Qué Democracia-Noviembre 2022

De la comunidad de negocios lícitos e ilícitos entre capitales y estados imperialistas con los locales.

Legalidad-legitimidad de la gran burguesía/Bloqueo de la lucha de clases/
Alternativas emancipatorias

Legalidad-legitimidad de la gran burguesía

Es clave en la actual inflexión histórica generalizar la ruptura con la legalidad-legitimidad de la gran burguesía para no entramparse en la democracia encubridora de la dictadura capitalista e imperialista. Reflexionemos que  la Campaña Plurinacional en Defensa del Agua para la Vida “remarca el derecho humano al agua, denuncia el extractivismo y propone la democratización del acceso a los bienes comunes”. Es decir, da la espalda al presente e historia del Estado cuidando por garantizar la acumulación gran capitalista a expensas del incesante despojo-arrasamiento de las condiciones para la vida tanto del país como de sus pueblos e individuos. Desconoce que la democracia vigente desde fines del año 1983 es la de la comunidad de negocios lícitos e ilícitos entre capitales y estados imperialistas con los locales. De ahí que no sólo desatiende a la centralidad e imprescindibilidad de los extractivismos para el crecimiento económico del contubernio de capitales y estados imperialistas con los locales sino también a la concentración-centralización del poder de dominio global sobre el 2% del agua dulce planetaria. Su visión estatista o nac&pop le impide reconocer prioritario el desafío de la unión en diversidad para frenar los criminales acaparamientos oligopólicos como:

 Una empresa estatal israelí en la Argentina

El agua, el nuevo botín

9 de noviembre de 2022

Por Susana Lara /El Cohete a la Luna

La empresa estatal israelí que secó el río Jordán —aquel en cuyas aguas fue bautizado Jesús y ungido Mesías por el cristianismo— se afianza en la Argentina para el proceso de creación de un mercado del agua de consumo humano, productivo e industrial.

A diez años del proyecto frustrado en la provincia de Buenos Aires, Mekorot Israel National Water Co firmó un acuerdo con el Gobierno nacional que le permite iniciar negocios para la gestión integral de los recursos hídricos de cinco provincias, en tanto que mantiene avanzadas conversaciones al menos con dos municipios sobre la costa del río Paraná. La misma empresa realiza inversiones en infraestructura de agua y salubridad por otro memorándum de entendimiento firmado el año pasado, los que se articulan estratégicamente.

“Uno de los objetivos principales de la política hídrica en Israel fue que la gestión del recurso esté centralizada en pocas instituciones con una clara delimitación de las facultades y responsabilidades de cada una”, según el análisis de Evangelina Dardati, economista chilena. Mekorot es uno de los cinco puntales de ese modelo.

La empresa firmó un acuerdo para la gestión integral de los recursos hídricos superficiales y subterráneos con el Consejo Federal de Inversiones (CFI), quien a su vez lo hizo con los gobiernos de las provincias de San Juan, Mendoza, Catamarca, La Rioja y Río Negro. Las declaraciones oficiales de funcionarios públicos y de los directivos de la empresa permiten interpretar los alcances del acuerdo de negocios plasmados en los respectivos convenios particulares. Arancelamiento de todos los servicios de aguas, modificación de las leyes provinciales y de sus organismos de aplicación, reordenamiento total de los usos y destinos de la infraestructura existente, creación de valores económicos y financieros para establecer un costo del agua en la Argentina, nacionalización y centralización de algunos sectores del mercado, entre otros objetivos de esta gran reforma que pretende completar y perfeccionar la de los ’90.

En este caso, el conflicto se plantea por dos frentes. Por una parte, por el plan de negocios neoliberal para el agua dulce potable, recurso estratégico comparable a la tierra libre de agroquímicos y de ocupantes con título de propiedad privada. Por otra, Mekorot es una de las empresas cuyas prácticas fueron condenadas por el Relator Especial de la ONU para los Territorios Palestinos Ocupados, Michael Lynk, con rol clave en el proceso calificado como apartheid contra el pueblo palestino en Gaza, Cisjordania y Jerusalén este. El último informe del Comisionado se hizo público en el 25 de marzo pasado; un mes después después, una misión argentina encabezada por el ministro del Interior, Wado de Pedro, recorrió las obras modelo de Mekorot que privan de a Palestina agua en calidad y cantidad suficiente para una vida digna.

El interés de siempre

Como para empezar de cero, sin el lastre de los negociados menemistas, los funcionarios públicos nacionales y provinciales insisten en hablar del acuerdo con Mekorot como reciente, de menos de dos años.

La Argentina e Israel firmaron en 1995 un acuerdo de cooperación comercial y económica. Uno de los antecedentes importantes es el acuerdo del Gobierno de La Pampa e Itzhak Aviran, embajador de Israel en la Argentina a partir de una gestión personal de Osvaldo Roberto Schvartzer, en su rol de presidente de la Asociación Argentina de Amigos de la Universidad de Ben Gurión. El economista estuvo involucrado en los 90 en el cobro y uso de 17 millones de pesos en concepto de ATN (aportes del tesoro nacional) cedidos por la cartera de Carlos Corach a la embajada israelí en Buenos Aires. Años después, le armó la gira de negocios por Israel a Mauricio Macri cuando era Presidente.

Para 2003 Jorge Sobisch, gobernador de Neuquén, avanzó con un proyecto de irrigación de 40.000 hectáreas en el que aparece el grupo de intereses que confluía en la embajada de Israel. Dos años después, le otorgó en forma directa (sin licitación ni concurso público) a la consultora The Israeli Consulting and Technological Company Ltd. (ITC) el diseño de un proyecto de desarrollo agroproductivo para la zona comprendida entre Arroyito, El Chocón y Challacó. El ingeniero Ernesto Schvartzer, sobrino de Osvaldo, armó ITC, brazo técnico-comercial de la Universidad Ben Gurion, con la que ejecuta proyectos de agricultura intensiva en varios países. Hicieron pie en el Valle de Antinaco (La Rioja), Formosa, Salta —de la mano del grupo Socma (Macri)—, así como en Choele Choel y el Idevi (Río Negro), con el discurso de la ampliación de la frontera agropecuaria y la incorporación de tecnología eficiente para el riego de suelos áridos.

El grupo de negocios incluyó socios locales. En 2007 fructificó la alianza con la Federación Nacional de Trabajadores de Obras Sanitarias de la República Argentina (FENTOS). Ese mismo año el gobierno de Río Negro alcanzó un acuerdo con objetivos generales similares a los de hoy. En 2008 Chubut firmó un convenio marco con la dupla gremial-empresaria cuyo desarrollo se fue licuando. Ese mismo año, el ex gobernador Daniel Scioli decretó de interés público un proyecto de saneamiento de aguas en La Plata, que no soportó los cuestionamientos técnicos y políticos y naufragó. En 2009 la empresa anunció su interés por participar del armado y emplazamiento del Polo Industrial y Tecnológico de Bariloche. Por su parte, Juan Schiaretti, actual gobernador de Córdoba y también en 2010, analizó en  ese entonces la posibilidad de un acueducto entre el río Paraná y Córdoba.

Muchos de estos proyectos merecen revisarse en profundidad para entender un modo de acumulación de capital asociado a los Estados, los elencos locales de los partidos políticos y la burocracia sindical en el anclaje territorial del modelo neoliberal.

Otros capitales trasnacionales acapararon la atención con la transformación estructural del territorio que emergió con la soja transgénica, los desmontes masivos y el acaparamiento de tierras rurales para nuevas rentas de la naturaleza. Así, no llamó la atención cuando en 2020 reapareció Mekorot en negociaciones con el Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento (ENOHSA), las que se formalizaron el año pasado. “Mekorot contribuirá en el desarrollo de proyectos de alto impacto para el fortalecimiento de las capacidades de gestión en los servicios de agua y saneamiento a través de un equipo de expertos israelíes con experiencia probada en la gestión de los recursos hídricos. La realización de estudios de viabilidad y de proyectos de tecnología aplicada a los recursos hídricos es uno de los puntos incluidos en el acuerdo. También la elaboración de informes, el asesoramiento, el fortalecimiento de los marcos legales y la planificación”, informó la Cámara de Comercio Argentino Israelí.

El proyecto, lxs proyectistas

“Queremos nacionalizar la gestión de los recursos hídricos. Tenemos un borrador en base a la experiencia de Israel, Estados Unidos y Australia, y al regreso del viaje discutiremos con los gobernadores las mejores opciones. Nuestra propuesta es que haya una sola autoridad del agua en el país”, dijo De Pedro a la salida de la planta Eshkol, en abril. Participa de este proyecto Malena Galmarini, presidenta de Agua y Saneamientos Argentinos (AySA), con la presencia de José Luis Lingeri, integrante del directorio y nexo con las fallidas inversiones en La Plata y Bahía Blanca de hace una década.

Mekorot tiene dos subsidiarias, Mekorot Desalination and Enterprise y Mekorot Development & Enterprise LTD. Esta última es la que integró la UTE para una obra en La Plata que Lingiere conoció de adentro. Por parte de la empresa, participó de las negociaciones con el ENOSHA Moti Shiri, director ejecutivo de Mekorot Desalination. En el acuerdo canalizado por CFI, Barak Graber y Diego Berger. Graber integra los directorios de las firmas con que desarrollaron y operan dos plantas desalinizadoras en Chipre. En tanto, Berger juega de local; nació en Argentina y se radicó en Israel. En mayo participó de actividades en Chile, donde informó al Senado sobre aspectos de la gestión del agua en vista de la reforma constitucional que por entonces se definía.

Los anuncios oficiales no fueron acompañados por la documentación pública correspondiente. La única copia disponible se publicó en el Boletín Oficial después de que la Asamblea Popular por el Agua de Mendoza la reclamara formalmente con una abogada. De esa copia se desprende que al menos Mendoza firmó dos acuerdos con el CFI. El 11 de agosto acordó la realización del “Plan integral para la sustentabilidad del sistema hídrico provincial” por el plazo de dos años. El 5 de septiembre el “Convenio marco de cooperación – Lineamientos técnicos, parámetros y principios de funcionamiento aplicables a la elaboración de un plan maestro para el sector hídrico de la provincia”.

Rodolfo Alejandro Suárez, gobernador de Mendoza, refrendó por decreto el primer acuerdo, que en los considerando indica que comprende cinco proyectos concurrentes: “1) Plan Maestro para el sector hídrico; 2) Código de Aguas para la Provincia de Mendoza; 3) Herramientas para la optimización de la disponibilidad hídrica; 4) Fortalecimiento del programa de inversiones en cauce; y 5) Fortalecimiento de la gobernanza del sistema”. En el segundo acuerdo consta que la cooperación se inicia con la contratación por parte del CFI a la consultora Mekorot Israel National Water para definir los lineamientos técnicos, parámetros y principios de uso sostenible de los recursos hídricos y la adquisición de las capacidades necesarias para la gestión sustentable de estos. Esos términos vagos se delimitan un poco más cuando indica que el proyecto realizará “un análisis del potencial de los recursos hídricos (aguas superficiales y subterráneas); la creación de proyecciones de la demanda de agua (urbana, rural y de riego) para crear un sistema de asignación que permita regular la demanda de agua; definir planes alternativos de abastecimiento de agua”, entre otros objetivos. Mendoza tiene una ley provincial de aguas y una autoridad de aplicación local, el Departamento General de Irrigación (DGI).

Otros pocos detalles surgen de las declaraciones de lxs gobernadorxs firmantes. Río Negro anunció que en dos meses entregará el contenido para el desarrollo del Plan Maestro local, que quedó en manos del Departamento Provincial de Agua (DPA), autoridad de aplicación del código de aguas local. La propuesta propia incluirá una “evaluación de alternativas de desalinización para abastecimiento de agua potable en la región sur y en poblaciones de la zona atlántica; la planificación y optimización de la reutilización de los efluentes generados en las plantas de tratamiento de líquidos cloacales; un análisis de funcionamiento y eficiencia de los sistemas de riego y drenaje, para realizar posteriores planes de reacondicionamiento o modernización; un análisis económico, balance prospectivo y recomendaciones para alcanzar un desarrollo equilibrado, trabajando sobre el valor económico del agua que permita alcanzar un financiamiento genuino de la gestión integrada de los recursos hídricos”, informó la gobernadora Arabela Carreras.

La provincia hizo propio el viejo interés de Mekorot por una planta desalinizadora en Sierra Grande, opción que reflotó el desarrollo del proyecto de hidrógeno verde en Punta Colorada.

Palestina, pueblo originario

Maren Mantovani, coordinadora de relaciones internacionales de la campaña palestina Stop the Wall (Paremos el muro), regresó a la Argentina por Mekorot. Había participado de la campaña de esclarecimiento “Buenos Aires, aguas turbias” por el proyecto de La Plata. La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y la Liga Argentina por los DD.HH. organizaron la presencia de la activista en Esquel (Chubut), donde planteó el tema del dominio del agua para tener el control territorial en el caso de Palestina.

“La acción de Mekorot en Palestina es mucho más que la mercantilización del agua, es el uso estratégico del control del agua para expulsar a las comunidades de los territorios al despojarlos del recurso”, argumentó Mantovani en una conversación virtual. Israel tiene centralizado el uso del agua que es exclusivo dominio estatal. En el control estatal del recurso, Mekorot es la única empresa del sector, brazo técnico de la estrategia de gobierno para con Palestina.

En los reclamos internacionales, consta que extrae una cantidad de agua de los territorios palestinos ocupados que excede la regla de usufructo de las Regulaciones de La Haya y, por lo tanto, viola el derecho internacional humanitario (DIH). Israel prohíbe totalmente a los palestinos abrir nuevos pozos; al mismo tiempo, Mekorot perfora al lado sus pozos más profundos para los asentamientos israelíes de forma ilimitada, mientras restringe el suministro de agua para las comunidades palestinas en la misma región. Estas prácticas empresarias son violatorias de numerosos pactos internacionales.

“Como Sudáfrica y Namibia, Israel comete el delito de apartheid”, sintetizó Mantovani. En ese sentido, en su informe en la sesión 49 del Consejo de Derechos Humanos, el relator especial Lynk advirtió sobre “la transición de un estado de ocupación —que ya supone un desafío al derecho internacional—, a convertirse en un régimen de apartheid asumido por el gobierno israelí (…). Su prohibición incluso constituye una norma imperativa del derecho internacional”.

Dice la Biblia que el pueblo de Israel cruzó a la tierra prometida por el sur del río Jordán, cuyo caudal languidece por años de sobreexplotación para riego y agua potable de la colonización de los territorios palestinos. En su desembocadura, el mar Muerto desciende al perder el único aporte de este afluente de agua dulce.

Envuelto en los discursos del cambio climático y la transición de la matriz energética, la reforma estructural que plantea el gobierno nacional para con el agua dulce potable, en acuerdo con los gobernadores de distinta extracción política, plantea un conflicto de impacto masivo y a mediano plazo. De todos modos, cuesta imaginar un futuro en que las petroleras paguen a precio de mercado el agua del fracking en Vaca Muerta, que los estancieros paguen por usar el agua sin restricciones o se cobre el derroche en piscinas de las viviendas de alta gama.

Fuente: https://rebelion.org/el-agua-el-nuevo-botin/

En consecuencia, la Campaña Plurinacional en Defensa del Agua para la Vida desestima la extrema y legalizada-legitimada violencia conque el sistema mundo capitalista y su local expropian los bienes comunes expandiendo, por tanto, el avasallamiento total de los derechos de los pueblos e individuos.

 Bloqueo de la lucha de clases

Es clave en la actual inflexión histórica generalizar la ruptura del Pacto Social que establecieron los Fernández (Alberto y Cristina) aprovechando su rotundo triunfo en las PASO. Es decir, hicieron virar el Nunca Más a Macri-Cambiemos hacia un contubernio entreambos (pese a presentarse como de antagonismo irreconciliable) para garantizar la continuidad y profundización de la acumulación gran capitalista local e imperialista. En efecto, durante los cuatro meses hasta la asunción de los Fernández, el gobierno de Macri agravó la precarización tanto de la vida como del trabajo, en tanto que los F-F construyeron la gobernabilidad para la intensificación del ajuste y de los extractivismos que gestionarían. La concretaron con el bloqueo al poder de unión entre las luchas de las diversidades de abajo mediante el Pacto de Paz Social que firmaron todas las centrales sindicales con las asociaciones patronales y mediante el Plan Argentina contra el Hambre cuya dirección incluía a los principales hambreadores.

Ahora bien, es importante tener en cuenta que en el actual sistema mundo capitalista se han establecido y se establecen en forma constante:

Condiciones sociales e institucionales
que coadyuvan al control oligárquico (I)

10 de noviembre de 2022

Por Fernando M. García Bielsa| Rebelión

En Estados Unidos el poder de los grandes grupos económicos ha estado blindado y se ve secundado por los políticos de profesión, los gobiernos de turno, por el andamiaje militar y de seguridad y por todos los mecanismos ideológico-culturales que le dan robustez, aun en el marco del progresivo proceso de declinación de la nación estadounidense.

De entre el conjunto de factores y rasgos de un país tan complejo que explican su estabilidad bajo un claro control oligárquico, debemos jerarquizar el acople existente entre los sistemas eleccionario, de partidos y mediático, de forma tal que garantizan resultados siempre favorables a los intereses imperiales y de negocios, y con capacidad de manipular los miedos y las expectativas de las masas, crear la ilusión de un desempeño democrático y explotar las múltiples contradicciones y recelos existentes en la sociedad.

Mientras tanto, en un país con una tradición de violencia endémica y generalizada, las abundantes carencias y notorias desigualdades, hasta el momento, no se han desbordado significativamente. El propio Daniel Bell señalaba que “ha habido bastante más violencia en Estados Unidos pero con menos efectos políticos e ideológicos que en Europa”.1

En un orden federalista, con diversos niveles de descentralización, y múltiples intereses sectoriales y regionales, polarizado en colisiones de todo tipo – y con una minoría negra numerosa y relativamente poco asimilada, unido al arribo constante de inmigrantes carentes de derechos legales –, ocurre que la resistencia a nivel político se mantiene subsumida. Las razones de ello son complejas y diversas.

Múltiples consecuencias se derivan de la etapa del boom económico posterior a la Segunda Guerra Mundial cuando el producto bruto nacional crecía más del 9% anual y la economía de Estados Unidos se colocó claramente por sobre los demás países. Internamente, en ese clima de desmovilización militar, crecimiento económico y cambios demográficos, gran importancia social e ideológica tuvo la expansión de los suburbios que condujo a la homogenización de la vida cultural y política, y a la consolidación de la base social del sistema imperante.

Ese proceso tuvo consecuencias tanto positivas como negativas. Entre estas la expansión de la segregación racial cuando los afroamericanos fueron confinados a vivir en zonas con infraestructuras decadentes, mientras que millones de ciudadanos blancos se mudaron a los suburbios, tanto como una manera de evitar convivir en barriadas y escuelas integradas, así como resultado del mejoramiento de sus niveles de vida.

Para muchos también se les hacía posible acceder con una vivienda propia a su parte en el “sueño americano”, gracias a la expansión económica y a a la emisión gubernamental de préstamos con bajos intereses, hipotecas accesibles y otros estímulos. A la vez se multiplicaron los centros comerciales y el consumo masivo.

Como otros muchos, el crítico social John Keats señalaba por esos años de post guerra que la vida suburbana vino a destruir tanto las relaciones interpersonales como comunitarias, y se expandió el individualismo y un comportamiento impulsado por la competencia en la obtención de bienes de consumo.2

Aquel primitivo contrato social de la postguerra se rompió a principios de los 70, cuando se produjo un estancamiento de los ingresos medios reales. Otro tanto le sucedió a ese “contrato social” entre la clase trabajadora norteamericana y sus gobernantes cuando se derrumbó el castillo de naipes de Wall Street en 2008.

Hace unos años, el prestigioso académico Richard Falk señalaba: “Parece extraño que esta combinación de proceso democrático y descontento público no se transforma y se expresa en un movimiento radical de masas de algún tipo. Por el contrario, en general, los sectores desfavorecidos aparecen como desalentados y débiles; incluso las agrupaciones sindicales no han actuado para proteger sus intereses en el plano político y económico. El descontento de derecha, aunque mejor organizado, también ha sido mayormente marginalizado”.3

Ciertamente, la estabilidad del sistema político, digamos durante el último siglo, se debe en primer lugar a su todavía privilegiada posición en lo económico a nivel global, con su moneda como principal instrumento del comercio y de las reservas mundiales, que le permite trasladar muchas de sus contradicciones y tensiones al exterior y tener allí buena parte de sus bases de sustentación. La profusión de riquezas de Estados Unidos es pagada por el resto del mundo. Los capitales estadounidenses que se mueven alrededor del planeta retornan al país.

El marco constitucional

Un elemento notable es la misma estructura constitucional con la que el país fue diseñado de manera consiente hace 230 años por los ‘padres fundadores’ para proteger los intereses de la clase propietaria y para hacer muy difíciles los cambios democráticos. Se establecieron, entre otras, formas indirectas de representación y lograron que el principio de la voluntad de la mayoría quedara trabado de manera firme mediante un sistema que otorga capacidad de veto a las minorías enriquecidas y hace menos probable la ocurrencia de acciones rápidas y sustantivas por parte del pueblo. Para ello son claves los sesgos estructurales en favor del sistema de dos partidos, la separación de poderes y la fuerza de los llamados “derechos de los estados”.

La estructura misma de la rama legislativa tiene un efecto moderador sobre lo que los parlamentarios generan, no solo por el hecho de estar separados en dos cámaras, sino porque el intrincado laberinto en que funciona por etapas y compartimentos el Congreso le otorga ventajas a aquellos quienes desean evitar las reformas y los cambios. Con el bipartidismo, con las decenas de subcomités que trabajan los proyectos legislativos y sus prolongadas audiencias, los grupos de presión (abrumadoramente pro empresariales y conservadores), tienen más oportunidades de bloquear, mutilar o moldear a su gusto los proyectos en discusión y los fondos que se autorizan.

El efecto moderador opera incluso sobre congresistas con intenciones progresistas o reformistas cuando comienzan y se ven obligados a moverse en un terreno muy complicado de viejas reglas de juego, procedimientos establecidos, y jerarquías internas de larga data. Un verdadero dédalo de vertientes donde además para lograr algún resultado legislativo hay que entrar en acomodos, complejas relaciones interpersonales, y evitar sucumbir cuando se estará sometido a fuertes presiones institucionales.

Elementos esenciales del statu quo son mantenidos a través del ejercicio de la fuerza en sus diversas formas, así como a través de la hegemonía ideológica y por un constante proceso de cooptación de muchos de los elementos más activos y mejor educados de todos los sectores de la sociedad.

Parte de esa labor se desarrolla a través de una consolidada red de fundaciones filantrópicas y entidades llamadas ‘no lucrativas’, que ejercen un poder e influencia considerable a partir de recursos de los sectores corporativos. Son entidades que sintonizan en mayor o menor medida con los imperativos políticos dominantes y canalizan fondos para instituciones, proyectos y fines que en su casi totalidad coadyuvan a las políticas favorecidas por el sistema. No pocas de ellas patrocinan simultáneamente operaciones o proyectos tanto de los demócratas como de los republicanos.

Es conocido que muchas de las principales fundaciones constituyen la manera más conveniente y creíble de transferir grandes sumas de dinero a los proyectos encubiertos (de la CIA y otros) sin descubrir la fuente a sus receptores, sean estos grupos juveniles, sindicatos, universidades, editoriales, etcétera.

Otro elemento retardatario y contrario a los cambios políticos en el país es cierta sensación de impotencia que genera la apariencia inalterable del sistema político, resistente a la reforma y todavía regido por una venerada Constitución adoptada por una minoría más de dos siglos atrás. Un sistema sumamente indirecto, que tiende a ir en detrimento de la representatividad de las mayorías.

Las cuestiones fundamentales no son discutidas públicamente e incluso no son decididas por los órganos de gobierno electos o sujetos a escrutinio ciudadano. Caso notorio es el Sistema o Junta de la Reserva Federal, entidad autónoma donde se decide el grueso de la política financiera y económica del país, o como ocurre también con todo un grupo de entidades reguladoras y ministeriales cuyo personal permanente ha dominado buena parte de la conducción de los asuntos de gobierno durante décadas.

Son parte de lo que ha sido denominado Estado en las sombras o Estado profundo, es decir, estructuras burocráticas de poder permanentes, no visibles, profundamente arraigadas las cuales, sin constituir un todo coherente, participan con cierta autonomía en la aplicación de las políticas del gobierno de turno y mantienen el control de instituciones esenciales, incluidos los servicios de inteligencia y de seguridad, y buena parte del flujo noticioso de los poderosos multimedia que definen lo correcto y lo incorrecto de las cuestiones en juego.4

Ingeniería del consentimiento

Luego tenemos la alta visibilidad y presencia de los políticos neoliberales y de los expertos conservadores quienes predominan en los medios corporativos de difusión lo cual hace muy difícil que visiones alternativas tengan mucho impacto. Los medios de prensa conservadores, más allá de lo que se piensa, dictan buena parte de la agenda y de los enfoques que adoptan y prevalecen en la mayor parte del resto de los medios de difusión en Estados Unidos.

La mayoría de los titulares son engañosos y confusos, pero esa confusión beneficia a los cabilderos (grupos de presión) corporativos en Washington, los cuales emplean a un ejército de personas para influir en las estructuras legislativas y de toma de decisiones, y no perder oportunidad para evitar se frene el gasto militar o de obstruir la expansión de Medicare, los programas Green New Deal y casi cualquier otro impulso que pueda hacer de aquella una sociedad menos bárbara.

Buena parte de la intelectualidad coopera al clima de desmovilización. Se trata de un sector liberal, supuestamente progresista, generalmente críticos de los excesos del capitalismo pero tolerados por la élite del poder, los cuales en definitiva coadyuvan a desacreditar verdaderas alternativas, a mantener a capas desafectas de la población dentro de los causes del sistema vigente, y a marginar y denunciar aquellos quienes piensan y funcionan de manera independiente.

Resulta habitual que los políticos, los sectores profesionales y de las llamadas clases medias se acomoden a la economía capitalista, a un estado-nación militarizado, se acomoden a una cultura del status impulsada por el mercado.

Los oligopolios mediáticos ejercen una influencia nefasta sobre el conjunto de la vida social. Cuentan tales medios de comunicación con una expandida capacidad de modelar la conducta humana y de generar respuestas emocionales. Manejan el flujo y el contenido de la información en función del statu quo, de apabullar la disidencia, y han hecho de la manipulación sus modus operandi. Más que la mentira utilizan el engaño, las falacias, la patraña oculta entre medias verdades, y sobre todo la supresión de las noticias y otras formas de censura.

Generalmente actúan con eficacia y profesionalismo pero con un sesgo neoliberal muy marcado en función de los grupos de poder y en complicidad con los mismos, dado que tienen con ellos interconexiones económicas y políticas (solo seis corporaciones poseen el 90% de los medios), además de que el gobierno actúa como una maquinaria informativa o desinformativa con capacidad para sentar la pauta.

El ya citado periodista Chris Hedges señala:

“Los medios de comunicación apoyan ciegamente la ideología del capitalismo corporativo. Alaban y promueven el mito de la democracia estadounidense… Prestan deferencia a los líderes de Wall Street y Washington, sin importar cuán pérfidos sean sus crímenes. Veneran servilmente a los militares y las fuerzas del orden en nombre del patriotismo…. Y llenan la mayoría de sus agujeros de noticias con chismes de celebridades, historias de estilo de vida, deportes y trivialidades. El papel de los medios de comunicación es entretener o repetir como loros la propaganda oficial a las masas. Las corporaciones, propietarias de la prensa, contratan periodistas dispuestos a ser cortesanos de las élites y los promueven como celebridades”.5

Esos grandes medios corporativos privados no solo han sido incorporados como parte del aparato ideológico del Estado, sino que también se han integrado a las luchas partidarias de la élite dominante y coadyuvan al habitual quehacer sórdido y envilecido que predomina en la política del país.

Función de primer orden les corresponde, junto a los medios de difusión (en sí mismos, un monopolio corporativo), al sistema educacional y a las universidades que son instituciones básicas del país y esencialmente instrumentos para la reproducción cultural de la sociedad y de las ideas prevalecientes – aunque puedan también servir eventualmente como centros desde donde se genere la crítica radical del sistema. Y por supuesto la llamada industria del entretenimiento que se traduce en un casi total control monopólico de las ideas, las imágenes y la información.

Gran peso tiene en ello ese portentoso sector, simbolizado por Hollywood, pero que abarca un sinnúmero de entidades y vertientes, donde se mezclan – o se deslindan – muchas creaciones artístico-culturales genuinas y valiosas, con la manipulación y la creación de mitos de los cuales está necesitado el sistema político. Es de público conocimiento que el Pentágono tiene capacidad de censura en el sector y financia muchas de sus producciones.

En ese sentido Hollywood es posiblemente el arma de propaganda más poderosa que haya existido, con capacidad de manipulación consciente de los hábitos y las opiniones de las masas, lo que en la actualidad se complementa y se multiplica a través de las vertientes de las super empresas que dominan las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones.

Las llamadas “industrias culturales” de EE.UU. resultan dominantes en el mundo y la C.I.A. ha utilizado el arte como un arma durante la Guerra Fría y hasta la actualidad. Las impresionantes y de por si atractivas y diversas creaciones culturales del más alto nivel que han surgido del pueblo estadounidense, y sus múltiples expresiones (en el campo de la música, la literatura, las artes plásticas, el cine y la televisión) han sido instrumentalizadas por los gobiernos de ese país y sus agencias de inteligencia como basamento para un extenso y costoso despliegue de influencia cultural y política a nivel global. No pocos artistas de categoría fueron utilizados involuntariamente en esa guerra cultural, para vender el ‘American way of life’ y una estrecha visión de la cultura.

La mayoría de los estadounidenses ha considerado a su país como símbolo y encarnación de la libertad. Se crea un clima de opinión favorable al statu quo, al sistema imperante o, mejor dicho: a la representación idealizada del mismo. Junto al dinero, la imagen es parte del poder corporativo. Dos tercios de los 1 700 diarios locales principales (aproximado), que representan el 80% de la circulación total son controlados por cadenas oligárquicas.

Con los métodos más sofisticados se moviliza la opinión ciudadana en favor de conceptos vacíos o se desvía su atención de las cuestiones que realmente tienen significado. Es parte de lo que algunos han llamado la ‘ingeniería del consentimiento’, la cual llega a ser calificada, incluso, como la esencia de la democracia.

Notas: (…)

Fuente: https://rebelion.org/condiciones-sociales-e-institucionales-que-coadyuvan-al-control-oligarquico/

Insistamos en descubrir cuánto compartimos con los estadounidenses leyendo:

Condiciones sociales e institucionales
que coadyuvan al control oligárquico (II)

19 de noviembre de 2022

Por Fernando M. García Bielsa| Rebelión

El “todos contra todos” de la economía de mercado

Además de lo apuntado en la primera parte de este artículo (https://rebelion.org/condiciones-sociales-e-institucionales-que-coadyuvan-al-control-oligarquico/) el orden social establecido en Estados Unidos se estabiliza considerablemente por un sistema económico que a la larga afecta y mantiene en inseguridad a todos los trabajadores. El sistema se asienta en alto grado en la actitud del todos contra todos, tanto en un arriesgado laberinto empresarial, como en las decenas de millones que luchan por su sobrevivencia individual y por mantener sus puestos de trabajo o de quienes se encuentran endeudados, bajo el peso de obligaciones económicas que fueron reforzadas con las tarjetas de crédito y luego a través de hipotecas.

Aunque se reconoce la existencia de altos niveles de vida, según encuestas, el 78% de los ciudadanos dice vivir al día, ajustados a lo que cada vez reciben en sus salarios; mientras tanto solo un 26% de ellos tiene ahorros. Hoy, más de 100 millones de estadounidenses viven con deudas médicas por un total de casi $200 mil millones.1

Mientras los trabajadores, incluyendo sectores de las llamadas clases medias bajas, devienen más dependientes de los nuevos productos y servicios para sobrevivir de un día para el otro, mayor es la necesidad de una fuente de ingresos para pagar por ellos y menor la propensión a atender asuntos de gobierno, con lo que se aprieta aún más el agarre y dominio del capitalismo sobre sus vidas.

Como algunos han planteado, el consumismo es la forma moderna de cohecho que permite al capitalismo regular la democracia. El consumismo erosiona sobremanera el sentido de ciudadanía y, junto a las ataduras de los créditos, se ha logrado contagiar y aumentar la dependencia de vastos sectores de las clases explotadas. Más que como trabajadores, es como consumidores que los estadounidenses conforman sus juicios sobre los asuntos políticos. Muchos se ven atrapados compulsivamente tras los bienes materiales incluso superfluos, lo cual deviene en un factor más que anula los ideales sociales del individuo y lo transforma en un ser acrítico, conformista y fácilmente manejable mediante las técnicas de manipulación de masas.

Hay un irresistible atractivo por la novedad y la conveniencia, dado su creciente abaratamiento y hasta por la seducción de poseer algo que previamente era un lujo que solo los ricos se podían dar. Toda esa dependencia se hace más marcada dado que el sistema va lanzando hacia el mercado más aspectos de la vida antes marginales a la economía. La lógica del beneficio ha ido extendiéndose hacia áreas de la sociedad hasta ahora bastante respetadas (la cultura, la educación, la religión, la protección social…). Esa mercantilización de la vida se está convirtiendo en el único modo racional de afrontar la subsistencia.

Hay de hecho toda una serie de factores económicos, políticos y tecnológicos que se refuerzan mutuamente en esos sentidos, máxime cuando las propias bases de apoyo a las opciones progresistas o de cambio están atrapadas por el sistema, por el statu quo, y dependientes del mismo en sus necesidades básicas.

La sociedad estadounidense está enlazada por innumerables hilos de intereses, y los entes de poder se benefician de que, entre las ‘virtudes’ de la economía de mercado, está la capacidad de la misma para diluir la identificación de causas y responsables de los problemas.

Sumemos a todo lo anterior la fuerte tradición de “liberalismo individualista” enraizada en la conciencia y la imagen de país de oportunidades y de una supuesta movilidad social en ascenso, que se calzó sobre todo en los años del auge de post guerra y con un libreto ampliamente divulgado e interiorizado incluso por las clases bajas. Ahora bien, encuestas recientes registran una pluralidad de estadounidenses que han perdido fe en que mediante el esfuerzo y el trabajo bajo el capitalismo mejorarán sus vidas.

Otro factor a considerar es la movilidad real – en alto grado debida a la inseguridad de empleo – que frecuentemente impulsa a las personas a cambiar de medio ambiente y región, a desvincularse de sus pares, de sus raíces y limita su posibilidad de adquirir una conciencia de clase.

Como parte del declive del país en varios ámbitos, se debilitó el tejido social. Muchas organizaciones, instituciones religiosas y los sindicatos vieron desplomarse significativamente la cantidad de sus miembros. La gente se ha atomizado y se ha vuelto vulnerable.

Junto a ello está la ilusión de las soluciones individuales y el confuso concepto de las “clases medias”: vasto sector de personas – mayormente fuerza de trabajo con salarios altos–, que no quieren ni desean clasificar de otra manera, y que devienen depositarios de buena parte de la ideología del sistema y con aspiraciones y temores que los hacen fácil de manipular.

El sistema absorbe, diluye y coopta las opciones alternativas

Un elemento importante ha sido la capacidad que ha mostrado el régimen para absorber, e incluso dar cabida en su seno distorsionándolos, las demandas y movimientos en pro la igualdad y los derechos. Sectores del feminismo llegaron a insertarse y hacerse parte de la corriente prevaleciente en la sociedad, pero al propio tiempo devinieron más estrechos de miras y más bien centrados en enarbolar derechos individuales.

Los movimientos que buscaban cambiar o reformar el sistema redundaron en la inclusión de pequeñas élites, sin que el país emergiera realmente más comprometido con la igualdad formal en la esfera pública y aún menos equitativa en términos económicos, debido a los cambios efectuados hacia una mayor desregulación y libre mercado.

Consideremos también el impacto de la descentralización. Tal como se manifiesta en EE.UU., la misma oscurece y limita de hecho la apreciación de conjunto sobre la naturaleza de los problemas socioeconómicos y sociopolíticos; desvía la atención y despolitiza al ciudadano. La devolución a ciertas colectividades regionales y locales de responsabilidades organizativas y administrativas fragmentan la preocupación social y la alejan de los asuntos políticos globales y sustanciales. Como conjunto sin distinción de origen o de clases, la llamada “comunidad” disuelve los antagonismos en una multitud de pequeños problemas locales y crea la ilusión de un ejercicio directo del poder.

Por otro lado, el sistema se sostiene en el ámbito federal de un inmenso país, en el que los ataques contra algunos de sus puntos (instituciones, ideas, símbolos) no le producen gran daño a la totalidad, únicamente se forman agujeros y grietas puntuales o locales. “Para mantener la estabilidad interna solamente es menester controlar el “abanico de deseos”… de manera que no surjan grandes bloques sociales con deseos incompatibles, opuestos. La tecnología de la manipulación de la conciencia cumple esa tarea. La lucha por el grado de satisfacción de los deseos es completamente aceptable, pues no socaba la esencia de la sociedad”.2

Esa esencia de la sociedad, burguesa y elitista, fue conformada así por los llamados padres fundadores al redactar la Constitución, en la que insertaron precauciones diseñadas para fragmentar el poder sin democratizarlo. De ahí la separación entre los tres poderes y su débil sistema de límites y balances; la legislatura bicameral; las elecciones escalonadas con lo cual trataban de diluir el impacto de los sentimientos populares y las coyunturas. Asimismo el principio mayoritario fue estrechamente amarrado por un sistema de vetos de la minoría, que hacen menos probable la ocurrencia de acciones y de un curso político de matriz popular

James Madison decía que a la mayoría desposeída no se le debe permitir concertarse en una causa común contra el orden social establecido y que la unidad del sentimiento público también se evitaría aprovechando el ámbito extenso del país y el relativo aislamiento geográfico de sus comunidades.

Aquiescencia ciudadana ante una siempre cambiante colección de ‘malignos’ enemigos

El miedo a ‘los rojos’ en la guerra fría y luego ante la ‘amenaza del terrorismo’ confunde y manipula a las mayorías ciudadanas, que ‘buenamente’ han venido cediendo muchos de sus derechos.

El activista por la paz, ex parlamentario y periodista germano-israelí, Uri Avnery, recientemente fallecido, señalaba que la cultura estadounidense está basada en el mito del Oeste salvaje, el ‘Wild West’ con sus tipos buenos y tipos malos, en la justicia mediante la violencia y, dado que esa nación está compuesta por inmigrantes de todo el mundo, su unidad parece estar requerida de mostrar la amenaza de algún enemigo malvado y poderoso.

Las masivas protestas contra la guerra en Vietnam marcaron profundamente los círculos de gobierno en Washington, cuyo pánico detrás de la escena produjo el reconocimiento de que se hacía necesario hacer grandes inversiones en propaganda doméstica para asegurar el apoyo público a futuras aventuras imperiales o al menos su confusa aquiescencia. El agudo analista Robert Parry aludía (diciembre de 2014) al abarcador proyecto que se desarrolló para mantener a la gente temerosa y dócil, y para conformar lo que llaman ‘administración de las percepciones’. Y dice “Ello permite entender cuan atrapado en sí mismo se encuentra el pueblo estadounidense en una guerra contra una siempre cambiante colección de ‘malignos’ enemigos”.3

Al respecto, un papel directo lo tiene la maquinaria de propaganda del Pentágono con un presupuesto para esos fines de más de $600 millones; más que el conjunto de todas las demás agencias federales. Ellos producen cortos noticiosos, filmes, documentales y originan muchas de las noticias y el enfoque que luego aparece en la prensa comercial e incluye una capacidad de manipulación en estricta correspondencia con los objetivos de la Estrategia de Seguridad y Defensa de Estados Unidos.

Según el historiador Greg Grandin (New York University) la guerra proyectada como un ‘espectáculo’ ha contribuido a que una ciudadanía relativamente activista y preocupada por la paz y los derechos – como durante la era de Vietnam – se haya convertido en una audiencia mayormente pasiva, o sujeta a una histeria bélica.

Con posterioridad a la derrota en el Sudeste asiático, el manejo a la vez selectivo y descarnado de la información, y la dinámica entre lo secreto y lo espectacular de los hechos de gobierno – bien sean las agresiones y asesinatos extralegales con los ‘drones’ o las revelaciones acerca de la tortura y el espionaje doméstico masivo –, ha devenido casi un teatro colectivo y cínico, donde las esencias criminales son subsumidas y todo deviene un asunto “técnico” y de procedimientos.

Ello se despliega en una sociedad vulnerable a la manipulación por toda una serie de factores de carácter histórico, demográficos, económicos y políticos que permitieron aplastar las luchas obreras y han mantenido a la mayoría de la ciudadanía en un marco de apatía e individualismo, sujeta a inseguridades y temores, y con grandes segmentos marginados y/o cooptados. La manipulación de las diferencias y resentimientos raciales y anti inmigrantes coadyuva a relegar la identificación de clase e impedir la confluencia entre los oprimidos o los desafectos.

Gracias al continuo legado de la institución de la esclavitud, la maligna y perniciosa ideología y prácticas de “supremacía blanca” inhibe la cohesión social entre la población del país.

Mientras, infinidad de conflictos políticos se canalizan y diluyen por medio de legalismos, dilaciones y enrevesados procedimientos judiciales, afectados por el soborno creciente y el poder del dinero. Es específicamente estadounidense la forma en la que la institución judicial interviene en la vida política de los ciudadanos y actúa en función de vaciar los conflictos de su contenido político. A través de toda una serie de manipulaciones, muchas luchas y problemas económico-sociales, selectivamente, son transformados en casos criminales.

Predominio y alternancia entre dos partidos oligárquicos

Ha quedado establecido convincentemente que, por el financiamiento oligárquico ilimitado de las campañas, las elecciones están compradas en buena medida, tanto para el Congreso como para la presidencia, y que también son predecibles y viciadas las decisiones que luego adoptan la gran mayoría de los funcionarios electos de esa manera.

Según señala Noam Chomsky, muchos y muy serios estudios académicos acerca de la relación entre las actitudes de la gente y las políticas públicas demuestran que “para la formulación de éstas importa bien poco lo que el público piensa”. El 70% de las personas de más bajos ingresos en alto grado “están carentes de capacidad de ser tomados en cuenta. Sus actitudes no tienen influjo sobre las políticas y posiciones de sus propios representantes”. La influencia aumenta según la escala de ingresos.4

Un bien fundamentado estudio, por ejemplo, es el desarrollado por los reconocidos científicos Martin Gilens (Princeton) y Benjamin Page (Northwestern University). De acuerdo a sus conclusiones “los ciudadanos ordinarios virtualmente carecen de ascendiente alguno sobre lo que hace el gobierno de Estados Unidos”. Luego de examinar datos relacionados con más de 1,800 iniciativas políticas diferentes de finales del siglo XX y principios del XXI, Gilens y Page llegaron a la conclusión de que las élites adineradas y bien conectadas son las que consistentemente dirigen el rumbo del país, al margen de y en contra de los deseos de la mayoría, y sin importar cuál de los dos principales partidos tenga el control de la Casa Blanca o del Congreso.5

Es característico de la política en el país su fragilidad estructural y su volatilidad emocional. El propio sistema electoral manipulado y de limitadas opciones ocasiona el desenfoque y desmovilización periódica de los sectores progresistas, que en los años de elecciones – y en el período preelectoral – son empujados a enfilarse y apuntar sobre los ‘síntomas’ de la política, los temas de la coyuntura, la agenda que dicta el sistema, y no sobre la estrategia y las sustancias de la lucha.

En síntesis, los últimos años se han incrementado las desigualdades, se evidencian serias fracturas sociales y se ha producido un marcado descredito de las instituciones. Hay una multiplicidad de conflictos y grupos que presionan por sus demandas, incluyendo actos de violencia organizada, todo lo cual deviene en fuente permanente de tensiones estructurales. Sin embargo, finalmente, hasta ahora, casi todo se canaliza dentro de los causes del sistema, en marcos institucionales o semilegales, sin que tal descontento se convierta en una real alternativa política fuera del desprestigiado sistema bipartidista.

Fuente: https://rebelion.org/condiciones-sociales-e-institucionales-que-coadyuvan-al-control-oligarquico-ii/

 Alternativas emancipatorias

Es clave en la actual inflexión histórica generalizar la ruptura con el sistema global de agronegocios y de los otros extractivismos que han implantado la contrarreforma agraria integral. De ahí la importancia emancipatoria de concretar la unión plurinacional e intercultural de las existentes luchas por las justicias social y socioterritorial en todo el país-continente para la puesta en práctica de la reforma agraria integral anticapitalista, antiimperialista, antirracista, anticlerical, antipatriarcal y decolonizadora tanto del poder como del saber. Según mi enfoque de este desafío urgente e imprescindible propongo en el siguiente artículo de noviembre de 2017:

Un frente cultural político de los movimientos socioterritoriales

Para situar ante los extractivismos y los porqué-cómo
concretar la reforma agraria anticapitalista.

Resumen

Mira hacia otra sociedad desde movimientos socioterritoriales para expandir comunalidades según las mayorías sustituyan la lógica del capital por la situacional de las resistencias al escudriñar los extractivismos mediante elaboraciones conjuntas que el frente propicia.

Es “Frente” al constituirse por unión plurinacional- intercultural con programa poscapitalista; hacia buenos vivires como creaciones de comunidades y pueblos-naciones en constante multiplicación y profundización mediante trabajo “cultural”con artistas, intelectuales y con la Red Nacional de Medios Alternativos para:

-Cuestionar la colonialidad del poder-saber, el hiperpresidencialismo y el racismo de aceptar la expropiación a campesinos e indígenas y las “zonas de sacrificio”.

– Discutir el progresismo sudamericano considerando sus gobiernos e integraciones regionales.

– Desfechitizar el Estado promoviendo que los de abajo creen sentidos comunes y autoorganizaciones conforme maduran sus luchas como nuevas socialidades y politicidades.

-Ilustrar praxis democratizadoras mediante organizaciones como el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia yla Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional. Enfocarlas interculturalidad multiplicándose como Red de Médicos de Pueblos Fumigados, Encuentros de pueblos fumigados, Red Nacional de Municipios y Comunidades que fomentan la Agroecología Encuentro Intercontinental “Madre Tierra, Una Sola Salud”. Descubrirlas sensibilidades y éticas que la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza de América Latina comparte.

-Percibir feminismos constituyendo sujetos emancipatorios.

 “Política”de articular las disputas territoriales en reforma agraria por construcción de:

Ruralidades y urbanismos desde las soberanías popular, alimentaria, energética e hídrica.

Poder comunal desde economías ecológicas en contra de satrapías y enclaves.

Independencia de clase del proletariado mediante solidaridades internacionalistas para la paz y el trabajo desalienado.

Introducción

La Unión de Asambleas de Comunidades (desde 2006 hasta 2018 se denominó Unión de Asambleas Ciudadanas) me ha ayudado a deconstruir los análisis críticos a la sociedad actual que estuve rumiando desde mi adolescencia. Gracias a la UAC me fui identificando con las disputas socioterritoriales y las alternativas que diversidades de abajo plantean en Nuestra América y el mundo. En ese andar devine nosotros que difundió e indagó en los conceptos claves a rumbos emancipatorios como: derechos de la Naturaleza, buenos viviresterritoriobienes comunes, comunalidadestado plurinacional e intercultural, soberanía alimentaria, agroecología, economía ecológica, ecología política, colonialidad de poder y saber…

Mi portal Confraternizarhoy recogió (de las resistencias a los extractivismos y a la contaminación ambiental que generan) declaraciones documentadas, luchas y conceptos que patentizan significados de la justicia ambiental que denomino «justicia socioterritorial o políticoecológica» para precisar su verdad basada en asumir las simbiosis de las respectivas e interrelacionadas comunidades con la naturaleza.

En el portal convergieron otras luchas fundamentales para democratizar las varias cotidianidades y aclarar sobre la justicia social de la diversidad de abajo. Las masacres en Cromagnon y en Once dieron origen a movimientos que nos interpelan para desnaturalizar la precarización de nuestra vida social como fruto de privilegiar la acumulación capitalista por sobre las necesidades e intereses populares como prueba la gravitación, en los presupuestos nacionales, del pago creciente de intereses de la deuda oficializada como “externa pública”.

Vanesa Orieta, al instalar en la agenda pública la desaparición forzada de su hermano Luciano Arruga y la situación de los adolescentes despojados de presente-futuro, complementa a CORREPI en incorporar los derechos humanos de esa mayoría de adolescentes-niños de la Argentina y en suscitar el imperativo de ir contra la impunidad del sistema policial que los mata, tortura y usa de ladrones, también contra los narcotraficantes que los emplean de “soldaditos”. Organizaciones que junto a la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Matanza han sido fundamentales en iniciar el cuestionamiento a la justificación de la ocupación policial de ciudades y la militarización de los asentamientos de despojados y excluidos. También al encierro de los últimos en cárceles superpobladas de jóvenes y bajo estado de excepción.

La Comisión Provincial por la Memoria,desde el período 2013 a 2014, caracteriza de “sistema de la crueldad” a cárceles, comisarías, centros de menores, neuropsiquiátricos y políticas de “seguridad”. Monitorea e investiga sobre esa violación de derechos humanos desde 1999 en la provincia de Buenos Aires. Recopila y analiza esos datos en informes anuales y el de 2015 lo presentó en el Teatro Coliseo de La Plata. Además la Procuración Penitenciaria de la Nación, la Comisión Provincial por la Memoria y el Grupo de Estudios sobre sistema penal y Derechos Humanos publican un informe anual desde hace 6 años y documentan porqué hablar de “cárceles de la miseria” en todo el país.

En octubre de 2011 organizaciones de diferentes sectores ante el avance de las políticas represivas deciden construir una herramienta de articulación que les permita nacionalizar las luchas y afianzar las respuestas al Estado represor. Así fundan el Encuentro Nacional Antirrepresivo.  Hoy funciona con dos encuentros al año y una agenda de actividades comunes. De esta manera, las organizaciones del ENA actúan en conjunto ante hechos represivos en distintos puntos del país como las razzias, los casos de gatillo fácil, la muerte y tortura en cárceles y comisarías, o la persecución de los trabajadores organizados y en lucha.

Sin embargo, todas estas luchas junto a otras también imprescindibles a una sociedad fraterna como es la llevada a cabo por los pueblos originarios, no alcanzan persistencia en articular entre sí e involucrar a una creciente mayoría de los diversos de abajo en los cambios radicales al binomio indisoluble de la justicia políticoecológica con la social. Es uno de los problemas a atender por el Frente.

Al imperativo de liberación del capitalismo se suman: la crítica deconstructiva a los gobiernos progresistas e izquierdas afines y la deliberación sobre la crisis civilizatoria en que el sistema subsume a toda la humanidad e incluso la amenaza de extinción. También es fundamental el destape del vigente Estado para el Capital. Esto último para evitar la regresión que ocurrió en el 2012 donde la movilización riojana en defensa del Famatina contra la megaminería se extendió a todo el país, pero el gobierno de Cristina manipuló el estatismo mayoritario logrando revertir el amplio consenso de justicia por territorios libres de extractivismos o sea de ecocidios-genocidios silenciosos. Sobre todo, en este independizarse del Estado al servicio del Capital, es hora de des-fetichizar las nacionalizaciones escrutando sus historias locales e internacionales y verlas en contradicción con la concepción de bienes comunes.

Como Daniel Albarracín[2] señala:

Se abre un ciclo político en el que resulta crucial seguir cuestionando el modo de vida existente, las relaciones de la sociedad con su entorno natural, el cómo disponemos de nuestro tiempo y cómo tomamos nuestras decisiones colectivas. No podemos apelar al miserabilismo, sino interpelar a la reflexión, la autoorganización y la propuesta superadora. No es cierto aquello de quecuanto peor mejor, más bien al contrario. La autoorganización popular resulta más consistente cuando la respuesta dada no es fruto de la desesperación sino del debate y crítica colectivos, y de la perspectiva, experiencia práctica y alternativa que se pueden derivar de ello. Esto es, del noble arte de la política bien entendida. No es cierto que cuantamás recuperaciónla gente estará más contenta, porque esa recuperación es la de los beneficios y privilegios de unos pocos contra la vida, la biosfera y el trabajo socialmente útil.

Ahora tanto la deliberación como la comunicación social e información entre los diversos de abajo se ve inhibida por la adaptación al capitalismo de las grandes mayorías. Felix Guattari advierte sobre esa producción de subjetividades por el Capitalismo Mundial Integrado y su gravitación en el perfeccionamiento del sistema cada vez más representativo de los intereses de 1% de la humanidad. De ahí que el Frente, en acuerdo con Paulo Freire, propicia diálogos o reflexión conjunta de la situación grupal e histórica en que se hallan como singularidad. De resultas de esa elaboración mancomunada hay cambio en la percepción, es decir, en el conocimiento y el compromiso de resolución del problema, conflicto u opresión.

I. El Frente cultural político procura la reforma agraria anticapitalista

El Frente se constituye a partir de las comunalidades pertenecientes a la UAC que se han formado a consecuencia de defender los bienes comunes. Persigue articularlas con las de los pueblos originarios y las de los campesinos en afirmar la autogestión de sus respectivos territorios. Pero promueve un rumbo en común: la puesta en práctica de la reforma agraria integral. En la actualidad, el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil la caracteriza de popular al ser un desafío emancipatorio de los pueblos y no sólo de los campesinos. La Vía Campesina anticipa esta concepción cuando, en 1996, plantea la soberanía alimentaria en contraposición a la seguridad alimentaria de la FAO.

El Frente amplía y profundiza este enfoque de las organizaciones campesinasde otra sociedad, otro país y otro mundo al arraigar avances poscapitalistas. Por un lado, procura que las disputas de territorios con los poderes establecidos e instituidos vayan afianzando a todas las comunidades en construir sus autonomías e interrelaciones de confederadas sin fronteras. Las encamine a ir constituyendo el poder de los pueblos planetarios de paz mundial por inviabilizar las guerras del capitalismo. Las esmere en establecer la sinergia de la recuperación o creación de territorios pertenecientes a ruralidades y urbanidades hermanadas entre sí y con todos los pueblos del continente-mundo.

Por otro, el Frente aborda la reforma agraria integral en base al poder de decisión sobre los bienes comunes que las organizaciones populares conquistan en sus luchas antiextractivistas. Esa autodeterminación requiere que las mayorías deliberen sobre por qué y cómo ejercer las soberanías popular, alimentaria, energética e hídrica. Las vea caminos ineludibles para garantizar la vida y las condiciones de habitabilidad y emancipación del trabajo en el país-continente tanto del presente como del futuro. Establezca, en diálogos de colectivos, cómo la reforma agraria integral se correlaciona con la humanización del trabajo al implicar subjetividades subversivas del orden vigente que implanta la normalidad de trabajar para, directa e indirectamente, el constante incremento del poder y las riquezas de los oligopolios globalizados. Subversivas e internacionalistas por voluntad de defensa de la vida planetaria y la dignidad humana de todos los pueblos e individuos.

La reforma agraria integral (RAI), según Vía Campesina y el MST de Brasil, procura la reestructuración económica territorial para la democratización del acceso a la tierra y hacerlo desde la contraposición al sistema globalizado de agronegocios. Este ocupa Nuestra América acaparando tierras para la expansión desertificadora de los monocultivos de transgénicos y el sometimiento de nuestros pueblos por el hambre. Al contrario, los trabajadores y trabajadoras sin Tierra usan la agroecología (que surgió de debates colectivos) mirando a desarrollar la agricultura diversificada y respetuosa del binomio indisoluble de la sociedad con la naturaleza.

El Frente atiende que la RAI vaya más allá del derecho a la tierra de comunidades rurales, campesinas e indígenas y de los sin techo o de los otros desposeídos por el capitalismo. Desde priorizarlos, instala la multiplicación de espacios en común para deliberar sobre una distribución demográfica con sustentabilidad por fundarse en el acceso de los diversos de abajo a todos los bienes comunes. La contrapone a la configuración y ordenamiento territorial para la exportación. Esta última exige economías de enclave para los extractivismos, por lo cual hay refuerzo de las satrapías en su función de imponer ciudadanías de baja intensidad.

Con la introducción de la soja transgénica en los noventa y su gran expansión durante más de una déKada se consolida el despoblamiento de las provincias y la multiplicación de los pueblos fantasmas. Estos ya se habían originado al destruirse la red ferroviaria a favor de las automotrices imperialistas que se instalan entre 1958 y 1960. En 1961 Arturo Frondizi implanta el Plan Larkin pero la lucha de los ferroviarios impide su puesta en práctica hasta que el Partido Justicialista bajo el liderazgo de Carlos Menem hizo posible ese desmantelamiento en los noventa. Por eso, la RAI mira a restablecerla con otro diseño. Estará al servicio de todos los pueblos y sin las fronteras impuestas por los de arriba. Hará, además, al viraje clave de la industrialización desde la hegemonía automotriz imperialista hasta el entrelazamiento de todas las economías regionales e industrias ferroviarias sin la opresión oligopólica. Refuerza la recuperación del trabajo mirando a necesidades e intereses populares.

El Frente va más allá de la concepción de un foro de debates y de incorporarse a la RNMA para comunicarlos de modo cada vez más extendido. Pretende praxis o actividades teórico-prácticas de deconstrucción de las relaciones sociales intra e intergrupales o intra e intercomunitarias. Es decir, que tiendan a entablar su carácter dialógico y a problematizar en forma constante tanto la situación compartida como los proyectos en común. Son nuevas relaciones sociales que cada colectivo laboral realiza como partícipe de la creación y evolución de una comunidad decidida a solucionar sus problemas fundamentales. Pero comprometida con las varias formas de reciprocidad implícitas en constituir cada provincia y región según una visión multifacética e integral del país-continente procurando un mundo a beneficio de todos los pueblos planetarios. Así tanto las comunidades locales como las provincias y regiones recuperan sentidos humanistas del trabajo. 

Según la propuesta pedagógica de Freire, el motor central radica en lo político como acto liberador que se origina en el sujeto mismo y en su praxis transformadora al estar desarrollándola junto a otros.

Inés Fernández Mouján finaliza su buenísimo artículo “Fanon y Freire: notas de una relación dialógica” señalando:

En sintonía con una racionalidad política, que cuestiona la marca racial e instrumental del relato único eurocentrado, Freire a partir de los aportes anticoloniales de Fanon nos propone conversar y tematizar lo silenciado en la educación: el sentimiento de superioridad del opresor sobre el oprimido, del educador sobre el educando y nos invita a transitar una ética y política que traspase las cómodas certezas del entorno. Nos invita a mirar de modo crítico las tradiciones −que muchas veces son escudo frente al otro desconocido−; para enfrentar junto “a los desharrapados” (Freire, 1970) los horrores del mundo. En este sentido, Freire, como intelectual fanoniano con su pedagogía de la liberación juega un papel perturbador, porque no protege territorios, porque es hijo del exilio y de la franqueza más que de los rodeos o los titubeos. En sus palabras: “Soy profesor contra el orden capitalista vigente que inventó esta aberración: la miseria en la abundancia” (Freire, 1999, p. 99).

Su pedagogía del oprimido es convergente con la crítica política que Fanon le realiza al colonialismo, al humanismo moderno colonial y a su violencia racial que opera con una sistemática negación y silenciamiento del resto[10]. Una colonialidad del poder-saber que persiste e insiste en nuestras prácticas educativas contemporáneas.

Por último, o como comienzo, el ideal a concretar de buenos vivires convivires abajo clama arrancar del sentipensar y sentipensamiento que, según Eduardo Galeano, es la capacidad de las clases populares de no separar la mente del cuerpo, y la razón de la emoción. Arturo Escobar, al introducir su libro “Sentipensar con la Tierra: Las Luchas Territoriales y la Dimensión Ontológica de las Epistemologías del Sur”[3], sostiene que los saberes derivados de las luchas en defensa de los territorios:

Son más adecuados que los saberes hasta ahora generados en la Academia, para promover una transformación social. Esto se debe a dos motivos: el primero es que los saberes generados en las luchas territoriales brindan elementos fundamentales en la toma de conciencia de la profunda transición cultural y ecológica que enfrentamos en las crisis interrelacionadas del clima, la alimentación, la energía, la pobreza, y los significados; y el segundo, que estos saberes están particularmente sintonizados con las necesidades de la Tierra. Tal como indica el título del artículo, aquéllos que los producen sentipiensan con la Tierra (piensan y sienten con la Tierra); apuntan hacia aquel momento en que los seres humanos y el planeta podrán finalmente coexistir de manera recíprocamente enriquecedora.

¿Cómo suscitar el florecimiento del sentipensar con la Tierra en las grandes ciudades donde la población del país-continente se concentra? Apreciemos a los artistas, teatros y centros culturales como propiciadores fundamentales de que las mayorías rompan con culturas e ideologías que las subsumen, desde sus deseos y sensibilidades, en el sistema mundo capitalista. Implica despertar la disposición a analizar el funcionamiento y las consecuencias de la sociedad de consumo y los supermercados (contrarias tanto a la libertad como a la dignidad de los pueblos e individuos). También demanda instalar la desobediencia al mandato mentiroso de los de arriba sobre el circuito virtuoso de ser consumidores hasta de autos que son generadores, en parte importante, de las catástrofes socioambientales y humanas.

Ya organizaciones socioterritoriales actúan en mancomún con artistas y comunicadores, como la Asamblea Río Cuarto sin Agrotóxicos, pero el Frente articula esa sinergia a lo largo y ancho del país-continente. Sistematiza la visión del Capitaloceno con ejemplos como Fernando Rovelli[4] da:

El Litio no está solo, se encuentra mezclado con otros minerales en proporciones diversas, y las tareas extractivas necesitan agua en inmensas cantidades para decantarlo y concentrarlo. Una locura propia de estos tiempos modernos, allí donde el agua es un bien tan preciado para la vida, donde cada manantial y cada surgente son sagrados, donde la costra de sal es trabajo y sustento para muchos, irán apareciendo inmensos diques de cola , tajos profundos y anchurosos, que van a modificar para siempre al hombre y al paisaje. A los puneños no se les ha consultado, nadie les ha preguntado sobre sus destinos y el de su descendencia, nunca han podido obtener la titularidad de sus tierras comunales, pero deberán enfrentar nuevas promesas de mejorar las escuelas, los puestos de salud, algunas viviendas y televisión digital, deberán callar ante los discursos de progreso y crecimiento, el silencio del hombre y del paisaje será su única resistencia ante el invasor empresarial. Los que venimos luchando contra los monocultivos que producen agrocombustibles para los tanques de los automóviles europeos en lugar de alimentos, veremos también llevarse el Litio para las baterias de sus coches y celulares. Seguimos siendo un pais colonizado que entrega sus materias primas a cambio de muy poco y torcer ese destino es la tarea pendiente que nos compromete a defender el suelo de la Puna y no permitir el despojo minero que ya nos está desarraigando.

II. Las comunalidades con origen en las luchas por bienes comunes

Tienden a promover la deliberación abajo sobre cómo gestionarlos creando democracia y un sistema de valores éticos que arraigan en formas diferentes de comprender el mundo.

En “Despojos y resistencias en América Latina / Abya Yala”[5] Carlos Walter Porto-Gonçalves, Luis Daniel Hocsman G y Omar Arach explican:

El libro que aquí presentamos recoge trabajos que reflexionan a partir de procesos de resistencia/r-existencias frente a los procesos de despojo actualmente en curso en Nuestra América/Abya Yala; el conjunto de escritos germina al enlazar una iniciativa surgida en el Programa de Estudios “Conflictividad territorial, Crítica al desarrollo y Alternativas societales” del Centro de Investigación y Estudios sobre Cultura y Sociedad (CIECS) del CONICET – Universidad Nacional de Córdoba (Argentina), espacio de búsqueda e intercambio de conocimiento dentro de la investigación social.

Concluyen destacando:

Estos escritos nos permiten ver que cada una de estas luchas tiene sus propias particularidades. Son singulares los lugares, los territorios, las personas que los habitan y los sujetos políticos que se construyen en ellos. Pero están mancomunados, en principio, por el hecho de que se enfrentan a fuerzas equivalentes, si no idénticas. Una misma matriz neo-desarrollista/mega-extractivista motoriza los programas económicos con independencia del signo político de los gobiernos que los promueven. Una misma voluntad de convertir territorios y espacios de vida en colecciones de recursos valorizables en el mercado global o en enclaves estratégicos para asegurar la circulación de flujos de mercancías y factores de producción. Una misma mirada, en la que los múltiples, plurales y mega-diversos territorios de Nuestra América son desvirtuados bajo la mirada reduccionista que los entiende únicamente por su inserción funcional en las cadenas de valorización capitalista o por su ubicación estratégica en las cartografías donde se dirimen intereses geopolíticos en pugna.

Los trabajos muestran comunidades políticas que se oponen a la forma en que la globalización hegemónica está geo-grafiando sus territorios. Luchas frente a diferentes dispositivos expropiatorios ensayados para habilitar el ingreso de las explotaciones mineras, madereras, hidro-carburíferas, etc. que tienen resonancias con los momentos “originarios” de la acumulación capitalista (la violencia militar y paramilitar, la criminalización de los que resisten, el cercamiento de los comunes, la privatización de la tierra, el despojo de los medios de vida comunitaria, incluyendo allí el ambiente, porque una naturaleza pródiga es condición de libertad (Porto-Gonçalves). Desde una perspectiva marxista pueden ser vistas como la lucha de clases en su dimensión territorial. Desde un plano de ecología política como movimientos que ponen de relieve las configuraciones de poder en la apropiación de la naturaleza y en la distribución de sus beneficios y sus costos. Desde una perspectiva decolonial como movimientos que erosionan los fundamentos epistemológicos y ontológicos del orden colonial que se continúa bajo la figura de los estados nacionales independientes.

Podríamos agregar una nueva capa interpretativa, que no viene a reemplazar a las anteriores, sino a complementarlas. Siguiendo a Margara Millán, y a tantos, es que estos movimientos expresan, no tanto tendencias, sino emergencias que prefiguran posibilidades de más largo alcance. Movimientos que nos sensibilizan frente a las múltiples vinculaciones que hacen posible nuestro existir, que recuerdan un orden de prioridades invertido por las inversiones capitalistas (“el agua vale más que el oro”) y que en muchos casos valorizan o reactualizan maneras de escuchar y percibir a los seres no humanos que habían sido subalternizadas por el discurso científico. Son las matrices de conformación de los nuevos sujetos políticos que, al actualizar cosmovisiones y cosmovivencias de poblaciones consideradas como representantes de etapas pretéritas de la humanidad (aunque sean contemporáneas), erosionan los cimientos del conjunto civilizatorio y prefiguran horizontes alternativos. (…)

En Argentina y Nuestra América esas resistencias al despojo y/o contaminación de sus territorios tienen potencialidad de constituir sociedad y mundo acordes con las diversidades de abajo, si generalizan su conciencia de la centralidad de erradicar los extractivismos para realizar los cambios radicales del modo de producción y desarrollo a favor de la vida y la dignidad de los pueblos e individuos. Se trata de análisis colectivos en multiplicación constante sobre la conducta contraria a las necesidades e intereses populares que se halla en la aceptación de las “zonas de sacrificio” y en el encandilarse tanto por la modernidad tecnológica como por la sociedad de consumo.

También ese cambio radical en la percepción de una creciente mayoría exige que cuestione percibir como pobres o “carenciados” a quienes son los desposeídos o expropiados para la incesante acumulación gran capitalista de riquezas y poder. Es enfocar la última como intensificación de no sólo la injusticia ambiental sino también de la injusticia social según avanza el sistema mundo del capitalismo hoy. Es unir abajo en su diversidad de disputas socioterritoriales. Desafíos que resume la carta titulada:

Resistencia Ancestral de Facundo Jones Hualapara las asambleas villeras[6]

Yo vengo del barrio 169 Viviendas, en Alto de Bariloche, donde crecí en conflicto con las fuerzas del “orden”, por ser joven, pobre y sobre todo mapuche: pocos delitos traen peores represalias que los rasgos originarios. Pues nadie nunca ha garantizado nuestra seguridad. Ya en 2001 pasamos hambre, muchísima hambre. Estuvimos en los piquetes y recuerdo bien cómo cagaron a palos a mi vieja. Me tocó vivir en la calle, pasarla mal de verdad, pero así aprendí a defenderme, a no permitir que me falten el respeto, a no callarme la boca. Muchas de nuestras familias debieron buscar mejor suerte en otras provincias. Y sí, gran cantidad de hermanos y hermanas se instalaron en distintas villas, donde todavía intentan reencontrarse con sus orígenes, sembrando organización política a través del trabajo, para ir hacia el mundo que sueñan. No estamos planteando desde aquí que nadie destruya nada, ni que construyamos de conjunto un Estado paralelo, sino apenas que seamos capaces de reconstruir nuestras raíces. Ahora más que nunca, es imprescindible fortalecer los vínculos dentro de las comunidades, no esperando a un Estado asistencialista, sino exigiéndole que nos devuelva las tierras, porque tenemos manos para trabajar…

Los derechos no se mendigan, se practican.

Las comunidades indígenas, como las villas, necesitamos desarrollar autonomía, esa que hizo posible un medio como La Garganta, para ganar independencia informativa, sí, pero sobre todo independencia política. Por eso, es fundamental y muy valorable la decisión que tomaron, al mantenerla sin pauta oficial ni publicidad comercial: así, han podido socializar esas herramientas que tanto cuesta forjar y sostener, rompiendo con los prejuicios que las clases dominantes cargan sobre los pobres, los mapuches y todo sector marginado de la sociedad. Siento orgullo y esperanza, leyendo cada nota que publican, por la calidad que defienden al elegir el papel. Y cada concepto. De esto se trata, de generar cantidad mediante la calidad orgánica, siendo exigentes con los niveles de reflexión y de acción, para no negociar esa coherencia revolucionaria capaz de romper la mentalidad burguesa.

Me gusta, me gusta verlos confrontar todos los días con este sistema, generando preguntas y cultivando la conciencia, porque muchas veces nos plantean que la única salida posible sería volvernos gendarmes para servir al poder. Y no es casualidad. Nos quieren moldear, para que nunca se nos ocurra transformar la realidad, ni ser creativos, ni pensarnos junto a otros. Hasta dentro de la cárcel, tengo que discutir los imaginarios que han instalado desde la más pobre interpretación de la «seguridad». Y sí, me indigna tanta enajenación. Pero también pienso que nos tocó nacer en este mundo y debemos cambiarlo. Por eso, les hablo a ustedes, las pibas y los pibes de los barrios, como les hablo a mis compañeros de celda. Ahí, en una de las paredes, tengo un afiche de Bertolt Brecht, que dice: “El peor analfabeto es el analfabeto político”. Y con ese disparador, hace varios días venimos discutiendo sobre la dialéctica que nos mantiene presos, aún en libertad.

Hoy, lamentablemente, existe mucha violencia hacia los barrios pobres, que necesitamos poder reciclar, para convertirla en el motor de nuestra resistencia, frente a quienes históricamente nos han oprimido. Contra toda esa basura que nos inculcan, debemos seguir un mismo camino, que nos sirva para avanzar unidos, porque todavía existe el colonialismo sobre algunos pueblos, perfectamente visible en la sumisión y en la falta de desarrollo interno. No podemos dejar de pensar. Y mucho menos podemos dejar de enseñar.

Siempre, la teoría es más fácil. Ustedes vienen llevando adelante el ejercicio constante de la confraternización entre las comunidades y eso cuesta, porque hay que saber discutir hacia dentro. A veces, muy fuerte, porque hace falta. No podemos dejar de ser críticos de nosotros mismos, ni dejarnos caer en fanatismos centrados sobre nuestros propios ombligos. Ni calcos, ni copias, ni dogmas, ni prepotencia, por encima de la realidad.

Parece resistencia, pero se llama dignidad.

III. El balance deconstructivo del kirchnerismo para la percepción del extractivismo.

Que una creciente mayoría tome conciencia y se posicione sobre por qué erradicar el régimen extractivista exige al Frente facilitar la deliberación popular. Pero está bloqueada por la visión dicotómica de la realidad social que más de una déKada inculcó. La modelación de una mentalidad dicotómica en las mayorías posibilita al bloque dominante suscitar en éstas posicionamientos entre dos opciones que le infundió creer como las únicas realistas: kirchnerismo o derecha y progreso/atraso. Esto derivó en estigmatizar a quienes criticamos a los gobiernos K y al progreso capitalista señalándonos con ser funcionales a la derecha y al atraso. La dicotomía también naturalizó el nexo liderazgo/ subordinación incondicional. Invisibilizó a la comunidad La Primavera (en qom: Potae Napocnaa Navogoh ) pese a acampar en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires durante meses. Cristina apoyó al sátrapa de Insfran y demonizó a Félix Díaz, máximo referente de la comunidad que hizo a la unión de pueblos originarios en Argentina para afirmar sus derechos contra el etnocidio que sufrían en todo el país.

Esta mirada racista fue profundizada por el gobierno de Macri para la contemporánea etapa del régimen extractivista en su usurpación total y totalitaria de los territorios indígenas.

El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner perfiló dos enemigos en base a estereotipos emocionales tendientes a simplificar y obnubilar sobre ambas complejidades claves del funcionamiento político económico del país-mundo. Así concretó operaciones de extrañamiento masivo de la puesta en debate del modelo de soja transgénica y del capitalismo mediante la concentración mediática.

Respecto a que privilegió la agricultura industrial -sin campesinos ni indígenas ni biomas- lo prueba el Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial 2020, también promovió la expansión de Monsanto hasta culminar en querer promulgar la ley de monopolización de las semillas.

En cuanto a los medios de comunicación, su acaparamiento fue esencial al Kirchnerismo para optimizar la articulación entre Ciencia, Estado y Capital como poderoso aparato semiótico-político de producción de la “verdad”. Al respecto Arturo Escobar destaca que el sistema mundo capitalista: “se ha apoderado del derecho a ser «el» Mundo, sometiendo a todos los demás mundos a sus propios términos o, aún peor, relegándolos a la inexistencia; se trata de un mundo en el que tan sólo cabe un Mundo. Si la causa de esta crisis es este Universo, entonces la crisis que enfrentamos implica una transición hacia lo opuesto, es decir, hacia un Pluri-verso”.

Escoba, en “Sentipensar con la Tierra: Las Luchas Territoriales y la Dimensión Ontológica de las Epistemologías del Sur” (Revista de Antropología Iberoamericana, Volumen 11) prosigue: 

En la perspectiva pluriversal, existen múltiples veracidades, pero no se pretende “corregir” la visión de ninguna de ellas como si hubiese una forma superior de definir la “realidad”“El pluriverso es una herramienta: primero, para generar alternativas al mundo Mundial que sean aceptables a los mundiales, y, segundo, para dar voz a aquellos otros mundos que interrumpen la historia del mundo Mundial” (Blaser, de la Cadena y Escobar, 2014). Es indispensable desplazar la centralidad de la ontología dualista, a medida que se expande el espacio para ontologías no-dualistas, que nos saquen del cuento del Mundo Mundial, lo que requiere una transición de conceptos uni-mundiales como la “globalización” y los “estudios globales” hacia conceptos enfocados en el pluriverso constituido por una multiplicidad de mundos mutuamente interconectados y co-constituidos, aunque diversos.

La visión dicotómica también implica un pensamiento maniqueo en coincidencia con los propósitos imperialistas de instaurar una suerte de cruzada entre el bien y el mal. Sintoniza con la Organización de Estados Americanos (OEA) que en octubre de 2003, a raíz del 11 de septiembre de 2001, amplió la definición tradicional de seguridad hemisférica incorporando nuevas amenazas como la pobreza y la protesta social.

El kirchnerismo acusa a Macri de iniciar el ataque a las últimas. Olvida que Néstor Kirchner dispuso la ocupación, en noviembre de 2003 y por parte de las fuerzas de seguridad, de tres asentamientos de desposeídos en el Conurbano Bonaerense y desde ese momento proyectó extenderla a otras diez villas de emergencia. El Informe de Alerta Argentina «Los derechos humanos en el gobierno de Kirchner (2003-2004)» también se refiere a la campaña de los factores de poder junto con el gobierno de Néstor para deslegitimar a las organizaciones de los piqueteros.

En la ciudad de Buenos Aires durante el año 2004 el progresismo de Aníbal Ibarra y de Néstor Kirchner hizo a la aprobación de un Código Contravencional cuyo marco normativo penaliza la venta ambulante y la prostitución en la vía pública, asimismo exige solicitar autorización a las autoridades como requisito obligatorio para realizar una movilización, acto u cualquier otro tipo de protesta. De modo que( usando además las masivas marchas convocadas por J.C.Blumberg como consenso de inseguridad ciudadana) hubo instauración de la sistemática judicialización de la protesta social y “el agravamiento de las figuras penales impuestas a las y los detenidos, así como en el accionar represivo del Estado en diferentes situaciones y contextos, a través del despliegue de Gendarmería Nacional, grupos especiales, policía federal y policías provinciales” señala el Informe.

En la actualidad del país y el mundo, el neoextractivismo ya fue. Hay imposibilidad de compatibilizar la alta rentabilidad de los oligopolios con una transferencia de fondos hacia la subsistencia más elemental de los desposeídos. Emiliano Teran Mantovani advierte: «es necesario resaltar la relación que existe entre la re-estructuración del régimen de apropiación de la naturaleza (el relanzamiento y la reformulación del extractivismo en el país) con los mecanismos de captura y distribución de la renta (cambios en la arquitectura del capitalismo rentístico) y con los patrones de gobernabilidad y control social”. En su artículo “Violencia y gobernabilidad ante una nueva fase del extractivismo en Venezuela” (Biodiversidadla.org/ 02-08-2017) duda que la violencia desarrollada en su país haya sido coyuntural y se pregunta si no es parte del nuevo modelo de gobernabilidad y control social.

En Argentina se la asocia con la restauración del neoliberalismo por Macri. Es una caracterización falsa por influjo del kirchnerismo. Gravita su mirada sesgada como lo prueba el amplio consenso nacional e internacional en torno a la liberación de Milagro Sala. Convierte esta prisión en máxima expresión de injusticia actual. Al absolutizarla encubre la violencia sistémica y lo repite al denunciar la desaparición forzada de Santiago Maldonado silenciando e invisibilizando que se da durante un descomunal operativo de Gendarmería en la ruta 40 donde la comunidad mapuche de la Pu Lof en Resistencia del departamento de Cushamen exigía la liberación del lonko Facundo Jones Huala y reclamaba por el cese de la persecución policial y judicial. Tampoco organiza la lucha contra el actual e incesante hostigamiento represivo y mediático a las comunidades del pueblo-nación Mapuche ni atiende a Agustín Santillán. Lo principal es su elusión de los impunes de siempre: Benetton, las megamineras, las petroleras, los pool de siembra… que desertifican, enferman y matan.

El matrimonio K tuvo éxito en convencer a las mayorías de delegar su capacidad de deliberación y decisión en la democracia representativa después que la rebelión popular, entre 2001 a 2002, la puso en cuestión. Lo consiguió hasta el extremo de que endiosaran su liderazgo con lo cual asentó la obediencia debida y la obsecuencia, tan imprescindibles para la gobernabilidad de la continuidad en la concentración y transnacionalización económico territorial por los poderes establecidos mediante terrorismo de estado e instituidos con democracia restringida.

IV. El neoliberalismo y el neodesarrollismo para la expansión del extractivismo en el siglo XXI

Horacio Machado Aráoz, en El auge de la Minería transnacional en América Latina. De la ecología política del neoliberalismo a la anatomía política del colonialismo[8] explica: 

Tanto el auge minero, como el conjunto de políticas que significaron y permitieron la abrupta radicación del complejo primario-extractivo exportador en la región, deben analizarse como partes y emergentes de la crisis y recomposición del esquema de dominación y acumulación global ocurrido hacia los setenta; crisis que, precisamente, tiene por epicentro –y que, en lo sucesivo, pone como eje clave de las disputas geopolíticas– el dominio y control sobre los “recursos naturales”.

En tanto reorganización neocolonial, todo el vasto proceso de transformación de la geografía económica y cultural del mundo que involucró el neoliberalismo supuso el recurso a un uso desmesurado y “antieconómico” de la violencia imperial. (…)

Desde un punto de vista general, el terrorismo de estado no sólo cumplió la “función política” de desmantelar los procesos de movilización y organización popular a través de los mecanismos de persecuciones clandestinas, torturas y desaparición forzada de personas, sino que también desempeñó la crucial “función económica” de instaurar las bases del nuevo ciclo expropiatorio que se aplicaría durante las dos décadas siguientes, principalmente a través del ciclo de endeudamiento externo. Como destaca Pablo Dávalos (2006) no hay que pasar por alto el crucial papel de la deuda externa desempeñado a lo largo de todo este proceso, desde los setenta a nuestros días. En efecto, el peso de la deuda externa prolonga el “terrorismo de Estado” de los setenta, en la economía del terror durante los años ochenta: los sucesivos ajustes estructurales que los países centrales impusieron a través del FMI provocan el escenario de devastación social que caracterizó a la denominada “década perdida”. Asimismo, el drástico paisaje social dejado por las políticas de ajuste estructural de los ochenta serviría como marco político para producir la “aceptabilidad” de las políticas del Consenso de Washington en los noventa. Las mismas, bajo la retórica de la necesidad de “recuperar la senda del crecimiento” como condición para “combatir la pobreza”, impulsan una abusiva política de privatizaciones, apertura comercial irrestricta, liberalización financiera, sistemas de incentivos extraordinarios a las inversiones extranjeras, y desregulación y precarización del “mercado de trabajo”.

A diferencia de los años ochenta en que los organismos multilaterales impulsaron programas de ajuste para cumplir con las obligaciones de la deuda a través de superávit fiscales estructurales, durante los años noventa se impulsó un vasto programa de privatizaciones y la instalación de un mega-aparato primario extractivo exportador destinado a cubrir los pagos de la deuda, ahora a través de los saldos positivos de las balanzas comerciales. Las privatizaciones de los noventa constituyeron una continuidad de los más perversos y directos mecanismos de acumulación por desposesión: tras la gran salida neta de capitales de los ochenta, le sucede ahora la avanzada del capital transnacional sobre los principales activos e inversiones físicas de los países de la región, tanto a través de los programas de “capitalización de la deuda” como a través del masivo ingreso neto de Inversión Extranjera Directa (IED) destinada a adquirir los devaluados activos nacionales (Harvey, 2004: 118).

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