Qué Sistema

Octubre 2019

Con promoción de agrocombustibles y PEA 2010-2020 reforzando transnacionalización económica territorial.

 


 

 

 

Conciliación de clases/ Concentración y centralización capitalista/ Alternativas emancipatorias

 

Conciliación de clases

 

Recordemos entre los años 2002-2012, los gobiernos K modelaron el consenso amplio de elogiar el crecimiento a tasas chinas que implicó ante todo el boom de los biocombustibles. Consideremos significados e implicancias de esa conciliación de clases:

 

La producción de biocombustibles en Argentina

Informe ambiental anual 2013 FARN
https://www.farn.org.ar/wp-content/uploads/2014/07/informe2013-1.186-209.pdf

 

 

Por María Marta Di Paola

Resumen

 

Argentina ha experimentado un crecimiento exponencial en la industria del biocombustible, pasando en 6 años de tener un tamaño marginal a convertirse en el primer exportador mundial de biodiesel en base de soja. Esta situación se asocia a la sanción de un Régimen de Regulación y Promoción para la Producción y Uso Sustentables de Biocombustibles enmarcados en las leyes 26.093 y 26.334. El mismo establece un corte obligatorio para los combustibles fósiles para el transporte de un 5% con bioetanol en el caso de la nafta y de 7% con biodiesel en el caso del gasoil. Este corte se ha ido incrementando desde el año 2010, cuando comenzó su vigencia.

Más allá de las grandes expectativas para este sector, el 2012 fue un año con grandes cambios en las reglas de juego. Por un lado, se modificó la alícuota de los derechos a la exportación, pasando de una tasa efectiva del 16% al 24% para luego reducirla al 19%; por el otro, se debieron establecer precios de venta a las petroleras en función al tamaño de la empresa. Estas medidas, junto con algunas del gobierno español (principal destino de las exportaciones argentinas de biodiesel),conformaron un contexto de alta incertidumbre.

A ello se debe agregar ciertos cuestionamientos en torno al impacto ambiental de los mismos, principalmente en torno a la reducción de los gases efecto invernadero y la fuerte presión que ejerce su principal insumo, la soja, sobre los ecosistemas naturales, junto con la dicotomía planteada entre alimentos y combustibles.

Fuente: https://farn.org.ar/archives/16669

 

Sepamos, en 2007 el ingeniero Pablo Bertinat, coordinador del área de Energía del PAS, presidente de la ONG local y titular de la cátedra de Fuentes no Convencionales de Energía de la Universidad Tecnológica Nacional (regional Rosario) anticipa:A nivel internacional se propone usar los territorios para generar una producción agrícola que tiene como fin sostener el consumo vehicular de los países más industrializados, en un contexto mundial en el que no está resuelta la cuestión del hambre. La disyuntiva ‘energía o alimentos’ ya está ocurriendo en distintos lugares del mundo”

 

 “Los que apuestan a obtener mayores ganancias con la coyuntura internacional de precios”, no prevén “una sustitución del uso que hoy se le da al aceite de soja. El proyecto es ampliar la producción para extraer de la tierra toda la ganancia que se pueda, mientras se pueda: más aceite, más soja, más superficie sembrada, mayor expansión de la frontera agrícola, más deforestación y más destrucción del monte nativo”.

 

“El caso de Argentina es un ejemplo emblemático para desmitificar la afirmación de que la producción de agrocombustibles, realizada a gran escala, pueda constituir una opción superadora frente al problema del cambio climático”.

 

Argentina: presentan documento crítico

sobre biocombustibles

19 octubre 2007

Por La Capital

El Taller Ecologista presentará mañana un documento que expone las causas y los impactos del fenómeno de los combustibles de origen vegetal a nivel local, regional y mundial

"Agrocombustibles, Argentina frente a una nueva encrucijada" es el título del documento que elaboró el Taller Ecologista (Rosario) en el marco del Programa Argentina Sustentable (PAS), y que pone en tela de juicio el auge de los llamados combustibles de origen vegetal.

Se trata de un dossier que reúne distintos artículos con el fin de analizar “el origen y el sentido de este fenómeno”, en un momento en que existe una gran “proliferación de noticias y discursos sobre los agrocombustibles en nuestro país, en su mayoría concebidos desde una mirada parcial y fragmentaria”, tal como se señala en la presentación.

“Cuando se habla de los biocombustibles en Argentina, se están discutiendo en realidad dos cuestiones centrales, que deberían ser el núcleo de cualquier análisis serio sobre el tema: la utilización de las tierras y el consumo energético”, explica el ingeniero Pablo Bertinat, coordinador del área de Energía del PAS, presidente de la ONG local y titular de la cátedra de Fuentes no Convencionales de Energía de la Universidad Tecnológica Nacional (regional Rosario).

“A nivel internacional se propone usar los territorios para generar una producción agrícola que tiene como fin sostener el consumo vehicular de los países más industrializados, en un contexto mundial en el que no está resuelta la cuestión del hambre. La disyuntiva ‘energía o alimentos’ ya está ocurriendo en distintos lugares del mundo”, aseguró Bertinat.

En el país, se detalla en la introducción, “los que apuestan a obtener mayores ganancias con la coyuntura internacional de precios”, no prevén “una sustitución del uso que hoy se le da al aceite de soja. El proyecto es ampliar la producción para extraer de la tierra toda la ganancia que se pueda, mientras se pueda: más aceite, más soja, más superficie sembrada, mayor expansión de la frontera agrícola, más desforestación y más destrucción del monte nativo”. En ese sentido, señala Bertinat, “el caso de Argentina es un ejemplo emblemático para desmitificar la afirmación de que la producción de agrocombustibles, realizada a gran escala, pueda constituir una opción superadora frente al problema del cambio climático”.

Hace una semana, Taller Ecologista, Greenpeace y un conjunto de organizaciones y ciudadanos preocupados por la devastación de los bosques en el país, exigieron en Rosario la pronta aprobación de la Ley de Bosques, en una acción que se realizó en forma simultánea en Córdoba y en el Congreso Nacional, después que se reunieran más de un millón de firmas por este reclamo. “Para combatir el calentamiento global resulta mucho más importante impedir el avance indiscriminado de la deforestación antes que promover la producción masiva de biocombustibles. Pero aquí los legisladores no han intervenido todavía para garantizar una mínima racionalidad en el uso del territorio, lo que hace evidente que hay otros intereses detrás de este fenómeno”.

En este contexto, “se trata de preguntarse primero para qué y para quién es necesaria y deseable la producción a gran escala de agrocombustibles, y quién gana y quién pierde con la profundización de este modelo productivo”, finalizó Bertinat, quien presentará mañana la publicación junto a Sergio Arelovich, docente de Economía Política en la Universidad Nacional de Rosario y autor de un análisis sobre la producción de oleaginosas y la perspectiva de generación de agrocombustibles en Santa Fe, que se incluye en el dossier.

La Capital, Argentina, 16-10-07
Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Prensa/Argentina_presentan_documento_critico_sobre_biocombustibles

 

Aclaremos para ir destapando el embaucamiento implícito en calificar al gobierno K de  'nacional, popular y de derechos humanos', también el de Evo Morales-Álvaro García Linera (además de todes les intelectuales de izquierda que los aplauden) declarando estar en transición del capitalismo al buen vivir mediante los extractivismos.

 

Agrocombustibles

 

¿Qué son los agrocombustibles?

Los agrocombustibles son combustibles líquidos producidos a partir de materia prima vegetal, fundamentalmente cultivos agrícolas, a gran escala. Existen dos tipos principales – agroetanol, sustitutivo de la gasolina, producido a partir de caña de azúcar, remolacha, maíz, trigo o cebada, y agrodiésel, sustitutivo del gasóleo, producido a partir de oleaginosas como girasol, colza, palma, soja o jatrofa.

 

¿Por qué agrocombustibles y no biocombustibles?

El prefijo “bio” se aplica a productos obtenidos por métodos de producción ecológica. Los combustibles de origen agrícola producidos a gran escala, con todos los impactos ambientales y sociales que conllevan, no cumplen estos requisitos.

Por lo tanto desde Amigos de la Tierra consideramos más adecuado el uso del término “agrocombustibles”, entendido como los combustibles líquidos producidos a gran escala a partir de materia prima vegetal.

 

¿Por qué se utilizan?

Los agrocombustibles se están planteando desde los países del Norte y desde la industria como una falsa solución frente al cambio climático y frente a la crisis del petróleo. Otro de los argumentos a su favor defiende el desarrollo económico de los países del Sur y lo sitúa como alternativa para la agricultura de los países industrializados.

Sin embargo están demostrando tener impactos ambientales y sociales extremadamente graves, sin que su contribución a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero sea real.

La Unión Europea y España, junto con el resto de países del Norte, están empujando su introducción en el transporte al obligar por ley a que todo el gasóleo y la gasolina que consumimos contengan un porcentaje de agrocombustible.

 

¿Qué es el cambio indirecto del uso de la tierra (ILUCs)?

Los objetivos de uso de agrocombustibles fijados por la Unión Europea están provocando un rápido aumento de la demanda de cultivos como la caña de azúcar, el aceite de palma y la colza. La expansión de estos cultivos en países del Sur se produce a costa de valiosos hábitats naturales y de sus poblaciones. A menudo esto sucede de forma indirecta, es decir, los cultivos de agrocombustibles no se plantan en terrenos forestales, sino que ocupan el lugar de otros cultivos o pastos, y son estos otros cultivos los que se plantan en bosques. Esto se denomina Cambio Indirecto del Uso del Suelo. Al tener en cuenta este factor, resulta que el uso de agrocombustibles produce más emisiones de CO2 que los combustibles líquidos; además de las consecuencias sociales y ambientales de la explotación de recursos naturales en el Sur.

 

Desde Amigos de la Tierra consideramos que los agrocombustibles son una amenaza:

 

Consideramos que podemos reducir de forma razonable y eficaz nuestras emisiones en el transporte si disminuimos la demanda energética, apostamos por la eficiencia e impulsamos las energías renovables.

Fuente:  https://www.tierra.org/agrocombustibles

 

 

Advirtamos que la agricultura sin campesinos ni indígenas del capitalismo simplifica el ecosistema de grandes extensiones de tierra con cultivo de sólo una especie vegetal que, como la soja o árboles, es apreciada por oligopolios globales para negocios ultra rentables. Esa pérdida de biodiversidad hace muy inestable el monocultivo y las consecuentes rupturas de equilibrio ecológico son las plagas, sequías e inundaciones.

 

 

Bolivia - Ataque de langostas: Expertos coinciden en que la agricultura de monocultivo industrial en Santa Cruz es inviable

3 marzo 2017

 

Por PROBIOMA

    

Hay un descontrol en el ecosistema y los habitantes de las comunidades de la zona afectada están preocupados por la fumigación aérea y los efectos que puede generar en sus animales y en las mismas personas.

Dos expertos en agricultura sostenible, suelos y control biológico, indicaron que el sistema actual de la agricultura en el departamento de Santa Cruz, no es el adecuado para la producción de alimentos.

“Si la agricultura sigue así, ya no es viable. Muchas veces los venenos que han traído las empresas comerciales son porquería y han aplicado sin necesidad”, dijo Roberto Unterladstaetter, ingeniero agrónomo, con un doctorado en protección vegetal, y docente hace 42 años en la Facultad de Ciencias Agrícolas de la UAGRM.

Por su parte, Miguel Ángel Crespo, Director de PROBIOMA, entidad que realiza investigaciones e innovaciones de controladores biológicos, dijo que “lo más grave es que no existe un criterio para el manejo de los agroquímicos; se nota que la mayoría de las empresas y los técnicos manejan cálculos, dosis y concentraciones de ingredientes activos muy altos, es decir, el objetivo es reducir o matar a la plaga, pero no hay una lectura profunda sobre el impacto socioambiental que traería esto sobre la sostenibilidad del mismo cultivo en el futuro”
 

En base a la información acerca del recorrido de la manga de langostas, esta plaga no vino de la Argentina, porque la frontera está a más de 400 kilómetros y se hubiera sentido su ingreso arrasando con cultivos que se encuentran en el sur de Bolivia. La plaga apareció en comunidades del municipio de Cabezas: Yatirenda, Cotoca, donde se encuentran asentadas empresas agroindustriales y colonias menonitas que siembran soya, maíz, sorgo y tienen actividad ganadera. En los últimos meses se ha desmontado áreas de bosques que llegan hasta Abapó y ello ha reducido la actividad y la población de depredadores naturales: chuuvis, halcones, aguiluchos, garzas, escarabajos, avispas y moscas, entre otros, que controlan las langostas en su etapa de adultos y ninfas, respectivamente. Al reducirse estas poblaciones por el desmonte y por el uso irracional de agroquímicos, se ha dado una eclosión de millones de huevos que generó las mangas de langostas que están arrasando los campos de maíz, soya, sorgo y que están amenazando la zona de Pailon sur e inclusive el Norte Integrado.

Al respecto, PROBIOMA propuso el uso de biorreguladores en base a dos hongos entomopatógenos, como es el caso de la beauveria bassiana y metarhizium anisoplae, los cuales son desarrollados hace varios años y que han demostrado su efectividad cuando se aplican conjuntamente. Esta propuesta realizada, está respaldada por experiencias y estudios recientes de la FAO, SENASA e INTA de Argentina, CORPOICA de Colombia, y de Centros de investigación de México y Brasil, que recomiendan el uso de estos biorreguladores para el control de ninfas de langostas, que es una etapa intermedia de crecimiento del insecto y que es donde se debe cortar el ciclo biológico, además de afectar los huevos que se encuentran en el suelo. Esta propuesta fue aceptada y se decidió
incluir el control biológico, recomendando a otras entidades como el caso del INIAF, CIAT, CETABOL, a que inicien pruebas al respecto.

También es importante establecer un programa de monitoreo de las ninfas (primeras etapas de crecimiento de las langostas) en todas las propiedades de la región a fin de contar con un sistema de alerta temprana que permita dar respuestas adecuadas y rápidas.

Más allá de estas apreciaciones técnicas, lo fundamental es que el sistema de producción intensiva y convencional de monocultivos destinados fundamentalmente para la exportación, está llevando a desastres socioambientales y productivos como el ataque de esta plaga, que será cada vez más recurrente, debido a los cambios climáticos.

Lo que está ocurriendo con el ataque de langostas en el chaco, demuestra que este modelo es insostenible social y ambientalmente y ello repercute en la biodiversidad, los suelos, el agua, la salud humana y hasta en la productividad. Al final los productores en su desesperación aplican lo que se les recomienda.

Por otra parte, la debilidad del Estado en todos sus niveles, incluyendo las universidades, que al no tener respuestas a estas problemáticas o a prevenirlas con políticas públicas de sostenibilidad, basadas en la investigación y en la innovación tecnológica de la biodiversidad, se refleja en que las casas comerciales que son importadoras de agrotóxicos, sean quienes tomen las iniciativas de la mano de los productores que al no tener una propuesta desde el Estado, aceptan los productos ofertados.

El pasado martes hubo una reunión en el Colegio de Ingenieros Agrónomos de Santa Cruz (Cinacruz) para encontrar soluciones al problema del ataque de langostas. Algunos ingenieros y entomólogos que pidieron la palabra, sugirieron ser cautos y cuidadosos con el uso de los agroquímicos, además recomendaron utilizar controladores biológicos para no dañar el ecosistema, es decir: suelo, insectos y hongos que son benéficos para el desarrollo de los cultivos. No obstante, la conclusión fue aplicar agroquímicos en toda la zona afectada y lo harían por vía aérea.

Ante esta situación, pobladores de la comunidad de Cotoca, que forma parte del municipio de Cabezas, a 122 kilómetros de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, estaban alarmados por lo que podría provocar una fumigación de esa característica porque perjudicaría a sus animales y, sobre todo, a ellos mismos.

Para Roberto Unterladstaetter es una situación preocupante porque “los agricultores se automedican”. Y, precisamente, esa fue la reacción de los productores en la zona afectada por las langostas. Según funcionarios del Estado, que estuvieron en la reunión en Cinacruz, el pasado sábado y domingo los productores dueños de los cultivos donde atacaron las langostas utilizaron 120 gramos de ingrediente activo por hectárea, en lugar de 10 gramos. Algunos de los entomólogos presentes en la reunión quedaron sorprendidos y definieron el hecho como “horroroso”, porque con esa dosis se daña de sobre manera el ecosistema

La Comisión Técnica Interinstitucional, integrada por instituciones públicas y privadas, ya está actuando para intentar acabar con la plaga. Sin embargo, queda la preocupación de los pobladores porque el veneno también les caerá a ellos y por los efectos que tendrá el ecosistema.

OLCA

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Noticias/Bolivia_-_Ataque_de_langostas_Expertos_coinciden_en_que_la_agricultura_de_monocultivo_industrial_en_Santa_Cruz_es_inviable

Subrayemos gravísimas consecuencias que bien se pueden prever.

Bolivia: Alertan que la era del etanol

afectará Amazonía y Chiquitanía

19 septiembre 2018

    

La fundación Productividad Biósfera Medio Ambiente (Probioma) alerta que la "era del etanol" sacramentada con la nueva ley, será desastrosa para la Amazonía y la Chiquitanía; macroregiones se verán afectadas en sus bosques, fuentes de agua y biodiversidad. Se teme que los cultivos de alimentos queden relegados frente a la demanda de agrocombustibles.

 

La investigadora de Probioma, Sara Crespo dijo que la Ley del Etanol vulnera el derecho de los pueblos indígenas que rechazaron el modelo de los agrocombustibles; amplía la frontera agrícola para la producción de agrocombustibles y no para alimentos, sin medir ninguna consecuencia, y emplea agrotóxicos que envenenan el aire, fuentes de agua y suelos, entre otras consecuencias.

"Todo lo que se plantea el etanol es destruir la Amazonía, destruir los bosques afectando fuentes de agua y biodiversidad (...). Una posición institucional que tenemos como Probioma y no nos cansamos de decir desde hace 20 años que nuestra principal fuente de riqueza es nuestra biodiversidad", afirmó a ANF.

Destacó que Bolivia es único en su biodiversidad y no está en condiciones de competir con productores de soya como Brasil y Argentina, entre otras cosas, porque no se cuenta con puertos bolivianos. "Pero no está siendo utilizada ni investigada en beneficio del Estado", dijo.

En su calidad de investigadora explicó que su principal área de trabajo es la Chiquitanía y el Pantanal y que la ampliación de la frontera agrícola para agrocombustibles está en dirección a la Chiquitanía,  desde San José hasta Roboré y desde San Ignacio y Guarayos.

"La ampliación implica deforestación que afecta a las fuentes de agua. No solo que no tenemos alimentos disponibles, sino que las comunidades están sintiendo que sus fuentes de agua van disminuyendo cada año, que es un tema que no se visibiliza", señaló.

En cuanto a la azucarera estatal San Buenaventura que produce su mínima capacidad, y que para lograr aumentar su producción requiere seguir deforestando la Amazonía, dijo la presión por cambiar la vocación productiva de la región tendrá serias consecuencias sociales y ambientales.

Las nuevas asociaciones que se están conformando al calor del boom de los combustibles verdes, incluso hablan de ingresar a la selva virgen para plantar caña.

Modelo de producción "cruceño"

Al referirse al modelo de producción cruceño, que en realidad es el modelo de agronegocio "adoptado como una bandera del oriente", Crespo dijo que va asociado a una gran cantidad de agrotóxicos que están contaminando aguas y suelo.

"Ya salió en el censo agropecuario que muestra que casi el 70 por ciento de las comunidades están contaminadas por los agrotóxicos, ese dato es preocupante y debería llamar la atención de las autoridades hacer análisis de calidad de agua lo cual no se ha hecho", cuestionó.

Ante las observaciones que se hicieron desde Probioma al plan gubernamental en torno a los agrocombustibles, dijo que los cañeros salieron a decir que sólo estaban usando "un pedacito" de la superficie destinada al alcohol etanol, y que ahora recién destinarán el área destinada tradicionalmente. 

"Ahí hay dos temas: existe un área destinada a la producción de caña en el norte cruceño donde están ingenios azucareros que fueron un motor importante en la economía cruceña. Dicen que están ocupando 150 mil hectáreas y que quieren ampliar hasta 350 mil hectáreas, incluso las autoridades han dicho que hasta el infinito y más allá", apuntó.

Crespo observó que en el área tradicional cañera está la soya, y los agroindustriales tampoco dijeron que sustituirán la soya por la caña. Mientras la soya tiene una a dos campañas anuales, la caña tiene un proceso de tres a cinco años para su producción.

"Entonces ¿van a estar sin producir la soya cinco años?, no es así. Lo que se ha visto es que según varían los precios de la caña y la soya lo que en un principio sucedía, que cuando el precio de la soya era muy amplio la zona tradicionalmente cañera se llenó de soya y la caña fue como punta de lanza para abrir nueva frontera agrícola. No podemos creer que se va a sustituir el uno por el otro, ni que  que se van a intercalar, eso no es verdad", aseguró.

Advirtió además que no solo será la caña empleada, también el sorgo y el maíz, como materia prima para la producción del bioetanol y el transgénico.

Posición gubernamental

Desde el Gobierno dijo que la producción de combustibles verdes le ahorrará al Estado, un 20 por ciento de las importaciones de gasolina, y anunció la incorporación del bioetanol 91 en reemplazo del Ron 91, por lo que no se requerirá importar aditivos.

Se anunció además que para este año, el sector cañero y agroindustrial le entregará a YPFB 80 millones de litros de alcohol para la producción de Bioetanol 91.

Con la apertura de los combustibles verdes, el Gobierno vulneró la Ley de la Madre Tierra de 2012 que señala en su artículo 24: las bases y orientaciones del  Vivir Bien, a través del desarrollo integral en agricultura y ganadería son: prohibir la producción de agrocombustibles y la comercialización de productos agrícolas para la producción de los mismos, en tanto, que es prioridad del Estado Plurinacional de Bolivia precautelar la soberanía con seguridad alimentaria".

Los Tiempos

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Noticias/Bolivia-Alertan-que-la-era-del-etanol-afectara-Amazonia-y-Chiquitania

 

 

Insistamos en apoyo a pueblos originarios de la Amazonía que responsabilizan al gobierno de Evo Morales por los incendios dentro de Bolivia.

 

 

UNITAS desmiente a Evo: los incendios son por desmontes, más que por cambio climático

3 de octubre de 2019

En  el conversatorio con periodistas “Políticas de Tierra y Medioambiente”, el responsable de Defensa de Derechos Humanos de UNITAS, Daniel Espinoza, y el investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), Enrique Ormachea, informaron sobre la situación de la política agraria en Bolivia y los incendios en la Chiquitanía, además de la acción realizada ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Espinoza explicó que el informe principalmente consta de cuatro puntos, que reflejan la situación que se generó a partir de la deforestación de quema controlada en el oriente boliviano, según el reporte del portal Urgentebo sobre la conferencia de prensa de UNITAS, una de las principales  organizaciones  de la sociedad civil boliviana.

El primero desmiente el argumento de autoridades del Gobierno central, quienes afirman que los incendios incrementaron debido al cambio climático.

 

“La tendencia al incremento de quemas forestales de los últimos años referiere que estos desastres también son provocados por los chaqueos en la zona”, señala, par añadir que “a solicitud de sectores empresariales se busca ampliar la frontera agrícola, con el fin de potenciar la seguridad alimentaria, la producción de etanol y biodiesel y la exportación de carne de res”.

 

El tercer punto consignado por Urgentebo, es que el Gobierno nacional emitió diferentes normativas (el Decreto Supremo 3973 y la Ley 741) que autorizan la quema controlada, además se eximió a las personas que estaban sancionadas por el delito de quema ilegal y las sanciones por hectárea quemada son mínimas. Esto hace que no existe una limitación real a la quema controlada.

El cuarto punto refiere que se ha vulnerado, esencialmente, el derecho al medioambiente y a las obligaciones incumplidas por parte del Estado se las señala al no controlar de manera eficiente las quemas forestales, esperándose que “la Relatoría considere las vulneraciones que se están observando en Bolivia y que se pronuncie al respecto. También que solicite los informes respectivos al Estado para que hagan su descargo de qué es lo que está pasando en Bolivia”.

Espinoza explicó, de acuerdo con el boletìn de UNITAS, que la solicitud ante la CIDH responde a los pueblos indígenas afectados por los incendios: Chiquitanos, Ayoreos, Guarayos, Cayubaba, Baures, Sirionó y Araona. Resaltó que algunos pueblos se encuentran en una condición de mayor vulnerabilidad frente a los incendios debido a sus reducidas poblaciones o situación de aislamiento voluntario, como el caso de los Ayoreos del Ñembi Guasu, una de las áreas más afectadas por el fuego.

 

“Se ha informado a la CIDH respecto a la normativa, las políticas públicas y el accionar del Estado boliviano con relación a esta crisis ambiental, ésta última se evidenció cómo las autoridades del Estado reaccionaron de manera inadecuada, primeramente al responder de manera tardía y por otro lado al no declarar zona de desastre nacional, impidiendo así la asistencia internacional en toda su capacidad”.

Con relación a lo informado a la Relatoría de la CIDH, precisó que también se abordó lo referido a las obligaciones del Estado y derechos vulnerados. “Estos son fácilmente identificables: vivienda, trabajo, educación, salud y medioambiente, en los que el Estado tiene la obligación de respetar y de garantizar, o sea procurar la realización de estos derechos. La tardía respuesta del Estado ante los incendios y no declarar zona de desastre, es un acto de negligencia con relación a las obligaciones contraídas ante el sistema interamericano de defensa de derechos humanos”, aseveró.

 

Por su lado, Ormachea hizo un análisis de la situación de la política agraria en Bolivia y mencionó que el gobierno está “desesperado” en el desarrollo agropecuario basado en la ampliación de la frontera agrícola, debido a problemas como el fin de los precios altos de las materias primas, el bajo nivel de exportación del gas, del zinc, de la plata y de productos agropecuarios, y la presión tributaria que “está llegando al límite”.

“Esto hace un escenario de bajos ingresos y es esto lo que impulsa al Gobierno a plantearse como estrategia para la generación de ingresos el tema del desarrollo agropecuario, pero basado en la  ampliación de la frontera agrícola”, lamentó.

Mencionó que este es el Gobierno que más leyes y decretos ha aprobado a favor de campesinos, pero “ninguno de ellos se ha convertido en programas de desarrollo para estos sectores”.

 

RENDICION PÚBLICA DE CUENTAS

 

Decenas de organizaciones no gubernamentales (ONG) a nivel nacional llevaron adelante su Rendición Público de Cuentas con la finalidad de promover una cultura de transparencia como práctica esencial para lograr la legitimidad, sostenibilidad, efectividad y protección del trabajo que realizan.

La iniciativa se enmarca en la “Semana Global de la Rendición de Cuentas”, que cumplen cientos de organizaciones, instituciones y redes a nivel mundial para transparentar sus actividades. Bolivia no es ajena a este movimiento mundial y desde la Unión Nacional de Instituciones para el Trabajo de Acción Social (UNITAS) y sus 22 instituciones asociadas se emprendieron hoy eventos donde, por ejemplo, se detallaron los presupuestos ejecutados, la cantidad de proyectos realizados, el total de personas beneficiadas, entre otras cifras de sus actividades.

En el caso particular de UNITAS y sus asociadas,  la directora de esta institución, Susana Eróstegui, informó que en 2018 se ejecutaron 153.216.235 bolivianos en 151 planes, programas y proyectos realizados en todo el país y que tuvieron a un total de 426.092 personas beneficiadas de manera directa y 3.673.305 personas beneficiadas indirectamente.

VER

https://redunitas.org/detallan-informe-sobre-la-chiquitania-presentado-ante-la-cidh-en-rendicion-de-cuentas-de-las-ong-en-bolivia/

https://urgente.bo/noticia/unitas-presenta-informe-la-cidh-sobre-los-incendios-forestales

Fuente: 

https://www.bolpress.com/2019/10/03/unitas-desmiente-a-evo-los-incendios-en-la-chiquitania-son-por-desmontes-mas-que-por-cambio-climatico/

 

En consecuencia, es hora de destapar la «contrarreforma agraria integral» que significan e implican los extractivismos.

En 13 años, los agroempresarios consolidaron sus propiedades en

las tierras más aptas para la agricultura

26 de agosto de 2019

Los grandes perdedores del “proceso de cambio” son la gran masa de campesinos pobres que, en el ámbito de su organizaciones controladas por los campesinos  ricos, no encuentran canales para manifestar sus demandas y necesidades. Desigualdades: Pese al beneficio de los títulos, la nueva estructura agraria oculta que los campesinos han consolidado, en promedio, apenas 14 hectáreas por familia, los indígenas y originarios 56 por unidad familiar y los empresarios 930 ha por unidad productiva.

El saneamiento de tierras publicitado por el partido gobernante en tres gestiones consecutivas desde 2006, no afectó a los grandes terratenientes y agroempresarios, que más bien consolidaron sus posesiones en los suelos más aptos para el desarrollo de la agricultura y la ganadería, ubicados mayoritariamente en tierras bajas o llanos orientales.

Por el contrario, los terrenos distribuidos a campesinos e indígenas en las tierras bajas son marginales o no son adecuadas para la producción agropecuaria y tienen más bien vocación forestal, mientras que los predios en manos de campesinos e indígenas de altiplano y valles, sufren degradación y están mayoritariamente parcelados como consecuencia del minifundio.

Las conclusiones corresponden al reciente estudio Tierras y producción agrícola: a 13 años de la “revolución agraria” del MAS:, del investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), Enrique Ormachea, que analiza entre otros temas la calidad de las tierras tituladas en los últimos tres quinquenios.

https://cedla.org/publicaciones/revista-fiscal-28-tierras-y-produccion-agricola-a-13-anos-del-gobierno-del-mas/

Los intereses de la burguesía agraria y de los terratenientes que obtienen renta capitalista de la tierra nunca fueron amenazados por el gobierno del Movimiento Al Socialismo, sostiene el especialista.

“De manera paulatina, las demandas de los poderosos gremios agroindustriales fueron transformándose en una serie de normas legales que consolidaron el poder real que estas clases sociales ya tenían al final del periodo neoliberal, pues concentran las mejores tierras para la producción agrícola y ganadera y producen la mayor parte de la producción agropecuaria del país”, añade.

Ganadores y perdedores

Los grandes perdedores son, “ni duda cabe, la gran masa de campesinos pobres que, en el ámbito de las organizaciones campesinas controladas por los campesinos ricos, no encuentran canales para manifestar sus demandas y necesidades”.

Destaca por ello Ormachea que una parte importante de estos campesinos pobres son trabajadores asalariados de temporada en predios de empresas y explotaciones agropecuarias de los campesinos ricos: obreros agrícolas “que venden su fuerza de trabajo al margen de las leyes laborales en vigencia, ante la ausencia de organizaciones sindicales de obreros agrícolas que los aglutinen y defiendan”.

Recuerda que, desde hace un poco más de 40 años, los trabajadores asalariados del campo reclaman su incorporación a los beneficios de la Ley General del Trabajo, una demanda que durante los gobiernos neoliberales fue sistemáticamente ignorada por los regímenes interesados en favorecer a los sectores agroexportadores.

“Ya van 13 años, desde que Evo Morales asumió el gobierno, ignorando también esta demanda, como le corresponde al partido de los campesinos ricos”.

El autor demuestra también que no es evidente, como sostienen algunos investigadores que creyeron en la revolución agraria del MAS, que Evo Morales se alió con la “burguesía terrateniente de la media luna” solo en 2009.

“Desde el inicio de su gobierno, siempre representó sus intereses e intentó aliarse con ella”, sostiene Ormachea al evocar decisiones del entonces recién presidente electo.

“Hizo uno de sus primeros guiños a esta fracción de la clase dominante durante su primera gira por Europa y Asia”, como presidente electo antes de asumir el gobierno en enero de 2006, al informar a su retorno, que una de sus gestiones fue “abrir el mercado chino para incrementar la producción de soya, cultivo con fuerte predominio de grandes empresas capitalistas”.

En síntesis, en oposición a los propósitos proclamados en 2007, subraya que el gobierno del MAS “ha profundizado las desigualdades sociales en el campo, ha ahondado las diferencias regionales en el ámbito de la producción agropecuaria y ha agravado la dependencia alimentaria del país”

Por el contrario, no logró incrementar el aporte de los campesinos e indígenas a la producción agropecuaria nacional, y, en cambio, promueve la colonización de los pueblos indígenas de las tierras bajas a través de la expansión de la frontera agrícola y de la explotación de recursos naturales no renovables en sus territorios.

Desigualdades

Según la Fundación Tierra citada por Ormachea, la nueva estructura agraria que emerge del proceso saneamiento, oculta el hecho de que los campesinos han terminado “consolidando 14 hectáreas en promedio por familia, los indígenas y originarios 56 ha por familia unidad familiar y los empresarios 930 hectáreas en promedio por unidad productiva”.

Los datos del Censo Agropecuario 2013 confirman estas desigualdades: mientras las unidades productivas agropecuarias de corte capitalista tienen en promedio 83,6 hectáreas en propiedad y usufructo, las unidades productivas campesinas tienen apenas 9,9 hectáreas.

Si bien estas cifras demuestran desigualdades en el acceso a la tierra, no dejan de esconder el tema de la calidad de las tierras tituladas, según Ormachea:

“Las medianas y grandes empresas han consolidado sus posesiones en las tierras más aptas para el desarrollo de la agricultura y la ganadería, ubicadas mayoritariamente en las tierras bajas. Por el contrario, las tierras distribuidas a campesinos e indígenas en las tierras bajas o son marginales o no son aptas para la producción agropecuaria, pues tienen más bien vocación forestal. Y las tierras que han consolidado los campesinos e indígenas en las tierras altas sufren generalizados procesos de degradación y están mayoritariamente parceladas como consecuencia del minifundio que impera en ellas” (Boletín del CEDLA)

Fuente: https://www.bolpress.com/2019/08/26/en-13-anos-los-agroempresarios-consolidaron-sus-propiedades-en-las-tierras-mas-aptas-para-la-agricultura/

 

 

Generalicemos la toma de conciencia que los extractivismos e infraestructuras imprescindibles desterritorializan y reterritorializan el país-continente en favor de la súper explotación tanto de la naturaleza como de los trabajadores y pueblos. Es clave construir el Nunca Más contra tamaña criminalidad capitalista e imperialista que son los ecocidios causantes de genocidios silenciados e invisibilizados.

 

 

 

Circulación y división territorial del trabajo: la hidrovía Paraná-Paraguay,

el avance de la soja y el agravamiento de la crisis socio-ambiental en la Argentina

(1996-2014)

 

Sebastián Gómez Lende

Investigador Asistente de CONICET. CIG, IGEHCS, CONICET-UNCPBA. Tandil, Provincia de Buenos Aires, Argentina. gomezlende@yahoo.com.ar

 

Introducción

Entender el funcionamiento del territorio exige captar el movimiento. Esta premisa es especialmente válida para el período actual, donde la circulación se acelera y prevalece sobre la producción propiamente dicha, valorizando desigualmente las áreas de cada país e imprimiendo fluidez al desplazamiento de los factores esenciales de la economía globalizada. Como en el pasado, las redes de transporte desempeñan una función clave: permitir la difusión de los usos modernos del territorio, jerarquizando a las áreas productivas preexistentes y participando de la creación de otras nuevas. En la actualidad, esto viabiliza formas de acumulación por desposesión que insertan a esas áreas en el mercado mundial a expensas del patrimonio ambiental y las condiciones de vida de las comunidades locales. Este trabajo persigue dos objetivos complementarios. Por un lado, estudiar el papel que la Hidrovía Paraná-Paraguay ha desempeñado en la consolidación del extractivismo en la Argentina durante el período 1996-2014, especialmente en el norte del país, atendiendo a su influencia en el avance de la frontera agrícola, la expansión de la soja transgénica, el aumento de las exportaciones oleaginosas, la valorización y concentración de la tierra y el agravamiento de la crisis socio-ambiental (desalojos, deforestación, contaminación, etc) asociada a esos fenómenos.

 

Por otro lado, demostrar que la hidrovía ha venido a cumplir una función análoga a la que antaño desarrollara el ferrocarril durante el modelo agroexportador (1880-1930), analizando los paralelismos verificados en el papel que ambos sistemas de transporte han jugado en la consolidación del modelo de acumulación propio de cada época. En primer lugar, se presenta un breve marco teórico, donde se definen conceptos básicos como espacio geográfico, redes, acumulación por desposesión y extractivismo. A continuación, se desarrolla una aproximación general al caso de la Hidrovía Paraná-Paraguay, analizando sus antecedentes y contexto histórico, la funcionalidad de esta obra de infraestructura para los países miembros del proyecto, sus nexos respecto de la privatización del sistema nacional de puertos, la concesión de parte de esa red a capitales privados, las condiciones de fluidez existentes para la circulación y el nivel de tráfico comercial. Enteramente dedicado al núcleo del trabajo, el tercer apartado explica cómo el inicio y la expansión de las actividades de la Hidrovía Paraná-Paraguay hicieron posible el avance de la frontera agrícola hacia el norte del país, fenómeno que, íntimamente ligado al boom de la soja transgénica, ha coadyuvado al agravamiento de la crisis socio-ambiental preexistente.

 

En tal sentido, se analiza el peso relativo de la comercialización de oleaginosas en las exportaciones transportadas por la hidrovía, el aumento (discriminado según provincias) de la superficie dedicada al monocultivo sojero, la apropiación de puertos por parte de las grandes cerealeras y agroindustrias nacionales y extranjeras, la valorización y concentración de la tierra, los conflictos sociales, la expulsión de campesinos y aborígenes, y el aumento de la deforestación y la contaminación ocasionado por ese nuevo uso del territorio. También aquí son abordados los paralelismos hallados entre la moderna Hidrovía Paraná-Paraguay y la antigua expansión ferroviaria del modelo agroexportador, como vectores-clave para el afianzamiento y la expansión de los modelos hegemónicos de organización espacial propios de cada período histórico. Finalmente, se presentan las conclusiones a las que ha arribado este trabajo.

 

Conceptos básicos: espacio geográfico, redes, acumulación por despojo y extractivismo Si el espacio geográfico constituye una forma-contenido manifestada a partir de un conjunto solidario, indisociable y contradictorio de sistemas de objetos y sistemas de acciones mediados por normas (Santos, 1996a), la noción de territorio puede ser definida como ese mismo espacio explicado a partir de sus usos (Santos y Silveira, 2001).

 

En el período histórico contemporáneo -el denominado medio técnico-científico-informacional-, los usos hegemónicos del espacio expresan una aceleración de todas las formas de circulación, la consolidación de la división socio-espacial del trabajo, el mayor nivel de especialización económica regional y la diferenciación de los lugares según su productividad espacial, generando una creciente tensión entre globalidad y localidad (SANTOS, 1996a; 1996b). En la actualidad, el propio patrón de reproducción espacial es definido por la circulación, que es responsable por los cambios de valor en el espacio y prevalece sobre la producción propiamente dicha, creando mapas de puntos de sujeción y control destinados a facilitar el movimiento de los factores esenciales de la economía globalizada (SANTOS, 1996a; 2000). Entender el funcionamiento del territorio exige captar el movimiento y comprender cómo la inteligencia del capital reúne aquello que el proceso directo de la producción había separado (SANTOS y SILVEIRA, 2001). Cobran importancia aquí las ‘interacciones espaciales’ (LOBATO CORRÊA, 1997), el complejo conjunto de desplazamientos de personas, mercancías, capital e información que, vía diversos medios y velocidades, diseña redes de fijos y flujos. Ordenador del espacio total, ese espacio de flujos se superpone a aquél, implicando un proceso selectivo de creación de fluidez que privilegia a las regiones donde se sitúan las producciones destinadas a la exportación (SANTOS, 2000; SANTOS y SILVEIRA, 2001).

Siendo portadores de una lógica o racionalidad determinada, esos sistemas ‘eligen’ a los subespacios y agentes destinados a beneficiarse con su geometría, explotación y modernización, pasando a ‘regular’ sus comportamientos. Exigentes de un control coordinado, los puntos intrínsecos al trazado de las redes ejercen, a pesar de su limitada extensión física, una poderosa influencia sobre el espacio contiguo, incluso sobre las áreas más distantes del territorio nacional. Además, las redes destruyen viejos recortes espaciales y crean otros nuevos, operando como conductoras de fuerzas centrípetas y centrífugas que, de ese modo, se vuelven responsables por la división territorial del trabajo y la organización del espacio (SANTOS, 1996a). Operando como vectores de reproducción y agravamiento de las desigualdades preexistentes, las redes unen a los puntos productivos y evitan a las áreas menos dinámicas (Silveira, 1999).

 

En consecuencia, los países se fragmentan en espacios de la rapidez y de la lentitud, en áreas de fluidez y de viscosidad, en virtud del nivel de fluidez virtual -morfología, número y densidad de vías, soportes y vehículos aptos para la circulación- y efectiva -frecuencia de uso, pautas técnicas y políticas de funcionamiento- (SANTOS y SILVEIRA, 2001) de las redes. Todas las redes geográficas -de transporte, energéticas, financieras, de comunicación e información- son permeables, bajo el imperio del llamado ‘orden global’, al influjo de lo que SANTOS (1996a, 1996b) denomina ‘verticalidades’, esto es, fuerzas cuyos principales atributos son la mundialización del capital, la producción globalizada, las actividades modernas, las normas internacionales y la estricta obediencia a la racionalidad del mercado y a los intereses de los actores dominantes. Las verticalidades fomentan la instalación de los usos modernos del territorio, que se revelan racionales sólo para los agentes beneficiados por ese modelo de organización espacial, y siendo irracionales para el resto de la sociedad.

 

Esos usos del territorio encarnan mecanismos de ‘acumulación por desposesión’ (HARVEY, 2004), formas de despojo que representan la continuidad y perfeccionamiento del acto histórico de acumulación primitiva u originaria (MARX, 1968) que instauró las relaciones capitalistas a escala mundial. Operando a través de formas tanto tradicionales -supresión de las formas de producción y consumo alternativas, monetarización y tributación, usura y endeudamiento a través del crédito, desplazamiento de granjas familiares a manos de grandes empresas agrícolas, persistencia de ciertas formas de esclavitud- cuanto recientes -mercantilización y privatización de la tierra, conversión de regímenes de propiedad común al régimen de propiedad privada, expulsión de campesinos e indígenas de sus dominios ancestrales, privatización de firmas estatales industriales y de servicios públicos, depredación de los recursos naturales, degradación ambiental, biopiratería, robo de recursos genéticos, derechos de propiedad intelectual- (HARVEY, 2004), la acumulación por desposesión impone, en los países periféricos, un modelo espacial donde impera el orden de prioridades que interesa a los actores hegemónicos, a expensas de la insatisfacción de las necesidades esenciales y el agravamiento de las condiciones de vida del resto de la sociedad (SANTOS, 1996a).

 

Los usos extractivos del territorio se revelan como protagonistas privilegiados de la actual oleada de acumulación por desposesión en América Latina. Signado por la estructuración de una matriz socio-productiva altamente dependiente de la explotación intensiva de recursos naturales y la apropiación o usufructo de los productos así obtenidos por parte de agentes externos -vía la exportación-, el extractivismo (FRECHERO, 2013) es actualmente la modalidad dominante de articulación de los países periféricos a la división internacional del trabajo. Orientado a implantar economías de enclave y ‘zonas de sacrificio’, el extractivismo es un modelo diseñado para garantizar la continuidad de la inserción internacional subordinada de América del Sur (GUDYNAS, 2009).

 

En la Argentina, dicho modelo se expresa a través de vectores-clave de la división territorial del trabajo como el cultivo de soja transgénica, la minería metalífera, la silvicultura e industria forestal, la explotación de hidrocarburos y la pesca marítima, todos ellos implicados en la producción de graves problemáticas ambientales. Sabido es que las redes han desempeñado, en las últimas décadas, un papel estratégico respecto del afianzamiento y expansión del modelo extractivo en el territorio: así pues, segmentos y nodos considerados valiosos y/o estratégicos para el desplazamiento de personas y del capital, y para el desenvolvimiento de las vinculaciones con el exterior, han sido refuncionalizados conforme a las exigencias de la circulación internacional; paralelamente, han surgido sistemas más recientes, globalizados desde el momento mismo de su concepción. En ambos casos, el resultado es el mismo: las redes han pasado a operar de modo extrovertido para obedecer a la lógica del comercio mundial, funcionando como vectores de creación de áreas aptas para el avance del extractivismo. Se convierten así en vehículos de lo que SANTOS y SILVEIRA (2001) llaman ‘circulación innecesaria’ -una circulación redundante, de gran costo social-, contraparte inexorable de la ‘producción innecesaria’ a la que se refería MARX (1968).

 

La Hidrovía Paraná-Paraguay: aproximación general (…)

Oriundo de los centros de poder del capitalismo, el neoliberalismo forjó en la década de 1990 un modelo de acumulación empeñado en presentar al mercado mundial y a la gestión privada como ‘panaceas’, renovar el mito de la ‘mano invisible’ y condenar la intervención (…)

 

Conclusiones

Las redes en general y los sistemas de transporte en particular desempeñan un papel clave y estratégico en el rediseño de la división territorial del trabajo. Insertando diferencialmente a las áreas y recursos del espacio nacional en un determinado modelo de acumulación, esas redes garantizan su articulación al mercado mundial. Al cumplir la función fundamental de poner en movimiento la producción, la Hidrovía Paraná-Paraguay no sólo valoriza áreas agrícolas preexistentes, sino que coadyuva a la creación de otras nuevas, configurándose así como un motor para la expansión de la frontera oleaginosa, incorporando a la división internacional del trabajo a zonas hasta entonces aisladas y/o improductivas, cuyo potencial no era aprovechado debido a la ausencia de una red de circulación eficiente que les permitiera remesar su producción a los mercados externos.

 

El boom de la soja transgénica en el norte argentino no habría sido posible ni viable sin la HPP, que permitió la configuración de un espacio de flujos productivos (una verticalidad) basado en la interconexión (rápida y a bajo costo) de áreas agrícolas marginales con polos agroindustriales y puertos de exportación. Sin embargo, el precio a pagar por esa fluidez es elevado. La HPP y la expansión sojera a ella asociada encarnan, de principio a fin, un fenómeno de acumulación por desposesión. En términos generales, la HPP acarrea un severo impacto ambiental (a menudo minimizado, poco evaluado o directamente ignorado) para el régimen hídrico de las cuencas implicadas. En el caso de la Argentina, la privatización (bajo el régimen de concesión con pago de peaje) del tramo fluvio-marítimo Santa Fe-Buenos Aires ha equivalido a lanzar parte del patrimonio público -el río y los puertos- desde la esfera estatal a la arena del mercado, convirtiéndolo en objeto de lucro privado bajo condiciones ignominiosas y lesivas para el bien común. El auge del transporte fluvial, la profundización de la integración vertical de la producción agroindustrial y la fiebre sojera contribuyen a la mercantilización, concentración, privatización y extranjerización de la tierra, desencadenando agudos conflictos sociales en torno a la tenencia de la propiedad agropecuaria, y configurándose como el principal factor que interviene tanto en la expulsión de campesinos y aborígenes de sus dominios ancestrales como en el incremento de la marginalidad social en numerosas provincias del norte argentino.

El nuevo modelo hegemónico obra como un acicate para el acelerado incremento de la tala del bosque nativo y la pérdida de biodiversidad. Basados en las semillas transgénicas, la siembra directa y el uso intensivo de agrotóxicos, los nuevos paquetes tecnológicos fomentan la desertificación de los suelos y acarrean graves implicancias sanitarias y ambientales.

 

Así pues, el binomio ‘monocultivo sojero-hidrovía’ es tanto un caso paradigmático de acumulación por desposesión cuanto un ejemplo empírico de un uso moderno del territorio racional sólo para los agentes beneficiados por el mismo, y disfuncional para el resto de la sociedad. La Hidrovía Paraná-Paraguay es, así, el vehículo para una circulación innecesaria, con enormes y gravísimos costos socio-ambientales para gran parte del territorio argentino.

 

Se ha corroborado, asimismo, la hipótesis que avizoraba analogías entre la expansión ferroviaria durante el modelo agroexportador y la Hidrovía Paraná-Paraguay en el período histórico actual. Al igual que lo hizo el ferrocarril en la pampa húmeda, la HPP ha obrado como un vector de creación de áreas productivas en zonas otrora marginales del territorio. El aumento del calado en los segmentos más dinámicos de esa red convirtió al Río Paraná en la principal y más rápida vía de salida para las exportaciones oleaginosas argentinas, tal como lo fue el tren a finales del Siglo XIX y comienzos del Siglo XX para las remesas agropecuarias.

 

En ambas situaciones, el trazado de la red ha implicado el avance de la frontera agrícola más allá de sus límites históricos, poniendo en producción vastas extensiones de tierras fértiles situadas en su radio de influencia; esto ha influido también en la rápida valorización de esas áreas, fomentando el control (y concentración) por parte de empresas extranjeras sobre tierras y puertos; y los fenómenos resultantes han tenido un inicuo impacto ambiental, especialmente sobre los bosques nativos, en el primer caso subsidiando el funcionamiento y expansión del ferrocarril y el crecimiento agropecuario en la pampa húmeda, en el segundo liberando tierras para el monocultivo oleaginoso en el norte para satisfacer las necesidades de abastecimiento de materia prima de los polos agroindustriales enclavados en Córdoba y Santa Fe. Lo que impera ahora no son los intereses del imperialismo británico, sino las estrategias geopolíticas de la IIRSA y las empresas transnacionales; el modelo agroexportador de antaño ha sido sustituido por el auge del extractivismo; la importancia estratégica otrora detentada por el transporte ferroviario ha sido asumida por el tránsito fluvial; y las remesas de carnes y cereales han cedido su lugar a las exportaciones de soja transgénica. No obstante, las similitudes son notables, y la racionalidad que anima el proceso continúa siendo la misma.

REFERENCIAS (..)

Notas(..)

Recebido para publicação em 15/06/2015 Aceito para publicação em 29/06/2015

 

Fuente: https://ri.conicet.gov.ar/bitstream/handle/11336/10652/CONICET_Digital_Nro.11519.pdf?sequence=1&isAllowed=y

 

 

Concentración y centralización capitalista

 

Preguntémonos sobre los agrocombustibles:"¿Por qué tanto interés? No sólo hay motivos geoestratégicos para lo que algunos ya denominan 'colonialismo verde'. También presupone para algunos grupos de interés enormes posibilidades de negocio. Estos grupos van desde la industria automotriz que prefiere que el problema del calentamiento global se concentre en los carburantes que a reducir la potencia de los motores, como sugiere Daimler-Chrisler. Incluye a las comercializadoras de grano transnacionales como la Bunge, o a las industrias biotecnológicas como Monsanto o Novartis, las petroleras como Repsol-YPF o las empresas multiservicios como Abengoa o Acciona". De modo que el gobierno de Evo Morales Ayma-Álvaro García Linera se ha posicionado junto a la fusión gran capitalista e imperialista en contra de los derechos tanto de los pueblos como de la Naturaleza.

 

Guerra Norte-Sur:

biocombustibles contra alimentos

 

26 abril 2007

 

Los biocombustibles están de moda. En todo el mundo -desde Estados Unidos hasta Indonesia- se sustituyen campos de cultivo de alimentos por ‘desiertos verdes’. Pequeños cultivos y bosques por extensos monocultivos de oleaginosas para producir bioetanol y biodiesel biocombustible

Una alternativa rentable tanto al declive de la producción de petróleo como a la creciente inseguridad energética y al inminente cambio climático global. Todo parecen ventajas.

Sin embargo ese mercado de biocombustibles en vertiginoso ascenso está afectando la vieja necesidad de alimentarse de los más pobres. Lo hemos visto últimamente en las manifestaciones de México después que la principal comercializadora de grano del mundo, la norteamericana Cargill, hubiera preferido vender el maíz a las compañías energéticas norteamericanas a futuro que a los tortillerías mexicanas al presente. En México, cuna de este cereal, la tortilla dobló automáticamente su precio. Este fenómeno se está reproduciendo en muchos otros lugares. Así nuestro voraz consumo energético en el Norte se enfrenta hoy a la seguridad alimentaria del Sur. Se confrontan derechos de distinta naturaleza entre personas muy alejadas entre sí. Derecho, por ejemplo, a utilizar aires acondicionados o manejar automóviles 4x4 en España, frente al derecho a alimentarse con tortillas de maíz (lo más barato de comer en América Latina) de los que están en la retaguardia de la globalización. Una nueva interferencia peligrosa y de moda que debemos tener muy en cuenta.

Un segundo impacto en el Sur surge de la necesidad urgente de tierras cultivables y la “molestia” que supondrán pequeños campesinos, selvas, bosques o grupos locales que se opongan a su avance. Sólo en el caso europeo, las metas planteadas en el seno de la Comisión Europea de llegar para el 2010 a un 5'75% de biocombustibles en el cóctel energético que consumimos los europeos, supone la necesidad imperiosa de robarle tierras al Sur para dedicarlas a la UE[1]. Para sustituir 1.7% del consumo energético europeo (y de emisiones de CO2) se debería usar el 18% del suelo agrícola europeo. El resto se deberá encontrar en Colombia, Brasil, Argentina, Nigeria, etc[2]. ¿Pero cómo se vivirá ese proceso de anexión masiva de tierras para uso de los países altamente consumidores de energía? La experiencia con países que se entregan a los monocultivos intensivos destinados a la exportación, puede ser buena para algunas grandes familias locales o para comercializadoras como Carrefour, pero no para el campesinado local. Mediante distintos mecanismos el pequeño campesino se ve obligado a vender sus tierras o a trabajarlas en las condiciones que marca la gran distribución. El resultado grosso modo es un vaciado del campo y el engorde de las ciudades de pobres ex-campesinos. Quienes se queden en el campo, tendrán que subordinarse sin ayuda alguna al mercado internacional, a sus ataques de dúmping y a sus oscilaciones.

 

Una tercera familia de impactos completarían la 'impactología' de los biocombustibles. Nos referimos a los estrictamente ambientales. Los cultivos energéticos no sólo exigen substituir campos de cultivos de alimentos por energéticos; o la deforestación de zonas boscosas tropicales[3]; también requieren cantidades de agroquímicos (petróleo derivado), cantidades de agua, y por qué no, de especies mejoradas genéticamente bajo pago de royalties a las propietarias de las patentes. Contaminación transgénica contra biodiversidad. ¿Para que llamarles entonces “BIOcombustibles” en lugar de “agrocombustibles”?

Los tres conjuntos de impactos -inseguridad alimentaria, expulsión del campesinado y deforestación/contaminación transgénica- contrastan con los supuestos beneficios de la introducción masiva de los biocombustibles. Ni son neutrales desde el punto de vista de la emisión de CO2 y otros gases como se aduce mediáticamente,  ni su producción está exenta de la necesidad de utilizar hidrocarburos, justo el commoditie al que pretende sustituir. Los estudios de ciclo completo más optimistas, afirman que por cada parte de biocombustible es necesaria al menos 0'4 de petróleo (en forma de agroquímicos, cambio del uso de la tierra, refino,..). Por lo tanto, cada litro de biocombustible supone el equivalente a 400 ml de petróleo. El rendimiento es aún peor si como parece los biocombustibles tendrán que ser transportados miles de quilómetros hasta su destino de consumo. Finalmente, el único argumento que aún se sostiene, es el de mantener la población campesina en el campo.

Entonces ¿Por qué tanto interés? No sólo hay motivos geoestratégicos para para lo que algunos ya denominan 'colonialismo verde'. También presupone para algunos grupos de interés enormes posibilidades de negocio. Estos grupos van desde la industria automotriz que prefiere que el problema del calentamiento global se concentre en los carburantes que a reducir la potencia de los motores, como sugiere Daimler-Chrisler. Incluye a las comercializadoras de grano transnacionales como la Bunge, o a las industrias biotecnológicas como Monsanto o Novartis, las petroleras como Repsol-YPF o las empresas multiservicios como Abengoa o Acciona. Lo peor de todo, es que tanto organizaciones ecologistas, de cooperación al desarrollo, como el campesinado del Norte y el Sur, se confundan y opten por apoyar su poco agorera difusión. Diversas campañas (como www.notecomaselmundo.org) y organizaciones como el ODG, todavía muy pocas, empiezan a destinar hoy sus esfuerzos a plantear esta paradoja a la opinión pública.

Para saber más, recomendamos la lectura de O.Carpintero. Biocombustibles y uso energético de la biomasa: un análisis crítico. Revista Ecologista. No50. 2007 [4]

David Llistar i Bosch, abril 2007.

Coordinador del Observatorio de la Deuda en la Globalización (www.debtwatch.org)

Càtedra UNESCO de Sostenibilitat de la Universitat Politècnica de Catalunya

[1] La Directiva Europea 2003/30/EC : establece que el 2 y 5,75 % de la gasolina y gasoil usados para transporte se constituya de biocarburantes dentro del 2005 y 2010. La nueva Estrategia Europea sube el objetivo al 10% dentro del 2020.

[2]“La productividad de la biomasa es más alta en los ambientes tropicales y los costes de producción de los biocombustibles son comparativamente menores en un gran número de países en desarrollo. […] Países en desarrollo como Malasia, Indonesia y Filipinas, que producen actualmente biodiesel para sus mercados domésticos, podrían bien desarrollar un potencial de exportación”. Biomass Action Plan, COM/2005/628 final.

[3]Se estima que entre 1985-2000 Malasia perdió un 87% de su masa forestal por el fenómeno de los cultivos energéticos como la Palma Africana.

[4]http://www.pangea.org/epueblos/documentos/avisos/Oscar_articulo_EE49.pdf

Rebelión, Internet, 19-4-07

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Prensa/Guerra_Norte-Sur_biocombustibles_contra_alimentos

En consecuencia, la «contrarreforma agraria integral» implica la creciente concentración-centralización de las transnacionales y las elites transnacionalizadas locales. Subrayemos el gobierno de Evo Morales Ayma-Álvaro García Linera ha tomado partido por esta fusión gran capitalista e imperialista en contra de los derechos tanto de los pueblos como de la Naturaleza. Miente estar gestionando la transición capitalista hacia buenos vivires abajo como lo explica el siguiente documento.

 

Agrocombustibles: catalizador del

modelo de libre comercio re-colonizador

y parte de la fórmula de

supervivencia del capitalismo global

3 octubre 2007

 

Por Maya Rivera Mazorco y Sergio Arispe Barrientos*

Los agrocombustibles son una vía más para profundizar el antagonismo entre el ser humano y la tierra y entre los mismos seres humanos. Es una herramienta más de un sistema que busca la imposición de jerarquías a través de la colonización de los remanentes de una identidad que se siente la realidad misma, sin ninguna separación entre todos los seres que la ‘habitan’. Son un medio más para desposeer a la tierra de su esencia. Son parte de una ideología que defienden los más acaudalados en el mundo y que permite hacer más ricos a los menos y más pobres a los más.

Busquemos en nuestro interior que no está separado del exterior, el sentimiento de unidad con la tierra y con nosotros mismos, y encontraremos que volver a la tierra en combustible para la industria en general es un atentado contra nuestra identidad, es una cara más del modelo recolonizador.

A modo de introducción

La bioenergía es un término bastante amplio que abarca a todos los productos energéticos obtenidos por procesos de conversión de productos o residuos agrícolas y animales[1]. Entre ellos tenemos a los biocombustibles o agrocombustibles, desarrollados para atender fundamentalmente la demanda del parque automotriz de los países desarrollados. Del alcohol etílico, el biodiesel y el alcohol metílico, el más utilizado es el primero. El alcohol etílico o etanol se obtiene de vegetales ricos en azúcares como la caña de azúcar, el maíz, la yuca y otros; es el combustible vegetal equivalente a la gasolina. El biodiesel o diesel vegetal se obtiene de oleaginosas o vegetales ricos en aceites como la palma africana, la jatropha, la linaza, palta y otros; es el agrocombustible más usado después del etanol.

Los agrocombustibles son una realidad en varios países en el mundo, incluidos países latinoamericanos, y se han constituido en una moda de la agroindustria que pretende insertarse en otros países más. Uno de los pocos países latinoamericanos en los que aún no han tenido cabida es Bolivia, pero hay iniciativas que están pujando para que este país se “suba al tren del agrocombustible”[2] o, en su defecto, deje pasar la gran oportunidad de este negocio. Si bien la información que ha corrido por los medios de comunicación es mayormente defensora de esta campaña, es menester realizar un análisis más profundo del tema a partir de las experiencias ya vividas en el mundo, las cuáles no muestran precisamente que el agrocombustible haya sido una gran solución a los problemas socioeconómicos y culturales que vive Latinoamérica y el mundo entero.

El presente documento ha nacido con la intención de mostrar resumidamente todos los aspectos que atañen a los agrocombustibles para ser considerados por Bolivia en especial y por todos los países llamados subdesarrollados. Más allá de mostrar datos técnicos, hemos pretendido realizar un cotejo sintético, pero lo más completo posible, de lo que significan los agrocombustibles. Vale resaltar que la mayoría de la información utilizada proviene de experiencias vividas en diferentes países. No es preciso especular sobre el tema, ya es una realidad.

CONTEXTO INTERNACIONAL

Como consecuencia de las alzas de precio del petróleo, ocurridas a fines de los años 70 y en los años 80, los países altamente dependientes de recursos fósiles tomaron gran interés en la generación de combustibles a partir de materia prima orgánica, desde cultivos específicos, entre los cuales se destacan la caña de azúcar, el maíz, la palma africana y especies forestales de rápida reproducción como el eucalipto, por nombrar algunas. Tal previsión tiene como objetivo el de un día terminar con la dependencia que tienen los grandes consumidores energéticos hacia los combustibles fósiles que se encuentran en reservas de países denominados “políticamente inestables” o contrarios a los intereses imperialistas, como Iran, Venezuela, Nigeria y otros. Considerando la importancia de la energía a nivel político, económico y cultural, no podemos dejar de tomar en cuenta que la pugna inter-imperial entablada para custodiar las regiones ricas en yacimientos petrolíferos, se agudiza, debido a que los intereses económicos y energéticos de los países imperialistas son cada vez más difíciles de “subvencionar”. Asimismo, es de extrema importancia recordar que no son solamente los recursos petrolíferos los que mueven intereses internacionales; el quid del asunto radica en que hay una guerra imperialista por recursos naturales, tierras y territorios en todo el planeta para solventar la lógica capitalista de consumo.

En este contexto, la industria de la agroenergía se constituye en una arremetida más del neo-neoliberalismo[3] para insertarse en las economías de los países del Tercer Mundo, ya que es en ellas en donde se encuentran las fuentes de energía y materias primas que necesitan[4]. Para lograr este cometido en la Cumbre de Países G8 realizada en Alemania-Heiligendamm, por ejemplo, se ha determinado la exigencia de establecer alianzas estratégicas con las economías emergentes, reforzar su compromiso de promover y fortalecer el libre comercio para garantizar la libre inversión y ofrecer colaboración y transferencia de tecnología, a modo de reducir los puntos de resistencia en el mundo[5]. Los agrocombustibles encajan perfectamente con estos objetivos. Son las alianzas estratégicas entre los inversores, los Estados y actores sociales, y la transferencia de a tecnologías importadas, los timones de esta agroindustria. En cuanto al aspecto tecnológico es imprescindible tomar en cuenta que éste abre las puertas a los transgénicos, productos petroquímicos y otras variables que establecen la obligación de la entrada de megaempresas especializadas en estos rubros, afianzando la imposición del modelo agroindustrial sobre la agricultura tradicional específicamente y sobre modelos de soberanía nacional en general que están emergiendo en algunos países como Bolivia por ejemplo.

SOBRE LOS ASPECTOS SOCIOECONÓMICOS IMPORTANTES

La subida de precios de los alimentos de la canasta familiar

Como prueba de lo mencionado hasta ahora, uno de los resultados de esta energía alternativa ya se está avizorando en el mundo entero: varios productos alimenticios han migrado a la producción de combustibles y han dejado de abastecer los mercados internos de alimentos. Expertos declararon que la inflación de los “commodities” (se refieren a productos agrícolas que, bajo reglas de flexibilización de comercialización de la OMC, tienen preferencias comerciales) que la producción de biocombustibles está generando, es una tendencia global que puede tener consecuencias negativas para los países pobres y especialmente para aquellos con bajo potencial agropecuario[6]. La soberanía alimentaria de estos países está sucumbiendo ante la importación de alimentos altamente subsidiados, prueba fehaciente de que los agrocombustibles son parte de una política internacional para impedir la consolidación de redes de producción, comercialización y consumo que no está acorde con la conveniencia de los grandes capitales.

El Instituto de Investigación de Políticas de Alimentación Internacional (IFPRI, siglas en Ingles) en Washington D.C. ha realizado investigaciones que arrojan datos preocupantes sobre el potencial impacto de los biocombustibles. Mark Rosegrant, director de una división del IFPRI y otros colegas, proyectan que dados los incrementos constantes del petróleo, el rápido incremento global en la producción de biocombustibles impulsará el aumento del precio del maíz en un 20 por ciento para el 2010 y un 41 por ciento para el 2020. Se estima que los precios de semillas oleaginosas, incluyendo soya, colza y semillas de girasol, incrementarán en un 26 por ciento para el 2010 y en un 76 por ciento para el 2020; lo propio con el precio del trigo: en un 11 por ciento para el 2010 y en un 30 por ciento para el 2020. [7]

De acuerdo a la correlación de factores, las presiones especulativas han creado lo que puede denominarse “la fiebre por los biocombustibles”: el incremento de los precios por especulación. Fondos de inversión están apostando fuertemente en el maíz, lo que está creando una estampida del mercado en torno al etanol. La fiebre de biocombustibles está ocasionando que las reservas estratégicas de granos alimenticios a nivel global se dispongan mayormente para la agroenergía reforzando la posibilidad de desabastecer el mercado de alimentos. Aunque el etanol ha creado enormes oportunidades para formidables ganancias al sector agroindustrial, al de especulación y algunas granjas, ha desequilibrado substancialmente el flujo tradicional de commodities y modelos de comercio y consumo de manera interna y externa en el sector agrícola.[8]

La producción de biocombustibles es, a su vez, un enorme limitante para permitir la consagración de los objetivos del milenio, los que establecieron en las Naciones Unidas, en el 2000, un compromiso de reducir, a la mitad, la población que crónicamente sufre de hambre, del 16% en 1990 a 8% para el año 2015. Considerando los factores expuestos veremos que los agrocombustibles exasperarán más aún el hambre mundial. Varios estudios por economistas del Banco Mundial sugieren que el consumo calórico alimentario de los pobres del mundo declina medio por ciento cuando los precios medios de los alimentos incrementan en un por ciento. Cuando un alimento importante se vuelve más caro, la población trata de reemplazarlo con uno más barato y generalmente menos nutritivo; pero si todos los alimentos básicos suben no hay alternativa a la cual recurrir. Se estima que para el año 2025 existirán 1.2 mil millones de personas crónicamente hambrientas,[9] ¿y que fue de los objetivos del milenio?

Un factor considerativo que tampoco esta siendo apreciado dentro de la ecuación de los agrocombustibles es el paulatino aumento de precios de las canastas básicas mundiales debido a que el transporte naviero marítimo está sufriendo cambios de ruta de las cargas marítimas a puertos chinos, hindúes y otros, debido la creciente economía asiática, hecho que: 1) esta aumentando la congestión del canal de Panamá, subiendo, de por sí, los precios del transporte interoceánico, 2) esta ocasionando que las flotas marítimas prefieran importar minerales (carbón, acero y hierro) para la China, solicitando más espacio en los buques para estos insumos y, por lo tanto, fomentando el incremento de los precios del transporte de granos alimenticios.[10] Si adicionamos el hecho de que los granos o vegetales para agrocombustibles son más rentables que los alimenticios, entonces menos espacio habrá en los navíos para los alimentos.

Finalmente, somos testigos de una mayor confraternización entre las corporaciones transnacionales. Empresas del petróleo que quieren reducir su dependencia con el petróleo, la industria automovilística que quiere continuar sus ganancias de acuerdo al modelo de transportación individual, y las industrias agrícolas que quieren seguir adelante monopolizando el mercado agrícola mundial, se alían para formar oligopolios que dejan sin oportunidades a los pequeños productores y pequeños empresarios. Ni mencionar el rol de los países desarrollados, como EE.UU. y la Unión Europea (U.E.), en su deseo de mantener su hegemonía sobre la economía global. Ahora que existen países latinoamericanos grandes productores de petróleo que se han atrevido a contrariarlos, se esfuerzan por otorgar ímpetu al tema de los biocombustibles.[11]

Sobre la factibilidad económica de los agrocombustibles a partir del balance energético

Dentro de los factores más importantes para definir la factibilidad de la producción de biocombustibles está su balance energético (la comparación entre la energía utilizada para producir agrocombustibles y la energía producida). David Pimental y Tadius Patzek, de las universidades de Cornell y Berkeley, respectivamente, sostienen, según el balance de energía de todos los cultivos, que con los métodos de procesamiento actuales se gasta más energía fósil para producir el equivalente energético en biocombustible.

Producto de sus estudios se deduce que por cada unidad de energía gastada en energía fósil el retorno es: 0.778 de energía de metanol de maíz, 0.636 unidades de etanol de madera y, en el peor de los casos, 0.534 unidades de biodiesel de soya. En síntesis, el retorno por unidad es siempre menor. Si consideramos, además, los costos de investigación, mejoras productivas, mecanización del agro, el costo ambiental por la sobreexplotación de las tierras, los monocultivos, etc., entonces es un proyecto insostenible que ni siquiera ofrece modelos energéticos más equilibrados con el medio ambiente que los fósiles.

Dichas apreciaciones realizadas por Pimental y Patzek para definir este balance de energía, consideran las siguientes variables: la energía usada para la construcción y funcionamiento de las plantas procesadoras, la maquinaria agrícola y el trabajo.

Otros científicos han pronunciado muchas evaluaciones negativas sobre la agroenergía por las implicaciones mediatas e inmediatas que ésta acarrea. A pesar de los resultados de estos estudios, se sigue propagando algunas valoraciones positivas, dejando de lado incluso algunos factores que ni Pimental y Patzek han incluido dentro de sus informes, como ser: los costos del tratamiento de desperdicio y desechos, los impactos ambientales de los cultivos bioenergéticos intensivos -como la pérdida de suelos-, la contaminación ambiental por el uso de plaguicidas y fertilizantes. Sin embargo, a pesar de que se ha tratado de sacar estimaciones positivas (existen seis estimaciones después de la investigación de Pimental y Patzek), el balance energético positivo sigue siendo, a lo sumo, modesto (1.130 a 1.340 en la relación entrada/salida). Asimismo, resaltamos que la reducción de emisiones de gases con efecto invernadero, estimada, es de cerca del 13%: una disminución mínima.

Otros resultados obtenidos por la investigación realizada por Patzek concluyen que las consecuencias económicas de la excesiva producción de maíz han sido devastadoras. Por ejemplo, el precio de maíz en Iowa (departamento Estadounidense), que es el más grande productor de dicho grano, declinó 10 veces entre los años 1949 y 2005, no obstante que las cosechas de maíz se triplicaban. Otro efecto considerativo es que los agricultores de Iowa ganan una tercera parte de lo que ganaban hace 50 años, pero sus costos de producción se han multiplicado, debido a que queman metano y diesel para producir maíz. El precio de metano se ha incrementado varias veces en los últimos 3 años. Patzek dice: “los subsidios a los cultivos de maíz que han suplido los precios del maíz en el mercado han aumentado hasta en un 50% entre 1995 y el 2004”. A esto Patzek agrega que existirá más concentración en la producción industrial del maíz en gigantescas fincas operadas por las grandes corporaciones agrícolas, mientras que a los pequeños agricultores sólo les resta alquilarles su tierra[12].

Sobre la factibilidad tecnológica

La tecnología es un aspecto central. En un estudio realizado por Farrel y Colab (2006) se alerta a los países latinoamericanos que un uso en gran escala de etanol para combustibles seguramente requerirá tecnologías de celulosa[13] que amplían el rango de convertibilidad de las materias primas utilizadas[14]; esto quiere decir, por ejemplo, que ya no necesitaríamos una hectárea de caña para producir 6000 litros de etanol, sino que podríamos hacerlo a partir de un proceso enzimático, desde cualquier material orgánico, por ejemplo, el aserrín de la madera. Esta tecnología aún no está plenamente desarrollada y se estima que de aquí a diez años, mediante inversiones fuertes e investigaciones, puede ser alcanzada. Como los procesos de adquisición de tecnología son caros y requieren de mucha inversión, lo más probable es que sean detentados por pocas manos con capacidad de invertir. Esto les quita a los países latinoamericanos todo tipo de soberanía sobre la producción de agrocombustibles, además de la comercialización.

Mientras tanto, en Latinoamérica la tecnología actual utilizada para la producción de agrocombustibles, que se caracteriza porque requiere de cultivos a gran escala –hecho que conlleva todo una problemática ambiental y social– va a seguir invirtiendo grandes montos de dinero para el aglutinamiento de tierras, préstamos económicos y sistemas de producción, los cuales pueden ser desestimados en su totalidad el momento en que se consolide el tipo de tecnología de segunda generación mencionada en el anterior párrafo, lo cual puede dejar a los países latinoamericanos no solamente con tecnologías desechadas, sino también con deudas, con la mayoría de sus tierras mal utilizadas por cultivos para combustibles y, lo que es peor, con sus tierras apropiadas por las transnacionales o grandes empresas interesadas en los agrocombustibles.

Considerando que los países latinoamericanos que están invirtiendo, como política nacional, en sistemas de agrocombustibles dan plazos y beneficios tributarios para incentivar la inversión de capitales entre cinco y quince años, entonces están dando a los inversores la gran posibilidad de lucrar con nuestras tierras y recursos sin dejar réditos tangibles para el futuro. Mientras tanto, esos mismos capitales están desarrollando tecnologías de segunda generación para que en un futuro cercano el proceso de acumulación de capital ni siquiera necesite de esas tierras para producir biocombustibles. Esto implica que habríamos prácticamente subvencionado las ganancias de las megaempresas implicadas y nos habríamos perjudicado en términos económicos, ambientales, sociales y culturales.

Sobre las oportunidades laborales

En el caso de Brasil, el principal exponente de la agroenergía a partir de biocombustibles en Latinoamérica, la oferta laboral referida a este rubro es bastante desalentadora. Existe información respecto a la baja de la PEA en el área agrícola en un 20%, aproximadamente, desde los años 70, justamente en la etapa en la que se ha incursionado en la industria de los agrocombustibles (año 75). En la experiencia de Brasil se rescata el caso de Ribeiro Preto, municipio de Sao Paolo, paladín de la industria de la caña de azúcar para producir etanol, en el cual la situación laboral en los cañaverales es insignificante y, además, desoladora, ya que hay más gente en la cárcel que trabajando en la agricultura.

Si bien la campaña de la agroindustria siempre ha ofrecido grandes oportunidades de trabajo, su lógica de mecanización y maximización de las ganancias a partir de la eficiencia y competencia traducidas en mejores precios=bajos salarios, han constituido grandes problemas laborales, esclavitud en la zafra y migración del campo a la ciudad. El bajo rendimiento de conversión y la exigencia de subvenciones traducidas en maquinaria, sistemas de irrigación, grandísimas extensiones de tierra, insumos agroquímicos y otros, hacen del agrocombustible en un producto no rentable que no puede darse el lujo de pagar salarios: la mecanización a gran escala es la mejor opción y es, precisamente, la que se está utilizando. Los biocombustibles no dan trabajo.

Agrocombustibles y las cadenas productivas agrícolas

Los agrocombustibles por su componente agrícola se desenvuelven en las cadenas productivas agrícolas, las que se caracterizan porque el pequeño productor ocupa la parte más baja y, por lo tanto, más desventajosa de la misma, siendo las transnacionales las que dominan las etapas más lucrativas.

El poder de las transnacionales se traduce en los agrocombustibles a través de joint ventures, es decir, emprendimientos conjuntos de diferentes multinacionales para un mismo objetivo, en este caso, los agrocombustibles. Tenemos a transnacionales de tres sectores importantes: 1) petrolero, 2) agroindustrial y biotecnológico, y 3) automotriz. Además, se están dando procesos oligopólicos de control de todas las etapas de la cadena de producción de agrocombustibles.

La experiencia de los pequeños productores agrícolas en todo el mundo se caracteriza porque no se gana nada en la producción, sino en la comercialización. Vale decir, es el inversor el que va a definir los precios de la materia prima y del producto final, a través de las negociaciones con otras redes transnacionales con las cuales el pequeño productor no tiene oportunidad de tranzar por sus desventajosas condiciones. Éste hecho ha permitido en algunos casos que los pequeños productores tengan que alquilar sus tierras a las grandes empresas pues no contaban con la posibilidad de obtener sistemas de riego y otros aspectos dominados por las megaempresas (ejemplo de la cadena de la Okra en México)[15].

Este hecho debe alarmarnos pues es un primer indicio de la posibilidad de abrir las puertas a las transnacionales para que ingresen a apoderarse de tierras, territorios y recursos naturales que renueven la lógica de consumo capitalista en la que son los países del Primer Mundo los que consumen y los países del Tercer Mundo los que avalan con sus recursos, tierras y mano de obra barata esa insostenible costumbre del sistema capitalista.

ALGUNAS ANOTACIONES RESPECTO AL MEDIO AMBIENTE

Sobre la reducción de Gases Efecto Invernadero

Se dice que los agrocombustibles serán una opción para reducir los gases de efecto invernadero y otros daños ambientales relacionados con la cadena del petróleo, con lo cuál se estaría contribuyendo con el problema del calentamiento global. La realidad se postra bastante distinta al discurso ya que no es la forestación una de las intenciones de la agroenergía, sino, más bien, la deforestación traducida en monocultivos extensos. Son varios los científicos que abogan porque para una verdadera reducción de CO2 se debe reforestar y no así “deforestar para cultivar”.

La producción de agroenergía no va a reemplazar al combustible fósil en más que un 10 o 15% para el 2030 más o menos. La capacidad de conversión de los cultivos no es eficiente y requiere de grandes extensiones de tierra y del uso de agroquímicos y biotecnología para maximizar la producción, con lo que se destruye la tierra. Asimismo, la capacidad de recorrido en distancia que tiene un auto que funciona con diesel es mayor a aquel que funciona con biodiesel, hecho que implica que se requiere de mayor cantidad de explotación de tierras y cultivos para mantener los estándares de consumo del parque automotriz. En este sentido, la contaminación que deviene intrínsecamente del combustible fósil no va a desaparecer con la energía vegetal.

Por otra parte, si consideramos que: 1) el gobierno de EE.UU. prevé que el consumo mundial de energía aumentará en un 71% entre 2003 y 2030, la mayor parte del cuál tendrá como fuente una mayor demanda de petróleo, hulla y gas natural, y 2) se estima que, para el final de ese periodo (2030), toda la energía renovable (incluidos los agrocombustibles) será un 9% del consumo mundial de energía, entonces es relativo y peligroso considerar como cierto el supuesto de que los agrocombustibles tendrán un papel importante en la lucha contra el calentamiento global.[16]

Además, es preciso anotar que EE.UU. y otras potencias como parte de su “discursos” de apoyo a la reducción de gases de efecto invernadero, ha optado por dejar libre a sus países de industrias contaminantes[17]. Al mismo tiempo, como parte de sus “discursos” de cooperación al desarrollo de los países del tercer mundo, han desarrollado procesos de traspaso de las industrias electrointensivas y ambientalmente contaminantes del medio ambiente a los países en desarrollo. Tal contradicción no es casual. A los países desarrollados les resulta mucho más barato instalar sus industrias en estos países debido a los bajos costos de producción traducidos en: mano de obra barata, ahorro en transporte de materias primas y la predisposición de gobiernos fácilmente doblegables en materia ambiental.

Desde un punto de vista medioambiental, los biocombustibles no necesariamente contribuirán a disminuir la problemática de la polución, y, en algunos casos, muy por el contrario, exacerbarán el calentamiento global. De acuerdo Monbiot (2007), cada tonelada de aceite de palma que es convertido en biocombustible dispersa 33 toneladas de emisiones de carbono dióxido (CO2); 10 veces más que las emisiones dispersadas por combustibles fósiles.[18]

Además, “los agrocombustibles industriales requieren amplias aplicaciones de fertilizantes petroquímicos, cuyo uso global (actualmente a una relación de 45 millones de toneladas por año) tiene más que el doble de la disponibilidad biológica de nitrógeno en el mundo, contribuyendo intensamente a la emisión de óxido nitroso, un gas de efecto invernadero 300 veces más potente que el CO2”[19].

En caso que la actividad de producción de agrocombustibles se esfuerce en no deforestar, según estudios realizados pro la FAO, el tipo de agricultura que deberá sustentar esta actividad son los monocultivos para producir eficientemente, es decir, mayor cantidad de producto por hectárea y en el menor tiempo posible. Para esto es un requisito indispensable el mayor uso de irrigación y fertilizantes de origen fósil, los cuales tienen un alto contenido de óxido nitroso (N2O), el tercer gas de efecto invernadero más importante en el mundo para el calentamiento global[20].

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, siglas en inglés) dice que las emisiones de óxido nitroso por año son equivalentes a 3.114 mil millones de toneladas de dióxido de carbono anual. Sólo la agricultura emite un equivalente a 2.616 mil millones de toneladas de dióxido de carbono[21].

Según Mosier y Zhu, las emisiones de óxido nitroso se han incrementado en un 250%. Desde la revolución industrial, las concentraciones de óxido nitroso se han incrementado en un 17% y, en total, los humanos han duplicado la cantidad de nitrógeno biológico de manera global, cuyos efectos son desastrosos sobre la biodiversidad. A pesar de que este hecho es extremadamente, preocupante, aún no se conoce totalmente sus consecuencias, pero sí es sabido por los científicos que un aumento en la utilización de productos petroquímicos implica el aumento de óxido nitroso, el cuál, por efectos de evaporización de las aguas es trasladado a otros cultivos, con lo que cultivos y bosques que no están acostumbrados a altos contenidos de nitrógeno pueden desaparecer[22].

Este hecho es muy preocupante debido a que los lugares óptimos para una mejor producción de agrocombustibles son aquellos que convierten el carbón en oxígeno, como por ejemplo, el Amazonas o las selvas tropicales del sureste asiático.

Sobre la deforestación y recuperación de suelos

Otro aditivo del maquillaje discursivo que pretende hacer presentable a los agrocombustibles, se sustenta en que permite la recuperación de suelos y que no alimenta el proceso de deforestación.

Son varias experiencias que han demostrado que los agrocombustibles significan un avance de la frontera agrícola y ganadera, a costa de la destrucción de los bosques primarios. Incluso se ha venido a denominarle el “biodiesel de la deforestación” por Eric Holt-Giménez. El caso de Brasil, nada más, es alarmante. La industria del azúcar y el alcohol tiene la pretensión de alcanzar en Brasil el record de 110 mil millones de litros de etanol anuales; es decir, abastecer el 5%, únicamente, del mercado mundial de etanol, lo que equivale a aumentar su producción actual en seis veces. En esta perspectiva, manteniéndose los actuales niveles medianos de productividad de la caña de azúcar y de los rendimientos en la fabricación del etanol, los cañaverales tendrán que ocupar 28 millones de hectáreas, casi la mitad de los aproximadamente 60 millones que conforman toda el área usada hoy por la agricultura nacional[23].

En toda la bibliografía consultada, no se han encontrado experiencias que hayan cooperado en la reforestación y recuperación de suelos. Muy por el contrario se encuentran casos extremos de deforestación como en Brasil, Indonesia y otros.

Aquellos que defienden el hecho de que la agroenergía no significa deforestación en sí misma, olvidan que utilizar tierras para la producción de agrocombustible además de las tierras que se necesitan para producir alimentos, implica un aumento de actividades que requieren de más extensiones de tierra. Vale decir, la producción de agrocombustible empuja a otras actividades agrícolas a buscar más tierras, con lo que la deforestación se convierte en una realidad más difícil de paliar.

CONCLUSIONES

Cabe preguntarse ¿cuál es la razón de los agrocombustibles si según los datos analizados no son rentables ni beneficiosos, sino, más bien, todo lo contrario? Como ya hemos anticipado someramente, los agrocombustibles tienen una razón de ser, y esta no es, precisamente, de orden ecologista, social o cultural. Los agrocombustibles son la punta de lanza de un modelo de libre comercio que posibilite a las transnacionales de EE.UU, y otras, mantener a flote su sistema financiero y político.

En este sentido, es urgente ser concientes de que los agrocombustibles son parte de un contexto internacional caracterizado por importantes acaecimientos económicos que preceden a un gran colapso del modelo capitalista global reflejado en el escenario económico que acontece en EE.UU actualmente. El precio del petróleo se mantiene en ascenso. Los indicadores no mienten: la marca de $us 80 por barril de petróleo ya se superó, y se prevé alcanzar $us 100 por barril prontamente. Asimismo, el precio de otros “commodities” también sube. Esta subida coincide con un dólar cada vez más débil y el aumento de la liquidez del sector financiero estadounidense (corporaciones del complejo energético-industrial-militar, bancos y fondos financieros). Es posible que esta bonanza termine dirigiéndose hacia créditos de alto riesgo. Y es en esta parte de la ecuación que encajan los agrocombustibles: su bajo rendimiento y su alta exigencia de subvenciones caen como anillo al dedo a la necesidad de mantener en movimiento, mediante créditos, esos capitales que son, en realidad, espejismos, pues los precios de las materias primas están subiendo por especulación y la inflación del dólar está creciendo[24].

Este espejismo resulta muy atractivo para los países exportadores de materias primas los cuáles caen en el discurso de los grandes capitales que hacen creer que con el incentivo de la producción agropecuaria, mediante créditos, van a hacer crecer las economías del Tercer Mundo. La historia es la portadora de la verdad y refleja en su seno el fracaso del modelo de desarrollo (llámese este “desarrollo sostenible” o de otra manera, pero siempre “desarrollo”) y sus falsas promesas. Recordemos a América Latina en la década de los ´80 cuando Estados Unidos saneó su inflación dando ingentes cantidades de créditos, los cuales se tradujeron solamente en la deuda externa insostenible[25].

El caso de los agrocombustibles hace venia a aquella realidad no lejana debido a que por su infactibilidad social, cultural, económica y tecnológica, va a terminar endeudando, sin salida, a los países del llamado Tercer Mundo. Las experiencias en Colombia, por ejemplo, ya muestran que los pequeños productores se han endeudado hasta el cuello para comprar tierras que les permitan producir ya que, no olvidemos, son muchas tierras las que se necesitan para producir algo de biocombustible. Por otro lado, hay casos en los que los pequeños productores no tienen más que alquilar sus tierras, porque es lo único que tienen, para acceder a los famosos créditos. Gracias a esto, las megaempresas se están adueñando de tierras y, por lo tanto, de recursos naturales (incluidos recursos humanos).

Estamos en una etapa en la que los agrocombustibles viabilizan la supervivencia del sistema financiero y político capitalista, cada vez más cruel. Una etapa que a diferencia de otras refleja un creciente rechazo a las políticas internacionales de ingerencia en los países denominados tercermundistas. El rechazo al ALCA y a los TLCs es una prueba de ello. Pero hay que tener cautela debido a que los agrocombustibles se posicionan como parte de la salida del ciclo de crisis que caracteriza al capitalismo actual, mediante la apertura a la inversión extranjera y a la ingerencia sobre tierras, territorios y recursos, medios fundamentales para la supervivencia de este sistema.

El modelo de libre comercio tan resistido en algunos países se camufla muy ágilmente en diferentes iniciativas como los agrocombustibles, la Iniciativa de Integración Regional Sud Americana (IIRSA) y las cuencas del río Madera[26], las cuales están integradas en un modelo de recolonización que, evidentemente, no vela por las exigencias de los países denominados subdesarrollados, sino por la supervivencia del sistema capitalista global.

*Maya Rivera Mazorco y Sergio Arispe Barrientos trabajan en la Comisión de Agricultura, Campesinado, Comunidades Originarias y Etnias del Senado Nacional de Bolivia. Contáctelos en: thunhupha@yahoo.com.ar

Notas

[1] Es importante mencionar que esta definición de bioenergía considera únicamente la visión filosófica occidental que se sustenta en la dicotomía energía-materia, así como en la partición vivo-no vivo, entre otras separaciones. Debido a que el tema de la definición requiere de un análisis profundo, hemos decidido hacerlo en otra ocasión y en otro artículo. De todos modos, es importantísimo mencionar que esta definición de bioenergía es colonizadora y no asume aquellas visiones para las cuales no hay separación entre el ser y la realidad y, por lo tanto, entre la materia y la energía ni entre lo vivo y lo muerto.

[2] Dicho publicitario utilizado en seminarios y foros a favor de la producción de agrocombustibles.

[3] “Ante el fracaso del modelo, la economía neoliberal ha echado mano al componente ideológico como recurso estabilizador y ha creado un sentimiento, fuertemente apuntalado por el discurso, de que no hay alternativa al capitalismo de libre mercado. Concomitantemente, y a partir del 11 de septiembre de 2001, ha reforzado el componente político-militar, con lo que reconfigura el neoliberalismo en un neo-neoliberalismo armado e intervencionista, fuertemente anti-democrático, disfrazado de humanismo anti-terrorista, que pretende desarmar los sistemas de defensa de todos los países del sur y el este que representan un obstáculo a las pretensiones norteamericanas de dominio del planeta” (Graciela Mazorco, “De la competencia a la complementación”, documento inédito).

[4] Esto lo ha sido reconocido en la Cumbre de Países G8 en Heligendamm-Alemania el 7 de junio de 2007.

[5] Maria Luisa Ramos. Cumbre de Países G8 realizada en Alemania-Heiligendamm. Breve Análisis sobres su Declaración emitida el 7 de junio de 2007. Bolpress. 13/06/2007. Sección Opinión.

[6] Ego Ducrot, Victor. Agencia Periodística MERCOSUR (APM). Suba creciente de precios a la hora de comer. 10/08/2007. ver aquí

[7] C. Ford Runge y Benjamín Senauer. (Foreign Affairs). How Biofuels Could Starve the Poor (Como los biosombustibles podran hacer morir de hambre al pobre). mayo/junio 2007. ver aquí . Traducciones realizadas por nosotros.

[8] C. Ford Runge y Benjamín Senauer. (Foreign Affairs). How Biofuels Could Starve the Poor (Como los biosombustibles podran hacer morir de hambre al pobre). mayo/junio 2007. ver aquí. Traducciones realizadas por nosotros.

[9] Ibíd.

[10] APM. De cómo el Tercer Mundo no controla lo que producen Corporaciones, especuladores y Agrocombustibles. ver aquí. 14-09-2007

[11] Saragih, Henry. Vía Campesina. It´s cars versus humans (Son autos contra humanos). Traducciones realizadas por nosotros. 03/08/07. Saragih Henry es Secretario General de la Federación de Uniones de Granjeros de Indonesia (FSPI). http://www. thejakarta.com/yesterdaydetail.asp?fileid=20070726.E03

[12] Ibid.

[13] Según, Martins de Carvalho, Horacio. (Alainet) en: La expansión de la oferta del etanol. 13/08/2007. (ver aquí), existe la posibilidad de hacer etanol celulósico a partir del 2012, en Estados Unidos, y en Brasil en los próximos 10 años. Éste tipo de etanol se produce a partir de residuos agrícolas y forestales. Considerando que el proceso se basa en la hidrólisis enzimática del bagazo de caña, el principal problema actualmente es la producción y aplicación de enzimas en gran escala.

[14] Gerardo Honty y Eduardo Gudynas. Agrocombustibles y desarrollo sostenible en América Latina y el Caribe. Situación, desafíos y opciones de acción. PROBIOMA (Productividad, Biosfera y Medio Ambiente). Santa Cruz. 2007.

[15] Sánchez, Kim (México), “Tierra y trabajo para forjar una cadena de productos frescos en una región agrícola de México”, en Teoría y práctica del enfoque Cadenas Globales de Mercancías en América

[16] Martins de Carvalho, Horacio. (Alainet) La expansión de la oferta del etanol. 13/08/2007. ver aquí

[17] Ibíd.

[18] Saragih, Henry. Vía Campesina. It´s cars versus humans (Son autos contra humanos). Traducciones realizadas por nosotros. 03/08/07. Saragih Henry es Secretario General de la Federación de Uniones de Granjeros de Indonesia (FSPI). http://www. thejakarta.com/yesterdaydetail.asp?fileid=20070726.E03

[19] Eric Holt-Giménez. Phd. Director Ejecutivo, Food First/Institute for Food and Development Policy, Oakland-California. “Biocombustibles: mitos de la transición de los agrocombustibles”. Artículo publicado en Ecoportal.net. 4/09/07.

[20] Biofuelwatch. “Agrofuel threaten to acelérate global warming” (Los Agrocombustibles amenazan con acelerar el calentamiento global). Mayo, 2007. ver aquí. Citas traducidas para este texto por los propios autores.

[21] Íbid.

[22] Íbid.

[23] Ibíd.

[24] Víctor Ego Ducrot. “Inflación y crisis: cuidado con las grandes mentiras. Petróleo, dólar y ´commodities´ a favor de EE.UU”. ver aquí

[25] Ibíd.

[26] Como importante referencia sobre la relación entre los agrocombustibles, el IIRSA y las cuencas del río Madera, el investigador boliviano Pablo Villegas ha trabajado de forma inédita, especialmente sobre el tema del río Madera.

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Documentos/Agrocombustibles-catalizador-del-modelo-de-libre-comercio-re-colonizador-y-parte-de-la-formula-de-supervivencia-del-capitalismo-global

 

 Alternativas emancipatorias

 

Hemos comprobado cómo el gobierno de Evo Morales Ayma-Álvaro García Linera ha tomado partido por la actual fusión gran capitalista e imperialista en contra de los derechos tanto de los pueblos como de la Naturaleza. No atendió documento de Maya Rivera Mazorco y Sergio Arispe Barrientos. Miente estar gestionando la transición capitalista hacia buenos vivires abajo como lo explican en ese documento. De ahí que es fundamental, abajo y a la izquierda, discutir enfoques de quienes son progresistas e izquierdistas reformistas por su capacidad de desviar a las grandes mayorías de concretar su poder popular de crear armonías dentro de la sociedad nacional, plurinacional e internacional y con la Madre Tierra.

 

Entrevista a João Pedro Stedile, del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) y de Vía Campesina

"Hay que construir, con el pueblo y

las fuerzas populares,

un proyecto de nación"

4 de octubre de 2019

Por Emily Dulce

Brasil de Fato

 

 

La creciente pérdida de popularidad del presidente Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal –señalada por diversas encuestas desde el comienzo de su gobierno– debe acentuarse con el tiempo y aislarlo cada día más una vez que el capitán retirado todavía no logró presentar un proyecto para el país ni cuenta con una base social para sostener su discurso belicista y antipopular. Este es el análisis de João Pedro Stedile, integrante de la dirección nacional del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) y de La Vía Campesina Internacional. 

 

Emily Dulce.- Una encuesta realizada por el Instituto Ibope divulgada el 25 de septiembre demuestra que la desaprobación de Bolsonaro sigue creciendo. ¿Qué eso señala?

João Pedro Stedile.- Estos son solo los primeros indicios de que el gobierno de Bolsonaro no tiene base social. Él es fruto de una manipulación de la red Globo y de las redes social que, con el apoyo de la campaña de Trump y de Mossad [servicio de inteligencia], de Israel, con robots para actuar en la redes -en Whatsapp, en Facebook– y crearon una situación en el último mes de las elecciones que, tras la ausencia de Lula, le posibilitó ser elegido. Pero estar en el gobierno no significa representar la sociedad.

La sociedad brasileña está atónita con su discurso y su práctica. Entonces es como si a cada mes la población se quedara más afectada por la forma como Bolsonaro explicita -de modo honesto, según su perspectiva– su visión de la sociedad, de mundo. La visión de Bolsonaro se choca todos los días contra la cultura, política y costumbres del pueblo brasileño. Por lo tanto, yo creo que incluso cuanto más tiempo pase, más aislado se va a quedar.

Emily Dulce.- ¿Cuáles son los desafíos de aquí en adelante? ¿Cuáles son las banderas centrales de lucha?

João Pedro Stedile.- Desde el punto de vista de la clase obrera y del pueblo, hay enormes desafíos debido a la situación que vive Brasil hoy. Uno de ellos consiste en cómo hacer frente a la crisis generalizada que afecta la sociedad brasileña. Esta crisis es prolongada, no se puede resolver de una hora a otra con solo una propuesta.

Por ejemplo, hay 13 millones de desempleados y 30 millones en puestos de trabajo precarizados. Por lo tanto, hay aproximadamente 50 millones de trabajadores excluidos del proceso productivo. Esto no es algo simple.

La izquierda y las fuerzas populares tienen que debatir un proyecto político de país que considere medidas estructurales para cambiar la economía del país y garantizar empleos, ingresos y mejora de las condiciones de vida de la población.

Un segundo desafío es cómo llevar esas ideas hacia el pueblo. No sirve de nada tener las ideas claras entre nosotros –en cursos o escuelas, entre los militantes de la juventud o del MST–, porque quien tiene que darse cuenta de la necesidad de un nuevo proyecto es el pueblo, son las grandes masas.

Entonces el desafío da izquierda y de las fuerzas populares es dialogar con las grandes masas, y no hay una receta única, hay mil y una formas de comunicación de masa, desde radio, diario, boletín, pintada, música o manifestación cultural

El tercer desafío es lograr la unidad entre la clase obrera y las fuerzas populares para construir una plataforma común. No es algo simple, porque los partidos tienen sus propios intereses. En general, los partidos en Brasil no son instituciones políticas para organizar el pueblo y hacer lucha de masas. Los partidos institucionales en Brasil están organizados solo para disputar las elecciones. El partido solo piensa: “¿quién ganará las elecciones?”. Lo que a veces está muy distante de lo que el pueblo necesita: vivienda, educación, salud.

Un último desafío que tienen los movimientos populares y la izquierda en general es renovar los métodos de hacer la pedagogía de masas, es decir, cómo trabajar  de modo distinto para concientizar el pueblo. Hay que ser creativos y encontrar nuevas formas pedagógicas de vender nuestro mensaje. Consciencia quiere decir conocimiento sobre lo que está pasando en Brasil para que, a partir de eso, el pueblo proponga cambiar la realidad.

Uno de los aspectos que el capitalismo trajo – no solo para la sociedad brasileña, sino para todo el mundo – es la crisis ambiental, que es muy grave porque tiene que ver con las condiciones de vida en el medio ambiente. Todos tienen que comer y el alimento forma parte de la naturaleza. Todos respiran y necesitan oxígeno para sobrevivir. Todos beben agua y hay que tener agua limpia para no contraer enfermedades. Miles de niños Brasil adentro, por ejemplo, aún mueren por ingestión de agua contaminada.

Estos temas están relacionados directamente con el medio donde vivimos y con el modo que nos relacionamos con la naturaleza. Todo viene de la naturaleza: el alimento, el agua, el oxígeno, el clima, sus alteraciones. Si se daña la naturaleza, hay desequilibrio.

También debe formar parte de otro proyecto para el país la cuestión de la crisis ambiental. En realidad hay que tener otra posición, sea como seres humanos, sea para organizar la producción ante los problemas de las agresiones del capital contra la naturaleza.

Emily Dulce.- ¿Bolsonaro tiene un proyecto de país? 

João Pedro Stedile.- El lado positivo es que él no tiene un proyecto de nación brasileña. Bolsonaro es un capitão-de-mato, para hacer mención a este personaje de la esclavitud en Brasil. El capitão-de-mato era un hombre negro encargado de hacer el trabajo de policía en la senzala a mando de sus amos blancos, capitalistas. Ahora, nuestro amo capitalista son los bancos y las grandes empresas transnacionales, cuyo centro es Estados Unidos. 

Entonces Bolsonaro es un capitão-de-mato moderno, que se subordinó totalmente a su patrón blanco, representado por Trump, no como persona pero como símbolo del gran capital estadounidense que intenta dominar nuestra economía, apropiarse de nuestro petróleo, minerales, mercados y empresas estatales.

Él estuvo en Estados Unidos y fue patético: se encontró con Trump y le dijo “I love you”. Eso es ridículo: dos jefes de Estado se encuentran. En la simbología, dos pueblos. Y ninguno de ellos merecen los gobernantes que tienen.

El lado positivo es que las personas se concientizarán de que este gobierno nada tiene que ver con la nación brasileña y que, por lo tanto, hay que construir, con el pueblo y las fuerzas populares, un proyecto de nación.

Traducción: Luiza Mançano, para Brasil de Fato.

https://www.brasildefato.com.br/2019/10/02/stedile-sin-base-ni-proyecto-bolsonaro-tiende-a-quedarse-cada-vez-mas-aislado/ 

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=261114

 

 

Descubrimos que João Pedro Stedile plantea proyectos semejantes al de quienes creen posible, en el presente globalizado y desde un país periférico, un capitalismo nacional. En efecto, mira hacia un proyecto de nación y de  encontrar nuevas formas pedagógicas de vender nuestro mensaje.

 

Coincide con el paternalismo y autoritarismo de Julio C. Gambina que nos señala: “La respuesta es la soberanía nacional y la integración regional, para la crítica al capitalismo como única forma de confrontar contra los efectos del cambio climático y el calentamiento global. En defensa del medio ambiente se impone el cambio del modelo productivo y ensayar los caminos concretos de la transición hacia sociedades que en el centro de sus objetivos se encuentre la defensa de la vida humana y natural”.

 

Cuestionemos el único enfoque que nos dicta como correcto. Por un lado, es hora de analizar, contextualizando en la realidad concreta del sistema mundo, a significados de “soberanía nacional” y de “integración regional” teniendo en cuenta cómo los gobiernos progresistas e izquierdistas afines las concretaron en contra de nuestros pueblos al promover extractivismos.  Por otro lado, es imprescindible no usar términos eufemísticos como “cambio climático”, “calentamiento global” y “medio ambiente” si real y efectivamente procuramos el esclarecimiento de una creciente mayoría de nuestros pueblos sobre cómo el capitalismo, sea progresista e ‘izquierdista’ sea neoliberal, está generando ecocidios-genocidios mediante extractivismos e infraestructuras correspondientes. Aún más, discutamos qué entendemos por pobreza y su superación y “la defensa de la vida humana y natural”.

 

 

Medio ambiente y capitalismo

3 de octubre de 2019

 

Las masivas movilizaciones mundiales en defensa del clima y el medio ambiente evidencian la preocupación social sobre el deterioro del planeta y las condiciones de la vida. Aun cuando se indica el accionar del ser humano para esta depredación de la naturaleza, no se enfatiza lo suficiente en la responsabilidad del modelo productivo del capitalismo. Las protestas debieran concentrarse más en este aspecto esencial que en el fenoménico del impacto ambiental. El responsable del cambio climático es el modo de producción capitalista. 

 

 

Por Julio C. Gambina

No alcanza con consumir menos, cuidar los cursos de agua, los bosques, los glaciares o la naturaleza en su conjunto, si al mismo tiempo no se atacan las causas que están en las formas de la producción capitalista, asentada por siglos en la explotación de la fuerza de trabajo y la depredación de la naturaleza. El trabajo es el padre de la riqueza, y la tierra la madre, sostenían los clásicos de la Economía Política, una disciplina científica que surgió para fundamentar el moderno modo de producción capitalista.

Por eso la necesidad de criticar al capitalismo, no solo sus efectos. El diagnóstico es fundamental para encarar procesos realistas de solución. De lo contrario, solo deambularemos por senderos marginales que no conducen a resolver el problema. Una vez identificado el problema es que se puede pensar en modificar la realidad, la que no puede hacerse de inmediato, ya que requiere de un complejo proceso social que incluye la asunción de la conciencia colectiva sobre lo que está provocando el problema y los modos de operar para su modificación.

Ese camino de la transición del orden capitalista actual hacia otro modo de producir y distribuir es lo que se discute desde la emergencia de la crítica de la economía política y las variadas experiencias de revolución social desde el Siglo XIX hasta el presente, con mucho de ensayo y error, renovado especialmente desde los procesos de cambio en Nuestramérica de los años recientes. Es un proceso no agotado, en desarrollo y que explica las confrontaciones y debates en curso en nuestros países.

Voces en Nuestramérica

Por eso resulta interesante recoger las voces pronunciadas desde nuestros territorios. Sostuvo en la ONU Evo Morales: “No podemos mantener el silencio cómplice frente a la catástrofe a escala planetaria que se avecina y tampoco podemos hablar de prudencia cuando estamos en el umbral de la destrucción asegurada. El capitalismo ha fomentado, ha introducido y ha impulsado en los últimos dos siglos la fórmula más salvaje y destructiva de nuestra especie, convirtiendo todo en mercancía para beneficio de unos cuantos” [1]

Adicionó en la misma intervención: “La madre tierra está acercándose peligrosamente al crepúsculo de su ciclo vital, cuya causa estructural y responsabilidad corresponde al sistema capitalista. Este sistema ha desencadenado a gran velocidad una fuerza arrolladora y destructiva a nombre de la libertad de mercado, de libre competencia y los derechos humanos”

Hay quienes critican al gobernante de Bolivia por la explotación de los hidrocarburos y otras formas del modelo económico boliviano que favorece la apropiación estatal de rentas para generar un proceso de distribución primaria y secundaria que atiende inmediatas e imperiosas necesidades sociales. ¿Acaso pretenden los críticos negar el diagnóstico formulado induciendo políticas de miseria para el conjunto empobrecido de la sociedad?

Lo que no se entiende es el propio proceso de transición en Bolivia, que incluye los límites de la dependencia y la urgencia de atender necesidades básicas imperiosas de la población más empobrecida. Al tiempo que se critica al orden capitalista mundial, se atienden las imperiosas necesidades de la población y se ensayan formas de la transición, inexploradas hasta ahora en la sociedad que confronta al régimen del capital.

El tema no es nuevo en los dos sentidos, sea la denuncia del capitalismo y las formas de resolver las necesidades de los sectores menos favorecidos por el orden del capital.

Vale recordar en ese sentido la intervención de Fidel Castro en la cumbre de la tierra en 1992 en Río de Janeiro, en cuyo inicio sentenció: “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre.”

En la brevísima alocución señaló: “Los bosques desaparecen, los desiertos se extienden, miles de millones de toneladas de tierra fértil van a parar cada año al mar. Numerosas especies se extinguen. La presión poblacional y la pobreza conducen a esfuerzos desesperados para sobrevivir aun a costa de la naturaleza. No es posible culpar de esto a los países del Tercer Mundo, colonias ayer, naciones explotadas y saqueadas hoy por un orden económico mundial injusto.”

Refiriéndose al qué hacer sostenía: “La solución no puede ser impedir el desarrollo a los que más lo necesitan. Lo real es que todo lo que contribuya hoy al subdesarrollo y la pobreza constituye una violación flagrante de la ecología. Decenas de millones de hombres, mujeres y niños mueren cada año en el Tercer Mundo a consecuencia de esto, más que en cada una de las dos guerras mundiales. El intercambio desigual, el proteccionismo y la deuda externa agreden la ecología y propician la destrucción del medio ambiente.”

Agregaba: “Si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción, hay que distribuir mejor las riquezas y tecnologías disponibles en el planeta. Menos lujo y menos despilfarro en unos pocos países para que haya menos pobreza y menos hambre en gran parte de la Tierra. No más transferencias al Tercer Mundo de estilos de vida y hábitos de consumo que arruinan el medio ambiente. Hágase más racional la vida humana. Aplíquese un orden económico internacional justo. Utilícese toda la ciencia necesaria para un desarrollo sostenido sin contaminación. Páguese la deuda ecológica y no la deuda externa. Desaparezca el hambre y no el hombre.” [2]

Al tiempo que criticaba al capitalismo como forma hegemónica en el sistema mundial, en momentos que había desaparecido la bipolaridad, el jefe de la revolución cubana señalaba las dificultades de los países dependientes y atrasados para encontrar sus caminos de solución en confrontación con la lógica dominante.

La discusión sobre la transición no supone un rumbo sin contradicciones y son las que recogen ambas intervenciones mediadas por casi tres décadas de pronunciadas y que fueron transitadas con experiencias que aun animan el debate contra el orden capitalista.

Actualidad del debate

Es un tema actual y trascendente, porque la responsabilidad está en la hegemonía del capitalismo mundial y aún cuando se aprueben protocolos internacionales, que además EEUU no suscribe, resulta imposible resolver el tema.

No alcanza con discursos o protocolos de denuncia, sino acontece una dinámica social de organización y movilización contra las causas del calentamiento global y el cambio climático. No hay forma de mitigar el efecto devastador mientras subsista el régimen del capital.

Se impone la discusión por el cambio de las relaciones sociales de producción y su efecto depredador sobre la naturaleza, que incluye en su seno a la especia humana. Se trata de un tema sustantivo para Nuestra América, en tanto territorio históricamente condenado a la provisión de materias primas y “recursos naturales”, que, si visibilizáramos como “bienes comunes” de la actual y futuras generaciones, a otras conclusiones se arribarían.

El tema viene de la conquista y colonización, agudizado en años recientes con la suba de los precios de las materias primas, aun con el retroceso actual, donde se recicla el papel subordinado de la región por vía del deterioro secular de los términos de intercambio en el sistema de relaciones internacionales.

Nuestros países generan riqueza y excedente económico vía explotación de estos bienes comunes en beneficio de la reproducción del gran capital transnacional que define el ciclo económico, es decir, la producción, la distribución, el cambio y el consumo. Remito al petróleo, al gas, al cobre, al agua, a la tierra, al oro, al litio, a la biodiversidad, o a diversos materiales que se acumulan en nuestro suelo.

Resulta imprescindible enfatizar en que los “recursos naturales” son bienes comunes, que pertenecen a la humanidad, pero que, al estar asentados en nuestros territorios, la soberanía en su cuidado y gestión es imprescindible, lo que demanda una mirada local, sí, pero sobre todo regional, de una respuesta conjunta e integrada.

Claro que eso suena como una anomalía ante la preeminencia del discurso y las políticas liberalizadoras en la región. Se puede observar a Bolivia en el sostenimiento de un proceso soberano, rodeado por procesos liberalizadores de sus vecinos: Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Perú.

Es una cuestión para discutir en tiempos electorales en Bolivia el próximo 20/10, y en Argentina y Uruguay una semana después, el 27/10; aún más allá de procesos eleccionarios en el destino de la región, gobierne quien gobierne. El modelo productivo asentado en el agro negocios, la mega minería, la explotación de hidrocarburos no convencionales (Argentina), e incluso la industrialización dependiente y los mecanismos de especulación que incluye el fuerte endeudamiento, caso argentino especialmente, exige la discusión sobre la continuidad o no de ese modelo y las posibilidades para intentar cambios y en lo posible, procesos de transición que confronten con el orden capitalista.

Por eso no se trata de una cuestión ambiental lo que está en debate, sino las formas de producir, distribuir, intercambiar y consumir. Cambiar el modelo productivo resulta imprescindible. Es algo que debe encararse como proceso regional.

No alcanza con definiciones nacionales, aunque son imprescindibles. Se requiere la superación de los condicionantes que impone la dependencia de las transnacionales, de los organismos internacionales y de una lógica discursiva hegemónica del pensamiento en Política Económica, relativo a que lo único que se puede hacer deviene de la liberalización de la economía, del libre mercado y la libre competencia, falacia en tiempo de dominación monopolista.

La respuesta es la soberanía nacional y la integración regional, para la crítica al capitalismo como única forma de confrontar contra los efectos del cambio climático y el calentamiento global. En defensa del medio ambiente se impone el cambio del modelo productivo y ensayar los caminos concretos de la transición hacia sociedades que en el centro de sus objetivos se encuentre la defensa de la vida humana y natural.

Notas:

[1] Naciones unidas Bolivia. Evo Morales plantea en la COP21 eliminar el capitalismo para salvar a la tierra. En: http://www.nu.org.bo/noticias/naciones-unidas-en-linea/evo-morales-plantea-en-la-cop21-eliminar-el-capitalismo-para-salvar-a-la-tierra/

[2] CUBADEBATE. Discurso de Fidel Castro en Conferencia ONU sobre Medio Ambiente y Desarrollo, 1992, en: http://www.cubadebate.cu/opinion/1992/06/12/discurso-de-fidel-castro-en-conferencia-onu-sobre-medio-ambiente-y-desarrollo-1992/#.XY9Z40ZKjIU

Blog del autor: http://juliogambina.blogspot.com/  

Fuente: https://www.anred.org/2019/10/03/medio-ambiente-y-capitalismo/

 

 

Consideremos la imposibilidad de "transición  hacia sociedades que en el centro de sus objetivos se encuentre la defensa de la vida humana y natural", como sostiene Julio C. Gambina, desde los extractivismos. Porque estos forman parte esencial "de un sistema de producción/acumulación que expropia a los pobladores locales, resiente las economías empobrecidas de los países del Sur y reproduce el capital de los países del Norte, que se siguen enriqueciendo también gracias a la crisis ambiental planetaria".  De modo que, personalidades como las de João Pedro Stedile y Julio C. Gambina, están bloqueando la deliberación de una creciente mayoría y toma de decisiones respecto a erradicar los extractivismos. Pero, ante todo, el despeje de ese camino exige enjuiciar al contubernio de capitales y estados imperialistas con los locales empezando por desenmascarar el progresismo y las izquierdas reformistas como colaboracionistas ineludibles de esa connivencia por desorganizar a pueblos insurrectos.

 

Están en juego la vida planetaria y la humanidad. No sólo lo prueba la Amazonía sino también lo demuestra Colombia con su mayor gobernabilidad sobre el desarrollo de los agrocombustibles (AGC).

 

"En Colombia se conjugan diversos aspectos que la hacen atractiva para tal actividad: condiciones geográficas, climáticas y edafológicas excelentes; un ambiente favorable a la inversión extranjera; inserción completa del país en la globalización neoliberal; un Estado violador sistemático de los derechos humanos; anuencia y/o pasividad crítica de los medios de comunicación y buena parte de la academia, etc. Todos estos factores, en términos generales, suelen hallarse también en los otros lugares del mundo en desarrollo que han sido lanzados a la vorágine de los AGC".

 

 

Agrocombustibles

“Llenando tanques, vaciando territorios”
Una publicación de: CENSAT Agua Viva y El Proceso de Comunidades Negras en Colombia PCN con el auspicio de ECOFONDO

2008

Censat Agua Viva - Amigos de la Tierra Colombia Tatiana Roa Avendaño - Directora General

 

Presentación

El agotamiento del gas y el petróleo, la crisis ecológica planetaria y la apremiante necesidad de atenuar los efectos del calentamiento global forzarán la transición hacia una sociedad post-petrolera. Aún así, los agrocombustibles no enfrentan el consumo desaforado de energía en los países del Norte, cuya matriz energética se ha basado en combustibles fósiles, responsables en un alto porcentaje de la acumulación de Gases de Efecto Invernadero –GEI, en la atmósfera, que ocasionan el calentamiento global. El agresivo impulso y fomento a la producción de agrocombustibles por parte de Estados Unidos y los países europeos afecta de manera severa a los países asiáticos y latinoamericanos productores de biomasa, imponiendo un modelo explotador basado en monocultivos, agrotóxicos, biotecnología, capital transnacional y reproducción de formas esclavistas de trabajo, que profundizan el actual modelo energívoro.

 

Colombia es uno de los países foco de la expansión de cultivos agrícolas destinados a la producción de combustibles. El gobierno colombiano ha promovido en forma desaforada el cultivo de palma aceitera, siendo responsable de actividades que resultan en la destrucción de territorios y en la desarticulación de relaciones y prácticas sociales de comunidades afrodescendientes y pueblos indígenas. Mientras en algunos países se promueven metas y leyes para reemplazar etanol y diesel por combustibles producidos en la agroindustria, en el mundo las organizaciones sociales y ambientalistas se levantan para hacer evidentes los grandes conflictos que estos megaproyectos agroindustriales provocan.

 

En ese sentido, Censat Agua Viva y el Proceso de Comunidades Negras quieren aportar a la discusión nacional e internacional con este libro, que es una compilación de once artículos que muestran las diferentes aristas de los conflictos generados por los agrocombustibles. Un panorama general permite comprender cómo los agrocombustibles se insertan en dinámicas más amplias e históricas como la globalización, el neocolonialismo y el patriarcalismo. En el transcurso de los artículos se rastrea la génesis capitalista de los agrocombustibles, valiéndose de analogías con otras historias sociales, políticas y económicas de sistemas productivistas y extractivistas como el cauchero, el de la revolución verde y el propio sistema petrolero. Estos textos nos invitan a cuestionar la relación naturalizada de los agrocumbustibles con el cambio climático y a problematizar las responsabilidades diferenciadas que tienen los países del Sur y los del Norte en la emisión de GEI, pero sobre todo en la reproducción de un sistema de producción/acumulación que expropia a los pobladores locales, resiente las economías empobrecidas de los países del Sur y reproduce el capital de los países del Norte, que se siguen enriqueciendo también gracias a la crisis ambiental planetaria. La identificación de responsables y agenciadores de este sistema productivo nos invita a pensar en la deuda climática que tienen quienes han concentrado la riqueza energética con aquellos que generalmente son los más empobrecidos.

 

Frente a la crisis civilizatoria, los artículos de este libro proponen soluciones reales, tales como la reducción del consumo, con la consiguiente transformación de los actuales patrones de producción; la soberanía energética; la sustitución de los actuales sistemas de cultivo, generadores de buena parte de las emisiones de carbono, por la agricultura sustentable a pequeña escala y la soberanía alimentaria; la reformulación de los patrones de vivienda y poblamiento; la reducción de la distancia entre el lugar de trabajo y de vivienda; el manejo soberano por parte de los pueblos de los bosques, la tierra y el agua, entre otros; dejar los combustibles fósiles bajo tierra e invertir en eficiencia energética y en energías renovables, seguras, limpias y dirigidas por las comunidades; abolir las regalías por Derechos de Propiedad Intelectual de las tecnologías más eficientes; y destinar los recursos de pago de deuda externa, así como los recursos para gastos militares, al fomento de una matriz energética sustentable.

 

Este libro invita a reconocer las implicaciones que tienen los agrocombustibles para los dones naturales, la producción de alimentos, las relaciones sociales y culturales locales y las disputas económicas globales. Aquí se retoman algunas perspectivas de los movimientos sociales y las poblaciones locales que muestran alternativas a los agronegocios. A la vez se invita a deconstruir las prácticas y concepciones que estructuran este sistema productivo. Las voces locales enseñan alternativas de resistencia a las que estamos siendo convocados. En este sentido, el libro nos ofrece un panorama amplio y crítico sobre los agronegocios y contextualiza sus relaciones históricas, políticas y económicas con otras injusticias ambientales. Su elaboración se enmarca en La Campaña en Resistencia a los Agrocombustibles, “Llenando tanques, vaciando territorios”, liderada por CENSAT Agua Viva y el Proceso de Comunidades Negras, PCN en Colombia.

Censat Agua Viva Amigos de la Tierra Colombia 2007

Fuente: https://cedins.org/dmdocuments/vaciandotanques.pdf

En consecuencia, abajo y a la izquierda coherente con su anticapitalismo por mirar hacia la autodeterminación de los pueblos, nos urge reconocer la «contrarreforma agraria integral» que el capitalismo e imperialismos está llevando a cabo mediante los extractivismos. Están en juego la vida planetaria y la humanidad. No sólo lo prueba la Amazonía sino también lo demuestra Colombia con su mayor gobernabilidad sobre el desarrollo de los agrocombustibles (AGC).

 

"En Colombia se conjugan diversos aspectos que la hacen atractiva para tal actividad: condiciones geográficas, climáticas y edafológicas excelentes; un ambiente favorable a la inversión extranjera; inserción completa del país en la globalización neoliberal; un Estado violador sistemático de los derechos humanos; anuencia y/o pasividad crítica de los medios de comunicación y buena parte de la academia, etc. Todos estos factores, en términos generales, suelen hallarse también en los otros lugares del mundo en desarrollo que han sido lanzados a la vorágine de los AGC".

 

 Volvamos a los análisis del libro:

 

Agrocombustibles

“Llenando tanques, vaciando territorios”
Una publicación de: CENSAT Agua Viva y El Proceso de Comunidades Negras en Colombia PCN con el auspicio de ECOFONDO

2008

Censat Agua Viva - Amigos de la Tierra Colombia Tatiana Roa Avendaño - Directora General (...)

Los espejismos de los agrocombustibles1

 

Por Hildebrando Vélez2 Irene Vélez3

 

Los medios y los fines de la agroenergía

Los negocios ecológicos, incluidos los de los agrocombustibles y sus derivados, son expresión del afán patológico de dominio por parte de élites y fuerzas productivas abyectas ensimismadas en la acumulación y la rentabilidad inmediata. El auge de los agrocombustibles aboca a responder dos preguntas centrales: ¿cuáles han de ser los fines de la sociedad humana? y ¿cuáles los medios para obtener tales fines? Categóricamente, afirmamos que el principal obstáculo para alcanzar la sustentabilidad y la justicia social y ambiental, que debieran ser los fines, no está en la tecnología, que es el medio. Dicho en otros términos, las respuestas a estas dos preguntas nos refieren a la ética y a las formas y proyectos de vida que hemos de asumir para lograr otro mundo posible.

La “civilización” occidental es una “propiedad privada” que no alcanza para todos y, más bien, en la medida en que se ha globalizado ha dejado más seres humanos en la periferia como sus víctimas. En cambio, la lucha por la ética de la vida y la libertad que encaran las víctimas es la lucha por un futuro verdaderamente humano, una lucha por un cambio civilizatorio. Si nuestras respuestas se redujeran al campo de las tecnologías, haríamos creer que la historia humana se explica exclusivamente por el desarrollo de las fuerzas productivas, y que el futuro de la sociedad radica en el crecimiento ilimitado de la economía y en la explotación de la naturaleza.

Por el contrario, hemos de reconocer que los síntomas de esta patología, entre los que se encuentran la hambruna generalizada, el cambio climático y la dramática extinción de las especies vivas, poseen raíces en el neocolonialismo globalizado, en la inequidad, en el patriarcalismo y en la acumulación de capital. Ahora bien, en general, la producción de agrocombustibles es resultado del desencantamiento y de la progresiva racionalización instrumental del mundo, donde se mantienen las mismas estructuras que han sustentado a occidente y su dominación colonial sobre los ecosistemas y sus gentes (Coronil, 1998). La organización de esta producción está en función de la productividad; así, por ejemplo, si tarda menos tiempo cultivar palmas genéticamente modificadas o exógenas, como es el caso de la palma africana (Elaeis guineensis Jacq) en América, que cultivar una palma endémica que produce aceite, alimento y bienestar, pero tarda más tiempo, el capitalista prefiere la primera que crece a velocidades mayores, sin importar que haya que destruir los paisajes que se formaron al amparo de las culturas tradicionales, como las culturas del pacífico negro de América del Sur. La primacía del tiempo productivo, en contravía de otras preocupaciones más humanas, es el sello de este sistema que coloniza territorios y culturas. La división social del trabajo, donde están plantadas las luchas de clase por la justicia social y económica, y la división internacional del trabajo, donde están plantadas las luchas entre países colonizados y colonialistas, alentadas por el Intercambio Económico Desigual, van ahora de la mano con una división internacional de la naturaleza.

 

Es allí donde se asientan las luchas globales del ambientalismo: luchas por la justicia ambiental, donde se sitúan las contradicciones capital-naturaleza, luchas por el reconocimiento de los derechos de la naturaleza, luchas por el reconocimiento de los derechos de las generaciones venideras, luchas por la defensa del territorio, etc. En las motivaciones de estas luchas encontramos unos balances de flujo de materiales y naturaleza que evidencian una dialéctica jerarquizada en el intercambio ecológico: países sumideros/países vertederos, países proveedores de biodiversidad/países para producir productos verdes, países proveedores de servicios ambientales globales (oxigeno, belleza paisajística, culturas exotizadas, etc.)/países que compiten para ser valorados como “ecológicos” en los mercados consumistas del Norte pudiente. Como expresión de esa división internacional de la naturaleza se presiona para que los títulos colectivos, que las comunidades afrodescendientes aprecian como un reconocimiento de sus derechos sobre el territorio, se lleven al mercado capitalista de tierras, ya sea transando derechos de uso o de propiedad. El título colectivo está siendo amenazado por el discurso de la propiedad, poniendo en riesgo los derechos que sobre los territorios colectivos tienen también las generaciones venideras. Territorios que fueron puestos en manos colectivas para su cuidado, y que son un legado para el futuro de sus descendientes, son sometidos a procesos de destrucción y alienación, privando a los actuales usufructuarios de sus beneficios. El tratamiento de los territorios colectivos bajo una concepción de derecho individual, de beneficio privado, de propiedad privada, es un reflejo del nuevo colonialismo que pone bajo el dominio del contrato y del título lo que han sido relaciones de solidaridad y disfrute.

 

A través de la privatización del espacio y la transformación de sus usos, las agroindustrias palmífera y maderera están poniendo en riesgo el cuidado de la sociedad y la defensa del legado cultural de los ancestros y del por– venir. Por ello proponemos rechazar la idea de territorio baldío (o de bien público baldío, que en nuestro contexto es casi lo mismo) y sustituirla por la idea del bien común, es decir, por el de bien al cuidado de todos. A decir verdad, quienes toman las decisiones que nos encadenan a estos nefastos sistemas socio-económicos están presos de una racionalidad incapaz de incorporar en sus acciones las preferencias y condiciones subjetivas de aquellos a quienes heredaremos el mundo (Vélez, 2007); en contra del buen-vivir de la amplia mayoría, privilegian sus propios y egoístas intereses. Su defensa de lo ambiental se ubica bajo la hegemonía de la razón instrumental, cuya expresión actualizada es la ecoeficiencia que defienden, equivocadamente, como la única vía para que la humanidad enfrente las crisis ambientales globales (sociales y ecológicas).

 

La fascinación que les produce estos grandes emprendimientos tecnológicos queda desvanecida gracias a la codicia que les fecunda. Entonces uno se pregunta qué tan felices son éstos que se proclaman “felices” y cuánto cuesta tal felicidad que busca satisfacer necesidades fetichizadas a través de megaproyectos: qué felicidad puede haber en medio de aparatos eléctricos y electrónicos que inmovilizan la imaginación y la creatividad, qué felicidad hundiendo el acelerador de un vehículo en autopistas atestadas. La civilización occidental falló, es lo que se deduce de cualquier respuesta. El resultado evidente de esta manera de relacionarse las sociedades humanas, y éstas con la naturaleza, es la insustentabilidad y la incapacidad de armonizar el bienestar colectivo con el cuidado del mundo. La infelicidad de la mayoría, producto del alto costo pagado por la felicidad-infeliz de las élites nacionales y trasnacionales, es consecuencia de las relaciones inicuas y violentas que se establecen para dominar la naturaleza y someter la creatividad del trabajo humano. A esa infelicidad de mayorías y “felicidad” de minorías se las llama progreso y desarrollo cuando no son más que destrucción y acumulación privada, instaladas sobre el cadáver de la naturaleza y la destrucción de las culturas.

 

Es ahí donde el agronegocio y otros negocios de la fase ecológica del capital cobran fuerza para condenar la vida al atender más a los medios y convertirlos en fines en sí mismos. Mover automóviles, garantizar el consumo superfluo y el estilo de vida energívoro y petroadicto se constituyen en los fines que realizan el sentido de sociedades vacías. Bajo este paradigma, el tiempo de la sociedad se convierte en productividad, a la vez que la reproducción de la naturaleza para fines de concentración revela su sinsentido en la tecnociencia, la ecoeficiencia y las soluciones falsas y ecocapitalistas a los problemas globales. Dándole la espalda a las necesidades esenciales de la humanidad, la sociedad capitalista realiza como fines y le asigna una necesidad primordial (Castoriadis, 2007) a la producción de agrocombustibles, a los motores que usarán alcohol y agrodiesel, a los alcoholes carburantes obtenidos de árboles genéticamente modificados, a los catalizadores para mejorar la producción y la combustión de los esteres y alcoholes, y a todas las cosas que pueden ser producidas y generar rentabilidad. Se ha renunciado, pues, al principio de precaución.

 

La phronesis griega, que los latinos tradujeron como prudentia, la sabiduría práctica que privilegia la vida buena de todos los seres vivos y busca la superación de la distinción entre medios y fines para procurar la toma de decisiones justas, se ha abandonado para abrir paso a la racionalidad instrumental. Así, como sostiene Luc Ferry (1994: 208), la prudencia está en el centro de estos debates, pues, “(…) incluso cuando cree estar haciéndolo bien, el hombre incesantemente engendra ‘consecuencias inesperadas’ y ‘efectos perversos’ (...) [asuntos que] deberían por lo menos recordarnos la phronésis, esa famosa prudencia de los antiguos de la que tan faltos están nuestros políticos modernos”. Es posible que con argucias pueda llegar a demostrarse la viabilidad técnica del desarrollo de agrocombustibles, más aún, puede forzarse su implementación a sangre y fuego, pero no por ello se dará respuesta a la cuestión esencial de qué tan necesario es actuar con tan poca prudencia para fines que no humanizan a la humanidad.

 

Es claro que estas jugadas del capital, que estos movimientos en pro de la producción en sí misma, de la ciencia y de la tecnología, son auspiciadas por las grandes corporaciones trasnacionales de las semillas, de los automóviles y de la energía. A este pacto de las Corporaciones Trasnacionales (CTN) son ajenos grandes sectores de la población que simplemente serán productores directos o imperturbables consumidores. Las víctimas somos todos, pero primero que todo lo son los más empobrecidos. Es por ello que emprendemos nuestra defensa de las víctimas, nuestra propuesta de construir un Movimiento de Víctimas del Cambio Climático.

 

Recolonización de la naturaleza

La agroenergía es sin duda fruto de nuevas formas de distribución de la naturaleza, de la reconfiguración de las relaciones capitalistas globales en medio de la disputa por la hegemonía que se da entre los nuevos y viejos centros de poder, de los desarrollos tecnológicos que presionan el cambio en los equipos de trasporte hacia unos que usen más eficientemente los agrocombustibles y, sin duda, fruto también de la perseverancia de los modos de vida y consumo de los países con mayores ingresos per capita. La opción de los agrocombustibles es, desde esta perspectiva, una decisión tecnopolítica que compromete el paisaje y la vida de las generaciones venideras, asumiendo sin prudencia los riesgos de una catástrofe ecológica mayor, cuyos efectos se socializan mientras se buscan beneficios para intereses económicos exclusivos. Estas estrategias buscan garantizar el control por las CTN de los sistemas energético, alimentario y tecnológico, y así la reproducción del capital. Ese es el alcance de la alianza entre petroleras, corporaciones de biotecnología, de autos, de granos y trasnacionales de la conservación.

 

Sin duda hay detrás de esta andanada de los agrocombustibles un proceso de redistribución de la naturaleza y rediseño geopolítico de la distribución de sus bienes, así como nuevos procesos de “ordenamiento territorial” orientados a favorecer los grandes intereses de la producción y el uso de carburantes. Tierras que estaban destinadas al pastoreo o a la agricultura de alimentos son ahora empleadas para la producción de agrocombustibles, y el ganado que pacía en aquellas áreas, ahora es llevado a nuevos lugares, antes selvas o cultivos. La competencia por el espacio está mediada por la lógica de la ganancia y no por una racionalidad ecológica o conservacionista. Los procesos productivos se sitúan allí donde se producen las mayores utilidades para los detentadores del poder, que suelen ser los mismos que concentran los beneficios de la economía. En Colombia esos nuevos territorios están localizados en las sabanas del Caribe y la Orinoquia y en el Chocó biogeográfico, así como en los fértiles valles interandinos.

 

El lenguaje embaucador

Esta nueva semiótica de la dominación no se restringe a la esfera económica sino que entrelaza aspectos ideológicos, de subjetivación, culturales y sociales; el dominio se ejerce en nombre de la satisfacción de demandas y anhelos, fruto precisamente de la dominación, el colonialismo y el patriarcalismo. Es un círculo vicioso: el Ouroboro, la serpiente que se come la cola. Así como se usa el término bio para hacer creer que los agrocombustibles son armoniosos con la naturaleza, otros conceptos son usados como instrumentos ideológicos para su promoción: “seguridad”, “empleo”, “combustibles limpios”, “alivio a la pobreza y a la escasez” y “altos costos de los combustibles”. Por ejemplo, la escasez se naturaliza desentrañándole de sus determinantes históricas y culturales, haciéndole aparecer como un concepto ajeno a los modos de vida y al modelo civilizatorio.

 

En un artículo de Pimentel (2005) que está en boga el autor afirma que: “Los Estados Unidos necesitan desesperadamente un combustible líquido que reemplace el petróleo en el futuro”. He ahí la escasez, aquella que existe concretamente como resultado de la forma capitalista de acumulación económica y de uso de la naturaleza.

La preocupación por los “altos precios” de los combustibles fósiles se hace ver como una preocupación universal, cuando lo que preocupa, al menos a los ambientalistas, es más bien la subvaloración y el desconocimiento de los costos ambientales y sociales de las “mochilas ecológicas” que acarrean las actividades petroadictas. Dicho en el lenguaje de la economía ambiental, a los ambientalistas nos preocupa que las “externalidades negativas” se conviertan en un “éxito” al trasladar los costos a los consumidores. Las gentes del corriente, los más de dos mil millones de personas que no tienen acceso a la energía en el mundo, se preocupan por el alza en los precios de los combustibles fósiles sobre todo porque resienten las altas tarifas del trasporte y la carencia de energía para cocinar, pues sus bolsillos están tan vacíos como sus estómagos.

 

No hay una preocupación universal y única sino diferentes preocupaciones e intereses enmarcados por un modelo energético decadente. Pero son los consumidores adictos al petróleo los más altamente preocupados, y son los países de más alto consumo los que levantan el lema de la seguridad energética. El concepto de seguridad, reducido su significado a “seguridad política” o “seguridad nacional”, que es para las élites seguridad económica y para los consumidores de los países del Norte seguridad de abastecimiento para sus altos niveles de consumo, queda huérfano de otros componentes como por ejemplo la seguridad social, la seguridad alimentaria, etc. Así, también el concepto de combustibles limpios deja la apariencia de que la tecnología que usa agrocombustibles podrá remediar los efectos a la salud del ambiente. Esta apariencia eclipsa una realidad que es adversa a la naturaleza.

Todo este conjunto discursivo, que se estructura a partir de la especulación con la escasez de los combustibles fósiles, el impacto de ellos en el clima, la seguridad energética, el discurso de alivio a la pobreza en las Metas de Desarrollo del Milenio (MDM), la conciencia de las víctimas del cambio climático, se instrumenta para fomentar nuevas formas de expropiación y ocupación de la naturaleza. Así, se promueven los agrocombustibles líquidos y la agroenergía a gran escala como amigables con el medio ambiente y la salud pública.

Valiéndose de este discurso y de las estructuras de poder que lo sustentan, un grupo minoritario de personas convierte en mercancía la capacidad de la atmósfera de absorber gases, haciendo de la crisis climática una oportunidad para mercantilizar la naturaleza y sacar provecho para sus negocios.

 

Cambio climático y agrocombustibles

Las generaciones que hoy compartimos estancia en el planeta Tierra seremos testigos de uno de los fenómenos más impresionantes en la historia reciente de la humanidad: en un período de tiempo relativamente corto, probablemente en los siguientes dos o tres lustros, veremos declinar la calma climática que la humanidad ha apreciado durante los últimos siglos. Esto será llamado por nosotros el “cataclima”4 : un cataclismo del clima. En un artículo en The Guardian, del 23 de abril de 2007, se afirma que con el incremento de 1°C en la temperatura del planeta se salinizarán los suelos agrícolas, crecerá el desierto, habrá sequías que devastarán la agricultura y se provocarán dramáticos éxodos humanos.

 

Con un aumento en 2°C los océanos se volverán nuevos desiertos, el nivel de los mares crecerá hasta 7 metros y desaparecerán los picos nevados andinos que vierten sus aguas a la ciudades, por ejemplo Lima, Santiago, Quito o Manizales. Con 3°C el clima estará fuera de control, habrá millones de refugiados climáticos y los huracanes incrementarán su poder y frecuencia. Así, los efectos alcanzarán escenas apocalípticas alrededor de los 6°C, cuando sólo sobrevivirán menos del 5% de las especies vivas de la Tierra. No sólo se esperan efectos directos sino que hemos de advertir la existencia de retroalimentaciones negativas no lineales: por ejemplo el deshielo de las cumbres nevadas y los glaciares pondrá al descubierto superficies obscuras, menos reflexivas que cuando las cubría el hielo y por tanto habrá un efecto de retroalimentación del calentamiento.

 

Un aumento de las temperaturas, particularmente en el cordón más biodiverso del planeta, alrededor del paralelo 4, implica mayor velocidad de descomposición de la materia orgánica y con ello más emisiones de metano (un gas 20 veces más efectivo que el CO2 en producir efecto invernadero). Un aumento de la sequedad en regiones como la Amazonia provocará incendios espontáneos que harán sinergia con el calentamiento. Un aumento en la concentración de CO2 en el agua la hará más ácida y menos apta para la producción de biomasa y los cambios en la salinidad oceánica modificarán las corrientes marinas, imposibilitado todo ello, por ejemplo, que la Corriente del Golfo llegue a calentar el norte de Europa y, en consecuencia, se produzca allí un enfriamiento extremo.

 

Aún reconociendo estas trasformaciones en la dinámica de los ecosistemas, no debemos naturalizarlas para no velar su antropogenia. No pueden ocultarse las responsabilidades de los países y sectores mayormente emisores que han colonizado y privatizado unilateralmente la atmósfera. La alteración antropogénica del clima guarda relaciones con las asimetrías en el acceso y disponibilidad de energía para determinados fines, con la dinámica de precios nacionales e internacionales de los combustibles fósiles controlada por las grandes CTN, con la densidad geográfica y las formas de ocupación del espacio, con el consumo y los ingresos per capita de los consumidores y, también, con la dependencia y la obsolescencia tecnológica, entre otros factores.

 

De ahí, por ejemplo, que un análisis de los impactos y desequilibrios ambientales ocasionados por el uso de los agrocombustibles no pueda simplificarse, reduciéndole a aspectos meramente físicos o económicos, especialmente al análisis de la disminución o aumento de los gases de efecto invernadero emitidos para su producción y por su uso. Más aún, debería tenerse la precaución de evitar que estas estrategias de uso de la energía ahonden los problemas que ya el modelo de agroindustria y monocultivo ocasionó durante el último siglo. Este modelo ha sido una causa importante del aumento de las emisiones de carbono a la atmósfera, de la deforestación y de la pérdida de biodiversidad, amén de la destrucción de formas de vida campesinas, afrodescendientes e indígenas más adaptativas.

Para el análisis de los temas relacionados con el cambio climático y los agrocombustibles hay que tener, pues, aproximaciones holistas y desde las ciencias de la complejidad. Sin duda el cambio climático es el producto de la manera occidentalista de asumir las relaciones con la naturaleza, globalizada gracias al neoliberalismo. Es por esta sociedad energívora y petroadicta que se suscita la crisis ambiental a la que están asociadas, no sólo el calentamiento global, sino también la acelerada y definitiva pérdida de especies vivas, la desaparición en los últimos 50 años del 90% de las especies de peces para la alimentación

 

(…)Impactos sociales: del despojo al malvivir

La industrialización de la agricultura ha demostrado ser un fracaso social en varios países. El caso de Bolivia, Guatemala, Honduras y Paraguay nos presenta una gran paradoja: los agroalimentos constituyen un alto porcentaje de las exportaciones al tiempo que la subnutrición adquiere un carácter estructural (Gudynas, 2007). Se ha propuesto a los agrocombustibles como una alternativa laboral que permitiría a los campesinos del Centro y de la Periferia incrementar sus ganancias y alcanzar el bienestar social. Nada parece estar más alejado de la realidad. En el caso de la Unión Europea existe aún incertidumbre y algunos estudios refieren que 1 millón de toneladas de agrocombustibles pueden crear entre 2 y 8 empleos de tiempo completo, concentrados esencialmente en torno a refinerías y puertos (Biofuelwatch, Carbon Trade Watch/TNI, Corporate Observatory, 2007).

Pero en los países de la Periferia, de donde finalmente vendrá gran parte de la materia prima, el desarrollo de cosechas para combustibles automotores se sustenta en la creación de economías de escala y en un modelo agrícola industrial altamente centralizado donde se estrechan las relaciones entre el capital transnacional y las élites terratenientes locales (GRAIN, 2007). Los habitantes de las comunidades rurales resultan cada vez más prescindibles y tienen sólo dos opciones: migrar o ser jornaleros agrícolas.

Consideremos brevemente algunos casos. El Grupo de Reflexión Rural (GRR) destaca que la Revolución Verde aplicada en el campo argentino se vincula con el empobrecimiento de la población. Así, en un país que fue considerado “granero del mundo”, la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud de 2006 registró que 34% de los niños menores de dos años sufren de desnutrición y anemia. De acuerdo con el GRR, parte de la explicación de este fenómeno se ubica en la conversión de Argentina en un país productor de transgénicos y exportador de forraje, con la implementación de monocultivos a gran escala de soja RR. Así, se produjo una concentración empresarial de la tierra que arruinó a 400.000 pequeños productores y provocó el éxodo rural, engordando los cordones de pobreza de las urbes (Rulli y Semino, 2007).

 

La realidad no es muy diferente en Brasil, primer productor de bioetanol a nivel mundial. En el municipio de Ribeirao Preto (Sao Paulo), considerado como la “California brasileña” por el desarrollo tecnológico en la producción de caña, 30 fábricas controlan toda la tierra, 100 millones de personas (20% de la población total) viven en fabelas, y hay más gente en la cárcel (3’813) que campesinos en sus tierras (2’412) (Vicente, 2007). Durante el Foro Permanente de las Naciones Unidas sobre Poblaciones Indígenas, que sesionó en mayo de 2007, se subrayó que las poblaciones originarias están siendo desplazadas de sus tierras por la expansión de los cultivos energéticos, lo que contribuye a la destrucción de sus culturas y a la migración hacia las ciudades. Sólo en una provincia indonesa de West Kalimantan son 5 millones de personas las que tendrán que dejar sus territorios ancestrales (Biofuelwatch, Carbon Trade Watch/TNI, Corporate Observatory, 2007). Así, los campesinos indonesios resaltan que el auge de los agrocombustibles amenaza con acabar la corrosión de su sistema agrícola y alimentario. Existe una concentración de la tierra en manos de un puñado de grandes empresas que llegan a poseer 67% de la tierra cultivable. De esta forma, los monocultivos de palma han profundizado la marginalización de los pequeños productores iniciada en tiempos coloniales: en Indonesia, únicamente en 2006, estas plantaciones provocaron 350 conflictos agrarios, a pesar de que la reforma agraria figure en la Constitución y las leyes nacionales (Saragih, 2007). En Paraguay, el avance de los monocultivos de soja transgénica y de caña de azúcar se expresa también en un compulsivo proceso de acaparamiento de las mejores tierras.(…)

 

(…)Megaproyectos y agrocombustibles Un hecho innegable: el biodiesel y el bioetanol no suelen tele-transportarse de los campos a los tanques de gasolina. Y aquí se ubica otro aspecto muy poco “bio” en el auge de los agrocombustibles: la creciente necesidad de integración de infraestructuras que implica su transporte y exportación. Salen a la luz, entonces, el (lamentablemente) resucitado Plan Puebla Panamá (PPP) y la Iniciativa para la Integración de las Infraestructuras Sudamericanas (IIRSA)13. Estos megaproyectos consideran a la rebelde geografía latinoamericana como un obstáculo para la extracción de materias primas y para el transporte de mercancías. Su misión es doblegarla mediante corredores intermodales de autopistas, represas hidroeléctricas, hidrovías, tendidos eléctricos, oleoductos, etc. Ni qué decir de los importantes beneficios que estos proyectos traerán a empresas como las españolas Iberdrola y Gamesa (parque eólico en México), ACS (gestión portuaria y dragados en Brasil), e incluso a desconocidas consultoras como TYPSA o Norcontrol.

 

A pesar de las promesas de “desarrollo local” que hacen estos proyectos (evocando la agotada teoría del “derrame de riqueza”), resultan nefastos porque se sitúan sobre territorios indígenas y comunidades campesinas, y atraviesan zonas de alta biodiversidad. En su diseño ha participado, sin ninguna consulta de las poblaciones locales, una de las principales entidades generadoras de deuda en el continente americano, y de la cual el Estado español es miembro: el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el cual promueve los agrocombustibles de distintas maneras. Estima que a América Latina le tomarán 14 años convertirse en una zona productora de biodiesel y bioetanol y que se requerirán 200.000 millones de dólares14.

 

El propio presidente del BID, Luís Alberto Moreno, co-dirige un grupo del sector privado, conjuntamente con Jeb Bush (ex– gobernador del Estado de Florida) y el ex primer ministro japonés Junichiro Kozumi, llamado Comisión Interamericana del Etanol. Así, el BID apoya la expansión de cultivos de palma en Colombia y de caña de azúcar y soja en la amazonía brasileña. De hecho, este año el Directorio Ejecutivo del BID aprobó el primer financiamiento al sector privado para un proyecto de agrocombustibles en este país por un total de 120 millones de dólares, concretamente para Usina Moema Açucar e Alcohol Ltda. (Sao Paulo). Esta operación forma parte de una iniciativa del banco para la promoción de la estructuración de financiamiento de deuda prioritaria para cinco proyectos de bioetanol que tendrán un costo de 997 millones de dólares (BID, 2007).

 

Por otro lado, importa asegurar un fluido vaciado de los commodities hacia los puertos, no únicamente atlánticos, sino también del Pacífico, de cara a los mercados asiáticos. Así, el banco recomienda a Brasil gastar en infraestructuras 1.000 millones de dólares por año durante 15 años. Aspira también a acelerar proyectos del IIRSA rechazados por la sociedad civil, como por ejemplo la Hidrovía Paraguay-Paraná-Plata, el proyecto de navegabilidad del Río Meta, Ferro Norte (red ferrovial que conectaría a los estados sojeros de Paraná, Mato Grosso, Rondonia y Sao Paolo), y el Complejo del Río Madera. Este último constituye uno de los principales proyectos del Eje de IIRSA Perú-Brasil Bolivia y se sitúa sobre la frontera brasileño-boliviana.

Actualmente consiste en la construcción de dos mega-represas hidroeléctricas en territorio brasileño, en San Antonio y en Jirau, con una capacidad de generación conjunta de 6.400 Megawats, y un coste de 10.300 millones de dólares. Comenzarían a construirse en 2008. La primera se encontraría a 190 kilómetros de Bolivia, y la segunda a 84 kilómetros. Estudios independientes han demostrado que ambas represas tendrán impactos sociales y ambientales graves, no solamente en Brasil, sino también en Bolivia. El Banco Santander Central Hispano y el banco portugués Banif participan activamente en este problemático megaproyecto, y y están creando un Fondo de Inversiones y Participaciones (FIP) para financiar la construcción de la represa de San Antonio. El Fondo aspira a captar 220 millones de dólares. El banco español asesora a un consorcio liderado por la constructora brasileña Odebrecht que competirá por la licitación del proyecto. Expertos del Servicio Técnico de Protección Ambiental brasileño recomendaron que no se diera licencia al proyecto antes de realizar nuevos estudios de impacto ambiental; por su parte, el gobierno boliviano ha protestado y solicitado también nuevos estudios para verificar los impactos de las represas en su país.

Se establece en este caso un vínculo importante con el auge de los agrocombustibles, puesto que las hidroeléctricas abastecerán de energía a los estados brasileños de Rondonia y Matto Grosso, permitiendo la extensión de la producción sojera, de por sí muy importante en este último estado gobernado por Blairo Maggi, uno de los más grandes productores de soja del planeta15 . El ámbito de los megaproyectos de integración de las infraestructuras resulta, tal como lo vemos, crucial a la hora de considerar el transporte de mercancías como las materias primas necesarias para la producción de agrocombustibles. No sólo implica el incremento de la deuda externa de los países donde tienen lugar estos planes, puesto que, además, por los impactos sociales y ambientales que comportan, generan simultáneamente una deuda ecológica considerable de las grandes corporaciones frente a las poblaciones locales que carecen de toda posibilidad de participación o de ejercer su derecho de consulta. (…)

 

(…)AGROCOMBUSTIBLES: SUS MENTIRAS Y SU CAPACIDAD GENERADORA DE HAMBRE

 

Juan Carlos Morales González1

La dinámica de los agrocombustibles (AGC) representa, indudablemente, una grave amenaza para nuestras sociedades y los entornos medioambiental, social y económico sobre los que están erigidas. Dicha amenaza planetaria también se cierne sobre nuestro país, pues, lejos de ser una excepción, en Colombia se conjugan diversos aspectos que la hacen atractiva para tal actividad: condiciones geográficas, climáticas y edafológicas excelentes; un ambiente favorable a la inversión extranjera; inserción completa del país en la globalización neoliberal; un Estado violador sistemático de los derechos humanos; anuencia y/o pasividad crítica de los medios de comunicación y buena parte de la academia, etc. Todos estos factores, en términos generales, suelen hallarse también en los otros lugares del mundo en desarrollo que han sido lanzados a la vorágine de los AGC. No obstante, en Colombia adquieren una particular notoriedad dado que acompañan un evidente proceso de destrucción del sector campesino, afro e indígena, al tiempo que se legitima política, económica y socialmente el crimen organizado (narcoparamilitarismo) cuyos evidentes vínculos con importantes sectores de la clase política e industrial del país son de conocimiento público.

 

En ese sentido, los AGC devienen una herramienta fabulosa para que estos sectores criminales terminen de consolidar la apropiación de tierras, recursos y riquezas, a la par que se amplía y profundiza la tragedia social por la que atraviesa el conjunto de la nación. Ese accionar, sin embargo, no puede pensarse como un ejercicio autónomo de quienes son los agentes locales de tal dinámica.

 

 De hecho, y puede parecer de Perogrullo al subrayarlo, el impulso a los AGC en Colombia no podría ser “exitoso” si no contara con un contexto internacional que le fuera favorable. En el ámbito hemisférico, el papel de los Estados Unidos (EUA) ha sido más que protagónico no sólo por los intereses geoestratégicos, geopolíticos y geoenergéticos del gobierno Bush, sino también por la cercana afinidad que existe (aunque en relación de vasallaje) entre el sector político y agroindustrial colombiano respecto a los núcleos de poder de aquel país. Algunas precisiones necesarias La utilización de productos agrícolas para la fabricación de combustibles es algo muy viejo en la historia humana. Sin embargo, sólo hasta ahora se ha convertido en una obsesión mundial, lo que tendrá terribles consecuencias para el futuro planetario. En efecto, amplios y profundos estudios, análisis y prospecciones realizadas por conocedores de diferentes especialidades en todo el orbe dan cuenta del carácter nocivo que la dinámica productiva y de consumo de los AGC tiene y tendrá sobre los agricultores, el medio ambiente, la biodiversidad, los consumidores, el cambio climático, los derechos humanos, etc.2

 

 Más que una preocupación por las consecuencias que el cambio climático está generando en nuestro mundo y que se supone es el argumento ético a la hora de justificar a los AGC, su boom obedece en esencia a una adecuación estratégica, en términos de lo energético y lo geopolítico, por parte de las grandes potencias. De tal magnitud es esta preocupación que el gobierno norteamericano y la Unión Europea pretenden que para el 2017 y el 2020, respectivamente, en el sector del transporte se utilicen 35000 millones de galones de etanol (para el caso de los EUA) o se haya sustituido en un 20% el diesel (para el caso de Europa) con AGC3 .

 

Así las cosas, el nuevo orden económico mundial y sus agentes son conscientes que el rápido agotamiento de los combustibles fósiles representa una amenaza para su despilfarrador modo de vida. Modo de vida que es, precisamente, el principal responsable del deterioro planetario. Imbuidos de la anti ética del capitalismo salvaje, no obstante ven en el problema una nueva oportunidad de enriquecimiento y dilapidación. Es, en ese sentido, que los AGC devienen una mina de oro en la que las necesidades estratégicas del primer mundo se complementan y actúan de consuno con los intereses del poder corporativo. Monsanto, ADM, DuPont, Syngenta, Cargill, Syntethic Genomics, British Petroleum Company, General Motors, Ford Motors, Daimler-Chrysler, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, son apenas algunas de las transnacionales, compañías o poderes financieros, que están detrás del negocio de los AGC y de la oficiosidad de muchos mandatarios que dan eco e impulso a los intereses descritos4 . Unas y otros, casi sin excepción, comparten oscuros historiales en los que la corrupción, la venalidad, el saqueo y la violación de los derechos humanos hacen parte de su hoja de vida.

Desde ya, los críticos mejor informados anticipan que el boom de los AGC permitirá que ese entronque de intereses consolide, en poquísimas manos, el control sobre los sistemas energético y alimentario mundial; es decir, el dominio casi absoluto sobre el destino de los países del sur5 . La conjunción de intereses descrita puede sintetizarse en el esquema que presento al final del texto. En él se resalta que el negocio de los AGC no surge como un espacio industrial o agro industrial independiente e inconexo con otros ya existentes. De hecho, es la consecuencia de la intervención más o menos articulada de las empresas transnacionales (ETNs) ligadas al sector energético (petroleras, compañías gasíferas), al sector automotriz, a la agroindustria (incluyendo la de simientes y agroquímicos), a la biotecnología y, para un futuro inminente, a los centros de desarrollo de la biología sintética.

 

Todos juntos son lo que podríamos denominar el “núcleo impulsor de tipo corporativo” de los AGC. Pero para que ese núcleo (conjunta o separadamente) pueda impulsar la dinámica de los AGC en los países en desarrollo se requiere de la coacción. Ésta, agenciada por lo que denomino el “núcleo de presión” (medios de comunicación, instituciones académicas, organismos financieros internacionales), se encarga no sólo de “legitimar” los “avances” científicos y técnicos relacionados con los AGC (la academia), sino que incluso ayuda a darles un supuesto carácter ético (los medios) o forzar su implementación a través, por ejemplo, de los programas de ajuste estructural (FMI, Banco Mundial) impuestos a nuestros países.

 

Ahora bien, la rentabilidad del negocio tiene su fundamento en cinco razones:

1. Gozan de un alto precio en el mercado internacional.

2. Son una prioridad estratégica y tienen el impulso de las grandes potencias. 3. Hacen parte de los paquetes de reforma estructural impuestos por los organismos financieros internacionales.

4. Su desarrollo es generosamente subsidiado y/o se da en condiciones de alta rentabilidad en la que la explotación inmisericorde de los recursos y la mano de obra permiten una mayor cuota de ganancia.

5. Su proceso productivo y comercialización aún no son totalmente rechazados gracias al manejo mediático de las supuestas ventajas de esta actividad económica.

Es importante detenernos un poco en este último punto pues incita a la reflexión en torno a algunas de las motivaciones y justificaciones que se esgrimen para impulsar los AGC y que, para el caso colombiano, por ejemplo, eran notorias en el fallido Proyecto de Ley 113 de 2006 de la Cámara de Representantes6 .

 

¿Qué tan buena es la dinámica de los AGC? En la promoción de los AGC como alternativa “exitosa” frente al actual consumo de energía fósil se han construido varias ficciones que, ampliando las enunciadas por el experto Eric Holtz-Giménez7 , director del Institute for Food and Development Policy, se enumeran a continuación:

1. Que los AGC son energéticamente más rentables que los combustibles fósiles.

2. Que son “limpios” y protegen el medio ambiente.

3. Que son fundamentales para revertir el cambio climático.

4. Que impulsan el desarrollo rural.

5. Que la materia prima que permite su fabricación es sostenible y renovable. 6. Que su dinámica no propicia la violación de los derechos humanos (DDHH). 7. Que los AGC de segunda generación tienen grandes potencialidades y comparten las “bondades” arriba enumeradas.

8. Que los AGC no causarán hambre. Pero, ¿tantas virtudes son ciertas?

 

Demos una rápida mirada crítica a esos enunciados. Primero: los países más ricos gastan actualmente el 56% de la energía total del planeta y tal ritmo de consumo está incrementándose aceleradamente en buena parte, como ya se dijo, gracias a un despilfarrador modelo de desarrollo. La producción y utilización masiva de AGC es incapaz de sustituir, siquiera mediocremente, tales requerimientos energéticos. Para el 2030, por ejemplo, la Agencia(…)

Fuente: https://cedins.org/dmdocuments/vaciandotanques.pdf

 

 

Analicemos la alternativa emancipatoria respecto a las soberanías energética, alimentaria, hídrica y territorial.

 

 

Manifiesto por el des-desarrollo: el camino que proponemos desde el sur

Perteneciente a Agrocombustibles “Llenando tanques, vaciando territorios”
Una publicación de: CENSAT Agua Viva y El Proceso de Comunidades Negras en Colombia PCN con el auspicio de ECOFONDO

2008 Censat Agua Viva - Amigos de la Tierra Colombia Tatiana Roa Avendaño - Directora General

 

 

Los agrocombustibles y toda la generación de energía a través de la biomasa tal como viene siendo promovida por gobiernos, corporaciones, agencias de ayuda, las Naciones Unidas, las instituciones financieras internacionales y demás agentes interesados en su producción a gran escala y en su comercio internacional, no cambian sino que perpetúan el modelo de producción y consumo de la civilización moderna, urbana e industrial que ha generado inequidad, guerra y destrucción ambiental. El ocaso de la civilización petrolera y la reproducción del capitalismo La reproducción del estado actual de la civilización occidental depredadora, cuya forma es el neoliberalismo globalizado, tiene como base material al petróleo. Todas las fuerzas motrices detrás de la producción, circulación y comercialización global de mercancías dependen de los hidrocarburos: la industria hidrocarburífera en sí misma, la industria agroalimentaria, las compañías farmacéuticas, de fibras textiles, las industrias involucradas en la producción de detergentes, cosméticos, explosivos, celuloide, plásticos en general, materiales de construcción, embalajes, electrodomésticos, etc. De la misma forma, el transporte global de personas y materiales, la movilidad y velocidad con la cual los trabajadores y los productos se mueven y son intercambiados alrededor del globo, dependen también de los combustibles fósiles, ya sea por la dependencia que se ha creado en torno al automóvil; por la manera como se han diseñado, construido y expandido las megalópolis, o por la forma de ocupación del espacio urbano y otros territorios. La demanda de energía y materias primas para suprimir y mantener el patrón de vida de las sociedades del Norte, traducida cotidianamente en alimentación, vestuario, vivienda y movilidad es la que da carne y cuerpo al ideal universal de estilo de vida, bienestar y “progreso” promovidos agresivamente a través de la globalización como un patrón universal para la humanidad. En el actual paradigma de “crecimiento” orientado hacia la integración del mercado y el comercio global, los agrocombustibles son impulsados como substitutos paulatinos del petróleo para mantener patrones ambientalmente insustentables de producción y consumo del Norte. Frente a eso, entendemos que el estilo de vida promovido por el Norte y las elites del Sur y que alcanza su máxima expresión en el llamado “American way of life” es lo que debe ser transformado. Son los principales consumidores de energía, Estados Unidos junto con Europa Occidental y a quienes se suman hoy, China y las elites minoritarias del Sur. China, la gran fábrica del mundo, reproduce el modelo de producción y consumo creado por el Norte, al tiempo que abastece al mercado mundial, sobretodo del Norte, con todo lo que éste consume. Entendemos que el modelo de crecimiento de China no es un modelo para el Sur. La materialidad de todo lo que hace parte de la vida cotidiana de los países “desarrollados”, promocionados al mundo como modelo universal de bienestar material, calidad de vida y progreso humano, depende enteramente de una demanda energética y ecológica irracional, construida históricamente a través del saqueo continuo de la naturaleza y los pueblos del Sur. Para el Sur del mundo este modelo «petrolero» permitió perpetuar el intercambio desigual, la dependencia tecnológica, el endeudamiento, el empobrecimiento de los pueblos, el despojo de sus territorios y la desacralización de sus lugares sagrados. Hemos experimentado, desde el Sur, que el patrón de vida que la minoría del Planeta disfruta, se mantiene con la explotación de la Naturaleza y el trabajo humano, para alimentar los flujos de mercancías y servicios que han causado históricamente los cambios climáticos, el calentamiento global y la dominación colonial del Norte sobre el Sur. En síntesis: el impulso prioritario de los agrocombustibles, como substitutos paulatinos del petróleo, es mantener la circulación global de mercancías y la demanda ambientalmente insustentable de energía y materias primas para promover como ideal universal el patrón de vida de las sociedades del Norte, en su lógica histórica de dependencia y explotación colonial sobre los ecosistemas y pueblos del Sur. Nuestra respuesta a la falacia del balance energético positivo de los agrocombustibles es la verificación histórica de la devastación ecológica y social generada por la Revolución Verde –petrodependiente- y con los efectos imputados a la agricultura industrial, que ha resultado en la pérdida de 75% de biodiversidad a lo largo del último siglo, según la FAO; además de haber promocionado la desarticulación de las agriculturas y mercados locales para imponer el sistema agroalimentario mundial a través de las corporaciones que controlan la cadena productiva con la mayor concentración de poder en el mundo: los agronegocios. Entendemos que la única forma de superar la crisis climática y energética que amenaza definitivamente la continuidad de toda la Vida en el planeta es la superación del capitalismo. La transición hacia una sociedad post-petrolera y un nuevo sentido del “desarrollo”, en la construcción de una Vía de superación del capitalismo, será sobre bases ecológicas o no podrá ser. La cuestión energética, así como la producción de alimentos, son los ejes concretos e indivisibles de resistencia y de construcción de otro proyecto de sociedad, y de nuevas relaciones de intercambio entre los pueblos de la humanidad, y de estos con la naturaleza; y así subvertir -de facto- la lógica colonial y de subordinación.

 

Acordamos que la lógica política de la nueva sociedad global en esta ruta de transición –y la estrategia de autonomía de los pueblos sobre sus territorios- deberá orientarse a partir de la premisa central de garantizar la Soberanía Energética en acuerdo y complementariedad con la defensa radical de la Soberanía Alimentaria. Por lo tanto, el único debate consecuente sobre agrocombustibles debe enmarcarse en un nuevo paradigma de des-desarrollo que incluya una transformación estructural radical de toda la economía y de nuestro estilo de vida y el desmantelamiento del macro sistema energético que sustenta y garantiza el poder global.

 

Son ejes del des-desarrollo:  

  • Des-urbanizar, para restituir la existencia de la población a escala humana, supliendo las necesidades en el mercado local y con fuentes de energía locales.  

  • Des-globalizar el comercio y el transporte de mercancías, sobre todo agrícolas y alimentarias, para atacar la principal fuente de consumo de combustibles líquidos: los camiones refrigerados que transportan toda la cadena de carnes y lácteos, los aviones que transportan flores y frutas tropicales; los gigantescos navíos cerealeros movidos a diesel para llevar soja a Europa y a China, etc.; que generan un flagrante balance energético negativo, y que sostiene el discurso ilusorio del “crecimiento”.  

  • Des- tecnologizar la producción de alimentos, a partir de tomar a los sistemas productivos como agroecosistemas donde la biodiversidad y la nutrición adecuada de los suelos reemplacen a las tecnologías puntuales y contaminantes derivadas del petróleo.  

  • Des-petrolizar la economía, la mejor política contra el cambio climático es la eliminación de los combustibles fósiles, dejando el petróleo y el gas en el subsuelo. Eso no debe confundirse con soluciones ficticias como “descarbonizar la economía” o sea promocionar el mercado de carbono, los mecanismos de desarrollo limpio y la implementación conjunta que perpetúan el modelo petrolero destructivo bajo la lógica del mercado.  

  • Des-centralizar la generación y distribución de energía, a través de tecnologías que no recreen la dependencia, y que garanticen el abastecimiento de acuerdo a las necesidades de la población local, lo que se diferencia de promover la privatización de la energía, aun de fuentes “alternativas” bajo el argumento de “proveer acceso de energía para los pobres”.

En otras palabras: recuperar y defender el principio de la energía como un servicio y no un negocio y una mercancía ofrecida en el mercado. En esta línea de argumentación debe construirse la Soberanía Energética. Se trata de abrir esta agenda de debate en el seno de los sectores de “izquierda” en nuestras distintas regiones del globo, replanteando en estos términos radicales el entendido de una propuesta de enfrentamiento y superación del capitalismo en acuerdo con las contradicciones de la acumulación, en este momento histórico.

Por el rol estratégico de la región Latinoamericana en la promoción e instalación del modelo global de Agroenergía, y en vista a la Conferencia Internacional de Biocombustibles, auspiciada por la ONU, a ser realizada en Brasil en julio de 2008, reafirmamos nuestra tarea de cuestionar entre los gobiernos promotores del “Socialismo del Siglo XXI” cuál será el modelo energético que sustentará esta propuesta, sin aceptar cooptaciones nacionales al modelo propuesto por el capital.

 

Para que esta visión sea el fundamento de un programa político de la era post-petrolera, los abajo firmantes nos comprometemos a replantear nuestros posicionamientos -sin concesiones– como lo impone la radicalidad de la crisis ecológica y energética actual.

Fuente: https://cedins.org/dmdocuments/vaciandotanques.pdf