4)Mayo-2026

4) PROPUESTA DE C. KATZ SOBRE QUÉ HACER

CK: A escala regional yo lo sintetizaría en la idea de resistir a Estados Unidos, negociar en bloque con China, forjando y radicalizando la integración y la unidad popular de América Latina. O sea, en ese plano también se necesita una estrategia que defina ante todo cuál es el enemigo principal y no cabe duda que es el imperialismo estadounidense. En esa batalla: ¿con quién podemos aliarnos o asociarnos de forma específica? En mi opinión con China, ¿Y de qué forma podemos hacerlo? A través de la unidad latinoamericana. Esos tres lineamientos sobre Estados Unidos, China y la unidad latinoamericana, sintetizan una especie de geopolítica de los débiles.

América Latina tiene que actuar en el plano internacional con la fuerza de la integración, con la fuerza de un bloque, CELAC[10], UNASUR[11], o como se le llame, porque sin esa fuerza no tiene ninguna posibilidad de incidir en alguna tratativa.(…)

Pero debemos establecer también otra relación con China, porque hoy nos venden manufacturas, sin transferencia de tecnología, generando una creciente dependencia económica, porque la contrapartida nuestra es la simple exportación de materias primas. Si seguimos por ese camino no hay desarrollo posible para nuestra región. Y resulta a su vez indispensable forjar una política de integración que combine la acción de los gobiernos y los pueblos, en la trayectoria inaugurada con ALBA[19], con la gran experiencia de las Cumbres de los Pueblos, que desenvolvimos en la década pasada.

Un último punto importante es cómo abordar la controvertida problemática de autodeterminación nacional. Lenin se manejaba con mucho cuidado, auspiciando ese derecho democrático, pero señalando también que no es un principio absoluto, invariablemente válido para cualquier circunstancia. Hay que observar bien cada contexto y especialmente como opera la política del imperialismo en conexión con fuerzas derechistas locales que despliegan banderas demagógicas sobre los anhelos nacionales. Yo creo que, una buena aplicación contemporánea de Lenin y del austromarxismo[20] en esa temática se verifica en el rumbo propiciado por Evo Morales en Bolivia. Ahí logró zanjar el complejísimo problema de las demandas indígenas en el marco de una nueva constitución plurinacional. De algún modo, amoldó la solución concebida por el austromarxismo, para hacer valer derechos específicos preservando la integridad nacional. Apuntaló las viejas exigencias indígenas remodelando el Estado en una configuración plurinacional y evitando una nociva fractura de la sociedad boliviana. Esa resolución aporta un antecedente importante a otros planteos en debate, como los formulados por el indigenismo ecuatoriano o los mapuches de Chile. La clave conceptual de todo el problema es distinguir los movimientos nacionales de autodeterminación progresistas como Cataluña, Quebec, los Kurdos, de los reaccionarios como Taiwán, Malvinas, Guyana. Hay que observar qué alianza tienen los movimientos en cuestión con sectores del imperialismo, y cuál es el peso de la izquierda. De esa evaluación surgen estrategias regionales acertadas si toman en cuenta a Lenin como ordenador de esa problemática. (…)

*https://revistapaginas.unr.edu.ar/index.php/RevPaginas/article/view/1041

Fuente: https://rebelion.org/reflexiones-de-un-intelectual-marxista-sobre-nuestra-america/

(…) La reunión prevista para el 14 y 15 de mayo no llega en un vacío diplomático. Lo hace después de años de guerra comercial, de controles tecnológicos, de sanciones cruzadas y de una competencia cada vez menos disimulada por el control de los insumos estratégicos del siglo XXI. Reuters Breakingviews describió el próximo encuentro como una cumbre con más riesgos que promesas, donde el déficit comercial, Irán, los semiconductores y las tierras raras aparecen como parte de un mismo tablero. El dato central no es que Trump quiera mostrarse fuerte. Eso ya se sabe. El dato relevante es que, esta vez, la fortaleza estadounidense parece menos unilateral que antes. Washington descubrió que no puede vivir cómodamente sin ciertos insumos chinos; Beijing, a su vez, sabe que sigue necesitando tecnología estadounidense, pero también entiende que la dependencia es recíproca y que esa reciprocidad puede convertirse en arma. (…)

Trump puede vender la cumbre como una pulseada de voluntades. Puede presentarse como el negociador duro que obliga a Xi a sentarse a la mesa. Puede prometer que los aranceles, las sanciones y la amenaza financiera devolverán a Estados Unidos una superioridad perdida. Pero la realidad es más desabrida. La negociación no se juega entre un acreedor y un deudor, ni entre un centro imperial y una periferia disciplinada. Se juega entre dos potencias interdependientes que conocen las vulnerabilidades de la otra y están dispuestas a explotarlas. (…)

Fuente: https://rebelion.org/trump-sin-un-as-en-la-manga-en-el-encuentro-con-china/

Se cumplieron diez años de
la existencia del Foro China-CELAC

12 de mayo de 2026

Por Mario Hernández | Rebelión

La CELAC es un acuerdo que promueve la integración regional y fue creado en diciembre de 2011 bajo el impulso de los gobiernos latinoamericanos que asumieron a la salida del neoliberalismo de los años noventa. Varios países como es el caso de Brasil o Argentina consiguieron importantes ingresos de divisas gracias a las exportaciones de la producción del campo, sobre todo de soja, a China.

El país asiático entre los años 2000-2022 multiplicó por 35 el comercio de bienes con Latinoamérica. En el mismo período LA solo aumentó por cuatro el comercio con el resto del mundo. Este es un dato que señala la propia Cepal en su informe sobre Perspectivas del Comercio Internacional 2023. En 2024, el comercio total entre China y América Latina superó por primera vez los US$500.000 millones, frente a los US$450.000 millones del año anterior.
Es a partir de esta realidad que China se convirtió en el segundo socio comercial del conjunto de América Latina, por encima de la Unión Europea. Y en la subregión de Sudamérica es el principal, más que EE UU. Es importante destacar que no necesariamente este comercio resulta en superávit. Hay una relación bien conocida por los países latinoamericanos con potencias industrializadas que consiste en exportar materias primas e importar manufacturas.
Según el informe de la misma Cepal, las exportaciones de América Latina hacia China se concentran sobre todo en seis productos que totalizan alrededor de un 70%: soja, minerales de cobre y de hierro, petróleo, cátodos de cobre y carne bovina. Mientras que las importaciones consisten en bienes manufacturados, por ejemplo electrónicos y textil, desplazando en muchos casos a la producción local.Brasil es de lejos el principal socio comercial de AL y uno de los pocos del mundo que tiene superávit, según apuntó en abril de 2023 la consultora internacional Dezan Shira & Associates en su publicación China Briefing. (…)

Propuesta de Xi Jinping para profundizar alianza con América Latina

Durante la inauguración de la cuarta reunión ministerial del Foro China-CELAC, el presidente Xi Jinping propuso cinco nuevos programas de cooperación con América Latina y el Caribe enfocados en solidaridad política, desarrollo económico, diálogo entre civilizaciones, paz global y sostenibilidad, reafirmando la construcción de una comunidad de futuro compartido entre ambas regiones bajo principios de igualdad, inclusión y beneficio mutuo.

Fuentes: Agencia XINHUA, Resumen Latinoamericano, Infobae, Actualidad.RT

Fuente: https://rebelion.org/se-cumplieron-diez-anos-de-la-existencia-del-foro-china-celac/

July 23-25, 2014

FLACSO-ISA – Join Conference

“Global and regional powers in a changing world”

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Límites teóricos y fácticos a la categoría de

«cooperación sur-sur» para analizar la

vinculación comercial entre China y Argentina

(1990-2013)

Luciano Damián Bolinaga y Ariel Martín Slipak

(…) Del «Consenso de Washington» al «Consenso de Beijing»:

La influencia de las grandes potencias en la periferia del sistema ha sido una constante en la política internacional y en esa dirección sobresalen algunos instrumentos jurídicos y políticos como ser: el Tratado de Tordesillas de 1494; el Tratado de Utrecht de 1713; la doctrina Monroe de 1823; entre otros tantos ejemplos. Es decir, estos instrumentos más que sentar las bases para una convivencia o una cooperación recíproca, venían a salvaguardar los intereses de las grandes potencias. No obstante, conforme evolucionó el derecho internacional público, se institucionalizaron mecanismos de cooperación multilateral tales a las Naciones Unidas y la política internacional atestiguó el despertar de un gran número de entidades políticas como consecuencia del proceso de descolonización, ante lo cual aquellos instrumentos por los cuales las grandes potencias ejercen influencia en la periferia fueron dejando de lado el matiz cooptativo, a favor de esquemas más cooperativos. Así, la noción de “consensos” permite presentar -al menos en apariencias- un esquema aceptado por todas las partes involucradas y no una mera imposición de los intereses de las grandes potencias.

Entonces lejos del tradicional efecto jurídico y político que tenían los tratados o acuerdos internacionales, los “consensos” tienen mayor aceptación y flexibilidad porque al adoptar la forma de entendimiento político (tácito o expreso) mitigan la imagen tradicional de cooptación, por lo menos desde un plano discursivo. Así, los “consensos” son la clave para comprender cómo se ha reformulado la capacidad de influencia de las grandes potencias en la periferia del sistema internacional. Y esto también viene de la mano del recambio de jugadores en el oligopolio de poder internacional a principios del siglo XXI (Oviedo, 2006 y Bolinaga, 2011).

La metodología de los “consensos” salió a la luz con el “Consenso de Washington” que encontró su génesis en el artículo de John Williamson, publicado en noviembre de 1989 por el Instituto de Economía Internacional, titulado What Washington Means by Policy Reform. Refiere a un decálogo de políticas económicas8 consideradas como el “mejor programa económico” que los países latinoamericanos debían aplicar para impulsar el crecimiento económico, según la percepción de los organismos financieros internacionales económicos con sede en Washington (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial).

De esta manera, Estados Unidos y las otras economías industrializadas que dirigen tales organismos internacionales se aseguraban la preeminencia de sus intereses en una economía cada vez más globalizada y en la que se acentúa la concentración del poder político, económico y militar.

Más aún, si bien originalmente esas medidas económicas estaban pensadas para los países de América Latina y Caribe, durante la década del ´90 se convirtieron en un programa de corte neoliberal de aplicación general para todas las economías en desarrollo y que suponía una valoración del eje financiero en detrimento de sectores productivos tales como el agrícola o el industrial. El Consenso de Washington contribuyó a reducir el intervencionismo del Estado en la reproducción del capital en pos de recuperar todas aquellas estructuras que tuvieron que ser “cedidas” cuando se estableció el “Consenso keynesiano” entre la década del treinta y la segunda postguerra mundial.

Las privatizaciones se orientaron a la erradicación de algunas de las estructuras “parasitarias” y eso abría el camino a una supuesta prosperidad económica y una acelerada acumulación de capital la cual, es necesario destacar, nunca llegó. Además, esa privatización se realizó de forma general y no bajo un criterio selectivo que permitiera mantener bajo la influencia del Estado sectores estratégicos, como por ejemplo la explotación hidrocarburífera. Más aún, el canon neoliberal que se expandió bajo el “paraguas” del Consenso de Washington tampoco pudo solucionar el problema de la deuda externa que ya venía tomando fuerza desde inicios de la década del ochenta. Finalmente tuvo lugar una profunda transformación de la sociedad:

a) la eliminación de subsidios y subvenciones resultó coetánea con la formación de monopolios y oligopolios nacionales y transnacionales, al tiempo que se debilitó la competitividad del pequeño y mediano empresario;

b) los ingresos que el Estado perdía por la reducción de aranceles fueron compensados con tributos impuestos a la población;

c) se deterioraron las condiciones generales de vida y se acentuó la inequidad distributiva.

Varios historiadores han señalado que el proceso implicó el paso de esquemas industrialistas a rentistas financieros. En varios casos, el cambio vino de la mano de un quiebre constitucional de los regímenes democráticos, por ejemplo: “El golpe militar de marzo de 1976 produjo una transformación sustancial en la estructura económica argentina. Se terminó el proceso de sustitución de importaciones y se inició un nuevo modelo basado en la acumulación rentista y financiera y en una «reprimarización» de la economía. La principal forma en la que se instaló este modelo, que afectó y afecta aún hoy el desarrollo de los países latinoamericanos, fue el endeudamiento externo, facilitado por la amplia disponibilidad de liquidez internacional y por el carácter transnacional que adoptaban las instituciones bancarias.” (Rapoport, 2009: 38) (…)

(…) China representa más del 40% del consumo mundial de zinc, aluminio, cobre, carbón y carne de cerdo. Es el principal consumidor mundial de trigo, soja, arroz, carne, carbón, entre otros. La expansión económica china ha reconfigurado el comercio internacional e incrementó el nivel de precios de los commodities. De modo que se puede triangular la demanda china de commodities, el alza de los precios internacionales de los rubros vinculados a ese sector y la mejora de los términos del intercambio con los países de América Latina y Caribe.

Recapitulando, la mejora del nivel de precios internacionales de commodities está anclada al proceso de modernización en China.14

Desde nuestra perspectiva, el “Consenso de los Commodities” es al mismo tiempo el “Consenso de Beijing” y denota dos factores centrales. El primero, el comercio de la periferia con el centro de poder en ascenso se reformula bajo la lógica de productos con alto contenido de valor agregado por materias primas o productos básicos de escasa tecnificación. Es decir, se reproduce el tradicional esquema basado en ventajas comparativas estáticas, también asociado desde diversos marcos teóricos a la lógica centro-periferia. China se ha convertido en un actor central del oligopolio de poder y, en consecuencia, la asimetría con los países periféricos se profundiza.

De la mano de esto llegamos al segundo factor, China ya tiene capacidad para influir en la periferia e imponer sus intereses bajo la lógica de “consensos”, lo cual supone mayor proximidad con la eventual posibilidad de ejercer hegemonía. El discurso chino promulga un mundo multipolar y un sistema comercial multilateral donde los países se relacionen en igualdad de condiciones, no obstante, se adoptó una política que profundiza el uso de la negociación bilateral, donde la asimetría de poder juega a su favor. En suma, el comercio de China con América Latina y Caribe reflota el tradicional modelo de intercambio entre países centrales y periféricos: no han cambiado las reglas del juego, tan solo los jugadores.

Un rápido vistazo a la historia de nuestros países sugiere que la dependencia del nivel internacional de precios de productos primarios y de la demanda de materia prima de los centros de poder, nuca nos ha conducido a buen puerto. Hay un efecto positivo en el corto plazo que se traduce en el aumento de los precios de exportación (crece el ingreso derivado de las exportaciones) pero a largo plazo se verifica el efecto negativo, se estimula la especialización productiva en productos primarios y derivados lo que conduce, inexorablemente, a la reprimarización productiva (Sevares, 2007: 17). Pero por supuesto, así como sucedió con el “socio inglés” y luego con el “Consenso de Washington” hoy también hay una elite local que acepta y promueve la alianza con China bajo la lógica del comercio intersectorial y su nuevo rol como gran potencia. La paradoja es que en su seno conviven sectores contradictorios. Hay un sector que adhiere al pensamiento neoliberal y que promueve el intercambio derivado de la ventaja comparativa. Pero también hay otro sector que, rechaza enfáticamente el pensamiento neoliberal y se reconoce como progresistas, pero que en pos de romper con las grandes potencias tradicionales acepta y operacionaliza la alianza con China. Así, la literatura específica hace hincapié en las siguientes consecuencias perversas que se derivan del “Consenso de Beijing”: a) reprimarización productiva; b) la alta concentración de las exportaciones de la región en escasos rubros, sin duda vinculados a los productos primarios y c) las inversiones, ya que se trata de actividades capital-intensivas y no trabajo-intensivas. Con respecto a la Inversión Extranjera Directa china cabe destacar que el principal rubro de radicación de capitales es el sector hidrocarburífero y le sigue la minería; solo se verifica inversiones en actividades terciarias (infraestructura y servicios financieros, principalmente) en tanto sirven de apoyo a las extractivas (Slipak, 2014: 110).

Independientemente de que el sector progresista lo comprenda, China se ha convertido en una gran potencia. El gobierno de Beijing lo sabe pero encubre la asimetría de poder y la disparidad de beneficios comerciales bajo el paraguas de la «Cooperación Sur-Sur».17 Pero la pregunta central es: ¿Qué entienden los chinos por Cooperación Sur-Sur? Al respecto, “El gobierno chino entendió que la cooperación sur-sur y la complementación comercial conforman el contenido esencial de sus relaciones estratégicas con los países en desarrollo.” (Oviedo, 2012: 459). Esto ya había quedado evidenciado en el Libro Blanco sobre la relación de China con América Latina y Caribe de 2008: a) “(…) cooperación integral caracterizada por la igualdad, el beneficio recíproco y el desarrollo compartido (…)” y b) “Profundizar la cooperación en el espíritu del beneficio recíproco y la ganancia compartida (…) a fin de fomentar el desarrollo común de ambas partes (…)”. No obstante, esa cooperación orienta específica y casi exclusivamente la inversión china en la región hacia la agricultura, silvicultura, pesquería, energía, explotación de recursos mineros, construcción de infraestructuras necesarias para garantizar el traslado y los productos hacia los puertos. En suma, hay un claro desfase entre el discurso y la praxis política China.

En pocas palabras, los chinos podrán hablar de Cooperación Sur-Sur, de beneficios recíprocos y ganancia compartida pero América Latina está comprometiendo una vez más sus recursos naturales a favor de una modernización ajena. Es claro pues que el beneficio no es recíproco ni simétrico. La dinámica comercial sino-argentina (1990-2013): la consolidación de un nuevo vínculo centro-periférico (…)

Fuente: https://www.politica-china.org/wp-content/uploads/1413211025Limites_teoricos_y_facticos_a_la_categoria_de_cooperacion_sur-sur_para_analizar_la_vinculacion_comercial_entre_China_y_Argentina.pdf

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