4)Junio-2026

Qué Abya Yala

Historia y presente/ Ofensiva del sistema mundo capitalista / Alternativas emancipatorias

Historia y presente

Seguridad nacional, geopolítica el litio

14 de noviembre de 2022

Por Alejandro Marcó del Pont | El tábano economista

Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos
(Eduardo Galeano)

El concepto “guerra híbrida” se ha popularizado a raíz del conflicto actual entre Rusia y Ucrania. Una guerra híbrida se puede definir como un conjunto de acciones hostiles que lleva a cabo un país contra un rival geopolítico aprovechándose de sus vulnerabilidades con el objetivo de debilitarlo. Es decir, son muchas guerras dentro de una guerra.

La guerra de Rusia–OTAN tiene varios enfrentamientos, uno en territorio ucraniano, otra guerra por la energía, semiconductores, minerales, finanzas, comercio, dispositivos bélicos, información, etc. Aunque la verdadera guerra es contra China, y ya lo hemos señalado en un sin número de ocasiones, y versa por la potestad de imponer y quitar las reglas. Si uno las impone es unipolar, si hay que consensuarlas es multipolar.

Los estudiosos coinciden en que las amenazas híbridas han venido para quedarse y se han convertido en los principales protagonistas de los conflictos, aunque existe el riesgo real de que una guerra híbrida termine descontrolándose y derivando en una guerra convencional. Las declaraciones públicas de Occidente suelen ser las de destruir, quebrar, aniquilar, asfixiar a las economías oponentes. Un buen atajo a esta pelea son las batallas geográficas. Es decir, aquellos lugares donde se pueda coartar el abastecimiento de ciertos insumos básicos para las potencias enemiga, adquiriendo o monopolizando los recursos naturales en la disputa, a nombre de la seguridad nacional.

El ministro de Industria canadiense, François-Philippe Champagne, sentenció que la demanda por los minerales críticos confiere a su país una “oportunidad económica generacional”, por lo que Canadá ordenó la venta de inversiones que empresas extranjeras tengan en empresas canadienses de minerales, según Innovación, Ciencia y Desarrollo Económico Canadá. Y lo hizo con tres grupos chinos: Sinomine (Hong Kong) Rare Metals Resources Co., Limited debe deshacerse de su inversión en Power Metals Corp. Chengze Lithium International Limited debe hacer lo mismo con su inversión en Lithium Chile Inc. y Zangge Mining Investment Co. debe traspasar sus acciones en Ultra Lithium Inc.

Obligar a las empresas chinas a desinvertir sus tenencias de las empresas de minerales críticos de Canadá es posterior a que la revisión de espionaje y defensa concluyera que tales inversiones constituían una amenaza a su seguridad nacional. Lingüísticamente es dar la bienvenida a las inversiones foráneas directas de empresas que “compartan nuestros intereses y valores, es decir, occidentales y, de ser posible, estadounidenses.

La guerra multidimensional de EU contra China, según el libro Guerra multidimensional entre Estados Unidos y China, de Alfredo Jalife-Rahme, se inició con los tratados comerciales de Obama contra China y su fallido TPP, prosiguió con Trump mediante la 5G de Huawei, y se acentuó con la Guerra de los Chips de Biden, o la guerra del litio, en la que Beijing lleva la delantera de las adquisiciones desde Sudamérica hasta México.

Esta idea de poner leyes, reglas adaptadas a Occidente, delinearlas e incumplirlas, esta potestad del derecho fueron objetivos geopolíticos de Estados Unidos en cualquiera de sus guerras que suelen traducirse en grandes cruzadas civilizatorias, siempre sustentadas en leyes internas con un pretendido alcance universal. Como describió el experto en relaciones internacionales Juan Tokatlian, mientras que EU en los años 90 se auto-asignó el papel de “cruzado internacional en materia de drogas”, después de los atentados a las Torres Gemelas de 2001 se lanzó a la lucha global “contra el terrorismo” y ahora, en medio de la actual confrontación con el eje China-Rusia, se proyecta como el “fiscal internacional en materia de corrupción”, para justificar lo que identifica como la lucha de “las democracias contra las autocracias”.

Al igual que en el pasado, la relación entre la nueva cruzada anticorrupción y la geopolítica de los recursos naturales no es un secreto. En el marco de la Estrategia de Estados Unidos para Combatir la Corrupción, lanzada por Joe Biden, se encuentra “La amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos”. Por ello, la Oficina de Recursos Energéticos del Departamento de Estado asumió la responsabilidad de la “Iniciativa de Transparencia sobre Industrias Extractivas (EITI)”, es decir, delinear “el estándar global para promover la gestión abierta y responsable de los recursos de petróleo, gas y minerales. El Estándar EITI requiere la divulgación de información a lo largo de la cadena de valor de la industria extractiva, o sea, la potestad de las leyes. 

Estados Unidos ha podido incorporar los principios de la iniciativa y lograr un sistema altamente transparente y eficiente al trabajar para implementar el Estándar EITI –impuesto por ellos– a nivel nacional, de 2014 a 2017, e internacional. Está institucionalizando las medidas de transparencia e incorporando la presentación de informes gubernamentales sobre la producción de energía. América Latina, y en especial el triángulo del litio, Argentina–Brasil–Bolivia, el yacimiento no convencional de Vaca Muerta en Argentina y Pre-sal en Brasil, son objetivo central para la nueva estrategia de la guerra híbrida.

Tanto esmero por cuidar la corrupción, mientras se crean monopolios de recursos naturales y se apropian de la información, no es ni inofensivo ni ingenuo. China planea actualizar sus submarinos convencionales con baterías de iones de litio, un movimiento de energía que podría aumentar significativamente las capacidades de combate y supervivencia de su flota. South China Morning Post informó que la flota de submarinos convencionales de China pronto podría funcionar con baterías de iones de litio, aprovechando los avances tecnológicos en la industria de vehículos eléctricos del país, actualmente la más grande del mundo. El informe señala que China fabrica las tres cuartas partes de las baterías para vehículos eléctricos del planeta, lo que le otorga una ventaja en la tecnología de baterías.

Las baterías de iones de litio pueden más que duplicar la resistencia de un submarino y mejorar en gran medida su aceleración para operaciones de alta velocidad, en contraposición a las baterías de plomo-ácido que se han utilizado desde la Segunda Guerra Mundial. Estas tienen, o sufren, de baja capacidad de almacenamiento de energía, carga lenta, salida de energía débil, vida útil corta y generación de humo tóxico. Estados Unidos, Alemania y Francia también han desarrollado prototipos de baterías submarinas de iones de litio con planes para su futuro servicio militar.

Estados Unidos y Europa se han dado cuenta de que no pueden desarrollar cadenas de suministro puramente nacionales lo suficientemente rápido para satisfacer la demanda de la transición del vehículo eléctrico, submarinos, o lo que fuera. Por lo tanto, Estados Unidos formó una coalición de países afines, como Australia, Canadá, Reino Unido, Francia y Alemania, con un eje asiático que forman Japón y Corea del Sur, y donde China y Rusia quedan afuera, llamada la OTAN Metálica. La ministra de Finanzas de Canadá definió que el gran problema geopolítico del futuro no es otro que el de reformular el sistema de abastecimiento de materias primas, apuntalando las inversiones solo en países amigosHasta el Pentágono se sumó a la nueva estrategia de “apoyar a los amigos”, y pidió al Congreso de los Estados Unidos modificar la Ley de Producción de Defensa que aún le prohíbe invertir en la producción de materias primas fuera del territorio nacional.

La pregunta sería ¿quiénes son los países que se ganaron la denominación de amigos y por qué? La producción de litio de Chile y Argentina está dominada desde hace décadas por capitales de Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón. Pero según Dossier Geopolíticola prensa local solo nos advierte sobre el nuevo fantasma que está recorriendo la región: el avance de grandes empresas chinas. De esta forma, se asume como propio el temor de Estados Unidos, expresado por la jefa del Comando Sur, que ve amenazado su dominio actual sobre el Triángulo del Litio, advirtiendo la incipiente presencia de China y Rusia: “Están allí para socavar a Estados Unidos, están allí para socavar las democracias”.

Lo cierto es que la batería de ion-litio es un problema de geopolítica. Es que, de todos los metales que se necesitan para producir baterías, la situación del litio es la más delicada: desde 2020 los precios aumentaron un 900%, alcanzando un punto histórico de inflexión, lo que contrasta marcadamente con el resto de los metales críticos para las baterías. Entre 2016 y 2019, más del 90% del litio importado a Estados Unidos provino de Chile 36% y 55% de la Argentina. Estados Unidos tiene tratados de libre comercio con unos 20 países, entre los cuales figuran Australia y Chile, los dos principales productores de litio del mundo, pero Argentina y Bolivia, no.

Por eso El Consejo de las Américas, según el periódico Pagina 12, realiza tres llamados por semana entre el embajador argentino en Estados Unidos, Jorge Argüello, y su par en Buenos Aires, Marc Stanley. También se propusieron paquetes –all inclusive- de viajes a Estados Unidos, para el presidente Alberto Fernández y su ministro de economía, que incluyen contactos con Joe Biden, FMI, club de petroleros en Houston y rueda de negocios para diez gobernadores, ya que la Constitución nacional, establece en el artículo 124: “Corresponde a los estados el dominio originario de los recursos naturales”. Y como frutilla del postre, el embajador norteamericano metió su bocadillo en asuntos internos, con la mira puesta en el estratégico litio“Nosotros no lo necesitamos, pero queremos ayudar al mundo y asociarnos con ustedes”.

Argentina tiene las segundas reservas de litio más grandes del mundo, y es el cuarto mayor productor de carbonato de litio, detrás de Australia, Chile y China. Argentina no tiene un tratado de libre comercio con Estados Unidos. En febrero de 2022 se sumó a la iniciativa global de China “La Franja y la Ruta”, y en julio consiguió el respaldo de China para ingresar a los BRICS, lo cual, si no estuviera las condicionalidades de la deuda, sería un verdadero dólar de cabeza.

A diferencia de Chile, la geopolítica del litio opera aquí sin ninguna mediación, agravando incluso las internas en el frente de gobierno: mientras el ministro de economía visitaba EE.UU. y no se sabe qué compromisos prometía, tanto YPF SA como los gobiernos provinciales de Catamarca y de Jujuy suscriben acuerdos de cooperación con empresas de China. La falta de una política nacional unificada se expresa sobre todo en la flamante YPF Litio, que debe partir de cero y explorar nuevos territorios porque todos los yacimientos de litio identificados en el país se encuentran en manos privadas.

Lo extraño es que, a diferencia de Canadá, EE.UU., Europa o China, para la Argentina no parecería que el litio, el petróleo o el gas sean una oportunidad económica generacional, y mucho menos una amenaza a su seguridad nacional. Tampoco parecer importante declarar alguno de las commodities un bien estratégico para el desarrollo argentino. Al parecer, la deuda condiciona de tal manera que solo es una amenaza a la seguridad nacional, y se acepta como tal, si se ataca a una multinacional.

Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2022/11/13/seguridad-nacional-geopolitica-del-litio/

Alertémonos, desatendiendo a Claudio Katz, sobre la ocupación económica territorial de nuestros países por el imperialismo de China tan criminal como EE.UU. al someternos a extractivismos o ecocidios-genocidios.

China desplaza a Estados Unidos como
principal inversionista en América Latina

12 de noviembre de 2022

Por Braulio Carbajal/ La Jornada

La inversión extranjera directa (IED) de China en América Latina asciende a más de 171 mil millones de dólares, un crecimiento de 589 por ciento en la última década.

China plantó pie con fuerza en América Latina. El país asiático, la segunda mayor economía del mundo, desplazó a Estados Unidos como el principal inversionista en prácticamente todo el cono sur de la región, una dinámica que irá en aumento a la luz de la decisión de Pekín –una vez realizado hace un par de semanas el congreso del gobernante Partido Comunista– de reforzar vínculos con Latinoamérica, plantearon especialistas.

La inversión extranjera directa (IED) de China en América Latina asciende a más de 171 mil millones de dólares, un crecimiento de 589 por ciento en la última década, es decir, casi siete veces.

Después del 20 congreso del partido comunista de China –realizado del 16 al 22 de octubre pasado–, especialistas coincidieron en la importancia de América Latina en el plan de crecimiento 2020-2035 del gigante asiático, pues aunque tras la pandemia el ritmo de inversión de China en Latinoamérica pudo desacelerarse por la necesidad de atender necesidades internas, el gobierno de ese país seguirá con su política de acercamiento en la región.

Datos del Centro de Estudios China-México (Cechimex) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) indican que la inversión directa de China en América Latina entre 2000 y 2021 asciende a 171 mil 854 millones de dólares, de los cuales 83 por ciento está en cinco naciones: Brasil (69 mil 958 millones de dólares), Perú (29 mil 846 millones) , Chile (20 mil 465 millones), México (16 mil 920 millones) y Argentina (14 mil 864 millones de dólares).

Un dato revelador: en 2021, Brasil –la mayor economía latinoamericana– se convirtió en el principal destino de la inversión extranjera china en el mundo, con 5 mil 700 millones de dólares, orientados principalmente a los sectores de energía y tecnología; Países Bajos fue el segundo, con 4 mil 380 millones, y Colombia fue el tercer receptor, con 3 mil 800 millones de dólares, de acuerdo con el sitio China Global Investment Tracker. (https://bit.ly/3FMxltG)

Según revela información del Cechimex, la explosión de la inversión china en Latinoamérica se dio en la última década, pues hasta 2012 la IED de China en nuestra región era de apenas 21 mil 761 millones de dólares, lo que significa que en 10 años se sumaron inversiones por aproximadamente 150 mil millones de dólares.

Eugenio Anguiano Roch, colaborador del Cechimex y primer embajador de México ante China (1972 -1976), señaló que tomando en cuenta el discurso del presidente Xi Jinping en el marco del reciente congreso del partido comunista, no habrá cambios en la política de China hacia AL e inclusive seguirá la política de acercamiento, usando como instrumento de proselitismo la llamada Nueva Ruta de la Seda, la cual es una red de infraestructura que pasa por los cinco continentes y, promete China, servirá para desarrollar regiones olvidadas. No obstante, hay quienes lo critican por considerar que es un “instrumento para dominar el mundo”.

Sea mediante este megaproyecto, o a través de otros, apuntó Anguiano Roch, la intención política de China seguirá siendo la misma: apoyar a países de América Latina, dado que uno de sus principales intereses es mantener un pie en la región para estar cara a cara con Estados Unidos, y “por lo menos en términos de simpatía, ya hay muchos gobiernos de Latinoamérica que tienen más confianza en China que en EU”.

Según datos de The Economist en un mapa mundial en el que se observa cómo estaba distribuido el comercio mundial hace 20 años y en la actualidad, destaca que en el año 2000 todos los países de América (con excepción de Paraguay), tenían a Estados Unidos como su principal socio comercial y ahora sólo México y Canadá continúan igual, mientras las grandes economías de la región como Brasil, Chile, Argentina, Uruguay, Perú y Bolivia han cambiado hacia el país asiático.

Al respecto, Fernando de Mateo, coordinador del diplomado sobre Negociaciones comerciales internacionales del Colegio de México (Colmex), recordó que tras la crisis mundial de 2009 China vio una oportunidad en la región, pues aprovechando que crecía a pasos acelerados ayudó a América Latina con el impulso al precio de las materias primas, situación que benefició a la economía.

A raíz de lo anterior, destacó el también representante permanente de México ante la Organización Mundial de Comercio, prácticamente todos los países de Sudamérica abrieron las puertas a China, al grado de convertirla en su principal socio comercial.

“China sacó adelante a América del Sur, por lo que no es casualidad que ahora sea el principal socio comercial del área, salvo de Colombia, pues este último, al igual que México, Canadá, Centroamérica y El Caribe, continúan teniendo en EU a su socio más importante.”

México debe acercarse más

De acuerdo con datos del Banco de México, las importaciones de México desde China ascienden en promedio, a 110 mil millones de dólares, mientras sus exportaciones a esa nación son de apenas 15 mil millones, lo que significa que la relación es sumamente despareja.

En este sentido, ambos especialistas coincidieron en que México debe crear políticas que refuercen la relación con China, sin perder de vista que EU es y seguirá siendo su principal socio comercial.

De Mateo destacó que si bien la IED de China que ha captado México en 20 años es la cuarta más importante de la región, hay que tomar en cuenta que anualmente es de 400 millones de dólares, cifra insignificante respecto de los 30 mil millones que registra nuestro país en total cada año.

En este sentido, destacó que México debe buscar un programa que facilite el comercio y la inversión.

“En América del Sur, Chile y Perú tienen un tratado de libre comercio con China, eso les permite competir favorablemente con otros países. Costa Rica también tiene y Uruguay quiere buscar uno. Ahora Brasil, con el nuevo gobierno, lo más probable es que busque fortalecer aún más su relación con China, pues necesita crecer”, apuntó De Mateo.

Por su parte, Anguiano Roch, indicó que el hecho de que México pertenece a varios bloques comerciales hace creer que un acuerdo con China es innecesario y hasta contraproducente, porque podría chocar con intereses de su mayor socio; sin embargo, es necesario para diversificar su mercado y tener mejor acceso a otros como el japonés o el surcoreano.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/notas/2022/11/06/economia/desplaza-china-a-estados-unidos-como-principal-inversionista-en-al/

Ofensiva del sistema mundo capitalista

“Un fantasma recorre el mundo”:
China en la “transición energética” y su entramado en
América Latina, Argentina y Catamarca

Por Patricia Agosto

Equipo de Extractivismo y Géneros de BePe

En un exhaustivo trabajo de investigación realizado por nuestra compañera Patricia Agosto, forma parte del Equipo de Extractivismo y Géneros de Be.Pe., se analizan las relaciones entre China y América Latina con un enfoque especial en la minería transnacional. El estudio, llevado a cabo en el marco del proyecto “Fortalecimiento de Comunidades y Organizaciones que Resisten a la Minería Transnacional en Catamarca, Argentina” y en colaboración con el Comité Católico contra el Hambre y para el Desarrollo- Tierra Solidaria (CCFD) busca arrojar luz sobre las implicaciones de las inversiones chinas en el territorio.

La investigación aborda temas como las transiciones desde arriba, los intereses de China en la región y las características de sus inversiones en el extranjero. También explora la mirada del gigante asiático sobre América Latina y cómo estas dinámicas afectan la vida de las comunidades.

Informe completo:

“Un fantasma recorre el mundo”: China en la “transición energética”

y su entramado en América Latina, Argentina y Catamarca

CONTENIDO

✸ De transiciones desde arriba y la “preocupación” por China

✸ Intereses de China y características de sus inversiones en el extranjero

✸ América Latina en la mira del gigante asiático

✸ Argentina y China: una relación estrecha

✸ Paradiplomacia: relaciones entre China y las provincias argentinas

✸ China en Catamarca

✸ ¿De qué “transición” hablamos?

De transiciones desde arriba y la “preocupación” por China

El tiempo apremia, la crisis climática se profundiza y la hipocresía de las conferencias de las partes sobre cambio climático es lo único que queda de ellas. El agotamiento de los combustibles fósiles ha llevado al norte global a acelerar la “transición” hacia fuentes renovables de energía, que tienen poco de renovables si consideramos que requieren petróleo y gran cantidad de minerales para su construcción. A la vez, desde esa propuesta no se cuestiona ni se propone modificar el sistema energético desigual, concentrado, privatizado y mercantilizado.

Se trata de capitalismo vestido de verde a través del cual se mantiene la esencia del sistema: acumular, acumular y acumular.

Esta transición propuesta desde el norte global requiere de minerales críticos como el litio, el níquel, el cobalto, el grafito, el manganeso y las tierras raras, necesarios para la fabricación de baterías, principalmente para vehículos eléctricos, y para las llamadas

energías “limpias”. Para asegurarse el suministro de esos minerales, muchos países del norte global han implementado diversas estrategias, entre las que merece nombrarse la constitución de “clubes”, que claramente no se dedican a actividades recreativas, deportivas y/o culturales como los clubes a los que estamos acostumbradxs.

Hay dos tipos de clubes que se proyectan: de países compradores de “materias primas críticas” y de países proveedores de “minerales críticos”, en cualquier de los dos casos para alimentar la transición energética propuesta en y para el norte global. En concreto, son varias de las economías más importantes del mundo las que han hecho estas propuestas: una partemportante de los países de la Unión Europea y el Grupo de los 7 (Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos). Los objetivos explícitos de la creación de estos clubes son “fortalecer colectivamente las cadenas de suministros y diversificarse lejos de los proveedores únicos”, como lo expresó la presidenta de la Comisión Europea1. Detrás de la referencia a “proveedores únicos” está China que, según Golman Sachs -uno de los grupos de banca de inversión y de valores más grande del mundo-, tiene una posición dominante en cuanto a minerales críticos, ya que “refina el 68% del cobalto del mundo, el 65% del níquel y el 60% del litio del gradonecesario para las baterías de los vehículos eléctricos”, a la vez que fabrica el 65% de loscomponentes de las baterías, el 71% de las celdas de las mismas y el 57% de los vehículoseléctricos del mundo2.

Con estas mismas preocupaciones como premisas, el Parlamento Europeo aprobó en septiembre de 2023 la Ley de Materias Primas Fundamentales, buscando aumentar la exploración de estos minerales para nutrir la industria del automóvil eléctrico y disminuir la dependencia externa.

La preocupación por China no es sólo de la Unión Europea; Estados Unidos teme que un probable aumento de la tensión con Pekín le impida acceder a esos minerales. Es decir, la constitución de esos clubes se propone asegurar cadenas de suministros globales de minerales críticos, considerados imprescindibles para la transición global a “energías limpias”, eludiendo la dependencia de China.

En este escenario, el gigante asiático no ha necesitado hasta ahora constituir ningún club, ya que tiene un papel dominante en la cadena de suministros, en el procesamiento de minerales críticos y en la fabricación de baterías. Más allá de que no ha creado ningún club, China ha implementado otras estrategias como el proyecto económico de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés), o la nueva Ruta de la Seda, propuesto hace 10 años, que implica la creación de dos grandes rutas comerciales, una marítima y otra terrestre, uniendo al gigante asiático con Europa, África y América Latina, con la adhesión de casi 150 países, europeos, asiáticos, africanos y latinoamericanos. El proyecto implica, de parte de China, gigantescas inversiones en infraestructura y garantías de importación de materias primas y exportación de productos industriales.

Junto con esos objetivos de la BRI, China se propone impulsar la transición hacia energías “limpias”, lo que ha manifestado en múltiples declaraciones oficiales, aunque también garantizar el suministro energético a través de fuentes tradicionales. Podríamos hablar

entonces de una contradicción entre sostener fuentes tradicionales de energía y fomentar las llamadas energías renovables. En un documento de la Administración Nacional de Energía llamado “Opiniones Orientadoras sobre el Trabajo Energético de China para el 2025”4, se establecen los siguientes objetivos: asegurar y mejorar el suministro energético aumentando o estabilizando la producción de carbón, petróleo y gas; e impulsar la transformación hacia la matriz verde y baja en carbono, aumentando un 60% de la capacidad instalada de energía no fósil y promoviendo avances en energías renovables.

Para cumplir con estos objetivos es necesario ampliar las inversiones chinas en el extranjero. Y en este sentido es importante aclarar que hay dos tipos de contratos que utilizan las empresas chinas para sus inversiones en el exterior. Unos son tipo EPC (“ingeniería, adquisiciones y construcción”, por sus siglas en inglés), también llamados “llave en mano”, en los que la empresa contratista se encarga del diseño, la compra de materiales e insumos y la construcción de la obra, pero no es propietaria del proyecto. El otro tipo de contrato, el que están utilizando más recientemente, es el llamado ICOI (Inversión, contratación y operación integradas), a través del cual los contratistas chinos se transforman además en operadores de los proyectos5.

Otra característica de las inversiones chinas es la poca información pública sobre las políticas, las instituciones y las normativas chinas que están detrás de ellas; lo que sí está claro es que tanto los préstamos como los proyectos del gigante asiático en el exterior están alineados con sus políticas de desarrollo, que buscan asegurar el acceso a materias primas y exportar bienes, capacidades técnicas y mano de obra6, y están reflejadas en los objetivos de la BRI que ya mencionamos. En este sentido y considerando que las empresas chinas más grandes son total o parcialmente estatales, el gobierno chino tiene un rol central en la aprobación, supervisión y promoción de esas inversiones, que se traduce en una interrelación entre el mundo empresarial y la esfera política mucho más evidente que en el caso de empresas “occidentales”.

A su vez, las inversiones chinas tienen la particularidad de realizarse con frecuencia a partir de acuerdos subnacionales, es decir con instancias gubernamentales locales. Ya veremos de qué manera este tipo de acuerdos se firman con provincias argentinas, convirtiendo a China en una fuente de financiamiento y tecnología para esos gobiernos subestatales. Se trata de un vínculo de cooperación multinivel, es decir, en diferentes escalas: gobierno central y gobiernos locales. Desde el punto de vista teórico, este vínculo directo o indirecto de los gobiernos no-centrales con el ámbito internacional se enmarca en la llamada “paradiplomacia”, en la que el “para” señala que ese vínculo es “paralelo” a la política exterior del estado nación.

Nos parece importante hacer una referencia a las denuncias contra empresas chinas que ha realizado una articulación de organizaciones sociales llamada Colectivo sobre Financiamiento e Inversiones Chinas, Derechos Humanos y Ambiente (CICDHA), junto con International Service for Human Rights (ISHR). El informe de 2023 refleja los abusos en derechos humanos y los impactos ambientales generados por los proyectos chinos, así como el incumplimiento, por parte del estado chino, de las obligaciones establecidas por el derecho internacional de asegurar que las empresas e inversionistas chinos cumplan los derechos humanos en donde desarrollan sus operaciones. El informe se centra en América Latina y analiza 14 proyectos operados por 11 empresas y/o financiados por bancos chinos en 9 países de América Latina (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Perú y Venezuela). Los proyectos se enmarcan en las siguientes actividades: minería, hidroeléctricas, hidrocarburos, infraestructura y alimentos. Las principales denuncias se centran en la violación de derechos tales como medio ambiente sano, salud, alimentación por deforestación, contaminación de agua y aire-, trabajo -precarización de condiciones laborales-, de pueblos indígenas -por falta de consulta previa, libre e informada antes de la implementación de los proyectos y desalojos forzados-, a las que se suman la utilización de fuerzas de seguridad privadas y públicas para reprimir las manifestaciones de las poblaciones afectadas. América Latina en la mira del gigante asiático-

La cooperación Sur-Sur y la promoción del desarrollo fue el discurso que acompañó el posicionamiento de China como potencia emergente en los últimos años. Con ese telón de fondo, el gigante asiático comenzó a tejer las vinculaciones económicas y comerciales con los países latinoamericanos y lo hizo “a través de cuatro instrumentos (…): 1) los acuerdos de asociación estratégica; 2) tratados de libre comercio -firmados con Chile, Costa Rica, Perú y Ecuador-; 3) foros de cooperación, a través del foro China-Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC)10; y 4) los memorandos de entendimiento de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR/BRI) -firmados por 20 países latinoamericanos-“11. En el siguiente mapa (de 2024) podemos observar el enorme crecimiento de la presencia china en América Latina en cuando a inversiones y relaciones comerciales.

En nuestro continente y en las últimas décadas, “China ha financiado y ha obtenido los contratos para la construcción de las represas más grandes en Ecuador y Argentina (Coca Codo Sinclair y las represas en el río Santa Cruz, respectivamente); adquirió la concesión del proyecto minero Las Bambas (Perú) que es uno de los 10 proyectos mineros más grandes en el mundo; y maneja un gran número de concesiones para la extracción de petróleo en varios países de la región. Sólo en Brasil, China ha invertido cerca de US$ 30.000 millones en el sector energético.

Más recientemente, China se presenta como uno de los principales inversionistas interesados en minerales críticos en Argentina, Bolivia y Chile”13. Focalizando en los últimos diez años, desde la implementación de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, “las exportaciones de minerales desde la región hacia China estuvieron cerca de triplicarse, y las de combustibles casi se duplicaron”14. Demostrando su consolidación como socio comercial clave en la región, en 2024, el comercio bilateral entre China y América Latina alcanzó los 519.000 millones de dólares, duplicando la cifra de una década atrás. Además de minerales como hierro, cobre y litio, Pekín importa soja y sus derivados y exporta bienes manufacturados como automóviles y semiconductores15. En cuanto a inversiones extranjeras directas de China en América Latina y el Caribe, estas se concentraron en un 68,5% en energía y minerales y metales entre 2005 y 2022(…)

La otra forma de ver y vivir la “transición” es la de los territorios donde se encuentran los minerales críticos. Allí avanza feroz el extractivismo minero, dejando a su paso la destrucción de modos de vida y culturas enraizadxs ancestralmente en esos territorios.

Porque no se trata de territorios deshabitados, como sostienen muchos de los informes de impacto ambiental de dichos proyectos; allí se han entretejido comunidades cuyos modos de habitar y producir ya son en sí mismas alternativas a las propuestas de transición energética del capitalismo vestido de verde.

Es por esa diversidad en los modos de entender y proponer una transición energética que tenemos que seguir hablando de colonialismo y colonialidad con viejos y nuevos actores; los países del sur global siguen sometidos a designios coloniales, en un continuum de la historia de saqueo y violencia que caracteriza el origen y la persistencia del capitalismo colonial, extractivista y patriarcal.

Entonces, ¿quiénes transicionan con las propuestas desde arriba? ¿para qué y para quiénes los minerales críticos y la energía que alimenta esa transición? Es el norte global el que “transiciona” y el sur global entrega sus riquezas para alimentar una transición ajena, un “desarrollo otro”, reproduciendo las lógicas que vienen marcando nuestra existencia desde hace siglos.

Una transformación, más que transición, justa y popular tiene necesariamente que nacer desde otro paradigma.

En primer lugar, debe tener un anclaje en los territorios y las decisiones las deben tomar las comunidades que allí habitan ancestralmente.

En segundo lugar, tenemos que partir de la convicción de que no habrá transformación ni transición si no hay cambios en el estilo de vida y reducción en el consumo del norte global y de las elites del sur global, imitadoras de ese “modo de vida imperial”. No la habrá si el objetivo es producir más autos eléctricos que consumen cantidades exorbitantes de minerales críticos y otros no tan críticos como el cobre. Hace falta cambiar la manera de entender y gestionar la energía, disputar su sentido y reconstruirlo desde el paradigma de lo común.

Se trata de emprender el camino hacia la creación de sociedades/comunidades locales en las cuales las personas no tengan que moverse kilómetros para realizar sus actividades o que se provean de alimentos que viajan desde lugares remotos. Desglobalizar y territorializar nuestras vidas es una necesidad urgente.

Todas las demás propuestas no resuelven la supervivencia humana y no humana. Como dice Luis González Reyes: “No hay tiempo para apostar por el capitalismo verde, necesitamos parar la máquina por supervivencia”82.

En tercer lugar, siendo las mujeres las que más sufren la pobreza energética por ser mayoritariamente las encargadas de la reproducción de la vida, no habrá transformación/transición justa y popular si no se propone terminar con todas las opresiones, entre ellas las que derivan del patriarcado. Si no es así, no será ni justa ni popular. En cuarto lugar, la construcción de una transformación justa y popular no puede obviar la existencia en nuestros países de áreas excluidas de la energía o con pobreza energética.

Si los proyectos de energías verdes se proponen para las mismas zonas en las que hay energía convencional, ¿qué hacemos con esas áreas? El capitalismo se disfraza de verde sólo para las áreas consideradas “rentables” para los capitales privados, que son los principales inversores en “energías renovables”.

El capitalismo extractivista, colonial y patriarcal nos llevó hasta acá, vestido o no de verde. No es posible construir una transformación energética y socioecológica justa y popular en un sistema basado en la ruptura entre naturaleza y sociedad; tenemos que “reencontrar” ese vínculo si queremos garantizar la reproducción de la vida y sólo lo lograremos poniendo la vida y el cuidado en el centro. Se trata de descolonizar, descapitalizar y despatriarcalizar nuestras vidas individuales y colectivas y construir economías para la vida desde la diversidad de comunidades territoriales que somos.

El “fantasma que recorre el mundo” visto desde abajo no es China, son las resistencias que contienen y recrean alternativas que no son falsas soluciones a la crisis multidimensional que atravesamos. Y en esas alternativas la energía no está mercantilizada ni siguiendo destinos coloniales; es considerada como lo que es: fruto de la naturaleza, vital, no encorsetada en un aspa o un panel. Bispo nos advirtió “nos están robando el viento, nos están robando el sol”. La pregunta tan vigente como siempre sigue siendo para qué y para quién el sol, el viento, los minerales, las tierras y nuestras propias vidas.

Fuente:

Alternativas emancipatorias

Cuando uno siembra no se pregunta ¿después qué?,
sino la vida, la tierra y su memoria
le despierta: ¡ahora es cuando!

6 de junio de 2026

Por Rafael Bautista S | Rebelión

 (…) Estamos ante una novedad nunca antes pensada y, por eso, no tematizada en la reflexión estratégica. Zavaleta siempre decía: no es que en Bolivia haya mucha política, Bolivia es la política; lo que en otros lados sucede de modo superficial, en Bolivia sucede de modo esencial. Nuestro país no es sólo laboratorio de nuevas formas de infiltración estratégica de consolidación del poder imperial sino también es laboratorio de nuevos métodos de lucha, resistencia y transformación revolucionaria.

En la actual transición civilizatoria tiene más sentido el hecho de que resistir significa existir. El mundo mismo está atravesando esa experiencia: la lucha se ha hecho decididamente existencial. De ese tamaño es la envergadura del método crítico del principio esperanza: crear un mundo para todos, es un parto que se fecunda en las entrañas mismas de un proceso, que hace comparecer a todos los tiempos en un presente cuyo drama consiste en darle una direccionalidad a su conmoción histórica. El parto es el porvenir que nace en el jadeo mismo del nuevo tiempo que está naciendo.

Por eso la revolución no trata de otro ciclo sino de una nueva historia, de otro tiempo, donde los excluidos ya no luchan por una inclusión excluyente sino por una transformación del mundo y de la vida. Esa es la apuesta que separa, sin medias tintas, lo verdaderamente humano de lo meramente funcional a la totalidad ontológica del orden vigente. Por eso luchar por los excluidos, negados y oprimidos, por la humanidad del otro (que es la pesadilla del ego liberal, autocentrado en sí mismo y sus intereses particulares), es lo que nos devuelve la humanidad perdida. Es la forma más humana y hermosa de existir.

Esa humanidad debe enfrentarse ahora a la forma más despiadada –por cínica y abiertamente genocida– del dominio exponencial desatado desde 1492. Por eso Occidente y su expresión más acabada, la modernidad, se inventa Cruzadas para hacernos creer que el verdugo es siempre inocente, que la culpa es siempre de las víctimas. Por eso los presidentes cipayos del Imperio (en desplome existencial) se ofrendan para seguir ofreciendo la vida de sus pueblos a la gula del capital, al Moloch de este tiempo (el Dios que reclamaba sangre humana y, sobre todo, primogénitos; y es lo que los “archivos Epstein” muestran en la decadencia moral del mundo moderno: el comercio perverso con infantes)   

En ese contexto, el presidente boliviano Rodrigo Paz ha dimitido, a espaldas de su propio país, ante Washington, y dado lugar a un mando de ciberseguridad, militar y financiero. Sus últimas declaraciones son guiones que le han sido impuestos para no resignar las encomiendas imperiales. “No hay diálogo con los violentos”, dice el que promueve la violencia, llamando a la sociedad civil a sumarse al ejército y la policía a enfrentarse con los “violentos”. Ese mensaje se va haciendo más explícito con las últimas detenciones y persecución a dirigentes populares, sin que ya pueda desmentirlo la demagogia jurídica que declara una transición “legal” al literal terrorismo de Estado.

El nuevo eufemismo que se va decolorando en esta operación se llama “acción humanitaria”, e involucra a la sociedad urbana a sumarse a los militares, o sea, a ser cómplices de algo que ya no será sólo atribuible a los aparatos coercitivos del Estado. ¡Que la sangre y la maldición caiga sobre todos! Es el pacto sanguinario que pretenden instalar, mientras los operadores brinden, en la distancia, por otra operación exitosa. Por eso no habrá diálogo, ni salida de la crisis, en esta impostura asimétrica que se cierra aún más en esta apuesta de sangría exponencial.

En palabras de Maquiavelo, al no confiar en su propio pueblo, se puso a pactar con príncipes de mayor peso y poder, sin saber que éstos le llevarían a su ruina. Ahora ya es tarde, pues tendrá que cargar solo con el muerto, es decir, lo que quede de un Estado quebrado, habiendo cruzado una línea que sólo ahondará el vacío institucional, la fractura nacional y un repuesto orden de acosamiento sistémico continuo contra el pueblo.

De eso trata la amplificación geopolítica del plan Gaza en Sudamérica: demonizar la humanidad del indio para justificar su aniquilación y provocar la ignición de una guerra civil en nuestros países y la balcanización ya calculada. Ahora se trata de feudalizar a nuestros países, negociando con las elites locales nuestra reducción a protectorados ya no regentados por otro Estado, sino por los fondos de inversión anglosionistas.

Si los imperios hacen algo mejor que nadie, es ocultar sus impotencias. Washington sabe que lo único que le queda (en su lucha existencial contra China, Rusia e Irán) es su backyard. Perdió en Ucrania e Irán; ya no posee a discreción, la base energética global (ni su producción ni su distribución, por eso negociar le resulta insultante a Trump, quien figura en la tapa del libro de Donald Schwartz, The Art of the Deal)). Por eso balcanizar a Sudamérica, mediante conflictos transfronterizos entre Estados fallidos, operados interna y externamente, e invadir Cuba, Venezuela y hasta México (y dejar que hagan su tarea las derechas de Brasil y Colombia), es una apuesta elevada al estilo farol en el poker, contra la iniciativa china de “la Franja y la Ruta”.

En Medio Oriente se pretende reconfigurar la geopolítica global, mediante el asalto a toda una región de activos energéticos y ubicación geoestratégica. El irredentista proyecto del “Gran Israel” es la apuesta del orden unipolar; no sólo para contener la expansión de China sino para socavar la conectividad energética del proyecto de “la Franja y la Ruta”, además de boicotear definitivamente a Rusia y la OPEP y quitarles toda carta disuasiva en la geopolítica del petróleo.

Con el proyecto “Gran Israel” se haría realidad el “Corredor Económico India-Medio Oriente-Europa” (IMEC), que Netanyahu presentó en la ONU como el “gran acuerdo del progreso y la libertad”; para lo cual deben desaparecer Gaza, Líbano, Siria e Irán.

Con la alternativa del canal Ben Gurion (conexión geoestratégica del IMEC), tanto el estrecho de Ormuz como el estrecho de Bab-al-Mandab y el canal de Suez, quedan anulados en su importancia estratégica. El BRICS mismo se halla comprometido, después de que el grupo indio Adani se consolida como el mayor comprador del puerto israelí de Haifa, en una jugada que pretende minimizar la importancia global del estrecho de Ormuz.

Por ello, los países envueltos en el “Board of Peace” que oferta Trump (que es un menú costoso, donde, o eres comensal o puchero), no sólo financian la guerra, sino que compran un pedazo del pastel que significaría el nuevo y definitivo asalto a las necesidades de energía global, por medio de ese corredor geoestratégico más ventajoso y lucrativo para el anglosionismo.

En esos planes, el decadente orden unipolar que regenta el Imperio en crisis existencial sólo ve, en los pueblos y Estados a exterminar, fichas obsoletas que no le son útiles en el reseteo geopolítico, geoeconómico y geofinanciero global que se propone y que, inevitablemente, supone una colisión global que calcula (y mal) con los BRICS.

Ante la conjunción de las potencias emergentes, reunidas en el BRICS, se trata de una lucha existencial para Occidente; por eso el Deep State ve la guerra como un costo necesario y hasta beneficioso (incluso USA e Israel no le interesa como países sino sólo como ejecutores del plan imaginado). Por eso en la guerra contra Irán, Occidente básicamente expone su crisis civilizatoria –la modernidad– como crisis de sentido existencial. El orden unipolar trata de reorganizarse a costa del mundo entero y, en Latinoamérica, a costa de la existencia misma de nuestras naciones; mientras el mundo multipolar debate todavía opciones globales de reconfiguración geopolítica que les permita subsistir.

En ese contexto es que manda a llamar a Paz antes de su asunción a la presidencia, para establecer los términos de su obediencia; que después la rubricó en la “carta de intenciones sobre minerales críticos” (es decir, sobre el litio, las tierras raras y el uranio boliviano). No siendo casual ni meramente formal el respaldo del “Escudo de las Américas” o los gobiernos domados por lo que sea que llama lenguaje Donald Trump. Ya lo señaló Marco Rubio y, recientemente, el secretario de guerra, Pete Hegseth, al rechazar todo intento de derrocar a Rodrigo Paz: “Bolivia no debe permitirse volver al dominio narcoterrorista”. Bolivia está siendo ofertada a los buitres, con cálculo del genocidio ya previsto y hasta auspiciado por el racismo vigente de la clase media urbana, que actúa siempre como el nicho de reclutamiento de la defensa de los valores oligárquico-señorialistas.

Pero, como ya lo expresamos en otro lugar, lo que no entra nunca en el cálculo imperial –porque no es asunto de cálculo– es la incógnita dura de esa ecuación geopolítica: el factor pueblo. Por eso los políticos son ingenuos, porque creen que son imprescindibles, cuando hasta los servicios de seguridad no están para proteger al presidente sino para decidir cuándo prescindir de él. La historia se repetirá, como dice Marx; lo que primero fue tragedia será después pura farsa.

Y otra vez será nuestro pueblo el que dirima la trama de este teatro estratégico y ya no algún aventurero inventor de hipótesis sietemesinas que confunda su papel de intelectual orgánico y se instale como el sujeto sustitutivo de un genuino proceso revolucionario que, a nombre de lo indígena-plurinacional, sólo repuso esa cultura política movimientista (MNR-MIR-MAS) que heredó la peor mezcolanza de los advenedizos que, diestros en el llunq’erío (lisonjeros, zalameros y adulones), se colaron desplazando y desprestigiando al factor indígena, siendo éste el imputado de todos los dislates que se cometían en su nombre.

Gracias a estos nunca gobernó el indio sino hasta corrompieron a sus dirigencias, siendo la inventada presencia mesiánica del Evo, la única garantía que buscaban para lucrar política y económicamente del “proceso de cambio”. Se dice y, con razón, que la corrupción se inicia por el desconocimiento del lugar de la soberanía original. Cuando se usurpa el poder popular y se desplaza el origen de toda soberanía, todo se corrompe por inercia; cosa que ya llegó al absurdo en el retorno del MAS con Luis Arce.

Como ya lo señalamos: estaban administrando un cadáver. El Estado que debían transformar sólo les demostró que sus consciencias y apuestas eran presas de ese Estado. De plurinacional sólo tenía la apariencia simbólica. A eso redujeron la lucha indígena popular, a su folklorización. Y siguen usufructuando de algún beneficio que les pueda todavía gotear del liderazgo diluido del Evo.

Entonces la pregunta no es la que redunda el presidente y su gobierno, y la repiten los “pititas” (esa clase media que actúa siempre defendiendo los valores oligárquico-señorialistas): ¿quién está detrás de los movilizados? Eso delata una total ausencia hasta de sentido común. El negacionismo “pitita” imagina que todo movimiento popular actúa como ellos que, en el 2019, bajo protección paramilitar, pervirtieron los métodos populares de lucha y se brindaron, sin que los medios se escandalizaran, a justificar una ruptura del orden democrático y constitucional, tendiendo la alfombra roja para alojar, en la convivencia social, la pura política del odio.

Ahora reactivan su desprecio al pueblo movilizado y se escandalizan de los excesos, cuando fueron –los “pititas” mismos– los que siempre exhibieron su irracional y creciente carácter fascista. Su incompetencia política fue la que cerró las puertas a la resolución pacífica y abrió las puertas de la intolerancia y la venganza como única moneda de cambio político e ideológico.

La demonización del indio produjo inevitablemente la opción por la violencia antes que el diálogo político. Se inventaron un monstruo para librarse de él, pero esa operación les reinventó. Ahora, acusando al indio de todo, creen estar limpios de toda culpa, pero eso sólo hace que se retraten a sí mismos y eso no los deja en paz.

Por eso la pregunta no es aquella sino: ¿qué intereses están detrás de la tozudez, las amenazas solapadas y desubicación proverbial de Paz y su gobierno? Su legitimidad se desploma no sólo por el incumplimiento de sus promesas electorales sino por su decidida apuesta antinacional y entrega de la soberanía estatal al poder imperial que, para colmo, ya no le interesa mantener gobiernos títeres sino, en su decadencia, está más que dispuesto, por su pura sobrevivencia, a destruir hasta a sus propios socios (como en Europa) y lacayos (como en Latinoamérica).

El poco de dignidad que nos queda, como país, lo encarnaron siempre ese resto que, como nación clandestina, ha logrado sobrevivir hasta ahora, para defender lo que los “pititas” no valoran ni agradecen: la tierra que nos brinda todo para vivir.

La última declaración de la OEA y los países lacayos reunidos en el “Escudo de las Américas” (que se produjo con la comedida petición de un conocido político nacional, agente de la CIA, Tuto Quiroga) y expresidentes alineados a la geoeconomía del dólar (como su Dios sustituto), delata un plan de cerco y estrangulamiento geopolítico a la existencia nuestro país. De ello tendrán que responder a los cielos y la tierra, los que eligieron ser anti-pueblo y anti-nación y alineados con advenedizos (como la oligarquía croata-cruceña) que sólo por concluir sus negocios, no les importa la balcanización de un país que nunca admitieron como suyo.

Rafael Bautista S., autor de La Descolonización de la Política. Introducción a una política comunitaria (La Paz, 2014). Dirige “el taller de la descolonización”.
Fuente:
https://rebelion.org/cuando-uno-siembra-no-se-pregunta-despues-que-sino-la-vida-la-tierra-y-su-memoria-le-despierta-ahora-es-cuando/

PRONUNCIAMIENTO DE LOS PUEBLOS Y ORGANIZACIONES EN DEFENSA DEL TERRITORIO

A los medios de comunicación nacionales e internacionalesA los pueblos indígenas de México y del mundoA las organizaciones sociales, colectivos, redes de solidaridad y movimientos en defensa de la vida y los territoriosA los pueblos de Europa y del mundo que luchan contra el saqueo, el colonialismo y el extractivismo

Las organizaciones y representantes de comunidades Ngiwa, Nahuas y Mixtecas abajo firmantes hacemos pública nuestra palabra para denunciar la creciente ofensiva que se cierne sobre nuestros territorios y para alertar sobre los intentos de confundir, dividir y debilitar los procesos organizativos construidos desde abajo por nuestras comunidades.

Manifestamos nuestra profunda preocupación porque la denominada Caravana Mesoamericana por el Clima y la Vida ha cometido un grave error político al presentar al llamado Consejo Regional de la Nación Ngiwa, Ngigua o Popoloca como supuesto representante legítimo de nuestros pueblos, ignorando las complejas realidades territoriales y las múltiples denuncias existentes sobre la actuación de algunos de sus integrantes.

Diversas comunidades y organizaciones hemos sido testigos de la cercanía que algunos de sus representantes han mantenido con actores vinculados a proyectos extractivos y mineros que han operado o intentado operar en nuestros territorios, particularmente en regiones afectadas por la extracción de manganeso, hierro, litio, tierras raras y otros minerales estratégicos. Asimismo, existen antecedentes de intervenciones y acciones orientadas a obstaculizar procesos autónomos de organización comunitaria y espacios de información sobre los impactos de la minería en la región.

Desde hace décadas hemos defendido nuestros territorios frente a los intereses de empresas mineras, hidroeléctricas, proyectos extractivos, basureros, acaparadores de agua y políticas gubernamentales que consideran nuestras tierras únicamente como mercancías y reservas de recursos para alimentar el modelo económico dominante.

Nuestra historia reciente está marcada por la resistencia.

Hemos enfrentado proyectos hidroeléctricos que amenazaban los ríos y la vida comunitaria. Hemos denunciado la imposición de concesiones mineras otorgadas sin el consentimiento de los pueblos. Hemos resistido el saqueo del agua en una región donde la crisis hídrica se profundiza cada año. Hemos luchado contra proyectos contaminantes que pretendían convertir nuestros territorios en zonas de sacrificio para beneficio de empresas privadas.

El costo de esta defensa ha sido alto.

La desaparición de nuestro compañero Sergio Rivera Hernández, ocurrida en el contexto de la oposición al proyecto hidroeléctrico Coyolapa-Atzala, sigue siendo una herida abierta y un símbolo de la violencia que enfrentan quienes defienden la tierra y el territorio en México.

A pesar de las amenazas, la criminalización y la violencia, nuestros pueblos no han renunciado a la organización. Durante más de una década hemos impulsado foros, encuentros, asambleas y procesos de articulación entre comunidades de Puebla y Oaxaca para intercambiar información, fortalecer la conciencia colectiva y construir estrategias comunes frente al avance del extractivismo.

Gracias a estos esfuerzos, comunidades de distintas regiones han podido identificar los riesgos de los proyectos mineros, denunciar irregularidades y fortalecer mecanismos de defensa territorial.

Sin embargo, hoy enfrentamos una nueva amenaza.

No sólo debemos confrontar a las empresas y a los gobiernos que buscan imponer proyectos de muerte. También debemos enfrentar los intentos de construir falsas representaciones de los pueblos; mecanismos que pretenden hablar en nuestro nombre sin el respaldo de las comunidades organizadas y sin rendir cuentas a los procesos colectivos que durante años han sostenido la defensa del territorio.

Nos preocupa profundamente que determinadas estructuras, consejos o representaciones se presenten ante organizaciones nacionales e internacionales como voceros legítimos de los pueblos Ngiwa, Popolocas, Nahuas y Mixtecos, mientras mantienen posiciones ambiguas o contradictorias frente a los proyectos extractivos que amenazan nuestras comunidades.

La representación de los pueblos indígenas no puede construirse mediante relaciones institucionales, financiamientos externos, acuerdos políticos o reconocimientos otorgados desde fuera de las comunidades. La legitimidad nace de las asambleas, de la participación colectiva, del trabajo comunitario y de la defensa consecuente del territorio.

Alertamos a organizaciones solidarias, colectivos ambientalistas, redes internacionales y espacios de articulación continental para que conozcan la complejidad de los procesos territoriales en nuestra región y escuchen directamente la voz de las comunidades que durante años han sostenido la resistencia frente al despojo.

La defensa del territorio no puede convertirse en un espacio para la simulación, el protagonismo personal ni la construcción de intermediarios funcionales a intereses políticos, empresariales o gubernamentales.

Los pueblos que resistimos sabemos reconocer quiénes han acompañado las luchas y quiénes han permanecido en silencio cuando las empresas avanzan. Sabemos quiénes han estado presentes cuando las comunidades enfrentan amenazas, persecución, criminalización y división.

Por ello reafirmamos nuestro compromiso con la defensa de la Madre Tierra, del agua, de los bienes comunes y de la autonomía de nuestros pueblos.

Reafirmamos nuestro rechazo a toda forma de minería que destruya los territorios, contamine el agua y fracture la vida comunitaria.

Reafirmamos nuestro derecho a decidir sobre nuestro presente y nuestro futuro.

Y reiteramos que ninguna persona, organización o estructura puede atribuirse la representación de nuestros pueblos sin el mandato libre, previo y legítimo de las comunidades.

Llamamos a los pueblos indígenas, organizaciones sociales, movimientos ambientalistas, redes de solidaridad y medios de comunicación a mantenerse atentos frente a las estrategias de división que suelen acompañar el avance del extractivismo en nuestros territorios.

Nuestra lucha no es únicamente por nuestras comunidades.

Es una lucha por el agua, por la vida, por la memoria de quienes han sido asesinados o desaparecidos por defender la tierra, y por el derecho de las futuras generaciones a habitar un territorio libre de saqueo y destrucción.

Porque la tierra no se vende. Porque el agua no se negocia. Porque nuestros territorios no son zonas de sacrificio. Porque vivos se los llevaron y vivos los queremos. Porque la dignidad de los pueblos no tiene precio.

Atentamente

Pueblos, comunidades y organizaciones en defensa de la vida y el territorio

San Juan Mixtepec, Oaxaca

Comité de Resistencia contra el Proyecto Hidroeléctrico Coyolapa-Atzala

Cooperativa Café Tepeyolo, Sierra Negra

MAIZ – Movimiento Agrario Indígena Zapatista

Servicios para una Educación Alternativa A.C. (EDUCA)

Radio Coatl, Santa María Coapan

Unión de Comunidades Indígenas de la Zona Norte del Istmo (UCIZONI)

Grupo Latinoamericano de Estudios, Formación y Acción (GLEFAS)

Laboratorio Popular de Medios Libres

Fundación Indígenas 3D

Colectivo Comunidades por la Autonomía

Ollin Quetza A.C.

Cooperativa Alfareras Nutze

Artesanas Yasen

Geografías Comunitarias

Frente Popular Revolucionario

Grupo de Trabajo “Regionalización, Fronteras y Globalización” de CLACSO

Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (RMALC)

Radio Ecos de la Sal

Colectivo Espiral de Pensamiento Crítico

Colectivo Tokalihtik

Colectivo Cactuz Zapotitlán Salinas

Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua Morelos, Puebla y Tlaxcala

Radio Comunitaria Zacatepec

Unión de Pueblos y Fraccionamientos en Contra del Basurero y en Defensa del Agua de la Región Cholulteca y de los Volcanes

Centro de Derechos Humanos Tepeyac del Istmo de Tehuantepec A.C.

Colectivo Altepee

Radio Comunitaria Pochota de Amatlán, Veracruz

Colectiva Tëkaampë Ayuuk Toxëjk

Colectiva Mujeres que Luchan por la Vida

Tequila, Veracruz

Centro de Formación para la Autonomía Teocentli

Colectivo Guamúchil

CNI Totonacapan

Comisión de Derechos Humanos y Laborales del Valle de Tehuacán

Fuente: https://wp.me/p8qHTQ-3d2

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