Qué Sistema-Noviembre 2022

De oligopolios con burocracias locales e internacionales mirando por maximizar expropiación, expoliación y mercantilización de todo lo existente en el planeta.

Conciliación de clases/ Concentración y centralización capitalista/ Alternativas emancipatorias

Conciliación de clases

Necesitamos, abajo y a la izquierda coherente con su esencia común-ista, que una creciente mayoría de los oprimidos, por el sistema mundo capitalista y su local, rompa con la conciliación de clase implícita en que haya identificación con los ricos y su imposición de la sociedad de consumo como bienestar social. Es decir, somos conformistas con los grandes expropiadores o usurpadores de tierras y de los otros bienes comunes. A tal extremo que protestamos e indignamos sólo por las tomas de tierras o de edificios que realizan quienes han sido despojados de todos sus derechos humanos durante esa incesante acumulación gran capitalista de riquezas y poder.

Hay otro imperativo quizás más trascendente por la gran escala de la expropiación y por consiguiente implicar degradación casi irreversible de biomas o ecorregiones: es confrontar con los acaparamientos de la Amazonía, la Cordillera. las cuencas hidrográficas, las selvas, los bosques nativos, la Patagonia, etc. ¿Cómo? Es expandir la deliberación, mediante multiplicación de espacios en común a lo largo y ancho del país-continente, sobre el avance raudo de la desertificación del país-continente y del planeta sólo para el lucro insaciable del 1% humano.

Significa comenzar por contrastar el discurso de justificación del crecimiento gran capitalista con la puesta en práctica que es avasallamiento de los derechos de pueblos e individuos y los de la naturaleza, cuya implicancia es el arrasamiento de la última o sea de las condiciones esenciales a la habitabilidad planetaria. Ejemplifiquemos con el avance gran capitalista de la ocupación e invasión económica territorial del país-continente por el sistema global de agronegocios. Lo concretan en nombre, primero, de alimentar al mundo y ahora de producir agrocombustibles que oficializan como biocombustibles para embaucar de solucionar la emergencia climática garantizando la vida. Cuando lo cierto es que esos monocultivos de transgénicos pueden existir gracias a agrotóxicos derivados del petróleo, mortíferos para todos los seres que no sean los modificados en su herencia para tolerarlos y cancerígenos o teratógenos. Examinemos un ejemplo de enorme importancia:

El aumento de la demanda de aceite de soja para combustibles
amenaza con colapsar la Amazonía brasileña

8 de noviembre de 2022

Por Ecologistas en acción

Un nuevo estudio analiza la relación entre el incremento del uso de aceite de soja para producir carburantes y los niveles históricos de deforestación de extensas zonas de Brasil.

– Un nuevo estudio analiza la relación entre el incremento del uso de aceite de soja para producir carburantes y los niveles históricos de deforestación de extensas zonas de Brasil, así como con el aumento del precio de alimentos básicos y la destrucción de un ecosistema clave para la vida en el planeta.

– Ecologistas en Acción alerta de que la eliminación progresiva del aceite de palma en la fabricación de combustibles está provocando la utilización masiva de otros cultivos alimentarios como el aceite de soja, con unos impactos muy negativos que deben ser frenados.

– La UE en su conjunto, y España como Estado miembro, deben catalogar el aceite de soja como materia prima insostenible y abandonar de inmediato su utilización para la fabricación de combustibles, tal y como ha propuesto el Parlamento Europeo.

Según el informe publicado hoy por la organización europea Transport&Environment, de la que forma parte Ecologistas en Acción, el fuerte aumento de la demanda de aceite de soja para producir combustibles está directamente relacionado con la aceleración de la deforestación en la Amazonía brasileña, que en 2021 alcanzó su máximo de los últimos 15 años. Una tendencia que se mantiene en 2022, año en el que se ha registrado el mayor nivel de destrucción de la selva brasileña entre los meses de enero y agosto desde 2008.

Tal y como pone de manifiesto el estudio, dicha tendencia coincide con un incremento progresivo en la demanda de aceite de soja para la fabricación de combustibles. En efecto, mientras en 2005 tan solo el 6 % del aceite de soja producido en el ámbito global iba a parar a nuestros depósitos, en 2021 la cifra se había triplicado para alcanzar el 20 %. Si tenemos en cuenta los volúmenes de soja procesados en este periodo, estos han aumentado un 580 %, pasando de 2,1 millones de toneladas en 2005 a 12,2 en 2021.

La UE ha contribuido en gran medida a dicho aumento de la demanda. El fomento de la producción de combustibles procedentes de cultivos alimentarios establecido en la Directiva de Energías Renovables ha provocado que el consumo de aceite de soja en la UE se haya duplicado entre 2015 y 2017. Y esta tendencia podría verse agravada en el futuro: tras la catalogación por Bruselas del aceite de palma como materia prima de alto riesgo en 2019 y el abandono previsto de su uso en 2030, la industria se focaliza cada vez más en materias primas como la soja. De ahí que, según cálculos de Transport&Environment, la demanda de aceite de soja podría cuadriplicarse en los próximos años.

Según el informe publicado, demanda de aceite de soja y deforestación van de la mano. Amplios territorios de selva (como la Amazonía) y de sabana (como El Cerrado, un extensísimo bioma al sur de aquella) han sido arrasados para convertirse en zonas de cultivo de la soja. Incluso tierras deforestadas para ganadería industrial acaban cediendo a la presión del monocultivo de la soja, lo que fuerza a las explotaciones ganaderas a adentrarse aún más en la selva.

Los datos mostrados por el informe son concluyentes: la superficie de terreno dedicada al cultivo de soja en la Amazonía ha aumentado 10 veces entre 2009 y 2019. Algo coherente con las estimaciones de la FAO, que muestra cómo, mientras la superficie para ganadería se ha mantenido estable en Brasil desde el año 2000, las tierras destinadas al cultivo de soja, maíz y caña de azúcar —los cultivos más demandados para la fabricación de combustibles— han crecido en 23, 6,4 y 5,2 millones de hectáreas, respectivamente.

Paradójicamente, ese aumento de la superficie de tierra cultivada no se está empleando para producir alimentos que satisfagan las necesidades alimentarias de personas y animales, como pone de manifiesto el hecho de que las áreas dedicadas al cultivo de arroz o leguminosas ocupan hoy 3,6 millones de hectáreas menos que en 2000.

Por otro lado, la fuerte demanda de cultivos alimentarios para producir carburantes ha provocado importantes subidas en los precios de los aceites vegetales, que alcanzaron un máximo histórico en 2021. La presión sobre una materia prima como la soja genera aumentos inmediatos en el coste de otras materias primas, como aceites vegetales, cereales o productos lácteos.

Intensificada por la guerra en Ucrania, esta situación se traduce en un aumento de los niveles de inseguridad alimentaria en numerosos puntos del planeta: según el Programa Mundial de Alimentos, el número de personas en situación de inseguridad alimentaria aguda ha pasado de algo más de 200 millones en 2019 a 345 millones a día de hoy.

Paralelamente, la destrucción de ecosistemas para el monocultivo de la soja tiene efectos nefastos sobre la vida en espacios de enorme riqueza natural. Según el estudio de Transport&Environment, se calcula que el jaguar ha perdido en torno al 50 % de sus hábitats originales como consecuencia de la deforestación de la Amazonía. Igualmente, en el informe miembros de comunidades indígenas denuncian situaciones de hostigamiento para abandonar sus territorios, incendios provocados, rociamiento de comunidades con pesticidas o contaminación de sus aguas, entre otras agresiones por parte de la industria.

Para frenar todos estos impactos, el estudio apunta a una serie de recomendaciones políticas para la UE, inmersa en el proceso de revisión de la Directiva de Energías Renovables. En opinión de Pablo Muñoz, portavoz de la campaña de biocombustibles de Ecologistas en Acción, “la UE puede y debe frenar el daño que la expansión de la soja está provocando en Brasil y otros puntos del planeta. Para hacerlo, la Comisión y el Consejo deben simplemente apoyar la propuesta del Parlamento Europeo de abandonar en 2023 el aceite de palma y de soja para producir combustibles”.

Algo que aplica igualmente a los Estados miembro individualmente, según recuerda el portavoz ecologista: “España debe sumarse a otros países de la UE que ya han decidido abandonar tanto la palma como la soja. Seguir quemando alimentos en nuestros depósitos no tiene ninguna justificación, como tampoco la tiene seguir deforestando y agravando la crisis climática que nos afecta”.

https://www.ecologistasenaccion.org/212288/el-aumento-de-la-demanda-de-aceite-de-soja-para-combustibles-amenaza-con-colapsar-la-amazonia-brasilena/
Fuente: https://rebelion.org/740752-2/

Podríamos atribuir a Bolsonaro en exclusivo la desertificación pero el responsable fundamental es el capitalismo sea su gestión de la derecha explícita sea la progresista.

Brasil y Bolivia concentran el 90% de la deforestación y degradación de la Amazonia

Según una investigación, dada a conocer por la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica, el bosque tropical más grande del mundo se encuentra a puertas de la “destrucción irreversible del ecosistema”

5 de septiembre de 2022

Por Andrés Rodríguez

La Amazonia se encuentra inmersa en una crisis o punto de no retorno debido a las altas tasas de deforestación y degradación. Esta situación no es un escenario futuro, sino un estado ya presente en algunas zonas de la región. Países como Brasil y Bolivia concentran el 90% de la deforestación y degradación combinadas, entendidas como perturbaciones en el bosque. Como resultado, la sabanización, proceso que lleva a un ecosistema a convertirse en llanuras con pocos árboles o muy distanciados entre síya se está produciendo en ambos países, de acuerdo conel informe La Amazonia a contrarreloj: un diagnóstico regional sobre dónde y cómo proteger el 80% al 2025, dado a conocer este lunes, en Lima, Perú, en la V Cumbre Amazónica de Pueblos Indígenas, organizada por la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA).

La investigación, dada a conocer por líderes indígenas amazónicos e investigadores, aborda la problemática a nivel nacional en los nueve países de la cuenca y evidencia que el 34% de la Amazonia brasileña ha entrado en un proceso de transformación, al igual que el 24% de la Amazonía boliviana, seguido por Ecuador con el 16%, 14% en Colombia y 10% en Perú, que son los países con mayores índices. Asimismo, la sabanización ya es una realidad en el sureste de la región, principalmente en Brasil y Bolivia. Ambas naciones comparten las invasiones o avasallamientos como causa central de la deforestación. Esta problemática pone en el centro de las soluciones a los Estados y sus marcos legales.

La Amazonia se encuentra a puertas de la “destrucción irreversible del ecosistema” debido a las altas tasas de pérdida y perturbación de la selva que, combinadas, ya alcanzan el 26% de la región. Sin embargo, el 74% restante, 629 millones de hectáreas de áreas prioritarias siguen en pie y requieren protección inmediata. La Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) conceptualiza a la Amazonía como un ecosistema integral que cubre un área de investigación de 847 millones de hectáreas. “Sin saberlo, comemos, nos transportamos y nos vestimos con productos que destruyen a la Amazonía. No podemos darnos el lujo de perder una hectárea más. El futuro de la Amazonía es una responsabilidad de todos”, dijo Alicia Guzmán, representante de Stand.Earth, una de las coordinadoras que forma parte de la coalición “Amazonia por la Vida”.

Según el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales, dependiente de la Agencia Espacial Brasileña, en los últimos 30 días se registraron vía satélite 31.513 alertas de incendios en la Amazonia, convirtiendo al pasado agosto en el peor desde 2010, cuando las quemas ascendieron a 45.018 en todo el mes. El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, sugirió que el incremento de los incendios fue causado por eventos naturales o por las comunidades indígenas, según dio a conocer en una entrevista con Globo TV el pasado 22 de agosto.

“En Brasil somos testigos de un Gobierno con una política de Estado frontalmente antiindígena que intenta, de todas las maneras posibles, legalizar lo ilegal. La destrucción y codicia desenfrenada a nuestros territorios ancestrales, nuestra Amazonia, en el norte del país, es la cara visible de la histórica violación de derechos a los que nosotros estamos sujetos hace décadas”, dijo Nara Baré, ex coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Amazonia Brasileña.

Según el mismo informe, desarrollado desde 2021 por la RAISG—con datos desde 1985 a 2020—, la industria ganadera es la mayor impulsora de la deforestación en la Amazonia. La deforestación causada por la ganadería en la selva amazónica representa casi el 2% de las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2) anualmente.La mayor parte de la actividad ganaderaen el mundo tiene lugar en Brasil.

La investigación también señala que el 66% de la Amazonia está sujeta a algún tipo de presión fija o permanente. Apunta a que donde hay fuerte presencia estatal se presentan amenazas y presiones o impulsores “legales” y en sitios donde la presencia gubernamental es débil, se presentan impulsores “ilegales”. Los territorios indígenas y áreas protegidas no están al margen de esta realidad. “Los bloques petroleros, centrales hidroeléctricas y minas se planifican a lo largo y ancho de la Amazonia. Los marcos legales vigentes generan condiciones para que los Estados concesionen licencias en bosques intactos o territorios indígenas sin el consentimiento libre previo e informado de las poblaciones que habitan la región”, señala el documento.

Otro dato que no es menor, presente en el informe, es que entre 2015 y el primer semestre de 2019, 232 líderes comunitarios indígenas fueron asesinados en la región en disputas por la tierra y recursos naturalesEn 2020, esta tendencia se mantuvo. Mientras que, en 2021, un tercio de todas las violaciones registradas en las Américas fueron contra defensores de los derechos ambientales, territoriales y de los pueblos indígenas. Debido a la alarmante situación de violencia en la región, el pasado julio, el Parlamento Europeo ha adoptado una resolución que condena las políticas de derechos humanos del presidente brasileño y denuncia la creciente violencia contra defensores, indígenas, minorías y periodistas en Brasil, incluido el asesinato de Dom Philips y Bruno Pereira.

Existe una correlación directa entre la destrucción de nuestro hogar y los asesinatos a líderes y lideresas indígenas, defensores de nuestros territorios. Hemos corroborado que el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas de la cuenca amazónica es una solución urgente para salvaguardar el 80% de la Amazonia. Debemos actuar todos en unidad, y debemos hacerlo antes de 2025″, dijo José Gregorio Díaz Mirabal, líder indígena y coordinador general de la COICA.

Fuente: https://elpais.com/america-futura/2022-09-05/brasil-y-bolivia-concentran-el-90-de-la-deforestacion-y-degradacion-de-la-amazonia.html

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¿Amazonía en el punto de no retorno?: Brasil y Bolivia son los países con mayor deforestación y degradación de sus bosques

15 septiembre 2022

Por Ivette Sierra Praeli

  • Un estudio elaborado por la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada señala que un 26 % de los bosques amazónicos se han transformado de manera irreversible y presentan alto nivel de degradación.
  • La sabanización de la Amazonía ya está presente en Brasil y Bolivia, mientras que Ecuador, Colombia y Perú avanzan en el mismo sentido.

Las cifras de deforestación y degradación de los bosques amazónicos han llegado al 26 % en todo el territorio de la Amazonía que cubre 847 millones de hectáreas: 20 % ha sufrido una pérdida irreversible y 6 % presenta alta degradación. El punto de no retorno de la Amazonía ya no es un escenario futuro, sino del presente en algunas zonas de la región. Además, de los nueves países que conforman la cuenca amazónica, Brasil y Bolivia tienen las mayores cantidades de destrucción y como resultado “la sabanización ya se está produciendo en ambos países”.

Así lo indica el estudio La Amazonía contra reloj: un diagnóstico regional sobre cómo proteger el 80 % al 2025, elaborado por la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) —en coalición con la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA) y Stand.earth— que se presentó en la V Cumbre Amazónica de Pueblos Indígenas realizada en Lima, Perú.

En el estudio se destaca que Brasil y Bolivia concentran el 90 % de la transformación y alta degradación que afecta a la cuenca amazónica. El restante 10 % lo comparten Perú, Colombia, Ecuador y Venezuela, con cifras de pérdida de bosques amazónicos cada vez más preocupantes.

Cabe precisar que según los estudios de Thomas E. Lovejoy y Carlos Nobre el punto de no retorno ocurre cuando la deforestación y degradación combinadas superan el umbral de entre el 20 % y 25 %, cifra que los científicos consideraron para la Amazonía este, sur y central.

“Estamos destruyendo el agua, la biodiversidad, los alimentos. El ser humano, las empresas extractivas y los gobiernos continúan con una economía de combustibles fósiles y están destruyendo nuestro presente y nuestro futuro. Este es un llamado de emergencia”, dijo José Gregorio Díaz Mirabal, coordinador general de la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), durante la presentación de este informe.

El documento reúne información sobre el estado actual de las áreas prioritarias clave en la Amazonía, datos de la situación de la biodiversidad e identifica los impulsores o drivers de destrucción de los bosques amazónicos. Además,  plantea soluciones para abordar la crisis Amazónica.

El punto de no retorno en la Amazonía

“Nuestros datos demuestran que la protección del 80 % de la Amazonía es necesaria y posible, pero sobre todo, urgente. De continuar la tendencia actual de deforestación, la Amazonía tal como la conocemos hoy, no llegaría al 2025”, dice el informe elaborado por la RAISG, sustentado en el análisis de datos desde 1985 hasta 2020.

Marlena Quintanilla, directora de investigación de la Fundación Amigos por la Naturaleza (FAN) e investigadora principal del informe, indica que en los últimos 20 años la Amazonía ha sufrido la transformación de por lo menos 50 millones de hectáreas. “A muchos nos cuesta dimensionar cuánto significa esta extensión, pero podemos decir que es un territorio más grande que toda España”.

Quintanilla menciona que “el 26 % de la Amazonía ha sufrido transformaciones completas y una degradación profunda” y precisa que Bolivia y Brasil, los países con mayor impacto y transformación de su Amazonía, presentan síntomas importantes de estos cambios. En Bolivia —añade Quintanilla— las lluvias han disminuido en un 17 % y la temperatura se ha elevado en más de 1 grado centígrado. “Estamos en el momento para revertir y restaurar la Amazonia”, advierte y hace un llamado para que se tomen acciones hacia el 2025 “porque para el 2030 puede ser tarde”.

La experta de FAN se refiere así a una de las conclusiones expresadas en el informe: “Un horizonte al año 2030 puede ser catastrófico para el bosque continuo más grande del planeta y para las más de 500 nacionalidades y pueblos indígenas que en él habitan y para la humanidad”.

El informe también detalla que la Amazonía de Brasil —que ocupa el 40 % del bosque tropical del mundo— ha superado el punto de no retorno con un 25% de transformación y un 9 % de alta degradación, es decir, el 34 % de la Amazonía brasileña prácticamente se ha perdido. “Esta realidad amenaza a toda la región por ser Brasil el país que alberga dos tercios de la Amazonía. La pérdida registrada compromete el sur brasilero y también a los biomas bolivianos. La transformación responde primordialmente a la urbanización”.

En esta vorágine de destrucción, Bolivia ha llegado prácticamente al límite del punto de no retorno con un 20 % de transformación y 4 % con alta degradación. Este país tiene un 24 % de su Amazonía arrasada.

Quintanilla también critica que los discursos de los gobiernos plantean la protección de la Amazonía, pero estos ofrecimientos no se concretan. “El avasallamiento de los territorios indígenas y la no titulación son los principales problemas. Muchas de las áreas que demanda Coica como territorios indígenas no han sido atendidas. En el caso de Bolivia, desde el 2012 no ha habido avances en la titulación de territorios indígenas. La titulación es un paso importante para garantizar y no transformar más la Amazonia”.

En ese sentido, la experta de FAN dice que a través de este informe se busca visibilizar cuál es el rol de los pueblos indígenas para proteger la Amazonía y asegura que la lucha contra el cambio climático debe incluir como protagonistas a los pueblos indígenas.

Las causas de la deforestación

Este informe se presenta un año después de que más de 60 estados miembros de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) aprobara —durante su Congreso Mundial de 2021, realizado en Marsella, Francia— el compromiso de proteger el 80 % de la Amazonía para el 2025.

Ahora, el informe de RAISG indica que se requieren medidas urgentes para salvaguardar ese 80 % de la Amazonía que, en realidad, corresponde al 74 % restante —629 millones de hectáreas— que aún no han sufridos transformación ni alta degradación.

De todo este territorio el 33 % corresponde a Áreas Prioritarias Clave, el 41 % a una Baja Degradación, mientras que un 6 % restante son tierras dedicadas a la restauración (54 millones de hectáreas) de tierras con alta degradación.

Las cifras de este informe también indican que “el 66 % de la Amazonía está sujeto a algún tipo de presión fija o permanente” y especifica que en los lugares con presencia del Estado se presentan amenazas y presiones o impulsores legales, mientras que en donde la presencia estatal es débil, las presiones e impulsores de la destrucción son ilegales.

La actividad agropecuaria es —según el informe— responsable del 84 % de la deforestación amazónica, y las invasiones o avasallamientos, así como los incendios forestales están directamente relacionadas a la ampliación de la frontera agrícola, mientras que la deforestación causada por la ganadería en la selva amazónica representa casi el 2 % de las emisiones globales de CO2 anuales y la mayor parte de la ganadería en el mundo ocurre en Brasil.

La minería es otro de los drivers de la deforestación y degradación de los bosques amazónicos, una actividad presente en los nueve países y que afecta al 17 % de la Amazonía. Además, “la minería ilegal que carece de registros se está expandiendo en toda la cuenca amazónica”, precisa el informe.

La extracción de petróleo también tiene un impacto negativo en el bioma amazónico. Los cálculos de RAISG indican que el 9.4 % de la superficie Amazónica (80 millones de hectáreas) está ocupada por lotes petroleros.

Ecuador es el país donde se extrae más petróleo, pues el 89 % del crudo exportado desde la Amazonía proviene de este país. “Más de la mitad (52 %) de la Amazonía ecuatoriana es un bloque petrolero, 31 % en Perú, 29 % en Bolivia y 28 % en Colombia”, señala el informe. Además, el 43 % de estos bloques petroleros están ubicados en áreas protegidas y territorios indígenas.

Carmen Josse, directora de la Fundación Ecociencia y coautora del estudio, señala que el panel científico ha constatado que en la Amazonía el aumento de la temperatura es de 1.2 grados más, cifra que está por encima del promedio global de 1.1 grados. “Es una de las regiones con más riesgo en la tierra y con más del 90 % de especies expuestas a temperaturas sin precedentes si se ven las estimaciones de los modelos hacia el 2007”.

Josse menciona que el panel científico responsable del estudio ha advertido que estamos muy cerca de alcanzar el punto de no retorno. “Los bosques amazónicos que conocemos ya no podrán existir y serán reemplazados por otros tipos de ecosistemas que no ofrecerán los mismos servicios ecosistémicos que tenemos ahora. Es un efecto en cascada que tendría enorme impacto en el clima y, en consecuencia, en la biodiversidad, agricultura, salud y bienestar de todos los humanos”. (…)

Fuente: https://es.mongabay.com/2022/09/alerta-por-deforestacion-y-degradacion-de-la-amazonia-punto-de-no-retorno/

Concentración y centralización capitalista

Debemos considerar las guerras como otra esencial actividad de concentración-centralización capitalista que desertifica. Advirtamos que: La reacción de Estados Unidos ante la emergencia china busca fortalecer su hegemonía como potencia única empleando dos de sus arietes: su capacidad para sancionar o bloquear económicamente a cualquier país que desafíe su diktat y, por supuesto, su estratosférica capacidad militar. Ante la tesitura de acercar Rusia a Europa o arrojarla en los brazos de China, Estados Unidos ha optado por la segunda opción. Esta estrategia implica de facto la aceleración de la construcción de un bloque capitalista alternativo al occidental, encabezado por China, lo que supone un peligro potencial para la hegemonía americana. Sin embargo, Estados Unidos no habría hecho un movimiento similar si no trabajara con la hipótesis de que Rusia quedará profundamente debilitada por la guerra y, tal vez, que colapsará y se convertirá en un Estado fallido controlable. Incluso en la hipótesis, más verosímil, de que Rusia no colapse pero que sufra un enorme desgaste y de que el putinismo sobreviva con o sin Putin, el bloque capitalista alternativo nacería débil. China no ve con buenos ojos la guerra de Ucrania porque rompe su estrategia diplomática de ganar áreas de influencia mediante sus atractivos incentivos comerciales. Sin embargo, al mismo tiempo sabe que, si cae su aliado, quedará rodeada por todos los flancos”.

Reflexionemos sobre:

Desmitificar la guerra de Ucrania

Capitalismo, militarismo y nuevo orden mundial

7 de noviembre de 2022

Por Xavier Vall Ontiveros

Rebelión

Después de más de medio año de conflicto abierto, la escalada militarista y la espiral destructiva vinculadas a la guerra de Ucrania parecen no tener fin.

Los odios y aversiones generados en ambos lados y, por supuesto, la misma dinámica perversa implícita en toda guerra, con su tendencia a otorgar más cuotas de poder e influencia a los sectores más interesados en prolongarla (halcones militaristas, sectores ultranacionalistas, industria armamentística…), hacen muy difícil, a medio plazo, una resolución que no implique el más completo aniquilamiento de uno de los contendientes. El gobierno ucraniano, habiendo realizado su apuesta occidentalista, se juega mucho: la misma supervivencia de Ucrania como entidad estatal viable. El gobierno ruso, por su parte, habiendo cruzado el Rubicón de la guerra abierta el pasado mes de febrero, se juega la existencia de Rusia como potencia digna de ser tenida en cuenta en el concierto internacional y, tal vez, caso de sufrir una derrota humillante, la implosión y desintegración.

Los efectos de la propaganda belicista se han extendido a todo el cuerpo social. En este contexto, la izquierda occidental se ha visto atrapada por la lógica binaria de una narrativa que exalta y mistifica los motivos y acciones militares del propio bando (del que Ucrania sería bastión y ariete), asumiendo de forma más o menos velada una cosmovisión postnacionalista y civilizatoria que la aparta totalmente de la crítica de clase a la guerra. La guerra de la burguesía nunca puede ser emancipadora, nunca puede asociarse a la libertad y a la democracia, a no ser que se dé carta de naturaleza a su narrativa mistificadora y nacionalista. Es necesario, más que nunca, analizar y denunciar las dinámicas capitalistas que están en juego, porque la presente guerra no se entiende sin ese análisis.

Propaganda de guerra y guerra de la propaganda

Fuera del campo de batalla y de las tragedias que conlleva una guerra, uno de los hechos destacables de la guerra de Ucrania es cómo desde los medios de comunicación de masas se ha logrado construir y transmitir un relato unidireccional y hegemónico sobre el conflicto que santifica un bando (Ucrania y la gran familia occidental) y demoniza el contrario (Rusia, asociada a todos los males que han azotado la historia del liberalismo civilizatorio occidental). Una narrativa consensual basada en la imagen, la simplificación infantilizada y la emoción ha sido modelada por grandes medios propiedad de grandes corporaciones capitalistas, a quienes interesa objetivamente transmitir una determinada versión de los hechos y que tienen la capacidad de cortar de raíz cualquier línea discrepante o crítica. Sin embargo, este hecho no explica la ceguera con la que se transmiten y tragan informaciones sin contrastar; no explica que la práctica totalidad del espectro ideológico haya asumido ese discurso para no salir de la foto; tampoco explica la idealización que se está haciendo de Ucrania como si fuera el último bastión de la democracia. Ucrania, un régimen oligárquico y corrupto como la Rusia de Putin. Un Estado que lleva más de 8 años de guerra contra una parte de su país y que ha vulnerado sistemáticamente los acuerdos de Minsk de 2015 (en su momento patrocinados por Francia y Alemania) por los que se establecía un precario alto el fuego y se dibujaba un horizonte de salida dialogada al conflicto. Un Estado que ha convertido los símbolos del siniestro ultranacionalismo ucranio en ideología de estado, que entre sus hazañas democráticas cuenta la ilegalización de hasta 12 partidos durante el último año, la mayoría de ellos, por cierto, de izquierdas (previamente, el gobierno Poroshenko ya se había encargado de ilegalizar al Partido de las Regiones, gobernante antes del golpe de Maidan, y al Partido Comunista).

Quizás para entender la formación de este consenso debemos citar a Josep Borrell, quien en uno de sus prepotentes ataques de sinceridad afirmó: “la comunicación es un campo de batalla… además de conquistar espacios, hay que conquistar las mentes”[1]. Estas palabras no se dirigían a los grandes medios de comunicación, que ya hacen este trabajo de oficio; se dirigían al cuerpo diplomático europeo, el cual, se supone, debería fomentar unas relaciones internacionales armónicas y pacíficas. El consenso hegemónico en torno a la intervención en la guerra de Ucrania y la escalada militarista obedece a un cierre de filas de las clases dominantes del bloque occidental, con todos sus órganos políticos, económicos y mediáticos funcionando a pleno rendimiento, al servicio del fortalecimiento de su cohesión interna contra un enemigo claramente identificable. Tras la implicación total en el esfuerzo de guerra (la propaganda, la lluvia de miles de millones en armamento para sostener a Ucrania, la aceleración de la crisis capitalista en Europa con todo lo que conlleva), tras la “desinteresada” ayuda a un país que se resiste a ser invadido, existen factores geopolíticos complejos que implican la fractura del orden mundial capitalista (tal y como lo hemos conocido hasta la fecha) y el horizonte de una crisis existencial vinculada a la escasez de recursos; escasez claro está, relativa al ritmo y estrategias de acumulación de capital.

¿Choque de civilizaciones o lucha de clases?

En este discurso hegemónico no hay lugar para la verdad y el análisis riguroso, sólo para la propaganda de guerra y el maniqueísmo. La eterna lucha del bien contra el mal, traducida al lenguaje del liberalismo cultural occidental: la democracia contra la autocracia; la civilización liberal amenazada de nuevo por el totalitarismo. La fuerza política del relato se basa en su capacidad de formar consensos: desde los sectores más conservadores hasta la progresía socio-liberal y cierta izquierda mareada. La exaltación totalizadora de la lucha civilizatoria por la democracia (que se convierte en un concepto identitario vacío de contenido) consigue poner en suspenso toda tensión y discusión ideológica, generando una narrativa basada en su potencia interclasista. Tal vez esta épica mistificadora tenga cierto parentesco lejano con los pretéritos impulsos revolucionarios iniciales de la burguesía contra el Antiguo Régimen, aunque sea como farsa nostálgica y como espectáculo totalmente fuera de lugar. Lo que es evidente es que en el campo de batalla no hay sitio para la contradicción y para la lucha de clases, sobre todo cuando se escribe desde despachos bien alejados del frente. Ucrania, un pueblo, cómo un todo, que lucha por su libertad, contra una autocracia rusa y sus serviles súbditos sedientos todos ellos de conquista. Incluso la comparación con el mundo del Señor de los Anillos se ha empleado sin rubor: igualando rusos con orcos, haciendo referencia a la amenaza que viene del este, comparando las dudas y críticas de cierta parte de la izquierda con la colaboración entre Ísengard y Mordor.[2]

En realidad, Ucrania y Rusia tienen en común bastante más de lo que sale a relucir: dos Estados nacidos del derrumbe de la URSS, devastados por las políticas capitalistas de saqueo-privatización durante los años 1990, de las que se benefició una oligarquía que hoy acapara la mayor parte de recursos. La única diferencia es que el putinismo encontró su encaje y consolidación en la reconstrucción de la verticalidad del poder, por lo que, con la complicidad de la oligarquía y en consonancia con sus intereses, puso freno al mismo tiempo a los excesos y el desenfreno de los tiempos de Yeltsin. Putin y su camarilla oligárquica han conseguido consolidarse como élite amparándose ideológicamente en el nacionalismo ruso, construyendo fuertes consensos interclasistas, y en la reconstrucción política y económica de Rusia, que a partir del cambio de milenio vuelve a la escena internacional como actor a tener en cuenta, jugando la carta de la posesión de recursos naturales clave para volver a obtener una posición de fuerza. En el caso de Ucrania, la oligarquía se ha dividido entre la parte eurófila, partidaria de romper los equilibrios tradicionales y apostar por una relación orgánica con Occidente, y su parte rusófila, más conservadora y preferentemente favorable a mantener los vínculos comerciales y económicos con Rusia. Hasta que la primera no se impuso de manera irreversible a la segunda, con el golpe de Euromaidán, y empleando la artillería pesada del ultranacionalismo ucraniano, no pudo empezar en serio un proceso de nation-building, que implicaba la imposición de una serie de vectores culturales y simbólicos y la exclusión (ver erradicación) de otros, así como el propio revisionismo histórico que también se ha reproducido en otros países del Este: criminalización de todo lo que tiene que ver con el pasado soviético (que se equipara de forma automática con el imperialismo ruso), relativización de los efectos totalmente devastadores de la ocupación nazi y del colaboracionismo, que se erige en lucha de liberación nacional…

En realidad, Ucrania lleva años integrándose en las estructuras económicas y políticas de Occidente. El punto de no retorno fue la firma del Acuerdo de Asociación entre la UE y Ucrania, en 2014, que llevaba años fraguándose. Cabe recordar que las dudas del presidente Viktor Yanukovich a la hora de firmar este acuerdo, presionado por un lado por la UE y por otro por Rusia, desencadenaron a finales de 2013 la revuelta nacionalista de Euromaidán. El golpe de estado de febrero de 2014 reemplazaba al gobierno Yanúkovich por un gobierno pro-europeo que firmaría el acuerdo poco después, en junio del mismo año. ¿Pero qué implicaba este acuerdo? En la línea de acuerdos comerciales semejantes, la liberalización del comercio y la eliminación de normas y barreras que falsen la “libre competencia” que, ya se sabe, siempre beneficia a las grandes corporaciones capitalistas transnacionales. Implicaba también la equiparación de políticas económicas y normas administrativas con las de los nuevos «socios comerciales», la convergencia en materia de política extranjera, la cooperación en políticas energéticas, la obligación de abandonar los pactos comerciales anteriormente firmados con Rusia… En definitiva, una ruptura total de los equilibrios geopolíticos y comerciales tradicionales y la inclusión meteórica de Ucrania en el bloque económico occidental. Por último, el acuerdo incluía también la exigencia de abrir un proceso de desindustialización en el país (sobre todo en lo que respecta a la industria pesada y minera, especialmente importante en Donbass) y facilitar la llegada de nuevas inversiones internacionales, desregulando convenientemente el mercado de trabajo y el sistema de protección, algo que ya había empezado a hacer Zelensky a marchas forzadas antes de la guerra. Ucrania, con una mano de obra abundante y bien calificada, se ofrece pues como nueva tierra prometida de la deslocalización de proximidad y de la explotación intensiva del trabajo.[3]

La lucha de clases siempre es el motor de la historia, por mucho que los mitos y mistificaciones liberal-burgueses traten de esconderlo. La historia reciente de Ucrania no es exactamente la de un país que lucha heroicamente contra el mal absoluto; es la historia de un país roto, devastado, dominado por unas oligarquías, amparadas ideológicamente en el ultranacionalismo, que han optado por asociarlo de forma inseparable al bloque occidental capitalista sin importar el coste y el sufrimiento. En este proceso, la tierra ucraniana está pasando a manos de grandes corporaciones internacionales de la agricultura, que ven en la privatización y control de la producción de las fértiles tierras negras una gran oportunidad de negocio. Los paquetes de ayudas del FMI y el Banco Mundial tras el cambio de régimen, no sólo iban vinculados al Acuerdo de Asociación entre Ucrania y la UE y con la aplicación de extremas políticas de austeridad; también iban condicionadas a que se facilitaran las inversiones internacionales de grandes corporaciones agroindustriales, entre otras. La desenfrenada ola privatizadora de los años 1990, que puso en venta todas las tierras del Estado (heredadas de los Koljós y Sovjós soviéticos) y que benefició a una oligarquía rapaz que acabó controlando la mayor parte de las tierras más fértiles del país, obligó a aplicar una moratoria que impedía la privatización de lo que quedaba de las tierras estatales y la venta de tierras a corporaciones agrícolas extranjeras. Pese a la existencia de esta moratoria, se calculaba que, en 2014, 1,6 millones de hectáreas estaban en manos de corporaciones extranjeras y que 10 grandes corporaciones agrícolas controlaban 2,8 millones.[4] En 2021, el área propiedad de grandes corporaciones agroalimentarias había aumentado a 3,4 millones de hectáreas y se estimaba de hasta 6 millones si se añaden las tierras arrendadas por estas mismas grandes corporaciones, una vía utilizada para esquivar las restricciones impuestas.[5] La moratoria fue finalmente levantada en julio de 2021 por el gobierno Zelensky, que al mismo tiempo liberalizaba las tierras que todavía eran propiedad del Estado. La ley de reforma y la eliminación de la moratoria era una condición impuesta por el FMI para conceder un préstamo de 5.000 millones de dólares para sostener al fallido estado ucraniano. De inmediato, USAID, la Agencia americana para el desarrollo internacional, lanzaba una campaña para “educar a los agricultores individuales y las comunidades sobre cómo sacar partido de los nuevos derechos de propiedad, incluyendo cómo gestionar las tierras y cómo atraer inversores.”[6] Como buitres.

Hablando de buitres, BlackRock, el mayor fondo de inversión del mundo, se ofreció recientemente, de forma totalmente desinteresada, al gobierno Zelensky para atraer a inversores internacionales para la reconstrucción de Ucrania. El acuerdo consiste en que BlackRock participará en la estructura, el proceso de inversión, la gobernanza y el uso de los ingresos del fondo de reconstrucción. La respuesta de Zelensky, que aceptó gustosamente el ofrecimiento, no tiene precio: «Hemos demostrado que sabemos ganar en el campo de batalla. Una labor importante para nosotros es conseguir también victorias en el campo económico y ser un país atractivo para los inversores”.[7] ¿La economía, la continuación de la guerra por otros medios? Paralelamente, líderes políticos, empresarios e instituciones internacionales elaboran una hoja de ruta para reconstruir Ucrania, calculada en unos 750.000 millones de dólares, cantidad que podría obtenerse en buena parte de los fondos rusos congelados por los países occidentales [8] y que beneficiarán, cómo no, a grandes corporaciones occidentales tan desinteresadas como BlackRock.

Europa: decadencia y sumisión

Los acontecimientos acarreados por esta crisis geopolítica de dimensiones incalculables han puesto en evidencia la total falta de autonomía de la Unión Europea, tanto en materia de seguridad energética, como en materia económica y política. A pesar de sus discursos pomposos y grandilocuentes, llenos de retorica vacía, la propaganda europeísta ya no logra enmascarar que Europa, realmente, no cuenta para nada en el ámbito de la política internacional.

Si no fuera por las consecuencias que implicará para las clases populares el papel de Europa en esta guerra, sería divertido, por ejemplo, ver de rodillas a Alemania, totalmente impotente ante el sacrificio de su capacidad industrial en el altar de interés geoestratégico del hegemón americano. Sería cómico, también, ver cómo Francia, que aspiraba a construir y liderar una política de defensa europea propia, se traga sin rechistar el relanzamiento de la OTAN y cuenta menos que Polonia y los países bálticos –grandes aliados y peones de los Estados Unidos– en la toma de posición respecto al conflicto y la relación con Rusia. Especialmente significativa fue la tibia reacción de Alemania frente al sabotaje contra los gasoductos Nord-Stream, perpetrado con total seguridad directa o indirectamente por los servicios secretos estadounidenses. También fue esclarecedor el fracaso del intento de Emmanuel Macron de ejercer de “mediador” para evitar el conflicto, despreciado como un trapo sucio, tanto por la parte rusa como por la parte americana.

Las exhortaciones a liberarse de toda dependencia del gas ruso y la autocrítica por haber permitido una tal situación se hacen sin rubor, al mismo tiempo que se sustituyen los abastecimientos de gas ruso por importaciones de gas licuado, hasta cuatro veces más caro, extraído en buena parte del fracking, y suministrado a partir de la circulación de metaneros que cubren grandes distancias por océanos y mares (todo ello, muy ecológico y sostenible). La nueva situación de abastecimientos energéticos generará, para Europa, una peligrosa dependencia (¡oh, casualidad!) respecto a las compañías gasísticas de Estados Unidos y países tan fiables y democráticos como Qatar y Azerbaiyán. Las nuevas fuentes de abastecimiento conllevarán, naturalmente, precios mucho más elevados de la energía, que ya se sabe que los europeos de a pie pagaremos gustosa y patrióticamente para defender nuestros valores amenazados. Culminación del cinismo, poco después del sabotaje contra el gasoducto ruso-germánico, el secretario de estado americano, Antony Blinken, declaraba que ahora se abría una enorme oportunidad en Europa para superar la dependencia energética con Rusia y para la transición energética.[9] Por el momento, el plan A es la sustitución de los combustibles fósiles provenientes de Rusia por otros combustibles fósiles y la potenciación del último descubrimiento en energías verdes, la energía nuclear.

Quizás el pintoresco, nefasto y ya senil Josep Borrell constituye el ejemplo más palmario de una Europa en decadencia. Convertido en lo que los anglosajones llaman «warmonger», ha hecho del rearme y el choque de civilizaciones su última batalla personal antes de la jubilación definitiva. Borrell, parte de la cuota del social-liberalismo que deben tener las opacas y oscuras instituciones de la Unión Europea, ha sostenido en sus discursos la efectista tesis de la necesaria cruzada de las democracias contra la amenaza autocrática. Últimamente ha elaborado y defendido otra tesis con metáforas incluidas, según la cual Europa sería un jardín rodeado de jungla. La jungla amenaza con invadir el jardín; ergo, para defenderse de la jungla es necesario mantenerla a raya, interviniendo militarmente si es necesario.[10] Hay que agradecer al señor Borrell sus ataques de sinceridad imperialista: entre tanta mistificación podríamos llegar a creer que todo esto obedece realmente a una defensa sincera de la democracia y de nuestros valores civilizados avanzados, que, como todo el mundo sabe, son la culminación de la historia de la humanidad hacia su perfección y que deben ser un espejo para los bárbaros que todavía no han llegado a ellos.

Rusia: ¿la eterna amenaza que viene del este?

En el relato hegemónico del capitalismo occidental, la Rusia de Putin reproduce la recurrente amenaza que viene del este, siempre lista para devastar y saquear el “paraíso europeo”. La constatación de la amenaza de invasión parecía incluso real si debíamos fiarnos de los más finos analistas y think tank varios, untados muy a menudo por las mismas instituciones que los escuchan. Se dio crédito a la tesis absurda de que si Ucrania caía víctima de las ambiciones neoimperiales rusas, después sucumbirían el resto de países como si se trataran de fichas del dominó. Naturalmente, tal tesis no se basaba en un análisis riguroso de la capacidad militar y de recursos necesarios para que Rusia pudiera llegar a emprender tal operación; sólo constituía una coartada para eludir la necesaria ofensiva diplomática que podría haber evitado esta guerra y, cuando estalló, para armar hasta los dientes al ejército y las milicias ucranianas para que la lucharan por delegación.

A medida que se ha puesto en evidencia la debilidad relativa de las fuerzas rusas, incapaces de llevar a cabo con éxito la operación de guerra relámpago inicial y también de avanzar significativamente después de las primeras semanas, el pesimismo inicial ha dado paso a una suerte de exaltación optimista e irresponsable al descubrir que, de repente, el imperio del mal se mostraba como un gigante con pies de barro a punto de desmoronarse. Estas tendencias se han acentuado cuando la contraofensiva ucraniana ha culminado con éxito la reconquista de Járkov y algunos puntos estratégicos de Jersón y Donbass. Los más rigurosos analistas y sesudos tertulianos, que poco antes alertaban del peligro que suponía Rusia y su expansionismo para la Europa civilizada, pasaban a ridiculizarla con aires de superioridad, y a vender la piel del oso antes de cazarlo, anticipando la inmediatez de la caída de Putin y del colapso de Rusia. Antiguos videntes como Helène Carrère-Dencause y Francis Fukuyama, que en su día profetizaron la caída de la URSS, vuelven a ejercer de profetas del wishful thinking: el colapso de Rusia es inminente, con todo lo que conllevaría dicho colapso: implosión interna, regreso al escenario de capitalismo salvaje descontrolado de los años 1990, alta probabilidad de apertura de conflictos étnicos e identitarios… Y se quedan tan anchos. El ensañamiento casi histérico con el que ciertos estadistas y analistas occidentales anhelan el colapso del putinismo, y con él la destrucción de Rusia, sólo traiciona la falacia del discurso mistificador que nos han estado vendiendo: desde el principio se trataba de esto, del colapso de Rusia. Poco importan las consecuencias y el sufrimiento humano que acarrearía una tal posibilidad.

En este contexto de anticipación, adquiere fuerza la hipótesis de que Rusia pueda llegar a utilizar armamento nuclear como última carta para evitar su derrota total. El problema no es que se formule tal hipótesis, que puede llegar a ser plausible dado el caso; el problema es que no haya ninguna intención de evitar la lógica de guerra que puede conducir a un tal escenario, a través de una intensificación de los contactos diplomáticos y de un enfriamiento de la tensión. Los diversos actores en este campo de batalla flirtean con la amenaza nuclear como si se tratara de un mero elemento que puede entrar en juego, abriendo la puerta de esta forma a que realmente pueda entrar en juego. Rusia insinúa la utilización de armamento nuclear táctico para sembrar dudas en el apoyo del bloque occidental a Ucrania. La respuesta es absolutamente frívola: siguiendo la teoría de juegos, se adelanta una respuesta a la hipotética utilización del arma nuclear, que pasaría por la destrucción total del ejército ruso o por el desencadenamiento de una respuesta nuclear masiva. El tambaleante Joe Biden expresa alegremente que el mundo no había estado nunca tan cerca del armagedón y del apocalipsis nuclear, y no parece que vaya a hacer nada para evitarlo…

Mientras tanto, Rusia acusa a Ucrania de estar desarrollando bombas sucias (con componentes radiactivos) y de bombardear la central nuclear de Zaporíjia. Occidente, sospechosamente, calla o mantiene un perfil bajo. La OIEA (Organización Internacional de la Energía Atómica), dependiente de la ONU, afirma respecto a los ataques contra la central nuclear, que haberlos haylos, pero se abstiene de mencionar quien es el responsable; en lo relativo al desarrollo de bombas sucias, concluye, después de una visita guiada relámpago de menos de 3 días, que no existen. En todo caso, lo que es evidente y altamente preocupante es que ni en los momentos más tensos de la Guerra Fría se habían bloqueado hasta tal punto los mecanismos y líneas de comunicación que podían evitar el desencadenamiento de la Tercera Guerra Mundial.

El futuro: balcanización y geopolítica del caos

Es ya una evidencia, en un principio traicionada por ataques de sinceridad de algunos dirigentes (el propio Biden) o altos cargos diplomáticos, después nada disimulada por la exaltación que ofrece la perspectiva del derrumbe de Rusia: el sueño húmedo del hegemón estadounidense y de sus aliados es la balcanización de todo el espacio euroasiático, su división en estados inviables y totalmente controlables, enfrentados entre sí por odios nacionales irreconciliables, y al mismo tiempo totalmente dependientes del gran ganador de la fragmentación del espacio de la extinguida Unión Soviética. Este escenario, aunque peligroso, permitiría la extracción masiva de recursos funcionando a pleno rendimiento y drenados al bloque occidental hegemónico, y la incorporación de ciertas áreas en nuevos esquemas de relocalización industrial de proximidad, como proveedoras de mano de obra barata…

Zbignew Brzezinski, ideólogo de referencia del hegemón yanqui en cuestiones geopolíticas, ya planteó en The Great Chessboard, poco después del derrumbe de la URSS y el supuesto final de la historia, que Estados Unidos tenía la necesidad imperativa, si quería mantenerse como única superpotencia global, de evitar que surgiera ningún contrincante capaz de dominar el espacio euroasiático y de desafiar la hegemonía americana. El espacio euroasiático era pues, a ojos del estratega que urdió el empantanamiento de la URSS en la guerra de Afganistán, el espacio central donde se jugaba la partida por el dominio del mundo. Significativa también es la visión que tiene dicho personaje de Europa: simplemente una cabeza de puente de la geopolítica esencial de Estados Unidos en este tablero euroasiático… en cierta medida, un protectorado estadounidense.

La guerra permanente, en acción o en latencia, funcionando a la vez como factor de enfrentamiento a beneficio de Occidente (divide y vencerás) y como factor de demanda incesante de armamento. La geopolítica del caos se impone: romper equilibrios geopolíticos, crear líneas de fractura imposibles de soldar, utilizar grupos nacionales y/o étnicos como peones, haciendo uso de intervenciones quirúrgicas cuando sea necesario. La estrategia estadounidense para mantener su orden mundial se ha movido de forma creciente en esta dirección. Ante la constatación de que la ocupación militar directa comporta unos gastos económicos inasumibles, el caos ofrece una mejor perspectiva en lo que se refiere al balance de costes-beneficios. Afganistán, Irak, Somalia, Libia, Siria, no son exactamente un fracaso del imperialismo yanqui: son, desde cierto punto de vista, un éxito remarcable. Zonas geopolíticamente clave han sido desestabilizadas y militarizadas, rompiendo difíciles equilibrios y creando odios étnicos irreconciliables: las entidades estatales resultantes no son más que estados muy debilitados o fallidos, que se pliegan o acabarán plegándose a las exigencias estadounidenses y a los intereses de los grandes inversores capitalistas de Occidente y sus aliados. Controlar el caos, cuando éste pone en peligro el orden del tío Sam, sólo requiere de intervenciones puntuales: ya sea por delegación, a través de grupos armados “amigos”, o mediante ataques con drones. En uno u otro caso, el ejército americano nunca tiene bajas. Esa es la teoría: la realidad siempre es mucho más compleja.

En el caso del presente conflicto, ¿alguien se ha preguntado, cuando acabe, dónde irán a parar las armas que tan generosamente se están suministrando al Ejército ucraniano, a sus mercenarios y a sus milicias ultranacionalistas? Sí: la propia OTAN y la UE, que, al tiempo que siguen suministrando armas ligeras y pesadas a raudales, alertan de la posibilidad de proliferación del tráfico de armas hacia grupos terroristas y del crimen organizado. Ya durante el mes de abril, Europol detectó importantes movimientos de armamento y explosivos de Ucrania hacia la UE, y constataba al mismo tiempo que el envío masivo de armamento provocaba que el ejército ucraniano abandonara el registro de las armas entrantes y su seguimiento.[11] Aparte de los envíos de armas que se siguen llevando a cabo hacia Ucrania, los países europeos de la OTAN han vaciado sus arsenales y comienzan a rearmarse con maquinaria más moderna y mortífera. La exigencia americana de incrementar el gasto militar europeo a un mínimo del 2% del PIB se ha cumplido sin disensión alguna, sin importar el color del gobierno (de la extrema derecha a la izquierda socio-liberal). ¿El gran beneficiario? Obviamente, la industria armamentística yanqui. La perspectiva general de una Europa inestable y cada vez más militarizada en los años venideros promete jugosos beneficios, algo que los dirigentes de estas empresas ya no esconden.[12] En este sentido cabe destacar que incluso alguien como el antiguo ministro israelí de exteriores Shlomo Ben-Ami, poco sospechoso de no contemporizar con Occidente, ha subrayado que las sucesivas fases de expansión de la OTAN tienen una relación directa con las presiones del lobby de la industria armamentística, que siempre ha visto en tal expansión una oportunidad muy lucrativa de abrir nuevos mercados para sus productos.[13]

Por si fuera poco, hay cada vez más evidencias de que la guerra puede extenderse a la explosiva región del Cáucaso. Las tensiones vuelven a elevarse entre Azerbaiyán y Armenia (tradicionalmente aliada en Rusia) por la región de Nagorno Karabaj. Por otro lado, Ucrania y Estados Unidos están presionando para que se abra otro frente de guerra en Georgia, en torno a las de facto independientes repúblicas de Osetia del Sur y Abjasia (protegidas también por Rusia); ante las dudas del actual gobierno georgiano, Ucrania lo acusa de pro-ruso y la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, a petición de Ucrania, rehabilita al expresidente Míjail Shaakashvili (conocido criminal de guerra y corrupto, encarcelado en Georgia después de su fuga a Ucrania) como preso político.[14] Europa se está convirtiendo en un polvorín y cada vez se puede escuchar más claramente el estruendo de los tambores de guerra, atizada por los halcones del complejo y la industria militar, que llevan muerte y destrucción.

El futuro: ¿reforzamiento de la hegemonía norteamericana o capitalismo bipolar?

Noam Chomsky recordaba recientemente que “la doctrina Clinton preveía que Estados Unidos se reservase el derecho a actuar unilateralmente si era necesario, e incluso el de recurrir al uso unilateral del poder militar para defender intereses vitales como garantizar el acceso ilimitado al mercado, a las fuentes de energía y a los recursos estratégicos.”[15] Éste es el verdadero leitmotiv que hay detrás de la implicación total de Estados Unidos y sus serviles aliados en la guerra de Ucrania y la movilización brutal de recursos que se ha realizado. La intervención por delegación en esta guerra forma parte de una estrategia geopolítica más amplia por el control de los mercados y recursos, en un contexto capitalista de crisis que se augura especialmente dura. El tío Sam ha decidido redefinir el Orden Mundial que él mismo había forjado inmediatamente después del derrumbe de su contrincante soviético. Esta ruptura se produce básicamente porque las reglas que definen el orden del capitalismo global han acabado por debilitar relativamente a Estados Unidos, en detrimento de otro actor, China, que paradójicamente se ha beneficiado del libre mercado, y ha hecho de éste bandera, forjando una potente red de comercio y cooperación internacional que amenaza las relaciones de dominación y dependencia tradicionales. ¿Libre comercio? ¿Libre circulación de capitales? Naturalmente que sí, siempre y cuando beneficie a las corporaciones capitalistas occidentales…

La reacción de Estados Unidos ante la emergencia china busca fortalecer su hegemonía como potencia única empleando dos de sus arietes: su capacidad para sancionar o bloquear económicamente a cualquier país que desafíe su diktat y, por supuesto, su estratosférica capacidad militar. Ante la tesitura de acercar Rusia a Europa o arrojarla en los brazos de China, Estados Unidos ha optado por la segunda opción. Esta estrategia implica de facto la aceleración de la construcción de un bloque capitalista alternativo al occidental, encabezado por China, lo que supone un peligro potencial para la hegemonía americana. Sin embargo, Estados Unidos no habría hecho un movimiento similar si no trabajara con la hipótesis de que Rusia quedará profundamente debilitada por la guerra y, tal vez, que colapsará y se convertirá en un Estado fallido controlable. Incluso en la hipótesis, más verosímil, de que Rusia no colapse pero que sufra un enorme desgaste y de que el putinismo sobreviva con o sin Putin, el bloque capitalista alternativo nacería débil. China no ve con buenos ojos la guerra de Ucrania porque rompe su estrategia diplomática de ganar áreas de influencia mediante sus atractivos incentivos comerciales. Sin embargo, al mismo tiempo sabe que, si cae su aliado, quedará rodeada por todos los flancos.

Lo que es seguro es que no se restablecerán las relaciones entre Europa Occidental y Rusia. No sólo por la voladura de los gasoductos Nord-Stream y porque Estados Unidos ya ha decidido de forma irreversible que esto nunca será así. Dentro de la Unión Europea hay un espacio geopolítico, el Trimarium o Intermarium (surgido a raíz de la Iniciativa de los Tres Mares), que reúne básicamente a todos los países del Este, desde los países bálticos hasta Croacia y Rumanía, profundamente hostiles la mayoría de ellos a Rusia. Este nuevo espacio comercial y geopolítico se ha gestado sin que los medios se hicieran demasiado eco de ello, está patrocinado por Estados Unidos y encabezado por la reaccionaria Polonia, que ya ejerce de potencia regional y cuyas tendencias autoritarias y ultranacionalistas se pasan totalmente por alto. No hace falta ser un experto en geopolítica para entender que este espacio puede constituir en el futuro, caso de desarrollarse con éxito, una barrera inexpugnable entre Europa Occidental y Rusia, así como una renovada garantía –OTAN y bases militares americanas aparte– del sometimiento de las élites políticas y económicas europeas.

En la vorágine militarista en la que estamos inmersos no se vislumbra ningún Zimmerwald en la izquierda occidental. Las voces contrarias a la escalada bélica son fácilmente silenciadas, atacadas y acusadas de connivencia con el enemigo; incluso el pacifismo bienintencionado resulta sospechoso. La izquierda, incapaz de reconstruir una postura internacionalista coherente, se mueve entre el belicismo y un silencio cobarde, entre un fervoroso y redescubierto atlantismo y el mirar para otro lado. La conferencia de Zimmerwald, celebrada entre los días 5 y 8 de septiembre de 1915, reunió las voces contrarias a la Primera Guerra Mundial dentro del socialismo europeo. El manifiesto acordado, redactado por Lev Trotsky, tuvo pocas consecuencias a corto plazo y la Guerra Mundial de la burguesía siguió mandando al matadero a millones de seres humanos. Sin embargo, la conferencia tuvo la virtud de cristalizar y hacer visible, en torno al espacio de la izquierda de Zimmerwald encabezada por Lenin, un punto de vista fundamental, que oponía a la guerra imperialista de la burguesía la guerra de clases revolucionaria y que denunciaba sin miramientos la actitud oportunista y chovinista de la socialdemocracia europea. Fue una de las piedras angulares del imparable ascenso del movimiento comunista internacional que hizo tambalear al orden capitalista.

Notas: (…)

Fuente: https://rebelion.org/capitalismo-militarismo-y-nuevo-orden-mundial/

Reparemos la alternativa que se está construyendo contra la desertificación de un bioma esencial a la vida planetaria:


¿Amazonía en el punto de no retorno?: Brasil y Bolivia son los países con mayor deforestación y degradación de sus bosques

15 septiembre 2022

Por Ivette Sierra Praeli

(…) Las propuestas de los pueblos indígenas

“Los datos son sumamente preocupantes, estamos al borde de un colapso grave que impacta no solo a los pueblos indígenas, sino a toda la humanidad. Se está dando un aumento significativo de deforestación y relacionado con ese desbosque están las matanzas de los líderes indígenas que defienden su territorio”, señala Ángela Kaxuyana, lideresa indígena de la ​​Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Amazonía Brasileña, en relación con los constantes asesinatos de los líderes indígenas.

Hace tan solo unos días, dos asesinatos impactaron en Brasil. Un primer crimen ocurrió el sábado 3 de septiembre, en el estado de Maranhao, cuando Janildo Oliveira Guajajara, miembro del grupo autodenominado Guardianes de la selva, recibió un disparo por la espalda. En el ataque otra persona resultó gravemente herida. Ese mismo día, también en Maranhao, Jael Carlos Miranda Guajajara fue atropellado por un auto y se sospecha de que se trató de un asesinato selectivo. La policía investiga si estos crímenes se relacionan con la presencia de madereros ilegales en territorios indígenas.

El informe señala que 232 líderes comunitarios indígenas fueron asesinados en la región entre 2015 y el primer semestre de 2019 por disputas por la tierra y recursos naturales. El documento también indica que en 2021, un tercio de todas las violaciones registradas en las Américas fueron contra defensores de los derechos ambientales, territoriales y de los pueblos indígenas.

“La falta de información, vuelve opaco el número real de quienes pierden hasta su vida por proteger sus territorios. La Iniciativa Amazonía por la Vida: protejamos 80 % al 2025 es una medida urgente propuesta por los pueblos indígenas en honor a los que no están y a los que quedamos, y, para frenar la muerte de nuestras familias”, dice Julio César López, Coordinador Organización de Pueblos Indígenas de la Amazonía Colombiana (OPIAC), de Colombia, país con la mayor cantidad de asesinatos de líderes indígenas y defensores ambientales en la región y en el mundo.

Estudios científicos han demostrado que los bosques mejor conservados se encuentran en los territorios indígenas, incluso, con iguales o mayores niveles de conservación que las áreas naturales protegidas. “Esto se debe, principalmente, a la cosmovisión de más de 500 pueblos indígenas que han habitado la Amazonía por milenios”, precisa el documento.

De acuerdo con el informe, los pueblos indígenas, son más vulnerables a los impactos del cambio climático, por tanto, —señala el documento— el camino para una transición justa en la Amazonía tiene que ser liderado por ellos, quienes, a través de su conocimiento milenario, conocen sus secretos más profundos para mantener los bosques amazónicos en pie.

“Es indispensable que la política global y nacional reconozca el rol de los pueblos y territorios indígenas en la preservación de los ecosistemas más sensibles del planeta como protagonistas de las soluciones de la crisis climática que atravesamos”, menciona el documento.

En ese sentido, el informe presenta las soluciones identificadas por los pueblos indígenas para detener el punto de no retorno de la Amazonía, los mismos que deben estar sujetos a un llamado a la comunidad internacional.

“Debemos contar con un plan de acción porque a los pueblos indígenas los están asesinando, encarcelando, contaminando. Este plan de acción vamos a presentarlo  a los gobiernos en la próxima Cumbre Climática Global que se realizará en Egipto y en la Cumbre de Biodiversidad en Canadá”, señala Gregorio Díaz Mirabal, coordinador general de Coica.

Las propuestas para frenar la deforestación amazónica contempla el reconocimiento inmediato de los territorios indígenas que ya están identificados, así como la asignación de recursos para fortalecer la gestión territorial, además, se sostiene que más de la mitad de la Amazonía tiene que entrar en un régimen de gestión territorial para que se pueda preservar toda la región.

En ese sentido, el informe presenta las soluciones identificadas por los pueblos indígenas para detener el punto de no retorno de la Amazonía, los mismos que deben estar sujetos a un llamado a la comunidad internacional.

“Debemos contar con un plan de acción porque a los pueblos indígenas los están asesinando, encarcelando, contaminando. Este plan de acción vamos a presentarlo  a los gobiernos en la próxima Cumbre Climática Global que se realizará en Egipto y en la Cumbre de Biodiversidad en Canadá”, señala Gregorio Díaz Mirabal, coordinador general de Coica.

Las propuestas para frenar la deforestación amazónica contempla el reconocimiento inmediato de los territorios indígenas que ya están identificados, así como la asignación de recursos para fortalecer la gestión territorial, además, se sostiene que más de la mitad de la Amazonía tiene que entrar en un régimen de gestión territorial para que se pueda preservar toda la región.

Para lograrlo se propone la titulación de alrededor de 100 millones de hectáreas que aún están en disputa; la definición de una política forestal y de zonificación que permita la creación de áreas intangibles, sin carreteras y sin actividades extractivas; la restauración de tierras degradadas; la creación de reservas indígenas o áreas protegidas cogestionadas; una moratoria inmediata sobre la deforestación y degradación industrial de todos los bosques primarios.

También proponen, entre otras acciones, detener los impulsores de la deforestación actual y futura, y una condonación de la deuda externa de los países amazónicos. Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), para el 2021, la deuda bruta de los gobiernos es del 78 %, en promedio, del PIB regional y representa el 59 % de sus exportaciones de bienes y servicios. Los pueblos indígenas también solicitan que el sector financiero se comprometa a garantizar el cumplimiento de sus derechos y a poner fin a la deforestación en todas las cadenas de suministro que financian.

“Si no planteamos una solución y no invitamos a los gobiernos, los aliados, y todos los que están realizando alguna actividad en la Amazonía, creo que no vamos a lograr defenderla como lo estamos planteando. Estamos ante un problema en todo el planeta y los pueblos indígenas quieren ser protagonistas de la solución”, precisa Diaz Mirabal.

Fuente: https://es.mongabay.com/2022/09/alerta-por-deforestacion-y-degradacion-de-la-amazonia-punto-de-no-retorno/

 Alternativas emancipatorias

Cuestionemos la creencia mayoritaria que la democracia vigente es antagónica a la dictadura genocida de los setenta para destapar que los poderes establecidos con terrorismo de estado siguen acumulando riquezas a través del acaparamiento extractivista de bienes comunes y dominio sobre nosotros, los diversos de abajo, mediante el Estado supranacional-nacional en guerra de amplio espectro contra nosotros, sus oprimidos.

Apreciemos que, pese a la represión y extorsión económica, la autoorganización comunitaria y plurinacional está abriendo caminos hacia las alternativas anticapitalistas o contrarias a la imposición del acaparamiento oligopólico de bienes comunes y su mercantilización que condujo a las actuales emergencias social, alimentaria, sanitaria y ecológica-climática. Están concretando bases esenciales a la real y efectiva democracia. Expandirla exige confrontar con los nac&pop o los progresistas e izquierdistas electoraleros teniendo en cuenta que los gobiernos progresistas junto a partidos e intelectuales de izquierda reforzaron nuestro subdesarrollo al imponer la continuidad en los extractivismos. Advirtamos qué significa:

Nuestro subdesarrollo reforzado

Es por los extractivismos que concretan al único capitalismo posible en el AbyaYala. Como que implican acelerada e intensificada acumulación oligopólica por desposesión de tierras y otros bienes comunes, también por creciente e incesante expoliación tanto de los trabajadores y pueblos como de la naturaleza. Implican ocupación económica territorial de la Argentina por capitales y estados imperialistas en comunidad de negocios con los locales. Imponen reconfiguración geográfica al país y desterritorialización a las comunidades en las oficializadas como “zonas de sacrificio” para el avance de la mercantilización y devastación de la naturaleza o sea las despojan de presente-futuro e historia culturas al arrasar condiciones de vida y medios de trabajo.


Es criminal e ilusorio luchar por el capitalismo nacional-popular hoy más que en los 50 y ese empeño inútil es funcional al sistema mundo contemporáneo mirando sólo por los intereses lucrativos del 1% humano por dividir abajo y a la izquierda.

Reflexionemos qué explica Horacio Machado Aráoz: 

 «(…)Acelerar el crecimiento como medio para “combatir la pobreza” ha sido instalado como pensamiento hegemónico por los gobiernos progresistas. Bajo sus gestiones, la retórica “redistribucionista” ha mostrado ser mucho más peligrosa en materia de violación de derechos y devastación ecológica que otras variantes ideológicas, puesto que todo atropello socioambiental aparece “suficientemente justificado” cuando su “fin último” es “redistribuir la riqueza”. Y así, emulando a las viejas oligarquías del siglo XIX, que surgieron apropiándose de territorios y explotando a las poblaciones despojadas, racializadas, mediante la imposición de la idea de “Nación” y el imperativo del “progreso”, las fuerzas progresistas gobernantes en América Latina –igual que los gobiernos ultra-conservadores– asumen como propia una concepción sacrificial-desarrollista del territorio. Frente a ellas, enfrentadas al conjunto del espectro ideológico político de los gobiernos, los movimientos socioambientales parecen ser los únicos sujetos colectivos que impugnan y cuestionan la vía del crecimiento extractivista adoptado. (…)».

https://www.redalyc.org/pdf/286/28643473002.pdf

Reparemos porqué confrontar con todos los progresistas e izquierdistas electoraleros, esencialmente, constituyentes del nacionalismo popular mediante el tema de junio 2021 del portal Confraternizarhoy:

El Frente por la Soberanía Nacional vs. las luchas socioecológicas. Reclama el Paraná para el Estado que distribuya equitativamente beneficios del sistema global de agronegocios. Es decir, sostiene:

Qué Sistema

Con centro en el ‘Mercado’ global y la IIRSA vs. Con centro en la vida frenando terricidios.

Observamos que apuntan a sistemas sociales en antagonismo irreconciliable. Averigüemos porqué:

Qué Democracia

Con concepción mercantilista de Estado y de Soberanía Nacional vs. Con atención a derechos de la naturaleza o a su desmercantilización y liberación de la propiedad tanto estatal como privada.

Destacamos porqué el Frente por la Soberanía Nacional y las luchas socioecológicas están en antagonismo irreconciliable.

Qué Trabajo
Con sometimiento a la acumulación gran capitalista vs. Con protagonismo en la autodeterminación de la unión plurinacional de los pueblos.

Examinemos qué implica estar sumido en la exportación y qué implicarse en las luchas de defensa y recuperación de territorios.

Qué Abya Yala
Con eficiencia de saqueo por IIRSA y Proyecto Mesoamérica vs. Con enfoque ecosistémico y humanista de la Cuenca del Plata.
Apreciemos que sus rumbos son opuestos

Ejemplifiquemos porqué confrontar con los nac&pop o estatistas mediante la síntesis del tema de junio 2021 del portal Confraternizarhoy :

No a la Hidrovía

Es hacer inviable a la República Unida de la Soja como Syngenta bautizó a Brasil, Paraguay, Bolivia, Uruguay y Argentina. En contra se desplegarán los enormes poderes estatales, mediáticos, financieros, políticos, científicos e ideológicos del sistema global y local de agronegocios. Sin embargo, es cuestión de vida y salud. No queda otra que enfrentarlos desde comunalidades cada vez más entrelazadas con las luchas de recuperación o de defensa de territorios en todo el país en contra de los extractivismos o ecocidios con sus consecuentes genocidios silenciosos, silenciados e invisibilizados.

Con ese ¡NO! abrimos muchos caminos tan importantes como: 1) frenar el empleo de agrotóxicos para luego ponerle fin; 2) atender a cómo lograr suministro de agua potable en cantidad y calidad para la población tan densa de la Cuenca del Plata; y 3) enderezar, por derrota y retirada de la agricultura industrial, hacia comunidades y pueblos recuperando o creando sus soberanías alimentarias desde autonomías y solidaridades en sus incesantes interrelaciones. Estos 3 caminos exigen superar la actual emergencia del río Paraná que interpela a establecer gestión integrada de la Cuenca del Plata en conexión con la territorial donde es clave unirse con los pueblos originarios que ya resisten unidos entre sí. Y comparten planes para reconstituir, revalorizar y respetar el gran pantanal brasilero- paraguayo-boliviano, la Amazonia y otras selvas, bosques nativos.

Las bajantes que sufren los ríos tienen su origen en el proceso de deforestación que se está dando en la Amazonia y en el Gran Pantanal y en el sistema de humedales de los ríos Paraná y Paraguay, que es el sistema de humedales más grande y vivo del mundo, dijo a Efe Jorge Daneri, miembro de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas (AAAA).Agregó:»Hay trabajos científicos que hablan de los ríos voladores, que vienen de la Amazonia a través de las lluvias y que todo este proceso de deforestación de la selva amazónica hace que en la Cuenca del Plata haya el impacto de disminución gigantesca de lluvias y grandes bajantes».

Insiste que los factores climáticos no son naturales, sino que están promovidos por el proceso antrópico, mega deforestación y simplificación del uso de la tierra, concentración de la propiedad de la tierra, el proceso de expulsión de los pequeños y medianos productores, el reemplazo de la selva de los bosques y montes por proyectos productivos. Advierte que el modelo extractivista exportador lo comparten todos los países de la cuenca. Pero particularmente en la Amazonia, que es un regulador de la temperatura del planeta, tiene un impacto climático muy grande sobre el sur de América del Sur.

Como la hidrovía Paraguay-Paraná forma parte de la IIRSA no sólo hay proyectos de dragarla aún más para adecuarla a barcos de gran tonelaje sino también:

1- Estudios para el desarrollo de una hidrovía continental o vía fluvial productiva (artificial) desde el centro de la provincia de Córdoba y salidas alternativas al río Paraná en la región del gran Rosario, o Mar del Plata o Bahía Blanca. y 2- Proyecto de Desarrollo del Delta.

Jorge Daneri señala: El escenario de análisis económico planteado para el desarrollo de esta mega iniciativa profundizaría la tendencia devastadora del modelo productivo vigente y su visión exportadora de soja, minerales y otros bienes naturales, intensificando y ampliando los procesos de expansión de la frontera agrícola y su consecuente deforestación, concentración de la tierra, destrucción de la diversidad cultural y biológica del norte argentino, como profundizando los procesos de desertificación en la denominada pampa argentina y chaco.

https://www.analisisdigital.com.ar/provinciales/2021/02/16/hidrovia-parana-paraguay-ambientalistas-piden-participacion-en-la-licitacion

Profundiza y desarrolla en Mega proyectos de infraestructura en la cuenca del Plata. Escenarios y alternativas.

Destaquemos diferencias esenciales con los nacional populistas o estatistas y por ende, electoraleros mediante el tema de julio 2021 del portal Confraternizarhoy:

La ‘Otra campaña’ ‘plurinacional’ por el agua para la vida vs. La Otra Campaña del zapatismo y las luchas territoriales. Por enmarcarse en elecciones para la gobernabilidad de:


Qué Sistema

Con re-geografía de Sudamérica mediante IIRSA mirando a la OMC y ejecutando el ALCA. Prestemos atención a qué declara la Otra Campaña por el agua…

Qué Democracia
Con embaucamientos y terrorismos estatal, paraestatal, mediático y socioeconómico para privilegiar el lucro oligopólico sobre la vida del 99% Observemos que la Otra Campaña por…

Qué Trabajo
Con negación no sólo de su expoliación por el Capital sino también de expropiación capitalista de las condiciones de vida presentes y futuras. Advirtamos que…

Qué Abya Yala

Con arrasamiento de la Amazonía, El Pantanal y El Cerrado esenciales tanto a los ríos Paraguay y Paraná como a sus humedales y pueblos. Apreciemos…

Constatemos las diferencias esenciales que caracterizan a: 

La otra campaña del zapatismo

Mira hacia el despliegue horizontal del antagonismo, en primer lugar, con el Estado. Porque desde siglos se consagra a bloquear la autodeterminación de los pueblos. Porque les nac&pop progresistas e izquierdistas lo mistifican como mediador ante el Capital y así fomentan la conciliación de les de abajo con sus expropiadores, opresores, represores…

Sabe con precisión, por análisis del hoy y del ayer mundiales, que los problemas fundamentales a les de abajo no tienen solución en el capitalismo y los partidos de izquierda no representan las necesidades e intereses de les excluidos, despojados de sus tierras, expoliados, criminalizados, ninguneados, discriminados, … que componen más del 80% de la población. Menos las asumen como lo medular de la lucha de clases, las izquierdas electoralistas que se suman a la escenificación de promesas ilusionadoras y distractoras de protagonizar los cambios sociales.

Plantea, según Pablo González Casanova, «la necesidad de integrar una fuerza alternativa “anticapitalista” que con una nueva estructuración de la izquierda desde abajo y con los de abajo, con los empobrecidos y subyugados por el modo de dominación y de producción conocido como capitalismo, haga todo lo necesario para luchar -desde la construcción de democracia directa- por un sistema alternativo con amplias bases articuladas entre sí».

No posee propuesta por su principio de «caminamos preguntando». Busca suscitar entre los diversos de abajo que expresen sus saberes y problemas para ir creando el nosotros plurinacional e intercultural desde las raíces en la rebelión de ellos como singulares subjetividades colectivas contra su estar oprimidas, expropiadas, excluidas… Lo que les exige, a la vez, romper con el egocentrismo-nacionalismo del individualismo inculcado por el sistema capitalista e ir situándose en la gravedad compartida de las emergencias socioeconómica, sanitaria y socioecológica cuya expresión más contundente es la climática.

El desafío en la actual inflexión histórica de la humanidad es crear el internacionalismo revolucionario que solidarice real y efectivamente a los pueblos en sus luchas emancipadoras del capitalismo y de los imperialismos.

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Subrayemos cómo los reformistas o todos los progresistas e izquierdistas electoraleros son cómplices de la actual aceleración e intensificación de los extractivismos mediante el tema de agosto 2021 del portal Confraternizarhoy

La unión de las luchas territoriales encamina el poscapitalismo. En contra andan las/los estatistas al imaginar:


Qué Sistema
Sin extractivismos o acaparamientos oligopólicos de bienes comunes por unión de los diversos de abajo para que el Estado ejerza soberanía nacional. “Por el decreto…
https://confraternizarhoy.com.ar/sistema/que-sistema-agosto-2021/

Qué Democracia
Sin pobreza debido a un Estado distributivo y regulador
«Pacto Social, Ecológico, Económico e Intercultural para América Latina no es un listado de demandas que….

https://confraternizarhoy.com.ar/democracia/que-democracia-agosto-2021/
 

Qué Trabajo
Sin expoliación ni alienación por adquisición de decencia o formalidad laboral. Otra Campaña por el agua para la vida: “la legislación debe priorizar el acceso…

Qué Abya Yala
Sin re-geografía acorde con el sistema global de agronegocios (a través de IIRSA y Proyecto Mesoamérica) por simple expansión de la agroecología. CLOC señala: «las..

.https://confraternizarhoy.com.ar/abya-yala/que-abya-yala-agosto-2021/

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