Qué País

Octubre 2016

Sin presidentes ni políticos mediáticos entregándolo al Council of the Americas.

 

 


 

 

 

SITUACIÓN / CRISIS CIVILIZATORIA / ALTERNATIVAS

 

 Situación

 

Necesitamos, abajo y a la izquierda, romper con la conciliación de clases porque si no lo hacemos seguiremos reverenciando a los principales criminales saqueadores, devastadores e impunes sin percatarnos de nuestra situación como país e individuo. Ante todo es crucial generalizar la percepción de quiénes nos entregan a esa acumulación de exterminio. Es interrogarnos sobre cómo no rechazamos mayoritariamente a CFK por su relación con Susan Segal, presidenta y ceo del Consejo de las Américas. Tampoco lo hicimos el 15 de junio de 2012, cuando desde el último,  manifestó su orgullo sobre que Monsanto planificara expandirse en Argentina. Examinemos la gravedad oculta en la foto de ambas sonrientes:

 

 ¿QUÉ ES EL CONSEJO DE LAS AMÉRICAS?
17 de septiembre de 2013

 

El 22 de agosto pasado se celebró en la ciudad de Buenos Aires el encuentro que todos los años organiza en ésta el Consejo de las Américas. La importancia de este evento está dada por el hecho que siempre son invitadas distintas personalidades nacionales que se destacan en el firmamento político nacional.

El tema convocante de este año fue el de las Perspectivas económicas y políticas de la Argentina, y fueron invitados como oradores figuras políticas que en su conjunto han representado todo el espectro político nacional, desde Mauricio Macri, Débora Georgi, Jorge Capitanich, Daniel Scioli, Miguel Galuccio, Silvina Gvirtz, Antonio Bonfatti, Margarita Stolbizer, Francisco de Narváez y Sergio Massa, quien expuso al cierre del encuentro. Es decir, en distintos grados estuvieron representadas las fuerzas políticas oficialistas, al igual que las fuerzas políticas de la llamada “oposición”, tanto en su vertiente peronista como no peronista.

Como anfitriones de la jornada oficiaron Eduardo Erneukián (por la Cámara Argentina de Comercio) y Susan Segal, presidente del Consejo de las Américas y una de las colaboradoras más cercanas al fundador de la institución, David Rockefeller.

Este año en particular esta jornada tuvo bastante repercusión pública, por el especial momento político que estamos viviendo los argentinos y porque en este ámbito –como si fuera un punto de encuentro y unidad- compartieron una misma tribuna las expresiones políticas cotidianamente enfrentadas en el ámbito nacional.

Vale la pena preguntarse entonces qué es este Consejo de las Américas (Americas Society/Council of the Americas), que ha producido el “milagro” de hacer confluir en un ámbito de concordia a figuras que en la acción política de todos los días parecen estar enfrentadas en forma casi irreconciliable.

1. En primer lugar, el Consejo de las Américas es un organismo creado en 1965 por David Rockefeller, para agrupar a las más importantes empresas norteamericanas, basado en la creencia fundamental que “los mercados libres y los emprendimientos privados ofrecen los medios más efectivos para lograr el crecimiento y la prosperidad económicos de la región”. Como se puede apreciar, se trata del más puro y rancio dogma liberal híper-capitalista, que supone que la libertad de comercio y la iniciativa privada constituyen el mejor medio para hacer desarrollar económica y socialmente a Hispanoamérica.

Sobre la base de estas dos premisas dogmáticas, el Consejo de las Américas tiene como objetivo fundamental “informar, alentar y promover mercados libres e integrados para beneficio de las compañías que forman parte de nuestra membresía, así como de los Estados Unidos y de todos los pueblos de las Américas”.

En realidad, se pretende el crecimiento económico de nuestros países, para sustentar los intereses comerciales del conglomerado empresarial de David Rockefeller y familia.

Desde esa época inicial y en forma paulatina ha crecido el número de miembros del Consejo, y hoy en día son más de 200 las compañías de primerísimo nivel que forman parte del nucleamiento y que “representan a la mayoría de las inversiones privadas estadounidenses en América latina. Entre ellas, tiene la primacía Chevron Corp como empresa corporativa patrón, y las que más se destacan después de ella están, entre otras, American Express Company, Archer-Daniels-Midland Company, Bank of America, Bank of New Scotia, Barrick Gold Corporation, BlackBerry, Bank of New York-Mellon, Bunge Limited, Cargill Incorporated, Cisco Systems, Citigroup Inc., The Coca-Cola Company, Direct TV Latinoamerican, Exxon Mobil Corp., Federal Express, Financial Times, Ford Motor Company, General Electric Company, Goldman Sachs, Google Inc., Hewlett Packard Company, IBM Corp., J. P. Morgan-Chase, Johnson & Johnson, Kraft Foods International, Marriot International, Mc Donald Corporation, MetLife Inc., Microsoft Corporation, Monsanto Company, Pepsico, Visa International, Wal-Mart Stores Inc., Western Union Company, etc.

2. Pero además de las empresas estadounidenses mencionadas, se han agregado al Consejo como miembros corporativos empresas que no son estadounidenses, sino de distintas nacionalidades (por lo menos en su origen), como ser Banco Santander (“español”), Bank of Tokyo-Mitsubishi, BBVA (“español”), BNP Paribas (“francés”), CEMEX (“mexicana”), Cisneros Group of Companies (“venezolano”), Credit Suisse (“suizo”), Deutsche Bank, Glaxo-Smith-Kline (“inglés”), Grupo Televisa (“mexicano”), Itaú Unibanco Holdings (“brasileño”), MBA Lazard (“francés”), Odebrecht (“brasileña”), Petrobras, Repsol, Shell International, Standard Chartered Bank (“sudafricano-inglés”), Telefónica Internacional USA, etc.

3. También se cuentan empresas “argentinas” entre los miembros de este selecto organismo propiedad del magnate David Rockefeller: Aeropuertos Argentina 2000, Banco de la Nación Argentina, Bridas Corporation (hermanos Bulgheroni), Celulosa Arauco y Constitución, IRSA Inversiones y Representaciones SA (Eduardo Elztain[4]), Lan Argentina S.A., Panedile Argentina SA (constructora patagónica), Techint Incorp., etc.

4. Mención especial merece la firma Cleary, Gottlieb, Steen & Hamilton, estudio jurídico que defiende oficialmente a la Argentina en Estados Unidos, en todo lo que se refiere al tema de la deuda externa y a las negociaciones financieras encaradas por nuestro país en la Bolsa de Valores neoyorkina.

5. ¿Qué significan en realidad todos estos datos? Ante todo, que la familia Rockefeller tiene el control (en contados casos también la propiedad) de las empresas mencionadas, con lo cual es el dueño real de las mismas. En lo que se refiere a nuestro país (y a los países hermanos hispanoamericanos), gran parte de nuestra economía y de nuestro sistema financiero están en manos de la familia Rockefeller, lo cual incluye a nuestro Banco de la Nación Argentina.

Y como si esto fuera poco, la familia Rockefeller es la que defiende a la Argentina ante los tribunales estadounidenses en todo lo que se refiere al endeudamiento público de nuestra Nación, a partir del Proceso de Reorganización Nacional. Es decir, en Estados Unidos a la Argentina la defiende David Rockefeller y su “familia”.

6. En los meses de julio-agosto de cada año, bajo la batuta de Susan Segal, el Consejo de las Americas organiza en varias capitales de nuestros países jornadas de un día de duración, con referentes políticos de cada país anfitrión: Santiago de Chile, Buenos Aires, Montevideo, Lima, Bogotá, San Pablo, etc.

En la segunda quincena del mes de setiembre de cada año, los presidentes de nuestros países son agasajados en la sede neoyorkina del Consejo, donde exponen sus consideraciones políticas y sus proyectos ante los representantes de las empresas que forman parte del organismo, tras lo cual nuestros presidentes reciben la aprobación y el reconocimiento.

Aunque sean críticos de la globalización y del Alca, nuestros representantes políticos son tratados con total cortesía, como auténticos amigos. Quizás éste sea uno de los motivos que expliquen por qué, tanto en las jornadas “latinoamericanas” como en la visita a la sede central, nunca se planteen los tres temas que tanto daño han hecho a nuestros países y a nuestros pueblos: la deuda externa cada vez más impagable, la injusta y desigual distribución de la riqueza, la concentración económica mundial cada vez mayor y la primacía que ha adquirido la especulación financiera parasitaria e improductiva frente a la economía real.

Fuente original: http://elespejodelaargentina.com/2013/que-es-el-consejo-de-las-americas/

Fuente: http://www.centromandela.com/?p=6650

 

Estamos acostumbrados ( hasta los politólogos izquierdistas de prestigio) a simplificar la lectura de la realidad social, nacional e internacional. Es así que caricaturizamos el 'campo' soslayando el debate tan fundamental del modelo de soja e incluso el plan estratégico agroalimentario y agroindustrial 2010-2020 nos tranquiliza en vez de enfrentarlo por desertificar todo el país y conducir a la desaparición forzada de campesinos e indígenas. También nos congratulamos con Tecnópolis y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. Pero tengamos mirada histórica e indagatoria para situarnos en cómo el capitalismo se desarrolla hacia el creciente acaparamiento oligopólico.  Veamos:

 

 

1. Monsanto y el acuerdo con Cristina Fernández

28 de abril de 2013

 

Por Marcos Piña (Observatorio Sudamericano de Patentes)

 

El capitalismo en su actual fase  emplea a sus empresas transnacionales estadounidenses para acumular capital expandiendo sus negocios a costa de la utilización de los recursos naturales (suelos, agua) de terceros países a los que coloniza tecnológicamente y de los que extrae ganancias extraordinarias.

En Argentina, la presidenta Cristina Fernández, quien dijo estar obsesionada con el hecho de emplear a la ciencia y la tecnología en su proyecto de crecimiento con inclusión social- reproduce extrañamente
un discurso que es funcional a la política de estos poderes económicos causantes de los problemas que se quisieran combatir discursivamente, aunque no en la práctica.

La evidencia muestra que los monopolios biotecnológicos son los causantes de la concentración del capital que al acumularse en pocos actores económicos, se ve impedido de su redistribución por parte de los Estados y gobiernos de los países en desarrollo que basan su economía en la agricultura. Sin embargo, la gravación de impuestos a la exportación de soja es suficiente en el caso argentino para justificar la alianza entre Monsanto y el gobierno a pesar de la experiencia traumática de crisis generada por el propio capitalismo salvaje en este país en el año 2001.

La ciencia y la tecnología no son neutrales y sirven a intereses concretos en los que la bio-agro-tecnología tiene un protagonista esencial: la multinacional estadounidense MONSANTO.

Cristina pone énfasis en que la Bio (en realidad debe decirse Agro) tecnología  es la panacea que sacará del atraso a su país, es decir, que desarrollos de nuevas variedades de semillas genéticamente modificadas o transgénicas con investigaciones
realizadas por científicos argentinos en trabajos financiados por créditos del BID o por empresas transnacionales como Monsanto, es la mejor salida para los ingresos y el crecimiento argentinos. 

El último gran anuncio realizado por la presidenta sobre este tema fue el desarrollo de una semilla transgénica "nacional" (Intacta RR2 Pro), la nueva soja de Monsanto. El desarrollo realizado en un "joint venture" llamado Verdeca. La investigadora argentina (Dra. Chang) trabajó en la mutación de la semilla para adaptarla a los suelos locales con fondos aportados en una asociación de Bioceres (Arg.) y Arcadia Biociences (EE UU). 
Según la propia empresa "Bioceres aporta a esta nueva empresa excelentes tecnologías y una red de relaciones con productores agropecuarios sin igual. Estos atributos, combinados con el compromiso de la empresa de desarrollar tecnologías que aumenten la productividad y la sustentabilidad de la producción de soja".

Más de un 40% de la soja del mundo es cosechada en Argentina y Brasil, concentrando un valor de producción de aproximadamente $50 Billones de dólares. "Arcadia Biosciences fue fundada en el 2002 con el fin de desarrollar y comercializar aquellas tecnologías basadas en la agricultura que crean un valor para los productores y consumidores, haciendo foco en el beneficio del medio ambiente y en la mejora de la salud humana", dicen ellos mismos.

Este discurso edulcorado es repetido por la presidenta argentina y es el mismo utilizado por los agroganaderos que confrontaron con ella en el 2008 cuando la soja era considerada un "yuyito", y el presidente de la oligarca Sociedad Rural sostenía que una gran parte de los costos del Campo era la tecnología que se aplicaba en la soja transgénica, fertilizantes, herbicidas, máquinas, tractores o cosechadoras computarizadas.

Arcadia dice en esta línea que "ha desarrollado un extenso portfolio de productos que incluye investigación genética, técnicas avanzadas en breeding e ingeniería genética".

En un viraje político espectacular, Cristina Kirchner viene afirmando ahora que la biotecnología es la llave para mayores crecimientos y generación de cadena de valor aunque aún no se ha develado cual es el plan, proyectos y programas que conducirán a ese resultado.

Lo que si sabemos es que Monsanto es especialista en realizar lobby presidencial y cooptar funcionarios, científicos y sectores de gobierno que influyan sobre las decisiones económicas de los mandatarios. En Argentina ocurrió tanto con el ex presidente Carlos Menem en la introducción de la soja transgénica en el país a través de Felipe Solá, segundo hombre de Monsanto en Argentina y ministro de Agricultura de Menem.

Ahora con Cristina Fernández se va a legitimar el reconocimiento de la propiedad intelectual sobre las semillas transgénicas de Monsanto, equivalente a la privatización lisa y llana de la agricultura.

Esta empresa ha sido denunciada reiteradamente por promover golpes de Estado ( Paraguay) y estar detrás del movimiento destituyente de la propia presidenta argentina en 2008.

La historia cuenta que cuando Monsanto trata de introducirse en Argentina y desarrolla una propaganda a favor de los cultivos transgénicos desde el inicio de estos en 1996 en el suplemento Clarín Rural.

Ya desde febrero a noviembre de 1994, Monsanto inició los primeros contactos en Argentina y comenzó a infiltrar el Instituto Nacional de Tecnología Agrícola (INTA) que por décadas llevaba adelante la investigación para el desarrollo de variedades vegetales “mejoradas”. Monsanto se apoderó del capital genético estratégico del país a manos de empresas privadas como Monsanto y Nidera (la empresa semillero a la cual Monsanto entregó una licencia para la venta de semillas transgéncias) y les permitió el acceso a los archivos secretos del INTA cuyos equipos de investigación fueron comprados por esas empresas. Eso permitió a Monsanto crear la soja Roundup Ready sobre la base de variedades de soja desarrolladas en Argentina para los suelos nacionales. 

El segundo hombre de Monsanto en el país era Felipe Solá, entonces ministro de agricultura que el 3 de abril de 1996 firmó la autorización para la comercialización de las semillas transgénicas “tolerantes al herbicida glifosato” sin ningún debate parlamentario, pruebas o ley que regulara los cultivos transgénicos.

Otro paso en la estrategia de Monsanto fue promulgar una ley de patentes que protegiera las variedades transgénicas como ocurre en Estados Unidos aunque ese objetivo no pudo lograrse en 1996 por la resistencia de los diputados y senadores ligados a los laboratorios farmacéuticos nacionales que ya habían perdido terreno ante la avanzada neoliberal del Departamento de Estado, la Embajada y Pfizer.

Expulsada la dupla De La Rua-Cavallo y superada la crisis económica del año 2001, Monsanto continuó presionando al ex Presidente Néstor Kirchner (acusado por Greenpeace)por el cobro de regalías que no percibía por su soja RR no protegida por patentes en Argentina y que constituyó uno de los principales problemas del ex Presidente con la Administración de J.W. Bush

Monsanto mientras tanto continuó juntando voluntades para crear primero la Agencia Nacional de Ciencia y Tecnología para financiar a través de préstamos del BID proyectos de desarrollos biotecnológicos para lo cual cooptó al Dr Lino Barañao. Luego crear luego un Ministerio de Ciencia y Tecnología a cargo de Barañao y crear un Polo Tecnológico que impulsara las nuevas variedades de plantas transgénicas de Monsanto. 

Para finalizar el ciclo de negocios y ganancias extraordinarias Monsanto redactó en 2012 una "Ley de Semillas" que pronto será enviada al Congreso Nacional para su tratamiento (por eso Cristina resalta una y otra vez el tema de la biotecnología preparando el terreno)

La filtración del contenido del borrador de Ley de Semillas devela que la nueva ley obligará a los agricultores a:

a) “Adquirir las semillas de soja con tecnología RR2Bt las personas jurídicas y o físicas que hayan optado por este sistema (acuerdo privado) y lo cumplan”.

b) “Comercializar el grano obtenido con aquellos exportadores o elevadores participantes del Sistema”.

c) “Utilizar las tecnologías RR2Bt o georeferenciar conjuntamente con Monsanto, los exportadores y elevadores del sistema los lotes del productor durante la siembra de la soja y las semillas a comercialización”.

d) “Pagar la tecnología en el momento de comprar la bolsa, al declarar el uso propio para la siembra o al comercializar el grano en el punto de entrega”. De no haberse abonado la regalía correspondiente con anterioridad al momento de entrega de los granos al exportador/elevador participante del sistema, el monto adeudado en tal concepto será percibido por dicho participante y remitido al proveedor.

Las modificaciones a la ley convalida una extensión de la propiedad intelectual mas allá de la función del evento en la semilla en sí mismo, extendiéndose al control sobre la comercialización de lo producido violando la Ley de patentes argentina que declara no patentables a las variedades vegetales, plantas y semillas. Mediante la nueva ley se deroga además el uso propio gratuito de semillas que es el reconocimiento milenario al aporte del desarrollo tecnológico (germoplasma) que han realizado.

Cristina Fernández resulta a todas luces funcional al sistema económico al que atribuye responsabilidad en la creación de la pobreza que todavía se extiende en bastas regiones de la Argentina y que no parece se revertiran con el acuerdo llevado adelante con MONSANTO.
 

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-124649-2009-05-10.html

http://www.greenpeace.org/argentina/es/noticias/lavagna-el-empleado-del-mes-d/

http://www.verdeca.com/es/noticias/prensa/bioceres-y-arcadia-biosciences-constituyen-verdeca-un-joint-venture-de-tecnolog%C3%ADa

http://www.bioceres.com.ar/es/content/acuerdo-entre-bioceres-y-arcadia-biosciences-para-comercializar-semillas-de-soja-de-alto

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=156218

http://observadorpatentesur.blogspot.com.ar/2013/04/monsanto-y-el-acuerdo-con-cristina.html

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=167382

 

----

2. Las semillas son patrimonio de los pueblos: No a la Ley Monsanto
6 de agosto de 2016

Iniciando el mes de agosto, en que se conmemora la Pachamama, desde el Enredando las Mañanas entrevistamos a Carlos Vicente, de la multisectorial contra la Ley Monsanto de Semillas, que estaba desarrollando en este marco una radio abierta frente al Ministerio de Agroindustria en contra de la proyectada nueva ley de semillas. 

Por RNMA

Enredando Las Mañanas: ¿Cuáles son los aspectos más relevantes y preocupantes de esta ley?

Carlos Vicente: La ley de semillas, que hace un mes anunció el ministro Buryaile se iba a enviar al Congreso, es una ley que -como decían claramente-, se opone a todo lo que ha sido la historia de la agricultura. Diez mil años de intercambiar semillas, de circular libremente, y ahora, en estos últimos cincuenta años, se quiere limitar con las leyes de semillas, que básicamente lo que permiten es crear monopolios sobre las semillas; que alguien que se adjudica ser el obtentor de una semilla, pueda tener el monopolio, pueda controlarla, pueda decir “¡Bueno, quien quiera usarla me tiene que pagar regalías!” Y como nos oponemos a eso hemos constituido esta multisectorial, formada por movimientos campesinos, organizaciones políticas, sociales y ecologistas para decirle no a la ley de semillas y por eso nos convocamos hoy a las 14hs al Ministerio de Agroindustria para expresar este rechazo.

ELM: ¿Cómo es realmente el manejo del mercado de semillas?

CV: Lo que estamos viviendo en el mundo es una concentración del mercado de semillas en pocas manos, de tener semillas que se produjeron libremente y circularon libremente por miles de años, hoy tenemos un conjunto de seis corporaciones, entre ellas está Monsanto, pero también están Dow, Dupont, Syngenta, Bayer… que empezaron a comprar compañías semilleras, durante 20 años se han dedicado a comprar semilleras y semilleras, y hoy manejan 6 empresas el 60% del mercado de semillas del mundo.

 

Entonces estas corporaciones, además de controlar a través del capital, o sea comprando empresas, lo que buscan es controlar las semillas controlando su comercialización a través de las leyes de semillas. Inventaron una figura, que es el derecho de obtentor, que por supuesto los gobiernos aceptaron, y a través de las leyes de semillas se fijan monopolios por lo cual, como dije, cuando una empresa registra una semilla, si yo quiero volver a sembrar, con la nueva ley tengo que declarársela a Monsanto o a la empresa que tiene el derecho de obtentor y pagarle regalías, por 20 años.

 

Entonces esto es una aberración, es una violación de los derechos elementales más básicos de los campesinos y es una violación al derecho a la alimentación de los pueblos, y por eso nos oponemos.

 

ELM: ¿Qué impacto tiene esto en los pequeños productores y en la salud?

CV: En cuanto a las leyes de semillas y los pequeños productores, es un ataque más de los que vienen sufriendo cuando se los atropella quitándoles las tierras, cuando se desmonta y se les quitan los espacios que han sido históricamente sus lugares de sustento y, criminalizar a la semilla, hacer que la semilla criolla, nativa, nuestra semilla, esa semilla con la que cada año honramos a la Pachamama sembrando, sean ilegales y que puedan ser apropiadas por las corporaciones es un atentado; que además está claramente demostrado el impacto que han tenido hasta ahora, porque en el siglo XX se perdieron el 75% de las semillas que la humanidad generó durante diez mil años. O sea, tres cuartas partes se perdieron, y se perdieron a causa de la agricultura industrial.

Y bueno, una de las partes de la agricultura industrial son las leyes de semillas, o sea que el impacto está clarísimo, y de lo que se trata es de un proyecto de exterminio de los campesinos y campesinas y de los pueblos originarios que por suerte, como han sabido resistir, no están dispuestos a aceptar, y renacen cada año, y esta Pachamama es un momento de ese renacimiento, y vamos a dar la lucha juntos consumidores, movimientos sociales, campesinos, campesinas e indígenas.

ELM: ¿Cuál es desde tu punto de vista la violencia que hay implícita en la aplicación de estas leyes y estos intereses?

CV: Bueno, Monsanto, a pesar de que en Argentina por ley es permitido guardar semillas para volver a sembrar, el último año ha ido a los silos y los puertos para controlar las semillas y detectar su soja “intacta”, la última soja que introdujo en el 2012 y tratar de cobrar las regalías. Esto va contra la ley, pero sin embargo Monsanto amenazó al gobierno y amenazó a los sojeros. A nosotros en realidad esta disputa no nos parece trascendente porque es parte de todo un paquete destructivo que implica el uso masivo de glifosato en los 20 millones de hectáreas de soja que hay en Argentina, y esto implica un impacto sanitario en los pueblos dramático, con incrementos de cáncer, incremento de nacimientos con malformaciones, etc. Pero, lo que sí es importante es que esta disputa entre sectores poderosos, como son la Sociedad Rural Argentina, como son las grandes semilleras, como es Monsanto, ha terminado en un acuerdo con el gobierno en el cual lo que se anunció es que ese control que estaba haciendo ahora lo asume el gobierno a traves del INASE, el Instituto Nacional de Semillas, y en segundo lugar esto, que lo que se espera es que en el mes de agosto el gobierno envíe el nuevo proyecto de ley al congreso.

ELM: ¿Cómo fue el avance de este proyecto de ley en el gobierno anterior y como está avanzando en este gobierno?

CV: La continuidad es clarísima, porque desde el 2012 llega el gobierno kirchnerista a un acuerdo con Monsanto, el ministro (de agricultura) de entonces, Yauhar, anunció la modificación de la ley de semillas y todo el proceso desde el 2012 hasta ahora ha sido un proceso de resistencia, lo que ocurre es que desde diciembre, cuando asume Cambiemos el gobierno hay una clara orientación de apoyo al agronegocio que quedó ratificado el día sábado en la apertura de la Exposición Rural Argentina, que hace que ya no haya ninguna grieta y desde agroindustria, sin duda, va a salir muy pronto el proyecto hacia el Congreso.

ELM: ¿Cuáles son las medidas que tienen planificadas para realizar la resistencia ante este proyecto?

CV: Nosotros lo estamos pensando en cuatro etapas. Claramente la primera fue, dado que el proyecto nunca se hizo público, hace veinte días presentar una carta a Agroindustria a través de la Multisectorial pidiendo que el proyecto se hiciera público y se conociera en la sociedad antes de enviarse al Congreso. Esto no tuvo ninguna respuesta, por eso hoy iniciamos esta jornada, que incluye justamente este trabajo valioso de ustedes de llegar a cada rincón de la Argentina con la información, y que todo el pueblo argentino tome conciencia de la importancia de las semillas.

La jornada de hoy es una convocatoria para concentrarnos frente al Ministerio de Agroindustria para informar allí, para hacer una radio abierta para expresar nuestro rechazo a la modificación de la ley y pedir que antes haya un debate nacional.

Luego esto va a continuar con las acciones que haya que hacer frente al Congreso, pero sobre todo tratando que desde todos los movimientos sociales haya una movilización para expresar que no queremos una nueva ley de semillas porque este es un derecho básico de los pueblos y las semillas son un patrimonio de los pueblos al servicio de la humanidad que tenemos que defender.

 

Fuente: http://www.anred.org/spip.php?article12559

 

----

3. Monsanto-Bayer y el control digital de la agricultura
19 de septiembre de 2016

Por Silvia Ribeiro (La Jornada)

El miércoles 14 de septiembre Monsanto aceptó finalmente la tercera oferta de Bayer para comprarla, lo que convertirá a Bayer en la mayor empresa global de agrotóxicos y semillas, además de ser una de las mayores farmacéuticas. Pero siendo de gran magnitud y con impactos de amplio alcance, es apenas una de varias fusiones recientes entre trasnacionales de agronegocios. Hay también movimientos entre las empresas de fertilizantes, de maquinarias y las que poseen bancos de datos que influyen en el proceso agrícola, en una batalla por quién controlará no sólo los mercados, sino también las nuevas tecnologías y el control digital y satelital de la agricultura.

Varios factores influyen en la aceleración de los procesos de fusión que comenzó en 2014. Uno de ellos es que los cultivos transgénicos se están topando con muchos problemas, lo cual acicatea a las gigantes de transgénicos a buscar posiciones más firmes frente a lo que parece ser una fuente de vulnerabilidad creciente. Es significativo que un diario conservador como The Wall Street Journal reconozca que el mercado ha sido afectado por “las dudas” de los agricultores de Estados Unidos sobre los cultivos transgénicos, ya que después de 20 años en el mercado muestran numerosas desventajas: “supermalezas” resistentes a los agrotóxicos, rendimientos que no equiparan el alto costo de las semillas transgénicas, ni el costo de aplicar más cantidad y más fuertes agrotóxicos para matar malezas y plagas resistentes, ni el aumento de trabajo para controlar las hierbas. El desplome de los precios de las commodities agrícolas aceleró el malestar, llevando a que agricultores que sembraban transgénicos vuelvan a buscar semillas no transgénicas, más baratas y con igual o mejor rendimiento. (The Wall Street Journal, 14/9/16,http://tinyurl.com/gtemcmo)

 

Si se permite la fusión con Monsanto, Bayer pasará a controlar cerca de un tercio del comercio global de agrotóxicos y de semillas comerciales. La operación sigue a las de Syngenta-ChemChina y DuPont-Dow, en un vertiginoso proceso de fusiones y adquisiciones en la industria semillera-agroquímica. Monsanto, Syngenta, DuPont, Dow, Bayer, Basf juntas controlan 100 por ciento del mercado de semillas transgénicas, que ahora quedaría en manos de solamente tres empresas. Estas fusiones están bajo escrutinio de varias agencias anti-monopolios, por constituir bloques que tendrán enorme poder en mercados claves y seguramente producirán aumento de precios de los insumos agrícolas. Además forzarán más leyes y regulaciones a su favor, contra la soberanía alimentaria y las semillas campesinas. Sólo el hecho de que tres empresas controlen todas las semillas transgénicas debería ser un argumento suficiente para cualquier país para rechazar estos cultivos, por la inaceptable dependencia que significan.

 

Pero el contexto de las operaciones en la cadena agroalimentaria es más complejo, e incluye también a los próximos eslabones de la cadena, tal como detalla el Grupo ETC en su análisis de la fusión Monsanto-Bayer (www.etcgroup.org,http://tinyurl.com/ze6zs2l). Si bien la consolidación del sector semillas y agrotóxicos lleva décadas y está tocando techo, estos dos sectores tienen ventas mucho menores que las empresas de fertilizantes y de maquinarias, grupos que desde hace algunos años comenzaron a incursionar en el mercado de los primeros, estableciendo alianzas estratégicas. Adicionalmente, esas industrias también están en proceso de consolidación. Poco antes del acuerdo Monsanto-Bayer, dos de las mayores empresas de fertilizantes, Agrium y Potash Corp, decidieron fusionarse, transformándose en la mayor empresa de fertilizantes a nivel global. Lo cual, según analistas de la industria, presionó a Bayer a aumentar la oferta por Monsanto.

 

Paralelamente el sector maquinaria rural –que no se trata sólo de tractores y cosechadoras, sino también drones, robots y sistemas GPS que les permiten colección de datos de campo por satélite– ha venido desarrollando alianzas con todas las gigantes de transgénicos, que incluyen acceso a bancos de datos agrícolas, de suelo, clima, enfermedades, etcétera. En 2015, John Deere, con la mayor empresa de maquinaria a nivel global, acordó con Monsanto comprarle la subsidiaria Precision Planting LLD de datos agrícolas, pero fue demandado ante el Departamento de Justicia, que suspendió la compra, porque John Deere pasaría a “dominar el mercado de los sistemas de cultivo de precisión y podría elevar los precios y ralentizar la innovación, a expensas de los agricultores estadunidenses que dependen de esos sistemas”, ya que Precision Planting LLD y Deere pasarían a controlar 85 por ciento del mercado de cultivos de precisión. (Departamento de Justicia de Estados Unidos, 31/8/16,http://tinyurl.com/j9x6am9).

Como ese acuerdo no se concretó, la subsidiaria sigue como propiedad de Monsanto y por tanto en el paquete de la nueva fusión, lo cual podría darle un nuevo lugar a Bayer en el tema de control digital y mover todas las piezas del juego. Cada vez más, el manejo de datos sobre suelo, clima, agua, genómica de cultivos, hierbas e insectos relacionados, será lo que decida quien controla todos los primeros pasos de la cadena agroalimentaria industrial. En este esquema los agricultores son una mera herramienta en la carrera de las empresas por producir ganancias –no alimentos–, lo que condiciona gravemente la soberanía de los países, y no sólo la alimentaria.

 

El miércoles 14 de septiembre Monsanto aceptó finalmente la tercera oferta de Bayer para comprarla, lo que convertirá a Bayer en la mayor empresa global de agrotóxicos y semillas, además de ser una de las mayores farmacéuticas. Pero siendo de gran magnitud y con impactos de amplio alcance, es apenas una de varias fusiones recientes entre trasnacionales de agronegocios. Hay también movimientos entre las empresas de fertilizantes, de maquinarias y las que poseen bancos de datos que influyen en el proceso agrícola, en una batalla por quién controlará no sólo los mercados, sino también las nuevas tecnologías y el control digital y satelital de la agricultura.

 

Varios factores influyen en la aceleración de los procesos de fusión que comenzó en 2014. Uno de ellos es que los cultivos transgénicos se están topando con muchos problemas, lo cual acicatea a las gigantes de transgénicos a buscar posiciones más firmes frente a lo que parece ser una fuente de vulnerabilidad creciente. Es significativo que un diario conservador como The Wall Street Journal reconozca que el mercado ha sido afectado por “las dudas” de los agricultores de Estados Unidos sobre los cultivos transgénicos, ya que después de 20 años en el mercado muestran numerosas desventajas: “supermalezas” resistentes a los agrotóxicos, rendimientos que no equiparan el alto costo de las semillas transgénicas, ni el costo de aplicar más cantidad y más fuertes agrotóxicos para matar malezas y plagas resistentes, ni el aumento de trabajo para controlar las hierbas. El desplome de los precios de las commodities agrícolas aceleró el malestar, llevando a que agricultores que sembraban transgénicos vuelvan a buscar semillas no transgénicas, más baratas y con igual o mejor rendimiento. (The Wall Street Journal, 14/9/16,http://tinyurl.com/gtemcmo)

 

Si se permite la fusión con Monsanto, Bayer pasará a controlar cerca de un tercio del comercio global de agrotóxicos y de semillas comerciales. La operación sigue a las de Syngenta-ChemChina y DuPont-Dow, en un vertiginoso proceso de fusiones y adquisiciones en la industria semillera-agroquímica. Monsanto, Syngenta, DuPont, Dow, Bayer, Basf juntas controlan 100 por ciento del mercado de semillas transgénicas, que ahora quedaría en manos de solamente tres empresas.

 

Estas fusiones están bajo escrutinio de varias agencias anti-monopolios, por constituir bloques que tendrán enorme poder en mercados claves y seguramente producirán aumento de precios de los insumos agrícolas. Además forzarán más leyes y regulaciones a su favor, contra la soberanía alimentaria y las semillas campesinas. Sólo el hecho de que tres empresas controlen todas las semillas transgénicas debería ser un argumento suficiente para cualquier país para rechazar estos cultivos, por la inaceptable dependencia que significan.

Pero el contexto de las operaciones en la cadena agroalimentaria es más complejo, e incluye también a los próximos eslabones de la cadena, tal como detalla el Grupo ETC en su análisis de la fusión Monsanto-Bayer (www.etcgroup.org,http://tinyurl.com/ze6zs2l). Si bien la consolidación del sector semillas y agrotóxicos lleva décadas y está tocando techo, estos dos sectores tienen ventas mucho menores que las empresas de fertilizantes y de maquinarias, grupos que desde hace algunos años comenzaron a incursionar en el mercado de los primeros, estableciendo alianzas estratégicas. Adicionalmente, esas industrias también están en proceso de consolidación. Poco antes del acuerdo Monsanto-Bayer, dos de las mayores empresas de fertilizantes, Agrium y Potash Corp, decidieron fusionarse, transformándose en la mayor empresa de fertilizantes a nivel global. Lo cual, según analistas de la industria, presionó a Bayer a aumentar la oferta por Monsanto.

 

Paralelamente el sector maquinaria rural –que no se trata sólo de tractores y cosechadoras, sino también drones, robots y sistemas GPS que les permiten colección de datos de campo por satélite– ha venido desarrollando alianzas con todas las gigantes de transgénicos, que incluyen acceso a bancos de datos agrícolas, de suelo, clima, enfermedades, etcétera. En 2015, John Deere, con la mayor empresa de maquinaria a nivel global, acordó con Monsanto comprarle la subsidiaria Precision Planting LLD de datos agrícolas, pero fue demandado ante el Departamento de Justicia, que suspendió la compra, porque John Deere pasaría a “dominar el mercado de los sistemas de cultivo de precisión y podría elevar los precios y ralentizar la innovación, a expensas de los agricultores estadunidenses que dependen de esos sistemas”, ya que Precision Planting LLD y Deere pasarían a controlar 85 por ciento del mercado de cultivos de precisión. (Departamento de Justicia de Estados Unidos, 31/8/16,http://tinyurl.com/j9x6am9).

 

Como ese acuerdo no se concretó, la subsidiaria sigue como propiedad de Monsanto y por tanto en el paquete de la nueva fusión, lo cual podría darle un nuevo lugar a Bayer en el tema de control digital y mover todas las piezas del juego. Cada vez más, el manejo de datos sobre suelo, clima, agua, genómica de cultivos, hierbas e insectos relacionados, será lo que decida quien controla todos los primeros pasos de la cadena agroalimentaria industrial. En este esquema los agricultores son una mera herramienta en la carrera de las empresas por producir ganancias –no alimentos–, lo que condiciona gravemente la soberanía de los países, y no sólo la alimentaria.

Silvia Ribeiro, investigadora mexicana del grupo ETC.

http://www.jornada.unam.mx/2016/09/17/opinion/021a1eco

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=216862

En consecuencia, desde los setenta, el capitalismo sigue avanzando raudo en su acaparamiento y ocupación imperialista del país-continente a fuer tanto de dictadura genocida como de democracia restringida. Nos equivocamos si caracterizamos a Mauricio Macri como restaurador del neoliberalismo y no como traductor contemporáneo de nuestro subdesarrollo profundizado por los gobiernos K mediante la expansión planificada (BID...) del extractivismo.

 

Sin estar de acuerdo conque los gobiernos K gestionaron el postneoliberalismo -sino el de Macri no estaría hoy ni el Council of the Americas ni el FMI tendrían mayor gravitación en nuestra cotidianeidad- analicemos el artículo siguiente fragmentándolo en dos sólo su parte inicial para ilustrar mi posicionamiento recurriendo a citar autores con amplio consenso e intentar romper con los monólogos que creo causa importante de que la intelectualidad de izquierda anticapitalista no trascienda:

 

Entrevista a François Houtart

¿Posneoliberales o progresistas?

Gobiernos y movimientos sociales frente a la crisis

15 de agosto de 2016

Por Salvador Bello (Rebelión)

A partir de hitos políticos recientes como la pérdida de las elecciones legislativas en Venezuela, el ascenso de Macri al Gobierno en Argentina, la derrota de Evo en el referendo en Bolivia, el juicio político a Dilma y el golpe institucional en Brasil, etc., algunos intelectuales han planteado el "fin del ciclo progresista", usted se ha referido más bien al fin o agotamiento del proyecto posneoliberal ¿Podría explicarnos los elementos centrales de esta distinción?

Lo que pienso es que los países que son progresistas en América Latina -que ha sido el único continente donde esto ha pasado, con algunas excepciones, como Indonesia, pero apenas-, son precisamente posneoliberales, pero no poscapitalistas; en el sentido que han reorganizado el Estado, las funciones sociales del Estado, funciones que habían sido destruidas por el neoliberalismo, especialmente de cierta redistribución de la riqueza y de mejor acceso a servicios públicos como educación, salud, etc. y realizando también bastantes inversiones públicas, esa fue la característica de los regímenes más progresistas en América Latina, que podemos llamar en este sentido posneoliberales.

Hay gente, especialmente algunos economistas, que dice "no, no hay nada de posneoliberal, siguen en la misma orientación neoliberal" pero pienso que dicen eso porque reflexionan más como economistas. Pienso que como sociólogo estoy atento a otros factores más que solamente al factor económico, como el factor político, que es la reconstrucción del Estado, de verdad un Estado muy clásico, generalmente de hecho muy centralizado, con absorción de las funciones judiciales y parlamentarias por el Ejecutivo, con un líder carismático, y que tiene siempre cierto peligro de caudillismo, pero reconstruyendo funciones del Estado.(,,,)

 

Si bien en Ecuador, Bolivia y Venezuela hubo procesos constituyentes pero no en los demás, todos coinciden en promover la expansión del extractivismo cuyas bases fueron establecidas por el neoliberalismo. Es decir, profundizaron la subsunción de nuestros países en anteponer la alta rentabilidad de los capitales locales e imperialistas por sobre las necesidades y derechos de los pueblos. No produjeron cambios estructurales porque, a excepción de Venezuela en que hubo proyecto de poder comunal y no participó de la Minustah, bloquearon los potenciales sociopolíticos e ideológicos de los de abajo que le dieron origen.  

 

Cuestiono ( siendo bióloga y no economista ni economicista) la concepción de Estado abstraído del capitalismo y la de las funciones sociales como lucha contra la pobreza. Es una teoría sin actualización mediante elaboración de experiencias abajo e históricas. Coincide Atilio Boron (doctorado en Ciencia Política por la Universidad de Harvard) que justificando su voluntad de vuelta de la Argentina al pasado K afirma junto a Paula Klachko cuando critican a Modonesi y Svampa: "(...)No menos enigmática resulta la propuesta de un horizonte emancipatorio difuso construido a partir del radical rechazo del Estado o sus aparatos. Esto revela una virginal inocencia que en el tenebroso mundo del imperialismo suele pagarse a precios exorbitantes. Porque, ¿cómo lograr la “emancipación difusa” que requiere librar una intensa y por momentos violenta lucha de clases en contra de las oligarquías dominantes y el imperialismo sin contar con el crucial protagonismo del Estado? ¿Cómo se preserva la Madre Tierra sin una legislación que controle y castigue la depredación capitalista? ¿Basta para ello con las exhortaciones de los movimientos sociales? Fue justamente ese divorcio entre movimientos sociales y Estado, o más precisamente, la complicidad del viejo estado oligárquico ecuatoriano con la Texaco y luego con la Chevron, antes del ascenso de Rafael Correa, lo que explica el desastre producido en la Amazonía ecuatoriana. ¿Cómo se combate la precarización laboral y la concentración de la riqueza? ¿Basta con organizar asambleas horizontales para que los capitalistas se inclinen ante el reclamo popular? Esta clase de razonamientos recuerda un pasaje de la Biblia en donde se cuenta que siete sacerdotes judíos hicieron sonar con fuerza sus trompetas logrando el milagro de derribar las imponentes murallas de Jericó. Leyendo a nuestros autores y a otros tributarios de una perspectiva política semejante parecería que bastara con que los sujetos sociales invoquen un difuso horizonte emancipatorio para que las murallas del capitalismo y el imperialismo se derrumben ante la potencia revolucionaria de su discurso. ¿Dónde y cuándo las clases subalternas pudieron derrotar al bloque dominante sin contar con el poder del Estado? Pero Modonesi y Svampa hacen oídos sordos a estas reflexiones y concluyen que “rápidamente, se asistió al declive de las demandas y prácticas de autonomía y a la transformación de la perspectiva plebeya en populista, la afirmación del transformismo y el cesarismo -decisionista y carismático- como dispositivos desarticuladores de los movimientos desde abajo”.

Sobre esto cabe también formular varios comentarios. Primero, ¿qué fue lo que ocurrió para que esos movimientos sociales velozmente arrojaran por la borda sus demandas y sus prácticas autonómicas? ¿Será acaso por la traición de sus jefes? -acusación favorita de los trotskistas desde tiempos inmemoriales, dirigida rutinariamente a todas las organizaciones que ellos no controlan. ¿O no habrá sido que aquellas demandas tropezaron con un límite práctico que requerían, para el logro de sus objetivos, establecer algún tipo de relación con los aparatos estatales, sobre todo ante la existencia de gobiernos dispuestos a satisfacer sus demandas? Segundo, el tránsito de la irrupción plebeya al populismo merecería ser explicado muy cuidadosamente, aunque nomás fuera por la reconocida vaguedad que comporta el término populismo y que, en manos de su más importante cultor, Ernesto Laclau, servía para caracterizar la política de Hugo Chávez tanto como la de Álvaro Uribe. Y qué decir del “cesarismo decisionista y carismático”: ¿fue un ardid perverso para desarticular la vitalidad y el dinamismo de los movimientos sociales? ¿No sería más lógico pensar que si surgieron esa clase de regímenes políticos fue como producto de una constelación de factores que, sin negarlos, excede con creces a los influjos de los movimientos sociales? ¿No había otros actores en las escenas políticas de los países que se incorporaron al ciclo progresista? ¿No había allí oligarquías históricas, voraces burguesías, militares adoctrinados por Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial, incontrolables poderes mediáticos y el papel omnipresente de “la embajada” -como lo demuestran hasta la saciedad los Wikileaks- todos conspirando para reprimir los anhelos emancipatorios de las masas y que, para neutralizar una contraofensiva de enemigos tan poderosos y tan bien organizados se requería una cierta concentración del poder político? En suma, ¿no había lucha de clases en los países gobernados por el progresismo?

¿Sobre qué bases se puede entonces pensar que la emergencia de fuertes liderazgos como los de Chávez, Lula, Kirchner, Evo y Correa fueron productos de “personalidades autoritarias” (un añejo tema de la sociología funcionalista de los años cincuenta) o una suerte de perversa “astucia de la razón” destinada a desmovilizar y desarticular los vigorosos movimientos sociales de finales del siglo pasado y comienzos del presente? En todo caso, ¿no sería prudente preguntarse acerca de los factores que explican la “verticalización” de los movimientos sociales, su dependencia del Estado, cuyos alcances, por otra parte, mal podrían generalizarse porque no tuvieron la misma fuerza en Bolivia y Ecuador que en Argentina, país que tal vez represente la versión extrema de este proceso de “control desde arriba” del sujeto popular? Y preguntarse, también, si efectivamente se produjo esa “monopolización de lo plebeyo” por parte de los gobiernos progresistas, cosa que en principio nos parece sumamente discutible y carente de sustento empírico.

Modonesi y Svampa plantean que no pocos autonomistas radicales devinieron furiosos populistas y asumieron la defensa y promoción irrestricta del líder. ¿No sería bueno también intentar explicar con los instrumentos del materialismo histórico la meteórica aparición de un liderazgo popular capaz de enturbiar la visión de los autonomistas y de subyugar la voluntad plebeya? O es que nuestros autores reposan sobre las teorías funcionalistas de la modernización según la cual un intenso proceso de cambios deja a las masas “en disponibilidad” e indefensas para ser manipuladas a su antojo por un líder carismático. Lejos de esta lectura equivocada es preciso recuperar el camino de la construcción colectiva de la historia, y analizar los hechos y procesos sociopolíticos como resultados del choque de múltiples sujetos que forman aquel “paralelogramo de fuerzas” referido por Engels y del cual surge la dirección del proceso histórico. Cabe preguntarse si capitulación del autonomismo no tiene mucho que ver con el hecho de que las fuerzas políticas progresistas o de izquierda en el gobierno pudieron expresar y dar satisfacción, aunque sea parcial, a las demandas de los diversos sujetos populares. Estrategias y proyectos que pueden corresponderse o no con las planteadas por algunas organizaciones, pero que evidentemente fueron leídas y articuladas –al menos en parte- por las fuerzas políticas y algunos líderes carismáticos. La experiencia concreta señala que las demandas que primaron y organizaron las estrategias objetivas de las luchas populares giraron en torno a la mejora en la calidad de vida y del trabajo, una mayor participación democrática, y mayores grados de soberanía política y económica frente a la entrega de nuestros países al imperialismo. Y estas demandas fueron, en mayor o menor medida según los casos, satisfechas por los gobiernos progresistas. Fue por eso que la reivindicación autonomista pasó, sin ser abandonada por completa, a un segundo plano.(...)". Leer

En los hechos, Boron y Klachko se posicionan en contra de "recuperar el camino de la construcción colectiva de la historia". Pues dan la espalda a quienes se autoorganizan para luchar contra la destrucción de las condiciones tanto de vida como de trabajo que lleva a cabo la alianza de la gran burguesía local e imperialista con el Estado en sus distintas jurisdicciones. De ahí el desafío de multiplicar espacios en común para la revisión crítica de nuestros hábitos políticos, culturales e ideológicos hacia:

 

Ponencia para el Seminario Internacional "La crisis del capitalismo y las perspectivas de la clase trabajadora", ENFF, 18 a 21 de septiembre, Sao Paulo

La izquierda eurocéntrica frente a los valores comunales

16 de septiembre de 2016

 

Por Iñaki Gil de San Vicente (Rebelión):"(...)Conquistar y defender la independencia de los movimientos sociales respecto al Estado, extender la conciencia de que se trata de institución hostil a los intereses populares, incluso cuando existe un régimen parlamentario, es una tarea de máximo valor, que justificaría por sí sola la necesidad de una organización revolucionaria. Es una tarea difícil porque en ella existe una división muy aguda entre reformistas y revolucionarios. Y es, en fin, una tarea muy compleja porque no puede resolverse con la propaganda, la crítica teórica, etc., sino sólo en la experiencia práctica. Y esta experiencia no se realiza entre dos campos separados, trinchera contra trinchera, sino en sociedades en las que el Poder penetra en todos sus poros y, por ello, la orientación de los movimientos sociales respecto a él es un problema permanente y decisivo29. (...)".

----

 

Contribución de la perspectiva de sistemas-mundo de Immanuel Wallerstein a su esclarecimiento y dilucidación

Mitos del sistema-mundo capitalista/“moderno”

24 de septiembre de 2016

Por Rodolfo Crespo (Rebelión)

 

“absorbido por los objetos aislados, no alcanza a ver su concatenación, preocupado por su existencia, no para mientes en su génesis ni caducidad, concentrado en su quietud, no advierte su movimiento, obsesionado por los árboles, no alcanza a ver el bosque” (Anti-Dühring)

 

Federico Engels

“el hecho es que la economía-mundo capitalista sobrevive sobre la base de no cumplir con su retórica” 1

 

Immanuel Wallerstein

El sistema-mundo moderno, que es una economía-mundo capitalista desde su surgimiento en el siglo XVI en el seno de la economía-mundo europea hasta nuestros días, ha tenido un más que notable éxito: ha llegado a expandirse hasta ocupar todo el globo terráqueo, superado las varias tentativas de ser transformado en un imperio-mundo y concitado el apoyo y simpatía activa de sus cuadros y al menos de forma pasiva por la mayoría de los ciudadanos del mundo.

Pero, ¿qué es lo que ha facilitado el éxito del capitalismo, el hecho que la acumulación incesante de capital se haya mantenido de manera imperturbable y siempre creciente durante 500 años y, sobre todo, qué es lo que ha permitido que las víctimas de todo este proceso, la abrumadora mayoría de la humanidad, independientemente de sus intenciones subjetivas (destruir el capitalismo) objetivamente, en la práctica, haya transformado el enfrentamiento contra él en una lucha por el acceso a la riqueza capitalista que raramente ha cuestionado el carácter de esa supuesta riqueza?

Es una pregunta que aborda un tema con muchas aristas, pero una serie de mitos que el sistema-mundo capitalista ha urdido en torno suyo ayudan a explicarlo, por eso se les ha propagado tan ruidosamente porque son necesarios para el funcionamiento del sistema-mundo moderno.

Para quien no tenga la paciencia o no disponga del tiempo para leer este ensayo permítasenos una sola cita donde el profesor Wallerstein lo resume:

“El problemas básico reside en la imagen que nos hacemos de cómo funciona el capitalismo. Dado que el capitalismo precisa que los factores de la producción –trabajo, capital y mercancías- fluyan libremente, suponemos que los capitalistas desean una libertad de circulación total, cuando en realidad lo que desean es una libertad de circulación parcial. Como el capitalismo funciona a través de los mecanismos del mercado, basados en la ‘ley’ de la oferta y la demanda, suponemos que requiere, y que los capitalistas desean, un mercado perfectamente competitivo, cuando lo que requiere y los capitalistas desean realmente son mercados que puedan utilizarse y eludirse al mismo tiempo, una economía que combine de forma adecuada la competencia y el monopolio. Como el capitalismo es un sistema que recompensa el comportamiento individualista, suponemos que requiere, o que los capitalistas desean, que todos actúen basándose en motivaciones individualistas, mientras que en realidad requiere y los capitalistas desean que tanto burgueses como proletarios incorporen una fuerte dosis de orientación social antiindividualista a sus mentalidades. Como el capitalismo es un sistema construido sobre la base jurídica del derecho a la propiedad, suponemos que requiere y que los capitalistas desean que la propiedad sea sacrosanta y que el derecho a la propiedad privada se amplíe cada vez a más aspectos de la interacción social, mientras que en realidad toda la historia del capitalismo ha supuesto un constante declive, no una ampliación, del derecho a la propiedad.

Como el capitalismo es un sistema en que los capitalistas siempre han defendido el derecho a adoptar decisiones económicas por razones puramente económicas, suponemos que esto significa que son alérgicos a la injerencia política en sus decisiones, cuando en realidad siempre han pretendido, con toda coherencia, utilizar la maquinaria del Estado y han acogido con agrado la idea de la primacía de lo político” 2 . 

El presente ensayo abordará algunos de los más ampliamente creídos, al menos de manera superficial.(...) Leer

 

Prosigamos con la entrevista a François Houtart aclarando el imperativo de dilucidar abajo y a la izquierda cómo los gobiernos denominados progresistas no son posneoliberales. Prefirieron negociar arriba en vez de hermanarse con los pueblos tanto de sus países como de los otros para erradicar la acumulación oligopólica y la subordinación al Consejo de las Américas, a las transnacionales, etc.

¿Por qué hoy es posible afirmar el fin de este proyecto posneoliberal?

No digo el fin, pero por lo menos el agotamiento. Especialmente por la crisis no tienen los medios para continuar la política, pero también el agotamiento se debe a efectos internos. Los países latinoamericanos han tenido durante 10 ó 15 años una coyuntura internacional bastante favorable de los precios de las commodities, y así los gobiernos han podido realizar estas políticas sociales de lucha contra la pobreza, etc. Ahora la crisis muy rápidamente ha cortado estos medios y así están frente a situaciones casi imposibles. Por otra parte, como no hubo transformación del modo de acumulación, prácticamente hubo una renovación del capitalismo que es más moderno, pero no de la lógica capitalista en la organización de la economía.

Evidentemente la crisis del sistema capitalista afecta inmediatamente los regímenes progresistas y por estas dos razones hay un agotamiento, y una persona como Dilma lo ha dicho muy claramente en las Naciones Unidas en septiembre pasado, ha declarado "nuestro modelo ya se agotó" y regresando a Brasilia declaró "debemos tomar medidas mas abiertas a los mercados", es decir, regresar a una política económica neoliberal, y en los otros países si no lo dicen de manera muy explícita, en la práctica no ven cómo resolver el problema de la crisis sin retornar al mercado de manera más fuerte.


Dentro de este análisis, por ejemplo, pondré el caso de Colombia que hoy está desarrollando los procesos de paz, esto va a implicar una gran modificación en la participación de la sociedad civil, y por otra parte está Chile que está viviendo algunas grietas del proyecto neoliberal, eventualmente cualquiera de estos dos países podría dar algún giro a la izquierda, ¿como afectaría esto al diagnóstico que usted hace, además en el contexto de la crisis mundial?

Claro que son dos países que de manera más clara no han quitado la lógica neoliberal, y si hay posibilidad eventualmente para fuerzas de izquierda de retomar un cierto poder político habría seguramente posibilidades de transformación mas profunda, pero hay dos factores; primero, está la crisis general que afecta a todo el continente, que afecta a Colombia y también a Chile, precisamente por la caída de los precios de las commodities; el continente en general ha conocido un nuevo proceso de primarización de su economía, y una relativa, pero importante desindustrialización en los últimos años, así la primera cosa es saber cómo afrontar el problema de la crisis general, y si una izquierda puede tener más poder en los dos países, cómo va a afrontar este fenómeno; y el segundo, es ver cuál es el modelo -no me gusta mucho hablar de modelo- pero ¿cuáles son las perspectivas de las izquierdas?, ¿tienen una visión clara de lo que que son los pasos hacia el poscapitalismo o no? Y en los dos casos tengo algunas preguntas evidentemente y dudas sobre el impacto que puede tener la crisis en las posibilidades de las izquierdas de llegar realmente al poder, y segundo no veo todavía de manera clara, no solamente en estos dos países, sino también en general, en el continente, una clara visión de cuál es la meta: Estuve por ejemplo hace dos meses en el Foro de São Paulo, en San Salvador, y había 100 partidos políticos de izquierda, fue un vacío total de perspectivas, una repetición del viejo discurso, casi imposibilidad de autocrítica, especialmente de los países progresistas, y solamente la repetición de solidaridad con Dilma, con Lula, etc., sin -tal vez no es el lugar- una reflexión mas fundamental para cómo redefinir los objetivos y cómo redefinir los pasos concretos hacia un cambio de paradigma, y eso me parece un problema que existe también en Colombia y Chile, pero no particular de estos dos países, sino que es un poco general, en todo el continente.

Precisamente frente a eso, muchos de estos proyectos contaron con vasto apoyo popular y con respaldo de fuertes movimientos sociales ¿que balance puede hacer de la relación de los movimientos sociales con los gobiernos con base en la experiencia de los últimos 20 años?

Como tú lo dices, al principio hubo un apoyo de los movimientos y en varios casos, como en Brasil por ejemplo, o también en Bolivia, el poder político fue el resultado de la acción de los movimientos sociales, y evidentemente esperaban que partes de sus reivindicaciones podrían ser cumplidas en el nivel político, con una política nueva. Hubo después de algunos años, y en algunos países muy rápidamente, una decepción fuerte, al mismo tiempo que un proceso de debilidad de los movimientos sociales. Claro, eso es un problema mundial, hay un problema de menos fuerza de los movimientos sociales que tendríamos que analizar por qué, pero pienso que toda la evolución del sistema económico tiene su impacto en este sentido, pero también en los países más progresistas sucedió que muchos líderes de los movimientos sociales pasaron al campo político -que no es ilegitimo, evidentemente-, pero que ha tenido como resultado un proceso de debilitamiento de los movimientos sociales, y el hecho que los gobiernos progresistas fueron de hecho posneoliberales, pero no poscapitalistas, es también el origen de una parte importante de la decepción de los movimientos sociales, y así hubo más y más distancia.

La distancia según los países, se tradujo en una posición crítica, o también en acciones directas en contra. En Brasil por ejemplo, donde la tradición política -con excepción del momento de la dictadura- es de cierto diálogo, no hubo una ruptura concreta entre los movimientos principales como la Central Única de los Trabajadores (CUT), el Movimiento de los Sin Tierra (MST) u otros movimientos con el Partido de los Trabajadores (PT), pero hubo mas y mas críticas especialmente al Gobierno, y en particular con Dilma, no podían aceptar evidentemente el hecho que -lo que se llama en los países progresistas ‘la restauración conservadora’- sea de hecho un hecho de los gobiernos mismos, porque la restauración conservadora comenzó en los gobiernos progresistas, en todos, y se pueden dar ejemplos. Así, hubo mas distancia, en un país como Brasil solamente de tipo critico, pero en países como Ecuador, de ruptura, y aquí en Ecuador hubo una ruptura de la mayor parte de los movimientos sociales, debilitados; el movimiento indígena, el obrero, el femenino, el de maestros, el ecologista, etc cada uno por sus razones. Además, hubo una política del Gobierno de crear movimientos nuevos -afines al Gobierno- y eso ha tenido como efecto dividir las bases populares de manera fuerte, y no me parece que ha tenido mucho éxito porque -no existen estudios científicos sobre el asunto, pero por lo menos presunciones- las bases sociales de estos nuevos movimientos son bastante débiles. Y así, también en Bolivia estamos frente a una situación de cierta ruptura entre movimientos de base, que al principio habían apoyado a los gobiernos, y que ahora se definen netamente de oposición, no de oposición de derecha, con excepción de algunos miembros de algunos de estos movimientos, que tal vez tienen una cierta ingenuidad política y que no dudan en aliarse con la derecha, pero un poco por exasperación frente a la imposibilidad de realizar sus metas con los gobiernos actuales, y así eso me parece negativo.

Recuerdo que hace 5 años, he tenido una entrevista con Rafael Correa y Samir Amin, y Samir Amin le ha dicho a Rafael "la historia de América Latina es extremadamente interesante porque el papel de los movimientos sociales para el cambio político ha sido fundamental, y lo importante es resguardar una cierta unión, no una fusión, una cierta colaboración entre los movimientos políticos nuevos y los movimientos sociales, porque si eso no continua va a ser muy grave" y yo pienso que el tenía razón, totalmente razón. Así, para mi el futuro es una reflexión nueva con la experiencia de los movimientos sociales, también políticos, para redefinir los objetivos y las transiciones para una real transformación del modo de acumulación, es decir, una real transformación del sistema económico, que evidentemente no se puede hacer de una día al otro, y definir las metas políticas que permiten este tipo de avances, no digo que no haya más izquierdas en los gobiernos progresistas, si la hay, pero cada vez son menos y menos influyentes, y es cada vez más y más la derecha quien tiene la influencia en los gobiernos.


Por una parte usted ha señalado la importancia de la autonomía de los movimientos sociales, y se han desarrollado experiencias locales importantes que han logrado fortalecerse y fortalecer sus proyectos políticos como los zapatistas en México, los Gobiernos Comunales en Venezuela –que han tenido relativa relación con el Gobierno- pero por otra parte filósofos como Slavoj Žižek se han mostrado críticos con este tipo de experiencias por no ser universalizables,  en este sentido, ¿cuál sería el aspecto estratégico central para los movimientos sociales y para la izquierda?

Yo pienso que estos dos ejemplos que has dado son importantes, porque de hecho han puesto el acento sobre la autonomía, y sobre la dimensión territorial de los hechos sociales y la integración realmente popular, de base. La critica de Žižek, es correcta también. Por ejemplo, he tenido discusiones con el subcomandante Marcos en Chiapas, a propósito justamente de la actitud de los Zapatistas frente al nivel nacional, porque eso debemos decirlo: no ha tenido mucho éxito, es extraordinario lo que han hecho localmente, de verdad, y han redefinido el poder, de verdad; la gran dificultad es pasar a escalas más grandes, evidentemente el problema de escala es un problema, no solamente de números, sino a una escala también cualitativa, y no se puede aplicar solamente las medidas que se toman a un nivel local, también a un nivel regional o nacional. Y ese fue el problema, de la contradicción, no digo que solamente es la falta de visión de los zapatistas, sino también el hecho que en el campo nacional mexicano no había ningún partido que haya asumido el proyecto zapatista, todos estaban luchando contra ellos, también el Partido por la Revolución Democrática (PRD). Así, cuando le pregunto a Marcos por qué habían propuesto la abstención en las elecciones -lo que evidentemente venía de promover la derecha- de hecho, el me contestó "¿cómo puedo pedirle al pueblo que vote por sus verdugos?", porque los de la alternativa política, por ejemplo el gobernador de Chiapas que era del PRD, el partido de AMLO, había sido perseguidor de los zapatistas, así era muy difícil evidentemente, pero al mismo tiempo era una falta de visión de tipo nacional que impedía promover las ideas de base a este nivel y provocó la deserción de una parte de la inteligencia mexicana que apoyaba a los zapatistas.

Para Venezuela, la experiencia de base es una experiencia muy interesante, mucho más avanzadas que en otros países progresistas y que pienso es la única salvación para Venezuela, si es que hay salvación posible, pero como tú dices se queda demasiado local, sin proyección de tipo nacional, lo que es muy complicado, evidentemente, porque no existe modelo. Pero, es una parte de las dificultades: el como transmitir a un nivel que no sea solamente local, toda esta filosofía del poder, de un poder popular real, y participativo, etc., es una gran interrogación, no digo que no hay esfuerzos, y que no hubo cosas como presupuesto participativo, que no duró mucho en Brasil, pero que son vías que todavía debemos re-definir.(...) Leer

 

 

Pongamos en duda, considerando a la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC) y a los médicos de pueblos fumigados entre otras autoorganizaciones populares, las conclusiones de quienes sostienen que la confrontación con las transnacionales y el Estado es de carácter local. En esa posición están "filósofos como Slavoj Žižek Slavoj Žižek que se han mostrado críticos con este tipo de experiencias por no ser universalizables". Pero las luchas contra el extractivismo siguen profundizándose e internacionalizándose.

 

Tribunal de los Pueblos por la Soberanía Alimentaria:

delitos de ecocidio y lesa humanidad de Monsanto en Argentina.
26 de septiembre de 2016

 Ofrecimiento de pruebas que acreditan violación a derechos humanos: “ecocidio” y “delitos de lesa humanidad” por parte de Monsanto en la República Argentina.

Con pedido de difusión

Enviar adhesiones a: tribunaldelospueblos@gmail.com

Tribunal de los Pueblos por la Soberanía Alimentaria hacia la Haya 2016

Capítulo Argentina

El Tribunal de los Pueblos por la Soberanía Alimentaria hacia la Haya 2016, decide en conjunto redactar este documento de DENUNCIA sobre los efectos que padecen los ciudadanos y ciudadanas de nuestro país a causa del modelo productivo, agrobiotecnológico basado en el uso de semillas transgénicas y agrotóxicos en especial, el que implica a los alimentos.

Se trata de un proceso agroindustrial contaminante y extractivista, promocionado y llevado a cabo por la industria contaminante ejercida por las transnacionales del agronegocio como Monsanto, Bayer, Dow, BASF, Syngenta, Dreyfus, entre otras, productoras de agrotóxicos y OGM, organismos genéticamente modificados, junto a sus cómplices nacionales provenientes tanto del sector privado como del Estado Nacional son RESPONSABLES de impulsar un sistema de producción que genera dependencia, exclusión social, pérdida de la biodiversidad, apropiación de los bienes naturales, desalojo de campesinos/as y pueblos originarios. También responsable de catástrofes climáticas, desertificación, deforestación, contaminación del suelo, el aire y el agua, concentración económica y productiva transnacionalizada a lo largo de la cadena alimentaria provocando, a su vez, el aumento de enfermedades crónicas, oncológicas y demás patologías así como el crecimiento de la morbimortalidad por dichas causas. Leer 

Para acceder al documento completo (Word) haga clic en el enlace a continuación y descargue el archivo:

Tribunal de los Pueblos por la Soberanía Alimentaria. Delitos de ecocidio y lesa humanidad de Monsanto en Argentina

 

Argentina: Actividades del Tribunal de los Pueblos por la Soberanía Alimentaria

Este viernes 30 de septiembre desde las 17 hs. se llevará a cabo la presentación del Capitulo Argentino del Tribunal de los Pueblos por la Soberanía Alimentaria hacia La Haya 2016. La presentación se realizará en el Salón del Consejo de la Facultad de Medicina de la UBA. Habrá además proyección de cortos y feria de productos agroecológicos desde las 10 hs.

Actividades en otras partes de Argentina:

- En Río Cuarto, Córdoba: ver aquí.
- En La Plata: ver aquí.
- En Rosario: ver aquí.
- En Necochea-Quequén: ver aquí.

Más información: Tribunal de los Pueblos por la Soberanía Alimentaria

----

 

Tribunal Monsanto en La Haya, octubre de 2016

Marie-Monique Robin y el Tribunal

27 de septiembre de 2016

Por Carlos Riba García (Rebelión)

Tal como publicó Rebelión oportunamente (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=216292), el mes que viene tendrá lugar en la ciudad holandesa de La Haya la iniciativa ciudadana llamada Tribunal Monsanto. Paralelamente al tribunal se realizará una Asamblea Popular. 

Hoy la conocida directora de cine y escritora Marie-Monique Robín, autora de El mundo según Monsanto, nos cuenta en el vídeo (https://youtu.be/XcBXZJNdnrA) cómo se gestó esa iniciativa, en qué consistirá y cuál es su objetivo. 

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=217218

 

 

 Crisis civilizatoria

 

Necesitamos, abajo y a la izquierda, poner en cuestionamiento: la lógica, el lenguaje y la percepción (interpretación sociopolítica y actitud respecto a la alteridad) de quienes abusan de su prestigio para descalificar la lucha por los buenos vivires como creaciones desde abajo y por los diversos de abajo. Pero tratemos de aclararnos mutuamente significados de cuanto acabo de decir. Nos referimos a:

 

Sobre el “post-progresismo” en América Latina: aportes para un debate

24 de septiembre de 2016

Por Atilio A. Boron y Paula Klachko (Rebelión)

 

Ya el enunciado de "aportes para un debate" se contradice con el desarrollo del artículo. Sobre todo porque sus opiniones son demasiado cerradas en si mismas y despectivas respecto al disenso. Reflexionemos sobre el relato sobre cómo triunfa el progresismo:

"De esta manera, haciendo oídos sordos a una perniciosa moda intelectual que recorrió el continente de punta a punta hace unos años y que exhortaba a no tomar el poder porque tal cosa contaminaría irremisiblemente con el virus estatista a los movimientos sociales y sus proyectos emancipatorios, numerosas organizaciones sociales y fuerzas políticas se dieron a la tarea de diseñar instrumentos, alianzas y estrategias tendientes, precisamente, a conquistar el poder –o al menos el gobierno- apelando a los dispositivos institucionales del estado burgués. Nutría esta opción el convencimiento de que la derrota sufrida por las tentativas insurreccionales de las décadas anteriores, con excepción de lo ocurrido en Nicaragua y El Salvador, habría cerrado ese ciclo (al menos de momento) y que el único camino abierto en ese entonces hacia el poder transitaba por el entramado institucional de la democracia capitalista". [5]

Veamos cómo discuten el posicionamiento contrapuesto de Modonesi y Svampa:

"No menos enigmática resulta la propuesta de un horizonte emancipatorio difuso construido a partir del radical rechazo del Estado o sus aparatos. Esto revela una virginal inocencia que en el tenebroso mundo del imperialismo suele pagarse a precios exorbitantes. Porque, ¿cómo lograr la “emancipación difusa” que requiere librar una intensa y por momentos violenta lucha de clases en contra de las oligarquías dominantes y el imperialismo sin contar con el crucial protagonismo del Estado? ¿Cómo se preserva la Madre Tierra sin una legislación que controle y castigue la depredación capitalista? ¿Basta para ello con las exhortaciones de los movimientos sociales?".

Evidenciamos cómo recurren al sentido común generado por el complejo productor de subjetividades del capitalismo que refuerza la creencia en la normalidad (o fatalidad) de la vida bajo las reglas de la gran burguesía local e imperialista. Al contrario, Modonesi y Svampa atienden al porqué de las resistencias y alternativas surgidas desde la diversidad de abajo de Nuestra América. Son luchas contra la alianza de capitales y estados imperialistas con los locales que avasalla derechos de las comunidades y de toda la población del país-continente al desertificar, envenenar, desalojar, asesinar... Han comprobado que el Estado es funcional a la opresión-represión y no concilian.

La lógica de Boron y Klachko es para convencer que permanezcamos subordinarnos a los poderosos e impunes. Consideremos sus ejemplificaciones que reflejan su visión de desarrollo y de emancipación e independencia:

"Ante esto cabe decir que la modificación de la globalización asimétrica es un proyecto que ni siquiera China está en condiciones de realizar, y que exigirle eso a un país latinoamericano revela un profundo desconocimiento de lo que nuestros países están en condiciones de hacer. En cuanto a que hubo límites en las políticas de redistribución de ingresos y riqueza es cierto, pero: ¿dónde y cuándo no los hubo? Reformas tributarias continúan siendo una asignatura pendiente, pero en algunos países en algo se avanzó, si bien no tanto como hubiera sido deseable. Por último, una vez más, si China concluyó a finales de los años setenta del siglo pasado que con sus propios recursos jamás podría garantizar el crecimiento de su economía para resolver los problemas de su población; que sin una asociación no-subordinada al capital extranjero, posible por la fortaleza de su aparato estatal, jamás darían el salto tecnológico requerido por el desarrollo de sus fuerzas productivas, ¿cómo podrían nuestros países prescindir de una negociación con quienes detentan un práctico monopolio de la alta tecnología? El caso de China es bien ilustrativo. Desde el comienzo de las reformas económicas implantadas por Deng Xiao Ping en 1978, el PIB de ese país se multiplicó por diez y se puso fin a las hambrunas que desde tiempos inmemoriales periódicamente condenaban a muerte a decenas de millones de chinos. Deng se preguntó, ante sus camaradas del Partido Comunista, si China podría, con sus propios recursos, algún día llegar a tener la gravitación internacional que gozaban algunos países europeos como Alemania, Francia o Gran Bretaña. Su respuesta fue un rotundo no. Dijo que para lograr ese objetivo China debía construir un Estado fuerte, para evitar ser sometido al arbitrio de los grandes capitales; que debía atraer la inversión extranjera, con transferencia de tecnología, para apropiarse de los avances tecnológicos de Occidente; que debía lanzar un gran programa de obras públicas, para construir los caminos, puentes, vías férreas, puertos y toda la infraestructura que China requería y, por último, que tenía que realizar fuertes inversiones en educación y en ciencia y tecnología. A la luz de esta reflexión del líder chino, ¿es razonable pensar que países latinoamericanos, incluyendo al Brasil, México y la Argentina, pueden lograr los avances económicos y sociales que esperan sin una negociación con las transnacionales que retienen en su poder los desarrollos tecnológicos más importantes de nuestro tiempo en las principales ramas de la economía? Tomemos el caso de Bolivia y el litio. Durante siglos la oligarquía de ese país mantuvo a su población en la ignorancia y el analfabetismo. ¿Cómo hacer para que, de la noche a la mañana, surja una capa de técnicos del más alto nivel, familiarizados con la más actualizada metodología susceptible de ser empleada para la producción de litio? Por otra parte la extracción y producción del litio, que es criticada por un irresponsable pseudo ambientalismo, tiene un potencial enorme a desarrollar en cuanto energía más limpia y renovable. Pero en Bolivia las transnacionales que elaboran el litio no tienen acceso al salar de Uyuni, que es de donde se lo obtiene y al cual sólo ingresan las empresas estatales. Allí no entra el capital extranjero".

El discurso de Boron y Klachko no sólo pervierte o tergiversa significados e implicancias de la irresponsabilidad humana sino también da golpes bajos. Critica a Modonesi y Svampa porque "dejan en las sombras una diferencia fundamental: que los gobiernos de izquierda –Venezuela, Bolivia y Ecuador- asumieron posturas y ejecutaron políticas más radicales en lo económico y social, construyeron notables constituciones que profundizaron la calidad democrática de sus países, hicieron de la naturaleza un sujeto de derecho (introduciendo una innovación fundamental en el derecho contemporáneo), y adoptaron planteamientos abiertamente antiimperialistas que las versiones más edulcoradas del progresismo, ni hablar del conservadurismo chileno, ni por asomo se atrevieron a ensayar. El ocultamiento del antiimperialismo en un cono de sombras es un rasgo común a las diversas familias trotskistas y a los pensadores liberales, cuya ceguera para ver ese fenómeno llega a ser por momentos alucinante y que en consecuencia sólo les permite ver el árbol y no percibir el bosque, con las consecuencias políticas que de ello se derivan".

Además de estigmatizar a los trotskistas incurren en el ataque generalizado a quienes anteponemos la vida y los derechos humanos por sobre el sistema de superexplotación tanto de los trabajadores como de la naturaleza. Su admiración por Tecnópolis se repite en ese lineal análisis del litio y Bolivia. No cuestionan la industrialización capitalista ni la megaminería ni el desalojo de pueblos originarios. En suma Boron y Klachko persiguen combatirnos más que debatir. Acusan a Modonesi y Svampa de "llegar a proposiciones de escaso valor explicativo".

Verifiquemos qué valor explicativo tienen sus refutaciones a Modonesi y Svampa:

"Si la primera premisa errónea es el populismo, la segunda es el anticipado funeral del “ciclo progresista” cuyo fin ha sido proclamado –y en algunos casos anhelado- urbi et orbi por muchos, incluyendo ciertos sectores de una izquierda en cuyo campo de visión todavía no aparece el fenómeno del imperialismo, por imponente y brutal que éste sea (...) En suma: no hay demasiada evidencia concreta que indique que este ciclo ha llegado a su fin. Está enfrentando nuevos desafíos, sin duda, pero de ahí a extender el certificado de defunción hay un muy largo trecho.

Creemos, por consiguiente, que la decisión de someter a discusión la totalidad de la experiencia de los gobiernos subsumidos bajo el confuso rótulo de “progresismo” debe ser bienvenida, porque sin duda hubo, y habrá, errores, turbulencias y contradicciones, como en cualquier otra experiencia política. La crítica y, en especial, la autocrítica son muy importantes en momentos como los actuales, cuando arrecia la ofensiva del imperialismo. Pero esto debe hacerse siguiendo la máxima de Tácito cuando recomendaba examinar las cosas de nuestro mundo sine ira et studio, lo que podría traducirse como “sin odio o animadversión y sin prejuicio o parcialidad”. No es este el caso del trabajo de Modonesi y Svampa, en donde la animadversión hacia las experiencias del progresismo es manifiesta tanto como su parcialidad en el ejercicio de la crítica, donde por lo visto nada ha sido hecho bien y todo está mal. Y la historia es muchísimo más complicada, en donde el bien y el mal se entremezclan de tal modo que se requiere un espíritu muy sobrio y alerta para distinguir el uno del otro.

Sin embargo, desde el punto de vista de la vida concreta de millones de hombres y mujeres que conforman nuestros pueblos, sin duda el bien primó sobre el mal durante más de diez años, en los que si bien no se ha “dado vuelta la tortilla”, se han logrado importantes conquistas materiales, culturales, políticas, en derechos humanos y civiles, y avances en el sueño de la integración latinoamericana, que dignificaron y significaron una fenomenal ampliación de la ciudadanía, -es decir: ampliación de derechos aun dentro del sistema capitalista- al igual que los llamados procesos nacional-populares o populismos de mediados del siglo veinte. La dialéctica de la historia que, obviamente se aleja de cualquier revolución de manual, nos enseña que, aun con todas sus contradicciones, lo que viene después de los gobiernos progresistas -y mucho mas lo será de los revolucionarios- son salvajes intentos por maximizar las tasas de ganancias removiendo a cualquier costo las limitaciones impuestas por movimientos y gobiernos populares. En varios de nuestros países el ataque de la derecha puso a los movimientos sociales en guardia y ya se están erigiendo fuertes resistencias a aquellas tentativas. Por ello, la defensa de los procesos progresistas y revolucionarios que están de pie -aún bajo el intenso e incesante fuego económico, político y mediático del imperialismo y la reacción- es la batalla estratégica de nuestro tiempo. Defensa que no excluye una necesaria autocrítica para rectificar rumbos, pero sin dejar de señalar que, vistos en perspectiva histórica, los aciertos históricos de estos procesos superan ampliamente sus desaciertos y limitaciones".

 

Circunscribimos, si Boron y Klachko nos convencen, el debate a porqué defender los gobiernos progresistas.  Preguntémonos qué no quieren debatir e intentemos hallar en el artículo criticado razones para apreciar cuán imprescindible es el protagonismo popular en las deliberaciones y toma de decisiones sobre el destino común del país-continente e incluso del mundo entero. Reflexionemos sólo sobre su parte final.

 

 

 

Post-progresismo y horizontes emancipatorios en América Latina

13 de agosto de 2016

Por Massimo Modonesi y Maristella Svampa (Rebelión)

III. Luchas sociales y horizontes emancipatorios

Al margen de sus discutibles logros en clave posneoliberal, de la persistencia y profundización de la matriz primario-exportadora, más aún, de la amplificación de las desigualdades en un contexto de reducción de la pobreza, estos gobiernos contribuyeron a desactivar aquellas tendencias emancipatorias que se gestaban en los movimientos antineoliberales. Desactivación que sólo parcialmente se puede atribuir a la natural tendencia al reflujo en los ciclos de lucha, la apertura de canales institucionales para impulsar demandas y la satisfacción de las mismas, como suelen hacer gobernantes y defensores del progresismo.

Por debajo del deterioro de los índices económicos y en varios casos, del no reconocimiento de la crisis económica (Argentina, Venezuela), en este contexto de despolitización y desmovilización de las clases subalternas, no sorprende que el fin de ciclo del progresismo se de por la derecha y no por un desborde hacia la izquierda.

Al mismo tiempo, la reconfiguración del poder en clave hegemónica generó otras resistencias y reacciones desde abajo que hay que valorar ya que, aún en su insuficiencia, son portadoras de rasgos antisistémicos en sí mismas y constituyen las reservas estratégicas del movimiento social latinoamericano. La hegemonía progresista latinoamericana ha sido tempranamente agrietada por la crítica al extractivismo, la cual ha venido enriqueciendo las gramáticas de lucha e incluso interpelando el discurso más clásico sobre el “poder popular”. Así, desde organizaciones campesinas e indígenas (los “campesindios”, al decir de Armando Bartra), movimientos urbanos territoriales, nuevos movimientos socioambientales, en fin, colectivos culturales y asamblearios de todo tipo, se fue pergeñando una gramática política contestataria novedosa que apunta a la construcción de una narrativa emancipatoria, al compás de nuevos conceptos-horizonte: Bienes Comunes, Buen Vivir, Comunalidad, Posextractivismo, Ética del Cuidado, Democratización radical, entre otros.

En ciertos países, la izquierda social y sindical ha comenzado a tender puentes con esta izquierda campesindia y eco-territorial, retomando problemáticas y conceptos; en otros países esta conexión aparece de modo más parcial en la medida en que la izquierda clasista aparece más dominada por una visión todavía muy obrerista y productivista. Pero el diálogo es tan inevitable que no pocas izquierdas clasistas hoy comienzan a ampliar su plataforma discursiva, incluyendo conceptos que provienen de aquellos otros lenguajes y, viceversa, la politización de la luchas socioambientales las lleva a buscar y encontrar claves de lecturas que remiten a las mejores tradiciones y prácticas políticas de las izquierdas del siglo XX.

Por otro lado, la aparente debilidad de las luchas socioambientales reside no tanto en su supuesta marginalidad (el extractivismo amplia sus fronteras cada vez en América Latina); sino en su carácter rural y ligado a pequeñas localidades y, por ende, a su encapsulamiento en la escala local y regional así como a su desconexión con las grandes luchas sindicales y –en menor medida- con las luchas sociales urbanas, en el marco de sociedades mayoritariamente urbanas.

Por otra parte, el paradigma del “poder popular” que promueven ciertos movimientos sindicales y organizaciones urbanas (fábricas recuperadas, movimientos socio-territoriales urbanos, expresiones de economía social popular, entre otros) pese a las contradicciones (la tensión/subordinación con los liderazgos populistas; o su eclosión en el marco de la crisis sistémica, como es el caso de Venezuela), también nos interroga sobre la persistencia y potencialidad de formas de luchas antisistémicas surgidas y alimentadas por sectores populares urbanos.

En todo caso, todo indica que en el nuevo ciclo político estas dos líneas de acumulación histórica hoy desconectadas (luchas socioambientales, luchas urbanas y sindicales) cuya trayectoria y espesor difieren según los países y experiencias, podrían establecer un diálogo mayor, en términos de estrategias de acción y resistencias a la restauración conservadora y de superación del progresismo pero también de diálogo en cuanto a la concepción del cambio civilizatorio y los conceptos-horizonte.

En otro orden, hay que añadir que en la juventud latinoamericana, a pesar de las despolitizadoras inercias ligadas al consumismo, se vienen observando señales de combatividad. En parte porque ya apareció en el escenario político una generación que no se politizó en las luchas antineoliberales que fueron la condición de posibilidad de los gobiernos progresistas sino que su politización en clave opositora necesariamente pasó por desafiar el orden progresista ya instalado y señalar sus limitaciones. Al mismo tiempo, al no ser radicalmente antisistémicas, las políticas públicas progresistas mantuvieron intactas por los menos dos flagelos que atraviesan y tensan el mundo juvenil: la competitividad y la precarización. De modo que estudiantes, desempleados, subempleados, trabajadores precarios y flexibilizados viven una experiencia común en términos clasistas y fueron y son relativamente exteriores a la pax social progresista. En efecto, a lo largo de estos años no desdeñaron en efecto manifestar su disenso veladamente y, en ocasiones, abiertamente a través de una serie de prácticas e instrumentos (protestas en demanda de la gratuidad de la educación, como en Chile, protesta contra la alza de tarifas de los servicios públicos, apoyos a luchas territoriales y luchas sindicales, entre otros).

Los conflictos laborales que sacudieron más de un gobierno progresista se nutrieron de la densidad organizacional propia de la forma sindicato pero también del empuje desde abajo, -desde adentro y desde afuera- que le proporcionan el activismo de las franjas juveniles. Además de su contribución al conflicto, en amplios sectores de la juventud latinoamericana se cultivan y promueven valores asociativos, antipatriarcales y libertarios contrapuestos al conservadurismo social-liberal propio del progresismo latinoamericano.

La acumulación de fuerzas y la capacidad de articulación política de estas experiencias es, a todas luces, insuficiente para proyectarlas como alternativa operativa en el terreno de la disputa político-estatal, monopolizado por intereses poderosos y formatos consolidados. Sin embargo, estas luchas contienen prácticas colectivas y trasfondos morales e ideológicos que abren horizontes emancipatorios externos al perímetro delimitado por la oposición progresismo-neoliberalismo. Al mismo tiempo, a nivel societal, su fortalecimiento y consolidación antagonista como contrapoderes le confieren un valor inestimable ya que, en la mediana duración de los cambios de época, frente al evidente desvanecimiento de la ilusión posneoliberal y bajo la amenaza restauradora, es indispensable orientarnos desde abajo, a contrapelo de toda tentación conservadora, esto es, a partir del hilo rojo de la capacidad de resistencia y la vocación emancipatoria de las luchas en curso.

En suma, en medio del pluralismo irreductible y de la convulsión movimientista, en estos años aparecieron algo más que destellos prácticos y teóricos en la búsqueda de vías emancipatorias. Y lo cierto es que, más allá de la involución populista de los gobiernos progresistas, más aún, del fin de ciclo al que hoy asistimos con preocupación, estas apuestas emancipatorias, estas diferentes líneas de acumulación de las luchas, continúan formando parte del acervo con el que cuentan las clases subalternas de la región.

M. Modonesi es historiador y sociólogo, Profesor de la UNAM, México; M. Svampa es socióloga y escritora. Investigadora del Conicet, Argentina. Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=215469

 

 

Enfoquemos cómo la diversidad de abajo del país-continente-mundo puede ir articulando sus luchas hacia la autodeterminación de los pueblos. Pero, al mismo tiempo, nos urge analizar rumbos del futuro en común de toda la humanidad que el sistema mundo capitalista está enterrando tanto mediante guerras e inculcación masiva de disvalores como mediante extractivismo.

 

 

ENTREVISTA A EDUARDO GUDYNAS

Consecuencias del extractivismo en América Latina
13 de mayo de 2016| Edición del día

Entrevistamos al ecólogo uruguayo y miembro del Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES), Eduardo Gudynas, sobre el problema del extractivismo y sus consecuencias.

 

Por Roberto Andrés
@RoberAndres1982

 

Eduardo Gudynas es docente universitario, ex secretario ejecutivo del CLAES y autor de una decena de libros sobre la problemática ecológica y social, la cual viene abordando desde hace más de 20 años. En 2010 fue seleccionado para integrarse al Panel Intergubernamental para el Cambio Climático. En esta entrevista nos centramos en el problema del extractivismo y sus consecuencias ambientales, sociales, políticas y económicas.

 

Eduardo, a raíz de los accidentes y conflictos con megamineras como la Barrick Gold o multinacionales petroleras como Chevron comenzó a hablarse de un término del que muy pocas personas saben su significado. ¿Podría explicarle a los lectores de LID qué es el «extractivismo»?

 En su sentido estricto, los extractivismos son la apropiación de grandes volúmenes de recursos naturales, o bajo procedimientos muy intensivos, donde la mitad o más son destinados a la exportación a los mercados globales. Se refiere a casos como la megaminería a cielo abierto, las plataformas petroleras en la Amazonia, o los monocultivos de soja. Digo en sentido estricto porque este uso del término responde a su historia, a los usos de los movimientos sociales que reaccionaban contra esos emprendimientos por sus impactos, y al dejar en claro que implican una subordinación a la globalización.

¿Y cuál es su papel en una economía como la argentina?

 Los extractivismos por un lado producen adicción y por el otro generan los llamados derrames, entre los cuales están los económicos. La adicción ocurrió bajo los altos precios de las materias primas. Los gobiernos encontraron que la manera más sencilla de hacer crecer las economías nacionales y captar excedentes era promover todo tipo de exportaciones de minerales, hidrocarburos o agroalimentos. Pero eso generó derrames tales como erosionar sus sectores industriales y agroindustriales. Por ejemplo, Brasil se convirtió bajo los gobiernos de Lula y Dilma en el primer exportador latinoamericano de minerales, mientras importaba cada vez más productos de consumo, y con ello su industria nacional se debilitó. El éxito exportador en muchos países significó pérdidas industriales que pasaban desapercibidas por los altos precios de los commodities. Son economías de enclave, atadas a la globalización.

¿Qué impacto tiene a nivel social y medioambiental?

 Los efectos sociales y ambientales de los extractivismos son demoledores. Por ejemplo, la megaminería a cielo abierto, con esas enormes canteras donde se extraen millones de toneladas por año, son, en un sentido riguroso, amputaciones ecológicas. No queda nada allí; la destrucción ecológica es total. La explotación petrolera en Ecuador, Perú o Bolivia, ha dejado vastas áreas con todas sus aguas contaminadas. Los monocultivos de soja están detrás de la pérdida de bosques y praderas naturales, el deterioro del suelo o la contaminación por agroquímicos. Paralelamente, estos tipos de actividades desplazan comunidades locales, generan muy poco empleo, se implantan con crecientes niveles de violencia y violando derechos. Toda la evidencia muestra que no existen extractivismos de esta intensidad que sean amigables ni con la sociedad ni con el ambiente.

 

¿Podría decirse que todos los gobiernos sudamericanos son extractivistas?

 Lo impactante es que desde el 2000 todos los gobiernos sudamericanos han colocado a los extractivismos en el centro de sus estrategias de desarrollo. Pero, la organización de esos extractivismos, el papel del Estado, el uso de los excedentes que se capturan, y la legitimación política, son diferentes entre los gobiernos conservadores y los progresistas. Bajo presidencias conservadoras o de derecha encontramos la invocación al simple crecimiento económico y dejar esos sectores en manos de empresas transnacionales. En los gobiernos progresistas es distinto. Todos invocan mayor presencia del Estado en el uso de los recursos naturales, algunos buscaron captar más excedente, tal como ocurrió con el petróleo en Bolivia, Ecuador y Venezuela, y los legitiman como necesario para atacar a la pobreza. El problema es que a medida que se los examina con detalle se encuentra que no todo el dinero captado a los extractivismos va a los pobres, ni siquiera que sea el aporte fundamental para sostener a las economías nacionales, y además, que en verdad el propio Estado termina subsidiando esas actividades y a las empresas. Entonces, sea por la senda conservadora o la progresista, todos terminan dependientes de la globalización, porque es allí donde tienen que vender sus materias primas; se subordinan cada vez más a la búsqueda de inversores extranjeros.

 

Al analizar los extractivismos usted insiste en diferenciar izquierda y progresismo. ¿Podría explicar ese concepto?

 Los extractivismos se han fortalecido precisamente por esa divergencia entre izquierda y progresismo. Por izquierda me refiero a los movimientos y agrupamientos que lograron detener los gobiernos neoliberales, y triunfaron en elecciones en varios países. Era una izquierda abierta, plural, y que, por ejemplo, ponía en discusión las estrategias de desarrollo, exploraba la radicalización de la democracia o tenía íntimas relaciones con los nuevos movimientos sociales. La izquierda que se ubicó dentro del Estado, dentro de los gobiernos, poco a poco se convirtió en progresismo.

El progresismo es otro bicho político, con cambios sustanciales en varios aspectos. No es una nueva derecha; no comparto acusaciones recientes que tildan por ejemplo a Evo Morales o Rafael Correa de nuevos neoliberales. Pero tampoco son fieles al espíritu de aquella izquierda original, y eso se observa, pongamos por caso, por su adhesión a los extractivismos que, más allá de todos los slogans, impone una dependencia a la globalización, o a la represión que hacen contra las comunidades locales u organizaciones sociales que denuncian sus impactos.

El progresismo, para decirlo muy resumido, renunció a debatir sobre el desarrollo, insiste en un Estado compensador que descansa en esquemas de asistencialismo, la lucha por la justicia quedó encerrada en ayudar en dinero a los más pobres y el consumismo popular. Los ensayos para radicalizar la democracia se detuvieron, muchos se conformaron con el mero seguimiento a un líder que esperan se perpetúe en el poder. Políticamente han hecho todo tipo de acuerdos y convenios con actores conservadores.

El progresismo aparece ahora como agotado, en el sentido de no poder generar nuevas ideas. A la vez, escala en conflictos con organizaciones ciudadanas, sindicatos, campesinos o indígenas.

¿Qué posición debería tener una izquierda consecuente ante el problema que implica el extractivismo?

Entiendo que el mejor antídoto al agotamiento de los progresismos, y a la obsesión con los extractivismos, es recuperar muchas de las posturas de aquella izquierda abierta, plural y democrática. Dicho de otra manera: salir del progresismo por izquierda.

Mencionaré algunas cuestiones candentes que muestran las contradicciones entre extractivismos, izquierdas y progresismos.

En el caso del sindicalismo, debemos observar hacia Brasil. Allí, en las grandes empresas extractivistas, como la petrolera Petrobras o la minera Vale, los sindicatos tenían papeles protagónicos en su gestión, sea por vía directa o por ser accionistas desde sus fondos de pensión. Esos actores sindicales cayeron en un progresismo extremo, y nada decían de la brutal crisis de corrupción en la petrolera o de la pésima gestión de la minera que desembocó en el más grave accidente ambiental en América Latina en 2015. Cualquiera de esas dos crisis terminó afectando a la propia base de trabajadores y al país. El antídoto a este tipo de posturas es recuperar un sindicalismo que sea a la vez crítico, independiente y comprometido con los trabajadores.

 

El desastre de Minas Gerais, Brasil, en noviembre de 2015

En el caso de los movimientos sociales, es inocultable que los progresismos se han terminado peleando con muchas organizaciones de base y movimientos populares, como pueden ser distintos colectivos urbanos, actores que defienden la diversidad sexual, ambientalistas, campesinos, indígenas, etc. Por ejemplo, Rafael Correa tiene disputas con los grandes sindicatos, con la federación indígena, hostiga a las ONGs, reniega a las demandas feministas, etc. La izquierda, por el contrario, tiene que recuperar una discusión fraterna con todas esas tradiciones. Seguramente muchas de ellas serán trabajosas, pero en eso está la propia esencia de la izquierda.

Otro frente tiene que ver con el papel de la propiedad. Es muy común encontrarse con quienes sostienen que la alternativa a los extractivismos es simplemente pasar todas las empresas mineras, petroleras o agropecuarias a una propiedad estatal. Están muy equivocados y me parecen que no entienden el fondo del problema, y por eso varios terminaron siendo progresistas.

Me explico: bajo la actual fase del capitalismo, el régimen no predetermina el tipo de gestión en la apropiación de los recursos naturales. La empresa extractivista, para ser exitosa y rentable, compite en exportar hacia los mercados globales, y por lo tanto acepta la globalización, y busca en bajar todo lo que pueda sus costos para elevar sus ganancias, y por ello externalizan sus impactos sociales y ambientales. Así lo hacen, desde la estatal PDVSA, las corporaciones chinas o las transnacionales de Wall Street. La disputa sobre el capitalismo está hoy mucho más centrada en la estructura y función de las cadenas de producción, antes que en la propiedad del primer eslabón, que es la extracción del recurso natural. Es por eso que muchas transnacionales petroleras aceptan que esa primera fase la hagan las compañías estatales, ya que de todas maneras terminarán haciendo convenios y controlarán la comercialización de los hidrocarburos.

Algo similar pasa en el agro. Por ejemplo, el grupo agrícola Los Grobo se ufana de casi no tener tierras propias, pero queda en claro que ellos controlan los paquetes tecnológicos, las superficies bajo monocultivos, y la comercialización.

En fin, se pueden listar muchos ejemplos de este tipo. Buena parte de ellos tienen que ver con algunos ejes, dentro de los que destaco que esa izquierda que imagino debe poner en discusión el desarrollo, el papel del Estado, y sus ideas sobre la justicia. Por eso mismo debe ser plural, abierta y democrática, ya que debe dialogar con una amplia diversidad de actores.

¿Qué tipos de experiencias políticas pueden reivindicarse como un buen precedente para luchar contra el extractivismo en América Latina? ¿Qué limitaciones o déficits presentan en tu opinión?

 El continente está repleto de experiencias locales. Un gran conjunto corresponde a reclamos de información, denuncias o resistencias frente a los extractivismos, donde las comunidades aprenden sobre ese tipo de desarrollo, sus impactos sociales y ambientales, y ensayan prácticas de organización. Otro gran conjunto, posiblemente aún incipiente en Argentina, pero más potente por ejemplo en los países andinos, ocurre cuando se articulan esas demandas locales en reclamos nacionales o regionales, y en presentar alternativas al extractivismo. O sea, son movimientos donde se discuten e imaginan cómo la economía nacional podría dejar de ser dependiente de los extractivismos. Entonces, encontramos pongamos por caso, las propuestas de moratoria petrolera en Ecuador, que sería algo así como pensar una Argentina que no dependa solamente del gas de Vaca Muerta u otros yacimientos.

Por lo tanto muchas de las limitaciones responden a poder cruzar ese umbral de pasar desde la demanda local a una propuesta política nacional de alternativas al desarrollo convencional.

Las alternativas a los extractivismos imponen salir de los desarrollos convencionales por izquierda, en el sentido de estar comprometidos con la justicia social, pero además sumándole un componente de justicia ecológica, un ingrediente ineludible para una renovación de la izquierda en el siglo XXI.

Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/Consecuencias-del-extractivismo-en-America-Latina

En consecuencia, resultan primordiales dos desafíos abajo y a la izquierda:

Aclarémonos que por ser anticapitalistas consecuentes, somos antiimperialistas y antineoliberales e incluso internacionalistas revolucionarios. Esta síntesis la concretamos, en Nuestra América, al comprometernos con el Nunca Más al extractivismo.

 

Es esencial para enfocar otro país-mundo posible situarnos en la:

Crisis Civilizatoria
Octubre de 2009

Por Renán Vega Cantor*

 

En estos momentos se desenvuelve otra crisis que, a primera vista, hace parte del recurrente ciclo capitalista que en forma periódica desemboca en una caída drástica en todos los órdenes de la vida económica. Pero si se mira con algún cuidado, la crisis actual tiene unas características diferentes a todas las anteriores ya que hace parte de un quiebre civilizatorio de carácter integral, que incluye factores ambientales, climáticos, energéticos, hídricos y alimenticios. La noción de crisis civilizatoria es importante porque con ella se quiere enfatizar que estamos asistiendo al agotamiento de un modelo de organización económica, productiva y social, con sus respectivas expresiones en el ámbito ideológico, simbólico y cultural. Esta crisis señala las terribles consecuencias de la producción de mercancías, que se ha hecho universal en los últimos 25 años, con el objetivo de acumular ganancias para los capitalistas de todo el mundo y que sólo es posible con el gasto exacerbado de materiales y energía.

 

1. Crisis energética: el comienzo del fin del petróleo

 

La civilización industrial capitalista consolidada durante los dos últimos siglos, un breve lapso de la historia humana, se ha sustentado en la extracción intensiva de combustibles fósiles (carbón, gas y, de manera primordial, petróleo). Las transformaciones tecnológicas que se han producido desde la Revolución Industrial en Inglaterra, a finales del siglo XVIII, han sido posibles por el uso de estos combustibles, a los cuales están asociados la maquina de vapor, el ferrocarril, el avión, el televisor, el tanque de guerra, el automóvil, el computador, el teléfono celular y en la práctica casi cualquier artefacto que se nos ocurra. El uso de esos combustibles ha permitido al capitalismo extenderse por todo el mundo ya que los medios de transporte han aumentado su velocidad, tamaño y alcance, con lo cual la producción de mercancías ha rebasado el ámbito local y se ha desplegado por el orbe entero.

La utilización de petróleo a vasta escala ha urbanizado el mundo, como nunca había sucedido en la historia humana, hasta el punto que hoy por primera vez habita en las ciudades un poco más del 50 por ciento de la población mundial, una tendencia que se incrementará en los años por venir, marcando la desruralización del planeta. En las ciudades se reproduce a escala planetaria la diferenciación social, entre una minoría opulenta que reproduce el American Way of Life y una mayoría que vive en la más espantosa pobreza, sin tener acceso a los servicios públicos fundamentales, apiñados en tugurios y sin contar con lo básico para vivir en forma digna, constituyendo las ciudades de la miseria .[1]

Aun más, la expansión mundial del capitalismo, que tanto se aplaude, no habría sido posible sin el petróleo, ya que la producción de China o India, que vincula a millones de personas al mercado capitalista como productores (en las maquilas y fábricas de la muerte) y consumidores (vía uso de automóviles o celulares, para indicar los íconos de este sistema), se ha logrado con la reproducción de la lógica depredadora del capitalismo y el uso a vasta escala de combustibles fósiles. En ese sentido, no resulta extraño que China sea el segundo productor mundial de CO2 y necesite para mantener su irracional sistema de producción capitalista, concentrado en la zona norte del país, de ingentes cantidades de agua, madera, minerales y toda clase de materiales.

Pero el petróleo tiene un problema, es un recurso no renovable, y en estos momentos nos encontramos en un punto de inflexión, cuando ha comenzado su agotamiento irreversible. Esto se explica por el hecho elemental que la cantidad de combustibles fósiles existentes es fija y en la medida en que sean extraídos a una mayor velocidad, más rápido se acabarán. Y eso es lo que está sucediendo hoy como consecuencia de la generalización de la lógica capitalista de producción y consumo a todo el mundo, puesto que las clases dominantes replican el modelo estadounidense  por doquier.(...)

 

2. Crisis alimenticia: el regreso de los motines de subsistencia

 

El capitalismo es una fábrica simultánea de riqueza y de miseria, productor constante de injusticia y desigualdad, en razón de lo cual la polarización de clase es una de sus características intrínsecas. Eso se manifiesta en los más diversos tópicos de la vida social, como sucede con la producción de alimentos. Que el capitalismo produzca hambrientos no es nuevo, puesto que su expansión mundial ha generado, de manera invariable, hambre a vasta escala, como resultado de la destrucción de las economías locales, sometidas a nuevas exigencias para que se “adapten” a los requerimientos del mercado mundial, como reza la formula de los economistas ortodoxos.En la práctica, la mundialización del capital ha dado origen a una realidad profundamente injusta en términos alimenticios, porque al mismo tiempo unos pocos consumen hasta el hartazgo (como puede apreciarse en los “esbeltos cuerpos” de millones de estadounidenses, mofletudos y regordetes, que no pueden ni andar de tanto ingerir comida basura), mientras que en todos los continentes millones de seres humanos soportan la desnutrición o mueren de hambre. 

En tal sentido, el hambre y la desnutrición actuales son un resultado directo de la destrucción de las economías campesinas por parte de las empresas agroindustriales, que monopolizan las mejores tierras, imponen costosos paquetes tecnológicos y controlan la producción de alimentos y materias primas de origen agrícola. Esto ha venido acompañado del despojo y expulsión de los campesinos e indígenas de sus territorios ancestrales por compañías transnacionales y empresarios locales, con lo que la producción agrícola y pecuaria es dominada por pocos países, unas cuantas empresas y algunos terratenientes, habiéndose liquidado la soberanía alimenticia de territorios antaño autosuficientes, en los cuales se siembran productos comerciales en sustitución de alimentos esenciales.

(...)

3. Crisis hídrica: secando la fuente de la vida

A la par de la crisis alimenticia discurre otra relacionada con la destrucción de los reservorios de agua, el agotamiento del agua dulce y la contaminación de ríos, lagos y mares, junto al arrasamiento de los humedales. Hasta no hace mucho tiempo se suponía que el agua era un recurso inagotable y no había ningún problema en garantizar su suministro de manera permanente. Hoy se sabe que el agua dulce es limitada y su agotamiento y escasez corre en paralelo al aumento demográfico, al crecimiento urbano, a la industrialización de la agricultura, a las modificaciones climáticas y a su derroche en la producción de mercancías. En esta dirección, la crisis hídrica es un resultado de la expansión mundial del capitalismo porque el agua misma se ha convertido en una mercancía y ha dejado de ser un bien común y público, ya que conglomerados transnacionales (como Coca-Cola, Danone y otros) la han convertido en un nicho de mercado, con el que obtienen cuantiosas ganancias por diversos medios: la producción de agua embotellada, la privatización de los servicios de acueducto y cloacas y la apropiación de ríos y lagos por empresarios capitalistas.

A esto debe añadírsele que la urbanización acelerada necesita de importantes cantidades de agua, aunque su distribución y calidad sigan los parámetros de clase propios del capitalismo, puesto que en las grandes urbes sólo una parte de la población tiene acceso a agua potable y suficiente, mientras que la mayoría no la disfruta y tampoco cuenta con redes cloacales. De la misma manera, los procesos tecnológicos más sofisticados requieren cantidades ingentes de agua, como la que precisa la producción de automóviles, computadores, celulares y televisores. Igual acontece con la producción de determinado tipo de cultivos, como las flores, que consumen enormes volúmenes de agua.

A la par con todo lo anterior, los procesos de industrialización, la urbanización desaforada, la agricultura industrial, los megaproyectos y la explotación de recursos minerales y energéticos han contaminado las más importantes fuentes de agua en el mundo. No sorprende que, casi sin excepción, junto a una gran ciudad se encuentre un río convertido en una fuente de aguas fétidas y malolientes, al lado del cual malviven los sectores más empobrecidos.

Tanto a nivel interno en los países como en el plano mundial existe una distribución injusta y desigual del agua, porque mientras sectores minoritarios tienen a su disposición agua de calidad que despilfarran sin vergüenza (para lavar autos, regar campos de golf, o surtir su propia piscina), la mayor parte de la sociedad carece del vital liquido, lo cual ocasiona la muerte diaria de miles de personas por problemas estomacales y produce la enfermedad de millones de ellos por consumir agua no potable. Esta desigual apropiación del agua también existe en el terreno mundial, ya que algunos países cuentan con importantes reservas hídricas o por su poder económico, militar y político pueden apropiarse del agua de sus vecinos, a los que dejan exhaustos y muriéndose de sed (el caso de Israel con los palestinos es emblemático al respecto), con lo cual se avizora una de las contradicciones determinantes de los conflictos del futuro inmediato que va a ocasionar guerras por el agua, con la misma frecuencia que las actuales guerras por el petróleo.  

Entre otras cosas, valga recordar, para mostrar las interrelaciones entre la explotación de hidrocarburos y el agua, que la extracción de los primeros conlleva siempre despilfarro de la segunda de múltiples formas: para extraer un barril de petróleo o de gas se precisan cientos o miles de barriles de agua; con todas las labores propias de la industria petrolera se contaminan las fuentes de agua; los derrames de crudo llegan inexorablemente a los cursos de agua, como nos lo recuerdan las tragedias de contaminación hídrica que han generado los numerosos accidentes de grandes buques petroleros en los mares del mundo. 

Y el otro aspecto que debe mencionarse es el relativo a los nexos directos entre el trastorno climático y la crisis hídrica. Así, el trastorno climático se manifiesta en primera instancia con un aumento de la temperatura en diversos sitios del planeta, lo que ocasiona transformaciones bruscas e inesperadas: se producirá, y se está produciendo ya, el deshielo de glaciares, con lo que se reducirá la oferta hídrica en muchos países, pues las principales reservas de agua dulce están en los nevados y en los paramos. Al mismo tiempo, y como consecuencia de lo anterior, aumentara el caudal de muchos ríos mientras que otros se secarán, lo cual afectará a las poblaciones que viven gracias a esos cursos de agua. Esto generará inundaciones y sequías a un ritmo antes no conocido, como ya se evidencia en algunos continentes, como Europa, donde se han presentado en los últimos años inviernos más lluviosos y veranos más calidos. De la misma manera, la transformación climática influye en el cambio de la cantidad y la calidad del agua disponible, ya que al aumentar la temperatura del aire se altera la temperatura del agua, con lo cual se reduce su contenido de oxigeno, se afecta la distribución de los organismos acuáticos y se altera el ciclo de los nutrientes, entre otras muchas consecuencias nefastas. Igualmente, las modificaciones climáticas ocasionan la mezcla de agua salada con aguas dulces en los acuíferos litorales, afectando otra importante reserva de agua dulce en muchos lugares del planeta.

Adicionalmente, en la medida en que cambia el clima mundial se altera el régimen de lluvias en ciertas zonas del planeta lo que produce la sequía, la desertificación y la hambruna y genera las migraciones hídricas, cuando la gente huye de sus terrenos ancestrales, convertidos en lugares yermos y sin vida, donde han desaparecido las fuentes de agua que les posibilitaban la subsistencia, como es el caso de algunos países del Sahel en África.

4. Crisis ambiental: la destrucción de las condiciones de producción y de vida

Junto con todas las crisis antes nombradas, y como síntesis de las mismas, hay que considerar la crisis ambiental, hoy generalizada a todo el planeta. Son numerosos los componentes de la degradación medioambiental que hoy soportamos, en la que deben incluirse la destrucción de fuentes de agua, la desaparición de tierras y suelos aptos para la agricultura, el arrasamiento de selvas y bosques, la reducción de recursos pesqueros, la disminución de la biodiversidad, la extinción de especies animales y vegetales, la generalización de distintos tipos de contaminación, la reducción de la capa de ozono y la destrucción de ecosistemas.

Todos estos componentes de la catástrofe ambiental que ponen en riesgo la misma continuidad de la especie humana, se han originado en la lógica depredadora del capitalismo con su concepción arrogante de mercantilizar todo lo existente y de dominar la naturaleza a su antojo.

(...)

5. Trastorno climático por el uso intensivo de combustibles fósiles

Para completar el círculo perverso, todos los elementos anteriores influyen en otra modificación de dimensiones imprevisibles, como es el trastorno climático. Utilizamos este nombre para enfatizar que no puede seguir considerándose como un simple cambio, porque con ello se estaría indicando que es algo gradual y puramente natural. Aunque a lo largo de la historia del planeta tierra se hayan presentado incontables modificaciones climáticas, con bruscos cambios hacia épocas glaciales o calidas, todas las modificaciones anteriores tenían un origen natural. Ahora, existe un trastorno climático asociado de manera directa al uso de combustibles fósiles, especialmente del petróleo. No por casualidad, en la medida en que se llegaba al pico del petróleo han aumentado en forma proporcional las emisiones de CO2 y su concentración en la atmosfera, como se observa en la gráfica adjunta.

Algunos científicos han establecido que el clima es uno de los factores fundamentales para explicar la extraordinaria biodiversidad y, por lo mismo, sus modificaciones tienen efectos devastadores sobre variadas formas de vida. Aunque entre los climatólogos no exista consenso sobre la magnitud que tendrá el trastorno climático, muy pocos dudan que estamos asistiendo a una transformación brusca que es resultado de la acción antropica, ligada a la constitución de la moderna sociedad industrial desde finales del siglo XVIII.

(...)

6. El capitalismo y sus límites

Como acabamos de mostrar, la actual crisis es completamente distinta a todas las anteriores, en virtud de la sincronía de diversos factores, que hacen de la presente una crisis civilizatoria, que marca la frontera de una época histórica en la que se ha puesto en peligro la misma permanencia de la especie humana, conducida al abismo por un sistema ecocida y genocida, regido por el afán de lucro.

Sin embargo, el capitalismo pretende en forma arrogante que no existen ningún tipo de límite que impida su funcionamiento hacia el futuro inmediato, y por ello sus voceros más emblemáticos (jefes de Estado, banqueros, empresarios, economistas) proponen como recuperación de la economía más de lo mismo, es decir, un regreso a las pautas de crecimiento económico existente antes de que comenzara la crisis, esto es, más producción en gran escala de mercancías, con derroche de materia y energía, para que se sigan consumiendo y se reactive la economía en su conjunto. Efectivamente, el capitalismo no va a desaparecer en esta crisis, por la sencilla razón que, por lo menos por ahora, no se dibuja en el horizonte una fuerza alternativa que lo derrote, pero esto no quiere decir que vaya a seguir funcionando “armónicamente” como antes, porque debe afrontar límites infranqueables, que como nunca antes la crisis civilizatoria actual ha puesto al orden del día y no pueden eludirse. Entre dichos límites debe mencionarse los siguientes:

En forma sintética el problema de los límites reales para el capitalismo puede expresarse con una formula elemental: I = C x T x P(Impacto sobre la tierra = Consumo x Tecnología x Población).[11] Aunque en teoría existirían varias posibilidades por parte del capitalismo para contrarrestar su impacto sobre la tierra y alargar su permanencia, en la práctica se está impulsando la reducción de la población más pobre del planeta, mientras se incrementan los niveles de consumo y el desarrollo tecnológico. Valga recordar los diferentes instrumentos de reducción demográfica en marcha en estos momentos, como las guerras, las epidemias, las nuevas enfermedades, la privatización de los servicios médicos y sanitarios, la conversión del agua en una mercancía, todos los cuales pueden considerarse como mecanismos neomalthusianos.

Con respecto a todos los elementos antes esbozados, el pensador brasileño Leonardo Boff ha entendido bien el sentido de los límites al capitalismo, resaltando la importancia decisiva de los aspectos ecológicos:

Una naturaleza devastada y un tejido social mundial desgarrado por el hambre y por la exclusión anulan las condiciones para reproducir el proyecto del capital dentro de un nuevo ciclo. Todo indica que los límites de la Tierra son los límites terminales de este sistema que ha imperado durante varios siglos.

El camino más corto hacia el fracaso de todas las iniciativas que buscan salir de la crisis sistémica es esta desconsideración del factor ecológico. No es una “externalidad” que se pueda tolerar por ser inevitable. O lo situamos en el centro de cualquier solución posible o tendremos que aceptar el eventual fracaso de la especie humana. La bomba ecológica es más peligrosa que todas las bombas letales ya construidas y almacenadas.[12]

Esta situación plantea la pregunta sobre la posibilidad de colapso de la civilización capitalista y con ella de la humanidad, pero esta última perspectiva sólo si no se admite la existencia de alternativas revolucionarias, imprescindibles para evitarlo. Como diría Walter Benjamin hoy la revolución es más actual que nunca para colocar los frenos de emergencia que detengan la caída rauda en el abismo e impida que el capital nos hunda en la locura mercantil que nos conduce hacia la muerte como especie y a la desaparición de diversas formas de vida.[13]

Ahora bien, la posibilidad de un colapso para el sistema capitalista no quiere decir que los capitalistas del mundo vayan a renunciar a seguirlo siendo y vayan a optar por otra forma de organización social, pues está demostrado a través de la historia que el capitalismo no va a desaparecer gracias a sus propias crisis, sino por acción de sujetos colectivos, conscientes de la necesidad de superar esta forma de organización social y que actúan en consecuencia, como sucedió al estallar los procesos revolucionarios que se presentaron durante el siglo XX.  Y, en ese sentido, la actual crisis no es diferente, puesto que, como modo de producción, el capitalismo va a reactivar el crecimiento por un breve tiempo, pero eso va a agravar tanto las condiciones de reproducción del sistema como la vida de la mayor parte de la población mundial. Estas dos circunstancias son las que indican que la crisis actual, en la que confluyen todos los aspectos mencionados en este ensayo, no es otra más, pasajera y circunstancial, sino de repercusiones de largo plazo, porque su costo humano y ambiental va a incidir en la vida de millones de seres humanos, lo cual puede conducir o a un cambio revolucionario o a que se acentúen las tendencias más destructivas y criminales del capitalismo, cuyo funcionamiento se enfrenta a un límite insuperable, el fin del petróleo y el agotamiento de los recursos.

De igual forma, con la crisis civilizatoria ya no se presenta sólo un desplome económico al que sigue una rápida recuperación, sino que por el contrario se asiste, como ahora, a un deterioro incontrolable de las condiciones naturales y sociales de la producción, motivado por la acción del mismo capitalismo, aunque eso no impida que en el cortísimo plazo algunas fracciones del capital alcancen ganancias extraordinarias, como resultado del acaparamiento, la especulación o la inversión en actividades relacionadas con la misma crisis, tal como la compra de empresas petroleras o de automóviles. En pocas palabras, la crisis civilizatoria “es silenciosa persistente, caladora y su sorda devastación se prolonga por lustros o décadas, marcados por estallidos a veces intensos, pero no definitivos, que en la perspectiva de la cuenta larga configuran un periodo de crisis epocal”.[14] 

Y este carácter insoluble de la crisis civilizatoria plantea la urgencia de un cambio revolucionario para sustituir al capitalismo si es que la humanidad quiere tener un mañana. Esto exige la construcción de otra civilización distinta al capitalismo que recobre los valores de la justicia, la igualdad, el valor de uso, la solidaridad, la fraternidad y otro tipo de relaciones con la naturaleza y que rompa con el culto al consumo, a la mercancía y al dinero. Eso supone reconocer la existencia de límites de diversa clase para los seres humanos: naturales, materiales, energéticos, económicos, tecnológicos y sociales que tornan imposible un crecimiento ilimitado, como el postulado por el capitalismo realmente existente, y que hoy se exalta como el milagro salvador que va a sacar al capitalismo de la crisis, y que pretende estar por encima de cualquier tipo de condicionamiento para sostener que no hay ningún tipo de barrera, ni natural ni social, que pueda impedir una expansión incontenible de la acumulación de capital.

Un movimiento anticapitalista en las actuales circunstancias de crisis civilizatoria debe plantearse una estrategia doble, que es complementaria y no antagónica: uno, impulsar todas las medidas indispensables para mejorar las condiciones de vida de la población pobre mediante la redistribución mundial y nacional de la riqueza que permitan romper con la injusticia y la desigualdad de clase, sin que esto se de por la órbita mercantil que privilegia el afán de lucro sino mediante la recuperación del valor de uso, la solidaridad y la fraternidad, todo lo cual sólo puede hacerse con una revolución que posibilite el control de los medios de producción por los productores asociados que, por supuesto, requiere como condición fundamental la “expropiación de los expropiadores”; y dos, replantear en forma radical la noción de progreso tecnológico, proponiendo un programa político y económico que cuestione la producción mercantil y todos sus efectos ambientales y energéticos.

Esto, desde luego, supone todo un reto ideológico y político para afrontar la crisis porque implica que las izquierdas históricas deben romper con su inveterado culto al progreso, a las fuerzas productivas y a los artefactos tecnológicos generados por el capitalismo, lo cual requiere de un nuevo tipo de educación y politización, porque “es imprescindible refundar un movimiento comunista rojo-verde, que ponga en el centro de su actividad política las medidas ambientalistas radicales”.[15]   

En esta dirección, hoy ante la crisis civilizatoria se precisa complementar dos tipos de crítica, la de Marx a la explotación de los trabajadores y otra, más reciente del ecologismo anticapitalista, a la destrucción de las condiciones que permiten la reproducción de la vida. Y esta doble crítica debería recobrar la indignación, aquella que Marx mostró cuando denunció que la búsqueda insaciable de plusvalía por parte de los capitalistas degrada las relaciones humanas y esa misma indignación se requiere para enfrentar las consecuencias de la crisis ambiental y la transformación climática, ya que “frente a esta posibilidad de una gran perturbación que pondría en peligro la base material de la reproducción social, los sectores dominantes de la burguesía han caído aún más bajo, en una degradación moral sin precedentes, que pone en peligro el futuro de la humanidad en su temerario intento de continuar las prácticas productivas que han creado esta situación”.[16]

Con relación a esta decadencia moral e histórica de las clases dominantes que representan a un régimen económico y social que puede catalogarse como uncapitalismo senil, es imprescindible reivindicar otra ética, la de los límites y la de la autocontención, que deben llevar a plantear la urgencia del decrecimiento en algunos lugares del mundo (en los países altamente industrializados), junto con la redistribución económica allá y en el sur del mundo, como resultado de una modificación revolucionaria en las relaciones de propiedad, como un proyecto político, colectivo y urgente, que claramente reivindique la superación del capitalismo porque solamente una ruptura con su culto al crecimiento, su consumismo exacerbado y su productivismo sin límites, puede evitar la catástrofe. Porque, en pocas palabras, “la dinámica del capitalismo de consumo masivo desemboca en la aberración de un planeta para usar y tirar. Frente a esto el ecologismo es insurgente: ¡la Tierra no es desechable!”.[17] Por ello, como dicen Adolfo Gilly y Rhina Roux “en el mundo de hoy, razonar con lucidez y obrar con justicia conduce a la indignación, el fervor y la ira, allí donde se nutren los espíritus de la revuelta. Pues el presente estado del mundo es intolerable; y si la historia algo nos dice es que, a su debido tiempo, no será más tolerado”.[18]

En efecto, la historia está abierta y que se consolide otra forma de sociedad depende, en última instancia, de la capacidad de refundar un proyecto anticapitalista de tipo ecosocialista por todos los sujetos que creen que otro mundo es posible y necesario, y que tal vez podría expresarse de manera sintética en la actualización de una célebre máxima revolucionaria, de esta manera: “Ecosocialismo o barbarie tecnofascista”.

*Historiador. Profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional de Bogotá, Colombia. Doctor de la Universidad de París VIII. Diplomado de la Universidad de París I, en Historia de América Latina. Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 1998-1999; El Caos Planetario, Ediciones Herramienta, 1999; Gente muy Rebelde (4 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad; Entre sus últimos trabajos podemos mencionar: Los economistas neoliberales, nuevos criminales de guerra: El genocidio económico y social del capitalismo contemporáneo (2010). La República Bolivariana de Venezuela le entregó en 2008 el Premio Libertador por su obra Un mundo incierto, un mundo para aprender y enseñar. Dirige la revista CEPA (Centro Estratégico de Pensamiento Alternativo). Es integrante del Consejo Asesor de la Revista Herramienta, en la que ha publicado varios de sus trabajos..

Artículo enviado por el autor para su publicación en Herramienta.

Revista Herramienta Nº 42

Octubre de 2009
Fuente:
 http://www.herramienta.com.ar/revista-herramienta-n-42/crisis-civilizatoria

 

 Alternativas postcapitalistas

 

Estamos, abajo y a la izquierda, urgidos de enfrentar a la alianza de capitales y estados imperialistas con los locales para emanciparnos de su opresión, represión y exterminio. Compartimos con los pueblos de Nuestra América al extractivismo que maximiza el empobrecimiento tanto de los países como de las comunidades por implicar transferencia a gran escala de riquezas e ingresos hacia sostener la economía especulativa e industrial de quienes son los beneficiarios exclusivos del actual sistema mundo. La situación nos interpela a concretar la ruptura con la conciliación de clases y el progresismo, al contrario, pretende continuarla. Su posicionamiento es considerado, por las mayorías, como más ajustado a la realidad que el de quienes percibimos la construcción, desde ahora, de otra sociedad y otro mundo acordes con las necesidades e intereses de los pueblos.

 

Consideremos la complejidad de establecer rumbos a través de qué propone João Pedro Stedile y su visión se parece a la predominante en Argentina.

 

 CARLOS AZNÁREZ, Resumen Latinoamericano, 1 de agosto 2016.- Hablar con Joao Pedro Stédile, es hacerlo con uno de los referentes más lúcidos de la

izquierda brasileña que no baja los brazos frente a las dificultades planteadas por el golpe de Estado neoliberal. Fundador y dirigente del Movimiento Sin Tierra desde hace más de tres décadas y uno de los tantos hombres y mujeres que empujan la lucha desde el Frente Brasil Popular, está convencido que sólo la movilización popular en las calles es la única receta para desgastar y tumbar al gobierno de Temer, si es que no se produce el regreso a su cargo de Dilma Rousseff.

 

Análisis de la coyuntura política brasileña

26 de septiembre de 2016

 

Por João Pedro Stedile (ALAI Agencia Latinoamericana de Información)

 

I - Contexto histórico y crisis 

1. Hay una crisis internacional del capitalismo, que viene desde 2008 con consecuencias para las economías periféricas y en las políticas del capital.

2. Hay un proceso en curso de cambios en la naturaleza del ESTADO burgués, que fue gestionado en el capitalismo industrial y ahora en el capitalismo financiero necesita de otro Estado, que está en proceso de mutación.

3. Hay una crisis profunda en Brasil: económica, política, social y ambiental que se asemeja a la que vivimos antes en 1930/60/80, y siempre son prolongadas.

4. Hay una ofensiva del capital internacional sobre las economías periféricas, en búsqueda de recursos naturales, materia prima, energía y mercado para que salgan de sus crisis.

5. La crisis económica brasileña agotó el modelo neodesarollista.

6. Algunos ejemplos de crisis económica y social: existen 12 millones de personas desempleadas. La tasa de desempleo subió en todas las grandes regiones del país, llegando a 11,3% de la populación económicamente activa y en la industria pasa de los 15% y entre los jóvenes llega a 20%; el ingreso medio del trabajador brasileño cayó. En el período entre 2014 y 2016, la caída del ingreso per cápita del brasileño debe llegar a 9,4% de acuerdo con proyecciones de la Fundación Getulio Vargas. Esa caída actual sólo pierde para el período entre 1981 y 1983, cuando el PIB per cápita cayó 12,4%. El aumento del endeudamiento de las familias en los últimos años indica el empeoramiento de las de las condiciones de vida de la población, porque compromete el presupuesto familiar. En 2005, las deudas representaban 18,42% de la renta. Hoy, corresponden a 44,3%[1]. La violencia contra la juventud en las periferias mata 50 mil por año. 

II - La naturaleza del golpe
1. La burguesía necesita tener el control absoluto de todos los poderes, como el Legislativo, Judicial, la Prensa y el Ejecutivo, para poder salir de la crisis, colocando su costo sobre la clase trabajadora.

2. Desde la derrota electoral de octubre/14, ellos vienen conspirando para apoderarse del Ejecutivo. Y el desenlace que generó unidad fue coordinado por Cunha, en defensa propia, que aceleró el impeachment.

3. Hubo muchos errores y fragilidades desde nuestro campo: la política económica de 2015 hizo que la base popular saliera del gobierno, que cayó de 54% para solamente 8% en meses; llevamos a los militantes para las calles, pero la clase trabajadora quedó paralizada; hizo falta una coordinación política del proceso, etc.; la mayoría de los gobiernos estaduales aliados del gobierno Dilma no se movieron. Ni los alcaldes. No hubo articulación de los medios populares. El episodio de la carta a los brasileños, que tardó, fue ineficiente. (Restará a los movimientos y a la izquierda hacer un buen balance de las causas de esa derrota y sacar las lecciones)

4. El golpe de la burguesía fue también una derrota de la estrategia de acumulación de fuerzas a través de la conciliación de clases y la prioridad a la lucha institucional.

5. La hegemonía de la burguesía en el poder va llevar a una ofensiva y combate a los espacios de articulación internacional antiimperialista, que estaban siendo construidos: Mercosur, Unasur, Celac y Brics. 

 

III - Los planes de la burguesía

La retomada de un programa neoliberal (subordinación de las políticas a la hegemonía del capital financiero y de las empresas transnacionales) para aumentar la tasa de ganancia y el proceso de acumulación, para eso:

1. Aumentar la explotación de los trabajadores – retirando derechos históricos (sueldos, desempleo, y derechos – rompimiento de la CLT y de la constituyente de 88);

2. Disputar la plusvalía social recolectada por el Estado (los recursos públicos) y con eso disminuir gastos que antes iban para educación, salud, vivienda popular… y apoderarse de ellos. (Hoy representan 10% del PIB nacional, 280 millardos) Iniciativa de la Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC) 241;

3. Privatización de las empresas estatales lucrativas (MP 727) – Petrobras, Eletrobras, Caixa, puertos, etc. Y la privatización del seguro social;

4. Apropiación privada de los recursos naturales, que les permite un ingreso futuro extraordinario mucho superior a cualquier tasa de explotación del trabajo. Ellos quieren apropiarse del petróleo, minerales, energía eléctrica, agua, biodiversidad… etc.;

5. Abrir el mercado en el sector de servicios controlado por el estado, liberar pesticidas, salud, hospitales, romper con la legislación que regula la Internet, etc.

6. Reordenación de nuestra economía de manera subordinada, a las empresas/capital estadounidense (mercado, tecnología, etc.)

7. Reconfigurar la estructura del Estado para aumentar el control de la burguesía, criminalización de los sectores progresistas y la ofensiva contra los movimientos populares, vía represión de las policías, criminalización del Poder Judicial y campañas de desmoralización de los medios burgueses. 

 

IV - Problemas y desafíos de la burguesía

1. Frente del poder económico. Solamente 76 mil ricos que representan 1% de la populación y sobretodo los banqueros y rentistas.

2. Frente partidario: tucanes, PMDB, DEM, PPS y PSD

3. Núcleo ideológico: Fiscalía Pública Federal + Policía Federal + Red Globo (controlan la Operación Lava Jato y otros procesos políticos en curso) Vea el despido del abogado general de la Unión.

4. Emergió un grupo de ultra-derecha ideológica: Bolsonaro / red en la internet. (6% de la población); para hacer el trabajo sucio de ataques a las ideas de la izquierda.

 

V.   Los desafíos de las fuerzas populares

1. Mantener la lucha permanente contra el golpe, defender la democracia, denunciar la corrupción de los miembros del gobierno golpista. Utilizar nuevas formas y métodos pedagógicos y culturales con la clase trabajadora.

2. Luchar en contra de la ofensiva neoliberal y defender los derechos conquistados (¡ningún derecho menos!);

3. Defender la soberanía sobre el Pre-Sal y los recursos naturales (venta de las tierras al capital extranjero).

4. Intensificar las luchas de masa, que empiezan por categorías (bancarios, correos, trabajadores del campo… etc.); realizar un paro el día 22/09 muy fuerte, y seguir construyendo en las calles y en los sitios de trabajo, la necesidad de un paro general.

5. Retomar el trabajo de base con la clase trabajadora, con la juventud y mujeres, para elevar el nivel de consciencia política, y ampliar las movilizaciones anti-golpe.

6. Rescatar los valores de la ética y la denuncia de la corrupción endémica de la burguesía.

7. Estimular la desobediencia civil frente al gobierno ilegítimo.

8. Construir el FRENTE BRASIL POPULAR, promoviendo el enraizamiento en las bases y sitios por comités populares.

9. Las banderas mayoritarias hoy, en las calles, son: FUERA TEMER, Directas Ya, y Ningún derecho menos.

 

10.   Desafíos a medio plazo de la clase trabajadora 

http://www.alainet.org/es/articulo/180451

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=217171

 

 

 João Pedro Stedile manifiesta que el neodesarrollismo se ha agotado y que el progresismo ha sido derrotado por su conciliación de clases y su prioridad a la lucha institucional. Pero no plantea las gravísimas consecuencias del extractivismo y de la represión a las favelas. También enfoca la oposición a la ultraderecha mediante memoria colectiva positiva de los gobiernos Lula/Dilma,  candidatura de Lula en 2018 y la política del  PT e izquierda.

 

Pensemos otros rumbos. En Argentina y toda Nuestra América se enfrentan las territorialidades del capitalismo e imperialismos con las de las comunidades indígenas, campesinas, ruruurbanas, urbanas... Desde el terrorismo de estado con fachada de democracia, los pueblos de Colombia nos enseñan cómo disputan los planes de acaparamiento del sistema.

 

 

Paz territorial y acaparamiento en Colombia

Concepciones de paz en disputa
28 de septiembre de 2016

 

Por Lyda Fernanda Forero y Danilo Urrea (Justicia Agraria)

El intento de superación del conflicto armado con la guerrilla de izquierda de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC- ha llegado a última instancia con la firma del acuerdo final por parte de esa insurgencia y el gobierno de derecha de Juan Manuel Santos. Posteriormente a la firma del 26 de septiembre en la emblemática ciudad de Cartagena de Indias, se llevará a cabo un plebiscito, el 2 de octubre, para que las y los colombianos definan a través de su voto si refrendan o no los acuerdos alcanzados entre el gobierno y esa guerrilla.

Cuatro años de negociaciones en la cubana ciudad de La Habana fueron necesarios para que las partes llegaran al acuerdo final, contenido en 297 páginas que podrían dar una posibilidad, luego de más de 50 años, para la construcción de otro horizonte de país. Existe confianza entre los sectores democráticos y la organización popular colombiana en que los acuerdos se refrendarán con la victoria del SÍ al plebiscito y, desde allí, surgirán nuevas condiciones de posibilidad para hacer política y país en Colombia.

Contrario a lo que podría imaginarse, existe un sector de la población que hace campaña por el NO a la refrendación. Muchos de quienes impulsan esta tendencia, contraria a toda lógica de vida, se mantienen bajo el embrujo autoritario[1], y luego de media década de superada la llamada seguridad democrática (2002 - 2010), en la que el número de víctimas de la guerra superó al de todos los gobiernos anteriores[2], hoy continúan siguiendo y añorando al expresidente Álvaro Uribe y a su retórica de guerra para alcanzar la paz. Sin lugar a dudas, el ahora senador de la República sabe que la construcción de paz tendrá consecuencias para él, al generarse otras condiciones para el seguimiento a todos los procesos y acusaciones que existen en su contra[3].

Ahora bien, más allá de una combinación de factores que impulsa a algunos sectores a defender la continuación de la guerra degradada, que a una ínfima minoría ha enriquecido y a más de ocho millones de personas ha devastado, es importante analizar qué implicaciones reales puede tener en el ámbito territorial el fin del histórico conflicto armado, y, sobre todo, qué concepciones distintas de paz se juegan en la actualidad, así como los efectos de poder que pueden tener sobre el cuerpo social colombiano.

 

Concepciones de paz en disputa.

 

Pax Neoliberal.  El gobierno Santos ha producido y difundido una idea de la paz como espejo del sometimiento de la insurgencia. Se ha pretendido significar la paz como el resultado de la negociación con la guerrilla de las FARC. Evidentemente, se trata de un intento de pax neoliberal[4], en la que la solución de la confrontación en armas nada tiene que ver con la superación del conflicto social, económico y político que dio origen al armado.

Las iniciativas legislativas del gobierno Santos, y sus respectivas figuras y mecanismos de despojo son una clara prueba de esta realidad. Por ejemplo, las Zonas de Interés de Desarrollo Rural, Económico y Social -ZIDRES[5]-, permiten la entrega, sin límite de extensión, de tierras baldías a personas jurídicas nacionales o extranjeras, a quienes se les otorga el control sobre el uso del territorio –principalmente en la altillanura o en el Magdalena Medio[6]. Tampoco hay un límite de tiempo para el control de las zonas mencionadas, esta definición quedará a cargo de la Agencia Nacional de Tierras[7]. De alguna manera, a través de este mecanismo y bajo el amparo del discurso del desarrollo y el interés público, se está permitiendo entrar en zonas del país cuyo acceso había estado limitado por el conflicto armado. A partir de la implementación de las ZIDRES, grandes propietarios (personas jurídicas) recibirán estímulos de alianzas productivas, paquetes tecnológicos, subsidios y toda una serie de apoyos de los que jamás se benefició, en toda la historia, el campesinado de Colombia[8].

Ante la reducción de las ganancias por el modelo petrolero -y en términos generales por la disminución de los beneficios esperados del extractivismo minero – energético-, parece que la salida es continuar profundizando la promoción de la agroindustria, como medida de incorporación de ingresos adicionales. Una alternativa basada en el gran capital, respetando el modelo hacendista, existente desde tiempos coloniales, pero incorporando al juego al capital trasnacional, para lo que se presume necesaria la pacificación de territorios como garantía para atraer la inversión extranjera del aparato corporativo. Se implementa un modelo en el que incluso se le puede otorgar al campesinado la propiedad de la tierra[9], pero su uso, administración y control están en función de la cadena de producción definida por las trasnacionales[10], lo que finalmente determina la acumulación de capital e implica la pérdida de derechos sobre el territorio desde nuevas formas e instrumentos de profundización del despojo. En esta forma de territorialización del capital juega un papel protagónico el modelo de financierización del campo a través de las llamadas bolsas agrícolas y la re-colonización rural vía crédito.

Paz desde la justicia social y ambiental. De otra parte, diametralmente opuesta a la idea de paz del gobierno, se construye una narrativa, de los pueblos organizados, en la que la paz se equipara con la justicia social y ambiental, en la que la dejación de las armas por parte de los agentes del conflicto es un paso en la construcción de país digno, pero no el punto de llegada ni la consolidación del proceso. Esta perspectiva de paz propende por la negociación con las otras insurgencias -con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Ejército Popular de Liberación (EPL)-, señalando que la posibilidad de avance depende de la negociación política, a través del diálogo con los otros actores del conflicto. En el corazón de esta postura se ubica la participación social como base fundamental de la construcción de paz. Una participación decisiva y vinculante, no sólo consultiva, en la que los pueblos presenten sus propuestas y acumulados históricos para la generación de una nueva política, en los diferentes y prioritarios ámbitos de la realidad nacional (minero – energético, economía propia campesina, afrodescendiente e indígena, cultivos llamados de uso ilícito, ambiente y territorio, etcétera). Desde esta mirada de la paz, se reconoce la del gobierno como neoliberal y corporativa, pues comprueba en la experiencia cotidiana el avance del conglomerado del capital trasnacional sobre el control de los territorios[11].

Sin duda, estas posturas se encuentran en disputa, pues son antagónicas en sus proyecciones, en la concepción de la justicia y en el proyecto de país que se proponen construir. Si bien confluyen en la idea de la necesidad de superar los más de 50 años de confrontación armada, se diferencian en que mientras para el gobierno es necesario enfrentar solamente las consecuencias del conflicto, para los pueblos es necesario superar las causas que lo originaron, y es allí donde se hace prioritaria la revisión y transformación del modelo de desarrollo vigente, que además podría perpetuar las causas de la guerra.

De cualquier manera, del proceso llevado hasta ahora, debe resaltarse que con las negociaciones se ha abierto la posibilidad de plantear, a una opinión pública desinformada, que el movimiento insurgente no es el único responsable de la violencia, que una buena cuota le corresponde al Estado y a fenómenos que ha tolerado, como el paramilitarismo, así como a los Estados Unidos y sus acciones cívico – militares con estrategias contrainsurgentes de guerra de baja intensidad. También se abre la puerta a la posibilidad de judicializar empresas (nacionales y extranjeras), presentando pruebas del accionar que se presuma ilegal de su parte. Y, principalmente, la mayor ganancia de este proceso está en la emergencia de nuevas verdades, construcciones que quedan por fuera de la totalización histórica de esa verdad impuesta, favorable a quienes han promovido la guerra y se han beneficiado de ella.

Paz, ambiente y falsas soluciones.

En el centro de las concepciones que disputan el significado de la paz está la cuestión ambiental. Un asunto que debiera superar la asimilación con los recursos naturales, como simples objetos para la explotación, concepción que ha primado en el establecimiento colombiano, e incluso en sectores de la llamada izquierda, y que permite legitimar discursivamente su acaparamiento y destrucción.

Para algunos integrantes del movimiento social colombiano, en este momento histórico es sustancial discutir la relación entre el conflicto armado y la imposición de megaproyectos, que también se presentan como motores del desarrollo. Tales son los casos de Hidroituango[12], la construcción de la represa Urra I[13], entre otros proyectos hidroeléctricos, o de los diversos emprendimientos mineros, alrededor de los cuales se ha desatado la conflictividad armada en diferentes regiones[14]. Todos los megaproyectos han generado afectación ambiental importante, en muchas ocasiones hasta la devastación y, en la mayoría de ellos, han intervenido agentes armados[15].

Ahora, al hacer referencia a la afectación ambiental, debe tenerse en cuenta, también, la explotación de los cuerpos de los hombres y las mujeres y la ruptura de su relación con el territorio del que son parte constitutiva y constituyente. Articulaciones como el Movimiento Colombiano por la Defensa del Territorio y Afectados por Represas -Ríos Vivos-, han exigido su reconocimiento como víctimas del desarrollo, pues el desplazamiento forzado que se les impuso está en relación consecuente con la construcción de grandes represas, con la destrucción de tejidos sociales tradicionales y ancestrales y con la pérdida de medios naturales de subsistencia[16].

La cuestión ambiental debiera ser concebida, entonces, como la interrelación de los seres humanos con los entornos naturales en los que han constituido los territorios que habitan (o habitaban), y su consideración en el escenario de construcción de paz debe propiciar: la búsqueda de verdad frente a las causas estructurales que generaron los conflictos socioambientales; la reparación integral de las víctimas humanas; la restauración de la naturaleza en todas sus dimensiones; y, garantías de no repetición.

Sin embargo, la narrativa oficial –que se excusa en las políticas promovidas desde instituciones multilaterales y las reproduce- opta por convertir en el posacuerdo a la naturaleza en capital (natural), e integrarla a la gobernanza corporativa propia del modelo de economía verde y a discursos como el del desarrollo bajo en carbono. Una propuesta de paz territorial que implementa mercantilización y financiarización de la naturaleza a través de esquemas de financiamiento para las instituciones que regulan el manejo ambiental (Corporaciones Autónomas Regionales y Sistema Nacional Ambiental), basados en el recaudo a través del Pago por Servicios Ambientales -PSA- y de proyectos de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación –REDD-, que constituyen mecanismos de control trasnacional. Un reordenamiento territorial en el que la biodiversidad como capital natural esté al servicio de los grandes emporios financieros. Un desarrollo local con producción sostenible asociada a la gobernanza corporativa y sin la participación de sujetos campesinos, o sumándoles en función de mercados para la exportación, que nuevamente les sumergen en la dependencia, y descuidan la soberanía alimentaria y la autonomía. Y una actividad extractiva que priorice la minería sostenible, no obstante la contradicción en los términos, para que en ella participen las poblaciones locales, empobrecidas por el mismo modelo, y los excombatientes.

Sin lugar a dudas, el intento de consolidación de una paz en la que el ambiente esté al servicio corporativo, y en la que se reproducirán las causas subyacentes que dieron origen al conflicto armado, ahora bajo la narrativa de la economía verde.

Paz y territorio.

Las posibilidades de construcción de paz en los territorios, desde los pueblos y no desde la trinidad del gobierno Santos, los organismos multilaterales y sus aliados corporativos, pasan por algunas propuestas que están hoy arriba de la mesa del debate social[17]. Entre las alternativas en elaboración, como condición necesaria para alcanzar la justicia social y ambiental, se construye la Comisión de Verdad Ambiental. Planteamiento impulsado por diversas organizaciones, entre ellas CENSAT Agua Viva / Amigos de la Tierra Colombia, y el Movimiento Ríos Vivos. Esta propuesta parte del reconocimiento de la naturaleza como víctima del conflicto armado, en tanto fue el escenario y el botín de guerra. Señala que no es posible la reparación integral de las víctimas humanas sin la restauración de los territorios afectados por la confrontación. Y plantea un amplio ejercicio de memoria ambiental y ecológica, a través de reconstrucción de casos símbolo, en los que se haga posible conocer la verdad sobre los crímenes contra la naturaleza y, primordialmente, estipular garantías de no repetición.

En el contexto de las políticas neoliberales profundizadas en los últimos años, reforzadas por los acuerdos de libre comercio e inversión[18], y que han perjudicado profundamente a los sectores populares, el surgimiento y fortalecimiento de espacios de convergencia, organización y movilización ha sido fundamental en la defensa del territorio y en la construcción de propuestas por la justicia económica, ambiental y social que permitan resolver las causas que dieron origen al conflicto armado.

Ante la posibilidad de construir estas propuestas desde un escenario en el que la conflictividad armada no haga parte de la cotidianidad, y se generen espacios para el disenso y el reconocimiento de las diferencias en la participación política, es urgente avanzar en la consolidación de una articulación de diferentes sectores del movimiento popular con el objetivo de discutir y desarrollar una nueva narrativa, desde la creatividad que apunte a la producción de nuevos sujetos y subjetividad política para la construcción de país.

 


[1]      Se denominó “embrujo autoritario” al gobierno de Álvaro Uribe Vélez, como se expresó en una serie de libros publicados bajo ese nombre, por la Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo, con participación de distintas organizaciones sociales y académicos: http://worldcat.org/identities/lccn-no2004004631/

[2]      De acuerdo con la Red Nacional de Información de la  Unidad para las Víctimas, el año que registra un mayor número de víctimas es 2002, con 831.339. Entre 2002 y 2010 se registraron 4.223.748 víctimas, de un total de 8.769.002 víctimas contabilizadas entre 1985 y 2016. Estos datos pueden omitir personas que no hayan sido registradas como víctimas, pero permiten tener un panorama general de la situación descrita. Fuente: http://rni.unidadvictimas.gov.co/RUV

[3]      http://www.semana.com/nacion/articulo/alvaro-uribe-el-candidato-con-mas-...

[4] http://justiciaypazcolombia.com/Paz-express-pax-romana

[5] Reglamentadas por la ley 1776 del 29 de enero de 2016

[6] Se trata de dos zonas estratégicas geográfica y políticamente. En la altillanura, ubicada al oriente del país, se encuentran los pozos petroleros con mayores reservas y en los últimos años se han desarrollado cultivos de arroz, soya, palma aceitera. El Magdalena Medio es la zona comprendida por el valle alrededor del principal río de Colombia, el Río Magdalena, en el centro y norte del país. Allí se encuentra ubicada una de las principales refinerías de petróleo y es centro de proyectos mineros, ganaderos y agroindustriales. Históricamente, estas dos zonas han sido escenario de resistencias campesinas y de la acción paramilitar, que (principalmente en los años 80 y 90) intentó consolidar el despojo de los territorios. 

[7]  http://www.elespectador.com/noticias/economia/hara-nueva-autoridad-de-ti...

[8] Ver: Machado, Absalón. La política de Reforma Agraria y Tierras en Colombia. Esbozo de una memoria institucional. Informe del Centro Nacional de Memoria Histórica, 2013. Mondragón, Hector. La triste historia de la agricultura colombiana y la renta desalmada. En: Revista Semillas No. 50: http://semillas.org.co/es/revista/la-triste-historia-de-la-agricultura-c...

[9] A través de esquemas de restitución de tierras, por ejemplo.

[10] De acuerdo con Franco et al., desde una perspectiva de política económica, esto constituye el acaparamiento de tierras en el contexto actual: “Éste se refiera a la captura del poder de controlar la tierra y otros recursos asociados, como agua, minerales y bosques, con el fin de controlar los beneficios de su uso”. Franco et al. The Global Land Grab. A primer. Transnational Institute, 2013.

[11]    www.cumbreagraria.org

[12] Proyecto de construcción de una megarepresa en el Departamento de Antioquia, región ubicada al noroccidente de Colombia, y que limita con Panamá. http://www.hidroituango.com.co/ ver: http://debatehidroituango.blogspot.com.co/

[13]    http://urra.com.co/ ver: http://censat.org/es/noticias/el-pueblo-embera-katio-del-alto-sinu-denun...

[14]  Ver: http://censat.org/es/analisis/mineria-en-colombia-2015-de-las-ventajas-corporativas-a-las-zonas-de-sacrificio-minero,                 https://issuu.com/cinepppp/docs/documento_ocasional_78_1_6_merged,                 http://www.contraloriagen.gov.co/documents/10136/182119332/MineriaEnColombia-Vol2.pdf/6cc33e0c-29e9-4a65-8561-1215fa8d07a0, http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/colombia-no-esta-pre...

[15]  http://www.semana.com/nacion/articulo/la-fiebre-minera-apodero-colombia/...

[16]  https://defensaterritorios.wordpress.com/2016/08/25/politica-energetica-...

[17] Estas propuestas se encuentran consignadas en el documento Política energética colombiana y propuestas para su transformación, elaborado por el Movimiento Ríos Vivos para el debate en la Mesa Nacional Minero Energética y Ambiental: https://defensaterritorios.files.wordpress.com/2016/08/doc_rios-vivos_pr...

[18]    Para un análisis actualizado y detallado del acuerdo con la UE véase: https://www.tni.org/es/publicacion/repercusiones-en-colombia-del-acuerdo-comercial-con-la-union-europea-tras-tres-anos-devéase:

Fuente: https://www.tni.org/es/art%C3%ADculo/paz-territorial-y-acaparamiento-en-colombia

 

João Pedro Stedile habla de:  "La hegemonía de la burguesía en el poder va llevar a una ofensiva y combate a los espacios de articulación internacional antiimperialista, que estaban siendo construidos: Mercosur, Unasur, Celac y Brics". 

 

Cuestionemos lo de hegemonía burguesa recién con Temer y el carácter antiimperialista de las integraciones regionales. Reflexionemos sobre:

 

 

 

Entrevista a François Houtart

¿Posneoliberales o progresistas?

Gobiernos y movimientos sociales frente a la crisis

15 de agosto de 2016

Por Salvador Bello (Rebelión)

 

 

(...)Por otra parte, ¿en qué condiciones queda el proyecto de integración latinoamericana, en casos concretos como el ALBA, el Mercosur, el banco del sur, etc.?

Pienso que la integración latinoamericana debe ser uno de los puntos fundamentales de la izquierda. ¿Por qué? frente a un capitalismo siempre más centralizado, siempre más global, frente a grandes empresas multinacionales que tienen un poder económico y político muy grande, frente a la organización formal del capitalismo mundial, con la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI), etc. y la organización informal con los paraísos fiscales, frente a todo eso, la única manera de afrontar al capitalismo de monopolio generalizado como dice Samir Amin, es la integración, porque los países individuales no son capaces, no tienen la fuerza suficiente para afrontarse a las fuerzas del capitalismo mundial. Un país como Brasil podría eventualmente por su dimensión, pero tiene fuerzas internas del capitalismo mundial que impiden evidentemente que este país -aún con un gobierno ‘progresista’- sea una fuerza de resistencia contra el capitalismo mundial. Sin embargo, debemos decir que la corriente latinoamericana de la integración frente a la corriente de integración con el Norte -podríamos decir Bolívar contra Monroe, ya desde el principio del siglo XIX que ha seguido y se mantiene-, esta corriente de Nuestra América ha sido si muy promovida especialmente por Chávez, pero apoyado por el Ecuador, Bolivia, Argentina -Brasil siempre ha sido un poco mas prudente por ser consciente de ser el poder principal de América Latina y así no ha sido siempre un partidario muy confiable- pero en general los gobiernos progresistas han apoyado una integración latinoamericana, Cuba particularmente, y hemos visto así, una proliferación de organismos; por ejemplo el Mercosur, si considero los últimos tiempos, porque hubo ya antes organismos como la Comunidad Andina de Naciones (CAN) o como el Parlamento Centroamericano, etc, pero últimamente el Mercosur, Unasur, Celac, fueron pasos muy importantes pero no poscapitalistas, porque reúnen países capitalistas y no capitalistas -que está bien, porque es la realidad- que por lo menos son antihegemónicos, es decir, que por ser latinoamericanos y no integrar a América del norte, son evidentemente antihegemónicos frente a América del norte. Solamente el proyecto del ALBA ha tenido una perspectiva poscapitalista, pero que es muy marginal en América latina, porque son 10 países solamente y una parte son las pequeñas islas del Caribe, pero es el único organismo poscapitalista, porque en su definición dice que la base de su trabajo y de su perspectiva es, no la competencia, sino la complementareidad y la solidaridad, también en el campo económico, y por eso empezaron con Petrocaribe, pero también con otros proyectos, de tipo social, como la Operación Milagro, o de tipo cultural como Telesur, y así fue una apertura hacia un futuro no capitalista, pero fue la única. El hecho que exista, es muy importante, pero es muy vulnerable, porque ahora no sabemos como van cambiando el continente si hay cambio en Venezuela. Estuve la semana pasada en Cuba, el efecto del cambio de Venezuela ya está sucediendo: Cuba no va a recibir el mismo tipo de ayuda con Petrocaribe que antes, inmediatamente eso tiene efectos sobre la capacidad de producir electricidad, ya han tenido que cortar el aire acondicionado en todas las oficinas publicas y con el calor actual es un problema real y poco a poco eso puede tener un efecto muy importante para Cuba.

 

Para el futuro, este tipo de integración es fundamental, primero como un hecho latinoamericano, antihegemónico, dentro de un sistema capitalista. Y después -si hay alguna posibilidad, si hay algunos países que realmente tienen una izquierda en el poder- promover mas tipos de integración como el ALBA que podrían justamente proponer otro tipo de modelo económico, tomando en mano problemas como la Amazonía -problema que hemos estudiado en la Cátedra Fraçoise Houtart, una cátedra que el Instituto de Altos Estudios Nacionales del Ecuador (IAEN) inició el año pasado por mis 90 años, tomando como tema la Amazonía- y hemos concluido -junto con la gente de Unasur- después del trabajo de un año, que la única manera de salvar la Amazona es la integración latinoamericana, por lo menos sudamericana, porque ningún país, o mejor dicho, todos los países individualmente tienen buenas razones para explotar la Amazonía y destruirla, y si sigue así como anuncia la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), que dentro de 40 años no tendremos mas selva amazónica, lo que sería una catástrofe ambiental extremadamente grave para el continente. Así, por eso y para otras cosas; para el problema indígena, para el problema de la agricultura campesina, el problema de los transgénicos, un montón de problemas, tiene su solución solamente en la integración, con leyes de integración. La Unión Europea (UE) es un mal ejemplo, pero ha tenido la posibilidad de resistir contra Monsanto: hace tres semanas mas o menos, hubo una decisión de la Comisión Europea de no permitir la renovación de glifosato en Europa, a pesar de todos los esfuerzos que ha hecho Monsanto, hubo una oposición popular fuerte, que se ha transmitido en el Parlamento Europeo y la Comisión Europea ha tenido que tomar esta decisión, un país europeo no habría podido hacerlo, pero a nivel de 28 países si. Para América Latina es lo mismo, es por eso que es un asunto muy importante. Pero no soy muy optimista a corto plazo, porque se ve inmediatamente en Unasur -que tiene orientaciones relativamente positivas, no anticapitalistas, pero relativamente positivas-. Ya Venezuela desde hace dos años no paga su cuota, Brasil ha anunciado que no va a pagar su cuota de este año. Tienen que despedir personal. Desde 13 años que existe no han podido constituir todavía la comisión ambiental, que podría justamente tomar en sus manos el problema de la Amazonía.

Además están las gestiones para aprobar el TPP en Perú, Chile y México que cambiaría la situación geopolítica.

Absolutamente, que es la otra cara, que es la integración Monroe y esta iniciativa tiene mucha fuerza, primero porque son países que hacen parte, que tienen un peso demográfico bastante importante en el continente y un peso económico también, y por otra parte el futuro del comercio con Asia -relativo, porque China no está en este proyecto- pero de todas maneras es el esfuerzo de EEUU y de Canadá para retomar de manera parcial la idea del ALCA.

Pero para regresar al problema más fundamental de la transformación posible, es evidente que no se puede pensar que ningún país de América Latina podría pasar al socialismo de una vez, por una decisión política, revolucionaria, eso inmediatamente tendría como resultado el boicot del país, sino la intervención militar. Lo que se debe hacer ahora, me parece que -y ya hay algunos medios que empiezan a hacerlo- el MST por ejemplo, ha convocado una reunión en septiembre, de reflexión sobre como superar el capitalismo, es decir que se deben redefinir las metas; primero, qué tipo de modelo podemos proponer, o por lo menos la orientación fundamental del nuevo paradigma, que no sea el paradigma capitalista, con la experiencia de los movimientos sociales y con la contribución de intelectuales; y segundo, cuáles son los pasos posibles, cuáles transiciones son posibles, con cuáles actores y redefinir eso para tener una base de proyecto para la izquierda, lo que no encontré por ejemplo en el Foro de São Paulo, así que debemos pensar nuevas instancias y trabajar en este sentido.(...)

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=215556

 

 

João Pedro Stedile no debería desistir de privilegiar la lucha de los campesinos e indígenas no sólo porque el sistema mundo capitalista persigue su desaparición forzada sino también porque crece el encuentro de la diversidad social de cada país en torno a la soberanía alimentaria y los derechos humanos de los campesinos e indígenas alcanzan deliberación y toma de decisiones en el mundo.

 

 

“Sabemos que la semilla se ha vuelto hoy el corazón de las ganancias de las grandes transnacionales. Pero también sabemos que es el principio de nuestra nutrición y nuestra vida”.

La Multisectorial No a la Ley Monsanto a las y los Legisladores Nacionales:

NO A LA MODIFICACIÓN DE LA LEY DE SEMILLAS
29 de septiembre de 2016

"Este proyecto nace de las negociaciones cerradas entre el gobierno de Macri, las corporaciones transnacionales y los grandes productores. El nuevo intento de modificación de la vigente Ley 20247, al igual que los anteriores, contiene elementos que nos alarman y que nos hacen expresar nuevamente nuestro rechazo contundente a cualquier modificación más regresiva de la ley vigente."

Finalmente se hizo público el Proyecto de Ley de Semillas que el Poder Ejecutivo elaboró y se apresta a enviar al Congreso de la Nación.

Este proyecto nace de las negociaciones cerradas entre el gobierno de Macri, las corporaciones transnacionales y los grandes productores. Negociaciones que, tal y como ocurrió en los intentos de reforma que, desde el 2012, llevó adelante el gobierno kirchnerista, dejan afuera las necesidades e intereses de agricultores familiares, comunidades campesino-indígenas, consumidores, y afectados directos por el agronegocio.

Es por esto que el nuevo intento de modificación de la vigente Ley 20247, al igual que los anteriores, contiene elementos que nos alarman y que nos hacen expresar nuevamente nuestro rechazo contundente a cualquier modificación más regresiva de la ley vigente.

 

Para comenzar, la estrategia parece ser ir introduciendo cambios menores pero regresivos con los que se avance paso a paso en la imposición de UPOV 91 ante los rechazos que existen para la modificación de la ley.

Rechazamos de manera absoluta la posibilidad de cualquier tipo de patentes sobre la vida. Permitir que el marco normativo admita estas patentes es profundizar aún más el modelo del agronegocio, aceptando que las grandes empresas se apropien de los múltiples conocimientos que los campesinos y campesinas han acumulado de manera milenaria en la semilla, a través de su cuidado y mejoramiento. A su vez, este artículo cierra planteando que: “No obstante, a los fines de la explotación comercial se requerirá el consentimiento del titular del derecho de patentes o su licenciatario.” Con lo cual se establece que quien realice la investigación deberá finalmente pagar regalías para poder tener “el consentimiento” del titular de la patente.

Finalmente la administración y dirección del INSTITUTO NACIONAL DE SEMILLAS (INASE) queda conformada por un directorio integrado por 12 personas de las cuales 6 son representantes del Sector privado. Considerando que muchas de las otras partes (INTA, Ministerio de agroindustria) tienen intereses cercanos a los del sector privado, consideramos que esta estructura para el INASE es inadmisible ya que de ninguna manera puede representar los intereses de nuestro pueblo frente a un tema tan fundamental. Este organismo así constituido consolida la complicidad ya hace años construida entre las corporaciones, el Estado y el sistema de investigación hegemónico, que garantizan la apropiación de la semilla y el conocimiento para la ganancia de unos pocos y la miseria de las mayorías.

 

Las más de 50 organizaciones sociales que integramos la Multisectorial No a la Ley Monsanto de Semillasentendemos que este nuevo intento de modificación de la ley de semillas se encuentra enmarcado en un sistema capitalista que, desde hace décadas busca convertir nuestros bienes comunes (naturaleza, conocimiento) en mercancías para el lucro y crecimiento del poder de unos pocos. A lo largo y ancho de nuestro continente se han llevado adelante, de manera constante, reformas para que las grandes corporaciones obtengan ganancias que los pueblos pagamos con la contaminación de nuestros lugares de vida, con la pérdida de nuestros recursos para la subsistencia, incluso, con nuestra propia salud. Los Tratados de Libre Comercio, que han avanzado en las últimas décadas en nuestro continente, intentan extender y consolidar estas reformas a pesar de nuestras resistencias y múltiples luchas. Por eso sabemos que la semilla se ha vuelto hoy el corazón de las ganancias de las grandes transnacionales. Pero también sabemos que es el principio de nuestra nutrición y nuestra vida.

Por eso, consideramos que son principios irrenunciables para el abordaje de una Ley de Semillas en Argentina:

1- El rechazo a toda forma de propiedad intelectual sobre las semillas. Las semillas agrícolas han sido y siguen siendo una creación colectiva de los pueblos y los intentos de apropiación y privatización a través de los derechos de obtentor, patentes o normas de calidad son una amenaza a la soberanía alimentaria de los pueblos.

2- Garantizar la libre circulación, intercambio y comercio de las semillas nativas y criollas impidiendo su apropiación y monopolio por parte de corporaciones.

3- Revalorizar y relegitimar los conocimientos, saberes, creencias y prácticas locales, tradicionales y ancestrales de las campesinas y los campesinos, indígenas y afrodescendientes y demás comunidades.

4- Promover y garantizar su uso de las semillas criollas y nativas en el marco de un impulso a la producción agroecológica en manos de campesinos y campesinas, productores y productoras familiares y pueblos originarios.

5- Abandonar el impulso al agronegocio, el control corporativo de nuestra agricultura, el uso de semillas transgénicas y la aplicación de agrotóxicos y la entrega de nuestros bienes naturales a través de los Tratados de Libre Comercio; promoviendo una transición urgente hacia un modelo regional agroecológico de base campesina con real participación de las comunidades involucradas. En este sentido, consideramos urgente e imprescindible avanzar en un proceso de reforma agraria integral que recupere el territorio para las mayorías sociales.

Los más de 10 mil años que los pueblos originarios, campesinas y campesino del mundo llevan alimentando a la humanidad sin que se viera limitado su derecho al libre intercambio es la mejor prueba de que ese es el camino a seguir.

Al mismo tiempo la pérdida del 75 % de las semillas agrícolas producidas en los últimos 60 años a causa de la agricultura industrial (según datos de la FAO) demuestran que el agronegocio, sus transgénicos y agrotóxicos y las leyes de semillas que promueven están acabando con el principal patrimonio que tenemos los pueblos para garantizar nuestra alimentación en el futuro.

Junto a ello, la codependencia a la economía neoliberal, propia del modelo agrario actual, industrial y capitalista, que ha generado millones de muertes y enfermedades, desplazado pueblos enteros hacia las zonas más pobres de las ciudades, provocando terribles deforestaciones, inutilizando millones de hectáreas de tierra al dejarlas sin nutrientes, generando cada vez más contaminación así como más relaciones de desigualdad; ha demostrado que aquel NO es el camino a seguir.

Señoras legisladoras, señores legisladores: ustedes son responsables con las leyes que aprueben de que este proceso continúe o se revierta. Los pueblos estarán atentos y vigilantes a las consecuencias de sus acciones.

¡Las semillas son un Patrimonio de los Pueblos al Servicio de la Humanidad!

¡NO A LA NUEVA LEY DE SEMILLAS MONSANTO!

¡NO A LA PRIVATIZACIÓN DE LAS SEMILLAS Y LA VIDA!

¡FUERA MONSANTO Y LAS CORPORACIONES DEL AGRONEGOCIO DE AMÉRICA LATINA!

¡POR UNA AGRICULTURA PARA ALIMENTAR Y EN MANOS DE LOS PUEBLOS!

 

Multisectorial NO a la Ley Monsanto de Semillas

GRAIN, Acción por la Biodiversidad, Frente Popular Darío Santillán – CN, Pañuelos en Rebeldía, Tierra para Vivir en COB La Brecha, Greenpeace Argentina, Calisa Fauba Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de FAUBA, ECOS de Saladillo, ONG Naturaleza de Derechos, Colectivo Tinta Verde, Patria Grande, PTS en el Frente de Izquierda, Red de plantas saludables y buen vivir de Buenos Aires, Huerquen, comunicación en colectivo, Asociación por la Justicia Ambiental - AJAM -, Amigos de la Tierra Argentina, Movimiento Nacional Campesino Indígena MNCI - Vía Campesina, Red Ecosocialista de la Argentina, MST Movimiento Socialista de los Trabajadores Nueva Izquierda, Río Bravo - Espacio de Lucha Territorial, Frente Universitario de Lujan, Movimiento por la Unidad Latinoamericana y el Cambio Social Regional Bs As Oeste y Regional Santa Fe, Red Nacional de Abogados de Pueblos Fumigados, Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de Nutrición UBA, Red Nacional De Acción Ecologista Renace, CTA - Autónoma, Asamblea No a la entrega de la Costa Quilmes-Avellaneda, Todos los 25 hasta que se vaya Monsanto, Movimiento Estudiantil Liberación, Colectivo Documental Semillas, Red Semillas de Libertad, MPR Quebracho, CTD Aníbal Verón, Movimiento Estudiantil Liberación, Corriente Nuestroamericana de Trabajadores 19 de Diciembre y Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la UNLP, Asamblea Ambiental de la Ciudad de Buenos Aires, Asociación civil BePe, Maela, Acampa - Asociación de campesinos del Abaucán.

Adhesiones: noalanuevaleydesemillas@gmail.com

Facebook: Multisectorial contra la Ley “Monsanto” de Semilla

Leer

----

"Nada sobre nosotros, sin nosotros",

dice el campesinado en

la consulta global sobre los Derechos de los Agricultores

29 de septiembre de 2016

En Bali, el movimiento global campesino, La Vía Campesina, está presente para defender los sistemas campesinos de semillas e insistir en la participación campesina en la toma de decisiones.

 

(Bali, 26 de Septiembre 2016) Una delegación integrada por campesinos, mujeres y hombres, indígenas y jóvenes de diversas regiones del mundo representará La Vía Campesina en la Consulta Global sobre los Derechos Campesinos de Agricultores, que tendrá lugar entre el 27-30 de septiembre en Bali, organizado por el Gobierno de Indonesia con el apoyo del Gobierno de Noruega y el Tratado Internacional sobre Recursos Filogenéticos para la Alimentación y la Agricultura (TIRFAA).

Serikat Petani Indonesia (SPI), la Unión de Campesinos de Indonesia y miembro de La Vía Campesina está organizando la delegación del movimiento que viene de Asia, África, Europa y América Latina.

El Tratado, que se encuentra dentro de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), a pesar de su larga existencia, de más de una década, ha hecho poco para avanzar "los derechos del agricultor", que es uno de sus principales renglones.

En este sentido, la delegación de campesinos e indígenas que representan a La Vía Campesina estará llamando al Tratado y las partes contratantes (gobiernos) que reconozcan y respeten los derechos de los campesinos y que rechacen las leyes de los Derechos de Propiedad Intelectual (DPI) y leyes de patentes que ponen en peligro la soberanía alimentaria.

Las semillas, seleccionadas por y en manos de los campesinos en sus campos, son uno de los pilares insustituibles de la producción de alimentos. Los campesinos de todo el mundo han sido conscientes de esto a lo largo de los siglos. Es uno de los conceptos más universales y básicos que comparten todos los campesinos. Excepto en aquellos casos en los que han sufrido agresiones externas o circunstancias extremas, casi todas las comunidades campesinas saben cómo guardar, almacenar y compartir las semillas. Millones de familias y comunidades agrícolas han trabajado para crear cientos de cultivos y miles de variedades de estos cultivos. El intercambio regular de semillas entre las comunidades y los pueblos ha permitido la adaptación de los cultivos a diferentes condiciones, climas y topografías. Esto es lo que ha permitido el cultivo a extenderse y crecer y asi alimentar al mundo con una dieta diversificada.

Por lo tanto, el acceso incondicional e irrestricto de los campesinos a una amplia gama de semillas campesinas y su derecho a conservar, utilizar, intercambiar y vender semillas de granja es la primera condición necesaria para alimentar el mundo y garantizar la seguridad alimentaria. En defensa de los sistemas campesinos de semillas, en esta consulta, la delegación de La Vía Campesina va a abogar por el derecho de proteger conocimientos campesinos tradicionales y modernos y defenderlo del asalto de las leyes de derechos de propiedad intelectual.

Aquí mismo, en Indonesia, donde la consulta se lleva a cabo, en el este de Java campesinos han sido criminalizados por presuntamente infringir los derechos de una compañía llamada BISI, la filial de la empresa de semillas tailandesa Charoen Pokhpand. Aunque BISI no ha presentado pruebas, campesinos han sido citados a la corte y catorce de ellos han sido procesados; incluso ha habido sentencias de prisión cortas. En la mayoría de los casos, estos agricultores no tienen un abogado que los represente y no comprendían lo que habían hecho mal. Existen numerosos ejemplos de este tipo en todo el mundo, de la criminalización de los campesinos por las agro-industrias en el nombre de patentes y propiedad intelectual. Es esta flagrante violación de los derechos de los campesinos que La Vía Campesina enfrentaría y pondrá a prueba en la Consulta Mundial.

La delegación también hará hincapié en que la participación de los campesinos en la toma de decisiones no debe reducirse a la inclusión de algunas organizaciones que se someten a la presión de las industrias y aceptan las decisiones ya tomadas. Por otra parte, la participación no debe tampoco ser reducido a tan sólo grandes propietarios de tierras, sino que debe incluir a las mujeres, las poblaciones indígenas, campesinos sin tierra, trabajadores agrícolas sin tierra, pescadores y pastoralitas.

La Vía Campesina insta al Tratado y las partes contratantes a mirar a las leyes progresistas que se han pasado en varias regiones del mundo, como la ley aprobada por el Gobierno de Venezuela a principios de este año, que afirma la soberanía alimentaria nacional, la regulación de la producción de semillas hibridas, y que rechaza la producción, distribución e importación de semillas transgénicas.

La Vía Campesina también exige que el 'Fondo de distribución de beneficios' no debe financiar instituciones de investigación u otras instituciones dedicadas a la recolección de semillas campesinas, conocimientos campesinos tradicionales e otra información genética con el objetivos de facilitar el proceso de patentes. En su lugar, debe financiar directamente a las organizaciones de pequeños campesinos que seleccionan, producen y conservan sus semillas a nivel local, las mejores técnicas campesinas de conservación en el campo o de larga duración (por ejemplo, sin electricidad), los investigadores que colaboren en esta obra colectiva bajo la dirección de estos agricultores, y los intercambios de campesinos para compartir conocimientos campesinos a nivel nacional e internacional.

Contactos para los medios de comunicación:

1. Medios de la Indonesia: (Inglés, bahasa) - Zainal - zainal@spi.or.id

2. Medios de Comunicación Global: Abhilash Babu - abhilash@viacampesina.org

Nota del editor:

Las siguientes organizaciones forman parte de la delegación de La Vía Campesina en Bali; Forum de Pequenos Productores Organicos de Zimbabwe (ZIMSOFF), Movimiento de los Pequeños Agricultores (MPA, Brasil), Movimiento por la Tierra y Reforma Agraria (MONLAR, Sri Lanka), Serikat Petani Indonesia, Confederación Campesina (Francia), Comité de Coordinación de la India de los Movimientos Campesinos (CIMFC), Asamblea de los Pobres (Tailandia), Coordinador Nacional Agrario-CAN (Colombia).

Para saber más sobre la visita de La Vía Campesina: www.viacampesina.org
Leer
 

En consecuencia, desde las luchas anticapitalistas en el mundo, nos interpelan a que “debemos ir un poco más allá enfocando el «bien común de la humanidad»: un principio de organización de la vida colectiva de la humanidad en el planeta que se basa sobre la vida y no sobre la muerte... así este concepto se opone al concepto fundamental del sistema capitalista”.

 

Entrevista a François Houtart, sociólogo y teólogo

"El bien común de la humanidad como matriz de la nueva sociedad"

 

23 de septiembre de 2016

Por Cira Pascual Marquina (Polítik)

 

Esta conversación con el sociólogo y teólogo de la liberación François Houtart, que apareció por primera vez en el número 17 del mensuario PolítiK, explora los límites de los procesos de cambio en América Latina y el concepto de bien común de la humanidad. 

-Cira Pascual Marquina (CPM): En el libro Más allá de la economía, el bien común de la humanidad (2013), planteas que para asegurar la continuidad de la humanidad y de la vida en el planeta hay que construir un nuevo paradigma en el que el bien común esté por encima del bien individual. ¿Podrías explicar el concepto de “bien común de la humanidad”?

-François Houtart (FH): El concepto de «bien común de la humanidad» tiene varias dimensiones. La primera es la dimensión de lo que se llaman los comunes o en inglés the commons: los bienes que no son individuales sino comunes, por ejemplo la tierra antes del capitalismo y hoy en día los servicios públicos. Hay muchas luchas en el mundo para proteger, recuperar o aumentar la dimensión de los bienes públicos. Ahora tenemos como bienes públicos la educación, la salud, pero también el agua, la comunicación, etc. Este es un primer nivel de lo que podemos llamar el bien común de la humanidad.

Sin embargo hay un segundo nivel, y el segundo nivel es el concepto clásico del bien común: cosas que le pertenecen al conjunto de la sociedad y que no pueden ser propiedad de individuos como, por ejemplo, en una ciudad, los parques o los espacios verdes, etc. Eso es un bien común. Pero hay sectores que no son directamente materiales, que son más bien de tipo jurídico, por ejemplo el código de circulación (si no se organiza, es el caos). En verdad este es un concepto que existe ya desde la filosofía griega, en particular Aristóteles, que reconoce que hay espacios en la vida colectiva que son espacios comunes, de bien común, y esta fue la base sobre la que la iglesia católica construyó su doctrina social.

Pero pienso que debemos ir un poco más allá y por eso he hablado del bien común de la humanidad: un principio de organización de la vida colectiva de la humanidad en el planeta que se base sobre la vida y no sobre la muerte... así este concepto se opone al concepto fundamental del sistema capitalista. Y cuando digo que el nuevo paradigma se basa sobre la vida, esto implica la posibilidad de crear, de conservar, de mejorar la propia vida –la vida en su sentido completo, no solamente la vida física, biológica, sino también la vida cultural, la vida espiritual–. Y no solamente construir en función de la vida de los seres humanos, sino también de otros géneros: los animales, las plantas, etc. Lo que se llama hoy el derecho de la naturaleza.

Este concepto es más amplio que el concepto de los comunes y que el concepto del bien común, pero integra estos dos conceptos. Este concepto que he llamado el bien común de la humanidad, es evidentemente un nombre; no importa el nombre, lo que importa es el contenido. Podemos darle otros nombres, por ejemplo el sumak kawsay que es el buen vivir, el concepto de los indígenas andinos, o podemos llamarlo socialismo del siglo XXI.

-CPM: En el libro que mencioné anteriormente enumeras cuatro elementos clave para aterrizar el concepto del bien común de la humanidad; podríamos decir que estos elementos son una especie de hoja de ruta para organizar la tarea colectiva en cuanto a la definición de la nueva sociedad postcapitalista. ¿Puedes explicárnoslos?

-FH: Sí, debemos concretar las cosas porque todo esto puede parecer algo abstracto. Precisamente he tratado de ver, como sociólogo, qué significa esto en la práctica de la vida colectiva humana. Por eso he tomado cuatro realidades fundamentales de toda sociedad, que son, por una parte la relación con la naturaleza, ya que ninguna sociedad puede vivir sin la naturaleza; después la producción material de la vida, porque la vida no es una abstracción y sin producción material no hay vida; la organización social de la vida, que debe ser colectiva en lo social y en lo político; y finalmente la cultura, porque el género humano es el único que puede reflexionar sobre su propia realidad y eventualmente anticipar el futuro, y que es, como dicen los mayas, “la parte consciente de la naturaleza”.

Reflexionando sobre estos cuatro elementos fundamentales de toda sociedad podemos entrar en detalles, especialmente comparando con la situación actual del sistema capitalista. Por ejemplo, en cuanto a las relaciones con la naturaleza: ¿cómo ve el capitalismo la naturaleza? Para el capitalismo la naturaleza es recursos naturales, es decir, una naturaleza que se debe explotar, y explotar en función de los intereses del capital y de la acumulación del capital. Por el contrario, en lo que se refiere a la nueva organización del bien común de la humanidad, la naturaleza debe ser respetada: es la fuente de toda vida, de la vida física, biológica, cultural, espiritual, y en este sentido la naturaleza no es solamente un objeto de explotación.

Esto, si queremos ir más allá en la práctica, tiene muchas consecuencias para la vida cotidiana y también para la organización nacional e internacional. Por ejemplo, si aceptamos que la naturaleza es la fuente de la vida, no podemos aceptar que personas individuales o corporaciones, grandes empresas multinacionales, se apropien de la naturaleza (y en particular las riquezas naturales que son los minerales, las fuentes de energía, etc.) por la simple razón que estas cosas deben entrar en la concepción del bien común. Aquí no digo que no se debe extraer, porque la madre tierra es generosa, sino que se debe hacer respetando los derechos de la naturaleza, la posibilidad de regenerarse y de continuidad de la vida. Este es un ejemplo práctico. También, por ejemplo, no se puede aceptar la mercantilización de bienes básicos para la vida como las semillas o como el agua. Ese es un primer paso.

El segundo es la producción de la base material de la vida. Como he dicho, cada vida tiene su base material y no se puede continuar sin esta base. Ahora la base material de la vida –la economía–, está organizada por la lógica del capital. El capital es el único motor de la economía, con su necesidad inagotable de tener ganancias para poder acumularse. Frente a esto la lógica debe ser absolutamente diferente: no una lógica de acumulación del capital, de valorización única del valor de cambio. Porque hay dos tipos de valores para todo servicio o bien: el valor de uso, es decir lo que es útil para la humanidad, para la naturaleza, para el mundo, y el valor de cambio o lo que permite ganancia. Solamente el valor de cambio, es decir, si una cosa es una mercancía, contribuye a la acumulación del capital. Por eso en el capitalismo todo debe convertirse en mercancía. Esta es la lógica del capital. Debemos salir de esta lógica, con todas las consecuencias en cuanto a la propiedad de los medios de producción, significa, en lo práctico, que no podemos aceptar la dominación del capital financiero, los paraísos fiscales, etc.

Un tercer elemento es la organización social y política, que debe ser democrática, para permitir que todos los seres humanos sean actores y no solamente sujetos de una política decidida desde arriba o por una minoría. No hay nada menos democrático que la economía capitalista que concentra el poder y desconoce lo que se llaman las “externalidades”: los daños ambientales y los daños sociales, que no paga el capital. Se deben promover procesos democráticos en todas las instituciones, desde las políticas y económicas hasta las culturales, sociales, religiosas. Esto también debe extenderse a todas las relaciones sociales, como las relaciones entre hombres y mujeres. Este es el tercer aspecto que tiene muchas aplicaciones en el mundo.

Finalmente, en cuanto a la cultura, hablamos de la interculturalidad. El hecho de no permitir que la cultura occidental, totalmente inmersa en el concepto de modernización, absorbida por la lógica del capital, sea la única cultura aceptable en el mundo, y comprender que todas las culturas, los saberes y las espiritualidades pueden contribuir al bien común de la humanidad y a la ética necesaria para esta construcción.

Ahora, todo esto puede parecer una bella utopía pero no lo es. No es una utopía en el sentido de ilusión, porque en el mundo hay millares de grupos que luchan por construir mejores relaciones con la naturaleza, por otro tipo de economía social y solidaria, por los derechos de todos los grupos humanos y finalmente por la interculturalidad. Esto significa que existe ya en la realidad la posibilidad de perseguir valores que no son puramente abstractos, sino que ya son el proyecto concreto de muchos movimientos y organizaciones en el mundo. Por eso pienso que sobre esta base se puede construir una perspectiva nueva.

-CPM: En algunas intervenciones has planteado que los procesos de cambio en América Latina se caracterizan por ser posneoliberales, pero todavía no se han dado pasos concretos hacia el postcapitalismo. ¿Podrías profundizar sobre esta caracterización de los procesos en Nuestra América y cómo avanzar hacia el postcapitalismo?

-FH: Sí, yo pienso que hay muchos aspectos en todos los dominios. Voy a tomar sólo un ejemplo práctico: el problema de la agricultura. Los países que se dicen progresistas en América Latina –y que realmente han sido posneoliberales en el sentido que han reconstruido un Estado que trabaja por una cierta redistribución de la riqueza y también por un mejor acceso a los servicios como la educación o la salud para las clases desfavorecidas– promueven el monocultivo para la exportación, con todas sus consecuencias ambientales: destrucción de la selva amazónica, destrucción de los suelos, contaminación de las aguas, y también, finalmente, daños muy graves para las poblaciones, para la salud, y en cuanto a los efectos sociales como las migraciones hacia las grandes ciudades o al exterior.

Así han promovido esta agricultura en detrimento de la agricultura campesina, que podría dar una respuesta muchísimo mejor a la primera función de la agricultura, que es nutrir la población: es un hecho que la agricultura campesina en América Latina está nutriendo más del 60% de la población del continente. Una segunda función es participar en la regeneración de la Madre Tierra: muchas veces los campesinos trabajan con agricultura orgánica y de manera respetuosa de la naturaleza. Y, finalmente, el bienestar de los campesinos, frente a una agricultura de monocultivos, mucho más productiva, pero que proletariza al campesino o lo integra al sistema capitalista de monopolios, que crea dependencia de las grandes multinacionales de producción o de distribución. La agricultura campesina no es una cosa arcaica, del pasado, sino una cosa del futuro, y esto es reconocido incluso por la FAO.

Lo que hemos visto en América Latina es un intento de construir sociedades posneoliberales –pero no postcapitalistas, y en este sentido continuando con la idea de la modernización de las sociedades, y finalmente con un “capitalismo moderno; esto tiene como consecuencia, por ejemplo en el campo de la agricultura, que no se promueve una nueva agricultura campesina que podría resolver muchos de los problemas de la pobreza rural y también de la producción de alimentos y de la soberanía alimentaria. Este es un ejemplo, pero podríamos dar otros ejemplos de otros aspectos que nos permiten decir que los ensayos de cambio, de los países progresistas, que fueron muy interesantes y tuvieron varios logros muy reales, finalmente no han transformado la lógica fundamental de la organización de las sociedades. Por eso me parece que desarrollar el concepto de Bien Común de la Humanidad podría ser un paso adelante frente a la crisis que afecta a todos estos países actualmente.

-CPM: Hablando de la crisis, un camino que impulsa el Gobierno Bolivariano para la salida es el Arco Minero. Se supone que explotar el oro y otros minerales en la enorme cuenca del Orinoco nos ayudará a salir de la crisis. Así, tras el anuncio de apertura, más de 150 corporaciones mineras han expresado interés, y ya se han firmado contratos con la canadiense Gold Reserve y con empresas chinas. ¿Qué opinión tienes sobre este tipo de propuestas?

-FH: Esta situación no es particular a Venezuela aunque el caso del Arco Minero es impresionante. Encontramos situaciones similares, tal vez a menor escala, en Ecuador, Bolivia, Brasil, Argentina. El problema es que la única respuesta que ven los gobiernos progresistas actuales frente a la crisis, que es una crisis a escala mundial y que afecta a muchos de estos países porque son exportadores de bienes primarios (explotación minera, petrolera o agrícola), es abrirse más al mercado y entrar en políticas de tipo neoliberal. Evidentemente es una contradicción fundamental. Pienso que estos gobiernos no han reflexionado suficientemente sobre las alternativas al capitalismo.

Debemos reconocer la realidad: Estas medidas contradicen de manera fundamental lo que se ha planteado como meta, y vemos un creciente abismo entre el discurso y las prácticas. La verdad es que estas prácticas van a llevar a una mayor concentración del capital y al desconocimiento de las externalidades, es decir, la destrucción de la naturaleza y la destrucción social y cultural. Eso debemos reconocerlo y debemos tratar de ver qué soluciones podemos encontrar que no entren en contradicción con lo que se había propuesto.

-CPM: Tenemos una tarea clara: la superación del capitalismo. Pero también nos encontramos con múltiples barreras como la enajenación o la pérdida de la esperanza. ¿Qué hacer en estas circunstancias difíciles?

-FH: Precisamente por la situación que vivimos debemos tratar de redefinir la tarea de la izquierda y reflexionar sobre las estrategias posibles. Por eso me parece que un trabajo de conjunto entre movimientos sociales e intelectuales va a ser necesario primero para redefinir las metas (definir qué tipo de sociedad queremos); aquí entra la propuesta de Bien Común de la Humanidad, donde tocamos un espectro que va desde la relación con la naturaleza hasta la organización colectiva de la política y la sociedad, y también la espiritualidad, la manera de vivir las cosas en lo cotidiano...

Entonces, el primer aspecto significa que juntos debemos trabajar por una redefinición colectiva de las metas de la sociedad, no solamente con intelectuales que tienen toda la verdad que se debe imponer a las masas. No, este concepto de vanguardia es obsoleto. Debe ser un trabajo colectivo: por una parte con la experiencia de los movimientos políticos y sociales de izquierda que debemos recoger y tratar de sistematizar, y por otra parte, con el trabajo de los intelectuales. Con todos los logros que hemos desarrollado en los dos últimos siglos, la reflexión fundamental del marxismo, pero también de otras corrientes intelectuales que pueden ser útiles. La cuestión es cómo redefinir la meta fundamental de la humanidad y de la sociedad.

El segundo aspecto es cómo definir las transiciones. Es evidente que no podemos construir el socialismo o comunismo instantáneamente. Eso provocaría catástrofes económicas derivadas del boicot y de los embargos o incluso intervenciones militares. Eso no es posible, pero sí, podemos pensar transiciones, es decir, pasos que nos ayudan a construir el paradigma nuevo. No se trata de adaptar el capitalismo a nuevas situaciones sino de construir una sociedad diferente. En cuanto a la cuestión de cómo construir transiciones, hay que hacerlo desde una perspectiva dialéctica, sin caer en la idea del progreso de la modernidad –un progreso lineal sobre un planeta inagotable (un concepto muy capitalista de la “modernidad”, por cierto.

Es necesario redefinir la modernidad, encontrar transiciones y actores que pueden actuar en cada aspecto. Este es el gran reto no solamente para América Latina sino también para el mundo entero. Y ya podemos empezar, de forma humilde y cotidiana, a pequeña escala, como lo han hecho por ejemplo los zapatistas, y después poco a poco ampliar esta visión para construir otra matriz de desarrollo humano. Esto es absolutamente necesario frente a la destrucción de la naturaleza que el capitalismo está provocando, y también de destrucción humana, cultural y espiritual.

-CPM: Has mencionado en algunas intervenciones que para entender la sociedad hay que hacerlo en términos de clase. En el periódico PolítiK estamos absolutamente de acuerdo. ¿Podrías profundizar sobre la necesidad del análisis de clase?

-FH: El análisis de la sociedad desde una perspectiva de clases es ciertamente importante. También es verdad que en el siglo XIX –en la Europa en que Carlos Marx reflexionó y escribió– la clase obrera era la clase fundamental para iniciar el cambio. En este sentido el papel de la clase obrera para cambiar el conjunto de la sociedad era absolutamente fundamental. Hoy en día debemos reflexionar frente a la realidad actual: una clase obrera muy segmentada por el sistema capitalista y que ha cambiado en los países industrializados, donde han desplazado la actividad de producción hacia las periferias y que se especializan en servicios.

Esto significa que la clase obrera hoy es diferente a la clase obrera del siglo XIX europeo o norteamericano. Así, otras clases sociales, como los campesinos por ejemplo, están también afectadas por la lógica del capital, y hoy vemos que frente a esta destrucción sistemática del pequeño campesinado, hay movimientos que son más radicales que el movimiento obrero. En particular, en el plano internacional, la Vía Campesina, la organización mundial de los campesinos, es más radical contra la Organización Mundial del Comercio o el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional que la organización Internacional de los sindicatos. Este es un hecho y debemos reflexionar sobre las nuevas realidades.

Es verdad que son los trabajadores los que enfrentan la contradicción fundamental con el capital, pero ya no son sólo los trabajadores industriales, también están los trabajadores del campo, los precarizados, todos estos grupos sociales que son afectados hoy por la lógica del capital , y por eso la lucha y la organización de la lucha social debe ser pensada de otra manera que en el siglo XIX. Esta es una de las tareas para los movimientos sociales y los movimientos políticos de izquierda, para no equivocarse ni en el vocabulario –lo cual es secundario pero importante–, ni en las prácticas sociales y políticas, es decir: la definición de las luchas sociales. 

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=217095

 

Sepamos: «soberanía alimentaria» es un concepto que fue introducido con mayor relevancia en 1996 por Vía Campesina en Roma, con motivo de la Cumbre Mundial de la Alimentación de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

 

Este nuevo concepto, constituye una ruptura con relación a la organización actual de los mercados agrícolas y financieros puesta en práctica por la OMC. En contraste a la seguridad alimentaria definida por la FAO, que se centra en la disponibilidad de alimentos, la soberanía alimentaria incide también en la importancia del modo de producción de los alimentos y su origen. Resalta la relación que tiene la importación de alimentos baratos en el debilitamiento de producción y población agraria locales.

 

 

Declaración de la delegación de La Vía Campesina al Foro Social Mundial de 2016
1 de septiembre de 2016

 

"La soberanía alimentaria es el derecho de los campesinos y consumidores de alimentos de controlar ellos mismos la producción, transformación y distribución de sus alimentos con alimentos culturalmente apropiados y una compensación justa y dignidad para los proveedores de alimentos. Afirmamos que la agricultura, la pesca, la ganadería, la caza y la recolección a pequeña escala son esenciales en la lucha para superar los desafíos climáticos y seguir alimentando a la humanidad. Buscamos el acceso a la tierra para todos, en particular los jóvenes con el dinamismo para alimentar a sus comunidades."

“No sólo creemos que otro mundo es necesario, los miembros de La Vía Campesina ya estamos construyendo un mundo mejor.” -Carlos Marentes, co-coordinador de LVC, región de América del Norte

 

Nosotros, representantes de organizaciones miembros de La Vía Campesina (LVC) de la región América del Norte (Union paysanne de Quebec, National Farmers Union, Canadá, National Family Farm Coalition, Rural Coalition y Border Agricultural Workers Project de Estados Unidos), acompañados por miembros de LVC de Europa, Palestina y Brasil participamos en el Foro Social Mundial en Montreal, Quebec, del 9 al 14 de agosto del 2016.

 

Nos recibió calurosamente la Union paysanne y reafirmamos nuestro apoyo a su lucha para acabar con el monopolio sindical que controla la agricultura en Quebec, sumando nuestra voz a la reivindicación “No hay soberanía alimentaria sin un campesinado soberano”.

 

En nuestra rueda de prensa del 11 de agosto, Maxime Laplante de la Union paysanne declaró: “La situación de Quebec es muy particular en que una sola organización tiene aquí el derecho de representar a los campesinos, a negociar con el gobierno y a intervenir en la gestión de los planes de puesta en mercado, la comercialización, etc. Esta organización es la Union des Producteurs Agricoles (UPA, Unión de productores agrícolas). Es la única organización que tiene el derecho legal de representar a los agricultores.”

 

La coordinadora de La Vía Campesina América del Norte y vice presidente de la National Family Farm Coalition Dena Hoff declaró: “Toda la región de La Via Campesina respalda a la Union paysanne en sus demandas por ser reconocida por el gobierno de Quebec como la voz de los campesinos que luchan por la soberanía alimentaria.”

 

La delegación de LVC participó con entusiasmo a la marcha de apertura del Foro, a muchos talleres, paneles y asambleas sobre diversos temas incluyendo la soberanía alimentaria, el derecho a la alimentación, las sociedades pos extractivistas, la agroecología y la reforma agraria popular y el futuro del FSM, junto con nuestros aliados como ETC Group, Grain, Climate Space, the Indigenous Environmental Network (IEN), Global Justice Now, USC Canada, SUCO, Why Hunger, Alianza Popular para la Justicia Global, Coalición mundial por los bosques, Focus on the Global South, Desarrollo y Paz, Inter-Pares, Vigilance OGM Québec, entre otros.

 

Como Dena Hoff afirmó: “La lucha por la soberanía alimentaria triunfará gracias a un millón de esfuerzos de la base.”

En este momento en que las crisis en el mundo se profundizan, incluso el sufrimiento masivo de los migrantes huyendo la guerra, la pobreza y el hambre crecientes, los eventos climáticos extremos, el acaparamiento de tierras y recursos por las transnacionales, la expansión y consolidación de las grandes agroempresas y de las plantaciones de monocultivos de forraje y agrocombustibles por todo el planeta, declaramos nuestro firme compromiso como LVC de luchar hasta la muerte por la soberanía alimentaria, una reforma agraria popular, la soberanía de las semillas y de la biodiversidad, la democratización del sistema alimentario y una defensa fuerte de los derechos humanos.

Cuestionamos el uso del concepto de la “agroecología” y de palabras de moda relacionadas al clima fuera del contexto de la soberanía alimentaria y para justificar una expansión del ecoblanqueo o para recaudar fondos para las ONG. Insistimos en que la agroecología significa la validación de la pequeña y mediana agricultura y la investigación e innovación bajo la dirección de los campesinos. Significa también la integración de prácticas tradicionales y el control de nuestras semillas por los campesinos y las comunidades rurales.

 

La soberanía alimentaria es el derecho de los campesinos y consumidores de alimentos de controlar ellos mismos la producción, transformación y distribución de sus alimentos con alimentos culturalmente apropiados y una compensación justa y dignidad para los proveedores de alimentos. Afirmamos que la agricultura, la pesca, la ganadería, la caza y la recolección a pequeña escala son esenciales en la lucha para superar los desafíos climáticos y seguir alimentando a la humanidad. Buscamos el acceso a la tierra para todos, en particular los jóvenes con el dinamismo para alimentar a sus comunidades. Buscamos el fin de la invasión de las semillas transgénicas en nuestros territorios y exigimos el derecho de los campesinos de seguir produciendo, conservando y compartiendo sus propias semillas. Decimos “No” a la agroindustria y “Sí” a los pueblos de la tierra y a la vía de los campesinos y campesinas.

 

Por otro lado, LVC criticó públicamente al gobierno de Canadá porque varios cientos de dirigentes de movimientos sociales importantes, incluso dos de los dirigentes campesinos de nuestra delegación, no pudieron participar al FSM ya que se les negó la visa.

Aprovechamos también la oportunidad que se nos presentó con el FSM 2016 para afirmar nuestra solidaridad con todos los movimientos que luchan actualmente contra la violencia, la desposesión, la exclusión y los ataques contra los derechos democráticos del pueblo. Expresamos en particular nuestra solidaridad con la lucha del pueblo palestino contra la opresión y la explotación por el colonialismo sionista, la lucha de nuestras compañeras y compañeros del Movimiento sin tierra de Brasil contra el reciente golpe de estado, la lucha valiente de las Primeras Naciones contra las amenazas a la integridad de sus tierras por la explotación de las arenas bituminosas, los oleoductos y otros proyectos destructivos del capital, y la lucha contra la violencia creciente contra los negros y por lo tanto, apoyamos sin reservas el movimiento Black Lives Matter.

¡GLOBALICEMOS LA LUCHA, GLOBALICEMOS LA ESPERANZA!

Producido en Montreal, Quebec, el 14 de agosto del 2016

Vía Campesina

Leer