Qué Trabajo

Agosto 2020

Con expropiación oligopólica de su potencial presente e histórico de humanidad en armonía con la naturaleza.

 


 

 

 

Expropiado y explotado por burguesía / Ecocida y genocida /Alternativas emancipatorias

 

 

 

Expropiado y explotado por burguesía

 

 

Generalicemos la conciencia sobre que Chico Mendes ejemplifica e impulsa el potencial presente e histórico de la humanidad en armonía con la naturaleza que tienen les trabajadores al asumir las luchas de confrontación con las clases dominantes por expropiación de capacidades y productos laborales y de la naturaleza hasta el extremo de de extender los derechos latifundistas sobre la Amazonía y la Cordillera para destruirlas por extracción de los recursos naturales que aprecian como valores de cambio.

 

Chico Mendes… ¿quién era Chico Mendes?

4 de abril de 2004

 

 Por Jorge Cappato 

 

A principios de 1998 los incendios en Roraima, el Estado brasileño al norte de Amazonas, fueron los mayores recordados jamás. Mientras las quemas intencionales desde el año anterior aumentaron un tercio en los Estados de Pará, Rondonia, Maranhao y Mato Grosso (1). Este fue el escenario de la vida de Chico Mendes, el dirigente de los recolectores del caucho de las «heveas» que abrazaron la defensa de la selva como único modo de sobrevivir (2).

Francisco Mendes, más conocido como Chico, salió del oscuro anonimato de los confines de Acre, en el extremo suroeste de la Amazonia, cuando en 1987 recibió en Londres el premio Global 500 de Naciones Unidas. Poco antes de su muerte, en 1988, la Better World Society, creada por Ted Turner, el dueño de la CNN, lo había premiado en Nueva York catapultándolo fugazmente a los medios masivos. Para la conciencia mundial, expresada en el estaf científico que sigue paso a paso la devastación ambiental y las entidades ecologistas comprometidas con la sustentabilidad, la figura de Chico representó y representa la esperanza de frenar el arrasamiento de los últimos territorios auténticamente verdes del planeta.

Hoy la historia de Chico y su idea de crear en Amazonia «reservas extractivas» –para aprovechar inteligentemente la selva sin destruirla–, ocupan decenas de sitios «web» en Internet y han generado centenares de artículos, libros y videos, la mayoría en inglés y portugués. Tres años le llevó al periodista español Javier Moro recorrer la Amazonia para reconstruir la vida de Chico y la siniestra trama de intereses que llevó a los artífices de su muerte a apretar el gatillo; hoy plasmada en su insoslayable «Senderos de Libertad» editado por Seix Barral. Mientras «Temporada de Incendios» el filme dirigido por John Frankenheimer, con Raúl Juliá y Sonia Braga, se propaga en las reproductoras de video en diferentes idiomas.

Los Mendes se habían instalado en un seringal (3), cercano a la remota Xapurí y se transformaron en seringueiros (4). Huyendo de la sequía y el hambre del «sertón», navegando cinco semanas desde Manaus por los afluentes del Amazonas. Un seringueiro debía «sangrar» hasta 200 heveas por día para lograr su sustento (5).

Chico Mendes se crió en medio del analfabetismo, el aislamiento y las carencias de todo tipo. En 1945 terminó la Batalla del Caucho al caer la demanda de la Segunda Guerra y la situación empeoró. Se abandonaron los muelles y aeropuertos, mientras los seringueiros eran obligados a vender sólo a los seringalistas (6). El diario A Provincia do Pará calculó que de los 50.000 «soldados del caucho» censados, 23.000 habían muerto «sin pan y sin cuidados médicos».

Hacia 1970 empieza a construirse una carretera Transamazónica de 5.000 kilómetros para ofrecer «una tierra sin hombres a los hombres sin tierra».

Pero ni la tierra era fértil, ni estaba vacía: allí estaban los indios, los ribeirinhos, los seringueiros, gente que vivía de y cuidaba la selva. Los incendios masivos usados para deforestar se extendían pagados por los fazendeiros (7) y los garimpeiros (8). Los bosques milenarios eran reemplazados por fincas de dudosa rentabilidad y más dudosa duración.

En Amazonia la expansión agrícola es insustentable; la hacienda es cebú importado de India, para hamburguesas por ejemplo; y cuando llueve el frágil suelo, desprotegido, se erosiona rápidamente. Los indios y los seringueiros emigran para hacinarse en las chabolas y las favelas, desarraigados y sin trabajo. En pocos años las fincas abandonadas de Amazonia, como los campos agotados de Mato Grosso, se parecen a un semidesierto. La «esponja verde» desaparece y las inundaciones aumentan localmente y aguas abajo (9).

 

Los fazendeiros queman la selva para obtener títulos de propiedad sobre cientos de miles de hectáreas. En el paroxismo de la destrucción los aeropuertos se cierran por las humaredas. Rondonia y Acre arden por los cuatro costados aprovechando la temporada seca. La nueva ruta BR-317 traía consigo una pesadilla: incluso llegó a usarse napalm. Sin los árboles el suelo se empobrece y se levantan nubes de mosquitos desde los charcos, transmitiendo el paludismo.

 

A fines de los ’70 el precio del oro creció y la «fiebre del oro» se abatió sobre Amazonia. En 1980 había cinco mil personas trabajando en el garimpo (10) de Serra Pelada; tres años después eran cien mil. Se construyeron pistas de aterrizaje anudando los circuitos ilegales del oro, el tráfico de fauna, las drogas y la prostitución. Parte del oro se refina con mercurio. Por cada tonelada de oro, otra de mercurio al ecosistema. Análisis de sangre de indios kayapós vecinos a los garimpos revelaron que más del 25% tenían un exceso del letal mercurio, al igual que la totalidad de los peces.

 

A principios de los ’80 se alarga 1.200 kilómetros la BR-364 uniendo Cuiabá con Porto Velho. Los pronósticos, incluidos los de expertos del Banco Mundial y del BID, no tardan en cumplirse: desintegración de poblaciones indígenas, devastación de la selva, extinción de especies, erosión de los suelos, costos sociales y económicos. Poco después se construye Tucuruí, entonces la cuarta represa más grande del mundo, sobre el río Tocantins, un afluente del Amazonas, considerada hoy un desastre ambiental, sanitario y social. Seguida de otro descalabro total: el de la mega-represa de Balbina. Estos hechos conmocionaron la opinión pública –en principio más afuera que dentro del propio Brasil–, repercutiendo en los entes crediticios y el Congreso de los Estados Unidos. Goodland y Price, asesores del BM, dieron informes contundentes sobre los desastres financiados por el Banco. Adrian Cowell impactaba al mundo con las escalofriantes imágenes de «La década de la destrucción», filmada en Amazonia.

En esa época grupos de científicos demuestran que una hectárea de selva produce mucho más que una hectárea con ganado. Chico reclama la creación de «reservas extractivas»: para recolectar caucho, fibras, frutos y medicinas silvestres. Unas 1.400 plantas selváticas tienen principios activos contra el cáncer. Estas reservas conservan el bosque y las poblaciones tradicionales (11). Durante 1987, el satélite NOAA-9 detecta enormes quemas en Amazonia. A los lados de la BR-364 hubo más de 200.000 incendios provocados: un área el doble que Suiza ardiendo. Alberto Setzer, el investigador que seguía atónito las imágenes satelitarias, calculó que las quemas habían inyectado en la atmósfera más de 500 millones de toneladas de carbono; un 10% del aporte mundial de gases de efecto invernadero responsables del cambio climático (12).

En junio de 1988 el Ayuntamiento de Río entrega a Chico las llaves de la ciudad: el primer reconocimiento público en su propio país. El gobierno federal decreta que los seringales Cachoeira, Sao Luis do Remanso, y dos más, se conviertan en las primeras reservas extractivas. Es un éxito enorme. Pero las represalias de los fazendeiros no se detienen. El 22 de diciembre de 1988, en su casa de Xapurí, Chico recibe en el pecho el impacto de un disparo hecho a corta distancia, desde la oscuridad.

Notas

1.       En un informe del Environmental Defense Fund (EDF), Steve Schwartzman advirtió que entre 1991 y 1994 los incendios en Amazonia arrasaron 25.000 kilómetros cuadrados cada año.

2.       Hevea: árbol del que se extrae el látex para fabricar caucho nativo. En portugués, «seringa».

3.       Seringal: propiedad de seringas con senderos en la selva.

4.       Seringueiro: cauchero,trabajador del caucho.

5.       Sangrar: rasgar la corteza de la hevea; la savia-látex- se recoge y es ahumada artesanalmente en forma de bola.

6.       Seringalista: propietario del seringal.

7.       Fazendeiro: dueño de una hacienda; terrateniente.

8.       Garimpeiro: buscador de oro.

9.       La mitad de los 24.500 incendios registrados en 1997 se produjeron en Mato Grosso, imbricado en la alta cuenca del sistema Pantanal-Paraguay-Paraná.

10.   Garimpo: lugar donde se busca oro.

11.   Las reservas extractivas incluyen servicios ecológicos como protección del suelo y regulación del ciclo del agua.

12.   El Worldwatch Institute acaba de revelar que en 1998 los desastres climáticos agravados por el cambio global antropogénico produjeron pérdidas récord por 90.000 millones de dólares.

J. Cappato es integrante de Fundación Proteger, Santa Fe, Argentina.

Fuente: http://ecologiasocial.com/2004/04/chico-mendes-quien-era-chico-mendes/

 

 

Destaquemos que la autopercepción de omnipotencia de las clases y oligopolios dominantes arraiga en el vigente régimen latifundista.

 

 

MEDIOAMBIENTE Y CAPITALISMO

Chico Mendes: quién fue el luchador despreciado

por el ministro de medioambiente de Bolsonaro

15 de febrero de 2019

 

Chico Mendes, reconocido luchador del norte de Brasil, fue asesinado en 1988 por sicarios en el marco de su lucha por los derechos de los trabajadores del caucho, las riberas y los pueblos originarios.

Ricardo Salles, el ministro de Medioambiente de Bolsonaro, se dijo ignorante y consideró irrelevante la figura de Chico Mendes en una entrevista televisiva. El repudio en las redes puso a Chico Mendes en el trending topic a nivel global. ¿Por qué tanto odio y desprecio hacia el mundialmente reconocido luchador asesinado? El plan del gobierno de Bolsonaro contempla un avance en la quita de derechos por los que Mendes luchó.

El triunfo electoral de Bolsonaro y todo un pool de reaccionarios en octubre pasado con la enorme ayuda del poder judicial y apoyo militar implica no solo la preparación para salvajes ataques a los derechos laborales, como la reforma previsional, o las privatizaciones, o quitas a los derechos de las mujeres, de los educadores, de los niños, de la diversidad sexual. Significa además un intento de reescribir la historia.

El vicepresidente Hamilton Mourão y el presidente de la Corte Suprema, José Toffoli hablan de “movimiento del 64” y ya no de golpe. En ese marco, el ataque a Chico Mendes se inscribe en el intento de abrir aun más el campo al agronegocio y quitarle derechos a los trabajadores rurales, pueblos ribereños, negros y pueblos originarios.

Chico Mendes, fundador del PT y la CUT en el estado de Acre, región norte de Brasil, fue asesinado por pistoleros al mando de quienes se oponían a la expropiación de una hacienda para transformarla en “reserva extractivista”, de propiedad de la Unión bajo gestión de los trabajadores del caucho, ribereños y pueblos originarios. Chico Mendes defendía la expropiación de tierras para uso colectivo de esas comunidades y así chocaba con la expansión del agronegocio y su saña por pasto, tierra para la soja y derramamiento de sangre de lo que se interpusiera en su camino.

 

Ni bien comenzó la lucha por los derechos de los pueblos, de los trabajadores del caucho y de los bosques, Chico Mendes estuvo marcado para morir. No solo él, sino decenas de otros sindicalistas y activistas en la región. Con desdén, los medios brasileños miraban el drama en las entrañas de la Amazonia. Pocos días antes de su asesinato, el medio Jornal do Brasil se rehusó a publicar una entrevista al activista, en la que dejaba en claro quién lo amenazaba, con la que podría haber ganado tiempo de vida. Se puede leer la entrevista completa acá. Eran tiempos de poner paños fríos en las heridas, aun sangrantes, de la Constituyente.

Pocos días después del asesinato, la entrevista fue publicada. La atención a su denuncia cabía a los trabajadores y brigadas de defensa organizadas por la CUT, a los ambientalistas y parte de los medios internacionales, que por presiones de la lucha de clases en sus propios países, tenían que abrir algunas puertas a Mendes y su grito.

Hay quienes ven en ese programa defendido hace 20 años atrás por Chico Mendes un antecedente del ecosocialismo, como escribió recientemente el famoso intelectual Michel Lowy. Más allá de las polémicas sobre este concepto y los límites estratégicos de la lucha de Mendes -quien depositaba esperanzas en la Constituyente de 1988, planteaba un programa de desapropiación y una táctica de resistencia pacífica a los tractores de deforestación- su activismo entraba en ruta de colisión con el latifundio, con el agronegocio, y esa colisión le costó un tiro de escopeta en el pecho el 22 de diciembre de 1988.

El regreso del odio a Chico Mendes muestra que la llaga que estaba abierta en el ’88 no se cerró, y nos obliga a pensar en los objetivos que están detrás del odio de los terratenientes, de los capitalistas y del gobierno de Bolsonaro.

 

El regreso del espectro odioso de 1988

Bajo la égida del ministro detractor de Chico Mendes hay un instituto que lleva su nombre. Mendes fue asesinado el mismo año en que se terminó la Constituyente. Ese año también fueron asesinados en manos del Ejército tres trabajadores siderúrgicos en la ciudad de Volta Redonda, Rio de Janeiro.

El odio de Salles generó un amplio repudio en las redes sociales, e incluso el general Mourão se delimitó del ministro. Esta delimitación se relaciona también con las diputas en las distintas alas del pool de poder Bolsonaro. Pero las declaraciones de Salles no fueron las palabras de un idiota, llenas de sonido y furia y sin significado. Son parte constitutiva del programa de gobierno de Bolsonaro y que van mucho más allá del ala “ideológica” con la que se relaciona.

Bolsonaro no ahorró críticas a la legislación ambiental hasta que ocurrió el desastre de Brumadinho. Mourão y Heleno quieren pasar a llevar los derechos de los pueblos originarios para hacer obras en la Amazonia como la “gran línea norte” y la expansión de la ruta BR-363. La ministra de Agricultura, Tereza Cristina, quiere liberar el uso de cualquier tipo de agrotóxico. El ministro de Justicia, Sérgio Moro, redacta leyes represivas con la trillada excusa de lucha contra el narcotráfico pero que le permitirán a Bolsonaro cumplir su promesa de enjaular a militantes del MST y MTST como “terroristas”.

Pasados algo más de 20 años desde aquella Constituyente y de los asesinatos en el campo y en la industria siderúrgica, vuelven a emerger temas centrales, la historia de Brasil, las violentas discusiones de la época, entre ellas la cuestión del latifundio y el agronegocio.

Surgida como brazo político para hacer lobby en la Constituyente, y como brazo armado para esparcir sicarios por el campo, y de notorio involucramiento en el asesinato de Chico Mendes y de muchos ambientalistas y sindicalistas en el campo, la Unión Demócrata Ruralista (UDR) ubicó a su poderoso presidente, Nabhan Garcia, en un cargo crucial del gobierno de Bolsonaro: jefe de “asuntos fundiarios” del Ministerio de Agricultura.

Esto muestra que el odio de Salles a Chico Mendes no es un punto fuera de la curva sino la consecuencia directa del programa de todo el pool bolsonarista e ilustra cómo pretenden pasar revista a las heridas todavía abiertas del ’88 para pisotear a los muertos y arrancar así más tierras, derechos y sangre a los vivos.

 

Algunas reflexiones para salvar a los muertos de las garras de los enemigos

En Xapuri, la localidad del estado de Acre donde Mendes fue asesinado, estaba en pleno y abierto funcionamiento el brazo armado de sicarios del latifundio. Chico Mendes pagó con su vida el enfrentamiento a esos poderes y querer la expropiación de las tierras amazónicas para destinarlas a “reservas extractivistas”.

Chico Mendes dejó un breve y bonito escrito póstumo en defensa de la revolución socialista mundial dirigida a los jóvenes del futuro:

Atención, joven del futuro, el 6 de septiembre del año 2120, aniversario del primer centenario de la revolución socialista mundial que unificó a todos los pueblos del planeta en un solo ideal y en un solo pensamiento de unidad socialista, y que puso fin a todos los enemigos de la nueva sociedad. Acá quedan solo el recuerdo de un triste pasado de dolor, sufrimiento y muerte. Disculpen. Estaba soñando cuando escribí estos acontecimientos que no voy a ver. Pero tengo el placer de haber soñado”.

Si bien declamaba el socialismo internacional, no era ese el programa que defendía Chico Mendes. En la entrevista a Jornal do Brasil decía:

La reforma vino a través de la Reserva Extractivista. Vamos a utilizar la selva en forma racional, sin destruirla. Los trabajadores del caucho, los pueblos originarios, los ribereños hace más de 100 años ocupan los bosques. Nunca la amenazaron. Los que la amenazan son los proyectos agropecuarios, los grandes madereros y las hidroeléctricas con sus inundaciones criminales. En las reservas extractivistas, vamos a comercializar e industrial los productos que los bosques generosamente nos conceden. Tenemos en los bosques el abacaba, el patoá, el açaí, el buriti, la pupunha, el babaçu, el tucumã, la copaíba, la miel de abejas, que ni los científicos conocen. Todo esto puede ser exportado, comercializado. La universidad tiene que venir a acompañar la Reserva Extractivista. Estamos abiertos a ella. La Reserva Extractivista es la única salida para que la Amazonia no desaparezca. Más aun: esta reserva no tendrá propietarios. Va a ser un bien común de la comunidad. Tenemos el usufructo, no la propiedad”.

Proponía el usufructo, la gestión de la tierra por los pueblos locales, señalando –al menos para la región amazónica- un sentido de una reforma agraria que no pasa por la propiedad privada de la tierra, si no que convive al mismo tiempo con el capitalismo que la rodea. Esta elaboración programática es un aporte para pensar otros modelos de gestión de los recursos naturales y su control por los trabajadores y pueblos locales, más aun en tiempos de crímenes capitalistas de la magnitud que se vio en Brumadinho.

La defensa de una gestión de los recursos por la población local y los trabajadores (del caucho) choca también con el programa adoptado por el PT, que no solo no combatió sino que apoyó la expansión agrícola capitalista, el avance de la minería predatoria, mantuvo privatizada la minera Vale, adoptó el uso desenfrenado de inundaciones para hidroeléctricas, todo esto para garantizar más recursos para entregar en bandeja al imperialismo, con royalties de semillas transgénicas o a través del criminal pago de la deuda pública.

La integración del PT al régimen nacido en el ’88 incluyó su aplauso e incentivo a la soja, al ganado, al frigorífico JBS, a la exministra y vocera del agronegocio Kátia Abreu, en directo detrimento y choque con los derechos de los pueblos originarios, ribereños y trabajadores rurales. Suena totalmente fuera de lugar, para decir lo mínimo, su defensa del legado de Chico Mendes, aun limitada a la cuestión ambiental.

En la conclusión de la entrevista que Jornal do Brasil no quiso publicar, Mendes dijo:

Si bajara un enviado de los cielos y garantizara que mi muerte fortalecería nuestra lucha hasta valdría la pena. Pero la experiencia nos enseña lo contrario. Entonces quiero vivir. Acto público y entierro numeroso no va a salvar la Amazonia. Yo quiero vivir.

La ausencia de una estrategia global para el enfrentamiento con los capitalistas, el programa adoptado por Chico Mendes terminó por costarle la vida, sin que haya quedado una semilla para su continuidad.

Los trabajadores de Brasil y del mundo tienen planteado arrancar de las manos de los enemigos el destino no solo de sus vidas sino también la de sus muertos, para vengarlos expropiando el latifundio, derrotando al capitalismo. Para callar el irrelevante Salles y sus socios en el pool bolsonarista, hay que sacar de las inmundas bocas del agronegocio la obra de vida de Mendes y llevarla a una crítica global del capitalismo, para que del seno de Brasil, de la Amazonia, al serrado, a las montañas de Minas, se erija otro uso de la tierra, un uso que esté al servicio de los trabajadores, de todos los pueblos, y establezca otro metabolismo de la humanidad con la naturaleza, lo que es imposible sin luchar por construir un gobierno obrero de ruptura con el capitalismo.

Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/Chico-Mendes-quien-fue-el-luchador-despreciado-por-el-ministro-de-medioambiente-de-Bolsonaro

 

 

"Denunciamos esta farsa y exigimos la suspensión inmediata de todos los proyectos de explotación forestal maderera y de todas las políticas de compensación ambiental y climáticas que derivan de falsas soluciones del capitalismo verde, la demarcación de todas las tierras de los pueblos indígenas, y una reforma agraria con soberanía popular". Afirman quienes hoy continúan la lucha de Chico Mendes y están confrontando con el capitalismo y le reclaman lo que el sistema mundo nunca les concederá.

 

Es hora de asumir que los pueblos no tenemos soberanía popular ni caminos hacia nuestros buenos vivires si no nos emancipamos del capitalismo.

 

Chico Mendes contra las falsas soluciones

del capitalismo verde
¡Apoye la declaración!

9 de enero de 2019

Este 22 de diciembre se cumplen 30 años del asesinato de Chico Mendes. Organizaciones reunidas en Xapuri (Acre, Brasil), entre el 14 y el 16 de diciembre, lanzaron la declaración “Chico Mendes en el empate contra las falsas soluciones del capitalismo verde”. Usted puede leer la declaración y apoyarla con su firma aquí. La declaración está abierta para adherir en solidaridad hasta el 31 de enero de 2019.

CHICO MENDES CONTRA LAS FALSAS SOLUCIONES DEL CAPITALISMO VERDE

DECLARACIÓN DE XAPURI,
16 de diciembre de 2018.

Desde de Xapuri, afirmamos al mundo que Chico Mendes no murió: fue asesinado. Este fue el precio que tuvo que pagar por dedicar su vida a la causa por la reforma agraria y la protección de los bosques, ya que los dominantes nunca aceptaron que los pueblos de los bosques tuvieran derecho a la tierra, al pan y al sueño. Imaginaron que asesinándolo enterrarían su lucha. Pero ya era demasiado tarde. Chico se había transformado en una fuerza que traspasó su existencia física.

Desde su asesinato, su memoria creció en importancia. Conscientes de esto y, con el miedo a su poder libertario, los de arriba se lanzaron a la tarea de apropiarse de ella a través de un continuo y sistemático proceso de distorsión. Eso fue lo que los gobernantes del Frente Popular del Acre (FPA) hicieron a lo largo de los últimos 20 años: sirviendo a los intereses del capital internacional, imponiendo, usando y abusando de la imágen de Chico Mendes, un conjunto de políticas cuyo resultado fue el crecimiento de las privatizaciones y de la destrucción del bosque.

Yendo desde la explotación forestal maderera, del gas y petróleo en el Valle del Jaruá, y la minería, pasando por la ganadería extensiva de corte y abriendo las puertas para los proyectos de Reducción de Emisión por Deforestación y Degradación Forestal – REDD y otras formas de Pagos de Servicios Ambientales – PSA, esas políticas representan, en todo, la más absoluta negación de aquello que el líder cauchero defendió, pues privatizan los bosques, violan los derechos de los pueblos del bosque y los tratan como criminales.

Y en todo ese proceso, desconfiguran y, en cierto sentido, asesinan a Chico Mendes una y otra vez , haciendo de él un defensor del mismo capitalismo que lo asesinó, o sea, haciendo de él lo contrario de lo que fue.

Lamentablemente, lo que vemos hoy en el estado de Acre es la tentativa de transformar en mercancía las tierras y territorios que son sagrados para los pueblos originarios y que, además de eso, son las bases de subsistencia de todos los habitantes de bosque.

Por eso es que, en los últimos años, vimos crecer en nuestro medio la criminalización tanto de las prácticas ancestrales de las comunidades locales como de toda forma de resistencia a la apropiación capitalista de la naturaleza.

Fieles al legado de luchas de Chico Mendes, denunciamos estos proyectos asesinos y a aquellos que los defienden. Con base en nuestra dolorosa experiencia, afirmamos al mundo que propuestas como “desarrollo sustentable” y “Economía verde” no son más que farsa y tragedia.

Son farsa porque no protegen la naturaleza como dicen. Son tragedia porque hacen exactamente lo contrario. Y nosotros sabemos la razón: no hay salida en el capitalismo, ya sea en cualquiera de sus formas o en cualquiera de sus colores. No puede cuidar la vida un sistema asesino.

Denunciamos esta farsa y exigimos la suspensión inmediata de todos los proyectos de explotación forestal maderera y de todas las políticas de compensación ambiental y climáticas que derivan de falsas soluciones del capitalismo verde, la demarcación de todas las tierras de los pueblos indígenas, y una reforma agraria con soberanía popular.

Por la Amazonia, por la reforma agraria, por la demarcación de las tierras indígenas y contra el capitalismo verde y de todos los colores, sea conducido por gobiernos dichos de izquierda o por gobiernos asumidamente fascistas!

Chico Mendes vive, la lucha sigue!

Xapuri 16 de Diciembre de 2018.

Fuente: https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2019/01/09/chico-mendes-contra-las-falsas-soluciones-del-capitalismo-verde-apoye-la-declaracion/

En consecuencia, Chico Mendes ejemplifica e impulsa el potencial presente e histórico de la humanidad en armonía con la naturaleza que tienen les trabajadores al asumir las luchas de confrontación con las clases dominantes por expropiación de capacidades y productos laborales y de la naturaleza hasta el extremo de estar privatizando la Amazonía y la Cordillera para destruirlas por extracción de los recursos naturales que aprecian como valores de cambio.

 

Chico Mendes, 25 años después

22 de enero de 2014

 

En memoria del vigésimo quinto aniversario del asesinato de Chico Mendes, reproducimos la entrevista “Chico Mendes, la defensa de la vida” publicada en el número 2 de esta misma revista, el año 1990.

 

Francisco Alves Mendes hijo, seringueiro desde su infancia, dedicó prácticamente toda su vida a la defensa de los trabajadores y los pueblos de la selva. Participó en la fundación de los Sindicatos de Trabajadores Rurales de Brasilia y Xapuri, así como en la del Partido de los Trabajadores en el Acre y del Consejo Nacional de los Seringueiros. Chico Mendes unió en su lucha el trabajo sindical, la defensa de la selva y la militancia en el partido. El trabajo de Chico Mendes fue reconocido internacionalmente y fue premiado en varias ocasiones, incluso por la ONU, que lo distinguió como uno de los más importantes defensores de la naturaleza en el año 1987. A través de su lucha por la implantación de reservas extractivistas, Chico combinaba la defensa de la selva con la reforma agraria reivindicada por los seringueiros, oponiéndose a los intereses de los seringalistas, los latifundistas y de la UDR (Unión Democrática Ruralista). El 22 de diciembre de 1988, tres meses después de esta entrevista, Chico fue asesinado.

¿Cómo surgió esta propuesta de alianza entre los pueblos de la selva?

Chico- La alianza de los pueblos de la selva surge en función de una historia que empieza con la colonización de la Amazonia. Para que se haga una idea, los indios eran los dueños legítimos de la Amazonia, y cuando en 1877 empezó su colonización hubo una especie de tráfico de esclavos hacia allí: eran nordestinos, cuyos patrones -los grandes seringalistas del inicio del ciclo del caucho- aprovechándose de su miseria, los usaron para esta colonización. Esas personas fueron preparadas para luchar contra los indios, formando un ejército de blancos en defensa de los seringalistas, de las empresas, de los grupos y de banqueros internacionales, como era el caso de Inglaterra y Estados Unidos, que estaban interesados en el caucho de la Amazonia. En ese momento empezó el conflicto entre los indios y los blancos.

En esa época, más de sesenta tribus de la Amazonia fueron masacradas en beneficio de los patrones. A cada grupo diezmado correspondía la formación de grandes áreas de seringales (el árbol del caucho). Así es como empezó esta historia. Esto seguía así cuando, en la década de los 70, el gobierno militar decidió acabar con el monopolio estatal del caucho y los seringalistas quebraron. La situación empeoró mucho para los seringueiros que hasta entonces se consideraban como una especie de esclavos con la supervivencia garantizada. A principios de la década de los 70, con la implantación del sistema latifundista en la Amazonia, con la política de especulación de la tierra, la situación cambió, iniciándose entonces la gran deforestación y los despidos en masa. Entre 1970 y 1975 llegaron los hacendados del sur que, con el apoyo de los incentivos fiscales de SUDAM (Superintendencia para el Desarrollo de la Amazonia), compraron más de 6 millones de hectáreas de tierra, repartiendo centenares de jagunços (guardias armados) por la región, expulsando y matando a posseiros (colonos pobres) e indios, quemando sus barracas, matando incluso a mujeres y animales. En aquel momento, aunque todos vivían en el bosque, nadie tenía conciencia de lucha. Los patrones no permitían que los hijos de los seringueiros fueran a la escuela, pues allí aprenderían a sumar y descubrirían que estaban siendo robados. En mi región, en cinco años fueron expulsadas más de 10 mil familias de seringueiros. Cuatro mil de éstas fueron a las ciudades a vivir, aumentando los cinturones de miseria. El resto fue a Bolivia para buscarse la vida en los seringales de allí, y allí están aún viviendo en una situación difícil, pues no son considerados ni brasileiros ni bolivianos, y viven en la clandestinidad.

A partir de 1975 empieza a nacer una consciencia y se organizan los primeros sindicatos rurales paralelamente a la actividad de la Iglesia Católica. Todo ocurrió de manera muy lenta hasta 1980, cuando se generalizó por toda la región el movimiento de resistencia de los seringueiros para impedir la gran deforestación. Nos inventamos el famoso “empate”, nos poníamos delante de los peones con sus sierras mecánicas e intentábamos impedir la deforestación. Era un movimiento de hombres, mujeres y niños. Las mujeres tenían un papel muy importante como línea de frente, y los niños se utilizaban para evitar que los pistoleros disparasen.

Teníamos un mensaje para los peones: nos reuníamos con ellos y les explicábamos que si destruían la selva no tendrían con qué sobrevivir y, así, muchas veces se nos unían. El mayor enemigo era la policía contratada por los hacendados. Durante ese periodo hubo muchas detenciones y palizas.

¿Cómo cambió el contexto de defensa de la Amazonia?

Chico- Cambió en esta lucha por la preservación de los recursos naturales, al ver que la región se estaba convirtiendo en poco tiempo en una gran región de pastos. Sólo en mi región, entre 1970 y 1975, se destruyeron, por el fuego o por las sierras mecánicas, 180 mil árboles de caucho, 80 mil árboles de castaña de Pará y más de 1,2 millones de árboles de madera de ley, sin contar las diferentes especies de árboles medicinales en tierras que fueron devoradas y transformadas en pastos. El objetivo era la especulación: arrasaban dos mil hectáreas de selva virgen, cultivaban mil con pastos, y así los seringueiros ya no tenían con qué vivir. Toda esta situación, la política de desarrollo financiada por los bancos internacionales, por ejemplo Polonoroeste en Rondonia, empezó a incidir incluso en las grandes empresas madereras.

Se creó, en 1985, el Consejo Nacional de Seringueiros por iniciativa del sindicato. Hasta ese momento vivíamos una lucha aislada, sin el apoyo del movimiento sindical, en el que a cada uno le preocupaban más sus problemas regionales. ¿Qué podíamos hacer? La única forma de tener representación de toda la lucha que habla en el país era un encuentro nacional de seringueiros en Brasilia. Nació la idea de realizar este encuentro y, finalmente, en octubre de 1985, se hizo. Éste determinó que a partir de ese momento se realizaría una campaña para intentar una alianza con los indios, puesto que las luchas eran iguales y muchas de las cosas que sabíamos, por ejemplo nuestras costumbres en el bosque, venían de los indios. Teníamos una herencia india.

Nos empezamos a reunir con los principales líderes de las naciones indígenas. En 1982, antes de este encuentro, ya hubo una oportunidad de acercamiento a los indios. Fui candidato a diputado estatal por el Partido de los Trabajadores y el pueblo consiguió proponer un candidato indio para diputado federal, haciendo una alianza entre los pueblos de la selva. En esa convocatoria ninguno de los dos tuvo un resultado positivo, pero fue importante que pudiéramos establecer esa alianza.

En el Encuentro Nacional de Seringueiros, al que acudieron observadores nacionales y extranjeros, empezó a crecer esa consciencia de alianza, y después se han realizado varios encuentros con propuestas conjuntas entre indios y seringueiros. Es aquí donde surge la lucha por las reservas extractivistas de la Amazonia, que también es un área indígena. Los indios no quieren ser colonos, quieren tener la tierra en común, y los seringueiros se unieron a esta consciencia. No queremos un título de propiedad de la tierra, queremos que sea de la Unión y que los seringueiros tengan el usufructo. Esto llamó la atención de los indios que empezaban a organizarse.

A nivel de los dirigentes esa idea ya estaba clara. Por eso empezamos a trabajar la base, con la realización de encuentros regionales en áreas vecinas habitadas por indios, éstos empezaron a participar, y creamos comisiones conjuntas de indios y seringueiros. Recientemente, en el Valle de Juruá, hicimos una manifestación ecologista en la que había 200 indios.

Con el avance de la lucha, el sindicato se fortaleció y las mujeres empezaron a participar más exigiendo la creación de un departamento femenino. Hicieron su primer congreso el día 1 de mayo de 1988 y, desde entonces, las mujeres indias también empezaron a participar más y pronto formarán parte de la mesa de un congreso.

Este nuevo crecimiento preocupa cada vez más a los grandes latifundistas. Ahora, la UDR se preocupa mucho intentando estructurarse en la Amazonia.

¿Puede repetirse esta experiencia en otros estados?

Chico- Se está coordinando este trabajo para todos los estados de la Amazonia. El único problema que existe, como ya informamos a la dirección del Consejo Nacional de Seringueiros, es la falta de personas. Al ser tan grande la Amazonia, nos es difícil contactar con toda la región por problemas financieros. El proyecto Calha Norte (control militar de la frontera norte de la Amazonia) permite que los bancos internacionales puedan llegar a afectar territorios indios, eso ha hecho que éstos se organicen mucho más. Esa alianza se ha fortalecido también en el Acre. Esta área es el objetivo principal de la codicia de los grandes latifundistas y las empresas madereras a causa de la carretera (asfaltada a Río Dranco). Conseguimos centralizar nuestra acción en Rondonia y en Acre, ya que el resto de la región amazónica es de difícil acceso. Estos dos estados son el centro de atracción, porque la carretera BR-364, que ha sido muy polémica, posibilita el acceso de los grandes latifundistas y de los grupos de extranjeros a la región.

En enero de 1987, recibimos una visita de una comisión de la ONU que siguió de cerca nuestra lucha con los hacendados contra la deforestación. Denunciamos que esa deforestación era el resultado de los proyectos financiados por los bancos internacionales. Fue así como la ONU y los grupos ecologistas americanos nos invitaron a participar en una reunión del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) en Miami, en marzo de 1987. Fui, sabiendo que era terreno enemigo. Denuncié esa política y eso pegó de lleno en el presidente del Banco Central, que estaba presente e intentó impedir mi entrada. Conseguí acreditarme con la prensa internacional y entré y denuncié ante varios directores ejecutivos del BID lo que se estaba haciendo en la Amazonia.

Concerté una cita con el jefe de la comisión de presupuesto del Senado americano para el día 28 y llevé los documentos que comprobaban todas las consecuencias que la deforestación, con la ayuda financiera del BID, estaba causando. Así, el día 2 de abril de 1987, el banco decidió cancelar el resto del desembolso para 

asfaltar la carretera. Esto sucedió porque los grupos ecologistas tenían bastante poder y consiguieron sensibilizar al Congreso americano. Ese fue un momento político muy importante en el proceso del Consejo Nacional de Seringueiros y en la propuesta de los indios.

 Antes dijo que durante prácticamente un  siglo los seringueiros eran tratados como esclavos. ¿Cómo se dio este proceso? ¿Cuáles son las formas de trabajo  en la selva?

Chico- Desde la época en que la tierra de la Amazonia no tenía dueña, el seringalista que sabía que había una determinada región habitada por indios, preparaba a los seringueiros y atacaba la región, destruían las casas de los indios e implantaban el sistema de barracón (trabajo endeudado). Así, contando con profesionales, colonizaban un área de 30 ó 40 mil hectáreas dentro de la selva,  abriendo caminos y estableciendo las poblaciones de los seringueiros. Éstas se dividían en  “colocaçoes”, estos lugares no son  lotes de tierra. Se colocaban entre cien y doscientas familias de seringueiros, las cuales explotaban aproximadamente de 300 a 500 hectáreas en varios bloques de seringueíras, lo que llamábamos “estradas de seringa” (rutas de seringa). Por ejemplo, un seringalista que tuviera treinta, cuarenta o cincuenta familias con una producción anual de 50 toneladas de caucho iba al banco, conseguía financiamiento y el seringueiro estaba obligado a cubrir esa producción y se convertía en un esclavo, porque el grupo no podía vender la producción a otro seringalista. Si lo hacía, la policía lo castigaba o los jagunços lo mataban.

Empezó el tráfico de nordestinos hacia la Amazonia. Los traían en barco hasta el puerto de Belem, que era la principal sede de los seringalistas. Cuando el barco atracaba, los patrones se llevaban un buen número de personas a la selva. Se hacía propaganda en el nordeste, se decía que el caucho era una mina, cuando la realidad era totalmente diferente. Cuando los nordestinos llegaban a la Amazonia ya no podían volver. Estaban atrapados por el río, caminaban durante horas por la selva, en la que había indios que luchaban y que mataban, a los que había que sumar la malaria y otras enfermedades. Los que conseguían sobrevivir, cuando lograban un saldo que les permitiera el sueño de volver a su tierra natal, no conseguían que les pagaran. Como había varios grupos de seringalistas, financiados por entidades internacionales, cada uno controlaba un área determinada. Uno no podía entrar en el área de otro. Si un seringueiro iba al barracón de un seringalista al que no pertenecía, y si su seringalista lo descubría, mandaba a la policía al barracón, cogían el caucho del seringueiro y lo quemaban. Mucha gente murió así. El propio banco financiaba todos estos crímenes porque el caucho estaba marcado -cada seringueiro tenía una marca diferente para su caucho- y por eso el patrón siempre reconocía el caucho diferente de su lote.

Aún ahora, en algunas regiones de la Amazonia, se mantiene este sistema del seringueiro esclavo.

El gobierno se resolvió a moderar la acción de la policía contra los seringueiros, pero la explotación continuó. No mataron más, pero encarcelaron y torturaron, lo que aún ahora se hace en algunas regiones. En nuestra región empezamos a luchar por la autonomía de los seringueiros y ya existe la figura del seringueiro autónomo. De un total de unas 15 mil familias de seringueiros, el 30% son autónomas. Sin embargo, para la gran mayoría aún existe la figura del patrón, ya que el Consejo Nacional de Seringueiros aún no ha conseguido crear bases en los lugares más alejados, pero por lo menos ya se ha dado un gran paso. Entre 1975 y 1985, conseguimos evitar que más de 1,2 millones de hectáreas de selva fuesen arrasadas. También conseguimos recuperar todos los lugares donde los seringueiros habían sido expulsados en la región del valle del Acre.

¿Cómo fue ese proceso de defensa?

Chico- Fue un trabajo difícil, nos tuvimos que enfrentar a los jagunços y a la policía. Empezamos a recuperar esas zonas creando comunidades. A medida que creábamos una comunidad organizada, ésta iba atrayendo a familias que se colocaban en las zonas desocupadas. Cuando había una acción policial de desalojo de la comunidad se volvía a reorganizar y se reocupaba. Conseguimos, con todas las limitaciones del Estatuto de la Tierra, defender esas áreas, basándonos en el decreto 4504 – que dice que los posseiros no pueden ser expulsados de su tierra- o también conseguimos eliminar el descuento que hacía el patrón hasta 1970, el 10% del peso del caucho de los seringueiros, además del 30 % de alquiler que  estaba obligado a pagar.

Trabajamos para evitar que los seringueiros paguen una renta, para que empiecen a construir su  autonomía. ¿Qué hicimos? Los comerciantes estaban interesados en comprar directamente del seringueiro, pero no podían entrar en el seringal porque el patrón los mandaba detener. Con nuestro apoyo, empezó a haber un mejor negocio para el seringueiro, es decir, un mejor precio para el caucho e, inicialmente, la venta de productos alimenticios más baratos. Empezamos a dar un apoyo a los comerciantes como una forma de dar autonomía al seringueiro. Pero ocurrió que esos mismos comerciantes, después de verse libres para circular, se transformaron en figuras autoritarias y explotadoras.

Ahora luchamos para combatirlos. En el pasado nos fueron útiles, pero ahora nos son enemigos. Por eso, la única alternativa es crear cooperativas. Hicimos una primera cooperativa agroextractivista el 30 de junio de este año. Antes de su fundación, los patrones pagaban 150 cruzados el quilo de caucho. Después de nacer la cooperativa, con el objetivo de destruirla, empezaron a pagar 230 cruzados el quilo. Nosotros conseguimos pagar a 264 cruzados. Tres semanas después alcanzaron ese precio y nosotros pasamos a 285. Cuando creían que pararíamos, empezamos a pagar 380. En esta cuestión de los precios, los fabricantes, interesados en el aumento de la producción de caucho y en el beneficio, son aliados nuestros. Nosotros los aceptamos tácticamente, destruimos la figura del patrón y del comerciante y dejamos al seringueiro libre. Ahora el seringueiro compra las mercancías más baratas, conseguidas por nosotros, pero todo es aún muy precario, pues aunque existen una serie de propuestas de apoyo de entidades, incluso a nivel internacional, nada se ha concretado hasta ahora.

¿Cómo nace la idea de la cooperativa?

Chico- La cooperativa es una forma nuestra de luchar por la libertad. Se ha conseguido con cinco alias de cooperación. Hubo cooperativas antes, pero estaban controladas por el gobierno y no ayudaban, sino que se convertían en otro patrón del seringueiro. Para nosotros, la cooperativa es un instrumento del propio seringueiro, una conquista suya. Para hacerlo, empezamos a construir una escuela de alfabetización de los seringueiros en la que adoptamos una política de enseñanza con la que pretendíamos que el trabajador aprendiera a luchar por una mejor condición de vida. Creamos una cartilla, llamada Poronga, con apoyo tanto del Cedi como de otros grupos de universitarios y de profesores. La poronga es la luz que los seringueiros se colocan en la cabeza para caminar por la selva. Por lo tanto, ésta sería la cartilla que nos enseñaría el camino para luchar con más fuerza.

Fue difícil construir la primera escuela, porque los hacendados decían que recibíamos dinero de Cuba. Y los órganos de seguridad vinieron varias veces hasta que se convencieron de que no era verdad. Fuimos creciendo, y ahora tenemos más de dieciocho escuelas en la región. Éstas han hecho posible un gran avance, pues a medida que los seringueiros han estudiado, han visto una forma de librarse del patrón. Los profesores eran personas elegidas por las comunidades, comprometidas. El único problema es que se trata de un trabajo lento. Las personas han de estar comprometidas en las luchas de la comunidad, creando confianza mutua, han de estar preparadas para enfrentarse a la policia. Entonces, un equipo inició la preparación de las personas que harán un trabajo de defensa de la selva.

¿Cómo ha sido la relación entre los seringueiros autónomos y los que tienen patrón?

Chico- Es un proceso muy lento. El seringueiro, con toda su historia pasada, ha aprendido, de generación en generación, a ser un esclavo del patrón. No es posible llegar a una comunidad donde no existiera un trabajo anterior y empezar a montar una escuela o una cooperativa. No resulta. Conseguir el 30% de autónomos nos ha costado 15 años. Desde 1980, las escuelas han avanzado, pero aún así somos pocos los que estamos interesados en preparar a las personas. Como la Amazonia es muy grande, encontramos dificultades para llegar a los lugares. Tampoco es posible llegar a una región alejada, hacer una reunión con los seringueiros, hablar de nuestra experiencia y no dejar a nadie preparado para continuar el trabajo. Por tanto, vamos a tardar en llegar a algunas regiones, pero queremos hacerlo preparando a las personas.

¿Aún continúa el antiguo esquema de las multinacionales y de los seringalistas que contratan grupos de seringueiros en una relación de trabajo semi-esclavo?

Chico- No. Aquel esquema del esclavo del noreste permaneció hasta 1955. Lo que ha pasado es que las empresas agropecuarias toman a los trabajadores rurales asalariados del sur y los llevan como si fueran esclavos a trabajar en las haciendas. Hemos pedido ayuda al Ministerio de Trabajo, que la ha dado después de mucha presión, pues en realidad no hay una preocupación por el trabajador. Son trabajadores eventuales de varias regiones, llevados hasta allí en camiones y arrojados en haciendas de varias regiones de la Amazonia. A cambio de su trabajo reciben comida y aguardiente.

¿Cómo ha sido su vida. y cómo se ha convertido en un líder de esta lucha hace quince años?

Chico- Quizá me haya tocado la lotería. Es una historia que cuento desde hace poco tiempo. Antes estábamos en una fase más difícil: represión desde 1978, cuando empezamos la resistencia contra la deforestación. La policía federal empezó a pegarme, me sometieron a varios interrogatorios, aislado, sin ninguna compañía. Después fui juzgado por un tribunal militar. En 1980, fue asesinado Wilson Pinheiro, gran líder de toda la Amazonia. En aquel momento él encabezaba todos los movimientos. Los hacendados, que lo sabían, lo mandaron matar. Los trabajadores, siete días después, se vengaron matando a un hacendado. Así funcionó la justicia. Esto coincidió con la época en que Lula y yo estábamos organizando el Partido de los Trabajadores en la región. Terminamos una reunión a medianoche y salimos. Al día siguiente, al amanecer, fusilaron al hacendado, y lo atribuyeron a nuestro discurso, a pesar de que estábamos a 85 km de ese lugar y no podía haber ninguna influencia ni de Lula ni mía.

Mi padre, nordestino, trabajaba como seringueiro, y yo, con nueve años, también era seringueiro. Nací en 1944 y en 1955 ya había aprendido a cortar seringa. En 1962, vivíamos en una región de seringal cerca de la frontera con Bolivia y de alguna manera descubrimos que cerca nuestro vivía un exilado político del tiempo de la intentona comunista. Era un ex-oficial del ejército que se había unido a Prestes todavía muy joven, a los veinte años. Con la derrota de Prestes, le encarcelaron en la isla de Fernando de Noronha. Como tenía parientes en el otro bando, su fuga fue más o menos fácil. Huyó a Bolivia y allí se unió al Partido Comunista Boliviano, que en aquel entonces estaba haciendo un trabajo muy importante, liderando el movimiento obrero. Allí también fue perseguido y volvió a la clandestinidad. Parece que se relacionó con trabajadores y después de algunos años volvió a crear el movimiento de resistencia con campesinos bolivianos. Ahí hubo otra acción reaccionaria de la derecha, y al no saber dónde esconderse, vino a la frontera. Optó por la selva, pues estaba cerca de la frontera, la atravesó y conoció a algunos seringueiros que le enseñaron a sangrar la seringa y a hacer el caucho. Se aisló para que nadie descubriera que vivía allí. Un día decidió salir y venir a nuestra casa.  No sé cómo conseguía periódicos. Con meses de atraso, pero los conseguía. Después de una conversación sobre la explotación con mi padre, que odiaba a los seringalistas, me quiso llevar a su casa a pasar el fin de semana. Así, entre 1962 y 1965, salía todos los sábados de la selva para ir a su casa caminando por el bosque durante tres horas. Empezó a enseñarme a leer los sábados y los domingos hasta la madrugada, pues el lunes había que ir a trabajar. Empezamos a leer el periódico, me explicaba las noticias y yo empecé a interesarme por las noticias de los trabajadores. Pegábamos noticias de trabajadores de países socialistas o de otros países de América Latina. Consiguió una radio con batería que me prestó, y empecé a oír las noticiarios internacionales de las 6 de la tarde en portugués de la central de Moscú, de la BBC de Londres y los de la Voz de América.

Finalmente, en 1964, hubo el golpe militar. En mayo y junio de ese año, la Voz de América decía que la democracia había vencido, que los comunistas iban a acabar con el país. Al día siguiente se oía la versión de la central de Moscú que hablaba del encarcelamiento de sindicalistas, de torturas. Yo conocía las dos versiones: la de los americanos y la de los comunistas. Él me explicaba lo que era aquella contrarrevolución, hecha por la CIA con el apoyo de la reacción. Decía que Joao Goulart, a pesar de ser un gobierno populista, había abierto una brecha y los movimientos se estaban articulando para hacer una reforma agraria en el país y, preocupada por ese movimiento, la CIA financió y organizó el golpe militar. También me dijo: “hoy los trabajadores están siendo rechazados, pero por grande que sea la masacre siempre habrá una semilla que renacerá, y tú tendrás que participar dentro de ocho o diez años”.

Su nombre era Euclides Fernando Távora. Era muy inteligente, decían que sólo sabía leer, pero descubrí que quemaba todo lo que apuntaba. En junio de 1965, empezó a adelgazar, pensaba que era una úlcera. Dijo que iba a la ciudad a buscar a un médico, que no había peligro. Se fue y no volvió nunca más. No conseguí localizarlo. Debe haber muerto.

Me quedé medio perdido, tenía 19 años. No se hablaba de sindicatos, en las ciudades solo se hablaba de los militares. Empecé a discutir con mis compañeros. Como sabía leer, empecé a descubrir cuánto robaban a la gente. Para los seringueiros, aunque los patrones hubiesen cambiado sus formas de opresión, ¿qué cambiaba? Uno producía durante un año un monte de caucho, gastaba la mitad en la cantina de los seringelistas y entretanto suponía que a final de año tendría la mitad de su ingreso garantizado, pero, cuando llegaba el momento, resultaba que aún debía. Descubrí que era un robo absurdo. Y empecé, solo, un trabajo de autonomía del seringueiro a través del comerciante.

Hasta 1968 salía por la noche con compañeros que hacían citas con los comerciantes para vender su caucho y comprar más barato. La cosa funcionaba. Había seringueiros oprimidos, sin consciencia, que iban a explicarlo al patrón, y por eso pasé por horas apretadas. Hasta 1975 viví esa vida aislada, haciendo un trabajo casi inútil, pero conseguí alfabetizar a casi 50 personas y formar un grupo, pero me tuve que ir de manera precipitada. El alcalde y el cura de la ciudad me mandaron llamar diciéndome que estaba formando un grupo de agitadores. Tuve que pasar casi dos años y medio escondido si no quería ir a la cárcel. En 1975, oí que estaba legando una comisión de la CoRlag para hacer un curso de sindicalismo en Brasilia. Recordé la recomendación de Euclides y fui para allá. Hice bien, pues como él me había enseñado mucho durante tres años, acabé siendo elegido secretario general del sindicato.

¿Cuándo inició su trabajo sindical, ¿existía alguna otra forma de organización de los seringueiros?

Chico- La cosa estaba muy verde, principalmente entre los seringueiros, de los que el 95% no votaba. Era muy difícil. Empezaron a decir que eran explotados a partir de la creación del sindicato. Como yo tenía que trabajar en la producción para ayudar en casa, aprovechaba los fines de semana para dedicarme al movimiento. Durante ese periodo pasé muchas dificultades. Con la creación del sindicato, en 1975, tenía que pasar mucho tiempo en la ciudad para ayudar  llevar adelante las propuestas, pues de repente empezaron a llegar preguntas de todos lados. En marzo de 1976, vivía más en la ciudad de Brasilia, porque el movimiento estaba muy agitado. Allí pasaba hambre, no tenía dinero ni para comer. Recuerdo que el 10 de marzo de 1976 llegó  el primer movimiento importante, cuando llegaron tres seringueiros de un seringal próximo a Brasilia y denunciaron que la zona estaba siendo devastada por 100 peones y por pistoleros de la región. Por primera vez nos reunimos 70 personas e hicimos una trinchera en la selva para impedir la deforestación. Este hecho llamó la atención de todos, incluso del ejército y de la policía. Pero la gente llegó a la conclusión de que ésa era la lucha.

El Sindicato de Xapuri ¿es sólo de seringueiros o también abarca otras categorías?

Chico- Principalmente de seringueiros, pero también integra a algunos colonos y a algunos peones de hacienda. En Xapuri tenemos 3 mil afiliados. Este sindicato supera la Federación de Trabajadores, amarilla, aliada a la UDR. En las elecciones pasadas la federación apoyó al PFL/PDS, los más  reaccionarios.

¿Qué era una trinchera?

Chico- Nos dábamos las manos y hacíamos una cadena que rodeara la zona que estaba siendo deforestada, no dejábamos que los tipos entraran y desmontábamos sus campamentos. Nadie iba armado, es decir, teníamos a dos o tres personas armadas pero con la recomendación de solo usar las armas en caso de extrema necesidad, si estaban matando a alguien.

Nuestro objetivo era intentar convencer a los peones para que se pusieran de nuestro lado. Siempre lo conseguíamos. Pero cuando llegaba la policía, los mismos peones estaban obligados a ponerse en nuestra contra. Recuerdo unas cuatro veces en que la gente fue detenida y arrojada al suelo y ellos nos pegaban y después, todos ensangrentados, nos tiraban al camión. En el camino, mucha gente junta, cantábamos los himnos de la Iglesia. Llegábamos a la comisaría de la policía, más de cien personas, no había sitio para alojar a tantas personas y nos metían en los corredores. La policía rodeaba el edificio, pero al final, nos tenían que soltar.

Dices que cantabais himnos de la Iglesia, ¿erais de algún movimiento ligado a la Iglesia?

Chico- A partir de 1973, empecé a participar en los trabajos de las comunidades de base cristianas. En aquel momento, el sindicato sólo podía funcionar en los locales de la Iglesia debido a la represión. Tuvo un papel muy importante, a pesar de que después retrocedió un poco. Durante este tiempo milité activamente en las comunidades de base que tenían curas progresistas y ellos inventaban himnos ligados a nuestra causa. Era una vida sufrida, pero la gente estaba animada porque sabía que empezábamos a molestar al poder.

En 1980, pasé noventa noches durmiendo en lugares diferentes. Hasta ahora he sufrido seis intentos de emboscada, la última de ellas fue en abril de este año. El día 27 de mayo, cuando hacíamos una manifestación pacífica por la defensa de la selva y acampamos en el edificio del IBDF -éramos más de 400 personas- fuimos atacados por pistoleros a la 1:30 de la mañana, a treinta metros del cuartel de policía militar.

Fue un tiroteo horrible. Por suerte todos dormían. Dispararon a dos muchachos, pero escaparon. Yo nunca más he salido solo. A partir de las siete de la noche no salgo más en la ciudad. Si voy a un seringal, vuelvo por otro. Tuvimos que aprender a luchar por nuestra seguridad. Un mes después de que la UDR se instalara por allí, tuvo lugar este ataque en Xapuri, por el grupo que es su brazo armado. No se contentaron, y el 18 de marzo fueron a por el compañero Ivair Higino, gran líder de una comunidad de la Iglesia al que hicieron una emboscada. Él, desde su trabajo en la comunidad de base y en el sindicato, empezó a molestar a un concejal del PMDB que vivía cerca. Este candidato tenía el apoyo de los hacendados más reaccionarios de la región y su nombre es Chico Tenorio Cavalcante. Fue él quien organizó la emboscada, pues Ivair, candidato a concejal por el PT, seguramente iba a ganarle. Se dijo públicamente que mandó matar a Ivair. El alcalde  hizo la vista gorda. Es más, recibió el aval de la justicia, pues ni tan solo su candidatura fue impugnada.

¿Cómo es compatible el trabajo extractivista con la defensa de la naturaleza?

Chico- Los seringueiros y los indios hace mucho que viven en esta región. Los seringueiros viven del extractivismo, deforestan además lo necesario para sus cultivos de subsistencia y nunca amenazan la Amazonia. Por otro lado, la principal actividad económica de la región continúa siendo la extractivista: caucho y castaña de Pará. Durante mucho tiempo hemos luchado por la Amazonia, pero no teníamos una propuesta alternativa. Pero a partir de 1985 empezamos a articular propuestas alternativas: queremos que la Amazonia sea preservada, pero también que sea económicamente viable.

Creemos que con las reservas extractivistas garantizamos la política de comercialización del caucho, que sabemos está amenazada por las plantaciones de seringueiras del sur. Pero el problema no es solo ése. También tenemos la castaña, que es uno de los principales productos de la región y que está siendo devastada por lo hacendados y los invernaderos. También tenemos la copaíba, la bacaba, el açaí, y la miel de abejas, y una variedad de árboles medicinales que hasta ahora no han sido investigados, y el babaçu, una variedad de productos vegetales cuya comercialización e industrialización garantizaría que la Amazonia, en diez años, se transformase en una región económicamente viable, no solo dentro del país, sino también para el resto del mundo. Lo que hace falta es que el gobierno dé prioridad a la industrialización de estos productos.

También está la cuestión del cacao, el guaraná y de otros cultivos que se pueden utilizar sin destruir la selva. La verdadera amenaza son los hacendados: el año pasado quemaron 20 millones de hectáreas. Este año, sólo en el Acre, los técnicos del Inpe descubrieron que habían quemado más de 800 mil hectáreas.

¿Cuál es la causa de los incendios?

Chico- El problema es el incentivo a la ganadería que fomenta una política de especulación de la tierra. En las áreas donde los seringueiros no llegan, los hacendados provocan incendios, dejando la tierra improductiva. Ni tan siquiera siembran pasto. Su objetivo es quemar la tierra y el IBDF es tan incompetente que no los puede frenar. Ahora ya no es así, porque la ONU hizo una denuncia, la Televisión Globo la está mostrando. Pero no basta con hacer denuncias o con enseñar los incendios. El año pasado la pista de aterrizaje de Acre no se pudo utilizar durante tres días, este año durante más de tres semanas, debido a los incendios. Los pilotos me contaron que los incendios más graves fueron en Rondonia y Mato Orosso.

Con nuestra resistencia en Xapuri, este año sólo han conseguido deforestar 50 hectáreas, y éstas porque tenían el aparato policial de su lado. No nos pudimos acercar más porque no queríamos provocar un enfrentamiento armado. Queremos crear hechos políticos para concienciar a la opinión pública. Así conseguimos detener esta deforestación con el apoyo de São Paulo y Río de Janeiro, que enviaron telegramas de protesta, y el gobierno se vio obligado a llamarme para negociar la retirada de la policía de la zona. Pero la empresa Autobrás, en una región donde el Sindicato de Río Branco no tiene ninguna fuerza, consiguió, a escondidas, deforestar 15 mil hectáreas.

Estos incendios ¿pueden dejar al seringueiro sin trabajo?

Chico – Sí. En la década de 1970, cuando eran muy fuertes, ocasionaron mucho desempleo y miseria. Los seringueiros despedidos entre 1970 y 1975 (se cree que eran unas 10 mil familias) fueron a la ciudad y formaron un cinturón de miseria. Se puede ver uno de estos barrios en la capital de Acre. Hay miseria, prostitución, tráfico de drogas…, porque la gente está desesperada. ¿Por qué hay en las ciudades tantos grupos marginales? Esas personas no fueron allí por convicción, sino por las circunstancias.

¿Cómo reacciona el suelo a esos incendios sistemáticos en la región?

Chico- Se vuelve improductivo. Por ejemplo, en una tierra de pastos de 2 o 3 mil hectáreas deforestada, la tierra no tiene fuerza para resistir y al cabo de dos años es tierra yerma.

¿Por qué los proyectos ganaderos utilizan este método que en el futuro también les va a ser a ellos mismos perjudicial?

Chico- La ganancia es enorme. Quieren establecer su dominio por toda la región, principalmente con la posibilidad  de que la carretera sea asfaltada. Y esa actividad ganadera está exenta de ICM (Impuesto de Circulación de Mercancías). El año pasado, el caucho, a pesar de la crisis que está sufriendo, aún fue el responsable del45%  de recaudación del ICM, mientras que la ganadería sólo llegó al 5%.

Además de los proyectos ganaderos, ¿qué otros están siendo implantados?

Chíco- Las madereras, que incluso son financiadas en dólares por las grandes empresas internacionales. El año pasado, entre junio, julio y agosto, salieron de Acre 300 metros cúbicos de caoba al día para la exportación.

¿ Y el proyecto Calha Norte?

Chico- Es otro desastre. Es una forma más del gobierno de expandir su dominio militar por toda la frontera de la Amazonia para evitar el fortalecimiento de los trabajadores.

Vosotros, que vivís en la región de frontera, ¿veis alguna situación delicada que justifique la implantación del proyecto, como contrabando, frontera insegura, etc.?

Chico- No. Todo es una invención. En los seringales no hay nada de todo esto. Durante toda esta década el seringueiro ha sido el verdadero guardián de la frontera de la Amazonia. Lo que amenaza esta frontera es justamente la devastación, la expulsión de los seringueiros.

¿Cuál es la relación de los trabajadores con los militares que se han implantado en la región?

Chico- No es buena. Ellos nos consideran mala gente. Los más afectados son los misioneros que están trabajando con los indios. Se les considera elementos peligrosos, piensan que están preparando a los indios para una guerra o que los están utilizando. Es un argumento que están difundiendo para intentar impedir cualquier organización de los indios. Y lo peor de todo es la colonia indígena. Quieren transformar al indio en colono, o lo que es lo mismo, acabar con él.

¿Se ha producido algún incendio con el objetivo premeditado de destruir un objeto de defensa del trabajador?

Chico- También. Están alegando, para justificar el proyecto Caiha Norte, que hay grupos de guerrilla, de Sendero Luminoso. Todos son argumentos falsos porque lo que podría justificar la presencia de estos elementos aquí es la situación creada por la propia devastación, que causa la desesperación de las personas, llevándolas a organizarse creando focos de resistencia. Pero si el seringueiro tiene su zona garantizada, no es necesario recurrir a esto.

¿Ha habido algún enfrentamiento más grave entre los militares y alguna comunidad indígena o seringalista por la implantación del proyecto?

Chico- Hasta ahora solo ha habido problemas graves con indios de otras regiones a las que no llegamos, como los Ticunas. Hubo un problema serio con los garimpeiros (buscadores de minerales). Aún no tenemos acceso a aquella zona, pero el Consejo de Seguridad Nacional está acorralado por los indios del Acre que no permiten, por ningún motivo, la implantación de colonias indígenas. Esa unión se ha fortalecido mucho y los militares vinieron al Acre para convencerme a mí y a otros líderes, para que convenzamos a los indios para que acepten las colonias.

¿De qué pueblos son los indios?

Chico- Con los que más contacto tenemos son los Kaxinawá, los Machineri, los Apurina.

¿Son grupos contactados desde hace mucho tiempo?

Chico- Sí, desde hace mucho. Es un grupo que ya tiene 54 cooperativas, varios puestos de sanidad, varias escuelas y viven en Río Envira, en la región del Valle de Juruá.

¿Qué dificultades tuvieron para hacer los primeros contactos con los indios?

Chico- No fue difícil, porque los primeros contactos se hicieron con los lideres. Cuando llegamos a la base, ya íbamos con ellos. Esto fue una presión muy grande en la batalla contra las colonias indígenas. Un coronel del Consejo de Seguridad Nacional me llamó un día para preguntarme por qué los seringueiros estaban contra las colonias indígenas. Dije que estábamos en contra porque en nuestra región el gobierno había planeado tácticamente un proyecto de colonización para acabar con los seringueiros y fue un desastre. Él me dijo: “Son esos agitadores de la Iglesia que les están poniendo ideas raras en la cabeza”, y le contesté: ”No, no somos tan niños que no sepamos lo que queremos”.

Además de con los indígenas ¿con qué otros grupos de la selva se están coordinando?

Chico- Además de con los seringueiros y los indios, con los colonos, es decir con los agricultores de los proyectos de colonización, porque ellos también están contribuyendo a la destrucción sin saber que ésta será más adelante un problema para ellos mismos, y también con los colonos ribereños. Muchos fueron expulsados por los hacendados. El río Acre es ahora un río amenazado. Antes, el propio transporte de caucho se hacía por él, y ahora un barco de 50toneladas ya no consigue entrar porque está lleno de arena. El mismo clima está cambiando a causa de la deforestación de las orillas.

¿Cuáles son las reivindicaciones comunes de los seringueiros?

Chico- Ahora la principal lucha es por la creación de la reserva extractivista. Tuvimos un éxito en una zona de 60 mil hectáreas en Cachoeira, donde los seringueiros se organizaron en piquetes de más de 400 hombres para impedir la deforestación y el Mirad tuvo que expropiarla. Allí estamos ahora abriendo escuelas y un puesto de sanidad.

¿Cuál es la receptividad de estas prácticas en los grupos de las ciudades de la región?

Chico- En algunos empieza a haber más consciencia. La gente de la ciudad está amenazada por el humo de los incendios que provoca algunos casos de neumonía, deshidratación y malaria, sobre todo entre los niños. El pequeño comercio -llamado de regateo, nombre que viene de los judíos y los turcos que hay en la región- ha creado la ciudad de Xapuri. Éstos compraban caucho y castaña de Pardo. Ahora hay una mayor receptividad en la ciudad. Antes había muchos prejuicios en la ciudad, en relación con el campo, porque el seringueiro, al no tener el privilegio de estudiar, al llegar a la ciudad quedaba medio atontado, y entonces bebía aguardiente para darse ánimo. Por eso les llamaban borrachos. Ahora no. Ahora es una persona de respeto porque en la ciudad se empieza a entender que ella misma sobrevive gracias a la resistencia de los seringueiros.

Fuente: https://www.ecologiapolitica.info/?p=1289

 

 

 Ecocida y genocida

 

Hemos analizado en la página Qué sistema cómo el régimen latifundista implica expropiación de la naturaleza. Hoy el régimen extractivista convierte el acaparamiento expoliador en total y totalitario en base al progreso científico tecnológico. Pero este último, al mismo tiempo, posibilita la modelación de amplio consenso. De modo que "el estudio muestra cómo se ha aceptado y naturalizado que la apropiación de los recursos naturales se haga con violencia e incumpliendo derechos. No son casos aislados ni siquiera consecuencias indeseables o accidentales. Son una condición previa, necesaria y repetida. Se recortan y debilitan las salvaguardas de derechos para imponer extractivismos de tercera y cuarta generación que, por sus impactos, no serían aceptables ni tolerables. Cuando se contamina o destruye la Naturaleza, se lo oculta; si la población se resiste, se aplica la violencia para acallarla".

Arrancando los recursos naturales con violencia: las extrahecciones

3 de agosto de 2020

Por Eduardo Gudynas (Rebelión)

Las múltiples crisis que se viven con la pandemia han llevado a que nuevamente se propusieran a los extractivismos, sea en minería, hidrocarburos o monocultivos, como una desesperada solución.
Esa adicción no sólo no resolverá los problemas sino que los agravará, ya que esos emprendimientos, en la actualidad sólo pueden llevarse adelante quebrando las salvaguardas de los derechos y ejerciendo la violencia.

Durante mucho tiempo, buena parte de los debates se enfocaban en entender que ese tipo de problemas eran consecuencias ocasionales. Por ejemplo, se alertaba que en un bloque petrolero se violaban los derechos a la salud por la contaminación de las aguas, o bien se denunciaban las golpizas a los comunarios que protestaban ante un enclave minero. Las empresas y políticos sostenían que esos eran “accidentes”, “fallas” o acciones inconsultas llevadas adelante por empleados desbocados a quienes rápidamente culpaban. Pero la situación es mucho más compleja.

En efecto, la adicción extractivista avanza gracias a continuados incumplimientos de las salvaguardas de los derechos y a crecientes usos de la violencia. No son ni accidentes, ni fallas, ni incumplimientos. Son elementos propios de los extractivismos de tercera y cuarta generación que se viven en América Latina.

Un reciente estudio para Bolivia, que por varias razones es el primero de su tipo en América Latina, muestra esa situación. A diferencia de muchos otros abordajes, se consideraron al mismo tiempo las vinculaciones entre extractivismos, derechos y violencia. Partiendo del gran abanico de derechos reconocidos en la Constitución Política del Estado (aprobada bajo el primer gobierno de Evo Morales), se seleccionaron 20 de ellos por estar enfocados en cuestiones directamente vinculadas con la calidad de vida y el ambiente, y por ello de relevancia ante los extractivismos. 

Son los derechos que por ejemplo aseguran el agua o la salud, la autonomía y autogobierno indígena para gestionar los recursos naturales en sus territorios, un ambiente sano y protegido, o las libertades y garantías esenciales para que las personas puedan proteger todo eso.

Al examinar lo que ocurrió en Bolivia entre 2006 y 2019, se encontró que todos esos veinte derechos son violados en los extractivismos en hidrocarburos, 18 en aquellos que son mineros, y 11 en los agropecuarios. Alrededor de las infraestructuras de apoyo que necesitan esos extractivismos se han incumplido al menos 16 derechos. 

Reordenando los derechos fijados por el texto constitucional, incorporando aquellos que derivan de los convenios internacionales firmados por el país y los derechos de la Naturaleza (tomando como ejemplo a Ecuador),  se llega a un nuevo total: 32. La revisión de los casos arroja similares resultados: todos esos derechos son violados en los extractivismos mineros, 30 en emprendimientos en hidrocarburos, y 28 para los agropecuarios.

Del mismo modo, en todos esos sectores aparece algún tipo de violencia. Desde aquella que afecta a las comunidades locales como el hostigamiento a grupos y personas que denunciaban la situación, desde el uso de las fuerzas policiales para ingresar a territorios indígenas a la recordada represión de la marcha en defensa del área protegida conocida como TIPNIS.

Estamos ante una dramática constatación: no existe ningún tipo de extractivismo donde no se haya violado algún derecho y no se ejerciera algún tipo de violencia.

Estos hallazgos se basan en una revisión de un amplio número de situaciones, y a partir de los testimonios de los propios afectados. En efecto, se consideraron 20 casos, la mayor parte de ellos provistos por los grupos participantes en la Alianza por los Derechos Humanos y el Ambiente que nuclea unas 50 organizaciones (desde la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos de Bolivia a grupos locales en todo el país). 

Los casos bolivianos se complementan con múltiples ejemplos de eventos ocurridos en los demás países vecinos. La asociación entre los incumplimientos de los derechos y la violencia se repite en los demás países, y en algunos casos es todavía más grave. Esa evaluación, junto a muchos otros datos complementarios, acaba de publicarse en el libro Derechos y violencias en los extractivismos, que compartí con Oscar Campanini y Marco Gandarillas, a cargo de la editorial La Libre de Cochabamba.

Extrahecciones

En el estudio se aplicó un nuevo concepto: «extrahecciones». El término se deriva del latín extraher, y significa arrancar con violencia. Teniendo eso presente, las extrahecciones son los extractivismos que ocurren incumpliendo los derechos de las personas y de la Naturaleza y que se llevan adelante con violencia. Apelar al nuevo término no es una manía académica, sino que fue necesario precisamente para obligar a abordar esa íntima relación de la violencia, la ruptura de los derechos y los extractivismos. Son tres aspectos íntimamente vinculados entre sí, que no pueden separarse, y todos ellos enmarcados en “arrancar” los recursos naturales.

Algunos de los casos bolivianos muestran la gravedad de las extrahecciones, como sucede en la cuenca del Lago Poopó, ya que esa contaminación viola todos los derechos a la salud y calidad de vida. Otros incumplimientos son insidiosos, y avanzan poco a poco, como fueron los recortes de la protección en parques naturales y otras áreas de conservación de la biodiversidad para permitir el ingreso de los extractivsmos.

Hay ejemplos en todas las escalas geográficas. En Bolivia hay casos acotados como ocurre con la invasión minera en el área protegida de Apolobamba, pasando por los planes de construir represas como El Bala, con un embalse de más de 70 mil hectáreas, llegando al estimado de 5 a 6 millones de hectáreas de bosques y pastizales quemados en 2019, resultando en una gravísima ruptura de los derechos de la Naturaleza (que le sigue inmediatamente al desastre de los incendios en la Amazonia de Brasil).

Además se encontró que la violación de los derechos discurre en dos planos directamente asociados. Por un lado, están los incumplimientos que se generan en los enclaves extractivismos, y por el otro, se violan los derechos de las personas que denuncian esas situaciones o defienden la salud y el ambiente. Son los casos de la represión a las protestas locales o los hostigamientos a líderes ciudadanos, intentos de clausurar sus organizaciones, e incluso amenazas de destierro como sucedió en Bolivia. El estudio muestra que en varios casos son las mujeres las que sobretodo padecen esa situación y ello es repetidamente invisibilizado. Por ello el incumplimiento es doble, tanto por los impactos de los extractivismos como por afectar a los defensores ambientales.

La violencia siempre está presente y en ello se cristalizan las extrahecciones. Existe una violencia física, como ocurre cuando se le da una golpiza a un comunario que defiende su territorio, pero también las hay sociales, religiosas o psicológicas, tal como la define la Organización Mundial de la Salud al incluir las afectaciones en la salud, bienestar psicológico o desarrollo personal. Siguiendo esa definición, aceptada por todos los gobiernos, la violencia no sólo ocurre cuando se concreta en una acción, sino que también se configura en la intencionalidad y el amedrentamiento.

El concepto de extrahecciones muestra una mutua alimentación, ya que a medida que se incumplen derechos se agudiza el uso de la violencia, y esto a su vez desencadena nuevas violaciones de otros derechos. Comienza, por ejemplo, negando el acceso a la información o la participación, lo que es tolerado por muchos y denunciado por pocos. Esa impunidad permite pasar a violaciones más agudas, y así sucesivamente. Siguen, pongamos por caso, el hostigamiento de las organizaciones ciudadanas, y luego la criminalización de personas o grupos. Y así se llega a extremos como la represión de movilizaciones ciudadanas, como se ha vuelto tan común en América Latina, para desde allí seguir al asesinato de los líderes que denuncian los extractivismos, un drama que acosa sobre todo a Colombia y Brasil. Estas extrahecciones golpean sobre todo a comunidades campesinas e indígenas en todo el continente. 

El nuevo libro es el primer estudio detallado que se hace sobre las extrahecciones en América Latina. Las situaciones revisadas en detalle para Bolivia y la información complementaria para los demás países muestra cómo se ha aceptado y naturalizado que la apropiación de los recursos naturales se haga con violencia e incumpliendo derechos. No son casos aislados ni siquiera consecuencias indeseables o accidentales. Son una condición previa, necesaria y repetida. Se recortan y debilitan las salvaguardas de derechos para imponer extractivismos de tercera y cuarta generación que, por sus impactos, no serían aceptables ni tolerables. Cuando se contamina o destruye la Naturaleza, se lo oculta; si la población se resiste, se aplica la violencia para acallarla.

Esas son las extrahecciones, las que, en suma, son mucho más que los impactos locales, ya que allí se expresan el debilitamiento de la justicia y una democracia incompleta sumergidas en la violencia. Bajo la actual pandemia, como los gobiernos una vez más buscan en los extractivismos la medicina para la crisis económica, las extrahecciones se multiplicarán en toda América Latina. Por esas razones deben ser identificadas y enfrentadas cuando antes.

Eduardo Gudynas es analista en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES). Una primera versión fue publicada en el periódico Página Siete (Bolivia), el 31 de julio 2020. El estudio completo se publicó por La Libre (www.lalibrelibreriasocial.com) en Bolivia.

Fuente: https://rebelion.org/arrancando-los-recursos-naturales-con-violencia-las-extrahecciones

 

 

Consideremos la importancia de analizar el presente en retrospectiva y recordar cómo los gobiernos K no estaban enfrentados con la oligarquía terrateniente al constituirse en garantes de la expansión del sistema imperialista de agronegocios:  

 

 

El boom sojero deja dramáticas

consecuencias en Argentina
20 octubre 2006

 

 

Por Flavia Fascendini/ Nodo Tau  

 

La injusta distribución de la riqueza y el monocultivo de la soja han dejado como consecuencia que miles de campesinos y campesinas sean literalmente desterrados y cientos de pequeños pueblos y localidades borrados del mapa

Según un estudio del Instituto INTA, en el Gran Buenos Aires 8 de cada 10 personas desempleadas provienen de la agricultura. La dominación de los agronegocios genera más concentración de la población en grandes urbes, con un panorama de pobreza creciente, pues avanzan desplazando a las comunidades rurales

Actuar ante las graves consecuencias generadas por la intensificación del monocultivo agroindustrial de la soja transgénica, es desde hace una década la consigna de distintos movimientos ecologistas y contestatarios que se movilizan contra el denominado modelo de la "Soja sustentable" en Argentina. Tejiendo fuertes alianzas con movimientos de Latinoamérica que comparten la misma lucha, realizaron dos grandes eventos, el Foro Social de Resistencia a los Agronegocios y el Encuentro por la Biodiversidad contra el Modelo Sojero en América Latina, que representaron una alternativa y una respuesta a lo que se estaba discutiendo en otros dos eventos promocionados por la Conferencia Mundial de la Asociación Internacional de Management de Agronegocios y el Congreso de Soja del Mercosur.

El Foro Social en Resistencia a los Agronegocios [dirección disponible en la área de Links], planteado como un espacio de intercambio entre organizaciones de diferentes países del Cono Sur que luchan contra el modelo de monocultivos industriales, fue organizado por el Grupo de Reflexión Rural (GRR) [dirección disponible en la área de Links] y el Centro de Políticas Públicas para el Socialismo (CEPPAS), con la convocatoria de decenas de organizaciones extranjeras, entre ellas, Acción Ecológica de Ecuador, GRAIN, BaseIS de Paraguay, Bolivia Libre de Transgénicos, FBOMADE de Bolivia, Terra de Direitos de Brasil y la Red por Una América Libre de Transgénicos.

"Queremos convocar a una plataforma amplia de organizaciones y movimientos para cuestionar el MERCOSUR de los monocultivos que nos impone el mercado global, coordinar estrategias de campañas de resistencia a nivel regional y romper la división campo-ciudad en lo público y político. Queremos mostrar la cara política del agronegocio y denunciar los devastadores proyectos de país y sociedad que implican para el presente y las futuras generaciones", fue la propuesta de los organizadores del foro.

El Grupo de Reflexión Rural (GRR) se formó en la década del 90 como un espacio de debate multidisciplinario sobre la problemática rural y sus relaciones con la sociedad global. El GRR se manifiesta contrario al modelo agrario impuesto en la Argentina, basado en la exportación de commodities forrajeras elaboradas a partir de sojas y de maíces transgénicos.

En diálogo exclusivo con Mosaico Social, Jorge Rulli, especialista en desarrollo sostenible y reconocido miembro del GRR, señaló que uno de los principales objetivos del foro fue "incorporar el concepto mismo del agronegocio, con todo lo que implica de cadenas agroalimentarias, de supermercados pero, sobre todo, de conversión del agricultor en un hombre que hace negocios. Es lo que se llama el agrobusiness, un concepto que en la Argentina se extendió mucho y que ahora se está extendiendo por el resto de América Latina. Debemos verlo como un desafío a encarar por los movimientos sociales".

El Foro Social en Resistencia a los Agronegocios se propuso afianzarse como un espacio alternativo a la Conferencia Mundial de la Asociación Internacional de Management de Agronegocios (IAMA), realizada en Argentina y organizada por grandes corporaciones de agronegocios.

Con posterioridad a ese evento, del 27 al 30 de junio, la ciudad de Rosario en la provincia de Santa Fe fue escenario del Encuentro por la Biodiversidad contra el Modelo Sojero en América Latina, un espacio para intercambiar experiencias e información y organizarse para luchar por una alternativa social, agrícola, económica, cultural y política radicalmente distinta, que rechaza el modelo sojero, la economía de monocultivo y sus consecuencias. "Es indiscutible que la producción agroindustrial de soja a gran escala con fines de exportación conlleva graves consecuencias para el medio ambiente y la salud de nuestras comunidades y ecosistemas. Presenciamos la destrucción de la tierra fértil, el desmonte de los bosques nativos, la contaminación de la tierra y el agua con agrotóxicos, las fumigaciones con glifosato de los campos, la pérdida de biodiversidad, el desalojo de miles de campesinos agricultores, las inundaciones, los efectos catastróficos en los ríos y el clima y, por supuesto, la inequidad social, la pobreza, la malnutrición y la pérdida de nuestra soberanía alimentaria. Todo eso, como resultado del fortalecimiento e intensificación de la sojización de América Latina", manifestaron en un comunicado los organizadores del encuentro.

Este espacio se realizó en clara confrontación al Congreso de Soja del Mercosur (Mercosoja 2006, antesala del Congreso Mundial de Soja a realizarse en China en 2009), un megaevento organizado entre otros por la Asociación Cadena de la Soja (Acsoja), que sesionó en la misma localidad y durante los mismos días bajo el lema “Soja sudamericana, liderando el porvenir”. La elección de esta ciudad como sede del Mercosoja 2006 no fue casual, ya que esta región es la de mayor producción de soja de la Argentina y el puerto de Rosario es una de las principales bocas de exportación.

Agronegocios: de la matriz del petróleo al boom sojero

"Este mundo que nosotros conocemos tiene una matriz, el petróleo. Pero el petróleo se está terminando y además ya no es redituable porque no da patentes. Y lo que viene ahora es la matriz de la soja, es la matriz de la biotecnología, de las semillas transgénicas, de la nanotecnología y de los biocombustibles. Es la matriz de las alconaftas, del etanol, de los biocombustibles provenientes de la soja", explica Rulli. En razón de que la soja y sus derivados (aceites y harinas) son poco consumidos en la Argentina, el grueso de la producción agraria nacional pasó a depender del mercado externo, que no controla. Pero, como en todos los procesos, con anterioridad a esta delicada situación hubo una serie de instancias político-económicas que habilitaron la dominación de lo que se da en llamar el "nuevo colonialismo de los agronegocios".

Los «agronegocios» son distintos procesos implicados en la producción y distribución de alimentos, una cadena controlada por grandes empresas trasnacionales que imponen un modelo de agricultura de gran escala y de comercialización concentrada. En poder de grandes corporaciones, los «agronegocios» tienen como fin incrementar su producción de insumos industriales, sean granos de oleaginosas o celulosa para abastecer a los mercados globales.

En su investigación periodística "Del genocidio y robo de tierras al 'boom sojero'. Historia política y económica de la provincia de Santa Fe", Oscar Ainsuain realiza un recorrido histórico que finaliza en la demostración de cómo se fueron consolidando los tres pilares técnicos que prepararon y sostienen estratégicamente el escenario para el proceso de sojización: la siembra directa, la soja RR y el herbicida a base de glifosato.

En 1996, el entonces secretario de Agricultura del gobierno del ex presidente Carlos Menem (1989-1995 y 1995-1999), Felipe Solá, autorizó la semilla de soja RR creada por la multinacional estadounidense Monsanto, una semilla resistente al Roundup, la marca comercial del herbicida total glifosato que mata todo vegetal menos la soja (desarrollado por la misma corporación).

A partir de 2004 y tras lograr la supremacía en el mercado argentino, Monsanto comenzó a presionar para recaudar regalías por el uso de sus semillas. Además, en ese mismo período se difundió el sistema de siembra directa, un sistema de labranza que se realiza con una máquina moderna y, a diferencia del modo tradicional, abre un pequeño surco depositando la semilla junto al fertilizante y deja siempre el suelo cubierto del rastrojo del cultivo anterior porque no da vuelta toda la tierra. De esta manera se lograría impedir la erosión de la tierra producida por el viento y el agua.

Según el referente del GRR y muchos otros especialistas, el enorme negocio que significarán en un futuro próximo los biocombustibles, hará que el mercado internacional demande a países como la Argentina y Brasil una exportación que puede llegar a poner en jaque, entre otras cosas, la «soberanía alimentaria», entendida como el derecho de los pueblos, comunidades y países a definir sus propias políticas agrícolas, pastoriles, laborales, de pesca, alimentarias y agrarias que sean ecológica, social, económica y culturalmente apropiadas a sus circunstancias exclusivas.

La Argentina, como primera exportadora de aceites vegetales en el mundo, se ubica en un lugar expectante en el mercado de los biocombustibles, al que ya ingresaron Brasil, Estados Unidos y Europa y ya se están dando pasos firmes para lograr una producción de mayor escala.

"Algunos países de Europa están sustituyendo 2 a 5 por ciento de la nafta usada en los automóviles por biocombustibles y se piensa llegar al 10 por ciento. La Argentina y el Brasil son países que van a tener que producir nada más que biocombustibles. El tema es qué va a comer nuestra población. Porque en este proyecto, si nosotros tenemos que abastecer el mercado de la energía europea, no vamos a tener qué comer. El biocombustible sale del aceite y el resto de la soja ¿quién se lo va a comer? Nosotros, evidentemente", explica Rulli a Mosaico Social.

Y afirma que, según los pronósticos, de aquí a cinco años – sólo media década - los productores de soja se dedicarán exclusivamente a generar aceite de soja para producir biocombustible. "Ya no les va a convenir hacer otra cosa como forrajes, preparar harina de soja.

Entonces todo eso va a quedar como un residuo que evidentemente será la única comida que va a haber, lo cuál es gravísimo", destaca Rulli.

Durante la Conferencia Mundial de la Asociación Internacional de Management de Agronegocios realizada en junio en Argentina, se dieron cita los grandes empresarios del negocio de la soja. Uno de los directivos de la IAMA es Héctor Lorenz, quien a su vez preside la Fundación Vida Silvestre, una de las organizaciones ambientalistas más conocidas del país.

En el marco de dicha conferencia, los empresarios afirmaron públicamente que son las corporaciones las que están generando las políticas públicas agrícolas en la Argentina. "Esto nos preocupó. Empezamos a entender por qué en muchas de las entrevistas que tenemos con funcionarios o con dirigentes políticos, ciertos temas no aparecen: es que los políticos los ignoran. Descubrimos que los políticos ignoran que son las empresas las que hoy dibujan o generan muchas de las políticas de Estado que la Argentina tiene", expresa Rulli.

El ambiente y la salud pública

Si se toma el mapa de la Argentina y se observan las regiones más afectadas por la sojización, se constata que la denominada Pampa Húmeda - que comprende las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe - es la más perjudicada. Pero ya comienzan a verificarse impactos muy dramáticos en las provincias de Salta y Chaco, ambos ecosistemas extremadamente frágiles.

"Toda la negociación de tierras y la negociación de la madera del bosque de El Impenetrable Chaqueño que desapareció, todo eso va siendo empujado por la soja. Primero viene la negociación de la madera y después llega la soja", señala Rulli. Cabe destacar que en la Argentina se talaron 5 millones de hectáreas de bosques y montes desde 1996 para el cultivo de soja. El cultivo de soja avasalla y ya está entrando en Neuquén, provincia de la Patagonia argentina.

Según Rulli, la Argentina tendría que estar en emergencia forestal desde hace 10 años pero aún hoy la esfera gubernamental no habla del tema. La problemática ambiental a nivel del gobierno nacional argentino es responsabilidad de la Subsecretaría de Medio Ambiente que depende del Ministerio de Salud y Ambiente, cuyo secretario es Atilio Sabino, ex gerente del Ceamse, el mayor relleno sanitario contaminante de la provincia de Buenos Aires.

"En las provincias de Buenos Aires o Santa Fe, el deterioro del suelo va a demorar en evidenciarse porque son suelos muy ricos. Se puede haber perdido una tercera parte o la mitad del suelo pero de todas maneras, queda suelo y hay capacidad para poner fertilizantes químicos, cuando antes jamás se hubieran usado. Pero hay suelos frágiles como los del desmonte del Chaco que dan para 2 o 3 cosechas y después va a quedar sólo el desierto", señala el miembro del GRR. "Los gobiernos no hacen nada porque van detrás del interés de corto plazo de un gran negocio: tres cosechas. Después se acabó. No tenemos un secretario de Medioambiente que diga nada. Y el exterminio de flora y fauna es angustiante para la gente que se preocupa por los ecosistemas", agrega.

Los efectos del monocultivo de soja y los agrotóxicos utilizados para su cultivo ya están quedando en evidencia, de forma dramática, en la salud de las personas. Una misión integrada por organizaciones de Ecuador, Brasil, Bolivia y España se hizo presente el pasado 20 de junio en la ciudad de Córdoba para registrar los impactos del cultivo de soja transgénica. La llegada de esta misión respondió a la aparición masiva en los pobladores de esas zonas de enfermedades vinculadas al uso de agrotóxicos, entre ellas, casos de cáncer, lupus, malformaciones congénitas, alergias y asma. La delegación estuvo integrada por representantes del Foro Boliviano de Medioambiente, Bolivia Libre de Transgénicos, Federación Nacional de Mujeres Campesinas Bartolina Sisa, Terra de Direitos, Veterinarios sin Fronteras y Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas.

¿Qué ciudad para este campo y qué campo para esta ciudad?

En la Argentina y especialmente en la provincia de Santa Fe, la propiedad de la tierra está concentrada en los mismos niveles de principios del siglo XX. Ainsuain expone en su trabajo que "los planes económicos aplicados en distintos períodos de nuestra historia -como sucedió en los ‘90- han contribuido no sólo a mantener sino a profundizar el proceso de concentración de tierras". "A tal punto esto es así, que tomando como base los Establecimientos Agropecuarios Productivos de más de 5.000 hectáreas, el censo agropecuario de 1913 mostraba que 5.300 terratenientes eran dueños del 48 por ciento de las tierras y el censo 2001 puso en evidencia que algo más de 6 mil propietarios controlan 50 por ciento de las mismas".

Tomando datos del Censo Agropecuario 2001, Ainsuain revela cifras sorprendentes: los 936 terratenientes más poderosos tienen 35.515.000 hectáreas y, en el otro extremo, 137.021 agricultores poseen 2.288.000. Sólo Benetton (900.000), Cresud (460.000), Bunge (260.000) y Amalia Lacroze de Fortabat (220.000) poseen 2 millones de hectáreas, superficie comparable al territorio de Bélgica. De las 35 familias tradicionales que en el censo del año 1913 concentraban la mayor parte de las tierras, 30 siguen siendo grandes propietarios; entre ellos se destacan los Anchorena, con 40 mil hectáreas y los Gómez Alzaga con 60 mil.

La injusta distribución de la riqueza y el monocultivo de la soja han dejado como consecuencia que miles de campesinos y campesinas sean literalmente desterrados y cientos de pequeños pueblos y localidades borrados del mapa. Según un estudio del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en el Gran Buenos Aires 8 de cada 10 personas desempleadas provienen de la agricultura. La dominación de los agronegocios genera más concentración de la población en grandes urbes, con un panorama de pobreza creciente, pues avanzan desplazando a las comunidades rurales.

"La soja ha despoblado el campo porque ha establecido un modelo de agricultura sin agricultores. Ahora tenemos ciudades inmanejables, con mucha violencia, mucha inseguridad, sin trabajo, en las cuales faltan redes de gas, de cloacas, de agua, porque el Estado no da abasto para construir infraestructura urbana. La gente vive como puede. Lo que ha habido es un cambio demográfico brutal, cerca del mil pueblos del interior han quedado prácticamente vacíos. Y la emigración continúa, no hay un día en que no haya nuevos despoblamientos consecuencia de la soja", destaca el representante del Grupo de Reflexión Rural.

Con la convicción de que "oponerse hoy al modelo de los agronegocios es hacer frente a la faceta más dinámica del neoliberalismo en el Cono Sur de América Latina", estos movimientos proponen recuperar el control sobre las semillas e identificar a las corporaciones que monopolizan la producción de los cultivos transgénicos y el control sobre los alimentos. Pero también buscan confrontar las políticas estatales que promueven la penetración de estas empresas y denunciar las violaciones a los derechos humanos y actos de criminalidad económica por las que serían responsables.

Rebelión, Internet, 17-10-06

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Prensa/El_boom_sojero_deja_dramaticas_consecuencias_en_Argentina

 

 

 

Advirtamos cómo, en base a los derechos establecidos por el régimen latifundista en vigencia, el contubernio de capitales y estados imperialistas con los locales ocupan económica territorialmente a todo el país mediante su sistema extractivista que hace a la desaparición forzada de comunidades campesinas e indígenas.

 

 

Argentina: las nuevas invasiones sobre los originarios
14 octubre 2011

Por Darío Aranda

 

Los representantes indígenas denuncian el corrimiento de las fronteras del petróleo, la minería y los agronegocios. Reclaman sus derechos sobre los territorios que sufren la avanzada. Aquí, los principales conflictos que mantienen las comunidades.

 

La avanzada militar del Estado argentino a fines del siglo XIX sobre los pueblos originarios tuvo un reconocido motivo económico, incorporar tierras al mercado, entregada sobre todo a latifundistas. “Han pasado muchos años y poco ha cambiado, no hay voluntad política de respetar nuestros derechos, nos siguen robando territorio”, denunció Juan Carlos Curruhuinca, de la Confederación Mapuche de Neuquén, y afirmó que “ayer fueron los terratenientes, hoy son las mineras y petroleras”. La actividad minera aumentó, según datos oficiales, 340 por ciento en los últimos siete años. También se registra un corrimiento de la frontera petrolera y, sólo en la región del Chaco argentino, se registran conflictos territoriales y ambientales en 11,4 millones de hectáreas. La gran mayoría comenzó a fines de la década del 90, cuando la soja empezó a expandirse.

 

Caraparí está ubicada en el norte de Salta. La comunidad indígena cuenta con los títulos sobre 766 hectáreas. Las empresas Refinería del Norte (Refinor) y Conta (subcontratista) ingresaron en 2004 a territorio indígena para construir una nueva traza del Gasoducto del Norte. Luego de cuatro años de lucha judicial, la Corte Suprema falló a favor de la empresa en 2008. Hilario Vera, cacique de la comunidad, lamentó: “Los pueblos indígenas tenemos derecho a nuestro territorio, pero los poderosos pisan nuestros derechos”.

 

En Fortín Dragones, al norte provincial, la empresa Tecpetrol avanzó sobre comunidades wichí. En Hickman, sobre la Ruta 81, Petrobras hace lo propio. En ningún caso se cumplió con la legislación nacional, que obliga a consultar a las comunidades.

 

En Río Negro, el Plan Provincial Hidrocarburífero 2006 / 2007 impulsó la exploración y explotación hidrocarburífera. El Consejo Asesor Indígena recurrió a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) por la violación del Convenio 169: se vulneró el mecanismo de consulta previa, libre e informada. La avanzada petrolera afecta a 26 comunidades mapuches.

 

La Cuenca de Ñirihuau abarca Río Negro, desde zonas de bosques montañosos de la cordillera hasta la meseta. El gobernador de Río Negro, Miguel Saiz, otorgó en octubre de 2008 la zona petrolera a YPF-Pluspetrol. No realizó audiencia pública (como solicita la ley) y la adjudicó mediante un decreto. Se verán afectadas al menos dieciséis comunidades mapuches.

 

El Observatorio Petrolero Sur (OPS), espacio referente en la temática hidrocarburífera del país, explica que la Organización Federal de los Estados Productores de Hidrocarburos (Ofephi) está integrada por diez provincias (las de tradición petrolera). “Pasamos, a partir de 2006, a un contexto donde las trece provincias restantes están en proceso de acomodar su legislación previo a un proceso licitatorio o ya han avanzado en la licitación y concesión de áreas para la exploración de hidrocarburos. Mientras que las ‘diez provincias tradicionales’ han licitado nuevas áreas”, explicaron y exhibieron un mapa repleto de colores donde grafican cómo, en diez años, todas las provincias aportararán a la exploración petrolera.

 

En enero de 2007, el gobierno neuquino otorgó a la petrolera Piedra del Aguila la concesión de 3800 hectáreas en la región del Picún Leufú, en el centro de la provincia. En el lugar vive desde mediados del siglo pasado la comunidad Wentru Trawel Leufú (Hombres de Río Reunidos). Comenzó una disputa que incluyó represión y judicialización. En febrero último, el Juzgado Civil 2 de Cutral-Có falló contra la empresa petrolera. La sentencia afirmó que se trasgredió la ley al no haber informado y obtenido el visto bueno de la comunidad para explotar los recursos naturales y apuntó también al rol de otros poderes: “Todo gobierno que desatienda (las leyes citadas) debe ser considerado como discriminador de los pueblos indígenas”.

 

Juan Carlos Curruhuinca, integrante de la comunidad, afirmó que “los pueblos originarios estamos más organizados y en lucha, tenemos de nuestro lado las leyes y la historia”.

 

La Red Agroforestal Chaco Argentina (Redaf) realiza desde hace tres años un relevamiento sobre la conflictividad rural en la región denominada Chaco argentino. En un año se sumaron 80 conflictos. Suman ya 244 casos relevados, 209 son exclusivamente de disputas por tierras, 25 son ambientales y diez son mixtos. Todos los conflictos por tierras obedecen al corrimiento de la frontera agropecuaria.

 

Los conflictos abarcan una superficie de 11,4 millones de hectáreas y afectan a 1,6 millón de personas. Tienen gran peso los conflictos socioambientales, en parte ligados al modelo extractivo (desmontes y fumigaciones con agrotóxicos). Sobresale el Ordenamiento Territorial de Formosa (en el marco de la Ley de Bosques) y, en Salta, figura la deforestación por el avance de la frontera agropecuaria en los departamentos de San Martín, Santa Victoria, Rivadavia y Orán.

 

El Plan Estratégico Agroalimentario (PEA) 2010-2020 establece aumentar la producción granaria un 60 por ciento, reconoce el avance sobre nuevas tierras. Desde Redaf analizaron el documento oficial y alertaron: “Se profundiza el modelo y también los principios sobre los cuales está asentado el extractivismo, la explotación de los recursos naturales”.

 

Diego Montón, del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNIC), trazó el paralelo histórico, en vísperas al 12 de octubre: “La Campaña del Desierto no sólo significó genocidio, sino también la instauración de una cultura e ideología de las elites dominantes. Hoy tenemos un modelo agro-minero exportador, con una hegemonía del poder económico que sigue privilegiando el uso de los bienes naturales en función de los intereses extranjeros, resignando la soberanía y llevando a la pobreza a nuestro pueblo. Las trasnacionales son parte de esa continuidad como la nueva forma del colonialismo”.

 

Las comunidades wichí San José, Cuchuy y Corralito se encuentran en el municipio de Ballivián, departamento de San Martín. En toda la zona está prohibido el desmonte, determinado en 2008 por la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Sin embargo, la ONG Asociana registró con imágenes satelitales que en los últimos meses se desmontaron 1700 hectáreas en la zona este de Ballivián.

 

A mediados de septiembre, privados llegaron a las comunidades y comenzaron a desmontar. El martes 27 de septiembre, las comunidades enfrentaron las topadoras y se quedaron en el lugar hasta el sábado 1º de octubre, cuando las seis topadoras fueron echadas. Jonatan Félix, wichí que participó de la resistencia, explicó que están “sufriendo por los desmontes, son los últimos pedacitos que nos quedan. Estamos dispuestos a defender lo poco que nos queda porque sacamos la comida del monte, vivimos por el monte”.
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Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Noticias/Argentina_las_nuevas_invasiones_sobre_los_originarios

En consecuencia, los gobiernos del matrimonio Kirchner han posibilitado la actual preponderancia de las "extrahecciones como extractivismos que ocurren incumpliendo los derechos de las personas y de la Naturaleza y que se llevan adelante con violencia. Apelar al nuevo término no es una manía académica, sino que fue necesario precisamente para obligar a abordar esa íntima relación de la violencia, la ruptura de los derechos y los extractivismos. Son tres aspectos íntimamente vinculados entre sí, que no pueden separarse, y todos ellos enmarcados en 'arrancar' los recursos naturales".

 

Alianza transgénica: el plan 2030 que une al gobierno y la oposición e intensifica el modelo extractivo y contaminante

9 de agosto de 2020

 

El gobierno y la oposición dieron luz verde a un plan de las corporaciones empresarias para profundizar el modelo de agronegocio en Argentina. Bajo el pretexto de la búsqueda de dólares, no se miden las consecuencias ambientales ni el impacto social. La génesis de nuevas pandemias, y el adiós a la soberanía alimentaria. Qué dice el proyecto y cómo lo analizan productores campesinos, investigadores y vecinos de asambleas. Las falsas promesas bajo palabras amables, y por qué lo que está en juego no es solo un modelo de país sino de vida y futuro: quién produce, qué se produce, cómo se produce y para qué.

 

Por Darío Aranda

 

   No hay grieta en Argentina. Oficialismo y oposición están de acuerdo y se aferran al modelo de agronegocio, de producción de commodities para exportación. Así queda en claro, una vez más, con el plan de diez años impulsado por un amplío sector empresario y que ya tuvo el visto bueno del Presidente, la Vicepresidenta, de gobernadores y de Juntos por el Cambio (Pro-UCR).

 

   Mientras parte de la discusión pública se centró en la (frustrada) expropiación de Vicentín, los chanchos para China y la quema de humedales, el sector empresario y el gobierno nacional cerraron filas en un plan que propone profundizar el agronegocio transgénico, con nuevas promesas de “empleos”, divisas, “desarrollo” y, una vez más, dejando de lado las consecuencias sociales, ambientales y sanitarias del modelo que lleva tres décadas en el país.

   “Consejo Agroindustrial Argentino (CAA)” es el nombre del nuevo espacio que reúne al sector empresario del agronegocio. Su plan para la próxima década lleva ya tiene nombre: “Estrategia de Reactivación Agroindustrial Exportadora, Inclusiva, Sustentable y Federal. Plan 2020-2030”.

El plan 2020-2030

   El sector empresario busca imponer la profundización del modelo de agronegocio durante diez años, hasta 2030, donde prometen aumento de exportaciones (dólares que el Gobierno prioriza), con leyes a medida de las empresas, más hectáreas sembradas, más transgénicos y agrotóxicos.

 

   En el documento de presentación, de 19 carillas, explicitan qué buscan: “Definir una política activa de corto plazo con herramientas de política institucional, de relaciones internacionales, impositivas, financieras y técnicas”. La promesa, que tanto sedujo al Gobierno, es aumentar en 35.000 millones de dólares las exportaciones (pasar de los 65.000 actuales a 100.000 millones) y “generar 700.000 empleos”. No precisa cómo llegarán a esas cifras, pero igual lograron que muchos artículos periodísticos lo dieran por cierto y difundieran como la salvación pospandemia.

 

   Más exportaciones del agro implica el avance sobre nuevas áreas. La experiencia de las últimas décadas confirma que el modelo de agronegocio implicó el avance sobre campesinos, indígenas, montes nativos y humedales. El plan del agronegocio no menciona nada de esto, pero sí promete que su acción será “sin descuidar el entorno ambiental”.

 

   El documento de presentación señala que el Consejo “representa” a economías agroindustriales de todo el país. Entre los integrantes figuran todas las grandes empresas de transgénicos y agrotóxicos (representadas en las cámaras corporativas Casafe, Asociación de Semilleras Argentina y Acsoja).También están presentes tres de las cuatro patas de la Mesa de Enlace (Coninagro, Federación Agraria y Confederaciones Rurales Argentina -CRA-). Están las Bolsas de Cereales (de Rosario, Buenos Aires y Córdoba, entre otras), la Cámara de Biocombustibles (Carbio), la Cámara de la Industria Aceitera (Ciara), el Centro de Exportadores de Cereales (CEC) y la Cámara de Puertos Privados, entre otros.

 

   El listado de integrantes dejar ver a los principales actores del agronegocio local y, también, jugadores del tablero internacional.

   Y ellos planean marcar políticas de Estado. Incluso fijan tiempos: “Las propuestas deberán estar listas en 60 días”. E insta a desarrollar una ley “de desarrollo agroindustrial exportador, con estabilidad fiscal y financiera de diez años”.

   El documento de las empresas fija tiempos al Poder Legislativo: “El proyecto de ley debería ser tratado por el Congreso de la Nación en 2020”.

 

   También está presente el impulso al “sector forestal”, que en muchos territorios es sinónimo de monocultivos de pino y eucaliptos, con similares consecuencias a la soja: desalojos de campesinos e indígenas, violación de derechos, desmontes, agrotóxicos, concentración de tierras de pocas manos. Misiones, con la multinacional Alto Paraná, es un emblema de esa actividad.

 

   El Consejo Agroindustrial señala que la ley debe incluir “un plan nacional de fomento a la agrotecnología” para el agro y las forestales.

 

   Prometen un impacto anual de 16.000 millones de dólares de aumento de exportaciones y 210.000 empleos (directos e indirectos). Pero no dejan de destacar su objetivo central: “Consolidar a la Argentina como líder en el comercio internacional de alimentos de origen animal y vegetal, alimentación animal y exportador de tecnologías del ecosistema agro alimenticio”. Destacan el uso de “biotecnologías y edición génica” (nueva y cuestionada técnica de transgénicos).

Fuente: https://www.lavaca.org/portada/alianza-transgenica/

 

 

Tengamos en cuenta que la intensificación del sistema de soja significó la alianza de corporaciones agroindustriales, petroleras, automotrices y financieras para propulsar los agrocombustibles. Y esa centralización del Capital también se da como entrelazamiento de intereses económicos dominantes locales, nacionales y transnacionales.

 

A su vez la deforestación -en esencia contra los pueblos indígenas- es promovida por la minería formal y la ilegal, por la agricultura intensiva con monocultivos, por los poderosos sectores ganaderos y agrícolas, por la industria maderera y el tráfico ilegal de madera.

 

Cuando hablamos de trabajo y no empleo, de agua para los pueblos y no para los extractivismos, de vida como salud planetaria que incluye la humana: estamos destacando lo crucial que es solidarizarnos con los pueblos indígenas.

 

 

 

Declaración en

Defensa de los Pueblos Indígenas

de la Amazonía

26 abril 2019

Emitido por: La Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), representando las organizaciones indígenas de los nueve países de la cuenca Amazónica; La Alianza Mesoamericana de Pueblos y Bosques (AMPB), representando las organizaciones indígenas de seis países de Mesoamérica; y la Alianza de los Pueblos Indígenas del Archipiélago de Indonesia (AMAN), que representa a las 2,332 comunidades indígenas del país.

Líderes indígenas representando las comunidades forestales tropicales tradicionales de dieciséis países están hoy en el Acampamento Terra Livre para apoyar a nuestros hermanos y hermanas brasileños con la Articulación Nacional de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB) y la Coordinación de las Organizaciones Indígenas de la Amazonia Brasileña (COIAB), quienes se encuentran en el frente de una batalla que se está peleando en todo el mundo por la supervivencia de los pueblos indígenas en las naciones forestales del sudeste asiático, África y toda América latina.

El evento de Terra Livre ha sido durante quince años un momento para reflexión y orientación, y para reafirmar nuestro compromiso con la conservación de nuestros pueblos, tradiciones y formas de vida. Cuando nos enteramos de la aprobación del Ministro de Justicia del uso de las fuerzas de seguridad nacional contra nosotros, sabíamos con certeza que estaríamos unidos con nuestros hermanos y hermanas aquí en Brasilia.

Estamos aquí para unirnos a la Relatora Especial de la ONU Victoria Tauli-Corpuz en pedirle al gobierno brasileño que retire a sus tropas y respete el derecho de nuestros hermanos y hermanas a protestar contra las acciones que ponen en riesgo sus vidas y su propia supervivencia como Pueblos Indígenas.

Estamos aquí hoy porque a donde va Brasil, nuestros países lo seguirán.

Le hablamos con gratitud al pueblo de Brasil, y le queremos recordar que el suyo es el primer país del mundo que consagre en su Constitución los derechos de los pueblos indígenas a reclamar sus territorios tradicionales. Adoptado hace apenas 31 años, representa un faro de esperanza para todos nosotros.

Muchos de los que estamos aquí hoy hemos visitado a nuestros hermanos y hermanas en los Estados Unidos, por lo que conocemos su historia sangrienta. Su constitución hizo de Brasil un país como ningún otro. Brasil le dijo al mundo que no sería ni Estados Unidos ni Canadá; que elegiría el bien sobre el mal; la vida sobre el genocidio; aire y agua sobre el oro.

Sin embargo, en todo el mundo, los pueblos indígenas y nuestras tierras están bajo la presión de un gran y codicioso hambre que está alimentando la destrucción de nuestros bosques, nuestros ríos y sabanas. Brasil no está solo al sentir el peso de la demanda de represas y carreteras masivas, y la producción de los productos básicos que intensifican la destrucción, como el aceite de palma, la madera, la soja, la carne de res, el petróleo y el oro, así como los minerales recién descubiertos que se ocultan en Los bosques y en el suelo de las tierras que manejan los pueblos indígenas de todo el mundo.

Las nuevas tecnologías permiten a los inversionistas, empresas y gobiernos ingresar incluso a los rincones más remotos de nuestro mundo, extrayendo recursos que crean una gran riqueza, pero no nos benefician a nosotros y a nuestros conciudadanos. En cambio, envenenan nuestros ríos y destruyen nuestros bosques y sabanas.

Por lo tanto, exigimos el fin de las violaciones de nuestros derechos e invasiones de nuestras tierras, ya sea en Brasil o en cualquier país de Latinoamérica, África o Asia. Y exigimos a todos nuestros ciudadanos una parte de la riqueza que no se cuenta en dinero, sino en aire limpio y agua limpia.

Al igual que el resto del mundo, usamos teléfonos celulares, drones y redes sociales para contar nuestras historias al mundo. Y los satélites ahora permiten saber qué se está cultivando, dónde y por quién.

Nuestro mensaje a los consumidores en todo el mundo que compran productos que se originan en los países de América Latina, África y el sudeste asiático es simple: deja de comprar productos que se producen con nuestra sangre y nuestras lágrimas; Que nacen de la violencia y de la destrucción de nuestros bosques. Exija esto para el aceite de palma en sus barras de chocolate; el bistec que comes para la cena; la madera en sus gabinetes de cocina; la soja en su comida para mascotas, el cobalto en sus autos eléctricos y el oro en sus anillos de matrimonio.

Al utilizar el poder de su bolsillo para obligar a los gobiernos y empresas que respeten los derechos de los pueblos indígenas y protegerá al mundo del cambio climático. Somos los mejores guardianes de los bosques, la única solución segura, existente, asequible y aplicable a gran escala para capturar el carbono que pone en peligro el planeta que todos llamamos nuestro hogar.

Entonces, ¿qué tenemos que ofrecer a cambio de que se nos permita vivir en paz? Las imágenes satelitales demuestran que donde los pueblos indígenas tienen derechos sobre nuestros territorios, los bosques siguen en pie. Los científicos han demostrado que las selvas tropicales del Amazonas protegen las lluvias, no solo en América Latina, sino a nivel mundial.

La biodiversidad que todos quieren conservar existe porque la hemos cuidado. La naturaleza es nuestra tienda de comestibles y nuestra farmacia, y sabemos los secretos que guarda. Pero nuestro conocimiento tradicional existe solo mientras permanezcamos atados a nuestras tierras y nuestra cultura. Y es un derecho por el cual cada uno de nosotros está dispuesto a morir.

Por lo tanto, hacemos un llamado al mundo para que ayude a este hermoso país a mantener su lugar como líder global en el reconocimiento de los derechos de sus pueblos indígenas y en la protección de sus bosques. Hacer esto es proteger al planeta de los pocos rapaces, que se benefician de la riqueza extraída de las tierras que nosotros, los pueblos indígenas, tenemos en común para la humanidad.

 

Estamos aquí hoy porque a donde va Brasil, seguirán nuestros países.

 

Fuente: https://www.iccaconsortium.org/index.php/es/2019/04/26/declaracion-en-defensa-de-los-pueblos-indigenas-de-la-amazonia-2/

 

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Llamado Urgente de los Pueblos Indígenas de la Amazonía.
19 de mayo de 2020

 

Nosotros, miembros de Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca  Amazónica (COICA) y representantes de las nueve organizaciones integrantes:  Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Amazonía Brasileña  (COIAB),Organización Nacional de los Pueblos Indígenas de la Amaz onía Colombiana  (OPIAC), Confederación de las Nacionalidades de la Amazonía Ecuatoriana (CONFENIAE),  Organización Regional de Pueblos Indígenas del Amazonas [Venezuela] (ORPIA),  Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP), Confederac ión de  Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB), Federación d Organizaciones Autóctonas de Guyana  Francesa (FOAG), Asociación de Pueblos Amerindios de Guyana (APA) y Organizaciones  Indígenas de Surinam (OIS), ante la pandemia del COVID - 19 y otras que azotan a  nuestros  pueblos originarios, el 31 de marzo del presente año, de manera oficial presentamos una  

 

DECLARATORIA DE EMERGENCIA de la Amazonia, que es el hogar de 511 pueblos  indígenas, miles de comunidades y 66 pueblos indígenas en aislamiento voluntario,  pre ocupados por la situación crítica que atraviesa nuestras comunidades y pueblos en los actuales momentos, con la certeza de que 

la falta acciones claras y especificas desde  nuestros gobiernos conducirá al exterminio de los defensores de la Amazonia, nos  dirigimos  a ustedes para solicitar su ayuda e intervención en la protección de nuestros pueblos. Desde el pasado 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud  – OMS calificó  el brote del COVID - 19 como una pandemia al haberse extendido en más de 100 países del  mundo. Frente a ello, los gobiernos de los países amazónicos en atención a la emergencia 1 sanitaria han establecido medidas de aislamiento social obligatorio, restricción de movilidad,  cierre de puertos, aeropuertos, acompañados de medidas  y acciones vinculados a la salud,  alimentación, educación, economía,  entre otras. 

 

Entendemos que el conjunto de estas estrategias tiene una lógica urbana pero no  es culturalmente aplicable a los pueblos originarios. El abandono histórico que ha sufrido la Amazonía y su población, la presión  permanente del  modelo extractivista sobre sus territorios y la ausencia de políticas específicas a favor de los pueblos indígenas, como condición estructural en nuestras sociedades, nos pone en una  situación de alta vulnerabilidad. 

 

Situación actual de la  Amazonia 

Las organizaciones nacionales indígenas de la cuenca Amazónica desde la gobernanza  indígena y derechos territoriales 2, en el ejercicio de su derecho de autodeterminación

 han tomado acciones para hacer frente a esta pandemia.

 

Se han realizado gestiones para la  atención básica y sanitaria, comunicación y prevención buscando cautelar la salud y la vida  frente al COVID - 19, han generado protocolos, planes de emergencia, atención para sus  comunidades. Se ha instado, a través de documentos y reuniones virtuales a que los  gobiernos actúen, generando también propuestas para gestiones conjuntas con las  diferentes autoridades de gobierno, reflejadas en pronunciamientos y exhortaciones para ser  tomados en cuenta y tener la oportunidad de participar en la toma d e decisiones del Estado.

 

Sin embargo, pese a ello percibimos que las medidas adoptadas por los gobiernos atentan  contra los principios de la no discriminación e inclusión, la formulación y aplicación de  políticas de salud culturalmente adecuadas, el respeto a la diversidad cultural y a que las  medidas, planes y presupuestos tengan objetivos específicos para el desarrollo de los  pueblos indígenas, con especial atención a los adultos mayores, mujeres y la niñez indígena. 

 

En este contexto, la COICA y sus org anizaciones han ALERTADO que durante las medidas  de aislamiento decretadas se ha incrementado los problemas en los territorios indígenas,  con el aumento de la deforestación, actividades extractivas, amenaza, persecución,  criminalización de los dirigentes y defensores indígenas, entre otros, que sumado a los casos  de COVID - 19 y otras enfermedades tropicales, incrementa la vulnerabilidad de las comunidades indígenas 

y en mayor medida a los pueblos en aislamiento voluntario o en  contacto inicial, por cuanto la relación con este tipo de virosis elevaría su índice de mortalidad. 

 

Actualmente, en la Amazonia, Brasil es el país con mayores casos de COVID - 19 según  reporte  de REPAM 3  hasta el día 17 de mayo de 2020, alcanza a 58.652 personas contagiadas seguido por Perú con 5.538, Bolivia 3368, Colombia 2016, Ecuador 538,

 Guyana Francesa 197, Guyana 117, Venezuela 19 y Suriname 10,  de los  cuales según reporte de nuestras organizaciones en total hay 722 indígenas contagiados en toda la cuenca Amazónica y 135 fallecidos. 

Cabe recalcar que, respecto a pueblos indígenas, los  datos son estimados, considerando que en territorio tenemos  serias limitacion tecnológicas y de infraestructura comunicacional, evidenciando que los datos reales están  por encima de  los indicados. 

 

Con estos datos recabados y los reportes territoriales, sabemos que los servicios de salud en las ciudades amazónicas y cercanas, se encuentran colapsadas y en mayor medida los  centros de salud que pocas comunidades indígenas disponen, carecen de médicos,  medicinas, implementos de seguridad, test de pruebas, que sumado a la carencia de  alimentos y la falta de atención por parte de las autoridades del Estado, agrava la salud y 

atenta a la vida y la pervivencia de los pueblos indígenas, tal como se evidencia en Brasil, Perú,  Bolivia y Ecuador , donde los casos se han ido incrementado de manera alarmante, sin la  evidencia  de acciones oportunas al respecto. En la Amazonía, la propagación del COVID - 19, apenas empieza. En el marco de los derechos que nos asisten como pueblos originarios en los instrumentos internacionales como la Declaración de Derechos Humanos,  

Pacto Internacional de  Derechos Económicos, Sociales y Culturales, Pacto Internacional de Derechos Civiles y  Políticos, la Declaración sobre Derechos de los Pueblos Indígenas de la Organización de las  Naciones Unidas de 2007, y el artículo 25° del Convenio N° 169 de la 

 Organización Internacional del Trabajo (OIT), que establece que los Estados tienen la  obligación de poner a disposición de los Pueblos Indígenas servicios de salud adecuados,  considerando sus condiciones económicas, geográfica s, sociales y culturales, y sus métodos  de prevención, prácticas curativas y medicamentos tradicionales.

 

Ante esto, resulta  importante que las diferentes medidas que se implementen frente a la pandemia, sean  planificadas e implementadas en cooperación con  los mismos pueblos indígenas, respetando las estructuras organizativas y su gobernanza, con el objetivo de garantizar que  tanto las acciones como los recursos sean destinados a quienes realmente lo necesitan y  con pertinencia cultural. Por lo expuesto y ante la alarmante situación de los pueblos indígenas de la Amazonia,  la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica  – COICA,  como organización internacional solicita:

  • Ante la inacción de los gobiernos, AYUDA y ASISTENCIA HUMANITARIA  INTERNACIONAL, con el objetivo de precautelar la salud y la vida de pueblos  indígenas de la Amazonia frente a la catástrofe sanitaria,  ya  que si no se toman  medidas urgentes  estamos a puerta de un etnocidio. 

4. A sumarse y apoyar la iniciativa de recaudación a través del Fondo de Emergencia  Amazónica, una iniciativa emprendida por la COICA y sus aliados, con el objetivo de  asegurar que la ayuda humanitaria llegue directamente a los pueblos indígenas. Además, instamos a los diversos  organismos internacionales que de acuerdo a sus  funciones y competencia, EXHORTEN a los gobiernos de los países amazónicos.  

 

5. Reconocer la diversidad de pueblos indígenas  en los países de la cuenca  Amazónica e implementar acciones URGENTES con pertinencia cultural en el ámbito  de la salud, educación, economía, seguridad alimentaria y generar mecanismos de diálogo y participación con los pueblos indígenas, de acuerdo a sus estructuras  organizativas y gobernanza. 

 

6. Reconocer la vulnerabilidad de la Población indígena, debido a la presión  permanente del modelo extractivista sobre nuestros territorios y la exclusión  histórica  de los derechos a los servicios básicos e infraestructura de salud, educación,  saneamiento y otros servicios 4, convirtiendo a los pueblos indígenas amazónicos en  un sector extremadamente frágil y vulnerable. Es preciso señalar que dicha condición se agrava en mayor medida para los pueblos en aislamiento y contacto inicial,  tomando en cuenta además, su vulnerabilidad inmunológica. 

 

7. Reconocer la pandemia del COVID – 19 como una CATÁSTROFE SANITARIA (para la vida y la salud) para los pueblos indígenas,  con el objetivo de que se  designe recursos económicos para atender oportunamente la pandemia. José Gregorio Díaz Mirabal Coordinador General COICA Francinara Soares Marlon Vargas Coordinadora de COIAB (Brasil  Presidente CONFENIAE (Ecuador) Tomas Candia Lizardo Cauper Presidente CIDOB (Bolivia) Presidente AIDESEP (Peru) Julio Cesar López Thomas Lemmel Benson Presidente OPIAC (COLOMBIA) Presidente APA (Guyana) Sirito Aloema Jean - Philippe Chambrier Presidente OIS (Surinam) Presidente FOAG (Guyana Francesa) Eligió Da Costa Presidente ORPIA (Venezuela) 

 

4

Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura

FAO (2015). Pueblos

Indígenas y políticas públicas de Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe.

http://www.fao.org/documents/card/en/c/4cd46e34- 12a2 - 43b9 - 9 a71 - 0c1f5395b5f5 

Fuente: https://rebelion.org/wp-content/uploads/2020/05/Coica_Pron19May2020.pdf

 

 Alternativas emancipatorias

 

Hemos analizado en la página Qué sistema cómo el régimen latifundista implica expropiación de la naturaleza. Hoy el régimen extractivista convierte el acaparamiento expoliador en total y totalitario en base al progreso científico tecnológico. Llega a destruir subsistemas del planeta Tierra que hacen a su habitabilidad. Por eso, bien dice

Emiliano Teran Mantovani refiriéndose a la discusión sobre comparación de incendios con otros años: "Lo importante es más bien el momento que revelan, el tiempo particular de la historia ambiental del Amazonas, que habla, al mismo tiempo, de nuestro propio tiempo de crisis civilizatoria.(...)".Al devastar la Amazonía "socavar los aportes que ofrece para la reproducción de la vida en el Planeta (generación de oxígeno, patrones estacionales, sumideros de carbono, y un largo etc.). Transitamos un límite muy peligroso, que además debe ser entendido en el marco de estos tiempos del antropoceno (capitaloceno)". Emiliano Teran Mantovani concluye:

Defender la Amazonía, en realidad simboliza la defensa de todas las últimas fronteras de vida. Las fronteras de los ecosistemas, de los territorios, de los cuerpos y de la mente. Es en última instancia, un llamado a la defensa de lo común, lo único que compartimos todos: la casa común.

 

Extractivismo desbocado en el corazón del Abya Yala

Incendios en la Amazonía

y nuevo tiempo político

en América Latina

24 de agosto de 2019

 

Por Emiliano Teran Mantovani

Observatorio de Ecología Política de Venezuela

 

 

Los enormes incendios que se han producido en la Amazonía brasileña, así como la de otros países de la región, como Bolivia, han capturado la atención global y avivado la discusión sobre el problema de fondo que sufre esta muy sensible eco-región.

Es cierto que en la Amazonía hay temporadas de incendios, primordialmente entre los meses de julio y septiembre (aunque pueden continuar hasta noviembre), cuando llegan los períodos secos. También es cierto que se han registrado incendios en amplias áreas de otras partes de Suramérica (incluyendo Venezuela), y que estos no han tenido la misma repercusión mediática. Pero, al menos desde lo que se ha registrado oficialmente, estamos ante el incremento de un 85% de estos eventos en territorio amazónico en relación al año pasado, según el Instituto Nacional de Investigación del Espacio de Brasil (INPE), y se han quemado extensiones a tasas record desde que se comenzaran los registros en 2013. En la Chiquitanía boliviana, en el departamento de Santa Cruz, ya son cerca de 500 mil hectáreas que se han incendiado.

La NASA ha dicho que la actividad total de incendios en la cuenca del Amazonas, observada a partir del 16 de agosto de este año, fue ligeramente inferior al promedio en comparación con los últimos 15 años, aunque la actividad ha estado por encima del promedio en los estados Amazonas y Rondônia. Pero en todo caso, el dato no es si estos incendios son o no los más importantes de los últimos años. Lo importante es más bien el momento que revelan, el tiempo particular de la historia ambiental del Amazonas, que habla, al mismo tiempo, de nuestro propio tiempo de crisis civilizatoria.

Amazonía y tiempos de inflexión: últimas fronteras y extractivismo desinhibido

Lo primero que hay que decir, es que estos incendios no son sólo ‘catástrofes naturales’, sino más bien el producto tanto de las modificaciones al espacio natural como de los impactos directos provocados por las actividades económicas más depredadoras que han sido impulsadas por los intereses económicos dominantes locales, nacionales y transnacionales. Sobre esto hay que señalar el alto impacto de la deforestación, promovida por la minería formal y la ilegal; el aumento de las tierras para agricultura intensiva con monocultivos, pero también para beneficiar a los poderosos sectores ganaderos y agrícolas; o bien el rol de la industria maderera y el tráfico ilegal de madera; por mencionar ejemplos. La quema en sí misma es también promovida por los sectores ganaderos para ‘limpiar’ y despejar la tierra.

Por mencionar un ejemplo de lo dicho, estudios han mostrado cómo la deforestación es uno de los principales factores que favorecen estos grandes incendios, al dejar vulnerable la selva ante vendavales que ayudan a propagar el fuego. Existe una relación directa entre la deforestación y el crecimiento de los incendios, por lo tanto, entre estos últimos y los depredadores intereses de extractivismo. Olvídese de la explicación monocausal de los ‘accidentes naturales’. No hay forma de haber llegado a este punto sin el insidioso accionar de los intereses extractivo/capitalistas.

Lo segundo: estos incendios nos muestran en realidad un momento socio-ecológico de la Amazonía. Estos eventos están pasando cuando ya esta eco-región tiene una larga historia de carga de impactos y presiones, que vienen en avanzada, y que de seguir como van la están aproximando a un punto de inflexión, al debilitar más y más sus propios mecanismos de defensa y ‘estabilización’, y con ello, a socavar los aportes que ofrece para la reproducción de la vida en el Planeta (generación de oxígeno, patrones estacionales, sumideros de carbono, y un largo etc.). Transitamos un límite muy peligroso, que además debe ser entendido en el marco de estos tiempos del antropoceno (capitaloceno).

Lo tercero, y algo fundamental: estos incendios revelan la forma que tiene el asalto a las nuevas fronteras de los commodities y sus vínculos con el nuevo tiempo del extractivismo en América Latina. El fuego masivo en la Amazonía hace evidente la configuración de esta ecología política atravesada por esta fase más violenta del extractivismo.

El avance en los últimos años de una ola de derechización en la región no debe ser entendida sólo como el posicionamiento de actores y mandatarios de derecha y extrema derecha en puestos de gobierno; sino también como un avance, un asalto voraz y desinhibido hacia la naturaleza. Y dicho avance se está generando a partir de actores que actúan desde arriba y también desde abajo, y que comparten entre sí las lógicas de despojo altamente patriarcalizadas, autoritarias y violentas.

Entre ellos están los actores del agronegocio; los intereses particulares de poderes económicos locales (como los latifundistas), el mismo crimen organizado que deforesta cada vez más y controla buena parte del tráfico de recursos naturales; y como actor/guía, gobiernos como el de Jair Bolsonaro en Brasil, pero no únicamente este, sino incluso otros gobiernos que, de otras formas, promueven la re-colonización de las últimas fronteras de la extracción, como lo es el gobierno de Evo Morales o Nicolás Maduro en Venezuela.

Bolsonaro es la cara más acabada de este patrón de poder dominante en la región. Al mismo tiempo que da luz verde y hace un llamado a la expansión de una violencia clasista, patriarcal y racista, del mismo modo convoca al asalto voraz de la Amazonía.(…)

 

 

Defender la Amazonía, en realidad simboliza la defensa de todas las últimas fronteras de vida. Las fronteras de los ecosistemas, de los territorios, de los cuerpos y de la mente. Es en última instancia, un llamado a la defensa de lo común, lo único que compartimos todos: la casa común.

 

Emiliano Terán Mantovani

Observatorio de Ecología Política de Venezuela

 

Fuente: https://www.alainet.org/es/articulo/201730

En consecuencia, hoy más que nunca urge generalizar la interpelación de Chico Mendes a humanizar nuestro estar siendo trabajadores.

 

Chico Mendes: El ángel de la Amazonía

Por Renán Vega Cantor para Izquierdos Humanos

“Al principio pensaba que estaba luchando para salvar a los trabajadores del caucho, después pensé que luchaba para salvar la selva amazónica. Ahora percibo que estoy luchando por la humanidad”. Chico Mendes

El 22 de diciembre de 1988, cuando acababa de cumplir 44 años, fue asesinado Francisco Chico Mendes, por unos pistoleros a sueldo de grandes terratenientes del Brasil. Este hijo y habitante de la selva amazónica se destacó porque fue el primero que vislumbró la importancia de librar una lucha política de tipo ecológico, en la que se defendiera tanto a los ecosistemas como a los trabajadores y a los habitantes más pobres, lo cual lo impulso a forjar una Alianza de los Pueblos de la Selva como mecanismo para luchar por su preservación. Esto lo convirtió en un luchador anticapitalista que abrió sendas en pos de un proyecto ecosocialista. 

 

La selva fue su escuela

Chico Mendes nació el 15 de diciembre de 1944 en el siringal Porto Rico, en Xapuri en el Estado El Acre, territorio amazónico de Brasil, fronterizo con Bolivia y Perú. Su padre, Francisco Mendes, había llegado en 1926 a ese Estado para trabajar como cauchero. Realizaba la labor diaria de “desangrar” 100 o 200 árboles de latex, recoger la savia lechosa y procesarla luego en su casa a fuego lento hasta convertirla en una bola de caucho. Iraci Lopes Filho, hija y nieta de siringueiros, fue la compañera de Francisco y la madre de Chico Mendes.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial la miseria aumentó en las zonas productoras de caucho del Brasil, porque se redujo la demanda del latex que tan necesario había sido durante la confrontación bélica. Como consecuencia cayeron los precios y por física hambre y desnutrición murieron unos 25 mil caucheros. En un ambiente de miseria y carencias se crió Chico Mendes. Tuvo suerte de sobrevivir porque todavía en la década de 1960 de cada 1.000 niños que nacían en El Acre 838 morían durante el nacimiento o su primer año de vida.

Igual que su padre, Chico se hizo también siringuero (trabajador del caucho) desde niño. Como en las plantaciones de caucho no existían escuelas, nunca tuvo contacto con un aula de clase ni con un maestro. Que los trabajadores fueran iletrados era un objetivo de los terratenientes para explotarlos y asegurar el control sobre la tierra y la fuerza de trabajo. Su escuela fue la selva, de la que aprendió lo fundamental para sobrevivir, a través del trabajo cotidiano que empezó a realizar desde temprana edad acompañando a su padre en las labores de desangrar los arboles de caucho. Aprendió a distinguir las plantas, los sonidos de los pájaros y de los animales, a conocer los ritmos, ruidos y silencios de la jungla, a distinguir las plantas útiles de las venenosas…

 

Cuando tenía 14 años de edad, Chico Mendes tuvo una experiencia que le cambió la vida, porque aprendió a leer y a escribir y recibió las primeras lecciones de política, y de política marxista, de una forma inesperada. A la región llegó Euclides Fernando Tavora, un perseguido político que se refugió en la selva, cerca del hogar de la familia de Chico Mendes, personaje que le proporcionó los rudimentos de la alfabetización. Tavora contaba con una dilatada trayectoria como luchador revolucionario, ya que había participado en el levantamiento de Luis Carlos Prestes en 1935, en la Revolución de Bolivia de 1952 y había conocido la cárcel y el destierro. Esa influencia marxista fue decisiva para que Chico Mendes pudiera discernir las razones sociales y económicas de la desigualdad y la explotación.

Tavora le enseñó a leer y a escribir, le mostró periódicos en los que se hablaba de los problemas de Brasil y del mundo, y en una pequeña radio escuchaban programas de emisoras de varios lugares del mundo. Su mentor le repetía que los caucheros tenían derechos como los demás habitantes de Brasil y debían organizarse para defenderlos. Esa lucha no podía ser individual, sino que se necesitaba de una acción colectiva que los llevara a crear sus propios sindicatos. Fue la primera vez que en este lugar de la selva amazónica del Brasil se pronunció la palabra sindicato.

 

La teología de la liberación fue otra influencia política que recibió un poco después Chico Mendes, por medio de la palabra y acción de sacerdotes que en plena dictadura se convirtieron en un foco de resistencia y oposición, y promovieron la organización de la gente pobre en las Comunidades Eclesiales de Base (CEB). En particular, el obispo Moacyr Grechi, quien llegó al Acre en 1971, se convirtió en un impulsor de las CEB, a una de las cuales pertenecía Chico Mendes, aunque sin mucho fervor religioso, pero si político. Con este y otros sacerdotes, Chico participó en actividades de concientización política de los habitantes de la selva e inició su lucha como sindicalista, que lo llevó a fundar y ser escogido como el primer secretario del Sindicato de Trabajadores Rurales de Brasiléia en 1975.

 

Sus primeras luchas

Los habitantes de la selva amazónica brasileña, entre ellos Chico Mendes, se vieron confrontados desde mediados de la década de 1960 a la destrucción de su hábitat natural, de sus condiciones de vida y de trabajo, como resultado de la política de colonización que impulsaba la dictadura militar (1964-1985) y que significó la expropiación de seis millones de hectáreas de tierra a los indígenas y seringueiros. La deforestación era alabada como una política de poblamiento, bajo el supuesto que la selva era una “tierra sin hombres para los hombres sin tierra” y era necesario ocupar, poblar y colonizar para integrar todo el territorio nacional porque era mejor “integrar que entregar”, con lo que los militares querían dar a entender que ellos eran los defensores de la soberanía nacional, algo que no pasaba de ser pura propaganda.

 

Como parte de ese proyecto se planeó la construcción de la carretera Transamazónica de 5.000 kilómetros de extensión, alrededor de la cual se ofrecía a los colonos una tierra que se anunciaba como fértil, productiva y deshabitada. No era nada de ello, porque el suelo de la selva es muy frágil y no es adecuado ni para la agricultura intensiva ni para la ganadería, y cuando llueve el agua arrastra la delgada capa vegetal dejando al suelo yermo y desértico, y, además, sí que estaba habitado por comunidades indígenas y por caucheros. La construcción de la carretera impactó en forma directa a 96 grupos tribales, entre ellos los nambiqwara, admirados por el antropólogo Claude Lévi-Strauss, y exaltados en su célebre libro Tristes Trópicos. Estos pasaron de 20 mil miembros a 650 tras el trazado de una carretera por sus territorios ancestrales.


La construcción de carreteras venía acompañada o precedida de la deforestación y de los incendios, que eran producidos en forma consciente para despejar el terreno y sustituir el bosque milenario por “modernas haciendas”, en las cuales se criaba ganado vacuno, con el objetivo de producir carne como materia prima para las hamburguesas de McDonald’s. Junto con el fuego, los terratenientes organizaron bandas de asesinos para obligar a los indígenas y siringueros a desocupar la tierra.


El despojo también se cubría con un manto en apariencia legal, puesto que se obligaba a los caucheros a firmar papeles de venta. Chico Mendes los exhortaba a no caer en esta trampa de falsa legalidad cuando les decía: “No firméis nada. Esta tierra es vuestra. Cuando la transformáis en dinero, perdéis la posibilidad de sobrevivir. La tierra es la vida”.

La quema de la selva amazónica adquirió un carácter dantesco en 1987, cuando se presentaron 200 mil incendios que afectaron un territorio tan grande como Suiza, con lo cual se lanzaron a la atmosfera 500 millones de toneladas de carbono, que correspondían a un 10 por ciento de los gases de efecto invernadero que se producen anualmente. Tal fue la magnitud de la catástrofe que las fotografías de los satélites registraban las llamas que consumían el bosque tropical. En ese contexto de destrucción de la selva y de persecución de sus habitantes, Chico Mendes puso en práctica las lecciones aprendidas años atrás sobre organización sindical y política y junto con otros siringueiros, entre ellos Wilson Pinheiro, participó en la fundación del primer sindicato de Trabajadores Rurales en Acre, el primer paso que sigue en los años siguientes con la fundación de otro sindicato en Xapurí, el lugar donde vivía Chico Mendes y su familia. Así mismo, en 1985 participó activamente en la creación del Conselho Nacional dos Seringueiros (CNS). Durante este período de febril actividad política y sindical, Chico Mendes militó en diversas organizaciones de izquierda y resultó elegido como concejal a la Cámara Municipal de Xapuri en 1977, en representación del Movimiento Democrático Brasileño (MDB), la única oposición legal tolerada por el régimen militar. En el desempeño de ese cargo cumplió un notable papel de denuncia sobre la destrucción de la selva y la persecución de los indígenas y los caucheros y abrió ese espacio a la participación de sindicalistas y sacerdotes. Sin el apoyo del MDB, adelantó su labor de denuncia, en razón de lo cual se le acusó de realizar actividades subversivas, se le encarceló en varias ocasiones y en una de ellas se le sometió a torturas. Durante este período participó en la fundación de la Central Única de Trabajadores (CUT) y del Partido de los Trabajadores (PT).

 

En defensa de la selva y sus habitantes

Chico Mendes fue un ecologista espontáneo, aunque él nunca hubiera escuchado ese término, porque aprendió desde niño a respetar a la selva, a no destruirla ni contaminarla. Entendió el significado profundo de mantener limpia y habitable la casa natural de los seres humanos (la tierra y la selva), porque nos proporciona cobijo, alimento y bienestar. Esta concepción ecologista de Chico Mendes se manifestó en el programa de lucha que emprendieron los sindicatos de trabajadores rurales en los que participó y orientó, cuyo objetivo principal se centraba en impedir la deforestación de la selva, porque con ello se mataba también a sus habitantes.

A esta realidad se enfrentaban los sindicatos rurales de los que hacia parte Chico Mendes, que inventaron un repertorio de lucha conocido como empate (término que en portugués significa suspender, estorbar o, según dice Michael Löwy, “la palabra brasileña significa literalmente ‘juego de igualdad’”), un dispositivo pacífico de resistencia con el cual los trabajadores se oponían a la deforestación de la selva mediante la ocupación colectiva del lugar que iba a ser deforestado por terratenientes y empresarios. Los trabajadores se tendían en el suelo, abrazaban los árboles de caucho y construían barricadas humanas en los sitios por donde iban a pasar las máquinas devoradoras de selva. De esta manera, se enfrentaban a las retroexcavadoras, a las motosierras, y a las armas que portaban los encargados de matar a la selva y a sus habitantes.


Este repertorio de lucha se sustentaba en una concepción que enaltecía la vida y labor del seringueiro, en la que se reivindicaba no su relación con la tierra –como en los campesinos y colonos– sino con el monte, con la selva, como fuente de vida y subsistencia. Por esta razón, Chico Mendes y los sindicatos de siringuerios no querían que se les entregara tierra, ya que ellos luchaban por preservar la selva como medio de trabajo.


El empate, como forma de lucha para proteger la selva y el trabajo de los caucheros, no era una ocurrencia retrograda contra el progreso y la modernización de la que tanto presumían los militares y los terratenientes –y junto con ellos las empresas transnacionales y los promotores de los agronegocios– sino un mecanismo de defensa que se sustentaba en el conocimiento de la selva y sus ciclos de vida, así como en la convicción política de preservar la fuente de sustento de los trabajadores del caucho. Por eso, decía Chico Mendes: “Los que amenazan el Amazonas son los grandes terratenientes, la política de especulación territorial y la deforestación masiva cuyo objetivo es la substitución del hombre por el ganado”.

 

Los empates se convirtieron en una frecuente forma de lucha y resistencia de los siringueiros y sus familiares, hasta el punto que el propio Chico Mendes afirmo que había participado en forma directa en decenas de ellos. Este repertorio de lucha tenía un profundo significado porque involucraba cuestiones políticas, sociales, económicas, laborales y ambientales, con lo que se evidenciaba que la destrucción de la selva afectaba el presente y el futuro no solamente de las comunidades que allí habitaban sino de toda la humanidad. El primer empate se efectuó el 10 de marzo de 1976 y desde ese momento se realizaron decenas, los que dejaron un saldo de 400 detenidos, 40 torturados y varios muertos y con ello se logró impedir la deforestación de más de un millón de hectáreas en la selva amazónica. Algunos de estos empates no alcanzaron sus objetivos de preservación, pero el solo hecho de que se llevaran a cabo demostraba que la selva si tenía habitantes y que una parte de ellos estaban en disposición de defender su hogar.

 

 En el curso de la lucha de los siringueiros a Chico Mendes se le ocurrió la idea que era posible preservar la selva, junto con sus habitantes –indígenas y caucheros– mediante la constitución de “reservas extractivas”, una idea original y realista. Debe aclararse que el término extractivo no es idéntico al uso que en la actualidad se le da, que está referido a la imposición de formas económicas de extracción desaforada de bienes comunes de tipo natural con consecuencias nefastas para el hábitat y los territorios. Para el luchador popular del Brasil, el vocablo quería decir que debían mantenerse los tipos de trabajo y subsistencia de los caucheros sin destruir los arboles ni arrasar con los ecosistemas circundantes, de tal manera que les permitiera seguir extrayendo frutos de la naturaleza en forma sostenible.


La noción de Reserva Extractiva involucraba todos los principios ideológicos que defendió Chico Mendez, “puesto que cada familia tenía la prerrogativa del usufructo de su casa, solar y veredas de recolección de seringa pero, al mismo tiempo, la tierra y la selva eran de uso comunitario: todos en la comunidad podían cazar y recolectar en los espacios entre las veredas de cada familia, una idea comunitaria inspirada en las Reservas Indígenas” (1).


Esa propuesta nació al calor de la lucha, y no al margen ni fuera de ella, en el año de 1985 cuando se efectuó el primer encuentro nacional de caucheros. Allí se anunció el objetivo de lograr la expropiación de la tierra para evitar la colonización agrícola y la deforestación, y convertir esa tierra recuperada en reserva extractiva, en la que los caucheros e indígenas siguieran realizando sus actividades tradicionales. No se trataba de convertirlos en propietarios individuales ni mucho menos, como en las clásicas luchas de los campesinos, sino de oponerse al estilo de desarrollo depredador que impulsan los terratenientes y agroindustriales del Brasil. Con las reservas se quería hacer uso de la selva en forma racional, sin destruirla, y éstas pertenecerían a las comunidades, que tendrían el usufructo pero no la propiedad. En esas “reservas extractivas” se aprovecharía el caucho, los frutos y los saberes relacionados con la medicina silvestre, si se recuerda que existen miles de plantas de la selva que contienen propiedades para combatir múltiples enfermedades. En términos estrictamente económicos y cuantitativos, los impulsores de las “reservas extractivas” demostraron que una hectárea de selva resulta más productiva si se le deja tal y como es que si se destina a la ganadería, además se regenera constantemente, a diferencia de esta última actividad que seca y erosiona los suelos. Chico Mendes explicaba con claridad los fines de su propuesta: “Los seringueiros no estamos interesados ni queremos títulos de propiedad, no queremos ser dueños de nuestra tierra […] Estamos presentando una alternativa económicamente viable, que da prioridad a los productos de extracción que existen en la Amazonía, lo que hoy en día están amenazados y que nunca fueron tenidos en cuenta por el gobierno brasileño”.

 

Su legado

La de Chico Mendes era una muerte anunciada, porque estaba claro que los terratenientes no iban a tolerar que prosperara la lucha en la que él participaba y de la cual era un ejemplo y un símbolo. Chico Mendes era consciente de ese hecho, como lo manifestó el 6 de diciembre de 1988 –dos semanas antes de caer asesinado– cuando en la Universidad de San Pablo manifestó: “No quiero flores en mi tumba porque sé que irán a arrancarlas a la selva. Sólo quiero que mi muerte sirva para acabar con la impunidad de los matones que cuentan con la protección de la policía de Acre y que desde 1975 han matado en la zona rural a más de 50 personas como yo, líderes seringueiros empeñados en salvar la selva amazónica y en demostrar que el progreso sin destrucción es posible”.

En efecto, los terratenientes, los promotores de los agronegocios, los empresarios de la madera, los ganaderos eran declarados enemigos de Chico Mendes y de los trabajadores organizados, a cuyos principales activistas y dirigentes han perseguido y asesinado desde el mismo momento en que empezaron a luchar. Como parte de esa persecución en 1980 fue asesinado Wilson Pinheiro, quien había sido el fundador del sindicato de Brasiléia.

Estos enemigos además estaban organizados políticamente en la Unión Democrática Ruralista (UDR), una fracción política de extrema derecha, que financiaba y auspiciaba la configuración de grupos de matones con el objetivo de asesinar a los que consideraba como opuestos al progreso, voceros del comunismo internacional y enemigos del Brasil.


El asesinato de Chico Mendes no fue ni el primero ni el último que se efectuó en la amazonia brasileña, puesto que miles de dirigentes sindicales, militantes de izquierda, sacerdotes de la teología de la liberación, abogados e indígenas han sido asesinados desde finales de la década de 1970 en un desangre permanente que se mantiene hasta la actualidad en toda la selva amazónica brasileña y más allá.


Como suele ser habitual en este continente, el pretexto para justificar la persecución y asesinato de los luchadores populares es el del anticomunismo y Chico Mendes no fue la excepción, porque a él se le acusaba de ser un comunista y enemigo de Brasil que era alentado y financiado por intereses extranjeros. Incluso, en lo que parece ser un chiste, en una ocasión lo acusaron de ser un comunista financiado por las empresas imperialistas de Estados Unidos y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), agregando además que era un enemigo del Brasil, por su campaña internacional en defensa de la selva amazónica –por la cual le concedieron varios premios internacionales. Como parte de esa campaña, Chico Mendes denunció en una reunión del BID la magnitud de la destrucción de la selva, que se financiaba con los préstamos de esa entidad y exigió que esos dineros no llegaran al gobierno de Brasil.

 

Chico Mendes fue un precursor del ecosocialismo, porque logró unir las reivindicaciones vitales y laborales de la gente de la selva con la defensa irrestricta de esta última, sin despreciar ninguno de estos dos frentes de lucha anticapitalista. Su acción se inscribió en la órbita del “ecologismo de los pobres”, un término que se emplea para enfatizar que la defensa de los ecosistemas y la preservación de unas condiciones adecuadas de vida no es un privilegio de los países industrializados ni de las clases medias de los diversos países del mundo. Este ecologismo de los pobres defiende los ríos que son contaminados por las empresas mineras o petroleras, se enfrenta a las empresas que vierten desechos tóxicos en los barrios pobres de las ciudades o en las zonas rurales que habitan los campesinos e indígenas, se niega a aceptar que sean destruidos los ecosistemas como fuentes de vida y subsistencia para convertirlos en desiertos contaminados por los residuos de las transnacionales que los destruyen para sacar oro o plata… Estas luchas las adelantan campesinos, indígenas, mujeres pobres, trabajadores precarizados sin que ellos sepan, e incluso nunca hayan escuchado hablar de ecología.

 

Chico Mendes fue un representante de este ecologismo de los pobres.

Como parte de su legado debe rescatarse la radicalidad política y anticapitalista de su lucha, algo que se esconde y tergiversa, puesto que hasta entidades como el BID (Banco Interamericano de Desarrollo), caracterizada por ser genocida y ecocida a la vez, se presentan como continuadoras de la obra del luchador brasileño y sostienen que ahora si se está defendiendo la selva, bajo la orientación del BID y de las ONG que ese banco patrocina. Con esto simplemente se quiere borrar el sentido profundo de la lucha de Chico Mendes quien junto lo local y lo global, lo verde y lo rojo, lo social y lo ecológico y para ello constituyó un frente de lucha y resistencia contra los terratenientes y la agroindustria, como fue la Coalición de Pueblos del Bosque en defensa de la Amazonia brasileña. Fue a la vez socialista y ecologista, no un tecnócrata ambiental al servicio del capitalismo y tampoco un burócrata sindical que se reducía a la acción puramente reivindicativa sin relacionarla con la defensa del medio ambiente, ni un político socialista que se desentiende de la destrucción de la naturaleza, como si esa no fuera una lucha política.

 

Un aporte de larga duración radicó en su esfuerzo organizativo que condujo a la unidad entre los seringueiros y trabajadores que vivían de la extracción de otros frutos (como castaño, yute y algunas nueces), junto con los campesinos y los indígenas en la fundación de la Alianza de los Pueblos de la Selva, para enfrentar el latifundismo y al capitalismo agrícola y pecuario. Chico Mendes expreso al respecto: “Jamás uno de nuestros camaradas va a hacer correr la sangre de otro, juntos podemos defender la naturaleza que es el lugar donde nuestras gentes aprendieron a vivir, a criar a sus niños, y a desarrollar sus capacidades, en un pensamiento en armonía con la naturaleza, con el ambiente y con todos los seres que viven aquí”.

 

Además, el legado de Chico Mendes sigue vivo por la sencilla razón que, pese a algunas conquistas menores como la creación de algunas Reservas Extractivas, la destrucción de la selva y de sus habitantes continúa sin freno a la vista. Como lo ha indicado un estudio de investigadores de Brasil y de los Estados Unidos en el 2020 solamente se conservara un 5% de la selva en estado virgen. No se puede pensar algo distinto si se sabe que anualmente se destruyen 20 mil kilómetros cuadrados de selva.

 

En conclusión, Chico Mendes fue un pionero práctico del ecosocialismo porque en su vida relacionó en forma adecuada “socialismo y ecología, reforma agraria y defensa de la Amazonia, luchas campesinas y luchas indígenas, la supervivencia de las poblaciones locales humildes y la protección de un patrimonio de la humanidad -el último gran bosque tropical no destruido todavía por el ‘progreso’ capitalista-”. El proyecto ideológico y político de Chico Mendes se basaba en un principio de largo alcance, hoy más actual que nunca, que se puede sintetizar en una máxima sabía: “No hay defensa de la selva sin la defensa de los pueblos de la selva”, con lo que se sintetiza la necesaria confluencia de una lucha anticapitalista contra la explotación y contra la destrucción ambiental. Por todo ello, su ejemplo de lucha es una fuente de inspiración para afrontar los retos de la explotación y la destrucción ambiental que lleva a cabo el capitalismo, algo que se realiza indistintamente en Brasil y en el resto del mundo.

Notas:

1. Carlos Walter Porto-Gonçalves, “Chico Mendes, un ecosocialista”, en Cultura y representaciones sociales, año 3, No. 9, marzo de 2009.

2. Michael Löwy, Ecología y socialismo: el combate de Chico Mendes, disponible en http://www.fundanin.org/lowy8.htm

*Por Renán Vega Cantor para Izquierdos Humanos./ Texto publicado en papel en Revista CEPA, No. 19, agosto-diciembre 2014.

Fuente: https://latinta.com.ar/2018/03/el-angel-de-la-amazonia/

 

 

Valoremos las reflexiones de Renán Vega Cantor(1) y de Nils Castro(2) para promover cambios radicales de las grandes mayorías en su mirada sobre la realidad cotidiana, social e internacional.

 

  1. "El proyecto ideológico y político de Chico Mendes se basaba en un principio de largo alcance, hoy más actual que nunca, que se puede sintetizar en una máxima sabía: “No hay defensa de la selva sin la defensa de los pueblos de la selva”, con lo que se sintetiza la necesaria confluencia de una lucha anticapitalista contra la explotación y contra la destrucción ambiental. Por todo ello, su ejemplo de lucha es una fuente de inspiración para afrontar los retos de la explotación y la destrucción ambiental que lleva a cabo el capitalismo, algo que se realiza indistintamente en Brasil y en el resto del mundo".
     

  2. "En medio de las incertidumbres y las perspectivas de lo que ahora sucede ‑‑la crisis de la economía y del trabajo, las consecuencias que seguirán a la pandemia‑‑, de nueva cuenta La historia me absolverá, con su penetrante lectura de la complejidad social, de la cerrazón política y de sus alternativas, es un grito sobre lo que hoy toca comprender y lo que mañana podrá acontecer (o debemos hacer)".

 

De la crisis del trabajo al camino que viene

12 de agosto de 2020

Por Nils Castro (Rebelión)

Al discutir la pandemia de Covid-19 y sus consecuencias, que tan rápidamente han agravado la crisis económica que ya estaba en ciernes, es común referirse a la situación de “la clase trabajadora”. Esta hace años venía sufriendo el incremento de la cesantía, el subempleo, el trabajo precario y el “autoempleo”. La creciente privatización de las economías y concentración del gran capital han incrementado la desigualdad, el deterioro de los servicios públicos, la vulnerabilidad de esa clase y el número de los que, de antemano, difícilmente podían satisfacer sus necesidades básicas.

Desde la pandemia, quienes no tienen más medio de vida que la posibilidad de trabajar han arribado a una situación extrema. Según la OIT, el 81% de la fuerza de trabajo mundial es quien ahora más padece el cierre total o parcial de las actividades económicas. Se perdieron 305 millones de empleos formales en el segundo trimestre de este año, y de los 2,000 millones que subsisten en la economía informal, al menos 1,600 millones pueden quedar sin nada, tras una reducción del 60% de sus ingresos en el primer mes de la pandemia.[1]

Con el auge del neoliberalismo, muchas empresas abandonaron la producción de bienes para optar por el lucro en los negocios financieros. Además, desde la tercera y cuarta revoluciones tecnológicas, el gran capital acomete reestructuraciones que sus empresas más potentes promueven, para ahorrar costos, reponer su tasa de ganancias y acumular excedentes. Se modifican así las condiciones del mercado, a lo que los demás actores ‑‑económicos y políticos‑‑ han tenido que readecuarse. Esto incluye al mercado laboral, dado que estos cambios redefinen los tipos y reducen la cantidad de los trabajadores que las compañías emplean, dejando fuera a los otros.

Entre los afectados por ello están las organizaciones sindicales, que con eso no solo pierden afiliados, sino peso social y político. Y aunque las causas de malestar y protesta sociales crecen, en América Latina las grandes confederaciones sindicales ‑‑que salvo contadas excepciones y momentos‑‑ ya no representan ni encabezan a las mayorías populares. Las grandes movilizaciones de protesta en los meses previos a la pandemia, en Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Haití, Honduras, Puerto Rico y hasta en Estados Unidos, hoy expresan a multitudes autoconvocadas, social y culturalmente plurales, sin organización estable ni duradera. Representan a la variopinta muchedumbre que los latinoamericanos llamamos “la gente”, la cual ya está cabreada.

Pasados esquematismos ideológicos implantaron nociones que seguido no se adecúan ‑‑verbal ni conceptualmente‑‑ a nuestras realidades. En la práctica, la que llamamos clase obrera, o clase trabajadora, en nuestra América envuelve diversas configuraciones. En las áreas urbanas ese sector se fragmenta entre el empleo precario, los trabajadores por cuenta propia, los subcontratistas, los trabajos tercerizados, y la creciente suma de los trabajadores excluidos o cesantes, además de quienes conservan empleos formales, más proclives a formas sindicatos, cuando la ley no se los prohíbe.

Aparte de la creciente cifra de parados, en el conglomerado laboral conviven trabajadores independientes, empleados del comercio y administrativos, pequeñas empresas, talleres artesanales, micronegocios sostenidos por el dueño y su familia, comerciantes callejeros y empleadas domésticas. Como además trabajadores de la enseñanza pública y privada, así como los profesionales y técnicos independientes, dotados de conocimientos y hasta de medios de trabajo especializados –con frecuencia hostigados por interminables deudas e incertidumbres‑‑, de donde surgen no pocos dirigentes políticos. Además, están quienes tienen el privilegio de servir a empresas de tecnología avanzada[2]. Hay que investigar y proponer modos adicionales de organización.

A la par, con referencia al país rural llamamos campesinos a cuantos viven en el campo, pero que en la vida concreta son precaristas o minifundistas, trabajadores sin tierra, trabajadores estacionarios, pequeños y medianos productores, latifundistas que explotan peones o empresas nacionales y compañías transnacionales que explotan a obreros agrícolas.

Esa polifacética realidad del trabajo debe comprenderse dentro de la naturaleza plural, ‑‑más frecuentemente estudiada‑‑ de la heterogénea vida étnico‑cultural, socioeconómica y pluri‑regional de nuestros países. Vidahace siglos sometida a un complejo régimen de discriminaciones y exclusiones, relativas al nivel de ingresos, la región de origen o residencia, los rasgos raciales, sexo, edad y creencias de las personas, que les abren o cierran su acceso a status, empleos y oportunidades.

Ahora los efectos de la pandemia y la cuarentena expanden la crisis general ‑‑económica, social, política y ética‑‑ iniciada antes del Covid que, al incidir en el enjambre de reclamos de las diversas fracciones sociales, agita a un tropel de luchas dispersas. Aunque, a su vez, los intereses plutocráticos obtienen y consolidan ventajas. La crisis, al avanzar, polariza: los grandes consorcios acopian y concentran capitales, mientras los actores menos fuertes quiebran, la masa trabajadora empobrece y las capas medias ven cercarse el abismo.

Cuando esta pandemia termine muchos patrimonios se habrán perdido y no pocas pequeñas y medianas empresas habrán cerrado para siempre. Pero aunque los grupos más castigados son mayoritarios, tienen menor presencia real ante los órganos del poder político. Esta desventaja agrava su subordinación a las entidades y la cultura dominantes. Tanto más cuando la crisis igualmente se manifiesta en la corrupción de las relaciones entre el gobierno y los negocios privados. Como también en la pérdida de representatividad y eficacia del sistema político y de los partidos ‑‑incluso muchos de izquierda trancados en pretéritas formas de organización y comunicación‑‑. Y asimismo en el descrédito de los Parlamentos y el extravío de su legitimidad. Todo lo cual impone una cerrazón del sistema, que ya no asume las nuevas situaciones, necesidades y demandas de la población mayoritaria.

Al estudiar los grandes movimientos nacional‑populares latinoamericanos de los años 30 y 40 del siglo pasado –como el getulismo, el peronismo y el cardenismo‑‑, Ernesto Laclau concluyó que ante la cerrazón política de su tiempo, esos movimientos habían generado las motivaciones, el discurso y el liderazgo necesarios para equiparar y reunir la pluralidad de intereses, reclamos y expectativas de múltiples colectividades descontentas. Un proyecto capaz de asumir sus indignaciones y demandas ‑‑de distintos orígenes, carácter y localización‑‑ de la clase media, del barrio y del asentamiento rural, de los pequeños comerciantes, junto a las de los trabajadores y los carentes de empleo.

A la visión política y la corriente histórica de juntar esa alianza de reivindicaciones insatisfechas, y conjugarlas para formar un sujeto colectivo opuesto al poder establecido, Laclau la denominó populismo. Este daba cuerpo a una contracultura, como antes la llamó Antonio Gramsci, capaz de confrontar al sistema de poder y al sentido común dominantes, y erigirse como su adversario en la confrontación entre “nosotros” el pueblo y “ellos” la oligarquía, así como en el enfrentamiento liberador de la nación frente al imperialismo. Esa comprensión gramsciana del populismo es, a su modo ‑‑como corriente transgeneracional‑‑, un precedente del progresismo de inicios del siglo XXI (aunque probablemente ni Hugo Chávez, Lula ni Evo Morales hayan sido lectores de Laclau).

En los tiempos que hoy se precipitan, esa alianza de reclamos y reivindicaciones incluye otros factores: mayor complejidad y apremio sociales, menor protagonismo de las organizaciones sindicales, creciente presión del proletariado informal, y alta capacidad de “la gente” para comunicarse entre sí y autoconvocarse, incluso sin ser parte de organizaciones constituidas. Así como otras formas de organización, centradas no solo donde los obreros trabajan, sino en las comunidades donde el pobretariado y su prole cohabitan con sus semejantes.

Vale anotarque estas son los espacios socio‑territoriales donde el general Omar Torrijos llamaba a constituir sus núcleos de militancia, donde combinar la discusión de los temas nacionales con la atención a los problemas locales.

Al cabo, ¿quién es la materia de esa alianza plural de reclamos a quien se moviliza como nuevo sujeto político para trasformar la realidad, su propia realidad? Es “el pueblo”, ¿pero este quién es? No hay mejor respuesta ‑‑por su demostrado alcance como convocatoria masiva y su eficacia como proyecto para luchar juntos‑‑ que la del Fidel Castro en La historia me absolverá, publicada en 1953, unos 30 años antes de las primeras obras de Laclau.

Esa proclama, más allá de ser su alegato ante el tribunal tras el revés del asalto al cuartel Moncada, miraba al próximo futuro y fue su llamado al pueblo cubano a rebelarse. Allí dice:

“Entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, la gran masa irredenta, a la que todos ofrecen y a la que todos engañan y traicionan, la que anhela una patria mejor y más digna y más justa; la que está movida por ansias ancestrales de justicia por haber padecido la injusticia y la burla generación tras generación, la que ansía grandes y sabias transformaciones en todos los órdenes y está dispuesta a dar para lograrlo, cuando crea en algo o en alguien, sobre todo cuando crea suficientemente en sí misma, hasta la última gota de sangre”.[3]

Enseguida de lo cual Fidel describe ese complejo sujeto y lo convoca a protagonizar las siguientes etapas del acontecer nacional:

“Nosotros llamamos pueblo, si de lucha se trata, a los seiscientos mil cubanos que están sin trabajo deseando ganarse el pan honradamente […]; a los quinientos mil obreros del campo que habitan en los bohíos miserables, que trabajan cuatro meses al año y pasan hambre el resto compartiendo con sus hijos la miseria, que no tienen una pulgada de tierra para sembrar […]; a los cuatrocientos mil obreros industriales y braceros […], cuyas conquistas les están arrebatando, cuyas viviendas son las infernales habitaciones de las cuarterías, cuyos salarios pasan de las manos del patrón a las del garrotero, cuyo futuro es la rebaja y el despido, cuya vida es el trabajo perenne y cuyo descanso es la tumba; a los cien mil agricultores pequeños, que viven y mueren trabajando una tierra que no es suya […], que no pueden amarla, ni […] plantar un cedro o un naranjo porque ignoran el día que vendrá […] la guardia rural a decirles que tienen que irse; a los treinta mil maestros y profesores tan abnegados, sacrificados y necesarios al destino mejor de las futuras generaciones y que tan mal se les trata y se les paga; a los veinte mil pequeños comerciantes abrumados de deudas, arruinados por la crisis y rematados por una plaga de funcionarios filibusteros y venales; a los diez mil profesionales jóvenes: médicos, ingenieros, abogados, veterinarios, pedagogos, dentistas, farmacéuticos, periodistas, pintores, escultores, etcétera, que salen de las aulas con sus títulos deseosos de lucha y llenos de esperanza para encontrarse en un callejón sin salida, cerradas todas las puertas, sordas al clamor y a la súplica. ¡Ése es el pueblo, cuyos caminos de angustias están empedrados de engaños y falsas promesas; no le íbamos a decir: «Te vamos a dar», sino: «¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!»[4].

Algunos “politólogos” tal vez recuerdan La historia me absolverá como huella de un fallido intento, sin percatarse de cómo esa arenga tiende un arco que se proyecta desde aquel populismo, precursor de procesos de liberación nacional, hasta la recién pasada y la próxima marejadas del progresismo latinoamericano, para abrirle camino a un mundo mejor.

En medio de las incertidumbres y las perspectivas de lo que ahora sucede ‑‑la crisis de la economía y del trabajo, las consecuencias que seguirán a la pandemia‑‑, de nueva cuenta La historia me absolverá, con su penetrante lectura de la complejidad social, de la cerrazón política y de sus alternativas, es un grito sobre lo que hoy toca comprender y lo que mañana podrá acontecer (o debemos hacer).

Notas:

1[1]. Ver Simona Violett Yagnova, “Los desafíos del mundo del trabajo”, en Alai del 24 de julio de 2020.

2[1]. Ver Manuel Barrera Moreno, “Sector informal de la economía: ¿Nuevo sector social para la reestructuración de Chile?”, en Alai del 18 de julio de 2020.

3[1]. Ver Fidel Castro, La historia me absolverá, en http://www.radiorebelde.cu/26-julio-rebelde/lahistoriameabsolvera.html. Cursivas de NC.

4[1]. Ídem.

Fuente: https://rebelion.org/de-la-crisis-del-trabajo-al-camino-que-viene/