Qué Sistema

Marzo 2020

Mira por el lucro burgués y destruye cuencas hidrográficas, deforesta e incendia selvas-bosques. Erradicarlo exige unión plurinacional e internacional de los pueblos como concretó MAB.

 


 

Conciliación de clases/ Concentración y centralización capitalista/ Alternativas emancipatorias

 

Conciliación de clases

 

Consideremos la criminalidad de lesa humanidad del sistema mundo capitalista y de sus expresiones sudamericanas sean bajo gestión progresista o neoliberal.

 

El Gran Chaco y la Cuenca del Plata

Son fundamentales para la vida bonaerense

Y están siendo destruidos por el capitalismo.

 

Introducción

 

Los bonaerenses dependemos de la Cuenca del Plata que, a partir de su desembocadura, se despliega en la jurisdicción de cinco países.  Se extiende en gran parte del sur, del sudeste y del centro-oeste de Brasil; el SO de Bolivia; gran parte de Uruguay; todo el Paraguay y casi todo el norte, la mesopotamia y la pampa húmeda de la Argentina. Está formada por tres grandes sistemas hídricos: el Paraná, el Paraguay y el Uruguay, además del Río de La Plata propiamente dicho donde vierten sus aguas algunos ríos menores. 

 

La Cuenca alberga el Acuífero Guaraní, uno de los reservorios más grandes de agua dulce del mundo y es compartido por Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. Abarca también El Pantanal en Brasil y el Sistema de esteros, lagunas y bañados de Iberá (Corrientes, Arg.), ambos constituyen ecosistemas de humedales de suma importancia para los procesos hidrológicos y ecológicos de la Cuenca y para la diversidad biológica que sustentan. Tiene otros biomas muy valorados como la Pampa Húmeda pero atendamos al Gran Chaco y abreviemos la siguiente entrevista que nos sitúa en que:

 

El Gran Chaco Americano y la Amazonía

son claves para nuestra supervivencia

21 de junio de 2019

La periodista ambiental Laura Rocha entrevistó el 14 de junio de 2019 a la Dra. en Biología Micaela Camino (integrante del colectivo 'Somos Monte’  y socia particular de Redaf). Fue en el programa Cuestión Ambiental, transmitido por Radio Cultura 97.9. En el marco de distintas manifestaciones y reclamos en la provincia del Chaco, la entrevista refleja la situación de los bosques nativos de la región chaqueña y su interrelación con las comunidades que los habitan y con otras regiones.

 

Laura Rocha_ Hablando del desmonte y de la importancia de conservar este equilibrio ecosistémico en los bosques, y especialmente en el Chaco americano: ¿qué es lo que está pasando en estos momentos, y que es por lo que se vienen manifestando en la provincia del Chaco?

 

Micaela Camino El Gran Chaco americano es toda una región, no estamos hablando sólo de la provincia del Chaco. Estamos hablando de toda una región enorme, donde la mayor superficie está en Argentina. Y junto con la Amazonía son nuestros pulmones, son nuestras regiones más grandes que nos proveen millones de servicios ambientales, a nosotros como personas, además de las funciones que cumple en sí misma para todas las otras regiones de alrededor. O sea que son claves para nuestra supervivencia. Y, para que no sea tan acelerado el cambio climático, necesitamos que permanezcan estas masas boscosas. Y no son sólo bosques, también tenemos humedales, pastizales; son sistemas diversos integrados donde, en el caso del Chaco, dominan los bosques. (…) Leer

En un reciente Comunicado del 30/01/2020 Enfermería para la Asistencia Humanitaria (ENASHU) denuncia crisis humanitaria en Salta, Formosa y Chaco, además el hostigamiento por gobiernos provinciales. Leer Pero remontémonos a abril de 2006, los pueblos originarios del Gran Chaco Sudamericano emiten Declaración. Se han reunido tres días al comprender que comparten una misma región geográfica y tienen una historia común. Dicen haber llegado a la ciudad de Buenos Aires con la esperanza de que las propuestas presentadas para una vida mejor de comunidades sean aceptadas por quienes gobiernan Argentina.

 

Plantean que el Gran Chaco “abarca casi UN MILLON de kilómetros cuadrados, de los cuales el cincuenta por ciento se encuentra emplazado en diez provincias de Argentina, el treinta y cinco por ciento en tres Departamentos de Paraguay y el quince por ciento en tres Departamentos de Bolivia. Contiene una gran diversidad de vida. A pesar de la aridez de la mayor parte del territorio, hay más plantas comestibles por hectárea en el Chaco que en la selva amazónica. Presenta grandes superficies de bosques nativos, extensas llanuras y sierras, y numerosas especies, muchas de ellas hoy en peligro de extinción. También tiene grandes ríos que atraviesan la Región, como el Pilcomayo y el Bermejo, lagunas de agua dulce, esteros y bañados con incontables peces.

 

Y, por sobre todo, en el Chaco viven más de TREINTA Pueblos Originarios, con gran diversidad de lenguas y de expresiones culturales y espirituales muy ricas, que nuestros hombres y mujeres, ancianos y ancianas se encargan de transmitir y mantener vivas. Esta inmensa variedad cultural y biológica es nuestro patrimonio ancestral, pero también es patrimonio de todos ya que beneficia aún a los que no viven en la región, como así también los desequilibrios que se producen en ella los afectan directamente”.

 

Destacan que, en los tres países, se han menospreciado las prácticas de manejo y aprovechamiento de los bienes naturales de los pueblos originarios que están sufriendo una nueva y cada vez más fuerte invasión. Los pool de siembra de soja transgénica y los ingenios azucareros queman los bosques, los aserraderos se llevan las maderas y las empresas petroleras el petróleo y el gas.

 

Manifiestan que sus derechos están siendo olvidados, desconocidos, ignorados, violados por los gobiernos y por particulares.

Que sus culturas están siendo sometidas, discriminadas y excluidas. Sus comunidades y territorios siguen siendo avasalladas, saqueadas y destruidas. Finalizan la Declaración advirtiendo que la situación ya resulta insostenible y amenaza su supervivencia cultural y física. Por tanto, solicitan urgente respuesta a sus demandas (…) y que los Gobiernos de Argentina, Bolivia y Paraguay detengan a las grandes corporaciones empresariales que producen la contaminación y el desastre ecológico Leer

 

 

Nos dolió observar la catástrofe socioambiental: "El fuego avanzó durante agosto y septiembre en el suroeste de la Amazonía brasileña, en el bioma del Cerrado, también ubicado en el gigante sudamericano, en la Chiquitanía boliviana, que es una zona del noreste de transición entre la selva y el Chaco, y en el norte de Paraguay".

 

 

Con deforestación en aumento y miles de incendios,

Sudamérica avizora un difícil 2020

24 de noviembre de 2019

Por Patricia Ávila

 

MONTEVIDEO (Sputnik) — Miles de kilómetros cuadrados ardieron en 2019 en América del Sur, particularmente en Brasil, como consecuencia de la tasa de deforestación más alta en una década en la Amazonía, el avance de los agronegocios y la minería ilegal, evaluaron científicos, para quienes las perspectivas del próximo año son sombrías.

"Salvo que ocurra un milagro en términos de medidas contra delitos, algo que no vemos en absoluto (…) todos los indicadores apuntan a un aumento importante de la deforestación, que será mucho más extensa que en 2019", dijo a Sputnik el investigador brasileño Carlos Nobre, Premio Nobel de la Paz en 2007 con el Panel Intergubernamental del Cambio Climático.

El fuego avanzó durante agosto y septiembre en el suroeste de la Amazonía brasileña, en el bioma del Cerrado, también ubicado en el gigante sudamericano, en la Chiquitanía boliviana, que es una zona del noreste de transición entre la selva y el Chaco, y en el norte de Paraguay.

 

Las imágenes de extensas lenguas de fuego e inmensas columnas de humo, animales huyendo y bomberos luchando contra las llamas dieron la vuelta al mundo y resultaron en una creciente presión pública que obligó a actuar a los gobiernos.

El más criticado fue el Gobierno brasileño del ultraderechista Jair Bolsonaro, quien al principio restó importancia a los incendios, luego ordenó el envío de militares a zonas incendiadas prohibiendo también la quema de vegetación y llegó incluso a culpar a las organizaciones no gubernamentales y hasta al actor y activista ambiental Leonardo di Caprio, de provocar el fuego para recaudar fondos.

 

La presión pública llevó a Perú, Colombia, Ecuador, Bolivia, Surinam, Guyana y Brasil a coordinar esfuerzos mediante el llamado Pacto de Leticia, firmado en septiembre, para implementar medidas de conservación y prevención de la Amazonía que aún no se han puesto en marcha.

 

A la destrucción de biomas ricos en fauna y flora como la Amazonía y la Chiquitanía se suma el asesinato de defensores de la selva, la mayoría indígenas.

Solo en diciembre, al menos tres miembros del pueblo Guajajara perdieron la vida en el norte de Brasil a manos de madereros que se adentran en la tierra nativa de forma ilegal.

Según los científicos, 2020 será tanto o más difícil que este año porque las actividades ilegales han sido escasamente abordadas y los niveles de deforestación siguen creciendo, al igual que los ataques contra los "defensores" de la selva.

 

"El viejo Oeste"

En Brasil, el número de incendios se disparó en agosto quemando 24.944 kilómetros cuadrados en la Amazonía en lo que fue el peor mes del año, según los datos disponibles del Instituto de Investigaciones Espaciales (INPE, por sus siglas en portugués) que llegan hasta noviembre.

Entre enero y noviembre se perdieron 70.698 kilómetros cuadrados, dicen las cifras del INPE.

En el Cerrado, una sabana que se extiende al sur de la selva y que es presionada por el agronegocio, ardieron 146.746 kilómetros cuadrados desde enero, el bioma que se ha llevado la peor parte en la temporada de incendios. (…) Leer

 

 

Nos devela cinco secretos del bosque amazónico y alerta sobre la deforestación

 

 

El polvo de hadas de la Amazonia

22 de agosto de 2014

Ramiro Escobar La Cruz
Lima 

El investigador Antonio Nobre, devela cinco secretos del bosque amazónico y alerta sobre la deforestación

 

Fue el primero en hablar en el III Encuentro Panamazónico realizado en Lima, entre el 6 y el 7 de agosto. Tiene un verbo apasionado y una cualidad algo inusual en un científico: saber enhebrar los datos con relatos, la explicación con la emoción. Antonio Nobre, investigador del Instituto Nacional de Pesquisas da Amazonia (INPA), cuenta en esta conversación cuál es la magia de la Amazonia, en qué consisten sus secretos y por qué el cambio climático y la deforestación la amenazan muy seriamente…

 

P: ¿Estamos ya en ‘El día después de mañana’ del cambio climático? 

 

Estamos en una situación demasiado grave. Al punto que la comunidad científica, que no suele concordar entre sí, ha formado un bloque de homogénea convicción sobre el tema. El cambio climático ya no es más proyección.

 

P: ¿Y cómo se manifiesta esta gravedad en la Amazonia? 

 

En la deforestación, que remueve la capacidad del bosque para mantenerse. Lo ha hecho por millones de años en condiciones adversas. Pero hoy se ha reducido su capacidad. Antes había dos estaciones amazónicas, la húmeda y la más húmeda, que eran bastante reconocibles. Ahora tenemos una estación húmeda moderada y una estación seca. Y la seca tiene un efecto muy perverso. Porque, cuando no llueve, los árboles se tornan inflamables, el fuego entra y ya no hay más bosque tropical.

Los chorros verticales y el polvo de hadas.

 

Con todo, la Amazonia tiene aún cinco secretos. Es algo que los pueblos nativos siempre supieron y que nuestra civilización no percibió. Pero, en los últimos 30 años, la Ciencia ha revelado estos cinco secretos. El primero es cómo el bosque amazónico mantiene la atmósfera húmeda a 3.000 kilómetros del océano...

 

- ...Y hacer que la lluvia llegue hasta la Patagonia. Y a los Andes, por 3.000 o casi 4.000 kilómetros. A otras partes que están lejos del océano, como el desierto del Sáhara, no les llega agua. En América del Sur eso no pasa y se debe al primer secreto: los chorros verticales de agua.

 

P: ¿Cuál es el secreto de ese secreto? 

 

Que los árboles amazónicos son bombas que lanzan al aire 1.000 litros de agua diarios. La sacan del suelo, la evaporan y la transfieren a la atmósfera. Todo el bosque amazónico pone 20.000 millones de toneladas de agua en la atmósfera al día. El río Amazonas, el más caudaloso del mundo, pone en el Atlántico 17.000 millones de toneladas en el mismo lapso.

 

P ¿cómo se descubrió? 

 

Midiendo. Con torres de estudio, con satélites que detectaban ese transporte de vapor, que es un vapor invisible. Producido por los árboles casi mágicamente. La magia viene en el segundo secreto. 

 

P: ¿Cómo es posible que, si el aire de la Amazonia es muy limpio, porque la alfombra verde cubre la tierra, haya tanta lluvia? 

 

El océano también tiene un aire limpio, pero no llueve mucho sobre él. Los científicos descubrimos un misterio.

 

P: ¿Cuál? 

 

Para formar una nube, que son gotas de agua en suspensión, hay que transformar el vapor bajando la temperatura. Pero si no tienes una superficie, sólida o líquida, de partículas para las semillas de nubes, el proceso no comienza.

“El bosque amazónico pone 20.000 millones de toneladas de agua en la atmósfera al día”

 

P: ¿Qué hace el bosque entonces?

 

Genera lo que llamamos polvo de hadas. Son olores que salen de los árboles y que en la atmósfera húmeda se oxidan para precipitar un polvo finísimo que es muy eficiente para formar lluvia. Parece un cuento. Es que el bosque constantemente manipula la atmósfera y produce lluvias para sí, algo casi mágico. Los gases salen de los árboles, son como perfumes y se volatilizan.

 

-Una suerte de gran fragancia sostenible. Es un océano verde, distinto del azul. El azul no tiene ese mecanismo porque carece de árboles. Tiene algas, que producen un poquito, pero no como el verde.

 

La bomba biótica y los ríos voladores

 

- Vamos al tercer secreto. Vamos. En la Amazonia, el aire que viene del hemisferio norte cruza el Ecuador, entra y va hasta la Patagonia. Hasta ahí llega ese aire húmedo, que viene del Atlántico ecuatorial.

 

- Con los vientos alisios. Sí, con los alisios que trajeron las carabelas de los europeos, 500 años atrás. Pero ocurre que los alisios del océano sur fluyen hacia el norte. 

 

P:¿Qué hace que ese viento vaya contra la tendencia de la circulación global? 

 

Dos físicos rusos con los que colaboro resolvieron esa pregunta al estudiar el efecto del vapor del chorro vertical amazónico. Otra vez el chorro vertical. Ellos descubrieron, por la física fundamental de los gases, que esas condensaciones de vapor jalan el aire de los océanos para dentro del continente y crean una especie de agujero de agua. Es como una bomba biótica. El bosque trae su propia humedad del océano.

“Donde están los bosques no tienen sequías, ni exceso de agua, ni huracanes, ni tornados. Es como una póliza de seguros”

 

- Y todavía hay más... El cuarto secreto es la transferencia de esta humedad amazónica a otras regiones: los Andes en Perú, los páramos en Colombia... Si tú ves el mapa del mundo, encontrarás que hay un cinturón húmedo que pasa por el Ecuador, por el África y por el sureste asiático.

- Es la línea ecuatorial. Así es, pero en la línea de trópicos, el de Cáncer al Norte y el de Capricornio al Sur, están todos los desiertos. El de Atacama en Chile, o el de Namibia en África. Sin embargo, esa parte donde está el 70% del PIB de América del Sur, que va desde Cuiabá a Buenos Aires, de Sao Paulo hasta los Andes, ¡es húmeda! A pesar de estar en la línea de los desiertos.

 

P: ¿Y cuál es el misterio allí? 

 

Se llama ríos voladores. Es una gran masa de aire húmedo bombeada por la Amazonia contra los Andes, que son una pared de hasta más de 6.000 metros de altura, y que la envía a las áreas donde debería haber desierto. Por eso llueve en Bolivia o Paraguay.

 

 Falta, finalmente, el quinto secreto. El quinto secreto es que, si uno pone en un gráfico todos los huracanes que ha habido en la historia, —la NASA lo ha hecho— en la zona de los bosques ecuatoriales no hay ni uno. Y esa región es la que tiene más energía porque la radiación solar es muy intensa.

 

“El sistema terrestre es un organismo y está muy enfermo"

 

 Debería haber ciclones, como en India y Pakistán. No los hay porque el dosel del bosque, donde están las copas de los árboles, es rugoso y hace que los vientos sean forzados a disipar su energía, con lo que se calma la atmósfera.

P: Pero hay tormentas. 

 

Claro, aunque no suelen ser destructivas. Donde están los bosques no tienes sequías, ni exceso de agua, ni huracanes, ni tornados. Es como una póliza de seguros contra los eventos extremos atmosféricos.

 

La guerra contra la ignorancia

 

- Ahora, estos cinco secretos están en riesgo… El problema se llama deforestación. Si a un borrachín le quitan la mitad del hígado, le va a ser difícil lidiar con el alcohol. Eso es lo que está pasando con la Amazonia. Le estamos quitando un órgano al sistema terrestre.

 

P: ¿Entonces la Amazonia no es el pulmón, sino el hígado del planeta? 

 

Es el pulmón, el hígado, el corazón... ¡Es todo! Esa bomba biótica es un corazón que constantemente bombea. El polvo de hadas también funciona como una escoba química frente a contaminantes como el óxido de azufre. El mejor aire es el de la Amazonia. Y, sin embargo, la seguimos destruyendo. Si tú vas con una motosierra, un tractor o fuego, la Amazonia no tiene defensa. Las invenciones del hombre pueden ser benditas, como la medicina, pero también terribles, como la motosierra. Por eso propongo un esfuerzo de guerra.

 

P: ¿En qué consistiría? 

 

Es una concentración para resolver un problema que lo amenaza todo. La ciencia hoy nos permite saber que la situación es gravísima. Y lo que propongo es batallar contra la ignorancia, el principal motivo de la destrucción del bosque amazónico.

 

- Las prioridades globales parecen otras. En el 2008, los bancos fueron salvados en 15 días. Se gastaron trillones de dólares en eso. La crisis financiera no es nada comparada con la crisis ambiental.

“La ciencia hoy nos permite saber que la situación es gravísima. Hay que batallar contra la ignorancia”

 

- ¿Qué pasa? ¿Estamos embriagados con la civilización? Es una embriaguez primitiva. Cuando vas a un médico y te dice que tienes una enfermedad avanzada, ¿tú qué haces? ¿sigues fumando? El sistema terrestre es un organismo y está muy enfermo. La contaminante es la parte más degenerada del ser humano.

 

- ¿Podemos salvar a la Amazonia de esa enfermedad? Yo creo que si tenemos una capacidad similar a la que tuvimos para salvar los bancos, sí. Porque ella tiene un poder impresionante de regeneración.

 

- Debería importarle a todo el mundo, además. La atmósfera tiene una cosa llamada teleconexiones. Un modelo climático puede demostrar que los cambios en la Amazonia van a afectar los ciclones en Indonesia.

 

El secreto mayor es despertar entonces… Y saber que lo que hacemos ahora es determinante. Las generaciones posteriores van a sufrir las malas elecciones de hoy. La generación que está en la Tierra hoy tiene la conducción de un tren que puede irse al abismo o una oportunidad de vivir mucho más.

 

https://elpais.com/elpais/2014/08/14/planeta_futuro/1408010925_555437.html-

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UAC Unión de Asambleas Ciudadanas Contra el Saqueo y la Contaminación
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En consecuencia, estamos afirmando la vida sobre la muerte cuando hablamos de «reforma agraria integral» como recuperación o reapropiación de los territorios (urbanos, rururbanos y rurales e incluso acuáticos) por comunidades y pueblos, naciones. ¿Cómo concretar esta urgencia ante tantos ecocidios-genocidios?  Escuchemos:   

 

Yakarta, el 12 de Junio de 2013: Nosotros, La Vía Campesina, venimos a extender nuestro llamado urgente a tejer hilo a hilo la unidad a nivel global entre organizaciones del campo y la ciudad para participar activa, propositiva y decididamente en la construcción de una nueva sociedad, basada en la soberanía alimentaria, la justicia y la igualdad. (...)

 

Las generaciones futuras dependen de nosotros para el cuidado de la tierra.

Hoy más que nunca, otro mundo es urgente y necesario. La destrucción de nuestro mundo a través de la sobrexplotación y desposesión de los pueblos y la apropiación de los bienes naturales está produciendo la actual crisis climática y profundas desigualdades que amenazan a la humanidad en su conjunto y a la vida misma. La Vía Campesina dice un rotundo NO a esta destrucción impulsada por las corporaciones.

Nosotros estamos construyendo nuevas relaciones entre los seres humanos y con la naturaleza sobre la base de la solidaridad, la cooperación y la complementariedad. En  el corazón de nuestra lucha está en la formulación de una ética para la vida que atraviesa todas nuestras acciones y búsquedas. La Vía Campesina se ha comprometido a dar visibilidad a todas las luchas locales alrededor del mundo, asegurando que sean entendidas desde una perspectiva internacional y contribuye a involucrarlas en un gran movimiento global por la soberanía alimentaria, el cambio social y la autodeterminación de los pueblos del mundo.

Llamamos a todas nuestras organizaciones, a nuestros aliados y amigos, amigas, hermanas y hermanos en la lucha, y a todos aquellos comprometidos con un futuro mejor a continuar caminando juntos y juntas, a rechazar la agenda de la “Economía Verde” y a continuar construyendo la Soberanía Alimentaria.

Nuestras luchas

Soberanía Alimentaria Ya – Transformando el mundo

La Soberanía Alimentaria es el eje central de la lucha por un proyecto de justicia social que hoy convoca a amplios sectores del campo y la ciudad. La soberanía alimentaria es el derecho fundamental de todos los pueblos, naciones y estados a controlar sus alimentos y sus sistemas alimentarios y a decidir sus políticas asegurando a cada uno alimentos de calidad, adecuados, accesibles, nutritivos y culturalmente apropiados. Ello incluye el derecho de los pueblos para definir sus formas de producción, uso e intercambio tanto a nivel local como internacional.(...)

Rechazamos el capitalismo, que en este momento se caracteriza por un agresivo flujo del capital financiero y especulativo hacia la agricultura industrial, la tierra y la naturaleza. Esto ha generado un inmenso acaparamiento de tierras, la expulsión de campesinas y campesinos de su tierra, la destrucción de pueblos, comunidades, culturas y sus ecosistemas, creando migraciones y desempleo masivos. Esto genera masas de migrantes económicos y refugiados climáticos y desempleados, incrementando las inequidades existentes. (...)
Fuente: https://viacampesina.org/es/llamamiento-de-77a/

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Pueblos indígenas de la Amazonia  declaran emergencia humanitaria y ambiental

(..)La carta fue hecha pública a través de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), conformada por las organizaciones indígenas de los nueve países que comparten el bioma amazónico. Las organizaciones reconocieron que desde su carácter internacional existe un interés común en encontrar modelos de desarrollo alternativo en el que prime la protección de la biodiversidad, la estabilidad climática y las condiciones para garantizar la vida para las generaciones futuras en las que son fundamentales los aportes de los sistemas de conocimiento tradicional y espiritual para la vida de los pueblos indígenas.

«Desde hace años los Pueblos y Organizaciones Indígenas hemos advertido sobre la necesidad de cambiar las prioridades en los “Objetivos de Desarrollo Sostenibles” para enfocar todos los esfuerzos sociales, culturales, políticos y económicos en la protección de la vida y del territorio de toda la humanidad, que en una relación armonía y equilibrio puedan garantizar la estabilidad climática global. A pesar de nuestras luchas los avances son pocos, mientras que el modelo económico imperante sigue usando el planeta como un banco de recursos, principalmente los territorios indígenas, con lo que se agrava el riesgo de que el planeta se haga inhabitable, y en donde claramente se evidencia a la luz de los ojos del mundo un Genocidio físico y cultural», escriben en la carta. (..) Leer

La quema de la Amazonía aclara sobre qué son los ecocidios y cómo implican genocidios silenciados e invisibilizados. Ocultamiento a destapar facilitando la incorporación protagónica de eses ninguneades a las luchas, de una creciente mayoría, por los derechos humanos y de la naturaleza. Estos últimos se refieren al funcionamiento básico e imprescindible de la naturaleza para la vida de todes en el planeta.

 

El encubrimiento de los genocidios es posible, ante todo, por gravitación entre les diverses de abajo del racismo y de la concepción burguesa de progreso y bienestar social. Por eso, a quienes somos izquierdas coherentes o anticapitalistas consecuentes, nos urge interpelar e involucrar al «nosotros/as» de les diverses de abajo en cuestionar ese conformismo ideológico con el sistema expoliador. Precisamos facilitar en esas nosotras/os la ruptura con la visión que naturaliza al desarrollo económico e internacional del capitalismo asumiéndolo como el único posible. Nuestro « nosotras/os » necesita descubrirlo mirando en exclusivo hacia les adueñades de las condiciones y medios de vida de casi toda la humanidad. También necesita reparar en que a es@s usurpadores les reconocemos como el imbatible e ineludible poder real.

 

Esta creencia en la fatalidad de que los grandes capitales saqueen y contaminen es cuestionada y transgredida por los pueblos originarios, las comunidades campesinas y la Unión de Asambleas de Comunidades (UAC) al defender los territorios y afirmar autonomías. También lo hacen todas las otras organizaciones de autoconvocades para resistir al despojo de bienes comunes. De ahí que las luchas indígenas y socioambientales sean estigmatizadas por los poderes dominantes como contrarias al progreso y al empleo de poblaciones empobrecidas por el sistema expoliador. El 60% de los asesinatos mundiales de los líderes de esas luchas, donde las tres cuartas partes eran indígenas, han sucedido en el Abya Yala y se destaca Brasil.

 

En la convocatoria a su V Cumbre de noviembre de 2013, los Pueblos Indígenas del Abya Yala manifiestan: A 520 años de la invasión a nuestro continente, estamos presentes para decir qué resistimos, qué construimos y qué proponemos. Que no pudieron asimilarnos ni exterminarnos. Que nos identificamos como hijos de la Madre Tierra. Que estamos decididos a ejercer nuestro derecho a la libre determinación. A defender nuestros territorios y decidir nuestra propia forma de vida”.

https://www.opsur.org.ar/blog/2013/11/18/declaracion-v-cumbre-continental-de-los-pueblos-indigenas-del-abya-yala/

 

Concentración y centralización capitalista

 

Analicemos cómo el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y el kirchnerismo fueron fundamentales para afianzar la concentración y centralización capitalista en Argentina y podríamos decir en toda la "República Unida de la Soja" como bautizó Syngenta en el año 2003. Para aclarar esto último veamos previamente:

 

La República Unida de la Soja recargada

12 de junio de 2013

Por GRAIN | A contrapelo

 

 

En el año 2003, la corporación Syngenta publicó un aviso publicitando sus servicios en los suplementos rurales de los diarios argentinos Clarín y La Nación bautizando con el nombre de “República Unida de la Soja” a los territorios del Cono Sur en los que se sembraba soja -Integrados por Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia-. A partir de allí, esta declaración explícita de neocolonialismo quedó como “marca de fábrica” del proyecto que desde las corporaciones se estaba instrumentando.

Durante el año 2012 se produjo en estos países una embestida de las corporaciones del agronegocio sobre los territorios y las instituciones imponiendo nuevos transgénicos, mayores riesgos por aplicación de agrotóxicos y cambios en las políticas que sólo tiene precedentes en la primera imposición de los transgénicos, durante la segunda mitad de los años 90. Esta nueva avanzada corporativa se da en un marco distinto, ya que ahora ocurre con la presencia en toda la región (por lo menos hasta junio del año pasado) de gobiernos “progresistas” críticos del neoliberalismo y que en algunas de sus políticas han comenzado a modificar las políticas neoliberales impuestas en los años 90 con una mayor presencia del Estado regulando la economía y asumiendo un rol activo en aspectos sociales, educativos y sanitarios.

Sin embargo, en términos de modelo agrícola y producción de alimentos no sólo no ha habido en todo este tiempo un cambio de modelo ni una autocrítica a los problemas producidos por la implantación masiva del cultivo de soja transgénica con alto altos niveles de uso de agrotóxicos. Por el contrario, este modelo se ha ido consolidando y es defendido a rajatabla por todos los gobiernos de la región que lo asumen como política de Estado, en todos los casos. Los graves problemas que han surgido o se han agudizado, tales como los impactos de los agrotóxicos, los desplazamientos de campesinos y pueblos originarios, la concentración de la tierra o la pérdida de producciones locales, son considerados “efectos colaterales” y se abordan, cuando la presión social lo consigue, de manera fragmentada y puntual. No incluimos en este análisis a Bolivia, pues si bien la región de la “medialuna”, con Santa Cruz de la Sierra a la cabeza, es parte de la “República Unida de la Soja” las posiciones, políticas y debates planteados desde el Gobierno de Evo Morales se diferencian ampliamente del resto de los gobiernos (y esto le vale el enfrentamiento con estos sectores del poder de la medialuna que claramente han planteado su intención separatista).

Ya en otros A Contrapelo 1 2 3 hemos ido denunciando que este avance fue consolidando la imposición del modelo productivo de los agronegocios, y el Cono Sur se ha convertido en la región donde más transgénicos se siembran en el mundo y en la que mayor cantidad de agrotóxicos se aplican per cápita a nivel global. En este A Contrapelo intentaremos brindar algunas luces que ayuden a comprender cómo se está produciendo este avance y sus consecuencias a nivel de las comunidades campesinas y la sociedad en general.

Los impactos del “modelo” no reconocen fronteras entre el campo y la ciudad y se sienten profundamente en ambos espacios: las poblaciones fumigadas en los territorios rurales y en las zonas periféricas de las ciudades, las y los campesinas/os desplazadas que día a día migran para engrosar los cordones de pobreza de las grandes urbes, las economías regionales destrozadas con su correlato de los altos precios de los alimentos en las ciudades, los alimentos contaminados enfermando a unos y a otros. En fin, una catástrofe socio-ambiental que hace agua por todas partes y que ya no permite “mirar para otro lado”.

 

Los responsables de esta cadena destructiva son un puñado y tienen nombre y apellido: Monsanto y algunas corporaciones biotecnológicas más a la cabeza (Syngenta, Bayer); terratenientes y pooles de siembra que controlan millones de hectáreas (Los Grobo, CRESUD, El Tejar, Maggi son algunos de los principales); Cargill, ADM y Bunge transportando los granos al otro lado del mundo. Y, por supuesto, los gobiernos de cada uno de los países que apoyan de manera entusiasta este modelo. A ellos se suman un extenso número de empresas que aprovechan el “derrame” y proveen servicios, maquinaria agrícola, fumigaciones, insumos, etc.

 

En números concretos, esta región cubre en la actualidad una superficie de más de 46 millones de hectáreas de monocultivo de soja transgénica, fumigadas con más de 600 millones de litros de glifosato y provoca una deforestación de -como mínimo- 500 mil hectáreas por año.

Si bien las consecuencias de este modelo se expresan a nivel regional de manera contundente e interconectada, intentaremos diseccionar sus impactos para analizarlos de manera más profunda. El telón de fondo del golpe de Estado en el Paraguay resulta insoslayable, pues es allí donde los poderes fácticos han actuado de manera más brutal y explícita. Sin embargo, su carácter ejemplificador es válido para toda la región y sin duda ha intentado marcar un rumbo y un límite a los gobiernos de la región.

Repasemos un decálogo (con complementos) de los resultados concretos e indiscutibles de esta última embestida del agronegocio. (...) Leer  

 

 

Subrayemos: "El PEA mantiene el actual modelo de extracción 'minera' de la tierra para beneficio de unos pocos que exportan sus ganancias o exportan ilegalmente capitales. El gobierno 'progresista' ni piensa en tocar la renta parasitaria ni planifica el desarrollo demográfico, energético, productivo, industrial, tecnológico para encarar el futuro próximo. Parte de mantener la industria del automotor sobre la base del petróleo y de los biocombustibles, de hacer el trazado de los transportes en función de esa industria saturada, obsoleta y en poder del capital extranjero, no preserva los suelos sino que fomenta la soja y la deforestación".

 

 

 

Argentina: el Plan Estratégico Agroalimentario

y Agroindustrial (PEA) 2020
6 de septiembre de 2011

Por Guillermo Almeyra 

El gobierno lanzó con bombos y platillos el PEA diciendo que marcará una ruptura con el modelo agropecuario vigente. ¿Es efectivamente así?

Los cálculos, con su proyección al futuro de los datos actuales tras algunas modificaciones,  prescinden de las caídas y subidas del petróleo y de los carburantes, que tanto inciden en el campo agrícola como en la agroindustria. Y, sobre todo, en los fletes que supone serán los carísimos fletes actuales sobre goma, por camiones, lo cual excluye una mejora del sistema ferroviario y del transporte marítimo y fluvial que están en la lona-. El PEA deja para las calendas griegas la protección ambiental contra los gases de los camiones,  mantiene la dependencia del cada vez más escaso petróleo sin tener en cuenta la búsqueda de fuentes de energía renovables y pretende eternizar la industria del automotor, ya que la agricultura producirá una porción creciente del combustible, fomentando así la continuidad de una industria automotriz obsoleta y condenada a desaparecer y cerrando el camino a la búsqueda de la renovación de las fuentes de energía y de los transportes.

La producción de biocombustibles a partir de cereales secundarios y trigo aumentaría del 10 al 14 por ciento y del 9 al 16 por ciento [1] la de biocombustibles provenientes de oleaginosas, con el cual el campo, cada vez más, produciría para calmar la sed de combustibles de los automóviles y no el hambre de la gente en un proceso donde la producción para las máquinas reducirá la oferta de los alimentos populares y los encarecerá.

El PEA plantea, además, elevar la actual producción de 100 millones de toneladas de granos a 157 millones y extender la superficie sembrada hasta 42 millones de hectáreas. Esto se haría, evidentemente, a costa de nuevas tierras, que son frágiles como las del Chaco y Formosa, Santiago del Estero o Jujuy, de la expulsión de unidades familiares campesinas, de la deforestación y de todos los desastres ambientales (inundaciones, deslaves, agotamiento de los suelos) resultantes de esta extensión de la frontera agrícola. No calcula los posibles efectos del cambio climático (temperaturas más extremas, sequías, disminución de las fuentes hídricas) ni la competencia por el agua con la industria minera que el gobierno quiere fomentar a toda costa, atraído por el alto precio de la onza de oro. Las verduras, frutas y hortalizas y legumbres, vitales para una alimentación sana, quedan en la sombra ante la promoción del modelo sojero de producción y de exportación que deja concentrada en pocas manos de los pools de siembra como Grobocopatel y otros- o de los oligopolios transnacionales la producción de las divisas necesarias para el desarrollo del país pues el PEA calcula que las exportaciones totales del sector agroalimentario y agroindustrial aumentarían en un 145 por ciento pasando a casi 100 mil millones de dólares.

Las exportaciones agroalimentarias y agroindustriales deberían dar la seguridad alimentaria y la soberanía alimentaria y en cambio, con el PEA, no aseguran una provisión abundante de alimentos buenos y baratos a la población ni la producción en el país de lo que ésta necesita.

El PEA mantiene el actual modelo de extracción minera de la tierra para beneficio de unos pocos que exportan sus ganancias o exportan ilegalmente capitales. El gobierno progresista ni piensa en tocar la renta parasitaria ni planifica el desarrollo demográfico, energético, productivo, industrial, tecnológico para encarar el futuro próximo. Parte de mantener la industria del automotor sobre la base del petróleo y de los biocombustibles, de hacer el trazado de los transportes en función de esa industria saturada, obsoleta y en poder del capital extranjero, no preserva los suelos sino que fomenta la soja y la deforestación, no busca cómo hacer que la producción agrícola fomente el desarrollo de las energías no contaminantes (solar, las mareas de la Patagonia, los vientos australes), mantiene las contaminantes usinas a carbón o las peligrosas usinas atómicas, o las atrasadas usinas termoeléctricas  como únicas posibles, no legisla sobre cómo preservar las fuentes de agua.

El PEA confunde crecimiento con desarrollo y mayor exportación a cualquier costo social o ambiental (en el caso, siempre, de que la logre) con desarrollo humano. Incluso si los resultados del PEA fuesen alcanzados se habrían perdido diez años cruciales en los que la crisis mundial permite buscar alternativas y los suelos y el ambiente, que presentan signos de deterioro, estarían mucho más comprometidos por un tipo de extracción salvaje.

NOTA: [1] Cifras de Página 12: Un plan de diez años APRA agrandar el campo, 5/09/11, págs 2-3

Guillermo Almeyra es miembro del Consejo Editorial deSinPermiso.

www.sinpermiso.info

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/argentina-el-plan-estratgico-agroalimentario-y-agroindustrial-pea-2020

 

 

Reparemos que el PEA (todavía vigente desde 2010) consolida el poder territorial económico de transnacionales y de elites locales con desalojos y muerte de campesinos e indígenas, "aumento de la erosión y desertificación, pérdida de la regulación de aguas superficiales y del subsuelo, disminución de la calidad del agua, pérdida de la diversidad biológica, migración de la población hacia los centros urbanos, pérdida de valores culturales".

 

Argentina: El árbol y el bosque

10 abril 2013

Informes oficiales y de investigadores explicitan el saqueo del monte nativo. En Argentina se arrasan 36 canchas de fútbol por hora. El impacto ambiental y social del desmonte. 

“Los árboles son sagrados, no se tocan”
Cristina Fernández de Kircher (15/2/2013)

Por Darío Aranda

 

 Entre 2004 y 2012 las topadoras arrasaron 2.501.912 hectáreas, el equivalente a 124 veces la superficie de la Ciudad de Buenos Aires. Otra forma de decir lo mismo: en Argentina se arrasan 36 canchas de fútbol por hora. Los datos surgen del cruce de relevamientos oficiales y de oenegés. El último informe de la Secretaría de Ambiente de la Nación relevó el período 2006/2011y contabilizó que se arrasaron 1.779.360 hectáreas de monte nativo. La causa, tan obvia como impune, el avance de la frontera agropecuaria, con cultivos transgénicos (soja y maíz) y la ganadería intensiva. El desmonte no es solo impacto ambiental, también implica conflictos por la tierra, represiones y asesinatos de campesinos e indígenas.

 

Paisaje monótono

La ruta 34 une la capital de Santiago del Estero con Salta. Impacta el paisaje homogéneo. Cultivo intensivo, soja alternada con maíz, más soja, y más maíz y más soja. Sólo alterada por la transición entre monte y cultivo: filas de troncos apilados, aún humeando, arrasados para abrir camino a más soja. Ni pasto queda. El monótono paisaje no distingue fronteras. El sur y noreste de Salta es idéntico. Se repite en Chaco y Córdoba. Todas provincias que conocieron del “corrimiento de frontera agropecuaria”.

 

Las estadísticas de deforestación son una explicitación de ese avance.

 

En pleno conflicto por la resolución 125, marzo de 2008, la Secretaría de Ambiente de la Nación difundió el informe “El avance de la frontera agropecuaria y sus consecuencias”. Detalla que entre 2002 y 2006 se arrasaron 1.356.868 hectáreas. Un promedio anual de 339.217, al mes 939 hectáreas. Cada hora se deforestaron en Argentina 39 canchas de fútbol.

 

“Una de las causas principales actuales de pérdida de los bosques nativos es sin duda el avance de la frontera agropecuaria. Miles de hectáreas son desmontadas para el cultivo de diferentes especies agrícolas, en particular de la soja, en los últimos diez años”, afirmó la Secretaría de Ambiente y puntualizó en los efectos: aumento de la erosión y desertificación, pérdida de la regulación de aguas superficiales y del subsuelo, disminución de la calidad del agua, pérdida de la diversidad biológica, migración de la población hacia los centros urbanos, pérdida de valores culturales.

El ranking de deforestación estuvo encabezado por Santiago del Estero (515.228 ) y Salta (414.934). Lejos, tercero, Chaco: 127.491 hectáreas.

En junio de 2012, otro documento oficial confirmó que la pérdida de monte continuaba. “Monitoreo de la superficie de bosque nativo”, es el nombre del informe realizado por la Unidad de Manejo del Sistema de Evaluación Forestal (Umsef) de la Dirección de Bosques de la Nación. Relevó el periodo 2006-2011 las regiones del Parque Chaqueño, Selva Misionera y Selva Tucumano Boliviana.

 

 Detalló la pérdida de 1.779.360 de hectáreas. Un promedio de 34 hectáreas por hora. Santiago del Estero 701.030 hectáreas. Salta, 440.943. Chaco 168.588. Formosa 174.340.

 

 De ese 1,7 millones de hectáreas, 932.109 fueron arrasadas luego de aprobada la Ley de Bosques (26.331), que –justamente– prohíbe desmontar. (…)

 

Hecha la ley

 

La Ley Nacional 26.331 de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos (más conocida como Ley de Bosques) se sancionó el 28 de noviembre de 2007. Pero la Presidenta tardó catorce meses en reglamentarla.

 

El febrero de 2009 un alud inundó y destruyó parte de la ciudad de Tartagal (Salta). Organizaciones sociales y académicos apuntaron a la tala selectiva (por venta de madera y por la actividad petrolera). La Presidenta visitó la zona. El 13 de febrero, de regreso a Buenos Aires, reglamentó la ley de bosques.

A cinco años de la sanción de la norma, en febrero pasado, Greenpeace, Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) y Vida Silvestre presentaron un informe conjunto en el que –en base a datos oficiales– evaluaron el nivel de cumplimiento de la Ley de Bosques. “Si bien desde la sanción de la Ley el promedio de deforestación anual disminuyó casi un 20 por ciento (pasó de aproximadamente 280.000 a 230.000 hectáreas al año), el mismo sigue siendo muy elevado: según datos oficiales entre 2008 y 2011 se desmontaron 932.109 hectáreas. Santiago del Estero (399.660), Salta (222.868), Formosa (113.109) y Chaco (102.592) han sido las provincias con mayor deforestación”, afirman las ONG.

El informe, llamado “Ley de Bosques: cinco años con pocos avances”, estima que desde la sanción de la ley hasta fines de 2012 se deforestaron 1.145.044 hectáreas. 229.009 hectáreas por año, 627 hectáreas por día. 26 hectáreas por hora.

 Argentina cuenta con 30 millones de hectáreas de bosque nativo, el 30 por ciento de la superficie forestal original. “Nuestro país se encuentra en una verdadera emergencia forestal, acentuada fuertemente en los últimos 15 años por la expansión descontrolada de la actividad agropecuaria”, aseguran las ONG y alertan que no fue respetada la moratoria a nuevos permisos de desmontes establecida en los artículos 7 y 8 de la Ley (desde su sanción a fines de 2007 hasta que las provincias realizaran el Ordenamiento Territorial de sus Bosques Nativos). “Durante ese período en la región chaqueña, la selva misionera y la selva de yungas, se deforestaron más de 470.000 hectáreas”, afirma. 

Ley desfinanciada

La Ley de Bosques establece que el Fondo Nacional para el Enriquecimiento y la Conservación de los Bosques Nativos (artículo 31) no podrá ser inferior al 0,3 por ciento del Presupuesto Nacional. A eso debiera sumar el dos por ciento del total de las retenciones a las exportaciones de productos primarios y secundarios provenientes de la agricultura, la ganadería y del sector forestal, correspondientes al año anterior. El financiamiento apunta a mejorar la capacidad técnica y de control de las provincias, compensar a los titulares que realicen tareas de conservación y manejo sostenible, y fomentar las actividades productivas que los pequeños productores rurales y comunidades indígenas realizan en los bosques.

Greenpeace, FARN y Vida Silvestre detallaron que en 2008 y 2009 la norma no contó con presupuesto. En 2010 los fondos asignados fueron de 300 millones de pesos, cuando debieron haber sido de al menos 821 millones de pesos (0,3 por ciento del Presupuesto Nacional). “Si se suman las retenciones a las exportaciones, debieron haber alcanzado los 1.200 millones del pesos”, recuerda. Y denuncia que el 11 de febrero de 2010, 144 millones de pesos fueron reasignados al “Programa Fútbol para Todos” mediante la decisión de la Jefatura de Gabinete de Ministros. “En 2012 los fondos fueron de 267 millones. Como mínimo debieron haberse previsto 1.300 millones de pesos”, advierten las ONG ambientales y cuestionaron “la constante falta de presupuesto para la conservación y el uso sustentable de los bosques nativos”. Explicaron que en 2013 los fondos serán diez veces menos que lo establecido por la Ley: 230 millones de pesos, cuando debieron haber alcanzado los 2.300 millones.

 Capital del desmonte

 La Red Agroforestal Chaco Argentina (Redaf –espacio de ONG y técnicos del norte argentino) con la cooperación técnica de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires y del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) reveló que entre 2008 y septiembre de 2012 se desmontaron en Salta 330.504 hectáreas.

El relevamiento de Redaf, de 40 carillas, llamado “Bosque Nativo en Salta. Análisis de deforestación y situación del bosque chaqueño en la provincia”, puntualiza que de las 330 mil hectáreas deforestadas, 98.894 fueron en zonas prohibidas por el ordenamiento territorial y 53.202 violando la restricción dictada por la Corte Suprema de Justicia (entre 2009 y 2011).

 El trabajo precisa que, entre 2001 y 2012, se desmontaron 920.640 hectáreas. “La tasa de desmontes creció con el fin de la convertibilidad (2001). El interés creciente por habilitar nuevas tierras para cultivos de exportación y ganadería, empujó los desmontes especialmente hacia el Chaco Salteño”, confirma la Redaf.

 Arrasando vidas

 Deforestación y violencia sobre campesinos e indígenas van de la mano.

El informe de Greenpeace, FARN y Vida Silvestre remarca que en Santiago del Estero aumentaron los conflictos de tierras y “se han vuelto cada vez más violentos”. Denunció que no se realizan las audiencias públicas (que insta la ley) antes de autorizar desmontes. Y recuerda que la autorizaciones de desmontes en zonas “habitadas y/o utilizadas” por comunidades campesinas e indígenas viola los artículos 19, 24 y 26 de la Ley de Bosques.

Santiago del Estero lleva tres asesinatos en tres años. Sandra Ely Juárez murió frente a una topadora de un paro cardiaco el 13 de marzo de 2010, en el paraje campesino de San Nicolás. 33 años, dos hijos. Pretendía evitar que arrasen el monte campesinos.

Cristian Ferreyra, 23 años, padre de un niño, militante del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase-Vía Campesina), asesinado el 16 de noviembre de 2011 en el paraje San Antonio, norte provincial.

 El 10 de octubre de 2012, Miguel Galván, del Pueblo Lule-Vilela y también del Mocase-VC fue asesinado por un empleado de un empresario sojero (el Mocase lo llama directamente “sicario”). El crimen sucedió en el paraje Simbol, en el límite con Salta.

En Formosa, la comunidad Potae Napocna Navogoh (La Primavera) se mantiene en lucha desde hace cinco años. Asediados por la agricultura intensiva y el gobierno de Gildo Insfrán, el 23 de noviembre de 2010 sufrió una represión policial que produjo el asesinato del qom Roberto López. El 9 de diciembre de 2012 fueron atropelladas la beba Lila Coyipe (de diez meses) y su abuela, Celestina Jara. Celestina murió en el momento, sobre el asfalto. Lila falleció el día siguiente. La comunidad denunció que “no fue accidente”. La familia Coyipé es activa luchadora por el reclamo territorial.

El 9 de enero de 2013, en otro dudoso accidente, falleció Juan Daniel Díaz Asijak, de 16 años. La policía y el gobierno provincial argumentaron que Díaz Asijak estaba ebrio. El padre del joven, Pablo Asijak, denunció que fue una golpiza con el trasfondo de la disputa territorial.

 El joven era sobrino del líder de la comunidad y referente en la lucha qom, Félix Díaz.

 En Salta aún no hubo asesinatos, pero porque falló la puntería. “Se ha verificado una clara vulneración a los derechos de pobladores criollos e indígenas, un potencial daño al medio ambiente, debilidad en el accionar de la Provincia para la solución de los hechos observados y la existencia de un conflicto social latente, que demanda la urgente atención por parte de todas las autoridades con el fin de evitar una escalada que produzca consecuencias imposibles de remediar”, advirtió la Defensoría del Pueblo de la Nación en un informe de catorce carillas, en diciembre de 2012.

 La Defensoría recorrió el noreste de Salta (ruta nacional 81, desde Embarcación hasta el pueblo de Los Blancos, límite con Formosa), donde constató desmontes en zonas prohibidas, violencia sobre comunidades, incumplimiento de leyes, falta de control por parte del gobierno provincial y la ausencia del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI).

 “Vulneración a los derechos de pobladores criollos e indígenas por deslindes y desmontes irregulares”, es el nombre del trabajo de la Defensoría. “La región visitada se encuentra sometido a una alta presión desmontadora impulsada por los altos valores de la soja que han ‘empujado’ a la ganadería fuera de las zonas centrales de la Argentina desplazándolo hacia el gran chaco argentino y por lo tanto también a Salta. Estos cambios atentan directamente al sistema tradicional de producción ganadera del criollo chaqueño”, afirma la Defensoría.

 Árboles porteños

 La segunda semana de febrero uno de los temas de agenda periodística fue las obras del metrobús porteño y la suerte de parte del arbolado de la avenida 9 de Julio. Los medios de comunicación ligados al Gobierno Nacional dieron amplia cobertura al “desmonte porteño”. Unos 200 árboles trasplantados o talados.

 “No vamos a tirar un solo árbol. Los árboles son sagrados, los árboles no se tocan, por lo menos acá en Calafate”, afirmó la Presidenta el 15 de febrero, desde Santa Cruz, en obvia contraposición a lo sucedido en la Ciudad de Buenos Aires. Volvió sobre la misma idea en Tecnopolis, el 21 de febrero, en otro discurso público: “Allá están los árboles, miren que maravilla, miren bien como los respetamos y les hicimos cerquitos (…) Quería mostrarles cómo hemos cuidado los árboles porque yo les dije: ‘No me sacan un árbol’”.

 Los árboles porteños también conmovieron al filósofo kirchnerista Ricardo Forster, uno de los referentes de Carta Abierta. Escribió un extenso artículo en el diario Página12. “Apabullado por la maldad que contempló en la avenida 9 de Julio cuando en noches infaustas brigadas vestidas de amarillo destruyen y dañan esas indefensas criaturas que nos ofrecen su belleza, su oxígeno purificado y su sombra a cambio de nada, de que simplemente los dejemos estar ahí, no puedo sino expresar mi indignación y mi tristeza ante lo irrecuperable”, lamentó Forster.

En noviembre pasado, decenas de organizaciones indígenas (entre ellas el Consejo Plurinacional Indígena) consensuaron un documento en que el denunciaron el modelo extractivo, el avance empresario sobre territorios indígenas, la represión sobre las comunidades y exigieron el respeto a los derechos humanos. Lo entregaron en el Congreso Nacional y en Casa de Gobierno.

En enero, un grupo de intelectuales y personas de la cultura escribieron una carta abierta a la Presidenta. Advirtieron sobre la “escalada de violencia donde se exhibe la poca o nula capacidad de acción del Estado para arbitrar adecuadamente estos conflictos, violencias y abuso de derechos que hoy sufren los pueblos indígenas”. Firmada (entre otros) por el escritor uruguayo Eduardo Galeano y el periodista Osvaldo Bayer, la carta abierta a la Presidenta pidió la intervención del Estado Nacional y, lo más básico, que el Gobierno condene las represiones y asesinatos de campesinos e indígenas.

 Ningún referente del espacio Carta Abierta, intelectuales que apoyan al Gobierno, firmó el escrito.

 La Presidenta no acusó recibo del pedido y tampoco condenó la violencia sobre campesinos e indígenas.

 * Artículo publicado en la revista MU 63 de http://www.lavaca.org Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Documentos/Argentina_El_arbol_y_el_bosque 

En consecuencia, la «reforma agraria integral» por recuperación territorial de comunidades y naciones es fundamental para la vida planetaria y la dignidad de los pueblos. Comprobemos, por ahora, cómo los ecocidios implican etnocidios y genocidios.

 

Argentina: destrucción de la selva misionera

equivale a genocidio de los Mbya Guaraní

31 marzo 2005

    

Por World Rainforest Movement
Movimiento Mundial por los Bosques

 WRM

 

En la provincia de Misiones, ubicada en el nordeste argentino, las autoridades del antiguo pueblo Mbya Guaraní (ver Boletín Nº 87 del WRM), que habitan lo que hoy constituye la Reserva de Yabotí, han recurrido a la justicia penal para denunciar por genocidio al gobernador de la provincia, Carlos Rovira

 

Los Mbya Guaraní, antiguos habitantes de la selva misionera que durante siglos vivieron como parte de ella sin sentirse sus dueños, vieron sus territorios amenazados cuando la empresa Moconá Forestal S.A., con el aval del gobierno provincial, comenzó a deforestar lo que constituye su medio de vida y sustento.

En la presentación judicial los Caciques describen cómo están organizadas sus comunidades desde hace siglos, y denuncian al gobierno misionero por querer imponerles organizaciones que los propios funcionarios inventaron "para dividirnos y poder así controlarnos mejor".

Raúl Montenegro, Premio Nóbel Alternativo 2004 y presidente de la Fundación para la Defensa del Ambiente (FUNAM), afirma que "la gran cantidad de árboles que taló la empresa Moconá Forestal S.A. en Yabotí pese a la veda, muestra que allí continúa el genocidio silencioso y la brutal destrucción de la selva".

En los últimos meses, varios niños de las comunidades murieron de desnutrición. Desde agosto de 2004, Caciques y miembros de unas 40 comunidades Mbya Guaraní se han turnado en la plaza central de Posadas para pedir el reconocimiento de sus derechos, la devolución de sus territorios ancestrales y la renuncia del Director de Asuntos Guaraníes. Hasta ahora, el gobernador sigue negándose a recibirlos.

"Mientras los niños Mbya Guaraníes mueren de desnutrición porque el hombre blanco tala su selva y los margina, el gobierno de Misiones y varias organizaciones extranjeras construyeron una Estación Biológica con aire acondicionado, calefacción y todas las comodidades", recordó irónicamente Raúl Montenegro. "Conservar no es inaugurar una estación biológica para que los extranjeros, por más reconocidos que sean, jueguen a los exploradores. Conservar es proteger lo poco que queda de selva mediante un trabajo conjunto de comunidades indígenas, gobierno y otros sectores de la sociedad", denunció Montenegro.

Ariel Araujo de la Coordinadora de Pueblos y Organizaciones Indígenas de la Región Chaqueña y Misiones (COPIRECHA), la organización que acompaña a los Mbya en su lucha, expresó que la insensibilidad del gobierno "es agobiante e incomprensible. No les importa ver sufrir a niños, mujeres y hombres. Solo quieren que los indígenas sigan haciendo lo que dice el blanco, lo que dice el gobierno".

En su presentación al tribunal, los Caciques dicen que "nos hemos afincado en la plaza 9 de Julio de la ciudad de Posadas, que representa 'la libertad' del pueblo blanco, y a la sombra de la estatua que representa 'su libertad' (para) pedir se detenga la masacre de nuestros niños y ancianos".

Los hechos demuestran que la muerte de la selva es la muerte de su gente. Por eso, conservarla es un imperativo social y lo contrario constituye un crimen ambiental y un genocidio, como lo denuncia el pueblo Mbya Guaraní.

Artículo basado en información obtenida de: "Indígenas Mbya Guaraní denuncian penalmente por genocidio a Gobernador Rovira y Ministros de Misiones (Argentina)", enviado por Servicio de Información Indígena SERVINDI, Nº 35, correo electrónico: servindi@amauta.rcp.net.pe;

"Vergonzoso: el gobernador Rovira recibe a dos ingleses y un estadounidense interesados en Yabotí, pero no a indígenas guaraníes que están en la plaza de Posadas desde hace 52 días", FUNAM.

Leer

 

 

Necesitamos no sólo erradicar la deforestación sino también apreciar saberes y culturas campesinas e indígenas. «Hemos siempre trabajado con el bosque como productor de bienes y servicios, en la mirada productiva o como conservación del bosque. Mi tesis estuvo apuntada a rescatar cuales eran las miradas, y los procesos que se van dando, desde el habitante del bosque con relación al bosque. A trabajar más los procesos psicosociales que se vinculan, y que hacen que ese habitante tenga una mirada, una percepción, una forma de ver el bosque diferente a la académica»

 

 

 

Investigación Unse y Redaf:

la relación ´bosques y campesinos’

22 de octubre de 2019

Compartimos dos entrevistas realizadas por la Universidad Nacional de Santiago del Estero, a través de su canal universitario ‘UNSE TEVE’, a las Dras. Analía Guzmán y María Magdalena Abt.  Dan cuenta de un trabajo interdisciplinario de varias facultades de la Universidad de Santiago del Estero (UNSE) junto a la Redaf.

 

Una de las entrevistadas fue la Dra. en Ciencias Forestales, Analía Guzmán, de la cátedra de Sivicultura de la Facultad de Ciencias Forestales (UNSE). Se refirió a uno de los trabajos conjuntos denominado: ‘Sistema productivo campesino y su aporte a la conservación del paisaje forestal en el Salado Centro en Santiago del Estero‘. En un tramo de la entrevista, la Dra. Guzmán se refiere al impacto social provocado con esta línea de estudio: «Como impacto para las comunidades, que son nuestros colaboradores en estos procesos de investigación y de generación de conocimientos, puntualmente se convierten en documentos generados desde la academia para usos más sociales. Lo que hacemos es brindar datos académicos sustanciados para que ellos después sigan otro camino en cuanto a la defensa de sus lógicas productivas».

La entrevista completa:(…)

 

Otra de las entrevistadas fue la Dra. en Ciancias Forestales María Magdalena Abt (asociada a Redaf), también de la cátedra de Silvicultura. Señalaba que uno de los objetivos del trabajo conjunto de investigación fue poder contar la relación ‘bosques y campesinos’ en la zona del Salado Centro y en los departamentos de Guasayán, Pellegrini, Alberdi y Copos.  La Dra. Abt explica el enfoque de su trabajo: «Lo que yo propuse fue abordar el bosque desde otra dimensión. Hemos siempre trabajado con el bosque como productor de bienes y servicios, en la mirada productiva o como conservación del bosque. Mi tesis estuvo apuntada a rescatar cuales eran las miradas, y los procesos que se van dando, desde el habitante del bosque con relación al bosque. A trabajar más los procesos psicosociales que se vinculan, y que hacen que ese habitante tenga una mirada, una percepción, una forma de ver el bosque diferente a la académica»

La entrevista completa:(…)

Fuente:  http://redaf.org.ar/investigacion-unse-y-redaf-la-relacion-bosques-y-campesinos/

 

 Alternativas emancipatorias

 

Repitamos una vez más a:

 

 

El Llamado de Yakarta

10 julio 2013  declaraciones y mociones de la VIconferencia

 

Llamamiento de la VI Conferencia de

la Vía Campesina Egidio Brunetto – 9 al 13 de junio

 

(Yakarta, el 12 de Junio de 2013) Nosotros, La Vía Campesina, venimos a extender nuestro llamado urgente a tejer hilo a hilo la unidad a nivel global entre organizaciones del campo y la ciudad para participar activa, propositiva y decididamente en la construcción de una nueva sociedad, basada en la soberanía alimentaria, la justicia y la igualdad. Nos encontramos aquí convocados por el espíritu de nuestros amigos y líderes, y todos aquellos cuyo coraje y compromiso con nuestras luchas nos inspiran. La Vía Campesina, un movimiento internacional campesino que reúne a más de 200 millones de campesinas y campesinos, pueblos indígenas,  pescadores, recolectores y trabajadores agrarios. Con la creatividad de las mujeres y el entusiasmo de nuestros jóvenes venimos de 150 organizaciones y 70 países. Estamos en Asia, hogar de la mayoría de campesinas y campesinos del mundo para festejar nuestros primeros veinte años de lucha.

 

(...)

Las transnacionales en complicidad con los gobiernos y las instituciones internacionales están imponiendo, bajo el pretexto de la Economía Verde, monocultivos de transgénicos, la megaminería, las grandes plantaciones forestales, la imposición de plantaciones de agrocombustibles, la construcción de grandes represas, el fracking y los oleoductos o la privatización de nuestros mares, ríos, lagos y nuestros bosques. La Soberanía Alimentaria recupera el control sobre nuestros bienes comunes devolviéndolos a manos de las comunidades.

 

La Agroecología  es nuestra opción para el presente y para el futuro

La producción de alimentos basada en la agricultura campesina, el pastoralismo y la pesca artesanal sigue siendo la principal fuente de alimentos en el mundo. La agricultura campesina de base agroecológica constituye un sistema social y ecológico que está conformado por una gran diversidad de técnicas y tecnologías adaptadas a cada cultura y geografía. La agroecología elimina la dependencia de los agrotóxicos; rechaza la producción animal industrializada; utiliza energías renovables; permite garantizar alimentación sana y abundante; se basa en los conocimientos tradicionales y restaura la salud e integridad de la tierra. La producción de alimentos en el futuro estará basada en un creciente número de personas produciendo alimentos en forma diversa y resiliente.

La agroecología protege la biodiversidad y enfría el planeta. Nuestro modelo agrícola no solo puede alimentar a toda la humanidad sino que también es el camino para detener el avance de la crisis climática enfriando el planeta a través de la producción local en armonía con nuestros bosques, alimentando la biodiversidad y la reincorporación de la materia orgánica a sus ciclos naturales.

Justicia social y climática, y solidaridad

A medida que avanzamos y construimos a partir de nuestra diversidad cultural y geográfica, nuestro  movimiento por la soberanía alimentaria se ve reforzado, integrando la justicia  y la igualdad social. Practicando la solidaridad por sobre la competencia, rechazamos el patriarcado, el racismo, el imperialismo y luchamos por sociedades democráticas y participativas, libres de explotación de las mujeres, los niños, los hombres o la naturaleza.

Demandamos justicia climática ya mismo. Quienes más sufren este caos climático y ecológico no son los que lo han provocado. Las falsas soluciones de la economía verde para continuar el crecimiento capitalista están empeorando la situación. Se crea una deuda ecológica y climática que debe ser corregida. Por esta razón demandamos la inmediata detención de los mecanismos de mercados de carbono, geoingeniería, REDD y los agrocombustibles.

Ratificamos la necesidad y nuestro compromiso de luchar en forma permanente contra las corporaciones transnacionales, entre otras cosas, boicoteando sus productos y rechazando cooperar con sus prácticas de explotación. Los Tratados de Libre Comercio y los acuerdos de inversión han creado condiciones de extrema vulnerabilidad e injusticias para millones. La implementación de estos tratados trae como resultado la violencia, la militarización y la criminalización de la resistencia. Otra consecuencia trágica de los mismos es la creación de una masa masiva de migrantes mal pagados, con trabajos inseguros e insalubres y con violaciones de sus derechos humanos y discriminación. La Vía Campesina ha logrado colocar los derechos de los campesinos y campesinas en la agenda del Consejo de los Derechos Humanos de la ONU y llamamos a los gobiernos a ponerlos en práctica. Nuestra lucha por los derechos humanos está en el corazón de la solidaridad internacional e incluye los derechos y protección social de los agricultores migrantes y trabajadores de la alimentación.

Las luchas por el derecho a la tierra, a la alimentación, al trabajo digno, contra la destrucción de la naturaleza, son criminalizadas. Son cientos los compañeros y compañeras que han sido asesinados en los últimos años y otros muchos ven amenazadas sus vidas o son perseguidos y encarcelados, frecuentemente con el apoyo o la complicidad de las autoridades públicas.

 

Un mundo sin violencia y discriminación contra las mujeres

Nuestra lucha es para construir una sociedad basada en la justicia, la igualdad y la paz. Exigimos el respeto de todos los derechos de las mujeres. Rechazando el sistema capitalista, patriarcal, la xenofobia, la homofobia y cualquier tipo de discriminación, reafirmamos nuestro compromiso en lograr una equidad total entre hombres y mujeres. Esto requiere el fin de toda forma de violencia contra las mujeres, doméstica, social e institucional, tanto en las zonas rurales como en las zonas urbanas. Nuestra Campaña contra la Violencia hacia las Mujeres está en el corazón de nuestras luchas.

Paz y desmilitarización

Vivimos un incremento de conflictos y guerras para la apropiación, proliferación de bases militares y criminalización de la resistencia. La violencia es intrínseca a este sistema capitalista mortal basado en la dominación, la explotación y el pillaje. Nosotros estamos comprometidos con el respeto, la dignidad y la paz.

Nos duelen y nos honran los cientos de campesinas y campesinos que han sido amenazados, perseguidos, encarcelados, asesinados por sus luchas. Continuaremos exigiendo rendición de cuentas y castigo para quienes violan los derechos humanos y los derechos de la naturaleza. Demandamos también la liberación inmediata de todos los presos políticos.

 

Tierra y territorios

Defendemos una Reforma Agraria Integral que ofrezca plenos derechos sobre la tierra, reconozca los derechos legales de los pueblos indígenas a sus territorios, garantice a las comunidades pesqueras el acceso y el control de las zonas y ecosistemas de pesca y reconozca el acceso y el control de las tierras y las rutas de migración de pastoreo. Esta es la única manera de asegurar un futuro para los jóvenes del campo.

La Reforma Agraria Integral, vista como una distribución masiva de tierras junto con el apoyo con recursos para la producción y el sustento, debe garantizar el acceso permanente a los jóvenes, las mujeres, los desempleados, los sin tierra, para complementar a las pequeñas fincas, a los desplazados y todos aquellos que estén dispuestos a participar en la producción a pequeña escala de alimentos agroecológicos. La tierra no es una mercancía. Deben reforzarse las leyes existentes y crear nuevas para protegernos de la especulación y un marco jurídico que impida la especulación con ellas y su acaparamiento. Continuaremos nuestra lucha en defensa de las tierras y los territorios.

 

Semillas, bienes comunes y agua

Enaltecemos a las semillas, el corazón de la Soberanía Alimentaria, con el principio Semillas Patrimonio de los Pueblos al Servicio de la Humanidad, reafirmado hoy por cientos de organizaciones en todo el mundo. Nuestro desafío pasa hoy por seguir manteniendo a nuestras semillas vivas en manos de nuestras comunidades, por multiplicarlas en el marco de nuestros sistemas campesinos. Continuaremos la lucha contra su apropiación a través de diversas formas de propiedad intelectual y su destrucción por su manipulación genética y otras nuevas tecnologías. Nos oponemos a los paquetes tecnológicos que combinan transgénicos con el uso masivo de pesticidas.

Seguimos hoy enfrentando la Leyes de semillas que, de la mano de los intereses de las corporaciones, son privatizadas y mercantilizadas. Seguimos enfrentando a los transgénicos  y luchando por un mundo libre de transgénicos. 
Los ciclos de la vida fluyen a través del agua y ella es una parte esencial de los ecosistemas y la vida. El agua es un bien común y como tal debe ser protegido.

Construyendo desde nuestras fortalezas

Nuestra gran fortaleza es crear y mantener unidad en la diversidad. Nosotros tenemos una visión del mundo inclusiva, amplia, práctica, radical y esperanzada como invitación a unirnos en la transformación de nuestra sociedad y la protección de la Madre Tierra.

 

Nos vamos de esta VI Conferencia Internacional de La Vía Campesina dando la bienvenida a las nuevas organizaciones que se han integrado al Movimiento, seguros de nuestras fortalezas y llenos de esperanzas hacia el futuro.


¡Por la tierra y la soberanía de nuestros pueblos!

¡Con solidaridad y lucha!

 

 

Fuente: https://viacampesina.org/es/llamamiento-de-77a/

En consecuencia, la «reforma agraria integral» como reestructuración radical de territorios e interrelaciones socioterritoriales y de sus economías se basa en subjetividades colectivas que desobedeciendo al conformismo, a los miedos y a la resignación se autoorganizan para resistir el avasallamiento de derechos por el capitalismo pero, en simultáneo, elaboran e investigan alternativas de otra sociedad. Sobre todo se van entrelazando cada vez más extensiva y comprensivamente. Comprobemos:

 

"Las comunidades afectadas por represas articuladas en el Movimiento de Afectados por Represas de América Latina– MAR- hacen un llamado a todos los movimientos sociales y organizaciones ambientalistas y defensoras de derechos humanos"

23 de febrero de 2017

Las comunidades afectadas por represas articuladas en el Movimiento de Afectados por Represas de América Latina– MAR- hacen un llamado a todos los movimientos sociales y organizaciones ambientalistas y defensoras de derechos humanos a adelantar, el próximo 14 de marzo, acciones por la defensa de los derechos de las comunidades afectadas por represas, por la defensa de los ríos, por la construcción de un modelo energético popular y por el fortalecimiento y construcción de sociedades alternativas en conmemoración del vigésimo primer día de acción internacional contra represas y por los ríos, el agua y la vida.

 Los promotores de represas, entre ellos gobiernos y empresas, alrededor del mundo siguen interviniendo ríos extinguiendo especies endémicas de fauna y flora, desapareciendo formas de vida asociadas a las cuencas y desplazando a miles de comunidades bajo el eufemismo del desarrollo y la energía limpia al tiempo que calientan el planeta; por tanto, es necesario que las comunidades y pueblos continúen organizándose a nivel local, regional y nacional para aunar esfuerzos que conduzcan a la sensibilización de la comunidad en general y hacia la transformación de las matrices energéticas en los países.

De igual manera es necesario extender la iniciativa de articulación nacional e integrarse al MAR y desde allí convocar entonces a un próximo encuentro mundial de afectados por represas.

¡Aguas para la vida, no para la muerte!

Movimiento de Afectados por represas de Latinoamérica – MAR

Movimiento dos Atingidos por Barragens (Brasil), Movimiento Colombiano en Defensa de los territorios y afectados por represas (Movimiento Ríos Vivos), Movimiento Amplio por la dignidad y la justicia (Honduras), Red de Educadores y Educadoras Populares/CMLK (Cuba), Frente Petenero contra las Represas (Guatemala), Consejo de Pueblos Mayas (Guatemala), Bloque Campesino Indígena Amazónico de Bolivia, Asociación de pescadores 16 de julio de Cachuela (Bolivia), FUNPROCOOP (El Salvador), Frente Nacional Agrario (El Salvador), Movimiento Popular Patria Grande (Argentina), Rondas Campesinas (Perú), Movimiento Mexicano contra las Presas y en Defensa del Agua (MAPDER) Patagonia sin Represas (Chile), Red Nacional en Defensa del Agua (Panamá)

Fuente: CLOC - Vía Campesina

 

Historiemos al movimiento que lucha para garantizar los derechos de estas poblaciones, principalmente a la tierra, forzando y contribuyendo en la construcción de un nuevo modelo energético, alternativo y popular para Brasil.

Hace 20 años la historia del MAB viene siendo construida con la participación integral de todas las poblaciones afectadas.

 

 

Movimiento de Afectados

por las Represas (MAB)

 

Movimiento de Afectados por las Represas (MAB, por las siglas en portugués de su nombre Movimento dos Atingidos por Barragens) – es un movimiento popular, autónomo, de lucha, de masas, de base y que pretende organizar toda la población amenazada o afectada por represas, en su mayoría represas hidroeléctricas. Es un movimiento que lucha para garantizar los derechos de estas poblaciones, principalmente a la tierra, forzando y contribuyendo en la construcción de un nuevo modelo energético, alternativo y popular para Brasil.

Hace 20 años la historia del MAB viene siendo construida con la participación integral de las poblaciones afectadas en la vida del movimiento. Somos afectados por las represas, campesinos, pequeños agricultores, sin tierra, indios, pescadores, "ribeirinhos" (comunidades que viven a orillas de los ríos) y "quilombolas" (comunidades negras), buscadores de minerales y también poblaciones urbanas. En Brasil, somos más de un millón de personas expulsadas de nuestras tierras, de nuestras casas, de nuestras comunidades, por la forma dictatorial de construcción de represas.

Cada 100 familias afectadas, 70 tienen su derecho negado por las empresas constructoras. En los próximos tres años, 100 mil familias más están amenazadas de perder sus tierras en función del interés de las empresas transnacionales. Pretendiendo aumentar y mejorar la participación de la población afectada en la vida del movimiento, así como mejorar la división de tareas y responsabilidades, definimos que la forma de organización de base es a través de pequeños grupos de cinco a diez familias, con coordinadores en cada grupo, con coordinaciones locales, regionales y nacionales. Actualmente el MAB es una organización nacional, presente en 15 estados del país y tenemos en el trabajo de base um desafío constante para aumentar nuestra organización y la conciencia de la lucha. Entendemos que la lucha organizada y el protagonismo de las masas es el motor de la transformación de la realidad de nuestro país. Por eso la formación y la información de las poblaciones afectadas o amenazadas por represas es la principal herramienta para la lucha consciente en la construcción de un Proyecto Pupolar para el Brasil. Articular alianzas y apoyos con movimientos, entidades sociales, sindicales y ambientales, universidades y organizaciones que se identifican con nuestra lucha, hace parte de nuestra estrategia.

El 14 de marzo es el Día Internacional de Lucha de los Afectados por Represas. La construcción de un nuevo modelo energético alternativo y popular, que tenga entre sus pilares como prioridades: el control popular del agua y la energía, la economía de la energía, el fin de la mercantilización, precio justo, energia para el desarrollo interno, el fin de los subsidios a las grandes empresas, una matriz con base a energías alternativas como la biomasa, la eólica, la solar y el repotenciamiento. El fin de la construcción de represas. La garantía de los derechos de las poblaciones afectadas y la preservación del ambiente. En contra del modelo capitalista neoliberal y por la construcción de un Proyecto Popular para el Brasil. Entendemos la lucha de los afectados por represas como parte de la lucha mayor de los excluídos de la clase trabajadora en la construcción de una nueva sociedad y de un proyecto popular para Brasil. El modelo de sociedad capitalista neoliberal ha aumentado la exclusión social y la concentración de las riquezas, incluyendo el agua y la energía, en mano de unos pocos. Necesitamos construir con el pueblo, el proyecto del pueblo, basado en nuevos valores y principios.

https://www.escr-net.org/es/miembro/movimiento-afectados-por-represas-mabhttps://www.escr-net.org/es/miembro/movimiento-afectados-por-represas-mab

 

 

 

El modelo consolida el poder económico, estatal y mediático de las transnacionales

 

 

 

Hacia una racionalidad reproductiva-ambiental: Los movimientos sociales contra las represas frente al discurso hegemónico del desarrollo*

 

Nazaret Castro Buzón

Universidad Nacional General Sarmiento, Buenos Aires, Argentina

Del discurso hegemónico del desarrollo a la construcción de una racionalidad reproductiva-ambiental

Las páginas que siguen pretenden demostrar este argumento: los movimientos socioambientales que enfrentan proyectos hidroeléctricos no se limitan a decir no a las megarrepresas, sino que proponen, en sus acciones y narrativas, alternativas al desarrollo, frente a un discurso hegemónico del desarrollo que ha relegado a la región al papel de proveedora de recursos naturales al servicio de la reproducción del capital. Entre esos aportes, es vital la concepción del territorio como portador de culturas, lo que implica un llamado a la des-mercantilización de la naturaleza y los recursos que alberga.1 Para demostrar este argumento, esta investigación analiza las narrativas y las acciones de tres movimientos sociales:

a)    Asoquimbo, asociación de campesinos del departamento del Huila (Colombia) que rechaza la central hidroeléctrica de El Quimbo, de la multinacional Enel-Endesa.

b)    Parlamento de Koz Koz, organización mapuche contraria a la construcción de la represa de Neltume, también de Enel-Endesa, en Panguipulli (Chile).2

c)    Mesa Provincial No a las Represas, que aglutina múltiples organizaciones, de componente fundamentalmente urbano, con el objetivo común de que no se construyan nuevas centrales hidroeléctricas en Misiones (Argentina).

Los casos de estudio fueron escogidos por varios factores: son casos representativos de luchas contra las centrales hidroeléctricas en la región, por los impactos que podrían suponer esas represas en los modos de vida de estas comunidades; además, cada uno de los movimientos cuenta con un actor colectivo diferente, y se trata de tres actores fundamentales en los conflictos ambientales en América Latina, a saber: campesinos, indígenas y movimientos asambleístas urbanos. Existen además una serie de elementos en común entre estos tres movimientos: manejan discursos y narrativas en torno al desarrollo; han implementado estrategias de lucha, como la ocupación de tierras en el caso de Asoquimbo, o la reivindicación de la cultura y la lengua mapuche en el Parlamento de Koz Koz; han creado medios de comunicación alternativos; y han intentado articularse con las resistencias a nivel nacional, regional e internacional.3

Mi intención, desde un enfoque transdisciplinario, radicó en entender los aportes conceptuales de estos movimientos, que pueden leerse como claves de sentido para ser incorporadas por la academia, a fin de pensar nuevas categorías en un contexto de crisis civilizatoria. Para ello, indagué en las narrativas de estos movimientos, y en sus acciones y prácticas en tanto comunican valores. Escogí una metodología cualitativa, desde una perspectiva etnográfica,4 en tanto pretendí «capturar el sentido que las personas dan a sus actos, a sus ideas y al mundo que les rodea» (Murillo y Martínez, 2010), a través de la observación de sus prácticas y de entrevistas en profundidad y no estructuradas. Complementé el análisis con fuentes secundarias producidas por los propios movimientos y divulgadas a través de sus webs, blogs y páginas en Facebook.5

Una última consideración antes de seguir. Mi llamado es a una apuesta por la transdisciplinariedad, entendida como el cruce de saberes tanto entre disciplinas como también con actores por fuera de la academia (Jahn y otros, 2012). Parto además de la base de que, como científica social, puedo ser rigurosa, pero no neutral; y escojo, por decirlo en palabras de Raúl Zibechi, el lado de los oprimidos. Este posicionamiento me ha llevado a incidir, en mi recorte, en los aportes de las resistencias a las represas en la construcción de alternativas; esto no equivale a ocultar ni negar las contradicciones internas que a menudo se dan en el interior de estos movimientos, sino que supone escoger el recorte que, a mi juicio, más puede aportar a la revisión crítica y a la superación de un modelo de desarrollo que reproduce la injusticia social y lleva a la destrucción de las fuentes de vida. En ese contexto debe entenderse también mi crítica a la modernidad capitalista y eurocéntrica hegemónica, que de ningún modo trata de negar los aspectos positivos de la modernidad, sino señalar cómo «los puntos de vista que nos resultan más familiares son suscep-tibles, por esa misma razón, de escapársenos», como advertía Hume (citado por Dumont, 1999: 31).

La disputa en torno a la noción de desarrollo

Esta investigación parte de la identificación de un problema: el auge de la energía hidroeléctrica en América Latina en los últimos años, que, por los profundos impactos que sobre el territorio tienen las megarrepresas, ha provocado conflictos socioambientales —o ecológico-distributivos— de alta intensidad. Nos inscribimos dentro de la crítica al extractivismo que en los últimos años han actualizado autores como Svampa (2012, 2013), Gudynas (2009, 2012), Acosta (2009) y otros, y que apuntan a un cuestionamiento profundo de un modelo de desarrollo —de maldesarrollo, como argumentan Svampa y Viale (2014)— que deja la exportación de commodities como único lugar de inserción posible para América Latina en el capitalismo de la globalización. Lo que define al modelo es la escala y la intensidad de los proyectos, que efectivamente han llevado a la reprimarización de las economías latinoamericanas (Giarracca y Teubal, 2014), tanto en los países con gobiernos de corte neoliberal, como con gobiernos progresistas. Parece una vía inevitable en el camino hacia el desarrollo: a eso se refiere Svampa con la expresión «Consenso de los commodities».

Ese modelo extractivista supone una vuelta al modelo colonial que devuelve a América Latina su función de proveedora neta de materias primas para los países centrales, y que, desde el célebre discurso de Harry Truman de 1949, encuentra legitimación en el discurso del desarrollo. Ese año, Truman formuló por vez primera la idea de que era posible ampliar el sueño americano del consumo opulento a zonas del mundo ahora definidas como «subdesarrolladas»: así, la idea del desarrollo inventa el concepto de Tercer Mundo (Escobar, 2007) y el desarrollo se consolida como proyecto económico y cultural que expresa el resultado de un patrón específico de poder, fruto de la eurocéntrica modernidad (Coraggio, 2011; 2009). Si cedían a las veleidades del mercado, todos los países podrían ir subiéndose al carro del progreso y el American Way of Life; Truman advirtió de que habría «ajustes dolorosos», pero prometió un paraíso de abundancia material.6

Pese a su fragilidad conceptual y las evidencias empíricas que contrarían la pretensión de Truman, la realidad sigue «colonizada por el discurso del desarrollo» (Escobar, 2012: 30) hasta el punto de que ese discurso sigue imponiendo los límites de lo que somos capaces de pensar. El desarrollo «es uno de los conceptos más paradójicos de la retórica académica y política: es incuestionable, aunque carezca de una definición unívoca y consensuada» (Roig, 2008). Esa idea porosa y difusa sigue siendo, junto a «empleo y progreso», el término más utilizado por empresas y gobiernos para justificar los proyectos hidroeléctricos, con la ayuda de unos medios de comunicación hegemónicos que no cuestionan esa noción ambigua, que promete el bienestar material sin explicar muy bien cómo.7

Sostengo que, frente a ese consenso de los commodities que acatan los gobiernos, frente a ese paradigma del desarrollo del que buena parte de los intelectuales no consiguen salir, las resistencias al extractivismo se han convertido en una vanguardia que no se conforma con plantear alternativas de desarrollo, sino alternativas al desarrollo. Son capaces, como señala Escobar, de pensar la vida social desde un nuevo principio organizador de la vida que no sea la idea del progreso y del crecimiento económico ad infinitum (Escobar, 2012) que ha regido el pensamiento hegemónico durante al menos dos siglos. Y uno de sus principales aportes es su contribución a construir un nuevo tipo de racionalidad, diferente de esa racionalidad instrumental economicista que nos reduce a consumidores maximizadores de utilidad o emprendedores maximizadores de ganancia.

Un nuevo tipo de racionalidad

A esa racionalidad alternativa la llamaremos «reproductiva-ambiental», combinando los aportes del enfoque de la economía social con el pensamiento ambiental. Desde la elaboración de José Luis Coraggio (2009, 2004), y entendida como proyecto político encaminado a la construcción de otra economía posible, superadora del sistema capitalista, la economía social y solidaria (ESS) pretende sustituir la racionalidad instrumental, que parte del supuesto de considerar la sociedad como una suma de individuos egoístas, cuya única motivación es la maximización de la ganancia o la utilidad, por una racionalidad reproductiva. Ésta sitúa en el centro la reproducción ampliada de la vida de todas y todos, esto es, la satisfacción de las necesidades legítimas de los miembros de una sociedad, asumiendo que la decisión en torno a qué necesidades se pueden considerar legítimas sólo puede ser tomada a través de procesos de construcción democrática. Por su parte, Enrique Leff llama a la construcción de una racionalidad ambiental que parta de la consideración de las posibilidades productivas de la naturaleza y de la comprensión de sus ciclos, y que necesariamente implica «un proceso de reapropiación de la naturaleza y rete-rritorialización de las culturas (citado por Bertinat, 2014: 187).

Combinando ambos conceptos, a fin de visibilizar la profunda interrelación entre la dimensión social y la ambiental, propongo la expresión racionalidad reproductiva-ambiental para referirnos a un tipo de racionalidad opuesta a la instrumental, que coloca en el centro tanto la satisfacción de las necesidades de los miembros de una sociedad como el cuidado del entorno natural, asumiendo que ambas son las dos caras de la misma moneda, pues no existe discontinuidad entre los seres humanos y la naturaleza.8 Pasamos ahora al análisis de los datos empíricos para dimensionar los aportes de los tres movimientos analizados a la construcción de esa racionalidad alternativa.

Desmercantilizar el territorio

El modelo extractivista implica necesariamente una pugna por el control territorial y tiende a reconfigurar el territorio en su totalidad (Svampa y Viale, 2014). Las megarrepresas son un claro ejemplo de ello: conllevan la inundación de amplios territorios, provocan desplazamientos forzosos, acaban o merman la actividad agrícola y pesquera y, en fin, transforman radicalmente la vida de las comunidades locales afectadas, sus formas de sustento, el modo en el que se relacionan los miembros de la comunidad, entre sí y con el espacio que habitan. La brutalidad con la que intervienen en los territorios estos emprendimientos extractivos está en la base del «giro ecoterritorial» de los movimientos sociales y abre «un nuevo ciclo de luchas, centrado en la defensa del territorio y del ambiente, así como en la discusión sobre los modelos de desarrollo y las fronteras mismas de la democracia» (Svampa, 2013). Escobar (1999) lo caracteriza como la «irrupción de lo biológico como problema global», que se suma a la emergencia de lo étnico y cultural como reivindicación política.

Para los tres movimientos contra las represas que estamos analizando, la defensa del lugar implica la defensa de la cultura y, en el caso de los mapuche, de su propia supervivencia étnica. Estas resistencias se niegan a convertirse en zonas y cuerpos sacrificados en el altar del progreso, y no sólo se conforman con reclamar una más justa distribución de los costos y beneficios de los proyectos extractivos, sino que defienden su propia identidad cultural, necesariamente vinculada al territorio (Leff, citado por Composto y Navarro, 2014), frente a la lógica del capital, que requiere un control territorial basado en un poder total y productivo que va configurando formas de ver, sentir y experimentar el mundo (Machado Aráoz, 2009).

En el capitalismo de la globalización, los territorios son fragmentados y desarticulados de sus procesos locales para ser subordinados a las cadenas globalizadas de valor que lideran las empresas multinacionales; se convierten en espacios abstractos (Lefevre, citado por Oslender, 2010) que generan procesos de desterritorialización en los que la comunidad pierde el lugar como metáfora para la comprensión de su cultura (Escobar, 2012). Las resistencias a las represas, como muchos otros movimientos socioambientales, combaten esos procesos: politizan el territorio, lo vinculan a la identidad y la cultura; reivindican los seres humanos somos seres de lugares, que éstos no son, como quiso hacernos creer el discurso oficial, intercambiables ni homólogos: sugieren, en fin, «maneras de reconectar el espacio y el lugar que no se rinden a las narrativas estandarizadas del capital y la modernidad» (Escobar, 2012: 138). Es lo que las comunidades negras del Pacífico colombiano han resumido en su definición de biodiversidad como territorio más cultura, para subrayar que el territorio encarna el proyecto de vida de la comunidad y, por tanto, defender el territorio es defender la cultura.

Aunque anclados en el territorio, estos movimientos plantean cuestiones sistémicas y crean así glocalidades, entendidas como «configuraciones culturales y espaciales que conectan unos lugares con otros para crear espacios y mundos regionales» (Escobar, 2012: 139). Aquí radica el potencial transformador de estos movimientos: aunque las demandas concretas son locales y las acciones están profundamente vinculadas al territorio, los argumentos apuntan al funcionamiento del sistema-mundo: cuestionan una división del trabajo global que relega los territorios que defienden a zonas sacrificables y los suyos, a cuerpos sacrificados. Están reivindicando un proceso de territorizalización que invierta el «desempoderamiento del lugar» al que llevó la globalización hegemónica, al hacernos creer que lo global domina sobre lo local y que los lugares son irrelevantes. Lo que está en juego es la construcción de un nuevo tipo de racionalidad, que ya no relega los lugares a meros espacios intercambiables, pues las formas de vida de las comunidades están ancladas a las peculiaridades de sus territorios.

En Misiones, donde la tierra es de un rojo rubí, muchas familias ribereñas vivieron durante generaciones de hacer ladrillos —los oleros—; en el Huila, la generosidad del río permitió, hasta la construcción de la represa de Betania, vivir de la pesca; en Panguipulli, la tranquila belleza del lago Neltume posibilita que varias familias mapuche vivan de un turismo de baja intensidad. Esas formas de vida, entendidas como un conjunto de prácticas e insistuciones a través de las que los seres humanos se relacionan con su entorno natural y con el resto de seres humanos, suponen hábitos y formas de relacionarse que van mucho más allá de lo material y que difieren enormemente de las subjetividades y los hábitos que se derivan del trabajo proletarizado.

El Gran Río de la Magdalena

Comencemos con el caso de Asoquimbo. El Magdalena es, con sus más de 1.500 kilómetros, la principal arteria fluvial de Colombia; está rodeado de un enorme significado simbólico. El Gran Río de la Magdalena, ese que inspiró a Gabriel García Márquez para escribir novelas como El amor en los tiempos del cólera, recorre el país de sur a norte, desde el Macizo Colombiano hasta su desembocadura en el mar Caribe, y acoge en sus orillas a una multitud de poblaciones para las que el río no es sólo la fuente de sus ingresos, sino un elemento organizador de sus formas de vida, de sus modos de hacer y sentir. El Magdalena conforma a su paso culturas y pueblos; es, también, un símbolo nacional: el «Río de la Patria». Cerca del nacimiento del río, en La Jagua, un pequeño pueblo de calles empedradas y solitarias, el Magdalena pasa con un caudal todavía pequeño, pero con gran fuerza y vitalidad. El río ordena la vida de la gente: es fuente de sustento de los pescadores, baña las tierras más fértiles y es el lugar de recreo por excelencia. Todo eso es lo que está amenazado por el proyecto de El Quimbo.

Los habitantes del Huila entienden que las represas están poniendo en jaque sus formas de vida tradicionales, asociadas a la pesca, la agricultura y la minería tradicional. Y esto abarca sus fuentes de sustento y alimento, pero también sus modos de vivir y organizarse en sociedad. Los integrantes de Asoquimbo son conscientes de que defienden mucho más que una tierra que arar: defienden los modos de vida que se organizan en torno al Gran Río de la Magdalena: la biodiversidad cultural y biológica están indisolublemente unidas.

Esta concepción se deja ver en afirmaciones como éstas: «La lucha es por la tierra»; «El eje de la resistencia es la defensa del territorio»; «El poder está en el control del territorio»; «La estamos peleando por las tierras del Huila: debemos mostrarles nuestro sentido de pertenencia». La materialidad del sustento se entreteje con la calidad de los lazos sociales, las redes de solidaridad y, también, las subjetividades. A la cultura del salario —que, para el ecomar-xista Miller Dussán, uno de los líderes de Asoquimbo, es sinónimo de trabajo alienado— se opone la lógica de la minga: la colectividad del trabajo y del alimento. De ahí el potencial transformador de la recuperación de terrenos baldíos en La Jagua que pude observar en julio de 2013: para los campesinos de Asoquimbo, poner a producir tierras que la empresa Emgesa (filial local de Enel Endesa) había dejado baldías tenía que ver con la supervivencia de su territorio y, también, con su propia toma de conciencia política:

Necesitamos recuperar nuestra cultura, la dignidad de trabajar la tierra. Nos falta sentido de pertenencia y nos falta conciencia: nunca hemos sido libres. Falta reconectar con la dignidad y el orgullo de trabajar la tierra. Falta también educación: saber qué vamos a hacer con las ZRC, cómo las vamos a trabajar, cómo haremos las redes de distribución (Harold, Finca La Guaca).

Ahora que todavía está vivo, hay que proteger el río. Si no, ¿qué les vamos a decir a nuestros hijos, que no peleamos por defenderlo? [... ] La estamos guerreando por las tierras del Huila, nuestro río Magdalena es la vena aorta del país. Debemos mostrarles con berraquera9 nuestro sentido de pertenencia: no nos vamos de aquí, nacimos y crecimos aquí (Zoila Ninco, La Jagua).

El río articula la vida en comunidad: por eso hay que defenderlo. Esta idea pareció evidente cuando, en marzo de 2015, los activistas de Asoquimbo convocaron un evento que giraba en torno a la preparación de un sancocho, uno de los platos populares más típicos en Colombia, y que las comunidades ribereñas acostumbran a preparar a la orilla del río los días festivos.10 Además de una forma de reunirse y de valorizar sus modos de vida tradicionales, preparar un sancocho de bocachico —un pescado común en la zona— acompañado con yuca y plátano, les sirve para reivindicar la gastronomía local y cuestionar los posibles impactos de la represa sobre la biodiversidad en el río y sobre la agricultura local. Si se acometen los proyectos hidroeléctricos, ¿seguirá nadando el bocachico en el Magdalena? ¿Se seguirá cultivando yuca y plátano en el Huila? El encuentro, festivo y reivindicativo a la vez, se convierte, al mismo tiempo en un acto en defensa de la soberanía alimentaria —ellos hablan de «[rescatar] el sabor especial de nuestra auténtica soberanía alimentaria»— y de los usos y costumbres que crean lazos sociales. Se está valorizando, en suma, el territorio como conformador de identidades, a través de la gastronomía y de las costumbres. Dice una joven de La Jagua: «La ciudad es muy aburrida, sólo carros, semáforos y trabajo. Aquí uno va al río, se divierte con amigos y la familia, se lleva la olla para el sancocho. Aquí podemos tener el agua libremente». El río es un espacio público, de recreo y socialización, que la represa privatiza y los lugareños pierden. Pero todo eso no aparece en los balances de las empresas ni en los cálculos de costos y beneficios que presentan los políticos que hablan de «empleo y progreso». En La Jagua no quieren ese desarrollo que les deja sin sancochos de bocachico a la orilla del río.

Los integrantes de Asoquimbo han comprendido, en fin, que «los ríos sustentan culturas», como expresa el Movimiento Ríos Vivos, y que la imposición de represas «directa o indirectamente, ha violentado las maneras de habitar» esos territorios y amenazado las identidades y culturas locales «en nombre de lo que algunos sectores llaman desarrollo» (Movimiento Ríos Vivos, MRV, 2014). Así, el eje central de la lucha de Asoquimbo es la «defensa de la cultura, de la identidad, del territorio que [dejaremos en herencia] a nuestros hijos» (MRV, 2014).

Para Asoquimbo, otra gran preocupación es qué ocurre con el patrimonio arqueológico de la región. Aseguran que a la orilla del río, en territorio ahora ocupado por Emgesa, se encuentran vasijas indígenas cuyo futuro es ahora incierto. Esto evidencia la complejidad del territorio, que es, también, el lugar donde descansan los ancestros, en una región donde la mayor parte de la población no se identifica como indígena, pero sí asume tener antepasados indígenas.

De forma similar, en Misiones la experiencia de Yacyretá mostró cómo la represa dejaba una huella en los modos de relacionarse con el río para los posadeños. Al tratarse de un actor social más urbanizado, con subjetividades más impregnadas por la ideología capitalista, la concepción del territorio-región no está tan políticamente definida, pero se manifiesta con claridad en los afectados por la represa de Yacyretá. No por casualidad, la palabra que más repiten es desarraigo: «¿Quién me paga el desarraigo, el dolor del alma? Eso no tiene precio», interpela una desplazada. A esa sensación de desarraigo se suma un efecto más tangible, pero igualmente difícil de contabilizar o incluir en los balances de las empresas: la pérdida de los lazos vecinales. Los afectados por Yacyretá, obligados a vivir en las periferias de Posadas, ya no tienen a sus vecinos de toda la vida para ayudarse a cuidar a los chicos o en momento de enfermedad; se quiebran redes de solidaridad, costumbres, lazos sociales y vecinales, y la falta de esas redes hace más difícil soportar la vida en barrios carenciados y carcomidos por el desempleo.

Estas luchas se enfrentan a la inercia sistémica del capital global que, en su expansión, «desterritorializa» los lugares para anexarlos y así arrebata a las comunidades locales el lugar como metáfora desde la cual comprender la cultura, defendiendo su control de territorios que posibilitan, y encarnan en sí mismo, el proyecto de vida de las comunidades (Escobar, 2012); un proyecto autónomo y no determinado por las necesidades de la reproducción del capital. Así, estos movimientos no se limitan a rechazar que las megarrepresas conviertan su territorios en una nueva zona de sacrificio, sino que —no sin dificultades y contradicciones— reivindican su derecho a escoger sus modos de habitar y ser en el territorio.

Lenguajes que (re)valorizan la naturaleza

De manera mucho más contundente, y mucho más creativa, de lo que podemos proponer en este ensayo, los movimientos contra las represas visibili-zan la necesidad de valorar la naturaleza de una manera diferente de la que propone la lógica del capital. Los movimientos crean espacios de discusión y crean también nuevos lenguajes (Martínez Alier, 2009) que expresan una valorización del territorio más allá de la lógica del capital, que sólo puede valorar en términos de ganancia. También a partir de sus acciones, cuya finalidad es principalmente comunicativa (Melucci, 1999), estas resistencias están contribuyendo a la consolidación de una racionalidad alternativa de tipo reproductivo-ambiental. Acciones diversas como la Marcha por los Ríos Libres en Misiones, la ocupación de terrenos antes baldíos en el Huila o la recuperación del mapudungun (la lengua mapuche) en Panguipulli, se orientan a ese objetivo común: romper con la lógica capitalista neoliberal que sólo sabe valorizar en términos de rentabilidad medida en dólares. Donde el discurso oficial sólo ve territorios improductivos repletos de recursos naturales que los emprendimientos extractivistas pueden transformar en riqueza económica, los miembros de estas resistencias ven el territorio que hace posible sus formas de vida campesina, su cultura, su experiencia vital. En el caso de los mapuche, la tierra es mucho más: es sagrada, es el lugar donde descansan los ancestros y es, también, la única esperanza de su supervivencia étnica y cultural.

Los miembros de Asoquimbo rechazan frontalmente esa racionalidad instrumental que sólo sabe valorar en dólares, se trate de un río, de una casa o de un modo de vida, porque sólo sabe guiarse por el valor de cambio, y que en última instancia lleva a la destrucción de los ecosistemas y de la vida misma:

Acumular destruyendo el mundo es la lógica del capital. Han existido comunidades milenarias sin destruir los ríos y el agua pero ahora el afán de lucro de quienes siempre se han creído los dueños de todo nos conducen a la destrucción del planeta (Héctor Alfonso Torres Rojas).11

Quieren privatizar el río, ¡a quién se le ocurre! [...] Debemos luchar por la recuperación de las tierras aquí y en toda Colombia. Con la política minero-energética estamos perdiendo territorio; si no lo recuperamos ahora que tenemos por qué luchar, después no vamos a tener qué comer (Harold, La Jagua).

Esa racionalidad reproductiva-ambiental que valoriza los territorios más allá de su valor de cambio, que vincula el territorio a los lazos de solidaridad comunitaria, al arraigo y la identidad, impregna las concepciones de la naturaleza de los integrantes de estos movimientos, que intentan transmitir y contagiar esta lógica al resto de la sociedad a través de diferentes acciones, como hemos visto —las ocupaciones de fincas, la Jangada Libertad—, pero también a través de una disputa por el lenguaje que trata de desnaturalizar las concepciones hegemónicas en torno a la tierra, la naturaleza y los «recursos». Estos son algunos de los mensajes difundidos por Asoquimbo y el Movimiento Ríos Vivos, muchos de ellos compartidos por otros movimientos:

•    «El río de la vida llega a Neiva»

•    «Somos el Río» (#hagstag).

•    «Las mujeres son como el río: dan la vida»

•    «La vida no se represa»

•    «Ríos para la vida, no para la muerte»

•    «Agua y energía NO son mercancía»

•    «Ríos libres, pueblos vivos»

•    «Nuestros ríos, montañas y páramos no están en venta»

•    «No a las represas. Sí a la vida»

•    «Por la defensa del Río Magdalena, los territorios y la vida»

•    «Agua, sí. Represas, NO»

•    «Robaron el oro, violaron las mujeres, y ahora por el agua, los extranjeros vienen»

•    «Destrucción no es progreso»

•    «El Río no se vende. El Río se defiende»

•    «En ríos represados no sube el pescado».

 

 

En estas resistencias contra las represas, la figura del río encarna esa lucha por el agua; los ríos aparecen casi personificados, como apoyando la idea de que son mucho más que un elemento orográfico, son vida y conforman culturas: «Ríos libres, pueblos vivos». Con ello, los miembros de estas resistencias están colocando en el centro la consideración del río como portador de vida y la imposibilidad de que esa vida se pueda comprar y vender. Los nuevos lenguajes destacan el componente emocional de esos significados: «ríos vivos», «agua para la vida», «en defensa de la vida»; son expresiones que erosionan el barniz utilitarista e instrumental que tiñe el discurso hegemónico para recuperar los valores de la vida, de lo natural frente a lo artificial: cuando decimos que «el agua vale más que el oro», estamos redefiniendo también palabras como riqueza o bienestar: es más rico y vive mejor quien puede beber agua cristalina que quien posee lingotes de oro. Esto se evidencia en los poemas de Harold Segura, también conocido como «el Poeta Jagueño»:

«Nuestra Madre Tierra sueña la libertad» 
Nuestra madre tierra siente lo que está sucediendo. 
El dolor que tiene es más intenso y clama al hombre 
Que la ame, que la defienda y que la cuide. Porque en un tiempo cercano 
Nos daremos cuenta que la naturaleza también tiene vida 
Que sin ella no podemos vivir, recuerda siempre que el dinero no lo es 
Todo; ama lo que nos rodea y enamórese del atardecer 
Y el amanecer. Del canto de las aves, aroma de las flores y murmullo del viento que enamora. 
Arriba por una reserva campesina agroalimentaria y QUE SE VAYA EL QUIMBO.
12

Esos nuevos lenguajes, además, visibilizan las visiones comunes de las diferentes luchas contra el extractivismo, en especial el modo en que el agua es el eje articulador de estas luchas. Las luchas contra las megarrepresas, la minería a cielo abierto o el fracking comparten consignas como «El agua es lo primero» o «Todos por el agua, el agua es para todos» (Seoane, Taddei y Algranati, 2013: 130). Además, estos movimientos no sólo expresan ese intento por des-mercantilizar la naturaleza a través de la palabra, sino con fotografías, videos, imágenes. Es notable la capacidad y el interés de estos movimientos por ilustraciones que reivindican la sacralidad de la naturaleza, como las que difunde Mapuexpress en las redes sociales, que remiten, por ejemplo, a la metáfora de la Mujer-Montaña-Río; o los coloridos murales que se dejan ver en La Jagua. La música juega también un papel esencial. Todos esos medios de expresión, a través de la palabra o del arte, se ponen al servicio del mensaje: quebrar la idea naturalizada de la mercantilización —y desvalorización— de la vida.

La (des)mercantilización de la naturaleza tiene que ver con cómo la valorizamos. Mercantilizar la naturaleza requirió como paso previo su desvalorización; para poder comprarla y vender la tierra, y así privatizarla, tuvo que calar en el sentido común la idea de que lo artificial, lo que es producto del trabajo humano, es esencialmente mejor que lo que produce la naturaleza y nos brinda «gratis». Desmercantilizar requiere la operación contraria: que penetre en las subjetividades la idea de que la vida y el entorno que la sustenta —los servicios ambientales, como dice la economía ecológica— son de un valor inconmensurable, que no se puede medir en dinero. Si el capitalismo desprecia —y deprecia— precisamente aquello a lo que no puede atribuir un valor de cambio, el proceso de desmercantilización al que están contribuyendo los movimientos contra las represas coloca el énfasis en el valor de los ríos y de los ecosistemas y culturas que éstos sustentan. Aplicado a las represas, esto supone, entre otras cosas, colocar el agua y el alimento por encima de las necesidades energéticas.

Debemos decidir qué queremos: ¿alimentos o energía? (Nora Dideu, Mesa Provincial No a las Represas)

Sin energía se puede vivir, pero no sin agua (José, Finca La Guaca)

A orillas del río Magdalena, dice el escritor y novelista William Ospina, natural de Tolima (departamento vecino al Huila):

Lo más alarmante es que el sol sabe cómo sacar el vapor de los mares, el páramo sabe cómo condensar la humedad en gotas de agua, los bos-ques saben cómo producir niebla, las selvas saben cómo producir vapor de agua, las gotas saben cómo hacer arroyos, los arroyos saben cómo juntarse en ríos, el agua sabe cómo circular, cómo subir al cielo en vapor y bajar del cielo en lluvia, y deslizarse en forma de río y amontonarse en forma de océano, pero la que según es fama es la única criatura inteligente del mundo, es el ser humano, no sabe cómo proteger el agua que le da la vida, ni cómo agradecer por ese tesoro invaluable. Somos capaces de ser consumidores de agua, estudiosos del agua, administradores del agua, vendedores de agua, pero no sabemos ser protectores de agua, y sobre todo no sabemos pensarnos como parte del agua. La vemos como algo ajeno a nosotros, aunque resulta que el 95 por ciento de nuestro cuerpo, según los sabios, está compuesto de agua [...] Somos parte inconsciente del ciclo del agua. Pero tenemos que convertirnos en parte consciente de este ciclo.13

Con un lenguaje poético, Ospina está diciendo lo mismo que la economía ecológica defiende con argumentos científicos: esos servicios ambientales que presta la naturaleza gratuitamente, de los que se sirven las empresas para apropiarse del lucro que posibilita la acumulación, son el sostén de la vida posible sobre este planeta. En su soberbia, el hombre occidental moderno se olvidó de que de poco le valdrán el oro y todos los artefactos que ha inventado en los últimos siglos, si no sabe proteger el agua, la tierra, las semillas. El problema, como recuerda el poeta tolimense, es que no sabemos pensarnos como parte del agua. Ospina concluye que al discurso del desarrollo es necesario oponer un «discurso del equilibrio», y que «quienes luchan por la naturaleza, están luchando por la lucha más moderna». En efecto, defender la naturaleza del avance de la mercantilización constituye cuestionar la esencia misma del sistema capitalista y, en última esencia, la separación del Occidente moderno entre el ser humano y la naturaleza.

Esa misma discusión se está dando en Misiones, donde acciones como la Marcha por los Ríos Libres y la Jangada Libertad pretenden reivindicar un valor del entorno natural que no se puede cifrar en dólares. La preservación de esos ecosistemas está indisolublemente unida a formas de vida y de relacionarse con los otros; la tierra tiene una dimensión subjetiva que es invaluable que pasa por el deseo de los padres de dejar a sus hijos como legado esas historias que baña el río; esos lazos comunitarios que están inscritos en la tierra.

El lenguaje en disputa

El sentido de muchas palabras está en cuestión: progreso, modernización, riqueza, eficiencia, libertad sostenibilidad, valor; y, por supuesto, desarrollo. Los movimientos contra las represas tensionan el significado que ha otorgado a estos términos el discurso hegemónico; las palabras se resignifican constantemente. Las narrativas y nuevos lenguajes de valoración de estos movimientos están afirmando que nada es más valioso que la vida, y que la vida requiere ríos libres; y la libertad de los pueblos —entendida no como emancipación de los seres humanos, no como ausencia de trabas al lucro empresarial— depende de la libertad de los ríos. «La energía no es mercancía», «El agua no es mercancía», afirman estos movimientos, y cuestionan así la racionalidad instrumental inherente al sistema capitalista, la mercantilización de la naturaleza y, con ello, la ideología del consumo y el discurso del desarrollo que legitima una injusta distribución global de los costos y beneficios de ese orden hegemónico; y sólo en la medida en que se instale en la base del modelo esta racionalidad alternativa, es posible pensar en cambios profundos.

En algunos casos, no hay consenso con respecto a los nuevos términos o al nuevo sentido de éstos. La disputa en ciernes se refleja en la disputa por las palabras: como nos dice Eduardo Luján, de la Mesa Provincial No a las Represas de Misiones, el propio uso de la expresión bienes comunes, en lugar de la más economicista recursos naturales, es ya dar una batalla, puesto que «recursos» es un término asignado por el capitalismo que tiende a mercantilizar la naturaleza. Sin embargo, para Jorge Weke, referente del Parlamento de Koz Koz, es la expresión bienes comunes la que tiene una carga más economicista:

El agua y la tierra no son bienes, no son mercancía: son recursos, y no nos pertenecen. No podemos considerar el agua como capital económico. Es un recurso, no un bien [...] El agua no es un derecho humano: es un derecho de toda la vida. Es la parte elemental del eslabón de la vida; las venas de la Madre Tierra. Si se entuban, se rompe la cadena. El ciclo del agua se ha cortado [...] El agua no es del Estado ni del hombre: es de todos los seres que habitan la Tierra. Hay que buscar nuevas maneras de legislar; buscar un consentimiento íntegro (Jorge Weke, Panguipulli).

Los términos están en disputa y eso puede crear confusiones y ambigüedades, pero es que, en esta etapa de transición, los propios términos están en proceso de construcción y resignificación permanente. En cierta medida, «los nuevos actores se expresan con el viejo lenguaje porque todavía no tienen uno propio», como señala Melucci (i999). Sin embargo, desde la fecha de publicación de esa obra, mucho han avanzado los movimientos en esa reapropiación del lenguaje; estos nuevos lenguajes valorativos son una prueba fehaciente. La praxis será la que determine qué palabras y expresiones perduran; mientras tanto, el mero hecho de que muchos integrantes de estas resistencias estén cada vez más atentos a las palabras que utilizan, que entiendan que con ellas están reproduciendo el sentido común hegemónico o bien contribuyendo a erosionarlo, es un indicador de su potencial transformador.14

Cosmovisiones mapuches: El territorio es sagrado

En Panguipulli, las inundaciones de tierras que requiere la construcción de la central de Neltume anegaría el lugar del Palenque, junto al que las comunidades mapuches realizan sus ritos. La compañía Enel Endesa asegura a los afectados que trasladará el palenque que ellos consideran sagrado, y lo reubicará, intacto, en un lugar de similares características. El diálogo no es fácil: resulta difícil para los dirigentes de la multinacional italo-española Enel Endesa entender que para los mapuche no es lo mismo que el Palenque esté en uno u otro lugar. Para la empresa, regida por la racionalidad instrumental, la tierra es homogénea e intercambiable; su mejor uso es, simplemente, el más redituable. Para la cosmovisión mapuche, todo el territorio de la Wallmapu es sagrado, y más aún aquel escogido para los rituales religiosos.

Los mapuche hacen así ostentación de una racionalidad reproductiva-ambiental que abarca también la concepción de lo sagrado, indisolublemente unida a su visión del entorno natural. Si en Misiones y el Huila la defensa del territorio tiene que ver con el arraigo y el mantenimiento de modos de hacer y habitar, de planes de vida y de reivindicación de una identidad, en el caso de las comunidades mapuche está en juego su propia supervivencia étnica. De ahí la necesidad imperiosa de resistir; y de ahí, también, que varios entrevistados en Panguipulli y Alto BioBío acusen a quienes apoyaron las represas en los años noventa y en los dos mil —o incluso se acusen a sí mismos— de haber cometido un «acto de traición» contra su propio pueblo por el que ahora están pagando. Con amargura lo expresa la ñaña (hermana) Anita:

Los mapuches de la cordillera respirábamos los árboles. Teníamos poca ropa, vivíamos con poco, y sin embargo estábamos saludables: disponíamos de la energía de los árboles y de nuestras medicinas. Hoy, todo eso nos lo han arrebatado porque no lo supimos defender. Entregaron para siempre sus derechos a cambio de nada, o muy poco. Muchos se arrepienten ahora. Esta tierra es mapuche y la tenemos que recuperar (ñaña Anita, Alto Biobío).15

La identidad del pueblo mapuche aparece ligadas a la reivindicación de su idiosincrasia como cultura y la defensa de su territorio. Perder el territorio es perder la cultura: indio sin tierra no es indio, como reivindican los Nasa en Colombia. Si una familia se ve obligada a emigrar a la ciudad, si se proletariza, o incluso si comienza a autopercibirse como campesino y no como mapuche, esa identidad originaria está en riesgo. Por eso, el principal objetivo del Parlamento de Koz Koz es la recuperación de la cultura y las tradiciones mapuches, comenzando por la lengua, y siguiendo con la forma de construir las rukas (casas), los ritos y las costumbres. La defensa de la cultura está indisolublemente unida a la defensa del territorio.

Los tres movimientos estudiados están tensionando el discurso de la modernidad que privilegia el conocimiento tecno-científico, funcional a la acumulación capitalista, hasta invisibilizar o desvirtuar otras formas de conocimiento; cuestionan, en definitiva, la racionalidad científico-técnica del Occidente moderno y capitalista.16Esto se manifiesta de forma mucho más acusada en el caso de los mapuche. Sus saberes ancestrales han sido desvalorizados, tachados de primitivos o atrasados, de supersticiones fruto de la ignorancia. Recuperar esos saberes es una forma de revelar el racismo y eurocentrismo inherentes al discurso del desarrollo; y supone, también, desacreditar la racionalidad instrumental capitalista y revalorizar la naturaleza, puesto que la cosmovisión mapuche aporta una visión de la naturaleza radicalmente diferente de la de la modernidad occidental, y permite pensar modos de organización social radicalmente diferentes.

Esa cosmovisión mapuche que quiere rescatar el Parlamento de Koz Koz cuestiona, para empezar, la división del conocimiento occidental en disciplinas y aspectos diferenciados: si el pensamiento científico distingue lo social de lo religioso y de lo ambiental, para los mapuche todo está unido: desde la alimentación a la música y el arte, todo es sagrado, y por tanto, los motivos para oponerse a las represas son al mismo tiempo sociales, ambientales, culturales, religiosos. Todo es una misma cosa. Los mapuche consideran que, al diseccionar la realidad en parcelas diferenciadas que con mucha dificultad se comunican entre ellas, el ser humano occidental ha perdido la visión holística, comprensiva de la totalidad. Eso es, en última instancia, lo que permite una visión del territorio como un recurso externo a la propia humanidad, y posibilita prácticas saqueadoras como son las megarrepresas. Existe una conexión directa entre la resistencia a las represas y la espiritualidad que el río envuelve para el pueblo mapuche:

Nuestra visión es mucho más integral. Lo espiritual lo impregna todo: la comida, la música, el arte, la naturaleza, la lengua. Todo es espiritual

[...] Generar proyectos hidroeléctricos, va a simultáneamente dañar nuestro espíritu, tiene que ver con nuestra concepción de la vida [...] Nosotros teníamos nuestra cosmovisión, nuestra forma de vestir, nuestras creencias; con toda esta invasión [de las multinacionales y del modelo extractivista] nuestro territorio es mirado como fuente energética para América; si esta situación nos afecta a todos, a los mapuche nos afecta doblemente: con la conexión que tenemos con la naturaleza, al invadir el río, que representa la pureza y la espiritualidad, eso incide con lo espiritual. Con las represas se están inundando los bosques donde están las plantas que pueden sanarnos [...] El río es el que le da la espiritualidad a la tierra; le da la generosidad de madre, de que puede engendrar y reproducir; para la concepción de vida del mapuche, la estrecha conexión de hombre y Naturaleza, se pierde, y al perderse eso, nosotros perdemos nuestro cariño y respeto a la madre tierra. Y con eso muere nuestro pueblo. Las represas son un genocidio directo para nosotros, como mapuche. [...] Nada en la naturaleza está por estar; todo tiene un sentido. (José María Pereira, Kuntxemañ/Sonidos del Cóndor, médico y activista mapuche, Santa Bárbara, Alto BioBío).

Recuperando saberes ancestrales

Una de las actividades fundamentales del Parlamento de Koz Koz es la recuperación de la lengua mapuche, el o mapuzungun o mapudungun. Entienden los activistas mapuche que recuperar y mantener su idioma es una condición necesaria de su supervivencia como pueblo. A los efectos que aquí analizamos, en lo que tiene que ver con la visión de la naturaleza, la lengua es un eje central: el mapudungun es descrito como «el lenguaje que se habla con la madre tierra»; cada sonido de la naturaleza tiene su equivalente en mapudungun. Pensar en lengua mapuche supone partir de estructuras muy diferentes a pensar en español, inglés o portugués. En mapudungun, Tierra se dice Waj Mapu, pero en esencia «no es sólo el suelo, no sólo lo tangible, sino el universo, el todo, que incluye lo intangible, pero la cualidad más sobresaliente es que es un ente vivo, y está poblado por diferentes seres vivos (newen) que coexisten y hacen posible la vida».17 Todo lo que habita en el Universo forma parte de un todo, y está vivo. Si el lenguaje brinda un abanico de posibilidades desde el que pensar, entonces pensar en mapudungun deja un margen mucho más estrecho para reducir la naturaleza a la categoría de mercancía. «La lengua es distinta porque emocionalmente somos distintos», dice Kuntxemañ.

La educación ha sido un genocidio, porque nos quitó el derecho a criar a nuestros hijos en nuestra lengua y nuestras costumbres. [Así fuimos perdiendo] la conexión que tenemos conólo la naturaleza, y la lengua que es distinta, porque emocionalmente somos distintos (Kuntxemañ, Alto BioBío).

El Parlamento de Koz Koz realiza talleres y eventos que buscan promover el uso y el aprendizaje del mapudungun, que se combinan con otro tipo de actividades, desde el Trafkintu, la ceremonia ancestral mapuche de intercambio de semillas18 a talleres de ginecología natural, plantas medicinales y agroego-logía.19 El Parlamento de Koz Koz constituyó su sede en una ruka, una casa tradicional mapuche construida según las directrices ancestrales —la entrada principal mira al Este— y según la tradición: antes de construir su ruka, el sujeto debía pedir permiso al espíritu Ngem-mapu para establecerse en el lugar, para verificar que era un buen lugar para su residencia y no inoportunaría al resto de los seres que lo habitaban; después, lo comunicaba a la autoridad local y debía recolectar los elementos de construcción. El resto de las personas de la comunidad trabajaban solidariamente en la construcción; ese trabajo comunitario, similar a la minga, se denomina rakatun.

La recuperación de estas tradiciones cuestiona esa racionalidad instrumental que habilita a los seres humanos para explotar a los otros y a la naturaleza en la búsqueda de su bienestar egoísta. Antes de construir una casa o de interferir de cualquier otra forma en el territorio que habita, el mapuche debe asegurarse de que no quebrará el equilibrio sobre el que se sustenta ese ecosistema, un equilibrio que sostiene su propia existencia. Del mismo modo, el mapuche vive en comunidad; se sabe un «ser necesitado» en la expresión de Hinkelam-mert y Mora (2009) y eso le lleva a tejer modos de relacionarse basados en la reciprocidad: hoy tú me ayudas a construir mi casa, mañana yo ayudaré en la de otro miembro de la comunidad. Considero que ambas instancias, el trabajo comunitario y el respeto a la naturaleza, son dos caras de una misma moneda y refieren a un tipo de racionalidad reproductiva-ambiental que es frontalmente opuesta a la ideología hegemónica basada en el individualismo, la concepción de la naturaleza como algo separado e inferior a lo humano y la creencia de que el egoísmo individual lleva al bienestar colectivo.

Hacia una hibridación de saberes

Los saberes y creencias de los pueblos originarios se difunden más allá de sus comunidades; sus ideas contagian e inspiran las reflexiones de los movimientos socioambientales urbanos y campesinos. En pocos años hemos asistido a un cambio en la visión que el mundo no indígena (winka, dirían los mapuche) tiene de los pueblos nativos (Klein, 2015). Sea por causa de la ascensión de los indigenismos como sujeto político de primer orden en América Latina, o tal vez por las reflexiones que se derivan de la crisis ecológica y climática, lo cierto es que se ha pasado de una concepción generalizada de lo indígena como atrasado o salvaje, a la consideración de que en las formas de pensar, vivir y hacer de estos pueblos pueden las izquierdas encontrar importantes elementos para la lucha contra el capitalismo o, simplemente, contra el ecocidio. Los pueblos indígenas emergen así como una referencia para las luchas socioambientales.

Si los campesinos de La Jagua, en el Huila colombiano, tienen claro que su conexión con el río va mucho más allá de la materialidad, los indígenas de la región van más allá: el río es sagrado porque es el lugar de los espíritus del agua; es la fuente que comunica a los vivos con sus ancestros; es el útero donde germina la vida:

Nosotros partimos de nuestro nombre: Yanakuna que quiere decir «gente que se sirve mutuamente en tiempos de oscuridad». Venimos del fondo de la madre tierra, somos seres hechos de agua, gotas que generamos vida, nuestros primeros padres son el agua y el arco iris en su relación con el sol, por eso pagamos y ofrendamos a las lagunas, al río, a la montaña por la vida que nos han dado, por eso también seguimos resistiendo ante las diferentes etapas de dominación, colonialismo y exterminio [...] Hoy nos convoca la defensa del Río Magdalena al que nosotros llamamos el Wakakayu, que quiere decir «el sagrado lugar de los espíritus del agua», al que ofrendamos porque ahí están los espíritus de los abuelos. El Wakakayu es parte de nuestro origen, es vida y fuente que lleva la voz y resistencia de nuestros antiguos, en su lugar de nacimiento está el útero en donde germina la vida, desde ahí corre el agua por toda la tierra que hoy llamamos Colombia y en las mamas cocha que son las lagunas permanecen nuestros primeros seres que cada día viajan llevando mensajes a lo largo y ancho del país. No es ajeno para nosotros estar en el proceso de resistencia permanente frente a los intereses que se tejen para encerrar y dar muerte al Wakakayu.... Unimos nuestra voz para rechazar todo tipo de acciones que busquen la privatización de las aguas, el encerramiento y muerte del Río y su entorno, caminamos entonces con ustedes llevando energía y fuerza...20

Estas ideas se contagian y contribuyen a erosionar un sentido común que sólo sabe pensar en términos crematísticos y desde un pensamiento científico-analítico que todo lo divide en disciplinas para analizarlo hasta sus partes más minúsculas. Ese saber científico es valioso y pertinente, pero parcial: desaparece la noción de totalidad y, con ello, el ser humano pierde su capacidad para entenderse en el mundo. Como señala el médico Juan Yadhian, miembro de la Mesa Provincial No a las Represas, los pueblos indígenas siempre tuvieron claras evidencias que sólo ahora, a remolque de un planeta que revela sus límites, el hombre blanco occidental comienza a vislumbrar, o a recordar.

Perdimos cuando se quebró nuestra conexión con la Naturaleza, cuando nos olvidamos de que somos parte de ella, como siempre supieron nuestros hermanos aborígenes. [...] Agua estancada es agua enferma. Mientras circula el agua se depura, se nutre, comunica, cobra vida, se carga de oxígeno, se metaboliza. [...] Si represamos, ponemos presa a la vida de hoy y del mañana [...] Los hermanos originarios nos enseñan que la circulación del agua en el Planeta se asemeja al de la sangre en nuestros cuerpos. El Planeta es un enorme «cuerpo vivo» que necesita del agua y del aire, como nosotros. Los ríos son como nuestras arterias y venas por donde pasa la sangre [...] Cuando se tapona una vena, una arteria, se detiene la circulación y se detiene la Vida. Se enferma lo que está por debajo y por encima de la obstrucción [...] El agua es como nuestra sangre, si tenemos «mala circulación» sufre todo nuestro organismo (tomado de la revista Sapucay, núm, 4, octubre de 2014).

En los nuevos lenguajes que están construyendo estas luchas se entrecruzan la matriz indígeno-comunitaria, la defensa del territorio y el discurso ambientalista (Svampa y Viale, 2014). Creo que el verdadero potencial transformador de estos movimientos radica, precisamente, en su capacidad para poner saberes diversos en diálogo: tradición y modernidad, innovación tecnológica y conocimientos ancestrales indígenas y campesinos. Es en estos saberes hibridados y contrahegemónicos donde los movimientos despliegan su potencial para pensar otra economía y otra sociedad posibles. Y es entonces que podemos pensar en avanzar hacia una «ecología de saberes» que reconozca la diversidad epistemológica de las formas de conocer y pensar el mundo (Santos, 2010), frente a una modernidad eurocéntrica, colonial, patriarcal y racista que deslegitimó cualquier otra cosmología y avanzó sobre los territorios al mismo tiempo que sometía las mentes. Por eso entendemos necesario descolonizar las mentes para así descolonizar los territorios, no para volver al pasado, sino para descubrir las oportundidades que nos abre el mestizaje y de ir hacia un mundo en el que quepan muchos mundos, como reclaman los zapatistas.

¿Y si la naturaleza no fuese algo externo al ser humano y de lo que debemos apropiarnos para progresar? ¿Es rentable quebrar la montaña para extraer un oro que irá a parar a los depósitos de algún banco al otro lado del mundo? ¿Es eficiente privatizar el agua? ¿Debemos seguir extrayendo el petróleo de las entrañas de la tierra ahora que el cambio climático es ya una evidencia? Son estas preguntas que las sociedades resuelven en función de sus convicciones culturales: es muy diferente concebir la naturaleza como una fuente de recursos que el ser humano está legitimado para extraer pensando en su bienestar, que considerar la humanidad como parte de un entorno natural que se percibe, en su totalidad, como sagrado. Por eso las cosmovisiones indígenas aportan inspiradoras reflexiones que nos invitan a replantear los conceptos hegemónicos de desarrollo, eficiencia o rentabilidad. De ahí que los saberes originarios se difundan y estudien desde movimientos socioambientales protagonizados por actores no indígenas y que, del mismo modo, sus ideas puedan ser apropiadas y discutidas dentro de la academia, en un intento constante por deconstruir la modernidad capitalista que permea nuestras subjetividades.

*Cult.-hombre-soc. vol.26 no.2 Temuco  2016

http://dx.doi.org/10.7770/CUHSO-V26N2-ART1071 

Agradecimientos
Mi más profundo agradecimiento a todas las personas que, en los territorios que visité con motivo de esta investigación, me abrieron sus puertas y sus corazones, como fueron en Huila, Zoila y el profesor Dussán; en Panguipulli, Jorge y don Humberto; en Misiones, Eduardo y Rulo. Gracias a todos ellos por su compromiso y su confianza.

Notas
1Los resultados aquí expuestos forman parte de una investigación más amplia acerca de los aportes de los movimientos contra las represas en la construcción de un modelo energético alternativo al hegemónico, que resultó en la tesis «Hacia un modelo energético popular: Los movimientos contra las represas de Asoquimbo, Parlamento de Koz Koz y Mesa Provincial No a las Represas, frente al discurso del desarrollo», dirigida por Marcelo Saguier el 25 de julio de 2016 ante la Maestría en Economía Social de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), Buenos Aires, Argentina. En esa investigación, se señalan tres aportes de los movimientos contra las represas analizados: demandan una distribución justa de los costes y beneficios de los proyectos; construyen una racionalidad reproductiva-ambiental; y reivindican el control popular sobre los recursos naturales a través de la demanda de soberanía alimentaria, hídrica y energética. Este artículo se centrará en la segunda de esas dimensiones de análisis.

2Con posterioridad a nuestra visita a Panguipulli en octubre de 2013, Endesa decidió suspender las obras, debido a la oposición de las comunidades locales, y se comprometió a rediseñar el proyecto de Neltume.

3Se tejen redes, como la Red Latinoamericana contra las Represas y por los Ríos, el OLCA o Stop Enel, pero también se articulan formas de lucha y se repican experiencias de otras luchas contra el extractivismo, como en el caso del plebiscito popular celebrado en Misiones en octubre de 2014.

4El trabajo de campo se limitó a cinco días por cada caso: en julio de 2013 para Asoquimbo, octubre de 2013 para Koz Koz y octubre de 2014 para la Mesa de Misiones. El recorte temporal de las fuentes secundarias abarca de 2013 a 2015, incluyendo informes y documentos producidos con anterioridad a esa fecha.

5Por ejemplo: Mapuexpress, los blogs de Miller Dussán y de Asoquimbo, la página web y de Facebook de la Mesa Provincial de Misiones, la revista misionera Superficie, etcétera.

6El debate en torno al desarrollo en América Latina es muy complejo y no podemos en estas páginas dar cuenta de él. Desde los aportes de los teóricos de la dependencia a la perspectiva del posdesarrollo, se han dado diferentes posicionamientos: algunos pasan por cuestionar el reparto actual de la división del trabajo; otros, por la superación del paradigma del desarrollo, identificado con crecimeinto del PIB, y la búsqueda de otras formas de entender la riqueza y el bienestar.

7Con la consolidación del neoliberalismo a nivel global, pierde fuerza la idea de industrialización, que durante décadas fue la aspiración de muchos Estados latinoamericanos. Pero, como evidenció Raúl Prebisch en su análisis del deterioro de los términos de intercambio, siempre hubo una trampa que condenaba a los países del Tercer Mundo a ocupar un lugar subalterno en el reparto de la división del trabajo internacional.

8La separación entre el ser humano y la naturaleza es uno de los pilares filosóficos del pensamiento occidental desde Platón (Maya, 2012). Hay, empero, una rica tradición teórica que cuestiona esa visión fragmentadora. Para una revisión de esa discusión, véase Escobar (2011) y Ulloa (2011).

9Berraquera: fuerza, brío.

10Ese sancocho a orillas del Magdalena forma parte de la amplia movilización en defensa del río que, convocado por el Movimiento Ríos Vivos del Huila —del que forma parte Asoquimbo—, con actividades convocadas desde el 14 de marzo, Día Internacional de la Lucha contra las Represas. Los actos comenzaron en el lugar del nacimiento del río, en el Huila, con la intención de prolongarse hasta el 12 de octubre, aniversario del arribo de los españoles a América, fecha en que se prevé la llegada a Bocas de Ceniza, la desembocadura del Magdalena en el mar Caribe. Véase «Crónica desde las orillas del Río Grande de la Magdalena», de Héctor Alfonso Torres Rojas, publicado el 16 de marzo de 2015 en el blog del profesor Miller Dussán: http://millerdussan.blogia.com/2015/032501-cronica-desde-las-orillas-del-rio-grande-de-la-magdalena.php.

11Publicado el 16 de marzo de 2015 en el blog del profesor Miller Dussánhttp://millerdussan.blogia.com/2015/032501-cronica-desde-las-orillas-del-rio-grande-de-la-magdalena.php.

12Véase: http://www.quimbo.com.co/2012/09/poemas-del-territorio-y-la-madre-tierra.html

13Véase «Crónica desde las orillas del Río Grande de la Magdalena», de Héctor Alfonso Torres Rojas, publicado el 16 de marzo de 2015 en el blog del profesor Miller Dussán:    http://millerdussan.blogia.com/2015/032501-cronica-desde-las-orillas-del-rio-grande-de-la-magdalena.php. La intervención completa de Ospina puede leerse en: http://elsalmonurbano.blogspot.com.ar/2015/03/intervencion-del-escritor-william.html.

14En este sentido bien podrían compararse estos movimientos socioambientales con los movimientos feministas, que insisten en la necesidad de erradicar el patriarcado de nuestra forma de hablar.

15La ñaña Anita es una de las mujeres que pelearon hasta el final en contra de las represas de Pangue y Ralco. Mientras un pequeño grupo de mujeres resistía, la comunidad afectada en su conjunto, con el lonko (autoridad local) a la cabeza, cedió ante las presiones de la empresa y Gobierno y aceptó la instalación de las hidroeléctricas en su territorio. Para más información, véase Castro (2014).

16La definición y problematización de los conceptos de modernidad y capitalismo es una tarea que excede los propósitos de este artículo, pero podría entenderse, muy esquemáticamente, que el capitalismo, en tanto sistema de dominación sociopolitico y económico, ha sido una de las principales concreciones históricas de la modernidad, entendida como clima cultural que se caracteriza por el énfasis en la idea del individuo y por una forma de conocer basada en la división entre sujeto y objeto de estudio, y que estuvo marcada en el origen por la Conquista de América y la imposición de la noción de raza para doblegar a las poblaciones nativas. Creemos, con Escobar, que la expansión continua es una de las principales características de la modernidad, y se concreta en el modelo económico capitalista en la continua necesidad de expandirse a nuevos mercados y territorios.

17Citado en «Newen Gen». Publicado en http://www.serindigena.org/libros_digitales/cvhynt/v_iii/t_ii/v3_t2_c3-NEWEN.html.

18Estos eventos, que muestran cómo las diversas luchas contra el extractivismo se insertan en el mismo paradigma de desmercantilización de la naturaleza, han adquirido gran relevancia política a partir de los intentos por privatizar las semillas en Chile. Véase http://www.eldiario.es/desalambre/campesinos-latinoamericanos-privatizacion-impulsada-Monsanto_0_249875546.html.

19Véase, por ejemplo, http://www.mapuexpress.org/2015/05/12/curarrehue-trafkintu-de-plantas-semillas-productos-y-talleres-sobre-agroecologia-y#sthash.Xrt-W 5FUT.ysicXtmc.dpbs.

20Mensaje leído por una niña indígena Yanakuna durante un evento del MRV. Véase «Crónica desde las orillas del Río Grande de la Magdalena», de Héctor Alfonso Torres Rojas, publicado el 16 de marzo de 2015 en el blog del profesor Miller Dussán: http://millerdussan.blogia.com/2015/032501-cronica-desde-las-orillas-del-rio-grande-de-la-magdalena.php. También se pueden ver partes del rito ceremonial aquí: https://www.youtube.com/watch?v=dMOxvShfxN8.
Referencias...
Fuente: 
https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0719-27892016000200003