Qué País

Mayo 2016

Sin la conciliación de clases del extractivismo por okupar los oprimidos sus lugares en el trabajo de todos hacia el buen vivir abajo.

 

 


 

 

 

SITUACIÓN / CRISIS CIVILIZATORIA / ALTERNATIVAS

 

 Situación

 

Necesitamos hoy emancipar nuestro trabajo del capital pero: ¿cómo?. En búsqueda de esclarecernos sobre qué hacer reflexionemos sobre:

 

El concepto de “subsunción” como clave para 

la interpretación del lugar del trabajo en el capitalismo actual.
16 de diciembre de 2008

 

 

Por Nicolás Pagura

 

Introducción

 

Fundamentalmente durante las últimas dos décadas, han venido cobrando un renovado impulso los intentos de reinterpretar y actualizar el pensamiento marxista desde un punto de vista crítico, ante todo frente a la tradición asociada comúnmente a planteamientos con pretensión de ortodoxia. Si bien las autores empeñados en esta tarea son muchos y sus visiones múltiples y variadas, creo que pueden identificarse al menos negativamente por dos rasgos centrales. En primer lugar, por el rechazo de todo dogmatismo, es decir, de todo intento de clausurar caminos posibles para pensar, ya sea en nombre de ciertas ideas tenidas por incuestionables o de determinados autores a quienes habría que respetar como autoridades supremas e insuperables. En segundo lugar, por el fuerte cuestionamiento de las ideas cientificistas, economicistas y deterministas que acompañaron al marxismo desde su nacimiento.

            

Es dentro de esta línea crítica que se han empezado a trabajar fuertemente ideas de Marx que habían sido o bien descuidadas o bien directamente rechazadas por la línea tradicionalmente hegemónica. Tal vez el ejemplo más notable de esto sea la revalorización del concepto de “enajenación”, como modo de cuestionar la separación tradicional entre un Marx “precientífico” asociado a sus escritos de juventud (fundamentalmente los Manuscritos de 1844) y un Marx “maduro” y “científico” identificado con su gran obra El capital.[1] Otro concepto que se recupera fuertemente es el de “fetichismo”, no muy tenido en cuenta por la visión cientificista no obstante su importancia en el primer capítulo de El capital. Ejemplos de esta recuperación lo constituyen la centralidad que el concepto adquiere en todo el pensamiento del “marxismo abierto” o en la reformulación del concepto de “ideología” efectuada por Slavoj Žižek. Finalmente, se encuentra el caso del concepto que nos ocupará especialmente aquí: el de “subsunción”. En parte para justificar esta elección y antes de explicitar los objetivos de este trabajo, quisiera hacer una breve referencia  al hilo conductor que une a estos tres conceptos en su potencial crítico y a la vez desafiante para la tradición ortodoxa.

            

En efecto, los tres conceptos reinstalan de diversas maneras el problema hegeliano de la relación sujeto-objeto, y más precisamente en la formulación de Marx, el de la relación social entre trabajo y capital. Mientras las visiones ortodoxas identifican al capital con un “objeto” constituido del cual deben estudiarse las leyes de funcionamiento, estos conceptos recuerdan que el capital es una relación social que no puede analizarse independientemente del otro polo necesario de dicha relación: el trabajo.[2]

            

Justamente, el propósito del presente escrito es realizar una aproximación al problema del trabajo en las sociedades contemporáneas tomando como eje de análisis el concepto de “subsunción”. Básicamente, interesa esta idea en la medida en que coloca en el centro del análisis al propio trabajo, lo cual es más que sugerente hoy, cuando muchos análisis marxistas (incluso no ortodoxos) estudian al capitalismo descuidando el problema del trabajo. Y es más, se señala inclusive que el trabajo está atravesando una crisis sin precedentes, que para algunos llega a ser hasta terminal (piénsese particularmente en los debates sobre el “fin del trabajo”). Es en este contexto de ideas –y también en discusión con él– que se inscribe este trabajo.

Según señala Pedro Scaron (traductor de la edición crítica al español de El capital), el término “subsunción” traduce el sustantivo “subsumtion” (de origen latino, pero que existe como término técnico en alemán e inglés) que significa tanto “subordinación” como “inclusión”.[3] Puede verse ya en esta simple determinación terminológica que el concepto tiene un significado a su vez político y lógico: el capital subordina (somete) al trabajo incluyéndolo en su propio concepto (entre ambos se teje una “relación interna”).

Es por eso que la idea invita a pensar el capitalismo más allá de la concepción de una lógica económica determinista y ciega: por el contrario, coloca en el centro de la indagación a la propia relación social –siempre conflictiva– entre las clases, como instancia contenida en el propio capital y no como un agregado perteneciente a otra esfera yuxtapuesta (la política como instancia “superestructural”). En este sentido, la propuesta consiste en pensar al trabajo actual a partir del modo en que es sometido y a su vez incluido en el propio capital. Pero el hecho de que sea la actualidad del trabajo lo que queremos pensar, indica desde ya que entendemos que la idea de “subsunción” puede historizarse: es por eso que tomaremos el concepto de Marx para resignificarlo con el objetivo de comprender el trabajo hoy. 

 

El concepto de “subsunción” en Marx como clave interpretativa de la constitución del capitalismo: subsunción formal y real del trabajo, y fetichismo del capital

 

Lejos del propósito de este trabajo está el intentar obtener una comprensión acabada del concepto de “subsunción” en la obra de Marx. Por el contrario, lo que nos interesa fundamentalmente del mismo es el elemento interpretativo que nos deja para comprender al capitalismo como un proceso ligado al intento siempre renovado de dominar al trabajo. Si bien la cuestión es tratada en el capítulo XIV de El capital, el desarrollo más profundo del tema está en el capítulo VI de esa misma obra, publicado póstumamente.

 

Marx distingue entre subsunción formal y subsunción real del trabajo al capital. Con la subsunción formal:

El proceso de trabajo se convierte en el instrumento del proceso de valorización, del proceso de autovalorización del capital: de la creación de plusvalía. El proceso de trabajo se subsume en el capital (es su propio proceso) y el capitalista se ubica en él como dirigente (...) Es esto a lo que denomino subsunción formal del trabajo en el capital. Es la forma general de todo proceso capitalista de producción, pero es a la vez una forma particular respecto del modo de producción específicamente capitalista, desarrollado, ya que la última incluye a la primera, pero la primera no incluye necesariamente la segunda.[4]  

 

Conviene recordar que el título de este capítulo VI es “resultado del proceso inmediato de producción”: en el marco de una lógica hegeliana Marx está analizando los presupuestos de lo que aparece como un resultado (la producción capitalista de plusvalía). Un presupuesto fundamental lo constituye la subsunción formal. El proceso de trabajo como creador de valores de uso es común a todos los modos de producción (corresponde entonces a la producción material en general) y en tanto tal, comprende una serie de elementos materiales (trabajo útil, materia prima, medio de trabajo) indispensables para cualquier acto de producción de valores de uso. El capitalismo presupone la supeditación del proceso de trabajo al proceso de creación de plusvalor. Entonces en el proceso de producción capitalista (que es la unidad de ambos, que se dan conjuntamente) el primero es un instrumento del segundo. Esta subsunción es la forma general, en el sentido de que es un presupuesto lógico, pero ya no de todo proceso de trabajo sino de todo proceso de producción capitalista.

 

Pero la subsunción formal es a su vez una forma particular en un sentido estrictamente histórico, ya que se corresponde con el período en que el capital se apoya sobre procesos de trabajo preexistentes a él, modificando su forma pero no su contenido. Marx da algunos ejemplos: el campesino antes independiente se transforma en jornalero que trabaja para un agricultor; el otrora esclavista contrata como empleados a quienes eran sus esclavos; el maestro, antes distinguido como conocedor del oficio, se transforma en poseedor de capital y sus oficiales y aprendices en asalariados.[5] En todos estos casos, hay una mutación formal: cuando la producción de plusvalía se apodera del proceso de trabajo, hace su aparición el capital y con él la figura del capitalista como controlador del proceso de producción ejecutado por sus ahora asalariados. Pero el proceso de trabajo no cambia en el sentido técnico-material: sigue ejecutándose con los mismos instrumentos y del mismo modo que antes de la subsunción formal. Por eso el capitalista sólo puede incrementar el plusvalor prolongando la jornada de trabajo (plusvalor absoluto). Es así que la subsunción del trabajo no es aún completa: como antes, el obrero domina parte del proceso material de producción.

 

Con todo, ya aparece aquí la mistificación inherente a la relación capitalista:

La facultad que el trabajo tiene de conservar el valor se presenta como facultad de autoconservación del capital; la facultad del trabajo de generar valor, como facultad de autovalorización del capital, y en conjunto, y por definición, el trabajo objetivado aparece como si utilizara al trabajo vivo.[6]

 

La subsunción del proceso de trabajo al proceso de valorización marca ya el nacimiento del fetichismo del capital, que como “cosa” parece autovalorizarse con independencia del trabajo vivo. Pero la mistificación no es aun completa porque el capital todavía no ha revolucionado su base material de producción. Esto último es lo que va a ocurrir con la subsunción real, en la cual:

 

las fuerzas productivas del trabajo directamente social, socializado (colectivizado) merced a la cooperación, a la división del trabajo, a la aplicación de la maquinaria y en general a la transformación del proceso productivo en aplicación consciente de las ciencias naturales (...) y de la tecnología (...) este desarrollo de la fuerza productiva del trabajo objetivado, por oposición a la actividad laboral más o menos aislada de los individuos dispersos (...) todo ello se presenta como fuerza productiva del capital (...) La mistificación implícita en la relación capitalista en general, se desarrolla ahora mucho más de lo que se había y se hubiera podido desarrollar en el caso de la subsunción puramente formal del trabajo al capital. Por lo demás, es aquí donde el significado histórico de la producción capitalista surge por primera vez de manera palmaria (específica).[7]

 

Cuando el capital desarrolla la fuerza productiva social del trabajo en el proceso de producción, se revoluciona el propio proceso de trabajo, que ahora se desarrolla bajo condiciones materiales puestas por el propio capital. La fuerzas productivas sociales como fuerzas del capital, objetivadas en la división del trabajo y sobre todo en el capital fijo (la tecnología especialmente) pasan a dominar al trabajo vivo materialmente, en el propio proceso de trabajo. Tal vez donde mejor se ve este cambio es en el reemplazo, realizado por la gran industria, de la herramienta –que es siempre manipulada y dirigida por el trabajador– por la máquina –objetivación de las fuerzas productivas sociales del trabajo– que domina y marca los tiempos al trabajador individual.[8] Y así como la subsunción se hace ahora material, el fetichismo del capital adquiere una forma desarrollada, ya que las fuerzas productivas sociales del trabajo se presentan ahora ante el obrero como algo preexistente e independiente de su voluntad, en tanto trabajo objetivado que subordina al trabajo vivo: en síntesis, como fuerza productiva del capital, encarnada en el proceso de trabajo. Cabe señalar además que con el incremento de la fuerza productiva del trabajo, hace su aparición también el plusvalor relativo, fundado ya no en la prolongación de la jornada laboral sino en la disminución del tiempo de trabajo necesario para la reproducción de la fuerza de trabajo del obrero. Es así que con el desarrollo de una base material (y ya no sólo formal) adecuada al propio capital, aparece para Marx históricamente un modo de producción específicamente capitalista.

 

Notas introductorias sobre la proyección del concepto de “subsunción” a la actualidad

 

Como ya se señaló en la introducción, el propósito de este trabajo es retomar el concepto de “subsunción” para repensar el trabajo en la actualidad. Se plantea entonces la necesidad de reformular el concepto, recuperando la lógica inmanente al pensamiento marxiano, pero proyectándola en el presente, más allá del contexto histórico de su formulación inicial –signado sobre todo por el impacto de la revolución industrial inglesa. El concepto ha sido recuperado explícitamente en las últimas décadas, fundamentalmente cuando, con la crisis del marxismo “oficial”, se comenzó a intentar una reformulación del pensamiento marxiano y se prestó fuerte atención a escritos del autor olvidados, subvalorados y/o dados a conocer tardíamente, como son los Grundrisse, los Manuscritos de 1844 y el capítulo VI inédito. Es una idea central, por ejemplo, en el pensamiento del autonomismo italiano (que retomaremos) y en la lectura de Enrique Dussel de las tres redacciones de El capital.

 

Pero además de los aspectos “endógenos” a la tradición marxista, las razones fundamentales del renovado uso de la idea de “subsunción” hay que atribuirlas al progresivo proceso de expansión del capital –acentuado en las últimas tres décadas con la conocida reforma estructural del capitalismo. Así, por ejemplo, se ha leído a la llamada (imprecisamente) “globalización” como un proceso de subsunción real de la sociedad entera al capital (es la visión de Negri, entre otros). Como se podrá ver con más claridad después, estos usos presuponen una ampliación respecto a la formulación marxiana, pero que no obstante están implícitos en la lógica de su pensamiento. Retomando ideas de Antonio Negri, puede hablarse, respecto a la subsunción, de elementos intensivos y extensivos.[9] Los primeros fueron los más observados por Marx, y refieren a la subordinación del trabajo en el proceso de producción, dentro del taller. Los segundos implican una mirada más amplia a la totalidad del proceso, incluyendo la circulación del capital y la reproducción de la fuerza de trabajo, por ejemplo. Estos elementos extensivos no están ausentes en la formulación marxiana, al menos de modo implícito. Con la subsunción real, por ejemplo, la ciencia es subsumida como capital fijo; también se modifican las pautas del consumo obrero y por lo tanto el capital pasa a controlar también la reproducción de la fuerza de trabajo, más allá incluso de los trabajadores que emplea en forma directa.[10]

 

A continuación procederemos teniendo en cuenta esta doble necesidad, la de conservar la lógica del planteo marxiano y al mismo tiempo ampliarla y reformularla, considerando la nueva situación.

           

El fordismo-taylorismo, el posfordismo y las nuevas modalidades de la subsunción

 

Un primer acercamiento al problema de la subsunción del trabajo en la actualidad puede obtenerse retomando algunas discusiones que se plantean en torno de los cambios operados en los modos de organización del trabajo que se registran en las sociedades occidentales desde mediados de la década del ’70, en primer lugar en los países centrales pero con repercusiones y ramificaciones en el resto de los países. No pretendemos hacer un repaso exhaustivo de dichos cambios, tampoco ingresar en la discusión acerca del alcance cuantitativo y cualitativo de los mismos ni en la concomitante cuestión de si puede hablarse del pasaje a un nuevo “paradigma”. Sólo intentaremos establecer un eje interpretativo de las tendencias que se registran a partir del concepto de “subsunción”.

 

Las tendencias establecidas por el modo de organización del trabajo fordista-taylorista pueden interpretarse correctamente desde el concepto de “subsunción” incluso en su formulación clásica por Marx. Ya desde principios del siglo XX el taylorismo se proponía aumentar la productividad del trabajo a partir de la separación entre las tareas de concepción y ejecución: estas últimas quedaban reducidas a un conjunto de movimientos o de “gestos” establecidos e impuestos por la dirección de la empresa. El propósito de este sistema, según señala Benjamin Coriat, era la expropiación, por parte del capital, del saber del obrero de oficio y con él del control de los tiempos de producción. Este sistema se consolida con la introducción posterior, realizada primero por Ford, de la línea de montaje, mediante la cual se subdividen las tareas de ejecución y los tiempos pasan a ser establecidos por la empresa, que domina al obrero autoritariamente a partir de la propia máquina.[11]

            

La clave de la eficacia histórica del fordismo-taylorismo es que con él el capital deja de asentarse sobre la base de un saber preexistente a él –ya que pertenece al obrero de oficio– para convertirse en el sujeto del proceso a partir del dictado de las reglas de su ejecución. Puede entonces hablarse aquí del pasaje de una subsunción formal –el saber obrero en el proceso de trabajo como base material de la producción de plusvalía– a una subsunción real, en la que el propio capital, sobre todo con la introducción de la línea de montaje, domina y controla tecnológicamente el proceso de trabajo. Con la descalificación respecto a las tareas de ejecución del trabajo inherente al fordismo-taylorismo, el obrero se transforma en una pieza intercambiable en el marco de un gran mecanismo que lo excede. A la vez que se intensifica y aumenta la productividad del trabajo, se diluyen también las posibilidades de resistencia implícitas en el control, por parte de los trabajadores, de los ritmos de producción: el fordismo-taylorismo es un dispositivo de dominio a la vez económico y político, como lo es en efecto todo mecanismo de subsunción del trabajo.

 

Mirando ya no sólo al espacio de trabajo sino también al sistema de producción y reproducción en su conjunto, emergen también los aspectos de la subsunción anteriormente denominados como “extensivos”. Ya el mismo Ford preconizaba un sistema de salarios relativamente altos con el doble propósito de fomentar la demanda de la nueva producción en serie y de mantener la obediencia en el espacio de trabajo.[12] Primero en EEUU con el new deal  y fundamentalmente en la posguerra con la aparición y progresiva extensión del llamado “Estado de Bienestar” en el resto de los países industrializados, se establece un sistema de acumulación y regulación que va a permitir el desarrollo sustentable del mundo industrializado al menos hasta mediados de la década del ’70.

 

Las políticas keynesianas van a favorecer el sostenimiento, con la regulación estatal, de la demanda efectiva necesaria para la nueva producción en masa hecha posible por la extensión del fordismo. La reproducción de la clase obrera se transforma también en una cuestión de primer orden para el sostenimiento del sistema en su conjunto: la producción en masa crece a la vez que la figura del asalariado se hace dominante. La codificación de la relación salarial refleja un nuevo equilibrio de fuerzas, resultante a la vez de la necesidad del capital de mantener un crecimiento económico sostenible en el tiempo y de las aspiraciones y deseos de la clase obrera, que ve ampliada su seguridad y bienestar relativo con las nuevas garantías que se le da al asalariado (que incluyen contratos por tiempo indeterminado, vacaciones pagas, seguros de desempleo y por accidente, etc.). La centralidad de la clase obrera no sólo como sujeto de trabajo sino también como sujeto de consumo es un paso más hacia la subsunción en un sentido “extensivo”, que sin embargo no debe ser interpretada en un sentido meramente lineal y unilateral (como imposición progresiva del capital) sino también como resultante de una determinada configuración del estado de la lucha de fuerzas entre capital y trabajo.[13]

 

¿Qué pasa con la subsunción tras la crisis que, desde mediados de la década del ’70, experimenta el fordismo-taylorismo? ¿Qué puede aportar el concepto de “subsunción” a la interpretación de algunas de las tendencias que se experimentan en el trabajo actual? Una de las dimensiones del cambio que han afectado y generado confusión respecto al problema de la subsunción en el llamado “posfordismo” es lo que se ha denominado como “crisis del trabajo abstracto”, con la cual, según señala Gorz:

 

La individualización de las remuneraciones, la transformación de los asalariados en contratados por tarea o en prestatarios independientes tienden a suprimir, con el salariado, el propio trabajo abstracto. A los prestatarios de trabajo ya no se los trata más como miembros de una colectividad o de una profesión definidos por su estatuto público, sino como proveedores particulares de prestaciones particulares bajo condiciones particulares. Ya no ofrecen trabajo abstracto, trabajo en general, separable de su persona que los califica como individuos sociales en general, útiles de manera general. Su estatuto ya no está más regido por el derecho del trabajo, gracias al cual la pertenencia del trabajador a la sociedad prevalecería sobre su pertenencia a la empresa.[14]

 

 Además de esta crisis de la relación salarial al menos en su sentido clásico fordista, la crisis del trabajo abstracto se completa con otros aspectos, fundamentalmente las nuevas capacidades y actitudes que demanda la “nueva empresa” a los trabajadores: como la iniciativa personal, el compromiso con la empresa y la capacidad de relacionarse con el entorno social, que contrastan con el trabajo monótono, repetitivo y en suma impersonal y abstracto del fordismo. Incluso, señala Coriat, en las formas posfordistas de organización del trabajo tienden a borrarse las líneas que separan la concepción de la ejecución del trabajo: la administración desciende al taller y con ella se opera una metamorfosis en la división del trabajo.[15]

 

Ahora bien: conviene ser claros y cautelosos respecto a los alcances de esta crisis. En efecto, en las apreciaciones sobre las nuevas formas de organizar el trabajo (como el toyotismo) muchas veces el contraste con el fordismo-taylorismo conduce a conclusiones erradas. Lo que ocurre es que el fordismo, separando concepción y ejecución –y subdividiendo a esta última lo máximo posible–, hizo incluso abstracto al propio trabajo concreto,[16] en la medida en que una actividad repetitiva en la que desaparece prácticamente toda intelectualidad y toda concepción del proceso en su totalidad, se vuelve abstracta (y es al menos en este sentido que la subsunción real alcanza en este sistema un nivel difícil de superar). Contrastando dicho modelo con las nuevas formas que asume el trabajo, algunos autores (fundamentalmente liberales, aunque también otros influenciados originalmente por Marx pero que han variado sus posiciones, como el antes citado Benjamin Coriat) han visto en estas últimas aspectos potencialmente liberadores, que favorecerían la autonomía, la iniciativa y la cualificación de los trabajadores, como si éstas tendencias por sí solas disolvieran el carácter abstracto del trabajo y con él la subsunción del mismo al capital.

 

Frente a este optimismo, conviene recuperar el realismo y hacer algunas precisiones conceptuales. Ante todo, y a menos que se crea que vivimos en sociedades “poscapitalistas”, urge señalar que ninguna de las nuevas formas de gestionar el trabajo implica la desaparición del trabajo abstracto en cuanto tal porque en el capitalismo todo trabajo concreto es a su vez abstracto en la medida en que su fin último es la producción de plusvalía y no de valores de uso (recordemos que la subsunción formal, que es la supeditación del proceso de trabajo a la producción de plusvalía, era para Marx condición de posibilidad del capitalismo).

 

Esto alcanza de por sí para captar la gravedad imbricada en el hecho de que la nueva empresa capitalista solicite, en medida creciente, el compromiso activo, la cooperación y la autonomía de los trabajadores, porque significa que estas capacidades y actitudes no sólo físicas sino ante todo mentales y afectivas son ahora subsumidas por el capital. Por eso afirma correctamente Virno que si –tal como señalara Marx– la fuerza de trabajo se define como el conjunto de las facultades físicas y mentales que existen en la corporalidad, entonces “solo hoy, en la época posfordista, la realidad de la fuerza de trabajo está plenamente a la altura de su concepto”.[17] Incluso es discutible hasta qué punto sigue cumpliéndose la restricción señalada por Marx de que la venta de la fuerza de trabajo, para no transformar al obrero en esclavo que vende su persona, debe realizarse sólo por un tiempo determinado.[18] Porque tanto las nuevas modalidades de contratación (cada vez más personalizadas, como señalaba Gorz) como la extensión a la totalidad de la vida de las nuevas tecnologías (las computadoras y los celulares, por ejemplo, son herramientas casi universales de trabajo y a la vez elementos constitutivos de la vida personal de cada vez más individuos; por lo demás, ambos usos suelen confundirse), junto con la ideología de la nueva empresa, que se presenta como una “familia”, tienden a desdibujar progresivamente los límites que separan el tiempo de vida (o de no trabajo) del tiempo de trabajo.   

 

Paradójicamente, la crisis del trabajo abstracto trae aparejada la subsunción de la totalidad de la persona al capital, multiplicando las formas de dependencia y servidumbre personal. Para trabajar no alcanza ya con producir un objeto material, aislable de sí, para su venta; además hay que saber venderse a sí mismo.[19]Punto central, ya que se trata de una de las dimensiones cualitativas de la llamada “tercerización” de la economía: ella no se deriva simplemente de la expansión de los servicios en términos cuantitativos, sino más profundamente de que en la nueva economía la fuerza de trabajo se tiende a vender como un servicio personal, concomitantemente al nuevo imperativo empresarial (fundamental por ejemplo en el toyotismo) de tratar a la producción y a la fabricación como servicios.[20]Surgen entonces algunas preguntas: ¿cómo es que el capital consigue subsumir a la totalidad de la persona? ¿Es esta subsunción solo formal, en el sentido de que las nuevas capacidades puestas en práctica en la producción preexisten al capital? Para desarrollar estos interrogantes, tendremos que colocarnos en un nuevo terreno, que en parte ya hemos anticipado: saldremos del espacio donde se desarrolla tradicionalmente el trabajo (la fábrica o la empresa) para considerar la denominada “subsunción real de la vida al capital”. Tendremos entonces que referirnos a la subsunción en el sentido antes aludido como “extensivo”.

                                                                                                                  

Subsunción real de la vida al capital: la imposibilidad del “afuera”

 

Cuando decíamos que el capital actualmente parece cada vez más empeñado en solicitar de sus trabajadores una cierta personalidad, una determinada actitud, insinuábamos ya la idea de una “subsunción” de la vida al capital. Que al capital le interesa la vida no es ninguna novedad de estos tiempos, por lo cual es conveniente precisar los conceptos para que quede clara la situación a que aludimos. Permítaseme hacer un rodeo para abordar la cuestión.

El “joven Marx” señalaba que con el trabajo enajenado “resulta que el hombre (el trabajador) sólo se siente libre en sus funciones animales, en el comer, beber, engendrar (...) y en cambio en sus funciones humanas se siente como animal. Lo animal se convierte en lo humano y lo humano en animal.”[21] Esta ecuación paradójica tendió a mantenerse de este modo mientras el capital se apropió de modo predominante de las fuerzas físicas del hombre. El fordismo y el llamado “estado de bienestar” la desarrollaron: la abstracción alienante del espacio de trabajo era balanceada por una serie de prestaciones que aseguraban la reproducción de la vida de los trabajadores, incluso con ciertas comodidades. Mientras persiste esta situación, trabajo y vida permanecen separados: es en el tiempo de ocio donde el hombre se realiza como humano, en oposición al fatigoso tiempo de trabajo.

 

Pero cuando el capital comienza a demandar la totalidad de la fuerza de trabajo, la ecuación se transforma. Para ingresar en la esfera laboral cada vez es más necesario mostrar una “humanidad” formada y desarrollada: capacidad de comunicación, iniciativa propia, cooperación con los otros. Es en este marco que la nueva capa de los “jóvenes privilegiados” pide trabajos que le generen “motivación” y para eso ellos están dispuestos a atravesar jornadas laborales extenuantes signadas además por una competencia continua. Esto quiere decir que tampoco desaparece la “animalidad” de la que hablara Marx, si bien cambia de forma: detrás de la ideología de una empresa “más humana”, se ocultan los nuevos dispositivos que buscan generar la servidumbre voluntaria del trabajador. Por otro lado, quienes no pueden dar muestras de estas capacidades son sometidos a los trabajos más degradantes, cuando no son llevados a una situación de extrema marginalidad; incluso la división internacional del trabajo permite hoy a las grandes empresas trasladar la producción que requiere trabajadores menos calificados a países del tercer mundo donde abunda la mano de obra barata y la consecuente posibilidad de sobre-explotación. Cabe señalar que a esta dualización de la fuerza de trabajo contribuyen (ya en el terreno más propiamente “extensivo” de la subsunción) el retroceso del “estado de bienestar” y la concomitante expansión de las políticas sociales neoliberales, fundadas en prestaciones que –siguiendo el camino de las nuevas modalidades de trabajo– a la vez que pierden su carácter universal y abstracto se hacen cada vez más focalizadas, personalizadas y en cuanto tales estigmatizantes.

 

Cuando hablamos de “subsunción de la vida al capital”, queremos indicar ante todo la aludida situación por la cual al tiempo que el capital demanda al conjunto de la personalidad del trabajador, se tornan cada vez más borrosos los límites que separan “tiempo de vida” y “tiempo de trabajo”. En este caso, vida y trabajo tenderían a confundirse. Se podría objetar, sin embargo, que esta subsunción de la vida por el capital es solo formal, es decir, que el lenguaje, la comunicación humana, etc. se desarrollarían con independencia del capital, para luego ser subsumidos por él en el proceso de trabajo. Esto plantea una cuestión importante porque es sobre este supuesto que en los últimos tiempos se han planteado una serie de propuestas fundadas en el dualismo a que daría lugar la posibilidad de desacoplar las esferas de la vida y del trabajo.

Es el caso de la teoría de la acción comunicativa de Habermas, fundada en la posibilidad de estructurar una esfera comunicativa transparente a sí misma, con independencia de los imperativos instrumentales inherentes a la esfera económica, en donde se incluiría el trabajo. Es también el caso de la propuesta de Gorz y otros autores para “salir de la sociedad del trabajo”, con base en la idea de que la automatización haría realidad la disminución global del tiempo de trabajo necesario, tornándose entonces posible la expansión de una esfera de actividades no mercantiles, signadas por la autonomía y la posibilidad de autorrealización. Estas propuestas dualistas, de inspiración neokantiana, tienen propósitos prescriptivos; no obstante, pretenden sostenerse sobre fundamentos objetivos, ante todo –es sobre todo el caso de Gorz– en la disminución del tiempo de trabajo socialmente necesario y su circunscripción al espacio cerrado de la fábrica o de la empresa, con la consecuente posibilidad de expandir actividades humanas más allá del trabajo, por fuera de la dominación del capital.

 

La idea central que voy a sostener es que, siendo el objetivo último del capital la producción de plusvalía –y no la disminución del tiempo de trabajo socialmente necesario–, la tendencia actual es que dicha producción ya no se limite al espacio cerrado de la fábrica sino que se extienda al conjunto de la vida social, abarcando los espacios tradicionalmente conceptuados como de “reproducción” y “consumo”; es precisamente cuando la totalidad de la vida social se hace potencialmente productora de plusvalía que vida y trabajo se convierten prácticamente en sinónimos y se realiza la subsunción real de la vida al capital. La actualización del concepto marxiano requiere, en esta línea, de su ampliación para la consideración de una subsunción que sobrepasa con mucho el espacio cercado de la fábrica. Como señala Ana Dinerstein:

el término “subsunción real” no denomina simplemente la subordinación de determinados trabajadores por el capital que los utiliza. Se trata de un proceso complejo de progresiva expansión y subordinación política de toda la sociedad en el capital (...) que ahora ha devenido o aparece como el sujeto de la sociedad capitalista.[22]

 

La aludida “tercerización” de la economía y la consecuente formación de una sociedad orientada mayoritariamente al consumo, constituyen una buena ilustración de esta tendencia. Recordemos que la teoría de Marx sobre la plusvalía tomaba como paradigma fundamental la producción de mercancías materiales en la industria, donde el desfasaje entre producción y consumo no solo era posible sino también necesario. Pero una peculiaridad del servicio es que, no habiendo propiamente objetivación del valor en el producto, en él no pueden separarse temporalmente el momento de la producción del plusvalor y su realización. Es por eso que, en los servicios, la producción queda supeditada a la demanda y no al revés; estrictamente hablando, en estos casos sin demanda no puede haber siquiera producción alguna. La tercerización además invade actualmente todas las esferas productivas, más allá de los propios servicios, como se señaló anteriormente respecto al principio toyotista de tratar a la producción como un servicio. La relación clásica entre producción y consumo se invierte: la segunda dicta sus imperativos a la primera, pero estos imperativos siguen siendo los de la producción de plusvalía. Puede entonces hablarse incluso de un consumo productivo.[23]

 

Para el capitalismo, la esfera del consumo asume un lugar crecientemente estratégico dada su prioridad en el proceso de valorización de la producción tercerizada. Como para aumentarla tiene que crecer el consumo, se crean permanentemente nuevas necesidades, en las que la dimensión simbólica tiene cada vez más peso respecto a la propiamente material (el tradicional “valor de uso”). Lo que ocurre es que el consumo de signos (fundamentalmente, aunque no de modo exclusivo, de status social y pertenencia de clase) satisface, dado su carácter por naturaleza ilimitado, las necesidades que el capital tiene de extender la demanda. En la mal llamada “sociedad de consumo”, la mercancía no es solamente una “forma”; es además un signo.[24] Es la realización plena de la tendencia que Marx ya observaba como inmanente al valor: transformar todos los productos del trabajo en un jeroglífico social.[25]

 

Lejos de la idea humanista de “necesidad” implícita en el concepto de “valor de uso”, el consumo es prioritariamente un espacio dominado por la manipulación de las estructuras cognitivas y la fetichización del lenguaje. No es otra la esencia de la publicidad y el marketing. El consumo productivo, que muestra la colonización del lenguaje y a la vez el eclipsamiento de toda posibilidad de rescatar un sujeto autónomo que se realice en la satisfacción de su necesidad por fuera de la relación del capital (subsunción real del valor de uso al valor de cambio), es entonces también una de las expresiones más patentes de la subsunción real de la vida al capital.

 

Además de ésta mayor imbricación entre producción y consumo, la “tercerización” marca otra tendencia en curso: la de la progresiva mercantilización de todas las actividades humanas. Ocupaciones tradicionalmente relegadas al ámbito de la familia, como el cuidado de los hijos y de la casa, son ahora desarrolladas también como actividades mercantiles; este proceso se desarrolla al mismo tiempo que la mujer se “libera” del espacio doméstico para ingresar en la esfera laboral. Una de las causas principales de la crisis de la familia tradicional es esta invasión del conjunto de la vida por el trabajo. Esto significa que la vida familiar es ahora también subsumida en el proceso de producción.

 

Los autores italianos que desarrollaron la noción marxiana de “intelecto general” son quizá quienes más han avanzado en la actualización del problema de la subsunción real. En esta línea y reinterpretando el célebre “fragmento sobre las máquinas” de los Grundrisse, Virno señala que en el posfordismo “la ciencia, la información, el saber en general y la comunicación lingüística se presentan como el pilar central que sostiene la producción y la riqueza, y no ya el tiempo de trabajo”.[26] Lejos de la anunciada por los teóricos del “fin de la sociedad del trabajo”, la consecuencia es una mayor hibridación entre trabajo y vida, porque “trabajo y no trabajo desarrollan una idéntica productividad, cuya base es el ejercicio de facultades genéricas: lenguaje, memoria, sociabilidad”.[27] La subsunción real de la vida al capital se hace presente, entonces, en este proceso por el cual el capital se apropia del plusvalor producido socialmente por estas facultades que se ejercen tanto fuera como dentro del espacio de trabajo propiamente dicho. El ejercicio de estas facultades colectivas expresa el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo de modo absolutamente socializado; frente a las mismas, el trabajo individual, inmediato, constituye una fuerza subalterna. Es ésta la realización completa del proceso descrito por Marx como “subsunción real”. Por lo demás, dada esta situación en la que el conjunto de la vida produce al capital, tienden a yuxtaponerse en un mismo plano los aspectos “intensivos” y “extensivos” de la subsunción.

 

Caen entonces las condiciones creídas “objetivas” para sostener posiciones dualistas como las de Habermas y Gorz. El problema es que no puede sostenerse la distinción tajante entre una esfera heterónoma –el trabajo y de modo general la economía– y una autónoma –el espacio que podría sustentar tanto la posibilidad de una acción comunicativa al estilo habermasiano como el florecimiento de actividades autodeterminadas, tal como pide Gorz.[28] Más bien, la autonomía podrá ser ganada, pero en el seno de la heteronomía: en la medida en que la totalidad de la vida es subsumida por el capital, no existen ya a prioriespacios liberados de la dominación. Pero tampoco condenados a ella. La principal consecuencia política de la “subsunción real”, en el sentido expuesto, es que la alternativa o la salida ya no pueden encontrarse afuera; por lo tanto tampoco en otras supuestas externalidades como el valor de uso o el trabajo concreto.[29]

Es también por esta razón que hay que revisar la idea, frecuente tanto en los medios de comunicación como en las investigaciones en ciencias sociales, de “exclusión social”. Todos aquéllos que están integrados imperfectamente a la esfera laboral e incluso los desocupados permanentes siguen estando sometidos, bajo diferentes modalidades,  al capital, dado que la “subsunción real” se ejerce sobre el conjunto de la vida, independientemente de la situación de cada persona respecto al empleo. La subsunción al capital se revela en el hecho simple de que, individualmente, incluso el desempleado vive su situación como una “falta” respecto a la que debería ser su condición social (asalariado). Es por esto que la idea de que los “marginados” de los actuales procesos productivos poseen objetivamente un potencial revolucionario (no es otra la idea de Gorz acerca de la no-clase de los no-trabajadores)[30] es tan falsa como la vieja idea marxista de que son los trabajadores, también por su posición objetiva, quienes están destinados a hacer la revolución. Dado que la subsunción real implica la construcción de sujetos acordes a las necesidades de reproducción del capital y que ya no hay ningún “afuera”, toda resistencia implica un proceso de desubjetivación.[31]

 

Podemos responder ahora al interrogante presentado en el parágrafo anterior respecto a las condiciones políticas que hacen posible la venta, por parte del trabajador de la nueva empresa, de la totalidad de su persona. Siendo la subsunción real aplicable al conjunto de la vida, abarcando entonces producción y reproducción (si es que esta distinción tiene hoy algún sentido) dicha venta no implica una ruptura sino una continuidad en un mismo plano signado por la subsunción. El rol de los medios de comunicación es aquí central. Gran parte de la ideología mediática incentiva la mercantilización de todas las actividades humanas y la glorificación de un sujeto consecuente con aquella: aquél que se sabe vender, que se adapta a las más variadas situaciones y por si fuera poco disfruta de todo esto como un éxito personal. La ideología mediática, no obstante su pretendido puritanismo moral, exalta la prostitución generalizada de los seres humanos.

 

Consideraciones finales: el concepto de “subsunción” como arma teórica frente a las nuevas formas que asume el fetichismo

Habíamos remarcado anteriormente que para Marx el pasaje a la “subsunción real” implicaba un desarrollo más profundo del fetichismo de la mercancía, en la medida en que con él las fuerzas productivas del trabajo socializado merced a la aplicación de la ciencia y la tecnología aparecían como fuerzas productivas del capital, opuestas a las fuerzas de los individuos aislados. Esta tendencia, como ya se ha insinuado, tiende a progresar con la “subsunción real de la vida al capital”, en tanto son colocadas en el centro de la producción un conjunto de facultades comunicativas y cooperativas que son inmediatamente sociales y además se desarrollan tanto “dentro” como “fuera” del espacio de trabajo. El capital puede entonces darse el lujo de dejar desocupada o subocupada a gran parte de la fuerza de trabajo. Se crea entonces la ilusión fetichista –que está en el núcleo de todas las teorías recientes sobre el “fin del trabajo”– de que el capital se reproduce de modo independiente del trabajo. Justamente, con el concepto de “subsunción” logramos dar una explicación tanto del origen de esta ilusión como de su falsedad. Su origen es la impotencia del trabajo individual frente a las fuerzas sociales del trabajo desarrolladas como fuerzas del capital; su falsedad radica en que de ningún modo con esto se elimina la dependencia del capital respecto al trabajo en su forma socializada y cooperativa.

 

Sigue siendo entonces cierto el postulado marxista de que “la contradicción fundamental del capital es su dependencia con respecto al trabajo”.[32]Con la reinterpretación del concepto de “subsunción” hemos intentado avanzar en la elucidación de las formas que asume actualmente esa dependencia. Al poner el foco en la relación entre trabajo-capital, dicho concepto cobra inmediatamente una función desfetichizante respecto a las visiones del capital como un sujeto automático. Esta función adquiere hoy una relevancia incluso más fundamental, con el auge del neoliberalismo, la crisis del movimiento obrero de izquierda, la expansión a escala mundial de las relaciones monetarias y la liberalización del capital financiero. Este conjunto de hechos alimentan la ilusión de una autonomización del capital; especialmente contribuye en este sentido la expansión del capital monetario, cuya fórmula fetichista D-D’ (el dinero que crea dinero) genera la ilusión de una independencia respecto al trabajo. Hay que recordar en este punto que el “el dinero es la representación material de la riqueza general abstracta, del trabajo en general”,[33] y que por lo tanto su autonomía siempre es relativa pues sigue dependiendo para su reproducción en el tiempo de la posibilidad de explotación del trabajo.[34]   

El objetivo de este trabajo era realizar una aproximación teórica al problema del trabajo en las sociedades contemporáneas. En este sentido, la cuestión de las formas concretas de resistencia que emergen en este contexto no se ha podido abordar en esta primera instancia. Con todo, hemos intentado dar un paso en esta dirección al establecer algunas de las coordenadas que la teoría tendría que considerar para abordar las diversas modalidades de resistencia que emergen ya no fuera sino dentro del marco de la subsunción real. Al mismo tiempo, el concepto central que ha guiado este escrito, al poner en el centro del análisis la relación conflictiva entre trabajo y capital, permite establecer una ruptura significativa con los cultores liberales del fin de la historia y el advenimiento de una sociedad pacífica fundada en el consenso democrático. Contra estos intentos fallidos de eliminar toda posible impugnación al sistema establecido, el concepto de “subsunción”, en su función desfetichizante, deviene un arma teórica para la crítica radical, que habrá que profundizar.

 

Bibliografía: (...)

Fuente: http://www.catedras.fsoc.uba.ar/heler/16.12.08pagura.htm

 

 

 

Escrutemos ahora cómo los gobiernos progresistas continuaron y profundizaron el extractivismo que "no es un rasgo aleatorio, sino que es la médula estructural constituyente del capitalismo periférico dependiente".Es decir reforzaron la subsunción de toda la sociedad al capitalismo.

 

La política minera de Macri:

extractivismo recargado
23 de febrero de 2016

El anuncio por parte del gobierno de Mauricio Macri de quitar las retenciones a las exportaciones mineras, además de garantizar un incremento sideral de la ya de por sí millonarias ganancias de las empresas trasnacionales dedicadas a este tipo de explotación, obliga a realizar un balance de los doce años de política minero-energética dinamizada por el kirchnerismo, así como del papel que ha jugado el Estado, e incluso el sistema científico nacional, en el sostenimiento y agudización de este modelo. Para analizar en profundidad la nueva medida y las raíces profundas del extractivismo en Argentina y en la región, desde Enredando las Mañanas conversamos el viernes 19 de febrero con Horacio Machado, docente de la Universidad Nacional de Catamarca e investigador del CONICET.

 

Por RNMA

 

(...)En realidad en el año 2004 el presidente Kirchner anuncia el Plan minero argentino. El mismo modelo de saqueo ahí tiene una inflexión y empieza a tener una retórica de que la minería podría aportar al desarrollo nacional, a la industrialización, y bajo esa retórica se pretendió justificar la continuidad de un modelo que venía dentro de los lineamientos del Consenso de Washington. Porque hay que decir que las leyes mineras de los ’90 fueron impuestas por el Banco Mundial a nuestro país y a otros 190 de toda América Latina, Asia y África. Tiene que ver con una re-localización general de las grandes empresas mineras, que tenían fuertes costos sociales, ambientales y tributarios en el norte, y empiezan a buscar nuevas reservas de estos yacimientos en los países del sur.

El Banco Mundial impulsa entonces una transformación de todo el marco legislativo, con el objeto principal de garantizar la rentabilidad de estas empresas. Este es el modelo que no se tocó, no se vio afectado, de hecho el Secretario de Minería del kirchnerismo, Jorge Mayoral, tiene fuertes vínculos con empresas mineras, él mismo es un empresario minero, entonces esto de la “ceocracia” podemos decir que ya tiene antecedentes en el modelo minero del kirchenirsmo. Con respecto a los gobiernos provinciales, hay que decir que este modelo minero profundiza una economía rentística. Los gobiernos provinciales no están interesados en el desarrollo del aparato productivo de los sectores locales, la minería no genera empleo. Estamos ante una economía de enclave, no tiene ningún tipo de encadenamiento con la economía local, al contrario, tiene efectos negativos, porque se trata de una actividad que consume muchísimos recursos hídricos y energéticos, que producen el desplazamiento de otras actividades locales. Nosotros siempre decimos que más que generar empleos producen destrucción de empleos, y esto se puede constatar a lo largo de las investigaciones, no sólo en nuestro país sino a lo largo de toda América Latina. Para que tengan un dato que ejemplifica esto, los casos de Chile y Perú, cuyas exportaciones mineras están alrededor del 70% del total de las exportaciones (un sector mucho más expandido), el empleo minero es menos del 1% del total de la población económicamente activa en estos países.

De manera tal que se trata efectivamente de un modelo de saqueo, y volviendo a lo que decía con respecto a cuál es el interés que tienen los gobiernos provinciales para apoyar este tipo de medidas, es que captan una mínima renta que les permite profundizar un modelo asistencial-clientelar que es el que predomina en estas provincias.

 

Conversando hace un tiempo con Raúl Zibechi desde la radio nos decía que el extractivismo no respeta a quien lo gestiona. Queríamos preguntarte por algo tan incómodo para la izquierda latinoamericana, y tan angustiante para los pueblos del continente, como es el dilema del extractivismo, que condiciona a países que tienen una larga tradición en ese sentido, como Bolivia, donde el despojo ha sido una constante desde Potosí hasta hoy con el auge del Litio, o Venezuela, donde el rentismo petrolero le ha generado una encerrona al proceso bolivariano. Sabiendo que no es una respuesta sencilla, y que incluso resulta todo un desafío salir del extractivismo en esas economías tan ancladas forzosamente en la extracción de bienes minerales o gasífero energéticos, ¿cuál es tu reflexión respecto de la coyuntura que vivimos a nivel continental?

Creo que la fuerza de los movimientos populares y la izquierda comprometida con procesos emancipatorios tienen que reflexionar fuertemente sobre esto. Los procesos de transformación que se han dado han significado un avance importante, sobre todo si uno los compara con las políticas del Consenso de Washington. Tenemos que pensar qué es lo que se ha transformado.

El extractivismo no es un rasgo aleatorio, sino que es la médula estructural constituyente del capitalismo periférico dependiente. Entonces, cómo pensar transformar una sociedad en términos de justicia, de sustentabilidad, de equidad, profundizando un aspecto medular del capitalismo periférico dependiente. Evidentemente hay acá una encerrona, que tiene que ver con el hecho de que en estos primeros momentos los gobiernos progresistas necesitaron reactivar la economía interna, generar puestos de trabajo, reactivar el consumo. Pero en un punto, nunca estuvo en agenda la transformación de la estructura productiva y la transformación del modelo de inserción periférico dependiente del país.

 

El extractivismo no es sólo un problema de nuestras economías, es una función metabólica del capitalismo a escala global. Es decir, se hace extractivismo acá, porque hay consumo sostenible en los modos de vida imperiales de los países dominantes. Mas allá de los flujos financieros y de las utilidades que se remiten desde el sur hacia el norte, nosotros ponemos mucho énfasis en los flujos materiales y los flujos de energía, quienes son en definitiva los que controlan, usufructúan y disponen de los territorios y las energías corporales de nuestras poblaciones.

En ese sentido, ¿qué papel juegan los pueblos organizados, las asambleas ciudadanas que vienen resistiendo todos estos años a este saqueo por parte de los malos gobiernos y las multinacionales?

Yo creo que el movimiento socio-territorial que ha venido tratando de batallar frente a esto, configura un espacio de lucha política fundamental para nuevos procesos de subjetivación política. Hay nuevos sujetos políticos que se empiezan a constituir y se empiezan a sumar. Y el gran desafío es cómo articular y sumar con sujetos políticos que tuvieron sus procesos de irrupción en otras épocas y otras fases, como el movimiento obrero, el movimiento de desocupados, el movimiento feminista, el campesino y el de pueblos originarios.

El movimiento socioterritorial que lucha contra el saqueo y la devastación de nuestros bienes naturales, configura un proceso de subjetivación de nuevo tipo, y que viene a dar nuevos contenidos a la idea de revolución. A la idea de un horizonte socialista que no piensa que solamente se puede concebir la justicia en términos de redistribución de la riqueza, sino que tenemos que pensar en una re-significación de la riqueza y preguntarnos qué significa la idea de riqueza más allá del velo del dinero y del velo de la mercancía.

 

Por último, siendo muy cercano a las luchas socio-ambientales en todo este tiempo, pero también parte de la Universidad y de un sistema científico que, por lo general, tiende a ser cómplice de esta política de despojo, saqueo y colonialidad, ¿cuál es tu reflexión sobre el papel que ha cumplido la ciencia, la universidad, la investigación, muchas veces acompañando y siendo cómplice, como en el caso especifico de las universidades, que vienen recibiendo fondos de ese mismo engranaje, sumamente aceitado, que se basa en el saqueo y la contaminación constantes?

Es un tema muy interesante y estratégico. Los presuntos científicos y técnicos académicos, prestan un servicio muy importante a la política de saqueo, que tiene que ver con la legitimación bajo un halo presuntamente científico de estas políticas neocoloniales. Y la verdad es que estas políticas de saqueo y extractivismo, no solo en el tema minero sino sojero, petrolero, etc., ha partido a la comunidad académica, produciendo re-acomodamientos en términos de intereses.

· De un lado, podemos ver la oficialidad de las instituciones del sistema científico y universitario, que se han plegado mayoritariamente a estas políticas de legitimación del extractivismo. Por eso no es casual tampoco la continuidad de Lino Barañao, siendo ministro de Cristina Kirchner y continuando hoy con Macri.

· Por otro lado, también hay muchos otros científicos, docentes que han venido dando una batalla muy desigual y acompañando a lo que creemos como un aspecto estratégico para los procesos de emancipación: la reivindicación de una ciencia que tiene que estar al servicio de los intereses populares y no al servicio de las grandes transnacionales. No puedo deja de mencionar el caso emblemático de la lucha de Andrés Carrasco, denunciando los efectos letales del glifosato y que con toda su carrera académica ha sido completamente marginalizado por el CONICET. También el extractivismo constituye al ámbito científico y de las universidades en un espacio de disputa, donde nosotros como sujetos activos de esto (me refiero a toda la comunidad académica: estudiantes, docentes e investigadores), tenemos que corrernos de esa pretensión ingenua de neutralidad.

El conocimiento no es políticamente neutro, tiene efectos en términos de prácticas, de legitimación de órdenes sociales, entonces tenemos que asumir cabalmente las consecuencias de nuestras investigaciones y del lugar donde nosotros estamos parados. Esto da mucho para hablar, pero simplemente quería remarcar con fuerza que hay pueblos que están movilizados. La política del extractivismo atraviesa las lógicas de los partidos, las izquierdas y las derechas, y nos lleva a pensar nuevos procesos de subjetivación política y horizontes para imaginar por dónde van los desafíos de la emancipación, de la transformación real de este capitalismo periférico dependiente; las cosas que están pasando hoy en Venezuela son indicativas de la complejidad del escenario y me parece que por ahí hay que buscar este tipo de alternativas.

Fuente: http://www.anred.org/spip.php?article11536

 

----

 

Extractivismo o subdesarrollo:

el falso dilema de los gobiernos progresistas en América Latina
27  de enero de 2016

Actualmente las exportaciones de minerales y petróleo mantienen un ritmo creciente en América Latina, y los gobiernos insisten en concebirlas como los motores del crecimiento económico. Situación que se repite en los gobiernos progresistas, siendo varios de ellos promotores del extractivismo. Una situación que de no cambiar -menos posible aún con el alza de gobiernos conservadores en la región- seguirá haciendo común y extendida la falsa explicación dicotómica dada por aquellos gobiernos hasta hoy: extractivismo o subdesarrollo.

 

Por Ricardo Bustamante / El Mostrador

Mucho se ha analizado sobre los cuestionamientos al modelo de desarrollo y reales cambios efectuados por los gobiernos progresistas o de sensibilidad de izquierda que han dirigido nuestro subcontinente en los últimos años. Sin embargo, en algunos de estos países el panorama nos muestra que la derecha neoliberal y conservadora comienza a lograr triunfos significativos, como ya sucedió con la elección presidencial de Mauricio Macri en Argentina y la derrota del chavismo en las últimas legislativas en Venezuela.

No obstante, e independiente de los gobiernos de turno en la región, hay un dato que no miente: En Latinoamérica los ingresos provenientes del sector extractivo -que incluye la explotación minera y petrolera- se han incrementado 20 veces durante la última década. Una situación que ha ocasionado la propagación de un sinnúmero de conflictos socio-ambientales a lo largo de la región y la consiguiente violación de derechos sociales, ambientales, económicos y culturales de millones de latinoamericanos.

Y es que las banderas de lucha de los gobiernos llamados progresistas en el continente, si bien descansaban en un discurso que siempre cuestionó los modelos de desarrollos tradicionales, y por ende, al extractivismo. Se criticaba la dependencia de las exportaciones, el papel de las economías de enclave, las condiciones laborales, el enorme poder de las empresas extranjeras, la mínima presencia estatal o la baja tributación. Con el fin de desarmar los entramados neoliberales, diversificando la producción e industrializando las materias primas, apuntando precisamente a los sectores extractivos típicos: la minería y el petróleo.

Sin embargo, la realidad ha logrado ser otra muy distinta. Actualmente las exportaciones de minerales y petróleo mantienen un ritmo creciente en América Latina, y los gobiernos insisten en concebirlas como los motores del crecimiento económico. Situación que se repite en los gobiernos progresistas, siendo varios de ellos promotores del extractivismo, incluso a través de reformas legislativas o de subsidios financieros. Y no sólo eso, sino que han generado una versión de agricultura basada en monocultivos y orientada a la exportación, que termina resultando ser una nueva forma de extractivismo, esta vez, agrícola. Muy bien lo sabe Chile con millones de hectáreas plantadas con pino y eucaliptos y sus nocivas consecuencias socio-ambientales, y la aplicación del subsidio estatal DL-701.

La dirigente ambiental ecuatoriana, Esperanza Martínez, ha estado en Chile para relatar su experiencia en instancias académicas, y destaca cómo el proceso de reposicionamiento del rol del Estado en las sociedades latinoamericanas, llevado a cabo durante los últimos 15 años y más allá de otros méritos, responde a una nueva fase de capitalismo extractivista, caracterizada por una economía sostenida mediante el agotamiento del petróleo y los minerales.

En Ecuador, país que lleva varios años viviendo de la renta petrolera, las zonas más pobres del país son aquellas de donde se saca petróleo. ¿Cómo es posible aquello? Simple, como en el caso de Chile -con la explotación minera en el norte, la forestal y salmonera en el sur- “estas políticas extractivas lo que generan, justamente, es pobreza local”. Porque los recursos que se quedan en el país de turno no se traspasan a las regiones impactadas, sino que se traspasan -en una lógica colonial- hacia las grandes ciudades industrializadas. Martínez, y su comunidad, llaman a este suceso la “deuda ecológica a escala local”.

En Colombia, en tanto, la superficie utilizada para la extracción minera ha pasado de 1,1 millones de hectáreas en 2002 a 8,4 millones de hectáreas en 2009. Según Sergio Coronado, del Centro de Investigación y Educación Popular de Colombia, el 80% de violaciones a los derechos humanos y laborales se dan en esos territorios. “La minería a gran escala no ha facilitado la superación de la pobreza”, y agrega que esto no sólo sucede en su país, “la experiencia histórica de América Latina está mostrando una muy mala relación entre la garantía de derechos sociales y la presencia de industrias extractivas. En la mayoría de los casos, la situación de los derechos sociales y humanos es mucho peor en zonas mineras”.

 

Cifras del falso dilema

Como señala el investigador uruguayo Eduardo Gudynas, del Centro Latinoamericano de Ecología Social (CLAES), a pesar de los profundos cambios políticos continentales hacia la izquierda, los sectores extractivistas mantienen su importancia y son uno de los pilares de las estrategias de desarrollo actuales.

En paralelo al gran peso de los sectores extractivos en las exportaciones y la economía nacional de los países latinoamericanos, buena parte de estos mismos gobiernos enfrentan bajos niveles de desarrollo humano, alta incidencia de la pobreza e incluso limitaciones en el acceso a la alimentación. Para algunos expertos, esto es la llamada “maldición de la abundancia”.

Como el caso de Ecuador, que exporta el 59% de su producción de hidrocarburos, tiene un 36% de pobreza y un 11% de niños desnutridos, o el de Colombia, en que el 60% de sus exportaciones la componen materias primas, suma un 31% de pobreza y un 11% de desnutrición. O sumar el ejemplo de Bolivia, que si bien desde el arribo al poder de Evo Morales ha rebajado sostenidamente sus índices de pobreza e indigencia, el 91% de sus exportaciones la siguen constituyendo commodities, registrando un 36% de pobreza y un 19% de desnutrición, según cifras de la FAO y CEPAL.

 

Aunque el estilo extractivista se mantenga en estos gobiernos progresistas, cabe señalar que no debe asumirse como idéntico al observado bajo gobiernos conservadores. Por ejemplo, la llegada de Morales y el MAS en Bolivia rápidamente desembocó en un cambio sustancial en la imposición tributaria y regalías de las empresas, renegociación de los contratos, y un Estado que deja de ser un mero espectador y pasa a constituirse en un actor clave para esos sectores. O si se observa el caso de Brasil, se verá también una presencia estatal más enérgica, que incluso empuja a una expansión de la empresa Petrobrás, y que ha llegado a discutir un nuevo marco legal y administrativo para el sector petrolero.

De esta forma, es posible postular un neo-extractivismo de cuño progresista (Gudynas), el que, sin embargo, no ha modificado sustancialmente el modelo de esta industria, y que por consiguiente, ni haya comenzado a resolver los grandes impactos sociales y ambientales a los que son sometidas las comunidades.

Un desafío mayor, que no sólo basta con diversos postulados sobre el cambio del modelo de desarrollo de nuestras naciones, sino que muchas veces, los análisis no tienen en cuenta la existencia de mayorías parlamentarias -sumado a la voluntad política necesaria- que mitigue los múltiples impactos ocasionados por esta industria. Una situación que de no cambiar -menos posible aún con el alza de gobiernos conservadores en la región- seguirá haciendo común y extendida la falsa explicación dicotómica dada por aquellos gobiernos hasta hoy: extractivismo o subdesarrollo.

Fuente original: MapuExpress Leer

 

En consecuencia, abajo y a la izquierda, necesitamos generalizar el análisis de cómo la racionalidad del sistema ha sido asimilada por nosotros en forma de sentido común que nos hace actuar en contra de nuestras necesidades e intereses. Ya que el capitalismo se consagra al lucro de oligopolios y para concretarlo no sólo practica genocidios silenciosos en Nuestra América sino también (o como correlato) destruye nuestras condiciones de vida presentes y futuras. De modo que cabe la ruptura con la lógica del capital mediante puesta en cuestionamiento de cómo pudo ser posible el progresismo K.

 

Recordemos Cristina Fernández, en ejercicio de su presidencia, fijó que la racionalidad de los trabajadores era no exigir demasiado a la patronal para no limitar que pudiese crecer. Chantajeó conque era la única manera de generar fuentes laborales. Exaltó el crecimiento a tasas chinas que, en verdad, implicó extraordinaria acumulación oligopólica de riquezas y poder. Es decir, la última se valió de la superexplotación tanto de los trabajadores como de la naturaleza e impulsó la optimización de la financiarización de la economía.

 

Fue todo un refuerzo al dominio del gran capital local e imperialista sobre el trabajo el que promovió el gobierno K aprovechando su logro en modelar la opinión pública en favor del "capitalismo serio". Mediante el fomento de dicha creencia e ilusión no sólo extrañó a los trabajadores, de modo masivo, de estar viviendo un intenso empobrecimiento y lo desconocieron pese a sufrirlo como salarios por debajo de la canasta familiar o como precariedad laboral (flexibilización laboral, tercerización, formas de organización del trabajo vinculadas con la producción Just In Time, la conformación de equipos de trabajo y otras políticas de control y disciplinamiento sobre los trabajadores). Sino también invisibilizó, ninguneó y estigmatizó a las organizaciones populares y comunidades en resistencia al avasallamiento de derechos por la alianza de los capitales y estados imperialistas con los locales en la expansión del extractivismo. Aún más:

 

 

Examinemos la falsa antinomia entre los gobiernos de Menem, Néstor -Cristina Kirchner y Mauricio Macri indagando respecto a cómo la situación de la mayoría de trabajadores se ha ido agravando sobre la base de lo establecido por sus antecesores.

 

 

 Precarización laboral: La tercerización mata

3 de octubre de 2013

 

Por Gustavo Val (ACTA)

Se llamaba Antonio Molina, tenía 55 años y se cayó desde 12 metros de un poste en el cual trabajaba tendiendo cables para Telecom. Estaba subcontratado por otra empresa (Valltelina SPA). Trabajaba más horas que los compañeros de planta de Telecom, hacia los trabajos más riesgosos y cobraba la mitad que sus compañeros por estar tercerizado. Es el segundo trabajador telefónico que muere este año.

La tercerización mata. Así es que la vida y la muerte de Molina es el ejemplo de la cruda realidad en la que viven día a día miles de trabajadores tercerizados que actualmente sufren la desidia y el abandono del Gobierno.

Como declara Jorge Castro, Secretario General de la Unión de Empleados y Técnicos de Telecomunicaciones (UETTEL-CTA): “Las multinacionales ganan a costa de la sangre de los trabajadores. Nosotros venimos denunciando desde hace años toda la precarización a la que estamos sometidos los trabajadores de este sector. Hemos hecho miles de denuncias y la realidad es que estas denuncias no llegan a nada. Las empresas cuentan con la complicidad de este gobierno que vota leyes que son favorables a la parte empresarial y acá pareciera que la vida de los trabajadores es cuestión de números, no se toma la parte humana”.

A partir de la dictadura cívico-militar en 1976 y alcanzando un mayor implementación y perfeccionamiento en las década del noventa, la Argentina se embarcó en un proceso de reformas estructurales de la economía, entre las cuales se destaca un conjunto de cambios regulatorios en el mercado laboral que se inscriben dentro de la lógica de utilización flexible de la mano de obra. Estas modificaciones sirvieron para legalizar las transformaciones que en la organización del trabajo exigían los capitales concentrados.

Para Eduardo Ahamendaburu, Presidente del Instituto de Salud Laboral y Medio Ambiente (ISLyMA-CTA) de Córdoba, “con el objeto de garantizar el “abaratamiento de los costos laborales”; es decir, bajar los salarios, e introducir una brutal regresión en la distribución del ingreso nacional, la tercerización fue una de las formas que asumió la flexibilización laboral. Transformaron al trabajo humano en un insumo más y descartable de los procesos de producción y servicios. Desde el inicio de los noventa se crearon por lo menos diez formas distintas de los llamados contratos basura y rompieron con la indeterminación del plazo del contrato de trabajo. Otra de las formas de abaratamiento, fue la tercerización de parte de los procesos productivos, creando de hecho dos clases de trabajadores, para eludir fraudulentamente los legítimos encuadramientos convencionales. Con quienes ya venían con contratos por tiempo indeterminado, la forma de abaratamiento fue el invento de los conceptos “no remunerativos”, tirando por la borda el concepto de salario establecido por la Ley 20744 de Contrato de Trabajo”.

“El compañero que perdió la vida tenía 50 años y estuvo toda su vida trabajando en esta actividad. Para nosotros el trabajador tiene que estar seguro que puede volver a su casa porque tenemos un trabajo de mucho riesgo porque es en altura. Hay muchos trabajadores que tienen los estribos a partir de los 5 metros cincuenta y hacia abajo hay que poner una escalera. Tiene un cinto de seguridad pero la realidad es que es muy complicado porque también se cruzan los cables de media tensión, el video cable y entre todos esos cables el compañero tiene que subir y trepar. Por eso nosotros decimos que para eso están los elevadores y de esa manera se resguardaría la vida de los trabajadores. Lo que pasa es que eso lo utilizan los compañeros de planta permanente y el compañero tercerizado está obligado desde que se levanta a la mañana y los 30 días del mes en esa maldita producción que termina en la muerte. Si a esto no le damos un giro vamos a seguir enterrando compañeros”, subraya Castro de UETTEL.

Trama de complicidades

La reestructuración de la economía significó profundos cambios en la organización del trabajo, entre los que se destacan la flexibilización y la precariedad laboral. Una de las herencias persistentes de las modificaciones en el mercado de trabajo introducidas por el neoliberalismo, es la llamada tercerización laboral, hija dilecta de la flexibilidad aprobada con la tristemente célebre Ley Banelco. La tercerización está vigente y es estimulada desde el Gobierno como quedó demostrado en el asesinato de Mariano Ferreyra. Las conversaciones grabadas entre el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, y José Pedraza de la Unión Ferroviaria dan una muestra palpable y categórica de esta convivencia. La tercerización es una "política de Estado", que cuenta con el consenso del Gobierno, los empresarios y los dirigentes sindicales corruptos.

En palabras de Ahamendaburu: “Las luchas de resistencia de los trabajadores en todos estos años comienzan a dar sus frutos. No podemos hacer otra lectura, por ejemplo, de los recientes fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN), sobre libertad sindical y sobre que los mal llamados conceptos “no remunerativos” forman parte del salario del trabajador, volviendo a la letra original de la Ley de Contrato de Trabajo. Sin embargo, una forma más silenciada y ominosa de reducción de costos laborales fue la Ley de Riesgos del Trabajo 24557, cuya piedra angular son las ART, hundida por sus inconstitucionalidades por la CSJN. Una demostración de la continuidad del sistema de los noventa, fue su presuroso salvataje por parte del Gobierno Nacional en las postrimerías del 2012, a través de la Ley 26773, que no ha hecho otra cosa que prolongar la agonía de un sistema perverso”.

Con este marco jurídico la generalización de vínculos laborales inestables y sin protección en el caso de la Argentina, puede pensarse y llegar a argumentarse como algo estructural.
El grupo de asalariados precarios, cada vez más numeroso, se enfrenta a una situación caracterizada por la inestabilidad y la flexibilidad. Por un lado, no tiene garantizada su permanencia en el mercado laboral y por otro, los ingresos que percibe son muy variables y sensiblemente inferiores a los de los trabajadores protegidos, brecha que se amplía con el correr de los años.

Continúa vigente el modelo de flexibilización laboral de los noventa. Estas formas de bajar los costos de producción no sólo siguen teniendo vigencia; sino que son absolutamente funcionales a un sistema económico reprimarizado y extractivista. No podemos dejar de mencionar que todas estas formas se complementan con el trabajo “no registrado” o “en negro” y con todas las formas subempleo y desempleo que son sutiles herramientas para el disciplinamiento social”, sostiene el “Vasco” Ahamendaburu.

En esta situación de transformaciones regresivas del mercado de trabajo bajo la invocación del "aumento en la productividad" y en rigor, del crecimiento de la tasa de ganancia empresaria, deben ser interpretadas los datos que nos hablan del exponencial aumento de los accidentes en el trabajo, las enfermedades laborales y las muertes de los trabajadores.

Para Jorge Castro, “el tema de la productividad es lo que también lleva a este tipo de accidentes fatales porque el compañero está obligado a hacer cierta cantidad de instalaciones por día para poder llevar el mango a su casa”. (J.C)

Mientras que en opinión de Ahamendaburu, “en Argentina, el sistema de riesgos del trabajo contiene sólo la mitad de la Población Económicamente Activa (PEA) del país. Está avalado por trabajos estadísticos internacionales que los índices de accidentes, enfermedades profesionales y enfermedades accidentes se disparan en la franja de trabajadores que no integran plantas permanentes y el incremento se torna exponencial cuando se trata de trabajadores no registrados. La estimación estadística de los Premios Nobel Doll y Peto establece en un mínimo del 4% la proporción de muertes debidas a cánceres de origen profesional nos lleva a una cifra de aproximadamente 2200 muertes por tumores malignos de origen profesional en nuestro país. Y estamos hablando tan sólo de una causa o agente. Una simple extrapolación de los valores estadísticos a toda la PEA y consideráramos la estimación de muertes por enfermedades profesionales y enfermedades por accidentes, y le sumáramos las muertes ocasionadas por accidentes de trabajo, afrontaríamos cifras de catástrofe, superior a las 7500 muertes anuales, que empalidecerían las producidas por otras causas. Esta situación colisiona con las cifras suministradas por la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (S.R.T), que en su anuario estadístico 2010, tan sólo reconoce 830 muertes”. Existe una estrecha vinculación entre las condiciones de trabajo y las condiciones de vida y tienen su expresión específica en el proceso salud-trabajo y desarrollo social.
El modelo de desarrollo económico que ha venido imperando en el mundo globalizado, ha generado concentración del capital, mayor pobreza, desempleo, flexibilización y precarización del trabajo, impactando de forma muy negativa el medio ambiente y la salud de los trabajadores.

Por otra parte, Jorge Duarte (periodista especializado en temas gremiales) enfatiza que:
“La precarización es un fenómeno que se presenta en el mercado laboral pero que se extiende a todos los niveles de la vida de los trabajadores que se encuentran imposibilitados de cubrir sus necesidades básicas. Por lo tanto, precarizar el trabajo, es precarizar el acceso a la salud, precarizar el acceso a la educación, precarizar el acceso a la vivienda y termina imposibilitando la realización de los trabajadores como individuo. La precarización muta en tercerización o en trabajo no registrado, en definitiva son diferentes formas fraude laboral”.

Los números que reflejan la situación del mercado laboral expresan que el total de trabajadores asalariados es de 12.236.181, de los cuales 8.003.394 son trabajadores registrados y 4.211.409 son trabajadores no registrados. Esto enuncia que entre los asalariados 1 de cada 3 (34,4%) se encuentra en situación vulnerable a causa de la precarización. Además, se registran un total de 3.109.914 trabajadores tercerizados. Entre ellos también se extienden figuras de distintos contratos laborales que son mutaciones de la precarización o situaciones de fraude laboral.


Como vemos, el problema tiene una dimensión tan extensa que marca gran parte de la dinámica laboral. En este sentido es importante remarcar que, de acuerdo a la correlación de fuerzas, los empresarios imponen las peores condiciones a los trabajadores con menos capacidad (o nula) de negociar con la patronal, que son, por supuesto, los trabajadores tercerizados. Esta situación hace que se ensanche la brecha que existe entre los dos sectores y pauperiza, todavía más, la situación de aquellos que se encuentran tercerizados.

La tercerización se convierte así en una fuerza disciplinadora muy importante para los trabajadores e impone condiciones que regulan la correlación de fuerzas en el mercado laboral, tanto en lo concerniente a la puja distributiva, como a las condiciones de empleo.


Artículo publicado en el Periódico de la CTA Nº 97 correspondiente a los meses agosto-septiembre de 2013.

 

Fuente: http://www.argenpress.info/2013/10/precarizacion-laboral-la-tercerizacion.html

 

Consideremos cómo la democracia tutelada alcanzó, durante más de una deKada, su eficiencia máxima no sólo en honrar la estafa oficializada como deuda externa pública -aumentándola pese al incremento del pago en detrimento del Estado social- sino también en actualizar al partido justicialista como autor fundamental del consenso imprescindible para la acumulación gran capitalista. Escuchemos a :

 

 

“…Y no es que venga con ningún discurso antiempresario, al contrario, si de algo podemos jactarnos los que pertenecemos a este movimiento político, es haber articulado y conciliado el rol del trabajador junto al rol del capital para hacer grande un país y construir una nación. … Es más, cuando alguna empresa privada necesita por distintas circunstancias de administración o de la economía internacional, también está presente el Estado para sostener esas empresas privadas que generan trabajo para obreros argentinos altamente calificados…”

Cristina Fernández de Kirchner, 3 de junio de 2015

 

 

 “…Pienso que el problema social se resuelve de una sola manera: obrando conscientemente para buscar una perfecta regulación entre las clases trabajadoras, medias y capitalistas, procurando una armonización perfecta de fuerzas, donde la riqueza no se vea perjudicada, propendiendo por todos los medios a crear un bienestar social, sin el cual la fortuna es un verdadero fenómeno de espejismo que puede romperse de un momento a otro. Una riqueza sin estabilidad social puede ser poderosa, pero será siempre frágil (…) Se ha dicho, señores, que soy un enemigo de los capitales, y si ustedes observan lo que les acabo de decir no encontrarán ningún defensor, diríamos, más decidido que yo, porque sé que la defensa de los intereses de los hombres de negocios, de los industriales, de los comerciantes, es la defensa misma del Estado…”

Juan Domingo Perón, discurso en la Bolsa de Comercio, 25 de agosto de 1944.

Humanizar el Capital, del libro: “Argentina Nación Justa, Libre y Soberana”, 1950

 

 

La democracia tutelada por el poder económico e imperialista desde 1983 hasta 1915 ha ido perfeccionando la conciliación de clase en base a modelar la subjetividad reverencial de ese genocida.

 

Hoy frente a su brutal embestida es crucial valorar qué nos advierte Nicolás Pagura:

"se crea la ilusión fetichista –que está en el núcleo de todas las teorías recientes sobre el “fin del trabajo”– de que el capital se reproduce de modo independiente del trabajo. Justamente, con el concepto de “subsunción” logramos dar una explicación tanto del origen de esta ilusión como de su falsedad. Su origen es la impotencia del trabajo individual frente a las fuerzas sociales del trabajo desarrolladas como fuerzas del capital; su falsedad radica en que de ningún modo con esto se elimina la dependencia del capital respecto al trabajo en su forma socializada y cooperativa.

 

Sigue siendo entonces cierto el postulado marxista de que “la contradicción fundamental del capital es su dependencia con respecto al trabajo”.[32]Con la reinterpretación del concepto de “subsunción” hemos intentado avanzar en la elucidación de las formas que asume actualmente esa dependencia. Al poner el foco en la relación entre trabajo-capital, dicho concepto cobra inmediatamente una función desfetichizante respecto a las visiones del capital como un sujeto automático. Esta función adquiere hoy una relevancia incluso más fundamental, con el auge del neoliberalismo, la crisis del movimiento obrero de izquierda, la expansión a escala mundial de las relaciones monetarias y la liberalización del capital financiero. Este conjunto de hechos alimentan la ilusión de una autonomización del capital; especialmente contribuye en este sentido la expansión del capital monetario, cuya fórmula fetichista D-D’ (el dinero que crea dinero) genera la ilusión de una independencia respecto al trabajo".

 

Pero sobre todo se trata de facilitar el situarse de los trabajadores en su potencial social y su estar hoy posibilitando el avance tanto del extractivismo como del Estado de máximo control sobre la sociedad. En este sentido, cabe recapacitar sobre «subjetivación política». Horacio Machado destaca: "el movimiento socio-territorial que ha venido tratando de batallar frente a esto, configura un espacio de lucha política fundamental para nuevos procesos de subjetivación política. Hay nuevos sujetos políticos que se empiezan a constituir y se empiezan a sumar. Y el gran desafío es cómo articular y sumar con sujetos políticos que tuvieron sus procesos de irrupción en otras épocas y otras fases, como el movimiento obrero, el  movimiento de desocupados, el movimiento feminista, el campesino y el de pueblos originarios.

El movimiento socioterritorial que lucha contra el saqueo y la devastación de nuestros bienes naturales, configura un proceso de subjetivación de nuevo tipo, y que viene a dar nuevos contenidos a la idea de revolución. A la idea de un horizonte socialista que no piensa que solamente se puede concebir la justicia en términos de redistribución de la riqueza, sino que tenemos que pensar en una re-significación de la riqueza y preguntarnos qué significa la idea de riqueza más allá del velo del dinero y del velo de la mercancía".

 

 

 Crisis civilizatoria

 

Necesitamos hoy emancipar nuestro trabajo del capital comenzando por discutir la validez de homologar a los gobiernos progresistas entre sí y fundamentar porqué es ficcional el relato de que "pusieron en marcha políticas restableciendo el Estado en sus funciones de redistribución de la riqueza, de la reorganización de los servicios públicos, en particular el acceso a la salud y a la educación y de inversiones en obras públicas. Se negoció una distribución más favorable del ingreso de las materias primas entre multinacionales y Estado nacional". Al menos el análisis de François Houtart no corresponde a qué sucedió en Brasil y menos en  Argentina.  Elucidemos algunas razones para  la discrepancia examinando un fragmento de su artículo:

 

El final de un ciclo o el agotamiento del posneoliberalismo
18 de abril de 2016

Por François Houtart (Le Drapeau Rouge)

América Latina fue el único continente donde las opciones neoliberales fueron adoptadas por varios países. Después de una serie de dictaduras militares, apoyadas por los Estados Unidos y portadoras del proyecto neoliberal, las reacciones no se hicieron esperar. La cumbre fue el rechazo en 2005 del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos y Canadá, el resultado de la acción conjunta entre movimientos sociales, partidos políticos de izquierda, organizaciones no gubernamentales e iglesias cristianas.

 

Los gobiernos progresistas

Los nuevos gobiernos de Brasil, Argentina, Uruguay, Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Paraguay y Bolivia, pusieron en marcha políticas restableciendo el Estado en sus funciones de redistribución de la riqueza, de la reorganización de los servicios públicos, en particular el acceso a la salud y a la educación y de inversiones en obras públicas. Se negoció una distribución más favorable del ingreso de las materias primas entre multinacionales y Estado nacional (petróleo, gas, minerales, productos agrícolas de exportación) y la coyuntura favorable, durante más de una década, permitió importantes ingresos para las naciones en cuestión.

Hablar sobre el final de un ciclo introduce la idea de un cierto determinismo histórico, lo que sugiere la inevitabilidad de alternancias de poder entre la izquierda y la derecha, concepto inadecuado si el objetivo es sustituir la hegemonía de una oligarquía por regímenes populares democráticos. Sin embargo, una serie de factores permiten sugerir un agotamiento de las experiencias post-neoliberales, partiendo de la hipótesis que los nuevos gobiernos fueron post-neoliberales y no poscapitalistas.

Obviamente, sería ilusorio pensar que en un mundo capitalista, en plena crisis sistémica y por lo tanto particularmente agresivo, el establecimiento de un socialismo "instantánea" es posible. Por cierto también existen referencias históricas sobre el tema. La NEP (Nueva Política Económica) en los años veinte en la URSS, es un ejemplo para estudiar de manera crítica. En China y en Vietnam, las reformas de Deng Xio Ping o del Doi Moi (renovación) expresan la convicción de la imposibilidad de desarrollar las fuerzas productivas, sin pasar por la ley del valor, es decir, por el mercado (que se supone el Estado debe regular). Cuba adopta, de forma lenta pero prudente a la vez, medidas para agilizar el funcionamiento de la economía, sin perder las referencias fundamentales a la justicia social y el respeto por el medio ambiente. Entonces se plantea la cuestión de las transiciones necesarias.

 

- Un proyecto posneoliberal

El proyecto de los gobiernos "progresistas" de América Latina para reconstruir un sistema económico y político capaz de reparar los desastrosos efectos sociales del neoliberalismo, no fue una tarea fácil. La restauración de las funciones sociales del Estado supuso una reconfiguración de este último, siempre dominado por una administración conservadora poco capaz de constituir un instrumento de cambio. En el caso de Venezuela, es un Estado paralelo que se instituyó (las misiones) gracias a los ingresos del petróleo. En los demás casos, nuevos ministerios fueron creados y renovaron gradualmente a los funcionarios. La concepción del Estado que presidió al proceso fue generalmente centralizadora y jerarquizada (importancia de un líder carismático) con tendencias a instrumentalizar los movimientos sociales, el desarrollo de una burocracia a menudo paralizante y también la existencia de la corrupción (en algunos casos a gran escala).

La voluntad política por salir del neoliberalismo tuvo resultados positivos: una lucha efectiva contra la pobreza para decenas de millones de personas, un mejor acceso a la salud y la educación, inversiones públicas en infraestructura, en pocas palabras, una redistribución por lo menos parcial del producto nacional, considerablemente aumentado por el alza de los precios de las materias primas. Esto dio lugar a beneficios para los pobres sin afectar seriamente los ingresos de los ricos. Se añadieron a este panorama importantes esfuerzos a favor de la integración latinoamericana, creando o fortaleciendo organizaciones como el Mercosur, que reúne a unos diez países de América del Sur, UNASUR, para la integración del Sur del continente, la CELAC para el conjunto del mundo latino, más el Caribe y, finalmente, el ALBA, una iniciativa venezolana con unos diez países.

En este último caso, se trataba de una perspectiva de cooperación bastante novedosa, no de competencia, sino de complementariedad y de solidaridad, porque, de hecho, la economía interna de los países "progresistas" permaneció dominada por el capital privado, con su lógica de acumulación, especialmente en los sectores de la minería y el petróleo, las finanzas, las telecomunicaciones y el gran comercio y con su ignorancia de las "externalidades", es decir los daños ambientales y sociales. Esto dio lugar a reacciones cada vez mayores por parte de varios movimientos sociales. Los medios de comunicación social (prensa, radio, televisión) se mantuvieron en gran medida en manos del gran capital nacional o internacional, a pesar de los esfuerzos hechos para rectificar una situación de desequilibrio comunicacional (Telesur y las leyes nacionales en materia de comunicaciones). (...)
 

François Houtart es Profesor en el Instituto de Altos Estudios Nacionales (I.A.E.N.) - Quito  

Quito, para " Le Drapeau Rouge ", Bruselas, No 56 (mayo-junio 2016)

Traducido del francés (belga) por Pilar Castelano 

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=211368

 

 

Empecemos por aclarar que, a diferencia de presidentes y partidos en los otros gobiernos progresistas, el matrimonio Kirchner fue neoliberal desde la dictadura genocida hasta la presidencia de Néstor por enriquecimiento aprovechando la circular 1050 de Martínez de Hoz y su gobernación de una provincia petrolera. Durante sus presidencias, restauraron la democracia tutelada por el poder real. La misma Cristina Fernández señala su misión en la cita mencionada anteriormente.

 

El partido Justicialista desde sus orígenes y con más contundencia desde los setenta hasta hoy se desarrolló contra las izquierdas y la autodeterminación de los pueblos. Los resultados de su construcción del Estado que garantiza de la seguridad jurídica del poder real lo resume el dirigente indígena colombiano Feliciano Valencia al preguntarnos:

Segundo dilema que despejar: ¿nos tomamos el poder actual, ese poder corrupto, ese poder lleno de mañas, ese poder burócrata, solamente cimentado en el devengar? ¿Nos tomamos ese poder copado por las mafias, y hacemos parte de ese sistema político que nunca permitió que la democracia funcione? ¿Nos tomamos ese poder que le hace juego a un modelo económico de atentar contra el territorio? ¿Nos tomamos ese poder que siempre nos ha excluido?. O nos ponemos a construir el nuestro. Si esto es así, tenemos que renunciar a una cantidad de cosas que nos amarran a ese poder. Y profesarnos una autonomía propia, sobre un modelo propio y sobre un esquema o una plataforma donde nos articulemos todos y todas desde nuestros intereses. Entonces, hay que ir despejando esos paradigmas que tenemos cada una de nosotros, tenemos que ponerlos sobre la mesa y superarlos. 

Los indios tenemos un pensamiento, los campesinos tienen otro, igual que ocurre con los afros, los urbanos, los estudiantes, las mujeres, los cultores, los grupos minoritarios. Entonces, cómo ponemos esos pensamientos y esas apuestas que tenemos y cómo ponernos a tejer estos dilemas. Desde que trinchera vamos a construir para no caer en una trinchera que impongan otros. Tiene que ser una que construyamos entre todos y todas y que nos identifiquemos con ella. 
Leer

 

Pasemos a considerar que los gobiernos progresistas surgen de rebeliones populares o del triunfo electoral de fuerzas izquierdistas en contra del neoliberalismo. Pero, frente al 2001-2002, el gobierno de Néstor Kirchner procura y consigue restaurar el orden a favor de la acumulación gran capitalista de riquezas y poder. En efecto, el modelo de dólar alto tiene éxito no sólo por articular con el Consenso de commodities sino también a causa de basarse en la Convertibilidad del PJ-Menem que encumbró a Domingo Cavallo (responsable principal de la estatización de las deudas del poder real durante la dictadura genocida) y tener el cuerpo jurídico que el PJ instauró para la legalidad de la superexplotación tanto de los trabajadores como de la naturaleza.

 

En el siglo XXI, ¿cómo se restableció el funcionamiento en exclusivo beneficio del poder real? Los gobiernos K promovieron la continuidad de la subordinación de Argentina y el MERCOSUR a las automotrices o sea siguieron anteponiendo los intereses de esas corporaciones imperialistas por sobre las necesidades del país. E incluso las subsidiaron de modo directo e indirecto al igual que a las petroleras, mineras que son los oligopolios dominantes de sus respectivos sectores en el mundo. También lo hicieron respecto al sistema global agroalimentario y agroindustrial; a los grandes bancos del capitalismo central y a los concesionarios de servicios públicos.

 

Ahora en la expansión del extractivismo durante más de una deKada, en el pago serial de la estafa oficializada como deuda externa pública y en el estímulo CFK al consumo hasta de autos, el gobierno-estado no sólo distribuyó a favor del poder real sino sobre todo viabilizó la transnacionalización económico territorial y por consiguiente: la fuga de capitales, el deterioro de la cotidianeidad social y el empobrecimiento de las grandes mayorías. Basta indagar en los Presupuestos de esos años para comprobar cómo se privilegió la transferencia de fondos públicos a los llamados acreedores en detrimento de la educación y la salud públicas.

 

En cuanto a la mejora de la situación de los desposeídos de todo por el capitalismo se la hizo comparando con la originada en el 2001 por la confiscación de riquezas e ingresos que ejecutó el poder real y reforzada con la pesificación asimétrica de 2002 gracias a Duhalde. Además se la efectuó a expensas de la mayoría de los jubilados y pensionados que han sido condenados a la indigencia. Tampoco es una política social sino compensatoria para mal sobrevivir.

 

De la lectura completa del artículo de Houtart se desprende el imperativo de debatir los balances sobre los gobiernos progresistas y los conceptos claves para profundizar tanto en los análisis del presente-pasado nacional e internacional como en enfoques de desafíos actuales para los pueblos del mundo y no sólo de Nuestra América.

 

 

 

Al averiguar porqué hablar de crisis civilizatoria es importante plantearse las implicancias del trabajo subsumido en  el capitalismo. Hemos constatado que el neodesarrollo consolidó el poder económico, estatal y mediático de las transnacionales. Por tanto, los trabajadores con empleo formal y no registrado, los subocupados y los de economía popular han contribuido a que el extractivismo desertificara el país y envenenara sus poblaciones. O construyeron e hicieron al funcionamiento de megaemprendimientos comerciales, inmobiliarios y turísticos en ataque fragrante a las condiciones de vida de las minorías componentes de las grandes mayorías. En fin, al dedicar su trabajo para la supervivencia familiar o grupal han logrado, en parte, recuperarse del despojo total sufrido pero si no tienen organización política en lucha por el cambio social, están a merced de los de arriba cada vez más.

 

Veamos que a esa hipoteca del futuro que genera el país mirando en exclusivo hacia la creciente rentabilidad gran capitalista, se agrega la tendencia principal de desarrollo del sistema que Higinio Polo describe: "Un ejército de abogados, de expertos en tributos e impuestos, de empresas fiduciarias y bufetes mercantiles, de firmas de auditoría y consultoría, trabaja en el corazón del sistema al servicio de las grandes fortunas. La función de esos despachos es siempre la misma: lavar dinero sucio, evadir impuestos, evitar sanciones de las agencias tributarias de cada país. No es ninguna novedad, pero el conjunto de las filtraciones pone ante los ojos del mundo que, además de la explotación legal que los grandes patrones del capitalismo imponen a la población de cada país, estos ni siquiera respetan las normas legales del propio sistema capitalista, generando un entramado delincuente y criminal del que los papeles de Panamá son apenas la punta del iceberg".

 

 

Panama papers, la punta del iceberg
20 de abril de 2016

Por Higinio Polo (Rebelión)

Los llamados Panama papers (por el despacho panameño de Mossack Fonseca) han puesto ante la mirada del mundo algunos de los mecanismos utilizados por la plutocracia mundial para seguir navegando en las olas del engaño, la evasión, la rapiña, el pillaje y la estafa, aunque en la filtración de los datos hay muchos puntos oscuros, y, también, intencionalidad política a la hora de destacar nombres. En los más de once millones de documentos, que fueron entregados por manos anónimas al diario alemán liberal publicado en Múnich, Süddeutsche   Zeitung , aparecen datos relativos a más de doscientas mil empresas y a centenares de personas relevantes del planeta. La revelación ha sido hecha, tras meses de estudio de los documentos, examinados y filtrados por Wikileaks y por el ICIJ (Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación), simultáneamente por más de cien diarios de decenas de países.

En esos papeles de Mossack Fonseca aparecen desde el presidente argentino, Macri, hasta la hermana de Juan Carlos Borbón, futbolistas como Messi, el director de cine Almodóvar, y personas relacionadas con setenta y dos jefes de estado o de gobierno, de los que la prensa internacional destaca a Putin, aunque su nombre no figure en los papeles filtrados. También, datos relacionados con el depuesto dictador egipcio, Hosni Mubarak; el asesinado presidente libio Muammar Gaddafi, y el presidente sirio, Bashar al-Assad; así como el finado padre del primer ministro británico Cameron; y de familiares del presidente ucraniano Poroshenko, y del fallecido presidente argentino Kirchner, aunque sin nombres concretos. Se ha destacado la aparición de los nombres de doce jefes de Estado y primeros ministros, de más de un centenar de políticos de diferentes países, y de una treintena de nombres de grandes fortunas consignadas en la lista Forbes.

Como ha ocurrido con otras revelaciones anteriores, el foco de atención depende de los intereses políticos de cada medio informativo, en la seguridad de que la mayoría de los nombres y empresas serán olvidados en cuestión de semanas. Así, con evidente intencionalidad política, el diario español El País destaca en su portada a Venezuela (en concreto a Velásquez Figueroa, un colaborador de Chávez) y a Putin, mientras que la Agencia Judía de Noticias subraya a Irán y Hezbollah, y la BBC británica a “colaboradores y amigos” de Putin.

El despacho panameño es uno de los más importantes del mundo dedicados a esos asuntos, pero existen muchos otros despachos similares, que actúan con la complicidad de gobiernos y bancos, y que trabajan desde paraísos fiscales o desde empresas situadas en la City de Londres o en el Vaticano, Ginebra, Zúrich o Luxemburgo. Paraísos fiscales como las Islas Caimán, las Bahamas, Islas Vírgenes, Islas Bermudas, Barbados, Luxemburgo, Chipre, Liechtenstein, por no hablar de la banca suiza, de Mónaco, de las monarquías del golfo pérsico, Panamá, de Brunei, o de Gibraltar, son territorios donde evasores y cómplices trabajan con total impunidad. Por todos esos lugares, además, circula el dinero de la plutocracia mundial, del crimen, de los traficantes de armas y de los servicios secretos, además de los recursos de los señores de la guerra que mantienen relación con gobiernos occidentales. Cabe destacar que las Islas Caimán son territorio británico, al igual que las Bermudas; que las Bahamas son formalmente independientes pero su soberano es la reina de Inglaterra, y que su gobierno tiene una evidente dependencia de Estados Unidos; que Barbados tiene también a la reina Isabel II como jefe de Estado, y un gobernador general nombrado por Londres; y que las Islas Vírgenes son territorio norteamericano.

Es evidente la complicidad de la gran banca internacional con el lavado de dinero sucio, con las gigantescas cifras de dólares que llegan desde el narcotráfico y la trata de mujeres, desde la prostitución y el negocio del contrabando de armas. Las grandes redes mafiosas del mundo cuentan con terminales en la banca italiana, suiza, británica y norteamericana. Desde la Camorra, hasta la Mafia, la 'Ndrangheta, pasando por la Cosa Nostra norteamericana, y la mafia rusa o japonesa, además de las grandes empresas del planeta, todos participan de la ocultación, la evasión y el engaño.  

Las grandes multinacionales que evaden impuestos (desde Apple a Google, pasando por Amazon y Microsoft, entre muchas otras) con ayuda de gobiernos, y la complicidad de la Unión Europea con las grandes empresas y bancos son también evidentes. Debe recordarse la connivencia del actual presidente de la Comisión Europea, Juncker, cuando ejercía como primer ministro de Luxemburgo, con Apple, Amazon, Ikea, Burberry, Procter & Gamble, Pepsi, Accenture, Abbott Laboratories, AIG, Blackstone, Deutsche Bank, The Coach, H.J. Heinz, JP Morgan Chase, Carlyle y Abu Dhabi Investment Authority , entre otras muchas empresas, para que no pagasen impuestos. Lo mismo ocurre con la complicidad de Estados Unidos con las grandes empresas para limitar sus impuestos.

Los Panamá papers son otro episodio más, aunque de gran envergadura. En 2015, se reveló, gracias a Hervé Falciani, que la empresa subsidiaria suiza del banco británico HSBC tenía entre sus clientes a decenas de miles de empresas y personas físicas que evadían impuestos y lavaban dinero, cuyo listado fue entregado por Falciani y llegó también al ICIJ, aunque apenas ha tenido consecuencias para la gran mayoría de esos delincuentes de cuello blanco. Entre los nombres aparecidos figuraban desde la familia de banqueros Botín hasta el rey de Jordania, junto a más de dos mil ciudadanos españoles.

Un ejército de abogados, de expertos en tributos e impuestos, de empresas fiduciarias y bufetes mercantiles, de firmas de auditoría y consultoría, trabaja en el corazón del sistema al servicio de las grandes fortunas. La función de esos despachos es siempre la misma: lavar dinero sucio, evadir impuestos, evitar sanciones de las agencias tributarias de cada país. No es ninguna novedad, pero el conjunto de las filtraciones pone ante los ojos del mundo que, además de la explotación legal que los grandes patrones del capitalismo imponen a la población de cada país, estos ni siquiera respetan las normas legales del propio sistema capitalista, generando un entramado delincuente y criminal del que los papeles de Panamá son apenas la punta del iceberg.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=211400

En consecuencia, hoy más que nunca necesitamos -abajo y a la izquierda- superar la lectura de los politiqueros, la de quienes abstraen la Argentina del mundo o la ven sólo relacionada con una parte de Nuestra América (la de gobiernos progresistas) y la que menosprecia a los campesinos e indígenas. Pero también la fragmentaria por más profunda que sea como:

 

Entrevista al sociólogo Armando Fernández Steinko, ponente en un acto del Frente Cívico y Acontracorrent

“El mapa de paraísos fiscales tiene como epicentro a la City, Nueva York y Ginebra”

23 de abril de 2016

Por Enric Llopis (Rebelión)

Continúa el “goteo” mediático de políticos y celebridades con cuentas opacas en Panamá, a partir de las filtraciones al diario muniqués “Süddeutsche Zeitung”. Estalla nuevamente el escándalo de los paraísos fiscales. Se repiten asimismo las disquisiciones sobre su legalidad y la catadura moral de los propietarios de las cuentas. Pero se trata de los “papeles” de un solo bufete panameño y, según el profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, Armando Fernández Steinko (Madrid, 1960), el mapa de paraísos fiscales en el mundo tiene realmente tres focos: la City de Londres, Estados Unidos (Nueva York) y Suiza (Ginebra). 

El grueso del dinero ilícito en el mundo procede de los delitos de “cuello blanco”. La alternativa, a juicio de Fernández Steinko, quien actualmente prepara el libro “El blanqueo de capitales en España. Juicios, prejuicios y realidad”, es “empezar de cero con un mecanismo multilateral de Naciones Unidas, ya que el sistema está muy viciado”. El investigador y sociólogo es coordinador del libro “Delincuencia, finanzas y globalización” y autor de “Las pistas falsas del crimen organizado. Finanzas paralelas y orden internacional”. Ha participado en el Seminario de Formación Política del Frente Cívico-Valencia y el sindicato Acontracorrent, con una conferencia sobre la “democracia económica”.

-¿Constituyen los llamados “papeles” de Panamá -11,5 millones de documentos del despacho Mossak Fonseca, “filtrados” para que los investigue un consorcio internacional de periodistas- una importante revelación informativa, y de gran potencial, en la denuncia de los paraísos fiscales? 

El asunto de los “papeles” de Panamá no es comparable, por ejemplo, al de Wikileaks, y no sólo porque el número de datos es mucho mayor. Hay un consorcio de periodistas que está investigando la información filtrada a un diario alemán, el “Süddeutsche Zeitung”, pero a diferencia de lo que ocurrió con Wikileaks, la documentación no está abierta a todos los investigadores, sino que se ve sometida a un proceso de “escaneo” selectivo. Los criterios que se siguen para la selección no son neutrales. Se definen una serie de personajes, “interesantes” para ser investigados, a veces porque se les considera políticamente enemigos, y se indaga para ver qué se les descubre. En definitiva, no se trata de una información abierta, sino de un análisis selectivo por parte de unos periodistas.

-¿Quién se halla detrás de los “papeles” de Panamá?

Por las diferentes filtraciones, sabemos que hay varias agencias de información norteamericanas que han ayudado a filtrar esos papeles, dando pistas y claves para descifrarlos. Pero lo importante es que toda esta información es susceptible de ser utilizada de forma arbitraria. Lo que trasciende a la prensa es aquello que los diferentes periódicos y quienes están detrás de la filtración han seleccionado. He hablado con periodistas de este medio alemán, y me cuentan que no se trata de apretar un botón y, de pronto, te aparezca la lista de implicados; hay que buscarlos, y por tanto cientos de periodistas están trabajando en el asunto. Por ejemplo, vamos  por Putin, o sus amigos, y a ver qué les sacamos; o  por otros políticos. Los periodistas siguen directrices, porque 11,5 millones de documentos no pueden explorarse de manera sistemática. Las prioridades las deciden los propietarios de los medios y quienes están detrás de la filtración.

-¿Qué importancia tiene el despacho de abogados Mossak Fonseca? ¿Qué análisis de fondo puede hacerse sobre los paraísos fiscales a partir de la labor de este bufete panameño?

Es un despacho de “segunda”. Los “peces gordos” no van a ese tipo de despachos. Además, por 600 dólares se puede crear a través de Internet un banco, y asociar una cuenta corriente a la entidad financiera de manera completamente anónima. Nadie te pedirá los documentos de identificación. Un profesor de una universidad australiana realizó una investigación, publicada en 2008, en materia de paraísos fiscales. Para ello se hizo pasar por un cliente y, a través de un servidor anónimo, pidió información a las empresas que se anuncian como “offshore” (opacas) en medios como “Financial Times” o “The Economist”. El supuesto cliente quería, en primer lugar, constituir una empresa; y, además, abrir una cuenta corriente en una sociedad “opaca”.

-¿Cuál fue el resultado de la investigación?

Se llevó la sorpresa de que un alto porcentaje de estas empresas (oferentes de servicios “offshore”) que le respondieron, no necesitaban que se les facilitara un pasaporte compulsado ni identificación demostrada. Además, cerca de la mitad de las empresas que requerían menos requisitos de identificación, estaban radicadas en Estados Unidos (Wyoming, Delaware y Arkansas) y en Gran Bretaña (en la City de Londres). No en Panamá.

-Trabajas actualmente en el futuro libro “El blanqueo de capitales en España: juicios, prejuicios y realidad”. ¿Cuál es el papel de la banca en los procesos de blanqueo en el estado español?

Son fundamentales, los bancos lo son todo; el gran problema de los bancos es la captación de activos. Cuando se liberaliza el sector financiero, hacen lo posible por captar ahorro y dinero de todas partes, sea su origen lícito o no lícito: no les interesa hacer preguntas. Los bancos no están controlados, de hecho, el sistema de lucha contra el blanqueo se basa en el conocimiento del cliente. Los bancos son los encargados de decidir cuándo realizan una notificación de sospecha al Banco de España. Se trata del mismo problema que se da en las finanzas internacionales: los controladores y los controlados son los mismos. Según mis investigaciones, los bancos que más dinero ilícito captan son las entidades financieras extranjeras con oficinas abiertas en España, vinculadas a la gestión del patrimonio, entre ellas la Banca March, y las secciones de gestión de patrimonio de bancos como el Santander. Las menos implicadas son las cajas de ahorro.

-Has analizado las sentencias por blanqueo dictadas en España, cerca de 450 hasta el año 2010.

Hasta ese año, casi todos los casos de blanqueo se debían al narcotráfico. El sistema judicial, político y la opinión pública habían estigmatizado el dinero procedente del narcotráfico, como dinero “malo” que después se blanqueaba. El dinero que proviene de los delitos de “cuello azul”, básicamente narcotráfico, se blanquea sólo en una parte –relativamente pequeña- fuera del estado español. Buena parte de esos capitales se blanquean dentro del país, porque son los propios distribuidores e importadores, residentes en España, quienes lo hacen. El único dinero procedente de la droga que sale, y se blanquea fuera de España, es el que retorna a los países productores, los que han exportado la droga.

-¿En qué sentido hablas en el título del libro de “prejuicios” y de “realidad”?

El grueso del dinero blanqueado no es el de los delitos de “cuello azul” (narcotráfico, tráfico de personas, de armas o extorsiones), sino el de los delitos de “cuello blanco” (delito fiscal, malversación de caudales públicos, cohechos, estafas y delitos urbanísticos). Esto es lo que genera el “gran” dinero ilícito en España y en todos los países. Y ése es el dinero en el que hay que fijarse para explorar el blanqueo de capitales, lo demás son relativamente menudencias. Además, es un dinero que sigue rutas mucho más complejas, por ejemplo, los cohechos recorren numerosos paraísos fiscales y están particularmente bien blindados, porque las personas políticamente expuestas son las que se hallan normalmente detrás (han recibido el dinero del cohecho).

-¿Cuál es el “mapa” de los paraísos fiscales en el mundo?

Precisamente el de los tres grandes países que crearon el régimen internacional de lucha contra el blanqueo de capitales. Gran Bretaña, con el epicentro en la City de Londres; Estados Unidos, con el eje en Nueva York; y Suiza, con el foco en Ginebra. Se trata de los tres grandes sumideros de dinero ilícito –y también tres de los países con mercados financieros más líquidos del mundo-, rodeados por jurisdicciones periféricas donde se capta ese dinero ilícito, que termina en las tres plazas financieras citadas. El dinero entra por Panamá, las Islas Vírgenes del Caribe, Andorra, Gibraltar…

-Se afirma habitualmente que para combatir los paraísos fiscales, lo fundamental es la voluntad política y que las recetas no son demasiado complicadas. ¿Estás de acuerdo?

Hay que redefinir completamente el concepto de “blanqueo”. Nos encontramos ante un régimen construido, políticamente, por los grandes blanqueadores del planeta. O edificamos un mecanismo multilateral, organizado por Naciones Unidas, o no avanzaremos. Estados Unidos y Gran Bretaña siguen una política muy ambigua en relación con los paraísos fiscales, ya que son los grandes beneficiados. El sistema está muy viciado, habría que empezar desde cero. Ocurre que desde 2008, los países han entrado en una crisis fiscal, y los gobiernos –sean de izquierdas, de derechas o de centro- tienen que ir por el dinero para poder pagar la deuda pública.

-Por último, ¿para qué sirven las amnistías fiscales?

Lo hacen regularmente los gobiernos cuando necesitan dinero. Es una barbaridad y, además se recuperan finalmente muy pocos recursos. Hay que tener en cuenta que si consideramos que hay 100 euros en Suiza cuyo origen es el delito fiscal, ese dinero tendría que haber pagado en España el 35% en concepto de impuesto de sociedades; ahora bien, si retornan al país esos 100 euros, el porcentaje de retención fiscal es mucho menor. Las “amnistías” resultan muy poco rentables, y así lo entienden los inspectores fiscales.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=211539

 

 

 

Necesitamos,  a la izquierda,  ir más allá de la comprensión de cómo funciona el capitalismo y adquirir «lógica de situación» de suerte de poder generalizarla entre los diversos de abajo para ir creando el poder de subvertir la modelación capitalista de la subjetividad. En ese camino Raúl Zibechi nos explica:

 

 

 

Inclusión financiera y dominación de espectro completo

16 de abril de 2016

Por Raúl Zibechi (La Jornada)

Siendo la inclusión financiera una de las principales iniciativas neoliberales, es difícil aceptar el escaso debate existente entre quienes se proclaman enemigos de ese modelo centrado en el dominio del capital financiero. El Banco Mundial (BM) es el principal impulsor de la inclusión financiera, con el objetivo de que toda la población del mundo sea dependiente del sistema bancario que, en paralelo, se propone eliminar el dinero físico.

El argumento inicial consistió en que la inclusión financiera es necesaria para el combate al lavado de dinero y al narcotráfico. Luego el mismo banco fue agregando nuevos argumentos, muy similares a los que utiliza para el combate a la pobreza. En 2015, en su página web decía: Dos mil millones o 38 por ciento de los adultos en el mundo no utilizan servicios financieros formales y un porcentaje aun mayor de pobres no tiene cuenta bancaria (http://goo.gl/3Tf0Nt).

El BM defiende la tesis de que la inclusión financiera contribuye a reducir la pobreza, a empoderar a las mujeres e impulsar la prosperidad compartida. Entre sus objetivos figura que todos los ingresos y gastos de los sectores populares se realicen por vía electrónica y promueve que las prestaciones sociales no se paguen en efectivo, sino a través del sistema bancario, como ya viene sucediendo en varios países.

A corto plazo, el BM se propone llegar a otros mil millones de personas que hoy se encuentran excluidas del sistema financiero, utilizando incluso la palabra clave, exclusión, para dar la impresión de que son personas carenciadas y que el acceso a los servicios financieros es clave para su inclusión como ciudadanos (http://goo.gl/NCpYqp). El presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, impuso metas para brindar acceso universal a los servicios financieros a todos los adultos en edad de trabajar a más tardar en 2020.

El objetivo es avanzar en la bancarización en los países emergentes y del sur del mundo. En Estados Unidos y en Europa las personas que no tienen cuenta bancaria son menos de 20 por ciento, cifra que trepa en América Latina a 50 por ciento y en varios países de África supera 80 por ciento de la población.

Lo que resulta llamativo, por decir lo menos, es que los gobiernos progresistas hayan adoptado esta política sin abrir previamente un debate. En Brasil, el salario creció 80 por ciento entre 2001 y 2015, pero el crédito individual aumentó 140 por ciento. El resultado es un crecimiento exponencial del consumismo y del endeudamiento de las familias: en 2015, 48 por ciento de sus ingresos se dedicaban al pago de deudas, frente a 22 por ciento en 2006.

La inclusión financiera es el primer paso para la eliminación del dinero físico, con lo que todos seremos dependientes de la banca y el sistema financiero, anulando o dificultando en extremo nuestra autonomía individual y colectiva. Es una modalidad micro de la dominación de espectro completo. En varios países, como Uruguay, ya se imponen limitaciones a la cantidad de dinero a extraer de los cajeros automáticos y este año los viajes en taxi deberán ser pagados con tarjetas de débito o crédito.

En Alemania hay una campaña contra la extinción del dinero físico bajo el lema El efectivo te protege de la vigilancia del Estado. Varios grupos políticos condenaron las limitaciones al dinero efectivo. El diputado del partido verde Konstantin von Notz explicó las razones en su Twitter: El efectivo nos permite permanecer en el anonimato durante las operaciones del día a día. En una democracia constitucional, es una libertad que tiene que ser defendida (http://goo.gl/CD53LE).

Los datos muestran una clara divergencia en el comportamiento de los alemanes respecto a otros ciudadanos de países desarrollados. Sólo 18 por ciento de los pagos en Alemania se hicieron con tarjetas en 2013, comparado con 59 por ciento en Reino Unido, 54 por ciento en Estados Unidos y 50 por ciento en Francia. Cuatro de cada cinco facturas las pagan con billetes y monedas (http://goo.gl/CD53LE).

Encuentro dos razones para que la inclusión financiera y la desaparición del dinero físico no sean parte de los debates necesarios en el pensamiento crítico latinoamericano, en las izquierdas y en los movimientos populares.

La primera es la opción por no cuestionar las bases actuales del capitalismo, o sea, poner en la mira al uno por ciento, aunque los discursos digan otra cosa. El capital financiero juega un papel central en el mundo actual y disputarle poder implica jugar fuerte, al punto de poner en riesgo la conservación de los sillones presidenciales y los beneficios que suelen tener los dirigentes políticos, ya que ese sector cuenta con enorme capacidad para provocar crisis y precipitar la caída de cualquier gobierno.

Atravesamos un periodo de acomodamiento de las izquierdas y del progresismo al sistema. Es más fácil criticar al imperialismo en abstracto que trabajar con las propias bases sociales que están entrampadas en el consumismo –y por lo tanto con el capital financiero a través de la banca– para que superen la cultura del consumo. La derrota cultural del campo popular ha llevado a desestimar el conflicto como fuente de los cambios y a sobredimensionar la cuestión electoral.

La segunda afecta de lleno al pensamiento y a los pensadores críticos. Puede definirse como la incapacidad de ir contra el sentido común, adaptarse a la realidad y no poner en cuestión las ideas hegemónicas entre los sectores populares por falta de compromiso con ellos. Es imposible avanzar si no se es capaz de nadar contra la corriente, lo que evidentemente implica cierto aislamiento, tanto de las instituciones estatales como de la parte de la población que aún cree en ellas.

Si el capital consigue consolidar un tipo de sociedad basada en el consumo de masas, habrá solucionado la principal traba para su dominación: la existencia de heterogeneidades estructurales y sociales. Aunque una parte de la izquierda cree que son resabios del pasado, sin tianguis, tequio y reciprocidad no podemos siquiera soñar con superar el capitalismo.

Fuente original: thtp://www.jornada.unam.mx/2016/04/15/opinion/017a1pol
Fuente:
 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=211204

 

 

 Alternativas postcapitalistas

 

Necesitamos hoy emancipar nuestro trabajo del capital y su Estado. Comencemos por desfechitizarlo al último porque el gestionado por el progresismo K, como el de la dictadura y el de todo el período constitucional desde 1983, fueron imprescindibles para viabilizar la creciente concentración y transnacionalización económico territorial mediante la derrota de los trabajadores y los otros componentes de la diversidad oprimida por el capitalismo.

 

Atendamos a Martín Schorr y Andrés Wainer que, en el resumen del ensayo “Argentina: ¿muerte y resurrección?...” de agosto de 2006,  definen la situación de esos primeros años del gobierno de Néstor Kirchner:

El “modelo de dólar alto” ha logrado congregar el apoyo de amplios sectores (muchos de los cuales, vale recalcarlo, se beneficiaron ampliamente durante la vigencia del “modelo de los noventa”) y se sostiene en un bloque social en el que el liderazgo es ejercido por grandes empresas y grupos económicos nacionales y extranjeros cuyo ciclo de acumulación y reproducción ampliada del capital se encuentra fuerte y crecientemente transnacionalizado. Si bien el nuevo “modelo” ha logrado que la economía empezara a crecer (fenómeno previsible tras cuatro años de caída profunda), el tipo de estructura productiva existente (que denota un ostensible grado de primarización), las características estructurales de los actores que conducen el bloque dominante y los tremendos legados de la Convertibilidad en muy diversos planos (situación social, desarticulación productiva, niveles insostenibles de endeudamiento externo, etc.) plantean muchas más dudas que certezas en cuanto a la validez de uno de los principales argumentos utilizado por los defensores del nuevo patrón de desenvolvimiento del capitalismo doméstico para legitimarlo: que más temprano que tarde el crecimiento “derramará” y se mejorarán notablemente las condiciones de vida de la mayoría de la población. En ese sentido, en la actualidad la sociedad argentina parece estar frente a un dilema de hierro en términos económicos y políticos:

o se consolida el “modelo de dólar alto” con su correlato en materia de inequidad distributiva y exclusión y fragmentación económico sociales, o se avanza en la implementación de un nuevo “modelo”.

En ese marco, cabe preguntarse si no es el momento de empezar a discutir cómo hacer para lograr un proceso de reconstrucción nacional que revierta el sendero desindustrializador y concentrador de las últimas décadas y que se asiente sobre crecientes niveles de inclusión económica y social; es decir, sobre bases y alianzas sociales diametralmente distintas de las que caracterizan al “modelo”.
Fuente: http://www.iade.org.ar/modules/noticias/article.php?storyid=803

 

Sin embargo, el matrimonio K hizo cuanto pudo por bloquear las potencias sociales de cambio radical del 2001-2002. El autodenominado "gobierno de derechos humanos" o el que alardeó de "proyecto nacional, popular e inclusivo" se concretó como:

 

Kirchnerismo y grupos económicos
17 de noviembre de 2014

Por Alejandro Gaggero, Martín Schorr y Andrés Wainer 

(…)Como surge del cuadro, entre 2001 y 2012 los grupos locales redujeron su presencia dentro de la cúpula empresaria (las 200 firmas más grandes del país): tanto en lo referido a la cantidad de organizaciones (pasaron de 34 a 30), como en lo que refiere al número de empresas controladas (de 47 a 40) y a la significación relativa de éstas en la facturación agregada del panel (del 22,6% al 20,9%).

Al analizar la evolución de la presencia de los grandes holdings nacionales en el seno del poder económico del país se constata un importante grado de rotación que se inscribe en el despliegue de trayectorias disímiles.

Para identificar a los “perdedores” y los “ganadores” del período aludido se dividió a los conglomerados en dos grandes universos. El primero está integrado por aquellos grupos que salieron del panel de firmas líderes(tipología I) y los que redujeron su participación en los montos globales de facturación (II). El segundo agrupa a las organizaciones que lograron mantener su participación en las ventas totales (III), las que la aumentaron(IV) y las que lograron ingresar a la cúpula (V).

Dentro de los “perdedores” se destacan, en primer lugar, catorce grupos que dejaron de tener presencia en la elite entre 2001 y 2012. En la mitad de los casos la salida se produjo porque estas organizaciones o sus empresas más importantes fueron vendidas a capitales foráneos, consolidando el proceso de extranjerización. Esto sucedió con los grupos Fortabat, Bemberg, Acevedo, Peñaflor, Rohm y Garovaglio y Zorraquín. En el resto de los casos la salida se debió a la pérdida de posiciones de las firmas de su propiedad en el ranking de ventas de las 200 compañías de mayor tamaño del ámbito doméstico.

Como parte de los holdings “perdedores” figuran, en segundo lugar, los que lograron permanecer en la elite empresaria pero perdieron importancia relativa entre los años bajo estudio: Pérez Companc, Eurnekián, Sancor, Temis Lostaló y Roemmers. En los casos más relevantes este proceso también estuvo vinculado con la venta de firmas al capital extranjero, aunque las operaciones no implicaron la enajenación total del grupo en cuestión sino sólo una reducción de su tamaño (Pérez Companc constituye el ejemplo más relevante).

En el agrupamiento de los “ganadores” de la posconvertibilidad se encuentran, por un lado, aquellos grupos que lograron mantener prácticamente estable su significación en las ventas de la elite. Se trata de tres conglomerados centrales del poder económico de la Argentina (Techint, Clarín y Madanes) que en 2012 explicaron, de conjunto, el 3,5% de la facturación agregada de la cúpula y el 17% de las ventas de los grupos locales que la integran. Cabe señalar que Techint entra en este agrupamiento debido a que las ventas que figuran en los rankings empresarios utilizados para construir la base corresponden sólo a las empresas locales y no al total de las firmas que el holding posee a nivel internacional. Esto es importante porque la expansión del conglomerado en la última década se produjo, en buena medida, allende las fronteras nacionales.

A su vez, se comprueba que fueron doce los grupos empresarios que aumentaron su ponderación dentro la cúpula. Se trata principalmente de conglomerados de base agroindustrial especializados en la producción de aceites y harinas (Urquía, Vicentín y Navilli), del sector lácteo (Mastellone), el azucarero y rubros derivados (Ledesma) y golosinas y otros alimentos (Arcor). También aparece un actor vinculado a la construcción y los servicios públicos (Roggio), un fabricante de electrodomésticos (BGH), uno que presta servicios de medicina prepaga (Osde), uno centrado en actividades comerciales (Braun), un productor de cueros (Sadesa) y uno especializado en maquinarias y grandes obras de infraestructura (Pescarmona). La inserción sectorial anclada en la producción de bienes industriales de origen agropecuario marca un punto de continuidad con ciertas transformaciones del capital concentrado nacional durante la década de 1990 y se articula con algunos rasgos distintivos del patrón de acumulación de la posconvertibilidad asociados a la ausencia de cambio estructural en la pauta de especialización e inserción internacional del país.

 

Un perfil diferente presentan los grupos que pasaron a formar parte de la cúpula empresaria entre 2001 y 2012. Se trata de diez holdings “ganadores” entre los que sobresalen los vinculados a la construcción y los servicios públicos (fundamentalmente a la producción y distribución de energía). Los conglomerados ODS (Calcaterra), Caputo, José Cartellone e IRSA son actores destacados en el rubro de la construcción (privada y pública). Por su parte, Pampa Holding, Electroingeniería e Indalo (Cristóbal López) lograron expandirse gracias a la política de “argentinización” del sector energético que propició el gobierno nacional y, en los dos últimos casos, a instancias de ciertos “nichos de acumulación de privilegio” que se concedieron en los últimos años desde el sector público (grandes obras, concesiones, medios de comunicación, juegos de azar). Además figuran dos grupos del rubro farmacéutico. El primero, Bagó, es un actor relevante en el sector y ha tenido una presencia intermitente en la cúpula empresaria en las últimas décadas, mientras que el segundo, Insud, ha experimentado un crecimiento importante en la posconvertibilidad. En 2012 todos estos conglomerados controlaban 13 compañías dentro de la cúpula, las cuales explicaron, de conjunto, aproximadamente el 4% de la facturación global.

Así, luego del abandono de la convertibilidad se redujo aún más la presencia global de los grupos locales dentro de la elite empresaria de la Argentina. Esto constituye una continuidad con el punto de inflexión que, en lo atinente a la trayectoria de esta fracción del poder económico, se comenzó a manifestar en la segunda mitad del decenio de 1990. Sin embargo, no se debería soslayar que tuvo lugar un recambio importante dentro de este estamento del gran capital local. Básicamente, ello se asoció al afianzamiento estructural de un puñado de grupos especializados en el procesamiento y la comercialización de materias primas (se trata, en su mayoría, de actores muy volcados a los mercados externos), y a la irrupción de actores “nuevos” cuya expansión reciente (en algunos casos notable) se vinculó, en lo sustantivo, con su inserción, vía las distintas empresas de su propiedad, en sectores no transables y/o con una vinculación estrecha con el sector público. En este sentido, no se trata de un nuevo conjunto de “campeones nacionales” fomentados desde el aparato estatal para disputar una porción del mercado mundial en sectores dinámicos y/o intensivos en conocimiento, sino que se vinculan con el aprovechamiento de espacios de acumulación a resguardo de la competencia externa.

Más allá de las diferencias que puedan establecerse entre estos capitales y los anteriores, es claro que, vistos en conjunto, su crecimiento en los últimos años no ha contribuido a impulsar una reindustrialización basada en el desarrollo de nuevas capacidades productivas que puedan potenciar las ventajas competitivas dinámicas de la economía argentina. Los pocos avances en esta materia han venido mayormente de la mano del Estado y no del sector privado.

*La nota fue publicada originalmente en el periódico Miradas al Sur y fue escrita por los autores de “Restricción eterna. El poder económico durante el kirchnerismo” (editorial Futuro Anterior). Fuente: http://chequeado.com/el-explicador/kirchnerismo-y-grupos-economicos

 

 

Examinemos el trasfondo de la corrupción y los despidos que son los actuales problemas instalados en la agenda pública. Reflexionemos sobre explicaciones de Rolando Astarita con el objetivo de ir tratando el cómo poner fin a nuestro trabajo subsumido en el Capital-Estado y salir de las discusiones que nos entrampan dentro del sistema.

 

 

 

A propósito de negociados y corrupción, un texto de Marx

14 de abril de 2016

 

La corrupción está de nuevo, en Argentina, en los primeros planos del debate. En una nota anterior (aquí y aquí), la hemos tratado a partir de su relación con la acumulación de riqueza y el Estado. Escribíamos: “Los mecanismos de la corrupción posibilitan que fracciones del capital mejoren sus posiciones frente a sus competidores, y también que personajes carentes de recursos se conviertan, casi de la noche a la mañana, en grandes capitalistas. Es una historia repetida, que reconoce tres pasos característicos: el saqueo originario, el blanqueo del dinero…  y la puesta en marcha del negocio legalizado”.

Dado que los fraudes desde el Estado –la obra pública es una vía tan tradicional como privilegiada- representan desvíos de flujos de plusvalía, alimentan constantemente la deuda pública. Esta, a su vez, da lugar a nuevos negociados y enriquecimientos; lo que a su vez incrementa la deuda, en una espiral creciente. Por eso, periódicamente estos estropicios pueden llevar, en países atrasados, a defaults, con los que se liquidan valores insostenibles y se descarga la crisis en el pueblo… para volver a empezar con la ronda de fraudes, negociados y más deuda pública. Aunque no se trata solo de negociados con la obra pública; también está el Estado haciendo la vista gorda en el tráfico de drogas, de personas, de armas y otros “bienes y servicios”. Y la evasión o elusión de impuestos, vía paraísos fiscales (ver aquí) u otras maniobras. A lo que hay que sumar los negociados financieros y cambiarios. En este último respecto, el caso reciente más brutal fue la venta de dólares a futuro, en los últimos meses del gobierno K, por el Banco Central, a un precio mucho más bajo que el que regía en el mercado. Una operación que da lugar a que más de 70.000 millones de pesos (equivalentes a casi 5000 millones de dólares) estén siendo transferidos desde el sector público a los bolsillos de inversores privados “avisados”.

 

Por lo tanto, un enfoque que parta del carácter de clase del gasto y la deuda pública, y de los intereses de clase que se juegan en esos fraudes y maniobras especulativas, debería ayudar a entender por qué no existe diferencia cualitativa entre lo que roba y coimea el “capital-estatista” puesto a funcionario nacional y popular; y lo que roba y coimea el “neoliberal-agente de los yanquis y del capital financiero”, puesto a funcionario del Estado “serio y responsable”. Y que tampoco hay diferencia entre el enriquecimiento súbito de los “inversores avisados” que posibilita el primero, y el que posibilita el segundo.

A los fines de sumar elementos de juicio que ayuden a ese necesario abordaje materialista, en lo que sigue presento un resumen de la crítica de Marx –en Las luchas de clases en Francia– a las políticas asociadas a las deudas del Estado y el déficit público en Francia. El lector podrá advertir que, por debajo de las adaptaciones de época lógicas y necesarias, la esencia permanece. En Argentina siglo XXI se trata dela misma prostitución, el mismo engaño desvergonzado, la misma sed de riquezas, no por la producción, sino por el escamoteo de la riqueza ya existente de otros de las que hablaba el autor de El Capital al describir los gobiernos franceses de mediados del siglo XIX.

 

El reinado de los banqueros y la deuda pública

En Las luchas de clases en Francia Marx analiza el régimen de Luis Felipe, la revolución de 1848, y los gobiernos y conflictos posteriores que llevaron al triunfo de Luis Bonaparte. Comienza señalando que con Luis Felipe no había reinado la burguesía francesa, sino una fracción de ella, los banqueros, los grandes inversores de la Bolsa, los magnates de los ferrocarriles, de las minas de carbón y hierro, y de la gran propiedad rural; lo que se conocía como la “aristocracia financiera”. Esta aristocracia dominaba el Estado, al que utilizaba como palanca para el enriquecimiento: “Instalada en el trono, dictaba leyes a las Cámaras, distribuía cargos públicos, desde los ministerios hasta las ventas de tabaco”.

Encontramos aquí un análisis de clase del manejo del Estado, a partir del cual se comprende la deuda pública. Ésta no surge del aire, ya que es funcional a las maniobras de enriquecimiento de la aristocracia financiera: “Desde el comienzo, la penuria financiera puso a la monarquía de julio bajo la dependencia de la alta burguesía”. Una dependencia que sería “fuente inagotable de un creciente malestar financiero”. Y aquí Marx hace una observación fundamental: “Es imposible subordinar la gestión del Estado al interés de la producción nacional, sin establecer el equilibrio del presupuesto, es decir, el equilibrio entre los gastos y los ingresos del Estado” (énfasis añadido). Por este motivo, la burguesía industrial, la clase obrera y los pequeños propietarios, pedirán el “gobierno barato”.

Sin embargo, era imposible lograr el equilibrio sin herir los intereses de los que eran “sostenes del sistema dominante y sin reorganizar la distribución de impuestos”, esto es, sin descargar el costo fiscal sobre la misma gran burguesía. Pero la alta burguesía tenía un interés directo en el endeudamiento, ya que “el déficit del Estado era el objeto mismo de [las] especulaciones [financieras] y el puesto principal de su enriquecimiento”. Es que cada nuevo empréstito –que se renovaba cada cuatro o cinco años- daba lugar a nuevas oportunidades para esquilmar al Estado, al que se mantenía siempre al borde de la bancarrota: “Cada nuevo empréstito daba una nueva oportunidad para desvalijar al público que colocaba sus capitales en rentas sobre el Estado, por medio de operaciones bursátiles, en el secreto de las cuales estaban iniciados el Gobierno y la mayoría de las Cámaras”.

De esta manera los especuladores se aprovechaban de las fluctuaciones violentas de los precios de los títulos, y el déficit se mantenía elevado. “Siendo el déficit presupuestario de interés directo de la fracción de la burguesía en el poder, se explica el hecho de que el presupuesto extraordinario, en los últimos años del gobierno de Luis Felipe, haya sobrepasado en mucho al doble de su monto bajo Napoleón…”. De manera que el déficit es funcional a los intereses “de la fracción de la burguesía en el poder”. La idea se refuerza enseguida: “Además, pasando de esa manera enormes sumas entre las manos del Estado, daban lugar a fraudulentos contratos de entrega, a corrupciones, a malversaciones y estafas de todo tipo”. Un saqueo de los fondos públicos que “se renovaba en detalle en los trabajos públicos”. De ahí que la obra pública, las construcciones de líneas ferroviarias, los gastos públicos en general, se constituyeran en otras tantas fuentes de enriquecimiento. “Las Cámaras [legislativas] arrojaban sobre el Estado las cargas principales y aseguraban el maná dorado a la aristocracia financiera especuladora”. No existe, por parte de Marx, la menor concesión a los empresarios, fueran contratistas de obra pública o inversores en ferrocarriles, que se enriquecían gracias a sus vínculos con el Estado.

La situación de conjunto es descrita en los siguientes términos:“En tanto que la aristocracia financiera dictaba leyes, dirigía las gestiones del Estado, disponía de todos los poderes públicos constituidos, dominaba la opinión pública por la fuerza de los hechos y por la prensa en todas las esferas, desde la Corte hasta el café borgne [lugar de reunión de gente de negocios] se reproducía la misma prostitución, el mismo engaño desvergonzado, la misma sed de riquezas, no por la producción, sino por el escamoteo de la riqueza ya existente de otros”. En otros términos, no había generación de valor y riqueza por incremento de la base productiva, sino saqueo, traspaso de riqueza de unas manos a otras (puede enriquecerse este análisis con los conceptos de trabajo productivo e improductivo que Marx desarrollaría luego en El Capital). Sigue el texto:

“Especialmente en la cúspide de la sociedad burguesa es donde la hartura de las concupiscencias más malsanas y más desordenadas se desencadenaba y entraba a cada instante en conflicto con las leyes burguesas mismas, pues allí es donde la fruición del goce se hace crapuleuse, donde el oro, el lodo y la sangre se mezclan con toda naturalidad. La aristocracia financiera, en su modo de ganancias como en sus goces, no es otra cosa que la resurrección del proletariado del hampa en las cimas de la sociedad burguesa”.  “Proletariado del hampa” puede leerse como el lumpen; es posible que este pasaje haya inspirado a autores muy posteriores (Baran, Gunder Frank) a hablar de la “lumpen burguesía” para referirse a formas parasitarias de enriquecimiento de fracciones de la clase dominante.

El gobierno surgido de la Revolución de Febrero

El análisis de Marx sobre la política del Gobierno “de unidad nacional” surgido del triunfo de febrero de 1848, con respecto a la deuda, conserva el mismo sesgo crítico, a pesar de que “la revolución era dirigida ante todo contra la aristocracia financiera”. Después de señalar que el crédito público descansa sobre la creencia de que el Estado se deja explotar por los prestamistas, y que la lucha de la clase obrera pone en cuestión esa credibilidad, Marx apunta que a fin de eliminar toda sospecha sobre la voluntad de cumplir con las deudas dejadas por el régimen anterior, el Gobierno pagó a los acreedores antes de que vencieran los plazos legales de reembolso. Es el argumento que se repetiría una y otra vez, asegurar a los capitalistas que se cumplen los contratos. “El aplomo burgués, la seguridad de los capitalistas, se despertaron bruscamente cuando vieron la presurosa ansiedad con la cual se trataba de comprar su confianza”.

Pero esto agravó la situación financiera del Gobierno provisorio. Y como el déficit de algún lado hay que cubrirlo, el Gobierno descargó el peso sobre los pequeños burgueses, los empleados y los obreros. Los depósitos en caja de ahorro que superaban los 100 francos fueron declarados no reembolsables en dinero, y se entregaron bonos del Tesoro en su lugar. Bonos que los ahorristas se vieron obligados a vender a los financieros contra los que se había hecho la Revolución de Febrero. El Gobierno también transformó los bancos provinciales en sucursales del Banco de Francia, al que concedió un empréstito garantizado con una hipoteca sobre los bosques fiscales. Y por último, aumentó el impuesto a los campesinos. “Los campesinos son los que tuvieron que pagar los gastos de la Revolución de Febrero y entre ellos la contrarrevolución tomó su principal contingente”.

En conclusión, en este análisis el déficit y la deuda pública no caen del cielo. Son explicados en un contexto social preciso, el modo de producción capitalista, y responden a lógicas de clase definidas. La corrupción, asociada al gasto público y la deuda, debería abordarse desde la misma perspectiva.

Fuente: https://rolandoastarita.wordpress.com/2016/04/14/a-proposito-de-negociados-y-corrupcion-un-texto-de-marx/#more-6610

 

---

Contra la desocupación, ¿cretinismo parlamentario?

23 de abril de 2016

Por Rolando Astarita

 

La oposición burguesa en el Congreso y la dirigencia sindical están promoviendo una ley de emergencia laboral por la que se establecería la doble indemnización y se prohibirían los despidos por un lapso de tiempo determinado. El dictamen del Senado la extendería por 180 días a partir de su promulgación, en tanto que el dictamen de la comisión de Legislación del Trabajo de Diputados la establece retroactiva al 1º de marzo de 2016 y la extiende hasta el 31 de diciembre de 2017.

Como no podía ser de otra manera, mucha gente está ilusionada con que el drama de la desocupación creciente –la recesión se está profundizando- puede frenarse, o revertirse, si se aprueba esta ley. Frente a esto, hay que decir las cosas con toda crudeza: los parlamentarios están engañando al pueblo con espejitos de colores. Es que la desocupación es inherente a la crisis capitalista. Más precisamente, el despido es el recurso del capital para achicar costos, racionalizar y aumentar la explotación de los que conservan el empleo. En un plano más general, la desocupación comprime el campo de acción de la ley de la oferta y demanda de trabajo “dentro de los límites que convienen de manera absoluta al ansia de explotación y afán de poder del capital” (Marx). En momentos en que la inflación está barriendo con los salarios, esta última cuestión pasa a primer plano. En otros términos, el aumento del desempleo es absolutamente funcional a la presión de las patronales y el Gobierno para que los trabajadores limiten sus demandas de recomposición salarial.

Esto explica que Mauricio Macri haya prometido vetar la ley, en caso que se apruebe. Es la expresión, cruda y descarnada, de los intereses del capital. Pero lo más importante es entender que el capital, de conjunto, defiende sus posiciones desde el poder que le otorga la propiedad de los medios de producción y de cambio frente a los millones que están obligados a trabajar como sus asalariados, o caer en la indigencia. Lo han dicho las cámaras empresarias –la Unión Industrial, la Cámara de Comercio, las agrupaciones de las Pymes y otras-: “si se aprueba la ley vamos a despedir igual o, en todo caso, no vamos a invertir”. Esta perspectiva no se cambia con ninguna ley que puedan parir los partidos burgueses de la oposición. Podrán existir tensiones –la necesidad del capital no siempre encaja con las necesidades de las fuerzas políticas burguesas- pero no pasará de ahí. En tanto el capital conserve la facultad de invertir, o no, chantajeará con la amenaza del despido y del hambre de los que nada poseen. Y ni los parlamentarios del capital, ni los burócratas sindicales, modificarán esta situación.

Todo esto se ve incluso en la discusión sobre la eventual ley. Por empezar, los diputados y senadores ya están considerando que las pequeñas y medianas industrias sean exceptuadas. Lo plantearon Mendiguren, del Frente Renovador, e identificado con la UIA; Marco Lavagna, también del FR; y Pablo Kosiner, diputado del Bloque Peronista, vinculado al gobernador Urtubey y presidente de la Comisión de Pequeñas y Medianas Empresas. Esto en un cuadro de situación en que el 35% de los trabajadores están precarizados. Por otra parte, los proyectos en curso no dicen palabra sobre las suspensiones, que han sido generalizadas en algunas ramas, como automotriz. Pero además, hablan de despidos “sin causa justa”. Lo cual abre numerosos agujeros, porque una empresa puede aducir, por ejemplo, que despide por razones de fuerza mayor e iniciar un procedimiento preventivo de crisis ante el Ministerio de Trabajo. Con lo cual el asunto se traba en litigios y procedimientos legales.

Naturalmente, los partidos de la oposición burguesa tienen mucho interés en sembrar ilusiones, y presentarse a sí mismos como defensores del pueblo humilde. Pero la realidad es que por la vía parlamentaria no hay forma de que “la crisis la pague el capital”. Es necesario romper con las ilusiones en el parlamentarismo burgués. Para esto, el primer paso es tomar distancia tanto del Gobierno como de las fuerzas burguesas de la oposición. Hay que apuntar al poder del capital y del Estado que defiende sus intereses. Y tomar conciencia de que sólo la movilización revolucionaria de los explotados podrá barrer de raíz este estado de cosas.

Fuente: https://rolandoastarita.wordpress.com/2016/04/23/contra-la-desocupacion-cretinismo-parlamentario

 

 

 

Prohibición de despidos, Venezuela y un ejemplo instructivo

1 de mayo de 2016

 

Por Rolando Astarita

En una nota anterior planteé que es utópico pretender acabar, o reducir significativamente, la desocupación con una ley que prohíba los despidos (aquí). En esta nota amplío el argumento a partir del ejemplo de Venezuela. En este país rige desde mayo de 2002 una medida de inamovilidad laboral y doble indemnización. Según esta disposición, los trabajadores no pueden ser despedidos, desmejorados ni trasladados sin causa justa, calificada previamente por el inspector del Ministerio de Trabajo. El amparo se extiende a los trabajadores a tiempo indeterminado después del primer mes al servicio de un patrono; a los contratados por tiempo determinado mientras no haya vencido el término establecido en el contrato o, en el caso de que el contrato sea para una labor u obra determinada, mientras no haya concluido la totalidad o la parte de la misma que constituya su obligación.

En diciembre de 2015 la medida se prorrogó hasta diciembre de 2018. En esa ocasión Maduro dijo que el decreto “es el complemento de una serie de medidas para impulsar el trabajo y la producción nacional”. Los trabajadores temporarios u ocasionales no están beneficiados por la disposición (el 41% de los ocupados tiene empleos informales o precarizados). Además, los inspectores de Trabajo no están facultados para ordenar, como medida preventiva, la reincorporación del despedido durante el tiempo que dure el procedimiento. Aunque se establece que deberán proceder “con la mayor eficiencia y eficacia en salvaguarda y protección de los derechos laborales”.

Pues bien, dejando de lado el hecho de que la ley parece haber contribuido poco para “impulsar el trabajo y la producción nacional” (pobreza en el 73%, 17% de caída del PBI entre 2014 y 2017, retroceso de la industria y reprimarización de la economía, entre otros datos), tampoco ha permitido frenar los despidos. Las inspectorías (adscritas al Ministerio de Poder Popular) encargadas de aplicar los procedimientos por inamovilidad  son acusadas de permanecer en silencio cuando hay  denuncias de despido injustificado, o son inoperantes cuando las patronales no cumplen las órdenes de reenganche.

Los datos que tomamos del sitio de Provea, referidos a 2014, son elocuentes. Ese año, en el sector educativo se denunció el despido de más de 3000 docentes en ocho municipios del estado de Lara “por falta de matrícula y presupuesto”. En Valencia hubo protestas por la misma causa, con 800 trabajadores a los que no se les renovó el contrato; incluso el Sindicato Único Municipal de Empleados Públicos denunció que había trabajadores con más de tres contratos continuos, que ya debían haber sido incorporados a la nómina fija. En el Consejo Municipal de Zamora también hubo despidos.  En el Ministerio de Servicios Penitenciarios en dos años hubo más de mil cesanteados, violando la inamovilidad laboral e incumpliendo, posteriormente, las órdenes de reenganche. En el sector privado también hubo cesanteados. Por ejemplo, 250 obreros de la empresa Wrangler. En Pepsi hubo protestas por despidos. En la empresa Daka se despidió obreros en represalia por haber denunciado irregularidades ante la Inspectoría del Trabajo; después muchos fueron obligados a renunciar. Además, en muchas ocasiones las empresas se niegan a reenganchar a los trabajadores, y el Estado no hace cumplir las disposiciones. Por ejemplo, sucedió en la Hotelera Guaparo, en el municipio de Naguanagua; en la Alcaldía Metropolitana de Caracas ex trabajadores reclamaron el reenganche de 1.158 despedidos; en la empresa privada Mikro 760. Trabajadores despedidos de la empresa Carbones del Zulia tras 11 años de servicio como contratados señalaron que cumplieron todos los pasos pertinentes, incluida la consignación de la denuncia ante la Inspectoría del Trabajo, y no recibieron respuesta. A trabajadores de Puerto Cabello, estado Carabobo, que intentaban denunciar ante la Inspectoría del Trabajo las irregularidades en las empresas portuarias, no sólo se les impidió la entrada al ente sino que se les informó que la Inspectoría no contaba con suficiente personal para atender sus denuncias por el despido de 75 trabajadores de la Almacenadora de Contenedores (Almaco).

En Valencia, estado Carabobo, movimientos sindicales y consejos de trabajadores denuncian que las Inspectorías se parcializan hacia los patronos, apuntando que mientras se emiten cientos de calificaciones de despido, los pliegos conflictivos introducidos son “deliberadamente retrasados”. “Las demandas de los trabajadores son demoradas en detrimento del sector obrero, en una inaceptable parcialización hacia el patrono”, denunció el secretario de la Federación Unitaria Bolivariana de Trabajadores en Carabobo, Julio Polanco. (…) “Cada día se aprueban despidos en complicidad con las autoridades nacionales del Ministerio [del Trabajo] y sobre todo del viceministro Elio Colmenares, que es quien protege a estos funcionarios, cuando su deber es proteger a los trabajadores”, denunció en otra protesta por despidos –en diciembre– el diputado a la Asamblea Nacional (AN), Douglas Gómez. En octubre, los trabajadores entregaron al procurador del Trabajo, Ramón Huiza, un documento en el que exigieron la “depuración y transformación profunda” del Ministerio y sus entes adscritos. En el documento solicitaron respeto a la estabilidad en el trabajo, a la inamovilidad y a los fueros de Ley, así como el cese de la criminalización de la protesta. El director del Ministerio del Poder Popular para el Proceso Social del Trabajo (MPPPST) en el estado Carabobo, Miguel Aponte, criticó que algunos funcionarios defiendan los intereses de los patronos en detrimento de la masa laboral y se hayan convertido en “instrumentos de persecución a la clase obrera” (http://www.derechos.org.ve/pw/wp-content/uploads/07laborales1.pdf).

Agreguemos que según la Federación de Trabajadores de Anzoátegui (Fetranzoátegui), en 2015 se tramitaron en la entidad cerca de 6.000 casos de ambos procedimientos, “de los cuales al menos 25% no se ejecutaron debido a la lentitud con que operan las dependencias del Ministerio del Trabajo”. Tito Barrero, presidente de la organización sindical, dice que “la mayoría de los reenganches en la administración pública no se procesan. El que más incumple la inamovilidad es el Gobierno. Ejemplos hay de sobra, comenzando por el despido masivo de 22 mil trabajadores de Petróleos de Venezuela en 2002, entre ellos dirigentes sindicales y mujeres embarazadas”. Ana Yanez, dirigente de la Unión Nacional de Trabajadores (Unete) pidió al nuevo ministro de Trabajo Oswaldo Vera ‘que le meta el pecho a los múltiples casos de despidos, pues tanto del sector público como privado hay ordenes de reenganche que no se ejecutan y en las inspectorías no las hacen cumplir’. Y agregó que el decreto de inamovilidad laboral “se ha irrespetado en los últimos años por patronos públicos y privados’ (http://www.elmundo.com.ve/noticias/economia/laboral/unete-pide-al-nuevo-ministro-del-trabajo–meterle.aspx). En lo que va de 2016, el sindicato de Trabajadores de la Cantv (Teléfonos Venezuela) denunció que la directiva de la empresa estatal viene realizando despidos masivos de trabajadores en todas sus áreas, sin ninguna justificación. Trabajadores de la TV estatal también denuncian cesantías, Abastos Bicentenario despidió 660 trabajadores en un día, el diario El Carabobeño suspendió personal. La empresa Polar suspendió 6500 trabajadores, despidió 400 y amenaza con aumentar la cifra. Por supuesto, los trabajadores que están yendo a la calle porque hay empresas que cierran, ni siquiera tienen el recurso de apelar.

No estamos hablando de un gobierno “neoliberal y títere de los grandes grupos concentrados”, sino de la quintaesencia del “capitalismo de Estado nacional y popular” (y constructor del “socialismo siglo XXI”, para más datos). ¿Cómo es entonces que la ley de inamovilidad laboral no solo no ha generado empleo y producción en Venezuela (van a ser 14 años de vigencia), sino ni siquiera puede frenar los despidos que se producen, en la práctica, por todos los poros de la economía? Obsérvese, además, que las denuncias se refieren a grandes empresas privadas, y al Estado. ¿Qué decir sobre lo que está sucediendo con los millones de asalariados que están precarizados?

 

Una vez más: acabar con el flagelo de la desocupación y las crisis no depende de leyes y parlamentos capitalistas, ni de los Estados, sean estos dirigidos por milicos y burócratas, o CEOs y políticos tradicionales. Para construir una perspectiva socialista es imprescindible romper ideológica y políticamente con todas las variantes burguesas. Hay que confiar solo en la fuerza de la clase trabajadora y su movilización, y no en “Inspectorías” de burócratas que defenderán siempre el orden establecido. No hay atajos oportunistas (aunque se disfracen de “alta táctica política”) para solucionar los problemas de fondo que afectan a los explotados.

Fuente: https://rolandoastarita.wordpress.com

 

 

Retornemos párrafos de:

El concepto de “subsunción” como clave para 

la interpretación del lugar del trabajo en el capitalismo actual.
16 de diciembre de 2008

 

 

Por Nicolás Pagura

 

(...)El término “subsunción” traduce el sustantivo “subsumtion” (de origen latino, pero que existe como término técnico en alemán e inglés) que significa tanto “subordinación” como “inclusión”.[3] Puede verse ya en esta simple determinación terminológica que el concepto tiene un significado a su vez político y lógico: el capital subordina (somete) al trabajo incluyéndolo en su propio concepto (entre ambos se teje una “relación interna”).

Es por eso que la idea invita a pensar el capitalismo más allá de la concepción de una lógica económica determinista y ciega: por el contrario, coloca en el centro de la indagación a la propia relación social –siempre conflictiva– entre las clases, como instancia contenida en el propio capital y no como un agregado perteneciente a otra esfera yuxtapuesta (la política como instancia “superestructural”). En este sentido, la propuesta consiste en pensar al trabajo actual a partir del modo en que es sometido y a su vez incluido en el propio capital.(...)

 

(...)La división internacional del trabajo permite hoy a las grandes empresas trasladar la producción que requiere trabajadores menos calificados a países del tercer mundo donde abunda la mano de obra barata y la consecuente posibilidad de sobre-explotación. Cabe señalar que a esta dualización de la fuerza de trabajo contribuyen (ya en el terreno más propiamente “extensivo” de la subsunción) el retroceso del “estado de bienestar” y la concomitante expansión de las políticas sociales neoliberales, fundadas en prestaciones que –siguiendo el camino de las nuevas modalidades de trabajo– a la vez que pierden su carácter universal y abstracto se hacen cada vez más focalizadas, personalizadas y en cuanto tales estigmatizantes.(...)

 

(...)Cuando hablamos de “subsunción de la vida al capital”, queremos indicar ante todo la aludida situación por la cual al tiempo que el capital demanda al conjunto de la personalidad del trabajador, se tornan cada vez más borrosos los límites que separan “tiempo de vida” y “tiempo de trabajo”. En este caso, vida y trabajo tenderían a confundirse. Se podría objetar, sin embargo, que esta subsunción de la vida por el capital es sólo formal, es decir, que el lenguaje, la comunicación humana, etc. se desarrollarían con independencia del capital, para luego ser subsumidos por él en el proceso de trabajo. Esto plantea una cuestión importante porque es sobre este supuesto que en los últimos tiempos se han planteado una serie de propuestas fundadas en el dualismo a que daría lugar la posibilidad de desacoplar las esferas de la vida y del trabajo.

Es el caso de la teoría de la acción comunicativa de Habermas, fundada en la posibilidad de estructurar una esfera comunicativa transparente a sí misma, con independencia de los imperativos instrumentales inherentes a la esfera económica, en donde se incluiría el trabajo. Es también el caso de la propuesta de Gorz y otros autores para “salir de la sociedad del trabajo”, con base en la idea de que la automatización haría realidad la disminución global del tiempo de trabajo necesario, tornándose entonces posible la expansión de una esfera de actividades no mercantiles, signadas por la autonomía y la posibilidad de autorrealización. Estas propuestas dualistas, de inspiración neokantiana, tienen propósitos prescriptivos; no obstante, pretenden sostenerse sobre fundamentos objetivos, ante todo –es sobre todo el caso de Gorz– en la disminución del tiempo de trabajo socialmente necesario y su circunscripción al espacio cerrado de la fábrica o de la empresa, con la consecuente posibilidad de expandir actividades humanas más allá del trabajo, por fuera de la dominación del capital.

 

La idea central que voy a sostener es que, siendo el objetivo último del capital la producción de plusvalía –y no la disminución del tiempo de trabajo socialmente necesario–, la tendencia actual es que dicha producción ya no se limite al espacio cerrado de la fábrica sino que se extienda al conjunto de la vida social, abarcando los espacios tradicionalmente conceptuados como de “reproducción” y “consumo”; es precisamente cuando la totalidad de la vida social se hace potencialmente productora de plusvalía que vida y trabajo se convierten prácticamente en sinónimos y se realiza la subsunción real de la vida al capital. La actualización del concepto marxiano requiere, en esta línea, de su ampliación para la consideración de una subsunción que sobrepasa con mucho el espacio cercado de la fábrica. Como señala Ana Dinerstein:

el término “subsunción real” no denomina simplemente la subordinación de determinados trabajadores por el capital que los utiliza. Se trata de un proceso complejo de progresiva expansión y subordinación política de toda la sociedad en el capital (...) que ahora ha devenido o aparece como el sujeto de la sociedad capitalista.[22]

 

La aludida “tercerización” de la economía y la consecuente formación de una sociedad orientada mayoritariamente al consumo, constituyen una buena ilustración de esta tendencia. Recordemos que la teoría de Marx sobre la plusvalía tomaba como paradigma fundamental la producción de mercancías materiales en la industria, donde el desfasaje entre producción y consumo no solo era posible sino también necesario. Pero una peculiaridad del servicio es que, no habiendo propiamente objetivación del valor en el producto, en él no pueden separarse temporalmente el momento de la producción del plusvalor y su realización. Es por eso que, en los servicios, la producción queda supeditada a la demanda y no al revés; estrictamente hablando, en estos casos sin demanda no puede haber siquiera producción alguna. La tercerización además invade actualmente todas las esferas productivas, más allá de los propios servicios, como se señaló anteriormente respecto al principio toyotista de tratar a la producción como un servicio. La relación clásica entre producción y consumo se invierte: la segunda dicta sus imperativos a la primera, pero estos imperativos siguen siendo los de la producción de plusvalía. Puede entonces hablarse incluso de un consumo productivo.[23]

 Para el capitalismo, la esfera del consumo asume un lugar crecientemente estratégico dada su prioridad en el proceso de valorización de la producción tercerizada. Como para aumentarla tiene que crecer el consumo, se crean permanentemente nuevas necesidades, en las que la dimensión simbólica tiene cada vez más peso respecto a la propiamente material (el tradicional “valor de uso”). Lo que ocurre es que el consumo de signos (fundamentalmente, aunque no de modo exclusivo, de status social y pertenencia de clase) satisface, dado su carácter por naturaleza ilimitado, las necesidades que el capital tiene de extender la demanda. En la mal llamada “sociedad de consumo”, la mercancía no es solamente una “forma”; es además un signo.[24] Es la realización plena de la tendencia que Marx ya observaba como inmanente al valor: transformar todos los productos del trabajo en un jeroglífico social.(...)Leer

 

Recordemos cómo CFK fomentó el consumo y el correspondiente endeudamiento con los bancos. Es decir, contribuyó a la producción de subjetividad encandilada por el capitalismo y aprisionada por el sector financiero, unos de los principales ganadores del 'modelo'. Fue una contenta subordinación e inclusión mayoritaria a que las transnacionales y sus socios locales lograsen rentabilidades mucho más altas que en los noventa. Pero, a la vez, fue de espaldas y en rechazo a las luchas abajo contra el avasallamiento de derechos por el extractivismo de la alianza de corporaciones y estados imperialistas con los locales.

 

Empresas transnacionales: impactos y resistencias

 

Por Pedro Ramiro y Erika González (Ecologista, nº 77, junio de 2013)

Martes 20 de agosto de 2013

En el último siglo y medio, mientras ha ido avanzando el capitalismo global y los Estados-nación han venido cediendo parte de su soberanía en cuanto a las decisiones socioeconómicas, las empresas transnacionales han logrado ir consolidando y ampliando su creciente dominio sobre la vida en el planeta. Especialmente, en las tres últimas décadas, ya que el avance de los procesos de globalización económica y la expansión de las políticas neoliberales han servido para construir un entramado político, económico, jurídico y cultural, a escala global, del que las grandes corporaciones han resultado ser las principales beneficiarias.

 

Las compañías multinacionales han pasado a controlar la mayoría de los sectores estratégicos de la economía mundial: la energía, las finanzas, las telecomunicaciones, la salud, la agricultura, las infraestructuras, el agua, los medios de comunicación, las industrias del armamento y de la alimentación [1]. Y la crisis capitalista que hoy vivimos no ha hecho sino reforzar el papel económico y la capacidad de influencia política de las grandes corporaciones, que tan pronto hacen negocio con los recursos naturales, los servicios públicos y la especulación inmobiliaria, como con los mercados de futuros de energía y alimentos, las patentes sobre la vida o el acaparamiento de tierras. Las enormes ganancias acumuladas por las empresas transnacionales tienen su origen en los mecanismos de extracción y apropiación de la riqueza económica que están en la base del funcionamiento del capitalismo. La creciente explotación de trabajadores y trabajadoras y la constante devaluación salarial, la presión ilimitada sobre el entorno en busca de materias primas y recursos naturales, la especulación financiera tanto con el excedente obtenido como con todo aquello que pueda ser comprado y vendido, la mercantilización de cada vez más esferas de las actividades humanas y la absoluta prioridad de la que gozan los mecanismos de reproducción del capital frente a los procesos que permiten el sostenimiento de la vida han servido, efectivamente, para que los principales directivos y accionistas de las grandes corporaciones se conviertan en multimillonarios.

Pero, del mismo modo que Amancio Ortega es el tercer hombre más rico del mundo a la vez que Inditex produce sus prendas en fábricas textiles con pésimas condiciones laborales en Bangladesh y en talleres que utilizan trabajo esclavo en Brasil y Argentina, estos extraordinarios beneficios empresariales no serían posibles sin la generación de toda una serie de impactos socioambientales que afectan directamente a las poblaciones y los ecosistemas de todo el planeta.

Dice David Harvey que, en el nuevo imperialismo, “para mantener abiertas oportunidades rentables es tan importante el acceso a inputs más baratos como el acceso a nuevos mercados”. Por eso, en los últimos años, ante la caída de los niveles de consumo, el progresivo agotamiento de los combustibles fósiles y la rebaja de las tasas de ganancia del capital transnacional en los países centrales, las grandes corporaciones han puesto en marcha una fuerte estrategia de reducción de costes y, a la vez, han intensificado su ofensiva para lograr el acceso a nuevos negocios y nichos de mercado. Es lo que el geógrafo británico ha denominado acumulación por desposesión: “Muchos recursos que antes eran de propiedad comunal, como el agua, están siendo privatizados y sometidos a la lógica de la acumulación capitalista; desaparecen formas de producción y consumo alternativas; se privatizan industrias nacionalizadas; las granjas familiares se ven desplazadas por las grandes empresas agrícolas; y la esclavitud no ha desaparecido” [2]. En este agresivo contexto, como no podía ser de otra manera, los conflictos socioecológicos y las violaciones de los derechos humanos se han multiplicado por todo el globo, con el consiguiente crecimiento de las luchas sociales frente a todos estos impactos empresariales.

 

Caracterizando los impactos socioecológicos de las multinacionales

Las escuelas de negocios y los think tanks vinculados a las compañías multinacionales, por su parte, han elaborado estudios y análisis para vincular la presencia internacional de las empresas transnacionales con el logro de los objetivos de desarrollo y bienestar que se prometieron para justificar su llegada a los países periféricos. Ante el aumento de la pobreza y las desigualdades a nivel mundial y el creciente rechazo social que han ido generando, las grandes corporaciones pretenden construir un relato con el que no pueda cuestionarse su centralidad en la economía global: “Estoy convencido de que las empresas más que parte del problema son parte de la solución. En términos generales, las empresas, más que los gobiernos y la sociedad civil, están mejor preparadas para ser catalizadoras de innovación y transformación hacia un mundo sostenible”, afirma el presidente del BBVA [3].

 

Así, con objeto de aumentar su legitimación social y posicionarse como un actor imprescindible para “salir de la crisis”, presentan teorías revestidas de objetividad y neutralidad que pretenden demostrar los impactos positivos de sus actividades en aspectos como la transferencia de tecnología, la mejora de la provisión de bienes públicos y privados, el incremento del empleo, el acceso de las mujeres al mercado de trabajo y el fomento de la inversión como motor de desarrollo [4].

Frente a ello, diferentes centros de estudios, organizaciones no gubernamentales y movimientos sociales –así como ciertos sectores de la academia que aún se resisten a aceptar la lógica de la excelencia y de la obligada transferencia de conocimiento desde la universidad a la empresa– han venido realizando un trabajo de documentación y sistematización sobre las consecuencias de la expansión global de las corporaciones transnacionales en el marco del actual modelo socioeconómico. En este sentido, las investigaciones realizadas por diversos observatorios, ONGD y redes de solidaridad han servido, sobre todo, para demostrar tres cuestiones centrales.

 

Tribunal Permanente de los Pueblos

A la hora de avanzar tanto en la denuncia de los abusos cometidos por las empresas transnacionales como en los procesos de movilización y resistencias que permitan construir alternativas al dominio de las grandes corporaciones, una de las experiencias más interesantes es la que, en los últimos años, se ha venido articulando en torno al Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP). Y es que las distintas sesiones de este tribunal de opinión que se han dedicado a juzgar los impactos de la presencia de las compañías multinacionales en América Latina han contribuido a fomentar la investigación y la sistematización de los efectos negativos producidos por estas empresas [5].

Los ejemplos van desde las consecuencias de la extracción a toda costa de los recursos naturales, puestas de manifiesto con los casos de la minera Goldcorp en Guatemala, la papelera Botnia en Uruguay o la petrolera Repsol en Argentina, Bolivia, Colombia, Perú y Ecuador; hasta los efectos ambientales de la construcción de grandes infraestructuras, ilustrados con el caso de la empresa alemana Thyssen Krupp y su macrocomplejo industrial para la exportación de acero en Río de Janeiro; pasando por la financiación del Santander y BBVA a proyectos muy agresivos socioambientalmente en Brasil y Perú, junto a los efectos de la privatización de los servicios públicos, con Aguas de Barcelona en México, Proactiva-FCC en Colombia y Unión Fenosa en Colombia, Guatemala y Nicaragua. Y todos estos casos, según la sentencia final del TPP, “deben ser considerados no simplemente por sus elementos de unicidad, sino como expresión de una situación caracterizada por lo sistemático de las prácticas” [6].

A través de las dinámicas de lucha y resistencia que se expresan en la realización de las citadas audiencias del TPP y las campañas de movilización que las han acompañado, otros centros de estudios, observatorios y organizaciones sociales han venido trabajando en esta misma línea y, de este modo, han desarrollado diversas herramientas para la caracterización de los conflictos socioecológicos generados por las multinacionales [7]. Así pues, existen diferentes propuestas para la sistematización de estos impactos que, no obstante, siguen enfoques complementarios: mientras unas ponen énfasis en los sectores de actividad de las transnacionales y efectúan una radiografía de las políticas, instrumentos y actores cómplices en la violación de los derechos humanos cometidos por las grandes corporaciones [8], otras se basan en realizar una descripción minuciosa de las dimensiones e indicadores de los efectos ocasionados por estas compañías [9] o analizan el marco jurídico y socioeconómico dentro del cual se insertan dichos impactos [10].

(...)

Pedro Ramiro y Erika González, investigadores del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL)  Paz con Dignidad.

Ver en línea : Ecologista, nº 77, verano de 2013.

Fuente: http://omal.info/spip.php?article5916

 

Necesitamos la escucha sin fronteras de quienes enfrentan a la contrarreforma agraria o mejor a la desterritorialización y reterritorialización a favor de los negocios gran capitalistas.

 

 

México: Campaña en defensa de la madre tierra y el territorio

22 de abril de 2016

"Pasar de la defensiva a la ofensiva, tenemos que actuar ya, las consecuencias de esta nueva colonia comienzan a ser irreversibles. No basta con indignarse, con reclamar y exigir, hay que organizarnos de manera independiente, ir compartiendo saberes, identificándonos, fortaleciendo nuestra cultura. Tenemos que recuperar los valores comunitarios, reapropiarnos de eso que intentan despojarnos. Porque sin tierra y territorio la vida no es posible." (…)

¿QUIENES SOMOS?

NOSOTR@S somos quienes habitamos estas tierras, aguas, montes y cerros. Somos guardianes del territorio porque desde tiempos inmemoriales la MADRE NATURALEZA nos ha dado vida a tod@s, por eso la queremos y respetamos. No sólo venimos del campo y de las comunidades indígenas, también venimos de la ciudad y luchamos hoy, por el deber que tenemos de dejarle a nuestros hij@s la misma casa común que nos heredaron nuestr@s abuel@s. Porque tod@s tenemos derecho a disfrutar tranquilamente de nuestra vida, por eso luchamos, por recuperar la paz en nuestras comunidades.

Con PREOCUPACIÓN VEMOS y SUFRIMOS que estamos viviendo un NUEVO DESPOJO MASIVO DEL TERRITORIO, pero ahora la disputa no es sólo por la tierra o el agua, sino que ahora está en peligro la vida, la existencia de la naturaleza, TODA nuestra Madre Tierra. Por eso nuestra lucha es ahora también POR LA VIDA.

 

El gobierno quiere engañar al pueblo diciendo que somos egoístas, atrasados, anti-desarrollo, pero nosotr@s no somos egoístas, ni atrasados, al contrario pensamos en el futuro, en la humanidad. Lo que para nosotros es nuestra madre naturaleza, los bienes comunes naturales, para el gobierno son recursos naturales, mercancías que tienen precio y por eso nos acusan de obstruir el progreso y el bien de la nación. Pero si nosotr@s nos levantamos es porque ellos lo están provocando, porque no son territorios vacíos donde ellos están destruyendo la naturaleza y no tienen derecho a decidir sobre NUESTRAS vidas. Y esto se les saldrá de las manos.

 

Nuestras formas de organización y nuestra cultura no son obsoletas, nuestra forma de vida sí funciona, no es que nos haga pobres, sino que lo que nos está empobreciendo son sus políticas neoliberales. Entonces, el gobierno llega con su discurso de DESARROLLO y NOS QUIERE HACER CREER que un megaproyecto es igual a crecimiento económico, que es mejor para tod@s detener un río para instalar una hidroeléctrica, o destruir un cerro para atraer las inversiones mineras. Pero

 

HAY QUE PREGUNTARNOS:

¿A PROVECHO DE QUIÉN ES LA EXPLOTACIÓN DE LA MADRE NATURALEZA? Realmente la naturaleza que destruyen, no es para“beneficio” del resto del pueblo, sino sobre todo del empresario y del gobierno corrupto que nos divide a través de sus partidos políticos y programas sociales, quitándonos autonomía para depender de sus limosnas.

Nos hemos dado cuenta que el Gobierno solo está al servicio de los capitales trasnacionales y que sus decisiones están vendiendo nuestro futuro, porque generar DESPOJO Y ESCASEZ es un gran negocio para ellos.

Nos están haciendo pobres, material y espiritualmente. La causa de nuestra pobreza es el capitalismo/neoliberalismo y sus leyes del libre mercado. Debemos entender esta causa y debemos ser capaces de explicar el problema de forma sencilla y clara para que cualquiera lo pueda entender. Las reformas estructurales modificaron la estructura del Estado para despojar del territorio y prosperidad a la gente pobre y dárselo todo a los ricos. Las Reformas Estructurales pretenden acabar con las conquistas logradas por nuestros abuelos en la Revolución Mexicana, la Reforma Agraria que restituye el territorio del pueblo al pueblo ha sido traicionada, hoy nuevamente están legalizando el despojo de las tierras, montes, aguas y cerros. Han roto el contrato social plasmado en la Constitución, que incluía los derechos de los pueblos indígenas, campesinos, obreros y de la gente pobre de este país.

¿QUE HACEMOS?

Pasar de la defensiva a la ofensiva, tenemos que actuar ya, las consecuencias de esta nueva colonia comienzan a ser irreversibles. No basta con indignarse, con reclamar y exigir, hay que organizarnos de manera independiente, ir compartiendo saberes, identificándonos, fortaleciendo nuestra cultura. Tenemos que recuperar los valores comunitarios, reapropiarnos de eso que intentan despojarnos. Porque sin tierra y territorio la vida no es posible.

Es urgente comprender que estamos viviendo la catástrofe, el deterioro de la vida, porque cada vez que estos proyectos contaminan en los territorios de los pueblos un río, un bosque, una selva, el problema no es sólo para quienes los habitamos, sino para tod@s, porque se atenta contra la vida misma.

CONSTRUYAMOS JUNT@S UNA CAMPAÑA NACIONAL EN DEFENSA DE LA MADRE TIERRA Y EL TERRITORIO

El mensaje es simple:

LA VIDA Y EL TERRITORIO ESTÁN EN RIESGO, TENEMOS QUE DEFENDERNOS HASTA LAS ÚLTIMAS CONSECUENCIAS.

La tarea es combatir la desinformación de que no está pasando nada con los pueblos y bienes naturales de nuestro país. A nivel mundial, nos conocen como el país del narcotráfico y la violencia, y mientras tanto al interior los mexicanos estamos sufriendo el mayor despojo y retroceso de nuestros derechos. Bajo el pretexto del narcotráfico, han sacado al ejército a las calles, violando el artículo 129 de la constitución sobre el acuartelamiento que deben tener las fuerzas castrenses, y utilizan esta militarización para imponer los proyectos de muerte en nuestros pueblos y comunidades, contradiciendo la obligación que tienen las fuerzas castrenses de proteger la soberanía nacional que reside esencial y originalmente en el pueblo. ¡Tienen que defender al pueblo, no estar contra él! y esto incluye la defensa de nuestro territorio frente a intereses extranjeros.

Por eso es necesario que hagamos volantes, radios comunitarias, acciones para informar en nuestras comunidades y ciudades lo que nos está pasando. Conocernos entre l@s afectad@s y difundir la palabra hacia el interior y el exterior.

Hay que alzar la voz colectiva. Llevar lejos las experiencias. Denunciar la generalizada situación nacional de despojo del territorio, difundir los datos duros que demuestran la urgencia de cambiar las cosas. Hay que hacer viajar la palabra, como viaja el aire. Hablar con fundamentos, con razones, pero también desde las emociones y los sentimientos. Hay que traducir el mensaje de lo que nos está pasando a todas nuestros idiomas indígenas. Contra la muerte que significan sus proyectos, debemos crear vida.

Debemos hacer conciencia desde nuestros hogares y familias. Dejemos de ser mujeres y hombres machistas e individualistas, reconozcamos el valor de la mujer. Fortalezcamos la vida, la alimentación saludable y la organización comunitaria.

Defendamos la cultura de nuestros pueblos, el control de producir nuestros alimentos, reconstruyamos nuestros sistemas normativos y de gobierno, nuestras instituciones comunitarias: la autonomía y el autogobierno. Creemos nuestras propias leyes, porque cuando la ley es injusta, lo justo es desobedecerla.

Levantémonos junt@s, sol@s no podemos. Cobijémonos entre tod@s. Si nosotr@s nos unimos, ellos tiemblan. Estamos viviendo la historia y queremos formar parte de ella. Ya no tenemos miedo. Porque todas nuestras luchas nos llevan a un OBJETIVO COMÚN: La DEFENSA de la VIDA y la MADRE TIERRA.

Es por eso que a partir de este 10 de abril y hasta el 20 de noviembre de 2016 realizaremos una Campaña Nacional en Defensa de la Madre Tierra, la vida y el territorio, difundiendo tres mensajes centrales:

CONVOCAMOS A SUMARSE A ESTA CAMPAÑA:

A todos los pueblos, comunidades, barrios y colonias que sufren del despojo; a todas y todos quienes sufren de la destrucción de la Madre Tierra provocada por los proyectos depredadores mineros, petroleros, forestales o que hacen del agua una mercancía; llamamos a todas y todos aquellos que luchan contra los agrotóxicos, los monocultivos y tratan de preservar nuestras semillas; a todas aquellas comunidades que son avasalladas por megaproyectos energéticos (hidroeléctricas, eólicas, termoeléctricas, gasoductos, fracking), de infraestructura (autopistas, aeropuertos, trenes) y de minería; a todas las comunidades que están siendo afectadas por la contaminación de la industria y otros proyectos de muerte; a todos los barrios y colonias que en las ciudades resisten la imposición de grandes avenidas, megacentros comerciales, transporte masivo, desarrollos urbanos y basureros; llamamos a todas y todos quienes luchan contra el intento de volver mercancía las playas, los manglares, los lagos, los bosques y las áreas naturales protegidas.

·         Les llamamos con urgencia a ser parte de la Campaña Nacional en Defensa de la Madre Tierra y el territorio. A tod@s les invitamos:

 

Llamamos a la sociedad civil organizada, a los colectivos, a las organizaciones civiles, religiosas, a los trabajadores organizados, a los estudiantes, a los medios libres y alternativos, a las organizaciones sociales y populares, ambientalistas, feministas, juveniles y de derechos humanos a ser parte de esta campaña, a ayudar a difundir nuestra voz y nuestro mensaje de defensa de la Madre Tierra. A los diferentes movimientos sociales que se extienden a lo largo y ancho del país, los llamamos a coordinarnos, a tejer unidad, porque solos no podemos defender la soberanía, futuro y presente de nuestro país.

A la sociedad civil organizada y no organizada la invitamos:

 

Tod@s nosotr@s, somos del color del arcoíris, l@s guardianes e hij@s de la madre tierra, l@s que la defendemos ante el cáncer de las “leyes del mercado y la catástrofe”, que nos la arrebatan, la enferman y matan. Nosotr@s hemos escuchado y respondido al llamado de amor y dignidad de nuestra madre. Es momento que pasemos la voz para que otr@s también lo hagan. Porque al despojarnos de nuestros territorios, la vida está en riesgo y los afectados somos tod@s, por eso ya estamos luchando, pero necesitamos ser más…

PORQUE tod@s somos tierra, vivimos en ella, la amamos y dependemos de ella,

PORQUE las afectaciones son para TOD@S:

¡LA LUCHA ES DE TOD@S!

_________________

CAMPAÑA NACIONAL EN DEFENSA DE LA MADRE TIERRA Y EL TERRITORIO

COMITÉ en defensa de la MADRE TIERRA somos: (...) Leer

En consecuencia, necesitamos hoy emancipar nuestro trabajo del capital y su Estado. Comencemos por desfechitizarlo al último porque el gestionado por el progresismo K, como el de la dictadura y el de todo el período constitucional desde 1983, fueron imprescindibles para viabilizar la creciente concentración y transnacionalización económico territorial mediante la derrota de los trabajadores y los otros componentes de la diversidad oprimida por el capitalismo. Al mismo tiempo de este balance histórico del presente en múltiples espacios en común, es prioritario crear solidaridad con:

 

 

[uap] Pronunciamiento Primer Encuentro de Asambleas del Kurrú Leufú (Río Negro)

 23 de abril de 2016
 

Walki Ñielo (Allen), Kurrú Leufú
Provincia de Río Negro, Puel Mapu
 
Hermanos y hermanas de distintos lugares del territorio (Allen, Cinco Saltos, Cipolletti, Comarca Carmen de Patagones-Viedma, Comarca El Bolsón-Lago Puelo, Fiske Menuco, San Carlos de Bariloche) nos hemos reunido en el día de la fecha para concretar el Primer Encuentro de la Unión de Asambleas del Kurrú Leufú (Río Negro) con el fin de consolidar un espacio que nos permita reforzar los principios asamblearios desde la horizontalidad y el Buen Vivir.

Frente al actual panorama, donde el desarrollo del extractivismo como un gesto político, es sistemáticamente desplegado sobre las regiones históricamente sometidas por el Poder de las grandes Potencias Mundiales, exponemos la urgente necesidad de dar a discusión la imposición que los gobiernos someten a todo habitante y ser vivo del territorio, a cambio de enfermedad y muerte, negándoles el futuro, pobreza e ignorancia, llevando adelante políticas sistemáticas de genocidio y ecocidio.

Hemos contemplado y nos solidarizamos ante el padecer de nuestros hermanos que habitan el territorio de la Cuenca del río Jáchal, en la Provincia de San Juan, donde la mina Veladero de la empresa Barrick Gold opera hace más de una década sobre un ambiente glaciar y periglaciar. Veladero era conocida sólo por la Policía Minera y los empleados de la empresa. No hay datos ni fotos de ningún derrame, no hay balances de uso de agua. Este caso describe la política con la que se desarrollan los proyectos extractivistas, donde el discurso que sostienen los empresarios se dicta como prospectos que repiten los funcionarios y toman examen a la democracia que hoy legitima y otorga invisibilidad e impunidad al saqueo. El encadenamiento de mentiras que pregona Desarrollo, Progreso y Sustentabilidad hoy mantiene a los pueblos rehenes de las transnacionales y dependiente de los vaivenes del mercado.

Adherimos e impulsamos una campaña urgente por la restitución de la Ley Provincial 3981 (Ley Anti cianuro) que prohibía el uso de cianuro para la mega minería a cielo abierto en Río Negro. Los incidentes mineros no son accidentes. Un “accidente” deja de serlo cuando este es prevenible y pasa a transformarse en DELITO.  Aquí hay responsables directos de la contaminación que esta destructiva actividad está dejando en el territorio.

La destrucción de las economías regionales como es el caso de los pequeños productores del Valle Inferior o el ejemplo de los productores de fruta y hortalizas del Valle Medio de la Cuenca del río Negro, responde justamente a esto, a que la única alternativa que tengan los pueblos empobrecidos sea entregar sus territorios a la explotación de empresas transnacionales para sostener una industria voraz y monstruosa de los países del llamado Primer Mundo.

Empresas que llegan, destruyen el suelo, extraen hidrocarburos, envenenan el agua, el aire, la tierra, la vida y se van. Cientos de camiones, maquinarias y cuerpos represivos hoy constituyen el ejército extractivo que avanza sobre los territorios que habitamos.
 En la localidad de Allen, los productores frutícolas acorralados por la incoherencia de un mercado que desprecia el valor de la obra de su trabajo, y al borde del remate de sus chacras, hoy venden su voluntad y rentan la tierra a empresas que implementan el fracking para extraer tigth gas, hecho que condenará para siempre la salud de quienes ocupamos estos territorios, quienes bebemos el agua que usan desmedidamente y contaminan. 
En Allen, queda en evidencia el proceder irregular de la Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable, cuya responsable la empresaria Ing. Dina Migani, que se niega a respetar el derecho de la consulta previa, libre e informada del pueblo, para decidir sobre los territorios, mostrando la ilegalidad de la condición en la que operan las fracking petroleras. 
Reconociendo el antecedente de que en esta localidad realizan fracking desde 2013 cuando por decreto se habilitaba la actividad, con la ausencia inclusive de legislaciones tanto nacionales como provinciales que lo avalaran en su momento.
Entonces los funcionarios de turno negaban que se aplicara la hidrofractura para la extracción de hidrocarburos no convencionales mientras se fracturaba el suelo y se decidía el sacrificio involutivo de agua por petróleo. Este escándalo se resume en lo expuesto desde el Poder Ejecutivo Provincial cuando el gobernador Alberto Weretilneck expresó que el petróleo puede convivir con la fruticultura.

 

Esta es la hipocresía que denunciamos y que nos va a llevar al desastre de no tomar medidas urgentes al respecto. Están demostrados los riegos del fracking. Si fuera verdad la posibilidad de control, el Poder no tiene el equipamiento, ni los medios ni la voluntad ni la intención de hacerlo.
 

Repudiamos enérgicamente la presencia de latifundistas en el territorio que han concentrado y privatizado la tierra con la complicidad de los gobiernos provinciales, como es el caso de Joe Lewis. Denunciamos públicamente el negocio que anuncia el poder político del Estado en el que Lewis a través del proyecto de una central hidroeléctrica sobre el río Escondido, ampliará su control de provisión de energía eléctrica en el país, cuya demanda es creciente y se intensifica con el avance de emprendimientos extractivistas en nuestra provincia y que requieren del uso desmedido de energía para la explotación de la Naturaleza. El agua un bien público será el sustento de este negociado privado y como si fuera poco por tratarse de energía limpia, el Mw nos costará más caro.
Cuestionamos fuertemente la realización de la obra que contempla el acueducto desde el río Colorado para la provisión de agua potable a ciudades de la provincia de Buenos Aires, el proyecto de trasvase del río Negro al río Colorado, previsto en el  tratado del COIRCO, como así también el proyecto de Potasio – Río Colorado de la multinacional Vale, siendo que no se ha dado respuesta a las condiciones de sanidad de toda la cuenca y aun así se pretende intervenir sobre el equilibrio del ecosistema.

Expresamos nuestra preocupación y rechazo frente a las recientes declaraciones  del presidente Macri en relación al proyecto mega minero Navidad, ubicado entre Gan Gan y Gastre, en inminente actividad.
Repudiamos la profundización de las políticas del aparato represivo del Estado con la designación de Mario Altuna como Jefe de Policía de la Provincia de Río Negro, dada la participación de este sujeto como abogado defensor penal de policías imputados en los asesinatos de jóvenes en barrios de Bariloche, defensor penal de policías imputados en causas por violaciones de derechos humanos, defensor penal de imputados por violencia de género y responsable además de hechos discriminatorios. 
Denunciamos la gestación de una nueva Ley de Tierras Fiscales de la Provincia de Río Negro, en afinidad con el desarrollo del modelo extractivista en el territorio, en la cual trabaja exclusivamente el ex titular de la Dirección de Tierras, Enrique Álvarez Costa, proyecto anunciado por el Ministro de Gobierno, Luís Di Giacomo, el cual se prevé enviar para su análisis y tratamiento a la Legislatura antes de fin de año.

 

Nos urge organizarnos por la protección de la Naturaleza, ante el inminente desarrollo de una guerra global  por el agua, plasmado en su privatización y en el apoderamiento de distintos cursos y espejos de agua. La depredación de la Naturaleza significa en todos los horizontes un despropósito y un atentado contra los derechos colectivos de los pueblos que nos encontramos en defensa del territorio.
Por todo esto, vemos, la territorialidad, la autonomía y la autodeterminación de los pueblos como horizontes hacia donde nos urge caminar. 
Nos encontramos en constante estado de movilización, convocatoria y organización en los diferentes frentes que se fortalecen en este encuentro de asambleas.
 
“Los derechos humanos y los derechos de la Naturaleza son dos nombres de la misma dignidad”.
- Eduardo Galeano.
 
Unión de Asambleas del Kurrú Leufú (Río Negro).

 

 

 

Es también cuestionar al periodismo obsecuente K así como a las ciencias y tecnologías promovidas por el gobierno CFK . A diferencia de Lino Barañao, la Unión de Científicos Comprometidos con la sociedad y la naturaleza de América Latina (UCCSNAL) plantean:

 

 

 

Carta abierta de la UCCSNAL sobre las nuevas tecnologías

11 de mayo de 2016

 

UNIÓN DE CIENTÍFICOS COMPROMETIDOS CON LA SOCIEDAD Y LA NATURALEZA DE AMÉRICA LATINA (UCCSNAL): "Estas nuevas biotecnologías aplicadas al mundo rural, no harán sino acentuar esta tendencia ya que todas ellas están concebidas para ser aplicadas en modelos de monocultivos industriales. Cuestionamos la seguridad de esta tecnología, que juega con la manipulación genética a pesar del gran desconocimiento que existe sobre su funcionamiento, y sobre los efectos que su aplicación podrían desencadenar a nivel celular, del organismo de la salud humana y del ambiente."

En homenaje a Andrés Carrasco a dos años de su fallecimiento

10 de mayo de 2016

Desde hace algunos meses se ha iniciado con mucha fuerza una campaña publicitaria para promover un grupo de nuevas biotecnologías (como la edición de genes, la biología sintética, CRISPR-Cas, el uso de micro ARN, la manipulación de la expresión genética a través de la intervención en los complejos procesos involucrados en epigénetica, por mencionar algunos ejemplos), presentándolas como “superadoras” de la transgénesis.

Tal como ocurrió hace dos décadas, cuando los promotores de los transgénicos nos presentaron un largo menú de promesas que nunca llegaron a cumplirse, los mismos sectores que desde entonces vienen defendiendo los transgénicos, hoy nos dicen que estas nuevas biotecnologías “superadoras” son mucho más precisas, seguras y eficientes; que con apenas un “rasguño” se puede obtener resultados extraordinarios. Ellas, se dice, podrían ser la respuesta a la cura de diversas enfermedades, al incremento en la producción agrícola; se eliminaría el uso de plaguicidas, se podría desarrollar nuevos combustibles que, por un lado no se agoten y por otro, ayuden a enfrentar el cambio climático. Todas estas promesas son las mismas que hace 20 años acompañaron el lanzamiento de los cultivos transgénicos y todas demostraron a lo largo de estas décadas su falsedad.

Contrariamente a lo anunciado, con la introducción de los transgénicos en la agricultura industrial, se fortaleció el poder corporativo en el sistema agroalimentario, se dio una rápida expansión de monocultivos de soya, maíz y algodón y canola (que fueron los únicos cultivos biotecnológicos que tuvieron un éxito comercial) y que, además de desplazar cultivos alimenticios, profundizaron los impactos que provocados por la revolución verde: la emergencia de súper malezas, súper plagas y nuevas enfermedades, el incremento del uso de agrotóxicos, se intensificó el poder monopólico sobre las semillas a través de la imposición de derechos de propiedad intelectual y otros mecanismos legales, la aceleración del proceso de acaparamiento de la tierras, la ultra-tecnificación del agro, lo que devino en un masivo abandono del campo, porque el resultado final ha sido la instauración de un modelo agrícola sin agricultores.

Estas nuevas biotecnologías aplicadas al mundo rural, no harán sino acentuar esta tendencia ya que todas ellas están concebidas para ser aplicadas en modelos de monocultivos industriales.

Cuestionamos la seguridad de esta tecnología, que juega con la manipulación genética a pesar del gran desconocimiento que existe sobre su funcionamiento, y sobre los efectos que su aplicación podrían desencadenar a nivel celular, del organismo de la salud humana y del ambiente.

No pedimos para estas tecnologías la aplicación de normas de bioseguridad ni el desarrollo de estrictas evaluaciones de riesgo, sino la suspensión de toda la experimentación en este campo. Cuestionamos el exagerado rol que se da a “la ciencia” y al sistema científico tecnológico en el proceso de toma de decisiones relacionado con la adopción de estas nuevas tecnologías, pues sabemos que la investigación científica encarna las mismas relaciones de poder que se dan en la sociedad, y que las principales líneas de investigación son decididas por quienes las auspician y financian.

Desde la UCCSNAL proponemos un nuevos modelo de Ciencia Digna que en un diálogo de saberes con los campesinos y campesinas del mundo que han alimentado a la humanidad por miles de años y hoy lo siguen haciendo. Hacemos nuestras las palabras de Andrés Carrasco en el documento que sirvió de base para la creación de nuestra organización: “En este contexto existe la necesidad urgente de establecer una red de científicos, con concepciones más respetuosas de la complejidad y con capacidad de interpelar a las empresas y las comunidades científicas que sostienen y promueven los OGM, denunciando las limitaciones de la tecnociencia biotecnológica, discutiendo, refutando y develando las falacias simplificadoras y reduccionistas que pretenden formar un corpus “teórico y científico” de la tecnología de manipulación genética, con el fin inconfeso de reemplazar la naturaleza a medida de las grandes corporaciones y gobiernos y blindar los procesos de apropiación por despojo del territorio y su gente a cualquier precio, incluso la muerte por exterminio".

Es hora que los agricultores y la sociedad recuperen las iniciativas de la investigación científica basada en técnicas agroecológicas, basadas en las fortalezas locales, que reviertan el acelerado proceso de descampesinización; que los temas emergentes de salud sean tratados desde un punto de vista integral abordando los procesos de determinación social y ambiental que promueven la salud y los que generan la enfermedad.

Es impensable que los impactos y problemas sociales, ambientales y sanitarios que han sido generados por la expansión acrítica de un modelo basado en la tecnociencia de mercado, cuya principal motivación es la maximización de la ganancia económica, puedan solucionarse o atenuarse, sumando las nuevas quimeras de la revolución biotecnológica.

Nuestra contrapropuesta, es la agroecología que prescinde del uso de pesticidas y fertilizantes derivados de la industria química, son sustentables en el tiempo, hacen un manejo racional de recursos naturales, brindando productos sanos y manteniendo o incrementando la fertilidad de los suelos. Los informes de Olivier de Schutter, relator especial de las Naciones Unidas para el derecho a la alimentación, y del IAASTD señalan sin ambigüedades la alta capacidad productiva de la agricultura campesina y ecológica. Al mismo tiempo, consideran que ésta permite un mejor acceso a los alimentos, al apostar por una producción y comercialización local, con prácticas que respetan, conservan y mantienen la naturaleza.

En realidad, no sólo la agricultura campesina y ecológica puede alimentar al mundo sino que es la única capaz de hacerlo. No se trata de un retorno romántico al pasado ni de una idea bucólica del campo sino de hacer confluir los métodos campesinos de ayer con los saberes del mañana y democratizar radicalmente el sistema agroalimentario.

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Documentos/Carta_abierta_de_la_UCCSNAL_sobre_las_nuevas_tecnologias