Qué Trabajo – Septiembre 2021

Setiembre 2021

Con el fetiche “dinero” generando aceptación social e individual de la expoliación patronal.

Nos disgusta que dirigente histórico del MST de Brasil y economista afirme: “Los brasileños tienen hambre por falta de ingresos, no de producción”.


Expropiado y explotado por burguesía / Ecocida y genocida /Alternativas emancipatorias

Expropiado y explotado por burguesía

Reparemos en implicancias de la expropiación y explotación del trabajo por la burguesía que acumula riqueza y poder, esencialmente, mediante los extractivismos. Que concentran y transnacionalizan tanto la economía como el territorio de Argentina. Implican retroceso del país a especializarse en exportar commodities y sumirse más en subdesarrollo o mayor pobreza estructural, mayor atraso científico técnico respecto a atender necesidades e intereses populares y mayor sometimiento al sistema mundo capitalista.

Y este trabajo, yendo contra las necesidades e intereses de las diversidades de abajo, no sólo se debe al gobierno de Macri sino es responsabilidad de toda la democracia fiel a lo instaurado por el contubernio de capitales y estados imperialistas con los locales mediante terrorismos paraestatal y estatales en los setenta. Aún más, la democracia restringida se empeña en viabilizar el acelerado acaparamiento gran capitalista de bienes comunes sobre todo derrotando las luchas de les expoliades y lo concreta por maceración ideológica, desinformación, desnutrición y superexplotación laboral.

Desde Argentina se constituyó la República Unida de la Soja que abarca también a Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay mediante la expansión del sistema de soja transgénica en binomio indisoluble con agrotóxicos mortales a todos los otros seres. Han transcurrido como dos décadas de esa creciente ocupación e invasión económico territorial en contra de la producción de alimentos agropecuarios y de los modos de vida y culturas lugareñas. Implicó devastación de selvas, bosques nativos y de las otras ecorregiones e implantación de vastos monocultivos de forraje y de agrocombustibles, de mega factorías para animales encorralados...

En todos los países de la República Unida de la Soja, el hambre se extendió por deforestación que desalojó a comunidades campesinas e indígenas y por definitivo colapso de economías extrapampeanas. Se profundizó por destrucción o ruina de la soberanía alimentaria y por complementación con la primarización o desindustrialización, desertificación y enorme envenenamiento tanto de la vida como de los subsistemas que la posibilitan.

João Pedro Stedile lo sabe. ¿Por qué oculta la verdad o le da poca relevancia? Reflexionemos sobre sus respuestas durante la entrevista siguiente:

«Los brasileños tienen hambre por falta de ingresos,
no de producción»

17 de setiembre de 2021

Por José Eduardo Bernardes /Brasil de Fato

João Pedro Stedile, economista, activista de la reforma agraria uno de los fundadores del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra, también habla sobre la precarización del trabajo en Brasil, los intentos de golpe de Bolsonaro y cómo deberá conformarse un nuevo gobierno del expresidente Lula, principal candidato en las elecciones de 2022.

José Eduardo Bernardes.- Brasil atraviesa una crisis sin precedentes, el hambre ha vuelto a afectar a las familias, la economía no puede dar los pasos adecuados y los riesgos de las reformas propuestas se han materializado. ¿Cuál es el estado real de nuestra democracia desde 2016? 

João Pedro Stedile.- El país atraviesa un momento grave, porque es la peor crisis de toda su historia, una crisis estructural de la forma en que el capitalismo domina la sociedad y la economía, que aparece en la producción, en la economía cada vez más concentrada. Antes de la crisis teníamos 45 multimillonarios, hoy tenemos 65. 

Tenemos una economía ultraconcentrada, con una contradicción fundamental, dado que ya no produce los bienes que necesita la población. Esta es la gran contradicción del capitalismo brasileño dependiente, con consecuencias de una verdadera tragedia social, que es la profundización de la desigualdad social. Es la herida más grande, la marca de nuestra sociedad. 

Brasil, junto con Sudáfrica, tiene la mayor desigualdad social, con una crisis que arrojó a la pobreza a 67 millones de trabajadores, según reveló la PNAD (Encuesta Nacional por Muestra de Hogares) del IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadística). Hay 14 millones de desempleados, seis millones que ya no buscan trabajo y 40 millones que no tienen trabajo fijo, viven de trabajos ocasionales, del trabajo precario y, por lo tanto, no tienen ingresos fijos, no tienen derechos, están excluidos de la ciudadanía. 

Lo importante es entender en este momento que la crisis en Brasil es estructural, lo que significa que va más allá del período de esta situación y de este gobierno. Significa que tenemos que pensar después del «Fuera, Bolsonaro» en cambios estructurales para sacar al país de la crisis y ponerlo en nuevos caminos que garanticen el bienestar de toda la población. 

-José Eduardo Bernardes: Una parte de estas personas desempleadas ya se encontraba en el mercado informal, que ha crecido enormemente desde 2018. Y la pandemia alejó a esta gente de la calle. ¿Cuál es el nivel de precariedad del trabajo en Brasil? 

-João Pedro Stedile: La precariedad del trabajo que revelan estos datos de la PNAD es solo una fotografía de la crisis estructural. No es por la pandemia de covid-19, ya veíamos estos signos desde 2014. Tampoco sirve de nada que los economistas digan que esta es la tendencia del capitalismo moderno. 
No es así, la sociedad brasileña en el próximo período tendrá que realizar un importante programa de reindustrialización del país y reorientar las inversiones productivas en la agricultura familiar para producir alimentos. Necesitamos zapatos, ropa, casas, alimentos, y todo esto debe producirse en la industria y la agricultura familiar. 

Entonces, estos tiempos de precariedad, de retirada de derechos desde el gobierno de [Michel] Temer hasta ahora son solo signos de esta codicia de la burguesía brasileña que, ante la crisis, arrojó todo el peso sobre la espalda de la clase obrera, a punto de, como mencionó Ud., llegar al absurdo de ser un país continental, con tanto potencial para la producción de alimentos, y tener alrededor de 20 millones de brasileños que viven con hambre. No tienen hambre porque no hay producción, tienen hambre porque no tienen ingresos, no tienen recursos para comprar alimentos en el supermercado o en la feria. 

Y, según los investigadores, tenemos otros 70 millones en lo que se llama inseguridad alimentaria, que significa comer de la peor manera posible, por debajo de lo necesario, o sin alimentos saludables y nutritivos, que aseguren incluso la salud. Esta es la imagen de la crisis. 

-José Eduardo Bernardes: El gobierno de Bolsonaro ahora cuenta con el apoyo de los partidos de centro. De hecho, fue tomado por asalto por el oportunismo. Bolsonaro ya no parece tener apoyo del mercado e incluso esta base social que lo venía apoyando está cada vez más restringida a ese 20%. Aun así, ¿sigue siendo difícil hablar de juicio político? 

João Pedro Stedile.- Primero tenemos que entender la naturaleza del gobierno de Bolsonaro. Nosotros, los movimientos populares del Frente Brasil Popular y del MST, hemos dicho que Bolsonaro solo está ahí porque la burguesía brasileña lo puso ahí. 

Ahora, una gran parte de ellos lo lamenta y el mismo Bolsonaro, por ser un espejo de la crisis, no tiene una fuerza social organizada propia, ni sindicatos, ni universidades, ni intelectuales, porque no tiene un proyecto de país, no tiene un proyecto de nación. 

En el fondo, es una aberración dirigida por la familia que todos conocemos, la práctica de «rachadinhas» (esquema de corrupción en que un parlamentario se queda con una parte del sueldo de sus asesores), su vida siempre fue enriquecerse con recursos públicos.

-José Eduardo Bernardes: Pero, aun así, en la derrota de la propuesta del voto impreso, el gobierno de Bolsonaro tuvo mayoría, a punto de aprobarla. ¿Eso entierra las posibilidades de juicio político por ahora? 

João Pedro Stedile: El tema de «Fuera, Bolsonaro» y el juicio político es otra historia. Para que hubiera la destitución del gobierno de Bolsonaro, con juicio político o de otras formas, analizamos que dependería concretamente del comportamiento de la burguesía o de la clase trabajadora.

La burguesía viene manifestándose a diario contra Bolsonaro, pero está dividida sobre qué hacer. 

Un sector de la burguesía, estúpido, en mi opinión, apuesta todas sus fichas por el mantenimiento de Bolsonaro, por el acceso a los recursos públicos y por esta estúpida política de privatizar las empresas estatales. Según los analistas, debe haber alrededor del 20% de la burguesía en esta corriente. Ahí tienes a Bradesco, Banco Pactual, BTG, el sector de capital financiero más especulativo, el dueño de Havan y otros. 

Otro sector de la burguesía, que en mi opinión es mayoritario y difícil de cuantificar, pero digamos que sean el 60%, ya no soporta a Bolsonaro. Incluso son la mayoría del poder económico. Imagino que el presidente de la FIESP no esté de acuerdo con Bolsonaro. La gente de Itaú no está de acuerdo, María Luiza Trajano no está de acuerdo con Bolsonaro. 

Sin embargo, este grupo, que es la mayoría, necesita resolver una incógnita antes de intentar destituir a Bolsonaro, que es crear una unidad sobre la fórmula de lo que se conoce como la tercera vía. Una vez hecho esto, la tercera vía solo será viable si se destituye a Bolsonaro. 

Hay una tercera corriente de la burguesía, en mi opinión, todavía minoritaria, que se ha expresado junto a Delfim Neto, un intelectual orgánico de la burguesía, un referente histórico de la burguesía. Ha repetido: «Dejen de tonterías con [ese intento de] tercera vía, tenemos que apoyar desde ya a Lula en la primera vuelta, porque Lula ganará las elecciones».

Este sector de la burguesía tendería a posicionarse mejor en una alianza con Lula, porque saben que, si Lula gana las elecciones, tendrá que llevar a cabo un programa de reformas estructurales. 

Con un acuerdo sobre la tercera vía, la burguesía puede accionar su poder económico y mediático y sus influencias en el Congreso para encontrar una salida legal para la destitución del gobierno. Otra hipótesis es que, si no hay tiempo suficiente para un juicio político, pueden encontrar alguna forma de criminalizar al presidente por lo que está revelando la CPI (Comisión Parlamentar de Investigación) del Senado y prohibir que vaya por la reelección. 
Por parte de la clase trabajadora, debemos seguir con la consigna que nos une, «Fuera, Bolsonaro». Sin embargo, la clase obrera es incapaz de ejercer su fuerza política, que se revela en las marchas, en la lucha concreta, ya sea con huelgas u ocupaciones. Debido al COVID, al desempleo, al hambre, no ha participado activamente en las movilizaciones.

Pero nunca podemos ser pesimistas y nuestro trabajo como militantes, como partícipes de movimientos populares y partidos de izquierda, es siempre seguir con el propósito de hacer un trabajo de base, organizar al pueblo y tratar de movilizarlo para la lucha. 

-José Eduardo Bernardes: Hay un componente que ha ganado fuerza en los últimos días, que es el tema del apoyo de la policía militar, de las milicias armadas, al gobierno de Bolsonaro en las calles. ¿Es esto factible? ¿Es una preocupación que deberíamos tener? 

-João Pedro Stedile: Puede que haya provocaciones aquí y allí, pero no lo creo, y no debemos caer en la paranoia de que habrá un intento de golpe de la Policía Militar. Creo que la reunión de los veinticinco gobernadores fue muy simbólica porque, al fin y al cabo, son ellos quienes dirigen a las policías militares. Creo que la mayoría de la corporación es sensata, son profesionales responsables, aunque aquí y allí practican el racismo, la violencia en los barrios periféricos. 

La mayor parte de la corporación son profesionales responsables, que conocen sus responsabilidades constitucionales. Ni creo que haya apoyo por parte de ellos, ni que haya intentos de golpe, así como he dicho varias veces que no se puede meter a todos los militares en la misma bolsa. 

Las contradicciones son evidentes, cada vez mayores, entre los militares que estuvieron en Brasilia, que están mamando en las tetas del gobierno, algunos generales con sueldos de R$ 100.000 (aproximadamente 20 mil dólares). Brasil de Fato reveló en estas semanas que [Eduardo] Pazuello gana R$ 57 mil por mes (cerca de 11 mil dólares) y fue a su oficina dos veces en los últimos dos meses, es decir, un insulto para los trabajadores. 

Ya otro tema son los militares que están en los cuarteles, que tienen sus responsabilidades y han mostrado signos de descontento con los rumbos del gobierno. Incluso porque el hecho de que Bolsonaro siga publicitando que es capitán, a pesar de que fue expulsado del Ejército, él sabe que todas las perversidades del actual gobierno están manchando la imagen de los militares, y aquellos que tienen sentido común quieren alejarse de este ventilador esparcidor de problemas. 

 -José Eduardo Bernardes: Usted mencionó el tema de la soberanía nacional e imagino que los militares también deben preocuparse por el tema ambiental. Recientemente vimos un estudio de Mapbiomas que menciona una pérdida de 15% del agua en el país. ¿Es posible revertir estos abusos ambientales?

-João Pedro Stedile: Esto se explica por la verdadera codicia con la que los capitalistas avanzaron sobre la Amazonia, sobre las tierras públicas, sobre los minerales, las tierras indígenas y las tierras quilombolas (comunidades que descienden de grupos políticamente organizados de africanos y afrodescendientes que escapaban de la esclavitud). Y eso explica esta furia incontrolable por la liberación total de agrotóxicos. El agrotóxico aplicado por la agroindustria mata la biodiversidad y, por lo tanto, también desequilibra el medio ambiente y afecta el clima en todo Brasil. 

Estas agresiones contra el medio ambiente provocan contradicciones para los propios capitalistas, porque este modelo agresivo de agroindustria, de agrotóxicos que matan la biodiversidad y alteran el clima, terminan afectando a otros sectores de la agroindustria. 

La última cosecha de naranjas en São Paulo, el principal productor mundial de jugo de naranja, cayó un 40%, y ¿por qué? Porque las lluvias, que solían venir del Amazonas y del Pantanal, no vinieron, por los incendios. 

La sequía en la región Sureste también afectó el sector de la caña de azúcar, la ganadería, en fin, otros sectores de la agroindustria comienzan a darse cuenta de que este modelo predatorio de agroindustria, con uso intensivo de agrotóxicos, es insostenible. 

-José Eduardo Bernardes: Para terminar nuestra conversación, existe la posibilidad de que el expresidente Lula llegue, como mínimo, a una segunda vuelta. Hay encuestas que señalan una victoria en primera ronda. ¿Es posible analizar la composición de cómo podría ser este gobierno de Lula, en esta correlación de fuerzas? 

-João Pedro Stedile: Un gobierno progresista, popular, no solo es posible sino necesario. Sin embargo, para viabilizar un gobierno de Lula tenemos varios aspectos: uno son las alianzas partidarias, que tienen su propia metodología, ya que los partidos no necesariamente representan las fuerzas de la sociedad organizada, ya sea en la burguesía, la clase media o la clase trabajadora. 

Creo que lo fundamental para viabilizar una candidatura de Lula no son los partidos, ni qué figuras lo apoyarán. Por supuesto, cuantos más partidos y más figuras públicas lo apoyen, mejor. Pero creo que nosotros, como movimiento popular y como militantes, deberíamos preocuparnos, después del «Fuera, Bolsonaro», que es la tarea número cero, de aprovechar el 2022 para realizar una gran campaña nacional en que movilice a la población, que movilice a la clase trabajadora para discutir un nuevo proyecto de país.

Es imposible encauzar a Brasil sin controlar el capital financiero, que es quien se lleva toda la riqueza. No es posible encauzar a Brasil sin controlar a las empresas transnacionales. No es posible encauzar a Brasil sin tener un impuesto sobre las grandes fortunas. 

Y estas reformas estructurales no dependerán de la buena voluntad de Lula, ni de las alianzas partidarias; dependerán de la capacidad del pueblo de entender su necesidad de luchar por ellas.

Traducción: Patricia Moura e Souza, para Brasil de Fato.

https://www.brasildefato.com.br/2021/09/15/los-brasilenos-tienen-hambre-por-falta-de-ingresos-no-de-produccion-dice-joao-pedro-stedile

Fuente: https://rebelion.org/los-brasilenos-tienen-hambre-por-falta-de-ingresos-no-de-produccion/

 

En consecuencia, João Pedro Stedile mira por un capitalismo nacional popular que no existe en ningún lugar del mundo ni puede retornar. La burguesía como clase social, ahora más que nunca, ya no puede desarrollar su crecimiento lucrativo en un país por grande que sea su población y menos cuando la última se compone de una inmensa mayoría empobrecida a distintas profundidades.

João Pedro Stedile, como buen progresista aun cuando se identifique de izquierda, apoya la candidatura de Lula cuando éste es responsable de gestionar la expansión de los monocultivos transgénicos que tienden a la desaparición forzada de campesines e indígenas y exigen deforestación. Stedile tiene actitud paternalista respecto a trabajadores y a los otros diversos de abajo debido a procurar la conciliación con el régimen de opresión-represión. De ahí su propuesta de reformas estructurales tan restringidas e irrealizables al fundarse en la coexistencia con el sistema mundo capitalista cuidando por las transnacionales y sus finanzas.

Ecocida y genocida

Comprobamos que, pese a la pandemia o mejor aprovechando el confinamiento de las autoorganizaciones en defensa de territorios, hay libertad para la aceleración e intensificación de los ecocidios con sus correspondientes genocidios silenciosos, silenciados e invisibilizados.

Les expropiades y desalojades se refugian la mayoría en el conurbano bonaerense buscando oportunidades de trabajo. Malviven como leemos a continuación:

En el barrio la Uruguay, localidad de San Isidro, los y las vecinas se organizan para evitar el avance narco, encubierto por el Municipio de Posse y la Policía. Por Corresponsal popular para ANRed

Todo empezó hace poco más de tres meses con un aluvión de llamados al 911, por parte de vecinos y vecinas del barrio Uruguay denunciando que en la calle Udaondo y Pasaje de Granaderos, pleno Beccar, se había metido gente armada al barrio y estaban vendiendo cocaína.

Para quienes no lo conocen, el barrio «La Uruguay», siempre fue un barrio popular signado por Planes de Vivienda truncos y faltante de espacios verdes, las familias allí instaladas viven en el barrio de toda la vida. Familias trabajadoras, que se conocen entre vecinas y vecinos, con la costumbre de corso y fútbol en una canchita que hoy ya no está.

Los y las vecinas empezaron a Alertar a la Policía y al Gobierno Municipal sobre lo que estaba pasando. Pero la respuesta fue de película: cuando por fin fueron escuchados, la DDI y la DDA se dispuso a realizar un allanamiento. Los oficiales que realizaban el operativo «se confundieron de dirección». En vez de entrar a las casas tomadas por los narcos, rompieron puertas y revolvieron las casas de los vecinos denunciantes, llevándose detenida a una mujer, que nada tenía que ver con los narcos. No termina ahí: mientras los vecinos y vecinas insistían en corregir el errático allanamiento, la policía terminó reprimiendo a quienes denunciaban, tirándoles con balas de goma, y llevándo detenidos a otros dos vecinos que volvían de laburar.

No, no es una peli. Es en pleno Beccar, a cuadras del Colegio El Buen Ayre. Ya sin presencia policial en el barrio, los denunciantes empezaron a recibir amenazas por parte de los narcos que habían salido ilesos del operativo.

Por ello los vecinos volvieron a tomar las riendas de la lucha y empezaron a cortar las calles Uruguay y Miller. Lo que volvió a generar la reacción policial, que enviaron fuerzas comunes de la bonaerense para un segundo operativo. La policía tocó la puerta del “techito”, el lugar donde los narcos hacen base, casi pidiendo permiso. Desde adentro se escuchó un disparo y el policía que se predisponía a entrar se fue espantado, pidiendo refuerzos. “Vayan a buscarlos ustedes” fue la frase que dijo el oficial de turno con el fiscal de la causa presente.

Fue ahí que un grupo se dirigió efectivamente a entrar a la casa de los transas donde los vecinos encontraron 90 gramos de cocaína y una lista con los horarios de trabajo que cumplían los narcos al interior de la organización. Por otra parte la organización de vecinas y vecinos también se dispuso a tirar abajo el paredón de un galpón municipal, donde los narcos hicieron base en un principio, y que además impide la buena circulación del barrio, dejando el terreno fértil para el narcotráfico.

Ni el ministerio de seguridad responde, ni el municipio de San Isidro atiende el reclamo.

El 30 de agosto vecinas organizadas por esta situación, poniéndole el cuerpo y cara a esta denuncia, decidieron manifestarse frente a la Municipalidad de San Isidro en Avenida Centenario exigiendo una reunión con la gente del municipio, con el fiscal a cargo de la causa, y con el ministerio de seguridad de la Provincia. Apenas se firmó un petitorio, donde la municipalidad concedería una reunión en las próximas 72 hs.

El viernes 3 de septiembre se cumplió el plazo de la reunión sin ningún tipo de respuesta. Parece que solamente los vecinos y vecinas quisieran sacar a los narcos de Beccar. “Si la seguridad es para los narcos, entonces no sirve todo lo que están invirtiendo” explicó un vecino.

Esta realidad, que parece una peli se replica en todo el conurbano bonaerense. Los narcos, con la complicidad de la policía y el Estado, hacen de los barrios un lugar aún más vulnerable. Estos sectores donde la pobreza pega aún más, donde la lucha es por combatir el hambre y la falta de trabajo, la realidad de sus familias está signada por la falta de mantenimiento de los espacios públicos, pasillos y calles, sin servicios básicos y con los pocos que hay, como la luz, con tarifas impagables. Las niñeces y juventudes no tienen lugares de esparcimiento y las salitas y escuelas están en condiciones de extrema precariedad. La falta de oportunidades y de desarrollo de la vida en estos territorios expresa la desidia estatal. A la falta de políticas públicas que aplaque esta realidad ahora se suman los narcos, liberados, con zona libre para estigmatizar, matar y sembrar el miedo.

¿A quién se llama cuando quien nos tiene que cuidar esconde a quienes nos lastiman y amenazan? ¿Cómo construir barrios más dignos si quienes deberían ayudarnos nos arrastran a un peor vivir? ¿Cómo controlar la desesperación cuando vemos que nuestros pibes y pibas se van a desarrollar en un barrio rodeado de drogas? ¿Cómo manifestarse si nos apuntan como peligrosos cuando estamos en peligro?

No, no es una película. Sí, es una de San Isidro.

No, no es una distopía, ésta es la nueva realidad

Fuente: https://www.anred.org/2021/09/17/llamaron-a-la-policia-para-denunciar-a-los-narcos-y-terminaron-detenidos-quienes-denunciaban/

Descubrimos que también en el conurbano bonaerense, como en las otras provincias, hay autoorganización de vecines para defender su barrio o territorio y comienzos del cuestionarse sobre las funciones del Estado al constatar su posicionamiento privilegiando negocios y control social por sobre necesidades populares. Son procesos tendientes al cambio social que derechas e izquierdas minimizan como micropolíticas coyunturales, desarticuladas entre sí y sin radicalidad.

Tampoco las izquierdas partidarias e intelectuales aprecian en su potencial subversivo a la organización en comunidades de campesines e indígenas ni del trabajo de las últimas en coevolución con la naturaleza durante siglos ni de los conceptos claves que pueblos originarios brindan a toda la humanidad como el de territorio y principios como el «buen vivir». Prestemos atención a:

 Verdadera Guelaguetza

Silvia Ribeiro*

Estamos en tiempos de Guelaguetza, días de celebración de los pueblos de Oaxaca, que para muchos que vemos desde afuera, parece una fiesta para disfrutar danzas y comida tradicional. En realidad es mucho más que eso. Desde el corazón de los pueblos, el Espacio estatal en defensa del maíz nativo de Oaxaca recuerda su verdadero significado: es una afirmación de la comunidad y la ayuda mutua. Ahora amenazadas por la entrada de agrotóxicos y semillas de empresas trasnacionales, por proyectos y políticas que desolan sus territorios y debilitan las bases de la vida comunitaria.

La palabra guelaguetza ha sido utilizada por los gobiernos en turno para mostrar hacia afuera una cara bonita de Oaxaca, pero hacia adentro niega la diversidad cultural existente en los pueblos indígenas y trata de deslegitimar el verdadero significado de la palabra, que trasciende la fiesta y en realidad se trata de una forma distinta de ver el mundo, en donde la solidaridad y el intercambio de esfuerzos están por encima de la ganancia comparten en la Declaración por el futuro del maíz, el campo indígena y el planeta (https://tinyurl.com/4bdaryxs).

La fiesta oficial ha pervertido el significado profundo de esta tradición: No necesitamos dinero para hacerla, tampoco es un momento para mostrar lo bonito. Guelaguetza es compromiso de ayuda mutua durante toda la vida que fortalece lazos de amistad entre familias y comunidades, entre otros significados; es hacer milpa colectivamente para garantizar el alimento de todas las familias que participan en su ejercicio.

El Espacio estatal en defensa del maíz nativo de Oaxaca se formó como tal en 2012, y en él convergen 25 organizaciones, comunidades e instituciones educativas de todo el estado por la defensa del maíz y sus pueblos. Varias organizaciones son a su vez uniones de comunidades, algunas trabajan en esta defensa desde que se reveló la contaminación transgénica del maíz nativo en 2001.

Denuncian que empresas trasnacionales han despojado a las comunidades de sus semillas, incluso intentando patentarlas, como el caso del maíz oaxaqueño Olotón, único en el mundo, que fija nitrógeno para autofertilizarse. (https://tinyurl.com/ym98fx87).

La entrada de semillas híbridas y agrotóxicos, promovidas por empresas y programas oficiales en varios sexenios, ha devastado el campo, la salud de las y los comuneros y acelerado la migración y el despojo.

La falta de apoyo al campo que se profundizó durante los últimos 40 años ha dejado un campo sin campesinos o con campesinos de la tercera edad, la misión de esas políticas no ha sido otra que la de expulsar a los jóvenes de sus comunidades para convertirlos en mano de obra asalariada que tiene que comprar su comida, al mismo tiempo que mina la resistencia para defender los territorios frente a los proyectos que hoy ofrecen desarrollo y prosperidad. Resultado de las políticas hacia el campo ha sido la pérdida de soberanía alimentaria y como consecuencia estemos consumiendo alimentos procesados que nos enferman y que son causa de las pandemias más peligrosas que actualmente afectan a la humanidad.

Hacen por ello un llamado a indígenas y campesinos a seguir sembrando semillas nativas y criollas, a no dejarse convencer por empresas y gobiernos a sembrar otras semillas. No necesitamos bancos de germoplasma para conservarlas en vitrinas. Sembremos nuestras semillas para conservarlas vivas. La diversidad genética de semillas que conservamos en Oaxaca y en los territorios indígenas del mundo es garantía de nuestra sobrevivencia y la de la humanidad, sembrar diversidad como en la milpa es garantía de vida, hacerlo con nuestros sistemas tradicionales de cultivo o con formas agroecológicas es fomentar la vida. No caigamos en el engaño de ahorrar trabajo con el uso de herbicidas u otros agrotóxicos, esos productos sólo traen destrucción. El futuro será sin agrotóxicos o no será.

Invitan a la gente de la ciudad a procurar alimentos sanos a sus mesas, a investigar de donde viene su comida y cómo se produce, de esa manera se ayudarán a prevenir la enorme cantidad de enfermedades que los aquejan, es mejor consumir un alimento sano que tener que entrar enfermo al mejor hospital del mundo. A buscar y consumir alimentos producidos por campesinos y a sembrar alimentos en nuestros espacios, en lo que tengamos por poco que sea, porque devolverán vitalidad y la posibilidad de hacer comunidad.

Para honrar la verdadera Guelaguetza, llaman a solidarizarse con los pueblos indígenas y campesinos en una campaña nacional e internacional en defensa de la milpa, la comunalidad y la vida.

Una defensa de la raíz, que apoye las resistencias de pueblos indígenas en México y el mundo contra los despojos y asesinatos que sufren. Que no es un acto de solidaridad solamente, es una forma de fortalecer la salud de la gente y el planeta y las bases para la alimentación sana que todas y todos necesitamos.

* Investigadora de Grupo ETC

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2021/07/17/opinion/017a1eco?fbclid=IwAR0WJTYiUVuhB_f2auwdLpuAOUEUWsQVt78rY_pDQodpwR3VXGwL727S3cE#.YPLgSzXuzc4.facebook

Argentina. Organizaciones del Frente de Lucha Territorial convocan a una gran movilización el martes 21, por aumento de salarios, jubilaciones e ingresos sociales

Resumen Latinoamericano, 17 de septiembre de 2021.

La derrota electoral del frente de “Todos” durante las PASO del domingo 12 de septiembre, generó un cimbronazo político en el Gobierno nacional que se reflejó en la puesta a disposición de las renuncias de varios ministros y funcionarios que responden a la vicepresidenta Cristina Fernández. Más allá de las especulaciones y trascendidos, entendemos que esta crisis, que deja ver las diferencias por “arriba” sobre cómo revertir los resultados de cara a los comicios de noviembre, no hace otra cosa que reflejar la grave situación que atraviesan los sectores populares que se expresaron en la falta de acompañamiento al gobierno y en la aparición del llamado “voto bronca”.

Este resultado, sin embargo, no nos sorprende a las organizaciones territoriales y populares que desde hace años venimos advirtiendo los niveles de empobrecimiento y precarización de la vida que alcanzan a la mitad de la población. El crecimiento de la desocupación, ya por encima del 10%, pone a la gran mayoría de nuestro pueblo trabajador en la más alta indefensión ante los sectores de poder y golpea en particular a las mujeres, lesbianas, trans, travestis y personas no binaries, quienes siguen teniendo los índices más altos de desocupación y empleo informal. Los salarios reales se fueron desplomando, y las jubilaciones condenan a millones a una miseria indigna para un país de inmensas riquezas. Hoy el salario mínimo no llega ni a los niveles de indigencia y una familia necesita casi tres salarios mínimos para cubrir la canasta básica.

Por todo esto, apenas dos semanas atrás presentamos ante el ministro Zabaleta un plan de obra pública y trabajo destinado a mejorar las condiciones laborales de aquellas familias que vienen soportando en sus espaldas el peso de una crisis que no generaron y que se profundizó con la llegada del Covid-19. Reiteramos también la necesidad de que se aplique una renta universal para quienes hoy no pueden garantizar un plato de comida en la mesa, luego de la interrupción del IFE que alcanzó a 9 millones de personas durante el aislamiento.
Vemos necesario que antes que resolver las deudas con el FMI se resuelvan las deudas con el pueblo. Para que “los primeros sean los últimos”, como pregonaba el presidente Alberto Fernández durante la campaña electoral de 2019, hay que hacer un cambio profundo en la política económica.
Desde su asunción, el gobierno se abocó a renegociar con el Fondo una deuda ilegítima y fraudulenta, lo que derivó en un profundo ajuste fiscal que mantiene a millones en la indigencia y la pobreza mientras los sectores concentrados de la economía mantuvieron y aumentaron sus ganancias. Sin ir más lejos, el próximo miércoles 22 de septiembre, si no lo impide el reclamo popular, el Gobierno nacional hará un pago de 1.800 millones de dólares al FMI en el marco de esa eterna “renegociación” de la deuda.

En este escenario y aprovechando la crisis del gobierno, la derecha reaccionaria de Juntos por el Cambio y sectores como “los libertarios de ultraderecha” buscan avanzar todavía más contra los derechos del pueblo, eliminando las indemnizaciones por despidos y precarizando aún más las condiciones de trabajo, pretendiendo arrancar las conquistas del pueblo trabajador. Aparecen también las iglesias con discursos conservadores, queriendo instalar que el garantizar los derechos de “las minorías” -refiriéndose a la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, conseguida con años de lucha feminista y masivas movilizaciones- fue lo que alejó al gobierno de las “mayorías” y por lo tanto causó su derrota electoral.

Ante un Gobierno que sólo parece recordar que más de la mitad de nuestro pueblo está bajo la línea de pobreza después de un resultado electoral, nosotres proponemos la construcción de un plan de lucha escalonado y masivo, porque no hablamos de “mayorías” y “minorías” sino de la organización de un pueblo trabajador unido, que concentre toda la bronca contra los planes de ajuste y pobreza del FMI, las grandes empresas, la derecha conservadora. Sabemos que esta situación no se resuelve con roscas en los despachos, se revierte con más organización y movilización popular que dispute la calle y la rebeldía a los sectores reaccionarios, para inclinar definitivamente la balanza en favor de las millones de personas que tenemos poco o nada.

Hay que cambiar de raíz las prioridades:

  • Arriba lxs de abajo, fuera el FMI, los especuladores y el gran capital explotador. No al pago de la deuda fraudulenta.
  • Ningún salario por debajo de la línea de pobreza: aumento general de salarios, jubilaciones e ingresos sociales.
  • Impuesto permanente a las grandes fortunas: que los grandes beneficiarios de este sistema de hambre y exclusión una vez en la vida sean quienes afronten los desmanes que ellos mismos generaron.

Unidad popular de les trabajadorxs contra la continuidad del ajuste.

El martes 21 organicemos una gran jornada nacional de lucha por los derechos y reclamos de nuestro pueblo trabajador.

La deuda es con el pueblo, no con el FMI!

FOL (FRENTE DE ORGANIZACIONES EN LUCHA) -MOVIMIENTO DE LOS PUEBLOS (FRENTE POPULAR DARÍO SANTILLÁN CORRIENTE PLURINACIONAL; IZQUIERDA LATINOAMERICANA SOCIALISTA; MULCS MOVIMIENTO POR LA UNIDAD LATINOAMERICANA Y EL CAMBIO SOCIAL; MOVIMIENTO 8 DE ABRIL; IGUALDAD SOCIAL) – FAR Y COPA EN MARABUNTA – FOB AUTÓNOMA (FEDERACIÓN DE ORGANIZACIONES DE BASE, AUTÓNOMA) – OLP RESISTIR Y LUCHAR

Fuente: https://www.resumenlatinoamericano.org/2021/09/17/argentina-organizaciones-del-frente-de-lucha-territorial-convocan-a-una-gran-movilizacion-el-martes-21-por-aumento-de-salarios-jubilaciones-e-ingresos-sociales-fuera-el-fmi-exigen/

En consecuencia, las fuerzas sociales y partidarias de izquierda permanecen –desde décadas- en exigir un Estado distributivo y en atribuir al FMI que no lo sea. No han realizado revisión crítica de tan larga experiencia y se han quedado en fetichizar tanto al Estado como al FMI. Lo más grave es que proceden sin anoticiarse de la situación límite e inflexión histórica en que toda la humanidad está sumida por el sistema mundo capitalista. Ni siquiera la patentización de la crisis civilizatoria por la pandemia las conmocionó y lo único que les causó fue terror a morir como familia e individuo, es decir, fueron objeto de manipulación psicológica desde la constante modelación capitalista a gran escala de subjetividades conformes a su sistema. Sucede que la construcción del sí mismos según van actuando o trabajando se estancó y esclerosó al naturalizar sus adaptaciones convertidas así en rígidos esquemas cognoscitivos sin dudas, cuestionamientos, aprendizajes incesantes.

Por añadidura se asumen vanguardia de modo que no se posicionan en comunión e involucramiento con la gran variedad de luchas en defensa de la vida y la dignidad humana que están confrontando tanto con el Estado en sus distintas jurisdicciones y la democracia restringida como con las transnacionales y sus socios locales.

Alternativas emancipatorias

Apreciemes cómo reflexiona sobre nuestra situación:  

 Leonardo Rossi

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Que en medio de la elección y análisis pos jornada electoral, la crisis ecológica-civilizatoria esté totalmente ausente de los balances políticos nos interpela a revisar formas, prácticas, narrativas. Sin dudas que son temas que al establishment no le interesa abordar. Y claro que los marcos epistémicos de la partidocracia están totalmente desacoplados del tiempo realmente existente.

Pero con saber eso, y sólo señalarlo no hacemos nada. Muchas fuerzas populares, periféricamente le entran al tema, en buena parte casi como un casillero que garpa para ganar un guiño. Otros dan cuenta de su importancia de forma genuina, casi en solitario, dentro de los ámbitos del Estado. Afinar la pedagogía política en torno a los vínculos directos entre crisis ecológica, pandemia, modelos de maldesarrollo, pobreza extrema, exclusión, estructuras patriarcales de dominación, guerra contra las mujeres, nuevas derechas es un enorme desafío. Encontrar la lengua y las prácticas que sensibilicen sobre esas tramas en los padecimientos de la vida cotidiana, y en los imaginarios de futuros ya no sólo deseables sino los únicos posibles en un mundo que se nos vuelve inhabitable ecológica y socialmente, nos llama a redoblar esfuerzos y seguir intentando vías, aún a sabiendas de que en esto venimos de derrota en derrota, con un escenario que se agrava a ritmo acelerado. Los que sistemáticamente destruyen la vida no pierden elecciones hace mucho, mientras las comunidades se siguen deshilachando.

La precaria democracia se achica al ritmo de la degradación del mundo vivible que van dejando, y solo con ponerles algunas trancas claramente ya no alcanza. Una pedagogía política acorde a este tiempo aciago es un déficit, y asumirlo nos invita a trabajar más obstinadamente…

Repitamos a Leonardo Rossi cuando nos llama a redoblar esfuerzos y seguir intentando vías hacia: -afinar la pedagogía política en torno a los vínculos directos entre crisis ecológica, pandemia, modelos de maldesarrollo, pobreza extrema, exclusión, estructuras patriarcales de dominación, guerra contra las mujeres, nuevas derechas; -encontrar la lengua y las prácticas que sensibilicen sobre esas tramas en los padecimientos de la vida cotidiana, y en los imaginarios de futuros ya no sólo deseables sino los únicos posibles en un mundo que se nos vuelve inhabitable ecológica y socialmente.

Pienso que son objetivos de un frente cultural político e ideológico contraponiéndose a la constante modelación (a gran escala) por el sistema mundo capitalista de subjetividades que le son convenientes a su dominio. Considero que, como construcción y despliegue horizontales, el frente debe ser creación de las luchas que se están dando por la vida-salud en sus varias facetas desde todos los territorios a lo largo y ancho del país-continente.

Ahora las luchas por territorios libres de extractivismos y de las redes tanto de narcotráfico como de trata de personas para esclavizarlas, así como las recuperaciones y las tomas de tierras están desestabilizando al régimen latifundista que el Estado no sólo convierte en medular del desarrollo extractivista sino que, junto a la Iglesia Católica, lo ejerce en sus adueñamientos totalitarios.

Júlia Dolce refiriéndose a Brasil nes ayuda a interpretar el pasado presente de Argentina;

El último Censo Agropecuario del país, realizado en 2017, demuestra que los años pasan y esa estructura no solo permanece, sino que se agrava, con índices de concentración cada vez mayores. De acuerdo con esa investigación, cerca del 1% de los propietarios de tierra controlan casi el 50% del área rural del país. Por otro lado, los establecimientos con áreas menores a 10 hectáreas (cada hectárea equivale a una cancha de fútbol) representan la mitad de las propiedades rurales, pero controlan apenas el 2% del área total.

Este retrato de la realidad ilustra el tamaño de la expropiación realizada por el capitalismo a lo largo de siglos, con consecuencias políticas, económicas, sociales y ambientales en la construcción histórica del país. Al final de cuentas, las relaciones con la tierra son fundamentales para el desarrollo de una nación. Cuando se habla de tierra se habla de población, de control de los bienes naturales, de desarrollo económico, social y cultural. La tierra es la expresión de una sociedad, y estos números reflejan el grado de desigualdad e injusticia desarrollado por más de cinco siglos de historia en Brasil.

 El Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST) de Brasil lucha, desde hace unos años, por una reforma agraria popular. Júlia Dolce continúa en:

Brasil. Reforma agraria popular y lucha por la tierra

Por Instituto Tricontinental, Resumen Latinoamericano, 7 abril 2020

Júlia Dolce

Introducción

Brasil es uno de los países con mayor concentración de la tierra del mundo y también donde están los mayores latifundios. La concentración y la improductividad poseen raíces históricas que remontan al inicio de la ocupación portuguesa a comienzos del siglo XVI. Combinada con el monocultivo para la exportación y el esclavismo, la forma de ocupación de las tierras brasileñas por los portugueses estableció las raíces de la desigualdad social que perdura hasta la actualidad.

El último Censo Agropecuario del país, realizado en 2017, demuestra que los años pasan y esa estructura no solo permanece, sino que se agrava, con índices de concentración cada vez mayores. De acuerdo con esa investigación, cerca del 1% de los propietarios de tierra controlan casi el 50% del área rural del país. Por otro lado, los establecimientos con áreas menores a 10 hectáreas (cada hectárea equivale a una cancha de fútbol) representan la mitad de las propiedades rurales, pero controlan apenas el 2% del área total.

Este retrato de la realidad ilustra el tamaño de la expropiación realizada por el capitalismo a lo largo de siglos, con consecuencias políticas, económicas, sociales y ambientales en la construcción histórica del país. Al final de cuentas, las relaciones con la tierra son fundamentales para el desarrollo de una nación. Cuando se habla de tierra se habla de población, de control de los bienes naturales, de desarrollo económico, social y cultural. La tierra es la expresión de una sociedad, y estos números reflejan el grado de desigualdad e injusticia desarrollado por más de cinco siglos de historia en Brasil.

En tiempos de hegemonía del capital en la agricultura a través del modelo del agronegocio, el dossier del mes de abril del Instituto Tricontinental de Investigación Social pretende presentar el estado actual de la lucha por la tierra en Brasil, que ya no se da entre un latifundio arcaico e improductivo versus campesinxs pobres que luchan por un pedazo de suelo, sino que es una disputa por el modelo agrícola. De un lado está el agronegocio, con sus enormes extensiones de tierra para monocultivo que exigen la utilización de enormes cantidades de agrotóxicos en su producción, lo que llevó a Brasil a convertirse en el mayor consumidor de venenos agrícolas del mundo. Del otro está la agroecología, con la diversidad de producción de alimentos saludables en armonía con la naturaleza, y que incluye la totalidad de un sistema de producción, como las relaciones humanas, relaciones laborales, salud, cultura, ocio y educación.

Sin embargo, solo será posible realizar esto último por medio de lo que llamamos reforma agraria popular, un concepto que alude a la reorganización de la propiedad de la tierra rural y que pretendemos desarrollar a lo largo de este dossier. Para ello, creemos prudente rescatar brevemente la historia de la lucha por la tierra en Brasil, para comprender mejor lo que obligó a los movimientos populares a cambiar su estrategia de lucha y a construir una alternativa al modelo propuesto por las multinacionales del sector agrario. Finalmente, presentaremos una experiencia concreta: un asentamiento de la reforma agraria, organizado por el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), que ayuda a ilustrar lo que es en la práctica un territorio con otra concepción de agricultura.

Escogimos publicar este dossier en el mes de abril porque el 17 de abril se ha transformado en el Día Internacional de Lucha por la Reforma Agraria. La fecha homenajea a lxs sin tierra que cayeron en lo que se conoce como la Masacre de Eldorado dos Carajás, cuando 21 trabajadorxs rurales fueron asesinados y 69 mutiladxs por la Policía Militar del estado de Pará en 1996.

El episodio, que se volvió mundialmente conocido, se ha convertido en otra marca profunda en la historia de Brasil, por expresar la extrema violencia contra lxs trabajadorxs del campo en función de la concentración de la tierra y la falta de aplicación de una política de reforma agraria, la impunidad construida por la alianza entre el latifundio y los poderes públicos del Estado brasileño, y la reinvención de lxs sujetos del campo en la lucha por la tierra y por una vida digna.

Autor desconocido

Parte 1

La lucha por la tierra en Brasil

El latifundio en Brasil tiene sus orígenes históricos en las relaciones capitalistas de producción en el campo y en la concentración de la propiedad privada como fundamento de la organización agraria, de acuerdo con los intereses de la clase dominante.

En sus comienzos, en todo el mundo, el capital requirió separar de forma violenta a lxs productorxs de sus medios de producción para desarrollar su potencia productiva. Con ello inauguró una de las mayores expropiaciones de campesinxs en la historia humana, formando una legión gigantesca de condenadxs de la tierra, que tuvieron como única alternativa vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario.

Este proceso, que es considerado la prehistoria del capitalismo, creó las condiciones para su desarrollo y consolidación. La cuestión agraria en Brasil necesariamente pasa por este hilo conductor, en que el capitalismo inaugura su forma violenta de expropiación para seguir acumulando en sus más diversas formas: agraria, industrial, bancaria/financiera.

La historia de la expoliación de la tierra en Brasil, en contrapartida, produjo diversos procesos de resistencia popular a lo largo de los años. La violencia con que el proceso fue conducido suprimió formas de expresión cultural, negó el acceso a la educación y a la salud como derechos humanos básicos, destruyó la soberanía y la autodeterminación de los pueblos y su propia autoestima. La lucha por la tierra en Brasil pasa por estos acontecimientos, y de ese modo, toda tentativa de resistencia popular organizada y radical se convirtió en sinónimo de masacre y genocidio, para posteriormente ser borrada de los libros de historia.

Cada lucha fue desarrollada por los más diversos actores sociales del campo de acuerdo con los elementos objetivos y subjetivos de cada período histórico. Así sucedió con los pueblos indígenas, que fueron diezmados al no aceptar el régimen de esclavitud impuesto por los colonizadores portugueses. Se estima que de los 2,5 millones de indígenas que vivían en la región que hoy comprende Brasil, menos del 10% sobrevivió hasta los años 1600. A pesar de estar camufladas en nuestra historiografía, las luchas indígenas nos dejaron un importante legado, mostrando que la historia se hace con resistencia y lucha. El indígena Sepé Tiaraju, uno de estos ejemplos pedagógicos de batallas contra españoles y portugueses, murió diciendo: “¡Esta tierra tiene dueño!”.

La situación con la población negra no fue diferente. En total, cerca de 4,9 millones de personas fueron extraídas de territorios de África y llevadas como esclavas a Brasil en un trágico proceso de diáspora. Ningún otro lugar del mundo recibió tantxs esclavxs. En los Estados Unidos, por ejemplo, fueron 389.000.

La situación de las personas negras esclavizadas era de completo ultraje, agresión y tortura. Sufrían la violencia del trabajo forzado. Con tamaña opresión, las revueltas de esclavos no demoraron en tener eco de sierra en sierra. Entre las diversas formas de resistencia, la más efectiva fue la creación de los llamados quilombos, territorios en zonas rurales remotas construidos por negrxs que huían de la esclavización y buscaban vivir en libertad, organizándose de manera comunitaria y viviendo de acuerdo a sus propias culturas y tradiciones.

Con el declive de la hegemonía del trabajo esclavo en las primeras décadas del siglo XIX fue el tiempo de los llamados caboclos —negrxs, indígenxs y campesinxs cuya identidad nacional aún estaba en construcción—, quienes pasaron a protagonizar las luchas y revueltas contra los opresores. En muchos casos, las poblaciones locales llegaron a tomar el poder local y a implementar gobiernos populares. El resultado fue el mismo: villas quemadas, fusilamientos y la completa destrucción de lo que fuera momentáneamente conquistado.

A lo largo del siglo XX esas experiencias fueron madurando y ganando formas organizativas más sólidas, trayendo consigo agendas políticas y proyectos de país, como la lucha por la reforma agraria y por la transformación social. Las Ligas Campesinas y el Movimiento de Agricultores Sin Tierra (MASTER), por ejemplo, fueron organizaciones que realizaron diversas ocupaciones de tierra y campamentos entre las décadas de 1940 y 1960.

Una vez más, esas experiencias fueron prontamente destruidas, pero esta vez por la mano de la dictadura cívico-militar que dirigió el país por veintiún años (1964-1985), creando una profunda laguna en las formas organizativas de la clase trabajadora, que solo lograron reconstituirse hacia finales de los años 70 e inicios de los 80.

Las ocupaciones de tierra se convirtieron en el principal instrumento de lucha del MST. Después de la ocupación, se crea el campamento. Después de la conquista de la tierra, las familias reciben los lotes y se constituye el asentamiento.

Sebastião Salgado

Renovación de las luchas populares

La insostenibilidad de la dictadura cívico-militar abrió espacio para el avance de las luchas de diversos sectores de la sociedad que, poco a poco, se fueron masificando, alterando la correlación de fuerzas y provocando una reorganización de las luchas populares en el país.

Este período fue responsable por crear diversas organizaciones políticas de la clase trabajadora, como el Partido de los Trabajadores (PT) y la Central Única de los Trabajadores (CUT), además de reestructurar entidades que habían entrado en la ilegalidad en el período anterior, como la Unión Nacional de Estudiantes (UNE).

En el campo, la situación no era distinta. Las contradicciones del modelo agrícola post “Revolución Verde” expulsaron a millones de trabajadorxs del medio rural. Las condiciones socioeconómicas de ese proceso hicieron surgir nuevos focos de resistencia a la dictadura de las armas y la tierra en todo el país: arrendatarixs, asalariadxs, jornalerxs, aparcerxs, afectadxs por represas, convirtieron las ocupaciones de tierra en la respuesta campesina al latifundio y al autoritarismo.

De esas experiencias nace el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) en 1984. El MST se constituyó en base a tres objetivos centrales que perduran hasta hoy: lucha por la tierra, lucha por la reforma agraria y lucha por la transformación social. La primera tiene que ver con una lucha inmediata, la necesidad del sujeto de conquistar un pedazo de suelo; la segunda se refiere a una política de Estado, ya que sin ella no se consigue mantener ni realizar de forma masiva la conquista de la tierra; y la tercera lleva en sí la parte ideológica: la necesidad de modificar las relaciones de poder en la sociedad.

Desde el inicio del MST, las ocupaciones de tierra se convirtieron en la forma en que el movimiento se presenta ante la sociedad. La ocupación es un acto de cuestionamiento y de denuncia: cuestiona la función social de la propiedad y denuncia que determinada tierra no está cumpliendo su función social, como está previsto en la Constitución.

A lo largo de su historia, cerca de 350.000 familias han conquistado tierra y otras 80.000 aún viven en diferentes campamentos esparcidos por el país. Pero en los últimos 36 años la lucha por la tierra atravesó diferentes momentos coyunturales. Cada estrategia y táctica de lucha correspondieron a necesidades objetivas presentes en cada período histórico. En el primer momento, por ejemplo, el enfrentamiento se daba entre campesinxs expropiadxs de un lado y propietarios latifundistas de otro. El campo brasileño estaba constituido por latifundios arcaicos, atrasados, improductivos y violentos.

En este sentido, en el proceso de redemocratización del país a comienzos de la década de 1980, el MST se proyectó nacionalmente por medio de grandes ocupaciones de latifundios a partir de la organización de miles de familias asentadas. Dos consignas impulsaron la lucha por la tierra en ese momento: “Sin reforma agraria no hay democracia” y “La ocupación es la única solución”. Fue un período de organización y convocatoria de las familias campesinas para ocupar latifundios, que tuvo como resultado muchas hectáreas de tierras expropiadas y el inicio de los primeros acuerdos de la reforma agraria.

Por su parte, la respuesta del latifundio fue la creación de la Unión Democrática Ruralista (UDR), un instrumento violento de los grandes hacendados para combatir al MST y presionar al gobierno federal para actuar contra el movimiento campesino.

Con el país ya redemocratizado y con el inicio del período neoliberal en Brasil en la década de 1990, lxs sin tierra sufrieron la violencia tanto por parte de la UDR como del Estado. Represión, prisiones, escuchas telefónicas e invasiones de secretarías de los estados fueron algunas de las acciones realizadas por la Policía Federal.

Ese fue un período de resistencia, de organización interna e inversión en la producción de alimentos en los asentamientos. El MST siguió con las ocupaciones masivas, organizó a su base para la resistencia y autodefensa, realizó marchas en los estados y construyó sus primeras cooperativas de producción en los asentamientos recién conquistados. Desde el punto de vista interno, el movimiento fortaleció su estructura orgánica e implementó las líneas políticas.

La forma en que el latifundio estaba organizado a lo largo de las décadas de 1980 y 1990 —basado en la improductividad y la violencia— hizo que el tema de la reforma agraria tuviera un eco muy fuerte en la sociedad, de modo que la lucha de lxs sin tierra pasó a ser reconocida en diversos sectores sociales.

Sin embargo, la consolidación del proyecto neoliberal provocó un retroceso de las luchas de la clase trabajadora presentes en la década anterior. Mientras tanto, en el medio rural, el gran capital aún no se había adentrado tan ferozmente en el campo y el MST aprovechó este período para organizar sus campamentos y asentamientos, realizar su primera Marcha Nacional en 1997 para dialogar con la sociedad, denunciar el proyecto neoliberal y exigir castigo a los responsables por la Masacre de Eldorado dos Carajás, ocurrida el año anterior. Se trata de un momento de expansión y territorialización del movimiento con apoyo internacional, así como de su consolidación como un referente político.

Reforma agraria clásica y las transformaciones del capitalismo

La cuestión agraria es un debate central para el desarrollo político y socioeconómico de cualquier país que proyecte una nación soberana y con igualdad social. El desafío es comprender la necesidad, en las sociedades capitalistas, de realizar una reestructuración profunda de las políticas agrarias, ambientales y de producción de alimento y cultura.

El instrumento concreto de esa reorganización agraria se llama reforma agraria. Tal política, que implica una distribución masiva de tierras, fue ampliamente implantada en las sociedades capitalistas desde el siglo XVIII hasta el período de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). No faltan ejemplos de la distribución de tierras que llevaron a cabo las sociedades industriales, después de la Revolución francesa (1789) y la industrial (1760-1780), entre la burguesía emergente y el campesinado.

La transición hacia una economía más compleja con la Revolución industrial —a partir de la explotación del trabajo y de la internacionalización de capitales y mercados como forma de control y dominación— trajo la necesidad de integrar la economía agraria en las estrategias de desarrollo del capital. La cuestión agraria, por lo tanto, era un elemento crucial desde el punto de vista económico, del trabajo y de los bienes naturales para la necesidad capitalista de control productivo y explotación del trabajo y de la naturaleza, con el fin de convertirla en parte integrante de la producción de plusvalía.

Esa primera versión de la política masiva de distribución de tierras se conoce como reforma agraria clásica. La burguesía industrial optó por la democratización del acceso a la tierra debido a dos cuestiones. La primera fue la necesidad de ruptura, en todos los niveles, de la hegemonía de las antiguas clases propietarias rurales —que paralizaban cualquier desarrollo de las fuerzas productivas— y su reemplazo por la de las clases burguesas empresario-industriales nacientes.

El otro elemento está vinculado a las ideas de crecimiento y de desarrollo económico que pasaban, necesariamente, por un cambio en el eje productivo de la economía, relegando al sector primario al papel de sector subsidiario de la nueva estructura económica.

Con la centralidad de la acumulación del capital basada en el desarrollo industrial, se creaba la necesidad de tener fuerza de trabajo barata y abundancia de materias primas. La democratización del acceso a la tierra, integrada a las industrias capitalistas, cumplía la función de proveer las más diversas materias primas producidas en espacios agrícolas pequeños y medianos a precios menores. La llegada de alimentos más baratos a las ciudades, por ejemplo, permitía una reducción en el costo de la mano de obra, posibilitando que los capitalistas industriales pagaran salarios más bajos a lxs trabajadorxs urbanxs. Además, la consolidación de un campesinado sólido económicamente permitía a la recién creada industria ampliar su mercado consumidor.

De esta manera, los procesos de industrialización de esos países hicieron que el sector rural paulatinamente se sometiera al nuevo orden político, institucional y económico que emanaba del medio urbano industrial. O sea, la dinamización de vínculos estratégicos y comerciales cada vez más densos entre el campo y la ciudad se afirma con el advenimiento de la industria y, fundamentalmente, de la división del trabajo y de la consolidación de la clase obrera.

Así, diversos países de economías centrales realizaron reformas agrarias, empezando por Francia e Inglaterra. A lo largo del siglo XX, por ejemplo, Japón benefició a cerca de 3 millones de personas con la posesión de parcelas de tierra. Turquía expropió áreas mayores a 500 hectáreas, e Italia realizó expropiaciones mediante indemnización a los antiguos propietarios, desarrolló infraestructura en el campo, recuperó áreas degradadas y construyó casas para los campesinos.

Además de la reorganización productiva y económica, las formas capitalistas de cooptación y control en el campo pasan por la homogeneización de la cultura, usurpando y negando la cultura tradicional campesina, sus formas de relación con el trabajo, la producción y la alimentación. El capitalismo impone otras reglas de juego. En estas, el trabajo no tendrá más el sentido práctico de organizar la vida comunitaria, que traía consigo valores más humanos de integración y cooperación.

El tiempo de trabajo y sus formas pasarían a ser determinadas por el modo de producción del capital y por la velocidad que la competencia capitalista exigía, teniendo como meta el lucro. El capital pasa a definir qué y cómo producir, cómo será la comercialización y cuánto recibirá el trabajador por lo que hace. Lxs campesinxs ya no tenían el control de sus medios de producción. En este sentido, la reforma agraria clásica forma parte de una política del Estado burgués, y fue realizada justamente por haber sido una necesidad de la fracción de clase hegemónica de aquel período: la burguesía industrial.

En Brasil, diversos elementos imposibilitaron que una reforma agraria clásica fuera implementada en el proceso de industrialización del país. El primero de ellos es la relación entre la oligarquía rural y la burguesía industrial. A diferencia del caso europeo, el reemplazo de las clases propietarias rurales por la nueva burguesía industrial no exigió una ruptura total del sistema por razones estructurales. En el caso brasileño, la concentración de la tierra no fue un obstáculo para el desarrollo del capitalismo, al contrario, se dio la unificación entre los latifundistas y el capital industrial, en una alianza entre capital y propiedad de la tierra intermediada por el Estado. Esa alianza posibilitó que la economía rural subsidiara el desarrollo industrial. Además, la alta concentración de tierra y, consecuentemente, el éxodo rural, garantizó la creación de un ejército industrial de reserva que abarataba la fuerza de trabajo en el medio urbano.

Por lo tanto, nunca hubo una política nacional concreta de reorganización agraria en Brasil. Lo que ocurrió fue apenas una importación del modelo estadunidense del agronegocio y de su trípode: latifundio extenso, mecanización pesada y agrotóxicos, por medio de la “Revolución Verde”. Fue a partir de este modelo que el campo brasileño se reorganizó, excluyendo por completo a lxs campesinxs del proceso.

A lo largo de la década de 1990, el espacio agrario brasileño pasó por grandes transformaciones estructurales en la forma de organizar la producción de las mercancías agrícolas. Estas transformaciones trajeron nuevas determinaciones a la cuestión agraria, que se complejizó a partir de la afirmación del agronegocio con la consolidación del modelo neoliberal. El antiguo latifundista, dueño de grandes extensiones de tierra, se alió a otras fracciones de la clase burguesa: a las empresas transnacionales del sector agrícola, al capital financiero representado en la figura de los bancos y a los medios de comunicación de masas. Este nuevo modelo de producción agrícola se conoce como agronegocio, y se inserta en un contexto mundial que se inicia en la década de 1970 y se acentúa sobre todo a partir del final de la década de 1990 y comienzo de los años 2000 en adelante.

En este sentido, el sistema capitalista en crisis en su búsqueda por formas de aumentar el valor, intensifica la destrucción ambiental, expande sus fronteras agrícolas sobre los bosques, aumenta las expropiaciones territoriales, va hasta las últimas consecuencias de la extracción mineral y potencia la proletarización en masa, separando aun más a lxs trabajadorxs de sus medios de producción.

Así como el agronegocio se vuelve más complejo a partir de los cambios en la naturaleza del capital, la reforma agraria, como alternativa real y necesaria, también debe cambiar radicalmente su naturaleza, para presentar un conjunto de determinaciones que alteren cuestiones centrales del control capitalista, a partir de la reorganización de los territorios agrarios y ambientales en búsqueda de una soberanía popular.

Agroecology – which is at the centre of popular agrarian reform –  prioritises the production of healthy and diversified food that is produced in harmony with the environment and made accessible for consumption by the people – not for the export market.  
Wellington Lenon

La reforma agraria popular

En este contexto, el MST se ve estimulado a redefinir sus acciones estratégicas y su programa agrario. Con la consolidación del agronegocio a principios de la década de 2000, ya no cabía luchar por una reforma agraria de tipo clásico, pues era evidente que el desarrollo de las fuerzas productivas en el campo se estaba produciendo en las bases del capital, ya marcadas por una profunda crisis estructural, que disminuía aun más los márgenes de participación democrática del pueblo en el acceso a la tierra, lo que supondría una reforma agraria que reconstruyera las relaciones de poder existentes en torno a la propiedad privada. El gran capital, ahora hegemonizado por el sistema financiero y no por el industrial, ya no tenía la necesidad de realizar una reforma agraria, como sucedió en décadas anteriores; se había reinventado y descubierto nuevas formas de acumular riqueza. Las mismas tierras que en su día fueron objeto de disputa entre lxs sin tierra y los latifundistas atrasados e improductivos pasan a ser blancos del agronegocio.

Cada vez más, la lucha por la reforma agraria implica enfrentar al capital, lo que se manifiesta en la lucha contra las grandes empresas transnacionales, como las del agronegocio, responsables por la producción de los agrotóxicos, las semillas transgénicas y el agotamiento de los recursos naturales.

Las consecuencias de este modelo destructivo del medioambiente pasan a ser paulatinamente sentidas por la mayor parte de la población que vive en los grandes centros urbanos. Contaminación y escasez de agua, envenenamiento de alimentos por agrotóxicos, cambio climático y aumento de la población en las grandes ciudades son solo algunos ejemplos de la intrínseca relación entre las cuestiones agraria y urbana en la actualidad.

La realidad impone la necesidad de actualizar la lucha por la reforma agraria. De esta forma, el concepto de reforma agraria clásica pasa a ser sustituido por el concepto de reforma agraria popular, que ahora incorpora no solo la necesidad de tierra para quien la trabaja, categoría central en los años 80 y 90, sino la necesidad de producir alimentos saludables para toda la población, dándole un carácter popular a la reforma agraria.

La reforma agraria deja de ser de interés solo para las poblaciones que viven en el campo y se transforma en una necesidad del conjunto de la sociedad. De la misma manera, el campesinado solo ya no es capaz de alterar la correlación de fuerzas para reorganizar la estructura agraria. Ello solo será posible cuando las poblaciones de las ciudades también comprendan la necesidad de realizarla.

En ese sentido, la centralidad de la lucha por la tierra pasa a ser en torno a la disputa por el modelo agrícola. Si antes el enemigo se centraba en la figura del antiguo latifundista, ahora se volvió mucho más poderoso, ya que el propietario de tierras se alió con las grandes multinacionales del sector, con el sistema financiero y los medios de comunicación de masa, responsables por propagandear ideológicamente la concepción de agricultura propuesta por el agronegocio. El antiguo latifundio arcaico e improductivo se “modernizó” y ahora cuenta con alta capacidad productiva.

Por lo tanto, la reforma agraria popular es una estrategia de resistencia al modelo del agronegocio, que apunta hacia nuevas formas de lucha y reúne los fundamentos del modelo que queremos construir en el futuro, pero con acciones efectivas de cambio en el presente.

Sembrar la reforma agraria popular en el momento histórico actual implica modificar la forma hegemónica de producir alimentos. Presupone disputar los medios de producción, teniendo en la agroecología y en la cooperación los instrumentos de estudio y aplicación teórico-práctica en contrapartida al agronegocio. La base del modelo del agronegocio tiene como fundamento una producción extensiva de commodities para la exportación. La desvinculación con el medioambiente —al deforestar enormes áreas— obliga a la utilización masiva de agrotóxicos, agotando el suelo, contaminando el agua, la capa freática y los alimentos.

Por otro lado, el programa de reforma agraria popular tiene la matriz agroecológica como base de la producción agrícola, priorizando la producción de alimentos saludables y diversificados para el mercado interno en armonía con el medioambiente. Junto a eso, es preciso desarrollar un modelo económico que distribuya los ingresos y que mantenga a las personas en el campo para combatir el éxodo rural. Por eso, ella presupone la creación de agroindustrias al mando de lxs propixs trabajadorxs en los asentamientos.

Minga en el Campamento Herdeiros da Terra de 1o de Mayo, en la ciudad de Rio Bonito do Iguaçu, en el estado de Paraná. Cerca de 1.100 familias sin tierra ocupan el área desde 2014.
Wellington Lenon

Sin embargo, el concepto de reforma agraria popular va mucho más allá de las cuestiones productivas. Pasa también por la construcción de nuevas relaciones humanas, sociales y de género, enfrentando el machismo y la lgbtfobia, por ejemplo. Pasa por garantizar el acceso a la educación en todos los niveles en el medio rural, al mismo tiempo que tiene como propósito construir formas autónomas de cooperación entre lxs trabajadorxs que viven en el campo y su relación política con las masas urbanas.

Ya son muchas las iniciativas en este sentido, mediante la agrosilvicultura, el cultivo de semillas criollas, el procesamiento y la agroindustria, las ferias de comercialización directa, la investigación científica, la formación técnica y el uso de nuevas tecnologías.

Ante la complejidad del asunto y de los desafíos que se enfrentan, todavía es importante resaltar que no fueron solamente los cambios en la naturaleza del capital los que llevaron al MST a reformular la lucha por la tierra. La génesis de esos movimientos pasa necesariamente por la transformación de la sociedad, y fue justamente a partir de este elemento que fue gestada una cultura política y organizativa entre las familias sin tierra que maduró en la concepción de reforma agraria popular. Su plena realización, evidentemente, depende de cambios estructurales en la sociedad. Por ello, busca compartir con la clase trabajadora no solamente una reivindicación justa, sino un proyecto de poder, soberano y popular.


Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2020/04/07/brasil-reforma-agraria-popular-y-lucha-por-la-tierra/

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