Qué AbyaYala – Noviembre 2021

Pluriverso de biomas y culturas en simbiosis está siendo arrasado por el capitalismo al implantar monoproducción agropecuaria a gran escala.

Las luchas territoriales interpelan a asumir el cambio radical en los enfoques e interpretaciones de los partidos políticos,  economistas e intelectuales de izquierdas sin verdaderos diálogos con los pueblos del Abya Yala.

Ofensiva del sistema mundo capitalista /
Alternativas emancipatorias

  Ofensiva del sistema mundo capitalista

Comprobamos la confrontación del Capital Estado con todos los pueblos del planeta en su propósito de continuar los ecocidios-genocidios por embaucamiento de hacerse cargo de la emergencia climática.

Antes aclaremos que hablar de «cambio climático» es usar un eufemismo por encubrir la responsabilidad del capitalismo de haber generado emergencia climática y estarla agravando. Las condiciones atmosféricas del planeta no son resultado de fenómenos y procesos evolutivos de la naturaleza y dependen de la salud de los ecosistemas y de sus interacciones que el sistema está arrasando.

En la actualidad el sistema mundo «impulsa la idea de que las «Soluciones Basadas en la Naturaleza» (SbN) pueden contribuir en gran medida a luchar contra el cambio climático. Sin embargo, cada vez más voces se alzan contra estas ‘medidas mágicas’ que en realidad NO son una ‘solución’ a la crisis climática, pero SÍ suponen un peligroso e injusto ataque a los pueblos indígenas y sus tierras».

Resumen informativo para periodistas

Pueblos indígenas y COP26

6 de noviembre de 2021

Survival

Los pueblos indígenas desempeñan un papel fundamental en la lucha contra el cambio climático. Sus tierras protegen el 80% de la biodiversidad mundial y, sin embargo, desde los incendios en la Amazonia hasta las marchas contra las minas de carbón en la India, los pueblos indígenas se juegan la vida para detener la destrucción de la naturaleza.

Con motivo de la celebración de la COP26, Survival International expone tres cuestiones clave que demuestran el papel central que los pueblos indígenas desempeñan en la lucha contra el cambio climático. Estas cuestiones visibilizan los abusos que sufren y que ponen de manifiesto la necesidad apremiante de reconocer su valioso conocimiento de los entornos naturales y de colocarlos en el centro de los debates para combatir la emergencia climática.

Soluciones basadas en la naturaleza y 30×30

Cada vez más, gobiernos, empresas y grandes ONG de conservación impulsan la idea de que las “Soluciones Basadas en la Naturaleza” (SbN) pueden contribuir en gran medida a luchar contra el cambio climático. Sin embargo, cada vez más voces se alzan contra estas “medidas mágicas” que en realidad NO son una “solución” a la crisis climática, pero SÍ suponen un peligroso e injusto ataque a los pueblos indígenas y sus tierras.

En gran medida, las SbN no son más que una nueva forma de referirse a los existentes proyectos de compensación de emisiones de carbono a los que se aplica un lavado de imagen con esta nueva forma de nombrarlos. Estas “soluciones” ponen precio a la “naturaleza”, ya que la conciben como un capital o activo de mercado que permite a las grandes corporaciones seguir contaminando a cambio de “compensar” sus emisiones de carbono, por ejemplo, plantando algunos árboles o “preservando” bosque existente.

La adopción a gran escala de las SbN se producirá a expensas de quienes tienen menor responsabilidad en la crisis climática, los pueblos indígenas y otras poblaciones locales, y desviará la atención de las verdaderas causas de la destrucción del medio ambiente y del cambio climático, y de los principales responsables: las emisiones de los combustibles fósiles, el consumo excesivo y la explotación de recursos liderada por el Norte Global y sus grandes empresas.

Probablemente la SbN más conocida es el “30×30”, el plan impulsado por gobiernos, ONG y la “Coalición de Alta Ambición por la Naturaleza y las Personas” para convertir el 30% de la Tierra en Áreas Protegidas para 2030: ello supondría duplicar la superficie actual de estos espacios.

Pero las Áreas Protegidas no resolverán la crisis climática. Además, su creación en tierras habitadas por pueblos indígenas y comunidades locales conlleva a menudo su desalojo y persecución. En África y Asia, por ejemplo, la gran mayoría de Áreas Protegidas han desembocado en la expulsión de pueblos indígenas y otras comunidades locales. Por ello, impulsar más Áreas Protegidas significará en realidad más robo de tierras, militarización, asesinatos, torturas y abusos en nombre de la conservación de la naturaleza.

La forma más eficaz y justa de luchar contra la pérdida de biodiversidad y el cambio climático es, con diferencia, dejar en manos de las comunidades locales el control sobre sus tierras y reconocer sus derechos de propiedad territorial: no es casualidad que el 80% de la biodiversidad de la Tierra se encuentre en territorios indígenas.

Survival trabaja con comunidades indígenas de la India que están siendo expulsadas para abrir el camino a Reservas de Tigres; y en la cuenca del Congo, donde los bakas, bayakas y otros pueblos han visto cómo les robaban sus tierras para crear una extensa red de Áreas Protegidas.

Notas para periodistas:

– Dossier de prensa: “Las Soluciones basadas en la Naturaleza son una gran mentira verde”
– El equipo de investigación de Survival conoce el tema y la zona en profundidad y tiene disponibilidad para entrevistas. También podemos facilitar contactos sobre terreno, imágenes, testimonios grabados en vídeo, etc. Contáctanos por email: comunicacion@survival.es; o por teléfono: +34 91 521 72 83

Destrucción de la Amazonia = genocidio indígena

Las selvas y bosques que son propiedad y están controlados por pueblos indígenas y comunidades locales contienen unos 37.700 millones de toneladas de carbono, 29 veces más que las emisiones anuales de los vehículos de pasajeros de todo el mundo.

Pero en la Amazonia, su rápida y creciente destrucción en los últimos años es bien conocida. El presidente Bolsonaro pisotea las regulaciones ambientales y sigue adelante con sus planes de abrir los territorios indígenas a la minería, la explotación forestal y la agroganadería. Tan solo entre marzo y mayo de 2020, el gobierno brasileño aprobó 195 actuaciones, entre ordenanzas, decretos y otras medidas, destinadas a desmantelar y esquivar, directa o indirectamente, diferentes leyes medioambientales.

Hay varios focos de tensión en Brasil que muestran las consecuencias letales de estas políticas:

– La única indígena contactada del pueblo indígena piripkura ha expresado su temor a que los madereros que operan ilegalmente dentro del territorio de su pueblo acaben pronto con las vidas de sus familiares sin contactar. Hace poco contaba a Survival International cómo los madereros masacraron a nueve de sus parientes en un ataque. Su hermano y su sobrino, que sobrevivieron a los ataques, viven aislados en la selva.

– El Territorio Piripkura está protegido por una Ordenanza de Protección Territorial que acaba de ser renovada por seis meses. Estas ordenanzas de emergencia se utilizan para proteger los territorios de los pueblos indígenas no contactados que no han pasado por el largo proceso de demarcación oficial. Siete territorios de pueblos indígenas sin contactar, y un millón de hectáreas de selva amazónica en Brasil, están protegidos por ellas. Pero políticos y agroganaderos antindígenas han urdido un plan secreto para eliminarlas y poder robar esas tierras para la explotación agroganadera, maderera, minera… Si consiguen su propósito, ello podría resultar en la aniquilación de pueblos indígenas enteros como consecuencia de un acaparamiento masivo e ilegal de tierras indígenas.

– Los yanomamis conforman el pueblo indígena relativamente aislado más numeroso de América del Sur. Viven en las selvas y montañas del norte de Brasil y del sur de Venezuela, y gestionan la mayor superficie selvática del mundo bajo control indígena. Por desgracia, también están en la primera línea de la retórica pro-minera de Bolsonaro. Unos 20.000 mineros de oro ilegales están destruyendo y contaminando sus ríos y propagando enfermedades. Las mafias criminales son cada vez más activas, controlan el mercado del oro y aterrorizan a los yanomamis con impunidad.

El destino de la Amazonia será el centro de atención durante la COP26. Estos casos que muestran luchas por sus tierras y por su supervivencia determinarán el futuro de la selva.

El auge de la minería en la India: ataque a los adivasis

La necesidad urgente de que todos los países reduzcan sus emisiones de CO2 ocupa un lugar destacado en la agenda de la COP26, por ello resulta chocante y sorprendente la historia poco conocida de lo que está sucediendo en el centro de la India.

Como parte de la campaña de Narendra Modi para que la India sea energéticamente autosuficiente, las empresas mineras estatales y privadas están llevando a cabo una expansión sin precedentes de la extracción de carbón en los bosques indígenas del cinturón central de la India. Su escala es impactante:

– Hay 55 nuevas minas planificadas.

– Se ampliarán 193 minas existentes.

– Se prevé que la producción aumente a 1.000 millones de toneladas al año en todo el país.

En el bosque de Hasdeo de Chhattisgarh, de un valor incalculable y una de las mayores zonas forestales del país, 10.000 gond, oraon y otros adivasis (indígenas) están organizando una resistencia desesperada para salvar sus tierras, sus medios de vida y su bosque sagrado. Hasta la fecha, ya se ha construido una enorme mina a cielo abierto en tierras adivasis: PEKB. La construcción de otra, Parsa, podría empezar de forma inminente. Cientos de adivasis participaron recientemente en una marcha de protesta de 300 km hasta la capital del estado.

Por toda la India, muchos adivasis han sido detenidos, perseguidos e incluso asesinados por rebelarse contra la minería.

Este caso resume perfectamente las contradicciones entre la retórica oficial de los gobiernos sobre el cambio climático y lo que de verdad ocurre sobre el terreno.

Nota para periodistas: el equipo de investigación de Survival conoce el tema y la zona en profundidad y tiene disponibilidad para entrevistas. También podemos facilitar contactos sobre terreno, imágenes, testimonios grabados en vídeo, y muchos más recursos. Contáctanos por email: comunicacion@survival.es o por teléfono: +34 91 521 72 83.

https://www.survival.es/noticias/12690

Fuente: https://rebelion.org/pueblos-indigenas-y-cop26/

Advirtamos que si bien Bolsonaro es derecha extrema, también los progresistas han procedido y proceden a desplegar la necropolítica implícita en los extractivismos o la única forma de acumulación gran capitalista en el Abya Yala, hoy más que nunca. Tengamos en cuenta a la:

GUERRA CONTRA LAS ÁREAS PROTEGIDAS Y TERRITORIOS INDÍGENAS: 

¡Comenzaron por el TIPNIS!

9 de febrero de 2021

Por: Pablo Villegas Nava, investigador

El día 5 de febrero del presente se produjo un nuevo asalto contra el TIPNIS. No obstante la situación desastrosa de la salud por efecto de la pandemia en Trinidad, el gobierno tuvo el tiempo y los recursos para armar un encuentro en esa ciudad, es decir fuera del territorio de los indígenas del TIPNIS, para fraguar la elección de una dirección paralela, que a continuación trató de tomar la sede de la Subcentral indígena y de someter a la dirección legítima, recientemente elegida en el 35º Encuentro de Corregidores, en diciembre pasado, en la comunidad Santa María de la Junta. Este acto está relacionado con los recientes despidos masivos de los directores de las áreas protegidas del país y de numerosos guardaparques, que fueron ejecutados por la nueva dirección del SERNAP. El objetivo era sustituir al personal por militantes mayormente sin antecedentes en el rubro; arquitectos, ingenieros comerciales, entre otros, lo cual muestra que lejos de una renovación se trata del descabezamiento de la institucionalidad de las áreas protegidas (AAPP).

Sustituyeron a un científico con un enemigo de los indígenas y del área protegida. ¿Por qué? El objetivo de estas medidas queda en evidencia con lo sucedido en el propio TIPNIS, donde a inicios de diciembre de 2020, despidieron al director del Parque Nacional, Rómer Miserendino, biólogo (UAGRM), máster en ecología y conservación (UMSA), e investigador asociado del Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado en las especialidades de mastozoología y ornitología, pese a que estaba amparado por la legislación que le garantizaba estabilidad laboral por ser padre de un niño gravemente discapacitado1 . En su lugar pusieron a quien fue brigadista de la “consulta” ilegal que pretendieron imponerles a los indígenas el 2012 con el objetivo de hacerles aprobar la construcción ¡Comenzaron por el TIPNIS! Los recientes despidos masivos de los directores de las áreas protegidas del país y de numerosos guardaparques, fueron ejecutados por la nueva dirección del SERNAP.

GUERRA CONTRA LAS ÁREAS PROTEGIDAS Y TERRITORIOS INDÍGENAS: de la carretera a través del territorio indígena y área protegida, lo que significaba la liquidación de ambos estatus. En pocas palabras sacaron a un científico para poner a un enemigo del área protegida y de los indígenas. La historia del TIPNIS es la del socavamiento de las AAPP y los territorios indígenas Esto es parte de una historia larga y elocuente.

El 2011 los indígenas del TIPNIS salieron en una marcha que se convirtió en una marcha nacional de indígenas entre cuyas demandas se destacaba la oposición a la construcción de la carretera. Aunque esta marcha fue brutalmente reprimida no lograron pararla. Pero después vinieron las represalias. Entre estas, se despidió al entonces Director del Área, Vladimir Orsolini. Para Adolfo Moye esto fue “…una represalia del gobierno, porque el ingeniero Orsolini siempre fue protegiendo la integridad del Parque Nacional.

Lo que quiere ahora el gobierno es un director que se sume a su lado para que inmediatamente se viabilice el proyecto carretero (e) inmediatamente dé el visto bueno, y firmar la ficha ambiental para la aprobación de la vía”.2 También fue despedido el indígena que había estado a la cabeza del SERNAP desde el 2006 porque, en uso de sus atribuciones, había manifestado públicamente su oposición a la carretera por el parque y territorio indígena. Lo reemplazaron por otro que la apoyara.

Más allá de lo relacionado con la carretera, el daño a la institucionalidad, a la razón de ser del SERNAP, fue enorme. El mensaje era claro: aunque fue creado para proteger las AAPP, no debía hacerlo. Pero sigamos viendo lo que sucedió después. Este nuevo director fue posteriormente destituido por corrupción. Le sucedió Félix Gonzáles Bernal, un trepador que saltó desde la prefectura (hoy gobernación) de Potosí.

Refiriéndose a sus calificaciones, la entonces ministra de Medio Ambiente Alexandra Moreira dijo al posesionarlo: “… tu experiencia como gobernador, como alcalde y que vienes de un área protegida a nosotros nos va a ayudar…”3 Cómo si el simple hecho de venir de un área protegida ya fuera algo. ¡Experiencia en ganar cargos y sin relación con el SERNAP! Y él dijo, refiriéndose a la protección de las AAPP “…un país sin recursos no avanza. No se pueden hacer programas productivos ni sociales”.“Trabajaremos por un cambio profundo en el SERNAP, que no se quede en esas ideas neoliberales (…)”4 .

Esto de que el SERNAP proteja el medio ambiente eran ideas “neoliberales”. Las AAPPs son un invento del imperialismo había dicho con precisión matemática el entonces vicepresidente, García Linera. Era la línea de Morales: “Cuando queremos construir caminos (…), algunos hermanos indígenas no quieren que se construya el camino; cuando queremos explorar como gobierno más gas o petróleo que nos da la Madre Tierra (…), no quieren algunos hermanos; cuando queremos construir plantas hidroeléctricas (…), no quieren algunos hermanos…”5 y cuando los indígenas se movilizaron en la 8va marcha, dijo que ellos eran “…los principales beneficiarios” de la distribución de tierras y que promovería un debate, ya que en promedio cada familia tiene más de 800 has (en otra oportunidad dijo que eran 450 has).

En la gestión de este Director se aprobó el D.S. 2366 que abrió las AAPP a las actividades petroleras, que sometía al SERNAP a las limosnas de estas empresas, y él, naturalmente, lo apoyó. Después decidió brincar a un trabajo consular; pasó un curso de capacitación y se fue. Le siguió el que había sido el primer ministro del “ministerio del agua”, una especie de cadalso del Ministerio de Medio Ambiente, liquidado por el MAS el 2006. Lo de “medio ambiente” se lo pasó al ministerio de Desarrollo Rural, juntando las funciones incompatibles de conservar y explotar, lo que sería una característica de ese gobierno.

El Ministerio de Medio Ambiente fue repuesto el 2009, momificado y servil como nunca, convertido en uno más de los ministerios de propaganda del régimen. En el fondo continuó el sutil socavamiento de la institucionalidad medioambiental: por una parte, de los instrumentos de gestión, entre otras cosas, engordando la categoría cuatro de la EIA -la que libera de evaluación de impacto- hasta el extremo de meterle actividades hidrocarburíferas, y por otra, de las instituciones mismas, una de las más importantes, el SERNAP porque sin protección, no hay AAPP y sin éstas el destino de muchos territorios indígenas queda colgando de un hilo.

El SERNAP bajo la dirección de Abel Mamani Volviendo al que fue la primera cabeza del nuevo ministerio; salió despedido por publicaciones de prensa que ponían en duda su integridad moral debido a unas fotos lascivas en Europa, al parecer, según la prensa, a cuenta del Estado6 ; y, por irregularidades con la empresa pública de agua de La Paz y El Alto. En fin, fue éste quien, a pedido de Morales, en abril de 2017, se hizo cargo del SERNAP7 , como para concluir lo iniciado desde el ministerio del agua. Durante su estadía en la institución ardieron más de 5 millones de hectáreas de bosque, más que toda Costa Rica; se rezonificaron varias AAPP, como Tariquía y Carrasco, debilitando su protección a fin de facilitar específicamente las actividades hidrocarburíferas de empresas de Brasil y Holanda, en la primera, la construcción de una hidroeléctrica por una empresa china, en la segunda.

Como resultado de esta estrategia de destrucción de la institucionalidad medioambiental, tuvieron que ser los pobladores de Tariquía quienes salieron a defender su área protegida contra las petroleras que venían con respaldo policial del gobierno y de la cúpula del SERNAP.

Y así también continuó la construcción ilegal de puentes de ingreso al TIPNIS, entre otras barbaridades. La actual dirección vino a retomar ese trabajo. Lo que sucede ahora en el TIPNIS es un presagio para todo el país Lo que sucede ahora en el TIPNIS deja en claro que el gobierno se ha decidido a lanzar una nueva ofensiva contra las AAPP y los territorios indígenas y que su destrucción constituye uno de los objetivos de esta nueva gestión del MAS, objetivo que ha venido proclamando su líder, Evo Morales, especialmente desde la 8va. marcha indígena, mientras en el exterior se hace pasar por indígena y defensor de la madre tierra.

Fuente: https://cedib.org/wp-content/uploads/2021/02/pub_nuevo_aataque_al_Tipnis.pdf

Destaquemos cómo el acaparamiento de tierras que se concreta en la expansión de los extractivismos exige al Capital Estado su viraje de la forma ‘democrática’ de la lucha de clases a la guerra contra quienes recuperan territorios. De ahí que hoy:

“Se ha montado una campaña de enemigo interno contra los mapuche en Chile y Argentina”

10 noviembre 2021

Por Minga

Simultáneamente, en Chile y Argentina, se viven momentos de tensión y conflictividad a causa de las acciones represivas anti mapuche que vienen gestando sectores del poder político y económico, hechos que ocurren en el marco de diversos procesos de recuperaciones de tierras de comunidades y de activas protestas en ambos lados de la cordillera contra industrias extractivistas: Petroleras-fracking, minería, forestales, energía, agroindustria terrateniente e industria inmobiliaria.En el marco de la militarización del territorio mapuche, bajo un estado de excepción, y del reciente asesinato de un joven mapuche (Yordan Llempi ), por integrantes de las fuerza armadas de infantería marina en el sur de la Provincia de Arauco, el subsecretario del interior de Chile, Juan Francisco Galli,  visitó Argentina para reunirse con Aníbal Fernández, Ministro de Seguridad, para construir una red y “ abordar en conjunto acciones para afrontar la radicalización y violencia de grupos en la zona sur”, publicó La Tercera este 6 de noviembre..

Representaciones de diversas comunidades y organizaciones mapuche de tres provincias de Puelmapu, Sur de Argentina,  hicieron un llamado a la sociedad el 25 de octubre este año, a rechazar la violencia, represión y hostigamiento que sufren en distintos puntos del territorio, que tiene su último antecedente en el  lof Quemquemtrew en Cuesta del Ternero (Río Negro), donde la comunidad realiza una recuperación territorial.

Con respecto a un incendio que por esos días afectó la sede del Club Andino Piltriquitrón, El Bolsón, localidad rionegrin, la dirigenta Soraya Maicoño, vocera de una de las comunidades mapuche en El Bolsón, aseguró que se trató de un montaje, un “auto atentado” y criticó la campaña para instalar la figura del “enemigo interno”.

En Argentina, varios medios y a través de amplias campañas en redes sociales se ha buscado instalar perfiles de grupos terroristas con influencia de radicalizados desde Chile para provocar un clima de violencia rural, incluso con la difusión de un supuesto “ Manuel mapuche que enseña a generar un clima de descontrol y caos”, destruir y paralizar infraestructura e inversiones”, denominado Kutralwe, el que, según publicaciones, fue elaborado por “mapuches chilenos”, consignó Infobae, entre otras fuentes, hecho que ha sido tajantemente desmentido por organizaciones en Puelmapu y sindicada como parte del montaje desplegado.

Además de esta campaña para impulsar una política represiva, en Argentina (al igual como ha ocurrido en Chile), se ha instalado por ciertos sectores que los mapuche no son originarios de Argentina, sino araucanos provenientes de Chile, con el fin de deslegitimar toda acción reivindicativa por derechos. Asimismo, que los mapuche masacraron a los Tehuelche, entre otras campañas racistas y con denostaciones.

Frente a uno de estos elementos, diversos científicos salieron al paso para aclarar dichos relatos: “ Los mapuches no son chilenos, y no exterminaron a los tehuelches«, consignaron investigadores nucleados en la Sección Etnología, perteneciente al Instituto de Ciencias Antropológicas de la Universidad de Buenos Aires, quienes, a su vez, comunicaron su preocupación, por la recurrencia de discursos y relatos sesgados y erróneos sobre la realidad de los pueblos indígenas actuales y sus orígenes, manifestando la preexistencia mapuche en ambos lados de la cordillera y de las falsedades del exterminio “tehuelche”, que en realidad se relaciona a los pueblos australes como el aonek’enk., quienes luchan por su sobrevivencia, indicando al respecto: “Los responsables de su marginación e invisibilización no fueron los mapuches, sino las políticas de colonización».

La operación anti mapuche que precede: “Operación Andes”

No es primera vez que ocurre en ambos lados de la cordillera operaciones y campañas antimapuche. El 2017, luego que en Chile unidades de inteligencia de carabineros, como la Dipolcar y la Unidad de Inteligencia Operativa Especializada de Carabineros (UIOE), levantaban el fallido plan montaje “ Operación Huracán”, en Argentina, el gobierno de Macri implementaba “ El Comando Unificado”, bajo la “justificación” de un enemigo interno, radicalizado, para implementar una política represiva en las Provincias de Neuquén, Chubut y Río Negro, la que previamente había arrojado los asesinados de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel en Bariloche.

En Ngulumapu (Chile), Camilo Catrillanca Marin, fue asesinado el 14 de noviembre de 2018, tras recibir, por la espalda, un tiro en su cabeza, mientras intentaba proteger a un niño que lo acompañaba en un tractor. El proyectil fue disparado por el GOPE – Comando Jungla. Según informes policiales de inteligencia, Camilo Catrillanca, ya estaba previamente en la mira. El documento -“Exposición coordinación zona control orden público”– que CIPER reveló a fines de noviembre del 2018 lo indicaba, el que fue elaborado por la extinta Unidad de Inteligencia Operativa Especializada de Carabineros (UIOE).

Previo al asesinato de Camilo Catrillanca, la “Operación Huracán” que además de las unidades de inteligencia, involucró a ciertos  sectores políticos y ciertos operadores de justicia en el 2017, generó una amplia red de ilícitos, con cifras que van desde cientos a miles de teléfonos intervenidos, chat de watsap falsos, atentados montajes, aplicación de ley anti terrorista y seguidilla de criminalización a numerosas personas mapuche, todo, en el marco de  reivindicaciones de comunidades mapuche por derechos, principalmente sobre tierras ancestrales que involucra intereses de las empresas forestales y ciertos latifundistas de origen colonial.

La Operación Huracán no era aislada, era la antesala a la Operación Andes que intentaba llevarlo a un escenario internacional y transfronterizo (Chile – Argentina), con el involucramiento de  personeros de los gobiernos de Chile y Argentina, tal cual sucede hoy con el subsecretario chileno Juan Francisco Gali y Aníbal Fernández, Ministro de Seguridad argentino.

Según investigación y publicación de Ciper Chile, las supuestas dos creaciones del “profesor” Álex Smith (Antorcha y Tubicación), la unidad de Inteligencia de Carabineros de La Araucanía preparaba el escenario para la “Operación Andes”, en la que aparecía un “tráfico de armas” desde Argentina hacia comunidades en Chile, pero todo se vino abajo con el desmoronamiento de la operación Huracán que daba cuenta que todo fue una invención.

Las operaciones se cayeron y hubo una serie de acusaciones cruzadas que incluyeron intentos de manipulación de evidencia y montajes entre agentes de inteligencia de Carabineros y fiscales, hechos que hoy se ventilan en un juicio que se desarrolla en Chile y que involucra la acusación contra numerosos ex agentes de carabineros.

Así como se reunían personeros de gobierno, también se realizaron diversos  viajes e intercambios de fiscales y policías de Neuquén y la Araucanía. «En la Patagonia argentina no hay terrorismo ni grupos armados, menos movimiento o intercambio de armas con Chile. Hay solamente un pueblo reclamando acceso a la tierra, mientras esta misma tierra se va transformando en un gran espacio en manos de terratenientes, de empresas extranjeras, de ricos y famosos. No compartimos para nada el enfoque del fiscal», señalaba a medios en diciembre del 2017, el werkén Jorge Nahuel, vocero de la Confederación Mapuche de Neuquén.

Desde mediados de octubre de este 2021, La fiscal federal de la Provincia de Río Negro en Argentina, Sylvia Little solicitó medidas para investigar “ la existencia de una organización destinada a imponer sus ideas por la fuerza”, acción luego de la denuncia por “terrorismo” que presentó la gobernadora de Río Negro, Arabela Carreras. Simultáneamente en Chile se ha venido forzando un estado de excepción militarizado en tierras mapuche, bajo el pretexto de controlar “narco terrorismo, robo de madera y crimen organizado”, mientras el tema de fondo sigue siendo  las numerosas reivindicaciones por tierras que sostienen comunidades mapuche y que involucra los intereses de empresas forestales y latifundistas, mientras el gobierno de Piñera desde el 2020  ha  estancado las políticas indígenas para la compra de tierras que establece la ley indígena 19.253.

A partir del año 2017, la figura del “enemigo interno” en Argentina se concentraba en una organización denominada RAM (Resistencia Ancestral Mapuche), como excusa de las acciones represivas en el sur de Argentina. En Chile, en esa línea,  se ha mantenido por años la figura de la Coordinadora Arauco Malleco, organización que abiertamente ha señalado que sus acciones de sabotaje son al gran capital del empresariado que acapara tierras ancestrales mapuche, reiterando  que sus objetivos no son civiles, rechazando y condenando a su vez, el narcotráfico en comunidades, considerando también que parte de las últimas acciones de represión del estado chileno y de intervención en comunidades, se ha montado bajo la figura de la “ley de drogas”, como parte de las nuevas estratégicas desde el poder represivo.

Sin embargo, ha llamado la atención, que en este último tiempo, una de las figuras que se ha levantado mediáticamente por sectores de la extrema derecha en redes sociales y por medios masivos comerciales, se trata del grupo “Weichán Auca Mapu”, quien apareció en un  bullado video, luego del asesinato del joven Mapuche Yordan Llempi el 3 de noviembre en la Provincia de Arauco, exhibiendo diverso armamento de grueso calibre por una veintena de individuos, con ropa camuflaje.

Cabe consignar que en el marco de los montajes de inteligencia, 28 camiones fueron quemados de la empresa Sotraser (del holding Bethia) en la madrugada del 28 de agosto de 2017, en San José de la Mariquina, acción montaje que pasó a denominarse “Operación Huracán II”,  según consigna Ciper Chile, cuyos informes de inteligencia presentaron diversas inconsistencias,  se declaraba desde la Fiscalía. Se trató de un montaje y con amplia publicidad, se había difundido que la organización detrás de este atentado, era: “Weichán Auca Mapu”, quien,  según diversos medios, se había adjudicado el accionar. “El grupo mapuche Weichan Auka Mapu se habría adjudicado el atentado contra 29 camiones de la empresa Sotraser ocurrido en San José de la Mariquina el pasado 28 de agosto. Sumado a ello. reconoció otras 14 acciones de sabotaje en las regiones del Biobío, La Araucanía y Los Ríos”, consignaba 24 horas, resaltando que, en la supuesta declaración “desarrolla en la practica la línea de la violencia defensiva, traducida en el sabotaje de empresas forestales, proyectos hidroeléctricos y energéticos”.

Sobre el video del supuesto grupo armado Weichán Auca Mapu, Aucán Huilcamán, werken del Consejo de Todas Las Tierras y candidato a diputado en la Araucanía,  sostuvo a CNN este 5 de noviembre, que “ese video que han hecho circular, no tiene ninguna credibilidad desde el mundo mapuche” y manifestó un punto que le llama especialmente la atención en este y otros grupos que se han difundido: “Es curioso es que no actúan, solo anuncian”.

En ese sentido, el dirigente mapuche recordó un episodio de la famosa “Operación Huracán” que hoy tiene a sus principales responsables con medidas cautelares en pleno juicio: “Mi teléfono personal estuvo intervenido durante seis meses para vincularme con hechos de terrorismo y narcotráfico“, denunció.

El Ciudadano

Fuente: https://www.biodiversidadla.org/Noticias/Se-ha-montado-una-campana-de-enemigo-interno-contra-los-mapuche-en-Chile-y-Argentina

En consecuencia, contra la ofensiva del sistema mundo capitalista y sus locales para acaparar tierras y los otros bienes comunes naturales pero también los sociales, se hallan los pueblos originarios en la primera línea. Autoperciben su vida arraigada en el respectivo territorio ancestral como comunidad, cultura y espiritualidad en simbiosis histórica de siglos con esa particular zona geográfica.

Valoremos que la actual emergencia climática es la expresión contundente de la socioecológica a que el capitalismo ha conducido y agrava al expandir su acumulación oligopólica por devastación de la naturaleza y destrucción de equilibrios ecológicos de la salud planetaria. Por eso, como señala Survival International, los pueblos indígenas desempeñan un papel fundamental en la lucha contra el cambio climático. Sus tierras protegen el 80% de la biodiversidad mundial y desde los incendios en la Amazonia hasta las marchas contra las minas de carbón en la India, los pueblos indígenas se juegan la vida para detener la destrucción de la naturaleza.

Agreguemos que nos enseñan apreciar la simbiosis de la humanidad con la naturaleza y la autoorganización comunal según principios de buenos vivires convivires.

Alternativas emancipatorias

Examinemos en qué consiste el viraje de visión a realizar para entablar la imprescindible unión en diversidad de cada agrupamiento plurinacional o país sin fronteras hacia la autoorganización del despliegue horizontal del antagonismo irreconciliable con el Capital y su Estado. También hacia la confederación democrática del Abya Yala. Indagaremos sobre qué superar a través de:

La teoría de la dependencia desde
el mirador de Galeano

29 de octubre de 2021

Por Claudio Katz

(…) Primarización y extractivismo son los dos términos actualmente utilizados, para denunciar la obstrucción al crecimiento productivo e inclusivo, que Galeano destacaba hace cinco décadas. En las Venas Abiertas se describe cómo la sumisión de la región al mandato externo de los precios de las commodities genera ese ahogo.

Pero esa vulnerabilidad ya no es vista en la actualidad como un simple efecto de inexorables procesos de desvalorización de las exportaciones básicas. Muchos economistas han desentrañado la dinámica cíclica de esos precios en el mercado mundial y han estudiado el complejo proceso de sucesivos encarecimientos y abaratamientos de las materias primas. El gran problema radica en que esas fluctuaciones siempre obstruyen el desenvolvimiento por la condición dependiente de toda la región.

América Latina nunca aprovecha los momentos de valorización de las exportaciones e invariablemente padece los períodos opuestos de depreciación. En la coyuntura actual de altos precios, esas adversidades se verifican por ejemplo en el encarecimiento de los alimentos. La exportación de trigo y carne se ha tornado una desgracia para adquisición cotidiana de pan y el consumo de proteínas.

Galeano describió una desventura económica resultante del adverso manejo de la renta agraria, minera y energética en toda la región. La gravitación de esa remuneración a la propiedad de los recursos naturales se acentuó en las últimas décadas. Las grandes potencias disputan -con la misma intensidad que en el pasado- el apreciado botín de las riquezas latinoamericanas. La región continúa sufriendo la confiscación sistemática de ese excedente, en una dinámica que combina la erosión de la renta con su expropiación.

Actualmente Estados Unidos disputa con China (y en menor medida con Europa) la apropiación de los recursos naturales de la región. Los colosos mundiales ya no acaparan sólo excedentes de granos o carne. También capturan minerales estratégicos como el litio y depredan sin ninguna freno la fauna marina.

A diferencia de otras economías no metropolitanas (como Australia o Noruega) que aprovechan la renta para su desenvolvimiento, América Latina sufre el drenaje de ese excedente. No logra transformarlo en inversión productiva por el lugar subordinado que ocupa en la división global del trabajo. Ese sometimiento explica también el comercio desfavorable con los grandes adquirientes de las exportaciones de la zona.

 América Latina no negocia en bloque sus intercambios con China y los resultados de las tratativas país por país son invariablemente adversos. Las desventuras que retrató Galeano hace cincuenta años vuelven a reciclarse en la actualidad.

Repliegues de la industria

En las Venas Abiertas se describe cómo los procesos históricos de industrialización quedaron obstruidos en América Latina por las políticas librecambistas. Ese “industricidio” aniquiló las manufacturas del interior en Argentina y destruyó el incipiente desenvolvimiento de Paraguay, que buscaba introducir los cimientos de una estructura fabril independiente. Posteriormente las redes ferroviarias gestadas en torno a los embudos portuarios afianzaron el ahogo industrial. La mano visible del estado no intervino -como en Estados Unidos- para asegurar el despunte de un poderoso tejido fabril.

Ese ahogo industrial fue parcialmente modificado en la segunda mitad del siglo XX por los procesos de sustitución de importaciones. Ese modelo alumbró el surgimiento de estructuras industriales frágiles, pero ilustrativas de la potencial expansión manufacturera. Galeano escribió su libro en el ocaso de ese esquema y al cabo de cincuenta años, el panorama industrial es nuevamente desolador en el grueso de América Latina.

La actividad fabril se ha replegado en Sudamérica y tiende a especializarse en Centroamérica en los eslabones básicos de la cadena global de valor. Este adverso escenario es frecuentemente descripto con retratos de una “desindustrialización precoz” de la región, que difiere por su mayor nocividad de las deslocalizaciones prevalecientes en las economías avanzadas. En todos los rincones de América Latina se ha profundizado el distanciamiento con la industria asiática y muchos emprendimientos fabriles desaparecen antes de alcanzar su madurez.

En los países medianos ese deterioro afecta al modelo forjado para abastecer el mercado local. En Brasil el aparato industrial perdió la dimensión de los años 80, la productividad se ha estancado, el déficit externo se expande y los costos aumentan al compás de una creciente obsolescencia de la infraestructura. En Argentina el declive es mucho mayor.

También el modelo de las maquilas mexicanas afronta graves problemas. Continúa ensamblando partes de las grandes fábricas estadounidenses, pero ha perdido gravitación frente a los competidores asiáticos. La renegociación del tratado de libre comercio con Estados Unidos dio simplemente lugar a otro convenio (T-MEC), que renueva la adaptación de las fábricas fronterizas a las necesidades de las compañías del Norte.

El grueso de los países de la región continúa negociando (y aprobando) convenios de libre comercio que erosionan el tejido económico local. En todos los casos se afianza la desprotección interna frente a la incontrolable invasión de importaciones. Esa adversidad no ha frenado las tratativas del MERCOSUR para suscribir un convenio de libre-comercio con la Unión Europea, ni tampoco las negociaciones de acuerdos unilaterales con China.

La regresión industrial que afecta a la región actualiza todos los desequilibrios del ciclo dependiente que estudiaron los teóricos de la dependencia. En los años 70 resaltaban el sistemático drenaje de recursos que afectaba al sector manufacturero, a través del giro de utilidades. El mayor predominio de los capitales foráneos acentuó en las últimas décadas esa obstrucción al proceso local de acumulación.

Pero a diferencia de los años 70 el retroceso actual de la industria latinoamericana coexiste con el gran despunte de sus equivalentes asiáticos. Basta observar el ensanchamiento de la brecha que separa a Corea del Sur con Brasil o Argentina para notar la magnitud de ese cambio. Mientras que América Latina era funcional al viejo modelo de mercados internos del capitalismo de posguerra, el Sudeste Asiático tiende a optimizar el salto registrado en la internacionalización de la producción.

Muchos autores heterodoxos suponen que la divergencia entre ambas zonas sólo obedece a la implementación de políticas económicas contrapuestas. Estiman que los asiáticos optaron por el camino acertado que desecharon sus pares de América Latina. Pero esa mirada olvida todos los condicionamientos estructurales que impone la maximización de la ganancia en la división mundial del trabajo.

Las tesis dependentistas resaltan ese condicionamiento que el libro de Galeano también detalla. Allí se explican las adversidades históricas estructurales que afronta la región.

Desposesión y explotación

Las Venas Abiertas denuncia los sufrimientos de la población explotada en todos los rincones de América Latina. No habla sólo de la esclavitud y el servilismo del pasado. Describe las condiciones inhumanas de trabajo que imperaban hace cinco décadas. La actualidad de esas observaciones es particularmente impactante en el dramático contexto actual de deterioro social.

El neoliberalismo no sólo agravó el desempleo y la informalidad laboral. Afianzó además un terrible ensanchamiento de las brechas de ingresos, en la región más desigual del planeta. Esa polarización explica la aterradora escala de la violencia que impera en las grandes ciudades. De las 50 urbes más peligrosas del planeta 43 se localizan en América Latina.

La degradación social que afecta a la región, en gran medida obedece a la renovada expulsión de campesinos que impuso la transformación capitalista del agro. Esa mutación potenció la descontrolada expansión de una masa de excluidos que arriba a las ciudades para ensanchar el ejército de los desocupados. La carencia de trabajo en las grandes urbes y la bajísima remuneración de los empleos existentes explican el enorme acrecentamiento de la informalidad. En este marco se ha masificado la narco-economía como refugio de supervivencia.

La especialización latinoamericana en exportaciones básicas es complementada en algunas economías de Centroamérica por el desarticulado crecimiento del turismo. Es la única actividad creadora de empleos en muchas localidades de esa región. En todos los casos, la ausencia de puestos de trabajo multiplica la emigración y la consiguiente dependencia familiar de las remesas. Enormes contingentes de jóvenes desempleados tienen simultáneamente vedado el arraigo y la emigración. No encuentran ocupación en sus localidades de origen y son perseguidos al ingresar en Estados Unidos

Los promedios regionales de pobreza continúan desbordando en América Latina al segmento precarizado y afectan a una enorme porción de los trabajadores estables. Esos datos no han cambiado desde la aparición del libro de Galeano.

También persiste la fragilidad de la clase media, en una región con reducida presencia de ese estrato. En comparación a los países avanzados, los sectores intermedios aportan un colchón muy exiguo, al abismo que separa a los acaudalados de los empobrecidos. Ese segmento está mayoritariamente integrado por pequeños comerciantes (o cuentapropistas) y no por profesionales o técnicos calificados.

Este adverso escenario se agravó en forma dramática durante la pandemia del último bienio. En términos porcentuales, América Latina fue la región con más contagios y fallecidos del planeta y sufrió también el mayor impacto económico-social de la infección.

La caída del PBI duplicó en la zona los promedios internacionales y ese deterioro profundizó la desigualdad. El 50% de la masa laboral (que sobrevive en la informalidad) fue severamente afectado por la retracción económica que impuso el coronavirus. Esos sectores debieron acrecentar sus deudas familiares para contrarrestar la brutal caída de ingresos.

También la brecha digital se acentuó en toda la región e impactó con gran dureza a los niños empobrecidos que perdieron un año de escolaridad. Ese deterioro de la educación genera efectos explosivos por su entrelazamiento con la creciente precarización laboral. Las grandes empresas aprovechan el nuevo escenario para reducir costos laborales, con nuevas formas de teletrabajo que multiplican la explotación de los asalariados.

En las últimas cinco décadas los capitalistas recurrieron a numerosos mecanismos, para compensar su debilidad internacional con mayor explotación de la fuerza de trabajo. Por esa razón la brecha de salarios que separa a la región con las economías centrales se expandió en forma muy significativa. La tendencia mundial a la segmentación laboral -entre un sector formal-estable y otro informal-precarizado- presenta en América Latina una escala pavorosa.

Esa disparidad corrobora la vigencia del diagnóstico dependentista y confirma la continuidad de los mismos problemas que Galeano observó en el mundo trabajo. Cincuenta años después todas sus observaciones se corroboran a otra escala.

La vieja pesadilla del endeudamiento

En las Venas Abiertas se denunciaba la triplicación de la deuda externa entre 1969 y 1975 y el consiguiente afianzamiento de un círculo vicioso que ahoga a la economía de la región. Ese encadenamiento obliga a Latinoamérica a seguir un libreto de aumento de las exportaciones, extranjerización industrial y auditoría de los banqueros que impone el FMI. Galeano señalaba que esas exigencias consolidan a su vez la acción de los capitalistas estadounidenses, que controlan gran parte de la región mediante el manejo de las finanzas.

En los últimos cincuenta años esa pesadilla se mantuvo sin cambios estructurales  y acentuó los desequilibrios fiscales y los déficits externos, que engrosan los pasivos y precipitan nuevas crisis.

Durante la era neoliberal se registraron períodos de distinta gravedad de ese vasallaje financiero. En la década pasada la apreciación de las materias primas y el ingreso de dólares permitieron cierto alivio, pero cuando el respiro comercial desapareció el endeudamiento resurgió con gran intensidad. En la actualidad el FMI (y los fondos de inversión) intervienen nuevamente en forma protagónica, en la administración de una deuda inmanejable.

En los momentos más dramáticos de la pandemia el FMI emitió hipócritas mensajes de colaboración. Pero en los hechos se limitó a convalidar un irrisorio alivio del pasivo entre un grupo minúsculo naciones ultra-empobrecidas. Repitió la actitud asumida frente a la crisis del 2008-2009, cuando combinó convocatorias formales a la regulación internacional de las finanzas con mayores exigencias de ajuste para todos los deudores.

La tradición dependentista ha evitado el análisis del endeudamiento en simple clave de especulación financiera. Destaca que el creciente peso de los pasivos expresa la fragilidad productiva y comercial del capitalismo dependiente. La vulnerabilidad financiera de América Latina sólo complementa esas inconsistencias.

Hay agobio con el pago de intereses, con refinanciaciones compulsivas y con cesaciones de pagos por el perfil subdesarrollado de economías primarizadas, signadas por la flaqueza de la industria y la elevada especialización en servicios básicos. El endeudamiento no se dispara sólo por el “saqueo de los financistas”. Refleja la creciente debilidad estructural de los procesos de acumulación.

La región no está exenta del proceso de financiarización que caracteriza a todas las clases dominantes del planeta. Pero la mutación central que se ha verificado en América Latina ha sido la transformación de las viejas burguesías nacionales en nuevas burguesías locales.

El texto de Galeano estaba aún inscripto en el primer período. Desde ese momento han perdido gravitación los grupos capitalistas que privilegian la expansión de la demanda con producciones orientadas al mercado interno. Ganaron peso los sectores que priorizan la exportación y prefieren la reducción de costos a la ampliación del consumo.

Ese giro confirmó también todos los diagnósticos dependentistas sobre el entrelazamiento del gran capital latinoamericano con sus pares del exterior. La localización de grandes fortunas locales en los paraísos fiscales y la estrecha asociación gestada por las principales compañías de la región con empresas transnacionales, ilustran esa simbiosis. El endeudamiento que denunciaba Galeano apuntaló esa mutación de las clases dominantes.

Crisis tormentosas

El libro del escritor uruguayo conmueve por el desgarrador retrato que presenta de la realidad cotidiana de América Latina. Ese escenario está condicionado por la sistemática irrupción de las agobiantes crisis que impone el capitalismo dependiente. Estas convulsiones derivan, a su vez, del estrangulamiento externo y del periódico recorte interno del poder adquisitivo.

La era neoliberal que sucedió a la aparición de las Venas Abiertas estuvo signada por crisis económicas más frecuentes e intensas, que precipitaron mayores recesiones e indujeron gigantescos socorros de los bancos. Esas turbulencias fueron invariablemente desencadenadas por los estrangulamientos del sector externo, que generan los desequilibrios comerciales y la pérdida de recursos financieros.

Como las economías latinoamericanas dependen del vaivén de precios de las materias primas, en los períodos de valorización exportadora afluyen las divisas, se aprecian las monedas y se expanden los gastos. En las fases opuestas los capitales emigran, decrece el consumo y se deterioran las cuentas fiscales. En el pico de esa adversidad irrumpen las crisis.

Esas fluctuaciones magnifican a su vez el endeudamiento. En los momentos de valorización financiera los capitales ingresan para lucrar con operaciones de alto rendimiento y en los períodos inversos se generaliza la emigración de los capitales. Estas operaciones se consuman engrosando los pasivos del sector público y privado.

Otro determinante de las crisis regionales son los periódicos recortes del poder adquisitivo. Esas amputaciones agravan la ausencia estructural de una norma de consumo masivo. La debilidad del mercado interno y el bajo nivel de ingreso de la población explican esa carencia. La expansión de la informalidad laboral, los bajos salarios y la estrechez de la clase media acentúan la fragilidad del poder de compra.

Las dos modalidades de la crisis -por desequilibrio externo y por retracción del consumo- se han verificado en todos los modelos de las últimas décadas. Irrumpieron en forma inicial durante la sustitución de importaciones (1935-1970) y reaparecieron con mayor virulencia en la “década perdida” de estancamiento e inflación (años 80). Alcanzaron una mayor intensidad en el posterior debut del neoliberalismo, como consecuencia de la desregulación financiera, la apertura comercial y la flexibilidad laboral.

La teoría de la dependencia siempre estudió esas tensiones con criterios multicausales y subrayó la ausencia de un sólo determinante de la crisis. Las convulsiones que padece la región son desencadenadas por fuerzas diversas, que combinan los desequilibrios externos con las restricciones del poder de compra.

Esa combinación de determinantes externos e internos tuvo un impacto demoledor en los últimos dos años de pandemia. América Latina padeció la mayor contracción planetaria de horas de trabajo, en consonancia con retrocesos del mismo porte de los ingresos populares. Al cabo de un quinquenio de estancamiento, el Covid acentuó un descomunal deterioro de la estructura productiva. Para colmo de males los indicios de recuperación son tenues y los pronósticos de crecimiento son inferiores al promedio mundial. Otro capítulo de las Venas Abiertas ha padecido la región en el “Gran Confinamiento” del último bienio.

El escenario politico

La afinidad de las Venas Abiertas con la Teoría de la Dependencia no se limita al estrecho ámbito de la economía. En la tradición expositiva de esta última concepción, el libro evita abrumar al lector con meras cifras e intrincadas estadísticas. Subraya con ejemplos la incidencia de la dominación imperialista sobre el subdesarrollo regional. Denuncia especialmente los golpes de estado, que siempre han manejado las embajadas estadounidenses para instalar gobiernos favorables a las grandes empresas del Norte.

Al cabo de 50 años esa intromisión de Washington persiste con más disfraces, pero con el mismo descaro del pasado. Estados Unidos intenta actualmente recuperar su deteriorada hegemonía mundial reforzando su control de América Latina, a fin del contener la creciente gravitación de China. La primera potencia está embarcada en utilizar su enorme poder geopolítico-militar para recuperar las posiciones económicas perdidas. Por esa razón la región es nuevamente tratada como un “patio trasero”, sujeto a las normas de sometimiento que estableció la doctrina Monroe.

Estados Unidos busca reducir el margen de autonomía de los tres países medianos de la región. Exige que Brasil entregue la supervisión del Amazonas, que México refuerce la penetración de la DEA y que Argentina acepte los mandatos del FMI. Como las invasiones directas (tipo Granada o Panamá) ya no son factibles, el Pentágono refuerza sus bases en Colombia y auspicia incontables conspiraciones contra Venezuela.

Trump implementó ese libreto con brutalidad y Biden se apresta a continuarlo con buenos modales. Necesita recomponer la deteriorada dominación de Norte y reduce los excesos verbales de su antecesor para rearmar alianzas con el establishment latinoamericano. Pero al igual que Trump prioriza la disminución de la presencia de China en la región. Todas las iniciativas de la Casa Blanca desmienten la ingenua percepción “que a Estados Unidos ya no le interesa América Latina”. Recuperar la dominación plena del hemisferio es la gran prioridad de Washington.

Por esa razón sostiene a los gobiernos derechistas que actúan como herederos de las dictaduras que denunciaba Galeano. Al igual que los teóricos dependentistas, el pensador oriental indagaba en los años 70 el pilar coercitivo de todos los sistemas políticos latinoamericanos. Retrataba cómo las tiranías implementaban distintos modelos de totalitarismo y remarcaba la primacía ejercida por las burocracias militares en la gestión del estado.

En el período pos-dictatorial de las décadas siguientes ese esquema fue sustituido por diversas modalidades de constitucionalismo, que combinaron políticas económicas neoliberales con la forzada aceptación de las conquistas democráticas.

Pero al cabo de varias décadas, los regímenes derechistas intentan recuperar nuevamente predominio al compás de una restauración conservadora. Actúan a través de gobiernos reaccionarios continuados, novedosas capturas electorales y reiterados golpes institucionales. En el último bienio de pandemia militarizaron sus gestiones e instauraron estados de excepción con creciente protagonismo de las fuerzas armadas.

La derecha regional opera actualmente en forma coordinada para establecer regímenes autoritarios. No promueve las tiranías militares explícitas de los años 70, sino formas disfrazadas de dictadura civil. Entre sus exponentes persiste una visible división entre personajes extremistas y moderados, pero todos unifican fuerzas en los momentos decisivos.

Los derechistas implementan una estrategia común de proscripción de los principales dirigentes del progresismo. Recurren a imaginativos mecanismos para inhabilitar opositores e instrumentan golpes parlamentarios, judiciales y mediáticos. Aspiran a lograr el brutal control de los gobiernos que retrataba el texto de Galeano. Han recreado, además, los discursos primitivos de la guerra fría y las campañas delirantes contra el comunismo que propagaban cuando se publicó la primera edición de las Venas Abiertas.

Pero todas las figuras de la derecha regional afrontan una gran erosión política por su responsabilidad en las desastrosas gestiones del estado. Deben lidiar además con el gran resurgimiento de la movilización popular.

En tres bastiones del neoliberalismo (Colombia, Perú y Chile) se han verificado revueltas callejeras de enorme masividad y en otros casos, las protestas permitieron reinstalar el gobierno progresista desplazado por un golpe militar (Bolivia). En distintos rincones del hemisferio despunta una tendencia convergente al reinicio de las rebeliones, que convulsionaron a Latinoamérica a principio del milenio.

Un símbolo de nuestras luchas

En las Venas Abiertas hay una repetida convocatoria a construir una sociedad no capitalista de igualdad, justicia y democracia. Ese mensaje está presente en varios pasajes del texto. Galeano compartía con los teóricos de la dependencia el objetivo de apuntalar un proyecto socialista para la región.

En los años 60-70 se esperaba avanzar hacia meta al cabo de victoriosas revoluciones populares. Esa expectativa tuvo corroboración en las rebeliones anticoloniales, el protagonismo del Tercer Mundo y los triunfos de Vietnam y Cuba.

Posteriormente predominó una etapa inversa de expansión del neoliberalismo, desaparición del denominado “campo socialista” y reconfiguración de la dominación global. Pero en América Latina resurgieron las esperanzas con las rebeliones que singaron el inicio del nuevo siglo, facilitando el despunte del ciclo progresista y la aparición de varios gobiernos radicales. El contexto actual está signado por una disputa irresuelta y por la persistente confrontación entre desposeídos y privilegiados.

Ese choque incluye revueltas populares y reacciones de los opresores. En un polo aflora la esperanza colectiva y en el otro el conservadurismo de las elites. Las victorias significativas coexisten con preocupantes retrocesos, en un marco signado por la indefinición de los resultados. Está pendiente el resultado de la batalla que opone los anhelos de los pueblos con los privilegios de las minorías.(…)

[1]Ponencia expuesta en el Seminario Internacional por los 50 años de la primera edición de “Las Venas Abiertas”, 23-6-2021, Universidad de la República del Uruguay, Montevideo. https://udelar.edu.uy/portal/2021/05/jornadas-las-venas-abiertas-de-america-latina-50-anos-despues/

Fuente: tramas.ar periodismo en movimiento

En consecuencia, Claudio Katz explica el rumbo hacia la ruina total del país-continente y el empobrecimiento estructural de sus pueblos como resultado presente e histórico del estar sometido a imperialismos sobre todo de EE.UU. y ahora de China. Subdesarrollo agravado durante el neoliberalismo y la pandemia.

No sólo subraya lo medular del ejercicio imperialista de las potencias sobre el Abya Yala, de la intromisión de EE.UU. y del endeudamiento tanto en nexo con la especulación financiera como por la fragilidad productiva y comercial del capitalismo dependiente. Sino que analiza los imperialismos operando sobre todo desde el exterior del país sometido. Al comenzar el artículo dice de Galeano:  Ilustra en forma muy acabada cómo el “modo de producción y la estructura de clases han sido sucesivamente determinados desde fuera, mediante una infinita cadena de dependencias sucesivas…que nos llevaron a perder incluso el derecho de llamarnos americanos”. Recuerda que “como parte del vasto universo del capitalismo periférico”, la región “quedó sometida al saqueo y a los mecanismos del despojo”.

Claudio Katz, como Marcos Brito, mira también hacia el disfrute nac&pop de las divisas provenientes de exportar los mal llamados recursos naturales. Estos últimos integran las tramas de la vida y los ecosistemas que funcionan como totalidades en equilibrios dinámicos y en constante evolución conjunta. Por tanto, extraerles lo que es valioso para el capitalismo o sistema social mirando sólo por el lucro oligopólico, los desestabiliza. Se inicia su desintegración máxime hoy cuando la gran escala va por el agotamiento o por la destrucción para sustituirlo con uno artificial tan uniforme como para manejarlo hacia el único objetivo rentable a corto plazo de una etapa.

Tampoco Katz y Brito se preocupan por esta superexplotación de la naturaleza, los pueblos y los trabajadores. Desatienden que la primera desertifica e implica catástrofe socioecológica cuya expresión más alarmante es la emergencia climática. Ambos reflejan ausencia de pensamiento crítico que hoy forma parte de la grave crisis en que las izquierdas se hallan.

Al no escuchar las luchas en defensa y recuperación de territorios no comprenden la centralidad que hoy tienen los extractivismos rurourbanos no sólo para la concentración-transnacionalización económica territorial y para regeografiar el Abya Yala en función de maximizar la eficiencia de la expoliación. Sino también para afianzar el Estado bajo excepción que viabilice el avasallamiento totalitario de los derechos humanos, así como los de la naturaleza que son las condiciones esenciales a la vida planetaria.

Katz lo atribuye a la derecha explícita cuando es propio del capitalismo contemporáneo como lo es el acaparamiento de bienes comunes sociales y naturales implícito en los extractivismos que los gobiernos progresistas promovieron y promueven contra los pueblos que les dieron origen.

Las resistencias indígenas procurando mantener convivencias con particulares ecosistemas nos ayudan a descubrir caminos de ensayos para habitar el planeta en forma saludable y feliz.

El buen vivir: una conversación
con Alberto Acosta

Febrero 27, 2015

  • El buen vivir se presenta como una alternativa radical al capitalismo: propone una nueva relación entre los hombres y, fundamentalmente, de los hombres con la naturaleza. Presentamos aquí una conversación con uno de los principales teóricos e impulsores del tema: Alberto Acosta, exministro de Energía y Minas de Ecuador.

Luciano Concheiro

¿Qué es el buen vivir o, para decirlo en kichwa, el sumak kawsay?

El sumak kawsay o buen vivir es una visión del mundo que emerge con fuerza desde los pueblos del sur, los mismos que han sido marginados de la historia. El buen vivir no implica una propuesta académica-política, sino la posibilidad de aprender de realidades, experiencias, prácticas y valores presentes en muchas partes, aun ahora en medio de la civilización capitalista.

Este buen vivir, para intentar una primera definición, propone la búsqueda de la vida en armonía del ser humano consigo mismo, con sus congéneres y con la naturaleza, entendiendo que todos somos naturaleza y que somos interdependientes unos con otros, que existimos a partir del otro. Buscar esas armonías no implica desconocer los conflictos sociales y las diferencias sociales y económicas, ni tampoco negar que estamos en un orden, el capitalista, que es ante todo depredador. Justamente, el sumak kawsay sería un camino para salir de este sistema.

¿En qué difiere el buen vivir de otros cuestionamientos a la idea del desarrollo y el progreso? ¿Por qué es una alternativa radicalmente distinta al resto?

Las crisis provocadas por el capitalismo desbocado –siempre salvaje– ocasionan mayores niveles de desequilibrios sociales y culturales y conducen, simultáneamente, a una mayor destrucción de la naturaleza. Esta imparable tendencia amplifica cada vez más la exclusión, el autoritarismo y la intolerancia, además de las desigualdades tan propias del sistema capitalista.

Así las cosas, los límites de la naturaleza, aceleradamente desbordados por la expansión de las actividades propias de la modernidad, exacerbadas por las demandas de acumulación del capital, son cada vez más evidentes. Al mismo tiempo, la inequidad social, inherente al capitalismo, en tanto civilización de la desigualdad, encuentra múltiples y crecientes rupturas, que provocan complejos y dolorosos procesos, como la imparable migración de los países del sur a Estados Unidos y a la Unión Europea; y ahora, incluso, el camino contrario de los habitantes de países en crisis, como España, por dar un ejemplo.

Esto demuestra claramente que el crecimiento de la economía no tiene como consecuencia la felicidad, ni siquiera en los países considerados desarrollados. Es más: ese crecimiento, a la postre, casi siempre aumenta las brechas en las sociedades: la riqueza de unos pocos se sustenta, con frecuencia, en la explotación de la mayoría y de la naturaleza, o simplemente en la especulación.

Con ese horizonte, es preciso iniciar una discusión reconociendo que el sistema capitalista vive de sofocar la vida y el mundo de la vida, es decir, el trabajo y la naturaleza. Este es el meollo del asunto. No podemos seguir por la vía del progreso tradicional, entendido como un proceso de acumulación permanente de bienes materiales, sin tener a la vista los límites biofísicos de la naturaleza y la imparable y creciente inequidad social.

Por eso decimos que el buen vivir es algo diferente al desarrollo. No es una alternativa de desarrollo: es una alternativa al desarrollo. No se trata de aplicar un conjunto de políticas, instrumentos e indicadores para salir del “subdesarrollo” y llegar a aquella deseada condición del “desarrollo”. Una tarea por lo demás inútil. ¿Cuántos países han logrado el desarrollo? Muy pocos, asumiendo que la meta buscada pueda ser considerada como desarrollo.

Los caminos hacia el desarrollo no han sido el problema mayor. La dificultad radica en el concepto mismo de desarrollo. Es más: el mundo vive un mal desarrollo generalizado, incluyendo los países considerados como industrializados, es decir, los países cuyo estilo de vida debía servir como faro referencial para los países atrasados. Eso no es todo: el funcionamiento del sistema mundial es maldesarrollador.

En suma, es urgente disolver el tradicional concepto del progreso en su deriva productivista y el del desarrollo en tanto dirección única, sobre todo en su visión mecanicista de crecimiento económico, así como sus múltiples sinónimos. Pero no solo se trata de disolverlos; se requiere una visión diferente, mucho más rica en contenidos y en dificultades.27

¿Qué coloca el buen vivir en el lugar de la noción de desarrollo? ¿Qué visión del tiempo instaura frente a la visión lineal y progresiva de la modernidad?

Es importante entender que bajo algunos saberes indígenas no existe una idea análoga a la de desarrollo, lo que lleva a que en muchos casos se rechace ese concepto. No existe la concepción de un proceso lineal de la vida que establezca un estado anterior y posterior, a saber, de subdesarrollo y desarrollo; dicotomía por la que deben transitar las personas o los países para la consecución del bienestar, como ocurre en el mundo occidental. Tampoco existen conceptos de riqueza y pobreza determinados por la acumulación y la carencia de bienes materiales.

El buen vivir debe ser asumido como una categoría en permanente construcción y reproducción. En tanto planteamiento holístico, es preciso comprender la diversidad de elementos a los que están condicionadas las acciones humanas que propician el buen vivir, como son el conocimiento, los códigos de conducta ética y espiritual en la relación con el entorno, los valores humanos y la visión de futuro, entre otros. El buen vivir, en definitiva, constituye una categoría central de la filosofía de vida de las sociedades indígenas.

Desde esa perspectiva, el desarrollo convencional es visto como una imposición cultural heredera del saber occidental, por lo tanto colonial. Las resistencias a la colonialidad implican un distanciamiento del desarrollismo. La tarea por tanto es descolonizadora, y además debe ser despatriarcalizadora. En este proceso se necesita, en primer lugar, una descolonización intelectual para poco a poco descolonizar la economía, la política, la sociedad.

El buen vivir, en definitiva, plantea una cosmovisión diferente a la occidental al surgir de raíces comunitarias no capitalistas. Rompe por igual con las lógicas antropocéntricas del capitalismo, en tanto civilización dominante, y con los diversos socialismos realmente existentes hasta ahora, que deberán repensarse desde posturas socio-biocéntricas y que no se actualizarán simplemente cambiando de apellidos. No olvidemos que socialistas y capitalistas de todo tipo se enfrentaron y se enfrentan aún en el cuadrilátero del desarrollo y del progreso.

¿Qué tipo de sociedad pretende construir el buen vivir?

El buen vivir propone, y aquí repito lo que dije arriba, sociedades sustentadas en una vida armónica del ser humano consigo mismo, con sus congéneres y con la naturaleza, porque todos somos naturaleza y solo existimos a partir del otro.

A diferencia del mundo del consumismo y de la competencia extrema, lo que se pretende es construir sociedades en las que lo individual y lo colectivo coexistan en complementariedad entre sí y en armonía con la naturaleza, y en las que la racionalidad económica se reconcilie con la ética y el sentido común. La economía tiene que reencontrarse con la naturaleza, para mantenerla y no para destruirla; en definitiva, para retornar a su valor de uso y no al valor de cambio.

El objetivo no puede ser tener siempre cada vez más bienes materiales, objetivo inviable de sostener en el tiempo en un mundo con límites biofísicos que ya están siendo amenazados. Como dicen los sabios andinos: rico no es aquel que tiene muchas cosas materiales sino el que tiene menos necesidades. Esto conduce, por cierto, a una redistribución de esas cosas acumuladas en pocas manos. Esta aceptación no significa negar valiosos avances tecnológicos de la humanidad.

El buen vivir implica un cambio civilizatorio. Se pone en entredicho aquella idea de la Ilustración que se difundió con mucha fuerza desde hace varios siglos, a través de la cual se creía que el ser humano está obligado a dominar y controlar la naturaleza.

Uno de los principios básicos del buen vivir es el planteamiento de una nueva relación entre el hombre y la naturaleza. ¿Cómo es esta relación? ¿Qué subjetividades emanan de ella?

A contrapelo de la dominante lógica antropocéntrica se precisa una aproximación socio-biocéntrica que nos conmina a avanzar entendiendo la naturaleza como sujeto de derechos. A lo largo de la historia del Derecho, cada ampliación de los derechos fue anteriormente impensable. La emancipación de los esclavos o la extensión de los derechos a los afroamericanos, a las mujeres y a los niños y niñas fueron alguna vez rechazadas por ser consideradas como un absurdo. Se ha requerido que se reconozca el derecho de tener derechos, y esto se ha conseguido siempre con una intensa lucha política para cambiar aquellas leyes que negaban esos derechos.

La liberación de la naturaleza de esta condición de sujeto sin derechos, o de simple objeto de propiedad, exigió y exige un esfuerzo político que la reconozca como sujeto de derechos. Este aspecto es fundamental si aceptamos que todos los seres vivos tienen el mismo valor ontológico, lo que no implica que todos sean idénticos.

El asunto no es fácil. No será sencillo hacer realidad los derechos de la naturaleza; estos derechos significan alentar políticamente su paso de objeto a sujeto, como parte de un proceso centenario de ampliación de los sujetos del Derecho. Lo central de los derechos de la naturaleza es rescatar el derecho a la existencia de los propios seres humanos. Este es un punto medular de los derechos de la naturaleza.

Entonces, no es necesaria una nueva economía, como se anotó antes, sino que se precisa otra forma de hacer política. Para empezar, es indispensable desarrollar el concepto de ciudadanía mismo. Los derechos de la naturaleza necesitan, y a la vez originan, otro tipo de definición de ciudadanía, que se construye en lo social pero también en lo ambiental: la meta-ciudadanía-ecológica. Ese tipo de ciudadanías son plurales, ya que dependen de las historias y de los ambientes; acogen criterios de justicia ecológica que superan la visión tradicional de justicia.

Entonces, además de la ciudadanía ecológica y de la misma ciudadanía individual, de corte liberal, es preciso recuperar y fortalecer la ciudadanía colectiva, que surge de los derechos colectivos de pueblos y nacionalidades. Ciudadanías todas que deberán nutrirse de lo comunitario, donde los individuos encuentran el sentido de su existencia. Y son estas ciudadanías –individuales y colectivas– las que –tal como se prevé en la Constitución ecuatoriana– deberán defender y cristalizar los derechos de la naturaleza.

En las nuevas constituciones de Ecuador (2008) y Bolivia (2009) se formalizaron algunas de las ideas del buen vivir. ¿Por qué elegir el camino constitucional? ¿Qué elementos fueron incorporados?

Cada uno de estos procesos tiene su explicación propia. El proceso constituyente ecuatoriano –fiel a las demandas acumuladas en la sociedad ecuatoriana, consecuente con las expectativas creadas y responsable ante los problemas que se vivía y se habían acumulado durante siglos– se proyectó como medio, e incluso como un fin, para dar paso a cambios estructurales. Así, en el contenido constitucional afloran múltiples propuestas para impulsar transformaciones de fondo, construidas a lo largo de muchas décadas de resistencias y de luchas sociales y que articularon diversas agendas, de los trabajadores, los indígenas, los campesinos, los pobladores urbanos, los estudiantes, los ecologistas, las mujeres, los ancianos, los jóvenes y otros tantos sectores progresistas. Justamente en estas luchas de resistencia y de propuesta, cuando se enfrentaba al neoliberalismo, se fueron construyendo alternativas de desarrollo e incluso alternativas al desarrollo, como lo es el buen vivir.

Un dato a tener presente: en Ecuador se registran veinte constituciones desde 1830. Esto habla de inestabilidad institucional, así como de la lógica política de este proceso constituyente en un país que se encuentra en permanente ebullición por la cantidad de problemas que se acumulan desde hace cientos de años y que se quiere resolver a través de la participación democrática.

¿Podría convertirse el buen vivir en una alternativa global o funciona exclusivamente en los países con raigambre indígena?

Con su postulación de armonía con la naturaleza, de reciprocidad, de relacionalidad, de complementariedad y de solidaridad entre individuos y comunidades, con su oposición al concepto de acumulación perpetua, con su regreso a valores de uso, el buen vivir, en tanto propuesta despejada de prejuicios y en construcción, abre la puerta para formular visiones alternativas de vida.

El buen vivir, sin olvidar y menos aún manipular sus orígenes ancestrales, puede servir de plataforma para discutir, concertar y aplicar respuestas frente a los devastadores efectos de los cambios climáticos a nivel planetario y las crecientes marginaciones y violencias sociales en el mundo. Incluso puede aportar para plantear un cambio de paradigma en medio de la crisis que golpea a los países otrora centrales. En ese sentido, la construcción del buen vivir, como parte de procesos profundamente democráticos, puede ser útil para encontrar incluso respuestas globales a los retos que tiene que enfrentar la humanidad.

Esta propuesta del buen vivir, siempre que sea asumida activamente por la sociedad, se puede proyectar con fuerza en los debates que se desarrollan en el mundo y podría inclusive ser un detonante para enfrentar propositivamente la creciente alineación de una gran mayoría de habitantes del planeta. Dicho en otros términos, la discusión sobre el buen vivir no debería circunscribirse a las realidades andinas y amazónicas. Si bien admitimos lo extremadamente difícil que será asumir el reto de construir el buen vivir en comunidades inmersas en la vorágine del capitalismo, estamos convencidos de que hay muchas opciones para empezar a construir esta utopía en otros lugares del planeta, inclusive en los países industrializados.

El buen vivir, que surge desde visiones utópicas, se fundamenta en la realidad del todavía vigente sistema capitalista y en la imperiosa necesidad de impulsar en el mundo la vida armoniosa entre los seres humanos y entre estos y la naturaleza; una vida que ponga en el centro la autosuficiencia y la autogestión de los seres humanos viviendo en comunidad. El esfuerzo debe estar centrado en las sustancias (Ana Esther Ceceña) antes que en las formas (instituciones o regulaciones). Ese es, en definitiva, un gran desafío para la humanidad.

El buen vivir andino-amazónico cuestiona el concepto eurocéntrico de bienestar y, en tanto propuesta de lucha, enfrenta la colonialidad del poder. Sin minimizar este aporte de los indígenas, hay que aceptar que las visiones andinas y amazónicas no son la única fuente de inspiración para impulsar el buen vivir. Incluso desde diversos espacios en el mundo, y aun desde círculos de la cultura occidental, se han levantado –desde tiempo atrás– muchas voces que podrían estar de alguna manera en sintonía con esta visión indígena.

Además de estas visiones del Abya-Yala, hay otros muchos pensamientos filosóficos de alguna manera emparentados con la búsqueda del buen vivir, visiones filosóficas incluyentes con la naturaleza y las comunidades humanas en diversas partes del planeta. El sumak kawsay o buen vivir, en tanto cultura de la vida o de la vida en plenitud, con diversos nombres y variedades, ha sido conocido y practicado en diferentes periodos en las diferentes regiones de la Madre Tierra; Ubuntu en África o Svadeshi, Swaraj y Apargrama en la India. Más allá de las críticas que se pueda hacer a los orígenes de la filosofía occidental, se podría incluso rescatar elementos de la “vida buena” de Aristóteles. Además, desde diversos ángulos, no solo desde estos espacios, aparecen respuestas a las demandas no satisfechas por las visiones tradicionales de la modernidad.

El buen vivir, entonces, no es una originalidad ni una novelería de los procesos políticos de inicios del siglo XXI en los países andinos. El buen vivir forma parte de una larga búsqueda de alternativas de vida fraguadas en el calor de las luchas de la humanidad por la emancipación y la vida.

Desde esa perspectiva, el concepto del buen vivir no solo tiene un anclaje histórico en el mundo indígena; se puede sustentar también en otros principios filosóficos: ecológicos, feministas, cooperativistas, marxistas, humanistas…

Finalmente, ¿cree que es posible aprovechar los avances tecnológicos de la humanidad junto con los conocimientos propios de culturas ancestrales?

El gran reto en este momento es cómo aprovechar todos los conocimientos disponibles. No podemos cerrarnos a los avances de la ciencia, especialmente la quántica y la relativista. Como pocas veces en la historia de la humanidad, la información y los avances tecnológicos han alcanzado niveles inimaginables hace solo pocas décadas. Hay que tener la capacidad para saber discernir cuál es la información relevante. El actual bombardeo mediático no es necesariamente positivo. La sobresaturación de determinada información, controlada y mediatizada por determinados grupos e intereses de poder transnacionales o nacionales, hace mucha de esa información inservible. La relativamente excesiva información oculta, consciente o inconscientemente, aquellas informaciones que realmente contribuirían a la liberación del ser humano.

El mundo se asemeja cada vez más a una suerte de medioevo tecnocrático. Reducidos grupos humanos concentran la riqueza y los avances tecnológicos, manteniendo crecientes exclusiones sociales, en medio de insospechadas tensiones políticas y sociales, así como provocando un marcado deterioro ecológico. Siempre hay que tener presente que la tecnología per se no resuelve nada: no vivimos un problema tecnológico sino uno de tipo político estructural.

Entonces, sin negar para nada los veloces avances tecnológicos alcanzados en las últimas décadas y que nos seguirán sorprendiendo día a día, hay que tener presente que no toda la humanidad accede por igual al mundo de la informática, por ejemplo. Todavía la mitad o más de los habitantes del planeta, al empezar el nuevo milenio, no tenían contacto con un teléfono, no se diga con el internet.

Esta constatación, sin minimizar el papel de las tecnologías de punta y su masiva difusión, nos remite al valor que tiene el papel y el lápiz como herramientas de liberación. Esto, adicionalmente, nos dice que muchos de los retos futuros siguen siendo los mismos de antaño y que la posibilidad de una Edad Media de alta tecnología pero excluyente en extremo es una posibilidad amenazadora en ciernes o quizás ya en pleno proceso de construcción… Tengamos presente la construcción de muros materiales e inmateriales alrededor de las grandes naciones industrializadas: Estados Unidos o Europa, a nivel internacional; así como alrededor de los barrios de los grupos acomodados de la población, a nivel local.

Pero, como todavía hay pueblos conscientes y personas críticas, hay que confiar en un futuro humano de convivencia armónica con la naturaleza y que permita una vida digna para todos los habitantes del planeta.

Una cosa importante es pelear en los espacios locales, y ayudar a que esos grupos que han manejado durante mucho tiempo una forma diferente de relación con el entorno puedan hacerse cada vez más fuertes. Pero al mismo tiempo hay que construir respuestas globales; por ejemplo, para desarmar las instituciones y prácticas que alientan la especulación financiera. Debemos impedir que la humanidad incursione en una pesadilla tecnológica totalitaria. Para lograrlo requerimos otros niveles de organización plural de las sociedades mundiales, desde donde se podrá plantear con mayor claridad y profundidad soluciones globales. Y en ese campo el buen vivir o los buenos convivires son también una propuesta para toda la humanidad.

Fuente: https://horizontal.mx/el-buen-vivir-una-conversacion-con-alberto-acosta/

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