Qué Mundo

Septiembre 2017

Con desenmascaramiento a Evo y crítica deconstuctiva al progresismo.

 

 

 

 

SITUACIÓN/ CRISIS CIVILIZATORIA / ALTERNATIVAS

 

 

 Situación

 

Analicemos porqué, una creciente mayoría de los diversos de abajo y sin fronteras, debemos posicionarnos en esta disputa territorial junto a los pueblos originarios y deschavar al gobierno de Evo Morales-Álvaro García Linera. 

 

Bolivia planea construir una carretera en una reserva ecológica ante el rechazo indígena
8 de agosto de 2017

 

Por AFP

El Congreso bicameral boliviano, controlado por el oficialismo, discute una ley para construir una carretera en la reserva TIPNIS, un ícono ecologista en el centro del país, mientras indígenas amenazan con oponerse al proyecto por la fuerza.

La cámara de Diputados aprobó la noche del jueves la ley que elimina prohibiciones de obras en el parque ecológico Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), de un millón de hectáreas y donde viven unos 50.000 nativos. Aún falta la ratificación del Senado y del Poder Ejecutivo, donde se estima que no habrán obstáculos.

El oficialismo señala que, con la nueva norma, el gobierno podrá trabajar en el desarrollo integral de la zona y que garantizará el cuidado del medio ambiente.

 

Según afirmó la presidenta de la cámara de Diputados, la oficialista Gabriela Montaño, "cualquier intervención en un proyecto productivo o económico en el territorio" se hará con "tecnología para no afectar al medio ambiente de manera destructiva".

Arguyó que los propios aborígenes apoyan la ley, porque esperan salir de la pobreza, y que incluso en 2012 dieron su consentimiento, en consultas que hizo el gobierno en cabildos. Pero otros nativos denunciaron que esa aceptación fue manipulada.

El TIPNIS es un territorio donde los indígenas, sus habitantes desde tiempos milenarios, resisten la construcción de una carretera que cruce por su territorio, desde la región cocalera del Chapare hasta el departamento del Beni, en la Amazonia (noreste).

El mismo presidente Evo Morales aprobó en 2011 una ley que vetaba la ruta asfaltada, de unos 306 kilómetros, tras marchas de protesta de los nativos, pero ahora el oficialismo retomó su idea. Hasta ese año, la carretera estaba en construcción con un crédito de Brasil.

El líder de los nativos del TIPNIS, Fernando Vargas, señaló que la ley contradice el discurso ecologista del mandatario boliviano y anunció que habrá conflictos sociales.

La carretera "no pasará por el TIPNIS, sabemos que el gobierno tiene a los militares, la policía, bueno, si quiere un enfrentamiento, pues adelante, le vamos a dar el gusto", auguró Vargas.

Incluso dijo que la vía facilitará la migración de cocaleros, aliados de Morales en el Chapare, para cosechar la milenaria planta. Bolivia es, después de Colombia y Perú, el tercer mayor productor mundial de hoja de coca, insumo clave para la cocaína.

Los nativos del TIPNIS realizaron marchas desde la década del 90 y hasta durante el gobierno de Morales para oponerse a que su hábitat, rico en flora y fauna, sea afectado.

https://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:XD_UN3ytiLwJ:https://www.afp.com/es/noticias/211/bolivia-planea-construir-carretera-en-reserva-ecologica-ante-rechazo-indigena+&cd=1&hl=es&ct=clnk&gl=ve

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=229997

 

 

Destaquemos cómo se consolida el poder económico o real y se avanza contra la democracia e independencia de Bolivia: "El Presidente boliviano y líder cocalero ordenó la construcción de puentes mucho antes de que en el Legislativo aprobara convertir en nuevas tierras fiscales los parques y territorios indígenas.”35 mil cocaleros están esperando que esa carretera y ruta para el narcotráfico se abra para entrar”. Muy cerca ya hay cocales y pichicata (cocaína), se denuncia".

 

 

 

La resistencia está organizada, se avizora grave conflicto

Evo abre la penetración al TIPNIS: 30.000 cocaleros alistan ocupación

4 de agosto de 2017

Por mandato del presidente Evo Morales, la aplastante mayoría legislativa oficialista se apresta a sancionar la ley que elimina la condición intangible del parque nacional y territorio indígena (TIPNIS) para facilitar la penetración de al menos 30 mil cocaleros a esta reserva ecológica amazónica mediante una carretera largamente resistida por indígenas y al menos un puente de apertura que ya está en construcción.

 

Con la incursión, el Presidente incumple  con su anuncio hecho hace 30 años, en 1987, de respetar la reserva natural de 1,2 millones de hectáreas entre la selva de Cochabamba  y Beni donde en casi 70 comunidades viven 14.000 indígenas de las etnias trinitaria-moxeña, yuracaré y chimán, ahora ya infestada en sus bordes por cultivos de cocales e incautaciones de cocaína.

 

Cuando era el coordinador General de las seis Federaciones del Trópico de Cochabamba, Morales se comprometió con los pueblos Chimán, Mojeño-Trinitario y Yurakaré, a respetar la zona ecológica, recordó el extitular de la Subcentral TIPNIS, Marcial Fabricano, en alusión a la “línea roja” que los cocaleros se obligaron hace tres décadas, a no cruzar para defender la “madre tierra”.

“Nos pusimos de acuerdo de que había de respetarse el derecho originario de los pueblos indígenas que habitamos y que nosotros aceptábamos de buena fe a quienes estaban ahí (los colonizadores) (…) demarcamos de que debiera constituirse una línea roja que se respete, pero con la construcción de la carretera se vulnera el acuerdo porque seremos avasallados e invadidos por los colonizadores”, rememoró Fabricano, ahora reemplazado en la Subcentral por afines al régimen masista.

 

CONVERSIONES E INCUMPLIMIENTOS

En 1990, durante la administración Paz Zamora, los indígenas amazónicos junto al movimiento popular protagonizaron la “Marcha por el Territorio y la Dignidad”, obligando al Estado promulgar el Decreto Supremo 22610, que reconoce al TIPNIS como territorio de los pueblos Mojeño, Yuracaré y Chimán.

Los indígenas de tierras bajas protagonizaron entre 1990 y 2012  nueve marchas, para consolidar su territorio y el respeto a sus derechos, pero ya en 2001 Morales deshizo su promesa de 1987, según da cuenta un video de la época donde el actual Presidente y entonces diputado anunciaba:

“A mí me han hecho defender y cuidar el Isiboro Sécure; sólo había cuidado para los empresarios; y ahora hemos decidido, compañeros de ese Parque Isiboro, va a ser para los campesinos sin tierra, vamos a entregarlos, invitamos a venir a esa gente sin tierra”.

Ya reelegido jefe de Estado en 2011, Evo Morales rompió con los indígenas al insistir en la construcción del tramo II de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos en medio de la Tierra Comunitaria de Origen (TCO).

El jesuita Xavier Albó, condecorado el año pasado por el propio Morales a causa de su dedicación a las comunidades indígenas y la defensa de la democracia y los derechos humanos, dijo este viernes, tras ser aprobada la ley en Diputados, que el Presidente prometió a cocaleros una carretera

en el parque Tipnis

 

“Evo lo quiere hacer porque además de ser cocalero él mismo lo había prometido a los cocaleros al principio de su gobierno para que se puedan expandir más allá. Estoy seguro de eso”, dijo el sacerdote e historiador que a lo largo de décadas mantiene un apoyo crítico al actual régimen, reflexionándole sobre sus debilidades y errores.

 

Entrevistado por la agencia EFE, Albó puso en duda los supuestos oficiales de “desarrollo integral” del TIPNIS mediante la controvertida  carretera que lo partirá en dos y facilitará el virtual asalto de los cocaleros del Chapare, distanciados a su vez de los de Yungas, que cultivan una coca ancestral no desviada al narcotráfico, como en su mayoría lo es la del reducto de Morales, de acuerdo a informes de Naciones Unidas.

 

Lo que podría pasar con esta reserva natural es similar a lo que ya sucedió con el llamado Polígono 7, una pequeña zona al sureste del Tipnis con asentamientos cocaleros, que desplazaron a las comunidades indígenas originarias, advirtió:

“Donde está la mayor parte de los cocaleros actualmente, el Polígono 7, tenía una ecología similar a la que tiene ahora la parte en la que quieren entrar, pero se ha transformado totalmente”.

Observadores independientes del gobierno y de la oposición, con información proveniente de las mismas bases indígenas, dijeron este viernes en La Paz que “la resistencia en la zona ya está organizada y que participarán no sólo los dirigentes sino todas las comunidades”.

“Ellos tienen en claro que el gobierno de Evo quiere convertir los parques y territorios indígenas en tierras fiscales. Es muy grave”, dijo otro observador cercano a dirigentes de los movimientos sociales que conforman el llamado proceso de cambio, y que mantienen sin embargo una distancia crítica de la jerarquía oficialista.

 

En la sede de gobierno, Vargas, exdirigente de los indígenas del Tipnis, señaló a los medios que la resistencia a la norma se efectuará en el mismo territorio indígena a diferencia de lo acontecido en 2011 y 2012 cuando dos marchas rechazaron el mismo proyecto gubernamental.

 

“La espina en el zapato de Evo es el artículo 3 de la Ley 180, que dice: ‘la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos no pasará por el Tipnis, eso es lo que molesta. 35 mil cocaleros están esperando que esa carretera por el Tipnis se abra para entrar”, dijo tras reiterar que la carretera servirá a la actividad ilícita del narcotráfico.

“Yo le digo la carretera y la ruta del narcotráfico. Al otro lado del polígono 7 hay cualquier cantidad de cultivos de coca y “pichicata” (droga), disculpen el término, pero esa es la verdad”, añadió.

“Como siempre estamos muy de acuerdo con los puentes porque las carreteras son desarrollo”, dijo a El Deber  Segundina Orellana, presidenta de la Federación Trópico de Cochabamba. La dirigente cocalera aseguró que se construirá una carretera desde El Castillo hasta Beni y por ello los puentes están en construcción. El Castillo es un cuartel situado sobre la carretera Santa Cruz-Cochabamba, a dos kilómetros de Villa Tunari. Allí nace la ruta que vincula a la población más grande del trópico cochabambino con San Ignacio de Moxos.

Mandos medios frustrados y angurria superior

En el contexto de una dirigencia copada por las prebendas partidarias que ostenta el gobierno, por su parte Albó agregó que los actuales mandos indígenas medios “se sienten frustrados”.

“En el fondo es que Evo Morales y Álvaro García Linera desean perpetuarse más tiempo en el poder. No va mucho a los derechos de los indígenas sino que va más a la angurria de mantenerse en el poder”, afirmó el sacerdote en referencia también al vicepresidente boliviano.

De acuerdo con otras versiones, bajo la apariencia de un gobierno unido y coherente donde los roles de ambos se encuentran definidos, ambos mantienen en sordina una dura pugna por la jefatura del Estado y la sucesión presidencial, dado que la aprobación popular no favorecería al actual mandatario y a que las aspiraciones del segundo se han desarrollado incluso dentro del Gabinete de ministros, despertando la suspicacia del primero (que habría desistido de renunciar al mando para habilitarse como candidato legal) y sumiendo a sus partidarios, repartidos en uno y otro bando, en una más abierta batalla por el control de las dependencias estatales.

 

La agencia EFE recordó que  Morales y García cumplen su tercer mandato, desde el 2006 y que en febrero del año pasado convocaron a un referéndum para la modificación de la Constitución con el propósito de habilitarse a una nueva postulación el año 2019, pero el resultado fue adverso.

No obstante, Morales ha ratificado que buscará un cuarto mandato, con una fórmula jurídica que su partido estudia y el vicepresidente ha apoyado esa decisión, pero ha anunciado que él ya no iría como acompañante de esa fórmula para la reelección.

 

Puentes violatorios confirman los aprestos de asalto

 Mientras la Cámara de Diputados aprobaba la supresión de intangibilidad del TIPNIS, tractores y camiones ya ponían en práctica la nueva norma y edificaban un puente sobre el río Isiboro, a 6,7 kilómetros de Isinuta, puerta de la reserva por el lado de Chapare, reportó el diario cruceño El Deber. La obra fue anunciada en 2016 por Evo Morales. Está en el Polígono 7, a 6,7 kilómetros de Isinuta. Ni el Gobierno y ni la ABC se refirieron al tema.

 

Un pequeño ejército construye un puente que llevará el mismo nombre del afluente, y que es parte de lo que fue el tramo II del proyecto carretero San Ignacio de Moxos-Villa Tunari, justo el que atravesará el Tipnis.

Los trabajos, según los obreros, comenzaron hace tres meses. La empresa que lleva adelante el proyecto es AMVI, que comparte la obra con Incotec, que realiza la fundación de la obra, que es fiscalizada por la firma Cajuata.

“A nosotros nos contrató ABC, y no podemos dar mayor información. Eso nos han dicho expresamente desde La Paz”, señaló, esquivo, un empleado AMVI.
“Por favor no pueden avanzar”, insistió luego un trabajador de Cajuata, que rápidamente ordenó el despliegue de un enorme tráiler para impedir el paso del equipo de prensa. Luego el mismo hombre dio aviso a vecinos del Polígono 7, que forman parte de Consejo Indígena de Sur (Conisur).
Los puentes dentro del Tipnis fueron comprometidos el año pasado por el presidente Evo Morales. El 11 de septiembre de 2016, el mandatario encabezó el acto de inauguración del tramo caminero Villa Tunari-Isinuta (Tramo I del proyecto original de la polémica vía). Según reportó el diario Los Tiempos, el mandatario dio un año de plazo para que tres puentes estén concluidos. Se trataba de tres edificaciones: el puente sobre el Isiboro, que en ese momento se anunció como un tendido de 250 metros de largo a un costo de $us 4,9 millones; el puente sobre Sazama, de 150 metros y 2,7 millones de inversión, y el puente Ibuelo, de 120 metros de largo, por un valor de 2,3 millones. Los dos primeros fueron adjudicados a AMVI y el tercero, a Sergut.

Ayer se buscó la versión del Ministerio de Obras Públicas y la Administradora Boliviana de Carreteras. Por la mañana dijeron que no se referirían al tema. Por la tarde, se consultó a Galo Bonifaz, viceministro de Transporte, que pidió que le envíe la información. Una vez vio los datos, anunció una conferencia. Finalmente, desde el Ministerio de Obras Públicas confirmaron la rueda de prensa, pero para el próximo martes, porque el ministro está de viaje.

En septiembre del año pasado, según Los Tiempos, Noemí Villegas, presidenta de la ABC, dijo que se trata de una reposición de obras que ya existían en el lugar. El Ministro de Obras Públicas no quiso aclarar si la construcción iba en contra de la Ley 180 de intangibilidad.
El abogado Leonardo Tamburini, exdirector de la ONG Cejis y uno de los ideólogos de la ley 180, aseguró que sí. Si bien el Polígono 7 no es parte de la TCO, sí es parte del parque y la ley era taxativa al prohibir la construcción de una carretera a través de la reserva.

“Alto, ustedes no pueden pasar, son mentirosos”, fue la orden de un grupo de colonizadores, que fueron avisados de la presencia de periodistas. Se identificaron como vivientes del lugar y que hacían de centinelas del proyecto, al que afirmaron defenderán “a muerte”, porque traerá desarrollo a su región.

“Nosotros estamos sacrificándonos para tenerlo el puente. Y no vamos a permitir a ningún periodista mentir. Dónde estaban ustedes cuando la gente moría por no llegar al hospital”, gritó un hombre, que luego levantó el brazo y tronaron varios petardos. “Váyanse, están advertidos, siempre. Que hacen aquí ustedes son cambas, son gente de oposición, de Costas”, añadió.
Orlando Ferrufino, responsable de la obra y funcionario de AMVI, declaró que la obra empezó hace tres meses, pero por un comunicado expreso de la ABC, no podía dar ningún tipo de detalles de la operación.
Fernando Vargas, expresidente de la Subcentral Tipnis y presidente de la Octava Marcha que consiguió la intangibilidad, contó que pese a que por ley no se debería hacer ningún tipo de obra civil en esta área protegida, el Gobierno, a través de la ABC, está construyendo tres puentes, entre Isinuta y Santísima Trinidad, al borde del Polígono 7. El segundo está sobre el río Ibuelo, o Ibuelito, como lo llaman los lugareños. El tercer víaducto está en la zona de Sazama, por donde pasa el río del mismo nombre. “Es lamentable lo que está pasando en nuestra casa”, dijo Vargas, con impotencia.

 

La larga y heroica defensa del Tipnis

VIII marcha indígena— En 2011 pobladores del Tipnis caminaron por 65 días frente al proyecto de construcción de la carretera San Ignacio de Mojos-Villa Tunari. Partieron de Trinidad (Beni) con dirección a La Paz. Tras una represión en Chaparina, el 25 de septiembre, la llegada de la columna a la sede del Gobierno logró la aprobación de una norma que instituye la protección al territorio.

 

Intangibilidad — El 24 de octubre de 2011, tras casi tres meses de protesta, el presidente Evo Morales promulga la Ley 180, que instituye la intangibilidad al Territorio Indígena, con lo que se desecha el proyecto para el camino.

Consulta previa — El 10 de febrero de 2012, el Gobierno promulgó la Ley 222 de Consulta Previa en el Tipnis para saber si se acepta la construcción a través del parque de la carretera entre Beni y Cochabamba, finalmente se aplica el procedimiento y en 2013 se llega a la conclusión de que los indígenas si aceptan la carretera.

Financiamiento —El presidente Evo Morales en enero de 2014 informó que el crédito suscrito entre Bolivia y el Banco Nacional de Desarrollo del Brasil (BNDES), para la construcción de una carretera por medio del Tipnis, se perdió.

Esperanza —En un acto público, el jefe de Estado manifestó el 9 de marzo de este año que “ese camino a Villa Tunari ya hubiera estado terminado. Cómo algunos grupos nos perjudican, no importa. No perdemos la esperanza de retomar, mucho dependerá de ustedes, del pueblo beniano”

Proyecto de ley —En inicios de julio de 2017 ingresa a la Cámara de Diputados el proyecto de ley de ‘Protección, desarrollo integral y sustentable del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure’, norma que en su artículo 9 contempla “la apertura de caminos vecinales, carreteras, sistemas de navegación pluvial, aérea y otras, se diseñarán de manera participativa con los pueblos indígenas”. Morales confirma que existe el proyecto de ley y lo atribuye al consenso con los indígenas del sector. Afirmó que “será en nuestra gestión o en otra gestión, tarde o temprano va a haber ese camino”. Indígenas se declaran en emergencia y anuncian nueva resistencia.

Fuente: http://www.bolpress.com/2017/08/04/evo-abre-la-penetracion-al-tipnis-30-000-cocaleros-alistan-ocupacion/

 

 

Atendamos a  "monseñor Sergio Gualberti, de la Catedral de Santa Cruz, afirmó durante su homilía que se trata de una “ley impuesta con prepotencia y sin diálogo” y que el impulso del desarrollo en el Parque, parecería más un “pretexto que una respuesta a las necesidades”.

Asimismo, Gualberti señaló que el verdadero desarrollo no puede darse a costa de conflictos sociales, por lo que llamó a proponer con urgencia planteamientos desde el ámbito ecológico, social y ético.

“Queda la esperanza de que los senadores actúen a consciencia y sin presiones, escuchando el clamor de la tierra y de los verdaderos indígenas del Tipnis, promoviendo una cultura amplia y participativa de la ciudadanía”.

 

 

 

Bolivia: Levantan intangibilidad del Tipnis para construir una carretera

14 de agosto de 2017

El gobierno del presidente boliviano, Evo Morales, retiró la protección especial al Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis) y busca la construcción de la carretera Villa Tunari – San Ignacio de Mojos.

 

Cabe señalar que el territorio indígena fue declarado intangible, mediante la Ley 180, por el mismo mandatario el 24 de octubre de 2011, luego de una protesta de tres meses.

La nueva norma, denominada Ley de Protección, Desarrollo Integral y Sustentable del Tipnis, que reemplazará a la Ley 180, fue aprobada el 3 de agosto por el oficialista Movimiento Al Socialismo (MAS) y su objetivo es levantar la intangibilidad del territorio indígena.

El artículo 9 del proyecto de ley, en relación a la articulación e integración señala que “la apertura de caminos vecinales, carreteras, sistemas de navegación fluvial o aérea y otras, se diseñarán de manera participativa con los pueblos indígenas debiendo cumplir la normativa ambiental vigente”.

Sin embargo, durante una entrevista que ofreció el mandatario boliviano al diario El Deber, señaló que la vía se hará con o sin él, ya que considera que un “proyecto de integración”.

Por su parte, el monseñor Sergio Gualberti, de la Catedral de Santa Cruz, afirmó durante su homilía que se trata de una “ley impuesta con prepotencia y sin diálogo” y que el impulso del desarrollo en el Parque, parecería más un “pretexto que una respuesta a las necesidades”.

Asimismo, Gualberti señaló que el verdadero desarrollo no puede darse a costa de conflictos sociales, por lo que llamó a proponer con urgencia planteamientos desde el ámbito ecológico, social y ético.

“Queda la esperanza de que los senadores actúen a consciencia y sin presiones, escuchando el clamor de la tierra y de los verdaderos indígenas del Tipnis, promoviendo una cultura amplia y participativa de la ciudadanía”, puntualizó.

 

Territorio indígena

El Tipnis, es un área protegida, creado como Parque Nacional el 22 de noviembre de 1965 mediante el Decreto 7401 y declarado Territorio Indígena el 24 de setiembre de 1990, como consecuencia de las luchas de reivindicación de los pueblos indígenas de la región.

Además se ubica entre los departamentos de Cochabamba y Beni, y forma parte del Corredor Biológico de Conservación Madidi-Amboró.

Asimismo, el área pertenece, legal e históricamente a los pueblos mojeño, yurakaré y tsimán, agrupados en 64 comunidades. Sin embargo, la amenaza por parte de los colonos ha generado conflictos por el uso de la tierra.

Servindi

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Noticias/Bolivia_Levantan_intangibilidad_del_Tipnis_para_construir_una_carretera

 

 

Consideremos el posicionamiento de Evo y del MAS como acorde a los súper negocios de la globalización ya que favorece al narcotráfico y a la IIRSA.

 

 

 

Indígenas acusan al gobierno boliviano de beneficiar a cocaleros a expensas de sus comunidades

14 de agosto de 2017

 

Por La Diaria

El Congreso de Bolivia aprobó una ley que permite la construcción de rutas y caminos en el parque nacional Tipnis, que había sido declarado patrimonio “intangible” por el gobierno de Evo Morales. La norma contó con el respaldo del oficialismo y se prevé que sea promulgada en estos días por Morales, que la ha defendido con el argumento de que no obedece a un deseo del gobierno sino de la población local. Por su parte, la oposición y un sector de los habitantes de esa reserva natural rechazan la propuesta.

El Senado boliviano, de mayoría oficialista, aprobó ayer una ley que anula la condición de “intangible” atribuida al Territorio Indígena y Parque Isiboro Sécure (Tipnis). La aprobación de esta norma implica el regreso de una polémica que en 2011 mantuvo en vilo al gobierno de Morales y que fue saldada, justamente, declarando “intangible” ese territorio. Esa solución llegó después de una larga serie de protestas y de que una marcha de indígenas llegara a La Paz para manifestarse contra los planes de construir allí una carretera.

El parque Tipnis es una reserva de unos 1,2 millones de hectáreas que se encuentra en el centro de Bolivia, en la frontera entre los departamentos de Beni y de Cochabamba. Allí viven unos 14.000 indígenas de tres etnias –trinitaria-moxeña, yuracaré y chimán– en 69 comunidades diferentes.

Ahora, como en 2011, se propone la construcción de una ruta que comunique ambos departamentos por el camino más corto, atravesando el parque.

El gobierno defiende esa construcción. La considera necesaria para avanzar en el desarrollo del país en términos de infraestructura y argumenta, entre otras cosas, que favorecerá el acceso a servicios públicos en el parque y el comercio dentro del país. En la misma línea, el representante de la Organización Mundial de la Salud en Bolivia, Fernando Leanes, ha manifestado que es necesario el desarrollo de caminos dentro del parque y argumentó que en determinadas zonas es necesario caminar hasta siete días para recibir atención médica.

Del mismo modo, el senador oficialista Erwin Rivero, que representa a Beni, dijo en la votación de la norma que la construcción de infraestructura vial en el parque es necesaria para “llegar con ayuda, con hospitales y escuelas” a la zona.

Los habitantes del lugar rechazan estos argumentos y dicen que el gobierno impulsa la construcción de la carretera para beneficiarse, algo que este último niega. “No es una iniciativa del gobierno”, dijo Morales en una entrevista con el diario El Deber, en la que sostuvo que la propuesta fue de algunas de las comunidades indígenas que viven en el parque.

El presidente señaló que si la construcción se hubiera iniciado en 2011 ya estaría terminada y criticó a aquellas comunidades indígenas que no la respaldaron en ese momento y ahora la piden. “Hagamos nosotros o no hagamos, en cualquier momento los indígenas abrirán ese camino. Tarde o temprano, habrá un camino por el Tipnis, con Evo o sin Evo”, dijo el presidente. Por su parte, diputados y senadores del gobernante Movimiento al Socialismo (MAS) han sostenido que cualquier obra se hará respetando el medioambiente y previa consulta con las comunidades indígenas que podrían verse afectadas por estas construcciones.

 

En cambio, la oposición y dirigentes indígenas dicen que el gobierno quiere permitir que cocaleros se instalen en el Tipnis para que el MAS se asegure su respaldo en las elecciones presidenciales de 2018.

En el Senado, antes de que se aprobara la ley, el senador Óscar Ortiz, de la opositora Unidad Demócrata, aseguró que buscará los caminos para evitar la entrada en vigor de la ley que, sostuvo, es inconstitucional. Durante la votación en el Senado, afuera del Parlamento se desarrollaban protestas de quienes se oponían a esta iniciativa; algunos de los manifestantes incluso intentaron ingresar al recinto, pero no se les permitió el acceso. Tras la aprobación de la ley, dos indígenas iniciaron una huelga de hambre para exigir a Morales que no la promulgue.

Además, el activista Fernando Vargas dijo que recurrirá ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Vargas agregó que en primera instancia presentará un recurso contra la ley en el Tribunal Constitucional, aunque espera que esta acción no prospere “porque esta instancia judicial está absorbida por el Ejecutivo”. Una vez rechazada, recurrirá ante la CIDH.

Por su parte, la plataforma Fuerza Ciudadana llamó a activistas y organizaciones a “unir esfuerzos” para recolectar firmas y forzar la convocatoria a un referéndum sobre la norma aprobada ayer y la Ley de la Coca, aprobada en marzo, que amplía la cantidad de hectáreas disponibles para la plantación de coca.

http://ladiaria.com.uy/articulo/2017/8/indigenas-acusan-al-gobierno-boliviano-de-beneficiar-a-cocaleros-a-expensas-de-sus-comunidades/#!

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=230217

 

 

Reflexionemos sobre la compartida  reacción mayoritaria de delegar en el progresismo: "En diferentes artículos, y comunicaciones a sus dirigentes les he advertido que no deben dejarse llevar por la justicia de su causa porque igualmente les asecha el peligro. Pese a haberles recomendado que se apuren y perfeccionen su autonomía regional, por existir ayuda internacional para desarrollar un sistema ecológico de vida moderna comunitaria, sin las lacras de la llamada «civilización», aquellos se descuidaron, olvidaron las advertencias, pero ahora deben enfrentar el costo negativo de tal situación".

 

 

 

Bolivia: grave crisis en el TIPNIS

29 de agosto de 2017

 

"No se necesita ser adivino para darse cuenta del magnífico progreso que les va a brindar el Supremo Gobierno con un asfaltado camino que partirá en dos su territorio. Traerá brillantes resultados, pero en beneficio de ciertos intereses ocultos, escondidos todavía en el silencio."

Por Gustavo Portocarrero Valda

En diferentes artículos, y comunicaciones a sus dirigentes les he advertido que no deben dejarse llevar por la justicia de su causa porque igualmente les asecha el peligro. Pese a haberles recomendado que se apuren y perfeccionen su autonomía regional, por existir ayuda internacional para desarrollar un sistema ecológico de vida moderna comunitaria, sin las lacras de la llamada “civilización”, aquellos se descuidaron, olvidaron las advertencias, pero ahora deben enfrentar el costo negativo de tal situación.

No se necesita ser adivino para darse cuenta del magnífico progreso que les va a brindar el Supremo Gobierno con un asfaltado camino que partirá en dos su territorio. Traerá brillantes resultados, pero en beneficio de ciertos intereses ocultos, escondidos todavía en el silencio. Los destacamos:

1) Acabará con la pureza natural de la reserva, destruyendo toda forma de vida, de la cual ya no van a poder liberarse, perdiendo paz y tranquilidad. Ya sabemos que aquellos son pobres, con economía modesta de subsistencia en base en la caza y la pesca, con poco acceso a la educación y ninguno a la salud de los “hospitales”; como así pregonan personajes que desconocen que hay más salud dentro la naturaleza que en la culta sociedad.

2) Hará primero su aparición el inocente “turismo ecológico” de millonaria clientela extranjera, presta a pagar lo que se pida para su disfrute dentro la virginidad de la selva. Por si no lo sepa el lector, este turismo se lleva aves de exuberantes plumajes y colores (vivas o embalsamadas), tortugas muertas, acabando con exóticas especies de peces (de diferente tamaño, categoría y tonalidad) Igual cosa con plantitas y plantas especialmente medicinales (para uso de las grandes corporaciones farmacéuticas) El turista “ecológico” es un vulgar depredador corrompido que, generoso con sus propinas en dólares, no escatima tampoco recursos para prostituir muchachas vírgenes locales, compartir droga y bebida, transformando una sociedad sana y de mente fresca para volverla maliciosa.

3) El atractivo ambiente de la libre aventura atraerá también a una de las peores calañas, enemigas de la naturaleza: los buscadores de oro, que en su lujuria explotadora, destruyen vegetación, dejan enormes huecos, pero también enormes promontorios de tierra y piedra. A la vez ensucian y contaminan el agua natural, envenenando la vida con el uso del mercurio. Finalmente esta ralea escapa a las ciudades para su disfrute, porque nunca se asientan en el lugar. Tampoco hay como como hacerles pagar impuestos. 

4) Tocará luego el turno –y no es exagerarlo– a las pezuñas malolientes de las empresas petroleras derrochando millones de dólares en sus prospecciones. Quienes resulten privilegiadas –por haber sobornado más– explotarán con paso de parada para arrasar con todo lo que esté a su paso. Quien lo dude, escríbame. Le demostraré lo poderosa e insalvable que es esta fétida actividad, en su explotación y en su combustión.

5) Pero también pululan algunos, cara de indígenas, sin ser ya indígenas porque portan bastante dinero para reproducirlo. Los llaman cocaleros, muchos de los cuales ya operan dentro el TIPNIS como verdaderos patronos que ocupan a los aborígenes como jornaleros, y los van a ocupar después al por mayor (cuando se consolide la barbarie) Estos van a convertir a los aborígenes en sus asalariados, a sus mujeres en cocineras y/o servidoras domésticas y sus alrededores en campamentos de bebidas alcohólicas, prostitución, venta de baratijas, cuando no de drogas. A eso lleva el “progreso”.

6) No se quedarán atrás los cortadores de madera. El peligro de la deforestación es inminente y alarmante y solo beneficiará a la exportación en favor de los países ricos. Se avecinan días de incendio, humareda, motosierras, tala, tractores, como albores de una gran “modernidad”, que dejará cementerios de raíces con planos cercenados por la tala.

Para dorar la píldora de la carretera hacia el progreso, todo va color de rosa según los patrocinadores de aquella historia (en realidad, historieta) Ahora se le ocurre a la burocracia estatal que el asfalto destructor [ya se sabe cuántos cientos de miles árboles van a morir para el terraplén] acarreará tecnología, aumentarán las comunicaciones, la electrónica, las exportaciones (?) y se generará divisas extranjeras. Además de provocar el efecto multiplicador de la economía, se “sacará” a los aborígenes de su triste condición. Quede muy claro que aquellos no sufren hambre, porque la naturaleza es generosa con quien la respeta y no la saquea (como lo hacen las empresas de la civilización)

Los aborígenes del TIPNIS tienen conciencia de lo qué les espera si se parte su territorio y si se les parcela la tierra. Prefieren vivir como están, pero acordes con las leyes de la naturaleza, sin dejarse convencer por cantos de sirena que ya han destruido paraísos naturales, en infinitas partes del mundo. Rechazan las generosidades miserables de los regalillos y las solemnes ofertas, que han aprovechado corrompidos dirigentes de la periferia, aunque no se atreven a ingresar a tierra adentro

Fracasada la confianza en la ley y sus ejecutores, bien parece que sólo quedará el uso de la fuerza y una dolorosa, como sangrienta lucha, que habrá de doler demasiado a la opinión pública nacional e internacional. Sin embargo, también habrá de costar muy caro a quienes osaron dejar sin efecto la ley de intangibilidad de aquella región.

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gportocarrero85@gmail.com

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Documentos/Bolivia_grave_crisis_en_el_TIPNIS

En consecuencia, el capitalismo (sin importar si su gestión es progresista o neoliberal)  promueve la concentración y globalización del sistema que amenaza la supervivencia de la humanidad y toda la vida planetaria. Este acaparamiento oligopólico se afirma a través de las disputas socioterritoriales. En estas se decide el destino común. De un lado la alianza de capitales y estados imperialistas con los locales para el saqueo-devastación que es el extractivismo y del otro, los pueblos y comunidades defendiendo las condiciones de vida de cada lugar interrelacionado en el sistema país-continente-mundo.

 

Nos urge superar nuestro saber colonializado y nuestro consiguiente racismo para involucrarnos en las disputas territoriales. Reconozcamos : "Con su marcha en defensa del TIPNIS, esta vez los indígenas de las tierras bajas de Bolivia nos han mostrado que antes de ser simples residuos de un pasado al borde de desaparecer, son también parte de la avanzada de una humanidad obligada a tener conciencia de sí misma también como naturaleza en peligro. En Bolivia, otra vez los indígenas han terminado por imponer en el país una pausa reflexiva cuestionando el facilismo de quienes consideran que el ‘desarrollo’ obliga a tender carreteras y seguir asfaltando los bosques. En todo caso, el debate sobre el TIPNIS es, en la actual circunstancia del cambio climático y sus amenazas, historia sudamericana y mundial y no sólo un aislado caso de un alejado país del ‘tercer mundo’. En esa historia más grande, en todo caso, la imagen de Evo Morales ha quedado descolocada y, finalmente, situada de modo muy ambiguo en la cada vez más urgente y compleja discusión sobre un calentamiento global que obliga a todos a seguir con atención lo que ocurre en la ecológicamente vital Amazonia".

 

Exploraciones/Explorations

TIPNIS y Amazonia: Contradicciones en la agenda ecológica de Bolivia

European Review of Latin American and Caribbean Studies 91, October 2011 | 77-83

Por Ricardo Calla Ortega

Resumen: La agenda ecológica del gobierno de Evo Morales demuestra grandes contradicciones. En los encuentros internacionales se presenta como un defensor radical de los derechos ecológicos de los pueblos latinoamericanos. En su propio país está persiguiendo un proyecto desarrollista basado en la extracción de recursos nacionales. Esta política está causando grandes conflictos dentro del país. La más llamativa ha sido sobre la construcción de una autopista por el parque nacional del TIPNIS. La contradicción entre su postura internacional y una política mucho menos verde al interior está dañando agudamente la credibilidad del gobierno de Morales dentro y fuera del país.

Durante el segundo semestre de 2011 comenzó a desplegarse una evidente contradicción entre, por un lado, la postura internacional hasta entonces radical del gobierno de Evo Morales con respecto del medio ambiente y los efectos del cambio climático (CC) en el planeta y, por el otro, la política de desarrollo económico interno que su partido, el Movimiento Al Socialismo (MAS), impulsa en Bolivia. Se trata de una tensión entre una política y un discurso del gobernante MAS marcadamente proambiental en los escenarios internacionales y una política mucho menos verde al interior de Bolivia que está ya está dañando agudamente la credibilidad y el prestigio político de Morales dentro y fuera de su país. La agenda ecológica del gobierno de Evo Morales.

El gobierno de Morales había venido reiterando desde inicios de 2011 en todo los foros internacionales su objeción a los acuerdos alcanzados en la Conferencia de Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático realizada en Cancún, México, el mes de diciembre de 2010.1 Bolivia, como se sabe, fue en esa Conferencia el único país que se negó a suscribir el acuerdo logrado entre todos los demás países del mundo definiendo las estrategias y los pasos siguientes que la humanidad deberá dar con miras a mitigar los efectos del CC en el orbe. El acuerdo logrado en Cancún – que a partir de la objeción de Bolivia se califica como de un consenso menos uno, una curiosa fórmula que emergió en la reunión para mantener de algún modo la noción de consenso para el acuerdo de Cancún –, ha sido calificado por la gran mayoría de especialistas en el tema, y también por una gran parte de las delegaciones asistentes al evento en México, como efectivamente insuficiente para encarar los graves riesgos que el CC trae para la humanidad en el futuro inmediato. No obstante, todas las delegaciones de países en Cancún, con excepción de la delegación boliviana, optaron por suscribir un acuerdo mínimo de objetivos y metas también mínimas en la Conferencia para habilitar un espacio de negociación no fracturado sobre el CC entre los diversos países del mundo. En el complejo ámbito de las negociaciones mundiales sobre el CC, algunos de los países que suscribieron el acuerdo inclusive pasaron a denunciar a Bolivia como a un país obstruccionista por parecer más interesado en fracturar el frágil escenario posible para llevar adelante esas negociaciones que en contribuir con soluciones efectivas para encarar los peligros del CC.

En cualquier caso, ya desde antes y tras la Conferencia de Cancún, la posición de Bolivia fue la de denunciar sistemática y duramente los resultados de las negociaciones mundiales sobre el CC por las insuficiencias de sus objetivos y metas de mitigación. Arguyendo que esas insuficiencias harían juego con los posicionamientos ambientalmente depredadores y antiecológicos de las grandes corporaciones y transnacionales del capitalismo global – cuyos intereses económicos se opondrían a la necesidad urgente de poner, en el marco de las negociaciones de las Naciones Unidas sobre el CC, límites serios a la quema de combustibles fósiles en el mundo –, el gobierno de Bolivia aparecía así situado en la primera línea de la lucha contra el calentamiento global y en defensa del medio ambiente. Esto le fue valiendo a Evo Morales la admiración de diversos movimientos ecologistas y sociales en distintos continentes, los que después de Cancún llegaron a ver a Bolivia como la vanguardia de una posición efectivamente comprometida con una reducción adecuada de la emisión de gases con efecto invernadero en el planeta.

Sin embargo, en julio de 2011, la imagen de fuerte compromiso del gobierno de Evo Morales para lograr una reducción sustantiva del calentamiento global y con respecto del cuidado del medio ambiente en el mundo comenzó a resquebrajarse a raíz de la decisión de este gobierno de impulsar y llevar adelante la construcción de una mega autopista de asfalto para vincular la ciudad de Cochabamba – en el centro de Bolivia y en una región de valles mesotérmicos de su bloque montañoso andino –, con la ciudad de Trinidad – capital del departamento amazónico y de llanos húmedos del Beni, en el noreste boliviano – atravesando, partiendo en dos y dañando ecológicamente nada menos que el Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), un parque de reserva biológica, medioambiental, forestal y de hábitat privilegiado para pueblos indígenas muy vulnerables en parte de la divisoria administrativo territorial de los departamentos de Cochabamba y el Beni.

El TIPNIS: Un mínimo perfil Por su excepcional ubicación en un área del piedemonte andino oriental selvático que vincula los Andes centrales bolivianos con la amazonia y los llanos húmedos del noroeste y noreste del país, el TIPNIS ha venido siendo desde su creación una barrera de contención de la expansión de la frontera agrícola y ganadera sobre el bosque húmedo amazónico en Bolivia.

La construcción del tramo de la mega autopista sobre el TIPNIS que el gobernante MAS empezó a anunciar públicamente en julio de 2011 proyecta – con un financiamiento crediticio de alrededor de 420 millones de dólares americanos que el Brasil ya ha concedido a Bolivia –, articular los Andes centrales bolivianos con el macrosistema de vinculación vial del programa IIRSA que la potencia brasileña impulsa en el subcontinente. Se trata, pues, de una nueva expansión y penetración del sistema de mega autopistas de asfalto en Sudamérica con miras a desbrozar el desarrollo ganadero y agroindustrial en el ecosistema amazónico del subcontinente, ampliando la frontera agrícola y ganadera, esta vez en Bolivia, sobre una amazonia que ha de recibir una vez más los impactos de desforestación y daño a su biodiversidad por parte la ampliación de tal frontera. Pero el TIPNIS, además, viene siendo en Bolivia toda una barrera territorial, legal e indígena para la expansión en el suroeste del departamento del Beni de la producción de la hoja de la coca hoy extendida a lo largo y ancho de la subregión del Chapare en el departamento de Cochabamba. Efectivamente, el TIPNIS ha podido contener en las últimas dos décadas la estampida de una invasión de colonizadores cocaleros en el Beni que, proviniendo desde las tierras altas de los Andes bolivianos, baja cada año en números de miles – atraídos por los altos precios de la hoja de coca que se comercia ilegalmente para la producción de la cocaína – hacia un Chapare ya saturado demográficamente. Aunque en la última década masas crecientes de colonizadores productores de la hoja de coca han ido ocupando y tomando ilegalmente porciones crecientes de las tierras del TIPNIS, este parque – convertido ya en un escenario de tensiones y conflictos entre los cocaleros que ilegalmente lotean para sí parcelas de tierra en el mismo y los indígenas que lo habitan tradicionalmente dedicándose a una economía de agricultura no cocalera, caza, pesca y recolección –, sigue constituyendo un tenaz estorbo para la lucrativa producción de cocaína en Sudamérica, una droga que requiere de una siempre expansiva producción de hoja de coca en el piedemonte andino amazónico del subcontinente y en su hinterland más horizontal adyacente.

 

Los datos más elementales sobre el Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) en Bolivia indican que se trata de un territorio ocupado desde muy antiguo por tres pueblos indígenas distintivos de raíz prehispánica, los Yuracaré, los Chimán y los Moxeño. Fue, según lo ha recordado distintos medios de prensa, el presidente boliviano René Barrientos Ortuño (1964-1967) el que, para proteger a esos pueblos y su territorio de las invasiones y avasallamientos de los madereros y latifundistas, el que creó, mediante el Decreto Ley 07401, en 1965, el Parque Nacional Isiboro Sécure. El dictador militar, quién fue titular del Estado al momento de producirse la guerrilla del ‘Ché’ Guevara en Bolivia, impulsó ese decreto que entre las razones para la creación del Parque señalaba ‘la necesidad de conservar las cuencas hidrográficas, las nacientes de los ríos para la navegación, la riqueza de los recursos naturales y la belleza escénica, que podrían ser afectadas por la construcción de un camino siguiendo el borde del piedemonte y por la colonización’. El TIPNIS, pues, fue creado justamente para impedir la construcción de mega carreteras y autopistas sobre las áreas ricas en biodiversidad en las que hoy se asienta.

Hacia 1990, como resultado de la primera gran marcha ‘Por el Territorio y la Dignidad’ de los pueblos indígenas del oriente boliviano, el gobierno del entonces presidente Jaime Paz Zamora (1989-1993) emitió el Decreto Supremo 22610, con el que se reconoció al Parque ‘como territorio indígena de los pueblos Moxeño, Yuracaré y Chimán’. Más adelante, el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997) otorgó en 1997 el título ejecutorial para el Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), con una extensión de 1.236.296 hectá- reas. Por su parte, ya en el actual siglo XXI, fue nada menos que el propio presidente Evo Morales (2006-hasta el presente), el que finalmente concedió en 2009 el ‘título definitivo’ al Parque, dotando a éste de una extensión de 1.091.656 hectá- reas; es decir, restando 144.640 hectáreas a las originalmente otorgadas en 1997, lo que implicó una pérdida de 12 por ciento del total del territorio del Parque.

 

El gobierno de Evo Morales otorgó también numerosos ‘títulos ejecutoriales’ – de propietarización individual familiar favorable a diversas familias cocaleras –, en el territorio del Parque, estimándose que con la expansión de los cocaleros del Chapare, el TIPNIS ha perdido en los últimos 13 años unas 200.000 hectáreas aproximadamente. Según estadísticas recientes de las Naciones Unidas, hacia el año 2009 existían siquiera unas 1.083 hectáreas de coca cultivada en el interior del Parque. Esa coca parece estar destinada principalmente a la producción de pasta base de cocaína y cocaína cristalizada.

Así entonces, complicando la imagen de Evo Morales como defensor radical de la naturaleza y la ecología mundiales, la decisión del gobernante MAS de llevar a cabo contra viento y marea construcción de la mega autopista sobre el TIPNIS, ha llevado a que el mandatario boliviano empiece a ser percibido como un otro agente del proceso de la desforestación amazónica en Sudamérica por parte tanto de los expansivos intereses agroganaderos y de trasiego comercial en el subcontinente como, ahora además, de la ampliación de la frontera cocalera y la concomitante producción de cocaína que ella apareja.

 

La marcha indígena en defensa del TIPNIS

Pero, con costos políticos igualmente serios para la imagen internacional y nacional del presidente boliviano, la intención del MAS de construir la mega autopista disparó – en lo que muy rápidamente se convirtió en noticia internacional – una masiva resistencia de las principales organizaciones de los pueblos indígenas de este país. Aglutinadas en sus dos principales matrices – la Confederación de los Pueblos Indígenas del Oriente de Bolivia (CIDOB), en la tierras bajas del país, y el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ), en las tierras altoandinas bolivianas –, una miríada de las 34 organizaciones de pueblos indígenas de las tierras bajas, delegaciones del CONAMAQ y los dirigentes y las organizaciones del propio TIPNIS tomaron la decisión de enfrentar al gobierno de Evo Morales y hacerlo retroceder en su decisión de llevar adelante la construcción de la mega carretera sobre el TIPNIS.

El 16 de agosto de 2011, alrededor de 1200 indígenas del TIPNIS, la CIDOB y el CONAMAQ iniciaron en la ciudad de Trinidad – departamento del Beni – una marcha para llegar a La Paz, sede del gobierno central de Bolivia, cuestionando el tendido de la mega autopista de asfalto. Alcanzando en algunos tramos números por encima de los 1500 participantes e incluyendo niños, ancianos e incluso algunas mujeres embarazadas, la masiva VIII Marcha Indígena en defensa del TIPNIS pasó en el trayecto a constituirse en el símbolo de la ruptura entre el gobierno de Evo Morales y los pueblos indígenas de las tierras bajas del norte y el oriente de Bolivia y de su región andina. Bajo el agobio del intenso calor y la humedad que caracteriza a la selva amazónica del Beni, la Marcha Indígena pasó a ser objeto de una dura campaña de ataques del gobierno de MAS, el que los acusó de ser ‘fichas’ del ‘imperialismo norteamericano’. Finalmente, Evo Morales, quién se había sido presentado por su partido como ‘primer presidente indígena de Bolivia’ y como el ‘representante número uno de los indígenas de Bolivia y de América Latina’, ordenó una inesperada y violenta represión y disolución de la Marcha que sorprendió internacionalmente.

El 26 de septiembre de 2011, a los 41 días de la caminata, el país se sumió en un profundo desasosiego y dolor. Para el asombro incluso de aquellos de sus opositores que ya habían denunciado hasta con virulencia el autoritarismo y el reiterado abuso del poder por parte del gobernante MAS en los ya casi seis años de su gestión, la inhumana represión policial contra los marchistas indígenas del TIPNIS alcanzó grados insólitos para Bolivia de vejación y de violación de los derechos humanos. Lo que mayor estremecimiento colectivo causó dentro de Bolivia fue la saña con la que la intervención policial reprimió al más de un par de cientos de niños, niñas y bebés y a las más de doscientas cincuenta mujeres, ancianas y ancianos que hacían parte de los marchistas. Esa brutalidad represiva – registrada en innumerables filmaciones televisivas – no impidió que los marchistas, burlando la represión y reorganizando sus filas, recomenzaran días después una Marcha que el gobierno ya no pudo controlar. Más del 80 por ciento de la población boliviana, según sondeos rápidos de la prensa, pasaron a apoyar a los marchistas poniendo en jaque al gobierno.

 

El resto de la historia es breve y compleja.

Luego de una apoteósica y triunfal entrada en la ciudad de La Paz el 19 de octubre de 2011, la Marcha forzó al gobierno a aprobar una ‘ley corta’ – sancionada luego legislativamente – cancelando de modo definitivo la construcción de la mega autopista. Sin embargo, menos de dos semanas después el gobernante MAS abrió toda una ofensiva política para anular la ‘ley corta’ que acababa de aprobar. Esa ofensiva política ha vuelto a generar la tensión en Bolivia. Al momento de redactarse este texto la cuestión sigue irresuelta. El gobierno insiste en que la mega autopista debe construirse. La CIDOB, el CONAMAQ y la dirigencia del TIPNIS anuncian una nueva marcha indígena u otro tipo de movilizaciones en defensa del Parque Nacional.

 

El TIPNIS en el escenario amazónico mayor

Así las cosas, la polémica que se ha generado en Bolivia con respecto de la mega carretera sobre el TIPNIS sigue abriendo el debate en este país sobre cuál ha de ser la estrategia de vinculación vial de este país con respecto de las vastas extensiones de su selva amazónica en el norte del departamento de La Paz, en el oeste del departamento del Beni y en el septentrional departamento de Pando y con relación a sus inmensas llanuras y praderas en el este del Beni. Hasta ahora, el criterio dominante en el gobierno de Morales es que el norte y el oriente de tierras bajas de Bolivia deben integrarse al occidente de Bolivia a través de mega carreteras y vías de asfalto. El modelo de integración vial hegemónico a nivel social es – en Bolivia, sin duda muy conveniente para las posiciones del gobernante MAS, pero también en el gran conjunto de los países de la América del Sur – el de las rutas de pavimento, con todo lo que éstas significan para el negocio de los grandes corporaciones transnacionales de fabricantes de camiones y trailers de transporte pesado en el mundo.

Con tal modelo en despliegue desde ya más de medio siglo en Bolivia, el futuro de la amazonia en este país también parece el de la deforestación masiva de sus bosques y de su foresta húmeda en manos de una frontera agrícola y ganadera siempre en expansión. Que en Bolivia se añada a lo anterior la pujanza agresiva de los cultivos de hoja de coca para el tráfico de la cocaína es solamente parte de una posible tragedia ecológica indetenible a futuro. El TIPNIS, desde tal perspectiva, es sólo la punta del iceberg de la potencial futura penetración masiva del asfalto en una amazonia boliviana a la que sólo le quedaría seguir el ejemplo de la experiencia brasileña de los últimos setenta años de penetración ganadera y agroindustrial con base en rutas de asfalto y destrucción de bosques a través de bulldozers y gigantes emprendimientos de compañías camineras que han pasado a la historia de la depredación ecológica mundial con las mejores marcas de eficiencia, impacto y velocidad posibles.

La alternativa – que al final implica cuestionar la idea misma del mega proyecto integracionista del IIRSA impulsado por el Brasil de Fernando Enrique Cardoso y de Ignacio Lula da Silva –, sería la de impulsar, siquiera en Bolivia, una estrategia de vinculación vial de la amazonia más bien ferrocarrilera, con un tendido de vías para trenes eléctricos con bajos niveles de consumo de carbono y de tecnología más limpia. A ello, seguramente, se podría articular el transporte fluvial. Tal alternativa, que permitiría mejores controles sobre el trasiego de las drogas, que impediría una expansión descontrolada de la tala de maderas y bosques, que limitaría las estampidas de expansión de la frontera agrícola, ganadera y cocalera en el oriente amazónico boliviano, seguramente también contribuiría a mitigar más y de mejor modo los efectos del riesgoso cambio climático que se cierne sobre el mundo en la época actual.

 

Trenes eléctricos o carreteras de asfalto: Tal la disyuntiva en la que ha quedado colocada Bolivia tras la marcha indígena en defensa del TIPNIS de fines de 2011. En rigor, la Marcha Indígena puso en el debate lo que Bolivia ha de hacer con su amazonia: ¿Penetrarla con carreteras asfaltadas? ¿Preservarla de modo coherente? ¿Articularla al país con responsabilidad con respecto de los riesgos mundo en la época de la crisis climática contemporánea? El que unos miles de indígenas hayan llevado a todo un país e incluso a parte del continente a discutir sobre sus modelos de integración y de desarrollo pone en el tapete el papel que han jugado y han de jugar en las discusiones más urgentes y contemporáneas poblaciones, pueblos y grupos que, como los indígenas, nos recuerdan sobre la responsabilidad colectiva que todos tenemos con respecto de los derechos de la naturaleza.

Con su marcha en defensa del TIPNIS, esta vez los indígenas de las tierras bajas de Bolivia nos han mostrado que antes de ser simples residuos de un pasado al borde de desaparecer, son también parte de la avanzada de una humanidad obligada a tener conciencia de sí misma también como naturaleza en peligro. En Bolivia, otra vez los indígenas han terminado por imponer en el país una pausa reflexiva cuestionando el facilismo de quienes consideran que el ‘desarrollo’ obliga a tender carreteras y seguir asfaltando los bosques. En todo caso, el debate sobre el TIPNIS es, en la actual circunstancia del cambio climático y sus amenazas, historia sudamericana y mundial y no sólo un aislado caso de un alejado país del ‘tercer mundo’. En esa historia más grande, en todo caso, la imagen de Evo Morales ha quedado descolocada y, finalmente, situada de modo muy ambiguo en la cada vez más urgente y compleja discusión sobre un calentamiento global que obliga a todos a seguir con atención lo que ocurre en la ecológicamente vital Amazonia.2

Ricardo Calla Ortega, sociólogo y antropólogo, fue Ministro de Asuntos Indígenas y Pueblos Originarios de Bolivia. En 1998, estableció la Universidad de la Cordillera en La Paz. Conducía investigaciones entre la población indígena en el altiplano de Bolivia.

Notas 1. El presente texto ha sido redactado con base en el seguimiento cotidiano que el autor realiza a las siguientes fuentes periodísticas de Bolivia: los matutinos Pagina Siete (www.paginasiete.bo), La Razón (www.la-razon.com), El Deber (www.eldeber.com.bo), y el Periódico Digital Erbol (www.erbol.com.bo). Al final de este texto se añade tres enlaces para diversos artículos de análisis, de opinión y de prensa sobre el conflicto del TIPNIS que pueden encontrarse con facilidad en la web. Los enlaces aquí puestos a disposición de los interesados pueden servir de base para iniciar investigaciones de mayor envergadura y alcances sobre un conflicto que empieza a adquirir importancia política, social y económica no sólo local boliviana sino también, como argüimos, regional sudamericana. 2. Enlaces que contiene mucha información acerca del conflicto del TIPNIS: http://plataformaenergetica.org

http://www.bolpress.com

http://horizontesnomadas.blogspot.com

Fuente: http://www.cedla.uva.nl/50_publications/pdf/revista/92RevistaEuropea/92-Calla-ERLACS-ISSN-0924-0608.pdf

 

 

Subrayemos:  "Ya no se trata de un caso aislado de defensa de algún área protegida, un derecho humano, o contra algún proyecto extractivista en particular; sino de la convicción y lucha por evitar la destrucción, la explotación salvaje y los daños irreversibles que se producen contra la naturaleza y las condiciones materiales que permiten la vida de todos. Es decir, se encuentra en juego el futuro del país por la terca intención gubernamental de imponer y hacer prevalecer su modelo, muy a pesar de los evidentes y graves daños que el pueblo ha tenido que soportar y continúa sufriendo".

 

 

 

El TIPNIS y la tozuda obsesión contra la naturaleza

y los derechos indígenas

2 de agosto de 2017

Por Arturo D. Villanueva Imaña (Rebelión)

Parece como si existiese una misteriosa fuerza que muy a pesar de los signos en contrario, se empeñara tercamente en impulsar su (propia) destrucción.

Desde el mes de agosto del año 2011 cuando se inicia la VIII Marcha de pueblos indígenas en contra de la construcción de una carretera por el corazón del territorio indígena y parque nacional, el caso del TIPNIS se ha convertido en un hito referencial de profundas implicaciones en diversos ámbitos.

 

Refutando lo que se espera para un gobierno autodefinido como “revolucionario”, los acontecimientos sucedidos delatan un momento de quiebre para su imagen e identidad política. Marcan el uso de la fuerza y la violencia represiva como respuesta a las legítimas y justas demandas indígenas en defensa de sus derechos conculcados; la clara defección y traición a sus propios postulados relacionados con el Estado plurinacional, la protección a los derechos de la naturaleza y de los pueblos indígenas; así como su indisimulada voluntad por imponer un modelo extractivista y desarrollista, cuya mayor expresión autoritaria se ha patentizado en la frase presidencial del “quieran o no quieran” que pronunció como anuncio y amenaza.

 

Es decir, que a la luz de los enormes costos políticos que contrajo, pero sobre todo por la gravedad de las medidas que el gobierno decidió adoptar para imponer la carretera; el TIPNIS marca mucho más que el terco empeño por hacer prevalecer intereses de inversión internacional comprometida o, como se ha dicho, hacer realidad un antiguo anhelo de vinculación carretera (aun a costa de partir por la mitad un área protegida).

De lo que se trata a fin de cuentas, es más bien imponer (así sea a la fuerza), un modelo económico desarrollista y extractivista, nada menos que partiendo el corazón (literal y simbólicamente), en el centro del país y de los propios pueblos indígenas del Estado Plurinacional. Y como si eso no fuese suficiente, el TIPNIS y las comunidades indígenas no sólo se verían amenazados por todas las consecuencias y efectos negativos (para la naturaleza, la biodiversidad, la cultura, e inclusive la acumulación de desperdicios y la enorme contaminación) que contrae la construcción y apertura de carreteras, sino por la expansión de la producción de coca. Debe mencionarse que (no pudiendo entenderse como un hecho casual), la superficie “legal” de cultivo ha sido recientemente ampliada en la nueva ley de la coca (impugnada como anticonstitucional), y cuyos principales productores “excedentarios” y principales proponentes de una ley que busca anular la ley 180 de protección del TIPNIS, son nada menos que colindantes con el territorio indígena y parque nacional.

 

Los nuevos factores de atropellamiento e imposición 

Desde el 2011 han pasado prácticamente 6 años, y a pesar de haberse promulgado la ley 180 de protección del TIPNIS, donde se prohíbe expresamente la construcción de la carretera, se establece la intangibilidad y la prohibición de asentamientos humanos ilegales y ocupaciones de hecho ajenos a los titulares del territorio; sin embargo, no han cesado los intentos por deshacer aquello que aprobaron y promulgaron con propia mano.

Reafirmando aquella terca e intimidante expresión del presidente Evo Morales en sentido de que la carretera por medio del TIPNIS se construiría “quieran o no quieran”, y que desde entonces se ha convertido en una de las peores amenazas para la vida de las comunidades indígenas que lo habitan, así como para la conservación de las culturas, la naturaleza y la biodiversidad que encierra dicho territorio; en recientes días el país se ha visto ingratamente sorprendido ante el nuevo intento por revivir dicho proyecto que fue repudiado y rechazado por el pueblo boliviano en reiteradas ocasiones.

Amparados y fortalecidos por nuevas y recientes declaraciones presidenciales que reiteraron su voluntad de llevar adelante tan nefasto proyecto, pero sobre todo por la aprobación de la nueva ley de la coca que autoriza y permite ampliar más la extensión de la superficie destinada a dicho cultivo en el Chapare (cosa que exacerbará la presión para que dichos cultivos se realicen precisamente dentro del TIPNIS, en vista de la inocultable como antigua pretensión de los colonizadores que se encuentran asentados en el mismo lugar); es que en esta ocasión se ha puesto en marcha un nuevo intento para efectivizar semejante despropósito.

 

El proyecto de ley que ha sido puesto en consideración de la Asamblea Legislativa, no sólo ha sido impulsada interesadamente por asambleístas del oficialismo y colonos asentados en el Polígono 7 (cuyas comunidades expresamente decidieron apartarse del territorio indígena y constituirse como entidades individuales ajenas durante el proceso de saneamiento de tierras), por lo que no tienen ninguna legitimidad ni representatividad legal sobre el TIPNIS; sino que actúan a espaldas del país, van en contra de los innumerables pronunciamientos de la sociedad civil, e inclusive desconocen las resoluciones y determinaciones expresas de sus autoridades originarias y sus organizaciones legítimamente representativas. Las mismas rechazan completamente el tratamiento y aprobación de ese proyecto de ley eufemísticamente denominado como ”protección y desarrollo integral del TIPNIS” .

 

Las irregularidades no se limitan únicamente a ello. También se pretende legitimar y hacer prevalecer como legalmente válidos y favorables los resultados distorsionados de la consulta, el procedimiento seguido y el propio protocolo de consulta a los pueblos indígenas. Debe destacarse que el proceso de consulta, su aplicación amañada y claramente distorsionada, ya han sido denunciados en los informes de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia (APDHB), así como de la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), el año 2013. Es más, su total invalidez también han sido corroborados como resultado del análisis de los propios informes oficiales del gobierno, que se han plasmado en el Informe Final del proceso de consulta efectuado por el Ministerio de Obras Públicas, Servicios y Vivienda (2012) y el Informe de Observación y Acompañamiento de la consulta realizado por el Servicio Intercultural de Fortalecimiento Democrático (SIFDE) del mismo año 2012.

La impugnación y rechazo de los resultados de la consulta que pretenden ser mostrados como favorables, se explican porque el proceso seguido claramente incumple los estándares internacionales y legales mínimos de consulta. Es decir, que no ha sido libre, previa, informada, de buena fe y con procedimientos propios de los pueblos indígenas. Ello se corrobora con el protocolo amañado que fue utilizado y que con seguridad pretende convertirse en un precedente que avale otros procesos de consulta a los pueblos indígenas en el país.

 

Por otra parte, también es imposible dejar de impugnar y rechazar el intento que, bajo el argumento de “protección y desarrollo del TIPNIS”, pretende imponer una visión y un enfoque ajeno y totalmente contrapuesto a la forma de vida y el tipo de relacionamiento que las comunidades indígenas del TIPNIS tienen con la naturaleza y su entorno, porque claramente se pretende asimilarla, supeditarla y hacerla funcional al modelo depredador de carácter extractivista y desarrollista que impulsa el gobierno, y cuyo enfoque es respaldado y busca ser generalizado en el TIPNIS por los productores de coca del Chapare.

 

Tal es el despropósito, que el proyecto de ley tiene un indisimulado carácter colonial, paternalista e impositivo. Por ejemplo y yendo totalmente en contra de su misma exposición de motivos donde se cita al Art. 307 de la Constitución Política [i] / para fundamentar la necesidad de la ley, no se les ocurre mejor idea que bajo el nombre de “desarrollo integral y sustentable”, se busque imponer un modelo extractivista (con “aprovechamiento y participación de privados” o “acuerdos y distribución de ganancias”, por ejemplo), que es totalmente ajeno a los principios, prácticas y cosmovisión de los pueblos indígenas. Para reforzar el indisimulado intento colonial y de sometimiento, también se incluye una disposición transitoria única en la que “se establece un plazo de 180 días para la elaboración del plan de protección del TIPNIS, el plan integral de transporte del TIPNIS y la agenda del desarrollo para el Vivir Bien de los pueblos indígenas del TIPNIS de acuerdo a los resultados de la consulta. En tanto se aprueben estos documentos, serán aplicables los instrumentos de planificación y manejo del TIPNIS, siempre que no contradigan lo establecido en la presente ley y los acuerdos resultado de la consulta”. Es decir, que no solo se desconoce y anula los propios instrumentos de planificación y desarrollo que las comunidades indígenas han elaborado y utilizan bajo su propia cosmovisión y cultura, sino que buscan imponer 3 instrumentos ajenos a la propia normativa vigente.

 

No es menos llamativo el contenido del Art. 11 del proyecto de ley referido a la “transferencia y conocimiento y tecnología”, donde se señala textualmente: “el aprovechamiento de los recursos naturales renovables deberá permitir la transmisión de conocimientos y transferencia de tecnología de los privados a favor de los pueblos indígenas que habitan el TIPNIS como requisito indispensable para la suscripción de acuerdos y asociaciones”, en una muy clara actitud colonial de supremacía y dominación “de los privados” (como si los pueblos indígenas no tuviesen ninguna otra capacidad que no sea la de recibir y asimilar “conocimiento y tecnología” que viene de fuera).

En fin, observando integralmente la problemática, el TIPNIS constituye otro caso emblemático (junto al Bala-Chepete, Tariquía, Rositas, Takovo Mora, Energía atómica, etc.), de la obsesiva intención por llevar adelante un modelo extractivista y desarrollista, frente al expreso rechazo y resistencia del conjunto de la sociedad civil, las comunidades indígenas y los movimientos populares, que luchamos por construir una relación armoniosa y no depredatoria con la naturaleza, los recursos naturales y el entorno socioambiental en el que convivimos todos.

Ya no se trata de un caso aislado de defensa de algún área protegida, un derecho humano, o contra algún proyecto extractivista en particular; sino de la convicción y lucha por evitar la destrucción, la explotación salvaje y los daños irreversibles que se producen contra la naturaleza y las condiciones materiales que permiten la vida de todos. Es decir, se encuentra en juego el futuro del país por la terca intención gubernamental de imponer y hacer prevalecer su modelo, muy a pesar de los evidentes y graves daños que el pueblo ha tenido que soportar y continúa sufriendo.

Esta tozuda obsesión contra la naturaleza, los derechos humanos y de los pueblos indígenas,  está poniendo en juego la destrucción misma de las bases materiales de la vida y la naturaleza en nuestro país. En vista de la gravedad y consecuencias que ello implica, es hora de que el gobierno se dé cuenta de la magnitud de las decisiones de este tipo y dé marcha atrás. 

Arturo D. Villanueva Imaña, Sociólogo, boliviano.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=229800

 

 

Constatemos que sea progresista o neoliberal la gestión privilegia la acumulación gran capitalista de riquezas por sobre las posibilidades de vida del presente y futuro:  "El gobierno brasileño decidió, mediante un decreto presidencial, abrir las puertas de una gigantesca reserva natural de la Amazonía a empresas mineras. Esta decisión es “un grave retroceso en la lucha” para proteger el pulmón verde del mundo denunció un grupo de activistas del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés)". 

 

 

 

En riesgo el “pulmón verde del mundo” en el Amazonas por apertura a mineras

28 de agosto de 2017

 

Por Desinformémonos

 

“Es el mayor ataque a la Amazonía en los últimos 50 años. Ni la dictadura militar osó tanto”, señaló a medios locales el senador ambientalista Randolfe Rodrigues.

 

Michel Temer autorizó en días recientes la extinción de una reserva natural de más de 47 mil kilómetros cuadrados localizados entre los estados brasileños de Pará y Amapá para la extracción de oro y otros minerales nobles. Desde hace 33 años, la actividad minera y comercial de la zona estaba a cargo de la Compañía Brasileña de Recursos Minerales y de las empresas autorizadas por esta.

 

La Reserva Nacional de Cobre y Asociados (Renca), fue creada en 1984 durante el régimen militar de João Figueiredo. Allí actualmente se explota cobre, pero estudios geológicos señalan que hay oro, manganeso, hierro y otros minerales. El área, rica en oro y otros minerales, engloba nueve áreas protegidas: el Parque Nacional Montañas del Tumucumaque, los Bosques Estatales del Parú y de Amapá, la Reserva Biológica de Maicuru, la Estación Ecológica del Jari, la Reserva Extractiva Rio Cajari, la Reserva de Desarrollo Sostenible del Río Iratapuru y las tierras indígenas Waiãpi y Río Paru d`Este.

 

Organizaciones no gubernamentales, como el WWF, consideran la medida un retroceso en la protección de la Amazonía “esta decisión pone en riesgo nueve áreas protegidas, lo que podría causar impactos irreversibles al medioambiente y a los pueblos de la región”. La reserva cuenta, además, con dos territorios indígenas, en los que no es posible hacer minería, con lo cual se presiona una región intacta del Amazonas. Cuando se abre para la minería, además de la actividad formal, se fomentan actividades de extracción ilegal, invasión de tierras públicas, deforestación y surgen conflictos sociales con los pueblos indígenas” señaló Mauricio Voivodic director ejecutivo de WWF Brasil.

 

“La extinción de la reserva natural puede fomentar la invasión de tierras y ejercer presión para que las comunidades indígenas realicen acuerdos con las actividades clandestinas de mineros ilegales”, agregó Voivodic.

Después de la publicación del decreto presidencial de la extinción Renca (Reserva Nacional de Cobre y Asociados), ocho senadores presentaron un proyecto de ley para detenerla. “El decreto supone el mayor ataque a la Amazonía en los últimos 50 años. Ni la dictadura militar osó tanto”, señaló a medios locales, el senador Randolfe Rodrigues.

El legislativo sostiene que el “objetivo es atraer nuevas inversiones, con generación de riqueza para el país, de empleo y de renta para la sociedad, basado siempre en los preceptos de sustentabilidad”.

“Además de la explotación demográfica, deforestación, pérdida de la biodiversidad y la explotación desmedida de los recursos hídricos, surgirán los conflictos agrarios, la expulsión de pueblos indígenas de sus territorios” agregaron los expertos del WWF.

 

Científicos anuncian inminente destrucción de la cuenca del Amazonas

Por su parte, científicos liderados por Edgardo Latrubesse, advierten en su estudio llamado Índice de Vulnerabilidad Ambiental de Represas (DEVI, por sus siglas en inglés) que de llevarse a cabo la iniciativa de satisfacer las necesidades energéticas mediante 428 represas hidroeléctricas se pone en serio riesgo la Amazonía, al modificar el flujo de nutrientes que llevan los ríos, la biología e incluso el clima del lugar.

“Los principales factores de degradación de los ecosistemas son la deforestación, alteraciones del flujo de los ríos, la pérdida masiva de la biodiversidad y la erosión del suelo” señalan los expertos.

La dimensión del impacto puede ser no sólo regional, sino también a nivel del hemisferio. Los valores DEVI más altos (que cuantifican la vulnerabilidad de un área en una escala de 0 a 100) se encuentran en el río Madeira (80 puntos), y los ríos Marañón y Ucayali, de 72 y 61 puntos, respectivamente, con 104 y 47 presas planeadas o construidas.

Lo más alarmante es la conclusión a la que ha llegado Edgardo Latrubesse: “La dimensión de los impactos puede ser no solo regional, sino también a nivel del hemisferio. Si se construyen todas las presas previstas en la cuenca, su efecto acumulativo provocará un cambio en los sedimentos que fluyen al océano Atlántico, lo que podría obstaculizar el clima regional”.

Fuente: http://www.anred.org/spip.php?article14874

 

 

Veamos cómo : "El gobierno peruano no parece preocuparse por los derechos de los pueblos indígenas, reconocidos internacionalmente. La producción de petróleo ha contaminado las tierras de las comunidades indígenas durante décadas, causando graves problemas de salud y destruyendo sus medios de vida, contaminando su agua y bosques. Sus derechos sobre sus tierras ancestrales están siendo ignorados".

 

 

Perú: Derechos de los pueblos indígenas antes de las ganancias

14 de agosto de 2017

En el marco del Día de los Pueblos Indígenas, podemos demostrar al presidente del Perú, Pedro Pablo Kuczynski, que los derechos indígenas nos importan. Súmate a la llamada pidiéndole que respete los derechos de las comunidades.

En el corazón de la Amazonia peruana, la explotación del petróleo ha envenenado la tierra y la vida de las personas indígenas que han vivido en la zona del Lote 192 desde generaciones. Ellos se enfrentan a más de 45 años de exposición a productos químicos tóxicos que se han filtrado en su comida y agua. Esta extracción de petróleo está ocurriendo en sus tierras ancestrales sin su consentimiento.

Hoy el gobierno negocia nuevos contratos petroleros sabiendo que la empresa anterior, Pluspetrol, deja más de 2.000 sitios contaminados sin remediar, evadiendo obligaciones ambientales. Además, está ignorando el derecho de las comunidades a la consulta previa e informada acerca de las condiciones del nuevo contrato. Carlos Sandi, líder indígena, explica que “el gobierno tiene que anteponer nuestros derechos ante los beneficios empresariales”.

Los líderes indígenas como Carlos Aurelio y Chino Sandi están hablando de los derechos de sus comunidades, pero están siendo ignorados. Si todos nosotros, de todas partes del mundo, contactemos el Presidente de Perú, podemos mostrarle que el mundo está observando.

Con sólo unos pocos clics, puedes enviar un poderoso mensaje de solidaridad para apoyar las comunidades afectadas. ¡Manda un Tweet ahora!

Juntos podemos mostrar a Carlos y Aurelio y a todos los pueblos indígenas del Perú que no están solos en su lucha por sus derechos.

De parte de las comunidades afectadas en la Amazonía: ¡un enorme gracias por su apoyo!

Julie Byrnes
Oxfam en Perú
Más información 
aquí.
PD. Si no tiene una cuenta Twitter, puede ayudar a difundir en 
Facebook. ¡Gracias! Leer 

 

 

 Crisis civilizatoria

 

Interpelemos a la creencia mayoritaria en la modernidad, el progreso y la civilización petrolera del capitalismo. Es perentorio hacer balance deconstructivo tanto del neoliberalismo como del progresismo en sus gestiones extractivistas pues han privilegiado y privilegian la acumulación oligopólica por sobre necesidades e intereses de los pueblos. También debemos revisar la contradicción entre el trabajo hominizante durante la antropogénesis y el trabajo subsumido (de manera tanto formal como real) en el capital. Ante todo observemos que ni los científicos mayoritarios previenen consecuencias del objetivo de sus actividades, tampoco se responsabilizan ante la sociedad.

 

Sólo así se explica la criminalidad de:

La caducidad del modelo petrolero en la Amazonía peruana

7 de agosto de 2017

 

Por Marc Gavaldà (Rebelión)

¿Cuándo caduca un oleoducto en la Amazonía? En 2016 más de 10 roturas en diferentes tramos del Oleoducto Norperuano afectan a decenas de comunidades nativas de los pueblos Awajún, Huampis y Kukama. "Lágrimas de Aceite" explora las consecuencias de la obsolescencia de la infraestructura petrolera interpelando a un cambio de modelo energético que no genere desplazados ambientales a largo plazo. Alarmado por la recurrencia de derrames en el norte del Perú, el colectivo Alerta Amazónica, un grupo de investigadores-activistas que centran su creación en la denuncia de los atropellos a los pueblos amazónicos a través del lenguaje audiovisual, recorrió en agosto y septiembre de 2016 el curso del río Marañón desde sus vertientes andinas hasta su desembocadura en el gran Amazonas. 

Un recorrido a través de una infraestructura petrolera deteriorada como es el Oleoducto Norperuano, puesta en marcha en 1972 para que empresas como Occidental, luego Pluspetrol, Petroperú, Pacific y otras inyecten a los mercados globales el petróleo alojado en las profundidades de la Amazonía. 

El documental aborda el envejecimiento de la infraestructura petrolera en la región amazónica.
Construida hace 40 años de la mano de corporaciones privadas, frecuentemente con financiamiento estatal, oleoductos como el Oleoducto Caño Limón -Covendas (Colombia), Sistema de Oleoducto Trans Ecuatoriano (Ecuador), Oleoducto Sica Sica- Arica (Bolivia) o el mismo ONP parecen compartir un nefasto ocaso y deterioro.

Los derrames son el hilo conductor de un documental que aborda, a través de sus protagonistas, las comunidades directamente afectadas, temas como la gestión de las emergencias, la comunicación corporativa, el racismo ambiental y el envenenamiento paulatino que sufren los pobladores de una toxicidad impresa en el territorio. - «En general, en toda la Amazonía, el Estado, a través de su actividad, está pretendiendo extinguirnos, acabarnos»- advierte el Apu Wrays Perez, dirigente del Gobierno Territorial Autónomo Huampis. La afirmación no es exagerada, si uno se detiene en cada uno de los derrames que en 2016 afectaron a decenas de comunidades nativas de los pueblos Awajún, Huampis y Kukama. Un año más tarde, las orillas de cursos fluviales como el río Chiriaco, Nieva, Morona o las quebradas Urituyaku y Cuninico siguen disolviendo hidrocarburos y metales pesados. Una toxicidad invisible que ingresa en la sangre y tejidos de la población a través de los metales presentes en el agua y los peces. Las consecuencias a largo plazo derivan en afecciones epidemiológicas en la salud de la población.

Como en la Comunidad Nativa Kukama de Cuninico, afectada por un derrame de casi 3.000 barriles en 2014 en la quebrada donde se asienta y alimenta la población. 3 años más tarde, las consecuencias son evidentes en la salud de los niños, donde un estudio reveló la presencia de Mercurio y Cadmio en el 80 % de las muestras. Testimonios de madres como Flor de María Parana o Nilda Salinas, que denuncian el aumento de abortos, la incidencia de mareos, dolor de cabeza y huesos y pérdida de vista de los niños de la comunidad. Las palabras de su apu Galo Vasquez reflejan impotencia y desazón: « Qué será de la población de Cuninico a futuro? Cuál es la esperanza de que nuestros niños van a crecer sanos, que sean el futuro de nuestra comunidad?».

Es en este contexto de extrema desatención estatal a los pueblos receptores de los pasivos ambientales que en septiembre de 2016 estalla la movilización de Saramurillo. De varias cuencas fluviales familias enteras se desplazaron desde sus comunidades para aunar sus voces en un pliego de peticiones. Con medidas de acción directa no violenta, tomaron las instalaciones de Petroperú y retuvieron durante dos meses las grandes embarcaciones que transportaban petróleo y otras mercancías por el río Marañon. 

Las medidas de presión, tras tres meses de sordera estatal, fueron pacificadas mediante el Acuerdo de Saramurillo. En él, el gobierno peruano se comprometió a declarar emergencia ambiental y sanitaria en la región afectada, iniciar la remediación ambiental, revisión del contrato con Pluspetrol, el mejoramiento del oleoducto, proyectos productivos y nueva de Ley de Monitoreo Medioambiental. Tras más de seis meses de ese día, el gobierno ha incumplido estos acuerdos. Sirva este documental para evidenciarlo y para visibilizar la injusticia ambiental que sufren las comunidades impactadas en un contexto de impunidad ambiental estructural.

Sobre el documental

Lágrimas de Aceite es un proyecto del colectivo audiovisual Alerta Amazónica financiado a través de una campaña colectiva de micro-mecenazgo. Su director y guionista, Marc Gavaldà, es especialista en impactos del petróleo y poder corporativo. Es autor de libros como La Recolonización (2003), Viaje a Repsolandia (2005), Patagonia Petrolera, junto a Hernán Scandizzo (2008) y Gas Amazónico (2013). Ha realizado documentales como Vivir sobre el Pozo (2002), Tentayapi, el pueblo intacto (2005), Patagonia Petrolera, la frontera movediza (2008), Los Nahua, 20 años después (2013), Alerta Amazónica (2014) y Asfaltar Bolivia (2015).

Lágrimas de Aceite fue grabado por un equipo ligero formado por Lidia Álvarez y Marc Gavaldà (càmaras) durante agosto y septiembre de 2016, en un recorrido que partió de la sede de Petroperú en Lima y se desplazó por todo el curso del río Marañón hasta su encuentro con el Amazonas en Iquitos. Contó con la colaboración de organizaciones como Aidesep, Cultura Awajún, Radio Kampagkis y Radio Ucamara, que cedieron imágenes y testimonios. En la post-producción participó Manu Estrada (música y sonido), Tallers Estampa (animaciones) y Albert Jepús (diseño gráfico).

El documental ha recorrido festivales como el Ecozine de Zaragoza, Cine Amazónico de Pucallpa, Censurados de Perú, Arte Itinerante de Lima, Cine Invisible de Bilbao, FicWallmapu y Festival de Cine Anarquista de Barcelona, entre otros. El 5 de agosto de 2017, el colectivo decidió abrir acceso público al documental para amplificar las denuncias de las comunidades afectadas por los derrames de petróleo en la Amazonía y combatir la impunidad ambiental.

Marc Gavaldà es Director de "Lágrimas de Aceite"
Enlace al documental: https://vimeo.com/221610284
Más información: http://alertamazonica.wordpress.com

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=229954

 

 

Sabemos de los muchos y diversos desposeídos por el capitalismo mientras los respectivos gobiernos sean neoliberales o progresistas "se muestran dispuestos a promocionar e implementar toda ley e iniciativa que sea requerida para abrir las economías de sus naciones al capital transnacional, sin que existan regulaciones de por medio, a fin de atraer a inversionistas extranjeros y garantizarles que ninguna cosa amenazará sus aspiraciones de obtener grandes ganancias". 

 

 

 

El momento histórico y el abandono de la representatividad

4 de agosto de 2017

 

Por Homar Garcés (Rebelión)

 

En su obra «Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias», Zygmunt Bauman deja reflejada las vicisitudes, muchas veces angustiantes y llenas de incertidumbre que colman la realidad del mundo contemporáneo, con particular interés en lo que concierne a las necesidades y las preocupaciones económicas de la mayoría de las personas. Según sus observaciones, “las causas de la exclusión pueden ser distintas, pero, para quienes la padecen, los resultados vienen a ser los mismos. Enfrentados a la amedrentadora tarea de procurarse los medios de subsistencia biológica, al tiempo que despojados de la confianza en sí mismos y de la autoestima, necesarias para mantener su supervivencia social, no tienen motivo alguno para contemplar y saborear las sutiles distinciones entre sufrimiento intencionado y miseria por defecto. Bien cabe disculparlos por sentirse rechazados, por su cólera y su indignación, por respirar venganza y por su afán de revancha; aun habiendo aprendido la inutilidad de la resistencia y habiéndose rendido ante el veredicto de su propia inferioridad, apenas podrían hallar un modo de transmutar todos esos sentimientos en acción efectiva". 

Muchos quizás secunden el pesimismo que se extraería de tal aseveración; sin embargo, hay que precisar (sobre todo, frente a algunos escépticos), que
semejante realidad comienza a hacerse patética y habitual en una gran parte del planeta, con cierta unanimidad en la resistencia mostrada por los diversos pueblos que lo habitan ante lo que consideran, no sin razón, el despojo y la violación de sus derechos fundamentales -en su doble condición de seres humanos y ciudadanos- a manos de aquellos que controlan el engranaje capitalista global. En dirección contraria, casi todos los gobiernos se muestran dispuestos a promocionar e implementar toda ley e iniciativa que sea requerida para abrir las economías de sus naciones al capital transnacional, sin que existan regulaciones de por medio, a fin de atraer a inversionistas extranjeros y garantizarles que ninguna cosa amenazará sus aspiraciones de obtener grandes ganancias. 

En el caso concreto de Venezuela, enfrentando semejante eventualidad, cada revolucionario y chavista debiera interrogarse a sí mismo respecto a cuál es su papel y en qué medida está contribuyendo efectivamente con hacer realidad el Proyecto de la Revolución Bolivariana; no únicamente en el aspecto político sino también en lo que se relaciona a lo cultural, lo social y lo económico. Entre otras, preguntarse: ¿Por qué asciende o es promovido a cargos de dirección o de confianza? ¿Por que posee una mayor capacidad, un mayor compromiso o una mayor formación que otros con iguales oportunidades? Si la respuesta es positiva, entonces ¿por qué sus acciones no reflejan algo de esto, es decir, por qué éstas no trascienden lo habitualmente hecho y aceptado, convirtiéndose cada una en una cotidianidad revolucionaria permanente? A todo ello hay que agregarle la ética como ingrediente básico ineludible, entendiendo que ella marcará y evidenciará una diferencia abismal en relación con el comportamiento observado entre aquellos que gobiernan y dirigen a los sectores populares, apegados como están a la usanza tradicional y jerárquica, sin atreverse a modificar de raíz las relaciones de poder que caracterizan desde hace siglos al sistema burgués representativo. 

El momento histórico actual exige que se abandonen los esquemas políticos representativos del puntofijismo y, en su lugar, propiciar y acompañar las diversas iniciativas autogestionarias que pueda adelantar el poder popular, ejerciendo su autonomía en un ciento por ciento.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=229863

 

 

 

 Sufrimos las fragmentaciones y políticas electoralistas de los partidos de izquierda independiente del gobierno de turno, el menosprecio masivo por la práctica teórico-política (implícita en las resistencias) de los movimientos sociales y la indiferencia ante las usurpaciones a los pueblos originarios. De ahí lo fundamental de bregar por políticas:

 

 

 

Con y para el pueblo

4 de agosto de 2017

 

Por Juan Pablo Cárdenas  S. (Punto Final)

En  la historia de la política chilena no pocos movimientos vanguardistas surgieron desde las universidades o al desprenderse de las colectividades tradicionales, pero alcanzaron arraigo popular mediante un real esfuerzo por empatizar con el mundo obrero, campesino y con la clase media. Los fundadores de la Democracia Cristiana y del Partido Socialista, por ejemplo, desde la primera hora abrieron sus registros a las agrupaciones sociales, armando estructuras internas que buscaban reclutar a los pobladores, a las mujeres, a los profesionales y a otros sectores de la vida nacional. De esta forma, se consolidaron a nivel nacional y en sus consejos, juntas y comités centrales la presencia del mundo popular fue ostensible.

En estos últimos años, la Izquierda se ha manifestado distante y recelosa respecto de las organizaciones de base y frente a esa gran diversidad de expresiones políticas, también de elite, que podrían haber confluido en un referente único. Sin embargo, la dictadura, la clandestinidad y la diáspora desnaturalizaron a muchas organizaciones y terminaron elitizándolas, toda vez que fueron los dirigentes más influyentes los que lograron salvar con vida y enseñorearse en la política al término del régimen militar.

En la autocrítica que se hacen los líderes del Frente Amplio respecto del escuálido apoyo en las zonas más pobres del país, han prometido realizar un acercamiento al mundo social, después de comprobarse que el grueso de sus votos provino de las comunas más acomodadas del país, donde la derecha, por cierto, los aventaja con contundencia.

Loable nos parece la intención, ahora, de los jóvenes parlamentarios y líderes de ese Frente por vincularse con el mundo social, mientras en ello exista realmente el propósito de acoger generosa y democráticamente a esas agrupaciones que se quedaron sin expresión en las primarias, después de haberse demostrado como las mejores convocantes del pueblo, a juzgar por aquellas multitudinarias manifestaciones y marchas previas a este proceso electoral. Lo que vemos es que los postulantes izquierdistas suelen ser los mismos dirigentes estudiantiles de ayer que ciertamente provienen de los sectores sociales más altos.

El progresismo necesita ahora de una buena dosis de humildad, liberarse de la soberbia que se ha hecho tan recurrente en quienes se han autodesignado candidatos, más allá del compromiso que demostraron desde las federaciones estudiantiles en favor de la reforma educacional. Las manifestaciones masivas de No+APF nunca estuvieron muy acompañadas por el mundo estudiantil, cuando en los años de las marchas universitarias y de los secundarios era elocuente la presencia de los trabajadores, de las organizaciones de DD.HH., de los funcionarios públicos y los movimientos medioambientalistas que, por años, han protagonizado la movilización “social” de los chilenos inconformes o indignados.

No podemos dejar de reconocer que una de las iniciativas que explicaron el arraigo de un partido de extrema derecha en el pueblo, la UDI, fue la voluntad de sus dirigentes de insertarse en las poblaciones y empaparse de la realidad de los pobres y marginados. La misma Iglesia Católica salvó de su descrédito y concupiscencia con los poderosos por la acción de sacerdotes que de sus vetustos templos fueron a las poblaciones a trabajar y “evangelizar a los pobres”, solidarizarse con los excluidos y perseguidos y hasta ofrecieron víctimas y mártires en todo nuestro continente.

Haría falta hoy que las agrupaciones de Izquierda no se conformen con solidarizarse con el pueblo mapuche sino que concurran a La Araucanía a hacerse parte de su justa lucha. Que los jóvenes universitarios no sólo organicen trabajos de verano, sino ejerzan presencia activa y constante en las poblaciones y campamentos. Que se confundan con los sin casa, desempleados, los que reciben pensiones miserables y los que exigen un sistema de salud digno.

La no inclusión de aquellos grupos rebeldes y contestatarios que fueron discriminados por esta nueva organización, explica también el voluntarismo de algunos de sus dirigentes que, por sobre todo, parecieron organizar un referente que los catapultara a las instituciones que representan al sistema institucional. Al que se proponen, como dicen, reemplazar por un orden más solidario y participativo.

Ya se ha demostrado que las grandes transformaciones no se logran desde dentro del sistema u orden constituido. Menos, todavía, cuando se muestra tan autoritario y protegido por los candados que instaló el pinochetismo.

 

Publicado en “Punto Final”, edición Nº 880, 21 de julio 2017.

revistapuntofinal@movistar.cl

www.puntofinal.cl

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=229707 

 

 

Aceleremos el proceso de los pueblos de comprensión "que ya no es suficiente el voto ni el logro de ciertas reformas (económicas, políticas y sociales) mientras se mantengan inalterables las estructuras y subestructuras que sostienen y legitiman al Estado burgués liberal. Ellos tienen que vencer el condicionamiento ideológico que les hace desconfiar de sí mismos y depender de esta clase de políticos, proponiéndose actuar un modo autónomo en la concepción del poder popular soberano, así como de nuevos paradigmas que marquen el comienzo de un modelo civilizatorio diferente al existente. Ello representa una necesidad histórica impostergable. En especial, cuando el gobierno de Estados Unidos amenaza con arremeter contra los pueblos y los gobiernos que se muestren reacios a someterse a su estrategia de dominación imperial". 

 

 

 El sistema y la puja democratizadora del pueblo

5 de septiembre de 2017

 

Por Homar Garcés (Rebelión)

La categorización del sociólogo alemán Max Weber, según la cual “el político por vocación está al servicio de ideales mientras que el político profesional hace de esta noble actividad una carrera para mejorar su status social mediante el dinero y el poder”, tiene -de una u otra manera- raíces en el modelo de Estado burgués liberal heredado de Europa y las relaciones jerarquizadas de poder derivadas de éste, limitando enormemente la existencia de una democracia ejercitada efectivamente y en tiempo real por el pueblo. Con muy reducidas excepciones, cabe aseverar que ésta es una situación común en todas nuestras naciones a través de las diversas etapas de su historia, convirtiéndola en una fatalidad aparentemente inexorable. Sin embargo, han surgido métodos y líneas teóricas que tienen por objetivo la construcción de un género de democracia que responda verdaderamente a los intereses y las necesidades de las mayorías y no únicamente sirva de instrumento para satisfacer las ambiciones egoístas de una minoría. 

Si bien es cierto que las crisis económicas producidas cíclicamente por el capitalismo afectan considerablemente a millones de personas en todo el planeta, obligándolas a sobrevivir de cualquier forma, en algunos casos, en condiciones extremas de explotación y de semi esclavitud, éstas han facilitado
la elaboración de diversas propuestas que tienden, en un primer plano, a deslegitimar todo lo existente y, en un plano más profundo, a la sustitución absoluta del sistema múltiple de dominación engendrado por el capitalismo y su par, el Estado burgués liberal. Algunas de ellas, echando mano a las tesis del socialismo revolucionario mientras otras pretenden resultar más originales respecto a sus fuentes de inspiración (como el nacionalismo y la socialdemocracia); lo que dificulta -de alguna manera- la convergencia de voluntades y de esfuerzos contra dicho sistema, cayendo en sectarismos y dogmatismos que, en vez de dirigirse a su destrucción y reemplazo, conspiran contra sus propios objetivos; desenmascarándose, incluso, contradictoriamente, su carácter antidemocrático. En cuanto a este punto, vale citar a Oscar Enrique León, quien en su libro “Democracia burguesa, fascismo y revolución”, expone que “el papel de la revolución no es salvar a la democracia burguesa, mucho menos haciendo causa común a tales efectos con una derecha moderada. El papel histórico de la revolución es destruir la democracia burguesa, única forma real y realista de acceder a la democracia participativa y el poder popular que ella postula como forma política. En la medida que lo logre, y sólo en tal medida, habrá derrumbado el orden burgués”.

 

Aun cuando ésta no sea la aspiración de los políticos profesionales (llámense de derecha o de izquierda), los sectores populares tendrán que entender que ya no es suficiente el voto ni el logro de ciertas reformas (económicas, políticas y sociales) mientras se mantengan inalterables las estructuras y subestructuras que sostienen y legitiman al Estado burgués liberal. Ellos tienen que vencer el condicionamiento ideológico que les hace desconfiar de sí mismos y depender de esta clase de políticos, proponiéndose actuar un modo autónomo en la concepción del poder popular soberano, así como de nuevos paradigmas que marquen el comienzo de un modelo civilizatorio diferente al existente. Ello representa una necesidad histórica impostergable. En especial, cuando el gobierno de Estados Unidos amenaza con arremeter contra los pueblos y los gobiernos que se muestren reacios a someterse a su estrategia de dominación imperial. 

Para aquellos que lo dudan, o sencillamente no comparten tal punto de vista, les bastará tener presente (y comprender, si se empeñan un poco) que el mayor cuestionamiento a este sistema múltiple de dominación lo realizan, justamente, los sectores populares por la vía de los hechos. Por consiguiente, la confrontación que estos llevan a cabo -en su triple condición de oprimidos, explotados y excluidos- sin ser teórica (o teorizada), deja al descubierto la escasez de argumentos sólidos por parte de los defensores del sistema actual, ya que niega (en muchas situaciones, por medio de la fuerza) la posibilidad de hacer realidad los postulados democráticos, igualitarios y emancipatorios que suelen esgrimirse para perpetuarlo y presentarlo como la mejor opción. En el otro extremo, quienes se oponen obcecadamente a la transformación estructural, implícita en las demandas populares, se hallan al margen de una correcta interpretación de la realidad que tomará forma bajo el capitalismo globalizado en los últimos treinta años. Por ello, ante la inutilidad de su discurso político y de sus acciones violentas para contener la puja democratizadora de los sectores populares, optan por plegarse a los proyectos neoimperialistas estadounidenses, esperanzados en su eficacia para preservar el poder usufructuado. No obstante, la presente etapa de luchas por objetivos comunes constituye un fundamento sólido para impulsar y concretar, como debiera ser, el poder popular soberano y tender a la edificación dinámica de un nuevo modelo civilizatorio, en simbiosis armónica con la naturaleza y el resto de las personas. 

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=231145

En consecuencia, estamos en una etapa histórica donde los territorios y territorialidades son fundamentales para modos de vida en antagonismo irreconciliable con el capitalismo que hoy representa al 1% de la humanidad que está mirando hacia:

 

Paraísos flotantes en el desarrollo del sistema capitalista mundial

 

9 de septiembre de 2017

Por Manuel Acuña Asenjo (Rebelión)

 

A mi buen amigo Juan Alfonso Ramírez, que me alertó oportunamente acerca de este fenómeno.

 

Marco teórico mundial

Nos remitimos, en esta materia, a otros trabajos nuestros en donde hemos caracterizado la actual fase que recorre el sistema capitalista mundial como de ‘expansión’ [1] . Esta nueva fase se abriría en la última década del siglo pasado, más exactamente, entre el año 1990 y el 2000; no tenemos época de término propuesta para la misma.

Basamos esa afirmación en la aparición y propagación en esos años de dos extraordinarios instrumentos de trabajo —a saber, la herramienta universal, computadora u ordenador, y la red mundial denominada INTERNET— que han facilitado el libre flujo del capital por todas las regiones del planeta. No insistiremos al respecto.

 

El capital y el concepto de libertad

Si bien es cierto que en la historia de los diversos modos de producción las sociedades humanas aparecen separándose constantemente, no es menos cierto que esa tendencia alcanza niveles superiores en el modo de producción capitalista (MPK) en donde vemos que un segmento humano se separa del otro para imponerse sobre él y dar origen a dos clases sociales que son compradores y vendedores de fuerza de trabajo.

En la llamada ‘rotación del capital’, que es la fase del desarrollo del proceso productivo, esta segmentación vuelve a producirse. Las clases que se organizaran para dar nacimiento al modo de producción capitalista se dividen, nuevamente, de acuerdo a las fases que recorre el proceso de elaboración de un bien. Aparecen, así, productores de bienes materiales, mercaderes que ofrecen mercancías y cuidadores de dinero o prestamistas; y al otro lado de ellos, vendiéndose por horas, los trabajadores de la producción, del comercio y quienes sirven a los prestamistas. En lenguaje moderno, industriales, comerciantes y banqueros con sus respectivos vendedores de fuerza o capacidad de trabajo.

 

Pero el sistema capitalista aporta un actor más que es el capital, engendro específico, sui generis, producto a la vez que relación social, trabajo objetivado, valor que se valoriza. El capital es un concepto. Y es, además, desde el punto de vista semiótico, una categoría, vale decir, una palabra dotada de significado conceptual.

 

En efecto,

“[…] a diferencia de otros conceptos, el de ‘capital’ es esencialmente dinámico. Y es que, contrariamente a las creencias corrientes, el capital no es dinero; tampoco un conjunto de depósitos bancarios, fortuna personal o algo que se le parezca. Mucho menos, medios de producción. El capital es, en primer lugar, una relación social y, simultáneamente, un valor como lo es la belleza, la bondad, la amabilidad, la justicia, la libertad, la igualdad. No existe en parte alguna que no sea nuestra cabeza. Es un concepto ideológico, una elaboración de la mente a la manera del dinero, que tampoco existe en la naturaleza sino tan sólo en nuestras creencias y convicciones. A diferencia del resto de los valores, que se mantienen estáticos, el capital es un valor que se valoriza, un valor que crece constantemente, que se acrecienta a sí mismo y jamás deja de aumentar. Puede realizar ese milagro de incrementarse permanentemente porque se establece sobre la base de otra construcción teórica ―como lo es el dinero―, sin la participación de la cual todo proceso de acumulación sería ilusorio. El dinero permite la realización de operaciones matemáticas pues sólo se expresa numéricamente; es una medida a la manera del metro, del litro, del kilogramo y facilita, consecuentemente, el cálculo del capital”.

El capital presenta , además, un rasgo muy propio: se trata de un producto que se manifiesta como dotado de vida propia, que parece individuarse, es decir, hacerse cada vez más él mismo e independizarse de toda traba e impedimento que limite su libre actuar. Este rasgo lo hemos descrito en otra parte de la siguiente manera:

 

“Desde siglos inmemoriales, desde que apareciese sobre la tierra, el capital lucha por alcanzar cada vez mayores espacios de libertad. El capital es una creación esencialmente libertaria; es un sujeto en sí y para sí, no para los demás. Por eso busca romper los vínculos familiares que lo ligan a su parturienta, que es el obrero; por lo mismo busca sacudirse la dependencia que lo une al capitalista, propietario suyo. Y a las leyes de la rotación que lo aprisionan. No por otra circunstancia multiplica su apariencia y, como Dios, se vuelve trinidad (capital industrial, bancario y comercial) trocándose en tres personas distintas y una entidad total. Pero su transmutación, por excelencia, es ser capital bancario pues, en tal calidad, se liga al dinero y vive como factor reproductor de sí mismo, expresándose en números y cifras que dan cuenta de su constante acrecentamiento: como capital bancario es producción, banca y comercio a la vez. Y, sin embargo, no es libre totalmente. Necesita disociarse, efectuar una nueva separación, abrirse e independizarse más aún, huir del control de sus propietarios cuya pasividad, a menudo, le resulta mortal”.

 

Esta esencia libertaria del capital —que nos hace recordar aquel poema de Leonidas Andrejev, ese poeta ruso capaz de llevar el concepto de libertad a un paroxismo tal que enmudece (“libertad es hacer aquello que incluso Dios rechaza”)—, se transmite al capitalista, al acumulador de valores, al avaro que busca más para sí y para los suyos como único fin de su existencia.

 

¿Anarcocapitalismo?

Ese concepto de libertad como contrario a lo que el capitalista quisiera hacer o realizar lo expresó brillantemente hace algunos años el billonario Peter Thiel [2] cuando consultado acerca de la libertad indicó:

“La libertad no es compatible con la democracia”.

No por otro motivo se acercó a él entre 2005 y 2008 el nieto de Milton Friedman, Patri Friedman, un sujeto conocido por sus tendencias extremas, a fin de plantearle un proyecto para la instalación de islas artificiales en el mar abierto como refugio ideal para las comunidades libertarias. Un autor (Adam Frucci) asevera haber escuchado a Friedman decir, al respecto:

"La cuestión no es sólo crear un sistema político o un tipo de sistema, sino hacer un producto clave para la creación de nuevos países, a fin de que los lotes de los diferentes grupos intenten muchas cosas diferentes, y todos podamos aprender de ello" [3] .

Patri Friedman, nacido en 1976, ex ingeniero asociado a Google, tiene curiosas concepciones acerca del capital cuya independencia valora en toda su extensión y es, hoy —gracias al apoyo que consiguiera de Thiel—, fundador de la organización ‘Seasteading Institute’, una organización que, bajo el lema ‘La mitad de la superficie del globo no pertenece a ningún Estado’, planea construir ciudades flotantes que podrán regirse por sus propias reglas y elegir sus propios gobernantes. No por algo ha expresado, en un libro que escribiera junto con uno de sus ejecutivos:

“No promovemos ninguna ideología o política particular. Queremos ofrecer una plataforma para que otros intenten las nuevas formas de vivir juntos que los hagan más felices. Algunos colonos pueden querer ensayar una renta básica universal, otros pueden preferir las soluciones del mercado libre. Algunos pueden confiar en la democracia directa electrónica, otros podrán entregar la Administración pública a burócratas, otros podrán usar servicios hechos a la medida del consumidor, o cualquier mezcla de todo eso” [4].

 

Se les ha denominado ‘anarcocapitalistas’ aunque, en verdad, la denominación no es exacta pues, si bien es cierto son contrarios a cualquier limitación al desarrollo del capital y rechazan toda dirección impuesta en ese sentido, no es menos cierto que constituyen una variante del capital bancario (financiero) que busca establecer una región del planeta donde pueda gozarse de esa seguridad.

 

Posibilidades de construir islas en medio del mar

La idea de construir islas en medio del mar no es descabellada. Más, aún: no es tarea difícil pues, hoy, existen los medios tecnológicos para hacerlo. El proyecto se realiza a través del uso de una técnica similar a la empleada para la construcción de las plataformas petroleras que se instalan en el mar. La construcción de islas puede realizarse por medio de unir plataformas similares a aquellas que hemos indicado.

En el caso específico de Artisanípolis, ciudad proyecto creado por los ingenieros de Silicon Valley de acuerdo a las instrucciones dadas por el ‘Seasteading Institute’, para ser instalada en uno de los lugares de la Polinesia francesa, se ha dicho que dicha estructura

“[…] consistirá en un conjunto de plataformas flotantes sobre la superficie del agua . Cada una de ellas podrá moverse por barcos remolcadores hacia diferentes lugares y unirse entre sí para crear enormes formaciones sobre el mar [5] .

China, desde hace varios años ha estado construyendo islas flotantes en el sector de las islas Spratly, conjunto de atolones, arrecifes y bancos de arenas cuyo dominio lo ejerce conjuntamente con Vietnam, Filipinas y Taiwán. Y, a pesar que los trabajos realizados por el país asiático no son similares a los que se emplean para la realización del proyecto del ‘Seasteading Institute’, dicha nación impide que se sobrevuele las construcciones que realiza en ese lugar [6] e, incluso, ha tenido disputas con USA, especialmente en 2015 cuando el USS Lassen, un destructor de misiles guiados,  rompió el límite de 12 millas náuticas (22,2 km) que China reclama alrededor de las islas Subi y Mischief en el archipiélago Spratly [7] . La forma que China ha empleado para levantar esas construcciones —una de ellas cuenta con una pista de aterrizaje de más de 3 mil metros de longitud— ha sido a través de utilizar los arrecifes sumergidos y los atolones

 

“[…] con un proyecto masivo de dragado que comenzó a fines de 2013” [8] .

La idea de construir islas artificiales en el mar no es nueva. Pedro Serrano, arquitecto de la Universidad Federico Santa María, decía que en Hong Kong existen, desde hace cientos de años, pequeñas ciudades flotantes como, también, en algunas costas africanas.

“ Venecia es una ciudad que casi flota, y los uros del Titicaca aún flotan sobre aldeas de totora […] hoy tenemos en el mundo la tecnología para hacer ciudades flotantes, que además pueden viajar. Por lo tanto, no solo son factibles, sino que cada vez en mayor escala. Es posible diseñar islas de un tamaño tal que resulten inalteradas por tormentas y oleajes gigantes, las que podrían albergar millones de habitantes” [9] .

Pero esta idea no es compartida enteramente por los académicos de nuestro país. Para Felipe Link, investigador del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Católica, la realización de semejantes proyectos no es fácil.

“Esto se trata más bien de ciencia ficción y no veo que sea necesario tener ciudades flotantes, aunque sí sean factibles […] En el caso hipotético de que se implementaran, el problema estaría en quién iría a vivir ahí. Se trataría de una especie de aislamiento programado donde los mismos habitantes tendrían que afrontar el desafío de lidiar con las dinámicas urbanas –con los límites físicos de una isla– y de determinar cómo sería el intercambio con el exterior […]” [10]

Para Sebastián Bianchi, director de la Escuela de Arquitectura del Campus Creativo UNAB, la idea es aún prematura.

“Podría tratarse de pequeñas extensiones urbanas artificiales dedicadas al ocio, como hoteles […] Pero también hay que entender que un asentamiento flotante significa desplazar de alguna manera a la ciudad –que por concepto se funda– y hacerla nómada. El agua cerca de los asentamientos ha tenido funciones defensivas o de comercio, pero ¿qué pasaría si puedo desplazarme siempre hacia condiciones climáticas más favorables o reabastecerme en cualquier puerto?” [11]

 

Escepticismo o no, lo cierto es que los proyectos existen y se están llevando a cabo. La isla artificial piloto que proyecta instalar en la Polinesia francesa el ‘Seasteading Institute’ podría comenzar a construirse en dos años más, es decir, en 2019, de acuerdo con una información de prensa.

“El gobierno de la Polinesia Francesa firmó un acuerdo con el Instituto Seasteading para iniciar las obras en sólo dos años” [12].

 

El Seasteading Institute

El Seasteading Institute es una organización creada en 2008 por Wayne Gramlich, empresario de Silicon Valley (California, USA), y Patri Friedman a quien ya nos hemos referido en otra parte de este trabajo. Tiene su sede en California y un sitio en Internet en donde se pueden examinar sus objetivos y proyectos. Su nombre proviene de dos vocablos ingleses (sea, que es ‘mar’ en castellano; y ‘stead’ que es colonizar); una traducción más o menos fiel de ‘Seasteading Institute’ sería ‘Instituto para la Colonización del Mar’. Pero, en realidad, su nombre tiene otro origen histórico y es que Wayne Gramlich había escrito un trabajo suyo sobre el tema de la colonización marítima bajo el nombre de ‘Seasteading: Homesteading in high sea’, trabajo que impresionó vivamente a Friedman quien decidió contactarlo para conversar con él acerca de sus proyectos. El resultado fue que, más tarde, ambos establecieron contacto con Peter Thiel (cofundador de PayPal) quien aportó la suma de 1,7 millones de dólares para el proyecto. Compenetrado en el proyecto, Thiel escribió, más adelante, un trabajo al que puso por título ‘La educación de un libertario’ en donde desarrolla las ideas acerca de la libertad de poder acumular.

El Instituto, que ha pasado ya cinco años diseñando proyectos de islas artificiales en mar abierto, está dirigido hoy por Randolph Hencken, en el carácter de director ejecutivo.

Puede decirse, a grandes rasgos, que el proyecto consiste en

“[…] crear viviendas sostenibles en aguas internacionales” [13] .

Hace algún tiempo, otro de los ejecutivos del Instituto llamado Joe Quirk, en colaboración con Patri Friedman, escribió un libro en donde se condensan todas las ideas que han dado existencia y continuidad al proyecto. El libro, que lleva por título ‘Seasteading’ (‘Colonización marítima’), contiene en su portada algunas ideas centrales en el carácter subtítulo:

“How floating nations will restore the environment, enrich the poor, cure the sick and liberate humanity from politicians” [14] .

El libro comienza interrogándose si acaso la humanidad hizo bien al construir las ciudades en la tierra cuando pudo hacerlo en el mar, para luego soltar la pregunta que se formulan hoy muchas personas:

“¿Está Ud. harto de los políticos?”

Puesto que la respuesta parece obvia, Quirk y Friedman responden con decisión:

“¡Entonces, organice su propio país!”

Entre las ideas que plantea el Instituto pueden verse algunas como las que se indican a continuación:

“Las primeras ciudades flotantes tendrán pisos, oficinas y parques en un clima de pequeño pueblo. Habrá escuelas, tiendas, restoranes, clínicas […]”

Sus habitantes podrán ser, entre otros,

“[…] biólogos marinos, ingenieros náuticos, granjeros acuáticos, abogados marítimos, investigadores médicos, personal de seguridad, inversores, ambientalistas, artistas […]” [15]

 

Lo que pretenden los organizadores del proyecto

No cabe la menor duda que los organizadores de este mega proyecto están intentando alzarse por sobre los poderes que gobiernan la tierra en busca de mayores espacios de libertad; en palabras más simples: el mundo que existe sobre la tierra les ha quedado chico, necesitan emigrar. Ante ellos, el mar se extiende como un inmenso territorio que se hace necesario poblar.

 

Pero tras este sentimiento de libertad a través del cual estos individuos buscan trascender se oculta una suerte de oxímoron. Porque tratan de interpretar en forma colectiva una forma exacerbada de individualismo: se trata de anhelos personales que se interpretan colectivamente. Como si todos mis apetitos personales fuesen la tónica de toda una humanidad. Hay, entonces, una afirmación revestida de negación (o lo contrario) como si se tratara de la deslumbrante oscuridad a la que hacen referencia algunos poetas. Porque es un hecho que los organizadores de este mega proyecto pretenden escapar de las reglas que asfixia a gran parte de los capitalistas cuyas ansias de acumulación no conocen límites. El capital es un valor que se valoriza; si así no lo fuera dejaría de ser tal. Induce, en consecuencia, a la avaricia, a la acumulación incesante. Es, por consiguiente, la avaricia lo que necesita de libertad. Como la libertad que exige el zorro cuando ingresa al gallinero.

No es casualidad que los organizadores de este mega proyecto hayan señalado a propósito de lo mismo que la mitad de la superficie del globo no pertenece a Estado alguno y que las ciudades flotantes tendrían por misión administrarse a sí mismas según lo señalen sus propios organizadores. Y que todo ello puede hacerse, en un principio, como una simple experimentación social. Pero con una limitación: los habitantes deben poseer algún dinero. La residencia no es para quien quiera ni para cualquiera.

 

Como lo expresa con acierto Martín Caparrós:

“Aquí, la perfección consiste en escapar de los Gobiernos y las leyes y los impuestos del mundo conocido: las ciudades flotantes serán, si acaso, barrios cerrados por el mar, más cerrados que ninguno: cerrados a cualquier contacto, a cualquier migración, a cualquier intervención ajena. El ideal de yo para mí mismo porque yo sí que puedo se realizará en esas islas flotantes más que en cualquier otro lugar [16] .

En efecto, la realización del proyecto permite suponer que los dueños del capital muestran un comportamiento similar al que adoptan las clases dominantes en las grandes ciudades, es decir, la huída permanente de quienes les han permitido acumular las riquezas que poseen, la separación constante del conjunto social al que pertenecen, la construcción de viviendas para ellos, sus familias y amigos, cada vez más lejanas de los miembros de la sociedad de la cual forman parte. Con la diferencia que, ahora, lo hacen dirigiéndose al mar. No resulta aventurado suponer que, probablemente, en algún futuro no muy lejano, empezarán a hacerlo hacia el espacio. Los proyectos de colonización de la Luna, de Marte y de otros cuerpos celestes similares no parecen sino entenderse en esa dirección: como si intentasen la permanente huida de quienes producen el plusvalor. Como si la acumulación ininterrumpida fuese una misión divina asignada a ellos para arrancar de quienes la han producido y, de esa manera, acercarse cada vez más a los dioses ancestrales.

 

Importancia de recordar la esencia del dinero y del capital

Sin embargo, huir de las ciudades y de su regulación normativa, huir hacia el mar y flotar sobre las más profundas simas marinas, huir hacia islas artificiales convertidas en focos de acumulación dineraria, hacia esa avaricia sublime que opera sin impedimentos y es llevada a límites cada vez más monstruosos, puede ofrecer algunas dificultades.

La primera de ellas es la naturaleza del dinero que, de una u otra manera, abolida la convertibilidad que lo vinculaba al oro, depende hoy de la autoridad del Estado y de su regulación con otras monedas.

Un estado que se organice al margen de los demás Estados y declare independizarse de los demás, SIEMPRE va depender del dinero y éste del resto de los Estados. Aún cuando se intente hacer valer monedas virtuales (como el ‘bitcoin’ u otros experimentos similares). Va a ocurrir con todas aquellas formas dinerarias que parecían desarrollarse en las postrimerías del siglo 20 como lo fueron los LETS (Local Exchange Trade Systems y otras) que jamás pudieron desarrollarse por su extrema dependencia de otras monedas.

 

La segunda dificultad es la extraordinaria dependencia que el capital mantiene respecto del dinero: el capital SIEMPRE se va a acumular gracias a la existencia del dinero y NUNCA podrá existir sin él. No hay acumulación posible sin dinero y no hay capital posible sin acumulación. Es decir, podrán acumularse bienes físicos o materiales que, más tarde, han de cambiarse por otros bienes mediante el trueque, pero jamás podrá existir acumulación capitalista, es decir, acumulación numeraria o dineraria que es la típica de este sistema y no otra, reservada más bien para modos de producción precapitalistas.

Por consiguiente, la liberación del capital jamás será posible en estas circunstancias, de lo cual se desprende una consecuencia, esta vez, favorable a la acumulación: una isla en donde pueda organizarse una comunidad de personas ricas con gran capital podrá establecerse, sin lugar a dudas; pero esa comunidad jamás podrá romper los nexos con el resto de la comunidad humana pues estará constantemente dependiendo de los flujos de capital que le permiten hacer su voluntad. Pero esos flujos no provendrán sino de la comunidad que existe en los países establecidos en tierra firme. Podrán los habitantes de esas islas gobernarse a sí mismos y, también, gobernar a la humanidad en su conjunto, pero siempre van a depender del trabajo objetivado que se realiza en otros confines, del trabajo que realiza el humilde obrero cogiendo los frutos de la tierra para que los gocen otras personas, o del científico capaz de idear una máquina para desalinizar el agua de mar que van a beber los habitantes de esas islas artificiales.

 

Las zonas económicas especiales

El proyecto del ‘Seasteading Institute’ no podría entenderse sin lo que ha pasado a denominarse ‘Zonas Económicas Especiales’ ZEE (o ‘Special Economic Zone’ SEZ), regiones geográficas que gozarían de un tratamiento legislativo especial orientadas a facilitar el flujo a una economía de libre mercado limitada, a menudo, por las leyes de un Estado o nación. Se trata, en el fondo, de establecer zonas donde no rija la legislación normal sino franquicias especiales para el desarrollo del capital.

“Las Zonas Económicas Especiales es un proyecto que avanza a nivel mundial. La intención es crear zonas geográficas en donde operan una normatividad diferente a la del resto de un país, y su objetivo es brindar condiciones provechosas para la inversión de capital privado. Mediante leyes especiales precariza aún más las condiciones de trabajo, evita impuestos, opera con normas ambientales diferentes y recibe un tratamiento de apoyo especial por parte del Estado” [17] .

Algunos de esos países en donde las ‘Zonas Económicas Especiales’ han podido establecerse han sido latinoamericanos como México y Panamá. Son polos que atraen capitales y pueden hasta ser considerados por los economistas como ‘fuente de inversión extranjera’. Algunas de esas zonas se les denomina ‘Zonas de Libre Comercio’ ZLC (‘Free Trade Zones’ FTZ); Estados Industrales EI (‘Industrials States’ IS)¸ ‘Zonas Libres’ ZL (‘Free Zones’ FZ); etc. No son resistidas por los sectores sociales pues se establecen en las regiones de mayor pobreza cuyo nivel de vida se eleva al entrar la población local a servir a los nuevos dueños de esas tierras. Por lo menos, así ha ocurrido en México donde la instalación de esas zonas cuenta con el apoyo total de la Asociación de Bancos de México ABM. Según un periódico español:

“En días recientes se ha sumado al proyecto la Asociación de Bancos de México (ABM). El plan del gobierno es establecer un “clúster de servicios” que atienda de manera integral las necesidades de los empresarios que inviertan con condiciones degradantes para los trabajadores y los recursos naturales de los lugares donde se lleguen a establecer estas ZEE. Los banqueros se han comprometido a diseñar servicios financieros y programas de crédito adecuados a los intereses del capital que llegue a invertir en el proyecto”

“La Ley Federal de ZEE señala que éstas se establecerán en alguno de los 10 estados con mayor pobreza del país. Lugares donde la inversión extranjera aún no se ha instalado de manera generalizada. Las primeras ZEE aprobadas se establecerán en los estados de Chiapas, Guerrero, Michoacán, Oaxaca, Veracruz y Yucatán” [18] .

Una de las más activas propagadoras de este tipo de zonas es, en la actualidad, Lotta Moberg, ex oficial de las Fuerzas Suecas de Defensa durante el conflicto en Kosovo, y agregada militar del Ministerio Sueco de Extranjería en Rusia. Por estudios académicos no se queda, pues son esos excelentes institutos los mejores instrumentos para entregar especialistas dedicados al desarrollo y preservación del sistema capitalista: estudió economía en las Universidades de Lund y Uppsala, en Don College de Australia, es Philosophie Doctor PhD en la Universidad de George Mason y cuenta con un copioso álbum curricular. Ha escrito el libro que pareciera ser la Biblia de las Zonas Económicas Especiales, intitulado ‘The Political Economy of the Special Economic Zones: Concentrating Economic Development’. No debe sorprender que haya recibido calurosas felicitaciones de otros economistas y académicos por su trabajo.

 

Conclusión

La revolución capitalista sigue su curso, no ha terminado ni, tampoco, afronta una crisis terminal. Menos, aún, el sistema mismo, que goza de buena salud y se activa día a día. Muestra un vigor pavoroso. Y una capacidad de transformación y adecuación que asombra. Recuerda la advertencia de Leon Gieco cuando indicaba que es ‘un monstruo grande y pisa fuerte’, calificación que se hace necesario tener permanentemente presente. Pues se trata del adversario que tenemos por delante. El sistema capitalista mundial continúa, pues, su irrefrenable paso por la historia. Y no va a detenerse en tanto alguien o algo se cruce en su camino, lo desafíe, enfrente y derrote. Porque, el destino de aquel no es diferente al que Thomas Kuhn señalara para los paradigmas: ninguno termina si no existe otro que lo desplaza y se sitúa en su lugar [19] . Pero aquella es una misión que requiere de un sujeto que lo haga, de un sujeto social que tome en consideración su rol histórico, trace un plan, lo convierta en estrategia y actúa para la consecución de ese fin propuesto. Y esa es una tarea pendiente.

Santiago, septiembre de 2017.

Notas:

[1] Acuña, Manuel: “Notas sobre las protestas en las naciones árabes”, documento de abril de 2011. Este es uno de los muchos documentos escritos al respecto.

[2] Peter Andreas Thiel, empresario norteamericano, filántropo, fue asesor y amigo del actual presidente de USA Donald Trump antes de ser elegido, y aportó para su campaña la suma de 1,5 millones de dólares. Muchos se sorprendieron cuando no apareció en la lista de las personas que trabajarían con él en la Casa Blanca. Es fundador de la empresa PayPal Fund y ha hecho excelentes negocios junto a Luke Nosek y Kent Howery, conocidos empresarios estadounidenses, desde 1999.

[3] Caparrós, Martin: “Las ciudades flotantes”, ‘El País Semanal’, versión digital, 06 de julio de 2017.

[4] Caparrós, Martin: Art. citado en (3).

[5] Redacción: “Artisanípolis: el futurista plan de Silicon Valley para construir una ciudad flotante en la Polinesia Francesa”, BBC, 6 de enero de 2017.

[6] Redacción: “ La amenazante advertencia de China a la BBC para que no sobrevuele sus islas artificiales”, BBC, 15 de diciembre 2015.

[7] Redacción: “El enojo de China por el barco de guerra de EEUU que se acercó a sus islas artificiales”, BBC, versión digital, 27 de octubre de 2015.

[8] Redacción: Art. citado en (7).

[9] Guzmán H., Lorena: “El mundo ya se prepara para las ciudades flotantes”, ‘La Nación, versión digital, 16 de abril de 2014.

[10] Guzmán H. Lorena: Art. citado en (9).

[11] Guzmán H. Lorena: Art. citado en (9).

[12] Redacción: “Diseñaron una espectacular ciudad flotante en aguas del Pacífico”, INFOBAE, 17 de enero de 2017.

[13] Redacción: Art. citado en (6).

[14] El título del libro, en castellano, podría ser: “Colonización marítima: cómo las naciones flotantes salvarán el medio ambiente, enriquecerán a los pobres, curarán a los enfermos y liberarán a la humanidad de los políticos”.

[15] Caparrós, Martín: Art. citado en (3).

[16] Caparrós, Martín: Art. citado en (3).

[17] Bagundo, Gabriel: “Bancos, empresarios y burócratas sindicales se suman a las Zonas Económicas Especiales”, ‘Izquierda Diario’, versión digital, 17 de julio de 2017.

[18] Bagundo, Gabriel: Art.citado en (17).

[19] Véase, al respecto, la obra de Thomas Kuhn “La estructura de las revoluciones científicas”. Existen varias versiones en castellano.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=231317

 

 

Componemos la inmensa mayoría de la humanidad pero estamos divididos. Hoy es crucial interrogarnos:

 

 

¿”Pachamámicos” contra “modérnicos”?
28 de mayo de 2010

 

Por Arturo Escobar (CLAES)

 

Comentarios breves a los textos de Pablo Stefanoni sobre el ‘pachamamismo’, o más allá de estos.

"Adónde nos lleva el pachamamismo" e "Indianismo y pachamamismo", de Pablo Stefanoni, se pueden analizar desde muchos puntos de vista –desde su ajuste o no a la realidad hasta las posiciones políticas que parecieran adoptar- En esta breve nota me referiré a un ángulo sin duda menos evidente, como es el de la posición de sujeto que subyace en la voz que los escribe. Por posición de sujeto quiero decir la voz social que los habla (la configuración de conocimiento o ‘episteme’ del que provienen y, más allá de ésta, la ontología o premisas básicas sobre el mundo que conlleva).

Esto también quiere decir que los comentarios que siguen no son tanto sobre el ‘Pablo Stefanoni’ de carne y hueso (y quien espero me perdone el atrevimiento de todas formas) como sobre una identidad históricamente constituida que, a falta de un mejor término, llamaré “los modérnicos” (y aquí me perdonarán que use el masculino solamente). Estas notas, de este modo, bien podrían llamarse ‘Pachamámicos’ contra ‘modérnicos’, y tendré que decir, a modo de advertencia general, que las cosas no son tan simples, pues aún dentro de estas posiciones de sujeto hay gran variedad de posibilidades de discurso. Mi propio comentario, como no faltará quien observe al finalizar su lectura, es más modérnico que pachamámico, aunque deriva su fuerza más intima de esta última alternativa. Finalmente, aclaro que mi comentario no toma como referente el caso boliviano, que sólo conozco de segunda mano. Como se verá, tomo prestado el término pachamámico para referirme a un conjunto más amplio de miradas alternas.
 

La primera clave de mi argumento viene de la aseveración de que “el pachamismo impide discutir seriamente” cosas tan importantes como las identidades indígenas, el capitalismo, el Estado, el desarrollo, o el cambio climático global –y, por ende, la Pachamama misma-. El modernicismo, por contraste, sería aquella posición o estrategia de conocimiento que sí nos iluminaría el camino. Hacer visible la naturaleza histórica de esta posición no es tan difícil, así esto pocas veces ocurra dada la naturalización tan profunda del conocimiento considerado ‘científico’ en nuestras sociedades. Para comenzar, intentemos revertir la película: Digamos entonces: “el modernicismo impide discutir seriamente…”. Tenemos amplia verificación de que este enunciado también es verdadero; ¿o acaso los Estados, economías y sociedades construidas desde el conocimiento modérnico (‘científico’) están funcionando a las mil maravillas? ¿Acaso los Estados que ha alimentado no han sido represivos, las economías explotadoras e injustas, las sociedades normalizantes (Foucault), las naturalezas destruidas? ¿Acaso no es el conocimiento preferido del Banco Mundial, de todos los gobiernos, de las izquierdas y derechas, de todo aquel que se considere ‘civilizado’? Dar alguna validez a esta interpretación nos lleva ineluctablemente a concluir que “el proceso de cambio es demasiado importante para dejarlo en manos de los modérnicos”. A punta de conocimiento científico también se han estado matando y esclavizando los pueblos, o si aún queda duda pensemos en el llamado desarrollo.


Pero no es suficiente sólo revertir la película –además soy consciente de que es algo injusto- De paso aclaro que el conocimiento modérnico también ha producido grandes cosas, y aún está en posición de –más aún, debe— seguir produciéndolas. Así que paso a mi segunda clave: “Sí, son preguntas de un ‘mono-pensador’ pero quizás vale la pena responderlas”, concluye el segundo artículo. Estoy de acuerdo con la segunda parte, y de hecho muchas de las preguntas que hacen los artículos mencionados son válidas e importantes. Pero lo de ‘mono-pensador’ merece comentario pues, a un nivel muy general, sí estamos ante un pensamiento único. Llamaré a este pensamiento eurocéntrico para aludir no sólo a sus orígenes sino a que refleja la constitución histórica de mundos desde la perspectiva de Europa, es decir, occidental y moderna.

 

La expresión más alta del conocimiendo eurocéntrico, además de la tecnociencia, son las ciencias sociales y humanas contemporáneas, desde Marx, Smith, Weber y Durkheim hasta el impresionante panorama de formas que exhiben hoy en día en sus configuraciones paradigmáticas liberal, marxista y postestructuralista. Bien es sabido que entre las condiciones de posibilidad más importantes para la consolidación de estas ciencias se encuentran la secularización de la sociedad y la separación de naturaleza y cultura; en otras palabras, las ciencias modernas (incluidas las sociales) requirieron la expulsión de dios (la espiritualidad) y de los seres no humanos como actores del conocimiento objetivo, y a la magia y el mito como sus prácticas –¡todos estos precisamente ingredientes claves de muchas de las posiciones pachamámicas!- No es de extrañarse entonces que el diálogo entre conocimiento modérnico y pachamamismo sea tan difícil.

Una tercera condición de posibilidad de las ciencias sociales contemporáneas fue la invención del “individuo” racional y separado de la comunidad, que se encuentra con otros individuos para intercambiar en mercados regulados por precios, o que se agrupa en sociedades para crear Estados. Los conocimientos modérnicos, tanto hegemónicos como críticos, comparten de alguna manera estas premisas (con la excepción de la fenomenología como filosofía no dualista, y bien entendida la ecología por su énfasis en las interrelaciones). Los conocimientos modérnicos también comparten una visión desencantada del mundo, como la calificara Weber, de nuevo algo profundamente ajeno a los mundos y conocimientos defendidos por muchos de los pachamámicos. El avance de las ciencias sociales y humanas ha sido vertiginoso durante las últimas seis décadas. Ha sido muy productivo: nos ha dado luces importantes sobre ‘el capitalismo dependiente’, las hibridaciones de las identidades étnicas y el funcionamiento del Estado, entre otras muchas cosas, para usar algunos de los ejemplos de Stefanoni.

 

El problema surge cuando, desde su complejidad, cualquier otro tipo de saber es des/calificado como ‘no científico’, ‘local’, ‘romántico’, incompleto, etc. La complejidad de las ciencias sociales y humanas de hoy en día se basa en lecturas sofisticadas de contextos, historicidades, agentividades, coyunturas, y conectividades. Así, por ejemplo, hay que entender complejamente el cambio climático global en términos de contextos (local, nacional, global; económico, social, político), historias (múltiples causas, genealogías de prácticas), actores (múltiples y heterogéneos), y de las relaciones entre todos los factores anteriores, incluyendo las tensiones y contradicciones de todo tipo que existen entre ellos (por ejemplo la dialéctica entre movimientos sociales y Estados, para citar un ejemplo muy vigente en el caso de los gobiernos progresistas). No es de sorprenderse que desde estas alturas cualquier otro saber o conocimiento se juzgue como deficiente, o sencillamente, ‘pachamámico’.

Mi argumento es que la complejidad del conocimiento académico y la aparente simplicidad del pachamámico son efectos de discurso y, por tanto, de poder –es decir, tienen un comienzo, un periodo de hegemonía, y posiblemente un final, del cual ya pudiéramos estar presenciando los primeros atisbos. Sería imposible presentar en estas líneas el derrotero histórico de la hegemonía del conocimiento modérnico, pero confío en haber dado algunas pistas sobre cómo se generan y funcionan sus efectos.
Pero ahora me interesa pasar a un tercer nivel de análisis para sugerir por un lado que los conocimientos modérnicos (CM) son limitados para iluminar caminos ante la crisis social, ecológica, y cultural actual y, por el otro, que los conocimientos pachamámicos (CP) son vitales para ello. Esto también es una condición histórica. Una forma intuitiva de entrarle a esta proposición nos la da Boaventura de Sousa Santos al afirmar en una de sus obras que estamos enfrentando problemas modernos para los cuales ya no hay soluciones modernas. Se requiere, concluye, una ecología del conocimiento genuinamente plural, la cual a su vez requiere de una justicia cognitiva, es decir, poner en el mismo plano CM y CP; de hecho, buena parte de la importante obra de este pensador está dedicada a este diálogo y las traducciones necesarias entre ambos –así su obra, sospecho, resulte demasiado pachamámica para muchos modérnicos, y viceversa-



Mi cuarto punto se deriva de los anteriores y es simplemente que la crisis ecológica contemporánea es una crisis de modelos de conocimiento y de construcción de mundos; es un argumento que varios pensadores y pensadoras vienen haciendo desde hace al menos dos decenios, entre ellos el ecólogo mexicano Enrique Leff y la filosofa ambientalista australiana Val Plumwood. Como lo aseveran los lideres y lideresas indígenas en muchas de sus cumbres, es una ‘crisis del modelo civilizatorio occidental’. Llamémoslo euro-modernidad. Entre otros rasgos, dicho modelo separa sujeto y objeto, naturaleza y cultura, individuo y comunidad. En términos filosóficos, se puede decir que es un modelo de mundo –una ontología— dualista, el cual ha alcanzado dominación en Occidente en los últimos dos siglos y que se expande al planeta con la modernidad globalizada. Los conocimientos modérnicos son un instrumento esencial en este proceso. Es por tanto necesario visibilizar formas no dualistas de conocimiento y de vida; éstas no sólo existen entre los grupos sociales vistos como pachamámicos (indígenas, afrodescendientes, o aquéllos que continúan teniendo un apego al territorio y el lugar), sino que tiene muchas otras fuentes (ej., la fenomenología y la ecología, ya mencionadas, la agroecología, algunas teorías de complejidad, la biología relacional de Maturana y Varela, la etnografía de modelos locales de naturaleza, el Budismo, algunas corrientes filosóficas de la inmanencia/diferencia, como la obra de Deleuze y Guattari, algunas teorías de redes auto-organizadas, algunos enfoques decoloniales, y quizás algunas perspectivas anarquistas, entre otras).

 

Para crear un espacio post-dualista –que haga visible la relacionalidad constitutiva que existe entre los mundos biofísicos, humanos y sobrenaturales o espirituales— es importante consultar este espectro de fuentes.

Es claro, sin embargo, que los CP que provienen más directamente de movimientos sociales son un espacio de particular relevancia social, política y ecológica de ontologías relacionales. Sin embargo, quisiera pensar que “lo pachamámico” se refiere a toda esta constelación de formas de conocimientos otros, aunque cada fuente tiene sus especificidades. También me parece factible afirmar, así sea de una forma provisional, que al menos algunos de los movimientos sociales y de las tendencias no dualistas ya mencionadas anuncian el surgimiento de la relacionalidad como hecho epistémico, social, político y cultural de gran importancia en el inicio del milenio. Sería algo así como “la revancha de la relacionalidad”.

Quiero enfatizar que esto no quiere decir ni que los CM sean innecesarios ni que los CP sean todos beneficiosos o estén libres de problemas; por un lado, los CM críticos han sido muy útiles, por ejemplo, en la comprensión de la dominación, tanto en su materialidad como en sus aspectos ideológicos. Esto sigue siendo muy importante. Pero se me hace que
los CP pudieran ser más importantes hoy en día para entender lo emergente, aquello que se orienta a la constitución de “mundos y conocimientos de otro modo”, para usar una expresión cercana a los decoloniales. La teoría posestructuralista sigue siendo esencial para entender el problema del poder, pero poco nos dice sobre lo mítico y lo mágico. La economía política nos ilustra sobre muchos aspectos del capitalismo globalizado, pero se queda muda cuando se trata de formas de diferencia económica emergentes que pudieran ser ecológicamente sustentables, etc.

 

Urge entonces tomar en serio los CP en el sentido amplio de la palabra. Para ello hay que empezar por reconocer la tremenda asimetría que ha existido históricamente y que aún existe entre éstos y los CM. Si bien los pachamámicos pueden tomar prestada de los modérnicos su capacidad de autocrítica (una práctica fundamentalmente moderna, pues requiere del famoso distanciamiento cartesiano), estos últimos tendrán que hacer un gran esfuerzo para acallar sus certezas epistemológicas para así realmente escuchar a sus rivales. No en vano estamos ante un régimen moderno de verdad –donde se da por sentada la existencia de “sujetos” y “objetos” de conocimiento, así como “lo verdadero” y “lo falso”— que a pesar de sus logros, como nos lo dice Santos, entre muchos otros y otras autoras, hoy se queda bastante corto frente a los retos históricos de cada sociedad y del planeta.



Y es precisamente esto lo que está en juego con la emergencia de lo pachamámico / relacional: un desafío frontal al régimen moderno de verdad, frente al cual todo lo modérnico –y quizás particularmente en sus versiones académicas, de cualquier lado del espectro político– se estremece; rompe la historia usual del conocimiento. Ya no son los modérnicos o intelectuales de siempre los únicos poseedores de conocimiento válido y de la verdad, los únicos dueños del balón; más aún, ya no hay un solo balón, ni una sola cancha, ni un solo conjunto de reglas de juego. Muchos modérnicos quisieran defender sus privilegios descalificando los CP como locales, románticos, equivocados, simplistas, esencialistas, etc. Y sin duda los CP serán muy limitados para muchas tareas importantes de reconstrucción de los mundos socio-naturales, y se acomodarán a situaciones problemáticas para sobrevivir en muchas ocasiones, o coexistirán en alianzas no completamente dignas con patrones económicos de dominación, etc. Pero en términos generales me parece que estos están mucho más preparados para la discusión impostergable sobre el mundo –los mundos, el pluriverso— que queremos.



Como dijera el maestro Humberto Maturana,
La pregunta que los seres humanos debemos enfrentar es qué queremos que nos pase a nosotros [y al planeta], no una cuestión de conocimiento o de progreso… La pregunta que debemos enfrentar en este momento de nuestra historia es aquélla de nuestros deseos y si queremos o no hacernos responsables de ellos. (Humberto Maturana, Metadesign, 1998;http://inteco.cl/articulos/metadesign.htm"). O como lo dijera alguna vez en una reunión de pensamiento decolonial en Caracas el intelectual, académico, y activista de los mundos afro del Cauca (Colombia) Adolfo Albán, “el problema no es de ciencia, sino de las condiciones para la re-existencia”.

Y es aquí donde el deseo por la modernidad –así sea una ‘modernidad satisfactoria’ que extienda todos los derechos a todas las gentes y eleve a los oprimidos a condiciones más dignas, tan importante como es esta meta— se queda corto en cuanto a la pregunta clave: ¿qué mundos queremos, más allá de lo modérnico en cuyas soluciones ya tantos han dejado de creer?
¿Cómo queremos inter-existir, inter-ser, con todos los seres sintientes –sentipensantes, pues la conciencia no es sólo atributo de los humanos como nos dicen algunos biólogos de la complejidad y muchos pachamámicos— con todos los humanos y no humanos de cada lugar, de cada sociedad, y del planeta / pluriverso? No es ésta una pregunta puramente teórica. “Construir un mundo nuevo es factible”, nos dice Gustavo Esteva desde las experiencias autonómicas en Oaxaca y Chiapas. “Lejos de ser una propuesta romántica, esta postura resulta enteramente pragmática” (“Mas allá del desarrollo: la buena vida”, América Latina en Movimiento 445: 5, 2009). Y, continúa, lo contrario sería no percatarse de que el barco modérnico se hunde, mientras que aquéllos en movimiento relacional entretejen un “archipiélago de convivialidad”, y hacen mingas para el postdesarrollo.

Pero en vez de polarizaciones mayores, sería más constructivo imaginarnos las condiciones para la coexistencia entre CM y CP, es decir, para conversaciones entre pluralismos, más allá de los binarios de la modernidad (ciencia y no ciencia, verdad y falsedad, etc). Una política que asevere que muchos mundos son posibles –una política para el pluriverso— requiere de epistemologías que acepten que muchos conocimientos son posibles. En otras palabras, modérnicos e intelectuales de izquierda deben aceptar que su visión de las cosas es parcial, local, en un pluriverso transmoderno y que el trabajo conjunto requeriría de un verdadero ‘desclasamiento epistemico’ y cultural –bajarse al menos provisionalmente del tren del desarrollo, el conocimiento científico, y la euro-modernidad. Así, tendrán que ceder espacio a otras propuestas, por locales y románticas que les parezcan. Sobre todo, tendrán –tendremos–  que dejar de representar, de mandar, de tener la verdad.

Hasta ahora he mantenido las posiciones de sujeto de modérnicos y pachamámicos para construir mi argumento. Para terminar, es importante desglosar un poco más estas identidades. Es obvio que los lugares sociales de ambas posiciones con frecuencia se sobreponen, aun en una misma persona. Hay modérnicos pachamámicos y pachamámicos modérnicos. Ya Stefanoni mismo se refirió a pachamámicos en ese espacio modérnico por excelencia, la academia (en las universidades Andina de Quito y Duke en EE UU, o en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, donde enseño, podríamos agregar en el mismo espíritu). Pero esta política identitaria ya no funciona en términos tan directos –ya no hay una relación necesaria y esencial obvia entre el color del pasaporte o el lugar de trabajo y la epistemología y posicionamiento político de las personas, si es que alguna vez la hubo. Lo mismo podemos descalificar a un intelectual, académico, o activista por estar en EE UU o en un extraño programa en la Andina que por estar en un programa mas reconocidamente de izquierda en la UBA o en Lima, para no hablar de los espacios hegemónicos, como los departamentos de economía de casi todo el continente que han proporcionado los tecnócratas neoliberales a los fatídicos gobiernos neoliberales de las últimas décadas.

Ninguna posición de sujeto confiere pureza o está libre de complicidades, aunque la participación comprometida en movimientos sociales y el contacto íntimo con “la realidad” otorgan importantes defensas. Más bien podría decirse, “por sus propuestas y prácticas los conoceréis”, es decir, por el régimen de verdad dentro del cual funcionen. Igualmente, desde la perspectiva de CP que he intentado elaborar en estas líneas, es obvio que hay intelectuales pachamámicos no sólo en algunos programas universitarios (así desde lo modérnico se vean como programas quizás demasiado politizados, y ya no son pocos en la región), sino entre los intelectuales-activistas de muchos movimientos sociales. Y
no es cierto, finalmente, que estos no tengan buenas ideas o propuestas claras sobre muchas de las grandes preguntas que se ciernen sobre las sociedades latinoamericanas.

Como he intentado analizar en un libro reciente sobre el tema, los intelectuales del Proceso de Comunidades Negras de Colombia, por ejemplo, han desarrollado todo un cuerpo de conocimiento y prácticas alternativas para enfrentar la grave situación de la región Pacífica del país. Ante la destrucción sin límite propiciada por las estrategias de desarrollo del gobierno en esta importante región de bosque húmedo tropical, este brillante y valiente grupo de activista ha logrado imaginar un Pacífico muy diferente. Llámesele pachamámico, pero la ecología política de este movimiento de comunidades negras contiene propuestas viables para la conservación, la sustentabilidad, y el desarrollo alternativo de esta región. Si son menos o más importantes, mejores o peores, que cualquier propuesta construida desde lo modérnico-desarrollista deben ser objetos de discusión política –
no inferiorizado desde posturas modérnicas auto-superiorizadas, es decir confirmadas solo desde la autoridad discursiva de su propia historia, y completamente fuera de la política.

Soy consciente del carácter provisional y tal vez irresponsable de estas notas; las escribo porque me parece que es importante recoger lo que Stefanoni ha incentivado, quizás sin proponérselo: un dialogo constructivo entre intelectuales-políticos pachamámicos e intelectuales-políticos modérnicos, inimaginable hace unos años, de tal forma que estas posiciones de sujeto idealizadas realmente se entrecrucen, fertilizándose mutuamente. Pienso que las condiciones históricas (epistémicas, sociales, políticas) para ello existen hoy en día, y sin duda hay muchos investigadores e investigadoras que lo hacen en su práctica. Una tarea a realizar es mapear cuidadosamente lo que aquí, quizás muy a la ligera, he llamado CP, y trazar sus genealogías. Con su usual rigor, un comentario reciente de Eduardo Gudynas que circuló por correo-e se encamina en esta dirección. La dimensión política del ejercicio es clara, como apuntara el artículo de Hugo Blanco sobre el tema (Respuesta a “Indianismo y pachamamismo” de P. Stefanoni, Lima 11 de Mayo del 2010, que también circuló en Internet). Y encuentro que el espíritu de diálogo entre configuraciones de conocimiento no está muy lejos de los mismos textos de Pablo Stefanoni como podría pensarse a primera vista.

Los artículos de Pablo Steafanoni citados incialmente son “A dónde nos lleva el pachamamismo” (ver aquí…) e “Indianismo y pachamamismo” (veraquí…).

A. Escobar es un antropólogo colombiano, docente en la Universidad de North Carolina, Chapel Hill, Estados Unidos.

Publicado en Política y Economía, de CLAES / D3E, el 25 de mayo de 2010. Fuente: http://rebelion.org/noticia.php?id=106701

 

 

Tengamos en cuenta lo que Arturo Escobar señala: "Un análisis de la coyuntura regional y planetaria y de cómo ésta se refleja en los debates teórico-políticos del continente nos lleva a postular las siguientes hipótesis. Primero, que el pensamiento crítico latinoamericano no está en crisis, sino en efervescencia. Segundo, que los conocimientos de los pueblos en movimiento, de las comunidades en resistencia y de muchos movimientos sociales están en la avanzada del pensamiento para las transiciones, y cobran una relevancia inusitada para la reconstitución de mundos ante las graves crisis ecológicas y sociales que enfrentamos, más aun que los conocimientos de expertos, las instituciones y la academia. (Aclaro que esto no quiere decir que estos últimos sean inútiles, sino que ya son claramente insuficientes para generar las preguntas y pautas para enfrentar las crisis)".

 

 

 

El pensamiento crítico latinoamericano es más vibrante que nunca

Desde abajo, por la izquierda y con la Tierra
25 de enero de 2016

 

Por Arturo Escobar (Sudamérica Rural)

 

Las contribuciones teórico-políticas para repensar la región reverberan a lo largo y ancho del continente, en los encuentros de los pueblos, en las mingas de pensamiento, en los debates de movimientos y colectivos, en las asambleas de comunidades en resistencia, en las movilizaciones de jóvenes, mujeres, campesinos y ambientalistas, y sin duda también en algunos de aquellos sectores que tradicionalmente se han considerado los espacios del pensamiento crítico por excelencia, tales como las universidades, la academia y las artes.

Un listado de las tendencias más notables del pensamiento crítico latinoamericano tendría que incluir, entre otras, las críticas a la modernidad y a la teoría decolonial; los feminismos autónomos, decoloniales, y comunitarios; la diversa gama de debates ecológicos y de economías alternativas, incluyendo la ecología política, la economía social y solidaria (ESS), las economías comunales; las posiciones autonómicas; otras y nuevas espiritualidades; y las diferentes propuesta de transiciones civilizatorias, el posdesarrollo, el Buen Vivir, y el post-extractivismo. Más importante aún, toda genealogía y catálogo del pensamiento latinoamericano debe incluir las categorías, saberes, y conocimientos de las comunidades mismas y sus organizaciones como uno de las expresiones más potentes del pensamiento crítico. Esta última proposición constituye el mayor desafío para el pensamiento crítico latinoamericano dado que la estructura epistémica de la modernidad (ya sea liberal, de derecha o de izquierda) se ha erigido sobre el borramiento efectivo de este nivel crucial del pensamiento, y es precisamente este nivel el que emerge, hoy en día, con mayor claridad y contundencia.

Un análisis de la coyuntura regional y planetaria y de cómo ésta se refleja en los debates teórico-políticos del continente nos lleva a postular las siguientes hipótesis. Primero, que el pensamiento crítico latinoamericano no está en crisis, sino en efervescencia. Segundo, que los conocimientos de los pueblos en movimiento, de las comunidades en resistencia y de muchos movimientos sociales están en la avanzada del pensamiento para las transiciones, y cobran una relevancia inusitada para la reconstitución de mundos ante las graves crisis ecológicas y sociales que enfrentamos, más aun que los conocimientos de expertos, las instituciones y la academia. (Aclaro que esto no quiere decir que estos últimos sean inútiles, sino que ya son claramente insuficientes para generar las preguntas y pautas para enfrentar las crisis).

Para verlo de esta manera, sin embargo, es necesario ampliar el espacio epistémico y social de lo que tradicionalmente se ha considerado el pensamiento crítico latinoamericano para incluir, junto al pensamiento de la izquierda, al menos dos grandes vertientes que desde las últimas dos décadas han estado emergiendo como grandes fuentes de producción crítica: aquella vertiente que surge de las luchas y pensamientos ‘desde abajo’, y aquellas que están sintonizadas con las dinámicas de la Tierra. A estas vertientes las llamaremos ‘pensamiento autonómico’ y ‘pensamiento de la Tierra’, respectivamente. Mencionemos por lo pronto que el primero se refiere al pensamiento, cada vez más articulado y discutido, que emerge de los procesos autonómicos que cristalizan con el Zapatismo pero que incluyen una gran variedad de experiencias y propuestas a lo largo y ancho del continente, desde el sur de México al suroccidente de Colombia, y desde allí al resto del continente.

 

Todos estos movimientos enfatizan la reconstitución de lo comunal como el pilar de la autonomía. Autonomía, comunalidad y territorialidad son los tres conceptos claves de esta corriente. Con pensamiento de la Tierra, por otro lado, nos referimos no tanto al movimiento ambientalista y a la ecología sino a aquella dimensión que toda comunidad que habita un territorio sabe que es vital para su existencia: su conexión indisoluble con la Tierra y con todos los seres vivos. Más que en conocimientos teóricos, esta dimensión se encuentra elocuentemente expresada en el arte (tejidos), los mitos, las prácticas económicas y culturales del lugar, y en las luchas territoriales y por la defensa de la Pacha Mama. Esto no la hace menos importante, sino quizás más, para la crucial tarea de todo pensamiento crítico en la coyuntura actual, a la cual nos referiremos como ‘la reconstitución de mundos’.

Así, quisiera definir el pensamiento crítico latinoamericano como el entramado de tres grandes vertientes: el pensamiento de la izquierda, el pensamiento autonómico y el pensamiento de la Tierra. Estas no son esferas separadas y preconstituidas sino que se traslapan, a veces alimentándose mutuamente, otras en abierto conflicto. Mi argumento es que hoy en día tenemos que cultivar las tres vertientes, manteniéndolas en tensión y en diálogo continuo, abandonando toda pretensión universalizante y de poseer la verdad. Dicho de otra manera, a la formula zapatista de luchar “desde abajo y por la izquierda”, hay que agregar una tercera base fundamental, “con la Tierra” (hasta cierto punto implícita en el zapatismo).

 

El pensamiento de la izquierda y la izquierda del pensamiento

Qué tantas cosas es la izquierda: teoría, estrategia, práctica, historia de luchas, humanismo, íconos, emociones, canción, arte, tristezas, victorias y derrotas, revoluciones, momentos bellos y de horror, y muchas otras cosas. Cómo no seguir inspirándonos en los momento más hermosos de las luchas revolucionarias socialistas y comunistas a través de su potente historia; al menos para mi generación, cómo no seguir conmoviéndose por la carismática figura del Che, o de un Camilo Torres esperando la muerte con un fusil en la mano que nunca disparó, figuras estas que continúan engalanando las paredes de las universidades públicas de Colombia y el continente y que aún nos hacen sonreír al verlas. Cómo no pensar en el bello e intenso rojo de las banderas de las movilizaciones campesinas y proletarias de otrora, de campesinos aprendiendo a leer con los ubicuos libritos rojos, esperando marchar por el derecho a la tierra. Cómo no incorporar en toda lucha y en toda teoría los principios de justicia social, los imaginarios de igualdad de clase, y los ideales de libertad y emancipación de la izquierda revolucionaria.

A nivel teórico, es imperante reconocer las múltiples contribuciones del materialismo dialéctico y el materialismo histórico, su renovación en el encuentro con el desarrollismo (dependencia), el ambientalismo (marxismo ecológico), el feminismo, la teología de la liberación, el postestructuralismo (Laclau y Mouffe), la cultura (Stuart Hall) y lo poscolonial. Sin embargo, aunque esta amplia gama de teorías sigue siendo claramente relevante, hoy en día, reconocemos con facilidad los inevitables apegos modernistas del materialismo histórico (como su aspiración a la universalidad, la totalidad, la teleología y la verdad que se le cuelan aun a través del agudo lente analítico de la dialéctica). Más aún, no se puede desconocer que vamos aprendiendo nuevas formas de pensar la materialidad, de la mano de la ecología económica, las teorías de la complejidad, la emergencia, la autopoiesis y la auto-organización y de las nuevas formas de pensar la contribución de todo aquello que quedó por fuera en la explicación modernista de lo real, desde los objetos y las ‘cosas’ con su ‘materialidad vibrante’ hasta todo el rango de lo no-humano (microrganismos, animales, múltiples especies, minerales), que tanto como las relaciones sociales de producción son determinantes de las configuraciones de lo real. En estas nuevas ‘ontologías materialistas’ hasta las emociones, los sentimientos, y lo espiritual tienen cabida como fuerzas activas que producen la realidad.

Quisiera recalcar dos nociones de este breve recuento. Por un lado, la ruptura de los nuevos materialismos con el antropocentrismo de los materialismos de la modernidad. Del otro, y como corolario, el ‘desclasamiento epistémico’ a que se ven abocadas aquellas vertientes que usualmente consideramos de izquierda. Por desclasamiento epistémico me refiero a la necesidad de abandonar toda pretensión de universalidad y de verdad, y una apertura activa a aquellas otras formas de pensar, de luchar y de existir que van surgiendo, a veces con claridad y contundencia, a veces confusas y titubeantes, pero siempre afirmativas y apuntando a otros modelos de vida, en tantos lugares de un continente que pareciera estar cercano a la ebullición. Este desclasamiento convoca a los pensadores de izquierda a pensar más allá del episteme de la modernidad, a atreverse a abandonar de una vez por todas sus categorías más preciadas, incluyendo el desarrollo, el crecimiento económico y el mismo concepto de ‘hombre’. Los conmina a sentipensar con la Tierra y con las comunidades en resistencia para rearticular y enriquecer su pensamiento.

 

El pensamiento desde abajo

Un fantasma recorre el continente: el fantasma del autonomismo.

El autonomismo, es una fuerza teórico-política que comienza a recorrer Abya Yala/Afro/Latino-América de forma sostenida, contra viento y marea y a pesar de sus altibajos. Surge de la activación política de la existencia colectiva y relacional de una gran variedad de grupos subalternos –indígenas y afrodescendientes, campesinos, pobladores de los territorios urbanos populares, jóvenes, mujeres solidarias. Es la ola creada por los condenados de la tierra en defensa de sus territorios ante la avalancha del capital global neoliberal y la modernidad individualista y consumista.

Se le ve en acción en tantas movilizaciones de las últimas dos décadas, en encuentros inter-epistémicos, en mingas de pensamiento, cumbres de los pueblos, y en convergencias de todo tipo donde los protagonistas centrales son los conocimientos de las comunidades y los pueblos que resisten desde las lógicas de vida de sus propios mundos. Involucra a todos aquellos que se defienden del desarrollo extractivista porque saben muy bien que “para que el desarrollo entre, tiene que salir la gente”. Son los que luchan, como sostienen los zapatistas, por un mundo donde quepan muchos mundos. Aquellos “que ya se cansaron de no ser y están abriendo el camino” (M. Rozental), de los sujetos de la digna rabia, de todas y todos los que luchan por un lugar digno para los pueblos del color de la Tierra.

A nivel teórico, el autonomismo se relaciona con una gran variedad de tendencias, desde el pensamiento decolonial y los estudios subalternos y postcoloniales hasta las epistemologías del sur y la ecología política, entre otros. Tiene un parentesco claro con nociones tales como la descolonización del saber, la justicia cognitiva y la inter-culturalidad.

 

 Pero su peso teórico–político gravita en torno a tres grandes conceptos: autonomía, comunalidad y territorialidad, sólo el primero de los cuales tiene alguna genealogía en las izquierdas, especialmente en el anarquismo. El autonomismo tiene su razón de ser en la profundización de la ocupación ontológica de los territorios y los mundos-vida de los pueblos-territorio por los extractivismos de todo tipo y por la globalización neoliberal. Esta ocupación es realizada por un mundo hecho de un mundo (capitalista, secular, liberal, moderno, patriarcal), que se arroga para si el derecho de ser ‘el Mundo’, y que rehúsa relacionarse con todos esos otros mundos que se movilizan cada vez con mayor claridad conceptual y fuerza política en defensa de sus modelos de vida diferentes. El autonomismo nos habla de sociedades en movimiento, más que de movimientos sociales (R. Zibechi, refiriéndose a la ola de insurrecciones indígeno-populares que llevaran al poder a Evo Morales), y podríamos hablar con mayor pertinencia aun de mundos en movimiento, porque aquello que emerge son verdaderos mundos relacionales, donde prima lo comunal sobre lo individual, la conexión con la Tierra sobre la separación entre humanos y no-humanos, y el buen vivir sobre la economía.

 

En el lenguaje de la ‘ontología política’, podemos decir que muchas luchas étnico-territoriales pueden ser vistas como luchas ontológicas – por la defensa de otros modelos de vida. Interrumpen el proyecto globalizador de crear un mundo hecho de un solo mundo. Dichas luchas son cruciales para las transiciones ecológicas y culturales hacia un mundo en el que quepan muchos mundos (el pluriverso). Constituyen la avanzada de la búsqueda de modelos alternativos de vida, economía, y sociedad. Son luchas que enfrentan ‘entramados comunitarios’ y ‘coaliciones de corporaciones transnacionales’ (Raquel Gutiérrez A.), buscando la reorganización de la sociedad sobre la base de autonomías locales y regionales; la autogestión de la economía bajo principios comunales, aun si articuladas con el mercado; y una relación con el Estado pero solamente para neutralizar en lo posible la racionalidad del estado. En resumen, son luchas que buscan organizarse como los poderes de una sociedad otra, no-liberal, no-estatal y no-capitalista.

La autonomía es de esta forma una práctica teórico-política de los movimientos étnico-territoriales – pensarse de adentro hacia afuera, como dicen algunas líderes afrodescendientes en Colombia, o cambiando las tradiciones tradicionalmente y cambiando la forma de cambiar, como dicen en Oaxaca. “La clave de la autonomía es que un sistema vivo encuentra su camino hacia el momento siguiente actuando adecuadamente a partir de sus propios recursos”, nos dice el biólogo Francisco Varela, definición que aplica a las comunidades. Implica la defensa de algunas prácticas así como la transformación e invención de otras. Podemos decir que en su mejor acepción la autonomía es una teoría y práctica de la inter-existencia, una herramienta de diseño para el pluriverso.

El objetivo de la autonomía es la realización de lo comunal, entendida como la creación de las condiciones para la autocreación continua de las comunidades (su autopoiesis) y para su acoplamiento estructural exitoso con sus entornos cada vez más globalizados. Las nociones de comunidad están reapareciendo en diversos espacios epistémico-políticos, incluyendo las movilizaciones de indígenas, afrodescendientes y campesinos, sobre todo en México, Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú. Cuando se habla de comunidad se usa en varios sentidos: comunalidad, lo comunal, lo popular-comunal, las luchas por los comunes, comunitismo (activismo comunitario). La comunalidad (la condición de ser comunal) constituye el horizonte de inteligibilidad de las culturas de la América profunda e igualmente de luchas nuevas, aun en contextos urbanos; es una categoría central en la vida de muchos pueblos, y continua siendo su vivencia o experiencia más fundamental. Todo concepto de comunidad en este sentido se entiende de forma no esencialista, comprendiendo ‘la comunidad’ en toda su heterogeneidad e historicidad, siempre surtiéndose de la ancestralidad (el tejido relacional de la existencia comunal), pero abierta hacia el futuro en su autonomía.

Como dicen los comuneros indígenas misak del Norte del Cauca de Colombia, hay que “recuperar la tierra para recuperarlo todo … por eso tenemos que pensar con nuestra propia cabeza, hablando nuestro propio idioma estudiando nuestra historia, analizando y transmitiendo nuestras propias experiencias así como la de otros pueblos” (Cabildo Indígena de Guambia, 1980, citado en Quijano 2012: 257). O como lo expresan los nasa en su movilización, la minga social y comunitaria, "la palabra sin acción es vacía. La acción sin la palabra es ciega. La acción y palabra sin el espíritu de la comunidad son la muerte". Autonomía, comunalidad, territorio, y relacionalidad aparecen aquí íntimamente ligados, constituyendo todo un marco teórico-político original dentro de esta segunda vertiente del pensamiento crítico de Abya Yala/Afro/Latino-América.

 

El pensamiento de la Tierra

La relacionalidad – la forma relacional de ser, conocer y hacer – es el gran correlato de la autonomía y la comunalidad. Así puede verse en muchas cosmovisiones de los pueblos, tales como la filosofía africana del Muntu o concepciones de la Madre Tierra como la Pachamama, Ñuke mapu, o Mama Kiwe, entre muchas otras. También está implícita en el concepto de crisis civilizatoria, siempre y cuando se asume que la crisis actual es causada por un modelo particular de mundo (una ontología), la civilización moderna de la separación y la desconexión, donde humanos y no humanos, mente y cuerpo, individuo y comunidad, razón y emoción, etc. se ven como entidades separadas y autoconstituidas.

Las ontologías o mundos relacionales se fundamentan en la noción de que todo ser vivo es una expresión de la fuerza creadora de la tierra, de su auto-organización y constante emergencia. Nada existe sin que exista todo lo demás (“soy porque eres”, porque todo lo demás existe, dicta el principio del Ubuntusurafricano). En las palabras del ecólogo y teólogo norteamericano Thomas Berry, “la Tierra es una comunión de sujetos, no una colección de objetos”. El Mandato de la Tierra del que hablan muchos activistas nos conmina por consecuencia a ‘vivir de tal forma que todos puedan vivir’. Este mandato es atendido con mayor facilidad por los pueblos-territorio: “Somos la continuidad de la tierra, miremos desde el corazón de la tierra” (Marcus Yule, gobernador nasa). No en vano es la relación con la Tierra central a las luchas indígenas, afro, y campesinas en el contexto actual.

Desde esta perspectiva, el gran desafío para la izquierda y al autonomismo es aprender a sentipensar con la Tierra. Escuchar profundamente tanto el grito de los pobres como el grito de la Tierra (L. Boff, Laudato Si). Es refrescante pensar que de las tres vertientes mencionadas la más antigua es esta tercera. Viene desde siempre, desde que los pueblos aprendieron que eran Tierra y relación, expresiones de la fuerza creadora del universo, que todo ser es ser-Tierra. Podemos decir, sin caer en anacronismo alguno, que las ‘cosmogonías’ de muchas culturas del mundo son el pensamiento primigenio de la Tierra. Es el pensamiento cosmocéntrico de los tejidos y entramados que conforman la vida, aquel que sabe, porque siente, que todo en el universo está vivo, que la conciencia no es prerrogativa de los humanos sino una propiedad distribuida en todo el espectro de la vida. Es el pensamiento de aquellos que defienden la montaña contra la minería porque ella es un ser vivo (M. de la Cadena), o los páramos y nacimientos de agua porque son el origen de la vida, con frecuencia lugares sagrados donde lo humano, lo natural, y lo espiritual se funden en un complejo entramado vital.

El pensamiento de la tierra subyace las concepciones de territorio. “Tierra puede tener cualquiera, pero territorio es otra cosa”, dicen algunos mayores afrodescendientes en el Pacífico colombiano, gran territorio negro. El territorio es el espacio para la evidencia de mundos relacionales. El territorio es el lugar de aquellos que cuidan la tierra, como lucidamente lo expresaran las mujeres de la pequeña comunidad negra de La Toma en el Norte del Cauca, movilizadas contra la minería ilegal de oro: “A las mujeres que cuidan de sus territorios. A las cuidadoras y los cuidadores de la Vida Digna, Sencilla y Solidaria. Todo esto que hemos vivido ha sido por el amor que hemos conocido en nuestros territorios. Nuestra tierra es nuestro lugar para soñar con dignidad nuestro futuro. Tal vez por eso nos persiguen, porque queremos una vida de autonomía y no de dependencia, una vida donde no nos toque mendigar, ni ser víctimas” (Carta abierta de Francia Márquez, líder de La Toma, abril 24 del 2015). Marchando y defendiendo sus derechos, las mujeres de La Toma afirman que “el territorio es la vida y la vida no se vende, se ama y se defiende”.

 

También encontramos el pensamiento de la Tierra en la cosmoacción de muchos pueblos indígenas. El Plan de Vida del pueblo misak, por ejemplo, se explica como una propuesta de “construcción y reconstrucción de un espacio vital para nacer, crecer, permanecer y fluir. El plan es una narrativa de vida y sobrevivencia, es la construcción de un camino que facilita el tránsito por la vida, y no la simple construcción de un esquema metodológico de planeación” (en: Quijano 2012: 263). Por esto, muchos pueblos describen su lucha política como ‘la liberación de la Madre Tierra”. La pregunta clave para estos movimiento es: ¿cómo mantener las condiciones para la existencia y la re-existencia frente al embate desarrollista, extractivista y modernizador? Esta pregunta y el concepto de liberación de la Madre Tierra, son potentes conceptos para toda práctica política en el presente: para la izquierda y los procesos autonómicos tanto como para las luchas ambientales y por otros modelos de vida. Vinculan justicia ambiental, justicia cognitiva, autonomía, y la defensa de mundos (J. Martínez-Alier, V. Toledo).

 

Para nosotros, los urbano-modernos, que vivimos en los espacios más marcados por el modelo liberal de vida (la ontología del individuo, la propiedad privada, la racionalidad instrumental y el mercado), la relacionalidad constituye un gran desafío, dado que se requiere un profundo trabajo interior personal y colectivo para desaprender la civilización de la desconexión, del economismo, la ciencia y el individuo. Quizás implica abandonar la idea individual que tenemos de práctica política radical. ¿Cómo tomamos en serio la inspiración de la relacionalidad? ¿Cómo re-aprendemos a inter-existir con todos los humanos y no-humanos? ¿Debemos recuperar cierta intimidad con la Tierra para re-aprender el arte de sentipensar con ella? ¿Como hacerlo en contextos urbanos y descomunalizados?

¿Salir de la modernidad?

El desclasamiento epistémico de la izquierda implica atreverse a cuestionar el desarrollo y la modernidad. Sólo de esta forma podrá el pensamiento de izquierda participar en pensar y construir las transiciones civilizatorias que se adumbran desde el pensamiento autonómico y de la Tierra. Como es bien sabido, el progresismo de las últimas dos décadas ha sido profundamente modernizador, y su modelo económico está basado en el núcleo duro de premisas de la modernidad, incluyendo el crecimiento económico y el extractivismo.

Tanto en el Norte Global como en el Sur Global, el pensamiento de las transiciones tiene muy claro que las transiciones deben ir más allá del modelo de vida que se ha impuesto en casi todos los rincones del mundo con cierta visión dominante de la modernidad. Salir de la modernidad sólo se logrará caminando apoyados en las tres vertientes mencionadas. Sanar la vida humana y la Tierra requieren de una verdadera transición “del período cuando los humanos eran una fuerza destructiva sobre el planeta Tierra, al período cuando los humanos establecen una nueva presencia en el planeta de forma mutuamente enriquecedora” (T. Berry). Significa caminar decididamente hacia una nueva era, que algunos denominan como ‘Ecozoica’ (la casa de la vida; T. Berry/L. Boff). El cambio climático es solamente una de las manifestaciones más patentes de la devastación sistemática de la vida por la modernidad capitalista.

La liberación de la madre Tierra, concebida desde el cosmocentrismo y la cosmoacción de muchos pueblos-territorio, nos invitan a ‘disoñar’ el diseño de mundos. Este acto de disoñacion y de diseño tiene como objetivo reconstituir el tejido de la vida, de los territorios, y de las economías comunalizadas. Como lo dice un joven misak, se trata de convertir el dolor de la opresión de siglos en espereza y está en la base de la autonomía. Para los activistas afrocolombianos del Pacífico, tan impactado por las locomotoras desarrollistas, esta región es un Territorio de Vida, Alegría, Esperanza, y Libertad. Hay un sabio principio para la práctica política de todas las izquierdas en la noción de tejer la vida en libertad.

Las tres vertientes presentadas no constituyen un modelo aditivo sino de múltiples articulaciones. No son paradigmas que se reemplazan nítidamente unos a otros. Queda claro, sin embargo, la necesidad de que la izquierda y el autonomismo (y el humano) devengan Tierra. El humano ‘post-humano’ – aquel ‘humano’ que emerja del final del antropocentrismo – habrá de aprender de nuevo a existir como ser vivo en comunidades de humanos y no-humanos, en el único mundo que verdaderamente compartimos que es el planeta. La re-comunalización de la vida y la re-localización de las economías y la producción de los alimentos en la medida de lo posible – principios claves de los activismos y diseños para la transición – se convierten en principios apropiados para la práctica teórico-política del presente. En esto yace la esperanza; al fin y al cabo, “la esperanza no es la certeza de que algo pasará, sino de que algo tiene sentido, pase lo que pase” (G. Esteva).

Aquéllos que aun insistan en la vía del desarrollo y la modernidad son suicidas, o al menos ecocidas, y sin duda históricamente anacrónicos. Por el contrario, no son románticos ni ‘infantiles’ aquellos que defienden el lugar, el territorio, y la Tierra; constituyen la avanzada el pensamiento pues están en sintonía con la Tierra y entienden la problemática central de nuestra coyuntura histórica, las transiciones hacia otros modelos de vida, hacia un pluriverso de mundos. No podemos imaginar y construir el postcapitalismo (y el postconflicto) con las categorías y experiencias que crearon el conflicto (particularmente el desarrollo y el crecimiento económico). Saltar al Buen Vivir sin completar la fase de industrialización y modernización es menos romántico que completarla, ya sea por la vía de la izquierda o de la derecha. No podemos construir lo nuestro con lo mismo … lo posible ya se hizo, ahora vamos por lo imposible (Activistas indígenas, campesinos y Afrodescendientes, Tramas y Mingas por el Buen Vivir, Popayán, 2014).

Podremos atrevernos a afirmar que Abya Yala/Afro/Latino-América hoy presenta al mundo, en la complejidad de su pensamiento crítico en las tres vertientes tan esquemáticamente resumidas, un modelo diferente de pensar, de mundo, y de vida. En esto – y a pesar de todas las tensiones y contradicciones entre las vertientes y al interior de cada una de ellas – radicaría ‘la diferencia latinoamericana’ para la primera mitad del Siglo XXI. Algo que si podemos decir con certeza, con la gran Mercedes Sosa, es que pueblos, colectivos, movimientos, artistas e intelectuales caminan la palabra ‘por la cintura cósmica del sur’ en ‘la región más vegetal del tiempo y de la luz’ que es el hermoso continente que habitamos. Gracias a la vida, que nos ha dado tanto…


Arturo Escobar es profesor de antropología en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill e Investigador Asociado del Grupo Cultura/Memoria/Nación de la Universidad del Valle en Cali. Ha sido profesor visitante de universidades en Ecuador, Argentina, España, Finlandia, Mali, Holanda, e Inglaterra. Sus intereses principales son: la ecología política, el diseño ontológico, la antropología del desarrollo, los movimientos sociales y la tecnociencia. Durante los últimos veinte años ha colaborado con organizaciones y movimientos sociales afro-colombianos en la región del Pacífico colombiano, particularmente el Proceso de Comunidades Negras (PCN). Su libro más conocido es La invención del desarrollo (1996, 2ª. Ed. 2012). Sus libros más reciente son Territorios de Diferencia: lugar, movimiento, vida, redes (2010); Una minga para el postdesarrollo(2013); y Sentipensar con la Tierra. Nuevas lecturas sobre desarrollo, territorio y diferencia (2014). Algunos de sus textos pueden ser consultados en http://aescobar.web.unc.edu/

http://www.sudamericarural.org/promocion/articulos-de-opinion/promo/783-desde-abajo-por-la-izquierda-y-con-la-tierra

Fuente: http://rebelion.org/noticia.php?id=208132

 

 

 Alternativas postcapitalistas

 

 

Desenmascaremos a Evo Morales como impostor respecto a su identificación con los pueblos originarios y a su defensa de la Madre Tierra, también en referencia a su partido que siendo de izquierda marxista promovió el desarrollo del capitalismo. Desde esta toma de partido es lógica su imposición de la autopista en el TIPNIS pues existe:

 

Mundialización del capital en perspectiva

26 de agosto de 2017

Por Rolando Astarita

 

El triunfo del Brexit, la retirada de EEUU del Acuerdo Trans-Pacífico (TPP por sus siglas en inglés) y la revisión del NAFTA abren el interrogante sobre si no asistimos a un cambio estructural de la economía mundial, revirtiendo la globalización.

Nuestra respuesta provisoria es que, si bien ha habido, a partir de la crisis de 2007-2009, una desaceleración del crecimiento del comercio global y de los flujos transfronteras de capital, nada lleva a pensar que, en el futuro más o menos inmediato, retroceda de manera importante la internacionalización de la economía. En particular, nada parecido a lo ocurrido durante los 1930, cuando el mercado mundial literalmente se quebró, y el comercio se hundió un 30%. La participación del comercio en el producto mundial ha venido aumentando de forma sostenida, y la crisis de 2007 no parece haber revertido esa tendencia.

Es cierto, sin embargo, que los flujos transnacionales de capital cayeron un 65% desde 2007; bajaron desde 12,4 billones de dólares antes de la crisis a 4,3 billones en 2016. En términos del producto global, pasaron de representar el 11,5% en el período 2000-2010, al 7,1% en 2010-2016 (véase “The new dinamics of financial globalization”, McKinsey, agosto 2017; también para lo que sigue). Pero aun así, en los últimos años fueron casi dos puntos porcentuales más altos que en el período 1990-2000, cuando promediaban el 5,3%. Más importante aún es que, a pesar de una retracción post-crisis, la inversión extranjera directa, IED, se mantuvo a un nivel relativamente elevado.

Globalmente, los flujos de IED e inversión en acciones representaron el 69% de los flujos financieros totales en 2016 (contra el 37% antes de la crisis de 2007; informe McKinsey, citado). El resultado es que el stock de IED en términos de producto mundial alcanzó en 2016 el 35% (contra menos del 10% en 1990)

Lo anterior explica también que no se haya detenido la internacionalización del capital. Actualmente más de un cuarto de las acciones alrededor del mundo están en posesión de inversores extranjeros, contra el 17% en 2000. En los mercados globales de bonos, en 2016 el 31% estaban en manos de extranjeros, contra el 18% en 2000. Y la participación de los países en desarrollo en la IED total pasó del 8% en 2007 al 14% en 2006 (datos informe McKinsey, citado).

 

La internacionalización de la producción

El crecimiento de la IED y del comercio mundial fue de la mano de la internacionalización de los procesos productivos a través de las cadenas globales de valor. Esto es, los procesos productivos se fragmentan de manera creciente y los bienes y servicios se producen secuencialmente en etapas en diferentes países. Las cadenas de valor están extendidas en las ramas del automóvil, textiles, electrónica y otras. Un teléfono Apple, por ejemplo, es fabricado en EEUU, Japón, Corea del Sur, Países Bajos, Francia, Italia, China y a veces incluso India y Vietnam. Un avión Boeing 787 es producido en 66 países diferentes (The Economist, 10/12/16). Las multinacionales estadounidenses del automóvil están profundamente imbricadas con la producción en México; las empresas alemanas con las cadenas de suministros en Polonia y Turquía; las japonesas con el Este asiático. En 2010 el 28% de las exportaciones brutas consistían en valor agregado que primero era importado por países solo para ser incorporado a productos o servicios que luego eran exportados de nuevo. Alrededor de 5 billones de dólares de los 19 billones que componían las exportaciones brutas globales en 2010 fueron de hecho doblemente contabilizados. Los países atrasados participan en las cadenas globales de valor, lo cual contribuyó a que su parte en el comercio del valor agregado global pasara del 20% en 1990 a más del 40% en 2012 (véase “World Investment Report, 2013”, UNCTAD). Dice la OECD:

“Las cadenas de valor han aumentado la interdependencia entre los países. Los insumos intermedios tales como partes y componentes son fabricados en un país y luego exportados a otros países para seguir su producción o para alimentar las líneas de ensamblado final. Esto lleva al aumento del comercio con proveedores y del comercio intra empresa. (…) Las cadenas de valor también aumentaron los flujos de inversión extranjera directa. Los flujos de inversión internacional, tanto de cartera como directa, aumentaron más fuerte que el aumento del comercio mundial, pero son altamente volátiles” (“OECD Economic Globalisation Indicators, 2010”).

El abaratamiento de costos, en especial de mano de obra, es un motor decisivo en esta expansión. “La compensación horaria total en el sector de la industria automotriz es aproximadamente un 80% menor para los trabajadores mexicanos en comparación con los trabajadores de EEUU. Considerando el tiempo de ensamblaje de un auto típico de tamaño medio, un fabricante puede ahorrar 600 dólares por vehículo en costos laborales. La compensación horaria en 2013 en México, en la industria automotriz, era 8,24 dólares; en EEUU 46,35 dólares” (D. Welch y D. Merrill, “Why Trump Tariffs on Mexican Cars Probably Won’t Stop Job Flight”, Bloomberg, 4/01/17). Y en un país como Vietnam el salario mensual promedio de un obrero de la industria es de apenas 120 dólares, contra unos 2000 dólares en un país desarrollado.

 

A pesar del Brexit y de Trump…

Claramente el Brexit y el nuevo proteccionismo de Trump van en contra de la tendencia a la creciente internacionalización del capital. Sin embargo, difícilmente reviertan el proceso, que está impulsado por el capital en general. Después de todo, Gran Bretaña se retira de la UE pero considera un acuerdo de libre comercio con China. Y el mismo Trump propone establecer nuevos acuerdos bilaterales de comercio. Pero además,  las EMN, incluidas las estadounidenses, presionan por la liberalización del comercio y el movimiento de capitales. En palabras de la nota del Economist, ya citada: “Las empresas multinacionales de EEUU están profundamente ligadas a la cadena global de valor. En 2013 las afiliadas internacionales de las EMN estadounidenses generaban el 28,6% de las exportaciones de bienes de EEUU y proveían el 36,6% de las importaciones de bienes. Del total del déficit por 702.600 millones de dólares del comercio de bienes, 385.800 millones, o el 54,9%, era causado por el comercio entre las mismas casas matrices de las EMN estadounidenses y sus afiliadas. La única manera de acabar con el déficit comercial es que las EMN americanas se retiren de las cadenas de valor, lo cual suena poco realista”. Necesitan que el planeta se conforme como un campo de maniobra en el que se despliegue a plenitud la explotación global del trabajo, aprovechando los bajos salarios y otras condiciones favorables para el capital.

Aunque no se trata solo de las multinacionales: los granjeros estadounidenses, por ejemplo, se benefician de la inmigración mexicana, a la que sobre-explotan aprovechándose de su situación precaria en EEUU (se calcula que el 70% de la fuerza laboral del campo carece de papeles de inmigración válidos). Los planes de Trump de cortar la inmigración mexicana en este caso lo enfrentan con su propia base de votantes (véase A. Bjerga y P. Lara, “Trump Deportation Policy to Echo in Real Time as Farm Wages Rise”, Bloomberg, 24/02/17). También empresas estadounidenses trabajo intensivas, que se benefician de los bajos salarios y sobre-explotación a los trabajadores mexicanos, piden que se mantenga abierta la inmigración (J. Nocera, “Trump’s Deportation Plan is Economic Suicide”, Bloomberg, febrero 2017).

Pero además, continúa el proceso de internacionalización de  otras economías capitalistas. La participación de China en las finanzas globales pasó de ocupar el puesto 16 en 2005 al octavo. En 2016 el stock chino de préstamos bancarios extranjeros, IED e inversiones de cartera en acciones y bonos alcanzó los 3,4 billones de dólares. Es improbable que la economía china se vuelva a encerrar en las fronteras nacionales. Como afirmó el premier Li Kequiang “a pesar de retrocesos recientes, la globalización se mantiene como una tendencia irreversible de nuestros tiempos” (3/11/16). Actualmente China está en conversaciones para formar un bloque comercial asiático, el Regional Comprehensive Economic Partnership (RCEP), que incluiría a Australia, India, Japón, Corea del Sur, Nueva Zelandia y los 10 miembros de ASEAN. También promueve su proyecto, lanzado en 2013, One Belt, One Road (OBOR), con el que busca conectarse más estrechamente con Asia Central, el mundo árabe y otras regiones.

Por otra parte, Rusia, promovió recientemente la Unión Económica Euroasiática, un bloque económico con Armenia, Belarusia, Kazakhstan y Kyrgyzstan, que está considerando 40 acuerdos de libre comercio, incluyendo iniciativas con Singapur y Tailandia. Merkel y los alemanes, se opusieron al proteccionismo de Trump y llamaron a continuar con los acuerdo bilaterales de comercio. Y Japón está tratando de concluir un acuerdo económico con la Unión Europea; también está negociando con China y Corea del Sur y participa en las conversaciones RCEP. Significativamente, el primer ministro Abe declaró que el retiro de EEUU del TPP hará que los países asiáticos adhieran a RCEP. El establishment estadounidense se queja por el mismo motivo: “Si EEUU, o Trump, ahora ve a China como un adversario, al dejar el TPP ha creado una avenida de oportunidad para el dragón del este. Mucha gente veía al TPP como un contrapeso a China. Por ejemplo, la industria electrónica consideraba el TPP como una protección frente a las importaciones baratas chinas. El TPP habría dado a las compañías de EEUU nuevas fuentes y cadenas de aprovisionamiento… Ahora puede que China recoja los beneficios de esas oportunidades” (A. Graceffo: “Trump’s New Protectionism: Economic and Strategic Impact”,  Foreign Policy Journal, 1/02/2017).

Más en general, 58 países adoptaron unas 124 de las llamadas políticas de inversión en 2016, la cifra más alta desde 2006; solo la quinta parte de ellas se destinaron a restringir las inversiones. Los acuerdos internacionales de inversiones siguen creciendo. Por otra parte, actualmente casi el 60% de los flujos de comercio no pagan tarifas, y otro 20% pagan tarifas menores al 5% (WTO). Todo esto no niega la existencia de medidas y tensiones proteccionistas; pero, subrayamos, no parecen modificar el vector de fondo.

 

Para concluir, enfaticemos lo que ya hemos planteado en otras notas y escritos: el impulso a la extensión planetaria del mercado -y con él, de la relación capitalista- es inherente a la naturaleza del capital. “La tendencia a crear el mercado mundial está dada directamente en la idea misma del capital. Todo límite se le presenta como una barrera a salvar. Por de pronto, [el capital] someterá todo momento de la producción misma al intercambio y abolirá la producción de valores de uso directos, que no entran en el intercambio; es decir, pondrá la producción basada sobre el capital en lugar de los modos de producción anteriores, más primitivos desde el punto de vista del capital. El comercio ya no aparece aquí como función que posibilita a las producciones autónomas el intercambio de su excedente, sino como supuesto y momento esencialmente universales de la producción misma” (Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política (Grundrisse) 1857-1858, t. 1, p. 360). Este proceso que Marx entreveía en el siglo XIX, hoy se despliega en toda su magnitud. Cada vez más la producción se subsume al mando del capital y se agudiza la contradicción entre el capital y la clase obrera global. La internacionalización de las economías trae aparejada una creciente presión sobre la clase obrera de todos los continentes y regiones. El chantaje de la huelga de inversiones -“si los trabajadores no aceptan bajos salarios y tales o cuales condiciones laborales, no invertimos”- se intensifica y adquiere dimensiones planetarias. Es necesario oponer un programa obrero e internacionalista a esta dictadura globalizada del capital.

Fuente: https://rolandoastarita.blog/2017/08/26/mundializacion-del-capital-en-perspectiva

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Reconozcamos, sin embargo, que todos los partidos de izquierda y una mayoría de la izquierda social de Argentina al centrar sus relaciones con las comunidades y pueblos en las elecciones de la democracia burguesa se alejan de la lucha de clases con perspectivas revolucionarias. En efecto:

 

 

"Cada vez es más marcada la identificación de la izquierda con

la figura política burguesa del gestor que resuelve problemas"

1 de septiembre de 2017

 

Contrahegemoniaweb entrevista al escritor y militante popular Miguel Mazzeo

 

 

 ¿Qué estrategias de construcción tendría que darse la izquierda revolucionaria y con qué práctica política?

Una izquierda revolucionaria, radical, socialista, no debería abjurar de una estrategia orientada a la construcción de espacios de autorregulación de la convivencia social más allá del Estado y más allá del capital. Una estrategia tendiente a revertir el proceso de descolectivización social y política, que otorgue cuotas de materialidad a la fuerza del pueblo trabajador y que contribuya a la identificación/diferenciación de sus intereses, que ponga en acción una fuerza práctica orientada a la realización de ideas emancipatorias. O sea, una izquierda que aspire a la condición de revolucionaria debería fundar una política emancipatoria desde las bases, construir espacios autogestionarios de reproducción de la vida y espacios de deliberación y politización no liberales y reconstruir la polis. Debería articular nodos de una democracia radical (autogobierno) y comunalizar el poder.

Y si bien esta es una formulación muy general y ambiciosa, queda claro que buena parte de la izquierda argentina que en algún momento se le arrimó, en los últimos tiempos tiende a abandonarla, sobredimensionando las posibilidades que ofrece un campo delineado por y para las clases dominantes, siguiendo la línea de menor resistencia, sin cuestionar los condicionamientos del capital y en función de gestar –en algunos casos abiertamente– una nueva vía reformista. (Usamos una palabra del viejo lenguaje político pero aclaramos que no nos convence del todo). La izquierda tradicional, por su parte, mantiene en alto los fundamentos anticapitalistas y las banderas del socialismo. Lo que constituye un mérito enorme en este contexto y hay que reconocerlo y valorarlo. Pero como sigue igual a sí misma: dogmática, vertical, sectaria, desarraigada, no tiene muchas chances de masificarse y convertirse en alternativa real de poder.

En general, consideramos que existe una tendencia de la izquierda a adaptarse cada vez más a los juegos de la política convencional, lo que en algún sentido refleja su aceptación de la subjetividad dominante respecto de lo posible. Y, hoy por hoy, lo posible es una restauración, un retorno a los tiempos del “capitalismo con rostro humano” y al neo-desarrollismo “con inclusión”. Pocas veces en las últimas décadas, ha resonado tan reiteradamente la expresión “no hay otra”. Que, en realidad, en muchos casos, podría decodificarse: “no hay otra… que sumarse al kirchnerismo, tardía y culposamente como la única forma de resistir al reflujo”. ¿Acaso no puede verse esta postura como una forma de aportar una cuota más al reflujo desde la izquierda? Creemos que existen otras formas de resistencia que no alientan la integración/disolución de los espacios más críticos, que no ponen en juego su sobrevivencia.

 

En los últimos años se acumularon demasiados indicios respecto de las limitaciones de las vías llamadas “progresistas”: el no reconocimiento del carácter sistémico de la crisis del capital, su desinterés en modificar las estructuras económicas y sociales junto con las tendencias a la profundización de la matriz extractivista, su orientación a la redistribución del ingreso por la vía del consumo sin socialización y democratización de los medios de producción, su aceptación a rajatabla de la vieja institucionalidad, sus compromisos con las clases dominantes, su temor al protagonismo social directo, su incapacidad para promover cambios en las superestructuras, etcétera. Entonces, cuesta entender que, justo cuando estas taras quedan bien expuestas en el plano nacional y continental, una parte de la izquierda, algunos movimientos sociales y algunas organizaciones populares decidan que es el momento de subirse a ese tren (que antes no abordaron en aras de la fidelidad a un proyecto emancipador) para recomponer la vía reformista. Es difícil no ver en esa opción una especie de intento de oportunismo fallido y extemporáneo. El avance de la derecha en el gobierno, en el Estado y en la sociedad, es un dato fundamental pero no alcanza para explicar dosis tan elevadas de conformismo y la renuncia a construir un proyecto que vaya más allá de la gestión progresista del ciclo y las reformas democráticas.

Luego, en líneas generales, la izquierda cae en las redes de la representación y la delegación, en las redes del electoralismo, incluyendo a la izquierda tradicional. O sobre todo la izquierda tradicional.

 

Percibimos que es cada vez más marcada la identificación de la izquierda con la figura política burguesa del gestor o el/la que resuelve problemas. Eso no sólo remite a una coincidencia formal o táctica con la ideología dominante, se trata de una coincidencia ideológica, de fondo. La izquierda, de este modo, contribuye con los procesos de despolitización de la sociedad civil popular o promueve formas de politización que son verticales y acotadas. El discurso de la política como gestión (para colmo de males: una gestión individualizada) genera sujetos a-críticos y conformistas, no produce sujetos políticos críticos y rebeldes, obtura cualquier confrontación auto-consciente de los trabajadores y las trabajadoras. Se trata de una política de la despolitización, abiertamente antipedagógica que no hace más que alimentar la representatividad social y electoral de la derecha.

Entonces, para quienes se niegan a renunciar a un horizonte de transformaciones radicales pocas veces el escenario político argentino se presentó tan pero tan opaco. Entre otras cosas porque las intervenciones políticas de la izquierda se deterioran cada vez más y deterioran la conciencia de las bases. Sus referentes públicos se asemejan a administradores de consorcios o algo por el estilo. El problema de fondo es que la praxis política de la izquierda termina convirtiendo en referencia social organizativa a los formatos tradicionales de las clases dominantes. Naturaliza el mercado, la gestión, la empresa privada, junto con la representación, la delegación, etcétera. No promueve formas de ser y estar en el mundo que sean alternativas a las hegemónicas. Por el contrario, termina ratificando estas últimas.

 

La campaña electoral y las PASO de agosto de 2017 pusieron en evidencia que buena parte de la izquierda está atravesada por los modos de la denominada “pospolítica” con sus técnicas gerenciales a las que presenta como “técnicas neutrales”. Con un agravante: no logra utilizarlas con eficacia. O sea, cambia la formación militante y la pedagogía crítica por el marketing y la manipulación de la militancia y las bases, las tareas de organización popular y la solidaridad de clase por las decisiones técnicas, el desarrollo de las formas autónomas de producción y reproducción de la vida por las formas heterónomas auspiciadas por las “políticas públicas”. También ahueca el discurso, busca disociarlo de las ideologías (lo que no deja de ser una maniobra ideológica), despolitiza al Estado. Todo eso, sin “réditos” de ninguna especie. Quiere incursionar en el espacio intra-sistémico y encima le sale muy mal. En lugar de revertir el proceso de despolitización popular impulsado por el kirchnerismo (o el proceso de politización acotada y subordinada) busca aprovecharse del mismo. Pero en ese terreno tiene mucha competencia. O sea: renuncia a la celebración de la vida, la militancia y la rebeldía, pero también al goce del poder.

Al abjurar de sus rasgos más auténticos, se torna patética, decadente. Gradualmente desdibuja sus mejores perfiles. Creemos que, de no rectificar el rumbo, de no ofrecerse como un componente más de la argamasa para algo nuevo, sus dirigentes, cuadros y referentes, expuestos a los típicos procesos del “transformismo”, probablemente terminen integrándose a alguna elite política del sistema. Por cierto, algunos y algunas ya han avanzado en ese sentido. Cabe señalar que los movimientos sociales y las organizaciones populares no han estado y no están exentas de caer en los modos del gerenciamiento pospolítico. Existe una especie de círculo vicioso de la pospolítica que degrada, a la vez, a los colectivos populares y a las organizaciones políticas referenciadas con ellos.

Usamos el concepto de pospolítica. También podríamos recurrir a un lenguaje un poco más riguroso y decir: alienación o superstición política que dan cuenta, claro está, de un abanico de alienaciones y supersticiones.

 

 ¿Cuáles serían las potencialidades y los límites para desarrollar esas estrategias?

Las potencialidades responden a que, a pesar de todo, perduran en la sociedad civil popular y en amplias franjas de la militancia, un conjunto de saberes políticos emancipatorios que, por lo general, se ponen en evidencia en espacios y praxis extra-electorales. Se trata una especie de “general intellect” político-social de los y las de abajo, de saberes abstractos que, mediante una praxis crítico-radical y las dosis necesarias de energía militante, podrán hacerse concretos. Existen trincheras desde las que el pueblo trabajador resiste a la potencia objetivada que succiona la potencia popular. La reunión de los y las de abajo que contrarresta el fatalismo que tratan de inocular las clases dominantes.

Los límites de la izquierda en todas sus expresiones, se explican por sus dificultades –nuestras dificultades– a la hora de asumir la construcción de los espacios de autorregulación de la convivencia social más allá del Estado y más allá del capital que mencionábamos. Y también por dejarse –y dejarnos– seducir por atajos de todo tipo que la distraen de esa tarea estratégica. Desde los proyectos que enfatizan los roles de lo instrumental y tratan de compatibilizar las necesidades de valorización del capital local y transnacional con agendas sociales básicas, hasta los proyectos que invocan el anticapitalismo pero no logran exceder lo testimonial mientras persisten en anacronismos evidentes y promueven el sustitucionismo, el sectarismo y las lógicas de aparato, sin promover decididamente los procesos autodeterminación popular.

Los diversos espacios políticos que hace algunos años entusiasmaron a una generación, hoy están en crisis. No lograron coagular en una referencia política común y además no lograron contener la dispersión de su base social. Los acontecimientos que instituyeron la autoconfianza y el orgullo de sus militantes quedaron muy lejos. Y no se instituyeron otros nuevos. No se han encontrado los modos más adecuados para recrear y enriquecer la memoria de la rebelión de 2001. Y el juego de la política convencional no hace más que abonar esa crisis.

En estos días, se hace difícil encontrar espacios de debate político estratégico. A pocos y pocas les interesa generarlos. Se discute poco y nada sobre políticas anticapitalistas de largo plazo, sobre las formas de sustituir el trabajo informal –o apenas asalariado– por el trabajo asociado. Es el tiempo del reformismo pragmático, del tacticismo. Es el tiempo de una obsesión por la política convencional: representativa, espectacular y pro-sistémica que relega lo social emancipatorio a segundo plano. El riesgo del “tacticismo” de la izquierda es que puede terminar absorbido por la táctica de la derecha o de lo que no es de izquierda (reformismo o como quiera llamárselo).

 ¿De qué manera la izquierda debería intervenir en el panorama electoral?

Consideramos que hay que rechazar cualquier tipo de acumulación electoral que signifique desacumulación estratégica o deterioro de una territorialidad propia. Porque eso es pan para hoy y hambre para mañana y siempre.

Luego, también creemos que son muy contraproducentes las incursiones en espacios virtuales que no hacen más que deslegitimar a las construcciones reales. Una cosa es visibilizarlas y otra muy distinta es mancillarlas. Por ejemplo: el o la referente barrial que obtiene unos pocos votos más (¡o menos!) que el candidato de la ultraderecha o que el candidato cavernícola que insiste con su trilogía (“garrote, garrote, garrote”); el o la dirigente de un espacio sindical combativo y democrático que no llega al 1%, y así, los casos abundan.

Lo ideal sería generar una herramienta político electoral muy amplia, generosa, y no hipostasiada. Que exprese un espacio ecuménico donde confluyan los y las que asumen un proyecto contra-moderno, anticolonial, antiimperialista, anticapitalista, desmercantilizador, anti-patriarcal, ecológico. El objetivo de esa herramienta, no debería ser otro que potenciar los espacios y las experiencias de base realmente existentes: sindicales, campesinas, estudiantiles, territoriales, culturales, identitarias, etcétera.

Dadas las condiciones actuales esto parece prácticamente imposible. Entre otras cosas implicaría romper con aspectos negativos de la cultura de izquierda que están muy arraigados. ¿Cómo exceder las lógicas de aparato, el elitismo, el dirigismo, el sustitucionismo, el lugar ético de la inoperancia, la competencia chiquita al interior de la izquierda, la jactancia y la soberbia fundadas en los votos “cualitativos”, los malos hábitos de la especialización política, el vedettismo de entre-casa y los caudillismos en miniatura?

Seguimos pensando que la intervención de las organizaciones populares en los espacios de la institucionalidad vigente sólo adquiere sentido emancipador si se construyen, en paralelo, espacios propios, territorios propios, autónomos y autogobernados; en fin: poder popular, aunque suene formula reiterada. La experiencia demuestra que quien siembra jetones, recoge garcas.

Luego, creemos que es importante tener siempre presente que los gobiernos populares pueden colaborar con los procesos emancipatorios, pero que no son, ni pueden, ni deben ser, el sujeto privilegiado de la transformación. O sea, insistimos en la importancia de asumir, desde el vamos, un desplazamiento del eje de la política desde Estado y el poder instituido hacia la sociedad civil popular y el poder instituyente.

 

 ¿Cómo ve el escenario después de las PASO, tanto de cara a las elecciones de octubre como posteriormente, ante los anuncios de más ajuste?

En primer lugar vemos un escenario signado por una inédita concentración de poder de la derecha en todos los campos, material, social, político, judicial, mediático, cultural y simbólico. De este escenario se deriva una marcada polarización entre “capitalismo salvaje”/democracia restringida y “capitalismo con rostro humano”/democracia susceptible de ser ampliada. En la medida en que el primer maridaje, representado por el gobierno de Mauricio Macri y la coalición Cambiemos avance en políticas de ajuste (y represión), se consolidará la segunda alternativa. Queda por ver si este ultimo espacio es hegemonizado por el kirchnerismo, con Cristina Fernández de Kirchner al frente, o por otro espacio y otra figura del universo ancho, diverso, cambiante y flexible del peronismo.

 

A pesar de que el resultado de las PASO no haya sido muy alentador para las aspiraciones del kirchnerismo, creemos que éste conserva todavía sus capacidades para articular un frente “anti-neoliberal” y “anti-derechista”. Sigue siendo el espacio con más posibilidades de consolidarse como alternativa al gobierno de Macri y la coalición Cambiemos en un escenario de fuerte polarización. Dudamos que otras fuerzas políticas puedan disputarle a CFK el liderazgo del frente policlasista en su versión más “progresista”. Eventualmente el peronismo, en caso de gestar un liderazgo alternativo al de CFK, no hará otra cosa que articular un frente antimacrista, pero más a la derecha de la versión kirchnerista. Pero es evidente que los tiempos no dan. El 2019 está muy cerca. Y ese partido también lo juega el espacio de Sergio Massa y sus aliados, pero con menos posibilidades.

Sabemos que esa contradicción entre versiones del capitalismo es falsa, o en todo caso es superficial y, como queda a la vista, nos propone un horizonte muy pobre. Es de un conformismo tremendo y cínico aceptar que “es mejor” un 25% de pobreza que un 50%. Obviamente, es mejor luchar por ampliar derechos que por recuperarlos. Pero, si de izquierda y socialismo se trata, debemos militar por cambios estructurales profundos en las relaciones de producción y propiedad; debemos generar las condiciones para una democracia radical; en fin, tenemos que asumir compromisos en pos de las acciones y los pensamientos que hagan posible la consolidación y el avance de un proyecto popular desde abajo y no auspiciar reformas desde arriba que perpetúan la dominación social del capital y dejan abiertas las puertas de la regresión.

Esto no significa que haya que desistir de la construcción espacios de resistencia y movilización más amplios y buscar acuerdos básicos con sectores de lo más diversos. No quedara otra alternativa frente a los intentos de las fracciones de las clases dominantes que buscan imponer las políticas neoliberales en su versión más cruda, frente a la concentración de poder de la derecha más retrógrada. Sería una irresponsabilidad no plantearse estas articulaciones. Claro está, lo óptimo (que además es lo necesario a mediano y largo plazo) sería hacerlo desde un espacio crítico-radical, con inserción e influencia extendidas en la sociedad civil popular, un espacio que logre construir una posición sólida.

Muchos y muchas insisten en que el gobierno de Macri y la coalición Cambiemos representa una nueva derecha e incluso algo más original que ni siquiera puede considerarse como “de derecha”; aunque sea igual de oscuro y despótico… o más. Se lo presenta como el signo de toda una etapa histórica caracterizada por la colonización potente de las subjetividades por parte del mercado, por lograr que los hombres y las mujeres se sientan absolutamente extranjeros en relación a su destino, por la consumación del sentido más negativo de la libertad del liberalismo (la libertad de los propietarios). Proceso al que han hecho su aporte los gobiernos denominados progresistas, sea dicho de paso.

 

Todo esto, creemos, es rigurosamente cierto. Pero también existen costados que demuestran que gobierno de Macri y la coalición Cambiemos se sitúa en una línea de continuidad respecto de las tradiciones reaccionarias argentinas: el catolicismo ultramontano que considera a Francisco I un Papa populista (y hasta un “zurdo”); el anticomunismo vulgar, la gestión policial de los conflictos sociales y las prácticas cuasi contrainsurgentes remozadas; la reivindicación de patrones económicos primario exportadores, de valorización financiera y rentistas; el endeudamiento externo y la apertura económica; el culto al libre mercado y la libre empresa junto con los lamentos por el costo laboral argentino; el desprecio y la impiedad para con el universo plebeyo-popular; el ultragorilismo y la tilinguería. Fiel a esas tradiciones, el gobierno de Macri y la coalición Cambiemos buscará generar consenso en torno a las pulsiones consumistas, la “seguridad” y la “tranquilidad” de una parte de la sociedad. Así, con policías y gendarmes, con balas de goma y de las otras, con bici-sendas y metro-bus, con apología de la informalidad, con rigurosa separación de los residuos, con funcionarios que resignan el uso de sus apellidos siempre a favor del nombre de pila; así, buscará sacrificar los fragmentos más sustanciales de la democracia junto con la libertad y la igualdad de las mayorías. Ejercerá el control social a través de la angustia y el miedo colectivos.

Porque, sostenemos, este gobierno está desatando las fuerzas más retrógradas de la sociedad argentina y buscará sostenerse en ellas. Está abriendo cajas de Pandora o, más claro y directo: abriendo las jaulas de los monstruos o las compuertas de un río de mierda. Está amplificando los mensajes más perversos y psicópatas. Hay muchísimos signos: estigmatización de grupos subalternos y oprimidos, represión, policialización de ciudades enteras, presos políticos y presas políticas, un desaparecido, manipulación del proceso electoral, entre otros.

 

Está claro que hay frenar a la derecha, generar situaciones de movilización permanente, evitar la consolidación de la versión dura y despótica del neoliberalismo. La mejor fórmula que conocemos para ganar posiciones sólidas en la sociedad civil popular (e incluso en el Estado) consiste en crear poder popular, auspiciando la auto-organización desde abajo, en los barrios, los sindicatos, los centros de estudiantes; consolidando espacios productivos no mercantiles que garanticen la reproducción de la vida. Esto incluye el fortalecimiento indentitario y programático del campo popular para evitar la consolidación de las alternativas intra-sistémicas, siempre dispuestas a capitalizar los avances populares. Por ahí –creemos– transita una eficacia política a la que adherimos. Una eficacia política que instaure un principio de ruptura, que haga posible el despliegue de una inteligencia política que esté en exceso respecto de los límites de “la política”. La única eficacia afín a los intereses del pueblo trabajador.

Miguel Mazzeo es Profesor de Historia y Doctor en Ciencias Sociales. Docente e investigador de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la Universidad de Lanús (UNLa). Escritor, autor de varios libros publicados en Argentina, Venezuela, Chile y Perú, entre otros: Piqueter@s.Breve historia de un movimiento popular argentino; ¿Qué (no) Hacer? Apuntes para una crítica de los regimenes emancipatorios; Introducción al poder popular (el sueño de una cosa); El socialismo enraizado. José Carlos Mariátegui: vigencia de su concepto de “socialismo práctico”; El Hereje, apuntes sobre John William Cooke. Colaborador de los portales Contrahegemonía.web, Resumen Latinoamericano, La Haine, entre otros.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=231016

 

 

Discutamos  la lógica de unidad de acción con el kirchnerismo porque no reconoce al capitalismo mundializado ni que está en guerra contra los pueblos y por el segundo gobierno de CFK cuando ya no había boom de los commodities.

 

Es hora de asumir como en Venezuela que: “Podríamos tener la convergencia de luchas por la justicia en la distribución económica y ecológica al mismo tiempo. Algo nunca visto en la historia de las luchas populares venezolanas. Se nos vienen extraordinarios desafíos. La búsqueda de la paz navega en aguas turbulentas. Toca no perder el centro y tomar el timón con fuerza".

 

Aún más enfrentamos tanto los venezolanos como los argentinos a un Estado (con independencia de que sea gestión de izquierda o de derecha extrema) caracterizado por:

 

 

 

Violencia y gobernabilidad ante una nueva fase del extractivismo en Venezuela

2 de agosto de 2017

 

"Recuperar el sentido en el ámbito nacional apunta en principio a retomar las demandas económicas y políticas que han unido históricamente a los de abajo, unión que reconfiguraría la polarización, que sería planteada nuevamente entre los de arriba y el vasto conjunto de las clases desfavorecidas. Y a esto habría que añadirle las demandas de sostenibilidad y justicia ambiental, ante el creciente y dramático empeoramiento de la situación de los ecosistemas, bienes comunes y la vida ecológica que nos constituyen. Las dimensiones de la crisis estructural del capitalismo rentístico venezolano evidenciarán más claramente estas rutas a transitar."

 

Por Emiliano Teran Mantovani*

 

No hay prioridad más alta en Venezuela en la actualidad: evitar, desactivar (o detener) la guerra. El horizonte de paz más próximo es apenas el no desbordamiento masivo de todas las estrategias y pulsiones de muerte que se reproducen en el país. Expresiones extremas de violencia y barbarie; destrucción del entorno cotidiano; sectores radicalizados y fascistizados de la oposición venezolana que, a nuestro juicio, son el principal detonante de la situación; declaraciones y políticas gubernamentales soberbias, desafiantes e irresponsables; represión subida de tono y excesos de los cuerpos de seguridad del Estado; actores armados informales; la política exterior estadounidense más agresiva y frontal contra Venezuela en toda la historia republicana de nuestro país; los señores de la guerra. Todo un cúmulo de actores que unido a condiciones materiales y diversos factores sociales nos han acercado al filo del abismo en el que nos encontramos.

 

Los dramáticos costos del desbordamiento de una guerra serían cargados principalmente en los hombros del campo popular, en los tejidos sociales, en la vida en sus territorios. Los ‘ganadores’ serían otros, en lo fundamental (aunque no únicamente) actores foráneos y transnacionales. Y las condiciones para la subsistencia y luchas de los pueblos y comunidades quedarían arruinadas. El fin de ciclo progresista en Venezuela se habría coronado con esta fase superior del “capitalismo del desastre” (Naomi Klein dixit).

 

En esta situación es urgente y esencial recuperar el sentido, rescatar las facetas más democráticas que se han evidenciado en las expresiones populares en los últimos años en el país, reencontrarlas, articularlas, hacerlas masa crítica. Sumar rápidamente sensateces, configurar nuevas alianzas, re-abrirle caminos a la política. Crear deslindes con la cadena de agresiones políticas que desde la oposición y el Gobierno nacional nos han traído a la situación actual. Denunciar claramente y con fuerza los factores foráneos que promueven la violencia con sus políticas y declaraciones, los brutales cercos mediáticos internacionales contra Venezuela y la política intervencionista del gobierno estadounidense, que amenaza con hacernos mucho daño. En fin, organizarse para la paz, en vez de seguir avanzando hacia el precipicio al cual nos dirigimos. Nadie ha dicho que es cosa fácil, pero no tenemos otro camino.

 

No obstante, conviene pensar también qué se está desarrollando en las entrañas de este proceso. Si en el corto plazo sorteáramos el desbordamiento de la beligerancia, es necesario reconocer que esa construcción de la paz en realidad será un camino largo. Pactos, acuerdos y negociaciones, grupos de interés en disputa y requerimientos de estabilidad política interna, la potencial construcción de nuevas hegemonías, están también en el escenario próximo, pero se sostienen sobre un hecho ineludible: las bases materiales que generan las condiciones para una alta intensidad del conflicto político y social persisten. La grave crisis del modelo rentista petrolero no es, a nuestro juicio, una circunstancia coyuntural:

 

 

Estas condiciones materiales son ineluctables, evidencian los nexos entre la inestabilidad económica y la turbulencia política y al mismo tiempo nos señalan la configuración de nuevos esquemas de gobernabilidad y gobernanza. En este sentido, es necesario resaltar la relación que existe entre la re-estructuración del régimen de apropiación de la naturaleza (el relanzamiento y la reformulación del extractivismo en el país), de los mecanismos de captura y distribución de la renta (cambios en la arquitectura del capitalismo rentístico) y de los patrones de gobernabilidad y control social. Esta relación sufre transformaciones significativas en períodos de cambio histórico. El llamado “Pacto de Punto Fijo” (1958) se establecía en Venezuela sobre la base de hacer coherente los principios de una nueva gobernabilidad con los procesos de apropiación y acumulación de capital domésticos y transnacionales.

Pero los tiempos han cambiado. La reciente aprobación del proceso Constituyente del día 30 de julio convocado por el Gobierno nacional, o bien el llamado “Compromiso Unitario para la Gobernabilidad”[1] presentado el pasado 19 de julio por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), dan cuenta explícita de su necesidad de construir un nuevo marco de dominación y control social. Solo que ahora deben adaptarlo a las condiciones de la profunda crisis del modelo histórico petrolero rentista, inaugurado a principios del siglo XX; y a los marcos de una crisis económica global y de peligrosas tensiones geopolíticas.

 

El capital se filtra en las grietas de la crisis: rutas y coordenadas de una nueva fase del extractivismo

A pesar de nuestros dramas sociales y políticos, del caos existente, de la crudeza del conflicto, el capital foráneo negocia, con bajo perfil, se posiciona, avanza, gana concesiones, rompe obstáculos, echa raíces en nuestros territorios. La beligerancia y el desastre no le son ajenos; si por un lado es inestabilidad, por el otro es también oportunidad de negocios. En los acuerdos se van trazando rutas y coordenadas de nuevos ciclos de acumulación, se van delineando nuevos códigos, estructuras y geografías del extractivismo en Venezuela.

Podemos hacer un inventario general: ni la inestabilidad de los precios internacionales del crudo y el mercado energético mundial, ni el conflicto político nacional han detenido los acuerdos y las inversiones en la Faja Petrolífera del Orinoco, cinturón de petróleos no convencionales (pesados y extra-pesados) que, por sus costos y niveles de inversión e instalaciones requeridos, necesitan en cambio precios altos y estables. El objetivo: incrementar la producción. Desde principio de 2016 se ha anunciado la puesta en marcha de un proyecto para invertir unos US$ 9.000 millones para la perforación de 480 pozos, sobre lo cual se ha venido avanzando en anuncios y acuerdos desde entonces hasta la fecha.

 

China National Petroleum Corporation, Rosneft, Schlumberger, Horizontal Well Drillers, Baker Hughes, Halliburton, entre otras, resaltan entre las corporaciones que suscriben los últimos acuerdos. La clave del negocio está en profundizar la flexibilización económica de los marcos que los regulan, lo que el presidente de Petróleos de Venezuela, Eulogio Del Pino, ha llamado “régimen especial de inversiones” para que los proyectos logren su pleno desarrollo[2]. Facilidades económicas, tasas de cambio flotantes, zonas de desarrollo económico especial, socios foráneos que no solo participen accionariamente sino que ahora traigan el financiamiento necesario para los negocios (en lugar de los desembolsos de caja que asumía PDVSA)[3], y algo importante: la cobertura de esas retribuciones y deudas con las corporaciones se basa en los barriles que provengan del aumento de la producción[4]. Esto es, más extractivismo para poder pagarles. Es el modelo de negocios de la Faja del Orinoco, que se proyecta al resto de los sectores de nuestra economía extractiva.

 

Se cuenta también: la búsqueda de reconexión de pozos en el occidente de Venezuela (como los del Lago de Maracaibo), área de viejas explotaciones convencionales; relanzamiento de los grandes proyectos gasíferos offshore (como el Rafael Urdaneta), con el proyecto Cardón IV en la península de Paraguaná como punta de lanza, destacando la explotación del mega-campo ‘Perla’ en la cual la inversión ha sido 100% privada (Del Pino dixit) –Repsol (50%) y Eni (50%)[5]–; re-impulso y reactivación de obras de infraestructura para la exportación de commodities como el Puerto de Aguas Profundas de la península de Araya (13/6) orientado al comercio petrolero principalmente con el mercado asiático[6], la nueva fase de construcción del gaseoducto Venezuela-Colombia, el acuerdo de gaseoducto entre Venezuela y Trinidad y Tobago (PDVSA-NGC-Shell)[7] o los puertos para la producción de Carbozulia; nueva fase histórica de la minería, con el proceso de certificación de reservas, reactivación de minas que cayeron en el período de crisis o apertura de otras nuevas en todo el país, como el Arco Minero del Orinoco y la conformación de la empresa mixta ‘Siembra Minera’ (Gold Reserve, oro y cobre, empresa a la que el Estado venezolano adeuda aproximadamente 992 millones US$)[8] para la explotación del proyecto "Las Brisas"; empresas mixtas y memorandos de entendimiento con compañías como Faoz (una incógnita), Afridiam (Congo) o China CAMC Engineering para explotar coltán en el municipio Cedeño, estado Bolívar; Endiama (Angola)[9], Guaniamo Mining Co. (EEUU) y empresas sudafricanas no anunciadas para explotar diamantes –en general las mineras junior suelen abrir el camino para la posterior aparición de las grandes corporaciones mineras–; pero también destaca la reactivación de las minas del proyecto de Lomas de Níquel (China Camc Engineering y Yankuang Group - sur de Aragua-Miranda)[10], reactivación de Carbozulia (mayo 2017) con miras a la estabilización y posterior expansión de la producción de carbón[11] (Inter American Coal, China CAMC Engineering y Yankuang Group), sea en las minas ya existentes o en nuevas, como ‘Las Carmelitas’[12]; o finalmente proyectos más pequeños de minería no metálica para la extracción de fosfato en el Táchira, mármol en Anzoátegui (empresa Canteras y Mármoles) o sílice en Lara.

 

Pero estas redes del capital que crecen y se expanden, estos nuevos métodos y marcos de negocios, no sólo evidencian una reestructuración económica en desarrollo –ciertamente inestable, contingente y maleable–, sino también revelan una específica correlación de fuerzas muy negativa para regímenes de intervención y proteccionismo estatal, formas de nacionalismo económico, y para el campo popular y la naturaleza. En este escenario van prevaleciendo cada vez más los intereses y agendas del capital transnacional, que trazan las rutas más estables y predecibles del rumbo económico a partir del mapeo de los “recursos naturales”.

 

En esta específica correlación de fuerzas la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) no ha estado al margen ni ha sido espectadora pasiva. Muy al contrario, ha sido actor principal para ir configurándola, a través de métodos cada vez más extremistas que impulsan este escenario del ‘capitalismo del desastre’. Porque, aunque se declare en el “Compromiso Unitario para la Gobernabilidad” que “la justicia social es la prioridad” y los “desfavorecidos y vulnerables serán el objetivo central”, el horizonte constituyente de esta coalición política derechista conservadora ha sido neoliberal. En muchos casos sin secretos (como en el llamado ‘capitalismo popular’ de Maria Corina Machado). En otros, que son la mayoría de los casos, se esconden detrás de una retórica vaga y generalista sobre progreso, bienestar y desarrollo, sin mencionar la prevalencia de mecanismos de mercado, recortes, corporativización y desregulación. Pero a pesar de las sutilezas e intentos de hermetismo al respecto, siempre afloran estas voluntades y políticas neoliberales.

Por citar dos ejemplos recientes, el conocido empresario venezolano Gustavo Cisneros ha planteado que el modelo impulsado por Mauricio Macri en Argentina puede ser el idóneo para la Venezuela postchavista[13]; y aunque hayan criticado y sancionado hasta la saciedad el entreguista y devastador proyecto del Arco Minero del Orinoco, en mayo de este año el presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, le aseguraba a las transnacionales mineras que asistían al ‘Latin American Downunder Conference’ en Australia que “una vez la democracia haya sido restaurada… las puertas estarán abiertas para recibir las inversiones” –our doors will be open to receive the investments–[14], lo que va en consonancia con numerosas de las propuestas del bloque opositor de expandir el extractivismo en el país.

La pregunta que surge ante esta puesta en escena y el desarrollo y expansión de esta red de capitales foráneos en Venezuela, es qué tipo de modelo de gobernabilidad y control social pudiera estar gestándose de la mano de este proceso, y cuál podría ser el rol de la violencia en el mismo.

 

Adiós al ‘neo-extractivismo progresista’: violencia y nuevas gobernabilidades

Replicando el patrón histórico-colonial de la división internacional del trabajo y la naturaleza, las inversiones extranjeras en la crisis actual siguen dirigiéndose en proporciones considerables a los sectores extractivos –como se evidencia por ejemplo en el anuncio de ‘Alianzas Estratégicas’ entre el Gobierno Nacional y empresas extranjeras (21 de julio), donde el 92% de las inversiones era para minería y 8% para turismo[15]–. No sólo no aparece el giro productivo para poder paliar la situación de precariedad económica interna, sino que el capital y las élites políticas locales establecen acuerdos de largo plazo que nos atornilla a un horizonte de extracción y despojo, vinculado a recortes y desregulación.

 

Se marcha el llamado “neo-extractivismo progresista”. El patrón que lo ha caracterizado se disuelve: la posibilidad de construir consenso social por la vía de la distribución masiva de las rentas presenta extraordinarios límites; la programática gubernamental sigue modificándose progresivamente; como ya se ha mencionado, continúan produciéndose cambios significativos en la correlación de fuerzas; y el contexto internacional va recrudeciendo aún más la competencia global por los “recursos naturales”.

En este sentido, y en relación a la gobernabilidad de este probable nuevo extractivismo, cabe preguntarse si las diversas formas de violencia que se han desarrollado en el país son sólo expresiones de un conflicto político coyuntural o en cambio estas también se instalan y se incorporan a los dispositivos de dominación, trazando las coordenadas de un régimen de control social en formación.

Sus orígenes provienen de al menos tres escalas geográficas diferentes: una violencia imperial-geopolítica, una estatal-nacional y una social-molecular.

 

El contexto de intensa conflictividad y el colapso de la economía nacional han hecho prevalecer los marcos de un estado de excepción (que hasta el momento ha sido sectorizado), políticas de emergencia y conmoción, la creciente militarización de todos los ámbitos de la vida junto a mecanismos de intervención policial directa en barrios urbanos y rurales (como la llamada ‘Operación de Liberación del Pueblo’ - OLP). Esto no sólo se expresa en las actuales políticas del Estado, sino que se presenta como el horizonte de 'seguridad' de los partidos de la MUD. Recordemos que el líder de la oposición venezolana, Leopoldo López, ha señalado la necesidad de aplicar el modelo “exitoso” de seguridad del ex-presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez, el cual podría emplearse de manera inmediata[16]. En el “Compromiso Unitario para la Gobernabilidad” 2017 de la MUD se expresa como uno de los primeros objetivos de “un próximo gobierno” el “Plan efectivo y contundente contra la inseguridad” (punto 1.3).

Resalta también el empleo de actores armados informales por parte de los grupos políticos en disputa, que ejercen formas subterráneas de control social, generando formas directas de represión y terror en la población.

Al mismo tiempo, el abanico de operaciones de intervención que han sido impulsadas al menos desde 2002 por los Estados Unidos para lograr el ‘cambio de gobierno’ en Venezuela se han hecho cada vez más explícitas e incisivas –vea las recientes declaraciones del director de la CIA, Mike Pompeo, sobre sus esfuerzos para lograr la ‘transición’ en el país[17]– y tienen notable incidencia en el desarrollo de la violencia en el país. Un potencial avance y triunfos de esta política norteamericana en Venezuela plantearía una transición desde mecanismos de financiamiento de operaciones de inteligencia y desestabilización hasta formas de militarización de impacto regional (en conexión con acuerdos como el Plan Colombia) y estrategias de contrainsurgencia como forma de controlar territorios.

Por último pero no menos importante, también se registra el aprovechamiento de las crecientes formas de violencia social-molecular producto de las contradicciones sociales y territoriales (pobreza, exclusión, masificación de la corrupción y la impunidad), en especial a través de la cooptación de grupos criminales (urbanos y rurales) y la canalización de expresiones de fascistización social (evidentes básicamente en sectores de oposición al gobierno) que no sólo generan crímenes de odio e intento de aniquilamiento del 'enemigo' (chavista) sino una profunda intimidación y terror en la población en general.

 

La imposición del orden y la lucha contra 'agentes perturbadores' serán planteadas como los medios para la consecución de la ‘paz’ –la 'pacificación'. En estos casos es cuando la paz y la guerra se confunden más. Podríamos plantearnos reflexivamente la frase de Hanna Arendt cuando afirmaba en 1970 que la paz es la continuación de la guerra por otros medios. Para el caso venezolano, se han abierto ya nuevas preguntas sobre nuevas formas de poder, sobre la evolución de la estatalidad, sobre disputas territoriales por los bienes comunes. Y sobre todo, preguntarnos si terminaría de emerger una nueva versión de la economía de enclave del siglo XXI. Preguntas que además, tocan e interpelan a todo el resto de América Latina.

 

Resurgir del colapso del rentismo: re-existencias y la recuperación de las agendas propias de los movimientos populares

En Venezuela, todos los territorios y ámbitos de la vida cotidiana están en disputa. ¿Cuál es el horizonte, la estrategia, cuando la guerra y el estado de excepción van avanzando como régimen biopolítico para la acumulación de capital?

Cuando la paz es invadida de guerra, se va haciendo más difícil saber qué es y dónde se encuentra. A pesar de ello, ésta se convierte en una prioridad. Pero es necesario resaltarlo: organizarse para la paz implica reconocer que esta también se teje desde abajo, que supone que hay que ir hilándola, expresándola en la vida en los territorios, recreándola en las formas mínimas de convivencia, respeto, consensos, desplazando a la guerra de los espacios que busca ocupar, a través de resistencias y vida. Se trata del ejercicio de las re-existencias (como lo planteara Adolfo Albán), en la medida en la que se resiste a los diversos dispositivos de violencia, explotación, exclusión y despojo de la expansión capitalista, a través también de la reproducción de la vida, de su reafirmación a través de las prácticas cotidianas y la construcción de alternativas concretas.

Sin embargo, ¿cómo se puede enfrentar semejantes desafíos cuando el tejido social ha sido tan profundamente afectado, cuando se va desbordando el contrato social, cuando la barbarie se va normalizando, cuando se ha extraviado de tal forma el sentido en el país?

 

Nuevamente, hay que mirar adelante. Todavía hay mucho que rescatar. Aunque este socavamiento del tejido social nos atraviesa, no es una condición estructural o definitiva. Toca volver a mirar e inventariar todas esas potencialidades existentes en el campo popular venezolano, sus expresiones de democracia radical, sus experiencias productivas, sus narrativas y agendas propias, las formas emancipatorias de su dinamismo político aluvional. A pesar de que existan enormes obstáculos y debilidades, son finalmente estos factores el sustrato, la esencia, de cualquier proceso alternativo a desarrollarse en los próximos tiempos.

 

Pero también los tiempos invitan a reinventarse. El giro histórico-político de las luchas populares en Venezuela podría estar en la recuperación y re-centramiento de la dimensión territorial –abriéndose intempestivamente camino ante la irresistible primacía de los objetivos de escala nacional–; esto es, territorializar las luchas. Reconfigurar las localidades. Y tejer comunidad, en medio de las dificultades. Construir desde ya, alianzas con otros sectores de lo popular. Promover la creatividad, las éticas populares y el valor de la dignidad. Sin todas estas bases materiales, estas expresiones contrahegemónicas seguirán adoleciendo de organicidad, se evidenciarán débiles ante los numerosos dispositivos de guerra, tendrán una alta dependencia económica del Petro-Estado y los sectores privados y seguirán careciendo de resultados concretos en sus territorios para testimoniar ese mundo que sueñan transformar.

 

¿Qué nos queda por reivindicar en cuanto a las grandes narrativas políticas? No hay un panorama claro al respecto. Pero al menos, recuperar el sentido en el ámbito nacional apunta en principio a retomar las demandas económicas y políticas que han unido históricamente a los de abajo, unión que reconfiguraría la polarización, que sería planteada nuevamente entre los de arriba y el vasto conjunto de las clases desfavorecidas. Y a esto habría que añadirle las demandas de sostenibilidad y justicia ambiental, ante el creciente y dramático empeoramiento de la situación de los ecosistemas, bienes comunes y la vida ecológica que nos constituyen. Las dimensiones de la crisis estructural del capitalismo rentístico venezolano evidenciarán más claramente estas rutas a transitar.

 

De plano conviene resaltar que la situación de potencial impago de la deuda externa unido a la descomunal corrupción que se ha devorado las cuentas públicas puede hacer converger a numerosas organizaciones populares, movimientos y comunidades en torno a una campaña nacional por la auditoría de todas estas cuentas del país. Se presentaría además una oportunidad para evidenciar los vínculos de la deuda y el desfalco con el extractivismo, en la medida en la que el respaldo material de estos procesos de despojo financiero global contra Venezuela son precisamente sus ‘recursos naturales’ y sus territorios. El relanzamiento del Arco Minero del Orinoco y todo el conjunto de proyectos que buscan re-colonizar viejas geografías y las nuevas fronteras de las commodities se realiza bajo esta racionalidad. De esta manera, podríamos tener la convergencia de luchas por la justicia en la distribución económica y ecológica al mismo tiempo. Algo nunca visto en la historia de las luchas populares venezolanas.

Se nos vienen extraordinarios desafíos. La búsqueda de la paz navega en aguas turbulentas. Toca no perder el centro y tomar el timón con fuerza.

Caracas, julio 2017

_________________

*Emiliano Teran Mantovani es Sociólogo de la Universidad Central de Venezuela, ecologista político y master en Economía Ecológica por la Universidad Autónoma de Barcelona. Investigador en ciencias sociales y mención honorífica del Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2015 por el libro ‘El fantasma de la Gran Venezuela’. Participa en el Grupo Permanente de Trabajo Sobre Alternativas al Desarrollo organizado por la Fundación Rosa Luxemburgo, en el Grupo de Trabajo CLACSO sobre ecología política y ha colaborado con el proyecto EjAtlas - Justicia Ambiental con Joan Martínez Alier. Hace parte de la Red Oilwatch Latinoamérica.

Notas

[1] http://www.asambleanacional.gob.ve/... (pdf)

[2] http://www.avn.info.ve/...

[3] https://www.youtube.com/...

[4] http://www.avn.info.ve/...

[5] https://www.repsol.energy/...

[6] http://www.eluniversal.com/...

[7] http://www.telesurtv.net/...

[8] http://vtv.gob.ve/...

[9] http://vtv.gob.ve/...

[10] http://avn.info.ve/...

[11] https://www.aporrea.org/...

[12] https://www.aporrea.org/...

[13] https://www.efe.com/...

[14] https://laradiodelsur.com.ve/...

[15] http://vtv.gob.ve/...

[16] https://www.youtube.com/...

[17] Pompeo afirmó el pasado 20 de julio que esperaba que se produjera una ‘transición’ en Venezuela y que trabajaban duro para comprender las cosas que allí ocurren y comunicárselas al Departamento de Estado y a los gobiernos de Colombia y México, de manera que obtuvieran los mejores resultados posibles https://www.youtube.com/.... Varias fuentes han revelado las diversas operaciones de intervención que se han aplicado desde el inicio de la Revolución Bolivariana. Por ejemplo, decenas de miles de cables revelados por Wikileaks han revelado apoyo a opositores al gobierno, desde la época del presidente Chávez. Citando un caso, la contratista de USAID/OTI ‘Development Alternatives Incorporated’ (DAI) reconocía que quienes organizaban las protestas contra el presidente Chávez en 2009 eran ‘nuestros financiados’ –‘are our grantees’.https://wikileaks.org/...

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Documentos/Violencia_y_gobernabilidad_ante_una_nueva_fase_del_extractivismo_en_Venezuela

 

 

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A cuatro años de YPF-Chevron la violencia sigue: aparición con vida de Santiago Maldonado

8 de septiembre de 2017

En el aniversario del acuerdo que permitió el avance del fracking en Neuquén y Río Negro, nos manifestamos en contra de la política económica de los gobiernos de Chile y Argentina, que contamina y destruye nuestros territorios y no permite el desarrollo de alternativas soberanas de los pueblos. Al mismo tiempo exigimos la aparición con vida de Santiago Maldonado, desaparecido por solidarizarse con la lucha mapuche.


Reunidos en el Lof (comunidad) Campo Maripe a cuatro años de la aprobación del acuerdo que la despojó de su territorio histórico, las organizaciones, referentes, intelectuales, docentes y periodistas abajo firmantes denunciamos la invasión del fracking en el territorio ancestral mapuche. La firma del acuerdo entre YPF y Chevron en el año 2013 significó el desconocimiento de los derechos de la comunidad, además de la negación del derecho a un ambiente sano para toda la población de la Norpatagonia. El posterior avance de la técnica del fracking en Neuquén, Río Negro y ahora Mendoza, amenaza zonas de producción frutícola, y áreas protegidas como Auca Mahuida, además de perpetuar una matriz energética altamente contaminante, basada en los hidrocarburos; en el uso y abuso del agua, de la fauna, flora y en el avasallamiento de los derechos humanos y colectivos de los habitantes del lugar.

Vinculada al fracking viene la violencia estatal para imponerlo. Esta encuentra sus raíces en la represión en la Legislatura neuquina para imponer el acuerdo, a la vez que fueron quemadas tres ruka de la comunidad. Este marco no solo se ha recrudecido sino también nacionalizado con el gobierno de Macri, de la mano de la Gendarmería que intentó desalojar ilegalmente a las comunidades Campo Maripe y Futra Trayen en junio.

La misma Gendarmería que es responsable de la desaparición de Santiago Maldonado, militante social que se había acercado a solidarizar con Pu Lof en Resistencia de Cushamen (Chubut) debido a la detención de su Lonko Facundo Jones Huala. Santiago está desaparecido desde el 1 de agosto por responsabilidad del Estado nacional, siendo el presidente Mauricio Macri, la Ministra de Seguridad Patricia Bullrich y el jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad Pablo Nocetti, responsables directos por la represión y por las sistemáticas irregularidades en la investigación. Por más que se quiera ocultar y desviar la atención del caso, no olvidaremos su situación ni dejaremos de exigir su aparición con vida, además del castigo a los responsables.

Esta criminalización es una condición necesaria para que el bloque empresarial-gubernamental del poder imponga de manera violenta el modelo capitalista que en su fase actual requiere del extractivismo como sostén del modelo político. Las organizaciones que nos reunimos en el encuentro “Territorio y Maldesarrollo” bien conocemos los efectos de este modelo que sin consulta previa se materializa en nuestros respectivos territorios en distintas actividades como la forestal, hidroeléctrica,minera, nuclear, agroindustrial, entre otras.

La violencia estatal no es una consecuencia sino una necesidad que tienen los gobiernos para imponer su agenda económica, de alto impacto para nosotros/as, las personas que habitamos estos territorios, así como de alta rentabilidad para los concentrados grupos del poder que se ven beneficiados por este modelo extractivo. La criminalización y represión de los sectores que nos oponemos a estas políticas se extiende tanto por parte del Estado chileno como argentino. Por eso hoy exigimos la libertad de Facundo Jones Huala, y el dirigente wichí Agustín Santillán, en Argentina; de la Machi Francisca Linconao y los procesados por el caso Luchsinger en Chile, así como de todas las y los presos políticos.

Desde el territorio mapuche exigimos a los gobiernos nacionales y provinciales el cese de la criminalización: que nos dejen de matar y desaparecer. Comunicamos a la sociedad chilena, mapuche y argentina que seguiremos en la construcción de nuevos horizontes de vida para transformar esta sociedad capitalista, racista y patriarcal por una más justa. En eso están puestas nuestras energías.

 

Puelmapu/Argentina

Biblioteca Popular Osvaldo Bayer

Maristella Svampa, investigadora principal del Conicet

Colectiva Feminista La Revuelta

Frente Popular Darío Santillan – Regional Alto Valle

Gabriela Wyczykier, investigadora y docente de la Universidad Nacional de General Sarmiento y del CONICET

Departamento Socioambiental Chico Mendes de UnTER

Iconoclasistas

Kalewche FM

Fundación Ecosur. Ecología , cultura y educación desde los Pueblos del Sur

Tierra para Vivir-Marabunta

Grupo de Estudios en Geopolítica y Bienes Naturales (UBA)

MST Nueva Izquierda

Asamblea por el Agua Allen

Confederación Mapuche de Neuquén

Red Ecosocialista

Observatorio Petrolero Sur

Colectivo por la Igualdad

 

Ngulumapu/Chile

Coordinadora Penco Lirquen

Fundación SOL

Centro de Estudios Sociales de Chiloé

Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas, ANAMURI

Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales, OLCA

Parlamento Mapuche de Koz Koz

Mapuexpress

Red de Defensa de los Territorios

Red Ambiental del Norte- RAN

Agrupación de pequeños regantes y no regantes río Mostazal

 

América Latina

Censat Agua Viva (Colombia)

Edgar Mojica Vanegas, Departamento DDHH y Paz CUT (Colombia)

AUTE – Agrupación de Funcionarios de la U.T.E PIT-CNT (Uruguay)

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UAC Unión de Asambleas Ciudadanas Contra el Saqueo y la Contaminación
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(Cuadernillo Sistematización Encuentros de la UAC -PDF-) --> 
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Percatémonos que las inundaciones y sequías son esencialmente causados por el extractivismo y los mega emprendimientos turísticos e inmobiliarios. De ahí el desafío de los de abajo sin fronteras de:

 

Cambiar el sistema y no el clima!

Más allá del cambio climático está el modelo

Por Jorge Tadeo Vargas

En la India, Nepal y Bangladesh han muerto más de mil personas en los últimos dos años, consecuencia de los monzones (huracanes) que han azotado la región. Se calcula que por el mismo motivo cuarenta millones de personas se han visto afectadas, donde la gran mayoría ha tenido que migrar de forma forzada convirtiéndose en refugiados ambientales.

En Estados Unidos, el Huracán Harvey puso en jaque el sureste de ese país, donde más de treinta personas han perdido la vida y miles se quedaron sin hogar. La única diferencia de lo que ocurre en India, Nepal, Bangladesh y otros países es la cobertura mediática global, por lo que pocas personas ignoraron la gravedad de este desastre. De igual forma la prensa ha puesto en alerta de la llegada del Huracán Irma al Estado de Florida, un huracán mucho más fuerte que Harvey y que puede hacer más daño. Especialistas mencionan que es posiblemente el fenómeno de este tipo más poderoso de los últimos veinte años.

El Huracán Irma en su paso por el Caribe va dejando un daño incalculable; tan solo en Antigua y Barbuda, este huracán ha dejado a más del sesenta por ciento de la superficie está bajo el agua; así como el noventa y cinco por ciento de sus edificios se han perdido, incluidos sus hoteles cercanos a las costas. Esta es el panorama general en este momento de todas las islas del Caribe por donde Irma ha pasado.

Al momento de escribir estas líneas se dirige a Republica Dominicana y Haití; llegando a Cuba y Florida este jueves por la noche o viernes por la madrugada. No se proyecta que su intensidad de categoría cinco, con vientos de hasta 300 kilómetros por hora vaya a disminuir. Los costos de los daños aún son incalculables; así como las posibles reparaciones que se necesitaran para poner en marcha de nuevo a estos países del Sur Global, los cuales ya tienen una deuda ecológica y social bastante grande.

Para Estados Unidos el panorama es aún más complicado pues en menos de un mes golpearán en sus costas dos huracanas de categoría superior a cuatro. El impacto económico es similar o mayor al impacto socio-ambiental que se vive en estos momentos y del cual se necesitarán planes a largo plazo para salir avante. Situación harto complicada si tomamos en cuenta al actual gobierno federal y sus políticas.

Ante los medios de comunicación vuelve aparecer el mismo culpable de los últimos años: el cambio climático. Así, a secas, esa es la causa de que los huracanes hayan aumentado en su intensidad, fuerza y número. Sin embargo, la perspectiva que le dan es como si el cambio climático estuviera desasociado de nuestra forma de vida, del modelo de producción-consumo y del sistema capitalista que fomenta la privatización y extracción de la naturaleza. Estos procesos no solo contribuyen al calentamiento global, sino que son responsables directos de la crisis civilizatoria que vivimos actualmente y el inminente colapso al que estamos entrando en este fin de la era del antropoceno.

Más allá del cambio climático como lo manejan los medios de comunicación masivos, los cuales lo alejan del modelo de producción-consumo y lo acercan más a una problemática intangible, sin relación con nuestra forma de vida, podemos o tenemos que mencionar algunos ejemplos.

En el caso de las Islas del Caribe, que tienen como principal fuente de ingresos en el turismo de sol y playa, se ha ido perdiendo más del ochenta por ciento de sus zonas de manglares y humedales, mismas que son barreras naturales contra este tipo de fenómenos, además de cumplir otra serie de servicios ambientales de los cuales no hablaremos en este momento.

 

Un caso similar es la India y Bangladesh; ahí ocurre lo mismo,  la tendencia es igual en todo el mundo. Desaparecer zonas naturales para darle paso a espacios artificiales. El caso de Houston es similar. Esta ciudad ha encementado mas del setenta por ciento de sus zonas de humedales por lo que han perdido la capacidad de gestionar adecuadamente quince mil millones de litros de agua (cantidad aproximada de agua que dejó el Huracán Harvey a su paso por la ciudad) con lo que la inundación en la ciudad era de esperarse, así como los impactos socio-ambientales que se generaron y generarán en toda la región metropolitana. Los impactos en las zonas de sacrificio, donde están instalados los polígonos industriales aumentan considerablemente. Al ser una región petroquímica el riesgo es altísimo.

Houston es un ejemplo significativo de un modelo de ciudad imperante que poco a poco ha ido perdiendo su armonía para darle paso a una política del colapso, a un modelo de ciudad que tiene como base y sustento, un modelo de producción-consumo extractivo, destructor, desagregado de la naturaleza y sus dinámica.

 

Quedarnos con la idea de que los impactos que dejan los huracanes es culpa del cambio climático, sin darle a este las dimensiones de consecuencia de un modelo de producción-consumo, de una forma de vida, sin llegar a la causa-raíz del problema, es no tener el panorama completo. Es dejar fuera de la ecuación a las causas principales que hacen al cambio climático y al modelo de ciudad, consecuencias principales que generan severos impactos en la naturaleza y por añadidura a los seres humanos.

Jorge Tadeo Vargas @primaindie

Director de Campañas en el Laboratorio de Investigación en Desarrollo Comunitario y Sustentabilidad (Lidecs).

 

JUBILEO SUR/AMERICAS (JS/A)

Secretaría Regional a/c INTIPACHAMAMA

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En consecuencia, hoy un desafío central es concretar la anticapitalista «reforma agraria integral» como recuperación territorial de las comunidades hermanadas entre sí y sin fronteras. Es el camino para posibilitar los bienes comunes como que:

La Amazonia es nuestra

 

1 de septiembre de 2017

 

Por Carolina da Silveira Bueno y  Thais Bannwart (Brasil Debate)

 

Traducido del portugués para Rebelión por Alfredo Iglesias Diéguez

Los ajustes económicos y el anuncio del nuevo paquete fiscal promovidos por el gobierno Temer agudizan la crisis brasileña. Sufrimos un deterioro de los servicios públicos, especialmente en salud y educación, un aumento del paro y de la población sin techo. Es decir, los ajustes promovidos por el gobierno consolidan privilegios y recortan derechos. Se trata de un equipo que tiene un proyecto de país elitista y de desmantelamiento de los bienes y servicios públicos garantizados por la Constitución de 1988.

La política de austeridad –política de reducción del tamaño del Estado– realizada por el gobierno Temer alcanzó un límite inaceptable. Hace unos pocos días, en el campo socioambiental, el gobierno suprimió la Reserva Nacional de Cobre (Renca) para hacer posible la explotación mineral por compañías privadas. Se trata de un área de 47.000 Km2 de bosque cerrado de la Amazonia, equivalente en superficie al estado de Espírito Santo.

La reserva es rica fundamentalmente en oro, pero también posee tántalo, mineral de hierro, níquel, manganeso y otros minerales. Alberga, además, nueve áreas protegidas: el Parque Nacional Montañas del Tumucumaque, las Selvas Estatales del Paru y del Amapá, la Reserva Biológica de Maicuru, la Estación Ecológica del Jari, la Reserva Extractivista de Río Cajari, la Reserva de Desarrollo Sostenible del Río Iratapuru y las Tierras Indígenas Waiãpi y Río Paru d’Este.

Con menos de un 5% de apoyo popular, el menor de un presidente desde la redemocratización del país, Michel Temer, puso fin, mediante decreto, a una norma que determinaba que tan sólo la Companhia de Pesquisa de Recursos Minerais (CPRM), perteneciente al ministerio de Minas y Energía, podía hacer exploraciones mineras en el área. El desequilibrio socioambiental que puede llegar a producirse si las compañías mineras privadas comienzan la explotación de esa región tendrá consecuencias catastróficas innegables.

La selva amazónica constituye un ecosistema de importancia singular para la regulación climática de Brasil y del mundo.

Investigaciones realizadas por la Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo en asociación con el INPE (Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais), muestran que la selva amazónica produce un fenómeno conocido como “
ríos voladores”. Los ríos voladores son ríos aéreos de vapor bombeados hacia la atmosfera por la selva y explican el hecho de que la región del cuadrilátero cuyos vértices son Cuiabá, Buenos Aires, São Paulo y los Andes sea una región verde y húmeda, mientras que otras regiones de la misma latitud del mundo son extensos desiertos.

Los ríos voladores son los servicios ecosistémicos proveen las condiciones climáticas adecuadas para que ese cuadrilátero sea responsable del 70% del PIB de América del Sur, donde se concentra la mayor parte de la producción agrícola e industrial y donde están los grandes centros urbanos.

La desforestación inherente a la explotación minera en un área del tamaño de la Renca obviamente contribuirá al desequilibrio de la dinámica invisible de los ríos voladores, comprometiendo la producción de alimentos, actividades industriales y el abastecimiento de agua en las regiones incluidas en el cuadrilátero. Tan importante como la perturbación de la dinámica climática promovida por los ríos voladores serán los impactos ambientales en la región de la reserva: contaminación del suelo y de los recursos acuáticos y la destrucción de la biodiversidad.
 
Retirar el derecho a trabajar en la región a una institución de investigación nacional y favorecer la entrada de empresas que destruirán la biodiversidad, en la medida en que la Amazonia tiene millares de especies endémicas que aun no fueron descubiertas, ese es el grande crimen. Brasil es el país del mundo con mayor biodiversidad (patrimonio genético). Existen muchas plantas y especies que sólo existen en ese pedazo de selva, y algunas pueden tener la respuesta a muchos problemas. La explotación minera, en cambio, deja muy poco en el país.

A pesar de que el decreto de extinción de Renca mantiene las normas que rigen las unidades de conservación y las tierras indígenas, existen ejemplos históricos sobre los impactos negativos de la minería en regiones amazónicas. La presencia de una actividad con elevado riesgo de impacto en una región permeada por unidades de conservación fragiliza la integridad de esas áreas, afectando a su función conservadora de la flora y la fauna y expone a las poblaciones tradicionales a la violencia y a las enfermedades.


La supresión de Renca es una más de una larga serie de medidas arbitrarias del actual gobierno que aumentan sobremanera los problemas socioambientales y económicos. Preservar el patrimonio genético y garantizar la biodiversidad en Brasil es un deber de toda la ciudadanía. Es fundamental que la sociedad brasileña, del campo a las grandes ciudades, grite: 

 

¡la Amazonia es nuestra!

Carolina da Silveira Bueno es investigadora del Núcleo de Economia Agrícola e do Meio Ambiente de la Universidad de Campinas (Unicamp) y doctoranda en el Instituto de Economia de la Unicamp.

Thais Bannwart es ayudante de investigación en el Instituto de Pesquisa Ambiental da Amazônia y graduada por el Instituto de Economia de la Unicamp.

http://brasildebate.com.br/ecoa-o-grito-a-amazonia-e-nossa/

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=230935

 

 

Pensemos  significados y sentidos del «territorio» como fundamental para otra sociedad y otro mundo posibles.

 

 

 

Entrevista con el dirigente indígena peruano Julio Cusurichi, Premio Goldman 2007

“El derecho al territorio es la esencia misma de todos los derechos indígenas”

15 de julio de 2017

Por Sergio Ferrari (Rebelión)

 “Un indígena sin territorio es una especie de ser humano que no vale, casi inexistente”, afirma Julio Cusurichi Palacios, identificando la principal reivindicación que trajo a las Naciones Unidas en representación de la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes (FENAMAD) de la Amazonía peruana.
 
La paradoja parece instalada en el casi infinito Parque Nacional Manu: a pesar de ser muy famoso a nivel internacional, conocido por guías de turismo y a través de manuales y enciclopedias, esconde la “realidad interna diaria de la violación de los derechos elementales de nuestros hermanos indígenas”. Nuestro objetivo más concreto, enuncia Cusurichi, es promover que se encuentre una política de conservación que tenga en cuenta los derechos los pueblos originarios.
 
El líder shipibo identifica así uno de los mayores problemas mayores que confronta la FENAMAD en la actualidad es la condición de vida de algunas de sus comunidades asociadas ubicadas dentro del Parque Nacional del Manu. Establecido en 1973, con más de 1 millón 700 mil hectáreas en los Departamentos de Madre de Dios y Cusco, fue declarado en 1987 patrimonio natural de la humanidad por la UNESCO.
 
“El drama es que esta reserva se creó sin consulta alguna a los pueblos Matsigenka que viven allí desde miles de años”, explica. “A tal punto, que las autoridades impusieron una Administración del área natural sin la participación de los pueblos que viven en sus territorios ancestrales”, denuncia Cusurichi que en 2007 obtuvo el Premio que otorga la Fundación Goldman a los defensores del medioambiente.
 
Un caso emblemático de la confrontación entre “la conservación de la naturaleza y los derechos esenciales de los pueblos indígenas. Nuestros hermanos están condenados a la caza y pesca para la subsistencia. Sin ninguna posibilidad de realizar otras actividades económicas y productivas que les permita vivir con dignidad, y sin acceso a educación multicultural, a la salud integral y a los derechos sociales básicos”, insiste el también presidente ejecutivo de los Comités de Áreas Naturales Protegidas de todo Perú.
 
Las reivindicaciones planteadas por los indígenas peruanos en el marco de la décima sesión del Mecanismo de Expertos sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (10 al 14 de julio) exigen otra visión global. El desarrollo de un nuevo modelo de gestión del Parque; la creación de reales espacios de diálogo y cooperación entre las comunidades indígenas y las entidades del Estado; programas educativos interculturales y bilingües; y un programa integral de salud que reconozca también la medicina tradicional.
 
La solidaridad internacional
 
Para amplificar su voz los pueblos indígenas peruanos y de otros países del mundo cuentan con una activa solidaridad de la sociedad civil planetaria. La presencia de los representantes de FENAMAD en Ginebra ha sido posible gracias al apoyo de la Sociedad a favor de los Pueblos Amenazados (SPM).
 
“Nuestro sostén tiene como objetivo facilitarles encuentros, contactos, el cabildeo y que puedan brindar una información directa sobre su cotidianeidad”, enfatiza Julia Büsser, responsables de campaña de esta ONG con sede en Berna, Suiza.
 
Es esencial que puedan hacer visible sus prácticas y propuestas y que puedan explicar esa difícil contradicción que viven entre la conservación de la naturaleza y sus propios derechos como comunidades ancestrales. Y que se reconozca su aporte esencial a la protección del medioambiente, subraya.
 
“Abrirnos al mundo”

 
El Gobierno nacional solo mandató a su Ministerio de Cultura para dialogar con los pueblos originarios del Manu, señala Cusurichi.  Pero sin promover mejoras reales en lo económico, en lo productivo.  Ante esta insensibilidad ya crónica “adquiere una gran importancia el hacer escuchar nuestra voz en el terreno internacional. Venimos a presentar nuestra problemática y nuestras propuestas, hablar con autoridades mundiales y representantes de la sociedad civil”, señala el coordinador de la FENAMAD.
 
Reforzado en su iniciativa por entidades e instituciones inter-gubernamentales que han ido posicionándose a favor de las reivindicaciones de los indígenas peruanos. En 2007, la Comisión Internacional de Derechos Humanos (CIDH) dictó medidas cautelares (de protección) a favor de los Pueblos Indígenas en Aislamiento de Madre de Dios, en respuesta a una solicitud que había presentado FENAMAD en el 2005.
 
Victoria Tauli-Corpuz, Relatora especial de las Naciones Unidas para los Pueblos Indígenas, “ha insistido en diferentes ocasiones en que no se puede hablar de conservación natural sin tener en cuenta los derechos de los pueblos indígenas”, subraya Julio Cusurichi. Quien recuerda que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), la organización medioambiental más grande del mundo con sede en Gland, Suiza, “en un informe que acaba de presentar en junio de este año sostiene la misma posición, es decir que la conservación no puede oponerse a los derechos indígenas”.
 
“La lucha indígena, al servicio del planeta entero”
 
A pesar de lo complejo de la lucha de los pueblos originarios por sus derechos esenciales, “pienso que se han dado algunos avances y encuentro hoy muchos aliados que piensan igual y nos sostienen”, subraya el Premio Goldman 2007.
 
El problema principal “son los Gobiernos nacionales, los poderes económicos, las industrias extractivas que controlan los hidrocarburos, la madera, los recursos naturales y que no quieren entender que los recursos de la Amazonia son limitados”, enfatiza.
 
Por ello es importante, “sensibilizarlos, convencerlos, que no deben considerar nuestras reivindicaciones solo como la posición de los indígenas. Va mucho más allá: deben comprender que, si siguen explotando los recursos naturales de esta manera, los van agotar y todos sufriremos por igual las consecuencias”,
 
Espacios como el Mecanismo de Expertos del Medio Ambiente de la ONU; alianzas internacionales; la solidaridad en general, tienen la importancia de llegar a la conciencia ciudadana. Es fundamental comprender, concluye Cusurichi, “que las reivindicaciones y la movilización consciente de los pueblos indígenas tienen una repercusión mucho más amplia que nuestro espacio local. Son aportes importante para el conjunto de la ciudadanía del planeta entero”.
 

Sergio Ferrari, en colaboración con swissinfo.ch
http://www.fenamad.org.pe/
http://www.gfbv.ch/fr/
http://www.swissinfo.ch/spa/conservaci%C3%B3n-ambiental-solo-con-respeto-de-derechos-ind%C3%ADgenas/43329736

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=229183

 

 

Asumamos la recuperación comunal de territorios y territorialidades como  el poder económico, estatal y mediático de los pueblos frente al Estado terrorista del capitalismo. Comencemos por involucrar a una creciente mayoría de nosotros en el Nunca Más respecto a:

 

 

 

Detrás de la campaña antimapuche

Extractivismo, medios y un genocidio que no termina

11 de agosto de 2017

Por Darío Aranda (lavaca)

 

 

“Los indígenas no aceptamos el extractivismo. Y vamos a morir luchando contra las mineras, petroleras, empresas transgénicas. Por eso nos consideran un peligro”. Los líderes mapuches se defienden y contestan los discursos que los tratan de separatistas, terroristas o cosas peores. “La plurinacionalidad no es una propuesta separatista ni excluyente. Por el contrario, es una herramienta para la unidad en la diversidad”. Se encargan de explicar lo que – parecía- ya estaba dado: la propia legislación argentina reconoce los derechos de los pueblos originarios. Pero no se cumple. Por qué: las presiones de terratenientes y empresas como Benetton. La operación de los medios. El rol del modelo económico. Y un genocidio que no termina. Darío Aranda explica en esta nota el marco de la avanzada del gobierno contra los mapuches, en medio de la desaparición de Santiago Maldonado.

El modelo extractivo: petrolero, minero, agropecuario, forestal.

Una multinacional (Benetton) con directa influencia en el poder político y judicial.

Políticas de Estado de despojo y sometimiento.

Un genocidio que jamás tuvo su “nunca más”.

Sólo algunos de los elementos detrás de la campaña que pide represión para el Pueblo Mapuche.

 

Extractivo

Durante el menemismo se aprobó la ingeniería legal que dio pie a la profundización del extractivismo en Argentina: leyes mineras, privatización de YPF, ley forestal, aprobación de transgénicos con uso de agrotóxicos. Pero la implementación en los territorios se dio durante el kirchnerismo. Dos ejemplos: se pasó de 40 proyectos mineros en estudios (en 2003) a 800 proyectos (en 2015); de 12 millones de hectáreas con soja transgénica se pasó a 20 millones (22 en la actualidad).

El macrismo continúa esa línea: quite de retenciones a la minería, baja de retenciones al agro, flexibilización laboral para trabajadores petroleros. Más extractivismo, más avance sobre territorios rurales, donde viven pueblos indígenas y campesinos.

Amnistía Internacional contabilizó un piso de 250 casos conflictivos, entre los que detectó un punto en común: detrás siempre hay empresas (agropecuarias, petroleras y mineras, entre otras), que actúan en complicidad, por acción u omisión, de los gobiernos.

Cómo sucedió con la Campaña del Desierto, que tenía como fin económico incluir tierras al mercado capitalista, la Argentina del Siglo XXI repite la historia de avanzar sobre los pueblos indígenas.

 

Preexistente

“Mapuche” significa en mapuzungun “gente de la tierra”. Los mapuches, como todos los pueblos indígenas del continente, son a partir del vínculo con el territorio. De allí proviene su historia, su cultura, su filosofía, su vida y de ese territorio dependen sus hijos, nietos y su futuro como pueblo.

Un argumento falaz para atacar a los indígenas del sur es que decir que son chilenos. Los pueblos indígenas tienen miles de años de historia, y el Pueblo Mapuche en particular existe desde muchos antes de la conformación de los Estado-nación. Es decir, son previos a la existencia de Argentina y Chile. El artículo 75 de la Constitución Nacional lo reconoce: “Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano (…). Asegurar la participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten”.

Ante cada campaña mediática de ataque a los mapuches, académicos repudian las falsedades de sectores periodísticos. En enero pasado, investigadores del Conicet escribieron un texto que resume cientos de estudios académicos: “Afirmamos que los mapuches no son araucanos de origen chileno y no exterminaron a los tehuelches (…) Los mapuches no son “indios chilenos”, sino pueblos preexistentes. Esto significa que vivían en estos territorios antes de que existieran los Estados y que había mapuches en lo que hoy es Argentina”.

 

Periodismo represivo

“Denuncian vínculos de grupos mapuches con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia)”, tituló el diario Perfil el domingo 8 de enero en un extenso artículo, referido al conflicto del Lof (comunidad) Resistencia Cushamen con la empresa Benetton. La nota, firmada por Cecilia Moncalvo, acusó: “A medida que aparecen más datos, la acción de (Facundo) Huala y su grupo puede ser leída como el germen de una forma violenta de protestar y de hacer política. Hay datos, como que en zonas limítrofes la Gendarmería envió más personal, mientras que diputados chilenos y periodistas y productores argentinos mencionan a las FARC colombianas como parte de la financiación del grupo (…). Abre interrogantes sobre una zona liberada previamente y de tráfico de armas de Argentina a Chile. Facundo Jones Huala sería el nexo”.

Dos días después, el martes 10 de enero, hubo feroces represiones sobre el Lof Mapuche. Una por la mañana (Gendarmería Nacional). Otra por la tarde (policía de Chubut). El miércoles se produjo un tercer operativo violento. Tres represiones en dos días. Una cacería de mapuches. Una decena de presos. Otro tanto de heridos. Dos de gravedad. La imagen de Fausto Jones Huala, con un balazo en el cuello, recorrió el país.

A la campaña anti-indígena se sumó el diario Clarín, con un extenso artículo anunciado en tapa el domingo 22 de enero y doble página interna. “Facundo Jones Huala, el mapuche violento que le declaró la guerra a la Argentina y Chile”, fue el título, firmado por Gonzalo Sánchez. Citó en seis oportunidades voces oficiales del Ministerio de Seguridad de Nación, Cancillería y Secretaría de Seguridad. Todas voces en “off”, sin nombre ni apellido, que acusan al Lof Cushamen de hechos tan insólitos como ajenos a la realidad. Según Clarín:

-Los mapuches están vinculados a grupos kurdos y a la ETA del país Vasco.

-Recibieron financiamiento del kirchnerismo.

-Afirma que el Lof Cushamen ocasionó incendios, secuestro de personas e intento de asesinatos, entre otros hechos.

No se aporta ninguna prueba de todos estos hechos. Sólo la opinión del gobernador Mario Das Neves y voces en off.

Gonzalo Sánchez, autor de la nota y editor del diario, repite lo de Cecilia Moncalvo en Perfil: vincula al Lof Cushamen (y a Jones Huala) con la organización Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), cuando la comunidad nunca ha declarado ser parte de esa organización. Segunda coincidencia: Sánchez no otorga ni una línea a la voz del Lof Cushamen, ni de sus abogados, ni de las organizaciones de derechos humanos que acompañan.

Infobae no se quedó atrás. “Violencia, anarquía y apoyo externo: el perfil de dos grupos mapuches que tienen en vilo a Chile y la Argentina”, tituló el 9 de agosto un artículo de Martín Dinatale, con todas voces en off y ninguna entrevista a mapuches. Un artículo que podría haber sido escrito por Patricia Bullrich.

Insólita la nota de Claudia Peiró en Infobae. Acusó a los mapuches de estar financiados por ingleses. “The Mapuche Nation, el pueblo originario con sede en Bristol, Inglaterra”. No aporta una sola prueba que acredite esa relación.

Clarín retrucó. “Jones Huala redobla la apuesta: llamó a la rebelión y la lucha armada. Desde el penal donde está detenido, el referente mapuche convocó abiertamente a la acción violenta”. Firmada por el corresponsal el Bariloche, Claudio Andrade, conocido de las organizaciones mapuches por sus continuas que rozan el racismo.

Por otro lado, también sobresalen comunicadores, intelectuales, artistas y políticos no dudaban en echar sospechas sobre el líder qom Félix Díaz de Formosa y, al mismo tiempo, silenciar las atrocidades del gobierno feudal de Gildo Insfrán. Figuras radiales afines al kirchnerismo relativizaban el reclamo qom y hasta hacían entrevistas condescendientes a Insfrán. En el “mejor de los casos”, se llamaban a silencio ante la violación de derechos. El periodismo afín al kirchnerismo apoyó fervientemente la explotación petrolera en Vaca Muerta, aunque allí se violaban derechos indígenas y también se reprimía (y se reprime). Con el macrismo en el poder, esos mismos periodistas, intelectuales y artistas se horrorizan y repudian la violencia que sufren los mapuches.

Periodistas de uno y otro lado tienen una coincidencia: escriben sobre un hecho sin recorrer el territorio. No visitan (ni visitarán) las comunidades indígenas. Son periodistas de escritorio. Y sus mentiras repercuten de la peor manera: legitiman represiones.

 

Genocidio

Robo de bebés. Desaparición de personas. Torturas. Campos de concentración. Asesinatos.

Lo sufrió la sociedad argentina en manos de la última dictadura cívico-militar.

Lo sufrió el pueblo judío en manos del nazismo.

El Pueblo Mapuche también padeció robo de bebés, desaparición de personas, torturas, campos de concentración, asesinatos. Pero no hubo jamás pedido de perdón, tampoco reparación ni justicia. No hubo un “nunca más” para lo sufrido por los pueblos indígenas.

Diana Lenton, doctora en antropología y docente de la UBA, lo resume así: “El Estado se construyó sobre un genocidio. Se requirió que no hubiera más diversidad interna. Se anulan los tratados con los indígenas, el Estado se garantizó que no iban a interferir en la constitución de ese Estado. Es lo que se llama genocidio constituyente, son genocidios que dan origen a un Estado”.

 

Recuperaciones

“Wiñomüleiñ ta iñ mapu meu” significa en idioma mapuche “territorios recuperados”. Es un anhelo, una práctica reivindicatoria y, sobre todo, un derecho de los pueblos originarios volver a parcelas que les fueron arrebatadas en el pasado. En los últimos quince años, y luego de agotar la instancia administrativa y judicial, el Pueblo Mapuche recuperó 250 mil hectáreas que estaban en manos de grandes terratenientes.

Los pequeños burgueses urbanos deben permanecer tranquilos: los indígenas no ocuparán los departamentos en Palermo o Recoleta, ni les interesan las mansiones de Nordelta. Sólo vuelven a las tierras de sus antepasados que hoy están en manos de grandes empresas.

Los legalistas también deben estar conformes: las recuperaciones territoriales están respaldadas por tratados internacionales, que tienen rango superior a las leyes locales.

“Siempre que sea posible, los pueblos indígenas deberán tener el derecho de regresar a sus tierras tradicionales en cuanto dejen de existir las causas que motivaron su traslado y reubicación”, detalla el artículo 16 del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que tiene rango superior a las leyes nacionales. El artículo 14 también apunta: “Deberán tomarse medidas para salvaguardar el derecho de los pueblos interesados a utilizar tierras que no estén exclusivamente ocupadas por ellos, pero a las que hayan tenido tradicionalmente acceso para sus actividades tradicionales y de subsistencia”.

La Declaración de las Naciones Unidas (ONU) sobre Derechos de los Pueblos Indígenas, aprobada en septiembre de 2007, remarca en su artículo 10 “la opción del regreso” frente a los desplazamientos forzados y, en su artículo 28, legisla que “tienen derecho a la reparación, por medios que pueden incluir la restitución (…) por los territorios y los recursos que tradicionalmente hayan poseído u ocupado o utilizado de otra forma y que hayan sido confiscados, tomados, ocupados, utilizados o dañados”.

“Las comunidades indígenas en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)” es el título del trabajo sobre Derecho internacional de Rolando Gialdino, ex secretario de Derechos Humanos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el máximo tribunal del país. Al analizar la acción de la CIDH, abordó la posesión ancestral: “Los miembros de los pueblos indígenas que involuntariamente han perdido la posesión de sus tierras, y éstas han sido trasladadas legítimamente a terceros inocentes, tienen derecho de recuperarlas o a obtener otras tierras de igual extensión y calidad”.

La recuperación territorial implica mucho más que hectáreas: instala una concepción diferente de la tierra, que interpela el concepto de propiedad individual en busca de rentabilidad y lo suplanta por un espacio de ocupación colectivo, “territorio ancestral”, imprescindible para el desarrollo como pueblo originario.

 

Benetton

En 2007, la comunidad mapuche Santa Rosa Leleque volvió al territorio indígena: recuperó 625 hectáreas dentro de lo que entonces era parte de la estancia Leleque de Compañía de Tierras Sud Argentino (Grupo Benetton), ubicada entre Esquel y El Bolsón. El caso tomó repercusión nacional e internacional. Rosa Rúa Nahuelquir y Atilio Curiñanco, autoridades de la comunidad, viajaron a Roma junto al Premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel. Se entrevistaron con la familia Benetton, que prometió la donación de tierras dentro de Chubut. Pero la compañía sólo ofreció parcelas que eran improductivas.

La comunidad no aceptó y aclaró que los pueblos indígenas no aceptaban “donación” sino “restitución” por tierras que habían sido robados por privados. La causa avanzó en tribunales, hubo intento de desalojos, pero la comunidad permaneció en el lugar. Benetton nunca aceptó la derrota entre otras cosas porque habilitaría que otras comunidades repitieran la acción.

En noviembre de 2014, el Estado (provincial y nacional) finalizó el relevamiento territorial de la comunidad Santa Rosa Leleque. En el marco de la Ley Nacional 26.160 reconoció la posesión y uso de las 625 hectáreas por parte del Pueblo Mapuche. La comunidad siempre denunció las irregularidades en el título que adquirió la compañía Benetton (explicadas en detalle en el libro “Ese ajeno sur”, del investigador Ramón Minieri).

El 13 de marzo de 2015 se produjo una nueva recuperación territorial en la estancia Leleque de Benetton. “Actuamos ante la situación de pobreza de nuestras comunidades, la falta de agua, el acorralamiento forzado hacia tierras improductivas y el despojo que se viene realizando desde la mal llamada Conquista del Desierto hasta la actualidad por parte del Estado y grandes terratenientes. Sumado a esto la inmensa cantidad de reiñma (familias) sin tierra donde poder siquiera subsistir dignamente”, explicó como fundamento de la acción el comunicado firmado por Lof en Resistencia del departamento de Cushamen y el Movimiento Mapuche Autónomo (MAP).

 

Ya no era un sólo mal ejemplo. Ya eran dos. Y pueden ser más.

Benetton descargó todo su maquinaria legal contra los mapuches y contrató una agencia internacional de prensa y lobby (JeffreyGroup) para una campaña mediática, tanto a nivel provincial como nacional. El responsable en Argentina de JeffreyGroup es Diego Campal, que se presenta como “especialista en resolución de conflictos y gestión de crisis”.

Periódicamente llegaban las gacetillas de prensa y fotos en alta definición de los “atentados” que sufría la estancia Benetton. Sus principales destinatarios: el diario Jornada (Chubut), Río Negro (el más leído de la Patagonia), Clarín y La Nación. Los mismos comunicados llegaban al despacho del gobernador de Chubut, Mario Das Neves, y sus ministros.

La campaña mediático daba sus primeros pasos y vinculaba a los mapuches con grupos paramilitares (ETA, FARC).

 

Enemigo interno

En diciembre de 2016, el gobernador Das Neves pidió juicio político para el juez Guido Otranto por no haber condenado a Facundo Jones Huala (lonko del Lof en Resistencia de Cushamen). “No queremos jueces federales que actúen en connivencia con delincuentes”, refirió en relación a mapuches. Además, instó a que la población desobedezca al juez: “Que la gente reaccione, que no permita, por más que sea un juez, llevar a cabo este tipo de acciones”.

El Ministerio de Seguridad, conducido por Patricia Bullrich, acusó en un informe interno de agosto de 2016 a los pueblos originarios de la Patagonia de delitos federales y los responsabilizó de hechos delictivos sin aportar ninguna prueba. El informe interno fue titulado “Revalorización de la ley. Problemática en territorio mapuche” y reconocía que la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) realiza “tareas de investigación” ilegales y catalogaba los reclamos como “amenazas para la seguridad social”. El Ministerio de Seguridad hizo propio el discurso de las empresas petroleras, que argumentaron la “usurpación” que realizarían comunidades indígenas sobre campos petroleros.

Un centenar de organizaciones de pueblos originarios, Amnistía Internacional, el Servicio de Paz y Justicia (Serpaj) y la Asamblea Permanente de Derechos Humanos (APDH) emitieron un comunicado para alertar sobre la “estigmatización y persecución al Pueblo Mapuche”. El texto, titulado “La lucha indígena no es delito”, cuestionó al gobierno: “El ministerio de Seguridad coloca a las reivindicaciones territoriales mapuches como amenazas para la seguridad social (…) El Estado privilegia los intereses de las petroleras y criminaliza al pueblo mapuche”.

El 21 de junio pasado, un centenar de efectivos de gendarmería nacional llegó hasta la comunidad mapuche Campo Maripe (en Vaca Muerta, Neuquén), cerró los caminos internos y escoltó a cuadrillas de YPF para realizar una nueva perforación petrolera. Los integrantes de la comunidad pidieron explicaciones, solicitaron que exhiban la orden judicial (nunca se las mostraron) y exigieron que se retiren del territorio indígena.

La Gendarmería incluso impidió que la comunidad abandonara su propia tierra. “YPF usa la Gendarmería para entrar ilegalmente a territorio mapuche. Ingresaron sin consulta, ni autorización, con un procedimiento totalmente desmedido, sin mediar palabra, ni exhibir orden judicial. Los miembros del lof (comunidad) fueron amenazados y fueron rehenes en su propio territorio”, denunció el Consejo Zonal Xawvn Ko de la Confederación Mapuche de Neuquén, que cuestionó la “militarización” del lugar y acusó a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, de una “escalada de represión”.

 

Peligro

“Ser indígena hoy es ser subversivo”, resumió con simpleza en una mateada Jeremías Chauque, mapuche, músico, productor de alimentos sanos (sin agrotóxicos). Y amplió: “Los indígenas no aceptamos el extractivismo. Nunca lo aceptaremos. Y vamos a morir luchando contra las mineras, petroleras, empresas transgénicas. Por eso nos consideran un peligro”.

Facundo Jones Huala, desde la cárcel de Esquel, fue en línea similar: “El Pueblo Mapuche impulsa la reconstrucción de nuestro mundo, y la expulsión de extractivas del territorio. Como mapuches no podemos ser en tierras desbastadas, no podemos ser mapuche con pozos petroleros o con mineras. Necesitamos nuestra tierra sana, en equilibrio y armonía. Restablecer ese equilibrio es hoy revolucionario, es alterar el orden actual del capitalismo extractivo. Por eso los mapuches somos un problema para el poder”.

 

Disparen

Ante la desaparición de Santiago Maldonado, en el marco de una represión de Gendarmería Nacional el 1 de agosto, la ministra Patricia Bullrich apuntó contra las comunidades indígenas: “No vamos a permitir una república autónoma y mapuche en el medio de la Argentina. Esa es la lógica que están planteando, el desconocimiento del Estado argentino, la lógica anarquista”.

La Sociedad Rural Argentina, impulsora de la Campaña del Desierto y parte de la última dictadura cívico-militar, aportó un comunicado: “Tiene que terminar la impunidad para los grupos delictivos y violentos del Sur” (en referencia a los mapuches).

 

La Confederación Mapuche de Neuquén le contestó a la Ministra de Seguridad: “La funcionaria Patricia Bullrich en sus declaraciones cargadas de desprecio racial e ignorancia, construye una verdadera ensalada de conceptos errados. Desconoce conceptos básicos de estados modernos y evolucionados que se asumen como Estados Plurinacionales. Nuestra condición de Nación Mapuche está basada en la preexistencia milenaria que reconoce la propia Constitución Argentina. Negar esta realidad es propia de los estados autoritarios y colonialistas que desconocen la diversidad”.

“Un estado plurinacional no depende del permiso de una funcionaria. Está relacionado a una existencia de miles de años, ante un estado moderno de solo dos siglos de existencia”, explicó la Confederación Mapuche y afirmó: “La plurinacionalidad no es una propuesta separatista ni excluyente. Por el contrario, es una herramienta para la unidad en la diversidad. Si los mapuches no asumiéramos nuestra nacionalidad, seríamos un pueblo sin historia y peor aún, seríamos un pueblo sin futuro”.

El Consejo Asesor Indígena (CAI), histórica organización mapuche de la Patagonia, también emitió un documento: “Repudiamos el accionar del Estado frente los hechos que han sucedidos (el Cushamen) y manifestamos nuestra solidaridad con las víctimas de la violencia estatal y sus familias. Exigimos la aparición con vida de Santiago Maldonado y responsabilizamos al Estado Nacional por la actual situación de militarización que sufren los pueblos originarios”.

“No queremos que la actitud de Estado y la sociedad frente a nosotros sea de represión, discriminación y racismo”, precisó la organización indígena. Recordó que el Pueblo Mapuche ha sufrido incendios, persecuciones judiciales y policiales, amenazas de muerte, acosos, allanamientos e intentos de desalojo. Y el CAI dejó una aclaración: “Mantenemos nuestros reclamo y la firmeza en nuestra lucha”.

 

¿Solución?

Una pregunta recurrente es por dónde pasa la solución. Y la respuesta indígena suele ser simple: “Que se respete la ley”.

Argentina tiene frondosa legislación que favorece a los pueblos indígenas: desde la Constitución Nacional (Artículo 75, inciso 17), constituciones provinciales, Ley 26160 (freno a los desalojos), Convenio 169 de la OIT y la Declaración de Naciones Unidas sobre Pueblos Indígenas. La legislación vigente establece que los pueblos indígenas deben contar con “tierras aptas y suficientes” y que se debe realizar la “consulta libre, previa e informada” ante cualquier hecho que los pudiera afectar. Traducido: ninguna empresa extractiva puede ingresar a territorio indígena sin antes realizar todo un proceso de consulta (que puede llevar hasta años) con la comunidad.

De la mano de jueces y fiscales, esas leyes no se cumplen.

¿Por qué el incumplimiento? Porque es una política de Estado que atraviesa a todos los gobiernos: violar los derechos indígenas y beneficiar a petroleras, grandes estancieros, empresas del agronegocio y mineras.

http://www.lavaca.org/notas/que-hay-detras-de-la-campana-antimapuche-extractivismo-medios-y-un-genocidio-que-no-termina/

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=230152
 

 

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Un plan sistemático para desaparecer a los pueblos originarios

11 de septiembre de 2017

 Por Darío Aranda (La Izquierda Diario)

 

 

Desalojos y represión como política de Estado contra los pueblos originarios. La disputa por los territorios y el extractivismo. Senadores cierran filas contra pueblos indígenas y dejan caer una ley clave.

Violencia contra indígenas en Misiones. Amenazas de muerte en comunidades de Jujuy. Presiones a guaraníes en Corrientes. Represión a mapuches en la Patagonia. Es el contexto de la situación de los pueblos originarios de Argentina, con un agravante: oficialismo y oposición coinciden en dejar caer una ley clave (26.160) que frena los desalojos indígenas.

“Pareciera que la Campaña del Desierto continúa con otros rostros, pero con los mismos objetivos; las crías del general Roca continúan marginando, persiguiendo, matando y robando los territorios a los pueblos indígenas”, denunció Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz.

Facundo Jones Huala (mapuche de Chubut) y Agustín Santillán (wichí de Formosa) continúan presos de forma arbitraria.

 

Casos testigos

La comunidad Chapa’í, de la localidad misionera de San Ignacio, sufre desde el 28 de julio la avanzada conjunta del Municipio y de privados, que pretenden quedarse con su territorio. Con topadoras arrasaron su monte nativo y viviendas.

“Estoy muy preocupada por la comunidad. Estoy destrozada. Estuvieron trabajando gente de la Municipalidad. Abrieron caminos y echaron árboles nativos, nuestra medicina natural. Derribaron árboles frutales. Nos dolió a todos porque los chicos vieron cómo tiraban árboles de naranja, limones, palta y otras plantas que todos los años nos daban frutos”, denunció Itatí Brizuela, integrante de la comunidad Chapa’í, que explicó que detrás del despojo están las inmobiliarias de la zona.

De las 180 hectáreas que reivindica la comunidad, la Municipalidad planea dejarle sólo trece. A cambio les promete servicios esenciales: agua potable, energía eléctrica y viviendas.

La comunidad lo denunció y frenó la avanzada. Pero el 6 de septiembre retornó la violencia. La periodista Alicia Rivas alertó: “Continúa el avasallamiento del territorio de la comunidad de Chapa’í. Esta mañana volvieron a quemar las raíces de los árboles, prendieron gomas para volver más cruel el atropello, motosierras y cubiertas encendidas a plena luz del día, pegadito a las casas de las familias. Impotencia por un lado, pura impunidad por el otro”.

En Jujuy, la organización de Pueblo Indígenas del NOA (Opinoa), denunció el intento de asesinato del cacique del pueblo ocloya Néstor Jerez, de la comunidad Tilquiza (a veinte kilómetros de San Salvador de Jujuy). Acusaron a los privados Ariel Amaranto y Daniel Verzini de intentar atropellar a Jerez y luego dispararle con un revólver. “Te vamos hacer desaparecer como a (Santiago) Maldonado”, alertó la organización Opinoa que amenazaron al cacique.

 

“Lamentablemente estas situaciones se agravaron en el último año y medio, donde el Poder Judicial se tornó muy intransigente con los indígenas y no así con los usurpadores y terratenientes. Intentan instalar que la defensa de los territorios ancestrales tiene relación con el terrorismo; esto suena como un plan sistemático de desgaste de la causa de los pueblos originarios”, advirtieron las comunidades indígenas nucleadas en Opinoa.

 

En Corrientes, la comunidad guaraní Jahaveré enfrenta desde hace años un conflicto territorial con la estancia San Eugenio (de Kristine McDavitt, viuda del fallecido millonario Douglas Tompkins) que mantiene desde hace diez años un terraplén ilegal (incluso con sentencia judicial de demolición desde 2007) que perjudica a las familias campesinas e indígenas.

En julio pasado hubo inundaciones en la región y el terraplén agravó la situación. La comunidad guaraní trasladó sus animales a zonas altas y se reavivó el conflicto. También cuestionan el rol de la Fundación Conservation Land Trust (de McDavitt-Tompkins), que donó 150 mil hectáreas para la creación del Parque Nacional Iberá, pero con comunidades dentro.

“Hay un choque de dos visiones sobre qué es el territorio y la propiedad. Una responde a los intereses de una fundación norteamericana que quiere conservar paisajes sin gente. Y la otra a los últimos gauchos correntinos, verdaderos guaraníes del estero, que sólo quieren vivir en paz”, explicó Emilio Spataro, de la organización ecologista Guardianes del Iberá.

 

Las distintas comunidades de la Confederación Mapuche de Neuquén denuncian desde hace años el accionar de las petroleras, tanto por la contaminación como por la violación de derechos indígenas. Con el pacto Chevron-YPF (2013) en la formación Vaca Muerta se redobló la presión sobre los territorios. Las comunidades mapuches exigen que se cumpla el derecho a la consulta y al consentimiento libre, previo e informado (vigente en leyes nacionales). Han bloqueado caminos, mantenido diálogo con el gobierno provincial (sin resultados positivos) y denunciaron la intromisión de Gendarmería Nacional en junio pasado, que avanzó sobre los mapuches para que YPF realice nuevos pozos petroleros.

 

La última avanzada sobre los mapuches fue desde el Poder Judicial. El juez de Neuquén Lucas Yancarelli hizo lugar al pedido del fiscal Marcelo Silva y solicitó la captura de seis integrante de la comunidad Campo Maripe. Los consideró en “rebeldía” por no asistir a una audiencia donde se los acusa de haber “usurpado” el territorio donde siempre vivieron.

“Desde que se firmó el pacto Chevron-YPF, hay más de 50 mapuches procesados en Neuquén por defender el territorio”, afirmó Lefxaru Nawel, de la Confederación Mapuche.

 

Dos casos testigos de la criminalización indígena se dan en Formosa y Chubut. Agustín Santillán, referente wichí de Ingeniero Juárez, está detenido desde hace cinco meses por reclamar tierra, agua, salud y educación en la provincia gobernada por Gildo Insfrán. “Es un preso político”, resumió Pablo Pimentel, de la APDH La Matanza, que visitó a Santillán en la cárcel.

 

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Y Facundo Jones Huala, lonko de la comunidad Pu Lof en Resistencia, está preso desde el 28 de junio.

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Situación nacional

 

Amnistía Internacional Argentina presentó en 2015 un mapa de conflictos de comunidad indígenas (territorioindigena.com.ar). Contabilizó un piso de 183 casos. “Da cuenta de la situación de violencia y exclusión que viven los pueblos indígenas. Las comunidades exigen el cumplimiento de sus derechos frente a gobiernos (municipales, provinciales, nacional), empresas (agropecuarias, mineras, petroleras, de turismo, entre otras), y ante jueces y fiscales del Poder Judicial que desoyen las normativas vigentes”, resaltó Amnistía.

Realizado de forma colaborativa junto a la Asociación de Abogados de Derechos Indígena (AADI), la Asociación Abogados del Noroeste Argentino en Derechos Humanos (Andhes), la Defensoría del Pueblo de la Nación, el Equipo Nacional de Pastoral Aborigen (Endepa), el Grupo Acceso Jurídico a la Tierra (Gajat) y el Servicio de Paz y Justicia (Serpaj), es de actualización permanente y ya llegó a 250 casos en 2017.

“Mientras que la Constitución Nacional y los tratados de derechos humanos reconocen la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan los pueblos indígenas, y asegura su participación en la gestión referida a sus recursos naturales, los pueblos originarios siguen reivindicando su derecho al territorio, mientras sufren de forma desproporcionada violencia, exclusión y pobreza”, cuestionó Amnistía.

 

La relación es directa: a cuanto más avance extractivo (de la mano de empresas agropecuarias, petroleras, mineras y forestales, entre otras), mayor nivel de conflictividad y violación de derechos indígenas.

 

Senadores

En noviembre vence la Ley Nacional 26.160, muy conocido dentro del mundo indígena porque ordena relevar todos los territorios indígenas y frena las órdenes de desalojo.

Aprobada en 2006, su aplicación fue muy cuestionada por las propias organizaciones. Tanto en su implementación política (los relevamientos territoriales dependen del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas y sus pares provinciales) como judicial, con jueces y fiscales que pocas veces la aplicaron.

Según información oficial respecto a la Ley 26.160, existen 1.532 comunidades identificadas por el Programa Nacional de Relevamiento Territorial Indígena (Reteci). Sólo fueron relevados los territorios de 759 comunidades (49 % del total). De este porcentaje, sólo 459 comunidades cuentan con relevamiento finalizado.

Amnistía Internacional evalúa que durante 2017 se relevarán 150 comunidades, que representan sólo el 10 % del total. “Lo que deja por fuera a por lo menos 623 comunidades que aún no han atravesado ningún proceso de relevamiento y a las 303 comunidades que aún no lo han concluido. En conclusión, al menos 926 comunidades, el 60 %, quedarán a la deriva de no prorrogarse la norma y verán trunca su posibilidad de ver relevado su territorio”, alertó el organismo.

El jueves 7 de septiembre, la Cámara de Senadores tenía la posibilidad de votar la prórroga de la Ley 26.160, en beneficio de los pueblos indígenas. El tratamiento fue propuesto por los senadores Pino Solanas (Proyecto Sur) y Magdalena Odarda (CC-ARI). Los bloques del oficialismo (PRO y UCR) y la oposición (tanto el PJ como el Frente Para la Victoria) rechazaron votar la prórroga.

De esta forma, 33 senadores de diversos partidos se negaron a tratar el proyecto y diez se abstuvieron. Sólo once votaron en línea con los pedidos de los pueblos indígenas. Los ocho de la UCR y los seis del PRO votaron por la negativa.

Entre los que votaron por el “no” figuran: José Alperovich, Walter Barrionuevo, Julio Cobos, Rodoldo Urtubey, Federico Pinedo, Miguel Angel Pichetto, Luis Naidenoff, Angel Rozas, Omar Perotti y María Laura Leguizamón. Por la abstención (que funcionó como una negativa a tratar la ley) estuvieron Juan Manuel Abal Medina, Hilda Aguirre, Mirtha Luna y Alfredo Luenzo.

Aún con críticas a la implementación, existe consenso indígena en que la ley debe ser prorrogada. Es un paraguas ante la avanzada empresaria sobre los territorios indígenas. No hay dudas: es mejor que esté la ley, a que no esté. Pero los senadores nacionales se resisten a que siga existiendo la ley.

 

Desaparecer

Adolfo Pérez Esquivel acompaña la lucha de los pueblos indígenas desde hace décadas. El 3 de septiembre emitió un comunicado titulado “pueblos originarios, de víctimas a victimarios”. Enumeró las leyes que benefician a las comunidades indígenas y que no se cumplen. Recordó que Santiago Maldonado fue desaparecido en el marco de un reclamo territorial del pueblo mapuche y cuestionó al actual gobierno (y a los anteriores).

“Los pueblos originarios soportan desde hace décadas la violencia social y estructural. Y tanto el gobierno actual, como los que le precedieron, en lugar de buscar soluciones y respetar sus derechos, responden con represión”, cuestionó el Nobel de la Paz.

 

También denunció “la campaña de descrédito y mentiras que cuenta con la complicidad de grandes medios de comunicación, aliados del gobierno, de jueces cómplices, de funcionarios nacionales y provinciales que favorecen a grandes terratenientes, como Benetton, Lewis y Turner”.

Marcos Pastrana, diaguita de Tucumán, repudió el accionar de los senadores (al negarse a prorrogar la Ley 26.160) y también cuestionó el accionar del Poder Ejecutivo y de los grandes medios de comunicación “que llaman terroristas” a los indígenas que luchan por sus derechos.

En un audio que circuló entre comunidades indígenas de todo el país, Pastrana resumió el pasado y presente de la clase dirigente y del Estado para con los pueblos originarios: “No son políticos, no son gobernantes, ni son ni funcionarios, son gerentes ejecutores de las multinacionales y de los terratenientes (...) La política del Estado argentino es desalojar y hacer desaparecer a las comunidades y pueblos indígenas”.

http://www.laizquierdadiario.com/Un-plan-sistematico-para-desaparecer-a-los-pueblos-originarios

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=231358

 

 

Construyamos la paz como desarme del capitalismo. Contra los extractivismos y mega emprendimientos turísticos e inmobiliarios que destruyen comunidades y ecosistemas facilitemos la creación de compartidos horizontes políticos entre los medios urbanos y rurales, campesinos e indígenas. Pero sobre todo concretemos

"el ámbito y la producción de los comunes, claramente diferente del ámbito histórico de lo público y lo privado, que no sólo se definen a partir de la acción colectiva, constitución de comunidad, y/o tejidos cooperativos (estables o no) entre sujetos, sino en la manera sinérgica y armónica en la cual interactúan con sus ecosistemas para reproducir la vida inmediata".

 

"(...)Ante semejantes amenazas, incluso a la propia posibilidad de vida humana en el planeta, el sentido ético-político de la crítica al extractivismo centra su mirada en la reproducción de la vida y sus ciclos, en el más amplio sentido de la palabra ―no solo vida humana―. Se trata de una moneda con sus dos caras: una que busca desnudar al extractivismo mostrando sus límites y consecuencias, poniendo en evidencia sus narrativas y aspectos programáticos, y la falsa idea de que “no hay alternativas”; la otra, intenta visibilizar que no hay fórmula post-extractivista que valga, por más deslumbrante que sea la promesa, si se niega a reconocer la soberanía popular-territorial, si se rehúsa a privilegiar la riqueza ontológica de la vida, los procesos ecológicos de producción de valor. En este sentido, el proyecto ético-político que constituye la crítica al extractivismo, se centra en la defensa y reproducción de los comunes, de lo común".

 

 

 

El sentido comunal de la crítica al extractivismo

20 de mayo de 2015

 

 Por Emiliano  Terán Mantovani            

Como los conquistadores del Far West americano, el capitalismo avanza hacia el desierto”.

José Natanson

Como si fueran equivalentes Estado, Gobierno y Administración. Como si el Estado fuera el mismo, como si tuviera las mismas funciones de hace 20, 40, 100 años. Como si el sistema fuera también el mismo y mismas las formas de sometimiento, de destrucción. O, para ponerlo en términos de la Sexta: las mismas formas de explotación, represión, discriminación y despojo. Como si allá arriba el Poder hubiera mantenido invariable su funcionamiento. Como si la hidra no hubiera regenerado sus múltiples cabezas.

Subcomandante Galeano (EZLN), abril 2015

 

Como lo han planteado recientemente los zapatistas, esos nubarrones en el horizonte, ¿significan que viene una lluvia pasajera o una tormenta? Los crecientes rasgos de caos sistémico que se desarrollan ante nuestros ojos, interpelan con fuerza, una y otra vez, el sentido de los debates políticos sobre transformaciones y resistencias a la incesante expansión del capital; impactan sus dinámicas, crean constantemente encrucijadas, dilemas éticos; hacen que sean cada vez menos útiles algunos análisis centrados en los aspectos formales y regulares de los sistemas.

El movimiento salvaje del capital ha convertido al sistema capitalista contemporáneo en una especie de Frankenstein. Se trata en efecto, de un régimen de biopoder global muy asimétrico, pero que se despliega en un sistema de altísima complejidad e incertidumbre, con crecientes manifestaciones caóticas, de múltiples bifurcaciones, inestabilidades, fragmentaciones y volatilidades, sin precedentes en su historia; un proceso que recuerda también la metáfora de Marx en el Manifiesto Comunista, aún más pertinente para nuestros tiempos, del brujo que se vuelve impotente para dominar los espíritus subterráneos que conjuró. Bajo los pies de todo el juego geopolítico actual, de la guerra mundial por los recursos, de todas las pugnas territoriales de poder que hoy se desarrollan, se reproduce un orden metabólico incontrolable, como lo ha planteado István Mészáros.

En este sentido, y con respecto a los sistemas extractivistas latinoamericanos, ¿qué impacto tendrá para éstos, sus pobladores, sus territorios, el desarrollo de esta crisis civilizatoria, en relación a los distintos niveles de vulnerabilidad de la región? ¿Cómo leer las mutaciones regresivas del «ciclo progresista» en los últimos años, a la luz de la dinámica de caos sistémico global? ¿Cómo se vincula esto, con los notables cambios en los órdenes metabólicos de nuestros países de la última década, que en diversos casos, como el venezolano, hace manifiesto los límites y el agotamiento de sus modelos de “desarrollo”?

 

De esta compleja coyuntura histórica, se desprenden también otra serie de preguntas fundamentales, ¿cuáles son pues, los horizontes positivos, programáticos, éticos, políticos de la crítica al extractivismo? ¿Hacia dónde apunta? ¿La crítica al extractivismo debería servir para apuntar al “desarrollo” de una “economía nacional” industrializada? ¿El centro de los objetivos es mejorar la producción, la productividad, y engordar el sector secundario? Ante las crecientes manifestaciones de caos sistémico, ¿hacia dónde se dirige la crítica?, ¿quiénes gestionan en los países o territorios de América Latina, las transformaciones y paliativos ante el agravamiento de la crisis global? ¿Qué podrán ser capaces de ofrecer los Estados extractivistas (periféricos) ante esta situación?

 

La “primavera” progresista, viva y movida en la década pasada en muchos países de la región, que avivó los debates sobre el neoextractivismo, se ve cada vez más lejos en el retrovisor, y es opacada por los nubarrones visibles en el horizonte. Las cosas van cambiando a un ritmo sostenido.

 

Los anhelados Estados de bienestar, parecen formas políticas coyunturales de un momento del desarrollo histórico capitalista, de una serie de condiciones, que no parecen poder repetirse en la actualidad. ¿Cómo se conjuga la soñada industrialización, con los límites de la expansión de los procesos de reproducción ampliada de capital, a escala planetaria?, ¿cómo queda el afán de “desarrollo nacional” ante el hipotético «fin de los ciclos Kondratieff»[1]?, ¿a cuánto tiempo, y en qué escalas geográficas va a ser posible planificar?, ¿cuál es nuestra capacidad para atenuar los notables grados de vulnerabilidad sistémica que posee la región, ante situaciones difíciles?, ¿qué formas van tomando las disputas territoriales y qué capacidad puede mantener el Estado para monopolizar su poder en territorio nacional? Y en este sentido, ¿qué papel político pueden jugar las diversas formas de extractivismo delincuencial[2] que operan en América Latina?

Ante semejantes amenazas, incluso a la propia posibilidad de vida humana en el planeta, el sentido ético-político de la crítica al extractivismo centra su mirada en la reproducción de la vida y sus ciclos, en el más amplio sentido de la palabra ―no solo vida humana―. Se trata de una moneda con sus dos caras: una que busca desnudar al extractivismo mostrando sus límites y consecuencias, poniendo en evidencia sus narrativas y aspectos programáticos, y la falsa idea de que “no hay alternativas”; la otra, intenta visibilizar que no hay fórmula post-extractivista que valga, por más deslumbrante que sea la promesa, si se niega a reconocer la soberanía popular-territorial, si se rehúsa a privilegiar la riqueza ontológica de la vida, los procesos ecológicos de producción de valor. En este sentido, el proyecto ético-político que constituye la crítica al extractivismo, se centran en la defensa y reproducción de los comunes, de lo común.

 

Caos sistémico y territorios en resistencia: la biopolítica de los comunes

 

El desafío a los capitalismos extractivos, al ser éstos órdenes metabólicos transterritoriales[3], son no sólo horizontes políticos del campo rural, campesino o indígena, sino también urbano. El ámbito y la producción de los comunes, claramente diferente del ámbito histórico de lo público y lo privado, no sólo se define a partir de la acción colectiva, constitución de comunidad, y/o tejidos cooperativos (estables o no) entre sujetos, sino en la manera sinérgica y armónica en la cual interactúan con sus ecosistemas para reproducir la vida inmediata. Los bienes comunes, la riqueza común del mundo material e inmaterial (agua, biodiversidad, saberes, etc.), son comunizados en la gestión social colectiva, mediante acuerdos intersubjetivos para garantizar la subsistencia, sin agredir a cualquier otra experiencia de comunes. Es en este sentido, que hablamos de un concepto biopolítico de lo común: los bienes para la vida son componentes de un ecosistema, al igual que los humanos y las interacciones sociales. Se trata de un concepto ecológico cualitativo[4] para la reproducción de la vida.

 Esta noción potenciadora de la crítica al extractivismo tiene importantes implicaciones políticas que es necesario resaltar. En primer lugar, ante escenarios de caos sistémico, de gran complejidad y alta incertidumbre, en los cuales los entornos pueden cambiar rápidamente (en términos políticos, sociales, climáticos, etc.), el principio de orden es la comunidad y lo comunitario. Si los sistemas se caotizan, son las fuerzas sociales territoriales las que tienen principalmente el alcance y la capacidad de resistir y/o transformar las múltiples perturbaciones que afectan la reproducción de su vida cotidiana. Es en lo molecular donde lo común puede luchar contra los estragos del caos capitalista.

En segundo lugar, si el capital penetra todos los espacios y ámbitos de la vida humana ―por esta razón es un sistema “totalitario” para Mészáros―, esto implica que en primera instancia, es en ellos donde las formas de lo común no sólo producen sus resistencias territoriales, sino también germinan las formas futuras del cambio histórico en desarrollo. Mientras que las corrientes hegemónicas de la política en América Latina acotan todo el discurso en plantear cuál es el mejor balance entre Estado y Mercado, los comunes, con su diversidad de potencialidades y situaciones, trazan sus propios libretos e intentan defender y ejercer su soberanía territorial, y conformar mejores balanzas de poder con los gobiernos instituidos, sobre la premisa de un mandar obedeciendo o un «poder obediencial» (E. Dussel); esto tanto en los ámbitos rurales o semi-rurales (por ejemplo, las resistencias actuales contra el proyecto minero Tía María, Arequipa, Perú), como en los urbanos (por ejemplo, la Asamblea Ciudadana en defensa del parque Alberdi en Santa Fe, Argentina, o los campamentos de pioneros en Caracas, Venezuela). En todos los casos, el horizonte anti y post-extractivista desde lo común, recentra la producción de lo político en la vida inmediata colectiva de los y las pobladoras, sin que eso implique el abandono de ámbitos más amplios de disputa política, de escalas biorregionales, nacionales, continentales o globales.

 

En tercer lugar, una noción biopolítica de lo común resalta el carácter biocéntrico de su proyecto emancipatorio –biocéntrico por estar centrado en la Vida, en el más amplio sentido de la palabra (no solo vida humana), sin por esto borrar al ser humano–. Esta idea invita a preguntarse, ¿dónde está la riqueza?, ¿dónde está la energía?, ¿dónde se produce el valor?

 

La lógica de expansión geográfica, de crecimiento geométrico y fractal del sistema capitalista, no se da sólo en la superficie del campo social, ni únicamente por medio de la intervención del trabajo vivo humano, como se ha planteado generalmente desde las teorías antropocéntricas del valor; sino se desarrolla fundamentalmente a partir de la búsqueda permanente de dominación de la propia reproducción de la Vida y sus ciclos. A parte de la dominación sobre el trabajo vivo humano, la captura energética que produce el movimiento del capital y sus circuitos de acumulación se obtiene también de la producción de vida de los demás componentes de un ecosistema. Incluso el trabajo vivo humano se alimenta de éstos. Es imposible abstraer el plusvalor de la vida ecológica.

Estas omisiones son reflejo de la concepción de la economía humana como un meta-sistema, en vez de considerarlo como continuación del proceso reproductivo de la Vida. La centralidad del trabajo humano objetivado, ha dejado de lado otros productos no humanos constitutivos de la vida social –no solo los residuos, sino los diversos procesos de transformación de energía que alimentan a otros componentes–, los cuales se subsumen al primero.

 

El sistema capitalista pues, antes que un orden metabólico “social”, es primero un orden metabólico territorial. Produce sus propios ecosistemas, en los cuales instituye, de manera simultánea, formas de dominación sobre los humanos y sobre la naturaleza. Aliena la riqueza ontológica de la vida[5] para hegemonizar la forma dinero.

Hay una relación muy estrecha (pero invisibilizada, o muy poco atendida) entre energía y valor –valor definido ahora, en su amplio sentido ecológico–. Las omisiones tradicionales sobre dónde está la energía, la riqueza, o dónde se produce el valor, no sólo están muy vinculadas con las causas de la crisis ecológica global, sino que la visibilización de estas formas bio-económicas, tiene relación con las posibilidades de potenciar formas de autonomía material para pueblos, en la medida en la que se recuperan, rescatan o expanden formas de producción, aprovechamiento y uso de energías de escalas moleculares, descentralizadas, provenientes de la riqueza propia de los ecosistemas que constituyen la vida social.

 

La energía pues, no está sólo en los macro-procesos energéticos –aunque estos son los hegemónicos–, no sólo es la que aparece reflejada en las estadísticas de los informes de la Agencia Internacional de Energía (AIE), de la OPEP, de la BP, o de los ministerios de energía de nuestros países. Hay múltiples procesos moleculares de producción de energía en numerosas formas de la vida cotidiana, muchas de las cuales están íntimamente vinculadas con diversas formas de resistencia (directas o indirectas) a la dominación capitalista, con tramas comunales y cooperativas, y/o con prácticas ecologistas que buscan revertir los procesos depredadores del sistema moderno.

 

En este sentido, podemos hablar de energías insurgentes o disidentes, en la medida en la que su producción biopolítica crea y posibilita prácticas sociales más allá del capital[6]. Son una especie de lógicas populares de «permacultura» que, con variados alcances, ofrecen vías para la producción de lo común, y referentes materiales para enfrentar las consecuencias de la crisis civilizatoria y el caos global.

 

Cinco principios de la biopolítica de los comunes

A partir de lo antes expuesto, proponemos cinco principios fundamentales en relación a energía, caos sistémico y producción de lo común:

  • Tenemos que apropiarnos de nuevas escalas de valor y nuevos conceptos de riqueza: nuevos parámetros en la representación del valor, que tengan un carácter biocéntrico, que permitan no sólo desmantelar el aparato argumental que justifica al extractivismo, sino reformular nuestros patrones de vida cotidiana, nuestros horizontes políticos, nuestros procesos de producción de subjetividad, y nuestras capacidades materiales de autogestión, en la medida en la que desarrollamos nuevas relaciones ecosistémicas, que sean ecológicamente productivas, y que se potencian a partir de la gestión cooperativa.

  • Comunismo resiliente: la producción de lo común es imperiosa ante el caos sistémico. Junto con la conciencia de la crisis civilizatoria, y de sus posibles consecuencias socioterritoriales, está el concepto de resiliencia, que nos remite a la capacidad de una comunidad/ecosistema, de soportar y recuperarse ante perturbaciones significativas del mismo. En este sentido, es fundamental recuperar los procesos que hacen posible la reproducción de la vida social y mantenerlos cerca de nuestros territorios, como lo propone Rob Hopkins[7]. Difícilmente se puedan pensar procesos de transformación y resistencias sociales más allá del concepto de resiliencia.

  • Otras soberanías: comunizar, ocupar y reapropiar: reconocer que los ecosistemas básicamente funcionan de manera cooperativa y no jerarquizada, y que los bienes comunes para la vida no pertenecen exclusivamente a nadie, no basta para producir lo común. El tipo de relación y gestión común que se produce entre los sujetos, y su relación con los ecosistemas debe ser ejercido. De esta forma, si se trata de un open source, de una empresa de propiedad mixta, de una okupa, o de una comuna venezolana legalizada por el Estado socialista, es secundario. No interesan primordialmente los aspectos formales o nominales de estas gestiones, sino la potencialidad política popular de ejercer la soberanía y lo común sobre el territorio y los bienes para la vida, sea por vías de acción directa o bien por negociaciones vistas desde el «poder obediencial».

  • Comunizar a partir de la reproducción de la vida: como lo ha reconocido Silvia Federici, la centralidad de la política y la economía, ha girado en torno al campo de los medios de producción, dejando de lado lo que ha denominado los «medios de reproducción de la vida», un campo que no sólo ha sido llevado fundamentalmente por la mujer, sino que también ha sido el ámbito de la vida social donde suelen reproducirse las formas de lo común[8]. Es por tanto esencial, recuperar la reproducción de la vida como elemento central de la política.

Las diversas tradiciones de lucha, las diversas formas de lo común: cada territorio, cada nación, tiene tejidos y formas cooperativas y comunitarias diversas, con cosmovisiones, parámetros y complexiones diferentes. Pueden tener viejas tradiciones ancestrales o ser más contemporáneas y fragmentadas como los grandes ámbitos urbanos. Son estas las características ecosistémicas que definen cada una de estas luchas, sus puntos de partida, y no así lo es un libreto pre-establecido, aunque es importante compartir algunos horizontes ético-políticos de lucha. Hemos insistido, por ejemplo, para el caso venezolano, que la subjetividad contrahegemónica más potente y masiva de la historia del capitalismo rentístico es el «chavismo», y que ésta es una fuerza que se constituye ontológicamente de abajo hacia arriba, aunque esto haya sido presentado generalmente al revés[9], y aunque diversas tramas corporativas intenten capturar su potencia popular-insurgente. Como lo han reconocido Negri y Hardt, “uno de los escenarios decisivos de la acción política hoy implica la lucha en torno al control o la autonomía de la producción de subjetividad[10]. Cada experiencia de producción de lo común, se enfrenta no sólo a la conflictividad geopolítica, a la crisis civilizatoria, sino también a la micropolítica de agresión sobre estos procesos contrahegemónicos de subjetividad, de corporalidad, de creación de nuevos sentidos comunes. He ahí uno de los grandes desafíos para estos procesos de transformación, en todas sus escalas, que se vive con enorme intensidad en la Revolución Bolivariana.

Caracas, mayo de 2015

*Emiliano Teran Mantovani es sociólogo e investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG).

Referencias bibliográficas: (...)

Fuente: http://www.alainet.org/es/articulo/169743