Qué Abya Yala

Octubre 2019

Con imposición de uniformidad a sus biodiversidades y pluriculturas e interculturas.

 

 

 

Historia y presente/ Ofensiva del sistema mundo capitalista / Alternativas emancipatorias

 

Historia y presente

 

El término Abya Yala es en sí mismo un símbolo de identidad y respeto hacia las raíces de los pueblos originarios; y en ese sentido, el poema Abya Yala Wawgeykuna (Hermanos Americanos), originario del pueblo Quechua de Argentina, hace un llamado a la unidad de los pueblos a mantener presente su origen y a continuar su camino siguiendo las huellas de sus ancestros. Tal como su título indica, Abya Yala Wawgeykuna.

 

Artes, saberes y vivencias de indígenas americanos, el libro que sostienen en sus manos es un tributo a la filosofía de ese poema, pues intenta plasmar el pasado y el presente de distintos pueblos originarios: sus modos de vida, sus manifestaciones artístico-culturales, sus creencias... y al fin y al cabo, su identidad. Leer

 

Hagamos a que una creciente mayoría de los diversos de abajo sin fronteras tome partido por la vida humana y no humana del planeta y asuma la lucha para desestructurar la «contrarreforma agraria integral» del capitalismo e imperialismos. Se trata, por ejemplo, de enfrentamientos completamente asimétricos como:

 

Gobierno minero, resistencia indígena

17 mayo 2019

 

Por Raúl Zibechi

 

Durante 68 días cientos de campesinos de las comunidades vecinas a la mina Las Bambas (Apurímac, Perú), cortaron la carretera por donde la empresa estatal china Minerals and Metals Group (MMG) exporta cobre a través del “corredor minero” hasta el puerto de Matarani en el océano Pacífico. Los comuneros de Fuerabamba levantaron pequeñas chozas de paja a los lados de la vía, desde las cuales resisten a la minera para forzarla a negociar.

 

Las Bambas se instaló en 2004 de la mano de la empresa minera suiza Xstrata Cooper pero en 2014 fue traspasada a la china MMG por casi seis mil millones de dólares. Poco después, el conflicto entre comunidades y empresa se dispara. En febrero de 2015, un grupo de 400 comuneros retuvo durante cinco horas a cien trabajadores y en setiembre se realiza un paro provincial con un saldo de tres muertos y 23 heridos (15 civiles y 8 policías), por enfrentamientos entre policías y comuneros.

El estado de emergencia y la represión son el núcleo del repertorio estatal frente a las comunidades. En enero pasado el conflicto volvió a dispararse con enfrentamientos entre los comuneros de Fuerabamba, que dejaron 11 policías heridos y un campamento de la policía quemado. Los comuneros rechazan la construcción de una carretera que atraviesa su territorio sin haberlos siquiera consultado.

La comunidad de Fuerabamba fue trasladada de lugar, ya que se asentaba justo en lugar donde se instaló la mina de cobre. Se trata de 450 familias comuneras a las que se construyeron nuevas viviendas “estilo suizo”, se las compensó con dinero y en el nuevo asentamiento (a dos kilómetros del original, a 3.800 metros de altitud) cuentan con centro de salud, instituciones educativas y hasta el cementerio que fue completamente trasladado.

El caso Las Bambas puede servir de termómetro de lo que sucede en todo el “corredor minero”, una carretera de 500 kilómetros que atraviesa tres provincias (Apurímac, Cusco y Arequipa) y 215 centros poblados donde viven 50 mil personas, en su mayoría pertenecientes a comunidades indígenas quechuas, que “tienen suspendidos sus derechos a la libertad y seguridad personales, la inviolabilidad de domicilio y la libertad de reunión y de tránsito en el territorio”, por la aplicación de estados de emergencia, según la ONG CooperAcción.

El corredor vial se ha convertido en pieza estratégica en el Perú, ya que incluye cinco grandes unidades mineras en explotación (entre ellas Las Bambas) y conecta no menos de cuatro proyectos exploratorios importantes. En ese marco, la Policía Nacional firmó en secreto 31 convenios con empresas mineras para la protección de sus negocios. Los policías se trasladan en camionetas de las empresas y tienen bases en los campamentos de las mineras, lo que convierte a la PN en una guardia privada empresarial. Estos mecanismos permiten hablar de un “gobierno minero” en la región, en el que participan Estado y empresas.

En una mirada amplia del conflicto minero en torno a Las Bambas, sobresalen dos cuestiones. Por un lado, 500 comuneros tienen procesos por haber participado en protestas contra la empresa minera. Pero la represión es apenas una cara del conflicto. Las consecuencias más profundas de la presencia minera pueden resumirse en el desmembramiento de las comunidades por la división que provocan los emprendimientos.

El periodista Jaime Borda, director de la ONG Derechos Humanos Sin Fronteras de Cusco, asegura que “desde 2006 hasta 2014 la mayoría de los dirigentes comunales han terminado mal su mandato, con acusaciones de aprovechamiento del cargo, de malos manejos económicos y de negociar sólo a favor de sus familiares”. Por los cuantiosos recursos que manejan las empresas, los cargos de dirección en las comunidades son altamente disputados, pero además las mineras operan en las comunidades para que elijan personas afines a sus intereses.

Borda concluye que en muchos casos “la comunidad ya no reacciona como un grupo coherente sino como una suma de individuos que velan cada uno por sus propios intereses”. Además, los terrenos comunales se parcelan y se titulan como propiedad privada, porque para la empresa minera “es más fácil negociar con las familias que con la comunidad”.

Al parecer, este es el destino que le aguarda a las regiones donde los mega emprendimientos extractivos se imponen. Toda una cultura y una historia son transformadas para favorecer al capital.

Desinformémonos

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Documentos/Gobierno-minero-resistencia-indigena

 

 

Reparemos en "las duras circunstancias en que viven las poblaciones, a la sombra de proyectos mineros, que lejos de generar progreso en las comunidades han roto el tejido social y generado violencia en su interior". También "en estos lugares se encuentran muchas mujeres jóvenes, a las que llevan con engaños o promesas de trabajo, que ya estando allí son vulneradas o pueden ser violadas por extranjeros, gente que no son del lugar y luego quedan estigmatizadas, no pueden salir fácilmente y se incrementan las experiencias de prostíbulos, la trata y tráfico de personas, te pueden botar hasta en el río y nadie puede reclamar. Es como si la vida de las mujeres no valiera nada”.

 

 

Transnacionales mineras: la segunda “colonización” en América Latina

17 mayo 2019

 

Por Gloria Silvia Orellana 

Mujeres defensoras de derechos humanos, procedentes de América Latina, concordaron en que los proyectos extractivos transnacionales se han convertido en la segunda colonización de los pueblos del continente, que las mujeres continúan siendo las más vulnerables, en la lucha social de sus territorios, sus recursos naturales y las comunidades.

Convocadas al IV Encuentro Regional de la Alianza Centroamericana Frente a la Minería (ACAFREMIN), mujeres defensoras de Bolivia, Perú y Haití, expusieron las duras circunstancias en que viven las poblaciones, a la sombra de proyectos mineros, que lejos de generar progreso en las comunidades han roto el tejido social y generado violencia en su interior.

La Rinconada, en la provincia de San Antonio de Putina, departamento de Puno, Perú, la conocen también como “tierra de nadie”, que coloca a la mujer en un riesgo grave permanente, en donde el dominio masculino y las leyendas heredadas vulneran sus derechos individuales.

Leny Olivera, quien trabaja en Democracy Center Bolivia, habló sobre la criminalización del movimiento social y cómo las mujeres son vulneradas en sus derechos humanos, señalando casos graves en Bolivia y Perú, que termina condenándolas a vivir permanentemente, en pobreza extrema, excluidas socialmente por reforzamiento de  patrones culturales.

Olivera habló sobre La Rinconada (Perú), un proyecto minero que se enclava a cinco mil 100 metros sobre el nivel del mar, que se considera uno de los lugares más altos en el mundo.

“En La Rinconada se refuerza el machismo que nos llegó con la Colonización, además de otras formas de dominación, hacia las mujeres, a través  los  mitos (invenciones) que se van construyendo socialmente. Y no significa que sea parte de la cultura andina, pero, en La Rinconada, las mujeres están expuestas a riesgos y peligros, porque los mineros aseguran encontrar el mineral más fácil si tienen relaciones sexuales o violan a mujeres jóvenes vírgenes o sea, de menos de 20 años. Entonces, en estos lugares se encuentran muchas mujeres jóvenes, a las que llevan con engaños o promesas de trabajo, que ya estando allí son vulneradas o pueden ser violadas por extranjeros, gente que no son del lugar y luego quedan estigmatizadas, no pueden salir fácilmente y se incrementan las experiencias de prostíbulos, la trata y tráfico de personas, te pueden botar hasta en el río y nadie puede reclamar. Es como si la vida de las mujeres no valiera nada”, relató.

A esa situación se suma que  muchas mujeres están comenzando a trabajar, al interior de las minas y no por decisión propia, han quedado viudas, otro grupo son madres solteras. Entonces tratan de buscar un sustento para sus familias, pero son repelidas por los mineros.

“Los mineros dicen que las mujeres no puede entrar a la mina, porque se va a enojar o se pondrá celoso el tío, dicen. El tío es una deidad que los mineros tienen al que invitan a beber alcohol o pichar coca (hojas de coca en la boca), para evitar que les pase una desgracia dentro de la mina y aunque no puedo generalizar que todos los mineros son así, pero en La Rinconada, la vida llega a ese extremo”, aseveró.

En cuanto a la vivencia de la segunda colonización, Olivera reiteró que es una “invasión”, que lleva al riesgo y vulnerabilidad a las comunidades y Pueblos Indígenas o afrodescendientes y en especial las mujeres y las defensoras de derechos.

“El contexto es igual, simplemente los actores han cambiado, son empresas transnacionales, organismos como el Banco Mundial o Fondo Monetario Internacional, que tienen control e intereses para beneficiar minorías acaudaladas, de países del Primer Mundo, a costa de la explotación y subordinación de las poblaciones en América Latina, entonces, todos los acuerdos a nivel internacional que en teoría defienden los derechos humanos de indígenas y comunidades son limitadas, pero la resistencia sigue estando presente en la lucha en América Latina, en donde muchos mueren en defensa de sus territorios”, reconoció Olivera.  Mientras, Joseline Colas Noel, de JPIC Haití, narró como están destruyendo el ecosistema de la isla y cómo influye que el territorio sea víctima de muchas catástrofes, señalando como un proyecto minero que abandonó su equipo con restos de cianuro, continúan contaminando a la población y recursos naturales.

“Nos preocupa que compañías internacionales estén interesadas en la explotación de minas de Haití. Explotaciones de minas que no aportan nada al país. Solo entre 1996 a 1997, el Estado ha dado 57 permisos de explotación que representa el 15 % del territorio haitiano. En donde viven 11 millones de habitantes, la situación es difícil, y la situación política mucho más, cuando la población entendió que los fondos de PetroCaribe, no han sido utilizado en bienestar social como escuelas, hospitales y servicios básicos”, manifestó.

Sobre  reformas jurídicas, Angie Lee Gardy, del Grupo de Apoyo a Refugiados de Haití, enfatizó, que la propuesta de una nueva Ley de Medio Ambiente (1976), no garantiza la protección del agua, suelo y aire. Ni responsabiliza a las empresas a reparar daños ocasionados al territorio y tenemos empresas mineras de Canadá y Estados Unidos.

“Han elaborado un anteproyecto de ley de mina incompleta, que quita los derechos y autoridad al parlamento, y crea la Autoridad Minera, que sería la única  que daría los permisos, donde la empresa puede explotar todo lo que encuentre en esa área, si hay un río, pues lo toma y no tiene que reportarlo a ninguna otra institución del Estado, al generar daños al medio ambiente. Es una situación grave, aunque no ha sido firmada por el parlamento, consideramos que Haití puede desaparecer”, puntualizó.

Diario Co Latino

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Noticias/Transnacionales-mineras-la-segunda-colonizacion-en-America-Latina

 

En consecuencia, la «contrarreforma agraria integral» del capitalismo e imperialismos consiste en desterritorializaciones de nuestros pueblos del Abya Yala (liquidación de comunidades, desarraigos, avasallamientos totalitarios de mujeres y niñas...) y re-territorializaciones a favor exclusivo de la incesante acumulación de riquezas y poder por parte de capitales y estados imperialistas con socios menores en los locales. Implica también otras destrucciones casi irreversibles:

 

Una entrevista sobre

las implicaciones ecológicas, sociales y humanas de los megaproyectos

Minero-Energéticos en Colombia.

En el mes de Octubre una comisión de líderes sociales colombianos estuvieron de gira por Europa con el apoyo y organización de Friends of the Earth International. Tras ubicarse Colombia, junto a Honduras y Palestina, como uno de los tres países prioritarios de la organización a causa de la situación de violación de derechos humanos, emprendieron camino en esta gira Danilo Urrea, miembro de CENSAT Agua Viva- Amigos de la Tierra Colombia, Blanca Nubia Anaya del Movimiento Social Ríos Vivos en defensa del Sogamoso en Santander y Jonathan  Ospina del Colectivo Socio-Ambiental Juvenil de Cajamarca – COSAJUCA – en el departamento del Tolima.

Nos reunimos con la comisión para ahondar en el estado de la situación y presentar las violaciones colectivas a los derechos de los pueblos que están teniendo lugar en el país por la participación del capital transnacional en la construcción de megaproyectos.

Colombia se ha caracterizado por décadas por su actividad económica de tipo extractiva. La extracción y exploración de hidrocarburos como principal fuente de ingresos nacionales, se vio sin embargo, consolidada junto al énfasis en los proyectos minero-energéticos a gran escala como uno de los pilares de desarrollo económico en el plan nacional de desarrollo 2014-2018.  ¿Qué implicaciones ha tenido esta afamada «locomotora minero-energética “en los territorios donde se ubican dichos proyectos?

Danilo: Señalaría un aspecto, sí es cierto que el modelo se consolidó entre 2014 y hasta 2018 por el plan de desarrollo, pero la viabilidad del modelo y su incursión firme en el país las entrega la política de “seguridad democrática” durante la presidencia de Uribe, en la que se hizo todo por atraer la inversión extranjera directa, causando 4 millones de desplazados, 5 millones de hectáreas de tierra tomadas por el paramilitarismo.  Es la seguridad democrática la que garantizó el modelo, Santos, el presidente actual, lo que hizo fue darle un impulso a esas garantías para el capital transnacional. Pero ya eso estaba bien consolidado.

Jonathan: Este modelo ha hecho que haya un desconocimiento de las comunidades en los territorios por parte del estado, desde la centralidad. Al perseguir esta estrategia de desarrollo, se han causado nuevos y numerosos conflictos con las comunidades, conflictos por la tierra y por el ambiente. Lo que se ve amenazado es la tradición y la permanencia en el territorio.

¿Es posible hacer minería a gran escala sostenible, responsable y respetuosa de los derechos?

Danilo: No existe la minería sostenible ni responsable. Es un discurso corporativo, que incluso ha calado en todo el sistema de Naciones Unidas que ha garantizado que a través de esos discursos lleguen a territorios específicos con esas falacias.

Es contradictorio. La misma actividad es de tipo extractivo. De explotación. No puede ser sostenible ni sustentable. Desde la mirada científica es contradictorio. Tampoco es responsable. De lo único que es responsable es del desplazamiento, de la criminalización de la lucha, de la contaminación de agua, de enfermedades respiratorias y estomacales. Lo demás es una falacia. Todo el modelo de responsabilidad social empresarial, que ha sido montado alrededor de la minería, es un favorecimiento del modelo corporativo. Porque una responsabilidad social corporativa que se hace por ejemplo responsable de pagar las fiestas patronales del Tolima para que la gente se comprometa a permitir la entrada  de la transnacional, o de pagar la construcción de escuelas en las que se les enseña a los niños indígenas que se tienen que convertir en mineros por fuera de toda su concepción tradicional y ancestral, un puesto de salud donde ni siquiera hay energía necesaria para poner a funcionar las máquinas para realizar exámenes y atender a la población, son claramente sólo lavados de imagen corporativo para lograr exención de impuestos como está comprobado hasta la saciedad en el caso colombiano. Por todo eso, ese modelo de responsabilidad social y el discurso de minería sostenible es sólo una estrategia para garantizar la entrada más fácil de los proyectos y las mineras a los territorios. (VER: El drama de la salud de las comunidades de La Guajira por la minería de El Cerrejón)

Y en últimas para liberar también al estado de su responsabilidad como garante de las condiciones para el desarrollo de los territorios y la vida de las personas.

Danilo: Suplantación ficticia del estado.

Y además dividen a la población para ganar adeptos. ¿Cómo hicieron por ejemplo en Cajamarca para reunir a la mayoría en contra del proyecto de minería de oro?

Jonathan: Sólo tuvimos 15 días  para organizar a la gente. Sobre minería ya habíamos hablado por muchos años. Para todos era claro que Cajamarca en su mayoría iba a votar No a la minería. Ese día de la votación, ofrecieron paseos para irse a otros lados, en otros casos ofrecieron 400.000 pesos para retener cédulas y después las devolvían al final de las votaciones. A pesar de esas maniobras de último minuto, nuestro proceso de información y sensibilización ya tenía efectos irreversibles. Los pequeños grupos que estaban a favor de la minería eran porque tenían contratos u otros beneficios directos con la empresa.

Colombia transita por un proceso de construcción de paz. Ya con la ley de víctimas, y después del acuerdo de paz, se comenzó a implementar y reforzar en Colombia la política restitutiva, reparativa y de redistribución de tierra.  Pero todo eso va en paralelo compitiendo con la “Locomotora Minero-energética” y con políticas o leyes como la ZIDRES- Zonas de Interés de Desarrollo Rural, Económico y Social- . ¿Uds. creen que esta competencia de políticas se constituye en un impedimento efectivo para la paz?

Danilo: En primer lugar es importante señalar que es un error tratar los temas agrarios  en el marco de los planes de desarrollo territorial integral. Cuando hablamos de desarrollo rural, se habla de la tierra en términos de explotación, de lo productivo. Diferente a cuando hablamos de lo agrario. Más allá de esto, el obstáculo real es que todo el andamiaje normativo de Colombia está en contravía del acuerdo. Por ejemplo las ZIDRES van a crear clústeres productivos, es decir que la única vía será integrar a las Zonas de Reserva Campesina con las ZIDRES como anexo para fortalecer los megaproyectos en la zona. Esta anexión implica que las zonas campesinas, van a ser devoradas por el modelo corporativo que dirige las ZIDRES. Esa fue una jugada brillante del gobierno, ya que ahora todo ese esquema normativo y las políticas de desarrollo rural van a ser validadas y legitimadas en su totalidad por los Planes de Desarrollo Territorial – PDET-, que son parte del acuerdo de la Habana. No dejan ventana ni chance de articular de ninguna forma alternativa los territorios rurales y las actividades productivas. Todo queda atrapado en el modelo corporativo.

Se ha discutido ya ampliamente, que tras la retirada de las FARC de los territorios, éstos quedan totalmente libres para que el gobierno y las multinacionales entren con sus megaproyectos de minería o agricultura intensiva y monocultivo. ¿Puede ser que la ausencia de las FARC conduzca a una catástrofe natural y social en territorios que por tradición habían sido intocables por la protección del grupo guerrillero?

Blanca: De hecho en varias comunidades, la misma gente no ha querido que la guerrilla se vaya. La gente tiene miedo. Ha habido muchas amenazas a pobladores diciendo que apenas se vayan las FARC los van a ajusticiar.

Danilo: Es importante dejar claro que nosotros respaldamos cien por ciento el acuerdo como posibilidad de terminar un conflicto armado de tan larga data. Pero eso no quiere decir que estemos de acuerdo con lo que se quiere implementar como paz. Las comunidades han construido paz desde siempre desde sus mismas formas de habitar el territorio, en una dirección totalmente diferente al modelo corporativo impuesto por el gobierno.

Nosotros como firmes defensores del proceso de paz, sabemos la importancia de la reconciliación como primer paso para construir paz. Pero la reconciliación debe ser completa. También debe haber reconciliación con la naturaleza. La guerra también ha sido declarada a la vida no humana. Reconocer, reparar y enmendar el camino es parte de la construcción de la justicia ambiental para una paz integral.

Ustedes representan procesos colectivos locales de resistencia y rechazo a los megaproyectos minero-energéticos. En Cajamarca se llegó a ese punto culmen con la consulta popular en la que el 97% votó en contra de la mina de Oro “La Colosa”. En Sogamoso, la represa siguió su curso como proyecto pero es conocido que la resistencia de la comunidad ha obligado a gobierno y a empresa a hacer un pare y negociar con la gente ¿Cómo fue el proceso colectivo del pueblo para llegar a esos puntos determinantes en la defensa del territorio?

Blanca: En Sogamoso, no ha sido nada fácil, duramos 6 meses en protesta y en paro organizado en uno de los parques de la localidad. Nuestras condiciones fueron muy difíciles. En últimas la sede de la CUT-Central Unitaria de Trabajadores- fue la que nos prestó techo y refugio sobre todo para nuestros ancianos y niños. Tal fue nuestra resistencia que la empresa ofreció 1.300 millones de pesos (39.000 euros) para solucionar la situación. Pero eso no era ninguna solución. Somos más de 2000 familias, y no se nos ofrecen tierras para cultivos ni soluciones de vivienda. Tras seis meses rompimos la huelga pues no aguantábamos más a sol y a lluvia todos los días. Seguimos movilizándonos y exigiendo. Requerimos apoyo internacional.

Jonathan: Un año antes de la llegada del proyecto “La Colosa”, ya existían algunas organizaciones sociales. Con la llegada de la minera y su gran campaña de prensa y su discurso de progreso económico en las jornadas de socialización con la comunidad, ya comenzaron con gran escepticismo a organizarse los mismos pobladores en comités como el Comité Ambiental en Defensa de la Vida -CADV-. Se formaron redes locales, municipales, departamentales, nacionales e internacionales en apoyo a la causa. Se utilizó muchísimo el “voz a voz” y se generaron iniciativas de movilización ciudadana como las marchas-carnaval. También se produjeron materiales, cartillas, y contenidos de tipo informativo y didáctico en las que se lograron explicar todas las implicaciones de la minería a cielo abierto a gran escala.

De igual forma nos asesoramos con abogados y fuimos muy activos en usar todas las herramientas jurídicas para no sólo hacer respetar el derecho a la consulta previa, sino el hecho de hacer valer la presencia de representantes de la comunidad en sesiones de consejos locales o nacionales y mantener vivo el tema de la minería en el agenda pública.

Y después de la consulta, la empresa también se agarró de argumentos jurídicos para deslegitimar los resultados. El argumento de que habían ya adquirido los derechos de explotación tras haber obtenido la licencia para exploración durante 10 años, fue utilizado decididamente por la minera para argumentar su negativa a dejar el territorio. ¿Cómo se alegó contra esos argumentos?

Jonathan: En primer lugar, esos argumentos no tienen un peso jurídico real. En la legislación colombiana, la licencia para exploración no concede de manera automática la licencia para explotación. Es una mera expectativa. Entonces la empresa no tenía ningún derecho adquirido real. No cuentan con licencia ambiental y con los resultados de la consulta tampoco la obtendrán.

Danilo: En todo caso, los resultados de la consulta sí son vinculantes. Lo que pasa es que hay un vacío jurídico. Esos mecanismos de participación están garantizados en la constitución, pero no hay gran desarrollo en su reglamentación. Por esta razón después de los resultados hay un gran bloqueo porque no hay claridad de cómo implementar o seguir el proceso. En eso se excusa el gobierno Colombiano para no actuar de acuerdo a la voluntad de los votantes. Sin embargo, sí existe la jurisprudencia de la corte constitucional que indica que toda decisión de los entes territoriales debe ser previamente consultada y que los resultados de las consultas son vinculantes.

La verdadera pregunta es cómo se están interpretando los desarrollos de la corte constitucional y las discusiones alrededor de éstos. Y eso va para largo.

Entonces en el caso de Cajamarca ¿tampoco se ha implementado?

Jonathan: El proceso de implementación en principio sigue tres etapas. El local,  luego el departamental y por último el nacional. Los consejos municipales tienen que reglamentar los resultados de la consulta en el ordenamiento territorial, entonces en Cajamarca, el consejo municipal sacó el decreto por el cual adopta los resultados de la consulta popular pero lamentablemente lo hizo a espaldas de la comunidad  y quedó un decreto muy  vulnerable que puede ser atacado en cualquier momento  por la empresa. Pero bueno, desde lo local ya se puede decir que se implementó. En el nivel regional, la Corporación Autónoma del Tolima – CORTOLIMA- falta que le quite los permisos ambientales a la empresa; los que tiene de exploración. Y de orden nacional falta que los ministerios le quiten los títulos mineros. 80% del territorio en Cajamarca está titulado como territorio minero, entonces seguimos exigiendo que esos títulos se deroguen, pues si la actividad minera está prohibida pues no tendrían por qué estar activos. Al día de hoy la empresa sigue como titular de los territorios, tienen seguridad privada.  La empresa expresó que estaría esperando la resolución del tema minero y allí retornarían o se irían; en un total desconocimiento de la voluntad de Cajamarca.

¿Cómo ha sido la situación en relación a la seguridad e integridad de los líderes sociales que defienden los territorios de los mega proyectos y las grandes empresas?

Danilo: En Colombia ha habido un cambio del dispositivo de criminalización en los últimos diez años y el cambio no significa que se haya dejado de usar la forma clásica que es el asesinato y el encarcelamiento. En los últimos diez años hubo todo un desbloqueo de las tecnologías del poder y cambiaron a tener otras estrategias como la deslegitimación del trabajo de la gente. Tiene que ver con mostrar a esas personas como que tienen problemas diversos, más allá de lo que se refiere a su trabajo y tiene que ver con un intento de presentar a los líderes y lideresas como si hicieran parte de grupos insurgentes. Aun cuando eso no se lleve a escenarios penales, genera bastante desconfianza en la población local. Este nuevo dispositivo de criminalización ha tenido un resultado. La estigmatización ha sido producto de una muy buena coordinación entre los medios que están asociados a las empresas privadas y a éstas que a su vez aportan dinero a esos medios.

Blanca: Cuando empezó a entrar con fuerza la empresa en el territorio para construir la represa, sucedieron 4 asesinatos de líderes. Aún siguen esos y otros casos en la completa impunidad. Así mismo tenemos compañeros y compañeras a quienes les han ensuciado su imagen de manera tal que es casi imposible poder recuperar la credibilidad o confianza por parte de los demás. Es muy lamentable. Apenas ven cabezas visibles en la resistencia y defensa de la causa, se implementan varias estrategias para afectarlos. En el peor de los casos, desaparición o asesinato.

Jonathan: En Cajamarca sucedió lo mismo, el asesinato de 3 líderes, dos en 2013, otro en 2014. Según las investigaciones siempre se ha arrojado que los crímenes fueron aislados y desvinculados de su protagonismo en la lucha por la defensa del territorio, sin embargo, se han encontrado también inconsistencias en estas investigaciones. Además también ha habido muchas amenazas al movimiento y sus líderes por parte de grupos paramilitares; en otros casos por personas desconocidas.  La empresa incluso ha tenido históricamente escándalos de vínculos con grupos paramilitares en otras partes del mundo, en Ghana o Sudáfrica, por ejemplo.

Causa curiosidad que las amenazas realizadas por el grupo paramilitar “Las Águilas Negras” utilicen el mismo lenguaje y discurso utilizado por la empresa: El famoso discurso del progreso. Existen muchos indicios que ponen a pensar que realmente existen nexos entre estos grupos y la empresa, teniendo en cuenta que la empresa tiene convenios de seguridad con cuatro batallones de alta montaña del ejército. Es bien sabido por todos cómo no sólo en Cajamarca, los grupos militares han trabajado de la mano con grupos paramilitares. La misma fuerza pública además ha sido de los principales actores que han vulnerado los derechos de los líderes y las comunidades en defensa del capital y los megaproyectos asociados. Este año volvieron a intentar nuevos asesinatos; hubo disparos por parte de una persona desconocida. Se trató que la investigación se hiciera de una manera efectiva pero no hay respuesta ni intención explícita de investigar a fondo. Vemos que los derechos se vulneran constantemente no sólo por los directamente involucrados en las agresiones sino por parte del estado entero al no tener voluntad ni disposición para investigar y esclarecer los hechos. Muestra de ello la impunidad total en la que quedan todos estos casos.

¿Qué mensaje principal quieren dejarle a nuestros lectores y cómo se pueden vincular y participar para lograr el mejoramiento de la situación?

Jonathan: Visibilizar los casos. Que no se quede la información en los territorios. Difundir la información. Presionar al gobierno colombiano en dirección a que respete la democracia participativa, los derechos y que implemente las medidas para que se dejen de vulnerar éstos de manera sistemática. Así mismo hacemos un llamado a que las personas cuestionen y cambien sus prácticas del día a día. El consumo excesivo e innecesario está conduciendo a que las empresas vayan a los países “subdesarrollados” para extraer los recursos naturales y así garantizar que otras personas en otros países vivan lo más cómodamente posible a costa de la vida de otras personas. Si cambiamos nuestras prácticas  de consumo no habría necesidad de ir a otros países a explotar y extraer sus recursos hasta acabar con los territorios. Antes de comprar o desechar algo, hay que pensar que otras personas están sufriendo o perdiendo la vida para que ese producto o servicio esté al alcance.

Blanca: Toda la explotación que se hace, se hace de recursos naturales que no son renovables. El agua es vital para sobrevivir. La gente debe ser consciente de que cuando un bombillo está prendido innecesariamente, es el agua la que se está acabando, cuando usamos y botamos mucho papel, también. Al atentar contra el agua, atentamos contra la vida misma. La gente debe despertar y enterarse de dónde y cómo se producen las cosas que adquieren o tienen.

 

Danilo: Lo principal es tener una mirada crítica frente al modelo global de producción y consumo y lo que implica que una sociedad participe en el modelo de producción y consumo de otras sociedades. En el fondo, la discusión debe ser cómo una situación como la colombiana, depende de una presión internacional muy fuerte; desde los pueblos de otros países. Se debe saber que no es una democracia la que se vive en Colombia, que la idea de que Colombia ha vivido como la democracia más antigua de Suramérica es una idea falsa. Es una creencia justificada en un modelo legal pero falsa.

 

Creo que como mensaje quiero decir que en Colombia no hay garantías democráticas para el ejercicio de la defensa del bien natural y el territorio y que hasta que no cambie esa concepción de las sociedades europeas de que Colombia es una democracia, no va a ser posible intervenir para acabar con el modelo de dominación, que es un modelo de dominación oligárquico, de una clase social sobre las otras y sobre la naturaleza. El mensaje sería que hay que construir una democracia basada en la autodeterminación de la gente.

Publicado originalmente en Contagio Radio.

Desinformémonos

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Documentos/No-existe-la-mineria-sostenible-ni-responsable-eso-es-un-discurso-corporativo

 

 

  Ofensiva del sistema mundo capitalista

 

Nos sitúan -a los pueblos y diversos de abajo sin fronteras- de espaldas a la ofensiva del sistema mundo capitalista contra nosotros, quienes persiguen una lectura binaria como: "América Latina sigue en disputa abierta. Los cantos de sirenas que auguraban el fin de los gobiernos progresistas fue solo eso, un canto espanta bobos. La profunda crisis económica que ocasionó Macri en la Argentina, el desastre medioambiental en Brasil gracias a las políticas de Bolsonaro, o la crisis profunda de la Colombia de Duque o el Chile de Piñera, siguen reafirmando que, ante la propuesta de los gobiernos nacional populares de inicios del siglo XXI, las elites económicas, nacionales e internacionales y el imperialismo norteamericano solo tienen una respuesta: la reedición del modelo neoliberal en Nuestra América".

 

Ecuador, el viejo rostro del neoliberalismo

17 de octubre de 2019

Por Daniel Ríos Rocha (Rebelión)

La revuelta popular en el Ecuador, no es más que el desenlace natural para un modelo político ya viejo en América Latina: el neoliberalismo. Solo hace falta dar un pequeño vistazo a la historia reciente de aquel país, he incluso a casi cualquiera de Sudamérica, para darse cuenta que el neoliberalismo, siempre que se ha impuesto en nuestros países, termina en una revuelta popular.

El Caracazo de 1989 en Venezuela, y el Corralito de 2001-02 en Argentina son fieles reflejos de ello. En el caso del Ecuador, después de dos gobiernos consecutivos del ex presidente Rafael Correa, de 2007 a 2017 -el periodo más largo de la historia ecuatoriana-, todo parecía indicar que entraba en un periodo de aparente calma y normalidad democrática. Pero con la traición de Lenin Moreno y su viraje neoliberal, adoptando medidas clásicas de recorte y ajuste, inhabilitando al expresidente, persiguiendo jurídicamente y acosando a los que Moreno identifica como correistas puros (Jorge Glas, Patricia Rivadeneira, Paola Pabón o Ricardo Patiño, entre otros), era lógico que este escenario fuera probable.

De la traición al ajuste neoliberal

En los primeros meses de su mandato, Lenin Moreno decidió borrar la gestión de su predecesor Rafael Correa, y progresivamente distanciarse de este. Para tal fin inició una persecución política contra Correa, (al punto de no permitirle regresar al Ecuador e inhabilitarlo políticamente [1]), y sus más allegados; el ex embajador Ricardo Patiño permanece exiliado en México, y el Vicepresidente de Correa, Jorge Gal, está recluido injustamente por el caso Odebrecht. En el contexto internacional, Moreno dio un giro de 180 grados en la postura ecuatoriana, sacando a la nación de Unasur y la ALBA-TCP, acercándose a la Alianza del Pacífico y elevando el tono crítico hacia el gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro.

El primero de octubre, el presidente Moreno anunció la adopción de un paquete de medidas económicas de austeridad en consonancia con el Fondo Monetario Internacional (FMI), como requisito para obtener un préstamo de esta institución supranacional y rapaz. El paquete de medidas promovió la eliminación de los subsidios al consumo de combustible. El resultado; el precio del diésel aumentó en un 120% y el de la gasolina regular en un 30%. Otras medidas fueron: la contribución especial a las empresas con ingresos de más de US$10 millones al año. Según el gobierno se recaudaría un total de US$ 300 millones que se destinarán a seguridad, educación y salud; la baja de salarios de hasta un 20% en contratos temporales del sector público; y, la reducción de vacaciones de 30 a 15 días para empleados públicos y un aporte de 1 día de salario mensual.

En respuesta a estas medidas que afectaron dramáticamente el poder adquisitivo de la población, se convocaron numerosos paros que fueron in crescendo el ánimo popular. El 3 de octubre Moreno decretó el estado de excepción en el país, y el toque de queda en la ciudad de Quito. En el mejor estilo “democrático”, el gobierno de Moreno reaccionó reprimiendo a la población, y deteniendo a más de 300 personas en los primeros días de las manifestaciones.

El 8 de octubre, en un acto histórico de cobardía y torpeza política, Moreno anunció la transferencia de la sede del gobierno de Quito, centro de los disturbios populares, a Guayaquil, anunciando esta decisión acompañado del vicepresidente Otto Sonnenholzner y el comando militar del país. Para el dia 9 de octubre, se convocó una huelga nacional que movilizó a camioneros, conductores de autobuses, taxistas y furgonetas escolares.

Inmediatamente, el pueblo movilizado, sobre todo contingentes indígenas a la cabeza, “tomaron” la Asamblea Nacional exigiendo la derogación inmediata del Decreto Ejecutivo 883, que era responsable de eliminar los subsidios para la compra de combustible.

El 14 de octubre, después de un fin de semana donde las movilizaciones populares desafiaron el toque de queda y el estado de excepción, el gobierno de Moreno a decretado el fin de estado de excepción y el toque de queda. De la misma manera, queda cancelado el Decreto 883. Esta decisión se tomó luego de que Moreno y la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) llegaron a un acuerdo de establecer un nuevo Decreto, que reemplazará el Decreto 883, sobre la eliminación del subsidio a los combustibles.

De la revuelta popular a la insurgencia

Históricamente, el Ecuador ha sido uno de los países más inestables políticamente. Las revueltas populares de 1997, 2000 y 2005, que culminaron con el cese de los gobiernos de Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez respectivamente, dan muestra de ello. Los diez años de correísmo, su crecimiento sostenido arriba del 3% del PIB por año, y la reducción de la pobreza en el orden del 33.7% al 23% de 2007 a 2015 [2], auguraban un periodo sostenido de estabilidad en el país.

Este 2019, los sectores indígenas tienen un papel fundamental en las revueltas del Ecuador, la Federación Nacional de Cooperativas de Transporte de Público de Pasajeros del Ecuador (FENACOTIP) y la CONAIE, entre otras, agregan un componente plebeyo no visto antes en el país. Si bien el correísmo y la Revolución Ciudadana tuvieron diferencias fundamentales en el pasado con ellos, sobre todo en el caso del Parque Nacional Yasuní [3] y la reprobación de los sectores indígenas a lo que consideraban como medidas neo-extractivistas [4] al gobierno de Correa, no cabe duda que se abrió la puerta para la defenestración del traidor Lenin Moreno, y el inicio de un periodo de empoderamiento popular ante las elites rapaces y cipayas, adictas a la política del Departamento de Estado norteamericano, y organismos supranacionales como los es FMI.

Desde fuera no se perciben liderazgos fuertes en las revueltas populares, será tarea de los movimientos sociales, indígenas, estudiantiles y de trabajadores, junto con los restos de Alianza País correista, construir un liderazgo colectivo fuerte, que sea caja de resonancia de las demandas populares, capaz de aglutinar el descontento popular, y traducirlo en fuerza política efectiva, para de una vez por todas, una vez más, conquistar el Estado en un sentido nacional-popular.

Ante la parcial victoria popular que significa la derogación del Decreto 883, se abre un periodo peligroso de incertidumbre. Aquí es donde el pueblo puede desechar a las viejas elites, o éstas pueden aún recomponerse en un sentido conservador y regresivo. Ahí está el peligro, es donde Gramsci diría que surgen los monstruos -del fascismo-, cuando lo nuevo no acaba de nacer, y lo viejo se niega a morir.

América Latina sigue en disputa abierta. Los cantos de sirenas que auguraban el fin de los gobiernos progresistas fue solo eso, un canto espanta bobos. La profunda crisis económica que ocasionó Macri en la Argentina, el desastre medioambiental en Brasil gracias a las políticas de Bolsonaro, o la crisis profunda de la Colombia de Duque o el Chile de Piñera, siguen reafirmando que, ante la propuesta de los gobiernos nacional populares de inicios del siglo XXI, las elites económicas, nacionales e internacionales y el imperialismo norteamericano solo tienen una respuesta: la reedición del modelo neoliberal en Nuestra América.

NOTAS:

[1] BBC Mundo ¿El fin político de Rafael Correa?: qué significa para el expresidente de Ecuador el resultado del referendo promovido por su sucesor, Lenín Moreno. En https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-42941776

[2] TELESUR ¿Cuánto ha cambiado Ecuador con la Revolución Ciudadana? En: https://www.telesurtv.net/news/Cuanto-ha-cambiado-Ecuador-con-la-Revolucion-Ciudadana--20150115-0097.html

[3] TELESUR Rafael Correa defiende proyecto de Yasuní para superar la pobreza. En: https://www.telesurtv.net/news/Rafael-Correa-defiende-proyecto-de-Yasuni-para-superar-la-pobreza-20140424-0049.html

[4] AMÉRICA LATINA EN MOVIMIENTO Neblina sobre los horizontes post-extractivistas: ¿no hay alternativas? En: https://www.alainet.org/es/active/66806

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=261488

 

 

Consideremos que los extractivismos implican expropiación a gran escala de bienes comunes (agua, energía, tierras, semillas...); ocupación económica territorial de transnacionales y transnacionalizados; destrucción tanto de comunidades como de ecosistemas, ecorregiones. Para hacerlo 'democráticamente' se establece contubernio de los oligopolios con los altos funcionarios y sólo la corrupción de estos últimos explica que defiendan a Monsanto, Barrick Gold, Chevron y otras corporaciones de larga trayectoria contra los pueblos. Sólo su preferencia por vanidades o/y enriquecimientos personales explica su participación imprescindible en el avasallamiento de derechos de los pueblos y la naturaleza.

 

 

Ecuador, del centro al fin del mundo

17 de octubre de 2019

Por Boaventura de Sousa Santos

Other News

 

Como su propio nombre indica, Ecuador está situado geográficamente en el centro del mundo. Todo lleva a creer que el neoliberalismo ha decidido llevar a cabo su agenda de fin del mundo en este país. Como es sabido, el neoliberalismo es la versión más antisocial del capitalismo global porque está estrictamente vinculada a los intereses del capital financiero. No reconoce otra libertad que la libertad económica, por lo que le resulta fácil sacrificar todas las demás.

Por cierto, es bueno que los portugueses sepan esto con respecto al partido Iniciativa Liberal, la versión más tardía del liberalismo en forma de bancarrota. La especificidad de la libertad económica es que se ejerce en la medida exacta del poder económico que uno tiene para ejercerla y, por tanto, su ejercicio siempre implica una forma de imposición asimétrica sobre los grupos sociales que tienen menos poder y una forma de violencia brutal sobre los que no tienen poder, la gran mayoría de la población empobrecida del mundo. Tal imposición y violencia siempre se traduce en la transferencia de riqueza de los pobres (traducida en las magras políticas de protección social del Estado) a los ricos y en el saqueo de los recursos naturales, así como de los activos económicos, cuando los hay. El Fondo Monetario Internacional es el agente encargado de legalizar el robo en el que se traducen las políticas de austeridad impuestas por el capitalismo financiero.

El robo es tan evidente hasta el punto de que el montante de los préstamos casi siempre equivale a los beneficios públicamente contabilizados que se ofrecen a los acreedores internacionales y a las grandes corporaciones multinacionales que se articulan con ellos. Los casos más recientes de este proceso van desde Grecia hasta Portugal (2011-2015), desde Argentina hasta Brasil y muchos países africanos. Lo que está sucediendo en Ecuador representa el paroxismo, el momento de máxima intensidad de la voluntad destructiva del neoliberalismo. Con el fin de salvaguardar el derecho al robo legal por parte de los acreedores y las empresas multinacionales, el país se incendia socialmente, se declara un estado de excepción rápidamente legitimado por una Corte Constitucional cómplice, se movilizan las Fuerzas Armadas entrenadas por la infame Escuela de las Américas (hoy con un nombre diferente que borra la historia para mantener los propósitos) a fin de ejercitarse en la lucha contra los enemigos internos, es decir, las grandes mayorías empobrecidas, se asesina y hiere a los manifestantes y se provoca la desaparición de cientos de niños. Es una estrategia maximalista y de fin del mundo dispuesta a arrasar el país para hacer cumplir la voluntad imperial y de las élites locales a su servicio.

Lo más trágico de todo es que Ecuador fue el país de la esperanza en la primera década de este siglo. Tuve el placer de ser consultor en la elaboración de una de las constituciones más progresistas del mundo, la Constitución de 2008, la primera que en su articulado consagró los derechos de la naturaleza y ofreció una alternativa al desarrollo capitalista. Una alternativa que se basaba en los principios de armonía con la naturaleza y de reciprocidad que los pueblos indígenas siempre han practicado, un modelo de vida que, por resultar tan extraño a la lógica occidental, tuvo que consagrarse en su versión original, en lengua quechua, el suma kawsay, traducido imperfectamente por buen vivir. Los años siguientes fueron años de experimentación innovadora y grandes expectativas, de manera especial para los pueblos indígenas que, sobre todo desde 1990, venían luchando por el reconocimiento de sus derechos, el respeto de sus formas de vida y la dignidad de su existencia como supervivientes del gran genocidio colonial moderno, perpetuado hoy por el nuevo colonialismo y el racismo que durante décadas caracterizó tanto a los partidos políticos de derecha como de izquierda. 


La presidencia de la República la ocupaba Rafael Correa, un gran comunicador, sin gran arraigo en los movimientos sociales, con un discurso antimperialista, siempre polémico en sus posiciones y poco tolerante con las divergencias en su propio campo político. A pesar de ello, realizó un trabajo notable de renegociación de la deuda externa y de redistribución social, aunque erróneo y tal vez insostenible por dos razones principales.

En los últimos años, Correa fue abandonado por una buena parte de la izquierda ecuatoriana, no solo por su desarrollismo, sino por su virulencia contra los líderes indígenas. Yo mismo fui crítico con Correa, pero nunca compartí los excesos de cierta izquierda, ungida por la izquierda ecologista europea, que llegó a considerar a Correa como un líder autoritario de extrema derecha. Hoy deben estar experimentando un baño de realidad sobre lo que verdaderamente es la extrema derecha en Ecuador y en todo el subcontinente.

Rafael Correa estuvo en el poder entre 2007 y 2017 y fue relevado por su vicepresidente durante varios años, ahora presidente, Lenín Moreno. Inicialmente, dio la idea de que lo que cambiaría solo sería el estilo de gobierno, no la sustancia. Sin embargo, quien conocía los antecedentes de Moreno debería haber estado más atento. Nadie se dio cuenta de que la persecución judicial contra Correa por presunta corrupción, que Moreno patrocinó, no era más que otra versión de la nueva estrategia estadounidense para neutralizar a los gobernantes que pusieran en peligro los intereses de las empresas estadounidenses, especialmente en el sector petrolero: la supuesta lucha contra la corrupción. Fue así contra Lula da Silva y Cristina Kirchner, entre muchos otros. Poco a poco, Moreno fue mostrando su verdadero propósito: realinear Ecuador con los intereses de Estados Unidos. El acuerdo con el FMI culminó la celebración de esta alianza. El llamado «paquetazo» decretado el 1 de octubre, el paquete de medidas de austeridad, es de una violencia extrema para las familias de bajos ingresos, la gran mayoría de la población ecuatoriana.

La trágica trayectoria de las recetas del FMI es de sobra conocida. Nunca dan nada más que buenos negocios para sus inversores. Siempre resultan en el empobrecimiento de las grandes mayorías. A pesar de ello, o tal vez por ello, siguen aplicándose y, cada vez que se aplican, se anuncian como la única alternativa para salvar el país. Que el FMI sea indiferente a las desastrosas consecuencias sociales de sus recetas no sorprendente, porque no se puede exigir que el capitalismo haga otra filantropía que la que redunda en su propio interés (y por tanto no es verdadera filantropía). Lo sorprendente es que Lenín Moreno parece no recordar que la resistencia de los pueblos indígenas, una resistencia aprendida a lo largo de los siglos, ya ha derribado a tres presidentes desde 1990, y es muy probable que él sea el próximo. Lo más trágico para el pueblo ecuatoriano es que los anteriores derrocamientos presidenciales (1997, 2000, 2005) fueron mucho menos violentos de lo que se anuncia para el siguiente. La tímida declaración de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, cuya incapacidad para defender con autonomía los derechos humanos es bien conocida, es una señal de los tiempos autoritarios en los que nos encontramos. La esperanza de Ecuador reside en la dignidad de su pueblo. Para estar a la altura de esta dignidad, la solidaridad de los demócratas del mundo con el noble pueblo ecuatoriano debe ser inequívoca y activa.

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Artículo enviado a Other News por el autor el 14. 10.19 . Traducción de Antoni Aguiló.

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Boaventura de Sousa Santos: Académico portugués. Doctor en sociología, catedrático de la Facultad de Economía y Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU) y de diversos establecimientos académicos del mundo. Es uno de los científicos sociales e investigadores más importantes del mundo en el área de la sociología jurídica y es uno de los principales dinamizadores del Foro Social Mundial.

http://www.other-news.info/noticias/2019/10/ecuador-del-centro-al-fin-del-mundo/

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=261387

En consecuencia, desestructurar la «contrarreforma agraria integral» del capitalismo e imperialismos nos interpela a superar el cerco procapitalista que levantan tanto el progresismo como el neoliberalismo. Será por involucramiento en las luchas de diversidades de abajo sin fronteras y destape ,como enemigo principal, al poder económico e imperialista cuyos intereses lucrativos gestionan tanto los políticos progresistas como los de la derecha explícita. Atendamos a:

 

Se abre un nuevo ciclo de resistencia popular contra el neoliberalismo

17 de octubre de 2019

Por Mario Unda.

Correspondencia de Prensa

 

 Primer balance

Hace pocas horas finalizó el diálogo entre el gobierno y el movimiento indígena con el anuncio de que se dejaba sin efecto el decreto 883, emitido el 2 de octubre, para ser reemplazado por un nuevo decreto, que debe ser redactado por representantes del movimiento indígena y del gobierno. En consecuencia, se levantó el paro. Se puede hacer por ahora un primer balance, provisorio, claro.

Vuelve la resistencia popular

La resistencia popular, que había sufrido años de represión y persecuciones bajo la era de Rafael Correa, volvió a instalarse. En los 11 días de paralización se movilizaron diversos sectores sociales: al principio, los transportistas, los indígenas y los obreros. Los transportistas anunciaron un paro que duró dos días y que terminó tras la negociación de un incremento de los pasajes. Pero eso no detuvo la oleada social: el movimiento indígena y el movimiento sindical, que ya venían preparando acciones en contra de las políticas del gobierno, ocuparon la escena, y atrajeron la solidaridad de estudiantes de varias universidades que organizaron brigadas de atención a la salud y el cuidado de albergues, especialmente para mujeres y niños indígenas; luego se activaron grupos feministas y finalmente, los últimos dos días, amplios sectores de las clases populares y medias de la población urbana. Como ya había ocurrido antes, el pueblo se construye en la confluencia de la lucha, un poco de manera organizada, otro poco de manera espontánea. Como toda confluencia de estas características, su futuro está por definirse, y será un elemento central de la realidad en el futuro inmediato.

Confluencias y fragmentaciones del movimiento popular

La confluencia de esta hora presenta ciertas diferencias respecto a las anteriores, que se habían articulado alrededor de un movimiento social: los estudiantes en la década de 1970; el movimiento sindical en los primeros años de la década siguiente; el movimiento indígena entre 1992 y 2002; o la explosión de la clase media urbana en 2005. Ahora, sin embargo, el eje fue una difícil e incompleta confluencia de indígenas y obreros.

Parte de los efectos del ataque del correísmo a los movimientos sociales fue el debilitamiento de las proximidades entre ellos, el afloramiento de suspicacias y el predominio de particularismos. En estos 11 días de lucha se pudo observar igual la tendencia a la aproximación cuanto los límites que ella enfrenta. Por eso el gobierno, aunque fue derrotado, alcanzó a mover fichas, aunque sea y por de pronto para ganar tiempo. Su táctica fue siempre dividir la movilización atendiendo demandas particulares: la subida de pasajes desmovilizó a los transportistas. Luego intentó separar a los indígenas de los obreros: en un momento dado, el gobierno y los medios de comunicación dejaron de referirse a las demandas del movimiento sindical y se concentraron en la oferta de compensaciones para el campo; al principio no obtuvieron resultado, pero finalmente lograron separar a los dos actores centrales del movimiento popular en los diálogos: el domingo se reunieron con los indígenas para tratar el decreto 883 y pospusieron para el martes un posible diálogo con el movimiento sindical, que se dará ya seguramente sin el calor de la movilización popular masiva. Al mismo tiempo, busca separar a los trabajadores públicos del resto del movimiento sindical, anunciando su disposición a revisar las medidas que les afectan particularmente: reducciones salariales y de vacaciones.

El gobierno ha mostrado así su disposición a negociar fragmentos del paquete con el fin de mantener la posibilidad de implementar los núcleos centrales del modelo neoliberal: las privatizaciones y la sobreexplotación del trabajo y de la naturaleza. El tiempo dirá si tiene o no éxito en su empeño. Y el tiempo dirá también si los movimientos populares logran, después de esta intensa jornada, reemprender acercamientos y lazos indispensables para enfrentar los desafíos que vendrán. La construcción de un claro horizonte político y de un programa de acción son indispensables para avanzar en este camino.

Un primer enfrentamiento con las tendencias represivas y antidemocráticas de la burguesía

El gobierno de Moreno, tras un andar vacilante en un inicio, fue convirtiéndose en expresión de la voluntad neoliberal de los grupos monopólicos y del FMI. Esto ocurrió en medio de una serie de episodios de tira y afloja, en que el gobierno cedía cada vez más a los deseos de las cámaras empresariales, pero sin aplicar por completo las medidas solicitadas, de manera que su accionar siempre fue considerado por ellas como insuficiente. La firma de la carta de intención con el FMI selló el desplazamiento del gobierno hacia el neoliberalismo, pero demoró en la aplicación de las medidas exigidas. La misma carta de intención con el FMI explicaba el motivo: el anexo 3 se refería a los riesgos de desatar protestas sociales con las medidas que se implementarían.

Esto permitió el despliegue de dos tendencias: la primera, la rápida solidificación del bloque en el poder, con un discurso único esgrimido por el gobierno y el FMI, los gremios empresariales y sus intelectuales orgánicos, el gobierno norteamericano y la gran prensa, todos apuntando a una rápida implementación de medidas "dolorosas pero necesarias"; eso se tradujo en una intensa campaña a través de los medios de comunicación en el último medio año.

Por otra parte, pareciera que el bloque en el poder llegó a la pronta conclusión de que su programa sólo podría imponerse de manera violenta. A medida que pasaba el tiempo, la virulencia, la inflexibilidad, las amenazas y atemorizamiento ganaron espacio en sus pronunciamientos. El clímax llegó en estos días de conflicto, y desnuda claramente la naturaleza represiva y antidemocrática de la burguesía y del neoliberalismo. No se trató solo de acusar a los manifestantes de vándalos, delincuentes y terroristas, sino de amenazarlos con aplicarles el código penal inventado por Rafael Correa, que prevé penas de tres años de cárcel por participar en protestas, sino que el ministro de defensa, el exmilitar Oswaldo Jarrín, lanzó una abierta amenaza de reminiscencias fascistoides: habló de utilizar armas letales contra las personas movilizadas y recordó que los militares están preparados para la guerra.

A tono con esto, la Federación Nacional de Cámaras de Industrias del Ecuador circuló un manifiesto en que exige al gobierno "Una acción inmediata de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional para recuperar el orden y la paz social en estricta aplicación del estado de excepción", así como "La judicialización de los autores, cómplices y encubridores , así como de los autores materiales e intelectuales de los delitos que se han cometido, bajo el amparo del Código Orgánico Integral Penal" (https://www.elcomercio.com/actualidad/federacion-industrias-accion-protestas-ecuador.html).

Las acciones gubernativas iban en la misma dirección: a las pocas horas de iniciadas las protestas se decretó ya el estado de excepción por 60 días (reducido a 30 por una complaciente Corte Constitucional), y le siguieron la militarización y el toque de queda. Que no se trataba únicamente de bravatas lo demuestran las cifras ofrecidas por la defensoría del pueblo: entre el 3 y el 13 de octubre la represión gubernamental causó por lo menos 7 muertos, 1340 heridos y más de 1150 detenidos. Se trata de la mayor violencia ejercida contra la protesta social en los últimos 30 años.

Sin embargo, ni la represión ni la amenaza lograron detener la movilización. La última medida de toque de queda, establecida por las Fuerzas Armadas entre las 3 de la tarde del sábado y las 3 de la tarde del domingo, ni siquiera pudo aplicarse: el "cacerolazo", convertido en verdaderas fiestas populares en los barrios de Quito, impidió de hecho su aplicación. Queda, no obstante, una constatación: la implementación del modelo neoliberal recurrirá a la violencia más brutal para aplicarse y los grupos de poder han desnudado su naturaleza violenta y criminal. Además, esa mentalidad violenta ha comenzado a permear en ciertos grupos de sectores medios.

El populismo y la crisis de la democracia

Dos asuntos más para concluir estas primeras reflexiones. El primero: parece ser que el retorno al neoliberalismo no logrará fácilmente estabilizar su reinado, y la “crisis estructural” del Estado, de la que hablaba en su momento Agustín Cueva (1), vuelve a ponerse frente a nosotros como horizonte ineludible. Si la crisis de los 25 años de la etapa neoliberal anterior nos trajo el populismo correísta, la crisis del populismo nos lanza nuevamente al neoliberalismo; pero esta nueva oleada neoliberal nace ya en crisis: la violencia cada vez más desbocada de las clases dominantes y de su gobiernos son el signo primero; la resistencia social es la respuesta que desde ya se está gestando. El resultado no puede ser otro que democracias frágiles y restringidas.

El segundo: como nos lo mostró esta jornada de lucha intensa, también la construcción del pueblo será un campo de conflicto. Competirá allí la derecha, combinando su violencia reencontrada con intentos de movilizaciones de masas. Competirá allí también el populismo correísta, que demostró en estos días tener aún capacidad de incidencia en sectores urbanos populares, como lo había demostrado hace poco, en las elecciones locales de marzo de este año. Y competirá también el movimiento popular, es decir los movimientos sociales autónomos, probablemente alrededor de los obreros y de los indígenas, que serán puestos en el centro del conflicto por los intentos de implementar el modelo neoliberal. Qué tendencia logre predominar marcará el tono y el color de los tiempos que vendrán -que ya comenzaron a venir.

La derecha y el neoliberalismo han perdido una primera batalla, pero ¿podemos suponer que se van a detener allí? Es improbable. Recién finalizado el diálogo, se abre la disputa por el contenido del nuevo decreto que reemplazará al 883: eso ya nos dirá algo. ¿Se cumplirá el martes el ofrecido diálogo del gobierno con los trabajadores?, ¿qué destino tendrá? ¿Cuáles serán los siguientes movimientos del bloque neoliberal en el poder? ¿Sostendrán a Moreno o preferirán deshacerse de él? ¿Logrará el movimiento popular encontrar y construir los caminos para acercamientos y articulaciones o se extraviará en los límites estrechos de los intereses corporativos? Lo único cierto parece ser que ha comenzado un nuevo ciclo de resistencia popular contra el neoliberalismo. Ha comenzado con una gran fuerza, pero tendrá una labor mucho más esforzada por delante. 

Nota:

1) Agustín Cueva (1937-1992), sociólogo e historiador ecuatoriano, fue animador de los debates sobre la “teoría de la dependencia”. Obtuvo el Premio Ensayo de Editorial Siglo XXI por su obra El desarrollo del capitalismo en América Latina, en la cual propone, desde una visión marxista, un análisis de la “transición latinoamericana al capitalismo” en el siglo XIX, por la vía "junker", exploró lla formación social “como coexistencia de varios modos de producción”, Fue presidente de la Asociación Latinoamericana de Sociología y Jefe de la División de Estudios Superiores de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. 

 

Mario Unda. Sociólogo, activista del movimiento urbano-popular.

https://correspondenciadeprensa.com/2019/10/15/ecuador-primer-balance-de-una-victoria-se-abre-una-nueva-fase-de-la-resistencia-popular-mario-unda/

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=261489

 

 

Apreciemos crear y consolidar unión plurinacional e internacionalista como expresa mejor el Pronunciamiento del CNI – CIG en su parte final:

"Hemos venido en este día para vernos, encontrarnos, sentirnos, escucharnos, compartir nuestras luchas y para invitar a otros pueblos originarios, a la sexta, a las redes, colectivos y organizaciones, al pueblo creyente, a los diferentes sectores de trabajadores, de estudiantes, de hombres y mujeres, niños y ancianos, jóvenes y campesinos del campo y la ciudad que sufren la explotación y el despojo de hidra capitalista, a que nos organicemos y nos tejamos todos, todas aquellos, aquellas que estamos por la vida y contra el sistema capitalista neoliberal y sus mega proyectos de muerte.

Los pueblos originarios desde abajo con nuestras luchas en todas las geografías, seguimos y seguiremos construyéndonos, organizándonos, seguiremos sembrando la semilla de la autonomía en nuestra digna lucha, nos seguiremos tejiendo con todos y todas aquellas que estén desde la resistencia y rebeldía, porque sus luchas son reflejo, son espejos no solo para el CNI – CIG, sino para todos aquellos que creemos que siembran la esperanza".

 

 

enred_sinfronteras@riseup.net

México: Pronunciamiento de los Pueblos

del Congreso Nacional Indígena,

Concejo Indígena de Gobierno en Chiapas

11 de abril de 2019

¡Zapata vive, la lucha sigue!
¡Samir vive, la lucha sigue!

A los pueblos de Chiapas

A los pueblos de México y el mundo

A las organizaciones y colectivos en resistencia y rebeldía

A las redes de resistencia y rebeldía

A la sexta nacional e internacional

A los medios de comunicación

Hoy es un día muy significativo para el pueblo de México, se cumplen 100 años del asesinato de él general Emiliano Zapata, aquel que el gobierno tirano mandó a matar porque su voz era para defender al pueblo, a los campesinos que tanto sufrimiento estaban viviendo.

Zapata muere luchando por la libertad de los pueblos y porque las tierras regresaran a quienes se les fueron arrebatadas por manos del mal gobierno, los ricos y terratenientes.

Hoy nos recordamos que la lucha es por todos y para todos, que la lucha que inició el general Emiliano Zapata ya había comenzado desde hace mucho tiempo atrás, cuando a los pueblos originarios les fue saqueado el territorio, y todas las riquezas que en él habían. Porque un día llegaron los poderosos a estas tierras ahora llamadas México, para llevarse el oro, la plata y cuanta riqueza quisieran y encontraran.

De gran número de hermanos y hermanas muertas se vistió la conquista a los pueblos originarios, los que lucharon por la madre tierra y porque no fuéramos exterminados.

Un día los poderosos tomaron las mejores tierras, pero sobre todo, tomaron las vidas de nuestros abuelos y abuelas, y así es como a más de 500 años después, toman la vida de nuestros compañeros que luchan por libertad y tierra, tal como lo hizo el mal sistema capitalista arrebatándole la vida a nuestro compañero Samir Flores de la comunidad de Amilcingo, Morelos.

Así como a él, muchos otros compañeros y compañeras, el sistema con sus malos gobiernos ha mandado a matar, a desaparecer, a torturar, a encarcelar para que dejemos la lucha por la vida, para que le tengamos miedo y nos olvidemos de nuestro origen, del trabajo en común y el motivo de seguir en pie de lucha.

Las injusticias a los pueblos originarios del campo y la ciudad no se acaban, sino que se hacen cada vez más grandes, más crueles e inhumanas. Y así vemos que pasa no sólo en nuestro territorio, no sólo en México, también les pasa a otros pueblos en otras geografía, porque este sistema capitalista todo lo destruye, todo lo devora y especialmente a los territorios de los pueblos originarios, a quienes nos quieren arrebatar otra vez las riquezas que en nuestras tierras, en nuestras montañas se encuentran y con ello nuestras vidas.

Este sistema capitalista neoliberal está dispuesto a exterminar todo lo que en su camino se cruce, lo que a su paso encuentre, un exterminio más a los pueblos originarios, a los territorios en donde habitamos es la forma de hacer llegar el progreso pero a los grandes capitales, a las trasnacionales que buscan hacerse más ricos mientras nosotros nos hacemos más pobres y de una vez nos morimos.

Esto lo sabemos muy bien porque lo vivimos cada día, porque no es mentira que los finqueros que controlan el poder y el dinero en todo el mundo, a través de sus capataces y mayordomos nos traen más miseria, más hambre, más muerte. Y nos es diferente ahora de otros tiempos, porque los malos gobiernos siempre han demostrado estar al servicio de su patrón, de su dueño y del dinero.

Lo vemos y lo sentimos porque cada vez es más difícil la vida y la seguridad para los pueblos originarios, pero sobre todo para nuestras hermanas, madres, hijas, esposas, compañeras que el patriarcado oprime con mayor fuerza tanto en el campo y la ciudad, a todas ellas a quienes el sistema también les niega justicia y libertad.

No es diferente en esta llamada “Cuarta Transformación” en contra de México y en contra de los pueblos que lo formamos, porque quienes se vistieron de izquierda sólo han utilizado máscaras de buena cara pero de muy malas intenciones. Usan ropas de otros colores y se hacen llamar con otros nombres, pero a nosotros los pueblos originarios en lucha y resistencia no nos engañan, son los mismos capataces que quieren imponer sus proyectos de muerte con sus consultas mentirosas y amañadas. No nos preguntan si queremos vivir, en sus consultan preguntan de qué manera aceptamos morir.

Son muchas las guerras a las que nos enfrentamos, pero no les tenemos miedo, porque las ganas de que nuestros hijos, hijas sus hijos, hijas, nietos, nietas puedan vivir es más grande que este monstruo de 1000 cabezas, al que nuestros hermanos, hermanas mayores Zapatistas llaman la hidra capitalista.

Hemos tomado la decisión de defender la tierra, la vida que en ella se encuentra, la vida que nos da, a pesar de que el mal gobierno ya tenga preparadas sus armas, sus engaños, sus burlas para dividirnos como pueblos que somos. Sabemos cuáles son sus formas, como pone vendas en los ojos engañando al pueblo con las migajas, como con cinismo promete el progreso y desarrollo que sólo es para los banqueros, los dueños de las trasnacionales, de la miseria, que en el campo y la ciudad vivimos.

El gobierno capataz no escucha, no entiende, sólo obedece a su patrón que son los empresarios, aquellos que miran al revés, porque para ellos la vida, la tierra no significa más que dinero.

El mal gobierno de estos tiempos con AMLO también trae mentiras, desprecio, discriminación, inseguridad, amenazas, violencia, represión, tortura, esclavitud y muerte a nuestros pueblos, el despojo y destrucción a nuestros territorios, con su Plan Nacional de “Desarrollo” y todos esos sus mega-proyectos de muerte, como son el Corredor Transísmico, las Zonas Económicas Especiales, el Proyecto Integral Morelos de termoeléctricas, gasoductos y acueductos que ya nos arrebató a uno de nuestros compañeros, con el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México que continúan con obras en tierras de los pueblos como lo hacen con la autopista México Tuxpan-Peñón Texcoco de la empresa PINFRA, con la cientos de concesiones mineras que envenenan la madre tierra, nuestras aguas, nuestros ríos, nuestros alimentos, extendiéndose por todo el país, con sus Parques Eólicos como de la empresa Francesa EDF en terrenos comunales del pueblo binniza de Unión Hidalgo, o los eólicos que quieren imponer en el Itsmo de Tehuantepec Oaxaca, sus presas y represas y también, con su mal llamado Tren Maya con el que quieren despojar a los pueblos mayas de Tabasco, Campeche, Yucatán, Quintana Roo y a nosotros aquí en Chiapas.

Ese su tren Maya no es en beneficio de los pueblos sino en contra de ellos, porque sólo esta echo para transportar la venta de nuestras tierras, las enfermedades y muerte que promete la agroindustria transgénica, todo para que el patrón haga más grande sus ganancias aunque destruya la misma madre tierra en la que se encuentra.

Así lo vienen haciendo los malos gobiernos en el mundo, en México y en Chiapas que tratan de imponernos sus proyectos, como lo están haciendo nuevamente con la amenaza a muchos pueblos y de entre ellos el pueblo Tseltal de de San Juan Cancuc para la construcción de la autopista San Cristóbal – Palenque. O al pueblo Zoque que le quieren arrebatar 84 mil hectáreas desde Ixtapanganjoya hasta Tecpatán para poner 12 pozos petroleros, las 70 mil hectáreas que quieren saquear desde Tapalapa hasta Ostuacan para los empresarios trasnacionales que buscan extraer minerales y agua. Así como quieren ampliar la presa de Chicoasen que desplazo a varia comunidades, con represas en Ocotepec y Ostuacan, también como ahora lo pretenden hacer en Simojovel, Huitiupan y Pantelho, y por si fuera poco, con la geotérmica que quieren poner en el volcán Chichonal, tierras que están amenazadas y pretenden ser saqueadas para los próximos 30 o 50 años, depende como el patrón lo pida. Y en otras geografías de Chiapas, como hace unos días las fuerzas de represión del estado lo hicieron desalojando predios urbanos, así como recientes las amenazas de desalojo a la colonia la libertad, colonia Molino los Arcos y comunidad 5 de Marzo de este municipio de San Cristóbal de las Casas.

La justicia verdadera no vendrá de los capataces, de estos malos gobiernos ni mucho menos de los empresarios, de los finqueros, es por eso que nosotros como pueblos del Congreso Nacional Indígena en Chiapas estamos en pie de lucha y seguiremos luchando y defendiendo la naturaleza, la vida, la madre tierra y todos sus recursos naturales. Con conciencia defenderemos nuestra cultura, nuestra identidad, nuestro origen. Construyendo a través de la autonomía, de la resistencia y rebeldía como nos han venido dando el ejemplo nuestros compañeros y compañeras, hermanos y hermanas mayores del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional.

El Congreso Nacional Indígena, Concejo Indígena de Gobierno en Chiapas, les decimos a los malos gobiernos, que cueste lo que cueste no permitiremos que sus ideas podridas con sus megaproyectos entren y nos despojen de nuestro territorio. Porque el mal gobierno no va a venir a mandar, a callar e intimidar en nuestras casas aunque ya lo estén pensando hacer con su Guardia Nacional para imponer el Tren Maya que no dejaremos pasar.

Aunque lo quiera hacer a través de sus militares y paramilitares, con sus grupos de choque, con la cooptación de los pueblos y con sus guerras de baja intensidad que han asesinado y llevado a desplazar a muchos hermanos y hermanas de Aldama, Magdalena de la Paz, Chalchihuitan, Chenaló y muchos otros más.

A pesar de que sus fuerzas militares nos quieran desaparecer como lo hicieron con los 43 estudiantes de Ayotzinapa, y con todas las muertes de los migrantes en manos de los intereses de los que tienen el poder y el dinero.

Saludamos la lucha de otros hermanos y hermanas en Chiapas, México y el mundo, saludamos la lucha emprendida por todos los presos políticos y quienes hoy se encuentran en huelga de hambre por justicia y libertad y les decimos que estamos con ellos; saludamos la lucha de otras organizaciones que caminan en contra del sistema capitalista neoliberal, y que construyen a través del trabajo en común y de la autonomía; saludamos a todos aquellos pueblos del mundo que luchan por la vida, por la tierra, la justicia y la libertad.

Hemos venido en este día para vernos, encontrarnos, sentirnos, escucharnos, compartir nuestras luchas y para invitar a otros pueblos originarios, a la sexta, a las redes, colectivos y organizaciones, al pueblo creyente, a los diferentes sectores de trabajadores, de estudiantes, de hombres y mujeres, niños y ancianos, jóvenes y campesinos del campo y la ciudad que sufren la explotación y el despojo de hidra capitalista, a que nos organicemos y nos tejamos todos, todas aquellos, aquellas que estamos por la vida y contra el sistema capitalista neoliberal y sus mega proyectos de muerte.

Los pueblos originarios desde abajo con nuestras luchas en todas las geografías, seguimos y seguiremos construyéndonos, organizándonos, seguiremos sembrando la semilla de la autonomía en nuestra digna lucha, nos seguiremos tejiendo con todos y todas aquellas que estén desde la resistencia y rebeldía, porque sus luchas son reflejo, son espejos no solo para el CNI – CIG, sino para todos aquellos que creemos que siembran la esperanza.

Por eso decimos:

ZAPATA VIVE, VIVE, LA LUCHA SIGUE, SIGUE

SAMIR VIVE, VIVE, LA LUCHA SIGUE, SIGUE

Atentamente

Desde la plaza de la Resistencia y de la Paz, San Cristóbal de las Casas, Chiapas;

Congreso Nacional Indígena y Concejo Indígena de Gobierno en Chiapas

A 10 de abril de 2019

Por la Reconstitución Integral de Nuestros Pueblos

Nunca más un México Sin Nosotros

Congreso Nacional Indígena

Concejo Indígena de Gobierno en Chiapas

 http://www.congresonacionalindigena.org/2019/04/10/pronunciamiento-de-los-pueblos-del-congreso-nacional-indigena-concejo-indigena-de-gobierno-en-chiapas/

Fuente:  https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2019/04/11/mexico-pronunciamiento-de-los-pueblos-del-cni-cgi/

 

 

Alternativas emancipatorias

 

 

Situémonos los de las diversidades de abajo sin fronteras en:

 

¿Tendencias en el nuevo tiempo político en América Latina?

Crisis de la civilización petrolera,

extractivismo predatorio y

política del saqueo

14 de agosto de 2019

 

Por Emiliano Teran Mantovani (Rebelión)

 

I. Nueva fase del extractivismo y la oleada de acumulación por desposesión

Del llamado ‘neo-extractivismo progresista’ en Venezuela apenas queda hoy una burda y vacía retórica ‘revolucionaria’, que desborda un cinismo escalofriante. En esta ruta al desastre que hemos transitado en el país, lo que viene emergiendo es un nuevo escenario del extractivismo, sui generis, uno de carácter absolutamente predatorio que difícilmente pueda ser entendido sólo bajo los códigos reduccionistas de la polarización, o bien de la puesta en escena y la retórica de los principales líderes político-partidistas.

Su contexto inmediato: la maduración de la Gran Crisis venezolana (2013-2019), atravesada por intensas luchas por el poder (en sus múltiples escalas), un aumento de la internacionalización del conflicto político, una desestructuración de la economía (formal) nacional, y un peligroso proceso de descomposición de la política que no sólo impulsa una significativa fuerza derechizante, sino también una mafización (o gangsterización) de la misma.

Este extractivismo predatorio no se establece por medio de una maquinaria corporativa que homogéneamente, de arriba hacia abajo, controla el proceso de apropiación/capitalización de la naturaleza y los territorios del país; ni tampoco por medio de la dominación irresistible de un sector o grupo de actores políticos nacionales. Más bien está marcado por la multiplicidad, volatilidad, inestabilidad, fluidez, fragmentación, precariedad; por un mosaico de conflictividades, de diversa intensidad y violencia, de coaliciones ramificadas y accidentadas; por el desgarramiento sistémico y por la trasnacionalización.

Pero no se confunda. A pesar de lo revuelto y movido del escenario, aquí hay una política. El conjunto de grupos y actores que disputan la gestión y participación en el extractivismo, sean actores provenientes de la esfera estatal (en sus diferentes facciones), de los grupos políticos de oposición, de grandes y medianas potencias internacionales, de grupos armados irregulares y criminales, entre otros, se orientan y operan fundamentalmente a partir de una política del saqueo. Esta, sea porque representa el mecanismo esencial de la acción, o porque se produce como una forma de aprovechar la vorágine dominante –lo que a su vez profundiza la crisis y los factores causantes del conflicto–, es la política compartida de los actores en disputa, y formatea el nuevo escenario del extractivismo en el país.

Esto tiene implicaciones tremendas, en la medida en que la geografía venezolana va siendo atravesada por las lógicas de las violentas economías de enclave, por lo que presenciamos la formación de un extractivismo de trincheras, de posiciones, de feudos, en el cual grupos del sector militar, gobiernos locales (alcaldías, gobernaciones, etc.), la criminalidad organizada, grupos armados para-estatales de diverso proceder (nacional e internacional), conforman poderes particulares (dependiendo del territorio donde se desenvuelvan) y tienen como botín los recursos, los territorios y la población.

El trasfondo esencial de esta situación es el impulso de una gran ola de acumulación por desposesión de alcance nacional, que está pulverizando el ya vulnerado estado de derecho y provoca que el muy heterogéneo y fragmentado campo de resistencias, contestaciones y luchas populares ante el expolio, sea atravesado por lógicas de guerra. Es en este sentido que hablamos de un extractivismo predatorio.

II. Rasgos del extractivismo predatorio

Política de Estado y estado de la política

No existe ninguna disputa entre demonios y redentores en Venezuela. En este escenario, todos los grupos de poder en pugna son diferentes expresiones de un voraz neo-colonialismo sobre la vida. El extractivismo predatorio y su política del saqueo deben ser entendidos en su doble dimensión: tanto como una política de Estado, encabezada hoy por el Gobierno de Nicolás Maduro –principal gestor de este proceso masivo de acumulación por desposesión en el país–; como una expresión del estado de la política, en franca descomposición y vandalización, la cual, aunque lo abarca, va mucho más allá del poder formalmente constituido, y se manifiesta en una multiplicidad de actores que operan desde la ilegalidad, la corrupción, la criminalidad y la para-política. Ambas dimensiones están profundamente atravesadas por el accionar de actores y lobbys internacionales, principalmente provenientes de los Estados Unidos, Rusia, China, Cuba, Colombia, Turquía, España, entre otros.

Esta política de Estado se configura hoy como un régimen de apropiación/extracción, gobernabilidad y territorialización basado en un estado de excepción (jurídico y de facto) de perfil primordialmente militar, que se organiza en torno a la hexada: reformismo neoliberal autoritario / violencia exacerbada / des-territorializaciones / minerías / despojo generalizado / administración de la precariedad.

El dramático colapso de la industria y de la renta petrolera, así como del Petro-Estado, junto a la descomunal corrupción, las tensiones políticas internas y los efectos de las sanciones impuestas por el Gobierno de los Estados Unidos (principalmente desde 2017), han fragmentado el extractivismo en el país, promoviendo una multiplicación de operaciones de extracción y despojo, en las cuales prevalece la minería como una actividad fundamental parala reproducción de estructuras de poder local y nacional.

Convertir a Venezuela en una mina

Esta situación determina esta política de Estado, la cual se expresa tanto en la programática formal del Gobierno de Maduro, como en la proliferación de minas irregulares que sostienen poderes locales vinculados a militares, gobernadores, alcaldes o funcionarios corruptos de alto nivel.

Respecto a lo primero, el Gobierno de Maduro ha insistido en la depredadora opción minera como la supuesta vía para ‘salir de la crisis’ y ‘diversificar la economía’. Dicha opción, que en un principio se orientaba al mega-proyecto del Arco Minero del Orinoco, se presenta en la actualidad como un más amplio y definido mapa minero (extracción metálica y no metálica), que ofrece al expolio prácticamente todo el territorio nacional. Sobre esto destaca la presentación en junio de 2019 del ‘Plan Minero Nacional 2019-2025’, que sistematiza, como nunca, la meta de recuperar y aumentar la “producción” a su ‘máxima capacidad’ de cuanto emprendimiento minero haya disponible en el país (oro, diamante, hierro, carbón, níquel, coltán, fosfato, feldespato, bauxita, mármol, granito, caliza, entre otros). Esto se da en el marco de una progresiva radicalización neoliberal (la que hemos llamado ‘El Largo Viraje’ 2014-2019) que desregula, flexibiliza y adapta crecientemente al país a las lógicas de ajuste y a los requerimientos de las corporaciones transnacionales.

Pero esta programática es apenas la fachada normativa y pseudo-institucional que busca recuperar y re-centralizar algunas rentas y excedentes que puedan oxigenar las precarizadas arcas gestionadas por el Poder Ejecutivo, mientras que se presenta una vitrina minera para ahora sí ofrecer las verdaderas ‘oportunidades de negocios’ para el capital transnacional (Plan Minero dixit). Detrás de esta fachada se revela el que es hoy, el extractivismo realmente existente: se multiplican minas y operaciones de extracción a lo largo y ancho de toda la geografía nacional, extracciones absolutamente arbitrarias, irregulares, atravesadas por la corrupción, el pillaje y la ilegalidad. Areneras que tienen a pobladores locales bajo amenaza; militares sacando carbón vegetal para su comercialización; total complicidad e incluso direccionalidad de funcionarios del Estado en la extracción ilegal de oro en la región Guayana; emprendimientos devastadores y sin ningún control, como el de la minería de arenas en el río Turbio; u otros que emergen bajo las sombras y en el secretismo y que generan conflictos con las poblaciones locales, como el ya conocido caso de las iniciativas de minería de cal y feldespato en el Cerro La Vieja. Son apenas ejemplos de una oleada extractiva que apunta a convertir a Venezuela en una mina.

El asalto a la tierra/territorio y la política del más fuerte

Sin embargo, y como ya mencionamos, no se trata sólo de la apropiación minera. La política del saqueo es integral en la medida en la que se orienta, por un lado, de acuerdo al valor y la vocación que puedan tener las tierras (agrícola, maderera, ganadera, turística, etc); y por el otro, al control y dominio territorial. Ambos factores (tierra/territorio) están políticamente entrelazados. Esto nos señala al menos tres cosas fundamentales e interrelacionadas que vale la pena destacar:

a) esta política constituye el marco de la violenta arremetida de persecución y despojo sistemático de tierras que se está produciendo en la actualidad contra los campesinos del país, con el fin de favorecer a viejos y nuevos latifundistas. La Plataforma de Lucha Campesina, organización en la que confluyen diversas agrupaciones del campo venezolano, y que ha ocupado recientemente las instalaciones del Instituto Nacional de Tierras en Caracas, ha señalado más de 100 casos de estos despojos e irregularidades que favorecen al latifundio, además del acoso, la criminalización y la judicialización que están sufriendo los pequeños productores. Lo más grave es que no se ha hecho justicia hasta hoy ante los más de 350 campesinos asesinados durante el proceso bolivariano, lo cual en cambio se ha agravado en los últimos doces meses, donde han sido ultimados 25 campesinos –6 de ellos el pasado 27 julio en el estado Barinas;

b) ante el colapso de la renta petrolera, es importante insistir en que el conflicto no se define simplemente por los recursos y el saqueo per se, sino fundamentalmente por una política que busca establecer un modo de gobernanza configurado en torno a estas lógicas del pillaje. Esto implica que para los actores que persiguen la hegemonía, no basta la apropiación económica, si no se establece el régimen de dominación política. Todo esto revela la necesidad por parte de estos actores de asentar geográficamente el poder y, por tanto, muestra el trasfondo de disputas por los territorios;

c) ante la debilidad del Estado venezolano, esta fase predatoria del extractivismo está siendo determinada por las lógicas de la imposición del más fuerte, lo que configura a su vez un escenario abierto de conflicto, determinado en muy buena medida por lógicas de guerra. Esto es muy significativo porque hace que, de hecho, el punto de partida de la política sea la extra-legalidad, la excepcionalidad. O para decirlo en otras palabras, las prácticas criminales, al menos en sentido estricto, penetran profundamente la política de Estado y atraviesan determinantemente el estado de la política hoy.

Violencia sistemática en expansión y federación del saqueo

En esta fase predatoria del extractivismo en Venezuela, la violencia juega un rol central. Es la mediación política principal. Violencia exacerbada, masiva, sistemática. Violencia acompasada con los nuevos tiempos para América Latina y las crecientes tensiones geopolíticas. Violencia transversal, que determina tanto la política de Estado como el estado de la política.

El Gobierno de Maduro escala cada vez más en el despliegue cuantitativo y cualitativo de la violencia. Todo este avance de la acumulación por desposesión se viene haciendo bajo una intensa represión –fundamentalmente contra los grupos sociales que ofrezcan resistencia– en la cual podemos destacar el rol de los cuerpos de seguridad especiales (como es el caso del FAES) o de grupos para-estatales o para-policiales diversos, muchos de ellos denominados mal llamados ‘colectivos’. El FAES (iniciales de Fuerzas de Acciones Especiales) está siendo empleado para numerosas operaciones de contención de la protesta en el país, por medio de procedimientos militares y actuando como un ejército de ocupación, con formatos de ataque letal mediante los cuales realizan ejecuciones extrajudiciales. Estos cuerpos de seguridad no distinguen si sus objetivos son ‘opositores’ al gobierno o chavistas que lo apoyan, como se dio con el desalojo violento de campesinos chavistas que intentaban recuperar sus tierras en el estado Guárico y la retención del vocero campesino Jesús Osorio. Por otro lado, el papel de los grupos armados para-estatales, que pueden ser provenientes de organizaciones políticas, funcionarios vestidos de civil, hampa, policías, entre otros, ha sido primordialmente de amedrentamiento en las protestas de diverso tipo que se dan contra el gobierno.

El resultado de esto ha supuesto un acorralamiento de la ciudadanía y las organizaciones de base que protestan no sólo antes las muy precarias condiciones de vida actuales, sino también para aquellos que resisten a esta política del saqueo. Ejemplos de ello lo conseguimos en las resistencias del pueblo indígena pemón por la autodeterminación en sus territorios, con la consiguiente respuesta gubernamental de militarización, amedrentamiento, torturas, tratos crueles y degradantes e incluso el asesinato de integrantes de este pueblo; en la situación de acoso y criminalización que, sea por acción u omisión, se produce contra las comunidades yukpa familiares de Sabino Romero y Carmen Fernández; en la criminalización del movimiento campesino por parte de voceros gubernamentales; o en la voraz cooptación de comunidades indígenas para que aprueben el Arco Minero del Orinoco, aprovechando su muy precaria situación humanitaria; entre otros.

Pero como ya se ha dicho, todo esto se solapa con la violencia generada desde los actores que operan más allá del régimen formal: bandas criminales locales controlan, con formas de violencia extrema, buena parte de las minas de oro del sur venezolano; grupos armados vinculados a los poderes del latifundio son señalados por las organizaciones campesinas como los responsables del asesinato de decenas de sus integrantes; disidentes provenientes de las FARC penetran territorios venezolanos, dedicándose a actividades delictivas; del mismo modo, integrantes del ELN operan en territorio nacional, incluyendo en las minas; paramilitarismo colombiano ejerce la fuerza en numerosos territorios fronterizos del país, interesados tanto en el contrabando transfronterizo, como en el posicionamiento colombiano/estadounidense en territorio venezolano; y diferentes formas del crimen organizado transnacional y el narcotráfico, siendo este último el encargado de mantener y controlar las rutas de tránsito de la droga hasta los puntos de desembarco regional. Cabe destacar que, el contrabando transfronterizo es muy significativo (principalmente hacia Colombia) y que fomenta que los commodities extraídos en Venezuela (madera, gasolina, cultivos como la palma aceitera, especies protegidas, etc.) sean mejor vendidos en el país vecino, dado las enormes diferencias existentes entre el valor del bolívar y el peso colombiano (o el dólar).

Sobre todo lo dicho, es fundamental destacar al menos tres cosas: una, que si bien muchos de estos grupos están en confrontación y rivalizan entre ellos, otros más se articulan y cooperan mutuamente en pro de intereses particulares. Esto hace estallar la limitada interpretación de la polarización política que sólo ve disputas entre chavistas y opositores, o bien entre Venezuela y el Imperio estadounidense. El entramado del conflictivo escenario político venezolano es mucho más complejo y movible que eso.

Dos, que la frontera entre lo legal y lo ilegal, entre lo formal y lo informal, se ha hecho en extremo borrosa, y antes que ser sólo una condición anormal, se ha vuelto la normalidad. El caso venezolano revela como la extra-legalidad es la norma y es el factor determinante del extractivismo realmente existente. El Arco Minero del Orinoco es un ejemplo emblemático de ello.

Tres, que estas dinámicas descritas son multi-escalares, fluidas y transfronterizas, en la cuales, las disputas territoriales e intereses locales, que tienen sus propias particularidades, dinámicas y tiempos, se articulan con poderes de más amplia escala, como los gobiernos locales o regionales, el Poder central estatal, las corporaciones transnacionales, las potencias imperiales, los mercados y rutas transfronterizas, el crimen organizado transnacionalizado, entre otros. En el caso venezolano, la precariedad estatal y la diversidad de actores en disputa ha configurado un mapa de coaliciones de poder que, por un lado establece regímenes locales basados en concesiones otorgadas ‘desde arriba’, que sostienen la política del despojo; y por otro lado, conforma canales entre poderes que permite cierta transmisión de riqueza y poder hacia los precarizados mandos centrales o esferas de poder más altas. Todo esto ha generado la formación de una especie de federación del saqueo.

III. ¿Qué nos muestra Venezuela de este nuevo tiempo político en América Latina y el Caribe?

La derechización del Gobierno bolivariano y los lastres de la izquierda

El devenir del proceso bolivariano nos ha llevado hasta este desastre que se vive en el país, hasta este largo laberinto del cual aún se busca desesperadamente una salida. Así como es indiscutible que este ha sido un proceso muy conflictivo y que este terrible resultado ha sido también construido por otros actores políticos a parte del Gobierno bolivariano (poderes económicos locales tradicionales, partidos políticos de oposición nacional, derechas regionales, política exterior estadounidense, grandes capitales financieros transnacionales, etc.), del mismo modo es indiscutible que ha sido el propio Gobierno el principal responsable de esta situación, allanándose el camino a ella incluso desde el período de Chávez. No es posible eximirlo de este desastre, como tratan algunos. Pero incluso hay que señalar algo aún más grave: en el período de la Gran Crisis que se inaugura a partir de 2013/2014 hasta nuestros días, se genera un extraordinario despliegue de lógicas del saqueo y el desfalco impulsadas desde las estructuras de poder del Estado –que ya existían previamente y se señalan como una de las causas coyunturales de dicha crisis–, las cuales, ante la suma de intereses y circunstancias acaecidas, terminaron asentando la política del saqueo como sistema de gobierno. En el marco del proceso de descomposición política y derechización del Gobierno bolivariano, antes que poner en primer lugar la solución de la crisis, se ha priorizado el mantenimiento del poder a toda costa, por lo que se fue reorganizando conscientemente el extractivismo hacia esta forma predatoria, administrando la sociedad desde la precariedad y el estado de excepción militarista, con un alto componente criminal. El actual Gobierno de Maduro es absolutamente funcional al capital foráneo y la apertura de nuevos procesos de re-colonización, principalmente vinculados a China y Rusia, lo que no es del agrado del Gobierno de los Estados Unidos, que considera a Venezuela como parte de su patio trasero.

El caso de Venezuela ha sido muy sensible para las izquierdas en el mundo, para sus agendas, su legitimidad y reputación, que hoy se encuentran en un proceso de reflujo y estancamiento, mientras sectores de derecha y extrema derecha han crecido en la región. Sobre esto, de manera general pueden destacarse dos tensiones que evidencia el caso venezolano. La primera, señala que el proceso de derechización en Venezuela, antes que darse por la llegada de un nuevo Presidente de ‘derecha’ (como ocurrió en el caso argentino o brasilero), fue generándose desde el propio seno del proceso bolivariano, y sectores de las izquierdas tienen parte de responsabilidad en esto, al acordar que la política ‘correcta’ era no sólo apoyar y acallar sus críticas, ante el avance de casos de corrupción, errores de gestión y represión a organizaciones sociales, sino incluso señalar, criminalizar y tratar de neutralizar las críticas que otras izquierdas sí realizaron. Esto vuelve a evidenciar que la autocensura y el rol policial es un terrible camino para estos sectores ‘contra-hegemónicos’.

La segunda, y en relación a lo anterior, nos muestra que parte de las izquierdas no han sabido hasta hoy rechazar a un Imperio criminal como el de los Estados Unidos (y sus aliados), sin terminar dando sostén a un gobierno autoritario que, en nombre del ‘socialismo’ y la ‘revolución’, impulsa políticas neoliberales, saquea el país, favorece al capital transnacional, mientras persigue trabajadores, indígenas y campesinos. Los pueblos, en sus luchas concretas y anhelos emancipatorios, sencilla y lamentablemente no tienen sólo un enemigo.

Venezuela es un síntoma del nuevo tiempo latinoamericano

Pero, además de los debates en la izquierda ¿qué nos dice Venezuela de este nuevo tiempo político en América Latina y el Caribe? Una de las grandes preguntas que surgen es si esta fase predatoria del extractivismo es sólo la expresión de una crisis localizada y coyuntural, o si bien revela los factores constitutivos de un nuevo período histórico que se despliega en el siglo XXI.

Venezuela podría también ser vista, tal vez, como la más clara expresión de la crisis de la civilización petrolera. Si se quiere, también evidencia muy bien los probables escenarios (ya no tan futuros) del antropoceno: colapso energético, caos sistémico, migraciones masivas, disputas por los recursos, etc. Luego, podemos analizar en detalle la especificidad latinoamericana, y advertimos que en Venezuela lo que colapsa es precisamente una sociedad basada, con un alto sesgo, en el modelo extractivista/rentista/dependiente y lo que estallan son las contradicciones sociales, económicas, culturales, geográficas y políticas propias de nuestras sociedades periféricas (como la dependencia alimentaria, las desigualdades y marginación social, fuerte informalización de la economía, violencia endémica, expansión de la criminalidad, entre otras). Esto nos remite a pensar en dos factores: uno, ante la intensificación histórica de las contradicciones inherentes de nuestras sociedades, es necesario resaltar la inviabilidad de las economías dependientes y de cómo la apuesta extractivista/rentista es más riesgosa y nos va a salir cada vez más cara. Dos, ya es por tanto, una cuestión de sobrevivencia comenzar un tránsito post-extractivista y post-capitalista en la región, que incluya además elementos de adaptación y resiliencia ante los tiempos por venir (ej. el cambio climático). Lamentablemente, caminamos en sentido contrario.

Otro elemento a evaluar es el problema de la derechización. La del Gobierno bolivariano no está desconectada de la ola reaccionaria que tensiona al mundo. En este sentido, conviene más analizar estos procesos de derechización como una reacción y síntoma de la crisis global; pero también cómo esta se refleja no sólo en los gobiernos o partidos contendientes, sino en diversos ámbitos de la vida socio-política. Las políticas de Donald Trump o la radicalización de la avanzada contra la Amazonía por parte de Bolsonaro, no son, en esencia, diferentes de la exacerbación del extractivismo en toda América Latina, de la política del saqueo del Gobierno de Maduro, o de la explosión del crimen organizado transnacional en nuestra región. Todos comparten lógicas de despojo altamente patriarcalizadas y autoritarias, que van extremándose tanto en las formas de violencia, en la devastación de la naturaleza, como en la asfixia a los ya precarios sistemas democráticos.

Así que, hay muchas más cosas que mirar además de los gobiernos, partidos y líderes políticos, cuando se trata de reflexionar sobre este nuevo tiempo en la región. Venezuela nos muestra que, desde las entrañas de los procesos también germinan formas de derechización. La gran expansión y creciente penetración de las economías ilícitas en los territorios y las prácticas sociales y comunitarias se replica en toda la región, con mucha fuerza en Centroamérica, Brasil, Colombia, México y Perú, y de manera creciente en Ecuador, Bolivia, Argentina, Costa Rica, Paraguay. Estas se conectan con los altos niveles de corrupción estatal de nuestros países y conforman coaliciones de poder, gobernanzas criminales, nuevas geografías del despojo. Transforman la fisionomía de los Estados latinoamericanos y de la política en general, los cuales están respondiendo con menos democracia y más militarización y estado de excepción. A eso nos enfrentamos.

¿Cómo nos enfrentamos a esto? Pueblos en movimiento, nuevas subjetividades y el horizonte de lo común en tiempos de tormenta

El escenario, como ya se evidencia, es bastante complejo y las preguntas son mucho más numerosas que las respuestas. Pero en todo caso, no nos conviene mirar solamente lo que domina, lo que agrede, lo que amenaza. Este nuevo tiempo político no lo define únicamente la violenta derechización. Hay que resaltar también aquello que se opone, que re-existe, que construye alternativas, que las transita en el ahora (por tanto, hablamos de cosas que van mucho más allá de los partidos de izquierda, o de si Cristina va a volver o no en Argentina).

El contagioso movimiento de mujeres que crece en varios rincones de la región; los ya numerosos procesos de consultas populares en Colombia (que se replicaron reciente y exitosamente en Ecuador); el movimiento campesino, las movilizaciones estudiantiles y la Minga indígena del Cauca, nuevamente en Colombia; los movimientos urbanos en Brasil (como el Movimiento Pase Libre); las múltiples movilizaciones y organizaciones sociales que han logrado neutralizar el conjunto de proyectos mineros en el Perú; el movimiento mapuche de recuperación de tierras, en Temuco (Chile); o la Marcha Campesina y la Plataforma de Lucha Campesina que en Venezuela, desde el año pasado, se ha movilizado, ocupando instituciones y por la recuperación de tierras, generando solidaridades de otras organizaciones sociales y enarbolando su lucha contra el latifundio. Son algunos ejemplos. Muchos o pocos, fuertes o débiles, estables o efímeros, son estos movimientos el principal bien de re-existencia que tenemos en la región.

Pero además de ellos, emergen también múltiples formas de descontento, de rebeldía, de solidaridades en red, que tienen otros tiempos, otros códigos, otras definiciones. ¿Qué sujetos, qué potencialidades surgen de las sostenidas protestas que se desarrollan en Honduras al menos desde 2017? ¿Qué nuevas subjetividades aparecen de las protestas contra Daniel Ortega en Nicaragua? ¿Qué otras de las movilizaciones que derrocaron a Ricardo Roselló en Puerto Rico? ¿O qué podría emerger de un cierto desgaste de la polarización política en Venezuela, que ha abierto el camino a que actores políticos y organizaciones comiencen a establecer canales, puentes y alianzas para salir de la crisis?

Lo cierto es que existen nuevas subjetividades, otras formas de politicidad, expresiones de solidaridad que son más movibles que estables, que parecen no tener la ‘forma’ esperada y una más clara ‘definición ideológica’ para algunas izquierdas, por lo que no son consideradas como sujetos ‘válidos’ para una potencial transformación emancipatoria. El debate sobre el movimiento de los ‘Chalecos Amarillos’ en Francia ha expresado estas tensiones. Por otro lado, existen también contradicciones que, con la agudización de la crisis, se intensifican en el seno de las organizaciones sociales, lo que también se presenta como una tensión en la valoración sobre las potencialidades emancipatorias. Por ejemplo, numerosas comunidades del pueblo indígena pemón, en el sur de Venezuela, ha luchado férreamente por el derecho a la autodeterminación en sus territorios ancestrales. Mediante su lucha han logrado desplazar a bandas criminales y militares corruptos que en sus territorios practicaban la minería ilegal de oro. En su lugar, han ocupado las minas y reiniciado la actividad minera, con motobombas y mercurio, ahora para el usufructo de sus comunidades. Varias organizaciones sociales que acompañan a los pueblos indígenas los han apoyado.

Lo esencial de esta discusión es no sólo reconocer que el campo popular es contradictorio e híbrido, y probablemente lo sea cada vez más, sino que el propio antagonismo está en disputa (y en dicha disputa participan inclusive las derechas). Estas nuevas potencialidades, ¿a qué proyecto pueden tributar? ¿Es viable hoy un gran programa emancipatorio en el que confluya la enorme heterogeneidad de subjetividades que buscan un cambio? A parte de esta última gran pregunta, es claro que entre los retos fundamentales siguen estando las posibilidades de una articulación amplia en la diversidad, que logre sumar fuerzas lo suficientes para enfrentar tanto las fuerzas políticas conservadoras/reaccionarias como el sistema económico global, que funciona en múltiple escalas.

Lo único que nos queda es lo común: nuestra casa común, que abriga y envuelve la vida que nos hermana; nuestras memorias ancestrales, nuestro hacer para la reproducción de la vida, que sólo es posible, en su esencia socio-ecológica, si se construyen en colectivo. Si la depredación capitalista se radicaliza, parece necesario radicalizar la apuesta por lo común. Defendiendo lo común existente, las últimas fronteras materiales, culturales y espirituales de los pueblos; y retejer incesantemente en todo lo que ha sido desgarrado por esta lógica civilizatoria, pero también en todo lo nuevo que emerge, que es fluido, contradictorio, maleable, que migra y es nómada.

Si la palabra democracia aún tiene sentido, todo impulso emancipatorio ante y contra la hidra capitalista tiene que ser por más democracia, nunca por menos. Siempre más, más democracia. 

* Emiliano Teran Mantovani es sociólogo venezolano, miembro del Observatorio de Ecología Política de Venezuela e investigador asociado del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes – Universidad Central de Venezuela).

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=259325

 

 

Podemos decir que Fanon vivió con toda intensidad el proceso de descolonización del llamado Tercer Mundo y creó herramientas que permiten descubrir la realidad velada por siglos de colonización y dominación moderna-occidental, en particular por una existencia entendida como la cuestión negra o “negritud”, que es el “ser otro” de la “civilización moderna” o su anverso, sumergido y silenciado. Ya que los textos de Fanon no son “clásicos inmutables” (García, 2016), sino expresión de una obra de pensamiento que apela al devenir y a la acción, en este mundo desgarrado, en el cual vivificarlo, interpretarlo, conciliarlo con nuestro tiempo y actualizarlo, es ascender contra todos los engaños, contra todos los relevos y todas “las ideas de la dominación mundializada. 

 

 

¿Por qué leer a Frantz Fanon medio siglo después?

17 de octubre de 2019

Por Carlos Escudero Núñez

Alai

 

 

“Leer a Fanon hoy día se podría considerar como un acto revolucionario si no el mayor de los actos contestatarios posibles, ya que con sus ideas sentó las bases del pensamiento postcolonialista, del siglo XXI" (Ballestri, 2017).

Fanon nació el 20 de julio de 1925 en Martinica, Fort de France, colonia francesa de ultramar, en el seno de una familia relativamente acomodada para la época, más no se podría considerar de clase media. En el pensamiento fanoniano se pueden encontrar recogidas de forma sistemática, las luchas y las experiencias de uno los episodios más crudos de la historia del hombre, la Segunda Guerra Mundial, al cual le tocó participar de forma voluntaria en el ejército, acto que posteriormente renegaría con todas sus fuerzas no por el calor de la guerra, sino por lo inútil de una lucha estéril por la liberación del hombre que acabaría por demostrar que cuestiones como el racismo, la discriminación por color y la procedencia no terminarían con el final de la guerra. Este pensamiento lo llevaría posteriormente a querer descubrir e investigar las razones que hacen del colonialismo y sus secuelas sociales una manifestación de desigualdad. 

Los tiempos de Fanon, eran tiempos inestables, en todas partes del mundo se levantaban banderas de liberación y descolonización de países africanos, Oriente Medio, Asía y América Latina, se daba inicio al proceso de independencia de países como; Libia, de las potencias italianas en 1952[…], en 1954 inicia la Guerra de Independencia de Argelia, y en 1957 Ghana obtiene su independencia de Reino Unido, así como también en 1959 sucede la victoria de la revolución cubana. Todos estos hechos marcan de igual forma el inicio la etapa más crítica de la guerra fría con el levantamiento de la cortina de hierro en la Unión Soviética y el recrudecimiento de las potencias enfrentadas posteriormente en los dos polos. 

Es innegable no pensar en los ideales de Fanon y desligar el mismo de los análisis de liberación del hombre, de una sociedad más justa, humana y libre, los cuales se han convertido en referentes mundiales para entender las luchas colonialistas del tercer mundo y de los pueblos del Sur global. Podemos decir que Fanon vivió con toda intensidad el proceso de descolonización del llamado Tercer Mundo y creó herramientas que permiten descubrir la realidad velada por siglos de colonización y dominación moderna-occidental, en particular por una existencia entendida como la cuestión negra o “negritud”, que es el “ser otro” de la “civilización moderna” o su anverso, sumergido y silenciado. Ya que los textos de Fanon no son “clásicos inmutables” (García, 2016), sino expresión de una obra de pensamiento que apela al devenir y a la acción, en este mundo desgarrado, en el cual vivificarlo, interpretarlo, conciliarlo con nuestro tiempo y actualizarlo, es ascender contra todos los engaños, contra todos los relevos y todas “las ideas de la dominación mundializada.” 

Todas las formas de explotación son idénticas, porque se aplican, todas por igual, al mismo “objeto”; el hombre, y creemos que eliminar esta explotación es una responsabilidad histórica e indiscutible […] -Fanon- 

Los problemas son semejantes a los que en su entonces vivió el creador de “piel negra, mascaras blancas” o los “condenados de la tierra” los cuales están presentes tan fuertemente hoy como ayer, las visiones mórbidas del racismo, la discriminación y el patriarcalismo. Releer a Fanon para el “hoy y aquí” de Cuba y la América Latina, para el Sur que también está en el Norte, es volver a rasgar el eurocentrismo y el occidentalismo arraigado en la médula de los huesos del colono y el colonizado, a razón de lo que (García, 2016), identificaba como un cuestión intrínseca en donde el colonizador encerrado en su “blancura” y el negro colonizado encerrado en su “negrura” ambos victimas “uno” del “otro” y de “si mismo”. 

Volver a leer a Fanon es reanimar y dar sentido, es reencontrar el presente desde ese pasado de liberación y descolonización de los años sesenta, y es que resulta que leer medio siglo después su apasionada y vívida obra es volver a él, a su tiempo y al nuestro, es desplegar y soltar-nuevamente-sus verdades esenciales, ya que las verdades de ayer se vuelven cada vez más necesarias para entender las vivencias del hoy., la teoría de Fanon estuvo por mucho tiempo enclaustrada y olvidada posterior a su muerte, en 1961 en un hospital en Maryland, Estado Unidos, un hospital en un país extranjero como diría en su lecho mientras agonizaba. 

Sin embargo, el pensamiento fanoniano se vio refrescado y revitalizado durante la década de los 80 y 90 cuando el mundo presenciaba acontecimientos de orden geopolítico que colocaba nuevamente en la mesa de discusión los fenómenos relacionados con la colonieidad del poder, la inmigración, el racismo en los Estados Unidos, el sentimiento de inseguridad del hombre blanco frente a un contexto de cambios permanentes, si bien, los círculos de debate en las universidades de los Estados Unidos retomaron el pensamiento de Fanon desde una lectura -postcolonial- para comenzar sus análisis desde movimientos ya no en perspectivas maniqueístas, sino hacia nuevos procesos que se volvieron necesarios para replantearse la crisis de los procesos geopolíticos del momento, como la caída del bloque soviético, las nuevas potencias que emergían así como las luchas por reivindicaciones en los pueblos del Sur global. 

De igual forma el tema de la construcción de identidad, el latinoamericanismo, la teoría de la dependencia, la teoría de la liberación, tomaron nuevamente una gran importancia al igual que los nuevos análisis conceptuales que arrojaran luces para entender las dinámicas globales del “sistema-mundo” (Wallerstein, 2005), a todo lo considerado hoy, tanto como ayer, el pensamiento fanoniano no deja de ser una lectura profunda que nos invita a repensar nuestro mundo desde los criterios de construcción del ser social y la construcción de la identidad como sujetos sociales, económicos, políticos, culturales y espirituales., el escritor Guadalupeño Ernest Pepín; en sus palabras a la obras de Fanon mencionaba que la colonización ha mutado de rostro con el tiempo y este ya no necesita de fuerza, como se entendía mediante la fuerza del “fuerte” ante el “débil” pues “el mercado y solo el mercado como omnipotente basta como carcelero”. 

Pensamiento de Fanon durante el periodo de la Segunda Guerra Mundial.

Siendo muy joven, y estando en pleno desarrollo uno de los acontecimientos mundiales que marcarían fuertemente el pensamiento de Fanon, decide alistarse en el ejército francés e ir a Europa, a las contiendas de la Segunda Guerra Mundial[…] En el colegio le advirtieron que esa no era “una guerra nuestra”, mientras que profesores como Joseph Henri, su profesor de Filosofía, le advertía que “el fuego quema, la guerra mata” y que “lo que pasa actualmente en Europa no es nuestro principal problema”[…] a todo esto Fanon, consideraba que, siempre que la libertad fuera cuestionada, a él le preocupaba, fuera de blancos, negros o amarillos. Como vemos, en estas palabras de Fanon, podríamos seccionar un Frantz Fanon impulsivo, brioso, con ímpetu más no así teniendo en cuenta las secuelas de su condición como martiniqueño y como hombre negro. Esta vez la libertad estaba amenazada, no importaba dónde, no solo se sumó a su defensa, sino que esa convicción lo acompañó siempre para el resto de su vida. 

Una de las anécdotas que sobresalen en la vida de Fanon durante su estancia en Europa, fue cuando se le impidió entrar en Alemania al finalizar la guerra, porque se consideraba que su regimiento debía ser “blanqueado”, y junto a otros soldados no blancos se trasladarían a la región de Toulon, Provenza en Francia. En ese momento reconocería con enojo que había luchado por una causa obsoleta; posteriormente les escribiría a sus padres que si hubiese muerto no habría sido por una causa noble. 

Sección de la carta enviada por Fanon a sus padres; 

Nada, absolutamente nada, justifica la brusca decisión que tomé de defender los intereses de un latifundista; que yo lo defienda o no, no le importa” -Fanon- 

Esta experiencia durante la Segunda Guerra Mundial en Europa reforzaría con vehemencia los primeros pensamiento de liberación y de lucha por equilibrar la balanza entre primero “blancos” “dominantes” y “negros” “dominados” lo que posteriormente le llevaría a reformular sus primeras líneas maniqueas de blanco y negro a una posición más profunda en donde involucraría, el poder, el análisis de la personalidad y otras patologías identificadas por él, como parte del pensamiento colonial y dominante arraigado en la mentalidad del hombre colonizado. 

Fanon identificaba que el inconsciente colectivo no es herencial sino cultural, siendo esta una notable diferencia que contrastaba con la del psiquiatra suizo Carl Gustav Jung en sus estudios de la personalidad y de los cuales la sociedad martiniqueña como la francesa estaba fuertemente influenciados. Al final de la guerra, Fanon comienza a encaminar lo que sería su proyecto de liberación del hombre negro y más aún, del pensamiento del imaginario colonial y colonizante. Fanon persigue la liberación del hombre, quizás mediante una “rebelión de las masas” como mencionaría (Ortega y Gasset, 1929). 

“Pretender la masa actuar por si misma es, pues rebelarse contra su propio destino, y como eso es lo que hace ahora, hablo yo de rebelión de las masas, porque a la postre, la única cosa que sustancialmente y con verdad puede llamarse rebelión es la que consiste en no aceptar cada cual su destino, en rebelarse contra sí mismo”, (Ortega y Gasset, 1929); y esto lo veremos más adelante a su regreso a Martinica y en sus viajes por Argelia, Angola, Túnez y Marruecos, en donde podrá ver en carne propia la lucha por la liberación. 

“Entre sociedades independientes no puede existir verdadera paz, ya que sobre ellas sobrevuela siempre el yugo del opresor” (Ortega y Gasset, 1929). 

El periodo de postguerra y las transformaciones venideras 

“Se vale de la literatura y la poesía, de la obra de psicólogos, filósofos y científicos de su tiempo para expresar del modo más claro posible y algo que es tan difícil de ver en el mundo occidental: la liberación de los prejuicios, los valores, de lo simbólico blanco, que tiene su raíz en la perspectiva colonial y que provoca una relación malsana y maniquea” (Fanon, 2009). 

El período de posguerra y el advenimiento de la Guerra Fría, su ‘hoy y aquí’, había dejado instalada una duda escéptica, una desazón provocaba por la pérdida de los límites del sentido y el sinsentido en una Europa que leía a los existencialistas franceses y que venía alicaída de las promesas de la modernidad. Eso, al tiempo que en París se volvía la atención a África y su cultura. Él lo hace desde la lectura, desde la academia, uncido a la necesidad de volverse a su práctica y al compromiso emancipador con las luchas en los campos, en las trincheras del pensamiento llevado a la práctica de la emancipación del hombre por el hombre. Más adelante podremos desarrollar con mayor puntualidad la conceptualización que hacia Fanon respecto a la cultura y la influencia de esta a los elementos más básico de la transformación del hombre y su socialización, sin embargo, otras transformaciones hacían del imaginario de posguerra una de las más intrincadas para elevar las luchas de liberación a los países del África, no solamente las económicas y sociales como registraba Fanon, sino también las luchas psicológicas, entre sus propios compatriotas y entre su propia gente, se hallan en todas sus manifestaciones de los registros de una relación enferma, de un universo mórbido: el blanco humanista, encerrado en su blancura, y el negro que quiere ser blanco y se encierra en su negrura. Son dos realidades, y la una pretende sumergir a la otra. La una es “la realidad”, la establecida, es el ser hegeliano, la cultura occidental, mientras la otra está oculta y busca reconocerse, perdida por la fuerza de quien la ha aplastado. Echar luz sobre ello constituía para Fanon un reto que, a la vez, era su mérito. 

Hay que sacudir el caparazón de servidumbre construida durante siglos, considera Fanon, bajo la cual la “civilización blanca” y la cultura europea han impuesto una desviación existencial, para comenzar a desalienar la relación fijada por el colonialismo y la explotación, los valores y las construcciones culturales, humanas, que llegan de un mundo torcido. 

En su primera obra; Piel negra, máscaras blancas es un estudio sociopsicológico y filosófico de uno de los problemas menos visibles en las relaciones humanas, construidas a imagen y semejanza de la dominación europea. Los valores, las ideas, los gustos, los símbolos y los afectos están mediados por esa realidad. El negro, el indígena, el “oriental”, continúan siendo los mismos en la escala de las nociones fijadas por la cultura dominante, que se presenta como la escala de todos. Por ello, reconocer esas nociones, sin odio, y sí para desaprisionar a sus víctimas, constituye en su tiempo el mayor mérito filosófico: conceptualizar, abstraerse y visibilizar esa relación, hasta entonces oculta a los ojos de la filosofía occidental. 

Para sobrevivir al mundo dominante, a sus valores impuestos, para ser aceptado, el sujeto dominado tiene que plegarse y adoptar las máscaras blancas del colonizador, tiene que hacer suyos los significados de esa realidad (la blanquitud) y hundir sus propios significados, los de esa otra realidad (la negritud). “El colonizado escapará tanto más y mejor de su selva cuanto más y mejor haga suyos los valores culturales de la metrópolis”, (Fanon, 2009). 

Así sucede con el lenguaje, la cultura, la ciencia, puestos en función de una sola lógica, la del dominador, que ha ganado imponiéndose a todas las demás y nos tima cuando confiere apariencia de ciencia a supuestas verdades absolutas como los ideales de belleza, como si Occidente estuviesen las llaves de la bóveda y de allí llegasen las ideas, el arte, la filosofía, la ciencia, las instituciones, y todo aquello que nos salvará. 

La lengua es un asunto particular al que Fanon le dedica su primer capítulo. Constituye una manera de pensar y de garantizar dominio, de emplear una sintaxis, de poseer una morfología que significa asumir una cultura y soportar el peso de una civilización. En la posesión del lenguaje hay un modo de ejercitar el poder, algo que queda al descubierto al leer Piel negra y mascaras blancas. 

En sus textos Fanon alude repetidamente al antillano, al caribeño, a ese individuo resultante de una experiencia colonial particular, a ese ser marcado por la trata y la esclavitud, la plantación azucarera, la condición humana más atroz conocida en Occidente, y sobre la cual floreciera la Europa y Norteamérica que aun hoy se imponen. Cuando habla del antillano, lo hace desde su experiencia particular en la isla de Martinica, en el Caribe colonizado bajo dominio francés, caracterizado por un modo de dominación y un patrón cultural peculiares. Sin embargo, todos los antillanos —cabría extender— comparten el sufrimiento causado por el colonialismo de hechura hispana, anglófona, holandesa, portuguesa; y tanto Fanon como el africano o el asiático desafían el dominio metropolitano, viven culturalmente la dominación y la enajenación cultural, lingüística, expresadas de modo insano en el color de la piel. Aun hoy este es un campo de batallas, el cual transformado para sobrevivir pervive en la mentalidad del colonizado y del colonizador en nuevas formas de dominación, ya no tanto por la fuerza, sino por el capitalismo, el mercado, y la globalización. 

Fanon en el imaginario anticolonialista, antirracista y antipatriarcal de la época 

Quiero iniciar esta sección del análisis del pensamiento fanoniano haciendo una crítica al pensamiento de la época a partir de la valides que le daban los academicistas al tema racista, y discriminatorio además del proceso de entendimiento cultural y la posición de las lecturas desde un universo puramente occidentalizado y dominante. Citando a (Arteaga, 2007). 

“Somos tan lógicos, filosóficos y significativos como lo son ellos [...]. Sin embargo, hablamos como si nos hubiéramos liberado de concepciones culturales compulsivas, como si nuestra cultura se edificara a partir de las actividades y experiencias ‘reales' de individuos racionalmente dedicados a sus intereses prácticos [...]. Marx escribió que la sociedad primitiva no podría existir a menos que disimulara para sí misma las bases reales de esa existencia, como a través de formas de ilusiones religiosas. Sin embargo, esta observación puede ser más válida aún en el caso de la sociedad burguesa". 

Por lo que aquí nos concierne, no cabe duda de que, examinando la historia de las ideas científicas, los más fundamentales conceptos del pensamiento científico-natural relativos a nuestra especie (raza, género, enfermedad, genética, sexo, locura, arrastran, desde su origen, una imponente carga emocional de carácter sociocultural). Las emociones socializadas inconscientemente por los científicos al pensar sobre lo Humano, de acuerdo con el paradigma socioemocional del grupo y el periodo al que pertenecen, contribuyen de forma esencial a configurar la significación práctica de los conceptos y las teorías aplicadas a nuestra especie, ya sea en medicina, en biología, o en psiquiatría […]. En este sentido, podemos afirmar que las ideas de pensadores que dominaron el espectro del mundo académico con el análisis de las especies, evolución y razas hasta muy entrada el siglo XX con la teoría de las especies, como el científico británico Charles Darwin estuvieron inmersas en el imaginario salvaje de una burguesía imperialista decimonónica, así como que las huellas del pensamiento mitológico acerca del Pueblo Elegido pueden rastrearse tanto en el Génesis como en el Origen del hombre, por mencionar algunos ejemplos claros del pensamiento científico de la época en la que se desarrollaban las ideas de razas, especies, evolución y sociedades. 

Por lo demás, no puede obviarse que nuestra propia forma de racionalidad tecnocientífica ha adquirido, en ciertas ocasiones históricas recientes, un carácter siniestro (¿hace falta decir una palabra más que Hiroshima?). Al igual que el fascismo y el estalinismo del siglo XX, el racismo biológico de los evolucionistas decimonónicos (por no salir de nuestro ejemplo) se convirtió en la ortodoxia científica, apoyado sobre la convicción colectiva de que sus milimétricas directrices raciales corresponderían a un aumento del progreso y la racionalidad humanas en el camino de la historia del conocimiento. 

Hace sentido hacer un repaso en el cuestionamiento del pensamiento de la época previa, para entender las posteriores luces que se manejaban desde los escenarios más académicos y científicos, de entonces. Lo que hizo Fanon, fue irrumpir de forma abrupta en el imaginario de la época. Puesto que la fundamentación y soporte social del racismo como hemos visto se veía validado por la academia hasta ciertos elementos intrínsecos más doctrinales y puramente contrarios a la razón del individuo y la liberación del hombre. 

Anticolonialismo 

Los episodios de la guerra en Argelia introducen un nuevo estilo de luchas por la liberación nacional. El pensamiento de fanon se ve fuertemente influenciado por la guerra en Argelia y las revueltas en Túnez y Marruecos. La liberación es el toque a muerte del sistema colonial, desde la preeminencia de la lengua del opresor y la “departamentalización” hasta la unión aduanera que mantienen en realidad al antiguo colonizado en las apretadas redes de la cultura, de la moda y de las imágenes del colonialista. 

“El pueblo argelino ha emprendido este toque a muerte con tenacidad y con fervor. Nosotros no esperamos que el colonialismo se suicide. Está en su lógica defenderse con encarnizamiento”. (Fanon, 1968) Es, por lo demás, tomar conciencia de su imposibilidad de sobrevivir lo que determinará su liquidación como forma de contacto con los otros pueblos. 

“El bienestar y el progreso de Europa han sido construidos con el sudor y los cadáveres de los negros, los árabes, los indios y los amarillos. Hemos decidido no olvidarlo”. (Fanon; 1963) 

“El Tercer Mundo no debe contentarse con definirse en relación con valores previos. Los países subdesarrollados, por el contrario, deben esforzarse por descubrir valores propios, métodos y un estilo específico”. (Fanon, 1963) 

Sabemos, ciertamente, que el régimen capitalista no puede, como modo de vida, permitirnos realizar nuestra tarea nacional y universal. La explotación capitalista, los trusts y los monopolios son los enemigos de los países subdesarrollados, sin dejar de mencionar las “commodities” que por décadas han sido el desangrar de las naciones que buscan su libertad. Por otra parte, la elección de un régimen socialista, de un régimen dirigido a la totalidad del pueblo, basado en el principio de que el hombre es el bien más precioso, nos permitirá ir más rápidamente, más armónicamente, imposibilitando así esa caricatura de sociedad donde unos cuantos poseen todos los poderes económicos y políticos a expensas de la totalidad nacional. 

El país se encuentra en manos del nuevo equipo, pero, en realidad, hay que recomenzar todo, que reformular todo. “El sistema colonial se interesaba, en efecto, por ciertas riquezas, por ciertos recursos, precisamente los que alimentaban a sus industrias”. (Fanon, 1963) 

Europa se ha inflado de manera desmesurada con el oro y las materias primas de los países coloniales; América Latina, China, África. De todos esos continentes, frente a los cuales la Europa de hoy eleva su torre opulenta, parten desde hace siglos hacia esa misma Europa los diamantes y el petróleo, la seda y el algodón, las maderas y los productos exóticos. Europa es, literalmente, la creación del Tercer Mundo. Las riquezas que la ahogan son las que han sido robadas a los pueblos subdesarrollados. Los puertos de Holanda, los muelles de Burdeos y de Liverpool especializados en la trata de negros deben su renombre a los millones de esclavos deportados. Y cuando escuchamos a un jefe de Estado europeo declarar, con la mano sobre el corazón, que hay que ir en ayuda de los infelices pueblos subdesarrollados, no temblamos de agradecimiento. Por el contrario, nos decimos, “es una justa reparación que van a hacernos”. (Fanon, 1963) 

Antipatriarcal; Argelia se quita el velo […]

Las características de la ropa, las tradiciones de la indumentaria y del arreglo, constituyen las formas de originalidad más evidente, es decir, las más inmediatamente perceptibles de una sociedad. En el interior de un conjunto, en el aspecto de una figura ya definida formalmente, existen evidentemente modificaciones de detalle, innovaciones que, en las sociedades muy desarrolladas, determinan y circunscriben la moda. Pero la apariencia general permanece homogénea y se pueden reagrupar grandes áreas de civilización, inmensas regiones culturales a partir de las técnicas originales, específicas, del atuendo de los hombres y las mujeres. 

Los diversos tipos de sociedad se conocen, en primer lugar, a través del vestido, por los reportajes y los documentos fotográficos y por las películas cinematográficas. Así, hay civilizaciones sin corbata, civilizaciones con taparrabos o sin sombrero. La pertenencia a un área cultural determinada se manifiesta, frecuentemente, por las tradiciones indumentarias de sus miembros, por ejemplo, los turistas se fijan de inmediato, en el velo con que se cubren las mujeres del mundo árabe. Durante mucho tiempo se puede ignorar que un musulmán no consume carne de cerdo o que están prohibidas las relaciones sexuales diurnas durante el mes del Ramadán, pero el velo de la mujer se muestra con tal insistencia que, en general, es suficiente para caracterizar a la sociedad árabe. En el Magreb árabe, el velo forma parte de las tradiciones del vestuario de las sociedades nacionales tunecinas, argelina, marroquí y libia. Para el turista y el extranjero, el velo caracteriza a la vez a la sociedad argelina y a su componente femenino. Por el contrario, en el hombre argelino podemos encontrar modificaciones regionales menores: Fez, en los centros urbanos, turbantes y djellabas en el campo. El vestido masculino admite cierto margen de variación, un mínimo de heterogeneidad. La mujer, vista a través de su velo blanco, unifica la percepción que se tiene de la sociedad femenina de Argelia. 

Antirracista; Racismo y cultura 

“Existen, podríamos decir, ciertas constelaciones de instituciones, vividas por hombres determinados, en el marco de zonas geográficas precisas que, en un momento dado, han sufrido el asalto, directo y brutal de esquemas culturales diferentes. El desarrollo técnico, generalmente alto, del grupo social así aparecido lo autoriza a instalar una dominación organizada. El empeño de la deculturación se encuentra con que es el negativo de un trabajo de servidumbre económica, hasta biológica, más gigantesco” (Arteaga, 2007). 

“La doctrina de la jerarquía cultural no es, pues, más que una modalidad de la jerarquización sistematizada, proseguida de manera implacable”. (Arteaga, 2007) 

“Estudiar los rendimientos del racismo y de la cultura es plantearse la cuestión de su acción recíproca. Si la cultura es el conjunto de comportamientos motores y mentales nacido del encuentro del hombre con la naturaleza y con su semejante, se debe decir que el racismo es verdaderamente un elemento cultural. Hay pues culturas con racismo y culturas sin racismo”. (Arteaga, 2007) 

Sin embargo, este elemento cultural preciso no está enquistado. El racismo no ha podido esclerosarse, le ha sido preciso renovarse, matizarse, cambiar de fisonomía. Le ha sido preciso experimentar la suerte del conjunto cultural que lo informaba. El racismo vulgar, primitivo, simplista, pretendía encontrar en lo biológico, ya que las Escrituras se habían revelado insuficientes, la base material de la doctrina. Sería fastidioso recordar los esfuerzos emprendidos entonces: forma comparada del cráneo, cantidad y configuración de los surcos del encéfalo, características de las capas celulares de la corteza, dimensiones de las vértebras, aspecto microscópico de la epidermis, y un largo etcétera de la estela que dejaban las verificaciones científicas más atroces para la evolución del pensamiento científico de la época. Estas posiciones sectarias tienden, en todo caso, a desaparecer. Este racismo que se quiere racional, individual, determinado, genotípico y fenotípico, se transforma en racismo cultural. El objeto del racismo deja de ser el hombre particular y sí una cierta manera de existir. En el extremo, se habla de mensaje, de estilo cultural. Los “valores occidentales” reasumen singularmente la ya célebre llamada a la lucha de la “cruz contra la media luna”. 

El pensamiento fanoniano de los último 50 años, nos ha traído el recuerdo y la lucha necesaria de develar los procesos y los modelos vigentes de la colonización, puesto que la necesaria descolonización no pasa jamás inadvertida puesto que afecta al ser, modifica fundamentalmente al ser, transforma a los espectadores aplastados por la falta de esencia en actores privilegiados, recogidos de manera casi grandiosa por la hoz de la historia. Introduce en el ser un ritmo propio, aportado por los nuevos hombres, un nuevo lenguaje, una nueva humanidad. La descolonización realmente es creación de hombres nuevos. Pero esta creación no recibe su legitimidad de ninguna potencia sobrenatural: la “cosa” colonizada se convierte en hombre en el proceso mismo por el cual se libera. 

“En la descolonización hay, pues, exigencia de un replanteamiento integral de la situación colonial. Su definición puede encontrarse, si se quiere describirla con precisión, en la frase bien conocida: los últimos serán los primeros. La descolonización es la comprobación de esa frase. Por eso, en el plano de la descripción, toda descolonización es un logro” (Fanon, 1963). 

Expuesta en su desnudez, la descolonización permite adivinar a través de todos sus poros, balas sangrientas, cuchillos sangrientos. Porque si los últimos deben ser los primeros, no puede ser sino tras un afrontamiento decisivo y a muerte de los dos protagonistas. Esa voluntad afirmada de hacer pasar a los últimos a la cabeza de la fila, de hacerlos subir a un ritmo (demasiado rápido, dicen algunos) los famosos escalones que definen a una sociedad organizada no pueden triunfar sino cuando se colocan en la balanza todos los medios incluida, por supuesto, la violencia. 

No se desorganiza una sociedad, por primitiva que sea, con semejante programa si no se está decidido desde un principio, es decir, desde la formulación misma de ese programa, a vencer todos los obstáculos con que se tropiece en el camino. El colonizado que decide realizar ese programa, convertirse en su motor, está dispuesto en todo momento a la violencia. Desde su nacimiento, le resulta claro que ese mundo estrecho, sembrado de contradicciones, no puede ser impugnado sino por la violencia absoluta. 

El contexto colonial, hemos dicho, se caracteriza por la dicotomía que inflige al mundo. La descolonización unifica ese mundo, quitándole por una decisión radical su heterogeneidad, unificándolo sobre la base de la nación, a veces de la raza. Conocemos esa frase feroz de los patriotas senegaleses, al evocar las maniobras de su presidente Senghor: “Hemos pedido la africanización de los cuadros, y resulta que Senghor africaniza a los europeos.” Lo que quiere decir que el colonizado tiene la posibilidad de percibir en una inmediatez absoluta si la descolonización tiene lugar o no: el mínimo exigido es que los últimos sean los primeros. 

¿Desde dónde leer a Frantz Fanon en el siglo 21? 

En el imaginario político mundial han transcendido episodios que han dejado cambios, desde el último siglo con la segunda guerra mundial, la guerra fría, las guerras por la liberación en los países del Sur global que también son nuestro norte global, la caída del bloque soviético y la reconfiguración de nuevas formas de colonialismo transformadas en neoimperialismos, siendo necesarios los debates nos llevan a reafirmar el contexto de luchas sobre la soberanía no únicamente territorial y geopolítica sino también, cultural e inmaterial. Desde los modelos de entendimiento de cada país, desde las orientaciones y la valorización del pensamiento propio e identitario se puede construir un mensaje de solidaridad universal. 

Desde los espacios políticos hasta las academias, desde los lugares de congregación hasta las diferentes agrupaciones nacionales se debe tener en cuenta el pensamiento decolonial como un proyecto de norte frente a la realidad de cada país. Los sistemas partidarios deben poder afrontar con dinamismo cada nueva forma de recuperar los espacios antes desprovistos. 

“En un país subdesarrollado, el partido debe organizarse de tal manera que no se contente con mantener contactos con las masas. El partido debe ser la expresión directa de las masas. El partido no es una administración encargada de trasmitir las órdenes del gobierno” (García, 2016). 

Las masas deben saber que el gobierno y el partido están a su servicio. Un pueblo digno, es decir, consciente de su dignidad es un pueblo que no olvida jamás esas evidencias. Durante la ocupación colonial se dijo al pueblo que era necesario que diera su vida por el triunfo de la dignidad. 

El Tercer Mundo está ahora frente a Europa como una masa colosal cuyo proyecto debe ser, tratar de resolver los problemas a los cuales esa Europa no ha sabido aportar soluciones (García, 2016). 

En el siglo XIX, el periodo poscolonial de América Latina, diversos ensayistas y autores latinoamericanos ya pudieron observar las pretensiones imperiales de los Estados Unidos en relación con el dominio de la región, esto lo podemos ver en obras como la del escritor latinoamericano José Peralta; La esclavitud en América Latina, y otros escritos antiimperialistas, 

La hegemonía económica y militar estadounidense fue construyendo su proyecto mundial de dominancia el cual se fortaleció con el fin de la segunda guerra mundial, la creación de las naciones unidas en 1948, la caída del muro de Berlín así como los movimientos sociales de 1960 indicaron un movimiento simbólico hacia la descolonización del continente, Europa cede paso para el país, “Estados Unidos”, en ambos casos la región que en 1856 fue bautizada como “América Latina” por el periodista colombiano José maría Torres Caicedo fue doblemente el primer gran laboratorio de experiencia colonial imperial moderno; del colonialismo europeo del siglo XVI y del imperialismo estadounidense del siglo XX. 

La diferentes teorías como la de la liberación, la teoría de la dependencia, la teoría del sistema-mundo, la teoría indigenista, grupos subalternos la filosofía afrocaribeña y el feminismo latino americano con precursores como Walter Mignolo, Ramón Grosfoguel, Nelson Maldonado-Torres, Catherine Walsh, Santiago Castro-Gómez, Eduardo Restrepo, Arthuro Escobar–sin olvidar a los ya clásicos de las teorias del pensamiento liberador y posteriormente del poscolonialismo Aníbal Quijano, Enrique Dussel y el mismo Immanuel Wallerstein – son apenas algunos de los exponentes e interlocutores de esta nueva acción del poscolonialismo en el contexto neoliberal. 

Una de las interrogantes que normalmente se hacen desde los centros de pensamientos poscoloniales es sobre el papel que implica el proceso de la descolonización; en sus diferentes formas como siendo, por ejemplo; si la “¿Descolonización implica necesariamente desimperialización?” (Ballestri, 2017), Para intentar articular mejor la relación contemporánea entre colonialismo e imperialismo, veo combinar las dinámicas de la globalidad imperial como colonialidad global. La nueva forma de globalidad imperial basada en la liderancia de los Estados Unidos, articula un orden decimonónico, militar e ideológico que subordina personas, regiones, y economías en la que proyecta la colonialidad global sobre el conocimiento y la cultura de los grupos subalternos. 

“La imperialidad no se refiere solo a una imposición (por la fuerza) de una de las partes sobre la otra, sino que se trata de una estructura de inteligibilidad de las relaciones que aceptan, en principio las dos partes” (Ballestri, 2017) 

De igual forma si tenemos en cuenta, las migraciones mundiales, la globalización, así como las nuevas formas de mercado, han traído como consecuencias la tendencia a complejizar más los contextos de una ciudadanía mundial, y de una integración universal casi imposible, es con esto que se han dado nuevos análisis del sistema mundo para entender hacia dónde vamos y cuáles son las herramientas teóricas con las que contamos los científicos sociales para entender estas dinámicas de cambios constantes. 

“Actualmente la complejidad del fenómeno migratorio es así, mucho mayor que en el pasado. Esto porque los nuevos desafíos del capital humano se asoman los viejos problemas de la integración de las comunidades migrantes y sus descendientes que continúan a vivir y a trabajar en los países de acogimiento” (Matias, 2014). 

Por otro lado, habría que ampliar la discusión al concepto usado para definir las commodities ya no solo como la extracción de materia prima, básica, sino también como la cuestión del recurso humano o capital humano. “Una discusión muy presente en los debates sobre migraciones y su impacto en los países de origen y de destino de los migrantes respecto a la llamada “fuga de cerebros” o brain drain” (Matias, 2014). 

Bibliografía 

Arteaga, J. (2007). La racionalidad delirante; El racismo científico en la segunda mitad del siglo XIX. Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq., vol. XXVII, n.º 100, pp. 383-398 

Ballestri, L. de A., (2017), Modernidade/colonialidade sem “imperialidade”? O elo perdido do giro decolonial. O elo perdido do giro decolonial, DADOS–Revista de Ciências Sociais, Rio de Janeiro, Brasil, vol.60, no2, pp.505a540. 

Fanon, F., (1963). Los condenados de la tierra, México, D.F. Ediciones; Fondo de Cultura Económico. 

_ (2009). Piel negra, mascaras blancas, Madrid, España; Ediciones Akal, S.A. 

_ (1968). La Sociología de una revolución, México, D.F.; ediciones ERA, S.A. 

García, F.V., (2016). Leer a Frantz Fanon, medio siglo después; Ensayo Introductorio cronología y selección. México, D.F. Rosa Luxemburgo Stiftung, RLS. 

Ortega Y Gasset, J. (1929), La rebelión de las masas, Madrid, España, Edit. Revista de Occidente. 

Peralta, J. (2014), La esclavitud en América Latina, y otros escritos antiimperialistas Quito, Archivo Histórico, Cuaderno N°3, Ministerio de Relaciones Exteriores. 

Matias, G. (2014), Migrações e Cidadania, Lisboa, Ensaios da Fundação. 

Wallerstein, I., (2005). Análisis de Sistema-Mundo, una introducción; México, D.F. Ediciones siglo XXI 

 

Fuente original: https://www.alainet.org/es/articulo/202615

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=261503

En consecuencia, desestructurar la «contrarreforma agraria integral» del capitalismo e imperialismos nos plantea, a las diversidades de abajo sin fronteras, cambios radicales en nuestros enfoques sobre cómo concretar nuestra emancipación del sistema mundo capitalista y nuestros caminos hacia buenos vivires:

 

La herencia colonial de la deuda climática a través de la idea de raza

15 de octubre de 2019

Por Andrés Kogan Valderrama (Rebelión)

A propósito de una nueva conmemoración del mal llamado día de la raza o encuentro entre dos mundos este 12 de octubre, se hace interesante reflexionar en qué medida la crisis socioambiental en la cual estamos envueltos en la actualidad como seres vivos, tiene directa relación con la aparición de un nuevo sistema mundo colonial moderno, el cual desde la conquista hasta nuestros días, sigue dejando huellas en los diferentes territorios que ha impuesto su dominio.

Una de estas huellas, es lo que se conoce como deuda climática, la cual no es otra cosa que el brutal impacto que ha tenido el planeta en los últimos 200 años, como resultado de la explosiva industrialización de algunos países del Norte Global desde el siglo XIX, los cuales con sus sistemas de vida basados en la producción y consumo ilimitado de mercancías, han generado efectos irreversibles para el planeta en su totalidad.

Como la evidencia histórica nos muestra, países de occidente como Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Australia, Canadá, son los que a lo largo de los dos últimos siglos más han impactado el clima a nivel mundial con sus sistemas de vida insostenibles para el planeta. De ahí que desde el Sur Global se hable de una deuda histórica de aquellos países y la necesidad de garantizar una justicia climática para todas y todos, la cual anteponga los derechos de pueblos y territorios por sobre los estados y las empresas.

No obstante, esa expansión industrial de esos países, no es posible entenderla sin un proceso previo de colonización desde 1492, el cual fue capaz de expandirse gracias a la idea de raza, la cual como bien plantea el pensamiento anticolonial, se usó para clasificar mundialmente a distintos grupos de seres humanos en inferiores o superiores. En consecuencia, la racialización de comunidades indígenas durante la conquista, solo se entiende en la medida que los llamados indios fueron vistos como seres salvajes, no civilizados y más cercanos a la naturaleza.

Una herencia colonial que se ha mantenido hasta el día hoy, la cual se evidencia con cada proyecto extractivo que se aprueba e instala en cada país de la región, sea este minero, maderero, agroindustrial o petrolero, en donde siempre los más perjudicados son comunidades indígenas, ante su mayor apego a los territorios. Por eso que es tan importante ser igual de críticos tanto con gobiernos conservadores como progresistas, ya que todos están atrapados en lógicas de colonialismo interno, funcionales al extractivismo imperante.

Sin embargo, la deuda no debiera pagarse en dinero, como algunos sectores de izquierda plantean, sino en decrecimiento de los países más industrializados, que incluya también a países no occidentales como China por ejemplo, el cual es el mayor contaminador del planeta, por lo que se hace indispensable incluirlo también en la lista de países ecocidas a nivel planetario, más allá que algunos sectores decoloniales lo vean como un aliado contra occidente.

China no habrá usado la idea de raza para expandir su dominio económico en la actualidad, como ocurrió con los imperios de occidente, pero igualmente está tomando un estilo de vida que tiene su origen en 1492, el cual se sustenta de la extracción de bienes comunes de América Latina y África.

A su vez, sería bueno que Naciones Unidas entienda de una vez que los Derechos Humanos tienen que ampliarse a los Derechos de Los Territorios, pasando de una mirada jurídica antropocéntrica a una que incluya al resto de los seres vivos, de manera de exigir a los Estados una responsabilidad planetaria en sus políticas. No es posible que en cada cumbre por la crisis climática que se realizan en distintos países, se siga pensando con lógica dual, que separa la cultura de la naturaleza, como si las sociedades se pudieran sostener solas, por fuera de los ecosistemas.

Seguramente los predicadores del crecimiento económico sin fin y expertos en derecho internacional, como son buena parte de los economistas y abogados, sean estos de izquierda o de derecha, les parecerá una locura estas ideas, pero es la única forma de construir en conjunto la idea de una nueva justicia climática, que se haga cargo del calentamiento global y de un sistema depredador, que afecta a las poblaciones más empobrecidas, sean estas humanas como no humanas.

Andrés Kogan Valderrama, sociólogo, editor del Observatorio Plurinacional de Aguas.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=261415

 

"Hablemos de cuerpo-territorio para ampliar la noción del despojo al que intenta someternos el extractivismo. Implica reconocer que la violencia desplegada sobre los espacios comunes incluye las violencias a que son sometidos los cuerpos de cada quién y el cuerpo colectivo que los habita".

 

 

Cuidadoras del fuego.

Cuerpo-territorio en resistencia

frente al saqueo

7 octubre 2019

Por Huerquen 

 

La realidad que viven los pueblos afectados por el extractivismo como los megaproyectos mineros o la extracción de hidrocarburos es cruel, sin embargo no desconocida. El término “Zona de Sacrificio” fue utilizado por primera vez durante la Guerra Fría para referirse a las áreas contaminadas por procesos mineros. Latinoamérica está atravesada por este tipo de proyectos imbricados en lógicas internacionales de extracción y exportación de commodities, cuyas consecuencias en términos ambientales y socioeconómicos han sido ampliamente documentadas y contra los que las comunidades presentan tenaz resistencia.

 

Menos conocidos son la serie de impactos que la irrupción de grandes contingentes de trabajadores asociados a estos proyectos, en su enorme mayoría varones, o las reconfiguraciones de la matriz productiva de los lugares, tienen sobre el cuerpo-territorio al asociarse con las dinámicas patriarcales preexistentes.

 

Cambios en la matriz productiva

Durante la fase inicial de los proyectos existe una demanda intensiva de mano de obra, que en general es cubierta por hombres que migran al territorio, y en su mayoría llegan solos. De esto da cuenta el manual “Hablemos de Megaminería”  elaborado por la  Unión de Asambleas Ciudadanas de Chubut (UACCH) que enumera como uno de los impactos negativos de estos proyectos la invasión de población ajena a la región.

Karina Martinelli de grupo ProEco de Famatanca (Santa María, Catamarca) cuenta como es la realidad dónde vive, “Si bien fue un cambio cultural en todos lados, aquí el desconectarse de la tierra y tener el único anhelo de ´volverse minero´, ir a trabajar a la minera, cambia el hábito porque la gente dejó de estar en la finca donde el trabajo mal que mal era bastante familiar o comunitario. Y ahora el hábito es estar 15 días en la minera, dejando a la mujer y los hijos.”

Las actividades extractivas anulan posibilidades productivas tradicionales de las que participaban tanto hombres como mujeres, y en paralelo abre posibilidades laborales a las que acceden casi exclusivamente varones. Esto refuerza lógicas patriarcales de ´macho proveedor´, socava la autonomía y modifica el lugar de las mujeres en la comunidad.

Lidia Campos de la Asamblea Permanente del Comahue por el Agua nos dice: “en Allen (Río Negro) la producción de frutas y verduras daba trabajo a 8.000 personas aproximadamente. Había 30 – 35 galpones de empaque. Mientras en el petróleo, la empresa que más personas tomó fue 350 obreros. La empresa que trabaja en la actividad petrolera no toma a cualquier persona, sino a mano de obra especializada y a la mayoría de los vecinos de Allen no los recibían. De esas 8.000 personas de la producción de frutas y verdura el 60% eran mujeres, que en su mayoría trabajaban en los galpones de empaque, ya que se necesita delicadeza para trabajar la fruta y que se aproveche la mayor cantidad. En Allen hay muchas mujeres que son jefa de hogar, y trabajan desde enero que comienza la cosecha hasta mayo. Eso le da la posibilidad a la mujer de tener un sueldo diferente, poder mandar a sus hijos a la escuela y pagar el alquiler. Pero muchas perdieron el trabajo por los cambios que trajo la actividad extractiva. Y muchas tuvieron que irse”.

En contextos de explotación minera y petrolera existe una ‘masculinización’ de los territorios (Solano Ortiz, 2015; García Torres, 2014; Miradas Críticas al Territorio desde el Feminismo, 2013) en la que se reconfiguran los espacios comunitarios y la vida cotidiana alrededor de los deseos y valores de una masculinidad hegemónica. (Extractivismo en América Latina – FAU, 2016

 

Cuerpos sacrificados

La reconfiguración general que plantea el extractivismo tiene impacto directo en los cuerpos feminizados.

“La llegada de hombres jóvenes en busca de trabajo y la pérdida de soberanía económica empuja a muchas mujeres a prostituirse. Aumentan los casos de violación y los riesgos de contagio por enfermedades sexualmente transmisibles. La violencia hacia las mujeres aumenta drásticamente por el gran aumento del consumo de alcohol y drogas” (Zorrilla, Zacher, Acosta – 2012

Una integrante de la Asamblea Centenario Libre de Fracking, nos cuenta que “La prostitución esta de hace añares. Yo no tengo un registro de si aumentó. Yo supongo que por la cantidad de obreros que están trabajando, lo más probable es que haya aumentado el tema de la prostitución. No hay una organización que esté trabajando exclusivamente ese tema. Las organizaciones feministas lo denuncian. Nosotros sabemos que la ruta del petróleo es la ruta de la trata, la ruta de la cocaína”.

La violencia sufrida por los territorios se corresponde con la sufrida por los cuerpos feminizados, como relata Karina Martinelli: “lo que nos pasa en nuestros cuerpos, y lo que nos han querido hacer en nuestros cuerpos, es lo mismo que le hacen al territorio cuando avasallan un cerro, lo mismo cuando avasallan nuestros cuerpos”.

 

Mujeres en la resistencia, las cuidadoras del fuego

La resistencia al extractivismo en cualquiera de sus formas viene siendo protagonizada por mujeres. Basta recorrer mentalmente los conflictos para reconocerlas al frente de las luchas.

Corina Milán de la Asamblea No a la Mina de Esquel“la asamblea está llena de mujeres y creo que las más laboriosas, las más aguerridas, son todas mujeres. Obviamente participan chicas, chicos, chiques, hombres y todos los géneros pero hay un protagonismo cuantitativo. Es muy notable lo que pasa. Obviamente hay un vaivén, unas idas y vueltas en los momentos de lucha. Hay momentos que son muy calientes y está todo el mundo, y hay momentos que son de meseta en la movilización. En esos momentos amesetados suelen ser las mujeres más grandes, las mamás, las abuelas, las jubiladas de la asamblea, a las que yo llamo las ´cuidadoras del fuego´, las que siguen estando”. Y continúa: “Las primeras que se dan cuenta de esta historia son mujeres. Una química y una bioquímica, profesoras de la Universidad de la Patagonia, que tiene sede acá en Esquel. Que empezaron a investigar qué químicos se usaban y cómo eran los métodos de explotación y de lixiviación, los impactos ambientales, y compartieron el conocimiento con otras vecinas y vecinos de Esquel”.

 
Otros modos de vivir

El futuro de tierra arrasada que el extractivismo dibuja en el horizonte de la mano de prácticas patriarcales, al mismo tiempo nos revela la potencia de tejer la defensa del territorio con el empoderamiento de las mujeres y las reivindicaciones que sostienen los feminismos.

Las mujeres no sólo defienden los territorios con sus cuerpos sino también desarrollan prácticas sostenidas por lógicas del cuidado y reproducción de la vida que son incompatibles con el modelo de saqueo. En esas prácticas laten alternativas que refutan el “fatalismo productivo” que enarbolan las empresas para instalarse y que repiten los poderes estatales. Esos discursos sobre la “única posibilidad productiva” de una región genera confusión y fragmentación en las comunidades lo que a su vez es aprovechado por las empresas. Cabe preguntarnos también por las lógicas preexistentes que invisibilizan y desvalorizan esas prácticas ancestrales y productivas, sostenidas sobre todo por mujeres. Aun así ellas logran obstaculizar la implementación de los megaproyectos extractivos.

 

 

Karina Martinelli expresa: “Al alejarnos de las fincas se cambian los hábitos de alimentación. Se deja de comer lo que producen las manos de las personas de aquí y se termina comprando en los supermercados como si estuviéramos en una ciudad. Comida que no es sana, que viene de otro lado con muchísimos agrotóxicos, procesadísima. Creo que ese es parte del impacto del modelo extractivo en los pueblos que cambian los modelos de alimentarse y de vincularse con el cerro. De hecho hay niños que viven aquí y no conocen lo que es una mazamorra. Entonces, hay mucho impacto: desde el maltrato, desde lo alimenticio, desde lo identitario. Porque todo lo que vincule a la persona con la tierra, con la pachamama, se lo ataca. Porque una persona vinculada, sensible, conectada con lo vital, con la vida; es alguien que va a ser un defensor del agua, de la tierra. Entonces ese mensaje de conexión se lo tira para abajo y se lo ve como algo que es retrogrado, que no es moderno, que no es progreso”.

 

La voz de estas mujeres nos devela un escenario más complejo del que avizoramos al comienzo. Mientras se entrelazan los extractivismos, aflora la necesidad de construir colectivamente otros modos de vivir, donde se valore el vínculo con la tierra y la naturaleza, y cristalicen otros modelos productivos.

 

Desafíos

¿Es posible problematizar las formas que el extractivismo despliega en los territorios para el saqueo, omitiendo las lógicas patriarcales de dominación? ¿podemos concebir un anti-extractivismo que no cuestione también al patriarcado? Y en paralelo, ¿podemos problematizar plenamente las violencias que sufren los cuerpos feminizados sin territorializarlos? ¿el anti-extractivismo puede estar ausente entre las reivindicaciones feministas?

Hablar de cuerpo-territorio nos permite ampliar la noción del despojo al que intenta someternos el extractivismo. Implica reconocer que la violencia desplegada sobre los espacios comunes incluye las violencias a que son sometidos los cuerpos de cada quién y el cuerpo colectivo que los habita.

Desde esta perspectiva enfatizamos el camino que los feminismos comunitarios y populares, campesinos y originarios, vienen desplegando a través del protagonismo de tantas que enfrentan los proyectos extractivos y defienden los modos de vida (y la vida) de las comunidades de las que son parte.

En tiempos de revolución feminista, de amplificación y revalorización de las cosmovisiones de las comunidades y los modos de vida en armonía con la naturaleza, late el desafío de profundizar los aprendizajes que nos dejan las luchas, de desplegar la complementariedad de las miradas alrededor del fuego del aquelarre, buscando hacer realidad el anhelo de que ni las mujeres ni la tierra seamos territorios de conquista en ningún lugar.

Catamarca – Neuquén – Río Negro – Chubut – Buenos Aires entre julio y septiembre de 2019

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Documentos/Cuidadoras-del-fuego.-Cuerpo-territorio-en-resistencia-frente-al-saqueo

 

 

 

No tenemos absolutamente claro como surgirá el “postcapitalismo” pero lo que sí podemos asegurar, a partir de estas reflexiones, es que continuar “emulando” y “compitiendo” con las potencias de Occidente en su mismo terreno para continuar con la carrera infinita hacia el “progreso” y el “crecimiento”, colocando a la cabeza de los pueblos y de los trabajadores a los multimillonarios como “grandes generales o timoneles”, como lo propone Heinz Dieterich para México [6] (Carlos Slim) y lo hacen en la práctica los “comunistas” chinos, no nos llevará a construir una sociedad más justa y equitativa pero si nos conducirá hacia la extinción de la vida humana en la tierra.

 

 

 

Globalistas y

nacionalistas del siglo XXI

4 de octubre de 2019

 

Por Fernando Dorado (Rebelión)

Popayán, 1 de octubre de 2019

Con el fin de contribuir a la comprensión de la aparente división que existe entre “globalistas” y “nacionalistas” al interior del bloque transnacional del Gran Capital (oligarquía financiera global), presento las siguientes ideas que tienen que ver con la comprensión de la naturaleza del neoliberalismo que prefiero denominar como globalización neoliberal [1] .

Estas ideas sirven para tratar de entender –más allá de falsos y artificiales sesgos ideológicos– el proceso de crecimiento económico capitalista que se ha presentado en Oriente (incluyendo a China, Corea del Sur, Indonesia, Malasia, Singapur, Taiwán, India, Vietnam, etc.) y el declive y/o estancamiento del capitalismo en Occidente (incluyendo a los EE.UU., Europa y Japón).

Así mismo, se trata de mostrar los límites de los análisis geopolíticos. Pienso que debemos recuperar los análisis de clases (sin desconocer las herencias culturales e históricas) para aceptar que el capitalismo es el modo de producción imperante en todo el mundo y que la contradicción capital-trabajo sigue siendo la determinante y la fundamental.

La reestructuración post-fordista

En los estudios sobre la globalización neoliberal (“neoliberalismo”) siempre se resaltan las políticas de privatización, flexibilización laboral, empequeñecimiento y “modernización” del Estado, etc., etc. Creo que se debe tener en cuenta lo relacionado con la “reestructuración post-fordista”, que fue un proceso de “transectorización del proceso productivo [2] ” con la aplicación de las nuevas tecnologías y los nuevos métodos de organización del trabajo, proceso que arrancó entre 1970 y 1980 con el “toyotismo [3] ” y demás experimentos hechos por los empresarios estadounidenses y desarrollados inicialmente en Japón, y que continuó con los avances de las 3ª y 4ª revoluciones industriales y tecnológicas. Ese proceso de transformación del proceso productivo fue la base real que sostenía y requería de las demás iniciativas de la globalización neoliberal o “neoliberalismo”.

La reestructuración del proceso productivo consistió en el desmantelamiento de la manufactura e industria centralizada (en las áreas y lugares donde lo podían hacer, incluyendo los países latinoamericanos), la deslocalización de la industria (interna y externa, nacional e internacional), y la descentralización y la desconcentración de los procesos productivos y administrativos. Todo ello correspondía a la necesidad de sobre-explotar la mano de obra, aumentar la tasa de ganancia y la rentabilidad tanto del capital variable como del constante, y apropiarse de la riqueza y mercados de los países de la periferia capitalista que se habían descolonizado formal y políticamente, con las revoluciones nacionalistas de países de África y Asia en las décadas anteriores (algunas pintadas de “comunistas” y “socialistas”).

Este proceso es muy importante de resaltar porque es uno de los aspectos determinantes del proceso de globalización neoliberal. El conocimiento de ese fenómeno estructural puede ayudar a explicar la reacción nacionalista en EE.UU., Reino Unido y Europa (Trump, Brexit y demás), que cuenta con amplios apoyos sobre todo entre los trabajadores industriales que perdieron sus empleos y formas de vida, y entre los productores agrícolas que se beneficiaban directamente de los mercados internos de aquellos países que se habían industrializado durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras tres cuartas partes del siglo XX. Ello se puede comprobar identificando las bases de apoyo político de Trump entre los núcleos de población del llamado “cinturón del óxido” y los Estados del “medio oeste” de los EE.UU., lo que también es fácil ubicar en el Reino Unido con las bases sociales de apoyo del Brexit [4] .

Es interesante hacer notar cómo algunos países del Lejano Oriente que recibieron las enormes inversiones en infraestructura y tecnología, independientemente de su orientación ideológica, de su pasado colonial o de la dependencia de una u otra potencia económica y política (USA, UE o Rusia), contaban con las condiciones económicas, políticas y hasta culturales para responder positivamente a las necesidades del gran capital. Es decir, podían ofrecer mano de obra barata, gran flexibilidad en la normatividad ambiental y disciplina de hierro para los trabajadores. Pero, a la vez, los gobiernos de esos países se cuidaron de que los Estados impulsaran políticas relativamente autónomas en la política monetaria y en ciertos aspectos de su economía nacional, lo que les permitió proteger su mercado interno y construir su propia base industrial y tecnológica.

Políticas nacionalistas, nuevo eje de acumulación de capital y América Latina

En nuestros países latinoamericanos no existían las condiciones políticas y económicas para aplicar esa política “nacionalista”. Pongo las comillas porque dicha política se aplicó incluso en países que eran subordinados a EE.UU. como Corea del Sur y otros, pero lo que es común a todos ellos es que sus Estados, más allá de que fueran de “izquierdas” o “derechas”, no practicaban la “democracia occidental”; en lo fundamental eran gobiernos autoritarios, dictaduras personalistas o gobiernos de “partido único”. Y, aunque dicho proceso estuviera supeditado a la globalización neoliberal y hasta se alimentara de ella, les permitió a dichos países construir sus propias bases económicas industrializadas, y asimilar y apropiarse de tecnologías de punta que habían sido monopolio de los países capitalistas de Occidente.

En América Latina las oligarquías conservadoras de formación colonial no podían objetivamente impulsar un proceso parecido. Su poder político era muy débil y frágil, su “patriotismo” es retórico y su racionalidad económica es parasitaria, quieren vivir de la renta. Paradójicamente fue Pinochet en Chile el que intentó hacer algo parecido a los países del Lejano Oriente pero, en la práctica, solo desarrolló lo que los EE.UU. le dejaron hacer. Otras dictaduras militares de Sudamérica como la del Brasil y algunos gobiernos “populistas”, también lograron implementar algunas políticas de industrialización pero, solo fueron esfuerzos residuales del proceso de sustitución de importaciones que se plasmaron en algunos proyectos siderúrgicos, producción de automóviles con auto-partes producidas en EE.UU. o Europa, y algunas industrias textiles y de alimentos. En general, el gran capital desmontó sus industrias en todos los países de América Latina y solo en algunos países se instalaron industrias de maquila y otras modalidades de súper-explotación de los trabajadores. El énfasis se colocó en las industrias extractivas de materias primas.

A manera de reflexión

En 1980, siendo obrero en una fábrica de zapatos en Bogotá, Croydon del Pacífico del Grupo Uniroyal, que también tenía plantas de producción de llantas de caucho, vivimos el proceso de desmantelamiento de la factoría que alcanzó a tener más de 2000 obreros. Con algunos intelectuales, entre quienes destaco a mi amigo Héctor León Moncayo (“Moncayito”), empezamos a estudiar y a entender el problema, a comprender el proceso de “transectorización del proceso productivo”, y hasta realizamos huelgas para tratar de impedirlo, pero era algo indetenible. Después, hemos logrado entender como este proceso era lo central en toda esa transformación estructural del capitalismo, y como las medidas concertadas en el Consenso de Washington solo eran un complemento para adecuar los Estados a sus necesidades, con las privatizaciones y demás políticas. Dichas políticas no sólo se impulsaron en la periferia capitalista (o países del “tercer mundo” como se decía en aquellos tiempos) sino también en los países del centro capitalista, aunque lo hicieron con más tacto y más despacio porque en dichos países los trabajadores tenían mayores herramientas para defenderse como lo explica y reseña con detalles el ya desaparecido teórico italiano, Giovanni Arrighi, en varios de sus textos [5] .

Estudiar y debatir sobre estos procesos de transformación de los procesos productivos es muy importante porque permite demostrar que la “hegemonía de Occidente” está en declive y decadencia, no principalmente por factores “geopolíticos” (estratégicos, políticos, militares, etc.) sino por la deriva que asumió la crisis estructural del capitalismo (que se manifestó en la crisis del petróleo de los años 70s), que obligó a los capitalistas a construir nuevos centros industriales y tecnológicos (“deslocalización a nivel global”), y que ello no se presentó por obra de “otros” sino por necesitad vital de los mismos capitalistas “globalistas” (es su momento). Y ello tiene que ver con demostrar, que el intento de reversar ese proceso (idea de Trump, Johnson y otros) no solo es contraproducente para ellos mismos sino que es una tarea infructuosa.

Además, a los capitalistas “globalistas”, cuya cúpula está concentrada en menos de 50 familias de multimillonarios del mundo entero, que en esencia controlan las redes globales del gran capital y tienen inversiones entrelazadas e imbricadas tanto en Oriente como Occidente, no les interesa una desestabilización de su economía que ponga en peligro su dominio aunque permiten las tensiones entre países para desinformar, engañar y manipular a los pueblos y a los trabajadores, y por ello, de alguna manera permiten que esos falsos nacionalismos tomen auge, y hasta los aprovechan para obtener más ventajas para sus inversiones y proyectos de expoliación y despojo de territorios y de materias primas estratégicas.

Por otro lado, esta temática tiene que ver con que si China y otros países como la India o Corea del Sur, quieren convertirse en las nuevas potencias económicas (como lo están haciendo), tienen que hacerlo sobre la base de la súper-explotación de los trabajadores, lo que inevitablemente genera reacciones masivas y beligerantes de los trabajadores o de otros sectores víctimas de sus políticas y agresiones. Un ejemplo es lo que ocurre actualmente en Hong Kong, donde el problema de fondo son los bajos ingresos y la escasez de empleo “de calidad”, con la particularidad de que en esa ciudad y región, los trabajadores y jóvenes tienen “ciertos grados de libertad” para expresar su protesta que pareciera centrarse en una lucha contra el gobierno chino pero que en el fondo deja ver las contradicciones y conflictos de clase que están latentes y ocultos en toda la gran nación china. Otra cosa es que EE.UU. y otras potencias de Occidente quieran aprovechar esas protestas para hacer demagogia “antichina”, lo que es aprovechado por el gobierno chino para reprimir esas expresiones de inconformidad y engañar al pueblo chino continental.

Todo lo anterior nos lleva a concluir que en dichos países de Oriente (sean gobernados por “pro-capitalistas” o por “comunistas” o “socialistas”) no se puede esquivar la lógica del capital en su proceso de crecimiento y ensanchamiento de su poderío económico. Lo que tampoco se puede negar es que dicho “proceso económico” hace parte de su “lucha nacional” en contra de las potencias económicas tradicionales (de Occidente, principalmente) que se disputan los mercados y el control de regiones estratégicas ricas en materias primas. Pero, así mismo, se puede concluir que los trabajadores y los sectores sociales subordinados de esas sociedades y del mundo entero, no tienen, en dichos modelos y experiencias, las soluciones de fondo para superar un modo de producción basado en la explotación del trabajo y en la depredación irracional de la naturaleza.

Por el contrario, podemos decir que la “línea” que surgió en Oriente, la del “capitalismo asiático” (ya probado parcialmente en Japón), en donde el Gran Capital utiliza unos Estados que heredaron las tradiciones despóticas de sus pasado ancestral y lo combinan con una particular forma de capitalismo salvaje, empieza a ser mirado con buenos ojos por los capitalistas en general, tanto “globalistas” como “nacionalistas”, lo que se expresa en la lucha política actual en todo el planeta, y se va a agudizar más en la medida en que estalle la crisis económica y financiera que se viene incubando a la sombra de la llamada “guerra comercial y tecnológica” entre EE.UU. y China.

Es indudable que la única manera de superar los graves problemas que vive la humanidad, tiene que pasar por replantear el “modelo” (o modo) de producción y de consumo capitalista. No tenemos absolutamente claro como surgirá el “postcapitalismo” pero lo que sí podemos asegurar, a partir de estas reflexiones, es que continuar “emulando” y “compitiendo” con las potencias de Occidente en su mismo terreno para continuar con la carrera infinita hacia el “progreso” y el “crecimiento”, colocando a la cabeza de los pueblos y de los trabajadores a los multimillonarios como “grandes generales o timoneles”, como lo propone Heinz Dieterich para México [6] (Carlos Slim) y lo hacen en la práctica los “comunistas” chinos, no nos llevará a construir una sociedad más justa y equitativa pero si nos conducirá hacia la extinción de la vida humana en la tierra.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Blog: http://cort.as/-RzyP

Notas:

[1] Thomas Friedman (2017). La Tierra es plana. Breve historia del mundo globalizado del siglo XXI. Es un interesante libro sobre la globalización que aunque no es crítico aporta una buena visión panorámica sobre ese proceso. http://cort.as/-S_uk

[2] Transectorización de los procesos productivos: Fue el proceso implementado por los capitalistas para utilizar toda la capacidad instalada de las unidades productivas (secciones, talleres, etc.) que estaban contenidas dentro de una fábrica o factoría, para acabar con los “tiempos muertos o negros”, automatizar las unidades de montaje reduciendo al máximo a los trabajadores operarios, trasladando las áreas de la producción manufacturada hacia zonas rurales o hacia países con regímenes políticos que les garantizara una sobre-explotación de los trabajadores. Así, muchas de esas unidades productivas se convirtieron en “negocios” específicos y particulares, puestos al servicio simultáneo de diversas industrias o áreas económicas, aumentando la productividad del trabajo y garantizando mayor rentabilidad a sus inversiones. (Nota del Autor).

[3] El toyotismo es una relación en el entorno de la producción industrial que fue pilar importante en el sistema de procedimiento industrial japonés, y que después de la crisis del petróleo de 1973 comenzó a reemplazar al fordismo como modelo referencial en la producción en cadena. (Nota del Autor).

[4] El País. “ Qué hemos aprendido con el Brexit ”. http://cort.as/-S_v2

[5] Arrighi, Giovanni (1937-2009). Importante intelectual italiano. Entre sus principales obras están “Dinámica de la crisis global” (2005), “Caos y orden en el sistema-mundo moderno” (2001), “Adam Smith en Pekín” (2007), “El largo siglo XX” (2014). Ediciones Akal.

[6] Dieterich, Heinz. “¿Ganará AMLO la Batalla contra los Conservadores?”. http://cort.as/-RzyP

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=261110