Urge independizarnos de izquierdas electoraleras (III)

 

1976 – 2026 Medio siglo del acontecimiento que
prefiguró a sangre y fuego la Argentina de Milei

4 de enero de 2026 | Huella del Sur

(…) Así, a 50 años del intento más feroz por postrar a nuestra Patria poniéndola al servicio de las grandes corporaciones multinacionales, este nuevo mundo multipolar nos enfrenta a inéditos desafíos: Ya no se trata sólo de que una clase social prevalezca sobre la otra, sino de tomar conciencia de que la supervivencia de nuestra especie, esclava del paradigma desarrollista del progreso ilimitado, peligra tanto como lo diagnostican numerosos científicos que vaticinan que a este tren de explotación de nuestros bienes comunes el planeta no duraría más de dos siglos. La latitud geopolítica que ocupamos remite a uno de los más codiciables reservorios de riqueza alimentaria de un mundo severamente hambreado. Como ocurre entonces por estas horas con la Venezuela bolivariana en pos del petróleo, el Norte Global – cuya hegemonía hoy disputan comercialmente Estados Unidos y China – hinca impiadosamente sus garras sobre nuestras riquezas. (…)

(…) Los grandes movimientos nacionales del Siglo XX han cumplido su ciclo ofreciendo lo mejor de sí. El compromiso perentorio de una nueva generación comprometida con el cambio revolucionario parecería consistir en 1) ajustar su diagnóstico de la crisis civilizatoria en curso; 2) estudiar las características de un colonialismo en redefinición, a la luz del sistema-mundo que se viene configurando; 3) repensar a la nueva oligarquía volcada a los agronegocios y el extractivismo, que dista mucho de ser aquel patriciado nucleado en torno a la vieja Sociedad Rural; 4) precisar al nuevo sujeto social transformador, que – superada la era metalmecánica e imperando la telemática – seguramente ya no será exclusivamente la clase obrera industrial que protagonizara las transformaciones del pasado sino más bien una clase trabajadora formal e informal; y – obviamente –  5) poner en debate las viejas ideas sobre la toma del poder, a conciencia de que bregar por una sociedad no capitalista en la que impere la Justicia Social constituye una causa absolutamente vigente.(…)

(…) El paro nacional anunciado por la central obrera para el 10 de febrero será una excelente ocasión para sumar nuestros reclamos.

Arranca un año de cruciales definiciones para el futuro de Argentina

Puede decirse que 2025 nos deja al menos dos novedades a las que prestar suma atención.

En relación a la vida institucional, la incompatibilidad creciente entre capitalismo y democracia se ha vuelto tan evidente que, en el caso argentino, algunos analistas – tal el caso del equipo editorial de la Revista Crisis -, a partir del triunfo electoral libertariano del pasado 26 de octubre, atribuible a la desenfadada injerencia de Donald Trump, caracterizan esta etapa lisa y llanamente como post democrática.

Y en el plano político, parecería estarse inaugurando un panorama inédito para lxs nacidxs en la segunda mitad del Siglo XX, consistente en una Argentina post peronista, en tanto y en cuanto el movimiento creado por Juan y Eva Perón, preso de rencillas intestinas y en camino a conurbanizarse, al decir del poeta andaluz Antonio Machado, “no atina a dar la mano con la herida”. Dicho esto último, sin desmedro de que de su actual estancamiento aun pueda surgir alguna sorpresa regresiva como el ascenso del multimillonario predicador electrónico residente en EEUU Dante Guebel, u otra progresiva como el crecimiento del Movimiento Derecho al Futuro abierto a una perspectiva frentista. (…)

(…) En su tercer mandato, el General Perón llevó hasta su límite las posibilidades de coexistencia pacífica entre capital y trabajo, una de cuyas manifestaciones públicas fue el choque con aquella generación motivada por él mismo para ir mucho más allá. El anciano líder tomó nota del cambio de ciclo histórico y de la amenaza que – con su expresión más trágica en el derrocamiento del presidente socialista chileno Salvador Allende – se cernía sobre Nuestra América.  Pero la biología le impidió maniobrar para siquiera menguar el impacto de la debacle que sobrevino a la brevedad. (…)

(…) Lo primero que nos salta a la vista es la reiteración que hace el documento del objetivo: combatir al marxismo, en el que además se habla de estado de guerra y de guerra contra el marxismo.

Cuando Perón habla de marxismo es muy consciente de que su expresión en las filas del peronismo era resultado de la confluencia de procesos muy profundos que se venían desarrollando desde hacía tiempo.

Las políticas de sustitución de importaciones provocaron la emergencia de una nueva clase obrera, extendida y concentrada en grandes fábricas industriales, en las principales ciudades de la Argentina. Hitos que marcaron a toda una generación, como la Resistencia peronista. Y la Revolución cubana que enalteció el imaginario socialista de sectores de masas, especialmente, de la juventud, con gran impacto en la vanguardia y sus partidos, no solo de la propia izquierda, sino también que terminaron de decantar en el peronismo alas a izquierda y a derecha.

Con una tradición combativa, la clase trabajadora profundizó sus métodos de lucha, enfrentando a las dictaduras militares, a las patronales y a la burocracia sindical, con tomas de fábrica, con rehenes, etc., poniendo en pie organismos antiburocráticos, como los cuerpos de delegados y las comisiones internas

La política de Perón en su conjunto se asentaba, por un lado, en el éxito del Pacto social y una serie de leyes que apuntaron a fortalecer el control de la burocracia sindical y fagocitar el poder de las comisiones internas antiburocráticas –como la Ley de Asociaciones Profesionales y la reforma al código penal. Y, por el otro, sobre la base de las patotas al interior de los sindicatos, las organizaciones ultraderechistas, como las que mencionamos que seguían actuando, y la Triple A paraestatal, que asesinó entre 1500 y 2000 activistas, dirigentes y personalidades reconocidas de la izquierda peronista o no peronista. La falta de prestigio de Isabel Perón obligó a acentuar la política represiva por medio de la Triple A y, a partir de febrero del ‘75, ordenando la intervención del Ejército también.

Hoy no hay duda de que Perón fue el artífice de la Triple A, eligiendo a través de decretos suyos –a los que se pueden acceder con facilidad en el Boletín oficial– a cada uno de los que ocuparon la jefatura operativa de la banda paraestatal, la que fue centralizada desde el Ministerio de Bienestar Social con Lopecito –como lo llamaba cariñosamente Perón– y la Policía Federal, a cargo del comisario Alberto Villar. Villar, especializado en contrainsurgencia, por ejemplo, en 1971, fue con sus tropas el represor de la las huelgas y movilizaciones en Córdoba, conocidas como el Viborazo. Pasado a retiro durante el gobierno de Cámpora, regresa al servicio activo por pedido expreso de Perón, a inicios de 1974, que asume el cargo de subjefe y poco después la jefatura de la Policía Federal. (…)

Fuente: https://www.laizquierdadiario.com/50-anos-del-documento-reservado-de-Peron-Rucci-la-Triple-A-y-la-guerra-al-marxismo

(..)De modo tal que, ganando perspectiva, hoy puede considerarse que el último gobierno de facto logró despojarnos de un valioso patrimonio de lucha (repliegue del pensamiento estratégico, erosión del sentido de solidaridad, mengua del rigor organizativo) que nuestro pueblo había acumulado durante casi dos décadas.

El genocidio perpetrado atentó pues contra la materialidad y la subjetividad de los argentinos, puesto que hubo que desaparecer alrededor de 30.000 personas para hacer desaparecer luego el plato de comida de la mesa de las grandes mayorías. La democracia de baja intensidad que sobrevino en 1983 inauguró un período tácitamente acordado entre la clase política y los genocidas en retirada, status quo sólo cuestionado a fondo durante el Argentinazo de 2001. (…)

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