Qué Trabajo

Septiembre 2020

De deshumanización de los trabajadores y destrucción de las condiciones de vida presentes y futuras.

 


 

 

 

Expropiado y explotado por burguesía / Ecocida y genocida /Alternativas emancipatorias

 

 

 

Expropiado y explotado por burguesía

 

 

Hemos comprendido, de golpe, que el sistema mundo capitalista tiene mucho poder sobre el 99% humano hasta mantenernos confinados con nuestros derechos conculcados mediante decreto y garantizado por un Estado policial militarizado y supervigilancia sobre nosotres. Todo en nombre de cuidarnos cuando lo cierto es que la deforestación y el sistema global de agronegocios, causantes principales de la pandemia de Covid-19, siguen a toda marcha expandiéndose y planificadamente en todos los aspectos de su viabilización. Entonces, estamos siendo desafiados a recuperar el trabajo humanizador tanto de grupos e individuos que lo realizan como de sus resultados. Reflexionemos sobre en qué consiste mediante el planteo siguiente:

 

La palabra Emergencia nos impacta e invita a interiorizar, reconocer que necesitamos actuar en lo inmediato y trabajar en ella.



El gobierno provincial y local debe años de actualización de mapas de otbn y actualización de ejidos bajo estudio de impacto ambiental y cultural (Ley 26.331 de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos).
No hay un plan de prevención y manejo del fuego que incluya la protección de las áreas categorizadas cómo de muy alto, alto y medio valor de conservación de bosque nativo (zonas rojas y amarillas).


 

La emergencia no es sólo agropecuaria, alimentaria, sanitaria e hídrica. Necesitamos cumplir las leyes, así como sanear cuencas, restaurar el bosque e implementar políticas socioambientales estructurales.Sobre los territorios quemados se debe hacer la restauración conforme a lo que dicen las normativas vigentes.


Punilla está en categoría media de Emergencia, por lo cual los fondos verdes destinados a reparar políticas sociales y rurales, de zonas productivas afectadas, pueblos indígenas, proyectos agroecológicos NO LLEGAN, por lo cual significa que no hay problemas estructurales, ni pobreza.
Por tal motivo se promueve el negocio inmobiliario (urbanización del bosque en zonas amarillas y rojas) y obras faraónicas cómo la Autovía de Punilla que pretenden pasar de largo a las verdaderas necesidades de los pueblos de este valle.
La falta de ordenamiento territorial nos está trayendo problemas graves de delitos de tierra, ambientales e inseguridad como hemos informado a los distintos Ministerios. Se avanza sobre patrimonio cultural y se promueve la desigualdad de Tierra, Techo y Trabajo. 


Que el gobierno abuse de sus atribuciones también nos invita a deconstruir y sanar siglos de un sistema patriarcal y violento, hacernos cargo de nuestro saber y deber a todxs los ciudadanxs. Por eso nos movilizamos, por eso nos capacitamos y transmitimos.
La Emergencia no le da la potestad al gobierno de VIOLAR LAS NORMAS CONSTITUCIONALES, es el pueblo unido y responsable el encargado y sus diferentes actores, el que deben exigir la remediación y prevención de todo evento que destruya al ecosistema que habitamos y atente contra la vida.

#QueElProgresoNoCuesteVida
#EmergenciaAmbientalYa
#ELMonteNoSeToca

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Atendamos a la  Fundación Ambiente y Recursos Naturales para saber cómo el trabajo expropiado y explotado por la burguesía es sólo desterritorializador o destructor de economías regionales, de la salud ambiental -poblacional, pervertidor de las relaciones comunitarias (a causa de narcotráfico, red de trata de mujeres y de prostíbulos), generador de siniestralidad y contaminación laborales.  Tanta degradación no frena al gobierno FF que sigue promoviendo la energía extrema pese a:

 

 

El histórico derrumbe de los precios del petróleo demuestra una vez más la inviabilidad del fracking

Las medidas adoptadas ante la pandemia, como la reducción en el número de vuelos, el cierre de industrias y el confinamiento de las personas, han ocasionado una disminución en la demanda de hidrocarburos a nivel internacional que, junto con otros factores como la sobreproducción y la especulación asociada a los contratos de petróleo, ha repercutido en la caída en los precios del crudo y generado pérdidas en las principales compañías petroleras. El día 20 de abril, por primera vez en la historia, el petróleo de referencia en Estados Unidos cotizó en negativo, mientras los mares de todo el mundo se llenan de barcos de almacenamiento de crudo y los proyectos de energías extremas se caen a pedazos por sus altos costos, incompatibles con los precios actuales.

El fracking requiere todavía de mayores inversiones y, para ser viable, un mercado que le ofrezca precios altos. Además, sus impactos sociales y ambientales no se contabilizan en sus costos de producción. Es inviable basar la matriz energética y el ingreso fiscal de nuestros países en los supuestos ingresos que produciría esta técnica porque, más allá de los precios actuales, la imprevisibilidad de los precios del petróleo hace imposible cualquier política soberana basada en hidrocarburos.

El planeta sufre una crisis de mayores dimensiones: la climática, cuyos impactos se agudizarán si se decide seguir por la ruta de la dependencia de los hidrocarburos y la autorización del fracking. Los orígenes de la crisis climática y la pandemia que vivimos son comunes: la destrucción de los ecosistemas por formas de vida y de economía insostenibles. Quienes promueven los hidrocarburos muestran una vez más su insensatez, especialmente en momentos difíciles como el que vivimos, que exhiben al extractivismo actual como el generador de territorios de sacrificio, que vuelca sobre los más vulnerables los pasivos ambientales, extingue pueblos indígenas, destruye la biodiversidad y alimenta la violencia que sofoca a pueblos y asesina a sus defensoras y defensores.

Para salir de ambas crisis, es necesario iniciar una transición energética justa y democrática en Latinoamérica y dejar la mayor parte de los combustibles fósiles en el subsuelo. La salida no está en los rescates o inversiones en empresas -públicas o privadas- que exploten hidrocarburos. Nuestros diversos y riquísimos países cuentan con fuentes alternativas de producción y usos sustentables de energías sin necesidad de seguir calentando el planeta y destruyendo los ecosistemas de los que somos parte. La transición energética es una oportunidad para la democracia, la justicia y la paz, y nuestra garantía de condiciones de vida saludables para el futuro.

En muchas regiones del mundo se ha prohibido el fracking y se ha evidenciado su inviabilidad ambiental y económica. En Latinoamérica debemos también impedirlo y apostar por la transición energética justa. Somos una región megadiversa, sabia y creativa, con infinitas posibilidades de diversificar la economía de forma sólida y estable, de tal forma que regenere los territorios y nos proteja de eventos climáticos y pandemias. Esta es la mayor exigencia de nuestros tiempos; por cada una de las personas, por las comunidades y pueblos, por los niños, las niñas y las próximas generaciones: ¡no al fracking, sí a la transición!

Fuente: https://farn.org.ar/no-al-fracking-si-a-la-transicion/

 

Descubramos que el Plan 2020-2030 explica la irracionalidad de seguir creando las mejores posibilidades de despliegue de la explotación de Vaca Muerta a costa de empobrecer, envenenar y destruir las bases de la vida presente y futura. Comprobemos cómo el gobierno FF aumenta y profundiza la desigualdad social.

 

Petroleros: claves de un nuevo acuerdo a la medida de las empresas

3 de septiembre de 2020

 

Por Esteban Martine / La Izquierda Diario .- Durante el fin de semana YPF y el líder del Sindicato de Petroleros Privados de Neuquén, Río Negro y La Pampa llegaron a un preacuerdo para modificar las condiciones laborales durante los próximos seis meses. El jueves se ratificaría con las cámaras empresarias.

Este jueves se firmaría un nuevo acuerdo modificando las condiciones laborales para los petroleros de Neuquén, Río Negro y La Pampa. “No vamos a firmar absolutamente nada donde se les quiten derechos a los trabajadores”, sostuvo Guillermo Pereyra hace poco más de un mes, tras conocer el plan YPF S.A. para flexibilizar las condiciones laborales.

Desde ese momento hasta ahora se desarrolló una negociación secreta que estaría llegando a su fin.

Como adelantamos en este diario, la negativa “rotunda” de Pereyra, dejaba una puerta abierta, al afirmar que las condiciones laborales no se modifican por empresa, sino con las cámaras del sector.

Efectivamente, la sociedad anónima con mayoría estatal comenzó a actuar como vocera del resto de las empresas del sector, y este sábado llegó a un “preacuerdo” con el líder del sindicato. Para entrar en vigencia, dicho acuerdo deberá ser firmado por la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos (CEPH) y la Cámara de Empresas de Operaciones Petroleras Especiales (CEOPE).

El texto, al que accedió Izquierda Diario, representa un nuevo ataque al salario y las condiciones de trabajo, bajo la bandera de la “sustentabilidad y el empleo”.

Claves de un nuevo ataque a las condiciones laborales

Meses atrás, el jefe de los petroleros respondió a un delegado de una empresa de servicios que no había que enojarse con las empresas, sino aceptar el ajuste: “la soga viene con mierda y hay que agarrarla con los dientes”. Tras levantar, como era esperable, el paro anunciado la semana pasada, Pereyra vuelve a su quehacer habitual: representar a las empresas.

Fuente: https://opsur.org.ar/2020/09/03/petroleros-claves-de-un-nuevo-acuerdo-a-la-medida-de-las-empresas/

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El dinero se inyectará a través de la estatal IEASA

Impuesto a las grandes fortunas: el 25% se destinará a la producción de gas a través de YPF

Agosto de 2020

Por Roberto Bellato

El proyecto destinará alrededor de $ 75.000 millones (25%) para recapitalizar a YPF con el objetivo puesto en la producción de gas. El mecanismo es a través de IEASA (ex Enarsa), que trabajarán en forma “conjunta”.

El proyecto de Ley para crear un impuesto extraordinario a las grandes fortunas, que fue presentado hoy en la Cámara de Diputados por el oficialismo, contempla en el artículo 7 que el 25% de lo que se recaude se destinará a la reactivar la producción de gas a través de YPF, la petrolera que controla el Estado. En rigor, el texto establece que el dinero se inyectará en la empresa estatal IEASA (ex Enarsa) que deberá utilizar el dinero para extraer gas en proyectos desarrollados únicamente con YPF

De las proyecciones oficiales se desprenden que IEASA-YPF tendrá un cheque disponible por 75.000 millones de pesos (unos US$ 1000 millones al tipo de cambio oficial) para invertir en los yacimientos locales. El documento justifica la medida en la necesidad de revertir la caída de la producción de gas natural.

El aporte surgirá de un gravamen que va del 2% al 3,5% que alcanza a alrededor de 12.000 personas con un patrimonio superior a los 200 millones de pesos.

El proyecto señala que lo recaudado será aplicado: “un 25% a programas de exploración, desarrollo y producción de gas natural, actividad que resulta de interés público nacional, a través de Integración Energética Argentina S.A. la cual viabilizará dichos proyectos proponiendo y acordando con YPF S.A. en forma exclusiva, las distintas modalidades de ejecución de los proyectos”.

Además, agrega: “queda establecido que Integración Energética Argentina S.A. deberá reinvertir las utilidades provenientes de los mencionados proyectos, en nuevos proyectos de gas natural durante un plazo no inferior a diez años a contar desde el inicio de vigencia del presente régimen”.

Explicación

En los fundamentos del proyecto presentado hoy se establece “asignar fondos a programas de exploración, desarrollo y producción de gas natural a través de IEASA conjuntamente con YPF en forma exclusiva, y con la obligación de reinvertir las utilidades provenientes de los mencionados proyectos”. “Esta asignación se establece teniendo en cuenta la tendencia de reducción de inyección de gas natural registrada, lo que requiere la realización de inversiones en desarrollos de gas que contribuyan al logro del autoabastecimiento en el corto, mediano y largo plazo”, añade el texto.

Además, agrega: “cabe señalar que a partir del precio promedio de los últimos cinco años del Gas Natural Licuado importado por IEASA, se advierte que si los fondos necesarios para atender el costo de las importaciones de gas natural licuado y su regasificación en el sistema se destinaran a inversiones en desarrollos de gas natural en el territorio de la República Argentina, con la misma cantidad de fondos aplicados se obtendrían casi 8 veces más gas natural en el sistema, con el beneficio consecuente para la balanza de pagos y para la dinamización de la economía argentina, con motivo del aumento de la generación de trabajo local atribuible a estas inversiones y el aumento en la recaudación de tributos provinciales y nacionales”.

Fuente: https://econojournal.com.ar/2020/08/impuesto-a-las-grandes-fortunas-el-25-se-destinara-a-la-produccion-de-gas-a-traves-de-ypf/

En consecuencia, no hay "grieta" entre el gobierno de Mauricio Macri y el de les Fernández al ser ambos representativos de los oligopolios locales e imperialistas y de su sistema mundo capitalista. Comprobamos en este último:

 

Pandemia y desigualdad

En el peor momento la élite multimillonaria

saquea a la clase trabajadora

14 de septiembre de 2020

 

Por Nick Baker

 

CounterPunch - A l'encontre - Correspondencia de Prensa

En medio de una pandemia mundial, de un hundimiento económico sin precedentes, de un desempleo masivo, del hambre y la desesperación, el mercado de valores está en auge y los más ricos de los ricos son más ricos que nunca.

Desde el mes de marzo, más de 58 millones de personas en los Estados Unidos han solicitado formalmente un puesto de trabajo. El Internal Revenue Service (IRS, Servicio de Impuestos Internos por su sigla en inglés, oficina recaudadora, dependiente del Departamento del Tesoro, NdT) prevé que la economía de los EE.UU. contará con casi 40 millones de empleos menos en 2021 que los previstos antes de la pandemia, debido a la prolongada depresión económica. Aunque ampliamente se reconozca que la economía no se «recuperará» con una actividad plena -incluso si los casos de coronavirus disminuyeran pronto- y que la actual depresión continuará durante mucho tiempo, las empresas están haciendo todo lo posible para que aumenten los precios de sus acciones.

En su búsqueda desesperada de beneficios, muchas grandes empresas proyectan despidos masivos y reconocen que los empleados que actualmente están en «desempleo técnico» no tendrán trabajo al final de este periodo, cuando vuelvan. El Wall Street Journal informa que un estudio reciente demostró que «casi la mitad de los empleadores estadounidenses que han despedido o suspendido personal debido al Covid-19 están planificando nuevas reducciones de personal durante los próximos 12 meses». Las empresas dicen que los trabajadores y trabajadoras con salarios bajos serán los primeros en ser despedidos.

Según el Washington Post, que compara las cifras actuales con las de la recesión de Bush-Obama, que comenzó en 2009, la cantidad de trabajadores víctimas de un recorte salarial, desde el principio de la crisis hasta el 1° de julio, fue el doble. Más de 10 millones de trabajadores del sector privado sufrieron reducciones salariales o fueron obligados a trabajar a tiempo parcial.

La compañía de automóviles Tesla (especializada en coches eléctricos, basada en la Silicon Valey, NdT) impuso a todos los trabajadores una rebaja de sueldo del 10% desde mediados de abril hasta julio. Durante el mismo período, las acciones de Tesla se dispararon y el valor neto de la fortuna del director general Elon Musk pasó de 25.000 millones de dólares a más de 100.000 millones de dólares. Salesforce, una compañía de programas informáticos (para el comercio y la industria) anunció niveles de ventas récord un día y el despido de 1.000 trabajadores el día siguiente.  Las acciones de la compañía subieron un 26%.

Otro estudio encontró que el 50% de todos los empleados de las pequeñas empresas que han sido despedidos desde el mes de marzo siguen sin trabajo. El 28% está todavía con licencia y el 22% ha sido despedido definitivamente. Incluso en las estadísticas de desempleo manipuladas y gravemente subestimadas por el gobierno, la cantidad de personas que han estado en el seguro de paro entre 15 a 26 semanas es casi el doble de lo que era en el momento más crítico de la recesión de 2009, y exponencialmente más elevada que en cualquier otro momento desde la Gran Depresión de la década de 1930.

Los proyectos de ley de «reactivación», firmados por Donald Trump y aprobados por los demócratas, ya han dado billones de dólares a las grandes empresas y el equivalente de decenas de miles de millones de dólares en reducciones de impuestos a los estadounidenses más ricos. Incluso dos tercios de la ronda inicial de préstamos del Programa de Protección de los Salarios (Paycheck Protection Program), supuestamente destinados a «pequeñas empresas», fueron a grandes corporaciones como la Ritz Carlton (cadena de hoteles de lujo, NdT), además del regalo de varios miles de millones de dólares entregados como honorarios a los bancos que efectuaban los préstamos.

Mientras que millones de trabajadores con bajos salarios, «muchos de los cuales trabajan en el sector servicios muy afectados como la hotelería, los viajes y el comercio minorista…han perdido sus empleos, han sido despedidos o han visto reducidas sus horas de trabajo», escribe el Wall Street Journal, «los ingresos de los profesionales de cuello blanco…han permanecido en su casi totalidad intactos».

Los súper ricos se enriquecen más que nunca

El 18 de agosto -un día en el que murieron 1349 personas a causa del Covid-19 y mientras que varias decenas de millones de personas estaban sin trabajo- el índice de bursátil S&P 500 alcanzó un récord histórico y el índice Nasdaq 100, basado sobre todo en la tecnología, se encontraba ya en un nivel récord. Los periódicos financieros anunciaron un nuevo «mercado alcista», prediciendo que el valor de las acciones seguiría aumentando.

El éxito fulgurante del mercado de valores en el contexto actual sorprendió a muchas personas. Apenas dos semanas antes de que las acciones alcanzaran un máximo histórico, los Estados Unidos habían anunciado el mayor retroceso económico, durante tres meses, desde la Gran Depresión. El hecho de llamarlo «el mayor retroceso» no basta para dar una idea de su magnitud. La contracción del 9,5% de abril a junio de 2020 fue cuatro veces superior a la mayor disminución registrada desde la Segunda Guerra Mundial.

Las economías del mundo entero están en caída libre. El PIB de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), las mayores economías del mundo, cayó casi un 10% durante el mismo período -cuatro veces más que durante la crisis mundial de 2009- y se espera que el PIB mundial disminuya un 5% este año, un porcentaje histórico. Sin embargo, el mercado de valores sube, insensible a todo eso, al tiempo que los extremadamente ricos tratan de exprimir hasta la última gota a los trabajadores.

Según Bloomberg News, la riqueza de las 500 personas más ricas del mundo aumentó en 871.000 millones de dólares desde principios de año, y que «el aumento de la riqueza se concentra especialmente en los primeros puestos del índice de multimillonarios». Teniendo en cuenta solamente la semana del 24 al 28 de agosto, las 500 personas más ricas del mundo aumentaron su riqueza en 209.000 millones de dólares. Los diez multimillonarios más ricos del mundo acaparan juntos más de un billón de dólares.

Jeff Bezos, el director general de Amazon, de lejos el más rico del mundo, tiene una riqueza personal de 204,6 mil millones de dólares a fecha del 26 de agosto. Gran parte de su riqueza proviene de las acciones de Amazon, las que aumentaron un 80 por ciento en lo que va de año. La riqueza de Bezos se duplicó casi durante la pandemia, en un solo día, ganó 13 mil millones de dólares.

Las estimaciones históricas varían, pero la mayoría está de acuerdo en que John D. Rockefeller y Andrew Carnegie son los únicos magnates americanos que más dinero han tenido, una vez ajustado a la inflación, que el que Jeff Bezos tiene ahora.

Este año, las mayores ganancias obtenidas en las acciones fueron para las empresas más grandes, especialmente en tecnología, ya que la pandemia y el hundimiento económico se convirtieron en una bendición para el capitalismo monopolista. Apple, un monopolio tecnológico, es ahora la compañía más cotizada del mundo, con una capitalización de más de 2 billones de dólares – la primera compañía en alcanzar este umbral – que se incrementó en 1 billón de dólares en sólo 21 semanas.

¿Cuál es el secreto del increíble éxito de Apple? Apple se lanzó en la mayor re-compra de acciones de la historia, comprando 360.000 millones de dólares de sus propias acciones desde 2012, según el New York Times. Esta táctica de auto enriquecimiento incrementa el valor de las acciones de una empresa, al comprarlas a los accionistas, les da dinero directamente, en decenas y cientos de miles de millones, y hace que esas empresas sean aún más ricas al reducir el número de acciones restantes que los inversores pueden llegar a comprar, lo que hace que suba el precio de las mismas.

En los dos últimos años, Apple gastó 141.000 millones de dólares en compras de acciones, después de que las reducciones de impuestos de Trump en 2017 permitieran a la compañía repatriar 252.000 millones de dólares en beneficios no sujetos a impuestos a los Estados Unidos. Apple había conservado el dinero en paraísos fiscales durante años, negándose explícitamente a pagar impuestos y alegando que si era repatriados a los Estados Unidos, el dinero se utilizaría para «crear» decenas de miles de puestos de trabajo – pero que no lo haría si tenía que pagar impuestos. La Ley de Trump sobre empleo y recortes fiscales de 2017 suprimió el impuesto a la repatriación basado en la misma premisa falsa y una vez el dinero en los Estados Unidos, esas sumas fueron utilizadas para el fin previsto desde el principio: ser directamente entregado a los accionistas millonarios y multimillonarios de la empresa. Uno de estos multimillonarios es el director general de la empresa, Tim Cook, aunque su fortuna de mil millones de dólares es bastante irrisoria para los estándares actuales de la clase dirigente.

Otros monopolios tecnológicos como Microsoft y Google obtuvieron también grandes aumentos. Amazon y Microsoft van a alcanzar a Apple a finales de este año, llegando al nivel de los 2 billones de dólares. La única empresa que cotiza en la bolsa y que se acerca a estas cifras, en el mundo entero, es la saudí ARAMCO, la empresa estatal de petróleo y gas de Arabia Saudita. A modo de comparación, el valor total de las acciones de Walmart, con mucho la mayor empresa del mundo en términos de ventas -es decir, los productos realmente fabricados y vendidos- es de 370.000 millones de dólares.

Según esta carrera salvaje del mercado de valores, los beneficios de las empresas cayeron casi un 25% en la primera mitad de 2020, pese a los gastos en productos de consumo -la gran mayoría de la economía de los Estados Unidos- apoyados en gran medida por el subsidio de desempleo de 600 dólares, los tipos de interés cercanos a cero y en menor medida, los cheques de incentivo de 1.200 dólares. El subsidio de desempleo sustituyó efectivamente los salarios perdidos por los desocupados, permitiéndoles seguir haciendo las compras necesarias, mientras que los intereses bajos impulsaron un gasto -inesperado- de los ricos, los que estuvieron en gran medida a salvo de la depresión económica.

Esas ganancias bursátiles, enardecidas y totalmente ficticias, son la razón por la que los directores generales, los principales accionistas y los ejecutivos de las empresas vendieron más de 50.000 millones de dólares en acciones desde mayo de este año. La CNN acota que esos «iniciados» («insiders»), como se les llama, «están al tanto de más información sobre la verdadera salud de sus empresas que el inversor medio». Y si confiaran en una recuperación del mercado, probablemente no estarían vendiendo ahora sus acciones».

El subsidio especial de desempleo llega al final, no hay ningún anuncio sobre futuros subsidios extraordinarios, y el gasto de los ricos, por sí solo, no será suficiente para mantener la fachada de una economía en pleno desmoronamiento histórico.

La clase trabajadora sufre mientras los ricos tiran manteca al techo

«La recesión terminó para los ricos, pero la clase obrera está lejos de poder recuperarse», escribió el Washington Post el 18 de agosto. Se han recuperado menos de la mitad -42%- de los empleos perdidos durante la pandemia y los que menos probabilidades tienen de volver a trabajar son los trabajadores con salarios bajos. Las personas de color y las mujeres son las que más han sufrido. Las mujeres representan dos tercios de las personas que ocupan los 40 trabajos peor pagados, y las mujeres negras son la mayoría de los trabajadores y trabajadoras mal pagados.

«Los hombres y mujeres negros han recuperado alrededor del 20% de los empleos que perdieron durante la pandemia», informa el Washington Post, mientras que los hombres y mujeres blancos han recuperado el 40 y el 45% de los empleos perdidos, respectivamente. Entre febrero y mayo de 2020, desaparecieron 11 millones de puestos de trabajo ocupados por mujeres. La Oficina del Censo de los Estados Unidos  (U.S. Census Bureau) informa que «uno de cada cinco adultos en edad de trabajar está desempleado debido a que el Covid-19 cambió las condiciones para el cuidado de los niños»: las mujeres corren tres veces más riesgo que los hombres de tener que dejar sus trabajos -y hasta cinco veces más propensas a reducir sus horas- para cuidar a sus hijos. La pérdida de puestos de trabajo que afecta a las mujeres hoy en día van a tener un impacto, incluso en las próximas décadas.

Entre 30 y 50 millones de personas en los Estados Unidos corren el riesgo de ser desalojados de sus hogares en los próximos meses, ya que las protecciones temporales contra el desalojo no tendrán más efecto. Una encuesta reciente de la Oficina del Censo de los EE.UU. establece que «casi la mitad de los inquilinos hispanos y el 42 por ciento de los negros dijeron que no tenían ‘confianza’ o que tenían ‘poca confianza’ en su capacidad para pagar el alquiler de agosto.

Paralelamente, los precios de los productos alimenticios están aumentando a un ritmo más rápido que nunca en los últimos 50 años, lo que hace que para muchos, la carne y los huevos sean inaccesibles. El precio de la carne vacuna aumentó un 25% este año. La misma encuesta de la Oficina del Censo concluyó que «el 20% de los hogares hispanos con niños y casi un cuarto de los hogares negros con niños dicen que no tienen suficiente para comer».

La fundación Kaiser Family Foundation estima que, en los Estados Unidos, 27 millones de personas perdieron el seguro médico durante la pandemia.

Mientras que millones de trabajadores luchan, pasan hambre y se ven constantemente amenazados y acosados por los propietarios de sus viviendas, los tipos de interés históricamente bajos estimulan enormes gastos por parte de los ricos. Las tasas de interés de las hipotecas son las más bajas en la historia de los Estados Unidos, lo que se traduce en niveles récord de compra de casas por parte de aquellos que no tienen problemas financieros. La venta de automóviles también aumenta gracias a las bajas tasas de interés. «Algunos concesionarios tuvieron el mejor mes de julio de su historia», informa el Washington Post. No hace falta decir que no vamos a ver esos coches en las filas kilométricas que esperan delante de los bancos de reparto de alimentos.

Aunque varios millones de personas sigan desocupadas, las ventas al por menor han vuelto a los niveles anteriores a la pandemia, con ganancias masivas para los grandes supermercados como Target, Walmart y Home Depot, que están registrando las mayores ventas de su historia. Mientras tanto, 100.000 pequeñas empresas cerraron sus puertas permanentemente a mediados de mayo y se estima que muchas más, cientos de miles, no va a sobrevivir a la pandemia y a la depresión económica que se está gestando, lo que dejará a millones de trabajadores sin empleo.

Los pequeños negocios cierran y empresas como Walmart y Target los remplazan. Eso forma parte del proceso que permite al capitalismo convertir el desastre en «oportunidad», acelerando su tendencia al monopolio y consolidando el mercado en cada vez menos manos, en lo que es una búsqueda desesperada de mayores ganancias.

La Reserva Federal imprime paladas de dinero para los ricos

La Reserva Federal (Banco Central) no ha dejado de imprimir dinero para entregárselo a los ricos. Durante el último derrumbe económico, bajo el mandato de George W. Bush y Barack Obama, la cantidad total había superado 29 billones de dólares. Sin ninguna duda, esta vez las cifras irán mucho más allá.

El New York Times del 18 de agosto dijo, a propósito de la creciente brecha económica entre capitalistas y trabajadores, que la Reserva Federal no tiene la intención de dejar de facilitar sumas colosales de dinero a los ricos. «La Reserva Federal puso en práctica nuevos programas para comprar bonos del Tesoro y otros productos financieros para tranquilizar a los inversionistas, y financia esencialmente estos programas con la creación de nuevo dinero», escribió el periódico.

Al principio de la crisis, la Reserva Federal compró inmediatamente 3 billones de dólares en bonos del Tesoro y obligaciones de las empresas, en gran parte bajo forma de compra de grandes cantidades de deudas de grandes empresas como Microsoft, Coca-Cola, McDonald’s, Exxon Mobil, Walmart, AT&T y Visa. Esas importantísimas compras de deuda por parte de la Reserva Federal financian a las empresas y disminuyen el costo de la emisión de deuda para las mismas.

La Reserva Federal tiene un programa de préstamos para pequeñas y medianas empresas, llamado Programa de Préstamos para la Calle Principal, pero el mismo no les ha otorgado casi ningún préstamo. De los 600.000 millones de dólares destinados a este programa, sólo fueron prestados 92 millones, o sea 0,015% de lo previsto. La razón es que a los bancos comerciales que conceden los préstamos y se quedan con un pequeño porcentaje de los mismos, mientras venden el resto a la Reserva Federal, no les interesa otorgar pequeños préstamos a las pequeñas empresas con intereses casi nulos, un beneficio casi nulo y un riesgo elevado si las pequeñas empresas quiebran. Los bancos preferirían utilizar esos fondos para financiar préstamos mucho más importantes, con intereses más elevados y mucho más rentables, a las grandes empresas que necesitan grandes cantidades de préstamos para salir de la crisis económica.

De esta manera, la mecánica natural del capitalismo, que se basa en la ganancia, permite que las grandes empresas desplacen a las pequeñas, haciéndose cargo de partes de mercado cada vez más importantes.

El capitalismo monopólico consolida sus conquistas

El mercado de valores se recuperó después del «mercado en baja» más corto de la historia, «una muestra clara de lo que los analistas describen como optimismo, orgullo o pura codicia especulativa», dijo el New York Times. Sin embargo, el mantenimiento de esas alzas bursátiles «depende en gran medida del gasto federal, de una política monetaria fácil y de la continuidad de los índices positivos en la búsqueda de vacunas antivirus». Como puede verse, aspectos tales como la reducción del desempleo, el aumento de las prestaciones sociales, el aumento de los salarios, la disminución de los casos de coronavirus y las muertes a corto plazo -por no mencionar los ingresos y beneficios reales de las empresas- no figuran entre las preocupaciones del mercado de valores.

Aunque los índices bursátiles alcancen niveles récord, las ganancias distan mucho de ser universales, incluso entre las grandes empresas. «Casi todas las ganancias de los principales índices bursátiles de este año se deben al aumento de los precios de las acciones de unas pocas empresas tecnológicas gigantes, lideradas por Apple, Amazon y Microsoft», informa el New York Times.

«Una economía débil puede ser, en realidad, muy buena para Wall Street», explica el Times, «si eso significa que la Reserva Federal mantiene el caudal de dinero fresco -lo que Wall Street llama liquidez- que circula a través de los mercados financieros». El New York Times señala también que ésa es la razón que hace que los análisis muestren «poca conexión» entre el crecimiento económico y el mercado bursátil.

El 27 de agosto, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, anunció que el banco central mantendría las tasas de interés cercanas a cero a largo plazo, incluso si eso provocara un aumento de la inflación, anunciando abiertamente la intención del gobierno de tratar de llevar el mercado de valores lo más alto posible.

Michael Hartnett, jefe de estrategia de inversiones del Bank of America Global Research, citado por el New York Times, lo llama el mercado alcista «nihilista» de 2020. «El rendimiento del mercado frente a tales expectativas de crecimiento», escribe, «no es más que el último ejemplo de inversores que apuestan a que un crecimiento débil hará que la Reserva Federal siga inyectando dinero en el sistema financiero, lo que en última instancia potenciaría las acciones. En otras palabras, las acciones están subiendo no por el optimismo económico, sino porque el futuro parece bastante sombrío».

Es mucho pero que en 2009

Muchos economistas, incluido el Presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, predicen que el enlentecimiento actual durará aún mucho tiempo más. La economía de los Estados Unidos necesitó casi una década para crear la cantidad de puestos de trabajo perdidos en lo que va del año. La proporción de la población que tiene un trabajo se encuentra en su nivel más bajo desde la década de 1960, y mucho más bajo que durante la Gran Recesión.

El banco de inversiones de Wall Street, Goldman Sachs, prevé una contracción de la economía estadounidense de 4,6% para este año, casi el doble de la contracción del 2,5% registrada en 2009, el peor año de la Gran Recesión.

Con la caída de los ingresos fiscales de los estados, debido al despido de trabajadores o a las inscripciones en masa en el seguro de paro excepcional, los gobiernos estatales buscan ahora equilibrar sus presupuestos sin aumentar los impuestos a los ricos -¡Que dios no lo permita!- los que recibieron el 95% de las ganancias de ingresos desde la Gran Recesión de hace diez años, sino a través de un programa de austeridad masiva que afecta a los trabajadores pobres, especialmente a las mujeres y a las personas negras.

Desde febrero, 2,8 millones de empleados de los gobiernos estatales y locales han perdido sus empleos, más de cuatro veces más que los 750.000 empleos perdidos durante cinco años en la recesión de Bush-Obama. Se estima que otros 2,8 millones de empleados de los gobiernos locales y regionales podrían perder sus puestos de trabajo.

Esas supresiones masivas de puestos de trabajo en la administración de los estados se suman a las considerables reducciones de empleos en el sector público. Antes de la pandemia, 21 estados y Washington D.C. tenían menos empleos públicos que en julio de 2008. Estos puestos de trabajo son mayoritariamente ocupados por mujeres y personas negras. Además, la tendencia a afiliarse a un sindicato es mucho mayor que el promedio. La tasa de sindicalización en el sector público es actualmente del 37%, frente al 7% en el sector privado.

El gobernador demócrata de California, Gavin Newsom, impuso una reducción salarial del 10% a todos los empleados del estado y suspendió los aumentos salariales previstos. Newsom, que es multimillonario, prometió que su propio salario también iba a ser reducido un 10%, pero The Sacramento Bee se enteró dos meses después de que la promesa era falsa y que seguía recibiendo íntegro su salario mensual de 17.000 dólares.

El gobernador demócrata de Nueva York, Andrew Cuomo, prevé un plan de austeridad similar. Cuomo y los demócratas del estado ya redujeron miles de millones de dólares al programa Medicaid durante la pandemia, y también redujeron drásticamente el presupuesto de la educación pública. Cuomo, que se convirtió brevemente en el favorito de los medios de comunicación debido a sus conferencias de prensa diarias sobre el Covid-19, con una visión mucho más en seria que la de Trump, se niega a aumentar los impuestos para los neoyorquinos ricos. En la ciudad de Nueva York hay 92 multimillonarios.

¿Qué más se puede decir de un sistema enfermo en el que el período más nefasto para la gran mayoría se convierte en el mejor de los tiempos para la elite empresarial? El capitalismo, administrado por sus socios gemelos: la guerra y el saqueo, no puede ser reformado. Debe ser abolido, por esa misma inmensa mayoría que soporta los males inherentes al sistema. Hoy en día, las primeras legiones de estas fuerzas están en las calles, en cantidades sin precedentes, para condenar el racismo sistémico del capitalismo. Augurio de luchas importantes para el período que se nos viene encima.

Nick Baker escribe en Socialist Action. Artículo publicado en Counterpunch, 3-9-2020:https://www.counterpunch.org/

Traducción de Ruben Navarro – Correspondencia de Prensa

 Fuente: https://rebelion.org/en-el-peor-momento-la-elite-multimillonaria-saquea-a-la-clase-trabajadora/

 

Estamos urgidos, abajo y a la izquierda coherente con su esencia comunista (al mirar por relaciones, poderes, convivencias e inteligencias comunales y por bienes comunes en vez de públicos/privados), de involucrar a una creciente mayoría de quienes componemos Argentina y el Abya Yala en la:  

 

 

Profunda Reflexión del ABUELO FUEGO a los Hijxs de la Tierra.

 

Cuando un espíritu sagrado habla tan fuerte!  Necesitamos escuchar, comparto este mensaje que me ha sido entregado para todas las wawas de la Pachamama, que llegue a quien tenga que llegar, mientras nuestros altares, y el poder de nuestra intención se eleva para que el agua sagrada en forma de lluvia caiga sobre la Amazonía y sobre todos los lugares donde sea necesario!!

 

MENSAJE DEL ABUELO FUEGO DE LA AMAZONÍA (APU NINA Y MAMA NINA) A TODAS LAS HIJAS E HIJOS DE LA PACHAMAMA: “UNA OPORTUNIDAD PARA DAR UN SALTO CUÁNTICO PLANETARIO“

 

Lo que hoy sucede en la Amazonía, es tan solo una muestra de lo que sucede en todo el planeta, hoy dirigimos nuestra mirada hacia este sagrado lugar, cuando todos los días en todos los lugares de la Pachamama, se cometen atrocidades contra la vida.

 

Lo que sucede en la Amazonía, es una gran llamada hacia la acción para todos los hijos e hijas de la Pachamama.

 

El fuego es sagrado para todos los pueblos originarios, para todas las tribus del planeta, es un gran Espíritu Maestro: Apu Nina que hoy da su mensaje a todos los hijos e hijas de la Madre Tierra.

 

Si no hemos cultivado nuestra relación con los elementos, es muy difícil comprender su mensaje, para esto están todas las abuelas y abuelos sabios, mujeres sabias que pueden interpretar todos los mensajes que nos da, este es tan solo un pequeño aporte desde mi visión como Wilumi, Sacerdotisa de la Pachamama y mujer amawtica.

 

APU NINA – Sagrado Fuego, en su dualidad expresa nuestro propio estado interior, el enfado, la rabia y la ira de la que muchas hermanas y hermanos ya comentan. Estas emociones no solo pertenecen a este tiempo, hace ya muchos años cientos de pueblos indígenas VERDADEROS GUARDIANES DE LA MADRE TIERRA siguen siendo asesinados por defenderla, miles de niños son maltratados y violados ante los ojos de quienes no hacen nada, muchos animales están siendo explotados sin conciencia.

 

Hay mucho dolor en la Pachamama, en la humanidad, en los corazones de todos los seres humanos, de los niños y niñas, estamos peleados unos con otros, en nuestras casas, en nuestros barrios, y eso acrecienta el caos, la ira y el odio que nuestro abuelo fuego está transmutando.

 

Sin embargo, también mama Nina, abuela fuego, en su cualidad femenina nos habla de la TRANSMUTACIÓN, nos recuerda que el fuego es destructor y generador de vida, es el elemento que permite un CAMBIO REAL Y RADICAL porque viene desde las raíces de cada ser, desde la autenticidad, desde la aceptación de nuestra luz y nuestra sombra, desde la dualidad.

 

El fuego, abuelo sagrado de nuestros ancestros y ancestras nos da su mensaje a cada uno:

 

“Estamos en tiempo de transmutación, podemos aún dar un SALTO CUÁNTICO PLANETARIO a partir de nuestra propia intención, de nuestra voluntad y de acuerdo a nuestra propia vibración”.

 

¿Y CÓMO HACERLO?

 

1. RECONOCERNOS COMO HIJOS E HIJAS DE LA MADRE TIERRA. Solo podremos construir una nueva sociedad, el momento en que aceptemos que somos parte de la Tierra, que somos su prolongación, en el momento en que nos enraicemos y cambiemos nuestra relación con ella.

 

2. ACEPTAR NUESTRA RESPONSABILIDAD Y RECUPERAR NUESTRO PODER. Cuando aceptamos nuestra responsabilidad, también recuperamos nuestro poder. No podemos seguir solo culpando a otros, cuando no hemos aceptado nuestra parte. No podemos seguir delegando nuestro poder en quienes no nos representan. Todos somos responsables del estado en que está la Pachamama en este momento. Debemos recuperar el poder de generar este gran cambio a partir de aceptar nuestra RESPONSABILIDAD.

 

3. DES-APRENDER EL CONSUMISMO Y APRENDER DEL BUEN VIVIR DE LOS PUEBLOS ANCESTRALES. El cambio planetario, es un cambio de actitudes, de hábitos, de acciones pequeñas que sumadas hacen la diferencia. Lo más simple y sencillo es cambiar nosotros mismos, nuestra propia actitud, a partir de nuestro compromiso consciente. Hemos aprendido a vivir de una manera egoísta y consumista, pero observando el ejemplo de los pueblos ancestrales podemos recuperar la sabiduría del SUMA QAMAÑA, del Buen Vivir en armonía con la Madre Tierra. Es tiempo de cuestionar nuestra forma de vivir, de ver si cada una de nuestras decisiones y acciones, honran nuestro compromiso con la Vida.

 

4.RENOVAR NUESTRO PACTO CON LA VIDA Y CON LA MADRE TIERRA. Las grandes decisiones en una tribu, en un pueblo, siempre se toman en presencia de Apu Nina. Hoy tenemos una hoguera planetaria que nos insta a tomar decisiones. Nos reúne como humanidad y nos dice: REUNE A TU FAMILIA, a los niños, a tu pareja, a tus amigos, a tus seres más cercanos, a tu tribu… Es tiempo de hablar y de escucharse, haz un círculo y acuerda pactos, acciones personales y familiares (¿qué puedo hacer yo?)  a favor de la Vida y de la Madre Tierra. Los niños tienen grandes ideas escúchales y pongan en práctica!

 

5. SER REALES – SER AUTÉNTICAS y AUTENTICOS. Cuando estamos frente al fuego, todas nuestras máscaras caen, porque refleja quienes realmente somos. Los verdaderos actos que van a promover este salto cuántico no necesitan propaganda!!, no tienen testigos, no son validados por  otros (no necesitas fotos de Instagram, Facebook o cualquier otro medio social para que te den un me gusta). 

TUS ACTOS AUTÉNTICOS, SERÁN VALIDADOS Y RECONOCIDOS POR LOS SERES INVISIBLES, por la Pachamama, por tu ser interno y por ti misma/o. Que tus actos no respondan a tu Ego, sino a tu verdadero ser interior.

 

6. RESPETA LA LIBERTAD DE CADA SER. En este momento, en nuestra Pachamama estamos seres de diferentes vibraciones y nuestros actos se corresponderán con nuestra vibración. Esa es nuestra libertad. No podemos decirle a nade que haga lo que nosotros haríamos, solo podemos hacer nuestra parte, cuando hacemos nuestra parte, todo vuelve al equilibrio. No somos jueces de nadie, no entremos en la manipulación y no nos dejemos manipular.

 

7. SINCRONIZATE CON LA MADRE TIERRA – Vuelve tu mirada, tu ser, toda tu vida hacia sus ciclos sagrados! Habla con ella, nos escucha, habla con los elementos nos escuchan, todos somos uno, todos estamos interrelacionados, todo está en permanente diálogo, esta es la sabiduría de nuestros abuelos, de los pueblos ancestrales!

Que este mensaje llegue a quienes tenga que llegar, el cambio está en manos de cada uno de nosotros.

 

Hijas e hijos de la Pachamama, estamos en acción!!!

 

Jallalla!! 

Seydin .Sierra Nevada Colombia

mujermedicinadelatierra.2019/08/23/amazonia-mensaje-de-abuelo-fuego-a-las-hijas-e-hijos-de-la-pachamama/

#sabiduriainterior

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#sabiduriamaya

#Amaliavargas

 

 

Afrontaremos un reto mayúsculo cuando nos permitan salir del confinamiento obligatorio: además de reconstruir todo lo que la crisis del coronavirus se ha llevado por delante, será necesario un ejercicio para repensar qué mundo queremos levantar.

 

Bayardo Tobar continúa señalando: Se decía que la globalización representa al imparable “tren de la historia” y que quien no se subía estaba condenado al atraso. El tren no solo que se ha detenido sino que se ha descarrilado; la actividad productiva y el transporte de productos y de suministros se paralizaron, excepto la producción y transporte de productos esenciales. Gobernantes de países desarrollados, fanáticos de la globalización, de la flexibilización y relocalización industrial se preguntan: ¿Por qué tuvimos que dejar que sea “el mercado” (léase corporaciones transnacionales) el que organice las cadenas globales de producción prescindiendo de las nociones de “soberanía”, auto condenándonos a la indefensión a la hora de proveernos de mascarillas, medicinas o alimentos?

 

 

 

Tiempo de reflexión ante la catástrofe

Autodeterminación, desconexión, actividades esenciales,

soberanía alimentaria,

economía familiar indígena y campesina

12 de septiembre de 2020

 

Por Bayardo Tobar

Unidad de análisis y estudios de coyuntura

En los próximos meses afrontaremos un reto mayúsculo: además de reconstruir todo lo que la crisis del coronavirus se ha llevado por delante, será necesario un ejercicio para repensar qué mundo queremos levantar

La paralización generalizada de la actividad económica global y el confinamiento de la la población por la pandemia del COVID-19 ha operado para las ciencias sociales, en particular para la economía, como un “laboratorio” con fines de experimentación y comprobación. Se decía que la globalización representa al imparable “tren de la historia” y que quien no se subía estaba condenado al atraso. El tren no solo que se ha detenido sino que se ha descarrilado; la actividad productiva y el transporte de productos y de suministros se paralizaron, excepto la producción y transporte de productos esenciales. Gobernantes de países desarrollados, fanáticos de la globalización, de la flexibilización y relocalización industrial se preguntan: ¿Por qué tuvimos que dejar que sea “el mercado” (léase corporaciones transnacionales) el que organice las cadenas globales de producción prescindiendo de las nociones de “soberanía”, auto condenándonos a la indefensión a la hora de proveernos de mascarillas, medicinas o alimentos?

Interrogante que se repite a nivel mundial sobre los efectos previsibles de la globalización, incluida la pandemia, pero que para los  capitanes de las corporaciones transnacionales y sus testaferros ideológicos nativos se trata de efectos inesperados. Sea de ello lo que fuere, la pregunta planteada invita a poner el foco en temas considerados como no importantes o irrealizables, como la posibilidad y necesidad de la desconexión de las periferias del sistema capitalista tanto de la globalización, liderada por el capital financiero transnacional, como de las agendas desarrollistas para poder emerger verdaderamente. “No se trata de una simple autarquía –precisaba Samir Amín– sino de la inversión de la lógica actual. En lugar de adecuarse a las tendencias dominantes a escala mundial, debe actuarse para que esas tendencias se adecuen a las exigencias internas” (bit.ly/2E0sTIW).

Desconectarse de la globalización expresa la necesidad y la posibilidad de  sustituir el modelo de articulación subordinada a la globalización, que asume como destino de nuestros países la producción y exportación de productos primarios y la dependencia empresarial  y tecnológica por un modelo sustentado en la autodeterminación nacional, esto es un modelo al servicio de la vida, un modelo o proyecto nacional en el que el progreso social, entendido como florecimiento humano sea el objetivo rector de las políticas públicas y la gestión económica el medio –no el fin- para alcanzar tal objetivo; un modelo en el que la política económica se subordine a la política social y no a  la inversa. («Más que eliminar el neoliberalismo, el reto nacional central es recuperar la autodeterminación nacional», Julio Boltvinik, La Jornada, abril 2019)

Esta visión, desde luego, va más allá de la mirada miope de las élites nacionales que califican de “cambio estructural” a la sustitución de unos productos de exportación por otros: el banano por el camarón o las flores, el petróleo por el oro y el cobre. Actividades, todas estas, depredadoras de la naturaleza y los seres humanos; actividades que resuelven los problemas de acumulación de capital de un puñado de empresarios nativos y extranjeros, pero no son la solución para los problemas que afectan a los ecuatorianos: pobreza, polarización social, desigualdad, explotación y precarización de la fuerza de trabajo.

El frenético ritmo de acumulación de capital sustentada en el extractivismo o “acumulación por desposesión”,  según opiniones científicas, se encuentra entre las causas de enfermedades infecciosas como la provocada por el Covid 19, en la medida en que genera la pérdida de biodiversidad y el cambio climático, a lo que habría que agregar la destrucción de los hábitats de las especies exóticas y el tráfico ilegal de especies protegidas. La lucha contra la pandemia pasa, por tanto, por atacar su raíz: la crisis ecológica. Y si bien para enfrentar un  problema global se requiere una acción y cooperación también globales, ello no nos libera de la responsabilidad de comenzar a actuar localmente en la reconstrucción de la economía sobre otras bases: no las del crecimiento infinito en un mundo finito sino de la planificación del decrecimiento para producir menos y mejor,  priorizar las “actividades esenciales” (léase trabajo esencial): la producción de alimentos  y otros productos vitales para el bienestar de la población (infraestructura sanitaria, escuelas, vivienda, etc.).

En lugar de retornar a la “vieja anormalidad” regida por la tesis  extremista de las élites ecuatorianas: “exporta o morir” hay que asumir con urgencia, junto al concepto de “actividades esenciales”, el principio de “soberanía alimentaria”, un cambio hacia la autosuficiencia alimentaria, si queremos liberar a los ecuatorianos del riesgo de no poder alimentarse en caso de catástrofes que, como sucede ahora con el Covid19, ya no pueden ser consideradas como una amenaza remota sino como una realidad a punto de tornarse intermitente. Decretada la cuarentena y el confinamiento de la población adquirieron visibilidad actividades y trabajos de baja calificación pero imprescindibles para que la emergencia sanitaria no se convierta en hambruna: la producción y movilización de productos agrícolas, agroindustriales, alimentos preparados, medicina, servicios de agua, comunicaciones, energía eléctrica y recolección de basura que no pararon y que señalan objetivamente cuales son las prioridades a la hora de elaborar políticas públicas y asignar los recursos.

Y en el marco de la “soberanía alimentaria” y las “actividades esenciales” hay que insistir en la importancia y la necesidad de promover la agricultura familiar indígena campesina; sector que “aunque produce alrededor del 70 %  de lo que hay en la mesa de las familias ecuatorianas, protegen las vertientes de agua en los páramos y la diversidad de los territorios en la Amazonia,  no son ellos los que se benefician de nuestros recursos, son sus territorios los más empobrecidos y sus hijos los que peor se alimentan, tienen menos acceso a educación y sus cuerpos, los más enfermos de tanto agro tóxicos” (Stalin Herrera, «Frente a la crisis: agricultura familiar indígena campesina», lineadefuego,  abril 15, 2020)

Corrobora esta afirmación Eduar Pinzón, de la fundación Altrópico “Por lo menos el 64% de los alimentos que llegan a la mesa de los ecuatorianos viene de la agricultura familiar campesina: una agricultura de pequeña escala, de bajos insumos, de mano de obra familiar, generalmente y de alta diversificación. Es esa la que garantiza, realmente, la alimentación del país y es por eso que, en Ecuador, a pesar de la crisis local, todavía no ha habido una crisis alimentaria” (Entrevista, Revista Cosas, No. 272, junio 2020)

Richard Intriago, dirigente de Movimiento Campesino, experimentó en plena emergencia sanitaria la posibilidad de articular directamente a los productores agrícolas con los consumidores, eliminando a los intermediarios, con resultados positivos. En su opinión “La pandemia demuestra que los campesinos son como los médicos y el personal de sanitario: indispensables para la vida. Ellos siguen labrando, sembrando, ordeñando y cosechando, para que los habitantes de las grandes ciudades como Quito, Guayaquil y Cuenca coman”. La venta directa como parte de un cambio más profundo en la producción de alimentos con la diversificación de la producción que garantiza una alimentación variada y, a la vez, un sistema de rotación de cultivos que deja tiempo para que la tierra pueda recuperar sus nutrientes.

En la opinión de Richard Intriago ‘Es importante tener estas fincas diversificadas y no sembradas con un solo cultivo… ‘¿Qué hubiese pasado –se pregunta-si hubiéramos escuchado a los gobiernos su propuesta de eliminar esa diversidad en nuestros campos y hubiéramos empezado a sembrar solo banano, caña de azúcar o maíz para la exportación? ¿Qué estuviéramos comiendo ahora? ¿Sólo banano, caña de azúcar y maíz? (El sector estratégico que nunca paró: los campesinos, Trabajo colaborativo entre La Línea de Fuego, Acapana, Radio Periférik y mutantia.ch, lalineadefuego.info,  mayo 27, 2020)

La experiencia en la pandemia deja una lección clara e irrebatible: el Ministerio de Agricultura y la política pública agraria debe priorizar la producción para el consumo de la población y no la producción para la exportación; la agroecología que apuesta por una producción orgánica, protegiendo las fuentes de agua, los animales y la naturaleza y no el agronegocio tóxico y la agroindustria transgénica; la promoción del consumo de alimentos frescos y no de de alimentos procesados y bajo nivel nutritivo; la venta directa y limitar poder de los grandes mayoristas y supermercados que, con el respaldo de los gobiernos municipales y provinciales, especulan con los precios de los granos, frutas y verduras. Y, en el momento actual, como alerta el representante de la FAO en el Ecuador, el Ministerio de Agricultura está obligado a evitar un  quiebre en la cadena de abastecimientos de ciertos insumos que, debido al modelo de globalización subordinada de la economía, son importados (Agustín Zimmermann, Entrevista, Línea de Fuego, 18.06.2020)

La resistencia o lucha reivindicativa del movimiento indígena campesino en pro de los lineamientos de política pública, señalados antes, debe incluir otras reivindicaciones resumidas por Stalin Herrera en el estudio citado: “… necesitamos hablar de distribuir la tierra, desprivatizar el agua y ampliar la cobertura del agua de riego, difundir tecnología apropiada, establecer controles de precios, facilitar crédito barato y oportuno, reconocer que es una sociedad organizada con la inteligencia suficiente para contener la crisis. Pero sobre todo, necesitamos cambiar la mirada sobre el campo… un pacto social por el campo, que cambie las cosas desde la raíz, con la soberanía alimentaria y la agroecología por delante”.

Sin embargo, ahora, ya no se trata solamente de perseverar en la lucha reivindicativa en un marco institucional corroído, sino como sugiere Alfredo Apilánez, profundizar en nuevas prácticas emancipatorias “combinar la resistencia, si se quiere, la reducción de daños ante el crecientemente intenso embate del capital, con el desarrollo de nuevas formas de vida y comunidades de convivencia que prefiguren, como dice el bello lema, ‘el embrión de otros mundos que están en éste’”. Y ello porque las comunidades indígenas campesinas, supérstites en el Ecuador, no son solo unidades de producción agrícola o UPAs, sino, ante todo, portadoras de una cultura de trabajo y de vida asociativa, de autoafirmación colectiva que ha resistido siglos de colonialismo y neocolonialismo.

Es el momento de aplicar nuevas prácticas emancipatorias o de una “nueva cultura política”, como la define Raúl Zibechi, más allá de la lucha institucional. “Las izquierdas –dice- hemos pasado de la lucha armada a la lucha electoral y a la inserción en las instituciones, como si fueran las únicas opciones posibles… Esta fijación por ocupar o asaltar el centro físico y simbólico del poder de arriba, ha sido tan potente como para esculpir nuestros sueños y deseos con un cincel que reproduce las jerarquías capitalistas y patriarcales…

Las organizaciones de abajo, en (la) nueva cultura política, no son escalones para llegar arriba, sino algo completamente diferente. Este mundo puede expandirse o contraerse, pero es mediante la propagación y la multiplicación como puede llegar a desplazar al capitalismo. No son medios para alcanzar fines. La nueva cultura política no nace ni en las academias ni en las bibliotecas, sino en torno a los trabajos colectivos, capaces de crear los bienes materiales y simbólicos para poder arrinconar el capitalismo” («Entre la guerra y las elecciones», La Jornada, septiembre 2020). De eso se trata, no solo de reducir la brecha de la desigualdad.

https://coyunturauceiie.org/2020/09/09/tiempo-de-reflexion-ante-la-catastrofe-autodeterminacion-desconexion-actividades-esenciales-soberania-alimentaria-economia-familiar-indigena-y-campesina/

Fuente: https://rebelion.org/autodeterminacion-desconexion-actividades-esenciales-soberania-alimentaria-economia-familiar-indigena-y-campesina/

 

 Ecocida y genocida

 

Insistamos en enfocar cómo el capitalismo, sea bajo gestión del progresismo o de la derecha desembozada, se desarrolla enriqueciendo cada vez más a oligopolios y altos funcionarios mientras expande e intensifica dramas entre les diverses de abajo. Examinemos y difundamos para facilitar el debate sobre nuestros empleos y profesiones si no será hora de plantearse cómo recuperar capacidades, esfuerzos e iniciativas laborales para erradicar a:

Pandemia, negocios millonarios y falsas soluciones

14 de septiembre de 2020

Por Darío Aranda

Lavaca

Referente de la Cámara de Biotecnología (donde confluyen las grandes empresas de transgénicos y agrotóxicos). Productor de películas taquilleras (“Relatos salvajes”).

Dueño de publicaciones progresistas ABC1 (Le Monde Diplomatique). Impulsor de la soja y el trigo resistente a la sequía y del acuerdo porcino con China (con amplias consecuencias ambientales y sociales). Y, ahora, publicitado cuasi como el salvador de la salud de Argentina con una vacuna en desarrollo contra el coronavirus. Hugo Sigman, megamillonario, amigo de ministros, sonríe mientras lo llaman “progresista” y recuerdan su pasado comunista.

El 12 de agosto fue el día más público de Hugo Sigman.

Todos los diarios del país publicaron su foto como el gran promotor de la vacuna contra el coronavirus, su laboratorio mAbxience en alianza con la multinacional británica-sueca AstraZeneca/Universidad de Oxford y el millonario mexicano Carlos Slim.

«Argentina producirá la vacuna de Oxford», señaló Página12. «La Argentina fabricará una vacuna contra el coronavirus», afirmó Clarín.

Obviaron mencionar un hecho muy grave: la multinacional AstraZeneca cuenta con inmunidad legal si su vacuna provoca efectos no deseados.

¿Sustentable?

Cuando se ingresa al sitio web hugosigman.com.ar aparece un título con letras blancas y grandes que aclara, por si hiciera falta, “soy Hugo Sigman”. En su portada sobresalen ocho fotos de él, tres de ellas con su esposa (Silvia Gold), socia y cofundadora de la empresa Chemo, antesala del hoy conocido Grupo Insud. Siempre aparece con una amplia sonrisa, saco y camisa, bigote prolijo.

Allí relata su historia, de 76 años, que fue repetida hasta el hartazgo en la prensa amiga. Se lo define como “progresista”, con pasado en el Partido Comunista, al igual que su suegro (Roberto Gold, el real capitalista detrás del imperio que luego Sigman amplió geométricamente). Según la revista Forbes, la fortuna de Sigman-Gold alcanza los 2.000 millones de dólares.

En su relato destaca su rol de “emprendedor”, la “responsabilidad social” de sus empresas y el tinte cultural de su perfil: Le Monde Diplomatique Cono Sur es su nave insignia de periodismo ABC1 (clase media acomodada), donde muy rara vez se escriben críticas al modelo transgénico que reina el país desde 1996.

Quizá tenga relación el rol protagónico de Sigman al frente de la Cámara Argentina de Biotecnología (CAB), espacio empresario donde confluyen millonarios locales aliados de las compañías internacionales como Bayer-Monsanto, Syngenta y Corteva, entre otras. Desde allí elaboran políticas públicas que los sucesivos gobiernos adoptaron como propias. Publicitan las bondades del modelo transgénico y niegan las consecuencias del uso de agrotóxicos.

Sigman es dueño y tiene participación accionaria en las compañías farmacéuticas Chemo, Exeltis, mAbxience, Xiromed, Sinergium Biotech, Elea Phoenix, Maprimed e Inmunova. En el sector del agronegocio, es dueño y tiene participación accionaria en Bioceres, Biogénesis Bagó, Garruchos Agropecuaria, Pomera Maderas y la Cabaña Los Murmullos.

En una entrevista en el diario El Cronista de marzo pasado y publicitada desde su propia web personal, afirma que invierte en Argentina a pesar de la crisis económica como un acto de “rebeldía” y que lleva “a la Argentina en las venas”. En la misma entrevista reconoce que tiene domicilio fiscal en España porque allí paga menos impuestos que en el país que lleva en venas.

En sus discursos públicos, y en su propia página web, el empresario se muestra preocupado por el cuidado ambiental y la “sustentabilidad”, pero en los hechos impulsa un modelo agropecuario con sobradas pruebas de arrasar los territorios: millones de hectáreas desmontadas, desalojos de campesinos e indígenas, concentración de tierras en pocas manos y ríos, suelos y personas afectadas por los químicos del agro.

«Argentina tiene una enorme oportunidad en biotecnología», afirmó Sigman en agosto de 2019, cuando recibió el «Premio Clarín Rural a la trayectoria», durante la 133 Exposición Rural de Palermo. Sigman es «embajador de buena voluntad del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), espacio de lobby del agronegocio. En agosto pasado participó en un foro virtual sobre el futuro del agro, organizado por el IICA, en el que llamó a invertir en ciencia para el agronegocio y remarcó la importancia de la «vinculación pública-privada», eufemismo que busca la inversión del Estado para negocios privados, con promesas de bienestar para todos.

Sigman tiene participación accionaria en Bioceres, una empresa “nacional” donde figuran empresarios como Gustavo Grobocopatel y referentes de la Asociación de Productores de Siembra Directa (Aapresid). Con amplios subsidios estatales, nunca precisados de manera clara, impulsa nuevos transgénicos. Su estrella, con la estrecha colaboración de la científica del Conicet Raquel Chan, es la una semilla de soja supuestamente resistente a la sequía, que ya fue aprobada en Argentina, Paraguay, Brasil y Estados Unidos.

Una relación directa, de utilizarse esa semilla, será el avance sobre nuevas áreas. Con sus consecuentes desmontes, desalojos, mayor uso de agrotóxicos. Sin embargo, para la académica Chan, directora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (IAL) de la Universidad Nacional del Litoral, se trata de “un hito histórico”.

Bioceres y Raquel Chan también lograron el visto bueno oficial para utilizar una semilla que ningún país se animó a aprobar: un trigo transgénico resistente a sequía. Ya tuvo luz verde de la cuestionada Comisión Nacional de Biotecnología (Conabia, donde las mismas empresas aprueban sus productos, sin participación de científicos independientes). Sólo resta la firma de la Dirección de Mercados (área que espera el visto bueno de Brasil, principal comprado del trigo argentino).

De avanzar con el trigo, los argentinos serán los primeros en comer pan transgénico (y todos los derivados de la harina). Medio centenar de organizaciones sociales denunciaron que no existen pruebas independientes de inocuidad de ese trigo y lanzaron la campaña “no se metan con nuestro pan”, donde puntualizan los peligros de ese cultivo y la ingesta en humanos.

El millonario remarca una y otra vez la importancia de la ciencia, tanto desde Bioceres como desde la Cámara de Biotecnología siempre mantuvo vínculo estrecho con el Ministerio de Ciencia y el Conicet, el mayor ámbito de ciencia del país. En febrero de 2017, la directora de Innovación y Desarrollo Tecnológico del Grupo Insud, Graciela Ciccia, ingresó el directorio del Conicet, cargo que aún mantiene a pesar del cambio de Gobierno.

“El sector productivo, con un lugar en el Conicet”, festejó la revista Fortuna (dedicada al sector empresario) en marzo de 2017. El Grupo Sigman emitió incluso un comunicado celebrando el nombramiento. Ciccia, al igual que Sigman, es miembro fundadora de la Cámara Argentina de Biotecnología.

Sigman tiene excelente relación y acceso directo al Ministerio de Ciencia, tanto en la gestión de Lino Barañao como de Roberto Salvarezza, funcionario que impulsa el agro transgénico, el fracking petrolero y la megaminería.

También es dueño de la compañía Pomera Maderas e impulsa al monocultivo de árboles, con similares consecuencias al de soja. Desmontes y desalojos. En marzo pasado, en declaraciones en el diario El Cronista, llamó a avanzar con más hectáreas de ese monocultivo. “Con un poco de inteligencia se generaría mucha inversión que es el sector forestal porque hay situaciones excepcionales. Nosotros cortamos un eucaliptos a los siete u ocho años, tres veces menos tiempo que en los países nórdicos. Hay una oportunidad si el Gobierno se sienta con el sector y encuentra los estímulos necesarios para que se exporte e industrialice. Los proyectos científicos que hay detrás de la madera y celulosa son extraordinarios. Tenemos enormes condiciones de crecer porque tenemos las condiciones naturales”, propuso.

Desde Biogénesis Bagó, su empresa de “sanidad animal”, Sigman es uno de los impulsores del acuerdo con China para la instalación de megagranjas porcinas. La iniciativa, donde interviene también el canciller Felipe Solá (autor de la aprobación de la primera soja transgénica en 1996), mereció el rechazo de amplios sectores socioambientales, académicos y políticos por sus impactos ambientales, sanitarios y hasta económicos (por la dependencia con China). Incluso se instaló en la agenda pública en agosto pasado. Recordaron la relación directa entre la cría industrial de animales y la aparición de nuevos virus y pandemias.

Sigman, tan preocupado por el ambiente en sus expresiones públicas y su sitio web, no se refirió al acuerdo con China, ni mucho menos al impacto de los transgénico ni de los agrotóxicos.

La salud como negocio

“Ojalá haya muchos Sigman”, dijo sin dudarlo el ministro de Salud, Ginés González García, en declaraciones radiales el 21 de agosto, luego del anuncio del avance con la vacuna. Y expresó su “admiración” hacia el millonario.

El Ministro fue la voz oficial más explícita respecto al rol protagónico del empresario ante la pandemia. Según la versión oficial, el Estado adquirirá once millones de dosis, a un precio estimado de entre 3 y 4 dólares. El Gobierno presentó el avance en la vacuna de forma triunfalista, como si fuera la solución a la pandemia. Y los medios, tanto oficialistas como opositores, replicaron sin dudar. Los “periodistas científicos” inflaron el pecho por la importancia de la “ciencia nacional” (a pesar de ser un desarrollo de la multinacional británica AstraZeneca) y destacaban las bondades (aún no probadas) de la vacuna.

Una de las pocas críticas de medios comerciales provino del diario La Nación. El 20 de agosto difundió que Sigman tenía el monopolio durante diez años de las vacunas contra la gripe. Recordó su vinculación al exministro de salud nacional y actual gobernador de Tucumán, Juan Manzur, vínculo que (vacuna mediante) se mantuvo siempre presente y redituable.

En el libro Los dueños del futuro (2017), los periodistas Alejandro Galliano y Hernán Vanoli dan cuenta cómo Sigman se alimentó de las arcas del Estado para que crezcan sus empresas: “Durante la pandemia de gripe A H1N1 de 2009, Sigman le propuso al Gobierno argentino, a través del entonces ministro de Salud Juan Manzur, un proyecto de transferencia de tecnologías farmacéuticas a cambio de la concesión de un monopolio provisorio. La licitación se presentó privilegiando a Sigman como ‘autor de la iniciativa’, con el compromiso de adquirir todas las vacunas producidas. El acuerdo se hizo con la multinacional Novartis, que tendría un monopolio de tres años sobre la vacuna antigripal, mientras transfería la tecnología a Elea y Biogénesis Bagó, a través de una empresa creada a tal fin: Sinergium Biotech. Pasados los tres años, Sinergium sería la fabricante exclusiva”.

Los autores recuerdan que en 2012 la Organización Mundial de la Salud (OMS) desconoció a la gripe A como pandemia, pero el negocio farmacéutico ya estaba hecho.

¿Vacuna?

Matías Blaustein es doctor en ciencias biológicas e investigador del Conicet. Recordó que el Gobierno también había anunciado en julio “con bombos y platillos” el acuerdo con la multinacional Pfizer para testear su potencial vacuna en la Argentina. Luego hizo lo propio con la vacuna de Oxford-AstraZeneca. Lo primero que Blaustein hace son preguntas: “¿La vacuna es una realidad o es una promesa a testear?” Y cita a Anthony Fauci, uno de los principales referentes estadounidenses en enfermedades infecciosas, quién advirtió sobre el riesgo de aprobar vacunas prematuramente, poniendo en riesgo el ulterior desarrollo de vacunas seguras y efectivas. “Al día de hoy, todavía no sabemos de ningún desarrollo al que se pueda ya considerar como vacuna. No sabemos aún si efectivamente generan inmunidad, no sabemos aún si generan efectos secundarios importantes en la salud”, explica.

Describe que se ha instalado una necesidad social alrededor del desarrollo de la vacuna y que conviven expectativas populares genuinas como también un importante bombardeo mediático asociado al propio interés corporativo.

Segunda pregunta de Blaustein. Cuando se dice que Argentina producirá la vacuna. ¿A qué «Argentina» nos referimos?”. Él mismo se responde: “La megacorporación AstraZeneca y el cerebro empresarial Sigman vienen haciendo formidables negocios con nuestros gobiernos. Las empresas del Grupo Sigman se enriquecían a lo largo de los sucesivos gobiernos sobre la base de los agronegocio, la actividad forestal, la ganadería y el lucro con la salud. Hace unos días auspiciaban el acuerdo con China para impulsar las megafactorías de chanchos ¿Era éste el sueño al que aspirábamos? ¿Pueden ser nuestros salvadores hoy quienes hasta ayer se enriquecían construyendo un modelo agroganadero, forestal y farmacéutico que no es otra cosa que el caldo de cultivo de los actuales incendios, contaminaciones, epidemias y pandemias?”.

Recuerda que muchas vacunas a lo largo de la historia fueron de crucial importancia para evitar epidemias y salvar vidas. Pero también pide ser cautos con la información que se difunde: “Intentar no incurrir ni en planteos antivacunas asociados a falsas premisas que aseguran que las vacunas contienen chips, como tampoco recaer en la euforia de las soluciones mágicas, anunciando o propagandizando que una potencial vacuna ya funciona, ya es segura y efectiva, cuando restan muchos ensayos para poder saber tal cosa”.

Impunidad

Blaustein detalla que existen más de 80 vacunas con testeos en animales y 35 en humanos. Ocho de ellas en fase tres, con testeo en unas decenas de miles de personas. Las más avanzadas fueron desarrolladas mediante nuevas estrategias biotecnológicas que consisten en introducir parte del material genético del virus patogénico en las células de las personas. Detalla las versiones basadas en ARN (ácido ribonucleico), en ADN (ácido desoxiribonucléico) y las basadas en “virus recombinantes” (como las de Oxford/AstraZeneca y la de Rusia).

Y alerta: “Cualquiera que sea la estrategia empleada para producir una vacuna implica la posibilidad de que la misma no sea efectiva, es decir que no genere inmunidad. Los testeos realizados hasta el momento implican evaluar si cada potencial vacuna genera anticuerpos, células de memoria, pero se desconoce aún si genera inmunidad efectiva contra el virus, tanto a corto como a largo plazo”. Y retruca: “A su vez, implica la posibilidad de que genere potenciales efectos secundarios adversos”.

Remarca un aspecto silenciado del acuerdo con AstraZeneca: “La compañía no se hará responsable de potenciales demandas por efectos secundarios a largo plazo”.

Gonzalo Basile Balbis tiene un amplío currículum, tanto en el área médica como de militancia social. Es epidemiólogo, especialista en bioética y responsable de la Red de Medicamentos de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social (Alames). Señala sus dudas respecto a las vacunas para el covid-19: “Hay muchas cosas que no son claras, entre ellas la capacidad de mutación que tiene el virus”. Alerta que la vacuna de Oxford/AstraZeneca contiene riesgos que se han minimizado apelando a la “generación de pánico”.

“Es un disparate absoluto decir que la vacuna es segura. No están claros los riesgos. Y tiene relación con los cortos tiempos que se están utilizando en este caso, cuando las pruebas en humanos siempre llevan más tiempo, e incluso así suele haber problemas. Un vacuna en tiempos acelerados, y con solo 1.100 personas de prueba, no puede saberse su efectividad y mucho menos sus efectos colaterales”, alerta Moyano Balbis. Y lo vincula a la cláusula legal que fijo la multinacional: “El Gobierno asumió el compromiso legal de no iniciar acciones judiciales contra la empresa si luego se descubren efectos no deseados en el largo plazo”.

Recordó el caso de la vacuna de dengue en Filipinas, en 2018, donde agravó la enfermedad y provocó muertos.

La agencia de noticias Reuters confirma lo denunciado por Blaustein y Moyano Balbis: “AstraZeneca recibió protección contra futuras demandas de responsabilidad por productos relacionados con su vacuna covid-19”. En su artículo del 30 de julio citó al ejecutivo de la empresa Ruud Dobber: «Esta es una situación única en la que nosotros, como compañía, simplemente no podemos asumir el riesgo si en cuatro años la vacuna está mostrando efectos secundarios. Para la mayoría de los países es aceptable asumir ese riesgo sobre sus hombros porque es de interés nacional».

Lo que es presentado como una salvación, no solo no está asegurado que lo sea. Además puede provocar consecuencias en la salud y no se le podrá hacer juicios a las empresas.

Pánico y dinero

Esteban Corley, director de mAbxience (la empresa de Sigman), reconoció que aún no está confirmada la efectividad de la vacuna, pero anunció que igualmente comenzarán la su producción “para ganar tiempo”. Prometió que, en caso de no tener la autorización final, las vacunas se destruirán.

Moyano Balbis plantea: “Una empresa produce millones de dosis, en tiempo récord que impide evaluar efectos secundarios. Y, si encuentra efectos colaterales… ¿No va a aplicar masivamente esa vacuna?” Sin olvidar el contexto, donde amplios sectores de la población, discursos oficiales mediante, creen que esa será la solución ante el virus. “El pánico es terrible consejero y mucho más si aceptamos supuestas soluciones de forma acrítica”, grafica.

Respecto a Sigman, Moyano Balbis se indigna: “Es una persona muy vinculada a las causas de estas pandemias, él impulsa y defiende el agronegocio, es parte del negocio de la cría industrial de animales”. Y recordó que el empresario tiene el monopolio de las vacunas contra la Gripe A, “una pandemia que no tuvo los efectos que dijeron”.

No sale de su asombro respecto a las promesas de las farmacéuticas y cómo los medios de comunicación y funcionarios les creen, repiten el discurso empresario y hasta lo adoptan como verdad revelada. Remarca: “Hay muchísimos casos en el que la ciencia, y en particular la farmacología, mintió para hacer negocios. Les importa más el negocio que la vida”. Recuerda el caso de la estadounidense Pfizer en Nigeria, donde experimentó con niños, y fue retratada en la película El jardinero fiel.

“Con esta pandemia, amplías mayorías seremos más pobres. Y, pánico mediante, unos pocos serán más millonarios. Sigman está entre ellos”, resume Moyano Balbis.

Ciencia hegemónica vs. los de abajo

Matías Blaustein cuestionó que decisiones tan trascendentes, como la salud de la población, “se tomen entre cuatro paredes”, entre unos pocos funcionarios, empresas farmacéuticas y un pequeño grupo de “expertos” que deciden por todos, sin debate público. Donde queda al descubierto una forma hegemónica y extrema de entender la ciencia. “Se afianza un discurso neopositivista muy influyente, una ciencia que se asume como garante del progreso, que se presenta como artífice del desarrollo, pero incapaz de formular crítica alguna a los nocivos efectos que ciertos avances de la tecnociencia generan en cuerpos. Los expertos tienen la capacidad de criticar el dióxido de cloro, pero nada parecen saber sobre los efectos tóxicos del herbicida glifosato; denuncian el riesgo del movimiento antivacunas pero no se los escuchó intervenir acerca de las corporaciones asociadas al lucro de la salud, del agronegocio, el negocio forestal o las granjas porcinas”, cuestiona Blaustein.

Es sesgada la forma de pensar y actuar sobre la pandemia, solo centrándose en las consecuencias (enfermos, fallecidos, formas de contagio, posibles vacunas y tratamiento), y se esquiva todo el tiempo referirse a las causas de la proliferación de virus.

Blaustein suma: “Una pandemia como la de hoy no se puede explicar si no es en relación con un origen zoonótico asociado al modelo extractivista, si no se tematiza el tráfico y consumo de animales, si no se habla del desmonte y desplazamiento de animales y personas a grandes centros urbanos, si no se incorpora la variable del hacinamiento en grandes urbes donde parte de la población no tiene acceso al agua, a una vivienda adecuada, a elementos de higiene o a la salud. El debate no puede ser solamente qué tipo de vacuna ni quién la genera”.

En línea con lo que plantean movimientos socioambientales y pueblos indígenas, el académico advierte: “Enfrentamos un problema realmente grave que no comienza ni termina con esta pandemia. El cuestionamiento de este sistema-mundo capitalista, extractivista, colonial y patriarcal debe necesariamente incorporar muchas más voces. En tanto las y los de abajo no tengan voz, las cosas irán de mal en peor”.

https://www.lavaca.org/mu150/pandemia-laboratorios-y-enigmas-vacunados/
Fuente: https://rebelion.org/pandemia-negocios-millonarios-y-falsas-soluciones/

En consecuencia, contra nuestro involucramiento en trabajos ecocidas-genocidas de modo directo o indirecto y por nuestro sentipensar identificado con las justicias social y ecológica comencemos mediante reflexiones e interrogantes planteados en: 

Lecciones sobre la Covid-19 desde

los valores de la Economía del Bien Común

15 de septiembre de 2020

Por Fernando Moreno Bernal (Rebelión)

Han transcurrido seis meses desde que se decretó el confinamiento en España por la pandemia del SARS-COV-2 (covid19). Y más de ocho meses, desde que se notificó su aparición en Wuhan (China), en los que nos bombardean los medios de comunicación con cifras de contagios y fallecidos.

A fecha de 11 de septiembre 2020 en el mundo hay 28.764.183 diagnosticados y han fallecido 920.283 personas [1]. No podemos comparar con la gripe estacional que sufrimos cada año, ya que no se lleva un recuento tan meticuloso ni se consideran l@s asintomátic@s. El virus existe y está ahí. Hay que ser consciente y responsable en nuestro comportamiento ante él. Pero no tenerle miedo ni dejar que este nos paralice.

En estos seis meses ha aumentado nuestro conocimiento de lo ocurrido. El Instituto de Salud Carlos III [2] ha analizado las cinco causas que explican la mayor o menor incidencia por ciudades españolas, y el periodista Manuel Rico, desde Infolibre, viene publicando diversos artículos sobre fallecimientos en Residencias de mayores privadas, públicas de gestión privada y públicas de gestión pública por Comunidades autónomas y ciudades. Y RTVE con datos a 12 de septiembre publica el informe “Radiografía del coronavirus en residencias de ancianos en España[3] Hay opiniones críticas ante las medidas adoptadas. Marea Blanca ha iniciado la recopilación de información para hacer un estudio por comunidades autónomas que se piensa publicar a mediados de septiembre. Considero necesarias las siguientes reflexiones desde la perspectiva de los valores de la Economía del Bien Común considerados en el Balance 5.0 [4] en el momento en que parece comenzar la segunda ola de la pandemia en España.

Es necesario no perder la perspectiva global donde se inserta el monotema del coronavirus. En estos meses la crisis medioambiental, económica, social y político/militar mundial ha seguido profundizándose. Las tensiones geopolíticas provocadas por la pérdida de liderazgo y confianza en la hegemonía mundial de EE. UU. se acrecientan. Las anteojeras del COVID19 han intentado ocultar sin conseguirlo las detenciones arbitrarias y asesinatos de líderes sociales y medioambientales en Chile, Colombia, Brasil, Honduras, etc., las revueltas raciales y sociales en numerosas ciudades norteamericanas, los bombardeos de Gaza y explosiones en Irán, Ajam (Emiratos árabes) Najaf (Irak) y Beirut prácticamente simultaneas[5]. El continuo vertido de miles de litros diario de agua radioactiva en Fukuyama. Los incendios de la Amazonía y el genocidio de los pueblos indígenas[6]. El calentamiento y desaparición del permafrost en Siberia, con la liberación de cantidades ingentes de metano, más peligroso para la supervivencia de la humanidad que el virus[7]. La crisis económica y social se dispara y un mar de deudas públicas y privadas amenaza con ahogarnos[8]. La crisis civilizatoria, de valores dominantes, profundiza la desesperanza y la pérdida de confianza en un sistema productivo que no permite la supervivencia mínimamente digna de la nueva generación, de nuestra juventud.

DIGNIDAD

El artículo 43 de la Constitución Española reconoce el derecho a la salud de la ciudadanía (dignidad) obligando a las Administraciones públicas a organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas. En España es la atención primaria la encargada de esta tarea. El derecho a la salud se consigue promoviendo el bienestar general, por lo que en el apartado tres del artículo se habla de fomentar la educación sanitaria, la educación física y el deporte.

La medicina preventiva se contrapone a la medicina curativa. La primera procura que no existan enfermos, mientras que la segunda trata de curar a los que ya están enfermos. El artículo 43 sólo menciona la medicina preventiva como derecho humano. Y el éxito de la medicina preventiva, el ejercicio del derecho a la salud, choca abiertamente con los intereses privados en la salud como negocio. Mientras que la primera es pública y su éxito se consigue con la ausencia de enfermedad, la segunda si es privada con el objetivo de maximizar beneficios los alcanzará con el mayor número posible de enfermos tratados en la atención hospitalaria. Mientras más enfermos a curar más facturación y beneficios para las empresas privadas que se dedican a la salud como negocio.

Podemos decir sin exagerar que aquellas Comunidades Autónomas que llevan décadas reduciendo recursos a la Atención Primaria han estado menoscabando el mandato constitucional, atacando a la Constitución Española.

Esta tensión permanente entre intereses lucrativos de empresas privadas y el bienestar general de la población, el Bien Común de la sociedad, tan sólo puede eliminarse con una sanidad pública total. Para maximizar el beneficio privado en la salud tiene que reducirse al máximo la medicina preventiva, los dispositivos de Atención Primaria. Mientras más enfermos más beneficio. Mientras más enfermos más productos farmacéuticos se venderán.

Si observamos los países donde peores datos existen del COVID19 vemos que son Estados donde la sanidad pública no existe o es muy débil: EE UU, India, Brasil, Perú, Colombia, etc. Si observamos las Comunidades Autónomas con más problemas son aquellas que llevan décadas reduciendo la Atención Primaria y privatizando la sanidad en todos los campos: Madrid, Cataluña, Castilla-León y Castilla La Mancha.

Poniendo nuestra atención sobre el número de fallecidos vemos como dos de cada tres (67,33%) han sido residentes en centros de mayores, la inmensa mayoría privados o de gestión privada. La tasa de letalidad de mayores de setenta años no residentes (92% del total) es la misma que en el resto de la sociedad. El factor de riesgo no es la edad, es estar ingresado o no en un Centro de Mayores cuya finalidad última es el lucro, maximizar sus beneficios. Y no en todas las residencias ha tenido la misma incidencia el COVID19. Hay cadenas privadas de Residencias de Mayores propiedad de fondos de inversión con sedes en paraísos fiscales que han tenido alta incidencia en todos los países donde poseen Centros asistenciales: Italia, España, Francia, Bélgica, Gran Bretaña… Todos hemos visto el trato inhumano y vejatorio recibido en determinadas Residencias y la negativa a tratamiento médico y traslado a centros hospitalarios de estas personas mayores enfermas que han provocado sus muertes anticipadamente. Hay más de doscientos expedientes judiciales en marcha.

Si tenemos en cuenta que el 85% de los hospitalizados españoles han sido tratados con la polémica hidroxicloroquina[9] podemos entender el gran número de muertes en España comparado con otros países. Porque la pregunta pertinente es ¿Si la hidroxicloroquina provoca taquicardia e infartos, el enfermo de COVID19 con antecedentes previos de enfermedad cardiopulmonar ha muerto por COVID19 o por el tratamiento recibido una vez ingresado en el hospital? Y hay que preguntar ¿Quién tiene la propiedad intelectual de la cloroquina y cuanto se ha facturado por los tratamientos?

SOLIDARIDAD Y JUSTICIA SOCIAL

Analizando las mejores prácticas en el mundo frente al COVID19 podemos aprender grandes lecciones de solidaridad. El país con mejor desempeño frente al coronavirus del mundo es Vietnam[10] que tiene más de 1.400 km de frontera directa y grandes relaciones económicas y sociales con China y una población estimada de 90 millones de personas. A 13 de septiembre tiene tan sólo 1.063 casos confirmados y 35 fallecidos. Y tenemos el curioso caso del Estado de Kerala[11] en India, segundo país con mayor incidencia del mundo. En Kerala[12], sin embargo, el robusto sistema de salud pública y una cultura profundamente democrática que reside en los Consejos Comunales marca la diferencia con el resto de India. A fecha de 13 de septiembre tiene un 78,77% menos de fallecidos que la media de India por cada 100.000 habitantes. Con una población de 35 millones tiene 440 fallecidos mientras que el total de India con 1.352 millones de habitantes se acerca a 80.000.

En España también hemos aprendido lecciones de solidaridad con el covid19. Las Asociaciones vecinales han puesto en marcha más de 500 comedores sociales para atender las demandas de personas sin recursos ante la inactividad de determinadas Administraciones Públicas. Han sido las personas las que han respondido con solidaridad ante una crisis humanitaria sin precedentes y que está lejos de haberse superado.

En las Comunidades de vecinos grupos organizados se han hecho cargo de las personas mayores que viven solas, manifestando algunas que jamás se habían sentido tan acompañada como en el confinamiento.

En ciudades se han organizado por centenares a través de organizaciones sociales y ONGs para la asistencia a personas mayores y con problemas de subsistencia.

Y la falta de justicia social se visualiza como un gran problema para enfrentar esta pandemia. Los primeros casos del verano han estado provocados por las infraviviendas y condiciones indignas de vida de trabajadores del campo, la mayoría inmigrantes, y trabajadores de mataderos industriales con condiciones de trabajo insalubres. Y en Madrid con infraviviendas como las existentes en el barrio de Usera. Pero lo más indigno ha sido la negativa a traslados al hospital desde las Residencias de Mayores de personas enfermas en función de tener o no contratado un seguro privado.

No es verdad que covid19 no entienda de clases sociales. Lo vemos en Brasil, EE UU, India y en España. La desigualdad social y la carencia de recursos mínimos vitales es una de las causas que impiden una eficaz lucha contra el mismo. Y lo que vemos es que se aprovecha la excusa del covid19 para imponer determinadas políticas represivas como en Chile, Bolivia, Colombia, Brasil y EE UU. O para dar ya 1,3 billones de euros[13] desde el BCE a grandes Corporaciones y entidades financieras al -1% mientras nos prometen 750.000 millones de euros en los tres próximos años a los Estados Nacionales con la incertidumbre de la condicionalidad. Los muy muy ricos se hacen aún más ricos[14]; y las entidades financieras se hacen aún mayores utilizando nuestro propio dinero a través del BCE para fusiones y compras.

SOSTENIBILIDAD MEDIOAMBIENTAL

El coronavirus COVID19 tiene su origen en la presión medioambiental ejercida por la actividad humana industrial y urbana conocida como zoonosis. Y no es el primero ni será el último[15]. No podemos realizar una verdadera lucha contra el covid19 sin ir a sus causas profundas y atajar la posibilidad de nuevos coronavirus. En Andalucía ya tenemos el virus del Nilo, más peligroso y letal en caso de contagio. No podemos paralizar la actividad económica y social cada vez que aparezca un virus, como nuestro cuerpo no deja de respirar cuando nos infectamos.

La estrategia para enfrentar al covid19 se ha puesto en manos exclusivas de virólogos que la han enfocado exclusivamente desde la perspectiva de la industria farmacéutica, sin cuestionar su estructura empresarial de transnacionales y oligopolios que tienen mercados esclavizados como vemos con los tratamientos y las posibles vacunas; ni las contradicciones entre su interés en la maximización de beneficios privados y Bien Común. Pero la sociedad humana es el sistema complejo más sofisticado que existe. Las respuestas unilaterales y simples suelen crear más problemas que los que solucionan. ¿La vacuna es la solución o es el negocio?[16]

El 13 de septiembre se cumplió 50 años de la publicación del artículo de Milton Friedman que descarriló el capitalismo[17] en palabras de Antón Costas. Según Friedman la única responsabilidad social del empresario es maximizar el beneficio del accionista (añadiría mayoritario, porque del minoritario no se ocupa nadie) Esto no puede ser así. Y constitucionalmente está recogido en el art. 128 que el interés general está por encima. Hay que defender el Bien Común social, el interés general. Es necesario articular nuevas métricas de medición como la recogida en la Matriz del Bien Común 5.0 para las empresas. Con el covid19 la industria farmacéutica no lo está haciendo.

TRANSPARENCIA Y PARTICIPACIÓN DEMOCRÁTICA

A pesar de la continua y agotadora información acerca de contagios, fallecidos, tratamientos, vacunas, aplausos, etc. la gran sacrificada y ausente ha sido la trasparencia y la participación democrática.

No hay trasparencia si no se habla abiertamente de los intereses en juego, y sobre ellos, elaborar democráticamente la respuesta intentando encontrar el posible equilibrio entre estos intereses, definiendo el Bien Común en este momento y en este país.

Por desgracia la ciencia en este sistema capitalista está condicionada por los intereses de sus financiadores y otros condicionamientos políticos. La propia OMS está condicionada por el lobby del oligopolio de las grandes farmacéuticas y Fundaciones privadas que la financian. Lo mismo podemos decir de la Agencia Europea de Medicamentos y de la Agencia Española de medicamentos y productos sanitarios.

Con la excusa de hacer “lo que dicen los científicos” se elimina toda participación democrática en la toma de decisiones y elaboración de estrategia frente al virus. Se renuncia a la Política. Para ello tienen que obviar las mejores prácticas en la lucha contra el covid19 como Vietnam, Nueva Zelanda, Islandia, Cuba, Dinamarca, Noruega, Venezuela o el Estado de Kerala en la India. Y en los resultados obtenidos en todas ellas destaca un buen sistema público de salud apoyado sobre una ciudadanía organizada y corresponsable en Consejos Comunales, asociaciones vecinales, voluntariado, etc. La ciudadanía libera su creatividad si se le informa adecuadamente y se le corresponsabiliza.

Delegar en los “científicos” traslada a la opinión pública la idea de incapacidad para defendernos personal y colectivamente. Nos hurta el Poder de decidir, creando las bases de una dictadura de los “expertos”, condicionados ideológica y vitalmente por las grandes empresas y laboratorios Farmacéuticos.

Ha faltado trasparencia sobre el origen del covid19; sobre las estrategias llevadas a cabo para su neutralización en China y países asiáticos; sobre los tratamientos y su efectividad; sobre actuaciones y comportamientos sociales necesarios; sobre las vacunas y su efectividad… Y sobre los grandes negocios y beneficiarios de estas actuaciones.

Es patético y descorazonador observar la falta de cooperación y el despilfarro que conlleva la competencia entre Farmacéuticas en la obtención de la vacuna, saltándose todas las reglas que nos habíamos dado para salvaguardar un mínimo comportamiento ético y de responsabilidad social en la investigación y desarrollo de nuevos productos.

Desde la Economía del Bien Común debemos decir con claridad que al covid19 y otros virus que ya están entre nosotros, o estarán en un próximo futuro, se les enfrenta con más Dignidad, Solidaridad y cooperación, justicia social, corresponsabilidad medioambiental, transparencia y democracia real.

Es el momento para que desde el Gobierno de España se les exija a las empresas y laboratorios farmacéuticos la elaboración de su Balance y Matriz del Bien Común, e ir exigiéndolo a todos los proveedores públicos.

Fernando Moreno Bernal. Campo de Energía EBC Cádiz.

Notas:

[1] https://elpais.com/sociedad/2020/07/27/actualidad/1595838623_808240.html

[2] https://www.eldiario.es/sociedad/pandemia-estallo-fuerza-espana-informe-desvela-factores-explican-expansion-virus-comunidad_1_6123633.html

[3] https://www.rtve.es/noticias/20200912/radiografia-del-coronavirus-residencias-ancianos-espana/2011609.shtml

[4] https://cooperaccion.es/la-matriz-del-bien-comun-5-0

[5] https://rebelion.org/quien-se-beneficia-de-la-explosion-de-beirut/

[6] https://www.rtve.es/noticias/20200902/incendios-amazonia-registran-agosto-su-segundo-mayor-numero-10-anos/2041243.shtml

[7] https://www.sport.es/es/noticias/tecnologia/aparece-gigantesco-agujero-metros-profundidad-siberia-8095185

[8] https://rebelion.org/el-banco-central-europeo-inunda-con-dinero-a-la-banca-espanola-mientras-el-pais-se-hunde-en-deudas-impagables/

[9] https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20200527/hidroxicloroquina-pacientes-covid-coronavirus-espanoles-trump-7977172

[10] https://www.bbc.com/mundo/noticias-52402064

[11] https://www.eluniversal.com.mx/mundo/coronavirus-el-gran-exito-de-la-estrategia-contra-covid-19-de-kerala

[12] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52799544

[13] https://www.lavanguardia.com/economia/20200717/482340255902/bce-medidas-combatir-recesion.html

[14] https://rebelion.org/la-pandemia-enriquece-todavia-mas-a-los-ricos-y-ha-llegado-la-hora-de-que-paguen-mas-impuestos/

[15] https://www.france24.com/es/20200412-zoonosis-covid19-animales-biodiversidad-pandemias

[16] https://es.euronews.com/2020/09/03/las-farmaceuticas-se-protegen-ante-el-rapido-desarrollo-de-la-vacuna-anti-covid

[17] https://elpais.com/economia/2020-09-05/aniversario-de-la-idea-que-hizo-descarrilar-al-capitalismo.html
Fuente:
https://rebelion.org/lecciones-sobre-el-covid19-desde-los-valores-de-la-economia-del-bien-comun/

 

 Alternativas emancipatorias

 

Mirémonos como trabajadores y sociedad en situación de crisis civilizatoria pero que la reducimos a emergencia socioeconómica, sanitaria...¿Nos sentimos interpelados por Aram Aharonian?

 

La “nueva normalidad”,

el virus y nuestra pérdida de humanidad

 7 de septiembre de 2020

Por Aram Aharonian (Rebelión)

¿Será que perdimos la capacidad de indignación? Vemos fotos y videos de cadáveres tirados en las calles en Guayaquil o La Paz, a diario recibimos noticias sobre el genocidio de nuestros pueblos originarios por desatención sanitaria. La “limpieza” étnico-política que sucede a nuestros alrededor parece no inmutarnos siquiera.

Esta nueva “normalidad” nos ha hecho perder lo poco de humanidad que nos quedaba. Recitamos cifras sobre infectados, recuperados y fallecidos por la pandemia, nos despreocupamos del dolor generalizado y asumimos contagios y muertes como parte de la “nueva normalidad”. Debiéramos hacer un examen de conciencia, al menos.

Pero también parece algo “normal” que el 1% de la población del mundo se apropie del 82% de toda la producción mundial, o por lo menos es eso lo que ocurre desde hace décadas y lo hemos asumido como “normalidad”. Esta impresionante desigualdad se repite en el interior de la inmensa mayoría de los países y se superpone con esa ficción según la cual “todos somos iguales ante la ley” y da por tierra con el principio que somos ciudadanos globales de iguales derechos. 

¿Normalidad? El Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe (Filac) dejó en claro que tras la pandemia las comunidades originarias no quieren regresar a la antigua normalidad plagada de discriminación y carencias. 

“No queremos una normalidad donde continuemos discriminados, queremos que nuestros planteamientos de desarrollo con identidad y buen vivir sean parte de la construcción en la pospandemia. No queremos indígenas a los que se les celebre un día, por folclore, y todo el año se les denigre, margine y discrimine, provocando incluso su desaparición", señaló Filac.

En las comunidades originarias el azote del virus se suma a otras situaciones extrapandémicas que se arrastran desde hace mucho tiempo, como el rezago económico, el despojo sistemático de sus tierras y recursos naturales, la marginación que ello acarrea y la discriminación y el racismo, que en vastos sectores de la sociedad tienen aún vergonzosa vigencia. 

En paralelo, a lo largo de los pasados decenios, se ha desarrollado y profundizado una ofensiva contra la biodiversidad y el medio ambiente que durante centurias ha sido el hábitat natural de los pueblos comunitarios, a través de macroproyectos –en su mayoría en manos de trasnacionales- que invaden áreas esenciales para estos pueblos. Para los pueblos originarios, nada de normalidad: ni la prepandémica ni la pospandémica.

¿Virus machista? La pandemia ampliará la brecha de pobreza entre géneros, llevando a 47 millones de mujeres y niñas a la pobreza en 2021 para alcanzar los 435 millones a escala mundial, con lo que se borrarán los avances logrados en las últimas décadas Las más afectadas con las trabajadoras informales en Latinoamérica y África subsahariana., que durante la pandemia han perdido sus empleos a mayor tasa que los varones.

Pero todo podría ser distinto: según Naciones Unidas más de 100 millones de mujeres y niñas podrían salir de la pobreza si los gobiernos implementan una estrategia integral con el objetivo de mejorar el acceso a la educación y la planificación familiar, salarios justos y equitativos, y amplían las transferencias sociales.

Ocho meses ya

Desde que apareció en China en diciembre, la enfermedad deja ya 900 mil muertos y ha contagiado a más de 25 millones de personas. América Latina y el Caribe es la región más afligida, con más de 260 mil muertos y unos siete millones de contagios.

Una semana atrás, se cumplieron cien años del nacimiento de Ray Bradbury, maestro indiscutible de la ciencia ficción, autor de El hombre ilustrado, Fahreinheit 451 y Crónicas marcianas, entre otros textos, quien, sin embargo, no logró imaginar la pandemia y sus consecuencias: el reino del miedo, la sociedad de vigilancia, el desempleo masivo, el hambre de centenares de millones de personas.

La pandemia lo está cambiando todo, nos está volviendo locos. Estar en casa  cinco meses, en prisión domiciliaria –conocida como aislamiento social- es duro. Trabajar o estudiar desde la casa, también. Y no es nada grato ver en la pantalla de la videollamada laboral al niñito que se cuelga de la madre mientras ésta trata de trabajar… o cosas peores que la ética nos impide repetir. Y desconcertante ver en shorts al jefe, acostumbrados a verlo siempre vestido de traje y corbata.

Somos muchos los que no usamos un par de zapatos desde hace cinco meses, pero  también hay mujeres –me consta- que se ponen tacones para sacar la basura. No hay que perder el glamour…

Con el 40 por ciento de la población mundial en cuarentena, animales silvestre se animaron a ocupar espacios vacíos de gente: los flamencos de la India pintaron de rosa las aguas de un humedal, patos salieron a pasear por las calles de París, pavos reales por Madrid y jabalíes en Barcelona, obligándonos a pensar cómo mejoraría el medio ambiente si la Tierra no fuera sometida a formas de producción que deterioran la naturales y nuestras vidas.

Si desde el punto de vista económico, el derrumbe de la demanda y de la oferta por el parate de la producción, la cancelación de viajes y el cierre de fábricas es una pesadilla para la economía, para el medio ambiente es una bendición que circulen menos vehículos y se consuma mucho menos combustible, que las centrales eléctricas por carbón y el transporte aéreo se hayan paralizado: las emisiones de CO2 cayeron y varias ciudades lograron descubrir que el cielo puede ser azul.

El científico argentino Jorge Aliaga, experto en números de la pandemia confirmaba que los muertos se duplicaban en su país cada 24 días, frecuencia que se redujo a 21 días. Otro galardonado científico, Alberto Kornblihtt, calculó que si no se toman medidas más estrictas, el 13 de septiembre habrá 12.000 decesos y  para Navidad unos 364.000 muertos acumulados.

Teniendo en cuenta que la vacuna –una, otra o la de más allá- recién estará disponibles a mediados del año próximo, los científicos llaman a tomarse en serio las cuarentenas, pero los políticos piensan en otros réditos y dudan en aplicar medidas para evitar la mayor cantidad de decesos, con ciclos de apertura y cierre intermitentes. La meta debiera ser frenar la infección sin llegar a una inmunidad de rebaño difícil de concebir con menos del 20% de infectados.

La “normalidad” como negocio: Stephen Hahn, jefe de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), preocupado de que chinos, rusos, británicos o incluso latinoamericanos logren la vacuna, dijo estar dispuesto a evitar el proceso de aprobación normal y a autorizar una vacuna antes de que se complete la tercera fase de ensayos clínicos.

Este escenario se configuró por los afanes mercantilistas de las grandes trasnacionales farmacéuticas y un grosero chovinismo farmacéutico que ha convertido la obtención de la vacuna en una suerte de redición de las carreras espacial o armamentista con que las grandes potencias exhiben sus capacidades en ejercicios propagandísticos, señala en un editorial el diario mexicano La Jornada.

Territorios libres

En este mundo hay 195 países y apenas diez siguen libres del coronavirus. Lo que tienen en común esa decena de naciones es que son islas del Pacífico y cerraron sus fronteras rápidamente: Palaos, Micronesia, Islas Marshall, Nauru, Kiribati, Islas Salomón, Tuvalu, Samoa, Tonga y Vanuatu, donde nadie sufre la covid-19. El problema que enfrentan es la absoluta extinción del turismo, que en promedio significa el 40 por ciento de sus ingresos en divisas. 

Las Islas Marshall, en cambio, se dedican a la pesca y son el mayor exportador de peces de acuario del mundo. Pero les va peor porque las ventas cayeron en un 60 por ciento por la recesión y los controles de cargas. Una amplia mayoría de los habitantes de las diez naciones considera mejor seguir aislados y “no caer como Australia”.

Incluidos y excluidos

Vivimos en una era ¿tecnológica? que obliga leer tutoriales para poder manejar los distintos programas, muchas veces escritos en un español que no es tal. Pero si uno no tiene computadora, está fuera de época, de era, del mundo. La verdad es que ni siquiera existe. Y si nos ponemos a pensar, realmente son muchos millones los que no tienen computadora ni acceso a internet. No existen, son los desechables, para los planificadores de la economía capitalista..

¿Será que perdimos la capacidad de indignación? Vemos fotos y videos de cadáveres tirados en las calles en Guayaquil o La Paz, a diario recibimos noticias sobre el genocidio de nuestros pueblos originarios por desatención sanitaria. La “limpieza” étnico-política que sucede a nuestros alrededor parece no inmutarnos siquiera.

Y asistimos con “normalidad” al caradurismo de Jair Bolsonaro, por ejemplo, quien: realizó una ceremonia en el Palacio do Planalto, sede de la presidencia, para celebrar “Brasil venciendo la covid-19”, cuando oficialmente los muertos por coronavirus bordean los 125 mil y los infectados ya pasaron los cuatro millones.

Ante tamaña desfachatez, queda sólo invocar las palabras de la cientista social y filósofa argentina de fama mundial, Mafalda –sí, el personaje de Joaquín “Quino” Lavado- pronunciadas medio siglo atrás: «Paren el mundo, me quiero bajar».

Pero lo cierto es que la llamada pandemia producida por el covid-19 no es la causa de todos los males actuales pero sí ha sido el instrumento para quitar la colcha que tapaba la realidad que algunas miradas más profundas vislumbraban hace tiempo. Los millones y millones que transcurren esta peste sin trabajo y sin recursos son una muestra de cómo este virus mostró la cara de una desigualdad que nos costaba asimilar, masticar y tragar. 

Saber que este virus es tan democrático que afecta al mundo entero no es motivo de tranquilidad: El caos ya no es un problema puntual sino la evidencia de la decadencia de un sistema que, por otra parte, es incapaz de mantener en funcionamiento nuestras sociedades, resquebrajadas por conflictos que brotan por todos los costados.

Los aludes de información y desinformación sobre la pandemia sirven para tapar muchas otras cosas que también pasan en el mundo, como el desempleo, el hambre, el cambio climático, las amenazas permanentes de Trump… Y cuando no alcanza el bombardeo coronavirósico, pareciera que el otro gran tema importante para el mundo es la telenovela de si Lionel Messi sigue o no en Barcelona.

Numerosos tropiezos se sucedieron desde diciembre pasado, provocados en parte por el desconocimiento sobre el virus nuevo, pero también gruesos errores no forzados, por el negacionismo o las presiones comerciales, intereses y negligencia. Es negacionismo  la palabra que aparece con más frecuencia en los análisis retrospectivos, a ocho meses de los primeros casos. La subestimación del riesgo fue una constante en regímenes conservadores.

El énfasis inicial de las campañas de prevención apuntó al lavado frecuente de manos, la recomendación de toser o estornudar en el pliegue del codo y de evitar tocarse la cara. Tampoco pensamos, entonces, que millones y millones carecen de agua potable

Obviamente, los países que no implementaron aislamiento obligatorio con la excusa de salvar la economía, tuvieron tasas de letalidad más altas. Lo cierto es que nos vamos acostumbrando a convivir con los errores, hasta que llegue la vacuna, que debiera ser considerada como un derecho universal y no una mercancía. Pero en esa puja están varios países y demasiadas trasnacionales farmacéuticas.

No es cierto que el mundo no estuviera avisado de la letalidad del virus. En setiembre del año pasado, aún antes de que China reportara la aparición de ciertas neumonías que no respondían a los tratamientos tradicionales, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó sobre la amenaza muy real de una pandemia fulminante, sumamente mortífera, provocada por un patógeno respiratorio que podría matar de 50 a 80 millones de personas y liquidar casi el cinco por ciento de la economía mundial.

Lo que ¿vendrá?

El director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, afirmó que espera que la pandemia de coronavirus llegue a su fin en menos de dos años y definió a la covid-19 como «una crisis de salud única en un siglo». En Europa, los retornos de vacaciones de verano son fuente de contagio en Italia, España, Francia y Alemania, en momentos en que se prepara en la región el inicio del nuevo año escolar.

Incluso Corea del Sur, que fue considerado un ejemplo en la lucha contra la pandemia, registró en las últimas  horas el mayor número de casos diarios desde principios de marzo. Las restricciones se endurecen en varios países a medida que crece el temor a una segunda ola de la pandemia de covid-19 y aumentan los casos en Europa y Asia a niveles del primer brote.

Lejos quedaron las cifras de China, con un total de 85 mil infectados y 4.634 muertos en total. Más de la mitad de las muertes por COVID-19 en el planeta se registraron en cuatro países: Estados Unidos con más de 185 mil decesos, Brasil (unos 123 mil), México (más de 65 mil) e India, la  segunda nación más poblada del planeta después de China, que se acerca a los cuatro millones de casos y 67 mil decesos.

Se largó la carrera –entre países pero sobre todo entre grandes empresas farmacéuticas- por quién patenta primero una vacuna milagrosa que, quizá, tal vez, esté lista para mediados del 2021. 

Todavía no salimos de la pandemia y nos espera el período de la pospandemia, con millones y millones de desempleados, sin acceso a la alimentación (y ni hablar de la educación y la salud), con una clase media superviviente que deberá elegir entre comer o pagar la suscripción a internet.

Nuestras abuelas nos recomendaban contar ovejitas para dormir. En esta nueva normalidad, podemos pasar noches enteras contando contagiados y muertos, perdiendo el poco humanismo que nos quedaba. Y quizá hasta asumamos la “nueva normalidad” de un mundo que ya no es ni será lo que solía ser hace seis, ocho meses atrás. 

Cambia, todo cambia. Cambia lo superficial, cambia también lo profundo. Cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo. Cambia el clima con los años, cambia el pastor su rebaño, escribía Julio Numhauser Navarro, músico de Quilapayún, canción que popularizó Mercedes Sosa: Y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño.

Aram Aharonian: Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la) y susrysurtv.

http://estrategia.la/2020/09/04/la-nueva-normalidad-el-virus-y-nuestra-perdida-de-humanidad/
Fuente: https://rebelion.org/la-nueva-normalidad-el-virus-y-nuestra-perdida-de-humanidad/

En consecuencia, facilitemos la reflexión crítica -de mayorías- sobre que el capitalismo sustrae a los actores reales de la actividad económica la soberanía material sobre sus vidas: los convierte en juguetes zarandeados por estrategias empresariales orientadas al máximo beneficio para el capital. De modo de suscitar el cuestionamiento sobre el conformismo nuestro de apreciar como nuestra máxima aspiración al trabajo decente.

 

La noción de trabajo decente,

¿un ardid de la teología del capitalismo?

14 de septiembre de 2020

Por Eduardo Camín
CLAE

El lenguaje es una de las herramientas usuales para interpretar y comprender la realidad. En nuestros días es habitual la utilización del lenguaje fingido, para controlar la forma de pensar o legitimar desigualdades. Y ciertas nociones o enunciados que surgen de un determinado contexto se convierten en claves para objetivar cuestiones hasta entonces no objetivadas.

Un concepto muy manido en estos tiempos es el del trabajo decente, emergente del actual contorno socio-histórico en donde la situación laboral es endeble y la categoría trabajo ha perdido significación, un concepto que se constituye en un término altamente valorativo y explicativo de la realidad, pero que, paradojalmente lleva implícito su déficit.
Si bien el sentido ético es el carácter más visible de este término, cuestión que puede llevar a confundirlo con un anhelo, las dimensiones que la constituyen estructuran una sólida noción analítica y dan cuenta de cómo puede ser el trabajo, o bien, de cuánto adolece hoy en día y en cada lugar esta actividad vital, ese acto social propiamente humano. 


En el marco de este proceso de formación de una nueva cultura civilizatoria, en la que teoría e historia van configurando nuevos escenarios de conocimiento y realidades sociales, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) adoptó en 1999, el Programa de Trabajo Decente ,con el cual se compromete a promover las condiciones que brinden oportunidades para que los hombres y las mujeres puedan conseguir un trabajo digno y productivo en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad humana. 
Y lo definió como “el trabajo productivo en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad, en el cual los derechos son protegidos y que cuenta con remuneración adecuada y protección social” (OIT 1999a: 4). 
Después de aquella 87ª reunión de la OIT, esta organización ha elaborado varios documentos en los que se profundiza en el concepto. En el 2000, el entonces Director General Juan Somavia,  presentó una nueva metodología en la que el trabajo decente debe entenderse como un concepto integrador, en cuya realización es necesario combinar aspectos relativos a los derechos, el empleo, la protección y el diálogo en un todo.


Además debe constituir una meta, un marco para la definición y la actuación de políticas, un método de organización de actividades y programas, y una plataforma para la asociación con otras entidades (OIT 2000: párrafos 1.1 y 3.5)
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Trabajo decente en condiciones indecentes 
Cuando hablamos de trabajo, hemos limitado su significado habitual al empleo, al trabajo asalariado. Pero abarca mucho más que eso, en capacidad creadora, construcción social, desarrollo humano, solidaridad… Muchos de los trabajos que desarrollamos, sin ser empleos, son imprescindibles para la vida humana (el trabajo en el hogar y la familia, el del cuidado, el voluntariado…) y sin ellos el empleo no se podría sostener.
La OIT acuñó el término “trabajo decente” y lo convirtiera en su prioridad a partir de 1999, entendido desde la promoción de oportunidades para que hombres y mujeres pudieran conseguir un trabajo productivo en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad humana. 
Desde ese momento comenzó a diseñar estrategias internacionales para que el trabajo decente ocupara un lugar central en las políticas de los gobiernos y, con ello, se lograra un progreso social y económico que fortaleciera a personas, familias y comunidades. El objetivo  era reafirmar que el trabajo decente es fuente de dignidad personal, indispensable para reducir la pobreza y alcanzar un desarrollo equitativo, global y sostenible.

La realidad neoliberal: ¿cómo andamos de trabajo decente?
Nuestras sociedades se han ido configurando de tal manera que lo no-productivo, lo que no es útil para obtener beneficio en el menor tiempo posible, se desecha, se descarta. En el actual contexto globalizador, el mundo se mueve alrededor de la “economía”, del mercado: trabajo, política, sociedad, ocio, relaciones, la persona es un todo. Nada queda fuera del alcance del culto al dios dinero, que convierte todo en mercancía. Incluidas las personas. Una economía que destruye toda noción de vida. 
La lógica del modelo económico neoliberal dominante ha impuesto una nueva configuración del trabajo en la que el desempleo y la precariedad son lo habitual, lo normal, puesto que lo nuclear no son las personas sino la rentabilidad. Desde esa perspectiva, el empleo, y las personas que lo desarrollan, se vuelve inestable, inseguro, a merced de las fluctuaciones del mercado.
Éste es el que acaba decidiendo qué persona y en qué lugar trabajará o no hoy, en qué empresa, con qué horario, en qué puesto, por cuánto salario. Se precariza el empleo y, con él, la vida de las y los trabajadores y de sus familias. Tanto que cada vez es más difícil planificar el futuro: se dificultan las relaciones familiares y sociales, así como la participación. 

Del trabajo decente pasamos a una “flexiprecariedad”, a la fragmentación del mundo del trabajo ante las diversas y siempre cambiantes modalidades de empleo, con constantes salidas del mercado laboral y con retornos, la mayoría de las veces, en peores condiciones.
El salario cada vez cumple menos su función de dar estabilidad, seguridad y cubrir necesidades personales y familiares. Ahora tener un trabajo no asegura estar fuera de la pobreza:  miedo a perderlo es, muchas veces, miedo a la exclusión que acecha.
 Las malas condiciones de trabajo también se manifiestan en los bajos ingresos.
En 2019, más de 630 millones de trabajadores en todo el mundo –el 19 por ciento de todos los empleados– no  ganaron lo suficiente para salir ellos y sus familias de la pobreza extrema o moderada, que se define como la situación en la que los trabajadores ganan menos de 3,20 dólares al día, en términos de paridad de poder adquisitivo.
Así, se niega en la práctica el derecho al trabajo: Los derechos laborales son un obstáculo para la rentabilidad; se estigmatiza la negociación colectiva, pues el objetivo es que el trabajador – y su familia – sea “flexible”, se adapte a las exigencias de la producción. 
Sin embargo, nunca en la historia ha habido tanta riqueza acumulada como ahora. El problema del hambre es solucionable, al igual que la posibilidad de que todas las personas puedan vivir dignamente. Es un problema de equidad, de solidaridad y de justicia, que debe traducirse en prioridades políticas, económicas y sociales.
Necesitamos trabajo y sustento … y nos ofrecen empleo cada vez más precario, cada vez más indecente. Este es el problema por resolver. Y no tiene solución viable razonando con la lógica del lucro, del dinero. 
Covid 19, realidad convertida en ardid 
Somos conscientes de las consecuencias del Covid-19 en el empleo son profundas, de gran alcance y sin precedentes. El ajuste del empleo suele seguir a la contracción económica con cierto retraso. La presente crisis, los cierres y otras medidas han afectado al empleo directamente y en una magnitud mayor a la prevista inicialmente al comenzar la pandemia.  
Vivimos la crisis más grave desde la Segunda Guerra Mundial, con un rápido aumento de la destrucción de empleo en el mundo Para captar con mayor precisión las características actuales de la crisis del COVID-19. 
El Estado podría –y debería– ampliar sus competencias para ofrecer siempre oportunidad de trabajo e ingreso a cualquier personas empleadas de empresas privadas, públicas o cooperativas lanzadas al desempleo por las fluctuaciones de la demanda. Ante esta situación, el empleo –tenerlo o no, las condiciones en que se desarrolla, los ingresos que aporta– condiciona enormemente la vida de las personas, de las familias y de la sociedad entera. 
Hasta hoy el empleo es un elemento decisivo en la inclusión social y no tenerlo aboca a muchas personas y familias a la pobreza o la exclusión.  En el modelo capitalista, el capital privado sufraga una parte de la vida del obrero que no tiene nada que ver con la esfera productiva. Cumple, por tanto, una función social, que convierte al capitalista en un gestor que goza de un importante poder para condicionar la vida de un número de personas. 

El capitalismo sustrae a los actores reales de la actividad económica la soberanía material sobre sus vidas: los convierte en juguetes zarandeados por estrategias empresariales orientadas al máximo beneficio para el capital.  

El «impotente» discurso de los gobiernos sobre el “trabajo decente” se ha transformado, en definitiva, en una versión laica de las encíclicas papales. Obviamente, la caridad no es vocación de las empresas. 
Los dueños de empresa y los operadores financieros tienen todos los motivos del mundo para felicitarse por el estado de cosas y vivir la vida que se presenta como una situación y una época bendita, ya que  ninguna teoría, ninguna manera de pensar; ninguna acción seria se opone a ellos. El virus tampoco, lo hará.  

Entonces, ¿por qué continuar en la retórica discursiva de la «indignación» en los foros sociales, en las cumbres mundiales y renunciar a una acción seria en sus propios países, que se oponga a este estado de las cosas? 

Una de las tentaciones permanentes es acabar aceptando el mensaje mil veces repetido, de que las cosas son así y no hay alternativa posible.  Hasta que no se elabore una propuesta real y valiente para intentar salir de la situación presente – y no simplemente para paliar sus efectos más atroces, con planes de emergencia, ayudas sociales y trabajo decente – su destino político seguirá preñado de melancolía. 

¿Será cierto que un mundo de transformación seguirá reduciéndose en la nostálgica llorona de un universo perdido en décadas de miseria. ¿El mundo de las modernidades nacionales, y la retórica del discurso del neoliberalismo conservador globalista, seguirá marcando el sentido de los tiempos? … A esta barbarie parece que vamos encaminados.  
*Periodista uruguayo acreditado en ONU-Ginebra. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)
http://estrategia.la/2020/09/12/la-nocion-de-trabajo-decente-un-ardid-de-la-teologia-del-capitalismo/

Fuente: https://rebelion.org/la-nocion-de-trabajo-decente-un-ardid-de-la-teologia-del-capitalismo/

 

 

Estamos al comienzo de una sucesión de rupturas, disyuntivas y cambios cuyo desenlace va a depender de las fuerzas en disputa. La pandemia aceleró, y ahora sus consecuencias agravan, la crisis general ‑‑económica, ambiental, política, cultural y moral‑‑, que ya emergía antes del Covid 19. Su incidencia sobre los diferentes grupos afectados expande, a su vez, un enjambre de reclamos sociales que ya palpitaban. Nils Castro nos sitúa en qué nos plantea la actual inflexión histórica de Argentina y del mundo.

Su artículo es interesante para explicar cuál rumbo propone el progresismo que tiene mayor prensa e influencia sobre les diverses de abajo sin fronteras. Pero los rumbos emancipatorios son de antagonismo irreconciliable con los del progresismo debido a que:

 

  • Los gobiernos progresistas en el mundo han demostrado su identificación esencial con el sistema mundo capitalista. En el Abya Yala han promovido los extractivismos y la subordinación incondicional de les diverses de abajo a sus esquemas de gobernabilidad del sistema de saqueo, envenenamiento y desposesión de territorios. Les han hecho cómplices de la criminalidad de lesa humanidad del sistema mundo capitalista.

  • El "progreso" de la humanidad plantea rupturas que están implícitas en la crisis civilizatoria a causa del sistema mundo capitalista. Y concretarlas exige lucha contra el Capital Estado desde las diversas territorialidades geográficas y culturales.

  • La alianza policlasista como único sujeto del cambio social y el antiimperialismo como lo medular del enfrentamiento a la opresión son anacrónicos al desconocer el régimen extractivista-latifundista que hace al avance y profundización de la pobreza estructural en el Abya Yala.

  • El pueblo, según Nils Castro, lo hallamos viendo: en cada país y formas de lucha, quién es la colectividad que denominamos “pueblo”, que en cada circunstancia explica su disposición, movilidad y apoyo. Es necesario tener presente qué constituye el cuerpo de esa alianza de reclamos y reivindicaciones, a quien se apela como el sujeto político capaz de ofrecer las capacidades y fuerzas que hacen falta para cambiar la realidad, su propia realidad. Cuando la política revolucionaria  incluye ante todo asumir la lucha de clases que el bloque dominante está dando como guerra en todos los frentes contra los pueblos planetarios. Nuestro enfrentamiento es de sujetos pluridentitarios por el protagonismo autoconciente de todes les oprimides y avasallades. 

Sepamos que sin erradicar el Capital Estado no puede haber justicias social y ecológica ni trabajo en vez de empleo. En el capitalismo tampoco puede haber democracia real y efectiva que exige ir constituyendo poderes comunales con arraigo en territorios liberados de los extractivismos y en singularidades colectivas que se afirman rompiendo con la subalternidad al sistema.

 

 

Crisis del trabajo y formación del

sujeto político progresista

19 de septiembre de 2020

Por Nils Castro (Rebelión)

Estamos al comienzo de una sucesión de rupturas, disyuntivas y cambios cuyo desenlace va a depender de las fuerzas en disputa. La pandemia aceleró, y ahora sus consecuencias agravan, la crisis general ‑‑económica, ambiental, política, cultural y moral‑‑, que ya emergía antes del Covid 19. Su incidencia sobre los diferentes grupos afectados expande, a su vez, un enjambre de reclamos sociales que ya palpitaban. Las protestas masivas en Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Haití, Honduras, Puerto Rico e incluso Estados Unidos estaban en ascenso cuando las cuarentenas vinieran a refrenarlas… temporalmente.

Cuando la humanidad pueda controlar la pandemia la situación habrá evolucionado, sin que esto haya resuelto las demás causas de enojo, que siguen sumándose. Muchos patrimonios se habrán perdidoLa concentración del gran capital habrá crecido ‑‑los tiburones han devorado más sardinas‑‑ y las empresas menos fuertes habrán cambiado de dueño, o desaparecido. Millones de cesantes dejarán de recuperar sus empleos, remplazados por las innovaciones que la tercera y cuarta revoluciones tecnológicas aportan a la racionalización de puestos de trabajo.

El riesgo de que a la postre esto sea lo que defina la “nueva normalidad” está por dirimirse.

La etapa histórica a la que estamos entrando exige cambios, que los diversos grupos sociales conciben de distintas y hasta opuestas maneras, según sus respectivos intereses y aspiraciones. El aprovechamiento de los nuevos recursos productivos, así como la satisfacción de mayores y complejas necesidades sociales, encuentran más obstáculos que canales de solución en la institucionalidad, las leyes y las prácticas políticas vigentes. Solo los más conservadores, atados a caducas técnicas y métodos, se aferran a las reglas del reciente pasado.

La nueva constelación de demandas no tiene soluciones dentro del embudo dejado por 30 años de hegemonía neoliberal, que instrumentaron el achicamiento del Estado, la privatización y desnacionalización desenfrenadas de los recursos públicos, manipulación del mercado, corrupción de las relaciones entre el gobierno y los negocios privados y la descapitalización material, intelectual y moral de los países subdesarrollados. Lo que en poco tiempo devastó la legitimidad y eficacia del sistema político, de los parlamentos y de la justicia. No es posible salir de tal sumidero reeditando las mismas recetas, ni los anteriores medios y procedimientos, ni siquiera en versión “mejorada”.

La crisis del trabajo

Al discutir las consecuencias de la pandemia es habitual aludir a la situación de “la clase trabajadora”. Esta hace años ya confrontaba el incremento de la cesantía, el subempleo, el trabajo precario y el “autoempleo”. La creciente privatización de las economías y la concentración del gran capital recrudecieron la desigualdad, el deterioro de los servicios públicos, la vulnerabilidad de esa clase social y la multitud de los marginados que aún podían satisfacer sus necesidades básicas.

Quienes no tienen más medio de vida que la posibilidad de ofrecer su capacidad de trabajo han arribado a una situación extrema. El 30 de junio de 2020 la CEPAL actualizó el impacto del Covid-19 e informó que “la economía mundial experimentará su mayor caída desde la Segunda Guerra Mundial y el producto interno bruto (PIB) per cápita disminuirá en el 90% los países, en un proceso sincrónico sin precedentes”.[1] Según la OIT, el 81% de la fuerza de trabajo mundial es la que ahora más padece el cierre total o parcial de las actividades económicasSe perdieron 305 millones de empleos formales en el segundo trimestre de este año, y de los 2,000 millones que subsisten en la economía informal, al menos 1,600 millones pueden quedar sin nada, tras una reducción del 60% de sus ingresos en el primer mes de la pandemia.[2]

Eso empezó mucho antes de la pandemia. Con el auge del neoliberalismo, muchas empresas abandonaron la producción de bienes para optar por mayor lucro en los negocios financieros. Además, desde la tercera y cuarta revoluciones tecnológicas, el gran capital acomete reestructuraciones que sus empresas más influyentes promueven, para ahorrar costos, reponer su tasa de ganancias y acumular excedentes. Modifican así las condiciones del mercado, a lo cual los demás actores ‑‑económicos y políticos‑‑ tienen que readecuarse. Esto envuelve al mercado laboral, ya que esos cambios redefinen la calificación y reducen la cantidad de los trabajadores que las compañías emplean, dejando fuera a los demás.

Entre los primeros afectados por ello están las organizaciones sindicales, que con esto no solo pierden afiliados, sino peso social y político. Aunque las causas de malestar y protesta sociales crecen, en América Latina las grandes confederaciones sindicales ‑‑salvo pocas excepciones y momentos‑‑ ya no representan ni encabezan a las mayorías populares. Las grandes movilizaciones de protesta que en varios países detonaron en los meses anteriores a la pandemia, expresaban a multitudes autoconvocadas, social y culturalmente plurales, sin organización formal duradera. Representaron a la variopinta muchedumbre que los latinoamericanos llamamos “la gente”, de la cual la mayor parte de los sindicatos son parte relevante sin ser sus portaestandartes.

Pasados esquematismos ideológicos, traídos de ultramar, dejaron en nuestra América nociones que seguido no se adecuan ‑‑verbal ni conceptualmente‑‑ a las realidades de sus pueblos. En la práctica, la que llamamos clase obrera, o clase trabajadora, en América Latina abarca una diversidad sectores laborales afines pero diferentes. En las áreas urbanas ese conjunto se desagrega entre el empleo precario, los trabajadores por cuenta propia, los subcontratistas, los trabajos tercerizados, y la creciente suma de los trabajadores excluidos o cesantes, además de quienes conservan empleos formales, más proclives a formar sindicatos, cuando la ley no se los prohíbe.

Aparte de la cifra de parados, en el conglomerado laboral conviven trabajadores independientes, empleados del comercio y administrativos, pequeñas empresas, talleres artesanales, micronegocios sostenidos por el dueño y su familia, comerciantes callejeros y empleadas domésticas. Como también trabajadores de la enseñanza pública y privada, así como los profesionales y técnicos independientes, dotados de conocimientos y hasta de medios de trabajo especializados –con frecuencia hostigados por interminables deudas e incertidumbres‑‑, de donde han surgido no pocos líderes y asesores políticos. Además, aquellos que tienen el privilegio de servir a empresas de tecnología avanzada.[3]

En pocas palabras, hace falta estudiar y proponer otras tantas formas de organización, en el contexto de las respectivas culturas políticas y circunstancias nacionales.

A la par, con referencia al país rural, llamamos campesinos a cuantos viven en el campo, pero que en la vida concreta son precaristas o minifundistas, trabajadores sin tierra, trabajadores estacionarios, pequeños y medianos productores, latifundistas que explotan peones o empresas nacionales y compañías transnacionales que explotan a obreros agrícolas. En este campo, sobresalen experiencias tan aleccionadoras como las ligas campesinas y el Movimiento de los Sin Tierra, en Brasil.

Además, esa polifacética realidad del trabajo debe comprenderse dentro de la naturaleza plural, ‑‑generalmente más conocida‑‑ de la heterogénea vida etno‑cultural, socioeconómica y pluri regional de los países latinoamericanosVida hace siglos sometida a varias modalidades de un complejo régimen de discriminaciones y exclusiones, relativas al nivel de ingresos, la región de origen, los rasgos étnicos, sexo, edad y creencias de las personas, que les abren o cierran su acceso a status, empleos y oportunidades.

Más allá del número de siglas

Los efectos de la pandemia y la cuarentena ahora expanden la crisis general ‑‑económica, social, política y étnica‑‑ que, al incidir sobre el enjambre de reclamos de las diversas fracciones sociales, agita a un tropel de luchas dispersas. Enseguida que las restricciones impuestas por el problema sanitario se retraigan, las indignaciones y reclamos sociales volverán a salir a las calles, en espera de un factor o iniciativa que contribuya a darles organización continua. Por su parte, los intereses plutocráticos consolidan ventajas. La crisis, al avanzar, polariza: los grandes consorcios acopian y concentran capitales, mientras los actores menos fuertes quiebran, la masa trabajadora empobrece y las capas medias ven cercarse el abismo.

Dentro de la lógica de la crisis, cuando esta pandemia termine muchos patrimonios se habrán perdido y muchos pequeños y medianos negocios habrán cerrado para siempre. No obstante, aunque los grupos más castigados son mayoritarios, tienen menor presencia real ante los órganos del poder. Esta desventaja agrava su subordinación a la clase, las entidades y la cultura dominantes. Tanto más cuando la crisis también viene de la corrupción de las relaciones entre el gobierno y los negocios privados. Como asimismo de la pérdida de representatividad del sistema político y de sus partidos (incluso algunos de izquierda, trancados en pretéritos prejuicios ideológicos y caducas formas de organización y comunicación). Y, además, en el descrédito de los Parlamentos y el extravío de su legitimidad. Todo lo cual concreta una cerrazón del sistema, que ya no asume las nuevas situaciones, ni las necesidades y demandas de la población mayoritaria.[4]

No cabe tolerar que semejante situación continúe. Pero no se trata solo de prever lo que sucederá, sino de discutir qué toca hacer, para darle fuerza y sentido. No es posible cambiar esta realidad sin un proceso, e impulsarlo exige las necesarias formas de incorporación y movilización de más contingentes sociales. Esto es, requiere constituir identidades sociopolíticas incluyentes, capaces de incorporar a nuevos participantes.

Al estudiar los grandes movimientos nacional‑populares latinoamericanos de los años 30 y 40 del siglo pasado, Ernesto Laclau llegó a la conclusión de que, frente la cerrazón política de su época, esos movimientos habían logrado asumir las motivaciones, la visión y el liderazgo idóneos para equiparar y juntar la diversidad de reclamos y expectativas de una multiplicidad de colectividades descontentas. Esto es, habían generado un discurso capaz de aglutinar las indignaciones y demandas ‑‑de diferentes orígenes, carácter y localización‑‑ de la clase media, de los barrios y tugurios, los pueblos rurales, los pequeños comerciantes y los productores artesanales, junto a las reivindicaciones tanto de los obreros como de los carentes de trabajo.

A la opción histórica de juntar esa alianza de reivindicaciones insatisfechas, y conjugarlas para formar un sujeto nacional afirmativo de su propia identidad y opuesto al poder oligárquico, Laclau la denominó populismo. Noción encaminada, a su vez, a la progresiva producción de un bloque histórico y una contracultura de las clases inconformes ‑‑como ya Antonio Gramsci lo había anticipado‑‑ capaz de confrontar la hegemonía de las creencias y el sentido común establecidos, y de erigirse críticamente como su antagonista en la confrontación entre las razones de “nosotros” el pueblo y las de “ellos” la élite, así como abanderar una identidad liberadora de la nación frente al imperialismo.

Esta comprensión gramsciana, a la vez que confirmadora de la condición nacional y latinoamericana de dicho populismo es, como corriente transgeneracional, un precedente inmediato del cardenismo nacional‑revolucionario mexicano de los años 40, del movimientismo boliviano y la revolución guatemalteca de los años 50, y del torrijismo panameño de los 70, así como del progresismo de comienzos del siglo XXI (aunque probablemente ni Hugo Chávez, Lula ni Evo Morales hayan leído a Laclau).

En los tiempos hoy acelerados por la pandemia, esa alianza de inconformidades, reclamos y reivindicaciones añade otros factores: mayor complejidad y apremio sociales, menor protagonismo de las centrales obreras, creciente presión del proletariado informal, y alta capacidad de “la gente” para comunicarse entre sí y autoconvocarse, incluso sin ser parte de agrupaciones constituidas. Como, además, nuevas formas de organización, más horizontales, concebidas no solo en función de donde los obreros trabajan ‑‑si hay trabajo‑‑, sino también en las comunidades donde el pobretariado [5] y su prole cohabitan con sus semejantes.[6]

Aliar un conglomerado de los reclamos, reivindicaciones y expectativas de plurales sectores populares es bastante más que signar un acuerdo entre cierto número de organizaciones políticas. Como dice Manuel Cabieses, “Si para construir una alternativa de izquierda solo se necesitara fundar un partido, ya se sabría. Pero llevamos años insistiendo en ese método, sin resultados”. En Chile, añade, hay más de 40 partidos y decenas de grupos de izquierda que producen abundante propaganda en las redes sociales; respetable esfuerzo que se diluye en la tempestad tecnológica y cultural de la época.[7]

Poco suma incrementarle la cantidad de siglas a la sopa de letras si la masa movilizada y el número de votantes no crecen significativamente. Antes bien, como lo resume uno de los talentos de mayor mérito en el asunto, Joao Pedro Stedile ‑‑líder del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST)‑‑, lo que se necesita es “una nueva alianza de clases en torno de un proyecto de país.”[8]

El carácter del proyecto

En la América actual, la cultura y la opinión de izquierda ocupan un campo mucho más espacioso y plural que el de los partidos de izquierda. No obstante, la estructuración de una alianza policlasista como la señalada no define por si sola el carácter del proyecto y de las acciones que ese conglomerado puede compartir. Cada país es un mundo, como asimismo cada coyuntura histórica lo es. En su respectivo contexto, el desarrollo patriótico‑popular, progresista y potencialmente revolucionario de esa alianza será alimentado, principalmente, por la visión estratégica, la inspiración y el liderazgo de sus actores más influyentes, en tanto estos sepan orientar ese conglomerado y animar la cooperación entre sus participantes.

Pero, si bien un impulso populista puede propiciar la unidad inicial de ese conglomerado, no determinará de por sí su orientación política ni su posibilidad de persistir hasta completar la totalidad de sus objetivos. Por su constitución híbrida, esa alianza normalmente mantendrá contradicciones latentes y, a la vez, por su sentido transformador provocará la reacción de las fuerzas del estatus quo. La alianza no evoluciona en un espacio reservado, sino en una sociedad nacional donde el Poder está en disputa y en la que, en cada escenario y coyuntura, ella debe sobrepujar a la clase o grupo dominante. Su propia lucha modifica las realidades donde actúa, lo cual demanda periódicas actualizaciones tanto de sus arreglos internos como de su actuación y discurso políticos.

Mantener contradicciones internas no es una tara ni impedimento. Todos los fenómenos de la naturaleza y la sociedad contienen contradicciones, que son resortes internos de su dinámica de acciones y readaptaciones. Lo que importa es que los motivos de unión y el talento de sus líderes contribuyan a canalizar esa dinámica dentro de un curso de complementación, empuje y desarrollo.

Aunque la clase dominante es un sector minoritario, ella defiende sus intereses y privilegios con grandes recursos económicos, institucionales, ideológicos, mediáticos y represivos, y cuenta con poderosos respaldos transnacionales. Y en la medida que ella pueda, se valdrá de las coyunturas de la confrontación para ampliar y consolidar sus ventajas. Por consiguiente, para todos los sectores progresistas involucrados, siempre será decisiva su aptitud para promover y nutrir la contracultura popular, para invalidar los mitos, miedos y sumisiones que la élite dominante infunde en las clases que explota. A todo lo largo del proceso, hay que hacer de las experiencias de la contienda una fuente continua de formación político‑cultural de nuestra gente, y trabajar en “la revolución de las conciencias”, como dice Andrés López Obrador.[9]

Por otra parte, nunca debe perderse de vista que la derecha y sus patrocinadores también estudian y prevén sus alternativas. También la extrema derecha sabe aprovechar oportunidades populistas, adelantándose a captar los resentimientos sociales y redirigirlos contra las opciones de izquierda. En el pasado, mediante el fascismo italiano y el nazismo alemán ‑‑que se adelantaron a los socialistas de aquel entonces‑‑. Hoy por hoy, lo mismo a través de la “nueva” derecha francesa, o el neofascismo brasileño, entre varios otros ejemplos.

Como dice Antonio Scurati, autor de una trilogía sobre Benito Mussolini, ese fue el caso del pequeño empresario o el empleado público, pequeños burgueses que no son violentos, cuando temieron que una revolución socialista les arrebatase lo que tenían. Entonces se sintieron fascinados con la violencia del fascismo y la desearon para darle una pronta solución a sus problemas. A lo Scurati añade que eso parece repetirse ahora, cuando ante la incertidumbre de la crisis algunos sienten que la ultra derecha puede imponer una rápida solución a sus inquietudes.[10]

Avatares latinoamericanos

El sentido político de las alianzas pluriclasistas ha sido un tema frecuente a lo largo de la historia latinoamericana. Para ser breves, aquí apenas lo resumiremos en tres o cuatro experiencias. Aunque la investigación de Ernesto Laclau se centró principalmente en los casos de del getulismo brasileño y en particular del peronismo argentino y su potencial progresista, la misma época también produjo otro ejemplo de significativa influencia subregional con el cardenismo, la más nítida expresión del nacionalismo revolucionario mexicano.

Cuando, en 1934, el general Lázaro Cárdenas asumió la presidencia de México, ya la Revolución había eliminado al régimen precedente, neutralizado el poderío de la clase terrateniente, y recién derrotado a la cruenta contrarrevolución cristera. Pero el nuevo rumbo del proceso aún estaba por dirimirse entre los diversos caudillos regionales y tendencias políticas. Tras expulsar del país al ex presidente Plutarco Elías Calles ‑‑cabeza de la opción autoritaria‑‑, Cárdenas reorganizó al Partido Nacional Revolucionario (PNR) remplazándolo por el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), concebido como una federación de los partidos revolucionarios locales y regionales, a la cual le amplió la base social convocando a las centrales obreras a asumirlo como su organización política.

Cárdenas desarrolló el derecho laboral, tanto el obrero como el de los trabajadores del campo. Inspiró la fundación de la Central de Trabajadores de México (CTM) y de la Confederación Nacional Campesina (CNC), y le dio enérgico impulso a la reforma agraria, con énfasis en la formación de cooperativas. Acompañó esa iniciativa con el fortalecimiento de la educación popular industrial y la cobertura del sistema de educación rural.

A la par, zanjó de cuajo las constantes amenazas y regateos de las empresas petroleras ‑‑mayormente británicas‑‑, decretando su nacionalización, así como la de los ferrocarriles. Además, emprendió grandes inversiones en infraestructura, mayormente de comunicaciones y transportes. Es decir, le dio base sociopolítica a una estrategia de desarrollo mediante sustitución de importaciones y fomento de la industria nacional privada liderada por grandes empresas estatales.

Cárdenas dio consistente apoyo solidario a la República Española e hizo de México el refugio de los luchadores progresistas y revolucionarios del Latinoamérica y del mundo. A su vez, el cardenismo tuvo largo impacto en la región mesoamericana, desde Centroamérica hasta los países andinos. Entre otras repercusiones, inspiró las ideas de Augusto César Sandino, le dio base al proyecto Aprista original, así como objetivos a la Revolución boliviana y a la Revolución guatemalteca, y la política cardenista de desarrollo influyó la estrategia desarrollista originaria del proyecto de la Cepal.

No obstante, concluido el mandato de Cárdenas, la política de ampliación y robustecimiento de una burguesía y una clase obrera industriales, tomaría otro derrotero. El PRM cardenista sería remplazado por el PRI. Acaparar el Poder y complacer al gran capital prevaleció sobre la justicia y el desarrollo sociales; se entronizó la cooptación del aparato sindical y una creciente corrupción en las relaciones entre los gobernantes y los negocios privados. Degradación que en los años 80 se expandiría al descartar la estrategia desarrollista, entronizar las políticas neoliberales. Se privatizó creciente parte del patrimonio nacional, se ahondó la corrupción y degeneraron las prácticas políticas y económicas hasta los extremos que actualmente se denuncian.

En el Cono Sur latinoamericano

Las actuaciones de Getulio Vargas, en Brasil, y las de Juan Domingo Perón, en Argentina, tuvieron lugar más allá del área de resonancia de la experiencia cardenista. En ambos casos, en países grandes, naturalmente ricos, donde el poder político hacía mucho era monopolizado por sendos regímenes de la oligarquía terrateniente, conservadora y centralista.

Brasil

Getulio Vargas, con experiencia como parlamentario y como gobernador de Río Grande do Sul, accedió al poder en 1930 como presidente provisional cuando un golpe de la cúpula militar depuso al régimen tradicional. Los objetivos de Getulio enseguida se evidenciaron, al empezar por crear el ministerio de Trabajo, Industrias y Comercio, y el de Educación y Salud, dictar una ley de sindicalización y, en 1934, promulgar una nueva Constitución.

La atmósfera de la época se evidencia en que desde los primeros años 30 ya crecía el movimiento Intergralista ‑‑fascista simpatizante de Mussolini y Hitler‑‑, así como el Comunista, ligado a la estrategia estalinista de la Comintern de esos años. En 1935 ocurrió la “intentona comunista”, y en el 38 los integralistas también intentaron un putsch. Con lo cual Getulio, a su vez, desde 1937 decretó el estado de sitio, y poco después efectuó un golpe sin resistencia, que promulgó el Estado Novo ‑‑al que algunos cronistas le atribuyen cierta connotación fascista‑‑, a la cabeza del cual Getulio siguió en el poder hasta 1945.

El nuevo régimen adoptó una política de nacionalismo económico e impulsó la industrialización; creó el Consejo Nacional del Petróleo (que después se convertiría en la Petrobrás), la Compañía Siderúrgica Nacional, el gigante minero Vale do Río Doce, la Compañía Hidroeléctrica el río San Francisco y la Fábrica Nacional de Motores. Paralelamente, desarrolló la legislación laboral y, por otro lado, profesionalizó las fuerzas armadas como una institución sujeta únicamente al Ejecutivo federal.

Al crecer la participación estadunidense en la segunda Guerra Mundial, Getulio tuvo un acercamiento con Franklin Delano Roosvelt y accedió a cooperar con Estados Unidos, cesando la ambigüedad de la política getulista de neutralidad en el conflicto. Aceptó la instalación de una base aeronaval norteamericana en la nordestina Natal, el punto estratégico de América más próximo a África y Europa meridional. Además, creó la Fuerza Expedicionaria brasileña, que participaría en la ofensiva de los aliados en Italia. No obstante, al concluir la guerra, con el auge mundial de las demandas de democratización, ante el riesgo de que Estado Novo fuese rebasado por el movimiento popular, Getulio ‑‑que ya previa reformas políticas y nuevas elecciones‑‑ fue depuesto por un golpe militar en 1945.

Getulio Vargas volvió al gobierno, por elección democrática, en 1950. Pero en la cúspide los momentos más dramáticos de su vida, en 1954 quedó frente a una vasta ofensiva de la nueva derecha oligárquica y proestadunidense ‑‑armada ahora de poderosos medios de comunicación‑‑, dirigida a desnacionalizar las grandes empresas estatales, especialmente Petrobrás. En vísperas de que las turbas movidas por la reacción arrollasen el gobierno, Getulio escribió su célebre Carta‑testamento al pueblo brasileño, llamándolo a defender el patrimonio nacional, y se suicidó en Palacio. Ese gesto salvó a Petrobrás y todo lo que ella representaba.[11]

Argentina

Aunque Juan Domingo Perón y Getulio Vargas no alcanzaron a tratarse personalmente, sus notorias coincidencias políticas ocasionaron copioso intercambio de correspondencia.

El general Perón participó en la revuelta que en 1943 le puso fin a la llamada “década infame”, tras lo cual estableció una alianza con las agrupaciones sindicales de izquierda y se hizo cargo, en rápida sucesión, del Departamento de Trabajo y de la Secretaría de Trabajo y Previsión del nuevo gobierno. Desde allí apoyó al movimiento obrero haciendo efectiva la legislación laboral, impulsó los convenios colectivos, el Estatuto del Peón de Campo, los tribunales del trabajo, y extendió el derecho de jubilación a los empleados del comercio.

Ello le dio el apoyo de la mayor parte de los sindicatos, así como la hostilidad de las cúpulas empresariales y del embajador de Estados Unidos, Spruille Braden, quienes en 1945 desataron una ofensiva en su contra. Esta culminó en un golpe palaciego que obligó a Perón a renunciar y ordenó arrestarlo, lo que, a su vez, desató una movilización obrera que reclamó y obtuvo su libertad. El siguiente año Perón ganó las elecciones, unió a los partidos que lo apoyaron en un Partido Único de la Revolución, que luego sería el Partido Peronista.

Tras la reforma constitucional de 1949, fue reelecto en 1951 en las primeras elecciones universales, en las que por primera vez participaron las mujeres. Su joven esposa, la actriz Eva Duarte, conocida como Evita Perón, se convirtió en una popular dirigente social por su liderazgo en la lucha por los derechos de las mujeres y de los discriminados trabajadores oriundos de las provincias del norte argentino, sus “cabecitas negras”. Perón, más allá de ampliar el respaldo oficial a los sectores más postergados ‑‑los “descamisados”‑‑ implementó una política nacionalista de desarrollo orientada a la industrialización, con énfasis primario en los sectores textil, siderúrgico, militar, del transporte y del comercio exterior.

En la política exterior, ante la Guerra Fría mantuvo la que llamó “tercera posición”, equidistante entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Pero 1952 sería un año aciago. Falleció Evita, tras larga lucha contra el cáncer. Perón incurrió en un innecesario enfrentamiento con la Iglesia, que hasta entonces lo había apoyado. Además, enfrentó un rápido aumento de la violencia entre grupos peronistas y antiperonistas, y una gran campaña antiperonista de los mayores medios de comunicación. Tras un fuerte choque con las bandas opositoras, que remató en el cruento bombardeo de la Plaza de Mayo, Perón fue derrocado en 1955 por un golpe militar, instaurándose una dictadura de derecha que derogó la constitución y las leyes laborales que esta incluía.

Perón se exilió en la España franquista. Poco después en Argentina surgió un movimiento de resistencia peronista, integrado por grupos obreros, juveniles, barriales, religiosos, y guerrilleros, que aglutinó a la izquierda peronista, reclamando el regreso de Perón y convocar elecciones libres y sin proscritos. Finalmente, Perón pudo volver y radicarse en el país dieciocho años más tarde, en 1973. Su multitudinario arribo dio ocasión a la ominosa masacre de Eseiza, en la zona aeroportuaria, cuando la facción “ortodoxa” de la derecha peronista ametralló a sus copartidarios de izquierda.

Ese mismo año hubo elecciones. Con Perón proscrito, su candidato fue Héctor Cámpora, líder de la resistencia peronista, quien las ganó ampliamente. Cámpora ejerció el cargo apenas 49 días ‑‑lo que se conoció como el Tercer Peronismo o la “primavera camporista”‑‑, durante los cuales logró un Pacto Social entre los empresarios y los sindicatos, anunció una política económica industrializadora e inició una política internacional tercermundista. Acto seguido, renunció para viabilizar la celebración de unos comicios sin proscripciones, que Perón ganó abrumadoramente, llevando como vicepresidenta a su segunda esposa, Isabel, bailarina de cabaret que, ya viejo, él conoció en el exilio.

Pero este último y achacoso Perón se dejó en manos del sector “ortodoxo”, algunos de cuyos cabecillas ya habían creado la funesta Triple A ‑‑Alianza Anticomunista Argentina‑‑, destinada a perseguir y asesinar a los militantes calificados de “izquierda”, lo que daría inicio a una ola de homicidios, desapariciones y terror. Perón falleció el siguiente año, 1974, y el gobierno quedó a cargo de su incompetente viuda. La polarización peronista se extremó; Cámpora sobrevivió a un atentado y se refugió en México, Isabel fue echada por un golpe y se instauró una dictadura militar de inspiración neoliberal, que acto seguido generalizó el campo de aplicación los métodos iniciados por la Triple A.

¿Quién es “el pueblo”?

En las experiencias reseñadas, se evidencia que el sentido político nacional‑afirmativo, desarrollista y progresista de tales populismos los hizo fuertes en tanto sus líderes sostuvieron su coherencia interna dentro de un cauce que movilizaba, cohesionaba y expandía el apoyo popular. Pero que si, debilitado el liderazgo central, una de las partes de la alianza hace predominar sus objetivos y prejuicios sobre las aspiraciones de las demás, tiende a escindir al conglomerado, o a que otros se desmovilicen o lo abandonen. O peor, a que pasen a enfrentarse.

Para comprenderlo es esencial entender, en cada país y formas de lucha, quién es la colectividad que denominamos “pueblo”, que en cada circunstancia explica su disposición, movilidad y apoyo. Es necesario tener presente qué constituye el cuerpo de esa alianza de reclamos y reivindicaciones, a quien se apela como el sujeto político capaz de ofrecer las capacidades y fuerzas que hacen falta para cambiar la realidad, su propia realidad.

Una respuesta notable por su alcance concreto como convocatoria masiva y como proyecto por el cual luchar juntos, fue la que el joven Fidel Castro plasmó en 1953 en La historia me absolverá, unos 30 años antes de las primeras publicaciones de Ernesto Laclau.

Esa proclama, más que ser el alegato del principal acusado frente al tribunal, tras la derrota del asalto al cuartel Moncada, apuntó hacia el próximo futuro, al llamar al pueblo cubano ‑‑a su vanguardia martiana‑‑ a rebelarse contra el estado de cosas existente. Ahí dice:

Entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, la gran masa irredenta, a la que todos ofrecen y a la que todos engañan y traicionan, la que anhela una patria mejor y más digna y más justa; la que está movida por ansias ancestrales de justicia por haber padecido la injusticia y la burla generación tras generación, la que ansía grandes y sabias transformaciones en todos los órdenes y está dispuesta a dar para lograrlo, cuando crea en algo o en alguien, sobre todo cuando crea suficientemente en sí misma, hasta la última gota de sangre”.[12]

Enseguida de lo cual Fidel desgrana y concreta ese complejo sujeto político y lo convoca a protagonizar las siguientes etapas del proceso nacional cubano:

Nosotros llamamos pueblo, si de lucha se trata, a los seiscientos mil cubanos que están sin trabajo deseando ganarse el pan honradamente […]; a los quinientos mil obreros del campo que habitan en los bohíos miserables, que trabajan cuatro meses al año y pasan hambre el resto compartiendo con sus hijos la miseria, que no tienen una pulgada de tierra para sembrar […]; a los cuatrocientos mil obreros industriales y braceros […], cuyas conquistas les están arrebatando, cuyas viviendas son las infernales habitaciones de las cuarterías, cuyos salarios pasan de las manos del patrón a las del garrotero, cuyo futuro es la rebaja y el despido, cuya vida es el trabajo perenne y cuyo descanso es la tumba; a los cien mil agricultores pequeños, que viven y mueren trabajando una tierra que no es suya […], que no pueden amarla, ni […] plantar un cedro o un naranjo porque ignoran el día que vendrá […] la guardia rural a decirles que tienen que irse; a los treinta mil maestros y profesores tan abnegados, sacrificados y necesarios al destino mejor de las futuras generaciones y que tan mal se les trata y se les paga; a los veinte mil pequeños comerciantes abrumados de deudas, arruinados por la crisis y rematados por una plaga de funcionarios filibusteros y venales; a los diez mil profesionales jóvenes: médicos, ingenieros, abogados, veterinarios, pedagogos, dentistas, farmacéuticos, periodistas, pintores, escultores, etcétera, que salen de las aulas con sus títulos deseosos de lucha y llenos de esperanza para encontrarse en un callejón sin salida, cerradas todas las puertas, sordas al clamor y a la súplica. ¡Ése es el pueblo, cuyos caminos de angustias están empedrados de engaños y falsas promesas; no le íbamos a decir: «Te vamos a dar», sino: «¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!»[13]

Probablemente muchos “politólogos” recuerdan ese texto como huella literaria de un fallido intento, sin advertir hasta qué punto su argumentación proyecta un arco desde aquel populismo ‑‑antecesor de posteriores afanes de liberación nacional‑‑ hasta el recién pasado y los próximos resurgimientos del progresismo latinoamericano. Con su examen de la complejidad social, de las actuales cerrazones y de sus alternativas, La historia me absolverá brinda un abordaje del sujeto político, de su articulación y de su potencial nacional‑afirmativo, descolonizador y revolucionario que sigue vigente. En medio de las interrogantes y las perspectivas de la actual crisis de la economía, de la política y del trabajo, es necesario volverla a discutir, en su contexto originario y en el actual.

En Cuba, la plural alianza liderada por “los muchachos” del 26 aceleró la formación política de la sociedad, tensionada por el esfuerzo de destruir la tiranía neocolonial, con la guerrilla en las montañas y en la clandestinidad urbana. Esfuerzo que en las peripecias de la lucha evoluciona y se recompone, en tanto se le dé continuidad a los objetivos comunes que realimentan su unidad.

El fracaso de la huelga de abril de 1958 ‑‑propuesta por el ala más moderada para deponer la dictadura sin descartar a los políticos tradicionales‑‑ fortaleció el liderazgo del Comandante en Jefe guerrillero. Y, acto seguido, la derrota de la subsiguiente ofensiva militar de la tiranía contra la Sierra confirmó el protagonismo político del Ejército Rebelde. Al derrumbarse la tiranía, la sagacidad de Fidel Castro y la dinámica del proceso no solo desintegró inmediatamente al ejército oficial y a los escuadrones represivos, sino también desmanteló los corruptos órganos del Estado, la política marrullera, la prensa venal y al núcleo de la cultura política neocolonial. Mientras quienes se oponían a emprender un proceso revolucionario corrían a Miami, la naturaleza patriótica y progresista de esa dinámica lo impulsó con el entusiasmo de los sectores populares.

Porque, en sus diferentes tipos y formas, la lucha, si es consecuente, enseña, hermana y decanta.

En el caso cubano, su victoria fue producto de un esfuerzo armado de liberación nacional sostenido por un movimiento de ancha y multicolor base social. La corrupción del sistema político y la violenta cerrazón de su etapa batistiana habían eliminado cualquier otra posibilidad. Pero donde no impera un régimen que cancele las demás opciones, otros modos de lucha contracultural y política son posibles. Lo que no desdice, sino confirma que allí, como en los demás países latinoamericanos, es indispensable aliar la coparticipación de las diversas fuerzas y modos de lucha para hacer factibles los cambios y el futuro necesarios.

Notas:

1. Ver Julio C. Gambina, “Proyecciones preocupantes de la CEPAL”, en Alai del 27 de julio de 2020.

2. Ver Simona Violetta Yagnova, “Los desafíos del mundo del trabajo”, en Alai del 24 de julio de 2020.

3. Ver Manuel Barrera Moreno, “Sector informal de la economía: ¿Nuevo sector social para la reestructuración de Chile?”, en Alai del 18 de julio de 2020.

4. Un ejemplo: cuando el gobierno acepta adoptar medidas antipáticas, convoca a los líderes de los gremios empresariales y de las centrales sindicales, para “mediar” en un acuerdo entre las partes. El gran capital acude como un solo hombre, mientras los sindicalistas, tan fraccionados como siempre, asisten a nombre de los trabajadores que aún tienen salario. La muchedumbre de los hombres y mujeres que carecen de trabajo fijo y subsisten como se pueda no tiene quien la represente ni santo que la defienda. Pero los medios noticiosos anuncian que las medidas se aceptaron por consenso.

5. Según la acertada expresión de Frey Betto, coincidente con aquella con la cual José Martí identificó a los mismos como “los pobres de la tierra”, con quienes deseó su suerte echar.

6. Vale anotar que ese fue, asimismo, el ámbito socio‑territorial donde el general Omar Torrijos llamó a constituir los núcleos de militantes, donde combinar la discusión de los temas nacionales con los asuntos de interés local.

7. Ver “Encrucijada de la Izquierda: ¿otro partido o millones de votos?”, en Punto Final del 17 de agosto de 2020.

8. Cursivas de NC. Ver “Em defesa da vida do povo, mudar o governo!” en Portal 360, Brasilia, en https://www.poder360.com.br

9. En el discurso del Presidente de México al presentar el Segundo Informe de Gobierno, el 1 de septiembre de 2020.

10. Ver Angelo Attanasio, «Mussolini es el arquetipo de líderes populistas como Bolsonaro, Trump y Salvini», entrevista a Antonio Scurati en BBC Mundo, el 4 de septiembre de 2020.

11. Solo algo más de 40 años después, bajo el triunfalismo inicial de la ofensiva neoliberal, para felicidad de las transnacionales, el sector estatal de las empresas brasileñas empezó a ser privatizado por el “socialdemócrata” presidente Fernando Enrique Cardoso, quien así abjuró de su pasado estructuralista y cepalista. Pero Petrobrás continúa siendo una empresa pública, al menos hasta ahora.

12. Ver Fidel Castro, La historia me absolverá, en http://www.radiorebelde.cu/26-julio-rebelde/lahistoriameabsolvera.html. Cursivas de NC.

13. Ídem.

Nils Castro es escritor y diplomático panameño.
Fuente:
https://rebelion.org/crisis-del-trabajo-y-formacion-del-sujeto-politico-progresista/

 

 

Coincidimos con Miguel Mazzeo en:

En el marco de la objetividad dominante, la expresión “estar fuera de la realidad” adquiere un sentido especial. Esa “exterioridad” específica se convierte en una condición indispensable para atravesar una experiencia de comunicación profunda con los otros, las otras, les otres; para tener la vivencia directa de una “tensión dialéctica”; para dar cuenta de los niveles más profundos y significativos de la realidad, para pensar/ hacer una política emancipatoria y no legitimar el orden existente, para gestar una realidad otra.

El ser de izquierda, el ser revolucionario, se define por la función crítico-práctica (ética y científica) de denunciar, explicar, profanar y transformar esta objetividad social y política impuesta por las clases dominantes y el capital e instituida por el Estado capitalista. Es la única forma de hacer que avance todo aquello que, en los marcos de la actual sociedad, late como tendencia emancipadora. Es la única forma de erigir un deseo colectivo productivo.

Cuando la izquierda (sin distinciones) acepta los contornos y automatismos de esta objetividad atenta contra su propio ser, porque en el seno de la misma el “centro nacional” con sus salidas “intermedias” es un factor condicionante, por lo tanto “izquierda” y “derecha” pasan a ser definiciones superficiales.

 

 

Después de la primera claudicación las siguientes renuncias de

la izquierda se suceden en cascada

9 de septiembre de 2020

Por Miguel Mazzeo

Observatorio de la crisis

«Ninguna idea nueva triunfa por sí sola, aunque lo merezca.» Aquiles Nazoa

El desarrollo de unas funciones emancipatorias y el esbozo de una alternativa sistémica y civilizatoria exigen la recomposición del prestigio de la anomalía. La capacidad de reconocer las intenciones en las acciones; el intento de comprender lo humano desde lo comunitario como socialidad extensa o la vocación de los y las de abajo por erigirse en sujetos autónomos y antagonistas, competentes para moldear su organización social imprimiéndole formatos particulares; de por sí, constituyen una anomalía dado que son consustanciales a la idea-fuerza de la democracia como lucha por la hegemonía, la democracia revolucionaria.

Una democracia que no se plantea la democratización de la democracia en los marcos del capitalismo: la sub-democracia hiperformalizada e institucionalista cuya función es multiplicar las escisiones en el universo de las clases subalternas y oprimidas y constituir el abajo con mónadas desconectadas. Una democracia que no naturaliza el liberalismo ni idealiza la democracia europea o norteamericana: la democracia inerte, embalsamada. Una democracia que es revolucionaria porque revoluciona la democracia, porque politiza la infraestructura, porque provee una visión de conjunto de la política. Una opción favorable al ejercicio ininterrumpido del poder constituyente de la clase trabajadora y el conjunto de pueblo.

La “incorrección política” es la materia misma de la política emancipatoria y la democracia revolucionaria. No hay que temerles a los calificativos pergeñados desde las orillas de la objetividad dominante: arcaicos, premodernos, oscurantistas, bárbaros, románticos, idealistas, exóticos, inviables, ilógicos, infantiles, desestabilizadores, irrealistas, utópicos, subversivos, delirantes, pequeño-burgueses, ultra-radicales, aventureros, improvisados, mesiánicos, “alienígenas”, locas siempre locas… ¿Por qué otorgarle tanto crédito a esa objetividad que, en el mejor de los casos, sólo aspira a hacer soportables las desigualdades sociales y no a suprimirlas?

No se puede confiar en las definiciones que, desde la objetividad dominante, se elucubran sobre los espacios que se hacen cargo de sus potencialidades políticas, que son conscientes del grado de radicalidad política que, en perspectiva, está inscrita en su praxis concreta. No debemos creerle a rajatabla a ninguna. Ni a las que portan una carga infamante, ni a las que conllevan algún grado de reconocimiento.

La incorrección política –que desde un punto de vista emancipatorio es, en realidad, estricta corrección– es el punto de partida de cualquier política que pretenda recuperar la politicidad de los seres humanos, la politicidad que el capitalismo se encarga de reprimir, desviar y neutralizar. Porque es una politicidad crítica que confronta con la politicidad acrítica de la objetividad dominante que considera que la sociedad del capital es insuperable y “natural”.

Entonces, en el marco de la objetividad dominante, la expresión “estar fuera de la realidad” adquiere un sentido especial. Esa “exterioridad” específica se convierte en una condición indispensable para atravesar una experiencia de comunicación profunda con los otros, las otras, les otres; para tener la vivencia directa de una “tensión dialéctica”; para dar cuenta de los niveles más profundos y significativos de la realidad, para pensar/ hacer una política emancipatoria y no legitimar el orden existente, para gestar una realidad otra.

El ser de izquierda, el ser revolucionario, se define por la función crítico-práctica (ética y científica) de denunciar, explicar, profanar y transformar esta objetividad social y política impuesta por las clases dominantes y el capital e instituida por el Estado capitalista. Es la única forma de hacer que avance todo aquello que, en los marcos de la actual sociedad, late como tendencia emancipadora. Es la única forma de erigir un deseo colectivo productivo.

Cuando la izquierda (sin distinciones) acepta los contornos y automatismos de esta objetividad atenta contra su propio ser, porque en el seno de la misma el “centro nacional” con sus salidas “intermedias” es un factor condicionante, por lo tanto “izquierda” y “derecha” pasan a ser definiciones superficiales.

Cuando la izquierda cede a las lisonjas y los espejismos de esta objetividad se torna dócil, complaciente, mediocre, conformista y fatalista. Renuncia a la desmesura. Se diluye en las significaciones burguesas. Asume la antiutopía de los “objetivos mínimos”, de la estatalidad reguladora, del capitalismo piadoso. Presenta las conquistas parciales y los avances modestos en áreas determinadas como si fueran la consumación misma del ideal (o como los hitos que, acumulados, pueden conducir a su consumación).

En el preciso instante en que pospone el porvenir, la izquierda pierde la iniciativa política y clausura toda posibilidad de realizar intervenciones en la objetividad dominante (en sus instituciones económicas y políticas) que sean, al mismo tiempo, “positivas” y críticas (profanadoras).

La izquierda se desentiende de toda estrategia del convivir y el subvertir y reproduce una situación de enajenación y heteronomía. No emprende la creación de situaciones nuevas y positivas. Renuncia a las metas clasistas que proveen de sentido anticapitalista a las luchas populares y, por consiguiente, abjura del pensamiento crítico y se abandona a la pereza del pensamiento tímido (o a la versión “blanda” del pensamiento crítico). Abandona toda función de educación sistemática. Queda encerrada en la cárcel de sus propias consecuencias. Sólo se oye a sí misma.

¡Peor todavía!, la izquierda recurre a las pedagogías políticas verticales y opacas, idealiza los formatos prebendarios y caritativos del populismo estatal y los justifica invocando la realidad de los escenarios de subsistencia más complejos.

Establece un falso dilema entre subsistir y transformar (radicalmente), entre lo compensatorio y lo emancipatorio, y deriva un campo de posibilidades políticas a partir de una supuesta “percepción objetiva” de la realidad, cuando lo que en verdad hace es proyectar sobre la realidad su mezquindad política, para apropiarse de la alteridad y subordinarla a sus intereses. Se erige en factor de pasivización de las clases subalternas y oprimidas. Busca neutralizar cualquier atisbo de autoafirmación, de construcción de poder social autónomo y de proyecto antagonista.

Dicha “percepción objetiva” implica una negación de la totalidad y no es otra cosa que un reduccionismo empirista del pueblo y de lo popular que denota tanto una concepción precarista y ‘pobrista’ del sujeto y una visión estática de las relaciones sociales como la ausencia de una voluntad de intervenir en las mismas con afanes de transformarlas radicalmente.

Usualmente se pone de manifiesto en afirmaciones tales como: “la gente quiere trabajo, quiere comer, no derrocar al capitalismo”, la “gente no quiere destruir o cambiar el sistema, sólo quiere mejorarlo”, entre otras expresiones del mismo tenor.

Deliberadamente, lo popular se identifica con lo conservador y desideologizado. Se cae así en una grosera apología del sentido común, de la ideología de las clases dominantes y de la alienación histórica provocada por el capitalismo. Las burocracias, históricamente, se han constituido en torno de tales afirmaciones.

Al mismo tiempo se niega todo interés popular en los procesos deliberativos y se justifica el verticalismo y el dirigismo. De este modo, los intereses inmediatos de las clases subalternas y oprimidas se presentan como una coartada para negar sus intereses históricos.

Se ratifica todo aquello que encadena al reino de la necesidad y se le niega verosimilitud al reino de la libertad, es decir: al pueblo como sujeto de la libertad. No se toma en cuenta la relación entre el horizonte de expectativas y las experiencias concretas. Si las experiencias de los y las de abajo se desarrollan bajo el signo del verticalismo y la subordinación, difícilmente el horizonte de expectativas pueda ser “ambicioso”.

Si los y las militantes no se comprometen activamente con lo que Antonio Gramsci denominaba “una concepción superior de la vida”, se cerrarán los caminos de la totalidad compuesta por la trilogía praxis-pedagogía-política y no se logrará superar la contradicción entre opresor/a – oprimido/a.

De lo expuesto se desprende que dicha “percepción objetiva” se afinca en lo que constituye sólo el punto de partida, ratificando así la autopercepción negativa del sujeto. Se funda en la escisión entre teoría y práctica y entre reforma y revolución. Soslaya que el capital en su acción totalizadora –mucho más en el contexto de la financiarización–, se apropia directa e indirectamente no sólo del trabajo sino también de la capacidad política, de la inteligencia y del deseo del proletariado extenso.

El hecho de que quienes están insertos e insertas en la lucha por subsistir no manifiesten explícitamente ningún interés centrado en la realización de valores universales, no niega que esos valores estén puestos en juego en esa lucha. Lo mismo podríamos afirmar respecto de los procesos deliberativos.

Finalmente, la subsistencia debería valer principalmente como condición para la realización efectiva de esos valores. Subsistir para vivir dignamente y con libertad y no sólo para soportar cada vez más explotación. Subsistir para resolver los intereses inmediatos y pensar en la realización de los intereses históricos.

De lo contrario nos aproximamos peligrosamente al orden de la esclavitud. El desarrollo de estrategias de subsistencia, per se, no alcanza para defender al proletariado extenso de la explotación, por el contrario, muchas veces son funcionales a la acumulación de capital, en especial del capital financiero.

Se ejerce el cinismo en su grado más extremo cuando se le niega todo sentido político a la subsistencia, cuando los y las dirigentes de movimientos sociales y organizaciones populares hacen la apología de la “mera vida” y postergan la lucha por la “vida buena” para tiempos mejores mientras atemperan las ansias de dicha y felicidad de los y las de abajo.

Hay algo más preocupante aún: la apología de la mera vida suele justificar la sobrevivencia endeudada, la sobrevivencia financiarizada, la integración subordinada de las y los pobres y los afanes reguladores de la aparición de los y las pobres en el espacio público. La mera vida es compatible con la explotación capitalista, con la “distribución táctica de la precariedad” y no con la lucha “en, desde y contra la precariedad”.1 La mera vida es conciliable con la financiarización; por eso constituye el horizonte mismo del capitalismo “piadoso”, “nacional”, “neodesarrollista”, “keynesiano”, “progresista”, “tutelar”, etcétera.

¿Por qué es importante superar el horizonte de la mera vida? Porque la reproducción de la vida no puede limitarse a la reproducción (a bajo costo para el capital) de la fuerza de trabajo. El horizonte de la mera vida pasa por alto que las consecuencias de la explotación del capital se distribuyen al interior de las clases subalternas y oprimidas.

La opción por la buena vida, por su parte, requiere de acciones defensivas contra el capitalismo junto con el desarrollo de una conciencia crítica respecto de las acciones que terminan subordinadas a la lógica del capital.La opción por la buena vida exige el rechazo de las distorsiones estructurales (insalvables dentro de la lógica del sistema) y no el desarrollo de estrategias de adaptación a las mismas. Postula el reemplazo del horizonte caritativo por el horizonte emancipador, un horizonte revolucionario.

La opción por la buena vida exige salirse del campo de objetividad impuesto por las clases dominantes y no aceptar como “la realidad” al conjunto de representaciones impuestas por el sistema de dominación. La buena vida es una anomalía, cuyo prestigio debemos recomponer.

No hay posibilidades para la buena vida si la política se convierte en sinónimo de reparto de comida desde Estado o de ayuda al Estado a ese reparto de comida. Aunque ese reparto sea, en lo inmediato, un “hacer necesario”.

¿Qué podemos esperar del funcionariado estatal si los y las dirigentes del precariado conciben la política como gestión de esa supervivencia y piensan la pobreza y la riqueza con parámetros pequeño-burgueses?

¿Qué podemos esperar del funcionariado estatal si los y las dirigentes del precariado fundan su perspectiva política en conceptos abstractos y romantizados y soslayan el análisis de clase haciendo del sujeto pobre un pobre sujeto, políticamente indigno?

¿Qué podemos esperar del funcionariado estatal si las principales organizaciones que representan al precariado se asumen como racionalizadoras de la insubordinación social y se alían políticamente con instituciones reacias a todo proceso de autoliberación y autoorganización popular?

De este modo, el riesgo de que el funcionariado estatal y la dirigencia del precariado se terminen confundiendo es enorme. Consecuentemente, existe el riesgo de la profesionalización de los dirigentes sociales y, sobre todo, de que muchas organizaciones sociales devengan auxiliares del Estado.

Además, cuando el proletariado extenso garantiza su autoreproducción, cuando se inserta en un proceso de lucha en el que aprende a organizarse, cuando se coloca en posición de autoemancipación, disminuyen los incentivos para trabajar para el capital, ya sea en forma directa (como productores y productoras) o indirecta (como consumidores y consumidoras).

Esto nos plantea la importancia de proteger las relaciones comunitarias (y a los sujetos comunitarios) allí donde se conservan, recuperarlas donde se han perdido y crearlas donde no existen.

Comunizar es un verbo que debemos aprender a conjugar para acceder a un saber estratégico que nos permita luchar contra el tridente del capital: privatización, mercantilización y financiarización, y para desarrollar una praxis que contribuya a la asociación de los hombres y las mujeres libres y a la recomposición de la clase. Una recomposición que dé cuenta de diversas instancias colectivas de las clases subalternas.

Esto es, una noción de clase que, además de la diversidad de los sujetos subalternos, dé cuenta de las entidades grupales que la componen: familias asociaciones pequeñas y grandes, movimientos, redes, etcétera.

Debemos aprender a conjugar el verbo comunizar para reemplazar la baja densidad de las instituciones políticas convencionales y para sustituirlas gradualmente con más comunidad y no con las prácticas no formalizadas de la política burguesa. Por lo tanto, aprender a conjugar este verbo exige desaprender lo que usualmente se entiende por economía y por política. Comunizar es pensar “después de”. Comunizar es “desincronizar el entendimiento”.2

Comunizar puede ser el modo más elevado de la incorrección política porque rompe con la escisión entre la “esfera política” y la “esfera social”, entre razón y deseo. Comunizar implica cuestionar la división del trabajo capitalista en todos los órdenes: económica, social, política, sexual. Tengamos presente que el “ser social” en el capitalismo se constituye como algo externo a la política.

Por lo tanto, o bien produce una conciencia apolítica o bien produce una conciencia de la política como función especializada, como actividad separada, profesional, etc. La política en entornos comunales se convierte en autogobierno, se traduce en democracia autogestionada, y recobra su carácter de actividad deliberativa basada en principios, ideas, sentimientos.

Marx tuvo en cuenta esto cuando contrapuso “lo comunitario” a “lo social” (una distinción que luego reaparecerá en Ferdinand Tönnies, entre otros pensadores y otras pensadoras). Y si bien nosotros nos referimos a “lo social” en un sentido amplio o con el fin de designar a lo social popular o plebeyo en general, debemos aclarar que, en este último caso, en sentido estricto, cabría hablar de “lo comunitario” o lo “social comunitario”.

Lo social aparece en Marx como sinónimo de la separación y el aislamiento de las trabajadoras y los trabajadores; cuando se refiere a lo social quiere dar cuenta de una socialidad capitalista, de una socialidad de mercado, de una socialidad alienada compuesta de horizontes egoístas e individualidades abstractas fácilmente controlables.

Lo social en Marx remite a la perversión del capital e incluye la dominación (y el fetichismo) y la ficción del “contrato social”: la invención de unos socios que se ponen de acuerdo para proteger la propiedad privada. La realidad comunitaria, junto a la utopía que puede fundarse en ella, constituyen la antítesis del fetichismo. Lo comunitario para Marx es lo que contrarresta al mundo despedazado en individuos, al mundo desgarrado y desgarrador.

Lo comunitario para Marx es una contextura antihobbesiana, un antiLeviatán donde los hombres y las mujeres no crean artificios (ni dioses, ni monstruos) para luego ser sojuzgados por ellos, y viven en la verdad que emana de sus relaciones.

En la práctica, la propuesta de algunas organizaciones populares se limita a un intento de capitalizar políticamente la función disciplinaria del hambre; eso sí: en representación de los y las pobres, con formato partidario o sindical.

De ahí su tendencia a corporativizar verticalmente los intereses de los sectores “informalizados” de la clase trabajadora, del precariado y el ‘pobretariado’, diluyendo el enorme potencial político que poseen como fuerza social comunitaria, absorbiendo todo conato de democracia de base, estableciendo límites drásticos para su actividad autónoma y sus niveles de confrontación y para su desarrollo como fuerza social.

Esa corporativización vertical suele estar vinculada a la promoción de “economías de la obediencia”, por la vía de la financiarización, particularmente bajo la forma de la “bancarización compulsiva e individualizante”, usualmente presentada como integración financiera o ciudadanía financiera.

La corporativización rebaja al sujeto histórico y promueve su articulación desde el poder del Estado y una constitución vertical y paternalista de bloques sociales hegemonizados por otros sujetos no subalternos (ni socialmente degradados) que monopolizan la política.

Este tipo de articulación, esta modalidad de constitución de bloques sociales resulta incompatible con un proyecto emancipatorio; no es la más adecuada para gestar alianzas de clases que asuman praxis y horizontes anticapitalistas y que movilicen al pueblo contra el Estado burgués.

La corporativización vertical del precariado y el pobretariado conspira contra la articulación de bloques sociales desde abajo, contra la construcción de una voluntad nacional, popular, democrática y socialista. Marx decía que el burgués está acostumbrado a considerar como “la realidad” a los intereses pegados a su nariz. Por consiguiente, se construye un relato político “acerca” del pueblo y no uno del pueblo y para el pueblo, una épica a la medida de las clases medias con veleidades dizque progresistas.

De este modo, la izquierda abismada en ese relato político de cercanías y regularidades no logra construir un campo de interacción militante sin jerarquías, una teoría autosuficiente, una identidad seductora, un lenguaje eficaz. No renueva las culturas políticas.

No contribuye a la formación de una intelectualidad orgánica, al desarrollo de militancias y liderazgos políticos críticos; sólo contiene a diversas categorías a-críticas: instituciones predecibles, políticos en disponibilidad, aspirantes a funcionarios o a “padrecitos o madrecitas de los pobres”, burócratas consuetudinarios, técnicos, administradores, especialistas en políticas públicas (especialistas en traducir las demandas sociales en políticas públicas), profesionales de la simulación, pseudomilitantes de aparatos incapaces de cualquier audacia, espectadores, sátrapas académicos, entre otras figuras por el estilo.

Así la izquierda, adulterada por la inmediatez, no se constituye en anomalía al tiempo que refuerza su complejo de inferioridad política y condena a las clases subalternas y oprimidas a seguir padeciendo las iniciativas de las clases dominantes.

Después de esta primera claudicación, las otras se suceden por añadidura y en cascada, y proliferan los subterfugios para evitar toparse cara a cara con la realidad. Luego, es una salida fácil (y absurda y conservadora) endosarle al pueblo el propio conformismo, el propio desencanto, y lamentarse por su “pasividad” y por su “falta de conciencia”. Afirmaciones tales como: “esto es lo que se puede hacer”, “la situación no da para otra cosa”, constituyen la antítesis de la praxis emancipatoria.

Bibliografía

1 Butler, Judith, Cuerpos aliados y lucha política. Hacia una teoría performativa de la asamblea, Buenos Aires, Paidos, 2019, p. 121.

2 Véase: Ayala, Carlos Alberto: “Desincronizando el entendimiento de la economía”. En: Inclán, Daniel, Linsalata, Lucía y Millán, Márgara (Coordinares), Op. cit.

3 Véase: Gago, Verónica y Roig, Alexandre, El imperio de las finanzas. Deuda y desigualdad, Buenos Aires, Miño y Dávila, 2019.

Fuente: https://rebelion.org/despues-de-la-primera-claudicacion-las-siguientes-renuncias-de-la-izquierda-se-suceden-en-cascada/