Qué País

Septiembre 2016

Con territorialidades desde abajo y a la izquierda.

 

 


 

 

 

SITUACIÓN / CRISIS CIVILIZATORIA / ALTERNATIVAS

 

 Situación

 

Necesitamos de una mirada articuladora de la diversidad de abajo en el continente y el mundo con el fin de erradicar la impunidad gran capitalista. Implica deconstruir conceptos claves para la puesta en práctica de rumbos emancipativos. Reflexionemos sobre:

 

Eso que llaman comunalidad*

Por Jaime Martínez Luna

En el prólogo de este libro Gustavo Esteva escribe:

(…)Estamos en el fin de una época. El caos y la inestabilidad, característicos del paso de una era a la siguiente, reinan por todas partes. Cobramos cada día conciencia más clara de que los términos y conceptos dominantes, los que definieron nuestra era, son ya inútiles para entender lo que ocurre y aún más para lidiar con nuestras dificultades en la transición. Ante las amenazas muy reales de que el mundo que sustituya al actual pueda sólo acentuar sus horrores, un número creciente de personas nos empeñamos en concertar nuestras luchas para organizar un funeral apropiado para la era que llega a su fin y para emprender la construcción del mundo que queremos, no sólo con la idea de que nuestros sueños se hagan realidad sino también en el afán de impedir que surja el mundo que tememos. Estamos colocados en la coyuntura extraña en que necesitamos ver al pasado para encontrar en él anticipación del futuro. Pero no podemos ver lo que sigue como mera continuación, proyectando hacia delante ese pasado. No podemos tratar de entender el mundo con elementos de [ 12 ] prólogo la víspera. Hace falta concebir otra teoría, otra manera de experimentar la realidad, otros lenguajes, para aprender con otros a ver con claridad lo que acaba, condición para desmantelarlo con eficacia, y para imaginar, también con otros, el nuevo mundo, ese mundo en que podrán caber muchos mundos, como dicen los zapatistas.

 

En una célebre conversación con Chomski, Foucault señaló:

 

Al contrario de lo que piensas, no puedes evitar que yo crea que estos conceptos de naturaleza humana, de justicia, de la realización de la esencia del ser humano, son todas ideas y conceptos que se han originado dentro de nuestra civilización, dentro de nuestro tipo de conocimiento y dentro de nuestro tipo de filosofía, y que en consecuencia forman parte de nuestro sistema de clases. Y, por lamentable que esto resulte, no podemos plantear estos conceptos para describir y justificar una lucha que debería –y deberá, por principio – derrocar los fundamentos mismos de nuestra sociedad. No encuentro una justificación histórica para esta extrapolación. 

 

Esa es la tarea, actual y urgente. Para la lucha de transformación en que estamos empeñados hemos de empezar por desechar el sistema conceptual en que hemos sido educados. Sólo así podemos ocuparnos de desmantelar el régimen que lo produjo y construir el mundo nuevo.

Pueblos como los que aquí hablan por la voz de Jaime tienen otra procedencia, otra manera de ser y de pensar. No se dejaron atrapar en ese sistema conceptual, aunque hayan tenido que padecer la dominación de sus portadores. En su contribución actual, son continua fuente de inspiración para atreverse a pensar todo de nuevo, de una nueva manera, luchando a brazo partido contra el peso lingüístico y conceptual que aún nos ata al pasado.

Y si de eso se trata, ejercicios como el que aquí realiza Jaime Luna son indispensables. Pocos habrá, en Oaxaca, que puedan coincidir con él en todo cuanto escribe. Habrá fundadas objeciones a su tratamiento de la historia, sea que se utilicen para ello los cuentos de siempre de los vencedores –que han escrito el relato oficial- o que se empleen versiones alternativas. Causará inmediata resistencia gremial su propuesta insistente de que todo empeño educativo quede en manos de las comunidades. Se discutirán con razón muchas de sus interpretaciones. Pero nadie sensato, en Oaxaca, debería evitar la lectura de su texto y una cuidadosa consideración de lo que dice.

Daré un par de ejemplos, alejándome de su discurso para concentrarme en los documentos que anexa. En ellos se muestra, por una parte, la medida en que Jaime es una antena sensible que sabe recoger impulsos colectivos. Por otra parte, se observan en esos impulsos las reverberaciones y sedimentos de la presencia de Jaime en la Sierra.

El primero es una Declaración de los pueblos serranos zapotecos y chinantecos de la Sierra Norte de Oaxaca que constituye una de las primeras reacciones de estos pueblos a la insurrección zapatista. Formulada el 13 de febrero de 1994 revela una reflexión madura, largamente acariciada, que ve llegada la oportunidad de reivindicar plenamente autonomía jurídica y política. Concluye con palabras contundentes:

Nuestra región se ha comportado hasta este momento muy concertador con la nación, porque hemos heredado el esfuerzo y la convicción de Benito Juárez. Sin embargo, no se debe olvidar que hemos sido un volcán latente que en cualquier momento puede hacer erupción, si no se atienden los viejos rezagos de justicia por los que tantos serranos han dado su vida.

El segundo documento es una propuesta de decreto sobre la Autonomía para los pueblos de la Sierra Norte de Oaxaca. En una cuestión que se  ha abordado extensamente en los más variados escenarios es difícil encontrar propuestas originales, coherentes y completas, como la que aquí se expone. No es una propuesta separatista. Tampoco concibe la autonomía como una forma descentralizada de administrar los poderes verticales del estado, como sugieren algunos autonomistas académicos para postular la autonomía de regiones pluriétnicas. Es una auténtica propuesta autonómica, concebida desde abajo y a la izquierda, para que los pueblos puedan ejercer de derecho la autonomía que han conquistado de hecho y así logren consolidar esa autonomía y llevarla a todas las demás esferas de la vida cotidiana. Se trata de conseguirlo en forma democrática y pacífica, sin tener que hacerlo siempre a contrapelo del régimen dominante,. Como todo el libro, no es una propuesta acabada. No puede ni debe serlo. Es un documento de trabajo en que se expresa de manera concreta la novedosa mirada, el gesto singular, el empeño desgarrado por abrirse paso en la oscuridad, que marcan la vida y obra de Jaime Luna.

 

San Pablo Etla, marzo de 2008.

 

 

*Este libro es financiado por el Programa para el Desarrollo Integral de las Culturas de los Pueblos y Comunidades Indígenas (PRODICI) en el cual participan la Dirección General de Culturas Populares del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Oaxaca y la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, AC.

Fuente: http://data.over-blog-kiwi.com/1/38/03/91/20160409/ob_036743_eso-que-llamam-comunalidad.pdf

 

Enfoquemos significados y sentidos de «comunalidad» en:

 

 

La recuperación desde abajo y a la izquierda de "los bienes públicos y naturales que constituyen el objeto privilegiado de la apropiación capitalista y el objetivo del dispositivo jurídico privado y/o público que realiza el 'derecho de propiedad'. Una apropiación jurídicamente legítima que no difiere de la apropiación capitalista en general, sino que la complementa, como “apropiación” del “valor del trabajo”, como extracción de “valor” y como figura jurídica y política de la producción colectiva bajo la forma de propiedad privada y/o pública. Este dominio sobre las actividades individuales y/o colectivas que han instituido bienes públicos o naturales como deseables y utilizables en la construcción de las formas de vida, es algo propio de la producción capitalista. Este dominio se ha acentuado, en el capitalismo maduro, con la creciente superposición del modo de producción y de las formas de vida".

 

 

Lo común como modo de producción

24 de agosto de 2016

 Por Toni Negri

Se comienza a hablar del “común” en términos sustantivos. Hasta hace algún tiempo, sólo se utilizaba en un sentido formal, como algo fuera de toda posible definición ontológica, algo a lo que sólo el modo de apropiación, sea privada o sea pública, calificaba y, por consiguiente, daba existencia. Aún ahora, en la jurisprudencia y en el derecho sólo se habla del común en ese sentido formal. Estamos saliendo de una larga historia, que quizá haya coincidido con la época moderna, y el común ya se nos manifiesta como una realidad o, mejor dicho, como una producción. Más adelante retomaré la discusión sobre esta definición, pero ahora vuelvo a nuestro tema: la apropiación privada de lo colectivo y del común. Hay una reseña crítica de la economía política del común en Vercellone y otros (2015), “Managing the commons in the knowledge economy”, Report D3.2, D-CENT (Decentralized Citizens ENgagement Technologies), European Project 2015, mayo 2015, p. 110.

 

En la era del neoliberalismo la apropiación privada del común se presenta bajo dos formas particularmente evidentes: la apropiación de lo público (del patrimonio del Estado, de los bienes y servicios públicos , etc.) por parte de individuos o entidades privadas y, como segunda forma, la apropiación de lo que llamamos naturaleza, esto es, los bienes de la tierra y ambientales, las potencias físicas de la vida, etc. Parece evidente que estos bienes pueden ser transferidos al ámbito privado y que, de hecho, se están transfiriendo. Son bienes materiales y naturales y parecería que su apropiación no afectaría a su sustancia, si no fuese porque es necesario considerar con más atención esa apropiación.

 

 

Nos parece… pero hay que ceder a la evidencia y reconocer que en este tema la rutina ha aplacado la indignación y que las conveniencias industriales han anulado las reservas morales. Estos bienes constituyen el objeto privilegiado de la apropiación capitalista y el objetivo del dispositivo jurídico privado y/o público que realiza el “derecho de propiedad”. Una apropiación jurídicamente legítima que no difiere de la apropiación capitalista en general, sino que la complementa, como “apropiación” del “valor del trabajo”, como extracción de “valor” y como figura jurídica y política de la producción colectiva bajo la forma de propiedad privada y/o pública. Este dominio sobre las actividades individuales y/o colectivas que han instituido bienes públicos o naturales como deseables y utilizables en la construcción de las formas de vida, es algo propio de la producción capitalista. Este dominio se ha acentuado, en el capitalismo maduro, con la creciente superposición del modo de producción y de las formas de vida.

 

Desde hace algunas décadas, para algunos bienes públicos o naturales se habla de un tipo de apropiación (o de propiedad) “común”. Se ha hecho mucha retórica sobre esto, pretendiendo definir un “tercer género” de propiedad, una nueva forma de apropiación diferente a las aplicadas hasta la fecha. Sin embargo, estas definiciones no son consistentes, porque se basan ilusoriamente en una concepción expansiva del derecho de propiedad en la madurez capitalista: se concibe el común como extensión funcional de la propiedad privada o como institución participativa y democrática de la capacidad pública de apropiación. Nuestra propuesta es, más bien, no considerar el común como un tercer tipo de propiedad, sino como un modo de producción. Frente a la definición “vulgar” antes mencionada, ésta nos parece una definición “adecuada”, “científica”, del común.

 

Antes de abordar el tema “el común como modo de producción”, intentaremos profundizar en la definición sustantiva del común. En el presente, pareciera más bien que el común constituya un fondo ontológico, producido por la actividad laboral humana en el proceso histórico. Fundamento, fondo ontológico de la realidad social, producto del trabajo: ¿qué significa exactamente? Significa que el común es siempre una “producción”, es naturaleza regulada o transformada, o simplemente producida. Por tanto, el común es un recurso sólo en la medida en que es un producto, un producto del trabajo humano, en el marco del régimen capitalista inmediatamente atravesado por relaciones de poder.

 

En la edad del trabajo cognitivo, el común subsume y pone en evidencia la cualidad del trabajo cognitivo. Para evitar cualquier malentendido, reiteremos que siempre que hablamos de “trabajo cognitivo” hablamos, sea como fuere, de “trabajo” y, por consiguiente, de un gasto de energía mental y física; hablamos, en todo caso, de un trabajo constituido en la continuidad de la relación capitalista y en la forma asimétrica de esa relación. Continuidad discontinua, a saber: continuidad constreñida a un ritmo cíclico de los movimientos y de las luchas entre el mando sobre el trabajo y la resistencia de la fuerza de trabajo, siempre abiertas en el capitalismo. Relación asimétrica, debido a que la relación capitalista es siempre desigual e irreductible a identidad. El capital es productivo en virtud de esta asimetría. Asimétricas, en efecto, son las fuerzas que se confrontan en esa relación (de capital); la productividad es el resultado de un complicado entrecruzamiento (y conflicto) entre el poder del “trabajo vivo” y la acumulación de “trabajo muerto”.

 

Ahora, en la edad del General Intellect (es decir, de la hegemonía del trabajo cognitivo en la producción capitalista), la nueva organización social del trabajo está condicionada por una creciente eficiencia productiva del trabajo cognitivo y, por tanto, por una primacía ontológica del trabajo vivo sobre el trabajo muerto en la relación de capital. Efectivamente, en el presente y en contraste con lo que sucedió en la era industrial, la fuerza de trabajo cognitiva expresa en la relación de capital una iniciativa organizativa de la cooperación y una gestión autónoma del saber. Esto significa que el trabajo se ha ido singularizando y que la fuerza de trabajo produce en la medida de su propia subjetivación. La fuerza de trabajo no se presenta ahora, en la relación productiva capitalista, sólo como “capital variable”. Se presenta como subjetividad, como potencia singular. Entonces, la relación de capital no estará atravesada sólo por una contradicción material, objetiva, sino también (y sobre todo) por un antagonismo subjetivo. Una acción autónoma, fuertemente subjetivizada, es por tanto inmanente a la relación de capital y caracteriza su productividad.

 

Esto ya lo había intuido Gramsci cuando, estudiando la crisis capitalista de los años 20 del siglo XX, había considerado a los movimientos políticos y a la resistencia material de la clase obrera como motor antagonista de la transformación productiva. Y concluía que la “revolución pasiva” que acompaña al nacimiento del fordismo contiene implícitamente la construcción de la “hegemonía” del sujeto obrero sobre la producción.

 

Sobre esa premisa se podrá proceder a la construcción del concepto del común como “modo de producción”. El carácter “común” de la producción es sustantivado por un basamento que no es simplemente histórico, sino activo, subjetivo, cooperativo, basado sobre la organización del trabajo cooperativa y común, y precondicionado por ella. Nos encontramos así en el inicio de un proceso de definición sustantiva del común en la era del trabajo cognitivo.

 

Este camino es difícil, como siempre ocurre en las épocas de transición. De hecho, estamos inmersos en un proceso de transformación de la edad industrial (fordismo) hacia la edad post-industrial (la época del General Intellect). Vivimos en una fase de transición, de nuevo constreñidos a una especie de “revolución pasiva” en la que la fuerza de trabajo cognitiva construye su propio espacio de producción y pone de relieve su capacidad para prefigurar y predisponer las modalidades de la producción. Esta transición puede ser reconocida como momento de una tendencia en la que la producción muestra formas crecientemente biopolíticas. Esto es:

 

a) Cuando por política se entiende una vida indistinguible de la actividad productiva, abarcando todo el ámbito espacial y temporal de una determinada sociedad. Esta condición metamorfosea y reconfigura la estructura de la “jornada laboral”, superponiendo trabajo y vida.

 

b) Cuando por bios se entiende una tendencial totalización de la producción en todo el planeta. El mundo de la producción se convierte así en ecológico en su sentido etimológico: la producción no sólo subsume el bios, sino también la naturaleza.

 

Dentro de esta tendencia se está definiendo muchas otras condiciones específicas. Por ejemplo, la “ley del valor” está en crisis, como ley de la explotación basada sobre la medida temporal de los valores del trabajo y de su abstracción. Dicha ley suponía:

 

- una medida de la temporalidad, dentro de una “jornada de trabajo” homogénea, con la que subdividir el tiempo de “trabajo necesario” y el tiempo de “plusvalor”;

 

- un espacio cerrado, o bien una concentración del trabajo, una cooperación masificada y garantizada por la organización científica del trabajo en la fábrica;

- una visión restrictiva de la relación entre trabajo productivo e improductivo. Por ejemplo, el trabajo de las mujeres en el ámbito doméstico o en los cuidados no era normalmente considerado en la cuantificación del valor, en la definición misma de “fuerza de trabajo”;

 

- una condición ecológica ingenua, en la que se consideraba a la naturaleza como una realidad independiente, aún no atravesada por la valorización capitalista y valorizada del trabajo productivo.

 

Sobre esta base se construyó la clásica temática de la abstracción del valor o, mejor dicho, de los valores fijados temporalmente, determinados espacialmente, cualitativamente discriminantes, ecológicamente limitados. La apropiación capitalista del valor global de la producción social -a la que cabe el epíteto de “común vulgar”- se determinaba así a través de la explotación del trabajo y de las abstracciones, mediaciones y equiparaciones de los valores sobre esta escala. Por el contrario, ahora, en la época del trabajo cognitivo y cooperativo, del General Intellect, el “común” tiene figura biopolítica y está estructurado por la producción de subjetividad. Es “común” en el sentido “propio”, “científico”. De ello se desprende que la apropiación capitalista se presenta en una figura completamente transformada y que la apropiación del plustrabajo no se ejerce a través de la explotación directa del trabajo y su consiguiente abstracción, sino más bien a través de un nuevo mecanismo de apropiación, que se caracteriza por la extracción del común como constitución de la producción social total. Y si este común cubre todo el tiempo y el espacio de la valorización, si ya no hay un espacio “fuera” de la producción capitalista y cada función laboral está subordinada a la valorización, igualmente esta explotación extractiva se preconstituye por la organización autónoma de la cooperación por parte de las subjetividades cognitivas, una potencia independiente dentro de una feroz máquina de explotación.

 

Para decirlo de otro modo: este “común capitalista” está sometido, en la relación de capital y en su asimetría, a una tensión cada vez más antagónica. Cada vida se ha vuelto productiva, la extracción de valor se produce sobre la globalidad biopolítica, es decir, no sólo en los espacios y tiempos dedicados expresamente al trabajo.

 

Este panorama general se hace posible por el hecho de que ha cambiado la naturaleza de la fuerza de trabajo. Sin pretender reconstruir aquí toda la historia del desarrollo capitalista del siglo pasado, podemos recordar cómo, en la primera mitad del siglo XX, las luchas obreras en las metrópolis capitalistas pusieron en crisis el modo de producción industrial y cómo, en la segunda mitad del siglo, la automatización productiva y la socialización informática, implicando a toda la sociedad, han determinado la consolidación progresiva del General Intellect. La masificación fabril del trabajo ha sido sustituida por la individualización de las prestaciones laborales; la centralización del mando en la fábrica lo ha sido por la organización cooperativa del trabajo social; el esfuerzo físico del trabajo manual ha sido sustituido por la implicación intelectual de la actividad cognitiva. Para resumirlo, la masa ha sido sustituida por la multitud.

 

Si el nuevo modo de producción nace dentro de estas condiciones, se puede pensar (como hemos anticipado otras veces) que el “común” es previo al mercado laboral capitalista y previo a la organización social capitalista del trabajo, la llamada división social del trabajo. Si el nuevo modo de producción es un terreno de lucha, como lo han sido todos los modos de producción del capitalismo, hoy, en este espacio, la posición de la fuerza de trabajo cognitiva está relativamente privilegiada en comparación con el pasado, por tener en sus manos poder sobre la cooperación, la organización del trabajo y la organización de los conocimientos productivos. De ello se deduce que el capital tiene que adaptarse al común, lo que afecta al modo de producción, transformando las figuras de la explotación y pasando de la abstracción de los valores industriales a la extracción del valor social de la producción. Sin embargo, pierde, en esta nueva relación, su capacidad para ejercer un mando “integral”.

 

Al estudiar las teorías de la valorización por medio de la extracción no se puede ocultar, sin embargo, que esto no es completamente nuevo. En particular, en los capítulos de El Capital sobre la ”acumulación primitiva” Marx había hecho una amplia descripción sobre las formas en las que las tierras comunes y los derechos comunes fueron anulados y apropiados por el capitalismo naciente. A Marx le parecía que sin esta apropiación privativa del común no habría sido posible una acumulación primitiva que permitiese encaminarse hacia la época manufacturera, base de una sociedad industrial. Sin embargo, está claro que no puede hacerse ninguna analogía entre el “común” precapitalista, cuya expropiación era necesaria para la construcción del capital, y el “común” tal y como se presenta ahora a nuestra experiencia.

 

Una segunda formulación de la teoría de la explotación “por extracción” (a menudo reflejo de la acumulación originaria de Marx) se encuentra en el “marxismo occidental”, desde la escuela de Frankfurt al operaismo y al postcolonialismo: en ella, el trabajo y la producción se consideran a la luz de su “subsunción real “en el capital. El tránsito de la subsunción “formal” a la subsunción “real” está representado por un ciclo de sometimiento y de apropiación capitalista progresiva de los procesos de trabajo y de la misma sociedad productiva en su totalidad. En una primera fase (formal) el capital absorbe diferentes espacios y temporalidades, en la segunda fase (real) el capital impone una norma homogénea de producción, consumo, etc. Se puede decir que en este caso se pasa del “régimen de la ganancia” al “régimen de la renta”. Pero se trata de una renta muy modificada respecto a la definición de los “clásicos”.

¿En qué consiste esa modificación? Consiste en el hecho de que esta renta se extrae directamente de un común productivo. La apropiación capitalista de lo común (en la “subsunción real” de la sociedad en el capital) sólo puede ser reconocida como productora de renta cuando asumimos y verificamos que actúa sobre una sociedad prefigurada y preconstituida por una sustantiva actividad productiva del común. No hay, por lo tanto, ninguna analogía con las definiciones (tradicionales) de renta absoluta y de renta relativa.

 

¿Cómo se ha determinado este nuevo marco? La transformación ha acontecido sustancialmente a través de dos figuras:

 

a) Cuando el modo de producción se ha vuelto completamente “biopolítico”. El mando productivo capitalista ha penetrado la vida en su totalidad. De esto ya hemos hablado. Somos testigos de una totalización de la explotación, estructurada en torno al trabajo cognitivo y a su capacidad para poner en práctica, autónomamente, la cooperación. A partir de esta condición antagonista, la red de las formas de vida es capturada por el capital. Lenguajes, códigos, necesidades y consumos, así como la estructura del conocimiento y del deseo (en la riqueza de su singularización) son puestas a disposición de los procesos extractivos del capital.

 

b) La segunda figura en la que encarna esta nueva forma de explotación es la financiarización, que representa la forma en la que el capital mide la “extracción del común”. Esta medida se manifiesta en el mando a través de su función monetaria, es decir, como dinero. Se podría decir que el dinero es la figura perversa y la total mistificación del común. De hecho vivimos “inmersos” en el “dinero”, lo que equivale a experimentar que vivimos “subyugados” en el “común vulgar”. Prisioneros del orden productivo común que el trabajo cognitivo ha creado y sigue produciendo, del que el dinero es medida y mando. Desde este punto de vista es evidente que los procesos financieros no son parasitarios, sino inmanentes a la organización de la valoración.

 

En conclusión, el capital desarrolla el derecho a la apropiación privada y su mediación pública, en la construcción de un mando financiero para la explotación del común, pero de eso hablaremos en otra ocasión.

 

Una vez así descrita la apropiación capitalista del común, hace falta reconsiderar las transformaciones de la fuerza de trabajo y de las tecnologías, incluyendo las del mismo capital que se lanza sobre la vida y hace que ésta se lance sobre él. Como ya hemos dicho, la línea de desarrollo de la explotación capitalista es discontinua y la relación de capital es asimétrica. Cuando asumimos el común como un modo de producción, describimos el resultado de la transición de la fase industrial a la fase cognitiva del trabajo productivo. Quizá no sea necesario añadir que esta transición no es lineal ni homogénea. Más bien reproduce discontinuidades y asimetrías al llevar hasta un límite extremo su propio camino y al representarlo en la extracción del común. El capital pierde así su dignidad, que consistía en su capacidad para organizar la producción e imprimir a la sociedad un desarrollo. Ahora el capital es obligado a reorganizar y mostrar, en forma extrema, su naturaleza antagonista. Eso significa que la lucha de clases se desarrolla alrededor del común. Y por lo que hemos dicho hasta ahora, está claro que hay dos figuras del común: una es la de un común sometido a la extracción capitalista del valor, otra es la de un común que es expresión de la capacidad cognitiva y productiva de la multitud. Entre estas dos formas del común no sólo hay una contradicción objetiva, sino también un antagonismo subjetivo.

 

Ya hemos insistido mucho sobre los flujos que han transformado el modo de producción a lo largo del siglo XX, desde una figura industrial a una figura post-industrial, desde la “gran industria” hasta la ”industria socializada”. También hemos insistido en que estos flujos llevan en su interior la transformación de la fuerza de trabajo, desde el ”obrero masa” al “obrero social ” y, finalmente, a la “fuerza de trabajo cognitivo”. Ahora merece la pena resaltar que al decir “trabajo cognitivo” no sólo se dice intelectualización del trabajo y profundización de la cooperación ampliada en la producción, sino también producción de subjetividades, o bien subjetivización del producir como expresión del trabajo cognitivo y aumento de la cuota del trabajo vivo dentro de la relación productiva. Así crece la valorización, tanto por unidad de valor como en lo que se refiere al conjunto de la producción. La relación entre capital constante (mando, trabajo muerto) y capital variable (trabajo vivo) se transforma radicalmente. La fuerza de trabajo cognitiva se ha afirmado en los hechos como más productiva, y es subjetivamente más fuerte de lo que era la fuerza de trabajo industrial.

 

Por lo tanto, esto impone una radical mutación en el mismo capital, no sólo en el tránsito desde la abstracción hasta la extracción, sino también, como hemos visto, en su estructura técnica. Tomemos como ejemplo, entre mil que se podrían tomar, las tecnologías y la composición técnica del biocapital. En ellas encontramos el saqueo de la naturaleza y de los cuerpos, pero también la rica circulación de los conocimientos médicos, encontramos la concentración monopolista de la investigación y la subordinación a ella de la organización pública de las prestaciones sanitarias, pero también el aumento continuo de la “esperanza de vida ” (y muchas otras composiciones antagonistas del biopoder), constituyendo en última instancia una máquina predispuesta al desarrollo de un “proyecto biomédico de gobernabilidad de la salud”. Eso es, simultáneamente, despotismo capitalista sobre la naturaleza y los bienes naturales y apropiación de los bienes culturales y públicos, pero también producción de dispositivos subjetivos de producción de un común biopolítico (Sandro Chignola, Vita lavoro linguaggi. Biopoliticaa e biocapitalismo, EuroNomade 12/10/2015). Lo mismo puede decirse de las tecnologías del capital informático. En ellas cada algoritmo extrae valor del trabajo cognitivo monopolizado por las grandes estructuras mediáticas, pero, al mismo tiempo, se confronta con la potencia irreductible del saber de los operadores, que son los verdaderos ensambladores y constructores de los algoritmos (Accélérations, bajo la dirección de Laurent de Sutter, París, PUF, 2016). El problema político se plantea precisamente en este nivel. ¿Cómo puede ser contestado, resistido y bloqueado el proceso de extracción? Recordemos siempre que las categorías legales de la propiedad (privada y pública) son figuras de legitimación de la apropiación capitalista del común. Y, sin embargo, no podemos dejar de tener en cuenta que los procesos de privatización de lo común son extremadamente frágiles, ya que se han modificado las relaciones de fuerza en el “modo de producción” del común. Frente a un capital forzado a una relación productiva, discontinua y antagonista, la potencia del trabajo cognitivo y cooperativo produce continuas alternativas.

 

La primera fragilidad del mando capitalista deriva de la afirmación de la potencia autónoma de la cooperación productiva, es decir, de la hegemonía “virtual” del trabajo colectivo respecto al mando. Téngase en cuenta que el trabajo cooperativo y cognitivo es hoy una masa verdaderamente singular ante la que vacila el mando capitalista: una masa constituida por una multitud de singularidades. Si el mando capitalista sobre la masa se había consolidado en el proceso industrial de producción, el dominio sobre la multitud y el seguimiento de las singularidades que lo constituyen representan un horizonte indefinido y, en ocasiones, un problema irresoluble para el capital. La paradoja reside en el hecho de que la producción, en el capitalismo cognitivo, exige una multitud de singularidades, ya que en ello reside la productividad. Singularización, subjetivación y productividad constituyen el “dentro/contra” que hoy en día, contra el “capital constante”, contra el patrón”, establece la clase obrera, no sólo como “capital variable” sino también como multitud, como conjunto de singularidades, red lingüística y cooperativa. De ahí derivan la continua fragmentación del proceso y las dificultades radicales para el mando. De ahí la crisis de las instituciones de la democracia representativa, que nació en una constitución material aún determinada por mecanismos de abstracción de los valores y de control en la sociedad industrial.

 

Una segunda fragilidad reside en que el trabajo vivo cognitivo se reapropia incesantemente del “capital fijo”, de los instrumentos de trabajo y del saber productivo. De esta manera, la composición técnica del trabajo vivo cognitivo está en continuo crecimiento y desequilibra en su favor, cada vez más, la relación de capital. Trataremos este asunto, la apropiación del capital fijo por el trabajo vivo, en un trabajo de próxima publicación: Assembly.

 

Dentro del marco de esas fragilidades se dan nuevas resistencias a la apropiación capitalista del común. Obviamente, no podemos detenernos en todos ellos, pero podemos enumerar algunos dispositivos de acción que han comenzado a desarrollarse:

 

a) En primer lugar, prácticas democráticas de apropiación y de gestión de los “bienes comunes”;

b) La insistencia puesta en la negociación sindical, fiscal y política sobre el reconocimiento del común como base de la reproducción social del trabajo, así como la insistencia en las capacidades emprendedoras de las singularidades activas. Las luchas en torno al welfare, al bienestar social, van en esta dirección y los comportamientos de resistencia asumen en este caso cualidades emprendedoras y alternativas.

c) Se comienzan a proponer nuevas medidas del común a través de la búsqueda de “nuevas monedas” cuyo valor no se establezca en referencia al mando del capital, sino como medida de las necesidades sociales. La demanda de un “ingreso garantizado” y el desarrollo de monedas alternativas se colocan frecuentemente en esta perspectiva.

 

Para concluir diré que cuando el común sea substraído a la acumulación/valorización capitalista, entonces se presentará abierto al uso de la multitud y podrá ser custodiado por una regulación administrativa democrática y participativa. Lo importante es reconocer el común como un modo de producción en nuestra sociedad y como producto fundamental del trabajo de todos. La apropiación privada del común no es, en este punto, deseable para la comuna de los ciudadanos-trabajadores.

 

[Fuente: http://www.euronomade.info/]

[Traducción: Trasversales.net]

 

Nota de Trasversales

 

1. Toni Negri recurre en este texto a algunos de los conceptos utilizados por Marx en El Capital. Dado que pueden no ser conocidos, en esta nota, responsabilidad exclusiva de Trasversales, intentamos dar una idea de su significado. (...)

 

 

La construcción -desde abajo y a la izquierda- de poder popular.

 

 

Favelas: Más allá de la pobreza y el miedo
2 de febrero de 2016

Por Raúl Zibechi  (Brecha)

La favela es un mundo complejo en el que conviven la pobreza y la violencia policial y del narcotráfico. En una primera mirada parece el espacio más difícil para construir alternativas desde abajo y desde la izquierda. Sin embargo, cientos de activistas la eligieron como un lugar donde crear lo nuevo. 

El coche pasa casi rozando entre dos gruesas moles de cemento de un metro de alto. Un pequeño error de cálculo y la chapa terminaría estropeada. “Por aquí no pasa el caveirão, dice alguien, en referencia al vehículo blindado construido especialmente para que la Policía Militar entre en las favelas. “Tampoco pasan los patrulleros”, festeja un tercero. La entrada a la Comunidad Chico Mendes en el Morro de Chapadão, zona norte de Rio de Janeiro, está restringida para los cuerpos represivos.

Subimos ladera arriba por calles estrechas y bien pavimentadas, entre viviendas sencillas pero cuidadas. En minutos llegamos al local del Movimiento de Comunidades Populares (Mcp), una enorme puerta de hierro al lado de un pequeño y prolijo almacén que vende alimentos y productos de limpieza. “No vendemos cigarrillos”, dice una voz de mujer. Con serenidad y firmeza agrega: “Son malos para la salud”.

El portón se abre sobre un amplio patio techado con oficinas y salas de reuniones al fondo y un segundo piso con más salones. Un enorme cartel advierte contra el consumo de alcohol y en otro costado del patio otro cartel más grande detalla las diez “columnas del movimiento”: economía, religión liberadora, familia, salud, vivienda, escuela, deporte, arte, ocio e infraestructura. Les dicen columnas porque son los pilares de la organización, identificadas de acuerdo a las “necesidades de los sectores populares”.

Un hombre bajo y fornido de unos 60 años ofrece agua fresca para paliar el tremendo calor carioca, e invita a recorrer los espacios. Todo sucede como en cámara lenta, con mucha calma, quizá para contrarrestar el calor. Aparece la mujer del almacén, Janduir, que nos dice que ambos fueron los primeros militantes del Mcp en llegar a la favela, cuando las casas eran de madera, precarias y pequeñas, hace más de veinte años.

UNA COMUNIDAD DIFERENTE.

La principal diferencia entre la Comunidad Chico Mendes y otras favelas es que se instaló como consecuencia de una toma o invasión, no de la agregación de familias y personas a modo de goteo. Aquí las personas ya estaban organizadas antes de la ocupación del morro, llegaron todas juntas y comenzaron a construir las viviendas y el barrio. Eran militantes de izquierda que decidieron ponerle al asentamiento el nombre del más emblemático organizador de los recolectores de caucho, asesinado por hacendados en 1988.

Ahora la comunidad tiene alrededor de 25 mil habitantes, pero Gelson recuerda que cuando llegaron tuvieron que hacer mutirão (trabajo colectivo) para conectar decenas de caños a una fuente de agua a 300 metros. Salía apenas un hilo de agua y había que hacer una fila de hasta cuatro horas para llenar una lata. “La gente fue luchando y consiguió tener agua, luz, saneamiento y también obras para asfaltar las calles”, explica Gelson. Las dificultades ahora son otras: “Las cosas están lejos, los precios son altos, entrar y salir de la comunidad es muy difícil por la violencia del tráfico”.

Recuerdan que la primera camada de militantes que formaron la comunidad hoy ya no está; algunos fueron asesinados por los traficantes y otros desaparecieron, se cree que secuestrados. Esa generación se enfrentó duro al tráfico para impedir que se asentara en la comunidad. Ahora trabajan de otro modo, menos ideologizado, evitando la confrontación con enemigos superiores, como la policía y el narcotráfico, y sobre todo “construyendo poder popular”.

Los primeros pasos en la Chico Mendes los dieron organizando campeonatos de fútbol con equipos de varones y de mujeres. Fue el modo de hacerse apreciar por los vecinos, de ganar su confianza, de conseguir un lugar. A Gelson le gusta mucho el fútbol y lo practica.

Hace casi 20 años crearon el grupo de apoyo escolar, que recibe a 70 niños y niñas de 2 a 14 años en dos turnos con cuatro maestras y dos ayudantes. Formaron una red de apoyo a esta escuela para financiar el sueldo de las maestras. Hace seis años armaron una guardería para las madres de la comunidad, que ya tiene 20 alumnos en dos turnos, con tres cuidadoras.

Los dos grupos de educación son apoyados por los padres, que aportan dinero y realizan actividades para recaudar fondos. Una vez al mes hacen una asamblea para debatir sobre la marcha de las escuelas y tratar de resolver los problemas de forma colectiva. El jardín funciona en un espacio, frente al salón central y el apoyo escolar, en el patio del principal edificio del movimiento.

El área o columna de economía es la más importante. Hay un Grupo de Ventas Colectivas con siete personas que tienen a su cargo el almacén de productos de alimentación, donde se abastecen unos 150 vecinos. Este grupo abrió hace poco tiempo, a partir de un préstamo del Grupo de Inversión Colectiva (Gic), una barraca de materiales de construcción atendida por dos personas del movimiento. Diez familias se organizan en torno al Grupo de Compras Colectivas, que les permite comprar en grandes cantidades consiguiendo precios más bajos que los del mercado.

Luego formaron el Grupo de Producción Colectiva, en el cual cinco familias producen jabones, detergentes, desinfectantes y suavizantes a partir de aceite vegetal usado. Comenzó como parte de una campaña en defensa del ambiente y ahora vende sus productos a una cooperativa del gobierno de Rio de Janeiro.

El grupo más importante del área de economía es el Gic. Cuenta con 400 inversores que reciben un 2 por ciento de interés, es administrado por voluntarios y realiza préstamos a personas del barrio. Gelson asegura que más de 30 casas del lugar fueron adquiridas con dinero del Gic, además de que facilitó la compra de camionetas a vecinos que trabajan con ellas trasladando personas desde el metro hasta el morro.

“El Gic resuelve muchos problemas de la gente, y la incentiva a ahorrar, porque en los sectores populares no se ahorra”, dice Gelson. Es muy común que a una familia se le termine el gas y no pueda reponerlo simplemente porque no tiene dinero. Ahora acude al Gic y resuelve el problema sin necesidad de acudir a la banca.

UN VIEJO-NUEVO MOVIMIENTO. 

Lo que hoy es el Mcp comenzó hace 40 años a partir de un grupo de personas, como Gelson, que integraban la Juventud Agraria Católica. Realizaron un seminario bajo la dictadura militar en el que decidieron “construir un movimiento que no sólo trabajara por reformas y mejoras, sino con una propuesta anticapitalista”. Y crearon el Movimiento de Evangelización Rural, que en los hechos dejó de ser un grupo dependiente de la Iglesia.

Gelson recuerda la pobreza del campo. Su madre tuvo 12 hijos, seis varones y seis mujeres, en un pueblo de Paraíba. “Compraba un litro de leche para todos y como no alcanzaba le echaba mucha agua.” Trabajaba la tierra, y una noche, con 11 años, abrió las porteras para que salieran las vacas y los novillos. Fue su primera rebeldía.

Con los años el movimiento se modificó a medida que la sociedad fue cambiando. En los ochenta se produjo una gran migración hacia la ciudad, entre otras razones por la mecanización del campo y la concentración de la tierra en latifundios. Entonces comenzaron a trabajar en las ciudades y crearon la Corriente de Trabajadores Independientes. Pero en los noventa percibieron la precarización laboral y tomaron una decisión importante: trabajar con los sectores más sufridos del pueblo, “desempleados, peones, habitantes de las periferias, campesinos pobres”, según puede leerse en uno de los primeros números del periódico Voz das Comunidades.

“Fue el momento más duro –asegura Gelson–. Los militantes tenían una cultura de clase media, tenían sus familias, no aguantaron ir a la favela y decidieron adherir a partidos como el PT y a las centrales sindicales.” En esa instancia decisiva perdieron más de un tercio de los militantes. En paralelo decidieron no integrarse al PT, porque consideraban que dividiría a los sectores populares al separar a los dirigentes de las bases.

Su actividad en las periferias de las ciudades transformó al movimiento y sus integrantes. Comenzaron a trabajar de acuerdo a las diez columnas y a crear comunidades populares. Hoy son más de 60 comunidades, la mitad en áreas urbanas. En 2006 editaron Voz das Comunidades, para cohesionar al movimiento, que ya tiene presencia en 12 estados. En 2011 decidieron ponerse el nombre actual: Mcp.

El movimiento se propone tres objetivos. A corto plazo, movilizar a la gente para que resuelva sus problemas sociales y necesidades culturales más sentidas. A mediano plazo, organizar a la población en comunidades populares. Y a largo plazo, “conquistar un gobierno popular de abajo hacia arriba para construir una sociedad comunitaria basada en el buen vivir indígena, en los quilombos de los esclavos, en las comunidades campesinas igualitarias, como la de Canudos,1 y en el socialismo obrero y popular”, como acordaron en el segundo encuentro del movimiento, en 2012. Para ellos gobernar de abajo hacia arriba es “controlar, a partir de la base, los servicios públicos y comunitarios a través de la democracia participativa”, creando las condiciones para que la gente participe.

Janduir y Gelson explican que el movimiento se inspira en luchas históricas como las de los guaraníes, los quilombos de los esclavos que fugaban de las plantaciones, la experiencia de Canudos y las luchas obreras del siglo XX. Tiene como principios la independencia de los partidos y la autonomía política pero también económica de los emprendimientos.

EL MUNDO NUEVO EN LAS PERIFERIAS.

El Gic de Chico Mendes tiene 400 inversores y moviliza 700 mil reales (unos 170 mil dólares), que son administrados en reuniones masivas de 60 a 70 personas. En sólo 12 años consiguieron ser una fuente de financiación para las familias del barrio, sin deudores, porque cada persona que toma un préstamo lo tiene como aval. Cero deudas, control comunitario de las cuentas. Janduir muestra un cuaderno donde anota todo a mano. “Me gusta más hacerlo así que usar la computadora”, dice sonriendo.

Entre todas las comunidades tienen 30 Gic, que son administrados por más de cien personas y benefician a varios miles. Los Mcp cuentan con 100 grupos de producción, ventas y servicios colectivos, con más de 1.500 integrantes. Producen ropa, bolsas, artículos de limpieza, crían animales y cultivan la tierra. Los de ventas tienen mercados colectivos, venden gas y cereales. Los de servicios cuentan con lavanderías, recolección de residuos, construcción civil y han comprado camiones para la comunidad.

Han instalado diez escuelas, cuentan con grupos de salud que hacen campañas contra el consumo de alcohol y dan cursos de salud bucal y reproductiva, y comenzaron con un equipo de terapia comunitaria. “Se trata siempre de las cosas que necesita el pueblo”, aseguran Gelson y Jundair.

“Imagina que un día la gente construya millones de grupos de este tipo en Brasil”, reflexiona Gelson. “Es muy distinto si quisieras reclutar gente para la revolución, tomar el poder, ¿qué hacemos después?” Es un camino diferente para procesar los cambios. “En este proceso de construcción vamos aprendiendo a gobernar un Gic, una microempresa, y ahí vamos aprendiendo a gobernar una escuela, un municipio, de forma colectiva y solidaria, sin corrupción, con transparencia”, sigue Gelson.

Todos los trabajos que realizan, desde el deporte hasta las escuelas y los grupos de inversión, o sea, todo lo que es construcción de comunidad, tiene como norte la creación de poder popular. Con una doble vertiente: que sean iniciativas por fuera del mercado y del Estado (no reciben nada de los gobiernos) y que las gestionen los mismos miembros del movimiento de forma colectiva. A todo eso le llaman poder popular.

“La economía popular es la economía que ya está ahí, es la economía del pueblo, como la venta ambulante y los mercados populares. Pero lo que necesitamos es una economía popular organizada, con conciencia de gestión colectiva.” No inventan nada, organizan y sistematizan lo que ya está, a través de la formación y la organización colectivas. La autogestión puede entenderse como la sistematización de lo que hacen los sectores populares de forma embrionaria y espontánea.

En la asamblea nacional anual realizada en agosto de 2014 los militantes del Mcp llegaron a la conclusión de que no están caminando con los dos pies, como ellos desean. “Continuamos realizando más actividades comunitarias (economía solidaria, actividades culturales y acciones colectivas) que luchas reivindicativas por políticas públicas y en defensa de derechos”, se lee en el último ejemplar del periódico. Ese desbalance se debe, según el Mcp, a que durante diez años se focalizaron en la construcción de comunidades y que en ese período los líderes de los movimientos fueron cooptados por el gobierno.

Este es un debate presente en todos los movimientos de nuevo tipo en América Latina: cuánta energía dedicar a construir lo propio y cuánta a disputar con las instituciones estatales. El debate en torno a las políticas públicas (participar en la gestión de instituciones públicas a escala local) contiene dos posiciones: el temor a la cooptación por el Estado y el temor al aislamiento. Es la necesidad de escoger entre crear poder popular comunitario sin gobernar, o gobernar sin tener poder.

“La contradicción entre ambas es permanente”, razonan los militantes del Mcp. Por eso Gelson, cuando se le pregunta por las dificultades del movimiento, las coloca dentro, no fuera. “Lo más difícil es la formación de los jóvenes”, dice sin dudar un segundo. Cuando era joven, en la década de 1960, en plena dictadura, era la realidad la que formaba la conciencia, la que mostraba los caminos a seguir. Hoy las cosas son más complejas. El consumismo, las redes sociales, son fuente de confusión, piensa. El trabajo de hormiga de todos los días puede parecer poco, pero saben que no hay otro camino.

  1. Movimiento popular en el nordeste en torno a la figura de Antonio Conselheiro, en la comunidad de Canudos (norte de Bahía), que fue derrotado por el ejército. Inspiró películas y relatos periodísticos, como Los sertones, de Euclides da Cunha (testigo de la última expedición militar contra la comunidad), y novelas como La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=208458

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Rondas campesinas en defensa y control del territorio

26 de agosto de 2016

Por Luís Hallazi (Rebelión)

Las rondas campesinas autónomas del norte peruano tienen una peculiaridad digna de ser resaltada, no tienen como base a una comunidad campesina, se les suele referir más bien como resultado de una necesidad que tuvieron que enfrentar, debido a la inseguridad en sus territorios (abigeato en ese entonces). Las rondas sin base comunal, significa también un retorno a la comunalidad, en contraposición a la individualidad, es decir, una necesidad profunda en el conjunto de sus pobladores de recrear lazos de comunidad, debilitados a lo largo de la historia colonial (virreinal y republicana) y que se fueron re-significando, en este caso, a través de la justicia comunal.

 

El surgimiento de las primeras rondas en la región de Cajamarca es sin duda más complejo que la Ley 27908 o la fecha y lugar conmemorativo (29 de diciembre de 1976 en el caserío de Cuyumalca, provincia de Chota). Estos más bien funcionan como referentes simbólicos que le dan mayor contenido a la construcción de una identidad ronderil. Las rondas campesinas, autónomas o no, pueden ser interpretadas también como la respuesta enérgica a la imposición de una estructura política, social, jurídica y económica que se basa únicamente en el individualismo posesivo. Estas relaciones fueron impuestas de manera más vertiginosa en espacios donde se había perdido la propiedad comunal y con ésta las relaciones comunitarias entre sus miembros, lo que fue precipitando la reinvención de sujetos, valores, normas que permitan romper con individuos aislados; organizándose de manera autónoma en función de la defensa de sus territorios, y con ello la reconstrucción de sus instituciones y su identidad; que ciertamente, contienen componentes de otras culturas, pero que en el trasfondo buscaron retomar vínculos de comunidad, tan afines a su legado histórico andino.

 

Sabemos que el camino es largo para lograr el reconocimiento por parte de un Estado mono-cultural. Este llegó veintiséis años después, en diciembre del 2002 a través de la Ley 27908, Ley Rondas Campesinas y su reglamento, donde se reconoce personalidad jurídica para el ejercicio de funciones jurisdiccionales, de conciliación extrajudicial, seguridad ciudadana; participan en la fiscalización de los programas y proyectos de desarrollo y la función de coordinar con autoridades policiales, municipales y de la administración pública en general. Pasaron siete años para que el 2009 mediante un Acuerdo Plenario de la Corte Suprema, se precise mejor el alcance de la justicia comunal con respecto a conflictos que fue generando en la implementación de estas normas. Sin duda la justicia comunitaria de las rondas, es lo más lejos que se ha llegado respecto a pluralismo jurídico. Una expresión concreta y desde abajo de lo que significa la búsqueda por una forma más de control de sus territorios de los pueblos originarios.

Sin embargo en ese largo camino, el reconocimiento de las rondas campesinas como pueblos indígenas, sigue generando resistencia por parte del Estado. Hay una posición restrictiva respecto a la aplicación de derechos colectivos como la consulta previa, más aún si ponen en riesgo la promoción de inversiones mineras. Las rondas campesinas deben seguir demostrando una conciencia de identidad indígena a pesar que el Estado desarrolla políticas públicas asimilacionistas. La aplicación de derechos colectivos que emergen de la Constitución, del Convenio 169 de la OIT, de sentencias de la Corte Interamericana o de manera específica de la Ley 29785, Ley del derecho a la consulta previa; además de otros instrumentos legales como la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de las Naciones Unidas y recientemente de la Organización de Estados Americanos, necesitan de una identificación clara por parte del Estado, sin restricciones inconstitucionales o ilegales al oponerse a los instrumentos mencionados. El caso de las rondas campesinas parece estar claro, no cabe duda que son expresión de instituciones representativas de los pueblos originarios.

Lamentablemente el Estado peruano en 195 años de república no sabe con exactitud quienes son los pueblos indígenas y dónde están; no existe información oficial y por tanto sus políticas públicas son muy débiles. En un reciente informe del Instituto del Bien Común se cuentan 10.529 comunidades campesinas y nativas, que ocuparían el 49,1% de todo el territorio nacional y que reúnen a 55 pueblos indígenas y originarios en todo el Perú. De esas se cuentan 6.120 comunidades campesinas, muchas de estas bases comunales, cuentan con rondas campesinas donde se ejerce la justicia comunal; pero lamentablemente no sabemos con exactitud cuántas, de la misma manera para el caso de las comunidades nativas, lo cierto es que de estas dos formas de organización de los pueblos indígenas, ambas tienen la prerrogativa de implementar su justicia comunal en base a las normas de rondas que hoy se tienen, aunque lamentablemente no estén ampliamente difundidas.

 

Sin embargo el tipo de rondas campesinas autónomas, es decir aquellas rondas campesinas surgidas sobre la base de los caseríos donde no han existido comunidades campesinas, están menos protegidas. Nos referimos principalmente a las rondas de Cajamarca y Piura, el Estado no sabe con exactitud en que territorios existen rondas campesinas autónomas; pese a que la dificultad de diferenciarlas se incrementa cuando se tiene información que algunas tienen base comunal, puesto que en el caso de Cajamarca y Piura se cuentan 109 y 136 comunidades campesinas respectivamente. Existen algunos datos gracias a la labor de la Central Única Nacional de Rondas Campesinas –CUNARC, que nos refieren que en la región de Cajamarca podría haber más de 3,500 rondas que aglutinan alrededor de 280 000 ronderos; sin embargo esa información es referencial; es necesario identificarlas y establecer cuál es la relación de estas rondas con su territorio, puesto que son una autoridad reconocida en lo formal y en la práctica. Incluso empiezan a tener estrategias de defensa territorial y ambiental en alianza con el gobierno regional, recientemente fue creada el Área Ronderil de Conservación Ambiental – Huangamarca (ARCA) una área de conservación en el centro poblado de Huangamarca promovido por las rondas de dicho poblado para proteger su territorio de proyectos mineros.

 

Hoy, treinta años después las rondas campesinas son una realidad que ha logrado afianzarse pese a sus enormes dificultades. Las rondas autónomas como el resto de pueblos autónomos del país, han tenido que hacerle frente desde siempre a las presiones e intereses que hay sobre sus territorios y han sabido resistir, no es casualidad que uno de los casos más emblemáticos en cuanto a la defensa de su territorio y ambiente ha sido el conflicto social de Conga; cuyas tierras en su mayoría no poseían una doble protección por ser propiedad comunal, pero sin embargo supieron responder con estrategias innovadoras para la defensa de su territorio.

 

Hay sin duda, por parte del Estado peruano una resistencia por asumir la complejidad de nuestra diversidad cultural y con ello la complejidad de nuestro territorio, la lógica centralista no nos permite salir del binomio de Estado-nación y con esto perdemos la posibilidad de transitar a otras formas de organización política más acorde con nuestra realidad diversa. Esto responde también que después de 95 años de reconocimiento jurídico de las comunidades indígenas hasta hoy no exista información clara sobre las tierras y territorios de los pueblos indígenas, comunidades de campesinos, nativos, rondas, comunidades afroperuanas y pesqueras. Hay quizás en el trasfondo una necesidad de dar respuesta al actual modelo neoliberal desde la re-significación de lo comunal o la comunalidad o los bienes comunes, estrategias frente a la lógica perversa de la individualidadque el Estado promueve.

Luis Hallazi es abogado y politólogo, investigador en derechos humanos
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=215958

En consecuencia, abajo y a la izquierda, necesitamos convertir las resistencias en comunalidades para asumir las múltiples cotidianeidades como luchas contra la profundización de la impunidad de grandes capitales locales e imperialistas en contubernio con el Estado y el sistema político.

Comunalidad: el poder subversivo de la cooperación
27 de octubre de 2015

Por Víctor M. Toledo

En estos días se efectuará un acto muy especial convocado por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y muchas instituciones. Se trata del primer Congreso Internacional sobre la Comunalidad, un tema que de entrada pone a temblar al sistema, y que es ante todo un merecido homenaje a ese conjunto de intelectuales indígenas oaxaqueños, que durante las décadas recientes han disertado y reflexionado sobre ese legado de sus culturas originarias. Se trata de una corriente del pensamiento mesoamericano que tras cinco siglos de marginación no sólo continúa vigente, sino que se volverá decisivo ante la crisis de la civilización moderna o industrial. Se trata de las reflexiones filosóficas, éticas y políticas de notables pensadores indígenas, como Floriberto Díaz, Benjamín Maldonado, Adelfo Regino, Mario Enrique Fuente y sobre todo Jaime Martínez-Luna, quien ha logrado desarrollar con detalle ese concepto en su libro Eso que llaman comunalidad (2009). El congreso reúne a unos 500 participantes de una docena de países que atenderán 315 ponencias en 60 mesas de trabajo y que en conjunto proyectarán la idea de comunalidad a los contextos actuales, a las resistencias ciudadanas, y a la construcción de alternativas societarias y civilizatorias de un país y un mundo en crisis. No es exagerado afirmar que el concepto de comunalidad es en cierta forma la contraparte mesoamericana (y complemento perfecto) a la idea del buen vivir andino. Por ello el futuro de América Latina se ilumina doblemente porque confirma que la salida a la crisis provocada por el neocolonialismo y el neoliberalismo es factible y debe construirse llevando como fundamentos los valores de las culturas originarias o tradicionales. Como se veía, las soluciones no vendrán del norte industrial y desarrollado, sino del sur profundo, tropical, comunitario y ecológico, pues no hay solución europea a la crisis de la modernidad (O. Fals-Borda; B. De Sousa-Santos). Una tesis sostenida y demostrada en mi reciente libro Ecocidio en México, la batalla final es por la vida.

 

De las muchas definiciones de comunalidad, me quedo con la formulada por J. Martínez-Luna por su enorme fuerza telúrica y su contundente posición contestataria: Somos comunalidad, lo opuesto a la individualidad, somos territorio comunal, no propiedad privada; somos compartencia, no competencia; somos politeísmo, no monoteísmo. Somos intercambio, no negocio; diversidad, no igualdad, aunque a nombre de la igualdad también se nos oprima. Somos interdependientes, no libres. Tenemos autoridades, no monarcas. Así como las fuerzas imperiales se han basado en el derecho y en la violencia para someternos, en el derecho y en la concordia nos basamos para replicar, para anunciar lo que queremos y deseamos ser.

La comunalidad es la ideología, pensamiento y acción que ha permitido a las comunidades originarias enfrentar y resolver retos y problemas tanto históricos como actuales. La cooperación, el altruismo, la solidaridad y el reciprocamiento son valores que cruzan a la comunalidad y dictan su devenir y sus relaciones con la naturaleza. Todos contrastan con aquellos que impone la modernidad industrial basada en el individualismo, la competencia, el afán por el poder y el interés egoísta.

La comunalidad es entonces la fórmula secreta de los principales movimientos de resistencia que hoy enfrentan, detienen y vencen a las fuerzas destructivas de la modernización neoliberal: los neozapatistas de Chiapas, las comunidades y municipios de la Sierra Norte de Puebla, las comunidades unidas de Morelos y de la Meseta Purépecha, los frentes de la región de Xochicuautla, Atenco o del istmo oaxaqueño, las comunidades mieleras mayas de Campeche y Quintana Roo, y hasta las policías comunitarias de Guerrero o las autodefensas de Michoacán. La comunalidad ha llegado incluso a las ciudades en momentos de alta crisis, como en el terremoto de 1985 en la ciudad de México, y se transfigura en el mundo moderno e industrial en la forma de cooperativas, que es la forma antitética a las empresas y corporaciones que hoy dominan a escala global.

Hay todavía una dimensión más de carácter histórico e incluso evolutivo que proyecta las reflexiones surgidas desde las intrincadas montañas del norte de Oaxaca, enclaves de la no-modernidad, a los escenarios universales de la discusión científica y del debate político actual. La publicación de la obra de Charles Darwin en el siglo XIX dio lugar a una polémica que se ha extendido hasta la actualidad: ¿Es el ser humano un individuo por naturaleza individualista y competitivo o altruista y cooperativo? En plena sintonía con el despliegue del capitalismo el darwinismo social dio como verdad científica que los seres humanos nacieron para competir y ganar en la cruenta lucha por la vida. Fue Pior Kropotkin uno de los primeros en cuestionar esa idea al ofrecer evidencias del papel del apoyo mutuo en las sociedades animales. A ello siguió la sociobiología de Edward O. Wilson y más recientemente, una secuencia de obras etnográficas, paleontológicas, sicológicas, matemáticas y bioevolutivas que muestran que el ser humano es esencialmente cooperativo, tanto por razones genéticas como culturales. Entre esas destacan The Evolution of Cooperation (1984), de R. Axelrod;Hierachy in the Forest (2001), de Ch. Boehm, y el monumental libro de S. Bowles y H. Gintis, A Cooperative Species (2011).

Por ello hoy se puede afirmar que el triunfo de la modernidad neoliberal y su esencia, el capital corporativo, no sólo es moralmente imposible, sino científicamente inviable. El mundo moderno que busca imponerse, una fracción de 300 años en el larguísimo trayecto de la historia humana, es antinatural e involucionario. La cooperación es la kriptonita del superhombre moderno. El comunalismo no solamente resurgirá, sino que será la clave para el futuro de la especie.

(Más información y referencias claves).

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/10/27/opinion/016a1pol

 

 

 

Valoremos otros contenidos y sentidos de «comunalidad» en el:

 

 

 

Pronunciamiento del Primer Congreso Internacional de Comunalidad
8 de noviembre de 2015

 

El Comité Organizador del “Primer Congreso Internacional de Comunalidad. Luchas y estrategias comunitarias: horizontes más allá del capital”, que se llevó a cabo en la ciudad de Puebla, México, durante los días 26, 27, 28 y 29 de octubre de 2015, realizamos el siguiente pronunciamiento público en torno a una serie de temas y preocupaciones que fueron abordados a detalle durante estos días de discusión y reflexión:
 

  • Ante los violentos procesos de despojo material y simbólico a los cuales se enfrentan los pueblos de América Latina y el mundo, desencadenados por la dinámica incesante del capitalismo global que trata de convertir toda relación social y toda relación humana con la naturaleza en un vehículo para la producción de ganancias para unos cuantos; es fundamental apuntalar las luchas sociales que emergen cotidianamente desde el sentido y la práctica común de los pueblos y colectivos  por garantizar la reproducción colectiva de la vida. Estas luchas, que emergen desde saberes, conocimientos y haceres compartidos de mujeres y hombres que día a día reproducen su existencia, son la base de una emancipación siempre en curso.
     
  • La comunalidad, lo comunitario, lo común, son nombres que refieren a una relación social en la cual el centro de la actividad humana es la reproducción de la vida compartida, a partir del establecimiento de una serie de tejidos colectivos que emergen desde la capacidad autónoma de las personas de autogobernarse, autorregularse. Desde la palabra que circula y acuerda, y desde los acuerdos en los que autónomamente nos obligamos, brota la capacidad y la habilidad para ocuparnos de los asuntos que en común nos atañen. Lo común, lo comunitario, la comunalidad no es una condición inalterada de la existencia humana, no es una esencia: es una producción sistemática a partir del trabajo de servicio, de faena, de tequio, de cax´qol, del trabajo en común que se teje colectivamente para materializar los acuerdos. Si bien son los pueblos indígenas, con profundas raíces históricas, los que más experiencia y práctica tienen en producir estas relaciones compartidas y comunes, eso no significa que éstas no estén permanentemente actualizadas y que puedan ser producidas en otros ámbitos, en otras latitudes, y en espacios tan duros como los urbanos. La comunalidad, lo común, lo comunitario es una relación social y una multiplicidad de prácticas que se materializan en una diversidad de presentes  que apuestan y pugnan por la vida. No es, bajo ningún punto de vista, una mera etiqueta (de la cual intentan apropiarse los organismos internacionales de crédito o las organizaciones filantrópicas).
     
  • Como profesorxs, estudiantes, luchadores e intelectuales de distintas latitudes y con diferentes temáticas de interés, planteamos la necesidad de producir un conocimiento que sea útil para las luchas por lo común y el cuidado de la vida. Es fundamental una reflexión epistémica que revise el sentido que asume el conocimiento que se elabora desde las ciencias sociales y que plantee y/o recupere formas de conocer que se articulen y se produzcan a la par del hacer de los pueblos, sus luchas y sus horizontes emancipadores, rompiendo con la presuntuosa, falaz y estéril aspiración de ser un conocimiento “superior”. Se deben propiciar debates fértiles en torno a la labor intelectual para potenciar un conocimiento que vaya más allá de la autoreferencialidad  y la legitimación de la dominación.
     
  • El panorama político de América Latina evidencia que si bien existen países en los que se ha dado continuidad a un programa neoliberal, mientras que en otros se han impulsado procesos de transformación estatal a los cuales se ha denominado como  “progresistas”, el denominador común de ambos modelos es el despojo, el extractivismo y la intensificación de la explotación (que incluye novedosas formas financieras), que derivan en una agresión directa a las formas comunitarias y populares de organización de la vida. Bajo la égida del desarrollo, ya sea a través de un patrón de acumulación que gire en torno al mercado o a otro centrado en el control estatal, los gobiernos de la región han quedado insertos en una práctica que tiende a consolidar la necesidad capitalista de controlar la vida, que en realidad la niega y la deforma, imponiéndose casi siempre a través de la represión, la judicialización, la tortura y la muerte. 
    Por tanto, es necesario repensar las posibilidades de acción política a partir de una clave que subvierta la política liberal estadocéntrica que fácilmente se conjuga con un “neodesarrollismo”, para volver a mirar, impulsar y entender la política que desde abajo se practica; esa otra política que busca todo el tiempo  trastocar y subvertir las herencias de la modernidad capitalista apostando a veces por la  construcción de modernidades alternativas.
     
  • Puebla, México, sede del Primer Congreso Internacional de Comunalidad, es una ciudad y un estado parte de un país que durante estos últimos años ha vivido una escalada de violencia desgarradora. La política estatal en resguardo de los grandes capitales nacionales y transnacionales –legales e ilegales–, nos ha colocado en un estado de guerra. En esa guerra los “enemigos” del estado somos nosotros, los hombres, las mujeres y en general los pueblos que oponemos resistencia a los procesos de despojo de recursos comunes y luchamos contra la incrementada explotación del trabajo. El amedrentamiento, persecución y asesinato de miles de personas, la mayoría luchadoras y luchadores cotidianos, por parte del aparato represivo del estado o de organizaciones criminales, que en la mayoría de los casos asumen una función paraestatal represiva, se ha convertido en el mecanismo de contención de cualquier posibilidad de emancipación. Ante esta situación es fundamental, hoy en México, y también en cualquier otro país, reconstituir e impulsar los tejidos sociales que permitan resguardar la vida en torno a acciones colectivas que sean capaces de poner límites a la ofensiva de la dominación. Hace poco más de 13 meses, 43 estudiantes de la normal Isidro Burgos de Ayotzinapa fueron desaparecidos por policías municipales y miembros del grupo paramilitar Guerreros Unidos, con conocimiento de miembros del ejército y de la Policía Federal. Esta misma noche fueron vilmente asesinados 3 otros estudiantes de la Normal y 3 personas más, todxs a manos de fuerzas estatales. Los 43 se sumaron a más de 27 mil desaparecidxs, y lxs asesinadxs a más de 153 mil desde que inició el sexenio de Felipe Calderón, cuando empezó la guerra en contra del narcotráfico, que es, en realidad, una guerra contra el pueblo mexicano. La rabia y la indignación por estos hechos de barbarie, por los anteriores y por los que siguieron nos ha nutrido en este congreso, desde donde exigimos la aparición con vida de todxs lxs desaparecidos en México y ratificamos nuestro compromiso con la lucha contra la desaparición, el feminicidio, la tortura y la muerte. ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!
     
  • Nos solidarizamos y manifestamos nuestro compromiso, también, con las distintas luchas por la defensa de lo común, del agua, del territorio; por trabajo digno y contra el despojo múltiple que ocurre en cada vez más lugares de México, de América Latina y del mundo.

 

 Crisis civilizatoria

 

Necesitamos, abajo y a la izquierda, poner en debate porqué los gobiernos tanto progresistas como neoliberales garantizaron la seguridad jurídica de transnacionales y socios locales en la expansión extraordinaria del modelo extractivista exportador. También generalicemos la deliberación sobre esa acumulación gran capitalista de exterminio que se contrapone con la democracia. La negación de la centralidad de este desarrollo capitalista contra los pueblos por parte de quienes prefieren o se identifican con los gobiernos progresistas los conduce a atacar a las izquierdas que se plantean la lucha anticapitalista.  Ollantay Itzamná ejemplifica ese proceder que descalifica sin argumentos coherentes con contribuir a la deliberación popular sobre el postcapitalismo.

 

México: I Congreso Internacional sobre comunalidad y

desprestigio de los gobiernos progresistas
4 de noviembre de 2015

Por Ollantay Itzamná

 

Entre el 26 y 29 de octubre reciente, cerca de 500 investigadores, académicos e intelectuales, provenientes de diferentes países, se congregaron en Puebla, México, convocados por cerca de una veintena de universidades y centros de investigación para  compartir conocimientos sobre “Luchas y estrategias comunitarias: horizontes más allá del capital”, como bien resumía el lema del evento.

 

Dicho evento internacional sobre comunalidad (por su novedad en el debate de la academia latinoamericana) despertó bastante expectativa en la audiencia que conoció la convocatoria. Aunque desde el primer simposio inaugural, el descontrol emocional de la principal organizadora del Congreso, Raquel Gutiérrez (ante el cuestionamiento de John Holloway por las ausencias/ausentes en el programa oficial), evidenció la camisa de fuerza del cónclave académico.

 

Para “inquietar” el espíritu de las y los presentes en el evento, la investigadora boliviana, Silvia Rivera, una de las principales oradoras, fue contundente en anunciar su hallazgo científico al auditorio en pleno: “El hecho que hayan fracasado varios proyectos que tenían rostro indio como el boliviano, no nos exime de lo que está detrás. Estamos enfrentando una sistemática destrucción de lo común, (...). Una expropiación brutal de la voluntad colectiva por parte del Estado (refiriéndose al gobierno actual de Bolivia)”[1].

 

Así, intelectuales y académicos emprendieron a centrar sus hallazgos en “horizontes y resistencias comunitarias más allá de los gobiernos progresistas”. Incluso una de las mesas llevaba este título, donde el investigador boliviano Huáscar Salazar, junto a otros, reiteró sobre la actual “dictadura” estatal neocolonial de fachada progresista en Bolivia. Incluso “presentaron” algún libro sobre la actual dictadura en Bolivia.[2]

 

Sarela Paz, investigadora “independiente”, ex pareja de Álvaro García, actual Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, concluyó su intervención sobre ecología política denunciando la hipocresía socioambiental del actual gobierno boliviano que “coopta comunidades indígenas” y “promueve la destrucción de La Amazonía para la producción agroindustrial”.[3] Cuestionó, en ausencia, la “honestidad” del pensamiento de D. Harvey sobre la financiarización de la economía mundial y el capitalismo por desposesión.

 

Raquel Gutiérrez, quien a inicios del siglo pasó por Bolivia para “investigar” los entramados comunitarios de las luchas campesinas, en su exposición durante el I Congreso Internacional los Pueblos Indígenas de América Latina, siglos XIX-XXI, avances, perspectivas y retos, en Oaxaca, México, en octubre, 2013, intentó también instalar en el imaginario de su auditorio otra verdad científica: “Evo Morales está imponiendo la carretera por el TIPNIS para producir y transporta coca”.[4] Al igual que Sarela, u otros, ésta tampoco tenía argumentos racionales sobre “su verdad científica” más que su “posición académica” como expositora.

 

¿Qué buscan o qué agendas ejecutan estos y otros académicos aparentemente progresistas o ecoindigenistas? ¿Por qué hablan tan mal de los denominados gobiernos progresistas y callan sobre los violentos gobiernos neoliberales en curso? ¿Por qué organizan o utilizan “espacios internacionales” fuera de Bolivia o Ecuador o Venezuela para “desprestigiar” a estos pueblos y sus gobernantes? ¿Por qué atacan en nombre de la “comunalidad” a los pocos gobiernos que se atrevieron a poner en común (recuperar) los bienes naturales privatizado y callan sobre los violentos despojos territoriales emprendidos por gobiernos y corporaciones neoliberales?

 

Estos u otros investigadores que edulcoran sus narrativas con “novedades semánticas” como decolonialidad, interculturalidad, equidad de género, etc., con sus actos y conclusiones investigativas resultan produciendo y reproduciendo el racismo, machismo y colonialismo en las ciencias sociales. Y, asumiéndonos como idiotas a la audiencia.

 

Hablan de nosotros indígenas como si fuésemos rostros, apariencias. Más nunca como sujetos que somos. Por eso dicen: “proyecto con rostro indio”. El núcleo central del proceso boliviano no es el hermano Evo Morales. Somos los pueblos indígenas y campesinos nucleados alrededor de sueños compartidos y afirmados por nuestros logros indiscutibles en el camino.

 

Sus “léxicos científicos” les traicionan y evidencian su racismo colonial cuando se refieren a nosotros con su semántica caritativa de: “nuestros pueblos indígenas”. Hablan como escribanos criollos republicanos que son. Nosotros (pueblos) no somos de nadie, ni nadie es de nosotros.

 

Hablan de la comunalidad como propuesta hermenéutica o como “estilo de vida” cuando en los hechos están atrapados en el brutal individualismo metodológico que los lleva a sospechar de sus colegas y trepar cuesta arriba tras sus ideales papirocráticos. Casi ninguno de ellos/as convive en comunidad. Mucho menos en comunidades indígenas que discursivamente idealizan.

 

Por momentos aparecen como anticapitalistas. Por momentos, como ambientalistas o indigenistas. Dependiendo de la moda bibliográfica o circunstancias financieras. Pero, lo seguro es que no son ambientalistas para resistirse a los viajes internacionales, ni a sus estilos de vida urbana (nada amigable con nuestra Madre Tierra). Todos/as dependen del dinero.

 

Cuando presencio o veo “estrados” académicos con estos matices, casi siempre recuerdo lo leído sobre los nefastos episodios mediáticos que precedieron a los derrocamientos de los procesos revolucionarios de Guatemala (1954), Chile (1973) o Libia (2011). Derrotas ejecutadas desde adentro, utilizando la pluma y el exacerbado acervo de “cientistas sociales” progresistas o revolucionarios. Pero, lo más doloroso es el dolor que soportan estos y otros pueblos, incluso muchas décadas después de los sueños truncados, como es el caso de Guatemala.

 

Notas

 

[1] Véase, https://www.youtube.com/watch?v=HPZkfN1KZ6w

[2] Véase, http://www.congresocomunalidad2015.org/wp-content/uploads/2015/10/Programafinalweb.pdf

[3] Véase, https://www.youtube.com/watch?v=7NEcwtJ-UFI

[4] Véase en el programa, el simposio 138. http://www.red-redial.net/doc_adj/5682-programa-extenso.pdf

Fuente: http://www.alainet.org/es/articulo/173393

 

 

Comparemos el artículo anterior con lo desarrollado por quienes ataca como si fueran los principales enemigos populares.

 

 

Reflexiones en torno a una potente veta de pensamiento crítico para el presente

¿Qué fue el Primer Congreso Internacional de Comunalidad?
27 de noviembre de 2015

Por Huascar Salazar Lohman (Rebelión)

 

Entre el 26 y el 29 de octubre de 2015, en la ciudad de Puebla (México), se llevó cabo un importante evento: El “Primer Congreso Internacional de Comunalidad. Luchas y estrategias comunitarias: horizontes más allá del capital”. Este acontecimiento, organizado por el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSyH) de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), junto a la Academia de Comunalidad de Oaxaca y al Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), además de un conjunto grande de otras instituciones, organizaciones y colectivos que apoyaron y acompañaron; logró reunir a más de 500 académicxs, intelectuales, activistas y estudiantxs de veinte países del mundo, principalmente de Latinoamérica, en torno a un denominador común: lo comunitario, la comunalidad, lo común; y la manera en que desde ahí se piensan y se practican realidades de lucha frente al capitalismo.

En esos días se instalaron alrededor de 40 simposios que abordaron diversas temáticas: reproducción comunitaria de la vida, género y luchas de las mujeres, ecología política, gobiernos progresistas, migración, vida urbana, historia y memoria, luchas indígenas, problemas epistemológicos y desafíos teóricos, y muchas cuestiones más; la mayoría de ellas puestas a discusión desde la clave de la producción de lo común. Entre los cientos de personas que nos encontramos ahí, nos escuchamos y nos dimos cuenta que desde la interpretación heterogénea del mundo –eso que también reivindicamos– hablábamos de cosas comunes: de una manera no estadocéntrica de pensar la transformación social; de la potencia de una política que emerge desde abajo, desde las actividades centradas en el cuidado de la vida y desde dónde se posiciona una legitima manera de organización colectiva de la sociedad; de la crítica tenaz a la modernidad capitalista sostenida en la explotación y a sus formas políticas de organización de la vida que expropian la decisión colectiva. En fin, este congreso, sirvió, entre otras cosas, para poner en común sentidos compartidos para el despliegue de tejidos sociales rebeldes.

Por este motivo es que no fue un congreso académico clásico, de esos acartonados en los que lo que importa es el flujo de conocimientos especializados entre gente especializada. La mayor parte de los participantes del Congreso de Comunalidad, compartieron sus experiencias y formas de comprensión del mundo desde la necesidad de construir un conocimiento colectivo y útil para afrontar la permanente agresión –últimamente intensificada– del capital. En este particular momento en el que tanto gobiernos neoliberales como gobiernos progresistas promueven políticas de muerte y despojo, el dotarnos de palabras con sentido político común para afrontar las luchas desde posicionamientos fértiles que superen el ya tan trillado posibilismo estatal –oferta de la mayoría de las propuestas partidarias de la izquierda estatalista–, ha sido muy provechoso. La seriedad del congreso no se midió por la suntuosidad, ni los grados académicos, ni las miles de páginas de las ponencias de los participantes del evento; sino por la profundidad de las experiencias compartidas; por la búsqueda de conocimientos colaborativos; por la legitimación de discusiones que emergen de los sentires y no desde aquella racionalidad moderna y masculina que intenta mostrarse como neutra y objetiva. La mayoría de las discusiones –teóricas o no– tuvieron su origen en sentidos prácticos y no, parafraseando a Silvia Rivera Cusicanqui, en pensamientos rancios que sólo se nutren de otros pensamientos. Muchas de estas discusiones han quedado condensadas en el “Pronunciamiento del Comité Organizador” del congreso2.

Varixs intelectuales conocidxs arribaron desde distintas latitudes, nos acompañaron y se volvieron parte del evento: Silvia Federici, Jaime Martínez Luna, Raúl Zibechi, Silvia Rivera Cusicanqui, Sinclair Thomson, Márgara Millán, Luis Tapia, Luis Hernández Navarro, Horacio Machado, Sarela Paz, Gustavo Esteva, entre otrxs más. Lo interesante fue que lo que principalmente convocó a estas personalidades fue un compromiso y una afinidad política, la formalidad académica quedó en un segundo plano. Ellxs participaron de las mesas centrales, pero también fueron parte de los múltiples simposios y de las actividades culturales que se realizaron. Fue un momento en el que ellxs –lxs más conocidxs– y todo el resto, quizá menos conocido pero con compromisos muy similares nos reafirmamos en nuestra convicción de que no estamos solxs y de que hay muchas cosas por hacer en conjunto. Así pues, desde este Congreso de Comunalidad también se hizo un esfuerzo por consolidar solidaridades recíprocas con distintas luchas, desde la mapuche en Chile, hasta las zapatista en México, siempre apostando por la política que brota desde abajo.

Otro elemento que es importante resaltar es el porqué de este congreso en Puebla. El Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP vio, hace ya varios años, nacer y cultivarse una veta muy fértil del marxismo abierto, aquella impulsada por intelectuales como John Holloway y Sergio Tischler, entre muchxs otrxs. Sin embargo, en debate recíproco y nutritivo con aquel espacio, durante estos últimos años, se ha venido consolidando una nueva escuela de pensamiento en la que Raquel Gutiérrez, Mina Lorena Navarro y Lucia Linsalata son sus máximas exponentes y confluyen en el Seminario de Investigación Permanente: “Entramados comunitarios y formas de lo político”. Esta escuela de pensamiento –de la cual varixs de los participantes en el congreso hemos abrevado y nos sentimos parte– ha venido aportando una mirada renovada y fértil sobre, entre otras cosas, la concepción de lo comunitario desde la reproducción de la vida, es decir, desde todas aquellas actividades colectivas –principalmente femeninas– centradas en dar continuidad a la vida (no al capital) y que resultan ser profundamente políticas, subversivas y anticapitalistas.

Hace un año atrás, en el marco de un pequeño coloquio en el que participaron Márgara Millán del CELA/UNAM y Jaime Martínez Luna de la Academia de Comunalidad - Oaxaca, nació la idea de hacer un gran congreso sobre lo comunitario, la comunalidad y lo común, en ese momento se acordó que se denominaría “Congreso de Comunalidad” por ser la “comunalidad” un término con mucho sentido político y que aglutina múltiples experiencias colectivas y de luchas en México, particularmente en la región de Oaxaca. El seminario de “Entramados comunitarios y formas de lo político”, junto a una serie de personas y colectivos asumieron el reto de organizar dicho evento y de acuerpar esfuerzos con tal fin. Lo que las personas que hacen parte de este espacio de pensamiento demostraron fue una gran capacidad de organización y de articulación entre su hacer intelectual y su experiencia en el activismo, y, además, el esfuerzo de muchos años de todxs ellxs se vio reflejado en el gran despliegue de trabajos en forma de libros, fotos, revistas, etc., que fueron presentados durante el evento.

El congreso tuvo una serie de repercusiones y seguramente las seguirá teniendo hacia adelante. La mayoría de los comentarios y opiniones encontraron que el Primer Congreso de Comunalidad fue un espacio muy útil para compartir experiencias, para encontrarnos entre lxs que andamos haciendo cosas parecidas en latitudes diferentes, para tejer lazos de amistades politizadas, para conocer y solidarizarnos con lo que ocurre en otros lugares, para mirarnos auto-críticamente; en fin, para, de alguna manera, construir un común. También fue muy interesante ver como surgieron las críticas, en su mayoría provenientes de espacios intelectuales que actualmente soportan ideológicamente a los gobiernos progresistas. Lastimosamente, la mayor parte de esa crítica fue excesivamente dogmática, poco argumentativa, centrada en la descalificación personal y, lo peor de todo, imprecisa y faltante a la verdad; esperamos que esto cambie con el tiempo para poder entablar un debate serio en torno al acontecer político de la región.

Se vienen más congresos como éste. Esperamos tener el siguiente en dos años, aún no se decidió la sede –¿será Guatemala, Bolivia, Argentina, México?–, pero más allá de eso, estamos seguros que será nuevamente un espacio profundamente rico para la discusión, y además esperamos que, entre congreso y congreso, otras experiencias y proyectos también se gesten y se consoliden. 

1 Huáscar Salazar Lohman (1983). Economista boliviano, vivió seis años en México donde realizó sus estudios de posgrado. Su más reciente publicación: “Se han adueñado del proceso de lucha” Horizontes comunitario-populares en tensión y la reconstitución de la dominación en la Bolivia del MAS (2015). Es miembro de la Sociedad Comunitaria de Estudios Estratégicos.

2 http://www.congresocomunalidad2015.org/pronunciamiento-del-comite-organizador/

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=206154

En consecuencia, abajo y a la izquierda, precisamos hacer posible el involucramiento mayoritario en la deliberación y toma de decisiones respecto a los extractivismos. Pero, a la vez, nos resulta imprescindible ir convirtiendo las resistencias en comunalidades para asumir las múltiples cotidianeidades como luchas contra la profundización de la impunidad de grandes capitales locales e imperialistas en contubernio con el Estado y el sistema político.

Chile - Declaración Pública: ¡Paremos el saqueo de los territorios!
26 de agosto de 2016

Nuestros territorios donde vivimos mantienen las últimas reservas de vida, aun así continúan siendo saqueadas a favor del lucro, del extractivismo, del capital y la mercantilización de elementos de la naturaleza, indispensables para nuestra existencia.

Nuevas amenazas se asoman y otras se siguen consolidando. Proyectos mineros y gasíferos se vienen, junto con el avance de los impactos permanentes de las forestales en todo el largo y ancho del centro sur, como también sucede con la industria inmobiliaria, la industria salmonera y sus pisciculturas, los cientos de proyectos de energía, incluyendo las hidroeléctricas a diversas escalas, las termoeléctricas, los mega parques eólicos, entre otros, realidades que son parte de la nueva invasión y saqueo que intensifican los atropellos a los derechos humanos individuales y colectivos de quienes habitamos estos territorios, como asimismo, la depredación de la naturaleza.

Además de la directa responsabilidad empresarial en ello, está de manera coludida la responsabilidad directa del duopolio político en permitir dar luz verde a estos saqueos y en abrir sus cuotas de poder para lo corrupción, gobernando tanto en el ejecutivo como en el legislativo, transversalmente, a favor del interés del insaciable lucro empresarial.

Desde Temuco, desde la Región de la Araucanía, alzamos la voz, el despertar y la conciencia, con el compromiso de seguir activamente defendiendo los territorios y de transformar esta desquiciada realidad impuesta, que nos lleva a profundizar crisis sociales, políticas, económicas, culturales y ambientales, la que nos arrastra hacia abismos y que hace flotar la cara más siniestra del neoliberalismo, la que se basa en la recalcitrante codicia de sujetos que solo piensan en su individualismo, ego, poder y acaparamiento. Ante esto, anunciamos, que seguiremos resistiendo, seguiremos levantando con amor nuestras propuestas de vida y con plena actitud y absoluta convicción, seguiremos frenando los abusos y atropellos, para dar paso a un estado de respeto y justicia.

La Región de la Araucanía enfrenta una grave crisis y saqueo. Más del 20 % de superficie con plantaciones forestales de especies exóticas de pinos y eucaliptus (unas 640.000 hectáreas en la Región y más de 3 millones en el centro sur), verdaderas bombas de agua y daños socio ambientales, culturales y económicos. Cien mil personas sin agua para el uso básico, a quienes se les distribuye en camiones aljibes. Cerca de 30 proyectos de energía aprobados en los últimos años, la mayoría hidroeléctricas (15). Más de 80 pisciculturas de la industria salmonera. 25 mil toneladas de basura urbana depositadas en su mayoría en suelo de comunidades, dañando todo para la vida de miles de familias. Localidades urbanas colapsadas, saturadas, sobre pobladas y contaminadas, con diversos proyectos inmobiliarios que han venido destruyendo ecosistemas y humedales, como ocurre en Temuco y la tala de árboles y extinción de arboledas necesarias para la oxigenación y el valor paisajístico urbano. Esto, es parte de una realidad que no es posible seguir permitiendo.

Por ello, ante la nueva afrenta neoliberal, quisiéramos señalar a aquellas empresas que son parte del saqueo, de la destrucción, del abuso, de la depravación y que no son bienvenidas en los territorios por quienes respetamos y defendemos los derechos humanos, por quienes defendemos las últimas reservas naturales, por quienes creemos que es posible otra forma de economía y relación.

Las empresas en cuestión son:

 FORESTALES: 1.- CMPC – Forestal Mininco del grupo Matte con más de 750.000 hectáreas de plantaciones forestales en centro sur de Chile / 2.- CELCO – Forestal Arauco del grupo Angelini con más de 1.200.000 hectáreas en el centro sur de Chile /3.- FORESTAL Bosques Cautín, miles de hectáreas en la Araucanía / 4.- MAGASA, del empresario Mario García Sabugal, con miles de hectáreas forestales en la zona cordillerana de Cunco y Melipeuco.

ENERGÍA: 1.- ENDESA – ENEL, transnacional española – italiana con proyectos y centrales en todo el centro sur de Chile / 2.- COLBÚN, del Grupo Matte, Chile, con proyectos y centrales en todo el centro sur de Chile / 3.- RP GLOBAL, transnacional austriaca con proyectos en Curarrehue y Panguipulli / 4.- GTD Negocios, socia de la transnacional española ENHOL, con proyecto aprobado en Curarrehue, Añihuerraqui, lugar sagrado Lof Trankura / 5.- ENACON – Manuel Madrid de Chile y Transnacional Latin America Power (LAP) transnacional con capitales del multimillonario brasileño Andre Esteves y capitales estadounidenses, con diversos proyectos en Melipeuco, Cunco y Freire, incluyendo el lugar sagrado Truful Truful / 6.- Electro Austral – Agua viva del empresario Isidoro Quiroga con proyecto hidroeléctrico en Collipulli / 7.- Salto de Los Andes, con capitales españoles y proyecto hidroeléctrico en lugar sagrado Karilafken, comunas Freire y Pitrufquen / 8.- RAKUN SPA con capitales chileno-canadienses y proyecto aprobado termoeléctrica biomasa en Freire / 9.- Hidroeléctrica Doña Alicia S.A, de capitales españoles, con proyecto aprobado sobre río Cautín, comuna Curacautín / 10.- Energía Llaima – Hueñivales de los empresarios Juan Claro y Said con proyecto hidroeléctrico sobre río Cautín, comuna Curacautín / 11.- CONPAX y sus intentos hidroeléctricos en Cunco / 12.- Comasa, termoeléctricas en comuna Lautaro / 12.-Y las diversasempresas con mega parques eólicos, entre ellas Consorcio eólico-Relmu Spa, Endesa, Los Trigales spa, Piñon Blanco spa, San Gabriel Spa, Ener-Renova (español), que hoy invaden diversas zonas de la Región como Collipulli, Renaico, Ercilla, entre otras.

ACUICOLAS – PISCICULTURAS SALMONERAS: Novatec S.A., Aquasmolt Limitada, Landcatch Chile Sa, Captren S.A., Aquasur Fisheries Soc., Troutlodge Chile S.A., Los Fiordos (Agrusuper – SUPER SALÓN) Limitada., River Salmon S.A., Cultivos Marinos Chiloé S.A., Compañia Salmonifera Dalcahue Limitada, Salmones Antártica S.A, Inversiones Aqua Spa, Salmones Bio Bio S,A., Invertec Pesquera Mar DE Chiloé, Aquachile S.A., Marine Harvest Chile S.A, Salmones Multiexport S.A., Salmones Multiexport Ltda., Gentec S.A.; Y Trusal, entre varias otras que mantienen más de 80 centros de pisciculturas en la Araucanía y varias son parte de la grave contaminación en la Región de Los Lagos – Chiloé.

Estas empresas junto a otras también invasivas y que además mantienen acaparados casi la totalidad de derechos de agua, son parte del modelo de desarrollo impuesto bajo criterios centralistas, patriarcales, neo coloniales y racistas, siendo parte del mismo modelo que ha privatizado y mercantilizado el derecho a la educación en el País, siendo el mismo modelo que hoy mantiene los derechos previsionales de todos y de todas, bajo el anclaje de “crecimiento”, pero que sin embargo, empobrece aún más a la gran mayoría de la población y se dedica a beneficiar a ciertas elites del capital, utilizándose nuestros activos para ser distribuidos en los mismos negocios del extractivismo, es decir, a favor de oligarquías.

Desde Temuco y desde diversos rincones de la denominada Región de la Araucanía (parte del territorio ancestral de Ngulumapu, territorio oeste de Wallmapu), saludamos también a todas aquellas acciones colectivas por la defensa de los territorios en los distintos puntos y que van de norte a sur, de este a oeste. En los casos del centro sur, nuestro mensaje de aliento y compromiso a las resistencias en el Bio Bio contra el mega proyecto Octopus y sus derivados que involucra refinerías, gaseoductos, puertos, termoeléctricas, etc. Y que afecta a varias comunas como Tomé, Lirquen, Penco, Bulnes, entre otras. También alentamos a que el río Ñuble siga siendo libre, como también,Cañicú del Alto Bio Bio, libre de hidros y de invasores. Por una Tirúa y Arauco libre de forestales. Por un Cobquecura y Bio Bio libre de pisciculturas salmoneras. De la misma forma, recorremos toda la justa y digna resistencia Mapuche Williche por territorios libres de hidroeléctricas, como Neltume – Tranguil – Panguipulli; Pilmaiken – Rio Bueno; Maihue – Rupumeica; San Pedro – Los Lagos; entre otras en la denominada Región de los Ríos. Asimismo, también hacemos eco de las voces que se han levantado denunciando a las depredadoras salmoneras en la Región de Los Lagos – Chiloéo las amenazas mineras en San Juan de la Costa; y alzamos nuestras manos y decimos también con fuerza junto a todo habitante consciente de Chiloé: NO al Puente Canal de Chacao, no más extractivismo en el archipiélago, respeto por la vida, la cultura, el patrimonio y las economías locales familiares y comunitarias.

Son los Pueblos, llámese chileno, Aymara, Quechua, Rapa Nui, Diaguita, Colla, LikanAntai, Mapuche y sus diversas identidades territoriales, como también Kaweskar y Selknam, quienes tenemos que decidir bajo criterios de autodeterminación sobre qué tipo de desarrollo necesitamos a favor del bienestar social o buen vivir, y cómo queremos establecer nuestras formas de economías, por eso llamamos a parar el saqueo, a parar la depredación, a parar el extractivismo, a terminar con las desigualdades y las diversas formas de opresión a niñas, niños, jóvenes, mujeres y hombres de las distintas edades y de los diversos Pueblos que convivimos en este País llamado Chile.

¡NO MÁS SAQUEOS!

Defender los territorios, es defender la vida,

es trabajar por la paz social, es valorar la interculturalidad y el respeto.

 

Red por la Defensa de los Territorios

redporlatierra@gmail.com

(F) RED DEFENSA TERRITORIO

Fotografías: San Juan de la Costa por familias directamente afectados por proyectos hidroeléctricos y concesiones mineras manifestado su rechazo al saqueo de su territorio ancestral – Fütawillimapu / Y, movilización en Temuco por la defensa de los territorios – Red defensa territorios. (Archivos)

MapuExpress

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Documentos/Chile_-_Declaracion_Publica_!Paremos_el_saqueo_de_los_territorios

 

 

 Alternativas postcapitalistas

 

Facilitemos la percepción generalizada de cuál es la trascendencia de las disputas por territorios. Pero, al mismo tiempo, pongamos en discusión el siguiente análisis:

 

Potencia del Arco Minero

24 de agosto de 2016

Por Roland Denis (Rebelión)

Más allá de los despojos puntuales, mas allá de los contratos efectivamente leoninos como lo denuncia Lander (aunque por mí que le regalen Las Cristinas a la Gold Reserve, nuestro problema central no es oro que sólo es renta y renta es Estado, dinero en sí, egoísmo socializado, nuestro problema es territorio, su control y autogobierno, su socialización, su potencial), más allá de la enorme corrupción que ya debe estar avanzando de lo lindo en pago de comisiones de las empresas a ministros, directores, generales, para que le den prioridad en las contrataciones, más allá del charco que relaciona al Estado y el capital transnacional en todo el tejido económico y no sólo el Arco Minero, más allá de los llantos nacionalistas, propios en este caso de un grito impotente que se ubica desde una visión “nacional”, la denuncia de quien se asume representante de una “nación” completamente lejana y abstracta, y no desde la guerra real en este caso por el control efectivo de nuestra tierra y territorios. En fin, más allá de toda la cantidad de debilidades y peleas controversiales que sólo son choques verbales que nos cruzan, hay que aclarar algunos puntos fundamentales en una lucha que ahora llaman “Arco Minero” pero que constituye una lucha histórica del movimiento minero y una propuesta que nació de su inteligencia y los más de seis congresos hechos desde el 95 hasta ahora.

El Arco Minero más que ser un inmenso territorio en sí con todas las riquezas que sabemos, es una realidad de correlaciones de fuerza fruto de una guerra de clase y de visiones de clase de tres siglos y que nos ha llevado a la insólita realidad que hoy se vive allí. Visto desde esta perspectiva y no de un nacionalismo tan rentista como el denunciado “rentismo” o “extractivismo” (que significa “extractivismo” por cierto?), y que en todo caso le tocaría completar sus denuncias no sólo sobre el “Arco Minero” sino sobre el “Arco Petrolero” de la faja y oriente, el “Arco Gasífero” del mar, ya que se trata del mismo modelo mixto, la misma caterva gansteril del Estado chupando de las contrataciones que se hacen con las transnacionales, el mismo o peor deterioro ambiental, el mismo rentismo, la misma dependencia, estamos hablando de victorias que son siempre parciales ya que falta demasiado para que los pueblos del mundo derriben el modelo global de dominio que reina aquí como en todos los rincones del mundo.

Es la victoria de una potencia social, política, productiva, que va a tener en los próximos meses un poder enorme que si le da la gana y sobretodo si no se queda sola, si es acompañada por un movimiento popular en lucha que en este caso tendría la posibilidad de acompañar cada núcleo minero y los pequeños territorios que contraten con el Estado, (sumarian en las 17 áreas, es decir, del 70% de Arco, en poder de alrededor de diez mil núcleos mineros que existen en la actualidad), para desarrollar cualquier cantidad de proyectos alternativos agrícolas, pisícolas, frutícolas, madereros, de pequeña industria, con recursos que nacen de la renta del subsuelo, del trabajo minero, y no la sumisión a la corrupción de Estado que se los apruebe, dándole futuro a no menos de cien mil jóvenes más (técnicos, ingenieros, agroecólogos, organizaciones, etc) que en vez de estar llorando por una nación que nunca está en sus manos, que la reclaman como suya, hacen foros y reclamos, pero jamás la TOMAN, asumen la posibilidad en este caso de concretar junto al movimiento minero esta victoria parcial, esta ganancia territorial inmensa y convertirla en una verdadera potencia proletaria, orgánica, productiva.

La fotografía de la minería hoy en día es terrible, allí verdaderamente no se puede hacer nada mas que reproducir un orden mafioso y destructivo, donde cada unidad minera, ilegal y al abandono, desde la absoluta precariedad no sólo de recursos sino de condiciones de trabajo, lo único que puede hacer es someterse a este orden y trabajar arrinconados un pedacito de tierra que las mafias militares y de bandas armadas le dejan trabajar, por supuesto bajo condición de no menos de la tercera parte de lo que se produzca vaya a sus manos, obligados a utilizar tóxicos como mercurio y cianuro que en muchos casos los termina matando a ellos mismos. Y esto en el mejor de los casos, porque cuando se arman las grandes “Bullas” (se encuentra una zona de alto tenor de mineral) sacan a todo el mundo e imponen situaciones hasta de esclavitud, y de allí las duras confrontaciones que han tenido con los indígenas pemones, los estragos ambientales que se han causado en la cuenca del Caura y Canaima. Bajo este ahogamiento del ser humano, se impone también un modelo de vida individualista, agresivo, represivo, donde prácticamente toda la renta producida termina en mercados donde cualquier cosa puede costar hasta tres veces más que en las grandes ciudades. Aquí sí que gana el capital más salvaje ligado al Estado, contrabandistas, compradores que jamás reportan los que sacan de allí. Y aún así se producen mas de veinte toneladas de oro anuales que terminan registradas en todo el continente menos en Venezuela.

¿Qué va a pasar si se concretan los elementos planteados para el Arco Minero?. Será una guerra que va a continuar y no va a ser fácil, ya que el orden mafioso querrá seguir imponiéndose, seguir destruyendo selvas e imponer su esclavitud armada, las empresas grandes querrán desplazar a los pequeños y convertirlos en sus trabajadores a sus intereses y condiciones, seguramente encontrarán apoyo en el resquicio estatal mafioso, corrupto, que cualquiera que sea el futuro político del orden constituido en los próximos meses, seguirá existiendo, una parte del movimiento minero será también colaboracionista y divisorio. Pero aún así, si se logra una legalización en el próximo año de todas estas unidades de producción, terminan organizándose en el Consejo Popular Minero, que ya al menos existe y en el próximo mes generará una dinámica participativa donde miles de mineros harán parte de la construcción de una propuesta definitiva minera, estamos ante la posibilidad de generar un tejido productivo progresivo, que vaya sumando unidades que a su vez se integren en territorios legitimados por ley, se produzca un recambio tecnológico radical, y comience a desarrollarse algo que es una hipótesis pero perfectamente factible si se rompe la fuente mafiosa y se le pone las condiciones necesarias a las empresas mixtas -Estado-transnacionales- y es que la plusvalía agrícola, y en general todo lo que sea el trabajo sobre tierra, en corto tiempo pueda llegar a ser incluso superior a la renta minera.

Sobre el Arco Minero con buena disposición y planificación, hasta cien mil hectáreas que se utilicen para las actividades agrícolas, pecuarias, pisícolas, frutícolas, madereras, además de las industrias alimentarias que puedan asentarse allí, entre otras, podría terminar de garantizar gran parte de la soberanía alimentaria de este país, e incluso ser exportadores de alimentos para un norte brasileño pobre que incluye a 45 millones de seres. Si cada unidad minera llegase a sembrar la tierras y generar industria propia sobre 10 hectáreas promedio con el apoyo de organizaciones y los últimos polos nobles de gobierno que queden, dándole semillas y apoyo técnico, con el apoyo de miles de jóvenes que pudiesen ir a la zona y articularse con el movimiento minero, estamos hablando entonces de cien mil hectáreas, pudiendo redoblarse en los próximos años, que desplazarías gran parte de la renta mineral del subsuelo hacia la actividad alimentaria a trabajar sobre el suelo por miles de hombres y mujeres que establecerán relaciones de contratación entre iguales, viviendo la divina aventura de la selva, el descubrimiento de nueva vida fuera del parasitismo urbano, es decir, aprendiendo a amar realmente el territorio que hemos tomado y expropiado a la lógica colonial que nos ha agobiado siempre. Si además se recambia definitivamente el modo de extracción por tecnologías gravitatorias, la misma agua que se utilizaría para la extracción podría servir para llenar sistemas de riego alimentados por esas mismas aguas, dejando de tener todo sentido aquel apocalipsis del “agua sí, oro no”.

Por supuesto repito esto es un reto a asumir en medio de una guerra territorial donde el capitalismo mafioso y salvaje y su poder enorme sobre el Estado (sobre este gobierno y el que venga de derecha si se da el caso, la misma caterva mafiosa) no va a dejar arrancar al igual que no ha dejado que se produzca ninguna revolución agrícola ni industrial en este país. Decir “absolutamente sí” al Arco Minero no es aplaudir y defender las aberrantes circunstancias que nos ponen a hacer contratos leoninos con transnacionales, profundizar el rentismo, extractivismo, imperialismo, capitalismo, explotación y toda la manada de palabras externas que apodan sobre esto para que nada cambie y continúe la pesadilla opresiva y ecocida de hoy, es asumir la guerra que un pueblo en lucha ha de asumir porque es su derecho, es el derecho real sobre su país y su tierra, consciente que este asunto lo obliga al desarrollo de estrategias asociativas, defensivas, productivas donde verdaderamente construimos identidad de pueblo.

No es denunciando externamente que construiremos esa identidad que algunos llaman “nacional” o “popular de clase”, es en la lucha y la guerra concreta, que en el caso del Arco Minero, y estoy seguro que será así, el movimiento minero más radicalizado tendrá que establecer relaciones de alianza con determinadas transnacionales para enfrentar la realidad mafiosa impuesta, alianzas con sectores militares en contra de otros insertos en el orden mafioso (conscientes de la pequeña guerra civil que ya vivimos aquí). Como toda guerra desarrolla sus circunstancias paradójicas (es el caso por ejemplo de la revolución kurda en el norte de Siria y su actual alianza con los EEUU, es Bolívar y el imperio británico para ser más cercanos) con el fin de derribar a los enemigos inmediatos. Toda guerra propicia su misma paradoja, sus contradicciones, nunca es perfectamente limpia y menos perfecta. Lo importante es que vivamos la experiencia, la asumamos enteramente junto al movimiento minero e indígena, que seamos pueblo protagónico coño de una vez por todas y no simples grupitos de lamento y denuncia externa, o simples extensiones administradas por una fatal burocracia, siempre viviendo de la renta de Estado.

Aquí no estamos hablando para nada de situaciones parecidas a las que se han dado en Ecuador donde efectivamente el gobierno de Correa ha traicionado los compromisos y respeto por la soberanía territorial de cantidad de pueblos indígenas de montaña y amazónicos, imponiendo los intereses de transnacionales y de monopolios nacionales. Nada que ver con la lucha contra el carbón en la Guajira, el Socuy, la zona Yukpa, donde la vocería inquebrantable de hombres como Lusby Portillo, y el movimiento ambiental zuliano indígena y urbano, se ha denunciado el inmenso negociado, lo absurdo, lo ecocida, que detrás de este proyecto que se defiende desde la gobernación del Zulia, cuando el carbón no tiene el más mínimo sentido para población alguna en la zona, ni razones para producirlo y utilizarlo bajo la contaminación terrible de las industrias eléctricas carboníferas; eso sí es rentismo puro. Aquí estamos hablando de una guerra anticolonial histórica donde se abre una ventana de victoria que podría ayudar a transformar un país entero.

Por supuesto que quedan muchas preguntas abiertas:

¿Cuál va a ser la asociación concreta entre Estado y proyectos de minería social e integral?

¿Cuál va a ser la relación de transnacionales, empresas nacionales y unidades de producción minera?

¿Cuál va a ser la relación entre los proyectos que firmen acuerdo de explotación con el Estado y las unidades de trabajo que se establezcan en la zona otorgada; la relación pueblo-pueblo?

¿Cuáles son las instituciones de Estado que van a asumir la dirección por parte del estado de las 17 áreas para la minería integral; se impondrá el caos que pretenden ahora dándole una parte al Ministerio de Minas, otra a la Cominpeg, otra a la Corporación Nacional de Minería, cual feudos a atribuir a cada quien?

¿Cómo se va a acordar el manejo concreto de la renta de Estado producida por esta minería y su propia inversión en la zona, cuál va a ser el papel en ese sentido del Consejo Popular Minero?

Estas es y muchas más preguntas que aún están en el limbo y que nos demuestra la inmensa tensión que se vive al interno del gobierno-Estado por controlar este inmenso proyecto. El llamado en todo caso, y “perdonen lo malo” de todas estas argumentaciones del “absolutamente sí al Arco Minero”, es que nazca al fin una izquierda o movimiento popular que no se vea siempre desde el punto de vista de la impotencia y la externalidad frente al mundo explotador que nos rodea sino que centímetro a centímetro en esta larga guerra, aprenda a parársele de frente, y dar la pelea que hay y se tiene la fuerza para dar. Que vaya mucho más allá de las abstracciones y asuma esta guerra de clases inevitable. Para no quedar años después reducidos al papel de un Juan Uslar que se da cuenta 150 años más tarde que Boves era parte del inicio de una insurrección popular, pero pidiendo una especie de perdón por percatarse tan tarde. Proponemos entonces que el Arco Minero, más allá del pensamiento débil y el malandraje de Estado, sea una ocasión para toda organización de la población trabajadora. A lo mejor cualquiera se juega la vida en esto dadas las situaciones del territorio, pero cuando la vale la pena jugársela, la vida misma se convierte en mera circunstancia.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=215875

 

 

Contestemos las preguntas de Ronald Denis. Partamos de contextualizar la "realidad de correlaciones de fuerza fruto de una guerra de clase y de visiones de clase de tres siglos" en cómo y porqué el sistema mundo capitalista impone globalmente a la megaminería o acumulación por exterminio. Pero, sobre todo, percibamos (conozcamos y tomemos partido sobre) el carácter contrario a la verdad conquistada por los pueblos de la conclusión e idea de Denis de apuntar a que " aquel apocalipsis del «agua sí, oro no» deje de tener todo sentido ”. Aclaremos con la Marcha en Chile y cuyo objetivo también nos ilumina:

“Organizándonos, masificándonos, manifestándonos podemos conseguir hasta lo imposible”.

 


Marcha en el Valle del Huasco por la defensa del agua y la vida reúne a más de mil personas
24 de agosto de 2016

Tras 15 años de lucha y resistencia, las comunidades del Valle del Huasco ante un escenario en que las amenazas que significaban los proyectos que los llevaron a movilizarse desde el 2000’ se han convertido en una realidad ofreciéndoles dos alternativas de continuar estos emprendimientos en su territorio: o morir y emigrar; decidieron emprender la décimo tercera marcha por el agua y la vida el recién pasado sábado 20 de Agosto.

La jornada se inicio con un rito por el agua a orillas del Río Huasco, el que guiado por el diacono Herman Adaos pidió por la protección del vital elemento así como por todos los seres que viven y se alimentan de él.

Este año estuvo marcado por la participación de jóvenes y niños que como la nueva semilla del Valle luchan y resisten para seguir viviendo en él disfrutando de todo lo que les ofrece. Fue así como la conferencia de prensa que dio el inicio y la arenga a los concurrentes para marchar, fue realizada justamente por niños y jóvenes; quienes entre las cosas que dijeron: “(…) venimos a defender nuestros derechos, que están siendo vulnerados por un estado interesado más en crear capital a través de las empresas, sin importarles el daño que les están haciendo a nuestra gente y nuestro valle. Queremos disfrutar de todos esos días de verano en los ríos, del hermoso paisaje que nos entregan nuestro valles. Debemos estar conscientes que el futuro es hoy, todo lo que construimos hoy será por el bien de nuestros hijos y nietos. No dejemos que seamos oprimidos por el Estado, por el empresariado, haciéndonos creer que tienen el poder sobre nosotros. Organizándonos, masificándonos, manifestándonos podemos conseguir hasta lo imposible. ¡Lucha por el Valle! ¡Fuera Barrick! ¡Fuera todas aquellas empresas que destruyen nuestras tierra y arriba los que luchan! ”.

Con estos mensajes y mucha fuerza  se inicio la marcha desde el Puente Brasil la cual entre una serie de exigencias, gritos, tambores y bronces se abrió camino por las calles de Vallenar: ¡Vecino, Vecina no sea indiferente la megaminería está matando a mucha gente!, ¡Ni chancho, ni termo tampoco mineras, el valle no se vende a ninguna billetera!, ¡Educación, salud y medio ambiente, son nuestros derechos no se venden se defienden! Y ¡de Norte  a  Sur, de este a oeste, daremos la pelea cueste lo que cueste!  así como el ya tradicional Agua sí oro no, se hicieron sentir a eso del medio día.

Alrededor de las 13:00 hrs se llegó a la Plaza de Armas de Vallenar, pero antes de ingresar se realizó un hito fuera de la Gobernación en donde todos los concurrentes pegaron unos carteles que fueron escritos a lo largo de la marcha con exigencias y deseos para el Valle. Carabineros no permitió que se pegaran en las paredes pero con convicción los pobladores del valle las pegaron en el suelo. Mensajes como: “El agua no se vende. Que se vayan los políticos que venden el país”, “Fuera políticos criminales”, “¿Qué haces por el buen vivir? No cumples con lo que te pagan fuera”,  “Que se vayan todas las mineras y las que están por venir ¿Acaso vamos a comer oro?”, “No más termoeléctricas”, “Barrick nos está matando y el Estado trabaja para que se quede“, “Sin agua no vivimos despierten”, se quedaron a los pies de la Gobernación como testimonio innegable de que el Gobierno está haciendo todo lo contrario de los que las comunidades quieren y desean de su territorio.

Luego de ello, todos fueron al escenario principal en donde se leyó el comunicado de la marcha (que adjuntamos) y ahí se compartió conversación y experiencias en un grato almuerzo brindado por los krishnas que vinieron desde el también ahora amenazado Valle del Elqui. “Esta marcha demuestra que estamos vivos y de pie al igual que nuestras demandas, pese a todo lo que han hecho las empresas y el gobierno para dividirnos y hacernos desaparecer en todos estos años. Y no descansaremos hasta vivir nuevamente en un valle que nos brinde vida y futuro en vez de muerte”, concluyeron desde la coordinación de la organización de la marcha.

Ver vídeo de marcha de Enfoque Digital: 

https://www.youtube.com/watch?v=QIf04c6oFTM&feature=share

 Comunicado público

13° Marcha por el Agua y la Vida:

“Entre morir o emigrar de cordillera a mar elegimos dignamente seguir luchando”

Las comunidades de todo el valle hemos tomado conciencia de que la contaminación y destrucción de cualquier punto del territorio afecta de igual manera a toda la cuenca. Las agresiones de las grandes empresas, no deben ser consideradas conflictos aislados. Cada agresión debe ser enfrentada en conjunto por toda la comunidad. Avanzar en la unidad territorial es un imperativo para impedir la destrucción definitiva de nuestro valle.

Casos como el de Coronel, Quintero, Caimanes, Chiloé, Freirina, Huasco y Huasco Alto entre muchos más, comprueban que la aniquilación de los territorios es ya una realidad, y no una amenaza futura que podamos seguir postergando. Todos estos lugares son verdaderas Zonas de Sacrificio donde se ha privilegiado el interés privado por sobre la VIDA y subsistencia de las Comunidades.

El modelo económico impuesto en los últimos 40 años en nuestro valle lo está devastando. Hemos sido víctimas y testigos de los daños irreparables que han causado proyectos como Agrosuper, Pascua Lama, Guacolda y CAP. No menor es el daño causado por Omar Campillay y el uso indiscriminado del monocultivo de la Uva de exportación, y la amenaza de los proyectos CerroBlanco y Nueva Unión.

El impacto de estas empresas en un Valle  saturado con todos los contaminantes, más que nunca, es CONTRA LA VIDA MISMA de todos los seres que habitamos este territorio. La contaminación por metales pesados en nuestros glaciares y Agua, en el aire, en el mar y en la tierra ya no es un riesgo SINO

 

UNA DRAMÁTICA REALIDAD.

Hace algunas semanas denunciamos nuevamente la grave contaminación que sigue causando PASCUALAMA.

Lo decimos con toda claridad, ante Chile y ante el mundo: este proyecto es una bomba de tiempo que amenaza con un desastre medioambiental de dimensiones no conocidas en la historia.

Los habitantes del Valle del Huasco estamos en estos momentos en grave riesgo de contaminación, ya que Barrick, no es capaz de contener las aguas contaminadas de sus letales instalaciones, lo cual es un peligro inminente.

Una vez más, las autoridades, las instituciones y el Estado, de manera criminal, dan la espalda y abandonan a las comunidades para defender el lucro y la avaricia desmedida de privados en vez de la calidad de vida de los ciudadanos. Al Estado no les importan las comunidades, no les importa que la naciente de sus aguas sean destruidas y que las aguas de mejor calidad sean interceptadas por mineras y la agroindustria,  dejando sin el vital elementos a las poblaciones. Tampoco le importan los que mueren de cáncer, ni los niños de nuestro Valle que ya tienen metales pesados en su sangre ni que las aguas de primera calidad sean interceptadas. Sin Agua las comunidades no existen, y el éxodo no podrá ser frenado con la falsa solución de las desalinizadoras que el Estado nos arroja a la cara como único medida posible en vez de frenar el uso indiscriminado de las mejores aguas. De esta manera nos están dejando dos opciones: O MORIR O EMIGRAR. Y ante estas dos posibilidades, y porque no tenemos dudas de que el Agua es nuestro mayor tesoro: una y otra vez les decimos, ¡que elegimos dignamente luchar!

Sabemos que no es un camino fácil. El Estado y sus gobiernos cada vez más ilegítimos y poco representativos, utilizan la prisión política y la criminalización  como estrategia represiva que es avalada por el empresariado y sus medios de comunicación. Encarcelan a luchadores sociales, comuneros mapuches, anarquistas, dirigentes y voceros del movimiento social levantando montajes y falsas acusaciones. Por estos lados, ya hemos sufrido represión, persecuciones y montajes, sin embargo, como lo hemos dicho muchas veces y lo repetimos hoy con más fuerza: Abandonados por el Estado y por una clase política corrupta capturada por el poder económico que gobierna y legisla para proteger sus intereses y privilegios en vez del bien común y los derechos básicos de las personas, a las Comunidades no nos queda otro camino que defender nuestro territorio y nuestra Vida. Porque finalmente de eso se trata: Vida o Muerte.

A diferencia del Estado, en el Valle del Huasco votamos por la Vida y exigimos el derecho de ejercer nuestra soberanía y decisión en el territorio que vivimos y que nos dejaron nuestros abuelos.

Por un sistema que permita la armonía entre los seres humanos y la naturaleza, por el buen vivir, por una economía local, por una organización autónoma, por una soberanía de nuestros alimentos, por el respeto entre hermanos, por la preservación de nuestro territorio para nuestros hijos. Por todo ello es que decimos con toda nuestra fuerza y con todo nuestro valor que ENTRE MORIR O EMIGRAR, DE CORDILLERA A MAR, ELEGIMOS DIGNAMENTE LUCHAR!

 

Contactos:

Yahir Rojas +56996536150

Soledad Fuentealba +56963994101

Juan Peñaloza  +56942030319

Constanza San Juan +56962413008

 

enviado por Asamblea Guasco Alto Comunicaciones <guascoaltocomunicaciones@gmail.com>

Fuente: https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2016/08/24/chile-marcha-en-el-valle-del-huasco-por-la-defensa-del-agua-y-la-vida

En consecuencia, abajo y a la izquierda, resistamos recuperando o creando comunalidades. Sin embargo es insuficiente. Estamos subsumidos en la crisis tanto estructural como civilizatoria del sistema mundo capitalista. De ahí que "se plantea la relevancia del conocimiento, en especial la coproducción de conocimiento, tanto para el diagnóstico robusto, como para la búsqueda consensuada de rutas de transición que apunten hacia territorialidades para el bien común cada vez más justas y resilientes".

 

Coproducción de conocimiento, fractura metabólica y

transiciones hacia

territorialidades socio-ecológicas justas y resilientes1

31 de agosto de 2016

Por Gian Carlo Delgado Ramos2

Resumen

Desde una perspectiva del metabolismo social, o de la modalidad y dimensión del uso de energía y materiales por parte de la sociedad, se abre con una descripción panorámica de la crisis imperante, tanto socioeconómica como ecológica. Al subrayar que ésta es resultante de relaciones sociales de producción específicas en un contexto biofísico dado, se plantea la relevancia del conocimiento, en especial la coproducción de conocimiento, tanto para el diagnóstico robusto, como para la búsqueda consensuada de rutas de transición que apunten hacia territorialidades para el bien común cada vez más justas y resilientes.

El proceso de trabajo es la condición universal para la interacción metabólica entre el ser humano y la naturaleza. Diferentes relaciones sociales de producción, con sus respectivas estructuras de poder y de clase y especificidades territoriales, sociales e histórico-culturales, conforman perfiles metabólicos distintos. Se estima que las sociedades cazadoras-recolectoras consumían unos 10-20 Gj/año/per cápita de energía y media tonelada de materiales per cápita al año; las sociedades agrarias avanzadas de Europa del siglo XVIII entre 40 y 70 Gj/año/per cápitay de 3 a 6 ton/año/per cápita de materiales; y las sociedades industrializadas contemporáneas entre 150 y hasta 400 Gj/año/per cápita y 15-25 toneladas de materiales al año per cápita (Haberl et al, 2011: 3). Datos para el siglo XX precisan que mientras la economía creció unas 14 veces y la población poco más de cuatro veces, el consumo promedio de energía a nivel global lo hizo 12 veces, el de metales 19 veces y el de materiales de construcción hasta 34 veces (caso del cemento) (Krausmann et al, 2009). Así, al año 2000, la extracción total de recursos naturales fue de entre 48.5 y 60 mil millones de toneladas anuales (Ibid), ello en un contexto en el que el 10% de la población mundial más rica acaparó el 40% de la energía y el 27% de los materiales (Weisz y Steinberger, 2010).

Por lo antes indicado, puede afirmarse que lejos de haber un desacople, hay, por el contrario, una clara correlación entre la creciente acumulación de capital y el consumo de energía y materiales, ello a pesar de que en los últimos 150 años se verifica un aumento en la eficiencia relativa (de los subcomponentes de la economía pero no de la economía en su conjunto) del orden de 20 mil por ciento (Newman et al, 2012). Tales ingentes patrones de consumo han derivado en una profunda alteración e incluso transgresión de los ciclos biogeoquímicos del planeta a una velocidad nunca antes registrada en la historia del ser humano (Steffen et al, 2015). Los impactos son de tal calado, sobre todo en el actual sistema de producción, que ya se habla de una nueva era geológica: la del Antropoceno (Crutzen, 2002). Y, pese al avance del conocimiento acerca de las causas de “la fractura metabólica”, ésta no ha sido resuelta o al menos aminorada. Todo lo contrario, la transgresión de las fronteras ecológicas es cada vez más evidente (Steffen et al, 2015).

La permanente apuesta por un crecimiento económico en un planeta finito no se ha reflejado, sin embargo, en el desarrollo de la mayoría de la población, esencialmente por dos razones:

  1. el desarrollo ha tenido como soporte la acumulación por desposesión, es decir de aquella que instala el despojo como mecanismo estructural del sistema, y
  2. en tanto que la riqueza o beneficios generados de tal esquema desarrollista, se ha distribuido de modo cada vez más asimétrico. El derecho al desarrollo o a un ambiente sano, reconocidos en el seno de Naciones Unidas, figuran por tanto como meros pronunciamientos políticos ya que no son una realidad concreta para la gran mayoría.

Las asimetrías son de tal grado que se estima que en 2014, los 80 más ricos del planeta (eran los primeros 388 en 2010 y 85 en 2013) tenían la misma cantidad de riqueza que el 50% más pobre, es decir, que 3,500 millones de personas (la riqueza acumulada por esos 80 más ricos, según Forbes, era en 2014 de alrededor de 1.9 billones de dólares) (Oxfam, 2015). En el ámbito empresarial las asimetrías son igualmente patentes pues 1,318 multinacionales, cuyas ganancias representan el 20% del total global, controlan directa e indirectamente alrededor de 43 mil compañías que generan el 60% de las ganancias globales; entre ésas están el grueso de compañías de tecnología de frontera y de manufactura (Coghlan y MacKenzie, 2011).

De frente al escenario descrito, el reto en la producción de conocimiento es mayor dado que, no sólo se torna necesario comprender mejor cómo y en qué grado estamos alterando los ecosistemas, sino que además porque es central identificar cuáles son las alternativas y rutas de transición posibles y más deseables, no sólo a la crisis ecológica, sino sistémica. Se trata de un panorama en el que se torna central revisar críticamente la relación ser humano – naturaleza y por ende, las relaciones sociales de producción imperantes, en especial la relación capital – trabajo (que privatiza los medios de producción, comenzando por la tierra y los recursos ahí contenidos, al tiempo que no permite maximizar las denominadas “externalidades positivas” debido al carácter antagónico y fragmentado de la producción).

En todo caso, la resiliencia del metabolismo social estribará en la viabilidad de tales o cuales perfiles metabólicos, su temporalidad y las constricciones biofísicas imperantes, pero también de la deseabilidad social de una gestión adaptativa de la naturaleza de tal modo que no se transgredan las mencionadas fronteras ecológicas planetarias. En otras palabras, la producción de territorialidades deriva tanto del estado biofísico del entorno natural como de los eventos y fuerzas político sociales. Contrario a las propuestas neo-maltusianas que usualmente dan sólo cuenta de los límites biofísicos y sus implicaciones, se reconoce a la agencia humana, a la praxis colectiva, como elemento clave en la definición y distribución de los flujos metabólicos, pero también en la transformación del sistema de producción imperante y con ello el de su perfil metabólico. Preguntas como quién tiene el poder de organizar la producción del espacio, con qué fines y en beneficio (o perjuicio) de qué y quién, resul ltan por demás relevantes de ahí que las ciencias, en especial las ciencias sociales, pero aún más, de la co-producción de conocimiento reflexivo y localizado (véase más adelante), seanelementales, como se dijo, para empujar tanto imaginarios, como procesos alternativos para el bien común. (Co)producción de conocimiento para la transición hacia otras territorialidades

El reto cognitivo de las nuevas perspectivas ecológicas críticas radica, de entrada, en sobrepasar el paradigma de la simplificación (Morin, 2001) así como la tendencia a la fragmentación, dígase por ejemplo, la separación analítica entre sociedad y naturaleza. Además, aboga por nociones holísticas y complejas con el objeto de construir –normativamente hablando- una genuina sustentabilidad con memoria histórica y visión de futuro, de ahí que sea necesario recurrir a enfoques interdisciplinariosde tal suerte que se habilite otra manera depensar, esto es, nuevas modalidades de producir conocimiento que, como advierte García (1994), partan del ejercicio de poner en tela de juicio las mismas preguntas que tradicionalmente han servido para definir el problema y sus alcances. En otras palabras, se trata, parafraseando a Morin (1984), de consolidar una ciencia[crítica] con conciencia[socioambiental].

La apuesta es por una visión compleja, integral, interdisciplinaria y multicriterial, de interacción/articulación de diversas epistemologías, teorías y metodologías, lo que en la práctica se verifica en una renovación e incluso replanteo del pensamiento y discurso sobre la naturaleza, la sociedad, la economía, la política y la cultura, todo desde una visión que busque identificar y responder los retos, así como atender la realidad imperante y los futuros posibles que de ésa se puedan derivar.

Lo dicho sugiere ser el móvil de las disciplinas híbridas tales como la ecología política, la economía ecológica, la antropología ambiental, la historia ambiental, la ecología social, entre otras similares (González de Molina y Toledo, 2014;Delgado, 2015). Dichas disciplinas, en la práctica, se relacionan y vinculan crecientemente con otras (tanto “tradicionales” como hibridas), conformando los inicios de nuevos campos de pensamiento hibridado, es decir, aquellos enfoques que se hibridan con múltiples perspectivas -tantas como sean necesarias para comprender mejor los fenómenos analizados- y que, por tanto, buscan inclusive trascender las fronteras planteadas por las disciplinas hibridas (muchas veces de manera no intencionada y más bien como producto de la práctica misma y las limitaciones de los grupos o individuos para construir análisis cada vez más complejos e incluyentes). Aunque se puede sostener que las disciplinas conjugadas (de carácter multidisciplinar) no son nada nuevo –por ejemplo la economía política, sociología política, etcétera-, ésas no son iguales a las disciplinas híbridas que propiamente emergen a finales del siglo XX y principios del XXI.

Las disciplinas conjugadas han sido sustancialmente relevantes en las últimas décadas del siglo XX, de cara a la compleja crisis global, ya que han estimulando y abierto camino a las mencionadas disciplinas híbridas cuyos rasgos distintivos son la genuina interdisciplina y el abordaje desde los sistemas complejos. Debe precisarse que en el proceso de conformación de nuevas disciplinas híbridas y campos de conocimiento híbridos, lo deseable es que no haya una competencia por una hegemonía epistemológica, sino complementariedades en medio de la diversidad epistémica; aunque ha de reconocerse que, en efecto, hay enfoques más aptos para algunas cuestiones que otros. Y, en tanto que en lo ambiental no suele haber soluciones lineales ni únicas que derivan de respuestas dicotómicas unicriteriales (bueno o malo, deseable o indeseable, tal y como se estructuran los análisis costobeneficio tan usados en las manifestaciones de impacto ambiental), en el mejor de los casos las visiones que dan origen a tal tipología de soluciones resultan limitadas, incapaces de abrazar la multidimensionalidad, la multiescalaridad y la inconmensurabilidad de valores en juego, pero también de ofrecer la mejor calidad del conocimiento (Gallopin et al, 2001) y de transparencia en el proceso de evaluación y toma de decisiones. Por tanto, la co-producción de conocimiento, basada en un continuo diálogo de saberes entre los actores directa e indirectamente relacionados se torna clave, tanto de aquellos formalmente reconocidos en la academia como de aquellos que están fuera pero que pueden o tienen algo que decir y aportar. Lo dicho es doblemente importante si reconocemos que la ciencia normal –en el sentido Kuhniano; léase Kuhn, 1971- no sólo es limitada, sino que no es objetiva, siempre válida y fiable cuando hablamos de sistemas complejos o de las fronteras del conocimiento (donde hay mayor presencia de desconocimiento, incertidumbre e ignorancia). Además, la coproducción de conocimiento en sentido amplio incluye la transferencia, almacenamiento, clasificación, transformación, integración y traducción del conocimiento y del aprendizaje, conceptos que concretamente tienen significados implícitos diversos, pero aún más, que en la práctica toman forma en actos que son intersectados por tales o cuales escalas y tipologías de poder, incluyendo relaciones Norte-Sur (de tipo [neo]colonial) o de discriminación racial o de género. Por ello no es menor quién controla y cómo se organiza y manipula el conocimiento en general, las bases de datos, las publicaciones, etcétera, y para qué propósito o fines. La tendencia a la privatización y conformación de un oligopolio en la publicación del conocimiento validado o científico, especialmente a partir de la era digital, es pues preocupante (Larivière ,Haustein y Mongeon, 2015).

 Así entonces, la coproducción de conocimiento en positivo debería de abrazar, además del conocimiento científico validado (conocimiento cuya vitrina de presentación idónea es la revista arbitrada y entre las cuales suele haber diversos “factores de impacto” o de pedigrí), a aquel conocimiento científico no-validado (la denominada “literatura gris”) en tanto que puede empujar nuevos enfoques, perspectivas y hallazgos hacia adentro de la estructura de generación de conocimiento científico validado. Asimismo, y de particular importancia es la integración del conocimiento “no-científico”, es decir, saberes, prácticas, valores y/o intereses tradicionales-populares los cuales, cuando menos, son éticamente legítimos y por tanto importantes para cualquier aproximación interdisciplinaria seria que busque un permanente replanteamiento epistemológico y ontológico. Como sostienen Ungar y Strand (2005: 40), “…los sistemas complejos emergentes están basados en el reconocimiento de la influencia de la intencionalidad y los valores en toda la investigación [por lo que] el objeto de estudio no puede ser descrito sin reflexividad por parte de los científicos pues la incertidumbre es una consecuencia de la actividad científica misma. La presencia de otros expertos, de los pobladores locales por ejemplo, en el proceso de construcción de conocimiento, no es en esencia una herramienta útil para aproximarse a la realidad, un complemento para la actividad científica […], sino una forma de garantizar la calidad de este proceso […] La gente supervisa, cuestiona, reformula si es necesario, el quehacer de los científicos”.

Es además patente que los movimientos sociales y las redes de ésos generan conocimiento subjetivadovalioso que articula conocimiento científico, datos y experiencias diversas, mismo que no en pocas ocasiones pasa desapercibido del circuito del conocimiento formalizado en tanto que se distancia de las realidades y necesidades locales. Por tanto, su inclusión en el proceso de (co)producción de conocimiento permitiría “…enriquecer el camino hacia lenguajes localizados con el quehacer científico como aliado y no como rival” (Ibid). La (co)producción del conocimiento es útil para la política y la toma de decisiones, no sólo porque está localizada, sino porque se hace desde, con y para la gente. En el ejercicio, no obstante, es central identificar cómo se define, enmarca y se desarrolla dicha coproducción, qué lenguajes y puentes de comunicación se tienden en lo concreto y con qué actores o interlocutores, cómo se construyen los conceptos, cuáles son los supuestos detrás de las definiciones, las evaluaciones, mediciones y valoraciones, y cuáles son los resultados que se esperan de una u otra perspectiva analítica; todos rasgos que están lejos de ser neutrales. Por ello, es imprescindible situar la coproducción de conocimiento para la política de cara a interrogantes como: ¿se trata de problemas según quién y para quién?¿en qué sentido, desde que escala de valor y con cuál visión de futuro?

Así, considerando que toda metodología involucra una cosmovisión particular del mundo desde la cual emana todo un conjunto de objetivos que bien pueden influir e incluso acotar o trastocar las diversas posiciones epistemológicas y ontológicas presentes, se considera idealmente necesario mantener principios de apertura y transparencia, comenzando por hacer explícito los objetivos, los componentes, el trasfondo, los valores y pesos otorgados además de buscar, de manera permanente,el respeto mutuo, diá logos constructivos y espacios de confianza entre los actores para así trascender el limitado contacto entre meras identidades académicas o de pedigrí entre los actores para, en cambio, entablar una relación entre y con las personas en toda su multidimensionalidad (Wickson et al, 2014). Por supuesto, el control del conocimiento y del aprendizaje es un obstáculo para la coproducción del mejor conocimiento posible, incluyendo aquel útil para la toma de decisiones políticas. Ello impacta, para bien o para mal, el bien común, de ahí que la toma de decisiones deba soportarse en una activa e informada participación social, misma que es fundamento de la coproducción de conocimiento. Y si bien los ejercicios de comunicación, diálogo y crítica constructiva, hoy por hoy no siempre logran desdibujar del todo la figura del experto como elemento central, se puede sostener que pese a ello, una genuina “ciencia reflexiva” y participativa se está abriendo camino, un ejercicio de coproducción colectiva donde inevitablemente coexisten distintos puntos de vista y figuran consensos intermedios o radicales controversias.

El reto, sin duda, está en ampliar tal esfuerzo afrontando limitaciones visibles como ciertamente lo es, en el caso de lo socioecológico, la diferencia escalar (espacial y temporal) entre lo ambiental y sus sinergias y la coproducción de conocimiento. Súmese, desde luego, el desafío de producir una política transformativa consensuada (o lo que se puede calificar de coproducción política) a la par de la conformación y formación de los sujetos que la ponen en marcha y la reformulan de manera activa. Lo dicho en efecto obliga imaginar colectivamente procesos y acciones de transición y de cambio de paradigma dando cuenta de su viabilidad en el corto-mediano plazo, y para cada caso y contexto específico. Asimismo precisa replantear las relaciones de poder –o de gestión- más adecuadas para ello, un asunto que apremia toda una nueva institucionalidad y normatividad para el bien común. La construcción de alternativas genuinasy de los caminos de transición que permitan trascender el estado de fractura metabólica y la alienación social imperante, no puede por tanto ser más que producto de un ejercicio extensamente participativo y de coproducción de conocimiento.

Hacia la conformación de otras territorialidades

De frente a la crisis sistémica y civilizatoria por la que atraviesa la humanidad, los elementos básicos de demanda social en América Latina y otras latitudes son, de entrada, paz, justicia, respeto, autonomía, equidad y dignidad. En tal exigencia, los actores en resistencia necesariamente tienden a articularse cada vez más, trascendiendo lo local e involucrando una multiplicidad de interlocutores y formas de comunicación. La conformación de redes de actores en resistencia y de redes de redes (incluyendo las redes virtuales) es cada vez más palpable y, sobre todo, su acompañamiento, en simultáneo, en diversos procesos concretos de defensa del territorio y de la identidad socio-cultural y de género asociados al mismo. Si bien tales ejercicios de resistencia popular, de creatividad y construcción de imaginarios, e incluso de prácticas alternativas, se experimenta en diversos lugares, ello es especialmente patente en AL. Se trata de procesos no libres de contradicciones o de procesos de intimidación, cooptación y corrupción de ciertos líderes o grupos de base, no obstante, por lo general buscan ser esfuerzos genuinos, democráticos y participativos, cada vez más alejados del extractivismo y en sí de nociones desarrollistas que transgreden al territorio en toda su complejidad ambiental, social e histórica-cultural. Dicho en palabras de Escobar (2008), se trata de acciones de transición hacia territorios de la diferencia. Y aunque en efecto no se puede hablar, hasta ahora, de territorialidades que logren estricta y coherentemente trascender del todo la lógica del actual sistema de producción, sí se puede decir que se experimentan, en su respectiva escala, diversos ejercicios anti-hegemónicos con potencial de configurar procesos de transición hacia modalidades alternativas. Los momentos de crisis implican, sin duda, grandes pérdidas humanas y materiales, de criminalización de la protesta, entre otras cuestiones, pero al mismo tiempo, son una oportunidad para pasar de la resistencia a la creatividad popular y la conformación de rutas de transición emancipadoras dirigidas a la construcción de esquemas genuinamente postcapitalistas enfocados en el bien común.

Tales rutas de transición implican cambios profundos, de raíz, y no meros ajustes a lo existente. Se trata, además, de procesos de larga duración, complejos y llenos de incertidumbre, por lo que no se pueden pre-diseñar, ni copiar e implantar de manera exógena. Requieren en cambio de la agencia del ser humano localizada, esto es, una agencia territorializada, con sentido de permanencia de largo plazo. En ese tenor, las experiencias hacia esquemas postcapitalistas para el bien común son más que la defensa de los bienes comunes y, por tanto, de la naturaleza per se. Aluden, de entrada, a un replanteamiento, como se dijo, de la propia relación ser humano-naturaleza, para así apostar por una relación más holística que reconoce y opera dentro de las fronteras ecológicas planetarias. Ello es nodal pues toda narrativa que separa al ser humano de la naturaleza no sólo fragmenta sino que deshabilita, al menos en buena medida, la construcción y praxis social genuinamente emancipatoria. Desde luego también replantea la relación ser humano-ser humano al centrar las relaciones de producción ya no el valor de cambio sino en el valor de uso (producto, por tanto, del trabajo no-alienado) lo que consecuentemente demanda la abolición de las asimetrías sociales. En lo concreto ello toma cuerpo en diversos imaginarios, territorialmente localizados que emanan del ejercicio pleno de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos así como de la coproducción de conocimiento y el uso de aquellas tecnologías y modalidades de producción más adecuadas para el aprovisionamiento de valores de uso con perspectiva multiescalar y multitemporal.

Por supuesto, la tensión entre propiedad privada y poder del Estado requiere, como precisa Harvey (2015) con base en Marx, de su desplazamiento por regímenes de derechos comunes o colectivos sobre los medios de producción y, en sí, sobre los bienes comunes, desde los que soportan la vida misma, hasta el conocimiento, la cultura y el arte. Esto último es sin duda central para empujar el desarrollo de las capacidades humanas positivas. La confluencia y unificación de diversas formas de lucha (pacífica), el encuentro de lenguajes, conceptos, interpretaciones y en si de conocimientos, son un reto primerísimo que demanda claridad en los objetivos (cómo y qué es lo que define la buena vida y el bien común) , en las rutas de transición, en las fortalezas y debilidades del capitalismo contemporáneo y, desde luego, en las estructuras y modalidades de ejercer el poder en un contexto postcapitalista.

Lo dicho refiere entonces a cómo operacionalizar la democracia participativa y la toma de decisiones y acciones. Se trata de un replanteo del poder que sólo puede esperarse desde los pueblos y de la alianza de pueblos, y en su caso, de los gobiernos (ciudadanos) que genuina y modestamente quieran acompañar dicha apuesta por un futuro justo, pacífico y resiliente. No es pues casual que muchos de los componentes antes descritos estén de un modo u otros contenidos en la declaración final del Encuentro y jornadas nacionales por el trabajo, la tierra, el agua y la vida, celebrado en agosto de 2014 en México. Dicha declaración suscribe: …si bien es necesaria la defensa permanente de nuestros territorios, no es suficiente con resistir. Tenemos que ser capaces de pasar a la construcción de alternativas que nos permitan, por un lado, mantener nuestra tierra, el agua, la vida y nuestros derechos, y por otro lado, la posibilidad de desatar los saberes, la imaginación y la creatividad del pueblo, al servicio del pueblo. Por supuesto que nos hemos equivocado y habrá que tener la humildad para rectificar, asumir y aprender de nuestros de errores porque sólo de ese modo podemos avanzar en la construcción honesta y colectiva en la lucha. No hay receta para la resistencia. Todas las coyunturas son distintas y todos aprendemos de todos. Tal aprendizaje de todos, aquí expuesto como coproducción de conocimiento, se insiste, es clave para la transición hacia otras territorialidades que redefinen las relaciones de dominación y acumulación imperantes aprovechando, por ejemplo, las sinergias entre los diversos esfuerzos en curso. A decir de González Casanova (2008), “…el conocimiento de las nuevas ciencias y las tecnociencias, el de las grandes luchas por la liberación de los pueblos, los trabajadores y los individuos, y el de la narrativa y el diálogo de cada pueblo, trabajador y persona, pueden sentar las bases de una meta principal: negociar con el capitalismo para que se desestructure sin destruir a la humanidad a sabiendas de que su única alternativa a esa propuesta es que el capitalismo se destruya destruyendo a la humanidad”.

1Polis, Revista Latinoamericana, Volumen 14, Nº 41, 2015, p. 85-96
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Universidad Nacional Autónoma de México. México D.F., México Email: giandelgado@unam.mx

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Objetos_Relacionados/Coproduccion_de_conocimiento_fractura_metabolica_y_transiciones_hacia_territorialidades_socio-ecologicas_justas_y_resilientes