Qué País

Mayo 2017

Sin olvido de las luchas obreras y asumiéndolas desde la recuperación actualizada de la independencia de clase.

 


 

 

 

SITUACIÓN / CRISIS CIVILIZATORIA / ALTERNATIVAS

 

 Situación

 

Comparemos tres mayos de nuestro país para tratar de averiguar, en el actual, qué hacer desde abajo y a la izquierda. Al recordar los ideales derrotados de 1810 apreciemos asignaturas pendientes que explican nuestro permanente sometimiento a la alianza de capitales y estados imperialistas con los locales:

 

Vigencia del pensamiento político del doctor Don Mariano Moreno

Escrito por el Prof. Mauro Aguirre, con la colaboración de Fabricio Grosso.

“La rebeldía estalla ahora en Córdoba y es violenta, porque aquí los tiranos se habían ensoberbecido y porque era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contra-revolucionarios de Mayo. “

Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria. Córdoba 1918.

 

Desde hace casi cien años la Universidad Argentina, más concretamente desde 1918 hasta la fecha, pugna por denunciar a los ensoberbecidos “contra-revolucionarios de Mayo” para poder escuchar las resonancias del corazón que nos indican que “estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.”

Antes de ello, y fuera de la Universidad, otros como Juan Bautista Alberdi, José León Suárez, Manuel Ugarte y Julio V. Gonzalez, han fundamentado la necesidad de comprender los hechos revolucionarios de 1810 para impedir que los contrarrevolucionarios cuenten la historia que no ocurrió y las nuevas generaciones de argentinos no puedan comprender la raíz de los enormes problemas basados en las deudas pendientes que, a doscientos años todavía, no se han podido saldar.

La Revolución de Mayo como emergencia de una crisis del poder vigente hasta el momento en España y en todo el continente americano de habla hispánica, forma parte de una serie de hechos confusos y tumultuosos que pueden tener como punto de partida la abdicación de la monarquía española en 1808. (...)

En medio de aquellos acontecimientos que se sucedían destronando los antiguos poderes, sin poder afirmar los nuevos, los revolucionarios de Mayo necesitaban un Plan Estratégico que les permitiera ordenar, no solamente las ideas, sino las acciones de gobierno y las fuerzas necesarias para llevarlas a cabo. Ya había sido discutido en los días previos al 25 de mayo de 1810 aquél asunto de que la soberanía no era depositada en la cabeza del monarca por Dios; sino por el contrario, el Creador la depositaba en el Pueblo, y era este último el que depositaba su soberanía en el gobierno.

Esta tesis se había discutido también largamente en España y una corriente liberal-revolucionaria había agitado la península y nuestro continente. El absolutismo monárquico estaba por aquellos días en pleno retroceso. Una lógica de hierro hispanoamericana preanunciaba su caída. Los revolucionarios sabían lo que no querían, pero no estaba claro qué era exactamente lo que querían.

El genio de Belgrano, formado en aquella escuela liberal, revolucionaria, respetuosa de la soberanía popular, guiado por una profunda sensibilidad social originada quizás en su espíritu cristiano; planteó desde la Primera Junta de Gobierno, la necesidad de clarificar el rumbo de aquella revolución.

Dadas las obligaciones del creador de la Bandera, preparó algunos puntos centrales en la redacción de un plan estratégico que sirvierse para precisar el rumbo a seguir, y el encargado de darle forma fue el que a la postre sería quizás el más brillante pensador de aquella revolución. Redactó en consecuencia el “plano que manifiesta el método de las operaciones que el nuevo gobierno provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata debe poner en práctica hasta consolidar el grande sistema de la obra de nuestra libertad e independencia” más conocido como “Plan de Operaciones de Mariano Moreno”. 

Sobre el final de su largo nombre dice que debe ser puesto en práctica hasta consolidar el gran sistema de la obra de nuestra libertad e independencia. Esa grande obra es hoy un objetivo a conseguir, por lo tanto aquél plan aún tiene vigencia. Es precisamente por esta razón, por su vigencia por más de doscientos años, que los sectores más reaccionarios de la sociedad argentina y sudamericana y sus ideólogos, escribas, medios de comunicación y aún la Universidad lo han negado sistemáticamente dejando a la Revolución sin revolucionarios, a los revolucionarios sin estrategia y a los contrarrevolucionarios como patriotas liberales amigos de los que propiciaron nuestra revolución: los ingleses.

Con el correr de los años, un tal Eduardo Madero se reencuentra con el desaparecido Plan en el Archivo General de Indias, en Sevilla. Pero ésta ya es otra historia que explicaremos un poco más adelante.

El 18 de julio de 1810, mientras se toma la decisión de redactar el Plan de Operaciones, coexistían en el Virreinato del Río de la Plata y especialmente en la Ciudad de Buenos Aires, a grosso modo, tres grandes tendencias que estaban en conflictos entre sí, pugnando para darle un rumbo a los acontecimientos. Un sector vinculado todavía al monopolio comercial establecido por la Corona y los españoles. Defendiendo a este monopolio y esta relación tan particular con España, este grupo defendía no solamente sus intereses económicos, sus privilegios, sino también un determinado orden político. Su principal exponente, Martín de Álzaga, que había exhibido una brava conducta ante las invasiones inglesas, en defensa seguramente de los intereses españoles, fue finalmente fusilado.

Otro grupo que participaba incluso del gobierno que había depuesto al Virrey, lo conformaba una alianza inestable entre la tienda y la hacienda. Comerciantes vinculados a la exportación de productos agropecuarios desde la ciudad de Buenos Aires e importadores de manufacturas, podían sentirse representados, en el vendaval de aquellos acontecimientos, por Bernardino Rivadavia y sus liberales y anglófilos amigos políticos. Dentro de esa alianza, familias linajudas, españoles propietarios de tierras, hacendados del virreinato, encontraban en Cornelio Saavedra a su expresión más prudente y confiable. De hecho, fue Presidente de la Primera Junta de Gobierno.

Nacido en Potosí, actual Bolivia, se había trasladado siendo pequeño a la ciudad de Buenos Aires. Este cambio de residencia no implicó un cambio de su origen social ni de sus relaciones familiares y sentimentales. Primero contrajo enlace con la hija de un poderoso hacendado y, a su fallecimiento, con la hija de uno de los comerciantes más poderosos del puerto de Buenos Aires. La hacienda y la tienda.

En conflicto con los monopolistas españoles de Álzaga y, al mismo tiempo, con la hacienda y la tienda, estaba el grupo morenista que no solamente enfrentaba al absolutismo monárquico sino que, atento a las nuevas ideas y las nuevas realidades, pretendían modernizar la estructura productiva de lo que había sido hasta ese momento el Virreinato del Río de la Plata (es conocido el industrialismo de Belgrano, las nuevas ideas de Castelli y del propio Moreno a partir de su Plan, que puede ser verificado en el plan de gobierno seguido por el General San Martín en Cuyo fundador, entre otras cosas, de la industria metalúrgica en la región) sino que también planteaban una profunda reformulación del régimen político. No era una adhesión abstracta a fórmulas democratistas afrancesadas, sino que estaban imbuidas de un profundo criollismo. Es sabido que la cercanía con la Corona proporcionaba privilegios a los españoles en tierra americana. Propiedades, títulos y riqueza iban de la mano. Desde el poder político dominante, todo esto estaba garantizado.

La empresa acometida por el partido morenista en el escenario de la Revolución de Mayo es verdaderamente ciclópea. Su triunfo es efímero y su final, transfigurado.

 

El plan de Mariano Moreno

Inmediatamente de acontecido su fallecimiento (o quizás asesinato) en un barco que lo trasladaba a Europa, habiendo sido desplazado como secretario de la Primera Junta, su hermano Manuel, que viajaba con él, escribió para “clarificar a sus paisanos” un libro que tituló: “Vida y memorias de Mariano Moreno”. Indudablemente quien había acompañado a Mariano durante toda su formación intelectual, espiritual, jurídica y también lo había acompañado en su gestión de gobierno, conocía profundamente las opiniones de Mariano respecto a la revolución americana, las razones que la habían provocado y el rumbo que debía seguir.

En la introducción de estas memorias, Manuel dice: 

Las transacciones ocurridas en Bayona en mayo de 1808 han producido acontecimientos notables, cuyo espectáculo no se presenta en el mundo sino de tarde en tarde.

Una gran monarquía, célebre después de más de tres siglos por su poder, por sus riquezas, y por su extensión, ha sufrido la desilusión más súbita y la Casa de los Borbones que se había sentado en el solio de España por el espacio de más de un siglo y que tan formidable se ostentó a su entrada, ha sido expulsada por sólo la virtud de un decreto.” 

Si Manuel Moreno se tenía que remontar a lo que consideraba la partida de nacimiento de los hechos revolucionarios, el episodio de 1808, cuando su hermano Mariano escribía un plan lo hacía también con la misma amplitud de panorama e intentando que el plan resolviese los problemas que el momento le planteaba, por ejemplo: era necesario, a partir del poder construido y exhibido en los acontecimientos revolucionarios de Mayo, construir un Estado en línea con ese pensamiento. El monarca había caído, la ya antigua forma de resolver los problemas económicos, políticos e incluso los internacionales estaban todas puestas en tela de juicio. Un nuevo Estado debía intervenir. 

Dice su redactor que habrá que expropiar a cinco o seis mil personas pudientes (prestamistas, ganaderos, grandes comerciantes, monopolistas) a fin de obtener un capital de doscientos o trescientos millones de pesos “que serían puestos en diferentes giros en el medio de un centro facilitando fábricas, ingenios, aumento de agricultura, etc.” Se propone al mismo tiempo evitar buscar en el exterior nada de lo que se necesite para la conservación de sus habitantes, no hablando de aquellas manufacturas que, siendo como un vicio corrompido, son de un lujo excesivo e inútil, que deben evitarse principalmente porque son extranjeras y se venden a más oro de lo que pesan. Moreno no era Rivadavia. Si se quiere buscar alguna analogía entre su opinión y la de algún otro patriota de la región, habrá que encontrarla en Artigas y la ley de Aduanas que le dictó el Protector a los Pueblos Libres.

En sentido similar, pugnaría Pedró Ferré en la época de Rosas y la Ley de Aduanas dictada por este último provocó nada menos que el bloqueo y la guerra con la coalición ango-francesa. San Martín, que tampoco era rivadaviano, por esta acción – la de Rosas– y sin sentir una gran simpatía por aquél, el Capitán de los Andes le legaría el sable que lo acompañó en toda su campaña libertadora. 

Otro de los temas que le preocupa al Secretario de la Junta en la redacción de su Plan es la explotación de las minas, cuya actividad debía quedar reservada al Estado Nacional. Todavía hoy cualquiera que se sienta consustanciado con aquellas propuestas y su vigencia proclamará la necesidad de derogar, en el 2015, toda legislación minera sancionada en épocas del menemismo. 

El manejo del oro y la plata asoció a Rivadavia y los capitales ingleses. El coronel Dorrego se opuso, denunció la maniobra y al grupo rivadaviano y ésto, entre otras cosas, le costaría la vida en Navarro. El cuñado de Roca liberalizó la explotación de oro y plata; la depreciación del peso argentino alcanzó magnitudes inconcebibles, con una especie de Ley de Convertibilidad. En esa época no había helicóptero, pero también saltó por el aire.

El General Perón, entre otras cosas, nacionalizó el subsuelo de los argentinos. Tenía por objetivo hacer de Córdoba un centro industrial, se necesitaba el oro, la plata y otros metales para aquella empresa. Cuentan que en su biblioteca contaba con un ejemplar del Plan de Operaciones. Quienes escribimos esto, también.

Entre las acciones revolucionarias sugeridas en su Plan Estratégico, Mariano Moreno comprendía la necesidad de tomar contacto con José Gervasio Artigas, el que años después dictaría la conocida ley de Aduanas, puesto que aquél hombre de la Banda Oriental coincidía con los objetivos centrales de la Revolución de Mayo; se oponía al gobierno de Montevideo, puerto que quería reconquistar para el dominio del Estado Naciente y gozaba de un gran predicamento en la campaña y entre los guaraníes nativos que habían perdido tiempo atrás la protección de la Orden de los Jesuitas, y que sin embargo habían probado las mieles de la autonomía y de una sociedad más justa. 

No falta la necesidad, en este escrito, de promover la abolición de la esclavitud y ofrecer a los nativos tierras y un trato igualitario.

Quizás no porque fuera su discípulo, simplemente porque coincidía, Artigas pudo llevar adelante este plan (abolición de la esclavitud, distribución de tierras para nuestros paisanos los indios) en la Banda Oriental del Uruguay.

Aunque suframos algunas extorsiones debemos mantener relaciones con Inglaterra que es nuestro enemigo en una segunda línea de peligro a pesar de ser ésta, una de las potencias más intrigantes por los respetos del señorío de los mares… cuya ambición no ha podido nunca disimular”.

En la cosmovisión de Mariano Moreno ingresaba la Banda Oriental, Río Grande del Sur (en Brasil), todo el Paraguay antiguo (sin las pérdidas que le generó la guerra de la Triple Alianza), lo que es actualmente Bolivia (pero con salida al mar) y, naturalmente, lo que hoy conocemos como Argentina. El principio seguido por los dirigentes de las revoluciones en América del Sur era intentar respetar los límites trazados en los virreynatos que habían sido creados y en esos centros de poder provocar la caída para siempre de las autoridades virreinales sin exceder estas fronteras a los efectos de no entrar en colisión con otros patriotas que estuviesen en la misma tarea. Esta mirada es la que explica las campañas de Belgrano y de Castelli.

En las décadas y la centuria siguiente de aquella unidad política se fueron desgranando la Banda Oriental, el Paraguay, Bolivia, por abdicaciones y felonías de gobernantes argentinos. Son precisamente ésos quienes escondieron el Plan.(...)

Publicado en Núcleo Temático II. “América Latina: Independencia sin Unidad” (18101825)

Fuente: http://www.revuniversitaria.com.ar/index.php/informacion-academica/item/335-vigencia-del-pensamiento-politico-del-doctor-don-mariano-moreno

 

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Pensamiento político, vida y obra de José Gervasio Artigas

Por Noelia Navarro

 

El relato de los hechos, personajes y el desenvolvimiento de las distintas clases sociales en América Latina escrito por la trágica impostura porteña se ha encargado de olvidar a grandes hombres y mujeres o a transfigurarlos hasta convertirlos en la antítesis de lo que realmente fueron. El ideario revolucionario de una generación completa de americanos fue sepultado, transformando a sus mejores hombres en mártires locales de los nuevos y raquíticos Estados que se conformaban alrededor de cada puerto. Artigas es expresión de esto.

 

El periodo en el cual se desenvuelve Artigas, está caracterizado por el enfrentamiento entre Buenos Aires y el resto de las provincias que conformaban el Virreinato del Rio de la Plata,  fundado en el monopolio que ejercía Buenos Aires sobre el Puerto y la Aduana y de los recursos que ésta generaba, en detrimento del resto de las provincias del interior, sumado a la política libre cambista adoptada por la burguesía comercial porteña que permitía el ingreso permanente de mercaderías inglesas ahogando las pequeñas industrias artesanales del interior.

 

Después de 1810 el monopolio del rey fue suplantado por el monopolio de la oligarquía porteña que concentró entre sus límites la mayor parte de la riqueza. Explica Jorge Abelardo Ramos: “Cuando Buenos Aires sustituye a España en la hegemonía sobre el resto de las provincias, todas ellas se levantan contra Buenos Aires. Pero de todos los caudillos es Artigas el que más hondo y lejos ve el conjunto de los problemas históricos en juego. Escribir su historia seria de cierto modo reescribir la historia argentina y, por ende, rescribir este libro, pues nosotros también hemos pagado tributo a la falsía de nuestro origen y también nosotros, víctimas solidarias de la balcanización, hemos balcanizado a Artigas, amputándolo de nuestra existencia histórica para confinarlo a la Banda Oriental.”[1]

 

Las posiciones federales que encarnaba Artigas,  surgen como consecuencia directa del centralismo porteño. Antiguos generales y soldados de la independencia se transforman en caudillos de sus provincias en defensa de la  producción, de las pequeñas industrias artesanales y de miles de peones, gauchos e indios que los acompañaban a la par. Artigas sintetizó las reacciones del interior frente a la política excluyente de la oligarquía porteña, con la particularidad de haber librado batalla frente a los españoles primero, los portugueses después, con la burguesía comercial del puerto de Buenos Aires y Montevideo y con el Imperio Británico.(...)

 

Al convocarse la Asamblea del Año XIII que debía  resolver el problema fundamental del puerto, la Aduana y el crédito público, Rondeau convoca  a Artigas para que envíe los diputados orientales. El pensamiento político de Artigas era profundamente democrático y esto se evidencia en la convocatoria a Asamblea que realiza en ocasión de elegir diputados para la Asamblea. En ella dice: 
“Tengo la honra de volver a hablaros, es la segunda vez que hacéis uso de vuestra soberanía… Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana”.

 

Las instrucciones que se dieron a los diputados de la provincia oriental para el desempeño de su misión ante la Asamblea Constituyente de Buenos Aires eran muy concretas y sintetizaban el pensamiento político federal, democrático, industrialista y americano del Protector de los Pueblos Libres:

 

El plan de Artigas, a los ojos de Buenos Aires, era irrisorio: pretendía igualar a Buenos Aires y sus gentes cultas con el resto de los “ranchos” interiores, bajo un sistema federal en el que Buenos Aires debería distribuir los ingresos del puerto y la Aduana  contando además con la apertura de los puertos de Colonia y Montevideo lo que implicaría que Buenos Aires perdiera parte del beneficio de cobrar los impuestos derivados de la Aduana. En consecuencia,  los delegados de Artigas fueron rechazados en la Asamblea del Año XIII  a cargo de Alvear, antiguo compañero de San Martin.

 

El ideario revolucionario de Artigas contemplaba una política tendiente a la industrialización de las Provincias Unidas. Los gobiernos porteños representaban a las clases sociales vinculadas a la producción agraria y al comercio de importación y exportación con Gran Bretaña, siendo las Provincias Unidas exportadoras de materias primas e importadoras de productos manufacturados. Este modelo agroexportador beneficiaba solamente a aquellos que tenían producciones exportables mientras que destruía a las provincias del interior, fundamentalmente las provincias mediterráneas, que eran desplazadas por la producción de manufacturas inglesas. Artigas representa por un lado, a los ganaderos orientales, al conjunto de las provincias litorales afectados por el monopolio del puerto, sino también al resto de las provincias del interior que necesitaban de una política de proteccionismo económico.

 

El proyecto artiguista apuntaba al desarrollo del mercado interno subordinando el comercio exterior al mercado interno. Así se refería Artigas al comercio con los ingleses “he recibido igualmente el oficio y contestación al comandante de las fuerzas de Su Majestad Británica. Vuestra señoría ha contestado lo que debe. Ya dije a vuestra señoría lo que respondí al comandante principal sobre el comercio inglés: que mis puertos estaban abiertos, que la seguridad de sus intereses mercantiles era garantida, debiendo los comerciantes, para importar o exportar sus mercancías, reconocer por puestos preciso, Colonia, Montevideo y Maldonado; que dichos comerciantes ingleses no pueden traficar a Buenos Aires mientras nuestras desavenencias con aquel gobierno no queden allanadas. De este modo pueden continuar su comercio los de su nación, le digo a dicho comandante; si no le acomoda haga vuestra señoría retirar todos sus buques de estas costas, que yo abriré el comercio con quien más nos convenga”.

 

Regulaba  el comercio entre las provincias y el exterior a partir del Reglamento Aduanero de 1815. El reglamento establecía aranceles aduaneros para el comercio exterior y el libre comercio entre las provincias. Los aranceles se aplicaban con tarifas diferenciales, eran mayores para los productos de fabricación local y disminuían para las mercancías de necesaria importación. Al mismo tiempo, la introducción de mercaderías de origen americano pagaba un bajo arancel, lo que demuestra la concepción americana, no porteña, de Artigas. Este reglamento para la unión aduanera serviría para la definitiva integración económica  y constituye el antecedente directo de la Ley de Aduanas de Rosas.

Artigas se distingue de otros hombres de la generación de la independencia. Simón Bolívar, por ejemplo, redacta una constitución para la Gran Colombia pero sin antes haber modificado la estructura económica  atacando la tenencia de la tierra en manos de grandes latifundistas. Artigas, en cambio, es quien con mayor profundidad comprende que es necesario modificar la infraestructura económica, arrebatando el poder económico y político de las clases oligárquicas que son las que impiden el desarrollo de la gran Nación latinoamericana.

Para establecer su plan de asentamiento de los hombres en la tierra y de la vinculación de los paisanos a la producción racional de la ganadería contaba Artigas con la ya existencia conciencia de los pequeños hacendados. Los pequeños hacendados que rodeaban los escasos  pueblos de repartimiento, habían educado generaciones de hombres acostumbrados al rutinario y eficaz trabajo rural de amansar y reproducir ganados. Si a pesar de la asfixiante situación económica que vivía la Banda Oriental colonial habían desarrollado y madurado sus hábitos de trabajo ¡Cuánto mas no habrían de hacerlo ahora, en que la revolución les abría un inextinguible mercado de consumo para sus producciones! ¿Qué le faltaba a esta capa de hacendados? Tierra. “[5]

 Pocos meses después, el nuevo Director Supremo, Gervasio Posadas declara a Artigas fuera de la ley enemigo de la Patria y pone precio a su persona, ya sea vivo o muerto.(...)

Publicado en Núcleo Temático II. “América Latina: Independencia sin Unidad” (18101825)

Fuente: http://www.revuniversitaria.com.ar/index.php/informacion-academica/item/325-pensamiento-politico-vida-y-obra-de-jose-gervasio-artigas

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La Reforma Agraria Artiguista

El accionar Artiguista en la Provincia Oriental: La aplicación del Reglamento Provisorio durante los años 1815 y 1816, y las trabas que encuentra por parte de los grandes latifundistas y su órgano político de acción el Cabildo de Montevideo.

 

Los festejos realizados durante el presente año con motivo del Bicentenario del proceso de emancipación Oriental[1] nos invitan a repensar históricamente dicho proceso que desde 1811 hasta1830 ha transitado distintos caminos tanto ideológicos como de acción. Podemos preguntarnos ¿Quién fue José Gervasio Artigas? Y para contestarnos nada mejor que despojarlo de toda la ornamentación patriótica a la que han sometido su figura e indagar al Artigas histórico. El país que hoy es Uruguay lejos está dela Provincia Oriental por la que luchó Artigas y que deseaba se integre a una Liga Federal compuesta también por las actuales provincias argentinas de Misiones, Corrientes, Santa Fe y Entre Ríos.

Entre sus medidas más importantes como Protector de los Pueblos Libres durante los años 1815 y 1816 se encuentra una política de Reforma Agraria que tuvo como escenario la Banda Oriental.

El día 10 de Setiembre del año 1815 se aprueba por parte del gobierno de la Provincia Oriental el “Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental para el fomento de la campaña y seguridad de sus hacendados”; dicho reglamento tenía como objetivo básico lograr mejorar la situación rural de la Banda Oriental.

La medida más polémica que proponía el Reglamento era el hecho de expropiar las tierras de “los emigrados, malos europeos y peores americanos” que poseían por lo general inmensos latifundios. Básicamente se buscaba quitarles la tierra a aquellas personas consideradas enemigas de la causa Artiguista: los peninsulares o los Orientales aporteñados principalmente.

El Reglamento Provisorio se enmarcaba a su vez en las ideas de Artigas y su gente, que contra el Unitarismo Bonaerense, adherían la Provincia Oriental dentro de una Liga Federal integrada también por las actuales provincias de Entre Ríos, Córdoba, Corrientes, Misiones y Santa Fe.

El hecho es que debido a las expropiaciones de tierra llevadas a cabo por parte del gobierno de la Provincia Oriental durante los años 1815 y 1816, la clase latifundista recurre a diversas medidas para mantener sus propiedades, apelando a su conciencia de clase. Leer

 

 

Otro mayo de inflexión histórica fue El Cordobazo. "Constituyó un punto decisivo en la evolución de la lucha de clases, porque puso de manifiesto el estado que había alcanzado la radicalización de la conciencia política de importantes sectores del proletariado, de la pequeña burguesía y el profundo rechazo antidictatorial existente, acumulado en varios años de deterioro económico-social y de opresión política.

El país no volvió a ser el mismo, se incorporaron a la lucha cientos de jóvenes obreros y estudiantes.

Estallaron todas las instituciones.

Se abrió un profundo debate, que se expresó abiertamente en toda la sociedad. El tema central de la polémica, era como debía seguir la lucha contra la dictadura y para qué".

 

 

 

¿Qué fue el Cordobazo y cuáles fueron sus consecuencias?

Entrevistamos al historiador Leonidas "Noni" Ceruti acerca de su visión del Cordobazo.

28 de mayo de 2016 | Edición del día


¿Qué fue el Cordobazo?

 Fue uno de los mayores avances de la lucha de la clase obrera y el pueblo en los años 60 y 70.

Se reaccionó contra la opresión política, económica y social.

No fue un alzamiento popular espontáneo, fue organizado por los sindicatos cordobeses, que contaron con el apoyo de los universitarios, de una variedad de partidos políticos y del pueblo.

Se rompió la tradición del “paro matero”, fue una huelga con abandono de tareas y movilización, con planteamientos económicos, políticos y gremiales.

Se fue a trabajar y desde las grandes plantas industriales, las columnas obreras, compactas, llenas de bronca, arrastraron a los obreros de las pequeñas fábricas. 
Las barricadas se levantaron por toda la ciudad, el pueblo fue tomando uno a uno cada barrio, se enfrentó a las fuerzas policiales, que se replegaron a sus cuarteles, dejando la ciudad en manos de los trabajadores y estudiantes.

Se ejerció el derecho a la autodefensa. Porque en esas jornadas, la clase obrera, respondió con sus métodos de acción directa. Se recurrió a la movilización, los piquetes, las barricadas, y se conformaron grupos especiales de defensa.

 

Desde 1966 hasta el Cordobazo, todo intento de resistencia a la dictadura, tenía que descontar la violencia de la dictadura, a partir de ese 29 de mayo, se supo cómo hacer retroceder a las fuerzas que salieron a reprimir a los trabajadores.

Fueron jornadas de Solidaridad de clase, que se vio desde la convocatoria hasta la organización, pasando a los momentos de compartir las barricadas, las asambleas espontáneas, etc.

Se demostró una vez más la importancia decisiva del protagonismo de los obreros industriales. La prolongada movilización de otros asalariados, la persistencia y audacia de la lucha de los universitarios, no había logrado lo que consiguieron los trabajadores cordobeses en dos días. El movimiento obrero industrial se hizo cargo de ese liderazgo social y arrastró al pueblo todo a la lucha antidictatorial.

Se retomó la vieja tradición, que cuando fueron agredidos los trabajadores en todo el mundo han respondido tomando en sus propias manos, y organizando su defensa.

La pregunta que se extendió de una fábrica a otra fue ¿la clase obrera en sus luchas debe ofrecer las dos mejillas o debe defenderse de los brutales ataques de distinto tipo a los que nos hemos referido?

Se llevó a la práctica lo que se consideró un derecho que les permitió luchar 
La autodefensa se planteó como disuasiva, defensiva, y sometida a los trabajadores.

Una de las enseñanzas fue que la autodefensa de los trabajadores no es, ni debe ser independiente de la voluntad y decisión de los trabajadores, sino que debe ser debatida y aprobada por los propios trabajadores.

No deben ser en ningún momento grupos independientes de la clase ni operar por fuera de un sistema democrático de control como son las asambleas.

La autodefensa la deciden, la organizan y la llevan adelante los trabajadores.

Además, las Asambleas obreras populares que se realizaron reuniendo en su seno a los obreros y a gran parte de la población pobre de los barrios tomados y rodeados de barricadas, y en algunos lugares con la población ejerciendo el poder de policía, por ejemplo, el de permitir la salida de los bomberos tomados para sofocar incendios, controlar la entrada y salida de los barrios, también constituyeron una forma embrionaria de los órganos de poder, con democracia directa abarcando ya a toda una ciudad, pero su insipiencia y en gran medida la ausencia de una verdadera organización, no permitió la unificación de las asambleas barriales entre sí, a través de delegados electos, en un consejo único de la ciudad.

¿Qué consecuencias tuvo?

  Constituyó un punto decisivo en la evolución de la lucha de clases, porque puso de manifiesto el estado que había alcanzado la radicalización de la conciencia política de importantes sectores del proletariado, de la pequeña burguesía y el profundo rechazo antidictatorial existente, acumulado en varios años de deterioro económico-social y de opresión política.

El país no volvió a ser el mismo, se incorporaron a la lucha cientos de jóvenes obreros y estudiantes.

Estallaron todas las instituciones.

Se abrió un profundo debate, que se expresó abiertamente en toda la sociedad. El tema central de la polémica, era como debía seguir la lucha contra la dictadura y para qué.

Las posturas fueron desde la recuperación de la democracia hasta que tipo de “revolución” o de transformaciones que eran necesarias para la Argentina.

En el movimiento obrero adoptó una forma más encubierta, más en grupos que en asambleas masivas. Entre los universitarios nadie discutía que era necesario una revolución: lo que se polemizaba era qué tipo de revolución y la forma de concretarla.

Algunas agrupaciones políticas, estrechamente relacionadas con el radicalismo popular (UCRP), o el Partido Comunista (PC) y sectores del nacionalismo popular (Mura, MNR, MOR, AUN, FEN, etc.), se expresaban por la lucha contra la dictadura, por su derrocamiento, por la resistencia a la misma y forma de reemplazarla. 
Los sectores de la izquierda con raíz marxista, con mayores o menores variantes mantuvieron, en el proceso político posterior al Cordobazo, la consigna “ni golpe, ni elección, revolución”, línea política que preconizaba el derrocamiento de la dictadura o la lucha contra ella, en el camino de reemplazarla por un gobierno o un poder que realizara la revolución de liberación social y nacional en “marcha hacia el socialismo”.

Las expresiones del peronismo en el movimiento estudiantil mantuvieron también lo esencial de su línea de unir a los estudiantes con el llamado “peronismo revolucionario”, expresión real del movimiento obrero, según ellos, en el camino de la liberación nacional y social.

Pero, el debate abierto produjo profundas fisuras en la izquierda tradicional o institucional, y determinó la aparición de grupos políticos, entre los cuales se contaban entre otros el Socialismo Revolucionario (SR), Tendencia Comunista (TC), Espartaco, Orientación Socialista, El Obrero, Lucha Socialista, Poder Obrero, Movimiento de Izquierda Revolucionaria, etc.

Todos ellos pasaron a impugnar en forma frontal la estrategia de una Revolución que presuponía la “tarea” de la Liberación Nacional. Ese cuestionamiento abarcó lógicamente la caracterización del Estado, del país como semicolonial, las alianzas de clase, el tipo de poder.

Se pronunciaron contra la dictadura, los golpes y las salidas electorales. De la consiga, “ni golpe, ni elección, revolución”, se pasó a la proclamada “ni golpe, ni elección, revolución proletaria”, dando de esa manera una salida real fuera del sistema.

Un sector importante de la izquierda, pasó a definirse por la acción directa. Esto se vio favorecido, no sólo por las condiciones nacionales, sino además por un proceso dado en América Latina y el mundo.

Producto de la propia experiencia vivida en la Argentina (golpes, elecciones, proscripciones, etc.) y de la percepción de fenómenos como la crisis del parlamentarismo a nivel mundial, de tristes experiencias como la del Partido Comunista Francés con su traición en Mayo del 68 (producto de sus tesis de acceso al poder por vía pacífica y por mayoría parlamentaria), producto de todo eso por un lado y su contrapartida por el otro, por ejemplo el triunfo de la revolución cubana por la acción de las armas y el desarrollo de la lucha vietnamita, resultado de éstas y de múltiples experiencias más, el conjunto de organizaciones políticas a que nos estamos refiriendo llegaron a varias conclusiones de las que destacamos dos, muy relacionadas con su actitud frente a la lucha democrática:

*.-Que la vía de acceso al poder sólo puede ser armada. Había tesis que iban desde la guerra popular hasta “el acto insurreccional” pasando por la guerra prolongada.

*.-La segunda conclusión, es que el parlamento es un engaño a las masas, que no puede constituir una vía de acceso al poder y que por lo tanto no sirve para nada en cuanto a la lucha revolucionaria se refiere.

Por otra parte, algunos grupos que pasaron a proclamar la revolución socialista, definieron a la vez que la única forma de acceso al poder era por la acción revolucionaria del proletariado, como una conclusión irrefutable, sobre todo en un país capitalista y más aún en la Argentina, dejando aclarado que “no cabría pensar siquiera en la posibilidad de otra forma de definir el problema del poder que no sea por la acción de las armas”, y que en base a eso justamente, coincidían también en que el parlamento no puede ser nunca una vía de acceso al poder.

O sea, la situación social y política del país cambiaría radicalmente y la lucha de clases iría in crescendo, con la clase obrera ocupando el centro de la escena, enfrentando a la dictadura, al capital y marcando el camino a distintos sectores populares y al estudiantado universitario.

Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/Que-fue-el-Cordobazo-y-cuales-fueron-sus-consecuencias

 

En consecuencia,  los dos mayo anteriormente resumidos se diferencian fundamentalmente tanto del de los K (el comienzo de la presidencia de Néstor y la celebración del bicentenario) como del actual bajo gestión de Mauricio Macri. Los primeros son de inflexión histórica por dirigir la lucha de la diversidad de abajo contra los opresores y por tanto, perseguir cambios de sistema. En 1810 los patriotas de Mayo (Mariano Moreno, Manuel Belgrano, José Castelli.... José Gervasio Artigas) miraban por la reforma agraria para erradicar el feudalismo y el coloniaje.

 

Analicemos en qué consistió la lucha obrera desde 1968 por toma de conciencia política sobre el antagonismo irreconciliable de los capitalistas con los trabajadores al contrario de la actualidad como consecuencia, fundamentalmente, del Partido Justicialista (bajo liderazgo de Menem-Cavallo y luego del matrimonio Kirchner) que viabilizó la incesante acumulación gran capitalista de riquezas y poder tanto facilitando la expropiación de bienes comunes como creando el amplio consenso imprescindible para la injusticia social que llega a criminalidad de lesa humanidad.

 

Comprobemos cómo se fue construyendo el enfrentamiento masivo contra la dictadura cívicomilitar de Onganía y la burocracia sindical:

44 Aniversario de la CGT de los Argentinos

31 de marzo de 2012

 

Por Leónidas Ceruti, historiador.

En el Congreso Normalizador de la CGT “Amado Olmos”, para los días 28, 29 y 30 de marzo de 1968, las distintas corrientes del movimiento obrero chocaron entre sí. El Congreso se transformó en una verdadera batalla contra la dictadura, contra el participacionismo y el colaboracionismo de los burócratas. En él tuvieron cabida las aspiraciones de lucha de los trabajadores, y su voluntad de impulsar la lucha antidictatorial.

 

El sindicalismo desde el golpe del 66

Sindicalistas como Vandor, Coria y Alonso conspiraron activamente para el derrocamiento del presidente Illía. Luego, su presencia en la asunción del gobierno dictatorial, y posteriormente a los pocos días, la firma del convenio de los metalúrgicos en la Casa de Gobierno, fue otro símbolo, de la relación de Vandor con los militares golpistas.

Entre las primeras medidas tomadas por la dictadura que afectaron a la clase obrera estuvo la suspensión por cuatro meses del decreto 969/66, dictada por el gobierno de Illía, que promovía el pluralismo y la federalización de los sindicatos, y se devolvió la personería gremial a varios sindicatos que habían sido sancionados durante el gobierno radical. Posteriormente, se promulgo la ley 16.936 de “arbitraje obligatorio”, medida duramente criticada por los sindicalistas, ya que la misma limitaba el derecho de huelga. Además, Onganía, ordenó que fuesen intervenidos varios gremios como el Sindicato de Prensa y Canillitas, Sindicato Unidos Portuarios Argentinos (SUPA), Trabajadores del Pescado de Mar del Plata, Municipales de Córdoba, Empleados del Tabaco.

La política anti-popular que llevó a cabo el gabinete económico, más la represión que se ejerció a los reclamos obreros, hicieron añicos el galanteo entre algunos sindicatos y el gobierno. En distintas provincias del país, se iniciaron protestas obreras que de a poco inauguraron un tiempo de sangre y plomo.

 

La policía, siguió reprimiendo varias manifestaciones de trabajadores: como la de Luz y Fuerza de Buenos Aires, o la de los gremios del riel, como la Unión Ferroviaria y La Fraternidad.

 

Los desocupados comenzaron a pulular como resultado del despido de miles de trabajadores. La FOTIA (Federación de Obreros y Trabajadores de la Industria Azucarera) en Tucumán, por tal motivo, decidió convocar a una huelga. Córdoba no se quedó atrás, y a fines de enero de 1967 los obreros de la fábrica de automóviles IKA (Industrias Kaiser Argentinas), dieron inicio a los paros al conocer que 950 operarios habían quedado sin trabajo.

 

En febrero de ese año, la CGT presionó al gobierno anunciando un plan de lucha. Pero los militares contraatacaron con rapidez: se denuncio la existencia de un plan terrorista, se interrumpió el diálogo con la central obrera y se suspendió la personería gremial de varios gremios (FOTIA, Unión Ferroviaria, UOM, FOETRA y otros). El plan de lucha planteado naufragó.

 

Cuando a escasos días de su asunción del dictador Onganía, registraba entre sus medidas la disolución de los partidos políticos y de intervención a las universidades nacionales, muchos se preguntaron con los matices lógicos ¿porque no la CGT? Los golpistas estaban cumpliendo un compromiso, y en virtud de ello, la central obrera se negaba a tomar partido en el problema universitario y apoyaba sin reservas la disolución de las agrupaciones políticas.

La designación de Rubens San Sebastián para la Secretaría de Trabajo, a mediados de octubre 1966, constituyó un rudo golpe para los sectores “rupturistas”, y a partir de ese instante se ratificó y robusteció el compromiso de “conciliación”. Dentro de la CGT el compromiso fue piloteado por Vandor, que estaba al frente de las 62 Organizaciones, y de esa manera lograba consenso entre los gremios “no alineados” e “independientes”. El gobierno buscaba un “pacto social”, pero cuando se promulgó la ley de arbitraje obligatorio, muchos creyeron ver un acto de fuerza, pero la CGT lo recibió con serenidad.

 

Los anunciados reordenamientos portuarios y ferroviarios, para modificar la infraestructura de los puertos (reequipamiento) y de los ferrocarriles (transformación del sistema de transporte) provocaron sendos conflictos. Se agregaron a los conflictos los azucareros tucumanos.

A pesar de las expectativas y del apoyo de los jerarcas sindicales hacia el nuevo gobierno, producto de las disposiciones tomadas en materia de legislación laboral y del plan económico, sectores del sindicalismo respondieron con paros como en General Motors, empleados de farmacia, lecheros, papeleros, textiles, metalúrgicos, transporte, portuarios, maestros, construcción. En Tucumán los enfrentamientos de los obreros de los Ingenios azucareros, con las patronales y la política impulsada desde el gobierno llevaron a la ocupación de diferentes empresas, manifestaciones, asambleas, hasta choques armados, lo que originó una fuerte represión, con la trágica muerte de Hilda Guerrero de Molinas.

 

Desde mediados de octubre se llevó adelante durante más de dos meses una huelga portuaria, contra la racionalización del personal, nuevas reglamentaciones del trabajo. Los dirigentes de la CGT no los apoyaron ni se solidarizaron con los huelguistas. Durante el conflicto se realizaron manifestaciones, actos y se instalaron dos comedores para portuarios funcionaron en Dock Sur y La Plata. Con el gremio intervenido, muchos trabajadores fueron despedidos, y la CGT reaccionó demasiado tarde y convoco a un paro general para el 14 de diciembre.

 

En medio del clima creado por la huelga portuaria se convocó al Comité Central Confederal de la CGT para el 30 de noviembre. Allí se vio que dirigentes de importantes federaciones ya no adherían a lo que se llamaba la “expectativa esperanzada” en el gobierno de Onganía.

El propio Vandor tuvo que confesar que “después del discurso del presidente hemos visto claramente la pata de la sota, y no tenemos ningún tipo de esperanzas”. Lorenzo Pepe, de los ferroviarios, agregó “Ante la política de libre empresa del gobierno, los trabajadores debemos plantearnos nuestros propios objetivos y salir a la lucha”.

 

De esa manera se llegó al primer paro general a nivel nacional durante el gobierno de Onganía, el 14 de diciembre de 1966. La medida se acató en las fábricas industriales, el comercio, los bancos, los ferrocarriles. La CGT no propagandizó la huelga, y “algunos de sus dirigentes, como Vandor, Prado y Cardoso, tergiversaron sus objetivos, haciendo creer que era para apoyar a los “hombres buenos” del gobierno y repudiar a los “malos”.

 

La CGT decidió a principios del 67, dos medidas que terminaron en un rotundo fracaso como fueron el Plan de Lucha del 22 de febrero y el paro general del 1º de marzo. La dictadura contestó con dos medidas: la intervención de más gremios, entre otros la UOM, Unión Ferroviaria, Sindicato Único Petroleros del Estado y reflotó el decreto 969/66 de Illía.

La agresión hacia las conquistas históricas de la clase obrera continuó en los años venideros. Agustín Tosco las sintetizó en estas líneas “retiro de personería a sindicatos, desconocimiento de las representaciones laborales en organismos del estado, imposición del arbitraje obligatorio, anulación del salario mínimo, vital y móvil, legislación contra el derecho de huelga, anulación de la ley 1884 de indemnización reduciendo sus montos a la mitad, cesantías, suspensiones, rebajas, de categorías, perdidas de salario, suspensión de la estabilidad en varias convenciones colectivas de trabajo: aumento de la edad para jubilarse y régimen de alquileres de libre contratación”.

 

Luego, del fracaso de las iniciativas de la central obrera a comienzos del 67, creció la relación de los sindicatos colaboracionistas con el gobierno. Por su parte, Vandor decidió dar batalla por la conducción del peronismo, y lanzó su célebre frase: “para salvar a Perón, hay que estar contra Perón”.

La CGT debió efectuar una suerte de modificación para delinear una nueva estrategia. Así es como las dos alas de las 62 Organizaciones se unificaron bajo la hegemonía de Vandor, pero surgió un sector llamado “Nueva Corriente de Opinión”, liderado por José Alonso (del Sindicato del Vestido), Rogelio Coria (de la Construcción) y Juan José Taccone (de Luz y Fuerza), que planteaban dejar de lado los métodos de presión y colaborar abiertamente con el régimen militar.

 

El Congreso Normalizador de la CGT

Citado el Congreso Normalizador de la CGT, “Amado Olmos”, para los días 28, 29 y 30 de marzo de 1968, las distintas corrientes del movimiento obrero chocaron entre sí. El lugar elegido fue la sede de la Unión Tranviarios, al que asistieron 290 delegados sobre 447 en condiciones de participar, de 39 federaciones.
La gran mayoría de los delegados, presionados por las bases, concurrieron con un espíritu de legítima hostilidad hacia los jerarcas colaboracionistas y participacionistas. Éstos comprendieron que serían repudiados, y no se presentaron. Los congresales de Luz y Fuerza, construcción, metalúrgicos, comercio, vitivinícolas, petroleros y otros recibieron orden de no concurrir con el fin de frustrar el quórum e imponer la postergación del Congreso.

 

La Comisión de Poderes, desafiando las pretensiones del gobierno, aceptó las credenciales de los delegados de los gremios intervenidos: Unión Ferroviaria, químicos, prensa, portuarios, telefónicos y azucareros.

La Comisión de Delegados sostuvo que el congreso no era lo bastante representativo para sesionar, pero la protesta generalizada de la sala obligó a presidir el congreso. Posteriormente se retiraron nueve miembros de esa comisión, lo mismo que los delegados del vestido, aguas gaseosas, SOEME y madera.

 

El Congreso Normalizador de la CGT se transformó en una verdadera batalla contra la dictadura, contra el participacionismo y el colaboracionismo de los burócratas. En él tuvieron cabida las aspiraciones de lucha de los trabajadores, y su voluntad de impulsar la lucha antidictatorial.

Tanto vandoristas como participacionistas se valieron de una “chicana” política (según éstos, sólo podían concurrir los sindicatos en condiciones estatutarias) y la CGT quedó definitivamente quebrada en dos partes. Se retiraron del congreso tanto vandoristas como colaboracionistas, constituyendo la “CGT de Azopardo”, que paso a ser la “CGT oficialista y colaboracionista”, mientras que el resto de los gremios conformaron la CGT de los Argentinos (CGTA) o de Paseo Colón. Los participacionistas levantaron la consigna “Primero la unión, después la lucha”, mientras que la CGTA comandada por Ongaro, les respondieron planteando “Primero la lucha, después la unión”.

 

La CGT de los Argentinos: Nación para luchar

Algunas de las resoluciones adoptadas por la CGTA, aquel 30 de marzo de 1968, fueron:

a) Por una CGT única, libre e independiente de sectores extraños a los trabajadores, que no renuncie a su autodeterminación.

b) Por la libertad de Eustaquio Tolosa y de quienes sufren injusta privación de libertad, y para que se devuelvan a los representantes que habían elegido los trabajadores las organizaciones intervenidas, restituyéndose también las personerías canceladas o retiradas.

c) Para que cesen los desalojos y el drama de las “villas de emergencia”, se garanticen planes de tierra y vivienda, por la defensa de la educación en todas sus etapas al acceso del pueblo, por la asistencia integral de la salud para la familia argentina, por el respeto a dignas normas de previsión social y a los derechos de los trabajadores.

d) Por la defensa de las fuentes de trabajo, la plena ocupación, y que la industria y el comercio nacional no sean liquidados al capital exterior, cuyos organismos financieros anhelan mantenernos en el papel de países productores de materias primas, precisamente cuando nos hallamos en los umbrales de la era tecnológica.

e) Por la derogación de la ley 17.224, y para que se discutan los Convenios de Trabajo, reajustándose los salarios de acuerdo a la suba del costo de la vida, y para el cese de la mal llamada racionalización administrativa.

f) Los trabajadores argentinos apoyamos fervorosamente la normalización institucional, con plena vigencia de las libertades y derechos constitucionales, y para que las trasformaciones c cambios que requiere una Argentina con real crecimiento y desarrollo sean decididas únicamente con la voz y el voto del pueblo argentino, respetándose su soberana voluntad.

El gobierno y los ex dirigentes de la CGT se pusieron de acuerdo para desconocer la validez del congreso. En tanto que el primero se negaba a que la dirección surgida del congreso tomase posesión del edificio y los bienes de la CGT, la dirección que caduco citó al Comité Central Confederal para el 5 de abril de 1968, y con la presencia de 93 delegados de 58 organizaciones resolvió "suspender a todos los gremios participantes en el congreso de la calle Moreno" y convocar un nuevo congreso de la CGT.

De tal modo, como hemos comentado quedaron constituidas en los hechos dos centrales obreras: la oficialista, que fue denominada "CGT de Azopardo" por mantener la sede central de Azopardo 802 y la CGTA también llamada CGT de Paseo Colon, ya que fijo su residencia en la sede de la Federación Gráfica Bonaerense, Paseo Colón 731, que se denominó CGT de los Argentinos (CGTA).

La dirección de la CGTA quedó integrada así: Secretario General, Raimundo Ongaro (Gráfico); Secretario Adjunto, Amancio Pafundi (UPCN); Secretario de Hacienda, Patricio Datarmine (Municipal); Prosecretario de Hacienda,, Enrique Coronel (La Fraternidad); Secretario Gremial e Interior, Julio Guillan (Telefónico); Prosecretario, Benito Romano (POTIA); Sec.de Prensa, Cultura, Propaganda y Actas. Ricardo De Luca (Navales); Secretario de Previsión Social, Antonio Scipione (Ferroviario); Vocales: Pedro Avellaneda (ATE), Honorio Gutiérrez (UTA), Salvador Mangare (gas del Estado), Enrique Bellido (Ceramista), Hipólito Ciocco (empleado textil), Jacinto Padín (SOYEMEP), Eduardo Arrausi (viajantes), Alfredo Lettis (Marina mercante), Manuel Veiga (edificios de renta), Floreal Lencinas (Jaboneros), Antonio Márchese (calzado) y Félix Binettí (Carbonero).

 

Todo el conglomerado de fuerzas políticas, sindicales y estudiantiles que se expresaron en la CGTA lo hicieron tras un programa antiimperialista, antimonopolista y antioligárquico.

 

En abril, un sector del Movimiento Obrero de Rosario y del Cordón Industrial, lanzó una convocatoria titulada “Por una CGT... sin compromisos o ataduras espurias”, donde se afirmaba: “Asumimos la responsabilidad que el momento nos exige, UNIR en torno a esta Regional de la CGT, a todos los que, sin compromisos o ataduras espurias, entendemos que a los trabajadores se los arma de fe y de ansias de lucha, con posiciones claras, que no dividen, sino que unifican y sirven para hacer surgir dirigentes leales a las ideas e intereses del pueblo trabajador.”

Posteriormente, el 17 de ese mes, un plenario de 27 gremios, presidido por Héctor Quagliaro, conformó la “CGT de los Argentinos Regional Rosario”, que adhirió a la Central Obrera que lideraba Raimundo Ongaro, aprobando lo resuelto en el Congreso Normalizador.

Previo a la apertura de dicha asamblea, se leyeron entre otras las adhesiones del Sindicato de Prensa, del reverendo padre Santiago MacGuirre, de la Unión de Mujeres Argentinas, del Centro de Estudiantes de Ciencias Medicas, Bioquímica, Farmacia y Ramas Menores, del Movimiento de Liberación Nacional, Rama femenina del Justicialismo y Frente Estudiantil Nacional.

Luego, Quagliaro, dado el clima de efervescencia entre los delegados obreros, los invito a debatir el tema que los convocaba, que aprobaron la conformación de la CGTA Regional Rosario. Los gremios que lo hicieron fueron: Asociación Trabajadores del Estado (ATE), filial Rosario y filial Borghi, Sindicato de Minería, Asociación Bancaria, Federación Gráfica Rosarina, La Fraternidad, Sindicato del Seguro, Sindicato de Jaboneros y Afines, Sindicato de Obreros ceramistas, Sindicato de Viajantes, Luz y Fuerza, Gas del Estado. Unión Ferroviaria del Ferrocarril Mitre, Belgrano de Puerto Rosario, de Santa Fe y Villa Constitución, Sindicato Químico Papelero, Sindicato de Panaderos, Federación de Obreros y Empleados de Correos y Telecomunicaciones (FOE CYT) Sindicato de Marítimos, Industrias Químicas, Sindicato de Obreros Mosaístas, Sindicato de Operadores Cinematográficos y Sindicato de Obreros de Calzado.

 

El Programa del 1º de Mayo de 1968

Los principios económicos, sociales y políticos, de la CGTA, quedaron de manifiesto cuando dieron a conocer el “Mensaje a los trabajadores y el pueblo. Programa del 1º de Mayo de 1968”, que siguió el camino de otros documentos del sindicalismo como el de La Falda (1957) y el de Huerta Grande (1962). El que pasaría ha ser un documento histórico de la clase obrera, fue ampliamente divulgado entre los sindicatos, activistas gremiales y políticos, fue redactado por Rodolfo Walsh, mientras que Ongaro le dio los últimos retoques.

El 1º de mayo de 1968, la CGTA presentó el programa en un acto encabezado por Raimundo Ongaro y Agustín Tosco, en el Córdoba Sport Club. Una de las sorpresas del acto fue la presencia del ex-presidente Arturo Illia, que se abrazó con Ongaro y Tosco ante los aplausos de los concurrentes.

Entre los principales párrafos del mismo encontramos los siguientes planteos “Durante años nos han exigido sacrificios. Nos pidieron que aguantáramos un invierno: hemos aguantado diez. Y cuando no hay injusticia que reste cometerse con nosotros, se nos pide irónicamente que “participemos”. Les decimos, ya hemos participado y no como ejecutores sino como víctimas. (..) Agraviados en nuestra dignidad venimos a alzar viejas banderas de lucha. (..) El aplastamiento de la clase obrera va acompañada de la liquidación de la industria nacional, la entrega de todos los recursos, la sumisión a los organismos financieros internacionales. (..) Este es el verdadero rostro de la libre empresa, de la libre entrega, filosofía oficial del régimen. Este poder de los monopolios que amenaza a las empresas del Estado. Es el FMI el que fija el presupuesto del país. Es el Banco Mundial el que planifica nuestras industrias claves, Es el Banco Interamericano de Desarrollo el que indica en qué países podemos comprar. La participación que se nos pide, además de la ruina de la clase obrera, el consentimiento de la entrega. Y eso no estamos dispuestos a darlo los trabajadores argentinos.”

“La historia del movimiento obrero, nuestra situación concreta como clase y la situación del país nos llevan a cuestionar el fundamento mismo de esta sociedad la compraventa del trabajo y la propiedad privada de los medios de producción. (..) La estructura capitalista del país, fundada en la absoluta propiedad privada de los medios de producción, no satisface sino que frustra las necesidades colectivas, no promueve sino que traba el desarrollo individual. De ella no puede nacer una sociedad justa ni cristiana. (...) Los trabajadores de nuestra patria, compenetrados del mensaje evangélico de que los bienes no son propiedad de los hombres sino que los hombres deben administrarlos para que satisfaga las necesidades comunes, proclamamos la necesidad de remover a fondo aquellas estructuras. Para ello retomamos pronunciamientos ya históricos de la clase obrera argentina, a saber: La propiedad sólo debe existir en función social.

 

Los trabajadores, auténticos creadores del patrimonio nacional, tenemos derecho a intervenir no sólo en la producción sino en la administración de las empresas y la distribución de los bienes, Los sectores básicos de la economía pertenecen a la Nación. El comercio exterior, los bancos, el petróleo, la electricidad, la siderurgia y los frigoríficos deben ser nacionalizados. Los compromisos financieros firmados a espaldas del pueblo no pueden ser reconocidos. Los monopolios que arruinan nuestra industria y que durante largos años nos han estado despojando, deben ser expulsados sin compensación de ninguna especie. Sólo una profunda reforma agraria, con las expropiaciones que ella requiere, puede efectivizar el postulado de que la tierra es de quien la trabaja, Los hijos de obreros tienen los mismos derechos a todos los niveles de educación que hoy gozan solamente los miembros de las clases privilegiada”.

 

La CGTA aglutinó a distintos sectores que reflejaban el pensamiento de distintos agrupamientos y de la base social obrera. Entre las distintas posiciones se destacaron:

Direcciones sindicales ideológicamente social-cristianos, políticamente vinculados al peronismo como el ongarismo en el movimiento obrero, la UNE en el movimiento estudiantil, sacerdotes del Tercer Mundo, etc.

Direcciones sindicales, que eran expresión de sectores de raíz ideológica nacionalista, que se enrolaban en el “peronismo duro” como telefónicos, sanidad, etc.

Direcciones sindicales influenciadas por el radicalismo y los socialistas democráticos, expresados en ferroviarios (Scipioni), viajantes (Arrausi), etc.

Sectores sindicales que respondían a la política del Partido Comunista.

Grupos políticos con posiciones radicalizadas, que no escapaban a la influencia del Partido Comunista Revolucionario (PCR), Partido Revolucionario de los Trabajadores, ex Movimiento de Liberación Nacional, etc.

 

Dicha central obrera fue el producto de un complejo conjunto de circunstancias, pero reflejaba en esencia la conjugación de elementos como fueron por un lado la presión social del proletariado que fue adoptando posiciones antidictatoriales y la necesidad de expresarse en una organización sindical para su lucha económica ante las medidas que la dictadura tomaba.“Más vale honra sin sindicatos que sindicatos sin honra” y “Unirse desde abajo y organizarse combatiendo”, fueron las consignas que encarnaron el espíritu que dio origen a dicha central.

 

En su corta vida, fue además un espacio de encuentro “en la acción entre ese activismo y grupos de intelectuales, profesionales y artistas”. El semanario de CGTA se convirtió en un instrumento central de ese intento. Dirigido por Rodolfo Walsh, y denominado simplemente “CGT”, editó 55 números entre mayo de 1968 y febrero de 1970. Llegó a editar un millón de ejemplares y sus páginas sirvieron, por ejemplo, para publicar por primera vez, dividida en varias notas, la investigación de Walsh sobre el asesinato del dirigente metalúrgico de Avellaneda Rosendo García: “¿Quién mató a Rosendo?”, un análisis del significado político, y de los métodos de acción del vandorismo.

La CGTA fue también el escenario en el que se desarrollaron experiencias de militancia artística como los artistas plásticos que dieron lugar a “Tucumán Arde”, las del pintor Ricardo Carpani, o las del Grupo Cine Liberación.

Partiendo de la situación de crisis de la industria azucarera en Tucumán, del cierre de ingenios, de pobreza en aumento, de altísimos índices de mortalidad infantil, conviviendo junto a un grupo de familias “tradicionales” propietarias de grandes extensiones de tierras, de ingenios, que invertían sus enormes ganancias para consumos suntuarios o inversiones especulativas fuera de la provincia, un conjunto de artistas plásticos de Rosario y Buenos Aires entre ellos Roberto Jacoby, Pablo Suárez, Beatriz Balve de Buenos Aires y Juan P. Renzi y Rubén Naranjo de Rosario, viajan a la zona, para desarrollar un trabajo de documentación y registro de testimonios con la población (fotos, filmaciones, grabaciones, etc.) y se vinculan con obreros, estudiantes y sindicalistas ligados a la regional de la CGTA, al Sindicato de Trabajadores Azucareros (FOTIA), gremio docente, etc.

Posteriormente, realizan dos muestras denominadas “Tucumán Arde”. En Rosario se llevo a cabo el 3 de noviembre de 1968, en el local de la CGTA, Córdoba al 2100, “al cruzar el pasillo de entrada a la sede sindical, el público se veía obligado a optar entre pisar los nombres de los dueños de los ingenios, o esquivarlos dificultosamente. En las paredes estaban pegados los afiches de la campaña callejera, recortes de periódicos que daban cuenta de lo decían los medios sobre la situación provincial, diagramas que ponían en evidencia las relaciones entre el poder económico y el poder político local, cartas de pobladores y maestras...Grandes carteles colgantes, pintados a mano sobre tela, con diversas consignas, entre las que predominaban “Visite Tucumán, Jardín de la Miseria, No a la tucumanización de nuestra patria o Tucumán, no hay solución sin liberación”, atravesaban el pasillo y el interior del hall central. (....) numerosos paneles sobre los que desplegaban fotografías ampliadas a tamaño mural que testimoniaban la situación de miseria que se vivía en la provincia”. Además se proyectaban cortos y audiovisuales elaborados con materiales recogidos durante el viaje, y se repartían folletos sobre la situación tucumana.

Fuente: http://www.anred.org/spip.php?article4916

 

 

 

 Crisis civilizatoria

 

Generalicemos la capacidad de percibir la violencia del capitalismo al perseguir y concretar el enriquecimiento de la burguesía por expoliación y despojo pero también mediante Estado represor.  Es destapar a la sociedad de consumo conque ilusionaba CFK reforzando a los grandes medios e industrias culturales.  Lo más cercano para  aproximarse al real y efectivo funcionamiento del sistema en contra de los pueblos son los hipermercados. Es poner en discusión lo que muchos sospechamos o sabemos sobre sus trabajadores, sus proveedores, su implicancia en las economías barriales y regionales, sus góndolas, etc. Partamos de la lucha obrera con independencia de clase a fines del siglo IXX y cómo reaccionó el paradigma de país capitalista.

 

Los Mártires de Chicago: historia de un crimen de clase en la tierra de la “democracia y la libertad"

1 de mayo de 2017

Por José Antonio Gutiérrez D. (Rebelión)

 

Este documento fue escrito en el 2010 como introducción al libro "Los Orígenes Libertarios del Primero de Mayo: de Chicago a América Latina" (Ed. Quimantú, Hombre y Sociedad, Libre Iniciativa), volumen que recogía contribuciones históricas sobre los orígenes del Primero de Mayo como día de protesta obrera y sus vínculos con el movimiento anarquista de comienzos del siglo XX*. Esta introducción ponía los sucesos de Chicago de 1886 en el contexto de un movimiento de matriz libertaria y obrera, que se convirtió en una amenaza para la clase capitalista en los EEUU. Explora cómo este evento logró capturar el espíritu de toda una época de luchas y cómo estos sucesos fueron parte de un movimiento internacional muchísimo más amplio. Al difundir este documento, espero no sólo hacer un homenaje a estos luchadores de hace más de un siglo, sino también ofrecer algunas reflexiones sobre su experiencia histórica concreta, con la esperanza de que puedan ser de utilidad para las nuevas generaciones de luchadores. -José Antonio Gutiérrez D., 1o. de mayo de 2017 

Este libro no se habría podido editar sin la ayuda económica del Centro de Documentación "Franco Salomone".

Los Mártires de Chicago: historia de un crimen de clase en la tierra de la “democracia y la libertad”

El Primero de Mayo conmemora uno de los eventos más dramáticos de los albores del movimiento obrero, cuyas repercusiones se hicieron sentir en todos los rincones del planeta. En 1886 los EEUU se vieron sacudidos por una oleada de huelgas exigiendo las ocho horas de trabajo diarias, la cual fue violentamente reprimida, terminando con la ejecución de cuatro importantes dirigentes obreros: August Spies, Albert Parsons, George Ángel y Adolf Fischer; un quinto, Louis Lingg, se había suicidado un día antes de la ejecución a fin de evitar la horca. Tres obreros más, Samuel Fielden, Oskar Neebe y Michael Schwab, debieron pasar varios años en la cárcel hasta que, en 1893, un gobernador les pusiera en libertad. El escenario de esta tragedia fue Chicago, una ciudad pujante, que entre las décadas de 1870 y 1890 creció a un ritmo acelerado, de 298.000 habitantes a 1.099.850, atrayendo a una abundante mano de obra inmigrante para cubrir las necesidades de la creciente industria: en esa época, al menos el 40% de la población de Chicago había nacido en el extranjero (censo de 1880), y un 75% de las familias eran de origen extranjero según otro censo realizado en 1884 [1]. Después de un incendio que en 1871 destruyó a la ciudad casi por completo, ésta fue reconstruida, literalmente, de las cenizas, lo cual produjo un importante estímulo económico. La ciudad no solamente cambió de aspecto después del incendio: antes era una ciudad primordialmente comercial, y después, se convirtió en un centro dinámico del desarrollo industrial norteamericano, donde las principales industrias fueron la carne, metalurgia, maquinaria pesada, textil e imprenta. El 45% de la población era parte del proletariado industrial [2]. Es al alero de esas industrias donde se desarrollará el movimiento sindical y anarquista de Chicago.

Pero estos no son años solamente de crecimiento económico, sino que son también años de gran violencia de clase: los trabajadores eran frecuentemente reprimidos por la más mínima demanda, el espíritu colectivo era constantemente aplastado y destrozado mediante la criminalización de toda forma de organización y de toda acción mancomunada para que los trabajadores mejoraran su condición social. Casi todas las huelgas, las cuales eran por lo general espontáneas y motivadas por el hambre y la desesperación, eran intervenidas por la milicia, con varios trabajadores muertos. Agentes privados, los odiados “Pinkerton” infiltraban las organizaciones obreras en labor de espías o para causar divisiones, o bien prestaban abiertamente sus servicios como mercenarios, protegiendo a los rompe huelgas o reprimiendo manifestaciones. Si una huelga no se podía controlar, aún pese a la intervención de la milicia, de los Pinkerton y de los policías, las clases dominantes por lo general recurrían a formar organismos de tipo paramilitar para asistir la represión (que en América Latina también se estrenaron bajo el nombre de “guardias blancas”), los cuales a sangre y fuego imponían el orden, asesinando en total impunidad. Y en caso de que aún todas estas fuerzas combinadas no pudieran controlar a los insubordinados, siempre estaba la posibilidad de enviar a las tropas federales. Como se ve, la cuestión social aparecía al desnudo, sin mecanismos de arbitraje legal, sino como una descarnada guerra de clases sociales. En estos años, un importante capitalista llamado Jay Gould, podía bravuconear diciendo “yo puedo contratar a la mitad de la clase trabajadora para que asesine a la otra mitad, si quiero”.

No es exagerado decir que el espíritu del Far West, del Salvaje Oeste, era el espíritu que animaba a la empresa capitalista norteamericana: violencia, corrupción, robo, saqueo, todos los medios servían con tal de enriquecerse. Es acá donde encontramos el origen de las grandes fortunas de la plutocracia yanqui de hoy, no en el “honesto sudor” de sus antepasados como quisieran hacernos creer. Pero este espíritu de Far West capitalista intoxicaba al conjunto de la estructura social. Sobre los trabajadores se intentaba inculcar por todos los medios el mismo espíritu egoísta y competitivo que animaba a los capitalistas norteamericanos, que sin ninguna clase de consideración explotaban descarnadamente al obrero mientras competían con los otros empresarios por todos los medios imaginables, incluida la corrupción y la violencia, naturalmente. Para evitar el menor asomo de solidaridad de clase, se buscaba poner al trabajador alemán contra el irlandés, al escandinavo en contra del polaco, y al nacido en suelo estadounidense, en contra de todos los inmigrantes. En estas condiciones, la clase obrera, cansada de ver su protesta pacífica ahogada en sangre, comenzó a agruparse según origen étnico y a responder con furia ciega a la violencia de los de arriba: los Molly Maguires, por ejemplo, respondieron a la fuerza con fuerza en las minas de Pensilvania en la década de 1870. Los Molly Maguires fueron una sociedad secreta que se dedicaron, junto a organizar y dirigir las disputas laborales de los mineros irlandeses, a sellar mediante el revólver las disputas con empleadores abusivos, los cuales, las más de las veces, también sellaban con plomo la protesta de los mineros en esta región, que había vivido una fuerte oleada huelguística desde la década de 1840 y cuyas organizaciones sindicales habían sido reprimidas y perseguidas violentamente, sobretodo durante las huelgas que azotaron Pensilvania en 1875 [3] . Varios empresarios mineros fueron sencillamente llenados de plomo luego de alguna disputa con un minero irlandés, capataces groseros eran golpeados y a veces asesinados, carneros (rompe huelgas) muchas veces recibían un trato en nada diferente. Esta primera experiencia de resistencia obrera, incapaz de unir a los obreros irlandeses con sus hermanos de clase de otras nacionalidades, terminó con 19 líderes en 1877, y 2 más en 1879, asesinados en la horca –todos irlandeses, todos mineros, todos líderes de las importantes huelgas del carbón en 1875 [4] .

Los años del surgimiento de estas organizaciones de autodefensa, fueron años de aguda crisis económica a la sombra de la depresión de 1873: el crecimiento industrial acelerado por el que atravesaba el país, requería la intensiva construcción de infraestructuras, obras, que a su vez requerían de grandes préstamos e inversiones, sin respaldo y sin retorno inmediato. Bastó la quiebra de un banco para que la economía estallara inmediatamente en pedazos, golpeando a los proletarios con una fuerza cruel y arrojando a millones al hambre y al frío. El espectro del hambre hizo que más y más trabajadores expresaran organizada o desorganizadamente su descontento y exigieran condiciones mínimas de existencia: la respuesta de los capitalistas y de las autoridades, como se puede suponer, fue brutal. Un momento crítico, que marcó profundamente a los militantes obreros de la década posterior, fue la huelga de los ferroviarios en 1877. Cuando en Junio de ese año, la Baltimore & Ohio Railroad anunció que reduciría los magros salarios de sus obreros, los cuales apenas alcanzaban para cubrir las necesidades más básicas, los obreros de esa línea se declararon en huelga, sumándose a ella inmediatamente otras líneas, generalizándose la huelga entre los ferroviarios de la costa Este de los EEUU. Importantes capitalistas del sector, como Thomas Alexander Scott, pidieron inmediatamente que se diera “una dieta de rifles a los obreros, a ver si gustaban de ese alimento [5] . Las 20.000 tropas de la milicia movilizadas para efecto de la represión y la policía inmediatamente comenzaron a ejercer violencia en contra de los huelguistas, los cuales respondieron con cualquier objeto que tuvieran a mano. Este combate desigual terminó en una carnicería en contra de los obreros: 10 asesinados en Maryland, 40 en Pittsburgh, 12 en Baltimore, 16 en Reading, 10 en Cumberland, entre 25 y 50 en Chicago... en total, se estima, según las cifras más conservadoras, que al menos 100 obreros fueron asesinados de la manera más cobarde, por instigación directa del empresariado. Esta represión atroz reforzó las posiciones de aquellos que sostenían la necesidad de responder al plomo con plomo y de formar organizaciones de auto-defensa obrera. Convenció, además, a muchos de los que hasta entonces creían ciegamente en la bondad intrínseca de las instituciones, que la lucha de los trabajadores por sus derechos encontraría una resistencia homicida por parte de la patronal, que no sería sabio enfrentar con las manos vacías –entre ellos encontramos a Albert Parsons, quien como dirigente de los obreros tipógrafos, fue despedido, pasado a lista negra y casi fue asesinado por esbirros de la patronal durante esa movilización [6] .

La “cuestión social” comenzó a perfilarse en medio de ese proceso de industrialización acelerado, de esa oleada de inmigración que reunía diversas tradiciones socialistas y organizativas, y al calor de esa violencia fanática de las clases dominantes hacia cualquier forma de reivindicación obrera. En este contexto, nacieron organizaciones como la Noble and Holy Order of the Knights of Labor (Noble y Sagrada Orden de los Caballeros del Trabajo, KoL), una organización inspirada en la masonería y que propugnaba por mejora en las condiciones de vida de los trabajadores y una línea de conciliación de clases, que rechazaba las huelgas y que aceptaba no solamente a trabajadores, sino que también a empleadores en sus filas: pese a su orientación más bien conservadora y a que en general tenía connotaciones incluso racistas (en muchas secciones locales se impedía la participación de negros y fue una organización que no solamente apoyó la legislación que en 1882 limitaba el ingreso de chinos a los EEUU, sino que algunos de sus miembros participaron en masacres y linchamientos de chinos), su carácter de masas, con alrededor de 700.000 miembros durante su apogeo en 1886, significó que muchas secciones locales se radicalizaron, se opusieron a los prejuicios y la colaboración de clases dictada por su dirigencia, y que algunos anarquistas y socialistas ingresaron en sus filas para labores de agitación –entre ellos, Albert Parsons. También surgieron organizaciones sindicales que con el tiempo se dividieron según orientación política en sindicatos “gremialistas” o “progresistas”, en una práctica conocida como el “dualismo sindical”. También surgieron expresiones políticas de la clase trabajadora, como el Socialist Labor Party (Partido Socialista Laborista, SLP): hacia 1879 el SLP logró importantes triunfos electorales; sin embargo, la incapacidad de realizar reformas de alguna importancia, así como la reproducción de viejos hábitos clientelistas entre algunos de los representantes del partido, llevaron a una discusión en torno a la futilidad del electoralismo. Esta discusión llevó a la polarización del partido en torno a la cuestión de las tácticas, polarización exacerbada por los fraudes electorales de 1880: la burguesía, temerosa de mayores cuotas de poder para los socialistas, hicieron fraudes masivos y descarados para favorecer a sus propios candidatos.

Esta amarga experiencia llevó a que hacia fines de 1880 se perfilara una corriente que buscaba el quiebre con el electoralismo, abogando por la acción directa, y que hablaba, sin falsas vergüenzas, sobre la inevitabilidad de la violencia revolucionaria. Estos sectores se autodenominarían a sí mismos “Social Revolucionarios” y aún no se definían explícitamente como anarquistas, aún cuando la influencia anarquista ya comenzaba a hacerse sentir en las tierras del dólar: en enero de 1881 había aparecido en Boston el primer periódico anarquista de los Estados Unidos, “The An-Archist”, editado por el Dr. Edward Nathan-Ganz, en el cual colaboraron algunas eminencias del movimiento revolucionario internacional, incluidos Johann Most, entonces aún un social revolucionario y de quien hablaremos un poco más adelante y Adhémar Schwitzguébel, amigo personal de Bakunin y figura clave del ala anarquista de la Primera Internacional (pese a su nombre y a su contenido, este periódico se autodefinía como Social Revolucionario). Nathan-Ganz, posteriormente, participará en el Congreso Social Revolucionario de Londres, en Julio de 1881, en el cual se fundó la llamada “Internacional Negra”, la cual en realidad jamás tuvo una existencia real, pero cuyas resoluciones tuvieron algún eco entre los círculos revolucionarios de EEUU, particularmente en Chicago, donde los sectores descontentos con el SLP se decidieron a organizarse según sus recomendaciones [7] .

Social Revolucionarios y Anarquistas

El término «Social Revolucionario», es relativamente elástico, agrupando una amplia gama de tendencias políticas aún en definición, que compartían entre sí la defensa de la violencia revolucionario y el rechazo al reformismo electoralista. En varios casos, el término era utilizado como sinónimo de anarquismo, como por el Dr. Nathan-Ganz. En el caso de los militantes de Chicago, así como del grupo Freiheit (Libertad) de Londres liderado por Johann Most, indicaba una especie de transición entre la socialdemocracia y el anarquismo revolucionario. Most, veterano del partido socialdemócrata alemán, que sirvió en el parlamento, el Reichstag, por algunos períodos y que en él se desencantó del electoralismo, y que luego fue expulsado de este partido por sostener ideas radicales, define de manera muy clara el programa de ese momento de los Social Revolucionarios en el siguiente artículo de 1880:

Concluimos que es un error el creer que el Estado democrático es el medio mediante el cual los trabajadores, mágicamente, podrán construir el socialismo... Quien sea que busque un orden completamente nuevo de cosas, no se meterá en la cabeza cosas ya manoseadas por la burguesía en su infancia. Una nueva sociedad no puede moldearse según fórmulas políticas anticuadas.

Quien sea que piense en una transformación general de la sociedad, debe consecuentemente ser un revolucionario. Y debe serlo en el doble sentido del término. Primero, porque el derrocamiento del orden existente es a las claras el objetivo del término revolución; y en segundo lugar, porque resulta claro también que este derrocamiento será hecho por medios violentos. Pues solamente los sofistas y los ignorantes pueden recitar al pueblo el sin sentido de una “revolución pacífica” del conjunto de la sociedad...

Llamarse a uno mismo revolucionario, sin más especificaciones, sin embargo, también resulta cuestionable. Puesto que los revolucionarios son también aquellos que piensan solamente en una transformación política y no quieren más que reemplazar a la autocracia por un régimen constitucional... Por consiguiente, debemos denominarnos social revolucionarios.

Con este término manifestamos nuestra intención de transformar a la sociedad, y como la sociedad actual no puede ser destruida en pedazos sin, al mismo tiempo, destruir su soporte político, el Estado moderno, la revolución social abarca, no es necesario aclararlo, la revolución política.

La revolución social debe consistir... en nada menos que la más absoluta destrucción de todos los instrumentos existentes del “orden”, para así tener un amplio margen para construir una sociedad en armonía...

Uno no debe temer en absoluto a esta desintegración general de las cosas puesto que ella precede inevitablemente a la reconstrucción. Para asegurar que durante este breve período de transición la humanidad no se desmorone como la arena, habrá un factor que ha de servir como cemento –para este fin visualizamos al pueblo revolucionario en armas...” [8]

Estas ideas definen muy bien al programa de los Social Revolucionarios liderados por Most, y a los grupos de obreros revolucionarios en Chicago. En este espíritu, y con el ejemplo del Congreso de Londres, en octubre de 1881 se convocó a un Congreso Social Revolucionario en Chicago, entre los días 21 y 23, bajo el nombre “Congreso de Socialistas de los EEUU”. En él, pese a que solamente participaron 21 delegados, se destacó la participación de tres compañeros que en los años posteriores tendrían una importancia capital en el desarrollo del movimiento obrero y revolucionario de Chicago: Michael Schwab, August Spies (quien actuó como secretario del Congreso) y Albert Parsons. Este Congreso aprobó las resoluciones del Congreso de Londres (que versaban sobre la “propaganda por el hecho”, es decir, los golpes violentos a los representantes más odiados del régimen como mecanismo para despertar a la clase trabajadora), llamó a los obreros a organizar cuerpos armados de auto-defensa, condenó la propiedad privada y el régimen del trabajo asalariado, y se solidarizó de las luchas de los populistas rusos y de los anti-imperialistas irlandeses. De esta convención nació el Revolutionary Socialistic Party (Partido Socialista Revolucionario -RSP), pero desde su nacimiento esta organización se vio entrampada en diferencias tácticas (se siguió participando de las elecciones, por ejemplo, para demostrar su “futilidad”) y su estructura orgánica era demasiado laxa como para tener eficacia alguna. Fue solamente en Diciembre de 1882, con la llegada de Johann Most a los Estados Unidos desde Londres, quien ya se había convertido al anarquismo, que este núcleo militante adquirió una dinámica que le convertiría en una poderosa corriente revolucionaria y libertaria, que dejaría una impronta indeleble en la historia de la clase trabajadora [9] .

El Congreso de Pittsburgh (octubre de 1883)

La llegada de Johann Most fue como un vendaval que infundió vida nueva en el movimiento obrero y revolucionario en los EEUU. Su recepción fue propia de un héroe, miles de obreros iban a escuchar sus arengas y sus discursos repletaban los salones de varias ciudades donde anduvo de gira. Por un período de un año, junto a varios compañeros, incluidos algunos que terminarían en la horca, se entregó absolutamente, con pasión febril, a la agitación y propaganda revolucionaria, con miras a organizar las fuerzas anarquistas para prepararse a la revolución inminente. Los anarquistas veían en la crisis económica aguda, en las condiciones de miseria materiales absolutas del pueblo, en su desesperación, en la violencia de clase generalizada, los signos que anunciaban la inminente llegada de la revolución. Los anarquistas no hacían una defensa ciega de la violencia- en palabras de Adolf Fischer: “Aquellos beneficiados por la actual organización social ¿cederán pacíficamente sus privilegios? Esa es la cuestión. Si los anarquistas estuvieran convencidos que esto es posible, serían los seres más felices del planeta. Pero en base a la experiencia concluyen que las clases privilegiadas no cederán a la razón, sino que se aferrarán a sus privilegios por la fuerza y que por tanto un conflicto general entre estas clases diametralmente opuestas es inevitable [10] . Engel se expresa en los siguientes términos ante la inevitabilidad de la revolución: “No me gusta la guerra, pero me doy cuenta de que una revolución violenta se viene, debe venir, no como fruto de los obreros, sino que de los capitalistas [11] . Durante una conferencia, Spies expresaba lo siguiente: “Una revolución es un levantamiento abrupto -una convulsión del organismo social febril. Nosotros preparamos a la sociedad para ese momento [12] . Ellos se entendían así mismos como aves que auguraban el futuro mejor, como apóstoles de lo inevitable, cuyo rol era preparar a los trabajadores para el choque final de las clases y para la vida nueva que seguiría.

Esta mentalidad redentora de la humanidad es la que dominó al Congreso de Pittsburgh, celebrado los días 14, 15 y 16 de octubre de 1883, el cual marcó un punto de quiebre en el desarrollo del movimiento libertario de Chicago y de los Estados Unidos. Este Congreso, decía Most a August Spies en una carta de Julio de 1883, debía sentar las bases para una “partido internacionalista, federalista y revolucionario, sin un ejecutivo, sin una agencia central, sin funcionarios pagados [13] . A él llegaron representantes de 26 ciudades de todo el país; sin embargo, el grueso de la militancia libertaria se concentraba en la región nororiental, aquella que presentaba el centro más dinámico del desarrollo capitalista: Chicago, Nueva York, Filadelfia, Pittsburgh, St. Louis. También participaron representantes venidos de Canadá y México.

El consenso del Congreso en torno al rechazo del electoralismo, el fomento de la acción directa, la necesidad de la lucha armada para el derrocamiento del capitalismo fue abrumador. Un importante punto de discusión fue el rol de los sindicatos en la lucha revolucionaria: mientras los delegados de Nueva York, con Most a la cabeza, guardaban ciertas desconfianzas en el sindicalismo por considerarlo de naturaleza reformista, que en sus negociaciones retrasaba el advenimiento de la revolución y por sus derivas burocráticas [14] , los delegados de Chicago, con Parsons y Spies a la cabeza, defendían el rol primordial del sindicalismo y de la lucha por ciertas reformas a favor de la clase obrera, como escuelas de lucha revolucionaria, a la vez que se oponían frontalmente al sindicalismo gremialista y reformista. El sindicato era a la vez instrumento de lucha contra el capitalismo, y embrión económico y social de la sociedad post-revolucionaria. A esta posición que propugnaba por un sindicalismo militante, de base, revolucionario, se le conoció como la “línea de Chicago” y fue la posición dominante de la mayoría de los delegados [15] .

La visión política de los elementos radicales que se congregaron en el Congreso, se plasmó en el “Manifiesto de Pittsburgh”, redactado por un comité compuesto por Johann Most, Albert Parsons, August Spies, Victor Drury (revolucionario francés que llegó a EEUU después de la supresión de la Comuna de París en 1871) y Joseph Reifgraber (obrero metalúrgico, dirigente nacional sindical y editor del periódico anarquista Die Parole –La Palabra- de St. Louis). El Manifiesto tomó prestados los párrafos finales de un programa de unificación propuesto por Burnette G. Haskell, de la llamada Internacional Roja, organización del Lejano Oeste, con bases en San Francisco, Denver y en Chihuahua (México). Este documento se publicó originalmente en alemán e inglés, pero se tradujo posteriormente al francés, checo, yiddish y al castellano. Su circulación fue enorme: su tiraje inicial fue de 100.000 copias en inglés, 50.000 en alemán y 10.000 en francés, pero hubo varios tirajes posteriores. Tan sólo entre mayo y noviembre de 1885, según el registro del secretariado de propaganda e información, se vendieron 200.000 copias del Manifiesto, en inglés, alemán y checo. [16] [Ver documento completo del Manifiesto en el anexo]

La Asociación Internacional de Trabajadores (IWPA)

El Congreso marcó el nacimiento de la International Working People’s Association (IWPA), la primera organización marcadamente anarquista en los EEUU [17] , y en la cual confluyó toda la radicalidad de esos años de lucha. Su nombre, marcaba por una parte la continuidad de la tradición revolucionaria iniciada por la Primera Internacional, fundada por Carlos Marx en 1864 en Londres, y a la cual se sumarían los libertarios en 1868, marcando el primer intento de hacer un frente clasista y revolucionario de alcance internacional. De hecho, plantearon que esta organización sencillamente revivía a la Internacional [18]. Pero también marcaba una diferencia y era un enfoque mucho más incluyente, que no rechazaba a los elementos del llamado “lumpen proletariado” (los elementos marginados por el desarrollo capitalista de esa época y sin un lugar fijo en la producción) y también hacía un esfuerzo especial por organizar a las mujeres [19] : se destacaron en sus filas importantes compañeras como Lizzie Holmes, Lucy Parsons y Sarah Ames, sus postulados explicitaban abiertamente la igualdad de los sexos y se procuraba que las actividades políticas fueran familiares (picnics, por ejemplo) para facilitar la asistencia de las mujeres. Muy pocas otras organizaciones políticas de aquella época lograron tener una participación femenina tan importante, reflejado en la visibilidad de algunas dirigentes mujeres. Esta participación femenina horrorizaba de igual manera a la burguesía yanqui como en la Comuna de París las “petroleras” [20] horrorizaban a la burguesía francesa [21] .

Esta Asociación era internacional no tanto por su alcance a trabajadores extranjeros (su fundación se hizo sentir en Europa y América Latina, y surgieron bases del movimiento en Canadá y México [22] ), el cual pese a todo fue limitado, sino por su política internacionalista y por su composición multiétnica. En su seno se organizaron obreros de todo el orbe, formando una auténtica torre de Babel en que debían entenderse en por lo menos 12 idiomas diferentes. Aunque el movimiento era en su inmensa mayoría alemán (de acuerdo a las listas de miembros disponibles, aproximadamente un 45%), también se encontraban numerosos bohemios –checos- (15%), escandinavos (10%), estadounidenses (15%), irlandeses (5%), británicos, siendo el resto suizos, franceses, polacos, holandeses, belgas, rusos, canadienses, luxemburgueses e italianos [23] . Haber logrado organizar a esta masa de manera relativamente compacta, constituye el mayor logro de esta generación militante, que generó unidad donde todo confabulaba a la desunión y la competencia entre las comunidades inmigrantes.

El movimiento anarquista en Chicago organizó tanto a obreros calificados como a jornaleros y obreros sin ninguna clase de calificación. Se calcula, según un listado de 572 militantes anarquistas cuyos oficios se conocen, que el 40% de la IWPA eran obreros de manufacturas (mueblistas, textiles, tabacaleros, gráficos, etc.), un 20% eran obreros de la construcción (carpinteros, pintores, albañiles, canteros, estucadores, ladrilleros, etc.) y un 14% eran jornaleros sin ninguna clase de especialización. El resto, pertenecía a los más diversos oficios, desde telefonistas, tenderos, comerciantes, herreros, oficinistas, choferes, panaderos, cerveceros, amas de casa, matronas, profesores, hasta uno que otro periodista y doctor. ¡Incluso aparece hasta un adivino y un par de Pinkertons! En total, se estima que aproximadamente el 82% de los miembros de la IWPA eran trabajadores de cuello azul; el 18% eran trabajadores de cuello blanco, y de ese sector, tan sólo un 1% estaba en ocupaciones de alta profesionalización [24] . Era un movimiento eminentemente nacido de las entrañas de un pueblo explotado y pobre. Pero aún cuando la inmensa mayoría de los jornaleros y obreros sin calificación en Chicago estaban desorganizados (política y laboralmente), el anarquismo tenía fuerte llegada a esos sectores y mantenía capacidad de convocatoria y de movilización entre ellos mucho mayor que lo que se deduce de las estadísticas de militancia activa.

La organización se conformaba de diferentes grupos: en su mayoría organizados según etnicidad (alemanes, bohemios, escandinavos –principalmente daneses y noruegos- o angloparlantes –británicos, irlandeses o norteamericanos) o según la localidad de Chicago en que sus habitantes moraban. El movimiento estaba organizado primordialmente en base a criterios étnicos: con los altos niveles de inmigración que hemos visto, no era fácil la tarea de organizar a una clase obrera que hablaba en varios idiomas ininteligibles entre sí: por tanto las organizaciones sindicales, así como los grupos que componían la IWPA, se organizaban según lengua –alemanes, escandinavos (principalmente daneses y noruegos, en menor medida, suecos), bohemios (checos), angloparlantes (irlandeses, estadounidenses, ingleses).

Todos los grupos adherían al programa desarrollado en el Congreso de Pittsburgh y elegían un secretariado que era rotativo cada seis meses, para enfatizar la participación del conjunto de la organización y la democracia interna -adelantándose al sindicalismo revolucionario impulsado por los libertarios desde finales del siglo XIX, entendían a la organización revolucionaria como un laboratorio en el cual se ponían en práctica los principios que habrían de regir la vida futura: “¿Cómo podría esperarse que una organización autoritaria engendre una sociedad igualitaria y libre? (...) La Internacional, embrión de la sociedad humana futura, debe ser desde el primer momento la imagen fiel de nuestros principios de libertad y federalismo, y rechazar de su seno cualquier principio conducente al autoritarismo y la dictadura [25] . La organización llegó a tener en Mayo de 1886 más de un centenar de grupos, con un promedio de 50 militantes cada uno [26], pero con algunos grupos llegando a sobrepasar los 200 militantes [27] . Estos grupos, se concentraban en la zona nororiental que hemos mencionado, pero también existieron grupos en Denver, San Francisco, Nuevo Orleans, los centros mineros de Pensilvania, Michigan, etc [28]. Aunque es difícil saber exactamente cuántos militantes activos tenía la organización, Paul Avrich calcula que en 1883 habría nacido con unos 2.000 militantes y que a fines de 1885 habría alcanzado unos 5.000 militantes, llegando a tener unos 15.000 colaboradores [29]. En Chicago, que era la plaza fuerte de la IWPA, se estima que en 1886 la organización habría contado con unos 2.500 militantes activos y con un número mucho mayor de simpatizantes, muy probablemente 10.000 [30] , que se expresa en su capacidad de convocar movilizaciones multitudinarias [31] –el anarquismo se convertía así en el polo de atracción de los elementos revolucionarios e inconformes en Chicago, constituyéndose en el principal referente de izquierda. Hacia 1884, las filas del SLP se reducían hasta poco más de un centenar de militantes, mientras el anarquismo crecía imparablemente, fuerte y combativo [32].

Un elemento fundamental, que vertebró al movimiento anarquista, fue la prensa: ella no solamente sirvió de canal de expresión y de agitación, escrita en un lenguaje provocativo, directo y sencillo; además, fue un importante sustento para la vida organizativa, siendo el punto en que se congregaban las diferentes visiones y experiencias que constituían el movimiento. Esta prensa, obrera y libertaria, fue políglota, al igual que el movimiento: la IWPA tuvo 14 órganos oficiales, 9 en alemán, 2 en inglés, 2 en checo y 1 en danés [33] . De ellos, solamente uno fue diario, el periódico alemán Chicagoer Arbeiter Zeitung (Periódico Obrero de Chicago), cuyo editor era Albert Spies. Michael Schwab también cumplía labores editoriales en ese periódico y Adolf Fischer trabajaba como tipógrafo. Este diario tenía, además, una edición dominical enfocada a la cultura, Die Fackel (La Antorcha) y una del día sábado Der Vorbote (El Heraldo). Estas tres publicaciones nacieron de la mano de la social democracia y luego se pasaron al campo anarquista. Otros periódicos de lengua alemana eran el Freiheit (Libertad) editado por Johann Most en Nueva York, Die Parole(La Consigna) de St. Louis, Die Zukunft (El Futuro) de Filadelfia, New England Anzeiger (El Informador de New England) de New Haven, el New Jersey Arbeiter Zeitung (Periódico Obrero de New Jersey) de Jersey City Heights y el mensual Die Anarchist (El Anarquista), editado en Chicago por Engel y Fischer, del cual tan sólo aparecieron cuatro números entre Enero y Abril de 1886. Este último periódico fue fundado por una base en Chicago que consideraba que el Arbeiter Zeitung no era lo suficientemente radical [34] . En danés apareció el Den Nye Tid (La Nueva Era), el cual también fue un periódico que se inició en la fase social demócrata para luego transitar hacia el anarquismo. En inglés, los periódicos fueron Nemesiseditado en Baltimore y, de lejos el más influyente, The Alarm (La Alarma) de Chicago, editado por Albert Parsons y su compañera Lucy Parsons, una importante cabecilla del movimiento, quien irritaba a la clase dominante no sólo por ser mujer y anarquista, sino también por ser una mujer de color y estar casada con un hombre blanco, un verdadero sacrilegio en esa época. Por último, en checo, aparecieron el Budoucnost (Futuro) de Chicago y el Proletář (Proletario) de Nueva York. También apareció en Chicago una publicación anarquista checa de corta vida llamada Lampcka (El Farol)[35] .

La prensa tuvo una importancia formidable: en Chicago, el Arbeiter Zeitung producía 5.780 copias todos los días, Die Fackel y Der Vorboteproducían 12.200 y 8.000 copias semanales en 1886. The Alarm producía tres mil copias quincenalmente en 1886 y del periódico checo Budoucnostse editaban 1.500 copias semanales. Periódicos como Lampcka y Der Anarchist tenían publicaciones muchísimo más modestas, de algunos cuantos centenares de copias. El número de copias, debemos recordar, es una subestimación del número total de lectores de estas publicaciones, puesto que la mayoría de ellas circulaban ampliamente de mano en mano [36] . Junto a estos periódicos, se repartía abundante material de propaganda en forma de libros y folletos: durante 1885, como habíamos dicho, se distribuyeron en diversas lenguas 200.000 copias del Manifiesto de Pittsburgh, 25.000 copias del Manifiesto Comunista de Carlos Marx y Friedrich Engels, 10.000 copias de un folleto muy popular de Lucy Parsons titulado “A los Vagos” [reproducido en el anexo], 5.000 copias de folletos de Johann Most y más de 6.000 libros que incluían títulos de Bebel, Lasalle, Marx, Bakunin y Reclus entre otros. En total, se habían vendido 387.527 obras [37] . Esto da una buena idea de la amplia circulación y el interés existente en las ideas revolucionarias en aquel contexto.

Miembros de la IWPA, cansados de ver al movimiento sindical avanzar con pies de plomo y esclavo de las premisas ideológicas de la clase dominante en su desarrollo, se dedicaron a estimular sindicatos “progresistas” que tenían una orientación más radical, favorecían la acción directa y no temían a la convocatoria a huelgas. Es así como en Febrero de 1884 se llama a fundar la Central Labor Union (Central Sindical Obrera, CLU) en Chicago (ya existía una de igual nombre y similares principios en Nueva York); esta se constituye en Junio de aquel mismo año con ocho sindicatos “progresistas” [38], los cuales llamaron a “la rebelión, en todo el país, de la clase expoliada, en contra de las instituciones económicas y políticas”[39]. Esta organización adoptó la organización de base y horizontal de la IWPA, con cargos rotativos y asambleas de base resolutivas, también adoptó como declaración propia el Manifiesto de Pittsburgh y sus métodos y fines eran abiertamente revolucionarios. El secretariado de la CLU se reunía en los mismos locales que la IWPA y convocaban conjuntamente a manifestaciones y actividades sociales. La mayoría de los dirigentes de la CLU eran también militantes de la IWPA, aunque había algunos que pertenecían al sector de izquierda del SLP. El historiador Paul Avrich revela que de los 400 miembros del sindicato progresista de carpinteros, casi todos eran anarquistas o simpatizaban con el anarquismo [40]. Esto es prueba de lo hondo que el movimiento libertario supo calar en la clase trabajadora de esos años. En 1886, la CLU contaba con 24 sindicatos, incluidos los 11 más importantes y numerosos de Chicago, agrupando a una masa activa de 28.000 obreros en la ciudad [41].

Los anarquistas también participaron activamente de las organizaciones de autodefensa armada que formaron organizaciones sindicales en respuesta a la brutalidad policial y militar (las cuales eran posibles debido a las permisivas leyes norteamericanas sobre posesión de armas de fuego), y donde compartían espacio con algunos socialistas de izquierda, pese a que el SLP les restara oficialmente el apoyo en 1878 [42] . Tanto August Spies como Adolf Fischer pertenecían a una de las cuatro compañías de la Lehr-und-Wehr-Verein (Sociedad para la Instrucción y la Protección –fundada en 1875) de Chicago, la cual, pese a ser predominantemente alemana, incluía miembros de otras nacionalidades, incluida una compañía francesa. Esta organización, que fue la de mayor desarrollo, tenía probablemente unos 400 miembros en armas [43] . Otras organizaciones armadas reproducían esta organización étnica del movimiento: la alemana Jaeger-Verein (Sociedad de Tiradores), la checa Bohemian Sharpshooters(Francotiradores Bohemios), la irlandesa Fifth Ward Labor Guards (Los Guardias Obreros del Quinto Distrito) y la angloparlante International Rifles(Rifles Internacionales) [44] . Cada cual tenía su uniforme y armas. Ninguna de estas organizaciones se enfrentó con las fuerzas armadas del Estado; su rol pasó por preparar a los obreros para la revolución “inminente” y hacer de guardia en protestas y actividades sociales, donde su presencia sin lugar a dudas tuvo un rol disuasivo que impidió la perpetración de arbitrariedades por parte de la fuerza pública en más de una ocasión. Algunos sindicatos incluso, llegaron a disponer de ciertos fondos para el apoyo de estas organizaciones y para la adquisición de armamentos: a Louis Lingg, el joven delegado de un sindicato de carpinteros adherido a la CLU, se le encomendó supervisar esta tarea en su condición de dirigente sindical y ferviente revolucionario [45] .

Junto a su partido revolucionario, a su prensa y a su organización sindical, los elementos revolucionarios tenían una rica y vibrante vida cultural y social, que abarcaba al conjunto de la familia, mediante la existencia de sociedades de beneficencia y apoyo mutuo, grupos de teatro, coros, bandas musicales, escuelas dominicales para los niños, asociaciones de gimnasia y diversas festividades, desde bailes y picnics, hasta celebraciones en grande de eventos como la Comuna de Paris, o las marchas, que eran ocasiones en que también acudía el conjunto de la familia y en las cuales el elemento revolucionario ostentaba todo su poderío mediante el despliegue de sus emblemas, la procesión organizada de los militantes y de las compañías armadas de auto-defensa obrera. Esta vida social, más que nada, demostraba el afán anarquista de mejorar no solamente las condiciones materiales, sino también morales, de existencia de la clase obrera. Este movimiento, dice Bruce Nelson: “De las divisiones etno-culturales, linguísticas, de oficio, de género y de especialización producida por la industrialización acelerada, los anarquistas forjaron un sentido de solidaridad de clase (...) Con un programa de eventos que eran públicos y visibles, los socialistas y anarquistas alimentaron una cultura que era confrontacional y agresiva. Tanto el movimiento como su cultura eran auto-concientes y con conciencia de clase. Más aún, este movimiento amenazaba con infectar al conjunto de la clase trabajadora [46] .

Ese temor a la “infección” revolucionaria de la clase trabajadora, ese miedo a la fuerza organizada del elemento libertario, explican la violencia y la histeria con la cual la plutocracia yanqui procedió a reprimir al conjunto del movimiento durante su clímax en la Huelga General de Mayo de 1886.

La Gran Huelga del 1º de Mayo de 1886

Desde la década de 1870 diversos intelectuales y algunos reformistas con simpatías por los trabajadores venían planteando la necesidad de instaurar una jornada de ocho horas mediante el parlamento y no mediante la acción misma de los trabajadores. Algunos socialistas y dirigentes sindicales asistieron a algunas conferencias en torno a esta cuestión (entre ellos, Albert Parsons), pero no se sacó nada en limpio de esto. Hasta que en Octubre de 1884 la Federation of Trade and Labor Unions of the United States and Canada (Federación de Sindicatos y Organizaciones Gremiales de EEUU y Canadá) deciden declarar que desde el 1º de Mayo de 1886 se establecería la jornada de ocho horas y que todos los medios para obtener ese fin eran válidos, aún la Huelga General. Esta reunión tuvo lugar en Chicago y se formó así una asociación para luchar por las 8 horas.

Sindicatos conservadores, temerosos de los disturbios, y los KoL miraron con recelo este llamado; estos últimos, por principio se oponían a las huelgas, aún cuando las bases locales de los KoL hayan participado y animado muchas de ellas. En un primer momento, los anarquistas y la IWPA también se opusieron a este movimiento, algunos en base a una argumentación principista. Decían que con esta reforma se buscaba frenar al movimiento revolucionario, que la revolución inminente no debía retrasarse, que esta reforma parcial era una manera de domesticar a la clase obrera. Otros, como Parsons y Spies, consideraban que era una batalla perdida. En palabras de Spies en un artículo suyo publicado en The Alarm el 5 de septiembre de 1885: “No somos antagónicos al movimiento por las ocho horas –ya que constituye una lucha social; sencillamente predecimos que es una lucha perdida [47] .

Pero a fines de 1885 los ánimos comenzaron a cambiar, primero en los compañeros más permeados y experimentados en la lucha sindical, como Parsons, Schwab, Fielden y Spies, después en el resto. La influencia de la CLU fue decisiva: la clase obrera en su conjunto asumió esta lucha y arrastró con ella a los principales dirigentes anarquistas. El movimiento anarquista demostró en esta ocasión la clave de su éxito: que no solamente predicaba su credo, sino que también aprendía de la clase trabajadora, era un movimiento abierto, que escuchaba, libre de dogmatismos y que no reemplazaba la lucha de clases viva con argumentos recalentados de teoría muerta. En fin, era un movimiento que se constituía a sí mismo en el proceso de lucha.

En esas circunstancias, desde diciembre de 1885 ya encontramos a los principales dirigentes de la IWPA apoyando al movimiento por las Ocho Horas y a sus organizaciones a la cabeza de esta lucha en los principales centros obreros del país, pero sobre todo en Chicago, el principal foco de agitación obrera en todo el país. Como diría el historiador Bruce Nelson: los anarquistas le dieron un sentido militante y combativo al movimiento de las ocho horas en Chicago [48] .

Los anarquistas esperaban que la reforma, de ser conquistada mediante la lucha, abriera las puertas a una serie de victorias obreras que llevarían al socialismo. Otros creían que la oposición burguesa provocaría el esperado levantamiento armado de la clase obrera. Y otros veían en esta reforma una especie de escuela práctica para demostrar la futilidad de las reformas a la vez que los trabajadores ganaban experiencia en la lucha. Sea como sea, los anarquistas ayudaron en gran medida a convertir a este movimiento en un movimiento de masas dispuesto a luchar y triunfar.

Mientras los KoL –que se habían sumado de mala gana al movimiento y por presión de las bases más que de los dirigentes- y los sindicatos conservadores pedían, tímidamente, ocho horas de trabajo y sueldo equivalente a esas 8 horas, los anarquistas y la CLU exigían 8 horas sin reducción salarial por menor número de horas. El estilo confrontacional de los anarquistas no era ineficaz: el 1º de Mayo de 1886, sin necesidad de iniciar la huelga, diversas empresas en Chicago ya habían otorgado la jornada de ocho horas a 47.500 obreros, algunos habiendo logrado hasta un aumento salarial. Otros 62.500 obreros se fueron a huelga en Chicago, la inmensa mayoría haciéndose eco de las demandas de la CLU y de la IWPA, de ocho horas de trabajo con igual salario que según la jornada previa [49] . Pocos días después la huelga era total y abarcaba a 80.000 asalariados en la ciudad [50] .

Esta huelga fue una impresionante demostración de la fuerza del movimiento obrero organizado en los EEUU, donde más de 300.000 obreros abandonaron su puesto de trabajo, pero particularmente en Chicago. Es imposible que la huelga haya tenido la fuerza que tuvo sin la decisión y el apoyo que otorgaron al movimiento los anarquistas, quienes se convirtieron en los principales promotores de la huelga. Fueron ellos quienes organizaron charlas públicas y manifestaciones masivas, que agruparon a miles de obreros, las semanas previas a la convocatoria a la huelga [51] . Esta decisión de los libertarios está capturada en las opiniones de un anónimo anarquista entrevistado el 1º de Mayo por un periódico local en Chicago:

Los trabajadores alemanes y bohemios se hayan absolutamente organizados y armados y lucharán para obtener sus objetivos. [Varios gremios]ya han obtenido la jornada de ocho horas, Los KoL son fundamentalmente estadounidenses e irlandeses (...) ellos se contienen y toman lo que les den, mientras que los alemanes y bohemios van a tomarse lo que ellos mismos quieren [52] .

Sin embargo, y pese a los preparativos oficiales (la policía recibió nuevos hombres y nuevos “juguetes”), la huelga fue del todo pacífica. Era la calma que antecedió a la tormenta: como hemos señalado, todo movimiento obrero, toda actividad huelguística, era acallada mediante la más brutal represión. Diversas huelgas en el Estado de Illinois y en Chicago mismo, en el período 1884-1886, habían enfrentado una brutal represión. Por ejemplo, en Mayo de 1885, en Lemont, un grupo de huelguistas de una cantera local, fueron acribillados por la milicia: al menos dos obreros murieron y varios más fueron heridos gravemente, mientras el resto eran pasados por el garrote y la bayoneta [53] . Esta misma escena se repitió en numerosas otras ocasiones y todos estaban concientes de que la violencia podría desatarse con la menor provocación.

Tal provocación ocurrió el 3 de mayo, con la represión a los obreros de la fábrica Mc Cormick. Ese día la policía comenzó a atacar violentamente a los manifestantes: una marcha de 500 costureras, por ejemplo, fue atacada salvajemente, dejando a varias de ellas, apenas adolescentes, mal heridas. Pero los más graves enfrentamientos se vivieron en la fábrica de maquinaria agrícola McCormick, donde los obreros se encontraban en huelga y movilizados desde Febrero, mes en el cual el patrón Cyrus H. McCormick Jr. Había despedido a todos sus trabajadores y contratado a carneros que no estaban sindicalizados en retaliación por las conquistas que habían logrado los obreros mediante una huelga en 1885. Al término de uno de los turnos, el día 3 de Mayo, se presentó una escaramuza entre los obreros que protestaban fuera de la fábrica y los carneros que la abandonaban. La policía intervino con gran violencia, asesinando a por lo menos dos obreros (algunos informes de la época hablan de hasta seis muertos) e hiriendo gravemente a varios más [54] . En esos precisos momentos, Spies arengaba en las inmediaciones de McCormick a una masa de entre 5.000 y 10.000 obreros, convocada por el sindicato de trabajadores madereros, el cual le había nominado al término de esa manifestación su vocero en la negociación por la reducción de la jornada laboral [55] . Apenas terminado su discurso, Spies se dirigió al lugar de la carnicería, al cual ya antes habían concurrido algunos obreros de la manifestación de los madereros para solidarizarse en la lucha contra la policía, y el espectáculo de hombres, mujeres y niños heridos, sangrantes, siendo golpeados salvajemente por la policía lo asqueó en lo más profundo. Corrió apresuradamente a la redacción del Arbeiter Zeitung, escribió su famosa circular titulada “Venganza”, en la cual llama a los obreros a tomar las armas por los caídos en la planta de McCormick [56] [Documento completo en el anexo]. Esta circular tensó el ambiente y motivó a que se convocara una manifestación de protesta al día siguiente, por iniciativa de Fischer y Engel. El 4 de mayo, sin embargo, concientes del peligro, se trató de evitar provocaciones y se suprimió un primer borrador de la circular de la protesta que invitaba a los trabajadores a “armarse y asistir con toda su fuerza” a la manifestación. Spies no quería que la convocatoria sirviera de escusa para un nuevo derramamiento de sangre y como él sería uno de los oradores, pidió a Fischer suprimir esa parte de la convocatoria, a lo cual éste accedió.

La manifestación de Haymarket no tuvo el carácter masivo que los convocantes esperaban: en parte, porque el 4 de mayo fue un día agitado en el cual hubo múltiples enfrentamientos entre la policía y los huelguistas; en parte, porque ese mismo día había otras manifestaciones públicas convocadas, y en parte, porque el negro cielo amenazaba con lluvia. Creo que también influyó que la manifestación fuera convocada sobre la hora, sin especificar quién convocaba ni quién hablaría en ella: se decía que habría buenos oradores y que era convocada por el “comité ejecutivo”, sin especificar de qué. Con todo, se reunió una muchedumbre de unas 3.000 personas, quienes fueron arengados por Spies, Parsons y Fielden. Cuando éste último estaba a punto de terminar su arenga a las 10:30 de la noche, debido a que parecía que llovería en cualquier momento, y cuando no quedaban más de 300 asistentes, apareció, súbitamente, una patrulla de 175 policías bajo el mando del inspector Bonfield, dando orden de que la manifestación fuera suspendida. Fielden protestó diciendo que la manifestación era pacífica, el Capitán Ward insistió prepotente y agresivamente en que la manifestación fuera suspendida, a lo cual un asistente no identificado respondió arrojando una bomba que mató instantáneamente a un policía, dejando heridas a varias decenas de ellos. La policía, confundida, respondió disparando atolondradamente, a lo cual algunos obreros respondieron con tiros, pero la mayoría sencillamente arrancó y trató de salvar su pellejo ante la lluvia de balas policiales. Al final de esta escena, que duró tan sólo un par de minutos, yacían en el suelo más de sesenta oficiales heridos (la mayoría de ellos por las balas de sus propios camaradas que disparaban atolondradamente) y uno muerto. Posteriormente, la cifra de muertos en la policía sería de siete oficiales muertos. Del lado de los trabajadores, se estima que murieron entre cuatro y ocho, aún cuando jamás se sabrá a ciencia cierta [57] .

¿Quién arrojó la bomba? Hay quienes afirmaron que la bomba había sido arrojada por un agente provocador o por un detective, idea defendida por Albert Parsons en su famoso discurso ante la Corte del Estado de Illinois opinión [58], y opinión que sostuvo su esposa Lucy Parsons hasta el fin de sus días [59]. Más parece ser que la bomba fue arrojada efectivamente por un anarquista, sobre el cual se ha especulado bastante, pero cuya identidad jamás se ha establecido [60]. Sea como fuera, los anarquistas defendieron, aún ante la tragedia que se desencadenaría con este fatídico suceso, la moralidad de aquella bomba arrojada a una fuerza policial que por años había atormentado a la clase obrera. En su juicio, Spies declaró: “Si yo hubiera arrojado la bomba, o hubiera instigado a que fuera arrojada, o hubiera sabido que esto ocurriría, no vacilaría un solo momento en reconocerlo. Es cierto que se perdieron unas cuantas vidas –y que muchos fueron heridos. ¡Pero también se salvaron cientos de vidas! De no haber sido por esa bomba, habría habido cien viudas y cientos de huérfanos, en vez de unos pocos como ahora [61] . Haciéndose eco de esta opinión, George Engel declaró que “creo firmemente, que si aquel desconocido no hubiera arrojado la bomba, al menos 300 obreros hubieran sido asesinados o mal heridos por la policía (…) ellos pretendieron masacrar a los obreros, pero las cosas se dieron de otra manera [62] . Otros anarquistas se expresaron de idéntica manera, entre ellos, Johann Most quien dijo que ese bombazo se justificaba legalmente como autodefensa y que en un sentido militar, había sido excelente [63] . Para ellos, este fue un chispazo de justicia en medio de varios golpes mortales recibidos durante años. (...)

La herencia militante de Chicago

Si bien es cierto que con la represión al anarquismo y sus consecuencias -declive de la IWPA y pérdida de organizadores y líderes destacados-, hubo un reflujo en el sindicalismo combativo [118] , pasando la hegemonía en el sindicalismo al elemento conservador (la AFL, cuyo líder Gompers reflejaba su ideología pro-empresarial en su famosa frase “el peor crimen en contra de los trabajadores es que su compañía no obtenga ganancias”), esa herencia militante seguirá viva [119] y renacerá en 1905 en los Trabajadores Industriales del Mundo (IWW), que al igual que la IWPA y la CLU dos décadas antes, supieron atraer a sus filas al proletariado no calificado, a los jornaleros y peones, y supieron hablar en un lenguaje claro y franco a una clase obrera multicultural e internacional. Al igual que la IWPA no ocultaron la necesidad de los trabajadores de defenderse de la represión, no ocultaron sus fines revolucionarios, su práctica estaba en abierta confrontación al sistema y agitaron entre los obreros las banderas de la acción directa. Al igual que la IWPA sostenían que la organización obrera tenía que servir de modelo para la construcción de la sociedad futura. Para hacer este vínculo tan explícito como fuera posible, la IWW fue fundada en 1905 en la ciudad de Chicago, en uno de los locales que dos décadas antes habían sido lugares frecuentes de reunión de la IWPA (el Brand’s Hall) y una de las oradoras de la convención fue ni más ni menos que Lucy Parsons, viuda de Albert Parsons y destacada militante sindical y anarquista. El padre de otro de los fundadores de la IWW, Joe Ettor, había sido herido durante la protesta de Haymarket. Luego de la convención hubo una procesión al mausoleo de los Mártires de Chicago.

La importancia de esta organización no puede ser subestimada: la IWW reunió a los elementos revolucionarios en el movimiento sindical (marxistas, anarquistas, sindicalistas revolucionarios) y lograron convocar a amplias masas obreras, atraídas por su entusiasmo, su militancia, su entrega a la causa obrera y sobretodo, por un programa de acción directa que entregaba beneficios tangibles a una clase trabajadora brutalizada y súper explotada. Llegaron en 1924 a tener 100.000 militantes y lograron crear un auténtico pánico en la clase dominante yanqui. Su capacidad de lucha, de cara a una represión increíble, se desprende del relato de una de las huelgas célebres que condujeron en sus albores:

Una de las primeras y más encarnizadas huelgas de los IWW ocurrió en McKee Rocks, Pensilvania, en Julio de 1909. Violenta y sangrienta de principio a fin, esta insurrección de dos meses sentó el precedente de la militancia de los IWW por muchos años más (...)

La Pressed Steel Car Company llamó a los ‘Cosacos’ poco después de que sus ocho mil empleados se fueran a huelga por mejores salarios y condiciones de trabajo. Los ánimos estaban alborotados en la empresa por varias experiencias amargas en el pasado. Los IWW aparecieron en escena como siempre denunciando a los ‘opresores de los obreros’ y apelaron a la justicia económica, siendo bien recibidos con gran entusiasmo por los huelguistas. Desde el comienzo era evidente que no había suficiente espacio en McKee Rocks para la IWW y las fuerzas policiales. El primer choque ocurrió el 12 de agosto. Un obrero metalúrgico llamado Harvath, fue asesinado a ‘sangre fría’ por los ‘Cosacos’ (...)

Tras el asesinato de Harvath, el comité de huelga se reunió para idear mecanismos de protección para que los obreros no volvieran a sufrir ataques semejantes de manos de estos pistoleros. Entonces, lanzaron un ultimátum diciendo que aplicarían el ‘ojo por ojo’ (...) El comité de huelga dio aviso al jefe de policía que por cada obrero metalúrgico asesinado se quitaría la vida a un ‘Cosaco’. Luego, añadieron que no serían selectivos a la hora de elegir al pistolero al cual escarmentar. Por un par de semanas hubo una reducción notoria de la violencia en contra de los huelguistas. Hasta que el 29 de agosto, un grupo de obreros fueron atacados, muriendo uno de ellos en la refriega.

La venganza fue inmediata –y terrible. Se asesinó a cinco guardias y pistoleros de la policía. Luego siguió un combate cuerpo a cuerpo, en el que cayeron más obreros y más ‘Cosacos’. Pero los mercenarios de la empresa fueron batidos y se replegaron, quedando los huelguistas dueños del campo de batalla. Luego de esta batalla, Pressed Steel Car Company ofreció negociar el conflicto. Si hubieran pensado en hacer esto antes, nos hubiéramos ahorrado todo este derramamiento de sangre. Sea como fuera, los huelguistas volvieron a trabajar el 8 de Septiembre, con todas las demandas satisfechas  [120] .

Pero al igual que los Mártires de Chicago dos décadas, los IWW antes sufrieron de una represión feroz y de una violencia de clase difícil de imaginar: los horrendos linchamientos de Frank Little (1917) y Wesley Everett (1919), el fusilamiento de Joe Hill (1915), el encarcelamiento de sus dirigentes y la constante persecución de la organización, etc., son testigos del odio de clase que se generó en la plutocracia de EEUU. A veces, esta dinámica de violencia patronal motivó, como en McKee Rocks, respuesta por parte de los trabajadores, convirtiéndose la dinamita y el sabotaje en armas bastante utilizadas por los sindicatos norteamericanos durante las primeras décadas del siglo XX, muchas veces con resultados favorables a los obreros [121] . Más tarde, la persecución a los anarquistas llevó a la silla eléctrica a los anarquistas italianos Niccola Sacco y Bartolomeo Vanzetti en 1927, otro caso que también despertó la solidaridad internacional y movilizaciones masivas, despertando sentimientos semejantes a los que se habían despertado casi medio siglo antes por el caso de los Mártires de Chicago. Es de destacar que estos son los actos más emblemáticos de la brutalidad yanqui, pero que detrás de cada uno de estos mártires célebres hay cientos y miles de mártires anónimos, asesinados por pistoleros o por la milicia. La historia de la violencia de clase en los EEUU siguió por las décadas siguientes: el macartismo en los ‘50, la persecución a los comunistas, a los activistas por los derechos de los afroamericanos, la cacería de los “Panteras Negras” en los ‘60, todo demuestra que los límites para los movimientos de cambio social en EEUU son extremadamente limitados, pese a toda la palabrería hueca sobre las “libertades” y la “democracia” yanqui. Cada movimiento significativo de cambio social, que amenazara en lo más mínimo al status quo, enfrentó en los EEUU una violencia completamente demencial por parte del “establecimiento”. La violencia acompañaría inevitablemente la lucha de clases en los EEUU por muchas décadas, hasta la supresión, por media de la fuerza bruta del movimiento popular en la “Tierra de la Democracia y de la Libertad”.

Pero más que la violencia, hiere el olvido. El movimiento popular norteamericano es conciente que la memoria es subversiva en sí misma. Y eso es lo que hace relevante el ejercicio de escribir la historia de los de abajo en un país que les condenó al olvido más absoluto. Pero pese a la amnesia colectiva impuesta desde el poder mediante la sangre y el discurso dominante, la herencia militante de Chicago sobrevive cada vez que surge la protesta social en EEUU, pues pese a todo, ese movimiento representa el acto fundacional del movimiento popular en el país del dólar. Después del 11 de noviembre de 1887, en que el mundo fue testigo del rostro verdadero de la sociedad de clases, ya nada volvió a ser igual que antes. Ni en los EEUU, ni en América Latina.

José Antonio Gutiérrez D.

3 de marzo, 2010

Notas(..)

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=226063

 

 

Aclaremos para situarnos en desafíos de hoy. Tengamos en cuenta qué nos explica Rolando Astarita: "El fundamento último de una estrategia política autónoma de las fuerzas del trabajo es la conciencia de clase. En términos leninistas, conciencia de clase es conciencia del carácter irreconciliable del antagonismo entre el capital, de conjunto, y el trabajo. Es también conciencia de la naturaleza burguesa del Estado, de su rol en el sostenimiento de la relación de explotación, y de la imposibilidad de reformarlo “desde adentro”. Este carácter del Estado no se altera en los países dependientes (ver más abajo).

Por eso la independencia de clase exige una actitud hostil de los explotados hacia la clase dominante de conjunto. Es un criterio general que ordena las orientaciones tácticas y los programas de acción. De ahí el rol de la crítica. La critica hacia toda forma de explotación y sujeción de los trabajadores es la condición indispensable para avanzar en la autonomía de la clase trabajadora.

Contradicción de clase en el país dependiente
Precisemos también que la autonomía de clase tiene como fundamento el reconocimiento de que en los países dependientes la relación social fundamental es capitalista. Esta afirmación se enfrenta al discurso “nacional marxista”, o “nacional y popular”, que sostiene que los trabajadores de los países dependientes deberían colaborar con las fracciones “nacionales” de la clase dominante, o de las instituciones estatales, para liberar al país o sostener la independencia nacional. (...)

El socialismo, en tanto programa liberador, en tanto crítica radical de toda forma de opresión y explotación, sólo podrá reinstalarse en la agenda de la clase obrera mundial desde la autonomía y autodeterminación de los explotados. Jamás podrá regenerarse bajo la conducción de bonapartes “socialistas”, cultos a la personalidad, enriquecimiento del lumpen burgués, milicos en las cumbres del Estado y absurdas mezcolanzas de nacionalismos y socialismos burgueses. Es hora de volver a las concepciones fundantes del comunismo. Y en particular, a la idea rectora de la independencia de clase: la liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos". Leer

Busquemos una interpretación de cómo enfocar "la autonomía y autodeterminación de los explotados". Pensemos quiénes son todos los últimos, pensemos si incluye a los subocupados, desocupados, a los desposeídos de todo y pensemos cómo viven, en sus hijos, en las mujeres. Preguntémonos si no es hora de articular luchas diversas en las reivindicaciones pero compartiendo el imperativo de afirmar dignidades y reciprocidades humanas. Es percibir más allá de nuestros respectivos ámbitos laborales y esmerarnos en superar tanto la fragmentación social como la atomización laboral conque el capitalismo nos divide para dominarnos. Es resistir desde el ejercicio de nuestro antagonismo irreconciliable con el sistema opresor represor y por tanto, viéndonos sin los encasillamientos impuestos desde los de arriba. Es reconocer razones y aprendizajes para nuestro hermanamiento con quienes sufren la maximización del despojo capitalista y muchas veces provienen de medios rurales. Por un camino más concreto anda el Movimiento de Comunidades Populares (Mcp) en Brasil.

 

Favelas: Más allá de la pobreza y el miedo
2 de febrero de 2016

Por Raúl Zibechi  (Brecha)

La favela es un mundo complejo en el que conviven la pobreza y la violencia policial y del narcotráfico. En una primera mirada parece el espacio más difícil para construir alternativas desde abajo y desde la izquierda. Sin embargo, cientos de activistas la eligieron como un lugar donde crear lo nuevo. 

El coche pasa casi rozando entre dos gruesas moles de cemento de un metro de alto. Un pequeño error de cálculo y la chapa terminaría estropeada. “Por aquí no pasa el caveirão, dice alguien, en referencia al vehículo blindado construido especialmente para que la Policía Militar entre en las favelas. “Tampoco pasan los patrulleros”, festeja un tercero. La entrada a la Comunidad Chico Mendes en el Morro de Chapadão, zona norte de Río de Janeiro, está restringida para los cuerpos represivos.

Subimos ladera arriba por calles estrechas y bien pavimentadas, entre viviendas sencillas pero cuidadas. En minutos llegamos al local del Movimiento de Comunidades Populares (Mcp), una enorme puerta de hierro al lado de un pequeño y prolijo almacén que vende alimentos y productos de limpieza. “No vendemos cigarrillos”, dice una voz de mujer. Con serenidad y firmeza agrega: “Son malos para la salud”.

El portón se abre sobre un amplio patio techado con oficinas y salas de reuniones al fondo y un segundo piso con más salones. Un enorme cartel advierte contra el consumo de alcohol y en otro costado del patio otro cartel más grande detalla las diez “columnas del movimiento”: economía, religión liberadora, familia, salud, vivienda, escuela, deporte, arte, ocio e infraestructura. Les dicen columnas porque son los pilares de la organización, identificadas de acuerdo a las “necesidades de los sectores populares”.

Un hombre bajo y fornido de unos 60 años ofrece agua fresca para paliar el tremendo calor carioca, e invita a recorrer los espacios. Todo sucede como en cámara lenta, con mucha calma, quizá para contrarrestar el calor. Aparece la mujer del almacén, Janduir, que nos dice que ambos fueron los primeros militantes del Mcp en llegar a la favela, cuando las casas eran de madera, precarias y pequeñas, hace más de veinte años.

UNA COMUNIDAD DIFERENTE.

La principal diferencia entre la Comunidad Chico Mendes y otras favelas es que se instaló como consecuencia de una toma o invasión, no de la agregación de familias y personas a modo de goteo. Aquí las personas ya estaban organizadas antes de la ocupación del morro, llegaron todas juntas y comenzaron a construir las viviendas y el barrio. Eran militantes de izquierda que decidieron ponerle al asentamiento el nombre del más emblemático organizador de los recolectores de caucho, asesinado por hacendados en 1988.

Ahora la comunidad tiene alrededor de 25 mil habitantes, pero Gelson recuerda que cuando llegaron tuvieron que hacer mutirão (trabajo colectivo) para conectar decenas de caños a una fuente de agua a 300 metros. Salía apenas un hilo de agua y había que hacer una fila de hasta cuatro horas para llenar una lata. “La gente fue luchando y consiguió tener agua, luz, saneamiento y también obras para asfaltar las calles”, explica Gelson. Las dificultades ahora son otras: “Las cosas están lejos, los precios son altos, entrar y salir de la comunidad es muy difícil por la violencia del tráfico”.

Recuerdan que la primera camada de militantes que formaron la comunidad hoy ya no está; algunos fueron asesinados por los traficantes y otros desaparecieron, se cree que secuestrados. Esa generación se enfrentó duro al tráfico para impedir que se asentara en la comunidad. Ahora trabajan de otro modo, menos ideologizado, evitando la confrontación con enemigos superiores, como la policía y el narcotráfico, y sobre todo “construyendo poder popular”.

Los primeros pasos en la Chico Mendes los dieron organizando campeonatos de fútbol con equipos de varones y de mujeres. Fue el modo de hacerse apreciar por los vecinos, de ganar su confianza, de conseguir un lugar. A Gelson le gusta mucho el fútbol y lo practica.

Hace casi 20 años crearon el grupo de apoyo escolar, que recibe a 70 niños y niñas de 2 a 14 años en dos turnos con cuatro maestras y dos ayudantes. Formaron una red de apoyo a esta escuela para financiar el sueldo de las maestras. Hace seis años armaron una guardería para las madres de la comunidad, que ya tiene 20 alumnos en dos turnos, con tres cuidadoras.

Los dos grupos de educación son apoyados por los padres, que aportan dinero y realizan actividades para recaudar fondos. Una vez al mes hacen una asamblea para debatir sobre la marcha de las escuelas y tratar de resolver los problemas de forma colectiva. El jardín funciona en un espacio, frente al salón central y el apoyo escolar, en el patio del principal edificio del movimiento.

El área o columna de economía es la más importante. Hay un Grupo de Ventas Colectivas con siete personas que tienen a su cargo el almacén de productos de alimentación, donde se abastecen unos 150 vecinos. Este grupo abrió hace poco tiempo, a partir de un préstamo del Grupo de Inversión Colectiva (Gic), una barraca de materiales de construcción atendida por dos personas del movimiento. Diez familias se organizan en torno al Grupo de Compras Colectivas, que les permite comprar en grandes cantidades consiguiendo precios más bajos que los del mercado.

Luego formaron el Grupo de Producción Colectiva, en el cual cinco familias producen jabones, detergentes, desinfectantes y suavizantes a partir de aceite vegetal usado. Comenzó como parte de una campaña en defensa del ambiente y ahora vende sus productos a una cooperativa del gobierno de Río de Janeiro.

El grupo más importante del área de economía es el Gic. Cuenta con 400 inversores que reciben un 2 por ciento de interés, es administrado por voluntarios y realiza préstamos a personas del barrio. Gelson asegura que más de 30 casas del lugar fueron adquiridas con dinero del Gic, además de que facilitó la compra de camionetas a vecinos que trabajan con ellas trasladando personas desde el metro hasta el morro.

“El Gic resuelve muchos problemas de la gente, y la incentiva a ahorrar, porque en los sectores populares no se ahorra”, dice Gelson. Es muy común que a una familia se le termine el gas y no pueda reponerlo simplemente porque no tiene dinero. Ahora acude al Gic y resuelve el problema sin necesidad de acudir a la banca.

UN VIEJO-NUEVO MOVIMIENTO. 

Lo que hoy es el Mcp comenzó hace 40 años a partir de un grupo de personas, como Gelson, que integraban la Juventud Agraria Católica. Realizaron un seminario bajo la dictadura militar en el que decidieron “construir un movimiento que no sólo trabajara por reformas y mejoras, sino con una propuesta anticapitalista”. Y crearon el Movimiento de Evangelización Rural, que en los hechos dejó de ser un grupo dependiente de la Iglesia.

Gelson recuerda la pobreza del campo. Su madre tuvo 12 hijos, seis varones y seis mujeres, en un pueblo de Paraíba. “Compraba un litro de leche para todos y como no alcanzaba le echaba mucha agua.” Trabajaba la tierra, y una noche, con 11 años, abrió las porteras para que salieran las vacas y los novillos. Fue su primera rebeldía.

Con los años el movimiento se modificó a medida que la sociedad fue cambiando. En los ochenta se produjo una gran migración hacia la ciudad, entre otras razones por la mecanización del campo y la concentración de la tierra en latifundios. Entonces comenzaron a trabajar en las ciudades y crearon la Corriente de Trabajadores Independientes. Pero en los noventa percibieron la precarización laboral y tomaron una decisión importante: trabajar con los sectores más sufridos del pueblo, “desempleados, peones, habitantes de las periferias, campesinos pobres”, según puede leerse en uno de los primeros números del periódico Voz das Comunidades.

“Fue el momento más duro –asegura Gelson–. Los militantes tenían una cultura de clase media, tenían sus familias, no aguantaron ir a la favela y decidieron adherir a partidos como el PT y a las centrales sindicales.” En esa instancia decisiva perdieron más de un tercio de los militantes. En paralelo decidieron no integrarse al PT, porque consideraban que dividiría a los sectores populares al separar a los dirigentes de las bases.

Su actividad en las periferias de las ciudades transformó al movimiento y sus integrantes. Comenzaron a trabajar de acuerdo a las diez columnas y a crear comunidades populares. Hoy son más de 60 comunidades, la mitad en áreas urbanas. En 2006 editaron Voz das Comunidades, para cohesionar al movimiento, que ya tiene presencia en 12 estados. En 2011 decidieron ponerse el nombre actual: Mcp.

El movimiento se propone tres objetivos. A corto plazo, movilizar a la gente para que resuelva sus problemas sociales y necesidades culturales más sentidas. A mediano plazo, organizar a la población en comunidades populares. Y a largo plazo, “conquistar un gobierno popular de abajo hacia arriba para construir una sociedad comunitaria basada en el buen vivir indígena, en los quilombos de los esclavos, en las comunidades campesinas igualitarias, como la de Canudos,1 y en el socialismo obrero y popular”, como acordaron en el segundo encuentro del movimiento, en 2012. Para ellos gobernar de abajo hacia arriba es “controlar, a partir de la base, los servicios públicos y comunitarios a través de la democracia participativa”, creando las condiciones para que la gente participe.

Janduir y Gelson explican que el movimiento se inspira en luchas históricas como las de los guaraníes, los quilombos de los esclavos que fugaban de las plantaciones, la experiencia de Canudos y las luchas obreras del siglo XX. Tiene como principios la independencia de los partidos y la autonomía política pero también económica de los emprendimientos.

EL MUNDO NUEVO EN LAS PERIFERIAS.

El Gic de Chico Mendes tiene 400 inversores y moviliza 700 mil reales (unos 170 mil dólares), que son administrados en reuniones masivas de 60 a 70 personas. En sólo 12 años consiguieron ser una fuente de financiación para las familias del barrio, sin deudores, porque cada persona que toma un préstamo lo tiene como aval. Cero deudas, control comunitario de las cuentas. Janduir muestra un cuaderno donde anota todo a mano. “Me gusta más hacerlo así que usar la computadora”, dice sonriendo.

Entre todas las comunidades tienen 30 Gic, que son administrados por más de cien personas y benefician a varios miles. Los Mcp cuentan con 100 grupos de producción, ventas y servicios colectivos, con más de 1.500 integrantes. Producen ropa, bolsas, artículos de limpieza, crían animales y cultivan la tierra. Los de ventas tienen mercados colectivos, venden gas y cereales. Los de servicios cuentan con lavanderías, recolección de residuos, construcción civil y han comprado camiones para la comunidad.

Han instalado diez escuelas, cuentan con grupos de salud que hacen campañas contra el consumo de alcohol y dan cursos de salud bucal y reproductiva, y comenzaron con un equipo de terapia comunitaria. “Se trata siempre de las cosas que necesita el pueblo”, aseguran Gelson y Jundair.

“Imagina que un día la gente construya millones de grupos de este tipo en Brasil”, reflexiona Gelson. “Es muy distinto si quisieras reclutar gente para la revolución, tomar el poder, ¿qué hacemos después?” Es un camino diferente para procesar los cambios. “En este proceso de construcción vamos aprendiendo a gobernar un Gic, una microempresa, y ahí vamos aprendiendo a gobernar una escuela, un municipio, de forma colectiva y solidaria, sin corrupción, con transparencia”, sigue Gelson.

Todos los trabajos que realizan, desde el deporte hasta las escuelas y los grupos de inversión, o sea, todo lo que es construcción de comunidad, tiene como norte la creación de poder popular. Con una doble vertiente: que sean iniciativas por fuera del mercado y del Estado (no reciben nada de los gobiernos) y que las gestionen los mismos miembros del movimiento de forma colectiva. A todo eso le llaman poder popular.

“La economía popular es la economía que ya está ahí, es la economía del pueblo, como la venta ambulante y los mercados populares. Pero lo que necesitamos es una economía popular organizada, con conciencia de gestión colectiva.” No inventan nada, organizan y sistematizan lo que ya está, a través de la formación y la organización colectivas. La autogestión puede entenderse como la sistematización de lo que hacen los sectores populares de forma embrionaria y espontánea.

En la asamblea nacional anual realizada en agosto de 2014 los militantes del Mcp llegaron a la conclusión de que no están caminando con los dos pies, como ellos desean. “Continuamos realizando más actividades comunitarias (economía solidaria, actividades culturales y acciones colectivas) que luchas reivindicativas por políticas públicas y en defensa de derechos”, se lee en el último ejemplar del periódico. Ese desbalance se debe, según el Mcp, a que durante diez años se focalizaron en la construcción de comunidades y que en ese período los líderes de los movimientos fueron cooptados por el gobierno.

Este es un debate presente en todos los movimientos de nuevo tipo en América Latina: cuánta energía dedicar a construir lo propio y cuánta a disputar con las instituciones estatales. El debate en torno a las políticas públicas (participar en la gestión de instituciones públicas a escala local) contiene dos posiciones: el temor a la cooptación por el Estado y el temor al aislamiento. Es la necesidad de escoger entre crear poder popular comunitario sin gobernar, o gobernar sin tener poder.

“La contradicción entre ambas es permanente”, razonan los militantes del Mcp. Por eso Gelson, cuando se le pregunta por las dificultades del movimiento, las coloca dentro, no fuera. “Lo más difícil es la formación de los jóvenes”, dice sin dudar un segundo. Cuando era joven, en la década de 1960, en plena dictadura, era la realidad la que formaba la conciencia, la que mostraba los caminos a seguir. Hoy las cosas son más complejas. El consumismo, las redes sociales, son fuente de confusión, piensa. El trabajo de hormiga de todos los días puede parecer poco, pero saben que no hay otro camino.

Movimiento popular en el nordeste en torno a la figura de Antonio Conselheiro, en la comunidad de Canudos (norte de Bahía), que fue derrotado por el ejército. Inspiró películas y relatos periodísticos, como Los sertones, de Euclides da Cunha (testigo de la última expedición militar contra la comunidad), y novelas como La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=208458

 

Compenetrémonos del humanismo creado desde abajo a fuer de lucha y amor. Escuchemos a Vanesa Orieta en una entrevista por La Retaguardia:

Nos parece importante incomodar con los términos, los términos incomodan. Hablar de represión y responsabilidad del Estado incomoda porque hay gente que puede ubicar esos conceptos sólo en la dictadura militar. Nos vemos obligados como familiares a incomodar. A que al otro lo obliguemos al menos a detenerse y pensar cuánto de lo que decimos nosotros es real o tenemos alguna equivocación y si es así que el otro venga a dar una discusión. Hasta ahora del otro lado no se ha analizado en otro sentido esta problemática o se nos ha argumentado de tal forma que a nosotros nos dejen tecleando. Por otro lado esto de la sistematicidad, que es otro término que incomoda. ’No es sistemática la muerte de los pibes’. Bueno, sí, es sistemático. Desde la apertura de la democracia hasta hoy, todos los gobiernos constitucionales han matado a una cantidad de jóvenes de nuestros barrios sin visibilizar que estos hechos ocurren. Y personalmente, y esto cada vez que puedo lo digo, yo no hablo desde cualquier sector de la sociedad. Yo puedo hoy estar viviendo en otra situación, fuera de mi barrio, pero yo nací en el Barrio 12 de octubre. Era una chiquilina del Barrio 12 de Octubre. Iba a comer al comedor del Monte Dorrego. Hay una historia que yo viví que no me la olvidé. Con un montón de sufriamientos y de derechos que me fueron quitados y que hoy como adulta los entiendo como una traición rotunda a mi niñez de parte de un conjunto muy grande de la sociedad. Yo hablo desde ese lugar, desde el sector más vulnerable de la sociedad. Desde el sector empobrecido. No me puedo parar desde la clase media y analizar la problemática de los pobres; no, yo hablo desde los pobres y con los pobres. Y desde ese lugar uno siente eso,

 

Eugenia Otero: 70 mil personas presas, 5 mil pibes asesinados, 200 desaparecidos. Son la gente de barrios como el que yo me críe. Yo tuve una fortuna, pero esto no se trata de que cada uno se esmere lo que pueda para tratar de salir adelante. A veces no se puede salir adelante. A veces se tiene suerte. Yo fui una persona con suerte, pero muchos de mis amigos, de mis vecinos, no tuvieron la misma suerte; desde ese lugar me planto fuerte y firme a decir: paremos la moto. Violencia institucional contémosla a montones desde que nace hasta que muere el pibe. Pero represión hay un montón. Tiene características bien particulares y la sufrimos nosotros en carne propia. La sistematicidad se refleja en los números.

 

Eugenia Otero: Vos decías que tuviste suerte y me parece que tuviste más que suerte. Hay algo de lo que están haciendo ustedes ahí en el ex destacamento donde a los pibes les decían que eran una basura y ahora ustedes lo que están haciendo es plantearles a los pibes que son valiosos. Me parece que más que suerte tiene que haber alguien que te reconozca valiosa. Personas, grupos, instituciones.

VO: Yo le pongo el término de suerte. Pero tendría que recordar gente muy importante que pasó en mi vida. Por ejemplo yo jugué mucho tiempo al voley en la Sociedad de Fomento de Lomas del Mirador en la que no podía pagar ninguna cuota. Y sin embargo las madres que estaban rodeando al club me decían: ’vos venís al club y la cuota te la pagamos nosotras’. Y me iban a buscar a mi casa y me llevaban a jugar los torneos. Conocí el mar por jugar al voley. Me relacioné con un grupo humano maravilloso. Gran parte de mi vida se dio fuera del barrio con un grupo de personas que entendían bien claramente lo que significaba dar oportunidades. Y ese fue un aprendizaje maravilloso en mi vida. A mí me formó el deporte. Me formaron seres humanos que me dieron un espacio y nunca me dijeron: ’Che, estás atrasada con la cuota’. No se discute eso, ’vos venías a jugar al voley y te venís a divertir’ y yo me divertía. Hoy a la distancia siento que esa fue mi formación y que estoy haciendo algo de lo que a mí me enseñaron a hacer otros: dar un espacio. Y no solamente con los chicos de la 12 en el barrio. Lo hago también en mi laburo. Les digo: yo te escucho, confío en vos. Yo estoy acá porque tengo ganas de hacer este trabajo y de acompañar este proceso. Y a mí me llena el alma poder entregar eso que es nada más que un aprendizaje que logré obtener de otros que fueron muy bondadosos conmigo y tengo mucha gente para nombrar.

Fernando Teber: ¿En qué estás laburando?

VO: Estoy laburando en el barrio Carcova y en Villa Curita. Son varias villas de José León Suárez que están todas pegadas. Estoy en un centro de día trabajando con chicos de 12 a 16 años que primero van a comer y luego van a talleres de teatro, de radio, de recreación. Ahí nosotras, las coordinadoras, tenemos un rol de acompañante con cada uno de los chicos y acompañamos a las talleristas. Después nos encargamos de cosas un poquito más duras, como hacer una recorrida por los barrios, visitar a las familias, ver en qué podemos dar una mano interactuando con las instituciones del barrio y ahí darnos cuenta una y otra vez del abandono que sufren nuestros pibes. Ahí uno se topa con la realidad de la violencia institucional, como cuando uno quiere ir a tramitar el DNI de un pibe de 15 años y te piden mil papeles y pasan cosas que tienen que ver con la pobreza, con años de un Estado que no les dio sus derechos, sino que los violó sistemáticamente. El abandono es tremendo. En Carcova y varios de los barrios de ahí viven del reciclado en el basural de José León Suárez. Muchos pibes van a buscar comida. La realidad es cruel por donde uno la mire. El abandono es rotundo y contundente y el trabajo que hay para hacer ahí es tener mucho amor para ir y entregar ese tiempo que para cada uno de esos pibes es valiosos porque tienen pocos espacios de escucha y acompañamiento. Explotan, te saltan por las paredes y por momentos se pudre el mundo, porque al ser rechazados de todos los lugares donde ellos deberían estar naturalmente, como la escuela o un lugar recreativo del mismo barrio, encontrar que alguien te esté escuchando. Es ’Me escuchás me prestás atención, entonces te armo más kilombo’, pero los que estamos ahí tenemos muchas ganas de estar con ellos y nos gusta.

FT: Nos vemos el sábado. Nosotros vamos a estar participando junto a medios de la RNMA, pero también con muchos otros que no están en la RNMA.

VO: En casa están parando unos muralistas que están trabajando en el Espacio. Y el año pasado uno de ellos estaba escuchando alucinado desde Rosario la jornada cultural a través de la radio. La verdad que nosotros estamos agradecidísimos del rol que ustedes tienen y del acompañamiento que nos dan; esa solidaridad inmensa que a nosotros también nos potencia para seguir con este armado que nos parece positivo y cambiar la dinámica. Por ejemplo, ¿por qué tenemos que seguir atrás de la agenda de los grandes medios si los odiamos y cuando prendemos la tele la queremos tirar a la mierda? Podemos empezar a pensar en esto, de no solamente reflejar las actividades, sino tambien de otra forma de reflejar las actividades. Ahí se va dando una confianza mutua, entre los familiares para con ustedes y ustedes para con los familiares. Esa cosa yo la puedo ver un poco más clara porque no me toca de cerca como la causa de mi hermano y todo lo que hacemos alrededor de la causa. Siento que cada vez estamos mejor direccionados con esto de la comunicación alternativa y comunitaria. Nos hace sentir bien. Leer

 

 

Advirtamos cómo Julio C. Gambina caracteriza la situación mundial de los trabajadores por opresión capitalista:

"La vulnerabilidad del empleo mundial es un dato relevante y la OIT confirma que el 42% de la fuerza de trabajo se encuentra en esa situación. Se trata nada menos que de 1.400 millones de trabajadoras y trabajadores. El problema se agudiza con cada año y se espera que en 2017 sean nuevos 11 millones de trabajadoras y trabajadores los que adquieran el carácter de vulnerables o carentes de seguridad social. No debe sorprender en ese plano la identidad entre trabajadores empobrecidos y pobres con ingresos menores a 3,10 dólares diarios, que para los países en desarrollo alcanza la cifra del 30% promedio. El empobrecimiento de los trabajadores y su vulnerabilidad es una constante en el capitalismo contemporáneo.

Todas las estadísticas de la OIT muestran resultados más negativos para mujeres y jóvenes, alentando un clima de malestar social que entre otras cuestiones explica el fenómeno recurrente de las migraciones, que tiene especial impacto en la región latinoamericana y caribeña, agudizado con las políticas anti migrantes que impulsa Donald Trump en EEUU y que pueden copiar gobernantes de países receptores de migración en nuestros territorios. Con relación a las expectativas de la economía mundial, la OIT señala que desde el 2012 existe un fenómeno de desaceleración, especialmente en aquellos países que explicaban el crecimiento de la economía mundial luego de la gran crisis recesiva del 2009. China bajó sus tasas de crecimiento del 9/10% a 6/6,5% privilegiando su mercado interno más que la expansión de su comercio mundial". Leer

 

Ejemplifiquemos no sólo cómo se origina esa vulnerabilidad sino  también qué  'democracia y libertad' hay dentro de corporaciones e hipermercados.

 

 

Explotación en una de las principales transnacionales del mundo

WalMart: el negocio de la pobreza

27 de agosto de 2014

Por Alberto Maestre (Diagonal)

 

 

 La segunda empresa con más beneficios de Estados Unidos es conocida por sus abusivas prácticas laborales

 

En los almacenes, mientras descargaba camiones a las cuatro de la madrugada, podía leer los carteles de “perritos calientes gratis si conseguimos 15 días sin accidentes, pizza si son 30, el sorteo de una Xbox 360 si son 90 días, una tele de plasma si son 120 días”. A pesar de las estratagemas para evitar denuncias por accidente laboral, nunca vi que el contador de “días sin accidentes” pasara de 12.

Mis coAmpañeras de trabajo, como la abuela que se abrió la cabeza al caerse de una estantería y sigue trabajando el turno de madrugada con 65 años, la licenciada con máster, pluriempleada para conseguir tres sueldos mínimos con los que pagar su préstamo universitario, también la cajera que era ingeniera ambiental en su país, el casi septuagenario que carga sacos de abono en furgonetas, o la veinteañera en bancarrota que apenas puede pagar las facturas y no tiene para comer, forman parte de los casi dos millones de personas que trabajan para Walmart en Norteamérica.

En los Estados Unidos, el 1% de la población activa, en su mayoría mujeres y minorías raciales, trabaja en este gigante de los grandes almacenes, y los associates (trabajadores, en la jerga interna de la empresa) venden alimentación, ropa, electrodomésticos, muebles, productos de jardinería, óptica, servicios de reparación de automóviles, peluquería, incluso armamento y munición.

Mientras la familia Walton, heredera del fundador de la empresa, acumula un patrimonio de casi 150.000 millones de dólares, Walmart suele despertar reacciones clasistas en el imaginario norteamericano. El 18% de los food stamps (subsidios estadounidenses para alimentación) se gasta allí. La compañía es sinónimo de una pobreza ridiculizable, ya sea de sus trabajadores o sus clientes; no en vano una de las páginas web más populares en Estados Unidos es People Of Walmart, una recopilación de fotografías de clientes “pintorescos” objeto de burla a causa de su sobrepeso o su “falta de clase” al vestir.

 

La quimera del ‘asociado’

Desde el primer día en el que me convertí en un associate, recibí un continuo torrente de propaganda: se nos intenta convencer para cobrar parte del sueldo en acciones de la empresa, lo que reduce la ya ínfima nómina mientras engorda el valor bursátil de la compañía. Se habla de muchos posibles bonus en caso de cumplir objetivos de productividad inalcanzables en la práctica, pero que crean la ilusión de que el responsable de que su sueldo sea tan bajo es siempre del propio trabajador y no de la compañía.

A pesar de la diversidad de labores que puede realizar un associate, el periodo de formación, que dura casi una semana, apenas entrena para ninguna tarea específica. Unas animaciones de ordenador transmiten mensajes simples, fáciles de entender para aquellos cuyo inglés o sus habilidades lectoras no son fluidas. En el modelo que Walmart ha perfeccionado, en el que se contrata y se despide automáticamente según las ventas suban o bajen, no cabe ningún tipo de especialización del trabajo.

Estas animaciones de ‘formación’, por ejemplo, nos dicen que denunciar accidentes laborales supondría incómodos trámites que no convienen a nadie, y que será mejor para todos si volvemos al trabajo porque así nos seguirán pagando. Los trabajadores, una inmensa mayoría de ellos a tiempo parcial, somos a menudo chantajeados con la promesa de trabajar horas ‘extra’ no declaradas. Gracias a esta estratagema, muy pocos associates tienen los escasos derechos que otorga el estatus de trabajador a tiempo completo en las legislaciones de Estados Unidos o Canadá.

 

Terreno vedado a la lucha sindical

En Walmart no hay lugar para los sindicatos, y las leyes se lo permiten. La empresa, que gasta millones de dólares en donaciones políticas, mantiene buenas relaciones con cualquier tipo de gobierno; líderes como Barack Obama o Cristina Fernández de Kirchner han hecho declaraciones elogiando a la compañía. Las prácticas antisindicales han hecho que no haya trabajadores sindicados de Walmart en toda Norteamérica. Además, la comunicación interna de la compañía ha sofisticado los canales para la delación entre los propios empleados. El periodista Hamilton Nolan cita el caso de una trabajadora despedida cuando su jefe la oyó hablar de una reunión familiar; la palabra reunión es demasiado similar a union, sindicato en inglés.

Cuando los carniceros de un Walmart de Texas decidieron organizarse en un sindicato, la empresa decidió prescindir de todos sus charcuteros en todo el planeta, y pasar a vender únicamente carne empaquetada en bandejas. Cuando los trabajadores del hipermercado de Jonquiere, en Québec, se organizaron, Walmart no dudó en cerrar, despedir a todos los trabajadores y abandonar ese pueblo.

Documentales como The High Cost of Low Price muestran el efecto devastador sobre la economía de las zonas donde Walmart desembarca. Instalándose en las afueras de las ciudades, con costes laborales mínimos y con una política de precios diseñada para eliminar a su competencia, destruye muchos más puestos de trabajo que los muy precarios empleos que crea.

Walmart es la segunda empresa del mundo con más beneficios, sólo superada por Exxon Mobil, y, si se cumplen los pronósticos y Hillary Clinton llega a la Casa Blanca en 2016, la empresa habrá conseguido colocar en la presidencia de los Estados Unidos a una antigua lobbista y miembro de su Consejo de Administración; para entonces, miles de associates seguirán reponiendo los estantes de alimentación mientras no pueden permitirse tres comidas diarias, y para la familia Walton, la creación de pobreza seguirá siendo un excelente negocio.

Alberto Maestre ha sido trabajador de WalMart.
https://www.diagonalperiodico.net/global/23729-walmart-negocio-la-pobreza.html

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=188924

 

 

Constatemos qué 'democracia y libertad' hay y cómo las políticas de seguridad jurídica para los oligopolios se van desarrollando y afianzando a través de gobiernos constitucionales con independencia de las diferencias entre los mismos.

 

 

Intentando encontrar sentido al debate sobre la deportación

De cómo Bill Clinton y Barack Obama sentaron las bases de las políticas antiinmigratorias de Trump

1 de mayo de 2017

 

Por Aviva Chomsky (TomDispatch.com)

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Desde que en junio de 2015 ascendió por una escalera mecánica de la Torre Trump camino de la carrera presidencial y juró construir su “gran muralla” e impedir que los “violadores” mexicanos entraran en el país, los inmigrantes indocumentados han sido el centro de las iras de Donald Trump. Ahora que está ya en la Oficina Oval, las noticias no son menos sombrías. Toda una batería de titulares escalofriantes y mensajes de pánico en las redes sociales han puesto de relieve su incendiario lenguaje , sus planes y órdenes ejecutivas en lo que a los inmigrantes se refiere y los primeros actos de la Patrulla Fronteriza y de los agentes del Departamento de Aduanas e Inmigración (ICE, por sus siglas en inglés) en materia de deportaciones. La temperatura ha subido en los debates sobre la deportación, por eso si están pensando en que estamos en un momento totalmente sin precedentes respecto a la inmigración y a los inmigrantes, no son los únicos.

Trump ha afirmado repetidamente que los inmigrantes, en especial los indocumentados, están inundando los EEUU, causando oleadas de delitos y agotando los presupuestos de los servicios sociales. No importa que la cifra de esos inmigrantes haya ido descendiendo velozmente desde 2008, que las tasas de delincuencia entre los inmigrantes sean más bajas que entre los ciudadanos estadounidenses, que los indocumentados no tengan acceso a la mayor parte de los programas de bienestar social y que las cifras de delitos en general hayan disminuido en los últimos años.

Los medios han jugado un papel especial a la hora de atizar las llamas. Desde que Donald Trump entró en la Oficina Oval, no han dejado de proliferar las informaciones sobre asaltos, arrestos, detenciones y deportaciones al alza. Esto sugiere que algo nuevo, aterrador y claramente trumpiano –algo nunca visto antes- está en marcha, incluyendo redadas masivas para deportar a personas que, con la anterior administración, habrían estado protegidas.

Pero las cifras nos cuentan una historia diferente. En un tremendo titular, para no perder la costumbre, del Washington Post se leía : “ ICE Immigration Arrests of Noncriminals Double Under Trump ” [Los arrestos de no delincuentes por parte del ICE se duplican con Trump]. Aunque era exacto, resultaba, no obstante, engañoso. Los arrestos de inmigrantes no delincuentes saltaron en efecto de 2.500 en los tres primeros meses de 2016 a 5.500 durante el mismo período de 2017, a la vez que también crecían los arrestos de delincuentes, hasta un total de 21.000. Durante esos mismos meses de 2016, se había arrestado a 16.000. Sin embargo, el artículo ignora el hecho de que 2016 transcurrió bajo la administración del presidente Obama. Por ejemplo, en los primeros tres meses de 2014, hubo 29.000 arrestos, cifra muy superior al “record” de los tres meses de Trump.

Y aunque se haya incrementado la cifra de arrestos durante los primeros tres meses de Trump, en realidad las deportaciones descendieron , debido sobre todo al hecho de que la cifra de inmigrantes que cruzaron la frontera ha disminuido.

Para quienes han estado siguiendo las políticas de deportaciones en este país, las políticas de Trump, según se están ahora desarrollando, tienen una inquietante repercusión porque dichas deportaciones parecen estar directamente al alza a partir de las políticas instituidas en su día durante las presidencias de Bill Clinton y Barack Obama. Al presidente Obama le gustaba hablar sobre “nuestra tradición de acoger a los inmigrantes”, mientras que nuestro nuevo presidente ha lanzado esa retórica humanitaria liberal al cubo de la basura, echando mano en cambio de un nativismo duro.

No obstante, fue el presidente Clinton quien supervisó la draconiana “ Acta de Reforma de la Inmigración Ilegal y de la Responsabilidad Inmigratoria ” de 1996. Esta ley aumentó drásticamente todos los niveles de “control” de la inmigración, ampliando la Patrulla Fronteriza, criminalizando numerosos tipos de violaciones de inmigración de bajo nivel y facilitando y ampliando los procedimientos de deportación. (Se puso un énfasis similar en culpar a los inmigrantes de los problemas sistémicos y estructurales que existentes en el corazón de la reforma de la asistencia social de Clinton de ese mismo año.)

En muchos sentidos, Donald Trump sólo está reiterando, aunque con más grandilocuencia, las ideas y políticas iniciadas con Clinton, que después se convirtieron en una parte básica del enfoque de Barack Obama sobre la inmigración. Esas políticas se inspiraban directamente en tácticas policiales racistas de mano dura contra el delito y en una serie de medidas antiterroristas que ayudaron también a fomentar los temores raciales de los blancos.

Casuísticamente hablando, ha habido ya numerosos casos de detención y deportación que parecen ir mucho más lejos de lo sucedido en los años de Obama. Pero un análisis más detallado de esos casos y de las cifras sugiere, sorprendentemente, que ha habido más continuidad que cambio. Tanto los medios dominantes como las redes sociales han subrayado lo que parecen ser casos extremos de arrestos de jóvenes DACA (siglas en inglés de “acción diferida en llegadas de niños”, también conocidos como “soñadores”), así como de individuos que aparecen en los controles rutinarios de los agentes del ICE estadounidense, y otras detenciones y deportaciones arbitrarias. Sin embargo, en la mayor parte de estos casos se ha estado mucho más en línea con las políticas de la era Obama de lo que los lectores de esas noticias pudieran imaginar. Además, paradógicamente con mayor frecuencia, también se atrapaba a “inmigrantes de perfil bajo” en lo que el New York Times denominaba en 2014 “la red de la deportación”.  

El legado de Obama: un sistema en tres partes  

A primera vista, el legado del presidente Obama en el control de la inmigración parece contradictorio. Afirmaba ser una persona humanitaria que trataba de deportar sólo a “ malhechores, no a familias ”, a la vez que evitaba la deportación de cientos de miles de inmigrantes indocumentados. Sin embargo, al mismo tiempo y por algún motivo, se le tildaba de “ deportador-en-jefe ”. Porque registró aumentos históricos en las tasas de deportación.

Para comprender la naturaleza contradictoria de sus políticas, es necesario explorar tres ámbitos políticos geográficamente diferentes en lo que se refiere a los indocumentados: la aplicación de leyes internas, la aplicación de leyes fronterizas y el Programa de la Frontera Sur Mexicana. En el área de la aplicación de leyes internas, Obama creó varios programas de protección y prioridad para los inmigrantes indocumentados que se encontraban ya en el país que sirvieron de hecho para proteger de la deportación a grupos enteros de personas. Los defensores de los derechos de los inmigrantes que subrayan la naturaleza humanitaria de lo que Obama hizo se centran en esas protecciones, aunque minimizan los dos aspectos fronterizos de sus políticas. Sin embargo, aunque no se prestó mucha atención, incluso los programas humanitarios incorporaban un lado más oscuro, criminalizando y apuntando a quienes no iban dedicados.

En lo que se refiere a los controles internos, el presidente Obama pidió al ICE que ejerciera una “ discreción procesal ” suspendiendo la deportación de los inmigrantes que fueran padres, estudiantes, personas que estuvieran realizando trabajos duros, que tuvieran vínculos comunitarios y familiares estrechos, o sirvieran en el ejército.

Sin embargo, en el proceso echó mano de un lenguaje de inocencia versus delincuencia y el engaño de que, en lo que se refería a los inmigrantes, la noción de criminalidad era obvia y universalmente reconocida. Al dividirles en malhechores versus familias, contribuía realmente a la criminalización de grandes grupos de inmigrantes, alimentando directamente de esa forma la retórica futura de Trump. También se basó en las políticas “ duras contra el crimen ” de Bill Clinton de un modo que vinculaba la criminalización de la gente de color con la deportación de los inmigrantes “delincuentes” (que eran también, de forma abrumadora, gente de color).

Como los expertos en inmigración Alan Aja y Alejandra Marchevsky explican :

“La criminalización de los inmigrantes se debió en parte a la represión más agresiva hacia las comunidades de color. En las décadas de 1980 y 1990, las agencias para el cumplimiento de la ley de toda la nación pusieron en marcha estrategias de tolerancia cero, detención y registro, afirmando que los arrestos masivos en casos de delitos de poca gravedad evitarían otros más graves. Como los inmigrantes que vivían en esas comunidades fueron víctimas de políticas racializadas y encarcelaciones masivas, los listados del gobierno federal sobre inmigrantes delincuentes reventaron”.

Una vez criminalizados, cayeron después en un sistema separado y desigual de aplicación de las leyes de inmigración del que se eliminó el proceso debido, y la deportación, la pena última draconiana, podía implementarse con independencia de la gravedad del “delito”. Peor aún, la represión policial de las comunidades de color y la expansión de las encarcelaciones masivas produjeron, señalan Aja y Marchevsky, “una reserva de inmigrantes con antecedentes delictivos, auspiciando una cadena sin fin de detenciones y deportaciones”.

Como Michelle Alexander, autora de The New Jim Crow , ha dejado palmariamente claro, todo esto –la redefinición de delitos menores como delitos graves, la creciente presión sobre los acusados para que aceptaran una sentencia de conformidad y las medidas que después les excluían de la vivienda pública, empleo, pagos de bienestar social, cabinas de votación y otros aspectos de la sociedad- relegaron a un número importante de hombres negros a una subclase permanente. Los inmigrantes indocumentados se vieron también atrapados en esta red, con algunas variantes especiales.

A partir de la ley de inmigración de Clinton de 1996, por ejemplo, condenas de cualquier tipo, incluyendo los delitos más insignificantes, se convirtieron en motivo de deportación, incluso con carácter retroactivo. Por tanto, una infracción que con anterioridad acababa en libertad condicional y servicio comunitario, o una pequeña multa, ahora de convertía en prueba del estatus “criminal” de un inmigrante e iba seguida , por sistema, de la deportación.

Y había también otra nueva categoría de círculo vicioso: los llamados delitos de la inmigración. Aquellos que tenían antecedentes de reentradas ilegales y quienes habían participado en lo que se denominó “fraudes de la inmigración” fueron automáticamente categorizados como “delincuentes” bajo la política de cumplimiento de prioridades del presidente Obama. La “reentrada ilegal” es, de hecho, el más curioso de los delitos, ya que distingue entre quienes consiguen entrar en el país sin ser detectados en su primer intento y quienes son atrapados y sólo lo consiguen en un posterior intento. Los “fraudes de la inmigración”, una amplia categoría, incluyen prácticas comunes como utilizar un número falso de la seguridad social para poder trabajar.

El esquema de deportación interior de Obama se basaba en gran medida en esta amplia noción de la criminalidad de los indocumentados, que de otra forma se habrían calificado como personas que trataban de apañárselas como mejor podían. En la actualidad, el presidente Trump está ampliando aún más esa criminalización al dictaminar que cualquiera que sea condenado, acusado o incluso sospechoso de algún delito, constituye una prioridad de la deportación. Y al mismo tiempo, ha ampliado el concepto de lo “criminal” que ha construido directamente a partir del legado Clinton-Obama.  

En la frontera y más allá  

Sin embargo, lo que hizo que el presidente Obama se ganara el apodo de “deportador-en-jefe” fue su política para reforzar el control fronterizo, ya que fue allí donde el número de deportados aumentó con mayor rapidez. Esto se debió en parte a que priorizó para la deportación a “quienes habían cruzado los últimos la frontera”; es decir, todo el que hubiera cruzado sin autorización, lo que esencialmente significa que cualquiera que fuera aprehendido en la región fronteriza era ahora criminalizado. Bajo las anteriores administraciones, a la mayoría de los que eran atrapados se les garantizaba lo que se denominaba “salida voluntaria”. En otras palabras, que eran devueltos al lado mexicano de la frontera sin sanción legal. Durante las administraciones de Bush y Clinton, más de un millón de personas al año fueron devueltas a México de esa forma sin ser transformados en criminales y, por lo tanto, no estaban incluidos en las cifras habituales de la deportación.

En los años de Obama, aquellos a los que se detenía en la frontera empezaron a ser acusados formalmente, tomándoseles las huellas dactilares antes de emitir una orden de deportación. De esta forma, se les redefinía como “delincuentes” y, si eran pillados intentando un segundo cruce de fronteras, como “delincuentes reincidentes de la inmigración”. También implicó que las deportaciones formales empezaran a dispararse , aunque las cifras de quienes cruzaban la frontera, de los detenidos en la frontera y de los devueltos a México comenzaron todas a caer.

Los delitos de inmigración se convirtieron enseguida en delitos rivales de la droga en el sistema de los tribunales federales. Obama se convirtió en el deportador-en-jefe no porque deportara a más personas que las anteriores administraciones, sino porque criminalizaba a más de los que deportaba. Así fue como protegía a muchos de la deportación al mismo tiempo que acumulaba estadísticas de deportación mucho más elevadas que las de sus predecesores. De hecho, las situaciones de muchos de los atrapados en la frontera eran notablemente parecidas a quienes se les concedía discreción de procesamiento en el interior. Tenían familia, incluidos niños, en EEUU, o trabajos y fuertes vínculos comunitarios, o llevaban años viviendo en el país. Sin embargo, debido a que se habían marchado e intentado volver, aparecían redefinidos como delincuentes.

Finalmente, un aspecto del control de la inmigración bajo la administración Obama que por lo general no se menciona: el papel del presidente presionando a México para que colaborara arrestando y deportando a los centroamericanos que se dirigían al norte (incluyendo familias y niños no acompañados) antes de que alcanzaran la frontera con EEUU. En 2014, bajo las crecientes presiones de Washington, el gobierno mexicano puso en marcha el Programa de la Frontera Sur. Aunque la ley estadounidense se actualizaba repetidamente para proporcionar un trato humanitario a las familias y a los niños atrapados en la frontera, si los mexicanos les cogían primero, sencillamente les deportaban.

En 2014, sólo el 3% de los menores detenidos en EEUU fueron deportados; en México, la cifra fue del 77%, o 18.269 . Como se resumía la situación en un informe: “EEUU está subcontratando el control fronterizo en México”. Al igual que en EEUU, la creciente militarización y represión de México en su frontera sur no sirvió para frenar realmente el flujo de emigrantes. Simplemente hizo que el viaje fuera más peligroso, a la vez que daba aún más poder a los contrabandistas y bandas que se están aprovechando ahora de los migrantes centroamericanos que intentan desesperadamente evadir los controles fronterizos de México.  

Inmigrantes, criminalización y mercado de trabajo  

Mucho antes de que Donald Trump entrara en la Oficina Oval, este enfoque “duro con el delito” de la inmigración se integró en un modelo más amplio de criminalización de la gente de color alimentando el complejo industrial-carcelario, lo que ha hecho de EEUU el principal carcelero del planeta y fomentado la proliferación de prisiones privadas. Ha ayudado a justificar la creciente militarización de la policía en esos años y la sobrevigilancia de las comunidades de color. También alimentó un sentido nacional de inseguridad que contribuyó a la pasividad política, a la pérdida de poder popular y al tipo de nativismo que le servido a Trump para prosperar.

La criminalización juega también un papel en la creciente desigualdad económica del país. Justifica tanto las altas tasas de desempleo como los bajos salarios entre la gente de color, mientras almacena a aquellos cuyo trabajo resulta ahora superfluo. Y juega un papel especial en lo que se refiere a los inmigrantes y el mercado laboral.

Los inmigrantes experimentan en realidad una participación en la fuerza de trabajo significativamente mayor y tasas de desempleo más bajas que los nativos, convirtiéndoles en una excepción entre la gente de color. Sin embargo, ganan menos (681$ a la semana), que los trabajadores nativos (837$ a la semana), según las cifras del Buró de Estadísticas Laborales de 2015. Para los empleadores, en estos últimos años, la criminalización del estatus ya inestable de los inmigrantes (y su incapacidad para acceder, por lo general, a los servicios sociales), les convierte en un fuerza laboral muy deseable y especialmente explotable. Se les suele contratar para trabajos tan deplorables, arduos o peligrosos que los trabajadores nativos no suelen aceptar. El antropólogo Nicholas de Genova ha sugerido que la gran “posibilidad para ser sujeto de deportación” de los inmigrantes indocumentados les convierte en objetivo deseable de esos patronos explotadores.

Mientras tanto, la criminalización de la gente de color y de los inmigrantes en particular ha echado una mano a Donald Trump en su campaña para presidente, incluso ha ayudado al complejo industrial de prisiones y a la policía para justificar sus siempre crecientes presupuestos y necesidades de empleo.

El enfoque multifacético de la administración Trump sobre la inmigración se basa y promueve la criminalización de los inmigrantes. Ya sea impidiendo la entrada de refugiados o personas con visado procedentes de determinados países, o contratando miles de nuevos agentes de las Patrullas de Fronteras y del ICE, o prometiendo construir un “ muro grande, grande ”, o negando el dinero federal a las ciudades-santuario o publicando listas de delitos cometidos por inmigrantes, las políticas inmigratorias de Trump siguen las huellas, intensificándolas, de sus predecesores y continúan creando miedo, justificando la explotación y racionalizando el autoritarismo.

 

Aviva Chomsky es profesora de historia y coordinadora de estudios latinoamericanos en la Salem State University de Massachusetts. Colabora habitualmente con TomDispatch. Su libro más reciente es Undocumented: How Immigration Became Illegal.

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y a Rebelión.org como fuente de la traducción.

http://www.tomdispatch.com/blog/176271/tomgram:_aviva_chomsky,_the_criminalization_of_immigrants_from_clinton_to_trump/

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=226066

En consecuencia, abajo y a la izquierda, necesitamos suscitar el destape mayoritario del antagonismo irreconciliable de casi toda la humanidad con el capitalismo y con el progresismo como mentirosa alternativa emancipadora. Pongamos en discusión cuál es la verdad sobre el gobierno de Evo Morales-Álvaro García Linera que arranca siendo de un partido de izquierda para terminar viabilizando el desarrollo del capitalismo y veamos cómo lo concretó en una parte importantísima del extractivismo boliviano:

 

Capitalismo extractivista y clientelismo político

Los cooperativistas mineros y el MAS
20 de agosto de 2016

 

Por Carlos Peñaranda Pinto (Rebelión)

 

1. Clientelismo

El clientelismo se constituye ante todo en un instrumento de la clase dominante.

Del mismo modo que la capacidad para instrumentalizar personas depende del poder que se tenga, así la disposición o disponibilidades para ser instrumentalizado, depende no solamente de la privación real del poder, sino fundamentalmente, del grado de conciencia de clase, en el sentido de la capacidad para discernir a favor de qué intereses de clase se debe luchar.

Así, el clientelismo se explica por una debilidad en la “conciencia de clase”; pero también, por el hecho de que éste constituye la forma a través del cual “las clases desposeídas” pueden acceder a bienes y servicios del Estado. La escasez de bienes que el Estado capitalista de un país “subdesarrollado, periférico, dependiente” puede ofrecer a las “clases desposeídas” es a cambio de una retribución en apoyo electoral y movilización para defender a quienes detentan el gobierno de turno.

Desde esa óptica, el clientelismo constituye fundamentalmente una forma de opresión de clase, un instrumento que tiene por efecto la atomización de las solidaridades entre las clases subalternas y la continua dependencia hacia las élites 1 .

El clientelismo también constituye un canal de ascenso social, produciendo nuevas élites políticas; el ascenso de algunos líderes a nuevas posiciones de poder en la escala piramidal, convierte a algunos dirigentes en patronos-clientes o Estado-cliente. El clientelismo tiende a esterilizar y dificultar la participación de la base social; manejar clientelas significa negar la participación, pues consiste en obtener beneficios para algunos a través de la intermediación.

El dirigente que se adhiere al poder obra como intermediario entre sus bases y el gobierno, garantizando, la lealtad de sus bases; las bases tienen expectativas y hasta sensación de seguridad (aunque precaria) por la protección paternalista del Estado a través de los dirigentes vinculados al gobierno, lo cual puede cesar cuando las expectativas dejan de materializarse.

 1.1. Gobierno del MAS

En Bolivia, el nuevo bloque en el poder, pintado de campesino y popular, ha desplazado al bloque de derecha-racista; sin embargo, ello no implica que la clase dominante del antiguo bloque haya dejado de seguir controlando la propiedad de los principales medios de producción y la tierra 2 .

Los puestos claves de la economía en nuestro país están principalmente en manos de tecnócratas liberales, empresarios e intelectuales ONG’istas (ligados en su mayoría a las políticas mundiales que emanan de Naciones Unidas) insertos en el gobierno; en su interior, los cooperativistas mineros y otros sectores pequeño burgueses, son las categorías y fracciones de clase (cocaleros, comerciantes, transportistas) que ejercen predominio en el bloque.

1.2. Paradojas del decir y hacer

El domingo 14 de agosto, en declaraciones al programa “El pueblo es noticia” en el canal BTV, el Ministro de Gobierno Carlos Romero, manifestó que el cooperativismo minero “(…) sólo en teoría es cooperación solidaria de sus miembros sin fines de lucro" 3; es decir que en la práctica real, los cooperativistas no son solidarios y persiguen fines de lucro.

De ser cierta esta afirmación, las cooperativas mineras no pueden gozar del reconocimiento y protección del Estado por contravenir a las siguientes normas: 

Art. 310 de la CPE que señala que estas (las cooperativas) se caracterizan por el trabajo solidario de cooperación y sin fines de lucro; 

a su vez, el Art. 4 de la Ley General de Cooperativas (Ley Nº 356 de 11 de abril de 2013) señala que cooperativa es una asociación sin fines de lucro, de personas naturales y/o jurídicas que se asocian voluntariamente, constituyendo cooperativas, fundadas en el trabajo solidario y de cooperación, para satisfacer sus necesidades productivas y de servicios; 

el Art. 6 de la Ley 356 señala que el sistema cooperativo, se sustenta en los principios de: 1) Solidaridad. Es el interés por la colectividad, que permite desarrollar y promover prácticas de ayuda mutua y cooperación entre sus asociadas y asociados y de éstos con la comunidad. 2) Igualdad. Las asociadas y los asociados tienen igualdad de derechos, obligaciones y oportunidades de acceder a los beneficios que brinda la cooperativa, sin que existan preferencias ni privilegios para ninguna asociada o asociado. 3) Reciprocidad. Prestación mutua de bienes, servicios y trabajo para beneficio común, desarrollados entre asociadas y asociados, entre cooperativas y de éstas con su entorno, en armonía con el medio ambiente. 4) Equidad en la Distribución. Todas las asociadas y los asociados deben recibir de forma equitativa, los excedentes, beneficios y servicios que otorga la cooperativa, en función de los servicios utilizados o la participación en el trabajo. 5) Finalidad Social. Primacía del interés social por encima del interés individual. 6) No Lucro de Sus Asociados. Exclusión de actividades con fines especulativos, de forma que no se acumulen las ganancias para enriquecer a las asociadas o los asociados.

El Art. 127, parágrafo II, en la Ley de Minería señala que las labores mineras se llevarán a cabo por los socios de cada cooperativa, la cual podrá contratar personal dependiente únicamente para labores de carácter administrativo, técnico y asesoramiento.

Entonces, la caracterización de las cooperativas, de Rafael Puente, ex viceministro de Régimen Interior y Policía, en relación a las cooperativas es correcta:  (…) todo el mundo sabe que las ‘cooperativas’ mineras no tienen nada de cooperativas; en realidad son empresas, cuyos dueños son los llamados ‘socios’ (y ni siquiera todos) que manejan y explotan a una enorme masa de obreros que no tienen ni seguro social, ni seguro industrial, ni jubilación, ni nada. Y ni siquiera hablamos de las mujeres y del trabajo infantil. Es decir, son empresas de capitalistas del más primitivo estilo explotador, del que se supone que este nuevo Estado Plurinacional quiere liberarse” 4 .

Al parecer, sabe todo mundo, excepto el Vicepresidente Álvaro García, los Presidente de las cámaras de diputados José Alberto González, Gabriela Montaño y el Ministro de Minería, Cesar Navarro, quienes han repetido hasta el cansancio que la norma modificatoria a la Ley General de Cooperativas, en lo referente a la sindicalización, no incluye a los cooperativistas mineros, lo cual contradice a lo manifestado por Carlos Romero, para quien la solidaridad y no lucro de los cooperativistas mineros ha quedado en “simple teoría”.

En los hechos el Proyecto de Ley N° 149/2016-2017 sigue dando prerrogativas a los cooperativistas mineros pues señala “DISPOSICIÓN FINAL ÚNICA. En resguardo de los derechos constitucionales en vigencia, se respetan en las cooperativas, los derechos sindicales, laborales y de asociados de los sindicatos que incluyan asociadas y asociados pre-existentes a la promulgación de la presente Ley, así como de los que fueren a constituirse a futuro en los sectores de Servicios y Servicios Públicos” 5 . Este proyecto de Ley no menciona a las cooperativas productivas.

Alfredo Rada, Viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales, en 2014 señalaba: “(…) Al interior del sistema cooperativista se están decantando las cooperativas que, por efectos de acumulación de capital, han perdido su naturaleza inicial de ‘instituciones sin fines de lucro’ asumiendo formas empresariales propias del capitalismo salvaje. En ellas se están acelerando los procesos de segmentación clasista entre los socios antiguos y los ‘trabajadores voluntarios’, a los que también se les suele denominar peones o ‘makunkus’. Los primeros son ya una nueva fracción de la burguesía minera, los segundos conforman la masa laboral que se desenvuelve en condiciones de precariedad: sin acceso a seguros de corto o largo plazo, sin estabilidad ni contrato, sin seguridad industrial, muchos de ellos menores de edad y sin derecho a asociarse en sindicatos. Para mencionar un dato: hay registrados 112.000 cooperativistas, pero de ellos sólo el 16% aporta para el seguro obligatorio” 6 .

La existencia de dos categorías de trabajadores en las cooperativas mineras, rompe los principios básicos del cooperativismo internacional. Los trabajadores dependientes o asalariados no tienen “libre acceso y adhesión voluntaria” para ser socios (primer principio); por tanto, no tienen acceso al “control democrático” (segundo principio), y tampoco participan en la “distribución de excedentes en proporción a las operaciones” (tercer principio) 7.

El gobierno ha mantenido el camino abierto por el neoliberalismo, al promover la vía productiva no estatal y al mantener el nombre de cooperativa a lo que, en parte, no es una cooperativa, sino una empresa privada; a su vez, ha sido cómplice de disolver la unidad política y productiva que caracterizaba al proletariado.

El gobierno del MAS ha privilegiado la relación con el sector cooperativista dentro del mundo minero; desde el inicio de su administración, Morales les dio un lugar destacado en su alianza política con el objetivo de atraer a este sector porque, al mismo tiempo que representa un voluminoso número de eventuales votantes, se ha convertido también en el gran creador de empleo para desempleados provenientes de otros ámbitos laborales. Los cooperativistas, cada vez que el presidente los convoca, se pronuncian y hasta se movilizan 8. Su incursión en la política se debe a que es una fuerza social ordenada, disciplinada y sumamente orgánica que responde a un mando único, que es la Federación Nacional de Cooperativas Mineras (FENCOMIN). Esa disciplina le da consistencia en el campo político, porque cualquier acción que determine FENCOMIN, en consenso con las federaciones departamentales, es acatada militantemente por sus miembros; es por este motivo, que son considerados una fuerza importante 9, que utiliza a su masiva base social para negociar y presionar cuando de sus intereses se trata. En la coyuntura actual, los cooperativistas están en contra del gobierno (entre cosas por la pérdida de cuotas de poder), y lo que molesta a los estrategas gubernamentales es que los favorecidos por una década quieran más privilegios.

El gobierno del MAS se concentró en la falaz “nacionalización de los hidrocarburos”, y no dijo nada respecto al gran negocio minero controlado por transnacionales y normado por un Código neoliberal. El resultado práctico de esa orientación de la política minera se refleja en la limitada presencia productiva de la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL) y en la insubstancial renta minera que dejan las trasnacionales y los cooperativistas mineros. San Cristóbal, Sinchi Wayra, Manquiri S.A. 10, son la otra parte de REPSOL, PETROBRAS o TOTAL, que niega la soberanía de la que tanto alarde hace el gobierno del MAS.

1.3. Lo sincronico-diacrónico del decir-hacer de masistas y cooperativistas

Tras la caída de Sánchez de Lozada 11, en octubre de 2003, las élites del cooperativismo minero negociaron el voto de sus bases con el MAS, exigiendo que el futuro gobierno de Evo Morales conserve los privilegios que ganaron con Sánchez de Lozada.

En enero de 2006 (primera gestión gubernamental del MAS), se designó como ministro de Minería a Walter Villarorel, expresidente de FENCOMIN y socio de la mina La Salvadora. Villarorel funjia de Ministro cuando se dieron los conflictos entre cooperativistas y asalariados por el cerro Posokoni (Huanuni) en octubre de 2006 12.

El cooperativismo minero, a través de leyes, ha sido uno de los sectores más beneficiados del gobierno de Evo Morales; entre otras normas: El D.S. 233, que crea el Fondo de Financiamiento para la Minería (FOFIM) en substitución del FOMIN para la otorgación de créditos a las cooperativas con el aporte de Bs. 69,7 millones por parte del TGN y $US. 8 millones por parte de COMIBOL. Ley 186 Régimen de tasa cero en el Impuesto al Valor Agregado (IVA) para las ventas de minerales en el mercado interno de las cooperativas y productores artesanales. D.S. 1368 que entrega la veta Rosario a la Cooperativa 26 de febrero en el distrito minero de Colquiri 13 . D.S. 1369 que levanta diversas áreas de reserva fiscal para posibilitar su entrega mediante contratos a cooperativas.Ley de cooperativas, que sirve de etiqueta a empresarios cooperativistas. Ley minera, que expresa los intereses de 10.000 socios (dueños) de las cooperativas mineras y no de los 180.000 trabajadores mineros en estas “cooperativas” 14.

Paradójicamente, el pasado 14 de agosto en Cobija, el presidente Evo Morales calificó las demandas de los cooperativistas mineros, como indeseables 15.

Para comprender la paradoja veamos como, en noviembre de 2013, el presidente Evo Morales aseguró “(…) el apoyo que recibo de los cooperativistas mineros viene desde 2005, a partir de esa fecha son ‘aliados naturales’ y de carácter ‘incondicional’ del proceso de cambio. Conozco a trabajadores y dirigentes sindicales, no vienen aquí con prebendas, sino con justas reivindicaciones”, señaló durante la promulgación de la ley de las modificaciones a la Ley de Pensiones, en Palacio de gobierno 16. A su vez, el presidente de la FENCOMIN de ese entonces, Alejandro Santos, aclaró que las cooperativas mineras dan su apoyo “incondicional” al presidente Morales a “cambio de nada” desde 2005. “Las cooperativas mineras y los 150 mil cooperativistas mineros siempre hemos apoyado a nuestro Presidente, porque la política de nuestro Presidente es excelente, cosa de que antes no había” 17, sostuvo.

También en 2013, en la entrega de los contratos de adjudicación de colas de Catavi a los cooperativistas, el dirigente del norte de Potosí, Artemio Mamani, dijo: “(…) garantizamos que vamos a arrasar en las elecciones de 2014”, a tiempo de agradecer al Gobierno por el nuevo contrato; a su vez, el presidente de la FENCOMIN, Alejandro Santos, expresó públicamente su apoyo al “proceso de cambio” que lidera el presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales: “Nuestro Presidente ha trabajado con una visión de ir siempre adelante y eso es hacer gestión de Gobierno. Que los derechistas de todo el país escuchen el grito que sale del norte de Potosí, porque el presidente Morales gobernará por siempre el país”, afirmó el cooperativista 18.

En marzo de 2014, el Proyecto de Ley de Minería y Metalurgia, fue entregado al presidente Evo Morales. En la ocasión, la comitiva minera encomendó aprobar el documento sin cambios e, incluso, Morales destacó que la normativa fue trabajada por los cuatro sectores (empresarios, cooperativas, sindicatos mineros y Gobierno) y pidió a los congresistas que no hagan cambios 19.

Una semana después, los enfrentamientos, las muertes y los bloqueos cooperativistas motivaron al Ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, a decir que el proyecto de ley volvía a fojas cero; aunque luego fue contradicho por el ministro de Gobierno, Carlos Romero, quien emprendió diálogo con los cooperativistas mineros.

El Art. 151 (el más polémico del anteproyecto) disponía que “los titulares de licencias de prospección y exploración o de contratos administrativos mineros de la industria minera privada y cooperativa, pueden suscribir en cualquier momento contratos con otros actores productivos mineros privados o cooperativas, legalmente establecidos”. Este artículo era una copia del Art. 21 del código minero gonista (la Ley Neoliberal 1777) la cual señalaba que las sociedades cooperativas mineras podrán asociarse y suscribir contratos de cualquier naturaleza, incluidos contratos de riesgo compartido con la COMIBOL o con otras personas individuales o colectivas, nacionales o extranjeras, sin perder su naturaleza de entidades de interés social.

Si además de los sectores privados, cooperativistas y sindicalizados participó el gobierno, ¿cómo podían haberse ratificado el Art. 21 de la ley neoliberal en el Art. 51 del anteproyecto de ley, en tiempos antineoliberales y del proceso de cambio?

El 1 de abril de 2014, en relación al conflicto cooperativistas-gobierno, por las observaciones al proyecto de ley minera, el senador Andrés Villca (MAS), representante de FENCOMIN en la Asamblea Legislativa, dijo que en un ampliado de este sector se definirá si los mineros continuarán o no con el apoyo político al Presidente Evo Morales para las elecciones generales de ese año: “El sistema minero cooperativizado es orgánico, un congreso orgánico es la que ha determinado el apoyo correspondiente al proceso de cambio, a fortalecer el mandato del Presidente Evo Morales y será la instancia correspondiente también de un congreso para poder hablar en la parte política, se va analizar en función a que vaya teniéndose los arreglos correspondientes (en la mesa de diálogo)”, manifestó Villca a ANF 20.

Alejandro Santos, presidente de FENCOMIN, advirtió a Morales con “bajarlo” del cargo con una movilización generalizada en todo el país si es que el Legislativo no aprobaba el proyecto de ley sin ninguna modificación y si la policía continuaba reprimiendo a sus compañeros de base “(…) Si bien FENCOMIN y todas las cooperativas del país hemos llevado a que el presidente Evo, sea el presidente de Bolivia, así también podemos bajarlo, nosotros hemos sido los primeros autores de llevar a la Presidencia el año 2003, en ese sentido la movilización de todas las cooperativas a nivel nacional vamos a masificarlo y no vamos a permitir, carajo, que a nuestros compañeros de base los estén manoseando”, dijo Santos a los medios21.

En abril de 2014, el ministro de Gobierno, Carlos Romero, informó que entre los 42 contratos de subarriendo que firmaron los cooperativistas con empresas nacionales y transnacionales hay algunos que se remontan a 2011: “(…) tenemos ejemplos que datan de 2011, 2012 y 2013, según algunos casos que expuso el Ministro de Minería” 22. Esto demuestra que parte de los contratos no solo proviene de los gobiernos anteriores, sino se efectuaron durante la misma gestión del gobierno del MAS.

Al presente, en relación a las peticiones cooperativistas, Romero señaló que “Esas demandas constituyen un homenaje al ex-presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, caracterizado por haber llevado adelante el proceso de capitalización en el país y vender las empresas estatales” 23.

Volviendo atrás, el ministro de Gobierno, Carlos Romero, en abril de 2014, declaró que en 2006 (año de la primera gestión de gobierno del MAS), las cooperativas mineras tenían 2.254 cuadrículas (para operar), equivalentes a 56.350 hectáreas. En 2014, ocho años después, durante este gobierno han subido a 17.140 cuadrículas, o sea 428.628 hectáreas, un incremento del 500% 24. A mayo de 2013, según datos del Viceministerio de Cooperativas Mineras, las 1600 cooperativas existentes tienen 375.073 hectáreas (en 2005 operaban 230 y controlaban 47.153 hectáreas), lo que implica un incremento de un 700% en lo que va de la administración del presidente Evo Morales 25. Cada ministro o Viceministro maneja datos distintos.

Es claro el favoritismo del gobierno a las cooperativas mineras otorgando concesiones en espacios fiscales, afectando las perspectivas de expansión y crecimiento de COMIBOL.

En mayo de 2014, el ministro de Gobierno, Carlos Romero, señaló que “La cooperativa no hace nada más que recibir su título (de concesión minera), lo entrega a una empresa privada y recibe un porcentaje de las utilidades por esa operación de intermediación entre el Estado y una empresa”, argumentó. “Si el Estado hubiera firmado el contrato directamente con la entidad privada, los ingresos que el país recibiría por la explotación de los recursos naturales serían del 39% y en la actualidad son solo del 1%, precisó. Este 39% iría para el Estado por concepto de tributos como el Impuesto a las Utilidades (IU), Régimen Complementario del Impuesto al Valor Agregado (RC-IVA), Impuesto al Valor Agregado (IVA)” 26, sostuvo.

Lo cierto es que la contribución de la minería al Estado es baja: por ejemplo el 2011 la producción minera fue alta pero la recaudación por regalías muy baja 27.

En mayo de 2014, el ministro de Minería, Cesar Navarro, explicó que el proyecto de Ley (248 artículos y seis disposiciones transitorias), que se debate en el Senado, impide que se entreguen grandes concesiones a sectores privados, cooperativas o al mismo al Estado, así como retoma el concepto de fiscalización como facultad del Estado en la actividad minera y el control en toda la cadena productiva 28.

El 28 de mayo de 2014, Álvaro García, como presidente en ejercicio, durante la promulgación de la nueva Ley de Minería y Metalurgia en la ciudad de Oruro, dijo: “(…) con esta norma los cooperativistas mineros se convierten en ‘productores de primera categoría’ y podrán acceder a vetas importantes. El sistema cooperativo nunca tuvo derecho a áreas importantes y ricas en mineral. Eso se acabó”, manifestó la autoridad 29.

Respecto a la Ley Minera, algunos analistas coinciden que esta renueva el pacto político que tiene el gobierno con las cooperativas mineras, preservando un sistema de clientelas políticas. Para ello, la ley persiste en otorgar una serie de facilidades a las cooperativas, como ser tratadas como organizaciones sin fines de lucro, lo que no va con la realidad porque las cooperativas son organizaciones que obtienen ganancias. La ley mantiene esa ficción y justifica que no paguen impuestos, que trabajen en condiciones de informalidad, que no cumplan con la ley del trabajo y que trabajen sin control ni fiscalización del Estado.

“Solucionados” los problemas entre cooperativistas y gobierno, en fecha 20 de junio de 2014, en el estadio Hernando Siles, en la proclama del binomio Evo-Álvaro por los cooperativistas mineros (que previamente marcharon por La Paz para pedirle al jefe del Estado boliviano, Evo Morales, que acepte su candidatura a la reelección 30). El presidente Morales puntualizó: “(…) Si alguien quiere ignorar al cooperativismo minero tendrá que cambiar la Constitución Política del Estado”. A su turno el dirigente de la FENCOMIN, Alejandro Santos dijo: “Siempre hemos apoyado incondicionalmente y ese apoyo será hasta el final, vamos a defender con sangre y luto lo que es el proceso de cambio 31.

Hace menos de 9 meses, la Cámara de Senadores rindió homenaje a FENCOMIN en su 47º Aniversario, la nota de prensa del Senado señala: “Este reconocimiento se lo hizo considerando la trascendencia histórica, contribución al desarrollo económico, político y social en beneficio del país” 32.

Hoy, los dirigentes de FENCOMIN cuestionan la decisión del ministro de Trabajo, Gonzalo Trigoso, de cambiar a sus representantes dentro de esa cartera de Estado, en el Viceministerio y la Dirección de Cooperativas, de manera unilateral e incorporar a personas que no conocen del sector. FENCOMIN tienen en la actualidad al menos siete legisladores, entre diputados y senadores, elegidos con la sigla del MAS, además tiene un Viceministerio, Pascual Guarachi ocupa el cargo de Viceministro de Transporte; hasta el 3 de agosto del presente año el Viceministerio de Empleo, Servicio Social y Cooperativas, estuvo ocupado por el cooperativista Benito Rodríguez Carvajal 33.

El senador por el MAS y minero cooperativista, Miguel Coñaja, advirtió que ese sector podría alejarse del denominado “proceso de cambio” y del partido de gobierno si es que sus demandas no son atendidas, siendo una de ellas que se deje en libertad a 10 de sus compañeros detenidos en el penal de San Pedro 34.

Las exigencias de los cooperativistas mineros son: 1. Rechazo al reconocimiento de sindicatos en las cooperativas. 2. Modificar la Ley Minera. 3.Fondo para que se paguen las deudas que la Empresa Metalúrgica de Vinto tiene con las cooperativas. 4. Disminuir o suspender las regulaciones medioambientales. 5. Inclusión de un representante de los cooperativistas en el Directorio de la Caja Nacional de Salud. 6. Inyección de recursos al Fondo de Financiamiento para la Minería (FOFIM). 7. Consolidar la propiedad de las áreas concedidas a la cooperativa 26 de Febrero en el yacimiento de Colquiri. 8. Creación de un ministerio para las cooperativas. 9. Tendido de redes de energía eléctrica a todas las cooperativas del país con tarifas diferenciadas. 10. Reinversión de recursos provenientes de las regalías mineras en proyectos para el sector.

La Paradoja se define como figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones que aparentemente envuelven contradicción; dicho o hecho que parece contrario a la lógica. Luchar contra el neoliberalismo aplicando políticas neoliberales es una paradoja; como lo es también decir o hacer de acuerdo a las circunstancias, ello no sólo quita coherencia lógica al discurso MASsista, sino también agudiza su crisis de credibilidad ante el pueblo.

2. Cooperativas y extractivismo capitalista

Las cooperativas mineras vinculadas a FEMCOMIN al igual que las empresas capitalistas se caracterizan por desarrollar una ideología y práctica que hace a un lado las necesidades generales de los trabajadores, concentrándose en la apropiación de las riquezas mediante la explotación laboral.

Los trabajadores de base en las cooperativas son víctimas de la vulneración de sus derechos laborales; sin embargo, no tienen otras opciones de trabajo en el país. Son fuerza de trabajo barata para los socios-propietarios de las cooperativas que en algunos casos tienen contratos con las multinacionales que saquean Bolivia, siendo además escudo político y carne de cañón humano 35. Sería impensable en Bolivia que nadie salga a la calle a defender a las transnacionales, por eso, se disfrazan detrás de los “cooperativistas”, dirigidos por grandes empresarios.

La fuerza de trabajo de la mayor parte utiliza formas de producción atrasadas, le es imposible salir de ese atraso porque no incorpora máquina en las cuadrillas de trabajo.

El extractivismo del MAS ha conseguido durante nueve años una balanza comercial favorable 36 lo que ha permitido también contar con las mayores reservas internacionales 37 en moneda extranjera de la historia, lo cual fundamentalmente garantiza a los inversores extranjeros el acceso a divisas convertibles que les permitan incrementar sus beneficios.

El auge del precio de las materias primas y la bonanza latinoamericana de inicios de milenio fueron la condición básica de posibilidad del proyecto de equilibrismo político “progresista”. Les ofreció la oportunidad de repartir algo a los marginados de la liberalización, a esas masas exhaustas y descontentas por los años incontables de cinturones apretados, sin tener que afectar al modelo económico neoliberal que heredaron. Distribuir abajo sin afectar arriba.

Hoy, finalizada la bonanza, se hace más difícil negociar privilegios económicos a cambio de apoyo político. La desventura del sector minero tiene como causa la caída de los precios de los minerales, pero la causa profunda es la economía extractivista, es nuestra dependencia del capitalismo mundial, del que en realidad nunca nos hemos alejado.

El capitalismo Monopólico del Estado es la fase del desarrollo del sistema capitalista que se caracteriza por el predominio económico del capital monopólico y su fusión con la fuerza política del Estado. La indiscutible hegemonía económica de los monopolios se acrecienta cuando se fusiona con la poderosa fuerza social organizada que es el Estado. El Estado pone a disposición de la reproducción del capital monopólico toda su estructura funcional, particularmente sus órganos Legislativo y Ejecutivo, disponiendo de los bienes nacionales que administra, tales como los recursos naturales, sus productos y el ejercicio propio del presupuesto asignado 38.

Se ha señalado que el modelo económico boliviano es plural, que la economía plural está constituida por las formas de organización económica comunitaria, estatal, privada y social cooperativa, que la economía plural articula las diferentes formas de organización económica sobre los principios de complementariedad, reciprocidad, solidaridad, redistribución, igualdad, sustentabilidad, equilibrio, justicia y transparencia (Art. 306 CPE). En realidad el cooperativismo, en el régimen capitalista, constituye una variante de la propiedad privada; la naturaleza social de la propiedad cooperativa es determinada en primer lugar por la forma dominante de la propiedad a que se halla vinculada (en nuestro caso la economía privada). Bajo el capitalismo, la propiedad cooperativa presenta un carácter burgués dado que se desarrolla sometida al influjo de la propiedad privada capitalista, dominante en la sociedad burguesa. Las cooperativas, al comprar y/o vender las mercancías a las empresas capitalistas, contribuyen a reforzar y desarrollar las relaciones capitalistas de producción. En síntesis, el beneficio de tales cooperativas no es otra cosa que plusvalía realizada, creada mediante la explotación del trabajo.

Interrogantes que deja el actual conflicto

·         ¿La COB, persistirá en exigir un estudio, para ver que cooperativas no se avienen a la categoría de cooperativas que deben perder su personería, y por ende, sus trabajadores exigir el derecho de sindicalización?

·         ¿Los coopertivistas seguirán siendo parte del directorio de COMIBOL?

·         ¿Los cooperativistas pagarán sus deudas a COMIBOL?

·         ¿El gobierno hará cumplir el derecho Constitucional a la sindicalización, de todas las trabajadoras y los trabajadores de las cooperativas mineras?

·         ¿Cuáles de las demandas de FENCOMIN serán atendidas por el Gobierno?

·         ¿El gobierno abrogara el DS 2754?

·         ¿Cuántos de los 100 contratos, entre cooperativistas mineros y Trasnacionales (que descubrió el gobierno en 2014) han sido rescindidos?

·         ¿FENCOMIM, se alejará del denominado “proceso de cambio” y del MAS?

Notas (…)

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=215748

 

 

Reflexionemos la propuesta siguiente para el cambio estructural:

 

Entrevista a Alfredo Rada Vélez, viceministro de coordinación con movimientos sociales

“Es hora de separar a patrones de trabajadores dentro del cooperativismo minero”

 

29 de agosto de 2016

 

Por Rebelión

 

Las organizaciones de las cooperativas mineras efectuaron durante una semana bloqueos de caminos que afectaron a los departamentos de la parte occidental de Bolivia. La acción de protesta alcanzó su pico máximo de violencia el jueves 25 de agosto con el asesinato del viceministro de régimen interior, Rodolfo Illanes. Luego de ese crimen y el repudio ciudadano que generó hacia los cooperativistas, sus bloqueos fueron inmediatamente levantados. Sobre estos hechos conversamos con el viceministro de coordinación con movimientos sociales, Alfredo Rada.

-¿Cómo puede explicarse este conflicto con los cooperativistas mineros?

-Se explica en el contexto de una situación económica que se deteriora por el impacto de la caída de los precios internacionales de los minerales, además de los otros exportables que tiene Bolivia (gas, soya, quinua entre otros). Ante esta caída la dirigencia del cooperativismo minero, en la que predominan cada vez más los sectores patronales que han acumulado poder económico al interior de las cooperativas, reacciona violentamente buscando tres objetivos:

1) Lograr más concesiones, subvenciones y financiamientos estatales destinados a su sector.

2) Preservar dentro de las cooperativas las formas flexibilizadas de explotación de la fuerza de trabajo, evitando cualquier tipo de organización sindical dentro de las cooperativas.

3) Lograr el reconocimiento de facto de las sociedades entre el capital manejado por los patrones cooperativistas con el capital privado nacional y extranjero.

Los tres objetivos tienen un claro contenido de clase, en este caso de una nueva burguesía que en la última década fue incubándose en las cooperativas más grandes hasta que éstas dejaron de ser “entidades sin fines de lucro” para convertirse en empresas capitalistas semiformales. Cuando hablo de nueva burguesía me refiero a los nuevos ricos que se han encumbrado gracias a la explotación del trabajo de los llamados “segundas manos” o peones, a los que incorporan en las minas bajo la modalidad de pago a destajo, sin contrato de trabajo, sin derechos laborales y por supuesto sin derecho a organizarse en sindicato. Para prohibir la organización sindical acuden a un embuste: “dentro de las cooperativas todos somos iguales”; sabemos que eso no es cierto, que al interior de las cooperativas hay patrones y hay peones.

Pero volviendo al actual conflicto con las cooperativas mineras, si el movimiento de protesta tiene orientación y objetivos patronales, ¿cómo logran movilizar a grandes contingentes de trabajadores? Lo hacen convirtiendo su interés particular en interés general bajo la consigna de “estabilidad laboral”; los patrones les dicen a los trabajadores: “si no te movilizas para que el gobierno nos atienda entonces dentro de un tiempo ya no tendrás trabajo”. De esta forma los jerarcas del cooperativismo minero (que son por lo general los socios más antiguos) se aprovechan de una base social a la que convierten en grupo de choque, que llega a actuar con la saña que mostró en el brutal asesinato del compañero viceministro de régimen interior, Rodolfo Illanes, ocurrido en la localidad de Panduro.

-¿Cómo pudo ocurrir que esta fracción patronal se adueñe de las organizaciones que representan al conjunto del cooperativismo minero?

-Porque dentro del gobierno el tema de la política hacia el cooperativismo minero nunca fue resuelto bajo un enfoque revolucionario. Se comete el error de considerar al conjunto de la Federación Nacional de Cooperativas Mineras (FENCOMIN) como entidad aliada, sin ver que a su interior se han ido constituyendo clases sociales, una burguesía semiformal por un lado y por el otro un proletariado precarizado, al que como gobierno debíamos sumarlo para el proceso de cambio apoyando su organización y defendiendo sus derechos laborales de los abusos que cometen los patrones. En otras palabras, dotarnos de una estrategia que diferencie la base laboral de la jerarquía patronal dentro de las cooperativas. En vez de esto se confiaba en los dirigentes, muchos de ellos afines al gobierno no por convicción y principios, sino por interés y conveniencia. Para mantener la alianza el gobierno no intervino en asuntos laborales dentro de las cooperativas, era flexible con ellas en cuanto al cumplimiento de la normativa ambiental, no acentuaba la presión tributaria. Hoy vemos que esta orientación pragmática sólo condujo a fortalecer al enemigo de clase.

El tema de la relación entre patrones y trabajadores es medular para el cooperativismo; por ello no es ninguna casualidad que lo que originó este conflicto fue la aprobación en la Asamblea Legislativa Plurinacional de una ley que reconoce a los sindicatos dentro de las cooperativas. Si al interior de las cooperativas mineras crece la tendencia hacia la autorganización de los trabajadores, entonces una de las fuentes del poderío económico de los patrones –la precariedad laboral- comienza a ser erosionado.

El momento actual de condena ciudadana generalizada a la dirigencia del cooperativismo minero es parecido por las circunstancias a la tragedia de septiembre de 2006, cuando la matanza entre cooperativistas y asalariados por el control del cerro Posokoni en Huanuni, devino en el cierre de 4 cooperativas y la estatización de todo ese distrito minero, además de la destitución del ministro de minería quien era nada menos que el presidente de la FENCOMIN. Ojalá que ahora sepamos como gobierno actuar sin vacilaciones ni pactismos, mandando mensajes claros a la base laboral del cooperativismo que ha sido engañada por su dirigencia patronal, sentando claramente la posición de que somos un gobierno de los trabajadores que no permitiremos más abusos y explotación dentro de las cooperativas mineras.

-¿Y qué hacer respecto a esa dirigencia patronal que controla la FENCOMIN?, ¿seguirá siendo aliada del gobierno?

-La dirigencia patronal de FENCOMIN deberá rendir cuentas ante la justicia por el intento desestabilizador de la democracia que ha realizado, por el atentado a la economía nacional y, fundamentalmente, por el vil secuestro, tortura y asesinato del compañero Rodolfo Illanes. Su autoría –intelectual, material o ambas- tiene que establecerse en los ámbitos judiciales. Pero además, hay que recortar el poderío económico de la burguesía “cooperativista”, que ya hemos visto que no vacilará un segundo en tumbar a este proceso y a Evo. Ese poderío económico se origina en su propia acumulación de capital, gracias a la explotación laboral y a la depredación de la naturaleza; pero no hay que olvidar que también esa acumulación es facilitada por las concesiones gubernamentales.

Este conflicto ha puesto en la mesa nacional de debate los siguientes temas:

1) El rol del cooperativismo minero en la economía nacional, planteando el imperativo de cernir del sistema cooperativo a las empresas capitalistas semiformales que parasitan a su interior.

2) La necesidad de seguir defendiendo los derechos de los trabajadores, lo que tiende un puente de reconciliación con la Central Obrera Boliviana (COB) y debe servir para acercarnos a los trabajadores de las propias cooperativas mineras.

3) La necesidad de defender la Madre Tierra, tan dañada en sus aguas y tierras por la depredación que efectúan las cooperativas en su conjunto.

El enorme descrédito en que ha caído la dirigencia del cooperativismo minero, luego del asesinato del compañero Illanes, ha diezmado un movimiento desestabilizador que tuvo un enorme despliegue de recursos económicos y logística. La FENCOMIN atraviesa por una de sus peores crisis en que puede terminar perdiendo todas las concesiones obtenidas del gobierno. Se abre una oportunidad para avanzar con una política nacionalizadora en la minería, pues ha saltado uno de los obstáculos que siempre se ha opuesto a este avance.

Hay que honrar el sacrificio del compañero Illanes y la mejor forma es luchando por la justicia social y la plena soberanía sobre nuestra riqueza minera.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=216015

 

 

Comprobemos que el cambio estructural tiene que ser más profundo abarcando no sólo al poder económico imperialista sino también al partido de gobierno y al estado. Es la única manera para implantar la economía basada en privilegiar necesidades e intereses populares. Porque se trata de emancipar el trabajo del capital y no de plantear la nacionalización o estatización de la propiedad sobre los grandes medios productivos.

 

 

Bolivia frente a sí misma
30 de agosto de 2016

 

Por Pablo Stefanoni (Nueva Sociedad)

El asesinato del viceministro Rodolfo Illanes pone a Bolivia frente a la radicalidad de sus formas de protesta y revive viejos fantasmas de conflicto social.

 

El conflicto entre el gobierno boliviano y los cooperativistas mineros no es novedoso en su dinámica pero sí en su escala: la brutal muerte de un viceministro a golpes, luego de ser secuestrado, causó conmoción en un país acostumbrado a la radicalidad de las protestas sociales. Además, el crimen pone en duda los avances en la creación de un «Estado fuerte», la meta de Evo Morales desde 2006: ni siquiera durante la guerra del gas de 2003, que acabó con el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, se llegó a una agresión semejante contra un funcionario de tan alto nivel.

Como viceministro de Régimen Interior, y parte del círculo presidencial desde 2006, Rodolfo Illanes fue a la localidad de Panduro (185 kilómetros de La Paz) a negociar con los cooperativistas mineros, donde fue retenido y luego asesinado a golpes mientras caían dos mineros víctimas de la represión policial para desbloquear las rutas. «Ya no vamos a negociar con él [por el ministro de Gobierno Carlos Romero], que presente su carta [de renuncia]; si no, vamos a colgar a su viceministro y yo me voy a encargar», había declarado a la prensa uno de los líderes mineros en medio de los intentos del gobierno de retomar el diálogo.

 

La dinámica bloqueos de caminos-represión- enardecimiento-escalada de violencia es parte de las luchas sociales en Bolivia. Pero desde su llegada al poder, el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) logró reducir los conflictos sociales, aunque hubo momentos críticos como las movilizaciones contra el «gasolinazo» de 2010 o las protestas contra la construcción de una carretera en el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) en 2011. En esa ocasión el canciller David Choquehuanca fue «retenido» por los indígenas y utilizado como escudo frente a la policía, no obstante las cosas no pasaron a mayores. Pero hoy, a diferencia de esos días, el gobierno enfrenta el desgaste político de la derrota en el referéndum del 21 de febrero de 2016, con una pérdida significativa de apoyo en las grandes ciudades. A ello se suma la baja de los precios de los minerales y menores recursos en el Tesoro.

 

Estas cooperativas son uno de los tres grandes actores de la minería boliviana junto con la estatal y la transnacional, y están acostumbradas a disputar vetas de minerales de manera aguerrida e incluso violenta, como quedó claro en 2006 con el enfrentamiento entre cooperativistas y mineros estatales con un saldo de 16 muertos. Sobrevivientes de la crisis de la minería estatal en los años 80, las cooperativas crecieron bajo todos los gobiernos, pero lo hicieron en mayor medida en esta década al calor del aumento de los precios internacionales de los minerales. Los cooperativistas también participaron del ciclo de luchas populares de los años 2000, y estuvieron entre quienes impidieron, en Sucre, que asumiera un «neoliberal» tras la renuncia del presidente Carlos Mesa en 2005. Ya durante la Asamblea Constituyente lograron que un artículo de la nueva Constitución Política del Estado (2009) indique que «El Estado reconoce y respeta los derechos pre-constituidos de las sociedades cooperativas mineras, por su carácter productivo social».

 

Hoy los cooperativistas son unos 119.000 trabajadores, frente a 8.000 de la minería privada y 7.500 de la estatal), aunque su productividad es menor y su trabajo más artesanal. En un artículo titulado «Cría cuervos», el ex-viceministro de Régimen Interior Rafael Puente escribió que «las ‘cooperativas’ mineras no tienen nada de cooperativas; en realidad son empresas, cuyos dueños son los llamados ‘socios’ (y ni siquiera todos) que manejan y explotan a una enorme masa de obreros que no tienen ni seguro social, ni seguro industrial, ni jubilación, ni nada. Y ni siquiera hablamos de las mujeres y del trabajo infantil».

En efecto, aunque se use la figura de la cooperativa, ello opaca un mundo de asimetrías y relaciones entre «socios» y peones, además de contratistas y otros actores. «La cooperación se restringe a la reunión de socios para acceder al yacimiento que luego parcelan, predominando el trabajo individual de baja productividad y no la organización del trabajo con base en la cooperación», señala el investigador Pablo Poveda Ávila en un artículo sobre la historia del cooperativismo minero.

 

Una de las razones de las protestas actuales fue, precisamente, rechazar una ley que permitiría sindicalizarse a los peones de las cooperativas, lo que es rechazado por los «socios».Otra causa de la radicalización del sector es el impedimento que tienen para suscribir acuerdos con empresas para operar sus yacimientos. Y una tercera es la demanda de flexibilización de las regulaciones ambientales. Por eso, el gobierno los acusa de querer asociarse a las transnacionales y de ser patrones disfrazados de cooperativistas. No obstante, eran hasta ahora parte del bloque político y social «del cambio», e incluso consiguieron embajadores, diputados y senadores. El primer ministro de Minería de Evo Morales, Walter Villarroel, pertenecía a la Federación Nacional de Cooperativas Mineras (Fencomin) y su gestión potenció el conflicto entre estatales y cooperativistas.

 

Una cuestión anexa a esta crisis es el uso de la dinamita en las protestas. En 2012 el gobierno la prohibió, pero más tarde la volvió a autorizar dado que es parte de la identidad minera. El propio vicepresidente, Álvaro García Linera, dijo hace un tiempo a un grupo de estudiantes de Porco, Potosí, que «Si alguien de aquí a cinco a 10 años quiere venir a quitar el petróleo, la electricidad, pónganse sus cartuchos de dinamita y vayan a botarlos a patadas». «La dinamita es la esencia de los trabajadores, sobre todo de los mineros; con ella podemos enfrentar a los gobiernos neoliberales», señaló el secretario ejecutivo de la Confederación General de Trabajadores Fabriles, Víctor Quispe, en mayo pasado al celebrar la abrogación del decreto que prohibía su uso. Y el secretario ejecutivo de la Central Obrera Boliviana, Guido Mitma, también destacó la medida. «¿Cómo se llegó a recuperar la democracia? Gracias al arma que tenemos los trabajadores en su conjunto para defendernos de la derecha neoliberal». Pero como se ve con este conflicto, la minería no solamente remite a las heroicas luchas de los trabajadores de los socavones –como la Revolución de 1952 o las luchas por la democracia en los años 70 y 80– sino a las disputas por la renta en un país fuertemente corporativo y sostenido en una economía extractiva.

Que los cooperativistas sean parte del MAS tampoco es una anomalía. El MAS es un partido de pequeños productores (más que de comunarios) que incluye a cocaleros y comerciantes informales («gremiales»), pero en este caso los intentos oficiales de fortalecer la minería estatal desataron diversas tensiones, que culminaron en la escalada actual. Ahora, tras estos hechos luctuosos, posiblemente el gobierno emprenda cambios más profundos en la minería. Por lo pronto, se anunció que los cooperativistas ya no contarán con representación en la Corporación Minera Boliviana (Comibol).

 

Si bien muchas cosas se modificaron desde 2005, muchas otras permanecieron con escasos cambios y una de ellas es la dificultad para que los conflictos sociales puedan procesarse de manera institucional. Al mismo tiempo, la dinámica del conflicto social boliviano muestra a menudo precariedad estatal (por ejemplo, un viceministro que va con escasa custodia a negociar con un grupo radicalizado) junto a una policía que suele ser letal a la hora de despejar caminos, por una combinación variable entre armamento inadecuado o escaso, fuerzas policiales insuficientes o temor a sectores sociales a menudo armados con piedras o dinamita.

 

Si bien Evo Morales tuvo la autoridad para normalizar en gran medida el país, sus principales escollos fueron sus propias bases, ese «veto social» difícil de contrarrestar, más aún que la oposición de derecha a la que pudo derrotar sucesivas veces en las urnas –y en las calles–. Una ventaja con que que contó el gobierno en este caso fue que no se sumaron otros sectores a las demandas de los cooperativistas y que estos últimos cosechan escasa simpatía social. Pero haría mal en leerlo en términos conspirativos en lugar de abordarlo como un síntoma de un nuevo momento y como una amenaza a futuro. Otra vez, un conflicto toma el carácter de guerra civil en pequeña escala, y esta vez con una baja del entorno del presidente.

Quizás el asesinato de Illanes marque un antes y un después, sin que aún podamos dimensionar ese «después», es decir la forma en que el gobierno utilizará este desborde para recuperar iniciativa y poder. 

http://nuso.org/articulo/bolivia-frente-si-misma/

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=216073

 

 

 

Valoremos, entonces, la:

 

 

 

Necesidad de una estrategia anticapitalista

29 de abril de 2017

 Por Paul Walder (Punto Final)

Uno de los puntos centrales en el debate político ha vuelto a los orígenes. En Chile, y por cierto en Latinoamérica, todas las tensiones regresan a la función de los mercados. Tras diversas nominaciones e intensidades de las estrategias del gran capital, todas las luchas pasan hoy por esta vieja estructura largamente estudiada. El capitalismo, que en este inicio del siglo ha alcanzado probablemente su fase más extrema y ubicua, enfrenta también después de unas cuantas décadas la certera rebelión de sus súbditos. Esta mutación, que tiene diferentes grados y representaciones en distintas latitudes, tiene en Chile características especiales. Sus actuales estructuras e instituciones son una extensión de un modelo de mercado instalado en los albores de la expansión neoliberal. Vale recordar que el mismo Milton Friedman estuvo en Chile durante la dictadura de Pinochet para conocer la solidez de las bases de un molde vaciado por sus acólitos.

 

El modelo neoliberal, que se hunde y resurge en varios países de esta región, ha tenido en Chile continuidad permanente. Es una afirmación que podemos hacer tras el fracaso de las reformas del actual gobierno de Michelle Bachelet, todas a medio andar y con evidente fecha de caducidad. La profundidad de las bases de este diseño es de tal magnitud y la distorsión del poder político ha alcanzado tan altos niveles, que la continuidad y extensión de los mercados se ha mantenido sin alteraciones desde su fundación en la noche de los tiempos dictatoriales.

 

Un ejemplo del espesor que tienen los mercados, de la enorme capacidad de movilidad del capital para mutar y alterar estrategias, son los resultados empresariales de 2016. Durante este año, el peor en cuanto a crecimiento del PIB en casi una década, las ganancias de las grandes empresas aumentaron 25 por ciento.

Las movilizaciones sociales, con presencia desde finales de la década pasada, han mutado. Es una evolución natural en movimientos políticos con voluntad de ascender y alcanzar el poder como una fuerza que emerge desde abajo tras años de confusión e inercia. El proceso observado en otros países iberoamericanos, España dixit , madura también en Chile.

Es posible que la tardanza en la reacción ciudadana tenga relación con la profundidad y extensión de los mercados, que junto con apretar cuellos y esquilmar a trabajadores y consumidores, ha instalado un único modo de vida. Un paradigma, un imaginario social y cultural que hoy está en el paredón. Porque no es posible, y este gobierno lo ha demostrado, conciliar derechos ciudadanos con la asignada función de consumidores otorgada por las estrategias del capital. En Chile son las corporaciones las que rigen la vida política, económica y social.

 

En esta escena, no parece haber espacio para la conciliación con el capitalismo en su fase totalitaria y neoliberal. Los movimientos sociales encaramados hoy en un vehículo político están obligados a armar una estrategia anticapitalista. No sólo por opción, sino porque hoy queda demostrada de manera palmaria la condición de los Estados como plataformas sobre las que se levanta el orden del gran capital. Con la nación completa, con sus recursos naturales y ciudadanos, convertida en enormes mercados para goce y lucro del gran capital, ya no hay espacio para reformas ni matices. La fuerza de la ciudadanía en la recuperación de sus derechos adquiridos tras largas y dolorosas luchas, tendrá que apuntar a tomar el poder y desarmar el Estado neoliberal. El cientista político brasileño Emir Sader escribió sobre este desafío. Un gobierno antineoliberal no debe ceder al liberalismo tradicional, sino avanzar hacia la “transformación radical de los Estados”. La verdadera contradicción en la era neoliberal se da entre las personas convertidas en consumidores u objetos de mercado y verdaderos ciudadanos, o sujetos de derechos. Aquí está la gran tarea.

Publicado en “Punto Final”, edición Nº 874, 14 de abril 2017.

revistapuntofinal@movistar.cl

www.puntofinal.cl

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=225676

 

 

 Alternativas postcapitalistas

 

Percatémonos de que el posicionarnos desde el antagonismo irreconciliable con el capitalismo o la praxis de independencia de clase de los trabajadores nos interpela a la extensión del concepto y a la revisión radical del de «trabajo». Hay enorme variedad de organizaciones abajo en lucha por emancipar el trabajo del sistema y/o de su carácter destructivo. Porque en nuestra época se despliega la ofensiva de los oligopolios procurando totalizar su acumulación por desposesión y resulta patente la crisis civilizatoria en que el capitalismo subsumió a toda la humanidad al estar destruyendo tanto los ecosistemas como las comunidades.

 

En las disputas por territorios de comunidades con las transnacionales y sus socios locales observamos no sólo resistencia al avasallamiento de derechos humanos sino también proyectos de otra sociedad. Fundamentalmente están defendiendo lo esencial a la vida de todos (el agua, el aire, el suelo, las biodiversidades, las construcciones históricas sociales de los distintos lugares del país-continente) y nos alertan de porqué involucrarnos en sus luchas al respetar el funcionamiento multifacético e interrelacionado de la naturaleza. A causa de que el sistema intensifica su extractivismo sin límites para la extinción ni perspectivas de futuro humano es que avanza imponiendo la desaparición forzada de campesinos e indígenas con lo cual no sólo agrava la crisis climática sino también liquida la producción de alimentos. Entonces es fundamental apreciar que la lucha de clases los abarca.

 

 

Capitalismo: tierra y poder en América latina (1982-2012)

Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela

20 de agosto de 2014

 

Guillermo Almeyra, Luciano Concheiro Bórquez, João Márcio Mendes Pereira, Carlos Walter Porto-Gonçalves coordinadores

Volumen II Primera edición, 2014 /Universidad Autónoma Metropolitana Universidad, Ediciones Continente y CLACSO.

 

Introducción

El presente balance sobre la situación del agro en 17 países latinoamericanos busca continuar el magno esfuerzo realizado hace tres décadas por Pablo González Casanova con su historia de los movimientos campesinos y, al mismo tiempo, intenta reflejar sobre los países de nuestro continente los efectos del proceso de mundialización exacerbado y dirigido por el capital financiero internacional que arrolla al agro mundial desde hace más de 30 años.

 

América Latina es un concepto que abarca regiones diferentes con orografía, recursos hídricos y sistemas climáticos distintos; es un territorio fruto de una construcción histórica que varía mucho según las circunstancias. Por lo tanto, para facilitar el cotejo entre los diversos casos, consideramos esas diferencias al organizar los tres volúmenes que integran este trabajo. A ello responde la agrupación en regiones vastas (el Cono Sur, el arco andino, Mesoamérica) de países que, grosso modo, poseen características similares, a pesar de sus diferencias demográficas, étnicas, geográficas, históricas y culturales. En este sentido, nos hemos esforzado por precisar esta aproximación macroscópica, al estudiar de manera microscópica la forma concreta en que los fenómenos generales se expresan en cada uno de los países, con la finalidad de observar la diversidad que conforma el territorio latinoamericano, así como los procesos complejos que se sintetizan en algunos fenómenos. Todos los estudios, realizados por especialistas reconocidos cuya colaboración agradecemos, pretenden mostrarnos las transformaciones agrícolas y agrarias de las últimas cuatro décadas y las tendencias de ese proceso en curso.

 

Esto significa que, deliberadamente, abordamos sólo las raíces históricas, sociales, culturales y económicas de dichos cambios en curso. Las estructuras sociales y la caracterización de las clases dominantes y dominadas se muestran por igual en filigrana al lector –es decir, entre líneas–, así como los conflictos políticos que entrelazan los intereses de los bloques sociales que, en ese periodo, constituyeron en cada país el núcleo duro del poder con los del agronegocio y el capital financiero internacional. En efecto, en vez de emprender la enorme tarea de un estudio multifacético y comparar toda la diversidad socioeconómica que integra a nuestro continente, lo cual excede en mucho el campo de la economía y la sociología rural, preferimos considerar estos volúmenes como un insumo para los historiadores, sociólogos, geógrafos, economistas, antropólogos y politólogos que en el futuro próximo realicen un estudio global y exhaustivo sobre los problemas de nuestro continente, y, en lo inmediato, también como un instrumento para los estudiosos de los problemas rurales latinoamericanos.

 

Dejamos, pues, que nuestros lectores aporten el análisis creativo de la reunión de los recientes y abundantes datos, de la síntesis político-social de los mismos y de los ejemplos que cada trabajo brinda sobre cómo, a fines de la década de 1970, el capital internacional transformó por completo al mundo –al mundo rural en particular– en beneficio exclusivo del sector financiero-industrial y en detrimento de los campesinos y de quienes, para el capital, son rémoras del pasado y obstáculos que deben eliminarse, como los indígenas, las comunidades, las solidaridades de todo tipo (tribales, comunitarias, familiares, mutualistas, sindicales). Raúl Prebisch, creador de la Comisión Económica para América Latina (cepal), sostenía que la política del capital, por su carácter concentrador y su búsqueda exclusiva del lucro, era incompatible con la democracia, particularmente, en los países dependientes como los latinoamericanos. El proceso de mundialización dirigido por el capital financiero y la adopción, en mayor o menor grado, del Consenso de Washington y de las versiones neoliberales del Post-Consenso de Washington por parte de los gobiernos, confirman sus palabras.

 

México, por ejemplo, en los primeros años de la década de 1980 era exportador neto de alimentos y productos agrícolas antes de que el neoliberalismo, en nombre de las “ventajas comparativas”, decretase que su supuesta “vocación natural” consistía en exportar petróleo crudo para importar alimentos baratos. El resultado de esa concepción es que en la actualidad no sólo ha perdido su independencia y su seguridad alimentaria, sino que también ha destruido su economía agrícola y rural, ya que esta misma no resistió los efectos del Tratado de Libre Comercio Norteamericano, firmado en 1992, al cabo de dos devastadoras décadas de gobiernos neoliberales. En el presente, el país sigue exportando petróleo crudo (aunque importa gasolina refinada), pero también es el primer país mundial en cantidad de emigrantes, pues millones de campesinos se ven obligados a arriesgar su vida cada año para cruzar la frontera con Estados Unidos y trabajar allí como mano de obra sin documentos legales, en pésimas condiciones y, además, discriminados. En América Latina, como en el resto del mundo, el capital subsumió la agricultura y se adueñó de tierras, agua, bosques y territorios, rehizo la economía, las costumbres, la cultura y la sociedad según sus intereses.

 

En un proceso mundial de ofensiva social, similar a la brutal expropiación de los bienes comunes y la expulsión de los campesinos ingleses de sus tierras durante la transición al capitalismo, la cual creó violentamente una abundante y mal paga fuerza de trabajo para la industria, los países de nuestro continente en estas últimas décadas han visto el debilitamiento extremo o la desaparición de los sectores campesinos que producían para el autoconsumo o para el mercado interno y, en cambio, han observado el desarrollo sin límites ni frenos de la producción de commodities exportables. Argentina, por ejemplo, que antes de la Primera Guerra Mundial alimentaba a los trabajadores de la primera potencia de entonces, depende hoy, sobre todo, de la exportación de forrajes para el ganado chino; Brasil ve encogerse año tras año la producción de los alimentos básicos porque el capital prefiere alimentar con alcohol de azúcar de caña los motores de los automóviles fabricados por empresas extranjeras, que alimentar de modo sano y suficiente a los brasileños, y Uruguay destina la mitad de su tierra arable al agotador cultivo industrial de eucaliptos para fabricar pulpa de papel. Otros países o regiones –como en Centroamérica– viven fundamentalmente de la exportación de braceros, esos modernos semiesclavos y siervos, que mandan remesas a sus familias a costa de su superexplotación, mientras que otros países, a lo largo de los Andes, permiten que las grandes empresas mineras, estimuladas por el precio actual del oro y de los metales preciosos y tierras raras, destruyan el ambiente y la agricultura local, roben el agua a los habitantes del campo, de los pueblos, de las mismas ciudades antes de retirarse y dejar el desastre una vez agotados los recursos que depredan. Como en el resto de las regiones dependientes, en nuestro continente el proceso de mundialización en curso provocó grandes cambios demográficos, resultantes de las migraciones masivas hacia los países más ricos e industrializados y de la rápida urbanización sin plan alguno. El campo se ha despoblado y la juventud campesina y rural se ha visto obligada a cortar sus raíces con su territorio, su familia, sus comunidades, su cultura.

 

El crecimiento enfermizo de las grandes ciudades provocó simultáneamente grandísimos problemas sociales, por la necesidad en que se encuentran los Estados que el neoliberalismo intentó reducir al dejar de ofrecer viviendas y servicios a las poblaciones hacinadas en las “villas miseria”, “cantegrils”, “callampas”, “ciudades perdidas”, “favelas”, y degradar con ello sus condiciones sociales de existencia. Al mismo tiempo, un modelo de producción y de consumo de alimentos, impuesto por las corporaciones transnacionales mediante un poderoso sistema de fabricación capitalista de la subjetividad, da como resultado un mundo de obesos y famélicos basado en el envenenamiento de la tierra, el agua y los alimentos.

 

Somos la primera generación en la historia de la humanidad en que los grupos de socialización primarios –la familia, la comunidad, el entorno social inmediato– perdieron la primacía al formar las necesidades de sus hijos, tal como destacó el historiador Edward P. Thompson. Así, a diferencia de lo que ocurría en el pasado, en la actualidad es impensable separar la cuestión agraria de la defensa del ambiente, de la salud pública y de la lucha por una alimentación sana y funcional para la población. La violencia en Colombia o las decenas de miles de muertos en México, a causa de la guerra entre bandas de narcotraficantes en la que incluso está involucrada una parte importante del aparato estatal, no pueden desvincularse de este proceso de subsunción de la agricultura por el capital, ni de la concentración de éste en la agricultura comercial y de exportación, tampoco de la desterritorialización indígena y de los cimarrones/quilombolas, de la descampesinización, la destrucción de la vida y la cultura campesina y rural. El fraude y la corrupción generalizados en los aparatos de gobierno tienen un mismo origen: la expropiación de los derechos políticos de los habitantes, la reducción de los espacios democráticos, la concentración de la información y la producción de la cultura popular en manos de grandes consorcios financieros, promotores de las políticas neoliberales, y la integración de los sectores decisivos de las clases dominantes locales con el capital financiero internacional, mediante la exportación clandestina de capitales o la transnacionalización de sus empresas.

En los países exportadores de alimentos, actualmente, la tierra es arrendada en masa y depredada en forma de mina con monocultivos por grupos financieros residentes en las ciudades o en el exterior; por otra parte, los sectores que producen para la exportación de soya, granos, biocombustibles, maderas o minerales no tienen el menor interés en el mercado interno y el desarrollo de los países y regiones que explotan, porque, en cambio, les conviene mantener en ellos salarios bajos, una vasta masa de trabajadores “informales” desorganizados e ignorantes y pésimas condiciones de vida para reducir las presiones democratizantes y acrecentar sus ganancias. Por lo tanto, no es casual que, para privatizar las empresas públicas que costaron decenios de ahorros y esfuerzos populares, para hacer retroceder las leyes y derechos sociales, para apoderarse de los bienes comunes y transformar el territorio construido históricamente por sus habitantes, el capital financiero haya necesitado, primero, sangrientas dictaduras que por años causaron decenas de miles de muertos y millones de campesinos refugiados fuera de sus regiones y, después, so pretexto del combate a la delincuencia y el narcotráfico que sus políticas habían potenciado, guerras no declaradas contra la población nacional, en las cuales el Estado pierde legitimidad, se corrompe aún más, se fragmenta, se deshace, se degrada. La expropiación de los bienes comunes ha sido –y es también– la expropiación de los espacios democráticos y la concentración de las decisiones en manos de las grandes corporaciones y de los gobiernos que les rinden pleitesía.

 

No es casual que, desde 1990 en Ecuador y después en 1994 en México, para culminar en Bolivia, exista una movilización general de los más excluidos: los pueblos indígenas, incluso en los países donde constituyen una pequeña minoría de la población; ni tampoco que su lucha sea tomada como bandera también por los sectores urbanos que comprenden que la democracia sólo es posible con cambios sociales radicales. En estas décadas, por consiguiente, se ha forjado una alianza, un bloque social aún no cristalizado entre quienes están condenados por el capital a ser marginados y desaparecer, y quienes también están condenados a una vida con baja calidad y llena de privaciones en países ricos que, precisamente por la pobreza de las mayorías, ostentan sin pudor y a la vista de todos una tremenda concentración de riqueza en manos de unos pocos, que figuran incluso entre las mayores fortunas a escala mundial. No podemos tratar aquí las movilizaciones nacionales y sociales que canalizan la protesta social ni los gobiernos resultantes de ellas. Sólo queremos recordar que los pueblos inventan a sus líderes cuando los necesitan; asimismo, la ruptura con las viejas instituciones, con un tipo anacrónico de Estado, con las estructuras de mediación (parlamentos, partidos, etcétera), las leyes y constituciones de un pasado que ya ha transcurrido, es una necesidad cada vez más sentida, crea un vacío de poder que trata de llenar con la figura de nuevos hombres y mujeres que, surgidos de la nada, intentan manejar como pueden un proceso que no originaron y no dirigen.

 

Contrario a lo que afirman las charlas pseudocientíficas sobre el populismo, los motores de los cambios no son las políticas de esos líderes ni una supuesta visión extraclasista, sino el factor que fortalece o debilita esos gobiernos son las luchas de las clases populares contra las políticas del capital y la defensa de sus derechos y reivindicaciones, del ambiente, los bienes públicos, los derechos humanos, la democracia, la igualdad de géneros, el igualitarismo y la fraternidad, la autonomía y, cada vez más, la autogestión del territorio. Todavía subsisten algunos gobiernos que expresan la alianza entre el capital financiero internacional, el sector decisivo de la clase dominante y algunos sectores de las clases medias conquistadas por las ideas neoliberales. Pero, al agudizarse la crisis, cada vez es mayor la distancia entre la evolución de la sociedad latinoamericana y el aparato estatal ampliado.

 

Esa creciente ruptura puede medirse por los conflictos sociales e incluso por la persistencia y el crecimiento de la delincuencia que, en buena medida es resultado –como fue en el pasado el bandidismo en toda sociedad aún agraria– de la marginación y la protesta social anárquica. Por otro lado, hay procesos y agentes de nuevo tipo, como el crimen organizado internacional o el tráfico de armas y drogas, que agravan todo este cuadro y lo tornan más complejo. Quienes declaran oponerse al Consenso de Washington y se apoyan en la ola de los levantamientos ciudadanos se diferencian sin duda de quienes quieren conservar un pasado insostenible, sin embargo, mantienen en lo esencial la dependencia del capital financiero internacional y del agronegocio, así como muchas de las políticas neoliberales, teñidas ahora de neodesarrollismo, asistencialismo, distribucionismo destinado a aliviar la pobreza y el desempleo. Tratan de ampliar el mercado interno, pero a costa del ambiente y sin tocar los intereses extranjeros que controlan las agroexportaciones, ni al capital financiero e industrial, también extranjero, que extrae grandes beneficios precisamente porque no hay desarrollo humano ni justicia. Apremiados por la crisis mundial, aceptan el regalo envenenado de la gran minería, que depreda los recursos hídricos y expulsa comunidades campesinas.

 

Esa política los conduce a un enfrentamiento con los sectores populares que anteponen la lógica de la vida, del trabajo y de la preservación natural a la lógica del lucro empresarial. Así, se separan de las bases sociales que los impulsaron hacia el gobierno y se acercan a quienes siempre mantuvieron el poder de decisión, pero son profundamente antinacionales dado su carácter exclusivista y discriminatorio, orientado hacia el exterior, y se basan en la explotación de pueblos a los que generalmente ni siquiera pertenecen y de los cuales los separa un abismo cultural. Por ello, aún no han sido conquistadas ni la democracia ni la estabilidad social y política; vivimos en una fase de transición en la que lo nuevo pugna por nacer y lo viejo se resiste a desaparecer, más aún, continúa aferrándose a las palancas del poder. Precisamente, porque tenemos confianza en que los pueblos latinoamericanos lograrán construir un futuro más justo y favorable, fijamos en estas páginas el estado de la cuestión en el sector vital del agro en nuestro continente, para mostrar su insostenibilidad y su carácter aberrante y, al mismo tiempo, para subrayar con esperanza la presencia de las fuerzas que bregan por un cambio profundo.

Los coordinadores Buenos Aires, Río de Janeiro, México, D.F., agosto de 2012

Fuente: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20140820034027/CapitalismoTierrayPoderII.pdf

 

 

Sepamos el capitalismo o privilegio exclusivo de los oligopolios globales y globalizados seguirá avanzando contra la vida y los pueblos si estos últimos no reaccionan en conjunto imponiendo sus necesidades e intereses. En efecto, así como el boom de los agro combustibles lo consiguió publicitando su falso ecologismo e instaurando la quita de tierras para cultivos alimentarios y la deforestación, hoy impone:  

 

El carbono. La nueva medida de todas las cosas
3 de septiembre de 2016

Por Silvia Ribeiro (Alainet)

 

La devastación ambiental que caracteriza nuestro tiempo no tiene precedentes en la historia del planeta ni las culturas. Han habido civilizaciones que han provocado desastres ambientales, pero nunca antes se habían mundializado, desequilibrando los propios flujos y sistemas naturales que sostienen la vida en el planeta. El capitalismo y su “civilización petrolera”, el modelo de producción y consumo industrial, basado en combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón) provocó este desastre en poco tiempo, acelerado en las últimas décadas.

Los problemas ambientales son graves, con fuertes y desiguales impactos sociales y el cambio climático es uno de los principales. Pero no son causados por toda “la humanidad”. Más que la era del antropoceno, como algunos la llaman, vivimos la era de la plutocracia, donde todo se define para que los muy pocos ricos y poderosos del mundo puedan mantener y aumentar sus ganancias, a costa de todo y todos los demás. Esta absurda injusticia social, económica, ambiental, política, requiere de muchas armas para mantenerse y una de ellas es la guerra conceptual. Inventar conceptos que oculten las causas y características de la realidad, que desvíen la atención de la necesidad de cambios reales y profundos y mejor aún, que sirvan para hacer nuevos negocios a partir de las crisis. 

En este contexto, el ensayo La métrica del carbono: ¿el CO2 como medida de todas las cosas? , de Camila Moreno, Daniel Speich y Lili Fuhr, editado recientemente por la Fundación Heinrich Böll, es un aporte importante (http://mx.boell.org/es/metrica-del-carbono)

Muestra cómo ante la convergencia de graves crisis ambientales locales, regionales y globales, junto a las crisis económicas y financieras, se echa un fuerte foco de luz sobre el cambio climático – que Nicholas Stern llamó “la mayor falla de mercado que el mundo ha atestiguado”, al tiempo que se posicionan las unidades de CO2 (dióxido de carbono) como medida para definir la gravedad del problema y sus posibles soluciones. Así, otros temas quedan en la oscuridad del contraste de ese rayo de luz y todo se reduce a contar emisiones de CO2 a la atmósfera. Las autoras no dejan duda de que el cambio climático es real y grave, pero cuestionan “¿Es más importante y más urgente que la pérdida de biodiversidad, la degradación del suelo cultivable, el agotamiento del agua dulce? ¿Acaso es posible considerar cada uno de estos fenómenos como algo independiente y separado de los otros?”. 

“La manera cómo describimos y enmarcamos un problema, determina en gran medida el tipo de soluciones y respuestas que podemos considerar”, plantean. Justamente debido a la gravedad de la crisis ambiental, tenemos que evitar este «epistemicidio ecológico» en curso que reduce la óptica, elimina conocimientos y destruye alternativas. 

Se sabe bien cuáles son las causas del cambio climático, y los principales rubros industriales que lo provocan: alrededor del 80 por ciento se debe a la explotación y generación de energía, al sistema alimentario agroindustrial y al crecimiento urbano (construcción, transporte), basados en el uso y quema de petróleo, gas y carbón. Todo esto emite CO2 y otros gases de efecto invernadero (GEI), metano, óxido nitroso y otros. 

Se sabe también que lo necesario son reducciones reales, en su fuente y en la demanda, de todos esos gases y cambiar las causas que las originan. Y se sabe que existen alternativas reales, diversas, descentralizadas y viables; quizá el ejemplo más fuerte es que 70 por ciento de la humanidad se alimenta de agricultura campesina y agreocológica, pescadores artesanales y huertas urbanas, que no emiten gases de efecto invernadero. 

Pero las propuestas dominantes –de instituciones y gobiernos- no son éstas, sino otras principalmente basadas en mercados de carbono y altas tecnologías que permitirían seguir emitiendo GEI como siempre, al ser “compensados” absorbiendo el carbono emitido y almacenándolo en fondos geológicos, es decir, formas de geoingeniería. 

La propuesta de “compensación” (offset en inglés) se viene desarrollando hace años, asociada a los esquemas de pagos por servicios ambientales, por biodiversidad, etc, componentes esenciales de la llamada “economía verde”. Se trata de justificar la destrucción en un lugar, mientras en otro otros se supone la “compensan” con algún pago, como si fuera lo mismo dejar sin bosques o agua a un pueblo entero en un país o región, porque hay una comunidad que los cuida en otra parte. Esos pagos generan “bonos”, instrumentos financieros especulativos que son comerciados en mercados secundarios. 

Ahora, para que todo pueda ser medido en unidades de CO2, todos los gases se traducen a la abstracción de “CO2 equivalente”, sin considerar si se trata de gases emitidos por una trasnacional minera que devasta ecosistemas y pueblos, por la quema de un bosque o el estiércol de algunos animales de un pastor. El concepto de “cero emisiones netas”, no reducciones reales sino compensadas, completa esta operación (http://www.alainet.org/es/articulo/170440). De esta forma, la “economía del carbono” podría englobar todos los rubros anteriores, para convertirse en la nueva “moneda” de cambio, que justifica la contaminación y produce ganancias para quienes la causan. 

No solamente se pierden de vista las causas del cambio climático, también de esta forma, se simplifica burdamente la consideración de los otros graves problemas ambientales y las interacciones entre todos ellos y se eliminan del campo de análisis y acción los impactos sociales, el sistema que los provoca y las verdaderas soluciones. 

Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo ETC, www.etcgroup.org

http://www.alainet.org/es/articulo/179620

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=216242

 

 

Generalicemos el involucramiento en la lucha sin fronteras que se libra abajo en el país-continente contra la alianza de capitales y estados imperialistas con los locales y por la vida tanto de nosotros como de los otros seres respetando su implicamiento mutuo.

 

 

 

Manifiesto de YASunidos: A un año del exterminio de la Iniciativa Yasuní-ITT,

seguimos en la lucha por la vida

 

 “No hemos abandonado la lucha por el Yasuní, estamos más firmes que nunca, porque el Yasuní ya no sólo es el lugar más biodiverso del planeta, ahora, el Yasuní es el lugar de la mega diversidad de las resistencias."

 

Quito, 15 de agosto de 2014

Después de cuatro décadas de explotación petrolera; de dos décadas y media de luchas contra la contaminación provocada por ésta; del mismo número de años de pelear por la preservación del Yasuní; de seis años de soñar con la promesa de dejar el petróleo en el subsuelo; de seis meses de sudar la puesta en práctica de nuestro derecho a la participación política recogiendo tres cuartos de millón de firmas; de treinta días de ver cómo arrasaron con la voluntad de todo un país.

Después de un año de existencia...

Yasunidos, un colectivo de colectivos comprometidos con la vida, la defensa de los derechos humanos y de la naturaleza, nos declaramos: ecologistas, anticapitalistas, antiimperialistas, antiextractivistas, apartidistas, empeñados en inventar nuevas formas de hacer política y en rescatar la política misma de las sucias manos de los "políticos" que manejan y han manejado nuestro país a su conveniencia, con el fin de beneficiarse y beneficiar a un minúsculo grupo de gente en perjuicio de quienes vivimos en este país.

Una vez evidenciado que el modelo de democracia delegativa que nos imponen no funciona para la "mayoría", es decir la suma de las diversas minorías (quedó demostrado cuando desaparecieron el 60% de nuestras firmas), invitamos a la sociedad a reinventar la democracia, las democracias, que como la biodiversidad del Yasuní son múltiples, mega-diversas, porque diversas son las necesidades de la población ecuatoriana.

La democracia no puede ser una sola, por que el Ecuador es plurinacional y multicultural, somos diversos, con gente y pueblos distintos y respondemos a nuestras propias especificidades culturales, urbanas o rurales, juveniles o de género, de distintas regiones continentales o insulares. Por esto, demandamos e invitamos a toda la sociedad a participar activamente, a reinventar nuestros espacios de resistencia, en la cama, en las casas y en la calle y vencer los miedos y ataduras impuestas por esas instituciones que mañosamente manipulan a su antojo y el de los grupos encaramados en el poder lo que ellos llaman "gobernar democráticamente".

Convocamos a la sociedad entera a repensar nuestro país, no creemos en salvadores ni caudillos, y menos en quienes nos mintieron ofreciéndonos "revolución".

Invitamos a todos los ecuatorianos y ecuatorianas a convocar, no a una consulta, sino a decenas, cientos de consultas populares, de debates y de acciones, que dibujen los nuevos caminos por los que deberá transitar el Ecuador; caminos que miren en los sueños y necesidades de todos y todas, porque estamos seguros que un país para todos, se construye entre todos.

 

En este andar de construir y descubrir nuevas formas de hacer política, continuaremos atentos, vigilantes y críticos del uso y el manejo del poder, seguiremos denunciando los abusos contra la naturaleza, los pueblos y demás especies que la habitan y los riesgos a los que se los expone; pero además exigiendo y articulando acciones contra el consumo que demanda extracción, repensando nuestras acciones cotidianas de forma colectiva y organizada para boicotear las industrias que viven del petróleo y sus derivados.

No hemos abandonado la lucha por el Yasuní, estamos más firmes que nunca, porque el Yasuní ya no sólo es el lugar más biodiverso del planeta, ahora, el Yasuní es el lugar de la mega diversidad de las resistencias.

No celebramos nada, porque ningún exterminio, de ideas, personas, plantas o animales, debe ser celebrado, pero sí nos sentimos serenamente satisfechos por lo construido este primer año y comprometidos con un futuro que es de todos, y lo vivimos con alegría y esperanza de seguir aportando y construyendo.

 

YASunidos

Más información: yasuni@amazoniaporlavida.org

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En consecuencia, a través de las luchas de abajo en resistencia al avasallamiento de derechos por el capitalismo se están actualizando los conceptos de «independencia de clase» y de «trabajo». También rupturas con razonamientos como los expresados por Claudio Katz en “La aplicación de Gramsci a Venezuela implicaría hoy asumir decisiones revolucionarias”. Por ejemplo, refiriéndose a la actual situación de Venezuela señala: "aplastar el sabotaje de los capitalistas con el poder comunal sería el equivalente a la acción de los soviets que reivindicaba Gramsci". Pero se contradice en posteriores párrafos al destacar:"Pero el mayor problema radica en (...) la mirada general de los teóricos autonomistas. Renuevan la estrategia de soslayar la batalla por el manejo del estado. Retoman la idealización de los movimientos sociales y la fascinación con el ámbito defensivo de la territorialidad".Leer

Para otra concepción repitamos el aprendizaje, que es de muchos de nosotros, de "Yasunidos, un colectivo de colectivos comprometidos con la vida, la defensa de los derechos humanos y de la naturaleza, nos declaramos: ecologistas, anticapitalistas, antiimperialistas, antiextractivistas, apartidistas, empeñados en inventar nuevas formas de hacer política y en rescatar la política misma de las sucias manos de los "políticos" que manejan y han manejado nuestro país a su conveniencia, con el fin de beneficiarse y beneficiar a un minúsculo grupo de gente en perjuicio de quienes vivimos en este país.

Una vez evidenciado que el modelo de democracia delegativa (que nos imponen) no funciona para la "mayoría", es decir la suma de las diversas minorías (quedó demostrado cuando desaparecieron el 60% de nuestras firmas), invitamos a la sociedad a reinventar la democracia, las democracias, que como la biodiversidad del Yasuní son múltiples, mega-diversas, porque diversas son las necesidades de la población ecuatoriana.

La democracia no puede ser una sola, por que el Ecuador es plurinacional y multicultural, somos diversos, con gente y pueblos distintos y respondemos a nuestras propias especificidades culturales, urbanas o rurales, juveniles o de género, de distintas regiones continentales o insulares. Por esto, demandamos e invitamos a toda la sociedad a participar activamente, a reiventar nuestros espacios de resistencia, en la cama, en las casas y en la calle y vencer los miedos y ataduras impuestas por esas instituciones que mañosamente manipulan a su antojo y el de los grupos encaramados en el poder lo que ellos llaman "gobernar democráticamente".

Convocamos a la sociedad entera a repensar nuestro país, no creemos en salvadores ni caudillos, y menos en quienes nos mintieron ofreciéndonos "revolución"". Leer

 

 

Nos diferenciamos de Claudio Katz respecto al  poder comunal. Si bien compartimos que es esencial para subvertir el orden establecido e instituido.  Lo enfocamos como construcción de los diversos de abajo al autoorganizarse cada vez mejor en su lucha contra el capitalismo a nivel país, continental e internacional. Valoricemos el siguiente esfuerzo de esclarecimiento e involucramiento que lleva muchos años originándose en los territorios e interrelacionándolos como comunidades de un país-continente:

 

Lanzamiento en Argentina de

la “Campaña Nacional Contra los Agrotóxicos y Por la Vida”
26 de septiembre de 2012

 

Convocamos a una Conferencia de Prensa del lanzamiento en Argentina de la “Campaña Nacional contra los Agrotóxicos y por la Vida” el día 6 de Agosto a las 10:30hs en el Subsuelo del Pabellón Argentina de la UNC (Universidad Nacional de Córdoba).

 

Después del lanzamiento continental de la “Campaña continental contra los Agrotóxicos y por la vida”, realizado en Noviembre del 2011 en Cuba por la CLOC-Vía Campesina, El MNCI, GRAIN y Amigos de la Tierra convocamos al lanzamiento de la “Campaña continental contra los Agrotóxicos y por la vida capitulo argentino”.

 

Es una campaña permanente de formación, movilización y lucha con el objetivo de poner en marcha una mayor coordinación en la amplia lucha contra el actual modelo capitalista de la agricultura, que está basado en los agronegocios y el saqueo de nuestros bienes naturales. Practicar una agricultura sin la dependencia de los agrotóxicos, es una tarea histórica de recuperación de la agricultura campesina de forma responsable con el planeta y las futuras generaciones.

 

Los problemas derivados del uso de agrotóxicos han dejado de ser una cuestión exclusiva del campo y se han convertido en un problema ambiental y de salud pública también en los pueblos y ciudades de toda América Latina y el mundo. Los agrotóxicos contaminan el agua, la tierra, las plantas, la comida, los animales y los seres humanos.

 

La Campaña Contra los Agrotóxicos y por la Vida, tiene dos líneas importantes de actuación:

  • una de ellas es seguir con la DENUNCIA del modelo de agricultura capitalista y su relación con los agrotóxicos, así como los efectos perjudiciales derivados para los seres humanos y el planeta; y

  • la segunda línea es la PROPUESTA de la soberanía alimentaria como alternativa, pues es una forma de practicar la agricultura respetando los pueblos, el planeta y todos los seres vivos que lo habitan, garantizando así la producción de alimentos sanos y sin venenos.

Este año por primera vez en ARGENTINA, gracias a la perseverante lucha de las Madres de Barrio Ituzaingó de la ciudad de Córdoba, tres personas están siendo sometidas a juicio oral y público por contaminar una zona poblada con plaguicidas peligrosos para la salud, principalmente el glifosato y el endosulfán. Los imputados son dos productores agropecuarios y un piloto de avión, que están acusados de llevar adelante una fumigación clandestina en este barrio cercano a la ciudad de Córdoba. En ese marco se realizó el 2° Encuentro Nacional de Pueblos Fumigados, adonde también se acordó conformar y trabajar en una campaña nacional unificada que articule nuestras luchas por la vida y la salud.

Llevamos en nuestro país muchos años de luchas y resistencias, estamos convencidos que éste es un momento estratégico para lograr una mayor coordinación y unidad de las luchas del campo y la ciudad para enfrentar a este modelo de agricultura que atenta contra la vida de los pueblos y del planeta. Por eso este fin de semana delegados y delegadas de cada organización nos juntaremos en las primeras jornadas de coordinación nacional de la campaña para trabajar en los siguientes ejes: Sistema productivo, Soberanía Alimentaria, Legal (Jurídico – Institucional), Salud, Formación, Investigación, Comunicación y Difusión, Articulación y Estructura de coordinación.

Elegimos realizar el Lanzamiento este lunes 6 de agosto justamente en Córdoba, en la localidad y la provincia donde Monsanto intentará radicar su producción de semillas de maíz transgénicas más grande del mundo.

Fuente:  http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Documentos/Agrotoxicos_en_el_Cono_Sur._Boletin_N_491_de_la_RALLT

 

 

Nos planteamos hermanarnos con los pueblos originarios al coincidir en que "la denominada “conquista del desierto” no ha culminado, fracking, megaminería, sojización de nuestra pacha, son las armas terroristas de un lento exterminio que pretenden para todxs, los que creen en esta pseudodemocracia y los que no le apostamos ni un granito de esperanza".  Y en que hoy son atacados comunidades ruruurbanas,  campesinas e indígenas pero vienen por todos los de abajo. También porque el Estado racista tiende a incluirnos a todos en la medida que avanza la transnacionalización económico territorial. Ya somos los sudacas como inmigrantes.

 

 

 

Argentina: El pueblo mapuche vive, la lucha sigue y sigue

20 de enero de 2017

 

Comunicado de la Marcha de Mujeres Originarias por el Buen Vivir y la Red de Apoyo a las Comunidades Mapuche desde Trelew.

 

“Al gobierno y sus funcionarios: Somos más que esa piedra que les molesta en el zapato, somos lxs que se ven y lxs que no se ven. Les harán falta todos lxs camiones con todas las migajas de subsidios y planes basura …. y ni siquiera eso nos hará dudar. Ustedes saben con quiénes “negociar” la entrega. Yanakonas hubieron y habrán. Para ellxs, la justicia de la mapu será más que suficiente. A Das Neves, larga vida. Para que vea, para que sepa lo que es la dignidad del pueblo mapuche. Ocúpense de los proxenetas, de los pedófilos, de lxs torturadores como los policías de Gan Gan, sólo por nombrar a quienes sus periodistas-operadores hicieron público. No violen las normas protectoras y garantistas hacia nuestrxs niñxs, son el escarnio internacional. Sépanlo, son la vergüenza internacional”. Comienzo del comunicado de lxs luchdorxs que, completo, brindamos más abajo. (Envío: Las hijas de Bartolina Sisa)

 

Para nosotrxs, MAPU KIMüN (Conocimiento de la Tierra)

A la sociedad en general, en principio agradecer cada muestra solidaria porque habrá de reproducirse y también un pedido, estemxs alertas. Hoy somxs nosotrxs, pero vienen por todo. Leamos entre líneas a los medios de comunicación del poder y no le pidamos peras al olmo. Sabemos de qué lado están, lxs que hablan y lxs que callan. Consulten lxs medios alternativos de difusión, las fuentes reales de medios solidarios que afortunadamente crecen desde el pie de la resistencia a este sistema de opresión.

 

Lxs pueblos originarios sabemos que la denominada “conquista del desierto” no ha culminado, fracking, megaminería, sojización de nuestra pacha, son las armas terroristas de un lento exterminio que pretenden para todxs, los que creen en esta pseudodemocracia y los que no le apostamos ni un granito de esperanza.

 

Por eso, para todxs nosotrxs MAPU KIMüN

Desde la Marcha de mujeres Originarias por el Buen Vivir, venimos transitando hace ya un tiempo largo, el territorio arrebatado a nuestras naciones ( más de 30 en el estado argentino) y con total seguridad, pu peñi, pu lagmen, podemos asegurar que esta historia se repite en cada rincón en el que nuestras hermanas se ponen de pie. Las “estrategias del poder” son las mismas, allanamientos, causas armadas, desapariciones, torturas, asesinatos…. intervenciones desmesuradas que sólo caben en las mentes siniestras y viciadas de la xenofobia con la que se alimentan estas bestias.

 

Resistencia no es terrorismo/Terrorismo es la Ley Antiterrorista

Nuestro compromiso es y será con nuestrxs nañas, con nuestros weichafe, con nuestros peñi, lagmen, con nuestra mapu, fuente de nuestra vida y resistencia. El miedo que nos tienen es proporcional al despliegue de sus bestias. No los asustan las piedras, los asusta la dignidad. Los asusta la solidaridad demostrada.

Que estos principios se reproduzcan independientemente de los sectores a los que pertenezcamos, compartimos un mismo suelo, compartimos la misma esperanza y queremos un mundo en el que la reciprocidad con nuestra mapu sea el norte de nuestros pasos.

 

Chaltu may (Muchas gracias)

MARICI WUE MARICI WEU MARICI WEU!!! (Diez veces venceremos)

Agencia para la Libertad

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Documentos/Argentina_El_pueblo_mapuche_vive_la_lucha_sigue_y_sigue

 

 

Nos interpelan para cuestionar nuestros esquemas políticos e ideológicos y nos  involucran en el desafío de:

 

 

Ante el Día Internacional de los Pueblos Indígenas

Defensa de la vida y la naturaleza vs empresas transnacionales
9 de agosto de 2016

Por Jesús González Pazos (Rebelión)

 

Nos situamos ante un nuevo Día Internacional de los Pueblos Indígenas que, según Naciones Unidas, se celebra el 9 de agosto y, al mismo tiempo, todavía recordamos el asesinato el pasado día 3 de marzo, en Honduras, de la activista lenca Berta Cáceres. Pero, si bien su muerte y la de otros líderes/as ha dado pie a un incipiente interés internacional por lo que está ocurriendo con las personas defensoras de la naturaleza, tenemos que reconocer que ésta es todavía una guerra de baja intensidad que se mantiene en gran medida oculta. Y esto dado que, cada vez más, está dirigida en todo el mundo desde los intereses económicos de las empresas transnacionales. Es por ello, y a pesar del cierto eco internacional del asesinato de la dirigente indígena, que no se ha conseguido aún visibilizar otro dato que sobresale en esta dura estadística, como es el hecho de que quienes proporcionalmente más muertes y represión están sufriendo y, por tanto, quienes protagonizan por encima de otros sectores la defensa de la naturaleza, son los pueblos indígenas.

En cierta forma, seguimos pensando que la lucha por la defensa del medio ambiente, por la tierra, es sólo patrimonio de occidente, de algunas de sus instituciones y de sus organizaciones medioambientalistas. Pero no es así y los dramáticos datos lo atestiguan: de los más de 1000 asesinatos cometidos entre los años 2002 y 2014 contra quienes defienden el medio ambiente, el 40% fueron personas indígenas. Y todo pese a que estos pueblos son un escaso 5% de la población total del planeta. Pero lo anterior sólo sobre informes conocidos y contrastados, ya que los estudios dicen que hay un alto número de asesinatos de los que nunca se llegan a tener noticias.

Para entender mejor esta situación es necesario comprender la concepción que estos pueblos tienen sobre sus tierras y territorios. Ellos defienden que “nuestro territorio no es una cosa, ni un conjunto de cosas utilizables, explotables, ni tampoco un conjunto de recursos; nuestro territorio, con sus selvas, sus montañas, sus ríos y humedales, con sus lugares sagrados donde viven los dioses protectores, con sus tierras negras, rojas y arenosas y sus arcillas es un ente vivo que nos da la vida, nos provee agua y aire; nos cuida, nos da alimentos y salud; nos da conocimientos y energía; nos da generaciones y una historia, un presente y un futuro; nos da identidad y cultura; nos da autonomía y libertad. Entonces, junto con el territorio está la vida y junto a la vida está la dignidad; junto al territorio está nuestra autodeterminación como pueblos.” Esto es lo que determina con absoluta claridad que hoy sean los pueblos indígenas quienes sostienen la mayor carga en la defensa de la naturaleza, especialmente al entender que esa visión y defensa choca frontalmente con la idea y utilidad que a estos espacios otorgan hoy gobiernos y transnacionales. Así, la mayoría de los homicidios de defensores y defensoras están directamente vinculados con las denuncias y protestas contra megaproyectos de desarrollo y contra extractivas mineras, forestales o hidroeléctricas.

El sistema capitalista, en su fase actual neoliberal, ha entregado con total impunidad la naturaleza a las transnacionales extractivas. No ya sólo por el hecho de que toda la normativa nacional e internacional hoy se establece para proteger las inversiones y negocios de éstas, sino también por el hecho de que esa legislación y/o impunidad supone en la mayoría de los casos la violación sistemática de los derechos humanos individuales y colectivos. De esta forma, se puede afirmar abiertamente que la defensa del medio ambiente, de la naturaleza, se ha convertido en el nuevo campo de batalla para los derechos humanos. Y esa lucha, aunque invisibilizados sistemáticamente, son los pueblos indígenas quienes la protagonizan.

Las empresas transnacionales tienen cada día un mayor poder económico y éste lo convierten en poder político. O dicho de otra forma, con ese enorme poder económico pueden someter al político para que éste defina nuevas normas, o adapte las existentes. El objetivo siempre es el mismo: obtener condiciones ventajosas para sus negocios y para el aumento consiguiente de sus beneficios. Pero, si bien ésta es una constante del sistema neoliberal en todos los órdenes y sectores económicos, es especialmente grave cuando entra en el juego la naturaleza. Los impactos más agresivos contra ésta, en su gran mayoría, son radicalmente ignorados o disimulados tras grandilocuentes declaraciones internacionales y pequeñas concesiones/donaciones sociales a las poblaciones más directamente afectadas por la contaminación y degradación causada.

Para el caso específico de los pueblos indígenas, recordemos, aquellos que más agresiones incluido número de asesinatos sufren, las empresas transnacionales, dicho de forma políticamente correcta, irrespetan los estándares internacionales de protección a los derechos humanos que les atañen más directamente. Dicho de otra forma más clara, se está desarrollando un contexto de violaciones sistemáticas de derechos, especialmente sobre los territorios o el obligatorio de consulta a estos pueblos ante cualquier gran proyecto de desarrollo a ejecutar en sus tierras. Estas empresas hoy se benefician impunemente de los favorables sistemas jurídicos y legislativos hasta, prácticamente, convertirlas en entidades intocables. A partir de ahí, su abanico de actuaciones van desde la presión a los poderes políticos para la definición de doctrinas y normas en beneficio de sus intereses empresariales, la corrupción y sobornos para esto mismo, o el control y uso de cuerpos policiales y paramilitares para la represión de la protesta.

Así, además de las muertes individuales, los ejemplos dramáticos de afectación negativa por parte de las transnacionales, principalmente las extractivas pero también forestales y otras, sobre diferentes pueblos indígenas recorren el planeta. Y en este doloroso ranking América Latina sigue siendo considerada como la región del mundo más peligrosa para quienes ejercen la defensa de la naturaleza; países como Brasil, Colombia, Honduras o México encabezan esta lista y el 99% de las violaciones colectivas o de los asesinatos quedan impunes. En la misma línea hoy en día, y no es cosa del pasado colonial como pudiera pensarse, siguen produciéndose casos de pueblos desaparecidos o en práctico proceso de extinción como consecuencia de los impactos de las actuaciones de empresas transnacionales. Se aducirá que son “daños colaterales” en aras del progreso, pero lo cierto y denunciable es que son fehacientes violaciones de los derechos humanos. No puede admitirse que esos derechos y la dignidad de las personas se sigan poniendo en la misma balanza que los intereses económicos y siempre salgan dramáticamente perdiendo.

Hasta las propias Naciones Unidas han reconocido y denunciado en diferentes momentos y documentos esta situación. En este sentido, Relatores Especiales de este organismo internacional han señalado que las actividades de las industrias extractivas son fuente de numerosos conflictos. Igualmente, reafirman que este tipo de acciones de empresas trasnacionales en territorios indígenas violan constantemente diferentes derechos y han llamado a los gobiernos a cumplir con su responsabilidad de protección de éstos frente a los intereses económicos de las empresas. Evidentemente, unos y otros hacen continuos oídos sordos a este tipo de llamamientos.

Berta Cáceres, indígena, feminista y defensora de los derechos humanos y medioambientales, había recibido en 2015 el premio Goldman, considerado como el Nobel del medio ambiente. En este año 2016, Máxima Acuña, indígena quechua (Perú) recibió el mismo premio por su lucha contra el megaproyecto minero en Conga, de la transnacional estadounidense Newmont Mining Corporation.

“Por eso yo defiendo la tierra, defiendo el agua, porque eso es vida. Yo no tengo miedo al poder de las empresas, seguiré luchando por los compañeros que murieron en Celendín y Bambamarca y por todos los que estamos en lucha en Cajamarca”, afirmó Máxima al recoger el galardón, pese a haber sufrido sistemáticamente la violencia de funcionarios locales que actúan en connivencia con la empresa minera y con las autoridades peruanas.

Como señalábamos al inicio, nos situamos ante un nuevo Día Internacional de los Pueblos Indígenas y éstos, más allá de grandes declaraciones, siguen planteando al sistema dominante y a los gobiernos del mundo la disyuntiva entre los intereses de las empresas transnacionales o la defensa de la vida y la naturaleza.

Jesus González Pazos. Miembro de Mugarik Gabe

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=215369

 

 

 

Nos concretan e iluminan, desde su lucha de clases, el sentido de la propiedad estatal y privada en el capitalismo.

 

 

 

Ecuador: Yasunidos frente a la "Ley de semillas"

5 de mayo de 2017

Creemos que el extractivismo en nuestro país, no sólo está presente en la explotación petrolera y minera, también se expresa en otros temas como el de la agrobiodiversidad, porque Ecuador es centro de origen de un sinnúmero de especies de maíz, papas, frutas, y otras variedades vegetales fundamentales para la alimentación nacional y mundial.

 

Las diferentes variedades de cultivos con las que contamos actualmente, son producto de los saberes milenarios de agricultores/as ecuatorianos que han “cruzado”, compartido y distribuido sus semillas libremente. Las semillas nativas resultantes de estas prácticas y saberes se han adaptado a los diferentes agroecosistemas locales que existen en Ecuador, contribuyendo así al aumento y conservación de nuestra agrobiodiversidad.

En ese sentido, nos preocupan sobre manera, aspectos como:

 

En el proyecto de ley, los recursos genéticos son considerados patrimonio del Estado, lo cual en esencia podría sugerir que las semillas son de todos los ecuatorianos. Sin embargo, no se específica ninguna participación diferenciada del control y acceso de estos recursos entre el gobierno y los campesinos.
El petróleo también es un recurso del Estado, pero su manejo ha sido llevado por pequeños grupos sin ningún control ni participación de los pueblos. Esto ha generado que primen los intereses económicos sobre los efectos ambientales y sociales de la explotación petrolera. En el caso de las semillas, la historia podría volverse a repetir, más aún tomando en cuenta que a nivel mundial existe cada vez un mayor control de las semillas por parte de grandes empresas transnacionales [1].

Por otro lado, el proyecto de ley propuesto dificulta el libre acceso y circulación de las semillas nativas, puesto que las instituciones estatales ejercerían un rol casi policial frente a los campesinos y sus semillas. En su art. 54, contempla la creación de “inspectores de semillas”, quienes tendrían libre acceso a las fincas o chacras campesinas, con el fin de “controlar” la calidad y distribución de las semillas.

Estos mecanismos de control impuestos a los campesinos y sus semillas representan una amenaza a la agrobiodiversidad y pueden degenerar en la criminalización de los mismos.

El proyecto, supone además una grave amenaza para la Soberanía Alimentaria, garantizada en el art. 281 de nuestra Constitución, al requerir que tanto las semillas nativas como las comerciales cumplan con normas fitosanitarias elaboradas para su control, lo que implica obligar a los campesinos a que cumplan los mismos estándares que las grandes empresas semilleras, para poder distribuir y circular sus semillas nativas, no especifica normas diferenciadas. No es lo mismo una semilla nativa que una comercial.

En este contexto, consideramos sumamente riesgoso que este proyecto de ley de semillas (que la asamblea pretende aprobar en segundo debate, este jueves 4 de mayo), no tome en consideración las preocupaciones expresadas por movimientos campesinos, indígenas, ecologistas y de consumidores.

Frente a la cada vez más escasa participación de la sociedad civil dentro de los procesos legislativos, nos preguntamos:

¿Son las consultas pre legislativas no vinculantes, una herramienta legítima de participación ciudadana?

El proyecto de Ley de Semillas, tal y como está planteado, ¿atenta con repetir los errores de la política extractivista de petróleo y minerales, en un sector fundamental para el país como el sector agrícola?.

Señor Licenciado Lenin Moreno, garantizar el libre acceso y circulación de las semillas nativas en nuestro país y escuchar las opiniones de los/as campesinos/as al respecto, son la base para construir políticas que promuevan y protejan la agrobiodiversidad, la Soberanía Alimentaria y un mejor país.

Nota:

[1] Se puede ver un interesante informe del grupo ETC al respecto, en el siguiente link: Ver aquí

Yasunidos

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Noticias/Ecuador_Yasunidos_frente_a_la_Ley_de_semillas