Qué Sistema

Junio 2020

Expropiador, acaparador, desertificador, transnacionalizador de los territorios y economías.

 


 

 

 

Conciliación de clases/ Concentración y centralización capitalista/ Alternativas emancipatorias

 

Conciliación de clases

 

Averigüemos el trasfondo del conflicto de Benetton con el pueblo nación Mapuche para saber cómo posicionarnos abajo y a la izquierda. Situémonos en quiénes son:

 

Los verdaderos usurpadores

La historia del imperio Benetton,

el dueño de la Patagonia

19 de agosto de 2017

 

Luciano Benetton es el propietario de tierras más grande del sur argentino. ¿Cómo construyó su imperio económico?, ¿por qué el Estado argentino y la Gendarmería lo defienden?

 

Por Claudia Ferri

@clau.ferriok

La Patagonia es la región más extensa del país y también es la que mayor concentración de tierras tiene en pocas manos. Formada por enormes campos planos y bellos paisajes trasandinos fue repartida sin ningún tipo de control entre excéntricos millonarios extranjeros y corporaciones multinacionales con el aval del Estado y de la Justicia. El magnate Joe Lewis, dueño y señor de todas las tierras que rodean el Lago Escondido y anfitrión de la visita al sur que hicieron juntos Obama y Macri el año pasado, es uno de ellos. También forman parte de este selecto grupo el creador de la CNN Ted Turner, los Suchard (dueños de Nestlé), el inversionista húngaro George Soros, el actor Sylvester Stallone y, hasta hace pocos años, el hijo de uno de los fundadores de Pepsico, Ward Lay. Pero quien se lleva todos los premios al terrateniente del siglo es Luciano Benetton que entre 1991 y 1997 acumuló 900.000 hectáreas. Lo que equivale casi cuarenta veces a la superficie de la Ciudad de Buenos Aires.

La feroz cacería de la Gendarmería sobre la comunidad Pu Lof en el departamento de Cushamen en la frontera noroeste de Chubut que terminó con el secuestro y desaparición de Santiago Maldonado hace menos de dos semanas sin ningún tipo de respuesta estatal, se produjo dentro de las tierras que están hoy bajo el dominio de Benetton.

Aunque en su mayoría hayan sido compradas durante los 90, la entrega y el saqueo de las tierras patagónicas y de sus recursos nacionales por parte de empresas extranjeras viene de larga data, al igual que los reclamos y la lucha del pueblo mapuche por recuperarlas.

 

La historia de una ocupación

Benetton es el final de una larga cadena de negocios y expoliación de recursos nacionales 

que comienza en el último cuarto del siglo XIX.

Por aquellos años a pesar de lo que diga el candidato a senador por Cambiemos, Esteban Bullrich, en la Patagonia no hubo una “Conquista al desierto”. Lo que se produjo fue un genocidio a partir de la ocupación militar del territorio más austral del continente con el fin de extender las fronteras del Estado Nacional argentino (y de su mercado de materias primas en el mundo) que estaba en pleno proceso de conformación. A su paso aniquilaron a los habitantes preexistentes o los tomaron prisioneros para convertirlos en mano de obra barata destinados tanto para trabajar en los campos conquistados como en las zonas urbanas en tareas domésticas. Los pocos sobrevivientes fueron desarraigados y dispersos hacia la frontera cordillerana. Entre los pueblos masacrados estaban los mapuches, asentados en una extensa porción del noroeste de la Patagonia. No eran ni chilenos ni argentinos simplemente porque ambos Estados son construcciones históricas posteriores a la vida y desarrollo de estos pueblos.

 

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Finalizada la campaña en 1885 (luego de la derrota definitiva del cacique Sayhueque), se inició el proceso de reparto y explotación de las tierras que hoy forman parte de las provincias de Buenos Aires, el sur de Córdoba, San Luís y Mendoza (las más antiguas) y las creadas a partir de la conquista: Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz.

 

El Estado argentino regaló gran parte de estas tierras a más de cincuenta compañías inglesas que comenzaban a operar dentro del país para que las colonizaran. Tan sólo en Chubut eran dueños de 2.300.000 hectáreas. Gran parte de ellas fueron administradas por un fondo de inversión común llamado Compañía de tierras del Sud Argentino. En Ese ajeno Sur, Ramón Minieri cuenta que la “La Compañía”- como solía ser conocida- “explotó esas tierras durante casi un siglo en condiciones excepcionalmente favorables: pudo producir, importar, exportar y obtener utilidades, sin tener que pagar durante años derechos aduaneros ni otra clase de tasas, o beneficiándose con tipos de cambio preferenciales y aranceles reducidos” (pág 7). Pasaron más de 130 años y ningún gobierno tocó las bases estructurales de este modelo económico de rapiña.

En 1975 la firma “Great Western”, perteneciente a terratenientes de la burguesía argentina, compró el paquete accionario de “La Compañía” hasta 1991 cuando bajo el gobierno de Menem, Luciano Benetton se hace de esas tierras hasta la actualidad. A través del holding internacional del grupo Benetton, Edizione, el magnate italiano compró por 50 millones de dólares las casi 900.000 hectáreas ubicadas en un 98% en las provincias de Santa Cruz, Chubut, Río Negro, Neuquén y Buenos Aires donde se dedica a la producción de lana principalmente aunque ahora aparece un mercado nuevo para explotar y es el petrolero que se expresa en un yacimiento que también se encuentra en disputa territorial: Vaca Muerta.

 

La historia de un imperio globalizado: “el príncipe de los colores”

 

Look informal, la innovación en jersey de lana con fuertes colores y una industria textil de alcance mundial fueron la impronta del grupo Benetton desde sus orígenes. La empresa familiar formada por Luciano, Giuliana, Gilberto y Carlo se conformó en 1965. Cuatro años después inauguraba su primer local en París.

Tiene sede en una suntuosa mansión de Villa Minelli en la ciudad de Treviso (Italia). Con 20 años Luciano se convirtió en el presidente de la compañía. En los años siguientes se expandieron a las principales avenidas del mundo, las ganancias crecieron y sumaron nuevas marcas: Sisley, Playlife y Killer Loop. Hoy tiene tiendas en más de 120 países. Años más tarde invirtió en una escudería de la Formula I que compitió entre 1986 y 2001 y tuvo su momento de gloria cuando corrió Michael Schumacher. La familia también es dueña de 21 Investimenti un banco de inversiones inmobiliarias y es accionista del grupo Pirelli.

En pleno auge empresarial, Luciano también incursionó en el mundo de la política. Entre 1992 y 1994 fue senador de Italia por el Partido Republicano Italiano (PRI), el partido de Silvio Berlusconi. En 1993 la Justicia de ese país aprobó que se lo investigue y juzgue por corrupción, motivo que lo llevó a no presentar su reelección.

La industria textil es una de las más explotadoras del mercado y la que peores salarios tiene. Para reducir costos los Benetton, que facturan 11.000 millones de dólares al año, tercerizaron la producción en países donde la mano de obra es barata y abundante como por ejemplo en Turquía donde fueron denunciados por explotación infantil de niños de entre 9 y 13 años que fabricaban sus prendas. Otro caso que lo tuvo en el centro de la escena fue en 2013 cuando una fábrica textil en Bangladesh que producía tejidos para Benetton se derrumbó provocando la muerte de 1.132 trabajadores y dejó 2.500 heridos. Se negó a pagar cualquier tipo de indemnización pero producto del desprestigio que había generado su indiferencia, se vio obligado a hacerlo. Hoy el imperio familiar cuenta, según la revista Forbes, con aproximadamente 3,4 miles de millones de dólares.

 

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Solamente en las tierras que posee en Argentina Luciano Benetton cuenta con 280.000 ovejas que producen 1.300.000 kilos de lana por año. A la explotación de las tierras de la Compañía de tierras del Sud Argentino se incorporó la explotación minera a través de Min Sud (Minera Sud Argentina S.A.) con sede central en Canadá, de yacimientos ubicados en la provincia de San Juan. Por muchos años expoliaron los recursos nacionales sin pagar cargas impositivas, no registrando las lujosas edificaciones que realizaban en sus tierras. Irónicamente los Benetton tienen un museo con piezas arqueológicas de culturas “autóctonas”, algunas de ellas con 13.000 años de antigüedad, ubicado en Leleque (Cushamen). Seguramente saqueadas del territorio de la comunidad mapuche, Tehuelches, entre otras.

 

¿Por qué el Estado y la Gendarmería defienden a Benetton?

Hace ya algunos años Carlos Marx terminaba con el mito de que el Estado defiende los “intereses comunes” de toda la población. Decía en el Manifiesto Comunista que el gobierno moderno era un comité que administraba los negocios de la clase burguesa, y no se equivocaba. El Estado es el guardián del orden y de la propiedad privada, pero no de cualquier tipo de propiedad privada sino la de los capitalistas que viven a costa del trabajo de una mayoría trabajadora. Ese “derecho que tenemos todos” de acceder a la tierra es una pantalla que esconde la concentración de la riqueza en pocas manos. Y para lograrlo intentan buscar algún tipo de consenso con la población o utilizan a las fuerzas armadas para garantizar que esas relaciones de desigualdad se sostengan y reproduzcan. El caso de la defensa de los intereses de Benetton por parte del Estado argentino es apenas un ejemplo de una relación histórica que es propia del sistema capitalista. La actuación de la gendarmería, en las tierras que el italiano reivindica para sí, reprimiendo desde hace meses a la comunidad Pu Lof (entre ellos mujeres y niños) y desapareciendo a Santiago Maldonado con la directa responsabilidad de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, su jefe de gabinete Pablo Noceti y del Estado, son la muestra más clara del carácter de clase que ejercieron las fuerzas armadas desde su creación. El gobernador de Chubut del PJ Mario Dan Neves también es cómplice del accionar represivo avalando el ingreso de la gendarmería al predio y demonizando a los mapuches a través de una campaña mediática que comenzó el año pasado mientras apretada al Juez Otranto para que encarcele a los dirigentes considerados sin ninguna prueba como “terroristas”.

Queda claro que todos los gobiernos legalizaron y legitimaron el avance latifundista a costa de la sangre de los pueblos originarios. Incluso el kirchnerismo que en 2011 impulsó la Ley de Tierras que limitaba la posesión extranjera de tierras a 1.000 hectáreas por propietario no era retroactiva, por lo tanto todos los magnates extranjeros que en los 90 se apropiaron de gran parte del territorio nacional podían quedarse tranquilos. Macri flexibilizó la ley dejando en claro cuáles son los intereses que defiende a ultranza el gobierno de los Ceo, pero en uno y otro gobierno la naturaleza del Estado es la misma. Seguramente en una de las cuatro visitas al año que hace Luciano Benetton al país vendrá a agradecerle en persona al presidente y los suyos por la efectividad en los servicios brindados.

Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/La-historia-del-imperio-Benetton-el-dueno-de-la-Patagonia

 

 

Generalicemos la comprensión que la opresión sufrida por les trabajadores y los pueblos de Argentina resulta del contubernio de las clases dominantes locales con las imperialistas, fundamentalmente con las que hegemonizan el progreso capitalista en el mundo de ese momento. Historiemos cómo se construyó ese poder súper explotador de los trabajadores y de la naturaleza.

 

 

2014 - Bicentenario de la Campaña Naval Libertadora Browniana en el Río de la Plata


1880 A 1940 –

Invasión ganadera inglesa a

la Patagonia argentina

 

La industria ovina, impulsada por colonos de origen europeo desde Punta Arenas, Chile, se impuso como única opción productiva en el área a partir de la década de 1880. Las estancias se multiplicaron, terminando con la forma de vida tradicional de los aborígenes locales.

La producción de lana era conocida en Inglaterra desde la Edad de Bronce y se había desarrollado incesantemente a partir de la Edad Media. La Revolución Industrial tuvo una de sus primeras áreas de desarrollo en la producción de lana, que jugaba un papel central en la economía inglesa desde la Edad Media.

Inglaterra exportó sus eficaces modelos de explotación ovina tanto a sus posesiones de ultramar como a otras áreas de influencia en todo el globo. Durante el siglo XIX, Alemania mantuvo una carrera cabeza a cabeza con Inglaterra por el predominio en la producción lanar, centrando sus esfuerzos en la calidad del producto más bien que en el volumen del mismo. El desarrollo de la industria ovina australiana dio una ventaja definitiva a los ingleses. 

Desde 1845, Australia domina el mercado de lanas mundial, y desde la década de 1820, las principales operaciones de ganadería ovina en ambas bandas del Río de la Plata son llevadas adelante por súbditos británicos: ingleses, irlandeses, escoceses.

En la Patagonia, los insumos para la instalación de las explotaciones ovejeras (alambrados, galpones, casas prefabricadas, medicamentos veterinarios, máquinas de esquila, vehículos, estufas, cocinas y otros) eran traídos en forma directa desde Inglaterra a Punta Arenas, mientras que pastores, ovejas y perros llegaban desde la posesión inglesa de Malvinas. Estos insumos se comercializaban a través de, entre otros, la casa de comercio Braun y Blanchard, cuyo socio mayoritario era el empresario Mauricio Braun, cuya familia fue propietaria de Monte León entre 1920 y 2001, que abrió oficinas en Santa Cruz en los primeros años del siglo XX. Los administradores también eran importados, y se trataba frecuentemente de militares británicos retirados.

El diseño de las estancias ovejeras patagónicas era puramente funcional y productivo, a diferencia de la tradicional estancia pampeana, que a menudo era habitada por sus propietarios. Como en el caso de Monte León, los propietarios solían ser sociedades anónimas con base en Londres.

Historia de la Estancia Monte León:
Monte León funcionó como estancia ovejera entre 1905 y 2001. Las instalaciones como el galpón de esquila, con su prensa para lana, su enorme motor de un solo pistón, las oficinas, alojamientos de administrador y los puestos que albergaron al personal datan de aproximadamente 1914 y son de producción y diseño ingleses. Corresponden al período en que Monte León fue propiedad de la sociedad anónima, con sede en Londres, Southern Patagonian Sheep Farming Co.

 

En el catastro de 1895, la sociedad Curtze y Wahlen, agentes en Punta Arenas de Kosmos, línea alemana de vapores interoceánicos, figura como propietaria de las tierras de Monte León. Tienen allí 15.000 ovejas, y en las barrancas de la costa aún vive hacienda vacuna alzada, descendiente de la escapada de un malhadado proyecto de colonización de 1872. Las tierras les fueron vendidas a Walter Curtze y Augusto Wahlen por el gobierno argentino o, según el título de propiedad original, por su Excelencia, el señor Presidente de la República, Teniente General Don Julio A. Roca.

Walter Curtze, radicado en Punta Arenas desde 1885, encarnó varias de las fuerzas que plasmaron la nueva Patagonia que surgía en esos años: la irradiación desde esa ciudad chilena, el origen europeo, la vinculación a la navegación interoceánica, la estrecha vinculación a las finanzas y el desarrollo de infraestructura. Curtze fue, además de empresario ganadero y agente de Kosmos, dueño de una línea de cabotaje, y uno de los fundadores del Banco de Punta Arenas y de la empresa de energía eléctrica de esa ciudad.

Por su parte. Augusto Wahlen había llegado a Punta Arenas junto a sus hermanos en 1874 en el mismo contingente inmigratorio que el núcleo fundador de la familia Braun: don Elías, su mujer Sara Hamburger y sus cuatro hijos mayores: Sara, Moritz, o Mauricio, futuro propietario de Monte León y genial hombre de negocios, Oscar y Ana.

En 1903 Kurtze y los sucesores de Wahlen vendieron los derechos sobre los terrenos de Monte León a la casa mercantil Vorverck y Cia. de Valparaíso. Se constituyó entonces la Sociedad Estancias Santa Cruz, cuyo director era el alemán Edgar Vorverck. Otros fuerte accionistas en la SESC eran Mauricio Braun y el hombre de negocios inglés y residente en Londres Sir Peter Hannay Mc Clelland, por medio de su empresa Duncan Fox & Co. La alianza con el poderoso Mc Clelland fue crucial para el inicio de Mauricio en los negocios a gran escala. Mc Clelland aportó el capital inicial para la explotación de la concesión de 1.000.000 de hectáreas de tierra fiscal en la Tierra del Fuego chilena que Sara, hermana de Mauricio, heredó de su marido José Nogueira en 1893.

En 1912 la Southern Patagonian Sheep Farming Co. Ltd., empresa en la que Braun y Duncan Fox & Co. tienen, una vez más, importante participación, se constituye en Londres con el objetivo declarado de:

"adquirir propiedades de campo para la cría de ovejas, situadas parte en la República Argentina y parte en la República de Chile (...) Hacer productivos cualesquier terrenos adquiridos por la compañía (...) construyendo, conservando y equipando toda suerte de edificios, depósitos, tiendas y casitas de habitación y cultivando, plantando, desaguando, arando y de otro modo desarrollando cualesquier de dichos terrenos".

En 1913, los activos y pasivos de SESC, incluyendo, por supuesto, tierras y animales son adquiridos en su totalidad por SPSF Co. Ltd.

En 1914, la SPSF Co. Ltd. adquiere los terrenos de Monte León, donde lleva a cabo los propósitos enunciados en sus estatutos. La mayor parte de las actuales instalaciones de la Estancia datan de ese período. Además de la admirable funcionalidad, que les permitió cumplir su propósito sin mayores transformaciones a lo largo de casi un siglo, las instalaciones de Monte León son un valioso ejemplo histórico de los procesos de la "globalización" de la industria ovina en esos años.

Mientras Duncan Fox & Co. actuaban como agentes de SPSF Co. Ltd. en Londres, Braun y Blanchard hacían lo propio en la Argentina y Chile.

El estudio del académico argentino Eduardo José Miguez, "Las Tierras de los Ingleses en la Argentina, 1870-1914"; incluye la siguiente información:

"En 1914, la "Southern Patagonian Sheep Farming Co.", formada dos años antes en Londres era propietaria de 121.500 has. y arrendaba otras 133.500. Las tierras se encontraban en Santa Cruz y Chile. Su capital era de 141.003 y además había colocado en el mercado debentures con un interés anual del 6% y garantía hipotecaria por un valor de 71.000. Además del pago de los intereses sobre las debentures, la compañía distribuyó dividendos del 6% desde su creación en 1912 hasta el comienzo de la Guerra, incrementándolos luego debido al alza del precio de la lana".

Vale decir que los beneficios netos de la lana eran altísimos para esos años, y que, además, Hannay Mc Clelland realizó una activa y eficiente oferta de los títulos de la SPSF Co. Ltd. en el mercado de Londres. La compra de la SESC por la SPSF Co. Ltd. se pagó con acciones de la recién creada empresa pública británica.

En la reunión de accionistas de la SESC celebrada en Valparaíso para decidir sobre la propuesta de compra por parte de la empresa inglesa, el presidente Arturo Goldfinch, quien es al mismo tiempo representante de los accionistas Mauricio Braun, su hermana Sara, Juan Blanchard y Duncan Fox & Co. expuso a los accionistas sus puntos de vista sobre la operación:

"El Presidente informó a la junta respecto a la constitución de la Southern Patagonian Sheep Farming Co.Ltd. y de otras negociaciones que esa compañía tiene bien encaminadas para comprar las estancias "La Carlota" y "Los Manantiales" (que) darán una buena base para iniciar sus operaciones con un total de 217.000 has de terreno y una masa de lanares de alrededor de 90.000 cabezas. Además expuso el Presidente que el Directorio había estudiado muy detenidamente este negocio y que lo encontraba muy favorable por cuyo motivo se atrevía en recomendar a la junta su aceptación".

La propuesta, por supuesto fue aceptada, y como se vio, el pago en acciones y debentures (títulos de deuda) de la SPSF Co. Ltd. fue ciertamente ventajoso.

El conglomerado de prósperas empresas que orientó Mauricio Braun incluyó no sólo la explotación ovina, en la que se inició a los 20 años (1885) con el establecimiento de la estancia Coy Aike en el estuario del Río Coyle, sino que se diversificó a los rubros naviero, financiero y minero entre otros muchos.

El lapso que media entre la asociación de Braun a la SPSF Co. y la total absorción de los activos de esa empresa por el mismo Braun es uno de grandes cambios en el panorama económico mundial. La guerra de 1914 lleva los precios de la lana a cotas récord, pero los beneficios del alza para los empresarios de Punta Arenas quedaron parcialmente anulados con la inauguración del Canal de Panamá en 1916, que incidió violentamente sobre la importancia estratégica de la región magallánica. Sin embargo, puede decirse que esta fue una crisis esperada, pues la apertura del Canal de Panamá había sido anunciada con años de adelanto.

El 6 de julio de 1920, la Southern Patagonian Sheep Farming Co., en liquidación desde el año anterior, vende a la Sociedad Anónima "La Ganadera Argentina Limitada", empresa familiar de Mauricio Braun y su suegro José Menéndez, "todos sus bienes muebles, semovientes, marcas y señales de propiedad de aquella que forman el establecimiento de campo denominado "Monte León". La hacienda lanar del establecimiento se eleva a 40.535 cabezas. Hay además 375 caballos, 8 vacas y un toro. En la compra entran también instalaciones, muebles, útiles y enseres, maquinarias y útiles de esquila, vehículos y líneas telefónicas. El total de la suma pagada por todos estos conceptos es de 422.899 pesos, de los cuales 364.815 corresponden a los ovinos, que se pagan a 9 pesos cada uno.

En cuanto a tierras, el establecimiento suma 87.143 hectáreas, que se venden en 871.430 pesos. Es interesante notar que el precio de la hectárea (10 pesos) apenas sobrepasa al de las ovejas. La operación se paga con acciones de la sociedad adquirente. En la misma operación se adquieren las otras dos estancias de la SPSF Co. Ltd.: "La Carlota", en la zona de Río Gallegos, con parte de sus tierras en territorio chileno y "Los Manantiales", cercana a San Julián.
 

Interpretaciones nacionalistas de la historia han condenado a menudo la explotación ovejera de la Patagonia Argentina cuestionando la ocupación de inmensas extensiones de territorio argentino para su usufructo por súbditos británicos, o en el caso de Braun, chilenos. Es innegable que la mayor parte de esas estancias fueron, y siguen siendo, planteadas según modelos ingleses, y que sus propietarios y administradores solían también ser de ese origen. Por otra parte en las vastas extensiones del litoral y la estepa patagónicos, aquejadas además por una crónica escasez de mano de obra, sólo los sistemas extensivos de explotación tuvieron probabilidades de éxito. A esa circunstancia se debe en parte la preservación del ecosistema de amplias áreas de la Patagonia, escasamente modificado por los inmensos potreros y relativamente escasa carga de animales.


Las inversiones ovejeras en la Patagonia, si bien tuvieron un momento de alta rentabilidad que con los años disminuyó, de las 3.500 estancias registradas en Santa Cruz hoy se mantienen activas 2.000, fueron siempre emprendimientos capitalistas de riesgo que requirieron de impresionantes esfuerzos para su instalación y mantenimiento. El medio ideal teórico que el desarrollo de un capitalismo local encontró en las exenciones impositivas y las amplias oportunidades de negocios de Punta Arenas, tuvo su contraparte en los obstáculos implícitos en el clima y las distancias patagónicas. Aún más importantes, las políticas territoriales gubernamentales fueron, en el mejor de los casos, erráticas, y muchas veces los inversores no contaron con seguridades jurídicas sobre las tierras en explotación. Una importante fuente de problemas fue la cuadrícula en la que se dividió el territorio de Santa Cruz para su loteo. Esta división era puramente geométrica y no tomó en cuenta elementos tan esenciales como la existencia o no de agua y la altura relativa de los campos: los terrenos altos, aprovechables en verano, son completamente improductivos durante el invierno.


El encono de algunos sectores políticos contra los estancieros patagónicos persistía en fechas recientes. En 1985, un grupo de diputados del Partido Justicialista,  presentó un proyecto de ley de expropiación de varias estancias de la Patagonia, entre las que se incluía a Monte León. La fraseología de los fundamentos es ilustrativa: 

"nuestro país mantiene de hecho, un largo conflicto con Gran Bretaña a raíz de la usurpación de las Islas Malvinas. Este más que centenario diferendo, no ha sido obstáculo para que en todo este tiempo, empresas de origen británico hayan tenido desde entonces una presencia decisiva en distintos rubros de la economía argentina, circunstancia (...) que configuró una verdadera relación de vasallaje, a través del cual se fueron drenando nuestras posibilidades de consolidar las bases materiales para apoyar en ellas el ejercicio de nuestra independencia económica y de nuestra plena soberanía nacional.

"Lo ocurrido con los ferrocarriles, los puertos, la industria frigorífica y tantas otras áreas, rubros que el pueblo argentino logró rescatar con esfuerzo en su historia reciente, y en una tarea que todavía está inconclusa nos exime de mayores comentarios.

"Este esfuerzo lamentablemente, no pudo ser desenvuelto totalmente en la Patagonia, y particularmente en Santa Cruz, donde la presencia de empresas de origen británico configuran (sic) hoy una doble afrenta. Por un lado, por lo que representan en sí mismas como usufructuarias de una tierra que ocuparon a fines del siglo anterior y a favor de una relación económica y comercial que les era totalmente favorable. En segundo lugar, porque luego de la gesta de 1982, en la que nuestros soldados derramaron generosamente su sangre para recuperar nuestras Malvinas, la presencia británica en nuestro territorio continental resulta a todas luces inaceptable".

La ola de imprescindibles reformas laborales que fue la base del éxito peronista no tomó por sorpresa a Mauricio Braun: en la década de 1940, la Anónima realmente ofrecía excepcionales condiciones de bienestar para su personal.
A pesar de la campaña que algunos medios alzaron contra los latifundistas australes, las empresas de Braun quedaron eximidas de los programas de reforma del régimen de tierras que impulsó el gobierno. Una entrevista personal entre Braun y Perón en 1951 se desenvolvió en los términos más cordiales, y puso coto a quienes pedían expropiaciones.

Fuente: http://www.irizar.org/invasionesinglesas33.html

 

 

Examinemos desde los intereses populares a:

 

 

historia y lucha de clases

Marcos Peña, heredero de los Braun Menéndez, genocidas de la Patagonia

 

6 de agosto de 2016 

¿Quiénes fueron los antepasados del Jefe de Gabinete y de su primo, el actual secretario de Comercio? Pueblos originarios y obreros masacrados, víctimas de la familia dueña de casi toda la Patagonia.

 

Angie Suárez y Viviana Páez

En el último tiempo, el jefe de Gabinete Marcos Peña ha sido fuertemente cuestionado por sus provocadoras declaraciones en medio del ajuste al pueblo trabajador. Cualquiera, al escucharlo, lo mínimo que puede sentir es bronca.

Entre otras cosas, Peña no se puso colorado al reconocer que el tan prometido objetivo de “pobreza cero” es “inalcanzable”. Tampoco cuando fue criticado por el uso de datos personales de la Anses para comunicación oficial y menos aún por desafiar fallos de varios jueces que frenaron el tarifazo del gas. Sin filtro dijo en un reportaje radial que “tarde o temprano va a haber que pagarlo”. Como si eso fuera poco, por estos días se conoció que bajo su mando y dentro de la Casa Rosada mantiene una “oficina de inteligencia”.

En cuanto a la reapertura de paritarias, Peña calentó aún más el ambiente. Dijo que los acuerdos que ya se celebraron “reflejan la inflación que viene” y que “el salario y el poder adquisitivo se va a ir recomponiendo mes a mes”.

Frases y hechos como éstos no sorprenden viniendo de un CEO como él, parte de una familia de patrones y de un gobierno que a los únicos que benefició desde que asumió fue a sus aliados de clase, los grandes empresarios, el campo, las mineras, los buitres.

Con sólo seguir el árbol genealógico se puede saber de dónde descienden Marcos Peña y su primo Miguel Braun, el actual secretario de Comercio de la Nación. Aunque ninguno de los dos hable mucho (mejor dicho, nada) sobre sus antepasados recientes y poco se conoce, vale la pena mostrar qué se sabe sobre su familia. Por caso, José Menéndez y Mauricio Braun, crueles personajes de la historia del país fueron, entre otras cosas, miembros de la Sociedad Rural Argentina.

 

 El linaje de Marcos y Miguel

José Menéndez, un joven “emprendedor” (como gusta decir el macrismo) asturiano, arribó a Buenos Aires en 1866 después de haber pasado un tiempo por Cuba. Luego se radicó en la Patagonia, donde se transformó en empresario naviero, comerciante y gran estanciero. Se casó con la montevideana María Behety Chapital y tuvieron nueve hijos, quienes cuando crecieron se casaron con otros hombres y mujeres de bien y grandes patriotas, como suelen llamarse entre sí.

Josefina, una de las hijas de José y María, se casó con el que hasta ese entonces era el principal competidor de su padre en toda la Patagonia, el patrón Mauricio Braun. En 1907 debido a la crisis financiera se asociaron suegro (José) y yerno (Mauricio).

Josefina Menéndez y Mauricio Braun tuvieron diez hijos. Uno de ellos, Eduardo Braun Menéndez, se casó con María Teresa “Maté” Cantilo Achával. Ese matrimonio tuvo diez hijos, entre ellos a la madre del jefe de Gabinete, Clara Braun Cantilo. Miguel Braun, actual Secretario de Comercio, es nieto de Mauricio Braun.

La Patagonia Menéndez (Braun)

Como “grandes emprendedores y hombres de negocios” se desempeñaron en diferentes rubros. Eran dueños y patrones en el sur de gran parte del comercio de lanas, frigoríficos, almacenes, bancos y otros. En 1908 crearon lo que actualmente es la gran cadena de supermercados La Anónima, que cuenta con 159 sucursales en 80 ciudades del país y sus propietarios actuales son familiares de Miguel Braun.

El historiador español José Luis Alonso Marchante documenta en su libro “Menéndez, rey de la Patagonia” que esas familias fueron parte de la Sociedad Rural y propietaria de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego que llegó a tener 1.376.160 hectáreas, 1.250.000 lanares que producían 5.000 millones de kilos de lana, 700.000 de cuero y 2.500.000 de carne.

Las dos familias terminaron apropiándose de casi la mitad de la tierra de la Patagonia. Mauricio poseía además, en forma particular, más de 15 estancias, la Compañía Minera Cutter Cove de explotación de cobre y varios frigoríficos, entre otros grandes negocios.

Desde ya que no eran los únicos, entre ellos había unos cuantos estancieros de origen británico. Unos y otros, los antepasados no tan lejanos de Marcos Peña y Miguel Braun y sus “hermanos de clase” ingleses se apropiaron de miles de hectáreas en la Patagonia argentina y chilena a sangre y fuego, con el exterminio de los pueblos originarios y años después con la masacre de 1.800 trabajadores rurales en la conocida Patagonia Rebelde.

Genocidio originario y obrero

Las miles de hectáreas de las que se apropió la familia Menéndez Braun pertenecían a los pueblos originarios Onas como los Selk´nam, Yámanas, Qawasqar o Alakalufesque habitaban esas tierras. Para hacerlo, tuvieron que consumar un verdadero genocidio de estos pueblos, como históricamente lo habían hecho los colonizadores cuando “descubrieron américa”.

Las “campañas del desierto”, desde Juan Manuel de Rosas hasta Julio ArgentinoRoca fueron llevadas adelante por el Ejército argentino que, en nombre de la Patria, exterminaron a miles y miles de personas para que estancieros y empresariosse apropiaran y explotaran las tierras.

 El escritor Eduardo Galeano aseguraba que “los alambrados de José Menéndez y la introducción de cientos de miles de lanares en la tierra de los onas, a fines del siglo XIX, espantaban los guanacos, sustento principal de los selk’nam (por su carne como alimento y sus pieles para sus vestimentas), quienes vieron una alternativa en el ‘guanaco blanco’ -como denominaban a la oveja-, desconociendo que era ‘propiedad privada’”.

Añade Galeano que “pronto los grandes estancieros se organizaron y comenzó la cacería de los selk’nam”.

La familia Menéndez Braun no sólo fue responsable, junto al Estado y otros empresarios nacionales y extranjeros, del genocidio contra los pueblos originarios, sino que años más tarde fueron también parte de los responsables de la masacre de los 1.800 peones rurales de “La Patagonia Rebelde”.

Las condiciones de vida y trabajo para los trabajadores en 1920 en la Patagonia eran terribles, con temperaturas bajo cero, sin luz, etc. Eran los tiempos de la presidencia deHipólito Yrigoyen y del gobernador conservador de Santa Cruz Edelmiro Correa Falcon.

En aquel año los trabajadores, cansados de vivir como esclavos, se largaron a la huelga y pararon todas las estancias. Miles se movilizaron y ni los hoteles ni los comercios funcionaron. Demandaban un sueldo mínimo de$ 100, comida en buen estado, dignas condiciones de higiene, velas para alumbrar en la noche y que las instrucciones de los botiquines sanitarios estuvieran en español en lugar de inglés.

 

Fue una de las huelgas más importantes del siglo XX, protagonizada por valientes trabajadores argentinos, chilenos y de otras nacionalidades.

Según el periodista Patricio Segura, “en 1921 fueron ejecutados cientos de peones en la Estancia La Anita, de propiedad de la familia Menéndez (o Braun Menéndez, para ser más estrictos) cerca de lo que hoy es El Calafate, en Argentina. Éste fue un episodio más en la huelga general que se produjo en la Patagonia producto de las desigualdades que por siempre ha habido en este suelo, muy similar, demasiado, a la matanza de los pampinos que cayeron en Iquique en 1.907 porque sólo querían un poco de lo que hoy llamamos justicia social”.

La respuesta del gobierno, los militares, los estancieros y empresarios como los Menéndez Braun, con el lógico apoyo del imperialismo, fue el intento de desterrar para siempre la resistencia de los trabajadores.

 Herederos consecuentes

Esta es la familia de la que descienden el jefe de Gabinete Marcos Peña y su primo el Secretario de Comercio Miguel Braun.

No son la excepción de otras familias de estancieros, banqueros y empresarios que llevaron adelante junto a los gobiernos de distintos países y el imperialismo masacres contra los trabajadores y el pueblo para expandirse y garantizar sus riquezas y ganancias.

En Argentina sobran ejemplos. Los Blaquier, los Roca y tantos otros, que fueron beneficiados por los diferentes gobiernos militares y los gobiernos democráticos, tanto radicales, peronistas o como el actual de Cambiemos.

Esta es la herencia que hasta los gobiernos más “progresistas” ocultan. En la actualidad los trabajadores rurales siguen sufriendo en carne propia la explotación y muchas veces hasta la esclavitud, incluso de niños y niñas.

*Las autoras son trabajadoras de call centers

Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/Marcos-Pena-heredero-de-los-Braun-Menendez-genocidas-de-la-Patagonia

 

 

Advirtamos que no sólo hubo, hay súper explotación de los trabajadores rurales y exterminio de un pueblo originario y muertes de variadas formas a quienes eran mapuche, tehuelche sino también sobrexplotación de la estepa patagónica.

 

 

Desertificación, sobrepastoreo y pérdida de la biodiversidad en la Patagonia

Mediante el empleo de un modelo de simulación, investigadores argentinos encuentran que la extinción de especies de plantas debida al sobrepastoreo ovino en la estepa patagónica, incide en la disponibilidad de agua y genera sistemas ecológicos menos productivos.

 (Agencia CyTA – Instituto Leloir)-. Los procesos de degradación de la vegetación involucran cambios en la abundancia y composición de especies que eventualmente pueden determinar la pérdida o extinción local de especies. Un estudio, publicado en la edición del 24 de septiembre de la revista científica Oecologia, apunta a determinar el impacto de la perdida de especies de plantas sobre la transpiración de la estepa occidental patagónica.

En los ecosistemas áridos de la Patagonia, el sobrepastoreo ligado a la ganadería ovina es el principal factor responsable de la degradación de la vegetacion, indicó a la Agencia CyTA el doctor Santiago Verón del Instituto de Clima y Agua (INTA) y del CONICET. Junto con los investigadores José Paruelo y Martín Oesterheld – del Laboratorio de Análisis Regional y Teledetección de la Facultad de Agronomía de la UBA y también del CONICET-, Verón realizó una investigación que sugiere que en la estepa occidental patagónica, “la extinción de especies de plantas debida al sobrepastoreo ovino genera sistemas que son establemente menos productivos, es decir, no solo disminuye la productividad promedio de la vegetación sino que estos sistemas degradados también pierden capacidad para responder a cambios interanuales en la disponibilidad de agua”.

Los investigadores llegaron a esta conclusión a partir de resultados obtenidos mediante numerosas corridas de un modelo de simulación realizadas en varias computadoras. “Un modelo es básicamente una simplificación de un sistema. Un modelo se construye a partir de un conjunto de hipótesis sobre cuáles son y cómo interactúan los principales componentes del sistema ecológico en el que conviven diferentes especies. En nuestro trabajo utilizamos el modelo DINAQUA desarrollado por José Paruelo y Osvaldo Sala –actualmente en la Universidad de Brown, Estados Unidos– para simular la dinámica del agua en la estepa patagónica. DINAQUA simula la evaporación desde el suelo, el drenaje profundo y la transpiración de hasta 10 especies de plantas de manera diaria”, explicó Verón. Y agregó que el modelo utiliza información del suelo y datos de temperatura, precipitación y radiación solar a escala diaria, entre otros factores.

Cada especie esta caracterizada por una serie de parámetros como tasa de transpiración, y distribución vertical de raíces, entre otras características, destacó Verón. Y continuó: “El modelo de simulación permite estimar la proporción de la precipitación que se pierde debido a la evaporación desde el suelo, a la transpiración de las plantas, o al drenaje profundo (fuera del alcance de las raíces). En sistemas limitados por agua conocer estos flujos de pérdida de agua resulta fundamental ya que están asociados a procesos clave como la recarga de acuíferos (drenaje) a la productividad de la vegetación (transpiración) o a la partición de la energía solar en calor sensible y calor latente (evaporación) ”.

El uso de un modelo de simulación “nos permitió además investigar la importancia relativa de diversos factores como la capacidad de las especies remanentes (no extinguidas) de compensar la biomasa perdida debido a la extinción de especies por sobrepastoreo, y la diversidad funcional, un estimador de cuan distintas son las especies en término de los atributos que afectan su desempeño tales como tasa de fotosíntesis, resistencia a la sequía, y momento del año en el que están activas”, puntualizó Verón. Y agregó: “Asimismo en este trabajo nuestra intención fue aplicar el marco conceptual desarrollado para el estudio de la relación diversidad, funcionamiento y estabilidad del ecosistema con una situación más realista y, desde el punto de vista ambiental, diferente a la comúnmente estudiada.”

Ya lo decía Darwin

La noción de que la biodiversidad puede afectar el funcionamiento, por ejemplo el intercambio de materia y energía con el medio y la estabilidad del funcionamiento de un ecosistema se remonta a observaciones de Charles Darwin en “El origen de las especies por medio de la selección natural”, destacó Verón.

Desde que Darwin formulara su teoría, “se han acumulado evidencias que sugieren que a mayor diversidad de plantas aumenta tanto el funcionamiento del ecosistema como su estabilidad”, explicó Verón. Y agregó: “La noción de que la diversidad de especies podría aumentar la productividad y la estabilidad de los ecosistemas posee enormes implicancias en la relación del hombre con la naturaleza. Históricamente las actividades humanas han simplificando los ecosistemas con el objetivo de satisfacer la demanda de alimento, fibras y mas recientemente combustibles líquidos. Estas alteraciones implican una disminución de la biodiversidad que ha sido objetada debido a consideraciones éticas (visión biocéntrica) o estéticas. Sin embargo el hallazgo de una relación positiva entre biodiversidad, productividad y estabilidad ha colocado a la biodiversidad como un elemento fundamental en si mismo para satisfacer los requerimientos humanos.”

En la naturaleza el proceso de extinción de especies raramente ocurre de manera aleatoria sino que sigue un patrón determinado, indicó Verón. “Debido a ello los fundamentos de la relación positiva entre biodiversidad, productividad y estabilidad del ecosistema fueron recientemente puestos en duda. Nosotros utilizamos un modelo de simulación de la dinámica del agua para comparar cómo cambia la tasa de transpiración (y su estabilidad interanual) de la comunidad vegetal de la estepa patagónica a medida que se extinguen las especies siguiendo el orden observado por sobrepastoreo con respeto a cualquier otro orden posible”, destacó el investigador del CONICET.

Según la bibliografía y observaciones de expertos en la estepa occidental patagónica el orden de extinción de especies por sobrepastoreo sería la siguiente: Adesmia lotoides (Hierba perenne), Gilia lacinata (Hierba anual), Callandrina patagonica (Hierba perenne), Hordeum comosum (pasto), Bromus pictus (pasto), Poa ligularis (pasto), Adesmia volckmanni (arbusto), Mulinum spinosum (arbusto), Stipa speciosa (pasto) y Senecio filaginoides (arbusto).

“Estos resultados no solo mejoran nuestra comprensión del fenómeno de desertificación de la estepa patagónica sino que además tienen implicancias para el manejo de estos sistemas”, concluyó Verón.

Fuente: https://www.oei.es/historico/divulgacioncientifica/reportajes_443.htm

En consecuencia, la ruptura de nuestra conciliación con las clases dominantes parte de no naturalizar al poder real y conocer cómo estableció su dominio. Pero esto no basta ante la emergencia ecosocial que ha originado el capitalismo mediante la constante profundización de los extractivismos. Es imprescindible llevar a cabo la «reforma agraria integral» como recuperación de los territorios patagónicos. Ya la iniciaron comunidades Mapuche y andan en eso las luchas de asambleas y otras organizaciones populares por territorios libres de extractivismos. Implica enfrentamiento al contubernio de los capitales y estados imperialistas con los locales que se fue constituyendo como sintetiza el siguiente ensayo:

Historia (Santiago) v.35  Santiago  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942002003500011 

HISTORIA, Vol. 35, 2002: 299-321

Mateo Martinic Beros*

La participación de capitales británicos 
en el desarrollo económico del territorio 
de Magallanes (1880-1920)
**

No obstante su exiguo número, entre los mismos se hicieron notar algunos de ellos por sus emprendimientos pioneros en el terreno de las actividades comerciales, artesanales y pequeño-industriales, que iniciaron y desarrollaron en sus fases primarias muy probablemente con algún pequeño capital traído consigo. Esos fueron singularmente los casos de Henry Reynard, Tobías Adams, James Dunsmore, William y Henry Wood, entre otros, del primero de ellos en particular, de quien se sabe que instaló el primer aserradero a vapor de propiedad privada que funcionó en la vecindad de la colonia y simultáneamente un pequeño comercio de ramos generales. El mismo, junto con Wood y sus compatriotas Lionel Carden, James G. Gale y William Greenwood fueron los primeros en interesarse y recorrer terrenos esteparios para verificar su aptitud pastoril pensando en su utilización económica.

El espíritu de iniciativa de Reynard y su disponibilidad de recursos hicieron de él el primer colono que invirtió capital en la adquisición de ovejas para intentar su crianza a escala mayor que la entonces practicada en Magallanes, que no pasaba del nivel doméstico, esto es, de algunas decenas de cabezas por propietario, como máximo. Es sabido que el origen directo de la crianza ovina en la Patagonia austral estuvo en el interés del Gobernador de Magallanes, Diego Dublé Almeida, por introducir dicha actividad en el territorio para su explotación de manera semejante a la realizada en la colonia británica de las islas Falkland o Malvinas desde los años de 1840. Para el efecto, viajó en diciembre de 1876 a Port Stanley, capital de aquel establecimiento, en la corbeta nacionalChacabuco, y allí adquirió una partida de 300 ovejas. Una vez en Punta Arenas, Dublé vendió dichos animales a Reynard y para su aclimatación y crianza le cedió el uso gratuito de la isla Isabel, situada en el estrecho de Magallanes y muy próxima a Punta Arenas. No debe caber duda de que la misma debió significar para el inglés una inversión importante en monto, que tal vez pudo solventar con el capital acumulado en sus actividades anteriores.

Al cabo de un año, es decir, a comienzos de 1878, la experiencia había resultado exitosa, circunstancia que haría de Henry Reynard el pionero fundador de la crianza ovejera a gran escala en Magallanes y en toda la Patagonia.

2. Participación británica en la colonización 
pastoril del territorio de Magallanes

Una vez comprobado el éxito en la aclimatación de las ovejas malvineras y vistas las posibilidades de su crianza a campo abierto, menudearon las peticiones de gente emprendedora para ocupar campos en la sección nororiental del territorio, al norte del estrecho de Magallanes, que por su condición de esteparios parecían ser los más apropiados para la explotación pastoril. Contribuyó a ello la buena disposición de la autoridad gubernativa, en el caso del sargento mayor Carlos Wood, que deseaba fomentar tanto la ocupación cuanto el poblamiento de dicha sección que para entonces se hallaba comprendida en la disputa jurisdiccional con la República Argentina. La única limitación que de momento pudo advertirse respecto de este interés estaba dada por la disponibilidad de capital suficiente para invertir en la empresa colonizadora.

Así, paulatinamente, a contar de 1878-79, se inició la ocupación de los campos litorales ubicados entre Cabo Negro y la punta Dungeness, circunstancia que se vio favorecida por la suscripción del tratado de 23 de julio de 1881 entre Chile y Argentina, que puso fin a la larga controversia de límites. Entre los primeros pobladores se contó un contingente de inmigrantes malvineros que desde un principio se hizo notar por la importancia de sus emprendimientos y correspondientes establecimientos. El ganado para poblar los campos provino naturalmente de las islas Falkland o Malvinas y su sola adquisición y posterior traslado significó una fuerte inversión de capital. El éxito de los que se instalaron tempranamente alentó a otros y de esa manera, al cabo de pocos años, la colonización pastoril fue asumiendo proporciones.

Entre los colonos ganaderos fundacionales estuvieron algunos británicos radicados desde tiempo antes en Magallanes, tales como Henry Reynard, que ocupó terrenos junto a la bahía Oazy; los hermanos Henry, William y Stanley Wood, que lo hicieron en la zona de Punta Delgada y Primera Angostura, y el Dr. Thomas A. Fenton, quien no obstante haber inmigrado contratado como médico de la Colonia de Magallanes, también se había sumado al grupo de pioneros colonizadores y como tal comenzó a poblar exitosamente en campos de la laguna Casimiro, entre la bahía Oazy y Cabeza del Mar. A estos se agregó el contingente de malvineros deseosos de establecerse como criadores ovejeros en los campos de la Patagonia austral, a uno y otro lado de la frontera chileno-argentina. Para la época, comienzo de los años 80, la colonia de las Malvinas poseía un excedente de población habida cuenta de las muy limitadas posibilidades de emprendimientos económicos, principalmente en el terreno ganadero, debido a la virtual imposibilidad de acceder al dominio de campos para el objeto. Estos, en especial los de mejor aptitud pastoril, habían sido adquiridos desde largo tiempo antes por la Falkland Islands Company (F. I. C.) en su mayor parte, y el remanente era propiedad de otros británicos que se habían establecido en las islas en años precedentes.

El empleo en la actividad de crianza ovejera había generado un sistema de contratación periódica de individuos originarios de Inglaterra y Escocia por un período determinado de años, para servir diversos trabajos rurales, particularmente el de ovejeros o pastores y otros referidos a la explotación agraria. Vencido el plazo, quienes se encontraban en tal situación, o se recontrataban o bien retornaban al Reino Unido, conservando o llevándose en su caso, el pequeño capital ahorrado como fruto de sus haberes. Además de esta realidad, hubo quienes, al parecer los menos, habrían arribado a la colonia insular con algún dinero pensando en utilizarlo posteriormente en alguna actividad independiente. Así, entonces, cuando pasó a advertirse por la gente del archipiélago que en el suelo continental americano, en Magallanes y en el resto de la Patagonia, se abrían posibilidades para emigrar e instalarse con actividades productivas, hubo varios que pensaron en pasar allí para establecerse como colonos criadores de ganado lanar, oficio que conocían a la perfección. Esta alternativa cobró mayor atracción cuando se conoció la liberalidad gubernativa en el otorgamiento de concesiones fundiarias e inclusive cuando se recibieron invitaciones para inmigrar y establecerse con actividades productivas. Hubo también algunos que contaron con apoyo de recursos por parte de sus familias en Escocia o Inglaterra, situación igualmente excepcional. Más todavía, posteriormente se conocieron casos en que algunos emigrantes obtuvieron créditos para establecerse económicamente, de parte de entidades empresariales de la colonia, como J. M. Dean and Sons y la F.I.C., que en 1888 se fusionaron bajo esta última denominación.

Fue así como a lo largo de los 80 se generó una corriente inmigratoria desde las Malvinas a Patagonia, a Magallanes en especial, para radicarse en procura de condiciones de vida con mejores perspectivas que las que brindaba el mezquino ambiente insular, y aun de prosperidad, corriente que se prolongó durante la década final del siglo XIX. En ella se incluyeron una veintena de futuros colonos que arribaron solos, en el caso de los que eran célibes, o bien con sus familias, si eran casados.

En 1894 se inició el poblamiento colonizador del distrito subandino de Última Esperanza, tan conocido hoy en día por la bondad de sus campos como por la belleza de sus paisajes. Allí la primera oleada pobladora pionera estuvo formada por alemanes y británicos. Entre estos merecen citarse John Tweedie, Edward Craig y George Paton, quienes obtuvieron terrenos inmediatos a la margen oriental del lago del Toro, y formaron allí un importante establecimiento de crianza. Hacia el oeste, en el extenso valle del río Paine, se ubicó Walter S. Ferrier (1895). Un segundo contingente colonizador pasó a establecerse en diversos sectores del sur, norte y noreste del distrito. De una veintena de colonos que lo componían, la mitad era de británicos: James Carpenter, Harry Johnson, Hugh Mac Pherson, John Mac Lean, Sam Seright, James Radburne, un tal Nicholson entre otros varios, que en su mayoría eran hombres que habían trabajado durante los años precedentes como ovejeros y que deseaban establecerse como criadores independientes (1900).

Es obvio que estos emigrantes invirtieron una parte importante de sus respectivos capitales en la adquisición de ovejas, en particular aquellos que lo hicieron al inicio del proceso colonizador cuando estos animales por fuerza debían comprarse en la colonia británica, y otra parte hubo de ser reservada para hacer frente a los gastos de instalación, especialmente los correspondientes a la edificación de viviendas, galpones y demás instalaciones indispensables para el funcionamiento de los correspondientes establecimientos por ellos llamados stations(estancias). La inexistencia de todo control administrativo en la época, dado el régimen de libertad aduanera que poseía el territorio de Magallanes ha hecho imposible disponer de información acerca de los montos que pudo alcanzar ese aporte de capital, pero debe aceptarse que el mismo no debió ser menor3.

De acuerdo con la información suministrada al Supremo Gobierno por el Gobernador Manuel Señoret, a comienzos de 1893, de un total de 1.293.600 hectáreas en colonización, sobre las que pastaba una dotación animal de 463.290 ovejas, los hacendados de origen británico ocupaban personalmente o en sociedad con otros extranjeros una superficie de 622.000 hectáreas, con una dotación de 324.000 ovejas, lo que representaba el 48% de la tierra ocupaba hasta entonces en Patagonia (zona centro-oriental magallánica) e isla grande de Tierra del Fuego, con una carga animal equivalente al 70% de la dotación territorial, la que da cuenta tanto de la calidad de los terrenos pastoriles como de la eficiencia en la explotación4.

Puede, además, intentarse una aproximación sobre la base del cálculo del valor de inversión realizada hasta 1896 en los terrenos dados en arrendamiento en la Patagonia chilena, hecho por Mariano Guerrero Bascuñán, Delegado del Supremo Gobierno en el territorio de Magallanes5.

Este valorizó las instalaciones y animales que entonces había sobre un total de 550.250 hectáreas ocupadas, de la siguiente manera:

Sobre esta base, considerando el alambrado y las instalaciones construidas en la superficie ocupada, atribuyéndoles un valor porcentual igual al consignado en 1893 respecto de la posesión fundiaria (48%) -corriendo el riesgo cierto de una subvalorización por cuanto se sabe que los mejores y mayores establecimientos tenían la inversión más importante cuantitativa y cualitativamente considerada-, y al ganado un valor semejante al mencionado (70%), tenemos un total de $2.943.824, lo que significa que la inversión hecha por los colonos extranjeros en los campos de la Patagonia chilena -entre los que la presencia británica era mayoritaria y cualitativamente más importante-, no habría bajado del 55% del total del capital invertido por entonces en la explotación ovejera.

Guerrero Bascuñán entrega asimismo datos sobre los lotes ocupados a título provisional o precario y los lotes arrendados en la Tierra del Fuego (recién en la fase inicial de la colonización) que totalizaban $4.499.865, en los que la presencia de británicos y sus aportes de capital era ciertamente importante (aunque indeterminable) especialmente en lo tocante a los campos fueguinos.

Una segunda referencia que permite aproximarse a lo que pudo ser la cuantía de la inversión de capital de origen británico la encontramos en un documento del archivo epistolar de Mauricio Braun. Se trata de un listado completo de estancieros para el año 1898, esto es, cuando la etapa inicial de la ocupación de campos pastoriles estaba virtualmente cumplida, aunque en él faltan algunas menciones referidas a los distritos de Magallanes centro-oriental y de Última Esperanza (Tabla III).

En este documento se individualizan los estancieros (personas naturales y sociedades), la superficie ocupada, el avalúo fiscal de los terrenos y el correspondiente a los enseres, animales y demás instalaciones de cada establecimiento. Pues bien, los británicos que aparecen como sujetos con tenencia de campos (o de intereses en casos de compañías) poseían entonces 2.101.390 hectáreas sobre un total de 2.930.228 hectáreas ocupadas (71,7%), que a su vez tenían un avalúo fiscal de $8.200.780, sobre un total de $10.665.440, más un avalúo adicional por concepto de ganado introducido, edificaciones e instalaciones y enseres, con un monto de $12.893.200, sobre un total de $17.403.760, esto es, el 74%.

Así, generalizando a 1901-02 y sobre un ecúmene ocupado algo superior a 3.000.000 hectáreas, la participación británica -que debería entenderse como aporte de capital- equivalía aproximadamente a tres cuartos de la inversión realizada durante el proceso colonizador fundacional, participación ciertamente relevante.

Pero debe destacarse, no se trató solamente de aportes de capital, bien en animales, bien en dinero fresco, sino también de la introducción -invaluable- de una tecnología de explotación ovina absolutamente desconocida en Chile, como fuera el patrón de crianza anglo-escocés adaptado a las islas Malvinas y puesto en práctica, virtualmente sin modificaciones, en la realidad ambiental fuego-patagónica. Merced al mismo la ganadería ovina magallánica, como la patagónica en general, alcanzaría en pocas décadas el estándar de calidad que la distinguiría en los mercados laneros; no solo eso, sino además fue el fundamento tecnológico sobre cuya base cobró forma la estructura económica vertebral de Magallanes con una vigencia que alcanzaría hasta la mitad del siglo XX como actividad abrumadoramente predominante.

La contribución británica en ese tiempo, además de capitales y tecnología, significó la incorporación de fuerza de trabajo calificada, pues estimuló la afluencia libre o inclusive la contratación expresa de personal especializado, mayormente pastores escoceses. De ese modo, en poco tiempo, la estructura operativa de la gran mayoría de los establecimientos estuvo formada por gente de origen británico, principalmente ingleses y escoceses (en este caso en una proporción que no bajó del 50%), pero también de malvineros y algunos neozelandeses y australianos. Así la presencia británica finalmente agregaría eficiencia operativa a su trascendental contribución en la estructura productiva agraria de Magallanes.

En Tierra del Fuego, al revés de lo acontecido en la Patagonia, donde la colonización fue abrumadoramente de carácter individual, desde un principio se desarrolló sobre ella exclusivamente el sistema de concesiones latifundiarias: en 1885 a Wehrhahn Hnos. y Cía. (123.000 hectáreas); en 1889 a José Nogueira (180.000 hectáreas) y Mauricio Braun, testaferro de aquel, (170.000 hectáreas), y en 1890 nuevamente al empresario portugués Nogueira (1.009.000 hectáreas). Así se entregó virtualmente en su totalidad el ecúmene disponible para la explotación ganadera, desde la Primera Angostura en el norte hasta el paralelo 54°, en el sur, y desde el estrecho de Magallanes y la bahía Inútil por el occidente, hasta la frontera con la República Argentina por el oriente.

Para la explotación pastoril de tan vastas concesiones se organizaron sendas sociedades en las que, igualmente, el capital británico habría de hacerse presente. Estas fueron las siguientes:

a) Wehrhahn, Hobbs y Cía. (después Sociedad Ganadera Gente Grande), para la explotación de la primera de las concesiones nombradas. Aunque constituida inicialmente sobre la base de los aportes de César y Augusto Wehrhahn, comerciantes alemanes avecindados en Valparaíso, con posterioridad se incorporaron a la misma Rodolfo Stubenrauch, empresario de Punta Arenas, y los malvineros Ernest W. Hobbs y un tal Baillon, hombre de recursos, con lo que la entidad habría tenido una participación de origen británico que podría estimarse en un tercio del capital social.

b) Nogueira, Wales & Company (después The Tierra del Fuego Sheep Farming Company), sociedad constituida en Londres para llevar adelante la explotación de la primera de las concesiones recibidas por José Nogueira, y formada con un capital de 25.000 libras esterlinas, aportados en una quinta parte por el propio Nogueira y en las otras cuatro quintas partes por el grupo ganadero-financiero Waldron & Wood, del que formaba parte Mont E. Wales, representante que intervino en las negociaciones del caso.

c) The Philip Bay Sheep Farming Company, entidad creada igualmente en la capital británica para la explotación pastoril de la concesión entregada a Mauricio Braun. Los constituyentes fueron el mismo Braun y nuevamente el grupo Waldron & Wood, y aunque no se conoce el monto ni la forma de aportación del capital, puede conjeturarse que una y otra debieron ser semejantes a los correspondientes a la sociedad anteriormente mencionada.

Es del caso hacer notar que el grupo Waldron & Wood, además de sus posesiones en la Patagonia chilena, tenía una vastísima extensión de campos en el sudeste del territorio argentino de Santa Cruz, donde se habían formado las grandes estancias "Cóndor", "Monte Dinero" y "Gap", y en el sector norte de la Tierra del Fuego argentina, en que a partir de 1897 se había iniciado el poblamiento de "Cullen Station". Su vasta posesión en suelo argentino se extendía sobre alrededor de 300.000 hectáreas. Este dominio y los campos chilenos de "Kimiri Aike" y "Punta Delgada", que en conjunto redondeaban 100.000 hectáreas, fueron integrados en el patrimonio de The Patagonian Sheep Farming Company, constituida en Londres en 1887 sobre la base de los intereses de los hermanos Henry, William y Stanley Wood, y John y William Waldron.

d) Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego. La formación de esta compañía estuvo entre las exigencias impuestas a José Nogueira al entregársele su gran concesión fueguina. Tras el fallecimiento del pionero, la misma fue cumplida exitosamente durante el transcurso de 1893 por Mauricio Braun, quien además de cuñado había sido hombre de la entera confianza del empresario lusitano. La entidad se constituyó formalmente a fines de septiembre del año mencionado. En el capital fundacional de $ 1.000.000 (dividido en 2.000 acciones de $ 500 cada una), totalmente suscrito y pagado, participaron algunos comerciantes británicos radicados en Valparaíso, con lo que de partida hubo recursos de ese origen, pero posteriormente, pasado 1900, al aumentarse el capital a $ 1.200.000 (2.500 acciones), la importante casa mercantil inglesa Duncan Fox & Company adquirió un porcentaje de acciones no inferior al 9% según se verá.

e) Mac Rae y Cía. Esta sociedad se constituyó, probablemente hacia fines de los años 80, para explotar los campos de la sección sur de la concesión Wehrhahn (zona de la bahía de Porvenir), que fueron arrendadosex profeso a la concesionaria. Allí se estableció la estancia "Porvenir", ocupando una superficie de alrededor de 20.000 hectáreas. Los socios constituyentes fueron el empresario Rodolfo Stubenrauch y el inmigrante escocés John Mac Rae.

El lapso comprendido entre 1903 y 1910 registró una serie de acontecimientos que en su conjunto contribuyeron a variar el cuadro de la tenencia agraria en Magallanes y, consecuencialmente, a modificar la participación de capitales británicos en el importante negocio ovejero.

Hacia 1901-02 se cumplió el período de arrendamiento de la mayoría de los campos fiscales del Territorio de Magallanes, hecho que incluso con antelación había dado origen a un intenso y sostenido movimiento por parte de los tenedores, quienes, con toda razón deseaban acceder a la propiedad de los campos arrendados y poblados con su esfuerzo pionero, salvaguardando de ese modo el fruto de su trabajo.

Lo que estos pretendían era la venta directa por parte del Fisco, pero en ese empeño, su legítimo interés hubo de contender con el afán de capitalistas y especuladores de Santiago y Valparaíso quienes, a la vista de lo rentable que era el negocio pastoril, deseaban acceder y explotar esa fuente de enriquecimiento, que se veía fácil y pronto. Como los mismos de cualquier modo se hallaban vinculados a grupos de presión económicos y políticos, consiguieron influir ante las autoridades gubernativas y el Congreso Nacional para que la decisión a adoptarse respecto del destino de las tierras magallánicas fuese favorable a sus aspiraciones. Y así ocurrió en efecto al enviarse al Congreso por el Poder Ejecutivo un proyecto de ley, que resultó aprobado, mediante el cual se disponía la enajenación en pública subasta de los campos del territorio de Magallanes ubicados en el continente (distritos Península de Brunswick, Zona Centro-Oriental Magallánica y Última Esperanza), debidamente loteados.

De esa manera, entre el 20 de marzo de 1903 y el 10 de setiembre de 1906 se remataron 1.756.882 hectáreas. El saldo, bien se sabe, hasta enterar el total de sobre 3.300.000 hectáreas que en esa época conformaba el ecúmene pastoril, estaba conformado principalmente por las cuatro concesiones fueguinas que se han mencionado y cuyo arrendamiento se extendía hasta 1913.

Como consecuencia del interés conocido y de la puja consiguiente, el cuadro de la tenencia fundiaria varió fundamentalmente respecto del conocido para 1902. Los grandes ganadores de las subastas fueron la Sociedad Ganadera de Magallanes, constituida expresamente para el objeto por capitalistas del centro de Chile, la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego y José Menéndez. Las propiedades adquiridas por la primera y el último estaban situadas en el distrito centro-oriental de Magallanes, y la de la Explotadora en Última Esperanza. Entre los perdedores se contaron muchos de los colonos pioneros británicos, aunque entre los rematantes estuvieron otros de los originales como Stanley Wood, Walter Ferrier, Henry Reynard, Alexander Morrison, Thomas Saunders, John Hamilton y Eduardo S. Yonge. En resumen, al concluir el proceso de enajenación el total de 84 lotes rematados quedó en manos de 18 personas naturales y tres sociedades, pero en el espíritu de la época varios de los propietarios individuales acordaron fusionar sus intereses y constituir compañías para su explotación.

De ese modo, a las preexistentes Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, Sociedad Ganadera de Magallanes y The Patagonian Sheep Farming Company, se agregaron sucesivamente la Sociedad Criaderos de Casimiro Ltda. (con parte de las antiguas pertenencias de los descendientes del Dr. Thomas Fenton y Eduardo Yonge); The Patagonian Land & Estate Company o Sociedad Tierras y Dominios de la Patagonia (en la que confluyeron los intereses de Thomas Saunders y John Hamilton); Sociedades Ganadera de Laguna Blanca y Ganadera "La Chilena", y The Rio Verde Sheep Farming Company, la primera formada sobre la base de los intereses de distintos rematantes de la zona de la cuenca de la laguna Blanca, y la última a base de los dominios fundiarios de Troostwyck y Cía., Jorge Meric y Edmond Doré, aunque con el aporte mayoritario de capital por parte de Peter De Bruyne, importante empresario de Punta Arenas que aunque originalmente holandés se había naturalizado británico.

Este proceso de concentración fundiaria proseguiría durante la década de 1910, de manera tal que para 1920, época para la que la explotación ovina se hallaba plenamente consolidada en Magallanes, en el distrito centro-oriental el 98,5% de los campos pertenecería a 16 propietarios, de ellos únicamente tres personas naturales, y el mayor y más importante a la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, según se verá. Esta poderosa compañía por otra parte era dueña desde 1905 del 90% de los campos del distrito de Última Esperanza.

Pero en tanto así sucedía, en la isla grande de Tierra del Fuego durante la primera década del siglo XX se produjeron algunos cambios de importancia. Estos consistieron en la venta de los derechos de los accionistas británicos originales de las compañías The Tierra del Fuego Sheep Farming Co. y The Philip Bay Sheep Farming Co. a las firmas Braun & Blanchard, importante holding de Punta Arenas, y a la casa Duncan Fox & Co., constituyéndose respectivamente la Sociedad "La Riqueza de Magallanes" y la Sociedad Chilena de Lanas y Graserías (1904). Tiempo después, la primera adquirió el activo y pasivo de la segunda. La Sociedad "La Riqueza de Magallanes" fue a su vez comprada en 1906 por su poderosa vecina la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, que, de ese modo, reunió en una sola mano las tres concesiones que se habían dado al pionero José Nogueira. Aunque de primera podría pensarse en una forma de "chilenización" de esta entidades, la verdad es que solo hubo traspaso de dominios accionarios, con la concurrencia, otra vez, de capitales británicos en ambos casos, de la firma Duncan Fox & Co.

Hecho esto, hacia 1910 y con el debido sigilo, la Sociedad Explotadora inició conversaciones con su rival en suelo patagónico, la Sociedad Ganadera de Magallanes, en orden a la fusión de ambas compañías, lo que se produjo a principios del año 1910, en medio del estupor de la opinión pública magallánica que mayoritariamente se hallaba en contra de la concentración de la tenencia de campos pastoriles y propugnaba la subdivisión de los mismos en plan de recolonización que favoreciera a muchos empresarios medianos y pequeños.

De ese modo, diecisiete años después de su fundación, la poderosa compañía asumía hechuras de un imperio fundiario pues reunía en sus manos 3.000.000 de hectáreas entre sus dominios en Magallanes oriental, en Última Esperanza y en suelo argentino (Santa Cruz y Tierra del Fuego), sus arrendamientos fueguinos y la tenencia de otros campos en Magallanes centro-occidental que había recibido tras la adquisición de la Sociedad "La Riqueza de Magallanes", que a su tiempo los había recibido de la Sociedad Ganadera de Ponsonby y Última Esperanza. En sus manos estaba ese enorme patrimonio y sobre la mitad del ganado lanar que poblaba los campos territoriales, que ya se empinaba sobre los 2.000.000 de cabezas ovinas, y disponía de un gran influjo sobre sectores empresariales, financieros y políticos chilenos.

Por la composición de su directorio, presidido por el sagaz y talentoso Peter Mc Clelland, que igualmente dirigía la casa Duncan Fox, por su estructura orgánica administrativa y técnica, donde los británicos originarios ocupaban la mayoría abrumadora de las jefaturas y posiciones de confianza, por la misma procedencia nacional de gran parte de sus empleados medios e inferiores y trabajadores calificados, y al fin por la importante cuota de acciones de su capital en manos británicas, era entonces por esencia y definición "una compañía inglesa", como comúnmente solía llamársela.

En la tenencia del paquete accionario de la gran compañía (1.200.000 libras esterlinas), para 1909 la casa Duncan Fox poseía 108.210 acciones, esto es, el 9% del total, pero añadidas las pertenencias de otros tenedores (shareholders) tales como el Banco Anglo-Sudamericano, el Banco de Londres y Río de la Plata y The British Bank of Sudamerica, y la de numerosos súbditos británicos residentes en Valparaíso, Viña del Mar y Punta Arenas, información obtenida de un listado publicado en ese mismo año6, puede concluirse que entre el 25 y el 27% del capital de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego era, en cierto modo, de origen británico directo o indirecto. El porcentaje era, por lo demás, más que suficiente para mantener el control y la gestión de los negocios sociales que, casi está de más decirlo, se mostraban boyantes merced a una dirección y manejo técnicos de la mayor eficiencia, con excelentes producciones anuales de la mejor calidad y los consiguientes buenos precios en el mercado internacional. Imposible tener una mejor y más cabal imagen de británica eficiencia productiva y mercantil.

En 1917 el cuadro del dominio accionario de la compañía había vuelto a modificarse, ahora señalando lo que parecía una manifiesta chilenización en la propiedad o, lo que es lo mismo, evidenciándose un retiro progresivo de aportes británicos. En efecto, para entonces de un total de 1.800.000 acciones de una libra esterlina que enteraban el capital social, 223.844 pertenecían a la Compañía Chilena de Custodia de Valores (12,4%). Otros accionistas importantes eran Sara Braun, con 88.400 acciones, Mauricio Braun, 66.000 acciones, Fernando José Irarrázabal, 60.000 acciones y José Menéndez, 39.600 acciones, que en conjunto hacían otro 14,1%. El solo grupo Punta Arenas (los Braun, Menéndez, sus familiares, los Blanchard, y las sociedades relacionadas reunían 220.000 acciones, 12,2%). Los accionistas británicos institucionales (Duncan Fox & Co. y Banco Anglo-Sudamericano) poseían 47.436 acciones (2,6%)7.

Este repliegue financiero, si de tal puede escribirse, debería entenderse en el contexto comprensivo del conflicto bélico mundial entonces en desarrollo y de los cambios en variados y complejos sentidos que habría de traer la postguerra para la situación del Imperio Británico y los negocios de sus súbditos e instituciones en el exterior.

Además de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, la expresión más acabada del aporte económico de origen británico en el desenvolvimiento productivo de Magallanes, hacia los años de 1910 destacaban tres núcleos empresariales importantes de esa procedencia: el formado por John Hamilton y Thomas Saunders, antiguos estancieros (Tierras y Dominios de la Patagonia), y The Patagonian Sheep Farming Co., uno y otro con propiedades en suelo argentino vecino, y The Rio Verde Sheep Farming Company, cuyo accionista mayoritario era, según se ha visto, Peter A. De Bruyne.

En grado de menor importancia deben mencionarse Alexander Morrison, los hermanos George y Walter Harries, William Fell y Eduardo Stanton Yonge. Todos, aquellos y estos, siendo originalmente británicos en sus contribuciones de capital ya podían ser considerados completamente nacionalizados chilenos, por su arraigo definitivo en el país (Tabla IV).

I. La participación británica en los negocios industriales

La primera actividad económica de carácter propiamente industrial registrada en la historia colonial magallánica estuvo referida a la explotación forestal, principalmente para la producción de madera para la construcción. En este rubro está visto que el iniciador, como tarea privada, fue el súbdito británico Henry Reynard, que hacia 1875 invirtió capital en la instalación de un aserradero a vapor en el sector de Río de los Ciervos, algunos kilómetros al sur de Punta Arenas, y que de tal manera pasó a reemplazar a la actividad del aserradero fiscal que había sido establecido alrededor de una década antes y que posteriormente había resultado destruido por un incendio. No se poseen mayores antecedentes sobre esta faena industrial pionera, aunque se sabe que años después Reynard transfirió su propiedad, tal vez en la época en que concentró su esfuerzo económico en la crianza ovejera.

Mencionando únicamente a otro emprendimiento del género, el más importante durante los años de 1880, iniciado por Mauricio Braun en sociedad con el inglés Alfred W. Scott, por cuanto la inversión de capital la hizo aquel, teniendo el segundo solo la responsabilidad de la operación técnica por su profesión de mecánico, cupo nuevamente a Reynard asumir un rol pionero en el inicio de la faena industrial referida al aprovechamiento de los excedentes de la explotación ovina.

Ello ocurrió en 1894 y, como hemos señalado en un estudio precedente8, fue una respuesta técnica y económica a la exigencia impuesta por el crecimiento numérico de la masa ovina. Al aumentar la cantidad de animales en los campos más allá de la capacidad anual de absorción por el consumo intraterritorial de carnes, se advirtió la necesidad de aprovechar económicamente el creciente excedente mediante su faenamiento y procesamiento para la producción industrial de sebo.

A la primera grasería, tal era su denominación, establecida por Reynard en Puerto Oazy junto a las instalaciones centrales de su estancia, siguieron sucesivamente otras hasta llegar a la decena en 1904, varias de ellas fruto de la iniciativa e inversión de capital de empresarios de origen británico, tales como Waldron & Wood (Punta Delgada), Thomas y Williams Douglas (Useful Hill y Río Verde) y Peter A. De Bruyne, asociado con el alemán Bernardo Osenbrug, igualmente en Río Verde.

Virtualmente en simultaneidad con la iniciativa de Reynard, los estancieros Waldron & Wood consideraron la posibilidad de instalar en Punta Delgada una planta para el faenamiento y congelación de carnes, tecnología industrial esta recientemente puesta en uso en el mundo. Así, en 1894 adquirieron en Europa la barca Hengist, provista de instalaciones para la frigorización, con el objeto de fondearla en calidad de pontón-fábrica. Sensiblemente la nave sufrió un siniestro al entrar al estrecho de Magallanes, varándose sobre la costa de Dungeness, razón por la que aquellos empresarios optaron por adquirir otra nave de características semejantes, elOneida que, una vez fondeado sirvió como planta industrial flotante. En uno y otro caso se trató de una inversión importante aunque de monto desconocido. De su producción se sabe que en 1896 se exportaron 70.000 capones congelados a Inglaterra y que no obstante ese promisor comienzo la producción debió ser discontinuada por razón del bajo precio internacional para la carne congelada. Sin desanimarse, Waldron & Wood en asociación con otro empresario local de origen germano, Moritz Bergl, instalaron una fábrica de carnes y grasería, que después de 1903 y tras los remates de tierras pasó a manos de la Sociedad Ganadera de Magallanes, y después de 1910 al poder de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego.

Pero un paso ciertamente determinante en la actividad industrial derivada de la crianza ovejera se dio en 1903 cuando, por iniciativa de Mauricio Braun, uno de los hombres más emprendedores del territorio, un conjunto de industriales y capitalistas ingleses, entre ellos la casa Houlder Brothers, de Londres, decidió erigir en Río Seco, localidad costera situada al norte de Punta Arenas, una planta de faenamiento y frigorización con la mejor tecnología entonces conocida.

Se constituyó para el efecto The South American Export Syndicate, como sociedad anónima inglesa, con sede en la capital británica y con un capital inicial de 30.000 libras esterlinas, enterado en un tercio con aportes de Braun (bajo la firma Bermúdez y Cía.) y el saldo por Houlder Brothers y otros capitalistas ingleses. La gran planta, la primera de la Patagonia, que fue igualmente la primera en su género establecida en el país, tuvo desde su puesta en marcha en 1905 una producción regular definida por la calidad y que se prolongaría por medio siglo hasta su cierre a mediados de la década de 1950, en un contexto depresivo de la economía magallánica que no viene al caso considerar.

Una segunda inversión importante en el rubro de que se trata se materializó por iniciativa de otro gran capitán de empresa regional, José Menéndez, quien conjuntamente con otros inversionistas de Magallanes (The Patagonian Sheep Farming Co., Fred Waldron, F. H. Townsend y otros) constituyeron la Compañía Frigorífica de Patagonia, con un capital de 100.000 libras esterlinas, dividido en otras tantas acciones, de las que al momento de la constitución se habían tomado y pagado efectivamente sesenta mil9. La planta, instalada en Puerto Sara (bahía de San Gregorio, estrecho de Magallanes), fue inaugurada en 1908. Tiempo después, antes de 1910, hubo un aporte de capital no inferior a 10.000 libras esterlinas que fue hecho por la casa inglesa Weddell & Co. de Londres. Como mera referencia de producción se menciona que en 1910 las plantas de Río Seco y Puerto Sara exportaron en conjunto 338.413 reses congeladas, además de otros 32.784 animales faenados para la producción de sebo.

Un tercer emprendimiento realizado por una sociedad en la que habían comprometidos intereses británicos, fue el realizado por la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego en Puerto Bories (Última Esperanza). Allí, sobre la base de la fábrica de carnes y grasería instalada en los comienzos de la primera década del siglo XX por Rodolfo Stubenrauch, aquella compañía realizó una importante inversión de capital en su modernización y ampliación (fábrica de carnes congeladas, curtiembre, aserradero y ferrocarril), que a 1915 totalizaba 120.000 libras esterlinas. La industria fue inaugurada en 1914 y su producción en 1916 fue de 218.976 reses congeladas, exportada al Reino Unido como el resto de la producción regional del rubro.

La actividad industrial ajena a los derivados de la ganadería ovina no registra otra participación de alguna importancia por parte de capitalistas de origen británico, excepción hecha de la realizada en época indeterminada de la década de 1910 por el antiguo capitán mercante Charles A. Milward, quien radicado desde las postrimerías del siglo XIX en Magallanes llegó a ser un destacado empresario10  y como tal adquirió el establecimiento de maestranza y fundición establecido en 1895 por los alemanes Ricardo Lion y Adolfo Geissel.

Entre los emprendimientos menores de principios del siglo XX y hasta 1920 merecen citarse también la maestranza y fundición establecida por Braun & Blanchard en sociedad con el súbdito inglés John Skirving, que giró por un tiempo bajo la razón social Skirving y Cía., y que luego pasó a ser propiedad exclusiva de la primera entidad mencionada. También se mencionan el aserradero de Richard Löhr y Cía., inmigrante malvinero, y el establecimiento de imprenta de C.A.T. Riesco11  ("Imprenta Inglesa") (Tabla V).

II. La participación británica en los negocios industriales

La primera actividad económica de carácter propiamente industrial registrada en la historia colonial magallánica estuvo referida a la explotación forestal, principalmente para la producción de madera para la construcción. En este rubro está visto que el iniciador, como tarea privada, fue el súbdito británico Henry Reynard, que hacia 1875 invirtió capital en la instalación de un aserradero a vapor en el sector de Río de los Ciervos, algunos kilómetros al sur de Punta Arenas, y que de tal manera pasó a reemplazar a la actividad del aserradero fiscal que había sido establecido alrededor de una década antes y que posteriormente había resultado destruido por un incendio. No se poseen mayores antecedentes sobre esta faena industrial pionera, aunque se sabe que años después Reynard transfirió su propiedad, tal vez en la época en que concentró su esfuerzo económico en la crianza ovejera.

Mencionando únicamente a otro emprendimiento del género, el más importante durante los años de 1880, iniciado por Mauricio Braun en sociedad con el inglés Alfred W. Scott, por cuanto la inversión de capital la hizo aquel, teniendo el segundo solo la responsabilidad de la operación técnica por su profesión de mecánico, cupo nuevamente a Reynard asumir un rol pionero en el inicio de la faena industrial referida al aprovechamiento de los excedentes de la explotación ovina.

Ello ocurrió en 1894 y, como hemos señalado en un estudio precedente8, fue una respuesta técnica y económica a la exigencia impuesta por el crecimiento numérico de la masa ovina. Al aumentar la cantidad de animales en los campos más allá de la capacidad anual de absorción por el consumo intraterritorial de carnes, se advirtió la necesidad de aprovechar económicamente el creciente excedente mediante su faenamiento y procesamiento para la producción industrial de sebo.

A la primera grasería, tal era su denominación, establecida por Reynard en Puerto Oazy junto a las instalaciones centrales de su estancia, siguieron sucesivamente otras hasta llegar a la decena en 1904, varias de ellas fruto de la iniciativa e inversión de capital de empresarios de origen británico, tales como Waldron & Wood (Punta Delgada), Thomas y Williams Douglas (Useful Hill y Río Verde) y Peter A. De Bruyne, asociado con el alemán Bernardo Osenbrug, igualmente en Río Verde.

Virtualmente en simultaneidad con la iniciativa de Reynard, los estancieros Waldron & Wood consideraron la posibilidad de instalar en Punta Delgada una planta para el faenamiento y congelación de carnes, tecnología industrial esta recientemente puesta en uso en el mundo. Así, en 1894 adquirieron en Europa la barca Hengist, provista de instalaciones para la frigorización, con el objeto de fondearla en calidad de pontón-fábrica. Sensiblemente la nave sufrió un siniestro al entrar al estrecho de Magallanes, varándose sobre la costa de Dungeness, razón por la que aquellos empresarios optaron por adquirir otra nave de características semejantes, elOneida que, una vez fondeado sirvió como planta industrial flotante. En uno y otro caso se trató de una inversión importante aunque de monto desconocido. De su producción se sabe que en 1896 se exportaron 70.000 capones congelados a Inglaterra y que no obstante ese promisor comienzo la producción debió ser discontinuada por razón del bajo precio internacional para la carne congelada. Sin desanimarse, Waldron & Wood en asociación con otro empresario local de origen germano, Moritz Bergl, instalaron una fábrica de carnes y grasería, que después de 1903 y tras los remates de tierras pasó a manos de la Sociedad Ganadera de Magallanes, y después de 1910 al poder de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego.

Pero un paso ciertamente determinante en la actividad industrial derivada de la crianza ovejera se dio en 1903 cuando, por iniciativa de Mauricio Braun, uno de los hombres más emprendedores del territorio, un conjunto de industriales y capitalistas ingleses, entre ellos la casa Houlder Brothers, de Londres, decidió erigir en Río Seco, localidad costera situada al norte de Punta Arenas, una planta de faenamiento y frigorización con la mejor tecnología entonces conocida.

Se constituyó para el efecto The South American Export Syndicate, como sociedad anónima inglesa, con sede en la capital británica y con un capital inicial de 30.000 libras esterlinas, enterado en un tercio con aportes de Braun (bajo la firma Bermúdez y Cía.) y el saldo por Houlder Brothers y otros capitalistas ingleses. La gran planta, la primera de la Patagonia, que fue igualmente la primera en su género establecida en el país, tuvo desde su puesta en marcha en 1905 una producción regular definida por la calidad y que se prolongaría por medio siglo hasta su cierre a mediados de la década de 1950, en un contexto depresivo de la economía magallánica que no viene al caso considerar.

Una segunda inversión importante en el rubro de que se trata se materializó por iniciativa de otro gran capitán de empresa regional, José Menéndez, quien conjuntamente con otros inversionistas de Magallanes (The Patagonian Sheep Farming Co., Fred Waldron, F. H. Townsend y otros) constituyeron la Compañía Frigorífica de Patagonia, con un capital de 100.000 libras esterlinas, dividido en otras tantas acciones, de las que al momento de la constitución se habían tomado y pagado efectivamente sesenta mil9. La planta, instalada en Puerto Sara (bahía de San Gregorio, estrecho de Magallanes), fue inaugurada en 1908. Tiempo después, antes de 1910, hubo un aporte de capital no inferior a 10.000 libras esterlinas que fue hecho por la casa inglesa Weddell & Co. de Londres. Como mera referencia de producción se menciona que en 1910 las plantas de Río Seco y Puerto Sara exportaron en conjunto 338.413 reses congeladas, además de otros 32.784 animales faenados para la producción de sebo.

Un tercer emprendimiento realizado por una sociedad en la que habían comprometidos intereses británicos, fue el realizado por la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego en Puerto Bories (Última Esperanza). Allí, sobre la base de la fábrica de carnes y grasería instalada en los comienzos de la primera década del siglo XX por Rodolfo Stubenrauch, aquella compañía realizó una importante inversión de capital en su modernización y ampliación (fábrica de carnes congeladas, curtiembre, aserradero y ferrocarril), que a 1915 totalizaba 120.000 libras esterlinas. La industria fue inaugurada en 1914 y su producción en 1916 fue de 218.976 reses congeladas, exportada al Reino Unido como el resto de la producción regional del rubro.

La actividad industrial ajena a los derivados de la ganadería ovina no registra otra participación de alguna importancia por parte de capitalistas de origen británico, excepción hecha de la realizada en época indeterminada de la década de 1910 por el antiguo capitán mercante Charles A. Milward, quien radicado desde las postrimerías del siglo XIX en Magallanes llegó a ser un destacado empresario10  y como tal adquirió el establecimiento de maestranza y fundición establecido en 1895 por los alemanes Ricardo Lion y Adolfo Geissel.

Entre los emprendimientos menores de principios del siglo XX y hasta 1920 merecen citarse también la maestranza y fundición establecida por Braun & Blanchard en sociedad con el súbdito inglés John Skirving, que giró por un tiempo bajo la razón social Skirving y Cía., y que luego pasó a ser propiedad exclusiva de la primera entidad mencionada. También se mencionan el aserradero de Richard Löhr y Cía., inmigrante malvinero, y el establecimiento de imprenta de C.A.T. Riesco11  ("Imprenta Inglesa") (Tabla V).

Como sucediera en el caso de la ganadería ovina donde la tecnología y experiencia anglo-escocesa fue determinante para su establecimiento inicial y su exitoso desarrollo, tal ocurrió en el caso de la actividad fabril, principalmente en los rubros de la fabricación de carnes congeladas y derivados, y en el de la metalurgia y maestranza industrial.

La primera requirió de la indispensable presencia de ingenieros, técnicos y maestros especializados para los trabajos de instalación, montaje y prueba de maquinarias y equipos, situación que en menor grado se refirió en el caso de la faena metalúrgica. Ello significó a su tiempo que parte de ese personal calificado se contratara de manera permanente en los diferentes establecimientos, pero asimismo generó una inmigración selectiva de profesionales de origen británico, en especial de ingenieros mecánicos, quienes se emplearon en esas y otras actividades referidas a su profesión. Con ello la contribución tecnológica británica en Magallanes adquirió una nueva e interesante significación, pues tanto aportó al desenvolvimiento industrial del territorio durante la época en consideración, cuanto generó una notable tradición de servicio tecnológico que perduraría por largo tiempo en la región magallánica.

III. La participación británica en los negocios mercantiles

Al hacerse la revisión de los antecedentes que informan sobre el afán económico de los británicos en Magallanes, salta a la vista que el mismo de modo abrumador estuvo referido al negocio ganadero y secundariamente a la actividad industrial, quedando distante en tercer lugar el ejercicio del comercio.

Ciertamente tal ocurrió y la explicación de porqué hubo de ser así, siendo como es conocida desde largo tiempo la semejanza que se ha encontrado entre los hijos de Albión y los antiguos fenicios, mercaderes por excelencia, no resulta fácil. Tal vez se trató de un asunto de espacio y oportunidad en lo referido a perspectivas, facilidad y magnitud de los negocios mercantiles.

En el terreno de la ganadería los británicos entraron con ventaja manifiesta pues o conocían bien la actividad o estaban de alguna manera familiarizados con el negocio. Otro tanto ocurrió en el caso de la industria frigorífica. Pero en cuanto al comercio, los inmigrantes de esa procedencia se encontraron con que su ejercicio estaba en manos de empresarios hábiles y visionarios, entre otros José Nogueira, Braun & Blanchard (que sería la dinámica y creativa sucesora de aquel) y José Menéndez, firmas que desde 1880 en adelante si no monopolizaron el movimiento mercantil, concentraron a lo menos entre dos tercios y tres cuartos del mismo en el período histórico que se considera. Y aún para competir por el porcentaje remanente había otras firmas mercantiles importantes y sólidas, con lo que -en este campo al menos- poco espacio hubo de quedar para la actividad ejercida por súbditos británicos.

No obstante que relativamente menor, cabe consignar la contribución de estos en la actividad comercial registrada para el lapso que interesa.

Sobre la base del listado que se presenta en la Tabla VI se tiene una idea de la titularidad y variedad de los correspondientes establecimientos durante el transcurso de las cuatro décadas que comprende este estudio. Pero cabe señalar que antes de 1880 y a manera de precursores de la actividad debe mencionarse a Henry Reynard -hombre de inquietudes económicas múltiples y una suerte de arquetipo de la pujanza empresarial de los británicos- y a James Dunsmore. Uno y otro instalaron al promediar los años de 1870 sendos pequeños comercios de ramos generales, más bien "despachos", al uso de la época, y de escasa significación económica.

Pues bien, de un total de cincuenta y ocho firmas registradas se advierte en general una doble presencia preferencial en el ejercicio mercantil. Una, la correspondiente al rubro de importaciones, con su derivación en el negocio de distribución y venta al por menor en forma de tiendas y almacenes de ramos generales o especiales, y de agencias y representaciones de marcas industriales y comerciales de fama, que tanto pudieron tener establecimientos de venta directa al público, como exclusivamente de suministro al por mayor, o ambas formas también (en total 32 firmas); y otra, la del ramo de hotelería (21 firmas), explicable por la demanda de hospedaje en una época de inmigración constante y gran movilidad de pasajeros. Entre las primeras se contaron casas de prestigio como la de propiedad de Lionel L. Jacobs ("Casa Inglesa"), con especialidad en mercaderías generales, y la tienda de George Vickery, especializada en artículos para caballeros; también tuvieron prestigio las casas de Whaits y Cía., P. H. Lethaby & Co., Charles Williams y Frank H. Townsend. Entre los del ramo hotelero tuvieron nombradía los dos establecimientos que fundara J.C. Robins, el "Caledonian" (traspasado después a J. C. Roberts) y el "Royal", hotel este que poseía un buen restorán.

Entre los negocios singulares cabe mencionar el cinema "Lilley", una de las primeras, sino la primera de las salas de exhibición de cinematografía de Punta Arenas; la casa de remate de J. Wattson y la agencia de aduana de Walter F. Dixon. Particular mención cabe para la casa de H. Gray, uno de los establecimientos comerciales más antiguos de Punta Arenas, por cuanto a su especialidad de compra y venta de productos naturales del territorio, añadió la de fotografías de indígenas, siendo así, probablemente, la primera casa en comerciar en el ramo12.

Quien se creó su propio espacio en el ejercicio de los servicios comerciales, en el que no tendría competidores, fue el talentoso ingeniero William A. Jones, quien introdujo y desarrolló la telefonía en Magallanes.

Fue en 1898, cuando para el efecto se asoció con otro compatriota, William Macdonald, constituyendo la sociedad Jones y Macdonald que al parecer tenía como nombre de fantasía el de The Magallanes Telephone Company e importó una central telefónica e inició su extensión por los ámbitos urbano y rural. Al año siguiente Macdonald vendió su parte a John E. Webster, surgiendo la razón social Jones y Cía. con que giraría en el futuro. En pocos años el esencial y moderno servicio de telecomunicaciones alámbricas se extendió por el interior del territorio, alcanzando hasta Última Esperanza y Río Gallegos, capital del Territorio de Santa Cruz (Argentina), con el que las comunicaciones quedaron establecidas en 1900. En el curso de los años de la primera década del siglo XX la longitud de líneas telefónicas llegó a superar el millar de kilómetros, uniendo a diferentes estancias y factorías desperdigados por la vastedad rural con la capital territorial. A este fundamental servicio Jones agregó en 1901 el correspondiente a la telegrafía intraterritorial e internacional con el que Punta Arenas y Magallanes quedaron vinculados con Buenos Aires y, por tal vía, con el resto del mundo, en lo que fue tenido -con toda razón- como un adelanto tecnológico casi prodigioso por cuanto rompía el aislamiento geográfico en que hasta entonces había estado. Al mismo Jones cupo la iniciativa y la materialización del tendido de un cable submarino para enlazar las comunicaciones entre la Patagonia y la Tierra del Fuego a través de la primera angostura del estrecho de Magallanes.

No obstante de que en estos casos no se trató de aporte de capital sino de una contribución tecnológica muy valorable, cabe su mención por cuanto de importante la misma hubo de ser para el desarrollo de las comunicaciones intraterritoriales y con el exterior, contribuyendo de variado modo al adelanto general de la vida y la economía.

Por fin cabe igualmente una mención para otros servicios comerciales, como el transporte marítimo y terrestre. En el primero, que tuvo tempranamente una notable cobertura por parte de empresarios como Braun & Blanchard y José Menéndez, hubo también una participación menor de capital parcialmente británico a través de la gestión de la firma armadora constituida por Peter A. De Bruyne, empresario de actividad variada, y Bernardo Osenbrug, que registraron a los vapores Sur y Elena para el tráfico intraterritorial y con la costa argentina. De Bruyne fue asimismo miembro fundador de la Sociedad De Bruyne, Andresen y Cía., constituida conjuntamente con los empresarios Mauricio Braun, Alejandro Menéndez y el capitán mercante Adolfo Andresen para la explotación de la caza pelágica. De su exitoso comienzo en 1904, derivó la posterior organización de la Sociedad Ballenera de Magallanes (1906), en la que De Bruyne fue uno de los accionistas importantes.

En el ramo del transporte terrestre citamos, casi como curiosidad, la participación de un británico, Call Mac Gilliwray, quien habría sido el primero o uno de los primeros en hacer el servicio internacional de pasajeros entre Punta Arenas y el vecino territorio argentino de Santa Cruz (Río Gallegos).

IV. Conclusiones

En una evaluación sobre lo que fue en su hora la participación de capitales británicos en el desarrollo económico de Magallanes en el período comprendido entre 1880 y 1920, debe comenzarse con un reconocimiento franco acerca de la oportunidad y bondad del mismo, teniendo en consideración el surgimiento y evolución del proceso productivo territorial.

Particularizado, el mismo fue determinante en lo referido a la introducción de la ovejería como crianza extensiva y, como tal, fundamento sólido que devino estructural para la organización económica regional. Tal circunstancia histórica sería impensable sin la participación de súbditos y capitales británicos, poseedores aquellos de conocimientos, tecnología, artes y experiencia que los situaba en el mejor nivel de calificación en su época. El modelo anglo-escocés de crianza y producción de ovinos conformó, vale reiterarlo, un doble aporte, financiero y tecnológico, que hizo posible la estructuración productiva del territorio de Magallanes, de tales vigor y características que alcanzaría una vigencia intangible de tres cuartos de siglo a contar de 1880. No solo eso, pues además permitió posicionar a la producción lanera magallánica entre los mejores estándares de calidad en el mundo -y desde luego la más calificada de Chile-, y también significó la inserción de Magallanes como región productora primaria en el esquema económico de la división internacional del trabajo hasta mediados del siglo XX.

En lo tocante a la actividad industrial, la contribución británica aunque menos significativa que la de la crianza ovina, fue ciertamente importante en cuanto hizo posible la incorporación de una tecnología fabril en el tratamiento y conservación de carnes novedosa y desconocida en Chile, que fue repetida en otras inversiones de la especie tanto en Magallanes, como en la Patagonia y la Tierra del Fuego argentinas, permitiendo la dotación de una infraestructura productiva suficiente y eficiente, según se ha comprobado con una prolongada vigencia histórica hasta bien superada la mitad del siglo XX.

Por fin, en lo referido al ejercicio del comercio propiamente tal, es preciso convenir que la participación de capitales británicos fue irrelevante. No sucedió así, en cambio, en el campo de los servicios mercantiles, donde la sola introducción y desarrollo de la telefonía alámbrica y la telegrafía deben acreditársele sin retaceos a la visión y pujanza de un empresario de esa nacionalidad, siendo, como fue, una contribución tecnológica significativa de modernidad y progreso general por donde se la considere.

La cuantificación de la participación económica de los británicos en Magallanes es, lejos, una cuestión ardua y de difícil determinación. Al revés de lo acontecido en otras regiones de Chile (Tarapacá, Antofagasta, Atacama, Valparaíso y Concepción), respecto de lo cual hay abundante documentación y antecedentes estadísticos, en el caso de Magallanes la información sobre el punto que interesa es fragmentaria y por tanto insuficiente para precisar la magnitud de la inversión. No se han conservado registros de época, ni menos información estadística y las fuentes que dan noticias, como se ha visto, son parciales, incidentales o secundarias, y, se reitera, en cualquier caso insuficientes para entregar una información tan completa como la que se requiere.

En subsidio, y además de los datos entregados precedentemente, hemos dispuesto de dos antecedentes que solo sirven para un cálculo meramente estimativo. Uno, la información recogida por el diputado Agustín Gómez García, correspondiente al año 1913, y que se refiere a la propiedad del capital mercantil e industrial. Así, sobre una inversión de $ 30.480.900, los británicos poseían $ 3.510.000 ($ 2.620.000 en el comercio y $ 890.000 en la industria), esto es, el 11,5% de aquel total, encontrándose porcentualmente detrás de los alemanes, croatas y españoles, y precediendo a italianos, suizos, franceses y otros extranjeros y chilenos13.

Pero este dato, a más de incompleto es engañoso, como lo entiende el propio diputado informante al manifestar que en el cálculo no estaban comprendidos los [valores] de la industria ganadera ni sus derivados los frigoríficos, graserías, fábricas de conservas, etc. -precisamente los rubros de inversión donde el capital británico era significativo-por figurar ya estos en los avalúos de las estancias, cuya valorización alcanza a más de cien millones de pesos14.

El otro antecedente se refiere precisamente a parte de la inversión no calculada por aquel, vale decir a la propiedad raíz rural (estancias) y procede del Rol Municipal de Avalúos para el año 1914.

En este documento oficial emanado de la Junta de Alcaldes de Magallanes, organismo edilicio en la época, se contiene un listado de todos los bienes raíces urbanos y rurales existentes en el territorio. Pues bien, de aquellos correspondientes a las estancias hemos seleccionado las pertenecientes a súbditos británicos o a las sociedades por ellos integradas o con participación accionaria en las mismas. Así, de un total de 79 propiedades inmuebles enroladas con una superficie total de 2.915.228 hectáreas y un avalúo de $ 28.044.200 (incluyendo el valor del terreno, enseres y animales), 30 de ellas, con un total de 2.086,390 hectáreas y un avalúo de $ 21.088.980, representaban efectivamente el 71,6% y el 75,2% en cada ítem. En buenas cuentas, para mediados de la segunda década del siglo XX el patrimonio fundiario directo e indirecto de los súbditos británicos en Magallanes abarcaba tres cuartos de la propiedad raíz rural, en la que radicaba la base de la producción económica fundamental: la ovejería en gran escala. Estas cifras son ciertamente confiables y conforman una aproximación a lo que debió ser la realidad de la participación de los británicos en la economía magallánica del cuatridecenio en consideración. Es sensible la carencia de información específica completa y fidedigna tanto para conocer la cuantía de la participación británica en el conjunto de la inversión productiva realizada en el período que interesa, cuanto para compararla con los antecedentes conocidos para otras regiones chilenas.

De este modo, para concluir, ha de convenirse en que aún imperfectamente cuantificada o desconocida en su verdadera magnitud, la participación de capitales británicos en la génesis y desenvolvimiento de la economía magallánica durante el período 1880-1920 fue absolutamente determinante en lo tocante a su producción matriz: la crianza ovina. La historia de Magallanes y de la región meridional americana entera habría sido diferente de no haber mediado tan oportuna como eficaz participación.

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* Investigador, Centro de Estudios del Hombre Austral, Instituto de la Patagonia, Universidad de Magallanes.

** Trabajo presentado a las XIV Jornadas de Historia de Chile, Santiago, 17-19 de octubre de 2001.(...)

https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-71942002003500011

 

 

Pensemos en que hemos naturalizado la presencia de estos poderes fácticos. Es decir, hemos conciliado con las clases opresoras. Ya es hora de identificarnos con quienes lucharon confrontando pese a estar tan aislados.

 

 

A 98 AÑOS DE LAS HUELGAS EN EL SUR

La Patagonia Rebelde

 

Se cumplen 98 años del inicio de una de las huelgas más importantes de comienzos del siglo XX. Aquí hacemos un repaso de sus protagonistas, hechos y lecciones.

 

Nadia Petrovskaia

 

Como en toda crisis del sistema capitalista, cuando las patronales ajustan para mantener sus márgenes de ganancias, lo hacen a costa de los trabajadores. Las peonadas del sur patagónico no escaparon a esta ley de hierro del capitalismo. Y tampoco a sus hierros mortales, como hemos visto también en la Semana Trágica, bajo la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen. Un tiempo después de la Semana Trágica, es que comenzaron las huelgas en el Sur argentino, que también formaron parte de esa oleada obrera a la ofensiva que fue inspirada por la Revolución Rusa y su proletariado en pie.

 

En este caso en particular la piedra de toque fue el fin de la Primer Guerra Mundial, que contrajo estrepitosamente el precio de la lana y su demanda, materia prima en la que se especializaba el sur. Pero antes es necesario ver quiénes eran los dueños de la Patagonia.

 

Yrigoyen al gobierno, oligarcas al poder

 

Si bien Yrigoyen fue el primer presidente electo bajo sufragio universal y secreto (solo para los hombres), su gabinete no tuvo nada que envidiarle a los anteriores gobiernos abiertamente conservadores y oligarcas, ya que estuvo compuesto por reconocidos integrantes de la oligarquía como ser: Salaberry, Ministro de Hacienda, ligado al negocio agroexportador; Honorio Pueyrredon, gran terrateniente, era Ministro de Agricultura; otro estanciero Federico Álvarez de Toledo fue Ministro de Marina, mientras que el Ministro de Obras Públicas, Torello, era un gran hacendado, como así también el primer Ministro de Relaciones Exteriores, Carlos Becú. Nombres y muestras de que la oligarquía terrateniente mas podrida, seguía manejando los hilos del poder.

 

Así las cosas y con el correr de los gobiernos, dos familias se fueron haciendo de la Patagonia, sin exagerar: Mauricio Braun y José Menéndez. El primero junto a su hermana Sara Braun, llegaron a ser los propietarios de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego que llegó a disponer de 1.376.160 hectáreas, que a su vez tenía 1.250.000 lanares que producían 5000 millones de kg de lana, 700.000 kg de cuero y 2.500.000 kg de carne. Dicha fortuna aumentó cuando Mauricio Braun contrajo nupcias con la hija de José Menéndez (a quien acusaron de diezmar a habitantes originarios del Sur argentino). Mauricio poseía además en forma particular, más de 15 estancias, la Compañía Minera Cutter Cove de explotación de cobre y varios frigoríficos, entre otros grandes negocios. No eran los únicos, entre ellos había unos cuantos estancieros de origen británico.

En palabras de un protagonista: “Unos pocos estancieros eran dueños de toda la Patagonia, pagaban con vales o en moneda chilena” según el coronel Pedro Viñas Ibarra, jefe una de las columnas que reprimieron a los trabajadores rurales. Santa Cruz, escenario de los trabajadores rurales en pie luchando contra la clase terrateniente, no escapó, al armado político conservador. Como territorio nacional, que implicaba que dependía del gobierno central y por tanto no tenia autonomía provincial, Yrigoyen podría haber colocado a alguien de su séquito político, sin embargo quedó como gobernador de Santa Cruz un conservador de pura cepa: Edelmiro Correa Falcón, secretario de la Sociedad Rural de Santa Cruz y futuro miembro de la Liga Patriótica Argentina santacruceña.

La primer huelga
Las condiciones de vida y trabajo en las estancias eran las más duras de aquellas épocas. El pago muchas veces era en “vales” o en pesos chilenos, los cuales eran tomados por un valor inferior en los comerciantes locales. Los peones vivían en las estancias, trabajando de 12 a 16 hs diarias, durmiendo en tarimas de maderas, tipo estantes, sin abrigo o con el poco que contaban en temperaturas bajo cero. Los patrones les proveían poca comida, la cual los peones eran obligados a pagar al patrón de estancia. Los depósitos donde se encontraban las tarimas donde descansaban, eran cerrados desde afuera, para evitar huidas de los trabajadores y el único día de descanso eran los domingos.

En septiembre de 1920 la Sociedad Obrera de Río Gallegos, dirigida por Antonio Soto, más conocido como “el Gallego Soto”, de tendencia anarquista, pidió autorización para hacer un acto homenaje a Francisco Ferrer, pedagogo español, fusilado en España. El permiso fue denegado por Correa Falcón y se allanó el local de la Sociedad Obrera. Se respondió con un paro de 48 hs y delegados de los peones de campo viajaron a Río Gallegos a apoyar el movimiento en el pueblo y presentaron un pliego de reivindicaciones, esencialmente reclamando mejoras en las condiciones de trabajo y que se reconozca a la Sociedad Obrera. Los estancieros con la Liga de Comerciantes e Industriales, desconocen a la Sociedad, a los delegados de los peones y se niegan a aceptar el pliego. Tras un intento fracasado de imponer carneros, los patrones aceptan parte de las reivindicaciones de los trabajadores, a condición de que los delegados sean elegidos de común acuerdo con ellos, tomando en cuenta conducta y antigüedad y se reservan el derecho de admisión, es decir dichos delegados no necesariamente seguirían formando parte del personal. Los delegados aceptan, el gallego Soto y su grupo la rechazan. Momento en que comenzaron las discusiones entre él, partidario de la FORA V y reivindicadores de las Revolución Rusa en oposición a la FORA IX, sindicalista y conciliadora con el yrigoyenismo.

El paro siguió y se declaró la huelga en Puerto Deseado en diciembre, se sumaron los trabajadores de “La Anónima” almacén de ramos generales propiedad de Mauricio Braun. Se producen enfrentamientos y tomas de estancias y en las afrentas muere el joven ferroviario de 21 años, Domingo Faustino Olmedo. En otra redada policial en la estancia “El Cerrito” se produce otra gresca donde cayeron heridos de muerte otros trabajadores más varios detenidos.

El gobierno nacional no intervino aun, pero los diarios de Buenos Aires y La Liga Patriótica se ocuparon de crear un clima de tensión y escribieron ríos de tinta sobre el “bandolerismo” y la anarquía de la Patagonia. Yrigoyen cedió a este clima y mandó al teniente coronel Héctor Benigno Varela a “pacificar” la situación y a un nuevo gobernador interino en reemplazo de Correa Falcón: el capitán Ángel Ignacio Yza.

Varela como negociador ordena la rendición incondicional y las patronales firman una propuesta reconociendo la organización de los peones. La mayoría de la peonada acepta y se levanta la huelga. A decir de Osvaldo Bayer llegó el “final feliz: buen preámbulo para la muerte”.

La segunda huelga

Las reivindicaciones no se cumplieron, los presos, siguieron detenidos, se persiguió a activistas, se cerraron locales y se deportaron trabajadores (había trabajadores chilenos, españoles e italianos). Llega la segunda huelga, esta vez la lucha fue por los presos políticos y a su vez se radicalizaron y extendieron las tomas de estancias y requisas de armas y comida. Representantes del gobierno inglés le exigieron al gobierno nacional protección para sus ciudadanos ante las tomas.

Hacia el 5 de noviembre de 1921, Río Gallegos se paralizó. No hubo estancia en funcionamiento, ni hotel, ni comercios. Miles de obreros marcharon por la ciudad con banderas rojas. La Sociedad Rural y la Liga Patriótica exigieron una “solución definitiva”, pedían la vuelta de los tiempos donde unos mandaban y todos los otros obedecían. Las tomas estaban desafiando la propiedad privada capitalista. Al teniente coronel Varela se le ordeno volver a Río Gallegos, esta vez con columnas de soldados bien pertrechados. El 11 de noviembre se dio el primer fusilamiento: el trabajador chileno Triviño Carcomo, cuando aun Varela no había publicado el bando decretando la pena de muerte. El 22 de diciembre fusilaron al último grupo de peones combativos, el dirigido por Jose Font, conocido como “Facón Grande”.

Las lecciones

La FORA IX no llevó adelante medidas de solidaridad con la huelgas de la Patagonia, frente a la intransigencia de la Sociedad Rural, la Liga Patriótica y la presión de la delegación de Inglaterra. Así la Patagonia Rebelde quedó aislada nacionalmente y luego en el campo, rompiendo el principio de solidaridad de clase. Además el anarquismo ya no tenía fuerza como para llamar a grandes acciones de solidaridad.

Por otro lado los trabajadores rurales confiaban en la neutralidad de Varela y el ejército como intermediario, en varios de los manifiestos de la Sociedad Obrera de Santa Cruz, se expresaba la idea de “armonía entre el capital y el trabajo”. Los estancieros, como parte de la clase capitalista, estaban atravesando una crisis, debía ajustar y por ende no estaba dispuesta a ninguna concesión hacia los trabajadores. Contradictoriamente los métodos de los peones (tomas de estancias, de rehenes, requisas) ponían en cuestión las bases de la propiedad privada. Pero al no estar acompañada de gestos de solidaridad de las grandes centrales obreras (como la FORA IX, entre otras) más la ofensiva de la burguesía y el gobierno radical, sellaron el trágico final de la huelga.

Película recomendada: La Patagonia rebelde

Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/La-Patagonia-Rebelde-30995

 

 

Concentración y centralización capitalista

 

Sigamos sintetizando cómo las personas-familias del poder opresor devinieron clase 'distinguida', 'personas de bien'

 

Tradicional cadena de almacenes de ramos generales de la Patagonia -devenidos en supermercados- que formaron Mauricio Braun y José Menéndez en 1908, ancestros directos del jefe de gabinete, Marcos Peña.

12 de septiembre de 2018

 

Por Soledad Gil

Su  historia forma parte de la colonización de la Patagonia. La Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia, más conocida como La Anónima, surgió cuando las familias más importantes de Punta Arenas, decidieron fusionarse comercialmente, después de que ya lo habían hecho por el matrimonio de sus hijos.

Elías Enrique Braun había llegado de Talsen –en el Mar Báltico– en 1874, junto con su esposa Sofía Hamburger y sus hijos Sara, Mauricio, Oscar y Ana. En Punta Arenas nacieron Fanny, Meyer y Juan.

Por entonces también se radicó el asturiano analfabeto José Menéndez, ya casado con la uruguaya María Behety, descendiente de vascos de buena familia.

Josefina Menéndez Behety contrajo matrimonio con Mauricio Braun en 1895 y tuvieron diez hijos. Mauricio era socio del francés Gastón Blanchard y el portugués José Nogueira, que había hecho fortuna con la caza del lobo de dos pelos y se había casado con Sara Braun en 1886.

Nogueira murió seis años después en Arequipa, y Sara fue la primera empresaria de la Patagonia, al consolidar la concesión de más de un millón de hectáreas de tierras de su esposo y ponerse al frente de los negocios ganaderos, comerciales, navieros e industriales de José Nogueira. Volvió a casarse en 1901 con Leoncio Valenzuela, pero ese matrimonio se anuló en 1929, con el argumento de que se había realizado en Quilpué, en lugar de Punta Arenas, como estaba testado. En esa ciudad, Sara llegó a ser una gran benefactora, y su residencia se mantiene aún en pie: allí funciona el elegante hotel José Nogueira .

Por su parte, José Menéndez ya era considerado "El Rey de la Patagonia" por la gran cantidad de tierras que había logrado concentrar: en 1879 fundó la estancia San Gregorio, en 1896 la Primera Argentina y luego la Segunda Argentina.

En 1903, adquirió las tierras adyacentes a bahía Gregorio sobre el estrecho de Magallanes, con lo que se convirtió en dueño de 430.000 hectáreas sólo en la isla Grande de Tierra del Fuego. En el proceso, no obstante, hubo capítulos bastante oscuros como el exterminio de los selknam: los empleados de las estancias de Menéndez tenían entre sus quehaceres la caza de indios. Dice la antropóloga Anne Chapman que el escocés Alexander MacLennan, administrador de la estancia Primera Argentina, apodado Chancho Colorado porque era de tez rosada y rubio de cabello, proponía como solución final para el asunto indígena: "mejor es meterles una bala".

A pesar de los vínculos familiares, los Braun y los Menéndez competían y rivalizaban comercialmente, con negocios similares que habían llegado a las costas argentinas. De modo que Mauricio tomó la iniciativa. Blanchard y Alejandro Menéndez (hermano de Josefina) convencieron a don José de las ventajas de fusionar ambas empresas, lo que sucedió el 10 de junio de 1908 en Punta Arenas al crearse la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia. Diez años después, en 1918, por disposición del gobierno argentina, la firma tuvo que trasladarse dentro del territorio nacional.

Entre los Braun y los Menéndez llegaron a tener 1.376.160 hectáreas y 1.250.000 lanares que producían 5 millones de kilos de lana, 700.000 de cuero y 2.500.000 de carne. Hubo, en esta etapa también, episodios lamentables como el de las huelgas del 1921, y la masacre de la estancia Anita. Hacia 1930, La Anónima –como la bautizó popularmente la gente para evitar el largo nombre de la sociedad comercial– contaba con 24 tiendas.

Entre los Braun y los Menéndez llegaron a tener 1.376.160 hectáreas y 1.250.000 lanares que producían 5 millones de kilos de lana, 700.000 de cuero y 2.500.000 de carne. Hubo, en esta etapa también, episodios lamentables como el de las huelgas del 1921, y la masacre de la estancia Anita. Hacia 1930, La Anónima –como la bautizó popularmente la gente para evitar el largo nombre de la sociedad comercial– contaba con 24 tiendas.

Fue pionera en el desarrollo de la economía regional, e incursionó en el negocio de las usinas eléctricas, la telefonía, el transporte marítimo de pasajeros y de carga. En 1942 abrió su capital a la oferta pública, cotizando desde entonces en la bolsa. Entre 1957 y 1980 fue propietaria de Austral Líneas Aéreas, y Willy Reynal se sumó a la sociedad.

Para comienzos de los 80, sin embargo, el paquete accionario quedó en manos de los Braun. En 1967, el almacén de Trelew fue el primero en convertirse en supermercado, un proceso que se completó en 1971 y terminó con los tradicionales ramos generales. Hoy la empresa tiene 162 sucursales en 83 ciudades, 11.500 empleados y dos frigoríficos. Está presidida por Federico Braun, hijo de Oscar, el décimo hijo de Mauricio y tío segundo de Marcos Peña.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/turismo/la-anonima-la-saga-patagonica-de-la-familia-braun-menendez-nid2162948

 

Observemos que los gobiernos del matrimonio Kirchner, nac&pop, mantuvieron las relaciones implícitas  en su hacerse rico durante su gestión de la provincia de Santa Cruz.

 

 

Los ingleses son “buenos muchachos en la Patagonia”

17 marzo, 2010

 

– El presidente de la Convención Nacional de la UCR y ex senador por Chubut, Hipólito Solari Yrigoyen, cuestionó la relación del gobierno nacional con los petroleros ingleses y las concesiones otorgadas en Chubut, “son enemigos en Malvinas pero buenos muchachos en la Patagonia“, sostuvo en un artículo publicado en el sitio web de la Convención que preside.

(OPI Chubut) – Allí expresa que los petroleros ingleses son enemigos en Malvinas, pero buenos muchachos en la Patagonia, según la, por lo menos, extravagante y contradictoria interpretación de los gobiernos del matrimonio Kirchner, que, interpreta, entregaron el más importante yacimiento del país a una firma cuyo socio mayoritario es British Petroleum (BP), empresa que tiene su sede en Londres, adonde finalmente van a parar sus ganancias en la Argentina”.

Concesiones perjudiciales

Britsh Petroleum es tan inglesa como lo son Desire Petroleum, la que contrató a la plataforma petrolera Ocean Guardian y su asociada Rockhopper Exploration y otras dos sociedades que se han unido para la exploración ilegal que se inicia en las Malvinas, expresó. “Ninguna de estas empresas ha hecho nunca un reconocimiento de la soberanía argentina en nuestros archipiélagos australes, usurpados por el Reino Unido”.

Recordó que la petrolera BP tiene el 60% de Panamerican Energy, “a quien se adjudicó sin licitación alguna, en 2007, por 40 años el yacimiento de Cerro Dragón, que se extiende en Chubut (en su mayor parte) y en Santa Cruz a una ridícula regalía del 12%. Por el plazo, ha sido en la práctica una concesión a perpetuidad o hasta el agotamiento”. Como lo dijo oportunamente, el radical, reiteró esta concesión es “tremendamente perjudicial para la Argentina y las provincias afectadas por las cláusulas leoninas del contrato”.

 

Otra empresa

Irigoyen indicó que Frente a acusaciones públicas que se le han formulado por sus vínculos con capitales petroleros que trabajan en Malvinas, Panamerican Energy ha señalado que no tiene vínculos con las empresas vinculadas en la explotación en las Islas. “Sin embargo, en el último balance de BP, fechado el 31 de diciembre de 2009, figura que Black Rock tiene el 5,93% de las acciones de BP”.

Es que según indicó el ex senador BlackRock es la denominación comercial de BlackRock Investment Management (UK) Limited. Su domicilio social es: 33 King William Street, Londres EC4R 9AS. Está registrada en Inglaterra con el N° 2020394.

 

Canje de deuda

Esta empresa es un poderoso fondo de inversión que además del capital mencionado en BP también tiene capital accionario en las firmas que están trabajando en Malvinas. Al 30 de septiembre de 2009 BlackRock gestionaba activos globales por valor de US$ 3.2 billones. BlackRock ha unificado sus negocios de inversión y gestión con Barclays Global Investors, una firma emparentada con el Barclays Bank PLC”. Y agregó que precisamente este banco es la entidad elegida por el Ministerio de Economía para hacer el canje de la deuda en marcha. Barclays Capital abrió su oficina de representación en Buenos Aires en 2006, ofreciendo servicios de banca de inversión a clientes de todo el país y a organismos oficiales. Barclays Capital es la división de banca de inversión de Barclays Bank PLC.

Finalmente indicó que cabe preguntarse ante estos enlaces que tiene el Gobierno y que tienen las empresas petroleras inglesas que operan en las Islas, ¿cuál será el límite de las advertencias de que no se permitirá que operen en la Argentina quienes lo hagan en Malvinas bajo la tutela de las autoridades coloniales? ¿Quiénes son los enemigos y cuáles son considerados buenos muchachos?”. (https://opisantacruz.com.ar/2010/03/17/los-ingleses-son-%E2%80%9Cbuenos-muchachos-en-la-patagonia%E2%80%9D/Agencia OPI Chubut)


Fuente: https://www.uai.edu.ar/media/109551/miguez-las-tierras-de-los-ingleses.pdf

 

 

Destaquemos hoy porqué la Argentina productora de alimentos se convirtió, predominantemente, en exportadora de forraje y agrocombustibles:

 

 

Los dueños del agro y la alimentación

6 marzo 2019

Por Darío Aranda

Un informe de organizaciones alemanas muestra cómo unas pocas corporaciones manejan el sistema alimentario del planeta. El agronegocio y la complicidad de los gobiernos. El caso argentino: los pueblos fumigados y la expulsión de Monsanto de una localidad cordobesa.

Un puñado de empresas de Estados Unidos, Europa y China decide qué produce el agro mundial, cómo se alimenta la población y, al mismo tiempo, cómo se enferma y empobrece. Son algunas de las definiciones del “Altas del agronegocio”, una investigación de fundaciones alemanas que denuncia con nombres propios el accionar de las compañías y la complicidad de los gobiernos. El trabajo también derriba el mito de las multinacionales agrícolas: “El agronegocio (de transgénicos y agrotóxicos) no puede conservar al medio ambiente ni la subsistencia de productores, y tampoco puede alimentar al mundo”.

La investigación denuncia el accionar de las empresas del agro, cerealeras, multinacionales de la alimentación y supermercados. De Alemania apuntan al accionar de Bayer y Basf; de Estados Unidos a Bunge, Cargill, Coca Cola, Dow, DuPont, Kraft y Monsanto. De Gran Bretaña a la multinacional Unilever; de Franca a Danone y Carrefour; de China a ChemChina y Cofco; de Suiza a Glencore, Nestlé y Syngenta; de Países Bajos a Louis Dreyfus y Nidera. De Argentina aparecen las empresas Los Grobo, Don Mario,  Biosidus y Cencosud (Vea, Jumbo y Disco), entre otras.

El trabajo fue realizado por las fundaciones Heinrich Böll, Rosa Luxemburgo, Amigos de la Tierra Alemania (BUND), Oxfam Alemania, Germanwatch y Le Monde Diplomatique. Sindica como “el moderno latifundio” al modelo de agronegocio, que desde finales del siglo XX avanzaron con la llamada agricultura industrial, de monocutltivos (principalmente palma aceitera, maíz y soja).

Apunta a cuatro empresas que dominan el mercado de semillas y agrotóxicos: Bayer (que en 2018 cerró la compra de Monsanto), ChemChina-Syngenta, Brevant (Dow y Dupont) y Basf. En 2015 facturaron 85.000 millones de dólares y, según proyecciones de Bayer, llegarán 120.000 millones en 2025.

Cuestiona que las empresas del sector hayan asumido poca responsabilidad por las consecuencias de su accionar, que repercutió en el “hambre, cambio climático, insostenibilidad, enfermedad e injusticia”.

La investigación cuenta con un capítulo titulado “La república unida de la soja” (en base a una publicidad de la multinacional Syngenta, que así llamó a Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Brasil). “El papel de Argentina en la promoción del modelo agrícola industrial transgénico fue crucial. Representó la cabecera de playa de esta expansión para la industria semillera y agroquímica mundial”, afirma. 

Explica que jugó un rol clave el eje gubernamental. Denuncia la complicidad de la Comisión Nacional de Biotecnología (Conabia), el Servicio de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), la Secretaría de Agricultura y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). A más de 20 años aprobar la primera soja transgénica, los mismos organismos aún bendicen los transgénicos y agrotóxicos en base a estudios de las mismas empresas que los producen y venden.

El trabajo también denuncia el rol de “pseudo-organizaciones técnicas” que publicitan las bondades del modelo pero ocultan las consecuencias. Señala a la Asociación de Productores de Siembra Directa (Aapresid), Asociación de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea) y las fundaciones Fertilizar y Producir Conservando. Afirma que el modelo agropecuario actual es una “agricultura minera” que extrae nutrientes de los países sudamericanos y genera enormes impactos ambientales.

Precisa el rol de empresas que suelen pasar desapercibidas en el debate del agro mundial: las exportadoras o, como llamó el periodista Dan Morgan, “traficantes de granos”. Cuatro transnacionales dominan el sector: Archer Daniels Midland (ADM), Bunge, Cargill y Louis Dreyfus. Juntas son conocidas como el “Grupo ABCD”. Su participación en el mercado mundial es del 70 por ciento. En los últimos años se sumó al grupo la china Cofco.

El mercado de alimentos también está en muy pocas manos: 50 grupos empresariales facturan la mitad de las ventas mundiales. Las diez principales (sin incluir el sector bebidas) son Nestlé (Suiza), JBS (primer proveedor de carne mundial, de Brasil). Del tercero al sexto lugar son empresas de Estados Unidos: Tyson Foods, Mars, Kraft Heinz, Mondelez. Le siguen Danone (Francia), Unilever (Gran bretaña) y las estadounidenses General Mills y Smithfield.

“Con la expansión de los consorcios multinacionales se modifican los hábitos alimenticios. Los alimentos poco procesados son sustituidos por los ultraprocesados. El sobrepeso, la diabetes y las enfermedades crónicas son sólo algunas de las consecuencias”, alerta la investigación, que se presentó en Europa, Brasil y Argentina, y contó con la participación local del Grupo de Ecología del Paisaje y Medio Ambiente (Gepama) de la UBA.

También destaca la urgente necesidad de fortalecer mediante políticas públicas la agroecología (un modelo sin transgénicos ni agrotóxicos, con rol protagónico de campesinos, indígenas y pequeños productores) y resalta dos acciones históricos contra las multinacionales: el boicot mundial contra Nestlé (entre 1977 y 1984) por su engañosa publicidad de leche en polvo para bebés y la lucha de los pueblos fumigados de Argentina, que son la prueba viva de los impactos de los agrotóxicos en la salud y al mismo tiempo impulsan modelos de producción sin venenos. Recuerda la epopeya de la localidad de Malvinas Argentinas (Córdoba), que luego de cuatro años de resistencia echó a Monsanto de su territorio.

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Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Recomendamos/Los-duenos-del-agro-y-la-alimentacion

En consecuencia, hay confrontación con la concentración y centralización capitalista al emprender la «reforma agraria integral». Es proceso de lucha y organización unitaria en procura de liberar a todos los territorios del país y el Abya Yala de los extractivismos e infraestructuras de integración al sistema mundo capitalista. Veamos en el ensayo siguiente qué debe desarmar.

 

El sistema agroalimentario globalizado:

imperios alimentarios y

degradación social y ecológica

Revista de Economía Crítica,  nº 10, segundo semestre 2010

 

Manuel Delgado Cabeza

Departamento Economía Aplicada II

Universidad de Sevilla

 

L A G L O B A L I Z A C I Ó N D E L S I S T E M A A G R O A L I M E N T A R I O .

La provisión alimentaria ha experimentado un largo proceso que tiene como hilo conductor su progresiva integración en la organización industrial de la producción, la distribución y el consumo de alimentos. Hoy forma parte de un sistema en el que las formas de hacer dinero se han desplazado hacia el ámbito de lo financiero para consolidar así una economía de la “adquisición" (Naredo, 2009). En este contexto, la elaboración y el consumo de alimentos ha ido separándose progresivamente de su vinculación directa con la agricultura y  con el entorno próximo en el que ésta se desenvolvía para insertarse en un complejo sistema desde el que se resuelven las cuestiones de qué , cómo y para quién se producen, se distribuyen  y se consumen los alimentos.  La evolución de este sistema agroalimentario está ligada a los imperativos del crecimiento y la acumulación dentro del sistema económico vigente, aunque el funcionamiento de este complejo posea algunas particularidades que lo definen de manera específica y lo diferencian de otros sistemas de provisión. Entre ellas cabe destacar el peso que en estos procesos poseen los factores orgánicos o biológicos, especialmente en  los dos extremos de la cadena – la producción y el consumo alimentario (Goodman y Redclift, 1991; Fine et al. 1996; Boyd, et al. 2001). Nos encontramos, pues, con un ámbito en el que la naturaleza, como factor limitante y condicionante del desenvolvimiento económico, adquiere connotaciones especialmente relevantes. Por otro lado, siendo la alimentación un fenómeno biocultural complejo, acaba siendo tratada, como una mercancía más, desde la visión unidimensional de lo económico.  

 

Las diferentes etapas por las que ha atravesado el sistema agroalimentario pueden encajarse dentro de los modos de organización y los procesos de acumulación seguidos por el sistema en su conjunto. En este sentido, de los tres regímenes alimentarios identificados en la evolución del sistema, (Friedman y McMichael, 1989), aquí nos interesa centrarnos en el período más reciente, que arranca en los 80; es la etapa en la que rige el denominado “régimen alimentario corporativo” (McMichael, 2004), que puede asociarse con lo que ha venido en llamarse globalización –estrategia del capital para organizar las operaciones que llevan a su revalorización, a escala planetaria-. 

 

En esta etapa, los procesos de producción, distribución y consumo alimentario se integran por encima de las fronteras estatales; de modo que las formas de gestión de las organizaciones empresariales que modulan la dinámica del sector contemplan ahora el acceso, tanto a los recursos como a los mercados, a escala mundial (global). No se trata sólo de una extensión cuantitativa de las relaciones mercantiles, sino, sobre todo de un cambio cualitativo en los modos de organización condicionado en gran medida por el protagonismo que ahora adquiere el capital financiero (Marsden y Wathm ore, 1994; Burch y Lawrence, 2009); un capital que a la vez que hace posible la concentración, expansión, y reorganización de las corporaciones agroalimentarias, modula el funcionamiento del sector desde criterios de “racionalización” construidos bajo el imperativo de la “creación de valor” financiero; desde esta lógica se ve estimulada la eliminación de restricciones para la localización, el aprovisionamient o, la producción, la distribución y el consumo agroalimentario.  

 

En este contexto hay que situar la reestructuración del complejo agro alimentario, que participa de los principios del “régimen de acumulación flexible” (Harvey, 1989). Un régimen caracterizado por la eliminación de trabas y rigideces que puedan obstaculizar los procesos de crecimiento y acumulación asociados a los negocios relacionados con el aprovisionamiento alimentario, y en el que las formas organizacionales se orientan hacia complejas estructuras, mallas o redes globales asociadas a una cadena alimentaria crecientemente fragmentada en actividades, establecimientos y procesos diferenciados. Un complejo entramado que  tiene como objetivo promover los intereses globales de un grupo cada vez más reducido de grandes corporaciones transnacionales que de manera creciente  impulsan y gobiernan  los diferentes eslabones de la cadena agro alimentaria 

globalizada (Hefferman, 1994; Kneen,1999; Lyson y Lewis, 2000). El pred ominio de estos gigantes del  negocio agroalimentario ha llevado a designar a éste régimen alimentario como “Imperio Corporativo” (McMichael, 2000, 2004, Ploeg, 2010).

 

 ¿ Q U I É N  D E C I D E  L O  Q U E  C O M E M O S ? 

Estas grandes corporaciones se encuentran inmersas en un fuerte proceso de centralización y concentración que reduce progresivamente el núcleo de toma de decisiones y acrecienta el poder dentro del mismo, y por tanto la capacidad para imponer sus estrategias. Un puñado cada vez  más reducido de firmas c ontrolan desde los genes hasta las estanterías en los establecimientos de distribución. Según un informe de ETC group (2008), en 2007, en el mercado de semillas patentadas, que representaba el 82% del mercado mundial de semillas comercializadas, Monsanto, DuPont y Syngenta acaparan el 47%. Las diez primeras compañías detentan el 67% del mercado mundial de estas semillas patentadas.

 

Las semillas modificadas genéticamente están, prácticamente, (90%) en manos del grupo Monsanto. Las tres primeras compañías de agroquímicos, Bayer, Syngenta, y BASF, controlan la mitad del mercado mundial, y si consideramos las tres siguientes (Dow AgroSciencies, Monsanto y DuPont), llegamos al 75% de las ventas de agroquímicos en el mundo. Con la particularidad de que las seis empresas de agroquímicos mayores del mundo son también gigantes de la industria de la semilla, en una muestra de cómo el control corporativo del sistema agroalimentario se alcanza a través de la integración vertical, operando los grandes grupos empresariales en los distintos eslabones de la cadena (Heffernan, 1999). 

En el comercio mundial de granos nos encontramos con el control, prácticamente

en su totalidad (90%) por parte de tres grandes corporaciones agro alimentarias

Arche r Daniels Midland (ADM), Cargill y Bunge (Holt, 2008). Estos tres grupos también controlan, junto con sus empresas asociadas, la fabricación de piensos. Uno de ellos, Cargill, proveedor de materia prima, comprador, comerciante, procesador de productos y especulador a lo largo de todo el sistema alimentario, lidera la llamada “cadena de valor global del pollo”, y el procesado de semillas oleaginosas en el mundo (Lawrence, 2009).  

 

En alimentos y bebidas, las diez  primeras empresas controlan el 26% del mercado mundial, y en la distribución alimentaria  nos encontramos con Wal-Mart, la empresa más grande del planeta, “un verdadero imperi o económico y mediático” (Montagut y Dogliotti, 2008:34), cuyo volumen de ventas sólo es superado por el PIB de 25 países (Fortune Global 500, 2008), y que, junto con Carrefour y Tesco representan la mitad de los ingresos de los diez primeros grupos de distribución.  El poder de estas megacorporaciones se amplifica con continuas adquisiciones, fusiones , alianzas, contratos y acuerdos informales que buscan ampliar su capacidad de influencia y fortalecer sus posibilidades de expansión (UNCTAD, 2009).

 

Este proceso de concentración ha sido más intenso en la fase de la distribución alimentaria,  hacia la que se ha desplazado el centro de gravedad de la cadena, condicionado este desplazamiento por el alto grado de saturación de los mercados y la facilidad de acceso a los mismos, (de ahí el  papel estratégico de la logística -coste de transporte, depósito y manipulación de los productos entre su salida de fábrica y la llegada al punto de venta-), así como por una mayor dispers ión de la oferta ( Sanz C añadas, 1997; Konefa l et al., 2005).  

La propia posición que la gran distribución ocupa en una cadena de valor cada vez más larga y compleja la sitúa en una posición de ventaja, si se tiene en cuenta que en los procesos económicos tiene lugar “una evolución creciente de la tasa de incremento de la revalorización con respecto al coste físico, a medida que los  procesos avanzan hacia las últimas fases de elaboración y comercialización” (Naredo y Valero, 1998:302). De modo que quienes se posicionan en los últimos eslabones de la cadena están en  mejores condiciones para apropiarse  del valor añadido generado a lo largo del proceso De manera creciente, esta capacidad de apropiación de valor se asocia con la grandes corporaciones de la distribución, que controlan hoy un porcentaje de la comercialización de alimentos que en los países industrializados está próxima al 80% (Montagut y Vivas, 2007).  Desde su creciente poder de negociación a partir del manejo de grandes volúmenes de mercancías y márgenes muy acotados, las grandes distribuidoras fijan las condiciones de venta, presionan los precios a la baja, y consiguen mayores aplazamientos de pagos y mejores condiciones en la entrega, a la vez que aprovechan la competencia entre espacios y empresas proveedoras para obtener una parte mayor en la apropiación de valor. El predominio de estos oligopolios globales de compra está, pues,  determinando de manera creciente el tipo y la calidad de los alimentos que consumimos, su coste monetario, y cómo y dónde se producen o elaboran. (...)

CONSIDERACIONES FINALES

Este recorrido a través de algunas de las claves de la lógica y el funcionamiento del régimen agroalimentario corporativo y sus consecuencias, nos muestra un sistema agroalimentario que no ha sido construido para satisfacer nuestras necesidades alimentarias, sino para nutrir los requerimientos de expansión y acumulación sin límites de las grandes organizaciones empresariales que gobiernan el negocio alimentario. Un sistema que separa la alimentación de la ecología y de la cultura, y que para atender sus objetivos se desconecta de obligaciones en relación con las condiciones de reproducción de la sociedad y de la vida. Un sistema agroalimentario que para afirmarse procura la exclusión de formas y modelos alimentarios, de conocimientos y recursos, e impone su “integración”, -subordinación-, a los circuitos globales corporativos, alimentando así procesos de “acumulación por desposesión”. Un sistema que niega la autonomía y la capacidad de actuar, tratando de imponer un modelo alimentario que no es ni sostenible ni generalizable.

Por todo lo anterior, resolver la crisis alimentaria a la que este sistema nos conduce requiere pensar y actuar al revés de lo que se nos propone desde dentro. Invertir su lógica, sus formas de organización, el estilo de vida a él asociado, resulta imprescindible para poder construir maneras sostenibles de concebir y de practicar la alimentación. Así lo vienen entendiendo multitud de grupos, asociaciones y movimientos sociales, empeñados en construir o reconstruir modos de alimentarnos y de vivir que vayan a nuestro favor, que supongan una reconciliación con nosotros mismos y con la naturaleza, recomponiendo las conexiones que, rotas por la avaricia y el poder, son esenciales para el mantenimiento y el enriquecimiento de la vida. A estas intenciones respondía la propuesta de soberanía alimentaria que nos presentaba ya en 1996 Vía campesina y que desde entonces no ha dejado de sumar argumentos, afanes y experiencias para conseguir que otras maneras de alimentarnos sean posibles.

Bibliografía(...)

Fuente: http://revistaeconomiacritica.org/sites/default/files/revistas/n10/3.pdf

 

 

Involucrarnos en las recuperaciones territoriales de comunidades indígenas y resistencias a ser usurpadas de sus territorios es uno de nuestros desafíos prioritarios si tomamos conciencia generalizada sobre que estamos, como humanidad entera, en  emergencia ecológica y social cuya expresión más contundente es la climática.

 

 

Nación Mapuche. Los pueblos originarios somos un problema por exigir nuestros derechos

Resumen Latinoamericano, 11 de junio de 2020

El CAI organización autónoma, de base del pueblo Mapuche, informa a los pu peñi, pu lamngen y a la comunidad en general que días anteriores, respondiendo a nuestras denuncias en los comunicados de prensa, la Dra. Magdalena Odarda, presidenta del INAI, se comunicó por celular solicitando información del conflicto que está soportando la comunidad Kom Kiñe Mu. Expresó que están dispuestos a intervenir en este conflicto.

A partir de allí realizamos un pedido formal, porque consideramos que hay dos puntos fundamentales en este conflicto por los que debe intervenir el gobierno nacional.

Por un lado, es la Pcia. de Río Negro parte responsable de nuestra situación y no solo política, sino con participación real del despojo territorial de las comunidades, facilitando que inversionistas de distintos orígenes y capitales, avancen en el despojo del territorio al que pertenecemos.

Por otro lado, es en la Constitución nacional donde están contemplados derechos reconocidos y es el Estado nacional quien firmó los pactos y acuerdos internacionales sobre los mismos, debiendo garantizar que se cumplan evitando que se vulneren.

Ver fuente aquí: https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=152977273015608&id=100049100081586

Hemos agotado todas las vías de reclamos administrativos, iniciándolas desde el CODECI, institución del Estado provincial que debería “bregar por la aplicación” de la ley N°2287, con mayoría de integrantes indígenas en su autoridad de aplicación, hasta llegar a la máxima autoridad del Poder Ejecutivo o sea el Gobernador.

Impulsamos una demanda contra la provincia desde el año 2009 que tiene su origen precisamente en la comunidad Kom Kiñe Mu, ante la negativa de reconocerla y documentar la posesión tradicional en el territorio, a nueve comunidades integrantes del CAI.
Si se violan las legislaciones provinciales y no sólo la que trata sobre los derechos que reconocen a los pueblos originarios, si no respetan la Constitución Nacional, los convenios internacionales como el 169
acordado en el marco de la OIT – Naciones Unidas, nuestro reclamo es un grito que sólo escuchamos nosotros en el eco de nuestra propia voz.

Lo de “reparación histórica”, palabras expresadas en fundamentaciones de distintas leyes, por reconocer nuestra preexistencia anterior a la conformación de la República Argentina, y el despojo de los territorios a los pueblos originarios por parte del mismo Estado, no tiene ni inicio, a pesar de tantos años de su aprobación.

Continua la apropiación y expulsión de los territorios a comunidades por parte de empresas argentinas y extranjeras, nuevos “empresarios” que tienen relación con los gobiernos de turno y muchas veces son parte de los mismos que se abusan de nuestra casi imposible defensa. Se adueñan de cerros, lagos, ríos desde su nacimiento. Los montes con los que compartíamos la vida, es permanente su destrucción siendo arrancados desde sus raíces, o sea, peor que las langostas ya que dejan tierra arrasada, con el objetivo de siembra de producción intensiva que les da grandes ganancias a empresas impulsoras de agro tóxicos.

Atropello, abuso, discriminación y muerte, hemos soportado a lo largo del tiempo después de la invasión a los territorios que viven nuestros pueblos, estado de situación que alimentó el anterior gobierno nacional cuando era presidente Macri, pero vemos que permanece en la actualidad.

Esta es la situación real, mostramos lo que piensa el gobierno de esta provincia que se considera dueño del territorio, y en condición de disponer de toda la “tierra fiscal”, entregarla sin importarle los derechos ni la vida de los que siempre han estado habitando.

Existe en la legislatura de Río Negro un proyecto de ley elaborado por el gobernador anterior, hoy Senador Nacional, para reformar la Ley de Tierras y Colonia (N°279) que, de aprobarse, por un lado, se multiplicarían los inversores porque habilitarían a acceder a las tierras con derecho a compra a personas jurídicas y físicas incluidas las personas y capitales extranjeros.

Advertimos también que se intensificarían los conflictos porque en los territorios que llaman “fiscales”, ocupamos tradicionalmente el pueblo Mapuche. El proyecto de ley menciona que se procedería a su enajenación gradual y ordenada para destinarla a “unidades económicas de explotación”. “Con intervención del Consejo de Desarrollo de las Comunidades Indígenas (CODECI) cuando se trate de tierras sobre las que residan integrantes de pueblos originarios”.
Residir, “ocupar precariamente” es jurídica y políticamente muy diferente a tener la ocupación tradicional del territorio por los pueblos originarios.
O sea el mismo pensamiento, el mismo objetivo, que impulsó “la campaña al desierto”.

Antes era en el nombre del “progreso”, hoy para buscar inversores en nombre de la “Productividad-explotación económica”.

Lo que está sufriendo la comunidad Kom Kiñe Mu, es un ejemplo de lo que están dispuestos a realizar en
todo el territorio del pueblo Mapuche.

Si el gobierno Nacional tiene real voluntad de evitar que se agraven los conflictos, estamos dispuestos a hablar solamente lo que está escrito y exigen las propias legislaciones.

“Somos parte de un pueblo, estamos aquí,

donde hemos estado siempre…”

¡!!Marichi Weu, Marichi Weu, Marichi Weu!!!

CAI – Consejo Asesor Indígena

Puel Mapu – (Argentina)

8 de junio de 2020

Para contactos:

CAI – Chacho Liempe: 0294 – 4455409 (fijo)

Kom Kiñe Mi – Claudia Benavidez, Cayunao: 294 – 4200053 (celular).-Fuente: https://www.resumenlatinoamericano.org/2020/06/11/nacion-mapuche-los-pueblos-originarios-somos-un-problema-por-exigir-nuestros-derechos/

 

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Pandemia de

los pueblos olvidados

5 de mayo de 2020

Por Darío Aranda

Página12

La ONU llamó a que los gobiernos tengan un cuidado especial con las comunidades originarias. Denuncian discriminación.

Falta de alimentos y agua, escasez de leña e imposibilidad de trasladar insumos básicos, discriminación y hasta un adolescente baleado por la espalda (en un campo del millonario Eduardo Eurnekian). Son algunas de los impactos del coronavirus en los pueblos indígenas de Argentina. Naciones Unidas llamó a que los Estados tengan políticas especiales de cuidado y protección para con las comunidades originarias. “Basta de genocidio contra las comunidades”, reclamó Gladis Jara, de la comunidad qom Las Lomas (Santa Fe).

La comunidad qom Campo Medina está ubicada en Pampa del Indio, Chaco. Trabajan la tierra, siembran alimentos para autoconsumo y cosechan algodón. También hacen changas fuera de la comunidad, pero se cortaron por completo con la pandemia. El 1 de abril, Edgardo Peñaloza, de 17 años, fue al monte a “mariscar”, recolectar frutos y cazar, en el campo vecino, la estancia Don Panos, 96.000 hectáreas del millonario Eduardo Eurnekian. Cuando estaba monte adentro, fue emboscado por guardias privados y efectivos de la policía chaqueña. Lo balearon por la espalda. Estuvo al borde de la muerte. Fue trasladado de urgencia a la capital provincial y estuvo una semana en terapia intensiva. Su delito: buscar alimentos en el monte. Los agresores, empleados de la estancia y policías, están en libertad y ni siquiera fueron procesados.

En la ciudad de Santa Fe sucedió el primer caso de coronavirus en indígenas, una mujer qom proveniente de Chaco. Se detectó en la comunidad qom del barrio Las Lomas y Santo Domingo. La Red de Instituciones y Vecinxs, espacio intercultural del lugar, emitió un comunicado denunciando que las autoridades sanitarias demoraron cinco días entre el alerta de síntomas y la confirmación/internación de la afectada.

En el comunicado denunciaron que, como con otras situaciones de salud y derechos, se atiende de manera diferencial según la clase social.

Gladis Jara, de la comunidad qom Las Lomas, explicó que el caso de Covid-19 sumó más discriminación al barrio. Detalló que circuló un audio en el que una supuesta médica señalaba 70 casos en la comunidad. Luego de ese hecho, Jara denunció que un integrante de la comunidad sufrió un accidente cardiovascular y la ambulancia se negó a ingresar por temor al virus. Una joven qom fue con contracciones al hospital José María Cullen y no la atendieron. También cuestionó que en los supermercados de la zona no permiten ingresar a los qom. “Hubo amenazas de parte de la gente criolla de querer echar a las familias de la comunidad. También en las redes sociales hubo gente que subía fotos con armas diciendo que si veía a un ‘toba’ le pegaba un tiro. Estamos en el Siglo XXI y aún existen casos de racismo”, lamentó Jara. Señaló que por la pandemia no puede salir a vender sus artesanías ni hacer sus changas habituales. Ante el virus, la falta de asistencia estatal suficiente, la pobreza y el racismo, dejó un pedido para las autoridades y para a la sociedad argentina: “Basta de genocidio contra las comunidades”.

En Río Negro, comunidades originarias conformaron en el marco del Covid-19, la Mesa de Emergencia Territorial Mapuche de Río Negro. Nuclea a referentes políticos mapuche, miembros de la Coordinadora del Parlamento Mapuche y del Consejo de Desarrollo de Comunidades Indígenas (Codeci), entre otros. “Se hace urgente visibilizar la situación de comunidades y pobladores que habitan en la zona rural”, resalta el comunicado y puntualiza las dificultades para el abastecimiento de alimentos, los sobreprecios, serios problemas para obtener leña y garrafas, y la ausencia de atención sanitaria.

Elizabeth González (Logoixé, según su nombre qom), habló con la agencia de noticias internacional RadioEncuentros. Remarcó la contradicción de llamar a lavarse las manos ante comunidades indígenas que no cuentan con lo más básico. “Acá, en el Impenetrable de Chaco, solo hay un poco de agua para tomar, hace dos meses que no llueve”, cuestionó. González recordó que los pueblos indígenas ya padecieron enfermedades traídas por los blancos. Enumeró la fiebre amarilla, tuberculosis y viruela. Ante la falta de recursos básicos, sinceró que si el Covid-19 llega a las comunidades puede implicar un exterminio.

En Misiones, la comunidad mbya guaraní Takuapí Mirí abrió una página de Facebook “para que se pueda visibilizar nuestra realidad en medio de esta pandemia”. Ubicada en el departamento de Eldorado, en zona rural, solicitan alimentos, ropa de invierno y productos de limpieza. “El pueblo mbya guaraní resiste desde siempre, tenemos la sabiduría del monte, cazamos y recolectamos en la poca selva que todavía nos queda, pero necesitamos asistencia. Esta triste realidad es la que viven la mayoría de los mbya guaraní de Misiones”, afirma el escrito de la comunidad que termina con un pedido: “Compartan por favor nuestro mensaje. No nos hagan invisibles”.

En el marco de Naciones Unidas (ONU) funciona el “Mecanismo de Expertos sobre Derechos de los Pueblos indígenas (Mepdi)”, que brinda asesoría especial al Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Alertó que el Covid-19 afectará a los pueblos indígenas “de manera desproporcionada” porque “ha exacerbado y seguirá exacerbando una situación ya crítica para muchos pueblos indígenas, una situación en la que ya abundan las desigualdades y la discriminación”.

El organismo de Naciones Unidas recordó que, antes de la crisis, los pueblos indígenas ya carecían de acceso básico a la salud, al agua potable, a una dieta suficiente y equilibrada, y a saneamiento básico. “Muchos pueblos indígenas son invisibles en nuestras sociedades”, lamentó el Mepdi e instó a los Estados a que “se comprometan firmemente a evitar la expulsión de los pueblos indígenas de sus tierras”.

Sin electricidad y con maltratos policiales

En la meseta de Chubut, centro geográfico de la provincia, vive la comunidad mapuche-tehuelche Chacay Oeste, a 30 kilómetros de la localidad de Gan Gan. Desde hace veinte días no cuentan de energía eléctrica. Por la cuarentena no se les permite buscar los repuestos para el motor que brinda el servicio. En la misma región, las comunidades indígenas Laguna Fría y El Escorial denuncian el cierre de caminos y que no se les permite el traslado de insumos básicos. “La policía ha tenido una presencia muy fuerte pero lamentablemente no solo para hacer cumplir la cuarentena, sino con más atropellos y maltratos con los pobladores”, afirmó Angel Cayupil, que trabaja con las comunidades. Y precisó el caso de la comunidad mapuche-tehuelche Lagunita Salada, donde efectivos denunciaron a una abuela con sus dos nietos por estar a tres cuadras de su casa.

https://www.pagina12.com.ar/263653-pandemia-de-los-pueblos-olvidados

Fuente: https://rebelion.org/pandemia-de-los-pueblos-olvidados/

 

 

 Alternativas emancipatorias

 

Tengamos en cuenta que en el mundo también hay crisis de las izquierdas. Observemos como nos representa la pregunta de Alonso Gallardo: ¿Dónde buscamos respuestas al que hacer el movimiento comunista español, insertos en nuestra debilidad, división y sectarismos, en medio de una situación económica y social de crisis global del sistema de producción capitalista de libre mercado y de una pandemia también global? Sin embargo, desde el título de su nota, orienta de modo anacrónico la confrontación con el Capital Estado y comparte esta concepción que no se centra en el protagonismo pluriverso de los pueblos:

 

Sindicalizar la lucha por la hegemonía social con el socialismo y la soberanía nacional de bandera

 18 de junio de 2020

Veamos:

La crisis del neodesarrollismo y

el laberinto político latinoamericano

12 de junio de 2020

 

Por Isaac Enríquez Pérez (Rebelión)

La crisis de la democratización y el malestar en la política y con la política son el signo de América Latina durante las últimas tres décadas. Ni el fundamentalismo de mercado y su exaltación del individualismo hedonista, ni la mayor intervención del Estado en la vida social desde los gobiernos progresistas, atacaron las causas profundas del subdesarrollo de la región; ni tampoco la acumulación por desposesión y la ancestral desigualdad social entre sus poblaciones.

Propiamente, las convulsiones y laberintos políticos, a lo largo de la historia contemporánea de América Latina, están en función del modelo de desarrollo que, en ciertas coyunturas, adoptan sus sociedades para hacer frente a los problemas estructurales. Y ello no responde necesariamente a los supuestos de las teorías del péndulo político donde se alternan gobiernos conservadores y progresistas. Esto se explica, en buena medida, porque América Latina no está exenta de la crisis de sentido que asedia a las sociedades occidentales y que se relaciona con la pérdida de significaciones en la vida pública para imaginar el futuro y para dotarse de referentes fundamentados en el pensamiento utópico. Y que se complementa con la limitada cultura política que incorpore, en su praxis, ejercicios de pensamiento crítico orientados a procurar cambios profundos en la reflexión y en la vida de las sociedades.

Se trata de una erosión de la brújula ideológica y la imposición de un pragmatismo y de una lucha sin cuartel del poder por el poder mismo, donde más que un falso péndulo político, lo que se impone es la sentencia surgida en Argentina en los años 2001-2002 y que llevó a su extremo ese malestar en la política y con la política: “que se vayan todos”, para suplantar a estos que se fueron por otras élites políticas que no estaban en el escenario público, pero que no garantizan, necesariamente, un golpe de timón ni en lo económico ni en lo político.

A lo anterior, se suma la debilidad institucional de la región para procesar las demandas sociales y gestar arreglos que permitan tornar equitativos los mecanismos de distribución de la riqueza, de cara a la implacable polarización de las sociedades y las posibilidades de emergencia y profundización de la ingobernabilidad.

Sin ánimo de comprometer el patrón de acumulación, en el marco de la diversidad social y política latinoamericana y de sus formas de organización, la sucesión, durante las últimas dos décadas, de gobiernos progresistas –y, por tanto, estatistas– y conservadores –proclives al fundamentalismo de mercado– está en función de los cambios en las formas en que se estructura el proceso económico y las disputas en torno a la distribución de la riqueza. Ello, por supuesto, tiene como trasfondo las luchas por el control del Estado en sociedades donde la vida social, históricamente, se vértebra y se centraliza en torno al espacio público y las instituciones estatales.

En este sentido, el largo ciclo de golpes de Estado y dictaduras militares en el Cono Sur (1964-1989) abrieron los senderos para la instauración de las políticas de ajuste y cambio estructural y para sepultar con ello los resabios del Estado desarrollista. Se trató de un fascismo de mercado (término esbozado en 1980 por Paul A. Samuelson) que combinó políticas económicas de laissez faire extremo con estrategias autoritarias y represoras del pensamiento crítico y disidente. Un férreo control de las mentes y la captura del Estado desde la manu militari, lo mismo en Brasil, que en Argentina, Uruguay, Chile, Bolivia y Paraguay. Por su parte, en México, sistemáticamente y desde adentro, fue erosionado el sistema político autoritario fundamentado en el partido cuasi oficial, y ello representó la condición sine qua non para la conversión del modelo económico que privilegió el mercado interno por uno orientado a la integración con la economía de América del Norte.

Con la crisis de la deuda y la década pérdida, América Latina inauguró el proceso de democratización y la alternancia partidista. Y ello coronó la desolación que a pasos agigantados drenó la pobreza, el desempleo y la segregación social. El signo de los años ochenta y noventa fue la desnacionalización integral, la pérdida de terreno en materia de decisiones estratégicas –sean políticas y económicas–, y la reinserción subordinada en la economía mundial crecientemente polarizada y estratificada.

La crisis del real brasileño (1998), la dolarización de la economía ecuatoriana (2000), el «corralito» argentino (2001-2002), entre otros hechos, aceleraron la primera crisis del ciclo regido por el fundamentalismo del mercado. Ello y otras circunstancias, abrió paso al ciclo de gobiernos progresistas (Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Paraguay) que posicionaron un modelo neodesarrollista capaz de aprovechar el ciclo expansivo de la economía mundial hasta antes de la crisis económico/financiera de 2008-2009, que tuvo sus orígenes en el estallido de la burbuja inmobiliaria. Detrás del largo agotamiento de este ciclo político progresista subyace una intensa acción colectiva cuyos movimientos sociales se nutrían de la organización y movilización derivada desde la época del descontento popular ante los efectos negativos derivados de las políticas de ajuste y cambio estructural (privatizaciones, por ejemplo), y que se complementó con las promesas incumplidas por parte de estos gobiernos que se apartaron del discurso conservador y desnacionalizador. La crisis de gobernabilidad de los gobiernos progresistas marchó a la par del agotamiento de las estrategias neodesarrollistas que privilegiaron la re-primarización de las economías sudamericanas a partir de la profundización del extractivismo. Estas fragilidades, más que ser privativas de esos gobiernos, son estructurales, pues este ciclo progresista tuvo su fundamento en los altos precios de las materias primas (commodities) exportadas; la creciente demanda china; y en el consecuente superávit comercial, que fue utilizado para financiar los procesos de integración (UNASUR, ALBA) y las políticas sociales redistributivas orientadas al combate de la pobreza, al incremento del ingreso familiar y la formación de una clase media consumista. Sin embargo, el talón de Aquiles fue que este «consenso de las commodities» (término acuñado por Maristella Svampa) no cuestionó la acumulación por desposesión iniciada con el Consenso de Washington, ni los fundamentos de la concentración desigual de la riqueza, ni mucho menos la estructura económica subdesarrollada y dependiente de Sudamérica.

Justo la persistencia del régimen oligárquico, la desigualdad, la corrupción, la estructura de despojo de recursos naturales, la exclusión social y los efectos negativos del extractivismo neodesarrollista y primario/exportador, erosionaron las bases sociales del progresismo; socavaron la gobernabilidad de la región e incentivaron el retorno del desencanto popular. Situación que se agravó con las disputas comerciales entre Estados Unidos y China. Las crecientes movilizaciones populares de los últimos años (Brasil en el 2013, Argentina en el 2015) fueron capitalizadas por las oligarquías para el retorno de gobiernos conservadores que aceleraron la acumulación por desposesión y que revirtieron las políticas redistributivas.

Este laberinto político, pese a la alternancia de discursos, no trastocó –desde el fin de los regímenes burocrático-autoritarios– la estructura de acumulación por desposesión, afianzada primero (1973-2000) a través de las privatizaciones, el predominio del capital financiero y especulativo por encima del productivo, la reducción abismal del salario en la composición de la riqueza, las políticas fiscales regresivas que agravaron la distribución desigual, y las recurrentes crisis económico/financieras que reforzaron lo anterior. De allí, el eje de acumulación se trasladó a la desposesión o despojo por la vía del extractivismo primario/exportador (minería, agronegocios, hidrocarburos, construcción de infraestructura). Las disputas políticas de los últimos años, sea en Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador, Chile o Bolivia, justo apuestan a la conducción de esos procesos, independientemente del signo ideológico de las élites que, ante todo, privilegiaron el pragmatismo y el reacomodo.

México, por su parte, tras el largo letargo tecnocrático (1982-2018) que lo postró a partir del desmantelamiento del sector público, la extranjerización del proceso económico, el estancamiento estabilizador, el deterioro de la calidad de vida, la exclusión social, la militarización y la criminalización de los pobres, apostó, tarde, por la ruptura del duopolio partidista y el ascenso de un progresismo pragmático, distante de América Latina y cada vez más anclado a los Estados Unidos.

Lo experimentado durante las últimas décadas en América Latina no es más que una disputa en torno a los despojos y ruinas del Estado, arrinconado por el fundamentalismo de mercado y la acumulación por desposesión, donde la apropiación de los recursos naturales y el control sobre los sectores populares juegan un papel crucial. Solo el retorno del pensamiento utópico y una nueva correlación de fuerzas permitirán que tomemos distancia de todo ello, de cara a la masificación del odio, la división (la “grieta”), el racismo y el clasismo que se entronizan en la región.

Isaac Enríquez Pérez es académico en la Universidad Nacional Autónoma de México.

@isaacepunam

Fuente: https://rebelion.org/la-crisis-del-neodesarrollismo-y-el-laberinto-politico-latinoamericano/

En consecuencia, la «reforma agraria integral» como lucha y programa de los pueblos de desalambrar a los bienes comunes sólo la crean e impulsan diversidades de abajo afirmando la vida por sobre el Capital.

 

Con el vigor de la juventud, intensifiquemos

la lucha por la tierra y la vida

Declaración conjunta del Día de la Gente Sin Tierra, 2018

29 de marzo, 2018

 

Este año marcamos el Día de la Gente sin Tierra en medio de una desposesión de la tierra y un penetrante acaparamiento agrario impulsado por la competencia entre las potencias globales y las élites locales por controlar los recursos mundiales a expensas de los pequeños productores de alimentos y de la soberanía alimentaria de los países pobres. A esto lo acompaña un militarismo creciente y una represión de las comunidades rurales. Entre las personas más afectadas por esta profundización de la pobreza y el hambre, así como por las crecientes violaciones a los derechos humanos, están las juventudes rurales.

Pero encaramos estos desafíos con resolución aún mayor y con optimismo pues confiamos en la energía y el compromiso renovado de la juventud para que ayuden en la defensa del derecho de la población rural a la tierra y a la vida.

 

El agravamiento de la desposesión de tierras. 

La tierra es el aspecto central de la vida y la sociedad rurales. El aumento de la mercantilización de la tierra con el implacable embate neoliberal, el recrudecimiento del control monopólico corporativo sobre la agricultura, la falta de una genuina reforma agraria que garantice el derecho de la gente a la tierra y la falta de un respaldo adecuado por parte del Estado, están amenazando el acceso de los pueblos rurales a la tierra y los recursos naturales. Los procesos regionales y globales (hablamos de continuadas crisis económicas y financieras globales, de la implacable puja por liberalizar la agricultura, de la emergencia de nuevas potencias económicas hambrientas de nuevos mercados de capital excedentario y productos y fuentes de materia prima, más el surgimiento de gobiernos autoritarios y fascistas) también están provocando condiciones que intensifican el desasosiego y los conflictos en las áreas rurales.

 

Así, por ejemplo, la agresiva expansión de China mediante su Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda (o simplemente Nueva Ruta de la Seda-NRS), que contempla 890 mil millones de dólares, está despojando y desplazando a comunidades tradicionales sembradoras, pesqueras, indígenas y otras, por todo el mundo. La iniciativa NRS, apodada “el más grande proyecto multilateral de desarrollo del siglo XXI”, implica a 65 países con 900 proyectos de infraestructura planeada, que van desde el Pacífico hasta Asia occidental, y a todo lo ancho de África y Europa, y están en curso.

De acuerdo a Land Matrix, una iniciativa independiente de monitoreo de los negocios agrarios, 26 millones 700 mil hectáreas de tierra agrícola a nivel mundial han sido transferidos a las manos de inversionistas extranjeros desde el año 2000. China pudo así adquirir 2 millones 230 mil hectáreas de éstas tan sólo en el periodo que va de 2000 a 2014. Y fue entonces que la NRS ganó terreno.

Entretanto, las instituciones financieras multilaterales tales como el Asian Development Bank (ADB) y el Banco Mundial, trabajando con políticos corruptos e inversionistas extranjeros, continúan financiando e implementando programas y proyectos que resultan en la dislocación y la marginación masivas de las comunidades rurales. La infraestructura de desarrollo, puesta a operar mediante asociaciones público-privadas en el transporte, la energía, y las llamadas zonas económicas, están acaparando o destruyendo enormes tractos de tierras y otros recursos agrícolas.

La competencia en pos de tierras agrícolas y recursos ocurre en medio de un intensificado militarismo de las potencias mundiales encabezadas por Estados Unidos. Su pivote en Asia para contener el surgimiento de China ha significado, entre otras cosas, incrementar el respaldo a los militares de la región, notorios desde hace mucho tiempo por sus atrocidades en relación con los derechos humanos. Han estado promoviendo guerras y campañas de contrainsurgencia que con frecuencia tienen como objetivo las comunidades rurales, incluidas aquellas implicadas en conflictos agrarios con gobiernos y corporaciones. Esto ha incrementado la represión y los abusos de derechos humanos en áreas rurales.

Las crecientes amenazas contra quienes defienden el acceso y control sobre su tierra y recursos naturales no sólo perpetúan sino que empeoran el círculo vicioso del subdesarrollo en las áreas rurales y la pobreza y el hambre entre los pueblos rurales. Según La Organización de Naciones Unidades para la Agricultura y la Alimentación (conocida como FAO por sus siglas en inglés) más de 80% de las personas en extrema pobreza vive en áreas rurales, y 65% trabaja en la agricultura. Cerca de la mitad de quienes viven en extrema pobreza tiene menos de 18 años.

 

La situación de la juventud rural. Las personas jóvenes en el campo —que conforman 55% de la población joven a nivel mundial— ya sufrían de antaño limitaciones en el acceso a los servicios básicos como educación, salud y refugio, así como a oportunidades en términos de sus condiciones de vida y sustento. En general, es dos o tres veces más probable que la gente joven esté desempleada, según un informe conjunto del Banco Mundial y el Fondo Mundial para el Desarrollo de la Agricultura (IFAD por sus siglas en inglés). La tasa de desempleo entre la juventud rural va de 7.5 % en el África subsahariana, 8 % en Asia, 19.7 en Europa Oriental y Asia Central, 21% en América Latina y El Caribe, hasta llegar a un 22.8% en Medio Oriente y el Norte de África.

 

Cuando esas personas jóvenes encuentran empleo, la mayoría permanece en la economía informal o se involucra en actividades relacionadas con la agricultura y los cuidados de la casa propios de los trabajadores familiares, el campesinado de subsistencia, la gente con microempresas caseras o los obreros no calificados. La experiencia de las jóvenes rurales es peor, ya que también sufren los tradicionales estereotipos y la división del trabajo basados en el género.

Esta situación de las comunidades rurales, que empeora inexorable, está forzando a la juventud rural a una migración laboral. La juventud conforma el grueso de los flujos migratorios: los datos de FAO muestran que las personas entre 15 y 34 años dan cuenta de un tercio de todas las migraciones internacionales. Sin embargo, la juventud rural “es la más propensa a migrar en respuesta a la falta de empleo significativo o de oportunidades empresariales en la agricultura o en las actividades económicas rurales relacionadas”.

 

En el corazón de esta falta de oportunidades para ser económicamente productivos está la desposesión crónica y prevalente en las áreas rurales, que se recrudece por el acaparamiento de tierras y recursos.

 

La lucha desde un fuerte movimiento de jóvenes. Para defender el derecho a la tierra y la subsistencia, y proteger los modos de vida de sus comunidades, muchas personas jóvenes campesinas y pueblos originarios están en el frente de la lucha por detener el acaparamiento de tierras y recursos, por promover soberanía alimentaria y una genuina reforma agraria. Esto, a pesar de la intensificada represión de las comunidades rurales con el objeto de pavimentar el camino para la agricultura corporativa de gran escala y los proyectos de mega-infraestructura orientados a la ganancia —proceso que tuvo por resultado, tan sólo en estos pasados 14 meses, 166 personas asesinadas, 342 arrestadas y detenidas debido a los conflictos de tierra. Son jóvenes campesinos y campesinas, trabajadores agrícolas y gente perteneciente al monitoreo PAN Asia y Pacífico (Panap).

Es por eso que le damos la bienvenida, con entusiasmo y maravillamiento, a la primera asamblea de Jóvenes en pos de la Soberanía Alimentaria (YFS, por sus siglas en inglés) que se celebró del  30 de marzo al 2 de abril. El YFS es una red internacional de organizaciones juveniles que promueve la soberanía alimentaria y respalda la lucha campesina en pos de una genuina reforma agraria y por el reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios a sus territorios ancestrales. Nosotros, con fuerza, respaldamos a la asamblea del YFS pues busca resaltar las reivindicaciones y luchas de las juventudes rurales y “reclutar el vigor de la juventud campesina para intensificar la lucha por las tierras y la vida”.

El futuro pertenece a la juventud, y ellas y ellos forjarán su futuro con una tierra que realmente le pertenezca a quienes labran y enriquecen la tierra para beneficio de los pueblos y del planeta, y no sólo para aquellos que buscan las ganancias de unos cuántos.

 ¡Con el vigor de la juventud, nos comprometemos a intensificar nuestra lucha por la tierra y por la vida!

 

PAN Asia Pacific (PANAP). Asian Peasant Coalition (APC). Peoples’ Coalition on Food Sovereignty (PCFS). Youth for Food Sovereignty (PCFS). International League of Peoples’ Struggle (ILPS) Commission No. 6. Coalition of Cambodian Farmers Community (CCFC). Andra Pradesh Vyavasaya Vruthidarula Union (APVVU). Aliansi Gerakan Reforma Agraria (AGRA). Roots for Equity. Pakistan Kissan Mazdoor Tehreek (PKMT). Kilusang Magbubukid ng Pilipinas (KMP). National Fisheries Solidarity Organization (NAFSO). GRAIN. Más otras 81 organizaciones de Asia