Qué País

Junio 2018

Sin ocupación ‘democrática’ por el sistema imperialista de agronegocios.

 


 

 

 

SITUACIÓN / CRISIS CIVILIZATORIA / ALTERNATIVAS

 

 Situación

 

 

Indaguemos sobre la siguiente denuncia que se contradice con la continuidad de Lino Barañao desde la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva durante el gobierno CFK hasta hoy. 

 

Entrevista a jóvenes investigadores del Conicet

"A partir de 2015, la política científica se modificó radicalmente de una forma totalmente regresiva y expulsiva".

28 de mayo de 2018

 

 

Por Mario Hernández (Rebelión)

 

M.H.: El Conicet ha sido afectado por una rebaja del presupuesto, y también por otra rebaja en cuanto a la incorporación de investigadores y, en este caso en particular, se trata de investigadores del interior del país que muchas veces no son tenidos en cuenta en los reclamos que se plantean aquí en Buenos Aires. Han estado reunidos con Senadores en el Congreso nacional y la idea es que nos cuenten cuál es la situación que atraviesa el Conicet y cuáles son sus reclamos y propuestas.

D.C.: Muchas gracias por la invitación. Nosotros formamos parte de la Red Federal de Afectados, que se conformó a fines del año pasado cuando se dieron a conocer los resultados al ingreso a la carrera de investigador científico del Conicet y cuando nos enteramos que 411 personas que nos habíamos presentado a la convocatoria y que habíamos recibido una evaluación positiva, es decir, que habíamos pasado todas las instancias de evaluación del concurso público para ingresar a ese cargo, habíamos sido excluidos por el brutal recorte que está sufriendo el Conicet.

Entonces, se trata de una Red Federal que articula a investigadores de todo el país, no solo de las provincias, también hay gente de Capital Federal y Buenos Aires, y que se plantea en articulación con la Red Federal de afectados del 2016 y con los otros colectivos de lucha de becarios y de Ciencia y Técnica.

Como decías, el sector de Ciencia y Tecnología está sufriendo un recorte inmenso a partir del cambio de gestión, sobre todo en lo que es gestión y ejecución de políticas públicas vinculadas a la innovación científica y tecnológica. Nosotros nos postulamos a la carrera de investigador científico, que sería para decirlo en términos más simples, la incorporación a la planta del Conicet que es el último paso en la formación de un investigador que comienza con un programa de financiamiento de formación del Conicet, que en general son 5 años de formación doctoral, más dos años de formación post doctoral y luego se pasa a este concurso para poder dedicarnos con exclusividad a la tarea de investigación. En el marco de un programa que se llama Argentina Innovadora 2020 que fue implementado por el Ministro Lino Barañao en el año 2013, se proponía un incremento gradual de la cantidad de investigadores por cada millón de habitantes y para el año pasado se preveía o era deseable que hubiera una incorporación de más o menos 1.100 investigadores, cuando finalmente solo fueron 600 en total, en todas las grandes áreas de investigación.

Ante esta situación, que nosotros vinculamos a otras grandes situaciones críticas del sector de Ciencia y Técnica como son los despidos en el Inti, estamos trabajando en conjunto en esta Red para que puedan revertirse estas situaciones.

M.H.: Lo que mencionás del Inti es interesante, porque uno de los argumentos que ha utilizado Lino Barañao y las autoridades de Conicet está vinculado al tema de la ciencia aplicada y justamente organismos como el Inti y el Inta apuntan hacia eso y, sin embargo, allí también hay fuertes recortes. No solamente presupuestario, sino despidos de personal.

¿Qué cambió en el Conicet respecto de la gestión anterior? Que en realidad es la misma porque Lino Barañao fue ministro de Ciencia y Técnica en el gobierno de Cristina Kirchner y continuó con Mauricio Macri y, sin embargo, parece haber cambiado la política.

 

Mauro: Esa pregunta tiene una respuesta muy simple y muy compleja a la vez. La simple es que cambió la política científica. Y no sólo por una determinación del gobierno, sino por una demanda social y civil que existía con anterioridad; hubo determinada política científica de 2004 a 2015 que permitió la incorporación no sólo de becarios e investigadores sino de lo que eso trae aparejado que son equipos de investigación, de proyectos y líneas de investigación, a partir del robustecimiento de los Institutos que en 2002/3 eran tierra árida, había muy pocas personas y poco recorrido y que con el correr de los años se fueron llenando de gente, de compañeros y compañeras e investigadores, trabajadores en ciencia. Eso generó cierto panorama y cierto estado de la ciencia argentina después de 11 años, con problemas, pero eran los problemas con los que uno se puede encontrar cuando algo crece.

 

A partir de diciembre de 2015, con el cambio de gestión, y puntualmente a partir de diciembre de 2016 cuando se notificaron los primeros resultados de ingreso a carrera del Conicet, siendo Conicet uno de los muchos organismos de investigación en el área de Ciencia y Técnica, pero es el principal organismo de formación, y en contra de lo que se dijo en la campaña electoral, nos encontramos con un ajuste brutal en lo que ya se llamaba por entonces “cuello de botella”, esto es, muchos becarios doctorales y post doctorales que presentamos un proyecto, fue aprobado, desarrollamos la beca, en algunos casos se hicieron doctorados, maestrías, publicaron artículos, se fueron afuera, mucho trabajo, y ese cúmulo de trabajo construido en 11 años, se cortó abruptamente en 2016.

Lo que estamos viviendo es la continuación de ese recorte, con la única diferencia, que nos parece menor porque lo que se juega es qué política científica queremos para nuestro país; la única diferencia entre 2016 y 2017 además del número, ya que en 2016 éramos 511 doblemente recomendados por Comisión disciplinaria y evaluación y por Junta de calificación, y este año por el momento somos 411, es que en 2016 no habían avisado, se esperaba que mantuvieran sus promesas de campaña y mantuvieran el plan Argentina 2020, mientras que en 2017 nosotros y nosotras ya sabíamos por adelantado que iban a entrar 600.

Este es un elemento de información pero es menor, porque el problema no es estar advertidos previamente, porque sería como confirmar el dicho "el que avisa no traiciona”, sino qué política científica queremos para nuestro país.

Lo que hemos hablado con representantes del Directorio que lamentablemente siguen negando que haya un conflicto laboral, de mucha gente formada que ya no puede seguir trabajando de eso y que se ve obligada, en el mejor de los casos a irse, es que hubo un cambio de política muy fuerte, a pesar de que se mantengan los cuadros políticos del organismo.

A partir de 2015, lo manifestamos en diciembre de 2016 y 2017, en lo que al Conicet respecta, la política científica se modificó radicalmente de una forma totalmente regresiva y expulsiva.

M.H.: ¿En qué consiste ese cambio? ¿Cuál es el modelo que cambia en esta gestión?

D.C.: En términos concretos hay una clara expulsión de investigadores, no hay una planificación sostenida de qué, cómo, para quién se investiga. No hay una política de Ciencia y Técnica soberana y planificada, sino que hay una reorientación hacia el sector privado.

M.: Y básicamente menos presupuesto. Hay una consideración política estratégica de no invertir en ciencia, sino de invertir o gastar o pagar otras cosas, otros gastos del Estado Nacional. Luego hay un debate que no es solo económico que se trata de cómo distribuimos ese presupuesto, pero también ahí entran a jugar que como consecuencia de la falta de inversión en Ciencia, que hacen pasar como una reorientación estratégica de la inversión, generan falsas dicotomías como ciencia básica o ciencia aplicada.

Es una discusión histórica en la ciencia y no solo en las Ciencias sociales, que se desarrolló de determinada manera de 2004 a 2015 y que puede ser uno de los muchos problemas que tenga un sistema de crecimiento científico. Acá lo que hay es un ahogo presupuestario reconocido por los propios integrantes del Directorio, con quienes nos hemos reunido, su respuesta es “estamos ahogados presupuestariamente” a lo que propusimos que hagan un manifiesto de esa falta presupuestaria, que planteen que el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación productiva, con el mismo Ministro que el anterior, integrante de este gobierno, nos está ahogando presupuestariamente no solo en lo que respecta a becarios post doctorales de 7 a 8 años de trayectoria que pueden ser investigadores, sino también los problemas con los trabajadores administrativos, porque hay un 20% menos de trabajadores. Hay problemas en general.

 

Política de ciencia cero

M.H.: El Director del Conicet en Rosario manifestaba recientemente que no puede pagar las tarifas. Una rebaja del presupuesto del 1.46% al 1.22% del PBI en 2018 y este año no habrá ingresos a la carrera del Conicet. O sea que podríamos definir, como hizo Tiempo Argentino el pasado 6 de mayo “política de ciencia cero”.

En el marco del ajuste que venimos conversando en Ciencia y Técnica, las Ciencias sociales y las Humanidades se ven particularmente damnificadas.

3: Tiene que ver con una perspectiva general del gobierno, por empezar una desvalorización ideológica de las Ciencias sociales. Luego un discurso que amparándose en la idea de que aquellas ciencias llamadas “duras” que el Conicet definió de manera unilateral sin consultar con la comunidad académica, cuáles son los temas estratégicos para el desarrollo de la economía nacional y de esa manera se ampara en ese discurso, de que aquellos temas son fundamentales y hay una voluntad de ajustar a las Ciencias sociales a aquella idea de tema estratégico que es una noción autocentrada del Conicet, porque como decía recién, no fue consultada.

Pero es una desvalorización ideológica de las Ciencias sociales, que la Filosofía no sirve y esto se ve en las propias declaraciones de los directivos del Conicet. Una desvalorización al conocimiento histórico, es conocida aquella expresión respecto de la Historia medieval, que no tiene ningún sentido. Como nos tienen acostumbrados los funcionarios de este gobierno, que si no fueran trágicas podrían generar gracia. Se trata en definitiva de eso, que las Ciencias sociales en general no sirven. Cuando la producción de Ciencias sociales se inscribe entonces en lo que llaman, dentro de las categorías del Conicet, los temas generales, es producción de ciencia básica, es producción de ciencia que no tiene necesariamente una aplicabilidad y una transferencia presente y concreta hoy. No obstante, como sabemos, es ese conocimiento en filosofía, en historia, en sociología, en teoría social, lo que transforma las sociedades.

Las luchas que hoy estamos viviendo por la igualdad de género se gestan en reflexiones de las Ciencias sociales que no nacieron ahora, sino por lo menos hace 200 años. Y que encuentran en el pensamiento, en la reflexión crítica que representan las Ciencias sociales un espacio de producción, de reproducción, de reflexión y ahí está la externalización del conocimiento científico de las Ciencias sociales que este gobierno y estas autoridades del Conicet no suelen ver, que es la relación de los cientistas sociales, si se los quiere llamar así, con los movimientos sociales, porque las teorías de género, por ejemplo, se producen en ese estrecho diálogo con los movimientos sociales, con el movimiento feminista.

Entonces se produce una sinergia especial entre las reflexiones y las prácticas de un campo y del otro, del movimiento social y de la academia o de la intelectualidad. No debiera haber ninguna duda que es necesaria la reflexión sociológica, filosófica e histórica, por lo menos sobre nuestras sociedades presentes. Para conocer nuestro pasado, para entender nuestro presente, para saber hacia dónde se va.

Las discusiones del presente, bien de actualidad, sobre el FMI y sobre el endeudamiento externo, las formas de acumulación del capital en Argentina, la bicicleta financiera, todo eso es producción en Ciencias sociales. Y vaya si es estratégico. Pero si uno va a ver los temas estratégicos según el Conicet hoy, que insisto es el discurso a través del cual reducen el ingreso de temas generales y en donde más se ve atacado el campo de las ciencias sociales.

Y me centro en las Ciencias sociales porque fue hacia donde apuntó tu pregunta pero el recorte es general, es en definitiva casi un cierre de la carrera de investigador, porque los porcentajes de ingreso de este año van a ser realmente exiguos y absurdos comparado con lo que se venía dando e incompatibles con el programa Argentina 2020 que durante todo el período de la última evaluación, la última convocatoria de 2017, el plan Argentina 2020 estuvo operativo.

Si uno consulta nuestros expedientes de 2017 y la referencia es al plan Argentina 2020, que es el plan al que deberían haber ingresado un 10% más de investigadores cada año. En lugar de eso lo que hicieron fue reducir a la mitad los ingresos y ahora están haciendo ese tipo de recortes en temas generales, que es donde ingresa la mayor parte de las producciones e investigaciones en Ciencias sociales. Donde ingresaban 900 personas en 2015, hoy ingresan solamente 150. El recorte es brutal.

M.H.: Fueron recibidos por senadores nacionales ¿qué eco encontraron respecto de esta situación que atraviesa la Ciencia y la Técnica de nuestro país?

D.C.: Fuimos recibidos por la senadora Silvina García Larraburu el 23 de abril y la reunión consistió en presentar nuestra situación y nuestros reclamos ante la Comisión del Senado encargada de discutir los problemas de Ciencia y Técnica. Que se enmarca en el debate por la promoción de una Ley de emergencia en el sector. Así que por ahora se ha quedado ahí nuestro vínculo con los senadores. Presentamos el problema y no hemos tenido otras repercusiones. En Diputados lo mismo, fue más expositivo que un diálogo real y una escucha real de los reclamos.

M: Como sabemos uno presenta un proyecto, es recibido en Comisión, en caso de que haya dictamen se sigue por Diputados y luego por Senadores. En Comisión fuimos recibidos por ciertos sectores políticos, el oficialismo no dio quórum, no se sentó a dialogar ni a escuchar. Y hace dos años hay un proyecto, además de este proyecto de emergencia laboral, para mantener en determinados puntos del presupuesto la inversión en Ciencia y Técnica. Un proyecto que en su momento sí tuvo dictamen en Comisión, que luego tuvo un dictamen en Diputados pero que, como consecuencia de ciertas alianzas políticas, no fue aprobado en Senadores.

Nos encontramos con una situación crítica no sólo en el Conicet sino en toda el área de Ciencia y Técnica fruto de cuestiones políticas de los últimos años que veremos cómo se rearticulan, o no, en los siguientes años para ver cómo podemos recuperar el estado pujante de la Ciencia. Recordemos que todas las luchas que se dieron no sólo en Sociología, Filosofía e Historia, sino también por la Ley de medios, memoria y Derechos Humanos no nacieron de la academia pero dialogaron con ella, tuvieron que ver con las Ciencias de la comunicación, con la Antropología, con las Letras. No nacieron en la Universidad pero sí hay una articulación y un diálogo entre los sectores muy fuerte desde 1985. Desde 2004 a 2015 hubo la oportunidad política y económica de que eso se plasme en investigaciones, sobre género, indigenismo, la última dictadura, etc.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=242145

 

Aclaremos la ambigüedad del progresismo ejemplificando con la entrevista a jóvenes investigadores del Conicet. Su visión dicotómica:

 

 

a) No cuestiona "las famosas conexiones triangulares entre las agencias generadoras de conocimiento, el Estado y las empresas para aprovechar al máximo los recursos científico-tecnológicos hacia el desarrollo económico". Pese a las "crisis de todo tipo que azotan a este «modelo de desarrollo», se ha seguido con ese uso tan simplificado de las relaciones del triángulo".

 

Por el contrario, los científicos de Nuestra América comprometidos con la sociedad y la naturaleza "discuten, refutan y develan las falacias simplificadoras y reduccionistas que pretenden formar un corpus «teórico y científico» de la tecnología de manipulación genética, con el fin inconfeso de reemplazar la naturaleza a medida de las grandes corporaciones y gobiernos y blindar los procesos de apropiación por despojo del territorio y su gente a cualquier precio, incluso la muerte por exterminio".

 

Examinemos:

 

 

Ciencia y sociedad en debate

4 de julio de 2011

Por Norma Giarracca *

Es importante seguir el debate que involucra la relación de la ciencia y la sociedad en un momento de grandes anuncios en materia científica. La ciencia, el derecho y una manera de organizar el poder han sido los pilares del mundo moderno. Esta estupenda ingeniería social precedió a la organización económica del capitalismo, aunque hoy acompaña, con una “fidelidad” asombrosa, sus cada vez más fuertes y frecuentes crisis que presagian no ser meramente locales. Para importantes pensadores contemporáneos, el meollo de la cuestión reside en que enfrentamos graves problemas “modernos” para los cuales no existen soluciones “modernas”. Esos problemas tienen mucho que ver con las promesas incumplidas por la modernidad: paz, educación, salud, trabajo y alimentos para todos...

 

En aquellas épocas de las promesas “modernas” (cuando “futuro” era igual a “progreso”), las ciencias sociales críticas, tanto las liberales como las marxistas, se ubicaban en muchos sentidos en el mismo registro que las “ciencias duras”, procurando un avance “ilimitado” en el desarrollo de las fuerzas productivas. Se buscaban las famosas conexiones triangulares entre las agencias generadoras de conocimiento, el Estado y las empresas para aprovechar al máximo los recursos científico-tecnológicos para el desarrollo económico. La mayoría creía en el desarrollo como consecuencia directa del crecimiento económico por aplicación de nuevas tecnologías; fue un esquema en el que se depositaron muchas esperanzas y, por cortos momentos en países como los nuestros, parecía funcionar. No obstante, mucho después, cuando crisis de todo tipo azotan a este “modelo de desarrollo”, se ha seguido con un uso tan simplificado de las relaciones del triángulo que algunos de sus entusiastas seguidores formulan severas advertencias sobre una versión cándida de los planificadores que pretenden un esquema ingenuo y lineal de articulaciones de oferta y demanda tecnológica. En países de desarrollos de alta tecnología, como Japón o Israel, se necesitaron generar “complejas mediaciones” para hacer uso de los principios del paradigma, ya de por sí modificado.

 

La estrepitosa caída de las certezas en las ciencias sociales desde fines de los ‘60 tal vez es más reconocida que la de las ciencias en general, pero no por eso menos importante. Los científicos del mundo, conscientes de estas crisis epistemológicas y societales, se reunieron en 1999 para repasar su papel en estos mundos en transiciones. Así, la Unesco organiza en Budapest una Conferencia Mundial sobre la Ciencia para pensar un nuevo contrato social entre ciencia y sociedad. La discusión se centra en la responsabilidad de la ciencia y en la necesidad de un debate amplio, riguroso y más allá de los miembros de la comunidad científica, acerca de la producción y utilización del conocimiento.

Algunos países de América latina perciben la necesidad de profundizar este debate, se crean nuevas asociaciones de científicos que comienzan a incluir los nuevos paradigmas de unas ciencias sociales críticas aún muy incipientes, que acompaña la ecología política. La Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS) de México es un buen ejemplo. Se define como “una organización no lucrativa” conformada por “científicos de campos diversos” y “dispuestos a asumir su responsabilidad ética frente a la sociedad y el ambiente”.

¿Cuál es la situación en Argentina? ¿Por qué, frente a posibilidades de expansión del sector científico en condiciones inéditas, no se han generado aún espacios de discusión semejantes al mexicano? ¿Por qué algunos siguen con la idea lineal de una universidad convertida en la proveedora de conocimientos para el Estado o en oferente de tecnología para grandes empresas? ¿Por qué el país que dio pensadores como Jorge Sabato u Oscar Varsavsky no genera una discusión amplia y democrática? Son interrogantes difíciles de responder, pero vale la pena arriesgar algunas razones: 1) los casi ocho años de una ominosa dictadura que tuvo al sector científico como dispositivo de negocios y corrupción por parte de su dirigencia (de científicos), sin que tal situación se terminara de revisar; 2) la pasividad de muchos hombres de ciencia ante la “cuestión pública” y su desconocimiento de cuestiones sociales y ambientales; 3) el desencuentro actual con pensamientos críticos del siglo XXI. Muchos científicos aún dialogan con teorías sociales decimonónicas y desconocen el fructífero diálogo entre científicos, pensadores involucrados en el presente y nuevos sujetos sociales y políticos que se despliega en América latina y Europa.

Socióloga, Instituto Gino Germani (UBA).

https://www.pagina12.com.ar/diario/universidad/10-171257-2011-07-04.html

 

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Declaración Latinoamericana por una Ciencia Digna –

Por la prohibición de los transgénicos en Latinoamérica

18 de junio de 2014

 

"En la coyuntura actual, el debate se ha extendido al rol y el desarrollo de una ciencia cada vez más dependiente de los poderes hegemónicos, violando el derecho a una ciencia autónoma para beneficio directo de la sociedad que la produce. En ese contexto los cultivos transgénicos, son vehículos diseñados, no para alimentar al mundo, sino para la apropiación sistemática e instrumental de la naturaleza; y sin duda un instrumento estratégico de control territorial, político y cultural, de una nueva etapa neocolonial que impone tecnologías que satisfagan la nueva fase de acumulación en la organización global del capitalismo."

Compartimos con orgullo el documento que el Dr. Andrés Carrasco nos ha dejado como inciativa para la constitución de la Unión de Científicos comprometidos con la Sociedad (UCCS) de América Latina y que fue leido ayer en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario en el Homenaje que se le rindió. De esta manera quedó además instituido el 16 de junio como Día de la Ciencia Digna. (…)

Los científicos defensores de los transgénicos atraviesan en esta etapa, que los expone afuera del laboratorio, con la ansiedad de no perder protagonismo. La necesidad de legitimar la tecnología se transforma en una pulsión, anticientífica y dogmática. Más aun, la afirmación de que el problema no está en la técnica sino en su uso, es doblemente preocupante porque además de no ver el pensamiento reduccionista que los preside, oculta la creciente subordinación y fusión de la ciencia con el poder económico revalidando las bases cientificistas productivistas y tecnocéntricas que emanan del neoliberalismo en su versión actual. La legitimación recurre a la simplista idea de que la tecnología por ser neutra y universal representa siempre progreso. Y que si algo falla es debido a la intromisión de un impredecible Dr. No que la va usar mal y que cualquier posible daño derivado de ésta será remediado en el futuro por otra “tecnología mejor” o por el ingenuo argumento de la regulación del Estado, aunque sepamos que éste es socio promotor de los intereses que controlan el “desarrollo científico” en nuestros países. Prefieren desconocer que estas tecnologías son productos sociales no inocentes, diseñadas para ser funcionales a cosmovisiones hegemónicas que le son demandadas por el sistema capitalista. Decir que los problemas “no tienen que ver con la tecnología transgénica” y que los que se oponen “están minando las bases de la ciencia” es parte de la predica, “divulgación” y diatriba contra cualquiera que sostenga lo contrario.

No hay nada más anticientífico que recortar o ignorar la historia de la evidencia científica, y asignarse a sí mismos la función de ser la pata legitimadora que provee la “ciencia” actual a la apropiación por despojo de la acumulación precapitalista que sufren nuestros pueblos en estos tiempos. El círculo se cierra al ocultar el condicionamiento y cooptación de instituciones como las universidades públicas y el sistema científico por las fuerzas económicas y políticas que operan en la sociedad. Logran así el mérito de ser la parte dominada de la hegemonía dominante. Quienes así piensan y actúan nos quieren hacer creer que todo es técnico, disfrazando la ideología de ciencia, al suplantarla por una “ciencia” limitada y sin reflexión critica. De esta manera se abstraen de las relaciones de fuerza en el seno de la sociedad, poniendo ésta al servicio del poder dominante. Mientras tanto, en el colmo de su omnipotencia auguran catástrofes de todo tipo si la sociedad no asume con reverencia que este es el único camino posible para alcanzar el “progreso”. El planeta es para ellos infinito y los ecologistas unos retrógrados. Mientras tanto éstos disfrutan del momento actual, aceptando “participar” del diseño del mundo y de la sociedad futura. Son parte del poder. ¿Qué se les puede pedir? ¿Honestidad en sus dichos? Son los expertos que burocráticamente diseñan, consciente o inconscientemente, el mal y banalizan la ciencia.

4) El alarde desmedido que muestra la actual falla epistemológica del pensamiento científico crítico en el marco del análisis de las teorías actuales, así como el “avance tecnológico”, incursionan en la naturaleza aplicando procedimientos inciertos que simplifican la complejidad de los fenómenos biológicos para “vender certeza” y proponer, por ejemplo, desde el sector privado y acompañados por el entusiasmo de importante investigadores, la transformación de la naturaleza en una “factoría” de productos, donde las plantas serían sustitutas de procesos industriales. Una verdadera naturaleza artificial adecuada y necesaria para los grandes negocios. Hay en todos estos discursos mucha ambición, soberbia, una pobre comprensión de la complejidad biológica y, por supuesto, poca ciencia. Hay grandes negocios y un enorme relato legitimador que los científicos honestos no podrán evitar interpelar, aunque las empresas transnacionales compren todas las editoriales de revistas científicas o bloqueen las publicaciones y voces que interpelan el sentido de la ciencia neoliberal-productivista. La ciencia, su sentido del para qué, para quién y hacia dónde, están en crisis y nosotros en la patria grande no podemos fingir demencia si queremos sobrevivir soberanamente.

 

La obediencia epistémica en la ciencia en la colonialidad extractivista.

En el origen, el problema estuvo en el cientificismo positivista como parte del modelo colonial europeo. Ni aquel, ni la actual tecnociencia productivista del neoliberalismo, son alternativas válidas para los pueblos proveedores de recursos. Ahí aparece claramente el desafío de lograr poner al conocimiento científico al servicio de la armonía necesaria entre las necesidades -no hablamos de demandas producidas por el consumo indiscriminado- de la sociedad y la naturaleza, que encause la curiosidad y la búsqueda que dinamiza la ciencia, hacia una verdadera función social.

El sometimiento científico se agrava cuando el fundamento científico que impulsan las empresas fabricantes y comercializadoras de organismos genéticamente modificados (OGM) es una ciencia anacrónica y con un valor de verdad cada vez más cuestionable y cuestionado entre y desde amplios sectores de la propia comunidad científica. Esta mirada anacrónica, todavía hegemónica, ha encontrado en el reduccionismo biológico y el absolutismo genocéntrico de los científicos, su principal sostén. Estos comienzan con la concepción de los mecanismos de herencia imperantes desde fines del siglo XIX, impuestos por la genética mendeliana, que promovieron -junto al neodarwinismo- en un gran relato, la llamada “síntesis moderna” (y que redujo la teoría de la evolución a la selección natural al buscar sus bases en la genética e Mendel). Esta síntesis, hija de la eugenesia galtoniana y de las escuelas de higiene racial anteriores a la 2da Guerra Mundial, tuvo su clímax y sentido epistémico cuando dio lugar al desarrollo de la biología molecular que comenzó con la estructura tridimensional de los ácidos nucleicos en 1953 por James Watson y Francis Crick y su interpretación plasmada en el concepto mecanicista del “Dogma Central de la Biología Molecular” postulado en 1970 por Francis Crick.

Esta mirada puso al gen en el centro del flujo de la información, condicionando a la biología evolutiva y del desarrollo de los organismos e ignorando la compleja interacción existente de la filogenia y ontogenia con el medio ambiente. Esta es la visión que dominó la escena, no inocentemente, y que desde hace años ha venido siendo interpelada cada vez con mayor fuerza. En verdad esta visión es parte de una concepción en línea con el marco positivista de origen europeo.

 

La complejidad es ignorada en la explicación biológica actual, refleja la tendencia a la clasificación, al aislamiento, y a la manipulación de los genes concebidos como unidades ontológicas. Esto no sólo es una teoría biológica general errónea, sino que afecta a la comprensión de la naturaleza y se convierten en un instrumento. Un instrumento alineado con la necesidad, cada vez más imperiosa, de controlar y manipular la naturaleza habilitando específicas aplicaciones en la tecnología que salen de los procesos fisiológicos ontogénicos y filogénicos. En efecto, la falla de la teoría general no es una equivocación, sino que se produce en una relación compleja con los intereses industriales concentrados y hegemónicos que han encontrado en esa falla una oportunidad de negocios para fortalecer el error por necesidad y sometiendo a la propia ciencia. Si el reduccionismo es un instrumento de una mirada civilizatoria -una manera de mirar la naturaleza no armoniosa y apropiante-, la fijación de esa mirada y su deriva tecnológica estalla cuando ella abandona los laboratorios y se convierte en un instrumento de los intereses propios de los procesos industriales concentrados. (…)

Fuente: http://renace.net/?p=4828

 

b) Debilita la memoria y la perspectiva holística. Un luchador consecuente e incansable comunicador alterativo, Carlos Vicente ayuda a la grieta instalada desde arriba cuando "señala que durante los gobiernos progresistas hubo tibios intentos de ponerle límites a los gigantes del agronegocio, sin embargo «con el avance de los gobiernos de derecha esta situación se hace mucho mas crítica porque directamente quienes manejan los Ministerios de Agricultura son los representantes del agronegocio dándoles todo el poder para que sigan avanzando en esto que no sólo tiene impacto sobre las comunidades campesinas sino que también un dramático impacto en la alimentación de nuestros pueblos»”. Leer

 

Consideremos lo dicho por Carlos Vicente hace dos años sobre:

 

 

Lino Barañao, el lobista

22 de mayo de 2016

Lino Barañao sigue defendiendo los intereses de Monsanto desde el Ministerio de Ciencia y Tecnología. Ahora presiona para que el INPI, que rechazó patentar la soja transgénica, acepte la patente y así Monsanto pueda cobrar sus regalías sin problemas. 

 

Por Carlos A. Vicente / GRAIN y Acción por la Biodiversidad.


La continuidad del único Ministro entre la gestión de Cristina Fernández de Kirchner y la de Mauricio Macri no fue sorpresiva para quienes seguimos el desarrollo del avance de las corporaciones biotecnológicas en Argentina. Lino Barañao fue siempre un acérrimo defensor de Monsanto pero además, y esto es mucho más grave, un freno para todas las denuncias de los daños que las corporaciones provocan a la salud socioambiental en nuestro país. Por lo tanto su continuidad expresaba claramente la continuidad y profundización del modelo inaugurado en el año 1996 con la introducción de la soja transgénica.

Ahora Lino Barañao vuelve a la carga para defender los intereses de la multinacional intentando esta vez torcer el brazo del Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI) que ya rechazó el intento de Monsanto de patentar la soja transgénica.

La función del INPI está claramente expresada en su Sitio Web y es “Otorgar títulos de propiedad sobre Patentes de Invención, Modelos de Utilidad, Marcas, Modelos y/o Diseños Industriales, a todas las personas que lo soliciten y cumplan con los requisitos exigidos por la normativa vigente”. A partir de estos principios el INPI rechazó el pedido de patente a Monsanto tal como hace unos meses lo comunicó la misma Sociedad Rural Argentina (3) que consultó al INPI y recibió un pormenorizado informe exponiendo que Monsanto no tiene la patente.

Pero para que no quepan dudas la ONG Naturaleza de Derechos difundió hace pocas semanas los detalles de un proceso judicial iniciado a partir de que el INPI rechazó la solicitud de Monsanto del año 1995 para patentar la soja rr. El INPI planteó en sus considerandos que la misma era improcedente dado que la molécula de ADN recombinante y las células modificadas no constituyen una invención porque son materia viva y preexistente en la naturaleza, o bien, “material biológico y genético o su réplica”.

Ante la decisión administrativa del INPI, Monsanto recurrió a la justicia en el año 2007 solicitando la nulidad de esta resolución administrativa. En primera instancia la justicia fallo a favor de Monsanto, pero esa decisión judicial fue apelada por el INPI que motivó el fallo de la Cámara Federal en lo Civil y Comercial revocándola. La Cámara fue contundente en el rechazo, señalando que la molécula de ADN recombinante, las células vegetales transformadas por ella y las plantas generadas a partir de estas últimas incluidas en la solicitud, es materia no incluida en el amparo que brinda el sistema de patentes, por no cumplir las previsiones establecidas en la ley (4). Claramente: los transgénicos no pueden ser patentados en Argentina.

Pese a ello, nuevamente comenzó a operar el Ministro Barañao cuando se profundizó el conflicto entre Monsanto y los productores de soja por la intención de la corporación de cobrar regalías por la soja cosechada haciendo análisis en los puertos. En una entrevista a la Agencia Bloomberg días pasados Barañao afirmó que: “La cuestión de Monsanto es muy particular dado que la Argentina todavía no ha otorgado a la compañía la patente para Intacta”¦.La decisión final debe salir pronto, pero no estoy seguro de que esto vaya a ocurrir para la cosecha 2015-16. Hemos pedido al Registro de Propiedad Intelectual que acelere el proceso pero podría demorar meses” (5).

También en ese reportaje afirmó que “La postura de la Argentina es que el productor debe pagar por el uso de una semilla patentada y el uso repetido; se debe pagar una suma lógica”; yendo contra la Ley de Semillas que habilita a guardar semilla para el uso propio. O sea un Ministro que aboga porque en el país no se cumpla la Ley vigente.

Este “pedido” al INPI es absolutamente improcedente y muestra nuevamente al Ministro operando descaradamente a favor de Monsanto cuando no es ésta su función ni son los intereses corporativos los que debe defender.

Por otro lado esta presión sienta un precedente grave pues abre las puertas, en el contexto de un gobierno dispuesto a entregarle todo al poder corporativo, para que se autoricen en Argentina patentes sobre la vida, cuestión de extrema gravedad que iría contra la propia Ley de Patentes que expresa que “no serán patentables …la totalidad del material biológico y genético existente en la naturaleza o su réplica, en los procesos biológicos implícitos en la reproducción animal, vegetal y humana, incluidos los procesos genéticos relativos al material capaz de conducir su propia duplicación en condiciones normales y libres…”.

Cuando se cumplen dos años del fallecimiento del Dr. Andrés Carrasco es imposible que no venga a la memoria el accionar de Lino Barañao en favor de Monsanto cuando en el año 2009 el Dr. Carrasco dio a conocer sus investigaciones sobre la toxicidad del glifosato y su efecto embriotóxico, ligándolo sin lugar a dudas al posible efecto teratogénico en humanos (es decir su papel como inductor de malformaciones, de alteraciones en el desarrollo embrionario).

En ese momento y en un tristemente célebre reportaje realizado por el principal lobbista de Monsanto en el multimedios Clarín, Héctor Huergo, Barañao “le quitó toda legitimidad al trabajo del subsecretario de Defensa, Andrés Carrasco, que alertaba sobre perjuicios para la salud en el herbicida glifosato, que se utiliza en el cultivo de soja” (1). Allí Huergo afirmaba que “creo que lo que determinaba era algún problema en el desarrollo de embriones anfibios” y la respuesta del Ministro fue “Él (por el Dr. Andrés Carrasco) comunicó sus hallazgos preliminares a la prensa, esto no es parte de un estudio encargado por el CONICET, ni es parte de una comisión institucional. En otras oportunidades se ha pedido al CONICET que se expidiera sobre un tema particular, en ese caso se convoca a un panel de expertos que emiten opinión. Esto es simplemente la comunicación de un investigador particular y no ha sido sometido a juicio por un panel de expertos ni nada por el estilo”.

La investigación fue publicada un año después en la prestigiosa revista Chemical Research in Toxicology con la conclusión de que “El efecto directo del glifosato en los primeros mecanismos de morfogénesis en embriones de vertebrados abre las preocupaciones sobre los resultados clínicos en la descendencia humana en poblaciones expuestas a herbicidas basados en glifosato en los campos agrícolas” (2). No hubo ningún comentario desde el Ministerio, ni desde el CONICET sobre esta publicación.

 

Y el Dr. Carrasco explicó claramente su posición al dar a conocer su investigación antes de estar publicada en una revista científica: “No existe razón de Estado ni intereses económicos de las corporaciones que justifiquen el silencio cuando se trata de la salud pública. Hay que dejarlo claro, cuando se tiene un dato que sólo le interesa a un círculo pequeño, se lo pueden guardar hasta tener ajustado hasta el más mínimo detalle y, luego, se lo canaliza por medios que sólo llegan a ese pequeño círculo. Pero cuando uno demuestra hechos que pueden tener impacto en la salud pública, es obligación darle una difusión urgente y masiva”.

Hoy se hace urgente seguir honrando al Dr. Carrasco frenando el avance corporativo en la apropiación de la vida y rechazando toda forma de patentamiento sobre la misma. Como así también es urgente denunciar y expulsar a los mercenarios que desde los gobiernos no hacen más que profundizar y favorecer la entrega y el saqueo de nuestros territorios.

Notas

1- Barañao desmiente estudio contra el glifosato: “No es del Conicet”,aquí

2- Glyphosate-Based Herbicides Produce Teratogenic Effects on Vertebrates by Impairing Retinoic Acid Signaling, aquí, 2010

3- “Monsanto no tiene la patente de la soja Intacta RR2 PRO”, aquí, 6-10-2015

4- Trascendental fallo de la Justicia Argentina rechaza a Monsanto el pedido de patentamiento de semillas transgénicas, aquí, 29-3-2016

5- La soja transgénica de Monsanto deberá esperar meses para recibir la patente en Argentina, aquí, 10-5-2016

Biodiversidad

Fuente: http://www.anred.org/?p=56409

 

Historiemos la reestructuración económico territorial que desertifica la Argentina mediante el análisis de Luis E. Sabini Fernández.

 

Argentina - Transgénicos: veinte años después.

6 de junio de 2018

"Los 20 millones de ton. del 2000 son ahora más de 50 y los 70 millones de lts. de glfosato de entonces son ahora unos 350 millones (la diferente proporción en los aumentos de cultivo y herbicida revelan que cada vez se aplica más agrotóxico por unidad de suelo). Esa impavidez es fronteras adentro."

Por Luis E. Sabini Fernández

 

Han pasado casi veinte años [1] , un período considerable para enjuiciar efectos, y podríamos ser optimistas si pensamos en la impunidad con que a fines del siglo pasado se exaltaba en el periodismo comercial argentino, en los medios de incomunicación de masas en general, el “tecnodesarrollo” de productos transgénicos; la inocencia y/o la “docta ignorancia” con que se hablaba entonces de las fórmulas de la agroindustria y de las virtudes “milagrosas” del glifosato –el herbicida apto para la sobrevida de plantas transgénicas, mejor dicho el ‘matatodo’ salvo la planta que tiene un gen protector propio u obtenido mediante transgénesis que es lo más común, y lo que dio lugar a una nueva industria; la ingeniería genética, prestamente rebautizada biotecnología; el prefijo “vida” vende mucho, los laboratorios bien lo saben.

 

Seguimos acumulando “bombas de tiempo”; el papel de Argentina como el de la inmensa mayoría de los estados “nacionales” sigue siendo nefasto, anodino o cómplice en las conferencias mundiales sobre biodiversidad u otras de índole similar organizadas desde la ONU, para atender la problemática ambiental.[2]

Durante los primeros quince años del nuevo siglo se registra un avance sostenido, aunque persistan los bolsones de resistencia. Es el ingreso paso a paso de más y más estados, de más y más regiones al universo de la siembra directa, de la quimiquización de los campos, al reino de la agroindustria.

En América del Sur, luego del aposentamiento de las transnacionales agroindustriales en la “República Unida de la Soja” (Argentina Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia), avanza lentamente la sojización y la transgenetización en el norte sudamericano. Es cuando Gustavo Grobocopatel, un campesino ”sin tierra” y políticamente chavista según sus propias definiciones, inicia su operación de implante del modelo agroindustrial en Venezuela. Conflicto a la vista, porque Chávez, políticamente advertido de los procesos del capitalismo globocolonizador se había opuesto terminantemente al ingreso de OGM en el campo venezolano.

Colombia y su gobierno, orientado desde Israel y EE.UU., acepta sin mayores dificultades la modernización rampante que nos sigue revelando que la tecnología de gran escala es parte del problema, no de la solución, como procuran hacernos creer desde las usinas ideológicas del régimen, incluidos los personales regulatorios públicos.

En este aspecto seguimos como hace veinte años. La FDA, por ejemplo, prosigue su política prescindente, su cesión de responsabilidad, depositándola en las empresas, que ya sabemos no se rigen por la responsabilidad social sino por la rentabilidad y a secas.

En 2010 se forja una red en Argentina, la de Médicos de Pueblos Fumigados. La actividad, la investigación y la denuncia de médicos comprometidos ante la contaminación ambiental y la consiguiente producción de enfermedades venía de tiempo atrás, pero en ese año se concreta la red, en buen medida como resultado de la valiente gesta vecinal en Barrio Ituzaingo, en la provincia de Córdoba, que logra se compruebe finalmente la acción contaminante de la agroindustria.

Una coyuntura territorial, física, hizo una diferencia decisiva como para que el aparato judicial pudiera actuar (o no tuviera más remedio que hacerlo): muchas ciudades han ido perdiendo su cinturón de quintas, las que proveían tradicionalmente de verdura y fruta a las ciudades; la agroindustrialización ha ido desplazando y desmontando la pequeña producción rural y la ciudad se provee así desde megacircuitos; por ello se produce a menudo el fenómeno de que la producción rural en base a baterías químicas llega hasta los lindes de una ciudad; eso fue lo que pasó con Barrio Ituzaingo en Córdoba. Al principio, eso significó la risueña novedad para los niños de ver sobrevolar las avionetas descargando… su veneno. Pero muy pronto los vecinos más perspicaces empezaron a unir la ola de enfermedades que arreciaba entre ellos con aquellos sobrevuelos. Finalmente se pudo verificar que, por ejemplo, el agua de los depósitos hogareños estaba totalmente contaminada con los herbicidas con los que rociaban y “preservaban” los cultivos de soja. Se logró finalmente, 2012, una ordenanza prohibiendo el vuelo rasante o incluso el uso de mosquitos fumigadores a menos de 500 metros para glifosato y 1500 m. para endosulfán. Además fueron procesados productores y aviadores por daño consciente.

De más está señalar la insuficiencia patética de tales restricciones.

En 2015 han sobrevenido algunos hitos que podrían tener significación mundial para la implantación de OGM (o su prohibición); Steven Druker, un estadounidense que viene bregando por frenar la transgenetización acrítica de los cultivos, publica, en EE.UU., un nuevo libro, Altered Genes, Twisted Truth(Genes alterados, verdades en entredicho). Druker representa una red de refractarios a los alimentos GM que mantiene un juicio contra la FDA desde hace por lo menos 15 años.

En marzo de ese mismo año la OMS declara, a través de su IARC (International Agency for Research on Cancer, Agencia Internacional para la investigación sobre cáncer) que el glifosato es “probablemente cancerígeno”. Estamos hablando del herbicida que ha sido desde mediados de la década de los ’90 hasta ahora la llave maestra para la implantación de vegetales transgénicos. Cuya toxicidad fue advertida hace mucho. Veinte años demorando el juicio.

Monsanto-Bayer no quedó conforme, claro está, con el dictamen del IARC, que pateaba en contra de los intereses de las transnacionales y sus apoyos gubernamentales. No bien salido el informe de la IARC, los comentarios desde los laboratorios afectados fueron del tipo: ‘No es tan peligroso, el alcohol lo es más”. Con lo cual no negaban observemos esto la toxicidad del herbicida pero a la vez le daban algo así como el rostro risueño de “una copita”. Magistral maniobra, habría comentado Macchiavello.

Entonces, otro ente asesor, el JMPR (Joint Meeting FAO-WHO of Pesticide Residues, Comité Conjunto sobre Residuos de Pesticidas), otro ente asesor de la OMS, devolvió la tranquilidad a los fabricantes de glifosato y a la agroindustria en general, dictaminando que “es poco probable que haya riesgo de que el glifosato sea carcinógeno para los seres humanos, en una exposición a través de la dieta.” En mayo de 2016, entonces, es decir 14 meses después, la OMS da marcha atrás con su dictamen de un año antes: el sistema de “puertas giratorias” revelaba su funcionamiento (una vez más, obviamente).

El JMPR desplaza el foco de atención: estima las “ingestas diarias admisibles” (IDA) de plaguicidas para las personas, dejando a un lado la atención sobre quienes trabajan y trajinan a diario con un veneno, concentrando la atención en los consumidores. Y respecto de éstos, se establece una suerte de “hacer de necesidad virtud”: los laboratorios no sólo emplean, y abundantemente, tóxicos para ofrecernos alimentos sino que nos quieren hacer creer que eso es admisible (es la jerga que emplean), aceptable, acercándonos peligrosamente a la idea de lo saludable.

Observe el lector cuáles son las funciones que la misma JMPR presenta como propias; “recomendar límites máximos para residuos de plaguicidas […].” Está fuera del análisis si puede haber producción de alimentos sin plaguicidas.

Cuando declaran que “es poco probable que haya riesgo […] en una exposición a través de una dieta”, no sólo ignoran a los que trabajan con dicha sustancia, sino también a los miles de campesinos que se han suicidado (especialmente en India) con un vaso de glifosato (porque las políticas crediticias los han fundido).

“Ingesta diaria admisible” IDA. Ingesta diaria resultado de una determinada forma de producir alimentos. Que si fuera necesaria, en todo caso habría que reconocer que es tóxica, pero con Public Relations nos quieren hacer creer que no genera enfermedad.

Esta comisión, JMPR asesora a la FAO, a la OMS y a sus estados miembros. Tal vez lo más significativo esté en cómo se integra la JMPR.

Dice su folletería oficial en internet: “Selección de los miembros. Los expertos desempeñan sus funciones a título personal, y no como representantes de su país u organización.” En una palabra, no responden sino a su visión e interés personal, que es seguramente muy, pero muy bien atendido por laboratorios que ganan miles de millones de dólares anuales. Constituido entonces el JMPR por una casta de profesionales cooptados.

Se trata de una comisión organizada desde el mundo empresario, pero investida de autoridad a través de las redes de la ONU como para que se presenten como “ciencia”. En rigor, se dedica a calibrar cuanto veneno, cuántos tóxicos podemos ingerir… sin caer fulminados tan de inmediato como para que se rastree la causa.

Con el minué del IARC-JMPR, podemos verificar que estamos lejos de haber superado el tecnooptimismo con el cual se implantara la agroindustria basada en productos químicos. No sólo la de alimentos transgénicos, ciertamente, sino desde antes la llamada agricultura a gran escala.

Este movimiento del capital (de la industria y de la tecnología) sigue, al parecer, gozando de buena salud, valga la paradoja de usar tamaña expresión para agentes de las más extendidas y atroces enfermedades fuera de control.

De cualquier modo, en estos veinte años el ensanche de la resistencia a la invasión química parece haber crecido, porque se advierten más los ‘efectos no buscados’ de tantos desarrollos “promisorios”.

La advertencia de Rachel Carson, de hace más de medio siglo,Primavera silenciosa, sigue en pie.

Porque ya conocemos el origen de algunas manifestaciones de esa invasión química, porque hemos verificado transformaciones relevantes a nivel planetario, como la temible plastificación de los mares y el depósito de milimétricas o micrométricas partículas de plástico sobre los fondos marinos, ahogando los ciclos vitales allí existentes (tengamos presente que el fondo oceánico es tal vez era el mayor almácigo planetario…).

Porque la humanidad se está adueñando, mejor dicho haciéndose esclava de toda una gama de enfermedades nuevas como las autoinmunes a las cuales muchas hipótesis asocian con productos químicos desconocidos actuando en nuestros cuerpos.

Porque la cuestión de los alimentos transgénicos y su implantación depende de agentes químicos protectores de tales cultivos mediante la eliminación del resto de “la competencia” (un crudo mentís agrícola al liberalismo filosófico, por cierto…).

En 2015 sobreviene la prohibición total de OGM en Filipinas. Ignoramos cómo se procesará esta última política con un presidente filipino como el actual, partidario acérrimo del asesinato público de narcotraficantes y de mano dura contra el delito, con acentos xenófobos. Claro ejemplo que los transgénicos sirven para un barrido o para un fregado. En ese mismo año registramos la lucha por ingresar con OGM en “el granero de Europa”, la rica tierra ucraniana. Europa ha sido hasta ahora el continente con menor producción transgénica, a partir de una resistencia social bastante amplia (muy pocos países han autorizado OGM, como España).

En 2016, al lado del escalofriante retroceso en el ámbito de la OMS que ya vimos, sobrevino otro episodio de potencial amplitud y posible alcance mundial: los militares de la provincia china de Heilongjiang han dispuesto la prohibición de soja GM durante cinco años. Es “apenas” una provincia, pero china, es decir, se trata de una población de más de 40 millones de habitantes.

No queda claro si la prohibición de soja GM rige únicamente para sus militares o cubre el consumo provincial. La decisión proviene de la sospecha que tienen sus investigadores de que una serie de enfermedades nuevas o multiplicadas tienen que ver con el hasta ahora intenso consumo de soja GM o de alimentos confeccionados con dicha soja (origen EE.UU., Brasil, Argentina).

Aunque transitoria y parcial la medida, coloca un gran interrogante sobre el porvenir de la soja GM. Fundamentalmente, porque se suma a otras muchas advertencias.

Aunque por las latitudes platenses sigamos ajenos y en el mejor de los mundos. Los 20 millones de ton. del 2000 son ahora más de 50 y los 70 millones de lts. de glfosato de entonces son ahora unos 350 millones (la diferente proporción en los aumentos de cultivo y herbicida revelan que cada vez se aplica más agrotóxico por unidad de suelo).

Esa impavidez es fronteras adentro. Estuvo de visita en febrero de 2017 un periodista italiano, Gaetano Pecoraro,[3] que quedó asombrado y atemorizado por el estado sanitario del país en las zonas fumigadas (un tercio aproximado de toda la Argentina), donde registró una inusitada cantidad de casos de cánceres, malformaciones congénitas, anencefalias y otras enfermedades vinculadas con toxicidad.

Pero de esto hablará Pecoraro en Italia. Porque aquí ni nos enteramos.

Notas

[1] Este texto se presentó como prólogo a la segunda ediciòn deTransgénicos: la guerra en el plato, Buenos Aires, 2000 y 2017.

[2] Vale la pena recordar que en dichos encuentros ha habido algunas voces de alerta como aconteció con la delegación boliviana que no acordó en la cumbre mundial de cambio climático de 2010, en Cancún la aceptación del límite de 2 grados centígrados para el calentamiento planetario recordándonos que ya 1 constituía una alteración de consecuencias gravísimas.

[3] YouTube

Revista Futuros

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Documentos/Argentina_-_Transgenicos_veinte_anos_despues

 

 

c) Abstrae a las ciencias, tecnologías y a los científicos de las enormes e irreversibles consecuencias socioambientales y humanas de su intervención imprescindible en las actividades devastadoras y sólo para el progreso capitalista. Son responsables de ecocidios-genocidios aun cuando se ocupen de la memoria e impunidad de ayer o de reivindicaciones de género, etc..

 

Se irresponsabilizan de su condición esencial a la expansión de los extractivismos como política de Estado en Nuestra América. Por lo último es que los gobiernos progresistas y los neoliberales confluyen en profundizar ese saqueo, contaminación y devastación. Reflexionemos sobre:

 

 

México | Los peligros del maíz industrial

y sus productos comestibles procesados.
20 de marzo de 2018
 

GRAIN

Un equipo de investigación mexicano UNAM-UAM publicó en agosto de 2017 un estudio que muestra la presencia de transgenes y del herbicida glifosato en alimentos procesados y tortillas a partir de maíz industrial, por todo México [1]

Este equipo aclara: “Los datos son preocupantes pues el maíz es nuestro alimento básico y hemos perdido la soberanía alimentaria. El consumo de maíz transgénico con glifosato puede tener consecuencias graves en la salud”. Y continúan: “de 367 muestras analizadas, 82%, es decir 301 muestras, contenían por lo menos un transgen. De las tortillas analizadas, 90.4% contenían secuencias transgénicas”.

También “se detectó glifosato en casi la tercera parte de las muestras de los alimentos que dieron positivo para la presencia del transgen que confiere tolerancia a este herbicida”.

Lo que fuera preocupación de muchísimas personas y organizaciones de científicos, consumidores y gente comprometida con la alimentación y la agricultura tras descubrirse contaminación transgénica en el maíz de la Sierra Juárez de Oaxaca en 2001, se pone en el centro de la discusión desde nuevas fuentes de evidencia, con dos aspectos clave relacionados con el devenir de la tecno-ciencia, con la actuación de la agroindustria corporativa y la anuencia de los gobiernos en turno[2].

Primero, que la contaminación transgénica es vasta y generalizada en los alimentos procesados (sobre todo cereales, harinas, botanas de frituras, tostadas que son productos sólidos de maíz, empacados) [3] y en las tortillas [ese pan plano elaborado con maíz que es la base de la dieta del pueblo mexicano]. Pero el hallazgo se refiere a las tortillas industriales, aquellas elaboradas con maquinaria y vendidas en expendios distribuidos por todo el país, principalmente. Además, una amplia gama de productos contiene contaminación con glifosato en “una tercera parte de las muestras (27%)” —muestras que ya habían dado positivo para eventos transgénicos, lo que es altamente significativo.

Lo segundo que resalta en el estudio es que las muestras de tortillas elaboradas a mano con maíz nativo, casi no muestran contaminación transgénica. Dice el equipo UNAM-UAM: “Las tortillas producidas por las comunidades campesinas y que estén hechas únicamente con maíz criollo (nativo de estas comunidades) prácticamente NO contienen proteínas transgénicas y no contienen glifosato. Dichas proteínas podrían estar potencialmente en el maíz nativo en una proporción muy baja, producto de los casos de contaminación del maíz nativo con transgenes. El cuidado de los maíces nativos por parte de las comunidades mexicanas ha mantenido [desde la aparición de los transgenes en México] sus maíces mayormente libres de transgenes” [4]

 

El estudio da sustento entonces a varias discusiones pendientes.

Primero. Existe una disyuntiva en el uso y vida del maíz en México y otros países. Son dos procesos, dos metabolismos diferentes que involucran a dicho cereal.

Por una parte el maíz nativo, atesorado milenariamente en sus semillas por las comunidades en conversaciones antiguas, que convive en el policultivo conocido como “milpa” y que mayormente se “nixtamaliza” (es decir, se le agrega cal o cenizas, y calor para romper la lignina de la cáscara del grano liberando plenamente su potencial de nutrientes).

Por otro, el maíz industrial genérico, híbrido o transgénico, que las grandes corporaciones siembran en monocultivo en grandes extensiones de terreno, con insumos químicos, buscando grandes rendimientos, y cuyo destino no es alimentar de un modo directo, sino servir de materia prima para elaborar toda suerte de piensos y forrajes para animales y productos procesados comestibles, para humanos, entre ellos la tortilla industrializada. Además, dicho maíz sirve de insumo para combustibles, pinturas, almidones o féculas, jarabes endulzantes, plásticos “biodegradables”, pegamentos, cosméticos, textiles, papel y un largo etcétera.

Con claridad, el estudio da peso a que los transgénicos se concentran en el maíz industrial y sus derivados (en este caso alimentos procesados), mientras el maíz nativo todavía es defendido desde los niveles más locales. Aunque no está fuera de riesgo, su metabolismo impulsa una reflexión permanente en su órbita, que termina promoviendo su defensa.

Segundo. Algo que sería motivo de más estudios de mayor profundidad: el desbalance provocado por la industria y el gobierno cuando exigen la importación de maíz industrial, principalmente de Estados Unidos, aunque la producción nacional (unos 23-24 millones de toneladas) sería suficiente para alimentar a la población, pues con esa cantidad se cubre un 50% más de “la ingesta posible digerible anual de 120 millones de mexicanos”[5]. Hablamos de unos 6.8 millones de toneladas (29.6%) de subsistencia [o maíz de soberanía alimentaria] que no entra al mercado, más 7 millones que sumados a lo que aporta el maíz campesino de temporal arrojan unos 13. 8 millones de toneladas, más de 60% de la producción del país. El resto, son unas 10.6 millones de toneladas de maíz de riego. ¿Por qué entonces la insistencia de importar entre 7 y 10 millones de toneladas de maíz amarillo?

Para Antonio Turrent, investigador de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS), “No hay insuficiencia de maíz blanco normal para la elaboración industrial de toda la harina de maíz que los mexicanos podríamos consumir directamente como alimento. ¿Es por tanto la decisión de mezclar el maíz blanco nacional (no transgénico) con maíz transgénico para producir harina industrial de maíz, una decisión voraz de mercado de nuestra industria?¿No sería ésta una mala y hasta cruel decisión a plazo largo, equivalente a autodispararse en el pie?”[6]

El Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano (Ceccam) que ha investigado con mucho detalle la situación, abunda: “México importa anualmente entre 7 y 10 millones de toneladas de maíz amarillo proveniente de Estados Unidos, principalmente para alimento de ganado, aunque también se usa para la alimentación humana. El maíz transgénico —hasta ahora sólo importado— se utiliza mezclado con el maíz convencional en la elaboración de alimentos balanceados, piensos y productos de maíz para consumo humano: harina y masa para tortillas, cereales, aceite, atole” [7]

 

Tercero. Los productos comestibles procesados son ahora uno de los destinos principales de la materia prima que representa ese maíz industrial que es una mezcla de maíz amarillo, y tal vez maíz blanco, pero que siempre es un maíz híbrido o transgénico sembrado en monocultivo, retacado de agroquímicos, promotor de acaparamiento de tierras, devastación ambiental y expulsión campesina.

México es una de las 10 principales potencias productoras de alimentos procesados en el mundo, pero decir “México” bajo las condiciones del TLCAN y otros cuarenta y tantos acuerdos comerciales, de cooperación e inversión que ha firmado el país, es una careta para cubrir a las corporaciones transnacionales que operan desde nuestro país por las ventajas comparativas (léase condiciones de desvío de poder).

Según la sistematización de Sergio L. Ornelas, editor de la publicación MexicoNow, México es hoy la octava potencia productora de alimentos procesados en el mundo y la tercera del continente americano, tras Estados Unidos y Brasil, en un escenario donde el valor de la producción mundial equivalió en 2014 a 4 billones 900 mil millones de dólares y se supone que llegará a valer 7 billones 850 mil millones de dólares hacia el 2020[8]

En México, la producción de alimentos procesados alcanzó los 138 mil millones de dólares en 2014, pero según Ornelas citando datos de la consultora IHS, irá creciendo y en 2017 se calcula estuvo en 158 mil millones de dólares [9]. Las ganancias netas de su industria de alimentos procesados, según datos de IHS, citadas por ProMéxico, instancia del gobierno mexicano en su análisis sectorial de alimentos procesados, fue de 35 mil millones de dólares en 2015. La Secretaría de Economía mexicana afirma que tan sólo en 2015 México recibió una inversión extranjera directa de mil 304 millones de dólares y entre 2005 y 2015 acumuló inversiones por 8 mil 264 millones de dólares para la industria de alimentos procesados.

Algo significativo, en el escenario que el estudio del equipo de investigación mexicano UNAM-UAM [10] vino a desnudar, es que tales alimentos procesados contaminados con transgénicos y glifosato son parte del 26.9% de la producción de procesados correspondiente a panadería y tortillas, y a 10% adicional que representan los granos y las oleaginosas [11]. Es decir, la contaminación se mueve, por lo menos, dentro de 36.9% de la producción de alimentos procesados en México, sin contar el mundo de los edulcorantes.

Tal producción de alimentos procesados incluye a PepsiCo, la gigante productora de frituras, botanas y tostadas. Su directora en México, Paula Santilli, afirmó que “de los 200 países donde tiene presencia, México es su segundo mercado más grande —sólo detrás de Estados Unidos— y donde genera ingresos casi tres veces más altos que en países como Brasil” [12]. En México, PepsiCo cuenta con 17 plantas “e ingresos anuales por más de 3 mil 400 millones de dólares, según su último reporte anual” [13]. Sus marcas incluyen Sabritas, Quaker y Doritos, entre otras de las revisadas por el estudio del equipo UNAM-UAM.

También está Ingredion, productora de harinas, jarabe de alta fructosa y almidones de maíz entre muchos productos industriales elaborados con dicho cultivo, que en enero de 2016 anunció que invertiría 30 millones de dólares “con la finalidad de aumentar su capacidad de producción de su planta de San Juan del Río, Querétaro” [14]. Están también el Grupo Gruma, empresa líder mundial en la producción de harina de maíz con 18 plantas procesadoras e investigación y tecnología para producir harina maicera y tortilla industrializada, que durante 2016 arribó a los 18 mil 819 millones de pesos en ventas netas (unos mil millones de dólares al tipo de cambio actual) y el Grupo Bimbo, otro gigante mexicano de la panadería y las botanas cuyos ingresos “a nivel consolidado, crecieron 0.3%, ubicándose en 65 mil 390 millones de pesos [3 mil 534 millones de dólares] respecto al tercer cuarto de 2016, y cuyas ventas en México subieron 12.2%” [15].

Toda esa producción se potencia mediante la enormidad de los supermercados en América Latina. Tan sólo Walmex, (la filial mexicana de Walmart) mencionó en su reporte del segundo trimestre de 2017 a la Bolsa Mexicana de Valores que sus ventas totales crecieron 9.1%, llegando “a 135 mil 724 millones de pesos [unos 7 mil 300 millones de dólares] [16].

También comenzó a aparecer en el radar de los medios masivos el crecimiento descomunal de las llamadas tiendas de conveniencia, en particular Oxxo (en parte propiedad de Femsa-Cocacola). Un artículo reciente de BBC Mundo, puso por titular: “Una nueva tienda cada 8 horas: cómo la mexicana Oxxo se convirtió en la mayor tienda minorista de América Latina” [17].

En un informe de 2015, GRAIN había documentado que este tipo de pequeñas tiendas situadas en los barrios establecía cierto estricto control sobre la disponibilidad de alimentos por zonas particulares, imponiendo en los hechos el consumo de productos comestibles procesados, justo las frituras, botanas, tostadas de maíz documentadas en el estudio del equipo de investigación mexicano UNAM-UAM [18]

Según BBC Mundo, Oxxo cuenta con 16 mil tiendas, principalmente en México,[19] y establece una red de distribución de los productos comestibles procesados con base en maíz industrial, lo que hace urgente revisar los criterios de seguridad de dicho maíz, a todas luces transgénico, que está presente en cada barrio de las ciudades e incluso en los poblados rurales mexicanos en tales productos comestibles industriales.

Cuarto. También tenemos que considerar el envenenamiento lento (y no tan lento) con glifosato, si insistimos en que el estudio de los investigadores mexicanos de la UNAM y la UAM, donde se encuentra la doctora Elena Álvarez-Buylla, recién galardonada con el Premio Nacional de Ciencias mexicano, 2017, encontró que casi la tercera parte de las muestras de comestibles procesados sometidos a escrutinio, incluidas las tortillas industriales, también omnipresentes en los barrios, contenía rastros de ese agroquímico. Dice la investigadora del Grupo ETC, Silvia Ribeiro: “Los resultados adquieren mayor gravedad porque el consumo de maíz en México por persona es mayor que en cualquier otro país. Pese a que la Organización Mundial de la Salud declaró al glifosato como cancerígeno para animales y probable cancerígeno para humanos en 2015, la Cofepris, instancia responsable de autorizar qué alimentos se pueden vender para consumo humano, ha autorizado sin empacho la venta para consumo de maíz transgénico tolerante a glifosato, que deja altos residuos del mismo en alimentos” [20].

Es tremenda la invasión transgénica a un flujo tan enorme de maíz en la alimentación de un pueblo cuando no hay certeza de su inocuidad.

 

Quinto. Es inevitable reseñar la respuesta al estudio del equipo de investigación mexicano UNAM-UAM, por parte de los investigadores paladines de los transgénicos. Ésta es la repetición de todo lo que desde el gobierno, la industria y ciertos científicos, sigue siendo la reivindicación principal: que los transgénicos son inocuos, que se han cumplido todas las regulaciones, nacionales e internacionales, que hay una equivalencia sustancial entre transgénicos y no transgénicos. En la respuesta más directa, los promotores de transgénicos afirman: “En más de 20 años de uso y consumo continuo por más de 1200 millones de humanos y 100 mil millones de animales, no se ha presentado ninguna evidencia científica de daños por su consumo. El supuesto daño reportado en algunos artículos (Seralini et.al, 2012 y 2014), no tiene sustento científico relevante” [21].

Elena Álvarez-Buylla, Cristina Barros, Emmanuel González Ortega, Alma Piñeyro-Nelson, Alejandro Espinosa y Antonio Turrent de la UCCS, contestaron a las críticas diciendo:

La “equivalencia sustancial” favorece a las corporaciones comercializadoras de OGMs y a las industrias alimentarias que hacen negocio con su procesamiento por encima de los intereses de la ciudadanía. Es ética y científicamente inadmisible que la falta de evidencia de daño por la ausencia de protocolos y seguimiento adecuados, sea tomada por las entidades regulatorias como evidencia de inocuidad de alimentos derivados de OGMs. Urgen protocolos rigurosos que directamente evalúen la hipótesis de que los alimentos derivados de OGMs pueden tener impactos no deseados en la salud humana y animal, bajo diferentes escenarios de consumo. La carga de la prueba debe recaer en las empresas y no en la ciudadanía. [...]

Pueden existir muchos artículos con datos negativos para apoyar la equivalencia sustancial o ausencia de daños, pero uno sólo con datos positivos debería ser suficiente para rechazar este concepto y regular en consecuencia, previniendo daños [...] El estudio de Séralini y colaboradores, que desestiman los autores de la nota en cuestión, fue republicado con datos adicionales que lo sustentan. Por otro lado, muchos de los estudios con datos negativos, que sugieren la inocuidad de OGMs, han sido realizados por investigadores con conflictos de interés. Estudios experimentales demuestran que el glifosato es teratógeno en vertebrados y cancerígeno en animales de laboratorio [22].

 

Conclusiones. Es muy irresponsable que las instancias reguladoras de la sanidad alimentaria no hayan hecho nada por frenar la presencia de productos comestibles procesados que contienen maíz transgénico y trazas de venenos tan poderosos como el glifosato, calificado de cancerígeno por la OMS.

La tendencia creciente a privilegiar una agricultura basada en la producción de materias primas para la industria anuncia que, sobre todo en los ámbitos urbanos, nos veremos sometidos cada vez más a productos comestibles industrializados que no son inocuos.

El maíz con que se fabrica la tortilla industrial, vendida masivamente por toda la república en expendios (tortillerías), debería ser un maíz libre de transgénicos y agroquímicos: porque la producción de tales maíces genéricos sustituye y golpea la pequeña producción nacional no transgénica, campesina o de medianos productores; y porque la promoción de la industria de comestibles industrializados fomenta la producción y / o importación de maíz transgénico, con agrotóxicos, que es vehículo para diseminar problemas de salud como obesidad, diabetes, cáncer y teratogénesis.

Hay que profundizar en tales afectaciones y en las tendencias que buscan controlar la disponibilidad alimentaria de la población, principalmente entre las capas empobrecidas, mercado cautivo de donde extraen sus ganancias las corporaciones que elaboran frituras, tostadas, botanas y tortillas industriales.

La defensa del maíz nativo debe crecer y fortalecer argumentos, narrativa, vínculos y esfuerzos por una soberanía alimentaria.

Notas: (..) Leer

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El daño alimentario del agronegocio en la Argentina –

Alimentos envenenados con agrotóxicos, 2018

24 de abril de 2018

 

En el mes de abril de 2017, Naturaleza de Derechos accedió a los controles sobre frutas, verduras y hortalizas realizados por el SENASA entre los años 2011 y 2016. Los resultados de los controles indican la situación de riesgo de daño alimentario en la que se encuentra la Argentina, por la altísima presencia de agrotóxicos en casi todos los productos alimenticios de consumo directo, o de materias primas esenciales, como el maíz, trigo y girasol.

 

Estamos hablando de residuos químicos que son incorporados diariamente al organismo humano, sobre los cuales la ciencia digna e independiente ha señalado que una exposición crónica a los mismos, representa una situación de riesgo grave para la salud humana, dado que en razón de evidencias claras, han sido caracterizados y hasta determinados, sin objeciones científicas y/o académicas, como agentes cancerígenos, disruptores endocrinos, genotóxicos, mutagénicos Y teratogénicos.

Casi la totalidad del sistema agroalimentario argentino, está sometido al modelo productivo impuesto por el Agronegocio, con la aquiescencia del poder político. La agro industrialización a través de la incorporación de semillas modificadas genéticamente y el uso masivo de agrotóxicos, tanto para los cultivos extensivos como los intensivos, no está sujeto a una regulación legislativa en la Argentina.

Efectivamente, en la Argentina, no hay una ley nacional que regule el proceso de registros, autorización y usos de los agrotóxicos, ya sea para su doméstico, línea jardín o en el sistema agroalimentario. Tampoco hay una ley sobre bioseguridad y Organismos Vegetales Genéticamente Modificados (OVGM).

El acceso a los datos de los controles realizados por el SENASA sobre las frutas, verduras y hortalizas en los mercados de abasto (Central, de La Plata y General Pueyrredón), ha sido una bisagra en el camino por una agricultura libre de agrotóxicos.

Pues se trata de información que confirma todas las sospechas sobre la seguridad de los alimentos de consumo directo sometidos al uso de agrotóxicos. Los resultados son elocuentes, un primer análisis ligero de los números de los controles , nos indica que más del 63 % de las frutas, verduras y hortalizas que consumen más de 20 millones de personas en la Argentina tiene al menos un residuo de agrotóxico.

Un segundo análisis, más profundo, detallado y desclasificado (que hemos realizado en estos meses y que estamos presentando), nos advierte que estamos ante una situación de emergencia de inocuidad y seguridad alimentaria en la Argentina. Sin eufemismos denunciamos que toda la población está expuesta a un Daño Alimentario.

Los números son fríos, pero con la información previa son determinantes.

En el caso de los alimentos contaminados con agrotóxicos en la Argentina, además son alarmantes.

Según los propios datos del SENASA enviados a Naturaleza de Derechos sobre los controles de presencia de agrotóxicos en 38 alimentos, en el período 2011-16, se detectaron 65 principios activos de dichas sustancias.

Si se realiza una clasificación por los efectos en la salud de cada agrotóxico hallado, surge que del grupo compuesto por 38 alimentos analizados, en el 97 % de los productos alimenticios, se detectaron agrotóxicos considerados disruptores endocrinos; en el 92 %, agrotóxicos cuyo mecanismo de acción es la inhibición de las colinesterasas; en el 87 %, agrotóxicos con capacidad cancerígena, y en el 84 %, agrotóxicos con efectos teratogénicos.

No estamos ebrios, ni somos fundamentalistas. El Estado y el Agronegocio nos envenenan.

Naturaleza de Derechos

Descargar el informe (PDF) a continuación:

El daño alimentario del agronegocio en la Argentina - Alimentos envenenados con agrotóxicos 2018 (2,13 MB)

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¡Basta de pesticidas!

30 de mayo de 2018

 

A pesar de la disponibilidad de datos científicos independientes y el hecho de que los ciudadanos son conscientes de sus efectos nocivos, sigue aumentando su uso, y son el campesinado, los consumidores y el medio ambiente los que sufren las consecuencias. ¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Cuáles son las causas y los efectos del uso de pesticidas? ¿Cuáles son las soluciones alternativas?

Por la Coordinadora europea Vía Campesina

 

Los pesticidas son ampliamente cuestionados por la población europea. En 2017, más de un millón de ciudadanos firmaron la Iniciativa ciudadana europea « STOP Glifosato ». El objetivo era solicitar la prohibición de comercializar el glifosato en la UE, reformar el proceso de autorización de pesticidas y establecer objetivos para reducir el uso de estos productos. Sin embargo, a pesar de la disponibilidad de datos científicos independientes y el hecho de que los ciudadanos son conscientes de sus efectos nocivos, sigue aumentando su uso, y son el campesinado, los consumidores y el medio ambiente los que sufren las consecuencias.

El campesinado es la víctima de un sistema que se basa en decisiones calamitosa: ‘ganancias a cualquier precio’, alimentos más y más baratos, libre comercio, competencia económica… Ante la reducción de los márgenes y la creciente competencia en el mercado, se alienta al campesinado a garantizarse un ingreso asegurando la productividad de su explotación y aferrándose al sistema productivista que favorece máquinas cada vez más potentes, superficies cada vez mayores, más insumos de combustibles fósiles y pesticidas. Por lo tanto, se ven obligados a aplicar grandes cantidades de productos en sus campos, matando su suelo, poniendo en grave peligro su salud y la de las poblaciones circundantes y amenazando la biodiversidad.

¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Cuáles son las causas y los efectos del uso de pesticidas? ¿Cuáles son las soluciones alternativas?

Descargue el documento (PDF) a continuación:

BASTA DE PESTICIDAS (6,47 MB)

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Documentos/!Basta_de_pesticidas

 

 

d) Vemos que el modo capitalista de producción se desarrolla envenenando a todos los pueblos y la Madre Tierra. Pero también hallamos la resistencia a este sistema de exterminio de la vida planetaria y de genocidios.

 

 

 

Paraguay: Declaración del X Congreso Nacional de la Organización de Lucha por la Tierra

28 de mayo de 2018

"Este panorama refleja el avance de un modelo de producción extractivista, depredador de los recursos naturales, de concentración de tierras, donde el “desarrollo” pasa por el exterminio de nuestros recursos naturales, la profundización de la pobreza, la extranjerización de las tierras, con consecuencias directas como la desigualdad, atropello permanente a derechos básicos y criminalización de las luchas sociales".

Con los resultados de las elecciones del 22 de abril, el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo se consolidan con un proyecto económico, social, político y cultural excluyente, sobre todo para las familias campesinas, familias sin tierras, familias indígenas, que apuestan a la vida, la cultura y la agricultura en el campo.

La administración de Mario Abdo Benítez tiene en su propuesta de gobierno la continuidad de los proyectos de exclusión de la clase trabajadora, que Cartes ha impulsado en los últimos 5 años, consolidándolos a partir de políticas públicas para defender intereses de la oligarquía nacional, de empresas transnacionales, de ganaderos, sojeros, latifundistas, sectores mafiosos, entre otros.

   

Este panorama refleja el avance de un modelo de producción extractivista, depredador de los recursos naturales, de concentración de tierras, donde el “desarrollo” pasa por el exterminio de nuestros recursos naturales, la profundización de la pobreza, la extranjerización de las tierras, con consecuencias directas como la desigualdad, atropello permanente a derechos básicos y criminalización de las luchas sociales.

Ante ello, es fundamental que las organizaciones campesinas, organizaciones indígenas asuman las tareas de recuperación y defensa del territorio campesino e indígena, por lo cual hay que plantear y ejecutar la recuperación de las tierras malhabidas a partir de las ocupaciones directas, movilizaciones permanentes como una responsabilidad política e histórica de todas las fuerzas sociales, democráticas y populares de nuestro país.

De esta manera, los delegados y delegadas del décimo Congreso Nacional de la OLT resuelven:

1. Profundizar la toma de tierra a partir de las ocupaciones, lucha permanente para la confrontación al agronegocio y el extrativismo.

2. Retomar las movilizaciones permanentes para enfrentar al modelo neoliberal, excluyente, depredador, instalado en el Estado.

3. Recuperar las derecheras usurpadas por los sojeros en los diferentes departamentos y distritos.

4. Organizar la producción de alimentos sanos y combatir los transgénicos en los asentamientos, comunidades campesinas.

5. Tomar como eje de lucha la defensa y fortalecimiento de la producción agroecológica en las comunidades campesinas.

6. Fomentar el procesamiento de la producción agropecuaria campesina desde el enfoque agroecológico.

7. Luchar contra las violaciones de los derechos ambientales y contra la legislación que promueva la degradación de los recursos naturales, ambientales que profundizan el cambio climático.

8. Consolidar los espacios de formación política, técnica y de educación popular que acompañen la lucha del campesinado en los diferentes departamentos y distritos.

Por último, saludamos la constitución de la Dirección Nacional con compañeros y compañeras electas en los departamentos, que durante los próximos dos años tendrá en la vocería a Gaspar Florenciano y Marta Figueredo, militantes jóvenes construidos desde las tareas de nuestras bases.

Eusebio Ayala, 23 de mayo de 2018

Por la Reforma Agraria Integral,

la soberanía alimentaria, para un Paraguay con igualdad y justicia social

CLOC - Vía Campesina

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Chiapas

Intercambio de experiencias comunitarias

en resistencia no violenta frente al extractivismo.

31 de mayo de 2018

 

 

Por Xicoténcatl (Rebelión)

La cita fue en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, al pie de la montaña que conserva restos de un antiguo asentamiento maya, conocida como Moxviquil. El día 23 de mayo llegaron activistas de Chile, de Perú, Colombia, Paraguay y Guatemala. La representación mexicana con la presencia de mujeres del Istmo de Oaxaca y del Comité para la Defensa de la Vida “Samuel Ruiz” de Chicomuselo, Chiapas, así como una representación de dos concejales del Congreso Nacional Indígena, CNI, de la Región Costa de Chiapas, organizados en el Frente Cívico Tonalteco (Tonalá).

La organización Pax Christi Internacional quiere fortalecer una Red latinoamericana de organizaciones y comunidades que resistan la actividad depredadora de las empresas mineras, construcción de represas hidroeléctricas y de centrales termoeléctricas, así como la extracción de petróleo y la construcción de gaseoductos. La propuesta es acompañar los procesos con una estrategia integral que implica trabajar los aspectos jurídicos, económicos, mediáticos y la incidencia política como herramienta ciudadana de participación y de influencia para poder presionar a las corporaciones internacionales y a los gobiernos que les ponen la mesa. Así mismo impulsar la formación de militantes comprometidos en la multiplicación de talleres para difundir la estrategia no violenta y dar a conocer los pasos para enfrentar las agresiones contra las comunidades y pueblos. La convivencia durante tres días mostró que, aunque el enemigo es común, cada resistencia cuenta con características propias, aporta ideas diferentes en función de los peculiares elementos culturales y del grado de conciencia o dinámicas de organización.

 LA NO VIOLENCIA FRENTE AL PODER 

 Antes que nada, aclarar que la no violencia es una forma de resistencia popular que ha existido en todo tiempo y lugar, más allá de la imagen gandhiana y estereotipos similares, muchas veces útiles y funcionales al mismo sistema capitalista. Es una opción de lucha que tiene los mismos riesgos que la opción violenta, además de que no necesariamente son excluyentes. En palabras de Martha Inés Romero, representante de Pax Christi para América Latina, se trata de realizar acciones políticas no violentas desde el enfoque de transformación de conflictos. Para Martha Inés, la no violencia implica reflexionar en varios aspectos: 

 

- Es una construcción colectiva que parte del individuo. 

 

- Sistematización, planificación, organización. 

 

- Implica construcción de paz en ambientes de conflictos o de injusticias o concentración de riqueza y que implica construir como colectivos acciones políticas no violentas para transformar situaciones injustas. 

 

- La propuesta no violenta se basa en que es necesario persuadir, expresándose de manera creativa pero contundente contra la violencia, de una manera organizada y, esto necesita ciudadanía, organización y luchar contra la “desesperanza aprendida”. Tener la certeza de que podemos cambiar situaciones injustas desde nuestro poder ético y poder ciudadano.

Cabe aquí decir que la expresión “poder ciudadano” podría sustituirse por poder popular, máxime en el contexto latinoamericano donde la categoría ciudadano está reservada a una minoría que tiene acceso, por el poder del dinero, a la justicia, a la educación o a disfrutar de los bienes básicos para una vida con los derechos elementales garantizados. 

 

Muchas dudas sobre la estrategia no violenta surgen en los casos concretos de Colombia y México, donde los gobiernos imponen la violencia políticamente organizada y los poderes judicial ejecutivo y legislativo están entrelazados e incluso participan activamente en las filas del narcotráfico.

Una lucha destacada de los movimientos no violentos es la del desarme y el antimilitarismo, pero es necesario hacer análisis inteligentes y con propuestas reales que, necesariamente pasan por diferentes fases y han de señalar con claridad a los responsables del complejo militar industrial estadunidense que marca el paso de una “lógica” de creciente rearme y militarización hasta llegar a la locura de la teoría de disuasión nuclear conocida como MAD (destrucción mutua asegurada). Campañas contra la guerra o por la Paz Mundial sólo abonan a ejercer el papel de tontos útiles, como señalaban en la década de los setenta los líderes de la ex Unión Soviética, en referencia a los movimientos pacifistas europeos de la época.

La lucha por la vida y el territorio es acompañada por la conciencia de que somos parte de un planeta vivo y de que esta idea es contraria al modo consumista de vida Occidental, que ahora ya es, también, Oriental. Los señores de la Guerra del Régimen estadounidense están siendo derrotados, pero el nuevo centro de poder orientado hacia la región Asia-Pacífico, con centro en China, necesita inmensos recursos minerales para sus diferentes Rutas de la Seda. América Latina está en riesgo de seguir siendo una tierra de sacrificio por el nuevo poder hegemónico. Para posicionarse con personalidad propia en este siglo donde la revolución es la inteligencia artificial y un comercio mundial interconectado en forma digital, los gobiernos latinoamericanos tendrían que eliminar fronteras y crear los organismos de cooperación económica y política que posicionaran con forma y expresión propia un continente hoy fracturado y dependiente. Fue el proceso que inició el comandante Hugo Frías Chávez, militar venezolano, que pagó con su vida el proyecto de Unidad Latinoamericana con repercusiones en otros continentes. Pero eso son procesos que, en la actualidad, no están al alcance de los pueblos. Al alcance de los pueblos está organizarse y coordinar esfuerzos, difundir ideas, denunciar, crear redes de apoyo y redes de información donde el Poder del dinero escuche que nosotros decimos NO!. Para eso se reunieron al pie del cerro de Moxviquil activistas de seis países americanos.



PARAGUAY: Mujeres que nos compartieron sus cinco años de lucha por la tierra, enfrentando represión, emboscadas y querellas judiciales. Barbero Kue es un territorio al norte de Paraguay que defienden un millar de familias contra la pretensión del gobierno de arrebatárselas para destinarlas a la producción masiva de soja y carne de exportación. En Paraguay, por ley, los propietarios de tierras por cada 20 hectáreas que posean, han de “donar” diez al Estado. El nombre de Barbero Kue está ligado al hijo de inmigrantes italianos Andrés Barbero (1877-1951). En 1933 fue ministro de Economía. Andrés Barbero compró la finca de más de 17 mil hectáreas con la intención de que allí se instalaran las familias italianas empobrecidas por la dictadura de Mussolini y la posterior guerra mundial. Con el tiempo se fueron instalando hasta 1,500 familias para trabajar las tierras que, oficialmente, eran propiedad del gobierno italiano. Fue hasta el año 2012 que el entonces presidente de Paraguay, Fernando Lugo, firmó un Acuerdo de cooperación con Italia, por el que las tierras pasaban a manos de los campesinos allí instalados y sujetos a la reforma agraria.

CHILE: Seis zonas saturadas por contaminación a lo largo de los cuatro mil kilómetros de longitud del pais andino. En las playas hay metales pesados, como consecuencia de la actividad día y noche, durante todo el año, de las numerosas centrales termoeléctricas. Ciudades donde no existe la noche por la iluminación artificial y una nube de materiales tóxicos y metales pesados agobia y enferma a sus habitantes. Los derrames en la bahía de Quintero han destruido la economía campesina. El Consejo de Defensa de los Queñes defiende los humedales y las playas. Están organizados en el movimiento Patagonia sin represas.

PERÚ: Conocimos de la lucha de los pueblos aymaras, uros y quechuas en la región Puno, contra las concesiones mineras. Hay concesiones hasta en las zonas arqueológicas. Mercurio, cadmio, arsénico y plomo, son ya los elementos naturales en los ríos de la región. El Colegio de abogados de Puno se ha pronunciado por la reformulación integral de la legislación minera en beneficio del estado nacional, depurando el modelo primario exportador y distribuyendo equitativamente los beneficios tributarios en distritos, provincias y regiones. La reformulación integral de la legislación ambiental, haciendo prevalecer los intereses nacionales, el respeto por un medio ambiente sano y equilibrado, sustentado en los principios de precaución y prevención. Pleno respeto por el pronunciamiento de comunidades campesinas en la declaratoria de zonas de no admisibilidad de concesiones y operaciones mineras de exploración y explotación. Declarar la imprescriptibilidad de los delitos de impacto ambiental. Solicitar al gobierno dejar en forma inmediata, sin efecto, la intervención militar en la zona en conflicto.

COLOMBIA: El presidente Juan Manuel Santos ya marcó el destino y la ruta de millones de colombianos-as cuando dijo: “La locomotora minera es el eje de Colombia”. El pais está organizado desde el poder en 202 bloques mineros, 70% del territorio está concedido a las empresas mineras. Primer productor de carbón en América Latina y segundo exportador mundial de esmeraldas. Las empresas inversionistas proceden de Canadá, Estados Unidos, Reino Unidos, España y Suiza. La pequeña población de Doima, en el departamento de Tolima fue la primera que puso un alto a la depredación minera en Colombia. Un domingo de junio del 2013 la gente se organizó para efectuar un referendum. El resultado abrió las compuertas de la lucha antiminera en Colombia: 3007 votantes de los que 2971 expresaron con un NO su rechazo a las mineras; 24 votos a favor. El megaproyecto minero de La Colosa fue derrotado. Reservas de oro por 35 millones de onzas, la décima a nivel mundial. La experiencia se repitió a 80 kilómetros de distancia, en Cajamarca, en marzo del 2017. Esta vez la derrotada fue la empresa multinacional sudafricana AngloGold Ashanti. Dos meses después fue el turno de un pueblo del departamento de el Meta, Cumaral, contra la extracción de petróleo. El activismo y la resistencia proliferaron con más de 40 consultas populares en los meses siguientes. Una juventud entusiasta y creativa está empezando a descarrilar la locomotora minera de Santos y sus narcoferroviarios.

GUATEMALA: 6 años de resistencia en La Puya y Santa Rosa. Oro y plata en el ojo de la codicia. Treinta minerales, algunos en la clasificación de tierras raras. Un ejemplo de la venta del pais a precios de saldo es el de la mina Marving. El año pasado la mina Marving extrajo 270 toneladas de plata... sólo declaró 70 al gobierno guatemalteco. El 2 de marzo del 2012 la gente cerró la entrada de la mina canadiense Kappes Cassiday Associates (KCA) y se declaró en resistencia pacífica. En una primera fase los activistas sufrieron las amenazas y el acoso de grupos enviados por militares que tienen intereses en el negocio. En una segunda fase la empresa pretendía entregar computadoras en las escuelas y repartir mochilas a los niños, que rechazaron el soborno. Destaca la participación de las mujeres en las comunidades de El Carrizal, la Laguna, San Antonio el Angel y el Dulce. Han sorteado acusaciones de secuestro, detención ilegal, coacción y amenazas. El activismo de las mujeres principalmente, consiste en talleres de concientización amenizados con teatro, pintura y otras actividades.

MÉXICO: Presencia de mujeres del Istmo de Oaxaca que se oponen a la construcción de gaseoductos y a los trabajos que, de manera discreta, pretenden conectar Salina Cruz con Coatzacoalcos. Este es un vieja idea que ya se proyectó durante el porfiriato y que conectaría el Pacífico con el Atlántico, por la parte más estrecha del Istmo, en lo que se conoce como corredor transístmico contemplado en las cinco Zonas Económicas Especiales que cuentan con una inversión en 10, 15 años, de 36 mil millones de dólares. Las compañeras que nos visitaron en el encuentro nos remitieron al video: “Por la tierra vivimos, minería en México” .
https://www.youtube.com/watch?v=S9W2-y32zOw

 

CHICOMUSELO, Chiapas. MUNICIPIO DE ALTO RIESGO 

 

Este municipio fronterizo con Guatemala ha destacado por el activismo y la resistencia contra la actividad minera de la empresa canadiense BlackFire, consiguiendo detener la minería a cielo abierto en la zona. En la plaza de Chicomuselo fue asesinado en el 2009 Mariano Abarca Roblero, activista en defensa del territorio. Actualmente las compañeras-os del Comité para la Promoción y la Defensa de la Vida “Samuel Ruiz” y la parroquia de San Pedro y San Pablo, con el padre Eliazar como figura destacada, enfrentan los inicios de un proceso de militarización de su territorio con la reciente construcción a pocos minutos de Chicomuselo, en el predio Piedras Blancas, de un extenso cuartel militar con campo de entrenamiento y unidades habitacionales para un Batallón del Ejército Federal (alrededor de 600 soldados). Y ya sabemos por la experiencia de Ciudad Juárez en el Norte, Tamaulipas Guerrero y Michoacán, lo que pasa cuando el ejército mexicano llega a las poblaciones... se dispara la violencia políticamente organizada, y en consecuencia también la inseguridad y las desapariciones de personas en general y de líderes sociales en particular. Para el primer ejemplo inicial, el pasado 11 de mayo, fue acribillada a balazos una camioneta marca Renault en el tramo conocido como el Chilar, a pocos kilómetros de Chicomuselo. Fallecieron las cuatro personas que iban a bordo; se trataba de una mujer de profesión contadora y de un capitán del ejército en situación de retiro. Un capitán en activo y el chofer. Minutos antes habían retirado varios millones de pesos de un banco en Frontera Comalapa. El incidente ocurrió horas después de que el gobierno del Estado anunciara un operativo para dar mayor seguridad en las carreteras de Chiapas. (Ver nota en Chiapas Paralelo)https://www.chiapasparalelo.com/noticias/chiapas/2018/05/emboscada-en-chimomuselo-deja-dos-militares-y-dos-civiles-muertos/

 

El domingo 27 de mayo la parroquia de Chicomuselo emitió un comunicado a raiz de celebrar el Día de la Unidad, donde resalta la división en el pais por intereses políticos y económicos, promovidos desde las organizaciones sociales y las empresas. Los partidos políticos aprovechan la marginación de los pobres para condicionar su voto, solo les interesa el poder y no la vida del pueblo. La situación local y nacional no mejora, proliferan las cantinas y la venta de drogas, prostitución, falta de administración de justicia por parte del estado. Hay grupos y comunidades enteras que están haciendo justicia por su propia mano. El comunicado denuncia la militarización en la frontera sur con la excusa de contener los flujos migratorios, la Ley de Seguridad Interior que es un aval de imñpunidad para las fuerzas Armadas, Ejército Federal y Marina. La insistencia de diversas empresas para el saqueo del territorio mantiene a las comunidades atentas ante cualquier agresión. 

 

La negligencia de las instituciones, los intereses políticos y económicos, las reformas constitucionales, los tratados internacionales que nuestro país ha celebrado con países poderosos, facilitan el proceso para que las empresas trasnacionales se apropien del aire, del suelo, del subsuelo y de la vida misma de las comunidades, generando resentimiento en los habitantes que intentan defenderse de estos atropellos. 

 

La falta de empleo, el aumento al precio de la gasolina, la energía eléctrica, y todo lo relacionado con la canasta básica y los precios bajos de los productos del campo genera más descontento en las comunidades, esta es la política del gobierno y las empresas para que los campesinos abandonen sus tierras y las grandes empresas aprovechen esta debilidad para ocupar el territorio de nuestros pueblos. 

 

Apoyamos y saludamos al Movimiento en Defensa de la Vida y el Territorio (MODEVITE) En las parroquias de Chilón y Sitalá de la zona tzeltal, de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, quienes han decidido como pueblo, caminar sin la intervención de partidos políticos y en adelante gobernarse bajo el gobierno comunitario, por lo tanto, son bienvenidas todas las iniciativas que buscan la transformación del municipio, estado y país con una estructura y un modelo económico y político propio. 

Reconocemos que sólo con la unidad y la participación activa y responsable de todos y todas lograremos la transformación de nuestra sociedad, por lo tanto hacemos el llamado a todos y todas como lo exhortan en su carta nuestros obispos de Chiapas a participar activamente en la construcción de la verdadera democracia que nuestro país necesita.

Las últimas actividades del INTERCAMBIO DE EXPERIENCIAS COMUNITARIAS en San Cristóbal de las Casas, fueron una visita a la comunidad tseltal de Cancuc, organizada en el Movimiento en Defensa del Territorio, MODEVITE, y a la II fase de construcción de la represa hidroeléctrica de Chicoasén, a pocos kilómetros de la capital del estado, Tuxtla. El sábado 26 fue día de convivencia visitando la zona arqueológicas de Toniná, a dos horas de San Cristóbal en dirección Ocosingo.

En el museo de Toniná llama mi atención un escrito: LOS SOLES MUERTOS. 
Primero dominan las deidades de la guerra, después los dioses de la agricultura. Continúan las deidades del intercambio y, finalmente, las de la muerte y el tributo que se quedan con todo. Hasta que los tiranos son nuevamente derrotados por el jaguar de la guerra, que inicia nuevamente el ciclo.

Moxviquil, San Cristóbal de las Casas, Chiapas. 29 de mayo 2018.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=242258

 

En consecuencia, el capitalismo lleva a cabo guerras( extinción de la vida planetaria y genocidios) contra los pueblos y la Madre Tierra para el lucro incesante de la alianza de oligopolios y estados imperialistas con los locales. Aunque se valore como tibias las políticas de gobiernos K, lo documentado es su promoción de extractivismos( como creación del Ministerio de Ciencias, Tecnologías e innovación productiva, el Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial 2010-2020, su esfuerzo por promulgar la ley Monsanto de semillas, etc.) y por tanto hicieron a la maximización de la concentración y transnacionalización económica territorial a costa del empobrecimiento estructural tanto del país como de sus pueblos. Sobre todo precisamos destacar la criminalidad de lesa humanidad no sólo del poder económico e imperialista sino también de gobiernos, estados y sistema político.

 

La obediencia debida y/o involucramiento de los científicos e intelectuales en este proyecto de desaparición forzada de pueblos originarios, comunidades campesinas y pueblos de las oficializadas como "zonas de sacrificio" implican ante todo colonialidad del saber/poder y racismo. Han naturalizado la lógica del Capital y son protagonistas en la imposición de:

 

Monsanto-Bayer y la "ciencia" transgénica

14 de abril de 2018

 La adquisición de la megaempresa transgénica Monsanto por la vieja fabricante de venenos y farmacéuticos Bayer fue aprobada en marzo de este año por la Dirección General de Competencia de la Unión Europea y la semana pasada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Quedan así solamente cuatro megaempresas que tendrán entre ellas más de 60 por ciento del mercado global de semillas comerciales, 100 por ciento del de semillas transgénicas y más de 70 por ciento del mercado global de agrotóxicos. 

Por Silvia Ribeiro.

La adquisición de la megaempresa transgénica Monsanto por la vieja fabricante de venenos y farmacéuticos Bayer fue aprobada en marzo de este año por la Dirección General de Competencia de la Unión Europea y la semana pasada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos.

Aunque falta la aprobación de otros países, estas decisiones marcan la consolidación de la última de las megafusiones de las industrias de semillas y agrotóxicos que comenzó en 2015. Las otras fueron la de las trasnacionales estadunidenses Dow y DuPont, que formaron una nueva división agrícola para sus negocios de semillas y agrotóxicos llamada Corteva Agrisciences y la de la trasnacional de origen suizo Syngenta con la empresa nacional de ChemChina, que planea fusionarse además con Sinochem, otra estatal china.

 

Las oficinas de competencia consideraron que las tres fusiones eran problemáticas, pero especialmente la de Monsanto-Bayer. Para aprobar las fusiones, plantearon a todas que debían deshacerse de parte de sus negocios "para evitar el dominio del mercado", una expresión a todas luces retórica y sin sentido real.

En efecto, quien ha cosechado las actividades de las que se han ido desprendiendo las otras empresas ha sido BASF, otra rancia trasnacional alemana fabricante de venenos químicos.

 

Bayer accedió a vender a BASF su negocio de semillas y una parte del negocio de agrotóxicos, especialmente glufosinato, ya que varias de sus semillas transgénicas son tolerantes a este herbicida. Pero de ninguna manera abandona el terreno: seguirá con el negocio de semillas transgénicas y nuevas biotecnologías –como CRISPR-Cas9– que tiene Monsanto, y agroquímicos aún más tóxicos como Dicamba, también de Monsanto.

 

Quedan así solamente cuatro megaempresas que tendrán entre ellas más de 60 por ciento del mercado global de semillas comerciales, 100 por ciento del de semillas transgénicas y más de 70 por ciento del mercado global de agrotóxicos. Las supuestas "condiciones" de las oficinas de competencia parecen más bien una broma, ya que en realidad engordaron a BASF, la única empresa de agrotóxicos y transgénicos que quedaba fuera de la ronda de fusiones que inició en 2015.

 

Otro motor de las fusiones ha sido acaparar el manejo de datos masivos (big data) agrícolas y climáticos. Por esta razón, Estados Unidos le planteó a Bayer que debía vender parte de sus activos en agricultura digital, cosa que finalmente Bayer accedió, pero manteniendo la licencia de uso de éstos. Básicamente, todas los probables movimientos que anunció el Grupo ETC desde 2015 sobre las fusiones se han cumplido. Sigue ahora la próxima ronda de fusiones, en la cual las empresas de maquinaria –como John Deere, AGCO y CNH– probablemente se tragarán a las cuatro anteriores, para pasar a tener control de todos los primeros eslabones de la cadena agrícola: semillas, agrotóxicos, maquinaria, datos agrícolas y climáticos, y seguros.

 

Este es el contexto real de las semillas transgénicas: cuatro empresas gigantes y sin escrúpulos, cuya fuente principal de lucro ha sido fabricar venenos, y todas con un historial negro de crímenes contra el ambiente y la salud, incluyendo catástrofes como el derrame químico en Bhopal, India, que mató a miles de personas y envenenó a casi medio millón.

 

Es un contexto que no se puede olvidar, no sólo porque son las mismas empresas y el mismo afán de lucro a cualquier costo, también porque significan una garra de acero cada vez más apretada sobre los mercados agrícolas en todo el planeta.

Cualquiera que defienda las semillas transgénicas sin referirse a este contexto está ocultando la realidad. No existen semillas transgénicas en el mercado que no sean propiedad de esas cuatro megaempresas. Es tan claro que su interés es la venta de agrotóxicos, que por ello la aplicación de éstos, sobre todo glifosato, ha crecido exponencialmente, más de mil por ciento en los pasados 20 años en los países donde se producen más transgénicos, como Estados Unidos, Argentina y Brasil.

Es por ello falaz y cínica la charla de Francisco Bolívar Zapata en el reciente seminario Los alimentos transgénicos a debate (UNAM, 11-13 abril), en la que afirma que el uso de transgénicos disminuye el uso de agrotóxicos. Se refiere en forma notablemente anticientífica a datos parciales para falsear conclusiones: asegura que el maíz transgénico Bt, usa menos herbicida que el convencional. Oculta decir que la cifra total de agrotóxicos (herbicidas, funguicidas, etcétera) en maíz de Estados Unidos aumentó con el uso de transgénicos y que las empresas de transgénicos ahora venden maíz Bt con tolerancia a herbicidas, con lo que el aumento de uso de agrotóxicos está asegurado.

 

En el mismo debate, Rosaura Ruiz, quien moderó la mesa, afirmó que disentir en ciencia es sano y que cada uno seguirá luchando por su posición. Por supuesto, la duda y el debate honesto es la base de la ciencia.

 

Pero para que eso sea válido la premisa debe ser que no se libere ningún transgénico al ambiente ni al consumo hasta que exista consenso sobre sus riesgos. De lo contrario, no es un debate científico, sencillamente se está usando a la población, la biodiversidad y la naturaleza como conejillos de Indias de cuatro megaempresas trasnacionales y unos cuantos científicos que se alquilan para ellas.

Fuente: http://www.anred.org/spip.php?article16406

Focalizan en el gobierno de Mauricio Macri pero eluden que ese alabado período de la ciencia en Argentina significó legitimación de los extractivismos.

Ciencia que contamina

14 de abril de 2018

 

 

Por Darío Aranda

Mundo Eco

 

 

El extractivismo minero, petrolero y transgénico cuenta con sectores científicos como socios y legitimadores. El Ministerio de Ciencia y el Conicet impulsan el agronegocio, el fracking y la explotación de litio.

Ciencia para qué. Ciencia para quién. ¿Para Bayer y Monsanto o para campesinos? ¿Ciencia para Barrick Gold o para los pequeños pueblos cordilleranos? El ministro de Ciencia, Lino Barañao, es un impulsor del agro transgénico y comparó al herbicida glifosato con “agua con sal”. El “Plan 2020”, diseñado durante el kirchnerismo y aún vigente, establece que el agronegocio es pilar fundamental del modelo científico local. Se suma la explotación petrolera y la minería de litio.

 

En 2009 Andrés Carrasco, director del laboratorio de embriología molecular de la UBA y ex presidente del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina), difundió una investigación que confirmaba que el glifosato -el agrotóxico más utilizado del país- producía malformaciones y era letal en embriones anfibios. Su trabajo, en un contexto de creciente denuncia a las fumigaciones, provocó un quiebre en el debate sobre las consecuencias del modelo agropecuario. Nunca antes, en Argentina, un científico de su talla se había animado a denunciar las consecuencias sanitarias del agronegocio.

 

Carrasco sufrió una embestida de las empresas de agrotóxicos, los medios de comunicación que promueven el modelo (Clarín y La Nación, entre otros) y también del kirchnerismo, impulsor del modelo transgénico. Lino Barañao fue la espada del Gobierno. Atacó al científico desde diversos espacios, pero dos notorios fueron del congreso anual de Aapresid (Asociación de Productores de Siembra Directa), impulsores de transgénicos, y en el programa de televisión de Héctor Huergo, director de Clarín Rural, lobista agropecuario. Pero la mayor defensa al herbicida Barañao la realizó en la radio de Madres de Plaza de Mayo: “El glifosato es como agua con sal”. Ningún funcionario kirchnerista lo cuestionó. Ya como funcionario de Mauricio Macri, lo volvió a defender en una entrevista en Clarín: “Con los antibióticos también hay mal uso y muertes, y nadie se queja”.

 

Conicet S.A.

El Conicet es el mayor ámbito de ciencia del país, con más de 9 mil investigadores. “El sector productivo, con un lugar en el Conicet”, tituló la revista Fortuna (dedicada al sector empresario) en marzo de 2017. Celebró el nombramiento de Graciela Ciccia en el directorio del Conicet.

Ciccia estaba al frente del área de Innovación del Grupo Insud, empresa de Hugo Sigman, multifacético empresario que posee desde laboratorios farmacéuticos hasta la editorial Capital Intelectual, el mensuario Le Monde Diplomatique, fue productor de la película Relatos Salvajes y es accionista del laboratorio Biogénesis-Bagó, dedicada a la biotecnología. Sigman es también accionista de Bioceres, que desarrolla semillas transgénicas, donde también tiene participación accionaria Gustavo Grobocopatel, “el rey de la soja”. Desde Bioceres desarrollaron una soja transgénica resistente a la sequía, proyecto dirigido por la científica Raquel Chan (investigadora del Conicet y directora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral).

La llegada de Graciela Ciccia al directorio del Conicet es una muestra más del poder del agronegocio en el mayor ámbito de ciencia del país. Ciccia, al igual que Sigman, son miembros fundadores de la Cámara Argentina de Biotecnología, donde participan todas las empresas que impulsan transgénicos y agrotóxicos.

 

Petróleo y minería

“Modelos de desarrollo en la era de la información: globalización, tecnología y empresa red”, fue el título de la “conferencia magistral” que el sociólogo español Manuel Castells brindó junto a Barañao en marzo de 2016 en el Centro Cultural de la Ciencia de la Ciudad de Buenos Aires. Su exposición, de 90 minutos, tuvo variados momentos de celebración al extractivismo. El más explícito fue en el minuto 67: “Dicen que Argentina es uno de los países con mayores reservas de petróleo del mundo. Tienen que hacer como Estados Unidos, darle duro al fracking y ya veremos qué pasa con los movimientos ecologistas”, propuso. A su lado, Barañao sonreía.

En junio pasado, el Ministro brindó una extensa entrevista a la “Revista Petroquímica. Petróleo, gas, química y energía”, patrocinada por empresas extractivas. Resaltó la importancia central que el Ministerio y el Conicet le dan a la actividad petrolera y minera, con fondos, investigadores y becarios. “Tenemos una participación muy directa a través de Y-TEC, la empresa creada entre YPF y el Conicet, donde existe un número importante de investigadores y becarios que están trabajando para resolver problemas del sector, que van desde el uso de fibra óptica para el monitoreo de la producción de petróleo bajo el método de fracking hasta el desarrollo de arenas para esa misma tecnología y de sustancias hidrofóbicas para separar crudo de agua”, señaló. Celebró el impulso a la explotación de litio y apoyó el desarrollo de la megaminería: “Estamos trabajando en lo que se ha dado en llamar minería inteligente, practicada en forma sustentable y sin los efectos ambientales asociados a la actividad. Sucede que el país no puede prescindir de la actividad minera”.

 

Periodismo extractivo

Diego Golombek es doctor en biología, investigador del Conicet y señalado por el establishment académico como uno de los mayores “divulgadores” de la ciencia. Director de la colección “Ciencia que ladra”, columnista del diario La Nación y autor de una decena de libros. Nunca cuestiona el extractivismo. Al contrario. Una muestra: en agosto de 2015 participó de una disertación (“La ciencia al servicio del agro”) organizada por la empresa de agrotóxicos Rizobacter.

“Al haber estudiado una carrera científica, al trabajar en un laboratorio, uno de los destinatarios principales es el área productiva. Y si en Argentina hablamos de producción es igual a campo, el campo tecnológico, no el campo tradicional y artesanal”.

Junto a Héctor Huergo (de Clarín Rural) y a Beatriz “Pilu” Giraudo (Aapresid), fue peyorativo con la agricultura campesina y celebró al agronegocio. “El campo era sólo plantar y ver qué pasaba. Pero las innovaciones tecnológicas (transgénicos) produjeron una revolución en el campo. Lo que hace que el campo pueda seguir siendo la base de sustentabilidad del país. Si se hubiera quedado en el campo familiar, de peones, no hubiera durado ese modelo”. Golombek también es funcionario. Es el responsable del Programa Nacional de Popularización de la Ciencia y la Innovación (del Ministerio de Ciencia).

 

El modelo

Cristina Fernández de Kirchner anunció por cadena nacional en 2013 el “Plan Argentina Innovadora 2020” (conocido en el ámbito científico como “plan 2020”). Estaba junto a Barañao en el escenario. “El Estado desarrolla la ciencia y la tecnología para agregar valor a la producción de Argentina”, afirmó la Presidenta. Lino Barañao explicó la política científica: “Durante años la situación de los cerebros era más vergonzosa que la del petróleo, regalábamos cerebros en pie sin obtener nada a cambio. Hoy recuperamos un capital intelectual que estaba en el exterior y que vuelve con más conocimientos. La ciencia y la tecnología son el motor del desarrollo y de la prosperidad”.

 

Entre los ejes principales del plan científico sobresalen la biotecnología (base del agronegocio) y la nanotecnología (manipulación de la materia en la escala de un nanómetro, la milmillonésima parte de un metro, que si bien ofrece oportunidades para la sociedad también conlleva profundos riesgos sociales y ambientales, no solo porque potencia a la biotecnológica, sino también porque incluye manipulación atómica). “Las tecnologías se aplicarán en distintos sectores socio-productivos y en entornos territoriales determinados, a fin de generar ganancias cualitativas significativas”, precisó la gacetilla del Ministerio de Ciencia. Entre las actividades destacadas figura el agro y la energía.

 

Como logro de la gestión también destacaron la creación de la ya mencionada Y-TEC, alianza entre YPF y el Conicet que impulsa nuevas formas de explotación petrolera y la minería de litio (muy cuestionada por sus consecuencias sociales y ambientales, además de violar derechos indígenas en Jujuy y Salta). El Grupo de Gestión de Políticas en Ciencia y Técnica (espacio autoconvocado conformado por una veintena de académicos) cuestionó el Plan 2020, aunque no por su perfil extractivista. “Las políticas aplicadas en los últimos años han sido, esencialmente, orientadas a apoyar al sector privado, aunque éste no ha dado las respuestas esperadas”, cuestionó en octubre de 2013.

 

Recordaron que desde el ministerio conducido por Barañao había prometido que, con años de ayuda estatal, la inversión privada en ciencia pasaría del 30 al 50 por ciento (entre 2006 y 2010). Pero nada de eso sucedió. El nuevo plan fijó que ese aumento estará en 2020. “A pesar de venir tropezando con la misma piedra desde hace años, se sigue insistiendo, inexplicablemente, al sector privado para que articule con el sector público para el desarrollo de sus proyectos. Es un fracaso atribuible a que se apoyaron en un sector que no movió el amperímetro de la inversión en diez años”, sentenció el Grupo de Gestión de Políticas en Ciencia y Técnica.

 

Kirchnerismo

Roberto Salvarezza llegó a la presidencia del Conicet de la mano de Lino Barañao, que se lo propuso a inicios de 2012. Acompañó todas las políticas impulsadas por el Ministro pero no continuó al asumir Macri. Dejó la dirección del Conicet y comenzó a cuestionar a Barañao, con especial eje en el ajuste que implementó el Gobierno (con más de 500 investigadores fuera de la carrera científica).

Salvarezza tuvo directa relación en la negativa de promoción de Andrés Carrasco (forma de castigo por haber denunciado las consecuencias del glifosato). “Al Presidente del Conicet (Salvarezza) le cabe toda la responsabilidad de haber firmado la resolución que niega mi promoción. Ni siquiera echó una mirada sobre cómo fue el procedimiento. Él sabe que al firmar convalidó la injusticia”, denunció Carrasco semanas antes de fallecer. Durante su gestión al frente del Conicet, Salvarezza impulsó que la biotecnología sea política de estado, al igual que el apoyo a investigadores para fracking y minería (incluida la creación de un instituto para explotación de litio en Jujuy).

Salvarezza encabezó la lista de diputados del kirchnerismo en las últimas elecciones. Cuestiona a Barañao y al ajuste, pero acuerda con el modelo científico.

 

Voces

Mirta Varela es investigadora del Conicet y de la Universidad de Buenos Aires. Días antes de la votación presidencial de 2015 (cuando diversos académicos llamaban votar a Daniel Scioli) escribió una dura crítica sobre el modelo científico, que le provocó advertencias en un clima polarizado. Varela, lejos de callarse, amplió en una entrevista: “Es de una enorme irresponsabilidad no ver las consecuencias de fomentar este modelo de ciencia. Entrás a la página del Conicet y son públicos los convenios. Son claras las políticas de muchísimos recursos para el modelo transgénico y, en los últimos años, con YPF y el fracking. Y claro que dejan de lado los grandes cuestionamientos que tienen esas actividades. Es de una enorme irresponsabilidad no ver las consecuencias de fomentar este modelo de ciencia. Los científicos ya no pueden negar los efectos de los agroquímicos, las enfermedades, las transformaciones en la sociedad, migraciones, la tierra en pocas manos. No hay peor ciego que el que no quiere ver”.

 

A Varela le pareció positivo y apoyó el aumento de presupuesto durante la gestión kirchnerista, pero también reconoció que incidió en la ausencia de postura crítica. “Así se explica que el ministro Barañao diga que los agroquímicos son como antibióticos, una barbaridad, y ningún científico le salga al cruce. Eso demuestra que estamos en problemas”, afirmó. Y apuntó a las responsabilidades individuales: “Si los científicos contribuyen a producir conocimiento que permite el extractivismo, les cabe toda la responsabilidad de las consecuencias ambientales y sociales que sus dichos o prácticas puedan acarrear”.

 

Maristella Svampa, socióloga, investigadora y docente universitaria, es reconocida por su trabajo sobre extractivismo y acompañar a asambleas socioambientales. En noviembre de 2016 recibió el Premio Konex de Platino por su trabajo académico. Y en su discurso apuntó al modelo científico y universitario. “Vivimos un mundo cada vez más brutal, más complejo y desigual, en el cual dominan las grandes corporaciones, las que en alianza con los diferentes gobiernos han penetrado fuertemente el sistema científico, académico y tecnológico (…) Existe un persistente intento de colonización del discurso público y de apropiación de la ‘ciencia’, basado en la idea de que sólo es ‘científico’ aquello que es afín o funcional a los modelos dominantes, mientras que las visiones que cuestionan dichos modelos son marginadas o en el límite, descalificadas y acusadas de ‘falta de cientificidad'”.

 

Svampa cuestionó el uso de agrotóxicos, el fracking y la megaminería. Rechazó la sumisión del ámbito científico y la universidad pública a las empresas, y afirmó que el desafío es generar “un saber experto riguroso e independiente, con compromiso social, en una perspectiva de bienestar y de cuidado de las personas y los territorios, que piense en el mediano y largo plazo, y que tenga la dignidad de colocarse por encima tanto de los oficialismos de turno como de los intereses del poder económico”.

http://mundoeco.org/2018/02/22/ciencia-que-contamina/

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=240306

 

 

Observemos cuál es la importancia de los científicos comprometidos con la sociedad y la naturaleza. Alertémonos, además, sobre la gravedad de la ocupación económica territorial del sistema global de agronegocios que desde 1996 por Felipe Sola (Partido Justicialista) se expande en forma continua hasta hoy como democracia.

 

 

Argentina: Científicos de la UNLP advierten que

el glifosato está en todos lados.

5 de junio de 2018

 

Investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata advierten que los residuos de este peligroso herbicida con potencial carcinogénico están presenten, en diferentes concentraciones, en la lluvia que cae en el centro de nuestra ciudad, en el algodón, gasas, peces, en las lagunas bonaerenses, en distintos alimentos que consumimos, en todo nuestro sistema ambiental.

 

El glifosato es un herbicida de amplio espectro, desarrollado para la eliminación de hierbas y de arbustos. Tiene efecto por contacto con las hojas y algunos estudios proponen su traslocación desde las raíces. El uso de este herbicida es objeto de controversia desde el punto de vista toxicológico y ambiental.

Los argentinos tenemos una exposición continua y sostenida a este compuesto y a otros tantos plaguicidas. Existen relevamientos en niños en zonas fumigadas donde se ha demostrado el daño genético respecto a un grupo control, el que ha sido asociado con la exposición a plaguicidas. Particularmente, el glifosato ha sido asociado a Linfoma no Hodgkin, en aplicadores en Estados Unidos.

Damián Marino, científico del Centro de Investigaciones del Medioambiente (CIM), un organismo de doble dependencia UNLP-Conicet, remarcó: "el glifosato es una molécula muy pequeña que tiene la función de ser un herbicida generalista porque no discrimina, sino que mata todo aquello que sea verde a excepción de un organismo genéticamente modificado como la soja, el maíz o el algodón. Con el tiempo, algunas especies después de 20 años del uso de este compuesto comenzaron a hacerse resistentes, motivo por el cual debió aumentarse la cantidad del químico por hectárea".

 

Según Marino, "en los últimos 10 años entraron más de 1000 millones de litros de glifosato. Este número pone a la Argentina en el primer puesto a nivel mundial en la cantidad de uso de plaguicidas por habitante por año (10 litros de plaguicidas por habitante por año)".

 

Y detalló: "en las distintas muestras ambientales que se toman en nuestro país, se puede ver que el glifosato ocupa entre el 80 o 90 % de la carga másica total de plaguicidas de la muestra".

"Cuando arrancó hace 20 años el modelo de agroproducción extensivo en base a transgénico, se usaban en el país 3 litros de glifosato por hectárea por año. Hoy el promedio es de 15 litros de glifosato por hectárea por año, y en el caso del algodón hasta 40 litros por hectárea por año. Las dosis han ido aumentando porque ya no hacen el mismo efecto que hacían al principio y esto se debe a la resistencia que van generando las distintas especies", explicó el investigador.

Para Marino "cuando hablamos del modelo productivo tenemos que entender que se trata de un modelo de base química, el glifosato está destruyendo los distintos ecosistemas, produciendo una pérdida de la biodiversidad, ya que por ejemplo al eliminar determinada planta también se elimina la especie animal que depositaba sus huevos en esa planta, consecuentemente a la especie que se alimentaba de ese bicho, lo que provoca la destrucción de la flora y la fauna autóctonas".

El glifosato es un contaminante pseudopersistente en suelos, como se puede demostrar en el estudio realizado entre el CIM y el INTA, ello significa que en el ambiente no ha logrado degradar la cantidad que ingresa, y se acumula a razón de un miligramo por kilo por año.

Un estudio del CIM a nivel regional demostró que cuando llueve en el centro de la ciudad de La Plata, cae glifosato y otros herbicidas, asociados a la gota de lluvia. Esto se comprobó midiendo la concentración de este compuesto en distintos eventos de lluvia en el caso urbano de la ciudad.

Los investigadores del CIM también comprobaron que el glifosato está en la cuenca del río Paraná - Paraguay, tramo argentino, que es la más importante del país, tanto como fuente de provisión de agua para consumo humano, como asociada a distintas actividades productivas.

En esta cuenca, el herbicida está presente sobre todo en el tramo medio inferior en la zona que va dese la provincia de Santa Fe hasta la ciudad de Lujan en la provincia de Buenos Aires, que fue el último punto del monitoreo.

Los expertos del CIM encontraron hasta 8 miligramos por kilo (considerando el glifosato y su metabólito AMPA), en los sedimentos de fondo de los distintos ríos y arroyos que desembocan en el Paraná, una concentración de glifosato en el fondo de los ríos entre 2 y 4 veces superior al que se encuentra en promedio en un suelo cultivado con soja.

Y explicaron: "al fondo del río el glifosato llega por dos procesos: la escorrentía, cuando llueve todos los campos tienen pendientes que van hacia los ríos o arroyos, y el otro es el atmosférico, la erosión eólica sobre los suelos cultivados por lo que es altamente probable que los sedimentos de los ríos de la región pampeana tengan glifosato".

El investigador contó que en una de las investigaciones realizadas compararon entre las lagunas patagónicas y las lagunas de la provincia de Buenos Aires y quedó demostrado que en las primeras no hay glifosato y en las bonaerenses si, incluso en las lagunas de menor superficie se encontraba en mayor concentración respecto de espejos de agua de gran extensión.

El CIM también demostró que el glifosato está en el algodón que tenemos en el botiquín de una casa y en las gasas que se usan en los hospitales. La vía alimentaria es otra forma de exposición al herbicida, al consumir por ejemplo las verduras que provienen de campos trabajados con barbecho químico.

 

DATO SALIENTE

Hace unos meses, el Concejo Deliberante de Gualeguaychú, en la provincia de Entre Ríos, aprobó una ordenanza que prohíbe la comercialización y el uso del herbicida glifosato en todo el ejido urbano. El investigador de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP y del Conicet La Plata, Damián Marino, fue uno de los oradores más convincentes en el debate que precedió la sanción de la norma. El científico realizó distintas investigaciones que demuestran el preocupante nivel de contaminación que produce la aplicación indiscriminada del herbicida.

Universidad Nacional de La Plata Leer

 

 

Nos urge, entonces, incorporarnos a saber sobre presente e historia de la UAC desde 2006 y luego a situarnos en cómo contribuir a su multiplicación en el país-continente.

 

 

 

Prensa Unión de Asambleas Ciudadanas Informa

1 de Mayo de 2018

 

La Unión de Asambleas de Comunidades (UAC)*

en su 30avo encuentro en la Ciudad de Rosario,

en su lucha contra el extractivismo y ante los hechos recientes declara:

 

- Defensa irrestricta de la Ley de Glaciares. El Inventario y los glaciares inventariados no se tocan, abogamos y luchamos por que sea respetada, aplicada y ampliada.
No permitiremos que sea eliminado ningún glaciar.

 

- Un llamamiento a lxs científicxs a unirse a la Ciencia Digna, al servicio de la naturaleza y la sociedad, en tiempos en que el ministro Lino Barañao trata de dividir a la comunidad científica con falsos argumentos y estigmatización de luchadores socio ambientales, entre los que se encuentran muchxs científicxs.

 

- Rechazo a todas las actividades extractivas que están vulnerando los ecosistemas como la aplicación del fracking o fractura hidráulica en Mendoza y otros territorios, de manera ilegal, tratando de imponer la megaminería y el fracking además en Chubut y La Rioja, como soluciones a la creciente precarización de las condiciones de vida de los pueblos, la destrucción de las economías regionales y los tarifazos como un mandato de los grandes poderes, habilitando verdaderas zonas de sacrificio en nuestros territorios.

- Rechazo a los agronegocios y su modelo agroindustrial depredador de toda forma de vida con aplicación de agrotóxicos en la mayor parte de los territorios, con la consiguiente contaminación de los ambientes y la vulneración de la salud de los pueblos.

- Rechazo al Plan Nuclear Nacional y sus proyectos de instalación de nuevas plantas nucleares y a las megarrepresas, que provocan destrucción de ambientes, contaminación de aguas y desaparición de tierras fértiles, produciendo energía para los capitales y no para las poblaciones.

Este modelo extractivo con un Estado presente en la aplicación del saqueo, es el responsable de un ecocidio, entregando nuestras vidas, nuestra salud, nuestros ambientes, nuestro trabajo a las grandes empresas mediante la criminalización de la protesta y la judicialización de pobladorxs en los reclamos que surgen como respuesta y son la voz de los pueblos que se levantan contra el saqueo y la contaminación.

/////////////////

*Unión de Asambleas de Comunidades (UAC) Es el nuevo nombre aprobado por consenso en el plenario del Encuentro Nro. 30 en la Ciudad de Rosario. Por el momento los comunicados saldrán haciendo referencia al nombre anterior: Unión de Asambleas Ciudadanas que dejará de a poco paso al nuevo nombre.

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Comisión Prensa y Comunicación
UAC Unión de Asambleas Ciudadanas

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UAC Unión de Asambleas Ciudadanas Contra el Saqueo y la Contaminación
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NUEVO 2018 -->(Cuadernillo Sistematización Encuentros de la UAC -PDF-) -->https://goo.gl/7GXjqB

 

 

Descubramos cómo la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza de América Latina (UCCSNAL) Leer retoma la construcción de la democracia a la plebeya que impulsaron en distintas épocas y desde distintos países en contra de la burguesa. Esta última legitima dictaduras genocidas y la amenaza de extinción de la humanidad e incluso la progresista censura estigmatizando a disensos izquierdistas como destituyentes o funcionales a la derecha.  Estimemos:

 

 

 

I. Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria

del 21 de junio de 1918.

La juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de Sudamérica. Hombres de una República libre, acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cos as por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país con una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana. La rebeldía estalla

ahora en Córdoba y es violenta porque ahí los tiranos se habían ensoberbecido y era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contrarrevolucionarios de Mayo.

 

Las Universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y lo que es peor- el lugar donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las Universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer e! triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la ciencia, frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático. Cuando en un rapto fugaz abre sus puertas a los altos espíritus es para arrepentirse luego y hacerles imposible la vida en su recinto. Por eso es que, dentro de semejante régimen, las fuerzas naturales llevan a mediocrizar la enseñanza, y el ensanchamiento vital de los organismos universitarios no es el fruto del desarrollo orgánico, sino el aliento de la periodicidad revolucionaria.

Nuestro régimen universitario aún el más reciente- es anacrónico. Está fundado sobre una especie de derecho divino; el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La federación universitaria de Córdoba se alza para luchar contra éste régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes. El concepto de autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios no puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la sustancia misma de los estudios. La autoridad, en un hogar de estudiante, no se ejercita mandando sino sugiriendo y amando: enseñando.

Si no existe una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y de consiguiente infecunda. Toda la educación es una obra de amor a los que aprenden. Fundar la garantía de una paz fecunda en el artículo conminatorio de un conminatorio reglamento o de un estatuto es, en todo caso, amparar un régimen cuaternario, pero no una labor de ciencia. Mantener la actual relación de gobernantes y gobernados es agitar el fermento de futuros trastornos. Las almas de los jóvenes deben ser movidas por fuerzas espirituales. Los gastados resortes de la autoridad que emanan de la fuerza no se avienen con lo que reclaman el sentimiento y el concepto moderno de las Universidades. El chasquido del látigo sólo puede rubricar el silencio de los inconscientes o de los cobardes. La única actitud silenciosa, que cabe en un instituto de ciencia, es el del que escucha una verdad o la del que experimenta para creerla o comprobarla. Por eso queremos arrancar de raíz en el organismo universitario el arcaico y bárbaro concepto de autoridad que en estas casas de estudio es un baluarte de absurda tiranía y sólo sirve para proteger criminalmente la falsa dignidad y la falsa competencia.

 

Ahora advertimos que la reciente reforma, sinceramente liberal, aportada a la Universidad de Córdoba por el doctor José Nicolás Matienzo, sólo ha venido a probar que él era más afligente de lo que imaginábamos y que los antiguos privilegios disimulaban un estado de avanzada descomposición. La reforma Matienzo no ha inaugurado una democracia universitaria; ha sancionado el predominio de una casta de profesores. Los intereses creados en torno de los mediocres han encontrado en ella inesperado apoyo. Se nos acusa ahora de insurrectos en nombre de un orden que no discutimos, pero que nada tiene que ver con nosotros. Si ello es así, si en nombre del orden se nos quiere seguir burlando y embruteciendo, proclamamos bien alto el derecho sagrado a La insurrección. Entonces La única puerta que nos queda abierta a la esperanza es el destino heroico de la juventud. El sacrificio es nuestro mejor estímulo; la redención espiritual de las juventudes americanas nuestra única recompensa, pues sabemos que nuestras verdades lo son y dolorosas- de todo el continente. ¿Qué en nuestro país una ley se dice-, La ley de Avellaneda, se opone a nuestros anhelos? Pues a reformar la ley, que nuestra salud moral lo está exigiendo. La juventud vive en trance de heroísmo. Es desinteresada, es pura. No ha tenido tiempo de contaminarse. No se equivoca en la elección de sus propios maestros. Ante los jóvenes no se hace rito adulando o comprando. Hay que dejar que ellos mismos elijan sus maestros y directores, seguro de que el acierto ha de coronar sus determinaciones.

 

En adelante, sólo podrán ser maestros en la futura república universitaria los verdaderos constructores de alma, los creadores de verdad, de belleza y de bien. La juventud universitaria de Córdoba cree que ha llegado la hora de plantear este grave problema a la consideración del país y de sus hombres representativos. Los sucesos acaecidos recientemente en la Universidad de Córdoba, con motivo de la elección rectoral, aclaran singularmente nuestra razón en la manera de apreciar el conflicto universitario. La Federación Universitaria de Córdoba cree que debe hacer conocer al país , y a América las circunstancias de orden moral y jurídico que invalidan el acto electoral verificado el 15 de junio.

 

Al confesar los ideales y juicios que mueven a la juventud en esta hora única de su vida, quiere referir los aspectos locales del conflicto y levantar bien alta la llama que está quemando el viejo reducto de la opresión clerical. En la Universidad Nacional de Córdoba y en esta ciudad no han presenciado desórdenes; se ha contemplado y se contempla el nacimiento de una verdadera revolución que ha de agrupar bien pronto bajo su bandera a todos los hombres libres del continente. Referimos a los sucesos para que se vea cuánta razón nos asistía y cuánta vergüenza nos sacó a la cara la cobardía y la perfidia de los reaccionarios. Los actos de violencia, de los cuales nos responsabilizamos, se cumplían como el ejercicio de puras ideas. Volteamos lo que representaba un alzamiento anacrónico y lo hicimos para poder levantar siquiera el corazón sobre esas ruinas.

 

Aquellos representan también la medida de nuestra indignación en presencia de la miseria moral, de la simulación y engaño artero que pretendía filtrarse con las apariencias de la legalidad. El sentido moral estaba oscurecido en las clases dirigentes por un fariseísmo tradicional y por una pavorosa indigencia de ideales. El espectáculo que ofrecía la asamblea universitaria era repugnante. Grupos de amorales deseosos de captarse la buena voluntad del futuro exploraban los contornos en el primer escrutinio, para inclinarse luego al bando que parecía asegurar el triunfo, sin recordar la adhesión públicamente empeñada, el compromiso de honor contraído por los intereses de la Universidad. Otros los más en nombre del sentimiento religioso y bajo la advocación de la Compañía de Jesús, exhortaban a la traición y al pronunciamiento subalterno. (Curiosa religión que enseña a menospreciar el honor y deprimir la personalidad! Religión para vencidos o para esclavos!).

 

Se había obtenido una reforma liberal mediante el sacrificio heroico de la juventud. Se creía haber conquistado una garantía y de la garantía se apoderaban los únicos enemigos de la reforma. En la sombra de los jesuitas habían preparado el triunfo de una profunda inmoralidad. Consentirla habría comportado otra traición. A la burla respondimos con la revolución. La mayoría expresaba la suma de la represión, de la ignorancia y del vicio. Entonces dimos la única lección que cumplía y espantamos para siempre la amenaza del dominio clerical. La sanción moral es nuestra. El derecho también. Aquellos pudieron obtener la sanción jurídica, empotrarse en la ley. No se lo permitimos. Antes de que la iniquidad fuera un acto jurídico, irrevocable y completo, nos apoderamos del salón de actos y arrojamos a la canalla, sólo entonces amedrentada, a la vera de los claustros. Que esto es cierto, lo patentiza el hecho de haber, a continuación, sesionado en el propio salón de actos la federación universitaria y haber firmado mil estudiantes sobre el mismo pupitre rectoral, la declaración de huelga indefinida. En efecto, los estatutos disponen que la elección de rector terminará en una sola sesión, proclamándose inmediatamente el resultado, previa lectura de cada una de la boletas y aprobación del acta respectiva. Afirmamos, sin temor a ser rectificados que las boletas no fueron leídas, que el acta no fue aprobada, que el rector no fue proclamado, y que, por consiguiente, para la ley, aún no existe rector en esta Universidad.

La juventud universitaria de Córdoba afirma que jamás hizo cuestión de nombres ni de empleos. Se levantó contra un régimen administrativo, contra un método docente, contra un concepto de autoridad. Las funciones públicas se ejercitan en beneficio de determinadas camarillas. No se reformaban ni planes ni reglamentos por temor de que alguien en los cambios pudiera perder su empleo. La consigna de "hoy para ti, mañana para mí", corría de boca en boca y asumía preeminencia de estatuto universitario. Los métodos docentes estaban viciados en un estrecho dogmatismo, contribuyendo a mantener a la Universidad apartada de la ciencia y de las disciplinas modernas. Las elecciones, encerradas en la repetición interminable de viejos textos, amparan el espíritu de rutina y de sumisión. Los cuerpos universitarios, celosos guardianes de los dogmas, trataban de mantener en clausura la juventud, creyendo que la conspiración del silencio puede ser ejercitada en contra de la ciencia. Fue entonces cuando la oscura Universidad mediterránea cerró sus puertas a Ferri, a Ferro, a Palacios y a otros, ante el temor de que fuera perturbada su plácida ignorancia.

 

Hicimos entonces una santa revolución y el régimen cayó a nuestros pies. Creímos honradamente que nuestro esfuerzo había creado algo nuevo, que por lo menos la elevación de nuestros ideales merecía algún respeto. Asombrados, contemplamos entonces cómo se iban para arrebatar nuestra conquista los más crudos reaccionarios. No podemos dejar librada nuestra suerte a la tiranía de una secta religiosa, ni al juego de los intereses egoístas. A ellos se nos quiere sacrificar. El que se titula rector de la Universidad de San Carlos ha su primera palabra. "Prefiero antes de renunciar que quede el tendal de cadáveres de los estudiantes". Palabras llenas de piedad y de amor, de respeto reverencioso a la disciplina; palabras dignas del jefe una casa de altos estudios. No invoca ideales ni propósitos de acción cultural. Se siente custodiado por la fuerza y se alza soberbio y amenazador. Armoniosa lección que acaba de dar a la juventud el primer ciudadano de una democracia universitaria!

Recojamos la lección, compañeros de toda América; acaso tenga el sentido de un presagio glorioso la virtud de un llamamiento a la lucha suprema por la libertad; ella nos muestra el verdadero carácter de la autoridad universitaria, tiránica y obcecada, que ve en cada petición un agravio y en cada pensamiento una semilla de rebelión. La juventud ya no pide. Exige que se reconozcan el derecho de exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz desconocérsela la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa. La juventud universitaria de Córdoba, por intermedio de su federación, saluda a los compañeros de América toda y les incita a colaborar en la obra de libertad que inicia.

 

 Enrique F Barros, Horacio Vafdés, Ismael C. Bordabehere, Presidentes. - Gumersindo Sayago, Affredo Castellanos, Luis M. Méndez, Jorge L. Bazante, Ceferino Garzón Maceda, Julio Mofina, Carlos Suaréz Pinto, Emilio R. Biagosch, Angel J. Nigro, Natalio J. Saibene, Antonio Medina Allende, Ernesto Garzón.

Homenaje a la Reforma Universitaria de 1918

 

Fuente: https://wold.fder.edu.uy/archivo/documentos/manifesto-reforma-universitaria.pdf

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Francia

II. 1968, en busca del mayo perdido

29 de mayo de 2018

 

Por Florencia Rovira Torres

Brecha

 

El relato dominante sobre el mayo francés lo describe como un gran «destape», una emancipación sobre todo cultural, ocultando las dimensiones profundamente políticas de los hechos. ¿Cómo fue posible reducir el movimiento de masas más grande de la historia moderna de Francia a un fenómeno de rebeldía adolescente?

 

«Que reste-t-il de ces beaux jours?», cantaba Charles Trenet en París, muchos años antes de que ese simbólico adoquín rompiera la vidriera de la sede de American Express en París el 20 de marzo de 1968 y se desataran las masivas movilizaciones que convirtieron a Francia en el emblema de las revueltas populares de 1968 en todo el mundo. ¿Qué quedó de esos días, de esa primavera francesa? Según los relatos dominantes, los oficiales y más mediatizados, lo más importante de esos sucesos se desarrolló en el Barrio Latino, en La Sorbona, en las calles de la metrópolis francesa. En las retinas quedaron grabadas las escenas de barricadas y marchas estudiantiles, grafitis con consignas como «Está prohibido prohibir» o «Sea realista, exija lo imposible» y, en el imaginario colectivo, la idea de que mayo del 68 fue sobre todo una «revolución cultural» y un momento de «destape».

 

Otra interpretación análoga lo describe como un «fenómeno generacional», una revuelta de jóvenes, llegando a calificarlo de rebeldía adolescente y dejando entender así que esos meses que sacudieron a Francia –a tal punto que el presidente Charles de Gaulle viajó a Baden-Baden para visitar a Jacques Massu, comandante en jefe de las fuerzas en Alemania, y asegurarse de su apoyo en caso de que precisara dar un golpe de Estado– fueron un antojo algo ingenuo, pasajero y –por qué no– un tanto frívolo de unos muchachos de clase media que se sublevaban contra sus padres.

Nada de eso, responde Kristin Ross. Catedrática en literatura comparada de la Universidad de Nueva York (Nyu) y experta en cultura política francesa (1) señala que los sucesos de mayo representaron primordialmente «el movimiento de masas más grande en la historia de Francia, la huelga más importante en la historia del movimiento obrero francés y la única insurrección ‘general’ que hayan conocido los países occidentales desarrollados desde la Segunda Guerra Mundial».

 

Esta insurrección, cuya reivindicación profunda era la igualdad, no la libertad (consigna que se le adscribió en los años ochenta), se articuló contra el imperialismo, el capitalismo y el autoritarismo de Charles de Gaulle a la vez. Se extendió por todo el territorio francés, con diversos bastiones de resistencia, y en ella participaron tanto jóvenes como viejos, tanto estudiantes como trabajadores (de todos los sectores), agricultores, artistas… En su libro Mayo del 68 y sus vidas posteriores (Editorial Antonio Machado, 2008), Ross demuestra cómo el relato oficial sobre el mayo francés se fue forjando poco a poco hasta ser despojado totalmente de sus dimensiones políticas. Recién llegada a Nueva York de una visita a Francia, conversó con Brecha sobre cómo la huelga general, en la que participaron 9 millones de habitantes, que duró seis semanas y paralizó a todo el país, desapareció de la historia oficial. Sobre los relatos que sobrevivieron a mayo y los que cayeron en el olvido. Una memoria selectiva nada inocente.

—En su libro señala que una de las maneras de circunscribir la importancia de mayo del 68 ha sido acotándolo temporalmente, reduciendo «15-20 años de radicalismo político» a un solo mes y cuestiona el análisis habitual de que el mayo francés surgió de repente, «como un trueno en un cielo tranquilo»…

—Yo veía una conexión muy directa entre la guerra de Argelia, que concluyó en 1962, y lo que sucedió tan sólo unos años más tarde, cuando todo el país estaba en erupción. Sin embargo, muchos de los franceses con los que conversé cuando comencé el proyecto de escritura del libro me decían: «No, eso no fue así. La guerra terminó y todo volvió a la normalidad. Luego, de repente, hubo una erupción de actividad política al final de la década». Entonces pensé que debía tratarse de un problema de relato. Mi origen académico es en literatura y siempre me interesó mucho cómo las historias comienzan y terminan. Me di cuenta de que para demostrar cómo al menos una parte de quienes «hicieron» mayo del 68 se politizaron justamente a raíz del movimiento anticolonial a comienzos de la década, tenía que comenzar por el primer movimiento de masas de los años sesenta, el que encabezaron los argelinos en 1961, el 17 de octubre (cuando la policía convirtió una multitudinaria marcha pacífica de familias argelinas en París en una masacre, volcando al río Sena tanto a los cuerpos muertos como vivos de argelinos lisiados). Así fue que comencé mi relato, no con los estudiantes tirando piedras al edificio de American Express en París –que es otra manera en que se puede comenzar—, sino con los argelinos. Las luchas contra los poderes coloniales como Francia de fines de los años cincuenta y comienzos de los sesenta inspiraron y politizaron a los propios franceses.

 

—Describe cómo el mecanismo de «desidentificación» jugó un rol central en la politización de la juventud de clase media francesa. Y también la manera en que la figura del «Otro» –el argelino, el vietnamita y luego el obrero– sirvió para construir una subjetividad política común en los años sesenta en Francia. ¿Podría explicar cómo funcionó?

Los vietnamitas –en su guerra contra Estados Unidos, que representaba una relación de David y Goliat–, los argelinos en su lucha anticolonial y luego los obreros representaban tres figuras de fuerza y agencia política. Siempre recuerdo lo que Henri Lefebvre solía decir sobre mayo del 68: que ocurrió en Francia porque la parada de metro donde se bajaban los estudiantes de la Universidad de Nanterre los obligaba a caminar por los asentamientos (bidonvilles) de inmigrantes argelinos para llegar a sus salones de clases. Esa proximidad vivida, de caminar diariamente entre dos mundos diferentes –por un lado, un campus universitario funcionalista y recientemente construido y, por otro, los asentamientos de inmigrantes–, resultó en que los estudiantes se organizaran en esos barrios y que los argelinos fueran a los lugares de trabajo en la universidad. Este tipo de encuentros efímeros entre personas con identidades y experiencias muy diferentes y todos los sentimientos que conllevan: los deseos, empatía, incertidumbres y decepciones son parte de esos encuentros. Todo eso es central para la subjetivación política que surgió en el 68.

Fue el laboratorio de una nueva consciencia política que suponía el desplazamiento, salirse fuera del rol que uno cumple. Eso es justamente lo que ocurrió con los estudiantes cuando comenzaron a organizarse contra la guerra de Vietnam, por ejemplo, en las «viviendas de obreros» en los suburbios.

—Destaca ese desplazamiento como un aspecto fundamental de la prácticas organizativas de mayo del 68. También señala que el maoísmo inspiró las formas de organizarse…

—Una cosa que me interesa ahora, pero en la que no pensé demasiado cuando escribí el libro, es que dentro de las ideas asociadas al maoísmo que interesaban a los militantes franceses en aquella época había un énfasis en el campesinado. La idea de ir a espacios rurales, intercambiar con la gente que vivía en el campo y que resultaron en desplazamientos más grandes en los años setenta en Francia, como el apoyo a los campesinos, pastores de ovejas, de la región de Larzac que estaban defendiendo su tierra contra la expropiación por las fuerzas armadas, que querían convertirlo en un campo de entrenamiento.

Diría que lo que queda hoy en Francia de lo que otros investigadores y yo llamamos «los largos años sesenta» es un movimiento como el de Larzac. Los movimientos territoriales que son muy visibles en Francia hoy, como el ZAD en Notre-Dame-des-Landes (donde se prolongaron movilizaciones contra la construcción de un aeropuerto, véase «Habitación del tiempo», Brecha, 2-III-18).

—En estos tiempos la izquierda discute sobre política en gran parte en términos de identidad y por momentos las categorías (que fijan esas identidades) resultan mucho más herméticas que en los años sesenta franceses que describe, cuando se logró generar una amplia solidaridad a través de ese mecanismo de «desidentificación». Es posible que una actual reafirmación de las identidades sea una reacción contra el no reconocimiento de diferentes tipos de opresión (étnica o de género, por ejemplo), una etapa en un proceso dialéctico, pero ¿qué posibilidades existen hoy de superar las categorías para encontrar causas comunes?

La subjetividad política que yo asocio al 68 tiene que ver con ese movimiento de desidentificación de la situación propia, y creo que lo que usted describe ahora es un tipo de afianzamiento de las identidades. Creo que es así y entiendo lo que dice sobre la dialéctica de las identidades. Si hablamos del caso francés, podemos ver que la idea del republicanismo francés impidió que los franceses reconocieran verdaderamente su pasado colonial. En ese sentido, sí, no se reconoció la categoría de raza. Pero lo que me interesa más a mí ahora es el tipo de experimentos que están surgiendo en las nuevas luchas territoriales, como el ZAD en Notre-Dame-des-Landes, que justamente reúnen a personas de grupos extremadamente diferentes: viejos campesinos, jóvenes callejeros, representantes políticos, okupas, naturalistas (que ni siquiera están a favor de la agricultura), campesinos jóvenes radicales. Este tipo de grupos han persistido y conseguido crear una solidaridad en la diversidad, en la que las diferentes identidades no han obstaculizado la acción colectiva. En este caso fue para defender un territorio contra el Estado. Son fuerzas que conservan su autonomía, pero logran asociarse entre sí. Luchan por una causa común, no necesariamente por resolver sus diferencias, y han logrado hacerlo durante largos períodos. La identidad a veces es visto como un obstáculo y a veces es necesario hacerla estallar. Pero lo que me interesa son estos momentos en que un joven callejero planta papas con un campesino o un campesino se baja de su tractor para construir una barricada. El 68 estaba lleno de estos ejemplos. La gente dejó de actuar según su función; los estudiantes no estudiaban, los agricultores no cultivaban la tierra y los trabajadores no trabajaban.

—Usted escribe que la verdadera amenaza para el gobierno y la burguesía durante mayo del 68 era justamente eso, que la gente no estaba cumpliendo con las funciones que exigía el capitalismo, no las barricadas en sí. Y que se estaban organizando de nuevas maneras por fuera y en contra de las instituciones establecidas –como la Central General de Trabajadores (Cgt) comunista o el Partido Comunista Francés–, que ya no servían para domesticar el descontento social…

—Sí. Creo que el gobierno estaba tremendamente preocupado porque fue el movimiento de masas más grande en la historia moderna francesa y la huelga más larga y más importante de la historia del movimiento obrero. Es decir, fue un fenómeno enorme que ningún gobierno podía ignorar. Lo que llama la atención fue que en los años posteriores, el 68 se transformó en un relato, por ejemplo, sobre varones que no podían entrar a las residencias estudiantiles de las muchachas. Una versión diluida de mayo del 68 se volvió dominante y la gente comenzó a pensar «en realidad no sucedió nada, nada que pusiera en peligro al Estado». Pero esto no fue así. De hecho, De Gaulle viajó a Alemania para reunirse con el comandante en jefe de las fuerzas francesas en Alemania por las dudas de que tuviese que retomar el poder a la fuerza.

Pero mi libro trata más sobre el conjunto de estereotipos o tropos a través de los cuales la gente recuerda lo que ocurrió. Sobre lo que se olvida y lo que se vuelve a recordar. Yo diría que, a pesar de todas las conmemoraciones, los coloquios, las ediciones especiales de las revistas, en Francia hoy no se recuerda mucho del 68. A nadie le importa verdaderamente. Lo único que es visible es la lucha en Larzac, y sólo porque el Estado francés entró a Notre-Dame-des-Landes hace tres meses con tanques y otros instrumentos de guerra, en la acción militar y policial más grande desde 1968.

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Si bien fueron los estudiantes los que, con sus manifestaciones contra la guerra de Vietnam, protagonizaron los inicios de la revuelta, la represión que sufrieron convocó al resto de las capas populares creando un movimiento muy diverso. Kristin Ross, recoge en su libro la riquísima historia de experiencias, de prácticas de organización popular que se dieron durante el mayo francés y que revelan la íntima colaboración, por ejemplo, entre estudiantes y obreros, la unión entre crítica intelectual y lucha obrera. Así, en el campus universitario de Censier, en París, a pocas cuadras de La Sorbona, el Comité de Acción (unidad de militancia de base autónoma que se multiplicó de manera exponencial por todo el país, inspirada de la experiencia de los Comités Vietnam de base [CVB]) Trabajadores-Estudiantes se abocó a estrechar los lazos entre obreros y estudiantes. Esta vez los obreros iban a los locales universitarios de Censier, que se terminaron transformando en un centro de coordinación de la huelga general, donde se discutía, se imprimían volantes, etcétera.

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—Analiza cómo los estereotipos que dominan el relato sobre el mayo francés se basan en separaciones conceptuales hechas a posteriori. Por ejemplo, se habla de un movimiento estudiantil que habría estado separado de las movilizaciones obreras; de una revolución cultural separada de la contestación política. Del militante duro, ascético (posteriormente ridiculizado como masoquista), por un lado, y la idea de un hedonismo generalizado, por otro. ¿Por qué surgen estas separaciones?

—Creo que podríamos hablar del discurso revisionista que surge en los años ochenta en términos de una «americanización» de la memoria del mayo francés. Todos los clichés que existían sobre los años sesenta en Estados Unidos, por ejemplo, del punto de vista de Richard Nixon, se trasladó al mayo francés para formar parte de su memoria, lo cual resulta alarmante porque mayo del 68 tiene sus propias particularidades, como la unión entre la crítica intelectual del orden establecido y la lucha obrera. Esto no ocurrió en Estados Unidos, donde los trabajadores mayoritariamente respaldaron la guerra en Vietnam.

Hubo dos estrategias narrativas que, juntas, generaron clichés omnipresentes. Por un lado, la personalización de los relatos de los líderes estudiantiles y, por otro lado, un discurso generalizador que inventó categorías muy amplias como, por ejemplo, «la juventud rebelada».

Jugaron un papel muy importante en este relato los ex líderes estudiantiles que estaban forjándose una fantástica carrera en los medios, posicionándose como los únicos intérpretes del movimiento. Y los medios llevan años repitiendo las mismas versiones. Afortunadamente, la mayoría de esas figuras han desaparecido, con la excepción de Daniel Cohn-Bendit, que sigue teniendo llegada en los medios.

Cuando escribí mi libro, en 1990, hice una predicción. Dije que llegaría el día en el que Bernard Lambert sería reconocido como alguien más importante para la historia del 68 que Daniel Cohn-Bendit. Y ese día ha llegado, porque Bernard Lambert (un militante agrícola, católico y maoísta), que era un campesino autodidacta del oeste de Francia, de Nantes, escribió un libro exigiendo un verdadero poder regional y la descolonización de las provincias. También predije que reconoceríamos que lo que ocurrió en Nantes en el 68 fue más importante que lo que ocurrió en las calles de París.

—¿En qué sentido?

Porque fue sólo en Nantes que el encuentro del que hablábamos incluyó también a un tercer grupo: los campesinos. En mayo y junio de 1968 funcionó en Nantes y en sus alrededores un gobierno municipal alternativo, una comuna insurreccional. Lo llamaron «La Commune de Nantes». Fue una unión tripartita de campesinos que se encargaban de proveer a los obreros en huelga y a los estudiantes ocupantes de comida y leche.

Es sólo a partir del actual movimiento de la ZAD que podemos concluir que los años sesenta también fueron un momento en que los pueblos comenzaron a identificar que la tensión entre la lógica del desarrollo y la base ecológica de la vida se había transformado en la principal contradicción en sus vidas. Paralelo a la lucha en Larzac, que duró diez años, en las afueras de Tokyo tuvo lugar una lucha idéntica. Campesinos protestaban contra la expropiación de sus tierras para construir el aeropuerto de Narita.

 

—Escribe sobre la reinterpretación que se hizo en los años ochenta, según la cual las revueltas de mayo habrían sentado la base de la sociedad y el ideal individualista de los ochenta y noventa. ¿Por qué surge esta reinterpretación?

—Existen muchos trabajos de historiadores, politólogos, que han adoptado totalmente la idea de que el capitalismo moderno actual representa lo que el 68 generó. Es decir, en lugar de decir que el capitalismo actual es la traición del 68, argumentan que fue el 68 el que sentó sus bases. Se trata de una prédica neoliberal muy retorcida que emergió por primera vez en los años ochenta, cuando se comenzó a hablar del 68 como proto-capitalista o como parte de la ética emprendedurista. Transformar la huelga general más grande de la historia francesa en su opuesto requirió un esfuerzo laborioso, que se desarrolló desde fines de los años setenta hasta los años noventa. Jugaron un papel importante los izquierdistas arrepentidos que se convirtieron en funcionarios de la memoria, certificados por los medios. Estaban ansiosos por legitimar sus propias trayectorias y generalizar su experiencia personal, mientras muchas personas diferentes que habían participado en el movimiento no tenían acceso a los medios y sus historias no se recogieron.

 

—Sostiene que la novela policial fue un género muy utilizado para rescatar los relatos perdidos del mayo francés. ¿Por qué?

—Muchos se volcaron al género policial para contar la historia sobre lo que consideraban ser un crimen. El crimen era que sus experiencias habían sido distorsionadas en la memoria oficial del 68. Convirtieron sus experiencias en una trama de misterio, una trama muy interesante. En Francia esto se logró con mucho éxito porque el género de misterio francés se preocupa mucho por la historia, por ejemplo, en la manera en que aspectos olvidados o reprimidos de la situación colonial en Argelia, por citar un caso, se cuelan al presente como un crimen sin resolver.

https://brecha.com.uy/

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=242166

 

 Crisis civilizatoria

 

Examinemos cómo actúa la democracia burguesa contra los pueblos aún la gestionada por el progresismo e izquierdismo afín:

Solicitud de adhesión a carta por un Ecuador Libre de Transgénicos

23 de abril de 2018

 

En mayo 2017 la Asamblea Nacional del Ecuador aprobó un artículo en la Ley de Agrobiodiversidad, Semillas y Fomento a la Agricultura Sostenible, que permitía el ingreso de cultivos y semillas transgénicas en el Ecuador con fines de investigación. Desde entonces se han presentado seis demandas de inconstitucionalidad (una a la Ley de Semillas). A pesar de ello, tanto el Ministerio del Ambiente como de Agricultura han iniciado procesos de regulación de los transgénicos.

 

Por esto es que se ha propuesto enviar la carta abierta pegada abajo, dirigida a los dos ministros y el presidente, con el fin de que se suspenda el proceso de reglamentación.
Estamos solicitando a todas las organizaciones que adhieran a la carta, y que ayuden a recoger la mayor cantidad de adhesiones posibles (favor enviar las adhesiones a: ebravo@rallt.org).

POR UN ECUADOR LIBRE DE TRANSGÉNICOS

Elizabeth Bravo

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CARTA ABIERTA SOBRE LA INCONSTITUCIONAL E ILEGAL AUTORIZACIÓN AL INGRESO DE CULTIVOS Y SEMILLAS TRANSGÉNICAS PARA INVESTIGACIÓN

Lenín Moreno
PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DEL ECUADOR

Rubén Flores
MINISTRO DE AGRICULTURA Y GANADERÍA

Tarcicio Granizo
MINISTRO DEL AMBIENTE

La Asamblea Nacional Constituyente en el año 2008, ante la movilización y voluntad mayoritaria del pueblo ecuatoriano, estableció que nuestro país sea declarado territorio libre de semillas y cultivos transgénicos, voluntad manifiesta en el artículo 401 de la Constitución de la República.

 

Quienes conformamos el Colectivo “Ecuador Libre de Transgénicos” y otras organizaciones sociales y de la sociedad civil, preocupadas por los graves efectos que las tecnologías de modificación genética causan en la soberanía alimentaria, la salud humana, el ambiente, la biodiversidad (incluyendo la agrobiodiversidad), y ante la posibilidad de una ruptura del orden constitucional, advertimos lo siguiente:

1. Con fecha de mayo 2017, el entonces presidente del Ecuador Rafael Correa, envió un veto a la Ley de Agrobiodiversidad, Semillas y Fomento a la Agricultura Sustentable, a través del cual se permitía el ingreso al país de semillas y cultivos transgénicos con fines de investigación (artículo 56 de la ley), transgrediendo expresamente lo dispuesto por la Constitución de la República en su artículo 401.

2. El 1 de julio, día universal del Niño, la Asamblea Nacional se allana al veto presidencial, desconociendo el reclamo de los movimientos sociales y exponiendo a la población ecuatoriana a la introducción inconstitucional de estos organismos.

3. Dada la inconstitucionalidad del artículo 56, por razones de fondo y de forma, diversas organizaciones han presentado ante la Corte Constitucional seis demandas, las mismas que están en proceso de análisis y nos encontramos a la espera de resolución favorable al derecho y la razón.

4. Por otro lado, tenemos conocimiento que tanto el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) como el Ministerio del Ambiente (MAE) están trabajando en regulaciones al ingreso de semillas y cultivos transgénicos con fines de investigación, así como otros temas relacionados con la bioseguridad de los organismos genéticamente modificados, así mismo varios industriales y grupos de interés está demandando autorizaciones para el ingreso masivo de semillas transgénicas aprovechando la nueva norma inconst0itucional.

5. El ingreso de organismos genéticamente modificados con fines de investigación constituye un artificio, un engaño mediante el cual se pretende inundar los campos ecuatorianos con cultivos “experimentales masivos” cuyo efecto será el mismo que ya hemos visto en regiones como Brasil, Argentina y Paraguay donde ya es irreversible la contaminación genética.

Con estos antecedentes, solicitamos la inmediata suspensión de los procesos de reglamentación en los Ministerios de Agricultura y Ambiente respecto de organismos genéticamente modificados, y demandamos se inhiban de cualquier autorización al ingreso de semillas o cultivos transgénicos.

Hacemos votos para que esta vez la voz de las organizaciones y la ciudadanía sea escuchada, en aras del llamado al diálogo que el propio gobierno nacional ha repetido en varias ocasiones, y por sobre todo, se respete el mandato constitucional.

POR UN ECUADOR LIBRE DE TRANSGÉNICOS

Atentamente

www.rallt.org

Leer

 

 

Apreciemos que desde abajo no sólo hay oposición al sistema global de agronegocios sino también alternativa al modo capitalista de producción y desarrollo que desertifica (en todos los sentidos del concepto) al planeta.

 

 

“La Agroecología es la base de la Agricultura Campesina y de la Soberanía Alimentaria, y debe estar dentro del debate del modelo de sociedad que queremos”.

24 de mayo de 2018

 

La Vía Campesina realiza Encuentro Global de Escuelas y Procesos de Formación en Agroecología en Cuba. "Durante estos tres días los debates se enfocarán en destacar los desafíos del movimiento campesino de cara a la coyuntura, en un contexto, de saqueo de los bienes comunes, de dominación del capitalismo, de avance del imperialismo en los territorios y de opresión que viven los pueblos del mundo."

 

“Nosotrxs en La Vía Campesina hemos afirmado que lxs actores de la Agroecología son los pueblos; es decir, lxs campesinxs, lxs indígenas, lxs pastores, lxs pescadores, quienes por medio de ella fortalecen la Soberanía Alimentaria y la Agricultura Campesina frente a la arremetida del capital en el campo”, señaló Rilma Román del Comité Coordinador de LVC y de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, ANAP, organización anfitriona del Encuentro Global de Escuelas y Procesos de Formación en Agroecología de LVC, que se realiza del 27 al 30 de Mayo, en Güira de Melena.

 

La Escuela Nacional Campesina Niceto Pérez, sede de este evento, recibirá durante estos días cerca de 100 delegadas y delegados de organizaciones miembros de La Vía Campesina provenientes de África, América, Europa y Asia, quienes traen importantes cúmulos de experiencias e intercambios de las distintas regiones; cuyo objetivo será aportar a la construcción de líneas políticas comunes que vigoricen el proceso de formación política –técnica con enfoque agroecológico a nivel global. De manera previa a esta actividad también se realizó la reunión del Colectivo de Agroecología, Semillas y Biodiversidad de LVC, y un curso teórico – práctico de Agroecología, que incluyó visitas a fincas agroecológicas donde se aplican la Metodología de “Campesinx a Campesinx” desarrolladas por la ANAP en las provincias Artemisa y Mayabeque.

 

Para La Vía Campesina la urgencia política de la creación de procesos de formación agroecológica se dio alrededor del 2003, por una alarmante embestida del modelo del agronegocio y de la agricultura extensiva basada en el monocultivo y el uso intensivo del agrotóxicos que atentaba, incluso hoy, con acabar con la agricultura campesina y la vida en el planeta. “Frente a este escenario de crisis, este Encuentro Global es muy importante, pues necesitamos afirmar la Agroecología como la base de la Agricultura Campesina y de la Soberanía Alimentaria, que tiene que ser parte del debate y la construcción de un proyecto de sociedad, y de campo, que queremos con plena soberanía de los pueblos, comentó Itelvina Massioli del Movimiento Sin Tierra de Brasil y miembro del Colectivo de Formación de la Región América del Sur.

 

Hoy las escuelas como los IALAS (Institutos Latinoamericanos de Agroecología) en América, la Escuela Agroecológica Shashe en África, la Escuela Amrithi Bhoomi en Asia, la Red Europea de Intercambio de Conocimientos Agroecológicos en Europa son ejemplos de todas las muchas experiencias dentro de La Vía Campesina, y han sido fruto de esfuerzos colectivos de las organizaciones que han ayudado a recuperar la creatividad, el dialogo de saberes, los conocimientos ancestrales y la innovación en el campo, y que constituyen una herramienta de los pueblos para luchar y resistir al capital y al agronegocio.

 

Durante estos tres días los debates se enfocarán en destacar los desafíos del movimiento campesino de cara a la coyuntura, en un contexto, de saqueo de los bienes comunes, de dominación del capitalismo, de avance del imperialismo en los territorios y de opresión que viven los pueblos del mundo. En ese sentido, este evento global además aportará al fortalecimiento de la solidaridad, el internacionalismo, afianzando a La Vía Campesina en todos los continentes, vigorizando los colectivos de formación de las regiones, resaltando el papel fundamental de la juventud y de las mujeres en este proceso. Asimismo, dentro de la agenda se buscará articular acciones de lucha por la defensa de las semillas campesinas, pues ellas son corazón de la Agroecología para conquistar la Soberanía Alimentaria.

La Vía Campesina Leer

En consecuencia, abajo y a la izquierda, el desafío de generalizar las nuevas relaciones sociales e internacionales que iniciaron los pueblos originarios y campesinos que extienden y  sistematizan tanto la UAC desde 2006 como la UCCSNAL desde 2014. Es ir construyendo democracia de comunidades sin fronteras pero en confrontación con el capitalismo local e imperialista.

 

 

Perú: Tierras de comunidades campesinas y

concesiones mineras

31 de mayo de 2018

 

"El Estado con sus sucesivos gobiernos ha mantenido una política de promoción de las inversiones a toda costa y bajo todo coste, en sectores estratégicos como la minería, esto ha llevado al extremo del sin sentido desde la racionalidad del Estado, aprobando normas para facilitar la inversión minera a costa de vulnerar derechos y en algunos casos destruir comunidades campesinas. A estas alturas del camino, estas prácticas se han normalizado."

 

Por Luis Hallazi 

29 de mayo, 2018.- En el siglo XVI el virrey Toledo crea los pueblos de reducción, con la idea de “reducir”, a los indígenas que estaban dispersos por la mortandad que trajo la colonización salvaje. En esos pueblos de reducción se estableció una legislación donde se les otorgaba un área de reserva comunal para su crecimiento demográfico y un área para producir y pagar un tributo.

De este modo, se produce la comunidad de indígenas con un territorio delimitado, reconocido y protegido por el Estado, con sus propias autoridades, costumbres, prácticas y tecnologías, que mucho tiempo después en la Constitución Política de 1920 son reconocidas legalmente como comunidades indígenas y en 1969 su nombre es cambiado por comunidades campesinas con la finalidad de reivindicar su legado.

La historia reciente de nuestras comunidades está marcada por la violencia y discriminación, pero además son muy poco estudiadas, sin embargo, si hay algo que no se pude negar es que las comunidades campesinas, al igual que las nativas son la expresión concreta, jurídica e histórica de los pueblos indígenas y originarios del Perú con una riqueza cultural infinita.

 

Hoy las comunidades campesinas son propietarias y poseedoras de aproximadamente el 26.5% de todo el territorio nacional y producen la mayoría de los alimentos que abastecen los mercados de las ciudades, más del 70% son productos de la agricultura familiar que es mayoritariamente comunal; a pesar de tener mucho en su contra, han sabido resistir durante estos casi doscientos años de república.

 

Según un reciente estudio del Instituto del Bien Común- IBC sobre comunidades campesinas; en todo el territorio nacional existen 6 299 comunidades campesinas de las cuales 5 789 (92%) se encuentran ubicadas en la zona andina. Puno es el departamento con más comunidades campesinas, 1304 y Ayacucho el departamento con mayor extensión de área titulada de comunidades campesinas 66,69% del departamento. La comunidad campesina más grande es Huancasancos con 250.000 ha. también en Ayacucho y una de las más pequeñas es Orcotuna en Junín con 11.18 ha.

Siendo propietarias y poseedoras de más de un cuarto del territorio nacional, y sabiendo que en nuestro país existe una gran dependencia económica por la exploración y extracción de minería metálica que se asienta en las mismas zonas andinas donde están asentadas las comunidades, es clara la tensión que existe con la minería, por tanto debería ser prioritario para el Estado atender las causas y consecuencias de esa tensión desde la imparcialidad de un Estado que velan por garantizar los derechos de sus ciudadanos; sin embargo ocurre todo lo contrario, desde el “denuncio minero” y posterior concesión minera, el Estado cumple una función de facilitador de los proyectos de inversión minera.

El Instituto Geológico Minero y Metalúrgico- INGEMET es la institución que otorga el derecho de concesión minera, que según la ley general de minería es un derecho que se da al titular para la exploración y explotación de recursos minerales que están en el subsuelo de un territorio; sea el territorio de quien fuese, lo que hay allí abajo es patrimonio de la nación y le pertenece al Estado. A partir de ahí es harto conocida la historia de despojo y desigualdad con las que tienen que lidiar las comunidades campesinas.

 

Si bien la entrega de concesión minera no significa necesariamente que se va extraer un mineral, lo cierto es que al ver posibilidades restringe el derecho de uso, goce, disfrute y disposición de la propiedad. Además, el procedimiento de concesión es sumamente sencillo, eso hace que a diciembre del 2017 según INGEMET el 14% del territorio nacional esta concesionado a la minería, esto lo podemos ver a través de un moderno catastro minero, sin embargo, el Estado no tiene información cierta y actualizada de las comunidades campesinas, tampoco un catastro.

 

Esta información ha tenido que ser brindada por organizaciones privadas como el IBC, para suplir este vacío, que cruzando con el catastro minero se tiene como resultados del análisis la superposición de 35% de concesiones mineras en tierras de comunidades campesinas.

En la práctica esto significa restricciones al ejercicio de la propiedad, donde muchas comunidades están total o parcialmente superpuestas por concesiones, es el caso de la comunidad campesina de Chila Chila (Arequipa) cuyo territorio comunal esta superpuesto en un 95%, esta información en cuanto a la superposición de concesiones mineras lo podemos ver por departamento.

El Estado con sus sucesivos gobiernos ha mantenido una política de promoción de las inversiones a toda costa y bajo todo coste, en sectores estratégicos como la minería, esto ha llevado al extremo del sin sentido desde la racionalidad del Estado, aprobando normas para facilitar la inversión minera a costa de vulnerar derechos y en algunos casos destruir comunidades campesinas.

 

A estas alturas del camino, estas prácticas se han normalizado, cuestionarlas te convierte en un anti-desarrollo, incluso en tiempos de la implementación del derecho de consulta previa, proceso que hoy se ha convertido en un simple trámite, desnaturalizando su finalidad. Como es lógico todo esto, deviene en el surgimiento de conflictos sociales y territoriales con poblaciones afectadas; además de serios impactos en la degradación de la naturaleza y la emisión de gases de efecto invernadero que aceleran los procesos de cambio climático; pero al parecer, esto a casi nadie del Estado le importa.

 

Lo cierto es que las concesiones sean mineras o de otra índole, sin duda alguna afectan el uso de la tierra y territorio de las comunidades, lo que dan cuenta diversos casos con sentencias llevados ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Caso Awas Tingni Vs. Nicaragua o Pueblo Saramaka Vs. Surinam) y recientemente la sentencia de las 11 comunidades de Atuncolla en Puno que les da la razón a la acción de amparo que solicitaron, suspendiendo las concesiones mineras en su territorio hasta que sean consultados. A groso modo podemos inferir que las concesiones mineras afectan el derecho al uso, goce, disfrute y disposición del territorio o al menos, restringe el ejercicio de la propiedad o posesión, más aún cuando no hay consulta previa y la comunidad no autoriza la exploración o explotación.

 

Si fuéramos un país serio, mañana mismo se debería paralizar el otorgamiento de concesiones mineras sobre tierras comunales, si antes no se ha aplicado el derecho de consulta previa, libre e informada, pero en el Perú parece que estamos acostumbrados al desenlace violento, que una vez que estalla, es cuando recién aprendemos a hacer lo correcto y aplicar lo que esta escrito hace mucho tiempo en los tratados internacionales e incluso en leyes nacionales.

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 Abogado e investigador en derechos humanos. Correo electrónico: luis.hallazi@gmail.com

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Verificamos que las comunidades e individuos aprenden a no seguir confiando la solución de problemas en el Estado capitalista por su constante, tanto bajo gestión progresista como la neoliberal,"política de promoción de las inversiones a toda costa y bajo todo coste".

 

En la contemporaneidad surgen sujetos colectivos de cambio radical desde los más oprimidos. Así los pueblos originarios, saliendo del ninguneo e invisibilización impuesto por el capitalismo, nos interpelan a erradicar nuestra colonialidad de saber/poder y racismo. A su vez "la resistencia feminista a los procesos de mercantilización de los cuerpos y la vida de las mujeres es uno de los hilos conductores entre las luchas populares que llevaron a la derrota del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y el enfrentamiento a la actual contra-ofensiva neoliberal y conservadora. Desde la auto-organización, la movilización en las calles, el enfrentamiento a transnacionales poderosas en los territorios y las prácticas políticas y económicas impulsadas por las mujeres, el feminismo se vuelve cada vez más una exigencia en los procesos de lucha anti-capitalistas".

 

 

 

Feminismo contra el capitalismo:

acumulado de las mujeres en lucha en América Latina.

30 de mayo de 2018

 

Como solemos decir en América Latina, ’lucha’ es un sustantivo femenino y un verbo que se conjuga en plural.

 

Por Tica Moreno - Militante de la Marcha Mundial de las Mujeres en Brasil.

24 de mayo, 2018

 

Son muchos los acumulados teóricos y políticos que la lucha feminista contra el libre comercio produjo en nuestro continente desde principios del siglo XXI. En estas líneas se presentan algunos de ellos, que constituyen aún hoy nuestra base de actuación. Todos se nutren de la experiencia militante de la Marcha Mundial de las Mujeres, que enmarca las alianzas y construcciones colectivas con las mujeres de los movimientos sociales, campesinos y sindicales.

 

Feminismo anticapitalista desde la auto-organización

Una mirada en retrospectiva nos lleva a considerar que decir no al ALCA tuvo dos consecuencias simultáneas. Una fue la definición política de construir desde el feminismo un proceso más amplio de articulación y lucha con los movimientos sociales mixtos. A nivel continental, pero también en los países, ciudades y pueblos, las mujeres fueron sujetos activos de la construcción cotidiana de la campaña contra el ALCA.

 

A su vez, en el ámbito del feminismo implicó no aceptar que la agenda de género fuera instrumentalizada para legitimar los acuerdos de libre comercio. Las mujeres no aceptamos la incorporación de cláusulas de género en los tratados de libre comercio (TLC) propuestos porque el neoliberalismo y sus instrumentos estaban reorganizando nuestras vidas. Decir no al neoliberalismo significó denunciar que no basta con el reconocimiento de que ese modelo impacta de manera diferenciada en las mujeres: él mismo solo es posible porque se articula en sus prácticas de dominación y explotación con el patriarcado y el racismo.

 

Ese posicionamiento se construyó desde una práctica militante vinculada a la teoría, a los análisis y las acciones. La estrategia de hacer un amplio proceso de debates, giras y talleres locales, de poner en marcha, en definitiva, una campaña masiva y popular, tuvo como fruto una posición muy fuerte, consolidada y victoriosa. En los espacios de discusión de las mujeres resultaba evidente que el ALCA y los TLC no crearían nuevas formas de explotación, sino que generalizarían las ya existentes: las condiciones de precariedad de la vida, los trabajos a domicilio, las largas jornadas laborales, la ausencia de derechos y la sobrecarga de trabajo doméstico y de cuidados, así como del trabajo cotidiano de tejer lazos sociales y comunitarios que garantizan el sostén de la vida en sociedades regidas por el dominio del mercado.

 

Desde el enfrentamiento al libre comercio, la economía feminista se volvió una herramienta clave para cuestionar el neoliberalismo: por un lado, para plantear otras formas de organizar la producción-reproducción y el consumo; por el otro, con el objetivo de avanzar hacia agendas económicas que reconozcan que la economía no es reducible a lo monetario. Se debe ir más allá del salario y avanzar hacia el reconocimiento y reorganización del trabajo doméstico y de cuidados, lo que sigue siendo un desafío que el feminismo plantea a las luchas anticapitalistas.

 

Los debates, las divergencias y, por fin, los consensos producidos en torno al rechazo del libre comercio por amplios sectores del movimiento feminista ya han sido sistematizados desde diversas perspectivas. Hacer hincapié en el rechazo a propuestas tramposas de reducir o minimizar los impactos negativos del sistema sobre la vida de las mujeres sigue siendo una enseñanza y una orientación, porque en la actualidad diferentes actores defensores del neoliberalismo (corporaciones transnacionales, instituciones gubernamentales, ONGD y ONU) utilizan la misma estrategia del maquillaje violeta para enmascarar los mecanismos de dominación y explotación de ese modelo.

Una perspectiva de género que plantea que la sociedad de mercado tiene impactos positivos y negativos sobre las mujeres y que, por lo tanto, deberían hacerse estudios para identificar los negativos e intentar reducirlos, es una trampa. Lo es no sólo porque obvia las desigualdades estructurales de clase y raza, sino porque opera acentuándolas, ampliando la opresión sobre muchas en nombre del empoderamiento de algunas.

 

¡El mundo no es una mercancía, las mujeres tampoco!

 

Una nueva generación política del feminismo se formó en la lucha contra el neoliberalismo, rechazando vivir bajo las reglas del mercado. Los talleres y las intervenciones urbanas cuestionaban la invasión y control de los cuerpos y los comportamientos por las industrias farmacéuticas, de cosméticos y la publicidad; así como la heteronormatividad, la violencia y la prostitución, como instrumentos del patriarcado para mantener el control individual y colectivo de los hombres sobre las mujeres.

 

La ocupación colectiva de los espacios públicos las acciones directas y la irreverencia de las batucadas feministas fueron estrategias construidas para impulsar las síntesis políticas y ampliar el diálogo con los movimientos sociales en lucha y con la sociedad en general. Hoy enfrentamos el desafío de mantener juntas esas dimensiones: la radicalidad de las formas de lucha y la radicalidad del contenido. Cuestionamos los intentos de pasteurización del feminismo, que desconstituyen los sujetos colectivos en nombre del empoderamiento individual, sacando la potencia de movimiento transformador del feminismo y canalizándolo hacia comportamientos individuales que mantienen intactos los procesos de acumulación del capitalismo racista y patriarcal.

 

Las corporaciones transnacionales (farmacéuticas, de los cosméticos, del sector textil, tecnología y comunicaciones, entre otras) incorporan en sus discursos la responsabilidad social empresarial direccionada a las mujeres. Mientras tanto, garantizan sus ganancias mediante el acaparamiento de tierras y el control de los territorios, la contaminación del suelo y el agua con la minería, la superexplotación en el empleo y en el trabajo no remunerado de las mujeres, así como con la privatización de los conocimientos bajo reglas estrictas de propiedad intelectual.

 

Si en su momento un feminismo liberal se contentaba con incluir a las mujeres en legislaciones que anunciaban una igualdad de derechos y oportunidades, hoy nos encontramos con un feminismo (neo)liberal que aplaude cada vez que una empresa hace propaganda incorporando la diversidad de mujeres y que asimila la visión “nosotras podemos con todo” para convencernos de que es posible conciliar la responsabilidad con el cuidado con la disponibilidad para el trabajo remunerado. Se mantienen intactas la división sexual del trabajo y la no responsabilización de los hombres ni del Estado con la reproducción y el cuidado.

Desde el feminismo anticapitalista partimos de las experiencias de las mujeres y por eso nuestro horizonte no es incorporar más mujeres en un poder constituido (ya sea en el mercado, en el Estado o en los capítulos de género de los TLC). Nuestro reto es cambiar las formas y los fondos, incidir en cómo se organiza la sociedad, en cómo de nuestros tiempos se apropian otros, en cómo decidimos sobre la reproducción y la producción.

Construir alternativas desde la lucha

Derrotamos al ALCA, pero se firmaron muchos tratados de libre comercio y muchas corporaciones transnacionales avanzaron en su dominio, explotación y acaparamiento. En resistencia desde los territorios, las mujeres enfrentan permanentemente la lógica del capital afirmando en la práctica la centralidad de la sostenibilidad de la vida. La construcción cotidiana de la auto-organización, la solidaridad, la agroecología y la economía feminista y solidaria son estrategias para garantizar las condiciones de sobrevivencia y para construir la autonomía de las mujeres sobre el cuerpo, la sexualidad y una vida libre de la violencia racista y patriarcal. Así, las mujeres en movimiento siguen expandiendo las fronteras de lo posible, construyendo condiciones para transformar en lo concreto sus vidas, al mismo tiempo que señalan caminos de cambio de modelo.

Esa es una fortaleza y un acumulado. Cuando las mujeres afirman en la lucha por soberanía alimentaria, por ejemplo, que sin feminismo no hay agroecología, nos enseñan que las propuestas y los cambios deben ser integrales. Hay que producir sin veneno, con diversidad, con relaciones de trabajo basadas en la solidaridad y la autogestión, en articulaciones definidas por la igualdad y sin violencia, afirmando que somos ecodependientes e interdependientes, a la vez que autónomas y libres. Es desde ahí que enfrentamos el poder de las transnacionales del agronegocio y la alimentación.

Enfrentar la violencia patriarcal y del capital

 

La violencia y la militarización son instrumentos del capitalismo que avanza sobre nuestros cuerpos, trabajos y territorios. Es evidente que las transnacionales en esta nueva oleada de acuerdos quieren imponer y legitimar su sistemática de violaciones. Nuestra experiencia es que donde hay sujetos colectivos en lucha hay violencia, intentos de cooptación, persecución y asesinatos de personas líderes.

 

Con las estructuras del Estado al servicio de las élites corporativas, la criminalización de la pobreza y de quienes luchan contra ella se amplía en el continente, en especial en los países gobernados por la derecha. El genocidio de la juventud negra en Brasil, la violencia contra las poblaciones indígenas y el encarcelamiento masivo evidencian el racismo de ese sistema. Al mismo tiempo, la lucha contra la violencia y los feminicidios nos convocan a cada vez más mujeres. No es una cuestión individual, como la violencia sexista nunca lo ha sido. Un reto es lograr avanzar en la comprensión de las causas de la violencia sistémica y enfrentar esta como un todo contra la vida y los cuerpos, no separar las luchas contra la violencia patriarcal y racista de las luchas anticapitalistas.

 

Feminismo en las luchas populares

Para frenar el ALCA la educación popular fue una estrategia clave. En todos los lados, la gente sabía que el ALCA era nefasto y que debía ser derrotado. No era necesario ser expertas que manejan muchos números y fórmulas: lo fundamental era desvelar la estrategia neoliberal y de dominio de las élites corporativas que se encontraba detrás de esa propuesta.

 

Los pueblos latinoamericanos comparten una historia de dominación colonial, de injerencia estadounidense bajo las dictaduras y de imposiciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial. Así que luchar contra el libre comercio es ser anti-imperialista y poner la soberanía popular en el centro.

 

La lucha contra el libre comercio se fortalece cuando se concreta en las resistencias que ya existen frente a las privatizaciones de servicios como el saneamiento y el agua, frente a las reformas laborales y de los sistemas de pensiones. No es una lucha más, o una lucha nueva. Es una batalla difícil, pero no se debe complicar enredando con términos técnicos que nadie comprende: los pueblos rechazan el libre comercio porque es un instrumento del capitalismo y ese sistema no nos sirve.

Contra el capitalismo patriarcal y racista nuestras estrategias son el internacionalismo militante, la solidaridad activa y la auto-organización y construcción de alianzas concretas desde las luchas anticapitalista, feminista, negra y popular.

 

Artículo publicado en el nº 76 de Pueblos – Revista de Información y Debate, primer cuatrimestre de 2018, monográfico “Tratados comerciales, ofensiva contra nuestras vidas”.

OMAL

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Distingamos sujetos colectivos en subversión al descubrir su antagonismo irreconciliable con el capitalismo. Escuchemos:

 "Reivindicamos nuestro derecho humano de seguir siendo pueblos campesinos, consagrado en la Carta de Derechos Campesinos, y afirmamos que la humanidad necesita de nosotras y nosotros, y nos recusamos a desaparecer a pesar de la persecución y criminalización de nuestras luchas. Nosotras y nosotros luchamos, perseveramos y nos afirmamos como sembradoras y sembradores de esperanza".

 

 

 

Declaración de Guira de Melena –

I Encuentro Global de Escuelas y Procesos de Formación en Agroecología de La Vía Campesina.

31 de mayo de 2018

 

Guira de Melena, Artemisa, Cuba 27 al 30 de Mayo de 2018

Centro Integral “Niceto Pérez” de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP)

Hermanados en este I Encuentro Global de Escuelas y Procesos de Formación en Agroecología de La Vía Campesina, reiteramos que nosotras y nosotros desde la amplia diversidad de la agricultura campesina que practicamos en el planeta, somos los pueblos del campo, quienes producimos los alimentos y bienes necesarios para la humanidad. Estamos reunidos en Cuba donde hemos podido conocer muchas fincas y cooperativas campesinas de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños de Cuba (ANAP), nuestra organización anfitriona. De “organización campesina a organización campesina” hemos aprendido mucho sobre la metodología “de campesino a campesino,” que ha permitido al Movimiento Agroecológico de la ANAP alcanzar uno de los más importantes éxitos mundiales de la masificación y escalamiento de la agroecología campesina.

Somos campesinos y campesinas, pequeños agricultores, pueblos indígenas, pueblos sin tierras, mujeres del campo, juventud rural, pueblos pescadores, trabajadores agrícolas y rurales que representan organizaciones miembros de La Vía Campesina de 41 países de África, Asia, América, Europa y Oriente Medio.

Reunidos en torno del objetivo de potenciar el debate y la reflexión de la formación en agroecología como dimensión estratégica de La Vía Campesina, y socializar, actualizar y apuntar las líneas políticas y acciones comunes de formación política y técnica en agroecología para el próximo período, reafirmamos los principios de la agroecología de los pueblos del campo expresado en la Declaración de Nyéléni. Reivindicamos nuestro derecho humano de seguir siendo pueblos campesinos, consagrado en la Carta de Derechos Campesinos, y afirmamos que la humanidad necesita de nosotras y nosotros, y nos recusamos a desaparecer a pesar de la persecución y criminalización de nuestras luchas. Nosotras y nosotros luchamos, perseveramos y nos afirmamos como sembradoras y sembradores de esperanza.

Desde nuestra autonomía política nos organizamos y luchamos por garantizar nuestra existencia como los pueblos que somos, y cumplir con dignidad con nuestra responsabilidad histórica y social de avanzar en la construcción de la soberanía alimentaria expresando la agroecología como materialización de nuestro modo de vida, generando abundancia en la producción de alimentos sanos y adquiribles para toda la humanidad – alimentos para la Vida! Denunciamos los intentos de cooptar la agroecología para fines capitalistas, y el robo y privatización de nuestros conocimientos y semillas mediante la “propiedad intelectual.”

Como creadoras y creadores de las agriculturas campesinas, la agricultura campesina agroecológica es expresión de nuestra ancestralidad, constituyente de nuestras múltiples cosmovisiones resultantes de nuestros procesos endógenos de diálogo de saberes en los encuentros de culturas que actualizamos en la dinámica histórica.

 

Frente a los urgentes desafíos contemporáneos venimos sembrando agroecología campesina por todos los continentes, en relaciones directas de Campesinas y Campesinos a Campesinas y Campesinos en nuestros territorios. Con amor por nuestro modo de vida, hemos creado decenas y decenas de escuelas campesinas y procesos de formación en agroecología – tanto en la educación formal como informal – en todos los continentes. Estas escuelas y procesos, que siempre combinan la formación técnica con la política de manera horizontal, basado en el diálogo de saberes e intercambio de experiencias, son una fuerza en los territorios, dotando a nuestras bases las herramientas para la transformación colectiva de nuestras realidades. Nos reunimos ahora para estructurar un proceso de articulación horizontal entre ellos, para el fortalecimiento mutuo, rompiendo las cercas del latifundio del conocimiento en las ciencias agrarias. Realizamos el rescate de los saberes y formas de conocimientos y realizamos procesos endógenos de educación y formación popular y formal en diálogo con los sistemas públicos institucionales de investigación y educación, proporcionando a jóvenes y adultos campesinas y campesinos las habilidades políticas y técnicas necesarias para facilitar procesos colectivos de producción, lucha, resistencia y transformación.

 

Trabajamos para la superación de todas las formas de opresión patriarcal y de manifestación del machismo con la afirmación del feminismo campesino y popular. Las mujeres han sido protagonistas centrales de la agricultura campesina agroecológica, y la juventud tiene la capacidad, creatividad y energía para su masificación. El patriarcado frena tanto a mujeres como a jóvenes, así que el feminismo campesino abre el camino hacia otro futuro mas igual, mas humano, y mas ecológico.

 

En nuestro devenir de luchadoras y luchadores por la emancipación humana para mantener vivo al campesinado, reafirmamos:

  • la conquista de la reforma agraria integral y popular y defensa radical de nuestros territorios;
  • la superación de todas las formas de la explotación del trabajo humano y de opresión étnica, racial, cultural, política, de género y generacional, de espiritualidad y religiosa, y de clase;
  • la masificación la agricultura campesina agroecológica, llevándola a escala territorial;
  • las semillas como patrimonio de los pueblos al servicio de la humanidad;
  • la lucha a favor de políticas públicas de apoyo a nuestros propios procesos de formación y de producción, a través de la agricultura campesina agroecológica;
  • alianzas con sectores populares del campo y de la ciudad, y con académicos y investigadores, y consumidores.

En la actualidad, enfrentamos una batalla global por el campo, entre el “modelo de la muerte” del sistema capitalista con sus brazos financieros y de agronegocio y agricultura industrial, minería, los negocios del agua y de las semillas, etc., y el “modelo de la vida” de la agricultura campesina agroecológica. Frente a la devastación capitalista, estamos conscientes de que no hay solución humana, y consecuentemente ecológica, bajo el modelo de la muerte. El capital es una forma social necesariamente violenta que se estructura bajo la explotación del trabajo humano, la opresión de clase y el racismo, y la depredación de la naturaleza. El objetivo primero y último del sistema es garantizar la reproducción ampliada del capital, apropiándose privadamente de las fuerzas y capacidades humanas y de la naturaleza como mercancías. La Vía Campesina lucha contra el capitalismo, por su superación, y forja experiencias germinales emancipadoras donde seamos cada vez más “socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres,” productoras y productores de bienes para la satisfacción de las necesidades humanas genuinas y universales, como seres humanos conscientes de nuestro pertenecer cósmico y sujetos históricos, políticos, y agri-culturales.

La agricultura campesina agroecológica es una herramienta fundamental en esta lucha y en la construcción de otra sociedad. Es por eso que en este Encuentro hemos trabajado y construido los elementos necesarios para el fortalecimiento mutuo y horizontal entre nuestras escuelas y procesos de formación. Estamos construyendo un proceso de articulación global de todas nuestras escuelas y procesos de agroecología, en donde estamos trabajando líneas comunes de acción y formación, intercambios de personas, métodos pedagógicos, planes y materiales de estudio, el mapeo de nuestras experiencias formativas, una biblioteca virtual y cursos de formación, entre otras herramientas. Todo con la finalidad de construir territorios campesinos agroecológicos como nuestra alternativa de la vida, en la batalla contra el modelo de la muerte.

Denunciamos el cruel e injusto bloqueo económico que los Estados Unidos ha impuesto a esta hermosa isla durante mas de medio siglo, y señalamos que Cuba con su Revolución es un faro que ilumina el camino para el mundo entero, hacía sociedades mas humanas y justas.

¡Globalicemos la lucha, globalicemos la esperanza!

Vía Campesina

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Valoremos el potencial de futuro humano y no de atraso como el capitalismo estigmatiza. En efecto: “La agroecología es, sobre todo, una visión política de la construcción de una nueva sociedad global y local, que ponga en el centro la vida, partiendo de los procesos que tienen que ver con la producción, la distribución y el consumo de alimentos ambientalmente sanos, socialmente justos, económicamente viables, culturalmente apropiados, completos nutricionalmente en sistemas agroalimentarios y territorios sustentables”.

 

 

Agroecología frente a la ineficiencia industrial

31 de mayo de 2018

 

 

Por El salmón contracorriente

 

La VII Conferencia Internacional de la Vía Campesina, que se celebra del 15 al 24 de julio en Derio, Vizcaya. saca a la palestra la necesidad de apostar por un modelo de agricultura que deje de ser nocivo para el medio ambiente y ponga en el centro la vida de los pequeños agricultores y campesinos, encargados de producir el 80% de los alimentos que llegan a nuestras mesas.

 

La ineficiencia de la agricultura industrializada española

La agricultura española, máximo exponente de las condiciones agroambientales mediterráneas, experimentó un gran proceso de intensificación a lo largo del siglo XX basado en la aplicación de insumos energéticos externos.

Durante el siglo XX, el campo español ha visto cómo se incrementaba un 33% la energía necesaria para su funcionamiento para aumentar la productividad tan solo un 27%. Además, la intensificación de la agricultura española se ha basado en el incremento de energía externa, que se multiplicó por 20 a lo largo del siglo XX. Un ejemplo, la energía dedicada a plaguicidas es la que más creció entre 1960 y 2000, multiplicándose por 33,6.

A la falta de productividad hay que sumar las consecuencias sobre los ecosistemas como la degradación de suelos, la contaminación de las aguas y la pérdida de biodiviersidad, tal y como señalan los autores en “Transición del metabolismo agrario español en el siglo XX”, articulo perteneciente al dossier elaborado por Fuhem Ecosocial“Agroecología. Un paso más hacia la calidad de vida”.

 

“Ni siquiera la agricultura ecológica profesional, fuertemente dependiente del petróleo, podría calificarse hoy como ecológicamente sostenible, por no hablar de los problemas de autoexplotación de la fuerza de trabajo propia y ajena en las pequeñas experiencias que denominamos como agroecológicas”, apunta Daniel López García investigador en agroecología de Ecologistas en Acción, en “Cooperativismo agroecológico y saltos de escala”.

 

Agroecología como alternativa real

“La agroecología es, sobre todo, una visión política de la construcción de una nueva sociedad global y local, que ponga en el centro la vida, partiendo de los procesos que tienen que ver con la producción, la distribución y el consumo de alimentos ambientalmente sanos, socialmente justos, económicamente viables, culturalmente apropiados, completos nutricionalmente en sistemas agroalimentarios y territorios sustentables”. Es la definición aportada por David Gallar (Instituto de Sociología y Estudios Campesinos), y Ángel Calle (Universidad de Córdoba), en “La construcción de sujetos políticos y la agroecología: una lucha por la vida”.

En España, la producción ecológica representa el 5% de la superficie agraria útil, alrededor del 2,5% de las explotaciones, y algo menos del 2% de la producción final agraria en la escala estatal. En contraste, el consumo de alimentos ecológicos aún no alcanza el 1% del total, viene creciendo por encima del 5% anual en los últimos años, hasta los 1.018 millones de euros estimados en 2015.

 

Experiencias como los grupos de consumo de las zonas metropolitanas siguen siendo los canales que absorben un mayor volumen de las producciones ecológicas locales, pero conforman un modelo que empieza a dar signos de agotamiento. Apostar por la extensión práctica del modelo a través de políticas alimentarias locales y sostenibles es el mayor reto al que se enfrenta este modelo. “El futuro inmediato pasa por la capacidad del cooperativismo agroecológico para diversificar las formas para llegar a una mayoría de grupos sociales y articularse con otros proyectos locales que tratan de satisfacer necesidades básicas desde una perspectiva de sostenibilidad, en proyectos y estructuras sociopolíticas en torno al territorio compartido”, apunta Daniel López.

 

Un caso de éxito: los catalizadores de la innovación en Cuba

Cuba pasó de ser el mayor consumidor de agroquímicos del mundo a convertirse en una de las experiencias más extensivas de agricultura orgánica de América Latina. Tras el colapso del campo socialista en Europa del Este en 1989, Cuba lanza este programa, apoyado por organizaciones internacionales e instituciones de investigación y desarrollo cubanas que facilitó a los pequeños/as agricultores familiares el acceso a semillas y apoyo técnico.

La experiencia cubana “confirma la tesis de que el aprendizaje colectivo entre el sector público y el de la agricultura familiar y los emprendedores locales es una alternativa para el desarrollo rural”, señala Humberto Ríos Labrada, Coordinador ICRA para Hispanoamérica, en “Los catalizadores de la innovación en Cuba”.

http://www.elsalmoncontracorriente.es/?Agroecologia-frente-a-la

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=242271

 

 Alternativas postcapitalistas

 

Seamos, abajo y a la izquierda, concientes de cuán importante es que, desde instituciones públicas de ciencias y tecnologías, haya quienes se incorporen a las disputas de territorios y del sistema agroalimentario

que libran campesinos e indígenas junto a la Unión de Asambleas de Comunidades (UAC) y otras organizaciones populares.

Un informe contra corriente

Un equipo de investigadores del INTA cuestiona el agronegocio

24 de abril de 2018

 

Por Darío Aranda

Página/12

 

Pese a que el INTA fue históricamente de posición proempresarial y favorable al agronegocio, un equipo de sus investigadores publicó el libro Plaguicidas en el ambiente. El INTA no promocionó el trabajo.

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) es el máximo espacio técnico-científico del país dedicado al campo. Su consejo directivo está integrado por el sector privado (Mesa de Enlace) y durante décadas impulsó el modelo transgénico. A contra corriente, una reciente investigación del mismo instituto cuestiona duramente al agronegocio: afirma que el uso de transgénicos no produce mayores rendimientos, advierte que la aplicación masiva de agroquímicos llevó a una situación de “vulnerabilidad” y reafirmó la necesidad de otro modelo agropecuario (agroecología).

“Plaguicidas en el ambiente”, es el nombre del libro, de 156 páginas que lleva el sello del INTA y cuyos editores son los investigadores Virginia Aparicio, Eliana Gonzalo Mayoral y José Luis Costa.

Uno de los principales argumentos del agronegocio, con empresas como Bayer/Monsanto y grandes medios de comunicación, es que los transgénicos y la siembra directa (no arar la tierra) son necesarios para aumentar la producción. “La adopción masiva de la siembra directa no implica un aumento de rendimiento de los cultivos extensivos”, afirma en las consideraciones finales el trabajo.

Sobre el uso de agroquímicos, los científicos de INTA remarcan que “el bajo uso de plaguicidas raramente disminuye la productividad y la rentabilidad”. Detalla una investigación sobre 946 establecimientos agropecuarios que no utilizan agrotóxicos y mantienen “alta productividad y alta rentabilidad”.

También desmienten una de las banderas centrales de las multinacionales del agro, que prometían un modelo con menos agrotóxicos: “La rápida adopción de cultivos transgénicos (caso algodón) con la justificación de reducir el número de aplicaciones, produjo el resultado contrario. El actual uso de plaguicidas para la producción de materias primas nos ha conducido a una situación de vulnerabilidad”.

El INTA cuenta con espacios específicos de trabajo junto a campesinos, indígenas y agricultura familiar, pero su mayor porcentaje (de fondos y personal) está volcado al agronegocio. Su cúpula siempre apoyó el modelo transgénico y de agroquímicos.

En 2017, el director del Centro Regional Buenos Aires Norte del INTA, Hernán Trebino, prohibió utilizar la palabra agrotóxicos, en total sintonía con las empresas. El INTA también forma parte de una campaña para mejorar la imagen de las fumigaciones con agrotóxicos, la llaman “Red BPA (Buenas Prácticas Agrícolas)”, impulsada por los empresarios de la Asociación de Productores de Siembra Directa (Aapresid). Tiene convenios con todas las grandes multinacionales del agro.

En 2015, el mismo grupo de investigadores del INTA publicó el libro “Los plaguicidas agregados al suelo y su destino en el ambiente”. Allí confirmaron que los agroquímicos permanecen durante meses en el suelo y afectan cursos de agua, constataron que Argentina es el país con más uso de químicos y menos “eficiente” en la producción de granos, alertaron que el actual modelo agropecuario explota el suelo hasta “agotarlo” y favorece principalmente a las grandes empresas.

La Gerencia de Comunicación del INTA no difundió el trabajo crítico a los agroquímicos (como sí lo hace con los escritos favorables a los transgénicos).

El nuevo libro del INTA recuerda que en 2009 se creó la Comisión Nacional de Investigación sobre Agroquímicos (decreto presidencial 21/2009, bajo supervisión del ministro de Ciencia, Lino Barañao) que había señalado la “escasa información generada en el país sobre glifosato”. Esa justificación fue repudiada por organizaciones sociales de pueblos fumigados y por científicos como Andrés Carrasco, que recordaron las decenas de trabajos académicos que cuestionaban los efectos sanitarios y ambientales de los agroquímicos.

La nueva investigación del INTA retoma aquella argumentación oficial: “Nueve años más tarde, podemos observar como el sistema de investigación respondió con múltiples publicaciones que reportan concentraciones de plaguicidas en agua subterránea, agua superficial y suelo. En 2015, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC-OMS) reclasificó al glifosato como probablemente carcinogénico para el ser humano”.

Los investigadores del INTA revalorizan el trabajo del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Rosario, que estudiaron localidades de menos de 10.000 habitantes y hallaron entre las principales enfermedades problemas en glándula tiroides y dificultades respiratorias. “En algunos de esos pueblos, la tasa de cáncer es 713,7 cada 100.000 mientras para Argentina la tasa es 206 cada 100.000”, alerta la investigación del INTA.

“Es necesario reducir la carga de plaguicidas aplicadas en el ambiente. Es necesario que el sector agropecuario comience a ejecutar un cambio de paradigma productivo, revalorizando el manejo integrado de plagas y los sistemas de producción agroecológicos”, proponen los investigadores del INTA. Y afirman que un modelo sin transgénicos y agroquímicos ya fue probado, incluso por instituciones del estado: “Existen resultados que no sólo indican que es posible producir con una menor carga de plaguicidas, sino que ésto, además, beneficia económicamente al productor”.

http://www.pagina12.com.ar/110060-un-informe-contra-corriente

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=240764

 

 

Advirtamos que el capitalismo progresa concentrando y centralizando el poder de, y sobre, la sociedad-mundo. En este marco podemos comprender:

"La apuesta de Bayer al hacerse con Monsanto es profundizar en el área de biotecnología invirtiendo millones de dólares en la edición genética de cultivos. En lo inmediato la fusión de Bayer y Monsanto golpeará al Cono Sur de América con nuevos agrotóxicos «dado que el modelo de soja resistente al glifosato ha fracasado, se va a reemplazar el glifosato por nuevos agrotóxicos más potentes, más peligrosos y agresivos para las comunidades» dijo a nuestra página Carlos Vicente . Que también diferenció a los gobiernos progresistas de los de derecha en que los últimos le dan todo el poder de avance a los oligopolios del agronegocio. Desconoce, por un lado, la expansión del sistema de la soja transgénica y el afianzamiento de la República Unida de la Soja( Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia).Leer Por otro lado, que el progresismo no sólo a través de sus gobiernos sino también de la FAO promovieron la conciliación de los campesinos y sus organizaciones con el desarrollo agrario del capitalismo haciéndoles creer la posibilidad de coexistencia de la agricultura familiar con el sistema global de agronegocios. En suma, la ocupación económica territorial de los oligopolios y estados imperialistas (como China) en sociedad con los locales alcanzó casi extensión máxima gracias a los gobiernos progresistas.

 

 

Se consolida la fusión de Bayer y Monsanto

4 de junio de 2018

 

 

El Departamento de Justicia de Estados Unidos aprobó días atrás que Bayer compre por 62.500 millones de dólares la totalidad de las acciones de la multinacional Monsanto. Con esto Bayer se convierte ahora en la principal corporación dedicada al agronegocio a escala global. Con la decisión del ente norteamericano la fusión queda consolidada tras recibir el apoyo de los principales mercados.

 

“La recepción de la aprobación del Departamento de Justicia nos acerca a nuestro objetivo de crear una empresa líder en agricultura” dijo el ejecutivo de Bayer, Werner Baumann, según la nota de prensa emitida por la corporación donde celebran la decisión y agregan que Bayer se convertirá en el único accionista de Monsanto Company en aproximadamente dos meses.

El investigador y especialista argentino Carlos Vicente, en declaraciones a BASE-IS indicó que esta fusión implica la consolidación de la concentración corporativa que existe a nivel mundial de las semillas y los agrotóxicos, “ hoy con la fusión de Dupont y Dow que formó la megacorporación Corteva Agriscience, la compra de Syngenta por parte de ChemChina, mas la compra de Monsanto por Bayer implica que tres corporaciones controlan el 60% del mercado mundial de semillas y de agrotóxicos dejando en vulnerabilidad la soberanía alimentaria de los pueblos” sentenció el activista.

Carlos Vicente, farmacéutico y miembro del Grupo Biodiversidad, profundizó en el análisis señalando que esta fusión tendrá graves repercusiones para los pequeños productores “los agricultores, campesinos y pueblos originarios van a sufrir la profundización de la agresión que viene ocurriendo a partir del avance del agronegocio. Esta fusión implica mayor territorio ocupado por el agronegocio, más hectáreas cubiertas de soja”.

En América Latina existen al menos 54 millones de hectáreas cubiertas de soja, prácticamente en su totalidad estos cultivos son transgénicos y sus semillas y paquetes tecnológicos son manejados por las grandes corporaciones citadas anteriormente. El modelo de agronegocios se ha expandido de la mano de las grandes empresas por todo el continente en los últimos veinte años, dejando graves consecuencias sociales, económicas y ambientales, denunciadas permanentemente por diversas organizaciones campesinas y ambientalistas (ver aquí).

La apuesta de Bayer al hacerse con Monsanto es profundizar en el área de biotecnología invirtiendo millones de dólares en la edición genética de cultivos. En lo inmediato la fusión de Bayer y Monsanto golpeará al Cono Sur de América con nuevos agrotóxicos “dado que el modelo de soja resistente al glifosato ha fracasado, se va a reemplazar el glifosato por nuevos agrotóxicos más potentes, más peligrosos y agresivos para las comunidades” dijo a nuestra página Carlos Vicente y añadió que con esto se agudizará la violencia que sufren los pueblos fumigados y mayores consecuencias como “más cáncer, más nacimientos con malformaciones, más abortos espontáneos”.

En Paraguay se estima que al menos un millón de campesinos han sido desplazados por los cultivos de soja en solo una década, situaciones similares se repiten en Brasil, Argentina y Uruguay; según el experto, las megafusiones no traen nada bueno en este sentido y asegura que como consecuencia de las mismas se profundizarán las expulsiones de comunidades campesinas “las corporaciones claramente lo que quieren son territorios liberados, sin gente, para poder hacer monocultivos, las comunidades van a seguir siendo desplazadas”.

El escenario político tampoco es alentador respecto a la posibilidad de poner límites al avance de las megacorporaciones del agronegocio en el sur del continente, Carlos Vicente señala que durante los gobiernos progresistas hubo tibios intentos de ponerle límites a los gigantes del agronegocio, sin embargo “con el avance de los gobiernos de derecha esta situación se hace mucho mas crítica porque directamente quienes manejan los Ministerios de Agricultura son los representantes del agronegocio dándoles todo el poder para que sigan avanzando en esto que no sólo tiene impacto sobre las comunidades campesinas sino que también un dramático impacto en la alimentación de nuestros pueblos” concluyó.

Base Investigaciones Sociales (BASE IS)

Leer 

 

 

Estamos en contradicción vital con el capitalismo y quienes lo encauzan en exclusivo beneficio suyo llevan a cabo en casi todo el mundo el completo avasallamiento de derechos de los trabajadores y pueblos. Sin embargo las organizaciones de las diversidades de abajo no sólo resisten sino que pasan a la ofensiva con alternativas bien concretas.

 

 

Día Internacional de la Lucha Campesina:

el sistema agroalimentario en disputa.

23 de abril de 2018

 

Por Pablo Barbetta y Diego Domínguez - Grupo de Ecología Política Comunidades y Derechos, Instituto de Investigaciones Gino Germani (FSOC-UBA). Investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.

 

Cada 17 de abril, la Vía Campesina, una alianza internacional de organizaciones campesinas, indígenas, pescadores artesanales y de trabajadores rurales, rememora la masacre de Eldorado dos Carajás, donde 19 campesinos Sin Tierra fueron asesinados en 1996 en Pará, Brasil. Este año el “Día Internacional de las Luchas Campesinas” lleva como consiga “¡Por tierra y por la vida! ¡Basta de Tratados de Libre Comercio, basta de impunidad!” Se trata de una consigna contra el capitalismo, racismo, patriarcado y masiva violación a los derechos humanos de miles campesinos y campesinas, donde los Tratados de Libre Comercio (TLC) son considerados como herramientas impulsadas por corporaciones y Estados que establecen reglas para vender los bienes naturales. En este contexto, se trata de una lucha para defender y conquistar la reforma agraria, entendida como el derecho de los pueblos a la tierra, territorios, al agua y a las semillas nativas, base fundamental para la Soberanía Alimentaria.

Pero no debemos confundir la idea de la reforma agraria con aquellas proclamas que surcaron los territorios latinoamericanos en la década del 50’ y 60’. En efecto, ya no se trata de lograr únicamente la distribución de la tierra con el objetivo de democratizar las estructuras agrarias sino de cuestionar los patrones de poder y acumulación. Para ello, la reforma agraria y la soberanía alimentaria se entrelazan con la propuesta/opción por la agroecología. Para la Vía Campesina, la agroecología –aunque puede asumir otros nombres- más allá de componer un sistema tecnológico apropiado para los campesinos, es ante todo “práctica campesina de resistencia ante el agronegocio y el avance del capital” (Vía Campesina, 13/10/2015). Ésta contiene en sí tres dimensiones fundamentales íntimamente relacionadas:

a) como una teoría crítica al sistema agrícola industrializado en torno a los aspectos ecológicos, agronómicos, social y económicos,

b) una práctica desplegada por aquellos que aplican -explícita o implícitamente- la visión alternativa que se despliega en el nivel de la teoría y

c) como un movimiento social que no sólo incluye a aquellos relacionados con el nivel de la práctica y la teoría sino también a aquellos interesados por alimentos sanos y seguros, por un ambiente limpio, en la justicia social y una relación equilibrada entre campo y ciudad. En este contexto, la agroecología interpela tanto a académicos como a productores y organizaciones sociales, sean estas campesinas o no, en torno a la relación entre el hombre y la naturaleza a partir de la necesidad de una mirada integral u holística sobre la sociedad y la producción agraria. Incluso, algunos autores consideran a la agroecología como parte de un nuevo paradigma civilizatorio.

La agroecología entendida como práctica refiere a las diversas búsquedas de modelos para la sustentabilidad ecológica de la producción primaria. Este aspecto puede observarse en la proliferación de experiencias de producción agroecológica en distintos países, siendo Latinoamérica y el Caribe lugares donde adquieren especial importancia, vinculada sobre todo con los modos campesinos de producción, los cuales incluso han sido definidos como modalidad sustentable de uso de los bienes de la naturaleza y los ecosistemas que habitan.

En Argentina, también existen múltiples experiencias agroecológicas o denominadas agriculturas de proceso por basarse en las interacciones biológicas de la naturaleza. Los movimientos y asociaciones de campesinos y de productores familiares llevan adelante proyectos de agroecología en forma cooperativa, pero también acompañan con apoyo técnico y económico a sus integrantes en fortalecer sistemas sustentables de producción de alimentos para el autoconsumo y los mercados locales, en pequeñas y medianas ciudades. También se destacan como parte del fortalecimiento de la propuesta agroecológica las escuelas campesinas de agroecología del Movimiento Campesino de Santiago del Estero Vía Campesina (MOCASE-VC) o la Unión de Trabajadores sin Tierra (UST), y la Universidad Campesina en la frontera de Santiago del Estero y Córdoba, donde los conocimientos científicos y campesinos se encuentran y dialogan, con participantes de diferentes provincias.

De forma creciente ocurre que productores familiares del corazón pampeano del agro argentino vinculados a una agricultura industrial, insumo químico intensiva, denominada también como convencional, están haciendo un giro hacia el paradigma de la agroecología. Reflejo de ello son la creación de la Red Nacional de Municipios y Comunidades que fomentan la Agroecología (RENAMA) con fuerte presencia en la provincia de Buenos Aires, la red provincial de productores agroecológicos Nueva Semilla de Córdoba, la reconversión productiva de los horticultores del área metropolitana que alimentan Buenos Aires, y la expansión de la Asociación para la Agricultura Biológico Dinámica de Argentina (AABDA) también en esa provincia así como en Misiones y Santa Fe. Algunos de los establecimientos de la producción familiar que se destacan en la transición agroecológica son Naturaleza Viva en el norte santafecino, la Aurora en Benito Juárez premiada por la FAO como modelo de producción agroecológica, o los Jardines de Yaya en Villa General Belgrano, entre otras. Muy significativas también son en el plano de la comercialización de productos agroecológicos las decenas de ferias de la agroecología que funcionan semanalmente en diferentes provincias, incluso con ayuda del INTA y de lo que fuera en su momento la Secretaria de la Agricultura Familiar.

Estas realidades se diferencian no sólo de la agricultura industrial ligada a los mercados internacionales de commodities, sino de la agricultura orgánica certificada que también busca sus nichos de mercado fuera del país.

Es una propuesta de agricultura en plena expansión que procura proveer de alimentos sanos al consumo popular local en primer término, rescatando las identidades campesinas y chacareras del país. Su potencial es tal que se ha constituido en una alternativa real para sustituir el modelo de agricultura dominante hoy día que deprime las economías regionales, se orienta mayormente a la exportación, enferma a los productores directos y los pueblos agrarios, y a los consumidores de las grandes ciudades, por la magnitud y características de los agroquímicos que emplea, y deja en manos de un puñado de empresas el sistema agroalimentario del país. Leer

 

 

 

 

El modelo consolida el poder económico, estatal y mediático de las transnacionales

 

 

 

En consecuencia, "se ha constituido una alternativa real para sustituir el modelo de agricultura dominante hoy que deprime las economías regionales, se orienta mayormente a la exportación, enferma a los productores directos y los pueblos agrarios, y a los consumidores de las grandes ciudades, por la magnitud y características de los agroquímicos que emplea, y deja en manos de un puñado de empresas el sistema agroalimentario del país". Leer

 

Veamos, en la entrevista, Carlos Pástor Pazmiño nos dice: "Frente a la agroindustria hegemónica, la agroecología busca superar la dependencia de los combustibles fósiles y de tecnologías contrapuestas a la sostenibilidad de los ecosistemas".

 

Nos plantea:"la magnitud de los intereses económicos de la agroindustria intensiva logra imponerse sobre el interés general. Si esta situación persiste, aun cuando en los años o décadas siguientes se reconociese el peligro de estos procesos y productos, el daño será en muchos casos irreversible. Por esa razón, es necesario organizarnos mejor para incidir en políticas de ciencia y tecnología más respetuosas con un metabolismo social-ecológico capaz de reproducir las condiciones de vida en un entorno sano y diverso".

 

 

El papel de la agroecología frente a

la agroindustria hegemónica

24 de mayo de 2018

 

Uno de sus principales propósitos es fortalecer los sistemas de producción de alimentos que ponen en el centro la agricultura local. Para los campesinos supone la posibilidad de acceder a tierra, semillas, agua, créditos y mercados locales. Esta forma de agricultura avanza fuertemente en América Latina. En la actualidad se revela como una forma de resistencia frente a un modelo agroindustrial agotado que beneficia a unos pocos y que pone en peligro la vida.

 

¿Cuáles son las principales orientaciones de los sistemas agrícolas actualmente hegemónicos en América Latina? ¿Qué papel cumple la biotecnología en estos sistemas?

La agroexportación y la extracción de materias primas minerales y energéticas han sido las principales vías a la que han recurrido los Estados latinoamericanos para insertarse en la economía mundial. Los gobiernos asumen estas exportaciones como el camino más fácil para financiarse, aún cuando una porción considerable de las divisas que generan estos rubros quedan fuera de los países debido a la remisión de utilidades de las grandes corporaciones o por la fuga de capitales provocada por las élites locales.

La concentración y el acaparamiento de los recursos productivos son rasgos históricos de los procesos de acumulación en la región. La novedad está en que se han intensificado al cabo de las últimas décadas. Esto explica y acentúa la inequidad distributiva. No se trata solamente del ingreso y de la riqueza. Por ejemplo, la tierra y el agua, para mencionar dos bienes estratégicos, también están altamente concentrados. No es un hecho fortuito que los índices de concentración de la tierra en América Latina estén entre los más altos del mundo.

 

Hablar de los factores históricos que constituyen la base de la injusta distribución de la tierra nos remite a la apuesta exacerbada por los monocultivos intensivos destinados a la agroexportación. Este modelo tiende a utilizar agroquímicos en grandes cantidades y, con los avances biotecnológicos, ahora recurre a semillas industriales y transgénicas con el argumento de incrementar la productividad, alimentar al mundo e ingresar divisas a los países exportadores. Pero estos argumentos son en esencia falaces. Los productos que ofrecen están destinados a los mercados internacionales, principalmente a Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y China. Todos ellos han sido comoditizados y están atados a las bolsas de valores y a la especulación financiera.

Los promotores de este modelo son las grandes corporaciones multinacionales aliadas a las élites rentistas locales. Son, de hecho, quienes condicionan las políticas públicas de los Estados nacionales al vaivén de sus intereses. Mientras tanto, este sistema productivo sigue deteriorando los ecosistemas, provoca la pérdida de biodiversidad, la expansión de la frontera agrícola, la descampenización y, en consecuencia, aumenta el riesgo asociado al cambio climático.

 

¿Cómo se están valorando los actuales avances científicos en el campo de la biotecnología desde la perspectiva agroecológica?

La biotecnología, en tanto manejo y uso de organismos vivos y de células en la elaboración de productos o en la mejora de plantas y animales, es tan antigua como la agricultura y la ganadería. El problema está en el sesgo que se observa al menos en las tres últimas décadas. La llamada «biotecnología moderna» se caracteriza por intervenir la vida en escala molecular hasta hacer desaparecer las barreras entre los organismos. Mientras la biotecnología tradicional se ha concentrado en procesos bioquímicos que se presentan en la naturaleza, la biotecnología moderna se especializa en el campo molecular a partir de los avances en la ingeniería genética, modificando los rasgos de un organismo vivo o introduciendo cualidades de un organismo vivo a otro.

Estamos ante un campo del conocimiento que ha provocado una revolución científico-técnica y productiva que, por su orientación, ha sido un instrumento para reforzar la agricultura intensiva de exportación, con una acentuada dependencia de insumos artificiales. Estas formas de producción contaminan las fuentes de agua, degradan los suelos y, en general, ponen en riesgo la vida misma, tal como lo reconocen los estudios de bioseguridad que nacieron en respuesta a la nueva biotecnología. La inclinación por este tipo de biotecnología permite a las multinacionales del agro controlar prácticamente el proceso productivo en su conjunto, desde el origen de la semilla hasta la distribución y el consumo de los alimentos.

Hay suficientes indicios para demandar el respeto del principio precautorio respecto a varias de las aplicaciones científicas que han surgido de la biotecnología moderna, sobre todo en lo que se refiere a las especies transgénicas. Este principio señala que si hay sospechas razonables de que ciertas aplicaciones científicas o tecnológicas son capaces de provocar perjuicios graves a los seres humanos y a los ecosistemas en general, debe impedirse o postergarse su uso. Las moratorias son aquí un poderoso instrumento para hacer valer el principio de precaución. Sin embargo, la magnitud de los intereses económicos de la agroindustria intensiva logra imponerse sobre el interés general. Si esta situación persiste, aun cuando en los años o décadas siguientes se reconociese el peligro de estos procesos y productos, el daño será en muchos casos irreversible. Por esa razón, es necesario organizarnos mejor para incidir en políticas de ciencia y tecnología más respetuosas con un metabolismo social-ecológico capaz de reproducir las condiciones de vida en un entorno sano y diverso.

 

Usted ha investigado y participado en la gestión de iniciativas para potenciar la agroecología como una de las alternativas ante el agro negocio basado en monocultivos. ¿Cómo calificaría a la agroecología y cuáles son sus principales beneficios?

 

En el mundo de la agricultura, existen sistemas alternativos al modelo hegemónico. Por una parte, hay una gama diversa de productores de pequeña y mediana escala que, sin ser necesariamente sujetos campesinos o indígenas, producen alimentos para el mercado local y/o nacional mediante sistemas diferentes, aunque generalmente subsumidos parcial o totalmente a las lógicas de producción, distribución y comercialización del modelo agroindustrial.

 

A pesar de contar con poca tierra, la agricultura familiar campesina representa más de las tres cuartas partes de las unidades de producción en la región, al tiempo que absorbe una porción significativa de la oferta rural de empleo. A nivel mundial se estima que más de la mitad de los alimentos en el mundo provienen de la pequeña agricultura, de pequeñas fincas, especialmente a cargo de mujeres. En América Latina 8 de cada 10 unidades productivas están en manos de pequeños productores, pero representan apenas una quinta parte del total de las tierras agrícolas.

 

Frente a la agricultura intensiva que empobrece la diversidad, las agriculturas para la vida promueven la conservación y la diversidad del patrimonio biogenético. Hasta hace algunas décadas podíamos encontrar cientos de variedades de papas, maíz, arroz, cereales, frutas, entre otros géneros, en tanto que hoy, como resultado de los impactos del monocultivo industrial y de otros factores, miles de especies han desaparecido.

 

Por ello es importante resaltar que a lo largo y ancho de América Latina perviven formas ancestrales de producción de alimentos que conviven, en muchos casos subsumidas y en otros en franca disputa, con las lógicas productivas del capitalismo agrario hegemónico. Estas formas productivas ancestrales -que podemos denominar como alternativas- son llevadas a cabo predominantemente por los pueblos indígenas y comunidades campesinas que habitan gran parte de los territorios de nuestro continente. A estos se suman las actividades productivas de los pescadores artesanales, las comunidades afrodescendientes y otras comunidades tradicionales que reproducen sus formas de vida a partir de la producción de alimentos para el auto sustento, en complementariedad con la producción de cultivos para los mercados locales y/o nacionales. Por otra parte, en las últimas décadas se fueron conformando diversas corrientes dentro de la agronomía, ligadas a las luchas campesinas e indígenas, que sistematizaron diversas formas de producción alternativa, integrando saberes técnicos y agronómicos con saberes campesinos, indígenas y de otros actores rurales subalternos que dieron lugar a lo que hoy conocemos como agroecología.

 

La agroecología tiene varias connotaciones. Quisiera enfatizar aquellas que la conciben como el conjunto de saberes y prácticas de producción alimentaria que buscan superar la dependencia de los combustibles fósiles así como de tecnologías contrapuestas a la sostenibilidad de los ecosistemas y, en su lugar, pretenden fortalecer sistemas de producción de alimentos que ponen en el centro la agricultura local, la producción nacional de alimentos por campesinos y familias rurales y urbanas, con base en la innovación socioecológica sustentable, los recursos locales y la energía solar. Para los campesinos, mientras tanto, supone la posibilidad de acceder a tierra, semillas, agua, créditos y mercados locales, mediante políticas de apoyo económico, iniciativas financieras, oportunidad de mercados y tecnologías agroecológicas. El propósito central de la agroecología es ir más allá́ de las prácticas agrícolas alternativas y desarrollar agroecosistemas con una mínima dependencia de agroquímicos e insumos de energía. La agroecología es un concepto en permanente construcción, con una fuerte carga política de lucha y resistencia, así como de disputa simbólica y material, que reclama un lugar destacado dentro de las formas alternativas de producción agrícola en el continente y en planeta en su conjunto.

 

La agroecología postula la articulación horizontal entre distintos saberes técnicos y agronómicos, procedentes tanto del saber académico/científico de la agronomía universitaria como de los saberes populares indígenas y/o campesinos (y de otros sujetos rurales subalternos). De esta integración de saberes emerge una lógica productiva sensible a considerar e integrar las condiciones climáticas, culturales, sociales y territoriales de cada espacio local. Desde esta perspectiva no existe una forma unívoca de producir de forma agroecológica. Sin perjuicio de esta afirmación, en un reciente ensayo sobre Agriculturas alternativas y Transformación Social-Ecológica que escribí junto con los colegas Luciano Concheiro y Juan Wharen, planteamos que es posible identificar algunas orientaciones y beneficios comunes dentro de la diversidad de prácticas agroecológicas:

 

  • La producción prioriza el autoconsumo y la comercialización en espacios locales.
  • Privilegia el uso de fertilizantes y otros productos de origen biológico para cuidar y fortalecer los cultivos y, que, de preferencia, puedan ser producidos por el propio campesino/a u obtenidos a bajo costo sin que sean dañinos a la naturaleza circundante ni provoque impactos sanitarios negativos.
  • Promueve una alta rotación de cultivos y la permanente complementariedad y asociación entre diferentes plantas para potenciar la fertilidad de la tierra durante el ciclo productivo, así como dejar en barbecho (descanso) la tierra cada determinado tiempo (establecido de acuerdo a las condiciones de cada espacio productivo).
  • Prioriza el uso de energía renovable y/o autogenerada (energía solar, eólica, hidroeléctrica a micro escala, biogás, etc.) en detrimento del uso de las energías convencionales (carbón, gas, petróleo, hidroeléctricas a mega escala, nuclear, etc.).
  • Promueve espacios de comercialización en circuitos cortos con la menor cantidad de intermediarios posibles, fomentando también otras formas de intercambio no capitalista (trueque, trabajo comunitario/voluntario, créditos sin intereses, etc.).
  • Considera dentro del proceso el reciclado de diferentes elementos de descarte que pueden reconvertirse en el propio ciclo productivo (compost con desechos orgánicos, fertilizantes o biogás a partir del excremento de animales, reutilización de agua de lluvias y uso doméstico para el riego, etc.).
  • Concibe que el uso de maquinarias y de tecnología se encuentren al servicio del productor campesino, para mejorar o aligerar su fatiga en el trabajo, pero el proceso de trabajo queda siempre bajo la (auto) gestión del productor familiar campesino. Contrario a lo que ocurre en la lógica empresarial del agro negocio, donde los trabajadores, como en el conjunto de la industria capitalista, quedan subsumidos a la lógica del capital, las maquinarias y la tecnología perdiendo su capacidad de gestión del ciclo productivo.
  • Complementa la (auto) gestión del proceso de trabajo y del ciclo productivo con los propios ciclos de la naturaleza, a fin de propiciar una relación de armonía entre la producción agrícola con la reproducción de la vida humana con perspectiva de género y la propia reproducción de los ecosistemas.
  • Favorece la creación de un tipo de trabajo que genera mayor empleo por hectárea respecto a las grandes plantaciones de monocultivos.
  • Cumple en general funciones vitales que el tradicional capitalismo agrario no contabiliza, tales como: el resguardo de saberes ancestrales, resiliencia climática, guardianía de semillas, practicas plurinacionales e interculturales, cuidado de bosques y defensa de la soberanía alimentaria.

Quisiera puntualizar una idea final. Se suele tildar a los promotores de la agroecología como voluntaristas, fanáticos que ignoran los «desafíos reales de alimentación» que enfrenta el planeta. O bien se nos etiqueta como opositores radicales a los avances tecnológicos, sobre todo en el campo de la biotecnología. La realidad es que ninguna de las dos acusaciones es, al fin y al cabo, cierta. Los sistemas alternativos de producción, con los debidos apoyos desde las políticas públicas y las regulaciones de mercado pertinentes, son capaces de alimentar en forma sana a toda la población mundial. Las cifras de producción de alimentos agrícolas consumidas por seres humanos avalan esta afirmación.

En cuanto a la postura sobre el avance científico y tecnológico, la agroecología es compatible con aquellas innovaciones que prueben ser social y ambientalmente responsables. Lo que vemos es que los principales financiamientos para la producción de ciencia agrícola –como de la ciencia en general- están orientados a promover el control de las cadenas de valor y el enriquecimiento de las empresas transnacionales, excluyendo o subordinando el medio ambiente y las necesidades humanas auténticas.

Si algo puede llamarse fanático hoy día es la creencia ciega de que la acumulación de capital ilimitado puede ir de la mano con la protección integral de los ecosistemas y con la promoción de la salud humana. La agroecología conviene verla entonces como un referente ético y demostrativo de lógicas y sistemas alternativos frente a los actuales desafíos sociales y ambientales.

Carlos Pástor Pazmiño es un politólogo ecuatoriano. Es doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Andina Simón Bolívar. Es un destacado investigador de las problemáticas agrarias, los grupos económicos agroalimentarios, las luchas campesinas e indígenas y la geopolítica agraria. Es miembro del grupo de trabajo Estudios Críticos del Desarrollo Rural del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Se desempeña como asesor de la Subsecretaria de Agricultura Familiar Campesina del Ministerio de Agricultura y Ganadería de Ecuador.

Nueva Sociedad (NUSO) Leer

 

Reparemos: "desde la segunda guerra la ciencia estuvo muy asociada al capital, a sus objetivos. A esta ciencia, con mucha frecuencia e incluso desde el mismo discurso científico y sus amplificadores, se le quita el plural -es decir, la enorme diversidad que tiene en su interior. En este sentido, creo que es bienvenida la controversia sobre estos conocimientos y discursos. En general los científicos estamos poco entrenados para discutir nuestros discursos con las comunidades en territorio, y creo que eso es algo que es necesario profundizar, no precisamente evitar. Para eso es importante entender la ciencia en su contexto, los científicos debemos ser capaces de ubicarnos como uno de los actores centrales pero no únicos en este tipo de problemáticas".

 

 

Transgénicos y soberanía alimentaria:

controversias desde las ciencias a nuestros cuerpos.

9 de mayo de 2018

 

Guillermo Folguera es licenciado en filosofía y doctor en biología por la Universidad de Buenos Aires, Investigador CONICET por el área de la Filosofía de la Biología y profesor de Historia de la Ciencia en FCEN (UBA). Nos cuenta cómo se marcan y legitiman las relaciones entre discurso científico y política, cómo se racionalizan los impactos de la agroindustria en la justicia ambiental, y también, sobre formas y prácticas alternativas para una sociedad más sostenible.

 

¿Cómo analizás el impacto socioambiental de los organismos genéticamente modificados (OGM)?

Hay por lo menos dos dimensiones que a mi entender tienen que ponerse en juego. Uno es el aspecto ambiental. En el caso argentino, a partir de la llegada y consolidación a mediados de la década de los 90 de los OGM (también llamados transgénicos), como parte de un paquete tecnológico que involucra tanto la semilla como el herbicida asociado (principalmente el glifosato), las consecuencias ambientales han sido impresionantes. Principalmente, el corrimiento de la barrera agrícola y la deforestación que acompañaron al modelo transgénico produjeron efectos tales como desertificación y las inundaciones, que se intensifican por las deforestaciones de Paraguay, Bolivia y Brasil en las cuencas de los ríos que llegan a la Argentina.

La otra dimensión es el impacto social. Uno de los principales fenómenos es una concentración notable en la propiedad y el uso de la tierra, que hoy está en manos de menos personas que hace 10 ó 20 años, proceso que ha sido acompañada de un éxodo rural a ámbitos periurbanos y urbanos. También, algo de los que se habla menos y está poco estudiado pero que es muy importante, es el deterioro en la calidad de los alimentos. La sobreproducción de soja ha llevado a su incorporación a una gran cantidad de alimentos de consumo masivo. En términos productivos, la pérdida de una gran cantidad de cultivos que son reemplazados por la soja significa la pérdida de diversidad alimentaria, y por lo tanto de soberanía alimentaria.

Cuando se observa el rol de la ciencia en los conflictos ambientales se ve una situación paradójica. Por un lado, existe una demanda creciente a la ciencia para interceder en controversias sobre el ambiente y resolver sobre los hechos en disputa, por otro, los conocimientos científicos que se ponen en juego son cada vez más discutidos y se vuelven en sí mismos objeto de controversia, exacerbando el conflicto que venían a resolver. ¿Cuáles son las causas de esta situación, y cómo se puede salir de este círculo?

Una de las causas es que desde la segunda guerra la ciencia estuvo muy asociada al capital, a sus objetivos. A esta ciencia, con mucha frecuencia e incluso desde el mismo discurso científico y sus amplificadores, se le quita el plural -es decir, la enorme diversidad que tiene en su interior. En este sentido, creo que es bienvenida la controversia sobre estos conocimientos y discursos. En general los científicos estamos poco entrenados para discutir nuestros discursos con las comunidades en territorio, y creo que eso es algo que es necesario profundizar, no precisamente evitar. Para eso es importante entender la ciencia en su contexto, los científicos debemos ser capaces de ubicarnos como uno de los actores centrales pero no únicos en este tipo de problemáticas. La capacidad de un experto de producir tecnología no lo ubica como la voz fundamental frente a un conflicto.

 

¿Qué ciencia necesitamos como sociedad? ¿Cuál sería el rol adecuado del conocimiento científico en el debate social sobre políticas ambientales?Necesitamos una ciencia que sea capaz de abordar verdaderamente este tipo de problemáticas sociales y ambientales, pero siempre bajo la consideración de qué supuestos se involucran, qué finalidades están en juego, qué diversidad presenta en su interior, cosas que raramente están explicitadas. Este pensamiento muchas veces se toma como una posición anticientífica, y yo creo que es todo lo contrario, justamente tiene que ver con poner en juego la naturaleza de la ciencia. Es a partir de estas caracterizaciones que se puede establecer un verdadero diálogo con las prácticas y discursos que se generan en territorio. A mi me sorprende el nivel de monismo que se construye a partir de esto, sobre todo por la serie de desconocimientos que implica, no solo de las praxis y discursos alternativos, sino de los propios supuestos involucrados en el conocimiento científico.

Y en relación a la pregunta de la finalidad, del para qué, necesitamos una ciencia que no se centre tanto en asuntos redituables al capital y motorizados por el mercado, sino que aborde y ponga en juego necesidades verdaderas de la sociedad y no inventadas o transformadas por el mercado. Tomemos por ejemplo el caso del IANIGLA (Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales), donde la gente en territorio veía que la mayoría de los científicos que estaban abordando el problema terminaba defendiendo más los intereses de la Barrick Gold que la de aquellos que vivían en el territorio. Creo que si se toman en cuenta estos elementos vamos a salir de esta encrucijada y evitar ese tipo de conflictos.

 

¿Cómo evaluás la ciencia hegemónica sobre los OGM?

Un elemento clave para pensarla, nuevamente, es la pérdida del plural con respecto a las ciencias. Esto frena conocimientos científicos que podrían actuar y no lo hacen. Las ciencias sociales, por ejemplo, han tenido prácticamente nula intervención frente al debate sobre transgénicos. Pero incluso las ciencias naturales la han tenido solo en alguno de sus campos. Aquí el debate aparece monopolizado por ingenieros agrónomos y genetistas moleculares, y muy raramente participan ecólogos o biólogos evolutivos. Pero más allá de esto, cuándo uno analiza qué líneas de investigación y qué supuestos de conocimiento aparecen en los campos que sí se jerarquizan, se ve que prevalecen las miradas deterministas y simplificadoras. Una de las cosas que hemos investigado en el grupo de Filosofía de la Biología, es que cuando la genética molecular habla de transgénicos, hace una simplificación de la relación genotipo-fenotipo (el fenotipo es el rasgo visible de un organismo que deriva del resultado de la interacción entre su genotipo y el entorno). Mientras la genética molecular al hablar de organismos en general establece una relación compleja entre el genotipo-fenotipo, en donde los mecanismos complejizantes son muchos, al hablar de los OGMs éstos desaparecen. Y entonces, los técnicos de los OGMs nos explican que no hay riesgos asociados, que basta una modificación en el genoma para que se modifique el fenotipo de la manera deseada sin otra consecuencia asociada. Pero ésto no funciona así, ni siquiera siguiendo el propio discurso de la genética molecular cuando no habla de transgénicos. En este sentido, aparece frecuentemente lo que nosotros llamamos el carácter publicitario del discurso científico hegemónico, una combinación de fuertes promesas (como por ejemplo solucionar el problema del hambre), y a la vez una omisión de los factores de riesgo y los efectos negativos, de la misma manera que lo hace la publicidad con los productos de consumo.

 

¿Qué relación ves entre la industria de los OGM y las preocupaciones crecientes sobre soberanía alimentaria y justicia ambiental?

La relación es muy estrecha. Hay que remarcar que la historia de la pérdida de soberanía alimentaria e injusticia ambiental es anterior a la década de los noventa en Argentina, cuando desembarcan los transgénicos y sus herbicidas asociados, pero es en este período donde se consolidan muchas de las tendencias previas y además se armaron engranajes nuevos. A partir de los transgénicos se genera todo un escenario nuevo alrededor del discurso de la innovación, que trae aparejado un proceso de privatización del saber, muy vinculado al desarrollo de patentes, donde por ejemplo Monsanto puede reclamar el cobro del uso de semillas. Esto empeora el escenario anterior. Una de las consecuencias principales de esta tendencia tiene que ver con la pérdida de autonomía.

 

La industria de los transgénicos ha implicado un incremento de las relaciones de dependencia con las grandes empresas y los países hegemónicos, y no puede haber justicia y soberanía si no hay autonomía por parte de las comunidades. Esto pone en juego no solo la relación con las multinacionales, sino con un estado nacional, que ha tomado en argentina un carácter neoliberal. Aunque recientemente esta tendencia ha tenido discontinuidades, en el marco de la cuestión de la soberanía existe una continuidad fuerte entre los modelos del kirchnerismo y el macrismo, que es la de un estado de carácter empresarial que genera patentes en colaboración con el sector privado, y que ha buscado, a la par de los deseos de empresas como Bayer o Monsanto, el incremento de la dependencia y la minimización las autonomías de las comunidades en territorio. Esto se ha repetido en la región tanto los gobiernos denominados progresistas como las clásicamente neoliberales han reproducido las mismas políticas al respecto con consecuencias por ende también similares.

En esa línea, ¿Qué iniciativas interesantes podés destacar a nivel local/regional?Muchísimas. Si bien la búsqueda de soberanía alimentaria en territorio es difícil, ya que en términos de escala es complicado tener autonomía cuando estás fumigado alrededor, hay muchísimos emprendimientos en diferentes lugares, Córdoba, Misiones, Buenos Aires, Santa Fe, etc. Recomiendo un documental muy interesante de Miguel Mirra, Agroecología. Tiempo de labranza (se puede ver en este link), donde se recuperan varias experiencias que muestran este carácter de autonomía fundamental que tiene la agroecología como búsqueda de una soberanía que está en juego. En general, estas experiencias tienen carácter local, y a nivel regional empiezan a menguar, pero aparece un entretejido que se está formando, y que probablemente se termine de formar más temprano que tarde.

A nivel urbano, existen resistencias parciales, como pequeñas huertas o ferias, que si bien no alcanzan todavía para dar un enfrentamiento fuerte al modelo de la agroindustria, evidentemente empiezan a ser formas importantes de visibilidad de esta serie de problemas y de desnaturalización de las prácticas hegemónicas.

¿Cómo pueden aportar las personas desde su práctica cotidiana para mejorar esta situación?

Creo que es importante comenzar por el reconocimiento de la vida en territorio, lo que implica por un lado el reconocimiento de una diversidad de estrategias de vida ubicadas espacio-temporalmente, y el de un territorio que hay que pensarlo no a corto plazo sino al largo. En este sentido el cortoplacismo que está instalado creo que es un foco necesario y fundamental de rebeldía. Frente a esta vida en territorio hay que poner en juego estrategias de vida, conjugarlas con autonomía. En el marco de un momento histórico, social, político y económico, donde no se nos facilita ninguna posibilidad de elección, es importante elegir: el camino, lo que comemos, cómo destinamos el tiempo, cómo nos relacionamos con la naturaleza. Yo creo que este carácter de elección es fundamental para revertir esta situación tanto de manera local como regional, repensando cómo estamos viviendo y haciéndonos dueños de nuestro propio destino.

Amigos de la Tierra Argentina

Leer,

 

 

Necesitamos, abajo y a la izquierda, generalizar la conciencia sobre que: "El sistema extractivista genera  territorialidades, ordenamientos geográficos, que se ven articulados jerárquicamente en torno a procesos hegemónicos de acumulación de capital; genera poder sobre los cuerpos; genera configuraciones narrativas y culturales funcionales a estas dinámicas; reproduce un proceso metabólico particular sobre la naturaleza y la producción de energía. Se hegemoniza no sólo al establecer una estructura organizada, transnacionalizada y corporativa de extracción/producción de energía y materia para el mercado mundial, sino también al intentar configurar los procesos productivos moleculares y territoriales haciendo que se deriven de ésta".

 

En refuerzo de este enfoque de Emiliano Teran Mantovani, Andrés Carrasco nos explica la realidad profunda del modelo de agronegocios.

 

 

 

Declaración Latinoamericana por una Ciencia Digna –

Por la prohibición de los transgénicos en Latinoamérica

17 de junio de 2014

"En la coyuntura actual, el debate se ha extendido al rol y el desarrollo de una ciencia cada vez más dependiente de los poderes hegemónicos, violando el derecho a una ciencia autónoma para beneficio directo de la sociedad que la produce. En ese contexto los cultivos transgénicos, son vehículos diseñados, no para alimentar al mundo, sino para la apropiación sistemática e instrumental de la naturaleza; y sin duda un instrumento estratégico de control territorial, político y cultural, de una nueva etapa neocolonial que impone tecnologías que satisfagan la nueva fase de acumulación en la organización global del capitalismo."

 

Compartimos con orgullo el documento que el Dr. Andrés Carrasco nos ha dejado como inciativa para la constitución de la Unión de Científicos comprometidos con la Sociedad (UCCS) de América Latina y que fue leido ayer en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario en el Homenaje que se le rindió. De esta manera quedó además instituido el 16 de junio como Día de la Ciencia Digna.

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El modelo de agronegocios y el control territorial

La apropiación por despojo de tierras y territorios debe ser vista en el marco de un diseño geopolítico extendido a lo largo y ancho de América Latina y que forma parte de un Proyecto de dominación y control de la producción de alimentos mediante la diseminación legal e ilegal, de semillas genéticamente modificadas o transgénicas. Este diseño intenta imponer a los países productores un modelo común de aprobación, comercialización y propiedad intelectual de las semillas, modos de producción y tenencia y uso de la tierra, modificación de las leyes de las naciones latinoamericanas, africanas y asiáticas, derogando así la soberanía y seguridad alimentarias de nuestros pueblos. Este modelo ha convertido en mercancía los alimentos y otros bienes comunes, ocasionando un exterminio genocida de los pueblos saqueados. La imposición de los modelos extractivistas impide, además, profundizar las democracias de los pueblos, fragilizando así sus lazos comunitarios al forzarlos a entregar sus riquezas a través de la apropiación por despojo del territorio, de sus actividades productivas y de su cultura.

 

El modelo extractivista, es una pieza fundamental del modelo neocolonial de apropiación por despojo. Es imposible entenderlo sino a través de un fuerte protagonismo de una tecnología amañada y con fundamentos científicos frágiles en concepción. Este modelo es una construcción política que se pretende imponer desde algunos gobiernos corruptos asociados a las transnacionales, que se extiende a gran parte de Latinoamérica como un mecanismo de saqueo de los bienes comunes y de la identidad cultural. Lo anterior se ha constituido en una verdadera guerra sostenida con base en tecnologías de alto impacto y difícil reversión que devastan nuestros territorios utilizándolos como campos experimentales, concentrando y transnacionalizando de esta manera la propiedad.

¿Es la ciencia cada vez más autónoma?

En la coyuntura actual, el debate se ha extendido al rol y el desarrollo de una ciencia cada vez más dependiente de los poderes hegemónicos, violando el derecho a una ciencia autónoma para beneficio directo de la sociedad que la produce.

En ese contexto los cultivos transgénicos, son vehículos diseñados, no para alimentar al mundo, sino para la apropiación sistemática e instrumental de la naturaleza; y sin duda un instrumento estratégico de control territorial, político y cultural, de una nueva etapa neocolonial que impone tecnologías que satisfagan la nueva fase de acumulación en la organización global del capitalismo que necesita la sustitución de los modos tradicionales de mejoramiento agrícola por métodos antinaturales.

Los resultados están a la vista a la hora de analizar la eficacia resultante de la imposición de este sistema agrícola industrializado y nefasto que incluye la deforestación y el fracaso en sus promesas sobre la inocuidad y preservación de las semillas nativas. Como vemos, es el resultado de una tecnología que nunca debió haber salido del ámbito experimental. 

 

Una verdadera arma de guerra.

Seria de esperar que ninguna nación democrática y soberana sometiera su desarrollo intelectual, tecnológico y científico a los intereses de un sector particular y minoritario, sea este nacional o internacional. Los pueblos latinoamericanos tienen el derecho irrenunciable a desarrollar una ciencia transparente, autónoma y que sirva a sus intereses. Para ello esa ciencia deberá comprometerse con honestidad, teniendo en cuenta que de no hacerlo así, puede violar su compromiso con la verdad, para formar parte de la legitimación que todo desarrollo tecnológico dominante requiere como instrumento de control y colonialismo.

En esto existe desde hace ya largo tiempo, una dimensión de ciencia epistémica que interpela su autonomía absoluta, neutralidad y universalidad, desde donde se debe encarar la tarea científica como un servicio desde un “lugar situado” en la sociedad (no el “mercado”), teniendo en cuenta sus intereses y necesidades.

 

La fragilidad científica de la biotecnología “moderna”

No pocos biólogos moleculares y sus primos los biotecnólogos suelen incurrir, con ímpetu, en gruesos errores conceptuales que hacen que la ciencia no pase por su mejor momento de la percepción social. La relación entre la industria y los medios de comunicación colectiva expresan descripciones periodísticas sobre los avances “humanitarios” de los organismos genéticamente modificados (OGM). En estos se proponen los cultivos transgénicos para erradicar del continente africano “décadas de desesperación económica y social” (National Post Canada). Artículos como éste aparecen dispersos en las secciones científicas de una gran mayoría de medios escritos (New York Times, Time, Toronto Globe, The Guardian, The Economist, Slate, New Scientist, Forbes y cientos de otros). El manantial de las buenas noticias en biotecnología se limita a un número muy limitado y cuestionado de proyectos con OGM: vacunas comestiblesyuca biofortificada, arroz dorado, y una batata resistente a un virus, como verdaderas ofensivas mediáticas. Las bases científicas de estos anuncios son débiles o inexistentes y se sustentan invariablemente en investigaciones preliminares o no publicadas, o que ya han fracasado. Lo anterior exhibe el fracaso de una prensa científica por cumplir con los requisitos de un periodismo riguroso y escéptico. La industria de los OGM se ha aprovechado de esto para proyectar una imagen de sí misma como éticainnovadora y esencial para un futuro sostenible, que en realidad no tiene relación alguna con la realidad. Pero además, muestra que la agroindustria tampoco se somete a la evaluación formal de los resultados que sustentan sus promesas.

De igual manera, otras imposturas y excesos más específicos, han ido erosionando la percepción social de la ciencia como sistema explicativo del mundo. Veamos:

1) Los transgénicos, desde sus inicios en el ojo de la tormenta, nos vuelven a traer esa extraña y cada vez más transparente relación funcional del pensamiento biológico reduccionista con la ideología que preside la hegemonía neoliberal en esta etapa. Existe la necesidad de instalar un relato legitimador desde la ciencia que desmienta sus efectos negativos en la naturaleza, que sostenga la equivalencia entre alimentos naturales y los transgénicos, que los defina como nuevas variedades, y descarte el acecho de sus impactos negativos en la naturaleza y en los profundos cambios futuros de la estructura geopolítica cultural de los pueblos. Para cerrar ese relato, los defensores de los OGM denominan a todos aquellos que defienden el Principio de Precaución del impacto tecnológico, como “ambientalistas anticientíficos”. En realidad definir sin fundamentos y desde el podio político quien tiene un pensamiento científico o anticientífico, es un signo de dogmatismo cerril que paradójicamente interpela la propia seriedad del juicio de quién lo emite.

Decir que el “ambiente interactúa con el gen” es insuficiente. No se desmarca del determinismo clásico y no incluye interpelación alguna a la concepción reduccionista en biología. Sigue siendo una idea mecanicista que ignora el concepto de fluidez del genoma en el cual los genes pierden su definición ontológica y pasan a ser parte de una complejidad relacional que desafía toda linealidad jerárquica para reemplazarla por una red funcional compleja que recién empezamos a vislumbrar después de 20 años de lanzada la idea del “genoma fluido”.

2) Este sector “científico” defiende la manipulación genética de los organismos asumiendo que los OGM tienen los mismos comportamientos cuando son liberados en la naturaleza a aquellos observados en el laboratorio. Las afirmaciones infundadas de que los OGM “son naturales” y que “son nuevas variedades”, parten de asumir que la técnica experimental empleada es precisa, segura y predecible, lo que vuelve a ser un grueso error y un desconocimiento de las teorías básicas y elementales de la biología moderna. En esa concepción están ausentes el rol del tiempo en la génesis de la diversidad y la valoración de los mecanismos naturales que la sostienen. Hay que reconocer que, en el proceso evolutivo como mejoramiento de las especies, la reproducción sexual y la recombinación del material genético son los mecanismos biológicos y ambientales que regulan la fisiología del genoma, y por ende, los que generan la diversidad. Por eso empeñarse en insistir que los procedimientos usuales de domesticación y mejoramiento de especies alimentarias pueden equipararse con las técnicas de alteración genética de organismos por diseño (OGM) planteadas por la industria, es una idea reduccionista inaceptable. Decir que el mejoramiento realizado por el hombre durante 10.000 años en la agricultura y la modificación por diseño en un laboratorio son exactamente lo mismo expresa la pretensión de olvidar que la cultura agrícola humana ha respetado esos mecanismos naturales, que se basa en la selección de nuevas variedades de poblaciones originadas por entrecruzamiento al encontrar el fenotipo adecuado.

 

Este mejoramiento no es consecuencia del simple cambio de la secuencia, incorporación o perdida de genes, sino la consolidación de un ajuste del funcionamiento del genoma como un todo y que hace a la variedad útil y predecible (por eso es una variedad nueva). Este ajuste puede involucrar genes asociados a una o varias características fenotípicas diferentes pero cada vez más acompañados por muchos “ajuste fluidos” de carácter epigenético y que en su mayoría desconocemos. De lo anterior se desprende que una nueva variedad representa una mejora integral del fenotipo para una condición determinada donde seguramente todo el genoma fue afectado con un ajuste fisiológico de su “fluidez”. En este marco conceptual un gen o un conjunto de genes introducidos en un embrión vegetal o animal en un laboratorio, no respetan, por definición, las condiciones naturales de los procesos de mejoramiento o la evolución de los organismos; por el contrario, más bien violan procesos biológicos con procedimientos rudimentarios, peligrosos y de consecuencias inciertas que mezclan material genético de las plantas con el de distintas especies (vegetales y animales).

 

La transgénesis altera directa o indirectamente el estado funcional de todo el genoma como lo demuestra la labilidad de respuesta fenotípica de un mismo genotipo frente al medio ambiente. En la ignorancia de la complejidad biológica (hoy hablamos de desarrollo embrionario, evolución y ecología como un sistema inseparable) se percibe la presencia de un insumo esencial: la dimensión ontológica del gen. No reconsiderar este concepto clásico del gen como unidad fundamental del genoma rígido concebido como un “mecano”, una máquina predecible a partir de la secuencia (clasificación) de los genes y sus productos que pueden ser manipulados sin consecuencias, expresa el fracaso y la crisis teórica del pensamiento reduccionista de 200 años, largamente interpelado por Steven Rose, Stephen Jay Gould, Richard Lewontin, Eva Jablonka, Mae Wan Hoo, Terje Travick, entre otros. Lo anterior hace ver también la imposibilidad, en términos científicos y epistemológicos, de poder considerar a los OGM como variedades naturales, en tanto que son cuerpos extraños que intervienen en el mundo natural alterando la evolución biológica de manera impredecible. Para algunos, la capacidad de poder manipular el genoma se ha transformado en el deseo de la omnipotencia.

 

Debería recordarse que la complejidad no es un capricho de la naturaleza, sino una configuración integral de ésta y que, en ese sentido, desarmar a la naturaleza “para su comprensión” es cada vez más insuficiente. Lo ilógico aquí es pretender hacer desde esta limitación un cierre virtuoso de una tecnología que nació para comprender limitados procesos a nivel molecular para poder expandirlos en la propia naturaleza sin criterios creíbles ni predecibles. El proceso de generación de organismos, repetimos, es inasible, pero podemos estudiarlo. Alterar un organismo con un pedazo de ADN propio o ajeno no es fisiológico. Lo único que detiene a la naturaleza de mayores desastres es no romper con la posibilidad de mecanismos que aminoren desastres para su reproducción y permanencia.

 

3) Los científicos defensores de los transgénicos atraviesan en esta etapa, que los expone afuera del laboratorio, con la ansiedad de no perder protagonismo. La necesidad de legitimar la tecnología se transforma en una pulsión, anticientífica y dogmática. Más aun, la afirmación de que el problema no está en la técnica sino en su uso, es doblemente preocupante porque además de no ver el pensamiento reduccionista que los preside, oculta la creciente subordinación y fusión de la ciencia con el poder económico revalidando las bases cientificistas productivistas y tecnocéntricas que emanan del neoliberalismo en su versión actual. La legitimación recurre a la simplista idea de que la tecnología por ser neutra y universal representa siempre progreso.

 

Y que si algo falla es debido a la intromisión de un impredecible Dr. No que la va usar mal y que cualquier posible daño derivado de ésta será remediado en el futuro por otra “tecnología mejor” o por el ingenuo argumento de la regulación del Estado, aunque sepamos que éste es socio promotor de los intereses que controlan el “desarrollo científico” en nuestros países.

 

Prefieren desconocer que estas tecnologías son productos sociales no inocentes, diseñadas para ser funcionales a cosmovisiones hegemónicas que le son demandadas por el sistema capitalista. Decir que los problemas “no tienen que ver con la tecnología transgénica” y que los que se oponen “están minando las bases de la ciencia” es parte de la predica, “divulgación” y diatriba contra cualquiera que sostenga lo contrario. No hay nada más anticientífico que recortar o ignorar la historia de la evidencia científica, y asignarse a sí mismos la función de ser la pata legitimadora que provee la “ciencia” actual a la apropiación por despojo de la acumulación precapitalista que sufren nuestros pueblos en estos tiempos. El círculo se cierra al ocultar el condicionamiento y cooptación de instituciones como las universidades públicas y el sistema científico por las fuerzas económicas y políticas que operan en la sociedad. Logran así el mérito de ser la parte dominada de la hegemonía dominante.

 

Quienes así piensan y actúan nos quieren hacer creer que todo es técnico, disfrazando la ideología de ciencia, al suplantarla por una “ciencia” limitada y sin reflexión critica. De esta manera se abstraen de las relaciones de fuerza en el seno de la sociedad, poniendo ésta al servicio del poder dominante. Mientras tanto, en el colmo de su omnipotencia auguran catástrofes de todo tipo si la sociedad no asume con reverencia que este es el único camino posible para alcanzar el “progreso”. El planeta es para ellos infinito y los ecologistas unos retrógrados. Mientras tanto éstos disfrutan del momento actual, aceptando “participar” del diseño del mundo y de la sociedad futura. Son parte del poder. ¿Qué se les puede pedir? ¿Honestidad en sus dichos? Son los expertos que burocráticamente diseñan, consciente o inconscientemente, el mal y banalizan la ciencia.

 

4) El alarde desmedido que muestra la actual falla epistemológica del pensamiento científico crítico en el marco del análisis de las teorías actuales, así como el “avance tecnológico”, incursionan en la naturaleza aplicando procedimientos inciertos que simplifican la complejidad de los fenómenos biológicos para “vender certeza” y proponer, por ejemplo, desde el sector privado y acompañados por el entusiasmo de importante investigadores, la transformación de la naturaleza en una “factoría” de productos, donde las plantas serían sustitutas de procesos industriales. Una verdadera naturaleza artificial adecuada y necesaria para los grandes negocios. Hay en todos estos discursos mucha ambición, soberbia, una pobre comprensión de la complejidad biológica y, por supuesto, poca ciencia. Hay grandes negocios y un enorme relato legitimador que los científicos honestos no podrán evitar interpelar, aunque las empresas transnacionales compren todas las editoriales de revistas científicas o bloqueen las publicaciones y voces que interpelan el sentido de la ciencia neoliberal-productivista. La ciencia, su sentido del para qué, para quién y hacia dónde, están en crisis y nosotros en la patria grande no podemos fingir demencia si queremos sobrevivir soberanamente

(...)

 

La obediencia epistémica en la ciencia en la colonialidad extractivista.

En el origen, el problema estuvo en el cientificismo positivista como parte del modelo colonial europeo. Ni aquel, ni la actual tecnociencia productivista del neoliberalismo, son alternativas válidas para los pueblos proveedores de recursos. Ahí aparece claramente el desafío de lograr poner al conocimiento científico al servicio de la armonía necesaria entre las necesidades -no hablamos de demandas producidas por el consumo indiscriminado- de la sociedad y la naturaleza, que encause la curiosidad y la búsqueda que dinamiza la ciencia, hacia una verdadera función social.

El sometimiento científico se agrava cuando el fundamento científico que impulsan las empresas fabricantes y comercializadoras de organismos genéticamente modificados (OGM) es una ciencia anacrónica y con un valor de verdad cada vez más cuestionable y cuestionado entre y desde amplios sectores de la propia comunidad científica. Esta mirada anacrónica, todavía hegemónica, ha encontrado en el reduccionismo biológico y el absolutismo genocéntrico de los científicos, su principal sostén. Estos comienzan con la concepción de los mecanismos de herencia imperantes desde fines del siglo XIX, impuestos por la genética mendeliana, que promovieron -junto al neodarwinismo- en un gran relato, la llamada “síntesis moderna” (y que redujo la teoría de la evolución a la selección natural al buscar sus bases en la genética de Mendel). Esta síntesis, hija de la eugenesia galtoniana y de las escuelas de higiene racial anteriores a la 2da Guerra Mundial, tuvo su clímax y sentido epistémico cuando dio lugar al desarrollo de la biología molecular que comenzó con la estructura tridimensional de los ácidos nucleicos en 1953 por James Watson y Francis Crick y su interpretación plasmada en el concepto mecanicista del “Dogma Central de la Biología Molecular” postulado en 1970 por Francis Crick.

Esta mirada puso al gen en el centro del flujo de la información, condicionando a la biología evolutiva y del desarrollo de los organismos e ignorando la compleja interacción existente de la filogenia y ontogenia con el medio ambiente. Esta es la visión que dominó la escena, no inocentemente, y que desde hace años ha venido siendo interpelada cada vez con mayor fuerza. En verdad esta visión es parte de una concepción en línea con el marco positivista de origen europeo.

La complejidad es ignorada en la explicación biológica actual, refleja la tendencia a la clasificación, al aislamiento, y a la manipulación de los genes concebidos como unidades ontológicas. Esto no sólo es una teoría biológica general errónea, sino que afecta a la comprensión de la naturaleza y se convierten en un instrumento. Un instrumento alineado con la necesidad, cada vez más imperiosa, de controlar y manipular la naturaleza habilitando específicas aplicaciones en la tecnología que salen de los procesos fisiológicos ontogénicos y filogénicos. En efecto, la falla de la teoría general no es una equivocación, sino que se produce en una relación compleja con los intereses industriales concentrados y hegemónicos que han encontrado en esa falla una oportunidad de negocios para fortalecer el error por necesidad y sometiendo a la propia ciencia. Si el reduccionismo es un instrumento de una mirada civilizatoria -una manera de mirar la naturaleza no armoniosa y apropiante-, la fijación de esa mirada y su deriva tecnológica estalla cuando ella abandona los laboratorios y se convierte en un instrumento de los intereses propios de los procesos industriales concentrados.

 

Es durante esta última etapa donde los movimientos tectónicos en el plano teórico-experimental interpelan al reduccionismo y comienzan a incorporar conceptos como complejidad, incertidumbre, plasticidad y especialmente considerar al organismo indivisible. Una historia en un medio ambiente dado. Así confronta con el determinismo eugenésico que inauguró esta saga en la segunda década del siglo XIX. Lo anterior produjo un acelerado conjunto de conocimientos que abrieron mundos complejos, poco comprendidos, conceptos de herencia no mendeliana y de la biología evolutiva que evocanmecanismos lamarckianos, la fluidez del genoma y el entrelazamiento de nuevos e impredecibles mecanismos regulatorios cuyas combinatorias determinan los fenotipos, entre otros, que sorpresivamente hicieron caer el mundo estructurado alrededor de la prevalencia ontológica del gen. Lejos de retirarse, el pensamiento reduccionista actual pretende descargar en los mecanismos moleculares de células, tejidos, sistemas y organismos para manipularlos y convertir el mundo de lo vivo en una fábrica de productos comerciales.

No sabemos si esta ciencia podrá, algún día, aun con su limitación epistemológica, desarmar las partes de los organismos vivos y comprender el todo complejo que ellos representan. Pero más allá de esta cuestión es necesario notar que la discusión entre los enfoques biológicos “clásicos” y alternativos, reduccionistas y no reduccionistas, no son ingenuos. Éstos imponen la necesidad de abrir la discusión sobre lo que sabemos y no sabemos antes de desparramar OGM en el planeta. La discusión sobre las bases de la incertidumbre, predictibilidad de los fenómenos biológicos, es tan importante que los científicos deberían ser guardianes de aquella sobre todo al momento de aplicar estos conocimientos en “procesos industriales de escala” ya que habilita la manipulación de la complejidad natural encerrada en el núcleo de una célula o en un organismo. Por eso la manipulación genética es solo una tecnología y afirmamos que hoy no tiene una base científica sólida por lo que constituye un peligro para el equilibrio natural y la diversidad biológica y por lo tanto para el proceso evolutivo cuando ésta se aplica en la naturaleza.

 

Por lo tanto, si somos honestos debemos admitir que estamos obligados a revisar los encuadres científicos tenidos por ciertos en el mundo del agronegocio. Es indudable hoy que el mecanismo de transmisión de caracteres hereditarios no puede ceñirse a la concepción de un flujo simple y unidireccional de información que va de los ácidos nucleicos a las proteínas; tampoco puede ser considerado como mecanismo universal y único. Es por lo tanto insostenible, ya que existen complejidades en la transmisión de la información y mecanismos de herencia no-genética que interpelan la predictibilidad y seguridad biológica que tanto pregona la tecnología transgénica.

 

En verdad los genes concebidos como unidades únicas y fundamentales de trasmisión de herencia han servido, en manos de fuerzas obscurantistas y retardatarias y en manos de comunidades científicas al servicio del status quo, para la elaboración de teorías y planteamientos pseudocientíficos que tienen sin duda un claro carácter racista, sexista y clasista. Esta misma concepción reduccionista del funcionamiento biológico, hoy en día es usada como parte del cuerpo teórico de los intereses de las grandes compañías transnacionales fabricantes de OGM que sostienen que es inocuo y predecible el comportamiento de la planta transgénica al insertársele genes de otros organismos para inducir una característica fenotípica, como por ejemplo la resistencia a un herbicida, o la producción de un insecticida, sin consecuencias indeseables.

 

Esto supone que los organismos y los ecosistemas estuvieran separados y no como en la realidad sucede, profundamente interpenetrados en espacio-tiempo evolutivo. Por ejemplo, la “invención del maíz” por los pueblos originarios a partir de la domesticación del teocintle necesitó el tiempo que exigió la propia incertidumbre evolutiva de la naturaleza. Ese es el tiempo que precisamente ha sido violado por la tecnología transgénica, creando nuevas pero falsas variedades de las especies que introducidas en el medio natural configuran cuerpos extraños. Los OGM controlan la evolución de las especies comprimiendo el tiempo evolutivo con la manipulación de laboratorio a imagen de las necesidades de las grandes empresas creando nuevas especies. Lejos, muy lejos, supera la omnipotencia de Jurassic Park.

 

La transgénesis es un legítimo procedimiento experimental que nunca debió salir del laboratorio para ser introducido en el medio natural. Afirmar que el comportamiento de los OGM puede ser predecible en el medio natural es ocultar el conocimiento biológico que alerta sobre la complejidad del comportamiento de los sistemas. No se ha considerado que la inserción de transgenes en organismos como el maíz, el trigo o el arroz puede disparar una dinámica incontrolable de dispersión de éstos en poblaciones silvestres, algo no deseable para ninguna especie por los efectos impredecibles que pueden tardar muchas generaciones en manifestarse, debido a la existencia de genes silenciados y regulaciones biológicas aún desconocidas. Cuando se desestabiliza una especie siempre hay repercusiones sobre las otras especies, tanto vegetales como animales, debido a los vasos comunicantes existentes en los ecosistemas.

Además, la posibilidad y el ritmo de la contaminación resultante de su implantación en la naturaleza aumenta con los años, décadas y aún siglos y puede llegar a crear una naturaleza diseñada en laboratorios que nada tiene que ver con el alimento que los pueblos necesitan. Todas con efectos irreversibles.

 

Los agrovenenos no se están yendo como prometieron las empresas.

El análisis de las evidencias experimentales dan cuenta de las consecuencias de la contaminación genética entre los OGM y sus variedades naturales (entre el 50 y 70% en Oaxaca, México), del efecto de los OGM sobre otras especies, cambios en los ecosistemas y el riesgo evolutivo por el impacto sobre la diversidad de especies usadas, muestran la perversión de un modelo que apela a todos los mecanismos para forzar al agricultor a abandonar sus prácticas tradicionales y ponerlo en indefensión y violación de sus derechos, en un acto de violencia intencional inmoral e inaceptable. Además, la evidencia del alto contenido de residuos acumulados de plaguicidas usados en el cultivo (como el glifosato), son de consecuencias impredecibles respecto de trastornos endocrinos, abortos, malformaciones y cáncer con evidencias crecientes y abundantes en la bibliografía científica independiente disponible.

 

Ante la demostración, cada vez más inquietante del impacto ambiental sobre el suelo, la flora y la fauna de los agroquímicos ligados indisolublemente al paquete tecnológico transgénico, se agregan los efectos indeseados sobre la salud de la población, a la creciente evidencia que desafía fuertemente el concepto de la equivalencia de los alimentos OGM (“equivalencia substancial”) y más recientemente, la creciente percepción de las limitaciones del propio procedimiento tecnológico. Como si fuera poco, ahora se asoma una sombra aún más ominosa, a saber, el potencial agravamiento de la situación en los países productores de maíz, con la llegada al mercado de las nuevas semillas, donde se «apilan» modificaciones genéticas que suman nuevos tipos de herbicidas para compensar el progresivo fracaso de los transgénicos resistentes al glifosato, por la aparición de tolerancias en plantas adventicias y el descenso del rendimiento por agotamiento de los suelos, entre otros; además de aumentar los riesgos por el crecimiento exponencial del uso de agroquímicos sintéticos necesarios para lograr la “efectividad” de esta tecnología.

 

Lo rudimentario de sus procedimientos ya señalados, la baja seguridad y estabilidad  

biológica de los transgénicos, la imposibilidad de controlar la transmisión horizontal espontánea de genes que se observan con las variedades originarias previstas por las empresas o planificadas como forma de penetración de los OGM, demuestran que el pregonado “progreso” voceado por la biotecnología que soporta el modelo de producción de alimentos a escala industrial, no es más que una falacia. Otra falacia habitual que usa es el slogan “con esta tecnología vamos a solucionar el hambre mundo”. Las Naciones Unidas calcularon que invirtiendo US$ 50 millardos por año hasta el 2015 se podrían alimentar y aliviar las zonas más calientes del planeta. En el salvataje de los bancos durante la crisis europea se gastaron 100 veces más. Sin palabras.

Estas tensiones modelan un mercado internacional cuyos rumbos futuros son inciertos, pero al mismo tiempo reclaman, ante el peligro de esta embestida neocolonial, un urgente y postergado debate sobre la autonomía en los países periféricos ante la prepotencia de las corporaciones y sus gobiernos en América Latina. (...)

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