Qué Trabajo

Julio 2020

Con desfalco por plusvalía y por estatización de la deuda debida a la constante fuga de capitales.

 


 

 

 

Expropiado y explotado por burguesía / Ecocida y genocida /Alternativas emancipatorias

 

 

 

Expropiado y explotado por burguesía

 

 

Estamos atrasados en análisis e ideología de enfoque de los desafíos a realizar para superar las emergencias socioeconómica, humanitaria y ecológica climática en que se halla toda la humanidad y no sólo quienes componemos Argentina. A consecuencia de este despiste en dirigencias políticas, sociales, sindicales y en intelectuales hasta de las izquierdas afines al progresismo: tampoco se acierta en qué unión debe darse, cómo construirla y cuáles cambios radicales precisamos para superar las consignas que mantienen a la clase de les trabajadores como subordinada y conciliada al Capital Estado que la expolia.

 

En efecto, con motivo del 1º de mayo, el Documento afirma: "sólo el ejercicio concreto de la soberanía nacional garantizará a nuestro pueblo una salida a la crisis global con independencia económica y justicia social”. Es cuestionable porque Argentina nunca tuvo soberanía nacional y menos desde la derrota infringida al proletariado y a las izquierdas por el contubernio de capitales y estados imperialistas con los locales mediante terrorismos paraestatal y estatales de los '70 y después mediante maceración ideológica que la democracia para nuestra derrota llevó a cabo con el aporte de científicos e intelectuales de izquierda. De este modo constituidos en poderes fácticos implantaron el neoliberalismo o acumulación gran capitalista por explotación tanto de los trabajadores como de la naturaleza y por expropiación de bienes comunes sociales y naturales. Implicó la llamada reorganización nacional que la democracia llevó a la práctica con el Estado forzando a les diverses de abajo a privilegiar el pago de intereses usurarios de la deuda eterna por sobre sus necesidades y aspiraciones.

 

Reflexionemos sobre:   

Un lanzamiento virtual por la soberanía,

el trabajo y la producción

3 de mayo de 2020

 

En coincidencia con el 1º de mayo y en una fábrica recuperada de Mataderos, diversas organizaciones sindicales, sociales, cooperativas y PyMES presentaron un documento común para garantizar empleo, salario y producción, entre otros ejes. 

 

 

Con un acto en forma virtual y desde una fábrica recuperada en Mataderos, se reunieron organizaciones sindicales, sociales, cooperativas y PyMES para lanzar el Manifiesto Nacional por la Soberanía, el Trabajo y la Producción en coincidencia con el primero de mayo. El documento tiene como ejes principales la protección del empleo y salarios, la soberanía y la producción. “En este momento complejo de la patria reafirmamos nuestra convicción de que sólo el ejercicio concreto de la soberanía nacional garantizará a nuestro pueblo una salida a la crisis global con independencia económica y justicia social”, sostiene el texto con la firma de más de 60 espacios. 

 

“Agradecemos la decisión del gobierno nacional de hacer la cuarentena en tiempo y forma. Es un gesto de amor al pueblo, pero necesitamos una profundización de ese amor al pueblo y el estado tiene que tener un rol central para los tiempos que se vienen”, dijo Esteban “Gringo” Castro, secretario general de la UTEP en el acto transmitido por streaming y con participantes de todo el país. “No solamente hay que salir de la emergencia sanitaria sino también de la emergencia económica y social”, sostuvo Hugo “Cachorro” Godoy, de ATE en el panel también integrado por Héctor Amichetti (Sindicato de la Federación Gráfica Bonaerense); Ricardo Peidro (CTA-A); Juan Carlos Alderete (CCC); Walter Correa (Sindicato Trabajadores del Cuero); Gisela Bustos, (MNER); Gervasio Muñoz (Fed. Nac. De Inquilinos) y Damián Regalini (Consejo Productivo Nacional). 
En la Cooperativa de Trabajo Envases Flexibles Mataderos, Amichetti resumió el espíritu de la propuesta: “Tomamos la línea histórica de la clase trabajadora argentina, que es trabajar con propuestas, con ideas y fundamentalmente defendiendo un proyecto de país que dé respuesta a las necesidades de todos”. Desde las empresas recuperadas, Bustos sostuvo que “son parte de una experiencia que hoy nuclea a más de 300 unidades productivas recuperadas, que dan lugar a más de 15 mil puestos de trabajo genuino, que se desarrollan en todo el país, que somos viables y no bajamos los brazos”. 

 

En su exposición, Peidro dijo que el manifiesto presenta trazos gruesos “fundamentales porque defienden a nuestra clase trabajadora” mientras que Correa destacó el avance en la unidad de los últimos cuatro años que “permitió pasar de la resistencia a la ofensiva, desde abajo hacia arriba”.

Fuente: https://www.tiempoar.com.ar/nota/un-acto-virtual-por-la-soberania-el-trabajo-y-la-produccion

 

Desde referentes de la Economía Popular y del sindicalismo escuchamos:

-“Agradecemos la decisión del gobierno nacional de hacer la cuarentena en tiempo y forma. Es un gesto de amor al pueblo, pero necesitamos una profundización de ese amor al pueblo y el estado tiene que tener un rol central para los tiempos que se vienen”

-“No solamente hay que salir de la emergencia sanitaria sino también de la emergencia económica y social”.

“Tomamos la línea histórica de la clase trabajadora argentina, que es trabajar con propuestas, con ideas y fundamentalmente defendiendo un proyecto de país que dé respuesta a las necesidades de todos”.

-Contradictorio hablar de amor en el capitalismo y todavía más hacerlo desde les oprimides. Tampoco es cierto respecto al confinamiento controlado y vigilado desde las fuerzas de seguridad e inteligencia ni tampoco lo es privilegiar la alta rentabilidad de capitales mediante los extractivismos destructores de la salud planetaria y por tanto, de la humana que, el gobierno FF, liberó de la cuarentena.

-Sintomático que no mencione la emergencia ecológica cuya expresión más visible es la crisis climática. Si lo hiciera mostraría a los extractivismos como el principal modo capitalista de producción que está primarizando la economía, desertificando, contaminando o envenenando y generando el colapso de las economías regionales. También, ¿qué proyecto de país ofrecen si concentran esfuerzos e ideas en una ilusoria empresa pública por intervención estatal de Vicentin?

Argentina. Vicentín, Deuda Externa: Recule vergonzoso ante el lobby sojero, «Clarín», los buitres y el FMI

Por Carlos “Vasco”Orzaocoa, Resumen Latinoamericano, 22 junio 2020

Llegamos a los 90 días (desde el 20 de marzo) de cuarentena en Argentina. Y a los mil fallecidos por coronavirus. Y el gobernador de Bs. As. Kiciloff pronosticando: “en 30 ó 40 días podemos llegar a colapsar”. Según el Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), durante la Pandemia 900.000 personas perdieron su trabajo y cuatro millones están sufriendo recortes salariales y sin paritarias y con el aguinaldo en cuotas. Lo peor de la crisis sanitaria, social y económica está por venir.

Las inversiones en salud que se debían hacer no se hicieron porque durante la cuarentena se pagaron 570 millones de dólares a los acreedores externos.

Quedó de manifiesto la vulnerabilidad de la gente que por millones carece de agua, de cloacas, de vivienda, de cubertura de salud y de trabajo. Sin remedio porque el país está quebrado.

Y se destapó lo de Vicentín, sus maniobras fraudulentas de subfacturación, ocultamiento de activos, creación de empresas fantasmas en otros países, triangulación, fugas millonarias, estafas al Banco Nación y Provincia de Santa Fé, en complicidad con funcionarios y gobernantes. En vez de ir a la cárcel sus dueños se presentan “con la frente bien alta” a un Concurso de Acreedores, entre ellos cooperativas agrarias y trabajadores, a las que niega pagos y salarios adeudados.

El gobierno Nacional decide por decreto la Intervención en Vicentín y nombra un Interventor por 60 días para hacerse cargo de la empresa, mantenerla en actividad, conocer su estado financiero y después expropiarla para constituir una empresa mixta al estilo de YPF. Con acciones y cotización en bolsa. Pero el viernes 19 el Juez Fabián Lorenzini de Avellaneda- Reconquista, que actúa en el concurso de acreedores de Vicentín, confirmó en el directorio a la familia Vicentín junto a Padoán y Nardelli y relegando a los interventores del Presidente al papel de veedores.

Casi simultáneamente el Presidente había aceptado el llamado “Plan Perotti” del Gobernador de Santa Fé para que todo se desarrollara a través del Proceso Judicial y evitar así la expropiación. Un retroceso evidente respecto al planteo originario. Perotti, para que el Gobierno Nacional no quede tan descolocado, solicita al Juez que se ponga el manejo de la empresa en manos de los representantes estatales. Hasta acá los aconteceres.

ALGUNAS CONCLUSIONES. Nos dijeron del impuesto a las grandes riquezas. Ni noticias. Nos dijeron que los subsidios a las grandes empresas se convertirían en acciones del Estado. Ni noticias. Que no pagaríamos la Deuda externa durante tres años, ni siquiera intereses. Nada. Que no habría despidos y pasó lo de Techint y luego en Yacimientos Carboníferos Fiscales. Y ahora, que Vicentín (una de las principales agro exportadoras en quiebra) sería estatizada. Y nada. Evidentemente, son los repetidos cantos de sirena, pura ilusión, del nacionalismo burgués.

Por eso, en base a haber visto películas tan repetidas a lo largo de los años, les decimos a los obreros aceiteros, portuarios, aduaneros, astilleros, rurales, cooperativas de pequeños y medianos productores que no crean “ni un tantito así” en ningún alineamiento burgués por más progresista ó “nacional y popular” que se presente. Que se debata en las bases, en Asambleas y Coordinadoras, un Programa de estatización de todo el sector exportador con sus puertos y astilleros, con control y gestión de los trabajadores y cooperativas de productores. Para avanzar en un sentido de Poder Obrero.

Desde Córdoba. 21 Junio 2020.

Fuente: https://www.resumenlatinoamericano.org/2020/06/22/argentina-vicentin-deuda-externa-recule-vergonzoso-ante-el-lobby-sojero-clarin-los-buitres-y-el-fmi/

 

 

Subrayemos a las "estatizaciones" entre las consignas que mantienen a la clase de les trabajadores como subordinada al Capital Estado. Implican un simple cambio en gestores principales conservando estructura y superestructura de los entramados de negocios lícitos e ilícitos, también mantiene la función de lo estatizado. En cuanto a estatizar un sector es anacrónico por la complejidad holística e internacional en que se articula cualquier sector pero además por la actual concentración-centralización de la economía capitalista. Por añadidura, las transnacionales o corporaciones imperialistas dominan la economía, ocupan nuestro territorio y capturan al Estado.

 

 

En consecuencia, como Paula Jiménez, nos advierte: "errar en este momento histórico no es un lujo que podamos darnos cuando lo que está en juego es la existencia de la humanidad y la naturaleza. Con la pandemia iniciamos una nueva etapa, donde se hace necesario producir poder popular, entendiendo que no hay tiempo que perder, sino que por el contrario, lo único permitido es ganar".

 

Entre Marx, Silicon Valley y

el covid-19, ¿cómo explicar

 lo que pasa hoy en el mundo?

 24 de junio de 2020

Por Paula Jiménez (Rebelión)

La pandemia declarada a raíz del virus Covid-19 dejó en cuarentena a un tercio de la humanidad, y es claro que ante esta situación hubo una fracción del sector tecnológico y financiero que sacó provecho económico, buscando generar las condiciones para instaurar “nueva normalidad” donde cambien las reglas del juego en favor de sus intereses corporativos.

Esta situación nos pone frente a la necesidad de intentar comprender lo que sucede desde la perspectiva de las clases subalternas para el diseño de un programa político que responda a estas transformaciones y que oriente la práctica militante hacia tareas que conduzcan a construir relaciones de fuerza positivas para el campo del pueblo.

Una crisis que modifica la estructura y la superestructura de la sociedad

Para comenzar, es necesario recordar que la crisis del 2008 tuvo características de crisis orgánica del sistema capitalista. La especulación del sector financiero e inmobiliario a través, principalmente, del negocio de las hipotecas subprime, generó una burbuja de dinero ficticio sin asiento productivo, que terminó por estallar y hacer volar por los aires el sistema financiero dominante hasta aquel entonces.

Como salida a la crisis, las inversiones estuvieron orientadas al desarrollo del sector tecnológico (robotización, digitalización, virtualización de los procesos productivos) con el fin de acelerar el desarrollo de las fuerzas productivas, disminuir los tiempos sociales de producción y mantener activo el proceso de acumulación capitalista, lo cual produjo un enorme salto en la composición orgánica del capital, dando inicio a lo que se denominó la Cuarta Revolución Industrial.

Miles de millones de dólares colocados en el desarrollo de big data, internet de las cosas, robótica, inteligencia artificial, redes 5G, impresión 3D, bio y nanotecnología.

Debido al desarrollo de la técnica en el proceso productivo se hizo necesaria menor cantidad de mercancía fuerza de trabajo, ampliando el ejército de reserva, y aumentando la tasa de explotación -extracción de plusvalía- de quienes trabajan, generando la expulsión y sobreproducción de la Mercancía Fuerza de Trabajo.

Estas transformaciones generaron transformaciones de carácter estructural, haciendo que las grandes fábricas dejen de ser necesarias para garantizar la producción. De esta manera, el trabajador o la trabajadora ya no necesitan dirigirse a una fábrica para trabajar, sino que pueden hacerlo desde su casa o de manera remota, a través del teletrabajo.

Esto produce una disminución en la circulación de la mercancía Fuerza de Trabajo, ya que el trabajador no se dirige al mercado laboral a “ofrecerse” de manera presencial; lo hace en el territorio o mercado “virtual” sin tener que circular.

Estas transformaciones empujan a las clases subalternas hacia las “nuevas fábricas”, con sus plataformas y redes sociales, construyendo nuevos valores organizativos, escondiendo, bajo una apariencia de mayor libertad, mayores grados de explotación, constituyéndonos en los esclavos modernos del Siglo XXI.

Como pioneros de estas transformaciones, Silicon Valley está llevando la iniciativa, con empresas como Facebook, Apple, Google, Amazon, Twitter, Yandex, así como algunos actores de Wall Street: Pershing Square Capital, Bridgewater Associates y Goldman Sachs, entre otras.

Por ejemplo, Mark Zuckerberg, dueño de Facebook plantea que el 50% de sus empleados se acogerán a la opción dada por la empresa de teletrabajar en los próximos años. Zuckerberg anunció que el salario se adaptará “a las condiciones del lugar” donde residan los trabajadores: a “menor costo de vida, menor salario”. Claro, para Mark, era mucho más “costoso” mantener a sus trabajadores viviendo en Silicon Valley.

Transformaciones en el polo del trabajo

Esta reestructuración permite al capitalista reducir los costos, puesto que al trabajar desde casa, se restringe la circulación de la mercancía fuerza de trabajo y esto genera un ahorro en infraestructura, transporte, energía, etc., es decir, ya no es más necesario circular para ir a trabajar.

Por ejemplo, según un reporte distribuido a accionistas de Microsoft (cuyas ganancias aumentaron en 37% por el uso de herramientas de trabajo colaborativo), la firma espera que los clientes corporativos inviertan en servicios on line, el dinero que antes usaban para mantener sus oficinas.

Además, estas transformaciones hacen que el trabajador o la trabajadora puedan tener más de un trabajo, ya que antes era necesario estar presencialmente en un trabajo de jornada completa de ocho horas.

Ahora sucede que desde su casa, el trabajador o la trabajadora pueden trabajar de manera remota, es decir, puede ofrecer su fuerza de trabajo simultáneamente a más de una empresa, realizando tareas en dos o tres trabajos a la vez. Por lo tanto, no es una sola empresa la que paga un salario, sino que entre los dos o tres trabajos se obtiene un solo salario (necesario para su subsistencia)

De esta manera, se observa cómo los límites aparentes entre tiempo y lugar de trabajo se desdibujan, y toman una nueva configuración: el tiempo de trabajo en el que la clase trabajadora produce mercancías para el capital, se amplía por fuera de lo que anteriormente era entendido como jornada laboral, y el espacio para su producción se extiende por fuera de la fábrica.

Ello, sumado a la expansión de aplicaciones y plataformas que llevan todo tipo de objetos de consumo y servicios a la puerta del hogar, cuyo objetivo se explicita en algunas publicidades como la de Grub Hub: «Todo lo bueno de comer, combinado con todo lo bueno de no hablar con la gente». Door Dash, otro servicio de entrega de alimentos, apuesta por el extremo absoluto: «nunca deje su casa de nuevo».

Todo esto pone de manifiesto el hecho de que se está disputando a nivel global un nuevo orden, donde la irrupción de la pandemia aceleró vertiginosamente el tiempo de las transformaciones estructurales y el diseño de un Estado Policiaco Global: mecanismos sumamente sofisticados de disciplinamiento e hipervigilancia a través de la manipulación y procesamiento de grandes flujos de información que circulan en la red de “humanos y cosas interconectados”.

Los poderes dominantes intentan mostrar un futuro estático, sin cambios, generando conformidad con lo que viene en los cuerpos y en las mentes de las grandes mayorías. Ante este discurso de los intelectuales a sueldo, las clases subalternas tienen que someter la realidad que se les presenta a un proceso de crítica y revisión permanente, desgarrando, despedazando las teorías hegemónicas.

Algunas reflexiones sobre las tareas de las clases subalternas

El futuro orden depende principalmente de quién resulte ganador de la actual Tercera Guerra Mundial de carácter multidimensional, de quinta generación. Pero fundamentalmente, de la capacidad de reacción, conciencia y decisión de las clases subalternas de ser actores principales en la lucha por destruir lo actual y construir el nuevo mundo. Hay que luchar por cambiar la relación social actual e imponer las nuevas relaciones sociales, nuestras relaciones.

Para llevar adelante este programa, el territorio del poder es el enfrentamiento. En este nuevo escenario la tarea de las clases subalternas es fortalecer la organización local, desde el proyecto comunal, pero enlazada en red para lograr escala global, lo que puede sintetizarse en el concepto de glocal. Ello supone disputar el sentido común, producir poder en el territorio virtual (ciberactivismo) y realizarlo en las calles.

Por ello, resulta fundamental establecer la articulación de proyectos comunitarios –de Comunidad Organizada, tal como lo planteó el peronismo- y las múltiples expresiones de poder popular con iniciativa revolucionaria a lo largo y ancho del mundo, para combinarlas, unificar banderas y golpear con acciones certeras desde el campo de las clases subalternas.

Las transformaciones en el polo del capital ponen de manifiesto la necesidad de replantearse las tareas desde el campo del pueblo, ya que si en tiempos de la etapa industrial la respuesta era la organización a través de sindicatos, partidos y otras formas de generar organización de masas, hoy la virtualización y la digitalización de la vida están generando nuevas mediaciones, que es preciso identificar para diseñar estrategias organizativas certeras y exitosas.

Develar científicamente el ordenamiento que asume la estructura social en función de las relaciones de fuerza de los actores, y entender, asimismo, la complejidad de la nueva superestructura que sustenta esas relaciones de poder, constituye hoy, una tarea necesaria y obligada para los intelectuales orgánicos y los cuadros políticos revolucionarios.

Un error en el diagnóstico estratégico se salda en la próxima guerra. Y errar en este momento histórico no es un lujo que podamos darnos cuando lo que está en juego es la existencia de la humanidad y la naturaleza. Con la pandemia iniciamos una nueva etapa, donde se hace necesario producir poder popular, entendiendo que no hay tiempo que perder, sino que por el contrario, lo único permitido es ganar.

 Fuente: https://rebelion.org/entre-marx-silicon-valley-y-el-covid-19-como-explicar-lo-que-pasa-hoy-en-el-mundo/

 

 Ecocida y genocida

 

Aclaremos que en el presente nacional e internacional y en toda la historia tanto del país como del mundo, el capitalismo y por tanto el gobierno de turno, el Estado nunca obró por amor a los pueblos y trabajadores. Constatemos que lo observado en Argentina durante el confinamiento abajo se da en casi todos los otros países.

 

Boletín #250 del WRM:

Covid-19, una coartada para más opresión,

control corporativo y destrucción de bosques

 

15 de julio de 2020

 

Por Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

 

Este boletín especial quiere rendir homenaje a las comunidades del bosque y las familias campesinas de todo el mundo que han logrado practicar la solidaridad, contra viento y marea y a pesar de todas las dificultades por la pandemia del Covid-19 - incluyendo las restricciones de movimiento impuestas por los gobiernos y los abusos de las empresas y las élites en su afán de lucro: Desde organizar sistemas alternativos de protección contra la propagación del virus, cocinas colectivas, distribución de cultivos alimentarios para los necesitados y mercados que, al tiempo que respetan el distanciamiento social, proporcionan alimentos saludables a un precio justo, hasta albergar a las y los afectados por los despojos y los desplazamientos, brindar apoyo a mujeres y niñas que enfrentan violencia, continuar la resistencia contra la destrucción de sus territorios ... Y muchos otros ejemplos. Nuestra solidaridad está con ustedes.

Nuestra opinión
Explotando la pandemia: lucros empresariales y de élites

En los últimos meses, gobiernos alrededor del mundo han implementado medidas para contener la pandemia del Covid-19, tales como las órdenes de quedarse en casa, cierres obligatorios, toques de queda y/o “distanciamiento social” y pautas de cuarentena. A menudo combinadas con declaraciones de estados de emergencia, tales medidas tienen graves impactos negativos en el Sur global, donde la mayoría de las personas depende en gran medida de la economía informal y vive el día a día. El apoyo gubernamental ha sido errático en el mejor de los casos y es imposible para esta mayoría mantenerse a salvo y aislada. La  falta de información adecuada y específica del contexto sobre cómo prevenir la propagación del virus, junto con la falta de instalaciones de salud debidamente equipadas, ha dejado a las comunidades del bosque y campesinas en particular, más expuestas que nunca.

Hay otro aspecto de la pandemia que se ha vuelto cada vez más evidente: las empresas y las élites activas en el Sur global, y especialmente en los países con bosques, han utilizado la crisis sanitaria para enriquecerse aún más y expandir su control en los territorios.

Las comunidades del bosque y campesinas en el Sur global tienen una larga historia de hacerle frente a los desastres creados por las inversiones impuestas por empresas y élites en su búsqueda de ganancias: acaparamiento de tierras, erosión y contaminación del suelo y el agua, destrucción de medios de vida y sustento, deforestación a gran escala, aniquilación de espacios de vida, culturas e historias, desplazamiento forzado, violencia, marginación, criminalización, entre muchas otras. La “emergencia” ya era una realidad para esas comunidades mucho antes que llegue la pandemia del Covid-19.

En este contexto, las medidas gubernamentales para contener la propagación del nuevo coronavirus están meramente intensificando los impactos y las injusticias de un sistema económico destructivo y de larga data. Tales medidas han profundizado las desigualdades extremas entre ricos y pobres, entre el Norte y el Sur, entre mujeres y hombres, y entre comunidades blancas y comunidades afro-descendientes. En pocas palabras, los impactos de estas medidas son peores para quienes ya enfrentan la violencia del racismo, el clasismo, el patriarcado y la opresión. Y son estas mismas comunidades vulnerables las que han sido más afectadas por la devastadora enfermedad del Covid-19.

En medio de innumerables tragedias humanas, las empresas y las élites políticas abusan de la situación para profundizar el acaparamiento de tierras, revertir toda legislación que proteja territorios y personas, y aumentar sus ganancias. En Camboya, por ejemplo, el gigante vietnamita del caucho Hoang Anh Gia Lai (HAGL) arrasó los bosques de las comunidades indígenas Kreung y Kachok durante la cuarentena nacional, afectando con ello dos montañas sagradas de gran significado espiritual, junto con humedales, bosques antiguos, zonas tradicionales de caza y cementerios. (1) En Indonesia, dos agricultores fueron asesinados en el mes de marzo en enfrentamientos por una larga disputa de tierras con una empresa de aceite de palma en la provincia de Sumatra del Sur. (2) En Panamá, el líder indígena Guna Rengifo Navas denunció el aumento de las invasiones de tierras y la explotación minera, así como la tala y la caza ilegal en numerosas comarcas (territorios indígenas) durante la cuarentena. (3) El pueblo indígena Wampi, de Perú, presentó una demanda contra representantes de la compañía petrolera GeoPark, argumentando que la empresa amenaza la salud y el bienestar de los Wampi ya que permite el ingreso de trabajadores petroleros no autorizados a su Territorio Autónomo. (4) En Uganda, empresas agroindustriales respaldadas por la policía y las fuerzas militares, desalojaron por la fuerza a más de dos docenas de pequeños agricultores, a pesar de la orden del gobierno de detener los desalojos de tierras durante la cuarentena. (5) Mientras tanto, en Guinea, una empresa de propiedad conjunta de los gigantes mineros Alcoa y Rio Tinto, respaldada por el Banco Mundial, reubicó a más de cien familias para expandir una mina de bauxita durante la cuarentena. Las familias fueron trasladadas a un lugar de colina previamente minado que carecía de viviendas adecuadas, agua y saneamiento, y donde la  tierra cultivable era insuficiente y prácticamente no había oportunidades de obtener algún sustento. (6) Y la lista sigue y sigue.

Para empeorar las cosas, las amenazas, la violencia, la criminalización, la persecución y el acoso para con las comunidades campesinas y del bosque que resistieron las actividades destructivas en sus territorios antes de la pandemia, han continuado a ritmo acelerado durante las cuarentenas. De hecho, el confinamiento es un riesgo real para los activistas de las comunidades dado que el hecho de permanecer en un solo lugar los hace fácilmente identificables y vulnerables ante posibles agresores. En varios países, la ya insuficiente protección que el Estado brinda a los activistas disminuyó significativamente, lo que implicó un aumento considerable de su vulnerabilidad. Tan solo en Colombia, entre enero y abril de 2020 se registró un aumento del 53% de los asesinatos de líderes sociales. (7)

Los gobiernos nacionales anteponen el bienestar de las empresas al de sus ciudadanos, siempre obedientes a los grupos de presión empresariales, que han sido particularmente activos durante este período. El sector del petróleo y el gas se encuentra entre los más agresivos que exigen tanto el apoyo financiero como la de-regulación, según InfluenceMap, que rastrea y mide la influencia de las empresas sobre las políticas en materia de cambio climático. (8)

Los gobiernos de varios países han excluido a los llamados “servicios esenciales” de las restricciones del confinamiento. Entre éstos se encuentran las empresas mineras, de combustibles fósiles, de aceite de palma y de plantaciones de madera. Desde Bolivia hasta Sudáfrica y Malasia, los trabajadores se han visto obligados a arriesgar su salud y el bienestar de sus familias y de las comunidades que viven cerca de las operaciones empresariales. Estas excepciones no tienen nada que ver con proporcionar “servicios esenciales” a la sociedad durante una cuarentena. Estas están destinadas a sostener el lucro de las empresas.

A pesar de la tendencia de priorizar las empresas y las inversiones extranjeras, pronto los gobiernos podrían enfrentar una avalancha de demandas legales de empresas que exigen compensación por las medidas adoptadas durante la pandemia. Desde compañías privadas de agua hasta empresas de peajes de autopistas o empresas de servicios públicos, los acuerdos comerciales y los acuerdos en materia de inversiones internacionales exponen a los gobiernos a litigios incluso durante una pandemia mundial, simplemente porque el lucro de las empresas está en riesgo. (9)

El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) también aprovechan la pandemia
para avanzar en sus agendas

A pesar del daño que el Banco Mundial y el FMI han causado, particularmente a lo largo del Sur global, con la imposición de políticas neoliberales, planes de ajuste estructural y préstamos bajo estrictas condiciones, ahora se presentan ellos mismos como “expertos”, listos para guiar al mundo a través de la crisis del Covid-19. (10) Estas organizaciones multilaterales buscan desempeñar un papel sustancial en los procesos de toma de decisiones de los gobiernos nacionales con respecto a la dirección económica que adoptarán los países. No obstante, ambas entidades siempre jugaron un papel clave en facilitar la privatización, las actividades destructivas y de gran alcance de las empresas, la financiarización de la naturaleza y el debilitamiento de las redes nacionales de seguridad social, incluidos, entre muchos otros, los ahora evidentemente disfuncionales sistemas de salud pública. En otras palabras, son aliados clave de las empresas en su búsqueda de lucros cada vez más altos.

El FMI ha respondido a las solicitudes de ayuda de emergencia de más de 80 países. Sin embargo, los pocos préstamos que se han otorgado están amarrados a estrictas condiciones (es decir, reformas que deben introducirse antes de liberar los fondos). Entre estas criticadas reformas se incluyen el aún mayor debilitamiento de las protecciones laborales y la promoción de privatizaciones. (11) Por su parte, el Banco Mundial está “ayudando” a 100 países en su lucha contra el Covid-19. Gran parte de este apoyo sin embargo se ha destinado a clientes del sector privado del Banco, y no se han adoptado medidas para garantizar que el financiamiento de la atención médica no respalde su privatización, que ha sido una política notoria del Banco Mundial en el pasado. (12)

Pero suceden cosas extraordinarias

Claramente, la mayoría de las respuestas de los gobiernos nacionales y las instituciones financieras a la pandemia no se han enfocado en el cuidado de las personas o de los trabajadores, sino en ayudar a las empresas y consolidar las economías neoliberales. También está claro que la pandemia del Covid-19 no es un evento aislado: el sistema capitalista-patriarcal, clasista y racista que domina nuestras respectivas sociedades es tan parte de la emergencia actual como lo es el nuevo coronavirus.

Y son en gran parte las mismas personas que han sentido los impactos más terribles y perjudiciales de este sistema ansioso por el lucro contante, quienes ahora se aseguran de que nadie quede olvidado. Están sucediendo cosas extraordinarias en los barrios y las comunidades. Desde movimientos campesinos que distribuyen alimentos gratuitos a los necesitados hasta iniciativas comunitarias diseñadas para detener la propagación del virus; comidas comunitarias preparadas y distribuidas en las calles y mercados comunitarios autoorganizados que, al tiempo que permiten el distanciamiento social, proporcionan alimentos saludables y cubren necesidades básicas.

Si queremos que esta crisis sea un punto de inflexión hacia sociedades social y ecológicamente justas, con respuestas colectivas para re-iniciar economías que colocan el bienestar de la gente común antes que el lucro de las empresas, los efectos de la pandemia deben entenderse como síntomas de una emergencia que la mayoría de la población mundial ha estado experimentando durante ya demasiado tiempo.

En los meses previos al brote del Covid-19, millones de personas en todo Chile se levantaron para protestar por los duros y brutales impactos de la política neoliberal en esa sociedad en particular. El mensaje de un graffiti pintado en un muro de la ciudad en ese tiempo, hoy sigue vigente: “No podemos volver a la normalidad, porque la normalidad que teníamos era precisamente el problema”.

- Para descargar el boletín completo (PDF), haga clic en el siguiente enlace:

 Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Recomendamos/Boletin-250-del-WRM-Covid-19-una-coartada-para-mas-opresion-control-corporativo-y-destruccion-de-bosques

 

En consecuencia, es hora de generalizar el análisis de porqué La pandemia demuestra que la salud de la humanidad depende de la salud del planeta:

 

La enfermedad de la Tierra

26 de abril de 2020

 

  

 

En el Día Internacional de la Tierra (22 de abril) más de 500 organizaciones de afectados ambientales y ecologistas de todo el mundo emitieron un documento global que manifiesta que esta pandemia demuestra que la salud de la humanidad depende de la salud de la Tierra.   Llama a la acción para volver a hermanarnos y sentirnos parte de ella, hacer la paz y construir un mundo mejor abandonando el modelo de economía mundial basada en el crecimiento permanente y el apetito ilimitado por los bienes de la Tierra, que son la raíz de esta crisis sanitaria y de futuras pandemias. La proclama Un Planeta Una Salud vincula directamente la actual pandemia por coronavirus con la destrucción ambiental.

 

El movimiento ambientalista nació con las corrientes conservacionistas de fines del siglo XIX en Estados Unidos, que promovían la construcción de Parques Nacionales como santuarios prístinos de naturaleza; durante el siglo XX creció un ambientalismo verde en Europa que propugnaba soluciones técnicas dentro del capitalismo para preservar un ambiente, que se degradaba aceleradamente.

 

En este siglo se consolida un ecologismo que crece desde los afectados ambientales, un ecologismo del Sur del mundo que cuestiona sistémicamente el modelo de desarrollo. En nuestro país ese ecologismo popular se expresa en las movilizaciones contra la megaminería en Esquel, Mendoza, Famatina y Andalgalá; en las luchas contra las fumigaciones, Monsanto y el agronegocio y en la resistencia al fracking de Vaca Muerta. Para estas organizaciones y sus hermanas de todo el mundo la pandemia de Covid-19 «es una llamada de atención planetaria de la Tierra a la humanidad. Nos recuerda que somos uno con la Tierra, no estamos separados/as de ella, que no somos sus amos/as, dueños/as y conquistadores/as, ni que somos superiores a otras especies, como el dogma antropocéntrico nos quiere hacer creer”.

 

“La pandemia nos recuerda que violamos los derechos de la Tierra y de todas sus especies por nuestra cuenta y riesgo, y que sería prudente que consideráramos los conocimientos y la sabiduría ancestrales de los pueblos originarios, guardianes de la Tierra a lo largo de los tiempos, cuyo profundo respeto por la Tierra se basa en la conciencia de la interconexión de toda la vida. Dañar una parte significa dañar el todo”.

 

“Esta pandemia no es un «desastre natural», al igual que la crisis de la extinción de especies y los extremos climáticos no son desastres naturales». Las epidemias de enfermedades emergentes son antropogénicas – causadas por actividades humanas”.

 

Una red de vida interconectada

 

“La emergencia sanitaria a la que nos enfrentamos como comunidad mundial está relacionada con la emergencia sanitaria a la que se enfrenta la Tierra: su constante degradación, la extinción y desaparición de especies y la emergencia climática. Cuando utilizamos venenos y agrotóxicos, como insecticidas y herbicidas para matar insectos y plantas en el modelo industrial de agricultura, producimos desertificación, contaminamos el agua, el suelo, el aire y destruimos la biodiversidad. Los agrotóxicos están llevando a la extinción a las especies, incluyendo a los agentes polinizadores, como hemos visto en la drástica disminución de las abejas. Cuando hacemos minería metalífera a cielo abierto utilizamos millones de litros de agua que es esencial para la vida humana y la naturaleza. Cuando practicamos la fractura hidráulica alteramos la conformación geológica y aumentamos el riesgo sísmico. Cuando quemamos el carbono que la tierra ha fosilizado durante 600 millones de años, violamos las fronteras planetarias. Al industrializar y globalizar nuestros sistemas alimentarios contribuimos hasta un 50% de los gases de efecto invernadero y el cambio climático es la consecuencia”.

 

“La ciencia nos informa de que a medida que invadimos los ecosistemas forestales, destruimos los hogares de las especies y manipulamos las plantas y los animales para obtener beneficios, creamos las condiciones para nuevas epidemias. En los últimos 50 años, han surgido hasta 300 nuevos patógenos. Está bien documentado que alrededor del 70 por ciento de los patógenos humanos, incluyendo el VIH, el Ébola, la Gripe, el MERS y el SRAS surgieron cuando los ecosistemas forestales fueron invadidos y los virus pasaron de los animales a los humanos”.

 

“Cuando los animales están hacinados en granjas industriales para maximizar las ganancias, nuevas enfermedades como la gripe porcina y la gripe aviar surgen y se propagan. La agricultura industrial intensiva con el uso de agrotóxicos y los sistemas alimentarios industriales dan lugar a enfermedades crónicas no transmisibles como malformaciones, cáncer, alteraciones endocrinas, diabetes, problemas neurológicos e infertilidad. Con las infecciones de Covid-19, la morbilidad aumenta dramáticamente con estas condiciones preexistentes”.

 

“Mientras afirma alimentar al mundo, la agricultura industrial ha empujado a miles de millones de seres humanos al hambre y este número está creciendo con el bloqueo mundial y la destrucción de los medios de vida”.

 

Nuestra salud y la del planeta es una sola

“Respetar los límites de los ecosistemas y la integridad de las especies es vital para proteger el planeta y nuestra salud. Las soluciones al cambio climático son también soluciones para evitar nuevas epidemias. En el debate sobre la cuestión del cambio climático no se puede evitar considerar cómo el modelo tecnológico y económico dominante, basado en los combustibles fósiles, no tiene en cuenta la finitud de los recursos de la Tierra. Una economía mundial basada en el mito del crecimiento y el apetito ilimitado por los recursos de la Tierra es la raíz de esta crisis sanitaria y de futuras crisis”.

 

Regresar a la Tierra

“Durante la crisis de la Covid-19 y mientras salimos de la cuarentena necesitamos aprender definitivamente a proteger la Tierra, sus sistemas climáticos, los derechos y espacios ecológicos de diversas especies, y de diversas personas – indígenas, niños, niñas, jóvenes, mujeres, agricultores/as y trabajadores/as. Para la Tierra no hay especies prescindibles, no hay personas desechables. Todos pertenecemos y somos parte de la Tierra”.

 

“Para evitar futuras pandemias y hambrunas y un posible escenario de personas prescindibles, debemos ir más allá del sistema económico globalizado, industrializado y competitivo, que está incentivando el cambio climático, empujando a las especies a la extinción y propagando enfermedades que amenazan la vida. La localización deja espacio para que prosperen las diversas especies, las diversas culturas y las diversas economías locales vivas”.

 

“Debemos pasar de la economía de la codicia y el crecimiento ilimitado, de la competencia y la violencia, que nos han empujado a una crisis existencial, a una Economía del Cuidado para la Tierra, para las personas y para todas las especies vivas”.

 

“Debemos abandonar la visión utilitaria, colonial, capitalista y antropocéntrica que nos ha enseñado a nombrar los dones de la naturaleza como ‘recursos naturales’. Sólo así podremos reducir conscientemente nuestra huella ecológica: actuando responsablemente como los antepasados del futuro”.

 

“Como muestra la pandemia, son las comunidades alimentarias locales las que pueden proporcionar y distribuir alimentos con regularidad, mientras que las cadenas alimentarias globalizadas, en algunas partes del mundo, se derrumbaron e incluso especularon con el aumento de los precios de los alimentos”

“Contrariamente a lo que se nos hace creer, no es la globalización la que protege a las personas de las hambrunas, que ella misma produce y agrava, sino la soberanía alimentaria de los pueblos, en la que las personas a nivel comunitario tienen derecho a producir, elegir y consumir alimentos adecuados, sanos y nutritivos, en virtud de acuerdos de precios justos para la producción y el intercambio local. Los futuros sistemas alimentarios tienen que basarse en la soberanía de las semillas y la soberanía alimentaria, en economías locales circulares que devuelvan a la tierra, y con la garantía de precios justos a los productores”

 

“La mente mecanicista que domina nuestras sociedades, crea beneficios corporativos y personales a través de la extracción y la manipulación. Las corporaciones y los multimillonarios con sus acciones han declarado la guerra a la Tierra y han creado las múltiples crisis del mundo, se preparan ahora para la intensificación de la agricultura industrializada a través de la digitalización y la inteligencia artificial. Están imaginando un futuro de agricultura sin agricultores/as, y un futuro de alimentos falsos producidos en laboratorios. Estos acontecimientos profundizarán la crisis ecológica, destruyendo la biodiversidad y aumentando nuestra separación de la Tierra”

 

“La comida es la red de la vida y hacer la paz con la Tierra comienza con la comida. Volvemos a la Tierra cuando cuidamos el suelo y la biodiversidad. Recordamos que somos humanos porque somos del humus del suelo. Sólo nuestras mentes, corazones y manos trabajando junto con la Tierra, como parte integral de su creatividad, pueden sanar la Tierra, proveyéndonos a nosotros/as y a todas las demás especies de alimentos saludables”.

 

“Como nos ha enseñado nuestra experiencia junto con otras organizaciones y redes de concientización sobre la Tierra para la Libertad de Semillas y la Libertad de Alimentos, los sistemas alimentarios orgánicos, agroecológicos locales y biodiversos regeneran el suelo, el agua y la biodiversidad y proporcionan alimentos sanos para todos/as y fortalecen el sistema inmunológico humano. La riqueza de la biodiversidad en nuestros bosques, huertas, alimentos y el propio microbioma intestinal conectan el planeta y sus diversas especies, incluidos los seres humanos. Así, la salud se convierte en el hilo conductor, al igual que la enfermedad del Coronavirus, hoy en día, nos lo muestra tan claramente”.

 

Una guerra contra el futuro de la humanidad

 

“Todas las emergencias que amenazan la vida en nuestros tiempos tienen sus raíces en una visión mecanicista, militarista y patriarcal del mundo, en la que los humanos están separados de la naturaleza, como amos de la Tierra que pueden poseer, manipular y controlar otras especies como objetos para obtener beneficios. También está arraigada en un modelo económico que considera los límites ecológicos y éticos como obstáculos que deben eliminarse en interés del beneficio y el poder corporativo desenfrenado”.

 

“Las predicciones científicas indican que si no detenemos esta guerra antropogénica contra la Tierra y su especie, pronto destruiremos las mismas condiciones que permitieron a los humanos evolucionar y sobrevivir. La codicia, la arrogancia y la irresponsabilidad humanas nos llevan a la próxima pandemia y finalmente a la extinción”.

“La Tierra refleja lo que somos. Nos muestra su interconexión y nos llama a empezar a reconocer sus diversas inteligencias vivientes: en la red alimentaria del suelo, en las plantas y animales, y en nuestros alimentos”.

“La Tierra ha enviado un diminuto virus invisible para ayudarnos a dar un salto cuántico y crear una nueva civilización planetaria y ecológica basada en la armonía con la naturaleza; que hoy en día es un imperativo de supervivencia”.

 

Nuestra resolución

“Al firmar este manifiesto, nos comprometemos, como coalición planetaria, a instar y exhortar a las autoridades y representantes de los gobiernos de cada uno de nuestros países, ciudades, pueblos y comunidades, a que pasen del paradigma de ecocidio que hoy rige nuestros modelos de productividad, a un paradigma en el que la responsabilidad ecológica y la justicia económica sean fundamentales para crear un futuro saludable y vibrante para la humanidad”.

“La verdadera acción contra el cambio climático significa dejar atrás nuestra civilización basada en la extracción de petróleo y avaricia e iniciar una nueva era de interconexión y cuidado de la Tierra. Pedimos el apoyo concertado de las comunidades, territorios y naciones que ponen la ecología en el centro de un paradigma de una nueva y justa economía del cuidado”.

“La Tierra nos ha dado un claro mensaje a través de la pandemia. Es nuestro imperativo moral, dedicar este momento en el tiempo para hacer una transición a una civilización ecológica para que sembremos las semillas de un futuro común para la humanidad y todos los seres”.

“Es hora de abandonar nuestros sistemas económicos intensivos en recursos y beneficios que han creado estragos en el mundo, alterando los ecosistemas del planeta y socavando los sistemas de salud, justicia y democracia de la sociedad”.

“Preparémonos para una recuperación post Coronavirus en la que la salud y el bienestar de todos los pueblos y del planeta sean el centro de todas las políticas gubernamentales e institucionales, la construcción de comunidades y la acción cívica”… Y en ese camino realizan una serie de propuestas que se pueden consultar en este link donde figuran también todas las asambleas, redes y organizaciones firmantes e incluso se puede sumar adhesiones como organización y personales.

* Red Universitaria de Ambiente y Salud / Médicos de Pueblos Fumigados

Fuente: https://www.elcohetealaluna.com/la-enfermedad-de-la-tierra/

 

 

 Alternativas emancipatorias

 

Comparemos dos posicionamientos importantes para la causa común de los pueblos planetarios:

 

Manifiesto del Parlamento de los Pueblos

Minga por la vida para enfrentar la crisis

16 de julio de 2020

 

Por Varios autores

Conaie

Para la gran mayoría de la población, a cuatro meses del inicio de la pandemia, les resulta difícil o imposible cumplir las normas de “aislamiento y distanciamiento social”, pues alrededor de 3,8 millones de familias habitan en viviendas precarias; y 1,37 millones de hogares viven en condiciones de hacinamiento y sin acceso a servicios sanitarios básicos.

La mañana de hoy, miércoles 15 de julio, se realizó una rueda de prensa del Colectivo Nacional integrado por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), el Frente Unitario de Trabajadores (FUT) y el Frente Popular, para presentar la propuesta política y económica, denominada «Minga por la vida para enfrentar la crisis». Estuvieron presentes Apawki Castro, dirigente de Comunicación de la Conaie, Nelson Erazo, presidente del Frente Popular, Edwin Bedoya, representante del FUT, Carlos Sucuzhañay, presidente Ecuarunari, Alejandra Santillana del Parlamento de Mujeres. 

Jaime Vargas, presidente de la Conaie no pudo estar presente pues en las últimas semanas de julio 2020, varios líderes y dirigentes de las diversas organizaciones han perdido sus vidas en esta lucha contra el Covid-19, como es el caso de miembros fundadores de las organizaciones NAE, CONFENIAE, CONAIE: Miguel Eduardo Vargas, papá de Marlon Vargas, presidente de Confeniae; Jorge Puanchir, abuelo de Jaime Vargas. Referentes históricos por quienes el Movimiento Indígena declaró duelo de 3 días en todo el territorio de los pueblos y nacionalidades indígenas.

El análisis colectivo fue que para la gran mayoría de la población, a 4 meses del inicio de la pandemia, aún les resulta difícil e imposible cumplir las normas de “aislamiento y distanciamiento social”, pues alrededor de 3,8 millones de familias habitan en viviendas precarias; y 1,37 millones de hogares viven en condiciones de hacinamiento y sin acceso a servicios sanitarios básicos.  Esta situación provoca que la crisis sanitaria deje como uno de sus trágicos resultados más de 21.000 fallecidos entre marzo y junio de este año , muchos más de los registrados el año pasado, en el mismo periodo.

Apawki Castro, dirigente de Comunicación de la CONAIE señaló que esta realidad el país no puede soportar, y la ciudadanía está harta de candidatos con discursos engañosos que prometan “arreglar el país en los primeros 100 minutos de Gobierno”, como sociedad estamos cansados de demagogia y populismo como única forma de hacer política. Tampoco el país puede caer en una consulta popular como la que propone Nebot, casi como un capricho personal, con el solo afán de empezar a moldear un Estado para los intereses socialcristianos. El país no tiene ni el dinero ni se merece una burla política con una consulta de ese tipo, señaló. 

Con respecto a la estrategia correista, mencionó que su objetivo es polarizar, adjudicándose la supuesta representación de la izquierda, algo que la historia ya ha demostrado que no es así, con lo cual no solo debilitan a las organizaciones, sino que representan un obstáculo para todo el campo popular, siguen siendo una traba para el avance de las organizaciones populares. 

En el Ecuador existe una tercera vía que son las organizaciones sociales, pueblos y nacionalidades, obreros, estudiantes, comunas, barrios, colectivos y todo el pueblo oprimido y explotado, desde donde surge una propuesta base, cuya intención es generar un espacio de debate y de unión de los pueblos, una base para la construcción del poder popular.

Sobre la propuesta del Parlamento de los Pueblos denominada “Minga por la vida”, Apawki Castro enfatizó que es la respuesta ante un escenario de crisis extrema producida por las políticas neoliberales implementadas desde los últimos años del correísmo y radicalizadas durante el gobierno de Moreno en acuerdo con las élites económicas del país, lo que ha traído una crisis catastrófica que se ha descargado sobre la clase trabajadora. La pandemia Covid-19, ha agudizado el escenario de crisis, no es la causa; y de manera miserable este gobierno ha aprovechado la pandemia para implementar políticas como la reforma laboral y recortes presupuestarios, que es una vieja aspiración de los grupos empresariales para elevar sus tasas de ganancia. 

La “Minga por la vida” basa su propuesta económica en la redistribución de la riqueza, que la crisis la paguen los ricos, se propone una contribución del 1% sobre los activos de los 270 grupos económicos más grandes; así como una contribución del 2 % sobre el patrimonio individual superior al millón de dólares. La necesidad urgente de una Ley de Impuesto sobre las grandes fortunas en manos de los grupos hegemónicos Lasso, Egas, Noboa, etc., incrementar el impuesto a la renta a las empresas con utilidades mayores al millón de dólares; tasas impositivas máximas a los grandes grupos económicos (270), así como a las ganancias extraordinarias (de empresas con utilidades que superen el 20% anual sobre el patrimonio); aumentar en 2 puntos porcentuales el impuesto a la renta a las empresas y personas que tengan depósitos en paraísos fiscales. 

Por otro lado, el Colectivo Nacional señaló que se necesita aliviar la economía del sector pequeño y microempresario y así lograr equidad de oportunidades, por ello, la propuesta incluye eliminar el impuesto a la renta para micro y pequeñas empresas, asegurar y reducir el IVA al 10%. Cobrar las deudas tributarias de los grandes grupos de poder económico, suspensión del pago de la deuda externa y la realización de una auditoría a la deuda externa adquirida desde 2014 hasta la fecha, así como la renegociación de los contratos de los sectores estratégicos. En lo económico-social existen dos propuestas fundamentales, la renta básica universal y la universalización del Sistema de Seguridad Social, el Estado debe garantizar su contribución al IESS, este no puede seguir siendo la caja chica de cada gobierno de turno.

Esperamos que esta propuesta sea un punto de debate con todos los sectores del país, y la herramienta de unidad de la clase popular, solo la organización nos sacará de la crisis y el desastre en el cual nos encontramos. El 30 de julio se lanzará de forma amplia y masiva esta propuesta desde el Parlamento de los Pueblos. 

¡Viva la unidad de los pueblos, campesinos, trabajadores, obreros, mujeres y hombres!

 

https://conaie.org/2020/07/15/minga-por-la-vida-para-enfrentar-la-crisis/

Fuente: https://rebelion.org/minga-por-la-vida-para-enfrentar-la-crisis/

 

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El movimiento francés demostró un potencial revolucionario que veremos surgir en la postpandemia

Los chalecos amarillos y

la invención del futuro

15 de julio de 2020

 

Por Pierre Dardot, Christian Laval

Observatorio Internacional de la Crisis

La revuelta de los Chalecos Amarillos ha sido interpretada y analizada muchas veces y de muchas maneras. La derecha y la mayoría de los medios de comunicación, han definido al movimiento como casi fascista, como una forma de delincuencia colectiva, en una palabra, como una amenaza a la democracia y sus instituciones.

También entre gente que simpatiza con los movimientos sociales – incluidos muchos activistas de izquierda – ha existido una fuerte reserva sobre esta nueva forma de acción política. Muchos en la izquierda tradicional desconfían de la lucha de los Chalecos Amarillos por «confusa» o «poco clara”.

Que los Chalecos Amarillos inspiren tales reacciones muestra hasta qué punto el movimiento ha sorprendido, avergonzado, desorientado e incluso preocupado al sistema político . Los Chalecos Amarillos, en otras palabras, son un movimiento que ha sacudido los patrones y criterios establecidos por la «sociología política institucional”.

El factor principal que desencadenó las protestas – el «impuesto sobre el combustible”- ha llevado a algunos a pensar que los Chalecos Amarillos son anti-ambientalistas y que defienden el derecho de los automovilistas a contaminar el cuanto quieran.

Pero a pesar de estos ataques, una cosa es cierta: este levantamiento popular es un evento político muy significativo. No debemos olvidar cuánto duró, cuánto provocó y por qué obtuvo el apoyo mayoritario de la población. Pero, sobre todo, las características de esta revuelta son las que marcan un punto de inflexión en la historia social y política de Francia.  

Primero: una explosión espontánea en las redes sociales avanzó hacia una dinámica de auto-organización. Segundo: tienen una composición sociológicamente (son asalariados, jubilados, desempleados, propietarios de pequeñas empresas y mujeres que no tenían experiencia previa en movilización colectiva). Y tercero, han inventado formas originales de acción ( ya no son las manifestaciones sindicales en los «grandes bulevares», ahora son  ocupaciones de las «rotondas» en todas partes y, demostraciones, todos los sábados, a veces violentas en el centro de París).

Las discusiones se han focalizado en cómo definir el movimiento: ¿revuelta, insurrección, jacquerie ? No han faltado todo tipo de interpretaciones léxicas.

Lo que se ha olvidado es que la revuelta es básicamente la irrupción de “voces desde abajo”. Voces que han sido silenciadas  y excluidas de cualquier tipo de representación, Voces de ciudadanos que han sido víctimas en las decisiones de las elites políticas y financieras.

Pero, la característica más importante de este levantamiento popular es que inventó con éxito nuevas formas para enfrentar directa e intransigentemente la lógica neoliberal.

Lo que realmente llama la atención es la lúcida conciencia de estos actores que no han olvidado nada del pasado y que supieron reconocer la continuidad de las políticas neoliberales de Sarkozy, Hollande y Macron. De hecho, lo que desató la revuelta fue precisamente la aceleración del programa neoliberal de Macron.

Desde el principio, los Chalecos Amarillos entendieron perfectamente que esta lógica aumenta las desigualdades sociales y territoriales,  que se trata de una política que reduce los impuestos a los ricos y que disminuye los servicios públicos de los que dependen los más pobres para sobrevivir.

El principal resultado de esta revuelta es el establecimiento de una nueva entidad colectiva que se niega a disociar la lucha por la justicia social con la lucha por el medio ambiente y con la búsqueda de nuevas formas prácticas de ejercer la democracia.

Al respecto, debemos observar las características de la revuelta.

La revuelta desafió, de manera práctica, los métodos de organización y discursos clásicos de contestación social. Según la hipótesis de Laurent Jean-Pierre estamos ante la invención de nuevas formas de acción y organización y la revuelta marca el comienzo de un nuevo ciclo de contestación social.

 Las tres negaciones

La revuelta de los Chalecos Amarillos cuestionó directamente la política de representación establecida y lo hizo con tres negativas concomitantes.

Primero: el movimiento se negó a someterse a los movimientos sociales tradicionales que se desarrollaron a partir del siglo XIX, el movimiento despegó su acción de manera independiente de sindicatos y de partidos políticos . Por cierto, esta es la razón por la cual los Chalecos Amarillos han desconcertado a muchos líderes políticos y sindicales que no han sabido qué hacer con este tipo de revuelta atípica.

Un aspecto del movimiento que es particularmente llamativo se deriva del hecho que el tema de las relaciones capital-trabajo no se presentó de manera directa en sus demandas. Al contrario de otros movimientos el desempleo y las condiciones laborales no fueron una tema central.

El objetivo de la revuelta era más bien la injusticia fiscal y social, percibida como la principal responsable de los bajos ingresos. Las demandas, no estaban dirigidos contra los «empleadores» sino contra Macron, el Estado y la Oligarquía, todos mezclados sin distinción.

Segundo: La revuelta se negó desde el principio a operar en el marco de la «democracia representativa». No sólo no se invitó a los partidos políticos a participar del movimiento, sino que se denunció a quienes «intentaban cooptar» el movimiento.

En consecuencia, quisieran o no, los partidos políticos de izquierda y derecha mantuvieron distancia del levantamiento y fueron relegados al papel de espectadores de un enfrentamiento entre el Estado y los Chalecos Amarillos (Por tanto, los activistas de extrema izquierda o de extrema derecha que se involucraron en el movimiento lo hicieron usando un chaleco amarillo, nunca reclamando abiertamente una organización o ideología).

Tercero: el movimiento negó la representación establecida por los discursos dominantes. De hecho, no sólo rechazaron partidos políticos, sindicatos e instituciones representativas, sino también fueron impugnados los discursos políticos y mediáticos que supuestamente «representan» a la sociedad.

El discurso político, en particular, se juzgó demasiado distante y abstracto, es decir, demasiado lejano de la «vida real» y, por lo tanto, incapaz de significar las condiciones concretas y vividas de la «gente de abajo».

Esta negativa a la alienación política de las personas se relacionan con el «bla bla bla» deshonesto de los políticos. Esta objeción a «palabras que no significan nada» no fueron meramente negativas. Los Chalecos Amarillos buscaron formas de articular una voz colectiva que pudiera hablar con franqueza sobre por qué es difícil ganarse la vida, sobre el sufrimiento social y sobre los callejones sin salida de millones de personas.

La memoria histórica de la Revolución Francesa, los símbolos como la bandera nacional y la Marsellesa y expresiones como «somos el pueblo» ayudó enormemente a las personas a articular sus demandas. De esta manera la voz colectiva de los Chalecos Amarillos conectó las experiencias diarias con el recuerdo de un evento histórico fundador de Francia.

Prácticas fundadoras o instituyentes de los Chalecos Amarillos

La revuelta fue una oportunidad para construir un nuevo discurso político y fue desconcertante para quienes se consideran «representantes legítimos» de la sociedad: políticos, periodistas, activistas sindicalista, etc.

Al contrario de lo que se ha dicho, los Chalecos Amarillos no son «apolíticos». El movimiento es  «transversal» o “anti-partido”, y eligió construir un nuevo discurso político a partir de experiencias diarias, personales y locales.

El tema colectivo de este discurso no era una clase o un cuerpo profesional o un grupo ya establecido, sino una masa de individuos identificados como un grupo reconocible por el hecho  que usan un chaleco amarillos y también por haber formado una comunidad de experiencias y similitudes en sus vidas.

El principio de rechazar la representación establecida, que puede expresarse como «nadie tiene derecho a hablar por nosotros», es una voz claramente política que rechaza la mediación tradicional . Es una reivindicación para hablar con claridad sobre la vida cotidiana de millones de personas pobres o modestas .

Y este discurso directo va acompañada de valores no negociables. Es una voz colectiva que reclama mayor justicia social y mayor igualdad, sin mediación, sin portavoces, sin objetivos específicos.

Esto, entre otras cosas, es lo que hace que esta revuelta sea diferente de los movimientos sociales «clásicos», organizados contra una decisión que afecta a una categoría profesional particular, contra una ley que ataca un aspecto de la vida o contra una medida política específica y que, en el mejor de los casos, lleva a una «negociación».

Los Chalecos Amarillos no están simplemente pidiendo el «fin de la austeridad» o defendiendo “esto o aquello” o luchando contra la reforma de las pensiones. El hecho más notable es que a partir del alza del precio del combustible, todo el sistema de desigualdades de la sociedad fue cuestionado y luego, muy rápidamente, se cuestionó también un sistema político que legitima, mantiene y empeora las desigualdades.

La demanda política de igualdad y justicia social es doble: universal y local. Se manifiesta en dos tipos de práctica. El primer tipo son las manifestaciones todos los sábados en el corazón de los centros de poder y justo en el medio de los barrios elegantes de París . Allí se proclama la igualdad para todos y se denuncia la injusticia social que afecta a todos.

La segunda práctica es la ocupación de las rotondas, que son campamentos que sirven a la organización territorial. En las carpas las personas discuten diferentes formas de continuar la lucha, las demandas y sus prioridades. Se establece una nueva lógica de las asambleas locales, lo que Laurent Jean-Pierre llama la «re-politización del lugar”.

La ocupación de las rotondas se extendió por todo el territorio interconectada mediante las redes sociales. Sobre esta base se creó una programa nacional de demandas y se planificó la movilización en las ciudades de acuerdo con el principio de «rotación centralizada «.

Aunque la utilización de Facebook ayudó a superar la represión, lo más sorprendente – y quizás más prometedor-  es la organización federativa que condujo a la creación de «asambleas de asambleas» en Commercy , Saint-Nazaire , Montceau-les-Mines.

Un desafío y un comienzo

Los Chalecos Amarillos han sido una revuelta completamente nueva que ha roto todas las reglas habituales de los conflictos sociales. El movimiento ha demostrado la existencia de un enorme potencial revolucionario contra las desigualdades del sistema neoliberal. Este potencial es explosivo, a pesar de los intentos de cooptación por la extrema derecha.

Dos aspectos de este potencial revolucionario merecen atención extra.

Si bien somos testigos, al menos aparentemente, del crepúsculo de las organizaciones tradicionales que surgieron del socialismo y el sindicalismo histórico ( y que hasta ahora parecen incapaces de reinventarse) estamos viendo la aparición de nuevas poderosas formas de lucha por la igualdad y justicia social.

Los actores de estas nuevas formas de organización se niegan a ser embargados por organizaciones burocráticas o por líderes carismáticos muy al contrario de la «razón populista» teorizada de manera imprudente por Ernesto Laclau, para apoyar la lógica antidemocrática de la representación política.

El nuevo hecho es que un movimiento auto-organizado ya no es prerrogativa de los jóvenes precarios ( a menudo altamente educados) o de los trabajadores de la industria del entretenimiento francés o de los activistas de la Nuit Debout. Más bien el nuevo movimiento pertenece a personas de categorías sociales muy diferentes, muchas de las cuales se presumía no tenían competencias políticas.

La originalidad de la revuelta de los Chalecos Amarillos  fue su creación de un «nosotros» a través de un signo común visible ( el chaleco) y por medio de colectivos virtuales creados en las redes sociales.

Por supuesto, que hay más de una pregunta importante que deberá resolver el movimiento: ¿ será políticamente efectiva y duradera una forma original de democracia radical sin renunciar a sus principios cardinales? ¿será capaz de desarrollarse más allá de la pandemia y crear un movimiento nacional que preserve sus características locales, descentralizadas y democráticas?

La respuesta práctica apareció durante las «asambleas de asamblea» del movimiento. La declaración de los Chalecos Amarillos de la localidad de Commercy (una ciudad en el norte de Francia) llamó a «crear una Asamblea de Asambleas y la Comuna en  los Municipios».

En la reunión los delegados de varios cientos de asambleas populares locales reflexionaron colectivamente sobre el tema para facilitar un movimiento descentralizado y elaborar un bosquejo de una Federación de Comités Populares que se identifiquen con la democracia directa, la ecología y las demandas de igualdad. ¿Qué surgirá de esta dinámica federativa?  No lo sabemos.

El segundo aspecto a tener en cuenta es la forma en que este movimiento ha enfrentado e incluso desbaratado las propuestas de la ecología neoliberal, que hoy uno de los ejes centrales del neoliberalismo para los próximos años y décadas. Por «ecología neoliberal» nos referimos los discursos y las políticas que consisten en atribuir la responsabilidad de la crisis climática al comportamiento individual y en particular de los miembros de las clases populares, estableciendo de manera simultánea incentivos fiscales al capital cuyo efecto es el aumento de las desigualdades.

La gestión neoliberal de la crisis climática culpa a cada individuo, sea cual sea su clase social o su nivel real de responsabilidad. Esto hace posible descargar la carga de una engañosa “transición ecológica” sobre la mayoría de la población,  en especial sobre los más débiles.

En este sentido, la revuelta de los Chalecos Amarillos es una de las primeras movilizaciones que articulan el tema de la igualdad y el clima, la justicia social y la justicia climática. Es, sin duda, también su principal lección para la izquierda global.

Pierre Dardot es filósofo y especialista de Hegel y Marx. Sus libros más recientes, escritos junto con Christian Laval, incluyen Common: On Revolution in the 21st Century (Bloomsbury, 2014), The New Way Of The World: On Neoliberal Society (Verso Books, 2017) y Never-Ending Nightmare: The Asalto neoliberal a la democracia (Verso Books, 2019)Fuente: https://rebelion.org/los-chalecos-amarillos-y-la-invencion-del-futuro/

 

"Esperamos que esta propuesta sea un punto de debate con todos los sectores del país, y la herramienta de unidad de la clase popular, solo la organización nos sacará de la crisis y el desastre en el cual nos encontramos"Si bien consideramos clave de emancipación a la unión, la propuesta de Conaie coincide con las de muchas fuerzas e intelectuales en Argentina que hacen centro en mejorar la distribución exigiendo al Estado y por tanto, mirando por un capitalismo con rostro humano.

 

Por el contrario, los Chalecos Amarillos confrontan con: el Estado, el gobierno de turno del estado y la oligarquía. Plantean lo esencial en la unión emancipadora que consiste en la articulación de todas las luchas por justicia social con las por la justicia ecológica climática. Otra característica fundamental para la independencia de les oprimidos de sus expoliadores o del capitalismo es que rompen con la democracia representativa y todas las mediaciones vigentes hasta ahora que han conciliado de distintos modos e intensidades con el capitalismo. En fin, apreciamos la forma asamblearia territorial de deliberar y decidir.

 

 

En consecuencia, la unión de todas las luchas por justicia social con las que procuran justicia ecológica climática es asumir las múltiples facetas y dimensiones de la incompatibilidad del Capital Estado con la vida. Es tender a poner fin a la expoliación de los trabajadores empoderándolos por reparar no sólo en la gravedad de la crisis a que el capitalismo nos condujo sino ante todo reparar en el imperativo de erradicar su sometimiento al Capital si pretenden contribuir a que los pueblos planetarios tengan porvenir.

El capitalismo acomoda sus peones ante la crisis sistémica y del trabajo

16 de julio de 2020

 

Por Eduardo Camín

CLAE

A pesar de las medidas extraordinarias adoptadas en todo el mundo, con frecuencia de una forma que no tiene precedentes, la crisis de la Covid-19 ha repercutido de forma muy adversa en los mercados laborales y obligará a los encargados de la formulación de políticas a afrontar retos políticos de gran alcance.

Un reciente Informe el Observatorio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sostiene que los resultados que se logren en el mercado laboral en el resto de 2020, y en años sucesivos, dependerán de las decisiones que adopten, así como de la evolución de la pandemia en el futuro, y podrían repercutir en el mundo del trabajo a largo plazo.

No todos los países deberán afrontar la misma situación. La gravedad de las dificultades que deban subsanar y los instrumentos y recursos que puedan utilizar al respecto variarán sustancialmente. No obstante, la mayoría de los países tendrán que hacer frente a una serie de dificultades fundamentales, como la armonización de las intervenciones políticas en los planos sanitario, económico y social, a fin de lograr resultados satisfactorios sostenibles para los mercados laborales.

Desde el comienzo de la pandemia ha sido necesario prioriza medidas de contención y erradicación de la propagación del virus y, pese a que ello ha redundado en costos económicos y sociales sustanciales, constituye una condición previa necesaria para impulsar una recuperación sostenible.

Por otro lado, se pide cada vez más a los encargados de la formulación de políticas que establezcan claramente un calendario para la reapertura de los lugares de trabajo y los protocolos sanitarios que deben observarse a tal efecto, y que determinen si se seguirá brindando apoyo a las empresas y a los trabajadores que no pueden retomar su actividad habitual.

La adopción de ese tipo de decisiones es compleja, habida cuenta de los costos que conllevan para los sectores público y privado la prolongación de las restricciones, la inquietud asociada a intervenciones prematuras susceptibles de propiciar una segunda fase de la pandemia y la presión cada vez mayor de la opinión pública.

Por otro lado, la aplicación y el mantenimiento de las intervenciones políticas a la escala necesaria, habida cuenta de que los recursos son cada vez más insuficientes.

El reconocimiento general de la obligación de adoptar «todas las medidas necesarias» para mantener la actividad económica, el empleo, la actividad empresarial y los ingresos a lo largo de la pandemia ha llevado a los gobiernos a fijar objetivos fiscales y monetarios de antemano.

Muchos países tendrán que afrontar un elevado nivel de deuda externa y aplicar medidas políticas monetarias muy restrictivas, aun si la pandemia remitiera en los próximos meses.

Pero los efectos adversos en los mercados de trabajo y la compleja coyuntura económica a escala mundial que se prevé a largo plazo subrayan la necesidad de seguir aplicando políticas que fomenten la recuperación, si bien ello tendrá lugar en condiciones fiscales y monetarias sin precedentes.

Una consolidación fiscal anticipada, como la que siguió a la crisis financiera de 2008-2009, podría conllevar el riesgo de desestabilización de los mercados laborales, ya menoscabados por la covid 19.

La pandemia ha puesto de manifiesto amplias deficiencias y desigualdades en el mundo del trabajo, y las ha acentuado. Las mujeres, los jóvenes y los trabajadores del sector informal, que se encontraban en una situación muy desfavorable antes de que comenzara la crisis, han padecido algunas de sus peores consecuencias.

Por otro lado, ha aumentado la concienciación pública sobre la labor, a menudo compleja e infravalorada, de determinados grupos, en particular los trabajadores de los sectores sanitario y de atención social y los servicios de limpieza, así como los trabajadores domésticos, cuya labor ha sido y sigue siendo primordial para superar la pandemia.

Obviamnte, si no se hace hincapié de forma explícita en la mejora de la situación de los grupos más desfavorecidos y vulnerables, los procesos de recuperación podrían agravar las actuales situaciones de injusticia.

Además, la OIT exhortó al mantenimiento de la solidaridad y del apoyo internacionales, en particular con respecto a los países emergentes y en desarrollo, ya que la respuesta general a la crisis mundial de la Covid-19 se ha caracterizado por una cooperación internacional deficiente: la gran cantidad de recursos utilizados por los países de ingresos elevados para hacer frente a la pandemia no ha estado al alcance de otros países.

Ello ha incidido ampliamente en la capacidad de los países en desarrollo y emergentes para proteger a sus ciudadanos y afrontar la pandemia, lo que a su vez condicionará la evolución de la situación en todos los países en el futuro.

La retórica sobre la necesidad de aplicar medidas de respuesta a escala mundial frente a la crisis de la Covid 19 debe sustituirse por acciones específicas que permitan brindar asistencia a los países que gocen de menor espacio fiscal, en particular mediante la adopción de medidas multilaterales encaminadas a facilitar la financiación y el pago de deuda.

Los debates estériles, una absurdidad dialéctica

Es obvio que la preocupación de la OIT, por advertir sobre las consecuencias nefastas de una determinada realidad no es nuevo. Pero son lo que son, recomendaciones. En realidad el debate se sitúa en otro escenario, entre los partidarios del capitalismo que atribuyen la crisis a la mala gestión de banqueros, gobiernos, empresas, o el Covid 19 el cual piensan superar, a cualquier costo y por el otro los opuestos al capitalismo, que vinculan la crisis a su existencia misma.

El sistema capitalista es caótico, y en su seno conlleva una crisis tras otra, que a su vez sólo aparece a los ojos comunes en el instante en que la gran burguesía empieza a hallar dificultades de rentabilidad y por consecuencia se ahonda la contracara natural de la inmensa riqueza que se genera en el sistema, que en el fondo no es otra que las hambrunas, miserias, precariedad y violencia desquiciante.

El mencionado funeral del capitalismo no puede ser otra cosa que el fin de una época, puesto que lo fracasado no es un orden de desarrollo económico o social sino el fin del desarrollo de un orden conocido. Por ello, toda respuesta o sugerencia a la situación por venir al interior del sistema adquiere caracteres absurdos. Encubrir la crisis, y hacerla ver como un episodio externo al sistema es un éxito de los economistas de la burguesía.

Entre sus defensores hay quienes piensan que es la última de las crisis cíclicas del moderno sistema de explotación, que acabará venciéndola y que incluso lo fortalecerá, no obstante, su extrema gravedad, como en 1929, con una refundación del capitalismo para salvarlo de su sepultura.

Otros sostienen que es la crisis integral y final de ese sistema y que el único modo de salir de ella es establecer el modo de producción, no capitalista de desarrollo. Una visión optimista de quienes piensan que este hundimiento del sistema , este fracaso sistémico, acabará con el capitalismo como por arte de magia: se haría pedazos no tanto por una presión subversiva o revolucionaria sino como resultado de la fractura de su propio organismo.

La crisis del capitalismo es integral por abarcar las crisis financiera, la real cíclica, la energética, la del sector alimentario, la ecológica, la de la agresiva política exterior imperialista, la ideológica, la moral, de gobernabilidad, la del consumismo desenfrenado, la de su conomía política, que mezcla neoliberalismo y recetas de Keynes, antes desechadas. Desde que estas crisis se hicieron una sola, querer examinarlas por separado es el más grave error.

El sistema está diseñado para la acumulación de capital, no para la satisfacción de las necesidades de quienes trabajan. La ganancia es el único motor de la actividad económica, por ello al burgués con virus o sin él, le es indiferente invertir en medicinas, drogas o tráfico de seres humanos; es un negocio como cualquier otro.

El proceso de competencia va ahogando a millones de empresas, concentrando y centralizando la producción para aprovechar economías a escala. Esa es la única forma de fructificar los recursos técnicos para aumentar los beneficios, abaratar los salarios e incrementar la tasa de ganancia.

La realidad nos muestra que a medida que se desarrolla el sistema, agudiza todas sus contradicciones y se muestra más reaccionario y salvaje.

El empleo, especie en vías de extinción en el mundo de las promesas

Antes de la pandemia, la comunidad internacional ya se había comprometido a realizar transformaciones de gran alcance en los procesos de desarrollo a escala mundial. Y también en el mundo del trabajo, a través de la adopción de la Agenda 2030 de Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible y la Declaración del Centenario de la OIT sobre el futuro del trabajo, respectivamente.

Mientras tanto, la realidad, nos enseña que los trabajadores son echados a la calle por millones, las empresas quiebran por miles, la inflación se dispara y hace imposible la subsistencia. La burguesía con sus órganos propagandísticos se dedica a explicitar subidas y bajadas de la bolsa de valores, lo que muestra la imbecilidad y mistificación ilimitada de ese «análisis».

Tras la superación de la pandemia, en el mundo habrá un mayor nivel de desempleo, desigualdad, pobreza, deuda y frustración política. Ante ello, no queda más que develar la gravedad de la crisis, porqué nos afecta profundamente, entender que no existen salidas capitalistas a la misma.

Y que tampoco hay retorno a la socialdemocracia populista, para salvar un sistema que hace aguas en las crisis ecológicas, energéticas, éticas, alimenticia, cultural, que juntas se arrullan en el cuadro sistémico de la crisis.

Pero por más que le pese a los organismos internacionales plenos de buenas intenciones, no es ni será la burguesía -clase social portadora de la acción de valorización del capital- la que, en su dinámica de acumulación y reproducción de riquezas, favorezca la apertura y creación de espacios.

Por el contrario, frente a las demandas de las clases más oprimidas siempre se ha respondido con violencia y represión. La paradoja es que sin horizonte revolucionario, ¿quien detiene la marcha del capitalismo?

Periodista uruguayo acreditado en ONU-Ginebra. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

http://estrategia.la/2020/07/15/el-capitalismo-acomoda-sus-peones-ante-la-crisis-sistemica-y-del-trabajo/

Fuente: https://rebelion.org/el-capitalismo-acomoda-sus-peones-ante-la-crisis-sistemica-y-del-trabajo/

 

 

 

Tenemos el deber, quienes luchamos por justicia social y por justicia ecológica como formas de defensa de la vida planetaria, de instalar en la agenda popular:

 

 

 

El capitalismo al desnudo

Crisis civilizatoria y pandemia

 25 de abril de 2020

Por Marcelo F. Rodríguez (Rebelión)

La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto, el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar.

Albert Camus, La Peste

La velocidad con que la pandemia de coronavirus se derramó por el mundo ha generado diversas reacciones. Conmoción, incredulidad, un lógico temor que muchos medios de comunicación se encargan cotidianamente de transformarlo en pánico, el brusco cambio en la vida cotidiana a partir de la declaración de cuarentenas, medidas de aislamiento social, suspensión de actividades públicas que, de un día para el otro, nos ha confinado en nuestras casas, con la mayoría de las relaciones restringidas a la virtualidad, si tenemos el privilegio de acceder a la conectividad, o a la restringida territorialidad de los barrios.

Intempestivamente, la “normalidad” se vio alterada. Las poblaciones se enfrentan a un escenario distópico, a un mal sueño que rememora con toda su carga de angustia e incertidumbre los futuros más oscuros planteados en la ciencia ficción, de los cuales Hollywood nos ha dado, y sigue haciéndolo, muestras recurrentes para sugerirnos en tono amenazante que el futuro puede ser mucho peor que la realidad que vivimos.

Desde diversos puntos de vista, más o menos optimistas, más o menos pesimistas, se esgrimen y debaten perspectivas sobre el mundo pospandemia, sobre la sociedad que encontraremos y debamos enfrentar e insistir en transformar una vez que, pasado el mal sueño, retomemos la “normalidad”.

Pero, ¿de que se habla cuando se dice normalidad?

¿En qué mundo, en qué realidad se produce la pandemia?

Desde hace tiempo, hemos sostenido, siguiendo el pensamiento de Fidel Castro, que el capitalismo se encuentra inmerso en una crisis que no es solo económica, financiera, como algunas de las precedentes que logró sortear de alguna manera, siempre haciendo pagar el costo de esas crisis a los pueblos, a los trabajadores y trabajadoras y aprovechando estas para extremar los procesos de concentración, para comerse a los más débiles.

El marco global en el que ha arremetido la pandemia, es el de la continuidad de la mayor crisis de la historia del capitalismo, en la cual perduran los aspectos financieros, energéticos, culturales y económicos, que se manifiestan en términos humanitarios, ambientales y alimentarios, constituyendo una única y gran crisis, sobredeterminante, múltiple, abarcadora: la crisis civilizatoria del capitalismo, un proceso en el cual, el sistema, aunque busque disimularlo, enfrenta una vasta y compleja decadencia.

Como bien dice el filósofo Asier Arias en su artículo Ortodoxia económica y crisis civilizatoria [2]No es necesario un terremoto para derribar un castillo de naipes: basta un exceso de peso aquí o una leve corriente de aire allá. Basta, en otras palabras, una eventualidad. La pandemia de COVID-19 no ha sido esa eventualidad para el caso del castillo de naipes de nuestra civilización: las cartas llevaban medio siglo cayéndose, y lo hacían cada vez más deprisa.”

La profunda crisis capitalista, como sabemos, ya estaba presente, y la pandemia lo que ha hecho, hasta ahora, es comenzar a correr los velos tras los cuales la decadencia del sistema intentaba ocultarse.

Esto es así porque el capitalismo, y no solo en su fase neoliberal, sino en su lógica sistémica más allá de las adjetivaciones que buscan “embellecerlo”, se basa en la concentración, privatización y mercantilización masiva de los bienes comunes de la humanidad, siendo su naturaleza incompatible con la preservación del equilibrio del ecosistema y la satisfacción de las necesidades básicas. El modo de producción del sistema capitalista globalizado, erosiona y destruye al planeta, por lo cual, se puede afirmar que la crisis global que enfrenta la humanidad, sobre la cual se derrama el coronavirus, es parte intrínseca de la crisis sistémica del capitalismo, que incluye la cultura del consumismo a ultranza.

La supuesta “normalidad” prepandemia, consiste entonces en un escenario de crisis sistémica que tuvo su, hasta ahora, mas reciente pico en 2007/2008, con epicentro en el sistema financiero estadounidense y que continúa propagándose por el mundo con diversos grados de intensidad. La pérdida masiva de empleos combinada con la concentración del 80% de recursos (en alimentos, medicamentos, combustibles) en el 12% de la humanidad que vive en los países ricos, quedando para la gran mayoría una ínfima parte de los mismos, nos señalaban ya la impotencia del sistema capitalista para solucionar los problemas de un mundo en el cual se espera que la población aumente en 2.000 millones de personas en los próximos 30 años, pasando de los 7.700 millones actuales a los 9.700 millones en 2050, pudiendo llegar a un pico de cerca de 11.000 millones para 2100 (ONU, 2019).[3]

La implementación de las recetas “pro” mercado, meritocráticas que fomentan culturalmente el individualismo consumista para algunos y algunas y la lisa exclusión para otros y mayormente para otras, dejó en nuestras sociedades un saldo de altos grados de pobreza, concentración de la riqueza, desigualdad y una profunda precarización de las condiciones de vida.

Es así que hoy, a escala mundial, 26 personas concentran una riqueza equivalente a la de 3800 millones de pobres y el 13% de los/as trabajadores/as viven bajo la línea de pobreza. (OXFAM. 2019)

La pérdida masiva de empleos, el aumento de la pobreza y la creciente desigualdad se vuelve cada vez más acuciante. Un informe de OXFAM de enero de 2019, plantea algunos puntos que demuestran el crecimiento de la desigualdad, en esa “normalidad” prepandemia:

-La riqueza de los milmillonarios se incrementó en 900.000 millones de dólares en 2018, lo que supone $2500 millones al día.

-En 2018, 26 personas poseían la misma riqueza que los 3800 millones de personas más pobres del mundo.

-Tan solo 4 centavos de cada dólar recaudado a través de impuestos corresponden a los impuestos sobre la riqueza.

-En algunos países, el 10% más pobre de la población dedica al pago de impuestos un porcentaje mayor de sus ingresos que el 10% más rico.

-En la actualidad, hay 262 millones de niñas y niños sin escolarizar.

-Cada día, 10.000 personas pierden la vida por no poder costearse la atención médica.

-Los hombres poseen un 50% más de la riqueza mundial que las mujeres y controlan el 86% de las empresas. (OXFAM, 2019)[4]

En lo que respecta a los índices de pobreza, en América Latina, la tendencia viene en alza desde 2015, registrándose que el 30,1% de la población se encontraba bajo la línea de pobreza en 2018, mientras que un 10,7% vivía en situación de pobreza extrema, tasas que aumentarían a 30,8% y 11,5%, respectivamente, en 2019, según las proyecciones de la CEPAL. (CEPAL, 2019, p. 17)

Frente a estos datos, en los últimos años se han multiplicado los debates sobre cómo enfrentar la creciente pobreza y una desigualdad que, como planteó en su extenso y promocionado trabajo El capital en el siglo XXI, Thomas Piketty, en el siglo XXI se acerca velozmente a los parámetros del siglo XIX. (Piketty, 2014).[5]

En muchos de estos debates sobre la desigualdad, prevalece una mirada sesgada que hace hincapié en los ingresos y la riqueza. Si bien estos son aspectos muy importantes, para tener una completa visión del problema de la desigualdad, el propio Informe sobre Desarrollo Humano de PNUD en 2019, plantea que:

“[se] debe ir más allá de los dólares y las rupias para entender las diferencias existentes en otros aspectos del desarrollo humano y los procesos que conducen a dichas diferencias. Existe desigualdad económica, por supuesto, pero también desigualdades en facetas clave del desarrollo humano, como la salud, la edu­cación, la dignidad y el respeto de los derechos humanos. Puede que esas desigualdades no se manifiesten al considerar únicamente la des­igualdad de ingreso y riqueza. (PNUD, 2019 p. 6).[6]

Para tener una aproximación más integral al análisis de la desigualdad, a las disparidades de ingreso hay que incorporarle el examen de otras formas de desigualdad, que se manifiestan, por ejemplo, en el acceso a la educación, la salud, los servicios públicos, a la esfera política, a los más elementales derechos humanos. Todas estas dimensiones, cuyo debilitamiento se constituye como objetivos principales de las políticas de ajuste, han quedado, por si hacía falta, más expuestas por la pandemia.

La “normalidad” prepandemia, es un mundo el cual la opresión ha alcanzado una profundidad y una multiplicidad de formas jamás vista en la historia humana. Donde la “democracia realmente existente” va dejando caer sus velos y ya no puede ocultar que, en su inmensa mayoría, se trata de una práctica meramente formal de procesos electorales de los que queda excluida la mayor parte de la sociedad, en un marco de resurgimiento de ideas y métodos fascistas, como vemos en varia regiones del mundo y en especial en los Estados Unidos de la mano de su política belicista. Un mundo en el que ya era más que lícito plantearse un necesario debate sobre la incompatibilidad del capitalismo con sistemas democráticos, la incompatibilidad de esa “normalidad” con la subsistencia de la humanidad.

El contexto que nos plantea la yuxtaposición de la crisis civilizatoria del capitalismo y la pandemia de COVID 19, ha incrementado los debates y análisis sobre la sociedad pospandemia y las alternativas en pugna, no por muy repetida, la disyuntiva planteada por Rosa Luxemburgo de Socialismo o Barbarie vuelve a interpelarnos poco más de un siglo después de haber sido enunciada.

La crisis que viene atravesando el sistema capitalista ha demostrado una preocupante tendencia en buena parte del mundo a “derivar por derecha”, y esto es así porque la alternativa de supervivencia capitalista en crisis constante tiene su punto de apoyo en el enorme patrimonio cultural burgués conservador instalado por más de dos siglos de capitalismo y que en las últimas cinco décadas de globalización ha llegado a penetrar en todos los rincones del planeta convirtiéndose en un fenómeno hegemónico de una intensidad nunca antes vista.

Las arremetidas imperialistas salvajes a gran escala, pueden provocar que amplios sectores de las sociedades periféricas se resignen a sobrevivir de manera conservadora de los restos de este capitalismo declinante y puede dar lugar, como ya hemos visto, a opciones neofascistas.

Nacionalismos y regionalismos degradados y otras formas de continuidad conformista aparecen encubiertos, muchas veces, en discursos referidos al “capitalismo sano, serio, humano, nacional o productivo y no financiero”. En realidad, todos capitalismos plenos de empleos basura, de masas desocupadas contenidas por políticas públicas asistencialistas, que sólo proponen un mínimo piso de subsistencia en el marco, muchas veces, de un neo-desarrollismo “sensato” que nos insta a adaptarnos a “lo que hay”, a conformarnos con sobrevivir y confiar en nuestros méritos individuales para alcanzar ciertos niveles de progreso personal.

Pero, además, como bien recordó el presidente de Cuba Miguel Díaz Canel, al citar palabras de Fidel Castro en su discurso, hace 15 años, en la Conferencia Mundial Dialogo de Civilizaciones. América Latina en el siglo XXI: Universalidad y Originalidad: “La humanidad puede salvarse, porque el imperio está sufriendo una profunda crisis; sin crisis no hay cambios, sin crisis no se forman conciencias; un día de crisis forma más conciencia que 10 años de transcurrir el tiempo, que 10 años sin crisis”

Porque la puja que enfrentamos no puede quedar limitada a la ilusión de que la crisis y la peste bastan para poner fin al capitalismo, sino que tenemos, con las posibilidades que abre este tiempo histórico, que actuar organizadamente sobre la necesidad de implementar una transformación hacia una sociedad poscapitalista, hacia la alternativa socialista.

Para esto contamos con qué, más allá de los salvajes ataques sufridos y de varias derrotas, la alternativa socialista, no sólo ha resistido, sino que cuenta con experiencias que van dejando importantes ejemplos, enseñanzas y asoman persistentemente, de manera multiforme, asumiendo sus particularidades, a lo largo y ancho del mundo, muchas veces bajo apariencias confusas, pero expresando experiencias políticas de enorme densidad política y cultural.

Los casos de China, Vietnam, Corea del Norte, Cuba, Nicaragua, Venezuela, lo realizado por el gobierno de Evo Morales en Bolivia, son algunos ejemplos, no casualmente atacados sistemáticamente por los oligopolios mediáticos internacionales, de experiencias diversas que alientan la perspectiva de la construcción de una alternativa encaminada al socialismo, al comunismo.

Por lo tanto, la posibilidad de disputar un escenario pospandemia que supere la crisis civilizatoria en que está inmerso el capitalismo, no sólo debe entenderse como producto de la crisis capitalista, de su prolongación y agravamiento acelerado por los efectos del coronavirus.

Esta posibilidad se nutre del gigantesco patrimonio democrático y de lucha acumulado por la humanidad a lo largo del siglo XX, en América Latina en particular a inicios del siglo XXI, y que por su magnitud no tiene precedentes en la historia de las civilizaciones. Para lograr constituir esta alternativa, el comunismo debe asumir su cuerpo plural y universal a partir de una conciencia renovada, realmente planetaria, abarcando una vasta diversidad de identidades en desarrollo.

De ese modo será capaz de ponerse en la primera línea del combate de los explotados y humillados del mundo, trabajando para unirlos, empujando hacia un horizonte de igualdad, de libertad, de paz y fraternidad, horizonte que nunca pudo ni podrá alcanzar la burguesía y que sí puede ser logrado por variados caminos hacia el socialismo.

El desafío pasa por desarrollar y coordinar iniciativas revolucionarias frente al capitalismo y solidarias con los pueblos frente a la pandemia, que puedan operar a escala mundial, tomar iniciativas globales junto a compañeros y compañeras de todos los continentes, esfuerzos teóricos comunes, redes internacionales de información masiva, acciones solidarias y movilizaciones por la paz, una suma de ofensivas globales contra el capitalismo y la pandemia, “que no es lo mismo, pero es igual…”

Notas:

2 Asier Arias https://www.cubahora.cu/economia/ortodoxia-economica-y-crisis-civilizatoria 6/4/2020

3 Organización de las Naciones Unidas. ONU (2019) Forjando un futuro juntos. Disponible en: https://www.un.org/es/sections/issues-depth/population/index.html

4 Oxford Committee for Famine Relief. OXFAM (2019) Informe OXFAM International. En https://www.oxfam.org/es/node/7505

5 Piketty, Thomas (2014) El capital en el siglo XXI, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica

6 Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. PNUD (2019) Informe sobre el Desarrollo Humano.

Marcelo F. Rodríguez. Sociólogo. Director del CEFMA.

Fuente: https://rebelion.org/crisis-civilizatoria-y-pandemia/