Qué País

Noviembre 2017

Sin ecocidios-etnocidios-genocidios ni desapariciones forzadas.

 


 

 

 

SITUACIÓN / CRISIS CIVILIZATORIA / ALTERNATIVAS

 

 Situación

 

Necesitamos, abajo y a la izquierda sin fronteras, que la mayoría de los diversos de nosotros salgamos de la polarización encubridora de los ecocidios, etnocidios y genocidios generados por la constante expansión de los extractivismos implícitos en:

 

El Capitaloceno
27 de febrero de 2017

Por Renán Vega Cantor

(…)Homo sapiens catalogado como responsable genérico y la pretendida emergencia del antropoceno

 

La información presentada en el primer parágrafo puede aparecer como un registro caótico de hechos inconexos y sin explicación lógica, pero el trasfondo del asunto se llama capitalismo. Esta cuestión de fondo la retomamos en la tercera parte de este ensayo. Por ahora, es necesario referirse a la tendencia dominante que asegura que la destrucción de la naturaleza y las aceleradas modificaciones climáticas son culpa del hombre en general, del homo sapiens. Esa postura liberal le echa la culpa a todos para no inculpar a nadie y mucho menos al sistema capitalista. Esta interpretación no sólo es dominante en los medios de desinformación, sino entre círculos científicos (de las ciencias naturales y de las ciencias sociales). Connotados investigadores (biólogos, geólogos, climatólogos, antropólogos, geógrafos...) responsabilizan al homo sapiens como un todo y señalan que nosotros hemos sido destructivos desde que existimos. Citemos dos autorizadas afirmaciones al respecto. El célebre biólogo estadounidense Edward Wilson dice: “…la humanidad ha iniciado la sexta gran convulsión de extinción, haciendo que una gran fracción de las especies con las que compartimos la tierra se apresuren a entrar en la eternidad en una sola generación”21. El paleontólogo Richard Leakey y el antropólogo y bioquímico Roger Lewin sostienen en el mismo sentido: “El homo sapiens está maduro para ser el destructor más colosal de la historia, sólo superado por el asteroide gigante que chocó con la tierra hace sesenta y cinco millones de años, barriendo en un instante geológico la mitad de las especies de entonces”22. En los dos libros mencionados, no se nombra ni una vez al capitalismo como si éste no existiese.

 

Eso demuestra que el terreno dominante de la investigación científica parece ser cierta la afirmación de Frederick Jamenson de que es más fácil imaginar el fin del mundo, que el fin del capitalismo. Puede pensarse que esta ausencia u ocultamiento se debe al “analfabetismo político” de los científicos, o al hecho de no atreverse a romper con los marcos dominantes de la lógica del conocimiento imperante en el mundo occidental. Pese a efectuar notables investigaciones, la ciencia dominante, como la representada por los autores mencionados, pareciera vivir en un territorio aséptico políticamente. Las referencias que hemos señalado, a modo de ejemplo, indican una manera dominante de afrontar los problemas ambientales, cuya característica principal se sustenta en la utilización de un equívoco e impreciso lenguaje de tipo genérico, con la finalidad de responsabilizarnos a todos por igual y sostener que en todas las épocas históricas ha habido destrucción de especies y ecosistemas, siendo homo sapiens el directo responsable. Con esa lógica se acuñó el término Antropoceno, por Paul Creutzen, un químico holandés y Premio Nobel. Este vocablo proviene del griego antropos, hombre, y de kainos, nuevo, y querría decir algo así como la “nueva época del hombre”. Se plantea como un sustituto del holoceno, actual época del periodo cuaternario en la historia de la tierra. El holoceno comenzó hace 11.700 años antes del presente y se caracteriza por tener un clima estable, luego de la última glaciación. Terminaría con la irrupción del Antropoceno, vocablo que indica que las acciones humanas tienen una incidencia directa sobre el planeta tierra, hasta el punto que podría considerarse como una nueva era geológica. Los que utilizan el término Antropoceno no están de acuerdo con su fecha de origen. Para Paul Creutzen comenzó con la revolución industrial, es decir, hacia 1750. Para otros se inició en 1945, con la invención y utilización de la bomba atómica, cuyos residuos radiactivos se han expandido a lo largo y ancho del planeta. Para Jan Zalasiewicz, presidente del Grupo de Trabajo del Antropoceno "la importancia del Antropoceno radica en el hecho de que fija una trayectoria diferente para el sistema terrestre integrado por los humanos". Para Colin Waters, geólogo jefe del Instituto Geológico del Reino Unido y secretario del Grupo de Trabajo, “poder identificar ese intervalo de tiempo nos indica hasta qué punto las actividades humanas tienen un impacto sobre nuestro planeta: "La noción del Antropoceno consigue englobar todas las ideas relativas al cambio climático". Para Chris Rapley, experto en cambio climático ex director del Museo de Ciencia de Londres "el Antropoceno define un nuevo periodo en el que las actividades de los humanos dominan el funcionamiento del planeta"23.

 

Siempre referencias etéreas, en las que no se hace ninguna alusión a un determinado modo de producción caracterizado por cierto tipo de relaciones sociales y tampoco al modo de vida que se deriva de dicho modo de producción.

 

Desde luego, en una especie de disonancia cognitiva resulta fácil mirar para otro lado, no ver al capitalismo, y centrar la atención en el homo sapiens, como si las responsabilidades en la destrucción del planeta tierra fueran simétricas, como si no existiese desigualdad social y económica, tanto entre países, como dentro de cada uno de ellos, que conduce a que sea una minoría insignificante de la población mundial (el 1 por ciento) la que se beneficia en forma directa de la expoliación de la naturaleza. Ahora bien, incluso a muchos “científicos puros” les preocupa que se emplee el término Antropoceno por varias razones.

 

Sus dudas se refieren, en primer lugar, a una percepción temporal, hasta cierto punto lógica, que se apoya en dudar de la importancia geológica que pudiera tener un breve periodo de tiempo (de doscientos años o un poco más) si se le compara con los millones de años de duración de las eras geológicas. En ese mismo sentido, se cuestiona que se dé por concluido el Holoceno, tan solo 11.700 años después de su inicio, lo que es en términos geológicos una bicoca de tiempo. En segundo lugar, los geólogos se centran en los registros estratigráficos y la mayor parte de ellos duda que las acciones humanas de hoy pudieran dejar huella fósil. Estos cuestionamientos tienen poco sustento, porque es evidente que el capitalismo significa un cambio histórico sin precedentes, hasta el punto que tiene impactos que quedan en el registro fósil, tales como el uso de las armas nucleares, la producción de plásticos que pueden durar miles de años en degradarse, o la generación de altos niveles de nitrógeno y de fosfato en los suelos, que proceden de la utilización intensiva de abonos artificiales.

 

Existen dos tipos de argumentación para achacar al homo sapiens la responsabilidad en la destrucción de la naturaleza. Por un lado, el señalar que siempre ha habido esa destrucción y, por otro, indicar que ha habido sociedades que han colapsado en diversos momentos del pasado. En cuanto al primer argumento, quienes señalan con el dedo acusador al homo sapiens indican que desde nuestra aparición hemos arrasado la naturaleza y hemos contribuido a la desaparición de especies vegetales y animales, como sucedió con la megafauna hace varios miles de años. Se sostiene que, en este sentido, no habrían diferencias entre lo que sucede hoy y lo que sucedió en sociedades anteriores: todas serían igualmente destructivas y ecocidas. Elizabeth Kolbert afirma al respecto: Suele decirse que el Antropoceno comenzó con la revolución industrial, o incluso más tarde con el crecimiento explosivo de la población que siguió a la segunda guerra mundial. Según esta visión, los humanos sólo nos hemos convertido en fuerzas capaces de alterar el mundo gracias a la introducción de las modernas tecnologías, como las turbinas, los ferrocarriles y las motosierras. Pero la extinción de la megafauna sugiere que no es así. Antes de que los humanos aparecieran en escena, ser grande y reproducirse lentamente era una estrategia de gran éxito, y los animales de enorme tamaño dominaban el planeta. […] Aunque sea bonito imaginar que hubo un tiempo en que el hombre vivía en armonía con la naturaleza, no está claro que eso haya pasado nunca24.

 

Este tipo de argumentación es bastante discutible, por la sencilla razón que la destrucción de la naturaleza, la extinción de especies, la alteración de ecosistemas que se dieron en otros momentos de la historia humana no tuvieron, de ninguna manera, el alcance, impacto, escala y velocidad de lo que produce el capitalismo. Su alcance fue limitado a casos puntuales, y aunque se hayan aniquilado especies animales y vegetales, nunca se pusieron en riesgo miles de especies o se redujo la biodiversidad en forma brutal como ahora. Su impacto fue limitado en términos espaciales, sin cobijar al mundo entero y a todo tipo de ecosistemas. Su escala en términos cuantitativos y cualitativos es reducida si se compara con lo que acontece en la actualidad, cuando confluyen un sinnúmero de factores negativos a nivel del mundo (extinción masiva de especies, acidificación de los océanos, reducción de la biodiversidad, aumento de la temperatura, deshielo del Ártico, incremento en los gases de efecto invernadero, destrucción de los corales, contaminación….). Su velocidad fue muy lenta, puesto que, para señalar solo un aspecto, el grado de extinción de especies en épocas anteriores no tiene ni punto de comparación con lo que sucede en la actualidad. Edward Wilson lo reconoce en forma explícita cuando precisa que “la tasa de extinción probablemente sea hoy cincuenta o quinientas veces mayor que en los tiempos anteriores al hombre. Casi con seguridad, esa tasa aumentará y alcanzará un orden de magnitud de mil o diez mil si las especies que están en peligro en la actualidad desaparecen y se destruyen los últimos vestigios de algunos ecosistemas, lo que acarreará la destrucción total de las especies que son exclusivas de ellos”25..

 

Sobre este asunto sostiene el científico Will Steffen, director del Instituto de Cambio Climático de la Universidad Nacional de Australia: "Estamos llevando al planeta a unas condiciones que no han existido en el pasado para la especie humana y nos estamos acercando a unos puntos críticos que será mejor no atravesar. En el pasado, se han rebasado varias veces estos límites a nivel local. La diferencia estriba en que ahora estamos rebasando los límites planetarios a escala global"26. En cuanto al segundo argumento, el del colapso, se sostiene que a lo largo de la historia humana han desaparecido diversas sociedades, y se trae a colación el caso de los mayas (Mesoamérica), los habitantes de la Isla de Pascua (Océano Pacífico), los Anasazi (Sudeste de los actuales Estados Unidos)… El principal representante de esta interpretación es Jared Diamond, quien nunca nombra al capitalismo (ni una vez, en un voluminoso libro de 750 páginas) y cuya base explicativa se basa en sostener que unas sociedades buscan el éxito y otras el fracaso, como si existiese una elección social al margen de los contextos, limitaciones y características de los modos de producción y las formas de organización social. Su análisis apunta a que en el mundo actual, si se toma conciencia de los colapsos de otras épocas, algunas empresas pueden ser ecológicamente responsables y no contaminar ni destruir y los Estados Unidos son presentados como el lugar en donde la agricultura es la más eficiente, lo que no considera su costo energético, que la hace la más ineficiente de todas las que han existido en la historia de la humanidad.

 

Además, no se destaca lo suficiente que el colapso de anteriores sociedades fue localizado, y producto en la mayor parte de los casos de factores exógenos, como colonización y conquista, mientras que el probable colapso de la civilización capitalista tendrá un impacto mundial y se debe a la lógica interna de funcionamiento del capitalismo y a sus diversas contradicciones, que se desprenden de la sed de ganancias, crecimiento ilimitado y explotación intensiva de seres humanos27. Will Steffen, el científico antes mencionado, sin nombrar el capitalismo –porque parece que su nombre quema– sostiene que el actual "sistema económico que nos está llevando de cabeza hacia un futuro insostenible y en el que a cada generación le será más difícil sobrevivir […] La historia nos demuestra que hay civilizaciones que surgieron y colapsaron porque no fueron capaces de cambiar a tiempo: en ese punto es donde estamos hoy en día"28. En definitiva, Antropoceno es un apelativo muy benigno porque en lugar de indicar la responsabilidad del capitalismo, se centra en culpabilizarnos a todos por igual de la destrucción ambiental del planeta y del vuelco climático en marcha. Por eso, no resulta extraño que hasta un órgano ideológico y propagandístico del capitalismo mundial, como la revista The Economist, haya publicado un dossier especial con título “Bienvenidos al Antropoceno”.

 

Estamos en el capitaloceno

La noción de Antropoceno no da pie para diferenciar responsabilidades y no tiene en cuenta la existencia de unas relaciones sociales, profundamente desiguales, injustas y explotadoras, la característica esencial del capitalismo, y eso pese a que a la hora de ubicar cronológicamente al Antropoceno exista una coincidencia plena con el capitalismo industrial, como es evidente en la propuesta de Paul Creutzen, el inventor del término: Parece adecuado asignar el término “Antropoceno” a la actual era geológica, dominada de muchas formas por el ser humano, como complemento del Holoceno –el período cálido de los últimos 10-12 milenios. Podría decirse que el Antropoceno comenzó en los últimos años del siglo XVIII, cuando los análisis del aire atrapado en el hielo polar muestran el principio de las concentraciones globales de CO2 y metano. Esta fecha también coincide con el diseño de la máquina de vapor de James Watt en 1784 29. ¿Por qué si existe tal simetría temporal, se utiliza una noción genérica que involucra a los seres humanos en su conjunto, de hoy y de ayer, como si en efecto todos fuéramos igualmente responsables de la transformación destructiva del planeta tierra? ¿Si el capitalismo es el modo de producción dominante a nivel mundial y se reconoce la coincidencia plena, de tipo histórico y cronológico, de lo que se denomina Antropoceno con el origen del capitalismo, porque se emplea un nombre tan vaporoso como el mencionado?

 

Nos parece, en concordancia con lo señalado, que es hora de empezar a hablar de capitaloceno, que significa la “época del capitalismo”. Esta época ya no sólo histórica, sino también geológica (más adelante veremos por qué), no empieza propiamente con la Revolución Industrial inglesa, a fines del siglo XVIII, sino unos siglos antes. A ese período anterior se le suele llamar como la época del capitalismo mercantil, o en el lenguaje usado por Karl Marx la “acumulación originaria de capital”. Podría denominársele también con el nombre de capitalismo de guerra, como lo bautiza el historiador Steven Beckert en un extraordinario libro sobre la historia del algodón. Este autor divide la historia del capitalismo en dos fases: el capitalismo de guerra, referido al estadio en que la esclavitud y la conquista colonial fueron la norma y sentaron las premisas para la otra fase, la del capitalismo industrial. La segunda no hubiera sido posible sin la primera, o dicho de otra forma, la industria no hubiera podido surgir sin la esclavitud30.

 

El capitalismo de guerra impulsó la expansión mundial del naciente capitalismo mercantil a gran parte del mundo, mediante la colonización, la violencia y el sometimiento. Esa misma fase coincide con la destrucción de pueblos enteros en África y América, pero también con una conquista biológica que alteró ecosistemas, introdujo nuevas especies y trajo consigo nuevas enfermedades. Este “imperialismo ecológico”, como lo llama Alfred Crosby, tuvo dos consecuencias principales: arrasó con los habitantes de dos continentes y alteró sus ecosistemas; y fue fundamental en el desarrollo del capitalismo industrial en Europa unos siglos después. Desde la perspectiva actual, nuevas investigaciones indican que la transformación ambiental del mundo se aceleró con la conquista de América, que sentó las premisas para la revolución industrial31. De tal manera que esos dos momentos no pueden separarse, ambos forman parte del capitaloceno.

 

El segundo momento arrancaría con la revolución industrial a finales del siglo XVIII y se extendería hasta 1945, cuando desde Inglaterra el capitalismo se expande por el mundo entero, a través del colonialismo y del imperialismo. Desde 1945, con la consolidación del fordismo, se podría hablar, como hacen algunos científicos, de la “gran aceleración”, que condujo a la fase actual del capitaloceno, y comenzó tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando aumenta exponencialmente la población, el PIB mundial, la construcción de represas, el uso de agua, minerales e hidrocarburos, la producción y utilización de fertilizantes, el surgimiento de megaciudades en todos los continentes, el consumo de papel, la producción de automóviles, aviones y motocicletas, el número de teléfonos, el turismo internacional. Aunque una parte de esta fase coincide con la existencia de la URSS, como un sistema que se pretendía diferente al capitalismo, dado su desaparición y la derrota del proyecto que encarnaba –así como la conversión de China al capitalismo– lo que finalmente queda es el capitalismo. Y a éste es al que debe responsabilizarse en solitario como el responsable de las transformaciones, con repercusiones geológicas, que se han producido en las últimas décadas. Este ya no tiene enemigos de peso a quien culpar por el ecocidio planetario en marcha, se encuentra solo ante su misión destructiva. Como consecuencia de la expansión mundial del capitalismo aumentó producción de CO2, metano (CH4), se redujo la capa de ozono, se incrementó la temperatura promedio en el planeta, disminuyó la biodiversidad y se dio paso a la sexta extinción de especies. Este es el resultado, sencillamente, de una de las leyes de la ecología, propuestas por Barry Commoner, que indica que “nada es gratis”. Esos son los costos, ya para nada ocultos, de la expansión del capitalismo en las últimas décadas, de la colonización mercantil del último rincón del planeta y del desaforado desarrollo de las fuerzas productivas-destructivas.

 

La “gran aceleración” del fordismo, el camino hacia el abismo, comenzó con los “treinta gloriosos” y tiene un segundo momento después de 1989, cuando se universaliza el capitalismo tras la corta experiencia del socialismo burocrático. La denominación de “gran aceleración” no puede ser entendida si no hace referencia al capitalismo, puesto que un elemento clave de la lógica capitalista es la aceleración temporal y la contracción del espacio, un proceso que tiene consecuencias positivas para el capital y los capitalistas, al incrementar la tasa de recuperación de la ganancia, reduciendo costos (mediante, por ejemplo, la destrucción acelerada de ecosistemas, bosques, páramos, apertura de nuevas minas…), pero que tiene efectos catastróficos para la mayor parte de seres humanos y para las diversas formas de vida. Eso implica un choque de temporalidades, entre el tiempo del capital (inmediato, de corto plazo, medido en mercancías y dinero) y el tiempo de la naturaleza. Un ejemplo claro de esa gran aceleración temporal es el de la extracción de petróleo, que se formó durante millones de años (tiempo geológico) y cuyas fuentes se agotan en un breve período histórico de apenas un siglo. El asunto del tiempo es decisivo a la hora de considerar la manera cómo el capitalismo ha producido alteraciones irreversibles.

 

Debe resaltarse que la máxima mercantil “el tiempo es oro” resume a la perfección la lógica esencial del capitalismo, que se basa en la búsqueda de ganancia inmediata, sin medir las consecuencias que ello pueda tener. Los tiempos de la naturaleza son largos, a menudo de millones de años, mientras que el tiempo del capitalismo es fugaz, instantáneo, inmediato. En ese sentido, cuanto más rápido se gasten los bienes comunes de la naturaleza se incrementará el crecimiento económico y se supone que eso traerá más progreso y bienestar.

 

Pero ese es un prejuicio de corto plazo: Se llega a pensar que cuanto más velozmente se emplean los recursos de la naturaleza, tanto más avanza el progreso […]. Pero este concepto de “tiempo tecnológico o económico” es exactamente al “tiempo entrópico”. La realidad natural obedece a leyes diferentes a las económicas y reconoce el “tiempo entrópico”, es decir, cuanto más rápidamente se consumen los recursos y la energía disponible del mundo, tanto menor es el tiempo que queda para nuestra supervivencia. El tiempo tecnológico es inversamente proporcional al tiempo entrópico; el tiempo económico es inversamente proporcional al tiempo biológico32. El tiempo del capitalismo se sustenta en la búsqueda de la productividad máxima, que es una simple obsesión por “ganar tiempo”: producir siempre más en menos tiempo y con menos trabajo de los seres humanos. Eso ha llevado a la fantasía de “doblar el tiempo”, como se intenta hacer hoy con los artefactos microelectrónicos, y principalmente con los teléfonos celulares, que significa la pretensión de realizar varias cosas a la vez, todas mal, sin poderse concentrar en ningún, tal como manejar un automóvil y hablar por celular; trabajar y consultar el celular cada dos minutos; atravesar una avenida repleta de automóviles, con el semáforo en rojo para el peatón con el phone pegado a la oreja; estar en una de clase y chatear… chismosear… Eso no es gratis, porque genera un gasto desmesurado de materia y energía y constituye una brutal aceleración temporal, que destruye los ecosistemas y unifica las sociedades bajo los parámetros mercantiles del consumo y mata la lentitud y la calma. Esto viene acompañado de la mercantilización total del tiempo, lo cual está relacionado con la destrucción ambiental, porque los celulares se construyen con materia y consumen energía a gran escala, puesto que estamos hablando de la existencia de varios miles de millones de celulares, los que al parecer ya superan en cantidad al número de seres humanos. Eso significa que para mantener las conversaciones basura y el consumo mercantil del tiempo es necesario construir nuevas plantas energéticas, que se alimentan con petróleo, carbón, uranio… Como dice Jorge Riechmann: “para preservar el internet móvil mercantilizado que nos promete constante distracción y compañía, así, para salvar ese perverso orden de prioridades, devastaremos la biosfera y destruiremos el mundo humano” 33.

 

Las características del capitalismo, su lógica de funcionamiento, explican que se haya convertido en una destructiva fuerza, que ataca a la mayor parte de los seres humanos y destruye la naturaleza, habiendo originado el capitaloceno (La época del capitalismo). Algunos de los elementos centrales de su funcionamiento son los siguientes:

 

·         Primer elemento: la acumulación capitalista que crece en forma exponencial e ininterrumpida en la búsqueda insaciable de ganancias. Para obtener ganancias se debe explotar intensivamente a los trabajadores y expoliar el medio ambiente, sin interesar si se destruyen a otras formas de vida. Se supone que puede haber crecimiento al infinito, como requisito de la acumulación de capital, en una tierra cerrada y limitada en recursos.

·         Segundo elemento: para obtener ganancias el capital rebasa las fronteras nacionales y se expande por el mundo en búsqueda de fuentes de materias primas, trabajo barato y nuevos mercados de inversión y consumo. Incluso, algunos lunáticos hoy hablan de la “colonización de Marte”, como forma de huir de la tierra. Esta expansión tiene como motor principal la competencia desenfrenada de capitales, que primero compiten a escala local y luego en el mundo entero.

·         Tercer elemento: obtener réditos en el corto plazo, porque, como decía Keynes, en el largo plazo todos estaremos muertos. Esto supone que no se tienen en cuenta los tiempos de la naturaleza, sino los tiempos del capital y los negocios. Como consecuencia se aniquila a los ecosistemas, tal y como lo evidencia la explotación mineral o de hidrocarburos, ya que no se tiene en cuenta el tiempo de reposición de los ecosistemas (cuando hablamos de bienes renovables) y se actúa en contra de los límites naturales.

·         Cuarto elemento: para conseguir el incremento de ganancia en forma permanente se produce un crecimiento ininterrumpido de las fuerzas productivas-destructivas, lo que se expresa entre otras cosas en el desarrollo de la tecnociencia, lo que lleva a inventar tecnologías más potentes, y que consumen mayores cantidades de materia y energía, para extraer más materia y consumir hasta la última porción de energía disponible. Esto genera una particular forma de arrogancia tecnocrática, para la cual no hay límites naturales, ni de ninguna otra índole, y que postula que tarde o temprano se encontraran las soluciones técnicas a los problemas que ha generado el capitalismo.

·         Quinto elemento: se estructura una jerarquía de valores que exaltan la competencia, el individualismo, el egoísmo, la codicia, la sed de ganancias, el consumismo, la explotación de otros seres humanos, como propias de la “naturaleza humana”. Esos valores son inculcados desde la escuela, y por los medios de comunicación, lo que legitima al capitalismo, que es visto como el orden natural de las cosas, un sistema eterno e insustituible.

·         Sexto elemento: la producción de mercancías obliga a su consumo, para poder obtener ganancia por parte de los capitalistas. Esto conduce a impulsar el consumo, creando necesidades artificiales e innecesarias, como puede verse hoy al examinar gran parte de las 13 mercancías que se generan en el capitalismo, muchas de las cuales son inherentemente nocivas. Con estos elementos, puede concluirse sin mucho esfuerzo que el capitalismo es insustentable a corto plazo.

 

Como indican Fred Magdoff y John Bellamy Foster: El sistema capitalista mundial es insustentable en: (1) su búsqueda por una acumulación sin fin de capital tendiente a una producción que debe expandirse continuamente para obtener ganancias; (2) su sistema agrícola y alimentario que contamina el ambiente y sin embargo no garantiza el acceso cuantitativo y cualitativo universal de comida; (3) su desenfrenada destrucción del ambiente; (4) su continua reproducción y aumento de la estratificación de riqueza dentro y entre los países; y (5) su búsqueda por la “bala de plata” tecnológica para evadir los crecientes problemas sociales y ecológicos emergentes de sus propias operaciones34.

 

El término capitaloceno hace referencia a un periodo de tiempo reciente, una nueva era geológica, y a una categoría analítica y explicativa. En el primer sentido, establece una cronología para englobar un conjunto de procesos cuyo nexo articulador es la existencia y el predominio de la relación social capitalista, desde el momento mismo de su génesis, como capitalismo de guerra en el siglo XVI, en algunos lugares de Europa y que luego, se expande por el resto del mundo durante los últimos siglos, adquiriendo una fuerza e impacto mundial tras la revolución industrial a finales del siglo XVIII. En el segundo sentido, es una noción que se dirige a dar una explicación de los fundamentos de funcionamiento del capitalismo y sus impactos destructivos sobre el planeta tierra. Busca explicar en forma racional las raíces de lo que sucede. Aunque el capitaloceno representa un período muy corto, su impacto es tal que la mayor parte de las transformaciones que ha generado tienen un carácter de irreversibles.

 

El capitalismo es una fuerza geofísica global, eminentemente destructora, aunque se suponga que es creadora, su carácter devastador es de tal dimensión que puede catalogarse como un nuevo meteorito, pero de origen social, similar al meteorito que se estrelló contra el Golfo de México hace 65 millones de años y que produjo la quinta extinción de especies y arraso con el 90 por ciento de la vida que por entonces existía en la tierra35. Al hablar de capitaloceno no importa tanto que se le conciba como una época histórica o una era geológica, y lo menos interesante es argüir que hoy no pueden leerse los registros estratigráficos que demuestren su existencia. Es poco importante que exista un reconocimiento estratigráfico del capitaloceno. Lo fundamental es el sentido político del término y al desafío cognitivo de orden colectivo que debería generar, que conduzca no solamente a cambiar nuestra comprensión de la realidad, sino lo que es más importante y decisivo, nuestro accionar como sociedades. El asunto es crucial, no es una cuestión terminológica ni una querella entre geólogos. Tiene que ver con el esclarecimiento de las razones y de las causas que producen la destrucción de la naturaleza, la extinción de especies, el vuelco climático, la acidificación de los mares, la destrucción de los corales….

 

El capitaloceno si está dejando huellas de tipo geológico. Al respecto, uno de los cambios geológicamente más significativos, aunque aparezca casi invisible para nosotros, es la modificación en la composición de la atmosfera: las emisiones de bióxido de carbono (CO2), cuya contribución al calentamiento global es innegable –lo que produce cambios climáticos, concretamente elevación de la temperatura, que no se presentaban hace millones de años– y que permanecen durante miles de años en la atmosfera. Asimismo, el desplazamiento de plantas y animales hacia los polos, un movimiento migratorio forzado por el aumento de la temperatura, que ya se está presentando, va a dejar su registro fósil, en idéntica forma que la elevación del nivel del mar en varios metros, con lo cual se hundirán ciudades completas.

 

Entre algunos de los cambios que ha generado el capitalismo se encuentran: un aumento en la tasa de extinción de la fauna y la flora a niveles sin precedentes desde la aparición del homo sapiens; aumento en los niveles de C02 en la atmósfera, que modifica el clima y aumenta las temperaturas, de tal forma que no había sucedido hace 66 millones de años; producción masiva de plásticos, que inundan ríos, lagos y océanos, interfiriendo en la vida de miles de especies; la utilización de fertilizantes ha duplicado la cantidad de nitrógeno y de fósforo en las tierras de cultivo. Se calcula que esto puede causar un impacto sobre el ciclo de nitrógeno que no se presentaba hace 2.500 millones de años; “la presencia de una capa permanente de partículas transportadas por el aire en los hielos glaciares y sedimentos, como por ejemplo carbono negro procedente del consumo de combustibles fósiles” 37. Con estas evidencias, advierten algunos geólogos, "Muchos de estos cambios son geológicamente duraderos y algunos son efectivamente irreversibles"38. Los rasgos distintivos del capitaloceno no apuntan a señalar en abstracto al ser humano como una fuerza geológica en sí misma de extinción masiva, sino al sistema capitalista, como una forma de organización social e histórica particular, cuyo funcionamiento ocasiona los problemas que vivimos en la actualidad. Como tal, desde su origen Homo sapiens ha vivido en diversas formas de organización social, y en ninguna de ellas se puso en peligro global la supervivencia de la misma humanidad y de otras formas de vida a una escala masiva, como hoy acontece.

 

Uno de los aspectos que suele resaltarse cuando se habla de Antropoceno es el tamaño de la población humana, cuyo número creció en forma exponencial en los últimos dos siglos, tras la Revolución Industrial y en forma más veloz en los últimos cincuenta años. Este crecimiento está asociado a las energías fósiles, porque sin ellas no hubiera sido posible, algo que se deriva entonces del mismo desarrollo del capitalismo. Pero un elemento adicional que no puede ser negado es que no todos los seres humanos que hoy vivimos en el planeta tierra tenemos el mismo grado de responsabilidad, puesto que hay una asimetría evidente entre una ínfima minoría de grandes capitalistas y el resto de la población mundial. En otros términos, existe una segmentación en términos de producción y consumo entre unos pocos países y el resto, y más en general, entre los más ricos entre los ricos y millones de pobres y miserables. Oxfam lo ha dicho en sus informes de enero de 2016 y de enero de 2017.

 

En este último proporciona algunos datos sobre la aterradora desigualdad social y económica en el mundo:

 

1. Cuando una de cada diez personas en el mundo sobrevive con menos de dos dólares al día, la inmensa riqueza que acumulan tan sólo unos pocos resulta obscena. Sólo ocho personas (concretamente ocho hombres), poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, 3.600 millones de personas. […]

2. Siete de cada diez personas vive en un país en el que la desigualdad ha aumentado en los últimos 30 años.

3. La desigualdad extrema tiene un enorme impacto en las vidas de las mujeres, sobrerrepresentadas en los sectores con peores salarios y que sufren mayores niveles de discriminación en el ámbito laboral y asumen la mayor parte del trabajo de cuidados no remunerado. Al ritmo actual, llevará 170 años alcanzar la igualdad salarial entre hombres y mujeres.

4. La evasión y elusión fiscal por parte de las grandes multinacionales priva a los países pobres de al menos 100.000 millones de dólares cada año en ingresos fiscales, dinero suficiente para financiar servicios educativos para los 124 millones de niños y niñas sin escolarizar o servicios sanitarios que podrían evitar la muerte de al menos seis millones de niños y niñas cada año39.

 

Con datos como estos, resulta muy amañado seguir diciendo que la población en sí misma es el problema, cuando este estriba en la desigualdad social y económica, lo que conduce a marcados desniveles de apropiación de la producción y el consumo dentro de los países y a nivel mundial40. Claro que debe plantearse un control en el crecimiento de la población, ante la reducción acelerada de los bienes comunes de la naturaleza, pero algo más crucial radica en señalar la destrucción que significa el consumo de los ricos, y el costo ambiental que esto trae para el planeta. No es tanto la reducción de los pobres lo que necesita el planeta tierra, sino más bien la reducción de los ricos y su consumo y despilfarros ostentosamente obscenos. En el capitaloceno la pregunta esencial no es cuánto le cuesta un pobre al medio ambiente, sino cuánto le cuesta un rico, cuestión que apunta a vincular la desigualdad con la destrucción ambiental.

 

Si Antropoceno es una palabra que genera algún rechazo, Capitaloceno va a ser un término absolutamente denostado y ocultado, porque apunta a señalar al sistema capitalista como el responsable de las catástrofes climáticas y ambientales que destruyen diversas formas de vida, asesinan diariamente a millones de seres humanos (pobres y explotados) y pone en peligro la misma supervivencia de nuestra especie. Y plantea, por supuesto, que la única alternativa para que la humanidad pueda sobrevivir es rebasar el capitalismo. En conclusión, nos encontramos en la Era Catastrozoica, del Período “Cabernario”, Época del capitaloceno y el nuevo meteorito que destruye nuestro planeta no viene del espacio exterior, El meteorito de nuestro tiempo se llama capitalismo y resulta inútil tratar de cambiarle el nombre. Notas:(...)

Fuente: http://www.rebelion.org/docs/223396.pdf

 

 

Reflexionemos, al contrario de la propaganda de gobiernos progresistas para convencernos de sus proyectos como antiimperialistas, consolidaron nuestro subdesarrollo al sostener la economía imperialista del capital cuya condición histórico-material de posibilidad precisa la constitución de regímenes extractivistas para poder afianzarse y expandirse hegemónicamente como sistema-mundo.  "Así, nuestro crecimiento 'a tasas chinas' fue funcional a la revitalización de la dinámica de acumulación global".

 

 

Debatir Venezuela… Debatir el “ciclo progresista”

Extractivismo y dialéctica de la dependencia

2 de agosto de 2017

 

 

Por Horacio Machado Aráoz (Rebelión)

 

(...)Extractivismo progresista, ¿post-neoliberal y anti-imperialista?

Para luchar contra el imperialismo es indispensable entender que no se trata de un factor externo a la sociedad nacional latinoamericana, sino por el contrario, forma el terreno en el cual esta sociedad hunde sus raíces y constituye un elemento que la permea en todos sus aspectos”. (Ruy Mauro Marini, Prefacio a la 5° edición de “Subdesarrollo y revolución”, 1974).

Lo que señalamos para el caso bolivariano -la expresión de la voluntad política más audaz y ambiciosa del último ciclo de rebeliones populares en NuestraméricaAbyayalense-, es perfectamente aplicable a todos y a cualquiera de las experiencias de los gobiernos progresistas del reciente ciclo. Las razones de la profunda crisis que hoy se cierne sobre Venezuela son en gran medida las razones del ocaso y del “fin de ciclo progresista”. Por cierto, con matices, pero sin diferencias en lo fundamental, lo dicho y analizado sobre el rentismo petrolero es válido para la soja, la pasta de celulosa, el cobre, el litio, el hierro, la palma aceitera, en fin, para cualquier commodity. El capitalismo, desde sus orígenes hasta la fecha, se ha caracterizado por sembrar en sus periferias países-commodities, economías coloniales que le abastecen los imprescindibles subsidios ecológicos que precisa para alimentar la voracidad insaciable del “molino satánico” (Polanyi, 1949) de la acumulación sin fin/como fin en sí mismo.

Estamos hablando en todos los casos de la configuración de regímenes extractivistas, de los cuales, (tratándose del excremento del diablo), el extractivismo petrolero es el peor y más extremo de los modelos. Así, el gran yerro no sólo de los conductores estatales del proceso bolivariano, sino de las experiencias de los gobiernos progresistas en general, fue haber pretendido pensar y/o construir una sociedad más justa, más igualitaria y más democrática sobre la base de la profundización del extractivismo.

Pretender “salir del neoliberalismo”, luchar contra el “imperialismo”, peor incluso, proyectar “la revolución” o impulsar un “proceso revolucionario” mediante la intensificación del extractivismo es el más absurdo oxímoron político que nos ha legado el fallido ciclo progresista en América Latina. Sencillamente, porque el extractivismo no es una característica pasajera de una economía nacional, sino que da cuenta de una función geometabólica del capital, fundamental e imprescindible para el sostenimiento continuo y sistemático de la acumulación a escala global.

“Extractivismo” no se circunscribe a las economías primario-exportadoras, sino que refiere a esa matriz de relacionamiento histórico estructural que el capitalismo como sistema-mundo ha urdido desde sus orígenes entre las economías imperiales y “sus” colonias; se trata de ese vínculo ecológico-geográfico, orgánico, que “une” asimétricamente las geografías de la pura y mera extracción/expolio, con las geografías donde se concentra la disposición y el destino final de las riquezas naturales. La apropiación desigual del mundo, la concentración del poder de control y disposición de las energías vitales, primarias (Tierra/materia) y sociales (Cuerpos/trabajo), en manos de una minoría, a costa del despojo de vastas mayorías de pueblos, culturas y clases sociales, eso es lo que el extractivismo asegura y hace posible.

En definitiva, este fenómeno da cuenta de la dimensión ecológica del imperialismo, como factor fundamental y condición de posibilidad material del sostenimiento del sistema capitalista global. La economía imperial del capital ha precisado -como condición histórico-material de posibilidad- la constitución de regímenes extractivistas para poder afianzarse y expandirse hegemónicamente como sistema-mundo. Nuestro continente “nació” (fue, en realidad, violentamente incrustado al naciente sistema-mundo) como producto de un zarpazo colonial que nos constituyó, desde fines del siglo XV hasta la fecha, como una economía minera, zona de sacrificio. Desde entonces, nuestras sociedades se con-formaron bajo el formato de regímenes extractivistas, más aún incluso, a partir de las “guerras de independencia” y la constitución de nuestros países como “estados nacionales”.

 

Así, el extractivismo en América Latina no significa apenas un tipo de “explotación de los recursos naturales”, sino que da cuenta de todo un patrón de poder que estructura, organiza y regula la vida social en su conjunto en torno a la apropiación y explotación oligárquica (por tanto, estructuralmente violenta) de la Naturaleza toda, (incluida, esa forma especialmente compleja y frágil de la Naturaleza que son los cuerpos humanos vivientes). El extractivismo en nuestra región es la perenne marca de origen de nuestra condición colonial, que no se ha borrado sino que se ha afianzado, durante nuestra etapa ‘post-colonial’.El extractivismo ha permeado nuestra cultura, ha moldeado nuestra institucionalidad, nuestra territorialidad e ‘idiosincrasia nacional’; ha dejado su huella indeleble en la estructura de clases, en las desigualdades racistas y sexistas; en fin, en la naturaleza de los regímenes políticos, el tipo de estructura de relaciones de poder y sus modalidades de ejercicio y reproducción. En una palabra, los regímenes extractivistas son, ni más ni menos, que la base estructural de las formaciones geo-sociales (Santos, 1996) propias del capitalismo colonial-periférico-dependiente; expresan la modalidad específica que el capitalismo adquiere en la periferia.

Por eso, en todo caso, la profundización, ampliación o intensificación del extractivismo, es la profundización, ampliación e intensificación de nuestra condición periférico-dependiente, colonial, dentro del capitalismo mundial. El extractivismo funciona como dispositivo clave de reproducción de nuestra integración subordinada al sistema-mundo;está en el meollo mismo de la dialéctica de la dependencia. Esto significa que, en nuestras sociedades, la expansión del crecimiento económico va insoslayablemente aparejado a la profundización de la dependencia y a la intensificación de los mecanismos estructurales de expropiación. La razón progresista ha sido ciega a este elemental (y viejo) problema constitutivo de nuestras formaciones sociales.

Aparentemente, a juzgar por sus políticas y por su retórica, el progresismo creyó posible “salir del neoliberalismo” y “luchar contra el imperialismo” profundizando la matriz extractivista y acelerando al extremo la exportación de materia y energía. Entendiendo el “post-neoliberalismo” como políticas de “inclusión social” (vía programas masivos de asistencia social, incremento de los presupuestos de la infraestructura y prestaciones estatales de servicios básicos, incentivos al mercado interno para dinamizar el crecimiento del consumo interno, del empleo, los salarios y la demanda agregada en general) los gobiernos progresistas materializaron el pasaje del Consenso de Washington al Consenso de Beijing o “consenso de las commodities”(Svampa, 2013).

 

Sus políticas “revolucionarias” fueron -en el fondo- no otra cosa que un momentáneo retorno a políticas neokeynesianas. La renta extractivista que financió las “políticas de inclusión” (al consumo de mercado) operaron en realidad una nueva oleada de apropiación y despojo de tierras, agua y energía, extranjerización y re-primarización del aparato productivo, mayor penetración y concentración del poder (económico, político e institucional) en manos de grandes empresas transnacionales; en suma, expansión de las fronteras materiales y simbólicas del capital hacia cada vez más amplias y profundas esferas de la vida social. La “inclusión social” fue, de hecho, inclusión como consumidores; “tener derechos” pasó a significar -para amplias mayorías- ser beneficiario de ciertos programas sociales y tener acceso a cierta cuota de consumo en el mercado. La “redistribución del ingreso” no afectó las desigualdades sociales básicas ni alteró la estructura de clases; los gobiernos progresistas, en verdad, ni hablaron de “lucha de clases” o superación de una sociedad de clases: su objetivo manifiesto fue la “ampliación de las clases medias”. A la par del consumo social compensatorio para las anchas bases de la pirámide social, se expandió el consumo exclusivo de las élites y el consumismo mimético de las clases medias.

Por supuesto, esto no significó desmercantilizar nada, en ningún sentido, sino, al contrario, abrir paso a una inédita intensificación y ampliación de horizonte de la mercantilización, tanto a nivel de las prácticas sociales objetivadas, como a nivel de las subjetividades y sensibilidades, incluso en el imaginario social de los sectores populares. En definitiva, en este sentido fundamental, los gobiernos progresistas no marcaron una “etapa post-neoliberal”, sino que fueron la prolongación y profundización del neoliberalismo por otros medios. Todo eso, financiado por la exportación creciente de materias primas; por la profundización del extractivismo.

 

Así, nuestro crecimiento “a tasas chinas” fue funcional a la revitalización de la dinámica de acumulación global. Cada carga de nuestras exportaciones alimentó la locomotora capitalista mundial con gravosos subsidios ecológicos extraídos de nuestros territorios/cuerpos. Cada punto de incremento en la demanda mundial (china) de nuestras materias primas dio mayor impulso a la ola de despojo, devastación de ecosistemas y mercantilización de bienes comunes y cuerpos humanos. Cada nueva obra pública, cada incremento en la “inversión” en carreteras, hidroeléctricas, puertos, hidrovías y cuanta infraestructura pública se hizo para “mejorar la conectividad regional” y la “integración latinoamericana” significó, sí, más empleo, más consumo popular, pero también, mayor apropiación de plusvalía por parte de grandes transnacionales, aumento del poder económico y político de la clase capitalista mundial y de los segmentos de las burguesías internas; en fin, intensificación y profundización de las economías de enclave: fragmentación territorial de los ecosistemas, debilitamiento de los entramados productivos endógenos, pérdida de sustentabilidad y autonomía económica, tecnológica, financiera y, al contrario, profundización de nuestra inserción estructuralmente subordinada y dependiente.

 

Mientras las pudieron sostener, las políticas expansivas del ciclo progresista mejoraron, sí, a corto plazo, las condiciones inmediatas de vida de los sectores populares; eso está fuera de discusión. El punto es que esas mismas políticas intensificaron nuestra posición y condición de subalternidad en el marco de la geopolítica imperial del capital. Ese crecimiento profundizó la subsunción geometabólica de nuestros territorios/cuerpos a la trituradora del “molino satánico” global. De eso hablamos cuando hablamos del extractivismo como dispositivo clave de la dialéctica de la dependencia. Por eso mismo, el imperialismo es, principal y fundamentalmente, imperialismo ecológico: no se trata de un poder de dominación externo, sino que es intrínseco y constitutivo a nuestras formaciones sociales; está en las bases mismas de la matriz socioterritoral, la estructura de clases y de poder de las sociedades capitalistas periféricas. Los regímenes extractivistas son así, la cara interna del imperialismo (ecológico) del capital.  

 

Ecologismo popular y radicalización de la praxis revolucionaria

“El cambio supone una subversión gradual de las necesidades existentes, es decir, un cambio en los mismos individuos, de manera que, en los propios individuos, su interés por la satisfacción compensatoria ceda ante las necesidades emancipatorias. (…)) Evidentemente, la satisfacción de estas necesidades emancipatorias es incompatible con las sociedades establecidas de estados capitalistas y estados socialistas”. (Herbert Marcuse,1979).

“Desde el punto de vista de una formación económico-social superior, la propiedad privada del planeta en manos de individuos aislados parecerá tan absurda como la propiedad privada de un hombre en manos de otro hombre. Ni siquiera toda una sociedad, una nación o, es más, todas las sociedades contemporáneas reunidas, son propietarias de la tierra. Sólo son sus poseedoras, sus usufructuarias, y deben legarla mejorada, como bonipatres familias, a las generaciones venideras”. (Karl Marx, 1867).

Las gravosas e insoslayables consecuencias económicas, políticas y culturales del extractivismo sobre nuestras sociedades, es lo que desde un amplio y diverso conjunto de actores (no sólo intelectuales, investigadores, sino movimientos sociales, pueblos originarios, comunidades campesinas, organizaciones sociales de base comunitaria, colectivos asamblearios nucleados en torno al ecologismo popular) hemos venido tan insistente como infructuosamente planteando al interior de estos procesos políticos en nuestra región. Nuestras luchas contra el extractivismono procuraban “hacerle el juego a la derecha”, ni erosionar la base de sustentabilidad económica y política de los gobiernos progresistas, sino al contrario. En todo caso, buscaron siempre mantener claridad en el sentido y el rumbo de la práctica revolucionaria.

El oficialismo de izquierda, en particular los “intelectuales orgánicos” que se abroquelaron acríticamente detrás de una defensa impermeable de esos gobiernos, hoy en su ocaso, desconsideraron absolutamente esas advertencias. Por negligencia o conveniencia, con soberbia y/o necedad, ignoraron sistemáticamente los planteos provenientes de los movimientos del ecologismo popular; muchas veces con mala fe, los asimilaron a los planteos del ambientalismo nórdico. Desde la oficialidad del poder, se apropiaron del nuevo lenguaje emancipatorio arduamente construido desde las luchas: el Buen Vivir o Sumaj Kawsay, Plurinacionalidad, Derechos de la Naturaleza, Bienes Comunes, Socialismo del Siglo XXI. Lo usaron, sin embargo, como una nueva retórica para solapar el viejo imaginario (colonial y políticamente perimido) del desarrollismo “nacional y popular”, centrado en un “Estado fuerte” que “controla al mercado” y comanda el proceso de “crecimiento con inclusión social y redistribución de la riqueza”. Lo que nació como expresión de un nuevo paradigma civilizatorio radicalmente post-capitalista, descolonial, despatriarcal y ecologista, fue sencillamente banalizado y vaciado de contenido.

Hasta hoy en día, esa izquierda oficialista sigue mostrándose completamente ciega ante el extractivismo y su dialéctica de la dependencia. No sólo no entienden la relevancia, gravedad y urgencia de la problemática ecológica, sino que tampoco entienden, al parecer, que el extractivismo no es sólo un problema regional, sino global; no es sólo “ambiental”, sino civilizatorio. Como muestra dolorosamente la coyuntura crítica de la sociedad venezolana (la de América Latina toda, pero también la dramática situación del planeta en general), el problema del extractivismo no es “sólo” la cuestión de la devastación ecológica de ciertos territorios, sino, en el fondo, la cuestión de raíz de la depredación capitalista del mundo de la vida como tal.

La lección histórica que nos deja este amargo fin de ciclo, es que, de una vez por todas, deberíamos ya definitivamente desafiliarnos de la religión colonial del “progreso”, despejar de nuestro imaginario la ilusión fetichista de que sería posible desacoplar el engranaje de la producción (capitalista de riqueza) del de la devastación (de las fuentes y formas de Vida). Pues, en plena Era del Capitaloceno, en la que nos hallamos, está a la vista que ambos mecanismos forman parte inseparable del mismo “molino satánico”. El aprendizaje histórico que deberíamos ser capaces de hacer de la frustrada experiencia del “ciclo progresista” es que el (neo)desarrollismo de ninguna manera es una alternativa válida para nuestros pueblos; lejos de ser una vía siquiera ‘transitoria’ hacia el “socialismos del Siglo XXI”, fue un atajo que nos hundió aún más en las condiciones estructurales de subalternidad y súper-explotación propias de nuestra posición colonial-periférico-dependiente dentro del capitalismo global.

No se trata de una cuestión de “reforma” o “revolución”. No es que los cambios “iban bien”, pero que faltó “seguir avanzando” en la misma dirección. Se trata de tomar nota de que la política de “crecimiento con inclusión social” no sólo no alcanza como horizonte político de cambio social revolucionario, sino que en realidad es una política completamente errada e históricamente perimida, si a lo que aspiramos es a un verdadero proceso de emancipación social. Un programa político basado en la pretensión de la satisfacción (así sea “para todos y todas”) de las necesidades existentes, es como tal un programa reaccionario, que inhibe de raíz la posibilidad de imaginar y avanzar en la dirección de los cambios que precisamos realizar. El sistema justamente nos constituye como sujetos-sujetados a su reproducción a partir de la estructuración misma de las necesidades (y la colonización de los deseos): las necesidades existentes son, en realidad, las que el sistema necesita para su reproducción; son, por tanto, un aspecto clave de lo que precisamos cambiar.

Los movimientos del ecologismo popular hemos venido señalando ese punto ciego de los gobiernos progresistas. Las políticas de “crecimiento con inclusión social” no sólo son funcionales a la reproducción del sistema, sino que además se basan en la quimérica creencia de que, dentro del capitalismo, sería posible “incluir a todos los excluidos”, o peor, de que “incluyendo a los excluidos” se va transformando el sistema… El programa de la “inclusión social” no sólo es inviable socialmente (pues el capitalismo es por definición un régimen oligárquico de apropiación y usufructo diferencial de las energías vitales, donde “la pobreza de la mayoría, a pesar de lo mucho que trabajan” sólo va a engordar “la riqueza de una minoría, riqueza que no cesa de crecer aunque haga ya muchísimo tiempo que hayan dejado de trabajar”), sino también ecológicamente: hay taxativos límites biológicos y físicos dentro del Sistema Tierra que hacen inviable un horizonte de “crecimiento infinito”.

Si a mediados del siglo XIX podría haber sido todavía comprensible, la ceguera ante la crucial cuestión ecológica de fuerzas sociales que se dicen revolucionarias, anti-capitalistas, resulta, en el siglo XXI, lisa y llanamente inadmisible. La crisis ecológica, las desigualdades e injusticias socioambientales, los impactos tóxicos y destructivos del industrialismo, el urbanocentrismo, el patrón energético moderno, la producción a gran escala y el consumismo (no sólo sobre los ecosistemas, sino sobre la condición humana), no pueden no estar en la agenda de un programa que se proponga seriamente la construcción del socialismo del siglo XXI. Como lo dijera el comandante Chávez, la construcción del socialismo es, en este siglo, “razón de vida”.

El ecologismo, así, (el ecologismo popular, que nada tiene que ver con el conservacionismo, el maltusianismo, la economía verde ni cualesquiera de las distintas expresiones del eco-capitalismo tecnocrático) lejos de constituir un programa social ‘reaccionario’ o ‘funcional a la derecha’, expresa en realidad un nuevo umbral del pensamiento crítico y las energías utópicas. La irrupción de los movimientos del ecologismo popular en la escena política del siglo XXI está dando cuenta de la necesidad de una profunda renovación y radicalización del contenido y el sentido de la práctica revolucionaria; acorde a las necesidades de nuestro tiempo. Porque en nuestro tiempo, está claro que no se trata de “incluir” sino de “transformar”.

Hay que tomar seriamente -en términos políticos y epistémicos- que estamos viviendo los momentos extremos de la Era del Capitaloceno (Altvater, 2014; Moore

, 2003), una era signada por las huellas prácticamente irreversibles que la destructividad intrínseca del capitalismo ha impreso sobre la Biósfera, la Madre Tierra. Justamente por ello, el sentido de la acción política y el cambio social que como especie, como comunidad biológica, asumamos, signará decisivamente nuestras posibilidades de sobrevivencia, o no. Ese es el escenario en el que nos hallamos. No se trata de ‘catastrofismo’, sino del más crudo realismo. Como lo advierte Donna Haraway (2016), el Capitaloceno no es una “nueva” era geológica, otro horizonte espacio-temporal de larga duración; al contrario, el Capitaloceno designa un “evento límite”, es decir, un momento de la historia de la Tierra cuyos presupuestos y condiciones ecológicas y políticas lo hacen inviable: o se transforman esos presupuestos, o se extingue.

 

La cuestión ecológica, tal como es planteada por el ecologismo popular, es así crucial para la sobrevivencia de la especie. Por eso mismo, nos empuja a atrevernos a pensar el fin del capitalismo, a recuperar y renovar formas y modos de vida no-capitalistas. Nos incita a pensar la revolución no apenas como ‘cambio de políticas/políticas redistributivas’, ‘cambio de gobierno’ o ‘toma del Estado’, sino como un radical y profundo cambio civilizatorio. Es decir, el escenario del Capitaloceno, la posibilidad cierta de un colapso terminal de las condiciones ambientales que hacen posible la vida humana en el planeta como consecuencia de la huella ecológica provocada por el capitalismo, nos desafía a pensar el cambio revolucionario completamente en otra escala; una escala espacio-temporal mucho más amplia que la que hasta ahora se ha considerado. Necesitamos pensar la revolución como un cambio de Era Geológica. Si el Capitaloceno es un momento crítico, donde la vida (al menos en su forma humana) está expuesta a la extinción, si designa el tiempo geológico en el que el capitalismo ha trastornado hasta tal punto los flujos elementales del sistema Tierra casi al extremo de volverla in-habitable, hacer la revolución en el presente, significa realizar todas las transformaciones que sean necesarias a fin de restituir las condiciones de habitabilidad del planeta; volver a hacer de la Tierra, nuestro Oikos/Hogar, el lugar apto para la (re)producción de nuestra vida como comunidad biológica.

 

Si la idea de un socialismo del Siglo XXI es algo más que un mero eslogan político, y lo consideramos, en términos realistas y concretos como un nuevo horizonte político, un nuevo modo histórico de (re)producción social de la vida, y un nuevo régimen de relaciones sociales, esa noción de “socialismo del siglo XXI” nos lleva a pensar la revolución como una profunda migración civilizatoria que nos saque de la era insostenible del Capitaloceno. El ecologismo popular -los sujetos y movimientos sociales que lo encarnan- se toma seriamente este desafío; piensan/pensamos la revolución como cambio sociometabólico, como una radical transición socioecológica hacia un absolutamente nuevo modo de producción social (de la vida), que supone y requiere no apenas “oponernos al neoliberalismo” sino deconstruir de raíz las formas elementales del capital.

En este punto, hallamos la convergencia fundamental entre el chavismo y el ecologismo popular. Si algo precisamos rescatar y recuperar del movimiento bolivariano, si en algo reside su originalidad, su pertinencia histórica y su potencia revolucionaria, es en la centralidad que se le ha querido dar a las comunas como nuevas bases ecobiopolíticas y unidades de producción de la vida social. Eso que ha sido su gran aporte histórico, ha sido también -hoy lo podemos ver con claridad- su límite y su contradicción: construir el socialismo comunal ha quedado sólo como una expresión de deseos. El chavismo en el gobierno siguió el camino de la “siembra del petróleo”, en lugar del sendero alter-civilizatorio de la comunalización. Lejos de favorecer la germinación del poder popular, esa siembra de petróleo lo intoxicó y lo fue asfixiando cada vez más.

En las horas aciagas que corren, sería de gran utilidad volver y juntar fuerzas en torno a ese proyecto político que fue truncado. “Comuna o nada” es un lema que resume el legado perenne del comandante Chávez y es también un principio elemental clave para orientar el cambio revolucionario, la transición socioecológica hacia una nueva era Civilizatoria y Geológica.

Comunalizar es el verbo donde convergen el chavismo y el ecologismo popular como fuerzas sociales revolucionarias; es lo que tenemos en común, como horizonte guía y aspiración transformadora. Comunalizar es, por supuesto, des-mercantilizar, pero también des-estatalizar: el Estado no es lo opuesto del Mercado, sino la contracara jurídico-política del capital. Avanzar hacia un socialismo comunal no implica un “Estado comunal”, sino la deconstrucción radical de la lógica racional-burocrática, centralizada y vertical de ejercicio del poder y gestión de la vida colectiva. Comunalizar es democratizar y descentralizar los procesos de producción de la vida; implica sembrar poder y capacidades autogestionarias, construir autonomía social desde las bases, tanto en las esferas de la vida doméstica, como de la vida pública. Comunalizar es des-privatizar y desmercantilizar las relaciones sociales, los imaginarios, los cuerpos y los territorios. No basta con suprimir la propiedad privada de “los medios de producción”; tenemos que suprimirla de la faz de la tierra; hacer que llegue el día en el que “la propiedad privada del planeta en manos de individuos aislados” sea un absurdo inaceptable.

Así, radicalizar la revolución es comunalizar la Madre Tierra; es diseñar, construir y asumir como forma de vida, un nuevo metabolismo social que la reconozca, la considere y la trate como lo que en realidad es: base imprescindible y fuente de Vida en Común.

Producir un radical giro sociometabólico que parta del respeto y el cuidado radical de la Madre Tierra, supone salirnos de los engranajes del productivismo y el consumismo que hacen girar “el molino satánico” de la acumulación como fin-en-sí-mismo; supone también corrernos del industrialismo, del urbanocentrismo y el fetichismo tecnológico que nos hace creer que el “desarrollo de las fuerzas productivas” es una línea evolutiva universal y que para cualquier problema social y/o ecológico siempre bastará y será posible hallar una solución tecnológica. Ese cambio sociometabólico no implica “aumentar los salarios” sino des-salarizar el trabajo; no “redistribuir el ingreso”, sino redefinir radicalmente el sentido social de la riqueza, esta vez, en función de los valores de uso y de la sustentabilidad de la vida y no de la valorización abstracta y la super-producción de mercancías.

 

En fin, procurar ese giro sociometabólico involucra, en última instancia, des-mercantilizar las emociones, vale decir, buscar, sentir y vivir la felicidad en las relaciones, y no en las cosas. En lugar de la expansión (incluso ‘igualitaria’) de los ‘bienes de consumo’, el nuevo horizonte utópico que se vislumbra desde esta perspectiva pasa más bien por un escenario donde “el hombre socializado, los productores libremente asociados, regulen racionalmente su intercambio de materias con la naturaleza, lo pongan bajo su control común en vez de dejarse dominar por él como por un poder ciego, y lo lleven a cabo con el menor gasto posible de energías y en las condiciones más adecuadas y más dignas de su naturaleza humana” (Marx, 1981: 1045).

Claro, somos conscientes de que el giro sociometabólico del que hablamos como medio y proceso revolucionario, constituye un desafío ideológico, existencial y emocional no apenas para la derecha, sino también para amplios sectores que se consideran de “izquierda”; claramente es así para la izquierda oficialista. Todavía estos sectores siguen anclados en el socialismo (realmente in-existente) del siglo pasado: concibiendo la revolución como “desarrollo de las fuerzas productivas”, creyendo que el imperativo de la liberación pasa por “industrializarnos”, “crear puestos de trabajo”, “aumentar salarios”, construir más carreteras” y “ampliar las políticas sociales”.

Esos sectores, esa izquierda no percibe aún “los límites de la civilización industrial” (Lander, 1996); no puede ver más allá del muro mental de la colonialidad progresista. Justamente, no pueden ver que más allá de esos muros, hay mucha comunalidad viviente; personas, organizaciones, comunidades enteras que no demandan más asfalto ni quieren “progresar”, que no sueñan con “salir de shopping” ni luchan por el aumento de su “poder adquisitivo”… Sujetos colectivos que, por el contrario, se hallan movilizados por la defensa de sus territorios, congregados por los desafíos de la gestión autonómica de la vida en común, por la producción de la soberanía alimentaria, por la justicia hídrica, la democratización y sostenibilidad energética.

Esos sujetos -tenemos la esperanza y la convicción- son quienes que están conjugando en sus luchas, el verbo de la revolución, del socialismo del siglo XXI… Al comunalizar los bienes, los nutrientes y las energías, los saberes, los sabores y las semillas, estos sujetos están emprendiendo el camino de la gran migración civilizatoria que nos saque del Capitaloceno y nos lleve a la Tierra de un nuevo y auténtico Antropoceno: la Era Geológica del Hombre Nuevo.  

 Bibliografía:(...)
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=229785

En consecuencia, abajo y a la izquierda, tenemos el desafío de erradicar los extractivismos como expresión del Capitaloceno en Nuestra América y la forma de concretarlo es ir creando buenos vivires desde relaciones entre nosotros decidiendo qué y cómo hacer a la atención de derechos humanos de todas/todos. Pero partiendo de logros abajo como el señalado en el capítulo*:

 

“El agua vale más que el oro”.

Grito de resistencia decolonial contra

los nuevos dispositivos expropiatorios

 

Por Horacio Machado Aráoz

(...)A modo de introducción.

La expresión ‘el agua vale más que el oro’, tan disruptiva del mundo de conocimiento mutuo acuñado tras centenares de trágica vigencia del orden colonial capitalista moderno, se alza como frase emblemática de las multifacéticas expresiones de resistencia emergentes ante la voraz avanzada de la gran minería transnacional que, desde los ’90, embarga al vasto territorio latinoamericano. Con toda su potencia profética, la frase subvierte la lógica invertida de la mirada colonial; pone de manifiesto la irracionalidad de la ‘racionalidad’ de las inversiones, la que, moldeada bajo el fetichismo de las mercancías, alienta la fantasía (neo)desarrollista de nuestros días.

El ‘absurdo extremo’, que para el sentido común dominante (colonialidad) contiene aquella expresión, desnuda, en realidad, el sinsentido radical de la economía del capital, que, cegada en el valor de cambio, se abstrae completamente de los valores de uso, aún al extremo de tornarse insensible a los requerimientos ecológicos más elementales de la reproducción de la vida.

Grito de los pueblos en resistencia, la expresión ‘el agua vale más que el oro’ no sólo advierte sobre las dinámicas ‘invisibles’ de las nuevas modalidades del saqueo; más profundamente, devela con clarividencia decolonial la crisis civilizatoria del orden imperial del capital, cuya realización exige hoy -bajo la fase actual de acumulación por desposesión (Harvey, 2004)- la avanzada depredatoria sobre los medios de vida. En las antípodas de la ligereza con la que es usualmente descartada por los detentadores del saber dominante, transgrediendo la ‘seriedad’ proscriptiva que, desde el orden de la cientificidad, se niega a considerarla en los ‘círculos del conocimiento’, aquí tomaremos literalmente en serio esta expresión.

 

Intentando así hacernos eco de la resonancia decolonial de ese grito, analizaremos las condiciones históricas de producción del inusitado auge de las grandes explotaciones mineras verificadas en América Latina a partir de la primera mitad de la década de los ’90. Al indagar en la historicidad –y en la geograficidad- del fenómeno, procuraremos desmontar las naturalizaciones del discurso hegemónico que –recurriendo habitualmente a las retóricas de la ‘globalización’ y los ‘imperativos del crecimiento’-, han impulsado y pretendido justificar la avanzada colonizadora de los intereses mineros transnacionales sobre las poblaciones y territorios de la región.

 

De tal modo, intentaremos desarrollar una ecología política del ‘boom’ minero, interesada en mostrar la especificidad de los dispositivos expropiatorios propios de la dinámica actual de acumulación por desposesión.

 

1.- Los conflictos ecológico-distributivos en el contexto de la geopolítica del neoliberalismo.

Más que representaciones que ‘reflejan’ con distintos grados de veracidad los fenómenos sobre los que refieren, los discursos forman parte de la trama de relaciones en la que acontece la construcción social de la realidad; constituyen perspectivas no ‘exteriores’ a los ‘hechos’, sino recursos semiótico-políticos con los cuales los diferentes actores -desde sus respectivas posiciones e intereses- participan en la disputa por la asignación del sentido y la validación o no del curso de los acontecimientos.

 

En tanto partes de una compleja cartografía del saber/poder en la que se dirimen los ‘efectos de verdad’ sobre prácticas y escenarios, resulta interesante indagar en los principales discursos que, desde el lugar consagratorio de la ‘oficialidad’ científico-gubermanental, intentaron ‘dar cuenta’ de la abrupta irrupción de la gran minería transnacional en la geografía latinoamericana de los ’90. La perspectiva de la CEPAL, por caso, propone lo siguiente:

“Desde los ochenta, aunque con mayor fuerza en los noventa, los países de la región abandonaron progresivamente los esquemas…orientados a regular el comercio internacional de productos primarios. Los nuevos enfoques (…) aceptaron la institucionalidad de los mercados mundiales… En línea con la apertura económica se consideró que el patrimonio y los recursos naturales deberían ser de libre disponibilidad, bajo el predominio de las reglas del mercado. (…) El proceso de globalización…apuntaba a profundizar la interconexión de los mercados nacionales mediante la eliminación…de los controles a los flujos comerciales y financieros. (…) En este contexto (…) el nacionalismo resultaba evidentemente contradictorio con el contenido del nuevo paradigma de economía política y las limitaciones financieras para atender las potencialidades que presentaba el patrimonio geológico de los países mineros de la región…

De allí que fuese evidente que la intención de las reformas era, esencialmente, hacer atractiva la inversión en las minerías nacionales y para ello era necesario eliminar una serie de controles e instrumentos muy ligados a las políticas económicas de los años setenta y ochenta, como eran los controles de cambio, de comercio exterior y de las remesas de utilidades. (…)

Este relato, si bien expone con claridad el sentido y los objetivos que persiguieron las ‘reformas que hicieron posible’ la acelerada radicación de las grandes corporaciones mineras transnacionales y la expansión de sus explotaciones sobre las reservas geológicas de la región, constituye poco menos que una versión ‘angelical’ de las transformaciones políticas que las mismas significaron. A la vez que tiende a naturalizar el ‘proceso de globalización’ (presentándolo como un fenómeno completamente ajeno a las disputas geopolíticas sobre el control de los recursos y pretendiendo justificar en ese marco los cambios en las políticas nacionales como una consecuencia lógica e inevitable del ‘nuevo curso de la historia’), este discurso no sólo pasa por alto la perversidad trágica de los mecanismos y procesos políticos a través de los cuales se impusieron tales reformas, sino que también omite toda consideración sobre la magnitud y diversidad de víctimas y de costos sociales y ambientales, en general, que los mismos involucraron.

 

Pero, como fuera tempranamente advertido en sus orígenes, la ‘dulce economía política’ suele recurrir a los ‘relatos idílicos’ de las ‘cartillas infantiles’ para tapar el papel que “en la historia real desempeñan la conquista, la esclavización, el robo, el asesinato; la violencia, en una palabra” (Marx, 1972: 607). El discurso de la CEPAL -consignado tanto en el texto citado como en el conjunto de las publicaciones del área- asume las formas idílicas de la economía convencional para dar cuenta de una drástica transformación en las políticas sobre el manejo de los bienes naturales a nivel mundial, ocurridas en el último tercio del siglo XX; alude a un súbito y – aparentemente- mágico ‘cambio de paradigma’ como el factor que ‘hizo necesario’ el abandono de las ‘políticas nacionalistas’ y la adopción de medidas para ‘hacer atractiva las inversiones y ganarse la confianza de las grandes empresas transnacionales’. Lo cierto es que, al tomar distancia de estas ‘niñerías insustanciales’, cabe situar la extraordinaria avanzada del gran capital transnacional sobre las riquezas geológicas (y en general, sobre la vasta diversidad de bienes y servicios ambientales) de la región acontecida en los ’90, en el escenario de la sorda disputa geopolítica en torno al dominio, control y usufructo de la ‘Naturaleza’ desencadenado a nivel mundial, a inicios de los ’70 y, en parte, como efecto y consecuencia determinante del agotamiento del ‘extraordinario’ ciclo de expansión del consumo y la producción capitalista bajo el formato de la regulación keynesiana-fordista.

 

La ecología política del boom minero de los ’90 lleva a analizar este fenómeno a la luz de los efectos y consecuencias resultantes de la geopolítica del Neoliberalismo, entendida ésta, a su vez, como estrategia impulsada desde los centros de poder mundial con el objeto de afrontar, superar y recomponer sus posiciones de dominación, francamente amenazadas en el marco de la crisis estructural de los ’70.

Esta perspectiva lleva a poner de relieve la importancia política determinante de la cuestión ecológica, en general, y de los conflictos ecológico-distributivos, en particular, como fuerzas actuantes en la raíz de la crisis del keynesianismo, cuestión que, salvo excepciones, no ha sido suficientemente destacada2. Quizás la referencia ‘obligada’ en este punto sean los desarrollos de James O’Connor, para quien la crisis de los ’70 está directamente vinculada a lo que denomina la ‘segunda contradicción estructural del capital’, cuya “causa básica… es la apropiación autodestructiva por parte del capitalismo, y su uso, de la fuerza de trabajo, del espacio y de la naturaleza exterior, o sea, del medio ambiente” (1991: 121), lo que, en definitiva, va creando límites físicos a la dinámica de la acumulación por los costos crecientes que representan la disponibilidad de espacio, la extracción y uso de bienes y servicios ambientales y la ‘producción’ de mano de obra cualificada y disciplinada. Pero más allá del planteo general de O’Connor, una perspectiva histórico-geográfica situada desde la periferia del sistema-mundo, permite reconocer la centralidad que la disputa política por el dominio, control y usufructo de los bienes de la naturaleza adquirió como factor determinante en la generación y desenlace ulterior de la crisis del régimen de acumulación de posguerra.(...)

(*) Capítulo en el Libro “Minería Transnacional en América Latina. Desigualdades Ecológicas y Geopolíticas”, Gian Carlo Delgado Ramos (Comp.), Universidad Nacional Autónoma de México, México D.F., 2010.

Fuente: estudiosociologicos.org/portal/wpcontent/plugins/download.../download.php?id=16

 

 

Observemos el potencial y lucidez de las luchas desde las diversidades de abajo se manifiesta en:

 

 

 

La Guerra del Agua

(Cochabamba, Bolivia, 2000)

14 de abril de 2013

Por Guerrerxs del Agua

I

Un día como hoy, 4 de abril del 2000, hace trece años, se iniciaba la movilización popular de cochabambinos y cochabambinas, en contra de la privatización del agua.

 

A esta movilización se la llamó: “La Batalla Final”, eran cientos de miles de hombres , mujeres, jóvenes, ancianos y ancianas, niños y niñas, que salieron de sus casa, escuelas, comunidades, fábricas, para decir ¡Ya Basta¡ al modelo político de imposición, de soberbia, de desprecio, de ignorarnos que existimos…y el ¡Ya Basta¡ al modelo económico de “despojo y saqueo, al que nuestro Pueblo había sido sometido, pero resistido siempre, durante siglos h en particular a partir de agosto de 1985.

A estas alturas de la lucha, iniciada por los hermanos y hermanas regantes de la Llajta, en noviembre de 1999, la movilización ya no sólo era en contra de la pretendida mercantilización y negocio con el agua, por parte de un puñado de políticos y empresarios, sino que se convirtió ya en ese glorioso abril en que la gente demandaba DEMOCRACIA PARTICIPATIVA, TRANSPARENCIA Y DEFENSA DE LO COMUN.

 

Hoy las cosas no han cambiado mucho, vivimos bajo un régimen cuya característica principal es el desprecio a grandes sectores de la población que pelearon por reales cambios en la economía y la política, un gobierno autoritario, soberbio y que no tiene, en absoluto, la RECIPROCIDAD con este Pueblo que de manera generosa expuso su vida, porque el presente y el futuro nuestro y el de nuestros hijos e hijas, sea construido por nuestras propias manos, sin intermediarios, SIN PARTIDOS, SIN CAUDILLOS, SIN PATRONES.

 

Hoy como hace trece años, estas tareas pendientes y señaladas con absoluta nitidez por la gente sencilla y trabajadora del campo y la ciudad de nuestra Cochabamba, siguen vigentes…

 

 7 de abril, fue un Viernes, primer Viernes de Abril del 2000, un día de mucha lucha, detenidos por la policía, engañados por el gobierno que dijo que se cambiaba la Ley y se iba Aguas del Tunari.

 

Al final, al anochecer de ese día, allanaron la casa de mis padres, dispararon cuatro veces para asesinarme, yo no estaba ahí, mis padres pusieron el pecho a la prepotencia y a la violencia.

 

Hoy fui al Cementerio a dialogar con mi Madre y mi Padre, les agradecí por el apoyo, la protección y la mirada que siempre me inculcaron, de un horizonte y destino posible, al igual que la gente de nuestro Pueblo.

 

Mis padres y hermanos y hermanas, me dieron ese ánimo, fortaleza, protección y ante todo comprensión. Gracias a ustedes, a la gente de las calles y los caminos.

Mi esposa y mis hijos quienes sufrieron días, semanas y meses de angustia, pero ante todo de confianza en que no íbamos a claudicar y…no lo hicimos…no lo haremos jamás.`Se declaró el estado de sitio….en la noche del 7 de abril

 

III

8 y 9 de abril…de aquel 2000, se declaró el estado de Sitio y como jamás había pasado, la gente no se fue a sus casa, salió con más fuerza…los militares y policías tuvieron que irse a sus cuarteles y para salir debían pedir permiso a la gente en las calles, algunos prestaron sus ropas de “civil” a los soldados…

Fueron tomados presos y confinados varios compañeros y compañeras, unos “con razón”, otras personas fueron infiltradas.

Asesinaron a Víctor Hugo Daza, un joven que pasaba casualmente por la calle Brasil, asesinaron a cuatro indígenas aymaras en Omasuyos, a 400 Km. de distancia, también peleaban por las aguas y sus demandas.

No podía hablar, la voz se había ido, como el miedo se fue,..masqué retama por horas y volvió la voz, como la esperanza…porque el Pueblo estaba firme y había derrotado a las balas, a la soberbia…

 

LLoré cuando un periodista me llamó al celular para que pueda decir que yo no había muerto ni había sido tomado preso…lloré de dolor por los muertos y de alegría por la vigorosidad de nuestra gente…lloramos en las barricadas, vestido de muchacho veinteañero, con la gente, nos abrazamos y eso nos dio mas fuerza.

Abril eterno…..ayer, hoy y mañana…abril…en tus días no solo soñamos…nos alegramos, nos hermanamos…nos hablamos…nos re-conocimos…nos amamos…nos juntamos…contra la muerte…por la vida…

 

IV

9 y 10 de abril…las calles llenas de gente, de alegría, de fortaleza, de vigor, de ánimo….el gobierno no tuvo otro remedio que “buscarnos” para llegar a “acuerdos”, no había tales la decisión popular estaba tomada: se iban la Bechtel, Edison y Avengoa y se cambiaba la ley, en base a la propuesta de los hermanos Regantes.

 

En otras palabras: No más “despojo”, fuera los saqueadores y…las y los que decidimos somos “nosotros y nosotras” y no unos cuantos políticos y empresarios…es decir ya no creemos en la política de partidos y no más economía de saqueo. La “soberanía reside en el Pueblo” dicen las Cartas Constitucionales de los Estados y aquí se cumple eso que está en el papel.

La gente se fue a ocupar los edificios de los partidos políticos y los “jefes” huyeron como ratas…
Los militares y Policías en sus cuarteles

El prefecto (Gobernador) renunció.

El Alcalde y las demás “autoridades” desaparecieron.

Es decir el “poder efímero de los de arriba” se derrumbó ante el “Poder de los de Abajo”.

No había nadie en sus palacios y oficinas.

La Plaza central, las calles y caminos estaban “ocupadas” por sus legítimos dueños y dueñas…nosotros y nosotras, la “gente sencilla y trabajadora de la ciudad y el campo”, como dice nuestra hermana…Raquel Gutiérrez.

 

Por primera vez cientos de miles de hombres, mujeres, jóvenes, “jovenas”, niños, niñas, ancianos y ancianas, se sentían soberanos y soberanas, habían recuperado el “Poder” expropiado por los partidos, los Caudillos y los Patrones.
Saboreamos en carne, hueso y espíritu nuestro Poder y eso…no lo olvidaremos jamás.

Eso hicimos en nuestro abril…eso debemos de volver a hacer…deberán haber más abriles…eterna…infinitamente….

 

V

Y llegó el 12 de abril del 2000, día antes el Congreso de diputados y senadores modificó la Ley de Aguas y la Bechtel fue echada…los políticos también…recién pude salir a la calle a re-establecer mi vida cotidiana.

Era el día del niño.., había dormido, como hace semanas atrás, en las casa de amigos y amigas, quienes de manera generosa me brindaron un lugar, un poco de comida y mucho, mucho afecto y respeto…salí a la calle y para esperar el microbús que llevaba a mi hijo de 6 años, Diego, a la Escuela, no lo había visto semanas…el chofer de la movilidad había estado a mi lado en las luchas, Don Ramón, me reconoció, paró la movilidad, subí y abracé a mi hijo, lloramos….y el bus siguió su camino con la alegría de los niños y niñas rumbo a clases, luego de varios días de no haber asistido a las aulas, ni haber visto a las maestras.

Todo estaba en calma, salvo mi corazón y mis pensamientos…qué logramos??…me preguntaba solitario en la calle.

 

Ahí recordé lo que, en conjunto, escribimos el comunicado de la Coordinadora el domingo 6 de febrero de ese año y que decía:

“….El otro gran logro de esta movilización es que perdimos el MIEDO. Salimos de nuestras casas y nuestras comunidades para hablar entre nosotros, para conocernos, para nuevamente aprender a confiar unos a los otros. Ocupamos las calles y los camine, porque somos los verdaderos dueños. Lo hicimos sobre la base de nuestra propia fuerza. Nadie nos pagó ni nos multó. Para nosotros población trabajadora de la ciudad y el campo, este el auténtico significado de la Democracia…Decidimos y hacemos, discutimos y ejecutamos……”

No solamente habíamos “desprivatizado” el agua…sino también la política, el monopolio de quiénes toman lasdecisiones……

…EL AGUA ES NUESTRA ¡CARAJO¡¡ Y….LAS DECISIONES TAMBIEN…

Esta historia continúa…..

Fuente: https://subversiones.org/archivos/7440

 

 Crisis civilizatoria

 

Sigamos, abajo y a la izquierda, profundizando en qué consiste estar sometidos o adaptados al capitaloceno. Reflexionemos sobre:

 

La privatización de la Amazonia brasileña
2
1 de octubre de 2017

 

Por Raúl Zibechi (Rebelión)

Con la llegada de Michel Temer al Gobierno la privatización y la extranjerización de la Amazonia crecen de forma exponencial. Desde las más diversas posturas ideológicas, se consolida la convicción de que el control del pulmón del planeta está siendo perdido por el Estado brasileño.

El primer punto a considerar es la hegemonía de la bancada ruralista en el Parlamento y en el Gobierno. Se trata de las viejas oligarquías que protagonizaron la historia de Brasil, aliadas ahora con una nueva camada de ocupantes ilegales de tierras que los sucesivos Gobiernos han legalizado. Pero en estos momentos los ruralistas están promoviendo leyes que prevén incluso la extinción de las Unidades de Conservación si no hay indemnización a los 'propietarios' que las ocupan de modo legal o ilegal.

De aprobarse el proyecto de ley presentado por los ruralistas, sería un enorme paso atrás en la conservación de la Amazonia y en el combate a la deforestación. Datos oficiales muestran que el 21% de la selva amazónica ya fue devastada pero que dentro de las Unidades de Conservación se mantiene prácticamente intacta.

Por otro lado, la nueva legislación vulnerará los compromisos adquiridos por Brasil en la Conferencia del Clima para contener la deforestación, proceso que debería estar detenido en 2030 y reducido a sólo 3.900 kilómetros cuadrados anuales en 2020.

 

La segunda cuestión son las razones económicas de la deforestación. Un reciente libro publicado por el Instituto Agronómico de la Amazonía, titulado 'Dueño es el que deforesta', sostiene que los responsables no son ni la soja ni la ganadería, como aseguran buena parte de los ambientalistas. Quienes deforestan son los ocupantes ilegales, que al abatir la selva elevan el precio de la tierra 20 veces, y en algunos casos hasta 200 veces su valor inicial.

Luego venden la tierra a los ganaderos y los sojeros, legalizándola de forma también irregular, usando a su favor resquicios legales y la corrupción de las instituciones encargadas de velar por la integridad de la Amazonía.

La ocupación ilegal de tierras va de la mano de la violencia contra campesinos, indígenas y pescadores, según un reciente informe de la periodista Eliane Brum en el diario brasileño El País. Desde que Temer ocupa el Palacio de Planalto, se registra un incremento sustancial de las muertes por conflictos de tierra, a razón de un asesinado cada seis días. Son 47 en lo que va de 2017, como señalan los informes periódicos de la Comisión Pastoral de la Tierra.

 

La violencia no es una desviación de la norma, sino la forma habitual de hacerse con tierras estatales, de pueblos o de pequeños productores. De ese modo, el llamado 'consorcio de la muerte' está consiguiendo que las tierras públicas de la selva pasen a manos privadas, en gran medida destruyendo las organizaciones campesinas por la violencia. Los crímenes ambientales, como los reconoce la legislación, suelen ser amnistiados cada cierto tiempo, como sucede ahora bajo el Gobierno Temer.

El Gobierno debió dar marcha atrás en su intento por anular la Reserva Nacional del Cobre y Asociados (RENCA), un área de 46.000 kilómetros cuadrados creada en 1984 que fue bloqueada a los inversores privados. Su La oposición de la sociedad fue tan grande, que en apenas un mes Temer debió retirar el decreto.

 

La tercera cuestión es la más compleja porque tiene un carácter estratégico. Podemos focalizarla en el estado de Roraima, fronterizo con Venezuela y Guyana, con acceso privilegiado a las cuencas de los ríos Amazonas y Orinoco que conectan la Amazonia con el Caribe. En Roraima están las mayores reservas de oro, niobio y estaño del mundo, además de importantes yacimientos de torio, cobalto, molibdeno, diamantes y titanio, según el Inventario Mineral del Escudo Geológico de Roraima, realizado por el Ministerio de Minas y Energía de Brasil en 2003.

 

Lea también: Temer expresa orgullo en la ONU por disminución de la deforestación en la Amazonía

 

Esa misma región alberga los mayores yacimientos de uranio del mundo, compartidos por Brasil, Venezuela y la Guayana Esequiba, zona en disputa desde 1966 entre Venezuela y la República Cooperativa de Guyana, antigua Guayana Británica. Desde 2009 empresas canadienses explotan yacimientos de uranio en esa región, algo que no es visto con buenos ojos ni por Caracas ni por Brasilia.

El Gobierno de Lula había previsto formar en el norte de Brasil y en el sur de Venezuela un 'espacio económico común', en una zona considerada geoestratégica, con el objetivo de 'ocupar' una región que es codiciada por multinacionales del Norte y es zona de expansión de los paramilitares colombianos.

Los militares nacionalistas brasileños tienen perfecta conciencia de esta situación. Afirman que el declive estratégico de Estados Unidos implica retrocesos en todo el mundo menos en el área del Caribe, que es la fuente histórica de su poder. Citando un trabajo de los periodistas Robert D. Kaplan y Karen Hooper, publicado en Stratfor bajo el título 'La fuente del poder estadounidense', recuerdan que el Gran Caribe del imperio abarca desde Yorktown (Virginia) hasta las Guyanas, o sea hasta la selva amazónica.

En esa región, aseguran los nacionalistas, se está produciendo una "ocupación internacional silenciosa" de la mano de ONG ambientalistas que han promovido la instalación de reservas indígenas y forestales que "obstaculizan cualquier actividad económica moderna". Sostienen que a través de organismos internacionales, Washington sigue aspirando a controlar la Amazonia, acotando la soberanía de Brasil sobre la región con la excusa del conservacionismo ambiental.

Lea más: Artistas e indígenas brasileños presionan al Congreso en favor de la Amazonía

 

Mientras el Gobierno de Temer acelera la privatización de la mayor selva del mundo, sectores militares apuestan por revertir las políticas de conservación, en la misma línea del Gobierno aunque desde intereses opuestos. En tanto, la sociedad brasileña contempla la privatización y la extranjerización de su principal riqueza sin siquiera poder participar en un inexistente debate nacional. Todo indica que las fuerzas capaces de frenar la destrucción están paralizadas, desmoralizadas y a la defensiva, mientras que los depredadores tienen el timón en sus manos para avanzar sobre lo que queda de la Amazonia.

 

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

 

Fuente: https://mundo.sputniknews.com/firmas/201710211073363475-brasil-temer-extranjerizacion-amazonas/

 

 

Consideremos la relación con el agua (esencial a la vida) de un bioma fundamental para el planeta.

 

 

Cambios en la Amazonía pueden poner en peligro

las fuentes de agua de todo el país

21 de julio de 2017

Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), las lluvias en toda la región amazónica han disminuido en un 69%.

Por  Diego Suárez Bosleman

A inicios de este año la población en la costa recordó lo vulnerable y esencial que es el agua. El fenómeno de El Niño costero trajo consigo en marzo cortes constantes de este servicio, así como su desabastecimiento en tiendas y mercados. Pero -sin el afán de alarmar- este escenario de escasez podría darse de una forma más frecuente, y sería consecuencia de un acontecimiento que ocurre a cientos de kilómetros de Lima: el daño de la Amazonía producto del cambio climático.

-Fuente de agua-
Los recursos hídricos son extremadamente sensibles a los cambios del clima. Se obtienen principalmente de tres formas: agua subterránea, lluvias, y ríos. De estas fuentes, la segunda es la principal, y cabe resaltar que el 97% de las precipitaciones a nivel nacional se concentra en la Amazonía.

"La precipitación es esencial para hablar de recursos hídricos y para disponer de ellos. Mucha gente piensa la principal fuente de abastecimiento de agua natural son los glaciares, pero no es así. Estos aportan también, pero la precipitación lo hace en mayor proporción", le dijo a El Comercio Jhan Carlo Espinoza, investigador científico en hidroclimatología del Instituto Geofísico del Perú (IGP).

Las ciudades de las costa son abastecidas en su mayor parte por 53 ríos, los que a su vez se alimentan por las lluvias en los Andes. Pero estas precipitaciones -en gran medida- ocurren por la humedad que es transportada de la Amazonía a la sierra.

"Un amplio porcentaje de la lluvia que cae en los Andes viene de la humedad de la Amazonía. Hay que entender que cuando comemos un tomate, así sea proveniente de Huancayo, gran parte de la humedad que lo alimentó vino de la Amazonía", recalcó el especialista.

Según explica Espinoza, esta humedad que se produce en la región amazónica está influenciada por su bosque, el más grande del mundo. Cada uno los árboles de esta zona capta la lluvia y la recicla; es decir, se alimenta de ésta y luego la libera como humedad a través de un proceso conocido como evapotranspiración. Se estima que el 50% de la precipitación en la Amazonía se debe a este mecanismo natural.

"La humedad viene desde el Océano Altántico, precipita en la Amazonía brasileña, el bosque evapotranspira, y esa humedad reciclada llega hacia nosotros. La precipitación que cae en la Amazonía peruana tiene todavía un porcentaje más alto de este proceso de evapotranspiración que la de otras regiones amazónicas; dicho en otras palabras, dependemos más de este mecanismo que la Amazonía brasileña", agrega el especialista.

-La amenaza-

La Amazonía es el motor que permite el correcto ciclo del agua. Pero actualmente se ve afectada por los efectos del cambio climático. De acuerdo a datos del Fondo mundial para la Naturaleza (WWF), las lluvias en toda la región amazónica -que abarca 8 países- se han reducido en un 69%.

Esto se ve reflejado en una disminución de los caudales de los ríos, lo que pone en riesgo a los pueblos indígenas de dicha región. 

"Tienes población indígena y pueblos en contacto inicial y aislamiento voluntario que viven de los ríos, y con escenarios de menor precipitación, tienen mayores problemas en el tema de alimentación y de transporte", advierte, Lucía Ruiz, directora adjunta de WWF Perú.

La experta agrega que el tema de transporte fluvial está en ciertos casos relacionado con la salud. "Con ríos demasiado bajos no puedes sacar de ahí a los enfermos", recalca. Y respecto a los alimentos, señala "que los animales pueden terminar migrando".

Por otro lado, estudios del IGP han comprobado que los períodos secos de la Amazonía -días en los que no llueven- se están haciendo cada vez más largos. Por ejemplo, si antes se tenían 60 días secos, ahora son 90.

Esta situación es preocupante, porque al aumentar este período sin lluvias, los árboles deben utilizar las reservas de agua que hay en el subsuelo. Y al acabarse, comienza el estrés hídrico, que se traduce en la muerte de los árboles y en un aumento en el riesgo de incendios forestales, lo que libera dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera.

Pero no queda ahí, esta reducción de las lluvias en la Amazonía y el aumento de su período seco, provoca también la reducción de los caudales de los ríos de la sierra y la costa, así como una menor precipitación en ambas regiones. 

Esto no sólo compromete el acceso a agua potable, sino también el energético, pues parte de la electricidad del país proviene de centrales hidroeléctricas -la hidroeléctrica de Mantaro genera casi la mitad de energía del Perú-. Asimismo, la producción agroexportadora nacional -centrada en la costa- también vería afectada por la falta de lluvias.

-Predicción-

La situación no es positiva. De no tomarse las medidas necesarias para mitigar los efectos del cambio climático, los escenarios planteados por los especialistas del IGP indica que la Amazonía  podría convertirse en una sabana, un ecosistema seco que tiene árboles más pequeños y es húmedo sólo en períodos cortos.

"Este escenario se podría notar con mayor fuerza para el 2030 o el 2050. Este cambio sería abrupto e irreversible; es más, ya viene ocurriendo en ciertas zonas de la Amazonía, sobre todo en la región sur", afirma Espinoza, quien agrega que la solución para este problema está en una mayor inversión en la investigación científica, para así contar con un equipo de expertos que permita incrementar el estudio de estos problemas y hallar medidas de adaptación.

Para la directora de la WWF Perú, acciones como un buen manejo del agua del subsuelo, y evitar la deforestación y la agricultura excesiva en las zonas altas de Lima pueden ayudar a tener un mejor control de los recursos hídricos.
Fuente: https://elcomercio.pe/tecnologia/ciencias/cambio-climatico-provocar-escases-agua-alimento-costa-444138

 

♣♣♣♣

 

La Amazonia: ecosistemas de agua dulce en peligro
12 de abril de 2015

Los ecosistemas de agua dulce de la región amazónica se encuentran amenazados por la deforestación y, especialmente, por la interrupción de la conectividad. En la región está prevista la construcción de más de 250 represas hidroeléctricas. Si todas se realizan tal como han sido planeadas, solo quedarán tres afluentes del río Amazonas fluyendo libremente, lo cual pondrá en peligro la red fluvial y la prestación de servicios de los ecosistemas a las sociedades y economías de la región, a los países de Sudamérica y al mundo.
 
La Amazonia es una de las regiones naturales más importantes de la Tierra, ampliamente conocida por sus bosques y por el inmenso volumen de deforestación cada año. Pero el Amazonas constituye igualmente el sistema fluvial más grande del mundo, con más de 100
000 km de ríos y corrientes de agua.
 
Para debatir en torno a la riqueza de los ecosistemas de agua dulce de la Amazonia, los factores causantes de la alteración hidrológica y la necesidad de asegurar el desarrollo sostenible de la región, la Iniciativa Amazonia Viva (LAI) de WWF presenta el día 13 de abril el informe State of the Amazon: Freshwater Connectivity and Ecosystem Health (El estado de la Amazonia: conectividad de los cursos de agua dulce y salud de los ecosistemas), durante el evento paralelo «Panamazonia, Explotación Hidroeléctrica Verde y Agua Dulce», en el séptimo Foro Mundial del Agua, que se celebra en la ciudad coreana de Gyeongju. (La publicación puede descargarse en:http://bit.ly/1I3BQJe)
 
El informe ofrece una evaluación completa del estado actual de los ecosistemas de agua dulce en la Amazonia y pone de relieve la importancia de la conectividad hidrológica y las interacciones tierra-agua para el mantenimiento de las funciones ecológicas que sustentan la seguridad alimentaria, energética y del suministro de agua. También evalúa las políticas públicas, haciendo hincapié en la importancia de la planificación panamazónica para mantener la estabilidad ecológica de la Amazonia.
 

Para ello se reunirá un panel de expertos, que será moderado por Yolanda Kakabadse, presidenta de WWF Internacional. Leandro Castello presentará las principales conclusiones del informe. Leandro es biólogo de la conservación, profesor asistente en el Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia (EE.
UU.) y coautor de la evaluación científica junto con la especialista en ecosistemas Marcia Macedo, científica asistente en el Centro de Investigaciones Woods Hole (WHRC). Flávia Loures, investigadora del Programa de Derecho Internacional del Agua (CIWL) de la Universidad de Xiamen (China), hablará sobre el marco jurídico internacional para proteger los ecosistemas de agua dulce de la Amazonia.
 
Cláudio C. Maretti, líder de la Iniciativa Amazonia Viva de WWF, presentará los enfoques integrados de WWF para una explotación hidroeléctrica más verde en la Panamazonia y algunos estudios de casos.
 
«La electricidad podría ser importante para el desarrollo sostenible de la región. La energía hidroeléctrica no es una energía limpia, pero es mejor que los combustibles fósiles y nucleares. Sin embargo, la planificación y explotación de los proyectos hidroeléctricos deben tener en cuenta enfoques integrados, para que puedan ser viables en la Amazonia. El principal objetivo de WWF es promover un debate con las principales partes interesadas
​​con el fin de discutir la necesidad de un enfoque regional, un enfoque integrado panamazónico sobre la planificación de la generación de energía hidroeléctrica, al tiempo que se garantiza la integridad de los ecosistemas, evitando su fragmentación, y el mantenimiento de los servicios ecológicos de la Amazonia, así como la protección de los derechos de las poblaciones indígenas y las comunidades locales», explica Cláudio Maretti, líder de la Iniciativa Amazonia Viva de WWF.

Ejemplos concretos
Las amenazas a la conectividad de los ecosistemas de agua dulce de la Amazonia operan a través de múltiples escalas, al igual que los esfuerzos para frenar su impacto y conservar los recursos de agua dulce. La cuenca del río Tapajós se presentará como ejemplo concreto de metodologías y herramientas para evaluar el impacto ecológico y social acumulado de las represas y la infraestructura asociada en una cuenca entera.
 
La cuenca del río Tapajós está situada en el arco de la deforestación de la Amazonia brasileña y abarca una superficie cercana a los 500
000km2 de los estados brasileños de Mato Grosso, Pará, Amazonas y una pequeña parte de Rondônia. En total, se evaluaron 44 centrales hidroeléctricas de mediano a gran tamaño en los ríos Tapajós, Jamanxim, Juruena y Teles Pires y sus afluentes, ocho de las cuales se espera que entren en funcionamiento en 2023. La mayor parte de las centrales previstas o evaluadas afectan de diversas maneras a áreas protegidas o territorios indígenas, ya sea inundando ecosistemas dentro de áreas protegidas o modificando el caudal de los ríos debido a la construcción de represas aguas arriba de las áreas protegidas.


Datos y cifras de la Amazonia:
Biodiversidad: La Amazonia es la región con mayor diversidad de la Tierra. Durante los últimos 14 años, los científicos han descubierto allí una nueva especie cada tres días, sin contar insectos ni microorganismos. Y aún queda mucho por descubrir.
 
Biodiversidad de agua dulce: La conectividad de los cursos de agua dulce resulta especialmente fundamental para la pesca y la seguridad alimentaria regional, ya que muchas especies de peces importantes desde un punto de vista económico y ecológico dependen de las migraciones laterales o longitudinales en ciertos momentos de su ciclo de vida. Por ejemplo, el siluro migratorio de larga distancia recorre miles de kilómetros desde el estuario del Amazonas hasta las cabeceras de los ríos de aguas bravas, donde desovan en las estribaciones andinas.
 
Cuenca amazónica: La cuenca del Amazonas se extiende por 6,9 millones de km2, conectando a nueve países de Sudamérica (Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam y el territorio francés de la Guayana Francesa). Las conexiones hidrológicas ayudan a mantener más de 1 millón de km2 de ecosistemas de agua dulce, que albergan una gran riqueza de diversidad biológica y zonas pesqueras muy productivas, que suponen una fuente vital de proteínas e ingresos para la población amazónica. La red fluvial del Amazonas es el elemento vital de la economía regional.
 
El río Amazonas: El río Amazonas es el más grande del mundo en volumen de agua y fluye a través de 6992 kilómetros. En su desembocadura, el Amazonas descarga en torno a 6700km3 anuales de agua dulce en el Océano Atlántico, cerca del 20% del caudal de los cursos superficiales de todo mundo.
 
Deforestación: Casi el 20% del bioma amazónico —6,5 millones de km2— ya ha sido deforestado.

Fuente: http://wwf.panda.org/?244072/la-amazonia-ecosistemas-de-agua-dulce-en-peligro

 

 

Observemos el presente y el futuro de creciente desposesión del agua a los pueblos planetarios y de guerras por apropiarse de este bien común tan imprescindible a la vida.

 

 

La Guerra del Agua, un futuro distópico no tan lejano

3 de abril de 2017

Por Laura F. Zarza

Licenciada en Ciencias Ambientales. Comunicación y Marketing en iAgua. Escritora de fantasía y ficción en el tiempo libre.

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Si hay algo que diferencia al actual Papa de sus predecesores, es su sencillez, su humildad y su empatía hacia temas tabúes (o de no interés) para la iglesia en épocas anteriores. Durante el Seminario sobre el Derecho Humano al Agua celebrado los pasados 23 y 24 de febrero de este año en El Vaticano, el Papa Francisco hizo esta impactante declaración: “Me pregunto si caminamos hacia la Gran Guerra Mundial del Agua”. Pero, ¿cómo de cerca estamos realmente?.

En los últimos años se ha venido considerando al petróleo como el recurso que podría desencadenar la Tercera Guerra Mundial. Sin embargo, los estragos del cambio climático, la falta de prioridad política, las incapacidades gubernamentales, las desigualdades y los conflictos armados han hecho que ahora el punto de mira esté en el agua. Esto, junto con el eterno debate sobre si el agua debe ser un bien de lujo o un bien social accesible para todos, podrían convertir al agua en el foco del mayor conflicto geopolítico del siglo XXI. Pese a que “desde el año 805 se han redactado más de 3.600 tratados relativos a los recursos internacionales del agua” (Informe Internacional del Agua Dulce, FAO), para comprender el problema y considerar el futuro conflicto del agua debemos remitirnos a las cifras y a los hechos.

Existen aproximadamente 300 zonas en el mundo en las que se presagia un conflicto a causa del agua en 2025

Las cifras

Según Naciones Unidas, el consumo de agua se ha duplicado en los últimos 50 años, 2.600 millones de personas carecen de acceso a un saneamiento básico, lo que supone el 40% de la población mundial, y 497 millones de personas en las ciudades dependen de un saneamiento compartido, cifra que se ha multiplicado por dos desde 1990. Partiendo de esto, casi un décimo de la carga global de enfermedades podría ser contenida a través del mejoramiento del abastecimiento de agua, saneamiento, higiene y la gestión de los recursos hídricos en general (UNESCO).

Pero la cosa no se queda ahí. La OMS afirma que la fuente de agua debe situarse a no más de 1.000 metros del hogar y, sin embargo, millones de personas en el mundo deben andar diariamente hasta 6 horas para recoger agua para uso doméstico. Además, según el PNUD, el coste del agua no debería superar el 3% de los ingresos de la unidad familiar, pero la realidad es que los países pobres pagan hasta 50 veces más por un litro de agua que sus vecinos más ricos (ONU), debido a que tienen que comprar el agua a vendedores privados.

Teniendo en cuenta, además, que en muchas megaciudades como Tokio, Nueva York o Barcelona, se pierden entre 250 y 500 millones de m3 de agua al año, evitar esas pérdidas podría abastecer de agua potable a entre 10 y 20 millones de personas más en cada gran ciudad (ONU).

Con vistas al futuro, y teniendo en cuenta que el coste total de la inseguridad del agua para la economía mundial se estima en 500.000 millones de dólares anuales incluido el impacto medioambiental (WWC), no podemos olvidar la advertencia de la ONU sobre que en 2050 el consumo de agua aumentará un 44% para satisfacer las demandas industriales y de la población. Hay más cifras que indican que estamos caminando hacia la Gran Guerra Mundial por el Agua; la cuestión es si estamos a tiempo de cambiarlas.

Los hechos

Dentro de la situación actual del agua y su posible proyección futura, la ONU confirmó queexisten aproximadamente 300 zonas en el mundo en las que se presagia un conflicto a causa del agua en 2025. Bien sea porque su control centre la lucha, o bien porque sea utilizada como arma para ganar, el agua está teniendo cada vez más un papel protagonista.

Los conflictos se agrupan en varias regiones del mundo, de los que cabe destacar: el conflicto entre Israel y Palestina; la guerra civil en Siria; la disputa entre Bolivia y Chilepor las aguas del Silala; el conflicto del Tigris y Eúfrates entre Turquía, Siria e Irak; la cuenca del río Zambeze entre Mozambique y Zimbabwe; el conflicto del Nilo; y la Guerra del Agua Cochabamba.

 

El conflicto entre Israel y Palestina

El agua no es el factor principal de este conflicto, pero sí una de sus cuestiones pendientes. Los derechos por el control del agua llevaron a la Guerra del Agua entre 1964 y 1967. A su fin, y después de la ocupación total de Cisjordania y la Franja de Gaza, Israel declaró de su propiedad todos los recursos hídricos. Ahora Palestina tiene que obtener una licencia del ejército israelí antes de desarrollar cualquier actividad o infraestructura hídrica.

Si bien el agua no fue la chispa detonante del conflicto general entre ambos países, sí fue utilizada por Israel como oportunidad para hacerse con los objetivos claves para el control de los recursos hídricos en su beneficio. Israel ha empezado a utilizar el agua para hacer daño a su rival, y como ejemplo de ello, es la destrucción de una tubería que llevaba agua potable a familias palestinas en el valle del río Jordán.

 

La guerra civil en Siria

El conflicto bélico iniciado a principios de 2011 ha dejado al país devastado, provocando la muerte de más 300.000 personas. En materia hídrica, Israel necesita controlar las fuentes de abastecimiento del río Jordán y los acuíferos de las localidades de Gaza y Cisjordania debido a las escasas precipitaciones en la región. Así, desde 2015, las partes implicadas en el conflicto están usando el acceso a agua potable como elemento para conseguir logros militares y políticos. El bombardeo a la planta de tratamiento de agua de Al Khafseh, los daños a la estación de bombeo de agua de bab al-Nayrab, ambas en Alepo, y el bombardeo a primeros de año por parte del ejército sirio al manantial del río Barada, una de las principales fuentes de agua de Damasco, así como loscortes de suministro en la zona de Wadi Barada producidos desde diciembre de 2016,han dejado a millones de personas en Siria sin acceso a agua, además de haber contaminado cerca del 80% de los recursos hídricos.

Pese al reciente acuerdo de ambas partes para reparar el suministro de agua en Damasco, Gobierno y rebeldes se lanzan acusaciones sobre los sabotajes a los suministros de agua, que Naciones Unidas ha considerado como crímenes de guerra. Esto ha llegado tan lejos que la ONU ha acusado al régimen sirio de haber bombardeado a propósito las fuentes de agua en la zona de Wasi Barada en diciembre.

La lejanía del cese del fuego hace prever que el agua de Siria seguirá dando que hablar, y aunque el suministro de agua por fin haya sido reanudado en Alepo tras más de dos meses de suspensión, los recursos hídricos seguirán siendo foco del conflicto sirio.

La disputa entre Bolivia y Chile por las aguas del Silala

El enfrentamiento entre Bolivia y Chile por la gestión de las aguas del Silala comenzó nada menos que en 1908, cuando Bolivia acusó a Chile de desviar el agua a través de canales artificiales. Este sistema hídrico está ubicado en la zona del altiplano andino, entre ambos países, y es el centro de una disputa entre los gobiernos respecto a su denominación, naturaleza, curso y uso (Wikipedia) que dura más de 100 años.

Bolivia reconoció al Silala como río internacional en 1997 y ambos países estuvieron cerca de llegar a un acuerdo en 2009 que finalmente no fue ratificado. Bolivia cambió de opinión, retornando a los primeros argumentos, y ahora ha denunciado a Chile ante La Haya por el aprovechamiento ilegal de las aguas. El Gobierno de Evo Morales pretende demostrar que el Silala es un manantial cuyas aguas confluyen a Chile por los canales artificiales construidos en 1908, y que éste las utiliza sin pagar por ello. Por lo tanto, al no considerar sus aguas parte de un río, no está sometido al régimen internacional de ríos transfronterizos. Por su parte, Chile asegura que sí se trata de un río internacional, que nace en Bolivia y que cruza la frontera hacia Chile, desembocando en el río San Pedro de Inacaliri, en la cuenca hidrográfica del Pacífico.

Tras el cruce de demandas entre ambos países, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) ha definido que Chile presente su memoria con los argumentos a no más tardar del 3 de julio de 2017, mientras que Bolivia podrá entregar su contrademanda hasta un año después.

Cabe recordar que éste no es el único enfrentamiento entre Bolivia y Chile. Ambos países llevan enfrentados desde 2003 por una demanda presentada por el Gobierno boliviano ante el CIJ para obligar a Chile a negociar la salida de las aguas al Pacífico que los bolivianos perdieron en la Guerra del Pacífico en el siglo XIX.

 

El conflicto del Tigris y el Eúfrates entre Turquía, Siria e Irak

El conflicto sobre estos dos ríos implica a Irak, Siria y Turquía. Ambos ríos nacen en Turquía, transitan por Siria y desembocan en el Golfo Pérsico en la costa irakí. Cada país tiene en su mano cerrar la llave de paso al resto, y esto ha provocado que se genere un enfrentamiento sobre cómo deben utilizarse las aguas que fluyen por ambos ríos.

Las primeras disputas se remontan a la década de 1960, cuando comenzaron los grandes proyectos de desarrollo hidráulico en la región mesopotámica. En 1975, Irak y Siria movilizaron a sus respectivas tropas junto a la frontera cuando concluyó la construcción de una presa siria en el Éufrates, y que estuvo a punto de provocar un importante enfrentamiento entre ambos. Sin embargo, ambos países se unieron contra Turquía, cuando su gobierno interrumpió completamente el flujo de agua del Éufrates hacia Siria debido al enorme pantano situado tras su presa Atatürk.

Para Turquía, ni el Éufrates ni el Tigris son ríos internacionales, ya que ninguno de los dos es navegable en toda su longitud. Por lo tanto, defiende que los dos ríos constituyen una sola cuenca y que son transfronterizos y no internacionales (UPC). Mientras el Derecho internacional obliga a Turquía a consultar a los otros dos países antes de construir grandes presas que puedan afectar al caudal de agua, aunque no siempre lo ha hecho, el Gobierno iraquí sigue posponiendo en su agenda internacional el reparto del agua que aportan ambos ríos.

La falta de acuerdo político entre las partes, los efectos del cambio climático y la proyección del crecimiento demográfico, hacen prever que en un futuro se hable más del Medio Oriente debido a las luchas por el agua que por el petróleo.

 

La cuenca del río Zambeze entre Mozanbique y Zimbabue

El río Zambeze Nace en Zambia, en la frontera con la República Democrática del Congo yAngola, y tras cruzar un total de siete países, desemboca en el Índico formando un enorme delta (Wikipedia).

La desertificación, el aumento poblacional y la contaminación de los ríos hace que el agua sea un bien cada vez más escaso en África. La cuenca del río Zambeze, ubicada en el sur de África, es uno de los sistemas hídricos más sobreexplotados del mundo. Los países que componen dicha cuenca, Malaui, Zambia, Zimbabue, Angola y Mozambique, compiten constantemente por sus aguas, dando origen a graves conflictos.

En marzo del año 2000 estuvo a punto de iniciar una guerra entre Mozambique y Zimbabue, cuando éste último abrió la presa de Kariba. A día de hoy, aunque menos sonados, los enfrentamientos por el recurso hídrico continúan.

 

El conflicto del Nilo

La cuenca hidrográfica del Nilo comprende 3.254.555 km2, aproximadamente el 10% de la superficie de África (Wikipedia), siendo el curso fluvial más grande del continente. La cuenca tiene dos fuentes principales: El Nilo Blanco, que nace al este de África, y el Nilo Azul, que surge en Etiopía. Esta cuenca garantiza, en gran parte, la supervivencia de la población de 11 estados ribereños: Uganda, Sudán del Sur, Sudán,Egipto, Ruanda, Tanzania, Kenia, Etiopía, Burundi, República Democrática del Congo yEritrea.

El agua es capaz de dar prosperidad a los pueblos y desolar otros

El conflicto del Nilo parte de que para Egipto, el río es indispensable para la prosperidad del país. Así, siempre ha puesto trabas a la llegada de un acuerdo: En 1922 declaró sus derechos históricos sobre la mayor parte del caudal; Entre 1929 y 1959, amenazó con la fuerza militar a los estados ribereños, en especial a Etiopía y Sudán, por querer construir presas en las partes altas del río; Desde 1970 hasta la actualidad, las amenazas se han vuelto mucho más agresivas. Incluso el que fue su presidente, Anwar al-Sadat, declaró que el único motivo que podría inducir a Egipto a entrar en guerra, era el agua; algo que corroboraría en la década de los 80, Boutros Boutros-Ghali, ministro de Asuntos Exteriores al decir que “la próxima guerra en nuestra región no será por motivos políticos, sino por el agua” (United Explanations).

El uso del río Nilo ha sido asociado con la política africana durante muchas décadas. El resto de países se han quejado de la dominación egipcia sobre el agua del Nilo, y aunque ha habido intentos de promover tanto el uso de las aguas por igual como lacooperación pacífica entre los estados de la cuenca del Nilo, siempre han fracasado.

Pero no toda la culpa es de Egipto. Etiopía y Sudán también se ha negado a llegar a un acuerdo y han negado concesiones al resto de países, debido a que entre ambos controlan aproximadamente el 85% de las aguas del Nilo Azul y Nilo Blanco respectivamente, lo que les hace tener una posición dominante como reguladores del nacimiento del Nilo.

Así, el complejo entramado sobre la gestión del Nilo se reduce a estos tres países: Egipto, Sudán y Etiopía. Los planes de éste último sobre construir la mayor hidroeléctrica del continente africano, cuya puesta en marcha está prevista para 2017, ha tensado aún más las relaciones. Esta megaconstrucción supondría para Egipto y Sudán una limitación del caudal que reciben del Nilo, lo que podría conllevar a que ambos países preparen un ataque militar por las aguas del río.

 

La Guerra del Agua de Cochabamba

La Guerra del Agua de Cochabamba, en Bolivia, y que tuvo en lugar entre los meses de enero y abril del año 2000, fue uno de los hitos más significativos en Latinoamérica en la lucha por el derecho al agua. Su detonante: la privatización del abastecimiento de agua potable.

Como consecuencia de la privatización, las tarifas de agua subieron en más de un 50% y muchas personas tuvieron que renunciar a la escolarización de los niños o a los servicios médicos como consecuencia de los precios del agua (Wikipedia). La población de Cochabamba se echó a la calle en protesta: bloqueo de carreteras, huelgas y hogueras con las facturas que los bolivianos se negaban a pagar. En respuesta el gobierno boliviano por aquel entonces de Hugo Banzer, decretó el estado de sitio.

El colapso de la economía nacional y el aumento de los disturbios (Al menos un muerto y 170 personas heridas en una de las protestas), hicieron que finalmente en abril se revocase la decisión y se devolviera el suministro de agua a manos públicas.

Como apunte, la histórica Guerra del Agua de Cochabamba aparece en la película de Icíar Bollaín, “También la lluvia”.

 

El agua, el oro del siglo XXI

¿Ha arrancado la cuenta atrás para este gran conflicto?

Los líderes mundiales han asumido, a través de los Objetivos Mundiales del Desarrollo Sostenible, el compromiso de garantizar el abastecimiento de agua segura y saneamiento para todos, de aquí a 2030.

El agua es capaz de dar prosperidad a los pueblos y desolar otros. En la actualidad hay 200 ríos y 300 lagos compartidos por fronteras internacionales. De hecho, tres cuartos de los Estados miembros comparten cuencas de ríos o lagos con sus vecinos. Todo esto supone el riesgo de que puedan sucederse conflictos importantes entre países, sin olvidar que los desplazamientos de millones de personas por la falta de agua también podría derivar en guerras. Las cabezas nucleares, el combustible o el arsenal armamentístico dejará de cobrar importancia en pos del diseño de las canalizaciones para tener el poder de la llave del agua.

A pesar de los conflictos citados anteriormente, según la UNESCO ningún estado ha ido a la guerra a causa específicamente de los recursos hídricos desde que las ciudades-estado de Lagash y Umma se enfrentaron en la cuenca del Tigris y el Eúfrates antes de nuestra era”. Quizá sólo sean conflictos en los que el agua está presente de manera directa o indirectamente, pero si hay muertes, yo los llamo guerras.

Ya lo decía John F. Kennedy: “Quien fuere capaz de resolver los problemas del agua, será merecedor de dos premios Nóbel, uno por la paz y otro por la ciencia”. Aún hay esperanza. Aún hay tiempo. Y en palabras del actual pontífice: “Aún podemos revertir esta situación. Todavía no es tarde. Pero es urgente tomar conciencia de la necesidad del agua y de su valor esencial para la humanidad”.

¿Ha arrancado la cuenta atrás para este gran conflicto?

Otras fuentes consultadas y no citadas en el texto: Alainet, Cuarto Milenio.

Fuente: https://www.iagua.es/blogs/laura-f-zarza/guerra-agua-futuro-distopico-no-tan-lejano

En consecuencia, abajo y a la izquierda sin fronteras, estamos ante la urgencia de instalar en la agenda pública que:

 

La Amazonía es agua para todos.
10 de mayo de 2017

 

Por Marta Echavarría*

 

¿Cuando piensas en la Amazonía, que es lo primero que se te viene a la cabeza? ¿Sus bosques? ¿Sus culturas milenarias? ¿Su deforestación? Yo te invito a que pienses en el agua que define la Amazonía.

 

El río Amazonas es una larga lista de superlativos: el río más grande en su área de drenaje, el más profundo, el más ancho, etcétera, etcétera. Y aunque puede haber debates entre los especialistas, si es el más largo o no, ninguno niega su riqueza hídrica.

 

Especies de peces

Las maravillas de sus especies acuáticas son inigualables. Se calcula la presencia de más de 3.000 especies de peces. Además de la piraña que todos tememos, en el Amazonas hay especies pre-históricas como el paiche o pirarucu (Arapaima gigas), uno de los pescados más grandes de agua dulce, que puede alcanzar hasta 4 metros de largo. O el delfín rosado, especie mítica de la Amazonía que actualmente es vulnerable y su protección puede proteger muchas especies menores bajo su cadena alimenticia.

Esta gran despensa natural que es el río Amazonas podría competir con nuestra dependencia en el mar, pero todavía ni la conocemos. Recientemente los científicos han identificado una especie de pez, de la familia de los bagres, que migra más de 3.600 kilómetros, una distancia inesperada, para poner sus huevos. Las áreas inundadas durante las estaciones de lluvias, se convierten en una cornucopia de alimentos de los animales de los bosques. A su vez, la fauna acuática dispersa las semillas de las plantas fomentando esta interrelación entre lo terrestre y lo acuático.

Las más de 500 culturas de la Amazonía por lo general, son culturas del agua. Viven en las riberas de los ríos amazónicos, que son su medio de transporte, espacio de recreación y fuente de alimentos.

 

Tala de bosques

Los desafíos para la conservación de esta maravilla global también son gigantes, en la medida que estamos afrontando riesgos ambientales importantes. La tala de sus bosques continúa, lo que afecta su cobertura vegetal y, por ende, su capacidad para almacenar agua. El cambio climático ha demostrado afectar los flujos hídricos en la Amazonía, y probablemente en los Andes. Es así como importantes científicos documentaron cómo el incremento de las temperaturas del océano Atlántico, causaron una de las sequías más profundas en el 2005 y 2010, lo que a su vez tiene consecuencias en la variedad de especies de peces, afectando su cantidad y variedad, y a su vez la fuente alimenticia de sus pobladores.

Por lo tanto, si hay algo que debes recordar es que una de cada cinco gotas de agua que drena al mar en el planeta, viene desde esta fuente de agua que es la Amazonía. Por lo tanto, su protección esta íntimamente vinculada con tu provisión de agua también.

(*) Marta Echavarría es directora y fundadora de EcoDecisión.

Acceder a otras tribunas de: La Amazonía, su conservación y desafíos

Fuente: http://www.efeverde.com/blog/amazonia/agua-amazonia/

 

 

 

Debemos, abajo y a la izquierda sin fronteras, generalizar que la crisis climática (no el cambio climático que es constante en la naturaleza) forma parte de la crisis civilizatoria a que nos condujo y conduce el sistema mundo capitalista. De modo que otra vez son los pueblos o sus movimientos sociales los que aclaran la situación de la humanidad. En efecto, además de dar alternativas, gritan y fundamentan:

 

 

 

“Cambiar el sistema para que no cambie el clima”

9 de diciembre de 2014

 

Por Damián Profeta

La Cumbre de los Pueblos frente al Cambio Climático tuvo su acto inaugural con un fuerte tono anticapitalista. Varios miles de personas de organizaciones sociales, sindicatos, comunidades aborígenes, jóvenes y agrupaciones campesinas se unieron para organizar un espacio que se desarrolla en Lima, Perú, en simultáneo con la COP20, la Conferencia sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas. 

Para los participantes de la Cumbre de los Pueblos, el calentamiento global es intrínseco al sistema capitalista y la respuesta a ese problema debe ser cambiar los modos de producción y consumo. En variados discursos, los oradores apelaron a la “Madre Tierra”y repudiaron el extractivismo en los países latinoamericanos.

Además, hubo un espacio de homenaje y pedido de Justicia para los cuatro indígenas de la comunidad asháninka y para los 43 estudiantes mexicanos desaparecidos. Fuente: http://claves21.com.ar/cumbre-de-los-pueblos-cop20-clima/

 

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Cambiar el sistema, no el clima
9 de septiembre de 2014

Por Eduardo Giesen

Frente a esta dramática realidad, desde los movimientos de justicia socio-ambiental se ha levantado la consigna “CAMBIAR EL SISTEMA: NO EL CLIMA”, enfatizando que sólo será posible enfrentar y superar la crisis climática mediante transformaciones profundas en los modelos de desarrollo.

 

A fines del 2015, una nueva Conferencia de las Partes (COP 21) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), deberá resolver sobre el marco político y normativo internacional que reemplazará al Protocolo de Kioto (PK) en el esfuerzo por frenar el calentamiento global, cuyo borrador se pretende avanzar en la COP 20 de Lima, en diciembre de este año.

En los movimientos sociales preocupados por la crisis global reina el escepticismo respecto de los espacios oficiales de negociación internacional, pues, una y otra vez, los gobiernos reunidos en sucesivas COPs se han subordinado a los grandes intereses de los poderes económicos que profitan de la destrucción y depredación del planeta.

Las metas de reducción de gases de efecto invernadero establecidas para los países industrializados no han sido respetadas por muchos de los que suscribieron el PK –EEUU, el mayor emisor mundial, no lo hizo- y tampoco ha sido efectivo en sus objetivos, pues los países que sí han cumplido sus metas lo han hecho sólo de manera virtual, comprando créditos en los especulativos mercados de carbono, y gran parte de los países llamados “en vías de desarrollo” -no tienen compromisos de reducción- están siguiendo las pautas de desarrollo –de crecimiento económico y de emisiones- de los países industrializados. Entre estos, Chile destaca como uno de los líderes mundiales en aumento de emisiones per-cápita de carbono.

Contrariamente a los objetivos enunciados en la CMNUCC, las soluciones financieras y tecnológicas acordadas e impulsadas desde los espacios oficiales de negociación han contribuido a robustecer los patrones insustentables de producción y consumo que han causado la crisis climática y otras crisis globales.

Frente a esta dramática realidad, desde los movimientos de justicia socio-ambiental se ha levantado la consigna “CAMBIAR EL SISTEMA: NO EL CLIMA”, enfatizando que sólo será posible enfrentar y superar la crisis climática mediante transformaciones profundas en los modelos de desarrollo.

El carácter global del cambio climático, de sus impactos y también de las urgentes medidas para enfrentarlo, determinan la gran necesidad e importancia de los acuerdos internacionales en el marco de la ONU, y es por tanto, imprescindible la presión que pueda realizar, de manera presencial y masiva, la sociedad civil en el marco de las COPs.

 

Por esto es que la COP 20 en Lima es una buena oportunidad para articular y movilizar a las organizaciones latinoamericanas, para, una vez más, promover desde nuestra región los cambios civilizatorios que exige la Madre Tierra, la Pachamama, la Ñuke Mapu.

Y por lo mismo, resulta meritoria la iniciativa del Gobierno venezolano de generar la denominada PreCOP Social de Cambio Climático, a comienzos de noviembre en la isla Margarita, donde un conjunto amplio y diverso de organizaciones internacionales y venezolanas podrán debatir y generar propuestas para ser presentadas en la última instancia política de Alto Nivel previa a la COP de Lima, con participación de los responsables de Cambio Climático de 40 países.

Sin embargo, es necesario entender que los profundos cambios políticos y económicos que urgen sólo se lograrán mediante la acción y la incidencia social en nuestros propios países, la que será también determinante para incidir en la posición que lleven y sostengan nuestros gobiernos en los espacios de negociación.Asimismo, no es posible concebir una ciudadanía ambiental, ni menos climática, capaz de generar por sí sola estos cambios, los que deben impulsarse a través de movimientos sociales multisectoriales –comunidades, trabajadores, mujeres, pueblos indígenas, campesinos, pobladores urbanos, estudiantes- con nuevas visiones del mundo, de nuevos mundos, nuevas utopías y proyectos políticos, con nuevos modelos energéticos y agroalimentarios, nuevas ciudades, nuevas economías, nuevas relaciones entre los pueblos y naciones, entre los géneros y con la naturaleza. Quizás, mirando a nuestros pueblos originarios y sus culturas, debería reemplazarse todos los “nuev@s” de este párrafo por “viej@s”.

Fuente: http://radio.uchile.cl/2014/09/09/cambiar-el-sistema-no-el-clima/

 

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Los movimientos sociales instan a cambiar el sistema

y no el clima en el planeta

8 de noviembre de 2014

 

Esta es una de las conclusiones del documento final de la llamada Cumbre de los Pueblos, que reunió esta semana en la isla venezolana de Margarita a movimientos y organizaciones sociales de 45 países del mundo con vistas a la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP-20), que se celebrará en Lima el próximo diciembre.

Por Javier Jarcía. EFEverde.

 

- La Precop social instó hoy a cambiar el sistema de consumo y de producción mundial en lugar del clima en el planeta y advirtió de que, si se continúa al ritmo actual, "pronto se traspasará el punto de no retorno" con relación al cambio climático y sus consecuencias.

 

Esta es una de las conclusiones del documento final de la llamada Cumbre de los Pueblos, que reunió esta semana en la isla venezolana de Margarita a movimientos y organizaciones sociales de 45 países del mundo con vistas a la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP-20), que se celebrará en Lima el próximo diciembre.

 

Los participantes en la Precop de Margarita, la primera que incorporó la parte social al debate climático, hicieron un llamamiento a la institucionalización y el mantenimiento de este carácter social en las futuras reuniones preparatorias de las COP.

 

"Instamos a los Gobiernos del mundo a tomar decisiones que conduzcan al cambio de los patrones de consumo y la matriz energética, minimizando la dependencia de actividades contaminantes ancladas al capital transnacional y corporativo”, afirmaron.

 

El documento de consenso defendió “una manera diferente de vivir que priorice el buen vivir sobre los modelos de desarrollo perversos que han prevalecido en el pasado y que son la causa estructural no solo del cambio climático, sino de muchos de los graves problemas de nuestros tiempos, tales como la pobreza, la discriminación de género y la inequidad global”.

 

Más participación

Además, consideró “necesario y urgente fortalecer y crear espacios y mecanismos que garanticen y faciliten la participación efectiva de los pueblos, movimientos y organizaciones sociales en los procesos de negociación de la Convención” climática.

En este sentido, demandó también la difusión pública y el acceso de la parte social a las sesiones negociadoras.

Los participantes en la Precop estimaron que la “causa estructural de la crisis climática radica en sistemas políticos y económicos basados en patrones de producción y consumo insostenibles que generan inequidad, injusticia y pobreza”.

 

Asimismo, destacaron que los países desarrollados “responsables del cambio climático deben compensar a los países en desarrollo por las pérdidas y daños sufridos por causa de los impactos climáticos”.

 

También el vicepresidente de Venezuela, Jorge Arreaza, que participó hoy en la clausura de la Precop, pidió a los países desarrollados aportar “soluciones reales” para combatir los efectos del cambio climático y advirtió de que este se convertirá en “un drama terrible” si sigue avanzando al ritmo actual.

 

Arreaza aseguró que la responsabilidad en el cambio climático es de toda la humanidad pero añadió que “nadie puede decir que el Perú o que Angola es tan responsable como algunos países europeos o de Norteamérica”.

 

“Se trata de la responsabilidad, de hacer cumplir la ley y no trasladar esta responsabilidad a los países en desarrollo, que no son los grandes responsables y que tienen derecho a su desarrollo”, dijo el vicepresidente venezolano.

 

Con anterioridad, intervino en la sesión de clausura del encuentro el ministro del Ambiente de Perú, Manuel Pulgar-Vidal, que presidió la reunión ministerial de hoy en su calidad de organizador de la COP-20 de Lima.

 

Actuar con urgencia

El ministro peruano subrayó la importancia de “actuar con urgencia” en la cuestión climática.

 

“El mundo está esperando que actuemos, estamos en el momento de construir puentes y en el momento en que tenemos que tomar urgentemente decisiones y acciones”, afirmó y advirtió de las “consecuencias que tendría” la inacción en este asunto.

 

Pulgar-Vidal se mostró convencido de que la COP 20 de Lima “será exitosa por la necesidad de tomar decisiones” y pidió a los movimientos sociales y a los representantes gubernamentales concentrarse “en aquello que nos puede movilizar hacia el éxito.”

 

“Las cosas accesorias deben ser accesorias, debemos eliminar cualquier obstáculo que nos impida avanzar”, recalcó.

EFE

Fuente: http://www.efeverde.com/noticias/los-movimientos-sociales-instan-cambiar-el-sistema-y-el-clima-en-el-planeta/

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“Cambiar el sistema, no el clima”

Conferencia Internacional

Todas y todos a Safi el 4 y 5 de noviembre de 2016

 

Hace 15 años, Marruecos fue sede de la COP 7. En este 2016, la Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático prepara su 22ª edición de nuevo en Marruecos. ¿Qué ha pasado en estos 15 años? La verdad es que casi nada.

 

La COP de Kyoto (1997) apostó por el mercado para controlar las emisiones de carbono. El Protocolo de Kyoto, que no entró en vigor hasta 2005, confirmó que los mecanismos de mercado no logran reducir estas emisiones, que siguieron aumentando en un 2% por año (5º informe del IPCC).

 

La COP 21 celebrada en París en 2015 acordó mantener el aumento de temperatura por debajo de 2° y tratar de limitarlo a 1,5. ¿supuso esto un paso adelante? En realidad no, porque no se proveyeron los medios para lograrlo, de modo que no deja de ser una declaración de intenciones.

 

¡22 años de reuniones y negociaciones para lograr este magro resultado! ¿Qué pasará en Marrakech? Probablemente poca cosa. Los Estados continúan apostando por compromisos voluntarios de los países sin establecer mecanismos de control ni sanciones. Las empresas siguen dictando la ley en los salones de conferencias y una fe ciega en soluciones tecnológicas prevalece sobre cualquier otra consideración. Las COPs se convierten en conferencias donde las empresas y los gobiernos acuden a hablar de negocios.  Y el clima sigue calentándose. Así, por ejemplo la MEDCOP 22, que se celebró en Tánger del 17 al 19 de julio de 2016 previamente a la COP, se terminó con la firma de contratos entre el gobierno marroquí y empresas multinacionales.

 

En cuanto a Marruecos, las diferentes políticas sectoriales, tales como el plan verde para la agricultura, el plan Halieutis para la pesca, el Plan Azul para el Turismo, el Plan de Emergencia y  el eslogan de potentes ecosistemas eficientes a nivel industrial, el plan energético o la firma de acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y la Unión Europea, están orientados hacia la sobreexplotación de los recursos naturales, la expansión del comercio, de las zonas francas y de las producciones orientadas a la exportación. Todas estas políticas distan mucho de cualquier perspectiva de preservación de la naturaleza y del clima. La víspera de la COP, Marruecos pone el peso en sus faraónicos mega-proyectos solares, pero continúa desarrollando los combustibles fósiles, especialmente el carbón.

 

El cambio climático es una realidad que nos afecta en nuestra cotidianidad a las y los habitantes de Marruecos, del Magreb, de África y de todo el mundo. Los episodios extremos, como las olas de frío y calor, sequías e inundaciones están aumentando; los glaciares se están derritiendo, los niveles del mar están subiendo, las capas freáticas están contaminadas y se están vaciando. ¿Asistiremos impasibles a la catástrofe climática, social y ecológica que se nos viene? ¿Esperaremos en silencio  a que al éxodo de las personas que huyen de los bombardeos, las guerras y los conflictos (Afganistán, Irak, Yemen, Siria, Palestina o Libia, por no citar más que unos pocos lugares) se añadan cientos de miles de refugiadas y refugiados del clima huyendo de las inundaciones o lo contrario, la sequía, la desertificación y el hambre?  

 

La respuesta es NO. Es urgente tomar la palabra para abordar las causas reales del cambio climático y señalar a los responsables. Debemos reflexionar junto/as sobre las alternativas necesarias. Tenemos que denunciar las falsas soluciones de la economía verde, que busca cómo convertir la crisis climática en una nueva fuente de beneficios. Las verdaderas soluciones sólo pueden lograrse a través de un modelo alternativo de sociedad, trabajando en nuevas formas de producir, de consumir, de vivir, de comer y de convivencia con la naturaleza. Debemos exigir que se tomen medidas urgentes, entre ellas parar la extracción de las fuentes de combustibles fósiles, relocalizar la producción y el consumo o defender nuestros bienes comunes.

 

¡Existen soluciones!

Te invitamos a participar en los encuentros y movilizaciones organizados por ATTAC CADTM Marruecos  en Safi, que llevaremos a cabo el 4 y 5 de noviembre de 2016, con el lema “Cambiar el sistema, no el clima”.

 

Estas actividades se plantean también como un apoyo a las luchas de las y los marroquíes que defienden su agua, sus territorios y su medio ambiente, especialmente las gentes de Safi, fuertemente afectadas por la contaminación de la planta de fertilizantes químicos Maroc Phosphore y a las que se pretende ahora imponer una central eléctrica de carbón. Consideramos que es todo un símbolo del doble lenguaje de las autoridades que hablan de desarrollo “verde” y siguen invirtiendo en energía “sucia”.

 

ATTAC CADTM MAROC

OCTUBRE 2016 

Fuente: https://www.stopcorporateimpunity.org/cambiar-el-sistema-no-el-clima/?lang=es

 

 

Identifiquémonos con quienes nos manifiestan: "queremos salvar la vida levantaremos nuestras voces contra la agresión capitalista expresada en el saqueo y la mercantilización de la vida. Porque sabemos que otros mundos no son sólo urgentes: son, sobre todo, posibles. Y ya los estamos construyendo".

 

 

ENCUENTRO NACIONAL DE PUEBLOS INDIGENAS ANDINO – AMAZONICO (Conacami . Aidesep)

12 al 16 de octubre del 2010. En cada rincón del planeta ésta es la Convocatoria de 2009:

Minga Global por la Madre Tierra.

 

La Tierra es un ser vivo y está gravemente enferma. Somos quienes vivimos en ella quienes la estamos afectando con el virus del desarrollismo. Vivimos en un océano llamado atmósfera, así como los peces en el agua. Sin ella no habría vida, porque contiene el oxígeno y el agua, y con ellos los bosques y las lluvias que dan sustento a los seres vivos. Pero la estamos afectando terriblemente.

La Pachamama para sanarse del calentamiento global genera fenómenos climáticos y busca un nuevo equilibrio, que muchas vidas no toleran. Si no cambiamos de rumbo, el aumento de la temperatura global llegará en pocos años a los 2ºC y los cataclismos serán incontrolables. Será la mayor hecatombe socioambiental climática de la historia humana.

Porque los avances tecnológicos, miles de industrias, millones de vehículos, generan grandes cantidades de gases que contaminan y ponen en peligro la estabilidad de la vida. El afán de lucro, de acumulación, el individualismo del capitalismo, han provocado una profunda crisis financiera, económica, productiva, social, cultural, racial y religiosa. Burbuja especulativa financiera, desempleo estructural, exclusión social, calentamiento global, choque cultural, violencia racista y fanatismo religioso, todo a la vez.

Tantas y tan profundas crisis simultáneas configuran una auténtica crisis civilizatoria, una crisis del mito y de la trampa del “desarrollo y modernidad capitalista”; del eurocentrismo, con su Estado uninacional, homogeneidad cultural, derecho positivo occidental, desarrollismo y mercantilización.

¿Significa esto que perdemos la capacidad de convivir con el planeta? ¿Llegó la hora del cambio? La Madre Tierra se transformará y se salvará: el reto es salvarnos nosotros. Ello nos obliga a tomar medidas urgentes.

Nosotros, los pueblos indígenas, durante miles de años construimos civilizaciones basadas en el equilibrio y la armonía entre los hombres y la Madre Naturaleza. Por ello supimos conservar la biodiversidad y criar alimentos esenciales para la humanidad, en sociedades sin explotación. Hoy ofrecemos nuestros valores, nuestras prácticas y nuestros saberes, para salvar al planeta. Sin imposición capitalista, destrucción ni contaminación.

Respondiendo a este reto histórico y cumpliendo el mandato de la IV Cumbre Continental de Pueblos y Nacionalidades Indígenas del Abya Yala, CONVOCAMOS a la Minga / Movilización Global en Defensa de la Madre Tierra y los Pueblos, contra la mercantilización de la vida (alimentos, agua, biodiversidad, bienes naturales); contaminación y depredación (por la minería, hidrocarburos, hidroeléctricas, forestales, ganadería, agrocombustibles, transgénicos); consumismo y criminalización de las luchas sociales; y por la construcción del Tribunal de Justicia Climática.

Del 12 al 16 de octubre, en cada rincón del planeta, quienes queremos salvar la vida levantaremos nuestras voces contra la agresión capitalista expresada en el saqueo y la mercantilización de la vida. Porque sabemos que otros mundos no son solo urgentes: son, sobre todo, posibles. Y ya los estamos construyendo.

 

Convocan:

Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI) / Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA) / Consejo Indígena de Centro América (CICA) / Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) / Conferència de Nacions sense Estat d’Europa (CONSEU)  / IV Cumbre Continental de Pueblos y Nacionalidades Indígenas del Abya Yala / Movimientos indígenas, originarios, campesinos, ambientalistas y sociales de América, África, Asia y Europa.

 

Objetivos

• Luchar por la vigencia de la vida, la paz con la Tierra, el Derecho Mayor, los bienes naturales y la espiritualidad ligada a la Pachamama, los derechos colectivos, las leyes naturales, el agua para las generaciones futuras.

• Sensibilizar a la sociedad sobre la necesidad de convivir con la naturaleza, en equilibrio con ella.

• Alertar sobre el inminente peligro de la hecatombe ambiental que amenaza el planeta y señalar a sus responsables: el capitalismo global, las empresas multinacionales y los Estados cómplices.

• Demostrar que es posible enfrentar ese cambio desde las propuestas y las prácticas de los pueblos, en armonía y reciprocidad con la Madre Naturaleza: con Buen Vivir, Estados Plurinacionales y un modelo de integración desde la equidad, la reciprocidad y la complementariedad.

• Denunciar el capitalismo neoliberal que criminaliza la protesta social para imponer el saqueo y depredación de la Madre Naturaleza.

• Exigir amnistías para todos los dirigentes indígenas, sociales y activistas ambientales procesados por defender los derechos de los Pueblos y de la Madre Naturaleza.

• Convocar a la instalación del Tribunal de Justicia Climática (Cochabamba, Bolivia, 13 y 14 de octubre), que juzgue a las empresas transnacionales y los Estados cómplices, como el primer paso hacia una Corte Internacional sobre Delitos Ambientales.

• Abrir el debate sobre la crisis de la civilización capitalista, con la propuesta de los pueblos indígenas, para detener la catástrofe climática.

 

Actividades

• Manifiestos de la mayor diversidad de organizaciones de movimientos indígenas y sociales, con alternativas para detener la catástrofe climática y ambiental global.

• Memorial con propuestas concretas ante la Convención de Cambio Climático, Convención de Diversidad Biológica, ONU, Comisión Interamericana de Derechos Humanos y entidades similares de otros continentes.

• Movilizaciones en todo el mundo (comunidades urbanas y rurales), por demandas específicas locales, nacionales y el objetivo común de la Minga Global.

• Plantones frente a locales de la ONU y de transnacionales extractivas (hidrocarburos, mineras, madera, agua), de agrocombustibles y transgénicos.

• Foros de discusión y jornadas culturales y políticas sobre defensa de la Madre Tierra y los pueblos contra la mercantilización de la vida, contaminación y criminalización social.

• Realización de Tribunales de Justicia Climática para juzgar por delitos ambientales.

• Asambleas de articulación de estrategias hacia la Cumbre Alternativa a la Conferencia del Protocolo de Kyoto (Copenhague, diciembre 2009).

 

Tribunal de Justicia Climática

El 85% de las emisiones de gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global se genera en los países más ricos. Sólo un 3% en América Latina. Pero los efectos nocivos como las inundaciones y sequías son cargados a las cuentas de los países más pobres. De esta manera, los países desarrollados han provocado una serie de desequilibrios en los países pobres y ahí está el origen de la deuda ecológica con nuestros pueblos.

El responsable es el modelo de explotación irracional de los bienes naturales, que se impone de manera global, arrasando con los derechos humanos, los derechos colectivos de los pueblos y los derechos de la Madre Naturaleza, rompiendo el equilibrio.

Por ello, en cumplimiento del mandato de la IV Cumbre Continental de Pueblos y Nacionalidades Indígenas del Abya Yala, en alianza con una amplia red de movimientos y organizaciones sociales de todo el planeta, estamos construyendo el Tribunal de Justicia Climática, para juzgar moralmente a los causantes de la crisis ambiental, que será instalado los días 13 y 14 de octubre en Cochabamba, Bolivia.

El Tribunal de Justicia Climática permitirá identificar y sancionar moralmente a las compañías transnacionales y los Estados cómplices que saquean los bienes naturales y vulneran los derechos de los pueblos y la Madre Naturaleza. Y es un primer paso hacia la formación de un Tribunal Internacional de Justicia Ambiental, al estilo del Tribunal de La Haya.

Además, el Tribunal hará visible la relación causa-efecto entre el modelo de desarrollo extractivo y corporativizado de las transnacionales y el cambio climático. Y juzgará éticamente a los responsables de la deuda ecológica, provocada por el consumismo que convierte a la biodiversidad en materia prima.

Fuente: https://barcelonaentransicio.wordpress.com/2010/10/09/minga-global/

 

 Alternativas postcapitalistas

 

Necesitamos, abajo y a la izquierda sin fronteras, esclarecernos y generalizar este esclarecimiento sobre rumbos anticapitalistas o mejor dicho socialistas. Es crucial que una creciente mayoría de nosotros discutamos opiniones como las de Boaventura de Sousa Santos para decidir sobre el destino en común.

Se necesitan horizontes

25 de mayo de 2017

Por Boaventura de Sousa Santos

Página 12

 

Las ocho personas más ricas del mundo poseen tanta riqueza como la mitad más pobre de la población mundial (3.500 millones de personas). Se destruyen países (de Irak a Afganistán, de Libia a Siria, y las próximas víctimas pueden ser tanto Irán como Corea del Norte) en nombre de los valores que debían protegerles y hacerles prosperar, ya sean los derechos humanos, la democracia o el primado del derecho internacional. Nunca se habló tanto de la posibilidad de una guerra nuclear.

Los contribuyentes estadounidenses pagaron millones de dólares por la bomba no nuclear más potente jamás lanzada contra túneles en Afganistán construidos en los ochenta con su propio dinero, gestionado por la CIA, para promover a los islamistas radicales en su lucha contra los ocupantes soviéticos del país, los mismos radicales que hoy se combaten como terroristas. Mientras, los estadounidenses pierden el acceso a la atención médica y son llevados a pensar que sus males son causados por inmigrantes latinos más pobres que ellos. Tal y como los europeos son llevados a pensar que su bienestar está amenazado por los refugiados y no por los intereses imperialistas que están forzando al exilio a tanta gente. Del mismo modo que los sudafricanos negros, empobrecidos por un mal negociado fin del apartheid, asumen actitudes xenófobas y racistas contra inmigrantes negros de Zimbabwe, Nigeria y Mozambique, tan pobres como ellos, por considerarlos la causa de sus males.

Entretanto, circulan por el mundo las tiernas imágenes de Silvio Berlusconi dándole la mamadera a cabritos para defenderlos del sacrificio de Pascua, sin que nadie denuncie que durante esos minutos televisivos miles de niños murieron por falta de leche. Como tampoco son noticia las fosas clandestinas con cuerpos desmembrados que constantemente se están descubriendo en México, mientras las fronteras entre Estado y narcotráfico se desvanecen. Como tenemos miedo de pensar que la democracia brasileña morirá el día en que un Congreso de políticos enloquecidos, corruptos en su mayoría, consiga destruir los derechos de los trabajadores conquistados a lo largo de 50 años, un propósito que, por ahora, los políticos brasileños parecen lograr con inaudita facilidad. Tiene que haber un momento en que las sociedades (y no solo unos pocos “iluminados”) lleguen a la conclusión de que esto no puede seguir así.

Para eso, la negatividad del presente nunca será suficiente. La negatividad sólo existe en la medida que aquello que niega es visible o imaginable. Un callejón sin salida se convierte fácilmente en una salida si la pared en que termina tiene la falsa transparencia de lo infinito o de lo ineluctable. Esta transparencia, que es falsa, es tan compacta como la opacidad de la selva oscura con la que antes la naturaleza y los dioses vedaban los caminos de la humanidad. ¿De dónde viene esta opacidad si la naturaleza es hoy un libro abierto y los dioses un libro de aeropuerto? ¿De dónde viene la transparencia si la naturaleza, cuanto más se revela, más se expone a la destrucción, si los dioses sirven tanto para trivializar la creencia inconsecuente como para banalizar el horror, la guerra y el odio?

Hay algo de terminal en la condición de nuestro tiempo que se revela como una terminalidad sin fin. Es como si la anormalidad tuviera una energía inusitada para convertirse en una nueva normalidad y nos sintiéramos terminalmente sanos en lugar de terminalmente enfermos. Esta condición deriva del paroxismo al que llegó el instrumentalismo radical de la modernidad occidental, tanto en términos sociales como culturales y políticos. El instrumentalismo moderno consiste en el predominio total de los fines sobre los medios y en la ocultación de los intereses que subyacen a la selección de los fines en forma de imperativos falsamente universales o de inevitabilidades falsamente naturales. En el plano ético, este instrumentalismo permite a quien tiene poder económico, político o cultural presentarse socialmente como defensor de causas cuando, de hecho, es defensor de cosas.

Este instrumentalismo asumió dos formas distintas, aunque gemelas, de extremismo: el extremismo racionalista y el extremismo dogmatista. Son dos formas de pensar que no permiten contra argumentación, dos formas de actuar que no admiten resistencia. Ambas son extremadamente selectivas y compartimentadas de tal modo que las contradicciones ni siquiera aparecen como ambigüedades. Las caricaturas revelan bien lo que está más allá de ellas. Heinrich Himmler, uno de los máximos jefes nazis, que transformó la tortura y el exterminio de judíos, gitanos y homosexuales en una ciencia, cuando regresaba de noche a casa entraba por la puerta trasera para no despertar a su canario favorito. ¿Es posible culpar al canario porque el cariño que le tenía Himmler no era compartido por los judíos? A su vez, es conocida la anécdota de aquel comunista argentino tan ortodoxo que incluso en los días de sol en Buenos Aires usaba sombrero de lluvia sólo porque estaba lloviendo en Moscú. ¿Es posible negar que detrás de tan acéfalo comportamiento no estuviera un sentimiento noble de lealtad y solidaridad?

Las perversidades del extremismo racionalista y dogmatista están siendo combatidas por modos de pensar y de actuar que se presentan como alternativas pero que, en el fondo, son callejones sin salida porque los caminos que señalan son ilusorios, sea por exceso de pesimismo, sea por exceso de optimismo. La versión pesimista es el proyecto reaccionario que tiene hoy una renovada vitalidad. Se trata de detestar en bloque el presente como expresión de una traición o degradación de un dorado tiempo pasado, un tiempo en el que la humanidad era menos amplia y más consistente. El proyecto reaccionario comparte con el extremismo racionalista y dogmatista la idea de que la modernidad occidental creó demasiados seres humanos y que es necesario distinguir entre humanos y subhumanos, pero no piensa que ello debe derivar de ingenierías de intervención técnica, sean ellas de muerte o de mejora de raza. Basta que los inferiores sean tratados como inferiores, sean mujeres, negros, indígenas, musulmanes. El proyecto reaccionario nunca pone en cuestión quién tiene el privilegio y el deber de decidir quién es superior y quién es inferior. Los humanos tienen derecho a tener derechos; los subhumanos deben ser objeto de filantropía que les impida ser peligrosos y los defienda de sí mismos. Si tuviesen algunos derechos, siempre deben tener más deberes que derechos.

La versión optimista de lucha contra el extremismo racionalista y dogmatista consiste en pensar que las luchas del pasado lograron vencer de modo irreversible los excesos y perversidades del extremismo, y que somos hoy demasiado humanos para admitir la existencia de subhumanos. Se trata de un pensamiento anacrónico inverso, que consiste en imaginar el presente como habiendo superado definitivamente el pasado. Mientras el pensamiento reaccionario pretende hacer que el presente regrese al pasado, el pensamiento anacrónico inverso opera como si el pasado no fuese todavía presente. Debido al pensamiento anacrónico inverso, vivimos un tiempo colonial con imaginarios poscoloniales; vivimos un tiempo de dictadura informal con imaginarios de democracia formal; vivimos un tiempo de cuerpos racializados, sexualizados, asesinados, descuartizados con imaginarios de derechos humanos; vivimos un tiempo de muros, fronteras como trincheras, exilios forzados, desplazamientos internos con imaginarios de globalización; vivimos un tiempo de silenciamientos y de sociología de las ausencias con imaginarios de orgía comunicacional digital; vivimos un tiempo de grandes mayorías que solo tienen libertad para ser miserables con imaginarios de autonomías y emprendimiento; vivimos un tiempo de víctimas que se vuelcan contra víctimas y de oprimidos que eligen a sus opresores con imaginarios de liberación y de justicia social.

El totalitarismo de nuestro tiempo se presenta como el fin del totalitarismo y, por eso, es más insidioso que los totalitarismos anteriores. Somos demasiados y demasiado humanos para caber en un solo camino; pero, por otro lado, si los caminos fuesen muchos y en todas las direcciones, fácilmente se transformarían en un laberinto o en un enredo, en cualquier caso, en un campo dinámico de parálisis. Esta es la condición de nuestro tiempo. Para salir de ella, es preciso combinar la pluralidad de caminos con la coherencia de un horizonte que ordene las circunstancias y les otorgue sentido. Para pensar tal combinación y, más aún, para pensar siquiera que ella es necesaria, son necesarias otras maneras de pensar, sentir y conocer. O sea, es necesaria la ruptura epistemológica que llamo epistemologías del sur.

https://www.pagina12.com.ar/39597-se-necesitan-horizontes

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=227028

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A cien años de la Revolución Rusa

El problema del pasado es que no pasa
10 de febrero de 2017

Por Boaventura de Sousa Santos

Página 12

 

Este año se conmemora el centenario de la Revolución Rusa –me refiero exclusivamente a la Revolución de Octubre, la que sacudió el mundo y condicionó la vida de cerca de un tercio de la población mundial en las décadas siguientes– y también se conmemoran los 150 años de la publicación del primer volumen de El capital de Karl Marx. Juntar ambas efemérides puede parecer extraño, porque Marx nunca escribió con detalle sobre la revolución y la sociedad comunista y, de haberlo hecho, resulta inimaginable que lo que escribiese tuviera cierto parecido con lo que fue la Unión Soviética (URSS), sobre todo después de que Stalin asumiera la dirección del partido y del Estado. La verdad es que muchos de los debates que la obra de Marx suscitó durante el siglo XX, fuera de la URSS, fueron una forma indirecta de discutir los méritos y deméritos de la Revolución Rusa.

Ahora que las revoluciones hechas en nombre del marxismo terminaron o evolucionaron hacia… el capitalismo, tal vez Marx (y el marxismo) tenga por fin la oportunidad de ser discutido como merece, como teoría social. La verdad es que el libro de Marx, que tardó cinco años en vender sus primeros mil ejemplares antes de convertirse en uno de los libros más influyentes del siglo XX, ha vuelto a convertirse en un best-seller en los últimos tiempos y, dos décadas después de la caída del Muro de Berlín, al fin estaba siendo leído en países que habían formado parte de la URSS. ¿Qué atracción puede suscitar un libro tan denso? ¿Qué reclamo puede tener en un momento en que tanto la opinión pública como la abrumadora mayoría de los intelectuales están convencidos de que el capitalismo no tiene fin y que, en caso de tenerlo, ciertamente no será sucedido por el socialismo?

Muy probablemente, los debates que a lo largo de este año se lleven a cabo sobre la Revolución Rusa repetirán todo lo que ya se ha dicho y debatido y terminarán con la misma sensación de que es imposible un consenso sobre si la Revolución Rusa fue un éxito o un fracaso. A primera vista, resulta extraño, pues tanto si se considera que la Revolución terminó con la llegada de Stalin al poder (la posición de Trotsky, uno de los líderes de la revolución) como con el golpe de Estado de Boris Yeltsin en 1993, parece cierto que fracasó. Sin embargo, esto no es evidente, y la razón no está en la evaluación del pasado, sino en la evaluación de nuestro presente. El triunfo de la Revolución Rusa consiste en haber planteado todos los problemas a los que las sociedades capitalistas se enfrentan hoy. Su fracaso radica en no haber resuelto ninguno. Excepto uno. En otros textos pienso abordar algunos de los problemas que la Revolución Rusa no resolvió y siguen reclamando nuestra atención. Aquí me voy a concentrar en el único problema que resolvió.

¿Puede el capitalismo promover el bienestar de las grandes mayorías sin que esté en el terreno de la lucha social una alternativa creíble e inequívoca al capitalismo? Este fue el problema de que la Revolución Rusa resolvió, y la respuesta es no. La Revolución Rusa mostró a las clases trabajadoras de todo el mundo, y muy especialmente a las europeas, que el capitalismo no era una fatalidad, que había una alternativa a la miseria, a la inseguridad del desempleo inminente, a la prepotencia de los patrones, a los gobiernos que servían a los intereses de las minorías poderosas, incluso cuando decían lo contrario. Pero la Revolución Rusa ocurrió en uno de los países más atrasados de Europa y Lenin era plenamente consciente de que el éxito de la revolución socialista mundial y de la propia Revolución Rusa dependía de su extensión a los países más desarrollados, con sólida base industrial y amplias clases trabajadoras. En aquel momento, ese país era Alemania.

El fracaso de la Revolución alemana de 1918-1919 hizo que el movimiento obrero se dividiera y buena parte de él pasase a defender que era posible alcanzar los mismos objetivos por vías diferentes a las seguidas por los trabajadores rusos. Pero la idea de la posibilidad de una sociedad alternativa a la sociedad capitalista se mantuvo intacta. Se consolidó, así, lo que pasó a llamarse reformismo, el camino gradual y democrático hacia una sociedad socialista que combinase las conquistas sociales de la Revolución Rusa con las conquistas políticas y democráticas de los países occidentales. En la posguerra, el reformismo dio origen a la socialdemocracia europea, un sistema político que combinaba altos niveles de productividad con altos niveles de protección social. Fue entonces que las clases trabajadoras pudieron, por primera vez en la historia, planear su vida y el futuro de sus hijos. Educación, salud y seguridad social públicas, entre muchos otros derechos sociales y laborales. Quedó claro que la socialdemocracia nunca caminaría hacia una sociedad socialista, pero parecía garantizar el fin irreversible del capitalismo salvaje y su sustitución por un capitalismo de rostro humano.

Entretanto, del otro lado de la “cortina de hierro”, la República Soviética (URSS), pese al terror de Stalin, o precisamente por su causa, revelaba una pujanza industrial portentosa que transformó en pocas décadas una de las regiones más atrasadas de Europa en una potencia industrial que rivalizaba con el capitalismo occidental y, muy especialmente, con Estados Unidos, el país que emergió de la Segunda Guerra Mundial como el más poderoso del mundo. Esta rivalidad se tradujo en la Guerra Fría, que dominó la política internacional en las siguientes décadas. Fue ella la que determinó el perdón, en 1953, de buena parte de la inmensa deuda de Alemania occidental contraída en las dos guerras que infligió a Europa y que perdió.

Era necesario conceder al capitalismo alemán occidental condiciones para rivalizar con el desarrollo de Alemania oriental, por entonces la república soviética más desarrollada. Las divisiones entre los partidos que se reclamaban defensores de los intereses de los trabajadores (los partidos socialistas o socialdemócratas y los partidos comunistas) fueron parte importante de la Guerra Fría, con los socialistas atacando a los comunistas por ser conniventes con los crímenes de Stalin y defender la dictadura soviética, y con los comunistas atacando a los socialistas por haber traicionado la causa socialista y ser partidos de derecha muchas veces al servicio del imperialismo norteamericano. Poco podían imaginar en ese momento lo mucho que los unía.

Mientras tanto, el Muro de Berlín cayó en 1989 y poco después colapsó la URSS. Era el fin del socialismo, el fin de una alternativa clara al capitalismo, celebrado de manera incondicional y desprevenida por todos los demócratas del mundo. Al mismo tiempo, para sorpresa de muchos, se consolidaba globalmente la versión más antisocial del capitalismo del siglo XX, el neoliberalismo, progresivamente articulado (sobre todo a partir de la presidencia de Bill Clinton) con la dimensión más depredadora de la acumulación capitalista: el capital financiero. Se intensificaba, así, la guerra contra los derechos económicos y sociales, los incrementos de productividad se desligaban de las mejoras salariales, el desempleo retornaba como el fantasma de siempre, la concentración de la riqueza aumentaba exponencialmente. Era la guerra contra la socialdemocracia, que en Europa pasó a ser liderada por la Comisión Europea, bajo el liderazgo de Durão Barroso, y por el Banco Central Europeo.

Los últimos años mostraron que, con la caída del Muro de Berlín, no colapsó solamente el socialismo, sino también la socialdemocracia. Quedó claro que las conquistas de las clases trabajadoras en las décadas anteriores habían sido posibles porque la URSS y la alternativa al capitalismo existían. Constituían una profunda amenaza al capitalismo y éste, por instinto de supervivencia, hizo las concesiones necesarias (tributación, regulación social) para poder garantizar su reproducción. Cuando la alternativa colapsó y, con ella, la amenaza, el capitalismo dejó de temer enemigos y volvió a su voracidad depredadora, concentradora de riqueza, rehén de su contradictoria pulsión para, en momentos sucesivos, crear inmensa riqueza y luego después destruir inmensa riqueza, especialmente humana.

Desde la caída del Muro de Berlín estamos en un tiempo que tiene algunas semejanzas con el período de la Santa Alianza que, a partir de 1815 y tras la derrota de Napoleón, pretendió barrer de la imaginación de los europeos todas las conquistas de la Revolución Francesa. No por coincidencia, y salvadas las debidas proporciones (las conquistas de las clases trabajadoras que todavía no fue posible eliminar por vía democrática), la acumulación capitalista asume hoy una agresividad que recuerda al periodo pre Revolución rusa. Y todo lleva a creer que, mientras no surja una alternativa creíble al capitalismo, la situación de los trabajadores, de los pobres, de los emigrantes, de los jubilados, de las clases medias siempre al borde de la caída abrupta en la pobreza no mejorará de manera significativa. Obviamente que la alternativa no será (no sería bueno que fuese) del tipo de la creada por la Revolución rusa. Pero tendrá que ser una alternativa clara. Mostrar esto fue el gran mérito de la Revolución rusa.

Boaventura de Sousa Santos. Profesor de las universidades de Coimbra y de Winsconsin-Madison. 

http://www.pagina12.com.ar/19067-el-problema-del-pasado-es-que-no-pasa

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=222772

 

 

Cuestionemos la concepción de socialismo siguiente: "A nivel social China se proponen sacar 10 millones de chinos de la pobreza todos los años, pero eso no implica que van a disminuir el número de chinos millonarios, que alcanzan la escalofriante cifra de 150 millones de personas, o los 650 millones de personas que viven en hogares con ingresos superiores a los 10.000 dólares mensuales. Esas realidades no encajan en ciertos esquemas. Es notorio que eligieron un camino, una ruta al socialismo totalmente diferente a la rusa, a la que durante 70 años orientó a la Unión Soviética, hasta que todo se derrumbó, allí y, en todos los países con ese modelo, aún con variantes como Yugoslavia y Albania".

 

 

 

China, ese lejano país del que dependemos todos

31 de octubre de 2017

 

Por Esteban Valenti (Alai)

Si a usted no le interesa el país donde vive la mayor cantidad de personas del planeta, 1.380 millones, del que depende un tercio de todo el crecimiento de la producción mundial, no se ocupe de China y del XIX Congreso del Partido Comunista Chino (PCC).

La renta per cápita anual tuvo un incremento anual del 7% y que desde el 2008 a la fecha, luego de la crisis mundial siguió creciendo a un promedio del 7.2% anual y desde el 2012 a la fecha los gastos en investigación crecieron un 52% y la solicitud de patentes aumentó un 70% y la pobreza de redujo a la mitad en 5 años, China es el principal cliente de los productos uruguayos y nuestro principal socio comercial…

Hice una pequeña investigación en las redes, en los medios de prensa y la importancia del XIX Congreso del PCC es totalmente, absolutamente desproporcionada a la importancia que tiene en la vida del mundo, de su impacto en la economía y en las relaciones internacionales. Y eso es más visible en los medios de prensa de izquierda. Es el mayor partido político del mundo, con 89 millones de miembros y su congreso está presidido por una enorme hoz y martillo enmarcados en banderas rojas…

La poca importancia en la prensa no es una conspiración, es porque China es totalmente previsible, no hay tensiones ni internas, ni externas y el PCC no juega a ser una diva mundial, sino a seguir firme por su camino, hacia transformar a ese país en el más poderoso de la Tierra en el año 2050.

Incluso su proyecto en ejecución, de modernización y desarrollo de sus fuerzas armadas que se proponen alcanzar el primer lugar en el mundo, con 10 portaviones de última generación para el 100 aniversario de la revolución, es decir en el año 2049, también en ese plano no es inquietante, al contrario, aunque parezca un absurdo, en este mundo de equilibrios del miedo, es un factor de estabilidad.

Todas las predicciones de un futuro colapso chino, de su “imposible” crecimiento sostenido e impetuoso que rompe demasiados esquemas a diestra y siniestra, se ha desmoronado varias veces.

Xi Jinping, que acumula los cargos de secretario general del PCC, presidente de la República Popular China y de la comisión militar central y que subió al estrado flanqueado de sus dos predecesores, Jiang Zemin y Hu Jintao, transmitió un mensaje de gran confianza y una amplia mirada estratégica a los 2.287 delegados reunidos en el Gran Salón del Pueblo de Pekin.

Xi Jinping, de 64 años de edad es considerado como el dirigente más poderoso de China de los últimos 25 años, como lo fueron Mao Zedong y DengXiaoping y nadie tiene dudas de que será reelegido.

La izquierda en general no le prestamos la atención necesaria, directamente porque no entendemos bien el discurso sobre una “reflexión sobre el socialismo con los colores de China para una nueva era”, no logramos salir de ciertos esquemas y volver realmente a las fuentes del llamado “socialismo científico” de Carlos Marx y hemos quedado atrapados en la visión de que todo pasa por el crecimiento ilimitado y absoluto del Estado en la economía, la producción, la vida social de los países.

La vía china al socialismo, cuyo gran impulsor no fue precisamente Mao sino Deng Xiaoping, no negó todo el pasado revolucionario, pero produjo un cambio radical en las relaciones de producción y de propiedad que, en este Congreso no sólo se han reafirmado, sino se consideran la clave para la “nueva era”, aunque con ajustes, basando el crecimiento no solo en las inversiones privadas y públicas, sino en el consumo y en el desarrollo de las infraestructuras no solo nacionales, sino de las rutas que llevan a China.

China profundizará sus reformas económicas y financieras y abrirá más sus mercados a los inversores extranjeros en un intento por pasar de un crecimiento de alta velocidad a uno de alta calidad y sostenibilidad, de acuerdo al informe del secretario general Xi Jinping en la apertura del Congreso.

A nivel social China se proponen sacar 10 millones de chinos de la pobreza todos los años, pero eso no implica que van a disminuir el número de chinos millonarios, que alcanzan la escalofriante cifra de 150 millones de personas, o los 650 millones de personas que viven en hogares con ingresos superiores a los 10.000 dólares mensuales. Esas realidades no encajan en ciertos esquemas. Es notorio que eligieron un camino, una ruta al socialismo totalmente diferente a la rusa, a la que durante 70 años orientó a la Unión Soviética, hasta que todo se derrumbó, allí y, en todos los países con ese modelo, aún con variantes como Yugoslavia y Albania.

Las reformas en los dos bloques socialistas tuvieron resultados muy diversos, de un lado Mijaíl Gorbachov y la Perestroika son hoy un lejano recuerdo fracasado mientras que las ideas de Deng Xiaoping son hoy una potente realidad.

Los otros que siguieron esa ruta para salir del atraso, de los vestigios de las guerras y los colonialismos varios y crearon una estructura productiva y social sólida y en crecimiento, fueron los vietnamitas. Otra herejía sepultada en el olvido para la mayoría de la izquierda. Incluyendo la uruguaya.

De los coreanos del norte, de esa vergonzosa dinastía opresiva y en decadencia, que sobrevive en base a un desproporcionado poderío militar que le devora la sangre a su sociedad, ni hablemos.

Cuba, el otro país que ha quedado del antiguo sistema socialista mundial, a tientas, lentamente y tarde se dirige hacia cambios que traten de salvar su economía siempre amenazada por la crisis y la parálisis, y avanza no precisamente por la vía de una mayor estatización.

Sólo los miopes pueden considerar que Venezuela tiene algo de socialismo, a menos que la consideremos el socialismo del siglo XI, de la baja edad media.

Para los comunes mortales, los 1.450 millones de chinos y vietnamitas que habitan, trabajan, estudian, crean, arriesgan, investigan e invierten en su país, su situación, su calidad de vida, su alimentación, sus consumos materiales y culturales, los servicios que reciben y que producen, son infinitamente mejores a los del pasado, aunque el camino recorrido no se compadezca de ciertos dogmas. Muchas veces los dogmas, incluso fracasados hasta el cansancio y el derrumbe, son más fuertes que la realidad.

El XIX Congreso del PCC se realiza en medio de grandes éxitos en los cinco años precedentes, incluso en un tema muy complejo, la actual dirección del Partido Comunista concentró una de sus principales batallas contra la corrupción, destituyendo o encarcelando más de 1.300.000 funcionarios y empresarios. Era una amenaza muy seria a la continuidad del proceso y al papel del PCC en la sociedad china y lo enfrentaron con extrema dureza y a su estilo.

La mejor respuesta, la que tiene un contenido más profundo e histórico a la crisis expresada por la asunción de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos es, la que en estos momentos está dando China. Sin griteríos ni declamaciones, con apertura y firmeza.

¿Se puede entender todo el proceso chino actual sin considerar su historia, su historia milenaria? No, basta ver el cine chino, lo poco de su literatura que logramos conseguir y, veremos que el PCC juega el papel de unificador de esa enorme cantidad de pueblos diferentes (se reconocen oficialmente 56 grupos étnicos) y darle un horizonte de grandeza y perspectivas a todo el país, el papel que en su momento jugaron las grandes dinastías. También por eso nos cuesta tanto entenderlos.

La historia “occidental y cristiana” que consumimos en estas latitudes y que se presenta como “Historia universal” está fuertemente distorsionada. China era económica y militarmente más poderosa que Europa hace sólo 200 años, tuvo desarrollos tecnológicos mucho antes que en occidente, como por ejemplo el uso de la imprenta de tipos móviles y el gran salto hacia adelante que hoy experimenta, tiene sólidos antecedentes en sus miles de años de historia. También en eso tiene diferencias profundas con el imperio zarista.

Una delegación muy reciente de empresarios uruguayos, que visitó diversas provincias, que fue muy bien asistido por la embajada uruguaya en ese país, vino deslumbrada. Fueron llenos de prejuicios y a todos les preguntaban si no extrañaban la libertad, la falta de democracia. Y las respuestas en los más diversos ambientes los desarmaron: una parte fundamental de la sociedad china tiene una visión de la libertad totalmente diversa de la nuestra. A nosotros nos costaría, nos sería imposible adaptarnos a esa visión, pero a ellos le resulta exactamente igual con la nuestra.

La vía china al socialismo no será un ejemplo político que debamos imitar, pero no hay dudas que ha sido el camino transitado por un cuarto de la humanidad para cambiar su vida e influir en el cambio de la vida de una parte mayoritaria de los seres humanos en este planeta. Lo menos que podemos hacer es estar atentos, estudiar esa realidad y tratar de entenderla.

Esteban Valenti, Periodista, escritor, director de UYPRESS y BITÁCORA. Uruguay. Coordinador General de IPS entre 1979 y 1984.

http://www.other-news.info/noticias/2017/10/china-ese-lejano-pais-del-que-dependemos-todos/#more-14067

https://www.alainet.org/es/articulo/188947

 

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=233485

 

 

Indaguemos sobre fundamentos para señalar el carácter imperialista del desarrollo de China y contrario tanto a la humanidad como a la Madre Tierra.

 

 

La dependencia de la economía ecuatoriana de China es cada vez mayor y está poniendo en peligro la riqueza natural del país

El asedio de China a las Islas Galápagos

19 de septiembre de 2017

 

 

Por Gustavo Duch y Alberto Acosta (eldiario.es)

 

 

El 3 de agosto pasado se capturó en aguas de las Galápagos el barco chino Fu Yuan Yu Leng 999, en su interior había 300 toneladas de pesca, fundamentalmente tiburones: más de seis mil ejemplares, adultos y neonatos, de tiburones Zorr, Silky y tiburón martillo

La noche del 3 de agosto pasado se capturó el barco pesquero Fu Yuan Yu Leng 999. En el interior de esta embarcación estaban embodegadas 300 toneladas de pesca, fundamentalmente tiburones: más de seis mil ejemplares, adultos y neonatos, de tiburones Zorr, Silky y del protegido -y espectacular- tiburón martillo. En sacos de yute se hallaron también aletas de tiburón, obtenidas presuntamente por la abominable práctica conocida como ‘finning’: una vez capturado el tiburón, se corta su aleta en vivo y se devuelve el animal al mar, donde morirá. Cada año 73 millones de tiburones mueren para que 73 millones de aletas, a más de 500 dólares el kilo, lleguen al mercado mundial. China es el principal consumidor, debido al famoso plato de sopa de aleta de tiburón -reservado a un estatus económico muy alto- que puede llegar a costar 150 dólares.

El barco en cuestión fue encontrado en un lugar donde las corrientes de agua son corrientes de vida, ricas en nutrientes y que -según el biólogo Eduardo Espinoza- « convierten la zona en uno de los mayores surtidores naturales de peces del Pacífico». En concreto, en la Reserva Marina de las Islas Galápagos, Ecuador, donde habitan más de 500 especies de peces y entre ellas, más de 30 corresponden a tiburones; y donde la pesca industrial está prohibida.

Detrás de esta constatación surgen realidades gravísimas para meditar en clave global. Una gran flota pesquera china de unos 300 barcos estaría navegando en faenas de pesca alrededor de las Galápagos, agregando nuevas amenazas a esta maravilla de la naturaleza, conocidas también como Islas Encantadas, porque según decían quienes por primera vez describieron el archipiélago, «se trata de unas islas con la capacidad de aparecer y desaparecer». Junto a la pesca, el turismo de lujo -masivo y creciendo-, la introducción de especies foráneas y la inmigración desde el continente, hacen evidente la fragilidad de este complejo de islas de origen volcánico. Pero bien sabemos que no ocurre sólo en este enclave: las denuncias por pesca ilegal de la flota China se repiten en la pesca del bacalao en aguas de Argentina, en Chile por la pesca del atún y en muchos países africanos como Senegal, Guinea, Guinea-Bissau o Ghana.

Es importante anotar que el asedio llega de un país que va tomando el control de toda la economía de algunas naciones. Precisamente Ecuador es un caso extremo de dependencia con China. Ecuador tiene comprometidos -bajo la forma de ventas anticipadas- más de 500 millones de barriles de petróleo a China a entregarse hasta 2024, que los debe conceder a cambio de recursos financieros que el gigante asiático ha desembolsado al país. Para colmo, China no se registra como compradora oficial del petróleo ecuatoriano sino que lo revende a Estados Unidos y otros países, creándose la argucia contable de que, oficialmente, China absorba menos del 5% de exportaciones ecuatorianas. A nivel de importaciones, la dependencia con China es más clara, llegando a casi el 20% del total. Pero lo más dramático es que China –en un proceso iniciado en 2012- devino en el principal acreedor de este pequeño país andino: más de 8 mil millones de dólares de deuda, el 30% del total de deuda externa; así como las ya mencionadas ventas anticipadas de petróleo que ni siquiera son registradas como deuda por las estadísticas oficiales.

 

A diferencia de EEUU que ejercía su dominación vía Consenso de Washington, China no busca conseguir el repago de sus créditos imponiendo medidas de austeridad económica, sino asegurándose el acceso a petróleo, minerales, y también pesca. Además, opera controlando que los recursos que presta se destinen a la contratación de empresas chinas, al punto que, muchas veces, los empréstitos nunca salen del gigante asiático. Sin duda la expansión China representa una nueva forma de imperialismo, más sofisticada pues no se ajusta a los parámetros clásicos del neoliberalismo. Incluso, no se presenta a primera vista como dominación política pero es más voraz pues exacerba el extractivismo de las periferias con mayor intensidad que en décadas pasadas, y más audaz, pues ni siquiera necesita programas de ajuste para garantizarse el retorno de sus préstamos.

 

Con la mayor población del planeta, China demanda 46% de todos los minerales extraídos en la Tierra. En tres años -2011, 2012, 2013- ha empleado 1,5 veces más cemento que lo utilizado por EEUU en todo el siglo XX. Y con su flota pesquera de más 2.600 embarcaciones, la mayor del mundo, está depredando los mares. Su capacidad de pesca es tal que –según la BBC- en una semana recoge tanto como los botes de Senegal en todo un año, un país que ha visto como se ha vaciado su mar, y la migración es la única opción.

Así como en su momento la lucha contra el imperialismo norteamericano fue clave, hoy también lo es la lucha contra el imperialismo chino. Dentro de esa lucha, urge detener la depredación ambiental, tanto por soberanía como por la propia supervivencia humana. Un pequeño paso en ese sentido sería ampliar y garantizar la zona de exclusión para la pesca, englobando a Ecuador (y las Galápagos), Panamá, Colombia y Costa Rica . Pero, hay que profundizar en el debate pues ante este reciente y preocupante expolio del imperialismo chino, urge que las normativas nacionales e internacionales que regulan la pesca de nuestros mares (como la CONVEMAR, Convención de las Naciones Unidas para el Mar), prioricen la soberanía alimentaria, dando absoluto énfasis a una pesca local artesanal, sostenible y orientada a la alimentación popular y local. Lo que no entre en estos puntos debe vetarse, en cualquier milla marítima.

 

En Galápagos, lugar que nos ha enseñado tanto sobre la evolución y la complejidad de la vida, se hace evidente que vivimos en el Capitaloceno, como ya utilizan muchos pensadores, una era o época geológica donde un sistema económico desesperado por movilizar mercancías lo más rápido posible a cualquier distancia a fin de generar y acumular dividendos, está acabando con tiburones, abejas, gorriones, rinocerontes, paisajes y medios de vida. Está exterminando la Vida.

Alberto Acosta es economista ecuatoriano y Gustavo Duch es coordinador de la revista Soberanía Alimentaria

http://www.eldiario.es/tribunaabierta/asedio-China-Islas-Encantadas_6_686691355.html

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=231689

 

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Los rasgos del “Efecto China” y sus vínculos

con el extractivismo en América Latina

6 de febrero de 2014

 

Por Emiliano Teran Mantovani (Rebelión)

La dinámica geopolítica actual del moderno sistema-mundo capitalista, con sus permanentes convulsiones, desestructuraciones, altas manifestaciones de caos e incertidumbre, nos muestra que estamos frente a un cambio sistémico sumamente complejo y de grandes proporciones. La inviabilidad de un modelo histórico de carácter mundial, que se proyecta como una crisis civilizatoria, se conecta con una crisis hegemónica, en la cual la supremacía indiscutible estadounidense se va resquebrajando, al tiempo que se produce la emergencia de China como actor clave en la partida maestra de ajedrez del siglo XXI.

Es fundamental comprender que este proceso de reacomodo global y crisis hegemónica, dadas las condiciones actuales del desarrollo del capitalismo histórico, de las más sofisticadas y poderosas formas del imperialismo, y del rebasamiento de los límites del planeta, representa una especie de largo sismo geopolítico, de dimensiones incalculables.

Para América Latina es crucial atender al papel que juega China en esta dinámica. Las presiones externas de los capitales del gigante asiático, que operan en profunda articulación con su Estado, están teniendo significativos impactos en buena parte de las economías y sociedades nacionales de la región, lo cual es determinante no sólo en la viabilidad de los proyectos de transformación política que aún abanderan los llamados “gobiernos progresistas”, sino también en las posibilidades de estructurar mecanismos de defensa ante un recrudecimiento de la crisis económica global, y/o una nueva oleada de reestructuraciones neoliberales en la región.

La emergencia de China como actor geopolítico clave y la lógica del capital transnacional

Desde el año 2010, China sobrepasó a Japón como la segunda economía global, y a Alemania como el primer país exportador. Según el Centro Internacional para el Comercio y el Desarrollo Sustentable, en 2011, China superó a los Estados Unidos como el primer país con mayor producción industrial del mundo, es actualmente el principal productor agrícola global, y según el Centro para las Investigaciones Económicas y de Negocios, para el año 2020 la economía china representaría un 84% de la economía de los Estados Unidos [1] .

En la actualidad, la influencia de China en el sistema-mundo es enorme y tiene gran capacidad para ampliarla. Esta nación ha hegemonizado el este y el sureste de Asia; se calcula que hoy tiene el 40% de sus inversiones de la UE en Portugal, España, Italia, Grecia y Europa del Este –como forma de penetrar el mercado europeo por la vía de sus “periferias”–, según un estudio del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores [2] ; ha incrementado sus acercamientos con Medio Oriente —principalmente con Arabia Saudí—; es el principal socio comercial y la mayor fuente de inversiones en África, siendo además, junto a Reino Unido, Alemania e India, uno de los países con mayor participación en el proceso de acaparamiento de tierras que se está desarrollando en ese continente [3] ; es el principal acreedor de bonos de la deuda de los EEUU; y registra un muy importante avance y posicionamiento en América Latina, principalmente en Brasil.

Cabe resaltar que la posición preponderante de China en el comercio mundial —el valor de sus intercambios comerciales fue de 4.16 billones US$ en 2013— viene de la mano con una estrategia de posicionamiento mundial del yuan, en su disputa con el dólar. Como lo explican los analistas Oscar Ugarteche y Ariel Noyola, la mira del gigante asiático está puesta en sustituir al dólar de su comercio, siendo que en 2013 alrededor de 390.000 millones US$ en exportaciones pasaron a facturarse en yuanes [4] .

Conscientes de ser ya el primer importador mundial de petróleo, y las consecuencias geopolíticas del amarre del mercado de crudos al dólar, China además quiere comerciar petróleo en yuanes, y está impulsando la creación de un mercado de futuros en esta moneda a través de la Bolsa de Futuros de Shanghái (SHFE), lo que de resultar exitoso, aumentaría el uso del yuan en el mercado petrolero mundial con el respectivo desplazamiento del dólar en el mismo, y la consiguiente reducción de su demanda global, con importantes consecuencias para la economía-mundo[5] .

A su vez, según la Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication, en octubre de 2013 el yuan se colocó segundo dentro del ranking de divisas más utilizadas para el financiamiento comercial —dejando al euro tercero—, al tiempo que se han realizado la firma de swaps cambiarios bilaterales con más de veinte países, lo que va creando un gran mercado para el yuan que va incrementando su papel como moneda internacional[6] .

Ugarteche y Noyola advierten que, si bien el yuan ha ganado posiciones como moneda de comercio y ahora como moneda de inversión financiera, aún está lejos de incrementar su status como moneda de reserva —los bancos centrales mantienen apenas 0.01% de sus reservas en yuanes—. No obstante, las estrategias de China para establecer mercados en yuanes (no sólo en el ámbito petrolero, sino también en el del hierro o el oro), establecen las bases para alcanzar un objetivo como éste en un futuro no distante, siendo que para Patrick Zweifel de The Financial Times, en 10 años el yuan superaría al dólar como moneda de reserva [7] .

La política exterior económica del «Socialismo con particularidades chinas» —como lo ha denominado el propio Partido Comunista—, donde ha dominado el principio de mayor integración a la economía global, ha impulsado crecientes inversiones directas, muy aceleradas en la última década, al punto de colocarse hoy en el segundo lugar después de las inversiones extranjeras provenientes de los EEUU. El gobierno chino selecciona a las empresas que competirán en el mercado mundial —en su inmensa mayoría empresas de carácter público—, las apoya y se asegura que se orienten las inversiones a los intereses estratégicos chinos, desde una estrategia de largo plazo.

Las severas carencias de China respecto a algunos bienes comunes, en particular de agua y tierra fértil respecto a su población, y una serie de bienes primarios necesarios para la acelerada dinámica de producción industrial doméstica, determina su enorme apetito por los llamados “recursos naturales”. China es el principal consumidor del mundo de hierro por vía marítima, carbón térmico, acero acabado, plomo refinado, aluminio primario, zinc refinado, cobre refinado, níquel refinado, y segundo en petróleo [8] . De ahí la búsqueda del gigante asiático por reposicionarse en pro del control y la administración de fuentes energéticas y bienes comunes en todo el planeta.

La estrategia china persigue diversificar, en la medida de lo posible, el suministro de petróleo de su dependencia con el Medio Oriente; a su vez las compañías energéticas del país asiático tienen claros intereses en Sudán e Irán, lo cual ha creado tensiones con Estados Unidos en ambas áreas; ha tratado de invertir en los yacimientos del Mar Caspio y ha competido con Japón por el acceso al petróleo ruso; ha destinado préstamos para desarrollos petroleros a sus vecinos de Asia Central y los productores de América Latina, entre ellos Venezuela; ha firmado acuerdos no sólo para la explotación de petróleo convencional sino también de los no convencionales, como las arenas bituminosas de Canadá y la Faja del Orinoco venezolana; los acuerdos de extracción se han extendido a las áreas de gas, carbón, uranio y otros recursos naturales importantes también de Irak, Australia, Turkmenistán y Sudáfrica [9] ; y adicionalmente ha establecido acuerdos comerciales con países como Chile, Brasil, Indonesia, Malasia, Argentina y muchos otros más para importaciones agrícolas y madereras [10] . De ahí la reformulación de la política exterior estadounidense en la “Doctrina Obama”, otorgándole prioridad estratégica a la concentración de sus fuerzas en la región Asia-Pacífico.

Desde la crisis financiera mundial de 2008, China consigue una oportunidad única para la expansión del otorgamiento de préstamos externos, principalmente a países de los llamados “en vías de desarrollo” o “emergentes”. En la actualidad, por medio de bancos como el China Development Bank (CDB), Export-Import Bank de China (ExImBank) y el Banco de China, el gigante asiático ha prestado más dinero a estos países, que el propio Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo, aumentado así su influencia global. Un informe de la calificadora Fitch de fines de 2011 planteaba que el Eximbank había otorgado créditos por 67.200 millones US$ a los países de África subsahariana en los últimos 10 años —20% más que el BM—[11] , mientras que desde 2005 hasta 2012 China había concedido aproximadamente 86 mil millones US$ en compromisos de préstamos a países latino-americanos [12] . Este tipo de préstamos están íntimamente vinculados al acceso a la explotación de los recursos naturales y los proyectos de infraestructura de los países prestatarios.

El “Efecto China” en América Latina

China se ha convertido en un socio comercial clave para América Latina, y pudiera convertirse en el primero en este orden para la región en el futuro. El impulso chino ha sido determinante en el crecimiento sostenido de las exportaciones y del PIB de los países latinoamericanos. CEPAL (2012) afirma que el gigante asiático ya es el primer mercado de destino de las exportaciones de Brasil y Chile, y el segundo del Perú, Cuba y Costa Rica; también ocupa la tercera posición entre los principales países desde donde se originan las importaciones hacia Latinoamérica y el Caribe —13% del total—; y nuestra región se ha transformado en uno de los destinos más destacados de la inversiones extranjeras directas chinas [13] .

El informe de CEPAL “China y América Latina y el Caribe. Hacia una relación económica y comercial estratégica”, sostiene que la nación asiática podría desplazar a la Unión Europea como segundo socio comercial de la región a mediados de la próxima década. Según esta institución, incluso si la demanda de China de los productos de América Latina y el Caribe creciera solo a la mitad del ritmo registrado en la década 2001-2010, este país pasaría a ser el segundo mayor mercado para las exportaciones de la región para este año 2014 superando a la Unión Europea. Del mismo modo, en el caso de las importaciones se prevé que China supere a la Unión Europea en 2015, tendencia que podría moderarse si se dinamizara el comercio bilateral tras los acuerdos de asociación de la UE con Centroamérica, el Caribe, la Comunidad Andina y, eventualmente, el MERCOSUR [14] .

De 2000 a 2012, el intercambio comercial entre Latinoamérica y China pasó de 12 mil millones a 250 mil millones US$, según CEPAL, con lo que el mismo se multiplicó por 21, siendo que las exportaciones regionales en este período crecieron 25 veces, y las importaciones 18 [15] . En 4 años (2008-2012), las exportaciones de América Latina al país asiático prácticamente se duplicaron, pasando de 5% a 9,1% del total de la región —si se suma el petróleo se llega a 15,3%.

Los principales productos que obtiene China del intercambio comercial con América Latina son cobre, hierro, soja y petróleo crudo. Para Brasil, Chile y Perú, el país asiático representa una cuarta parte del total de sus exportaciones de productos de base primaria para el año de 2012. Resalta sobremanera la extraordinaria velocidad con la cual China escaló posiciones de importancia en el comercio de algunos países de la región. De 2000 a 2008, es notable como en Colombia pasa de puesto 35 al 4 como receptor de sus exportaciones, y del 15avo al 2do puesto como origen de importaciones. También destaca su reposicionamiento en Costa Rica (del 26 al 2 en exp., y 16 al 3ero imp.), Venezuela (del 37 al 3 en exp., y 13 al 3ero imp.), Panamá (del 22 al 4 en exp., y 17 al 4to en imp.), México (del 25 al 5 en exp., y 6 al 3ero imp.) y Brasil (del 12 al 1 en exp., y 11 al 2do imp.), quien tiene en China su principal socio comercial. De igual forma, para este período las mercancías chinas lograron posicionarse en los primeros lugares de países como Perú, El Salvador, Nicaragua, Ecuador y Guatemala [16] .

La gran mayoría de las inversiones realizadas por China entre 2000 y 2011 provinieron de empresas públicas y se orientaron en casi un 90% a las actividades del sector primario [17] . Las inversiones chinas del tipo greenfield (proyectos o iniciativas totalmente nuevos), que son expresiones de las orientaciones de los intereses estratégicos del gigante asiático —25% de los flujos de este tipo de sus inversiones en el mundo van hacia ALC—, muestran que la agricultura se ha convertido, sino en el objetivo más importante, en uno de los principales —un proyecto sojero de 2.500 millones US$ en Bahía, Brasil, y un par de convenios para el cultivo de granos de más de 1.000 millones US$ cada uno en Argentina, son muestra de ello—, aunque, como afirman Ray y Gallagher, aún es pronto para saber si se trata de una tendencia estratégica de largo plazo por parte del gobierno chino [18] .

5 sectores principales de las inversiones greenfield chinas en América Latina para el período 2008-2012 comprenden el 90% de las mismas, y se concentran básicamente en países estratégicos dependiendo del rubro. A parte de los alimentos y el tabaco, aparecen los equipos para el sector automotor (19,9%) (Brasil, México y Argentina), metales (25,3%) (Perú, Guyana y Brasil), carbón petróleo y gas natural (Venezuela, Costa Rica y Cuba), y comunicaciones (Brasil y Colombia).

El otro tipo de inversiones chinas en América Latina, las fusiones y adquisiciones, se dan en su gran mayoría en relación a la industria petrolera —69,6% del total de este tipo de inversiones en ALC para el período 2008-2012—. En todo caso, las inversiones directas chinas aún representan un porcentaje relativamente bajo respecto al total de las inversiones extranjeras directas (IED) en la región: de los 174.500 millones US$ que ALC recibió en flujos de IED en 2012, China aportó solo 9.200 millones, el 5,3% del total [19] .

Por otro lado, China se ha convertido en una fuente importante de financiamiento para Latinoamérica, en especial para países como Venezuela (1er lugar con 44,5 MM US$ hasta 2012), Brasil (2do con 12,1 MM US$), Argentina (3ero con 11,8 US$) y Ecuador (4to con 9,3 MM US$) [20] . Para el caso de Venezuela y Ecuador, que tienen mayores dificultades para acceder a los créditos internacionales de capital, los préstamos chinos han sido una opción atractiva —estos dos países representan el 67% del total de los préstamos chinos en la región—. La gran mayoría de estos créditos se orientan al desarrollo de proyectos de extracción y producción, en forma de infraestructuras (puertos, etc.) o inversiones directas en materias primas.

De 2008 a 2012, casi la mitad de los préstamos realizados (38.600 US$) se ha ido a infraestructura, principalmente a Venezuela y Argentina. Poco más de la cuarta parte del total de los créditos se ha dirigido a energía y minería, las cuales reciben la mayor atención, donde resaltan las inversiones petroleras en Brasil (pre-sal) y Ecuador [21] . Como ya hemos mencionado, los créditos chinos para ALC fueron mucho mayores que aquellos de la banca occidental —destacan los 37.000 millones US$ de 2010—, con una enorme mayoría de los mismos con montos de mil millones US$ o superiores, en comparación al BM, que solo otorgó un 22% de sus préstamos por estos montos, o el 9% de los del BID [22] .

Los préstamos chinos representan vínculos y encadenamientos comerciales con la región que se canalizan con la mira puesta en los objetivos estratégicos del país asiático. Es importante mencionar que d entro de los paquetes crediticios chinos existen un tipo de ellos que son los “préstamos por petróleo”, que aplican aun si los fondos mismos no se hayan dirigido específicamente para el desarrollo de este sector energético. Este tipo de préstamos para ALC representa más de dos tercios de los compromisos de la región con China para el período 2008-2012, alcanzando los 59 mil millones US$.

Desde 2008, Venezuela ha negociado seis de estos préstamos (un total de 44.000 millones US$), Brasil firmó uno por 10.000 millones US$ (2009), Ecuador firmó dos compromisos por petróleo de 1000 millones US$ cada uno (2009 y 2010) y dos más por 3.000 millones en 2011 [23] . A su vez, también es importante resaltar que existen líneas de crédito chinas vinculadas con la importación de bienes de este país, en las cuales se conviene que una parte del préstamo se gaste en el consumo de mercancías asiáticas por parte del país deudor.

A pesar de que China continúa otorgando créditos soberanos, los montos de los mismos han disminuido en 2011 y 2012 respecto a 2010: 6.800 millones US$ en 2012, casi la mitad de 2011, y 80% menos que en 2010. No obstante, Ray y Gallagher plantean que los préstamos del CDB y del ExImBank a los gobiernos latinoamericanos tienden a ser líneas de crédito en las que es probable que dichos gobiernos requieran tiempo para disponer de ellas, por lo que esto no necesariamente representa una desaceleración de la nueva deuda [24] .

Esta dinámica descrita, desde al menos principios de este siglo, tiene extraordinarias implicaciones geopolíticas y políticas para los países latinoamericanos, principalmente los más tocados por la fuerza del avance chino en el sistema-mundo capitalista. Repercute enormemente en sus modelos dependientes, en sus esquemas domésticos de poder, en sus sistemas sociales, y en sus vinculaciones territoriales y de relacionamiento con la naturaleza.

La política oficial del gigante asiático para América Latina (2008) enuncia que “ China tratará a los países latinoamericanos y caribeños en pie de igualdad y respeto mutuo (…) De acuerdo con el principio de beneficio recíproco  [25] . Sin embargo, la disputa geopolítica, los intereses estratégicos chinos, y en primera instancia, la lógica del capital, orientan esta relación hacia la profundización de nuestra función específica en la División Internacional del Trabajo y de nuestra condición de dependencia sistémica, en un contexto de crisis global que incrementa las vulnerabilidades de nuestra región.

La orientación extractivista de esta relación sino-latinoamericana se hace evidente al comparar el porcentaje de exportaciones de bienes primarios respecto a las exportaciones totales de América Latina en el mundo entre 2008 y 2012, que fue de 56%, y las exportaciones de la región sólo al país asiático, que en bienes primarios representaron la significativa cifra de 86,4%. Si advertimos que el 63,4% de lo que importa China son bienes manufacturados [26] , se hace más notorio el papel de provisor de commodities que los asiáticos necesitan que cumplamos, lo que va en dirección opuesta a las reivindicaciones históricas de que Latinoamérica salga de la dependencia de únicamente vender naturaleza al mercado mundial capitalista.

Varios países de la región han visto como prácticamente se duplica su dependencia en la exportación de bienes primarios a China, tales como Brasil (hierro y soja), Argentina (soja), Perú y Chile (cobre y metales no ferrosos para ambos países) [27] . Lo que es fundamental resaltar, es que mientras China crece en importancia como mercado de exportación y genera presiones a la profundización del extractivismo en la región, cae el peso de la exportación de bienes manufacturados respecto al total de ALC, pasando de representar el 53% del total de exportaciones en 2002, al 39,7% en 2012, típico efecto de los ciclos de crecimiento y boom de los ingresos rentísticos por commodities. Además, desde 2008, el 70% de las exportaciones latinoamericanas a China provienen sólo de 6 sectores de 2 o 3 países cada uno, lo que refleja notables niveles de concentración extractiva de productos en su mayoría no refinados, que expone a la región a las fluctuaciones en los precios de los productos básicos [28] , en buena medida influidos por la especulación financiera.

El posicionamiento de las mercancías chinas por la vía de la importación en numerosos países de la región está estrechamente vinculado con las consecuencias “desindustrializadoras” propias del llamado «Efecto China». Nueve de las principales diez importaciones provenientes de China hacia ALC son manufacturadas con un fuerte énfasis en electrónica y vehículos. El tipo de producto manufacturado que se importa primordialmente (en orden de importancia relativa) son equipos y repuestos de telecomunicaciones (9.3% 2008-2012), máquinas y equipos de procesamiento automático de datos (3.8%), barcos, botes y estructuras flotantes (4.0%), instrumentos y aparatos ópticos (3.3%), productos derivados del petróleo (2.7%), calzado (2.5%), maquinaria y aparatos eléctricos (2.3%), motocicletas, ciclomotores, bicicletas y carros (2.0%), repuestos para máquinas de oficina (2.1%), carritos de bebé, juguetes, juegos y productos deportivos (2%) [29] . ¿Son estas importaciones las más convenientes para favorecer a un proceso de transición hacia modelos menos dependientes del capital globalizado?

Las muy significativas diferencias en precio y productividad de la industria china en comparación con la mayor parte de la producción industrial de la región genera grandes presiones que reafirman los procesos de reprimarización económica e impulso extractivista, profundizando los rasgos de la relación funcional centro-periferia. Mientras los exportadores latinoamericanos dependen de unos pocos productos básicos, vulnerables a las fluctuaciones de precios, las exportaciones chinas manufacturadas hacia la región, que son más diversas y menos concentradas, han crecido en cantidad y valor al punto que desde 2011 existe un déficit en la balanza comercial de ALC. Estos efectos mencionados en general, tienen muy importantes implicaciones en el curso de las transformaciones políticas que vive Latinoamérica.

Venezuela, el “Efecto China” y la acumulación por desposesión

China es hoy el segundo socio económico de Venezuela (según estudio del INE) y un aliado geopolítico estratégico. El gigante asiático es uno de los principales inversores en los proyectos de explotación petrolera de la Faja del Orinoco, acompañando al gobierno nacional en su objetivo de aumentar la cuota extractiva en el futuro próximo. China importa casi el 12% del petróleo que consume de América Latina, siendo que cerca de la mitad de éste (46%) proviene de Venezuela.

Según expresara en su momento el presidente Chávez, entre 2001 y 2011 se suscribieron más de 350 acuerdos e instrumentos entre ambas naciones [30] principalmente en áreas de infraestructura —como un proyecto de ferrocarril y la Gran Misión Vivienda Venezuela—, energía, agricultura, minería, petroquímica y transporte, entre otros. Estos proyectos están siendo financiados a partir de la creación del Fondo Chino, establecido una vez que Venezuela iniciara el suministro petrolero a los asiáticos en 2007, y los dos gobiernos firmaran acuerdos denominados de Cooperación Financiera de Largo Plazo para “acelerar el desarrollo social y económico de Venezuela [31] .

Destaca que Venezuela representa casi dos terceras partes del total del financiamiento de infraestructura que China dio en toda Latinoamérica (unos 28.000 millones US$) [32] . A su vez, será el país asiático quien financie nuestro camino a la ampliación de los proyectos de minería —insólito para el país con la mayor reserva de petróleo del mundo—, al firmar Venezuela un convenio a fines de 2009 por mil millones US$ (casi la cuarta parte de lo financiado para minería por China en ALC) con el CDB. La empresa transnacional china Citic elabora en la actualidad, junto con el Instituto Nacional de Geología y Minería (Ingeomin), el llamado mapa minero de Venezuela –«la exploración geológica de las reservas minerales en el país»–, misma empresa que, luego de la nacionalización del oro en 2011 por parte del Gobierno Nacional, firmó a fines de febrero de 2012 un acuerdo con éste, en la figura de empresa mixta, para la explotación de oro en una de las minas más grandes del mundo, Las Cristinas —unas 17 millones de onzas de reservas estimadas [33] .

Además de créditos en forma de financiamientos conjuntos para inversiones discrecionales, un préstamo para el proyecto de refinería Abreu e Lima (2011), y otro para compras de productos relacionados con el petróleo (2012), en 2010 se estableció específicamente una línea de crédito relacionada con el comercio. El plan de créditos de 20.000 millones US$ del Fondo Pesado (2010) también se orienta a proyectos e importación de bienes chinos. Esto se conecta, por ejemplo, con la ampliación en el mercado venezolano de teléfonos celulares marca Haier, y las facilidades de bajos precios y créditos a largo plazo y sin intereses de aires acondicionados, televisores, lavadoras, entre otros, en el marco de la Misión Mi Casa Bien Equipada [34]  y la llamada “Cédula del Buen Vivir”. La recreación de una sociedad de abundancia sostenida en la renta petrolera y articulada a tratados comerciales externos, tiene su génesis en la firma por parte de Pérez Jiménez en 1952 de la versión revisada Tratado Comercial entre EEUU y Venezuela de 1939 para mantener condiciones muy favorables para la importación de bienes manufacturados de ese país, en “defensa del acceso del público a bienes de alta calidad a precios razonables”. La fórmula parece similar en la actualidad, pero sustituyendo en los tratados a los EEUU por China.

Es importante subrayar que los créditos chinos son pagaderos con petróleo, lo que implica que una serie de gastos y compromisos futuros, y la expectativa de realizar otros nuevos en nombre del mentado “desarrollo”, se respaldan en la naturaleza “rentable” que comprende el territorio nacional, y un porcentaje de la producción nacional se destina para pagar dichos préstamos, lo que en un contexto de severas dificultades y desequilibrios económicos en el país, amenazan con la viabilidad económica de la Revolución Bolivariana. Basta pensar en un hipotético escenario de caída de los precios internacionales del crudo —como ya ocurrió en 2009— para hacer más claro la notable vulnerabilidad de esta situación.

A estas alturas, aún si sumáramos los préstamos chinos, los del BID y del BM en América Latina desde 2005, tendríamos a Venezuela en primer lugar de la región en créditos adquiridos, destacando que sólo ella ha recibido casi la mitad de los mismos emitidos por China en toda ALC. El presidente del BANDES, Gustavo Hernández, reconoció en enero de 2014 que el financiamiento de China “supera en todos los tramos más de los 40 mil millones de dólares [35] , de los cuales, según afirmara en agosto de 2013 el Ministro para la Energía y Petróleo, se habrían cancelado 20.000 millones US$ [36] . La extensión de 5 mil millones US$ del Fondo Chino para “viviendas e industrias” depositada en diciembre de 2013, así como nuevas solicitudes crediticias, supondrían un aumento de la cuota de envío de petróleo al país asiático como pago de la deuda, que en la actualidad se encuentra en alrededor de 250.000 barriles diarios, lo cual achicaría y comprometería aún más los montos disponibles para gastos corrientes.

Es fundamental reflexionar sobre las implicaciones que el tipo de encadenamiento bilateral que mantenemos con China pueden tener tanto en las pretensiones de transformar el modelo rentista y llevarlo a formas productivas alternativas —en el caso de las corrientes más voluntariosas de la Revolución Bolivariana, ir hacia el “Estado Comunal”—, como en las propias posibilidades de viabilidad futura de un proyecto social de inclusión popular nacional, en un mundo donde las fuerzas del capital globalizado presionan enormemente para avanzar hacia procesos masivos de acumulación por desposesión.

La forma como se estructuren las relaciones económicas internacionales determinan la política doméstica —y más para un país periférico como Venezuela— y delimitan las posibilidades de avanzar, o no, hacia modelos post-extractivistas en el país y la región —piénsese, por ejemplo, en las terribles consecuencias que acarrearía para los pueblos de los países del MERCOSUR, la concreción de un inminente TLC con la Unión Europea [37] . China, por la potencia de su economía y las características de su nación, por su política económica exterior, y por los efectos que ha generado su crecimiento en el mundo, representa hoy la fuerza más dinámica en el reforzamiento de los patrones coloniales/imperiales. China está en disputa por la hegemonía del sistema capitalista, y su expansión está determinada por la lógica depredadora del capital, a pesar del acuñado “socialismo con características chinas”.

Los crecientes compromisos rentísticos internacionales que adquiere Venezuela en nombre del “desarrollo”, lo inserta en un círculo vicioso que lo obliga a la necesidad de captar cada vez más renta. De esta forma la misión desarrollista del petro-Estado venezolano hace evidente que cada vez más factores exógenos determinan la realidad nacional. La conexión de los convenios de endeudamiento progresivo con China, con el Plan Siembra Petrolera y el Plan de la Patria —duplicar la extracción petrolera para financiar la «modernización» y poder pagar con petróleo su costo—, al contrario de lo alegado en la retórica política sobre la “independencia” (el Obj. I del Plan de la Patria), encierra a Venezuela aún más en su limitada función extractivista, al tiempo que profundiza el modelo de sociedad que en teoría queremos cambiar, y nuestro nexo de tipo enclave que tenemos con los grandes capitales transnacionales, debido a que los acuerdos y proyectos firmados van estructurando los compromisos y haciendo más rígido el esquema de organización productiva, sometido a una serie de contratos de corto, mediano y largo plazo.

Los desajustes y desequilibrios que vivimos en nuestra economía doméstica, impulsados en muy buena medida por los efectos de las descompensaciones internas que produce la llamada “Enfermedad Holandesa”, producto del boom de los commodities que desde 2004 ha estimulado primordialmente China, se inscriben en una larga crisis de agotamiento estructural del modelo del capitalismo rentístico nacional que se da desde hace unos 30-40 años [38] . Aquí se mezclan las consecuencias del llamado “Efecto Venezuela” con el denominado “Efecto China”, lo cual siembra dudas sobre la posibilidad de mantener el curso actual de captación de la renta petrolera en el país, y la consiguiente probabilidad de intensificación del endeudamiento externo y vulneración a procesos masivos de acumulación por desposesión.

Una más intensa integración a la globalización capitalista nos hace más dependientes y vulnerables ante un sistema-mundo en crisis, lo cual resulta muy peligroso. Debemos atender a lo que hemos denominado, a partir de David Harvey, el neoliberalismo mutante. La acumulación por desposesión opera también mediante finos mecanismos desterritorializados, moleculares e híbridos, pudiendo coexistir con formas de control estatal. Paradójicamente, en la medida en la que un Estado periférico administra los procesos expansivos domésticos de articulación con el capital transnacionalizado, abre el camino para un progresivo ataque y desmantelamiento de los propios dispositivos de protección estatal.

El neoliberalismo post-consenso de Washington no opera primordialmente bajo la lógica del «shock», por lo que es fundamental tratar de detectar esos mecanismos moleculares de acción antes que sea muy tarde. En este sentido es menester preguntarse, ¿qué supone la flexibilización de algunos parámetros de los proyectos de la Faja del Orinoco en favor de las transnacionales, y qué factores geopolíticos los propician? ¿Qué suponen algunas medidas económicas tomadas con carácter de apertura, y qué factores sistémicos los promueven? ¿Qué procesos de la acumulación de capital doméstica está administrando el Estado y cómo lo está haciendo?

Por último, es esencial hacer notar que, si Venezuela y en general, América Latina, han basado su crecimiento en los ingresos por exportación a partir de la demanda de materias primas de China, es obvio que esto no será para siempre. Si el crecimiento chino, que muestra tendencias de frenado desde hace más de dos años —en 2012 tuvo la tasa de crecimiento más baja desde 1999 [39] —, llegara a ralentizarse o a disminuir en el mediano plazo, o bien si el gigante asiático dirigiese su mirada hacia adentro, en busca de un rebalanceo de su economía, esto tendría importantes impactos en América Latina y, en general, en la economía mundial. El asesor económico Daniel Munevar afirma que: “En este contexto, para los futuros y derivados sobre las materias primas la desaceleración del crecimiento de China sería el equivalente de lo ocurrido en el verano de 2007 con los primeros problemas de las hipotecas subprime  [40] .

Existen alternativas a estos tipos de encadenamientos sistémicos, que requieren otro espacio para exponerlas con mayor detalle. Sólo mencionamos tres elementos: desconexión selectiva, comercio de los pueblos intrarregional estilo ALBA en pro primordialmente de una soberanía alimentaria, y transiciones desde la soberanía y administración territorial visto desde las comunas.

* Emiliano Teran Mantovani es sociólogo de la Universidad Central de Venezuela, investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG) y hace Fuentes consultadas (…)

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=180450

En consecuencia, abajo y a la izquierda sin fronteras, debemos extender la convicción  en que los planteos y esfuerzos verdaderos por solucionar los problemas fundamentales provienen de los movimientos sociales en lucha por resolverlos.

 

Después de las Guerras del Agua en Bolivia:

La lucha por una alternativa “público-social”

29 de abril de 2008

 

 

 

En el mes de febrero, algo inusual sucedió en la ciudad de La Paz. Las lluvias torrenciales que cayeron en la región averiaron una de las tuberías que provee servicios de agua a la zona más rica de la ciudad, dejando a los residentes de la zona sur sin el servicio por varios días. Si bien es común que la gente de escasos recursos no cuente con agua en sus casas, la gente de las clases alta y media está acostumbrada a tener agua cada vez que abre la canilla. Buscando responsables, los residentes de la zona sur echaron la culpa a la incapacidad con la que se maneja la empresa pública resucitando un debate sobre la privatización del agua que fue temporalmente dejado de lado después de las "guerras del agua" en los años 2000 y 2005.

 

Bolivia jugó un papel muy importante en la historia de la privatización de agua en tiempos neoliberales. Las imágenes de la gente en las calles de Cochabamba en el mes de abril de 2000 fueron difundidas ampliamente por la prensa internacional. La derrota de la compañía americana Bechtel es citada como la primera victoria contra una compañía transnacional en América Latina. El movimiento social que surgió en el valle cochabambino le exigió al Estado la anulación de todos los contratos privados en los que los recursos naturales estuvieran en juego, hasta imponerse en El Alto, e influir en las demandas de los manifestantes durante la Guerra del Gas en octubre de 2003. Un año y medio después, la Federación de Juntas Vecinales de El Alto (FEJUVE-El Alto) organizó un paro cívico que obligó al entonces presidente Carlos Mesa a cancelar el segundo contrato privado con una empresa multinacional en Bolivia en el periodo neoliberal. Estas dos luchas han puesto a Bolivia en el centro de las miradas para aprender de sus experiencias alternativas a la privatización.

 

Sin embargo, ocho años después de la primera Guerra del Agua, el rendimiento de las dos empresas de agua que han vuelto a manos públicas, provoca serias interrogantes sobre la viabilidad de la alternativa "público-estatal" en los estados débiles de los países del sur, como es el caso del estado boliviano.

 

Más allá del debate sobre "lo público" versus "lo privado"

En los años 90, dos posiciones encontradas surgieron en la literatura sobre la privatización de servicios básicos tales como el agua potable: los activistas e investigadores que estaban a favor de la privatización y los opositores que favorecían formas estatales de propiedad y control. El problema de este debate es que presenta "lo público" (en otras palabras lo "estatal") y "lo privado" como conceptos opuestos. En Bolivia, hay una tercera posición que supera los malentendidos que crea este debate. De acuerdo a esta perspectiva, las condiciones que impiden que la gente de escasos recursos acceda al agua—pobreza e incapacidad política—persistirán sin importar que la empresa sea pública o privada. Es decir, no es suficiente con re-nacionalizar las empresas que proveen los servicios básicos.

 

Considerando el pobre rendimiento de las empresas públicas, los activistas que luchan por la justicia del agua enfatizan en la necesidad de colectivizar la propiedad y de crear una democracia popular. Sin estos cambios, el servicio no mejorará. Como plantea Oscar Olivera, portavoz de la Coordinadora del Agua, "Frente a la privatización, su auténtico opuesto es pues la re-apropiación social de esas riquezas por parte de la clase trabajadora organizada en estructuras de gestión y control comunales, asambleístas, barriales, sindicales, y de base." [1]

 

Hasta el momento, sin embargo, el movimiento social boliviano por la justicia del agua no ha logrado efectivizar la demanda de una democratización basada en conceptos de "manejo comunal." Muy por el contrario, la lucha por instaurar el "control social" en las empresas públicas en La Paz-El Alto y Cochabamba provoco una fuerte resistencia de las instancias de poder expresadas en los gobiernos municipales, el gobierno central y las instituciones financieras internacionales.

 

La nueva empresa de agua en La Paz-El Alto

Aunque el gobierno prometió a la población alteña anular el contrato en las ciudades de La Paz y El Alto en enero de 2005, dos años pasaron antes de que esta promesa se hiciera efectiva. El problema principal fue el temor del gobierno a ser objeto de una demanda multimillonaria muy similar al juicio que la Bechtel lanzó contra el gobierno boliviano en el CIADI el 2002 [2], por parte de la Suez, la compañía francesa socia mayoritaria del consorcio privado Aguas del Illimani. Después de dos años de negociaciones a puerta cerrada, el gobierno finalmente canceló el contrato ofreciendo a la Suez una compensación monetaria por las molestias causadas y conformó una nueva compañía de agua, EPSAS, para asumir sus funciones.

 

En un acuerdo firmado en enero de 2007, el gobierno boliviano pagó a la Suez y sus socios 5,5 millones de dólares estadounidenses para compensarlos por la perdida de sus ganancias. El gobierno asumió también alrededor de 9,5 millones de dólares en deudas contraídas por Aguas del Illimani con instituciones financieras multilaterales, tales como la Corporación Internacional Financiera (el brazo privado del Banco Mundial), el Banco Interamericano de Desarrollo y la Corporación Andina de Fomento. Actualmente, la mitad de los ingresos de la EPSAS va a pagar las deudas, lo que ha afectado gravemente la liquidez financiera de la empresa. [3] Entonces, no es una sorpresa que a la EPSAS le falten recursos económicos para ejecutar obras de emergencia como la ruptura de la tubería de Achumani. En resumen, la Suez no tuvo que recurrir a un tribunal internacional porque recibió una compensación por los "daños causados." Las utilidades de la empresa eran de 1,5 millones de dólares anuales a los que se suma otro millón extra anual que recibía por costos de administración. [4]La idea original fue que EPSAS fuera una compañía transitoria pero la fecha límite para remplazarla con la nueva empresa venció hace varios meses atrás. El gobierno convocó a una comisión interinstitucional para conformar una nueva empresa que cuente con participación de la dos FEJUVEs (La Paz y El Alto), los alcaldes y representantes del Ministerio de Agua. El rol de esta comisión es evaluar las propuestas sobre el nuevo modelo de gestión. Durante las movilizaciones que se dieron entre el 2003 y 2005, la FEJUVE-El Alto fue unas de las organización más militantes en el país. Sin embargo, en la actualidad es una organización cercana al gobierno de Morales y no se opone a la agenda de éste.

 

Después de la "Segunda Guerra del Agua" en El Alto en enero de 2005, la FEJUVE-El Alto circuló una propuesta para la nueva empresa. La propuesta contemplaba un alto nivel de participación popular, incluyendo la conformación de una asamblea popular compuesta por delegados elegidos de todos los distritos de la ciudad. La asamblea sería la encargada de formular la política de la empresa en su rol de máxima autoridad. [5] Frente a la fuerte presión política de los dos alcaldes y las agencias donantes— los mismos que están a favor de una empresa mixta—la propuesta se convirtió en una versión "light" con poca participación popular. [6] Según Felipe Quispe, el representante de la FEJUVE-El Alto en la comisión interinstitucional, la organización alteña está demandando solamente que las FEJUVEs de ambas ciudades tengan un representante en el directorio de la nueva empresa. [7]

 

La presión de los políticos y las agencias financieras explica en parte porqué la FEJUVE-El Alto decidió modificar la propuesta. Su desmovilización también es una consecuencia de los conflictos internos que se han suscitado desde la elección del MAS en diciembre de 2005. Como nota Raquel Gutiérrez, una estudiosa de los movimientos sociales en Bolivia en una reciente entrevista, los movimientos sociales en los países latinoamericanos que eligieron partidos de centro-izquierda están en "un periodo gris." Gutiérrez menciona dos razones claves de la incertidumbre dentro el ámbito de los movimientos sociales: "Primero, la implementación de medidas gubernamentales por parte de quienes están en función de poder, es percibida por prácticamente todos como insuficiente; y segundo, porque toda la experiencia de la ola de luchas del momento, del desborde de lo institucional y del surgimiento de esto que empezó a ser una nueva forma de hacer política, de participación directa, de asambleismo, de horizontalidad de generación de consenso a partir de deliberaciones largas en múltiples niveles, de tomar en las manos de alguna manera el destino inmediato de las cosas, todo eso vuelve a quedar ceñido a cánones de procedimiento y de administración absolutamente verticales heredados además de la historia estatal larga en cada caso particular." [8]

 

La política de captación relacionada con las estructuras políticas jerárquicas también afectó a la FEJUVE-El Alto. El gobierno del MAS puso a Abel Mamani al frente del Ministerio de Agua creado en enero de 2006. Mamani fue inmediatamente criticado por otros miembros de la FEJUVE que dicen que utilizó a la organización barrial para beneficio político propio. Otros dicen que él dio la espalda a sus bases y que no cumplió con su mandato como dirigente social. Carlos Rojas, ex-dirigente de la FEJUVE (2004-2006), comentó que el estatus legal de la EPSAS es ambiguo: "Aguas del Illimani en realidad nunca salió. La nueva empresa de agua tiene la misma estructura administrativa que la compañía privada: las mismas personas siguen trabajando; tiene el mismo NIT; y tiene la misma cuenta bancaria que la compañía anterior." [9] En efecto, la EPSAS es en realidad una sociedad anónima entonces no es verdaderamente una empresa "pública": tiene dos socios privados y esta sujeta a los marcos legales que rigen las entidades comerciales. Otro de los factores que preocupa también desde el funcionamiento de la EPSAS, es que el precio de una conexión de agua potable aumentó de 155 a 175 dólares.

 

Cuando pregunté a Carlos Rojas porqué la FEJUVE-El Alto no se movilizó contra la subida de la tarifa, me explicó que el gobierno neutralizó la reacción de los nuevos dirigentes ofreciéndoles puestos políticos y recursos financieros. Por ejemplo, corre el rumor de que la FEJUVE compró un nuevo auto con el dinero que la organización recibió del gobierno.

 

La gestión de Abel Mamani fue muy controversial. En noviembre de 2007 la prensa publicó historias de varios escándalos en los que el Ministro estaba implicado y rápidamente fue removido del cargo. Los dirigentes de la FEJUVE-El Alto demandaron que el nuevo ministro sea un alteño. En vez de eso, el gobierno nombró a Walter Valda como ministro interino, una persona con experiencia de trabajo en temas de agua con campesinos en el departamento de Chuquisaca, pero que tiene poco conocimiento sobre asuntos urbanos. La comisión interinstitucional no se reunió desde noviembre del año pasado. Todavía la propuesta concreta por conformar la nueva empresa no se concretiza, ni se sabe cuando sustituirá la EPSAS o si va a continuar así para siempre.

 

La Guerra del Agua de Cochabamba: "Ganamos la batalla pero no la guerra"

Después de la Guerra del Agua, el "control social" fue promovido como una medida para resolver los problemas que afectan las empresas públicas tales como la corrupción. Antes de 2000, el directorio de la empresa estaba compuesto sólo por profesionales y políticos. A partir de abril de 2002 hay tres directores ciudadanos elegidos directamente por la población que representan a los diferentes distritos en los que esta dividida la ciudad. Sin embargo, los problemas que afectan a las empresas públicas no se resuelven con un bajo nivel de "control social."

 

Desde hacer seis años, SEMAPA, la empresa pública de Cochabamba, está en permanente crisis. Desde la conformación de SEMAPA con control social el 2002, dos gerentes fueron despedidos por actos de corrupción. El mas reciente, Eduardo Rojas (2006-2007), fue todavía peor que Gonzalo Ugalde (2002-2005). Mientras que ambos consideraban a la empresa como botín político, contratando sus aliados y parientes, Rojas contrató a más personal administrativo (consultores y secretarias) que recibían altos salarios pero no proveían servicios al público. Por lo menos Ugalde contrató obreros para ejecutar obras. Debido a estos problemas, el BID decidió suspender el crédito por 18 millones de dólares, cuya primera parte fue empleada en la "modernización" de la empresa. En la actualidad, la empresa una vez se enfrenta a la dura tarea de obtener fondos que puedan emplearse en la manutención y expansión el sistema de agua potable y alcantarillado.

 

No obstante estos problemas, hay dos señales importantes que nos hacen pensar que la situación podría mejorar en el futuro. Primero, hay una renovación importante en el sindicato. Por más de veinte años, el sindicato de los trabajadores de la empresa fue controlado por una "mafia sindical." Los trabajadores sospechaban que los dirigentes estaban manejando un sistema de conexiones clandestinas que costaba a la empresa 100.000 $US al mes en ingresos perdidos. Desde el año 2000, un grupo de trabajadores esta intentando democratizar el sindicato. Gracias a sus esfuerzos, en octubre de 2005, la empresa despidió uno de los dirigentes sindicales porque organizó una huelga ilegal para apoyar a uno de los gerentes corruptos. Por primera vez en más de 25 años, las elecciones para remplazar la dirigencia sindical fueron mediante voto secreto. Además, hubo una elección entre dos planchas de candidatos. Nueve de cada diez trabajadores sindicalizados votaron y de ellos el 70% votó por una nueva dirigencia cuyo compromiso estaba expreso en la democratización del sindicato. [10]

 

Segundo, la Asociación de Sistemas Comunitarios de Agua del Sur (ASICA-Sur) tuvo éxito en los últimos años. ASICA-Sur se retiró temporalmente de la lucha interna en SEMAPA porque la organización quiere dedicarse a la tarea de construir sistemas de agua potable en los barrios pobres que no cuentan con servicios básicos. Hace poco, ASICA-Sur obtuvo financiamiento de la Unión Europa para construir redes secundarias en los distritos 7 y 14 de Cochabamba. Según el presidente de esta asociación, Abraham Grandydier, estos sistemas serán administrados por las comunidades que adquirirán agua en bloque de SEMAPA. [11] En el corto plazo, es posible que las iniciativas de ASICA-Sur pongan en riesgo la racionalidad del sistema urbano porque va a fraccionarlo aún más. El sistema formal ya funciona mas como un archipiélago que como una red.

 

Considerando todos los problemas confrontados por SEMAPA en los últimos años, la percepción local es que SEMAPA no es otra cosa que un modelo que contiene todas las fallas y limitaciones de una empresa pública. Como menciona Norma Barrera, una empleada que está trabajando con el grupo de reformistas dentro de la empresa, "La estructura de la empresa tiene que ser renovada completamente desde arriba hasta abajo. Poner buenas personas en la gestión no resolverá el problema porque la estructura está podrida desde el centro." [12] Entre los activistas en Cochabamba, hay varias opiniones sobre los culpables. Para algunos la responsabilidad recae en el alcalde quien es el que controla el presupuesto. Para otros, el problema está en la corrupción y la falta de capacidad por parte de los directores ciudadanos. Los cochabambinos continúan sus esfuerzos para elaborar un nuevo modelo de gestión y los debates sobre el futuro de la empresa continúan.

 

Concluyendo

A pesar de los resultados poco alentadores que tuvieron las Guerras del Agua a nivel local, el impacto de dichas guerras al nivel internacional fue impresionante. A principios de 2002, los grandes transnacionales anunciaron su retiro de los mercados "riesgosos" del Sur y dijeron que van a concentrar sus inversiones en los mercados más lucrativos. En efecto, la mayoría de las concesiones privadas auspiciadas por el Banco Mundial en el sector agua en el año 2006 fueron a China. [13] Como resultado de este cambio en el mercado internacional, los activistas que están luchando por la justicia del agua en América Latina pueden permitirse actuar menos a la defensiva y hablar honestamente de las fallas del sector público y privado.

 

No hay duda sobre la urgente necesidad de reformar el Estado local y las empresas públicas para garantizar servicios universales. Las empresas públicas en otros países nos muestran que hay varios factores que explican la derrota de éstas en Bolivia. Es cierto que las empresas públicas responden más a las necesidades de los pobres cuando la administración de la empresa está sujeta a las demandas de grupos de usuarios bien organizados y combativos. Pero, como el ejemplo de Cochabamba claramente lo muestra, no es suficiente. La presencia de sindicatos democráticos con un fuerte compromiso social es otro factor clave. Al final son los trabajadores quienes ejecutan las decisiones. El factor más importante, sin embargo, es el financiamiento público. Por ejemplo, bajo la administración del alcalde progresista Paco Moncayo, el gobierno municipal de Quito, Ecuador, mejoró la cobertura de agua potable de 65% a 98% en siete años gracias a un importante financiamiento del gobierno y fuentes internacionales. La empresa, EMAAP-Q, es 100% pública y es considerada como una de las mejores empresas públicas de América Latina.Hasta ahora la mayoría de los esfuerzos de los movimientos sociales involucrados con la problemática del agua estuvieron enfocados en la lucha contra la privatización de los servicios básicos. Por esta razón, los factores que determinan un buen servicio público son poco conocidos. Ahora que las multinacionales están en retirada, el espacio político para la discusión de alternativas reales es mucho más amplio.

Susan Spronk está investigando el papel de los sindicatos en las empresas públicas de agua en Bolivia, Ecuador y Perú. Su correo electrónico es ss956@cornell.edu o susanspronk@yahoo.ca.

Referencias:(...)

Fuente: http://upsidedownworld.org/noticias-en-espa/noticias-en-espa-noticias-en-espa/despude-las-guerras-del-agua-en-bolivia-la-lucha-por-una-alternativa-qpco-socialq/

 

 

Concretaremos, abajo y a la izquierda sin fronteras, los ideales de libertad y derechos humanos para todas/todos si sintetizamos reflexiones de diversidades de los pueblos planetarios a consecuencia de sus resistencias al avance exterminador del sistema mundo capitalista. Es decir autoorganicémonos como estados plurinacionales e interculturales y como internacionalismo revolucionario. Veamos significados de lo último:

 

 

 

Por qué es necesaria nuestra unidad

a nivel mundial para combatir el cambio climático

6 de octubre de 2017

 

Súmate a nosotros/as en la lucha contra la energía sucia, las falsas soluciones y en pos de la transformación de nuestro sistema energético. La devastación que causan el petróleo, el gas, la fractura hidráulica, las arenas bituminosas y las tecnologías no convencionales de carbón no es menor. ¡Por la transformación de nuestro sistema energético en manos de los pueblos!

 

4 de octubre, 2017

 

En 2017 hemos sido testigos de una sucesión devastadora de huracanes, inundaciones en Asia, incendios forestalesen todas partes del mundo, como por ejemplo enGroenlandia, un brote de antrax en Siberia y el colapso de plataformas de hielo. Nos enfrentamos a una emergencia planetaria. El Acuerdo de París vigente posibilita un calentamiento de al menos tres a cuatro grados. Pero las catástrofes naturales devastadoras de 2017 ocurrieron con solo un grado de aumento de la temperatura. Los combustibles fósiles son la principal causa del calentamiento global. Existen además muchas otras fuentes de energía que son igualmente sucias si tenemos en cuenta los costos para los pueblos y el medioambiente. Algunos cálculos sugieren que tenemos menos de tres años para hacer las reducciones necesarias para evitar que la temperatura aumente más de 1,5 grados. No es difícil establecer los nexos. El tiempo de la industria de los combustibles fósiles llegó a su fin. Es necesario abrir paso a un sistema energético justo y liderado por los pueblos, poner fin a la energía sucia y las falsas soluciones y hacer frente al cambio climático. Y hacer todo esto de forma justa. En todas partes del mundo las comunidades están ganando batallas importantes y las soluciones existen. Podemos ganar esta lucha si actuamos unidos/as. Con este propósito, Amigos de la Tierra Internacional se movilizará con amigos, grupos y aliados de todo el mundo en octubre.

 

La industria de combustibles fósiles continúa siendo muy poderosa, aunque promueve una fuente de energía obsoleta y un modelo de energía centralizado y anticuado. Hay más de 850 nuevas plantas a carbón planificadas o en construcción en 62 países. Algunos países están considerando empezar a usar carbón para la generación de energía, lo cual es inconcebible en esta época. La generación de energía a base de carbón no debería existir más. Existen alternativas energéticas limpias de las comunidades que cada vez son más económicas. El carbón genera pobreza energética, más exportaciones e industrias pesadas, violaciones de derechos humanos, degradación social y ambiental y ganancias para las empresas. Indonesia, el mayor exportador de carbón del mundo, es uno de los países más afectados por los efectos nocivos del carbón.

 

La devastación que causan el petróleo, el gas, la fractura hidráulica, las arenas bituminosas y las tecnologías no convencionales de carbón no es menor. Se corre el riesgo de que se abra la frontera de las arenas bituminosas en Nigeria, un país ya devastado por las empresas petroleras que continúan violando los derechos de los pueblos y el medioambiente sin miras de limpiar lo que han contaminado. La fractura hidráulica es una realidad o una amenaza en Argentina, Colombia, Sudáfrica y elReino Unido. La magnitud de la nueva infraestructura de gas convencional que está planificando Europa es alarmante: un 58% de aumento de la capacidad de importación de gas de la UE. Togo se ve actualmente amenazado por la explotación de petróleo mar adentro, lo que tendría impactos atroces.

 

Las formas de generación de energía no basadas en los combustibles fósiles tampoco son la solución que muchos pregonan. La mayoría son tan sucias como los combustibles fósiles si se tienen en cuenta sus impactos en los pueblos y el medioambiente y el hecho de que están concentradas en manos de las corporaciones. Recordemos Chernóbil y Fukushima. La energía nuclear es peligrosa. Además, el proceso nuclear es demasiado lento para ralentizar el cambio climático y sus costos son extremadamente altos. Hinkley C ya superó el presupuesto en más de 1500 millones de libras y tiene un retraso de 15 meses respecto del plan original. La producción de energía eólica mar adentro en el Reino Unido es ahora oficialmente menos costosa que la nueva energía nuclear, y es limpia y segura.

 

Los proyectos hidroeléctricos a gran escala también pertenecen a la categoría de energía sucia. A menudo tienen comoconsecuencia el acaparamiento de tierras, el desvío de ríos y el menoscabo de la soberanía hídrica y alimentaria. El impacto de las represas hidroeléctricas en el cambio climático también se ha subestimado. Por ejemplo, la vegetación que se descompone enlas aguas represadas emite alrededor de mil millones de toneladas de gases de efecto invernadero por año. En 2015,57.000 grandes represas obstruyeron más de la mitad de los principales ríos del mundo. Estos proyectos también se llevanvidas. En 2016 Berta Cáceres fue asesinada por oponerse a la represa Agua Zarca en Honduras. En 2017 Berta Zúñiga fue atacada por continuar el trabajo de su madre. Madre Tierra/Amigos de la Tierra Honduras trabaja junto a las comunidades para oponer resistencia a los proyectos hidroeléctricos a gran escala.

 

En definitiva tenemos que actuar ahora y desde las bases para hacerles frente a la energía sucia y el cambio climático. Los gobiernos y las empresas no están tomando medidas y no lo harán. Los compromisos que se asumieron en el Acuerdo de París implican un aumento de tres o cuatro grados. Luego de la abominable salida de Trump, dicho Acuerdo podría verse aún más debilitado. Es necesario mantener el aumento de la temperatura mundial por debajo de los 1,5 grados. París es un acuerdo que carece de exigibilidad jurídica, no impone una reducción justa de las emisiones sustentada en la ciencia, ni propone soluciones en términos de financiamiento. Es un acuerdo peligroso porque adormece al mundo con la falsa ilusión de que los líderes han solucionado el problema del cambio climático. No lo han hecho.

 

Debemos actuar ahora con justicia para garantizar que los países desarrollados estén obligados a asumir su responsabilidad. El 10 % de la población mundial es responsable del 50 % de las emisiones, mientras que el 50 % más pobre es responsable de solo el 10 %. Los ricos deben llevar a cabo las mayores reducciones de emisiones de forma urgente y deben pagar por la reducción de emisiones y el desarrollo sustentable del Sur global.

 

Nosotros los pueblos debemos oponernos a la energía sucia, caso a caso, batalla por batalla, con todas las herramientas y tácticas a nuestro alcance. Debemos encontrar formas innovadoras de derrotar a la energía sucia. Debemos establecer los vínculos para una lucha integral, conectar las sedes de las industrias de combustibles fósiles con sus operaciones y sus financiadores. El poder popular es una herramienta poderosa. Esto ha quedado demostrado una y otra vez, por ejemplo, en la moratoria a la fractura hidráulica en el estado de Victoria, Australia, el estado de Nueva York, varios estados en Estados Unidos, Irlanda,Francia, Escocia, Bulgaria y provincias de Canadá.

 

Debemos actuar a nivel mundial para apoyar y proteger a los pueblos que son reprimidos por oponer resistencia. Debemos abrir camino a una revolución energética, con energía justa, sustentable y segura para el clima, para todos/as. Esta transición debe darse de forma justa. Ningún país puede quedar excluido o verse perjudicado por no haber explotado sus combustibles fósiles. A medida que ponemos fin a la energía sucia debemos luchar por el único futuro viable, donde la energía descentralizada, comunitaria y centrada en los pueblos, la agroecología y el manejo comunitario de los bosques sean una realidad. En todo el mundo pueden encontrarse ejemplos de proyectos de energía comunitarios; Escocia, Dinamarca, Palestina, Irlanda por nombrar a algunos dentro de la federación.

 

Amigos de la Tierra Internacional se movilizará en seis continentes el 13 y 14 de octubre de 2017 para demostrar que somos un movimiento mundial, alertar sobre la emergencia climática, luchar contra la energía sucia y las falsas soluciones y exigir la transformación de nuestro sistema energético en manos de los pueblos. Esto será parte del mes de acción de Recuperemos el Poder.

¡Somos poder popular!
Amigos de la Tierra Internacional Leer