Qué Sistema

Mayo 2020

Con imposición del orden gran capitalista por guerras, terrorismo de estado y democracia a favor de poderes fácticos.

 


 

 

 

Conciliación de clases/ Concentración y centralización capitalista/ Alternativas emancipatorias

 

Conciliación de clases

 

Reivindiquemos los sesenta-setenta en los 30.000 y en las juventudes del mundo entero con decisión de hacer posible lo que aparentaba ser imposible como la derrota infligida por Vietnam a las fuerzas armadas e inteligencia de EE.UU. o al poder bélico de la potencia hegemónica del capitalismo. Percibamos que ese triunfo se debió ante todo a las convicciones políticas e ideológicas del pueblo vietnamita y a los valores humanistas que motivaron el internacionalismo pacifista de la movilización en Estados Unidos.

 

En el 2020 estamos, como pueblos planetarios, frente al desafío de romper nuestra conciliación con el sistema mundo capitalista y los locales. Parece imposible pero es cuestión de vida asumirlo.

 

Consideremos que persistir en conciliación de clases es responsabilizar a todes por igual, es decir, también a les oprimidos y subalternizados de la actual catástrofe mundial que el título resume como:

 

Un virus, la humanidad y la tierra

12 de abril de 2020

¿Qué lecciones podemos aprender gracias al coronavirus sobre nuestra especie humana, los paradigmas económicos y tecnológicos dominantes y la tierra?

Por Vandana Shiva para El Salto

Un pequeño virus ha confinado el mundo, ha parado la economía global, se ha llevado por delante la vida de miles y el sustento de millones de personas.

 

¿Qué lecciones podemos aprender gracias al coronavirus sobre nuestra especie humana, los paradigmas económicos y tecnológicos dominantes y la tierra?

 

Lo primero que nos recuerda el confinamiento es que la tierra es para todas las especies y que cuando dejamos espacio y liberamos las calles de coches, la contaminación se reduce. Los elefantes pueden acceder a las zonas residenciales de Dehradun y bañarse en el Ganges en el ghat de Har Ki Pauri, en Haridwar. Un leopardo campa a sus anchas en

Chandigarh, la ciudad diseñada por Le Corbusier.

La segunda lección es que esta pandemia no es un desastre natural, al igual que los fenómenos climáticos extremos tampoco lo son. Las epidemias emergentes, así como el cambio climático, son antropogénicas, es decir, causadas por las actividades humanas.

 

Una economía global basada en la ilusión del crecimiento ilimitado […] se traduce en una ilimitada transgresión de los límites del planeta, de los ecosistemas y de las especies.

 

Los científicos nos avisan de que al invadir los ecosistemas forestales, destruir los hábitats de muchas especies y manipular las plantas y los animales para obtener beneficio económico fomentamos la aparición de nuevas enfermedades. A lo largo de los últimos 50 años han aparecido 300 nuevos patógenos. Está sobradamente documentado que un 70 % de los patógenos que afectan al ser humano, entre los que se encuentran el VIH, el ébola, la gripe, el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS, por sus siglas en inglés) y el síndrome respiratorio agudo grave (SARS, por sus siglas en inglés) surgen cuando se invaden los ecosistemas forestales y los virus se transfieren de animales a personas. Cuando se apiñan animales en granjas industriales para maximizar los beneficios afloran nuevas enfermedades como la gripe porcina o aviar.

 

La avaricia humana, que no respeta los derechos de otras especies ni los derechos de los miembros de nuestra misma especie, es la raíz de esta pandemia y de las pandemias que la seguirán. Una economía global basada en la ilusión del crecimiento ilimitado se traduce en un apetito insaciable por los recursos planetarios, lo que en consecuencia se traduce en una ilimitada transgresión de los límites del planeta, de los ecosistemas y de las especies.

 

La tercera lección que nos enseña el virus es que la emergencia sanitaria está relacionada con la emergencia de la extinción masiva de especies. También con la emergencia climática. Al usar venenos como insecticidas y herbicidas para matar insectos y plantas es inevitable provocar una crisis de extinción. Al quemar combustibles que la tierra fosilizó hace 600 millones de años transgredimos los límites planetarios. La consecuencia es el cambio climático.

Los pronósticos de los científicos establecen que si no frenamos esta guerra antropogénica contra la tierra y las especies que la habitan, en cien años habremos destruido las condiciones que permiten a los humanos vivir y prosperar. Nuestra extinción será una más de las 200 que se producen a diario. Nos vamos a convertir en una especie en peligro de extinción por la avaricia, arrogancia e irresponsabilidad humanas.

Si no frenamos esta guerra antropogénica contra la tierra y las especies que la habitan, en cien años habremos destruido las condiciones que permiten a los humanos vivir y prosperar.

Todas las emergencias que en la actualidad ponen en peligro vidas tienen su origen en la visión mecanicista, militarista y antropogénica de los humanos como seres al margen de la naturaleza, como amos y señores de la tierra que pueden dominar, manipular y controlar a otras especies como fuentes de beneficio. También tienen su origen en un modelo económico que considera los límites ecológicos y éticos como obstáculos que se deben superar para aumentar el crecimiento de los beneficios empresariales. En ese modelo no caben los derechos de la Madre Tierra, los derechos de otras especies, los derechos humanos, ni los de las generaciones futuras. Durante esta crisis y la recuperación tras el confinamiento, necesitamos aprender a proteger la tierra, su clima, los derechos y los hábitats de las diferentes especies, los derechos de los pueblos indígenas, de las mujeres, de los agricultores y agricultoras y de los trabajadores y trabajadoras.

 

Tenemos que romper con la economía del lucro y el crecimiento ilimitado que nos ha llevado a una crisis de supervivencia. Tenemos que aprender de una vez por todas que somos miembros de la familia planetaria y que la verdadera economía es la economía de los cuidados: el cuidado del planeta y el cuidado mutuo.

Para prevenir futuras pandemias, hambrunas, y la perspectiva de convertirnos en sociedades en las que la vida humana no tenga valor, tenemos que romper con el sistema económico global que está generando el cambio climático, la extinción de muchas especies y la propagación de enfermedades mortales. La vuelta a lo local deja espacio para que las distintas especies, las diferentes culturas y las variadas economías locales se desarrollen.

Tenemos que aprender de una vez por todas que somos miembros de la familia planetaria y que la verdadera economía es la economía de los cuidados: el cuidado del planeta y el cuidado mutuo.

Tenemos que reducir de manera consciente nuestra huella ecológica para dejar recursos y espacio disponibles para otras especies, para el resto de seres humanos y para las generaciones futuras. La emergencia sanitaria y el confinamiento ha demostrado que cuando hay voluntad política, se puede revertir el proceso de globalización. Hagamos que esta reversión sea permanente y volvamos a la producción local y de cercanía en línea con los principios del swadeshi (autosuficiencia) que promulgaba Gandhi, es decir, el restablecimiento de la economía doméstica.

 

Nuestra experiencia en Navdanya nos ha enseñado a lo largo de tres décadas que los sistemas de producción de pluricultivos locales y ecológicos son capaces de proveer de alimento a la población sin empobrecer el suelo, contaminar el agua ni dañar la biodiversidad.

La riqueza de la biodiversidad en los bosques, las granjas, los alimentos que consumimos, la microbiota intestinal, es un hilo conductor que comunica el planeta y sus diferentes especies, también los seres humanos, a través de la salud, no de la enfermedad.

Un pequeño virus puede ayudarnos a dar un gran paso adelante para fundar una nueva civilización planetaria ecologista basada en la armonía con la naturaleza. O bien podemos seguir viviendo la fantasía del dominio sobre el planeta y seguir avanzando hasta la próxima pandemia. Y por último, hasta la extinción.

La tierra seguirá adelante, con nosotros o sin nosotros.

Fuente: https://www.anred.org/2020/04/12/un-virus-la-humanidad-y-la-tierra/

 

 

 

Apreciemos contradicciones que intenta instalar la Asamblea de Esquel en el sentido común mayoritario con origen en la manipulación mediática del capitalismo.

 

 

Cuarentena, minería y coronavirus
21 de marzo de 2020

Una de las actividades más reconfortantes, sobre todo en  tiempos de cuarentena y cuidado, es sin duda la lectura. Las lecturas. Nos propusimos y les proponemos un ejercicio de vinculación de publicaciones del sector minero y noticias en general relacionadas con la pandemia que vivimos.

Por Asamblea de Vecinos por el NO A LA MINA de Esquel

a) ¿Qué corona tiene la minería frente al coronavirus?

Andrew Reese, líder en digitalización de las empresas mineras, asegura que en el sector todos están trabajando desde su casa. Claro está, debe referirse a quienes trabajan con tecnología digital porque la realidad de los mineros peruanos y argentinos es otra.

En Perú, tras decretar la emergencia por coronavirus, se establecen excepciones referidas al traslado de personas que trabajan en minería, lo que pone en alerta a las poblaciones por donde estos trabajadores transitan: “Lo que nos indigna, es como el gobierno no puede hacerse obedecer con estas empresas mineras, nos preocupa que pueda haber un contagio en estas provincias de Cusco, imagínese que gran catástrofe puede ser para nosotros, y la empresa no está midiendo responsablemente lo que puede pasar al trasladar su mineral” dice el comunero Germán Salcedo.

En San Juan, Argentina, los trabajadores aseguran: «Tenemos el virus acá y nos están ocultando esta información a nosotros. Queremos hacérselo saber a todos los medios para que Barrick tome una determinación».

b) “Software y conectividad: nuevas fronteras en la industria minera”

Andrew Reese, gerente global para el segmento industrial del proveedor suizo de instrumentos y servicios Endress+Hauser, conversa con BNamericas sobre las oportunidades de la digitalización y la manera de resguardar la integridad del sistema. La preocupación del sector, según Reese, está ligada al hecho de que el agotamiento de las minas y las fluctuaciones de los precios de los commodities obligan a muchas empresas mineras a probar nuevas tecnologías para reducir sus costos y garantizar la seguridad de los trabajadores. Y la solución viene de la mano de la digitalización y, en consecuencia (agregamos) de la reducción de mano de obra: “Siempre se necesitará alguna interfaz humana, sobre todo en la industria minera, que opera en condiciones difíciles. Incluso un barreno, o un camión de carga que trabaje de manera autónoma, debe tener un humano que pueda asistirlo cuando sea necesario. Esto es muy importante si pensamos en el sitio y su seguridad. Si hay un camión completamente autónomo, por ejemplo, ¿qué sucede si alguien intenta hackearlo o logra obtener el control remoto del vehículo? El año pasado en una mina en Canadá una persona hackeó un camión y exigió 500 bitcoins para no chocarlo contra la mina.”

Vamos Reese… ¿la seguridad de quién les preocupa? Obviamente no es la de los trabajadores.

c) “La minería tiene que amigarse con la sociedad argentina”

En El inversor, el titular de AOMA, Héctor Laplace,   aplaude la legislación minera de los 90 pero lamenta las modificaciones municipales, provinciales o incluso nacionales que pusieron algún límite a la actividad entre ellas la Ley de glaciares.

Resulta llamativo en sus declaraciones el desparpajo que ostenta para cuestionar y atacar el el principio fundamental del federalismo que establece nuestra Constitución Nacional:  “… debemos impedir el libre albedrío de cada jurisdicción y federalizar el debate con pautas comunes emanadas desde el consenso”.

¿Hace falta más para responder negativamente  al pedido de “amigarnos”? ¡Otra que amigos con beneficios!!

d) Cuarentena, fragilidades y fortalezas

Cuando el coronavirus se expande rápidamente por nuestro planeta y los Estados toman medidas drásticas para su contención; cuando volvemos la mirada sobre nosotros mismos y sobre nuestras necesidades esenciales comienzan a ser visibles y palpables nuestras fragilidades: somos seres de comunidad, enlazados amorosamente a la tierra y sus bienes, necesitados de alimento y afecto, mucho más atados entre nosotros de lo que quieren que creamos. No hay forma de salir de una crisis como la actual en soledad.

Esa fragilidad individual es la fortaleza de la vida. Tomamos conciencia de lo que la solidaridad significa. Tomamos conciencia también de que los ejes o principios de productividad que nos imponen estados de confort y seguridad engañosos y rigen nuestras vidas, son los ejes y principios de los sectores egoístas centrados en el extractivismo. Los que abusan del hogar de todos y nos prefieren descartables.

¿Qué es lo que “cae“  en estas crisis? Caen los mercados, las bolsas, el mundo financiero, la burbuja que nos venden como indispensable. Esa burbuja está llena de humo y ese humo nubla la destrucción que se proponen.

La prueba más contundente se presenta con la baja de emisiones de CO2 en las ciudades, en forma de cisnes en Venecia.

Se impone repensarnos en un mundo en decrecimiento para garantizar nuestra supervivencia. Sin minería a gran escala, con una economía social y solidaria verdaderamente sustentable.

Fuente: https://www.anred.org/2020/03/21/cuarentena-mineria-y-coronavirus/

 

 

Advirtamos que el capitalismo procura destruir a los pueblos planetarios imponiéndoles amedentramiento individualista y sometimiento al orden del Estado policial y militarizado. Pero: 

 

 

¿Estamos en guerra?

11 de abril de 2020

No es una guerra, es una catástrofe. Para esta batalla no se necesitan soldados sino ciudadanos; y esos aún están por hacer. La catástrofe es una oportunidad para ‘fabricarlos’.

Por Santiago Alba Rico y Yayo Herrero para CTXT – Contexto y Acción.

Se ha impuesto con inquietante espontaneidad la metáfora de la “guerra” como imagen y justificación de las radicales medidas tomadas contra el virus. Conte en Italia, Macron en Francia, Sánchez e Iglesias en España han declarado la “guerra” al virus o han hablado sin cesar de una “situación de guerra”. En nuestro país, al mismo tiempo que se desplegaba el Ejército en algunas ciudades, hemos visto al portavoz de Sanidad, Fernando Simón, escoltado en las ruedas de prensa por el JEMAD general Villarroya, cuyas intervenciones, por su parte, adoptan muchas veces el tono de una arenga de trinchera: habla de una “contienda bélica” y de una “guerra irregular” en la que todos “somos soldados”, invocando una “moral de combate” y reivindicando los “valores militares” para afrontar la amenaza colectiva.

Digámoslo con toda claridad: lo que estamos viviendo no es una guerra, es una catástrofe. En una catástrofe puede ser necesario movilizar todos los recursos disponibles para proteger a la sociedad civil, incluidos los equipos y la experiencia del Ejército, pero el hecho de que una catástrofe exija tomar medidas de excepción, no autoriza sin peligro a emplear una metáfora que, como todas las metáforas, transforma la sensibilidad de los oyentes y moldea la recepción misma de los mensajes. Llamar a las cosas por otro nombre, si no estamos haciendo poesía, si estamos hablando además de cuidar, curar, repartir y proteger, puede resultar una pésima política sanitaria; una pésima política. Ahora que estamos afrontando la realidad –frente al mundo de ilimitada fantasía en que habíamos vivido en Europa las últimas décadas– no deberíamos deformarla con tropos extraídos del peor legado de nuestra tradición occidental. Como marco de apelación, interpretación y decisión, la metáfora de la guerra –salvo que la utilicen los médicos y los sanitarios abrumados por las muertes que no pueden evitar– nos debe suscitar una enorme preocupación.

Guerra, ¿contra quién? ¿Quién es el enemigo? En cuanto pronunciamos la palabra “guerra” comparece ante nuestros ojos un humano negativo que merece ser eliminado. Con esta metáfora de la guerra, en efecto, ocurre algo paradójico: se humaniza al virus, que adquiere de pronto personalidad y voluntad. Se le otorga agencia e intención y se deshumaniza y criminaliza a sus portadores, que en realidad son las víctimas1. El enemigo de este desafío sanitario, si se quiere, está potencialmente dentro de uno mismo, lo que excluye de entrada su transformación en objeto de persecución o agresión bélica.

Por eso, esta resbaladiza idea de “guerra” da razón sin querer a los que, llevados de un pánico medieval, acaban convirtiendo en enemigos a los portadores del virus, olvidándose de que ellos mismos –al menos potencialmente– también lo son. Sólo se puede hacer la guerra entre humanos y a otros humanos y, si hay que “guerrear” contra el virus, acabaremos haciendo la guerra contra los cuerpos que lo portan o, lo que es lo mismo, contra la propia humanidad que queremos bélicamente  proteger. En estado de “catástrofe” es sin duda muy necesario “reprimir” severamente, como se hace con los transgresores del código de circulación, a quienes violan el confinamiento poniéndose en peligro a sí mismos, a sus vecinos y al sistema sanitario en general, pero ni siquiera esos pueden ser los “enemigos” de una “contienda bélica”, salvo que queramos confundir, en efecto, el virus con sus potenciales portadores, y generar, además, una “guerra” civil entre los potenciales portadores.

¿Vale el discurso del enemigo para atajar el efecto de un virus? Los seres humanos somos vulnerables y frágiles. Nuestra historia  ha estado y está atravesada por la enfermedad y la exposición al hambre, los virus y el abandono. Hemos sobrevivido construyendo relaciones con la naturaleza y entre las personas para tratar de minimizar el riesgo y la inseguridad. El cuidado y la cautela, el apoyo mutuo, la cooperación, la sanidad y educación pública, las cajas de resistencia, el reparto de la riqueza han sido los inventos que han ido poniendo las sociedades en marcha –de forma marcadamente desigual e injusta en ocasiones– para asumir y bregar con el inconveniente de que la vida transcurra encarnada en cuerpos que son frágiles y vulnerables e incapaces de vivir en solitario.

Un virus no es un enemigo consciente y malvado, es un riesgo inherente a la propia vida. Lo terrible es construir sociedades ajenas e ignorantes de que los virus, la enfermedad, la mala cosecha o la tempestad existen. Construir economías y políticas sobre la fantasía del ser humano, como un ser sin cuerpo y sin anclaje en la tierra que le sustenta es lo que genera una guerra contra la vida,  contra los ciclos, contra los límites, los vínculos y las relaciones. En los momentos de bonanza se esconden e invisibilizan, restándoles valor y despreciando, precisamente las tareas, oficios y tiempos de cuidado que solo se hacen visibles en las catástrofes y en las guerras.

La guerra, violencia armada, es precisamente la negación del cuidado, masculinidad errada, justificación del sacrificio de vidas humanas en aras de una causa superior. Ahora bien, no debemos olvidar que aquí la “causa superior” es precisamente la salvación de todas y cada una de las vidas humanas en peligro. No se trata de dar virilmente la vida por la causa gritando viva la muerte, sino que la causa es el mantenimiento de la propia vida. No existirá una victoria final que dependerá de la disciplina y de la conversión en soldados, como señalaba en su comparecencia el General Villarroya. El sacrificio al que se apela, tanto en la catástrofe como en la retaguardia de cualquier guerra, no es más que la intensificación de la lógica del cuidado, de la precaución, del sostenimiento cotidiano e intencional de la vida en tiempos de catástrofe, que son los mismos esfuerzos que hay que hacer para sostenerla cotidianamente.

En toda guerra, decía Simone Weil, la humanidad se divide entre los que tienen armas y los que no tienen armas, y estos últimos están siempre completamente desprotegidos, con independencia del bando o la bandera. En el estado de catástrofe actual, los españoles, todos potencialmente víctimas del virus, se dividen, en cambio, entre los que no pueden hacer confinamiento y los que sí pueden hacer confinamiento o, si se prefiere, entre los que se exponen más o se exponen menos al virus. Los que se exponen más al virus –el personal médico, los transportistas, las cajeras de supermercado, las limpiadoras y cuidadoras, etc.– ni tienen armas ni se pelean entre sí con el propósito de proteger a los “suyos”. Al contrario de lo que ocurre en las guerras, este “anti-ejército desarmado” –provisto solo de microscopios, termómetros, bayetas, manos y sentido del deber– ni se hace la guerra ni se la hace a los que están encerrados en sus casas, menos expuestos y completamente desarmados. Es, como dice Leila Nachawati, exactamente lo contrario: se exponen para protegernos a todos, a sabiendas de que de esa forma también se protegen a sí mismos y al orden civilizado del que dependen y que depende de ellos. Por eso debemos admirarlos y apoyarlos; y por eso es una irresponsabilidad inmoral y suicida incumplir la normativa sanitaria. Pero si hay una situación distante de la guerra –en su temperatura ética, anti-identitaria y “universal”– es precisamente la catástrofe que estamos viviendo. En todo caso, lo que opera en contra de la “causa superior” –la salvación de todas y cada una de las vidas humanas en peligro– son las medidas económicas tomadas en la última década y las políticas que ahora es necesario corregir a toda prisa para proteger a los socialmente vulnerables. En este sentido, y allí donde la responsabilidad individual y la institucional, donde lo común y lo público, se cruzan, nuestros políticos y nuestras élites económicas son más responsables –pues conjugan ambas condiciones– que los ciudadanos privados.

No es una guerra, es una catástrofe. Es verdad que para dos generaciones de europeos (en otros sitios la verdadera guerra es su normalidad cotidiana) esta paliza de realidad es lo más parecido a un conflicto bélico que hemos vivido. Pero la crisis del coronavirus es en sustancia lo contrario de una guerra. Que sea “lo contrario” de la guerra también merece un análisis en profundidad. Lo real no se nos ha presentado como mala voluntad o identidad belicosa sino como contingencia impersonal adversa en un contexto capitalista que (aquí sí está justificada la metáfora) lleva años haciendo la guerra a la naturaleza, los cuerpos y las cosas. Es la “impersonalidad” no bélica de la catástrofe capitalista la que hay que revertir y transformar: por eso es tan importante esta convergencia trágica de responsabilidad individual e institucional que nos muestra ahora la importancia de los cuidados personales y colectivos. El fin del capitalismo puede estar acompañado de guerras pero no será una guerra: su anticipo y su metáfora, como colofón de su dinámica interna de ilimitación incivilizada, es este “virus” sin cara y replicante que aparecerá una y otra vez, y cada vez más, en forma de “catástrofe”. Para esta batalla no se necesitan soldados sino ciudadanos; y esos aún están por hacer. La catástrofe es una oportunidad para fabricarlos.

No es una guerra, es una catástrofe. La imagen del ejército en la calle –y hasta la de un general en una rueda de prensa– puede estar justificada pero también inquieta, política y antropológicamente. Para que dejen de inquietar –y hasta nos alegremos de su presencia, si es que es realmente necesaria– sería indispensable que nuestros políticos (todos hombres, por cierto) dejen de inscribir su intervención en el marco de una “guerra”, de una “contienda bélica”, de una recuperación de los “valores militares”. Sólo los médicos pueden hablar de “guerra” y, en cuanto al espíritu de “sacrificio”, citado por el general Villarroya, quizás deberían ser las “madres”, y no los militares, las que nos diesen lecciones. Un amigo muy inteligente nos dice que necesitamos ejemplos movilizadores y épica salvífica. Es verdad. Pero esto no es una guerra, es una catástrofe. Bastante duro es afrontar una “catástrofe” como para que, además de temer al virus, acabemos temiendo a nuestras co-víctimas y a los que están intentando protegernos. Los ejemplos ya los tenemos y son tan banales como los de la maldad arendtiana a la que se oponen; y la épica también existe y es igualmente de andar por casa: la de ese hombre o mujer que, en el balcón de enfrente, a cuatro metros de distancia, descubre de pronto en su odioso vecino (al que hasta ayer estrechaba la mano con indiferencia o desagrado) una existencia afín y casi amiga a la que no puede abrazar. No deja de ser hermosamente paradigmático que sea en una situación de aislamiento social impuesta, cuando los besos y los abrazo se proscriben, cuando de repente conocemos los nombres de quienes viven en nuestro bloque, nos preocupamos de si tienen alimento o necesitan medicinas.

Esto no es una guerra, es una catástrofe. Al contrario que en una guerra, no hay ninguna causa superior que la salvación de todas y cada una de las vidas humanas. Venceremos sólo si no hay víctimas humanas. O son las menos posibles.

Venceremos quizás esta vez. Pero habrá que prepararse para la siguiente y esta sacudida que reordena las prioridades puede ser un entrenamiento crucial.

Notas 

1. De esta humanización bélica del virus da un espeluznante y paradójico ejemplo este titular de EFE:“El gobierno de Nicaragua desafía al coronavirus con una marcha multitudinaria”. Ortega, es decir, desafía al coronavirus facilitando su reproducción.

AUTORES

Santiago Alba Rico

Es filósofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos  décadas en Túnez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. El último de sus libros se titula Ser o no ser (un cuerpo).

Yayo Herrero

Es activista y ecofeminista. Antropóloga, ingeniera técnica agrícola y diplomada en Educación Social.

CTXT – Contexto y Acción

Fuente: https://www.anred.org/2020/03/22/estamos-en-guerra/

En consecuencia, la prioridad en nuestro desafío anticapitalista es recuperar y crear la reciprocidad de nuestras relaciones sociales e internacionales. Ha sido asumida en las comunidades desposeídas y excluidas por el capitalismo, también por las organizaciones populares al solidarizarse con les empobrecides y con les de zonas de sacrificio para la acumulación de riquezas e ingresos por los oligopolios extractivistas.

 

Entrevista a Yayo Herrero, referente del movimiento ecofeminista

«El aislamiento ha sido el desencadenante para reconocer la interdependencia»

9 de abril de 2020

Por Pablo Gutiérrez de Álamo

Catalunya Plural

Yayo Herrero es una de las principales voces del ecofeminismo. Hablamos con ella para analizar la situación en la que nos encontramos y los retos que habría que afrontar en los próximos meses para que, después del coronavirus, afrontemos la crisis económica y social de una manera diferente a como lo hicimos en 2008.

La tercera semana de confinamiento comenzó con medidas más restrictivas para intentar aliviar la presión sobre el sistema sanitario. Un sistema que se ha visto desbordado de mil maneras. Todo el Estado, todo el sistema, se encuentra en una situación similar. Hasta el 9 de abril sólo podrán salir a trabajar aquellas personas que lo hagan en sectores estratégicos. Yayo Herrero cree que es necesario plantear unas nuevas políticas sociales y económicas más próximas a lo sociocomunitario, que permitan, entre otras cosas, una redistribución de la riqueza (para evitar que las capas sociales menos favorecidas no sean las que paguen los platos rotos de la crisis económica derivada del coronavirus). Opina que la situación actual ha puesto de manifiesto cómo los trabajos de cuidados, invisibilizados y poco valorados habitualmente, se han vuelto esenciales para sostener el confinamiento.

Parece que la crisis sanitaria está rompiendo ciertas costuras del sistema. ¿Cómo ve la situación?

La crisis sanitaria de la Covid-19 tiene lugar en un marco fuertemente tensionado. La salida de la crisis de 2008 se basó en políticas de austericidio, recortes de servicios públicos, rescate y mantenimiento de las estructuras financieras. En muchos casos, a costa de una precarización de la mayor parte de la gente. Por un lado, el importante desmantelamiento de la red de servicios públicos: sanidad, educación, dependencia; y por otro, la fragilización del trabajo. Las condiciones laborales, que ya eran frágiles, se deterioraron mucho más.

Antes de las crisis de la Covid-19 éramos un país con altas tasas de desempleo, con gran cantidad de trabajos de baja calidad, personas que tienen trabajo pero son pobres, fuerte crisis habitacional con la generación de la burbuja. Ahora, tenemos un modelo económico que, estructuralmente, es tremendamente dependiente. Dependiente de energía del exterior, de materiales y alimentos, y basado en monocultivos como el turismo que son tremendamente frágiles.

La crisis llega en este marco estructural. Por delante nos encontramos que las emergencias no son sólo las sanitarias. Hemos declarado la emergencia climática, todas las proyecciones del IPCC dicen que nuestras economías se resentirán por la influencia del cambio climático. Y esta es una crisis económica que era anunciada ya desde hace tiempo.

Esto es importante tenerlo en cuenta para analizar y tratar de presionar para ver qué tipo de políticas públicas se ponen en marcha para afrontar esta crisis sanitaria. Si la salida es similar a la de 2008, pero partiendo de un punto más precario, mucho más frágil, podemos encontrarnos una s ituación de empobrecimiento generalizado y precarización aún mayor. Y, sobre todo, cuando los discursos de ideología ultraderechista, o neofascista, van calando en algunos sectores de la población que cada vez tiene más miedo, o que pretende blindar de alguna manera su propia situación identificando un enemigo que es el otro , lo que está fuera, ante el que debe defender.

¿No cree que habremos aprendido algo respecto a 2008?

Ahora mismo no lo parece. Desde la UE se han hecho discursos grandilocuentes sobre cuántos millones de euros se iban a invertir en medidas sociales. Pero, cuando rascas un poco, ves que buena parte de estas medidas son más bien de impulso y sustentación del sistema financiero. Dar dinero a los bancos para que tengan liquidez para prestar a la gente para que salga por la vía del endeudamiento. No da la impresión, a nivel Europeo, que el 2008 haya dejado un aprendizaje interesante, al menos desde el punto de vista de las condiciones de vida de las personas. Quizás desde otros puntos de vista, desde los intereses de los grandes capitales, sí; no les salió tan mal y por eso pretenden reeditarlo.

Y ¿en el ámbito más local?

Si miras dentro del mismo gobierno, traslucen tensiones importantes. Una parte que quiere mantener un poco el pacto de estabilidad, el déficit, la dinámica algo más neoliberal de fortalecimiento financiero; y otra parte del gobierno que presiona para intentar sacar adelante medidas como la mejora de las condiciones de los ERTE, o la prohibición del despido a partir de ahora por causa del coronavirus. O algunas medidas que esperamos como la suspensión de alquileres, aunque sea con una pequeña protección a los propietarios que tengan alquilada la casa y sea su único ingreso. Sin estar satisfecha y siendo bastante crítica, por supuesto me planteo qué pasaría en esta circunstancia si tuviéramos un gobierno completamente neoliberal.

A pesar de las tensiones, ¿diría que la sociedad está viendo que los servicios públicos se han convertido en algo esencial?

Este es de los grandes aprendizajes de las últimas semanas. Tengo la sensación de que una parte importantísima de la sociedad, diría mayoritaria, de repente es consciente de la importancia de tener un sistema sólido de salud pública que hace que cualquier persona, venga de donde venga y tenga lo que tenga, disfrute del derecho y la posibilidad de ser dignamente atendida en un hospital. Independientemente de que en este momento, la lógica de recortes haga que se esté teniendo que hacer en unas condiciones tremendamente precarias.

Hay una explosión de reconocimiento, de agradecimiento, hacia todas las personas que trabajan en el ámbito de la sanidad pública, y no sólo: cuidadoras, trabajadoras domésticas, reponedores de supermercado, carretillas, transportistas… de repente nos damos cuenta de que una buena parte de los trabajos, que por cierto, están mayoritariamente feminizados y que han sido absolutamente precarios, despreciados, mal vistos y desprotegidos, cuando llega el momento de afrontar una cosa de estas, son los que no pueden dejar de funcionar.

¿Trataremos estos trabajos de otra manera a partir de ahora?

Creo que probablemente sí. Para mucha gente lo que vendrá será diferente de lo que había antes. Ver, de repente, este frenazo económico evidenciará la fragilidad de todo el sistema económico y el hecho de que nuestras vidas dependen de un cúmulo de relaciones poco sólidas, precarias, muy basadas en la lejanía. Que cuando caen o se desploman se nos llevan a todos por delante.

Es muy interesante también, creo, en sociedades tan atomizadas como nuestras, sobre todo en los ámbitos urbanos, ver cómo precisamente, la orden de aislarnos, de tener que encerrarnos y mantener la distancia social, ha sido el desencadenante para que mucha gente empiece a mirar por las ventanas, los balcones, empiece a conocer por el nombre a sus vecinos, a preocuparse un poco por otras personas que están en el exterior de sus casas. Teniendo la conciencia de que preocuparte de otras personas hará también que otros se preocupen por ti. Es un reconocimiento de la interdependencia muy fuerte.

Esta situación parece haber dejado claro que la interdependencia es mucho mayor de lo que parecía antes …

Absolutamente. Son sociedades que están hiperconectadas por arriba, en lo económico y político y, sin embargo, en los últimos años se han atomizado mucho por la base. Estamos en un momento de convulsión en el que muchas personas, de manera intuitiva, se ven obligadas a reconectarse rápidamente por pura supervivencia, material y emocional.

Vemos cómo el frenado tan brutal de la economía se lleva por delante las ocupaciones, la normalidad tal cual la conocíamos y, al mismo tiempo, paradójicamente, hace que la atmósfera sea respirable, que el agua sea más clara, que se reduzcan las emisiones. Y revela, yo creo, el gran problema civilizatorio que tenemos: una economía que, cuando crece, destruye las posibilidades de seguir viviendo de forma digna, y cuando decrece, como ahora, con la lógica de poder que hay, cae violentamente sobre las personas más pobres y vulnerables. Y creo que esta doble tensión también puede hacer que muchas personas sean más conscientes de que salir de aquí requiere cambios profundos en nuestras maneras de organizar la economía, la política y la vida.

Parece que la crisis sanitaria tiene que ver con la ingesta de animales salvajes, en este caso, el pangolín. ¿Hay relación entre esto y un sistema económico que empuja a las personas a buscar estas formas de alimentación?

Hay que ser cauta. Debemos leer bastantes más estudios antes de sacar conclusiones precipitadas. Dicho esto, lo que sí me parece absolutamente clave es el hecho de que la cadena alimentaria y las atrocidades que se cometen en ella, son un factor de riesgo en la salud importantes. Sabemos ya mucho sobre la presencia de pesticidas, de productos contaminantes, alteradores hormonales y endocrinos en algunos productos alimenticios.

Ahora, por ejemplo, todo lo que sale con el pangolín. Pero recordemos la encefalitis espongiforme que transmitían las vacas. Hablábamos de vacas que habían sido alimentadas con restos de proteína animal. Obviamente saltarse y el alterar ciclos y dinámicas naturales en muy poco tiempo genera distorsiones y consecuencias que no sabemos por donde vendrán.

Me parece interesante, según he ido viendo, varios artículos en diversas publicaciones europeas sobre la incidencia que tiene la pérdida de biodiversidad en la transmisión más acelerada del virus y en la llegada de estos virus a las cadenas más altas de las redes tróficas, es decir, que la desaparición de la biodiversidad hace que cada vez haya menos especies interpuestas entre los virus y mamíferos. Eso sí que aumenta la expansión de los virus y pandemias.

También hay otros artículos que hablan de que la expansión del virus ha sido más dura en los lugares que previamente tenían un nivel de contaminación más fuerte. Algunos de los investigadores a los que he preguntado me han dicho que todavía tienen que hacer estudios, pero obviamente, si tienes un virus que afecta en mayor medida a personas que tienen patologías previas o afecciones cardiorrespiratorias, y vivimos en ciudades donde la gente respira durante años aire sucio, nos coloca en una situación de mayor riesgo ante virus y pandemias. Que, además, aumentarán debido al cambio climático.

¿Qué cree que deberíamos aprender de esta crisis socialmente?

Creo que si asumimos que esta situación de emergencia no es coyuntural, sino que es una nueva normalidad, que es lo que nos está diciendo la comunidad científica queramos o no queramos escucharla, necesitaríamos actuar en ejes diferentes, empezando por apostar de manera clara por un principio de suficiencia.

Aprender a vivir con lo necesario. Todo el mundo. Esto supone un cambio en los modelos productivos, en los estilos de vida y de consumo absolutamente radical. Por lo tanto, tenemos que cambiar la cultura del reparto. Para que personas que están en situaciones tremendamente vulnerables, empobrecidas y precarias puedan vivir con lo necesario, hay que abordar la redistribución de la riqueza, de los tiempos y de los trabajos que hacen falta para mantener nuestra especie. Mira la cantidad de trabajo de cuidados que se ha revelado como necesario a partir de esta crisis.

Y, finalmente, también hay una política pública basada en la precaución, en la cautela y el cuidado. Parece fácil pero es radicalmente incompatible con la lógica que defiende que hay que correr cualquier riesgo o sacrificar cualquier cosa con tal de que la economía crezca. Este principio del cuidado, desde la lógica del reparto y la justicia para que todos tengan suficiente, supone una manera de abordar la política pública y la economía que está en las antípodas de las que tenemos en el momento actual.

Al igual que el sistema sanitario se ha visto tensionado, el educativo también… ¿Qué respuesta puede dar el sistema?

Tengo la sensación de que por la urgencia y la rapidez con la que ha sucedido todo esto, parte de lo que está pasando cayó directamente sobre el profesorado, que está asumiendo la situación como puede. Estoy viendo un compromiso brutal para intentar atender, hacerse cargo de una situación que ha caído a plomo. Y luego, están las familias. Se dice que el virus afecta igual a todos y que no conoce de clases. El virus probablemente no, pero sus consecuencias son marcadamente diferentes en función de la posición de clase, de si eres gitana o paya, de la edad que tengas.

Cuando vives en una casa de 120 metros, tienes una buena conexión de wifi, una familia que te puede resolver una duda o te puede ayudar a organizar el cuadrante de tareas, estás en mucho mejores condiciones que si vives en una casa de 40 metros, no tienes conexión y, además, tu familia no te puede echar un cable. Y por si fuera poco tienes un profesorado que se encuentra confinado en casa y a su vez tiene hijos, y que lidia con ello como puede.

https://catalunyaplural.cat/es/el-aislamiento-ha-sido-el-desencadenante-para-que-las-sociedades-atomizadas-reconozcan-la-interdependencia/

Fuente: https://rebelion.org/el-aislamiento-ha-sido-el-desencadenante-para-reconocer-la-interdependencia/

 

 

En ese desarrollo de otra sociedad desde ahora, es crucial involucrarse en las luchas de los pueblos de enfrentamiento al sistema mundo capitalista y sus locales. Como en:

 

 

Brasil. Reforma agraria popular

y lucha por la tierra

7 de abril de 2020

Por Instituto Tricontinental, Resumen Latinoamericano

Introducción

Brasil es uno de los países con mayor concentración de la tierra del mundo y también donde están los mayores latifundios. La concentración y la improductividad poseen raíces históricas que remontan al inicio de la ocupación portuguesa a comienzos del siglo XVI. Combinada con el monocultivo para la exportación y el esclavismo, la forma de ocupación de las tierras brasileñas por los portugueses estableció las raíces de la desigualdad social que perdura hasta la actualidad.

El último Censo Agropecuario del país, realizado en 2017, demuestra que los años pasan y esa estructura no solo permanece, sino que se agrava, con índices de concentración cada vez mayores. De acuerdo con esa investigación, cerca del 1% de los propietarios de tierra controlan casi el 50% del área rural del país. Por otro lado, los establecimientos con áreas menores a 10 hectáreas (cada hectárea equivale a una cancha de fútbol) representan la mitad de las propiedades rurales, pero controlan apenas el 2% del área total.

Este retrato de la realidad ilustra el tamaño de la expropiación realizada por el capitalismo a lo largo de siglos, con consecuencias políticas, económicas, sociales y ambientales en la construcción histórica del país. Al final de cuentas, las relaciones con la tierra son fundamentales para el desarrollo de una nación. Cuando se habla de tierra se habla de población, de control de los bienes naturales, de desarrollo económico, social y cultural. La tierra es la expresión de una sociedad, y estos números reflejan el grado de desigualdad e injusticia desarrollado por más de cinco siglos de historia en Brasil.

 

Actualmente, el MST cuenta con una base de 80 mil familias acampadas a la espera de tierra.
 

En tiempos de hegemonía del capital en la agricultura a través del modelo del agronegocio, el dossier del mes de abril del Instituto Tricontinental de Investigación Social pretende presentar el estado actual de la lucha por la tierra en Brasil, que ya no se da entre un latifundio arcaico e improductivo versus campesinxs pobres que luchan por un pedazo de suelo, sino que es una disputa por el modelo agrícola. De un lado está el agronegocio, con sus enormes extensiones de tierra para monocultivo que exigen la utilización de enormes cantidades de agrotóxicos en su producción, lo que llevó a Brasil a convertirse en el mayor consumidor de venenos agrícolas del mundo. Del otro está la agroecología, con la diversidad de producción de alimentos saludables en armonía con la naturaleza, y que incluye la totalidad de un sistema de producción, como las relaciones humanas, relaciones laborales, salud, cultura, ocio y educación.

Sin embargo, solo será posible realizar esto último por medio de lo que llamamos reforma agraria popular, un concepto que alude a la reorganización de la propiedad de la tierra rural y que pretendemos desarrollar a lo largo de este dossier. Para ello, creemos prudente rescatar brevemente la historia de la lucha por la tierra en Brasil, para comprender mejor lo que obligó a los movimientos populares a cambiar su estrategia de lucha y a construir una alternativa al modelo propuesto por las multinacionales del sector agrario. Finalmente, presentaremos una experiencia concreta: un asentamiento de la reforma agraria, organizado por el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), que ayuda a ilustrar lo que es en la práctica un territorio con otra concepción de agricultura.

Escogimos publicar este dossier en el mes de abril porque el 17 de abril se ha transformado en el Día Internacional de Lucha por la Reforma Agraria. La fecha homenajea a lxs sin tierra que cayeron en lo que se conoce como la Masacre de Eldorado dos Carajás, cuando 21 trabajadorxs rurales fueron asesinados y 69 mutiladxs por la Policía Militar del estado de Pará en 1996.

El episodio, que se volvió mundialmente conocido, se ha convertido en otra marca profunda en la historia de Brasil, por expresar la extrema violencia contra lxs trabajadorxs del campo en función de la concentración de la tierra y la falta de aplicación de una política de reforma agraria, la impunidad construida por la alianza entre el latifundio y los poderes públicos del Estado brasileño, y la reinvención de lxs sujetos del campo en la lucha por la tierra y por una vida digna.

The Peasant Leagues (Ligas Camponesas)

Las Ligas Campesinas fueron una de las primeras organizaciones del campo en Brasil en adoptar la reforma agraria como una línea política. Su principal lema fue “reforma agrária na lei ou na marra” (“Reforma agraria por la ley o a bofetadas”)
Autor desconocido

Parte 1

La lucha por la tierra en Brasil

El latifundio en Brasil tiene sus orígenes históricos en las relaciones capitalistas de producción en el campo y en la concentración de la propiedad privada como fundamento de la organización agraria, de acuerdo con los intereses de la clase dominante.

En sus comienzos, en todo el mundo, el capital requirió separar de forma violenta a lxs productorxs de sus medios de producción para desarrollar su potencia productiva. Con ello inauguró una de las mayores expropiaciones de campesinxs en la historia humana, formando una legión gigantesca de condenadxs de la tierra, que tuvieron como única alternativa vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario.

Este proceso, que es considerado la prehistoria del capitalismo, creó las condiciones para su desarrollo y consolidación. La cuestión agraria en Brasil necesariamente pasa por este hilo conductor, en que el capitalismo inaugura su forma violenta de expropiación para seguir acumulando en sus más diversas formas: agraria, industrial, bancaria/financiera.

La historia de la expoliación de la tierra en Brasil, en contrapartida, produjo diversos procesos de resistencia popular a lo largo de los años. La violencia con que el proceso fue conducido suprimió formas de expresión cultural, negó el acceso a la educación y a la salud como derechos humanos básicos, destruyó la soberanía y la autodeterminación de los pueblos y su propia autoestima. La lucha por la tierra en Brasil pasa por estos acontecimientos, y de ese modo, toda tentativa de resistencia popular organizada y radical se convirtió en sinónimo de masacre y genocidio, para posteriormente ser borrada de los libros de historia.

Cada lucha fue desarrollada por los más diversos actores sociales del campo de acuerdo con los elementos objetivos y subjetivos de cada período histórico. Así sucedió con los pueblos indígenas, que fueron diezmados al no aceptar el régimen de esclavitud impuesto por los colonizadores portugueses. Se estima que de los 2,5 millones de indígenas que vivían en la región que hoy comprende Brasil, menos del 10% sobrevivió hasta los años 1600. A pesar de estar camufladas en nuestra historiografía, las luchas indígenas nos dejaron un importante legado, mostrando que la historia se hace con resistencia y lucha. El indígena Sepé Tiaraju, uno de estos ejemplos pedagógicos de batallas contra españoles y portugueses, murió diciendo: “¡Esta tierra tiene dueño!”.

La situación con la población negra no fue diferente. En total, cerca de 4,9 millones de personas fueron extraídas de territorios de África y llevadas como esclavas a Brasil en un trágico proceso de diáspora. Ningún otro lugar del mundo recibió tantxs esclavxs. En los Estados Unidos, por ejemplo, fueron 389.000.

La situación de las personas negras esclavizadas era de completo ultraje, agresión y tortura. Sufrían la violencia del trabajo forzado. Con tamaña opresión, las revueltas de esclavos no demoraron en tener eco de sierra en sierra. Entre las diversas formas de resistencia, la más efectiva fue la creación de los llamados quilombos, territorios en zonas rurales remotas construidos por negrxs que huían de la esclavización y buscaban vivir en libertad, organizándose de manera comunitaria y viviendo de acuerdo a sus propias culturas y tradiciones.

Con el declive de la hegemonía del trabajo esclavo en las primeras décadas del siglo XIX fue el tiempo de los llamados caboclos —negrxs, indígenxs y campesinxs cuya identidad nacional aún estaba en construcción—, quienes pasaron a protagonizar las luchas y revueltas contra los opresores. En muchos casos, las poblaciones locales llegaron a tomar el poder local y a implementar gobiernos populares. El resultado fue el mismo: villas quemadas, fusilamientos y la completa destrucción de lo que fuera momentáneamente conquistado.

A lo largo del siglo XX esas experiencias fueron madurando y ganando formas organizativas más sólidas, trayendo consigo agendas políticas y proyectos de país, como la lucha por la reforma agraria y por la transformación social. Las Ligas Campesinas y el Movimiento de Agricultores Sin Tierra (MASTER), por ejemplo, fueron organizaciones que realizaron diversas ocupaciones de tierra y campamentos entre las décadas de 1940 y 1960.

Una vez más, esas experiencias fueron prontamente destruidas, pero esta vez por la mano de la dictadura cívico-militar que dirigió el país por veintiún años (1964-1985), creando una profunda laguna en las formas organizativas de la clase trabajadora, que solo lograron reconstituirse hacia finales de los años 70 e inicios de los 80.

 

Las ocupaciones de tierra se convirtieron en el principal instrumento de lucha del MST. Después de la ocupación, se crea el campamento. Después de la conquista de la tierra, las familias reciben los lotes y se constituye el asentamiento.
Sebastião Salgado

 

Renovación de las luchas populares

La insostenibilidad de la dictadura cívico-militar abrió espacio para el avance de las luchas de diversos sectores de la sociedad que, poco a poco, se fueron masificando, alterando la correlación de fuerzas y provocando una reorganización de las luchas populares en el país.

Este período fue responsable por crear diversas organizaciones políticas de la clase trabajadora, como el Partido de los Trabajadores (PT) y la Central Única de los Trabajadores (CUT), además de reestructurar entidades que habían entrado en la ilegalidad en el período anterior, como la Unión Nacional de Estudiantes (UNE).

En el campo, la situación no era distinta. Las contradicciones del modelo agrícola post “Revolución Verde” expulsaron a millones de trabajadorxs del medio rural. Las condiciones socioeconómicas de ese proceso hicieron surgir nuevos focos de resistencia a la dictadura de las armas y la tierra en todo el país: arrendatarixs, asalariadxs, jornalerxs, aparcerxs, afectadxs por represas, convirtieron las ocupaciones de tierra en la respuesta campesina al latifundio y al autoritarismo.

De esas experiencias nace el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) en 1984. El MST se constituyó en base a tres objetivos centrales que perduran hasta hoy: lucha por la tierra, lucha por la reforma agraria y lucha por la transformación social. La primera tiene que ver con una lucha inmediata, la necesidad del sujeto de conquistar un pedazo de suelo; la segunda se refiere a una política de Estado, ya que sin ella no se consigue mantener ni realizar de forma masiva la conquista de la tierra; y la tercera lleva en sí la parte ideológica: la necesidad de modificar las relaciones de poder en la sociedad.

Desde el inicio del MST, las ocupaciones de tierra se convirtieron en la forma en que el movimiento se presenta ante la sociedad. La ocupación es un acto de cuestionamiento y de denuncia: cuestiona la función social de la propiedad y denuncia que determinada tierra no está cumpliendo su función social, como está previsto en la Constitución.

A lo largo de su historia, cerca de 350.000 familias han conquistado tierra y otras 80.000 aún viven en diferentes campamentos esparcidos por el país. Pero en los últimos 36 años la lucha por la tierra atravesó diferentes momentos coyunturales. Cada estrategia y táctica de lucha correspondieron a necesidades objetivas presentes en cada período histórico. En el primer momento, por ejemplo, el enfrentamiento se daba entre campesinxs expropiadxs de un lado y propietarios latifundistas de otro. El campo brasileño estaba constituido por latifundios arcaicos, atrasados, improductivos y violentos.

En este sentido, en el proceso de redemocratización del país a comienzos de la década de 1980, el MST se proyectó nacionalmente por medio de grandes ocupaciones de latifundios a partir de la organización de miles de familias asentadas. Dos consignas impulsaron la lucha por la tierra en ese momento: “Sin reforma agraria no hay democracia” y “La ocupación es la única solución”. Fue un período de organización y convocatoria de las familias campesinas para ocupar latifundios, que tuvo como resultado muchas hectáreas de tierras expropiadas y el inicio de los primeros acuerdos de la reforma agraria.

Por su parte, la respuesta del latifundio fue la creación de la Unión Democrática Ruralista (UDR), un instrumento violento de los grandes hacendados para combatir al MST y presionar al gobierno federal para actuar contra el movimiento campesino.

Con el país ya redemocratizado y con el inicio del período neoliberal en Brasil en la década de 1990, lxs sin tierra sufrieron la violencia tanto por parte de la UDR como del Estado. Represión, prisiones, escuchas telefónicas e invasiones de secretarías de los estados fueron algunas de las acciones realizadas por la Policía Federal.

Ese fue un período de resistencia, de organización interna e inversión en la producción de alimentos en los asentamientos. El MST siguió con las ocupaciones masivas, organizó a su base para la resistencia y autodefensa, realizó marchas en los estados y construyó sus primeras cooperativas de producción en los asentamientos recién conquistados. Desde el punto de vista interno, el movimiento fortaleció su estructura orgánica e implementó las líneas políticas.

La forma en que el latifundio estaba organizado a lo largo de las décadas de 1980 y 1990 —basado en la improductividad y la violencia— hizo que el tema de la reforma agraria tuviera un eco muy fuerte en la sociedad, de modo que la lucha de lxs sin tierra pasó a ser reconocida en diversos sectores sociales.

Sin embargo, la consolidación del proyecto neoliberal provocó un retroceso de las luchas de la clase trabajadora presentes en la década anterior. Mientras tanto, en el medio rural, el gran capital aún no se había adentrado tan ferozmente en el campo y el MST aprovechó este período para organizar sus campamentos y asentamientos, realizar su primera Marcha Nacional en 1997 para dialogar con la sociedad, denunciar el proyecto neoliberal y exigir castigo a los responsables por la Masacre de Eldorado dos Carajás, ocurrida el año anterior. Se trata de un momento de expansión y territorialización del movimiento con apoyo internacional, así como de su consolidación como un referente político.

 

Reforma agraria clásica y las transformaciones del capitalismo

La cuestión agraria es un debate central para el desarrollo político y socioeconómico de cualquier país que proyecte una nación soberana y con igualdad social. El desafío es comprender la necesidad, en las sociedades capitalistas, de realizar una reestructuración profunda de las políticas agrarias, ambientales y de producción de alimento y cultura.

El instrumento concreto de esa reorganización agraria se llama reforma agraria. Tal política, que implica una distribución masiva de tierras, fue ampliamente implantada en las sociedades capitalistas desde el siglo XVIII hasta el período de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). No faltan ejemplos de la distribución de tierras que llevaron a cabo las sociedades industriales, después de la Revolución francesa (1789) y la industrial (1760-1780), entre la burguesía emergente y el campesinado.

La transición hacia una economía más compleja con la Revolución industrial —a partir de la explotación del trabajo y de la internacionalización de capitales y mercados como forma de control y dominación— trajo la necesidad de integrar la economía agraria en las estrategias de desarrollo del capital. La cuestión agraria, por lo tanto, era un elemento crucial desde el punto de vista económico, del trabajo y de los bienes naturales para la necesidad capitalista de control productivo y explotación del trabajo y de la naturaleza, con el fin de convertirla en parte integrante de la producción de plusvalía.

Esa primera versión de la política masiva de distribución de tierras se conoce como reforma agraria clásica. La burguesía industrial optó por la democratización del acceso a la tierra debido a dos cuestiones. La primera fue la necesidad de ruptura, en todos los niveles, de la hegemonía de las antiguas clases propietarias rurales —que paralizaban cualquier desarrollo de las fuerzas productivas— y su reemplazo por la de las clases burguesas empresario-industriales nacientes.

El otro elemento está vinculado a las ideas de crecimiento y de desarrollo económico que pasaban, necesariamente, por un cambio en el eje productivo de la economía, relegando al sector primario al papel de sector subsidiario de la nueva estructura económica.

 

Con la centralidad de la acumulación del capital basada en el desarrollo industrial, se creaba la necesidad de tener fuerza de trabajo barata y abundancia de materias primas. La democratización del acceso a la tierra, integrada a las industrias capitalistas, cumplía la función de proveer las más diversas materias primas producidas en espacios agrícolas pequeños y medianos a precios menores. La llegada de alimentos más baratos a las ciudades, por ejemplo, permitía una reducción en el costo de la mano de obra, posibilitando que los capitalistas industriales pagaran salarios más bajos a lxs trabajadorxs urbanxs. Además, la consolidación de un campesinado sólido económicamente permitía a la recién creada industria ampliar su mercado consumidor.

De esta manera, los procesos de industrialización de esos países hicieron que el sector rural paulatinamente se sometiera al nuevo orden político, institucional y económico que emanaba del medio urbano industrial. O sea, la dinamización de vínculos estratégicos y comerciales cada vez más densos entre el campo y la ciudad se afirma con el advenimiento de la industria y, fundamentalmente, de la división del trabajo y de la consolidación de la clase obrera.

Así, diversos países de economías centrales realizaron reformas agrarias, empezando por Francia e Inglaterra. A lo largo del siglo XX, por ejemplo, Japón benefició cerca de 3 millones de personas con la posesión de parcelas de tierra. Turquía expropió áreas mayores a 500 hectáreas, e Italia realizó expropiaciones mediante indemnización a los antiguos propietarios, desarrolló infraestructura en el campo, recuperó áreas degradadas y construyó casas para los campesinos.

 

Además de la reorganización productiva y económica, las formas capitalistas de cooptación y control en el campo pasan por la homogeneización de la cultura, usurpando y negando la cultura tradicional campesina, sus formas de relación con el trabajo, la producción y la alimentación. El capitalismo impone otras reglas de juego. En estas, el trabajo no tendrá más el sentido práctico de organizar la vida comunitaria, que traía consigo valores más humanos de integración y cooperación.

El tiempo de trabajo y sus formas pasarían a ser determinadas por el modo de producción del capital y por la velocidad que la competencia capitalista exigía, teniendo como meta el lucro. El capital pasa a definir qué y cómo producir, cómo será la comercialización y cuánto recibirá el trabajador por lo que hace. Lxs campesinxs ya no tenían el control de sus medios de producción. En este sentido, la reforma agraria clásica forma parte de una política del Estado burgués, y fue realizada justamente por haber sido una necesidad de la fracción de clase hegemónica de aquel período: la burguesía industrial.

En Brasil, diversos elementos imposibilitaron que una reforma agraria clásica fuera implementada en el proceso de industrialización del país. El primero de ellos es la relación entre la oligarquía rural y la burguesía industrial. A diferencia del caso europeo, el reemplazo de las clases propietarias rurales por la nueva burguesía industrial no exigió una ruptura total del sistema por razones estructurales. En el caso brasileño, la concentración de la tierra no fue un obstáculo para el desarrollo del capitalismo, al contrario, se dio la unificación entre los latifundistas y el capital industrial, en una alianza entre capital y propiedad de la tierra intermediada por el Estado. Esa alianza posibilitó que la economía rural subsidiara el desarrollo industrial. Además, la alta concentración de tierra y, consecuentemente, el éxodo rural, garantizó la creación de un ejército industrial de reserva que abarataba la fuerza de trabajo en el medio urbano.

Por lo tanto, nunca hubo una política nacional concreta de reorganización agraria en Brasil. Lo que ocurrió fue apenas una importación del modelo estadunidense del agronegocio y de su trípode: latifundio extenso, mecanización pesada y agrotóxicos, por medio de la “Revolución Verde”. Fue a partir de este modelo que el campo brasileño se reorganizó, excluyendo por completo a lxs campesinxs del proceso.

A lo largo de la década de 1990, el espacio agrario brasileño pasó por grandes transformaciones estructurales en la forma de organizar la producción de las mercancías agrícolas. Estas transformaciones trajeron nuevas determinaciones a la cuestión agraria, que se complejizó a partir de la afirmación del agronegocio con la consolidación del modelo neoliberal. El antiguo latifundista, dueño de grandes extensiones de tierra, se alió a otras fracciones de la clase burguesa: a las empresas transnacionales del sector agrícola, al capital financiero representado en la figura de los bancos y a los medios de comunicación de masas. Este nuevo modelo de producción agrícola se conoce como agronegocio, y se inserta en un contexto mundial que se inicia en la década de 1970 y se acentúa sobre todo a partir del final de la década de 1990 y comienzo de los años 2000 en adelante.

 

En este sentido, el sistema capitalista en crisis en su búsqueda por formas de aumentar el valor, intensifica la destrucción ambiental, expande sus fronteras agrícolas sobre los bosques, aumenta las expropiaciones territoriales, va hasta las últimas consecuencias de la extracción mineral y potencia la proletarización en masa, separando aun más a lxs trabajadorxs de sus medios de producción.

Así como el agronegocio se vuelve más complejo a partir de los cambios en la naturaleza del capital, la reforma agraria, como alternativa real y necesaria, también debe cambiar radicalmente su naturaleza, para presentar un conjunto de determinaciones que alteren cuestiones centrales del control capitalista, a partir de la reorganización de los territorios agrarios y ambientales en búsqueda de una soberanía popular.

La reforma agraria popular

En este contexto, el MST se ve estimulado a redefinir sus acciones estratégicas y su programa agrario. Con la consolidación del agronegocio a principios de la década de 2000, ya no cabía luchar por una reforma agraria de tipo clásico, pues era evidente que el desarrollo de las fuerzas productivas en el campo se estaba produciendo en las bases del capital, ya marcadas por una profunda crisis estructural, que disminuía aun más los márgenes de participación democrática del pueblo en el acceso a la tierra, lo que supondría una reforma agraria que reconstruyera las relaciones de poder existentes en torno a la propiedad privada. El gran capital, ahora hegemonizado por el sistema financiero y no por el industrial, ya no tenía la necesidad de realizar una reforma agraria, como sucedió en décadas anteriores; se había reinventado y descubierto nuevas formas de acumular riqueza. Las mismas tierras que en su día fueron objeto de disputa entre lxs sin tierra y los latifundistas atrasados e improductivos pasan a ser blancos del agronegocio.

 

Cada vez más, la lucha por la reforma agraria implica enfrentar al capital, lo que se manifiesta en la lucha contra las grandes empresas transnacionales, como las del agronegocio, responsables por la producción de los agrotóxicos, las semillas transgénicas y el agotamiento de los recursos naturales.

 

Las consecuencias de este modelo destructivo del medioambiente pasan a ser paulatinamente sentidas por la mayor parte de la población que vive en los grandes centros urbanos. Contaminación y escasez de agua, envenenamiento de alimentos por agrotóxicos, cambio climático y aumento de la población en las grandes ciudades son solo algunos ejemplos de la intrínseca relación entre las cuestiones agraria y urbana en la actualidad.

La realidad impone la necesidad de actualizar la lucha por la reforma agraria. De esta forma, el concepto de reforma agraria clásica pasa a ser sustituido por el concepto de reforma agraria popular, que ahora incorpora no solo la necesidad de tierra para quien la trabaja, categoría central en los años 80 y 90, sino la necesidad de producir alimentos saludables para toda la población, dándole un carácter popular a la reforma agraria.

La reforma agraria deja de ser de interés solo para las poblaciones que viven en el campo y se transforma en una necesidad del conjunto de la sociedad. De la misma manera, el campesinado solo ya no es capaz de alterar la correlación de fuerzas para reorganizar la estructura agraria. Ello solo será posible cuando las poblaciones de las ciudades también comprendan la necesidad de realizarla.

 

En ese sentido, la centralidad de la lucha por la tierra pasa a ser en torno a la disputa por el modelo agrícola. Si antes el enemigo se centraba en la figura del antiguo latifundista, ahora se volvió mucho más poderoso, ya que el propietario de tierras se alió con las grandes multinacionales del sector, con el sistema financiero y los medios de comunicación de masa, responsables por propagandear ideológicamente la concepción de agricultura propuesta por el agronegocio. El antiguo latifundio arcaico e improductivo se “modernizó” y ahora cuenta con alta capacidad productiva.

Por lo tanto, la reforma agraria popular es una estrategia de resistencia al modelo del agronegocio, que apunta hacia nuevas formas de lucha y reúne los fundamentos del modelo que queremos construir en el futuro, pero con acciones efectivas de cambio en el presente.

Sembrar la reforma agraria popular en el momento histórico actual implica modificar la forma hegemónica de producir alimentos. Presupone disputar los medios de producción, teniendo en la agroecología y en la cooperación los instrumentos de estudio y aplicación teórico-práctica en contrapartida al agronegocio. La base del modelo del agronegocio tiene como fundamento una producción extensiva de commodities para la exportación. La desvinculación con el medioambiente —al deforestar enormes áreas— obliga a la utilización masiva de agrotóxicos, agotando el suelo, contaminando el agua, la capa freática y los alimentos.

Por otro lado, el programa de reforma agraria popular tiene la matriz agroecológica como base de la producción agrícola, priorizando la producción de alimentos saludables y diversificados para el mercado interno en armonía con el medioambiente. Junto a eso, es preciso desarrollar un modelo económico que distribuya los ingresos y que mantenga a las personas en el campo para combatir el éxodo rural. Por eso, ella presupone la creación de agroindustrias al mando de lxs propixs trabajadorxs en los asentamientos.

Sin embargo, el concepto de reforma agraria popular va mucho más allá de las cuestiones productivas. Pasa también por la construcción de nuevas relaciones humanas, sociales y de género, enfrentando el machismo y la lgbtfobia, por ejemplo. Pasa por garantizar el acceso a la educación en todos los niveles en el medio rural, al mismo tiempo que tiene como propósito construir formas autónomas de cooperación entre lxs trabajadorxs que viven en el campo y su relación política con las masas urbanas.

Ya son muchas las iniciativas en este sentido, mediante la agrosilvicultura, el cultivo de semillas criollas, el procesamiento y la agroindustria, las ferias de comercialización directa, la investigación científica, la formación técnica y el uso de nuevas tecnologías.

Ante la complejidad del asunto y de los desafíos que se enfrentan, todavía es importante resaltar que no fueron solamente los cambios en la naturaleza del capital los que llevaron al MST a reformular la lucha por la tierra. La génesis de esos movimientos pasa necesariamente por la transformación de la sociedad, y fue justamente a partir de este elemento que fue gestada una cultura política y organizativa entre las familias sin tierra que maduró en la concepción de reforma agraria popular. Su plena realización, evidentemente, depende de cambios estructurales en la sociedad. Por ello, busca compartir con la clase trabajadora no solamente una reivindicación justa, sino un proyecto de poder, soberano y popular.

Parte 2 (...)

Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2020/04/07/brasil-reforma-agraria-popular-y-lucha-por-la-tierra/

 

Concentración y centralización capitalista

 

Conciliarnos con el capitalismo destapa nuestra colonialidad de saber, nuestro racismo y nuestra adicción a la sociedad de consumo. Es perentorio que recapacitemos para rechazar sus "normalidades" antes y después del Coronavirus-19 por conducirnos hacia el exterminio de la vida planetaria. Veamos:

 

¿Por qué es tan importante proteger

los territorios indígenas?

11 de abril de 2020

Juan Manuel Crespo

opendemocracy.net

La colonización de América fue uno de los episodios más relevantes de la historia reciente de la civilización humana. Son bien conocidas las guerras de la conquista y el proceso de explotación de las poblaciones indígenas, pero poco se habla sobre el impacto que tuvo el factor epidemiológico en todo ello, y menos aún que fue este factor el que, en gran medida, permitió a los colonizadores hacerse con vastos territorios y recursos naturales que contribuyeron a fundar el capitalismo en Europa.

Las enfermedades importadas por los europeos a América (tifus, viruela, sarampión o peste bubónica) llegaron a diezmar hasta el 95% de la población del hemisferio durante los primeros 130 años de la Conquista. Por poner un ejemplo, la epidemia de viruela fue la que realmente derrotó a los aztecas, ya que tras el fracaso del primer ataque español de 1520, el nuevo emperador azteca tras la muerte de Moctezuma, Cuitláhuac, se había reforzado militarmente y había puesto contra las cuerdas al propio Cortés. Sin embargo, fue la viruela, traída en la expedición de Pánfilo de Narváez, el arma invisible e imprevista que realmente destruyó al imperio azteca, liquidando brutalmente la población, empezando por el temido y guerrero emperador Cuitláhuac, contagiado de viruela y fallecido a fines de ese mismo 1520, hace ahora 500 años.

Así fue cómo, en algo más de un siglo, la población amerindia se habría reducido a tan solo una fracción ínfima. La colonización se reforzó y esa historia de extinción y explotación continuó hasta la llegada de las nuevas repúblicas latinoamericanas. Tiempo en el que lo que quedaba de esos pueblos amerindios y sus territorios cambió de dueños, pero el saqueo, el racismo y el expolio siguió vigente hasta nuestros días.

Hoy, en medio de una crisis climática y ecológica, se ha constatado que los territorios mejor conservados, en términos de biodiversidad y recursos naturales, son aquellos donde todavía habitan pueblos indígenas. Actualmente, estos territorios y sus poblaciones se encuentran gravemente amenazados por industrias extractivas, explotación maderera, depredación natural de todo tipo y el avance de infraestructuras desarrollistas. Es decir, la colonialidad continua amenazando a estos pueblos y sus territorios en forma de capitalismo neo-liberal.

La resistencia histórica de los pueblos indígenas en América Latina ha sido una batalla cruel y desigual, pero al mismo tiempo digna y ejemplar. Han pasado casi 530 años desde la llegada de Colón, y campañas militares, pandemias, explotación, racismo y abusos hacía la población indígena, así como la expoliación y desplazamiento de sus territorios, han destruido en gran medida sus poblaciones y culturas. Sin embargo, a pesar de todo, algunos de sus territorios y sus culturas han resistido de manera sorprendente, demostrando una capacidad de resiliencia admirable.

Incluso, de una manera que sorprendió a muchos, en la segunda mitad del siglo XX e inicios del XXI, los movimientos indígenas han tomado una fuerza política sin precedentes. Tales han sido los casos de Ecuador y Bolivia, donde estos movimientos fueron centrales en la construcción de las nuevas constituciones políticas, introduciendo conceptos y paradigmas desde su ancestralidad que han sido compartidos con el resto de sus conciudadanos. Hoy, en medio de un horizonte de muerte y devastación, nos han mostrado un paradigma de vida alternativo, digno y de equilibrio con la naturaleza, el vivir bien o buen vivir.

En esta resistencia activa, la protección de sus territorios ha sido uno de los mecanismos más importantes para su supervivencia, especialmente en el caso de los pueblos indígenas amazónicos. La selva, de muchas maneras, ha significado un espacio geográfico inaccesible que les ha dado la posibilidad de protegerse, escapar de la muerte y la opresión y alcanzar a sobrevivir. Tal es el caso de los pueblos aislados, quienes han visto que la única posibilidad de vida era adentrarse lo más posible en territorios “inhóspitos” para la civilización occidental, para allí desarrollar sus modos de vida como pueblos “libres”, sin interferencias tóxicas.

Pero ahora, si bien esta libertad sigue siendo cercada y cada vez más reducida por todas las amenazas mencionadas, estos indígenas están siendo más amenazados que nunca ante la llegada del Covid-19, que está dejándoles a los pies de los caballos nuevamente, en situación de máxima vulnerabilidad.

La noticia del 1 de abril de 2020, que confirma un primer contagio de Covid-19 en una mujer que sería parte de una tribu aislada en Brasil, pone de manifiesto hasta qué punto esta pandemia llega a todas partes y cómo su llegada podría tener consecuencias desastrosas para todos los indígenas, pero más aún para los pueblos aislados amazónicos.

Según la ONU, la alta vulnerabilidad de los pueblos indígenas está determinada por el hecho de que más del cincuenta por ciento de los indígenas mayores de 35 años padece diabetes tipo 2. Además, los pueblos indígenas experimentan altos niveles de mortalidad materna e infantil, desnutrición, afecciones cardiovasculares y otras enfermedades infecciosas, como el paludismo y la tuberculosis.

En un comunicado emitido el 31 de marzo, la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (Coica) hizo un llamado de emergencia a los gobiernos de los países miembros para que tomen medidas sanitarias y elaboren planes de contingencia de acuerdo a la situación específica de los pueblos indígenas. Entre las medidas propuestas se plantea un estricto control de entrada y salida a los territorios indígenas, en especial de las personas que no pertenecen a estas comunidades, así como limitar el acceso de los indígenas a lugares de turismo o donde se concentren multitudes. Además, se sugiere elaborar planes específicos de contingencia en los territorios ante la llegada de posibles brotes del coronavirus.

Lo más preocupante es que los Estados no estén tomando las medidas adecuadas ni hayan elaborado protocolos especiales para casos de pandemia en territorios de pueblos indígenas. Así lo ha alertado la propia OMS en Ecuador, donde la representante advirtió que no existen actualmente protocolos de vigilancia epidemiológica para evitar el contagio del coronavirus en los pueblos y nacionalidades indígenas ecuatorianas.

Lo irónico de todo esto es que varios estudios previos a esta pandemia muestran que la aparición de estos raros virus nuevos, como ahora el Covid-19, no es más que el producto de la aniquilación de ecosistemas, en su mayoría tropicales, arrasados para agroindustria, ganadería o industrias extractivas. También son fruto de la manipulación y tráfico de la vida silvestre, en particular de especies que en muchos casos está en peligro de extinción. Justamente, estos pueblos indígenas, que no sobrepasan el 5% de la población mundial, son quienes hasta hoy mejor han conservado casi el 80% de las áreas más biodiversas del planeta. Y es con su capacidad para conservar la biodiversidad que ellos son y serán claves en el contexto de la crisis climática que enfrentará la humanidad en las próximas décadas, incluidas nuevas pandemias como la que estamos atravesando.

Los pueblos indígenas de hoy son los que han resistido las epidemias ajenas. Lo han venido haciendo desde la llegada del Imperio español con pandemias y plagas de distintas clases, desde la viruela a el colonialismo, y las amenazas foráneas han sido una constante para estos pueblos en los últimos siglos.

La historia republicana no ha sido una excepción, y en los países amazónicos distintas “pandemias” como las expediciones misioneras, el boom cauchero y la expansión de actividades petroleras llegaron a extinguir muchas culturas aborígenes. Tal es el caso de los Tetetes y los Sansahuari en la Amazonía ecuatoriana, que pasaron de ser culturas milenarias con saberes y territorios, a convertirse simplemente nombres de las primeras plataformas petroleras que la empresa Texaco y Gulf instalaron en los años sesenta y setenta.

La gran pregunta entonces que hoy aflora ante la expansión del Covid-19 es si otra vez estos pueblos más vulnerables serán los más afectados. ¿No será quizás que esta arma “invisible” repite la historia y se convierte en el instrumento más efectivo para penetrar los últimos rincones de vida originaria que quedan en nuestro planeta? ¿Cuáles serán nuestras prioridades cómo sociedad global en tiempos de crisis de la vida? ¿Será que, como humanidad, finalmente ubicamos la vida en el centro de nuestras prioridades, y más todavía aquellos territorios donde ésta se preserva y reproduce?

Si algo nos debe quedar claro para el día después de esta pandemia es que, como dice la mexicana Ana Esther Ceceña, “dentro del capitalismo no hay solución para la vida; fuera del capitalismo hay incertidumbre, pero todo es posibilidad. Nada puede ser peor que la certeza de la extinción. Es momento de inventar, es momento de ser libres, es momento de vivir bien.”

Juan Manuel Crespo está Doctorando en Estudios sobre Desarrollo en el Instituto HEGOA en la Universidad del País Vasco.

Fuente: https://www.opendemocracy.net/es/covid-19-por-qu%C3%A9-es-tan-importante-proteger-los-territorios-ind%C3%ADgenas/

 

 

Necesitamos, abajo y a la izquierda, generalizar la comprobación que el gobierno de Evo Morales-Álvaro García Linera y China no son versiones alternativas de capitalismo e imperialismo respectivamente.

 

 

Áreas protegidas en peligro, indígenas cercados y empresas chinas: el balance ambiental de Bolivia en el 2018

3 de marzo de 2019

 

Por Miriam Telma Jemio

 

La deforestación, el tráfico de fauna silvestre la explotación ilegal de oro en ríos de la Amazonía por empresas chinas y el inicio de proyectos en áreas protegidas y territorios indígenas marcaron el año que termina. En el lado positivo, se sentó precedente con la primera sentencia contra traficantes de jaguares, los indígenas chimanes recuperaron parte de su territorio ancestral y el gobierno boliviano firmó el Acuerdo de Escazú.

 

En el 2018 se confirmaron varias de las principales preocupaciones que expertos, activistas y pueblos indígenas tenían sobre el futuro de la gestión ambiental en Bolivia. Un ejemplo claro ha sido el reciente rechazo del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) a la acción de inconstitucionalidad presentada por un grupo de pobladores y legisladores contra cuatro leyes que permiten la exploración y explotación de hidrocarburos en la Reserva Nacional de Flora y Fauna Tariquía. Este es uno de varios proyectos de extracción de los recursos naturales insertos en la política económica del gobierno de Evo Morales que, en los últimos años, le ha abierto las puertas a las actividades hidrocarburíferas, mineras y agrícolas dentro de las áreas protegidas y territorios indígenas. A esto se suma la cuestionada participación de empresas chinas en el desarrollo de grandes proyectos de infraestructura, que van desde carreteras hasta hidroeléctricas, la presencia de cultivos ilegales de hoja de coca en seis áreas protegidas de Bolivia, los actos de corrupción detrás del tráfico de madera y las nuevas mafias que le arrancan los colmillos a los jaguares.

Mongabay Latam ha preparado un balance para despedir el 2018 y también identificar esas tareas que quedan pendientes para el año que viene.

 

Lo malo: áreas protegidas en la mira

La política económica boliviana ha puesto en jaque a algunas de las áreas protegidas más biodiversas del país y los críticos no se han quedado callados. Leonardo Tamburini, investigador y experto en temas indígenas, sostiene que el Estado ha diseñado una arquitectura jurídica, entre 2012 y 2015, para intervenir en territorios indígenas y áreas protegidas con el fin de realizar actividades extractivas y ampliar la frontera agrícola.

Entre las normas a las que se refiere Tamburini figuran, en primer lugar, los Decretos Supremos 2298 y  2366, ambos publicados el año 2015, que según los expertos reducen la consulta previa a un simple trámite administrativo y permiten la exploración y explotación de recursos naturales en áreas protegidas.

En la misma línea está la Ley 969 que permitirá la construcción de infraestructura en el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Secure (TIPNIS) y que da luz verde para la construcción de hidroeléctricas que afectan por lo menos a seis áreas protegidas bolivianas.

Otro de los peligros de la política extractiva boliviana es que este año se ha expandido la frontera petrolera a otros territorios. “Las operaciones ya no están solo focalizadas en el Chaco, sino que han ingresado a la zona andina amazónica del país”, dice Silvia Molina, investigadora del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla).

Para la investigadora esto tendrá un fuerte impacto en la zona (Amazonía) porque toda actividad petrolera demanda la construcción de infraestructura, mientras que la minería transforma el territorio y contamina con mercurio el agua y los suelos.

“La política económica del gobierno se dirige cada vez más a profundizar la explotación de la riqueza natural del país, porque requiere contar con mayores ingresos económicos para mantener el gasto público”, dice Molina, por eso incursiona más en áreas protegidas y territorios indígenas, con condiciones favorables para las empresas extranjeras.

En este escenario, sostiene la especialista del Cedla, el rol del Ministerio de Medio Ambiente y de la Autoridad de la Madre Tierra ha sido decepcionante pues, el primero, avala las acciones del gobierno y, el segundo, se presenta en espacios internacionales como un Estado que respeta el medio ambiente, cuando en la práctica no lo hace.

La irrupción de actividades extractivas en áreas protegidas también pone en serio peligro la conservación de la biodiversidad. De hecho, Vincent Vos, biólogo e investigador del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca), menciona un estudio que estima que en las próximas décadas la flora y fauna de la Amazonía boliviana se reducirá en un 40 %, sin que se instalen proyectos extractivos.

Las áreas protegidas son claves para conservar refugios para la vida silvestre, “intervenirlas, sin duda, provocará un aumento en las tasas de pérdida de biodiversidad e incluso la extinción de especies”’, remarca Vos.

Por eso la aprobación de la exploración hidrocarburífera en la Reserva Nacional de Flora y Fauna Tariquía, ubicada en Tarija, ha sido mal recibida por un sector de la población boliviana. Los comuneros han rechazado el ingreso de las empresas YPFB Chaco y Petrobras a San Telmo Norte y al Área Astillero y denuncian que incluso el Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap) habría cambiado la zonificación del área protegida para facilitar la obtención de las licencias ambientales que dan luz verde al inicio de la exploración.

Pero otra fracción de comuneros apoya el proyecto. En eso se apoya el Gobierno que firmó un convenio la semana pasada con ellos. “Este convenio con el Distrito 11, tiene el objetivo de velar por las fuentes laborales locales, permitiendo el desarrollo y la protección de nuestra naturaleza”,  afirmó el viceministro de Planificación y Desarrollo Hidrocarburífero, Carlos Quispe.

Quispe desmintió que la empresa operadora haya ejecutado actividades en la zona núcleo de la Reserva Tariquía y resaltó que la consulta pública se realizó en junio.

 

Lo preocupante: la arremetida de las hidroeléctricas

En su búsqueda por convertir a Bolivia en el centro energético de la región, el Gobierno también ha sacado adelante, a pesar del rechazo de las comunidades de la zona, tres proyectos energéticos. El primero ha sido la construcción de las represas El Chepete y El Bala, que pondrían en peligro al Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi (La Paz) y la Reserva de Biosfera y Tierra Comunitaria de Origen Pilón Lajas (Beni). El segundo proyecto polémico ha sido la construcción de la hidroeléctrica Rositas, que se prevé impactará al Área Natural de Manejo Integrado Río Grande Valles Cruceños (ANMI), al Parque Nacional y ANMI Serranía del Iñao y al Área Protegida Municipal Parabanó. Finalmente, la construcción de la hidroeléctrica Ivirizu que ya ha deforestado alrededor de 500 hectáreas dentro del Parque Nacional Carrasco (Cochabamba), como lo denunció Mongabay Latam.

 Los efectos han sido denunciados por los pueblos indígenas: pérdida de fuentes de agua y alimentos, y envenenamiento de ríos, del aire y el suelo con mercurio.“El gobierno nos está despojando de nuestros recursos de vida con la ejecución de proyectos de carreteras e hidroeléctricas en territorios indígenas y áreas protegidas, para facilitar el más perverso extractivismo como son la minería, las exploraciones petroleras, la deforestación para monocultivos y transgénicos como la coca, la soya y la caña de azúcar”, denuncia la indígena uchupiamona Ruth Alipaz.

Alipaz ve al Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) como un brazo operativo del Gobierno para despojarlos de sus tierras. Ellos culpan a esta institución de autorizar asentamientos de colonos irregularmente en los territorios indígenas, como sucedió en las tierras del pueblo Tacana en el departamento de Santa Cruz.

En el 2018 se confirmaron varias de las principales preocupaciones que expertos, activistas y pueblos indígenas tenían sobre el futuro de la gestión ambiental en Bolivia. Un ejemplo claro ha sido el reciente rechazo del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) a la acción de inconstitucionalidad presentada por un grupo de pobladores y legisladores contra cuatro leyes que permiten la exploración y explotación de hidrocarburos en la Reserva Nacional de Flora y Fauna Tariquía.

Este es uno de varios proyectos de extracción de los recursos naturales insertos en la política económica del gobierno de Evo Morales que, en los últimos años, le ha abierto las puertas a las actividades hidrocarburíferas, mineras y agrícolas dentro de las áreas protegidas y territorios indígenas. A esto se suma la cuestionada participación de empresas chinas en el desarrollo de grandes proyectos de infraestructura, que van desde carreteras hasta hidroeléctricas, la presencia de cultivos ilegales de hoja de coca en seis áreas protegidas de Bolivia, los actos de corrupción detrás del tráfico de madera y las nuevas mafias que le arrancan los colmillos a los jaguares.

Mongabay Latam ha preparado un balance para despedir el 2018 y también identificar esas tareas que quedan pendientes para el año que viene.

 

La reacción de Morales suele ser categórica cuando alguna de estas decisiones es cuestionada.  Frente a la denuncia presentada por líderes indígenas bolivianos en abril, en el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de Naciones Unidas, el mandatario boliviano reaccionó advirtiendo que se llevaría las inversiones a otro lado. “Esos proyectos como Rositas, es el pedido del departamento de Santa Cruz, sin embargo algunos hermanos, repito nuevamente, bajo la influencia de algunas empresas u ONG, protestan. Yo decía, si no quieren no hay problema, hay otros departamentos que quieren y han consensuado, vamos a trasladar esa inversión a otros departamentos”, dijo en un acto público.

Para Silvia Molina del Cedla, en doce años de gobierno “los indígenas están peor que antes, sus derechos están violados como nunca, sus territorios están afectados como nunca”. El Gobierno, señala la investigadora, está llevando a estos pueblos a emigrar a los cinturones de pobreza de las ciudades. “Ellos requieren la protección del Estado para resguardar la riqueza que representan para el país […], no se atienden sus verdaderas necesidades, se les impone una visión de futuro y desarrollo”, lamenta Molina.

Además de las hidroeléctricas, el plan energético del Gobierno ha sumado también nuevos proyectos como los agrocombustibles.  El 1 de noviembre se inició la comercialización del etanol, una iniciativa público-privada que para Morales aportará energía limpia a la matriz energética, permitirá incrementar en un 1 % el Producto Interno Bruto (PIB) y reducirá la subvención e importación de combustibles líquidos. Se prevé una inversión privada en el sector agrícola y agroindustrial de 1600 millones de dólares y el incremento gradual de la productividad y la variedad de cultivos.

Aunque el Gobierno afirma que el etanol es un combustible verde, Miguel Crespo, director de Productividad Biosfera Medio Ambiente (Probioma), remarca que en realidad se ampliará la  frontera agrícola y aumentará la importación de alimentos. Para Marco Gandarillas del Centro de Documentación e Información de Bolivia (Cedib), el bioetanol “es un estímulo directo para la ampliación de la frontera agrícola para plantar caña, lo que implica más deforestación”.

 

Lo imparable: el aumento de la deforestación

La pérdida de bosques se ha incrementado en las últimas décadas por la expansión de la frontera agrícola y pecuaria, la adjudicación de tierras del Estado a comunidades campesinas, interculturales e indígenas, el desarrollo de actividades extractivas y las políticas dirigidas a garantizar la seguridad alimentaria.

Pablo Solón Romero, analista y director de la Fundación Solón, critica que la ABT hable de una disminución de la tala ilegal cuando, en la práctica, lo ilegal se está volviendo legal. “No se está reduciendo la deforestación, eso muestran los datos de la ABT. El impacto en términos ambientales es el mismo, ya sea legal o ilegal la deforestación”, puntualizó. La Autoridad de Bosques y Tierra (ABT) calcula que entre los años 2016 y 2017 se deforestaron en Bolivia más de 554 000 hectáreas. Y aunque la institución estatal sostiene que la deforestación ilegal bajó en un 26 % en 2017, la legal se elevó en un 10 %, manteniendo su tendencia al alza desde hace cuatro años. La deforestación ilegal representa el 57 % y la legal el 43 %.

Además, señala Solón, exembajador del actual Gobierno, si se contrastan los datos de deforestación con los focos de calor registrados —las quemas que realizan los agricultores para habilitar sus tierras— se puede concluir que la superficie deforestada podría ser mayor y que pasaría incluso las 300 000 hectáreas.

Las áreas protegidas, por otro lado, siguen siendo el blanco de los traficantes de madera. “La tala indiscriminada e ilegal de árboles dentro de las áreas protegidas y fuera de ellas es permanente. Las denuncias que recibimos de las comunidades son constantes”, sostiene Abel Mamani, director del Sernap.  Los traficantes falsifican los certificados emitidos por la ABT para transportar la madera, como lo denunció Mongabay Latam junto a seis medios periodísticos en el  especial “Madera sucia”.

El Parque Nacional Carrasco es el más golpeado por este cultivo ilegal: pasó de tener 95 hectáreas en el 2016 a 117 en el 2017. Le sigue los pasos el TIPNIS que tiene 33 hectáreas sembradas.Por otro lado, la deforestación en algunas áreas protegidas también está vinculada al avance de los cultivos ilegales de hoja de coca. El informe anual de Monitoreo de Coca de 2017 de la Oficina de Naciones Unidas Contra las Drogas y el Delito (UNODC) confirma que existen por lo menos 253 hectáreas tomadas por esta actividad ilegal y que las áreas protegidas más amenazadas son el TIPNIS y Carrasco en Cochabamba; Amboró en Santa Cruz; y Apolobamba, Madidi y Cotapata en La Paz.

Lo feo: inversiones chinas bajo la lupa

La incursión de las empresas chinas en Bolivia se ha convertido en una seria preocupación para diferentes instituciones ligadas a la investigación y a los derechos humanos y ambientales.

“Es el tema que más nos preocupa, porque el desempeño ambiental de las empresas chinas es el más bajo que hemos visto hasta ahora, y están en las áreas más sensibles y frágiles”, puntualiza Marco Gandarillas del Cedib.

Para el investigador es de ‘’extrema preocupación’’ que el Estado aplique un modelo de flexibilización ambiental con estas empresas y que permita la impunidad para los delitos que cometen en el país. El tráfico de colmillos y partes de jaguar es uno de los problemas más conocidos, pero hay otros que se han denunciado y que están relacionados con la construcción de hidroeléctricas, carreteras, la incursión petrolera y, una de las más sonadas en el país, la participación de ciudadanos chinos en la minería ilegal de oro.

Una investigación de Gandarillas develó que las empresas chinas están presentes en todos los sectores. En lo formal, están inscritos como proveedores del Estado de manera individual o formando sociedades accidentales, y dentro del terreno de la informalidad,  como lo reveló una investigación publicada por la Agencia de Noticias Fides, han buscado asociarse con cooperativas que desarrollan la minería ilegal en ríos de la Amazonía. “Extraen el oro con las dragas y,  ahora, estamos viendo los ‘dragones’, que son muchos más grandes. Están amalgamado con mercurio para extraer la mayor cantidad de oro’’, lamenta Gandarillas porque la contaminación con mercurio, de ríos y suelos, es incontrolable.

Gandarillas menciona, en el ámbito de lo formal, otro caso muy sonado en Bolivia y que involucra a la empresa china BGP. Esta firmó un contrato con la petrolera estatal YPFB, en abril de 2015, para realizar la exploración sísmica en el Bloque petrolero Nueva Esperanza, en la cuenca del Río Madre de Dios, al norte del departamento de La Paz. Como resultado de este trabajo, BGP fue acusada -por organizaciones del sector ambiental y de derechos humanos- de generar un impacto ambiental en el área y poner en riesgo el territorio indígena Tacana, así como la vida del pueblo indígena no contactado Toromona. Esto se detalla en el informe  Impactos de empresas chinas en los Derechos Humanos y el Ambiente en América Latina, elaborado por la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) y el Colectivo sobre Financiamiento e Inversiones Chinas, Derechos Humanos y Ambiente (CICDHA).

Para Gandarillas esto ocurre por la debilidad de las entidades como el Sernap, cuya función es controlar pero no tienen la capacidad para hacerlo.

¿A cuánto asciende hoy la deuda externa que tiene Bolivia con China? El embajador Liang Yu confirmó en marzo de este año, en una entrevista concedida a un medio local, que la cifra bordea los 609 millones de dólares y no los 7 mil millones como, señaló, han publicado algunos medios. También reveló un dato que hasta ese momento no se tenía tan claro: que actualmente “60  empresas chinas operan en Bolivia, y el valor de contrato de los proyectos alcanza  casi 7 mil millones de dólares”. ¿De dónde proviene el dinero? Según Liang Yu “la fuente de financiamiento de dichos contratos proviene del Gobierno boliviano, las instituciones financieras internacionales, privadas, etcétera”.

Para el investigador de Cedib, por lo tanto, es necesario empezar a observar bajo qué condiciones se están firmando los contratos, porque presume que existen acuerdos expresos que allanan el camino a las empresas chinas. “Se adjudican obras, megaobras, sin cumplir los procedimientos, licitaciones, fiscalización. Se flexibiliza su tipo de funcionamiento’’, señala Gandarillas.

Silvia Molina del Cedla coincide con Gandarillas y resalta la falta de transparencia que existe en los acuerdos de financiamiento celebrados entre ambos gobiernos. “No sabemos en qué condiciones se dan, hay una total pasividad de las autoridades nacionales cuando se denuncia violación de los derechos”, indica. El Cedla sistematizó 250 denuncias contra empresas de origen chino, entre 2015 y 2018, la mayoría por la vulneración de derechos laborales.

La investigación del Cedla establece también que con el financiamiento de China y los contratos llave en mano, resultado de la flexibilización, cambiaron los procesos de inversión pública, la adjudicación de contratos y se abrió el país a la llegada de más de 60 empresas chinas.

 

Lo bueno: una sentencia esperada, un acuerdo justo y un territorio recuperado.

En noviembre pasado, tras ser suspendida la audiencia en 13 oportunidades, los ciudadanos chinos, Ying Lan   y Ming Ly fueron sentenciados a tres y cuatro años de prisión respectivamente por traficar principalmente partes de jaguar. Esta decisión judicial fue un logro para las autoridades ambientales, activistas y profesionales, que vigilaron de cerca el caso y que estuvieron presentes a lo largo del proceso.

La asesora legal de la Direna de Santa Cruz señala que si bien es un logro la sentencia, en la práctica es muy difícil conseguir que los jueces y fiscales entiendan la magnitud del problema porque, básicamente, no están especializados en los delitos ambientales.Hoy, a pesar que los abogados de la defensa preparan la apelación, la sentencia constituye un precedente y envía un mensaje contundente a aquellas personas que forman parte de estas mafias que trafican animales silvestres.

Pero en lo que sí coinciden la mayoría de bolivianos es en reconocer el papel que jugó la sociedad civil a lo largo del juicio. “Se generó un movimiento sin precedentes, que permitió romper la impunidad. Fue sobre todo gracias a un grupo pequeño de activistas fuertemente comprometidos, pero también por algunos actores públicos que mostraron la efectividad de los cambios normativos e institucionales”, explica el biólogo Vincent Vos, para quien la prensa también tuvo un papel clave. “El periodismo de investigación de alta calidad provocó una fuerte reacción del público en general”, que fue el respaldo para los abogados y activistas en el caso de los colmillos.

La firma del Acuerdo de Escazú por el Gobierno boliviano es considerado otro avance. Este acuerdo, en el que participan países de América Latina y el Caribe, permitirá asegurar el acceso a la información de manera oportuna, promoverá la participación de la población en las decisiones que afecten sus vidas y, sobre todo, permitirá proteger a los defensores ambientales. Por eso, Marco Gandarillas considera positivo que Bolivia lo haya firmado. “Es un acuerdo muy claro, muy bien detallado, el cual da muy poco margen para que los Estados puedan dilatar su implementación”, remarca.

Si bien Solón y Tamburini consideran también que la firma del tratado es una buena noticia, temen que el Estado boliviano no respete los compromisos.

El 2019 será un año electoral y los analistas y expertos aún no tienen claro cuál será la estrategia del gobierno para enfrentarse a todos estos graves problemas ambientales.Otro hecho que llamó, en buen sentido, la atención de los bolivianos fue la recuperación del territorio indígena chimán. El 28 de noviembre funcionarios del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), junto a los dirigentes del Territorio Indígena Multiétnico (TIM), realizaron el desalojo, destrucción y confiscación de bienes de los madereros ilegales asentados ilegalmente en el bosque chimán, ubicado en el Beni. Pablo Solón Romero resalta este hecho como positivo, porque después de casi tres décadas se logró recuperar las tierras que por ley les pertenecen a los chimanes.

 

Nota del Editor: 9 de enero de 2019

En la entrevista realizada a Marco Gandarillas del Cedib, el experto se refirió a la problemática de la minería ilegal en Bolivia, en especial a las cooperativas y a la modalidad de ‘dragones’ usada para extraer oro. Dicha información fue publicada por primera vez como parte de una investigación periodística realizada por la Agencia de Noticias Fides el 17 de junio de 2018.

Mongabay Latam

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Documentos/Areas-protegidas-en-peligro-indigenas-cercados-y-empresas-chinas-el-balance-ambiental-de-Bolivia-en-el-2018

En consecuencia, ante la pandemia generada por el modo capitalista de producción y mercantilización contra la salud del planeta, la lucha por la «reforma agraria integral» es prioritaria. Ahora, como advierte el MST de Brasil, esa lucha "cada vez más implica enfrentar al capital, lo que se manifiesta en la lucha contra las grandes empresas transnacionales, como las del agronegocio, responsables por la producción de los agrotóxicos, las semillas transgénicas y el agotamiento de los recursos naturales".

 

El MST de Brasil aclara porqué la «reforma agraria integral» pasa a constituirse en necesidad y desafío de concretarla para toda la sociedad: "Las consecuencias de este modelo destructivo del medioambiente pasan a ser paulatinamente sentidas por la mayor parte de la población que vive en los grandes centros urbanos. Contaminación y escasez de agua, envenenamiento de alimentos por agrotóxicos, cambio climático y aumento de la población en las grandes ciudades son solo algunos ejemplos de la intrínseca relación entre las cuestiones agraria y urbana en la actualidad".

 

La creciente concentración y centralización del capitalismo agrava aún más las consecuencias como descubrimos a continuación.

El gigante se provee acá: China profundiza su avance en la Argentina y viene por más insumos estratégicos

24 de agosto de 2014

Por Patricio Eleisegui

"China ha venido multiplicando su consumo de alimentos e insumos básicos por cuatro en los últimos diez años. Y no da abasto con lo que produce. Por eso la mirada en Argentina. Y por eso todo este vendaval de inversiones que estamos viendo". La frase pertenece a Jorge Castro, experto en política internacional. Y se enmarca en el último movimiento de envergadura realizado por el gigante asiático en estas tierras.

 

Tal como señalara iProfesional, la estatal china COFCO se quedó recientemente con el 51% de Nidera, una multinacional con base en la Argentina que ocupa el cuarto lugar en el podio mundial de la producción de granos.

La compañía factura alrededor de 17.000 millones de dólaresanuales a nivel global, en base a un negocio que principalmente depende de la comercialización de semillas transgénicas de soja y nuevas variaciones de girasol.

 

Con la compra de esa porción de capital, China dio un paso importante en su estrategia comercial al incorporar a su cartera de compañías una productora directa de insumos para la elaboración de aceites y harinas.

Además, desembarcó en el negocio de la modificación genética de cultivos, para muchos la industria del futuro en materia de producción de alimentos.

En la actualidad, la nación oriental le compra al país un décimo de lo que importa de soja, producto vital para el engorde de su ganado.

A partir de ahora, China cuenta a nivel local con una desarrolladora de semillas que -además de disponer de una red de clientes agropecuarios que utilizan estos productos- ostenta en el país una estructura de instalaciones y científicos que le permitirán diseñar nuevos transgénicos.

 

Todo esto, sin necesidad de efectuar ensayo alguno en suelo chino. COFCO (Grains and Oils Group Corporation) había adquirido en los últimos años empresas de azúcar en Australia, comercializadoras degranos en Japón y viñedos en Francia y Chile.

En diálogo con iProfesional, Castro comentó que "Nidera es lasegunda compra de importancia que realiza China en los últimosdoce meses".

"En julio de 2013 adquirió Smithfield Foods, la mayor productora de carne de cerdo del mundo, con sede en Chicago. Lo hizo a través de Shuanghui International por u$s7.100 millones. Shuanghui faena 30 millones de cabezas de ganado porcino, 300 mil vacunos, y produce 600 mil toneladas de carne aviaria", detalló.

El experto sostuvo que "detrás de la compra de Smithfield y Nidera, subyace una decisión estratégica del gigante asiático de responder a una demanda en constante ascenso. El gobierno de ese país da como un hecho que sus importaciones de soja y de maíz se multiplicarán por 4 o por 6 en los próximos diez años".

"El gigante apuesta a aumentar la oferta agroalimentaria mundialy a multiplicar inversiones. Además de Estados Unidos y Europa, se apresta a hacerlo en los dos países a los que ha entregado la llave de su seguridad alimentaria: Brasil y Argentina, convertidos en la gran plataforma de producción de proteínas en el siglo XXI", agregó.

 

China apuesta por el sector agrícola 
A poco más de una semana de la adquisición del 51% de Nidera, COFCO está muy cerca de quedarse con el brazo de agronegocios de otra grande: Noble Group. Según trascendió, el monto involucrado rondaría los u$s1.000 millones.

El grupo Noble, con base en Hong Kong y listado en la bolsa de valores de Singapur, tiene tres áreas de negocios que incluyen laenergía, los metales y el sector agrícola.

En lo que respecta a esta última actividad, la firma se dedica al procesamiento y comercialización de granos y derivados y tiene operaciones en Sudamérica, Europa y Asia.

En la Argentina, tiene plantas de acopio, una de procesamiento y un puerto propio en Timbúes, zona de influencia del Gran Rosario, centro nacional de los negocios agrícolas.

Por sus ventas de granos, harina y aceites, el año pasado Noble se posicionó como sexto exportador desde la Argentina, con una participación del 5,4% del total de ese comercio, justo arriba de Nidera, que con el 4,9% del total.

 

La mira, en ganado y petróleo
Pero no sólo la disponibilidad de semillas desarrolladas en el país despierta la atención de la potencia asiática.

En este sentido, cabe destacar que a mediados de enero el ministro de Producción bonaerense, Cristian Breitenstein, y autoridades de la china Wuxi Fobia Technology cerraron un acuerdo para instalar unaplanta de desarrollo de chips para ganado.

Se tratará de las primeras instalaciones en Sudamérica orientadas a identificar por radiofrecuencia el seguimiento animal y latrazabilidad de los productos derivados que luego se exporten, precisamente, al país asiático.

En paralelo, la petrolera Petro AP confirmó que concretará una inversión de 500 millones de dólares durante los próximos cinco años en la zona de Malargüe, Mendoza.

A Petro AP hay que sumarle la decisión de la firma EPI, interesada en motorizar la producción de gas en la misma provincia.

Según precisaron a iProfesional desde la gobernación cuyana, la compañía está ampliando su cartera a través de fusiones yadquisiciones estratégicas de hidrocarburos alrededor del mundo.

Por estos días, EPI ya tiene en instancias de perforación unos 10 pozos en el área Herrados Chañares.

En sintonía con estos movimientos, el Grupo Bridas -también integrado por capital chino- viene de anunciar otra inversión de hasta 500 millones de dólares para explotar gas no convencional enVaca Muerta, Neuquén.

Además de Bridas, en esa zona ya se encuentra trabajando también la compañía china Sinopec, en sociedad con YPF.

La firma comenzó a operar en áreas de la petrolera estatal en Loma La Lata, con tres equipos de perforación de fabricación china que la empresa tenía inactivos en Santa Cruz.

Sinopec arribó al país en 2010 con la compra de los activos de Oxy Argentina. Actualmente, opera yacimientos en Santa Cruz, Chubut y Mendoza.

 

Interés por la energía eólica
A la par de los desembolsos pautados para petróleo y el gas, directivos de XENC NE Corporation confirmaron una inversión de 200 millones de dólares para la puesta en marcha del parque eólico más grande la provincia de Buenos Aires, que funcionará en el partido de Tres Arroyos.

El proyecto permitirá generar 100 megavatios de energía. La inversión prevista en dos etapas conlleva la instalación de dos centrales, Pampa I y La Cascada, equipadas con 50 molinos de viento en la localidad bonaerense de Reta y 25 molinos en Copetones (partido de Tres Arroyos). Se trata de una cifra única, ya que en el resto de los parques eólicos del país se alcanza a generar 30 megas.

"Los chinos entienden que la producción de energía -dadas las complicaciones que tiene la Argentina en ese tema- puede originarlesnuevos negocios y muy buenas ganancias", expresó a iProfesional, en estricto off the record, un funcionario que participa de las negociaciones.

Y agregó: "Además, la provincia de Buenos Aires puede servirles como un territorio de prueba para tecnologías que, en algún momento, tienen pensadas para China".

 

La mira en Córdoba
De cara a los próximos meses, y según pudo saber iProfesional, está previsto el arribo a la provincia de Córdoba de una misión de compañías chinas interesadas en invertir en hidrocarburos y biocombustibles, entre otros potenciales nichos de negocio.

De acuerdo con fuentes cercanas a la gobernación, habría un marcado interés de los asiáticos por efectuar desembolsos en productos para la industria petrolera y metalúrgica.

Además, evaluarán oportunidades de inversión en maní, queso y aceite.

Dentro de ese marco, el ministro de Industria de la provincia, Jorge Lawson, ya mantuvo reuniones con firmas interesadas en producir partes para las petroleras del gigante oriental.

Por último, presentó desarrollos locales en bioetanol y las planta de BIO4. Asimismo, la Asociación de Cooperativas Argentinas y Promaíz anticiparon que empresarios están interesados en tejer alianzas con empresas de capitales chinos.

 

Estación espacial, avanzada
Finalmente, avanza a paso firme la construcción de la estación espacial que China está impulsando en Bajada del Agrio y Las Lajas,provincia de Neuquén.

En ese sentido Jorge Sapag, gobernador de ese distrito, notificó que se están llevando a cabo reuniones con "los técnicos (chinos) que llevan adelante el emprendimiento del centro de seguimiento de vuelos satelitales al espacio remoto. Implica una inversión de 300 millones de pesos".

El funcionario explicó que "ellos necesitaban un lugar en Mendoza, en Río Negro o Neuquén para hacer el seguimiento de los satélites", y señaló que "ya han enviado una sonda no tripulada y que a futuro lo harán con satélites tripulados. Es un honor tener esta inversión en la provincia de Neuquén".

Desde que fuera anunciada en 2012, nunca faltaron las voces que sembraban dudas respecto del carácter "civil" de la estación mencionada.

Así, medios locales denunciaron más de una vez que las instalaciones, una vez terminadas, operarán en realidad como "una base de rastreo de misiles nucleares y escaneado de comunicaciones".

Fuente: https://www.iprofesional.com/notas/182026-El-gigante-se-provee-ac-China-profundiza-su-avance-en-la-Argentina-y-viene-por-ms-insumos-estratgicos-

 

 

Constatamos que el modo capitalista de producción no sólo desintegra a la naturaleza en recursos e infraestructuras sino también menosprecia las poblaciones locales, provinciales, regionales al privilegiar el sobreconsumo empresario de agua, tierra y energía por sobre necesidades populares; al envenenarlas y a sus condiciones, medios de vida.

 

 

 

Negocios entre chinos:

Syngenta compra Nidera Semillas

6 de noviembre de 2017

 

La compañía suiza, perteneciente a la china ChemChina, adquirirá la empresa que pertenece a Cofco, otro gigante estatal del país asiático.

 

Por Alejandro Rollán

 

El negocio de la producción de semillas y biotecnología sigue mostrando cambios a nivel mundial. La empresas chinas estatales China National Chemical Corp (ChemChina), propietaria de la suiza Syngenta, y China National Cereals, Oil & Foodstuffs (Cofco), propiedad de la holandesa Nidera, anunciaron un acuerdo vinculante a través del cual la compañía europea adquirirá Nidera Semillas. 

“La finalización de la transacción está sujeta a la autorización de las autoridades pertinentes de control de fusiones. Los términos financieros de la transacción no se revelan”, informó Syngenta a través de un comunicado.

 

Impacto en Argentina

Nidera fue fundada en 1920 en Rotterdam y en 1929 se radicó en la Argentina. El negocio de semillas de Nidera se concentra en Argentina y Brasil, con una red en países vecinos, según el sitio web de Cofco International, en la provisión de semillas de maíz, girasol, sorgo, soja y trigo.

 

Pase entre chinos

En febrero pasado, Syngenta aceptó la propuesta de adquisición de parte de ChemChina por 43.000 millones de dólares, lo que constituyó la mayor operación de compra de una empresa china en el extranjero. 

Luego de haber adquirido en 2014 el 51 por ciento de Nidera, la empresa estatal Cofco completó en marzo pasado la compra total de la empresa holandesa. De esta manera, ocho meses después, el gigante chino decide desprenderse de la división semillas de la empresa.

Al parecer, las pérdidas económicas registradas por la división semillas fue lo que llevó a Cofco a desprenderse del negocio.

Fuente: http://agrovoz.lavoz.com.ar/agricultura/negocios-entre-chinos-syngenta-compra-nidera-semillas

 

Generalicemos la toma de conciencia que al poder económico, estatal y mediático de las transnacionales lo derrotaremos si superamos la creencia inculcada por el progresismo o el reformismo capitalista. Es posible mediante el posicionamiento actual del Movimiento Sin Tierra de Brasil.

 

Se trata del esclarecimiento popular sobre el camino conservador del capitalismo implícito en orientarse hacia políticas públicas que se basan en presiones al gobierno de la casta política o en la toma del Estado por un gobierno verdaderamente representativo de necesidades e intereses populares como lo prueba el gobierno de Evo Morales-Álvaro García Lineras.

 

En vez de esta conciliación con el Estado opresor y represor, nos urge asumir la confrontación con el Capital Estado desde la unión de luchas por la liberación de territorios y trabajo social del capitalismo e imperialismos. Reflexionemos comparando conclusiones del Informe siguiente con lo que afirma el MST de Brasil: "La génesis de esos movimientos pasa necesariamente por la transformación de la sociedad, y fue justamente a partir de este elemento que fue gestada una cultura política y organizativa entre las familias sin tierra que maduró en la concepción de reforma agraria popular. Su plena realización, evidentemente, depende de cambios estructurales en la sociedad. Por ello, busca compartir con la clase trabajadora no solamente una reivindicación justa, sino un proyecto de poder, soberano y popular".

 

 

Los dueños del agro y la alimentación

6 marzo 2019

Por Darío Aranda

Un informe de organizaciones alemanas muestra cómo unas pocas corporaciones manejan el sistema alimentario del planeta. El agronegocio y la complicidad de los gobiernos. El caso argentino: los pueblos fumigados y la expulsión de Monsanto de una localidad cordobesa.

Un puñado de empresas de Estados Unidos, Europa y China decide qué produce el agro mundial, cómo se alimenta la población y, al mismo tiempo, cómo se enferma y empobrece. Son algunas de las definiciones del “Altas del agronegocio”, una investigación de fundaciones alemanas que denuncia con nombres propios el accionar de las compañías y la complicidad de los gobiernos. El trabajo también derriba el mito de las multinacionales agrícolas: “El agronegocio (de transgénicos y agrotóxicos) no puede conservar al medio ambiente ni la subsistencia de productores, y tampoco puede alimentar al mundo”.

La investigación denuncia el accionar de las empresas del agro, cerealeras, multinacionales de la alimentación y supermercados. De Alemania apuntan al accionar de Bayer y Basf; de Estados Unidos a Bunge, Cargill, Coca Cola, Dow, DuPont, Kraft y Monsanto. De Gran Bretaña a la multinacional Unilever; de Franca a Danone y Carrefour; de China a ChemChina y Cofco; de Suiza a Glencore, Nestlé y Syngenta; de Países Bajos a Louis Dreyfus y Nidera. De Argentina aparecen las empresas Los Grobo, Don Mario,  Biosidus y Cencosud (Vea, Jumbo y Disco), entre otras.

El trabajo fue realizado por las fundaciones Heinrich Böll, Rosa Luxemburgo, Amigos de la Tierra Alemania (BUND), Oxfam Alemania, Germanwatch y Le Monde Diplomatique. Sindica como “el moderno latifundio” al modelo de agronegocio, que desde finales del siglo XX avanzaron con la llamada agricultura industrial, de monocutltivos (principalmente palma aceitera, maíz y soja).

Apunta a cuatro empresas que dominan el mercado de semillas y agrotóxicos: Bayer (que en 2018 cerró la compra de Monsanto), ChemChina-Syngenta, Brevant (Dow y Dupont) y Basf. En 2015 facturaron 85.000 millones de dólares y, según proyecciones de Bayer, llegarán 120.000 millones en 2025.

Cuestiona que las empresas del sector hayan asumido poca responsabilidad por las consecuencias de su accionar, que repercutió en el “el hambre, el cambio climático, la sostenibilidad, la enfermedad y la injusticia”.

La investigación cuenta con un capítulo titulado “La república unida de la soja” (en base a una publicidad de la multinacional Syngenta, que así llamó a Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Brasil). “El papel de Argentina en la promoción del modelo agrícola industrial transgénico fue crucial. Representó la cabecera de playa de esta expansión para la industria semillera y agroquímica mundial”, afirma. 

Explica que jugó un rol clave el eje gubernamental. Denuncia la complicidad de la Comisión Nacional de Biotecnología (Conabia), el Servicio de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), la Secretaría de Agricultura y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). A más de 20 años aprobar la primera soja transgénica, los mismos organismos aún bendicen los transgénicos y agrotóxicos en base a estudios de las mismas empresas que los producen y venden.

El trabajo también denuncia el rol de “pseudo-organizaciones técnicas” que publicitan las bondades del modelo pero ocultan las consecuencias. Señala a la Asociación de Productores de Siembra Directa (Aapresid), Asociación de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea) y las fundaciones Fertilizar y Producir Conservando. Afirma que el modelo agropecuario actual es una “agricultura minera” que extrae nutrientes de los países sudamericanos y genera enormes impactos ambientales.

Precisa el rol de empresas que suelen pasar desapercibidas en el debate del agro mundial: las exportadoras o, como llamó el periodista Dan Morgan, “traficantes de granos”. Cuatro transnacionales dominan el sector: Archer Daniels Midland (ADM), Bunge, Cargill y Louis Dreyfus. Juntas son conocidas como el “Grupo ABCD”. Su participación en el mercado mundial es del 70 por ciento. En los últimos años se sumó al grupo la china Cofco.

El mercado de alimentos también está en muy pocas manos: 50 grupos empresariales facturan la mitad de las ventas mundiales. Las diez principales (sin incluir el sector bebidas) son Nestlé (Suiza), JBS (primer proveedor de carne mundial, de Brasil). Del tercero al sexto lugar son empresas de Estados Unidos: Tyson Foods, Mars, Kraft Heinz, Mondelez. Le siguen Danone (Francia), Unilever (Gran bretaña) y las estadounidenses General Mills y Smithfield.

“Con la expansión de los consorcios multinacionales se modifican los hábitos alimenticios. Los alimentos poco procesados son sustituidos por los ultraprocesados. El sobrepeso, la diabetes y las enfermedades crónicas son sólo algunas de las consecuencias”, alerta la investigación, que se presentó en Europa, Brasil y Argentina, y contó con la participación local del Grupo de Ecología del Paisaje y Medio Ambiente (Gepama) de la UBA.

También destaca la urgente necesidad de fortalecer mediante políticas públicas la agroecología (un modelo sin transgénicos ni agrotóxicos, con rol protagónico de campesinos, indígenas y pequeños productores) y resalta dos acciones históricos contra las multinacionales: el boicot mundial contra Nestlé (entre 1977 y 1984) por su engañosa publicidad de leche en polvo para bebés y la lucha de los pueblos fumigados de Argentina, que son la prueba viva de los impactos de los agrotóxicos en la salud y al mismo tiempo impulsan modelos de producción sin venenos. Recuerda la epopeya de la localidad de Malvinas Argentinas (Córdoba), que luego de cuatro años de resistencia echó a Monsanto de su territorio.

Página 12

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Recomendamos/Los-duenos-del-agro-y-la-alimentacion

 

 

 Alternativas emancipatorias

 

Hagamos al viraje de ejes de debate en la agenda pública para romper con las "normalidades" impuestos por el capitalismo mundializado y su local a través de los gobiernos y los grandes medios de difusión. La pandemia del Covid-19 prueba "la gravedad de naturalizar las condiciones de explotación económica y social que el sistema se empeña en mantener". Por eso, en vez de esperar 'la salvación' de una vacuna, reflexionemos sobre:

 

Mientras esperamos las vacunas.

 Extractivismo y Corporaciones vs. Planeta

Por Graciela Hermoso

Socióloga

 

Desde  que comenzó la pandemia por el desarrollo del Covid- 19 (coronavirus) a fines de 2019 hay muchos interrogantes y llama la atención lo poco que se habla de sus posibles causas, y el estado de excepción y control estatal derivado de ella nunca visto.

 

Quienes vamos escudriñando las modalidades que el sistema capitalista adopta históricamente, no nos sorprende  tanto esta crisis sanitaria, sino más bien lo sobrevaluada que está respecto a otras que sí constituyen un flagelo humano y ambiental. Este estado de crisis sistémica civilizatoria con consecuencias sociales, sanitarias, políticas, económicas, culturales y ambientales profundiza la exclusión social y la concentración económica con mecanismos de regulación que nada tienen de “invisible”, como sostienen los defensores del modelo.

 

El estado ecosocial que atravesamos, incluida esta llamada pandemia, la entendemos como capítulos de la lucha por los bienes y concentración de poder, que ahora forzado por el inminente cambio climático, recrudece. En este proceso vemos el avance en la reprimarización de las  economías que son “despensas del mundo”, América Latina y África que transitan un panorama crisis socioambiental y caída en el precio de las commodities hasta  el 2030.

En el marco de esta pandemia, haciendo un repaso de los últimos años del papel de las corporaciones, vemos como el lobby nuclear sobre la OMS, ha hecho casi inexistente los estudios epidemiológicos  en zonas de catástrofes atómicas; del mismo modo que el lobby empresarial extractivista logra que se apaguen las señales de alarma sobre el crecimiento de enfermedades asociadas a las formas de explotación y producción  en distintas regiones del mundo.  Sólo por poner un ejemplo  en la parte central de Argentina,  el modelo de agricultura tóxica  contabiliza 2.172 pueblos fumigados. Según estudios supervisados por la Red de Médicos de Pueblos Fumigados, entre abril de 2017 y marzo de 2018, el cáncer fue la causa del 50 % de las muertes, mientras que tal incidencia en la media nacional se situaba en  el 20 %.  Como diría Andrés Carrasco   “hay pruebas científicas y sobre todo hay centenares de pueblos que son la prueba viva de la emergencia sanitaria”.

 

Lo mismo podemos decir de las consecuencias  observadas  en las llamadas “zonas de sacrificio” con explotaciones mineras altamente contaminantes,  extracción de petróleo y gas a través de la técnica  de fractura hidráulica o fracking, o las derivadas de la explotación de litio, que evapora millones de litros de agua, afectando a comunidades, ecosistemas, etc. y cuyas consecuencias sanitarias,  que no son las únicas, son ignoradas.

Desde el ingreso de políticas neoliberales en los 90, con una ola de privatizaciones, y ajuste estructural  y sobre todo a partir del 2000  en América latina consolidó un modelo  basado en la exportación de materias primas,  ligado al uso intensivo de bienes: megaminería a cielo abierto, monocultivo con modelo agrotóxico, fracking, etc. Entre los muchos efectos negativos, el deterioro de la salud fue creciendo a la par  del aumento de los megaproyectos y las resistencias sociales. Este modelo, persiste en la región y en nuestro país y ha sido reforzado por cada gobierno  avanzando sobre los derechos de las comunidades y de la naturaleza.

 

En tal sentido resulta significativo observar algunas instituciones que sostienen este  modelo:

 

Organización Mundial de la Salud

El proceso de privatización que ha sufrido la OMS desde su creación en 1947 hasta hoy, da cuenta no sólo de los cambios en la constitución de los aportes, sino que va mucho más allá. La OMS pasó de velar por la condición sanitaria de los países miembros, objetivo con el que fue creado, a inscribir prioridades de la agenda sanitaria internacional conforme a los intereses de quienes más aportan, que son las corporaciones. El peso de éstas ha avanzado en simultáneo a la retracción de las contribuciones de los Estados miembros. En esta composición de intereses se determina qué poner en valor y qué desechar en materia de salud como digno de atención. Son estas organizaciones quienes deciden qué programas financiar conforme a sus intereses. Sabemos, cómo condiciona esto la investigación independiente y también el accionar de los Estados en instalar las necesidades de la población por encima de las ventajas económicas de las Corporaciones.

 

En el caso de la Gripe A, de 2009, el  carácter de epidemia lo recibió gracias al cambio de  concepto  que, la OMS determinó también en 2009: pasó de ser entendida como: una infección de alcance global, que ocasiona una gran número de muertes, a instalarse solo como:  “una infección de alcance global”. Esto significó poner el mundo en alerta, el accionar de dispositivos y la comercialización de medicamentos protegidos por patentes para  resolver una situación   que causó menos muertes que la gripe común, claro con una magnífica maquinaria publicitaria. Cómo salió beneficiada  la industria farmacéutica después de esta situación es algo que merece ser estudiado. También merece atención la vacuna del Papiloma humano, cuya eficacia, en términos de T. Forcades  no está debidamente probada, y ha registrado  cuantiosas contraindicaciones en distintas  regiones del mundo donde se la ha utilizado.

 

Hoy, más de la mitad del presupuesto de la OMS es aportado por empresas multinacionales y fundaciones multimillonarias: Nestlé, Coca Cola y la Fundación Bill y Melinda Gates.

 

Nestlé está lejos de ser la empresa al cuidado de la familia. Enfrenta desde los años 70 un boicot internacional, por deshonestidad comercial. Sus productos han recibido numerosas críticas, algunos por los componentes cancerígenos y la publicidad engañosa con la cual los promociona. Nestlé, después de numerosas críticas,   ha reconocido la peligrosidad de los productos lácteos que “gratuitamente” distribuye en países del sur, que son usados en hospitales para  lactantes.; a pesar de tal reconocimiento, sigue produciéndolos amparado en la falta de leyes protectoras de la salud en estos países. Estos productos “gratuitos”, entre otras cosas compiten desalentado la lactancia materna y crean un estado de dependencia a la leche artificial que se mantiene por años, generando altísimas  ganancias para la empresa mientras desalienta  la lactancia materna a partir de una fuerte presión publicitaria . Al respecto según datos de Unicef, la falta de amamantamiento y  la leche en polvo incrementa en un 25 % la posibilidad de contraer enfermedades serias en lugares que no tienen  acceso al agua de calidad.

En cuanto a la multinacional Coca Cola, hay un estudio publicado en American Journal of Preventine Medicine, que da cuenta como 96 organismos nacionales de salud de los EEUU, fueron financiados entre 2011 y 2015. Este hecho que se produce después de las numerosas críticas respecto a las consecuencias en la salud, sobre todo  del azúcar usado en algunos de sus productos. Entre instituciones financiadas están la Sociedad Americana contra el Cáncer, la Asociación Americana contra la Diabetes, universidades, organismos nacionales de salud, etc.

Quien más aporta a la OMS, es la Fundación Bill y Melinda Gates, creada después del escándalo por violar las leyes que regulan la competencia, en el mercado informático. La Fundación  está  ligada a la industria  farmacéutica. En estos días Inovio, sostenida por la Fundación,  recibió autorización de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos  para probar una vacuna contra el covid-19 en humanos.

 

Respecto al caso de la pandemia actual  producida por el  covid-19,  algunos organismos de investigación como el  CNR  consideran que  no es tal.

 

Las campañas de vacunaciones masivas son ejemplos de este sentido y constituyen un ejercicio de fuerza en el sentido que son obligatorias y con  una buena parte de la comunidad científica desaconsejándolas por la relación que han observado entre ellas y algunas enfermedades como por ejemplo el aumento  en los casos de autismo. O las complicaciones observadas con la vacuna del Papiloma como ya mencionamos. Estas maniobras se hacen descartando verdaderos flagelos humanos, desviando recursos con la finalidad de  no permitir  la investigación y la acción de lo que no forma parte  del interés de la industria farmacéutica.

 

Corporaciones y otros escenarios.

Solo por nombrar algunas acciones, las inversiones de la Fundación Gates se emparentan con actividades de Bayer y Monsanto, de quienes no hablaremos, ya que excede el propósito de este artículo. Sabemos bien que son empresas especialistas en no respetar la salud y el ambiente, vinculadas sobre todo al desarrollo de la agricultura dependiente de tóxicos. Gates quien mencionó años atrás, que las futuras guerras podrían venir de la mano de algún peligroso virus  y no de los armamentos convencionales está actuando en varias regiones y entre otras cosas interesado en el litio de Argentina.

Como dijimos estas, y otras corporaciones, apoyadas por instituciones del sistema capitalista actual, financian hospitales, universidades, investigaciones, capacitaciones y determinan por sobre los gobiernos prioridades sanitarias, intervienen en el mundo social, educativo, cultural, productivo y científico de los territorios donde operan, en connivencia de las elites gobernantes locales, ocasionando grandes crisis sociales y ambientales.

 

Interrogantes y principios emancipadores.

Volvemos a mencionar la connivencia económico-política que da apoyo  al capital en detrimento de la vida humana, la de las otras especies y del Planeta, y sobre la cual se configuran los sistemas que están llevando al mundo a un grado de vulnerabilidad nunca visto y que ha contribuido  a perder la noción de que somos seres ecodependientes

¿Cómo se reconfigurará el mundo después de esta crisis? ¿Cómo cambiarán nuestras subjetividades?

¿La transición energética, el abordar las consecuencias del cambio climático, y la escasez de bienes, se resolverá con más despojo en algunos territorios?

¿Cómo responderán las regiones pobres, dadoras de las materias primas necesarias para el cambio?

¿Presagios sobre un nuevo orden, control virtual, desconexión social, cambios en la relación del poder con nuevos actores, pero el mismo modelo de exclusión o esperanzas de una nueva humanidad?

 

Lo que sí sabemos es la gravedad de naturalizar las condiciones de explotación económica y social que el sistema se empeña en mantener.

Principios del Buen Vivir, nuevas formas de participación social y política, muchas de ellas nacidas de la resistencia al sistema, y el decrecimiento económico, aportan como horizontes esperanzadores y emancipadores.

Reflexiones estas que pueden estar asociadas a las posibles causas de la pandemia actual y que tal vez puedan ayudarnos cuando imaginemos el mundo en el que queremos vivir al salir de ella.

 

 

 

Consideremos que la cuarentena, como en su momento lo fueron las masacres en el boliche "Cromañón" y en la estación ferroviaria de Once, opera alertándonos sobre la precarización de nuestras cotidianeidades, vida social y actividad laboral. Instala la oportunidad de aprender de las asambleas socioambientales y en especial, de las comunidades indígenas sobre cómo sus resistencias a los extractivismos están no sólo defendiendo la salud del planeta que es la nuestra sino sobre todo están encaminando creación de comunalidades territoriales o nuevas sociedades con autodeterminación confraternal entre sí y con les otres diversos de abajo sin fronteras ni muros discriminatorios.

 

Atendamos a Rafael C. Lajmanovich señalando: "Cuando se combinan el extractivismo con la crisis climática parecen 'abrir la caja de Pandora' a la emergencia de viejas y nuevas enfermedades globales. Es indispensable no solo pensar y describir las causas de estos «emergentes globales» sino también dar las propuestas para modificarlos y prevenirlo. Entre estas causas ya por todos conocidas, sin dudas la mayoría entran en disputa con los modelos capitalistas globales, pero seguramente, un cambio en la forma de producción de alimentos hacia la agroecología podría ser un buen comienzo".

 

 

Destrucción ambiental, crisis climática y agricultura industrial: la pandemia perfecta

26 de abril de 2020

Por Rafael C. Lajmanovich

Cuando se combinan el extractivismo con la crisis climática parecen “abrir la caja de Pandora” a la emergencia de viejas y nuevas enfermedades globales. Como el ya muy conocido dengue que llegó para quedarse, de la mano del calentamiento global. Por otra parte, no tenemos que olvidar la capacidad bélica de destruirse a si misma y de aniquilar o extinguir animales de vida silvestre de la especie humana. Esta belicosidad, agresividad innata o como queramos llamarle, es una condición ancestral de nuestra alienada sociedad. Seguramente por esto usemos términos militares para casi cualquier cosa, por ejemplo “la guerra contra los virus”, “el enemigo invisible”, “combatir una enfermedad” y así muchos más.

En este paradigma “amigo-enemigo”, “bueno-malo” se emplean términos como “remedios” para denominar a potentes y peligrosos agrotóxicos, que “combaten” “malezas”. Esta concepción reduccionista del organismo humano, la naturaleza y de la salud a un campo de batalla está directamente vinculada a las estrategias de “mercado” de la industria global farmacéutica, las industrias química, biotecnológica o agroquímica, que simplemente los ven a todos como “objetos de negocios”.

Extractivismos y academia

Lamentablemente, en muchos casos desde los claustros académicos (y lo que es peor, hasta desde la misma Universidad Pública) este discurso también es apoyado por las mismas autoridades universitarias es pos de obtener algún mísero subsidio, o por temor a cuestionar un statu quo ya establecido a favor de las grandes corporaciones con las que están en connivencia. Lo mismo ocurre con la aparente “negación” a reconocer que alentando y promoviendo modelos extractivistas vinculados a los agronegocios biotecnológicos, la megaminería y el fracking también se está colaborando a la destrucción ambiental, la crisis climática y el aumento de la desigualdad social.

Haciendo foco en el “extractivismo” como un proceso de explotación indiscriminada de los bienes comunes, “recursos naturales” para los economicistas o “expertos” en ciencias ambientales, se lo puede relacionar muy fácilmente con las “pandemias” o enfermedades que se extienden a distintos países y continentes. Por ejemplo, revisando las estadísticas de los últimos años probablemente encontremos que las ultimas “revoluciones”  agrícolas (“verde” en los 60` y de los “organismos modificados genéticamente” en los 90´) han tenido un enorme impacto sobre la tasa de desmontes de todo el planeta,  provocando pérdidas de diversidad biológica, simplificación paisajística, cambio climático, contaminación y según los expertos, todos estos factores colaboran en gran medida con el surgimiento de nuevas epidemias.

Resistencia bacteriana 

Otra consecuencia directa de la agricultura industrializada es que al ocupar grandes territorios, tiende a confinar a los animales de granja en los famosos “feedlot”. Justamente estas formas de hacinamiento animal, principalmente pollos, cerdos y vacunos, recargados de hormonas, antibióticos y antiinflamatorios para que puedan soportar condiciones de vida infrahumanas y fuera de cualquier regulación ética animal. Poco se sabe en nuestro país sobre los impactos ambientales, o de salud humana, de esta agroindustria. No obstante, podríamos recordar que en 2017 la Dra. Paola Peltzer y un equipo de investigadores de la Universidad Nacional del Litoral estudiaron por primera vez para Sudamérica los efectos ambientales de las conocidas “camas de pollo” en criaderos de pollos de Crespo (Entre Ríos).

Cabe destacar que en esa región se encuentran concentradas entre  el 65 y 70% de las granjas avícolas del país. Estas “camas de pollo” o “poultry litter” son una mezcla de aserrín, cáscara de arroz y viruta. Y hasta los mismos cadáveres de los pollos muertos forman parte de este compost donde los animales deyectan permanentemente excretando numerosos fármacos como analgésicos, antibióticos y hormonas que se convertirán, una vez liberados indiscriminadamente al ambiente como fertilizantes, en peligros disruptores endocrinos ambiéntales.

En el caso de los antibióticos están fuertemente vinculados a una nueva  “gran amenaza global” pandémica del futuro, “la resistencia bacteriana”. La FAO anticipa que “10 millones de personas podrían morir antes de 2050 por el aumento de la resistencia de los antibióticos”. Tampoco hay que dejar de recordar que estas “granjas de carne industrializadas” son el caldo de cultivo para el surgimiento de ya conocidas enfermedades, algunas pandémicas,  como la gripe aviar de Asia, y de la gripe porcina (o H1N1), también del SARS (síndrome respiratorio agudo severo).

Salud natural, salud humana

Es indiscutible la conexión entre la salud humana, la salud animal y el medio ambiente. Por esto mismo, tendríamos que prestar mucha atención a recientes noticias (en medio de la pandemia global COVID19 originada en China) sobre “Agronegocios” propiciados casualmente por la industria farmacéutica veterinaria Biogénesis Bagó, que anuncian un mega proyecto productivo para la cría intensiva en Argentina de 100 millones de cerdos que necesita este país asiático.

Tenemos que recordar que Asia es una de las regiones del mundo con altísimas tasas de deforestación, con una pérdida del 30% de la superficie forestal en los últimos 40 años. Que junto con el aumento de la intrusión de humanos en hábitats de vida silvestre y el hacinamiento de diferentes especies silvestre en mercados y granjas húmedas, facilitan la transmisión interespecies. Por lo tanto, no fue una sorpresa que en 2003 haya habido una epidemia de SARS que causó 774 muertes entre 8098 casos en más de 30 países. Existiendo como reservorio natural ancestrales de coronavirus  grandes poblaciones del murciélago de herradura chino (Rhinolophus sinicus), que puede haber transmitido el virus a otros mamíferos de caza, incluidas las civetas de la palma del Himalaya (Paguma larvata), perros mapache (Nyctereutes procyonoides) y hurón chino tejones (Melogale moschata) en mercados de vida silvestre en el sur de China.

Por esto, desde hace años ecoepidemiólogos de China y de otras partes del mundo, advierten que debido a la deforestación, el aumento de la intrusión humana en hábitats de vida silvestre más el hacinamiento de diferentes especies de vida silvestre en mercados y granjas húmedas facilitarían la transmisión interespecies de coronavirus. De hecho el 2018 científicos polacos y franceses publicaron una estimación de riesgo del 31% de enfermedades emergentes asociadas a la trasmisión de coronavirus de los murciélagos a los humanos de Asia.

Los virus del hielo

Con el diario del lunes, sabemos que es la explicación científica mas aceptada sobre la pandemia de la enfermedad por coronavirus iniciada en China en diciembre 2019 o COVID19. Si a todo lo dicho anteriormente le sumamos la emergencia de nuevos virus y bacterias de los derretimientos del “permafrost” (capa de terreno que se encuentra helada durante dos años o más consecutivos) originando por la emisión de grandes cantidades de gases de efecto invernadero, tenemos un escenario ambiental global preparando la “tormenta perfecta” para la propagación de patógenos.

Ya lo advierte el biólogo Jean-Michel Claverie de la Universidad Aix-Marseille en Francia. La próxima pandemia podría estar escondiéndose en el permafrost: “Los virus patógenos que pueden infectar a humanos o animales podrían conservarse en viejas capas de permafrost, incluidos algunos que han causado epidemias mundiales en el pasado”.

Es indispensable no solo pensar y describir las causas de estos “emergentes globales” sino también dar las propuestas para modificarlos y prevenirlo. Entre estas causas ya por todos conocidas, sin dudas la mayoría entran en disputa con los modelos capitalistas globales, pero seguramente, un cambio en la forma de producción de alimentos hacia la agroecología podría ser un buen comienzo, al igual que intentar dejar de estar “en guerra” con la naturaleza y dejar de seguir alentando el “extractivismo salvaje”.

Dos Ambientes

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Recomendamos/Destruccion-ambiental-crisis-climatica-y-agricultura-industrial-la-pandemia-perfecta

En consecuencia, la «reforma agraria integral» es fundamental para desestructurar el poder del contubernio de capitales y estados imperialistas con los locales que reside en la contrarreforma agroindustrial, agroalimentaria y urbano-rural. Esa ocupación económica territorial de las transnacionales y sus socios locales será erradicada por unión plurinacional e internacional de las autoorganizaciones populares en comunalidades de territorios y de trabajos hacia la puesta en práctica de  la «reforma agraria integral» anticapitalista, antiimperialista, antipatrialcal, antirracista, decolonial y por los buenos vivires convivires de los pueblos planetarios.

 

Ya comprobamos la multiplicación de territorios defendidos y recuperados para afirmar comunalidades libres de extractivismos. Reflexionemos sobre:

 

Hacia un Nuevo Paradigma Social*

David Barkin

Universidad Autónoma Metropolitana - CampusXochimilco, Ciudad de México, México.

Email: barkin@correo.xoc.uam.mx

1. Ante los progresivos estragos sociales y ambientales de la sociedad mercado-céntrica, muchos sectores de las sociedades alrededor del mundo reconocen la urgente necesidad de virar hacia formas alternativas de organización social y económica. Desde la academia, también, desde hace mucho tiempo se está reconociendo que es imprescindible proponer nuevos paradigmas que trasciendan las disciplinas que han evolucionado para respaldar el sistema actual, con su énfasis en el individualismo, la transformación de la naturaleza y las relaciones sociales en mercancías, la subyugación de todo al mercado y la centralidad de la propiedad privada. En las prácticas ancestrales de las comunidades campesinas e indígenas, así como en sus formas actuales de organización y comportamiento, se hallan algunos principios para la construcción de otras sociedades. Sin embargo, también podemos encontrar estos principios entre los paradigmas heterodoxos de las ciencias sociales. Analizarlos e incorporarlos a un conjunto teórico es la labor de los intelectuales comprometidos con las víctimas del sistema y con la consecución de un mundo mejor.

2. La triple crisis que hoy padecemos –económica, social y ambiental– es fruto de la operación normal de un sistema actual que promueve la organización productiva para la acumulación de capital, concentrada en unas cuantas manos. Como parte inherente en este sistema de producción, se ha generado una miseria humana sin precedentes en la historia de las “civilizaciones”, acompañada de la degradación de muchos ecosistemas alrededor del mundo. Esta crisis nos recuerda la observación de Alfred Schmidt (1978) de que sólo nos damos cuenta del significado de la relación entre la sociedad y la naturaleza cuando la forma peculiar en que ha evolucionado la organización social dominante y ha ejercido su capacidad devastadora.

3.El debate actual en torno a la forma de superar las contradicciones que se evidencian en esta crisis ocupa parte importante de las discusiones en las esferas políticas; las recetas económicas están mostrándose inadecuadas para atender a las prioridades del momento. Sin embargo, como hemos visto en numerosas ocasiones durante los decenios recientes, es evidente que las propuestas de remiendos posibles dentro de la institucionalidad existente no podrán dirigirse a atender efectivamente a los objetivos de una mínima agenda social y ambiental.

4.Para superar el impasse propositivo actual, sería necesario entender las limitaciones de los paradigmas vigentes e identificar los caminos alternativos ofrecidos por otros paradigmas, otras epistemologías. La presente reflexión es producto del descontento generado por los abordajes que pretenden remendar los graves problemas actuales –cuyo diagnóstico es evidente para cualquier analista pensante– y el reconocimiento de que disponemos de los instrumentos y del conocimiento para construir los múltiples caminos que permitirían otra calidad de vida, otra forma de convivencia, otra relación con el planeta. Para estos propósitos es evidente que habría que integrar las mejores lecciones del actuar social con los más perspicaces análisis del funcionamiento del sistema natural del cual somos parte. En particular, se requiere aprovechar de las corrientes del pensamiento de la economía social y solidaria así como las de la economía ecológica, las cuales, a su vez, son cuerpos de conocimiento que han integrado una comprensión sensible de las ricas y variadas experiencias de los muchos pueblos que ofrecen otras formas de plantear el problema fundamental de la relación sociedad-naturaleza.

Hacia la construcción de nuevas teorías

5. La necesidad de aprovechar otros paradigmas, de replantear nuestros análisis, sugiere un profundo cuestionamiento respecto a la responsabilidad de los intelectuales y de nuestras instituciones.1

¿Hasta qué grado contribuimos o somos cómplices en nuestra práctica actual de la malevolencia del tipo de modernidad emanada del proyecto civilizatorio occidental, de una globalización que está construyendo mayores injusticias cada día, intensificando el alcance y el impacto de la violencia, destruyendo las propias bases naturales de que dependemos para nuestra existencia?, ¿con qué instrumentos podríamos evaluar nuestra práctica actual de enseñar, para no reproducir y extender el sistema vigente, para criticarlo, para generar su reforma, si sus raíces están extendiéndose para ampliar y profundizar su malignidad?

6. Nuestra herencia académica deja en claro las respuestas a este planteamiento. La lamentable y terrible historia del siglo pasado, y de los anteriores, ha llevado a la sociedad, a gran parte de la humanidad, a someterse a un individualismo metodológico, el cual exige que cada quien sea responsable por sus propias acciones frente al bienestar colectivo. A la luz de la historia reciente, y de la acumulada a través de los siglos, nos damos cuenta que no es aceptable permitir a cada uno el juzgarse por sí mismo, el tomar decisiones en provecho propio sin considerar sus impactos en los demás, y el seguir incólume como si el camino de crueldad y rapiña, que deja atrás no fuera asunto suyo. Cierto, no contamos con las instituciones, con el coraje o con la capacidad colectiva para exigir a los poderosos su cumplimiento con esta normatividad; pero desde nuestros parapetos, las trincheras que cavamos y defendemos, donde nos dedicamos a la búsqueda de verdades y de la definición de los más altos valores sociales, humanos, esa carencia no nos absuelve de la responsabilidad de insistir en su cumplimiento y, sobre todo, en nuestra obligación de difundir estos valores y evaluar nuestro desempeño en términos de sus estándares.

7. La evolución de la ciencia, y sobre todo de los mecanismos para su ratificación, han hecho difícil esta labor, ya que la especialización y la compartimentación del conocimiento, con sus muy particulares patrones de evaluación y convalidación, pretenden asegurar la dominancia de expertos muy calificados en cierta área, pero con muy poca comprensión de cómo funciona el mundo en el que viven. Hay múltiples esfuerzos para superar las limitaciones de la especialización; la combinación de las ciencias sociales con las ecológicas está engendrando numerosas salidas que tendrían que ser evaluadas por sus aportaciones a nuestra capacidad colectiva para enfrentar y superar los problemas candentes que sufrimos o, mejor aún, para evitarlos. Es evidente que una nueva teoría tendría que desplantarse de la suposición de que la noción del crecimiento desplegado en la economía –en todas nuestras instituciones– es incompatible con la justicia social y el equilibrio planetario y, como consecuencia, tendría que ser remplazada por otra, esto es, si las sociedades humanas logran sobrevivir en la Tierra. Es claro que la evidencia actual es suficiente para demostrar que los cuerpos teóricos construidos con base en la homeostasis y de los equilibrios sociales operando con base en la armonía –como es el caso de la teoría económica neoclásica– no son aptos para describir el mundo actual y mucho menos explicar su dinámica, aun si fueran intelectual y técnicamente consistentes, que no es el caso.

8.Ya ha pasado mucho tiempo desde que las Leyes de la Termodinámica fueron (re)introducidas en el centro de la reflexión de las ciencias sociales (Georgescu-Rogen, 1971), sobre todo en las económicas, sin que hayan tenido el efecto deseado de obligar a las disciplinas a reexaminar profundamente sus axiomas que resultan incompatibles con ellas. Este trabajo propone partir de una versión de la economía ecológica que insiste en la inconmensurabilidad monetaria de la valoración de la naturaleza, el reconocimiento de la importancia del metabolismo social, los preceptos de la entropía, junto con una visión latinoamericana de conceptos tales como justicia social y equilibrio ecológico, en un nuevo modelo para la consolidación de un distinto camino para la construcción en las ciencias sociales. Entre otras cosas, este modelo insiste en informarse con las aportaciones y los debates sobre el “buen vivir” del mundo andino, del “mandar obedeciendo” de las selvas de Chiapas, del “irékua” en la meseta Purépecha en Michoacán2, de la comunalidad de la Sierra Juárez (Martínez Luna 2003) de Oaxaca y Abya Yala del sur de Panamá; esta exploración ofrece plantear una organización alternativa de la vida social, la producción material y la conservación ambiental; es un modelo surgido de las profundas críticas sociales de los pensadores de la convivialidad (Illich, 1985; Esteva y Robert en este volumen), de la joie de vivre.

9. De igual manera, ha pasado mucho tiempo desde que varios estudiosos reconocieran la importancia de la solidaridad como factor fundamental en la evolución de nuestras sociedades. Podríamos remontarnos a las aportaciones de diversos antropólogos, quienes identificaron la centralidad de la reciprocidad (Sahlins, 1983; 1972) o del “regalo” en la formación de sociedades en todo momento de la historia social (Mauss, 1979); sus herederos intelectuales se han asociado en el Movimiento Antiutilitarista de las Ciencias Sociales que publica una revista de gran creatividad intelectual (Revue du MAUSS). Asimismo, podríamos reconocer la originalidad de las aportaciones de algunos economistas que han identificado la importancia del carácter condicional de un “mercado” –aquella institución universal– que es una institución profundamente arraigada en los intersticios sociales de los cuales es parte (Polanyi, 2003). La comprensión de la complejidad del funcionamiento de estas instituciones, evidente en la abultada literatura de análisis y descripción, ofrece amplia evidencia del profundo error de los economistas en suponer que pueden examinar sus instituciones abstraídas de las sociedades de que son parte y que sus procesos de intercambio son simples transacciones monetarias, “campos de juego” planos donde todos los participantes son iguales; de igual importancia conceptual es su erróneo anclaje en el individualismo metodológico.

10. Hoy en día, los estudios de la economía social y las economías de solidaridad carecen de los sellos de aceptación o legitimidad de que gozan los campos surgidos del reconocimiento de la crisis ambiental (como es el caso de la economía ecológica). Son considerados como el reino de grupos vecinales o redes alternas que no inciden de manera importante en los sistemas dominantes de producción o de intercambio; aun las empresas cooperativas, que gozan de algo más de legitimidad, no son relevantes en las evaluaciones del funcionamiento global. Sin embargo, estos estudios revelan su importancia para los miembros de los grupos participantes en términos del nivel y calidad de vida, del control sobre sus condiciones de trabajo y, de distintas maneras, en sus posibilidades de conservar y rehabilitar los ecosistemas en que producen y viven. En América Latina, en particular, sus experiencias ofrecen ricas vetas de exploración para los resultados que han permitido a los trabajadores seguir manejando los centenares de fábricas que recuperaron de las ruinas de la debacle económica en Argentina; de las aportaciones a la solución del problema alimentario del movimiento “campesino a campesino” que está en el centro de la que es quizá la red social más importante del mundo, Vía Campesina (Rosset y Martínez Torres, 2012); de las alianzas sociales y políticas de grupos amerindios en todo el hemisferio para defender sus territorios, sus culturas, sus capacidades de construir modelos alternativos de civilización; y de los numerosos movimientos solidarios que están resistiendo y, con frecuencia, revertiendo los esfuerzos que hace el capital internacional para acelerar el proceso de expoliación de los recursos naturales a costa de la posibilidad de seguir viviendo de los pueblos afectados.

11. Desafortunadamente, la construcción de una nueva teoría es un tema recurrente que ha sido resistido eficazmente en la academia; hoy en día, el embate de las élites contra estos modelos está cobrando su cuota, marginando a muchos, obligándonos a construir nuestras propias instituciones, nuestros propios canales de colaboración y comunicación. Somos pocos los que estamos dispuestos a hablar de la bancarrota de la teoría recibida, de la necesidad de abandonar las sendas del crecimiento. Existe una urgencia de aprender de otras culturas, de otros pueblos, aun cuando estos últimos no hayan pasado por los pasillos de la academia; debemos profundizar y ampliar el diálogo de saberes que refleje nuevas formas de aprendizaje. Más aún, que nos ofrezca la posibilidad de integrar la reflexión teórica con una práctica académica y social, que nos dé una ampliación del pluralismo metodológico necesario, que propone la construcción de sociedades post-capitalistas, debemos incentivar el proceso de consolidación de modelos de coexistencia que les permitan a dichas comunidades ofrecer importantes opciones para sus miembros frente al empobrecimiento social y material, de cara al deterioro de la calidad de la vida planetaria. Si tenemos suerte y capacidad, quizá también esas mismas comunidades nos ofrecerán la oportunidad de transformarnos antes de que sea demasiado tarde.

Hacia la comprensión de las sociedades post-capitalistas

12. Afortunadamente, en México –y en muchas partes de América Latina– no tendremos que atender la llamada de los altermundistas, que proclaman desde Estocolmo hasta Rio, vía Seattle y Copenhague, que “otro mundo es posible.” En nuestra región, ya están en construcción, y ¡desde hace mucho tiempo! Se están construyendo entornos que prometen una mejor calidad de vida y una cierta autonomía ante los embates del neoliberalismo. En ninguna parte lo vemos con mayor claridad que en Chiapas (Baronnet, et al., 2011); sin embargo, estos nuevos entornos existen también en otras partes donde vemos una gran diversidad de enfoques y caminos.

13. En contraste con sus conductas en periodos anteriores de crisis, las acciones de obreros, de campesinas, de indígenas, representan un desafío frontal a la política neoliberal de hoy. Su praxis refleja un rompimiento histórico, un abandono de procesos de colaboración, negociación y acomodo que entablaron con los primeros gobiernos de la Revolución, empeñados en incorporarles al proceso de modernización globalizante mediante su participación en los programas oficiales. Frente a la política de integración internacional y de modernización urbano-industrial que amenaza con dejarles fuera de una nación en “reconstrucción”, importantes segmentos de la sociedad rural están proponiendo sus propias estrategias alternativas: enmarcadas en una nueva comunalidad que sustituye al mercado para definir cómo asignar recursos (Fuente, en este volumen). Esta nueva comunalidad plantea la necesidad de garantizar un nivel de vida digno para todos sus miembros, donde se puedan generar nuevas oportunidades y respeto a las exigencias ambientales.

Esto hace posible una verdadera sustentabilidad, fincada en los atributos de responsabilidad social y ambiental. Sus experiencias nos reafirman algo muy significativo: para que estas sociedades “tradicionales” sobrevivan, para que puedan definir y realizar sus propios modelos de progreso, tendrán que seguir innovando. Como hemos aprendido de la milenaria experiencia de innumerables pueblos, la tradición sólo puede mantenerse viva y con fortaleza a partir de un proceso de cuidadosa y continua innovación (Wolf, 1987). Para entender este proceso les invito a reflexionar sobre nuestras propias actitudes y acciones, así como respecto de sus relaciones con estos protagonistas y sus nuevas propuestas, con su invitación implícita para acompañarles a construir nuevos ámbitos de solidaridad y respeto mutuo. Parafraseando a Luis Villoro (2010): nos invitan a acompañarles en su abandono y rechazo a la hegemonía de la cultura occidental. ¡Qué apropiado sería que nuestras instituciones aceptaran esta invitación, comprometiéndonos a forjar nuestras labores de docencia e investigación en colaboración con estos grupos!

14. Ya han pasado muchos lustros desde que terminaron las ilusiones del “desarrollo hacia adentro”, “el milagro mexicano”, junto con sus promesas de una vida mejor, de cumplir con las reivindicaciones que simbolizaron los mejores ideales de la vanguardia Cepalina, los sueños de la Revolución Mexicana, la Boliviana, la Unidad Popular. En aquellos años, los campesinos colaboraron con los “proyectos de nación”, haciendo producir a las tierras que les entregó, aceptando los magros beneficios de sus encomiables esfuerzos por elevar la productividad del campo, y así alimentar a los mexicanos y financiar los cimientos del mundo urbano-industrial, que el gobierno ha entregado a los capitales de aquí y de allá.

15. En toda la región, nos hemos desengañado con las promesas incumplidas del Estado, y sobre todo las más recientes que les ofrecen levantarlos de la marginalidad que él mismo creó. A la vez, nos damos cuenta de la imposibilidad de mejorar los condiciones de vida mediante la incorporación a la fuerza de trabajo obrero, o a la informalidad, o de la conversión en clientela de los programas asistencialistas, las únicas rutas ofrecidas por la política oficial. Por eso, se están llevando a cabo nuevas propuestas para producir las condiciones necesarias para su propio progreso social y económico –un progreso alejado de los valores mundanos de un mundo de consumo y derroche– fincado en una vida comunitaria y un respeto por los ecosistemas de que dependemos todos.

16. Las respuestas sociales han resultado mucho más creativas de lo esperado; están llegando más lejos de lo que jamás imaginaron, como vemos en el caso de la experiencia zapatista, de la cual estamos celebrando el decimosexto aniversario del levantamiento. Estos son esfuerzos ambiciosos de importantes grupos de comunidades colaborando entre sí y construyendo alianzas para enfrentar y superar las diversas estrategias del capital que continúa intentando apropiarse de sus territorios y recursos. Sus esfuerzos son también una reacción al rompimiento del pacto social que resultó ser más retórica que realidad, promesas que algunos nuevos regímenes están tratando de resucitar, construyendo nuevas coaliciones y prometiendo nuevas formas de incorporación. Sin embargo, muchos siguen escépticos y prosiguen con sus propuestas alternativas, reorganizándose para redoblar sus exigencias de “justicia social”, repudiando los repetidos embates a que fueron sometidos, para tomar control de las riendas para su bienestar. Ahora son aguerridos promotores de otra forma de sociedad, una que atienda a sus propias necesidades y a las de la mayoría de los mexicanos; una que mueva la expansión productiva al tiempo que genera nuevas formas de asegurar la rehabilitación y la conservación de sus ecosistemas, contribuyendo de esta manera no solamente a su propio bienestar, sino al de la sociedad en su conjunto.

17. En sus acciones se puede observar la construcción o reconstrucción de otros mundos, en los que importantes grupos sociales rechazan ser condenados a la marginalización, a la extinción; insisten en un nuevo estilo de progreso social y económico que ofrece frutos materiales e inmateriales, sin amenazar al medio ambiente. Estos mundos alternativos son ámbitos donde se exigen los derechos y se superan los ataques para avanzar en sus propias propuestas; este crisol social incluye a pobladores de casi todos los países de América Latina. Sus mundos dejarían de depender de la integración económica de la política internacional y de la asimilación cultural; con ellos se plantea la construcción de alianzas nacionales e internacionales, de pueblos comprometidos con proyectos afines para asegurar sus necesidades básicas, otro estilo de vida y la (re)construcción de una interculturalidad (Villoro, 2010).

Reconstruyendo el mundo

18Los paradigmas dominantes están condenando a los campesinos, a los indígenas, a la extinción. Recordemos el debate de una generación anterior –campesinistas frente a descampesinistas– cuando los eruditos del momento rechazaron la posibilidad de la supervivencia de los campesinos porque representaban los rezagos de un modo de producción del pasado.3La discusión actual gira en torno a la cuestión de la forma y las repercusiones de las estrategias que los campesinos están elaborando para su supervivencia. Aun cuando ahora mismo grupos dominantes en la academia, y en las instituciones rectores del mercado global, ofrecen doctas explicaciones para respaldar los análisis oficiales de las burocracias nacionales y de las agencias internacionales al servicio del capital, dictaminando el hundimiento de los moradores del campo, de los indígenas, de los que resisten su proletarización, en una crisis, hay amplia evidencia de otra realidad. Están demostrando que son actores con iniciativa, con sus propias estrategias de innovación tecnológica y organización social; en todas partes del país están construyendo un futuro alterno a las limitaciones impuestas por las estructuras dominantes de un mundo capitalista que los condenaría a la subyugación proletaria. Sus innovaciones sociales y tecnológicas han generado una amplia gama de nuevos productos que buscan dar mayor valor a los espacios productivos tradicionales, nuevos sistemas para la gestión de sus recursos sociales y naturales y nuevas formas para su gobernanza; en fin, los otros saberes que deben integrarse en nuestra práctica.

Sus innovaciones abarcan nuevos espacios geográficos y nuevos grupos sociales, generando oportunidades sociales y económicas así como la recuperación de sus ecosistemas y sus recursos naturales, retirando éstos del dominio del capital o de la posibilidad de su futura expansión.

19. Hemos denominado esta visión como la nueva ruralidad comunitaria, una realidad donde dominan las ideas de:

1) comunalidad (basada en cohesión social, democracia participativa, trabajo comunitario, y la centralidad de territorio) (Escobar, 2010; Martínez Luna, 2003),

2) autonomía(formación político-social),

3) autosuficiencia,

4) formación político cultural,

5) solidaridad y redes de apoyo,

6) diversificación productiva y de mercado(desarrollo de fuerzas productivas comunitarias, generación de excedentes), y finalmente,

7) gestión sustentable de recursos regionales (ordenamiento, restauración, conservación, aprovechamiento definido culturalmente). La práctica real de las comunidades es fuente de enorme fuerza social, dando contenido a estos criterios metodológicos vinculados con una contribución fundamental en la orientación de los procesos de innovación tecnológica para la construcción de la sustentabilidad: la articulación de la responsabilidad social y la responsabilidad ambiental (Barkin, 2008, 2009 y 2010; Barkin y Lemus, 2011; Barkin, et al., 2012).

20. Se destaca la emergencia de la asociación comunitaria con sus formas de democracia directa o participativa reconfiguradas (González Casanova, 2010) como un mecanismo alterno a las funciones desempeñadas por el mercado y por el Estado en la asignación de los recursos y en el desarrollo de capacidades tecnológicas, incluyendo la orientación hacia la innovación tecnológica. Este despliegue, esta reorientación de los procesos innovadores tiene como sustento otros modos de acumulación no capitalista, controlados por los propios productores y sus comunidades. Este planteamiento supone la posibilidad de desarrollar procesos de innovación tecnológica desde la construcción de otras racionalidades; conlleva asumir que otros mundos son posibles, guiados por los principios de la justicia social, la equidad intergeneracional y la gestión sustentable de recursos regionales, con una reorientación hacia lo colectivo (en oposición a lo individual); al desarrollo del bienestar (en oposición al crecimiento); y el respeto a la explotación de los recursos naturales (en oposición al capital).

21.Lejos de ser ideas emanadas desde una torre de marfil, esta presentación ofrece ser una síntesis de esta praxis y de las aspiraciones de las organizaciones sociales actualmente en marcha, encaminadas en las múltiples rutas de su propia transformación; sugiriendo que esta síntesis tendría que integrarse como parte del contenido de nuestra práctica docente y de investigación.

22. La innovación social y política, la productiva y la tecnológica, desempeñan un papel fundamental en los proyectos de estos actores, los miembros de las numerosas comunidades involucradas en el proceso. Es parte central del compromiso para la construcción de una verdadera alternativa; comprende una nueva relación con el poder para montar sus propios modelos de progreso social y económico para generar formas sustentables distintas y novedosas de apropiación social de (o, mejor dicho, colaboración con) la naturaleza. Se trata de integrar los saberes locales, usando la ciencia para crear una sociedad fincada en una nueva racionalidad que conjugue las exigencias planetarias con las aspiraciones de los pueblos que están emprendiendo diversos caminos para su liberación.

23. La variedad de estas experiencias no tiene límites. Algunas han sido desplegadas por comunidades campesinas con las que tenemos la fortuna de colaborar o compartir sus experiencias y que a continuación mostramos como ejemplos; aunque cada ejemplo es de una sola actividad productiva, se conciben como partes en el proceso de la construcción de la autonomía y del empoderamiento. Son ejemplos de comunidades, de alianzas de pueblos, pero también son parte de un amplio movimiento antisistémico que está acumulando fuerzas.

La reserva campesina de la biosfera en las Chimalapas en el sur de Oaxaca. La comunidad indígena zoque maneja la reserva (todavía no reconocida oficialmente) –el reducto de selva tropical húmedo más grande de México, unas 600.000 hectáreas– canaliza los recursos para el sustento de la comunidad y asume la responsabilidad del entrenamiento profesional para colaborar con investigadores extranjeros; algunos miembros de la comunidad se formaron como biólogos y se entrenaron en el manejo de recursos forestales e hidráulicos en escuelas técnicas nacionales e internacionales. Se inició la siembra selectiva de viveros para ciertas especies de árboles en peligro de extinción y se puso en práctica un pequeño programa de ecoturismo; sus miembros se capacitaron para ordenar sus territorios y combatir agresiones a los recursos naturales, como los incendios forestales. Este logro comunitario no fue fácil, pero se hizo posible con el apoyo de grupos ambientalistas y la asistencia financiera del gobierno inglés a principios del proceso, en la década de 1980.4Hoy en día, siguen inmersos en una lucha para defender su territorio y sus planteamientos (Barkin y García 1999).

Algunas alternativas locales para el Istmo de Tehuantepec. La cruel polarización social ha llevado a las comunidades a realizar una serie de alianzas entre ellas para fortalecer el potencial natural de la región, respaldadas por la planta cementera de propiedad cooperativa (Cruz Azul). Se asociaron con un Fideicomiso para la Infraestructura Ambiental del Istmo para promover la gestión sustentable de los recursos naturales, basada en la organización de las cuencas de los ríos. Las propuestas incluyen un programa ambicioso para la rehabilitación de los cauces de los ríos y el manejo del agua y la tierra, con lo que se generarán nuevas oportunidades a partir de la rehabilitación de los bosques, cierta producción de exportación agrícola, así como y el mejoramiento y la expansión del sector artesanal (Barkin y Paillés, 1999). Esta experiencia contrasta marcadamente con los conflictos que se están intensificando por la expoliación que están sufriendo otras comunidades en la región (como La Ventosa) por la instalación de grandes “granjas” de aeroturbinas para generar energía eléctrica eólica, mayormente con inversión española, que no redundará en beneficio de los pueblos asentados en estas tierras.

La revalorización de la producción tradicional de cerdos en las comunidades Purépechas de Michoacán frente a las tendencias nacionales y globales hacia la desaparición de la economía de traspatio. La respuesta propuesta involucró la colaboración con la organización indígena regional para producir “carne de puerco lite”, con niveles reducidos de colesterol en condiciones de traspatio con un sobreprecio importante. La colaboración contribuye a los esfuerzos para fortalecer la capacidad social para promover la democracia directa, fortaleciendo la economía de la región y el papel de la mujer dentro de las comunidades, ya que esta actividad es realizada principalmente por mujeres. También está atacando la contaminación ocasionada por el desecho de una parte de la cosecha de la fruta sin valor comercial y sus impactos severos en el manejo del agua en la región (Barkin, et al., 2003).

La producción de huevos enriquecidos con omega-3 (un ácido graso benéfico para la salud humana) en condiciones domésticas periurbanas, ha resultado eficaz como alternativa para fortalecer organizaciones sociales, atender a problemas ambientales, generar ingresos adicionales y arraigar las familias a sus comunidades en mejores condiciones sociales y materiales, ya que la venta de los huevos ha encontrado una elevada demanda. En este sistema se están forjando nuevas formas de acumulación, al servicio de las comunidades para sus futuros proyectos. Es importante señalar que las protagonistas son mayormente mujeres (Barkin, et al., 2009).

De manera similar, se observan esfuerzos en muchas comunidades forestales, en algunas áreas naturales protegidas y en muchas otras defendiendo sus recursos naturales y especialmente sus fuentes de agua y el derecho a garantizar su acceso a ella. En este aspecto, México es conocido mundialmente por los avances en el control comunitario de sus bosques, por el éxito de centenares de comunidades que lograron arrancar el control de los concesionarios y transformar su gestión con base en una visión diferente, la que se pregunta para qué sirven los bosques y también cómo conservarlos para las generaciones futuras (Fuente, 2009). Los recientes éxitos de los pueblos en Guerrero y Jalisco en torno a la cancelación del proyecto de La Parota y la postergación del proyecto de Arcediano también ofrecen ejemplos de variadas estrategias para consolidar acciones comunitarias para construcciones alternativas; sin embargo, hay otros ejemplos no tan exitosos: la todavía incierta victoria para detener la explotación de la mina San Xavier (en San Luis Potosí, México) refleja la profundidad de la resistencia del capital y la complejidad de las batallas comunitarias. Asimismo, estamos viviendo numerosas acciones en todo el país para detener las intenciones oficiales de privatización del manejo del agua y asegurar su disponibilidad para la vida colectiva.

Otros ejemplos, menos conocidos, también ofrecen aliento al mostrar la variedad de caminos que se están recorriendo en esta construcción de nuevos mundos. La recuperación de un millón de hectáreas en la Mixteca Alta con la participación de más de un centenar de comunidades, durante más de un cuarto de siglo construyendo obras de manejo de agua y suelo que demuestra la manera en que los conocimientos milenarios pueden enriquecer el uso de tecnologías modernas para mejorar la calidad de vida de los participantes y generar recursos para el futuro; su iniciativa de aprovechar estas tierras y agua recuperada para producir amaranto e industrializarlo como alimentos nutritivos, contribuye a su sostén y el beneficio de los consumidores. Las experiencias se multiplican: cooperativas de artesanos; proyectos autogestionados de ecoturismo; las redes de productores de café comercio justo, comercializados por organizaciones solidarias, de miel, cacao, chocolate y mezcal; la red de comercialización de granos ANEC; y el movimiento “Sin maíz no hay país” que tanto impacto ha tenido en los debates políticos nacionales, entre otros.

24. Estas experiencias son evidencia de la importancia de los otros saberes y del diálogo con los conocimientos del presente; son ejemplos de cómo la academia ha colaborado y podría intensificar su colaboración mediante una reflexión seria frente a las crisis en las cuales participa actualmente. Su premisa es la necesidad de tomar en cuenta a la gente en la solución de problemas, reconocer como válidos sus conocimientos y colaborar con ellos en la construcción de soluciones. Las lecciones de las Juntas de Buen Gobierno de los Caracoles Zapatistas reflejan poderosamente esta capacidad de aprovechar y enriquecer lo heredado con ciertas aportaciones de frontera. La sinergia tecnológica entre saberes y conocimientos ha sido clave en el desarrollo de estos proyectos, pero la distinción fundamental con respecto a otros proyectos impulsados por organismos no gubernamentales (ONG) y organismos multilaterales ha sido su diferente orientación ética: la construcción de una verdadera sustentabilidad desde los atributos de responsabilidad social y ambiental. Esto es, la puesta en marcha de procesos de una nueva ruralidad comunitaria.

25. De esta manera, las sociedades que participan en el proceso de esta construcción social alternativa están también reconociendo su compromiso con otra forma de “contrato social”, una asociación comunitaria heredada de la cultura mesoamericana, expresada elocuentemente por Floriberto Díaz, de la región mixe, y algunos de sus herederos intelectuales (Robles y Cardoso, 2008). Es una perspectiva ética diferente a la racionalidad económica fincada en intereses individuales para la asignación de recursos; descansa en los procesos de apropiación social de la naturaleza y por tanto en los procesos de innovación tecnológica guiados por los compromisos de una verdadera sustentabilidad. Requiere asimismo de un compromiso colectivo, de sujetar la voluntad individual a las decisiones colectivas, como se plasma con fuerza artística en la película mexicana Corazón del Tiempo (Dir. Alberto Cortes, 2009); este compromiso para la construcción de los otros mundos ofrece un contraste tajante con las visiones dominantes que premia a los individuos por ejercer su interés particular, como ya se mencionó, muchas veces a costa de la comunidad (Villoro, 2010).

Los nuevos paradigmas

26. Las experiencias mencionadas aquí son mayormente ejemplos mexicanos de un proceso que está procediendo a escala mundial. Sociedades alrededor del mundo están abjurando de los modelos dominantes para mejorar su calidad de vida a favor de forjar nuevos caminos para asegurar su bienestar, concentrando en sus necesidades básicas, y el equilibro con sus ecosistemas. Parte integral de este proceso es negociar su autonomía frente a las crecientes presiones para que integren a la economía nacional y sucumben a la lógica de las racionalidades mercantiles fincada en el beneficio individual y la valorización monetaria de las relaciones sociales y los recursos naturales.

27. La evidencia para esta dinámica es abundante. Algunos intelectuales comprometidos han insistido en su importancia política y práctica (Castoriadis, 2005; Santos, 2009). Sin embargo, muchas sociedades en todo el hemisferio están avanzando con sus propias respuestas que trasciendan estas propuestas; lo están haciendo sólo, o en alianza con otros agentes, para defender sus territorios, sus culturas, más aún, su propia existencia como “pueblos originarios”. Llama la atención el volumen de literatura documentando estos esfuerzos, tanto los que están actualizando las costumbres tradicionales de los que defiendan sus herencias cosmológicas y productivas (Toledo y Barrera Bassols, 2008), así como los que están buscando nuevos caminos, que ellos pueden controlar directamente (e.g., Baronnet, et al., 2011; Zermeño, 2010). En todas partes del mundo es factible ahora encontrar grupos directamente creando sus propias reservas naturales, intensificando su capacidad de producir sus necesidades básicas, y consolidando sus alianzas con otras comunidades; estas acciones están fincadas en su convencimiento que tendrán que fortalecer sus propias formas de auto-gestión y su capacidad de evitar integración (Borrini-Feyerabend, et al., 2007; Borrini-Feyerabend, 2010).

28. La construcción de nuevos paradigmas –un nuevo paradigma social– para “otros mundos mejores” ha estado en proceso por mucho tiempo. A diferencia de la presentación ortodoxa de la multidisciplinariedad y la interculturalidad, el diálogo de saberes incorpora de manera explícita el rechazo de la concentración del poder frente a la posibilidad de la “negociación” y “democratización del conocimiento”. Presenta, entonces, el reconocimiento de los saberes –autóctonos, tradicionales, locales– que aportan sus experiencias y se suman al conocimiento científico y experto; pero implica la ruptura de una vía homogénea hacia la sustentabilidad; es la apertura hacia la diversidad que rompe la hegemonía de una lógica unitaria y va más allá de una estrategia de inclusión y participación de visiones alternativas y racionalidades diversas La construcción de otros mundos está en proceso – ¡ofrece esperanzas insospechadas! –.

*David Barkin, « Hacia un Nuevo Paradigma Social », Polis [En línea], 33 | 2012, Publicado el 23 marzo 2013, consultado el 17 mayo 2020.

Bibliografía (...)

Fuente: https://journals.openedition.org/polis/8420