Qué Trabajo

Marzo 2021

Con origen en superar la obediencia al Capital de autoorganizaciones laborales cuando se involucran en las luchas por el agua, la vida y los territorios para los pueblos.

 


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Expropiado y explotado por burguesía / Ecocida y genocida /Alternativas emancipatorias

 

 

 

Expropiado y explotado por burguesía

 

 

Consideremos cómo reflexiona el referente de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) la propuesta de organizaciones de la agricultura familiar, cooperativa y campesina:

 

Ecología Social. Una alternativa sustentable al acuerdo porcino

Por Nahuel Lag,  Resumen Latinoamericano, 13 de diciembre de 2020.

Organizaciones de la agricultura familiar, cooperativa y campesina presentaron una propuesta sustentable para la industria porcina a nivel nacional. Cuestionan las megafactorías que impulsa China y exigen políticas de Estado para la producción sana y de calidad.

¿Se puede hacer un acuerdo porcino sustentable? El intento del gobierno nacional de sellar un pacto comercial con China para transformar al país en exportador de carne de cerdo, a medida del gigante asiático, quedó congelado por la rápida reacción popular sobre los impactos que tenía para la salud y el ambiente la instalación de 200 megafactorías. “Basta de falsas soluciones” fue la consigna que se impuso. ¿Hay soluciones reales? Hay 30.000 pequeños y medianos productores que, actualmente, poseen más de la mitad de las cerdas madres y las crían “a campo”, sin estrés ni antibióticos. Hay infraestructura ociosa por años de concentración del mercado y décadas de abundante acumulación de conocimientos mediante la investigación de INTA y de las universidades.

“La agricultura familiar puede producir en ocho años la misma cantidad de toneladas que las megagranjas, con un resultado ambiental positivo”, asegura Claudio Demo, ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional de Río Cuarto y redactor de la “Propuesta para una producción porcina sustentable”, que impulsan la Federación de Cooperativas Federadas (Fecofe), la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI-Somos Tierra) y el Frente Nacional Campesino (FNC).

“No somos productores de ‘subsistencia’, sino de resistencia a las sucesivas políticas orientadas a profundizar la concentración económica y expulsión del sector porcino de menor escala, que se vienen aplicando casi sin interrupción en los últimos 44 años”, denuncian las organizaciones en su propuesta. A pesar de esas políticas, los 30.000 pequeños y medianos productores porcinos poseen la mitad de las 400 mil cerdas madres del país y aseguran que, con intervención del Estado en políticas públicas y sin esperar que lluevan inversiones chinas, la producción se puede incrementar a 1.200.000 toneladas en tres años.

Además, esa cifra de producción se alcanzaría incrementando de 30.000 a 45.000 los productores en todo el país, que posean entre 25 a 30 madres de promedio para la cría al “aire libre” o “a campo”, modelo ancestral que comienza a ser alternativo frente al incremento de los feedlots y las megagranjas.   

Las megafactorías chinas proponen un modelo de hacinamiento con miles de madres que destetan hasta 25 crías por año, sin espacio para moverse, con partes de su cuerpo mutiladas para evitar agresiones, antibióticos para reducir la circulación viral y otros combos químicos para acelerar el crecimiento. Un modelo farmacológico que deja su huella ambiental y aumenta el potencial pandémico y la resistencia bacteriana.

 Esas factorías requieren un solo trabajador cada 100 madres. En el modelo de la agricultura familiar, los cerdos crecen al aire, sin estrés ni antibióticos ni anabólicos y se precisan para el cuidado y cría un trabajador cada 25 o 30 madres. “La factibilidad de criar cerdos en condiciones de bienestar animal y con respeto del ambiente es una ventaja que solo tenemos los criaderos de pequeña y mediana escala”, sostienen las organizaciones.


Demo, integrante de la cooperativa de carnes y chacinados Cooperchac, completa: “Los capitales concentrados aún no encuentran la forma de criar de esa forma y que les sea rentable empresarialmente. Y mientras sea una facultad propia de la agricultura familiar, no le van a dar identidad. Pero la realidad los va a atropellar, los productos comestibles industriales, aunque sean baratos, están siendo relegados por los consumidores”. 


En ese cambio de paradigma, el acuerdo porcino sustentable de las organizaciones campesinas incorpora un elemento de valor de la producción sustentable: podrá certificarse el modo de producción y ofrecer un producto de mejor calidad para la salud humana, que además no tendrá el impacto ambiental negativo que genera la producción industrial.

Un acuerdo porcino sustentable, soberano y de largo plazo

La propuesta de las organizaciones campesinas pone en perspectiva el apresurado acuerdo porcino que intentó sellar el gobierno nacional con China. Recordaron que la necesidad del gigante asiático (de salir a buscar nuevas tierras donde producir su demanda de 20 millones de toneladas al año) se debió a la Peste Porcina Africana, que se registró en 2018 y forzó a las autoridades a sacrificar a miles de madres y crías.

“Quien más rápido logrará cubrir esa demanda será la propia producción China, cuando se recupere del daño causado por la enfermedad. Y si fuera así, en un plazo de 3 a 5 años, comenzará a disminuir su importación, hasta concluirla o hacerla ínfima en 7 o 9 años”, señala la propuesta de las organizaciones redactada por Demo. La proyección de la recuperación de la producción china coincide así con el plazo de 8 años que el primer borrador del acuerdo porcino establecía para alcanzar una producción de nueve millones de toneladas en el país.

En ese cálculo, el acuerdo porcino con China parece estar hecho a medida para la supuesta lluvia de inversiones, pero no contempla dónde colocar ese masivo incremento de producción porcina ni qué hacer con el impacto ambiental que genere en el país. “Es una lógica de entender la producción del país con foco en la ganancia de los dueños del capital, minimizando mano de obra y ambiente. No entra en el espectro de su imaginación que se puede producir incluso mejor, focalizando en la fuerza de trabajo que es lo que nos sobra, en armonía con el ambiente y minimizando el uso de capital que es lo que escasea”, describe Demo.

En ese punto crítico de la intención del gobierno de convertir al país en exportador de carne porcina, las organizaciones responden con su propuesta: “La única forma de incorporar un producto que luego no se quede sin demanda sería ofrecer un producto diferenciado que ingrese por la demanda, pero, luego, China no pueda reemplazarlo con producción propia” y resaltan: “La diferencia significativa con respecto al producto ‘industrial’ de las megagranjas es que no tiene futuro después de la recomposición de stock de China”.

La agricultura familiar como ventaja comparativa

Cuando la idea del acuerdo fue defendida por el presidente Alberto Fernández, destacó como valor agregado poder exportar proteína y no solo cereales para alimentar a los chanchos chinos. Cuando el gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, firmó un principio de acuerdo para activar el plan en su provincia, ante el fracaso a nivel nacional, se destacó la facilidad de acceder a trigo y soja a precios bajos.

El acuerdo porcino sustentable de las organizaciones campesinas propone cambiar la mirada y observar que la Argentina no solo tiene como ventaja la oferta de granos –que se busca ampliar en 200 millones de toneladas para 2030—, sino “la existencia de miles de productores familiares que tienen la experticia para producir alternativamente y los cientos de técnicos de terreno distribuidos por una amplia geografía”.

Las organizaciones campesinas le recuerdan al Estado que se llevan “décadas de abundante acumulación de conocimientos mediante la investigación de INTA y universidades”, que ese conocimiento se transfirió a los productores de pequeña y mediana escala a través de capacitaciones en los Grupos de Cambio Rural (INTA) y por proyectos de la Secretaría de Agricultura Familiar en distintas etapas, particularmente, en el periodo para los emprendimientos porcinos desarrollados durante los años de gestión kirchnerista entre 2005 y 2014.

“El Estado invirtió mucho dinero, en forma de capacitaciones, subsidios y créditos a pequeños productores, pero que, en general, terminaron fracasando porque no se modificó la política económica de mercado liberado al poder de la agroindustria concentrada”, apuntan.

¿Cómo fundar un modelo porcino sustentable?

“El modelo neoliberal permitió la concentración brutal de la industria y su empoderamiento para financiar sus crisis con el trabajo gratuito de los porcicultores familiares. Esta lógica hizo que la desaparición de esos productores haya mantenido niveles ‘bajos’ de producción nacional que impidió pensar en exportar. Mientras tanto, la industria concentrada tenía la vaca atada del mercado interno y manejaba la demanda con la importación de carne de segunda de Brasil”, reseña Demo e indica que ese modelo se construyó a partir de la última dictadura cívico-militar y se tradujo en una reducción del 90 por ciento de la ocupación rural y el modelo de pooles de siembra de producción intensiva para la exportación.

Para romper con ese modelo productivo, las organizaciones campesinas proponen la creación de un Programa Nacional de Promoción de la Producción Porcina (PNPPP) y, en simultáneo, la creación del Ente Argentino para la Comercialización de la Carne Porcina (EACCP).  “No hay ninguna posibilidad de emprender un proyecto que abarque a pequeños y medianos productores si no hay un cambio profundo de reglas de juego y el Estado vuelve a ser árbitro en lugar de ser un instrumento de los poderosos, sentencia el referente de Cooperchac.

El PNPPP sería el espacio estatal donde coordinar la ejecución de un plan de producción porcina de calidad con la cooperación activa en el diseño de productores, técnicos e  investigadores, que ya trabajan junto al sector cooperativista y PYME, e integraría también la participación de organizaciones de consumidores conscientes del impacto que tiene el modelo de producción industrial.

El EACCP, en tanto, estaría a cargo de generar las condiciones logísticas, financieras y técnicas para impulsar la producción y exportación, hacer acuerdos comerciales con otros países y hacerse cargo de la comercialización exterior del producto. En ese punto, la propuesta de las organizaciones destaca que “la capacidad ociosa de los frigoríficos porcinos es suficientemente amplia para atender la producción hasta los dos primeros años” y marca que se deberá hacer “un fuerte esfuerzo en la cuestión logística para garantizar la disponibilidad de insumos de alimentos en las regiones extra pampeanas”.

“La ‘eficiencia’ declarada por el modelo industrial es una eficiencia del capital y su posibilidad de apropiarse la mayor parte de la ganancia. En la lógica de agricultura familiar, el capital no es una suma precisa de dólares, sino la reutilización de bienes disponibles o reciclados, y que le permita la apropiación de una mayor parte de la ganancia para la mano de obra. Pasa a ser intrascendente si la cerda produce 30 o 20 lechones al año. Porque, además, en la cría a campo, el mayor capital son los propios animales”, explica Demo el espíritu de un acuerdo porcino sustentable. 

La Tinta –

Fuente https://www.resumenlatinoamericano.org/2020/12/13/ecologia-social-una-alternativa-sustentable-al-acuerdo-porcino/

 

 

 

Comprobamos que el trabajo de esa asociación persiste expropiado y explotado por la gran burguesía. Lo advertimos en su identificación con el  productivismo y el estatismo. En efecto, al primero lo descubrimos en el objetivo de desarrollarse a escala exigida por el Mercado exportador aprovechando «“décadas de abundante acumulación de conocimientos mediante la investigación de INTA y universidades”, que ese conocimiento se transfirió a los productores de pequeña y mediana escala a través de capacitaciones en los Grupos de Cambio Rural (INTA) y por proyectos de la Secretaría de Agricultura Familiar en distintas etapas, particularmente, en el periodo para los emprendimientos porcinos desarrollados durante los años de gestión kirchnerista entre 2005 y 2014».

 

Al segundo lo hallamos en depender de que el Estado deje de ser instrumento de los poderosos. Debido a esta falsa conciencia y falta de autocrítica concluye: “El Estado invirtió mucho dinero, en forma de capacitaciones, subsidios y créditos a pequeños productores, pero que, en general, terminaron fracasando porque no se modificó la política económica de mercado liberado al poder de la agroindustria concentrada”. La asociación no se sitúa que la agricultura familiar y los pequeños-medianos productores de porcinos no tienen cabida en el actual capitalismo de máxima concentración y centralización. No quieren reconocer que fueron embaucados por los gobiernos de les Kirchner para tenerlos a favor del Plan Estratégico Agroalimentario y en contra de las asambleas de vecines autoconvocades en defensa del agua, la vida y los territorios para los pueblos.

 

Incluso acepta hoy como loable a la continuidad del PEA2 en el Plan 2020-2030 ampliar en 200 millones de toneladas para 2030 Ni siquiera mira por sus intereses sectoriales porque esa planificada expansión resulta en concentración y transnacionalización económica territorial, desertificación, ruina del país y mayor pobreza estructural.

 

Tampoco repara en su necesidad de agua, vidas y territorios para los pueblos como lo exigen asambleas y otras organizaciones populares. No se identifica con las luchas por justicia social y la socioecológica que denuncian al Estado y gobierno en sus distintas jurisdicciones por ser garantes de la acumulación gran capitalista que es ecocida y genocida. Sin embargo, cada vez más documentos e investigaciones, prueban que la actual coexistencia de la agroecología y la agricultura familiar con el sistema global de agronegocios no durará mucho tiempo. Lo peor es que las consecuencias son criminales.

 

 

¿Los campos agroecológicos pueden “convivir” con los lotes fumigados?:

la conclusión a la que arribaron científicos argentinos

26 de febrero de 2021

Especialistas de la Universidad de La Plata, junto a productores, concretaron una investigación en “La Aurora”, establecimiento que produce sin usar venenos.

Por Patricio Eleisegui

La experiencia se llevó a cabo en un lugar emblemático para la lucha por la soberanía alimentaria: “La Aurora”, establecimiento reconocido por la FAO, dependiente de la ONU, como una de las experiencias agroecológicas más exitosas del planeta.

Ubicado en el distrito de Benito Juárez -distante algo más de 400 kilómetros de Capital Federal-, el campo ocupa 650 hectáreas e integra producción de trigo, pasturas y ganadería sin aplicación de agrotóxicos ni alimentación animal basada en transgénicos.

El resultado fue el menos deseado: los científicos del Centro de Investigaciones del Medioambiente (CIM), ligado a la Universidad de La Plata (UNLP), hallaron rastros de 9 herbicidas y fungicidas en la superficie del emprendimiento. La particularidad es que “La Aurora” suma décadas sin llevar a cabo la aplicación de plaguicidas de síntesis química.

“El objetivo del trabajo fue estudiar, a través de caracterizaciones espacio-temporales de presencia de plaguicidas en suelos, cómo un sistema de producción de ABA -agroecológico- puede verse afectado por los campos CBA -agricultura basada en químicos- que lo rodean”, se indica en el inicio de la investigación, a la que Economía Sustentable accedió en las últimas horas.

Para enseguida añadir: “Se realizaron dos campañas de muestreo y se obtuvieron muestras de suelo de ‘La Aurora’, establecimiento agrícola ubicado en la pampa argentina y reconocido por la FAO por sus prácticas agroecológicas, y de campos vecinos con producciones CBA”.

El monitoreo dio como resultado la presencia en el lote agroecológico de los siguientes herbicidas y fungicidas:

·         Glifosato.

·         AMPA, su metabolito.

·         2,4-D.

·         Atrazina.

·         Acetoclor.

·         Metsulfuron-metil.

·         Desetil-atrazina.

·         Epoxiconazol.

·         Tebuconazol.

“Tres o más plaguicidas coexistieron en el 93% y el 32% de las muestras de CBA y ABA, respectivamente. El glifosato y AMPA fueron los de mayor frecuencia de detección ya su vez representaron el 90% de la carga total de plaguicidas en ambos sistemas”, detalla el trabajo.

Hay más: los científicos encontraron trazas del cancerígeno glifosato incluso 300 metros campo adentro del establecimiento agroecológico. Lo atribuyen a que “La Aurora” está rodeada de establecimientos que utilizan el agrotóxico y este se transporta de forma atmosférica.

“Las concentraciones de glifosato y AMPA están en el orden de las que causan efectos subletales y letales en los organismos del suelo”, señala en otro apartado.

“Estos resultados destacan la movilidad de los plaguicidas, ya que el establecimiento de ABA se ve afectado por el entorno donde se utilizan plaguicidas, incluso en sitios alejados de la interfaz entre ellos”, añade.

El trabajo en cuestión, otro mérito de la ciencia pública, es el primero que aborda la dinámica de los plaguicidas en un espacio geográfico en el que convergen sendos lotes basados en la producción a base de transgénicos y agrotóxicos y un campo orientado por completo al modelo agroecológico.

Contaminación regional

Las conclusiones de la experiencia resultan claras y contundentes: “El sistema agroecológico estudiado es alcanzado por plaguicidas, tanto del sistema convencional vecino, como por estar ubicado en una región dominada por el sistema de producción dependiente de plaguicidas.”

En el mismo documento, los científicos proponen al glifosato y su residuo -AMPA- como “trazadores ambientales de actividades agroproductivas convencionales” de cara a futuras nuevas mediciones.

Ante el escenario de contaminación confirmado, la recomendación de los profesionales de la ciencia también es precisa: “Se deben adoptar herramientas de manejo que reduzcan el uso de plaguicidas y así proteger los equilibrios ecosistémicos que son la base de la producción agroecológica…”.

Publicada recientemente en la revista internacional Agriculture, Ecosystems & Environment, la investigación lleva la firma de Damián Marino, Constanza Bernasconi, Pablo Demetrio, Lucas Alonso, Tomas Mac Loughlin, Eduardo Cerdá y Santiago Sarandón -los dos últimos, especialistas en agroecología por la red de municipios RENAMA y la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNLP-.

Fuente: https://economiasustentable.com/noticias/los-campos-agroecologicos-pueden-convivir-con-los-lotes-fumigados-la-conclusion-a-la-que-arribaron-cientificosargentinos?fbclid=IwAR1exXuShZXEqA01GC9VcW8pUEKgw2mJAThrce4Gii-TWO6NZxLE2HSlHfc

 

En consecuencia, la simple asociación de productores pequeños y medianos sin ruptura de su lógica del Capital y de su dependencia del Estado conduce a callejones sin salida al tratar, por un lado, de competir con el sistema global de agronegocios a cuyo servicio están: todo el entramado de organismos supranacionales, los estados nacionales, los neofeudos locales y sobre todo, como explica Félix Guattari, a través de la producción de subjetividad capitalista a escala planetaria, las castas políticas y clases adueñadas los países-mundo tienden a asegurar un control cada vez más despótico sobre los sistemas de producción y la vida social. Por otro lado, se desentiende de escuchar a las luchas campesinas de otras latitudes en dirección autónoma y a investigadores como Silvia Ribeiro que advierte:

Toda esta forma de agricultura es insostenible, indica la directora de ETC para América Latina, pues “está relacionada con los principales problemas de sustento del medio ambiente, con la destrucción de la biodiversidad, la contaminación del agua, la erosión de los suelos y la contaminación de todos los ciclos químicos. Esto en la Península de Yucatán es extraordinariamente más sensible por el sistema de suelos cársticos, es un problema geofísico”.

¿Es posible desmantelar la agroindustria?, se le pregunta. Y la respuesta es “no se puede dejar de hacerlo, porque sostenerlo es lo que produjo una pandemia que puso de cabeza al planeta, en la que nos van a matar o por Covid o por todas las medidas que trajo la cuarentena. Jamás ha habido una inversión del tamaño político y económico de contención como en esta pandemia y quieren seguir sobre el mismo sistema. El gobierno está totalmente equivocado o está trabajando junto con las empresas, que son las únicas que ganan con la destrucción”.

Pero por otro lado, sostiene, “hay mucha gente en México que realmente quiere cuidar lo que tienen y reconstruirlo. Eso es lo que se debería apoyar en las condiciones de las comunidades, no con programas que vienen desde arriba, como Sembrando Vida, que no son acordes ni con la cultura y el conocimiento de los pueblos. Los programas del gobierno que no están basados en lo que las propias comunidades no tienen ningún sentido”.

Para la investigadora la esperanza radica en que aún con todo en contra los pueblos siguen sembrando, “como lo hace Leydy Pech, ganadora del Goldman, y eso no es sólo la resistencia, es también la construcción. Hay mucha gente que no está organizada con colectivos o frentes, pero que su cotidianidad es la resistencia, viven así y siguen estableciendo relaciones comunitarias. Las comunidades son dinámicas y su corazón es la autonomía, el respeto, la decisión común y la integración en el territorio”.

 

Es hora de comprender que les campesines y les pequeñes y medianes productores comparten con les otres componentes de las diversidades de abajo sin fronteras ni muros burgueses el desafío de recuperar el agua, la vida y los territorios que han sido expropiades por el capitalismo e imperialismos. Veamos un ejemplo del cómo lo asumieron en:

Hopelchén, territorio maya que enfrenta a las trasnacionales de las semillas con organización comunitaria

8 febrero 2021

 

Robin Canul y Gloria Muñoz

Hopelchén, Campeche. En una cocina maya se toman decisiones. Los hombres trabajan en la siembra y cosecha de maíz y las mujeres seleccionan las semillas, cuál sirve y cuál no, pues de ahí dependen futuras siembras o la fuente más pura de sabor. Aquí, al mismo tiempo, se deciden la salud, las relaciones y se resuelven los conflictos alrededor del fogón en el que se cuece el fruto de la milpa. “La cocina es como un río donde confluyen diferentes arroyos. El centro es el fogón con las tres piedras que sostienen el mundo y que se mantiene como espacio sagrado y medicinal”, dice Álvaro Mena, originario de Hopelchén, que en maya significa “Lugar de los cinco pozos”.

 

La cocina huele a humo de las leñas locales. A ella no entra cualquier madera sino sólo las elegidas, como el tzalam o catzin, que han sido esperadas en el monte. No se cortan si están muy verdes, hay que esperar a que crezcan y se sequen. El techo de huano de la cocina luce ahumado, los vapores del cum cuecen los granos de maíz entre agua y cal, a lo lejos huele a masa nueva y a chile. Por la mañana huele al dulce de la miel o al amargo del café, a tortilla recalentada. Y por la tarde a caldo, a frijol kabax con su cebolla y epazote. En día de fiesta el olor es a relleno negro o puchero, platillo que conjuga los sabores del plátano, calabaza, camote, chayote, pollo de patio, rábano, cilantro, naranja agria y el infaltable chile habanero. En todo este conjunto, dice Álvaro, del colectivo Ka’ Kuxtal Much Meyaj “El Renacer de la Organización”, radica su «soberanía alimentaria».

“Tal vez aquí la «soberanía alimentaria» no la conocen con esas palabras, pero las familias de aquí del pueblo la practican. Si tú les preguntas a mis papás, a mis tíos u otras personas que sí practican la «soberanía alimentaria» no te entenderían, pero en realidad ellos la practican en su día a día en su milpa con la siembra de frijol, maíz y calabaza”, menciona Wilbert Caamal, quien forma parte del departamento de comunicación interna y divulgación de contenidos de Muuch Kambal A.C.

 

Leydy Pech, recientemente galardonada con el premio Goldman, considerado como el Nobel del medio ambiente, explica que para alcanzar la «soberanía alimentaria» “se deben garantizar la diversificación de cultivos en la milpa y el traspatio, pero tomando en cuenta los conocimientos locales, la forma en la que lo sabemos hacer, respetando nuestros recursos naturales sin sobre explotarlos”. La «soberanía alimentaria», explica, “es tener la libertad de poder producir lo que queremos, porque nosotros podemos elegir nuestras semillas criollas, los maíces, el frijol, la calabaza, hay una gran diversidad”.

Por su lado, Silvia Ribeiro, investigadora y directora para América Latina del Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (ETC), coincide con el concepto de Pech Martín. La «soberanía alimentaria», añade Ribeiro, “es el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo, lo que coloca a quienes producen, distribuyen y consumen alimentos en el corazón de los sistemas y políticas alimentarias, por encima de las exigencias de los mercados y de las empresas”. Justo lo que está bajo ataque.

 

Hopelchén, municipio maya del oriente de Campeche, colinda con la biósfera de Calakmul, la mayor reserva mexicana de bosque tropical y uno de los últimos pulmones del país. Es fronterizo con los estados de Yucatán y Quintana Roo, (que en conjunto conforman la Península de Yucatán), concentra en sus planicies la mayor cantidad posible de agresiones a la soberanía de los pueblos mayas. El agronegocio encontró aquí el espacio ideal para su reproducción, avalado por gobiernos estatales y federales de turno, y con la producción agrícola masiva llegaron el monocultivo, los agroquímicos, los transgénicos y la deforestación.

 

“Los recursos de nuestro territorio hoy se están perdiendo a pasos acelerados”, expone al gobierno federal y estatal el Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes. Y un recorrido por miles de hectáreas deforestadas así lo constata. Donde había selva hay grandes planicies en las que circulan tractores manejados por menonitas que implementan el monocultivo. El centro de la selva maya, dentro del Corredor Biológico Mesoaméricano, aún es hogar del tucán, el tapir, el jaguar, el zapote, las abejas meliponas, el tinto, la boa, el venado y el cocodrilo, pero su existencia peligra. Ahora es común encontrarse abejas muertas por los agroquímicos que se usan en los cultivos conocidos como mecanizados.

Hopelchén, la región de los pozos y centro de origen del maíz, produce grandes cantidades de chicle y alrededor del 30 por ciento de toda la miel que exporta el país, explica el colectivo de comunidades mayas, y añade que los mayas milenariamente han progresado por el conocimiento que tienen sobre el manejo de los recursos de su territorio, pero estos recursos, insisten, se están perdiendo.

 

Durante décadas diversos colectivos y organizaciones mayas han denunciado que el territorio de Hopelchén está siendo vulnerado por la agricultura industrial y los proyectos que traen especies transgénicas. La implementación de un modelo ajeno a la región, exponen, ha propiciado la deforestación y “se están destruyendo las fuentes de néctar para nuestras abejas, nuestras selvas y su biodiversidad desaparecen; los corrientales de agua han cambiado, las lagunas temporales de las que han sobrevivido se están secando, y los animales silvestres aparecen muertos en las orillas de los mecanizados”. Alertan sobre la pérdida de la seguridad alimentaria en las comunidades mayas y advierten que la salud de la población ha empeorado, debido también al consumo de agua contaminada con químicos venenosos; además de que en cada ciclo agrícola es cada vez más frecuente el reporte de abejas muertas.

 

Hopelchén es considerado como el municipio más deforestado de la Península de Yucatán. Fuentes oficiales como la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) se ha negado a otorgar entrevistas sobre el tema, y se remite a ofrecer cifras retomadas de la plataforma Global Forest Change que registra al Estado de Campeche como el más deforestado de la región, pues tan solo en 2019 perdió 53 mil hectáreas de bosque natural, lo que equivale a 12.5 Mt de CO₂ de emisiones. Las cifras más actuales las proporciona Edward Allan Ellis, del Centro de Investigaciones Tropicales Universidad Veracruzana, quien expone que el 75 por ciento de esta pérdida forestal en la región fue entre 2005 y 2015; época en que el crecimiento de áreas agrícolas se disparó de 2.1 a 3.1 por ciento, lo que implica una pérdida anual de 4 mil hectáreas de áreas forestales; mientras que la plataforma GFC reporta la pérdida de unas 6 mil 500 hectáreas por año.

Las comunidades menonitas han sido el principal rostro de las políticas agroindustriales impulsadas por los gobiernos federales y estatales en la Península de Yucatán; su asentamiento desde la década de los 80, ha significado la imposición de un modelo de desarrollo agrícola que ha desplazado la agricultura tradicional. Esto a su vez repercute en la autosuficiencia de las comunidades mayas de la Península, puesto que las semillas criollas han sido relegadas por las semillas mejoradas y transgénicas. Tan sólo en el municipio de Hopelchén existen 22 comunidades menonitas que se expanden rápidamente entre la selva y los pueblos mayas, algunas superficies compactas acumulan hasta 5 mil hectáreas de cambio de uso suelo de selva a zonas agrícolas.

Se estima que la Península de Yucatán produce casi el 40 por ciento de la miel en México; lo que, de acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sagarpa) generó ingresos de aproximadamente mil millones de pesos en 2014. La apicultura es una actividad ancestral y tradicional del pueblo maya. En los tres estados peninsulares hay más de 15 mil familias mayas dedicadas a la actividad, refiere el investigador de ECOSUR Chiapas, Remy Vandame en su trabajo de investigación “Miel y cultivos transgénicos en México: principio de precaución y generación de evidencias”.

Para los campesinos mayas el trabajo con las abejas representa la principal fuente de ingresos económicos, pero ante la intromisión de los monocultivos este sector ha mermado su producción. Las áreas de pecoreo están quedando relegadas a pequeños manchones de selva. En Hopelchén y otras zonas aledañas los cerros son los únicos que detienen la expansión de la soya transgénica, los hombres con overol usan retroexcavadoras tipo caterpillar para desmontar la mayor cantidad de selva posible, pues el subsidio a los granos de soya que otorga el gobierno federal resultan atractivos para los compradores y productores.

 

Las semillas nativas son sinónimo de libertad: Leydy Pech

Leydy Aracely Pech Martín obtuvo el Premio Goldman como reconocimiento al trabajo colectivo de defensa del ambiente y del territorio de las comunidades mayas de la zona de Hopelchén, de donde es originaria, y desde donde, junto a las organizaciones Muuch Kambal A.C. y el Colectivo de Comunidades Mayas de Hopelchén, ha denunciado las afectaciones irreversibles que han traído los proyectos a gran escala como la agricultura industrial. Estos colectivos, al mismo tiempo que denuncian, construyen alternativas de resistencia y autonomía basadas en conocimientos tradicionales y en el intercambio de saberes sobre la milpa maya y la apicultura.

Pech considera que para el pueblo maya las semillas nativas son sinónimo de libertad y autonomía y asegura que, si no se defienden y se preservan, se corre el riesgo de depender de modelos de producción ajenos y basados en el uso de semillas híbridas, transgénicas y ligadas al uso de plaguicidas, factores que reducen la calidad de la alimentación y de la salud de las personas.

“La agricultura industrial promueve la deforestación, en esa pérdida se va nuestra sabiduría, los polinizadores, se pierden plantas medicinales y es por eso que hay que dimensionar y saber todo el valor de las cosas que se están perdiendo. Este proceso de cambio acelerado nos está generando problemas sociales, económicos, culturales y ambientales y propicia la migración de nuestros jóvenes hacia las ciudades”, dice Pech Martín desde su casa en Hopelchén.

 

Las fortalezas del sistema alimentario maya

Para Álvaro Mena Fuentes, de la organización Ka’Kuxtal Much Meyaj, la fuerza del sistema alimentario radica en la gente, la comunidad y su relación con las semillas. “A los mayas las semillas nos han acompañado desde el origen de nuestros pueblos, no seríamos lo que somos de no ser por la relación con las semillas. Esta relación está basada en el respeto, en comprender a la naturaleza y a las semillas como otro ser de la naturaleza, iguales a nosotros y nosotras. Es comprender que, así como las semillas, todos los seres vivos son sagrados”, explica Álvaro, quien también es parte de la Congreso Nacional Indígena y de la Red en Defensa del Maíz.

No han sido pocos los embates a la vida campesina en la Península de Yucatán. Lo increíble es que su sistema alimentario siga vivo a través de la milpa y que, dice Álvaro, “se haga cada vez más fuerte”. Los ataques, enumera, vinieron primero con la invasión española de hace más de 500 años con la etapa colonial y de haciendas henequeneras en la Península de Yucatán, y el despojo territorial que significaron para los pueblos; y en las últimas décadas la llamada Revolución Verde, que desplazó formas tradicionales de producir alimentos. Y aún así, insiste, “la milpa sigue viva y la realización de ceremonias, del agradecimiento, de este principio de agradecer y compartir”.

Y justo el “compartir”, explica, es el corazón de las ceremonias. Recientemente, con la llegada de las tormentas, los más afectados fueron quienes se dedican a la producción agroalimentaria industrial, “porque los que más se inundaron fueron los que habían sido mecanizados por varias décadas, donde la filtración de agua se redujo drásticamente. Esto significó una gran pérdida para ellos porque a lo que aspiran es al recurso, a la cantidad de dinero que van obtener de la siembra. Pero nosotros aspiramos a tener alimento y a compartirlo, no a hacernos ricos. Por eso la milpa y el sistema alimentario maya son profundamente anticapitalistas”.

“Compartir”, añade, es una práctica ancestral: “Por ejemplo, cuando un campesino maya le entrega a otro semillas porque uno de ellos lo perdió todo ya sea por sequía o inundación, el diálogo es el siguiente: ‘no me debes nada, cuídala, siémbrala, y cuando a mí me haga falta, ya sé dónde encontrarla’. Es un diálogo que hace evidente ese compromiso”.

 

Y en un ejemplo más regional, está la Red Mayense de Guardianes y Guardianas de Semillas, que abarca la Península de Yucatán y Chiapas, en la que participan más de 600 comunidades hermanadas por las semillas. “Estos lazos, ahora que fueron las tormentas que afectaron la primera siembra, nos permitieron recuperar semillas y compartirlas. Aseguramos así que se iba a tener, por lo menos, comida, nada más y nada menos”.

 

La milpa que camina al ritmo del pueblo que la arropa

“Ir a la milpa” no es ir a cualquier parte. Es decir, hay quienes siembran monocultivos o solo maíz híbrido, y como sinónimo de ir a trabajar, dicen “voy a la milpa”. Pero la milpa para los mayas, explica Mena, “es un sistema dinámico, cambiante, que va avanzando y caminando al mismo ritmo que el pueblo que la arropa y cuida. Se va adaptando a las necesidades de ese pueblo y por eso podemos encontrar diversos tipos de milpas, de acuerdo al pueblo que la realiza”.

Los principios que la identifican, explica, es que “tiene que estar destinada para producir alimentos, no dinero. Una milpa está basada en la libertad de las semillas, está sembrada con semillas propias. Una milpa es diversa. Una milpa prioriza la vida de las plantas y de los insectos, y entonces el uso de agroquímicos no va en sintonía con ese principio. La milpa sirve también de fuente de medicinas, de plantas e insectos medicinales, de miel para los polinizadores. Todo esto es una milpa, además de un espacio en el que las familias fortalecen sus bases culturales y recrean la cultura y la lengua”.

La milpa es territorio y es comunidad. “Es muy difícil hacer milpa si no hay comunidad, porque se requiere de una toma de acuerdos y decisiones colectivas para que todos los elementos que ya mencioné puedan enlazarse. Aquí, en Hopelchén, promovemos esas milpas y decimos que estamos recuperando territorio. Ante la quema de siembra agroindustrial, cada hectárea de milpa que se empieza a hacer es un territorio que se le arrebata a la agroindustria, un territorio que se recupera”.

 

Por eso, añade, “cultivar la milpa es defender el territorio, es recuperación, resistencia y rebeldía”. Todo lo contrario, dice Mena, a “la política pública agrícola de este país, más aún en la Cuarta Transformación, que tiene como objetivo la productividad y la ganancia. Por eso. cuando un campesino maya decide poner una semilla propia en el suelo, es un acto de rebeldía contra ese sistema agroindustrial que nos quiere imponer un tipo de producción basado en el capitalismo”.

La organización Ka’Kuxtal Much Meyaj nace justo en medio de una embestida a la milpa, “cuando las variedades de maíz, calabazas y frijoles se estaban reduciendo drásticamente y un grupo de mayas decidimos crear un colectivo para defendernos de este ambiente tan adverso”.

Diez años después, la organización sigue creciendo pero, reconocen, a cada paso que dan aparecen nuevas amenazas. “La lucha tiene que ser constante y creativa, no podemos mantenernos siempre en la misma estrategia. Estamos en un punto en el que algunos compañeros están enviando su producción a las ciudades, y los otros que aún no lo hacen lo ven como algo positivo. Los pueblos podemos vivir bien de la producción de nuestras milpas, no es necesario estar trabajando para las empresas”.

En el contexto de la actual administración federal encabezada por Andrés Manuel López Obrador, Mena vislumbra más difícil la resistencia, “pues gran parte del discurso que hemos usado siempre para la resistencia y la organización ahora lo usa el Estado para imponer sus megaproyectos y sus programas, y eso confunde a mucha población. Por otra parte, están desarticulando los escasos esfuerzos organizativos en varias partes, no sólo aquí, y eso también complica las cosas. De los diez pasos que hemos dado, todo va a retroceder unos cinco con López Obrador, pero no nos rendimos ni nos desesperanzamos, al contrario”.

 

El solar maya o traspatio

Asomarse al solar es sinónimo de riqueza, así conciben las familias mayas el traspatio, ese espacio integral que garantiza el abastecimiento de comida, medicina y una fuente inagotable para alimentar a los pavos, a los cerdos, a las gallinas y la recolección de huevos. Basta con salir al solar para la cosecha de frutos de temporada como el nance, la ciruela, la guayaba, el limón, naranja agria, lima, la chaya y hojas de ramón entre otras especies.

A diferencia de la ciudad, en el pueblo los solares invitan a compartir, “en la ciudad todo lo tienes que comprar, tienes que ir al supermercado, con los vecinos es diferente la relación o ni siquiera existe, aquí tocan a tu puerta: vecina présteme una gallina culeca para empollar huevos, también intercambiamos frutas de temporada, deme 5 pesos de epazote o de cebollina, limón o naranja” el comercio o el trueque comunitario abona no sólo a la alimentación sino también fortalece el tejido social”, asegura el agroecólogo Óscar Chan Dzul de la organización comunitaria U Yich Lu’um ubicada en Sanahcat, Yucatán.

Óscar Chan es apasionado de las plantas medicinales por tradición y herencia de su abuela, de su madre y por su cercanía a un médico tradicional. Esos conocimientos los comparte con jóvenes, mujeres y hombres que integran el Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes y Muuch Kambal A.C., organizaciones que trabajan bajo la agenda comunitaria U Nojtuukulik u meyaj u méek’tankaajilo’ob (El gran pensamiento del trabajo de los pueblos mayas unidos de Hopelchén) y que promueven la producción agroecológica en el municipio, la reducción del uso de plaguicidas y la erradicación de las fumigaciones aéreas. Asimismo, impulsan campañas de salud y alimentación para hacer frente a las enfermedades como la diabetes o hipertensión.

En el traspatio hay que tener noción de donde se camina, qué se arranca y qué no. Oscar recuerda que junto a su madre se daban a la tarea de identificar las plantas medicinales antes de limpiar el traspatio “Esta planta no la cortemos es Siipche’ planta con mucha fuerza para rituales y para dolor corporal, Xpepectúun enredadera para curar disentería blanca, Frijolillo xíiw para asma, Chokuil xíiw o claudiosa xíiw para diabetes o en pomada para dolor corporal y el Cardosanto para hepatitis, anemia o varices”.

La costumbre de curarse con plantas se está perdiendo, pero el conocimiento está ahí, asegura el agroecólogo, y recuerda que en los talleres de técnicas de aprovechamiento y elaboración de medicina tradicional que imparte en la región de los Chenes se comparten vivencias. Sus talleres se enfocan en la elaboración de microdosis, pomadas, jarabes y jabones con plantas de la región.

“Es muy importante el intercambio porque las señoras me dicen el nombre y el uso de plantas que yo no sé y yo les digo de mi región y se emocionan porque hacemos un intercambio que resulta enriquecedor por ambas partes”, comparte.

 

La respuesta de las comunidades maya a la pandemia

Para las comunidades mayas, la actual pandemia ha dejado múltiples lecciones, una de ellas es el acto de compartir las semillas que se sembraron en las comunidades, semillas que vinieron de otros pueblos de la Península de Yucatán. Esto se debe al espíritu solidario y vivo del pueblo maya, refiere Leydy Pech, y sostiene que fue la alternativa para evitar que otras comunidades se queden sin alimentos lo cual no es cuestión de dinero, es cuestión de identidad. Menciona que otro factor importante para hacer frente al bache económico que trajo la contingencia sanitaria es el cultivo de traspatio, las gallinas, las frutas, las plantas medicinales que se convirtieron otra vez en una de las principales fuentes de sustento de los pueblos.

“A raíz de esa enfermedad, los conocimientos de los pueblos acerca de las plantas medicinales y de los remedios fue aumentando; es común ver cómo las personas tratan de conseguir hojas de guayaba, de orégano y otras plantas medicinales y cortezas de árboles, entonces se ve la importancia de recuperar nuevamente esos saberes. Nosotros estamos practicando esos conocimientos en mi familia y siento que es una manera importante de aprender”, menciona Wilbert Caamal Cahuich.

Pech Martín es clara. Para ella la soberanía los plantó frente al virus. Pero no romantiza, pues, dice que las políticas públicas agropecuarias han cambiado la forma de mirar la «soberanía alimentaria» con la introducción de la producción a gran escala de soya, maíz, arroz, etcétera. Las políticas públicas agropecuarias, asegura, han modificado las formas de trabajo sustentable y ha propiciado la deforestación, la dependencia de las semillas híbridas y los paquetes tecnológicos que no responden a las necesidades del pueblo maya.

La información oficial que llega a los pueblos tiene la intención de mostrar las bondades de la soya transgénica y otras variedades, pero no existe información culturalmente adecuada y libre para que las comunidades puedan elegir y tomar decisiones. Ante eso, Leydy Pech y el Colectivo de Comunidades Mayas de los Chenes han retomado el trabajo agrícola tradicional, como se hacía en tiempos ancestrales de manera armoniosa, ya que las políticas agrícolas actuales “se piensa a gran escala como un tema comercial, con una mirada distinta al cuidar y conservar”, aseveró Pech Martín.

En el Colectivo de Comunidades Mayas se reflexiona sobre la fragilidad que se vive, para replantearse cómo quieren vivir. Una de las acciones que realizan es la siembra de las semillas nativas. Después de dos tormentas y la pandemia del COVID-19, muchas comunidades están volviendo a sembrar sus semillas, como el maíz. Otras recuperaron tierras como parte de las acciones que hacen en defensa del territorio.

El colectivo trabaja con los jóvenes en las escuelas, en los huertos de traspatio aprovechando los recursos naturales que tienen en las casas; y en las selvas, como la recolección de microorganismos, para demostrar que hay otra forma de hacer agricultura y de producir alimentos.

El maíz, como en la mayor parte de los pueblos originarios, es la base de la alimentación de la cultura maya. El abuelo de Leydy siempre dijo que “mientras uno tenga maíz, no es pobre. Pobre es aquel que no sabe trabajar la tierra y que no tiene conocimiento”. El maíz, dice Pech, representa su identidad cultural, su relación directa con el cuidado de la naturaleza y sobre todo la preservación de la cultura maya. “El maíz, el frijol y la calabaza es lo que sostiene a las milpas y nos da identidad, junto con las abejas, que van de la mano por la polinización directamente asociada con la producción de alimentos, con la conservación de especies, de plantas, árboles, y también están asociadas al trabajo de las mujeres, somos muchas trabajando con las apis melíferas y las meliponas, y eso nos lleva a una reflexión sobre el papel de las mujeres”.

Wilbert ha practicado la milpa desde que era pequeño, cuando acompañaba a su abuelo a sembrar maíz, frijoles, íbes, tomates, calabazas y chile. Más tarde creció trabajando la milpa con su padre y hermanos para lograr el sustento alimenticio y económico familiar, pero al mismo tiempo recuerda este espacio “nos gustaba sembrar, producir y mirar cómo nos iba bien en el año cómo crecían los elotes, nos alegrábamos cuando caía la lluvia porque eso significaba que esta temporada sí iba a ser buena”.

El ingeniero agrónomo Manuel del Jesús Caamal sostiene que en su ramo existen pocas oportunidades de empleo en la región, y si bien el sector de los agronegocios es una de las pocas fuentes, estas no ofrecen ningún tipo de manejo agroecológico “yo pensaba que no era verdad la agricultura orgánica, pero es más saludable, inclusive en mi familia hemos tenidos familiares enfermos por la exposición a los agroquímicos. Veo que si hay buena producción en la agroecología y aunque representa un poco más de trabajo, hace falta que más gente se interese por esta alternativa”.

La batalla ganada

El Colectivo de Comunidades Maya emprendió una batalla legal contra los permisos otorgados en junio de 2012 por la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa, hoy Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural) a la empresa transnacional Monsanto para la siembra en fase comercial de 235 mil 500 hectáreas de soya genéticamente modificada, la cual constituye graves afectaciones al territorio maya.

La batalla se ganó contra el gigante de los transgénicos, pero, evalúa Álvaro Mena, la siembra de soya y de maíz modificado continúa. “Los transgénicos son sólo el síntoma de un problema más profundo, que es la agroindustria. Cuando llegaron los transgénicos a Campeche ya había unos 20 años de desmantelamiento de la agricultura campesina.

Los transgénicos llegaron al Península en el 2011 y desde la década de los ochenta había empezado la agroindustria, que en los años noventa creció de manera acelerada en la región. “Se deforestaron grandes extensiones de tierra, se instalaron sistemas de riesgo industrial, el gobierno financió la compra de grandes maquinarias y se promovió la llegada de los menonitas al mismo tiempo que la agroindustria, se hicieron manejos corruptos en la Secretaría de la Reforma Agraria para que se pudieran abrir espacios entre los ejidos y dejar disponibles tierras para los empresarios. Todo eso sucedió antes de que llegaran los transgénicos. Se estaba preparando el camino, explica Mena.

La agroindustria, añade, “no sólo entró al territorio, sino también a la mente de las personas, al paladar de la población, a la casa, a los bolsillos y a todas partes. Sería ilusorio pensar que con quitar solamente la soya transgénica del panorama se ha ganado. Y ni siquiera se quitó, se sigue sembrando de manera ilegal”.

Por eso, coinciden los entrevistados, continúan organizándose en la defensa del territorio.

Los enemigos de la milpa

Silvia Ribeiro, referente en todo el Continente Americano sobre temas de «soberanía alimentaria», diversidad biológica y cultural, recursos genéticos, propiedad intelectual, biopiratería, transgénicos y globalización corporativa, no duda en señalar a los enemigo del campo: “las empresas de los agronegocios, desde las semilleras, como Monsanto, hasta los que hacen la distribución y la acumulación o almacén, como Cargill o empresas como la del exfuncionario federal Alfonso Romo, la cerealera EnerAll. A todas estas empresas les molesta el concepto de soberanía alimentaria basada en la producción campesina. Lo que quisieran es no tener ninguna traba para apropiarse del suelo, del agua, de los transportes, como sucede con el Tren Maya”

Lo que hay detrás del agronegocio, advierte la investigadora y periodista uruguaya radicada en México, “son los intereses empresariales promovidos con un falso concepto de «soberanía alimentaria», basado en que producir una cantidad de alimentos evita cuestionar quién produce, cómo produce, en qué condiciones y cómo se relaciona con el territorio y el medio ambiente, cuestiones que sí están integradas en el concepto que proponen los movimientos.

La agricultura industrial, enfatiza la experta, “no es viable, y lo está probado la pandemia”, pero a empresas y gobiernos parece que no les importa. En Campeche, explica, “se junta todo: el sistema alimentario agroindustrial, que es el principal factor de deforestación, la expansión de la frontera agrícola en función de los monocultivos, de los transgénicos o híbridos y el establecimiento de empresas y de menonitas, gente que no es de la región y que no tiene ningún arraigo con ese territorio. Por eso las inundaciones han tenido el impacto tan devastador, pues han sacado agua y han tapado los lugares por los que debería de fluir”.

Para Ribeiro “hay una brutal irresponsabilidad del actual gobierno de México con la siembra de transgénicos en Campeche, porque a pesar de que ya se ganaron amparos y se presume la lucha contra Monsanto, hoy vas al campo y los compañeros te enseñan dónde hay soya transgénica o sospechas de maíz transgénico. Es una brutal irresponsabilidad de todas las instancias de fiscalización y la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados (Cibiogem) tendría que velar por que se cumpla”.

Toda esta forma de agricultura es insostenible, indica la directora de ETC para América Latina, pues “está relacionada con los principales problemas de sustento del medio ambiente, con la destrucción de la biodiversidad, la contaminación del agua, la erosión de los suelos y la contaminación de todos los ciclos químicos. Esto en la Península de Yucatán es extraordinariamente más sensible por el sistema de suelos cársticos, es un problema geofísico”.

¿Es posible desmantelar la agroindustria?, se le pregunta. Y la respuesta es “no se puede dejar de hacerlo, porque sostenerlo es lo que produjo una pandemia que puso de cabeza al planeta, en la que nos van a matar o por Covid o por todas las medidas que trajo la cuarentena. Jamás ha habido una inversión del tamaño político y económico de contención como en esta pandemia y quieren seguir sobre el mismo sistema. El gobierno está totalmente equivocado o está trabajando junto con las empresas, que son las únicas que ganan con la destrucción”.

Pero por otro lado, sostiene, “hay mucha gente en México que realmente quiere cuidar lo que tienen y reconstruirlo. Eso es lo que se debería apoyar en las condiciones de las comunidades, no con programas que vienen desde arriba, como Sembrando Vida, que no son acordes ni con la cultura y el conocimiento de los pueblos. Los programas del gobierno que no están basados en lo que las propias comunidades no tienen ningún sentido”.

Para la investigadora la esperanza radica en que aún con todo en contra los pueblos siguen sembrando, “como lo hace Leydy Pech, ganadora del Goldman, y eso no es sólo la resistencia, es también la construcción. Hay mucha gente que no está organizada con colectivos o frentes, pero que su cotidianidad es la resistencia, viven así y siguen estableciendo relaciones comunitarias. Las comunidades son dinámicas y su corazón es la autonomía, el respeto, la decisión común y la integración en el territorio”.

https://desinformemonos.org/hopelchen-territorio-maya-que-enfrenta-a-las-trasnacionales-de-las-semillas-con-organizacion-comunitaria/?fbclid=IwAR2wiu-iHBpB_ZnfXvlhzyNqJjTihnZ_ZQ7_6JPVrCafEmsEllotgVQzWgA

 

 

 

 Ecocida y genocida

 

Dejemos de naturalizar nuestro modo de vida y trabajo. La pandemia debería habernos interpelado sobre porqué existe emergencia alimentaria desde 2002 y se la prorrogó hasta 2023, también sobre el deterioro y la contaminación de los alimentos.

 

Recordemos la asociación entre la Federación de Cooperativas Federadas (Fecofe), la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI-Somos Tierra) y el Frente Nacional Campesino (FNC) para producir cerdos en gran escala. En

“La ecología de Marx, materialismo y naturaleza” de John Bellamy Foster pp.130-131,  averigüemos hacia dónde debería rumbear y porqué al reflexionar:

Marx argüía que la abolición del monopolio de la propiedad privada de la tierra se realizaría a través de la "asociación de productores". "Al aplicarse a la tierra", conserva los beneficios de los grandes latifundios desde un punto de vista económico y hace efectiva por primera vez la tendencia inherente en la división de la tierra, a saber, la igualdad. Al mismo tiempo, la asociación restituye los vínculos íntimos del hombre con la tierra de una manera racional, no mediatizada ya por la servidumbre, por los señores y por una estúpida mística de la propiedad.

 

La sociedad que deja de estar alienada por la institución de la propiedad privada, y por la acumulación de riqueza como fuerza impulsora de la industria, "es por lo tanto, en esencia, la unidad perfeccionada del hombre con la naturaleza, la auténtica resurrección de la naturaleza, del naturalismo realizado del hombre y del humanismo realizado de la naturaleza''. Marx contrapone esta sociedad al mundo de "la prostitución universal del trabajador" y de la "contaminación universal" de las grandes ciudades: un mundo donde "la materia muerta'', en forma de dinero, ha llegado a dominar sobre las necesidades humanas y el propio desarrollo. El conocimiento revolucionario de un mundo más allá del capitalismo, un mundo del "naturalismo realizado del hombre y del humanismo realizado de la naturaleza" -que constituya la esencia del proceso histórico-. no ha de detenerse directamente, según Marx, sino que encuentra, "tanto su base empírica como su base teórica, en el movimiento [alienado] de la propiedad privada o, para ser más exactos, de la economía''. La visión naturalista y humanista de Marx es por lo tanto, al mismo tiempo, de una gran trascendencia histórica: la superación de un mundo alienado." Años más tarde, Feuerbach, quizá sin el conocimiento de Marx, llegaría a ser un gran admirador de El Capital, obra a la que Feuerbach se referiría en 1868 como "la gran crítica de la economía política'' de Marx. Estaba particularmente impresionado por lo que El Capital de Marx tenía que decir en cuanto a la alienación de la naturaleza. Citando al propio Feuerbach: Donde se hacina a la gente, como p.ej. en las fábricas inglesas y en las viviendas de los obreros, que más valdría llamar pocilgas, donde ni siquiera hay oxígeno suficiente para respirar -se podría hacer aquí referencia a los hechos incontestables que se exponen en la obra interesantísima, a la vez que horripilante y enriquecedora, de K. Marx, "Das capital"-... no hay lugar para la moralidad ... y la virtud es, en el mejor de los casos, un monopolio de los propietarios de las fábricas, los capitalistas."  

 

En “La ecología de Marx, materialismo y naturaleza” de John Bellamy Foster pp.182-183 leemos:

 

"Las premisas de las que partimos", escriben  Marx y Engels, no son arbitrarias, no son dogmas, sino premisas reales de las que sólo en la imaginación puede hacerse abstracción. Son los individuos reales, su actividad, y las condiciones materiales de su vida, tanto las ya existentes con las que se encuentran como las que producen con su actividad. Estas premisas, así pues, pueden verificarse de una manera puramente empírica. La primera premisa de toda la historia humana es, desde luego, la existencia de individuos humanos vivientes. Por tanto, el primer hecho que ha de establecerse es la organización física de estos individuos y su consiguiente relación con el resto de la naturaleza. Evidentemente no podemos entrar aquí en la naturaleza física real del hombre, ni en las condiciones naturales en las que se encuentra: geológicas, oro-hidrográficas, climáticas, etc.

Toda historiografía debe partir de estas bases naturales y de su modificación en el curso de la historia por la acción de los hombres. Los seres humanos mismos empiezan a distinguirse de los animales tan pronto como producen sus medios de subsistencia, paso que está condicionado por su organización física. Al producir sus medios de subsistencia, los humanos producen indirectamente su vida material. El modo en que los seres humanos producen sus medios de subsistencia depende en primer lugar de la índole de los medios de subsistencia existentes con los que realmente se encuentran y los que tienen que producir. No debe considerarse que este modo de producción es simplemente la reproducción de la existencia física de los individuos. Antes bien, es una forma definida de actividad de estos individuos, una forma definida de expresar su vida, un modo de vida definido por su parte. Tal como los individuos expresan su vida, así son. Lo que son coincide, en consecuencia, con su producción, con !o  que producen y con cómo lo producen. Así pues, lo que los individuos son depende de las condiciones materiales de su producción. La producción sólo hace su aparición con el incremento de la población. Lo que a su vez presupone el intercambio entre los individuos. Nuevamente, la forma de ese intercambio está determinada por la producción. Marx Y Engels partían, en consecuencia, de una ontología materialista o realista, en la que la naturaleza era una condición previa de la existencia humana, y la producción  de los medios de subsistencia era una condición previa de la vida humana en todas sus múltiples determinaciones y, por tanto, de la sociedad humana.  

 

 

Estamos comprobando ecocidios con sus correspondientes genocidios silenciados e invisibilizados y  su intensificación pese a la pandemia porque el gobierno-estado en sus distintas jurisdicciones ha declarado actividades esenciales a esa criminalidad de lesa humanidad y de lesa naturaleza.

 

El sistema mundo capitalista y sus locales destruyen la naturaleza o sea las condiciones planetarias para la vida humana y no humana.

La están sustituyendo por seres y ambientes artificiales o creados gracias a la complicidad mayoritaria de científicos y tecnólogos de avanzada que se enriquecen privilegiando los súper negocios de los oligopolios.

 

Tengamos en cuenta que el clima pone de manifiesto al ecosistema global o biosfera y reparemos hasta dónde el 1% de la humanidad pretende arrasar la Madre Tierra y reemplazarla según sus conveniencias lucrativas.

 

 

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Bill Gates: el clima de los billonarios

16 de febrero de 2021

 

Por Silvia Ribeiro*

Bill Gates, el tercer hombre más rico del planeta, lanzó su libro Cómo evitar un desastre climático. Gates no sabía nada de cambio climático hasta hace pocos años, aunque su huella climática personal y empresarial es enorme, miles de veces mayor que la de cada persona de la vasta mayoría de la población mundial. Nada propone para cambiar esa realidad. Su receta es aplicar una mezcla de tecnologías extremas de alto riesgo –energía nuclear, nuevos transgénicos y geoingeniería–, mercados de carbono y fondos de inversión, y que los gobiernos apoyen a las empresas para ello con incentivos económicos, normativas a su favor e infraestructura con dinero público.

El libro no agrega nada a sus propuestas ya conocidas. Es más bien un resumen organizado para gobiernos, empresas e investigadores, en formato “como salvar el planeta para dummies” (o tontos, usado en manuales para referirse a principiantes). En una reciente entrevista con el periodista Anderson Cooper, Gates dice que el primer libro que leyó sobre clima hace 10 años, fue Weather for dummies (El tiempo para principiantes) (https://tinyurl.com/47x45b9v). En el libro aclara que además de otras lecturas, expertos como los promotores de la geoingeniería David Keith y Ken Caldeira le han estado informando sobre el tema.

La lista de tecnologías propuestas por Gates da vértigo: no duda en manipular desde los átomos a los genomas y el clima. La combinación de su mentalidad de ingeniero que ve al mundo, la naturaleza, el clima y los pueblos como partes de una máquina donde todo se puede mover con tecnología e inteligencia artificial, contrasta con sus rampantes declaraciones de fe de que nada de eso tendrá ningún problema, al menos ninguno que no pueda afrontar con más tecnología. Propone, por ejemplo, desplegar masivamente reactores para energía nuclear –que asegura que ahora no tendrán problemas como los desastres de Chernóbil o Fukushima; nuevas megaplantaciones de agrocombustibles, que al ser con semillas transgénicas y microbios de biología sintética ahora no competirán con la producción de alimentos, al igual que más plantaciones de soya y maíz transgénico para fabricar carne sintética en laboratorio, tambien con microbios manipulados genéticamente. Promueve la geoingeniería tanto para remover carbono como la geoingeniería solar. Financia la tecnología de impulsores genéticos para extinguir especies que, pese a presentarla como combate a la malaria, tiene sobre todo aplicaciones en agricultura industrial y química.

Gates afirma que el mayor desafío para la humanidad es llegar a reducir las emisiones de dióxido de carbono a cero en 2050. Una meta demasiado distante para no sobrepasar un aumento de temperatura global de más 1.5 grados, según el Panel de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). Tanto Gates, como muchas empresas trasnacionales contaminantes y el Foro Económico de Davos, han anunciado compromisos de alcanzar cero emisiones netas en unas décadas. Es una trampa: Gates aclara en el libro que se refiere a emisiones cero netas, es decir que se puede seguir emitiendo gases, incluso aumentar las emisiones, porque se puede asociar compensaciones ( offset), para que la suma sea cero. Esas compensaciones se harían con mercados de carbono y tecnologías de geoingeniería para remover carbono de la atmósfera una vez emitido. Nada de eso ha funcionado para enfrentar el caos climático, ni va a funcionar. Gates lo sabe, por ello exhorta a apoyar también el desarrollo de la geoingeniería solar para bajar la temperatura, para evitar que parte de los rayos del sol lleguen a la Tierra, como un plan B, aunque reconoce que tiene grandes riesgos.

Una de las técnicas de geoingeniería que presenta el libro es la captura directa de aire, en particular la empresa Carbon Engineering, donde Gates es inversor junto a Chevron, Occidental Petroleum y la minera BHP Billiton. La técnica requiere tanta energía para capturar y filtrar carbono de la atmósfera, que aumenta las emisiones totales de CO₂ si se tiene en cuenta todo el ciclo. Salvo con megainstalaciones de energías no fósiles, que de todos modos requerirán materiales, tierra, agua y competirán con mejores usos de tales fuentes de energía. El fundador (e inversor) de Carbon Engineering es David Keith, quien también dirige desde la Universidad de Harvard el programa de geoingeniería solar, financiado por Gates y otros millonarios. En este momento en el ojo de la tormenta por el cuestionamiento a su proyecto ScoPEx para experimentar en territorios indígenas cómo bloquear la luz del sol (https://tinyurl.com/t3wr59r5).

Aunque Gates declara que él y la Fundación Gates han retirado sus inversiones en las industrias petroleras, un ilustrativo artículo de Tim Schwab muestra lo contrario (https://tinyurl.com/dkuapxbk). Además, las empresas en las que invierte, como Microsoft y Carbon Engineering, siguen haciendo negocios con ellas. Señala, que aunque Gates promueve sus propias empresas, no es porque necesite más dinero. El punto más importante que comunica no es sobre clima, sino el poder de los milmillonarios sobre los gobiernos, para avanzar en lo que quieran, y qué éstos le pavimenten el camino.

* Investigadora del Grupo ETC

 Fuente: https://www.jornada.com.mx/2021/02/27/opinion/021a1eco?fbclid=IwAR0ta-Ycxg95GjcWyCtr2DUmAY9b3kF9i3uu8-gWTb34j7-zdZWkxdlPxss#.YDpx8TiycUo.facebook

En consecuencia, la construcción de la  «reforma agraria integral» mirando hacia la soberanía alimentaria debe partir de generalizar el compromiso de una creciente mayoría de les diverses de abajo con hacer al viraje del modo de producción desde la programación del incesante aumento lucrativo hasta la atención por la satisfacción de calidad de las necesidades populares. Significa incorporarse a viabilizar el ¡basta! de hacer negocio con la salud de la naturaleza y la humana.

 

El capitalismo atacó y ataca la salud humana mediante la alienación. Aclaremos leyendo “La ecología de Marx, materialismo y naturaleza” de John Bellamy Foster pp.120-121:  

 

Pero este extrañamiento del trabajador/ de la trabajadora en relación con (1) el objeto de su trabajo, (2) el proceso del trabajo, (3) el ser humano como especie (es decir, la actividad transformadora y creativa que definía a los seres humanos como una especie dada), y (4) la mutua relación -aspectos que conjuntamente constituían el concepto que Marx tenía de la alienación respecto al trabajo- era inseparable de la alienación en la que los seres humanos se encuentran en relación con su naturaleza interna tanto como con la externa. "La universalidad del hombre", escribe Marx, se manifiesta en la práctica en esa universalidad que hace del conjunto de la naturaleza su cuerpo inorgánico, (1) como un medio directo de vida y (2) como materia, el objeto y la herramienta de su actividad.

 

La naturaleza es el cuerpo inorgánico del hombre, es decir, la naturaleza en la medida en que no es el cuerpo humano. El hombre vive de la naturaleza, es decir: la naturaleza es su cuerpo, y debe mantener un diálogo continuo con ella, de lo contrario moriría. Decir que la vida mental y física del hombre está vinculada a la naturaleza simplemente significa que la naturaleza está vinculada a sí misma, puesto que el hombre es parte de la naruraleza.

 Así pues, a partir del momento en que Marx escribiera los Manuscritos económicos y filosóficos, y durante el resto de su vida, siempre trató a la naturaleza, en la medida en que la naturaleza entraba directamente en la historia humana a través de la producción, como una extensión del cuerpo humano (es decir, "el cuerpo inorgánico" de la humanidad). La relación humana con la naturaleza, según esta concepción, estaba mediatizada no sólo a través de la producción, sino también, y más directamente, por medio de las herramientas -ellas mismas un producto de la transformación humana de la naturaleza mediante la producción-que han permitido a la humanidad transformar la naturaleza de modo universal. Para Marx, la relación era claramente de índole orgánica, aunque trascendía físicamente, y a la vez prolongaba prácticamente, los verdaderos órganos corporales de los seres humanos; de ahí la referencia que hace a la naturaleza en cuanto "cuerpo inorgánico del hombre". Los seres humanos, siguiendo esta concepción, producen en gran medida su propia relación histórica con la naturaleza al producir sus medios de subsistencia. La naturaleza, por lo tanto, adquiere un sentido práctico para la humanidad en gran parte como resultado de la actividad vital, la producción de los medios de subsistencia. "El hombre -escribe Marx-, reproduce el todo de la naturaleza''.

 

Pero la actividad práctica a través de la cual los seres humanos realizan esto no es meramente la producción en un sentido económico limitado, "puesto que el hombre también produce siguiendo las leyes de la belleza''. De lo que se deduce que la alienación es, al mismo tiempo, el extrañamiento de la humanidad respecto a su propia actividad laboral y a su papel activo en el proceso de transformación de la naturaleza. Esa alienación, según Marx, "enajena al hombre de su propio cuerpo, de la naturaleza tal como existe fuera de él, de su esencia espiritual, y de su esencia humana". Por otra parte, se trata siempre de un extrañamiento social: "toda autoalienación del hombre respecto a sí mismo y a la naturaleza se manifiesta en la relación que establece entre otros hombres y él mismo, y con la naturaleza." Para Marx, Hegel había sido el primero en exponer el concepto de alienación del trabajo humano. Aunque lo hizo en un contexto idealista, en el que dicha alienación se concebía simplemente como alienación del trabajo intelectual. De lo que se deduce que Hegel fue incapaz de percibir la autoalienación de la actividad práctica humana como el fundamento del extrañamiento de los individuos no sólo respecto a sí mismos sino también respecto a su existencia real, sensible: a su relación con la naturaleza.

 

El modo capitalista de producción está amenazando la supervivencia humana y la vida planetaria en general. Constatemos a qué extremo condujo reflexionando sobre:

 

 

“Estamos librando una guerra suicida contra la naturaleza”, afirma la ONU

1 de marzo de 2021

Publicado por Tierra viva

Naciones Unidas presentó su estudio «Hacer las paces con la naturaleza». Insta a modificar el actual modelo productivo, que crece a costa de pobreza, hambre y contaminación.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) expuso la gravedad de las tres crisis ambientales que amenazan al planeta: cambio climático, pérdida de biodiversidad y perjuicios para la salud humana. Durante la presentación del estudio “Hacer las paces con la naturaleza” (por ahora disponible solo en inglés) alertó sobre las crisis generadas por un modelo económico insostenible. Llaman a cambiar la forma de producir y de consumir para limitar los estragos.

Estamos librando una guerra suicida contra la naturaleza. El 2021 es el año decisivo para evitar lo irreversible ”, indicó António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas durante la presentación del informe. “Debemos reflejar el verdadero valor de la naturaleza en todas nuestras políticas, planes y sistemas económicos. Con una nueva conciencia, podemos dirigir la inversión a políticas y actividades que la protejan y restauren”, puntualizó el titular del organismo.

El Secretario General insistió: “No es demasiado tarde, pero debemos asegurarnos no sólo de crear las condiciones para una reducción drástica de emisiones en la próxima década de manera de limitar a 1,5 grados el aumento de la temperatura“. “Necesitamos tener un nuevo marco para preservar la biodiversidad, y este es el año en el que debemos tomar una serie de medidas cruciales para reducir la contaminación“, enfatizó.

Una amenaza al planeta

Según el informe de Naciones Unidas, si no se realizan cambios radicales e inmediatos en los comportamientos económicos, sociales e individuales, la temperatura global se elevará al menos 3 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales para fines de este siglo. Esa cifra -advierten- duplica el objetivo acordado por los países en el Acuerdo de París. El aumento de las temperaturas agudizaría los problemas que resultan de las crisis ambientales y que incluyen, entre otros, la muerte de casi nueve millones de personas cada año a causa de enfermedades relacionadas con la contaminación.

Además, los estragos debidos a la acción humana también ocasionaron que varias especies de plantas y animales del planeta estén en riesgo de extinción. La explotación insostenible de la naturaleza también ha degradado los suelos afectando el sustento de más de 3000 millones de personas. Y apenas se mantienen intactos el 15 por ciento de los pantanos.

El informe de la ONU señala que “el mundo vierte anualmente en el agua hasta 400 millones de toneladas de metales pesados, sustancias tóxicas y otros desechos industriales. A ello se agrega que el 60 por ciento de los peces se obtiene de forma insostenible; existen más de 400 zonas marinas muertas sin oxígeno; y la contaminación del mar con plástico se ha multiplicado por diez en tan sólo 40 años”.

Crecimiento económico con miseria y hambre

La investigación del Pnuma-ONU señala que en los últimos 50 años la economía mundial se ha quintuplicado basándose en una extracción de recursos naturales y energía que se multiplicó por tres durante el mismo periodo. Al mismo tiempo, la población mundial se duplicó para alcanzar los 7800 millones de personas, de las cuales 1300 millones son pobres y 700 millones sufren hambre.

Este patrón de crecimiento y generación de miseria es insostenible y ha llegado a un punto en el que el futuro humano depende del uso cuidadoso de un planeta finito y de sus recursos restantes, así como de la protección y restauración de sus sistemas y tiempos naturales de autorrenovación y absorción de desechos”, afirma el organismo.

Los científicos aseveran que para aliviar la pobreza, garantizar la seguridad alimentaria y la salud a nivel planetario, al igual que para alcanzar todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible, es imprescindible ponerle fin al deterioro ambiental en todas sus formas.

Esto requiere cambiar la forma de comer, de generar energía, de transportarse, de valorar la producción económica, de cultivar y de consumir bienes, y de cómo operen los fiscos nacionales, acciones que precisan de la participación de toda la sociedad en la toma de decisiones, apunta el Puma.

https://agenciatierraviva.com.ar/estamos-librando-una-guerra-suicida-contra-la-naturaleza-afirma-la-onu/

Fuente: https://rebelion.org/estamos-librando-una-guerra-suicida-contra-la-naturaleza-afirma-la-onu/

 

 

“La ecología de Marx, materialismo y naturaleza” de John Bellamy Foster nos ayuda en:

 

A) pp.245 a pensar porqué superar la falsa conciencia sobre la separación nuestra de la naturaleza que nos lleva hasta enfrentarla, destruirla.

 

B) pp.184 a 186 nos posibilita continuar profundizando en porqué la salud humana depende que la naturaleza la tenga y ambas como historias interactuantes.

 

 

 

 

A) En 1844, en sus Manuscritos económicos y filosóficos, Marx había explicado que "El hombre vive de la naturaleza, e. d., la naturaleza constituye su cuerpo, y tiene que mantener un constante diálogo con ella, si no quiere perecer. Decir que la vida física y mental del hombre está vinculada a la naturaleza significa que la naturaleza está vinculada consigo misma, puesto que el hombre es parte de la naturaleza''."

 

Pero el posterior concepto marxiano de metabolismo le permitió dar una expresión más sólida y científica de esta fundamental relación, al describir el complejo intercambio dinámico que se produce entre los seres humanos y la naturaleza, como consecuencia del trabajo humano. El concepto de metabolismo, con sus nociones asociadas de intercambios materiales y acción reguladora, le permitía expresar la relación humana con la naturaleza como una relación que incluía las "condiciones impuestas por la naturaleza" y la capacidad de los seres humanos para afectar este proceso. Y, lo que es más importante: el concepto de metabolismo le proporcionaba a Marx un modo concreto de expresar la noción de la alienación de la naturaleza (y su relación con la alienación del trabajo), que era fundamental en su critica a partir de sus primeros escritos. Tal como explica en los Grundrísse: No es la unidad de la humanidad viviente y activa con las condiciones naturales, inorgánicas del intercambio metabólico con la naturaleza, y por tanto de la apropiación humana de ésta, lo que requiere explicaci6n, o es el resultado de un proceso histórico¡ sino, antes bien, la separación que se produce entre estas condiciones inorgánicas de la existencia humana y esta existencia activa, una separación que se postula completamente tan sólo en la relación del trabaja asalariado y el capital." Aquí estaba contenida en esencia toda la crítica que hace Marx del carácter alienado de la sociedad burguesa.

 

Según Tim Hayward, el concepto marxiano de «metabolismo socio-ecológico» recoge fundamentales aspectos de la existencia de los humanos como seres naturales y físicos. Entre ellos se cuentan los intercambios energéticos y materiales que tienen lugar entre los seres humanos y su entorno natural ... Este metabolismo se regula por parte de la naturaleza mediante leyes naturales que gobiernan los distintos procesos físicos implicados, y por parte de la sociedad mediante normas institucionalizadas que gobiernan la división del trabajo, la distribución de la riqueza, etc." Dada la centralidad que se le asigna al concepto de metabolismo -que constituye el proceso complejo, interdependiente, que vincula a los seres humanos con la naturaleza a través del trabajo- no debería sorprendernos que este concepto desempeñe asimismo un papel fundamental en la visión de Marx de la futura sociedad de productores asociados: "La libertad en esta esfera [el reino de la necesidad natural] -dice en el tomo III del El Capital- sólo. puede consistir en esto, en que el hombre socializado, los productores asociados, gobiernen el metabolismo humano con la naturaleza de un modo racional, poniéndolo bajo su propio control colectivo, en vez de estar dominados por él como una fuerza ciega; realizándolo con el menor gasto de energía y en las condiciones más dignas y apropiadas para su humana naturaleza".

 

 

B) Feuerbach, sostienen Marx y Engels, "postula 'el hombre', en vez del 'hombre histórico real'. Y, del mismo modo, postula la naturaleza en vez de la historia natural. Reconoce la desarmonía existente entre la humanidad y la naturaleza; de ahí la alienación respecto a ésta. Pero su respuesta es siempre buscar la "verdadera esencia" de las cosas, de la naturaleza, de la humanidad. No ve a la naturaleza como algo que cambia al paso de la historia. "No ve que el mundo sensible que le rodea no es una cosa que viene dada directamente desde toda la eternidad ... [sino] un producto histórico, el resultado de la actividad de toda una sucesión de generaciones". Para Marx y Engels, lo que Bruno Bauer había llamado "la antítesis en la naturaleza y en la historia'' reflejaba una tendencia a ver la naturaleza y la historia como "dos "cosas" separadas", como si la naturaleza histórica y la historia natural no fueran dos lados de una misma realidad material.

 

En contraste con esto, cabría decir que "la famosa 'unidad del hombre con la naturaleza' ha existido siempre en la industria ... Incluso ... la ciencia natural 'pura' posee una finalidad, y 'un material, sólo a través del comercio y la industria, a través de la actividad sensible de los hombres". Por una parte, no puede reducirse la naturaleza a historia humana. Por otra, no es fácil divorciar la naturaleza, tal como la percibimos, de la historia humana y de la actividad sensible de los seres humanos, que se desarrolla con una cierta división del trabajo que implica concretas relaciones con ella. "En todo esto -recalcan Marx y Engels- se mantiene intangible la prioridad de la naturaleza externa. (...)

 

Marx y Engels postulan como primera premisa de toda existencia humana, y por consiguiente de toda la historia ... que los seres humanos han de estar en situación de vivir con el fin de ser capaces de "hacer historia'. Pero la vida, antes que ninguna otra cosas, implica comer y beber, disponer de abrigo, de ropa y de otras varias cosas ("condiciones geológicas, hidrográficas, etc."]. El primer acto histórico es, así pues, la producción de los medios para satisfacer estas necesidades, la producción de la vida material misma. Y, en rigor, esto es un acto histórico, una fundamental condición de toda historia, que hoy, como hace miles de años, debe consumarse cada día, cada hora, para que meramente subsista la vida humana. De lo cual se sigue que "la producción de la vida, tanto de la vida propia en el trabajo como de la vida nueva en la procreación ... aparece como una doble relación: por una parte como una relación natural; por otra, como una relación social". Al tratar de la evolución histórica de la división del trabajo, Marx y Engels no se limitaron a presentar su conocida exposición de la propiedad tribal, la propiedad comunal antigua o la propiedad estatal, la propiedad feudal o estamental, y la propiedad privada burguesa; sino que hicieron desde el principio considerable hincapié en el surgimiento histórico del antagonismo entre ciudad y campo.

Tal como explican, "la división del trabajo en el seno de una nación conduce, en primer lugar, a la separación del trabajo industrial y comercial del agrícola, y en consecuencia a la separación entre ciudad y campo, y al conflicto entre sus intereses". Si la sociedad anti gua se basaba primordialmente en la ciudad -aquí tienen en mente la polis griega-, la sociedad feudal tenía su base en el campo. Es sin embargo bajo el capitalismo cuando únicamente se desarrolla plenamente el antagonismo entre ciudad y campo, "la más importante división del trabajo material y mental". En rigor, "la contradicción . entre ciudad y campo -afirman Marx y Engels- sólo puede existir dentro del marco de la propiedad privada. Es la más crasa expresión de la subyugación del individuo bajo la división del traba¡o, bajo una actividad definida que se le impone; una subyugación que convierte a un ser humano en un animal urbano limitado; a otro, en un limitado animal rural, y que diariamente genera de nuevo el conflicto entre sus intereses". Era esta división, insisten Marx y Engels, la que tenía como consecuencia la separación de la población rural "de todo intercambio con el mundo y, por tanto, con toda cultura' '. Así pues, "la abolición de la contradicción entre ciudad y campo es una de las primeras condiciones de la vida comunal".

 

 

 Alternativas emancipatorias

 

Consideremos, en forma previa, cómo Carlos Marx plantea que el capitalismo desde sus orígenes hizo no sólo al desarraigo y expropiación de medios de subsistencia de las grandes mayorías sino también hizo a la contraposición de la ciudad con el campo que implica ruptura primordial de la salud de la naturaleza.

 

En “La ecología de Marx, materialismo y naturaleza” de John Bellamy Foster pp.251-255 podemos reflexionar sobre:

 

El análisis que hace Marx de la sostenibilidad

Un componente esencial del concepto de metabolismo ha sido siempre la noción de que éste constituye la base sobre la que se sustenta la compleja red de interacciones necesaria para la vida, y sobre la que se hace posible el crecimiento. Marx utilizó el concepto de "fractura" abierta en la relación metabólica entre los seres humanos y la tierra para denotar el· extrañamiento material de los seres humanos, dentro de la sociedad capitalista, en relación con las condiciones naturales que constituyen la base de su existencia, lo que él denominaba "las sempiternas condiciones de la existencia humana impuestas por la naturaleza''. Insistir en que la sociedad capitalista a gran escala ha creado esta fractura metabólica entre los seres humanos y el suelo era considerar que se habían violado las condiciones de la sostenibilidad impuestas por la naturaleza.

 

"La producción capitalista -observa Marx- sólo repara en la tierra después de que sus efectos la hayan agotado, y tras haber devastado sus cualidades naturales". Además, esto podía verse no sólo en relación con el suelo, sino también en la relación de antagonismo existente entre la ciudad y el campo. Para Marx, como para Liebig, el hecho de que no se le devolvieran al suelo los nutrientes que se habían sacado de él en forma de alimentos y de fibras tenía su contrapartida en la contaminación de las ciudades y en la irracionalidad de los modernos sistemas de alcantarillado. En el tomo III de El Capital hace la observación de que "En Londres ... no pueden hacer nada mejor con los excrementos que producen cuatro millones y medio de personas que contaminar con ellos el T ámesis, con un coste monstruoso".

Engels no fue menos explícito en este punto. Refiriéndose, en El problema de la vivienda, a la necesidad de trascender la división antagónica del trabajo entre la ciudad y el campo, alude, siguiendo a Liebig, al hecho de que "sólo en Londres, una mayor cantidad de estiércol de la que produce todo el Reino de Sajonia se vierte todos los días al mar con un gasto de enormes sumas". Se hacía en consecuencia necesario, argumentaba, restablecer "una íntima conexión entre la producción industrial y la agrícola", junto con "una distribución de la población por todo el país lo más uniforme posible" (argumento que Marx y Engels habían utilizado en el Manifiesto Comunista).

 

En el tomo III de El Capital, Marx era categórico en su insistencia de que "los excrementos producidos por el metabolismo humano natural", junto con los desechos de la producción industrial y del consumo,  tenían que ser devueltos al suelo, como parte de un ciclo metabólico completo." Para Marx, la fractura metabólica relacionada en el nivel social con la división antagónica entre ciudad y campo se ponía también de manifiesto a un nivel más global: colonias enteras veían el robo de sus tierras, sus recursos y su suelo en apoyo de la industrialización de los países colonizadores. Siguiendo a Liebig, que había afirmado que "Gran Bretaña roba a todos los países las condiciones de su fertilidad" y señalando a Irlanda como ejemplo extremo, escribe Marx: "Indirectamente, Inglaterra ha exportado el suelo de Irlanda, sin dejar siquiera a sus cultivadores los medios para reemplazar los constituyentes del suelo agotado".

 

De ahí que sea imposible evitar la conclusión de que la visión que tenía Marx de la agricultura capitalista, y de la fractura metabólica en las relaciones que impone la naturaleza entre los seres humanos y el suelo, le llevó a un concepto más amplio de la sostenibilidad ecológica, noción que consideraba de muy limitada importancia práctica para la sociedad capitalista, que era incapaz de aplicar métodos científicos racionales en este campo, pero que sería esencial para una sociedad de productores asociados. El modo en el que determinados cultivos dependen de las fluctuaciones que se producen en los precios de mercado, y los constantes cambios en los cultivos con estas fluctuaciones de precio -todo el espíritu de la producción capitalista, que se orienta hacia los beneficios monetarios más inn1ediatos- está en contradicción con la agricultura, que debe preocuparse de toda la gama de condiciones permanentes de la vida que requiere la cadena de las generaciones humanas.

 

El énfasis que ponía Marx en la necesidad de conservar la tierra por el bien de "la cadena de las generaciones humanas" (idea que había encontrado a principios de la década de 1 840 en la obra de Proudhon ¿Qué es la propiedad? captaba la esencia misma de la actual noción de desarrollo sostenible, definida, como es sabido, por la .Comisión Brundtland como "el desarrollo que satisface a las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de futuras generaciones de satisfacer sus necesidades". O, tal como lo expresa Marx en otro punto, captando la misma idea esencial: el "trato consciente y racional de la tierra como propiedad comunal permanente" es "la condición inalienable para la existencia y reproducción de la cadena de las generaciones humanas"." De hecho, en un pasaje verdaderamente notable de El Capital escribe Marx: Mirada desde una formación socioeconómica superior, la propiedad privada de la tierra en manos de determinados individuos parecerá tan absurda como la propiedad privada que un hombre posea de otros hombres.

 

Ni siquiera una sociedad o nación entera, ni el conjunto de todas las sociedades que existen simultáneamente son propietarias de la tierra. Son simplemente sus posesores, sus beneficiarios, y tienen que legada en un estado mejorado a las generaciones que les suceden, como boni patres fomilias [buenos padres de familia]." Estos temas se volvieron cada vez más importantes para Marx hacia el final de su vida, cuando, como consecuencia de sus investigaciones sobre el potencial revolucionario de la comuna arcaica rusa, desarrolló el argumento de que sería posible constituir un sistema agrícola "organizado a una vasta escala y basado en el trabajo cooperativo", mediante el uso de modernos "métodos agronómicos" no utilizados de manera plena o racional bajo el capitalismo.

El mérito de tal sistema, afirmaba, consistía en que estaría "en condiciones de incorporar todas las adquisiciones positivas ideadas por el sistema capitalista'', sin ser presa de la relación con el suelo puramente explotadora, es decir, del expolio que caracterizaba dicha relación. La atención que prestó Marx hacia el final de su vida a la literatura de los populistas rusos, y su creciente convicción de que la revolución contra el capitalismo surgiría primero en Rusia -donde no podía darse por descontada la abundancia económica y, más concretamente, agrícola- le obligó a centrarse en el subdesarrollo agrícola y en las exigencias ecológicas de un sistema agrícola más racional." Marx no creía, aunque suelen atribuírsele opiniones en tal sentido, que la respuesta al problema del desarrollo agrícola consistiese simplemente en aumentar la escala de la producción. Antes bien, su análisis le enseñó los peligros de la agricultura a gran escala, a la vez que le enseñaba que la cuestión principal era la interacción metabólica entre los seres humanos y la tierra.

 

Por consiguiente, la agricultura sólo podía darse a una escala bastante grande allí donde se mantuvieran las condiciones de la sostenibilidad, algo que Marx consideraba imposible en la agricultura capitalista a gran escala. "La moral del cuento -dice Marx en el tomo III de El Capital-... es que el sistema capitalista va en dirección opuesta a la agricultura racional, o que la agricultura racional es incompatible con el sistema capitalista (aun cuando este último promueva el desarrollo técnico de la agricultura) y necesita, bien pequeños agricultores que trabajen para sí mismos, o el control por parte de los productores asociados".

 

Marx y Engels argumentaron constantemente en sus obras que los grandes terratenientes eran invariablemente más destructivos en su relación con la tierra que los agricultores libres. Así, Engels escribe en el Anti-Diihring que, en Norteamérica, "los grandes latifundistas del Sur, con sus esclavos y su uso avariento de la tierra, agotaron el suelo hasta que sólo crecían en él abetos"." Aun cuando se centrara en considerable medida en las contradicciones de la segunda revolución agrícola y su relación con la división antagónica entre ciudad y campo, la concepción materialista de la naturaleza que tenían .Marx y Engels significaba que también tenían en cuenta (aunque los abordaran con mayor brevedad) otros problemas ecológicos, incluida la disminución de las reservas de carbón, las destrucción de los bosques, etc. Como observara Engels en una carta dirigida a Marx, "El individuo que trabaja no es sólo un estabilizador del presente, sino también, y en medida aún mayor, un despilfarrador del calor solar del pasado. En cuanto a lo que hemos hecho en el sentido de despilfarrar nuestras reservas de energía, nuestro carbón, mineral, bosques, etc., tú estás mejor informado.

 

 

 

Comuniquémonos entre les diverses de abajo para reflexionar y actuar respecto a:

 «Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, Ecologistas en Acción hacemos un llamamiento a todas las personas, y especialmente a las mujeres, para seguir tejiendo alianzas entre las organizaciones feministas y las ecologistas, junto con organizaciones sociales de todo tipo, como las organizaciones que trabajan en defensa de los servicios públicos o los derechos humanos. Porque sabemos que está en riesgo la sostenibilidad de la vida, y que solo podremos asegurarla trabajando desde el ecofeminismo por la justicia socioambiental. El futuro será ecofeminista, o no será».

 

 

Decálogo ecofeminista para salir de la pandemia

5 de marzo de 2021

 

Por Ecologistas en Acción  

Con motivo de la celebración del 8M, Ecologistas en Acción pone de manifiesto que la crisis sanitaria provocada por el coronavirus ha agudizado y acelerado la crisis ecológica, económica, social y de género que la precedían. La organización ecologista propone diez medidas ecofeministas para construir la nueva normalidad encaminada a la sostenibilidad ambiental, justicia social y equidad de género.

La pandemia de la COVID-19 ha mostrado las costuras de un sistema sostenido en relaciones desiguales, de expolio y violencia, y ha agudizado y acelerado las múltiples crisis estructurales que existían previamente: ecológica, económica, social y de género. Nos encontramos ante un prólogo civilizatorio, un acontecimiento que incide en todos los ámbitos de la vida y lo cambia todo. Esta coyuntura nos ha mostrado la rapidez con la que la sociedad puede transformarse y qué actividades y trabajos han sido y son esenciales para sostener la vida.

La respuesta a la emergencia sanitaria sólo afronta los síntomas, pero no las raíces, las que son la fuente causal de la misma, provocados por la acelerada desaparición y degradación de los ecosistemas debido a la acción humana, el mal uso de las energías fósiles, la hipermovilidad, la ganadería industrial, las industrias extractivas, la deforestación y la destrucción de la biodiversidad. De la misma manera que nuestro modelo de desarrollo se apropia de la naturaleza, también se apropia del trabajo y los cuerpos de las mujeres, especialmente de aquellas que viven en territorios del Sur global. La desigualdad de género, el sexismo, el racismo, la LGTBfobia y otras formas de dominación, han condicionado el devenir de la pandemia para miles de personas.

Todos estos factores nos han llevado a adoptar un modelo de habitar el planeta incompatible con la vida, que solo atiende al beneficio a corto plazo y al crecimiento ilimitado, en un planeta con recursos finitos. Un modelo que funciona gracias a los trabajos de cuidados y mantenimiento de la vida -realizados principalmente por mujeres- que se realizan en condiciones de explotación y precariedad.

La desconexión entre el neoliberalismo global y las bases materiales que permiten la vida ignora nuestra dependencia como especie -tanto de la naturaleza como de otras personas que cuidan de nuestros cuerpos vulnerables- así como las profundas desigualdades que nuestro modelo de desarrollo genera.

Aunque durante la pandemia la presión sobre los ecosistemas ha disminuido drásticamente, mejorando algunos indicadores ambientales, la actividad extractivista en otros lugares no solo se ha consolidado, sino que se ha visto aumentada. También se han agudizado las diferencias sociales y la exclusión de muchas personas, la mayoría mujeres.

Además de la pérdida de cientos de miles de vidas, de empleos e ingresos, la salud de las mujeres se ha visto afectada de forma dramática. Son las mujeres las que en situación de mayor precariedad y con diferente estatus migratorio, realizan mayoritariamente los trabajos considerados como esenciales, sobre todo de cuidados, tanto en el ámbito laboral como privado, en los hogares, con graves impactos psicosociales en algunos casos.

En este contexto de crisis civilizatoria, Ecologistas en Acción señala que se necesita  promover otro orden social que enfrente las desigualdades y relaciones de poder existentes y tenga en cuenta la interdependencia y la ecodependencia. Por ello, la organización ecologista ha elaborado un decálogo de medidas que haga posible vivir vidas dignas y compatibles con el equilibrio de la naturaleza, y que defiendan  la justicia social, la equidad, la sostenibilidad y lo comunitario:

1. Una transición ecológica justa, para alcanzar una sociedad sin energías fósiles, que revierta la pérdida de biodiversidad y que respete los límites de los ecosistemas. Fomentar el consumo de cercanía adaptado a los ciclos de la naturaleza y sustituir los sectores productivos más contaminantes. Es necesario establecer mecanismos para que la producción y distribución estén arraigadas en el territorio, sin depender de la rentabilidad monetaria, garantizando su accesibilidad y sostenibilidad. Los Fondos Europeos de Recuperación, Transformación y Resiliencia y la llamada política Palanca VIII (Nueva economía de los cuidados y políticas de empleo), deberían emplearse  para la construcción de una nueva economía y acelerar la urgente y necesaria transición ecológica.

2. Una reforma profunda y urgente del sistema fiscal para que sea progresivo, justo, verde y ecofeminista.

3. Reconocer el derecho al cuidado como un derecho fundamental universal en todos los niveles, tanto público como comunitario, sacarlo del ámbito privado y doméstico y de la responsabilidad exclusiva de las mujeres, que los vienen realizando de manera gratuita e invisible. Se debe garantizar la corresponsabilidad del trabajo doméstico y de cuidados entre todas las personas, la sociedad y el Estado.

4. Reorganización socioeconómica de nuestro sistema productivo, orientándolo hacia una economía de los cuidados que priorice las tareas necesarias para el mantenimiento de nuestras vidas y evite su mercantilización. Un nuevo equilibrio social que corrija las desigualdades por razón de sexo, género, raza (entendida como construcción social) clase, diversidad funcional, orientación sexual o identidad de género, con una redistribución y democratización del  trabajo, productivo y reproductivo, que sea indispensable y necesario.

5. Justicia antirracista y decolonial. Los territorios del Sur global y sus saberes son expoliados desde hace siglos, perpetuando el desequilibrio de poder y legitimando la violencia hacia estos colectivos de forma sistémica. Es necesario atajar el racismo estructural, revertir estas dinámicas y ubicar los límites de cada posición (histórica, política, subjetiva) para hacer un frente común contra la dominación colonial, capitalista, racista y patriarcal. No habrá justicia climática sin justicia decolonial.

6. Abogar por una dieta sana, ecológica y sostenible sustentada por la soberanía alimentaria y la implementación de la agroecología, en donde el papel de las mujeres siempre ha estado muy presente y vinculado a estas prácticas, compatibles con el respeto a la naturaleza y animales no humanos. La experiencia y demandas en materia de igualdad de colectivos de mujeres rurales  deben ser escuchadas. No podemos seguir manteniendo las prácticas de la agricultura y ganadería intensivas ni asumiendo prácticas que agudicen las desigualdades.

7. Garantizar servicios y suministros esenciales (agua, comida, saneamiento, energía, vivienda digna) y el derecho a la educación pública de calidad, incluyendo la educación para la sostenibilidad, la educación ecofeminista, educación para la paz, educación sexual, la justicia restaurativa, la interculturalidad y empoderamiento de mujeres y hombres como ciudadanos y ciudadanas globales.

8. Garantizar el derecho a la salud (física, ambiental, comunitaria, sexual, mental). Esto exige una sanidad 100 % pública y universal, protección frente a la contaminación, impulso a la atención primaria, a la medicina preventiva y a la salud pública, así como a la educación respetuosa con la diversidad de identidades de género y relaciones sexoafectivas bajo la lógica público-social-comunitaria, en detrimento de la lógica de mercado.

9. Ciudades y pueblos sanos y habitables, con especial cuidado a las periferias, donde se priorice la participación comunitaria y no organizando el trabajo y el consumo en función del capital y en oposición y disociación con la naturaleza. Deben ser entendidas como espacios comunes, producidos y reproducidos por quienes los habitan. Lugares inclusivos y saludables que prioricen la coexistencia intergeneracional y la proximidad de espacios naturales, una movilidad sostenible que prime la cercanía, el uso peatonal y en bicicleta y el transporte colectivo, basadas en una economía no lineal sino circular, que cierre ciclos.

10. Sociedades libres de violencias machistas y racistas, que garanticen los derechos humanos (entre ellos los derechos sexuales y reproductivos) de todas las personas, especialmente de quienes los ven amenazados de manera especial (mujeres, personas LGTBQ+, migrantes, habitantes del Sur global, personas amenazadas por defender el territorio).

Además de publicar este decálogo ecofeminista, Ecologistas en Acción quiere poner en valor luchas de mujeres que trabajan en dirección a los objetivos planteados. «Desde el sindicalismo feminista de las jornaleras en lucha, a las activistas de la PAH dejándose la piel por el derecho a la vivienda, Territorio doméstico luchando por el 189, Ganaderas en red visibilizando la situación de las mujeres en la ganaderías, o las defensoras del territorio poniendo el cuerpo contra los proyectos extractivistas», destacan.

Rosana Cervera, portavoz de Ecologistas en Acción: «Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, Ecologistas en Acción hacemos un llamamiento a todas las personas, y especialmente a las mujeres, para seguir tejiendo alianzas entre las organizaciones feministas y las ecologistas, junto con organizaciones sociales de todo tipo, como las organizaciones que trabajan en defensa de los servicios públicos o los derechos humanos. Porque sabemos que está en riesgo la sostenibilidad de la vida, y que solo podremos asegurarla trabajando desde el ecofeminismo por la justicia socioambiental. El futuro será ecofeminista, o no será».

Ecologistas en Acción

Fuente: https://www.biodiversidadla.org/Recomendamos/Decalogo-ecofeminista-para-salir-de-la-pandemia

En consecuencia, el desafío de llevar a cabo la «reforma agraria integral» es crucial para la reestructuración socioeconómica, política e institucional de todo el país sin fronteras ni muros burgueses. En ese camino, comencemos por valorar el trabajo de la Fundación Pueblo a Pueblo en Venezuela que está procurando hacer realidad a "la abolición de la contradicción entre ciudad y campo es una de las primeras condiciones de la vida comunal" que Marx señalara.

 

Agroecología para

la producción campesina con las comunas urbanas

20 de febrero de 2021

Por Michele de Mello

brasildefato.com.br

Traducido por Luiza Mançano

En cinco años, se distribuyeron 1,5 mil toneladas de alimentos a más de 300 mil familias del país.

«Sólo el pueblo salva al pueblo». Partiendo de esta idea, la Fundación Pueblo a Pueblo busca aplicar en la realidad la unión y la solidaridad entre el campo y la ciudad. El proyecto se basa en llevar los alimentos producidos por las comunas rurales venezolanas a las comunas urbanas. La propuesta consiste en suprimir los intermediarios y garantizar la división social de la producción: asegurar que el agricultor no pierda su cosecha y que el consumidor tenga acceso a una canasta de alimentos diversificada y a un precio justo.

«El plan Pueblo a Pueblo surge con este enfoque principal de trabajar esta dimensión de la agroecología: crear alianzas con movimientos populares del campo y la ciudad para distribuir alimentos saludables», dice el coordinador del proyecto, Gabriel Gil.

Son 90 pequeños productores asociados que, desde 2015, han realizado alrededor de 250 jornadas de distribución, vendiendo más de 1,5 mil toneladas de verduras, hortalizas, frutas y hace poco comenzaron a criar cabras y cerdos y producir lácteos y proteína animal. El proyecto está estructurado en ocho estados del país y en el Distrito Capital.

La diferencia de la iniciativa se nota en la calidad y el precio de la comida. Mientras que el precio medio de los productos de Pueblo a Pueblo está alrededor de US$ 0,40 por kilo, en los supermercados y mercados mayoristas la media sube a unos US$ 1,50 por kilo. Entre un 15% y un 30% del valor final del producto se destina a pagar el combustible, los gastos de los vehículos y los sueldos de quienes colaboran con la Fundación.

Pese a la pandemia, el plan llegó a unas 53.000 familias sólo en el primer semestre de 2020. Con una economía muy debilitada en el país, con una variación de cambio del dólar del 2.642%, una tasa de inflación del 1.460% y una pérdida global del 50% del poder adquisitivo de los venezolanos, el plan mantuvo los precios estables y muy por debajo de los mercados durante todo el año.

Pero la crisis generada por el coronavirus también afectó al proyecto. Antes de la pandemia, las distribuciones eran mensuales, pero ahora los camiones de Pueblo a Pueblo pueden tardar hasta dos meses en llegar a la capital venezolana.

En Caracas, uno de los socios es la comuna Panal 2021, que alberga a 14.000 personas y está situada en la barriada 23 de Enero. «Nuestros combos tienen 12 productos: tomate, cebolla, pepino, cebolleta, puerro, cilantro, patata, apio, y si hacemos una comparación con los precios que hay por ahí, solo una de estas hortalizas costaría más que lo que estamos ofreciendo», explica Lilian García, una de las portavoces de la comunidad durante la primera feria agroecológica de 2021.

«Sólo el pueblo salva al pueblo, ahora con este bloqueo y esta inflación, tenemos que encontrar la manera de producir y ayudarnos», sostiene García.

 

Autonomía para producir

Sin ayudas estatales, Laura Lorenzo, una de las fundadoras de Pueblo a Pueblo, explica que la clave está en compartir de forma transparente los gastos del productor, para valorar el trabajo del campesino, sin explotar a los consumidores finales. Además, el acuerdo establece que el pago debe llegar al productor rural en un plazo de ocho días a partir de la distribución, y una parte del importe se destina a un fondo común entre las comunas.

«Se puede, porque hay organización, sobre todo en un país con una historia de lucha por la tierra como el nuestro. Siempre ha habido disputa y explotación, siempre ha habido terratenientes, especuladores, quienes se aprovechan del trabajo del campesino, y eso ha obligado a nuestros campesinos, en todos los rincones de nuestro país, a tener ese deseo de organizarse, y sobre todo de organizarse para la producción», cuenta.

No por casualidad, el plan se creó el mismo año en que Estados Unidos impuso un bloqueo económico a Venezuela. En ese momento, un grupo de seis ex funcionarios decidió volver a trazar la ruta que tomaron los guerrilleros venezolanos en la década de 1960, uniendo las comunas de la zona montañosa que conecta los estados centro-occidentales de Trujillo, Lara y Portuguesa.

«Empezamos celebrando reuniones con los productores, escuchando lo que necesitaban, para ver cómo podíamos solucionarlo. Y así empezamos a trabajar con ellos: a planificar la cosecha, cómo íbamos a distribuirla, dónde íbamos a distribuirla y a quiénes iba a llegar esta producción. Siempre dejando claro que sería el trabajo social el que nos permitiría tener un equilibrio organizativo tanto en el campo como en la ciudad», explica Ana Dávila, que trabaja en la fundación desde 2015.

Hoy el proyecto tiene un centro de suministro en Barquisimeto, capital del estado de Lara, en una fábrica de tractores expropiada por la revolución bolivariana, y distribuye productos en nueve estados del país a comunas urbanas, instituciones educativas y otras organizaciones populares.

«Tenemos que demostrar, de forma autónoma, que podemos hacerlo. Está claro que será mucho más difícil. La [guerra imperialista contra Venezuela] es multidimensional y la lucha debe ser también multidimensional», declara Gabriel Gil.

 

 

Dificultades en el camino

De 2019 a 2020, los viajes de distribución se han reducido casi a la mitad. La razón: la falta de combustible. «Produzco calabacines, berenjenas, cebollas y zanahorias. Lamentablemente, el año pasado, por el problema de la gasolina, perdí parte de la producción de berenjenas y calabacines. Con la falta de gasolina no había forma de movilizarse», dice Luis Loyo, propietario de una pequeña finca de 7 hectáreas en Humocaro Alto, en el estado de Lara.

Loyo informa de que algunos productores han abandonado ciertos cultivos, como el maíz y el café, porque el precio final no cubre los costes de producción.

Con la escasez y la autorización para vender combustible en dólares, el contrabando y el mercado negro imperan en el interior de Venezuela. Para comprar un litro de diésel o gasolina, un agricultor puede pasar tres días en la cola de una gasolinera y no conseguir llenar el tanque o incluso pagar hasta 2 dólares por litro de combustible.

«Aquí, en general, el productor vende a un intermediario. Es la única opción que tiene. Y si tiene un coche para llegar al sitio, es aún más fácil, porque el productor nunca tiene un camión para vender su producción en la ciudad. El intermediario se lleva la producción y paga cuando tiene que pagar. Es mejor así que perder todo el esfuerzo realizado», dice Keiner Peraza, que dejó la ciudad hace diez años y regresó a su pueblo natal en el interior de Venezuela.

Con la Fundación Pueblo a Pueblo, los agricultores comenzaron a producir sus propios insumos agroecológicos.

 

Agroecología x Agronegocio

Los fundadores del plan destacan cómo los gobiernos chavistas retomaron un proceso de reforma agraria en el país, otorgando tierras a los campesinos que las trabajaban. La redistribución de las tierras productivas vino acompañada de la creación o expropiación de una serie de empresas agrícolas que conformaron una estrategia de lucha contra el hambre, que además fue alabada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

En 2017, el presidente Nicolás Maduro autorizó la creación del conglomerado Agrosur, que aglutinó a todas las empresas estatales vinculadas a la agricultura. Pero con las sanciones y el embargo económico de las potencias extranjeras, las empresas perdieron la capacidad de importar y subvencionar insumos para la producción agrícola, lo que hizo que el país mantuviera niveles de importación de alrededor del 70% de la canasta básica.

«Si pudiéramos activar el P del CLAP [Comité Local de Abastecimiento y Producción], que significa producción, sería extraordinario, porque entonces la canasta del CLAP tendría las particularidades locales. Y que haya esta propuesta de integración entre la comunidad campesina productora, el gobierno y los consumidores», explica el agrónomo Gabriel Gil.

Los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) son un proyecto del gobierno para distribuir canastas de alimentos en todo el territorio nacional y busca organizar a la población venezolana para combatir la especulación de los precios de los alimentos. Periódicamente, los ciudadanos del país inscritos en el programa reciben ayudas del CLAP, como una canasta básica de productos esenciales.

Por otro lado, desde 2019, en el marco de la crisis, el Ministerio de Agricultura y Tierras ha revisado su estrategia de recuperación productiva, orientando los recursos a las grandes propiedades. El plan Siembra 2020 liberó cerca de 200 millones de dólares en insumos, tractores y otros materiales: todo para la agroindustria.

«Nosotros decimos, con todo respeto al presidente Nicolás Maduro, pero hay intereses con la importación de alimentos. La mafia importadora de la oposición ha salido y ha entrado una nueva mafia, que en parte está formada por militares. Y este planteamiento de la burguesía revolucionaria, de ayudar a los grandes y no a los pequeños, es lo que nos está afectando», critica Gil.

 

Soberanía alimentaria y política

Además de la gasolina, los fertilizantes e incluso las semillas se han vuelto inaccesibles para los pequeños productores. Un saco de 35 kilos de fertilizante, por ejemplo, puede costar 35 dólares, mientras que una lata de 450 gramos de semillas de cebolla se vende a 80 dólares.

Por eso, los creadores del plan Pueblo a Pueblo ofrecen talleres para producir sus propios insumos agroecológicos y rescatar semillas nativas venezolanas. Para el año 2021, la propuesta es crear una agroescuela en la región de Humocaro Alto, en el interior del estado Lara, para promover la agroecología como modelo de producción y de vida.

«Estar con el Pueblo a Pueblo es otra experiencia. Antes nos sentíamos apartados, ahora tenemos las reuniones y eso nos da más confianza, más transparencia para la producción», dijo Daniel Velásquez, un agricultor del estado de Trujillo, donde se originó el plan.

Además de la organización social de la producción, también se propone crear condiciones para que los campesinos permanezcan en las zonas rurales: garantizar el acceso a la educación, fomentar el deporte, recuperar los caminos para el flujo de las cosechas y crear puntos fijos de venta de hortalizas y artesanías en el interior y en la capital.

«Ya hemos demostrado que somos capaces de producir lo que nos alimentará. Ahora tenemos que entender que sólo la unidad, la conciencia de clase: saber de dónde venimos, quiénes somos, con quiénes debemos estar. Por todo ello, este es el mensaje que nos dejó Chávez: estamos aquí, en pie de lucha. Seguimos avanzando con fuerza y creemos en la unidad regional, nacional y latinoamericana, porque creemos en la Patria Grande de Bolívar y Chávez», concluyó Laura Lorenzo, una de las fundadoras del Pueblo a Pueblo.

Traducción: Luiza Mançano

https://www.brasildefato.com.br/2021/02/18/agroecologia-vincula-la-produccion-campesina-con-las-comunas-urbanas-en-venezuela

Fuente: https://rebelion.org/661749-2/

 

 

 

Revisemos el pasado reciente y el remoto para intentar aclararnos porqué en el presente es crucial que, previo al proceso de emancipación del capitalismo e imperialismos, haya generalización del debate sobre cómo y para qué recuperar sentidos prístinos y esenciales del trabajo. Hacia ese rumbo, es clave apreciar:

 

 

Una breve historia de los orígenes de la agricultura,

la domesticación y la diversidad de los cultivos

20 de noviembre de 2018

 

Documento en discusión de la Via Campesina

El surgimiento de la agricultura es quizás uno de los procesos más revolucionarios de la historia de la humanidad. La agricultura cambió la forma de alimentarnos y de vivir. También cambió los ecosistemas y los territorios y creó las condiciones materiales para todos los procesos posteriores de formación de los distintos pueblos y sus formas de ser y vivir, incluidos los procesos que llevaron a la formación de clases sociales y lo que hasta hoy se denomina “procesos civilizatorios”. Sin la agricultura, nuestra especie humana podría haber sobrevivido sólo como algunos cientos de millones de personas repartidos por el mundo o, incluso, podría haberse extinguido.

Cada día se sabe más de los orígenes de la agricultura, a medida que los métodos científicos de estudio de restos históricos y prehistóricos se perfeccionan. Pero es todavía una historia a pedazos, que además la interpretan y la cuentan personas —principalmente hombres— que poco o nada saben de la práctica de la agricultura, del cuidado y el trabajo año tras año, de la selección de plantas, semillas y animales, de depender del clima, de recolectar, de guardar para el próximo ciclo, de cocinar y alimentar sabrosamente con lo que hay, de aprovechar todo lo que se pueda, de la inmensa diversidad que se encuentra en los campos y en las mesas. Por lo mismo, muchas veces es una historia que parece tener muy poca relación con la agricultura campesina e indígena que conocemos hoy. En este texto, además de hablar de lo que la ciencia nos dice, relacionaremos la historia con los saberes campesinos —y sobre todo con los saberes de las mujeres campesinas— porque eso permite entender mejor cómo ha sido y es la historia de los cuidados que mantienen viva la creación de la agricultura.

 

La creación de la agricultura. ¿Qué es la agricultura? Hoy se tiende a dar por sentado que es el cultivo —la siembra, el cuidado, la cosecha— de plantas domesticadas y la crianza de animales igualmente domesticados. Pero en sus inicios la agricultura no se hizo con plantas domesticadas ni con animales domesticados. Al principio, consistió en el cuidado y/o siembra de plantas silvestres y en el encierro parcial de animales mansos pero no domesticados. Hasta el día de hoy la agricultura incluye plantas no domesticadas, como algunas plantas medicinales, hortalizas silvestres, árboles, etcétera. Aquí utilizamos una definición amplia de la agricultura para incluir cualquier forma de cuidado y manejo de plantas y animales por parte de los seres humanos con el fin de obtener alimento, medicinas, madera, fibras y otros elementos que se consideren necesarios.

¿Cómo surgió la agricultura? Buena parte de los científicos insiste en que surgió producto de descubrimientos hechos al azar, casi de la suerte; y que quienes “inventaron” la agricultura no sabían bien lo que hacían. Pero al ver la riqueza y complejidad de lo creado es imposible aceptar esa mirada. Por ejemplo, el papel de las semillas en la reproducción de las plantas fue un descubrimiento hecho por las mujeres que las recolectaban, pero eso requiere observación cuidadosa, no mero azar. Por otro lado, las formas de ir seleccionando, combinando cultivos, cruzando plantas, determinando las fechas de siembra, inventando herramientas, probando sistemas de riego, creando diversas formas de uso, no pueden surgir por pura suerte, accidente o coincidencia, sino que son fruto de la experimentación reiterada, de la observación y una cuota no menor de inventiva e ingenio.

El azar y la suerte son factores presentes en todo aprendizaje, pero sólo se pueden aprovechar si hay quienes observen con atención y luego apliquen lo aprendido de manera creativa y cuidadosa. Estos cuidados probablemente no fueron muy diferentes de los que hoy hacen las cuidadoras, guardianas o curadoras de semillas, y que consisten en una relación y conversación interminable con los cultivos, con los animales, con nuestro territorio. Una conversación irrepetible y viva, pero también colectiva.

 

¿Dónde y cuándo surgió la agricultura? Entre 20 mil y 30 mil años atrás, todo indica que las mujeres de distintos lugares del mundo —responsables en esos entonces de la recolección de alimentos— comenzaron a cuidar y después a sembrar plantas silvestres que eran de especial interés para la alimentación y la medicina, o para la obtención de madera y fibras, para posteriormente pasar a seleccionar semillas de las mejores plantas e iniciar así el camino de la domesticación. Hace 10 mil-12 mil años, las mujeres ya cultivaban plantas domesticadas en al menos cuatro regiones del mundo: el llamado Creciente Fértil (una zona que cubre lo que hoy es Irán, Irak, Siria, Palestina, Israel, Egipto, Líbano y Turquía), China, Nueva Guinea y Mesoamérica (México y Centroamérica). Unos 2 mil a 4 mil años más tarde, las mujeres ya habían domesticado cultivos alrededor del mundo, y se destacaban 8 regiones más: Sahel Africano, Etiopía, África Occidental, Sur de Asia (principalmente India), Sudeste Asiático, Sudeste de Norte América, los Andes Centrales (Perú, Bolivia, Ecuador y Norte de Chile y Argentina) y Amazonía (Colombia, Brasil, Ecuador y Perú).

Uno de los aspectos más interesantes de este proceso es que las mujeres de las distintas regiones fueron cuidando, domesticando y creando formas de cultivar sin saber lo que pasaba en otras regiones. Incluso se cree que dentro de cada zona, los primeros cultivos y la domesticación de ellos también se desarrollaron a través de procesos múltiples y al menos parcialmente independientes entre sí.

Así, por ejemplo, el trigo fue domesticado de manera paralela en distintos lugares del Creciente Fértil; el poroto (frijol o fréjol) y el tomate fueron domesticados tanto en Mesoamérica como en los Andes centrales; el cerdo habría sido domesticado independientemente en el Creciente Fértil, en Nueva Guinea y en China. Un caso aún más diverso es el del ñame (un cultivo muy importante en Asia y África), que habría sido domesticado en múltiples regiones de África, Centro y Sudamérica, Sur y Sudeste de Asia, Polinesia, Melanesia, Australia.

Son pocos los cultivos que habrían sido domesticados en un sólo lugar y que de allí se hayan diseminado al resto del mundo. Al parecer, la lechuga sería una de ellos: habría sido domesticada en algún lugar del Creciente Fértil, diseminándose desde allí hacia Europa primero, Asia después y finalmente América. (En la tabla 1 se muestra dónde se domesticaron algunos de los cultivos que comemos hasta hoy.)

La domesticación de animales habría ocurrido en forma más o menos similar. El primer animal domesticado sería el perro; la domesticación fue llevada a cabo de manera independiente en múltiples regiones de Asia, Europa, África y las Américas, en todos los casos a partir del lobo. Ya había perros 14 mil años atrás y se cree que su domesticación fue iniciada hace unos 35 mil años. Las cabras, cerdos y ovejas ya estaban presentes hace unos 10 mil a 12 mil años atrás en Asia y África, y hace 8 mil a 10 mil años ya había también crianza de vacas y gallinas.

Una situación distinta se produjo en América, donde los animales domesticados —llamas, alpacas, cuyes, posiblemente gallinas— estuvieron presentes sólo desde hace unos 6 mil años; es posible que haya sido así porque había gran abundancia de animales de tamaño medio o pequeño, de baja agresividad y relativamente fáciles de cazar (distintos tipos de ciervos, huanacos, la vicuña, el tapir, gran cantidad de aves, etcétera). Aquí nuevamente hay indicadores de que las mujeres fueron las principales domesticadoras, aunque la domesticación de los perros habría sido obra masculina por su capacidad de ayudar en la caza.

Diversidad de gallinas. Fueron domesticadas en Asia hace 8 mil años y en el sur de Chile, posiblemente unos 2 mil años atrás.

Puede decirse entonces que la creación de la agricultura y la domesticación de los cultivos y animales fue una inmensa obra colectiva, que involucró a buena parte de la humanidad existente en esos momentos. La investigación además indica que fue una obra centralmente de las mujeres.

 

¿Y la caza y la pesca? La especie humana tiene unos 200 mil años de antigüedad. Hasta la creación de la agricultura, los grupos humanos vivían de la caza, la pesca y la recolección de alimentos. La caza y la pesca eran principalmente tarea de hombres, aunque se sabe que mujeres, niñas y niños también ayudaban. La recolección de alimentos —frutos, granos, raíces, tallos y hojas, así como huevos y miel— fue tarea central de las mujeres. La dieta resultante era de muy buena calidad, pero no alcanzaba para alimentar grandes conglomerados y exigía que todos los miembros de un determinado grupo se dedicaran a la obtención de alimentos. Incluso antes de la creación de la agricultura, las plantas eran la principal fuente de alimentación. Hay autores que calculan que las mujeres proveían cerca del 75% de las necesidades alimentarias. Con la creación de la agricultura, se produjo una fase histórica en que la alimentación habría disminuido su contenido de proteinas —por lo que, por ejemplo, disminuyó la estatura media— pero sí fue posible aumentar el total de alimentos y así alimentar más personas, disminuyendo la mortalidad, especialmente de bebés.

La aparición de la agricultura no significó la ausencia de la caza, la recolección y la pesca. La pesca sigue claramente viva hasta hoy, a pesar de los efectos devastadores de la pesca industrial y de los intentos crecientes por privatizar el mar. La caza y la recolección han disminuido su importancia, pero siguen presentes, aunque buena parte de la discusión científica tiende a presentar la caza y la recolección, por un lado, y la agricultura, por otro, como dos etapas diferentes que se mezclaron durante miles de años, pero que hoy ya no conviven, puesto que la inmensa mayoría de las poblaciones rurales practican sólo la agricultura y sólo algunos grupos muy marginales, retrasados y posiblemente destinados a desaparecer prontamente, aún viven de la caza y la recolección.

La gran falla de esta visión es que no dice que los pueblos del campo nunca abandonaron la caza y la recolección por iniciativa propia, sino que en muchos lugares del mundo se vieron obligados a hacerlo en la medida que se les expulsaba de sus tierras ancestrales y se les reducía a tierras marginales, se privatizaban los bosques y praderas, avanzaba la deforestación y la imposición de grandes monocultivos, e incluso la caza, la pesca y la recolección fueron severamente restringidas o se convirtieron en delito. (En Inglaterra, por ejemplo, los terratenientes se apropiaron de las tierras y bosques comunitarios en el siglo XVIII y luego aprobaron una ley que castigaba la caza con la pena de muerte, ley que tuvo vigencia durante un siglo.)

A pesar de las presiones y agresiones anteriores, hasta hoy la recolección, la pesca y la caza siguen siendo una fuente significativa de alimentación y diversidad.

 

La inmensa obra de domesticar. Aunque la agricultura hoy se caracteriza fundamentalmente por el acto de sembrar y cuidar plantas domesticadas, las primeras formas de agricultura consistieron en el cuidado de poblaciones de plantas silvestres que eran de interés para la alimentación y, en un menor grado, para la producción de medicinas, de fibra (cáñamo, lino y algodón, entre otros) y madera (diversos árboles, arbustos y bambúes —entre los que se encontraba el olivo). El cuidado habría consistido en disminuir la competencia de otras plantas (por ejemplo, limpiando pequeñas áreas de bosque, quemando, arrancando o podando las plantas no deseadas o menos deseadas), en regar por inundación cuando fuese necesario y en evitar que se las comiesen los animales. En estos procesos de cuidado y recolección, las mujeres aprendieron que los granos, tubérculos, rizomas, estacas, etcétera, son también semilla, y a los cuidados se sumó la siembra.

Una etapa posterior en el desarrollo de la agricultura fue la selección, escogiendo semillas y estructuras de reproducción a partir de las plantas con características que parecían más interesantes. Por ejemplo: un mayor tamaño, la producción más temprana, un mayor vigor, la mayor producción, la mayor facilidad de pelado y molienda. Aunque también se mencionan la eliminación del sabor amargo y de elementos tóxicos, las investigaciones discuten poco o nada la selección por sabor, color, aroma, etcétera. Tampoco abunda la información sobre la selección para resistir enfermedades y condiciones climáticas.

Son los procesos de selección los que abrieron la puerta a la domesticación, entendiendo como plantas domesticadas aquellas que se distinguen significativamente de sus ancestros silvestres y que necesitan ser cuidadas para desarrollarse de un modo adecuado. En esto no hay categorías totalmente claras. Las plantas anuales, por ejemplo, se diferencian más marcadamente de sus ancestros que los frutales y los árboles en general y también requieren mayores cuidados.

Son varias las características que fueron adquiriendo las plantas domesticadas, producto de los procesos de selección y cruzamiento que emprendieron las primeras agricultoras y que luego pasaron a ser parte de las técnicas de cuidado utilizadas por todas y todos los buenos agricultores. Algunas de las características más frecuentes entre las plantas domesticadas son:

 

a) Las semillas no presentan dormancia. Todas las semillas germinan cuando se las pone en la tierra. Las plantas silvestres tienen semillas que pueden pasar varias temporadas en la tierra o sobre ella antes de germinar (es lo que se llama dormancia), asegurando con ello que quedarán semillas de reserva si algún año es especialmente inadecuado para el crecimiento y no permite que las plantas completen su desarrollo y reproducción.

La pérdida de dormancia está presente muy fuerte en los cultivos anuales, pero es más escasa entre los árboles, incluidos los árboles frutales. En éstos es más difícil romper la dormancia porque las semillas están protegidas por el fruto o por cubiertas duras e impermeables. Se cree que los primeros árboles frutales domesticados fueron reproducidos por estacas, evitando así depender de si la semilla germinaba o no. Éste es el caso del olivo, la uva, la higuera, el pistacho, que están entre los frutales domesticados más antiguos. Unos 3 mil años atrás, se intensificó la domesticación de árboles frutales especialmente en Asia y Eurasia, tal vez porque en algunas regiones se generalizó el conocimiento de que los árboles podían reproducirse por injerto.

 

b) Las semillas y frutos permanecen unidos a la planta y no se dispersan al llegar la madurez. Esto permite su cosecha y minimiza las pérdidas por desgrane. Ésta es una característica positiva e importante en las plantas de las cuales se aprovecha la semilla (por ejemplo, porotos [frijoles], trigo, arroz, quinoa, garbanzos, lentejas), pero no es adecuada para las plantas silvestres, que tendrán mayores posibilidades de sobrevivir mientras más se dispersen sus semillas. Sin embargo, siempre hay excepciones y por buenas razones. Por ejemplo, el arroz en Asia se cosecha cortando y luego trillando la espiga, y es importante que no haya desgrane antes de la trilla. En África, la forma tradicional de cosecha es agitando la espiga sobre un canasto y allí los arroces domesticados han mantenido su capacidad de desgranarse fácilmente, disminuyendo el esfuerzo necesario para la cosecha.

 

c) Las plantas no tienen sustancias tóxicas o sabores poco atractivos, como lo amargo o astringente. Es el caso, por ejemplo, de la papa, del tomate del lupino, del espárrago, del poroto, las almendras, y otras, que en su estado silvestre contenían niveles importantes de sustancias tóxicas y amargas. Sin embargo, la eliminación no es imprescindible, puesto que también es posible eliminar los venenos y el amargor mediante la cocción y el procesamiento. Uno de los casos más destacados es el de la yuca o mandioca, que es venenosa cuando cruda, pero perfectamente comestible si se la cuece o procesa adecuadamente. También es el caso del amargor de la quinoa, que se elimina mediante el lavado. No hay que olvidar que las sustancias tóxicas y las sustancias amargas pueden, de acuerdo a la dosis, proteger contra plagas o servir como medicinas. Por lo tanto, no fueron eliminadas totalmente, y se conservaron a propósito en algunas variedades. Encontrar estos métodos alternativos y diversos fue también tarea de mujeres.

 

d) Las semillas, frutos y partes a ser cosechadas en general son de mayor tamaño. Las exploraciones arqueológicas han encontrado semillas de ancestros silvestres con semillas significativamente menores que las de los cultivos domesticados. Las semillas más grandes pueden estar asociadas a una mayor producción y a una menor proporción de pérdida al momento de pelarlas, pero no siempre es así. Su mayor ventaja es que producen plantas de mayor vigor y tienden a presentar mejor germinación.

 

e) Tienen más material genético: un número significativo de las plantas domesticadas tiene su material genético aumentado. Las plantas y animales tenemos nuestro material genético organizado en “cromosomas” y tenemos normalmente dos copias de cada cromosoma. En el proceso de domesticación, mediante selección y cruzamientos, agricultoras y agricultores lograron que muchos cultivos adquirieran tres, cuatro y hasta ocho copias. Eso hizo que los cultivos fuesen más vigorosos, más productivos y más resistentes a plagas, enfermedades y condiciones ambientales poco favorables.

Todos estos cambios llevaron también a que las plantas domesticadas dependan para crecer de los cuidados humanos, pero no todas dependen de igual manera. Un caso de profunda domesticación, por ejemplo, es el del maíz, que es físicamente muy distinto de su ancestro silvestre —el teocintle— y que no logra reproducirse sin la intervención humana (ver figura). Pero tales diferencias son mucho menos acentuadas en otras especies utilizadas en la agricultura, como, por ejemplo, las palmas o los árboles cultivados para madera.

 

La domesticación fue larga y compleja. Los procesos de domesticación fueron largos, posiblemente tomando más de 2 mil años para la mayoría de los cultivos. La mayoría de los científicos actuales ven eso como el resultado de una domesticación “involuntaria” o “inconsciente”, sin conocimiento asociado y sin objetivos claros. Conociendo lo que hasta hoy hacen millones de campesinos y campesinas cuando cuidan, escogen y seleccionan sus semillas, es fácil pensar en una explicación muy diferente.

Por supuesto, posiblemente nadie que haya trabajado el campo pensó en “domesticar”; ése es un término moderno inventado por expertos que miran e interpretan la historia, pero que no estaban involucrados en el proceso. Lo que campesinas y campesinos han hecho a través de la historia ha sido cuidar sus cultivos y buscar mejorarlos generación tras generación. La herramienta más utilizada ha sido la selección de las plantas y semillas que han parecido mejores en cada momento: las más vigorosas, las más sanas, las más productivas, las más sabrosas, las de color más atractivo, las más tempranas, las que se cocinan fácilmente etcétera, etcétera. Puede haber tantas razones para seleccionar como personas involucradas en la selección. Los cambios finalmente logrados, son fruto de esa convivencia y conversación colectiva continua que ha sido parte inseparable de los cuidados con los que los pueblos del campo se han relacionado con la tierra, el agua, las plantas, los animales y las condiciones generales del ambiente y el clima.

Pero cada vez que alguien selecciona, por ejemplo, por vigor, puede o tiene que descartar otras características; como la resistencia a la sequía. Si se elimina el amargor, las plantas se pueden hacer más susceptibles a las plagas, y así muchos ejemplos más. Desde el punto de vista de quien selecciona, se enfrenta el problema que muchas veces para eliminar algo que no se quiere, se pierde algo que sí se necesita. Por tanto, algo que se convirtió en una práctica común fue volver a cruzar las plantas seleccionadas con sus parientes plenamente silvestres, para recuperar al menos en cierta medida las características que se pudieran haber perdido con las selecciones anteriores, intentando conseguir plantas con ambas características o —lo más factible— para c    onseguir situaciones intermedias con distintas plantas que tuviesen distintas características para que, sin importar los problemas que un cultivo pudiese enfrentar, siempre hubiese plantas que pudiesen crecer y producir bien. Esta práctica ha sido tan común y se fue perfeccionando en tal medida, que la cruza con variedades silvestres pasó a ser una práctica campesina común y se ha mantenido hasta la actualidad, como una forma de mantener variedades productivas, resistentes y vigorosas, todo al mismo tiempo. Hay ejemplos documentados en plantas que se cruzan fácilmente (maíz, todas las coles, la mostaza, tomates, calabazas/zapallos) en plantas que se cruzan poco (trigo, frijol, habas, garbanzos, arroz) e incluso en plantas que no se reproducen normalmente por semilla, como la papa o los ajos.

Desde el punto de vista de los historiadores y de la genética moderna, se podría decir que esta selección combinada con cruzamientos con plantas silvestres equivale a avanzar y retroceder permanentemente en el proceso de domesticación. Por eso la consideran una “casualidad”, algo hecho al azar, sin conocimiento asociado. Pero desde el punto de vista de la producción campesina, que debe asegurar la comida bajo características tan distintas, este proceso de ir y volver ha sido la manera de mejorar sus cultivos sin perder seguridad ante los riesgos y los imprevistos. De hecho, este mismo concepto (el de cruzar cultivos con plantas silvestres), es una técnica que hoy usan los genetistas para producir variedades menos frágiles que las actuales y se le considera “tecnología de punta”.

Es decir, el desarrollo de la agricultura fue un proceso largo porque requirió construcción colectiva de saberes, pero también porque fue un proceso cuidadoso, con mucha observación y experimentación de por medio, porque quienes hacían agricultura comprendían que su trabajo era producir comida hoy y en el futuro. Una vez más, fueron mujeres las que jugaron un papel central en esto.

También puede decirse que si bien la domesticación y el mejoramiento se iniciaron de 10 mil a 20 mil años atrás, es un proceso que sigue en curso en la medida que las comunidades campesinas sigan cuidando, seleccionando, cruzando y mejorando sus cultivos. De allí podemos identificar una razón más para que los intentos por privatizar las semillas y despojar a campesinos y campesinas de sus saberes y prácticas en torno al cuidado de las semillas sea extremadamente grave.

La creación de diversidad.

El desarrollo de la agricultura no sólo significó la domesticación de cientos o miles de especies. Significó también la creación de diversidad. Campesinas y campesinos del mundo fueron creando cientos y miles de variedades de los distintos cultivos, aumentando la diversidad dentro de cada especie. Los diversos colores del maíz, del arroz, de los porotos [frijoles], lentejas, de las papas y tantos otros son una muestra simple de esa diversidad. Las coles son una sola especie, a partir de las cuales la selección llevó a la coliflor, el repollo, los bruselas, el brócoli y el kale, cada uno con todas sus variedades. Hay trigos para invierno y otros para primavera. Maíces que maduran en 90 días y otros en 150 o 180. Arroces que crecen inundados y otros sólo con la lluvia, con periodos de crecimiento que pueden variar de 80 a 280 días. Hay uvas, duraznos, manzanas, melones, naranjas, limones de distintos colores y distintos sabores. Hay papas redondas, alargadas, lisas, arrugadas, amarillas, rojas, moradas. Hay calabazas de las más diversas formas y sabores, trigo para pan, trigo para hacer pasta, lechugas a las que se les come las hojas y otras a las que se les come el tallo. El maíz y el poroto viajaron de América a África y las mujeres africanas desarrollaron variedades auténticamente africanas, distintas a las americanas. El trigo se repartió por el mundo y en cada continente hay variedades distintas y con sus particularidades. Podríamos escribir un libro nada más que relatando ejemplos.

Los científicos tienen dificultades para explicar esto. De acuerdo a la ciencia moderna, cada vez que alguien selecciona para mejorar, se pierde diversidad, porque hay que descartar lo que no nos gusta y eso se pierde. La pregunta es entonces, ¿cómo es posible que si la selección y mejoramiento lleva “inevitablemente” a una reducción de la diversidad, campesinas y campesinos del mundo fueron capaces de crear tal diversidad al mismo tiempo que seleccionaban?

La ciencia nos dice que la diversidad tiene su origen en dos procesos fundamentales: a) el surgimiento de mutaciones (cambios) espontáneas que fueron seleccionadas por quien cultiva y b) que los cultivos fueron sometidos a muy distintas condiciones de crecimiento, favoreciendo distintas mutaciones y distintas formas de selección, diferencias que “quedaron fijas” en los cultivos, entre otras, cosas porque los diversos pueblos que hacían la selección no se comunicaban mayormente entre ellos y cada cual siguió su propio curso.

Aunque los dos procesos anteriores son efectivamente fuentes importantes de diversidad dentro de cada cultivo, los investigadores han prestado poca o ninguna atención a otra fuente fundamental para la diversidad creada y expresada en cientos o miles de variedades dentro de cada cultivo: el hecho que el cuidado, selección y mejoramiento de semillas y cultivos se ha realizado colectivamente y por pueblos que no han pensado que hay un solo uso, un solo objetivo o un solo concepto de lo óptimo.

 

Es posible dar muchos ejemplos. Los pueblos indios, especialmente de México y Guatemala, crearon miles de variedades de maíz y lo normal era que cada familia conservase varias de ellas, porque había usos tan diversos como la tortilla, el maíz tierno, las diversas bebidas, los usos rituales, la alimentación de los animales y un sinnúmero de guisos. Nadie dictaminó que un uso era mejor o más importante que otro, ninguna comunidad o grupo de “sabios” fue a decirle a otra que debían hacer así o asá, o seleccionar esto o lo otro, nadie dijo que las mujeres no sabían de cultivos. Lo mismo sucedió con el sorgo en África, el arroz en Asia y África, los porotos o frijoles en América y partes de África, las coles en Europa, ajíes [chiles] en América, Asia y África, etcétera.

Todo era posible, todo podía ser útil, cada pueblo y cada familia decidía cómo llevar a cabo la tarea de cuidar, seleccionar, mejorar, conservar. El que no se haya impuesto un solo patrón o molde de pensar, sentir, trabajar, comer, disfrutar, hizo posible el florecimiento de la diversidad. Y esto no significa que no hayan aprendido unos de otros o incluso que no hayan copiado unos de otros, sino que cada cual fue libre de adoptar lo que su experiencia y necesidades le indicaban. Por eso no sólo tenemos distintos colores y distintos hábitos de crecimiento, sino distintos sabores, aromas, tiempos de cocción, texturas, tolerancia a las distintas formas de conservación, características nutricionales o atributos medicinales, etcétera. Y en todo esto no hay duda alguna que las mujeres tuvieron y siguen teniendo el papel central y fundamental porque han sido ellas las responsables de alimentar y de convertir los alimentos en algo nutritivo, atractivo, sabroso, disfrutable.

Junto con esta tolerancia y aprecio por la diversidad que se practicó históricamente, el otro pilar de la creación de diversidad fue lo colectivo.

Es cierto que la selección que hace una persona disminuye la diversidad porque seleccionar significa descartar algo. Pero cuando todas y todos hacían el trabajo de cuidar, mejorar y conservar, porque era parte inherente de cultivar, lo que alguien descartaba, alguien más sí lo conservaba, lo que para alguien era desagradable, podía ser útil o tolerable para otros, lo que alguien despreciaba podía ser apreciado por el resto, la mutación que no aparecía en un campo sí aparecía y era conservada en otro, lo que se descartaba por un estilo de selección, no desaparecía cuando se utilizaban otros estilos. El resultado de esto fue que, si bien lo que cada familia conservaba podía perder diversidad, lo que conservaba cada grupo, comunidad, pueblo y conjunto de pueblos en su convivencia y conversación con sus cultivos no sólo mantuvo la diversidad sino que la promovió y aumentó.

Hay un segundo aspecto ligado a lo comunitario que además hizo que lo efectos negativos de la pérdida de diversidad dentro de cada variedad fuesen disminuidos significativamente: el intercambio de semillas. Una práctica que continúa hasta hoy en formas muy diversas es la ampliación de la diversidad dentro de cada variedad cada cierto tiempo; es lo que comúnmente se llama la “renovación” o “rejuvenecimiento” de los cultivos cuando éstos se debilitan o “degeneran”. ¿En qué consiste? En que cuando una variedad se debilita porque ya se le ha seleccionado mucho, se busca cruzarla con otra variedad o plantas que no se hayan seleccionado de la misma forma. La posibilidad más antigua ha sido fomentar el cruzamiento con parientes silvestres. Otra es buscar semillas de una variedad parecida pero conservada por otra familia u otra comunidad, para luego sembrarlas todas juntas y que se mezclen. En algunos casos, cada cierto tiempo se mezclan en un cultivo semillas de otra variedad totalmente distinta y posteriormente se siguen seleccionando las plantas que se consideren mejores. También es posible mezclar distintas variedades y cultivarlas todas juntas, o experimentar si surge por cruzamiento alguna nueva variedad que sea de interés. Todo esto sumado al hecho que el intercambio de semillas permitió que los distintos grupos y pueblos fuesen probando y adoptando distintas variedades o recuperando variedades cuando algún imprevisto provocaba su pérdida. Nada de eso habría sido posible si el intercambio de semillas hubiese sido coartado, despreciado, prohibido o criminalizado, tal como la industrialización y privatización de la agricultura lo ha hecho y sigue intentando en la actualidad.

Entonces, la riqueza inmensa de la alimentación, de los cultivos y de la biodiversidad fue esta historia, larguísima, diversa, con mucho trabajo, mucha experimentación y observación, con una acumulación de saberes invaluables, con caminos comunes y caminos divergentes, con miradas, juicios y gustos distintos, con técnicas únicas y otras prácticamente universales, con participación principalmente de mujeres, pero también hombres, niños, adultos y ancianos, donde la curiosidad, la inventiva, la prudencia y la “locura” eran apreciadas y respetadas, donde el trabajo se hacia entre millones año tras año, donde cada pueblo y cada nación tenía su forma de hacer las cosas y así se esperaba. La riqueza y diversidad de las semillas es reflejo de la diversidad de las personas, comunidades y pueblos que las fueron cuidando, guardando, intercambiando, mejorando. Por eso es que la Vía Campesina dice que las semillas son un patrimonio de los pueblos al servicio de la humanidad. Y por todo eso, los pueblos originarios, campesinas y campesinos, pero especialmente las mujeres del campo deben sentirse profundamente orgullosos y orgullosas.

 

La situación que enfrentamos hoy. Sin lugar a dudas esa riqueza se encuentra hoy deteriorada y en peligro. Muchos factores han ayudado a ello, pero lo central es el advenimiento del capitalismo y su avance hacia formas cada vez más agresivas y monopólicas. La modernización de la agricultura no es otra cosa que el avance constante del capital sobre el campo. Fue necesario para el capital convertir la capacidad de los pueblos campesinos para producir sus propios alimentos y materiales de vestir, construir y conservar, en un proceso creciente de dependencia de elementos comprados al mismo capital. Se les prohibió el acceso a las zonas de caza, recolección, pesca y pastoreo, se monopolizaron herramientas fundamentales como los molinos, se les expulsó de sus tierras y se les marginó en las menos productivas, se dijo que nada sabían y debían aceptar lo dictado primero por los señores del lugar, los extensionistas después y actualmente por las empresas. Se invisibilizó el trabajo de las mujeres en el campo y se despreció sus semillas y cultivos, se agredieron cultivos fundamentales para la autonomía porque eran “paganos”, “primitivos” o “improductivos”. Paso tras paso, se redujo la soberanía y la diversidad y se impuso una sola forma de pensar, disfrutar, trabajar y vivir: la que el capitalismo necesita y tolera. La destrucción de la diversidad humana trajo inevitablemente la destrucción de la diversidad agrícola. La FAO nos dice que un 75% de las variedades cultivadas se ha perdido en los últimos 50 años.

Nuestro camino hacia adelante es necesariamente recuperar la diversidad de las semillas, de los cultivos y de las diversas formas de hacer agricultura. Tenemos que cuidar las semillas, reproducirlas, intercambiarlas, no dejar que se privaticen. Para ello debemos recuperar la diversidad en el pensar, en el cultivar, en la experimentación y creatividad, en el comer, compartir, disfrutar, utilizar. Debemos organizarnos para esta defensa y recuperar el orgullo por ser lo que somos.

En otras palabras debemos construir soberanía popular y alimentaria y todo lo asociado a ella: recuperación de los territorios, volver a poner en el centro la agricultura campesina e indígena, reconocer y apoyar el papel fundamental de las mujeres, fomentar la diversidad porque es necesaria para hacer una agricultura en cooperación con la naturaleza. Todo ello también significa la superación del capitalismo.

Lo que la historia nos enseña es que es posible destruir esa riqueza inconmensurable que crearon las campesinas y los campesinos del mundo. Pero por sobre todo nos enseña que campesinas y campesinos son capaces de crear esa riqueza. De ahí que nuestra apuesta por recuperar el papel central y predominante de la agricultura campesina e indígena es una apuesta por asegurar el bienestar y el futuro de la humanidad.

Fuente: https://grain.org/es/entries/6080-una-breve-historia-de-los-origenes-de-la-agricultura-la-domesticacion-y-la-diversidad-de-los-cultivos