio de encuentro para compartir experiencias de resistencia, analizar el contexto nacional e internacional, fortalecer alianzas y construir un Plan de Acción Conjunto frente a la expansión de la minería, el despojo territorial y la guerra que atraviesan nuestros pueblos.

Sabemos que la defensa del territorio no puede reducirse a resistir proyecto por proyecto. Hoy es indispensable fortalecer la articulación entre pueblos, comunidades, organizaciones y procesos de lucha para reconstruir el tejido comunitario, defender nuestros bienes comunes, ejercer nuestros derechos colectivos y avanzar hacia formas de autonomía que garanticen la permanencia de nuestros pueblos.

Convocamos a las comunidades, autoridades agrarias, organizaciones sociales, colectivos, jóvenes, mujeres, medios de comunicación comunitarios, investigadores comprometidos y a todas las personas que luchan por la vida a participar en este Encuentro de Resistencias.

Sábado 22 de agosto – Encuentro de Resistencias

Centro de Formación para la Autonomía Teocentli (…)

¡Alto a la guerra contra los pueblos originarios!

¡Nunca más un México sin sus pueblos!

https://wp.me/p8qHTQ-3i1

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