Qué Mundo

Septiembre 2016

Con unión plurinacional e intercultural de los pueblos desde abajo y a la izquierda.

 

 

 

 

SITUACIÓN/ CRISIS CIVILIZATORIA / ALTERNATIVAS

 

 

 Situación

 

Valoremos cómo se están creando hermanamientos entre los diversos de abajo del planeta:

 

Los actores de la primavera de Quebec del 2012 acogen al Foro Social Mundial 2016

Del otro mundo posible… al otro mundo necesario
15 de junio de 2016

Por Sergio Ferrari (Rebelión)

 

En agosto, todos los caminos altermundialistas conducirán a Montreal

A menos de dos meses de su inicio el próximo 9 de agosto en Montreal, Canadá, el Foro Social Mundial (FSM) transita la cuenta regresiva. El sueño que arrancó en 2013 cuando un grupo de organizaciones sociales propusieron realizarlo en ese país norteamericano se plasmó en marzo del 2015 en Túnez, cuando el Consejo Internacional confirmó la candidatura. Desde el inicio, centenas de personas, en su mayoría jóvenes militantes asociativos y sociales, “viven ya el foro como un proceso en marcha, buscando ser horizontales en el funcionamiento, equitativos en la participación, autocríticos en la gestión. Respetando nuestras diferencias, rechazando personalismos…es decir tratando de encarnar los valores del Otro Mundo Posible”, explica Carminda Mac Lorin, joven militante social y una de las pilares del Colectivo de Organización del FSM 2016. Convocatoria altermundialista que por primera vez desde su nacimiento en 2001 en Porto Alegre, Brasil, se realizará en un país del Norte.

“A pesar de que queda todavía mucho para hacer, preparar y organizar, nuestro entusiasmo es enorme, con la adrenalina que aumenta cada día en la medida en que nos acercamos al día de la apertura”, reconoce Carminda Mac Lorin.

En los últimos meses, el Colectivo estuvo presente en diversos eventos. Entre ellos en la COP 21 alternativa en París de noviembre-diciembre del 2015; en el Foro Social Mundial Temático de Porto Alegre en enero del 2016 y en el 1er Foro Social Mundial Temático contra lo nuclear civil y militar, que se realizó en Tokio y Fukushima en la última semana de marzo del año en curso . Y ha realizado viajes a India, Taiwán, Brasil y Estados Unidos, entre otros países, para promover el evento de Montreal. 

“En todas partes encontramos gran apoyo y entusiasmo compartido. Y recibimos la promesa de mucha gente de venir a Canadá en agosto” explica Mac Lorin. Enfatizando que el esfuerzo realizado en Asia intenta acercar esa realidad continental, hasta ahora un poco distante de la dinámica del FSM. Una señal muy positiva es que los promotores del Foro Social Antinuclear decidieron convocar su segundo encuentro en Montreal, en el marco del FSM 2016. “Una forma muy concreta de reforzar sinergias y evitar dispersiones”, señala la joven organizadora canadiense.

Preparativos prácticos

A pesar que las “trabas” para la visas especialmente de los representantes de países del sur no han podido resolverse estructuralmente y no se han podido lograr las mismas facilidades oficiales de las que beneficiaron los invitados en los Juegos Panamericanos de 2015, existe un Grupo de Trabajo que intenta facilitar la solicitud de las mismas y extiende cartas de invitación a quienes lo demandan. “No siempre es fácil esta tarea de acompañamiento y apoyo migratorio. Son muchas las personas que solicitan la visa no tanto para participar en el FSM sino por motivos humanitarios para radicarse en Canadá”, explica Mac Lorin.

A nivel financiero, el pago anticipado de una buena parte de las pre-inscripciones, (ndr: en torno a 8.000 hacia mediados de mayo) constituye una base material que da un cierto desahogo a los organizadores, que se proponen lograr la mayor autonomía posible a nivel de recursos. “Hay diversos proyectos que hemos presentado a distintos niveles institucionales y que esperan una respuesta a corto plazo”, explica Mac Lorin. Al mismo tiempo, se continúan los contactos de alto nivel con las autoridades políticas canadienses que “ven con muy buenos ojos la realización del FSM en Montreal”.

En cuanto a la cobertura mediática local e internacional, Mac Lorin señala “que el foro comienza a despertar un cierto interés…que irá aumentando en cuanto nos aproximemos a agosto, como es natural, ya que los medios priorizan en su agenda la inmediatez temporal y por el momento perciben como un poco lejana nuestra convocatoria”.

Se precisan los contenidos 

Los 13 ejes temáticos -que englobarán las 1500 actividades previstas- (https://fsm2016.org/sinformer/axes-thematiques-2016/) fueron el resultado de un trabajo de reflexión local y amplia consulta internacional “in situ” y por Internet –en tres seminarios internacionales extendidos- que ocupó seis meses, entre octubre del 2015 y marzo del 2016. 

A pesar de esa oferta de contenidos, ciertas temáticas se perfilan ya como particularmente esenciales en la convocatoria de Canadá, según la reflexión de la joven activista del Colectivo de Organización. “La migración, es decir las condiciones del movimiento humano en la tierra, será central”, en un planeta donde cada vez se alzan más muros excluyentes de todo tipo.

La ambiental, en su visión amplia, ocupará un espacio clave de las reflexiones en Montreal, dándole continuidad a las sinergias que se vivieron con los promotores de las actividades alternativas de la COP 21 en París a fines del año pasado. 

La vivencia-realidad de los pueblos indígenas, autóctonos, imprimirá también su sello en esta próxima edición, tratando de retomar la diversidad de los aportes de muchas comunidades, con sus propias cosmovisiones y percepciones sobre el buen vivir. “Está previsto que la marcha de apertura el 9 de agosto sea encabezada por los pueblos originarios”, señala Carminda Mac Lorin. Quien recuerda que en abril pasado, para el Día de la Tierra, se realizó ya un primer evento simbólico de acogida del FSM promovido por la comunidad autóctona y con una emotiva participación de refugiados sirios”.

La diversidad de género y el rol de la juventud, estarán presentes como ejes transversales en todo el FSM 2016. “Será un foro que retomará las experiencias de lucha en Quebec y en nuestro país de los últimos años, una experiencia diferente y un éxito total”.

¿Se puede cuantificar la potencial presencia en el FSM? “Estamos convencidos que habrá una fuerte participación ciudadana. Nuestra capacidad de convocatoria tiene una raíz en las movilizaciones sociales que vivimos en Canadá desde el 2012 en adelante, cuando protagonizamos nuestra propia primavera. Quebec es un territorio de resistencia al neoliberalismo”, enfatiza. 

Los organizadores están convencidos que hay mucha gente consciente sobre las grandes problemáticas que confronta el planeta. Y que apuesta de una manera u otra a participar en la búsqueda de soluciones y alternativas. “Y aunque no tenemos la bola mágica para indicar cifras seguimos convencidos que podemos movilizar en torno al FSM entre 50 mil y 80 mil personas, y unas 5000 organizaciones”, subraya. Los objetivos iniciales de los organizadores contemplan 1200 actividades auto gestionadas, 300 culturales, 135 asambleas de convergencia, diversos espacios, entre los cuales el sindical, así como una quincena de grandes conferencias, con participación de personalidades internacionales.
 

Otro mundo necesario”

“Queremos recordar en Montreal en agosto que el paradigma norte-sur está cambiando en este sistema globalizado. Hay norte en el sur y hay sur en el norte. Existe un sistema que es transversal, neoliberal, capitalista y que produce efectos nefastos tanto en el sur como en el norte”, enfatiza Carminda Mac Lorin en su reflexión final. Y la misma se encarna en su propio perfil existencial: hija de madre salvadoreña y padre francés, su vida en Canadá, su diversidad lingüística, su militancia asociativa y su apertura cosmopolita le dan sobrados fundamentos a pesar de sus 33 años.

Y ratifica que más que nunca es fundamental socializar las experiencias de resistencias que se dan en todas partes del planeta. No importa el hemisferio geográfico.”Asegurando que los movimientos sociales, la ciudadanía planetaria, salga reforzada en sus confluencias, en sus sinergias, sus agendas y sus utopías”.

La nueva realidad política mundial, el reforzamiento del sistema hegemónico, nos empujan a cambios en “nuestros propios paradigmas. De nuestra consigna de Otro mundo posible, podemos y debemos avanzar hacia el concepto de Otro Mundo necesario, y juntos es posible construirlo”, concluye.



El FSM visto por sus organizadores

El Foro Social Mundial (FSM) es el mayor espacio de la sociedad civil para encontrar soluciones a los problemas de nuestro tiempo. Iniciado en 2001 en Brasil, el FSM reúne en cada una de sus ediciones a decenas de miles de participantes en más de un millar de actividades (talleres, conferencias, espectáculos artísticos…) sobre diversos temas (desarrollo social, economía solidaria, medio ambiente, derechos humanos, democratización…). La carta de principios define las grandes orientaciones del FSM, sus valores y sus reglas básicas de funcionamiento (https://fsm2016.org/es/sinformer/a-propos-du-forum-social-mondial/).
 

El FSM 2016 pasará a la historia como el primer evento de este tipo que se celebra en un país del norte. Desde su inicio en Porto Alegre, el FSM ha tenido lugar únicamente en países del hemisferio sur (América Latina, Asia y África). Ahora bien, existe un sinnúmero de alternativas que florecen a nivel local en todo el mundo para construir comunidades más cohesionadas y respetuosas del ser humano y de los límites del planeta. El reto es reunir a estos agentes de cambio más allá de la oposición Norte-Sur, que les permita discutir, hacer conocer sus reivindicaciones, sus iniciativas y sus proyectos de acción para alimentar una dinámica positiva de cambio. Pensar global y actuar local.

Somos un colectivo abierto iniciado por una docena de personas que participan en diversas redes activistas y organizaciones, grupos comunitarios, espacios culturales y académicos. Este colectivo lanzó una reunión consultiva el 5 de mayo de 2013, con el fin de ampliar el debate sobre la pertinencia y viabilidad de un Foro Social Mundial en Montreal. Hemos iniciado un proceso de reflexión y movilización, pero creemos firmemente que la idea del Foro Social Mundial tiene que ser llevada por una amplia comunidad.

Nos sentimos inspirad@s por el deseo de multiplicar los espacios que promueven la horizontalidad, la transparencia y la apertura, percibirlos como palancas en la lucha por la dignidad humana y el medio ambiente. Somos conscientes de los diversos desafíos que rodean la celebración del Foro Social Mundial en Montreal. Pero también estamos muy entusiasmad@s con la idea de ver a la sociedad civil local, regional y mundial dialogar y llegar a múltiples consensos a través del proceso del Foro Social Mundial. Creemos en el potencial de nuestra contribución colectiva en este proceso, y deseamos apoyar a las luchas globales por la justicia social y ambiental. 


Sergio Ferrari, colaboración de prensa de UNITE, Asociación suiza para el intercambio de personas en la cooperación
https://fsm2016.org/
www.unite-ch.org 

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=213416&titular=del-otro-mundo-posible%85-al-otro-mundo-necesario-

 

 

Observamos la propuesta de quienes delegan en una potencia imperialista el cambio en la humanidad entera. Comparemosla con el objetivo del Foro Social Mundial:“Los FSM no deben desaparecer pero no pueden limitarse a ellos mismos y deben ser superados por otras formas de movilización social. Las mismas deben ser más descentralizadas y más continuas en el tiempo. Demostrando que ya existen soluciones inmediatas y concretas para vivir en un mundo solidario”

 

 

G-20, hechos y no palabras
8 de septiembre de 2016

 Por Hedelberto López Blanch (Rebelión)

 

Una desafiante verdad expuso el presidente de China Xi Jinping durante la celebración en Hangzhou de la Cumbre del Grupo G-20, “ eviten las palabras vacías" al tratar de acelerar el crecimiento económico mundial.

"Frente a los riesgos y desafíos que enfrenta la economía global, la comunidad internacional tiene enormes expectativas del G-20 en esta cumbre", aseguró el presidente.

Con toda razón Jinping exhortaba a sus interlocutores a que eran tiempos de tomar decisiones para tratar de solventar otra crisis económica mundial que se avecina.

Varios analistas y publicaciones especializadas afirman que nuevos vientos huracanados amenazan con atacar a la economía mundial y provocar una nueva crisis.

Los participantes en el cónclave puntualizaron que los más acuciantes problemas son la volatilidad potencial de los mercados financieros, las fluctuaciones de los precios de las materias primas, la lentitud en comercio e inversiones y el lento crecimiento de la productividad.

Cierto que son elementos que atentan contra el buen desarrollo de la economía mundial, sin embargo existe uno mucho más grave y que provoca enormes inestabilidades en el orbe: la creciente desigualdad entre ricos y pobres que ha llevado a que el 1 % de la población tenga más capital que el 99 % restante.

La globalización de la economía mundial continuó su negativo avance a lo largo de 2015 con el incremento de la inequidad poblacional.

Los datos aportados por Bloomberg ratifican la denuncia realizada anteriormente por un grupo de investigadores encabezado por el profesor Jason Hickel de la Escuela de Economía de Londres, cuando señaló que actualmente las 300 mayores fortunas del mundo acumulan más riqueza que los 3 600 millones de personas consideradas pobres.

Todos los beneficiados en la acumulación de capitales, aparecen como propietarios o relacionados directamente con compañías transnacionales.

Las leyes neoliberales y de libre mercado impuestas en los últimos años por las naciones poderosas y sus transnacionales han incrementado abruptamente esas diferencias.

Ante la perspectiva de una nueva crisis parecida a la de 2008, las empresas de servicios financieros (como ya es costumbre para preservar sus intereses) han elaborado una estrategia que tiene en cuenta el peor escenario que podría suceder a finales de este año.

A mediados de 2016, l as acciones de los bancos europeos más importantes han estado cayendo en picada: Deutsche Bank ha perdido casi un 45%, Credit Suisse ha caído un 41 % y el Royal Bank of Scotland ha bajado un 35 %. La incertidumbre y la volatilidad han afectado a todas las áreas de la economía mundial, desde la minería hasta la producción de automóviles.

El G-20, integrado por 20 países desarrollados y potencias emergentes, se creó en 1999 pero alcanzó relevancia en 2008 cuando se hizo necesario actuar a nivel global para intentar controlar la crisis financiera que, con más o menos fuerza, aún persiste. El grupo representa el 80 % del comercio mundial y el 85 % del Producto Interno Bruto global.

Las naciones que lo conforman son: Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido, Rusia, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Sudáfrica, Turquía y la Unión Europea.

Pese a los intentos de adoptar políticas financieras y económicas asequibles a los actores y al resto del orbe, ya se ha hecho una constante que las diferencias de enfoques dentro del Grupo no permitan alcanzar acuerdos objetivos.

Recordemos que hace solo seis meses, a finales de febrero, en una reunión efectuada en Beijing el G-20 trató infructuosamente de buscar soluciones para solventar la posibilidad de una venidera crisis. Nada o muy poco se ha logrado al respecto.

La interconectividad, inclusión de todos los países y un desarrollo económico sostenible, suenan muy bien para que los medios de comunicación realicen su trabajo de propaganda pero habrá que ver en la práctica si las naciones desarrolladas de occidente y las poderosas transnacionales abran sus corazones, o mejor dicho, sus capitales para tenderle una mano a los menos desarrollados.

Inequidad, aumento del desempleo, baja del precio de las materias primas y hasta del petróleo, han puesto en jaque en los últimos tiempos, a muchos países en desarrollo y algunos de economía emergente.

Innegablemente que si todos sus miembros se pusieran de acuerdo, la conformación del Grupo resultaría un centro importante para coordinar políticas económicas pero a lo largo de sus 17 años de creado sus encuentros no han pasado de ser largas charlas.

Veamos este aleccionador ejemplo: En la X cumbre celebrada en 2015 en Turquía, los líderes mundiales acordaron 113 propuestas sobre diversos temas como la ayuda a los refugiados que llegan a Europa huyendo de guerras y hambruna, pero casi todas quedaron en el olvido lo cual han rebajado enormemente la credibilidad y seriedad del Grupo.

Los fracasos de las cumbres en cumplir con las promesas del pasado aumentaron las interrogantes sobre la credibilidad de promesas futuras.

La nación que ha salido fortalecida de ese cónclave ha sido China, pues sus dirigentes han demostrado que ese país puede jugar un papel más importante en la toma de decisiones mundiales.

China apuesta por una transformación de la economía mundial para convertirla en innovadora, vigorosa, interconectada y, sobre todo, inclusiva. Esperemos que en esta ocasión y frente a los riesgos y desafíos que enfrenta la economía global, las proyecciones de la cumbre de G-20 no se transformen en cenizas.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=216442

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Los caminos altermundialistas se entrecruzan en Montreal

Un Foro Social Mundial para soñar el otro mundo necesario y reactualizar desafíos

11 de agosto de 2016

Por Sergio Ferrari (Rebelión)

 

Una manifestación festiva abrió el martes 9 de agosto en Montreal, Canadá, la 12da edición del Foro Social Mundial (FSM). Por primera vez desde su origen en el 2001 en Porto Alegre, el mismo se realiza en el “norte desarrollado”. Varios miles de participantes lanzaron así este encuentro internacional en el que el movimiento altermundialista se confronta no sólo a reflexionar sobre sus utopías estratégicas sino también a compartir sus desafíos locales/diarios e interpelaciones de fondo. Y preguntarse sobre su propio futuro. 

Los organizadores, positivos 

Aunque parezcan lejanas e irrepetibles las grandes movilizaciones de apertura de las ediciones anteriores, sea en Brasil, India, Senegal, Kenia o Túnez, el joven Colectivo de Organización de Montreal reitera su mirada optimista. “Es erróneo decir que el FSM se está estancando. Vemos una vitalidad creciente”, anticipa Carminda Mac Lorin. 

“Hay que superar la fractura entre el Norte y el Sur… las desigualdades humanas aumentan en todas partes”, subraya por su parte Raphael Canet, otro de los obstinados albañiles de esta convocatoria. 

“Los problemas que vivimos en el Sur se viven de la misma manera en los países industrializados”, insiste por su parte Chico Whitaker, uno de los co-fundadores del FSM y uno de los intelectuales-militantes sociales más identificados con este espacio en construcción. 
 

De la retórica a la realidad, una hipótesis preocupante que se barajaba ya desde el anterior FSM en Túnez (2015) parece sin embargo corroborarse. La política migratoria restrictiva de Canadá restringió la participación de representantes del Sur. Los datos lo comprueban: el 70 % de las solicitudes de visas para participar fueron rechazadas por las autoridades migratorias a pesar del esfuerzo gigantesco de los organizadores por destrabar esta encrucijada restringente. 



Con los ojos del Sur 

Tal vez los organizadores pecaron de cierta ingenuidad, pensando que como la convocatoria propugnaba valores como la solidaridad, se flexibilizarían las exigencias migratorias, reflexiona Filomena Siqueira, una de las responsables de Ação Educativa, pujante ONG brasilera implicada desde el inicio mismo en la dinámica forista. 

En los primeros días de agosto ante la constatación de las dificultades para obtener el permiso de entrada, decenas de organizaciones canadienses e internacionales enviaron una misiva al Gobierno solicitando rápidas soluciones. Señalaban que los más perjudicados habían sido dirigentes sociales de República Democrática de Congo, Marruecos, Irán, Haití, Nigeria y Nepal. Las negativas de visas había también perjudicados a ciudadanos de Benín, Brasil, Burkina Faso, Ghana, Malí, Palestina y Togo. Esa decepción explica la indignación y críticas a las autoridades de muchos de los participantes en la marcha de apertura que “fue muy colorida y participativa, con temas variados y bella participación ciudadana” enfatiza Siqueira, sorprendida positivamente de lo que se vivió el 9 de agosto. 

Las primeras actividades se están desarrollando exitosamente, explica la dirigente brasilera que participó antes en una media docena de foros en distintos países del mundo. “Todo muy organizado a pesar de la amplia dimensión de la universidad que cuenta con varios campus lo que no facilita ubicarse bien en un primer momento”. Más de 1000 actividades auto-gestionadas se desarrollarán en los cinco días del Foro, en una maratón participativa, que, según los organizadores, podría reunir unos 50 mil participantes de un centenar de países. 

Desafíos abiertos 

El FSM, y Montreal lo está demostrando, sigue siendo un importante espacio para compartir ideas y prácticas en la perspectiva de construir sociedades más justas y un mundo mejor, posible y necesario, enfatiza Filomena Siqueira. 

En ese sentido, aunque saluda la organización de varias conferencias centrales temáticas en esta edición –retomando lo que se vivió en las primeras ediciones de los FSM en Brasil-, advierte “que no se debe crear la expectativa que de las mismas va a llegar la verdad absoluta y que se va a promover una toma de posición en tanto Foro”. 

Las reflexiones e intercambios que lograremos promover en Canadá, deben “ayudarnos al regresar a cada uno de nuestros espacios locales y nacionales, para seguir promoviendo la participación y el cambio”, insiste. 

¿Podrá dar respuesta la edición de Montreal a la pregunta sobre el real estado del FSM y su potencialidad de futuro? Es una interrogante esencial, responde la dirigente de Ação Educativa de Brasil. “Pero no estoy de acuerdo con los que pregonan la muerte del Foro o anticipan que en Montreal se realizará el duelo del mismo”. 

El FSM es “un espejo, un reflejo directo de los movimientos y organizaciones sociales, de la sociedad civil mundial. Los que anticipan la muerte del FSM deberían entonces decretar la muerte de dichos movimientos y organizaciones… No hay que olvidar que el FSM no es una institución en sí misma. Es un espacio que congrega, las luchas, pensamientos y sueños que se dan a nivel local”. 

Mundo globalizado 

Participar del movimiento altermundialista y apostar a otro mundo posible y necesario, implica reconocer que estamos todos en el mismo barco y todos sentimos los efectos de la mundialización en nuestra “Tierra Patria”. Pero es también cierto que las consecuencias sociales y medioambientales de esa globalización son diferentes en cada lugar, reflexiona el sociólogo suizo Jean Rossiaud, co-responsable del Foro Democrático Mundial. “Y la sociedad civil que se organiza para defender o ampliar sus derechos es diferente en cada sitio, así como los movimientos sociales que transforman sus luchas según relaciones de fuerzas culturales, sociales y políticas”, continúa. En ese sentido, hoy, aquí, en Montreal, “percibimos la diferencia con otros foros anteriores”, explica. En los cuales, como en Porto Alegre, se sentía la dinámica fuerte del Movimiento de los Trabajadores rurales sin Tierra (MST); o en Mumbai la de los Dalits, o en Belem de Pará, de los pueblos autóctonos. “Aquí es especialmente el movimiento estudiantil el que lo promueve para relanzar la dinámica de movilización creada hace tres años, ampliarla a otros actores e internacionalizarla”. En cuanto a la reflexión sobre el futuro del FSM a promover en Montreal, Jean Rossiaud aporta claves de interpretación y propuesta. “Los FSM no deben desaparecer pero no pueden limitarse a ellos mismos y deben ser superados por otras formas de movilización social. Las mismas deben ser más descentralizadas y más continuas en el tiempo. Demostrando que ya existen soluciones inmediatas y concretas para vivir en un mundo solidario”. Hay que ver por ejemplo el impacto del film Mañana, puntualiza. Dichas movilizaciones deben convocar más inteligencia colectiva; construcción ideológica compartida y más política, es decir, interesarse más a la gobernanza mundial, pasando de lo local a lo global”, concluye.   

Sergio Ferrari, colaboración de prensa de UNITE, Asociación suiza para el intercambio de personas en la cooperación 

https://fsm2016.org/ www.unite-ch.org

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=215443

 

En consecuencia, necesitamos superar visiones provenientes de izquierdas que menosprecian el protagonismo deliberativo de los pueblos autoorganizados para concretar sus buenos vivires convivires. "Se hace imprescindible, por consiguiente, el surgimiento inaplazable de nuevos paradigmas culturales y económicos que tengan como rasgos destacados la interculturalidad, una filosofía de vida alejada de la lógica del capitalismo y un nuevo patrón de relaciones entre los seres humanos y con la naturaleza que sirvan como muro de contención a las ambiciones hegemónicas de los grandes centros de poder político y económico existentes". 

 

El conflicto capital-planeta

11 de agosto de 2016

Por Rafael Silva Martínez (Rebelión)

"Creo que no lograremos derrotar al capital con nuestros propios medios. Quien derrotará al capital será la Tierra, negando los medios de producción, como el agua y los bienes de servicio, obligando a cerrar las fábricas, a terminar con ilusorios grandes proyectos de crecimiento" (Leonardo Boff)

Para el Marxismo clásico únicamente existía (y continúa existiendo) el conflicto capital-trabajo, expresado de varias formas, pero sobre todo, en la desigual correlación de fuerzas que representa el modelo de producción capitalista, en lo que se refiere al control y la propiedad de los medios de producción. El Socialismo del siglo XXI ha de luchar, como no podía ser de otra forma, contra este conflicto, pero a raíz de las aportaciones de las corrientes ecologistas, naturalistas y animalistas, hemos de contemplar también la resolución de otro gran conflicto, que pudiéramos denominar conflicto capital-planeta.

Porque en efecto, la crisis del modelo de civilización occidental, expresado como la globalización del capitalismo en su fase neoliberal, arrastra no sólo los clásicos conflictos que ya definieran perfectamente Marx y sus colaboradores, sino que en su nueva fase de explotación global a escala planetaria, la crisis civilizatoria del capital se enfrenta a la destrucción de la naturaleza, de sus recursos básicos y vitales, de las materias primas fundamentales, y de la destrucción del equilibrio de todos los ecosistemas que permiten la vida en nuestro planeta. 

El conflicto capital-planeta ha de ser entendido como un conflicto derivado, consecuencia del propio conflicto originario capital-trabajo. En última instancia, otra derivación del capitalismo. Y ello porque en su afán de expansión sin límites, el capitalismo no tiene otra salida más que continuar depredando las únicas fuentes de riqueza que encuentra, siendo éstas en última instancia las que el propio entorno natural posee. Y así, el fenómeno que hemos dado en llamar "Cambio Climático", expresado evolutivamente de mil formas distintas y con consecuencias devastadoras para todas las especies y seres vivos que habitan el planeta, no es más que la consecuencia última, terminante y definitiva derivada de la funesta acción del capitalismo sobre la faz de la tierra. Y así, el extractivismo sin límites, el especismo despiadado, la paulatina descomposición de todos los elementos naturales básicos (el mar, el aire, los bosques, el agua...), el acaparamiento y la escasez de recursos naturales (fundamentalmente el agua y el petróleo), todo ello unido a la guinda del pastel que supone la instrumentalización de la guerra como continuación del negocio capitalista, nos dibujan un desolador panorama que conducirá más temprano que tarde a la autodestrucción de nuestro planeta por parte del ser humano. 

En realidad, el conflicto capital-planeta se ha agudizado como consecuencia directa de la mayor competencia internacional (derivada de la propia globalización y de la implantación de perversos tratados comerciales), y de la producción masiva de productos a partir de la transformación de materiales mediante el consumo de energías fósiles. Los modelos energéticos alternativos y renovables, cuya eficacia y eficiencia están sobradamente demostradas, están siendo ignorados expresamente por vasallos gobiernos al servicio de las grandes corporaciones transnacionales, que únicamente contemplan el aumento de sus cuentas de resultados. Esta competencia internacional se manifiesta en una carrera por el acaparamiento de los recursos naturales, en una demencial espiral diabólica que está destinada no sólo a su agotamiento, sino también, dada su creciente escasez, a la privatización de los derechos de acceso a dichos recursos. Y mientras los gobiernos de países "desarrollados" miran hacia otro lado, miles de millones de seres humanos y de otras especies mueren de hambre o de sed, o de enfermedades que podrían curarse si los medicamentos no fueran también una mercancía en manos de depravadas corporaciones internacionales. Hoy día ya la amenaza ecológica es de tal envergadura, que es imposible pensar ningún proyecto político mínimamente razonable que no integre de forma transversal la perspectiva ecológica, y que no diseñe un horizonte de sociedad que se nutra de fuentes energéticas sostenibles, limpias, naturales y renovables. 

Las alternativas son muchas y de muy diversa índole, pero el problema fundamental es de voluntad política para ponerlas en marcha, y de cortedad de miras bajo modelos sociales alienados por los valores capitalistas. Muchos modelos, más o menos integrados, más o menos directos, de mayor o menor envergadura, más o menos radicales, se perfilan como soluciones: desde el tímido "capitalismo verde", pasando por el llamado "ecosocialismo", los modelos y patrones del "decrecimiento", austeridad (bien entendida, no como el falso paradigma neoliberal), diversos patrones de responsabilidad ambiental ( comercio justo, consumo responsable...), hasta quizá las soluciones más integrales, englobadas en los diversos paradigmas que se han englobado bajo la expresión del "Buen Vivir", que preconizan, desde el reconocimiento básico de los derechos de la Madre Tierra (esto es, el reconocimiento de la propia naturaleza como sujeto de derechos), pasando por una revolución en todos los modelos de producción, energéticos, de distribución, de consumo y de desecho. Ante el conflicto capital-planeta, nos encontramos en una paradójica pero peligrosa situación, en la cual están diseñadas las alternativas, pero no existe una generalización en torno a la concienciación global de la gravedad del mismo. 

A pesar de las continuas evidencias científicas que cada día se aportan, y de los innumerables foros donde se conciencia sobre el tema, y se publican solemnes declaraciones de intenciones (la COP21 de París ha sido la última), no existe como decimos una clara determinación en cuanto a la adopción generalizada de políticas sociales, económicas y energéticas que puedan reducir los efectos del conflicto, pero sobre todo, que puedan atajarlo desde su base, esto es, alterando la filosofía de las relaciones de producción capitalistas. Y es que desde hace mucho tiempo que las sociedades (sobre todo las más desarrolladas) profesamos un total desprecio hacia el medio ambiente y sus leyes naturales, y únicamente se expresa, a escala tanto local como global, una voracidad sin límites en busca del beneficio de una minoría (estimada ya en el 1% más rico del planeta), cueste lo que cueste. El poder de dicha minoría es tan absoluto, y sus intereses tan irracionales y miopes, que resulta extremadamente complicado revertir dicha tendencia. Ese desprecio hacia el medio ambiente se manifiesta bajo multitud de criterios, que se trasladan después a hechos políticos determinados: políticas de trasvase, destrucción de costas, construcciones faraónicas, proyectos insostenibles, incumplimiento de normativas ambientales, extractivismo descontrolado, y progresiva destrucción de los ecosistemas naturales.  

El expolio que la propia naturaleza viene sufriendo durante las últimas décadas de globalización capitalista no tiene límites, o mejor dicho, sí los tiene, y son los límites de un planeta y de unos recursos limitados y finitos. Por tanto, el conflicto capital-planeta está servido: el capitalismo ya sólo puede crecer a costa de destruir el medio natural, y no puede dejar de crecer porque es parte de su esencia, su razón de ser. Además, no es concebible una sociedad desregulada social y económicamente, y regulada ambientalmente, porque ambos parámetros entran en clara contradicción. De hecho, una de las primeras medidas que han ido aplicando los gobiernos conservadores y neoliberales en todo el mundo ha sido justamente destruir la legislación medioambiental, que había sido impulsada tiempo atrás por la presión social, los movimientos ecologistas y los gobiernos socialdemócratas. La nueva hornada de salvajes tratados comerciales (TPP, TTIP, TISA...) ponen también su foco en dicha legislación, que las grandes corporaciones entienden como una "barrera" para el comercio transnacional. Esta desregulación ambiental afectará profundamente a la calidad de vida de la población, porque provocará un encarecimiento de las materias primas, gravísimas hambrunas, migraciones masivas, éxodos de población y desarrollo de nuevas enfermedades, lo que limitará la supervivencia de la especie humana y la de otros muchos animales. 

¿Cómo podemos y debemos enfrentarnos al grave conflicto capital-planeta? Defendiendo a capa y espada al medio ambiente, tomando conciencia de la gravedad de dicho conflicto, cambiando profundamente los modelos de relaciones productivas y sociales, por lo que su defensa consecuente pasa necesariamente por el progresivo abandono del modelo actual, y la progresiva migración hacia modelos anticapitalistas, lo que implica también asumir que la revolución ecológica es también una revolución pendiente de primer orden que debemos poner en marcha. No basta con los formales apoyos a la defensa del medio ambiente y las tímidas y contradictorias leyes y medidas prácticas, que de vez en cuando se perfilan para parchear el grave conflicto, sino que será necesario asumir la lucha ecológica como otra cara, otra faceta imprescindible en la lucha contra el modelo capitalista, y avanzar consecuentemente en un modelo de producción y de desarrollo absolutamente distinto: bajo otros moldes, con otros objetivos, con otros valores, con otros medios. En palabras de Homar Garcés: "Se hace imprescindible, por consiguiente, el surgimiento inaplazable de nuevos paradigmas culturales y económicos que tengan como rasgos destacados la interculturalidad, una filosofía de vida alejada de la lógica del capitalismo y un nuevo patrón de relaciones entre los seres humanos y con la naturaleza que sirvan como muro de contención a las ambiciones hegemónicas de los grandes centros de poder político y económico existentes". 

En vez del beneficio monetarista, pongamos el foco en los otros parámetros donde debemos crecer, tales como la solidaridad, los derechos humanos, la paz, la justicia social, la igualdad. Existen otros parámetros para medir el progreso y las necesidades humanas que tenemos que poner en valor. Ya no es un simple deseo, una ilusión o una quimera idealista, sino una imperiosa necesidad, si no queremos destruir todo lo que nos rodea. La necesidad de alcanzar una sociedad basada en la colaboración y la solidaridad frente a la competencia, en el aprovechamiento frente al despilfarro, en el respeto y goce de la naturaleza frente a su explotación y destrucción. Pero esto también nos obligará a cambiar nuestro concepto de ser humano con una concepción de la felicidad contraria a la cultura impuesta por el capital. Con el derecho al tiempo, al ocio, al disfrute, a la libertad y a la diversidad. Nuevas escalas de valores y una nueva concepción del trabajo también deberán imponerse. En caso contrario, el conflicto capital-planeta nos estallará en nuestras propias narices, y no podremos hacer ya nada por evitar que nos arrastre por los derroteros de su destrucción. De hecho, quizá sea ya demasiado tarde. Blog del autor: http://rafaelsilva.over-blog.es
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=215435

 

Constatemos la importancia de la autoorganización popular en ir abriendo caminos a los buenos vivires y convivires de la diversidad de abajo y a la erradicación de las fronteras impuestas por el capitalismo e imperialismo.

 

 

Chile y Argentina - De Mar a Mar:

A defender colectivamente el Wallmapu del saqueo y explotación extractivista

7 de septiembre de 2016

"Anunciamos que intensificaremos nuestro accionar por la defensa de los territorios y que rechazamos categóricamente toda imposición de proyectos de inversión bajo criterios centralistas, patriarcales, neo coloniales y racistas."

Encuentro Extractivismo, Soberanías Locales y Crisis

En Valdivia, región de Los Ríos, en el marco del Encuentro Extractivismo, Soberanías Locales y Crisis, realizado en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Austral de Chile, los días 31 de agosto, 1 y 2 de septiembre de 2016, las organizaciones y comunidades que suscriben la presente declaración, señalan lo siguiente:

Los territorios donde habitamos, continúan siendo invadidos y saqueados por depredadoras actividades que son parte del modelo extractivista neoliberal. Las denominadas regiones del Bio Bio, Araucanía, Los Ríos, Los Lagos - Chiloé, que son parte del territorio ancestral del Wallmapu, han sido gravemente afectadas por industrias como las forestales, las celulosas, las salmoneras, agroalimentarias; también con los proyectos de energía como las hidroeléctricas, las termoeléctricas, los mega parques eólicos, y también por múltiples pedimentos mineros, las que se pretenden seguir intensificando, emplazándose de manera abusiva y descontrolada sobre las últimas reservas naturales indispensables para nuestra existencia, afectando y atropellando diversas formas de vida.

Ante esto, como movimiento social que promueve el respeto entre personas y con la naturaleza, que exige al Estado y los órganos públicos y privados el cumplimiento y respeto de los derechos colectivos, anunciamos que intensificaremos nuestro accionar por la defensa de los territorios y que rechazamos categóricamente toda imposición de proyectos de inversión bajo criterios centralistas, patriarcales, neo coloniales y racistas.

No se trata aquí de participación de gananciales ni medidas “compensatorias”, se trata, de que quienes habitamos los territorios, los que cuidamos nuestro ambiente de vida, los que velamos por los derechos humanos, que obedecemos al interés colectivo, seamos quienes decidamos sobre las verdaderas necesidades y prioridades para nuestros espacios que habitamos, bajo principios y valores del buen vivir.

Para ello, haremos uso de todos los mecanismos necesarios desde el campo de la acción social, desde lo judicial, desde lo político y administrativo, como también desde lo cultural y espiritual, para frenar los atropellos, expulsando y erradicando las violentas prácticas de grupos empresariales que promueven el lucro a costa de la destrucción, como también, el desmantelamiento de su horda política de corrupción y colusión y la de sus agentes sicarios y mercenarios, a quienes emplazamos a terminar con su invasión y a retirarse con un mínimo de dignidad y decencia, asumiendo la crisis, colapso y decadencia del modelo de desarrollo que representan, medida que sin lugar a dudas contribuiría a la paz y justicia social.

Manifestamos nuestro activo apoyo a los defensores y defensoras del territorio de Tranguil, comuna de Panguipulli, objeto de la invasión de la transnacional RP Global, quien está generando gravísimos conflictos con la imposición de centrales hidroeléctricas. Extendemos nuestro irrestricto apoyo a la familia Collio Valdés ante la muerte de Macarena Valdés quien deja a 4 hijos y un esposo, el werken de la Coordinación Newen de Tranguil, Rubén Collio.

De la misma forma, seguimos levantando por nuestra parte las exigencias de libertad para los presos políticos Mapuche y particularmente, sobre la situación humanitaria de la Machi Francisca Linconao, quien se encuentra encarcelada, objeto de un montaje y persecución por parte de ciertos agentes operadores de justicia en conjunto con intereses del latifundio colonial racista.

Con mayor convicción, seguiremos avanzando, seguiremos desplazando los dañinos intereses afuerinos y seguiremos levantando con más fuerza aún, nuestras propuestas de vida, fortaleciendo nuestras articulaciones interculturales, como también, nuestros procesos de reconstrucción de autonomías y formas tradicionales bajo criterios del derecho propio y del Az Mapu.

Comunidad Maiquillahue, Mehuin Alto.
Comunidad Villa Nahuel, Mehuin.
Comunidad Roble Carimallín, Río Bueno.
Lof Külche Mapu, Lanco.
Coordinadora de Defensa Río San Pedro, Los Lagos.
Futa Koyagtun Koz Koz Mapu, Panguipulli.
Coordinación Newen Mapu de Tranguil, Panguipulli.
Red de Organizaciones Sociales y Ambientales de Panguipulli.
Coordinación de Defensa Territorios del Bío Bío.
Territorio Pewenche de Cañicu, Alto Bío Bío.
Red por la Defensa de los Territorios, Araucanía
Comunidad Weketrumao, Chiloé.
Consejo Comunidades Williche de Chiloé
Chiloé está Privao, Chiloé.
Espacio de Articulación Mapuche, Bariloche.

Adhieren:

Movimiento Plurinacional por la Defensa y Recuperación del Agua y los Territorios.
Editorial Quimantú.
Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales.
Puelche Comunicaciones
Colectivo Informativo Mapuexpress
Coordinadora apoyo Pueblo Mapuche – Valdivia
Defensa Territorio – Valdivia


Pukem, Valdivia (Ainilleufu), 2 de septiembre de 2016

Fuente: OLCA, 3 de septiembre, 2016

 

 

En Julio pasado la UAC cumplió 10 años. Nació de la necesidad del encuentro, el reconocimiento y y el intercambio de experiencias de las asambleas de todo el país, en defensa del territorio y los bienes comunes por el avance de las políticas extractivas.

La Argentina es el único país Latinoamericano que tiene un movimiento socio-ambiental de esta envergadura. La UAC es un espacio abierto. Pueden participar asambleas, organizaciones sociales, políticas, barriales, estudiantiles, colegiadas o personas que no pertenezcan a ninguna organización.

A lo largo de estos 10 años la UAC se ha convertido en un espacio de encuentro Regional de Nuestra América donde se discuten y analizan los diversos escenarios en conflicto y las luchas emergentes en los distintos territorios producto del avance del capitalismo; siempre en busca de alternativas al modelo productivo, cultural y social, la UAC avanza generando el crecimiento de esta gran red de conciencia y de lucha que se traduce en logros concretos como la reciente retirada de Monsanto en Malvinas (Córdoba), La de cuatro mineras en Famatina, La de CNEA en Las Cañas (La Rioja), el fallo judicial contra Agua Rica en Andalgalá (Catamarca), la persistente lucha del pueblo de Jáchal tras el derrame de Barrick, por sólo nombrar algunas batallas ganadas por los pueblos de pié.

 

 Crisis civilizatoria

 

Pensemos en el desafío actual de los de abajo y a la izquierda de generalizar la deconstrucción de las lógicas formales para ir adquiriendo las situacionales que desentrampan colectiva e individualmente de la producción capitalista de subjetividades en cada cual y todos nosotros.

Es multiplicar los espacios en común de deliberación y toma de decisiones sobre los problemas fundamentales hacia ir constituyendo autodeterminaciones de los pueblos e internacionalismo revolucionario. Pero de manera previa es crucial una lucha cultural e ideológica que cuestione el orden establecido y esclarezca contribuyendo a debatir el sentido común que mira por los intereses del bloque dominante. Por ejemplo es crucial descubrir que:

 

"Estados Unidos, no Irán, representa la mayor amenaza contra la paz mundial"

31 de octubre de 2015

En un discurso emitido el sábado en la universidad New School de Nueva York, Noam Chomsky explicó porqué cree que EE.UU. representa la mayor amenaza contra la paz mundial. “(Estados Unidos) es un país deshonesto, indiferente a las leyes y convenciones internacionales, con derecho a recurrir a la violencia a su voluntad. Piensen, por ejemplo, en la doctrina Clinton, a saber, que Estados Unidos es libre de recurrir al uso unilateral de poderío militar, aun para fines tales como asegurar el acceso sin restricciones a mercados clave, suministro energético y recursos estratégicos, por no hablar de seguridad o cuestiones supuestamente humanitarias. Y la adhesión a esta doctrina está muy bien confirmada y practicada, y necesita ser discutida seriamente por la gente que desea analizar los hechos de la historia actual”.

Por Democracy Now

Chomsky también explicó por qué cree que EE.UU. y sus aliados más cercamos, a saber Arabia Saudita e Israel, están socavando las posibilidades de paz en Medio Oriente. “Cuando decimos que la comunidad internacional se opone a las políticas de Irán o la comunidad internacional hace alguna otra cosa, eso significa Estados Unidos y algún otro país que esté de acuerdo con su política internacional”.

Transcripción:

 

AMY GOODMAN: Compartimos una hora con el profesor del MIT , escritor, activista, disidente político, Noam Chomsky. Durante el fin de semana, habló para una audiencia que abarrotaba el The New School, aquí en la ciudad de Nueva York.

NOAM CHOMSKY: El antiguo Partido Republicano se ha convertido en una "insurgencia radical" que ha abandonado la política parlamentaria. Cito a dos analistas políticos muy respetados, muy conservadores: Thomas Mann y Norman Ornstein del instituto de derecha American Enterprise Institute. Y, de hecho, pueden lograr el aumento de las sanciones, e incluso sanciones secundarias a otros países, y llevar a cabo otras acciones que podrían llevar a Irán a abandonar el acuerdo con Estados Unidos. ... ... Sin embargo, eso no implica necesariamente la nulidad del acuerdo. Al contrario de cómo se lo presenta a veces aquí, no se trata de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán. Es un acuerdo entre Irán y lo que se denomina el "P5+1", los cinco miembros con derecho a veto en el Consejo de Seguridad, más Alemania. Y los demás participantes podrían estar de acuerdo en proceder, al igual que Irán. Luego podrían unirse a China e India, que ya han encontrado formas de evadir las restricciones de Estados Unidos sobre las interacciones con Irán. Y de hecho, si lo hacen, se unirán a la gran mayoría de la población mundial, al Movimiento de Países No Alineados, que siempre ha venido apoyando vigorosamente el derecho de Irán a desarrollar sus programas nucleares como miembro del Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares ( TNP ). Pero recordemos que no son parte de la comunidad internacional. Así que cuando decimos que la comunidad internacional se opone a las políticas de Irán o que la comunidad internacional hace alguna otra cosa, eso significa Estados Unidos y cualquier otro miembro que se adscriba en ese momento, para que las descartemos. Si los demás siguen respetando el acuerdo, algo que podría suceder, Estados Unidos quedará aislado del mundo, situación que no nos es desconocida. Ese también es el trasfondo del otro elemento de lo que se conoce como el legado de Obama, su otro logro principal en materia de política exterior, el inicio de la normalización de las relaciones con Cuba. Con relación al tema de Cuba, EstadosUnidos ha estado casi totalmente aislado durante décadas. Si nos fijamos, por ejemplo, en las votaciones anuales en la Asamblea General de la ONU sobre el embargo de EstadosUnidos, rara vez se las menciona en los medios, pero EE.UU. esencialmente vota en solitario. En la última, se le unió Israel. Pero, por supuesto, Israel viola el embargo; solo tiene que unirse porque tiene que acompañar al amo. En ocasiones, se unen las Islas Marshall o Palau u otros. Y en el hemisferio, Estados Unidos ha estado totalmente aislado durante años.

Las principales conferencias hemisféricas han fracasado porque Estados Unidos simplemente no quiere acompañar al resto del hemisferio en los principales temas que se discuten. En la última en Colombia, los dos temas principales eran la admisión de Cuba al hemisferio —Estados Unidos y Canadá se negaron, todos los demás estuvieron de acuerdo— y la guerra de Estados Unidos contra las drogas, que está devastando América Latina, y quieren salir de ella, pero EE.UU. y Canadá no están de acuerdo. Ahora, ese es en realidad el trasfondo de la aceptación de Obama de los pasos hacia la normalización de las relaciones con Cuba. Otra conferencia hemisférica se iba a llevar a cabo en Panamá, y si Estados Unidos no hubiera hecho ese movimiento, probablemente habría sido expulsado del hemisferio, así que, por lo tanto, Obama hizo lo que aquí se llama un gesto noble, un movimiento valiente para terminar con el aislamiento de Cuba, aunque en realidad el factor de motivación era el aislamiento de Estados Unidos. Así que, si Estados Unidos termina completamente aislado en el tema de Irán, eso no será nada particularmente nuevo y, de hecho, hay unos cuantos casos más.

 

Pues bien, en el caso de Irán, los motivos de preocupación de EE. UU. están articulados clara y repetidamente: Irán representa la amenaza más grave para la paz mundial. Con frecuencia se escucha esa idea, desde los puestos más altos —funcionarios del gobierno, comentaristas, y otros— en Estados Unidos. También sucede que hay un mundo ahí fuera, y tiene sus propias opiniones. Es bastante fácil averiguar estas opiniones a través de fuentes convencionales, como la principal encuestadora estadounidense. Las encuestas Gallup indagan sobre la opinión internacional. Y una de las preguntas que ha planteado es: ¿Qué país cree que representa la amenaza más grave para la paz mundial? La respuesta es inequívoca: Estados Unidos es la respuesta más frecuente por un amplio margen. Muy atrás, en segundo lugar está Pakistán —inflado, seguro, por el voto de la India— y luego un par de países más. Se menciona a Irán, pero junto con Israel y algunos otros, mucho más abajo. Esa es una de las cosas que no sería conveniente decir y, de hecho, los resultados que arroja la encuestadora líder de Estados Unidos no llegaron a ser difundidos a través de los portales de lo que llamamos la prensa libre. Pero no desaparece por esa razón. O sea, teniendo en cuenta la doctrina imperante acerca de la gravedad de la amenaza iraní, podemos entender la postura casi unánime de que Estados Unidos tiene derecho a reaccionar con el uso de la fuerza militar —unilateralmente, por supuesto— si sostiene que detecta una desviación de los términos del acuerdo por parte de Irán.

Así que, repito, recogiendo de la prensa nacional un ejemplo casi al azar, consideremos la editorial principal del domingo pasado en el diario The Washington Post. Se le pide al Congreso —cito— que "deje en claro que Obama o su sucesor tendrá apoyo para ordenar una inmediata acción militar estadounidense si se detecta que Irán intenta construir una bomba". Es decir, si Estados Unidos lo detecta. Así que los editores, repito, dejan en claro que Estados Unidos es un caso excepcional. Es un Estado delincuente, indiferente a la ley y los convenios internacionales, que cuenta con el derecho a recurrir a la violencia cuando le parezca. Pero no se puede criticar a los editores por tomar esa postura, porque es casi universal entre la clase política de esta nación excepcional, aunque lo que significa es, repito, que se trata de una de esas cosas que no sería conveniente decir. A veces la doctrina adopta una forma bastante notable, y no sólo en el ámbito de la derecha, en absoluto. Así que, tomemos el ejemplo de la doctrina Clinton, a saber: Estados Unidos tiene la libertad de recurrir al uso unilateral de la fuerza militares, incluso para fines tales como asegurar el acceso no restringido a mercados clave, suministros de energía y recursos estratégicos— y ni hablar de fines relativos a la seguridad o por supuestas preocupaciones humanitarias. Y la adhesión a esta doctrina está muy bien confirmada y ejercida, ya que no hay necesidad de discutirla entre la gente dispuesta a observar los hechos de la historia actual. Bueno, pues los editores de The Washington Post también dejan claro por qué Estados Unidos debe estar preparado para tomar medidas tan extremas en su papel de superioridad internacional. Si Estados Unidos no está preparado para recurrir a las fuerzas militares, explican ellos, entonces Irán podría —cito— "incrementar sus intentos de establecer su hegemonía sobre Oriente Medio por la fuerza". Eso es lo que el presidente Obama llama la agresión de Irán, la cual hay que contener. Para aquellos que no son conscientes de cómo Irán ha estado intentando establecer su hegemonía sobre Oriente Medio por la fuerza —o si incluso soñase con hacerlo— los editores aportan ejemplos, dos ejemplos: su apoyo al régimen de Assad y a Hezbollah. Yo no voy a insultar su inteligencia hablando sobre este argumento para demostrar que Irán haya estado tratando de establecer su hegemonía sobre la región por la fuerza. Sin embargo, en cuanto a la agresión iraní, hay un ejemplo, —creo que uno solo en los últimos siglos— a saber, la conquista de Irán de dos islas árabes en el Golfo bajo el régimen del Sha respaldado por Estados Unidos en 1970.

 

Pues bien, estos escandalosos esfuerzos iraníes para establecer su hegemonía regional por la fuerza se pueden contrastar con las acciones de los aliados de Estados Unidos— por ejemplo, Turquía, aliada de la OTAN , que apoya activamente a las fuerzas yihadistas en Siria. El apoyo es tan fuerte que parece que Turquía ayudó a sus aliados en el Frente al-Nusra, el grupo afiliado a Al-Qaeda, para matar y capturar las pocas decenas de combatientes que el Pentágono introdujo en Siria hace unas semanas. Es el resultado de varios años y quién sabe cuántos miles de millones de dólares de entrenamiento. En efecto, entraron y fueron inmediatamente capturados o asesinados, al parecer con la ayuda de la inteligencia turca. Y más importante todavía es el papel central que tiene el principal aliado estadounidense, Arabia Saudí, para los rebeldes yihadistas en Siria e Irak, y, de forma más general, para que Arabia Saudí haya sido —cito— "una fuente primordial de financiación para organizaciones rebeldes y terroristas desde los años 80". Eso es de un estudio, un estudio reciente, llevado a cabo por el Parlamento Europeo, y que repite lo que ya es ampliamente conocido. Y aún desde una perspectiva más general, el fervor misionero con el que Arabia Saudí promulga su doctrina Wahhabista-Salafista, radical, extremista mediante el establecimiento de las escuelas coránicas, mezquitas, y envíando a clérigos radicales a lo largo y ancho del mundo musulmán, con un enorme impacto. Uno de los observadores que examina la región de más cerca, Patrick Cockburn, escribe que la "Wahhabización" por parte de Arabia Saudí, "la ’Wahhabización’ de la corriente principal del Islam sunita es uno de los desarrollos más peligrosos de nuestra era", siempre con un fuerte apoyo de Estados Unidos. Estas son cosas que no sería conveniente decir, además del hecho de que estos acontecimientos perniciosos son una consecuencia directa de la tendencia que ha seguido Estados Unidos ya desde hace tiempo, como sucedió con Gran Bretaña anteriormente, de apoyar las facciones radicales del Islam en oposición al nacionalismo secular. Estos son compromisos que vienen de antaño. Hay otros, como la embajadora de la ONU Samantha Power, que condenan la desestabilización que causó Irán en la región. La desestabilización es un concepto interesante presente en el discurso político. Entonces, por ejemplo, cuando Irán acude para ayudar al gobierno de Irak y al Kurdistán iraquí en la defensa contra el ataque de ISIS , eso representa una desestabilización, y tenemos que evitarlo, o puede que incluso represente una agresión. Por el contrario, cuando Estados Unidos invade Irak y mata a cientos de miles de personas, genera millones de refugiados, destruye el país y dispara un conflicto sectario que está desgarrando a Irak y, por ahora, a toda la región, y encima aumenta el terrorismo en todo el mundo por siete, solo en el primer año; eso es la estabilización, que forma parte de nuestra misión que debemos continuar para el beneficio de todo el mundo. En realidad, el excepcionalismo de las instituciones doctrinales de EE.UU. es bastante asombroso.

 

Volviendo a los editores de The Washington Post, se unieron al mediador de Obama, el mediador de Obama con Clinton, Dennis Ross, Thomas Friedman, otros notables... para pedirle a Washington que le suministre a Israel bombarderos B-52, y tal vez hasta bombarderos B-2 más avanzados, y enormes, lo que se llama artillería masiva de penetración —conocidos también de forma informal como bombas antibúnker. Pero hay un problema: no cuentan con pistas de aterrizaje para aviones tan grandes como esos. Pero pueden usar, tal vez, las pistas de aterrizaje de Turquía. Y nada de esto es para defensa. Estas no son armas defensivas, recordemos. Todas estas armas son armas ofensivas para que Israel bombardee Irán, si decide hacerlo. Y desde que Israel es cliente de Estados Unidos, hereda del amo la libertad del derecho internacional, así que no es nada sorprendente que le brinde grandes suministros de armas ofensivas para usarlas cuando desee. Bueno, la violación del derecho internacional va más allá de la amenaza; se transforma en la acción, incluidos los actos de guerra, que son orgullosamente proclamados, presuntamente, porque es nuestro derecho como nación excepcional. Un ejemplo es el sabotaje exitoso de las instalaciones nucleares iraníes por medio de la ciberguerra. El Pentágono tiene sus puntos de vista sobre la ciberguerra. El Pentágono considera la ciberguerra como un acto de guerra, lo que justifica una respuesta militar. Y hace un año, la OTAN confirmó la misma posición, y determinó que la agresión a través de ataques cibernéticos puede desencadenar obligaciones de defensa colectiva por parte de la OTAN , es decir, si un país es blanco de ataques cibernéticos, toda la alianza puede responder por medio de ataques militares. Eso se refiere a los ataques cibernéticos contra nosotros, no de nosotros contra ellos. Y la importancia de estas posturas es, repito, algo que no sería conveniente mencionar. Y se puede comprobar si se cumple de verdad con esa condición.

 

AMY GOODMAN: Noam Chomsky, que habló el sábado en The New School en Nueva York. Después de la pausa, el profesor Chomsky seguirá comentando sobre la cuestión de Oriente Medio, las relaciones entre Estados Unidos e Israel, la política presidencial y Donald Trump. Seguimos en un minuto.

[Pausa]

AMY GOODMAN: En nuestro especial de Democracy Now!, continuamos nuestra transmisión con Noam Chomsky, disidente político, lingüista y escritor de renombre mundial. También es profesor emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts, donde ha enseñado durante más de medio siglo. Es autor de más de cien libros. Ahora veremos el resto de su discurso, "Sobre el poder y la ideología", que ofreció este fin de semana en The New School en Nueva York.

NOAM CHOMSKY: Tal vez Estados Unidos e Israel justifican su terror ante Irán debido a su poder militar extraordinario. Y es posible evaluar esa preocupación. Por ejemplo, se puede recurrir al análisis acreditado, detallado, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, la principal fuente de dicha información, que en abril pasado realizó y publicó un largo estudio sobre el equilibrio militar regional. Y hallaron —cito— "un argumento decisivo sobre el hecho de que los Estados árabes del Golfo tienen... una ventaja abrumadora [sobre] Irán en cuanto al gasto militar y al acceso a armas modernas". Allí se incluyen los Estados del Consejo de Cooperación del Golfo: Bahrein, Kuwait, Omán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos. Ellos gastan ocho veces más que Irán en armas. Es un desequilibrio que se remonta a décadas atrás. Y su informe señala además que "los Estadosárabes del Golfo han adquirido y están adquiriendo algunas de las armas más avanzadas y eficaces en el mundo, [mientras que] Irán ha [sido esencialmente] obligado a vivir en el pasado, a menudo dependiendo de sistemas originalmente entregados en tiempos del Sha", hace 40 años, que están prácticamente obsoletos. Y el desequilibrio es, desde luego, aún mayor con Israel, que, junto con el armamento más avanzado de Estados Unidos y su papel como base militar virtual en el extranjero de la superpotencia mundial, tiene un enorme arsenal de armas nucleares. Por supuesto, hay otras amenazas que justifican las serias preocupaciones y que no pueden dejarse de lado. Un Estado poseedor de armas nucleares podría filtrar armas nucleares a los yihadistas. No es broma. En el caso de Irán, la amenaza es minúscula. No solo los yihadistas suníes son los [enemigos] mortales de Irán, sino que los clérigos gobernantes, sin importar lo que uno piense de ellos, no han mostrado signos de demencia clínica, y saben que si hubiera siquiera un indicio de que causaron la filtración de armas, ellos y todas sus posesiones serían pulverizados instantáneamente. Sin embargo, eso no significa que podamos ignorar la amenaza, no de parte de Irán, donde no existe, sino de parte del aliado de Estados Unidos, Pakistán, donde la amenaza es, de hecho, muy real. Dos científicos nucleares paquistaníes muy destacados lo discutieron recientemente, Pervez Hoodbhoy y Zia Mian.

 

En la principal revista británica sobre Asuntos Internacionales, escribieron que los temores cada vez mayores de que los "militantes incauten armas o materiales nucleares y desaten el terrorismo nuclear [han llevado a] la creación de una fuerza de más de 20.000 soldados dedicada a proteger las instalaciones nucleares. No hay ninguna razón para suponer, sin embargo, que esta fuerza sería inmune a los problemas asociados a las unidades que custodiaban las instalaciones militares regulares", que con frecuencia han sufrido ataques con "ayuda interna". En otras palabras, todo el sistema está teñido con elementos yihadistas, en gran medida, debido a lo que describió Patrick Cockburn, la "Wahhabización" del Islam sunita por parte de Arabia Saudí con el firme apoyo de EstadosUnidos, desde el gobierno de Reagan. Bueno, en resumen, el problema es muy real, la verdad. No se está abordando con seriedad. Ni siquiera se discute. Más bien, lo que nos preocupa son fantasías, inventadas por otras razones, sobre el enemigo oficial actual. Quienes se oponen al acuerdo nuclear con Irán sostienen que Irán tiene la intención de desarrollar armas nucleares. Los servicios de inteligencia de Estados Unidos no puede encontrar pruebas al respecto, pero no hay duda de que en el pasado, de hecho, Irán lo ha intentado. Y lo sabemos porque fue claramente expuesto por las autoridades más altas de Irán. La máxima autoridad del Estado iraní informó a periodistas extranjeros que Irán desarrollaría armas nucleares "sin duda, y antes de lo que se piensa". El padre del programa de energía nuclear de Irán, el exjefe de la Organización de Energía Atómica de Irán, expresó su confianza en que el plan de la dirección es "construir una bomba nuclear". Y un informe de la CIA tampoco tuvo, en sus propias palabras, "ninguna duda" de que Irán podría desarrollar armas nucleares si los países vecinos también las desarrollan, como por supuesto han hecho. Todo esto sucedió bajo el mandato del Sha, la "máxima autoridad" que acabamos de citar. Es decir, durante el período en que funcionarios de alto rango de EE.UU. —Cheney, Rumsfeld y Kissinger— instaban al Sha a continuar con los programas nucleares, y también estaban presionando a las universidades para que se ajustaran a estos esfuerzos. Mi propia universidad fue un ejemplo, el MIT . Bajo la presión del gobierno, hizo un trato con el Sha para admitir estudiantes iraníes en el departamento de ingeniería nuclear a cambio de subvenciones del Sha. Esto se hizo a pesar de las firmes objeciones del cuerpo estudiantil, pero con un fuerte apoyo por parte del profesorado. Esa es una distinción que plantea una serie de preguntas interesantes acerca de las instituciones académicas y del modo en que funcionan.

 

Los profesores o los estudiantes de un par de años atrás tendrían una posición institucional diferente. Quienes se oponen al acuerdo— de hecho, algunos de estos estudiantes del MIT ahora están ejecutando los programas nucleares iraníes. Quienes se oponen al acuerdo nuclear sostienen que no avanzó lo suficiente. Hemos oído mucho de eso. Y curiosamente, algunos de los partidarios del acuerdo opinan lo mismo, y exigen que llegue más allá de lo que se ha logrado y que todo Oriente Medio debería deshacerse de las armas nucleares y, de hecho, de todas las armas de destrucción masiva en general. De hecho, estoy citando al ministro iraní de Asuntos Exteriores, Javad Zarif. Reitera el llamado del Movimiento de Países No Alineados —la mayor parte del mundo— y los Estados árabes, durante muchos años, para que se establezca una zona libre de armas de destrucción masiva en Oriente Medio. Esa sí sería una manera muy directa de hacer frente a cualquier amenaza que se alega que Irán representa. Pero hay mucho más que eso en juego. Esto lo discutieron recientemente en la principal revista de control mundial de armas de Estados Unidos, "Arms Control Today" (El control de las armas hoy), dos figuras destacadas en el movimiento antinuclear internacional, dos científicos que son veteranos del movimiento Pugwash y de agencias de la ONU . Ellos observan que "la exitosa adopción en 1995 de la resolución sobre el establecimiento de una zona libre de armas de destrucción masiva en Oriente Medio era el elemento principal de un paquete que permitió la... extensión del [Tratado de No Proliferación]". Ese es el tratado más importante de control de armas que hay, y su continuación está condicionada por la aceptación de movimientos hacia el establecimiento de una zona libre de armas de destrucción masiva, una zona libre de armas nucleares, en Oriente Medio.

 

En repetidas ocasiones, la implementación de este plan ha sido bloqueada por Estados Unidos en las reuniones anuales que se realizan cada cinco años para revisar el Tratado de No Proliferación, la ocasión más reciente fue en 2010 y fue rechazada por Obama, y de nuevo en 2015, hace un par de meses. Los mismos dos especialistas antinucleares comentan que en 2015 este esfuerzo fue bloqueado de nuevo porEstados Unidos "en nombre de un Estado que no es parte del [Tratado de No Proliferación] y que muchos piensan que es el único en la región que posee armas nucleares". Esa es una referencia amable y discreta a Israel. El hecho de que Washington sabotee la posibilidad, en defensa de las armas nucleares israelíes, sin dudas puede socavar el Tratado de No Proliferación, así como mantener la peligrosa inestabilidad en Oriente Medio— por supuesto, siempre en nombre de la estabilidad. Por cierto, este no es el único caso en el que las oportunidades para poner fin a la supuesta amenaza iraní se han visto socavadas por Washington— hay algunos casos muy interesantes; pero no hay tiempo y no voy a abordarlos. Pero toda esta situación plantea interrogantes muy interesantes, que debemos preguntarnos, sobre lo que realmente está en juego.

Así que, volviendo a eso, ¿cuál es en realidad la amenaza que plantea Irán? Claramente, no se trata de una amenaza militar. Es obvio. Podemos dejar a un lado los pronunciamientos febriles sobre las agresiones iraníes, el respaldo al terrorismo, la búsqueda de hegemonía sobre la región a la fuerza, o la noción aún más descabellada de que, incluso si Irán tuviera una bomba, podría usarla y, por lo tanto, sufrir su propia destrucción en el acto. La verdadera amenaza ha sido claramente explicada por los servicios de inteligencia de EE.UU. en sus informes al Congreso sobre la situación de la seguridad mundial. Que, por supuesto, se ocupan de Irán. Y señalan que— —cito a la inteligencia estadounidense— "el programa nuclear de Irán y su voluntad de mantener abierta la posibilidad de desarrollar armas nucleares es una parte central de su estrategia de disuasión". ¿Verdad? Es parte de la estrategia de disuasión de Irán— no hay políticas ofensivas, pero están intentando construir un elemento de disuasión. Y el hecho de que Irán tiene un interés serio en una estrategia de disuasión no se pone en duda entre los analistas serios. Lo reconoce, por ejemplo, la inteligencia estadounidense. Así, el influyente analista, veterano de la CIA , Bruce Riedel, que de ninguna manera es pacifista, escribe que "si yo fuera un coordinador de la seguridad nacional de Irán, querría desarrollar armas nucleares" como elemento de disuasión. Y las razones son bastante obvias. Él también hace otro comentario crucial. Señala que el margen estratégico de maniobra de Israel en la región sería limitado por un elemento de disuasión nuclear iraní. Y, por supuesto, también es cierto respecto a Estados Unidos. El "margen de maniobra" significa recurrir a la agresión y la violencia. Y estaría limitado por un elemento de disuasión de Irán. Para los dos Estados corruptos que arrasan libremente con la región —Estados Unidos e Israel— cualquier elemento de disuasión es, por supuesto, inaceptable. Y para aquellos que están acostumbrados y dan por sentado su derecho a gobernar por la fuerza, esa preocupación fácilmente se intensifica hasta llegar a ser lo que se llama una amenaza existencial. La amenaza de la disuasión es muy grave, si vas a recurrir a la fuerza de manera unilateral a tu propia voluntad para lograr tus objetivos, como EE.UU. y, en segundo lugar, Israel hacen habitualmente. Y más recientemente, el segundo aliado de Estados Unidos, Arabia Saudí, ha estado intentando entrar en el club, de modo bastante incompetente, invadiendo Bahrein con el fin de evitar suaves medidas reformistas, y más recientemente con su bombardeo exhaustivo de Yemen, que está provocando una enorme crisis humanitaria. Así que para ellos, un elemento de disuasión representa un problema, tal vez incluso una amenaza existencial. Ese creo que es el meollo de la cuestión, aunque no fuera conveniente decirlo o pensarlo. Y a excepción de los que esperan evitar un posible desastre y avanzar hacia un mundo más pacífico y justo, el resto deben atenerse a estas ordenes. Estas son cosas que no sería conveniente decir, no sería conveniente pensarlas— la gente no lee sobre ellas, no oye sobre ellas— pero son, en mi opinión, el meollo de la cuestión. Gracias.

AMY GOODMAN: El profesor Noam Chomsky, hablando en The New School este fin de semana.

AMY GOODMAN: Después de su charla, el profesor Chomsky leyó y respondió preguntas de la audiencia. Esta es una de las preguntas.

Traducido por Victoria Rodríguez. Editado por Javier Albarran, Igor Moreno y Democracy Now! en Español.

http://www.democracynow.org/es/2015/9/22/noam_chomsky_the_united_states_not

Fuente: http://www.anred.org/spip.php?article10957

 

 

 

Ampliemos sobre la impunidad de EE.UU. refiriéndonos a Monsanto.

 

 

 

Tribunal Monsanto en La Haya, octubre de 2016

Monsanto en el banquillo

10 de septiembre de 2016

Por Carlos Riba García (Rebelión)

Con toda seguridad, las personas de bien preocupadas por una alimentación humana saludable y una agricultura ecológica, la única sostenible en el tiempo, habrá leído con satisfacción la noticia (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=216292) sobre la iniciativa ciudadana destinada a crear un Tribunal Monsanto y a convocar a una Asamblea Popular paralela que se realizarán en la ciudad holandesa de La Haya el próximo octubre.

En su página web, Monsanto se presenta como una empresa cuyos objetivos son:

“Producir más, conservar más y mejorar la calidad de vida. De eso se trata la agricultura sustentable y esa es la esencia de Monsanto. Monsanto no podría existir sin los agricultores. Miles de millones de personas dependen de lo que hacen los agricultores. Y miles de millones más lo harán en el futuro. En las próximas décadas, los agricultores deberán cultivar la misma cantidad de alimentos que en los últimos 10.000 años juntos. Nuestro propósito es trabajar junto con los agricultores para poder lograrlo. Y lo hacemos vendiendo semillas, eventos biotecnológicos y productos para la protección de cultivos. El desafío: satisfacer las necesidades actuales y preservar el planeta para el futuro.”

En fin, en apariencia, sus objetivos no podrían ser más beneficiosos para la humanidad. Sin embargo, al mismo tiempo, es una empresa que en mayo de este año estaba en el puesto 420 de la lista Forbes 2000 –clasificaciones de las mayores empresas y fortunas personales del mundo–, publicada por la revista homónima y le asignaba un valor de mercado de 41.100 millones de dólares, empleando a 22.500 personas. En realidad, Monsanto no es la mayor empresa del sector agroquímico: Basf y Dow Chemicals ocupan el puesto 94 y 111, respectivamente, en la lista de Forbes; mientras tanto, Syngenta está en el puesto 443.

Para saber por qué Monsanto ha saltado a la notoriedad –una vez más– en vinculación ahora con el Tribunal que tendrá lugar el mes que viene en La Haya es necesario conocer la historia de la empresa.

Breve repaso de la historia de Monsanto

La empresa fue fundada en 1901 por John Francis Queeny y su sede central está en Creve Coeur, Saint Louis, Missuori, Estados Unidos. Produce herbicidas y pesticidas sintéticos, y semillas genéticamente modificadas para resistir a sus propios herbicidas.

Al principio, Monsanto producía aditivos alimentarios como la sacarina y la vainillina; en los años veinte del pasado siglo producía numerosos productos químicos industriales como ácido sulfúrico y PCB, y en los cuarenta se había convertido en un importante productor de plásticos, incluyendo poliestireno y fibras sintéticas. Monsanto consiguió logros notables en el campo de la industria química, y sus científicos estaban a la vanguardia de la investigación en hidrogenación asimétrica catalítica; la compañía fue la primera en producir diodos emisores de luz (LED). La compañía también fabricó productos polémicos como el insecticida DDT, los PCB y la somatotropina bovina recombinada

En los sesenta del siglo XX, un conjunto de empresas químicas formado por Monsanto, Dow Chemicals, Uniroyal, Hercules, Diamond Shamrock, Thompson chemical y TH fue contratado por el gobierno de Estados Unidos para producir un herbicida llamado ‘agente naranja’ que después sería utilizado en la guerra de Vietnam con el fin de destruir la selva vietnamita y las cosechas privando a los vietnamitas de alimento y al Vietcong de vegetación donde esconderse. Este defoliante era un potente veneno químico que causó unos 400.000 muertos y el nacimiento de unos 500.000 niños con malformaciones fetales entre la población vietnamita, además de las bajas en el propio ejército de EEUU. El gobierno estadounidense ha tratado de evadir su responsabilidad descargándola en las empresas contratadas para producir el agente. El problema consistió en que la prisa de estas empresas por producir el herbicida y la preocupación de hacerlo con unos costes mínimos hicieron que el producto final contuviera grandes cantidades de tetraclorodibenzodioxina, una dioxina de alto poder cancerígeno que además provoca malformaciones en los fetos. Esta circunstancia, unida a la gran capacidad del agente naranja de permanecer activo –sin degradarse– en el suelo ha provocado graves daños en la selva de aquel país, así como generaciones de niños con malformaciones y problemas de cáncer al colon.

Aun así, EEUU no ganó su guerra y tuvo que retirarse vergonzosamente de Saigón –su último bastión– el 30 de abril de 1975.

Monsanto fue pionera en la modificación genética de células vegetales, y una de las cuatro empresas que anunciaron la introducción de genes en plantas en 1983; también fue una de los primeras en realizar, en 1987, ensayos de campo de cultivos modificados genéticamente.

La compañía fue una de las primeras en aplicar modelos de negocio de la industria biotecnológica a la agricultura y en introducir el uso de técnicas desarrolladas por la empresa Genentech y otras farmacéuticas y biotecnológicas a finales de los setenta del pasado siglo en California. En este modelo de negocio, las empresas invierten mucho en investigación y desarrollo, para después amortizar los gastos y generar beneficios gracias a la utilización y aplicación de las “patentes biológicas” derivadas de la investigación. La apuesta de Monsanto por este nuevo modelo de desarrollo agrícola, junto con su ambición de crear un sistema global y uniforme que le asegurara sus derechos de mejora vegetal desde los ochenta le han creado numerosos conflictos con agricultores, cuya práctica desde el comienzo histórico de la agricultura había sido siempre guardar, reutilizar, compartir y mejorar las semillas. El hecho de patentar semillas es visto como una amenaza a la biodiversidad y un acto de biopiratería. También se han criticado los posibles y graves perjuicios a la salud y el negativo impacto ambiental de sus productos, algunos de los cuales han sido prohibidos en Europa y otros países. El papel de Monsanto en los cambios agrícolas, los productos biotecnológicos y los grupos de presión formados en las agencias gubernamentales —con casos de sobornos— para evitar más controles y su historia en la industria química han hecho que la corporación sea muy cuestionada. Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=216533

En consecuencia, la maximización de la impunidad capitalista e imperialista nos exige -abajo y a la izquierda- percibir las múltiples facetas e interrelaciones de una realidad social. Introduzcámonos en esa visión de la complejidad discriminatoria e identitaria (que es prioritaria para nuestra unión política en diversidad) a través de:

 

Entrevista con Angela Davis, histórica activista e investigadora sobre feminismo, racismo y sistema penitenciario

“Raza, género y clase son elementos entrelazados”
10 de septiembre de 2016

Por Maria Colera Intxausti (Diagonal)0

 

Angela Davis, filósofa, profesora de Historia de la Conciencia en la Universidad de California, histórica dirigente del Partido Comunista de EE.UU., ex miembro de las Panteras Negras e investigadora especializada en feminismo, marxismo, abolicionismo del sistema penitenciario, teoría crítica y estudios afroamericanos.

 

En el ensayo '¿Están las prisiones obsoletas?' (Democracia de la abolición. Prisiones, racismo y violencia. Editorial Trotta 2016), hablas del encarcelamiento masivo de los pobres y de los migrantes ilegales. El capitalismo considera a estas personas como seres prescindibles pero los utiliza como mano de obra esclavizada barata al mismo tiempo que los convierte en consumidores cautivos del excedente de producción, excedente que se sitúa en el origen mismo de una crisis económica que, la vez, genera pobreza y migración, en un bucle perfecto. ¿Observas algún paralelismo entre estas políticas de encarcelamiento y el proceso desarrollado durante la transición del feudalismo al capitalismo, en el que millones de personas fueron expulsadas de las tierras que hasta entonces habían sido su medio de reproducción y fueron forzadas a la esclavitud del salario?

Ciertamente, existen paralelismos entre ambas épocas, pero lo que quizá es más importante es constatar que también hay diferencias considerables entre los dos períodos. En la transición del capitalismo al feudalismo, tal como Marx la describió, los cercamientos y otros procesos de desposesión privaron a la gente de las tierras que constituían su fuente de subsistencia y, de manera simultánea, generaron una clase de personas a quienes no les quedó nada más que su fuerza de trabajo. Así, pues, se convirtieron en la mano de obra necesaria para que el capitalismo naciente pudiera incrementar su riqueza. Aquellas personas fueron liberadas de los constreñimientos del feudalismo, pero se vieron forzadas a cambiar una forma de opresión por otra.

Si bien es cierto que suele resultar inútil hacer un ranking de las diferentes formas de opresión, se puede afirmar que, a pesar de que el capitalismo depende total y absolutamente de la explotación, el hecho de dejar atrás la esclavitud y el feudalismo supuso cierto grado de progreso. Algunos trabajadores al menos encontraron su camino hacia el empleo, por degradante que fuera y siga siendo el trabajo.

Por otra parte, el complejo penitenciario industrial global es ciertamente rentable, pero su rentabilidad reside en las tecnologías destinadas a relegar ingentes cantidades de personas a unas vidas marginales, improductivas y cargadas de violencia. El encarcelamiento masivo de personas negras, de color e inmigrantes en EE UU, Australia y partes de Europa, junto con la persistencia de un racismo y una xenofobia estructurales, son prueba del fracaso absoluto del capitalismo global a la hora de responder a las necesidades de personas reales en todo el mundo.

Se podría argumentar, igualmente, que ello también es la prueba más convincente de la necesidad de concebir un sistema socioeconómico más allá del capitalismo. Así, pues, el movimiento abolicionista contemporáneo, en su llamamiento a desmantelar el complejo penitenciario industrial, se presenta como un movimiento anticapitalista que exige igualdad racial, puestos de trabajo con salarios vivibles, vivienda asequible, sanidad y educación gratuitas y justicia medioambiental para todos los seres vivos.

 

Abogas por la justicia restaurativa, en lugar de la punitiva. ¿Cómo se restauran la desigualdad y la injusticia causadas por el proceso de acumulación primitiva que conforman la base del capitalismo? En otras palabras, ¿qué forma tendría una justicia restauradora destinada a reparar el 'pecado original' de explotación y acumulación que se encuentra en el origen de las desigualdades de redistribución de nuestras sociedades?

Efectivamente, a menudo he utilizado el término 'justicia restauradora', junto con otros, como 'justicia reparadora' y 'justicia transformadora', como alternativas a la justicia punitiva o retributiva. De hecho, prefiero el término 'justicia transformadora', ya que no presupone la existencia de un estado ideal que sea necesario restaurar.

Respondiendo a tu pregunta, me gustaría destacar la importancia de la memoria histórica, especialmente en cuanto a la necesidad que hay hoy en día de un análisis explícitamente anticapitalista. "La llamada acumulación originaria" es uno de los capítulos más importantes de El capital, precisamente porque desenmascara la expropiación, injusticia y violencia que marcaron el inicio del capitalismo y que, aunque pudiera parecer que ya no es así, siguen en el centro del proceso capitalista. A finales del siglo XX, el complejo penitenciario industrial comienza a mostrar el grado en que las sociedades capitalistas continúan basándose en ideologías racistas y coloniales a la hora de fabricar tecnologías de violencia, reflejo, a su vez, de la violencia histórica ligada a la esclavitud y a la colonización.

 

Has hablado de nuestra problemática reacción automatizada con que a menudo respondemos al crimen y al delito, recurriendo a las instituciones jurídico-policiales, en vez de diseñar soluciones desde dentro de la comunidad. En el caso concreto de la violencia sexual, abogas por la autodefensa, lo cual nos lleva al tema de las mujeres y la violencia. En '¿Están las prisiones obsoletas?' haces referencia a la «necesidad de cuestionar las premisas imperantes según las cuales la única relación posible entre las mujeres y la violencia implica que las mujeres sean víctimas». ¿Qué opinas del uso disuasorio y disciplinandor de la violencia feminista como mecanismo dirigido a defendernos a nosotras mismas? ¿Qué es la autodefensa feminista para ti?

Siempre he tenido un cuidado especial en la manera en que utilizo el término 'violencia'. Como estudiosa de la teoría crítica, siempre me recuerdo a mí misma que las herramientas conceptuales que decido utilizar podrían estar haciendo un trabajo que, en realidad, contraviene lo que pretendo expresar. Así, pues, trato de no equiparar 'autodefensa' y 'violencia contra el agresor'. Y mi apuesta por la formación en autodefensa se inserta en un contexto más amplio, basado en un análisis que vincula la violencia misógina con los sistemas de dominación de raza, género y clase, dentro de una estrategia que pretende purgar nuestras sociedades de toda forma de explotación y violencia.

 

En 'Mujeres, raza y clase' (Akal, 2004) desmontas el mito del violador negro y explicas que «fue una invención claramente política», propaganda construida con el fin de consolidar y justificar los linchamientos, como método de 'contrainsurgencia' destinado a evitar que los negros alcanzaran sus derechos. El pasado fin de año asistimos al despliegue de este mismo mito en Colonia, en este caso en los cuerpos de hombres "de apariencia árabe o norteafricana", en un nuevo ejemplo de 'purple washing' o utilización de una supuesta defensa de las mujeres para criminalizar a los solicitantes de asilo y a los residentes ilegales, de una manera que parece estar lanzando el mensaje de que "a nuestras mujeres sólo las podemos violar nosotros". ¿Cómo interpretas esta utilización de los derechos de las mujeres (velo, violador negro, opresión de las mujeres afganas ...) para otras cruzadas?

En su libro 'Arrested Justice: Black Women, Violence, and America's Prison Nation' [La justicia bajo arresto: mujeres negras, violencia y la nación prisión de América], Beth Richie expone los peligros de confiar en tecnologías de criminalización como supuestas soluciones a los problemas de la violencia de género. Su argumento es que el movimiento antiviolencia predominante en EE UU dio un giro peligrosamente equivocado cuando comenzó a apoyar la represión policial y el encarcelamiento como principales estrategias destinadas a proteger a las «mujeres» de la violencia masculina. Era fácilmente previsible que quienes más estarían el punto de mira de estas iniciativas destinadas a garantizar la seguridad de las «mujeres» serían los hombres de comunidades ya sometidas a una hipervigilancia de la policía y que ya contribuían de manera desproporcionada al incremento de la población penitenciaria.

Resulta, sin embargo, que el uso generalizado de la categoría 'mujer' escondía una racialización clandestina operativa dentro de esta categoría, según la cual 'mujeres' en realidad significaba 'mujeres blancas' o, aún más concretamente, 'mujeres blancas acomodadas'.

El caso de Colonia y el discurso sobre el violador árabe, que pretende consolidar aún más las representaciones colonialistas de los hombres árabes como agresores sexuales, nos recuerdan la importancia de las teorías y prácticas feministas que cuestionan la instrumentalización racista de los 'derechos de las mujeres' y enfatizan la interseccionalidad de las luchas por la justicia social.

 

En las últimas décadas, hemos experimentado lo que Nancy Fraser define como "desacoplamiento de las llamadas 'políticas identitarias' de las políticas de clase", en lo que se ha convertido en una lucha por el reconocimiento, en lugar de por la redistribución, con un desplazamiento del sujeto colectivo hacia uno individual(ista). Tú, en cambio, siempre has defendido las 'comunidades de lucha', al considerar que "las comunidades son siempre proyectos políticos". ¿Qué opinas sobre las políticas identitarias y cuáles son, en tu opinión, las luchas y los proyectos políticos que deberían situarse en el centro, en la actual era de hegemonía neoliberal?

Lo que encuentro más problemático de las políticas identitarias es la manera en que las identidades muy a menudo se naturalizan y no son consideradas como un producto de la lucha política, de modo que no se sitúan en relación con las luchas de clase y antirracistas.

Recientemente, el movimiento trans, por ejemplo, se ha convertido en un importante territorio donde luchar por la justicia. Con todo, hay una diferencia fundamental entre las representaciones dominantes de las cuestiones trans, que habitualmente hacen hincapié en la identidad individual, y los movimientos trans interseccionales, que consideran que tanto la raza como la clase son elementos fundamentales en las luchas de las personas trans. En vez de centrarse en el derecho de la persona a 'ser' él mismo, ella misma, o ell@ mism@, estos movimientos trans afrontan la violencia estructural (en manos de la policía, la prisión, el sistema sanitario, el sistema de la vivienda, el ámbito laboral, etc.) que las mujeres trans de color tienen más probabilidades de experimentar que ningún otro grupo de la sociedad. En otras palabras, luchan por unas transformaciones radicales de nuestras sociedades en contraposición a la asimilación en un estado de cosas determinado e inamovible.

 

Continuando con el tema de la identidad, por lo que dices sobre la interseccionalidad, entiendo que apuestas por una confluencia de luchas (Ferguson, Palestina), más que por una conjunción de identidades diferentes, diversas y múltiples, en un momento en que gran parte de las defensoras de las políticas interseccionales afirman y naturalizan las identidades, en vez de cuestionarlas, ignorando a menudo el contexto material e histórico que rodea estas identidades. ¿Cómo entiendes la interseccionalidad y en qué términos resulta productiva hoy en día?

El concepto de interseccionalidad, tal como yo la entiendo, tiene una genealogía muy interesante, que se remonta al menos al período de finales de los años 1960 y principios de los 1970. Como ahora no puedo entrar en gran detalle, me limitaré a mencionar alguno de los elementos fundamentales que me gustaría destacar: la creación de la organización Alianza de Mujeres Negras, como respuesta a la voluntad de plantear un debate sobre cuestiones de género dentro del Comité de Coordinación Estudiantil No Violento (SNCC), principal organización juvenil del Movimiento por la Libertad del Sur.

La Alianza planteaba que no era posible entender el racismo en toda su complejidad sin incorporar un análisis del sexismo y, para sustentar esta tesis, en 1970 Fran Beale escribió un artículo que tuvo gran difusión, titulado "Double Jeopardy: To Be Black and Female" [Riesgo doble: ser negra y mujer]. Poco después de la publicación del artículo, de resultas del hecho de tener conocimiento de luchas como las de las mujeres puertorriqueñas contra la esterilización forzosa, la Alianza de Mujeres Negras se convirtió en Alianza de Mujeres del Tercer Mundo y publicó un periódico titulado Triple Jeopardy, en referencia al racismo, el sexismo y el imperialismo. Aquello implicaba una militancia sobre el terreno que abordaba de manera simultánea el racismo, la misoginia y la guerra imperialista.

Es con el espíritu de aquellos esfuerzos intelectuales orgánicos de comprender las categorías de raza, género y clase como elementos conectados, entrelazados y entrecruzados que entiendo actualmente los conceptos feministas de interseccionalidad.

 

En un ciclo de conferencias recientemente celebrado en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, con el título "La frontera como centro. Zonas de ser y de no ser [migra y colonialidad]", la representante del partido Indigènes de la République Houria Bouteldja afirmó lo siguiente: "No sé quién es blanco, pero la policía francesa lo sabe perfectamente. Nunca se equivoca a la hora de decidir a quién discriminar y a quien apalear". Igualmente, la feminista vasca Itziar Ziga, en una entrevista en Argia, decía que "Soy una mujer porque es así como he sido violentada física, afectiva, económica y simbólicamente... Proclamo que soy mujer, pero no por lo que tengo entre las piernas". En estos dos casos, el sujeto se define políticamente para/desde el locus de opresión y, por tanto, de lucha. En este sentido, ¿qué es para ti ser mujer y qué ser negra?

Ambas categorías se han ensanchado y expandido más allá de cualquier límite que hubiera podido imaginar en anteriores fases de mi vida. De modo que, si pretendiera aferrarme a modos de ser históricos, continuaría sintiéndome obligada a basarme en definiciones políticas del género y la raza en ambos casos, tal y como planteas en tu pregunta, tanto desde el punto de vista de las estructuras de dominación y sus ideologías asociadas como desde el punto de vista de los movimientos colectivos que buscan desmantelar estas estructuras y hacer frente a estas ideologías.

Al mismo tiempo, siempre he insistido en la prioridad de la práctica radical por encima de la identidad pura y simple. Importa más qué haces para facilitar la transformación radical que cómo te imaginas que eres. Y, claro, como ya he indicado, las categorías de género y raza, al igual que la sexualidad y la clase, sólo son significativas dentro de unas interrelaciones más complejas.

 

En relación con el panorama político estadounidense, has destacado "el reto de complicar el discurso", en vista de que "la simplificación de la retórica política facilita la adopción de posturas extremistas". En los últimos años, en Europa, hemos sido testigos de la aparición de la autodenominada 'nueva política', que se opone a 'los de arriba', con miras a provocar una 'revolución democrática' por la vía de la 'revolución de las sonrisas'. ¿Qué significa para ti la democracia en esta era del populismo despolitizador y de los significantes vacíos?

Está claro que los que nos situamos a la izquierda en Estados Unidos, y no sólo a la izquierda, sino también en algunos círculos conservadores, asistimos totalmente estupefactos a la creciente influencia de Donald Trump, el cual se está aprovechando la atracción que importantes sectores de las comunidades de clase trabajadora blanca sienten por este tipo de retórica política simplista, extremista y de tendencia fascista. Esto también ocurre con la peligrosa atracción hacia personajes y partidos de extrema derecha que está habiendo en Austria, Francia, Polonia y otros lugares de Europa, crisis masiva de los refugiados —la cual pone de manifiesto el impacto que la historia de esclavitud y colonialismo de Europa sigue teniendo—, ha hecho prosperar el populismo de extrema derecha, alrededor del racismo antinegros y antiinmigrantes, y ha reactivado la islamofobia, con espectáculos que traen a la memoria racismos del pasado.

No será posible hacer frente al populismo de extrema derecha y generar un diálogo sobre futuros democráticos –enfoques sustantivos y transformadores que desplacen el foco político de la representación neoliberal del individuo hacia las necesidades y aspiraciones de las comunidades–, si no somos capaces de construir movimientos potentes contra el racismo y la xenofobia en el mundo.

 

Preguntada por tu posición ante las elecciones presidenciales de EE.UU., recientemente has destacado la necesidad de un partido nuevo. ¿Por qué motivo? ¿Qué tipo de partido tienes en mente? Como ex candidata a la vicepresidencia por el Partido Comunista de EE UU, ¿qué similitudes y qué diferencias con el PC debería tener este partido nuevo? En cuanto a su programa, ¿consideras que sigue vigente el Programa de 10 puntos del Partido de las Panteras Negras? ¿Y cuál sería la base electoral de este nuevo partido?

La política electoral norteamericana lleva muchos años siendo rehén del sistema bipartidista. Tanto el Partido Demócrata como el Republicano están absolutamente encadenados al capitalismo. Necesitamos una estructura política alternativa que no capitule ante las estructuras empresariales, sino que represente, en primer lugar, las necesidades de los trabajadores, de la gente pobre y de las personas de color. Esto es evidente desde hace muchos ciclos electorales, y cuando hace muchos años participé de manera directa en la política electoral, como candidata a la vicepresidencia por el Partido Comunista, fue precisamente para visibilizar esta necesidad de declarar la independencia respecto al sistema bipartidista.

Dada la respuesta que ha obtenido Bernie Sanders, ha quedado claro que hay un número considerable de personas que quieren una alternativa al capitalismo. Cada vez más gente está reflexionando seriamente sobre la necesidad de un partido que represente la clase trabajadora, los movimientos antirracistas, las cuestiones feministas y LGBTQ, las reivindicaciones contra la guerra y la justicia medioambiental.

En cuanto al Partido de las Panteras Negras, está claro que el Programa de 10 puntos está profundamente arraigado en las condiciones históricas de mediados del siglo pasado, pero, al mismo tiempo, todos y cada uno de sus puntos tienen un profundo vínculo con luchas radicales contemporáneas.

 

Continuando con las Panteras Negras, fueron pioneras en su política de womanism, que puso la lucha por los derechos de las mujeres al mismo nivel que la lucha de clases y racial, apoyó el derecho al aborto, organizó cuidados de niñas y niños durante sus reuniones, fomentó el modelo tradicional africano de familia extensa en contraposición a la familia nuclear burguesa, el diario del partido estuvo dirigido por mujeres, y hasta un 70% de su militancia era femenina. ¿Cómo se logró todo ello, más allá de que los hombres estaban siendo asesinados o encarcelados? ¿Qué lecciones pueden sacar los movimientos de liberación, y especialmente las feministas de estos movimientos, de la experiencia del Partido de las Panteras Negras?

En realidad, no debería sorprendernos excesivamente saber que la mayoría de militantes de las Panteras Negras eran mujeres, de la misma manera que no deberíamos sorprendernos por el papel fundamental que las mujeres jugaron dentro del Movimiento por la Libertad del Sur. Lo que sí resulta sorprendente es que medio siglo más tarde sigamos cautivos de visiones históricamente obsoletas sobre el liderazgo carismático masculino.

Históricamente, los paradigmas asociados al liderazgo de las mujeres –desde Ella Baker hasta Ericka Huggins– han tendido a enfatizar el liderazgo colectivo por encima del individualista. Los jóvenes de los actuales movimientos radicales están priorizando el liderazgo de las mujeres, el liderazgo queer y el liderazgo de las colectividades.

Como fuiste alumna de Marcuse, me gustaría hacerte una pregunta que él ya planteó en su Un ensayo sobre la liberación: "¿Cómo puede [el individuo] satisfacer sus necesidades sin [ ...] reproducir, a través de sus aspiraciones y satisfacciones, su dependencia de un aparato explotador que, al satisfacer sus necesidades, perpetúa su servidumbre?". En otras palabras, ¿cómo podemos liberarnos de la mercantilización de nuestros sentimientos?

A estas alturas, no estoy segura de si es posible eludir completamente las consecuencias del deseo mercantilizado, ya que es esa la naturaleza del deseo contemporáneo; el capitalismo ha invadido hasta tal punto nuestras vidas interiores que nos resulta extremadamente difícil separar capitalismo y deseo. Sin embargo, creo que sigo la tradición filosófica de Marcuse cuando afirmo que deberíamos tratar de desarrollar una conciencia crítica sobre las maneras en que, en parte, estamos implicados en la propia reproducción del capitalismo, a través de la mercantilización de nuestros sentimientos. Es a través de este tipo de reflexiones negativas que podemos empezar a vislumbrar posibilidades de liberación.

 

Durante tu visita al País Vasco estuvimos hablando sobre la importancia del arte y la literatura como esferas donde expandir los límites de lo inteligible, desmontar los paradigmas del sentido común hegemónico, confrontar la camisa de fuerza de la verosimilitud, derribar el monopolio de la realidad y traducir, dar forma y ensayar nuestras nociones políticas. ¿Cómo se concreta todo esto?

Especialmente ahora que la posibilidad de liberación parece ser descartada por las mismas luchas políticas que pretenden mostrarnos vías hacia futuros mejores, podemos aprovechar lo que Marcuse llama 'dimensión estética' y Robin Kelley, 'sueños de libertad' o 'imaginación radical'. Lo que el reino del capitalismo ha sofocado completamente es nuestra capacidad colectiva de imaginar una vida que no esté repleta de mercancías. Es por esta razón que necesitamos el arte, la literatura, la música y otras prácticas culturales, para educar nuestra imaginación de manera que consiga liberarse de las restricciones impuestas por la privatización.

 

Durante aquella visita, te organizaron un concierto de homenaje en Bilbao, donde hiciste mención de una canción preciosa de Nina Simone titulada 'I Wish I Knew How It Would Feel to Be Free' [Ojalá supiera qué se siente al ser libre ], y que dice así: "I wish I could break all the chains holdin' me, I wish I could say all the things that I should say, say 'em loud, say 'em clear for the whole 'round world to hear" [Ojalá pudiera romper todas las cadenas que me retienen, ojalá pudiera decir todo lo que debería decir, decirlo todo bien alto, decirlo para todo el mundo lo oiga] .¿Qué significa ser libre para ti, y cuáles son las cadenas que tenemos que romper?

Recordé esa canción de Nina Simone no tanto porque quisiera dar a entender que medio siglo o más después yo tenga una respuesta definitiva a la cuestión subyacente a su anhelo de saber qué es sentirse libre, sino más bien porque seguimos rigiéndonos por este deseo de poner nombre y experimentar la libertad. En los EE.UU., este objetivo nos resulta mucho más complicado hoy en día que a mediados del siglo XX. De hecho, parece que, cuanto más nos acercamos a lo que originariamente habíamos imaginado como 'libertad', más nos damos cuenta de que se trata de algo mucho más complicado, de algo con un alcance mucho mayor...

http://www.diagonalperiodico.net/libertades/31326-raza-genero-y-clase-son-elementos-entrelazados.html

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=216558

 

 

 Alternativas postcapitalistas

 

 

Enfoquemos porqué promover, abajo y a la izquierda, la percepción (conocimiento y toma de partido) de cuán valiosas son las luchas por cuidar la vida y sus territorios.

 

Francia: Convocatoria 8 y 9 de octubre de 2016, Notre Dame des Landes (cerca de Nantes)
9 de septiembre de 2016

Fuente: Squat.net. Traducción: NoticiasALB

Por más de 50 años, agricultores/as y vecinos/as de la ciudad francesa de Nantes se han resistido a la construcción de un nuevo aeropuerto (que por cierto, ya tiene uno). Ahora en estos fértiles campos, bosques y humedales, que la multinacional dedicada a la construcción de aeropuertos Vinci desea cubrir de cemento, está floreciendo un experimento en la reinvención de la vida cotidiana. Activistas de todo el mundo, agricultores y aldeanos locales, grupos de vecinos/as, sindicalistas y ecologistas, refugiados/as y fugitivos/as, okupas y militantes por la justicia climática y muchos otros, se están organizando para proteger las 100 hectáreas de tierra contra el aeropuerto y su mundo. Los funcionarios del gobierno han llamado a este lugar “un territorio perdido para la República”. Sus ocupantes lo han renombrado: la ZAD (Zona A défendre), zona a defender.

En el invierno de 2012, miles de policías antidisturbios intentaron desalojar la zona, pero se enfrentaron a una resistencia decidida y variada. Esto culminó en una gran manifestación de 40.000 personas para reconstruir algo de lo que había sido destruido por el estado francés. Menos de una semana después, la policía se vio obligada a abandonar lo que habían llamdo “Operación Cesar”.

Durante los últimos tres años, la ZAD ha sido un extraordinario laboratorio de nuevas formas de vida, arraigadas en la colaboración entre la totalidad de quienes conforman la diversidad de este movimiento. Incluso hay una relación de 6 puntos (véase más adelante) para replantear radicalmente la forma de organizar y trabajar la tierra sin un aeropuerto, basándose en la creación de bienes comunes, la noción de uso en lugar de la propiedad y la exigencia de que quienes lucharon por la tierra deben ser quienes decidad su uso.

Ahora, toda la zona está amenazada de desalojo para iniciar la construcción de este absurdo aeropuerto. El primer ministro Valls ha prometido una operación especial este mes de octubre para desalojar a quien esté viviendo, trabajando, construyendo o labrando en la zona.

El 8 de octubre, decenas de miles de personas se reunirán en la ZAD para demostrar que la determinación del movimiento es más fuerte que nunca. Para honrar las pasadas luchas de agricultores/as, vamos a llegar bastones de madera para caminar y dejarlos en la zona, como muestra de nuestro compromiso de volver y recogerlos de nuevo si es necesario. También vamos a levantar un granero, construido por docenas de carpinteros/as durante el verano, que se utilizará como base, en el caso de que se intente llevar a cabo el desalojo.

Hacemos un llamamiento a todos los grupos y movimientos internacionales a acudir el 8 de octubre a la zona o a mostrar su solidaridad ese día con la ZAD a través de acciones en sus propios pueblos y ciudades dirigidas al gobierno francés o la multinacional Vinci.

¡El aeropuerto no será construido. La vida en la ZAD seguirá floreciendo!

6 puntos para el futuro de la ZAD

 

Dado que no habrá ningún aeropuerto … Una vez que se se abandone el proyecto, queremos:

1.      Que los/as habitantes, propietarios/as o arrendatarios/as implicados/as en las órdenes de expropiación o desalojo, puedan permanecer en la zona y recuperar sus derechos.

2.      Que los/as agricultores/as afectados/as que hayan resistido a AGO-Vinci y se hayan negado a plegarse a su voluntad, pueda seguir cultivando libremente las tierras que utilizan, recuperen sus derechos y lleven a cabo su trabajo en buenas condiciones.

3.      Que los/as nuevos habitantes que llegaron a la ZAD para tomar parte en la lucha puedan permanecer en la zona. Que todo lo que ha sido construido desde 2007 como parte del movimiento de ocupación en términos de: experimentos de agricultura alternativa, casas auto-construidas o viviendas temporales (cabañas, yurtas, caravanas, etc.) y formas de vida y resistencia, puedan quedarse y continuar.

4.      Que las tierras que cada año se redistribuyen por la Cámara de Agricultura para AGO-Vinci, en forma de arrendamientos precarios, sean gestionadas por un cuerpo que salga del propio movimiento de resistencia y reúna a todos sus elementos. Que sean de esta forma los movimientos anti-aeropuerto en lugar de las instituciones habituales los que decidan sobre los usos de esta tierra.

5.      Que estas tierras sean para nuevos proyectos agrícolas o no agrícolas, ya sean autorizados o no, y no para la expansión de explotaciones ya existentes.

6.      Que estos acuerdos se conviertan en una realidad a través de nuestra determinación colectiva y que tenemos la disposición de resolver todos los conflictos que pudieran surgir.

7.      Con nuestra unidad y diversidad ya estamos sembrando y construyendo un futuro sin aeropuerto. A partir de hoy, depende de todos nosotros/as que se pueda defenderlo y hacerlo florecer.

Contacto: reclaimthezad@riseup.net

http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/36907

Fuente: https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2016/09/09/francia-convocatoria-8-y-9-de-octubre-de-2016-notre-dame-des-landes

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Pueblo de San Isidro y José de la Quintana dicen no a la Cantera
Argentina/ Córdoba


 

Los Vecinos Autoconvocados de San Isidro y José de la Quintana rechazan la instalación de la Cantera Sol de Venus en sus territorios, por el alto impacto negativo en la salud y el ambiente que la explotación que la minería a cielo abierto trae aparejado.

Villa San Isidro es una localidad de 1200 habitantes situada en el Departamento Santa María, aproximadamente a 80 km de Córdoba. José de la Quintana está al lado y juntas forman un municipio.

Lo que denuncian los vecinos en primer lugar es que se enteraron de la audiencia pública por el Boletín Oficial de la provincia. Además, este proceso “está viciado” porque la Asociación Civil de Amigos de José de la Quintana se atribuyó poderes comunales, políticos y sociales cuando no es un órgano representativo.

“Si permitimos que se instale una cantera en el corazón del pueblo, después van a haber veinte canteras”.

A su vez, la audiencia pública está convocada en la estancia privada de Luis García Montaño, lo que no garantiza ni el acceso ni la participación de la comunidad.

Otra cosa que reclaman es que el informe de impacto ambiental presentado por Cantera Sol de Venus ignora las viviendas aledañas a la posible instalación, niega la población cercana, así como los daños a la salud y el medio ambiente.

En una entrevista, la jefa comunal de San Isidro, Claudia Cuffa afirmó que este proyecto que afectará a cuatro mil personas, no tiene la licencia social. Cuenta que ella defiende la fauna, la flora y la cuenca hídrica de la zona. La cantera estará muy cerca del pueblo y hay estudios de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) sobre la calidad y pureza del aire de esos lugares.

“Si permitimos que se instale una cantera en el corazón del pueblo, después van a haber veinte canteras. Va a ser inmanejable”, sentencia Cuffa.

por la tierra | septiembre 7, 2016 | URL: http://wp.me/p4BKZF-FC

 

Red Latina  sin fronteras
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“Estamos aquí y seguiremos saboteando cualquier proyecto que se proponga destruirnos y destruir nuestra tierra justificado sólo por el enriquecimiento de unos pocos”.

 

Chau Monsanto!

Hoy nos encontramos festejando la resistencia que se llevó a cabo, durante 4 años, en Malvinas Argentina, localidad periférica a la ciudad de Córdoba que fue liberada de la contaminación y las enfermedades que proponía la empresa Monsanto a cambio de unos miserables subsidios y salarios.

El poder que piensa y actúa conociendo sobre cada territorio y sus habitantes tuvo el fracasado y vergonzoso intento de instaurar la fábrica de semillas transgénicas más grande de Latinoamérica, a unos pocos metros de una escuelita, llevándose la sorpresa de nuestra respuesta , de nuestra organización y nuestra capacidad de decir “No”.

Hoy nos encontramos festejando el enriquecimiento de nuestra experiencia de lucha, lo cual no significa el festejo de una victoria concluida, ya que la mudanza de nuestro enemigo no implica su destrucción.

 Por esto seguimos resistiendo, estamos aquí, nada se da por terminado, hoy nos toca seguir expandiéndonos y contagiándonos.

 Estamos aquí y seguiremos saboteando cualquier proyecto que se proponga destruirnos y destruir nuestra tierra justificado solo por el enriquecimiento de unos pocos.

 Apostamos a la auto organización, a ser totalmente responsables de nuestra vida y nuestro territorio, separándonos de la dirección de cualquier partido, de la burocratización de nuestra lucha.

 No nos dejaremos engañar… es importante conocer a nuestros enemigos, sus rostros, sus nombres, esto nos ayuda a no caer en su trampa, para no reducir nuestra resistencia a una sola empresa que sólo es parte de un sistema que propone distintos modelos de dominación y muerte, entre otros, los agronegocios. Pero sabemos que hay muchos Monsanto nacionales e internacionales dentro y fuera de las fronteras porque su patria es el Capital.

Un párrafo aparte merece la referencia al bloqueo que fue siempre una escuela de rebeldía y de acción directa, un espacio donde expandir la lucha, un espacio para el debate y la formación en la teoría y la práctica de la autogestión.

En este paraje casi inhóspito al costado de una ruta fumigada confluyeron experiencias de luchas de distintos puntos cardinales con las inexperiencias e incertidumbres de todo movimiento nuevo y espontaneo

 Lxs compañerxs del bloqueo sostuvieron gran parte de la lucha con una actitud claramente antipatriarcal, antiestatista y anticapitalista que contrastaba con las tácticas del oportunismo político y el legalismo sospechoso de algunos sectores de la lucha.

 Fue la resistencia del bloqueo, a veces en condiciones muy difíciles, la que sepultó los sueños de Monsanto en estas tierras. Muchxs compañxs que pasaron por la experiencia del bloqueo comprendieron que la lucha es más profunda y está en todas partes, y continúan hoy esparciendo las semillas de la auto-organización y la acción directa en distintos puntos del territorio y en otras luchas que son la misma lucha.

¡Que esta primavera traiga vientos de revuelta! ¡Salud!


https://porlatierraycontraelcapital.wordpress.com/2016/09/07/chau-monsanto/

Fuente: https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2016/09/08/argentina_cordoba-chau-monsanto

 

 

Recordemos los gobiernos llamados progresistas surgen respondiendo a la potencia subversiva de los movimientos sociales y desarrollan la revolución pasiva o sea los disciplinan a la subsunción en el capitalismo.

 

 

Entrevista a François Houtart

¿Posneoliberales o progresistas?,

Gobiernos y movimientos sociales frente a la crisis

15 de agosto de 2016

Por Salvador Bello (Rebelión)

A partir de hitos políticos recientes como la pérdida de las elecciones legislativas en Venezuela, el ascenso de Macri al Gobierno en Argentina, la derrota de Evo en el referendo en Bolivia, el juicio político a Dilma y el golpe institucional en Brasil, etc., algunos intelectuales han planteado el "fin del ciclo progresista", usted se ha referido más bien al fin o agotamiento del proyecto posneoliberal ¿Podría explicarnos los elementos centrales de esta distinción?

Lo que pienso es que los países que son progresistas en América Latina -que ha sido el único continente donde esto ha pasado, con algunas excepciones, como Indonesia, pero apenas-, son precisamente posneoliberales, pero no poscapitalistas; en el sentido que han reorganizado el Estado, las funciones sociales del Estado, funciones que habían sido destruidas por el neoliberalismo, especialmente de cierta redistribución de la riqueza y de mejor acceso a servicios públicos como educación, salud, etc. y realizando también bastantes inversiones públicas, esa fue la característica de los regímenes más progresistas en América Latina, que podemos llamar en este sentido posneoliberales.

Hay gente, especialmente algunos economistas, que dice "no, no hay nada de posneoliberal, siguen en la misma orientación neoliberal" pero pienso que dicen eso porque reflexionan más como economistas. Pienso que como sociólogo estoy atento a otros factores más que solamente al factor económico, como el factor político, que es la reconstrucción del Estado, de verdad un Estado muy clásico, generalmente de hecho muy centralizado, con absorción de las funciones judiciales y parlamentarias por el Ejecutivo, con un líder carismático, y que tiene siempre cierto peligro de caudillismo, pero reconstruyendo funciones del Estado.

¿Por qué hoy es posible afirmar el fin de este proyecto posneoliberal?

No digo el fin, pero por lo menos el agotamiento. Especialmente por la crisis no tienen los medios para continuar la política, pero también el agotamiento se debe a efectos internos. Los países latinoamericanos han tenido durante 10 ó 15 años una coyuntura internacional bastante favorable de los precios de las commodities, y así los gobiernos han podido realizar estas políticas sociales de lucha contra la pobreza, etc. Ahora la crisis muy rápidamente ha cortado estos medios y así están frente a situaciones casi imposibles. Por otra parte,
como no hubo transformación del modo de acumulación, prácticamente hubo una renovación del capitalismo que es más moderno, pero no de la lógica capitalista en la organización de la economía. Evidentemente la crisis del sistema capitalista afecta inmediatamente los regímenes progresistas y por estas dos razones hay un agotamiento, y una persona como Dilma lo ha dicho muy claramente en las Naciones Unidas en septiembre pasado, ha declarado "nuestro modelo ya se agotó" y regresando a Brasilia declaró "debemos tomar medidas mas abiertas a los mercados", es decir, regresar a una política económica neoliberal, y en los otros países si no lo dicen de manera muy explícita, en la práctica no ven cómo resolver el problema de la crisis sin retornar al mercado de manera más fuerte.

Dentro de este análisis, por ejemplo, pondré el caso de Colombia que hoy está desarrollando los procesos de paz, esto va a implicar una gran modificación en la participación de la sociedad civil, y por otra parte está Chile que está viviendo algunas grietas del proyecto neoliberal, eventualmente cualquiera de estos dos países podría dar algún giro a la izquierda, ¿como afectaría esto al diagnóstico que usted hace, además en el contexto de la crisis mundial?

Claro que son dos países que de manera más clara no han quitado la lógica neoliberal, y si hay posibilidad eventualmente para fuerzas de izquierda de retomar un cierto poder político habría seguramente posibilidades de transformación mas profunda, pero hay dos factores; primero, está la crisis general que afecta a todo el continente, que afecta a Colombia y también a Chile, precisamente por la caída de los precios de las commodities;
el continente en general ha conocido un nuevo proceso de primarización de su economía, y una relativa, pero importante desindustrialización en los últimos años, así la primera cosa es saber cómo afrontar el problema de la crisis general, y si una izquierda puede tener más poder en los dos países, cómo va a afrontar este fenómeno; y el segundo, es ver cuál es el modelo -no me gusta mucho hablar de modelo- pero ¿cuáles son las perspectivas de las izquierdas?, ¿tienen una visión clara de lo que que son los pasos hacia el poscapitalismo o no? Y en los dos casos tengo algunas preguntas evidentemente y dudas sobre el impacto que puede tener la crisis en las posibilidades de las izquierdas de llegar realmente al poder, y segundo no veo todavía de manera clara, no solamente en estos dos países, sino también en general, en el continente, una clara visión de cual es la meta: Estuve por ejemplo hace dos meses en el Foro de São Paulo, en San Salvador, y había 100 partidos políticos de izquierda, fue un vacío total de perspectivas, una repetición del viejo discurso, casi imposibilidad de autocritica, especialmente de los países progresistas, y solamente la repetición de solidaridad con Dilma, con Lula, etc., sin -tal vez no es el lugar- una reflexión mas fundamental para cómo redefinir los objetivos y cómo redefinir los pasos concretos hacia un cambio de paradigma, y eso me parece un problema que existe también en Colombia y Chile, pero no particular de estos dos países, sino que es un poco general, en todo el continente.

Precisamente frente a eso, muchos de estos proyectos contaron con vasto apoyo popular y con respaldo de fuertes movimientos sociales ¿que balance puede hacer de la relación de los movimientos sociales con los gobiernos con base en la experiencia de los últimos 20 años?

Como tú lo dices, al principio hubo un apoyo de los movimientos y en varios casos, como en Brasil por ejemplo, o también en Bolivia, el poder político fue el resultado de la acción de los movimientos sociales, y evidentemente esperaban que partes de sus reivindicaciones podrían ser cumplidas en el nivel político, con una política nueva. Hubo después de algunos años, y en algunos países muy rápidamente, una decepción fuerte, al mismo tiempo que un proceso de debilidad de los movimientos sociales. Claro, eso es un problema mundial, hay un problema de menos fuerza de los movimientos sociales que tendríamos que analizar por qué, pero pienso que toda la evolución del sistema económico tiene su impacto en este sentido, pero también en los países más progresistas sucedió que
muchos lideres de los movimientos sociales pasaron al campo político -que no es ilegitimo, evidentemente-, pero que ha tenido como resultado un proceso de debilitamiento de los movimientos sociales, y el hecho que los gobiernos progresistas fueron de hecho posneoliberales, pero no poscapitalistas, es también el origen de una parte importante de la decepción de los movimientos sociales, y así hubo mas y mas distancia.

La distancia según los países, se tradujo en una posición crítica, o también en acciones directas en contra. En Brasil por ejemplo, donde la tradición política -con excepción del momento de la dictadura- es de cierto diálogo, no hubo una ruptura concreta entre los movimientos principales como la Central Única de los Trabajadores (CUT), el Movimiento de los Sin Tierra (MST) u otros movimientos con el Partido de los Trabajadores (PT), pero hubo mas y mas críticas especialmente al Gobierno, y en particular con Dilma, no podían aceptar evidentemente el hecho que -lo que se llama en los países progresistas ‘la restauración conservadora’- sea de hecho un hecho de los gobiernos mismos, porque la restauración conservadora comenzó en los gobiernos progresistas, en todos, y se pueden dar ejemplos. Así, hubo mas distancia, en un país como Brasil solamente de tipo critico, pero en países como Ecuador, de ruptura, y aquí en Ecuador hubo una ruptura de la mayor parte de los movimientos sociales, debilitados; el movimiento indígena, el obrero, el femenino, el de maestros, el ecologista, etc cada uno por sus razones. Además, hubo una política del Gobierno de crear movimientos nuevos -afines al Gobierno- y eso ha tenido como efecto dividir las bases populares de manera fuerte, y no me parece que ha tenido mucho éxito porque -no existen estudios científicos sobre el asunto, pero por lo menos presunciones- las bases sociales de estos nuevos movimientos son bastante débiles. Y así, también en Bolivia estamos frente a una situación de cierta ruptura entre movimientos de base, que al principio habían apoyado a los gobiernos, y que ahora se definen netamente de oposición, no de oposición de derecha, con excepción de algunos miembros de algunos de estos movimientos, que tal vez tienen una cierta ingenuidad política y que no dudan en aliarse con la derecha, pero un poco por exasperación frente a la imposibilidad de realizar sus metas con los gobiernos actuales, y así eso me parece negativo.

Recuerdo que hace 5 años, he tenido una entrevista con Rafael Correa y Samir Amin, y Samir Amin le ha dicho a Rafael "la historia de América Latina es extremadamente interesante porque el papel de los movimientos sociales para el cambio político ha sido fundamental, y lo importante es resguardar una cierta unión, no una fusión, una cierta colaboración entre los movimientos políticos nuevos y los movimientos sociales, porque si eso no continua va a ser muy grave" y yo pienso que el tenía razón, totalmente razón. Así, para mí, el futuro es una reflexión nueva con la experiencia de los movimientos sociales, también políticos, para redefinir los objetivos y las transiciones para una real transformación del modo de acumulación, es decir, una real transformación del sistema económico, que evidentemente no se puede hacer de una día al otro, y definir las metas políticas que permiten este tipo de avances, no digo que no haya más izquierdas en los gobiernos progresistas, si la hay, pero cada vez son menos y menos influyentes, y es cada vez más y más la derecha quien tiene la influencia en los gobiernos.

Por una parte usted ha señalado la importancia de la autonomía de los movimientos sociales, y se han desarrollado experiencias locales importantes que han logrado fortalecerse y fortalecer sus proyectos políticos como los zapatistas en México, los Gobiernos Comunales en Venezuela –que han tenido relativa relación con el Gobierno- pero por otra parte filósofos como Slavoj Žižek se han mostrado críticos con este tipo de experiencias por no ser universalizables,  en este sentido, ¿cuál sería el aspecto estratégico central para los movimientos sociales y para la izquierda?

Yo pienso que estos dos ejemplos que has dado son importantes, porque de hecho han puesto el acento sobre la autonomía, y sobre la dimensión territorial de los hechos sociales y la integración realmente popular, de base. La critica de Žižek, es correcta también. Por ejemplo, he tenido discusiones con el subcomandante Marcos en Chiapas, ha propósito justamente de la actitud de los Zapatistas frente al nivel nacional, porque eso debemos decirlo: no ha tenido mucho éxito, es extraordinario lo que han hecho localmente, de verdad, y han redefinido el poder, de verdad; la gran dificultad es pasar a escalas mas grandes, evidentemente el problema de escala es un problema, no solamente de números, sino a una escala también cualitativa, y no se puede aplicar solamente las medidas que se toman a un nivel local, también a un nivel regional o nacional. Y ese fue el problema, de la contradicción, no digo que solamente es la falta de visión de los zapatistas, sino también el hecho que en el campo nacional mexicano no había ningún partido que haya asumido el proyecto zapatista, todos estaban luchando contra ellos, también el Partido por la Revolución Democrática (PRD)1. Así, cuando le pregunto a Marcos por qué habían propuesto la abstención en las elecciones -lo que evidentemente venía de promover la derecha- de hecho, el me contestó "¿cómo puedo pedirle al pueblo que vote por sus verdugos?", porque los de la alternativa política, por ejemplo el gobernador de Chiapas que era del PRD, el partido de AMLO2, había sido perseguidor de los zapatistas, así era muy difícil evidentemente, pero al mismo tiempo era una falta de visión de tipo nacional que impedía promover las ideas de base a este nivel y provocó la deserción de una parte de la inteligencia mexicana que apoyaba a los zapatistas.

Para Venezuela, la experiencia de base es una experiencia muy interesante, mucho más avanzadas que en otros países progresistas y que pienso es la única salvación para Venezuela, si es que hay salvación posible, pero como tú dices se queda demasiado local, sin proyección de tipo nacional, lo que es muy complicado, evidentemente, porque no existe modelo. Pero, es una parte de las dificultades: el como transmitir a un nivel que no sea solamente local, toda esta filosofía del poder, de un poder popular real, y participativo, etc, es una gran interrogación, no digo que no hay esfuerzos, y que no hubo cosas como presupuesto participativo, que no duró mucho en Brasil, pero que son vías que todavía debemos re-definir.


Por otra parte, ¿en qué condiciones queda el proyecto de integración latinoamericana, en casos concretos como el ALBA, el Mercosur, el banco del sur, etc.?

Pienso que la integración latinoamericana debe ser uno de los puntos fundamentales de la izquierda. ¿Por qué? frente a un capitalismo siempre más centralizado, siempre más global, frente a grandes empresas multinacionales que tienen un poder económico y político muy grande, frente a la organización formal del capitalismo mundial, con la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI), etc. y la organización informal con los paraísos fiscales, frente a todo eso, la única manera de afrontar al capitalismo de monopolio generalizado como dice Samir Amin, es la integración, porque los países individuales no son capaces, no tienen la fuerza suficiente para afrontarse a las fuerzas del capitalismo mundial. Un país como Brasil podría eventualmente por su dimensión, pero tiene fuerzas internas del capitalismo mundial que impiden evidentemente que este país -aún con un gobierno ‘progresista’- sea una fuerza de resistencia contra el capitalismo mundial. Sin embargo, debemos decir que la corriente latinoamericana de la integración frente a la corriente de integración con el Norte -podríamos decir Bolívar contra Monroe, ya desde el principio del siglo XIX que ha seguido y se mantiene-, esta corriente de Nuestra América ha sido si muy promovida especialmente por Chávez, pero apoyado por el Ecuador, Bolivia, Argentina -Brasil siempre ha sido un poco mas prudente por ser consciente de ser el poder principal de América Latina y así no ha sido siempre un partidario muy confiable- pero en general los gobiernos progresistas han apoyado una integración latinoamericana, Cuba particularmente, y hemos visto así, una proliferación de organismos; por ejemplo el Mercosur, si considero los últimos tiempos, porque hubo ya antes organismos como la Comunidad Andina de Naciones (CAN) o como el Parlamento Centroamericano, etc, pero últimamente el Mercosur, Unasur, Celac, fueron pasos muy importantes pero no poscapitalistas, porque reúnen países capitalistas y no capitalistas -que está bien, porque es la realidad- que por lo menos son antihegemónicos, es decir, que por ser latinoamericanos y no integrar a América del norte, son evidentemente antihegemónicos frente a América del norte. Solamente el proyecto del ALBA ha tenido una perspectiva poscapitalista, pero que es muy marginal en América latina, porque son 10 países solamente y una parte son las pequeñas islas del Caribe, pero es el único organismo poscapitalista, porque en su definición dice que la base de su trabajo y de su perspectiva es, no la competencia, sino la complementareidad y la solidaridad, también en el campo económico, y por eso empezaron con Petrocaribe, pero también con otros proyectos, de tipo social, como la Operación Milagro, o de tipo cultural como Telesur, y así fue una apertura hacia un futuro no capitalista, pero fue la única. El hecho que exista, es muy importante, pero es muy vulnerable, porque ahora no sabemos como van cambiando el continente si hay cambio en Venezuela. Estuve la semana pasada en Cuba, el efecto del cambio de Venezuela ya está sucediendo: Cuba no va a recibir el mismo tipo de ayuda con Petrocaribe que antes, inmediatamente eso tiene efectos sobre la capacidad de producir electricidad, ya han tenido que cortar el aire acondicionado en todas las oficinas publicas y con el calor actual es un problema real y poco a poco eso puede tener un efecto muy importante para Cuba.

Para el futuro, este tipo de integración es fundamental, primero como un hecho latinoamericano, antihegemónico, dentro de un sistema capitalista. Y después -si hay alguna posibilidad, si hay algunos países que realmente tienen una izquierda en el poder- promover mas tipos de integración como el ALBA que podrían justamente proponer otro tipo de modelo económico, tomando en mano problemas como la Amazonía -problema que hemos estudiado en la Cátedra Fraçoise Houtart, una cátedra que el Instituto de Altos Estudios Nacionales del Ecuador (IAEN) inició el año pasado por mis 90 años, tomando como tema la Amazonía- y hemos concluido -junto con la gente de Unasur- después del trabajo de un año, que la única manera de salvar la Amazona es la integración latinoamericana, por lo menos sudamericana, porque ningún país, o mejor dicho, todos los países individualmente tienen buenas razones para explotar la Amazonía y destruirla, y si sigue así como anuncia la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), que dentro de 40 años no tendremos mas selva amazónica, lo que sería una catástrofe ambiental extremadamente grave para el continente. Así, por eso y para otras cosas; para el problema indígena, para el problema de la agricultura campesina, el problema de los transgénicos, un montón de problemas, tiene su solución solamente en la integración, con leyes de integración. La Unión Europea (UE) es un mal ejemplo, pero ha tenido la posibilidad de resistir contra Monsanto: hace tres semanas mas o menos, hubo una decisión de la Comisión Europea de no permitir la renovación de glifosato en Europa, a pesar de todos los esfuerzos que ha hecho Monsanto, hubo una oposición popular fuerte, que se ha transmitido en el Parlamento Europeo y la Comisión Europea ha tenido que tomar esta decisión, un país europeo no habría podido hacerlo, pero a nivel de 28 países si. Para América Latina es lo mismo, es por eso que es un asunto muy importante. Pero no soy muy optimista a corto plazo, porque se ve inmediatamente en Unasur -que tiene orientaciones relativamente positivas, no anticapitalistas, pero relativamente positivas-. Ya Venezuela desde hace dos años no paga su cuota, Brasil ha anunciado que no va a pagar su cuota de este año. Tienen que despedir personal. Desde 13 años que existe no han podido constituir todavía la comisión ambiental, que podría justamente tomar en sus manos el problema de la Amazonía.

Además están las gestiones para aprobar el TPP en Perú, Chile y México que cambiaría la situación geopolÍtica.

Absolutamente, que es la otra cara, que es la integración Monroe y esta iniciativa tiene mucha fuerza, primero porque son países que hacen parte, que tienen un peso demográfico bastante importante en el continente y un peso económico también, y por otra parte el futuro del comercio con Asia -relativo, porque China no esta en este proyecto- pero de todas maneras es el esfuerzo de EEUU y de Canadá para retomar de manera parcial la idea del ALCA.

Pero para regresar al problema más fundamental de la transformación posible, es evidente que no se puede pensar que ningún país de América Latina podría pasar al socialismo de una vez, por una decisión política, revolucionaria, eso inmediatamente tendría como resultado el boicot del país, sino la intervención militar. Lo que se debe hacer ahora, me parece que -y ya hay algunos medios que empiezan a hacerlo- el MST por ejemplo, ha convocado una reunión en septiembre, de reflexión sobre cómo superar el capitalismo, es decir que se deben redefinir las metas; primero, qué tipo de modelo podemos proponer, o por lo menos la orientación fundamental del nuevo paradigma, que no sea el paradigma capitalista, con la experiencia de los movimientos sociales y con la contribución de intelectuales; y segundo, cuáles son los pasos posibles, cuáles transiciones son posibles, con cuáles actores y redefinir eso para tener una base de proyecto para la izquierda, lo que no encontré por ejemplo en el Foro de São Paulo, así que debemos pensar nuevas instancias y trabajar en este sentido.



En ese sentido, ¿cuál es la relevancia que adquiere la teoría revolucionaria de Marx para hacer este análisis?

Depende de cómo se defina la teoría revolucionaria de Marx (risas) porque en la tradición socialistas hay muchas tradiciones muy diferentes.

Me refiero a la teoría de la revolución del joven Marx -a la que se refiere Michel Lowy-, el Marx que observó los movimientos obreros franceses, de la gestión obrera…

Bueno, como idea fundamental de que las fuerzas revolucionarias deben ser las fuerzas de base, no hay duda. Evidentemente en los tiempos de Marx, la clase obrera era la clase revolucionaria en función de su situación sociológica, su lugar social del tiempo. Ahora estamos frente a una situación muy diferente, el capitalismo ha transformado totalmente a la clase obrera, por una parte ha eliminado una gran parte de las fuerzas productivas materiales, especialmente de los países "desarrollados" y ha transformado una buena parte de los trabajadores en trabajadores de cuellos blancos y también ha dividido al trabajo, segmentado el trabajo, significa que la clase obrera como hecho social es totalmente diferente hoy a la del tiempo de Marx. Así, t
odo este vocabulario que se repite en el que solamente la clase obrera es la clase revolucionaria me parece un discurso muy atrasado, porque no corresponde a la realidad social, lo que corresponde sí, es que siempre hay clases oprimidas, pero con otros medios, y con otros tipos de efectos psicológicos -de psicología social-, entonces no podemos pensar la revolución como un marco pensando en su tiempo -el tiempo de Marx-, tenemos que redefinirlo. Que la base sean los trabajadores, sí, evidentemente, pero hoy hay trabajadores de diferente tipo, vemos que por ejemplo en el nivel internacional el movimiento mas radical, mas crítico del capitalismo, es el movimiento campesino y no más el movimiento obrero internacional -como organización-. La Vía Campesina es mas radical que la organización internacional de los sindicatos obreros.

Debemos redefinir, no el pensamiento fundamental de la Revolución de Marx, porque el pensamiento fundamental me parece absolutamente válido, sino la manera en cómo se aplica en las circunstancias de hoy, y en este sentido cuáles son las fuerzas realmente que pueden ser los portadores de un nuevo proyecto.

Los vemos en Europa, por ejemplo, los sindicatos que luchan -con legitimidad, evidentemente- para defender los logros del periodo preneoliberal, frente a un neoliberalismo que está poco a poco eliminando todos los logros de las luchas sociales del pasado. Pero que haciendo eso, se inscribe dentro de la lógica del sistema,. Y no han perdido su critica de la lógica del sistema, y eso sí, felizmente existen, pero son grupos muy minoritarios en la clase obrera europea, que critica esta actitud y que proponen una actitud más radical, pero que son también no solamente de la clase obrera clásica, sino también de grupos de empleados o también de grupos de campesinos -casi no hay más campesinado en Europa, sino pequeños agricultores capitalistas, totalmente integrados al sistema capitalista-. Pero frente a la crisis, que hace que muchos de ellos no puedan seguir subsistiendo, hay una resistencia que puede ser también una fuerza, también revolucionaria, debemos analizar bien, como Marx lo ha hecho en su tiempo, de toda la estructura de clases de su época, nosotros también debemos analizar estas estructuras de clases, para ver cómo podemos realizar transformaciones de tipo revolucionaria dentro de la situación actual.

Para concluir, quisiera precisamente abordarlo hacia el otro extremo, ya que de alguna manera estamos hablando de una crisis civilizatoria, otros intelectuales ya lo han señalado así. En ese marco, ¿cuál es la posibilidad de emergencia del fascismo -como ya estamos presenciando hoy en Europa con más fuerza- y la posibilidad de que la crisis permita extender eso?

Es verdad que cuando se estudia la historia del fascismo, el fascismo progresa de estados de crisis, y en particular desde una ‘clase media’ que se ha extendido mucho con la evolución del sistema económico mismo -o por lo menos con una mentalidad de clase media, aún dentro de los trabajadores- y el fascismo encuentra en estos medios su base social. Por ejemplo, la base social de la extrema derecha de Francia, es en gran parte la clase obrera, pero la clase obrera que ya ha pasado a cierto nivel de consumo, evidentemente con todas las características habituales del fascismo, de xenofobia, y acentuada por el problema migratorio que conocemos ahora -fruto del mismo del capitalismo, por la colonización, neocolonización, las guerras por el control de las materias primas, de las energías en Medio Oriente, y así todo eso nutre evidentemente el fascismo-.

Personalmente tengo la impresión que es más en Europa, pero existe en todas partes, sobre una forma u otra, por ejemplo en la India con el Gobierno actual, con las corrientes mas fundamentalistas hindúes, o también en Sri Lanka con los budistas, existe en todas partes, también en América Latina, pienso hay algunos grupos ultranacionalistas, en Brasil por ejemplo, existen en todas partes. Pero tengo la impresión que no tienen las mismas condiciones que en los años 30 para poder llegar al poder, pueden influir, pueden afectar mucho las mentalidades pero no que tenga posibilidades reales como en esos años, es la impresión que tengo, sin embargo debemos reconocer que es un peligro real, que es un impedimento a una transformación mas fundamental. Porque a pesar de su discurso anti capitalista, el fascismo ha sido siempre un instrumento del capitalismo.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=215556

 

 

Advirtamos hoy los movimientos sociales tienen:

"La apuesta por una alteridad política que es la iniciativa de construir diálogos, traducir los lenguajes populares en acciones cotidianas y luchar en función de un sentido común; lo común no implica un discurso simple, sino la razón de superar los vacíos y vicisitudes que cada sociedad tiene en su contexto contemporáneo.

En definitiva, la alteridad política es una lógica que busca superar el proyecto hegemónico, el lenguaje colonial y las prácticas racistas".

 

 

Los movimientos sociales y su alteridad política

12 de agosto de 2016

Por José Javier Capera Figueroa (Rebelión)

Existen muchas opiniones sobre los movimientos sociales y su condición de antagonismo, unos consideran que poseen una mirada crítica sobre los partidos políticos, las instituciones públicas y los sindicatos. La concepción de lo político que ejercen los movimientos sobre las estructuras rígidas y las formas modernas de hacer la política, se convierte en la muestra de que el espíritu de los movimientos sociales debe transgredir toda lógica de descrédito político. Un ejemplo concreto lo menciona el Maestro Enrique Dussel cuando señala que la “representación de los partidos políticos y las ONG extranjeras son el reflejo de tener el dominio sobre los mismos, dicho dominio se refleja si tales movimientos sociales se articularan con algún partido, y llegan al punto de una asfixia estructural”. Véase: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/12/opinion/014a1pol

En efecto, las dinámicas que emergen en el discurso y la praxis de la realidad social, han mostrado que el capital llega a un punto de trascendencia, y todo aquello que toca lo hace mercancía y funcional al servicio de los intereses de pequeños grupos políticos, gremios, sectores opulentos que responden al poder de gobierno del Estado en un determinado territorio.

Otra mirada que se refleja es el aire progresista que asumen los “nuevos” partidos políticos que en el fondo han querido disfrazarse de movimientos sociales, y no es para más la lógica mercantil de los partidos políticos se ha basado en cooptar los sindicatos, organizaciones civiles, sectores académicos, universidades entre otros, buscando re-producir una lógica tradicional de la política. Parte de la crisis se refleja en el fenómeno aleatorio de hacer que todo adquiera un valor de uso, y llevar a un segundo plano los problemas como la violencia, la pobreza, el narcotráfico, el racismo y el sexismo, fenómenos auténticos de estos tiempos.

El fuerte giro que se ha desencaminado en los movimientos sociales es la representación de que el poder del capital puede sobrepasar cualquier criterio o distinción política, económica y social. La involución se convierte en uno de los procesos de la sociedad global; acá se muestra que ciertos movimientos sociales han perdido su horizonte y han guiado sus pasos por la senda de un ejercicio delegado de poder a sectores sociales producto de la institucionalidad política.

Uno de los elementos que debe realizarse para que no siga reproduciéndose la mercantilización de los movimientos, considera Dussel, es “intentar que los movimientos sociales no pierdan los requerimientos del pueblo, y logren un ejercicio delegado del poder”, llegando al punto de que el pueblo es la única base del poder y cualquier autoridad debe delegar su función al servicio del mismo.

La acción que origina los movimientos sociales hace parte de la alteridad política, el asunto consiste en que el movimiento social no debe articularse con algún partido político por razones de subsistir. Por el contrario debe buscar ser autónomo y ganarse la legitimidad a través de su propuesta y praxis política en el escenario público, ya no es cuestión de fetichizar la política sino de convertirla en la base para servir al oprimido y la sociedad precaria en medio de la crisis civilizatoria.

La apuesta por una alteridad política es la iniciativa de construir diálogos, traducir los lenguajes populares en acciones cotidianas y luchar en función de un sentido común; lo común no implica un discurso simple, sino la razón de superar los vacíos y vicisitudes que cada sociedad tiene en su contexto contemporáneo.

En definitiva, la alteridad política es una lógica que busca superar el proyecto hegemónico, el lenguaje colonial y las prácticas racistas que se generan al interior de una cultura eurocéntrica, la cual se ha caracterizado por hacer de la política un ejercicio funcional a los partidos políticos y la forma de representación institucional que debe superar el poder de la burocracia y apropiarse del servicio a los más oprimidos y necesitados de estas tierras.

 

José Javier Capera Figueroa es Politólogo de la Universidad del Tolima (Colombia), Analista político y columnista del Periódico el Nuevo Día (Colombia) y del portal de ciencias sociales rebelión.org (España).

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=215464

En consecuencia: “Recordemos que el arranque del ciclo tuvo como protagonistas una serie de movimientos y de luchas antineoliberales. Así, en el origen del llamado cambio de época estuvo el tumultuoso y plebeyo conflicto social y no la política institucional ni tampoco la prístina conquista del palacio, como pareciera hacernos creer a posteriori el relato progresista”.

 

Post-progresismo y horizontes emancipatorios en América Latina

13 de agosto de 2016

Por Massimo Modonesi y Maristella Svampa (Rebelión)

Pensar el post-progresismo en América Latina se ha vuelto una urgencia y un imperativo a la luz de la sorpresiva aceleración del fin del ciclo que viene aconteciendo desde 2015. Así, mientras que algunos gobiernos progresistas comienzan a transitar sus últimos años de mandato sin que sus líderes tengan la posibilidad de ser re-reelegidos a la presidencia (como en Ecuador y Bolivia), otros ya han sido repentinamente desplazados por fuerzas de derecha (por medio de las urnas en la Argentina o por otros medios, legales pero ilegítimos en Brasil); o se enfrentan –en minoría parlamentaria- a una implosión social y económica, como es el caso de Venezuela.

A pesar de la urgencia de la coyuntura, es importante evitar la trampa dicotómica que presenta de forma recortada el horizonte de lo existente y de lo posible, entre la continuidad del progresismo actual y la restauración neoliberalcomo realidad o amenaza-; una trampa que oculta un chantaje orientado a propiciar un artificial cierre de filas detrás de los líderes y partidos del progresismo.

En realidad, a contrapelo de estas representaciones intrasistémicas y conservadoras, es necesario reconocer y (re)colocar a actores y movimientos sociales y políticos, sus luchas y sus aspiraciones y prácticas emancipatorias. Lejos de todo optimismo ingenuo o panfletario, quisiéramos retomar y hacer visible el hilo rojo de su presencia activa en el reciente proceso histórico latinoamericano como clave para pensar el post-progresismo más allá del cortoplacismo del ritmo electoral de la política partidaria y de las alternancias gubernamentales .

I. Irrupción e inflexión de los movimientos sociales

Para empezar, recordemos que el arranque del ciclo, entre mediados de los años 90 y el año 2000, tuvo como protagonistas una serie de movimientos y de luchas antineoliberales. Así, en el origen del llamado cambio de época estuvo el tumultuoso y plebeyo conflicto social y no la política institucional ni tampoco la prístina conquista del palacio, como pareciera hacernos creer a posteriori el relato progresista. Los resultados electorales que permitieron la formación de una serie de gobiernos progresistas fueron consecuencia y no causa del cambio de la correlación de fuerzas.

Desde mediados de los años 90, las resistencias sociales confluyeron en una serie de poderosos movimientos antineoliberales, de distinta conformación interna social e ideológica, con o sin organizaciones de tipo sindical o partidario, con o sin liderazgos carismáticos, capaces de acorralar a los gobiernos neoliberales, cuando no de derribarlos. En consecuencia, aún con sus apuestas defensivas, sus formas abigarradas y sus prácticas contradictorias, en América Latina fueron los movimientos populares quienes abrieron nuevos horizontes desde los cuales pensar la política y las relaciones sociales, instalando otros temas en la agenda política: desde el reclamo frente al despojo de los derechos más elementales y el cuestionamiento a las formas representativas vigentes, hasta la propuesta de construcción de la autonomía como proyecto político, la exigencia de desconcentración y socialización del poder (político y económico) y la resignificación de los bienes naturales.

Cabe destacar empero dos cuestiones. Por un lado, la ampliación de la plataforma discursiva y representativa de los movimientos sociales en relación con la sociedad se expresó también en una pluralidad organizativa y temática pocas veces vista, lo cual fue diseñando un campo multiorganizacional y de referencias ideológicas extremadamente heterogéneo y complejo en sus posibilidades de articulación. Por otro lado, a lo largo de quince años, los movimientos sociales fueron configurando un espacio de geometría variable en su relación con los gobiernos progresistas, en el cual se inscribieron y conjugaron de modo diferente tres dimensiones fundamentales que atravesaron las luchas sociales durante el cambio de época: la irrupción plebeya, las demandas de autonomía y la defensa de la tierra y el territorio.

Ciertamente, la irrupción de lo plebeyo en el espacio público rebasó el umbral de la resistencia y la subalternidad de los años anteriores y volvió a poner en el tapete la modalidad histórica o recurrente a la cual apelan los excluidos colectivamente para expresar sus demandas, lo que puede ser denominado como “la política de la calle”, “la explosión de las muchedumbres” [ii] , una modalidad en la que convergen la idea de politicidad de los pobres con la de rebelión y antagonismo. Otra dimensión importante de la acción colectiva, revestida de lo nuevo, fue la demanda de autonomía,que caracterizaría desde los pequeños colectivos culturales hasta grandes conjuntos territoriales u organizaciones de masas. La autonomía, en términos generales, emergió no sólo como un eje organizativo, sino también como un planteo estratégico, que remite tanto a la práctica de “autodeterminación” (dotarse de su propia ley) como a un horizonte emancipatorio. [iii] En sus versiones extremas, este planteo desafió el pensamiento de izquierda más anclado en las visiones clásicas acerca del poder. Asimismo, la narrativa autonómica nutrió considerablemente un nuevo ethos militante, [iv] colocando como imperativo la desburocratización, el horizontalismo y la democratización de las organizaciones, y alimentando una desconfianza radical respecto de las estructuras partidarias y sindicales, así como de toda instancia articulatoria superior. Por último, otra de las dimensiones constituyentes de los movimientos sociales latinoamericanos ha sido la territorialidad. En términos generales, tanto en los movimientos urbanos como rurales, la construcción de una territorialidad-otra, opuesta a la dominante, fue emergiendo como un punto de partida ineludible en el proceso de resistencias colectivas y, progresivamente, como una apuesta deliberada por la resignificación y creación de nuevas relaciones sociales.

Hubo así un claro desplazamiento del paradigma socialista revolucionario que había sido el eje en torno al cual se articularon las luchas de los años 60 y 70, a favor de la emergencia de un no-paradigma, un horizonte emancipatorio más difuso, donde prosperaron posturas de carácter destituyente y de rechazo a toda relación con el aparato del Estado.

Sin embargo, rápidamente, se asistió al declive de las demandas y prácticas de autonomía y a l a transformación de la perspectiva plebeya en populista, la afirmación del transformismo y el cesarismo -decisionista y carismático- como dispositivos desarticuladores de los movimientos desde abajo. En medio del cuestionamiento epocal del neoliberalismo, una serie de proyectos progresistas supieron controlar y monopolizar lo plebeyo, a través de una política orientada concreta y discursivamente hacía lo social, subrayando su origen “desde abajo” mientras, al mismo tiempo, verticalizaban la relación con los movimientos sociales, en el contexto concreto de una sensible y profunda mutación de la conformación de las clases populares.

Asimismo, la demanda de autonomía mostró su fragilidad frente a la fuerte interpelación del Estado y gran parte quedó subsumida o institucionalizada en el modelo –de profunda raigambre en nuestras tierras latinoamericanas- de la participación controlada. No pocos autonomistas radicales devinieron furiosos populistas –con o sin el recurso a Laclau para legitimar mediante “significantes vacíos”, o a Gramsci para justificar prácticas hegemonistas-, asumieron la defensa y promoción irrestricta del líder y sobre todo, los esquemas binarios de interpretación que incluían ciertas líneas de conflictos y contradicciones, pero dejaba afuera o excluía muchos otros, asegurando el monopolio de la legitima representación popular en las firmes manos del ejecutivo.

El hegemonismo substituyó tendencialmente al autonomismo como práctica estructurante de lo político. Bajo una lógica estrictamente pragmática se procedió a la anexión y fagocitación de toda instancia independiente, a la reducción del pluralismo a una lógica centralizadora que terminaba realizando en las instancias partidarias y gubernamentales y se plasmaba finalmente en la figura del líder carismático. El recurso a los liderazgos resolvió aparentemente el problema de la representación (delegativa) y la participación (controlada) de las masas.

Por la misma razón, no fueron ni el carácter plebeyo de las luchas ni la tan publicitada demanda de autonomía los rasgos aglutinantes en los movimientos contestatarios, pues es claro que éstos sufrieron fuertes reveses políticos en el marco de la consolidación de la hegemonía progresista. Subsumido lo plebeyo, disuelto el autonomismo, el rasgo más persistente, aunque no aglutinante, de la contestación social fue la territorialidad que se trasladó al terreno de lucha contra el neoextractivismo, sobre el cual insistiremos en el último apartado.

II. Las derivas de los progresismos realmente existentes

Al compás de las luchas de movimientos y organizaciones sociales claramente antineoliberales, fueron emergiendo los gobiernos progresistas, los cuales parecían abrir a la posibilidad de concretar algunas demandas de cambio e impulsar una articulación diferente entre Economía y Política, entre Movimientos sociales y Estado y, en algunos casos, entre Sociedad y Naturaleza. No pocos autores escribieron con optimismo acerca del “posneoliberalismo”, “el giro a la izquierda”, o hablaron incluso de una “nueva izquierda latinoamericana”. Lo que primó fue la denominación genérica de “progresismo” –que tradicionalmente evoca una noción de progreso y de socialdemocracia- para designar a estos nuevos gobiernos, abarcando así corrientes ideológicas y perspectivas políticas diversas, desde aquellas de inspiración más institucionalista, pasando por el desarrollismo más clásico, hasta experiencias políticas más radicales, de tinte plebeyo y nacional-popular o que terminaron declarándose socialistas. [v]

El progresismo latinoamericano llevaba una agenda similar, entre ellos, el cuestionamiento del neoliberalismo, una política económica con algunos rasgos de heterodoxia, la intervención estatal como factor de regulación económica y social, la preocupación o prioridad por la justicia social, la lucha contra la pobreza y una vocación regional y latinoamericanista. Aún cuando los gobiernos de cada país tenían rasgos específicos y concretos diferentes, muy acordes a sus respectivas tradiciones y trayectorias políticas, también existían en el origen y fueron aflorando con el tiempo fuertes trazos comunes que combinaban elementos populistas, cesaristas y transformistas. El regreso del formato populista (de alta intensidad) se evidenciaría en la construcción de un determinado tipo de hegemonía, a través de la oposición y, al mismo tiempo, de la absorción y la negación de elementos propios de otras matrices contestatarias -la narrativa indígena-campesina, diversas izquierdas clásicas o tradicionales, las nuevas izquierdas autonómicas- las cuales habrían tenido un rol importante en los inicios del cambio de época. [vi] 

En cuanto a los rasgos transformistas se caracterizaron por la incorporación/asimilación de organizaciones e intelectuales de los grupos subalternos al aparato estatal y gubernamental. [vii]Bajo modalidades diferentes, el elemento transversal es que estas tendencias han reafirmado un proceso controlado desde arriba, donde la modificación del sistema de dominación no se traduce en un cambio en la composición del bloque dominante. [viii] En ese marco, se fue operando una reducción del vínculo político en el cual, como afirma Schavelzon (2016) [ix] los líderes o conductores aparecen como aquellos que “dieron” cosas al pueblo, mientras que los grupos políticos oficialistas y funcionarios se ven a sí mismo como “soldados”.

Dichos formatos son variantes de lo que Gramsci denominaba revolución pasiva, caracterizadas y atravesadas por fenómenos de cesarismo progresivo y transformismo, orientados a promover una modernización conservadora y, al mismo tiempo, desmovilizar y subalternizar a los actores que habían sido protagonistas del ciclo de lucha anterior, incorporando parte de sus demandas y asimilando parte de sus grupos dirigentes. [x]

En el marco de esta caracterización general se pueden apreciar tres órdenes de limitaciones de los progresismos realmente existentes que cuestionan su caracterización como gobiernos “posneoliberales” o de izquierda.

·         En primer lugar, el carácter posneoliberal y de izquierda es cuestionable en la medida en que los progresismos latinoamericanos aceptaron el proceso de globalización asimétrica y con ello las limitaciones propias de las reglas de juego; lo cual además terminó por colocar cepos a cualquier política de redistribución de la riqueza y cualquier intento de cambio de la matriz productiva. Indudablemente, la construcción de hegemonía estuvo asociada al crecimiento de la economía y la reducción de la pobreza. Por ejemplo, un informe de la CEPAL acerca de la última década daba cuenta de la caída global de la pobreza (de 44% a 31,4%), así como del descenso de la pobreza extrema (de 19,4% a 12.3%). [xi] Entre los ejes del éxito de dichos gobiernos solía citarse no sólo el aumento de salarios, sino también la expansión de una política de bonos o planes sociales (programas de transferencia condicionada), que si bien aparecían como claros herederos de los ´90 (en su carácter asistencial y compensatorio), buscaban desprenderse del enfoque focalizado típico de la era neoliberal. Sin embargo, al cierre del ciclo progresista, diferentes estudios muestran que la reducción de la pobreza no se tradujo por una disminución de las desigualdades. Así, al contrario de lo que se venía afirmando de que América Latina era la única región del mundo donde había disminuido la desigualdad, dichas investigaciones -centradas en las declaraciones fiscales de las capas más ricas de la población-, muestran que la región ha conocido una concentración mayor de la riqueza. [xii] A esto hay que añadir que los diferentes progresismos sólo realizaron tímidas reformas del sistema tributario, cuando no inexistentes, aprovechando el Consenso de los Commodities (en un contexto de captación de renta extraordinaria), pero sin gravar con impuestos los intereses de los sectores más poderosos. Por último, más allá del proceso de nacionalizaciones (cuyo alcance sería necesario analizar en cada caso específico), hay que resaltar las alianzas económicas de los progresismos con las grandes corporaciones transnacionales (agronegocios, industria, sectores extractivos).

 

·         La segunda limitación que cuestiona el carácter posneoliberal y de izquierda de los progresismos es de índole ecoterritorial y reviste un carácter sistémico, pues da cuenta que éstos acentuaron la matriz productivista propia de la modernidad hegemónica, más allá de las narrativa eco-comunitaria que postulaban al inicio los gobiernos de Bolivia y Ecuador, o de las declaraciones críticas del chavismo respecto de la naturaleza rentista y extractiva de la sociedad venezolana. A su vez, la expansión del extractivismo ilustra la relación inherente entre modelos de (mal)desarrollo, cuestión ambiental y regresión de la democracia (manipulación del convenio 169 de la OIT, obstaculización de las consultas públicas, escenarios de criminalización y deterioro de derechos, en fin, represiones abiertas) .

 

·         La tercera limitación es de índole político-institucional y enfatiza la concentración de poder político, la utilización clientelar del aparato del Estado, el cercenamiento del pluralismo y la intolerancia a las disidencias. Asimismo, son los movimientos sociales y las izquierdas las víctimas recurrentes del cierre de espacios políticos y de los procesos de disciplinamiento social y violación de derechos humanos. Domesticadas las formas de organización social, la ampliación de la lógica hegemónica se extendió, bajo el formato conciliador e interclasista propio de los modelos populistas progresistas de antaño, al incorporar los intereses de las clases dominantes logrando la adhesión activa o pasiva de una parte de ellas -sin que dejaran de jugar, a través de la polarización político-ideológica, en favor de las oposiciones de derecha, en vista de un retorno electoral que puntualmente ocurrió. En la mayoría de los casos, esta práctica política hegemónica, desligada de un proyecto emancipatorio, se reveló eficaz en el medio plazo de una década. Es notable como en este lapso, al margen y por encima de los varios mandatos constitucionales, salvo parcialmente en el caso del Poder Comunal en Venezuela, quedara intacto el andamiaje estatal y partidocrático propio del (neo) liberalismo.

 

III. Luchas sociales y horizontes emancipatorios

Al margen de sus discutibles logros en clave posneoliberal, de la persistencia y profundización de la matriz primario-exportadora, más aun, de la amplificación de las desigualdades en un contexto de reducción de la pobreza, estos gobiernos contribuyeron a desactivar aquellas tendencias emancipatorias que se gestaban en los movimientos antineoliberales. Desactivación que sólo parcialmente se puede atribuir a la natural tendencia al reflujo en los ciclos de lucha, la apertura de canales institucionales para impulsar demandas y la satisfacción de las mismas, como suelen hacer gobernantes y defensores del progresismo.

Por debajo del deterioro de los índices económicos y en varios casos, del no reconocimiento de la crisis económica (Argentina, Venezuela), en este contexto de despolitización y desmovilización de las clases subalternas, no sorprende que el fin de ciclo del progresismo se de por la derecha y no por un desborde hacia la izquierda.

Al mismo tiempo, la reconfiguración del poder en clave hegemónica generó otras resistencias y reacciones desde abajo que hay que valorar ya que, aún en su insuficiencia, son portadoras de rasgos antisistémicos en sí mismas y constituyen las reservas estratégicas del movimiento social latinoamericano. La hegemonía progresista latinoamericana ha sido tempranamente agrietada por la crítica al extractivismo, la cual ha venido enriqueciendo las gramáticas de lucha e incluso interpelando el discurso más clásico sobre el “poder popular”. Así, desde organizaciones campesinas e indígenas (los “campesindios”, al decir de Armando Bartra), movimientos urbanos territoriales, nuevos movimientos socioambientales, en fin, colectivos culturales y asamblearios de todo tipo, se fue pergeñando una gramática política contestataria novedosa que apunta a la construcción de una narrativa emancipatoria, al compás de nuevos conceptos-horizonte: Bienes Comunes, Buen Vivir, Comunalidad, Posextractivismo, Ética del Cuidado, Democratización radical, entre otros.

En ciertos países, la izquierda social y sindical ha comenzado a tender puentes con esta izquierda campesindia y eco-territorial, retomando problemáticas y conceptos; en otros países esta conexión aparece de modo más parcial en la medida en que la izquierda clasista aparece más dominada por una visión todavía muy obrerista y productivista. Pero el diálogo es tan inevitable que no pocas izquierdas clasistas hoy comienzan a ampliar su plataforma discursiva, incluyendo conceptos que provienen de aquellos otros lenguajes y, viceversa, la politización de la luchas socioambientales las lleva a buscar y encontrar claves de lecturas que remiten a las mejores tradiciones y prácticas políticas de las izquierdas del siglo XX.

Por otro lado, l a aparente debilidad de las luchas socioambientales reside no tanto en su supuesta marginalidad (el extractivismo amplia sus fronteras cada vez en América Latina); sino en su carácter rural y ligado a pequeñas localidades y, por ende, a su encapsulamiento en la escala local y regional así como a su desconexión con las grandes luchas sindicales y –en menor medida- con las luchas sociales urbanas, en el marco de sociedades mayoritariamente urbanas.

Por otra parte, el paradigma del “poder popular” que promueven ciertos movimientos sindicales y organizaciones urbanas (fábricas recuperadas, movimientos socio-territoriales urbanos, expresiones de economía social popular, entre otros) pese a las contradicciones (la tensión/subordinación con los liderazgos populistas; o su eclosión en el marco de la crisis sistémica, como es el caso de Venezuela), también nos interroga sobre la persistencia y potencialidad de formas de luchas antisistémicas surgidas y alimentadas por sectores populares urbanos.

En todo caso, todo indica que en el nuevo ciclo político estas dos líneas de acumulación histórica hoy desconectadas (luchas socioambientales, luchas urbanas y sindicales) cuya trayectoria y espesor difieren según los países y experiencias, podrían establecer un diálogo mayor, en términos de estrategias de acción y resistencias a la restauración conservadora y de superación del progresismo pero también de diálogo en cuanto a la concepción del cambio civilizatorio y los conceptos-horizonte.

En otro orden, hay que añadir que en la juventud latinoamericana, a pesar de las despolitizadoras inercias ligadas al consumismo, se vienen observando señales de combatividad. En parte porque ya apareció en el escenario político una generación que no se politizó en las luchas antineoliberales que fueron la condición de posibilidad de los gobiernos progresistas sino que su politización en clave opositora necesariamente pasó por desafiar el orden progresista ya instalado y señalar sus limitaciones. Al mismo tiempo, al no ser radicalmente antisistémicas, las políticas públicas progresistas mantuvieron intactas por los menos dos flagelos que atraviesan y tensan el mundo juvenil: la competitividad y la precarización. De modo que estudiantes, desempleados, subempleados, trabajadores precarios y flexibilizados viven una experiencia común en términos clasistas y fueron y son relativamente exteriores a la pax social progresista. En efecto, a lo largo de estos años no desdeñaron en efecto manifestar su disenso veladamente y, en ocasiones, abiertamente a través de una serie de prácticas e instrumentos (protestas en demanda de la gratuidad de la educación, como en Chile, protesta contra la alza de tarifas de los servicios públicos, apoyos a luchas territoriales y luchas sindicales, entre otros).

Los conflictos laborales que sacudieron más de un gobierno progresista se nutrieron de la densidad organizacional propia de la forma sindicato pero también del empuje desde abajo, -desde adentro y desde afuera- que le proporcionan el activismo de las franjas juveniles. Además de su contribución al conflicto, en amplios sectores de la juventud latinoamericana se cultivan y promueven valores asociativos, antipatriarcales y libertarios contrapuestos al conservadurismo social-liberal propio del progresismo latinoamericano.

La acumulación de fuerzas y la capacidad de articulación política de estas experiencias es, a todas luces, insuficiente para proyectarlas como alternativa operativa en el terreno de la disputa político-estatal, monopolizado por intereses poderosos y formatos consolidados. Sin embargo, estas luchas contienen prácticas colectivas y trasfondos morales e ideológicos que abren horizontes emancipatorios externos al perímetro delimitado por la oposición progresismo-neoliberalismo. Al mismo tiempo, a nivel societal, su fortalecimiento y consolidación antagonista como contrapoderes le confieren un valor inestimable ya que, en la mediana duración de los cambios de época, frente al evidente desvanecimiento de la ilusión posneoliberal y bajo la amenaza restauradora, es indispensable orientarnos desde abajo, a contrapelo de toda tentación conservadora, esto es, a partir del hilo rojo de la capacidad de resistencia y la vocación emancipatoria de las luchas en curso.

En suma, en medio del pluralismo irreductible y de la convulsión movimientista, en estos años aparecieron algo más que destellos prácticos y teóricos en la búsqueda de vías emancipatorias. Y lo cierto es que, más allá de la involución populista de los gobiernos progresistas, más aún, del fin de ciclo al que hoy asistimos con preocupación, estas apuestas emancipatorias, estas diferentes líneas de acumulación de las luchas, continúan formando parte del acervo con el que cuentan las clases subalternas de la región.

 M. Modonesi es historiador y sociólogo, Profesor de la UNAM, México; M. Svampa es socióloga y escritora. Investigadora del Conicet, Argentina. Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=215469