Qué Sistema

Diciembre 2019

Con la criminalidad e irracionalidad de destruir selvas-bosques y acaparar tierras para agrocombustibles.

 


 

 

 

Conciliación de clases/ Concentración y centralización capitalista/ Alternativas emancipatorias

 

Conciliación de clases

 

Indaguemos en cómo el sistema mundo capitalista garantiza la mercantilización de la naturaleza no sólo poniendo fin a las biodiversidades y a las comunidades campesinas e indígenas sino también acaparando tierras y otros bienes comunes. Desterritorializa y reterritorializa en forma de «contrarreforma agraria integral». Un motor esencial de esa organización económico territorial son los agrocombustibles, mal llamados biocombustibles porque portan la muerte no humana y humana.

 

Biocombustibles en Bolivia:

tensiones entre los sueños exportadores

y las realidades nacionales
7 de junio de 2007

Por Eduardo Gudynas 

Pocos días atrás, en un encuentro celebrado en La Paz, y convocado por la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz (CAINCO) y del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), se subrayó la importancia de los biocombustibles en Bolivia. La obtención de combustibles a partir de cultivos como caña de azúcar o soja, aseguraría importantes ingresos de exportación, generaría empleos, y hasta serviría para revitalizar comunidades rurales

Ventajas de ese tipo también se han invocado en otros países de América Latina. En resumen, se proclama que los biocombustibles permitirían enfrentar el cambio climático, serían una alternativa frente a un petróleo muy caro, y desencadenarían una nueva revolución agrícola en América Latina. Esas potencialidades son alentadoras, y nadie quisiera perderse esos negocios, y por esa razón más o menos las mismas iniciativas están en marcha en otros países.

Pero en todos esos casos también se han lanzado alertas. Se están publicando nuevos estudios que indican que el uso de cultivos como caña de azúcar o soja para obtener combustibles tienen limitaciones energéticas, y generan impactos sociales, económicos y ambientales muy importantes. Otros cuestionan los supuestos beneficios energéticos, mientras que hay muchas incertidumbres comerciales. Por lo tanto, es necesario preguntarse si tiene sentido para un país como Bolivia privilegiar los cultivos para obtener combustibles. ¿Servirán para mejorar la calidad de vida de las familias rurales? ¿Encierran un conflicto con la producción de alimentos?

 

Agroindustria, combustibles y exportaciones

Para responder a estas preguntas es necesario comenzar por reconocer que las actuales propuestas de biocombustibles se basan específicamente en cultivos a gran escala como la soja o caña de azúcar. Por lo tanto es indispensable usar el término “agrocombustibles” para diferenciarlos de otras fuentes de bioenergía, y para dejar en claro que su materia prima son cultivos que también sirven como alimentos. El uso de la palabra “biocombustible” esconde esa dependencia de los cultivos alimentarios, la que justamente es una cuestión central en países como Bolivia.

Clarificado ese punto, es necesario recordar que la demanda por alimentos para consumo nacional es muy importante en América Latina, ya que se siguen enfrentando serios problemas de subnutrición. Más de 59 millones de personas enfrentaban la subnutrición en 2001-03, según la FAO. Entretanto, la producción agropecuaria ha crecido, y se ha enfocado cada vez más en exportar sus productos hacia otros mercados, superando los 80 mil millones dólares.

Ha tenido lugar un profundo proceso de reestructura volcado hacia los monocultivos de gran escala y las agroindustrias. Bolivia ha transitado ese camino, ya que su producción agropecuaria ha crecido a una tasa media de 3.2% entre 1996 y 2005 (un poco por encima del promedio latinoamericano). Las exportaciones agropecuarias y forestales pasaron de 111,8 millones de dólares en 2000 a 172 millones de dólares en 2005. Sin embargo, la producción de alimentos per capita apenas creció 1,1% en 1996-2005, y Bolivia todavía enfrenta altísimos niveles de subnutrición: 23% de la población en 2001-03 según la FAO. En otras palabras, la agropecuaria creció, se exportó más, pero el país permanece con graves problemas de acceso a la alimentación.

Es evidente que una parte sustancial de ese crecimiento de la producción fue orientado a las exportaciones, y posiblemente el ejemplo más conocido es el sector sojero. La producción de agrocombustibles refuerza ese patrón de desarrollo en sus puntos básicos: se basa en monocultivos y en una producción de gran escala, y está atada a las exportaciones. Sus actores principales son grandes agricultores y empresas comercializadoras. En tanto ese comercio exterior ofrece mayores rentabilidades, se vuelve mucho más atrayente que cultivar alimentos para un mercado interno con menor poder de compra.

Es así que la promoción de agrocombustibles orientados a la exportación contribuirá a generar las tensiones con la producción de alimentos. Este no es un problema potencial que eventualmente podría surgir en el futuro, sino que ese tipo de oposición ya está operando en el continente, y los agrocombustibles las acentuarán. Bolivia junto a otros cuatro países representan los cuatro casos mas agudos de esa problemática: las exportaciones de agroalimentos son un alto porcentaje de sus exportaciones totales (mas del 25%) pero a la vez tienen altos niveles de subnutrición (mas de 10%). En efecto, Bolivia junto a Guatemala, Honduras, Paraguay y Nicaragua, sufren la paradoja de ser grandes exportadores de agroalimentos mientras dentro de sus fronteras hay mucha gente con problemas de alimentación.

 

Inseguridad alimentaria, ambiente y desplazamiento social

El camino basado en agroindustrias de exportación pasa a dominar las estrategias de producción rural, se expande, y por lo tanto se reduce la producción destinada al mercado interno. La canasta de alimentos producidos localmente se encoge, y en algunos casos se deben importar alimentos. Incluso en grandes productores agroalimentarios como Argentina, la alta rentabilidad que ofrecen las exportaciones terminó promoviendo cultivos como la soja, pero a costa de reducir otras actividades orientadas al mercado interno, como la ganadería lechera.

En el caso de países como Bolivia, el destinar superficies significativas a los agrocombustibles no resuelve los problemas de alimentación, sino que aumentará la presión sobre los usos del suelo, y en algunos casos generará todavía más vulnerabilidad ante los vaivenes climáticos. Recordemos que esa fragilidad ha quedado en evidencia por los serios problemas climáticos que recientemente vivió el país, atrapado por un lado en lluvias e inundaciones en las tierras bajas del oriente, y por otro lado por sequías y heladas en las zonas andinas.

Eso desembocó en una reducción estimada en 11 % en la producción de papa, arroz, y otros cultivos claves para alimentación; el producto estrella de las exportaciones, la soja, se reduciría en un 13%, según el reporte de la misión de FAO que visitó Bolivia el pasado abril. El frágil balance se ha roto, y se deberán importar alimentos básicos, como arroz y papas. Frente a esta variabilidad climática, el país necesitaría contar con reservas de tierra dedicadas a producir suficientes alimentos como para contar con márgenes suficientes que le permitan superar futuros contratiempos climáticos.

 

Tampoco se pueden olvidar los impactos sociales. Los agrocombustibles de exportación se basan en cultivos de gran escala, que terminan desplazando a los pequeños y medianos campesinos. En otros países ese proceso se ha dado bajo dos formas: en unos casos se compran las tierras, y en otros casos se establecen contratos de producción que atan al campesino a consorcios agroindustriales, perdiendo la capacidad de tomar decisiones sobre su propia tierra, sufriendo de escasos márgenes de rentabilidad y en muchos casos endeudándose. La generación de empleo rural es muy limitada, ya que los cultivos de gran escala se basan en la mecanización donde se reemplaza la mano de obra humana por máquinas.

 

Tierras disponibles y acumulación de impactos

En varios países se justifica la apuesta a los agrocombustibles apuntando que hay un amplio territorio disponible sobre el cual se puede avanzar. Con ese argumento se intenta responder al cuestionamiento de la oposición entre agrocombustibles y alimentos, ya que habría “espacio” suficiente para lograr ambos propósitos. El ejemplo más conocido es Brasil, donde el presidente Lula ha señalado que cuenta con 200 millones de hectáreas de pasturas en las cuales se puede cultivar caña de azúcar.

En Bolivia, en el encuentro del IBCE y CAINCO se invocó la disponibilidad de 15 millones de has aptas según el Plan del Uso del Suelo (PLUS). Expansiones agrícolas de tal envergadura tienen un enorme impacto ambiental; intentar ese camino significará una sucesión de efectos ecológicos negativos posiblemente en el oriente y amazonia de Bolivia. A juzgar por los hechos observados en otros países, se podría desencadenar la acumulación de residuos de agrotóxicos, acidificación de suelos, emisión de contaminantes en las prácticas de quemas, pérdida de biodiversidad, etc.

 

Podría plantearse la urgencia de asumir los costos sociales y ambientales de tal expansión si ella fuera para atender las necesidades de seguridad alimentaria nacional, pero en este caso son para alimentar los automóviles de estadounidenses, europeos o japoneses. Son evidentes las tensiones con las metas de preservación de las áreas naturales.

El crecimiento de la agricultura exportadora está detrás del avance de la frontera agropecuaria en varios países; por ejemplo, en Brasil, la sojización ha transformado completamente la ecoregión de Cerrado, y se pronostica que los agrocombustibles desencadenarán un nuevo aumento de la superficie de la caña de azúcar con muchos impactos ambientales, incluyendo nuevas amenazas sobre los bosques. La evidencia disponible para los países vecinos, como Argentina, Brasil, Perú y Colombia, en todos los casos indica que la expansión de cultivos para combustibles no es inocua y está aumentando la presión ambiental.

En paralelo a esa advertencia ambiental, cabe preguntarse por qué no se aprovecha en la actualidad una parte de esas supuestas tierras “ociosas” para producir alimentos para consumo nacional. La respuesta es sencilla: no es considerada lo suficientemente rentable por las empresas agropecuarias. Esto deja al desnudo que los objetivos empresariales en juego no están comprometidos con los esfuerzos para solucionar los problemas de suficiencia alimentaria, y que por el contrario apuntan a conseguir un nicho en las exportaciones hacia los países industrializados.

 

Necesidades y balances energéticos

En esta discusión también se deben contemplar los aspectos energéticos. Es posible entender la necesidad de agrocombustibles en aquellos países que tienen un importante déficit energético, o que no tienen hidrocarburos, y por lo tanto necesitan generar sus propios combustibles para no depender de importar un petróleo cada vez más claro (como es el caso de Chile o Uruguay).

Pero ese no es el caso de Bolivia, ya que el país cuenta con muchos recursos hidrocarburíferos. Las dificultades nacionales no están en la disponibilidad de esos energéticos, sino en su extracción, procesamiento y distribución dentro del país. Las supuestas bondades ecológicas de estos combustibles también están en discusión. Es cierto que las mezclas con bioetanol y biodiesel al ser utilizadas en motores de combustión tienen menores emisiones de algunas sustancias, pero no en otras, y además su poder energético es menor lo que hace aumentar el consumo de combustibles. Por lo tanto el balance del impacto ambiental neto todavía se discute.

En cuanto al balance energético para obtener estos biocombustibles también está en discusión. Es muy común apelar al ejemplo del combustible logrado de la caña de azúcar, que entrega 8 a 10 veces la energía que se consumió en su cultivo y producción. Este balance haría que los agrocombustibles fueran imbatibles como fuente de energía. Pero los nuevos estudios, que sobre todo están orientados a la soja y maíz, arrojan resultados muy diversos y contradictorios: así como se registran balances positivos hay otros que señalan que son negativos, debido al alto consumo de energía en el cultivo, transporte y procesamiento. Existe un creciente consenso en que estos agrocombustibles de primera generación no arrojan márgenes suficientemente atractivos, y se deberá esperar a las próximas tecnologías basadas en el aprovechamiento de la celulosa.

Más allá de toda esta discusión, podría entenderse que se deben iniciar tareas de investigación y desarrollo de un sector propio de agrocombustibles para Bolivia. Es una forma de no quedar rezagados no dependientes de tecnologías extranjeras. Pero eso es muy distinto a plantear ese tipo de cultivos como una opción productiva principal.

 

Razones nacionales y razones económicas

Por razones como las ilustradas en este artículo, sea desde el camino de las políticas agrícolas y alimentarias, como desde las energéticas, se suman los argumentos que indican que no tiene sentido embarcarse en presentar a los agrocombustibles como una opción de desarrollo destacada ni privilegiada. No representan una solución para la mayor parte de los problemas rurales, y en realidad son una nueva forma de acentuar las clásicas formas de inserción internacional de América Latina: vender recursos naturales con poco procesamiento, dejando en nuestros suelos sus impactos ambientales y sociales, quedar en manos de transnacionales que comercializan el producto, y depender de los vaivenes de las demandas de los países del norte.

A pesar de la evidencia de importantes impactos negativos y los problemas envueltos en obtener agrocombustibles, esta moda sigue avanzando a buen paso. Eso hace que sea necesario preguntarse por qué se insiste en este tipo de estrategia. La respuesta es sencilla: es un buen negocio. En un contexto de un petróleo caro, los ingresos que se obtienen por las exportaciones de agrocombustibles se vuelven enormes. Además, las perspectivas futuras también son ventajosas, ya que los países industrializados anuncian una demanda que no dejará de crecer en los próximos años.

Muchos gobiernos terminan apoyando estas estrategias por diversas causas; desde compartir la fe en las exportaciones agrícolas como uno de los motores del desarrollo (Brasil), a nutrir los cofres estatales mediante impuestos a las exportaciones de productos agrícolas (Argentina). Este buen negocio descansa en una ilusión: desde el punto de vista macroeconómico las exportaciones agroindustriales son muy positivas, ya que mejoran la balanza comercial y aseguran el ingreso de divisas.

Por esta razón las exportaciones de agrocombustibles son atractivas. Pero para las economías locales, en especial las de los pequeños y medianos productores, pueden llegar a ser muy negativas; también se acumulan externalidades ambientales que la economía tradicional no valora. Finalmente, desde el punto de vista de la economía política es una estrategia riesgosa que no resuelve los problemas más urgentes de la alimentación ni genera un genuino desarrollo.

Es así que hay muchos aspectos negativos que no han sido considerados, y que deben contemplarse para evaluar con mucho más cuidado el camino que se seguirá. Además, las prioridades siguen estando en asegurar la alimentación a toda la población. En las circunstancias actuales, una mirada nacional sobre los agrocombustibles debe sopesar las posibles ganancias exportadoras, y los posibles perjuicios sociales, económicos y ambientales; debe atender tanto a los probables ingresos por exportación, como a los gastos en que deberá incurrir el Estado para cubrir las demandas de agricultores desplazados, deterioro de la oferta alimentaria o preservar la biodiversidad; debe recordar que el país posee recursos energéticos enormes, pero ostenta la dramática paradoja de ser un importante agroexportador mientras una proporción significativa de su población no recibe una alimentación adecuada.

Eduardo Gudynas es analista de información en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social), un centro de investigación y promoción del desarrollo sostenible en América Latina. El presente artículo fue preparado especialmente para Bolpress. Informaciones adicionales se pueden encontrar aquí. Bolpress, Bolivia, 7-06-07  Leer

 

 

Advirtamos que la agricultura sin campesinos ni indígenas del capitalismo simplifica el ecosistema de grandes extensiones de tierra con cultivo de sólo una especie vegetal que, como la soja o árboles, es apreciada por oligopolios globales para negocios ultra rentables. Esa pérdida de biodiversidad hace muy inestable el monocultivo y las consecuentes rupturas de equilibrio ecológico son las plagas, sequías e inundaciones.

 

 

Bolivia - Ataque de langostas: Expertos coinciden en que la agricultura de monocultivo industrial en Santa Cruz es inviable

3 marzo 2017

 

Por PROBIOMA

    

Hay un descontrol en el ecosistema y los habitantes de las comunidades de la zona afectada están preocupados por la fumigación aérea y los efectos que puede generar en sus animales y en las mismas personas.

Dos expertos en agricultura sostenible, suelos y control biológico, indicaron que el sistema actual de la agricultura en el departamento de Santa Cruz, no es el adecuado para la producción de alimentos.

“Si la agricultura sigue así, ya no es viable. Muchas veces los venenos que han traído las empresas comerciales son porquería y han aplicado sin necesidad”, dijo Roberto Unterladstaetter, ingeniero agrónomo, con un doctorado en protección vegetal, y docente hace 42 años en la Facultad de Ciencias Agrícolas de la UAGRM.

Por su parte, Miguel Ángel Crespo, Director de PROBIOMA, entidad que realiza investigaciones e innovaciones de controladores biológicos, dijo que “lo más grave es que no existe un criterio para el manejo de los agroquímicos; se nota que la mayoría de las empresas y los técnicos manejan cálculos, dosis y concentraciones de ingredientes activos muy altos, es decir, el objetivo es reducir o matar a la plaga, pero no hay una lectura profunda sobre el impacto socioambiental que traería esto sobre la sostenibilidad del mismo cultivo en el futuro”
 

En base a la información acerca del recorrido de la manga de langostas, esta plaga no vino de la Argentina, porque la frontera está a más de 400 kilómetros y se hubiera sentido su ingreso arrasando con cultivos que se encuentran en el sur de Bolivia. La plaga apareció en comunidades del municipio de Cabezas: Yatirenda, Cotoca, donde se encuentran asentadas empresas agroindustriales y colonias menonitas que siembran soya, maíz, sorgo y tienen actividad ganadera. En los últimos meses se ha desmontado áreas de bosques que llegan hasta Abapó y ello ha reducido la actividad y la población de depredadores naturales: chuuvis, halcones, aguiluchos, garzas, escarabajos, avispas y moscas, entre otros, que controlan las langostas en su etapa de adultos y ninfas, respectivamente. Al reducirse estas poblaciones por el desmonte y por el uso irracional de agroquímicos, se ha dado una eclosión de millones de huevos que generó las mangas de langostas que están arrasando los campos de maíz, soya, sorgo y que están amenazando la zona de Pailon sur e inclusive el Norte Integrado.

Al respecto, PROBIOMA propuso el uso de biorreguladores en base a dos hongos entomopatógenos, como es el caso de la beauveria bassiana y metarhizium anisoplae, los cuales son desarrollados hace varios años y que han demostrado su efectividad cuando se aplican conjuntamente. Esta propuesta realizada, está respaldada por experiencias y estudios recientes de la FAO, SENASA e INTA de Argentina, CORPOICA de Colombia, y de Centros de investigación de México y Brasil, que recomiendan el uso de estos biorreguladores para el control de ninfas de langostas, que es una etapa intermedia de crecimiento del insecto y que es donde se debe cortar el ciclo biológico, además de afectar los huevos que se encuentran en el suelo. Esta propuesta fue aceptada y se decidió
incluir el control biológico, recomendando a otras entidades como el caso del INIAF, CIAT, CETABOL, a que inicien pruebas al respecto.

También es importante establecer un programa de monitoreo de las ninfas (primeras etapas de crecimiento de las langostas) en todas las propiedades de la región a fin de contar con un sistema de alerta temprana que permita dar respuestas adecuadas y rápidas.

Más allá de estas apreciaciones técnicas, lo fundamental es que el sistema de producción intensiva y convencional de monocultivos destinados fundamentalmente para la exportación, está llevando a desastres socioambientales y productivos como el ataque de esta plaga, que será cada vez más recurrente, debido a los cambios climáticos.

Lo que está ocurriendo con el ataque de langostas en el chaco, demuestra que este modelo es insostenible social y ambientalmente y ello repercute en la biodiversidad, los suelos, el agua, la salud humana y hasta en la productividad. Al final los productores en su desesperación aplican lo que se les recomienda.

Por otra parte, la debilidad del Estado en todos sus niveles, incluyendo las universidades, que al no tener respuestas a estas problemáticas o a prevenirlas con políticas públicas de sostenibilidad, basadas en la investigación y en la innovación tecnológica de la biodiversidad, se refleja en que las casas comerciales que son importadoras de agrotóxicos, sean quienes tomen las iniciativas de la mano de los productores que al no tener una propuesta desde el Estado, aceptan los productos ofertados.

El pasado martes hubo una reunión en el Colegio de Ingenieros Agrónomos de Santa Cruz (Cinacruz) para encontrar soluciones al problema del ataque de langostas. Algunos ingenieros y entomólogos que pidieron la palabra, sugirieron ser cautos y cuidadosos con el uso de los agroquímicos, además recomendaron utilizar controladores biológicos para no dañar el ecosistema, es decir: suelo, insectos y hongos que son benéficos para el desarrollo de los cultivos. No obstante, la conclusión fue aplicar agroquímicos en toda la zona afectada y lo harían por vía aérea.

Ante esta situación, pobladores de la comunidad de Cotoca, que forma parte del municipio de Cabezas, a 122 kilómetros de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, estaban alarmados por lo que podría provocar una fumigación de esa característica porque perjudicaría a sus animales y, sobre todo, a ellos mismos.

Para Roberto Unterladstaetter es una situación preocupante porque “los agricultores se automedican”. Y, precisamente, esa fue la reacción de los productores en la zona afectada por las langostas. Según funcionarios del Estado, que estuvieron en la reunión en Cinacruz, el pasado sábado y domingo los productores dueños de los cultivos donde atacaron las langostas utilizaron 120 gramos de ingrediente activo por hectárea, en lugar de 10 gramos. Algunos de los entomólogos presentes en la reunión quedaron sorprendidos y definieron el hecho como “horroroso”, porque con esa dosis se daña de sobre manera el ecosistema

La Comisión Técnica Interinstitucional, integrada por instituciones públicas y privadas, ya está actuando para intentar acabar con la plaga. Sin embargo, queda la preocupación de los pobladores porque el veneno también les caerá a ellos y por los efectos que tendrá el ecosistema.

OLCA

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Noticias/Bolivia_-_Ataque_de_langostas_Expertos_coinciden_en_que_la_agricultura_de_monocultivo_industrial_en_Santa_Cruz_es_inviable

Subrayemos gravísimas consecuencias que bien se pueden prever.

Bolivia: Alertan que la era del etanol

afectará Amazonía y Chiquitanía

19 septiembre 2018

    

La fundación Productividad Biósfera Medio Ambiente (Probioma) alerta que la "era del etanol" sacramentada con la nueva ley, será desastrosa para la Amazonía y la Chiquitanía; macroregiones se verán afectadas en sus bosques, fuentes de agua y biodiversidad. Se teme que los cultivos de alimentos queden relegados frente a la demanda de agrocombustibles.

 

La investigadora de Probioma, Sara Crespo dijo que la Ley del Etanol vulnera el derecho de los pueblos indígenas que rechazaron el modelo de los agrocombustibles; amplía la frontera agrícola para la producción de agrocombustibles y no para alimentos, sin medir ninguna consecuencia, y emplea agrotóxicos que envenenan el aire, fuentes de agua y suelos, entre otras consecuencias.

"Todo lo que se plantea el etanol es destruir la Amazonía, destruir los bosques afectando fuentes de agua y biodiversidad (...). Una posición institucional que tenemos como Probioma y no nos cansamos de decir desde hace 20 años que nuestra principal fuente de riqueza es nuestra biodiversidad", afirmó a ANF.

Destacó que Bolivia es único en su biodiversidad y no está en condiciones de competir con productores de soya como Brasil y Argentina, entre otras cosas, porque no se cuenta con puertos bolivianos. "Pero no está siendo utilizada ni investigada en beneficio del Estado", dijo.

En su calidad de investigadora explicó que su principal área de trabajo es la Chiquitanía y el Pantanal y que la ampliación de la frontera agrícola para agrocombustibles está en dirección a la Chiquitanía,  desde San José hasta Roboré y desde San Ignacio y Guarayos.

"La ampliación implica deforestación que afecta a las fuentes de agua. No solo que no tenemos alimentos disponibles, sino que las comunidades están sintiendo que sus fuentes de agua van disminuyendo cada año, que es un tema que no se visibiliza", señaló.

En cuanto a la azucarera estatal San Buenaventura que produce su mínima capacidad, y que para lograr aumentar su producción requiere seguir deforestando la Amazonía, dijo la presión por cambiar la vocación productiva de la región tendrá serias consecuencias sociales y ambientales.

Las nuevas asociaciones que se están conformando al calor del boom de los combustibles verdes, incluso hablan de ingresar a la selva virgen para plantar caña.

Modelo de producción "cruceño"

Al referirse al modelo de producción cruceño, que en realidad es el modelo de agronegocio "adoptado como una bandera del oriente", Crespo dijo que va asociado a una gran cantidad de agrotóxicos que están contaminando aguas y suelo.

"Ya salió en el censo agropecuario que muestra que casi el 70 por ciento de las comunidades están contaminadas por los agrotóxicos, ese dato es preocupante y debería llamar la atención de las autoridades hacer análisis de calidad de agua lo cual no se ha hecho", cuestionó.

Ante las observaciones que se hicieron desde Probioma al plan gubernamental en torno a los agrocombustibles, dijo que los cañeros salieron a decir que sólo estaban usando "un pedacito" de la superficie destinada al alcohol etanol, y que ahora recién destinarán el área destinada tradicionalmente. 

"Ahí hay dos temas: existe un área destinada a la producción de caña en el norte cruceño donde están ingenios azucareros que fueron un motor importante en la economía cruceña. Dicen que están ocupando 150 mil hectáreas y que quieren ampliar hasta 350 mil hectáreas, incluso las autoridades han dicho que hasta el infinito y más allá", apuntó.

Crespo observó que en el área tradicional cañera está la soya, y los agroindustriales tampoco dijeron que sustituirán la soya por la caña. Mientras la soya tiene una a dos campañas anuales, la caña tiene un proceso de tres a cinco años para su producción.

"Entonces ¿van a estar sin producir la soya cinco años?, no es así. Lo que se ha visto es que según varían los precios de la caña y la soya lo que en un principio sucedía, que cuando el precio de la soya era muy amplio la zona tradicionalmente cañera se llenó de soya y la caña fue como punta de lanza para abrir nueva frontera agrícola. No podemos creer que se va a sustituir el uno por el otro, ni que  que se van a intercalar, eso no es verdad", aseguró.

Advirtió además que no solo será la caña empleada, también el sorgo y el maíz, como materia prima para la producción del bioetanol y el transgénico.

Posición gubernamental

Desde el Gobierno se dijo que la producción de combustibles verdes le ahorrará al Estado, un 20 por ciento de las importaciones de gasolina, y anunció la incorporación del bioetanol 91 en reemplazo del Ron 91, por lo que no se requerirá importar aditivos.

Se anunció además que para este año, el sector cañero y agroindustrial le entregará a YPFB 80 millones de litros de alcohol para la producción de Bioetanol 91.

Con la apertura de los combustibles verdes, el Gobierno vulneró la Ley de la Madre Tierra de 2012 que señala en su artículo 24: las bases y orientaciones del  Vivir Bien, a través del desarrollo integral en agricultura y ganadería son: prohibir la producción de agrocombustibles y la comercialización de productos agrícolas para la producción de los mismos, en tanto, que es prioridad del Estado Plurinacional de Bolivia precautelar la soberanía con seguridad alimentaria".

Los Tiempos

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Noticias/Bolivia-Alertan-que-la-era-del-etanol-afectara-Amazonia-y-Chiquitania

 

 

Insistamos en apoyo a pueblos originarios de la Amazonía que responsabilizan al gobierno de Evo Morales por los incendios dentro de Bolivia.

 

 

UNITAS desmiente a Evo: los incendios son por desmontes, más que por cambio climático

3 de octubre de 2019

En  el conversatorio con periodistas “Políticas de Tierra y Medioambiente”, el responsable de Defensa de Derechos Humanos de UNITAS, Daniel Espinoza, y el investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), Enrique Ormachea, informaron sobre la situación de la política agraria en Bolivia y los incendios en la Chiquitanía, además de la acción realizada ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Espinoza explicó que el informe principalmente consta de cuatro puntos, que reflejan la situación que se generó a partir de la deforestación de quema controlada en el oriente boliviano, según el reporte del portal Urgentebo sobre la conferencia de prensa de UNITAS, una de las principales  organizaciones  de la sociedad civil boliviana.

El primero desmiente el argumento de autoridades del Gobierno central, quienes afirman que los incendios incrementaron debido al cambio climático.

 

“La tendencia al incremento de quemas forestales de los últimos años refiere que estos desastres también son provocados por los chaqueos en la zona”, señala, para añadir que “a solicitud de sectores empresariales se busca ampliar la frontera agrícola, con el fin de potenciar la seguridad alimentaria, la producción de etanol y biodiesel y la exportación de carne de res”.

 

El tercer punto consignado por Urgentebo, es que el Gobierno nacional emitió diferentes normativas (el Decreto Supremo 3973 y la Ley 741) que autorizan la quema controlada, además se eximió a las personas que estaban sancionadas por el delito de quema ilegal y las sanciones por hectárea quemada son mínimas. Esto hace que no exista una limitación real a la quema controlada.

El cuarto punto refiere que se ha vulnerado, esencialmente, el derecho al medioambiente y a las obligaciones incumplidas por parte del Estado se las señala al no controlar de manera eficiente las quemas forestales, esperándose que “la Relatoría considere las vulneraciones que se están observando en Bolivia y que se pronuncie al respecto. También que solicite los informes respectivos al Estado para que hagan su descargo de qué es lo que está pasando en Bolivia”.

Espinoza explicó, de acuerdo con el boletìn de UNITAS, que la solicitud ante la CIDH responde a los pueblos indígenas afectados por los incendios: Chiquitanos, Ayoreos, Guarayos, Cayubaba, Baures, Sirionó y Araona. Resaltó que algunos pueblos se encuentran en una condición de mayor vulnerabilidad frente a los incendios debido a sus reducidas poblaciones o situación de aislamiento voluntario, como el caso de los Ayoreos del Ñembi Guasu, una de las áreas más afectadas por el fuego.

 

“Se ha informado a la CIDH respecto a la normativa, las políticas públicas y el accionar del Estado boliviano con relación a esta crisis ambiental, ésta última se evidenció cómo las autoridades del Estado reaccionaron de manera inadecuada, primeramente al responder de manera tardía y por otro lado al no declarar zona de desastre nacional, impidiendo así la asistencia internacional en toda su capacidad”.

Con relación a lo informado a la Relatoría de la CIDH, precisó que también se abordó lo referido a las obligaciones del Estado y derechos vulnerados. “Estos son fácilmente identificables: vivienda, trabajo, educación, salud y medioambiente, en los que el Estado tiene la obligación de respetar y de garantizar, o sea procurar la realización de estos derechos. La tardía respuesta del Estado ante los incendios y no declarar zona de desastre, es un acto de negligencia con relación a las obligaciones contraídas ante el sistema interamericano de defensa de derechos humanos”, aseveró.

 

Por su lado, Ormachea hizo un análisis de la situación de la política agraria en Bolivia y mencionó que el gobierno está “desesperado” en el desarrollo agropecuario basado en la ampliación de la frontera agrícola, debido a problemas como el fin de los precios altos de las materias primas, el bajo nivel de exportación del gas, del zinc, de la plata y de productos agropecuarios, y la presión tributaria que “está llegando al límite”.

“Esto hace un escenario de bajos ingresos y es esto lo que impulsa al Gobierno a plantearse como estrategia para la generación de ingresos el tema del desarrollo agropecuario, pero basado en la  ampliación de la frontera agrícola”, lamentó.

Mencionó que este es el Gobierno que más leyes y decretos ha aprobado a favor de campesinos, pero “ninguno de ellos se ha convertido en programas de desarrollo para estos sectores”.

 

RENDICION PÚBLICA DE CUENTAS

 

Decenas de organizaciones no gubernamentales (ONG) a nivel nacional llevaron adelante su Rendición Público de Cuentas con la finalidad de promover una cultura de transparencia como práctica esencial para lograr la legitimidad, sostenibilidad, efectividad y protección del trabajo que realizan.

La iniciativa se enmarca en la “Semana Global de la Rendición de Cuentas”, que cumplen cientos de organizaciones, instituciones y redes a nivel mundial para transparentar sus actividades. Bolivia no es ajena a este movimiento mundial y desde la Unión Nacional de Instituciones para el Trabajo de Acción Social (UNITAS) y sus 22 instituciones asociadas se emprendieron hoy eventos donde, por ejemplo, se detallaron los presupuestos ejecutados, la cantidad de proyectos realizados, el total de personas beneficiadas, entre otras cifras de sus actividades.

En el caso particular de UNITAS y sus asociadas,  la directora de esta institución, Susana Eróstegui, informó que en 2018 se ejecutaron 153.216.235 bolivianos en 151 planes, programas y proyectos realizados en todo el país y que tuvieron a un total de 426.092 personas beneficiadas de manera directa y 3.673.305 personas beneficiadas indirectamente.

VER

https://redunitas.org/detallan-informe-sobre-la-chiquitania-presentado-ante-la-cidh-en-rendicion-de-cuentas-de-las-ong-en-bolivia/

https://urgente.bo/noticia/unitas-presenta-informe-la-cidh-sobre-los-incendios-forestales

Fuente: 

https://www.bolpress.com/2019/10/03/unitas-desmiente-a-evo-los-incendios-en-la-chiquitania-son-por-desmontes-mas-que-por-cambio-climatico/

 

En consecuencia, la conciliación con la política económica del Capital Estado posibilita

avance en la «contrarreforma agraria integral» del sistema mundo capitalista que está amenazando de exterminio a la vida planetaria y la humanidad, ante todo, debido a agravar e intensificar los problemas planteados por Guillermo Folguera. Esto debería interpelar a una creciente mayoría de las diversidades de abajo sin fronteras para hacerse cargo de asumir sus trabajos colectivos e individuales desde sus involucramientos con las luchas por erradicar los extractivismos mirando a encaminar los buenos vivires.

 

Cinco problemas crecientes: de la contaminación y la escasez, a las desigualdades y la vigilancia

30 septiembre 2019

 

Por Guillermo Folguera 

 

El investigador del CONICET y docente del Área de Historia de la Ciencia y Filosofía de la Biología Guillermo Folguera reflexionó sobre los modos de vida, producción, alimento, trabajo y usos del tiempo asociados a las formas de producción y de consumo, de donde surgen diferentes efectos ambientales y sociales.

La pregunta acerca de las consecuencias a mediano y largo plazo que tiene el escenario actual en Argentina nos obliga a reflexionar en los modos de vida, producción, alimento, trabajo, usos del tiempo. Y entonces, asociados a las formas de producción y de consumo, surgen diferentes efectos ambientales y sociales. Va un intento por nombrar y reconocer cinco de ellas que nos afectarán a nosotros y a nuestras generaciones en las décadas sucesivas. 

Incremento de la contaminación 

Nuestros suelos, aires y aguas están cada vez más contaminados. No es un asunto de debate, la ausencia de datos sólo habla de una política de Estado que se ha montado al respecto. A su vez, tenemos evidencias crecientes en nuestros propios territorios que simplemente tratamos de negar. Ahora bien, a pesar de lo que suele señalarse por parte de las corporaciones y los responsables del Estado, la contaminación no está dada por un descuido, por un error que acaso pudo evitarse.

La contaminación se asocia a verdaderos territorios sacrificados, aspectos no reconocidos de los modos en que se ha decidido producir. No hay errores, son aspectos inevitables silenciados. Y junto con el daño sobre nuestros territorios aparecen dañados nuestros cuerpos. Por ejemplo, difícil es explicar hoy la prevalencia del cáncer a escala local y global sin acudir a los daños ambientales y a la contaminación. 

Escasez de bienes comunes 

De manera creciente, los recursos, los denominados bienes comunes son y serán cada vez más escasos. Esto no sólo incidirá en su acceso, sino que es parte del modo en que logran conformarse como productos comerciables de muy alto valor.

El caso más claro es el agua potable, limitada en una parte importante de los territorios de Argentina. El agua se trata de uno de los principales recursos que consumen enormes emprendimientos extractivistas tales como la megaminería y las plantaciones de árboles para uso de celulosa. Este proceso se ve intensificado por la erosión de los suelos y el avance de los procesos de privatización y apropiación. Bienes cada vez menos comunes, bienes cada vez más excepcionales. 

Desigualdad

Los procesos de deterioro ambiental han generado consecuencias sociales muy diversas en las últimas décadas. Junto con el mencionado daño de la salud, se reconocen otros efectos claves. Por un lado, efectos demográficos directos que han incrementado la vida en las grandes urbes mientras se ha despoblado las zonas rurales.

La mayor producción y la creciente marginación no sólo no son procesos opuestos sino que son parte de un mismo movimiento. 

Por el otro, la concentración creciente en la propiedad y uso de ciertos recursos. Este doble juego de marginación y de concentración del capital ha mostrado consecuencias diversas que van desde la precarización del trabajo al modo en que, por ejemplo, el narcotráfico se dispone en América Latina. A pesar de los discursos del caso, las últimas décadas sólo han intensificado una desigualdad creciente en nuestros territorios. La mayor producción y la creciente marginación no sólo no son procesos opuestos sino que son parte de un mismo movimiento. 

Control

Cierto es que para el poder, el control no es algo novedoso. Históricamente, se han acudido a diferentes estrategias para garantizar su invisibilidad y permanencia. Sin embargo en las últimas décadas las formas de control y vigilancia se han multiplicado y diversificado. Ya no está en juego sólo el mirar y el ser mirado o el control de los cuerpos mediante recintos. Otras formas de control han aparecido y sólo sugieren que tendrán presencia creciente en los próximos años.

El caso paradigmático en la actualidad es el de las semillas, en la que los intentos por promulgar una nueva ley es una de sus manifestaciones más claras. 

Una de ellas, fuertemente asociada a los aspectos anteriores, es la degradación de los territorios que conlleva a aceptar nuevas formas de producción, etc. Generar un shock para tener que abrazar un nuevo escenario. También los modos de control entre personas, maneras de vigilarnos y calificarnos, puntuarnos sin que se precise un Gran Hermano. Y otro modo vigente de control, son las estrategias para incrementar dependencias. La búsqueda de las patentes y de la propiedad intelectual, a la vez que se logra la expansión del capital, trae aparejado controles diversos. El caso paradigmático en la actualidad es el de las semillas, en la que los intentos por promulgar una nueva ley es una de sus manifestaciones más claras. 

Ocultamiento y naturalización 

Todos los aspectos anteriores tienen una historia, un sistema económico, social y político que los sostienen. Pero además, cuentan con determinados medios de propaganda que lo ocultan -primero- y naturalizan después. Quizá las generaciones sucesivas logren quebrar los procesos de ocultamiento y naturalización que hay detrás de cada una de ellas.

Bajo el único norte de incrementar la eficiencia productiva, se presenta a la contaminación como un aspecto indeseable aunque inevitable. La escasez de los bienes comunes afecta cada vez más a las comunidades que ven cómo se privatiza y comercializa con elementos fundamentales para una vida digna. La desigualdad social se intensifica y es garantizada bajo regímenes crecientes de control. La desnaturalización de cada uno de esos aspectos es quizá el primero de los pasos para poder revertirlos en las décadas que se avecinan. 

Revista Cítrica

Fuente: 

http://www.biodiversidadla.org/Documentos/Cinco-problemas-crecientes-de-la-contaminacion-y-la-escasez-a-las-desigualdades-y-la-vigilancia

 

Concentración y centralización capitalista

 

Comprobemos en qué consiste la expansión de agrocombustibles y en cómo opera de motor del acaparamiento/dominio de oligopolios.

 

Biocombustibles: ¿una estrategia de desarrollo o

de mercado lucrativamente sostenible?

Polis [En línea], 21 | 2008, Publicado el 10 abril 2012, consultado el 08 diciembre 2019.

URL : http://journals.openedition.org/polis/2885

 

 Por Lázaro Camilo Recompensa Joseph, Benedito Dias Pereira, Arturo Zabala Zabala, Alexandre de Melo Farias y Pedro Ramos

 

 

Resumen

El trabajo tiene como objetivo analizar la incompatibilidad teórica existente entre el concepto (y/o los principios) del desarrollo sostenible y la producción de biocombustibles fundamentada en el modelo del agronegocio o agribusiness. Así en el primer ítem describimos los principales alertas emitidos a través de los Informes del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change, o Panel Inter gubernamental sobre los Cambios  Climáticos) destacando: a) la influencia y el papel de las actividades humanas en el proceso del calentamiento global y la contaminación ambiental, y b) el costo de oportunidad de reducir las emisiones de CO2. En el segundo destacamos los principales inversionistas extranjeros interesados en la producción de los biocombustibles, colocando algunas reflexiones en relación a este negocio “lucrativamente sostenible”, y por último -a modo de consideración- enfatizamos la imposibilidad en relación a la creencia absoluta en el libre mercado como la mejor fuente de innovación y aprendizaje para desarrollar alternativas energéticas viables y sostenibles ambientalmente.

 

Introducción

El mundo se encuentra frente a una enorme campaña global, cuyo objetivo es incorporar de la forma más rápida posible diferentes materias primas tales como: caña de azúcar, soya, maíz, colza, remolacha, etc., a la producción de biocombustibles como substitutos perfectos de los derivados de petróleo. Las principales justificaciones encontradas para este fenómeno tienen su fundamento en el calentamiento global y en la contaminación del medio ambiente.

O sea, se pretende sustituir todo el consumo de energía fósil (petróleo) utilizando los biocombustibles, producidos bajo la influencia del modelo de agronegocio o agribusiness, modelo de producción agropecuario que ha aportado y suministrado “magníficas” cosechas, y que posee un conjunto de particularidades tales como: a) altísimo consumo de energía fósil, b) necesidad de utilizar grandes establecimientos agropecuarios y concentración de tierras c) uso intensivo de tecnologías y máquinas en detrimento del trabajo humano, d) daños ambientales en gran escala, e) alto consumo de agua en los cultivos irrigados, f) presencia de modificaciones genéticas para el mejoramiento de semillas y rebaños, g) alta concentración de capitales (aunque se conozca que la mayoría de esas materias primas que serán utilizadas para esos objetivos presentan bajo balance energético, entendido como la relación existente entre el gasto de energía fósil utilizado para obtener una unidad de biodiesel y la energía obtenida en forma de biodiesel).

En este sentido debemos destacar las diferencias entre la energía que se pretende extraer hoy de la agricultura y la contenida en la energía fósil (petróleo, gas, natural y carbón) que representa el 80% de la energía consumida en el mundo. O sea, la primera se obtiene como resultado de la fotosíntesis: el sol, el agua y los nutrientes que a cada año se adquieren con las cosechas, aunque la energía fósil tiene el mismo origen pero con la diferencia de que es resultado del ahorro de la fotosíntesis producida a lo largo de millones de año. En síntesis se espera que la naturaleza nos entregue cada año, el equivalente ahorrado durante esos millones de años.

 

Planteado así el problema podemos afirmar que el biodiesel y la biomasa no podrán actuar como sustitutos energéticos perfectos, porque la fotosíntesis que los origina es limitada y tendrán que ser utilizados prioritariamente como sustitutos en la producción actual de los fertilizantes y de la actual mecanización agrícola pilar fundamental del modelo de Agronegocio.

 

En realidad las principales economías del mundo, que son las mayores contaminadoras del planeta, están realizando una alianza en la cual participan las multinacionales petroleras, biotecnológicas, montadoras de auto, los grandes productores de granos, bancos, etc., siendo sus agentes los que decidirán el destino y el uso de las tierras, los paisajes rurales de algunas regiones de América Latina.

 

Este trabajo tiene como objetivo analizar la incompatibilidad teórica existente entre el concepto (y/o los principios) de desarrollo sostenible y la producción de biocombustibles basada en el modelo del agronegocio oagribusiness. Así en el primer punto del trabajo describimos los principales alertas emitidos a través de los Informes del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change, o Panel Inter gubernamental sobre los Cambios  Climáticos) sobre: a) la influencia y el papel de las actividades humanas en el proceso del calentamiento global y la contaminación ambiental, b) el costo de oportunidad de reducir las emisiones de CO2; en el segundo ítem se analiza los principales inversionistas extranjeros interesados en la producción de los biocombustibles, presentándose algunas reflexiones en relación a este negocio “lucrativamente sustentable”.

 

Desarrollo sostenible: el boom del etanol y de los biocombustibles a la luz de los cambios  climáticos: El remedio puede ser peor que la enfermedad (...)

 

Una pregunta es inevitable: ¿por qué es esto importante para discutir la problemática del etanol y los biocombustibles? Diferentes aspectos deben ser destacados:

a) Con los alertas emitidos en los recientes Informes del IPCC con relación al calentamiento global, los cambios climáticos y la sobrevivencia del globo terráqueo, las mayores economías y las mayores  “contaminadoras del planeta” con el pretexto de salvar el medio ambiente (vía mitigación) han lanzado un nuevo negocio altamente lucrativo que amenaza seriamente la producción de alimentos. Se observa que estamos delante una gran campaña global dirigida (por la Unión Europea, EUA y algunos países de América del Sur y Asia) a la producción de biocombustibles a partir de diferentes materias primas como: la soja, el maíz, el azúcar, el girasol, la palma, la colza, etc., como substitutos derivados del petróleo o por lo menos, como complemento para ser utilizado en los vehículos automóviles. En síntesis esto permitiría cierto amortiguamiento del choque petrolífero en el nivel de precios y simultáneamente, sería una contribución para el combate al omnipresente “calentamiento global”. Estos tipos de combustibles son colocados y presentados como “limpios”, “biodegradables”, “renovables”, “verdes” y “sostenibles” y apuntan sobre todo al mercado de los automóviles.

b) En realidad entre los “bastidores del negocio” se está fraguando una alianza inédita en la cual participan las multinacionales petroleras, biotecnológicas, de automóviles y los grandes productores de granos, los cuales decidirán los destinos de las tierras y los paisajes de algunas regiones de América Latina. Debemos recordar que los EUA (el mayor productor de alcohol de maíz del mundo) muestra sus cálculos basados en el mejor de los escenarios de producción irreal de grandes cosechas y de alto aprovechamiento de biocombustibles, desde su procesamiento hasta la utilización final lo que acabaría por exigir el 121% de toda la tierra arable del país, para poder producir la biomasa suficiente que substituya el consumo anual de los combustibles fósiles. O sea, para poder sustituir y suplir sus necesidades de petróleo y derivados tendría que cultivar seis veces su superficie.

c) La Unión Europea, en mayo de 2003 adoptó una directiva que promueve el uso de biocombustibles en los transportes con una previsión de alcanzar una cuota del mercado que variaría del 5,75% al 8% en el período de 2010 al 2015. En realidad es muy poco probable que esas metas sean alcanzadas según esas proyecciones, ya que exigirá entre 14% y 19% de la tierra arable total para que sean dedicadas a la producción de cultivos energéticos, lo que significaría que no quedaría ninguna tierra reservada para proteger la biodiversidad natural, que en la UE es de apenas 12% del total de la tierra agrícola. Por tanto es evidente que esto será realizado en los países menos desarrollados especialmente en la América Latina, donde ahora argumentan que existen muchos suelos “libres” para el cultivo de la “bioenergía”, el sol brilla más durante todo el año y donde las cosechas crecen más rápido, tienen mayor rendimiento y la mano de obra es más barata.

d) Colocado de otra forma, si lo que procuramos son soluciones dentro del paradigma actual de “consumo” creciente de combustible (sea fósil, sea verde) sólo podremos esperar más crisis ambientales y sociales cada vez peores en el futuro. Entendemos que en este sentido el Pico de Petróleo tiene alguna ventaja, como fenómeno que colocará a la humanidad delante de tiempos duros y difíciles, esa ventaja radica en la necesidad de que comprendamos que el paradigma de crecimiento está errado. O sea, es totalmente equivocado continuar realizando proyecciones y planes económicos para niveles de consumo energético crecientes ignorando que éstos se agotarán durante la primera mitad del actual siglo. Según Rocha (2007) varios especialistas y estudiosos del Pico de Hubbert3 comprobaron hasta la saciedad que no existe ningún substituto perfecto para el petróleo o combinación de substitutos que nos permita continuar consumiendo más y más energía cada año que pasa, sea combustible para transporte, sea electricidad, o sea hasta para insumos agrícolas.

Según Alves (2007) delante de esta realidad y sumergidos en un sistema económico caracterizado por la intrínseca necesidad de crecer para vivir, explotando siempre y más intensamente la naturaleza y la humanidad es comprensible que se sientan señales de perturbación y de desorientación en los centros de decisión política. Ya es rutina encontrarnos con toma de decisiones políticas que encierran claras contradicciones entre los objetivos anunciados y los contenidos perseguidos. Esto sucede no por incompetencia de los gobiernos y si debido a la presión de los todopoderosos jefes económicos y financieros que con la gran capacidad que tienen para influenciar a los gobiernos y la experticia que tienen en el arte de sobrevivir, dictan sus recetas para la crisis, con las cuales consiguen “el oro sobre lo azul”, o sea, continuarán aumentando sus ganancias (Alves, 2007).

Principales inversionistas extranjeros en la producción de etanol de caña de azúcar en Brasil

 

Brasil es el mayor productor mundial en el complejo azucarero ejerciendo el liderazgo en todos los segmentos: caña de azúcar (39%), azúcar (18,4%) y alcohol (35,5%). La producción brasileña de alcohol se expandió a partir del programa de desarrollo para este fin denominado “Proalcool” y de la mezcla obligatoria del producto con la gasolina. Estos hechos sumado a la evolución de las investigaciones científicas proporcionó al Brasil una elevada ventaja competitiva en la producción de azúcar y alcohol.

Los inversionistas extranjeros -que están “atentos” a las ventajas y al potencial de crecimiento del mercado de los biocombustibles de Brasil (mercado de momento proyectado sin barreras a la entrada de competidores y sin intervención del gobierno, entendido como “sin interferencias directas o indirectas en sus ganancias)”- se dividen en dos tipos: de un lado están los consorcios de empresarios y los fondos de inversión internacionales, interesados en aplicar recursos en un negocio coyuntural, aunque sin involucramiento directo en la operación, del otro lado están las empresas que ya actúan en el sector (de azúcar y alcohol) en el exterior y las tradings que participan o desean participar mas activamente del comercio internacional de etanol. Según esos especialistas, el retorno sobre el capital invertido en este mercado no deber ser menor del 20% (Ver cuadro 1).

En realidad las macizas inversiones en la construcción de centrales azucareros ya están siendo proyectados. Y Brasil ganaría en promedio una central azucarera por mes en los próximos seis años. Hoy con 336 centrales debe llegar hasta la cifra de 409 al final de la zafra de 2012/2013. O sea, Brasil iría a construir una central por mes hasta el 2013. Además de las 73 centrales confirmados, existen hoy en Brasil 189 consultas abiertas, tanto para la construcción como para la ampliación de las unidades productivas.

Así para colocar a Brasil en el camino de ser el mayor productor de etanol del mundo, el dinero está llegando de todos lados. El Banco Nacional de Desarrollo (BNDES) está decidido a financiar hasta el valor de R$ 10 billones de la cantidad necesaria para la instalación de nuevas unidades de producción. El resto de los recursos financieros deberá ser aportado por la iniciativa privada nacional e internacional, además de bancos regionales de fomento, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Japan Bank for International Cooperation (JBIC).

Entre los otros inversionistas extranjeros en el negocio del etanol tenemos al consorcio encabezado por la firma norteamericana Sempra Energy, una de las mayores empresas de gas natural de los EUA y por la firma alemana Manferrostal, del gran grupo Man, que actúa en más de 60 países. El proyecto prevé inversiones de U$ 8,4 billones en la construcción de 24 centrales productores de alcohol, los cuales exportarán toda su producción dentro de un periodo de 20 años, para esto serán utilizadas 700 mil hectáreas de tierra en Tocantins y otros 800 mil hectáreas ya fueron arrendadas en Maranhão, Mato Grosso y Mato Grosso del Sur, estableciéndose bien próximas de las áreas protegidas de la Amazonia y del Pantanal Mato Grossense. En caso que el grupo alcance la producción deseada (de 5,7 billones de litros anuales) en el año de 2010 produciría el 20% del total de alcohol producido en Brasil. Los empresarios brasileños del grupo Etalnac administrarían las destilerías y la entrega total de toda la producción de alcohol para la firma Sempra, que a su vez lo exportará para los EUA y el Japón. (Ver, Etanol Brasil, 21-02/2007 Disponible en: http://ethanolbrasil.blogspot.com/​2007/​02/​grupo-alcooleiro-quer-investir-us84.html).

 

Principales inversionistas extranjeros en la producción de biodiesel en Brasil

El avance del capital extranjero en los sectores del biodiesel es cada vez mayor y más diversificado. A modo de ejemplo la empresa brasileña Brasil Ecodiesel, la mayor productora de biodiesel en el país, en las subastas de biodiesel realizadas en agosto de 2006, aseguró el suministro del 58,1% del volumen total a ser comercializado y tiene como principal accionista al fondo BT Global administrado por el Deutsche Bank, este en la emisión de acciones en el año 2006, reservó 3,5 millones de sus papeles (recibidos y conocidos por las iniciales ADS) para inversionistas extranjeros. Entre los principales inversionistas extranjeros se destacan. (Ver cuadro 2)

Los números son claros y los intereses de las organizaciones financieras por invertir en el mercado de los biocombustibles en Brasil puede ser visto como una analogía a los bollos financieros de las empresas Ponto con que explotó el final del siglo pasado, o sea, la semejanza estriba en el “capital especulativo”, todo es “movido por el capital” y como en todo  nuevo  mercado  aparecen  los  especuladores,  ya  que  es  así  como funciona el libre mercado y como muy bien argumenta y defiende el empresario Roberto Rodrigues4: “(...)

es un mercado sin interferencia del gobierno (...) pues estos grupos financieros y especuladores saben y muy bien lo que hacen y como lo hacen”.

Algunas observaciones en relación al mercado de los biocombustibles (etanol y biodiesel) y las grandes empresas interesadas en invertir en el negocio “lucrativamente sostenible” de Brasil son presentadas a continuación:

En consecuencia, la «contrarreforma agraria integral» del sistema mundo capitalista radica en reestructuración territorial del país-continente a favor de la eficiencia en garantizar altas rentabilidades y hacerlo de modo irreversible sin importar devastar y desposeer de todo a una creciente mayoría de los pueblos. En la actualidad internacional se vuelve patente que el capitalismo va contra la vida no humana y humana en el planeta.

 

 

Biocombustibles: ¿una estrategia de desarrollo o de mercado lucrativamente sostenible?

 

Polis [En línea], 21 | 2008, Publicado el 10 abril 2012, consultado el 08 diciembre 2019.

URL : http://journals.openedition.org/polis/2885

 

 Por Lázaro Camilo Recompensa Joseph, Benedito Dias Pereira, Arturo Zabala Zabala, Alexandre de Melo Farias y Pedro Ramos

 

Consideraciones finales

·         En realidad el desafío lanzado a la humanidad a través de los Informes del IPCC de sustituir (y rápidamente) la dependencia de fuentes de energía no renovables por alternativas verdaderamente sostenibles coloca en jaque “a la sabiduría tradicional” fundamentalmente aquella promovida por las transnacionales y multinacionales dominantes, con relación a la creencia absoluta en el libre mercado como la mejor fuente de innovación y aprendizaje para desarrollar alternativas energéticas viables y sostenibles ambientalmente

·         El trabajo llama la atención en esa cuestión ya que el libre mercado ignora soluciones que no puedan resultar en ganancias extraordinarias. Cualquier empresa o firma que deje de seguir este simple principio no permanecerá en el negocio por mucho tiempo, lo que vale también para las empresas y firmas productoras de biocombustibles. O sea, el libre mercado ignora cualquier solución que no pueda ser controlada, sea mediante los intereses de propiedad (propiedad intelectual forzosa, licencias de monopolio, etc.) sea con la centralización exigida por las economías de escala. Esto significa que el libre mercado es estructuralmente incompatible con una enorme porción del universo de posibles soluciones energéticas.

·         El libre mercado gusta de las fuentes de energía no renovables porque ellas son fácilmente controladas. En países donde los derechos sobre los minerales son propiedad privada (como en los EUA y Canadá) estos recursos pueden ser controlados vía derechos de propiedad. En el resto del mundo, ellos pueden igualmente ser controlados fácilmente a través de contratos exclusivos con los gobiernos.

·         En el caso de la producción de biocombustíbles, esto no es diferente para las grandes multinacionales que intentan “adaptar y utilizar” su herramienta habitual la propiedad a la solución del problema. Si tomamos como ejemplo el etanol y los otros biocombustíbles brasileños, esta tentativa de solución para nuestros problemas energéticos están siendo controlados a través de la propiedad o del arrendamiento real de tierrasque producen las materias primas y/o con la propiedad intelectual(procesos propietarios de destilación, microbios patentados que convierten substancias en azúcares, etc). O sea, no importa que los biocombustíbles proporcionen un bajo retorno energético sobre la inversión o que ellos creen más problemas fundamentales como el crecimiento en curso de la demanda de energía, agotamiento de los suelos fértiles, la contaminación o la competencia entre los alimentos y la energía. Ellos pueden hacer mucho dinero y es esto lo que importa.

·         En relación con la preservación ambiental cualquier camino efectivo que lleve a una reducción del consumo de energía no renovable choca con la misma dificultad: la disminución de la ganancia o de los lucros extraordinarios, lo que negaría la esencia del libre mercado.

·         Debemos dejar claro que el libre mercado “puede” ayudar a innovar alguna cosa para vender (como por ejemplo los biocombustibles) que lo ayudará a “conservar” no obstante el acto real de preservación ambiental mata los lucros. Esto, como muy bien lo explica Jeff Vail, no se debe confundir con la eficiencia incrementada por el uso de la energía (la cual, como explica la ciencia económica clásica, reduce los costos y libera al consumidor para gastar el dinero ahorrado en consumo, elevando por tanto el estándar de vida total, cuando éste es medido en función del consumo). En el trabajo estamos haciendo referencia a la preservación ambiental real, aquella que simplemente significa: utilizar menos.

·         Esta vía de hecho es un pensamiento maldito para la ciencia económica del libre mercado, la idea de que podríamos utilizar menos energía en total y así invertir los ahorros en bienes no económicos (tales como tiempo de descanso, seguridad, salud, educación, etc.) mediante la auto suficiencia es altamente problemático porque ella causaría una disminución acumulativa en el PIB y en los estándares de consumo (el tiempo de descanso no cuenta como un producto o mercancía). Es como si un gerente de una firma comentara: ¡Aquí está mi plan de negocios, no pretendo vender nada y cuando todo fuera dicho y hecho, las personas nos utilizarán menos. Vamos a ser ricos!(Jeff Vail, 2007).

·         Al confiarse en el libre mercado como la solución del problema energético en un mundo en que la producción fósil esta a punto de alcanzar el pico, existiría apenas un resultado garantizado: sus soluciones jamás nos liberarán de la dependencia energética o de la escasez de energía. Esto significa o equivale a decir que el libre mercado nunca producirá una solución para este problema porque los consumidores dependen de las firmas para los productos que ellos compran y es así como se produce la ganancia o el lucro. Análogamente el libre mercado nunca tendrá la motivación económica para tornar la energía más barata (a largo plazo) esto sería por definición un comportamiento económico irracional producir la energía de forma tan barata que su valor total de mercado mundial se viniese abajo.

·         Por tanto podemos afirmar que el éxito de los biocombustibles dependerá de su uso obligatorio, de las facilidades fiscales, de los subsidios suministrados por el Estado, de la tasación a los consumidores, del desconocimiento de los derechos de los trabajadores y de las mil y unas formas de arrancar de las comunidades rurales el uso real y efectivo de sus tierras.

Fuente: https://journals.openedition.org/polis/2885

 

 

 

"Vivimos un tiempo extraordinario, y como tal, requiere de nosotros acciones extraordinarias. Se trata de una oportunidad histórica para transitar hacia otro mundo, a otra forma de relacionarnos y reproducir la vida radicalmente diferente a esta que domina el mundo". El sistema mundo capitalista nos subsume en crisis civilizatoria y el progresismo se empeña en hacernos creer que el capitalismo puede ser inclusivo.

 

 

 

¿Por qué hablamos

de crisis civilizatoria?

Breve genealogía de nuestro actual tiempo

19 de diciembre de 2019

 

Por Emiliano Teran Mantovani

 

El tiempo que vivimos es un tiempo extraordinario. Todo está en juego. Las posibilidades de vida en el planeta Tierra, tal y como las conocemos, pueden cambiar radicalmente. Eso, más allá de diversos imaginarios sociales sobre colapsos y apocalipsis, tiene efectos concretos en los marcos de convivencia social, los ciclos de lluvia y períodos secos, en las migraciones, la producción y distribución de alimentos, la pérdida de los últimos refugios ecológicos, la conflictividad social y geopolítica por los recursos indispensables para la vida, el nivel de los océanos, el mantenimiento de las instituciones sociales y las infraestructuras, y un muy largo etcétera.

 

La diferencia de éste, con tiempos anteriores, pudiésemos resumirla en tres factores: uno, que llegamos a límites de capacidad de muy buena parte de los sistemas sociales y ecológicos para soportar las perturbaciones y agresiones que están sufriendo estos; dos, que los eventos sociales y ecológicos van teniendo características de eventos extremos; y tres, que dichos sistemas tienden a la caotización y que por su alto nivel de integración (dada en buena medida la globalización) pueden generar una  cadena de acontecimientos o puntos de inflexión –que también pueden ser pensados como ‘efecto dominó’– con consecuencias imprevisibles.

Pero precisamente por las dimensiones y la profundidad de esta crisis, se nos abre una oportunidad para re-pensárnoslo todo, absolutamente todo. No es sólo el problema del cambio climático, que además no se puede ni se debe segmentar como problema. No vivimos sólo una crisis de las democracias o las instituciones modernas. Tampoco esta crisis puede explicarse únicamente por una ‘escasez’ de recursos o por un ‘desbordamiento’ demográfico. Y aunque es un factor determinante, tampoco es únicamente un problema de la crisis estructural del capitalismo.

Se trata de una crisis total, esencial y existencial, que trastoca incluso el orden de la vida en la Tierra (y por tanto de las otras especies que conviven con nosotros), que nos interpela como especie en relación a nuestro rol en ella. No basta entonces rastrear sólo el ‘error’ en nuestro propio proyecto de construcción social contemporáneo, sino también el cómo se fue configurando lo que podríamos llamar la verdadera Gran Divergencia (nada que ver con lo planteado por  Huntington y Pomeranz sobre el despegue del poderío de Occidente); esto es, la que se produjo entre los patrones civilizatorios dominantes de las sociedades humanas, y los ritmos y dinámicas ecológicas y simbióticas de la Naturaleza.

Por ello, necesitamos también rastrear los antecedentes de más largo alcance de esta crisis, una de carácter civilizatorio.

¿Por qué hablamos de crisis civilizatoria?
Brechas en el debate sobre Antropoceno

Desde hace unos dos lustros el debate sobre el surgimiento de una nueva era geológica, el ‘Antropoceno’, ha cobrado gran popularidad y difusión, no sólo en el ámbito de las ciencias, sino también de las ciencias sociales y sectores del activismo global (en buena medida vinculados a reivindicaciones ecológicas). El Antropoceno tendría la particularidad de ser un período geológico en el cual el principal factor de cambio y transformación en la Tierra sería el humano.

Entre varias de las implicaciones de este debate, una de las que nos parece más interesante es que permite inscribir el debate político sobre las causas y orígenes de la crisis ecológica actual, en la propia historia reciente del planeta Tierra. Esto resulta en una invitación a rastrear factores de mucho más largo alcance temporal, y no sólo los recientes cambios en el metabolismo de las sociedades industriales contemporáneas. Esto, a su vez, nos permite enlazar con la idea de que la crisis en la que estamos inmersos es en realidad una de carácter civilizatorio.

Dos de las principales polémicas que se han generado en torno al debate sobre el Antropoceno nos pueden ayudar a dejar más claro por qué hablar de una crisis civilizatoria. La primera, tiene que ver con la crítica que se le ha hecho al concepto, por colocar al humano en abstracto como responsable de la crisis, cuando en cambio esto ha sido el resultado de patrones específicos de poder que han generado divisiones sociales y desigualdades en los procesos de apropiación, usufructo y degradación de la riqueza natural. De ahí que  Jason Moore haya hablado del ‘Capitaloceno’, señalando que es precisamente el capital y todas sus estructuras de poder, el factor que define esta nueva era geológica; o bien, Christophe Bonneuil proponga el ‘Occidentaloceno’, haciendo referencia a la responsabilidad de la crisis por parte de los países ricos industrializados de Occidente.

La segunda polémica tiene que ver con el punto de origen del Antropoceno. ¿Cuándo se produce el punto de inflexión histórico que convierte al humano o al particular orden civilizatorio, en la principal variable de transformación geológica?

A nuestro juicio, esto es fundamental pensarlo no a partir de un solo punto de origen (dado que la historia no es lineal y luego de un punto de inflexión se producen nuevas tensiones y diversas posibilidades), sino en el escalamiento de al menos tres períodos que han sido determinantes para comprender, en su profundidad, el carácter de la crisis civilizatoria.

El Imperio de los combustibles fósiles

Vayamos de adelante hacia atrás. Ciertamente el período más evidente es el radical cambio de metabolismo social y de las relaciones espacio-temporales que se produce a escala global a partir de los siglos XVIII/XIX con las llamadas ‘Revoluciones Industriales’, que van a desembocar en un cada vez más acelerado sistema mundializado de extracción, procesamiento y consumo de naturaleza, sin precedentes en toda la historia de la humanidad. Este momento particular del Antropoceno va a ir en escalada hasta que a mediados del siglo XX (con la imposición del modelo capitalista de la posguerra) se va a configurar “La Gran Aceleración”, un proceso en el cual las tasas de uso de energía, crecimiento del PIB, crecimiento de la población, de las emisiones de CO2, entre otros se disparan a niveles insospechados, intensificando esta particular relación depredadora con la naturaleza. El período neoliberal, en el marco de la llamada ‘globalización’, va a intensificar aún más este proceso.

El período previo al del Imperio de los combustibles fósiles, y constitutivo del mismo, pudiésemos ubicarlo desde mediados/fines del siglo XV en lo que se entiende como la Génesis de la modernidad capitalista colonial. Este proceso allanó el camino al particular desarrollo histórico del capitalismo, y destaca, al menos para lo que tratamos de explicar, en tres aspectos: la expansión geográfica de circuitos comerciales que, por primera vez en la historia de la humanidad, va a crear un sistema y una economía mundial; una lógica de colonización civilizatoria imperante, también expansiva, que va a tener como uno de sus objetos fundamentales a la Naturaleza (bases para la conformación histórica del extractivismo); y la configuración de patrones de poder que, como lo plantea Donna Haraway, se originaron y expresaron con fuerza en la generación de plantaciones. De ahí que Haraway reformule la apreciación sobre el Antropoceno y proponga en cambio el término  Plantacionoceno, tomando en cuenta que en las plantaciones se evidenciaron (y se evidencian aún) la conjunción entre simplificaciones ecológicas –el disciplinamiento de las plantas en particular– y el diseño de sistemas de trabajo humano forzado en torno a ellas (basado generalmente en patrones racistas). Para Haraway fue la Plantación la que generó el legado de esta nueva era geológica.

La verdadera Gran Divergencia

Pero, ¿por qué no mirar más hacia atrás, muy atrás, para poder formularnos ciertas preguntas esenciales? Hay algo aún más constitutivo, más raizal de este proceso histórico, que tiene precisamente que ver con un quiebre particular que ocurre en la ‘larga’ historia del homo sapiens, que remonta a unos 300.000 años. Dicho quiebre es en realidad ‘reciente’, y pudiésemos ubicarlo en un proceso que se desarrolló desde hace unos 9.000-7.000 años con la llamada ‘Revolución neolítica’, a inicios del Holoceno.

Ciertamente en este período se va a ir generando una multiplicación de las comunidades horticultoras, las culturas sedentarias y el surgimiento de las sociedades agrícolas, lo que al mismo tiempo va a ir produciendo un desplazamiento y progresivo desvanecimiento de las sociedades cazadoras y recolectoras, de perfil igualitario, que fueron imperantes en tiempos previos (sociedades que no tienen por qué ser romantizadas). Pero lo esencial de este proceso no es sólo el desarrollo de unas particulares condiciones materiales que van a cambiar drásticamente la forma de vida de la humanidad, sino que previamente y en ellas fueron surgiendo jerarquías que fueron configurando estructuras sociales de la dominación de unos pocos por sobre otras mayorías.

La ecología social, en especial  la obra de Murray Bookchin, contribuye a comprender dos elementos cruciales cuando hablamos de estas jerarquías: el primero es que no hay que entenderlas sólo en su dimensión inter-subjetiva (la gradación desigual que se da entre personas), sino primordialmente en su sentido socio-político y epistemológico. Es decir, en cómo estas jerarquías particulares se terminan traduciendo en sistemas integrales de dominación y en cosmovisiones piramidales y/o lineales que rompen con concepciones holísticas y fragmentan la construcción social de la realidad. El segundo elemento es fundamental: las jerarquías y los sistemas integrales de dominación son también causa y efecto de la ruptura de la relación holística que las sociedades reproducían con la naturaleza, lo que se tradujo no sólo en un enfoque de dominio sobre la misma, sino también en esquemas de organización e interacción social que van diferenciarse notablemente de la forma como lo hacen el resto de las especies.

A éste, como uno de los tres períodos determinantes para comprender, en su profundidad, el carácter de la crisis civilizatoria, lo llamaremos la verdadera Gran Divergencia, dada la brecha histórica que se abre desde entonces en la relación entre los humanos, y entre estos y la naturaleza. Este momento particular del antropoceno, va a devenir en la emergencia de las grandes civilizaciones, de las economías de excedentes, de la configuración de nuevos metabolismos sociales, del surgimiento de las estructuras estatales, de la génesis del patriarcado, de la sociedad de castas y clases, de las lógicas imperiales. Se expanden las disputas por la tierra cultivable, y por ende la guerra se hace cada vez más común. En este entorno, van emergiendo los asuntos políticos y militares, con claros patrones masculinos, y estos asuntos van a escindirse, jerárquicamente, sobre la esfera doméstica.

Pero es fundamental subrayar que ésta, no tenía que ser necesariamente la única evolución histórica de la humanidad, ni mucho menos la única forma que adquiriese la configuración de las civilizaciones. El comienzo de la dominación de los patrones civilizatorios jerarquizados no supuso la desaparición de otras formas de relacionamiento socio-ecológico más igualitario y armónico. Más bien revela una disputa de esta lógica civilizatoria/racista/imperial contra toda su otredad. No es una disputa que deba ser entendida en código binario. Más bien hay una enorme diversidad, grises, matices, entrecruzamientos entre ellos.

Sin embargo, lo que queremos resaltar es que los sistemas de jerarquías, la dominación de la naturaleza y el patriarcado, preceden al sistema capitalista y la modernidad. Y no son rasgos naturales, ontológicos ni inevitables. Son en realidad la expresión de una historia reciente del homo sapiens en la Tierra.

Además de la apuesta post-capitalista, el cambio es civilizatorio

A pesar de su longevidad, al día de hoy estos patrones de poder, conocimiento, subjetividad y relacionamiento socio-ecológico, persisten, aunque varíen en muchas de sus características. Son estos los pilares de esta crisis civilizatoria y, como plantea Bookchin, debemos escarbar, hacer arqueología, construir genealogía, en la vasta y milenaria historia de la sociedad jerárquica. Si el cambio tiene que ser del modelo civilizatorio, esto, repitámoslo, pone ante nosotros la necesidad de re-pensárnoslo todo.

Sabemos que es un cuestionamiento radical, porque pone en cuestión no sólo al capitalismo histórico y la modernidad colonial, sino incluso los rasgos históricos dominantes de la propia condición humana. Pero nos invita y permite reformular toda la cartografía de la transformación socio-ecológica.

No parece bastar la apuesta post-capitalista si no podemos resolver, retejer, rearticular, reconstituir el vínculo esencial entre humanos y naturaleza, compaginar nuestro estar en la Tierra con los ritmos de la vida en el planeta. No parece bastar aquella apuesta sin desarmar al patriarcado, al racismo, los esquemas de dominación jerárquica, los binarismos, las cosmovisiones fragmentadas, sin recuperar la relación holística y de totalidad con la naturaleza.

¿Es posible reformular el proyecto civilizatorio sin contar con las otras especies vivientes? ¿Es posible superar el antropocentrismo en vías hacia una nueva senda biocéntrica? Si así fuese, ¿cuál sería nuestra forma, nuestra condición, nuestro rol como humanos en esa nueva ruta?

 

Estos dilemas no han podido aún ser resueltos, no sólo por los conductores políticos e institucionales, o por los voceros de los saberes científicos dominantes, sino tampoco por las fuerzas políticas contrahegemónicas principales; las izquierdas incluidas. Las ideas de transformación imperantes deben ser interpeladas, escrutadas. No sólo las de progreso y desarrollo, sino la propia idea de revolución. E incluso la de emancipación. ¿Qué se revoluciona? ¿Qué se emancipa? ¿Quiénes se emancipan? ¿Cómo? ¿Por qué medios? ¿A costa de qué?

 

Todo esto no es un llamado a una supuesta apoliticidad. Nuestra apuesta podría ser en cambio la búsqueda de nuevas y otras politicidades. Tampoco es un llamado a una vuelta al pasado ancestral. No es posible ningún retorno. Todo debe ser reformulado, transformado, creado, desde aquí y desde ahora; desde lo que somos. Vivimos un tiempo extraordinario, y como tal, requiere de nosotros acciones extraordinarias. Se trata de una oportunidad histórica para transitar hacia otro mundo, a otra forma de relacionarnos y reproducir la vida radicalmente diferente a esta que domina el mundo.

 

Más allá de ser sólo una ‘eco-utopía’, este es en realidad el camino que esta larga historia civilizatoria nos ha puesto enfrente, para transitarlo. La gran crisis no es ya un panorama futuro de tiempos difíciles, de tiempos que vendrán. Es en cambio el tiempo actual. Estamos ya al interior de la gran crisis.

Ante la confusión que reina, lo mejor es siempre consultar y recurrir a los principios de la naturaleza, que tiene sus propios ritmos, sus formas simbióticas, interdependientes, cooperativas y mutuales de reproducirse. De reajustarse, de adaptarse, de transformarse. Los comunes parece ser un horizonte político constituyente, en el que pueden converger las bases de un proyecto de gestión colectiva, descentralizada y eco-social. Pero el giro a los comunes no puede esperar mucho más. Este es el tiempo de los cambios. Es ahora.

- Fotografía de  Glenn Nelson, 2009.

Observatorio de Ecología Política de Venezuela

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Documentos/Por-que-hablamos-de-crisis-civilizatoria-Breve-genealogia-de-nuestro-actual-tiempo-extraordinario

 

 

 Alternativas emancipatorias

 

Necesitamos poner fin al avance capitalista de destrucción socioambiental y despojo totalitario a todos los pueblos planetarios. Preguntarán ¿cómo? En 2013 La Vía Campesino responde: "Nosotros estamos construyendo nuevas relaciones entre los seres humanos y con la naturaleza sobre la base de la solidaridad, la cooperación y la complementariedad. En  el corazón de nuestra lucha está en la formulación de una ética para la vida que atraviesa todas nuestras acciones y búsquedas. La Vía Campesina se ha comprometido a dar visibilidad a todas las luchas locales alrededor del mundo, asegurando que sean entendidas desde una perspectiva internacional y contribuye a involucrarlas en un gran movimiento global por la soberanía alimentaria, el cambio social y la autodeterminación de los pueblos del mundo".

 

El Llamado de Yakarta

10 julio 2013  declaraciones y mociones de la VIconferencia

Llamamiento de la VI Conferencia de la Vía Campesina Egidio Brunetto – 9 al 13 de junio

 

(Yakarta, el 12 de Junio de 2013) Nosotros, La Vía Campesina, venimos a extender nuestro llamado urgente a tejer hilo a hilo la unidad a nivel global entre organizaciones del campo y la ciudad para participar activa, propositiva y decididamente en la construcción de una nueva sociedad, basada en la soberanía alimentaria, la justicia y la igualdad. Nos encontramos aquí convocados por el espíritu de nuestros amigos y líderes, y todos aquellos cuyo coraje y compromiso con nuestras luchas nos inspiran. La Vía Campesina, un movimiento internacional campesino que reúne a más de 200 millones de campesinas y campesinos, pueblos indígenas,  pescadores, recolectores y trabajadores agrarios. Con la creatividad de las mujeres y el entusiasmo de nuestros jóvenes venimos de 150 organizaciones y 70 países. Estamos en Asia, hogar de la mayoría de campesinas y campesinos del mundo para festejar nuestros primeros veinte años de lucha.

 

Comenzamos nuestro camino en Mons (Bélgica) en el año 1993 y articulamos nuestra visión radical de la Soberanía Alimentaria en 1996 en Tlaxcala (México), logrando reposicionar al campesinado, hombres y mujeres como actores sociales centrales en los procesos de resistencia a la agenda de comercio neoliberal y en la construcción de alternativas. Los pueblos de la tierra somos actores indispensables en la construcción, no sólo de un modelo de agricultura distinto, sino de un mundo justo, diverso e igualitario. Somos nosotras y nosotros los que alimentamos a la humanidad y cuidamos la naturaleza. Las generaciones futuras dependen de nosotros para el cuidado de la tierra.

Hoy más que nunca, otro mundo es urgente y necesario. La destrucción de nuestro mundo a través de la sobrexplotación y desposesión de los pueblos y la apropiación de los bienes naturales está produciendo la actual crisis climática y profundas desigualdades que amenazan a la humanidad en su conjunto y a la vida misma. La Vía Campesina dice un rotundo NO a esta destrucción impulsada por las corporaciones.

Nosotros estamos construyendo nuevas relaciones entre los seres humanos y con la naturaleza sobre la base de la solidaridad, la cooperación y la complementariedad. En  el corazón de nuestra lucha está en la formulación de una ética para la vida que atraviesa todas nuestras acciones y búsquedas. La Vía Campesina se ha comprometido a dar visibilidad a todas las luchas locales alrededor del mundo, asegurando que sean entendidas desde una perspectiva internacional y contribuye a involucrarlas en un gran movimiento global por la soberanía alimentaria, el cambio social y la autodeterminación de los pueblos del mundo.

Llamamos a todas nuestras organizaciones, a nuestros aliados y amigos, amigas, hermanas y hermanos en la lucha, y a todos aquellos comprometidos con un futuro mejor a continuar caminando juntos y juntas, a rechazar la agenda de la “Economía Verde” y a continuar construyendo la Soberanía Alimentaria.

Nuestras luchas

Soberanía Alimentaria Ya – Transformando el mundo

La Soberanía Alimentaria es el eje central de la lucha por un proyecto de justicia social que hoy convoca a amplios sectores del campo y la ciudad. La soberanía alimentaria es el derecho fundamental de todos los pueblos, naciones y estados a controlar sus alimentos y sus sistemas alimentarios y a decidir sus políticas asegurando a cada uno alimentos de calidad, adecuados, accesibles, nutritivos y culturalmente apropiados. Ello incluye el derecho de los pueblos para definir sus formas de producción, uso e intercambio tanto a nivel local como internacional.

Durante las últimas dos décadas nuestra visión de la Soberanía Alimentaria ha inspirado a una generación de activistas comprometidos con el cambio social. Nuestra visión del mundo implica una revolución agrícola que significa profundas transformaciones agrícolas, socioconómicas y políticas. La Soberanía Alimentaria ha enfatizado la importancia crucial de la producción local y sustentable, el respeto por los derechos humanos, precios justos para los alimentos y la agricultura, comercio justo entre países y la salvaguarda de nuestros bienes comunes contra la privatización.

Hoy estamos frente a la mayor crisis de nuestra historia y la misma es una crisis sistémica. Las crisis alimentaria, laboral, energética, económica, climática, ecológica, ética, social, política e institucional están llevando al colapso en muchas partes del mundo. En simultáneo, la crisis energética se agudiza día a día frente al agotamiento de los combustibles fósiles y es enfrentada con falsas soluciones que van desde los agrocombustibles a la energía nuclear, la cual ha demostrado ser una de las peores amenazas para la vida sobre la tierra. 

Rechazamos el capitalismo, que en este momento se caracteriza por un agresivo flujo del capital financiero y especulativo hacia la agricultura industrial, la tierra y la naturaleza. Esto ha generado un inmenso acaparamiento de tierras, la expulsión de campesinas y campesinos de su tierra, la destrucción de pueblos, comunidades, culturas y sus ecosistemas, creando migraciones y desempleo masivos. Esto genera masas de migrantes económicos y refugiados climáticos y desempleados, incrementando las inequidades existentes. 
 

Las transnacionales en complicidad con los gobiernos y las instituciones internacionales están imponiendo, bajo el pretexto de la Economía Verde, monocultivos de transgénicos, la megaminería, las grandes plantaciones forestales, la imposición de plantaciones de agrocombustibles, la construcción de grandes represas, el fracking y los oleoductos o la privatización de nuestros mares, ríos, lagos y nuestros bosques. La Soberanía Alimentaria recupera el control sobre nuestros bienes comunes devolviéndolos a manos de las comunidades.


La Agroecología  es nuestra opción para el presente y para el futuro

La producción de alimentos basada en la agricultura campesina, el pastoralismo y la pesca artesanal sigue siendo la principal fuente de alimentos en el mundo. La agricultura campesina de base agroecológica constituye un sistema social y ecológico que está conformado por una gran diversidad de técnicas y tecnologías adaptadas a cada cultura y geografía. La agroecología elimina la dependencia de los agrotóxicos; rechaza la producción animal industrializada; utiliza energías renovables; permite garantizar alimentación sana y abundante; se basa en los conocimientos tradicionales y restaura la salud e integridad de la tierra. La producción de alimentos en el futuro estará basada en un creciente número de personas produciendo alimentos en forma diversa y resiliente.

La agroecología protege la biodiversidad y enfría el planeta. Nuestro modelo agrícola no solo puede alimentar a toda la humanidad sino que también es el camino para detener el avance de la crisis climática enfriando el planeta a través de la producción local en armonía con nuestros bosques, alimentando la biodiversidad y la reincorporación de la materia orgánica a sus ciclos naturales.

Justicia social y climática, y solidaridad

A medida que avanzamos y construimos a partir de nuestra diversidad cultural y geográfica, nuestro  movimiento por la soberanía alimentaria se ve reforzado, integrando la justicia  y la igualdad social. Practicando la solidaridad por sobre la competencia, rechazamos el patriarcado, el racismo, el imperialismo y luchamos por sociedades democráticas y participativas, libres de explotación de las mujeres, los niños, los hombres o la naturaleza.

Demandamos justicia climática ya mismo. Quienes más sufren este caos climático y ecológico no son los que lo han provocado. Las falsas soluciones de la economía verde para continuar el crecimiento capitalista están empeorando la situación. Se crea una deuda ecológica y climática que debe ser corregida. Por esta razón demandamos la inmediata detención de los mecanismos de mercados de carbono, geoingeniería, REDD y los agrocombustibles.

Ratificamos la necesidad y nuestro compromiso de luchar en forma permanente contra las corporaciones transnacionales, entre otras cosas, boicoteando sus productos y rechazando cooperar con sus prácticas de explotación. Los Tratados de Libre Comercio y los acuerdos de inversión han creado condiciones de extrema vulnerabilidad e injusticias para millones. La implementación de estos tratados trae como resultado la violencia, la militarización y la criminalización de la resistencia. Otra consecuencia trágica de los mismos es la creación de una masa masiva de migrantes mal pagados, con trabajos inseguros e insalubres y con violaciones de sus derechos humanos y discriminación. La Vía Campesina ha logrado colocar los derechos de los campesinos y campesinas en la agenda del Consejo de los Derechos Humanos de la ONU y llamamos a los gobiernos a ponerlos en práctica. Nuestra lucha por los derechos humanos está en el corazón de la solidaridad internacional e incluye los derechos y protección social de los agricultores migrantes y trabajadores de la alimentación.

Las luchas por el derecho a la tierra, a la alimentación, al trabajo digno, contra la destrucción de la naturaleza, son criminalizadas. Son cientos los compañeros y compañeras que han sido asesinados en los últimos años y otros muchos ven amenazadas sus vidas o son perseguidos y encarcelados, frecuentemente con el apoyo o la complicidad de las autoridades públicas.

Un mundo sin violencia y discriminación contra las mujeres

Nuestra lucha es para construir una sociedad basada en la justicia, la igualdad y la paz. Exigimos el respeto de todos los derechos de las mujeres. Rechazando el sistema capitalista, patriarcal, la xenofobia, la homofobia y cualquier tipo de discriminación, reafirmamos nuestro compromiso en lograr una equidad total entre hombres y mujeres. Esto requiere el fin de toda forma de violencia contra las mujeres, doméstica, social e institucional, tanto en las zonas rurales como en las zonas urbanas. Nuestra Campaña contra la Violencia hacia las Mujeres está en el corazón de nuestras luchas.

Paz y desmilitarización

Vivimos un incremento de conflictos y guerras para la apropiación, proliferación de bases militares y criminalización de la resistencia. La violencia es intrínseca a este sistema capitalista mortal basado en la dominación, la explotación y el pillaje. Nosotros estamos comprometidos con el respeto, la dignidad y la paz.

Nos duelen y nos honran los cientos de campesinas y campesinos que han sido amenazados, perseguidos, encarcelados, asesinados por sus luchas. Continuaremos exigiendo rendición de cuentas y castigo para quienes violan los derechos humanos y los derechos de la naturaleza. Demandamos también la liberación inmediata de todos los presos políticos.

Tierra y territorios

Defendemos una Reforma Agraria Integral que ofrezca plenos derechos sobre la tierra, reconozca los derechos legales de los pueblos indígenas a sus territorios, garantice a las comunidades pesqueras el acceso y el control de las zonas y ecosistemas de pesca y reconozca el acceso y el control de las tierras y las rutas de migración de pastoreo. Esta es la única manera de asegurar un futuro para los jóvenes del campo.

La Reforma Agraria Integral, vista como una distribución masiva de tierras junto con el apoyo con recursos para la producción y el sustento, debe garantizar el acceso permanente a los jóvenes, las mujeres, los desempleados, los sin tierra, para complementar a las pequeñas fincas, a los desplazados y todos aquellos que estén dispuestos a participar en la producción a pequeña escala de alimentos agroecológicos. La tierra no es una mercancía. Deben reforzarse las leyes existentes y crear nuevas para protegernos de la especulación y un marco jurídico que impida la especulación con ellas y su acaparamiento. Continuaremos nuestra lucha en defensa de las tierras y los territorios.

Semillas, bienes comunes y agua

Enaltecemos a las semillas, el corazón de la Soberanía Alimentaria, con el principio Semillas Patrimonio de los Pueblos al Servicio de la Humanidad, reafirmado hoy por cientos de organizaciones en todo el mundo. Nuestro desafío pasa hoy por seguir manteniendo a nuestras semillas vivas en manos de nuestras comunidades, por multiplicarlas en el marco de nuestros sistemas campesinos. Continuaremos la lucha contra su apropiación a través de diversas formas de propiedad intelectual y su destrucción por su manipulación genética y otras nuevas tecnologías. Nos oponemos a los paquetes tecnológicos que combinan transgénicos con el uso masivo de pesticidas.

Seguimos hoy enfrentando la Leyes de semillas que, de la mano de los intereses de las corporaciones, son privatizadas y mercantilizadas. Seguimos enfrentando a los transgénicos  y luchando por un mundo libre de transgénicos. 

Los ciclos de la vida fluyen a través del agua y ella es una parte esencial de los ecosistemas y la vida. El agua es un bien común y como tal debe ser protegido. (...)

 

Apreciemos que la Vía Campesina, a diferencia del Foro Agrario Nacional  que confía en el Estado como agente de cambios radicales creyendo reformarlo (por: incluir otres representantes sociales en él; popularizar el funcionamiento bancario y nacionalizar el mercado exportador) continúa su Llamamiento:

 

Construyendo desde nuestras fortalezas

Nuestra gran fortaleza es crear y mantener unidad en la diversidad. Nosotros tenemos una visión del mundo inclusiva, amplia, práctica, radical y esperanzada como invitación a unirnos en la transformación de nuestra sociedad y la protección de la Madre Tierra.

 

Nos vamos de esta VI Conferencia Internacional de La Vía Campesina dando la bienvenida a las nuevas organizaciones que se han integrado al Movimiento, seguros de nuestras fortalezas y llenos de esperanzas hacia el futuro.


¡Por la tierra y la soberanía de nuestros pueblos!

¡Con solidaridad y lucha!

 

 

Fuente: https://viacampesina.org/es/llamamiento-de-yakarta/

 

 

 

Destaquemos que: "Para La Vía Campesina no sólo se debe cambiar el clima, necesitamos de manera impostergable un cambio completo del sistema capitalista que explota, contamina y acaba con los bienes naturales patrimonio de los pueblos del mundo. Para nosotrxs, las transformaciones urgentes y necesarias deben darse en el marco de una transición justa, y sólo será  posible cuando integre plenamente la realización de nuestros derechos como campesinxs, indígenas y de otras personas que trabajan las zonas rurales, con la eliminación de todas formas de violencia contra las mujeres y sujetxs diversxs, y con el control democrático de las tierras, aguas, territorios y demás bienes comunes".

 

 

#COP25: ¡Con Derechos y en Democracia,

seguiremos haciendo

Justicia Social y Climática!

29 noviembre 2019

 

Justicia climática y medioambiental, 

soberanía alimentaria

Comunicado – La Vía Campesina – COP25

(Harare, 29 de Noviembre de 2019) La Vía Campesina llama a acciones en Madrid y en Santiago, en el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, COP25, con la consigna ¡Con Derechos y en Democracia, seguiremos haciendo Justicia Social y Climática! une su voz de resistencia a la del pueblo chileno, movilizado masivamente contra las políticas neoliberales y extractivistas del gobierno del Presidente Sebastián Piñera exigiendo una nueva constitución. Asimismo, denuncia la violencia brutal ejercida por el estado chileno, como también su intento de mantener la “presidencia” de COP25 mientras abandona de forma unilateral sus responsabilidades ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

El traslado de la COP25 de Santiago de Chile a Madrid profundiza nuestra convicción que la democracia plena y el respeto innegociable de los derechos humanos, campesinxs, indígenas y de los pueblos que luchan y resisten son la única manera de hacer florecer la Soberanía Alimentaria y justicia social y climática. Es así que en Santiago, la Cumbre de los Pueblos se mantiene y a la vez en Madrid, la Cumbre Social por el Clima se organiza, y La Vía Campesina se movilizará en ambos espacios de solidaridad e intercambio, junto con los pueblos y las juventudes del mundo que luchan contra el sistema capitalista.

Hace varios años La Vía Campesina viene denunciando la cooptación de la CMNUCC por corporaciones transnacionales y sus gobiernos defensores. Las múltiples contradicciones en el Acuerdo de París (COP21), incluyendo su carácter no-vinculante y su incapacidad de superar lógicas de mercado, son resultados de esa misma cooptación. Y ahora la COP25, donde se deben definir mecanismos de ‘cooperación internacional’ para implementar las ‘Contribuciones Previstas y Determinadas a Nivel Nacional’. Es decir, mecanismos de mercado que permitirán a algunos países – y sus transnacionales – seguir contaminando sin cesar a costo del clima y de los derechos.

En 2018 y 2019, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) confirmó lo que nuestros pueblos y organizaciones vienen diciendo hace tiempo: ¡En África, Asia, Europa y las Américas la crisis climática ha llegado, el agronegocio tiene enormes responsabilidades en ella, y las transformaciones de sociedades enteras son urgentes!  Hay múltiple ejemplos de esta crisis climática ,  ya lo estamos viviendo en  Mozambique con el  Ciclone Idai, en la India con Karnataka y Maharastra inundadas, en Europa y Norteamérica devastadas por olas de calor que superan superando los 45° C y las Américas con su Amazonía ardiente.

Para La Vía Campesina no solo se debe cambiar el clima, necesitamos de manera impostergable un cambio completo del sistema capitalista que explota, contamina y acaba con los bienes naturales patrimonio de los pueblos del mundo. Para nosotrxs, las transformaciones urgentes y necesarias deben darse en el marco de una transición justa, y solo será  posible cuando integre plenamente la realización de nuestros derechos como campesinxs, indígenas y de otras personas que trabajan las zonas rurales, con la eliminación de todas formas de violencia contra las mujeres y sujetxs diversxs, y con el control democrático de las tierras, aguas, territorios y demás bienes comunes.

Las comunidades campesinas del mundo entero ya alimentan a las grandes mayorías (70% de la población mundial) con un mínimo de acceso a los bienes naturales (25%). Mientras tanto, el agronegocio monocultor exporta mercancías, destruye la biodiversidad, enferma a la gente, desplaza comunidades locales, mata a quienes resisten y calienta el planeta.

Desde La Vía Campesina rechazamos rotundamente todas las falsas soluciones a la crisis climática, incluyendo a los mercados de carbono (especialmente en tierras agrícolas), REDD y REDD+, los agrocombustibles, los transgénicos y su mal-llamada “agricultura climáticamente inteligente”, ni hablar de la altamente peligrosa geoingeniería. Lo que queremos, y lo que estamos construyendo día tras día en nuestros territorios es la Soberanía Alimentaria desde la agroecología campesina, la justicia social y climática desde la transición justa y de dignidad para las mayorías

La historia nos ha enseñado que las  soluciones vienen desde los pueblos,  pero demandamos que aquellos que deberían representarnos asuman sus responsabilidades, en lugar de ser serviles al capital.

No hay ejemplo mejor del vínculo entre derechos, democracia, y justicia climática que el criminal golpe de estado vivido por el pueblo boliviano en estos últimos días. Allí, en el Estado Plurinacional de Bolivia, una oposición anti-democrática junto a élites económicas e intereses transnacionales – con la complicidad de las fuerzas armadas y la policía boliviana – pretenden imponer la privatización de todo a través de balas, mentiras y censuras. En la Bolivia mayoritaria, acompañante digna del proceso de la Declaración de Derechos Campesinxs, quieren cerrar las puertas a la democracia y los derechos. Y desde La Vía Campesina decimos, ¡No al Golpe de Estado en Bolivia! Es así, que en Santiago, Madrid, La Paz y en cada rincón del planeta nos movilizaremos para decir:

¡Con derechos y en democracia,

seguiremos haciendo justicia social y climática!


Fuente: https://viacampesina.org/es/cop25-con-derechos-y-en-democracia-seguiremos-haciendo-justicia-social-y-climatica/

 

En consecuencia, la «contrarreforma agraria integral» del sistema mundo capitalista consiste en desterritorialización de los pueblos, naciones y comunidades para reterritorializar la optimización del saqueo que resulta en afianzamiento, consolidación del subdesarrollo en el Abya Yala. Analicemos:

 

Extractivismo y

dialéctica de la dependencia.
26 de agosto de 2017

 

Por Horacio Machado Araoz

 

Hay un extractivismo progresista, ¿post-neoliberal y anti-imperialista?

-Pretender “salir del neoliberalismo”, luchar contra el “imperialismo”, peor incluso, proyectar “la revolución” o impulsar un “proceso revolucionario” mediante la intensificación del extractivismo es el más absurdo oxímoron político que nos ha legado el fallido ciclo progresista en América Latina- Nos dice Horacio Machado Araoz en este particular y rico  análisis de Ecología Política Latinoamericana

 

(...)Estamos hablando en todos los casos de la configuración de regímenes extractivistas, de los cuales, (tratándose del excremento del diablo), el extractivismo petrolero es el peor y más extremo de los modelos. Así, el gran yerro no sólo de los conductores estatales del proceso bolivariano, sino de las experiencias de los gobiernos progresistas en general, fue haber pretendido pensar y/o construir una sociedad más justa, más igualitaria y más democrática sobre la base de la profundización del extractivismo.

Pretender “salir del neoliberalismo”, luchar contra el “imperialismo”, peor incluso, proyectar “la revolución” o impulsar un “proceso revolucionario” mediante la intensificación del extractivismo es el más absurdo oxímoron político que nos ha legado el fallido ciclo progresista en América Latina. Sencillamente, porque el extractivismo no es una característica pasajera de una economía nacional, sino que da cuenta de una función geometabólica del capital, fundamental e imprescindible para el sostenimiento continuo y sistemático de la acumulación a escala global.

 

“Extractivismo” no se circunscribe a las economías primario-exportadoras, sino que refiere a esa matriz de relacionamiento histórico estructural que el capitalismo como sistema-mundo ha urdido desde sus orígenes entre las economías imperiales y “sus” colonias; se trata de ese vínculo ecológico-geográfico, orgánico, que “une” asimétricamente las geografías de la pura y mera extracción/expolio, con las geografías donde se concentra la disposición y el destino final de las riquezas naturales. La apropiación desigual del mundo, la concentración del poder de control y disposición de las energías vitales, primarias (Tierra/materia) y sociales (Cuerpos/trabajo), en manos de una minoría, a costa del despojo de vastas mayorías de pueblos, culturas y clases sociales, eso es lo que el extractivismo asegura y hace posible.

 

En definitiva, este fenómeno da cuenta de la dimensión ecológica del imperialismo, como factor fundamental y condición de posibilidad material del sostenimiento del sistema capitalista global. La economía imperial del capital ha precisado -como condición histórico-material de posibilidad- la constitución de regímenes extractivistas para poder afianzarse y expandirse hegemónicamente como sistema-mundo. Nuestro continente “nació” (fue, en realidad, violentamente incrustado al naciente sistema-mundo) como producto de un zarpazo colonial que nos constituyó, desde fines del siglo XV hasta la fecha, como una economía minera, zona de sacrificio. Desde entonces, nuestras sociedades se con-formaron bajo el formato de regímenes extractivistas, más aún incluso, a partir de las “guerras de independencia” y la constitución de nuestros países como “estados nacionales”.

 

Así, el extractivismo en América Latina no significa apenas un tipo de “explotación de los recursos naturales”, sino que da cuenta de todo un patrón de poder que estructura, organiza y regula la vida social en su conjunto en torno a la apropiación y explotación oligárquica (por tanto, estructuralmente violenta) de la Naturaleza toda, (incluida, esa forma especialmente compleja y frágil de la Naturaleza que son los cuerpos humanos vivientes). El extractivismo en nuestra región es la perenne marca de origen de nuestra condición colonial, que no se ha borrado sino que se ha afianzado, durante nuestra etapa ‘post-colonial’. El extractivismo ha permeado nuestra cultura, ha moldeado nuestra institucionalidad, nuestra territorialidad e ‘idiosincrasia nacional’; ha dejado su huella indeleble en la estructura de clases, en las desigualdades racistas y sexistas; en fin, en la naturaleza de los regímenes políticos, el tipo de estructura de relaciones de poder y sus modalidades de ejercicio y reproducción. En una palabra, los regímenes extractivistas son, ni más ni menos, que la base estructural de las formaciones geo-sociales (Santos, 1996) propias del capitalismo colonial-periférico-dependiente; expresan la modalidad específica que el capitalismo adquiere en la periferia.

 

Por eso, en todo caso, la profundización, ampliación o intensificación del extractivismo, es la profundización, ampliación e intensificación de nuestra condición periférico-dependiente, colonial, dentro del capitalismo mundial. El extractivismo funciona como dispositivo clave de reproducción de nuestra integración subordinada al sistema-mundo; está en el meollo mismo de la dialéctica de la dependencia. Esto significa que, en nuestras sociedades, la expansión del crecimiento económico va insoslayablemente aparejado a la profundización de la dependencia y a la intensificación de los mecanismos estructurales de expropiación. La razón progresista ha sido ciega a este elemental (y viejo) problema constitutivo de nuestras formaciones sociales.

 

Aparentemente, a juzgar por sus políticas y por su retórica, el progresismo creyó posible “salir del neoliberalismo” y “luchar contra el imperialismo” profundizando la matriz extractivista y acelerando al extremo la exportación de materia y energía. Entendiendo el “post-neoliberalismo” como políticas de “inclusión social” (vía programas masivos de asistencia social, incremento de los presupuestos de la infraestructura y prestaciones estatales de servicios básicos, incentivos al mercado interno para dinamizar el crecimiento del consumo interno, del empleo, los salarios y la demanda agregada en general) los gobiernos progresistas materializaron el pasaje del Consenso de Washington al Consenso de Beijing o “consenso de las commodities” (Svampa, 2013).

Sus políticas “revolucionarias” fueron -en el fondo- no otra cosa que un momentáneo retorno a políticas neokeynesianas. La renta extractivista que financió las “políticas de inclusión” (al consumo de mercado) operaron en realidad una nueva oleada de apropiación y despojo de tierras, agua y energía, extranjerización y re-primarización del aparato productivo, mayor penetración y concentración del poder (económico, político e institucional) en manos de grandes empresas transnacionales; en suma, expansión de las fronteras materiales y simbólicas del capital hacia cada vez más amplias y profundas esferas de la vida social. La “inclusión social” fue, de hecho, inclusión como consumidores; “tener derechos” pasó a significar -para amplias mayorías- ser beneficiario de ciertos programas sociales y tener acceso a cierta cuota de consumo en el mercado. La “redistribución del ingreso” no afectó las desigualdades sociales básicas ni alteró la estructura de clases; los gobiernos progresistas, en verdad, ni hablaron de “lucha de clases” o superación de una sociedad de clases: su objetivo manifiesto fue la “ampliación de las clases medias”. A la par del consumo social compensatorio para las anchas bases de la pirámide social, se expandió el consumo exclusivo de las élites y el consumismo mimético de las clases medias.

Por supuesto, esto no significó desmercantilizar nada, en ningún sentido, sino, al contrario, abrir paso a una inédita intensificación y ampliación de horizonte de la mercantilización, tanto a nivel de las prácticas sociales objetivadas, como a nivel de las subjetividades y sensibilidades, incluso en el imaginario social de los sectores populares. En definitiva, en este sentido fundamental, los gobiernos progresistas no marcaron una “etapa post-neoliberal”, sino que fueron la prolongación y profundización del neoliberalismo por otros medios. Todo eso, financiado por la exportación creciente de materias primas; por la profundización del extractivismo.

 

Así, nuestro crecimiento “a tasas chinas” fue funcional a la revitalización de la dinámica de acumulación global. Cada carga de nuestras exportaciones alimentó la locomotora capitalista mundial con gravosos subsidios ecológicos extraídos de nuestros territorios/cuerpos. Cada punto de incremento en la demanda mundial (china) de nuestras materias primas dio mayor impulso a la ola de despojo, devastación de ecosistemas y mercantilización de bienes comunes y cuerpos humanos. Cada nueva obra pública, cada incremento en la “inversión” en carreteras, hidroeléctricas, puertos, hidrovías y cuanta infraestructura pública se hizo para “mejorar la conectividad regional” y la “integración latinoamericana” significó, sí, más empleo, más consumo popular, pero también, mayor apropiación de plusvalía por parte de grandes transnacionales, aumento del poder económico y político de la clase capitalista mundial y de los segmentos de las burguesías internas; en fin, intensificación y profundización de las economías de enclave: fragmentación territorial de los ecosistemas, debilitamiento de los entramados productivos endógenos, pérdida de sustentabilidad y autonomía económica, tecnológica, financiera y, al contrario, profundización de nuestra inserción estructuralmente subordinada y dependiente.

 

Mientras las pudieron sostener, las políticas expansivas del ciclo progresista mejoraron, sí, a corto plazo, las condiciones inmediatas de vida de los sectores populares; eso está fuera de discusión. El punto es que esas mismas políticas intensificaron nuestra posición y condición de subalternidad en el marco de la geopolítica imperial del capital. Ese crecimiento profundizó la subsunción geometabólica de nuestros territorios/cuerpos a la trituradora del “molino satánico” global. De eso hablamos cuando hablamos del extractivismo como dispositivo clave de la dialéctica de la dependencia. Por eso mismo, el imperialismo es, principal y fundamentalmente, imperialismo ecológico: no se trata de un poder de dominación externo, sino que es intrínseco y constitutivo a nuestras formaciones sociales; está en las bases mismas de la matriz socioterritoral, la estructura de clases y de poder de las sociedades capitalistas periféricas. Los regímenes extractivistas son así, la cara interna del imperialismo (ecológico) del capital.

 

Ecologismo popular y radicalización de la praxis revolucionaria

“El cambio supone una subversión gradual de las necesidades existentes, es decir, un cambio en los mismos individuos, de manera que, en los propios individuos, su interés por la satisfacción compensatoria ceda ante las necesidades emancipatorias. (…)) Evidentemente, la satisfacción de estas necesidades emancipatorias es incompatible con las sociedades establecidas de estados capitalistas y estados socialistas”. (Herbert Marcuse, 1979).

 

“Desde el punto de vista de una formación económico-social superior, la propiedad privada del planeta en manos de individuos aislados parecerá tan absurda como la propiedad privada de un hombre en manos de otro hombre. Ni siquiera toda una sociedad, una nación o, es más, todas las sociedades contemporáneas reunidas, son propietarias de la tierra. Sólo son sus poseedoras, sus usufructuarias, y deben legarla mejorada, como boni patres familias, a las generaciones venideras”. (Karl Marx, 1867).

 

Las gravosas e insoslayables consecuencias económicas, políticas y culturales del extractivismo sobre nuestras sociedades, es lo que desde un amplio y diverso conjunto de actores (no sólo intelectuales, investigadores, sino movimientos sociales, pueblos originarios, comunidades campesinas, organizaciones sociales de base comunitaria, colectivos asamblearios nucleados en torno al ecologismo popular) hemos venido tan insistente como infructuosamente planteando al interior de estos procesos políticos en nuestra región. Nuestras luchas contra el extractivismo no procuraban “hacerle el juego a la derecha”, ni erosionar la base de sustentabilidad económica y política de los gobiernos progresistas, sino al contrario. En todo caso, buscaron siempre mantener claridad en el sentido y el rumbo de la práctica revolucionaria.

 

El oficialismo de izquierda, en particular los “intelectuales orgánicos” que se abroquelaron acríticamente detrás de una defensa impermeable de esos gobiernos, hoy en su ocaso, desconsideraron absolutamente esas advertencias. Por negligencia o conveniencia, con soberbia y/o necedad, ignoraron sistemáticamente los planteos provenientes de los movimientos del ecologismo popular; muchas veces con mala fe, los asimilaron a los planteos del ambientalismo nórdico. Desde la oficialidad del poder, se apropiaron del nuevo lenguaje emancipatorio arduamente construido desde las luchas: el Buen Vivir o Sumaj Kawsay, Plurinacionalidad, Derechos de la Naturaleza, Bienes Comunes, Socialismo del Siglo XXI. Lo usaron, sin embargo, como una nueva retórica para solapar el viejo imaginario (colonial y políticamente perimido) del desarrollismo “nacional y popular”, centrado en un “Estado fuerte” que “controla al mercado” y comanda el proceso de “crecimiento con inclusión social y redistribución de la riqueza”. Lo que nació como expresión de un nuevo paradigma civilizatorio radicalmente post-capitalista, descolonial, despatriarcal y ecologista, fue sencillamente banalizado y vaciado de contenido.

 

Hasta hoy en día, esa izquierda oficialista sigue mostrándose completamente ciega ante el extractivismo y su dialéctica de la dependencia. No sólo no entienden la relevancia, gravedad y urgencia de la problemática ecológica, sino que tampoco entienden, al parecer, que el extractivismo no es sólo un problema regional, sino global; no es sólo “ambiental”, sino civilizatorio. Como muestra dolorosamente la coyuntura crítica de la sociedad venezolana (la de América Latina toda, pero también la dramática situación del planeta en general), el problema del extractivismo no es “sólo” la cuestión de la devastación ecológica de ciertos territorios, sino, en el fondo, la cuestión de raíz de la depredación capitalista del mundo de la vida como tal.

 

La lección histórica que nos deja este amargo fin de ciclo, es que, de una vez por todas, deberíamos ya definitivamente desafiliarnos de la religión colonial del “progreso”, despejar de nuestro imaginario la ilusión fetichista de que sería posible desacoplar el engranaje de la producción (capitalista de riqueza) del de la devastación (de las fuentes y formas de Vida). Pues, en plena Era del Capitaloceno, en la que nos hallamos, está a la vista que ambos mecanismos forman parte inseparable del mismo “molino satánico”. El aprendizaje histórico que deberíamos ser capaces de hacer de la frustrada experiencia del “ciclo progresista” es que el (neo)desarrollismo de ninguna manera es una alternativa válida para nuestros pueblos; lejos de ser una vía siquiera ‘transitoria’ hacia el “socialismos del Siglo XXI”, fue un atajo que nos hundió aún más en las condiciones estructurales de subalternidad y súper-explotación propias de nuestra posición colonial-periférico-dependiente dentro del capitalismo global.

 

No se trata de una cuestión de “reforma” o “revolución”. No es que los cambios “iban bien”, pero que faltó “seguir avanzando” en la misma dirección. Se trata de tomar nota de que la política de “crecimiento con inclusión social” no sólo no alcanza como horizonte político de cambio social revolucionario, sino que en realidad es una política completamente errada e históricamente perimida, si a lo que aspiramos es a un verdadero proceso de emancipación social. Un programa político basado en la pretensión de la satisfacción (así sea “para todos y todas”) de las necesidades existentes, es como tal un programa reaccionario, que inhibe de raíz la posibilidad de imaginar y avanzar en la dirección de los cambios que precisamos realizar. El sistema justamente nos constituye como sujetos-sujetados a su reproducción a partir de la estructuración misma de las necesidades (y la colonización de los deseos): las necesidades existentes son, en realidad, las que el sistema necesita para su reproducción; son, por tanto, un aspecto clave de lo que precisamos cambiar.

 

Los movimientos del ecologismo popular hemos venido señalando ese punto ciego de los gobiernos progresistas. Las políticas de “crecimiento con inclusión social” no sólo son funcionales a la reproducción del sistema, sino que además se basan en la quimérica creencia de que, dentro del capitalismo, sería posible “incluir a todos los excluidos”, o peor, de que “incluyendo a los excluidos” se va transformando el sistema… El programa de la “inclusión social” no sólo es inviable socialmente (pues el capitalismo es por definición un régimen oligárquico de apropiación y usufructo diferencial de las energías vitales, donde “la pobreza de la mayoría, a pesar de lo mucho que trabajan” sólo va a engordar “la riqueza de una minoría, riqueza que no cesa de crecer aunque haga ya muchísimo tiempo que hayan dejado de trabajar”), sino también ecológicamente: hay taxativos límites biológicos y físicos dentro del Sistema Tierra que hacen inviable un horizonte de “crecimiento infinito”.

 

Si a mediados del siglo XIX podría haber sido todavía comprensible, la ceguera ante la crucial cuestión ecológica de fuerzas sociales que se dicen revolucionarias, anti-capitalistas, resulta, en el siglo XXI, lisa y llanamente inadmisible. La crisis ecológica, las desigualdades e injusticias socioambientales, los impactos tóxicos y destructivos del industrialismo, el urbanocentrismo, el patrón energético moderno, la producción a gran escala y el consumismo (no sólo sobre los ecosistemas, sino sobre la condición humana), no pueden no estar en la agenda de un programa que se proponga seriamente la construcción del socialismo del siglo XXI. Como lo dijera el comandante Chávez, la construcción del socialismo es, en este siglo, “razón de vida”.

 

El ecologismo, así, (el ecologismo popular, que nada tiene que ver con el conservacionismo, el maltusianismo, la economía verde ni cualesquiera de las distintas expresiones del eco-capitalismo tecnocrático) lejos de constituir un programa social ‘reaccionario’ o ‘funcional a la derecha’, expresa en realidad un nuevo umbral del pensamiento crítico y las energías utópicas. La irrupción de los movimientos del ecologismo popular en la escena política del siglo XXI está dando cuenta de la necesidad de una profunda renovación y radicalización del contenido y el sentido de la práctica revolucionaria; acorde a las necesidades de nuestro tiempo. Porque en nuestro tiempo, está claro que no se trata de “incluir” sino de “transformar”.

 

Hay que tomar seriamente -en términos políticos y epistémicos- que estamos viviendo los momentos extremos de la Era del Capitaloceno (Altvater, 2014; Moore, 2003), una era signada por las huellas prácticamente irreversibles que la destructividad intrínseca del capitalismo ha impreso sobre la Biósfera, la Madre Tierra. Justamente por ello, el sentido de la acción política y el cambio social que como especie, como comunidad biológica, asumamos, signará decisivamente nuestras posibilidades de sobrevivencia, o no. Ese es el escenario en el que nos hallamos. No se trata de ‘catastrofismo’, sino del más crudo realismo. Como lo advierte Donna Haraway (2016), el Capitaloceno no es una “nueva” era geológica, otro horizonte espacio-temporal de larga duración; al contrario, el Capitaloceno designa un “evento límite”, es decir, un momento de la historia de la Tierra cuyos presupuestos y condiciones ecológicas y políticas lo hacen inviable: o se transforman esos presupuestos, o se extingue.

 

La cuestión ecológica, tal como es planteada por el ecologismo popular, es así crucial para la sobrevivencia de la especie. Por eso mismo, nos empuja a atrevernos a pensar el fin del capitalismo, a recuperar y renovar formas y modos de vida no-capitalistas. Nos incita a pensar la revolución no apenas como ‘cambio de políticas/políticas redistributivas’, ‘cambio de gobierno’ o ‘toma del Estado’, sino como un radical y profundo cambio civilizatorio. Es decir, el escenario del Capitaloceno, la posibilidad cierta de un colapso terminal de las condiciones ambientales que hacen posible la vida humana en el planeta como consecuencia de la huella ecológica provocada por el capitalismo, nos desafía a pensar el cambio revolucionario completamente en otra escala; una escala espacio-temporal mucho más amplia que la que hasta ahora se ha considerado. Necesitamos pensar la revolución como un cambio de Era Geológica. Si el Capitaloceno es un momento crítico, donde la vida (al menos en su forma humana) está expuesta a la extinción, si designa el tiempo geológico en el que el capitalismo ha trastornado hasta tal punto los flujos elementales del sistema Tierra casi al extremo de volverla in-habitable, hacer la revolución en el presente, significa realizar todas las transformaciones que sean necesarias a fin de restituir las condiciones de habitabilidad del planeta; volver a hacer de la Tierra, nuestro Oikos/Hogar, el lugar apto para la (re)producción de nuestra vida como comunidad biológica.

 

Si la idea de un socialismo del Siglo XXI es algo más que un mero eslogan político, y lo consideramos, en términos realistas y concretos como un nuevo horizonte político, un nuevo modo histórico de (re)producción social de la vida, y un nuevo régimen de relaciones sociales, esa noción de “socialismo del siglo XXI” nos lleva a pensar la revolución como una profunda migración civilizatoria que nos saque de la era insostenible del Capitaloceno. El ecologismo popular -los sujetos y movimientos sociales que lo encarnan- se toma seriamente este desafío; piensan/pensamos la revolución como cambio sociometabólico, como una radical transición socioecológica hacia un absolutamente nuevo modo de producción social (de la vida), que supone y requiere no apenas “oponernos al neoliberalismo” sino deconstruir de raíz las formas elementales del capital.

 

En este punto, hallamos la convergencia fundamental entre el chavismo y el ecologismo popular. Si algo precisamos rescatar y recuperar del movimiento bolivariano, si en algo reside su originalidad, su pertinencia histórica y su potencia revolucionaria, es en la centralidad que se le ha querido dar a las comunas como nuevas bases ecobiopolíticas y unidades de producción de la vida social. Eso que ha sido su gran aporte histórico, ha sido también -hoy lo podemos ver con claridad- su límite y su contradicción: construir el socialismo comunal ha quedado sólo como una expresión de deseos. El chavismo en el gobierno siguió el camino de la “siembra del petróleo”, en lugar del sendero alter-civilizatorio de la comunalización. Lejos de favorecer la germinación del poder popular, esa siembra de petróleo lo intoxicó y lo fue asfixiando cada vez más.

 

En las horas aciagas que corren, sería de gran utilidad volver y juntar fuerzas en torno a ese proyecto político que fue truncado. “Comuna o nada” es un lema que resume el legado perenne del comandante Chávez y es también un principio elemental clave para orientar el cambio revolucionario, la transición socioecológica hacia una nueva era Civilizatoria y Geológica.

 

Comunalizar es el verbo donde convergen el chavismo y el ecologismo popular como fuerzas sociales revolucionarias; es lo que tenemos en común, como horizonte guía y aspiración transformadora. Comunalizar es, por supuesto, des-mercantilizar, pero también des-estatalizar: el Estado no es lo opuesto del Mercado, sino la contracara jurídico-política del capital. Avanzar hacia un socialismo comunal no implica un “Estado comunal”, sino la deconstrucción radical de la lógica racional-burocrática, centralizada y vertical de ejercicio del poder y gestión de la vida colectiva. Comunalizar es democratizar y descentralizar los procesos de producción de la vida; implica sembrar poder y capacidades autogestionarias, construir autonomía social desde las bases, tanto en las esferas de la vida doméstica, como de la vida pública. Comunalizar es des-privatizar y desmercantilizar las relaciones sociales, los imaginarios, los cuerpos y los territorios. No basta con suprimir la propiedad privada de “los medios de producción”; tenemos que suprimirla de la faz de la tierra; hacer que llegue el día en el que “la propiedad privada del planeta en manos de individuos aislados” sea un absurdo inaceptable.

 

Así, radicalizar la revolución es comunalizar la Madre Tierra; es diseñar, construir y asumir como forma de vida, un nuevo metabolismo social que la reconozca, la considere y la trate como lo que en realidad es: base imprescindible y fuente de Vida en Común.

 

Producir un radical giro sociometabólico que parta del respeto y el cuidado radical de la Madre Tierra, supone salirnos de los engranajes del productivismo y el consumismo que hacen girar “el molino satánico” de la acumulación como fin-en-sí-mismo; supone también corrernos del industrialismo, del urbanocentrismo y el fetichismo tecnológico que nos hace creer que el “desarrollo de las fuerzas productivas” es una línea evolutiva universal y que para cualquier problema social y/o ecológico siempre bastará y será posible hallar una solución tecnológica. Ese cambio sociometabólico no implica “aumentar los salarios” sino des-salarizar el trabajo; no “redistribuir el ingreso”, sino redefinir radicalmente el sentido social de la riqueza, esta vez, en función de los valores de uso y de la sustentabilidad de la vida y no de la valorización abstracta y la super-producción de mercancías.

 

En fin, procurar ese giro sociometabólico involucra, en última instancia, des-mercantilizar las emociones, vale decir, buscar, sentir y vivir la felicidad en las relaciones, y no en las cosas. En lugar de la expansión (incluso ‘igualitaria’) de los ‘bienes de consumo’, el nuevo horizonte utópico que se vislumbra desde esta perspectiva pasa más bien por un escenario donde “el hombre socializado, los productores libremente asociados, regulen racionalmente su intercambio de materias con la naturaleza, lo pongan bajo su control común en vez de dejarse dominar por él como por un poder ciego, y lo lleven a cabo con el menor gasto posible de energías y en las condiciones más adecuadas y más dignas de su naturaleza humana” (Marx, 1981: 1045).

Claro, somos conscientes de que el giro sociometabólico del que hablamos como medio y proceso revolucionario, constituye un desafío ideológico, existencial y emocional no apenas para la derecha, sino también para amplios sectores que se consideran de “izquierda”; claramente es así para la izquierda oficialista. Todavía estos sectores siguen anclados en el socialismo (realmente in-existente) del siglo pasado: concibiendo la revolución como “desarrollo de las fuerzas productivas”, creyendo que el imperativo de la liberación pasa por “industrializarnos”, “crear puestos de trabajo”, “aumentar salarios”, construir más carreteras” y “ampliar las políticas sociales”.

Esos sectores, esa izquierda no percibe aún “los límites de la civilización industrial” (Lander, 1996); no puede ver más allá del muro mental de la colonialidad progresista. Justamente, no pueden ver que más allá de esos muros, hay mucha comunalidad viviente; personas, organizaciones, comunidades enteras que no demandan más asfalto ni quieren “progresar”, que no sueñan con “salir de shopping” ni luchan por el aumento de su “poder adquisitivo”… Sujetos colectivos que, por el contrario, se hallan movilizados por la defensa de sus territorios, congregados por los desafíos de la gestión autonómica de la vida en común, por la producción de la soberanía alimentaria, por la justicia hídrica, la democratización y sostenibilidad energética.

Esos sujetos -tenemos la esperanza y la convicción- son quienes que están conjugando en sus luchas, el verbo de la revolución, del socialismo del siglo XXI… Al comunalizar los bienes, los nutrientes y las energías, los saberes, los sabores y las semillas, estos sujetos están emprendiendo el camino de la gran migración civilizatoria que nos saque del Capitaloceno y nos lleve a la Tierra de un nuevo y auténtico Antropoceno: la Era Geológica del Hombre Nuevo.

Horacio Machado Aráoz

Bibliografía:

Acosta, Alberto (2009). “La maldición de la abundancia”, CEP, Ed. Abya Yala, Quito.

Altvater, Elmar (2014). “El Capital y el Capitaloceno”. En “Mundo Siglo XXI”, revista del CIECAS-IPN, N° 33, Vol. IX.

Haraway, Donna (2016). “Antropoceno, Capitaloceno, Plantacionoceno, Chthuluceno: generando relaciones de parentesco”. Revista Latinoamericana de Estudios Criticos Animales, Año III, Vol. I.

Lander, Edgardo (1996). “El límite de la civilización industrial. Perspectivas latinoamericanas en torno al posdesarrollo”. FACES, Universidad Central de Venezuela, Caracas.

Marcuse, Herbert [1979] (1993). “La ecología y la crítica de la sociedad moderna”. Revista Ecología Política N° 5. Icaria, Barcelona.

Marini, Ruy Mauro (1974). “Subdesarrollo y revolución”. Ediciones Era, México.

Marx, Karl [1867] (1981). “El Capital”. Siglo XXI, México.

Moore, Jason (2003). “Capitalism as World-Ecology: Braudel and Marx on Environmental History”. Organization & Environment 16/4 (December).

Pérez Alfonzo, Juan Pablo [1979] (2009). “Hundiéndonos en el excremento del diablo”. Fund. Editorial El perro y la rana, Caracas.

Polany, Karl [1949] (2003). “La Gran Transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo”. Fondo de Cultura Económica, México.

Santos, Milton (1996). “De la totalidad al lugar”. Tau, Barcelona.

Svmpa, Maristella (2013). “Consenso de los commodities y lenguajes de valoración en América Latina”. Revista Nueva Sociedad N° 244.

Terán Mantovani, Emiliano (2014). “La crisis del capitalismo rentístico y el neoliberalismo mutante”. Documento de Trabajo N° 5, CELARG, Caracas.

1[1] Decimos “mal llamado y peor entendido” porque generalmente se ha empleado el concepto de extractivismo para referir a un sector, un tipo de actividades y/o una fase de los procesos económicos; a lo sumo, se lo ha usado para caracterizar a economías específicas (locales, nacionales o regionales) basadas en la sobre-explotación exportadora de materias primas. Eso es ver apenas una parte del fenómeno, lo que es lo mismo que no entender el problema como tal, que, a nuestro juicio, tiene que ver con la dinámica geometabólica del capitalismo como economía-mundo.

2[1] Cita extraída de Emiliano Terán Mantovani, “La crisis del capitalismo rentístico y el neoliberalismo mutante”. Documento de Trabajo N° 5, CELARG, Caracas: 2014.

3[1] Esa expresión remite a una nota publicada por Arturo Uslar Pietri en el periódico “Ahora” en 1936 y que, desde entonces, se ha convertido en una pieza emblemática de una visión nacional-desarrollista basada en la idea de invertir la efímera renta petrolera en la gestación de otros sectores productivos más sostenibles. Un fragmento de dicha nota dice: “Urge aprovechar la riqueza transitoria de la actual economía destructiva para crear las bases sanas y amplias y coordinadas de esa futura economía progresiva que será nuestra verdadera acta de independencia. Es menester sacar la mayor renta de las minas para invertirla totalmente en ayudas, facilidades y estímulos a la agricultura, la cría y las industrias nacionales. Que en lugar de ser el petróleo una maldición que haya de convertirnos en un pueblo parásito e inútil, sea la afortunada coyuntura que permita con su súbita riqueza acelerar y fortificar la evolución productora del pueblo venezolano en condiciones excepcionales.” (Arturo Uslar Pietri, “Sembrar el petróleo”, 14 de julio de 1936). Al día de hoy, el lema de PDVSA y el título del Boletín oficial es “Siembra petrolera…. Cosechando Patria”.

4[1] Las exportaciones petroleras venezolanas pasaron del 65 % en 1998 al 96 % en el año 2014.

Fuente: http://reduas.com.ar/extractivismo-y-dialectica-de-la-dependencia/