Qué Trabajo

Diciembre 2020

Con exterminio humano e imposición desertificadora. La emancipación exige comunalizar la cotidianidad mayoritaria.

 


 

 

 

Expropiado y explotado por burguesía / Ecocida y genocida /Alternativas emancipatorias

 

 

 

Expropiado y explotado por burguesía

 

 

Destaquemos la centralidad de los extractivismos. Concentran y transnacionalizan tanto la economía como el territorio de Argentina. Implican retroceso del país a especializarse en exportar commodities y sumirse más en subdesarrollo o mayor pobreza estructural, atraso científico técnico respecto a la atención de necesidades e intereses populares, sometimiento al sistema mundo capitalista. Y no es sólo por el gobierno de Macri sino por toda la democracia fiel a lo instaurado por el contubernio de capitales y estados imperialistas con los locales mediante terrorismos paraestatal y estatales en los setenta. Aún más, la democracia restringida se empeña en viabilizar el acelerado acaparamiento gran capitalista de bienes comunes sobre todo derrotando las luchas de les expoliades, lo concreta por maceración ideológica, desinformación, desnutrición y superexplotación laboral. Pero necesitamos revisión crítica de enfoques y objetivos de  nuestras luchas. Por ejemplo, la mayoría de nosotres creemos en la ejemplaridad de la lucha:

Trabajadores aceiteros llevan más de 10 días en huelga

 

19 de diciembre de 2020

La lucha de los aceiteros se resume en contar con un salario digno

Por Kaos, América Latina

Los trabajadores de la Unión de Recibidores de Granos y Anexos de la República de Argentina (Urgara) cumplió este sábado 19 de diciembre, 11 días de huelga en todo el país.

La lucha de los aceiteros se resume en contar con un salario digno, pero «los representantes de las cámaras patronales emitieron un comunicado para justificar su intransigencia disfrazándola con nuevas y groseras falsedades, acusando a los trabajadores de “pedir más”, de “profundizar las medidas” y de cometer actos ilícitos en el marco de la huelga».

El Sindicato señaló que, «las empresas han duplicado su facturación en pesos desde marzo de este año, tanto por el incremento del precio de la soja y las commodities como por la devaluación, la rebaja en las retenciones y la vuelta del diferencial para las aceiteras; todo mientras el mundo sufre la consecuencia del COVID-19», y agregó que, «Los trabajadores nunca hemos cambiado nuestros reclamos, seguimos insistiendo con nuestra propuesta: deben cumplir con el acuerdo para el 2020 y ajustar el 25% que ya hemos percibido para llevarlo al 35% de inflación proyectada para este año, pagando el bono anual de todos los años ajustado con la pauta firmada. Esto en un 2020 en el que por primera vez y con motivo de la pandemia tuvimos el aumento recién en el mes de mayo, 5 meses más tarde de lo legalmente establecido. Claro que las empresas agroexportadoras nunca detuvieron su producción. Pero nuestro pedido no se basa en la inflación, ni la pasada ni la futura. Tampoco se basa en las ganancias extraordinarias que tienen las patronales del sector. Nuestro pedido tiene origen en nuestras necesidades, y tiene fundamento en la Constitución Nacional que establece el derecho a un salario justo, que garantice una vida digna».

Finalmente, los trabajadores del sector afirmaron que, «Hoy las patronales nos acusan, mienten y presionan al gobierno y a la sociedad; pretenden hacernos ver como unos privilegiados y locos por pretender darles a nuestras familias lo que es un derecho: una vida digna producto de nuestro trabajo».

Fuente: https://kaosenlared.net/argentina-trabajadores-aceiteros-llevan-mas-de-10-dias-en-huelga/?fbclid=IwAR0p3_MrxdL3eFS43QSsG6_zQaX3Nl_NUk-bB1Y95GkztIiYgcduWyl2tWE

 

Preguntémonos si los trabajadores en vez de conformarse con mejor reparto de beneficios de la superexplotación y devastación de la naturaleza, comprendieran que comparten necesidades e intereses (de otra sociedad libre de les expoliadores) con:

 

La agricultura familiar en pandemia y

el debate sobre la “economía popular”

 21 de mayo de 2020

 

La escalada de precios desnuda el control de las grandes cadenas alimenticias, y plantea la organización del sector junto a la clase obrera, por una salida superadora.

 

Por Paula A. Lagomarsino

 

Desde que se declaró el aislamiento social y obligatorio es noticia que las ventas en supermercados subieron exponencialmente, así como los precios de supermercados subieron exponencialmente, así como los precios de los productos. Pese a la ley de góndolas -que establece topes a las grandes empresas en los supermercados y regula la composición de productos en las góndolas- y a los precios máximos fijados por la Secretaría de Comercio -que abarca a 2.000 productos-, desde hace semanas somos testigos de los aumentos indiscriminados en los precios, así como de su escasez y de las compras a sobreprecio por parte del Estado.

Uno de los casos más emblemáticos es el de las frutas y verduras, con aumentos de hasta más del 100% en los grandes centros urbanos. Si bien en parte esta suba puede explicarse por la menor oferta de productos debido a las consecuencias que genera la cuarentena en la actividad, la respuesta más bien se relaciona con una cadena de comercialización privatizada, donde tienen protagonismo los grandes mercados de concentración, empresas de logística y las principales cadenas de supermercados que aumentan precios y controlan stocks. Es decir, tanto los aumentos como el desabastecimiento están vinculados a la concentración de la producción y a la especulación capitalista. Aspectos que, además de afectar negativamente a las y los consumidores, no redundan en ningún beneficio para la pequeña agricultura familiar que produce los alimentos.

 

Entre la provisión de alimentos y la precarización laboral

Gran parte de las frutas y verduras que consumimos en las ciudades provienen de producciones familiares que se encuentran en los cinturones hortícolas del país, reconocidos por sus altos niveles de productividad. Estos espacios se componen de diversos usos del suelo donde se destaca, desde hace años, la expansión residencial a través de la construcción de grandes emprendimientos como countries y barrios cerrados; algo que redunda en el aumento del precio de la tierra y una constante presión urbana para transformar su carácter productivo, afectando directamente a la agricultura familiar que allí se desenvuelve.

La agricultura familiar está definida por una gran heterogeneidad social. Si bien se vincula con elementos identitarios y culturales, la soberanía alimentaria y la idea de la conservación del patrimonio familiar, lo que se destaca es la mano de obra familiar en el proceso productivo, aunque con algunas particularidades: abarca a distintos productores que se diferencian en el nivel de capitalización, la extensión y el acceso a la tierra, la posibilidad del contrato de trabajo asalariado y estacional, entre otros aspectos que acentúan su carácter capitalista. Para poder participar en el mercado y competir con las ventajas económicas y técnicas de las grandes producciones, estos productores/as además de la utilización de agroquímicos, o bien desarrollan altos niveles de autoexplotación y acuden a la asistencia estatal para sostenerse; o bien aquellos más capitalizados intentan aumentar la productividad del trabajo mediante el acceso a créditos para incorporar tecnología, y realizando una alta sobreexplotación de la fuerza de trabajo de la que disponen.

Con tan solo 13,5% de la superficie agraria, el sector de la agricultura familiar representa el 75% de los productores del país, y produce más del 60% de las verduras, y sin embargo está subordinada a la agroindustria corporativa y la dinámica de un mercado que es de unos pocos (Diego Montón, Vía Campesina, 20/4).

En tiempos de pandemia, donde crecen los cuestionamientos en todo el mundo acerca de la depredación del ambiente y la devastación de los ecosistemas que produce el capitalismo, toma protagonismo el rol de la agricultura familiar en la producción de alimentos saludables.

La pregunta entonces es inevitable: ¿puede funcionar como una alternativa al modelo del agronegocio? O, mejor dicho: ¿es viable la agricultura familiar como proveedora de alimentos en el contexto de la violenta expropiación de la acumulación capitalista? Los planteos que sostienen que sí, se encuadran en la tendencia a una “vuelta a la pequeña producción” que ha sido históricamente superada por el desarrollo de la concentración del capital.

La situación de la agricultura familiar en pandemia

La llegada del coronavirus implicó para la agricultura familiar mayores dificultades para comercializar y garantizar los alimentos que consumimos, en tanto se modificaron las tareas de cosecha, se produjeron faltantes de insumos y materias primas, y restricciones en el transporte y circulación. La situación empeora como consecuencia de la suspensión de las ferias de abastecimiento local y el cierre de muchos puntos de venta directa, ejerciendo una presión muy grande para poder hacer frente a los alquileres de las tierras y sostener la actividad.

Ante esto, desde el gobierno nacional se dictaron una serie de medidas como prohibir desalojos, congelar los precios de arriendo y otorgar prórrogas de contratos vencidos hasta el mes de septiembre, así como la posibilidad del pago de deudas en cuotas. Esto no forma parte de una solución real si tenemos en cuenta que se trata de una actividad sin convenio colectivo de trabajo, de gran precariedad y desprotección (con muchas/os productores que deben utilizar agrotóxicos para poder sacar la producción) y con gran desventaja para competir y vender. Se suma, igualmente, que muchos/as ven imposibilitado realizar su trabajo dado el contexto actual. Se trata, entonces, de una política que al fin y al cabo redunda en un beneficio para los dueños de los establecimientos, quienes finalizados los plazos estipulados recibirán los montos que habían fijado previamente o la totalidad de eventuales deudas acumuladas.

La posibilidad de sostener la actividad, entonces, queda en manos de las y los productores familiares. Los “lineamientos de buenas prácticas” del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca enfatizan en la importancia de los procedimientos de limpieza, desinfección e higiene personal (lavado de manos), la división de jornadas de trabajo y la sanitización de transportes que distribuyen los alimentos; pero cae sobre las propias familias el peso de hacerse cargo de garantizar los controles de temperatura en los establecimientos, la provisión de jabón líquido de manos y papel de secado, alcohol en gel, guantes, barbijos y equipos para desinfectar.

Muy lejos está esto de una intervención del Estado en clave de mejorar las condiciones de la agricultura familiar. Ni siquiera en medio de la crisis sanitaria se avanza contra aquellos intermediarios que especulan con los precios, obteniendo ganancias desproporcionadas respecto a lo que obtienen las familias productoras; no hay asistencia que funcione siquiera como un paliativo frente a la crisis, ni mucho menos se plantea generar una real participación del sector en la cadena productiva.

Una medida progresiva podría venir de cobrar un verdadero impuesto a la riqueza a ese 1% que posee el 36% de las tierras, pero los impuestos a las grandes fortunas parecen archivarse frente a las presiones patronales. En este cuadro, desde el Partido Obrero promovemos ir a fondo con los impuestos progresivos al gran capital, planteando un gravamen especial a las ganancias de los bancos, mineras y el capital agrario que han sido los grandes ganadores estos últimos años. Asimismo, planteamos la eliminación de pagos de alquileres a quienes trabajan sus propias parcelas y suspensión efectiva de desalojos, al igual que la entrega de elementos de higiene y salubridad para las familias y establecimientos, tratándose de un sector que produce alimentos en medio de la pandemia.

 

A propósito de la “economía popular”

 

Muchas organizaciones catalogadas bajo la insignia de “emprendedores de la economía popular”, en las últimas semanas se han ocupado de garantizar el abastecimiento de alimentos a la población urbana sin intermediarios (“a precio justo”), puerta a puerta a poblaciones de riesgo y realizando donaciones de bolsones a comedores de las villas. Estas organizaciones funcionan como una rueda de auxilio del Estado en un contexto de profundización de la crisis sanitaria y económica, donde no llegan los alimentos a quienes más los necesitan, los precios son cada vez más altos y la recesión frena el consumo hasta de los elementos básicos para sobrevivir.

Muchas de ellas plantean su incorporación al Estado para gestionar políticas para el sector, promueven la generación de créditos blandos para que las familias accedan a la tierra, y la compra desde el Estado de sus alimentos para ser comercializados a precios populares en los barrios. La idea de que el Estado otorgue créditos en un contexto de arriendo generalizado de grandes empresas, o que compre alimentos a la agricultura familiar en un contexto donde priman los intereses capitalistas y los negocios con las grandes empresas que manejan la estructura de comercialización por un lado no se aplica, y por otro no resolvería el principal problema que es el dominio del capital concentrado sobre el comercio y la producción.

Sucede lo mismo con la promoción de almecenes y ferias locales que funcionan como puntos de venta directo “de productor a consumidor”, abaratando el costo de los alimentos ya que casi no hay intermediarios que alteren tanto el precio. Además de ser una parte de la población específica la que suele acceder a estos lugares -generalmente los sectores medios-, tampoco constituyen una solución de fondo al problema general del acceso y encarecimiento de los alimentos, ni al de los salarios y mejora en las condiciones de vida de productores/as (incluso en muchos casos terminan vendiendo a través de modalidades tradicionales porque implica menos esfuerzo y no hay una alteración significativa de sus condiciones).

La capacidad requerida para esto implica alcanzar un alto nivel de la actividad logística, hoy acaparada por empresas capitalistas que bloquean las posibilidades del desarrollo comercial de la economía popular. Estas empresas son las mismas que imponen las condiciones de venta, fijan y aumentan los precios, controlan stocks y pactan su exclusividad con el Estado e intermediarios, marginando cualquier otra relación comercial. Por lo que, en estas condiciones, la economía popular seguirá destinada a formar parte de circuitos alternativos que compiten de manera marginal, en tanto no pueden reemplazar la estructura de comercialización de alimentos del régimen actual.

Es necesario garantizar los salarios y condiciones de convenio para todos los trabajadores/as de la agricultura familiar. Para ello, es necesario desmantelar la alianza de los monopolios de la industria alimentaria con el Estado, mediante la apertura de los libros de quienes manejan la comercialización y logística, y su reemplazo bajo control obrero y campesino, al igual que en las etapas de la producción de alimentos. El acceso al crédito debería ser garantizado por una banca única a cargo del estado, bajo control obrero.

La alimentación como servicio esencial en medio de la cuarentena no puede quedar supeditada a los intereses de las corporaciones, que ven en esta crisis una oportunidad para enriquecerse con precios confiscatorios violando hasta las normas más elementales. Es necesario conocer los verdaderos costos de lo que consumimos, sobre todo teniendo en cuenta que los precios actuales ni siquiera se traducen en ingresos y beneficios para la agricultura familiar que produce los alimentos.

 

La necesidad de la independencia política

Las organizaciones de la economía popular plantean en su mayoría constituirse como un modelo económico alternativo, pero contradictoriamente, en los marcos del régimen actual. La promoción que se hace del “comercio justo” y saludable encuentra rápidamente sus límites, ya que la agricultura familiar y los rubros amparados bajo la “economía popular” no dejan de ser actividades sometidas a las leyes de acumulación capitalista, donde priman la integración al mercado y la competencia, la concentración de capital y las consecuentes presiones del capital financiero que atentan contra los idilios de la autonomía y solidaridad. Lo mismo cabe para las reivindicaciones de la soberanía alimentaria y el acceso a la tierra, sin socavar las relaciones de explotación vigentes.

El embellecimiento de la economía popular también tiene por objetivo fortalecer el rol de contención de muchas organizaciones sociales en pos de evitar la irrupción de los sectores más golpeados del agro, siendo un bloqueo a la colocación de sus demandas y a su organización en unidad con el pueblo trabajador para conquistar sus reivindicaciones.

La agricultura familiar seguirá corriendo con desventaja si no se promueve la superación del régimen que se basa en la ganancia de las multinacionales, pools de siembra y grandes comercializadoras. Lo mismo vale para detener el aumento de precios a costa de la salud y el empobrecimiento de productores y la población. Esto es impensado de la mano de organizaciones que se integran al Estado con el intento de la institucionalización del sector, atomizando a productores/as y trabajadores/as, y conteniendo expresiones genuinas de lucha del movimiento.

Debemos promover la independencia de clase y la unión estratégica de productoras/es familiares con el conjunto de la clase obrera, para abrir paso a un programa obrero y campesino de reorganización del campo.

Fuente: https://prensaobrera.com/politicas/la-agricultura-familiar-en-pandemia-y-el-debate-sobre-la-economia-popular/

 

 

Sepamos cómo se originó el potencial subversivo en Bolivia que hizo posible el gobierno de Evo Morales-Álvaro García Linera.

 

 

Flujos y recorridos intensivos de Comuna

Anti-genealogía y contrapoder en Comuna

17 de diciembre de 2020


Raúl Prada Alcoreza

 

Emergencia del proyecto comunero

Breve descripción de Comuna

 

Habría que ubicarse en el contexto del periodo inmediatamente posterior a la masacre del valle (1974) para entender lo que viene después, esta masacre abre una herida profunda en el mundo campesino, sobre todo de las organizaciones sindicales. Digo que aquí se rompe el cordón umbilical que ataba a los sindicatos campesinos no sólo con el régimen de las dictaduras militares sino con el Estado boliviano mismo. Se trata del retorno a la memoria larga, a la consciencia anticolonial, desde la que se va interpelar la legitimidad del Estado y también a la sociedad boliviana, calificada como heredera de la estructura social colonial. La tesis del colonialismo interno sobresale en los discursos renovados del movimiento katarista, que cuenta con un proyecto político y cultural. En 1979 se da el gran bloqueo de caminos nacional por parte de la flamante Confederación Sindical Única de Campesinos de Bolivia Tupac Katari (CSUTCB), independiente del Estado, bajo la dirección del Genaro Flores, después de romper con el pacto militar y, en el contexto histórico, con el pacto estatal, pacto heredero del pacto señorial, el Estado que le había entregado tierras con la Reforma Agraria de 1953.

 

En las ciudades se daba lugar un movimiento universitario de resistencias a la dictadura militar del General Banzer Suarez y a la ocupación de las universidades por la dictadura, se forman células clandestinas; la izquierda se reorganiza en los espacios académicos, se conforma la instancia coordinadora de Centros de Estudiantes llamada Interfacultativo en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), del mismo modo se forman otras instancias coordinadoras parecidas en otras universidades. Esta va a ser la base de las movilizaciones contra la dictadura en varias ciudades capitales del país. El Interfacultativo estaba organizado por capas, caía una dirigencia, luego era remplazada por la siguiente, de este modo tuvo la capacidad de sostener la movilización universitaria por un buen periodo a pesar de la represión. Este periodo de resistencias estudiantiles se despliega desde 1974 y atraviesa un lapso lleno de acontecimientos, la recuperación de la universidad, de la autonomía universitaria, llegando a confluir con las movilizaciones mineras y de los trabajadores en la huelga general contra la dictadura, que comenzó con el pequeño grupo de mujeres mineras (1978). Después de esta huelga los días estaban contados para la dictadura militar, lo que viene después son intentos de dilatar la agonía a través de la transmisión de mando e intentos posteriores de legitimar el crepúsculo del régimen militar mediante elecciones fraudulentas. Las tres victorias consecutivas de la Unión Democrática y Popular (UDP) terminan definitivamente con el régimen dictatorial, acompañadas por gigantescas movilizaciones populares y reorganizaciones políticas en todo el país.

 

1982 va a ser la fecha de un nuevo periodo, el llamado periodo democrático, que llega hasta nuestros días. El proyecto democrático popular se interrumpe en 1984 debido a las profundas contradicciones inherentes al propio proceso, pero sobre todo al inconsistente programa de la UDP, que no incluye para nada un programa de nacionalizaciones, que es lo que cabría esperar de un replanteamiento popular no sólo democrático sino nacional. El discurso del entronque histórico, entre una izquierda juvenil y el Movimiento Nacionalista Revolucionario de Izquierda (MNRI), que supuestamente era un entronque histórico con la Revolución Nacional de 1952, recientemente descubierta por la juventud universitaria demócrata y cristiana (MIR), no sirvió para otra cosa que, para subordinar las resistencias populares a las dictaduras, el rebrote de lo nacional-popular, al proyecto de la socialdemocracia internacional. En vez de apuntar a un programa coherente nacional y popular el gobierno de la UDP se pierde en políticas ambiguas, tibias, titubeantes, que terminan por provocar el malestar en las organizaciones sindicales aglutinadas en la COB. Se abren entonces dos frentes, uno con la derecha en el Congreso y otro en las calles con los sindicatos, principalmente mineros. El ambiente político termina descomponiéndose ante la galopante hiperinflación provocada por políticas descabelladas de desdolarización e incrementos constantes de sueldos y salarios, sin respaldo financiero. La caída de la UDP va dejar un vacío político y va preparar el escenario al proyecto neoliberal, significativamente orientado por el partido que llegó al poder por la insurrección de abril de 1952, insurrección que se tradujo en las grandes reformas nacionales: nacionalización de las minas, reforma agraria, voto universal y reforma educativa. Pasadas tres décadas el mismo partido borra con el codo lo que escribió con la mano, opta por todo lo contrario, por la desnacionalización en los términos de la privatización impuesta por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). Después del decreto de apertura neoliberal, el conocido dispositivo normativo 21060, se inicia un periodo demoledor y de alto costo social. De este modo se abre el camino a las políticas de ajuste estructural, que transformaran la estructura y composición de la economía nacional, otorgándole preponderancia a la iniciativa privada, sobre todo a las empresas trasnacionales, desmantelando el aparato productivo, sobre todo estatal, además de destruir a la centralidad minera, núcleo fundamental del proletariado boliviano. Esto último era el objetivo político del proyecto neoliberal, ocurre como en todas partes del mundo donde se implanta el proyecto, se busca destruir las organizaciones sociales con capacidad de resistencia. 

Es en este contexto donde se van a conformar iniciativas creativas y novedosas en lo que respecta al modo de pensar la realidad social, política y económica, al modo de pensar la historia, también en lo que respecta a la construcción de alternativas políticas, una vez que la izquierda tradicional entra en crisis, después de la derrota de la Asamblea Popular, la versión insurreccional, y la derrota de la UDP, la versión democrática. Son varios proyectos que hay mencionar, que se mueven en distintos niveles, de lo que podríamos llamar la resistencia al proyecto neoliberal. Uno de ellos es el grupo Episteme, que se propone la construcción de un pensamiento propio mediante la incorporación del uso crítico de la teoría, la crítica de la epistemología, la crítica de la filosofía, la crítica de la metodología de la investigación, la crítica de la modernidad y la crítica a las formas tradicionales de hacer política. Episteme contaba con una revista que lleva el mismo nombre. La otra iniciativa teórica es el grupo de trabajo crítico de la revista Autodeterminación, que se va a dedicar a desarrollar públicamente una discusión actualizada del marxismo contemporáneo, de sus interpretaciones de la crisis del capitalismo y de los análisis de la problemática política en la contemporaneidad, incluyendo las interpretaciones desde la perspectiva gramsciana-zavaleteana.  Otras iniciativas van a tener que ver, mas bien, con la acción, la práctica política y las incursiones organizativas; hablamos de  tres proyectos subversivos, que intentan articular críticamente marxismo e indianismo, uno de ellos es el vinculado al proyecto de guerrilla urbana del grupo Zarate Willca, otro es el vinculado al intento de replantear la guerrilla guevarista del grupo CNPZ del ELN, por último, el otro, que va tener mayor posibilidades de brotar y desplegarse, es el Ejército Guerrillero Tupac Katari (EGTK), que se propone combinar la guerrilla indígena con la cooptación de sindicatos campesinos a través de los Ayllus Rojos. 

Casi todas estas iniciativas confluyen en ComunaComuna, que aglutina y donde convergen tres colectivos activistas, uno es Episteme, otro es Autodeterminación y el tercero es el Ejército Guerrillero Tupac Katari, se conforma después de la salida de la cárcel de Álvaro García Linera, Raquel Gutiérrez y Felipe Quispe, quienes son militantes del Ejército Guerrillero Tupac Katari (EGTK). Primero se toma iniciativa en conformar un grupo de acción social que trabaja en torno a las interpretaciones de Pierre Bourdieu; como resultado del trabajo se publicara el libro Bourdieu leído desde el sur (2000), aunque el primer libro publicado por Comuna es  El fantasma insomne. Pensando el presente desde el Manifiesto Comunista (1999). Sobre la base de este grupo de acción social se constituye el colectivo Comuna, colectivo que se propone una proyección hacia el futuro recuperando la experiencia libertaria de la Comuna de París y de las luchas obreras y socialistas; quiere ser ola del pensamiento crítico que reivindica la tradición histórica de las formas comunitarias locales y la fuerza de las prácticas políticas. Tal como se escribe en la presentación de El fantasma insomne. Viene en la secuencia El retorno de la Bolivia plebeya (2000), libro que va causar impacto pues tiene que ver con el análisis de la guerra del agua (abril del 2000), que comienza la ofensiva y el ciclo de movimientos sociales que nos van a conducir a la caída del modelo neoliberal y el despliegue del proceso constituyente. A partir de este acontecimiento, el destino está sellado, Comuna se involucra con los movimientos sociales y se dedica hacer el análisis y el seguimiento de los acontecimientos que se suceden raudamente desde el 2000 al 2005. Siguiendo al bloqueo de caminos indígena campesino de septiembre del 2000 se publica Tiempos de rebelión (2001).

 

Ya el 2001 se intenta hacer un balance teórico del despliegue intenso y profuso de los movimientos sociales, se publica un libro con un título provocador Pluriverso. Teoría política boliviana. En lo que respecta a un balance más analítico y descriptivo se hace otro recuento en Democratizaciones plebeyas (2002). Casi a un año de las elecciones del 2002 se produce la guerra del gas (2003), concurriendo desde varios lugares de enfrentamiento, sobre todo rural, a la ciudad de El Alto, como recogiendo la acumulación de fuerzas y saberes de la experiencia de la movilización, expresando además con todo el dramatismo la profunda crisis múltiple del Estado-nación; se publica Memorias de Octubre (2004). El 2005 se produce el desenlace del periodo crítico,  las movilizaciones de mayo y junio del 2005 terminan con la toma de la ciudad de Sucre, obligando al Congreso a una nueva sustitución constitucional, después de dos renuncias consecutivas, las del presidente del Congreso y la del presidente de la cámara baja. El mandato del presidente nombrado por el Congreso Rodríguez Velzé será la convocatoria a elecciones, las mismas que se efectúan al finalizar el año. Ese mismo año de desenlaces se publica Horizontes y límites del poder. Después de las elecciones en las que gana contundentemente el MAS por mayoría absoluta, posteriormente a la posesión de Evo Morales Ayma como primer presidente indígena, ya iniciando el proceso constituyente, se publica un conjunto de ensayos que reflexionan sobre el Estado plurinacional; el libro se titula La transformación pluralista del Estado (2006). Han de pasar dos años para la siguiente publicación colectiva de Comuna; el 2009 se publica Estado: campo de lucha. Análisis críticos sobre la base de la experiencia de la primera gestión de gobierno indígena-popular y la aprobación de la Constitución Política del Estado. Entre medio de toda esta secuencia de trabajo colectivo, también se publican libros individuales de los miembros de Comuna. Hay que destacar la producción teórica de Luis Tapia Mealla, que desprende análisis sobre el pluralismo, la autonomía relativa del Estado y la lectura de la política desde su condición salvaje. También se sitúa en este aporte la sociología de los movimientos sociales de Álvaro García Linera, compartido con Marxa Chávez León y Patricia Costas Monje. En la misma condición de aporte individual están las publicaciones de Raúl Prada Alcoreza sobre la guerra del gas a partir de una mirada del largo ciclo, el análisis nómada de las subversiones indígenas y las reflexiones sobre el horizonte de la Asamblea Constituyente. El 2008 se publica la tesis doctoral de Raquel Gutiérrez titulada Los ritmos del pachakuti. Se trata de un análisis y una evaluación critica del proceso y de la forma de resolución de la crisis por la vía estatal y no por la vía autogestionaria y de autogobiernos. También debemos citar la producción de Oscar Vega Camacho, quien aporta con una minuciosa evaluación de la cuestión nacional y sus imbricaciones con la conformación dramática del Estado-nación, teniendo como contexto la diseminación institucional en la modernidad tardía; este estilo se hace notorio en el libro Errancias; aperturas para vivir bien. Y reaparece la narrativa reflexiva y de auscultación genealógica en los ensayos Al sur del Estado, Reflexiones sobre la transformación pluralista y El tiempo vivo de la educación.

Comuna se vincula a los movimientos sociales desde su conformación, antes ya lo estaba a través de otras organizaciones en las que participaban los miembros de Comuna. Este es un rasgo de sus actividades, que trataban de articular critica teórica y acción práctica. Quizás una de las participaciones entrañables se da con la Coordinadora del Agua, donde la participación de Raquel Gutiérrez va a ser de compromiso con el proyecto autogestionario inherente al movimiento. La relación es afectiva y de participación mutua, varias veces el dirigente la Coordinadora Oscar Olivera va a participar en las presentaciones de los libros de Comuna, también como disertante en la Escuela Libre de Pensamiento Crítico de Comuna, a la cual asistían un número significativo de agrupaciones y organizaciones de jóvenes activistas, así mismo también lo hacían los grupos feministas, además de investigadores. A iniciativa de la Coordinadora del Agua se propone conformar la COMUNAL, una coordinadora de los movimientos sociales emergentes en la perspectiva política de la autogestión. Si bien esta iniciativa no prospera, pues los movimientos sociales son celosos y prefieren coordinar en su momento cuando se den las acciones que contar con una supra-organización.

La vinculación con otros movimientos sociales a lo largo del ciclo de la movilización se va dar a través de grupos de activistas que asistían a las sesiones de Comuna. Otro rasgo que hay que anotar es su afiliación critica al marxismo, concretamente al marxismo crítico, que tiene dos vertientes; la dura, por decirlo así, que tiene que ver con una lectura sistemática e interpretación de los cuadernos sobre Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grunsrisse) y del Capital de Karl Marx; la blanda, por así decirlo, relacionada a las corrientes contemporáneas del marxismo crítico, que cuestiona la hipótesis del determinismo económico y se abre a un análisis autónomo de lo político, la cuestión estatal, la cuestión social y la cuestión cultural. Esta posición ha llevado tempranamente a los miembros de Comuna, antes, y a Comuna misma, cuando se conforma, a la diferenciación marcada con las interpretaciones de la izquierda tradicional y el marxismo usual. Otro rasgo significativo, quizás el más importante es que la mayoría de los comuneros va reivindicar las luchas anticoloniales de las naciones y pueblos originarios, de este modo va orientar la política hacia la perspectiva de la descolonización. Así se plantea la necesidad de articular marxismo e indianismo, produciendo interpretaciones renovadas por ambos lados. No todo Comuna comparte esta perspectiva, otra perspectiva va orientar los trabajos al análisis específico de la lucha de clases y las particularidades de la cuestión política en Bolivia. De todas maneras, también se va compartir, más o menos de manera transversal, una lectura nómada del proletariado contemporáneo y del carácter territorial de los movimientos sociales, así como fuertes intentos de comprender las condiciones pluralistas de los fenómenos sociales, políticos, económicos y culturales. Sin embargo, hay un rasgo más, entre otros, que habría que anotar; comprender que, a pesar de compartir perspectivas comunes respecto al capitalismo, al colonialismo y la crisis estatal, hay diferencias de percepciones y de formaciones, propias trayectorias. Entonces se acordó el respeto a estas diferencias.

 

La experiencia más complicada de Comuna se da cuando dos de sus miembros terminan participando en el Estado y en el proceso constituyente. Álvaro García Linera asume sus responsabilidades como vicepresidente y Raúl Prada Alcoreza, se incorpora a la Constituyente como asambleísta, después tendrá dos responsabilidades en el gobierno como funcionario público. Estas participaciones nunca fueron bien vistas por Raquel Gutiérrez, y fueron toleradas por los demás. Esta etapa fue la menos prolífica de Comuna en cuanto a publicaciones. Prácticamente sólo se sacaron dos libros colectivos, una el 2006 y otra el 2009. También se convirtió en una etapa de discusiones diferidas y de diferenciaciones en las posiciones políticas, sobre todo el 2009 y 2010, con un traslado intempestivo de la discusión al espacio público el 2011. Las propias contingencias del proceso y la deflagración de sus contradicciones han empujado a definir perspectivas y tendencias referentes a la orientación del proceso. ¿Se trata de una ruptura, de una clausura de Comuna o, mas bien, de un realineamiento de fuerzas orientadas a iniciar una nueva etapa? El desafío está planteado, llevar la discusión al mismo espacio de actividades de los movimientos sociales y el gobierno. La tarea es realizar una evaluación crítica del proceso, del gobierno y de los movimientos sociales, publicar este análisis y el balance. Compartir y difundir la publicación quizás en uno de los momentos más críticos del proceso. ¿Por dónde vamos?

                                   

Autocrítica de Comuna

Hay que diferenciar el terreno imaginario, por así decirlo, del terreno efectivo, donde concurren los eventos, sucesos, hechos.  En el primero concurren los discursos que disputan la interpretación de los hechos, en el segundo acontecen los hechos. A pesas de esta distinción, no hay que olvidar que las narrativas, al interpretar lo que acontece, terminan apropiándose de lo ocurrido, pues terminan expresando discursivamente la memoria. En la narrativa de lo acontecido en la movilización prolongada del 2000 al 2009 Comuna jugó un papel importante, por su bagaje interpretativo. Un colectivo crítico de la izquierda tradicional, asumiéndose como marxismo crítico en dialogo con el indianismo, asumiéndose indianista en dialogo crítico con el marxismo, estaba en mejores condiciones que toda la izquierda de interpretar lo que estallaba y sucedía como movilizaciones sociales. Esta perspectiva crítica y su activismo en los movimientos sociales emergentes le ayudó a comprender mejor los sucesos de las movilizaciones sociales anti-neoliberales, descolonizadoras y anticapitalistas, de carácter, mas bien, espontáneo. Por eso, se puede decir, que Comuna se colocó como en el núcleo de las narrativas de los movimientos sociales de la historia reciente. A partir de este eje, que tejió su narrativa en relación de los levantamientos indígenas del siglo XVIII e interpretó la historia de las luchas sociales como guerra anticolonial y lucha de clases, se puede configurar un mapa de la narrativa de la movilización prolongada.  Sin embargo, si bien Comuna juega un papel arquitectónico en la narrativa de las movilizaciones, no se puede concluir que pasa lo mismo en el terreno de los sucesos, eventos y hechos. En este caso, hay que anotar que Comuna era uno de los componentes en un conjunto complejo de composiciones sociales intervinientes en la movilización, siendo factores orgánicos las organizaciones sociales, sobre todo campesinas e indígenas. Comuna no fue ni la vanguardia como en un libro se dice, tampoco influyó en los acontecimientos desatados. Tampoco fue la “ideología” de la movilización. Estas son las leyendas que se construyen algunas academias e intelectuales, sorprendidos por la radicalización de los levantamientos andinos, amazónicos y chaqueños. Lo que aconteció, como movilización prolongada, tiene su dinámica de acción en el desborde social, que utiliza a las organizaciones sociales e inventa formas de organización, como la Coordinadora del Agua y Defensa de la Vida, que activa capacidades subversivas de las comunidades, de los colectivos, de las ciudades. Comuna aprendió de esta experiencia social.

Volviendo a la narrativa, si bien Comuna pudo construir una narrativa política del ciclo de movilizaciones, pudo interpretar el carácter autogestionario y comunitario de la movilización, pudo interpretar un anticapitalismo indígena desde la inquietud descolonizadora, no logró hacer la crítica a ciertas herencias pesadas, que después de la movilización, en las gestiones de gobierno, se hicieron más evidentes. En primer lugar, no hizo la crítica a la reiteración simbólica y política del caudillo, figura patriarcal, por eso mismo, retrograda en lo que respecta a las tareas emancipadoras. En segundo lugar, no hizo la crítica a la modalidad extractivista de los gobiernos y los Estado-nación subalternos, modalidad condicionante de la reiteración de la colonialidad persistente en las llamadas sociedades poscoloniales. En tercer lugar, no hizo la crítica suficiente al imaginario del Estado; pretendiendo la posibilidad de un Estado en transición. Algo que desde la perspectiva teórica política es complicado, pues alimenta la ilusión de la utilización del Estado. En cuarto lugar, en relación al primer punto, no efectúa una crítica a las estructuras patriarcales, al Estado patriarcal, a la dominación masculina, formas de dominación matriciales que sostienen las otras formas de dominación histórica. En quinto lugar, su apego al marxismo, aunque sea de una manera crítica, le impidió abrirse a otro horizonte epistemológico, más adecuado a la interpretación de la nueva generación de luchas sociales. El marxismo, a pesar de haber servido como instrumento crítico de las luchas sociales del siglo XIX y siglo XX quedó como una formación discursiva y formación enunciativa conservadora, que avalaba, al final de cuentas, el Estado y el desarrollo, que no era otra cosa que una manera bondadosa de hablar del capitalismo. En relación a estos puntos limitantes de Comuna, vamos a elaborar la autocrítica.

 Mirada retrospectiva

Habría que situarse en la perspectiva de los combatientes para aproximarse a lo que sienten ante la experiencia del acontecimiento, al que lo intuyen desde la percepción corporal. Hay que situarse también, en este contexto, en el enfoque de los militantes revolucionarios, quienes se encuentran motivados e impulsados por los que consideran es su compromiso con las luchas de los condenados de la tierra, entre ellos, el proletariado de los siglos de la revolución industrial. Estas situaciones o estos colocarse en escena, por así decirlo, hacen no solamente de contextos de eventos y sucesos que se quieren analizar, considerados relativos a la crisis del sistema-mundo moderno, sino son como el lugar desde donde es aconsejable mirar esos eventos y sucesos, entre ellos, lo que corresponde a la constitución de voluntades de lucha.

Cuando hablamos de «voluntades de lucha» nos referimos a la predisposición a la acción, es decir, a la práctica encaminada a la transformación. Se constituyen sujetos predispuestos a cumplir con el compromiso social, se conforman organizaciones que asocian estas subjetividades predispuestas. Cuando hablamos de esta manera, aludiendo a la lucha, a la transformación, tomamos en cuenta la propia autorreferencia de los militantes revolucionarios; de ninguna manera se trata de hacer apología ni de los revolucionarios, ni de sus organizaciones, tampoco de sus movimientos. Sino de situar no solamente contextos, también discursos, formas de nombrar. Tomar sus autorreferencias como lugares ubicables en un mapa ideológico y político. Es menester, entonces, comprender estas situaciones a través de sus composiciones subjetivas y objetivas, por así decirlo, en su distribución en los espesores del tejido espacio-tiempo-territorial-social.

Hablando un lenguaje acostumbrado, sobre todo ese modo de presentación académico, diremos que nos compete ahora hablar del colectivo Comuna, un colectivo activista y de intelectualidad crítica que transcurre entre 1995 y 2010, desde su conformación hasta la publicación del último libro compartido, que es El Estado como campo de lucha. Después de esta publicación Comuna se disemina, aunque su diseminación haya comenzado un poco antes. Sin embargo, por determinación de dos miembros el colectivo no se clausura[1], como corresponde y como pretendía cerrarse con una carta autocrítica. Comuna se conforma con tres agrupaciones de activismo y críticas, autodefinidas marxistas; estas son EpistemeAutodeterminación y el Ejército Guerrillero Tupac Katari (EGTK), aunque, en este último caso hablamos de un proyecto guerrillero de más largo aliento. Comuna se autodefine un colectivo activista crítico marxista e indianista; busca criticar el marxismo desde el indianismo, busca interpretar el indianismo desde el marxismo crítico. En principio, sobresalen dos rasgos ilustrativos; uno es el relativo a la crítica al marxismo tradicional, sobre todo el marxismo militante que había remontado la dramática insurgencia de Bolivia; otro es la crítica a la historia política de la dominación oligárquica, con fuertes características coloniales. En la coyuntura de la emergencia del colectivo Comuna, la crítica tiene como referente la experiencia social del ajuste estructural neoliberal.

 

Hasta aquí los rasgos generales, rasgos parecidos a otros colectivos y agrupaciones que sobresalen en la álgida coyuntura de la hegemonía ideológica neoliberal y en plena crisis ideológica de la izquierda internacional y nacional. Aunque las analogías no se repiten sino en unos cuantos colectivos y agrupaciones, sobre todo en México, Ecuador y quizás Guatemala, países de densa presencia indígena, pues la mayoría de las organizaciones de izquierda se mantienen en las mismas prácticas y reiteraciones ideológicas, sin llegar atinar ni siquiera a un boceto de autocrítica, después del derrumbe de los Estados del socialismo real y de los fracasos de la revolución socialistas, a excepción de Cuba. Sin embargo, la cualidad de Comuna será otra, la de su activismo en plena coyuntura de crisis social, política y económica, desatada por los costos sociales de las políticas neoliberales. Activismo donde aprende de los movimientos sociales, del horizonte abierto por los movimientos sociales, que se levantan contra el neoliberalismo. En otras palabras, logra describir lo que venía aconteciendo y hace un seguimiento de la secuencia de los movimientos sociales, para después intentar no solo interpretar el entramado de lo que acontecía, sino sugerir bocetos de una teoría política.

 

Se han hecho investigaciones sobre Comuna, sobre todo tesis académicas, las cuales han tomado en cuenta particularmente sus publicaciones, en algunos casos sus testimonios, además de sus actividades a lo largo de quince años. Un parte de estas investigaciones supone un papel protagónico de Comuna en la movilización prolongada, que viene de 2000 y alcanza al 2005; sin embargo, este supuesto es discutible, pues los movimientos sociales estallan independientemente de Comuna, aunque si se entrecruzan con su activismo y sus descripciones e interpretaciones, además de debates que son difundidos por medios de comunicación, sobre todo televisivos, particularmente en las radios populares. Incluso algunas tesis llegan a proponer que Comuna tiene influencia en la Constitución boliviana; es más, incluso en la primera etapa del Gobierno de Evo Morales Ayma. Estas aseveraciones no son correctas; la Constitución, tal como fue escrita, tiene como referente principal al documento del Pacto de Unidad que titula Estado Plurinacional Comunitario, que fue distribuido, después, por UNITAS. Por otra parte, cuando el gobierno de Evo Morales se conforma, prácticamente Comuna, su activismo, su activismo colectivo y su actividad de difusión, sobre todo su debate y deliberación, ya habían desaparecido, salvo un incipiente esfuerzo por continuar sus reuniones, que no prosperan como antes.

 

En pocas palabras, Comuna tuvo incidencia durante la movilización prolongada; su incidencia fue de activismo al interior de las movilizaciones sociales, de interpretación teórica y de descripción de la composición de los movimientos sociales, diversos y autónomos. Sin embargo, el decurso de los sucesos y eventos de la movilización social dependió de la correlación de fuerzas dadas en las coyunturas interpeladas por la movilización social. Las movilizaciones que se venían sucediendo se fortalecieron mutuamente, como una agregación de energías y de potencia social. Esta fue su ventaja sobre las fuerzas estatales, de los gobiernos de la coalición neoliberal. En resumen, Comuna interpretó lo que acontecía, aprendió del activismo, directamente de las fuerzas desatadas, logró visibilizar el horizonte abierto por la movilización social e intentó plasmar este aprendizaje teóricamente.

Ahora bien, la pregunta pertinente es: ¿Se trata de tener como referente a Comuna para comprender y entender lo que ha sido este colectivo activista y crítico, o se trata de tenerlo como referente para comprender, entender y conocer los contextos en los que se movió? Contextos que son los de las coyunturas que se extienden desde la asunción del proyecto neoliberal al gobierno (1985) hasta lo que podríamos llamar el eclipse de Comuna, que, más o menos, se da por el 2010, año de su última publicación colectiva y compartida.  La mayoría de las tesis, de las que hablamos, se proponen lo primero, es decir, hacer un seguimiento del colectivo de Comuna y dar cuenta de esta organización activista, intelectual y crítica.

A diferencia de este enfoque, nosotros pretendemos, mas bien, lo segundo, dar cuenta del acontecimiento histórico-político-cultural desatado en los periodos mencionados, incluso que continuó sus decursos después, durante el proceso constituyente, y en su regresión y decadencia, en las gestiones de los gobiernos de Evo Morales Ayma. Para tal efecto consideraremos al colectivo Comuna como un síntoma organizativo del activismo y de la crítica teórica y política, síntoma que se da en plena crisis múltiple del Estado-nación, crisis que tiene varias fases; la que podemos llamar de inauguración de la crisis, con la independencia y la conformación de la república; la que podemos llamar crisis estructural de la flamante república, debido a la falencia institucional y de materialidad social, que adolecía la superestructura jurídico-política; la que podemos llamar de amenaza existencial por las derrotas de las guerras que extirpan más de la mitad del territorio con el que nace la república de Bolivia. La cuarta fase de la crisis múltiple del Estado-nación tiene que ver con la crisis liberal o del periodo liberal, cuando se intenta resolver el problema de la falencia institucional por medio de reformas liberales del Estado; sin embargo, son marcadamente insuficientes pues solo alcanzaba a parte de la población y a parte del territorio; la mayoría de la población, indígena, estaba marginada como la época colonial. La quinta fase de la crisis tiene que ver con el fracaso de la revolución nacional de 1952. Esta revolución logra fundar de nuevo la república sobre la matriz nacional-popular, resolviendo los problemas de falencia institucional y de materialidad social, sin embargo, se queda, por así decirlo, a mitad del camino. Se trata de una revolución inconclusa, que, si bien, logra incorporar al grueso de la población indígena a la vida política, mediante la reforma agraria y el voto universal, que si bien logra crear las condiciones de posibilidad histórico-políticas-económicas del Estado nación con la nacionalización de las minas, además de avanzar en la legitimidad ideológica con la reforma educativa, deja estas tareas democrático-burguesas, a decir del discurso marxista, a mitad del camino. No concluye la revolución nacional con la materialización plena del Estado-nación.

 

Esta crisis estructural, la relativa a la quinta fase de la crisis múltiple del Estado-nación, se extiende hasta nuestros días, los relativos a los periodos de las gestiones de gobierno de Evo Morales Ayma, pues, a pesar de la movilización prolongada (2000-2005) y el proceso constituyente (2006-2009), fuera de las medidas implementadas durante la primera gestión del gobierno del “presidente indígena”, el Estado-nación continua y permanece, pues no se conforma un Estado-Plurinacional-Comunitario-Autonómico, salvo en el cambio de nombres. Entonces, la sexta fase de la crisis múltiple del Estado-nación corresponde a la crisis política e ideológica, además de institucional, de una transición abortada en las gestiones de gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS).

 

La composición del síntoma de Comuna tiene que ver, en parte, por su esfuerzo por caracterizar la crisis múltiple del Estado-nación, crisis que la considera como relativa a la pervivencia colonial, además del modelo del capitalismo dependiente, en su perfil primario exportador. Las premisas teóricas se pueden situar en estas consideraciones de partida; ahora bien, el desarrollo de la crítica se va a situar en la crítica al proyecto neoliberal aplicado por los gobiernos de la coalición. Por otra parte, como dijimos, Comuna va a dedicarse a describir los movimientos sociales que se desenvuelven durante el quinquenio 2000-2005. Entonces, la narrativa teórica va a desplegarse como crítica a la colonialidad, sobre todo como crítica del Estado-nación; también como crítica del ajuste estructural neoliberal, que va a ser visto como saqueo de Bolivia por las empresas trasnacionales. Se va a mencionar variadas veces a una nueva oligarquía conformada o reforzada por medio de los procesos de privatización, denominados de “capitalización”. Esta oligarquía, como las anteriores, es racial, blanco-mestiza. Otra narrativa, la tercera, se va elaborando a partir de la experiencia activista con los movimientos sociales. Esta narrativa, por así decirlo, es mixta; es descriptiva, basada en fuentes empíricas inmediatas de la movilización; también es hipotética o interpretativa, pues a medida que se acumulaba la experiencia, la memoria y la información sobre los movimientos sociales, se construyen interpretaciones teóricas de lo que acontecía.

 

Otros aspectos de la composición del síntoma Comuna tienen que ver directamente con su activismo. La organización misma de Comuna es dúctil, abierta, flexible, que incorpora a otros grupos, sobre todo a activistas de los movimientos sociales. En su forma más dúctil Comuna incluso es adoptada por algunos movimientos sociales; por ejemplo, la Coordinadora del agua y defensa de la vida. A través de algunos de sus miembros, Comuna participa en la movilización indígena campesina de septiembre del 2000, cuando se sitian cuatro ciudades, El Alto, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz.  También, por intervención de otros miembros de Comuna, este colectivo participa en la llamada guerra del agua, septiembre y octubre del 2003. Lo mismo ocurre con las movilizaciones singulares que se dan entre el 2003 y 2005. Esta parte de la composición del síntoma Comuna es quizás más determinante que la parte teórica de su aporte, pues es en el activismo donde aprende este colectivo. Su aprendizaje le permite desplazarse a una narrativa política y teórica de mayor incidencia en los sucesos y eventos del acontecimiento político.

 

La otra parte de la composición del síntoma Comuna tiene que ver con los perfiles individualizado de sus miembros, los que se dan a conocer en distintos ámbitos del acontecer, sobre todo mediáticos, fuera de los de la difusión propia, las publicaciones, y las reuniones, presentaciones, exposiciones, debates, que se dan, más o menos, de manera rítmica, contando incluso con un cronograma de la Escuela del Pensamiento Crítico.  Bueno, esta composición del síntoma Comuna le permite distintos desplazamientos en distintos planos de intensidad de las álgidas coyunturas de la crisis histórico-política-cultural del Estado nación.  Por eso decimos, que, mas bien, podemos pulsar el acontecimiento político a través de las actividades críticas, teóricas, de difusión y activistas de Comuna.

 

Obviamente que se puede tomar otros referentes, para desde estas perspectivas, reconfigurar los contextos, los espesores de la coyuntura, los entramados del acontecimiento político, como por ejemplo las organizaciones sociales involucradas en la movilización prolongada, la Confederación Sindical Unificada de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ), la Confederación Indígena del Oriente de Bolivia (CIDOB) u otras organizaciones sociales. Incluso si se toman todos los referentes involucrados se puede intentar una mirada integral y dinámica del acontecimiento político. Es esta mirada integral la que no se ha efectuado hasta ahora, salvo las evaluaciones críticas hechas por nosotros, que tampoco alcanzan a ser la mirada integral requerida, aunque se aproximen. Nos remitimos a los escritos del periodo de Comuna, también a los ensayos de Acontecimiento político, así como a los ensayos propiamente críticos, de desplazamiento y de ruptura epistemológica posteriores. En el presente ensayo lo que intentaremos hacer es subsanar ciertas falencias y vacíos de las investigaciones que se han hecho sobre comuna, sin desmerecer sus aportes.

Antecedentes

 

Hay que hurgar en lo que podemos nombrar antecedentes de Comuna o, mejor dicho, los grupos y organizaciones que compusieron el mentado colectivo activista. Hablamos del proyecto de investigación y de pensamiento crítico latinoamericano conformado en Episteme, también del grupo de reflexión marxista crítico Autodeterminación, de orientación gramsciana, así como de la organización armada Ejército Guerrillero Tupac Katari (EJTK). No pretendemos ser exhaustivos en el seguimiento de estas conformaciones, cuyos desplazamientos se mueven en distintos contextos, aunque se cruzan en intersecciones compartidas; pero, si situarlas en las coyunturas previas a la movilización prolongada (2000-2005), además de mostrar los aportes de cada una de estas organizaciones en la composición de Comuna.

 

Comenzaremos con Episteme, cuya trayectoria se remonta a 1985 y se extiende durante una década (1995). Su vínculo principal es la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), de la que recibe un apoyo en infraestructura, el piso 10 del edificio Hoy, además de ser el escenario donde incursiona con su revolución epistemológica, en materias metodológicas, teóricas y de investigación. El proyecto de Recuperación del Ayllu (UMARAKA) será su incursión extrauniversitaria, en la comunidad de Qulli Qulli, a cinco kilómetros de Lahuachaca. Básicamente Episteme es una instancia teórica y crítica de formación epistemológica, entendiendo la epistemología como proyecto político, orientado a la construcción del pensamiento propio. El asesor de Episteme es el connotado epistemólogo latinoamericano Hugo Zemelman Merino, de quien se difunden sus escritos, incluso algunos, antes de su publicación en editoriales conocidas; por ejemplo, Horizontes de la razónEpisteme va a cobijar a un grupo del Ejército de Liberación Nacional (ELN), denominado Comisión Néstor Paz Zamora CNPZ , que pide por medio de carta, ingresar a los espacios de formación de Episteme.  

 

El perfil de Autodeterminación es más de un grupo de reflexión y de difusión del pensamiento crítico marxista, de orientación gramsciana. Su principal actividad se concentra en la publicación de la revista que lleva el mismo nombre: Autodeterminación. Posteriormente se convierte en una editorial, que sigue publicando libros, aunque las actividades de formación y reflexión colectiva quedan restringidas. A diferencia de EpistemeAutodeterminación continúa sus actividades de difusión hasta nuestros días; la presentación de los libros se hace en el auditorio del Museo de Etnografía y Folklore (MUSEF). Como se puede ver, Autodeterminación está también ligada a la labor universitaria, aunque no solo, pues, en un tiempo intenta convertirse en un proyecto político.

 

El EGTK ha de ser conocido por su actividad guerrillera, por el alzamiento armado, de lo que se acusa a los miembros de esta organización política. Sin embargo, a pesar de que el desenvolvimiento organizativo se enfoca a la preparación armada, además de la formación de los militantes, el EGTK tiene un núcleo teórico, de interpretación histórico-política, además de crítica teórica, desde la perspectiva marxista-indianista.  Es este núcleo intelectual el que va a conectarse con las actividades de las otras organizaciones mencionadas y con ellas conformar el colectivo Comuna. El EGTK va a tener incidencia en los desplazamientos sindicales que se dan en Bolivia, sobre todo en el Altiplano, más que en los valles. Así como tiene que ver directamente en la constitución de los Ayllus Rojos, organismo de convocatoria, movilización y de concurrencia en los Congresos del sindicalismo campesino.

 

Como se puede ver, estas organizaciones activistas y críticas, que tienen como referente de la crítica y de la interpelación activa al Estado-nación de Bolivia y a su estructura social de raigambre colonial, le otorgan, anticipadamente, un perfil de definición a Comuna. El colectivo Comuna, desde sus inicios, reconoce las diferencias interpretativas de la realidad, aunque se declaren abiertamente del enfoque del marxismo crítico; este reconocimiento le permite una apertura a variadas interpretaciones, que se complementan, pero también contrastan, por lo menos en determinados aspectos. Se ha dicho, respecto a los escritores de Comuna, que en vez de debatir se lanzan flores; aunque esto es exagerado, ilustra en que los comuneros prefieren cohesionarse en lo que comparten, el marxismo crítico y el indianismo, evitando fisuras por las posibles discusiones que se ventilan. De todas maneras, en ocasiones álgidas se dieron estos debates, aunque más fueron internos, salvo cuando se destacan posiciones encontradas respecto a los posibles desenlaces de la movilización prolongada y del proceso constituyente.

 

Por otra parte, los antecedentes de Comuna no pueden circunscribirse a las organizaciones mencionadas, que tuvieron que ver de manera directa en la conformación de ComunaComuna emerge en un contexto de crisis del proyecto neoliberal, pero, también, como dijimos, en el contexto mayor de la crisis múltiple del Estado-nación. La pregunta es: ¿Cuándo se puede datar el comienzo de periodos coyunturales singulares que hacen a una época particular de la crisis del Estado-nación? Desde los escritos de Comuna, de mi autoría, situé el punto de quiebre, de desplazamiento histórico-político, en la masacre del valle, Epizana, Tolata, cuando el movimiento campesino no solamente rompe con el Pacto Militar Campesino, sino, incluso con el Estado-nación boliviana, cuando emerge el proyecto político-cultural descolonizador katarista. Dos hitos son importantes señalar; uno es la concentración de Ayo Ayo, donde se instala la estatua del insigne Tupac Katari, cuando se funda el movimiento katarista; otro es el bloqueo nacional campesino de 1979, cuando la CSUTCB, dirigida por Genaro Flores, para el país. Podemos decir que este bloqueo nacional es, en realidad, el antecedente primordial, en la historia reciente, de los bloqueos y sitios, además de movilizaciones nacionales, que se dan después, particularmente durante la movilización prolongada. Entonces la historia reciente, de lo que se va a conocer como lucha por la democracia, contra las dictaduras militares, la dramática breve historia de la Unión Democrática y Popular (UDP), la resistencia contra el proyecto e implementación neoliberal, la movilización prolongada, incluso el proceso constituyente y las gestiones de gobierno de Evo Morales Ayma, comienzan aquí, en este punto de inflexión histórico político del levantamiento campesino contra la dictadura del general Hugo Banzer Suárez, interpelando la masacre del valle. El síntoma Comuna y todo lo que ocurre en esta temporalidad definida no puede descifrarse sino en los contextos y entramados de esta historia reciente.

 

Anti-genealogía y contrapoder en Comuna

En los escritos de Comuna se nota, desde las primeras publicaciones, una clara opción por el contrapoder. Comuna se concebía así misma como la continuación de las comunas indígenas del levantamiento panandino, de la misma manera se consideraba como el legado de la Comuna de París. La predisposición teórica, crítica y política radicaba en el antiestatalismo, otorgando a la sociedad movilizada la potestad de la transformación social, política, económica y cultural. Sin embargo, no hay que olvidar que Comuna es un colectivo activista, no solamente se dedica a la investigación de los movimientos sociales, a la interpretación de los mismos y a la teoría crítica. En lo que corresponde al activismo Comuna ha desplegado una práctica que podemos considerar relativa al contrapoder, en este sentido, la interpretación crítica de las estructuras y diagramas de poder, además de cartografías políticas, se puede caracterizar de anti-genealógica, entendiendo que la genealogía del poder supone el análisis del presente a partir de una mirada retrospectiva del pasado, presente de la situación y actualización de las dominaciones. Por lo tanto, la mirada crítica, deconstructiva y correspondiente a la diseminación institucional se desenvuelve desde una hermenéutica anti-genealógica.

 

Desde la publicación colectiva de El fantasma insomne hasta la última publicación conjunta, El Estado como campo de batalla, se puede decir que Comuna ha pasado desde una fase que puede caracterizarse descriptiva, correspondiente a la experiencia activista en los movimientos sociales, que da como producción literaria las publicaciones El retorno de la Bolivia plebeyaTiempos de rebelión, Democratizaciones plebeyas y Memorias de OctubreEl Fantasma insomne es, más bien un libro de reflexión teórica donde se evalúa el Manifiesto comunista desde el presente y se analiza el presente desde el Manifiesto comunista. En ese periodo se publica también Pluralismo, teoría política boliviana, que tiene la pretensión de ofrecer una teoría política propia, generada a partir de la experiencia de la movilización social, sobre todo la dada en la movilización prolongada (2000-2005). Entonces, teniendo en cuenta estas secuencias enervadas entre investigación descriptiva y teoría crítica, podemos considerar dos estilos de escritura, una descriptiva, la preponderante en ese periodo, otra teórica, que acompasa con las investigaciones descriptivas. Otro periodo de escritura, el subsiguiente, ya contando con los desenlaces de la movilización prolongada y la perspectiva del proceso constituyente, se puede caracterizar como teórico y prospectivo, cuando Comuna se da la tarea de abrir horizontes de visibilidad en el contexto de lo que se va a venir en llamar proceso de cambio. El primer escrito de este periodo de la teoría crítica y de la crítica teórica de Comuna es Horizontes y límites del poder, le sigue La transformación pluralista del Estado, culminando con Estado: campo de lucha. En estas tres publicaciones destaca el análisis crítico del Estado-nación, el análisis prospectivo de las posibilidades del Estado Plurinacional y el análisis interpretativo de las contradicciones inherentes al Estado, ya sea Estado-nación o se considere al naciente Estado Plurinacional Comunitario y autonómico, que termina de truncarse en un proceso de cambio dramático.(...)
Notas:...

Fuente: https://www.bolpress.com/2020/12/17/flujos-y-recorridos-intensivos-de-comuna/

 

En consecuencia, la «desalienación» de les trabajadores y su conversión en protagonistas de la deliberación y toma de decisiones sobre el destino común de todes les que componemos Argentina requiere de caminos políticos como ilustra:

 

Declaración de Comuna 

En defensa crítica del “proceso” de cambio

 

Consulta para una Convocatoria de las organizaciones sociales a la reconducción del “proceso” 

El llamado “proceso” de cambio pasa por una crisis, atravesado por profundas contradicciones. Es urgente tomar posición al respecto. ¿Cómo salir de la crisis? ¿Cómo resolver las contradicciones? ¿Cómo avanzar? ¿Cómo profundizar el “proceso” de cambio? Las contradicciones son conocidas; una Constitución que establece el Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico en contraste con un Estado-nación conservado por el gobierno; un modelo de economía social y comunitaria, en la perspectiva del vivir bien, encaminado a la independencia económica y a la soberanía alimentaria, que salga del modelo extractivista, en contraste con la continuidad y expansión del modelo extractivista, que nos hace dependientes y conserva el colonialismo impuesto por el capitalismo. Un Sistema de Gobierno de democracia participativa, definido por la Constitución, en contraste con una práctica caudillista, cupular, prebendal y clientelar de gobernar. Derechos de las naciones y pueblos indígena originarios, constitucionalizados, en contraste con la vulneración de estos derechos, el avasallamiento de sus territorios, desconociendo su autonomía, su autogobierno y libre determinación. Estas contradicciones obligan a la crítica del gobierno y de la conducción del “proceso” de cambio. Esta crítica no puede ser sino radical en contra de las estructuras de poder restauradas y los grupos de poder conformados; en contra de las distorsiones políticas, las prácticas prebendales y clientelares, en contra de las renovadas subordinaciones a las empresas trasnacionales y a las geopolíticas regionales. Empero, no se puede perder de vista la defensa del “proceso” de cambio. 

La coyuntura presente, que puede ser definida tanto por la crisis del “proceso” como por la situación electoral de 2014, exige una posición clara ante los dos desafíos. Nuestra posición la definimos en los siguientes puntos: 

1.  Respecto a la crisis del “proceso” de cambio, ante sus profundas contradicciones, se requiere urgentemente la reconducción del “proceso”, reconducción dirigida por las organizaciones y movimientos sociales anti-sistémicos.

2.   Respecto a las próximas elecciones, pedimos que sean las organizaciones, el bloque popular, el pueblo, las naciones y pueblos indígenas, las que se pronuncien al respecto. Teniendo en cuenta la calamitosa conducción del gobierno, el haberse convertido en contra-proceso y encontrarse patentemente en contra de la Constitución, se requiere como requisito para una rearticulación del bloque popular, que abrió el curso del proceso de cambio, mínimamente el cambio completo de las direcciones, tanto gubernamentales, políticas y de las organizaciones sociales.

3.  Las salidas a la crisis del “proceso”, incluso la forma de abordar las próximas elecciones, deben emerger del seno de las organizaciones y los movimientos sociales. Estas salidas no pueden sino estar enmarcadas en la defensa crítica del “proceso”. 

4.   Las salidas a la crisis son políticas, es decir, acontecimientos políticos transformadores; implican la reconducción del “proceso”. No son salidas electorales.

5. No hay una salida electoral a la crisis del “proceso”; las elecciones no serían otra cosa que la verificación cuantitativa de las fuerzas en crisis. El electoralismo es una reducción liberal de la problemática de la crisis.

6. No estamos de acuerdo con la formación de un frente alternativo de “izquierda” electoralista, que de alternativo sólo tendrá su fuerza crítica y argumentativa; pero, no será una fuerza política alternativa. 

7. Ante la posibilidad de un frente amplio de “derecha”, llamamos a conformar un frente único de “izquierdas”, estratégico y no electoralista, para defender críticamente el “proceso”. Con todas las contradicciones por las que pueda estar atravesado, es el “proceso” que hemos abierto y es el “proceso” que debemos defender ante cualquier intento de retornar a los periodos neoliberales y liberales anteriores. El “proceso” ha sido abierto por la movilización general, aunque haya sido usurpado por grupos de poder, es producto de las luchas sociales. No se puede dar ningún chance al retorno de las “derechas” a retornar al gobierno.

 

8. La defensa crítica del “proceso”, la formación de un frente único de “izquierdas”, estratégico y de transformación, en defensa del “proceso”, no quiere decir, de ninguna manera, que se baja la guardia en la crítica del gobierno, de los grupos de poder, de la conducción conservadora, clientelar y prebendal. Todo lo contrario, la crítica es el mejor instrumento de reconducción y la reconducción es la alternativa efectiva para la profundización del “proceso”. 

 

 

Primera crítica cardinal

Crítica del poder 

9.   La principal crítica al gobierno, a las gestiones de gobierno, al núcleo centralizador y concentrador de poder, que funge de conducción del “proceso” de cambio, es haberse arrogado la representación de los movimientos sociales anti-sistémicos, es haberse apoderado del “proceso” como si fuesen sus dueños. Esto no es otra cosa que efectuar la economía política del poder, efectuación que se da en todos los estados, sobre todo en el Estado-nación, economía política de poder que consiste en la diferenciación de potencia social y poder, expropiando la potencia por parte del poder, acumulando la disponibilidad de fuerzas, monopolizando las fuerzas como violencia simbólica, psíquica y física del Estado. Es decir, se hace como todo Estado, sobre todo el Estado moderno, de separar Estado de sociedad, usando el Estado contra la espontaneidad de la sociedad, apropiándose, capturando parte de la potencia social, para reproducirse como clase política dominante, como burguesía, con pretensiones hegemónicas.

 

10.         En este sentido, la crítica anterior adquiere su especificidad histórica cuando se constata que, con el procedimiento mencionado, de diferenciación de potencia social y poder, la economía política del poder se convierte en economía política de la colonialidad; es decir, de la continuidad colonial en las llamadas sociedades postcoloniales, que en el caso de nuestro, Bolivia, como en los demás países del continente de Abya Yala, continúa la ruta colonial en la forma republicana. En lo que respecta al gobierno llamado “popular e indígena”, la colonialidad continúa presentándose en forma de transición al Estado plurinacional, incluso como tal, simulando pluralidad política, institucional, jurídica, social, económica y cultural, cuando efectivamente se mantiene en las estructuras y arquitectura política e institucional del Estado-nación. Por este procedimiento de simulación el gobierno, llamado también “gobierno de los movimientos sociales”, que es otra usurpación, continúa la colonización de las naciones y pueblos indígenas originarios, emprendida desde la conquista.

 

11.         Estamos lejos de la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico, como manda la Constitución. Para que esto ocurra se requiere de transformaciones estructurales e institucionales, que no se dieron. Transformaciones que implican pluralismo institucional, pluralismo administrativo, pluralismo normativo, pluralismo de gestión, incorporando como eje primordial del pluralismo de gestión a la gestión comunitaria y a la gestión pública participativa y colectiva, con control social, como manda la Constitución.

 

12.         El llamado “gobierno de los movimientos sociales” o gobierno popular ha reforzado la maquinaria administrativa, jurídica y política del Estado-nación, mono-nacional, monocultural, nono-institucional. Ha extendido la mediación burocrática, ampliándola a niveles casi insostenibles y espantosamente deficientes, de tal forma que ya no se tiene gobierno, en el sentido de gobernar el Estado (gubernamentalidad), gobernar las fuerzas, sino se tiene como un cuoteo corporativo, concediendo zonas de control a los gremios afines, controlando a las organizaciones con circuitos prebendales y clientelares, centrando y nucleando las decisiones estratégicas en una élite gobernante.

 

13.         Esta estructura de poder, piramidal y cupular, ha convertido a los movimientos sociales en una figura alegórica, ha convertido a las organizaciones sociales en organizaciones cooptadas clientelarmente, usando a las dirigencias como representaciones perversas de los sindicatos, en una total ausencia de democracia sindical, dividiendo a las organizaciones indígenas, imponiendo representaciones adulteradas y manipuladas. Ha convertido al pueblo, en clave plural, es decir, a los pueblos, a la sociedad, en clave plural, es decir, a las sociedades, a las comunidades indígenas, con territorio comunitario y autoridades originarias, a las comunidades campesinas, con propiedad familiar de la tierra y dirigencia sindical, en rehenes de una economía política del chantaje, de una política de la coerción, del amedrentamiento y de la amenaza. 

 

14.         Este estilo de gobierno ha ampliado considerablemente la antigua práctica de la corrupción, corroyendo las instituciones, conformando ampliamente redes paralelas no-institucionales de decisión, de poder, de apropiación indebida de los recursos estatales. Esta corrosión institucional ha llegado al extremo de su extensión que se hallan comprometidos en esta práctica desde las dirigencias hasta la cúpula de gobierno, pasando por todas las mediaciones burocráticas y representativas.

 

15.         Este estilo de gobierno controla o se ilusiona controlar todo, sobre todo se ilusiona conservar el poder, cuando, en realidad, lo que está ocurriendo, es que ha carcomido, con estos procedimientos, las fortalezas no sólo del “proceso” de cambio, sino incluso del propio gobierno. Perdiendo éste el instinto de conservación; desconectado de la realidad, apuesta por la ilusión de la autocomplacencia celebratoria.

 

16.         Otro fenómeno que se ha manifestado en dimensiones increíbles es lo que se llama el llunkirio, la sumisión y el servilismo indisimulado e indigno a los jefes. La adulación y la alabanza más patéticas son conductas cotidianas en el partido de gobierno, en la administración pública, en el Congreso, en los órganos del Estado, en los medios de comunicación, donde las declaraciones más lisonjeras y serviles se dan de parte de los llunk’u. Esta sumisión y servilismo, esta adulación extrema, no es otra cosa que una estrategia de poder de los llunk’u que medran a la sombra del caudillo, para servirse, beneficiarse y conservar sus pequeños dominios.

 

17.         Esta estructura de poder cupular y piramidal, amparada en la figura del caudillo, tiene su base social en este llunkirio, en este servilismo y sumisión. Como se puede ver es una base endeble y vulnerable. La falta de convicciones, la ausencia de democracia, el vacío de deliberación, debate y discusión, por lo tanto de uso crítico de la razón, la delegación absoluta de las decisiones a la cúpula gobernante, delegación llamada irónicamente “centralismo democrático” o “disciplina partidaria”, no pueden sostener firmemente una estructura de poder por largo tiempo. Es como una fruta de la que sólo ha quedado la cascara, mientras por dentro se ha podrido y agusanado, quedando sin contenido sustancioso.(...)  

 

Notas:

Fuente: https://www.bolpress.com/2020/12/17/flujos-y-recorridos-intensivos-de-comuna/

 

 

 

 Ecocida y genocida

 

Dejemos de naturalizar nuestro modo de vida y trabajo. La pandemia debería habernos interpelado sobre porqué existe emergencia alimentaria desde 2002 y se la prorrogó hasta 2023, también sobre el deterioro y la contaminación de los alimentos. Sobre las luchas contra la deforestación, la contaminación ambiental y la destrucción de ríos, de cerros, de territorios.... los incendios intencionales en todo el país para expandir la apropiación de tierras sin importar aniquilamiento de ecosistemas valiosos e imprescindibles para la habitabilidad del planeta.

 

Reflexionemos acerca de cuál es el grado de alienación de les trabajadores que saben del envenenamiento presente y futuro de su provincia pero continúan colaborando en las necropolíticas económicas:

 

Denuncia penal por

los basureros petroleros en Vaca Muerta

 

19 de diciembre de 2020

Es una iniciativa de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas. Por primera vez se muestra en detalle el lado B de Vaca Muerta, se desnuda una detallada trama que envuelve maniobras de usurpación y contaminación de tierras públicas, zonas liberadas y simulación de tratamiento de residuos petroleros con un pasivo de 5 mil millones de pesos.

 

Por Observatorio Petrolero Sur (OPS).

Leé la presentación del Observatorio Petrolero Sur en la audiencia pública para la nueva planta de COMARSA en 2017.

Residuos petroleros ultra contaminados, producto de la perforación de pozos mediante la técnica del fracking en la formación Vaca Muerta, se están acumulando a niveles escandalosamente peligrosos en “plantas de tratamiento” que no funcionan o sólo lo hacen en apariencia. Los establecimientos no sólo están dentro de los ejidos municipales de las ciudades de Neuquén y Añelo —contraviniendo las regulaciones ambientales—, sino que, además, funcionan en terrenos fiscales.

Así se señala en una puntillosa denuncia penal presentada hoy por la “Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas” ante la Justicia de la provincia de Neuquén. En ella por primera vez se revelan, de manera muy detallada, las maniobras fraudulentas entre las empresas petroleras, las de residuos y funcionarios provinciales, que han permitido escalar a niveles monumentales el acopio de barros con hidrocarburos, aguas residuales y químicos, exponiendo así la salud de la población y el ambiente. Las autoridades gubernamentales concedieron casi 50 hectáreas de tierras fiscales para que la empresa COMARSA disponga de zonas liberadas entre Neuquén y Añelo para contaminar descontroladamente y generar un desastre con un pasivo ambiental valuado aproximadamente en $5.000.000.000 (cinco mil millones de pesos).

“Si fuera un cuento, sería uno de terror. Las empresas reciben millonarias sumas para el tratamiento de residuos que nunca tratan, luego consiguen que el Estado les ceda tierras fiscales para terminar disponiendo ilegalmente de los residuos peligrosos. Construyen piletas para acopiarlos, pero no los tratan, luego consiguen otra vez tierras fiscales para ampliarse y comienzan nuevamente. Nadie las controla”, explicó Rafael Colombo, letrado de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas, quien presentó hoy la denuncia penal de más de 160 carillas ante el Ministerio Público Fiscal de Neuquén (quedó radicada en la Unidad Fiscal de Delitos Ambientales de la provincia bajo el número de legajo 178123).

La denuncia, que incluye mapas, datos, fotos, imágenes satélites y detalles de las fraudulentas maniobras, es el resultado de una exhaustiva investigación hecha por la “Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas” quien hace años viene denunciando y evidenciando los efectos negativos de la explotación de hidrocarburos no convencionales en el yacimiento Vaca Muerta.

400.000 METROS CUBICOS DE RESIDUOS SIN TRATAR (equivalente a 44 HECTAREAS DE 1 METRO DE ALTURA)

Según la denuncia, únicamente en la planta de COMARSA del Parque Industrial de Neuquén, ubicado a 25 metros de viviendas y a sólo 500 metros de un barrio muy poblado y a 50 cuadras del mismísimo centro de la ciudad, hay acopiados 300.000 metros cúbicos (300 millones de litros/kilos) de recortes de perforación, lo que equivale a 33 manzanas urbanasde 1 metro de altura.

Las dos plantas que COMARSA tiene en Neuquén tienen una superficie total de 46,5 hectáreas, el equivalente de 24 Plazas de Mayo con residuos que provocan daños al ambiente y a la salud y, entre ambos acumulan un total de 401.000 metros cúbicos de material altamente tóxico.

Las plantas no cuentan siquiera con la capacidad técnica necesaria para el tratamiento de los residuos petroleros, como hornos de tratamiento térmico, por lo cual no hacen otra cosa que juntarlos, ya sea en piletones improvisados, construidos sin impermeabilización necesaria, o mezclarlos con suelos no contaminados generando mas y mas residuos peligrosos (una práctica conocida como “pastoneo”). Todo esto es ilegal.

“Los basurales petroleros de Vaca Muerta son el resultado de una serie de maniobras que forman parte de una connivencia entre empresas y autoridades estatales para negociados millonarios, sacrificando territorios y poniendo en riesgo la salud humana de vecinos, vecinas y comunidades”, advirtió Colombo.

COMARSA ha venido acumulando ilegalmente recortes petroleros desde 2008, en su planta de 17 hectáreas en tierras del Parque Industrial de Neuquén, en volúmenes siderales. Aunque, en noviembre de 2015, se sancionó un decreto (2263/15) para cerrar la planta de la compañía, no sólo se le permitió seguir operando, sino que se le cedieron tierras fiscales provinciales para ampliar el predio (29 hectáreas) y se le permitió aumentar el acopio con creces: pasó de tener 224.000 metros cúbicos de residuos petroleros a los 300.000 que tiene en la actualidad (sólo en una de sus plantas).

La denuncia de la Asociación contiene numerosos detalles de cómo operan las empresas de residuos semilíquidos de alta peligrosidad para la salud humana y el ambiente, con prácticas improvisadas y contraria a la legislación vigente. Por ejemplo:

·         LAS EMPRESAS PETROLERAS TAMBIÉN SON RESPONSABLES POR EL PRINCIPIO DE “LA CUNA A LA TUMBA”

·         De acuerdo con la denuncia, las empresas petroleras que realizan la explotación de gas y petróleo en Vaca Muerta son también las responsables de estos pasivos. Ellas deberían hacerse cargo de toda la vida de los residuos peligrosos que generan, que nadie puede tratar y nadie controla.

·         “Empresas como COMARSA y otras reciben en sus plantas de tratamiento los residuos producidos por corporaciones como YPF, Chevron, Exxon y Shell, entre otras. Estos son depositados y acumulados en gigantescos piletones sin ningún tipo de tratamiento, contaminando la tierra, el agua y el aire de grandes extensiones territoriales”, indicó Colombo.

·         Y agregó el abogado de la Asociación: “De esta manera, al cuestionamiento histórico acerca de la inviabilidad política, económica y socio-ambiental de Vaca Muerta, se suma esta comunidad ilícita de negocios entre el Estado y las empresas. De hecho, quizá la única manera de entender Vaca Muerta hoy sea a través de la corrupción millonaria que existe detrás de la gestión de los residuos petroleros”.

·         La “Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas” denunció penalmente a la empresa COMARSA, a funcionarios públicos de la provincia de Neuquén y a empresas Petroleras por los siguientes delitos:

·         – Contaminación (Ley 24.051),

·         – Incumplimiento de los deberes de funcionario público,

·         – Encubrimiento y

·         – Asociación ilícita.

·         DENUNCIADOS:

·         1) COMARSA

·         (Compañía de Saneamiento y Recuperación de Material)

·         2) EMPRESAS PETROLERAS

·         YPF S.A., Pan American Energy, Shell, Chevron, Tecpetrol S.A., Pampa Energía S.A., Vista Oil& Gas Argentina S.A. y ExxonMobil

·         3) FUNCIONARIOS PÚBLICOS

·         – Responsables de Energía y Ambiente de la Provincia de Neuquén

·         PETITORIO

·         – Clausura inmediata de las plantas de COMARSA del PIN y de Añelo– Se ordene el saneamiento inmediato, completo y definitivo

https://opsur.org.ar/2020/12/17/impulsan-una-denuncia-penal-por-basureros-petroleros-en-vaca-muerta/

Fuente: https://www.anred.org/2020/12/18/denuncia-penal-por-los-basureros-petroleros-en-vaca-muerta/

 

 

 

Estamos viviendo un momento histórico en que el capitalismo se ha desenfrenado por completo y llega a procurar maximizar la privatización de las aguas y su consiguiente mercantilización.

 

 

Pueblos originarios y organizaciones socioambientales repudiaron la especulación financiera en EEUU con el agua. La ONU cuestionó que tenga un valor financiero.

“¿No saben que el agua es vida? No puede ser mercancía”

19 de diciembre de 2020

Por Darío Aranda

Página12

“El agua es un derecho humano, es de todos, no puede ser una mercancía”, es la afirmación de pueblos indígenas y organizaciones socioambientales frente a la novedad llegada desde la bolsa de valores de Nueva York, donde el agua comenzó a cotizar como un bien especulativo. Desde Naciones Unidas (ONU) remarcaron que “el agua es de todos, […]

El agua es un derecho humano, es de todos, no puede ser una mercancía”, es la afirmación de pueblos indígenas y organizaciones socioambientales frente a la novedad llegada desde la bolsa de valores de Nueva York, donde el agua comenzó a cotizar como un bien especulativo. Desde Naciones Unidas (ONU) remarcaron que “el agua es de todos, no se le puede poner un valor como a otros productos”. La financiarización de la naturaleza como engranaje del capitalismo.

El 7 de diciembre los diarios económicos lanzaron la primicia: el agua comenzaba a cotizar en Wall Street, referencia del ámbito especulativo mundial. El bono de mercados de futuros lleva el nombre de “Veles California Water Index (NQH2O)” y cotizó a 486,52 dólares los 1233 metros cúbicos. Al igual que el petróleo, el oro o la soja, podría transformarse en una referencia para el resto de los países.

Clemente Flores es uno de los voceros de las comunidades del Pueblo Kolla de las Salinas Grandes (Jujuy), que desde hace diez años resisten la avanzada de las mineras de litio sobre su territorio. Justamente uno de sus ejes de lucha es la defensa del agua (la explotación de litio utiliza en grandes cantidades y también la pone en riesgo de contaminación). Ante la noticia proveniente de Estados Unidos, Flores resumió: “¿No saben que el agua es vida? No puede ser mercancía, no tiene valor de pesos ni dólares, la naturaleza no puede tener precio”.

Recordó que los pueblos indígenas de todas las latitudes defienden el territorio y el agua, y reafirmó que nunca la negociarán. Advirtió que la última embestida provino de la mano del rector de la Universidad de Jujuy (UNJU), Rodolfo Tecchi, que firmó un convenio con la empresa Jemse (Jujuy Energía y Minería Sociedad del Estado) para un relevamiento hídrico en el territorio indígena. “No se entiende qué quieren hacer, es todo muy sucio, sin información a las comunidades y sin respetar nuestros derechos”, denunció Flores.

La Red Nacional de Acción Ecologista (Renace) reúne a más de veinte organizaciones de todo el país. “El agua es un bien común natural, no una mercancía”, es el título del comunicado donde destacan el “más profundo repudio y preocupación” por el ingreso del agua al mercado de futuros de Nueva York.

“En un contexto de lógicas y relaciones capitalistas, neoliberales y extractivistas, este anuncio pone en riesgo la disponibilidad del agua y la posibilidad de que sean los pueblos y la ciudadanía los que la disfruten y aprovechen”, afirmó Renace. Y apuntó contra los especuladores: “La intencionalidad de los fondos financieros es administrar el agua de la misma forma que el petróleo”.

Las organizaciones de Renace recordaron que más del 40 por ciento de la población mundial no accede a una red de agua potable y calificaron la cotización en la bolsa de Wall Street como “una reversión en materia de derechos humanos y soberanía territorial”. Remarcaron que se trata de un “derecho humano básico” y resumieron: “El agua es de todos”.

Belén Branchi es asambleísta socioambiental de Chubut, provincia que desde hace meses se manifiesta en las calles en rechazo a los intentos de avance de la megaminería. Uno de los ejes de lucha es la defensa de los ríos y acuíferos. “Que el agua comience a cotizar en la bolsa de Wall Street significa la materialización de que para el mercado y el capital el agua es una mercancía más con la cual especular y negociar, y así obtener ganancias. Palabras y lógicas muy ajenas al sentir asambleario, al sentir de los pueblos originarios, al sentir del campesinado”, explicó.

Chubut es una provincia emblemática en la lucha contra la megaminería, desde 2003, cuando Esquel votó contra la actividad extractiva y lograron la Ley 5001, que prohíbe la actividad. Branchi se detiene en una palabra: “Especular es hacer suposiciones sobre algo que no se conoce con certeza. Y ellos, los mercaderes, no conocen su relación con el agua. Aferrados al dinero, desconocen su relación con la vida. Ellos seguirán especulando, creyendo disponer de cuerpos y territorios. Pero los pueblos seguirán firmes, abrazando al agua para que el futuro sea para todos”.

Natalia Salvático, de la organización Amigos de la Tierra Argentina, apuntó a lógica macro detrás de la especulación: “Se trata de la financiarización de la naturaleza, con mecanismos muy perversos que incluyen los bosques, el carbono, ahora el agua y mañana será el aire”.

Naciones Unidas (ONU) reconoció en julio de 2010 (en su Asamblea General) explícitamente “el derecho humano al agua”, reafirmó que el agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los derechos humanos.

Pedro Arrojo-Agudo, relator especial sobre el derecho al agua potable de la ONU, cuestionó la especulación financiera: “No se puede poner un valor al agua como se hace con otros productos. El agua es de todos y es un bien público».

El agua ya está bajo una amenaza extrema por una población en crecimiento, una demanda creciente y una contaminación grave de la agricultura y la industria minera en el contexto del impacto cada vez mayor del cambio climático. Preocupa mucho que el agua ahora se trate como el oro, el petróleo y otros productos que se negocian en el mercado de futuros de Wall Street», cuestionó el relator de Naciones Unidas.

La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advirtió, en su reciente informe “El estado de la agricultura”, que el 39 por ciento de la población mundial sufre serios problemas de acceso al agua. La Organización Mundial de la Salud (OMS) precisó que 2000 millones de personas carecen de acceso a servicios de agua potable gestionados de manera segura.

https://www.pagina12.com.ar/312570-no-saben-que-el-agua-es-vida-no-puede-ser-mercancia

Fuente: https://rebelion.org/no-saben-que-el-agua-es-vida-no-puede-ser-mercancia/

 

En consecuencia, urge que les trabajadores y les campesines se unan a los pueblos originarios y las asambleas y otros colectivos socioambientales en defensa del agua, la vida y los territorios para tener tanto presente como futuro. Es comprender la gravedad de la emergencia ecológica-climática a causa de los extractivismos y el afianzamiento de la dependencia como relación estructural de dominación y sometimiento a la geopolítica del sistema-mundo capitalista. Si bien el siguiente artículo critica al gobierno de Evo Morales y de Álvaro García Linera, encontramos similitudes con el gobierno K.

 

Declaración de Comuna 

En defensa crítica del “proceso” de cambio

 

(...) Segunda crítica cardinal

Crítica de la economía política extractivista

 

18.         Otra crítica fundamental al gobierno y su ejercicio de poder es la continuidad de una política económica dependiente. La base de esta dependencia es la preservación, extensión e intensificación del modelo colonial extractivista. Se apuesta casi con desesperación a la explotación de minerales, explotación hidrocarburífera y de otros recursos naturales como el Litio, explotación que deriva en la exportación de materias primas a las potencias industriales, antiguas y emergentes, re-convirtiendo al país en reserva de materias primas de las grandes oligopolios y monopolios de las empresas trasnacionales.

 

19.         El gobierno se contenta y se explaya propagandísticamente con la parcial nacionalización de los hidrocarburos, que, indudablemente, ha mejorado notoriamente los ingresos del Estado, empero no ha logrado la refundación de YPFB como empresa productiva, reducida a administradora del control técnico de las empresas trasnacionales, salvo participaciones localizadas en la explotación y en las plantas separadoras.

 

Si bien los efectos de las medidas nacionalizadoras generan mayores ingresos para el Estado; en contraposición, la forma de “nacionalización”, parcial e inconclusa, conduce a la compra de acciones, con pleno beneplácito de las empresas transnacionales. Estas empresas, no solamente fraguaron, como ocurrió efectivamente con ENTEL, estados financieros fraudulentos y reparto de utilidades inexistentes, sino que incurrieron en falta de pago de tributos al Estado, usando diversas vías. Estas empresas generaron grandes adeudos tributarios, regulatorios imbuidos, además de comercialización fraudulenta de nuestros recursos. Debido a la forma “nacionalización”, estos adeudos han sido condonados; es decir, el Estado se hace cargo de los adeudos del propio Estado. Por ley se condonó la deuda al Estado, por parte de las empresas trasnacionales; en otras palabras, se perdona su pago a las empresas trasnacionales, que irónicamente son llamadas por el gobierno “socios estratégicos”. A estos “socios” les venimos pagando por sus “acciones”, alimentando su propio enriquecimiento.

 

Esta autosatisfacción del inicio parcial de nacionalización encubre la entrega de los recursos naturales a las empresas trasnacionales, al capital internacional. Encubre la repetición del eterno retorno del círculo vicioso de la dependencia.

 

20.         La dependencia es una relación estructural de dominación y sometimiento a la geopolítica del sistema-mundo capitalista, dependencia derivada de la historia colonial y de la colonialidad en la constitución del sistema-mundo, geopolítica que divide al mundo entre centros mutantes y periferias petrificadas, geopolítica racializada basada en la economía política colonial, que diferencia blanco/indio, blanco/negro, blanco/de color, como códigos civilizatorios; interpretando lo blanco y sus aproximaciones como moderno, desarrollo, progreso, bienestar; interpretando lo indio, lo negro, lo de color, como premoderno, pre-capitalista, subdesarrollo, pobreza.

 

21.         Dependencia y colonialidad son conceptos complementarios. Las estructuras de la dependencia son coloniales, son formas variadas de la colonialidad; la colonialidad es la base multiforme de la dependencia; colonialidad del poder[2], colonialidad del saber[3], colonialidad de cuerpo[4], etc. Colonialidad y dependencia se retroalimentan recíprocamente. La dependencia tiene también una base económica; ésta es el modelo extractivista, que no es otra cosa que una colonialidad económica. La dependencia es colonial y la colonialidad regenera la dependencia.

 

22.         El gobierno al apostar por la expansión del modelo extractivista, expandiendo la posibilidad de las concesiones petroleras, hidrocarburíferas, mineras, no hace otra cosa que reforzar e intensificar la dependencia y la colonialidad. Sosteniendo esta expansión con la ampliación de la frontera agrícola, invadiendo los bosques y los ecosistemas de equilibrio biodiverso, consolida una composición extractivista que convierte a la agricultura y la ganadería, expansivas, de mono cultivo y de ganadería manipulada, en agricultura y ganadería extractivistas, que atentan contra la madre tierra, los bosques, las cuencas y los ciclos reproductivos de los ecosistemas. La introducción de los transgénicos en el cultivo expansivo de la soya, ahora con la intensión de ampliar a otros productos, ha acrecentado el modelo hacia su desplazamiento neo-extractivista. La presencia de megaminerías, que explotan a cielo abierto, destruyendo los ecosistemas en magnitudes monumentales, son parte de este neo-extractivismo, altamente destructivo, de tecnología avanzada y de bajo empleo de la fuerza de trabajo. 

 

 23.         La decantada industrialización no es más que una estafa. Montajes de plantas que no tienen nada de industriales, inversiones que no se justifican, empero sirven para montar escenarios y desviar fondos, aprovechando presupuestos inflados. Plantas separadoras, que obviamente no corresponden al concepto de industrialización, son presentadas como los grandes logros de la industrialización; plantas sobrevaloradas injustificablemente e insosteniblemente, que al final no forman parte de la industrialización, sino que son dispositivos materiales del diagrama de poder de la corrupción. El fracaso de la empresa siderúrgica del Mutún es apenas una muestra de las improvisaciones, tramoyas, simulaciones, montajes, que esconden conductas inescrupulosas en la administración indebida de los recursos naturales, que son propiedad de todos los bolivianos.

 

24.         La dependencia, la colonialidad, el modelo extractivista, cuentan también con un procedimiento administrativo financiero, que corresponde a la concepción monetarista de las políticas económicas que apuntan al equilibrio macroeconómico, respondiendo a los condicionamientos del sistema financiero internacional; forma de dominación y hegemonía del ciclo del capitalismo, en su etapa tardía y de clausura.

 

25.         El gobierno ha optado por una subordinación consecuente al sistema financiero internacional, a la forma más abstracta de la manipulación y especulación de la valorización dineraria, forma acabada del imperialismo y del imperio. Ha entregado el ahorro de los bolivianos, las reservas fiscales a bancos extranjeros, bancos que son dispositivos claves de la dominación financiera. El gobierno ha emitido bonos soberanos entregando como garantía nuestra soberanía sobre los recursos naturales. El gobierno forma parte de la especulación financiera, de las burbujas financieras, del más flagrante despojamiento abstracto del ahorro y el trabajo de las sociedades. El gobierno se ha entregado al cuerpo descomunal del imperialismo vigente, mientras dice pelear con el fantasma del imperialismo, una figura que quedó en los periodos de la segunda guerra mundial y se extendió hasta la guerra del Vietnam.

 

26.         Modelo extractivista y política monetarista conforman la composición de una política económica gubernamental que reproduce la dependencia colonial.

Notas:..

Fuente: https://www.bolpress.com/2020/12/17/flujos-y-recorridos-intensivos-de-comuna/

 

 

 

 Alternativas emancipatorias

 

Apreciemos porqué les trabajadores (también les campesinos y pequeños-medianos propietarios cuya desaparición forzada avanza a pasos agigantados) debemos plantearnos la desobediencia radical.

Manifiesto Salvaje: dominación, miedo y desobediencia radical

 

Por Eduardo Gudynas*

 

Palabra Salvaje, 15 de diciembre, 2020

 

¿Queda algo de lo salvaje en el siglo XXI? En las selvas y sierras ya casi no hay sitios que sean realmente silvestres ni que estén libres de alguna huella del capitalismo contemporáneo. Las bestias salvajes apenas sobreviven en pocos sitios, y son más conocidas por los documentales televisivos o detrás de las rejas en zoológicos.

El rugido del puma se puede reproducir desde una aplicación en el celular. El indígena ya no debería ser salvaje, y si lo fuera sigue sin ser un elogio para muchos. Lo salvaje está atado al pasado de grabados y fotos en blanco y negro, a una historia que quedó atrás. La ecuación es menos salvajismo y más modernidad, menos selva y más plástico.

¿Qué significa ser salvaje hoy? En el vocabulario actual esa palabra tiene otros usos. Algunos la usan para denunciar como salvajes a los que hacen la guerra o a los mercenarios en las bandas de narcotraficantes. Es lo que detestamos. Pero en sentido contrario, salvaje también puede ser el slogan en la publicidad de un desodorante o un perfume. Es una ancestralidad animal que algunos añoran.

Sea de un modo u otro, salvaje no es una palabra cualquiera. Mucho menos es un término sin historia. Ha marcado el devenir del sur global desde el primer día de la colonización. Se intentó aplacar el temor fundacional imponiendo la civilización sobre lo salvaje, sea sobre otros humanos o sobre la Naturaleza.

Con el paso del tiempo fueron muchos los que festejaron que el sentido de lo salvaje fuera reemplazado por ideas como progreso, desarrollo o modernización. Pero no hay nada que celebrar. Cuando lo salvaje perdió sus entrañas, el envoltorio que subsistió fue más fácil de dominar y controlar. La obediencia se acepta, se la impone, incluso se la desea.

Ante las múltiples crisis que ahora enfrentamos, se vuelve inevitable romper con ese acatamiento que nos deja cada vez más indefensos e inmovilizados. Es tiempo de desobediencias, y para ello, necesitamos volver a ser salvajes.

Reinventando a los salvajes

Antes de entrar al infierno estaba la selva, y ella era salvaje. Un espacio oscuro, áspero y espeso, que despertaba el pavor, según lo dejaba en claro Dante Alighieri en su Divina Comedia (1).

Ese miedo, confesado casi dos siglos antes de la llegada a las Américas, era la carga que portaban los colonizadores. Los primeros europeos que pisaron las playas americanas aplicaron esas ideas convirtiendo a casi todo lo que les rodeaba en salvaje.

No inventaron nada, sino que ejecutaron un malabarismo transatlántico que trasplantó los mitos europeos a las tierras americanas y sus habitantes de las Américas (2). Fueron incapaces de hacerlo de otra manera.

Es que, en la Europa occidental de aquellos tiempos, salvaje era la etiqueta que se aplicaba a los bosques, a las montañas o a cualquier otro sitio remoto, a los animales silvestres, pero también a hombres y mujeres que vivían en esos lugares, los incultos que estaban desnudos o con ropas gastadas, recubiertos de vello desde los pies a la cabeza, incapaces de hablar o que si lo hacían eran muy rudos (3). Un imaginario de espacios sin cultivar, animales sin domesticar, caos y desorden.

Pero lo que no siempre se advierte es que la idea de salvaje es íntimamente dependiente del miedo. Aquel pavor que invocaba Dante se debía a que esos sitios les resultaban peligrosos y los incultos que los habitaban no se diferenciaban de las fieras del bosque. El temor una y otra vez aparece asociado a lo salvaje, aplicado tanto al ambiente como a sus habitantes, indiferenciados unos de otros, y esa fue la sensibilidad que instalaron los colonizadores en nuestro continente.

Los nuevos paisajes que encontraron en las Américas, no sólo les resultaban desconocidos, sino que les atemorizaban. Podían morir al intentar cruzar un río, llegaban a padecer hambre por no saber qué comer, los diezmaban nuevas enfermedades y todo tipo de parásitos, y, además, podían ser atacados. No sólo temían morir, sino que incluso después de muertos podían ser canibalizados.

Al inicio de la colonización, Hernán Cortés ya dejaba en claro en sus cartas al rey, que todo lo que le rodeaba era inmenso y exuberante, una Naturaleza que describe como espantosa, a la que teme porque le resulta hostil e inentendible (4). Lo colonizadores repetidamente están al borde de morir de hambre o sed o de extraviarse en la espesura, retratando sitios con montañas desmesuradas, ciénagas inabarcables, ríos furiosos y lluvias interminables.

Ese temor nunca se apagaría. Siglos después, Thomas Whiffen, en su exploración en la Amazonía, en 1915, admitía que la selva era un “despiadado enemigo”, “innatamente malévolo”, una oscura “barbarie”, porque no hay nada “más cruel en la naturaleza que la vegetación inconquistada de la selva”. Viajar por la Amazonía era el “horror de lo no visto” (5).

No se le ha dado suficiente atención a este temor fundacional que fluía entre los recién llegados. Esa emoción obligaba a dominar cuanto antes a la Naturaleza y sus habitantes. Todo esto alimenta la obsesión europea en dominar a la geografía y a los originarios ya que en primer lugar querían sobrevivir, y una vez que lo conseguían, sólo en ese momento, podrían lanzarse a saciar la ambición de apropiarse del oro, la plata y cualquier otro recurso valioso. La compulsión por la dominación se alimentaba del temor. La codicia los llevaba a adentrarse en esos nuevos territorios, pero de todos modos podría decirse que el colonizador, en el fondo, era un miedoso, lo sabía, y por ello detestaba todavía más a lo salvaje.

Los pueblos originarios, que hoy genéricamente denominamos como indígenas, y que los colonizadores observaban como salvajes e infieles, tenían que ser maniatados y sojuzgados.

El ambiente que les rodeaba, que genéricamente denominaban como selva, desierto o montaña, también tenía que ser dominado. Lo que no estaba nominado era descubierto para ser etiquetado, y la etiqueta de salvaje justificaba la conquista, la explotación y la cristianización. El colonizador no dudaba en usar la violencia para lograrlo. Su violencia es la contracara de su miedo. Cuanto más se les temía, más crueles se volvieron, y la idea de salvaje también se convirtió en una justificación de su deshumanización. Al animalizarlos se sentían liberados de reparos morales en someterlos o incluso matarlos.

Civilizar a los salvajes

El miedo primordial ante la condición salvaje nunca se superó. Se lo enfrentó con una sucesión de ideas, acciones y pretensiones, como las de civilizar, cristianizar, educar, ilustrar, y muchas otras. Todas ellas desembocaron en la dominación y el control; cada una alimentaba la esperanza de servir como antídoto ante el temor permanente.

Se insistió en que la colonización superaría el mundo salvaje: se podía cultivar tanto las tierras como las mentes y corazones de los originarios para liberarlos de su supuesto atraso, y era posible catequizarlos para salvarlos. Pero sabemos que las sierras y las selvas americanas no eran incultas, sino que en ellas se aplicaba otra agricultura, otra ganadería, otros usos de los bosques, otro manejo de las aguas, etc., presentes antes de la llegada de los europeos. En varias regiones ni siquiera existía una Naturaleza intocada, sino que eran paisajes moldeados por sembradíos, pastoreo y manejo de aguas. Del mismo modo, tampoco eran incultos sus habitantes, ya que atesoraban sus propias expresiones artísticas, su política, sus guerras y sus religiones.

Toda esa diversidad en vez de calmar al colonizador reforzaba su temor. El ambiente es sentido como hostil por ser excesivo y exuberante, y por el “extrañamiento que despierta, por desconocimiento, en el hombre europeo que intenta dominarlo”, tal como advierte B. Pastor (6). Percibe todo eso como agresión y convierte al entorno en su principal enemigo. Todo eso los llevo a imponer aún más su religiosidad, su moral y su política. Se requería obediencia, lo que no puede sorprender porque la tradición europea que podría rastrearse hasta los clásicos europeos, la vida en la polis implicaba el acatamiento a sus normas y mandatos. Ese es el tipo de civilidad es necesaria para dejar atrás la condición salvaje, para asegurar el orden en el caos de lo incomprendido, para liberarse del miedo. No están en juego en esto las intenciones sino una dinámica histórica, ya que aún donde existieran los mejores propósitos y la mayor compasión, siempre se caía en imponer obediencia y control. Llegado el caso no dudaban en librar “guerras contra los naturales”, como en su momento lo justificó la corona española, o en castigar violentamente a los desobedientes.

Esa dominación seguía una racionalidad y afectividad que repetidamente se dejó en claro. Era simultáneamente social y ecológica, ya que, así como las fieras «se amansan y se sujetan al imperio del hombre», del mismo modo «el varón impera sobre la mujer, el hombre adulto sobre el niño, el padre sobre sus hijos, es decir, los más poderosos y perfectos sobre lo más débiles e imperfectos», tal como lo dejó muy en claro Juan Ginés de Sepúlveda hacia 1550.

Siguiendo esa postura, los españoles tenían un “perfecto derecho” de “imperar sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo”, porque son tan “inferiores a los españoles como los niños a los adultos y las mujeres a los varones, habiendo entre ellos tanta diferencia como la que va de gentes fieras y crueles a gentes clementísimas…, y estoy por decir que de monos a hombres” (7). Esas ideas resumen, con toda cristalinidad, la dominación sobre la Naturaleza, el patriarcado y el colonialismo que se desplegó en los siglos siguientes.

Como contracara, los pueblos indígenas rápidamente comenzaron a entender, según algunos de los pocos testimonios disponibles, que los españoles estaban únicamente interesados en robar, especialmente alimentos y oro, esclavizar a los varones o violar a mujeres. Los retrataban como ladrones y asesinos, y eso rápidamente llevó al rechazo, el resentimiento y el odio (8).

Es cierto que se intercalaron algunas polémicas que, por ejemplo, presentaban al salvaje como verdaderamente bueno y noble. Montaigne proclamaba que el salvajismo anidaba en Europa, y más tarde, Rousseau afirmaba que no había nada más dulce que el hombre en su estado primitivo (9).

Del otro lado, seguían en sus trincheras los que insistían en pintar al salvajismo como negativo, atrasado o inmaduro. Hegel con toda su petulancia enseñaba desde la cátedra prusiana que los pueblos de las Américas tenían una “débil cultura” que “perecen cuando entran en contacto con los pueblos de cultura superior”, la que, por supuesto, era europea. De todos modos, quedaba en claro su temor a que esos inmaduros, esas culturas infantiles, finalmente podrían vencer la batalla de la historia (10).

No hay que confundirse porque esas oposiciones, los Rousseau contra los Hegel, nunca dejaron de ser enfrentamientos entre los modernos europeos. Cada bando moldeaba a su modo una idea de la condición salvaje para atacar a sus contrincantes, pero sin que participaran esos indios expresándose en sus propias lenguas y modos. No se encontrarán defensas ni reivindicaciones dichas o escritas en náhuatl, aymara o mapudungún. Aquellos eran debates de salón del otro lado del Atlántico que no lograron más que alguna incomodidad en la marcha de la Modernidad, donde cada uno defendía su propia versión del progreso universal (11).

Las etiquetas podían cambiar, haciendo que los salvajes se volvieran naturales, infieles, impuros, indios, y se los catalogaba según su sangre, su casta, raza o religión, siempre bajo modos que legitimaran la dominación colonial (12). Con el paso del tiempo, aquello no era suficiente se agregaron nuevos rótulos como mestizos, cimarrones, marginales, desclasados, informales, locos, y más.

Bajo esos vaivenes la Modernidad se construyó a sí misma como una superación de la condición salvaje. Su propósito era que desaparecieran aquellos naturales o indios y sólo serán aceptados los que se civilizaban o se purificaban. Sin embargo, a pesar de su supuesto triunfo, nunca superó su miedo ante la condición salvaje.

Ese temor disparaba la violencia de los colonizadores y continúo con los criollos. Proyectaban hacia afuera, sobre los indígenas, la violencia que ellos mismos practicaban, siguiendo una clásica observación de Michael Taussig. El recuento de las atrocidades que ocurrieron en tiempos del caucho en la región de Putumayo le sirve a Taussig para mostrar que los colonizadores torturaban, despedazaban y mataban a los indígenas porque eso era lo que hacían entre ellos (13).

Todo eso no se trata de algo del pasado, ya que con tristeza debemos reconocer que se repite en la actualidad. En Colombia, se asesinan líderes locales, casi siempre indígenas, campesinos o afro, para acallar sus voces o controlar sus tierras, lo que es un reflejo del barbarismo de buena parte de la sociedad en ese país. Los sicarios que en la amazonia brasileña son enviados a matar, reflejan el barbarismo de policías, militares, guerrilleros, políticos locales, y muchos sectores e instituciones del país. En Chile, los carabineros arremeten contra los mapuches, llegando a asesinar a un joven por la espalda y lo encubren con fabulaciones y mentiras – el miedo hace que sean asesinos, cobardes y mentirosos (14). Todos estos hechos no son esencialmente diferentes de lo que ocurría en el Putumayo poco más de un siglo atrás.

Obediencia y educación

Cada vez que esa modernización tenía que enfrentar a los seres y mundos salvajes recurría a una idealización de Europa. Cuando eran superados por el miedo buscaban refugio en aquel origen. Algunos tenían momentos de sinceridad que permitían conocer sus pensamientos más íntimos, confesando que era la memoria europea la que les nutría de la energía para enfrentar el temor y seguir ordenando, a su manera, el desorden salvaje de las Américas.

El explorador alemán, Carl Freidrich von Martius en el punto más extremo de su viaje dentro de la Amazonia brasileña, escribía a inicios del siglo XIX:

“Profundamente emocionado por el escalofrío de esta salvaje soledad, me senté para dibujarlo; pero no intentaré describirle al lector los sentimientos que durante este trabajo conmovió mi alma. Este era el punto más occidental al que podría llegar el viaje. Entretanto me oprimían todos los terrores de una soledad desprovista de seres humanos, sentía una nostalgia indescriptible de la compañía de los hombres de la querida Europa civilizada. Pensé cómo toda la cultura y la salvación de la humanidad habían venido desde el Oriente. Dolorosamente comparé aquellos países venturosos con este yermo pavoroso, pero, aun así, me congratulé de estar aquí. Levanté la mirada más al cielo y con coraje orienté el espíritu y el corazón al Oriente amigo” (15).

Es una confesión impactante porque, por un lado, von Martius realmente nunca estaba solo ya que viajaba acompañado por brasileños que le servían de guías, traductores y ayudantes. A pesar de estar rodeado se sentía invadido por la soledad, y lo era por no estar junto a otros europeos, los únicos que eran realmente “humanos”.

Por otro lado, una vez más aparece el miedo ante lo que le rodea, ya que a sus ojos de explorador la Amazonia era un desierto pavoroso, y lo reconocía de un modo que recuerda al Dante antes de encaminarse al Purgatorio.

Su antídoto fue mirar al cielo en la dirección de Europa, confiado en que desde allí llegaría la civilización redentora. El mandato era claro y se repetía en todo el continente: se debía educar a los salvajes, lo que implicaba imponerles otro idioma, cristianizarlos, vestirlos, y comportarse del mismo modo que sus maestros.

En juego está la necesidad de asegurar la obediencia, en aquellos tiempos de los indígenas y campesinos, pero eso mismo luego se continuó años después con obreros, empleados, y con cualquiera que debiera ser miembro de la civilidad. El propósito ya está claro en el significado de la palabra obedecer, que impone cumplir con la voluntad de un superior o un mandante; es ejecutar las órdenes de otros, y se aplicaba tanto a humanos como a animales. Es, como explica un diccionario de 1609, el reconocimiento al mayor y superior, y cumplir con los mandamientos de la fe (16), y como agrega otro diccionario, pero en el siglo XIX, al indicar que es la imposición de docilidad por la cual los “brutos”, uno de los sinónimos de los salvajes, se “sujetan” a la enseñanza o al arte(17).

Todo eso se desplegó no solamente por medios simples y violentos sino también por una construcción de la idea de normalidad que se ajustaba a aquellos modelos eurocéntricos. Se puso en marcha un disciplinamiento que abarcaba el espacio, el cuerpo, el pensar y el sentir de las personas, tal como advierte Michael Foucault (18). La pretendida normalidad no significa uniformidad, pero sí una sobredeterminación de los modos por los cuales se producen los discursos y prácticas que resultan en aceptar esas condicionantes. De ese modo pueden coexistir diversas singularizaciones de las personas o grupos, pero todos deben acatar los límites propios de la modernidad ya que, siguiendo el razonamiento de von Martius, sólo así serían humanos.

Esa tensión fue muy evidente sobre todo para los pueblos indígenas forzándolos a ser cada vez menos salvajes para ser más civilizados. Era la única vía para ser reconocidos como “seres racionales y dignos de disfrutar de la condición humana”, claro que ello es según las escalas occidentales. Quedaban atrapados en una terrible imposición, nos aclara la boliviana Silvia Rivera Cusicanqui, debiendo “negarse a sí mismos y aprender los modos de ser y de pensar de la minoría dominante” para no ser marginados y excluidos (19).

Esos mecanismos no sólo no han desaparecido en la actualidad, sino que se ampliaron a las instituciones de enseñanza, la intelectualidad académica y los medios de comunicación. En esos y otros ámbitos han jugado roles decisivos en delimitar a lo normal como contracara de una anormalidad que es inaceptable, y en la que justamente residen los salvajes.

En tanto obedecer es cumplir con la voluntad de otro, inmediatamente se establece una jerarquía, donde encaje perfectamente aquellos propósitos de la imposición de los varones sobre mujeres, padres sobre hijos, maestros sobre alumnos, colonizadores sobre colonizados, y de los humanos sobre la Naturaleza.

Orden y progreso

En el siglo XIX los mecanismos de control se reforzaron todavía más bajo el llamado al progreso. Se volvió en el antídoto para superar lo que se describía como sociedades retrasadas, inmaduras, frágiles o salvajes. Así como en México, José María Luis Mora reclamaba pasar del retroceso al progreso, del otro lado del ecuador, en Argentina, Domingo Faustino Sarmiento exigía abandonar una condición que calificaba como bárbara por ser americana y casi indígena, para reemplazarla por europeos para ser civilizados (21).

El salvaje seguía siendo el indígena, pero ahora se sumaba el criollo o cholo, o a las razas, o incluso las clases, ya que todas expresarían un atraso que se quería superar.

Al mismo tiempo, las movilizaciones de cualquier de esos distintos tipos de salvajes, como horda, manada, malón, o multitud, alimentaba todavía más los temores que obligaban a controlarlos. Fue en ese contexto que cristalizó el capitalismo en América Latina.

Pero en esta situación, aquellos que se proclamaban como superiores a los salvajes al mismo tiempo se confesaban incapaces de sacar a sus países del supuesto atraso, y sumisamente admitían que necesitaba de maestros europeos, especialmente franceses e ingleses. El patriciado y la oligarquía latinoamericana que en aquellos años se declaraba superior, a la vez construían su propia subordinación a Europa.

De ese modo, el imaginario del progreso en nuestro continente estuvo anclado en sentir una inferioridad propia. En esas ideas descansan los llamados a una recolonización, como sostenían de distinto modo los argentinos Juan B. Alberdi y Domingo F. Sarmiento. Europa era el modelo a seguir en aquel tiempo, y más tarde sería reemplazado por Estados Unidos.

Esa recolonización también era espacial y ecológica, para ordenar y transformar paisajes que seguían siendo considerados como salvajes. No se abandonó la avaricia por el oro y la plata, solo que se sumaron otros minerales, y enseguida la conquista por la tierra para la explotación agropecuaria. Caña de azúcar, tabaco, cacao, cueros y tasajo, caucho y banano, se sumaron rápidamente. Los sitios que no podían ser manejados, por la incapacidad colonial de entender otras ecologías, eran calificados como desiertos, como ocurrió con la Pampa, el Chaco o la Patagonia, a pesar de estar repletos de vida.

No puede sorprender que, en aquel contexto, en el siglo XIX, el positivismo de A. Comte se difundiera en todo el continente, reclamando progreso, orden y obediencia. Uno de sus mayores éxitos se logró en Brasil tal como se expresa en la bandera diseñada en 1889, bajo el impulso de la autodenominada “Iglesia Positivista” y el apoyo de la Escuela Militar de Rio de Janeiro. “Orden y Progreso” se lee en ella, un mandato que deriva directamente de la sentencia de Comte «El amor por principio, el orden por base, el progreso por fin». Compromisos de ese tipo también fueron abrazados en el largo gobierno de Porfirio Díaz en México o en las presidencias de Rafael Núñez en Colombia (22).

Pero por detrás de esas ideas persistía el temor al salvaje. Por ejemplo, Rafael Uribe Uribe, un político colombiano liberal que en su momento se opuso al conservador Rafael Núñez, advertía en 1929 que casi todo el territorio del país estaba en “poder del salvaje”, por lo que no podían asentarse las familias colombianas o extranjeras sin exponerse a sus ataques. Concluía que si no eran “amansados” no tardaría el día que se deberá “derramar su sangre y la nuestra para contenerlos” (23). De uno y otro modo, todas esas generaciones y en todos los países, se sentían como “europeos exilados” en estas “salvajes pampas”, como decía José Luis de Imaz en la década de 1960 (24).

Bajo esas condiciones, ideas como las del progreso expresaban el avance de una civilidad y una razón que, como advertían ya en el siglo XX, Horkheimer y Adorno, tenían el objetivo de “liberar a los hombres del miedo y construirlos en señores” (25). La invocación del progreso primero, y la del desarrollo más recientemente, se volvieron una huida hacia adelante para dejar atrás el temor y renovar las formas de dominación. Junto a otras concepciones y sensibilidades cristalizaron en la Modernidad. En esos cimientos se encuentran la disociación de la sociedad de la Naturaleza, el antropocentrismo en entender y asignar valores, epistemologías de talantes cartesianos, el convencimiento de la linealidad en una historia que a su vez era la historia occidental, o el eurocentrismo en concebir a la política o la justicia.

Sin embargo, el miedo nunca desapareció porque siempre había un salvaje más a controlar. Desde que se izó la bandera del orden y el progreso a fines del siglo XIX en Rio de Janeiro, a las celebraciones del presidente Jair Bolsonaro, en la Brasilia del siglo XXI, lo que se ha visto es cómo la idea de progreso fue reemplazada por la de desarrollo, travistiendo la ambición filosófica por formulaciones económicas, mientras se endureció más y más el disciplinamiento. Los maestros franceses y alemanes del siglo XIX fueron reemplazados en el siglo siguiente por manuales y consultores enviados desde Washington. La obsesión con el crecimiento económico no se abandonó en todo lo ancho del espectro político, ya que la irrupción de la nueva izquierda, a inicios del siglo XXI, terminó en un progresismo que no ocultaba que José “Pepe” Mujica tomara mate con David Rockefeller o Evo Morales disertara para el periódico empresarial Financial Times. La obsesión con el progreso hacía que se subordinaran al capital.

Aquellos temores fundacionales se continuaron embebidos en los actuales. Los siglos han pasado, “¿cuánto? ¿dos siglos?”, interconectados por una “sensación indestructible de la angustia”, como cuenta Diamela Eltit en su narración de una hija que en un hospital cuida a su madre, la que se transfigura en el país o nación chilena. Una madre-patria que está rota, operada y sangra (26). El miedo al que me refiero es análogo a esa imagen, ya que está siempre allí, desde el inicio de la colonia, muchas veces disimulado, no siempre evidente, pero permanente.

La antropofagia del civilizado

Ante esos avances de la Modernidad no faltaron los que propusieron una antropofagia por la cual los primitivos, sean amerindios como africanos, deglutieran a los modernos. “Sólo la antropofagia nos une” dirá Oswald de Andrade, apelando a la imagen de aquellos salvajes que al ser caníbales aterrorizaban a los primeros colonizadores (27). Pero en ese intento se contrapone al indio como natural, contra humanos que serían civilizados, entremezclando un mundo colonial con una modernización que estima como positiva. Apunta a una síntesis que sería matriarcal pero tecnológica, sin clases, pero enfocada en el progreso, y por ello no logra romper el cerco de la Modernidad (28). El punto de partida de Andrade, en el siglo XVI, donde supuestamente los indios devoran al primer obispo portugués, termina en el siglo XX en un brasileño modernizado que a su manera también es un creyente en el progreso.

Pero de Andrade expresa una intencionalidad que debe ser valorada, ya que el propósito de ser antropófago es un acto contundente de desobediencia ante los mandatos de la Modernidad. Los modernos no pueden ser caníbales porque son civilizados, y si lo hicieran, inmediatamente caerían en el espacio de la anormalidad que debe ser castigada.

Sin embargo, la construcción de la Modernidad discurrió de algún modo en un canibalismo inverso. Es que, aunque desde un comienzo, los europeos y criollos deseaban las riquezas en recursos naturales y territorios de los indígenas, “los indios no desearon jamás el espíritu de los blancos”, y sólo “se sometieron cuando los blancos los obligaron a creer que deseaban el espíritu de los blancos”, tal como sentenciaba tiempo atrás el argentino David Viñas (29).

Los modernos que están en la cúspide del poder, como los políticos, empresarios, e incluso académicos, están tan compenetrados en dominar y controlar que no dudan en travestirse de tanto en tanto como indígenas. No tienen vergüenza en ritualizar la estética de aquellos, sabiendo que gozan de impunidad, y que al hacerlo refuerzan el disciplinamiento sobre otros. Se adornan como si fueran indios, como si eso bastara para entender sus demandas y respetar sus identidades. Pero ni siquiera esas actuaciones, como si se ingirieran partes de distintas culturas, logra solucionar los problemas. Nada de eso resuelve el miedo primigenio de los modernos, ya que cada vez que el temor se presenta será necesaria una nueva antropofagia.

Una modernidad permanentemente inacabada

Estamos ante una generalizada adhesión a la “santísima trinidad” de la Modernidad, con el Estado como el padre, el mercado como el hijo, y la razón como espíritu santo, según recuerda Eduardo Viveiros de Castro (30). Es un acto de fe para calmar el miedo fundacional. Ha sido tan efectivo que sin dejar de reconocer algunas crisis que ocurren en su seno, prevalece el convencimiento de que todos los problemas se solucionarán siendo más modernos.

Termina aceptándose a la Modernidad como un proyecto inacabado, tal como apuntaba Jürgen Habermas, para que de ese modo muchos se entretengan buscando una nueva versión que resolvería los problemas actuales (31). Esas buenas intenciones se repiten permanentemente en América Latina, muchas veces formuladas como planes multiculturales e incluso interculturales, que apuestan por una nueva Modernidad que respetará y reelaborara los saberes e identidades indígenas, algo así como andinos que repiensan al Platón helénico como cándidamente celebra Fernando Calderón para Bolivia (32).

Ante advertencias de este tipo, hay muchos que reaccionan insistiendo en que se basan en visiones simplistas y monolíticas, casi caricaturescas, de la Modernidad.

La respuesta es que la Modernidad es plural; a su interior es heterogénea, tanto en sus concepciones y sus sensibilidades, como en los modos en que se entremezclan con las historias locales y regionales.

Pero toda esa diversidad mantiene saberes y sensibilidades comunes, compartidas por las grandes corrientes liberales, conservadoras y socialistas, que sirven como cimientos sobre los que descansa esa heterogeneidad.

Se toleran discusiones, disputas que pueden ser muy intensas o incluso revoluciones, pero no se pone en discusión esa esencia en los modos de pensar y sentir. Se puede discutir cómo progresar, pero no se acepta abandonar esa idea; es posible debatir sobre la gestión de la Naturaleza, pero la dualidad que la separa de la sociedad no está en duda.

Somos subdesarrollados porque queremos ser desarrollados a imagen de ellos. Entonces no puede sorprender escuchar a los que sostienen que las críticas deben apuntar al capitalismo y no a la Modernidad, asumiendo que habría una Modernidad no-capitalista que sería beneficiosa y positiva.

Seguir ese camino implica que otra vez se intente transitar de una variedad a otra de la Modernidad, convirtiéndose en una alternativa que refuerza aquellos cimientos porque no puede llegar a cuestionarlos.

Es de ese modo que continuamente son reproducidos disciplinamientos que determinan lo aceptable e inaceptable, lo cuestionable e incuestionales, lo sensible y lo insensible (33).

Esto es muy claro en América Latina porque estamos rodeados de ejemplos de esos vaivenes dentro de la Modernidad. Hemos presenciado frenéticas defensas y ataques entre distintos tipos de desarrollo, pero todos ellos desarrollos al fin, ensimismados en la modernización y el crecimiento. Hemos escuchado proclamaciones partidarias por derecha y por izquierda, viejos conservadores contra socialistas del siglo XXI, y así sucesivamente, aunque todos terminan encerrados en los mismos preceptos de la política moderna.

Se ha subestimado que la Modernidad alimenta su vigor al permitir esa diversidad, y si bien se sacude con episodios de crítica y locura, no todos son tolerables. El disciplinamiento determina qué se puede discutir y qué no, cuáles cambios son imaginables y cuales inconcebibles. No necesariamente prohíbe algunas alternativas, sino que las ha hecho impensables. Esto tampoco resulta de una simple imposición del norte, especialmente europeo, sobre un sur, sino que unos y otros participaron a su modo. La subordinación se forjó, como se indicó arriba, porque muchos aquí en el sur buscaban y deseaban el magisterio que venía desde el norte, y entre todos organizaron este entremado.

Pero ya no hay más tiempo para seguir intentando rescatar a la Modernidad. Se han aplicado todo tipo de reformas, ajustes, modificaciones y hasta revoluciones en su seno, pero ninguna de ellas ha alterado esas esencias. Casi todos siguen convencidos que la Naturaleza está separada de los humanos, que el logos cartesiano brindará soluciones científico-tecnológicas, y que debemos marchar hacia el progreso.

Sin embargo, los impactos sociales y ambientales se siguen acumulando a un ritmo cada vez más veloz, y los intentos de reparación no logran resolverlos.

Quienes se consideran civilizados y observan con desprecio a aquellos que tildan como salvajes, terminan aceptando la desigualdad, la pobreza y la violencia. Repiten los mismos esfuerzos para resolver los problemas sin asumir su repetido fracaso. No es posible seguir con esos intentos, porque se han sumado nuevas crisis, de una gravedad inusitada y en una escala planetaria. Estamos sufriendo una debacle ecológica que pone en riesgo a toda la vida en el planeta, y la Modernidad es incapaz de resolverla precisamente porque es su causa.

La organización, la sensibilidad y el pensar moderno reviste una petulancia total al concebirse como universal y único, sin límites, y por lo tanto sin alternativas más allá de éste. Como sólo se conciben y comprenden disputas a su interior no se sueña con una escapatoria. Los tránsitos entre distintas modernidades alimentan la ilusión de cambios que en realidad son siempre regresos. Y en esos retornos siempre está presente aquel miedo básico.

Tal vez, como hace decir Diamela Eltit a esa hija que es todas las hijas de una madre patria, ya es tarde para curar esa angustia de siglos porque está “en marcha un operativo para decretar la demolición y la expatriación” de todos los cuerpos.

En las minas, donde los “huesos cupríferos serán demolidos en la infernal máquina chancadora”, el “polvo cobre del último estadio de nuestros huesos terminará fertilizando el subsuelo de un remoto cementerio chino” (34).

Esos operativos de demolición de personas, culturas y ecologías resultan de la capacidad de la Modernidad en extender y reforzar continuamente el control y la dominación para asegurar el orden normalizado. Si algunos dudaban de ello, la pandemia de 2020 por el coronavirus lo ha dejado en claro, y, además, el miedo volvió a la superficie. La gente teme por su salud, por su trabajo, sus ingresos económicos, por la suerte de sus familiares y amigos. El enemigo a dominar es un virus incontrolable, indomable y peligroso.

Se redobló el disciplinamiento y la dominación, con toda una proliferación de controles sociales como toques de queda, clausura de barrios o ciudades, cuarentenas vigiladas por policías y militares, o limitar la movilización ciudadana. Esas acciones se sumaron a otras que ya estaban entre nosotros, como las cámaras de vigilancia en las calles, o los algoritmos que hurgan en nuestro uso de internet, espiando los chismes y fotos que compartimos en las redes sociales. La irrupción del Covid19 ha hecho que distintos sectores ciudadanos no sólo acepten esa vigilancia, sino que reclaman reforzarla; quieren ser obedientes para dormir en calma.

Ladridos salvajes en los sótanos

Hemos llegada a la situación donde el propósito de sobrevivir a la Modernidad exige abandonarla. Ante esa misión, tal vez Nietzche tuviese razón al decir que aquellos que desearan volverse sabios, en primer lugar, deberían escuchar a los perros salvajes que ladran en sus sótanos (35).

Desafiaba a entender a un animal y no a otras personas; eran perros, no aquellos domesticados que juegan en el jardín o dentro del hogar, sino los que son tan salvajes que están recluidos en la penumbra del sótano. Allí todavía están los restos de la condición salvaje que la Modernidad debe mantener aprisionada, y que cuando alguno se libera, rápidamente lo persigue y captura, festejan el éxito de volver a recluirlo (36).

Si actualmente se banaliza lo salvaje como un perfume o se lo arrincona en las crónicas rojas de los informativos televisivos, su liberación posiblemente tendrá pocos apoyos. Tampoco será posible mientras siga operando esa obediencia esencial que una y otra vez es alimentada por el miedo.

Pero la escucha de esos ladridos, el empuje de lo que ocultamos en nuestros sótanos, es indispensable para pensar e imaginar alternativas, para sentir de otras maneras, más allá de los límites del orden y el progreso.

Es una desobediencia radical que tiene que remontar barreras muy vigorosas, como la constituida por la mutua vinculación entre miedo y dominación. Si se puede quebrar el temor fundacional se dejará de alimentar la pulsión de dominación.

Indígenas y salvajes

Como la Modernidad es heterogénea, no puede sorprender que albergara múltiples críticos a esa condición, y que algunos de ellos tuvieran la agudeza de llegar hasta sus límites. Los Horkheimer y Adorno en el norte, los Dussel en el sur, juegan papeles clave en deconstruir el mundo moderno alentando a imaginar otros futuros.

Pero sin dejar de reconocer esos aportes, la desobediencia radical es imposible sin los aportes y la participación de ese conjunto que llamamos indígenas. Pero no debería caerse en simplificaciones, ya que el salvaje del siglo XXI no puede ser confundido con un indígena idealizado, resucitado desde el pasado, lo que es obviamente imposible, ni con la intención de crear un nuevo “indio”, lo que es tonto y también irrespetuoso.

Indígena sigue siendo una etiqueta colonial aplicada a una enorme diversidad de pueblos y culturas que quedaban de ese modo homogeneizados. Es una designación que sirvió para la dominación.

Hoy en día, incluso allí donde en la superficie se intentan aplicar respetuosos planes multiculturales, de todos modos, son los modernos quienes deciden cuáles atributos de los mundos indígenas son positivos y merecerían sumarse a la reconstrucción de la Modernidad.

A su vez, casi todos esos pueblos han sido afectados de distintas maneras por la Modernidad, y eso explica que existan múltiples situaciones, desde quienes defienden haber sido civilizados y modernizados, deseosos de participar del crecimiento económico, a los que aún dentro de esa civilidad, se resisten, a veces calladamente, otras veces activamente.

Pero aun reconociendo todas esas condiciones, al interior de esos mundos persisten ideas, actitudes, saberes y afectividades que están en los bordes de la Modernidad, muestran sus límites, e incluso se ubican más allá de ellas. Muchos siguen siendo desobedientes, y es por eso que son salvajes.

Recordemos que lo que era visto por los colonizadores como salvajismo respondía a esa desobediencia. Los jesuitas que en el siglo XVII celebraban el “amansamiento” de muchos guaraníes, a la vez criticaban a los achés o guayaquís como salvajes por vivir en “absoluta libertad”, y por ello les temían al verlos como indolentes e irracionales.

La vieja pregunta de algunos colonizadores sobre si los salvajes tenían alma, para esos jesuitas fue desplazada por la interrogante sobre si podían usar la razón (37). Los salvajes “no adoran nada, al fin de cuentas, porque no obedecen a nadie”, tal como advierte Viveiros de Castro (38). Es precisamente ese tipo de desobediencia radical, que no está atada a las normas y creencias, o por lo menos a aquellas que son propias de la Modernidad, la que necesitamos en la actualidad.

En efecto, sin esos aportes difícilmente se podrán construir alternativas más allá de la Modernidad. Los intentos desde las cosmovisiones occidentales sin duda pueden ser muy importantes, pero no lograrán romper por sí solos los acuerdos sobre la normalidad moderna.

Necesitamos ayuda que provenga y se inspire en esos mundos indígenas, sean de quienes resisten como de quienes recuerdan. A su vez, en las condiciones actuales de los pueblos indígenas, sus alternativas requerirán el aporte de la crítica que hacen los modernos desconformes y desobedientes.

Esa mutua necesidad permite advertir sobre otra simplificación: no es posible que todos nos convirtamos en indígenas, ni tampoco se pueden clonar las identidades, culturas o historias. Pero cualquiera de nosotros puede volverse un salvaje.

Podemos ser salvajes

En efecto, no todos podemos ser indígenas, pero es posible plantarnos como salvajes. Cualquiera puede intentarlo, ya que no depende del color de la piel, el origen del nombre y del apellido, el lugar de nacimiento o la cultura aprendida desde la familia y la escuela. Lo que se requiere es una desobediencia radical a la normalidad de la Modernidad.

Esa desobediencia es radical en el sentido que debe dejar atrás tanto el miedo como la dominación, dos condiciones que están profundamente arraigadas. Es una condición tan antigua que en el origen de la palabra obedecer está la sumisión del esclavo al amo, una obediencia que respondía al miedo que éste le tenía.

Si todos los que adhieren a los magisterios de la “santísima trinidad” moderna, piensan y sienten en “modérnico”, los que se vuelven salvajes comienzan a pensar, sentir y expresarse en otros lenguajes.

Por lo tanto, su radicalidad está en que rompe con las raíces compartidas por la Modernidad. Lo es no solamente en un sentido epistémico, sino incluso ontológico. Esto la hace muy distinta a la desobediencia del delincuente que quebranta una ley, la del objetor de conciencia, e incluso de los que corrientemente se concibe como desobediencia civil.

Lo es porque éstas siguen estando enmarcadas dentro de la Modernidad, mientras que la desobediencia salvaje se siente libre para poner en entredicho todos esos conceptos, tanto en quienes los acatan como en sus infractores. Eso no impide que la desobediencia salvaje pueda servirse, por ejemplo, de la desobediencia civil en algunas circunstancias. Pero no es sólo eso, es mucho más.

La desobediencia radical, pongamos por caso, no acepta las formas modernas de entender y asignar valores, pone en entredicho incluso qué es un valor, y de allí puede repensar las distinciones entre lo correcto e incorrecto, lo justo o lo injusto. No acepta el canon de una historia única, universal, que nos predestina a seguir progresando, y en cambio se admira ante multiplicidad de historias locales y regionales. Es una desobediencia socioambiental porque tampoco cree en la dualidad que separa la Naturaleza de la sociedad.

La condición salvaje no se refiere a personas o actores sociales, no debe pensarse en un rebelde en la ciudad o un indígena en la sierra. Es un modo de pensar y sentir que desafía la normalidad, es una actitud, es una praxis. No es posible ser salvaje en forma aislada, no es una reflexión personal ni una desconexión individual. La desobediencia sólo se puede constituir en colectivos, siempre es una pluralidad. En las movilizaciones o prácticas colectivas es cuando se ejerce estas desobediencias.

Del mismo modo, los salvajes construyen su propia espacialidad, creando espacios desobedientes que no siguen los órdenes de la modernidad, habitados tanto por humanos como por otros existentes. Así como en el pasado los salvajes ocupaban las selvas, los nuevos salvajes deben crear sus nuevas “selvas” contemporáneas.

Nada de esto es sencillo, y aun reconociendo las dificultades, a pesar de todas las trabas y condicionantes, de todos modos, estamos rodeados de intentos salvajes, manifestaciones de desobediencia radical que a su vez generan espacios autónomos ante la dominación. Están, por ejemplo, en una comunidad vecinal en un barrio, en una iniciativa colectiva rural enfocada en la agroecología, en prácticas artísticas de cualquier tipo, en otras religiosidades y, porque no, también en la magia. No solamente son reacciones a escala local, sino que pueden generalizarse, y un ejemplo reciente y contundente ha sido el estallido social que ocurrió en Chile en octubre de 2019.

A lo largo de las siguientes semanas se encadenaron rebeliones y desobediencias, sumando a todo tipo de actores ciudadanos. Así como Albert Camus decía que en la rebelión nace la conciencia, podría sostenerse que en estallidos como el chileno alumbraron el retorno de los salvajes.

Ciertamente no todos los que estaban en las calles eran nuevos salvajes, pero algunos sí, y entre los que no lo eran había varios que comenzaban a dudar del orden y el progreso. La desobediencia a la que aquí se alude no estaba en tirar piedras o en incendiar comercios, sin que se refiere a su sentido más profundo donde todo podía ser discutido, todo podía ocurrir en las calles, y cualquiera podía hacerlo a su modo.

Mucha gente mostraba que había dejado de creer en la normalidad chilena y su éxito económico, tal como se les había machacado por décadas. Se abrieron espacios de reconocimiento y debate sobre la situación de los pueblos indígenas, en un país donde se los había marginado y ocultado desde tiempos coloniales. Había tantos salvajes desobedientes en las calles que desde la derecha política chilena no dejaban de denunciarlos exigiendo repetidamente la imposición de más orden y más castigos. Esa movilización carecía de líderes visibles, y en ello se desvaneció el vínculo entre el mandante y el obediente que es típica en el disciplinamiento moderno. El miedo quedó atrás.

No es posible predecir el devenir futuro del estallido social chileno, y es necesario tener precaución porque en el pasado, otras desobediencias ciudadanas fueron disciplinadas con el paso de los meses, y finalmente engullidas otra vez por la Modernidad. Están allí los casos del “que se vayan todos” en Argentina en 2001, diferentes sublevaciones indígenas y populares, como la “guerra del gas” de 2003 en Bolivia, y antes, por ejemplo, las distintas versiones del “mayo francés” en 1968.

Otros, en cambio, siguen resistiendo, como parece ocurrir con el zapatismo mexicano. Más allá de esto, el caso chileno como aquellos otros, son válidos para dejar en claro que existen esas posibilidades y que ellas ocurren continuamente, y que no son simplemente pequeñas manifestaciones locales, sino que pueden desencadenar cataclismos políticos y sociales.

Esos y otros casos muestran que la desobediencia salvaje puede perforar las imágenes y los significados de la Modernidad. Recordando a Taussig, una vez más, el salvajismo “desafía la unidad del símbolo, la totalización trascendente que ata la imagen a lo que representa», es la “muerte de la significación» (39).

Debe serlo además en ese sentido radical de acabar con la inevitable necesidad que tiene el orden moderno de crear nuevos salvajes para inmediatamente disciplinarlos, legitimando su dominación y control. Es, entonces, un salvajismo que nos puede liberar de las oposiciones entre caos y orden, inculto y culto, incivilizado y civilizado.

Desobedientes para sobrevivir, salvajes para desobedecer

Al iniciarse la segunda década del siglo XXI, enfrentamos múltiples crisis en los más diversos frentes. La búsqueda de alternativas no es un lujo ni una manía de académicos o inconformistas, sino que debería ser la tarea más urgente a enfrentar por nuestras sociedades. Los más severos problemas sociales no se han solucionado, y sobre ellos se agrega una debacle ecológica que pone en riesgo a la vida misma en un futuro inmediato. Todas las soluciones modernas que se han intentado han fracasado, y por esa razón no hay otra opción que buscar cambios más allá de ella.

Esos pasos sólo son posibles si se logra superar el miedo fundacional que alimenta el disciplinamiento. Se ha dicho muchas veces que la condición colonial se caracterizó sobre todo por la dominación, con lo cual no siempre se asume que ésta deriva directamente del temor –son inseparables.

Desde el inicio colonial se ha sucedido el miedo a la selva, a la inmensidad, al desierto y a las montañas. El miedo al indio, al negro, al mestizo, al cholo. El miedo al pirata, al invasor, al extranjero. El miedo al campesino, al pobre y al enfermo. El miedo al guerrillero, al soldado, al policía, al ladrón y al narco. El miedo al patrón, al político o al empresario. El miedo al desempleo, la lluvia, el hambre o la enfermedad. El miedo al día de mañana. El miedo al miedo. Son estos temores y pavores los que alimentan la dominación y el disciplinamiento. Pensar, imaginar y desear otros futuros sólo es posible si los dejan atrás.

Así se vuelve posible desobedecer las reglas y normas que imponen la normalidad y el orden que hacen a la esencia de la Modernidad. Es dejar de asumirlas como mandatos inescapables. Es imaginar que pueden existir otras normas, otros órdenes; es poder tener la oportunidad de escoger.  Esa es la postura que corresponde a lo que inicialmente se denominaba como salvaje. Diciéndolo de otro modo: debemos ser salvajes para poder construir alternativas.

Esta condición salvaje no se refiere a una desobediencia en sus sentidos banales, sino que anida en aquellos sótanos y cimientos. Son actos de ruptura radical con las raíces afectivas y racionales que sostienen en pie a la Modernidad, es recuperar la capacidad para encontrar sus límites, y asumir que pueden ser cruzados. Es recuperar la posibilidad de imaginar y pensar lo inimaginable, lo inconcebible, lo prohibido.

Es desobedecer para no aceptar que la Naturaleza y la sociedad están separadas, para no obsesionarnos con el crecimiento y la posesión. Desobedecer para no estar obligado a ser capitalistas o socialistas. Desobedecer para dejar de desear el espíritu de los “blancos” y respetar a los indígenas. Desobedecer para no repetir una historia que creemos universal. Desobedecer para comenzar a escuchar a la Naturaleza. Desobedecer para acompasarnos a tiempos lentos, pausados, ecológicos. Desobedecer para reconocer que hay valores en otros seres y objetos. Desobedecer para no tener más miedo. Desobedecer para volver a ser salvajes.

Notas…

*Eduardo Gudynas es analista en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES) en Montevideo (Uruguay). Las versiones iniciales de este artículo fueron comentadas por Ros Amils, Carlos Anido, Paula di Bello, Gonzalo Gutiérrez, Pablo Ospina Peralta, Axel Rojas, y Angie Torres, a quienes el autor agradece por su tiempo y aportes. Publicado en Palabra Salvaje el 15 de diciembre de 2020. Se permite la reproducción siempre que se cite la fuente.

http://ecologiasocial.com/

Publicado en Palabra Salvaje el 15 de diciembre de 2020: https://bit.ly/3oQ1zAg

tambièn editado y en difusiòn desde: https://www.servindi.org/actualidad-opinion/15/12/2020/manifiesto-salvaje-dominacion-miedo-y-desobediencia-radical

 Fuente: https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2020/12/16/manifiesto-salvaje-dominacion-miedo-y-desobediencia-

 

 

Consideremos la orientación (desde la Colombia sometida a terrorismo de estado) de nuestras desobediencias radicales hacia el qué hacer y cómo para ser creciente mayoría comprometida con otra sociedad y otro mundo posibles: 

 

 

 

Pedagogía de la contención para

la construcción de la Paz y otra cultura del conflicto

Una tarea permanente para el movimiento social

 

21 de diciembre de 2020

Por Fabián Ricardo Briceño Santiz (Rebelión)

La historia de Colombia, a lo largo de los dos últimos siglos pareciera circular, porque durante este periodo de tiempo desde la formación de la república, han existido un sin número de conflictos armados y a la par también han existido varios procesos de “paz”, en donde la gran regularidad, es que no se han cumplido los puntos entre las partes, facilitando así, la generación de unos nuevos conflictos armados, políticos y sociales.

La tragedia de la guerra y la traición, por parte de los sectores dominantes, es un constante y claramente quedo demostrado, en la forma en que se tramitó el proceso de implementación dentro del órgano legislativo, donde el informe dado por La Fundación Paz y Reconciliación, es que el proceso de implementación, sí bien se encuentra en un porcentaje muy bajo (20%)  y lo que empeora la situación, es no existen unos mecanismos claros y ni la voluntad política clara, a pesar del entonces Gobierno Santos, ya que desde su gestión comenzó la lenta muerte del proceso de implementación de la paz. La excesiva burocracia, las demoras dentro del diseño y la operatividad de la institucionalidad encargada de los procesos de Reincorporación, una timorata reforma rural integral (Decreto -Ley 902), arbitraria construcción de los PDETS y falta de garantías para las personas excombatientes  [2] (FPYR, 2017).

Con el nuevo Gobierno del Centro Democrático en cabeza de Iván Duque, el devenir y el futuro del proceso de paz es totalmente sombrío, ya que la paz para Duque será una prioridad, sino que, en cambio, se vislumbra un fortalecimiento de la política militarista, culto al estado de opinión (Talleres Democráticos) y des-implementación de lo acordado en la Habana, especialmente, lo que tiene que ver con el punto de la reforma rural integral, JEP y participación política.

El proceso de paz se encuentra en un proceso de crisis que pareciera terminal, el bloque de poder conducido por el Uribismo se ha mostrado totalmente renuente a aceptar el contenido del acuerdo, los compromisos pactados entre el estado colombiano y las FARC-EP. El gobierno Duque ha buscado diferentes tipos de medios torpedear de manera directa el proceso de paz: El montaje sobre Jesus Santrich, la presentación de las objeciones a la JEP, la asfixia al sistema de Justicia Transicional y la puesta en marcha de una presunta constituyente.  Sin embargo, el gobierno de Duque se enfrenta a grandes retos, una graves crisis económica que puede derivar en la agudización de las condiciones, una perdida de la capacidad de la conducción de la correlación de fuerzas en el bloque de poder y se enfrenta a un sujeto social colectivo, que ha mostrado diferentes tipos de victorias (Movimiento Estudiantil, Campesino e Indígena).

En consecuencia, el papel que deben jugar las grandes mayorías del pueblo colombiano, que, por medio de la acción colectiva, la organización y la movilización puedan generar procesos efectivos, para paralizar al Uribismo, generar procesos de ingobernabilidad-contra poder, en vía del reciente exitoso movimiento estudiantil universitario y las movilizaciones en el Cauca y Córdoba. Se abre la oportunidad, de dirigir toda esta indignación, en fuerza implementadora y de constitución de un contra poder, que enfrente al neoliberalismo y su forma política (Neofascismo), permita construir una conexión material entre la paz completa y las reformas sociales.

Se requiere disputar la categoría de “paz”, que tiene muchos tipos de significado, sí bien existen elaboraciones extensas sobre lo que representa la paz para el pueblo colombiano[3]. Este concepto ha sido totalmente raptado por los sectores del establecimiento, principalmente en tiempos recientes, ya que producto del proceso de paz, que se llevó a cabo en cabeza del “Nobel de Paz”, se logró asociar por parte de los sectores medios y gran parte de la población, que asocian la paz como sinónimo de la gestión del anterior gobierno de Santos.

Ahora, no se puede desconocer el proceso de disputa y de correlación de fuerzas que existe por el concepto de “paz”, sin embargo, la tendencia es que actualmente, el término se encuentra capturado por la desintegrada “Unidad Nacional”. Esto debe generar la alerta para la reflexión en torno a la forma en que actualmente se produce el discurso de los sectores alternativos, porque de manera reiterativa, en los pocos escenarios de pedagogía de paz que se han realizado, se han quedado en la lógica de “tecnocrática” en donde una serie de personajes expertos (hablan del punto acordado) y dejando de lado las experiencias y cosmovisiones de los sectores populares, reproduciendo así la lógica de la llamada “educación bancaria” (Freire, 1970).  Muchas veces, estos escenarios de pedagogía de paz recayeron en una dinámica informativa, aunque no se está negando el papel crucial que jugaron este tipo de escenarios dentro del momento de la votación por el SÍ, pero no se desarrollaron ejercicios pedagógicos orientados a generar una comunicación crítica, que permitieran vincular las demandas sociales con lo consagrado en el acuerdo.

El panorama anterior, genera la necesidad de construir una pedagogía de paz, que permita desde un proyecto político-emancipatorio, articulado a las demandas del “tiempo concreto” y las necesidades de los sectores populares, corresponder y fortalecer la crítica como uno de los principales elementos para la toma de conciencia para la transformación del mundo (Dussel, 2005),

Esta reflexión, lejos de caer en una visión tecnocrática o burocrática, promueve la generación de la reflexión por parte de los cuerpos colectivos (organizaciones sociales, campesinas, de víctimas, estudiantiles entre otras) construir un referente para aplicar-replicar creativamente una pedagogía de paz.

Sistematizar y fortalecer la memoria

Con la finalidad de romper la lógica metabólica del capital y más ahora, con la apuesta del sistema neoliberal, que busca por todos los medios crear dentro del imaginario social, individuos asociales, e imponer dentro de la memoria histórica de los pueblos la lógica adánica[4]. Uno de los principales intereses del sistema, es el rompimiento del vínculo social, y dentro de esta apuesta el conflicto armado fue el principal mecanismo en donde millones de personas (8 millones aproximadamente) sufrieron diferentes tipos de afectaciones, desarraigo y de la negación de su subjetividad (CNMH, 2015).

Una de las principales apuestas que tiene que contener la pedagogía de paz, son mecanismos y metodologías que permitan identificar todas esas voces negadas y facilitar los escenarios para su visibilización y reconocimiento en correspondencia con la conformación del sujeto político. Esto requiere desarrollar dos grandes tareas que parte del mismo ejercicio, para la JEP y para la Comisión de la Verdad se requieren presentar informes de las afectaciones territoriales, sectoriales, comunitarias y culturales producto del conflicto armado, especialmente, desde los sectores subalternos.

Pluriversidalidad crítica

Es vital que una pedagogía de paz, se tengan en cuenta, que las causas originarias del conflicto armado, es por la negación, exterminio, dominación y explotación de todas aquellas subjetividades que no se han sometido a las lógicas del capital. En esta vía, siguiendo a Enrique Dussel, dentro de su extensa obra, debemos romper las concepciones lineales, euro centradas, y unilaterales de entender la historia y la realidad de nuestro mundo. La Transmodernidad surge como una categoría que recoge la posibilidad de oponerse, a todas estas concepciones que han negado la participación y el reconocimiento de los grupos sociales subalternos, la existencia de sus culturas, filosofías, tecnologías e identidades (no europeas, no masculinas, no clasistas…) y teniendo como apuesta, reescribir la historia, por medio de unos diálogos efectivos en una perspectiva intercultural, permitiendo la construcción de un bloque de los sectores explotados-oprimidos, y que por medio de la lucha puedan construir el Kairós, el tiempo del peligro, de la generación de los cambios. Esta categoría es central porque nos permite articular, las diferentes expresiones de las subjetividades, sus principales apuestas y articularlas en una unidad dialéctica con la apuesta del cambio con la toma y la transformación del poder. 

Fortalecimiento de la Subjetividad

La subjetividad es aquel proceso que se encuentra determinado por el devenir histórico de la “vida concreta”, las experiencias vividas por los seres humanos, entendido esto como un proceso de mediación entre la historia y la praxis. Es importante detallar que la subjetividad no se puede entender desde lo abstracto, sino que se tiene que reflexionar desde el proceso concreto que genera la dinámica de la vida. Por lo cual, el movimiento social colombiano debe fortalecer los ejercicios de crítica y de reflexión dentro de sus escenarios colectivos, con la finalidad de problematizar el concepto de identidad, porque debido a la influencia de las organizaciones reproductoras del pensamiento único, se ha fortalecido las visiones narcisistas y autistas de las identidades, dejando de lado las dinámicas comunes y cotidianas de los sectores subalternos.

Los campos, que es una categoría que inicialmente fue trabajada por Pierre Bourdieu, nos permite desde una perspectiva crítica entender las dinámicas de los diferentes campos y escenarios sociales, en los cuales los seres humanos se desenvuelven diariamente, y que para construir un análisis integral es vital analizarlos desde una concepción relacional y dialéctica, de determinación-determinante-determinada. (Dussel, 2005). Un ejemplo, una mujer se encuentra condicionada por varios campos (mujer, trabajadora, negra, lesbiana) esta dinámica de inter-seccionalidad crítica[5] en donde se relacionan varios elementos que determinan las lógicas de la explotación y la dominación sobre los seres humanos. Uno de los autores que puede ser objeto de consulta para la ampliación del debate, desde la concepción materialista de la cultura es Bolívar Echevarría, a partir de su conceptualización de larga duración sobre desenvolvimiento de la modernidad capitalista en los últimos cuatro siglos en el continente. Con su categoría del “Ethos Barroco” se pueden construir elementos de dialogo y de complementariedad dialéctica con la concepción de la interseccionalidad (Echevarría, 2010).

Pedagogía de la contención

En esta vía en particular, debemos reconocer, que el grado de correlación de fuerzas y de expresión de poder por parte de los sectores que se oponen a la construcción de la paz y la garantía del post-acuerdo, cuentan con grandes nichos dentro de los sectores populares y la población en Colombia, es por esto, que teniendo en cuenta esta disparidad de fuerza, los ejercicios de pedagogía y de reflexión deben centrarse en poder ir desnaturalizando, toda aquella mitología que han construido sobre el miedo-legitimidad de la guerra, para ir disputando el sentido común con elementos concretos, que sirvan del reconocimiento y la apuesta por una cultura de cambio (PAZ=Cambio Social). Por lo cual, debe pensarse en la creación de una gramática de la contención, que nos permita construir otro tipo de significantes-significados con relación de una praxis creativa.

El conflicto potencia la construcción de la democracia vivencial

Más allá de aquellas valoraciones, que asemejan la construcción de paz a la pacificación y la instauración de un nuevo orden en donde se supera todas las contradicciones y se cae en un estado de paz perpetua, reconciliando la realidad. Todas estas visiones, están siendo propuestas por aquellos que ven en la construcción del post-conflicto, el aplastamiento a toda divergencia, toda oposición y la imposición de un orden unidimensional que legitime el modelo neoliberal, la industria extractivista y el cierre democrático. Es por esto, que uno de los mejores mecanismos para la construcción de una pedagogía crítica que tenga como sur político, el fortalecimiento de los conflictos sociales para la construcción del contra poder destituyente-constituyente, permitiendo ganar más reivindicaciones para el pueblo a la par que sus procesos de organización y avances en el plano institucional (Guerra de Trinchera).

Todos estos principios, como se reitera es una humilde propuesta, que se ha ido recogiendo de la propia práctica política, que, según la visión del autor, es uno de los elementos más enriquecedores. Además, que el ejercicio del debate nos puede ayudar a fortalecer y reflexionar mucho más desde nuestra práctica. Desde el campo comunista debemos pensarnos, los ejercicios de la pedagogía deben continuar a pesar de las diferentes coyunturas. Estos ejercicios de construcción de otro tipo de sentido común se dan a largo plazo. Pero se debe seguir. La paz no llegará sola y menos con una pedagogía de derecha.


[1] Texto presentando por Fabian Ricardo Briceño Santiz. Sociólogo de la Universidad Santo Tomas. 

[2] Este término parte de la premisa de la beligerancia política y de la relación que tuvo FARC-EP con la sociedad colombiana, en donde era y es un actor político, por lo cual, se está reincorporando a la dinámica civil pero nunca ha perdido su relación con la sociedad a diferencia del paradigma de la Reintegración de la ley de Justicia y Paz.

[3] Revisar elaboraciones desde el espectro comunista y la perspectiva de la salida negociada al conflicto social y armado.

[4] Esta lógica es aquella que concibe que la realidad social comienza desde que el sujeto, ya se individual o colectivo nace, negando todas las experiencias precedentes, apoyada esta cosmovisión del narcicismo individual y colectivo.

[5] El autor del presente trabajo se aparta de la visión hegemónica de la interseccionalidad, ya que no se puede relativizar los procesos de explotación y dominación, sino que, en cambio, se deben partir los análisis del sujeto histórico viviente, que parte de las condiciones materiales de existencia y que a partir de allí es donde se sustenta y condiciona el desarrollo de su identidad.

BIBLIOGRAFÍA…

Fuente: https://rebelion.org/una-tarea-permanente-para-el-movimiento-social/

 

En consecuencia, nuestro desafío 2021 atiende a la propuesta de Fabián Ricardo Briceño Santiz:                                                                                                                                                                                                                                                                      "Más allá de aquellas valoraciones, que asemejan la construcción de paz a la pacificación y la instauración de un nuevo orden en donde se supera todas las contradicciones y se cae en un estado de paz perpetua, reconciliando la realidad. Todas estas visiones, están siendo propuestas por aquellos que ven en la construcción del post-conflicto, el aplastamiento a toda divergencia, toda oposición y la imposición de un orden unidimensional que legitime el modelo neoliberal, la industria extractivista y el cierre democrático. Es por esto, que uno de los mejores mecanismos para la construcción de una pedagogía crítica que tenga como sur político, el fortalecimiento de los conflictos sociales para la construcción del contra poder destituyente-constituyente, permitiendo ganar más reivindicaciones para el pueblo a la par que sus procesos de organización y avances en el plano institucional (Guerra de Trinchera)".

 

Ya se está practicando, plurinacional e internacionalmente, como:

 

Territorios de la Economía Social Solidaria

 

Pronunciamiento por los Currículums de

 los Territorios de la Economía Social Solidaria
2 de diciembre de 2020

 

A cuatro años del nacimiento de la Campaña por un Currículum Global de la Economía Social Solidaria, las organizaciones firmantes queremos pronunciarnos para reivindicar la Carta de Principios inaugural en el año de la pandemia.

El modelo extractivista de la naturaleza, el productivismo agroindustrial, los patrones insostenibles de consumo y la naturalización del pensamiento basado en lógicas capitalistas y patriarcales son los grandes responsables de la mercantilización de la vida, y los principales culpables de la primera crisis global sanitaria, socioeconómica y climática. Por ello, en el año de la COVID-19, vemos más urgente y necesario que nunca visibilizar y reivindicar las epistemologías de los territorios y las sabidurías del buen vivir de los pueblos.

Este pronunciamiento reconoce que los territorios albergan múltiples formas de aprender y conocer.

Todos los sistemas de conocimientos del mundo son ciencias; en las comunidades se aposentan conocimientos técnicos, científicos, sociales, sanitarios, espirituales…, saberes populares que deben articularse con los académicos como saberes complementarios para alcanzar un desarrollo endógeno desde lo local.

Las sabidurías de las naciones indígenas originarias campesinas son ciencia con una propia epistemología o marco teórico, lo que implica que la forma en que el conocimiento se organiza, su lógica, componentes teóricos, etc., son distintos. Más que nunca, son necesarios nuevos aportes a la diversidad epistémica de la economía social solidaria desde los territorios, tantas veces olvidados; contribuciones basadas en una educación decolonizadora e intercultural que humaniza el conocimiento y enriquece a la humanidad.

Reivindicamos nuestra Carta de Principios, en consonancia con los recientes aportes del Manifiesto por la Educación Económica y Financiera Crítica y Ética, y la propuesta de la Economía Social y Solidaria de un Pacto por una Economía para la Vida, proponiendo una Educación de Calidad, Feminista, Decolonizadora, que vaya más allá de los planes de estudio de las instituciones de educación formal y contemple la pluriversidad de currículums que ya existen.

Es el momento de generar confluencia entre modelos interculturales y transdisciplinarios, con promoción de metodologías no violentas de solidaridad y fraternidad epistemológica entre los pueblos. Por medio de los diálogos saludables de los territorios, hemos superado la matriz ortodoxa y colonial de las academias, y alcanzado una investigación definida indistintamente de su conocimiento específico y metodológico…, ahora sólo falta que la academia las reconozca y legitime como soles y horizontes que iluminan el buen vivir, para que florezcan los Currículums de los otros mundos que habitan nuestros Territorios, los de la Economía Social Solidaria. En definitiva, es el momento del sentipensar de las Epistemologías del Sur.

 

26 de noviembre de 2020, en el año de la pandemia global sanitaria… y transformadora.

IV Aniversario de la Campaña por un Currículum Global de la Economía Social Solidaria.

https://curriculumglobaleconomiasolidaria.com/wp-content/uploads/2020/12/pronunciamiento-por-los-curriculums-de-los-territorios-de-la-economia-social-solidaria.pdf

 

Pronunciamiento por los Currículums de los Territorios de la Economía Social Solidaria

A cuatro años del nacimiento de la Campaña por un Currículum Global de la Economía Social Solidaria, las organizaciones firmantes queremos pronunciarnos para reivindicar los Currículums de los Territorios de la Economía Social Solidaria.

Nuestro pronunciamiento cuenta ya con más de 36 apoyos de diferentes organizaciones y redes internacionales, y queríamos que se sumasen las máximas posibles en esta reivindicación.

Adjuntamos el Pronunciamiento para que sea leído y un enlace para las adhesiones:

Red Educación y Economía Social Solidaria

Asociación de Familias con Identidad Huertera

CECIP – Centro de Criação de Imagem Popular

Colectivo Xok k’iin

International Peace Bureau – IPB Berlín

GAMIP América Latina y el Caribe

Corporación Creer en la Paz CENPAZ-Colombia

Revista Economía Social

Asociación Elkarcredit de Solidaridad

Finantzaz Haratago

Edualter

Amani Kibera

Red Latinomericana de Socioeconomía Solidaria

Xarxa d’Economia Solidària (XES)

Consejo de Educación Popular de

América Latina y el Caribe – CEAAL.

Chileufú

Federación Regional de Sociedades Cooperativas Turísticas

Cátedra Libre Soberanía Alimentaria

FETS Finançament Ètic i Solidari

Be. Pe. Bienaventurados los Pobres

Rede de Economia Solidária e Feminista – RESF Nacional

Sstudent at Middle East Technical University

Foro Hacia Otra Economía Santiago del Estero

Foro Hacia Otra Economía

Movimiento Hacia Otra Economía

Equipo traducción ESS

RIPESS LAC

Escuela Latinoamericana de Economía Social de Fundación OASI

CIRIEC-Brasil | Centro Internacional de Investigación e Información sobre la Economía Pública, Social y Cooperativa

Candidata Maestria es Economía Plural Solidaria y Comunitaria- CIDES-UMSA

UNISERES União de Seres sustentáveis

Corporación Red Colombiana de Profesionales, investigadores e instituciones en Economía social y solidaria – Red Unicossol

Colegio de Graduados en Cooperativismo y Mutualismo de la R Argentina

Instituto de Economía Social y Cooperativismo- Universidad Cooperativa de Colombia

Familia Kolping. María Peregrina.

Katalizo

 

Adherir https://labur.eus/MKDCI

 

https://curriculumglobaleconomiasolidaria.com/herramientas-tools/pronunciamiento-por-los-curriculums-de-los-territorios-de-la-economia-social-solidaria/

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Fuente: https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2020/12/02/territorios-de-la-economia-social-solidaria-convocatoria-para-adherir-al-pronunciamiento/