Qué Mundo

Noviembre 2017

Sin democracias restringidas con creciente sostén en terrorismos de estado.

 

 

 

 

SITUACIÓN/ CRISIS CIVILIZATORIA / ALTERNATIVAS

 

 

 Situación

 

Tratemos, abajo y a la izquierda sin fronteras, de indagar más allá de las realidades concretas como la:

 

Del fin de ciclo a la consolidación de las derechas

28 de octubre de 2017

 

 

Por Raúl Zibechi (La Jornada)

Los ciclos políticos  no son caprichosos. Vivimos un periodo de crecimiento de las derechas, en particular en Sudamérica. El ciclo progresista terminó aunque sigan existiendo gobiernos de ese color, pero ya no podrán desarrollar las políticas que caracterizaron sus primeros años porque se impone una inflexión conservadora, aunque los discursos puedan decir algo diferente.

Un buen ejemplo de esa ironía puede ser Ecuador: un gobierno de Alianza País que realiza un ajuste conservador. Salvo que se opte por la peregrina tesis de la traición, Lenin Moreno muestra que aún los progresistas deben dar un giro a la derecha para poder seguir gobernando.

Digamos que los ciclos son estructurales y los gobiernos coyunturales. El ciclo progresista se caracterizó por elevados precios de las exportaciones de commodities en un clima general de crecimiento económico, un fuerte protagonismo popular y presiones por mayor justicia social. Los tres aspectos se debilitaron desde la crisis de 2008. Ahora sufrimos una fuerte ofensiva derechista en todos los terrenos.

A pesar de los malos resultados económicos y de una elevada conflictividad social, en la que destaca la desaparición forzada de Santiago Maldonado, el gobierno de Mauricio Macri consiguió una contundente victoria en las recientes elecciones argentinas. El macrismo no es un paréntesis, consiguió una cierta hegemonía que se asienta en los cambios económicos de la última década, en el desgaste del progresismo y la debilidad creciente de los movimientos.

El primero sostiene que el mapa de la soya coincide casi matemáticamente con los territorios en que gana Macri. Destaca que el campo se articula cada vez más con las finanzas, la industria y los grandes medios, y que los terratenientes y los peones, que fueron los protagonistas del periodo oligárquico, conviven ahora con técnicos, arrendatarios, agrónomos, veterinarios, mecánicos de maquinaria agrícola y pilotos fumigadores, entre otros.

La tecnología es incluso más importante que la propiedad de la tierra que los “ pools de siembra” alquilan, mientras los cultivadores conectados al mundo globalizado están pendientes de los precios de la bolsa de Chicago, donde se cotizan los cereales.

El segundo sostiene que estamos ante una complejización de las clases medias rurales y la emergencia de nuevas clases medias ruro-urbanas. En consecuencia, el conflicto con el campo que sostuvo el gobierno kirchnerista en 2008 no fue la clásica contradicción oligarquía-pueblo.

 

A partir de ese momento, se hizo visible un conglomerado de actores más complejo y con una base social mucho más extensa, que rechaza las políticas sociales porque sienten la pobreza urbana como una realidad muy lejana. Ese bloque social es el que llevó a Macri al gobierno y el que lo sostiene.

 

La sociedad extractiva genera valores y relaciones sociales conservadoras, así como la sociedad industrial generaba una potente clase obrera y valores de comunidad y solidaridad. En las grandes fábricas, miles de obreros se convirtieron en clase al organizarse para resistir a los patrones.

Por el contrario, el extractivismo no genera sujetos internos, o sea dentro del entramado productivo, porque es un modelo financiero especulativo. Las resistencias son siempre externas, en general las protagonizan los afectados.

 

El consumismo es la otra cara de la sociedad extractiva. Una sociedad que no genera sujetos, ni identidades fuertes, con valores vinculados al trabajo digno, o sea productivo, sino apenas valores mercantiles e individualistas, no está en condiciones de potenciar proyectos de largo aliento para la transformación social.

 

Las políticas sociales del progresismo, sobre todo la inclusión mediante el consumo, multiplicaron los efectos depredadores del modelo en cuanto a desorganización y despolitización. En el shopping desaparecen las contradicciones de clase, incluso las étnicas y de género, porque en esos no lugares (Marc Augé) el entorno desaparece a la humanidad de las personas.

 

Pero los movimientos también son responsables por las opciones que tomaron. En vez de construir mirando el largo plazo, preparándose para el inevitable colapso sistémico, tomaron el atajo electoral que los llevó a construir alianzas imposibles con resultados patéticos. Algunos movimientos argentinos, que optaron por aliarse con la derecha justicialista, podrían hacer balance sobre los resultados desastrosos que obtuvieron, y no me refiero a la magra cosecha de votos.

 

Por último, debemos pensar las enseñanzas que nos deja el ascenso de las derechas y la crisis de los movimientos. La sociedad extractiva de cuarta guerra mundial, no puede ser resistida con la misma lógica de la lucha obrera en la sociedad industrial. No existe una clase para ser dirigida. Los sujetos colectivos deben ser construidos y sostenidos todos los días. Las organizaciones deben ser sólidas, cinceladas para el largo plazo y resistentes a los atajos institucionales.

http://www.jornada.unam.mx/2017/10/27/opinion/016a1pol

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=233352

 

 

Contextualicemos, es urgente, para situarnos en qué democracias rigen sobre Nuestra América con independencia de que haya gobiernos progresistas o neoliberales. Esto explica que los presidentes de UNASUR considerasen como par a Álvaro Uribe primero y luego a Juan Manuel Santos de Colombia. También recordemos a la negociación de Chávez con Santos para la aceptación del gobierno de Honduras surgido por golpe de estado y de la reincorporación de Honduras a la OEA. En fin no olvidemos ni perdonemos que los gobiernos progresistas (a excepción del bolivariano) han sido fundamentales en la Minustah ocupando militarmente a Haití para la superexplotación hambreadora del pueblo hermano. Pero reflexionemos sobre:

 

 

La segunda fase del Plan Colombia en acción

29 de marzo de 2008

 

Por Raúl Zibechi (La Jornada)

 

Es muy probable que el bombardeo del ejército colombiano contra el campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en suelo ecuatoriano haya sido la primera acción de envergadura del Plan Colombia II, estrenado hace un año con un gigantesco presupuesto que multiplica por cinco los fondos destinados al Plan Colombia I. El objetivo de la segunda fase consiste en una Estrategia para el Fortalecimiento de la Democracia y el Desarrollo Social para el periodo 2007-2013. Las inversiones se elevan de 10 mil 700 millones de la primera fase a 43 mil 800 millones para la segunda, una cifra alucinante que sólo podrá ser compensada por las expectativas de las multinacionales –las grandes beneficiarias– de conseguir grandes ganancias en Colombia.

Más allá de las declaraciones, todo indica que la segunda fase del Plan Colombia no estará dirigida hacia lo que declaran sus promotores, como ya sucedió con la primera fase. Un buen ejemplo es lo que viene sucediendo con los cultivos de coca. Es cierto que el volumen de cultivos parece haber disminuido en Colombia, pero se mantiene estable en los últimos años, y en una década las exportaciones de cocaína a Estados Unidos no han decrecido y registraron un récord en 2007. Según diversos análisis, lo que está sucediendo es una difusión de los cultivos a otras regiones y a otros países. Más aún, las técnicas de los exportadores se vienen perfeccionando con la construcción de decenas de semisubmarinos que pueden transportar hasta 12 toneladas de cocaína cada uno. La Guardia Costera estadunidense informa que este año espera capturar hasta 120 submarinos de los narcos frente a los 23 capturados en los últimos años. La proclamada guerra contra las drogas es un fracaso inocultable.

Por otro lado, la prensa colombiana informa estos días que los paramilitares están de retorno luego de unas breves vacaciones. El grupo más activo se denomina ahora Águilas Negras. Cuenta con unos 4 mil efectivos procedentes de paramilitares que no se acogieron a la desmovilización auspiciada por el gobierno de Álvaro Uribe y por nuevos efectivos reclutados por los narcotraficantes, con los cuales estos grupos tendrían especial afinidad. Días atrás lanzaron amenazas de muerte contra los movimientos sociales convocantes de la marcha del 6 de marzo en homenaje a las víctimas del paramilitarismo. Una parte considerable de esos grupos actúa cerca de la frontera con Venezuela.

Respecto de la guerrilla, aunque debilitada está lejos de ser derrotada, y aunque ha sido duramente golpeada en varias regiones, su principal retaguardia, en las selvas del sur, se mantiene intacta. Ahí fracasó estrepitosamente el Plan Patriota, que pretendió desalojar a las FARC de una región que conocen y controlan hace tiempo. En resumidas cuentas, el Plan Colombia I consiguió algunos resultados, pero está lejos de ser un éxito, por lo menos en función de los objetivos declarados. Sin embargo, tanto el Plan Colombia I como su segunda fase están dando muy buenos resultados en dos aspectos no declarados y ni siquiera mencionados lateralmente en la propuesta: los negocios marchan viento en popa y la desestabilización de la región ha escalado varios pasos.

En efecto, el llamado “clima de negocios” que se respira en las principales ciudades del país, que se resume en las inversiones extranjeras directas, revela que Colombia se ha convertido en uno de los destinos preferidos de las multinacionales de la minería, los hidrocarburos y el agronegocio. Hoy se coloca sólo detrás de México, Brasil y Chile en su capacidad de captar inversiones. Se asegura que la mayor seguridad es lo que explica esta afluencia de capitales. En realidad, gracias a la intensificación de la guerra promovida por el Plan Colombia hay ya 4 millones de desplazados, 10 por ciento de la población del país, que están siendo expulsados precisamente de aquellas zonas apetecidas por el negocio multinacional. Puede decirse que la política del desplazamiento forzado es funcional, y necesaria, para el aterrizaje de las multinacionales.

El Plan Colombia II pretende actuar de modo decisivo sobre las dos fronteras calientes: Venezuela y Ecuador, además de profundizar la penetración en la región del Cauca, donde opera el movimiento indígena colombiano, el único actor social capaz de plantarle cara a la guerra y a las multinacionales. Ello augura un futuro inmediato más que complejo para el subcontinente. La acción militar del primero de marzo puede ser apenas la primera de una serie destinada a desbordar la guerra interior más allá de las fronteras, siguiendo los pasos de los cultivos de coca. No se trata de una desviación sino de un efecto deseado. La política hegemónica de Washington pasa por la desestabilización de los gobiernos de Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, pero también por acotar las iniciativas provenientes del Mercosur. De ahí la reciente propuesta de Brasil de crear un Consejo de Seguridad de Sudamérica, que incluye sólo a los 10 países de la región.

Según el ministro de Defensa brasileño, Nelson Jobim, se trata de una iniciativa brasileña que de forma explícita excluye a Estados Unidos. La iniciativa comenzó a ser diseñada durante la crisis militar entre Ecuador, Venezuela y Colombia y se propone el control de las fronteras, la lucha contra grupos ilegales y la posibilidad de participar en operaciones de paz como las que encabeza Brasil en Haití, en la que participa un amplio contingente militar de la región. Otras versiones aseguran que la creación del Consejo de Seguridad regional fue pactado en la reciente visita de Condoleezza Rice a Brasil, ya que Washington seguiría interesado en que el país de Lula modere los ímpetus de Venezuela y Bolivia.

Aún es pronto para saber cuál de las dos lecturas es la más cercana a la realidad. Sin embargo, ya sabemos que la segunda fase del Plan Colombia está destinada a barrer con aquellos que desde los movimientos y los gobiernos se oponen, aun parcialmente, a la política de “dominio de espectro total” diseñada por las multinacionales y el imperio.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=65259

En consecuencia, abajo y a la izquierda sin fronteras, ante todo tenemos el desafío de generalizar debates que susciten la voluntad de acabar con la impunidad del capitalismo centrado cada vez más en viabilizar la acumulación de los oligopolios sin importarle los ecocidios, etnocidios y genocidios que genera su progreso. Es instalar en la agenda pública qué sufren y resisten los pueblos de nuestros países a consecuencia de las varias formas de extractivismos.

 

Deliberación sobre la incompatibilidad de los derechos humanos y la democracia con el capitalismo que, a la vez, enseña cómo se da la lucha por esos buenos vivires convivires en Nuestra América hasta cuando rige el terrorismo de estado bajo fachada de democracia como en Colombia, México u Honduras. Conozcamos:

 

Paro nacional de las comunidades Campesinas, Indígenas, Afrodescendientes y Sectores Populares por la Implementación de los Acuerdos de La Habana

 

PLIEGO DE EXIGENCIAS

Mesa Nacional Agropecuaria y Popular de Interlocución y Acuerdo – MIA

Octubre 2017

El Acuerdo de Paz suscrito por las FARC-EP y el gobierno nacional le puso fin a más de seis décadas de confrontación armada, lo que significa “en primer lugar, el fin del enorme sufrimiento que ha causado el conflicto armado, son millones de colombianas y colombianos víctimas de desplazamiento forzado, cientos de miles de muertos, decenas de miles de desaparecidos de toda índole, sin olvidar el amplio número de poblaciones1 que han sido afectadas de una u otra manera a lo largo y ancho del territorio”.

 

Por otro lado, “el fin del conflicto supondrá la apertura de un nuevo capítulo de nuestra historia. Se trata de dar inicio a una fase de transición que contribuya a una mayor integración de nuestros territorios, una mayor inclusión social y a fortalecer nuestra democracia para que se despliegue en todo el territorio nacional”2

Para las comunidades campesinas, afrodescendientes, los pueblos indígenas, poblaciones urbanas, sectores y organizaciones sociales y populares, la Paz de nuestro país no se reduce al hecho de acallar los fusiles y silenciar el ruido de la guerra. La Paz está en construcción, y para que sea estable y duradera, sus pilares deben estar soportados en la justicia social, la ampliación de la democracia, la reconciliación y en transformaciones económicas, políticas y sociales que se requieren para la vida digna y un buen vivir del conjunto de la sociedad colombiana.

El incumplimiento de la implementación del Acuerdo de Paz de La Habana, pone en riesgo el cierre definitivo del conflicto armado, obstaculiza la democratización económica y política del país y la inclusión de los sectores sociales históricamente marginados. En consecuencia, está en peligro la esperanza y el anhelo de los/as colombianos/as y sus futuras generaciones de vivir en un país en paz con democracia y justicia social. Existen incumplimientos por parte del Gobierno nacional en la implementación normativa y territorial, que junto a algunos sectores políticos opuestos a la paz, pretenden crear un escenario de renegociación de lo acordado.

 

El Congreso al día de hoy no ha expedido ninguna norma para la Reforma Rural Integral – RRI, sólo se han emitido algunos decretos Ley que crea el fondo de tierras y medidas para promover el acceso a ella. Las comunidades y organizaciones no cuentan con garantías reales para la participación en la construcción de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial - PDET. Se han introducido modificaciones a las leyes y actos legislativos que se tramitan en el Congreso respecto a la implementación normativa del punto 2 del Acuerdo, y las Circunscripciones territoriales especiales de paz – CTEP han sido objeto de cambios. El gobierno nacional aún no presenta la Ley de garantías para la participación y la protesta social. No existen avances significativos para garantizar verdad, justicia, reparación integral y garantías de no repetición a las víctimas, ni avances en la lucha contra el paramilitarismo. Al día de hoy van 127 líderes sociales asesinados este año y es constante la violación de los derechos humanos a lo largo y ancho de la geografía nacional. El gobierno nacional continúa ejecutando las nefastas políticas impuestas por Estados Unidos consistentes en la erradicación violenta, quebrantando los acuerdos de sustitución voluntaria de cultivos de uso ilícito suscritos con las comunidades de varios departamentos. Estos incumplimientos también son reflejados en la no incorporación de los enfoques transversales étnico y de género en la implementación.

 

En razón a lo anterior, la Mesa Agropecuaria de Interlocución y Acuerdo - MIA conformada por: la Coordinación nacional de Cultivadores de Coca, Amapola y Marihuana – COCCAM, el Movimiento Político y Social Marcha Patriótica, la Asociación nacional de Zonas de Reserva Campesina – ANZORC, la Coordinación Nacional de Pueblos Indígenas – CONPI, la Coordinación Nacional de Organizaciones y Comunidades Afrodescendientes - CONAFRO, la Federación nacional Sindical Unitaria Agropecuaria -FENSUAGRO, y organizaciones campesinas, indígenas, afrodescendientes, locales, territoriales y regionales de 29 departamentos, presentamos al gobierno nacional, el siguiente Pliego de Exigencias de Derechos: (…) Leer

 

 

Recordemos la lucha de Gualeguaychú contra la pastera Botnia, hoy UPM a consecuencia de esa resistencia. Pero también recordemos que los gobiernos K conservaron los más de 50 acuerdos a favor del reinado de los oficializados como inversores extranjeros. Lo hicieron pese a su carácter de gobiernos progresistas al igual que los de Uruguay. Constatemos qué democracia implantan esos acuerdos bilaterales de inversión-CIADI:

  

 

Uruguay

Republiqueta celulósica

13 de noviembre de 2017

 

Por Hoenir Sarthou (Semanario Voces)

 

Una primera lectura del “Acuerdo de Inversión”, o “contrato ROU-UPM”, suscripto el martes por el Estado uruguayo con la empresa UPM, obliga a decir, antes que nada, que eso no es un contrato. Todo el cúmulo de obligaciones que se compromete a cumplir nuestro Estado no tiene como contrapartida obligaciones de UPM. La clave está casi al final, en las cláusulas 4.3, 4.4, y 4.5 del texto, por las que UPM puede desistir, no tomar la “Decisión Final de Inversión”, con lo que todo lo supuestamente acordado quedará sin efecto, con el agregado expreso de que Uruguay no podrá reclamar nada de lo que haya invertido para cumplir las “condiciones necesarias” (y previas) exigidas por UPM. 



Vías y ferrocarriles de carga entre Montevideo y Paso de los Toros, un viaducto en la Rambla, un nuevo puerto destinado exclusivamente a la celulosa en la zona del Puerto de Montevideo, y reconstrucción de las carreteras en las zonas de tránsito de UPM, son algunas de las obligaciones que el Uruguay asume a su costo, tanto de construcción como de mantenimiento. Y deberá empezar a cumplirlas bajo el control y la supervisión de UPM, que, sin haberse comprometido a nada, podrá designar técnicos y veedores para hacer los estudios e indicaciones que le aseguren la utilidad de esas obras de infraestructura para su eventual proyecto. 

Si eso resulta inquietante, ¿qué decir de otros compromisos que el Estado asume con la empresa y que comprometen su soberanía en áreas vitales? 

Cambios de carácter general en la legislación laboral, que deberán ser acordados en reuniones tripartitas entre UPM, el PIT-CNT y el Ministerio de Trabajo, con el compromiso de incorporar esos cambios en la legislación nacional (ver literal C de la cláusula 3.6.10). Cambios en los planes de enseñanza técnico-profesional, los que serán guiados y controlados por personal designado por UPM, a la que habrá que rendirle cuentas del proceso de adaptación de los programas de estudio a sus necesidades. Adecuación de los planes de ordenamiento territorial de los Departamentos afectados por la instalación de la planta de celulosa. Y la facultad de UPM de oponerse a otras inversiones que quieran venir a Uruguay a competir en su área. 

Todo eso sin hablar de los problemas ambientales que la nueva planta causará en el ya contaminado Río Negro, sobre lo que ha advertido reiteradamente, entre otros, un especialista en el tema, el Profesor Daniel Panario. Riesgos ambientales que UPM supuestamente prevendría con inversiones económicas poco significativas para la magnitud de los daños que causaría. 

Frente a esos compromisos y riesgos, incluso las exoneraciones tributarias (que incluyen IVA, IRAE, IRPF e IRPNR para todos los procesos de construcción de la planta, además del régimen básico de la Ley de Inversiones), la asignación del régimen de zona franca para UPM y para todas sus colaterales, y la posibilidad de que UPM ceda o transfiera unilateralmente todos sus derechos y obligaciones a cualquier otra empresa que sea “persona aceptable” conforme a un vago conjunto de requisitos establecidos en el mismo documento, todas esas cosas –reitero- casi se vuelven menores (tal vez porque ya estamos acostumbrados a eso por otros acuerdos de inversión previos). 

La frutilla de la torta –no por previsible menos agria- es que, en materia de resolución de conflictos, UPM podrá imponer un arbitraje que deberá realizarse necesariamente en Washington DC, ante el CIADI (Centro Internacional de Arreglo de diferencias Relativas a Inversiones) dependiente (¿cuándo no?) del Banco Mundial. 

Basta una lectura a vuelo de pájaro del documento firmado este martes para corroborar que el gobierno uruguayo ha hipotecado hasta las joyas de la abuela para seducir a UPM. Sin embargo, la completa comprensión de los alcances de este negocio se vuelve compleja. 

En primer lugar porque, como se ha hecho costumbre en los documentos y leyes del gobierno uruguayo, los cangrejos no están a la vista sino escondidos bajo varias piedras. Hay que leer páginas enteras de declaraciones inútiles, sobre las buenas intenciones de las partes, para enterarse de que UPM no se compromete a nada y de que se someten cuestiones vitales, legislación laboral, planes de enseñanza y obras de infraestructura, a los criterios y exigencias de una empresa privada. 

En segundo lugar, es complejo porque el documento se remite constantemente a otros acuerdos previos y supuestamente más específicos que no son fáciles de conseguir. 

Lo más importante, sin embargo, es que todo indica que éste no será el acuerdo final que regirá la relación con UPM si ésta finalmente decide invertir. De acuerdo a la prensa (“EL País” del 8/11/17) UPM tiene un plazo de más de dos años (hasta febrero de 2020) para decidir si hará la inversión o no. Al parecer ese plazo surge de un acuerdo previo, que no he podido conseguir pero que es mencionado en el documento firmado el martes. 

Cualquiera que alguna vez haya negociado algo, sabe que decir, respecto de la prestación del otro: “ En ese sentido se destaca que el proyecto UPM comprende la mayor inversión privada en la historia del país”, es un sinsentido. ¿Cuál es la razón de declarar en un contrato preliminar que
nos va la vida en el negocio y que nunca hubo otro mejor? Los finlandeses ya lo sabrán. Y, si no lo saben, ¿para qué decírselos? Claramente esa y otras cláusulas del texto no están dirigidas a los finlandeses sino a nosotros, los uruguayos. No tienen función contractual sino publicitaria, política. 

Lo cierto es que ahora comienza un plazo de más de dos años en que Uruguay se pondrá afanosamente a endeudarse para hacer las obras que UPM exige, mientras que UPM se dedicará cómodamente a exigir que se haga todo lo necesario para agradarle. 

¿Alguien cree que las condiciones de ese negocio están definitivamente cerradas? ¿Alguien piensa que la decisión final de invertir no estará condicionada a nuevas exigencias que surgirán mientras se construyen vías y carreteras y se elaboran reformas a la legislación laboral y a los planes de estudio para acondicionarlos al gusto de UPM? 

La experiencia indica que, cuando un contrato deja cosas vitales a la voluntad de uno de los contratantes, la otra parte es débil y deberá ceder mucho más si quiere que el contrato siga adelante. 


De modo que
no sólo nos encontramos  ante una entrega concreta de nuestra soberanía, en lo económico, en lo estratégico, en lo tributario, en lo legislativo, en lo laboral y en lo educativo. Nos encontramos también ante un posible barril sin fondo de exigencias, que –en el peor de los casos- podría terminar como la regasificadora. Con deudas y un montón de obras sin destino y a medio hacer.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=234006

 

 

 Crisis civilizatoria

 

Estamos, abajo y a la izquierda sin fronteras, con preguntas que nos desorientan por no ir al fondo de la cuestión. Ejemplifiquemos:

 

Las elecciones ¡no son la revolución!

¿Por qué la derecha triunfa en las elecciones?

 

25 de octubre de 2017

 

Por Marcelo Colussi (Rebelión)

 

En Argentina, en las recientes elecciones parlamentarias, la derecha gana dando una paliza. La opción electoral por posiciones de derecha se sucede por doquier: en Estados Unidos la población vota por el representante más troglodita, en Europa avanzan las propuestas con sabor xenofóbico y conservador, en general se ve que los electorados optan por partidos que no son de izquierda precisamente. ¿Por qué la derecha triunfa en las elecciones? Así formulada, la pregunta daría a entender una honda preocupación, pues supone que eso es algo así como un error inesperado, una aberración. ¡La derecha no debería ganar! 

Ahora bien: si se profundiza un poco, allí puede encontrarse, más que nada: ingenuidad. ¿Quién dijo que los votantes irían a votar por la izquierda? ¿Acaso la izquierda tenía garantizado el triunfo en algún lugar? 

Todo eso lleva a pensar en lo que ha venido sucediendo en estas tres o cuatro últimas décadas en todo el mundo a nivel político-ideológico. El avance de distintos movimientos populares contestatarios para los años 60 y 70 del pasado siglo (guerrillas de izquierda, avance sindical, movimientos campesinos, procesos de liberación nacional, Teología de la Liberación, movimientos antiguerra y anticonsumismo, poderosos movimientos estudiantiles inconformes, revolución sexual, reivindicaciones de las mujeres, etc.) trajeron como respuesta del sistema un golpe tremendo. En Latinoamérica, las montañas de cadáveres y los ríos de sangre -enmarcados en la Doctrina de Seguridad Nacional y combate al comunismo internacional- signaron la época. El miedo y el silencio se adueñaron de las sociedades. Protestar (por cualquier tema, no importa) pasó a ser mala palabra, peligroso, algo a desechar. De esa forma pudo declararse con ampulosidad que “la historia había terminado”, lo que marcaba el “fin de las ideologías”. 

 

Habría que aclarar, rápidamente: de la ideología de izquierda (al menos esa era la pretensión del sistema, obviamente de derecha). Lo que se acalló -sangrientamente- fue cualquier intento de modificación, de protesta con sabor a cambio. Las sociedades, y no sólo las latinoamericanas, sino que el fenómeno es mundial- entraron en un letargo: levantar la voz salió de la agenda. Mucho más aún, ciertos términos como socialismo, lucha de clases, revolución, explotación. “No meterse en nada y cuidar el sacrosanto puesto de trabajo” se impuso como la consigna básica, a seguirse con respeto (y temor) reverencial. 

En ese marco, acallándose las luchas, con el agravante de la caída de las primeras experiencias socialistas (Unión Soviética, China), el campo popular en su conjunto sufrió un severo retroceso. ¿Quién trabaja hoy sólo 8 horas diarias? ¿Cuánta gente trabaja con todas las prestaciones laborales de antaño? ¿Qué trabajador está sindicalizado? ¿A quién defiende hoy un sindicato? Los avances conquistados históricamente en años de lucha se fueron perdiendo. Así las cosas, lo que para décadas atrás en las izquierdas era visto como algo despreciable, las elecciones burguesas pasaron a ser un nuevo campo de acción política. Las izquierdas (golpeadas, diezmadas, casi en shock), pasaron a la arena de la hasta entonces desprestigiada política parlamentaria. 

Esto lleva a preguntarnos si efectivamente ese marco de ejercicio político -siempre en el ámbito del capitalismo, incluso más feroz que antaño, con las nuevas estrategias neoliberales, planes de ajuste estructural y precarización constante de las condiciones de vida de las grandes mayorías- puede permitir efectivamente una transformación real para esas mayorías populares. ¿Son las elecciones un campo de cambio profundo? 

 

La experiencia demuestra fehacientemente que no. El camino de la democracia (burguesa) al socialismo (el caso de Chile con Salvador Allende es el más emblemático) muestra los límites. Los cambios revolucionarios no van de la mano de las elecciones llamadas democráticas. El poder (la clase dominante) se resiste a cambiar pacíficamente. Nunca en la historia, nunca jamás, un cambio económico-político-social efectivo pudo hacerse sin violencia. “La violencia es la partera de la historia”, enseñaba Marx con un hálito hegeliano, y sin duda no se equivocaba. La actual clase dirigente, los capitalistas, se hacen del poder cortándole sangrientamente la cabeza a los reyes. La democracia que se desprende de ese hecho inaugural del mundo moderno no es más que “una ficción estadística”, como dijera Jorge Luis Borges. Sigue mandando el poder económico, sostenido (sangrientamente cuando es necesario) en las bayonetas. 

 

¿Por qué reivindicar hoy ese tipo de elecciones desde la izquierda? Porque el campo de acción se ha reducido tanto que es lo poco en lo que se puede mover. O, al menos, golpeada y restringida como ha estado estos años, es el único espacio que le ha ido quedando dentro de los límites que le impone el sistema. Y ante tanta desesperanza, el hecho de llegar a la casa de gobierno se puede sentir ya como un triunfo (aclarando rápida y enfáticamente que la silla presidencial es apenas un pequeño, muy pequeño eslabón en la real cadena de mando del sistema). 

 

Pero ¡cuidado! ¡¡Las elecciones están muy lejos de ser una revolución!! Si podemos contentarnos con el triunfo en las urnas de una propuesta progresista (lo que ha estado sucediendo estos últimos años en Latinoamérica, propuesta que sin dudas debemos apoyar con toda la fuerza, porque al menos son una espina para el sistema -Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, Bachelet en Chile, los Kirchner en Argentina, el Partido de los Trabajadores en Brasil, Mujica en Uruguay, Ortega en Nicaragua) eso muestra, ante todo, la debacle real de una propuesta de cambio radical. “No se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva”, afirmaba con la mayor energía Marx en su programa político.

 

Reformar el capitalismo, darle un rostro humano, redistribuir un poco más equitativamente la riqueza sin tocar los resortes de fondo, todo eso es lo que ha venido pasando con proyectos políticos populares en estos años. Es “políticamente correcto” apoyarlos; es una obligación ética auparlos para quienes siguen pensando en otro mundo más justo, más equitativo. Pero no hay que olvidar que no son proyectos que cuestionen al sistema capitalista en su raíz: “capitalismo serio”, por ejemplo, dijo la ex presidenta argentina. Economía mixta, capitalismo nacional… En otros términos: una izquierda “domesticada”, acorde a los tiempos que corren, con saco y corbata (versión masculina) o tacones y bien maquillada (versión femenina). ¿El poder popular es ir a elecciones? ¿Así se puede construye un auténtico cambio revolucionario? 

 

Sin ningún lugar a dudas, son proyectos importantes, avances en relación a las peores y más antipopulares recetas neoliberales que se impusieron años atrás. Por eso las poblaciones las eligen en elecciones libres cuando se va a procesos electorales. Pero procesos que tienen las patas cortas, que no transforman nada sustancialmente. Y por eso mismo, proyectos que pueden sucumbir. 

Los proyectos de capitalismo nacional y antiimperialista con talante popular que marcaron varias experiencias latinoamericanas en el siglo XX (el peronismo en Argentina, Vargas en Brasil, Torrijos en Panamá, Velazco Alvarado en Perú, la Primavera Democrática en Guatemala) dejaron algunas marcas y buenos recuerdos, pero no lograron transformar nada de raíz en sus sociedades. 

La población vota siguiendo cada vez más las técnicas de mercadeo que les imponen los partidos políticos (siempre de derecha). Esos partidos son los gestores del sistema, sus buenos administradores bien presentados, y nada más, ¡absolutamente nada más! Con buenas campañas de marketing imponen candidatos, más como actores de película que como estadistas. La izquierda, con propuestas que no pueden rebasar los límites del sistema capitalista (véase el caso de la guerrilla salvadoreña convertida en partido político formal, o lo que le espera a las fuerzas guerrilleras en Colombia, o lo que le sucede hoy al Frente Sandinista en Nicaragua, o la misma Revolución Bolivariana, más allá de las pasiones que pueda despertar como fuente de esperanza -con un camino al socialismo que nunca se termina de recorrer realmente-) poco o nada puede hacer en esta competencia con la derecha. Aunque gane las elecciones (porque, repitámoslo: la revolución es más que ocupar la casa de gobierno. ¡La revolución es genuino poder popular, democracia de base!) 

Las poblaciones están monumentalmente manipuladas para desinteresarse de lo político. “La democracia es un sistema donde se le hace creer a la gente que decide algo en los asuntos de su incumbencia sin que, en realidad, decida nada”, dijo Paul Valéry. La democracia formal y su parafernalia electoral no pasa de ser un espectáculo mediático cada vez mejor montado, pero no más que eso. De ahí al auténtico poder popular, dista bastante. Las elecciones no tienen nada que ver con la transformación real de una sociedad, aunque hoy día la prédica del sistema nos haya casi obligado a “disciplinarnos” y entrar en ese juego de los tacones y el maquillaje o el saco y la corbata. 

Ahora bien: el triunfo de una propuesta claramente de derecha, neoliberal a ultranza como la reciente de Mauricio Macri puede hacer pensar que el electorado involuciona. Pero, ¿acaso se puede esperar algo realmente distinto de este sistema electoral? ¿Puede haber cambios profundos y sostenibles verídicos en el medio de este marco “democrático”? ¿O habrá que pensar en democracias directas, de base, populares, sin representantes bien vestidos y con guardaespaldas?

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=233242

 

 

 

Estamos, abajo y a la izquierda sin fronteras, con una visión superficial  de las elecciones  y nos conformamos con los resultados.

 

 

Nueva victoria del chavismo

La guerra del billete, el "Plan Conejo" y otras batallas

 

13 de noviembre de 2017

 

Por Pablo Stefanoni y Ayelén Oliva (Revista Anfibia)

 

 

La maquinaria oficial, el desprecio por Nicolás Maduro, el desgaste que dejaron los cuatro meses de protestas, el cansancio social, el rechazo a la violencia y el redireccionamiento de las energías a la lucha cotidiana, sumado al temor del pueblo chavista al revanchismo opositor explican, en dosis variables, el triunfo chavista que sorprendió a propios y extraños. Pablo Stefanoni y Ayelén Oliva analiza las múltiples variables que se pusieron en juego para la victoria electoral de los herederos de Chávez. 

Hay punto. En Caracas, vendedores callejeros e incluso algunos taxis colocan cartelitos escritos a mano que indican que cuentan con posnets inalámbricos para pagar con tarjeta. Comerciantes aceptan vender por transferencia bancaria. El corralito de facto, por la falta de billetes, solo permite extraer de los cajeros bastante menos de un dólar blue al día, lo que derivó en una paradójica vía de bancarización de la economía informal y hasta de la ilegal. Ahora Nicolás Maduro quiere introducir el dinero electrónico para ganar la “guerra del billete”.

En las últimas semanas, la escasez cedió un poco, al menos en los alimentos. Sin embargo, los precios no regulados que dominan a la inmensa mayoría de productos se vuelven prohibitivos para la mayoría de los venezolanos. Las largas filas en las panaderías, farmacias o supermercados, funcionan como señal de alerta de la entrada de algunos productos regulados. Y ocurre un fenómeno típico de la época de escasez en tiempos de la Unión Soviética: mucha gente hace colas sin saber bien qué podrá comprar. Pero todo sirve, sea para consumirlo, guardarlo o hacer trueque. “La vida se va en la sobrevividera”. Si el lema del socialismo era “quien no trabaja no come”, en su versión venezolana podría reescribirse como “quien no inventa no llevará nada a la boca”. Y el invento va construyendo una sociedad siempre en el límite entre lo legal y lo ilegal.

Todo indicaba que este escenario de crisis económica, potenciado por el creciente aislamiento del gobierno de Europa y Estados Unidos, derivaría en una amplia derrota electoral del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en las elecciones regionales de octubre pasado. Incluso para Maduro, que optó por postergarlas casi un año. Sin embargo, el tercer domingo de octubre, el chavismo se hizo con la mayoría de las gobernaciones, desencadenando euforia en las filas oficialistas y, al mismo tiempo, la fractura del frente opositor.

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La guerra económica pasó a ser parte del manual discursivo oficialista. Maduro llegó incluso a denunciar un “sabotaje internacional” para frenar el envío a Venezuela de los billetes de nuevas denominaciones, impresos en Suecia, cuando los de 100 bolívares pasaron a valer centésimas de dólar.

En opinión de Manuel Sutherland, “la guerra económica se basa en la idea de una especie de colusión absoluta de los empresarios venezolanos y extranjeros para subir los precios de las mercancías (la llamada “inflación inducida”), para contrabandearlas o para destruirlas. Ese tipo de lockout burgués existió por ejemplo durante el golpe de 2002 y luego en el paro petrolero, pero no es sostenible en el tiempo”. Para este economista marxista, “las causas de las crisis son otras: tipos de cambio diferenciados, aumento de la base monetaria de 330.000%, déficit fiscal continuado, problema de acceso de divisas y caída general de la oferta de bienes, fuga de capitales (Venezuela tiene récord mundial), depreciación meteórica de la moneda. Y a esto se acaba de anunciar que se buscará una reestructuración de la deuda externa. Muchas de estos problemas ocurrieron en varios países de América Latina sin gobiernos de izquierda y sin que nadie hablara de guerra económica”.

De hecho, Bolivia es el contraejemplo: con un gobierno de izquierda “bolivariano”, su modelo es elogiado por su crecimiento económico de alrededor del 5% anual, la inflación baja y la estabilidad macroeconómica. Todo eso operó como una de sus cartas de triunfo electoral durante sus más de diez años de gestión de Evo Morales.

Por otro lado, mucho del pillaje vinculado al manejo de los recursos estatales en Venezuela es organizado desde sectores de la propia jerarquía del Estado como se vio en las denuncias del nuevo fiscal general Tarek William Saab, nombrado por la Asamblea Constituyente, sobre negociados multimillonarios en la Faja Petrolífera del Orinoco.

El subsidio a la gasolina resulta también una fuente de corrupción. Y en el contrabando hacia Colombia participan tanto oficialistas como opositores, civiles como militares, grandes pero también pequeños. Por estos días, el precio de cuatro tanques llenos de un auto particular equivalen al precio de un solo huevo. Al mismo tiempo, la escasez de productos regulados alienta el bachaqueo o reventa del producto a varias veces su valor, promoviendo la especulación y contribuyendo al desabastecimiento. Se dice incluso que se dice que en varias islas del Caribe y en las ciudades de frontera pueden conseguirse esos mismos alimentos que escasean en el país.

Como correlato de la crisis económica, aumenta la pobreza y la extrema pobreza y se revierten conquistas sociales de años previos. Se ha evidenciado un aumento de la desnutrición infantil, la expansión de enfermedades epidémicas como la malaria, un incremento de las tasas de mortalidad materna e infantil asociadas a la pobreza, así como también a una severa crisis en el sistema de salud debido a la falta de insumos y medicinas esenciales.

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En la madrugada del viernes 18 de agosto, la ex fiscal general María Luisa Ortega y su esposo, el diputado Gustavo Ferrer, se subieron a una lancha y escaparon rumbo a Aruba donde los esperaba un avión privado con destino a Bogotá. La fuga de Caracas tenía un como objetivo esquivar una orden de captura. No viajaban solos, también los acompañaban la subdirectora del Ministerio Público, Carmen González Sánchez y el fiscal anticorrupción Arturo Villar Esteves. Ya en el exterior, Ortega Díaz aseguró que sigue siendo chavista y que continuará defendiendo la Constitución de 1999 convirtiéndose así en la cara visible del llamado chavismo crítico que, en los últimos meses, decidió romper con Nicolás Maduro.

Unos meses antes, en el día de los trabajadores, el presidente de Venezuela había convocado sorpresivamente a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) “profundamente obrera, comunal, del pueblo”. La lectura resultó sencilla, el oficialismo debía construir una puerta de escape a la presión de la oposición en las calles para así recuperar el control sobre la agenda pública. La estrategia funcionó. Y la instalación de la ANC constituyó un punto de inflexión en la dinámica política de Venezuela.

Por el lado del oficialismo, se detuvo la sangría política que venía sufriendo el gobierno desde el resultado de las legislativas de 2015, cuando perdió dos tercios de la Asamblea Nacional. La Constituyente apareció como una línea roja que llegó para dividir a leales de traidores. Entre estos últimos estaba un grupo de dirigentes políticos que acompañaron al oficialismo durante las últimas dos décadas como es el caso de Ortega y Ferrer. Así, el ala más dura del oficialismo se replegó sobre sí misma.

Luego de haber denunciado ruptura del orden democrático con el avance de la Justicia sobre las competencias del Poder Legislativo y de cuestionar la legitimidad de la convocatoria a elecciones para la Constituyente, Luisa Ortega fue removida de su cargo por ese mismo órgano y ahora opera desde el exterior contra el gobierno. Desde ese momento, asumió una oposición frontal que la llevó incluso a acusar al gobierno de formar parte de redes de narcotráfico.

El caso de Ferrer es menos conocido. El marido de Ortega forma parte de un grupo de tres diputados oficialistas que rompieron con el PSUV en agosto, luego de las elecciones a la Constituyente, dando forma a un bloque propio en el Congreso. Junto a Ferrer estuvo el ex militante comunista y funcionario de Hugo Chávez, Eustoqui Contreras, que en el momento de la convocatoria oficialista preguntó públicamente: “¿Vamos a tener dos constituciones chavistas o vamos a sustituir la Constitución chavista por otra Constitución? Eso es algo que yo no entiendo”. También sugirió que debía existir una consulta popular previa a la elección de representes, algo que nunca existió.

Pero la puesta en marcha de la Constituyente tuvo consecuencias más graves en el frente opositor. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD), creada como una alianza de partidos en 2009 con el único objetivo de aunar fuerzas ante el chavismo, sufre una crisis interna tan fuerte que la empuja al borde de la disolución, una situación que pocos esperaban luego del triunfo de 2015. Unida menos por el amor que por espanto, la MUD supo reunir expresiones políticas de lo más diversas como los tradicionales partidos de Acción Democrática (AD) y Copei, históricos adversarios que dieron forma a la democracia pactada desde 1958 hasta la llegada de Hugo Chávez, con nuevas expresiones políticas como Primero Justicia (PJ), del ex candidato presidencial y ex gobernador del estado de Miranda, Henrique Capriles, y Voluntad Popular (VP) de Leopoldo López, cercano a la derecha de Miami (aunque el partido fue aceptado en una Internacional Socialista de contornos ultraflexibles).

Luego de varios meses de protestas sostenidas en las calles, con más de un centenar de muertos y varios detenidos, y de un referéndum opositor en el que la MUD contabilizó sin observadores unos 7 millones de votos contra Maduro, la Asamblea Constituyente comenzó a sesionar a pesar de la escasa legitimidad a causa de las sospechas de irregularidades en el proceso electoral y de la falta de participación opositora. Pocos esperaban lo que finalmente se concretó. Esto resultó un golpe duro para la MUD que en 2015 había pasado a controlar uno de los cinco poderes del Estado en la era chavista y pensó que contaba con el camino allanado para nuevas victorias en las urnas.

De este modo, la Asamblea Nacional (parlamento), que ya venía paralizada por el chavismo por el Tribunal Constitucional adicto al gobierno, pasó a tener por encima al “poder originario” de la Constituyente. Las redes sociales estallaron con insultos a los líderes opositores por parte de sus propias bases. La decepción caló hondo y fomentó la abstención electoral. Y lo que parecía una fortaleza a punto de caer, tras casi dos décadas, se volvía otra vez inexpugnable para la oposición. Y resurgió el debate: ¿apostar a las calles o a las urnas?

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Hace unas semanas, el presidente de Venezuela anunció que fomentaría la cría de conejos como una estrategia contra la crisis alimentaria. Las burlas, dentro y fuera de Venezuela, no se hicieron esperan. El propio Maduro diagramó algunos cálculos sobre la reproducción, la cantidad de proteínas y hasta se quejó de que algunos venezolanos los tomen como mascotas y no como fuente de alimento.

Pero el Plan Conejo no es un proyecto que se diagramó aislado sino que se enmarca en los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, conocidos como Claps, una de las bases de supervivencia política y electoral del gobierno. En una publicación convocan a darle “todo el poder a los claps” y cuentan el caso de la Unidad socioproductiva de bomberos y bomberas a la siembra El Valle, que aparecen en la foto exhibiendo conejos de diverso pelaje. En este contexto de crisis alimentaria los Claps, responsables de la distribución de bolsas de comida casa por casa a precios muy bajos, se transformaron en un instrumento de política (y control) social bastante efectivo.

Si bien el chavismo no se caracteriza por su eficiencia en la gestión, sí ha logrado poner en marcha infinidad de organizaciones y programas sociales. Así como las ya famosas Misiones fueron claves para el triunfo de Hugo Chávez en el referéndum revocatorio de 2004, hoy existen centenares de formas de supuesta “democracia participativa” asociados al Poder Comunal, que en el imaginario del chavismo radical debería reemplazar a la democracia burguesa.

De esta forma, a diario existen decenas de miles de personas movilizadas, en un ambiente de sobreideologización, denuncias constantes de los enemigos de la revolución y proselitismo permanente, en engranajes de movilización de un “subsuelo de la patria” que a menudo la oposición no llega a comprender en toda su magnitud en un contexto de fuerte segregación territorial. “Acá no se habla mal de Chávez”, dicen los carteles en diversos espacios de Caracas y programas en canales estatales de televisión.

Los Clap tienen vínculo con el programa Una Mujer, las Unidades de Batalla Hugo Chávez (UBCh), el Frente Francisco Miranda, las Milicias, los Activadores productivos, los “fiscales populares” (cuya función es denunciar a los especuladores) y los comunicadores de los Clap –previamente juramentados en un acto público– “para dar la batalla mediática”. La mayoría de los productos de los Claps son importados, a una tasa de cambio de 10 bolívares por dólar, cuando el dólar blue ya supera los 40.000 bolívares, lo que ofrece una enorme cantera de corrupción para quienes fingen o sobrevalúan importaciones y luego cambian los dólares en el mercado negro.

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Fue la superpoderosa Asamblea Constituyente, una especie de poder de facto que vota por aclamación, la que convocó a las elecciones a gobernadores tan esperadas por la oposición para dar la estocada final al gobierno y postergadas por casi un año por Maduro con el argumento de que no podía convocarlas mientras la oposición intentaba desestabilizarlo. Por eso, cuando el 15 de octubre en la noche se contabilizaron los votos electrónicos los resultados cayeron como una bomba y como un acertijo al parecer irresoluble ¿Cómo era posible que el oficialismo consiguiera 18 de 23 gobernaciones? En medio de una crisis de dimensiones espectaculares, el oficialismo alcanzaba el 54% de los votos frente al 45% de la oposición, que se ubicaba muy lejos del 70% que esperaban.

El oficialismo mantuvo el número de votantes de 2015, casi 6 millones de votos, mientras la oposición perdió en más de 2 millones. Esto se tradujo en que el PSUV conservara 15 de las 20 gobernaciones que había ganado en 2012: perdió cinco pero sumó las tres que estaban en manos de la oposición: Miranda, Lara y Amazonas. Mientras, la MUD perdió esas tres pero ganó otras cinco. Y, un sector, denunció fraude.

Sin duda, existió un campo de juego inclinado a favor del oficialismo gracias a los recursos invertidos, al nombramiento de “protectores” en las regiones opositoras que fugen de gobernadores paralelos y reciben recursos públicos, o a estrategias como la del “ratón loco” que consistió en cambiar a último momento ciertos lugares de votación. Las denuncias de fraude, strictu sensu, quedaron más bien restringidas al estado de Bolívar, sede del arco minero, donde oficialismo y oposición quedaron a escasos puntos.

La abstención, promovida por un sector de la oposición por considerar que el poder electoral es una pieza del oficialismo, jugó también en favor de estos resultados. Al igual que los miles que votaron con los pies y migraron de Venezuela. “2.200.000 venezolanos dejaron de votar y la oposición perdió por 765.000”, trataron de saldar la puja quienes en la oposición combaten el abstencionismo.

El último golpe a una oposición tambaleante provino de la viveza criolla que el chavismo maneja a la perfección: obligar a los nuevos gobernadores a jurar frente a ella. La oposición se enfrentó a un dilema: si juraban la reconocían, si no lo hacían serían destituidos. En el punto de no reconocer a la Asamblea todos coincidieron pero mientras el primer vicepresidente del parlamento, Freddy Guevara (VP), insistía en la radicalización de la rebelión ciudadana como salida política a la crisis venezolana desde la tribuna (sin que existan fuerzas ni ánimo para retomar la acción callejera), el expresidente del Legislativo, el viejo zorro de Henry Ramos Allup (AD), negaba con la cabeza. Las diferencias entre Voluntad Popular y Acción Democrática son cada vez más profundas. “Las dictaduras no salen con balas sino con votos”, concluyó Ramos Allup quien dirige un partido de origen antiimperialista fundado en los años 40 siguiendo las ideas apristas de Víctor Raúl Haya de la Torre.

Hasta ahora muy debilitado por el recuerdo del Caracazo con centenares de muertos, cuando gobernaba el adeco Carlos Andrés Pérez, ahora el partido del mítico Rómulo Betancourt tiene cuatro de los cinco gobernadores opositores, que levantaron la mano delante de la presidenta de la Constituyente y ex canciller Delcy Rodríguez. El gobernador de Zulia de Primero Justicia se negó y fue destituido. El ex presidenciable Capriles pidió disculpas a la militancia y acusó a Ramos Allup de traición. No por nada AD fue el gran partido populista de la historia venezolana. Y su crecimiento en el espacio opositor podría cambiar la dinámica política que predomina desde 2013, tras la muerte de Hugo Chávez, con Capriles y López como referentes.

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En este contexto de crisis, el Carnet de la Patria, un documento de identidad electrónico con código QR que regula el acceso a alimentos y artículos de primera necesidad, imprescindible para acceder a cualquier tipo de asistencia, aparece como una renovada forma de “biocontrol” que despierta los fantasmas de la oposición. A partir de este tejido de “poder popular” el gobierno puso en marcha una suerte de política de las necesidades vitales con las que, hasta cierto punto, no solo neutraliza sino que puede sacar provecho de lo que a primera vista sería una fuente de crecimiento para la oposición debido al descontento social que generan las gigantescas dificultades cotidianas.

Un ejemplo de estas paradojas son los llamados colectivos, una variopinta red de organizaciones armadas, más o menos autónomas y a menudo motorizados, que controlan el reparto de alimentos pero, al mismo tiempo garantizan seguridad en los barrios de una de las ciudades más inseguras del mundo. El propio gobierno intentó en varias oportunidades ponerlos en caja ya que operan como una forma de control político pero, en la medida en que no pueden eliminar a la oposición de manera sencilla, las formas de “negociación” en torno a qué niveles de expresión pública de oposición son tolerados, son bastantes variadas y diversas. Un importante dirigente juvenil de un partido de oposición nos contaba que participa de las reuniones del consejo comunal y su presencia es tolerada al mismo tiempo que, mediante amenazas físicas directas, los colectivos le impusieron límites a su actividad proselitista en el barrio. Pero la toleran porque el descontento crece. De hecho, en barrios emblemáticos como el 23 de Enero –donde votaba Chávez y reposan sus restos– en 2015 triunfó la oposición.

El desprecio por Nicolás Maduro, el desgaste que dejaron los cuatro meses de protestas, el cansancio social, el rechazo a la violencia y el redireccionamiento de las energías a la lucha cotidiana, sumado al temor del pueblo chavista al revanchismo opositor explican, en dosis variables, un triunfo que sorprendió a propios y extraños. Pero no se puede entender la coyuntura actual sin incluir también a la enorme maquinaria oficial, el control de la renta petrolera por parte del Ejecutivo, la adhesión militar al gobierno (por razones políticas y económicas) y las diversas formas de inclinar la cancha en favor del oficialismo.

Ahora Maduro se entusiasmó tanto que convocó a elecciones para alcaldes y hasta se especula con un adelantamiento de las presidenciales. La oposición, fracturada, anunció que no participará, en un intento de recuperar la unidad. Pero hay quienes quieren competir y no perder las decenas de alcaldías en manos opositoras.

“Venezuela es Venezuela, jodidos pero felices”, resumió Maduro una especie de esencia antropológica del carácter nacional. Lo de felices es discutible, pero que “Venezuela es Venezuela” empezaron a entenderlo quienes anticiparon pronósticos demasiado certeros para una realidad demasiado esquiva.

http://www.revistaanfibia.com/ensayo/la-guerra-del-billete-el-plan-conejo-y-otras-batallas/

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=233957

 

 

 

Estamos sin plantearnos cómo “es posible ponerle reglas a este capital que circula por el mundo sin ningún tipo de restricciones y generando a su paso devastación social y devastación ambiental”.

 

 


Fuera OMC: " lo que trae la OMC no es más que privilegios corporativos, propios de los años 90"

25 de octubre de 2017

 

Del 10 al 13 de diciembre se realizará en la ciudad de Buenos Aires la Úndécima Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC). El órgano fue objeto de fuertes protestas a partir de su creación en 1995 como símbolo del neoliberalismo. Desde Enredando las Mañanas nos comunicamos con Luciana Ghiotto, politóloga e investigadora del CONICET y una de las organizadoras de la Semana de Acción Global contra la OMC.

Descargar audio.

La Semana de Acción Global comenzará el jueves 7 de diciembre y se extenderá hasta el 13. Contará con la participación de un importante número de organizaciones que buscan manifestarse en contra de lo que significa la presencia de la OMC.

Luciana es además coordinadora del Foro por las Alternativas al Libre Comercio y contra el Poder Corporativo, uno de los diez ejes que se proponen para trabajar en el marco de la Cumbre de los Pueblos. Para llegar a esa instancia, vienen realizándose encuentros previos. El último, el 30 de septiembre pasado, contó con la participación de unas 70 organizaciones de todo el país, unas 120 personas en total.

La convocatoria, explica la investigadora, propone una semana de acción contra la OMC que será del 7 al 13 de diciembre y que arrancaría con la marcha de la resistencia de las Madres de Plaza de Mayo el jueves 7, para continuar con una serie de reuniones de organizaciones y redes latinoamericanas y mundiales. “Después el domingo 10 -explica-, que es cuando empieza propiamente dicha la reunión ministerial de la OMC, y donde el centro porteño va a pasar a estar totalmente sitiado por la policía por una gran zona de exclusión, arranca nuestra Cumbre de los Pueblos. Su lema es ‘Construyendo alternativas’ y en ella van a funcionar actividades, foros, ubicados más que nada en las temáticas propositivas: soberanía energética, soberanía alimentaria, lucha contra el poder corporativo, va a haber un foro de mujeres, foro de trabajadores, de migrantes. Estamos hablando de un gran encuentro donde van a haber unas tres mil o cuatro mil personas dando vueltas por estos Foros, tratando de construir estas alternativas y tratar de tener una agenda común hacia el 2018”.

Ghiotto plantea que en el contexto actual “no todo el mundo está dispuesto a dar lugar para que funcionen ciertas actividades que van tan directamente en contra de una política del gobierno, que es traer a esta reunión ministerial. Nosotros lo que queremos mostrar es que no estamos convocando a prender fuego la reunión ministerial, sino que lo que estamos tratando de hacer es traer las discusiones políticas sobre derechos sociales, sobre economía alternativa, economía popular”.

La investigadora plantea que el objetivo central de la actividad es mostrar que lo que trae la OMC no es más que privilegios corporativos, propios de las agendas de negociación de los años 90. “Si nos acordamos -continúa-, fue la época del pleno neoliberalismo y la época del fin de la historia, el fin de la lucha de las clases, el fin de todo, después del desplome de la URSS y la presión de las corporaciones, especialmente estadounidenses, lograron introducir temáticas afines al comercio pero que no son temas totalmente sobre comercio, como por ejemplo derechos de propiedad intelectual o servicios o inversiones. Todo eso son agendas de negociación dentro de la OMC que tienen que ver más con temas regulatorios, o sea con las reglas que puede poner un Estado al capital extranjero, por ejemplo. A eso le oponemos una agenda de los pueblos”.

Denuncia al poder corporativo
El Foro que será coordinado por Luciana incluirá el tema de la deuda externa, y el primer trabajo a abordar es la denuncia de casos donde el poder corporativo ha sido flagrante en América Latina. Al respecto, explica que ya tienen “denuncias porque hay una experiencia de tribunales de los pueblos contra las trasnacionales en los últimos 15 años, donde se ha denunciado el abuso corporativo contra poblaciones enteras, muchos casos por ejemplo de Centroamérica, pero también contra nuestros países. Por ejemplo, Argentina es el país más demandado por empresas trasnacionales en el arbitraje internacional, en el famoso CIADI [Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones]”.
La discusión, concluye Luciana, es “si acaso es posible ponerle reglas a este capital que circula por el mundo sin ningún tipo de restricciones y generando a su paso devastación social y devastación ambiental”.

El CIADI y Latinoamérica

Luciana sostiene que, a pesar de que hubo varios proyectos de ley en la etapa del gobierno kirchnerista para que Argentina se saliera del CIADI. incluso de sectores internos del propio oficialismo, el gobierno prefirió mantenerse en esa posición, aun siendo el país más demandado, de seguir protegiendo el capital extranjero como una manera de dar cierta garantía. “Lo que pasa -explica- es que dar garantías implica esto, abuso de poder donde las trasnacionales en cuanto ven que se les da un trato ‘discriminatorio’, dicen ellas, en ese caso ya pueden meterte una demanda en el arbitraje internacional. Por lo cual hoy Argentina está atada de manos”. Esta decisión fue tomada en su momento por los países del ALBA, como Venezuela, Ecuador, Bolivia.

Ghiotto remarca que, a pesar de que “Macri hoy se jacta de ser el país que quiere mostrar seguridad para los capitales, sigue recibiendo demandas. Por ejemplo, este año ya recibimos una demanda, el año pasado recibimos dos demandas (…) En los medios de comunicación salen, pero aparecen como temas súper técnicos, no se entienden bien qué significa una demanda internacional (…) Lo importante es entender que las empresas usan estos mecanismos de demandas como forma de chantaje, para modificar una política pública, por ejemplo”.

En definitiva, explica Luciana, lo “que nosotros queremos resaltar es que por detrás de todos estos Foros que vienen a la Argentina y que Macri recibe con alegría en el país, en realidad están más que nada concentrando todo ese poder corporativo que no tiene nada que ver con las necesidades de los pueblos, y que en realidad nos genera un perjuicio fortísimo a nivel social y medioambiental”.

Una resistencia global

La investigadora señala que hay que ser conscientes de que estas iniciativas “son parte de un proceso de resistencia global, que a donde va la OMC, adonde va el G20, va la resistencia (…) Lo que hace es suscitar, generar resistencia en el lugar donde llega, porque hay muchísima gente afectada por este tipo de políticas liberalizadoras y desreguladoras, que obviamente generan que la gente con mucha bronca se organice frente a esto y nosotros queremos canalizar esa bronca en discutir alternativas de los pueblos”.
Asimismo, es también una “ estrategia de las plataformas de lucha contra el libre comercio (…) Resulta muy importante coordinar con esas plataformas, con esas convergencias, en México, en Colombia, en Perú, en Chile, las organizaciones que venimos también desde la época del ALCA organizándonos en Brasil, en Argentina, en Paraguay. Todas estas organizaciones van a estar presentes en Buenos Aires junto con organizaciones de África, de Asia, va a haber muchos europeos, o sea, vamos a tener realmente un color internacional en esta Cumbre de los Pueblos, en nuestra Cumbre”.

Para ampliar:

CLATE Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadores Estatales

http://www.clate.org/introduc.asp

Fuera OMC

https://fueraomc.org/

Red Nacional de Medios Alternativos -  rnma.org.ar
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En consecuencia, abajo y a la izquierda sin fronteras, necesitamos analizar  más allá del capitalismo local y su gobierno de turno para aproximarnos a qué y cómo hacer las transformaciones radicales del orden opresor. Examinemos:

 

La exportación del Plan Colombia al Triángulo Norte y la Triple Frontera

28 de agosto de 2017

 

Por Álvaro Verzi Rangel (Rebelión)

El llamado Plan Colombia, supuestamente de combate a las drogas, fue diseñado y dirigido por Estados Unidos, pero financiado por los impuestos colombianos: EEUU invirtió 10 mil millones de dólares, y Colombia 120 mil millones de dólares, y hoy amenaza con ser exportado para dirigir operaciones especiales en otras zonas de la región, con bandera sudamericana. 

 

Los planes de la “inteligencia” estadounidense es que las Fuerzas Armadas colombianas suplanten a las de EEUU en el entrenamiento de Fuerzas de Operaciones Especiales, tanto para operar en México (en el marco de la Iniciativa Mérida), como en Paraguay, Honduras, El Salvador, Barhein, Yemen y en Afganistán y la Triple Frontera del Acuífero Guaraní.

 

Quizá, también, para ir creando una fuerza multinacional latinoamericana lista para intervenir en países que lleven adelante políticas soberanas, enfrentadas a las de Washington y el club de gobernantes neoliberales piloteados desde la Organización de Estados Americanos (OEA).

Sería la unificación de Plan Colombia, la Iniciativa Mérida y la Iniciativa para la Seguridad Regional de Centroamérica, ya mostrado en los documentos del Comando Sur de EEUU "Plan 2018", y el "Operation Freedom II". No hay quiebres entre las administraciones de Obama y Trump: por encima de ellos, el poder fáctico lo comparten el Pentágono y el complejo industrial militar, que pueden garantiza r a las corporaciones trasnacionales el acceso a los recursos de la región.

 

¿Qué es realmente? El Plan Colombia le ha permitido a Estados Unidos arraigar su intervencionismo político, económico y militar en América Latina. Es un acuerdo bilateral que fue suscrito entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos en 1999 durante las administraciones del presidente colombiano Andrés Pastrana y el estadounidense Bill Clinton con tres objetivos específicos declarados: generar una revitalización social y económica, terminar el conflicto armado en Colombia y crear una estrategia antinarcóticos, aunque destaca su contenido geopolítico.

 

Pero realmente resultó ser una pantalla para cubrir la implantación de fuerzas armadas estadounidenses en Colombia. Las operaciones militares fueron dirigidas desde Washington por el general Barry McCaffery, ex comandante en jefe de las fuerzas militares estadounidenses en América del Sur, y nombrado jefe de la lucha antidroga por Bill Clinton en enero de 1996. Éste implementó el uso de paramilitares contra la guerrilla de las FARC-EP. El Plan Colombia se supone que es un plan de acciones concretas entre el gobierno de Estados Unidos y de Colombia para erradicar el problema de la droga, sin embargo, destaca su alto contenido geopolítico.

La prioridad que se le otorgó a la modernización del Ejército colombiano con el pretexto del combate a la drogas muestra su inconsistencia con el aumento de efectivos civiles y militares estadounidenses (además de siete bases militares) en territorio colombiano quienes participaron cada vez más en el combate a la insurgencia.

Con presencia de tropas propias EEUU lograba proteger la extracción de petróleo, carbón, oro y minerales estratégicos,

garantizándose la adquisición de materias primas a bajo costo y asegurando, además la inversión de capitales extranjeros, las siete bases militares y el cambio de correlación de fuerzas con unos diálogos de paz que pusieran fin al conflicto armado.

 

La inútil guerra contra las drogas seguirá siendo la excusa "legal" para que EEUU, el principal consumidor, garantice su presencia en su alianza con las derechas latinoamericanas. Nada ha cambiado en este aspecto, apenas los improperios de Trump, a los que uno también se acostumbra.

Cabe recordar que en este año fueron asesinados en Colombia decenas de líderes sociales, continuó el desplazamiento forzado, el despojo de tierras y la existencia de grupos armados paramilitares, gracias, en parte, a la asistencia militar de Estados Unidos que en 2017 llega a los 203,9 millones de dólares. Buena parte de ese presupuesto va a EEUU, abastecedor de las armas y el “servicio de entrenamiento”.

El Estado colombiano destinó el 13.1% del presupuesto nacional (unos 10 mil millones de dólares) a gestos en defensa este año y sólo 9% a salud y protección social (unos 7.200 millones de dólares). En 2017, la Agencia de Control Internacional de Narcóticos y Aplicación de la Ley-INCLE (por sus siglas en inglés) destinó 143 millones de dólares en asistencia para la seguridad dentro del Plan, a sumarse a los 135 millones del año anterior. El Plan antidrogas militar y represivo, sigue vigente.

El presupuesto 2018 -administración Trump- plantea fondos de apoyo económico y fondo de desarrollo; control internacional de narcóticos; no proliferación, antiterrorismo, desminados; educación y formación militar internacional, minimizando los compromisos de reformas sociales de los Acuerdos de Paz.,

A la par, sectores políticos de ambos países presionan para inhabilitar el acuerdo de sustitución manual de cultivos de uso ilícito acordado con Barack Obama, con el argumento de que ha habido aumento de las áreas cultivadas. La sustitución del Plan Colombia por el de Paz Colombia, anunciado por Santos y Obama, fue apenas una jugada retórica y publicitaria, porque en realidad la presencia de marines en las bases militares sigue tan campante, así como la pol´pitica punitiva que impulsa Estados Unidos, y con la que concuerda Santos.

 

Ejército y experiencia de exportación

Según los analistas colombianos, la intención no es sólo la de mantener el Plan Colombia, sino exportarlo a Centroamérica, y pinzarla con la extensión del Plan Mérida desde México, para garantizar el control del tránsito de la droga desde Sudamérica a Estados Unidos.

En 2015, John Kelly, entonces Jefe del Comando Sur y hoy Jefe de Gabinete de Trump, decía que "hace años todos creían que rescatar a Colombia de la violencia era imposible, tal como muchos creen ahora con respecto al caso del Triángulo Norte (Honduras, Guatemala, El Salvador), pero la misión imposible fue posible”.

Hoy Kelly planea que esos "esfuerzos" de inteligencia e información se apliquen para militarizar el Triángulo Norte y trasladar la inestabilidad a la triple frontera en el Cono Sur (Argentina, Brasil, Paraguay), centrando operaciones en Paraguay, donde ya existe una fuerte presencia de asistencia militar y policial colombiana.

 

Socio de la OTAN

Cabe recordar que el 30 de abril de 2009, siendo ministro de la Defensa de Uribe, hizo este resumen de su poderío militar durante una conferencia: “Pasamos de 313 mil hombres a cuatrocientos treinta mil en el año 2008, un incremento de 40%. Se han comprado, entre otros equipos, 44 helicópteros, 52 aviones y 502 automotores de todo tipo para darle movilidad, efectividad de reacción y capacidad de reacción a nuestra fuerza pública”.

“También compramos 161 unidades navales y fluviales como lanchas patrulleras y botes de apoyo fluvial y de combate, e iniciamos la repotenciación de cuatro fragatas y 3 submarinos...”, añadió entonces, , recuerda el director del diario venezolano Últimas Noticias, Eleazar Díaz Rangel. 

En esos años, por vía del Plan Colombia, ese país se convirtió en el quinto en el mundo en recibir mayor ayuda militar de Estados Unidos, sólo superado por Israel, Egipto, Corea del Sur e Irak. Simultáneamente, facilitó seis de sus bases militares para que fueran asiento de unidades de EEUU, y les cedió la base de Palanquero, la más próxima a Venezuela, que tiene capacidad para llegar hasta el sur de América del Sur 

Tampoco hay que olvidar su afiliación a la Otan, lo que supone un impacto para la seguridad y defensa integral de Venezuela y la región. Santos señaló entonces que “Colombia tiene derecho a pensar en grande”, y que él buscaría ya no solo ser los mejores de la región, sino del mundo entero, (…) nuestro Ejército estará en la mejor posición para poder distinguirse también a nivel internacional...”.

 

Logrados los acuerdos de paz, el Ejército colombiano quedó liberado de su enfrentamiento con las guerrillas. No ha sido nada casual que senadores en Washington le ofrecieron al presidente Santos su cooperación para conseguir ayuda militar para enfrentar la amenaza venezolana, y, sin ninguna duda, en la larga entrevista con el presidente de EEUU, el mismo Trump anunció que había conversado para “ayudar a Venezuela”.

El acuerdo Colombia-OTAN de 2013 tenía como uno de sus objetivos estratégicos que el país sudamericano se constituyera en un aliado para combatir “la delincuencia trasnacional y otras amenazas” a la seguridad hemisférica.

Esto es, un territorio para el control geoestratégico de un continente que durante la última década había puesto en cuestión la capacidad hegemónica de los EEUU. De ahí, el amplio rechazo que generó el acuerdo en los gobiernos boliviano, venezolano, ecuatoriano y brasileño, que señalaron que este acuerdo ponía en cuestión la integración regional y los acuerdos establecidos en el marco de la CELAC y Unasur a través de los cuales se reconoció a América Latina y el Caribe como zona de paz.

Así, la condición de “aliado extra-OTAN” fue catalogada como una amenaza a los equilibrios geopolíticos alcanzados en la región, para tensar la cuerda de las relaciones colombo-venezolanas; amenazar a sus vecinos y precipitar el aumento del gasto militar en la región; debilitar a la Unasur y la CELAC; alinearse con Gran Bretaña en el diferendo con la Argentina por las Malvinas, dado que esa es la postura oficial de la OTAN.

 

Recientemente, el director de la CIA, Mike Pompeo aseguró que Venezuela se encuentra influenciada por Hezbollah e Irán, dos de los actores geopolíticos que Washington ubica dentro del “Eje del Mal,” y que por ello “puede convertirse en un riesgo para los EEUU”. Pompeo habló también sobre el uso de Colombia como principal punto de avanzada, junto a México, en una política coordinada contra Venezuela, que va desde lo militar hasta lo económico y diplomático.

 

Esta maniobra de “inteligencia” busca fortalecer el relato de que Venezuela es un país promotor del “terrorismo islámico”, por más que Irán y Hezbollah, junto a Rusia y Siria, sean los principales responsables de su inminente derrota en Medio Oriente, en los últimos años.

Esta es la “narración clara” recomendada por el Consejo del Atlántico (un think tank de los varios aliados a Washington) al gobierno estadounidense, que permitiría escalar las agresiones contra el país, debido a que EEUU ve en Venezuela una “amenaza inusual y extraordinaria” a sus intereses, basado en el Decreto Obama de 2015, base jurídica e institucional de todo su accionar injerencista y con el que establece un estado de emergencia con relación a Venezuela. 

 

Álvaro Verzi Rangel-CLAE, Sociólogo venezolano, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE).

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=230753

 

 

 

Nos resulta crucial historiar la actualidad descubriendo cómo mientras nos entusiasmábamos con los gobiernos progresistas, ignorábamos no sólo las ocupaciones imperialistas de Nuestra América sino también cómo los pueblos se organizaban resistiendo, proponiendo y esclareciéndonos.

 

 

Militarización en América Latina:

Entrevista a Ana Esther Ceceña
6 de febrero de 2009

Yásser Gómez - Rivista Mariátegui

Associazione Ya Basta Caminantes

 

América Latina vive tiempos de cambio con gobiernos de izquierda y el protagonismo alcanzado por el movimiento indígena. Sin embargo, la geopolítica nos dice que aún no hemos derrotado al imperio. Porque los EE.UU. están militarizando la región con la excusa de construir megaproyectos de infraestructura, para apoderarse de los recursos naturales y mantener el control político con una guerra preventiva. Para analizar este tema Upsidedownworld entrevistó en Perú a Ana Esther Ceceña, doctora en Relaciones Económicas Internacionales de la Universidad de Paris I – Sorbona, miembro del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM (México) y Coordinadora del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica, quien estuvo en Lima dictando el seminario: Emancipaciones en un Contexto Militarizado.

 

- ¿Qué significan la IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana) y el Plan Puebla Panamá para América Latina?

 

Son dos megaproyectos que se articulan entre sí, incluso geográficamente y que son similares, porque son dos proyectos de construcción de infraestructura. Están estructurados bajo la idea de canales o líneas de comunicación, en las cuales no solamente se está pensando en que sean vías de comunicación para mercancías y personas. Sino también vías de construcción de líneas de electricidad, energéticas, oleoductos, gasoductos. Incluso en el caso del Plan Puebla Panamá (PPP), está pensado también estas mismas líneas como carreteras de información. La IIRSA(Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana) está mucho mejor planeado con canales interoceánicos para conectar los dos océanos y entonces con eso agilizar la salida hacia Europa, Asia y EE.UU.. La idea es tener vías de llegada al más importante mercado que son los EE.UU. que en sus dos costas tiene características económicas diferentes. El propósito es la extracción de recursos en América Latina y trasladar la mercancía que hay hacia estos mercados. No están tan pensados como apertura de mercado interno. Por eso la IIRSA se proyecta desde el corazón de Sudamérica hacia fuera, hacia las dos costas. Y el PPP está pensado desde Panamá hacia el norte. De manera que las rutas, los canales corren en ese sentido.

 

- ¿El Plan Mérida es la complementación del Plan Puebla Panamá en México? ¿Cuán avanzado está este?

 

El Plan Mérida (PM) si es la complementación del Plan Puebla Panamá, pero en realidad el P.P.P. en sí mismo ya se transformó en Proyecto Meso América incorporando a Colombia y muy explícitamente la dimensión de seguridad. Ya el propio Plan Puebla Panamá asumió las dos cosas, la integración energética que era la parte económica más importante que tenía y la integración de seguridad. Y en ese sentido, ya no es que requiera del Plan Mérida, sino que es un eslabón más que permite que el PM que está en México se concrete de manera muy natural, sin necesidad de mucha bisagra con el Plan Colombia. Porque el Plan Mérida corresponde directamente al Plan Colombia, es el mismo proyecto adaptado a las circunstancias tanto geográficas como temporales. Porque ya se asume toda la experiencia tenida con el Plan Colombia y la estructura es similar, ayuda para seguridad y una muy pequeña para desarrollo, que es como avanzan varios de los proyectos del Plan Colombia. Y entonces tienes una superposición del Plan Mérida en la parte norte, proyecto Meso América enlazando esa parte norte con Colombia, Plan Colombia en Colombia y Perú. Además hay la ASPAN (Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte) que es un proyecto también de seguridad y energético, pero difiere en el sentido de que es más la creación de un bloque regional, lo que está implícito en este plan.

 

- Después de realizadas las fases de invasión denominadas Plan Colombia y Plan Patriota. por parte de los EE.UU. en Colombia ¿Qué es lo que sigue?

La expansión del Plan Colombia hacia dos partes del continente, una es el norte, bueno que se está logrando con el Plan México y con estas acusaciones que se hacen después del ataque de Colombia a Sucumbíos, Ecuador se arma un poco el escenario de que, en México está la oficina internacional de las FARC y que en esa medida, eso justifica el Plan México y digamos, las mismas políticas que en Colombia. Luego el otro derrame es hacia el sur y este se ha intentado por varias rutas. La que más se ha intentado es la de Paraguay como si extendiera un brazo del Plan Colombia hasta la Triple Frontera, que por supuesto, eso lo que hace, es que cubre el área boliviana, pero además permite colocarse en un lugar geográfico que es de gran interés, que es, esta Triple Frontera encima del Acuífero Guaraní y además como epicentro de la parte digamos conosureña, rioplatense de América del Sur. Esto también se intentó en el 2006, se hizo este montaje de que se había secuestrado a la hermana del ex presidente y que entonces, esto indicaba que había células y campos de entrenamiento de las FARC en Paraguay. Y con esta argumentación tan precaria, se estaba pretendiendo montar un operativo Plan Colombia ahí, pero también se ha intentado y de hecho se ha logrado involucrar a Perú desde hace tiempo con el Plan Colombia, porque los recursos del Plan Colombia no son sólo para Colombia, sino para el área. Entonces si los recursos son para el área, incluidos Perú y Ecuador, si los está incluyendo también los está comprometiendo, esta ayuda siempre es con contraparte, esa es como otra ruta de expansión. Pero, lo que se ha puesto en juego hoy después del Plan Patriota, justamente lo que se inaugura con el ataque a Sucumbíos, que es la posibilidad de que los EE.UU. a través de un tercer país, pueda echar a andar una política de guerra preventiva. Y digo EE.UU. porque el operativo de Sucumbíos lo diseñaron en gran medida desde Manta y los operadores en gran parte fueron norteamericanos. Entonces, se inaugura el hecho de que ellos actúen desde Colombia directamente, pero también la posibilidad de que Colombia, emulando la política norteamericana se lance también en una –si se quiere más limitada regionalmente– guerra preventiva, en una defensa de sus intereses, fuera de su territorio, en territorios de otras naciones. Esto marca pautas, que de no haber sido por esa reacción tan fuerte del gobierno ecuatoriano, realmente estarían perfilando ya como la intervención directa en cualquier país del continente.

 

- En el tablero geopolítico de la región ¿Qué importancia tiene el Perú en los planes hegemónicos de los EE.UU. que intenta establecer una base militar en la región surandina de Ayacucho?

Se está hablando de dos bases en Perú desde hace tiempo, del área de Chiclayo y también ahora, más recientemente la de Ayacucho. Incluso por ahí, hay alguien quien dice que tal ves, es en la zona de Quinua (Ayacucho), donde se quiere establecer. Pero con bases de nuevo tipo, muy flexibles, eficaces, pero también más pequeñas, realmente bases más adecuadas a lo que son las condiciones de la actuación militar en este momento de la guerra. Pero también del simple trabajo del monitoreo y vigilancia. Entonces cuando nosotros vemos la posición geográfica de Perú y evaluamos la situación política y geopolítica del continente, realmente la posición de Perú es inmejorable como para tener una posibilidad de acceso más directo y más variado hacia algunas regiones que están preocupando mucho como la de la zona sur de Bolivia, la zona gasífera. La zona norte de Argentina que es petrolífera, entonces, está en términos de los recursos, pero también en términos de su potencial rol en la desestabilización de gobiernos que se consideren convenientes. La base de Ayacucho está en línea recta hacia La Paz, de manera que, de acuerdo con los radios de acción –incluso mínimos– que tienen los aviones de guerra actuales, La Paz quedaría bajo el alcance de la base de Ayacucho sin ningún problema. Y lo de Chiclayo apunta más hacia la zona amazónica, la veo como una oportunidad, por un lado, de garantizar la entrada por el río hacia Iquitos y la zona Amazónica, pero también de mantener vigilado a Ecuador por los dos flancos. Porque, pues Colombia está garantizado, pero Ecuador ya no va a tener una base y además se ha rebelado, ha elevado a rango constitucional la idea de que Ecuador es un territorio de paz y por eso, no admite la presencia ni de bases militares extranjeras, ni de tropas extranjeras en su territorio. Entonces, allí les cerró una posición y esa posición parece estarse trasladando simultáneamente hacia arriba y hacia abajo. Hacia abajo sería lo de Chiclayo y seguramente también Ayacucho, porque queda en esa misma línea de alcance. Y hacia arriba, hacia la costa colombiana, posiblemente en la costa del Chocó. Los dos ejes que están moviendo esas nuevas posiciones, el diseño de cómo será mejor establecer estas nuevas posiciones y que están haciendo pensar en Perú son fundamentalmente el de garantizar el acceso a los recursos naturales estratégicos y el del control de la insurgencia o el control de la posible formación de coaliciones contrahegemónicas. Estas dos cosas están perfiladas en el corazón de América del Sur, de manera que el hecho de tener posiciones en Perú o de tener una situación más permisiva para el arribo de tropas y la movilización de tropas. Por un lado, les facilita la entrada a los recursos naturales peruanos, que son muchos, muy valiosos y a los recursos de los países vecinos, pero les facilita también y quizás esto, coyunturalmente es lo más importante, el flanqueo de Bolivia y desde ahí una línea de acceso más directo por el centro a Venezuela.

Yásser Gómez es Periodista, Corresponsal de Upsidedownworld en Perú y Editor de Mariátegui. La revista de las ideas. / mariategui(a)riseup.net

Fuente: http://www.yabasta.it/spip.php?article787

 

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VIII Foro Mesoamericano de los Pueblos. Declaración de Minatitlán

13 de abril de 2011

 

"Los pueblos de Mesoamerica vivimos hoy una de las etapas más difíciles de nuestra ya larga historia ; los grandes megaproyectos como el Plan Puebla-Panamá ( hoy Proyecto Mesoamerica) y los Tratados de Libre Comercio sólo han traído más miseria y violencia para nuestras gentes."

Reunidos los días 8,9 y 10 de Abril del 2011 en este pueblo de Minatitlán, Veracruz, México en el corazón de la tierra olmeca, los representantes de organizaciones, comunidades, redes y movimientos de toda Mesoamerica emitimos la presente Declaratoria.

Los pueblos de Mesoamérica vivimos hoy una de las etapas más difíciles de nuestra ya larga historia ; los grandes megaproyectos como el Plan Puebla-Panamá ( hoy Proyecto Mesoamerica) y los Tratados de Libre Comercio sólo han traído más miseria y violencia para nuestras gentes. En nuestros territorios se vive una nueva invasión. Millones de hogares mesoamericanos están hoy desgarrados por la pobreza y la migración y somos las mujeres las que sufrimos con mayor fuerza la discriminación y la violencia.

Los derechos de nuestros pueblos son pisoteados por oligarquías al servicio de las grandes corporaciones trasnacionales. La creciente militarización demuestra que la democracia en nuestros países es sólo una farsa. La persecución en contra de los hombres y mujeres que defienden sus derechos es una muestra más que quienes nos gobiernan son súbditos del gran capital y de sus proyectos de muerte.

Como resultado de la terrible desigualdad que existe en nuestros países, diariamente miles y miles de mesoamericanos dejamos nuestras casas, para viajar al Norte en busca de empleo. Los migrantes son objeto de gravísimas violaciones a sus derechos, a diario decenas mueren por accidentes, pero también por ataques y agresiones del crimen organizado y de la policía. Esta tragedia en buena parte es responsabilidad de los gobiernos y en particular del mexicano que le hace el trabajo sucio a los intereses norteamericanos

En los últimos años nuestros territorios han sido escenario de grandes siniestros, miles y miles han muerto o han perdido sus viviendas, animales y cultivos. El llamado Cambio Climatico producido por el ritmo enloquecido del modelo capitalista neoliberal afecta principalmente a los más pobres. La Madre Tierra viene sufriendo grandes daños y son las mismas empresas y gobiernos responsables de este desastre quienes promueven falsas soluciones, como el REDD que significa el despojo y la privatización de selvas y bosques muchas de ellas de propiedad inmemorial de los pueblos indios.

En nuestros países, son muchas las familias que han sido desplazadas de sus hogares, por la construcción de represas hidroeléctricas, carreteras y otros proyectos como los de ganadería extensiva. También son muchos los pobladores que han sido desalojados de sus viviendas por proyectos de urbanización salvaje.

Las inversiones extranjeras apoyadas por los gobernantes de nuestros países están orientadas al saqueo de nuestros recursos naturales, hoy mismo el 14% del territorio mesoamericano ha sido concesionado a empresas mineras extranjeras principalmente canadienses, las cuales explotan brutalmente la fuerza de trabajo de nuestra gente, destruyen ríos, contaminan tierras y dividen comunidades. Los gobiernos de Norteamerica, Asia y Europa impulsan iniciativas de muerte disfrazadas de cooperación y a través del llamado Libre Comercio sólo buscan favorecer los intereses de las grandes empresas trasnacionales.

Los pueblos de Mesoamerica somos herederos de antiguas culturas, contamos con costumbres y conocimientos milenarios y con una larga tradición de resistencia y lucha. En base a esta historia es que este Foro condena al Modelo Neoliberal el cual es impulsado por los gobiernos y empresas trasnacionales; modelo que sólo nos ha empobrecido y que ha dañado profundamente a nuestra Madre Tierra.

Es por ello que este VIII Foro Mesoamericano de los Pueblos ha tomado los siguientes acuerdos:


Luchar por la Soberanía Alimentaria, la defensa de nuestras semillas nativas y de los conocimientos tradicionales.

Impulsar la defensa de los Derechos Humanos, y en contra de la Militarización, la criminalización de la protesta. Exigimos cese el feminicidio y la discriminación hacia las mujeres y la comunidad lésbico-gay.


Defender nuestras tierras y recursos naturales, enfrentando los proyectos hidroeléctricos, mineros, turísticos, de ganadería extensiva, plantaciones forestales y de infraestructura. Lucharemos en contra del desplazamiento de población por parte de estos megaproyectos y de los desarrollos urbanos.

Movilizarnos en contra de la persecución que sufren los y las jóvenes por el sólo hecho de ser jóvenes. Asimismo intensificaremos nuestra acción en contra de las agresiones que sufren a diario los migrantes.

Rechazar el papel del Banco Mundial en el financiamiento de las falsas soluciones a la crisis climática. Que el desastre lo paguen quienes lo provocaron

Fortalecer la solidaridad entre nuestros pueblos en su lucha por transformar radicalmente esta realidad injusta y caminar juntos por la construcción de sociedades equitativas, justas y libres.

Ante el gran reto que tenemos enfrente los pueblos de Mesoamerica se hace necesario que impulsemos una nueva etapa de movilización conjunta, para lo cual aportaremos nuestros esfuerzos para construir juntos y juntas un instrumento de coordinación y comunicación que nos permita movilizarnos para derrotar al sistema capitalista, neoliberal y patriarcal.


Hoy nace en Minatitlán, un nuevo movimiento, el movimiento de los pueblos mesoamericanos. En el día que recordamos la muerte de Emiliano Zapata, nacemos con dignidad y coraje en este nuevo caminar, que es el caminar de nuestros antepasados y que será el caminar de nuestros hijos e hijas.

Basta ya de despojos, basta ya de miseria y atropellos. Es la hora de los Pueblos de Mesoamerica Libre

Minatitlán, Veracruz . a 10 de Abril del 2011

Organizaciones, Pueblos, Redes de Guatemala, México, Nicaragua, ElSalvador, Panamá, Honduras y Costa Rica


Minga Informativa de Movimientos Sociales

Leer

 

 

 Alternativas postcapitalistas

 

 

Atrevámonos, abajo y a la izquierda sin fronteras, a subvertir el orden capitalista e imperialista. “Estamos al borde de la desaparición de la humanidad y la civilización por las desgracias capitalistas: destrucción acelerada del medio ambiente por la explotación despiadada de la tierra y todos los recursos naturales no renovables, desigualdad social incontenible que se denota en la periferia y en las metrópolis, pauperización de grandes masas de población mundial de siete mil 600 millones de habitantes, migración desesperada a Europa, entre otra desgracias. Y al frente, desde el poder, a nivel mundial y en la mayoría de países, una clase minoritaria, la burguesía que manda desde los centros imperiales y tiene sus vasallos en cada país colonizado o recolonizado”. Apreciemos:

 

Revolución de Octubre, ascenso de los oprimidos

11 de noviembre de 2017

 

Por Yahir Contreras (Rebelión)

La verdad es siempre revolucionaria. Lenin

 

La más profunda transformación social en la historia de la humanidad acaeció hace cien años en Rusia. Triunfó en octubre de 1917, pero en estricto se celebra el 7 de noviembre a causa de la diferencia de días entre los calendarios juliano y gregoriano.

En Rusia nació la primera experiencia de una sociedad conducida por los de abajo con un sentido colectivo, socialista. Desde la Revolución Francesa de 1789 la sociedad no se había impactado en semejante magnitud. En París nació la sociedad conducida por la burguesía y se rompió el dique feudal en pos del capitalismo que perdura hasta nuestros días.

Con la Revolución de Octubre, por primera vez en la historia, los oprimidos asumieron el poder político conducidos por los revolucionarios dirigidos por Vladimir Ilich Ulianov, conocido en la historia como Lenin. Los oprimidos derrocaron el gobierno provisional que había apoderado del poder luego de defenestrar al zarismo. Los Soviets de obreros, soldados y campesinos asumieron todo el poder el 7 de noviembre (25 de octubre) bajo la conducción de los bolcheviques. La insurrección popular triunfó rápidamente después de la intentona de febrero de ese año, que llevó al gobierno provisional a diversos actores vacilantes que querían avanzar sin rupturas, conciliando con los reaccionarios de los partidos burgueses. Los revolucionarios rusos asumieron la tarea de dirección y con la alianza obrero-campesina hicieron realidad su consigna: ¡Todo el Poder a los Soviets!

La tarea revolucionaria era titánica: construir un orden nuevo, el socialismo, que vislumbraba alcanzar la igualdad social como lo preconizaron Marx y Engels unas décadas antes. Rusia era un país atrasado, feudal, con incipiente capitalismo, en guerra con Europa y Asia, el zarismo estaba en crisis y la revolución alcanzo tierra fértil. La burguesía europea -Alemania en particular y las vetustas monarquías-, se aterrorizaron de saber que en Rusia se empezaba a construir un orden nuevo, socialista, que cuestionaba su poderío, que derruía el sistema capitalista con la clase obrera al frente, hombro a hombro con soldados y campesinos. La reacción no se hizo esperar y todos los regímenes europeos se aliaron para sabotear la nueva Rusia y desataron la guerra civil en la periferia con la creación del Ejército blanco para intentar retomar el poder soviético sustentado y defendido por el Ejército Rojo. Los primero años fueron intensos de conmoción social, de avances y retrocesos, de intentonas contrarrevolucionarias. Paz, pan y tierra era la consigna del poder soviético para satisfacer a la masa obrero-campesina que se había tomado, al fin, el poder.

Los primeros decretos del gobierno soviético vislumbraban la revolución: se ordenó el horario laboral de ocho horas, se garantizó la propiedad de la tierra para los campesinos, se declaró obtener la paz con Alemania, se inició el plan de alfabetizar a toda la población, se consagraron los derechos de los pueblo de Rusia y del derrocado imperio zarista bajo el principio de la autodeterminación, se promulgó la igualdad legal de los sexos, se sustituyeron los entes de justicia por nuevos bajo directrices revolucionarias, se abolieron los títulos y rangos sociales, se separó la iglesia del Estado, se expropiaron los bienes de las iglesias y pasaron a manos estatales, así como la educación en general. Se dotó de vivienda a los desposeídos de las ciudades. Se nacionalizaron las industrias y los bancos, se desconoció la deuda contraída por el zarismo. Un mundo nuevo había nacido: se consumó una revolución democrático-burguesa pero dirigida por revolucionarios que tenían en mente construir la utopía en este mundo, erigir a la brevedad una nueva sociedad: el socialismo. La nueva Constitución consagró en 1918 el nuevo orden: por primera vez en la historia los oprimidos gobernaban un país y asumían el control de las instituciones y del poder en la República Socialista Federativa Soviética de Rusia.

La genialidad de Lenin trazó el derrotero, la continuidad de la revolución: el sistema capitalista es un hueso duro de roer y la economía es un serio problema: socializar la agricultura, la producción industrial, la pequeña producción era un paso que requería de método para no colapsar. Para ello, el líder trazó la Nueva Economía Política (NEP) que permitiera una transición de la producción neta capitalista y feudal a una socialista. Durante esos años, hasta la muerte de Lenin en 1924, la tarea fue cumplida y se sentaron las bases del socialismo, tarea que se emprendió bajo los planes quinquenales, que planificaron desde el Estado toda actividad económica estratégica. En 1922 se había fundado la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas que resolvía la relación entre naciones disímiles en una asociación que perduró hasta 1991 con la disolución de la URSS y la restauración del capitalismo.

Durante la década de los 20 y 30 la Unión Soviética cimentó una producción industrial conducida por el Estado, se modernizó la agricultura bajo las cooperativas campesinas (koljoses) y la producción agrícola del Estado (sovjoses). En el ámbito político, la ausencia de Lenin desató intensas polémicas que terminaron con la ruptura entre dos alas dirigidas por Trotski y Stalin, respectivamente. Pese a los juicios tendenciosos que distorsionan la historia (los errores de Stalin, la persecución de este a Trotski, las purgas intra-partidistas, los excesos de la colectivización forzada) el gran logro es innegable e imborrable: la Unión Soviética se convirtió en una potencia política, económica y militar que jugó su decisivo papel en la Segunda Guerra Mundial, la Gran Guerra Patria. Sin la URSS la derrota de la Alemania nazi y los fascistas europeos hubiera sido muy difícil. La historia que se cuenta en estos tiempos pretende dar a Estados Unidos la victoria que el Ejército Rojo labró desde su resistencia por la incursión militar nazi que llegó a las puertas de Moscú, hasta la toma de Berlín por tropas soviéticas el mayo de 1945.

La Revolución Rusa de 1917 marcó la humanidad para siempre: pese a las derrotas de la revolución acaecidas en Europa y diversos países del orbe a lo largo del siglo XX, un mundo sin capitalismo es posible, un mundo gobernado por los oprimidos es posible . La penetración de la ofensiva ideológica desde la última década de la centuria pasada y lo que va del siglo XXI, pretende hacer creer que el neoliberalismo capitalista es invencible y que no hay esperanza. Los caminos de la historia nunca se vieron libres de obstáculos y derrotas de las causas más nobles. El futuro de la humanidad pende de un hilo sostenido por el Capital, que fiel a su esencia pretende vendernos la idea de su triunfo definitivo.

 

Estamos al borde de la desaparición de la humanidad y la civilización por las desgracias capitalistas: destrucción acelerada del medio ambiente por la explotación despiadada de la tierra y todos los recursos naturales no renovables, desigualdad social incontenible que se denota en la periferia y en las metrópolis, pauperización de grandes masas de población mundial de siete mil 600 millones de habitantes, migración desesperada a Europa, entre otra desgracias. Y al frente, desde el poder, a nivel mundial y en la mayoría de países, una clase minoritaria, la burguesía que manda desde los centros imperiales y tiene sus vasallos en cada país colonizado o recolonizado.

La Gran Revolución de Octubre, a un centenario de su triunfo, es un faro que aún marca el derrotero. Ni los medios y la clase dominante pueden ignorarla: se preocupan por academizarla y presentarla como el pasado que no volverá, como su pesadilla que ya pasó. El siglo XXI alberga esperanzas como Cuba y Venezuela y varios gobiernos progresistas en Nuestra América. Nada es eterno es este mundo, la fuerza de los oprimidos se levantará como los Soviets de hace un siglo. La humanidad necesita nuevos rebeldes soviets o la inminente destrucción nos hundirá en la aniquilación. Lenin aún está presente con sus libros y su conducción. Los humildes, los de abajo, tienen que tomar la palabra antes de que sea demasiado tarde. La Revolución es necesaria antes que el sistema capitalista nos borre del universo para siempre.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=233904

 

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La revolución bolchevique 100 años después

11 de noviembre de 2017

 

Por Yazle A.Padrón Kunakbaeva (Rebelión)

En estos días, en que una hora nos parece mucho tiempo, cien años representan una cantidad de tiempo absurda. Toda la maquinaria de la industria cultural y la dinámica del mundo económico se conjugan para hacer que vivamos en un mundo de lo efímero y lo fugaz. Esto es verdad incluso en Cuba, donde se supone que deberíamos estar a salvo. Es por eso que cien años es algo cuya verdadera densidad ya casi no podemos experimentar. Cuando nos enteramos de que se cumplen cien años o doscientos de algo, es como si pasara un cometa: ocupa por un momento el cielo, extraño, venido de otro mundo, y luego desaparece. No resulta extraño, por tanto, que nos cueste trabajo reaccionar frente al centenario de la Revolución de Octubre.

Lo interesante, no obstante, es el estado de incomodidad ante la efeméride que existe entre los más diversos actores del escenario actual. Nadie sabe muy bien que hacer. Son muchos los que no quieren celebrarla, pero son incapaces de dejarla pasar en silencio. Los cien años de la Revolución de Octubre recuerdan el derrocamiento del absolutismo zarista y el surgimiento del primer estado socialista, una conmoción que sacudió los cimientos del mundo. Pero traen también a la memoria los horrores del estalinismo, la opresión de millones de personas en Europa del Este, etc. Se trata de una de esas fechas ante las que se hace necesario tomar una posición, decidir de qué lado se está.
 

La revolución de los bolcheviques pasó ya hace cien años. Puede parecer mucho tiempo, pero lo realmente sorprendente es que hayan pasado sólo cien años. Cuando uno piensa en cuanto ha cambiado el mundo desde 1917, parece que han pasado milenios. Las figuras de la revolución parecen provenir de un pasado mítico, de una época definitivamente perdida. En 1917 todavía era posible que la historia vibrara y explotara. Todavía eran posibles un Lenin de inteligencia y convicción titánicas, un Smolny atestado de bolcheviques y un Petrogrado rebelde, indómito. Todavía era posible, en fin, un asalto al palacio de invierno. Se creía, por aquellos días, en que sería posible construir una sociedad sin clases.


Frente a la grandeza de aquel acontecimiento y a los cien años transcurridos es necesario hacerse la siguiente pregunta: ¿Cómo fue posible que la hermosa locura revolucionaria de aquellos días se perdiera y diera a luz a un estado dictatorial e incluso sanguinario? ¿Cómo fue posible que el socialismo se corrompiera hasta el punto de convertirse en un peso muerto sobre la vida de los hombres, en una verdadera muestra de vida enajenada? El mismo pueblo ruso que inició la construcción del socialismo fue aquel que derrocó al estado soviético y abjuró de él. ¿Fue el socialismo siempre un error?

No hay ninguna evidencia de que el socialismo como horizonte social sea una opción errónea, sino todo lo contrario. Cada vez es más evidente que el capitalismo como sistema social es insostenible a largo plazo. En algún momento, el afán de hacer trabajar a otros para enriquecerse y la necesidad de trabajar para sobrevivir deben dejar de ser las principales motivaciones para producir. En su lugar, debe aparecer la voluntad de construir un mundo mejor como motor de la sociedad. De lo contrario, la especie humana se vería aplastada por las consecuencias de su propio desarrollo descontrolado. El socialismo, como modelo de una sociedad donde se cumplen de verdad los ideales de la ilustración francesa (igualdad, libertad, fraternidad), no ha dejado de ser un objetivo válido.

Tampoco puede decirse que fue un error intentar construir el socialismo durante el siglo XX. La evidencia muestra que sólo el socialismo pudo sacar a Rusia del atraso y convertirla en un país industrializado. En general, en todos los países en los que hubo un proceso revolucionario verdadero, el socialismo generó condiciones de vida superiores a las que había con anterioridad. Además, de no haber existido la Unión Soviética, con su modelo de economía planificada, los países capitalistas no habrían realizado las reformas estructurales que les permitieron superar la crisis del liberalismo decimonónico y construir los estados de bienestar general. También los países capitalistas desarrollados tienen algo que agradecerle al socialismo del siglo XX.
 

El verdadero error está, como siempre, en los métodos. El gran discurso de los documentos teóricos no es la verdadera casa de la ideología de una sociedad. El método es la ideología. La manera en que los hombres hacen las cosas es lo que determina la manera en la que piensan, aunque digan otra cosa. Esta es la enseñanza primera del marxismo. Desgraciadamente, en los países del socialismo real, los métodos fueron autoritarios, basados en el ordeno y mando generalizado. Frente a ese proceder, el discurso de la democracia obrera tenía muy poco que decir.

Es cierto que resulta muy difícil para una sociedad desprenderse de los métodos autoritarios, sobre todo cuando estos vienen validados desde el mismo nivel del paradigma de racionalidad. La ciencia y la técnica moderna están constituidas para ser utilizadas por élites empresariales y tecnocráticas. El socialismo, en cambio, exigiría el desarrollo de una democracia cognitiva como fundamento de la democracia política. Este cambio de paradigma, evidentemente, es poco factible ahora mismo (mucho menos hace cien años), pero no por ello resulta menos necesario.

Los sistemas del socialismo real chocaron con la dificultad ontológica de construir relaciones sociales no autoritarias y se rindieron pronto. Se conformaron con eliminar la propiedad privada, sin eliminar la gestión tecnocrática de los recursos económicos. A partir de ahí, sólo fue cuestión de tiempo que la corrupción autoritaria se adueñara de todos los aspectos de la vida.

Ni la revolución ni el socialismo fueron un error: más bien se trató de un salto a lo desconocido que, como suele pasar, terminó mal a la larga. Lo imperdonable sería que nosotros no aprendiéramos nada de lo que ha pasado en estos cien años y continuáramos cometiendo los mismos errores.

¡Viva la Gran Revolución Socialista de Octubre!

 

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=233902

 

En consecuencia, hoy las alternativas postcapitalistas están en las revoluciones que requieren la unión programática de las diversidades de abajo en luchas insurreccionales. Pareciera que los partidos políticos tienen una organización que bloquea las potencialidades de cambio social de los pueblos y sus autoorganizaciones.

 

Revolución, partido, estado,

burocracia: el ejemplo ruso

10 de noviembre de 2017

 

 

Por Guillermo Almeyra (Rebelión)

 

A modo de introducción

Más que presentar los ensayos que forman este valioso y oportuno libro deseo subrayar algunos puntos fundamentales que nuestra época poco informada en lo fundamental tiende a ver sólo a la luz de lo sucedido posteriormente en la victoriosa Unión Soviética o teniendo en cuenta los actuales datos demográficos, culturales, económicos y las técnicas de información.

No me referiré por consiguiente a los importantes ensayos que integran esta obra los cuales hablan por sí mismos y, en su pluralidad, salvo en algunos detalles, presentan una poderosa y unitaria versión coral.

Recordemos: Rusia, coloso de pies de barro, con su zarismo, la Corte corrupta y despótica en la que reinara Rasputin hasta 1916 y el despotismo asiático de la dinastía de los Romanov, aparecía ante un mundo occidental conquistado por los ideales de la Revolución Francesa como una supervivencia del anacrónico absolutismo monárquico que ésta había combatido y los bolsheviks (o ala bolchevique de la Socialdemocracia rusa) eran escasamente conocidos fuera de los reducidos ámbitos de las direcciones socialistas.

La Revolución rusa de febrero fue por eso celebrada jubilosamente por socialistas, liberales y demócratas por igual mientras que la de octubre, para un mundo informado por las agencias Reuters (británica) y Havas (francesa) en guerra con Alemania, fue presentada como una maniobra del Kaiser contra los aliados. Sólo más tarde los trabajadores de todo el mundo empezaron a reconocerse en lo que hacían y decían los revolucionarios rusos dirigidos por Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) y Lev Davidovich Bronstein (Trotsky).

Algunas condiciones que favorecieron el estallido revolucionario

La revolución en la inmensa Rusia centralizada por el poder del Zar y de la Iglesia ortodoxa fue posible porque, pese a los intentos de reforma, como la de Stolypin, ese poder chocaba no sólo con los revolucionarios marxistas sino también con una naciente burguesía condenada por el régimen a ser socia menor del capitalismo anglo-francés, con una intelectualidad europeizada, con sectores liberales y democráticos de la nobleza [1] y era resistido por las nacionalidades reprimidas y combatido por todas las tendencias socialistas, que influenciaban sectores obreros y estudiantiles. El zarismo era duro, brutal y capaz de infiltrarse en las organizaciones revolucionarias [2] pero escondía una gran fragilidad que se había revelado ya en 1905 y que la entrada de Rusia en la guerra de 1914-1918 agravó de golpe.

La enorme y dispersa base campesina del país, en miles de aldeas y dividida por nacionalidades, culturas y religiones, se convirtió en 1914 en una sola masa al ser enviada al ejército como carne de cañón y se encontró durante años en las trincheras con los intelectuales y obreros socialistas convertidos en suboficiales y oficiales. Esa doble educación -por un lado, sobre los horrores del capitalismo y, por otro, sobre la posibilidad de una alternativa socialista-, hizo posible la alianza con los campesinos de un proletariado poco numeroso pero muy concentrado y esa unión, a su vez, cambió radicalmente la política agraria de Lenin y de los bolcheviques que pasaron a exigir tierra para los campesinos y paz y pan para todo el país logrando así inmensa popularidad

Otra particularidad rusa que hizo posible la revolución consistía en su reciente historia. La revolución de 1905, que formó parte de un ciclo de revoluciones democráticas [3], había sido una especie de ensayo de la de 1917 y en ella habían nacido los soviets (consejos obreros) como instrumento de autoorganización de los obreros. Tras un duro período de reflujo político y de reacción desatada, las masas rusas se reorganizaron y la agitación social y las huelgas con manifestaciones se sucedieron desde 1912 hasta la entrada en la guerra y sobre esa base reaparecieron los consejos obreros en 1917.

Por su parte, el Partido bolchevique, que en 1905 se había opuesto a los soviets porque veía en ellos una competencia con su organización, no sólo los reconoció entre la revolución de febrero de 1917 y la de octubre sino que también incorporó a sus filas a Trotsky, presidente de los soviets en 1905, y a un grupo numeroso de amigos de éste.

La revolución democrática antizarista, por otro lado, al producirse durante una guerra de las grandes potencias capitalistas por el reparto de un mundo ya unificado por el capital, integró la lucha por las tareas democráticas -paz, tierra, democracia, libertad, eliminación de los privilegios de la nobleza y del clero e independencia de los pueblos oprimidos por el imperialismo ruso- con el combate por las tareas anticapitalistas: igualdad, fin de las discriminaciones de todo tipo, expropiación de los expropiadores mediante la eliminación de la propiedad privada de los instrumentos de producción, control obrero en la industria estatizada, instalación de un nuevo Estado obrero para empezar a construir el socialismo. De ahí la transformación ininterrumpida de la revolución democrática en revolución socialista y el carácter permanente de la revolución (que implicaba igualmente la extensión de la misma a algunos de los países más desarrollados).

Los soviets (consejos obreros) en 1905 y en 1917 eran un instrumento de todas las capas de los trabajadores pues eran pluralistas ya que estaban integrados por todas las tendencias existentes en el movimiento obrero desde los laboristas hasta los socialistas revolucionarios, los revolucionarios o reformistas marxistas y los anarquistas. La influencia de las diferentes organizaciones evolucionaba, se medía cotidianamente en la acción directa de la clase obrera y determinaba los cambios en la dirección de los consejos.

Ese pluralismo caracterizó también al primer gobierno de los soviets dirigido por Lenin, Trotsky y los bolcheviques, e integrado por 14 bolcheviques, siete social-revolucionarios de izquierda, tres mencheviques y un menchevique internacionalista (Mártov) y sólo las vacilaciones ulteriores de los s-r y mencheviques hicieron que el Consejo de Comisarios del Pueblo (nombre de los ministros tomado de la Revolución Francesa propuesto por Trotsky) quedase formado únicamente por bolcheviques.

Otra peculiaridad rusa era la existencia de un partido revolucionario fuerte, probado y seleccionado durante decenios de duras luchas. Dicho partido unía la organización clandestina con el flexible y audaz aprovechamiento de cada espacio democrático por mínimo que fuese, como la participación en la elección para la Duma (el Parlamento) y libraba constantemente la batalla de las ideas con los libros teóricos, ensayos y artículos de sus principales dirigentes y con la participación de los mismos en los congresos socialistas internacionales, a diferencia de lo que sucedió posteriormente en todas las revoluciones posteriores, como las fracasadas en Hungría y en Alemania en la inmediata postguerra o, más cerca de nosotros, en la boliviana de 1952, la cubana de 1959, la argelina de 1954, la sudyemenita en 1967-1990 o las revoluciones nacionalistas y antiimperialistas en Mozambique, Angola y Guinea Bissau [4].

Un partido revolucionario con una dirección revolucionaria

El Partido bolchevique tenía una vida intensa y en su seno coexistían diversas tendencias, que discutían públicamente sus respectivas posiciones. En el momento de la revolución era un partido de jóvenes -Lenin tenía 47 años, Trotsky, 38, Preobrajensky, 41, Zinoviev, 34 al igual que Kamenev- pero ellos tenían décadas de luchas y además la experiencia revolucionaria de 1905.

Lenin, como todos los marxistas de su época, consideraba que el partido, por importante que fuera para la lucha por la revolución era, sin embargo, sólo un instrumento transitorio en la lucha por la supresión de las clases en el socialismo, al igual que el Estado de nuevo tipo que había que construir sobre nuevas bases para empezar a superar el capitalismo.

Creador del partido, estaba lejos de ser fetichista respecto a una organización que consideraba al servicio de los trabajadores y que, si no cumplía su función, podía ser reemplazada por otra más adecuada. Política y moralmente estaba en las antípodas de esa hechura totalitaria inventada por Stalin y la burocracia soviética y cristalizada en el dogma “marxista-leninista” con su culto del Líder, su partido único y monolítico fusionado con el aparato estatal y con el nacionalismo estrecho de una casta conservadora y parasitaria que vive de los privilegios que arranca a la sociedad sobre una base nacional y que una revolución mundial pondría en peligro.

Como Trotsky y todos los revolucionarios rusos educados en el exilio europeo Lenin era un ferviente internacionalista y jamás pensó que la revolución rusa pudiese subsistir si no se producía una revolución en los países más industrializados, sobre todo en Alemania, que ayudase a superar el terrible atraso cultural y técnico ruso. Creía tan firmemente que la revolución rusa era sólo un peldaño en una lucha internacional permanente y que la tarea de los rusos era aguantar defendiendo la revolución hasta que otra u otras más importantes tomasen el relevo, por eso bailó y saltó de júbilo bajo la nieve del duro invierno moscovita cuando la recién nacida república soviética superó los dos meses y diez días (desde el 18 de marzo hasta el 28 de mayo de 1871) de duración de la Comuna de París.

Lenin, descendiente de rusos, alemanes, calmucos y judíos, era profundamente ruso por su cultura y su conocimiento del país (su primera obra importante a los 29 años -en 1899- fue un estudio de la realidad nacional titulado El desarrollo del capitalismo en Rusia), pero no se consideraba ni revolucionario ruso ni menos aún estadista ruso, por el contrario, se veía a sí mismo como un revolucionario internacionalista que luchaba en una parte del frente de la revolución mundial y, en lo inmediato, se oponía con toda su energía a la opresión del nacionalismo gran ruso sobre las nacionalidades asiáticas oprimidas por el Zar, después por Stalin y hoy por Putin que, como el zarismo y el estalinismo, se apoya sobre la visión imperialista gran rusa y sobre la Iglesia Ortodoxa rusa, que es profundamente chauvinista.

La burocratización del Partido y del Estado

El antiestatismo de Lenin desarrollado en El Estado y la Revolución, su última obra antes de octubre de 1917, chocó sin embargo con la realidad de un país devastado por la guerra mundial de 1914-18 y la guerra civil que duró hasta 1923. Rusia, en efecto, tenía antes del conflicto bélico casi 126 millones de habitantes pero perdió en él 3.500.000 y otros 7.000.000 en la terrible guerra civil que comenzó poco después de la incruenta toma del poder. En 1923, después de esa sangría, el país estaba además en ruinas: con respecto a 1913, el año anterior a la Guerra Mundial, la tierra cultivada equivalía a 62 % de la antes productiva, la cosecha era 40 %, sólo quedaban vivos 16 millones de caballos de los 35 millones anteriores y 37 millones de vacas sobre 58 millones antes de la guerra. Los ferrocarriles, esenciales para las largas extensiones rusas, estaban destruidos y la clase obrera estaba prácticamente aniquilada (contaba con poco más de un millón de trabajadores industriales sobre los tres millones anteriores) o, como comprobaba Lenin mismo, se había desclasado pues había sido la columna vertebral del Ejército Rojo sufriendo enormes bajas mientras los sobrevivientes se convertían en cuadros militares o estatales. Por último, para hacer frente a la reconstrucción y a sus gastos el naciente Estado obrero y campesino debía emitir sin respaldo un 98 % de su moneda y una inmensa hambruna arrasaba Ucrania.

El Partido había sufrido daños similares y aún mayores. La pequeña cohorte de militantes bolcheviques [5], formada en la vida clandestina, el internacionalismo activo, la discusión y la elaboración teórica fue diezmada por la Guerra Mundial y la Guerra Civil. Muchos de sus miembros principales se convirtieron en militares y los nuevos miembros o eran jóvenes obreros sin preparación cultural o soldados campesinos y suboficiales acostumbrados a mandar o, incluso, oportunistas que se arrimaban al poder.

Los sobrevivientes de la preguerra que habían hecho la revolución quedaron en minoría en ese mar de militantes que jamás habían salido de Rusia ni habían participado en las grandes polémicas entre mencheviques y bolcheviques y en el seno de los bolcheviques mismos. La mayoría del Partido, como la clase obrera y toda la población rusa, después de los esfuerzos y de los terribles sacrificios realizados quería gozar la paz tan duramente conquistada. La incultura y la barbarie de los mujiks rusos y la grosería brutal de la vida cuartelera entraron a formar parte de las costumbres cotidianas en el mismo Partido.

Al mismo tiempo, al conquistar el poder estatal, el partido fue absorbido por el aparato del Estado, al cual quiso controlar pero que terminó imponiéndole su forma de funcionamiento a pesar de los esfuerzos -sobre todo de Trotksy- por innovar, quitándole poder a la Iglesia ortodoxa, eliminando grados y jerarquías en las Fuerzas Armadas y convirtiendo a los omnipotentes ministros en Comisarios del Pueblo, entre otras medidas democratizadoras.

La difusión del analfabetismo [6], la destrucción de las bases materiales de la economía y el escaso desarrollo industrial impidieron pues la socialización de los medios de producción que, estatizados, dieron base a lo que Lenin calificó de Capitalismo de Estado con fuertes deformaciones burocráticas.

Hay una base económica y tecnológica para el desarrollo de la burocracia en la Unión Soviética muerto ya Lenin y bajo la dirección de Stalin. La escasez, en efecto, exige alguien que racione los bienes y controle su distribución (sirviéndose siempre y antes de los demás, por supuesto). Pero esa burocracia no se habría extendido al poder soviético y al partido si éste no hubiese suspendido transitoriamente la existencia pública de las fracciones internas que siempre habían existido, si la clase exhausta hubiese podido mantener el poder de los soviets como control sobre el partido y el Estado y si el cansancio de las masas no se hubiese transmitido al partido bajo la forma de una burocracia incontrolada, conservadora y despótica que en pocos años elevó a Stalin como su representante.

Partido único y sin vida democrática interna, fusión entre partido y Estado aún capitalista aunque sin representantes de la burguesía, formas de vida, costumbres, cultura burguesa atrasada en la burocracia, imitación del capitalismo monopólico de los países más industrializados para tratar de superarlos, regionalismo y nacionalismo, fueron las condiciones esenciales para el desarrollo de la burocratización soviética, que comenzó con Lenin cuando éste combatía una batalla contra la enfermedad que le impedía intervenir como quería en los asuntos del partido y del Estado.

Los requisitos para combatir contra el poder y hacer frente armas en mano a múltiples y numerosos enemigos no son siempre iguales que los necesarios para escuchar a los trabajadores y a las bases del partido, intervenir paciente y didácticamente, convencer y aprender en la construcción del socialismo. Muchos líderes campesinos eran caudillos y, en la guerra civil, muchos militantes obreros se acostumbraron a mandar y ser obedecidos pues eso impone la necesidad de ser eficaces frente a un adversario superior en medios y en experiencia.

Vencida la reacción, la administración de empresas complejas, de ramas económicas enteras y de las diversas instituciones estatales requería conocimientos nuevos y una preparación técnica especial que pocos revolucionarios tenían. Era frecuente, por lo tanto, que éstos se informasen preguntando cómo se hacían anteriormente las cosas a quienes las habían hecho bajo el zarismo (más de dos tercios del personal técnico del nuevo Estado habían servido al viejo, incluso en el ejército, lleno de ex oficiales zaristas) o cómo trabajaban empresas del mismo tipo o los servicios estatales en los países capitalistas más industrializados. Como decía Lenin y como había sucedido en la antigüedad en China con todos los conquistadores bárbaros -tibetanos, mongoles, manchúes- los burgueses vencidos en Rusia imponían su cultura superior a los vencedores.

Lo único que habría permitido acortar este forzoso aprendizaje, formar nuevos cuadros revolucionarios superiores a sus antecesores y controlar y depurar constantemente, sobre la marcha misma, a los aparatos del partido y del Estado, era precisamente lo que había impulsado poderosamente a hacer la revolución pero no existía ya en el momento de la construcción del socialismo: una esperanza en el triunfo de la revolución en los países más industrializados de Europa, un fuerte apoyo internacional.

Rusia, destruida y agotada, dependía de sí misma para la superación de su atraso, de la hambruna, de la miseria generalizada. Eso acentuaba el cansancio de las masas, su nacionalismo atrasado e influía en la burocratización del partido la cual, a su vez, interactuaba con las masas retirándolas de la participación, paralizando su control y sus iniciativas. Si Lenin hubiese sobrevivido habría retrasado por un tiempo el triunfo de la burocracia expulsando a Stalin de su puesto de Secretario general que le permitía fomentarla y organizarla, pero no habría podido impedir el proceso objetivo de burocratización. Probablemente, como dijo Nadezhda Krupskaia, su compañera de lucha, al pasar a la oposición, Lenin habría terminado asesinado o encarcelado, como sus compañeros y discípulos que hicieron la revolución de Octubre.

Por eso, consciente de la fuerza de un proceso objetivo desfavorable, Lenin esperaba ardientemente que el poder soviético en construcción y ya burocratizado pudiese nadar contracorriente frenando la degeneración burocrática con una audaz utilización del factor subjetivo, o sea, mediante una depuración del partido mediante una acción unitaria del grupo dirigente reformado. Esa esperanza idealista no pudo concretarse porque Trotsky vaciló y sobrepuso la defensa de su imagen [7] al pedido de Lenin de acabar con Stalin y éste tuvo tiempo para capear el temporal y afirmarse en el aparato apenas murió Lenin.

Todo lo que nace, muere, incluso los procesos revolucionarios. Pero lo que sucedió en Rusia debe ser tomado como lo hizo Lenin cuando el gobierno revolucionario superó la corta e intensa vida de la Comuna de París. “El camino de la victoria está empedrado de derrotas”, dijo Rosa Luxemburgo.

De los errores de los jacobinos franceses aprendieron los heroicos comuneros que “asaltaron el cielo” y también la falange de bolcheviques aniquilada por el terror de Estado estalinista. De la experiencia de la Revolución Rusa aprenderán las nuevas generaciones revolucionarias de otros países si el capital financiero no destruye la civilización actual y las clases existentes con una guerra mundial atómica o con un desastre ecológico terrible.

Para salir de la barbarie en la que el capitalismo ha hundido ya al mundo, habrá que retomar y terminar la obra iniciada por Lenin, Trotsky y sus compañeros de destino.

Notas:

[1] Lenin pertenecía a una familia de la pequeña nobleza y el príncipe Kropotkin o Bakunin, anarquistas, eran nobles.

[2] El jefe de la organización terrorista de los social-revolucionarios, que había organizado atentados contra los zares y sus ministros y el diputado bolchevique en la Duma y ex Secretario del sindicato de metalúrgicos, el obrero Roman Malinovski, entre otros muchos, eran agentes de la Ojrana, la policía zarista.

[3] La revolución democrática china de 1910, la persa y la mexicana del mismo año.

[4] Quizás con la excepción parcial de los partidos yugoslavo y chino, cuya temprana estalinización afectó sin embargo duramente la circulación interna de ideas, la vida democrática y la elaboración teórica sobre los problemas nacionales.

[5] Diez mil en 1910, sólo cinco mil en 1916, según el muy interesante artículo de Pierre Broué “Rusia 1917.El Partido Bolchevique” en el folleto uruguayo Socialismo Internacional, 03/10/2010.

[6] Generalizado en la mayoría campesina y prácticamente total en las minorías étnicas muchas de las cuales no tenían lengua escrita y detestaban la lengua rusa impuesta por los opresores zaristas.

[7] “Me horrorizaba la idea de que el partido pudiese pensar que me oponía a Stalin por ambición personal”, explica Trotsky para justificar su conciliación con Stalin en ese decisivo momento.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=233875

 

 

 

Enfrentaremos al sistema mundo capitalista y a sus capitalismos locales sin las burocracias políticas y sindicales aprendiendo de experiencias que subvierten nuestras costumbres y sobretodo las reglas del bloque dominante:

 

 

Por qué apoyar a Marichuy

11 de noviembre de 2017

 

Por Guillermo Almeyra (Rebelión)

 

La vocera del Consejo Indígena de Gobierno, Marichuy Patricio Martínez (MPM), se presenta a las elecciones presidenciales de 2018 con el objetivo de organizar los pueblos, las comunidades, la población trabajadora y la izquierda anticapitalista para una lucha que supera ampliamente el proceso electoral. Su candidatura confía sólo en la unificación de las fuerzas del pueblo mexicano, que hasta ahora libran una lucha dispersa, y apuesta a la elevación del nivel de conciencia de los oprimidos cuya mayoría actualmente aún comparte la ideología de sus explotadores.

 

Marichuy tiene conciencia de que carece de una máquina electoral y de que enfrenta la hostilidad de todos los “factores de poder” (bloque empresarial, prensa y medios de comunicación del capital, conservadores y oportunistas que buscan ventajas personales en las instituciones estatales, organismos represivos del Estado capitalista, oligarquía gobernante al servicio del capital financiero y del imperialismo estadounidense).

 

Su propuesta, surgida de los más pobres y apoyada por éstos y por los más conscientes, no busca ocupar posiciones de poder en el Estado capitalista sino crear poder popular cambiando la subjetividad de las mayorías trabajadoras, organizando y reuniendo las fuerzas de éstas, elevando la moral y la autovaloración de los oprimidos para llevarlos a la lucha social y a cambiar el país.

 

Su participación en el proceso electoral es lo opuesto del electoralismo, de las promesas preelectorales que “se olvidan” al día siguiente de las elecciones, de los programas-que-jamás-se-ejecutarán, de la hipocresía y del engaño electoral, del engaño para conseguir votos que expresan todo el desprecio de quien los obtiene por quienes incautamente se los dan y es lo contrario de la compra de votos por limosnas que quitan toda dignidad a los que venden su ciudadanía por un plato de lentejas.

Por eso, en primer lugar, hay que darle una firma para afianzar su derecho a presentarse en las elecciones organizadas por y para el capitalismo como candidata anticapitalista, mujer trabajadora y exponente avanzado de los indígenas.

La mera obtención de más de un millón de firmas para validar su candidatura sería ya de por sí un gran triunfo organizativo y político porque demostraría que hay una gran cantidad de mexicanas y mexicanos que luchan contra la discriminación racial y contra la opresión de las mujeres y que, por eso mismo, son capaces de firmar para hacer respetar el derecho ajeno dejando momentáneamente de lado las diferencias de opiniones políticas partidarias.

El logro antes de diciembre de la cantidad de firmas que exige el INE será posible por el apoyo de los anticapitalistas, como la Organización Política de los Trabajadores (OPT), el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), la Nueva Central de los Trabajadores (NCT) pero, sobre todo, por el de grupos organizados de trabajadores y de oprimidos y demócratas consecuentes presentes sobre todo en MORENA y, en mucho menor medida, entre los simpatizantes de otros partidos y con el apoyo militante de vastos grupos de estudiantes en todo el país que así rendirían homenaje concreto a los 43 normalistas de Ayotzinapa víctimas del terrorismo de Estado.

Firmar el pedido de la candidata indígena no obliga a nadie a dejar de lado otras opciones porque Marichuy no compite con nadie en el campo electoral ya que ése no es su terreno de lucha y porque tiene plena conciencia de que la oligarquía que controla el país como agente del capital financiero internacional jamás reconocería un candidato que no sea “de la familia” y, mucho menos aún, uno anticapitalista que, para colmo, movilizaría a las mujeres y a los indígenas y tendría, por lo tanto, gran simpatía en toda América Latina e incluso en Estados Unidos. Compite, en cambio, y mucho, en la disputa por las mentes y los corazones de los oprimidos, contra el hecho aberrante de que existan pobres que aceptan la ideología de quienes los hunden en la pobreza y explotados que creen que su explotador es su benefactor.

En sus banderas MPM se define anticapitalista. La recolección de firmas para su campaña, sin embargo, ganaría en fuerza e ímpetu y tendría mucho mayor eco si a esa fundamental definición general le agregase la exigencia de un plan nacional de trabajo para reducir la desocupación y el trabajo informal y la emigración y recibir a los compatriotas expulsados por Trump.

Sería necesaria asimismo la reivindicación de un aumento general de salarios del 50 por ciento (dada la caída de los salarios reales y el hecho de que la mayoría de los trabajadores no gana tres salarios mínimos), la exigencia de un sostén a la agricultura familiar y ejidal y de una amplia protección legal a los trabajadores mexicanos emigrados perseguidos por Trump y la demanda de priorizar la educación pública, favoreciendo a los más pobres desde la primaria hasta las Universidades.

 

El capital es internacional e internacionalista debe ser el anticapitalismo. No es posible un gobierno solamente de indígenas pues éstos son una minoría y necesitan aliados fraternos entre los campesinos y trabajadores de todo tipo. Por eso, para hacer alianzas, hay que definir por cuál gobierno futuro se combate.

Es fundamental además organizar la oposición a la preparación de guerras imperialistas – que implican en todos los países una represión a los movimientos sociales y la eliminación de las conquistas históricas de los trabajadores- y defender los países que debilitaron la cadena del imperialismo y que, como Cuba o Venezuela, son hoy blanco del Pentágono. El silencio refuerza los planes agresivos del capital.

 

El programa selecciona y forma los cuadros y da conciencia de sí mismos a los habituados a recibir todas las ideas de quienes les oprimen. Precisar el programa anticapitalista, por eso, es indispensable para lo que vendrá en los próximos años. 

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=233922

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Insurrecciones silenciosas

11 de noviembre de 2017

 

 

Por Raúl Zibechi (La Jornada)

 

Los grandes  cambios comienzan siempre por pequeños movimientos invisibles para los analistas de arriba y para los grandes medios, como señala uno de los comunicados del zapatismo. Antes de que miles de personas ocupen las grandes alamedas suceden procesos subterráneos, donde los oprimidos ensayan los levantamientos que luego hacen visibles en los eventos masivos que la academia denomina movimientos sociales.

Esos cambios suceden en la vida cotidiana, son producidos por grupos de personas que tienen relaciones directas entre ellas, no son fáciles de detectar y nunca sabemos si se convertirán en acciones masivas. Sin embargo, pese a las dificultades, es posible intuir que algo está cambiando si aguzamos los sentidos.

 

Algo de esto parece estar sucediendo en países de América Latina. Un compañero brasileño consideró, durante un encuentro de geógrafos con movimientos sociales (Simposio Internacional de Geografía Agraria- SINGA), que en este país estamos ante una insurrección silenciosa. La intuición se basa en hechos reales. En el seno de movimientos sociales y en los espacios más pobres de la sociedad, las mujeres y los jóvenes, están protagonizando cambios, se están desplazando del lugar asignado por el Estado y el mercado.

Los verdaderos movimientos son aquellos que modifican el lugar de las personas en el mundo, cuando se mueven en colectivos y rasgan los tejidos de la dominación. En este punto, debe consignarse que no hay una relación directa o mecánica de causa-efecto, ya que en las relaciones humanas las predicciones no son posibles por la complejidad que contienen y por la interacción de una multiplicidad de sujetos.

 

En los últimos años pude observar esta tendencia de cambios silenciosos en el interior de varios movimientos. Entre los indígenas del sur de Colombia, grupos de jóvenes nasa y misak re-emprenden la lucha por la tierra que había sido paralizada por las direcciones, focalizadas en la ampliación de las relaciones con el Estado que les proporciona abundantes recursos. Algo similar parece estar sucediendo en el sur de Chile, donde una nueva generación mapuche enfrenta la represión estatal con renovadas fuerzas.

Entre los movimientos campesinos consolidados, donde existen potentes estructuras de dirección, mujeres y jóvenes están emprendiendo debates y propuestas de nuevo tipo, que incluyen la movilización y organización de las personas que se definen LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales).

Observamos también un creciente activismo en el seno de los movimientos tradicionales de militantes negros que construyen quilombos y palenques, incluso en las universidades, como puede apreciarse en las academias brasileñas y colombianas donde abren espacios propios.

Durante la escuelita nos explicaron que la mitad de los zapatistas tienen menos de 20 años, algo que pudimos apreciar. La participación de las mujeres jóvenes es notable. Quienes participaron en los encuentros de arte y ciencia convocados por el EZLN enfatizan esta realidad. En otros movimientos aparece la organización de niños y niñas con asambleas que excluyen a sus mayores.

 

Qué reflexiones podemos realizar sobre esta insurrección silenciosa, que abarca a toda la sociedad y de modo particular a los movimientos antisistémicos. Sin pretender agotar un debate incipiente, propongo tres consideraciones.

 

La primera es que las insurgencias en curso de las mujeres, de los pueblos negros e indígenas y de los jóvenes de todos los sectores populares, están impactando en el interior de los movimientos. Por un lado, están produciendo un necesario recambio generacional sin desplazar a los fundadores. Por otro, ese recambio va acompañado de modos de hacer y de expresarse que tienden a modificar la acción política hacia direcciones que, por lo menos quien escribe estas líneas, no es capaz de definir con claridad.

La segunda es de carácter cualitativo, estrechamente relacionada con la anterior. La irrupción juvenil/femenina es portadora de preguntas y culturas elaboradas en el interior de los movimientos, con sus propias características. Las mujeres de abajo, por ejemplo, no enarbolan el discurso feminista clásico, ni el de la igualdad ni el de la diferencia, sino algo nuevo que no me atrevo a conceptualizar, aunque hay quienes mencionan feminismos comunitarios, negros, indígenas y populares.

El deseo de los jóvenes zapatistas por mostrar sus músicas y danzas, es algo más que una cuestión artística, del mismo modo que sus preguntas sobre la ciencia. En algunos casos, como el mapuche o el nasa, se pueden observar cambios que, desde fuera, podemos valorar como una radicalización que no se focaliza sólo en las formas de acción política, sino también en la recuperación de tradiciones de lucha que habían sido casi abandonadas por sus mayores.

 

La tercera, y quizá la más importante, es que la irrupción de los abajos jóvenes y mujeres va perfilando otra concepción de revolución, que se aparta de la tradicional teoría de la revolución de cuño leninista. Aquí aparece otra cuestión: ¿cómo se hace política en clave quilombo/palenque? ¿Cómo es la política en clave mujer? No me refiero a la participación de las mujeres y los jóvenes de abajo en las estructuras ya existentes.

 

Las respuestas las darán los propios pueblos, que están abriendo caminos nuevos, aunque el analista de arriba siempre tiende a verlos con ojos y conceptos del pasado. Se trata de construir, más que de ocupar las instituciones existentes. Se van creando mundos nuevos o sociedades nuevas, si se quieren nombrar con los conceptos de antes: poderes propios, justicia propia en base, muchas veces, a tradiciones y en otras al sentido común de los pueblos; salud, educación y maneras de ocupar el espacio en base a lógicas no capitalistas.

 

El mundo, nuestro mundo, está cambiando de manera acelerada. Rechazar esos cambios, sería tanto como anular la capacidad transformadora que está enterrando el capitalismo y levantando un mundo nuevo sobre sus escombros.

http://www.jornada.unam.mx/2017/11/10/opinion/020a1pol

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=233931