VII. Fuera Mekorot!y ¡no! a la patrimonialización

«Los antecedentes del Programa de la Hidrovía Paraná Paraguay se remontan a 1969, año en que se firmó el Tratado de la Cuenca del Plata. En el marco de ese Tratado los cancilleres de Argentina, Paraguay, Brasil, Uruguay y Bolivia declararon, en 1987, como de vital interés el desarrollo del sistema fluvial de los ríos Paraná y Paraguay.  Esta declaración finalmente se consagra en acción a través del Programa de la Hidrovía, el cual se encuentra plasmado en el Acuerdo de Transporte Fluvial de 1992, donde asimismo se dispuso la creación de un órgano coordinador denominado Comité Intergubernamental de la Hidrovía Paraná Paraguay, encargado de coordinar, proponer, promover, evaluar, definir y ejecutar las acciones identificadas por los Estados Partes respecto del mencionado Programa. (…)»

(…) En los últimos años en nuestro país y en los demás países que conforman la Cuenca del Plata ha avanzado muchísimo la frontera agrícola, y esto ha traído como consecuencia la deforestación, pérdida de bosques nativos y gran pérdida del ecosistema del Cerrado en el caso de Brasil. Esto implica cada día mayor expulsión de pequeños y medianos agricultores, que se ven literalmente corridos por la producción de tipo empresarial a mayor escala. La concentración de grandes empresas, por ejemplo en el área de Rosario, tuvo en los últimos años una inversión millonaria para todo lo que es el complejo aceitero basado en la soja, lo cual trajo aparejado impactos ambientales de consideración por la utilización de agrotóxicos, la repercusión de los mismos sobre el cuidado del suelo y del agua, pérdida de nutrientes, las transformaciones en las áreas urbanas y el deterioro de la calidad de vida de las personas que viven cerca de estas empresas.

Hasta el día de hoy, donde la hidrovía funciona a pleno, en el tramo Santa Fe-Océano, no conocemos que el gobierno haya entregado ni hecho público ningún estudio de impacto ambiental, evaluado como corresponde por la Secretaría de Ambiente de la Nación. Sabemos que se está analizando un estudio de impacto ambiental presentado por la empresa concesionaria del dragado, para la profundización a 36 pies, pero todavía no finaliza el proceso evaluatorio. Mientras tanto, el tramo que desde hace diez años se utiliza intensamente y hoy tiene 34 pies de calado, carece de estudios ambientales a esa profundidad y el Órgano de Control supuestamente se está conformando luego de unos diez años de inexistencia.

Este proyecto ahora se vuelve a reflotar como uno de los ejes de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana, es decir iirsa. Dentro de los diez ejes que plantea la iniciativa iirsa uno es la Hidrovía Paraguay-Paraná; o sea que está enmarcada dentro de este nuevo impulso. Es una serie de megaproyectos que lanzan los doce gobiernos de América del Sur directamente ligados con otra cantidad de proyectos de infraestructura como grandes carreteras e intervenciones propuestas para la región.

La Hidrovía está dentro de este nuevo mapa que se ofrece en la región en cuanto proyecto de infraestructura. Son proyectos con un objetivo de extracción de materias primas desde lugares inaccesibles para que los fletes sean más baratos y que el tiempo de transporte sea lo más rápido posible. En definitiva, es un proyecto para favorecer un modelo de extracción de recursos que justamente no beneficiaría a la población que hoy está en condiciones de pobreza o de marginalidad en nuestros países. Más bien todo lo contrario: esta población será la más afectada, ya sea porque va a ser expulsada o porque los recursos naturales van a quedar cada vez más deteriorados. (…)

la extracción de rocas en el lecho del río Paraguay. Esto se da en un tramo del río donde hay seis puntos en los cuales es necesario extraer lecho rocoso para permitir la navegación ininterrumpida. En dos de esos puntos es necesario sacar las rocas con explosivos; pero en estudios anteriores varios expertos advirtieron que volar rocas en el lecho del río Paraguay podría provocar efectos irreversibles sobre los humedales, tanto aguas arriba como aguas abajo. Si nosotros hablamos de impacto sobre los humedales estamos hablando de impactos directos sobre la gente porque hay muchísima población ribereña, tanto pueblos indígenas como pescadores, que dependen directamente de la productividad biológica de estos humedales y además hay mucha población que se beneficia de la depuración natural que ejercen estos humedales sobre aguas contaminadas. También está la amenaza de que se agraven las grandes inundaciones y sequías, ya que los humedales, y particularmente el Pantanal, actúan como un amortiguador o regulador, aspecto siempre minimizado por los impulsores del proyecto. Entonces si estamos pensando en que habrá daños sobre los humedales significa que va a ser afectada una gran cantidad de gente. En el diseño actual del proyecto, de las obras propuestas de Santa Fe al norte, lo más preocupante es la extracción de rocas en el tramo del río Paraguay entre la ciudad de Asunción y el río Apa. Son aspectos muy críticos que se deberían revisar.

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