Qué Estado

Noviembre 2017

Sin legalización ni participación del saqueo ni criminalización de los desposeídos.

 

 

 

 

Lucha de clases/capitalismo/alternativas

 

 

 En/con la lucha de clases

 

Apreciemos, abajo y a la izquierda sin fronteras, el pensamiento y exigencias implícitas en las luchas campesinas, en otros sectores populares y en los pueblos originarios. Aun cuando parezcan centradas en reivindicaciones de particulares realidades inmediatas, a diferencia de las más mediáticas que incluso reclaman situarse en emergencia, tienen perspectivas de buenos vivires convivires para todas, todos de las diversidades populares.

 

Argentina: No podemos permitir que nos fumiguen con Agrotóxicos

24 de octubre de 2017

 

Desde la Unión de Trabajadores y Trabajadoras Rurales Sin Tierra de Mendoza, del Movimiento Nacional Campesino Indígena, expresamos nuestra más profunda preocupación y repudio por la medidas que están tomando los gobiernos nacional y provincial para el control de la polilla de la vid, a través de fumigaciones (pulverizaciones) aéreas con agrotóxicos.

En Argentina, el desarrollo en el campo de la agricultura industrial, impuesto por las corporaciones transnacionales, se basa en el uso masivo de agrotóxicos, lo que ha provocado, entre otras consecuencias, grandes desequilibrios ecológicos, graves daños a la salud de los pueblos rurales (que presentan altas tasas de cáncer) y alimentos cada vez más contaminados con venenos.

En Mendoza la vitivinicultura se encuentra en una etapa de extranjerización y camino a la dependencia de paquetes tecnológicos para disminuir el trabajo (que para los empresarios es un costo) y aumentar el uso de agrotóxicos. Esto genera grandes desequilibrios ecológicos que desencadenan efectos nocivos en los cultivos.

Hoy la corporación vitivinícola y el gobierno de la provincia impone una medida, que, lejos de promover la Soberanía Alimentaria de nuestros pueblos, pone en riesgo la salud de la población rural y de las producciones agroecológicas y orgánicas de la provincia.

Desde este lunes comenzarán las aplicaciones aéreas del agrotóxico chlorantraniliprole, que lleva como nombre comercial Coragem (de DuPont), en varios departamentos de nuestra provincia. El producto, rotulado como “banda verde”, pretende ser de baja toxicidad, pero las autoridades no dan garantías de que no vaya a afectar a la población y otros seres vivos, cómo las abejas o los controladores biológicos, tan importantes en cultivos agroecológicos y orgánicos. Un ejemplo de esto lo tenemos con el glifosato (el herbicida más usado de nuestro país), que a pesar de ser “banda verde”, ha sido declarado, en más de 200 investigaciones científicas, como altamente tóxico. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció que el glifosato es potencialmente cancerígeno.

Con este panorama nos preguntamos: si el producto no implica riesgos para las familias rurales: ¿porque el ISCAMEN y el SENASA recomiendan mover colmenas o tapar sus piqueras?, ¿porque las zonas con escuelas y centros de salud no serán fumigadas? Y, si, según consta en el propio instructivo del veneno, no se puede aplicar a cauces de riego y espejos de agua ¿porque se supone que no nos vaya a afectar la salud de las familias rurales?.

Ni siquiera las escuelas rurales de nuestra provincia, que verán pasar los aviones casi sobre sus cabezas, están enteradas de ésta tan descabellada acción. Por todo esto repudiamos esta medida que es irresponsable y arbitraria, que pone en riesgo la salud de nuestras familias y que profundiza un modelo que, lejos de garantizar la alimentación de nuestra población, defiende los intereses de un puñado de empresarios.

Las familias rurales tenemos derechos a no ser fumigadas con productos químicos, aún cuando los presenten como inocuos.

Exigimos se contemple el principio precautorio, y el derecho a no ser fumigados, y se suspenda la fumigación aérea.

Exigimos estudios de impacto ambiental y de salud de la mano de ámbitos de consulta y participación de las comunidades rurales.

¡LOS AGROTÓXICOS MATAN!

¡SOBERANÍA ALIMENTARIA YA!

Unión de Trabajadores y Trabajadoras Rurales Sin Tierra

Movimiento Nacional Campesino Indígena

15 AÑOS LUCHANDO POR LA TIERRA Y LA SOBERANÍA ALIMENTARIA

Contactos:

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UST

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Atendamos cómo los de abajo luchan por la vida y los derechos de la naturaleza hasta en Ecuador donde la Constitución los contempla gracias, principalmente, a la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE).

 

 

Elizabeth Bravo, ecologista y docente de la Universidad Salesiana del Ecuador

"Los transgénicos atentan contra la soberanía alimentaria

y los derechos de la naturaleza"

21 de octubre de 2017

 

Por Isabel Salcedo (OCARU)

  

 

Hacia un Pacto Ético por el Campo: hablemos sobre los transgénicos en el mes de la Soberanía Alimentaria  

Durante los últimos meses se ha acentuado la batalla legal contra los transgénicos en Ecuador. Desde que la Ley de Agrobiodiversidad, Semillas y Fomento de la Agricultura Sustentable fuera aprobada el 4 de mayo del presente año, diversos sectores pertenecientes a la academia, a la organización social y campesina, a ONG e instituciones de Investigación, han protagonizado acciones de rechazo contra la entrada de transgénicos en Ecuador. Las demandas de inconstitucionalidad a la ley comenzaron a tomar forma a partir del 1 de junio, tras aprobarse el veto presidencial y reformarse el Artículo 56 de la Ley de Agrobiodiversidad para dar la entrada a los cultivos transgénicos con fines investigativos.

Con motivo de la entrega, el pasado 27 de septiembre, de la quinta demanda de inconstitucionalidad a la Ley de Semillas y la sexta demanda prevista para mañana 19 de octubre, queremos compartir la entrevista realizada a Elizabeth Bravo, docente de la Universidad Salesiana del Ecuador. Con ella, pretendemos aportar más elementos sobre el debate y el marco normativo en torno a la entrada de transgénicos en Ecuador.

¿Cuál es el marco normativo a favor y en contra de los transgénicos en Ecuador?

La Constitución de 2008 contempla tres artículos relacionados con los transgénicos. El primero, cuando habla sobre los derechos ambientales y los derechos que tenemos los seres humanos a un ambiente sano. En el Artículo 15, se indica que se prohíbe la introducción, el uso, importación, exportación y tenencia de organismos genéticamente modificados. Los OGM son los mismos que los transgénicos y pueden causar impactos en la Soberanía Alimentaria, en el medio ambiente y el patrimonio genético nacional.

El segundo, el Artículo 73, habla sobre los derechos de la naturaleza. A diferencia de los derechos ambientales, en dicho artículo se insta a que se reconozca a la naturaleza como sujeto de derechos. También se prohíbe el ingreso al Ecuador de cualquier sustancia, compuesto u organismo que pueda perjudicar los derechos de la naturaleza como: conservar los ciclos biológicos, los ciclos evolutivos, la estructura y funciones de la naturaleza.

Un tercer artículo relacionado con el tema de transgénicos, en el Artículo 401 se declara al Ecuador como territorio libre de cultivos transgénicos y semillas transgénicas. Pero hace una salvedad en la que se expresa que el Presidente de la República podría permitir el uso y cultivo de semillas transgénicas por razones de interés nacional. También tenemos la Ley de Soberanía Alimentaria donde se ratifica lo que se dice en la Constitución.

El primero de junio se aprobó la Ley Orgánica de Agrobiodiversidad, semillas y fomento Agroecológico donde se estaría permitiendo el ingreso de transgénicos con fines de investigación.

En este contexto, ya ha habido 5 demandas por inconstitucionalidad, ¿cuáles son los nudos críticos de estas demandas?

La primera demanda fue presentada por la FECAOL (Federación de Centros Agrícolas del Litoral). El documento se centra en que los transgénicos atentan contra la Soberanía Alimentaria. La segunda demanda la puse como persona individual en defensa de la naturaleza porque la Constitución dice que cualquier persona puede defender la naturaleza y el argumento está basado en los derechos de la misma. La tercera demanda fue realizada por la ECUARUNARI e incluye una serie de elementos como los derechos colectivos: la salud, la Soberanía Alimentaria y el medio ambiente. En la cuarta demanda, la CONAIE se centra en la defensa de la Soberanía Alimentaria y salud. Finalmente, la quinta demanda se centra más en la forma y fue presentada por un grupo de abogados universitarios de la Universidad Católica, UDLA y Universidad Andina.

¿Cuáles son los actores que están en la defensa por un Ecuador Libre de Transgénicos?

Tradicionalmente, la lucha contra los transgénicos es tan antigua como la liberación masiva de transgénicos que tiene más de 20 años. Entre los actores más antiguos se encuentra el movimiento ambientalista, ecologista y el movimiento campesino. Durante los últimos años, se ha creado un movimiento de consumidores en contra de los transgénicos; sus principales integrantes son gente de la ciudad. Un actor relevante es el de los cocineros, chefs que defienden la producción nacional, sana, la agrobiodiversidad. Poco a poco está aumentando el número de académicos que están en contra de los transgénicos y que hacen uso de argumentos científicos. También se ha dado la aparición de abogados que están defendiendo la condición de un Ecuador Libre De Transgénicos.

¿Cuáles son las acciones que se han llevado a cabo por un Ecuador Libre de Transgénicos?

Los compañeros de la Federación de Centros Agrícolas han estado muy activos en la provincia del Guayas. No sólo por el tema de transgénicos; ellos también hablan de la deuda agraria que, históricamente, el gobierno mantiene con el campesinado. En Quito ha habido dos marchas y un plantón frente a la Asamblea el día que se aprobó el artículo 56, artículo inconstitucional, y se espera que en el futuro haya otras acciones.

¿Cuáles son los efectos provocados por la comercialización masiva de transgénicos?

El hecho de que los transgénicos se comercialicen masivamente provoca que se requiera una mayor cantidad del uso de plaguicidas. Esto conlleva al desplazamiento de otras formas de producción campesina, dado que las semillas transgénicas son controladas por empresas transnacionales atentando contra la Soberanía Alimentaria.

¿Cuál es el principal consumidor de transgénicos?

El principal consumidor de transgénicos no corresponde al consumo humano directo; es la empresa avícola y porcícola. La industria masiva de carne, como en otras partes del mundo, está también controlada por un grupo grande de empresas.

En relación al consumo y etiquetado de productos transgénicos, ¿qué logros se han conseguido?

En relación al consumo se ha conseguido que los alimentos en el Ecuador estén etiquetados y que se indique: “contiene transgénicos”. Es importante mencionar que en Ecuador está prohibida la siembra de transgénicos y la producción de organismos transgénicos. Están prohibidos los alimentos transgénicos riesgosos, pero, realmente, se venden transgénicos. No sabemos si todos los alimentos transgénicos están etiquetados pero persiste un sistema de etiquetado bastante claro.

¿Dónde estaría el peligro teniendo en cuenta que se abre la puerta a los transgénicos sólo con fines investigativos?

Se permitió que entraran sólo para la investigación porque era más fácil que la ciudadanía supiera que los transgénicos sólo tienen ese fin. Si nosotros leemos cuidadosamente el artículo 56, vemos que se permite el ingreso de semillas y cultivos transgénicos que se realizan en el campo. Creo que se está preparando al campo para dar un paso más allá y permitir el ingreso de cultivos comerciales. En el artículo mencionado se indica que si se quieren ingresar nuevos transgénicos se procederá como se dice en la Constitución. Por ello, da la impresión de que este artículo no estuviera aplicando lo que dice el artículo 401 de la Constitución que pareciera que está permitiendo la investigación. Las demandas que se han presentado demuestran lo contrario. Tal vez se ha iniciado con la apertura para la investigación porque en cualquier país del mundo en el que se introducen transgénicos es necesario que haya una primera fase de investigación para ver si es que las semillas que se quieren introducir tienen un comportamiento agronómico adecuado; si se adaptan a las condiciones locales y cuál es la productividad con el fin de ver si vale la pena la introducción de estos cultivos.

¿Cómo relacionamos la entrada de cultivos transgénicos para la investigación en un contexto de promoción de la Gran Minga Agropecuaria en el campo ecuatoriano?

Es muy fácil introducir transgénicos a través de los kits. Si nosotros vemos lo que pasa en la provincia de Los Ríos, la provincia de Loja y en algunos cantones de Guayas, observamos que los campesinos se han hecho dependientes de los kits. Les entregan nuevas variedades de maíz que son híbridas y que fácilmente pueden convertirse en semillas transgénicas. En estos casos, puede que el campesino ni siquiera conozca que son semillas transgénicas porque no se les informa al entregarles el paquete tecnológico; y se les dice que lo utilicen de tal manera sin que sepan que sus campos están siendo usados como campos de experimentación. A través de la Gran Minga Agropecuaria es muy fácil la introducción de transgénicos.

¿Cómo se puede superar el capitalismo en el campo en la búsqueda de alternativas?

Hay alternativas válidas para el campo; una de ellas es la Agroecología. Otra sería potenciar la producción campesina, los mercados campesinos, reducir las distancias de consumo, consumir localmente, consumir lo que está de temporada, reducir la dependencia a las importaciones, disminuir la distribución de productos altamente procesados, propender a que la producción agrícola sea para el consumo directo y que un altísimo porcentaje no se dedique a la producción animal. Para ello, será necesario que los animales sean integrados a la producción de la finca. Otra alternativa reside en el diseño y la recuperación de muchas de las cosas que los campesinos han hecho tradicionalmente.

¿Será posible pensar en alternativas por el campo con el ingreso de los transgénicos?

Esto no va a ser posible. Pongamos el ejemplo de la diversificación productiva, uno de los aspectos más importantes para tener alternativas válidas. Tradicionalmente los productores de maíz asocian el maíz con fréjol, con otra leguminosa, con alguna cucurbitácea, zambo, papayos, etc. Además, tienen animales que les sirven para mejorar sus ingresos o mejorar su dieta. Dichos animales les sirven para fertilizar el campo. Con el ingreso de transgénicos ese modelo ya no sería posible porque el exagerado uso de plaguicidas, especialmente de herbicidas, hace imposible que haya nada más en ese predio que el cultivo transgénico.

En ese caminar, ¿cómo le apostamos a las alternativas?

Es fundamental recuperar las prácticas tradicionales incluyendo un poco más de tecnología moderna para que mejoren el uso del suelo o el aprovechamiento del agua y se potencie la agrobiodiversidad. Hay muchas alternativas en las que se debería trabajar más, en las que deberíamos sentarnos a conversar en el futuro.

http://ocaru.org.ec/index.php/coyuntura/entrevistas/item/7985-hacia-un-pacto-etico-por-el-campo-hablemos-sobre-los-transgenicos-en-el-mes-de-la-soberania-alimentaria

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=233018

 

 

Aprendamos en qué consiste la soberanía alimentaria y cómo nos implica hacerla realidad concreta.

 

 

 “Para ser soberanos tenemos que ser libres de

Decidir colectivamente qué cosechar y qué comer”.

19 de octubre de 2017

 

Así lo declaró Marcela Isaza Guerrero, integrante de “Vecinos Autoconvocados por la vida” entrevistada en el Enredando las Mañanas. La organización viene hace tiempo resistiendo a las fumigaciones en Pueblo Andino, Provincia de Santa Fe, y proponiendo una alternativa soberana.

Descargar audio.

Durante la semana pasada, los/as vecinos/as del Pueblo Andino, se encontraron con una nueva fumigación en curso que contaba con el aval del juez de faltas. “Los inspectores decían que estaba todo en regla autorizado por un ingeniero agrónomo quien no estuvo en ningún momento de la fumigación”, explicó Marcela quien además agregó que no estaban dadas las condiciones climatológicas.

Hace tiempo que la lucha del Pueblo Andino viene haciendo su recorrido: “Somos vecinos preocupados por la salud y el medioambiente”, remarcó Marcela quien contó que han sido varios las personas intoxicadas, con problemas de salud e incluso hospitalizadas.

Además de toda la lucha mediante el reclamo que vienen llevando adelante los/as “Vecinos Autoconvocados por la vida”, también están trabajando en alternativas como la realización, junto con el INTA, de talleres socioambientales de concientización y prácticas organizadas, “para demostrar que hay modelos alternativos al modelo agroindustrial impuesto, como la agroecología y la permacultura”.

Sumado a esto, asesorados/as por Ingenieros Agrónomos y Pueblos Fumigados, presentaron una ordenanza que busca aumentar la distancia de la franja libre de fumigación de 100 a 800 metros. Dicha ordenanza fue ignorada por los responsables políticos y aún no cuenta con una respuesta.

De hecho, el presidente comunal, Juan Carlos Palotti, acusa a los/as vecinos/as de hacer política partidaria. “No estamos de acuerdo con el sistema productivo, cristalización absoluta del capitalismo, pero eso no quiere decir que estemos haciendo política partidaria para beneficiar a algún candidato”, respondió Marcela.

“La ordenanza que proponemos es agroecológica, parte de la soberanía alimentaria”, la cual Marcela diferencia de “seguridad alimentaria”.

Este último término hace referencia a garantizar alimentos mientras que “para poder ser soberanos tenemos que ser libres de decidir colectivamente qué cosechar, qué comer y defender los bienes comunes”, indicó. En este punto hace especial hincapié en el rol que juegan las multinacionales: “Si le damos a las multinacionales, que hoy en día manejan a los gobiernos, la autoridad de manejar nuestra soberanía alimentaria, estamos garantizando la esclavitud para esas corporaciones”.

 

Además, continúa explicando que para que haya una soberanía alimentaria tiene que existir un ambiente sano para todos/as, no debe haber la explotación y la pobreza debe ser suplida por un trabajo colectivo y articulado en donde se respeten las practicas del medioambiente y de consumo. Es por ello que Marcela finaliza con la idea clave desde la cual luchan en colectivo: “La base de la soberanía alimentaria es la producción local, familiar, la defensa del trabajo digno y la defensa y protección de los bienes comunes”.
Fuente: http://www.rnma.org.ar/noticias/18-nacionales/3816-para-ser-soberanos-tenemos-que-ser-libres-de-decidir-colectivamente-que-cosechar-y-que-comer

En consecuencia, abajo y a la izquierda sin fronteras, tenemos el desafío de generalizar el involucramiento en poner fin al capitalismo agro industrial, financiero y a los supermercados. Es atender que:

 

La Vía Campesina llama a intensificar la lucha contra

el agronegocio, unidxs por la soberanía alimentaria

24 de julio de 2017

 

“Tras días de debate fructuosos, cerramos esta VII Conferencia de La Vía Campesina y marchamos en la ciudad para pedir el compromiso de la sociedad civil para luchar con nosotros por el derecho a la alimentación, a la tierra, al agua y a las semillas”, afirmó Unai Aranguren.

 

“Alimentamos a los pueblos y construimos movimiento para cambiar el mundo”

La Vía Campesina, un movimiento internacional de campesinos que representa a más de 170 organizaciones y movimientos en aproximadamente 72 países del mundo, ha concluido su séptima Conferencia Internacional el sábado 22 de julio, en Derio, en el País Vasco. El evento fue clausurado con una poderosa declaración que llama a intensificar la resistencia contra el agronegocio transnacional, los acaparamientos de tierras a gran escala, la criminalización de las luchas populares, y la creciente xenofobia, racismo y patriarcado.

 

Tras cuatro días de discusiones y reflexiones colectivas sobre la soberanía alimentaria, la agroecología campesina, las redes de formación autónomas, la construcción de alianzas, los derechos de los migrantes, el comercio, la justicia climática y la criminalización de los movimientos sociales, la conferencia culminó con la Declaración de Euskal Herria cuyo lema es “Alimentamos a los pueblos y construimos movimiento para cambiar el mundo” (ver aquí). La declaración señaló con preocupación la expansión del capital financiero acompañado del monopolio desenfrenado de los recursos naturales y la promoción sin precedentes de peligrosas tecnologías favorecidas por las mega fusiones corporativas cuyo afán es el de dominar el sistema alimentario a toda costa, violando flagrantemente los derechos humanos y destruyendo el medioambiente para su lucro.

La Declaración, que establece el rumbo estratégico para construir un movimiento que cambie el mundo a través del feminismo y la soberanía alimentaria, también destacó la necesidad urgente de construir alianzas más amplias a nivel local, regional e internacional, y la necesidad de unirse en contra de la nueva combinación de capitalismo y populismo de derechas.

 

Para construir la soberanía alimentaria de los pueblos del mundo, fueron planteadas la agroecología campesina y la reforma agraria popular que contempla el refuerzo y el desarrollo de los mercados locales a la par que se construyen y se forjan nexos entre el campo y la ciudad. Con este objetivo, la VII Conferencia Internacional resaltó la importancia no sólo de continuar, sino también de expandir la formación política, ideológica, organizacional y técnica basada en los conceptos propios de los movimientos, para darle forma a sus identidades e ideas socialmente transformadoras.

 

Existe un fundamento para cambiar el mundo: la solidaridad entre los pueblos. En el día de cierre de la conferencia, los delegados de La Vía Campesina definieron de manera colectiva el funcionamiento interno (las normas y procesos, entre otros) para encauzar la solidaridad. Según Unai Aranguren, miembro europeo del Comité de coordinación internacional de La Vía Campesina, hay dos palabras que definen a La Vía Campesina: “solidaridad y esperanza”.

En una demostración de solidaridad, cerca de 1600 personas marcharon a través de las calles de Bilbao el domingo, en el marco de una acción publica organizada por EHNE Bizkaia que llegó hasta la Plaza Nueva de la ciudad donde los delegados de La Vía Campesina dieron discursos, difundieron declaraciones de apoyo y celebraron la música y la danza locales. “Tras días de debate fructuosos, cerramos esta VII Conferencia de La Vía Campesina y marchamos en la ciudad para pedir el compromiso de la sociedad civil para luchar con nosotros por el derecho a la alimentación, a la tierra, al agua y a las semillas”, afirmó Unai Aranguren.

 

Dos informes clave fueron presentados en Derio. Por un lado, “Campesinos luchan por la justicia: casos de violaciones de los derechos humanos de los campesinos” que se centra en las continuas instancias de ataque y asalto a los movimientos campesinos; y por otro lado, “La reforma agraria y la defensa de la vida, la tierra y los territorios” que pone el punto de mira en la manera en que las luchas por la reforma agraria han transformado el movimiento histórico por la reforma agraria y cómo han ido surgiendo nuevas estrategias para hacerle frente al rostro cambiante del agronegocio corporativo en el medio rural.

 

¡Globalicemos la lucha, globalicemos la esperanza!

 

La Vía Campesina Leer

 

 

Sepamos que en todos los países de Nuestra América se está luchando contra la implantación de las leyes de semillas a favor de las transnacionales y sus socios locales. Escuchemos que: “no solamente afecta a la economía campesina indígena, sino a todos los ecuatorianos. No queremos vivir con cáncer, no queremos padecer de enfermedades raras”.

 

 

Ecuador: Tercera demanda de inconstitucionalidad

en contra de Ley de Semillas

24 de julio de 2017

 

La Ley de Semillas, en vigencia desde hace poco menos de un mes y medio, acumula una tercera demanda de inconstitucionalidad por parte de organizaciones que ven como un “peligro” que abra la puerta al ingreso de productos transgénicos.

De la misma forma que una asociación de campesinos de la Costa y representantes de Acción Ecológica acudieron a la Corte Constitucional, el presidente de la Ecuarunari, Carlos Pérez, concurrió el jueves 13 de julio de 2017, al organismo con el mismo propósito.

Según Pérez, el artículo 56 de esa norma “no solamente afecta a la economía campesina indígena, sino a todos los ecuatorianos. No queremos vivir con cáncer, no queremos padecer de enfermedades raras”, adujo.

El dirigente indígena, además, solicitó a la Corte que declare como inconstitucional al Decreto Ejecutivo 739, suscrito por el expresidente, Rafael Correa, el 12 de agosto del año pasado, por considerar que restringe la libertad de asociación en el país.

Indicó que ese cuerpo legal permitió al anterior Gobierno cerrar a la organización no gubernamental ecologista Pachamama, y a la Unión Nacional de Educadores. Y se pretendió hacer lo mismo con Acción Ecológica.

La Hora.ec

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Comprobamos que las luchas de diversidades populares nos aclaran a todas/ todos los de abajo cómo nos engañan sobre lo ineludible de seguir dominados por el sistema global de agronegocios. A través de investigaciones, entre las que sobresalen las de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS):   "queda claro que el discurso sobre el sistema alimentario, vital para la sobrevivencia de todos, está plagado de mitos para favorecer a la cadena industrial, las empresas trasnacionales y los intereses financieros que lucran con ella. Pero son las redes campesinas, las que pese a la enorme injusticia en el acceso a los recursos, alimentan a la mayoría de la población mundial, cuidando además de la biodiversidad animal, vegetal y microbiana, el ambiente y la salud".

 

"Defender esa fuente de diversidad y salud es tarea de todos, por ejemplo estableciendo redes entre campo y ciudad que les permitan seguir con la milpa y a todas y todos poder comer alimentos sanos". En esa lucha está la UCCS.

 

 

Lo que nos ocultan sobre nuestra alimentación

13 de noviembre de 2017

En 2009, el grupo ETC publicó un informe que mostró que 70 por ciento de la población mundial se alimenta gracias a la producción de las redes campesinas y otros proveedores de alimento en pequeña escala. El dato provocó sorpresa y a veces negación, porque las trasnacionales que dominan la cadena alimentaria industrial se han encargado de hacernos creer que son imprescindibles y que sin ellas no se podría alimentar a la población, lo cual es totalmente falso.

 

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

 

En la nueva versión revisada y aumentada, publicada en 2017, se reafirma que más de 70 por ciento de la población mundial acude a la red campesina para toda o gran parte de su alimentación, aunque esta red sólo dispone de menos de 25 por ciento de la tierra, agua y combustibles usados en agricultura. La publicación¿Quién nos alimentará? ¿La red campesina o la cadena agroindustrial? se puede descargar en http://www.etcgroup.org/.

 

Por otro lado, la cadena alimentaria agroindustrial ocupa más de 75 por ciento de esos recursos, pero sólo alimenta al equivalente de 30 por ciento de la población mundial. Al mismo tiempo es una fuente de problemas de salud y ambiente, y es el principal generador de gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático, según datos de Grain (https://tinyurl.com/yda3vp3z).

Lo que en ETC llamamos red campesina incluye a las y los campesinos e indígenas, pastores, recolectores, cazadores, pescadores y pescadoras artesanales, además de mil millones de campesinos urbanos que mantienen traspatios, crianza de pequeños animales y huertas en medios urbanos, lo que en total suma más de 4 mil 500 millones de personas. La mayoría de ellas realizan por momentos una u otra de esas actividades, además de que por razones económicas alternan con empleos urbanos.

 

Definimos a la cadena alimentaria industrial como una secuencia lineal de eslabones que van desde los insumos agrícolas (genética vegetal y animal, agrotóxicos, fertilizantes, medicina veterinaria, maquinaria agrícola) hasta lo que se consume en los hogares, pasando por las cadenas de procesamiento, empaques, refrigeración, transportes, almacenamiento, venta a granel, al menudeo o en restaurantes. Desde semillas a supermercados, la cadena está dominada por una veintena de trasnacionales, a las que se agregan grandes bancos, inversionistas, especuladores y políticos.

 

Son amplios los impactos negativos de esa poderosa cadena, tanto en las economías locales y nacionales como en la salud y el ambiente, incluso más allá de los que conocemos.

Por ejemplo, por cada peso que los consumidores pagan por los productos de la cadena industrial, la sociedad paga otros dos pesos para remediar los daños a la salud y al medioambiente que provocan. Según datos de 2015, se gastan 7.55 miles de millones de dólares por año en alimentos industriales, pero de esta cantidad, 1.26 mil millones son alimentos consumidos en exceso, que provocan obesidad, diabetes y otras enfermedades y 2.49 mil millones son alimentos que se desperdician. Además de la cifra pagada directamente al comprar productos, la sociedad paga por daños a la salud y ambientales otros 4.8 mil millones dólares. Por tanto, del total de gastos relacionados a la alimentación industrial (12.32 mil millones de dólares anuales) ¡70 por ciento es contraproducente!

 

La cifra que se paga por daños a la salud y ambiente está basada en datos oficiales, que solamente reflejan una parte de los gastos que se hacen en salud. No obstante, esa cifra es cinco veces el gasto mundial anual en armas.

 

La cadena alimentaria agroindustrial produce mucha más comida que la que llega finalmente a alimentar a la población. ¿Dónde va a parar toda esa producción entonces? Para empezar, el nivel de desperdicio desde la agricultura industrial a los hogares es enorme: según FAO es de 33 a 40 por ciento. Si la producción agrícola se mide en calorías –una medida pobre, ya que no muestra la calidad de la energía, pero es la que está disponible– 44 por ciento se dedica a alimentar ganado (pero de esto sólo 12 por ciento llega a la alimentación humana), 15 por ciento se pierde en transporte y almacenamientos, 9 por ciento se usa para agrocombustibles y otros productos no comestibles y 8 por ciento va a la basura en los hogares. Solamente 24 por ciento de las calorías producidas por la cadena industrial llega directamente a alimentar a la gente.

 

Hay muchos más datos en las 24 preguntas que plantea el documento, que es un trabajo colectivo diseñado para ser accesible a la mayoría, basado en cientos de fuentes de Naciones Unidas y organizaciones de investigación académicas e independientes. Entre otras conclusiones, queda claro que el discurso sobre el sistema alimentario, vital para la sobrevivencia de todos, está plagado de mitos para favorecer a la cadena industrial, las empresas trasnacionales y los intereses financieros que lucran con ella. Pero son las redes campesinas, las que pese a la enorme injusticia en el acceso a los recursos, alimentan a la mayoría de la población mundial, cuidando además de la biodiversidad animal, vegetal y microbiana, el ambiente y la salud. El 16 de noviembre se hará una presentación del informe en la Universidad Autónoma del Estado de México.

(Más información: https://tinyurl.com/ybgxalkp).

La Jornada

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México: Tortillas envenenadas

30 de octubre de 2017

 

Por Silvia Ribeiro

Un importante estudio científico de reciente publicación mostró que la mayor parte de la comida industrializada derivada de maíz en México está contaminada con transgénicos y glifosato, herbicida que la Organización Mundial de la Salud declaró cancerígeno.

El impacto a la salud de la población mexicana es de magnitud, ya que México es el país donde se consume mayor cantidad de maíz por persona en el mundo. Esto se suma a la preocupación por la contaminación transgénica de maíz nativo en el campo, pese a que la siembra de maíz transgénico está suspendida desde hace cuatro años, en respuesta a una demanda colectiva ciudadana.

 

Los autores del estudio Presencia masiva de transgenes y del herbicida glifosato en alimentos derivados de maíz en México  son los investigadores de UNAM y UAM Emmanuel González, Elena Álvarez-Buylla y Alma Piñeyro, junto a otros autores. Es el primer estudio que hace un análisis sistemático de alimentos procesados derivados de maíz y es de gran relevancia por las implicaciones que tiene para la salud de toda la población.

Para el estudio analizaron cientos de muestras de tortillas, harinas, botanas y otros alimentos industrializados que contienen maíz, fundamentalmente del Altiplano central de México, que es dónde vive la mayor parte de los habitantes del país. Es también donde se conectan la redes de producción, importación y distribución industrial. (https://tinyurl.com/yc6k2n4c)

 

Encontraron que 82 por ciento de los alimentos analizados tenían secuencias de maíz transgénico. En tortillas, este porcentaje subió a 90.4 por ciento. En las que se detectó trazas de transgénicos manipulados para tolerar glifosato, también encontraron residuos de glifosato en una tercera parte.

 

Por el contrario, en las tortillas y harinas de zonas campesinas no encontraron residuos de agrotóxicos ni transgénicos. Lamentablemente sí detectaron algo de contaminación transgénica en tortillas artesanales de venta directa en mercados, pero el porcentaje fue mucho menor que en industriales, aproximadamente una quinta parte de las muestras analizadas. Probablemente porque en ciertas temporadas, algunos campesinos mezclan su maíz con masa de maíz industrial para elaborar tortillas.

 

Los resultados adquieren mayor gravedad porque el consumo de maíz en México por persona es mayor que en cualquier otro país. Pese a que la Organización Mundial de la Salud declaró al glifosato como cancerígeno para animales y probable cancerígeno para humanos en 2015, la Cofepris, instancia responsable de autorizar qué alimentos se pueden vender para consumo humano, ha autorizado sin empacho la venta para consumo de maíz transgénico tolerante a glifosato, que deja altos residuos del mismo en alimentos.

 

Entre los tipos de transgénicos detectados por el estudio, el de mayor frecuencia fue el NK603 (maíz transgénico tolerante a glifosato de Monsanto), con 60.8 por ciento en el total de muestras y 68.9 por ciento en tortillas. Es el mismo tipo de maíz que uso el científico Gilles-Eric Séralini en 2012 en un experimento donde alimentó ratas de laboratorio durante toda la vida de éstas con ese maíz. Las ratas desarrollaron tumores cancerosos, incluso las que fueron alimentadas con maíz transgénico sin glifosato. El estudio de Séralini fue atacado ferozmente por la industria transgénica, incluso presionando a la revista que lo publicó a retractarse, pero fue publicado y validado por otra revista científica independiente de la industria. Otros estudios de Monsanto con las mismas ratas de laboratorio no había dado esos dramáticos resultados, pero Monsanto interrumpió el experimento a los tres meses, cuando los primeros síntomas de enfermedad en el estudio de Séralini comenzaron a los cuatro meses de vida. El único caso comparable al estudio de Séralini –en el que se consume maíz todos los días y durante toda la vida– es la población de México.

 

Este evento transgénico es además el mismo que las transnacionales quiere sembrar en millones de hectáreas en México, lo cual está detenido desde 2013 por una demanda colectiva ciudadana. Demanda que las propias autoridades mexicanas han tratado de derrotar, junto a las transnacionales. (https://tinyurl.com/ycssuua5)

El estudio pone nuevamente de manifiesto que las autoridades, desde la Cofepris a la comisión de bioseguridad (Cibiogem) y la Sagarpa, están más interesadas en proteger los intereses de las trasnacionales que la salud de la población, la biodiversidad y el maíz nativo, el mayor patrimonio genético alimentario del país.

También que el maíz industrial que se importa –que es principal materia prima de los productos industrializados– es transgénico y está lleno de agrotóxicos, pese a que México no lo necesita y puede producir su propio maíz no transgénico. También que la contaminación podría estar incluso, ilegalmente, en maíces blancos producidos en México.

La estrategia de las transnacionales de contaminar todo para decir que ya no hay nada que hacer y se debe autorizar la siembra transgénica, ha sido una estrategia repetida en muchos países, aquí con activa colaboración de las autoridades.

Pero el estudio muestra también el camino que necesitamos: son las y los campesinos e indígenas los que mantienen el maíz sano, la biodiversidad, la fuente de salud. Por ello, defender esa fuente de diversidad y salud es tarea de todos, por ejemplo estableciendo redes entre campo y ciudad que les permitan seguir con la milpa y a todas y todos poder comer alimentos sanos. La Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS), en la que los autores del estudio son miembros, ha tomado ya iniciativas en ese sentido. Para conocer más sobre éstas y ver el estudio en totalidad.

ver: https://www.uccs.mx/agricultura_alimentacion/alisa/

*Silvia Ribeiro, Investigadora del Grupo ETC

La Jornada
Fuente:
 http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Noticias/Mexico_Tortillas_envenenadas

 

 En/con el capitalismo mundializado

 

Prestemos importancia, abajo y a la izquierda sin fronteras, a la criminalidad de lesa humanidad de los poderes que nos subsumen en su sistema mundo capitalista. Tomemos conciencia que los gobiernos e intelectuales "progresistas" han gestionado la conciliación con esta opresión exterminadora. Ni olvido, ni perdón a quienes operaron y operan silenciando e invisibilizando los ecocidios, etnocidios, genocidios y arrasamiento de culturas, territorios.

 

 

Trasnacionales contra el corazón de México

4 de septiembre de 2017

 

La industria de transgénicos no quiere que los tribunales de México escuchen a expertos independientes: quedaría claro que el maíz transgénico es una amenaza grave a la biodiversidad y la salud, que no se necesita para producir ni para comer, que sólo es un negocio, que ni siquiera es nacional.

 

Por Silvia Ribeiro - Investigadora de Grupo ETC

 

La defensa del maíz en México tiene horizonte perpetuo, dice Ramón Vera en Ojarasca. Cada día se reinventa y vuelve a germinar de muchas maneras, porque el maíz está profundamente entretejido en la vida de los pueblos, por ser el cultivo-corazón de la civilización mesoamericana milenaria, y justamente, porque no lo ven como producto agrícola comercial o materia prima para las industrias. (aquí)

Tiene profundo significado para toda la población, porque el maíz es parte de la identidad nacional, es alimento y elemento principal, en cientos de preparaciones culinarias y otros usos. Además de ser el centro de origen del cultivo, México es el país del mundo donde se consume más maíz como alimento. Por ello, las pruebas empresariales de supuesta inocuidad del transgénico, no aplican en México, porque nadie consume tanto maíz durante toda la vida.

Todo es parte del contexto de que varios jueces han reafirmado, por cuatro años, la suspensión de siembra de maíz transgénico, en respuesta a la demanda colectiva de 53 personas y 20 organizaciones civiles, contra Monsanto, Syngenta, Dow y DuPont, y las secretarías de agricultura (Sagarpa) y medio ambiente (Sagarpa). Han debido enfrentar 112 impugnaciones del gobierno y las trasnacionales, incluyendo 26 juicios de amparo en 17 tribunales federales.

En marzo de 2016, el magistrado Benjamín Soto Sánchez, titular del segundo tribunal federal unitario en materia civil, dictó una sentencia que sigue vigente, manteniendo la suspensión de siembra comercial de maíz transgénico, aunque abrió la siembra experimental, bajo vigilancia judicial y de científicos que acompañan la demanda. Sagarpa no ha procesado nuevas solicitudes de maíz transgénico, a la espera de la resolución de cuatro juicios de amparo promovidos por la industria trasnacional contra las medidas de suspensión y vigilancia.

Entre sus argumentos, las transnacionales afirman que México necesita importar una tercera parte de su consumo de maíz, importaciones que son de maíz transgénico, y por tanto ganaría, aumentando la producción, si lo siembra en el país. Es un argumento muy usado, pero falso.

La propia Sagarpa admitió en tribunales que el maíz transgénico no incrementa la producción. Más tarde, Sagarpa informó que de 2012 a 2016, México aumentó en 12,7 % su producción de maíz (sin usar transgénicos logró un porcentaje de aumento mayor que Estados Unidos en igual período). En 2016, México tuvo una producción total de 25,7 millones de toneladas de maíz, de los cuales 12,3 millones se vendieron para consumo humano, 4,2 millones para autoconsumo, 4,4 millones para el sector pecuario y 1.5 millones para exportación. No sólo cubrió el doble del mercado de consumo interno, además ¡exportó maíz! (aquí)

Como explica la doctora Ana de Ita de Ceccam, México importa más de 10 millones de toneladas anuales de maíz desde Estados Unidos, pero no para consumo humano, sino para forraje de pollos y cerdos en cría industrial, un negocio principalmente de transnacionales asociadas a las empresas de transgénicos, que además de controlar el mercado de importación, han ido sustituyendo a las empresas nacionales pecuarias y a los forrajes diversos que se producían en México. (aquí) El doctor Antonio Turrent ha mostrado que México tiene la capacidad de producir todo el volumen de maíz consumido e importado actualmente, con semillas propias y de institutos públicos del país y políticas que no generan dependencia de trasnacionales. (aquí)

 

Las trasnacionales piden ahora a los tribunales que revoquen la suspensión y que además rechacen la propuesta de la colectividad para que peritos expliquen las afectaciones que provocará la siembra de transgénicos. Insisten en que el juez no escuche argumentos de expertos independientes, por la debilidad de los suyos propios. Para justificarlo, alegan que la decisión es técnica y que la debe tomar Sagarpa, caso por caso, ya que el juez no tiene elementos para decidir.

Intentan así ocultar que la sentencia de Soto Sánchez ya resolvió que el juicio de acción colectiva es idóneo para determinar los daños que podría provocar el maíz transgénico y que consideró que la suspensión se debía mantener porque sin las mejores oportunidades que permite un juicio se menoscaba el derecho de las partes a presentar todos sus argumentos, por ejemplo, peritos y otras pruebas.

La consideración caso por caso, no tiene en cuenta el impacto sumado y en el tiempo, sobre México por ser centro de origen; otro de los argumentos centrales que afirmó esa misma sentencia. Además, Sagarpa fue demandada precisamente por no cumplir su función pública y en el proceso ha actuado junto y a favor de las trasnacionales.

Ningún juez puede ser experto en todos los temas surgidos en las demandas que debe juzgar, pero tiene la plena facultad de recabar exhaustivamente pruebas, peritajes y documentos, para poder como representante del interés público, formarse una clara opinión de lo que es necesario atender. Más aún en este tema, que lejos de ser un tema técnico, está en juego el corazón de los pueblos del maíz.

La Jornada

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Documentos/Trasnacionales_contra_el_corazon_de_Mexico

En consecuencia, abajo y a la izquierda sin fronteras, debemos generalizar la percepción de que -a causa del sistema mundo capitalista- “asistimos al aumento de expulsiones de campesinos de sus tierras y territorios, a nuevas formas de control por parte de los monopolios sobre la tierra y el agua, a la imposición global de sistemas de propiedad intelectual que roban las semillas de los campesinos, a la invasión de las semillas transgénicas y a la proliferación de las plantaciones monocultivo, los megaproyectos y las minas”. Nos urge suscitar el compromiso de una creciente mayoría con:

 

La lucha contra la ola de expropiaciones de tierras

tras una crisis alimentaria global

24 de octubre de 2017

 

Por Boaventura Monjane (El diario)

 

- Los elevados precios de los alimentos y la necesidad de energías renovables alternativas como los agrocombustibles han desencadenado la nueva ola de expropiaciones de tierras en África del Sur

- Las comunidades locales afectadas, sobre todo en el campo, han organizado todo tipo de acciones de resistencia como sabotajes, desobediencia civil, huelgas y acciones judiciales

- El Tribunal Permamente de los Pueblos sobre las Empresas Transnacionales se reunió en Johannesburgo para denunciar a nivel regional los abusos de las empresas.

La influencia y la impunidad empresarial en África del Sur afecta cada vez más a las comunidades locales, sobre todo en el campo, donde se producen gran parte de las expropiaciones de tierras. Esto se remonta a los siglos en los que los poderes coloniales se repartieron el continente para alimentar con sus recursos las economías occidentales.

 

En los últimos años, hemos presenciado una nueva ola de expropiaciones de tierras tras una crisis alimentaria global que se caracterizó por los elevados precios de los alimentos y la necesidad de energías renovables alternativas como los agrocombustibles, considerados erróneamente como una solución a la crisis climática.

 

La resistencia local contra el poder empresarial en África es relativamente desconocida. Las comunidades locales afectadas, sobre todo en el campo, no se han limitado a ser víctimas pasivas, sino que han organizado todo tipo de acciones de resistencia como sabotajes, desobediencia civil, huelgas y acciones judiciales.

 

En agosto de este año el Tribunal Permamente de los Pueblos sobre las Empresas Transnacionales se reunió en Johannesburgo, Sudáfrica, en lo que significó una extraordinaria denuncia a nivel regional de los abusos de las empresas, así como la celebración de un protagonismo rural comprometido y resolutivo.

La reunión del tribunal se celebró en el marco de una lucha más amplia para desmontar el poder empresarial y su arquitectura de la impunidad. El Tribunal Permanente de los Pueblos es un tribunal de opinión pública reconocido internacionalmente que funciona con independencia de las autoridades estatales

En una sesión de audiencias ante un respetable jurado, ocho comunidades de Mozambique, Malaui, Tanzania, Zambia, Mauricio y Madagascar presentaron casos sobre el impacto que las empresas transnacionales (ETN) tienen en su sustento, sus tierras y sus derechos humanos.

 

El Tribunal Permanente de los Pueblos

El repertorio de contención, entendido como el conjunto de acciones y herramientas de protesta llevadas a cabo por los movimientos de base, incluye la construcción de solidaridad entre las distintas luchas de la región.

En este contexto, la celebración del Tribunal Permanente de los pueblos (TTP) en Sudáfrica es un proceso que no sólo ofrece a las comunidades afectadas por las empresas transnacionales la oportunidad de denunciar las atrocidades de estas empresas, sino que les permite aprender de las experiencias comunes, elaborar estrategias a nivel regional.

En la sesión del tribunal en Johannesburgo, ocho comunidades presentaron casos que demuestran que la imparable acumulación de capital de las ETN destruye sus medios de subsistencia, el medio ambiente y, a la larga, la soberanía de sus países.

En la mayoría de los casos que se presentaron, las empresas llegaban a criminalizar la resistencia y las protestas. Precisamente esto fue denunciado en el caso de Mozambique, donde los campesinos y activistas que luchan contra ProSavana, denuncian que se ven acosados y amenazados con la cárcel.

ProSavana es un programa agrícola trilateral propuesto por los Gobiernos de Mozambique, Brasil y Japón para sembrar cultivos comerciales y otros productos agrícolas para la exportación en la zona del Corredor de Nacala, al norte de Mozambique.

En 2013 la Unión de Campesinos de Mozambique (UNAC) promovió una campaña de movilizaciones, presionando a los Gobiernos de Mozambique, Brasil y Japón para que cancelasen el programa. Desde entonces, los detractores del ProSavana han llevado a cabo numerosas acciones, entre ellas presentar una queja a un comité independiente de examinadores en Tokio, que tras aceptarla ha investigado la conducta de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) en relación al polémico ProSavana.

La aceptación de la investigación supone el reconocimiento de que las alegaciones presentadas por las personas afectadas están bien fundamentadas y merecen ser verificadas. ProSavana no ha conseguido hoy por hoy llegar a un consenso para su implementación.

Por su parte, ocho activistas tanzanos fueron arrestados y encarcelados durante más de cuatro meses (de diciembre de 2016 a abril de 2017) por las autoridades malauíes cuando viajaron a Malaui para observar el impacto que la extracción de Uranio tiene sobre el medio ambiente y la salud humana.

Ante el tribunal, declararon que temían los efectos negativos de la extracción de Uranio en Tanzania, en el Proyecto del Río Mkuju en el área de Namtumbo, en la región de Rovuma, que se encuentra en estado de exploración. Según los representantes de Tanzania, el arresto de los activistas y el ulterior caso judicial respondían a criterios políticos y el estado no pudo demostrar las acusaciones.

Volviendo a Mozambique, los miembros de la comunidad local están luchando contra la construcción de una enorme presa hidroeléctrica de Mphanda Nkuwa en el río Zambeze de la provincia de Tete, en el centro de Mozambique. Tres miembros de las comunidades afectadas dijeron a los jueces que la presa desplazaría a unas 1.400 familias. Justiça Ambiental, una ONG que trabaja con estas comunidades, calcula que alrededor de 200 mil personas que viven río abajo se verán afectadas por el funcionamiento de la presa.

 

En Malaui, la Asamblea de Mujeres Rurales denunció ante el tribunal que Monsanto acapara las subvenciones y los presupuestos del Gobierno, que se ve forzado a importar semillas híbridas, limitando el conocimiento local y destruyendo la soberanía de semillas. Las mujeres campesinas son las más afectadas por esta medida, afirmaron.

 

El Centro de Apoyo e Investigación para Alternativas de Desarrollo de Madagascar está luchando contra un proyecto de ilmenita a gran escala al sur del país de la Madagascar Resources Company. Se recela de este proyecto porque afectará a doce pueblos e invadirá el bosque Mikea, donde habitan varios grupos indígenas.

El bosque es una fuente de sustento importante para la gente local. “Si este proyecto avanza, las personas se verán privadas de los recursos necesarios para su sustento y para actividades sanitarias, y esto afectará principalmente a las mujeres”, dijeron miembros de estas comunidades.

 

Muchas de las compañías que invierten en tierras y minerales en África del Sur están registradas en Mauricio, en el océano Índico. Mauricio es un conocido paraíso fiscal y facilita los flujos financieros ilícitos en el país, lo que permite a los inversores dañar las economías locales de los países en los que operan.

La primera sesión de audiencias de este tribunal se celebró en agosto de 2016 en Manzini, Suazilandia. Diez comunidades de otros países de África del Sur presentaron casos de abusos y violaciones de los derechos humanos por parte de las empresas en la industria extractiva.

Ambas sesiones (Manzini y Johannesburgo) fueron organizadas por la campaña global de África del Sur llamada “Desmantelemos el poder corporativo y acabemos con la impunidad”, con participantes como la Red de Acción Popular de África del Sur y el Diálogo del Pueblo.

 

Esta campaña está formada por una red de más de 200 movimientos sociales, organizaciones y comunidades que resisten el acaparamiento de tierras, la minería extractiva, los salarios abusivos y la destrucción medioambiental de las ETNs en distintas regiones del mundo.

 

Este Tribunal Permanente de los Pueblos es un paso importante para llamar la atención de la comunidad internacional y vigilar el feroz comportamiento de las ETN en África, así como para facilitar la construcción de una plataforma de lucha más fuerte de las comunidades afectadas que acabe con los abusos perpetrados por esas empresas.

 

Un “desarrollo” destructivo

Las expropiaciones de tierras y recursos en África del Sur se consiguen gracias a inversiones del sector financiero e industrial, que trabajan mano a mano guiados por el ansia de obtener beneficios y controlar las materias primas. Estas inversiones incluyen transacciones de tierras para la minería, la agricultura y el turismo.

El acaparamiento de recursos con total impunidad por parte de las empresas no se detuvo con la independencia de muchos países de África del Sur, sino que continuó con la colaboración de las nuevas élites gobernantes, justificándolo como “proyectos de desarrollo” y disfrutando de la protección y el apoyo del Estado.

 

Cientos de miles de campesinos y pueblos indígenas siguieron trabajando la tierra en zonas marginales mientras que las tierras más ricas en minería y agricultura eran controladas por unos pocos. La mayoría siguió viviendo en la pobreza y el hambre. Los problemas empeoraron en los años ochenta, con los intereses neoliberales sintetizados en la “globalización” precedidos por bajos precios agrícolas en los mercados globales.

Ese programa neoliberal sobre el desarrollo, que trató de lidiar con los déficit a través de Programas de Ajuste Estructural (PAE), pidió que el Estado se retirara de las actividades económicas. La apertura de las fronteras nacionales al libre flujo de bienes, la retirada del Estado de la economía para dedicarse a la mera “supervisión”, el capital financiero sin restricciones y la hegemonía de las empresas transnacionales forman parte de ese programa.

 

Como resultado, asistimos al aumento de expulsiones de campesinos de sus tierras y territorios, a nuevas formas de control por parte de los monopolios sobre la tierra y el agua, a la imposición global de sistemas de propiedad intelectual que roban las semillas de los campesinos, a la invasión de las semillas transgénicas y a la proliferación de las plantaciones monocultivo, los megaproyectos y las minas.

Mientras tanto, la desigualdad económica crece en el continente y supera al resto de los países en desarrollo, incluso a Latinoamérica. El continente experimenta un incremento de la población joven (15-24 años), pero no ha conseguido crear suficiente empleo digno. Sudáfrica, la economía más desarrollada del África subsahariana (ASS), presenta una tasa de desempleo juvenil del 54%.

 

Despojar a los indígenas de sus tierras

El resultado de todo lo anterior es una concentración sin precedentes de la propiedad de la tierra, los bienes naturales y los alimentos. Un puñado de corporaciones transnacionales controlan las cadenas de valor agrícolas y alimentarias.

Los movimientos sociales critican su modelo de producción, que consideran socialmente injusto e insostenible desde un punto de vista económico o medioambiental, ya que depende del uso intensivo de la maquinaria agrícola y químicos tóxicos, y del uso de semillas modificadas genéticamente, como sucede en Sudáfrica. Como consecuencia, las verdaderas causas del deterioro social, económico y medioambiental aún persisten.

Existen nuevas estrategias para despojar a los indígenas y campesinos de sus tierras y territorios. Algunos mecanismos, como la “reducción de las emisiones debidas a la deforestación y la degradación de los bosques” (REDD) son promovidos por gobiernos y empresas, con el supuesto objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, cuando en realidad bloquean el acceso de familias y comunidades rurales a sus propias tierras, bosques y recursos hídricos, poniendo en riesgo su capacidad de producir alimentos y luchar contra la pobreza.

Con el pretexto de la escasez del agua destinada a la irrigación, el acceso al agua y su uso para la irrigación se restringe y se sugiere que se concentre en los “cultivos de alto valor”; así, los cultivos destinados a la exportación, agrocombustibles y otros cultivos industriales reciben irrigación mientras que los cultivos alimentarios de los campesinos se ven privados del agua.

A raíz de la actual crisis alimentaria global, muchos inversores e incluso gobiernos se han puesto a buscar terrenos cultivables “vírgenes” para producir más alimentos. Algunos inversores quieren alimentar los “futuros sobre materias primas” para aumentar los beneficios en estos nuevos paraísos de rentabilidad, mientras que otros quieren producir cultivos flexibles de alimentos y agrocombustibles, ya que la presión aumenta para reducir los combustibles fósiles. Por su parte, los gobiernos buscan preservar la seguridad alimentaria de sus ciudadanos.

La demanda de tierras es tan grande que ha dejado a cientos de miles de campesinos sin terrenos ni suministro de agua, privándoles de su sustento.

Como consecuencia del abandono que sufre la agricultura campesina por parte de los gobiernos y de las bajadas de los precios, la mayoría de los campesinos se han visto forzados a buscar trabajo estacional en grandes plantaciones, para mantener los ingresos de sus propias explotaciones.

El sistema de trabajo estacional ofrece sueldos muy bajos y duras condiciones de trabajo. Los bajos sueldos mantienen al campesino atado a este sistema y arrebata una mano de obra imprescindible a las explotaciones de campesinos. La mayoría sufren de exposición crónica a agroquímicos tóxicos (pesticidas) y tiene que regresar a sus casas en el campo para que sus familias cuiden de ellos.

 

El flujo de inversiones extranjeras en la región no se detiene, alentadas por los constantes “descubrimientos” de reservas de gas, combustible o minerales y el afán por usar las tierras africanas, supuestamente infrautilizadas, para “saciar” el hambre del mundo. Sin embargo, es alentador saber que los pobres en África del Sur, en particular el mundo rural, se están movilizando para resistir esta ola neoimperialista.

 

Boaventura Monjane es un periodista y activista social mozambiqueño. Es doctorando en Poscolonialismos y Ciudadanía Global en el Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra (beca FCT). En la actualidad es investigador asociado invitado por el Instituto de Estudios Agrarios y de la Tierra de la Universidad del Cabo Occidental.

Traducción: Patricia Campo.

Fuente: http://www.eldiario.es/desalambre/implicados/movimientos-denuncian-empresas-Africa-Sur_0_697830912.html

 

 Alternativas postcapitalistas

 

Tomemos conciencia, abajo y a la izquierda sin fronteras, que nuestra unión en diversidad debe hacerse cargo de las resistencias expresadas como: “Exigimos a las autoridades que cesen de promover y encubrir una producción que parte de sembrar maíz transgénico en nuestros territorios, produciendo desmonte y contaminación, inundación y sequías, desalojo y pobreza, enfermedades y muertes, zonas de sacrificio...

No producen alimentos ni combustible sustentable, sólo consumen nuestros recursos, destruyen las economías regionales y la vida campesina e indígena. Saquean nuestras vidas y futuro”.

 

Comunicado: Basta de zonas de sacrificio.

Cese inmediato de la producción de etanol de Porta Hnos.

Ni un enfermx más, ni un muertx más.


A lxs poderosxs, ciegxs por seguir acumulando riquezas, les gusta pensar que no tienen que dar explicaciones ni cumplir con las leyes como cualquier ciudadano común. Pero hoy es un día histórico para las luchas de los pueblos contra el modelo extractivista y contaminante, contra la corrupción empresarial y sus serviles funcionarios de los poderes del Estado.

 

Hoy, en el Juzgado Federal N°3 de la ciudad de Córdoba, sentamos a Porta Hnos a dar explicaciones. Lo logramos luego de 5 años de deambular por todas las dependencias del Estado explicando que la planta de etanol de Porta Hnos. es ilegal y clandestina porque no cumple con las leyes nacionales ni provinciales ni municipales. La Municipalidad de Córdoba, la Secretaría de Ambiente de la Provincia de Córdoba, la Justicia Provincial y el Ministerio de Energía y Minería de Nación nos cerraron las puertas en la cara, pero seguimos luchando.

 

Hoy, a 14 meses de presentado el amparo ambiental, a pesar de las maniobras de los abogados de Porta por rechazar la audiencia, el Juzgado Federal tuvo que escucharnos.

La justicia tuvo que hacer oídos a lo que vivimos todos los días de nuestras vidas al vivir al lado de una planta que, de manera ilegal, produce Etanol. Una Fábrica de enfermedades y de muertes. Una planta que no sabemos si va a explotar.

Una planta que nos empujó a la calle, a organizarnos, a luchar porque nuestra familia se enfermaba, porque nuestros cuerpos se enfermaban, porque las madres perdían sus embarazos o nacían bebés con malformaciones... porque nos está matando, porque no sabemos quién será el próximo...

 

Porta Hnos. representa un eslabón más de un sistema productivo que, de la mano de políticas extractivistas impuestas por las corporaciones a nivel mundial, son causantes de violaciones a los derechos humanos, crímenes contra la humanidad y ecocidio, como ha demostrado el Tribunal Internacional de La Haya que este año juzgó las denuncias mundiales contra la multinacional transgénica Monsanto. Porta Hnos. es la pata industrial del modelo de producción agrícola transgénica y tóxica, de la agricultura Monsanto.

 

Ya no podemos seguir esperando: exigimos el inmediato cese de la producción de la planta de Etanol de Porta Hnos., a través de una medida cautelar, como atribución que un juez en un proceso ambiental puede y debe tomar. Volvemos a recordarle a las autoridades que el principio precautorio prevalece ante la situación de riesgo a la que una población está siendo afectada. Porque nuestro padecimiento está más que documentado en los estudios de salud ambiental realizados por la Red Universitaria de Ambiente y Salud, así como las pericias sobre el aire de nuestro barrio que mostraron que respiramos contaminantes cancerígenos y altamente inflamables, así como en nuestros cuerpos enfermos y asfixiados.

 

Pero si algo nos enseñó esta lucha, es que no estamos solxs, ni somos lxs unicxs. Por eso,  exigimos a las autoridades que cesen de promover y encubrir una producción que parte de sembrar maíz transgénico en nuestros territorios, produciendo desmonte y contaminación, inundación y sequías, desalojo y pobreza, enfermedades y muertes, zonas de sacrificio...

No producen alimentos ni combustible sustentable, sólo consumen nuestros recursos, destruyen las economías regionales y la vida campesina e indígena. Saquean nuestras vidas y futuro.  

Alertamos la profundización de este modelo tóxico e ineficiente  que tras la quita de retenciones por el Macrismo, generó un aumento de 500.000 hectáreas más a la producción de maíz transgénico en solo tres meses.

Convocamos a todas las organizaciones y a la ciudadanía en general a denunciar el funcionamiento de plantas y otros emprendimientos que no tengan Estudio de Impacto Ambiental o que estén poniendo en riesgo la vida y la salud de la población.

Compartimos lo que aprendimos: no crean que la enfermedad es un problema individual, hablen con sus vecinxs, organícense y luchen.   

Una vez más, y hasta que sea justicia: ¡Fuera Porta!

Erradicación manteniendo las fuentes de trabajo, remediación ambiental y reparación para lxs afectadxs.

Justicia para lxs afectadxs ambientales


Vecinos Unidos en Defensa de un Ambiente Seguro [ VUDAS ]

Adhesiones

Asamblea de vecinos Autoconvocados Santa María sin Basura                        

Simón Bolívar Córdoba

Central de Trabajadores de la Argentina - Autónoma (CTA-A). Comisiones Ejecutivas Local Ciudad de Córdoba y Provincial Córdoba                        

Instituto de Salud Laboral y Medio Ambiente (ISLyMA) - Asociación Civil

Félix Diaz, Presidente del Consejo Consultivo y participativo de los Pueblos Indígenas de Argentina

Frente Popular Dario Santillán

Federación Universitaria de Córdoba

Malvinas Lucha por la Vida

Madres de Barrio Ituzaingó

Frente Unico Hombre Nuevo -Izquierda Revolucionaria

Movimiento Primero de Mayo

La Luna con Gatillo

Federación de Estudiantes de Biología

Asamblea Villa Giardino Despierta

Equipo de Educación Popular Pañuelos en Rebeldía

Asamblea Rio uarto sin Agrotóxicos

Regional Sureste de coord en def del bosq nativo

Semilla del Sur Asociación Civil

Coord en def del bosque nativo Punilla NorteCalamuchita

Frente para la Victoria Santa Ana

ONG Mamull Mapu

Universidad del Monte

Fundación Deuda Interna

Frente para la Victoria Falda del Carmen

Comisión Ambiental Vecinal Falda del Carmen

Ezequiel Peressini - Liliana Olivero - Izquierda Social Frente de Izquierda

-- 
UAC Unión de Asambleas Ciudadanas Contra el Saqueo y la Contaminación
www.asambleasciudadanas.org.ar
facebook.com/unionasambleasciudadanas
http://twitter.com/prensauac
 
 

 

Deliberemos, abajo y a la izquierda sin fronteras, sobre la VII Conferencia Internacional de La Vía Campesina para saber su programa contra el sistema mundo capitalista y por otra sociedad, otro mundo de paz entre los pueblos planetarios. Nos explica:

"La agroecología campesina es la base de nuestra propuesta y visión de la soberanía alimentaria de los pueblos del mundo. Para hacerlo, urge la genuina reforma agraria integral y popular, la defensa de los territorios indígenas y campesinos y la recuperación de los sistemas alimentarios locales.

Además de fortalecer y desarrollar nuestros mercados campesinos, necesitamos construir nuevas relaciones entre las clases populares del campo y de la ciudad, así como nuevos canales de distribución y de venta, construyendo un nuevo modelo de relaciones humanas, económicas y sociales, basadas en el respeto, la solidaridad y la ética. Con la reforma agraria, la agroecología campesina y la soberanía alimentaria enfriamos el planeta y construimos sociedades más justas y humanas."

 

 

Declaración de Euskal Herria: “Alimentamos nuestros pueblos y

construimos movimiento para cambiar el mundo”

24 de julio de 2017

 

VII Conferencia Internacional de La Vía Campesina, Euskal Herria-País Vasco, 16 al 24 de julio de 2017. "Nosotros los campesinos/as, trabajadores/as rurales, sin tierra, pueblos indígenas, pastoralistas, pescadores/as artesanales, mujeres campesinas, y otros pueblos que trabajan en el campo de todo el mundo declaramos que alimentamos nuestros pueblos y construimos un movimiento para cambiar el mundo."

 

Delegados y delegadas de La Vía Campesina, en representación de nuestros movimientos y organizaciones, estamos reunidos en el País Vasco del 16 al 24 de julio de 2017 para celebrar nuestra VII Conferencia Internacional. Euskal Herria es una hermosa tierra de solidaridad, lucha, resistencia, con lengua propia, donde la tradición de la buena comida producida por los campesinos/as y pescadores/as locales se mantiene viva. Nosotros los campesinos/as, trabajadores/as rurales, sin tierra, pueblos indígenas, pastoralistas, pescadores/as artesanales, mujeres campesinas, y otros pueblos que trabajan en el campo de todo el mundo declaramos que alimentamos nuestros pueblos y construimos un movimiento para cambiar el mundo.

 

Con el auge del capital financiero, se ha producido un periodo de acaparamiento desenfrenado de nuestra agua, semilla, tierra y territorio. Se impulsan tecnologías peligrosas, a veces con impactos irreversibles, como los transgénicos, la producción animal confinada en gran escala, y la biología sintética. Se acelera la sustitución de las economías productivas reales por la economía financiera, bajo el dominio del capital especulativo. Las megafusiones concentran más que nunca el dominio sobre los sistemas alimentarios. Hay una nueva fórmula de neoliberalismo combinado con discursos de odio, en que los problemas causados por la misma concentración de riqueza están siendo usados para dividir nuestros pueblos y crear conflicto étnico, religioso y migratorio. Estamos frente a una oleada de violaciones de nuestros derechos humanos, con compañeros y compañeras asesinados, encarcelados, torturados y amenazados por todo el mundo.

 

Los acaparadores de recursos hacen la guerra contra nosotros, muchas veces a través de la OMC, Banco Mundial, FMI, el imperialismo, los tratados de libre comercio y las leyes que privatizan nuestros bienes comunes, pero cada vez más a través de los bombardeos, las ocupaciones militares y las medidas económicas genocidas. Nos solidarizamos con Palestina y otros pueblos que continúan sufriendo y resistiendo frente a estas imposiciones. Millones de migrantes y refugiados están siendo desplazados forzosamente por la guerra, y la falta de acceso a las necesidades más básicas. Además se siente en muchas sociedades un viento frio de xenofobia, racismo, fundamentalismo religioso y odio de clase.

 

La criminalización de la migración y de la protesta social está vinculada al poder mediático corporativo hegemónico que demoniza a los sectores organizados del pueblo. Los medios de comunicación corporativos defienden los intereses del capital y últimamente están promoviendo el derrocamiento de algunos gobiernos y colocando a otros. El poder mediático manipula a grandes sectores de la población, creando las condiciones para las violaciones de derechos humanos.

El sistema capitalista y patriarcal no es capaz de revertir la crisis en que vive la humanidad, sólo sigue destruyendo a nuestros pueblos y calentando la Madre Tierra. La Tierra está viva pero el capitalismo es una enfermedad que la puede matar.

Frente a esta grave situación, nosotros y nosotras:

1. Alimentamos nuestros pueblos:

Durante más de medio siglo, nos vendieron la idea de la “revolución verde,” que nada tiene de revolución ni de verde. Bajo el pretexto de productividad a corto plazo, este modelo de agronegocio ha envenenado el suelo, monopolizado y contaminado el agua, tumbado los bosques, secado los ríos y sustituido la semilla nuestra con semillas comerciales y transgénicas. En vez de acabar con el hambre, el agronegocio ha creado más problemas de alimentación, y desplazado a los pueblos del campo. Es un modelo de agricultura sin campesinos/as y altamente excluyente. Mientras el agronegocio recibe las subvenciones y las políticas favorables, en nuestra agricultura campesina e indígena seguimos haciendo lo que hemos hecho por milenios: producir alimentos sanos para nuestras familias, comunidades y pueblos.

Mientras los gobiernos imponen leyes de semillas que aseguran la privatización y las ganancias de las trasnacionales, nosotros cuidamos las semillas campesinas, trabajadas, elegidas y mejoradas por nuestras antepasadas. Las semillas nuestras están adaptadas a nuestras tierras, donde con manejo agroecológico producimos sin necesidad de comprar agro-tóxicos ni otros insumos externos. Nuestra agroecología campesina alimenta al suelo con materia orgánica, se basa en la biodiversidad, conserva y recupera variedades campesinas de semillas y razas de animales, trabajando con la sabiduría de los pueblos y con la Madre Tierra para alimentarnos. Su fuente principal es el conocimiento campesino indígena, ancestral y popular que hemos acumulado durante generaciones, día a día, mediante la observación y la constante investigación en nuestras tierras, compartido después en nuestros intercambios entre campesinos y campesinas y entre nuestras organizaciones. Nuestra agroecología tiene un carácter campesino y popular; no se presta para las soluciones falsas como el capitalismo “verde”, los mercados de carbono y la agricultura “climáticamente inteligente”. Rechazamos cualquier intento de cooptación de la agroecología por el agronegocio.

La agroecología campesina es la base de nuestra propuesta y visión de la soberanía alimentaria de los pueblos del mundo. Para hacerlo, urge la genuina reforma agraria integral y popular, la defensa de los territorios indígenas y campesinos y la recuperación de los sistemas alimentarios locales.

Además de fortalecer y desarrollar nuestros mercados campesinos, necesitamos construir nuevas relaciones entre las clases populares del campo y de la ciudad, así como nuevos canales de distribución y de venta, construyendo un nuevo modelo de relaciones humanas, económicas y sociales, basadas en el respeto, la solidaridad y la ética. Con la reforma agraria, la agroecología campesina y la soberanía alimentaria enfriamos el planeta y construimos sociedades más justas y humanas.

2. Construimos movimiento:

La humanidad en crisis busca soluciones. Cada vez más, nuestro movimiento es un referente para los pueblos que luchan. La Vía Campesina sigue creciendo y nuestra propuesta se fortalece. Sin embargo, nuestros enemigos también se fortalecen y nuestra construcción de movimiento enfrenta retos para seguir avanzando.

La lucha de masas es el corazón de La Vía Campesina. El trabajo de base de nuestras organizaciones debe fortalecerse, para integrar más trabajadores y trabajadoras del campo, más campesinos y campesinas, más comunidades indígenas, más migrantes, más pueblos de la diáspora africana, más afectados/as por el modelo del capitalismo agro-hidro-extractivista. Tenemos que fortalecer las alianzas a nivel local, nacional e internacional, sobre todos entre las clases trabajadores del campo y de la ciudad.

Nuestro movimiento tiene como enemigo el patriarcado. El carácter feminista de La Vía Campesina fortalece nuestra unidad y compromiso para luchar con igualdad y equidad de género. Una clave para fortalecer nuestras propias organizaciones y lograr alianzas más amplias es la construcción de un movimiento feminista campesino dentro de La Vía Campesina. Fortaleceremos la participación política de las mujeres en todos espacios y niveles de nuestro movimiento. Nuestra lucha es por el fin de todos los tipos de violencia contra la mujer: física, sexual, psicológica, y económica. Nos comprometemos a incrementar nuestras capacidades para entender y crear ambientes positivos en torno al género, dentro de nuestras organizaciones y en nuestras alianzas. La falta de tolerancia a la diversidad es parte del proceso del despojo de jóvenes del campo. Un campo diverso, no violento e inclusivo es fundamental para La Vía Campesina.

En todo el mundo la juventud ha sido cada vez más expulsada del campo por las diversas formas del capital, y el patriarcado y la discriminación por edad restringen su visibilidad y plena participación en nuestras organizaciones. Nosotros y nosotras nos comprometemos a las nuevas generaciones en el campo y en nuestro movimiento, buscando por la plena incorporación de la juventud en espacios de liderazgo y toma de decisiones dentro de nuestras organizaciones, en la formación y en la producción de alimentos agroecológicos.

Millones de nosotros/as migramos como una forma de resistencia para no desaparecer como pueblos, como campesinos/as, como mujeres o como jóvenes. Desafiamos fronteras, derribamos muros, y enfrentamos el racismo y a la xenofobia. Construimos un movimiento articulando a campesinos/as, trabajadores/as rurales y migrantes, no como víctimas merecedoras de asistencia, sino como titulares de derechos, incluyendo nuestro derecho al libre movimiento.

Nuestro trabajo con nuestros aliados por lograr una Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los campesinos y de otras personas que trabajan en las zonas rurales es de importancia fundamental para cientos de millones de personas en el mundo. Reforzaremos el trabajo en los países para lograr su adopción. Este instrumento crucial fortalecería los derechos de los pueblos del campo para proteger sus medios de subsistencia y seguir alimentando al mundo.

Tenemos que seguir acelerando la formación política e ideológica, organizativa, y técnica con nuestros propios pensamientos, formando las personas para la lucha y para la transformación, ya que tenemos claro que la educación convencional rompe con nuestra identidad y pensamiento. La formación es crucial para que nuestros movimientos creen sujetos nuevos y activos, sujetos para forjar nuestro propio destino. En nuestra lucha es necesario también seguir construyendo nuestra propia comunicación autónoma y alianzas con los medios alternativos, que nos tornen conscientes de nuestra cultura, de nuestra dignidad, y de nuestra capacidad para transformar la sociedad.

3. Para cambiar el mundo:

El camino es largo. Estamos creciendo como movimiento, pero el capitalismo salvaje y las guerras de un sistema mundial en crisis ponen a todos nosotros y nosotras, nuestras comunidades, organizaciones y sociedades en peligro. Frente a la barbarie urge construir otro futuro para la humanidad. En un contexto extremadamente complejo, La Vía Campesina es un motor de lucha por la transformación y vela por la paz en el mundo. A través de nuestro trabajo diario en el campo, nuestro aporte mundial a la alimentación, nuestras alianzas y nuestra lucha por la soberanía alimentaria, hemos logrado la confianza de buena parte de los pueblos y movimientos. Nosotros y nosotras asumimos la responsabilidad de seguir sembrando la paz en este planeta, igual como hemos globalizado la lucha y sembrado la esperanza en todos los rincones del mundo.

De especial importancia es que nuestra lucha ha logrado un nuevo reconocimiento al campesinado, y ha logrado cambiar los propios términos de los debates internacionales y nacionales sobre la alimentación, la agricultura y el campo. No más se formularán políticas sin que nuestras voces sean escuchadas en voz alta, o sin estar sobre la mesa los temas de los derechos campesinos, la agroecología, la reforma agraria y sobre todo, la soberanía alimentaria.

Crecer y fortalecernos como movimiento significa cuidar el trabajo de base, formar alianzas, luchar contra el patriarcado, el imperialismo y el capital financiero con convicción, compromiso y disciplina. Esta lucha es crítica para la humanidad y la supervivencia de la Madre Tierra. Desde Euskal Herria, hacemos un llamado a los pueblos del mundo a luchar con nosotros y nosotras. Es hora de construir un mundo fraterno y solidario entre los pueblos.

“Alimentamos nuestros pueblos y construimos movimiento para cambiar el mundo”

¡Globalicemos la lucha!

¡Globalicemos la esperanza!

Minga Informativa de Movimientos Sociales

 

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En consecuencia, abajo y a la izquierda sin fronteras, debemos generalizar la toma de conciencia sobre la función criminal de la democracia representativa y del sistema político desde la dictadura genocida de los poderes locales e imperialistas.

 

¿Por qué criminal y no sólo delictivo? El nuevo patrón de acumulación gran capitalista se estableció con terrorismo paraestatal-estatal (operativo Independencia) durante los gobiernos peronistas de mediados de los setenta y el estatal desde 1976 hasta 1983. Miró al enriquecimiento creciente de oligopolios mediante acaparamiento de bienes comunes (sociales y naturales) e ingresos públicos y superexplotación de los trabajadores: despidos masivos, trabajo registrado con salarios según canasta alimentaria en vez de la familiar, flexibilización laboral, alto índice de tercerización e informalidad laborales. Significó desmantelamiento del Estado social y economías regionales, apropiación de las empresas palancas del desarrollo por sustitución de importaciones y apropiación del territorio de Argentina. Pero esta agravación constante del menosprecio a los pueblos e individuos de Nuestra América se intensifica mediante envenenamientos impunes al extremo que hoy el presidente del Partido Justicialista es José Luís Gioja que consolidó la democracia de baja intensidad en la provincia de San Juan para legitimar derrames de cianuro de la Barrick Gold. Pensemos también en:

 

Las venas abiertas sobre América

14 de noviembre de 2017

 

Por Darío Aranda (Página/12)

 

El derrame de agrotóxicos en un depósito de Glencore y el posterior incendio en la localidad América, provocó una nube de humo tóxica. Denuncia de los vecinos. Detectaron un agroquímico de uso prohibido.

 

 

La compañía Glencore acumula variadas denuncias por violación de derechos humanos, contaminación y corrupción. Acaba de sumar una mancha más: un derrame de agrotóxicos e incendio en su planta de América (partido de Rivadavia, en el oeste bonaerense). La compañía, de origen suizo, minimizó el hecho y se ganó el repudio de la comunidad. Sí reconoció que el peligroso herbicida atrazina estuvo entre los químicos que ardieron.

El derrame e incendio sucedió el sábado 4 de noviembre a la mañana, en su planta de América, ruta nacional 33. La nube tóxica negra se hizo visible a kilómetros a la redonda durante todo el día. Además de los bomberos voluntarios locales tuvieron que acudir dotaciones de Trenque Lauquen y Villegas.

Glencore acopia en América granos y agrotóxicos. El día del incendio la Municipalidad emitió un breve comunicado por Facebook: “Por prevención recomendamos a la población no ventilar sus hogares ni exponerse al contacto directo con el humo. En caso de ser necesario a fin de evitar el contacto recomendamos autoevacuarse a la casa de un familiar y si fuese necesario estará disponible como lugar de evacuación el Centro Integrador Comunitario”.

Funcionarios locales aclararon que la Municipalidad no había otorgado permiso de acopio de químicos y alertaron que el derrame (e incendio) podía tratarse del peligroso agroquímico 2-4D, que está prohibido en Rivadavia. Tres días después del incendio, la Guardia Ambiental Municipal detectó 2-4D en otro galpón de Glencore (fue clausurado).

El incendió fue extinguido a las 17 del sábado. Esa misma tarde circuló por internet una convocatoria vecinal. “Estas empresas se llevan el dinero y no les importa nuestra salud. Hemos tomado la iniciativa de reunirnos para hacer visible el riesgo que corremos nosotros y nuestro futuro”, invitaba el texto.

Al día siguiente, domingo 5, se realizó la primera reunión de vecinos en la Plaza Colón. Dominaba el enojo con la empresa, pero también con las autoridades, por la falta de control y el impacto en la salud de la población. Exigieron explicaciones y la reubicación de las plantas de acopio de cereales, de agrotóxicos y de las empresas de fumigaciones. Se conformó la asamblea Vecinos Autoconvocados de Rivadavia.

El lunes 6 hubo una segunda reunión de vecinos. Escribieron una carta al Concejo Deliberante. “Fue un desastre ambiental sin precedentes en la provincia de Buenos Aires, cuyas consecuencias son incalculables e impredecibles. El alto nivel de toxicidad que produjo la nube puso y pone en riesgo la salud de toda la población de América”, resaltaron.

El secretario de Salud del Municipio, Pablo Cabaleiro, argumentó que “los herbicidas son de baja volatilidad, por lo que no es necesario evacuar; recomendamos no ventilar las casas, tener agua envasada; hay que estar tranquilos, vamos a sentir olor hasta que la nube pase pero no es necesario usar barbijos”.

El diario regional Tiempo del Oeste realizó una minuciosa cobertura. El vecino Adelmar Funk escribió un artículo: “Es grave porque se han diseminado al ambiente, que es lo mismo que decir sobre nosotros, químicos cuya acción en mezclas y proporciones desconocidas y sobre cuyos efectos sobre los seres vivos nadie en el mundo puede precisar”. Y recordó la enorme cantidad de casos de cáncer “encubiertos en publicidad ostentosa que a diario ocupan los medios mostrando las supuestas bondades de estos productos”.

Glencore es una empresa extractiva de primer nivel, nada que envidiar a Barrick Gold o Monsanto, pero con perfil bajo. Tiene la particularidad de ser parte de las multinacionales mineras y también del agro. En Argentina opera Minera Alumbrera, en el oeste de Catamarca, donde acumula denuncias por contaminación y por incumplir las promesas de trabajo y desarrollo local.

Cinco días después del incendio, la empresa emitió un comunicado. “En el depósito había 120 silos bolsa de polipropileno, un pallet de semilla de maíz y girasol y alrededor de quince pallets de atrazina granulada, herbicida no inflamable. Las bolsas de polipropileno rápidamente generaron una gran nube negra. Para las 17.45 los bomberos lograron apagar el incendio, sin víctimas ni personas lesionadas”, señaló.

https://www.pagina12.com.ar/75569-las-venas-abiertas-sobre-america

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=234015

 

 

Comprobamos, una vez más, cómo diversidades de abajo constituyen asambleas en contra de la alianza de grandes capitales con gobiernos-estados: "Dominaba el enojo con la empresa, pero también con las autoridades, por la falta de control y el impacto en la salud de la población. Exigieron explicaciones y la reubicación de las plantas de acopio de cereales, de agrotóxicos y de las empresas de fumigaciones. Se conformó la asamblea Vecinos Autoconvocados de Rivadavia".

 

Más adelantada la milpa abre caminos a enfoques programáticos de otra sociedad y otro mundo.

 

 

 

 

México: La asamblea, colectividad milpera

30 de octubre de 2017

MILPA SOCIAL

Por Mauricio González González (CEDICAR / CORASON)

La milpa tiene por costumbre acercar a los diversos. Multiplicidad cuya consistencia entrama numerosas relaciones que tal vez por venir de la tierra sean profundas. Diplomacia entre distintos que, en conjunto, reproducen vida. Así, el maíz se vincula con frijoles, calabazas, chayotes, camotes… que, sin perder su lugar, se entreveran con frutales tan plurales como plátanos, naranjales, mangos, papayas y magueyes aguamieleros. En la milpa convergen todos: animales como el tejón, los zanates, las chachalacas y un sin número de insectos, junto a los del color de la tierra que van desde la unidad familiar hasta los grupos barriales, que a través de mano vuelta donan trabajo que será retribuido en otro momento en la milpa de quien participe de ella. No es extraño que en época de cosecha la milpa también sea lugar de fiesta, pues es sabido que agradecer es política de los humildes, más aún cuando en comunidades indianas esa gratitud remite a los Dueños, quienes ocupan un rango del que depende la bonanza, al ser patrones del agua, el viento, las semillas, la tierra, el fuego.

Hay quien dice que la milpa es domesticación, nosotros creemos que es socialización, donde el conjunto de los humanos y no humanos amplían las nociones de sociedad que imaginaron los europeos de ultramar. Expliquémonos.

Hablar de sociabilidad entre rurales es hablar de autogobierno. Toda propiedad social tiene sus propias formas de regulación, “su modo”. No existe ejido o comunidad agraria en el país que no tenga en la Asamblea a su máximo órgano de decisión, donde se dirimen problemas pero también se concretan proyectos, se toman acuerdos, forman comisiones e informan lo relevante. Si bien están amparadas en la Constitución, en cuanto a reglamentos ejidales y estatutos comunitarios los matices son signados por localidad, es decir, por diversidad.

 

Las asambleas suelen llevarse a iniciativa del Comisariado de bienes ejidales o comunales y sus respectivos consejos de vigilancia, mas no ha de confundírseles con representantes, pues estos operan tomando el lugar de otros y no como lo que son, voceros del conjunto que acatan la decisión colectiva y están comisionados para hacerlas valer. Confundir al Comisariado con representantes es hacer de la milpa maizal. Y es que es en la imagen de la milpa es donde mejor podemos encontrar el funcionamiento asambleario, pues como en aquella, las yucas van de un lado, los frijoles a lo largo, y las calabazas entreveradas con el maíz, a la manera de las agrupaciones barriales, las mitades, géneros e incluso, con las plagas, cuando los partidos dividen bajo intereses alienados.

 

Pero lo relevante es que en la milpa la autorregulación se impone del brazo del productor, quien determina mucho pero a su vez es determinado por los muchos. A nadie sorprende que los fenómenos y cualidades naturales imperen en la agricultura, y más si es milpera, lo que impone ese saber andar de los sencillos, siempre atentos a un mundo en el que numerosos agentes influyen para llegar a puerto o tomar rumbos inesperados no sin riesgo de naufragio. La toma de decisión colectiva replica las decisiones colectivas que la milpa impone. Lo sorprendente es que a pesar de tal grado de diferencias puedan andar en conjunto, armonía de disonantes.

 

En tiempos de capitalismo desalmado, cuyos despojos son de las condiciones de posibilidad de la vida, dentro de ellos el territorio, caminar en conjunto es la fuerza de los muchos, y en materia preventiva no hay mejor arma que la de las Asambleas milperas, bien cohesionadas, ricas, plurales, unidas. Acuerdos asamblearios y fortalecimiento de reglamentos y estatutos, instrumentos eficaces para la defensa de lo nuestro, de lo que somos parte, pues en ellos el sueño futuro se torna norma, y el anhelo encarna en mañana. Las Asambleas han resultado tan importantes que no faltan los que las quieren sabotear, erosionar, como hacen los agroquímicos con la tierra. Dan lugar a tanto que incluso permiten irrupciones indeseables, pero la voluntad de los diversos es la que impera, es su legitimidad. Más aún, frente a las falsas consultas que muchos consultores intentan operar en favor de empresas extractivas o energéticas, la Asamblea opera como el mejor dispositivo, haciendo de los acuerdos autoconsulta, pues “donde hay buena Asamblea no entran proyectos de muerte”, dicen los serranos de Puebla. Y sí, donde la milpa se conserva, tierra, agua y biodiversidad permanecen, la vida florece.

La Jornada del Campo, Nº 121

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Percibamos (conciencia y posicionamiento) que las nuevas relaciones entre nosotros, los diversos de abajo sin fronteras, deben ser de ruptura con el capitalismo local e imperialista. Esto es fundamental tener en claro para no conciliar aun cuando creamos estar confrontando. Acogerse a lo que dispone el Papa Francisco es soslayar que el sistema mundo capitalista está en guerra contra todos los pueblos planetarios (máxime si son periféricos) y el Vaticano es uno de los principales beneficiados por este orden. Tampoco rumbean bien quienes esperan que la lógica del Capital vire hacia la equidad social y los derechos humanos y menos cuando rige el Plan Colombia. Por ejemplo, plantean:

"Promover y fortalecer la economía campesina, familiar y comunitaria es parte de la solución al problema de la pobreza rural. Sin embargo, de no haber una gestión equitativa del campo y una promoción y salvaguarda de los derechos étnicos y campesinos sobre la tierra y sus usos, las problemáticas de precarización de la vida se profundizarían, generando una brecha en la igualdad de oportunidades entre agroempresarios y pequeños productores para acceder a los beneficios de los planes y programas de política destinados al fortalecimiento del sector rural colombiano".

Están equivocados por confiar en la coexistencia de agroempresarios con pequeños productores. Tienen conciencia de su potencial productivo pero deben  mirar a cómo concretar sus aspiraciones desde las luchas de diversidades de abajo en resistencia al sistema mundo capitalista que los condena a mal vivir.

 

 

Colombia: Los desafíos de la agricultura campesina ante el impulso del modelo agroindustrial

23 de octubre de 2017

 De no haber una gestión equitativa del campo y una promoción y salvaguarda de los derechos étnicos y campesinos sobre la tierra y sus usos, las problemáticas de precarización de la vida se profundizarían, generando una brecha en la igualdad de oportunidades entre agroempresarios y pequeños productores para acceder a los beneficios de los planes y programas de política destinados al fortalecimiento del sector rural colombiano.

 

La agricultura campesina y familiar es un sistema de producción que hace parte de las formas de vida y cotidianidad de las familias y comunidades campesinas, indígenas y raizales en las zonas rurales del país; y su papel en la consecución de la soberanía alimentaria es indudable, no sólo en Colombia sino en América Latina y el Caribe, como afirma en cifras la FAO:

En América Latina y el Caribe, la agricultura familiar totaliza cerca de 17 millones de unidades productivas, que agrupan a una población de 60 millones de personas. Así mismo, contiene cerca del 81 % de las explotaciones y ocupa entre el 20 % y 65 % de la superficie agropecuaria, generando entre el 30 % y el 67 % del total de la producción alimentaria y entre el 57 % y el 77 % del empleo. (Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, 2017)”.

 

Según el Departamento Nacional de Planeación –DNP- en su diagnóstico de la pobreza rural, en Colombia la población rural considerada pobre se encuentra en un 44.1 %, siendo los agricultores campesinos medianos y pequeños los más afectados (2015, pág. 4). Es por esto que la agricultura familiar ha venido tomando relevancia entre actores del gobierno, la academia y las organizaciones sociales del sector rural principalmente, en busca de soluciones a esta problemática.

 

El Plan Nacional de Desarrollo 2014 – 2018 “Todos por un nuevo país – paz, equidad educación” establece medidas para impulsar la agricultura familiar por medio de un plan nacional para el fomento y protección de la agricultura familiar con el que se pretende apoyar proyectos integrales de producción, transformación y comercialización agropecuaria, incentivar y apoyar la producción sostenible y facilitar el acceso a bienes y servicios del Estado.

 

En razón de esto, el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural – MADR – emitió en el 2014 la resolución 267 a través de la cual se crea el programa de Agricultura familiar, con el propósito de afianzar a la población rural en sus territorios; no obstante su implementación contó con dificultades y limitaciones que llevaron a la creación de la mesa técnica de agricultura familiar y economía campesina, la cual duró suspendida hasta finales del pasado año 2016.

 

La Mesa está conformada por el MADR y la red nacional de agricultura familiar[1] y es dinamizada por la FAO Colombia; cuenta con la participación de organizaciones del Gobierno Nacional, la sociedad civil, la academia, y cooperación internacional, entre otros. El propósito de la Mesa es generar una serie de lineamientos generales de política pública que permita avanzar en el reconocimiento e impulso de la agricultura familiar.

 

Para entender la agricultura familiar es de vital importancia trabajar en un concepto que tenga en cuenta la diferencia entre campesinado y pequeño productor de agricultura familiar.

 

Según Schneider, de la Universidad Federal de Río Grande del Sur en Brasil (2017), el campesino vive de lo que produce; como categoría histórica y social, actualmente se encuentra en un proceso de transición que viene desde las sociedades primitivas hacia el ser agricultor y aunque mantiene frágiles vínculos con el mercado y la sociedad, estos no determinan las formas en las que organiza su vida.

 

Por su parte el pequeño productor se caracteriza por ser un agricultor familiar con la herencia del campesinado, es una unidad social que trabaja y produce en régimen de la economía familiar que no está aislada del conjunto de la sociedad; además, la producción que realiza tiene como propósito la reproducción familiar y la inserción al mercado.

 

En ese sentido las políticas públicas, la economía, la dinámica social y los cambios culturales afectan más directamente la manera de funcionar de los agricultores familiares; en tanto las comunidades campesinas mantienen todavía una autonomía relativa en relación a la economía y al conjunto de la sociedad, mientras los agricultores familiares sí son influenciados por estas dinámicas más generales.

 

Aunque elementos del campesinado siguen vivos en el agricultor familiar o pequeño productor (Schneider, 2017), al integrarse económica y socialmente a una población históricamente excluida como la campesina, no se puede negar que dicho proceso incide en la transformación del campesinado hacia la posibilidad de una progresiva desaparición como categoría y sujeto histórico social. El cambio no es sólo conceptual, se trata de cambios sociales y económicos promovidos desde la política pública, por los cuales pasarían los campesinos a convertirse finalmente en agricultores familiares o pequeños productores.

 

El documento borrador para los lineamientos de la política pública para la agricultura familiar campesina y comunitaria de Colombia proponen dos conceptos de agricultura familiar: el primero es economía campesina, familiar y comunitaria, el cual busca fungir como un marco de referencia para las discusiones, resaltando la multidimensionalidad y multisectorialidad que se presenta como necesaria desde lo planteado en el punto uno (1) de reforma rural integral de los acuerdos de La Habana, en ese sentido se define como:

 

La economía campesina, familiar y comunitaria abarca una diversidad de estrategias productivas incluidas la agricultura, la pesca, la acuicultura, la silvicultura, el aprovechamiento de los bienes y servicios de la biodiversidad, el turismo rural, las artesanías, la minería artesanal, y otras actividades de comercio y servicios no vinculadas con la actividad agropecuaria. En ese sistema predominan las relaciones de reciprocidad, cooperación y solidaridad, y el desarrollo de sus actividades se fundamenta en el trabajo y mano de obra de tipo familiar y comunitario.”(Borrador de lineamientos de política pública para la agricultura campesina, familiar y comunitaria en Colombia, 2017).

 

El segundo concepto es agricultura campesina, familiar y comunitaria, la cual establece los alcances de la política pública y se define como:

 

Es el sistema de producción y organización gestionado y operado por mujeres, hombres, familias, y comunidades campesinas, indígenas, afro descendientes, raizales, y palenqueras que conviven en los territorios rurales del país. En este sistema se desarrollan principalmente actividades de producción, transformación y comercialización de bienes y servicios agrícolas, pecuarios, pesqueros, acuícolas y silvícolas; que suelen complementarse con actividades no agropecuarias. Esta diversificación de actividades y medios de vida se realiza predominantemente a través de la gestión y el trabajo familiar, asociativo o comunitario, aunque también se emplea mano de obra contratada. El territorio y los actores que gestionan este sistema están estrechamente vinculados y co-evolucionan combinando funciones económicas, sociales, ecológicas, políticas y culturales. (Ibíd., 2017, pág. 7)

Puede leer: Implementan huertos circulares en el sur del Tolima

 

Los lineamientos generales de la política pública formulados desde la Mesa permitirían al sector agropecuario responder con pertinencia y oportunidad a las necesidades que tienen los pequeños productores, el campesinado y las comunidades étnicas. No obstante, el concepto para la definición de los alcances tiene un carácter amplio en el que es preciso definir quién es el sujeto de la política pública, ya que bajo la figura de agricultura familiar existe una diversidad de estrategias productivas y formas de organizar el territorio que dependen del grupo social que las promueve y práctica.

 

Un ejemplo de esta situación es que de 39 millones de hectáreas ocupadas por grupos étnicos, hay cobertura de bosques en 32,8 millones de ellas, respecto a 2,8 millones de hectáreas destinadas para uso agropecuario, lo que corrobora el importante papel que estas comunidades juegan en la protección de bosques y la mitigación del cambio climático.

 

Por su parte, el campesinado es más relevante en la consecución de la soberanía alimentaria nacional y la seguridad alimentaria en los hogares colombianos, teniendo en cuenta que más del 60 % de las pequeñas fincas con menos de 10 hectáreas se dedican a la producción agrícola orientada principalmente al autoconsumo y las grandes fincas destinan la mayor parte de su suelo a la ganadería[2], siendo esta una de las razones por las cuales actualmente el volumen de importación de alimentos crece en el país (OXFAM, 2017).

 

El fortalecimiento del sector rural pasa por el reconocimiento del importante papel que juegan estos sujetos de la economía en el desarrollo rural y la consolidación de la paz para la transformación del campo colombiano. No obstante, esto ha venido caminando a paso lento dados los múltiples espacios de discusión que no han resultado en mecanismos y lineamientos concretos en la materia; quedando en un rezago frente a los dispositivos normativos e institucionales que favorecen el modelo corporativo agroindustrial y minero energético para el sector rural colombiano, que avanzan con agilidad y rapidez, en detrimento de los sistemas de producción y organización que desarrollan los pequeños productores desde la economía campesina, familiar y comunitaria.

 

Siendo hasta ahora el documento un borrador de los lineamientos de política pública para articular y direccionar esfuerzos hacia el sector agropecuario, se entiende que estos lineamientos no pretenden abarcar la totalidad de las políticas necesarias para la promoción y el fortalecimiento de esta economía y tipo de producción; por el contrario configuran una serie de acciones que se consideran estratégicas para este tipo de sistema como la necesidad de un mercadeo social, circuitos de comercialización, extensión rural y fortalecimiento de capacidades, sistemas de producción sostenibles, acceso a la tierra, entre otros.

Estas acciones van de la mano con la formulación y puesta en marcha de diez planes nacionales establecidos en el punto uno (1) de reforma rural integral[3], los cuales se están formulando hasta el momento en consonancia con figuras como las Zidres, que abiertamente promueven un modelo de producción agroindustrial en el que el pequeño productor se vería obligado a entrar en el mercado bajo figuras de trabajo asociativas que le restarían autonomía frente a la forma en la que trabaja y usa la tierra que posee.

El impulso de la agricultura familiar bajo lineamientos que no se adaptan a la realidad normativa e institucional actual y la carencia de una política de Estado clara frente al sector rural, enfrentaría al campesinado a un proceso de metamorfosis que pondría en riesgo el importante papel que encarna en la transformación provechosa del campo colombiano y el fortalecimiento de la agricultura campesina, familiar y comunitaria.

Dadas las transformaciones sociales y económicas que promueven las políticas públicas, se va generando una suerte de vacío cultural que lleva a preguntarse sobre si las comunidades seguirían siendo o no rurales, en un panorama normativo e institucional que propende por contratos asociativos entre los grandes empresarios y pequeños productores del campo que no cuentan con el capital e incentivos necesarios para la producción agrícola. En ese sentido las políticas para planificar y gestionar el campo, junto a las transformaciones culturales que devienen, afectan directamente la manera de funcionar de los agricultores familiares, en tanto las comunidades campesinas mantienen una autonomía relativa en relación al conjunto de la sociedad y el mercado de bienes y servicios agropecuarios circundantes.

Promover y fortalecer la economía campesina, familiar y comunitaria es parte de la solución al problema de la pobreza rural y sin duda es uno de los impulsos que necesita el campo colombiano. Sin embargo, no es la respuesta que esperan las comunidades por parte del Estado a sus necesidades, pues de no haber una gestión equitativa del campo y una promoción y salvaguarda de los derechos étnicos y campesinos sobre la tierra y sus usos, las problemáticas de precarización de la vida se profundizarían, generando una brecha en la igualdad de oportunidades entre agroempresarios y pequeños productores para acceder a los beneficios de los planes y programas de política destinados al fortalecimiento del sector rural colombiano.

En alianza con Grupo Semillas.

Bibliografía

Borrador de lineamientos de política pública para la agricultura campesina, familiar y comunitaria en Colombia. (5 de Junio de 2017). Colombia.

Dirección Nacional de Planeación. (2015). Diagnóstico de la pobreza rural en Colombia 2010-2014. Bogotá.

OXFAM. (2017). Radiografía de la desigualdad. Lo que no dice el último censo agropecuario sobre la distribución de la tierra en Colombia. Bogotá D.C.

Schneider, S. (24 de Agosto de 2017). Agricultura familiar, economías de diversificación y sistemas sostenibles de producción.

Notas

[1] Conformada por 118 organizaciones agrarias campesinas, indígenas, afro descendientes, de mujeres rurales, de pesca artesanal, cooperativas, universidades, ONG, organizaciones basadas en la fe, entre otros colectivos.

[2] De 115 millones de hectáreas censadas en el último Censo Nacional Agropecuario, existen 43 millones de hectáreas destinadas al uso agropecuario, 34,4 millones (80 %) son destinadas a la ganadería y el resto que equivale a 8,5 millones de hectáreas (20 %) al uso agrícola; de los 8,5 millones de hectáreas destinadas a producción agrícola, tres millones de hectáreas se dedican a la producción de cultivos agroindustriales desplazando en la producción a los cultivos transitorios (principalmente alimentarios) como hortalizas, legumbres y verduras. En: (OXFAM, 2017)

[3] Plan de formalización masiva de la propiedad rural; Plan de adjudicación gratuita y del subsidio integral; Plan de zonificación ambiental; Plan Nacional de Vías terciarias; Plan Nacional de Riego y drenaje; Plan Nacional de Electrificación Rural; Plan Nacional de Conectividad Rural; Plan Nacional de Salud Rural; Plan Nacional de Construcción y mejoramiento de la vivienda social rural; Plan Nacional de Fomento a la economía solidaria y cooperativa rural; Plan para apoyar y consolidar la generación de ingresos; Plan Nacional de Asistencia integral técnica, tecnológica y de impulso a la investigación; Plan Nacional de Promoción de la comercialización de la producción; así como la puesta en marcha de un Sistema Especial para la Garantíaprogresiva del Derecho a la Alimentación.

La Pipa

Leer

 

Necesitamos hoy "enfrentar los antivalores del capitalismo, que se han convertido en un nuevo sentido común" volviendo "a reivindicar los valores de la igualdad, de la fraternidad, de la ayuda mutua, de la solidaridad, del ser sobre el tener, de la frugalidad, del respeto por la naturaleza, de la desmercantilización… Y la lucha por estos valores humanos exige plantearse la urgencia de transformar la civilización capitalista".

 

Renán Vega Cantor continúa aclarándonos:

"la revolución es más actual y necesaria que en 1917. La revolución no es un sueño, puesto que se apoya en las contradicciones internas del capitalismo, en la lucha de clases que se desenvuelven en su seno, en los intereses de los oprimidos, en la destrucción ambiental que destruye las condiciones naturales y en la demostración práctica de que el capitalismo produce una desigualdad insoportable que genera opulencia y despilfarro para una exigua minoría, mientras arrasa con pueblos y ecosistemas a una escala nunca antes vista en la historia".

 

 

 

La actualidad de la Revolución

28 de octubre de 2017

 

Por Renán Vega Cantor  (Editorial de la Revista CEPA)

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En noviembre de 2017 se cumple el primer centenario de la revolución rusa, que sacudió al mundo entero y cuyos efectos transformaron la historia de la humanidad. Con motivo de este acontecimiento es necesario reflexionar sobre la actualidad de la revolución anticapitalista.

El vocablo revolución se originó en la astronomía, del latín “revolutio”, y significa el movimiento de los astros en torno a su eje en forma mecánica, monótona y siempre igual. El término en su sentido socialista quiere decir lo contrario: el cambio radical de la civilización capitalista, para interrumpir abruptamente la inercia de la explotación, la desigualdad y la injusticia.

Después de 1917, la revolución fue asociada a la modificación del modo de producción capitalista, puesto que la llegada de los bolcheviques al poder en la Rusia zarista se planteó a partir de un proyecto anticapitalista y de la instauración de una nueva forma de organización social.

La experiencia rusa nutrió luchas anticapitalistas en los cinco continentes. Los grandes acontecimientos del corto siglo XX (1914-1991) están ligados en forma directa o indirecta al impacto de la Revolución Rusa, o, dicho de una forma más contundente, al miedo que generó entre las clases dominantes y a las esperanzas que suscitó entre los explotados y desvalidos. Sin ese doble impacto es imposible entender el efecto de la Revolución Rusa. Al miedo está asociado el anticomunismo, el fascismo, las dictaduras criminales de extrema derecha, la tortura y la defensa del “mundo libre” por parte del imperialismo estadounidense y sus siervos. Al miedo está vinculado el diseño del Estado de Bienestar que, después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, se construyó en ciertos países de Europa para evitar la revolución. Por eso, en Europa occidental se decía, en son de broma, que cada misil exitoso que se probaba en la URSS implicaba el aumento automático del salario de los trabajadores de ese continente.

Ese miedo rebotó en la propia Rusia, y luego en la URSS, desde el “comunismo de guerra” y la guerra civil (1917-1921) que ensangrentó a la naciente revolución y dejó una huella permanente durante toda la historia de la URSS, hasta su vergonzosa disolución en 1991. Ese miedo ayuda a entender, aunque no es desde luego la única razón, la creciente burocratización, la lógica policial, la represión y persecución de los contradictores políticos, el estado de excepción permanente, que impidieron que en la URSS se consolidara un sistema socialista y, a la larga, daría al traste con este primer proyecto anticapitalista.

En cuanto a la esperanza se refiere, la Revolución Rusa abrió el camino a grandes transformaciones en el siglo XX en la que se destacan el ciclo de revoluciones en diversos países (China, Cuba, Vietnam, Nicaragua…) y los movimientos anticoloniales y de liberación nacional. La recepción de Revolución Rusa impulsó luchas de trabajadores, campesinos y sectores plebeyos en repetidas ocasiones desde finales de la década de 1910, impulsando conquistas sociales y democráticas en diversos lugares. En ese sentido, la revolución de octubre inauguró un nuevo continente en la historia de la humanidad: el de la igualdad, algo que no había planteado en el terreno práctico la Revolución Francesa de 1789, aunque esa palabra figurara en su eslogan más famoso: “Libertad, igualdad, fraternidad”. En 1917 se plantea por primera vez un programa conducente a alcanzar la igualdad, y ese objetivo fue un extraordinario incentivo movilizador de los pobres y trabajadores, como se observa con la historia del movimiento obrero y socialista mundial.

 

Como al final se impusieron los propagadores del miedo y no de la esperanza, en la memoria de la humanidad ha quedado la interpretación sesgada y unilateral de los ganadores (representados en el capitalismo), que dice que el proyecto socialista sólo es una suma de crímenes y fracasos, queriendo borrar de la memoria colectiva de la humanidad las luchas anticapitalistas.

La dramática y contradictoria historia del proyecto socialista y revolucionario en el siglo XX, podría describirse con las palabras del escritor inglés Charles Dickens: “Era el mejor de los tiempos y era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero nada teníamos; íbamos directamente al cielo y nos extraviábamos en el camino opuesto”.

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Entre 1989 y 1991 se derrumbó el socialismo burocrático que se había erigido en la URSS y en Europa oriental. Como resultado de ese proceso se anunció el fin de la historia y se proclamó que el capitalismo había salido ganador por la pretendida superioridad intrínseca de la “economía de mercado” y se empezó a presentar como sinónimo de democracia parlamentaria, a la usanza de los Estados Unidos. Lo que vino enseguida, y se ha prolongado en sus rasgos dominantes hasta el día de hoy, fue el desmantelamiento de las conquistas sociales que tenían los trabajadores y habitantes de la URSS y los países de socialismo burocrático, lo que significó la privatización de las propiedades públicas, la mercantilización generalizada, la corrupción rampante y la conversión de esos territorios en Repúblicas bananeras, plegadas a los dictámenes del capitalismo internacional.

 

La desaparición de la URSS no sólo vino acompañada de terribles retrocesos para los pueblos que habitan ese territorio, sino que sus efectos negativos se extendieron por el planeta entero, ya que el capitalismo en su versión neoliberal se impuso en los cinco continentes, arrasando con todo aquello relacionado con conquistas o logros sociales de la población y de los trabajadores.

 

El triunfo del capitalismo ha universalizado sus contradicciones y miserias, entre las cuales sobresale la desigualdad a escala interna de los países y en el plano mundial. Desaparecido el “enemigo comunista”, el capitalismo mundial se quitó la careta socialdemócrata que lo cubría, y se dio rienda suelta a una acumulación sin freno, que ha tenido como consecuencia alcanzar los parámetros más aberrantes de desigualdad y acelerar la destrucción de la naturaleza, como en ningún otro instante en la historia.

 

Por supuesto, tales no eran los anuncios del triunfante capitalismo en 1989 y 1991, pues en ese momento se predijo una época de prosperidad y esplendor para la humanidad entera, al entrar en la órbita de la producción y consumo capitalistas, y se vaticinó que la democracia a secas vendría como complemento a la imposición de la economía de mercado y se anunció una especie de paz perpetua tras la desaparición de la URSS. Nada de eso se ha producido. Hoy se ha generalizado la desigualdad, que es resultado de la explotación intensificada de la clase que vive del trabajo, en los nuevos países industrializados y las zonas de maquila y ensamblaje que se encuentran desperdigadas por la tierra.

 

En cuanto a la democracia nunca ha llegado en el sentido profundo del término y simplemente se impusieron las mal llamadas “elecciones libres”, muy al estilo estadounidense, sin que eso signifique cambios importantes para la vida de la población pobre y trabajadora, que sólo tiene libertad para escoger, cada cierto tiempo, a los verdugos que le van a cortar el cuello.

La paz perpetua se convirtió en la guerra permanente, auspiciada por los Estados Unidos desde 1989, cuando invadió sangrientamente a Panamá, dejando miles de muertos a su paso. En los últimos 28 años se han presentado más guerras de conquista y agresión por el imperialismo que las que se presentaron durante la Guerra Fría.

 

Esto en cuanto a las falsas promesas del “nuevo orden mundial”. Y las cosas se agravan al considerar la magnitud de la crisis civilizatoria por la que atravesamos, con la quiebra del modelo de civilización del capital. Uno de los síntomas de ese quiebre civilizatorio se evidencia con la destrucción de los ecosistemas, la sexta extinción de especies que está en marcha (la quinta fue hace sesenta millones de años), la contaminación de aguas, la deforestación y el “cambio climático”. En suma, el capitalismo pretende superar los límites naturales con el fin de garantizar un crecimiento infinito y una acumulación de capital exponencial, y con esa vana pretensión pone en peligro la supervivencia de la humanidad. 

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Pese a las contradicciones del capitalismo, sus defensores y apologistas han logrado imponer el ideologema de que el capitalismo es insuperable, es el fin de la historia, y sólo hay que saberse adaptar porque aquél forma parte de la naturaleza humana. Así las cosas, ya no hay cabida para la revolución, sino adaptación al capitalismo triunfante. Se ha dicho hasta el cansancio, por parte de diversos círculos ligados al orden del capital, que la revolución es un imposible, puesto que el capitalismo es insuperable y expresa la condición humana, pretendidamente egoísta, competitiva y depredadora y las experiencias revolucionarias en el siglo XX han demostrado el fracaso de un proyecto que intente ir más allá de la dominación del capital. Otros, ligados a diversas tendencias del pensamiento posmoderno, sostienen que la misma idea de revolución es inadecuada porque es un constructo moderno y eurocéntrico, que no sería válido ni aplicable en la actualidad, y porque además tendría una fuerte carga progresista.

 

Estos reparos eluden el problema de fondo: hay una relación social que se ha hecho dominante a nivel mundial, gústenos o no esa es otra cosa, en las últimas décadas: el capitalismo. Y esa relación social ha llegado hasta el último rincón del mundo periférico, como se muestra en las comunidades indígenas de nuestra América. Esa extensión ha ido acompañada de la generalización de sus características destructivas, de seres humanos y naturaleza. Y ese afán fáustico de acumulación y crecimiento irrefrenables ha puesto en peligro la existencia de la propia humanidad, empezando por los más pobres entre los pobres. Si así son las cosas, es un contrasentido suponer la continuidad indefinida del capitalismo, ya que junto con la explotación intensificada de hombres y mujeres, impulsa un incontenible desarrollo de las fuerzas productivas, convertidas en fuerzas destructivas, que nos conducen al abismo, como lo pone de presente el mal llamado cambio climático.

 

Un segundo aspecto que debe subrayarse radica en enfrentar los antivalores del capitalismo, que se han convertido en un nuevo sentido común, como si fueran una característica inherente a la naturaleza humana: la competencia, el egoísmo, el individualismo, el despilfarro, el desprecio por el dolor de otros seres humanos y animales, la desigualdad, la lucha desenfrenada por acumular y consumir, la prepotencia de alcanzar ganancias y presumir por el lujo y el consumo suntuario. Esto obliga a pensar en un cambio civilizatorio que vuelva a reivindicar los valores de la igualdad, de la fraternidad, de la ayuda mutua, de la solidaridad, del ser sobre el tener, de la frugalidad, del respeto por la naturaleza, de la desmercantilización… Y la lucha por estos valores humanos exige plantearse la urgencia de transformar la civilización capitalista.

 

En estas condiciones, la revolución es más actual y necesaria que en 1917. La revolución no es un sueño, puesto que se apoya en las contradicciones internas del capitalismo, en la lucha de clases que se desenvuelven en su seno, en los intereses de los oprimidos, en la destrucción ambiental que destruye las condiciones naturales y en la demostración práctica de que el capitalismo produce una desigualdad insoportable que genera opulencia y despilfarro para una exigua minoría, mientras arrasa con pueblos y ecosistemas a una escala nunca antes vista en la historia.

 

Aquí cobra una impresionante actualidad la noción de revolución del pensador alemán Walter Benjamin, cuando proclamó que las revoluciones son antiprogresistas porque rompen en la práctica con la ilusión de un progreso ascendente, lineal y acumulativo, y haya sostenido:Marx había dicho que las revoluciones son la locomotora de la historia mundial. Pero quizás las cosas se presentan de otra manera. Puede ser que las revoluciones sean la mano con la que la humanidad acciona los frenos de emergencia”. Hoy es necesaria la revolución para detener la catástrofe planetaria que genera el capitalismo, que destruye lo que encuentra a su paso -hombres, mujeres, niños, animales, bienes naturales-, a nombre de un idolatrado progreso tecnológico, el cual se sustenta en la búsqueda de ganancias para una minoría y en la generalización de la explotación de los trabajadores.

El socialismo debe ser arrancado de la mitología del progreso y de una visión teleológica de la historia.

 

En esa medida es una posibilidad y una imperiosa ruptura para la humanidad, pero eso no quiere decir que sea ineluctable. Es una necesidad social, ecológica y moral, una búsqueda racional, una utopía concreta que fundamenta nuestras luchas y nuestra razón de existir. Hay que seguir luchando aunque el enemigo haya vencido, como decía Bertolt Brecht.

 

Las revoluciones del siglo XXI serán distintas a las del siglo XX, porque ellas deben incorporar tanto los clásicos problemas generados por el capitalismo, sustentados en la contradicción capital-trabajo, como en los nuevos problemas, entre los que sobresalen la destrucción de la naturaleza y el predominio del patriarcado. Y en esta lucha son importantes tanto el pasado como el futuro. El pasado para recuperar la memoria de las luchas de los oprimidos de todos los tiempos, entre ellos los revolucionarios del siglo XX que lucharon por instaurar un orden anticapitalista. El futuro es abierto e impredecible, como impredecibles serán las revoluciones que se sucedan. Para cerrar, resulta adecuado hoy recordar las palabras de Voltaire, que tras el terremoto de Lisboa en 1755, afirmó: “Decir que todo está bien, tomado en un sentido absoluto y sin la esperanza de un futuro, no es más que un insulto a los dolores de nuestra vida”. Algo aplicable al mundo de hoy, donde solo un cínico puede sostener que todo va bien, con el capitalismo realmente existente, cuando lo único claro es que si las cosas siguen como van, al final nos espera el precipicio, salvo que los oprimidos del mundo digan basta ya e inicien la construcción de un nuevo orden civilizatorio que vaya más allá del dominio del capital.

Editorial de la Revista CEPA, No. 25, 2017, publicada en Bogotá.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=233341