Qué Estado

Noviembre 2018

Con gestión del G2O-FMI mirando a la superexplotación tanto de la naturaleza como de los trabajadores y pueblos.

 

 

 

 

Lucha de clases/capitalismo/alternativas

 

 

 En/con la lucha de clases

 

Ubiquémonos en un conflicto medular con los poderes que nos dominan a partir de aplicar terrorismos paraestatal y estatal en los setenta para su neoliberalismo:

[UAC] Comunicado público de Pu Lof Resistencia Cushamen

Desde el Puel Willi Mapu.

A nuestra Gloriosa Nación Mapuche.

A la sociedad en general:

 

El 23 de noviembre del año pasado hubo un intento de desalojo en el Lof Huincul MaPu Relmu Lafquen, zona conocida como Lago Mascardi en la ciudad de Furilofche.

En esa ocasión reprimieron fuertemente a las mujeres y sus hijos quienes resultaron todos detenidos  y aun los niños con las manos precintadas.

 

La lamien Betiana Coluan Nahuel, Machi Autoridad Ancestral del Puel Mapu fue obligada a comer tierra.

A los dos días fuerzas represivas del grupo Albatros por orden del Juez Gustavo Villanueva, irrumpe en la comunidad a los tiros asesinando por la espalda al peñi/lamien hueichafe Rafael Nahuel yem. No hay ningun un detenido a casi un año del fusilamiento de Rafa. Ni se ha visto justicia.

Pocas veces el Pueblo Mapuche, desde la mal llamada conquista del desierto ha visto algun gesto de justicia. Ciento treinta años de opresión, despojo, masacre, carcel, judicialización, hambre y frío. Eso es lo que el Estado Argentino ha generado sobre nuestro pueblo.

Por eso repudiamos tanta violencia, racismo y hostilidad.

Nuestra solidaridad con la lamien Machi Betiana Coluan Nahuel y a todos los integrantes del Lof Huincul Mapu Relmu Lafquen ante la citación a Indagatoria por parte del mismo juez que ordenó el desalojo, el asesinato de Rafa que hoy acusa a nuestros lamien de Usurpadores.

Usurpadores de un territorio donde vivió y murió el abuelo paterno de la Lamien Machi.

Territorio Mapuche que el estado se apropió para convertirlo en un parque nacional.

Desde el 6 al 9 de Noviembre a las 9 hs. en el Juzgado Federal de Bariloche acompañemos a nuestros hermanos en el marco de esta causa. A sabiendas que es un montaje más por parte del poder político, mediático y jurídico.

Nehuentuleimi Machi Betiana Coluan Nahuel ka pu lamien Lof Huincul Mapu Relmu Lafquen.

Basta de criminalizar al Pueblo Mapuche.

Taiñ Cufiquecheiem trecaleingun.

Nuestros Ancestros caminan junto a nosotros.

Libertad a los Presos Políticos Mapuche.

Libertad al Lonko Hueychafe Facundo Jones Huala.

Justicia por Santiago Maldonado y Por el hueychafe Rafael Nahuel Yem.

Fuera mineras, petroleras, hidroeléctricas de nuestro Wal Mapu.

Marici wew

Marici wew!!!!!

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Generalicemos la toma de conciencia y de partido respecto al conflicto Mapuche con la corporación Benetton.

 

 

 

Pu Lof Cushamen: cómo es y de qué manera se vive en el "territorio sagrado" mapuche donde Prefectura halló el cuerpo.

20 de octubre de 2017

 

Funciona sobre 1.200 hectáreas desprovistas de vegetación y con tierras que complican la agricultura. Carece de luz y hay poca cobertura de celulares.

 

Por Patricio Eleisegui (Enviado especial a Esquel, provincia de Chubut)

 

Kilómetro 1.840 de la ruta nacional 40. Una recta de asfalto derruido que se escabulle entre banquinas de pedregullo y pastizales escudándose del ventarrón con postes y varillas.

En tránsito desde Esquel hacia El Maitén, todo lo que se observa a lo largo de hora y media de viaje en auto pertenece casi en su totalidad al italiano Grupo Benetton.

De hecho, a poco más de 20 kilómetros de ese punto, se ubica uno de los ingresos a Leleque, el establecimiento de 183.100 hectáreas en el que la compañía europea lleva adelante desde la explotación de lana hasta el cultivo de enormes extensiones de pino.

Esto último, no exento de controversia en tanto se trata de dos especies introducida que vienen diezmando las variedades autóctonas.

Sólo una superficie apartada escapa a los alambrados de Leleque: las más de 1.200 hectáreas que comprende el Pu Lof en resistencia de Cushamen.

Se trata de la zona bajo control de la comunidad mapuche desde marzo de 2015, momento en que el Movimiento Mapuche Autónomo de Puel Mapu (MAP) inició, según indicaron distintos integrantes contactados por iProfesional, "un proceso de reconstrucción a partir de la recuperación de territorio ancestral".

A ese lugar llegó este cronista para dar cuenta de la posición que predomina en el Pu Lof.

En las márgenes del sitio en cuestión fue que se dio la aparición, a mediados de esta semana, del cuerpo que presuntamente pertenece a Santiago Maldonado.

Un territorio en el que los arbustos predominan como vegetación y la corriente helada del río Chubut asoma como la única posibilidad de agua en kilómetros.

La superficie que pueblan los mapuches, cuyo número en la zona es omitido por la misma comunidad a modo de medida de seguridad, se ajusta al paisaje de estepa patagónica que prolifera fuera de los puntos más visitados por los turistas que visitan la Patagonia.

 

"Nos protegemos como podemos, pero sobre todo pensando en los chicos, en las mujeres. Por eso vamos rotando en la vigilancia", contó a iProfesional uno de los habitantes del Pu Lof que accedió a hablar durante la visita concretada por este medio.

 

Piedra suelta, una ráfaga en remolino y una bandera con el rostro de Santiago Maldonado, se combinan en torno a la tranquera amarilla que franquea el ingreso a la comunidad en resistencia de Cushamen.

A poco más de 100 metros de esa entrada se ubica el primero de los puestos de vigilancia montados por los mapuches: se trata de una estructura de troncos ensamblados con barro y cuyos huecos se mantienen cubiertos con bolsas y telas. A muy pocos pasos de ahí se encuentra el tendido de La Trochita, el emblemático expreso del Sur.

"Tenemos varios puestos en determinados puntos de nuestro territorio. Quien ve de afuera o no es de acá, por ahí se puede sorprender. Pero es algo necesario para cuidar el lugar. Nosotros tenemos esto a diferencia de Benetton, que directamente tiene a la policía a su entera disposición", explicó otro de los integrantes de la comunidad.

Durante las más de dos horas que duró la visita de iProfesional al Pu Lof, los interlocutores variarán hasta sumar cuatro.

El puesto de vigilancia que garantiza una visual de la ruta 40 es de piso de tierra y la única manera de aclimatar la casilla es mediante un fuego que se alimenta con las pocas ramas caídas, quebradizas de tanto soportar heladas, que garantizan los árboles junto al río.

 

Precisamente muy cerca del curso de agua se ubica otro de los puntos de control de la comunidad. A poco más de 60 metros de esa construcción, también precaria, fue ubicado el cuerpo luego trasladado a Buenos Aires.

 

Vida ancestral
La cotidianidad en el Pu Lof se rige bajo los criterios de una etnia que, indicaron las voces consultadas en el lugar, apunta a recuperar una autonomía que para los mapuches deviene ancestral, dado el origen precolombino del pueblo.

"Esta recuperación es un ejemplo de la idea de autonomía que se impulsa desde el movimiento mapuche. Todo parte desde la liberación nacional de nuestro pueblo y la lucha contra los extranjeros que usan al Estado argentino para tener el control de los territorios. Un control que tiene un trasfondo siempre económico", opinó uno de los voceros que accedió a dialogar con este medio. 

La rutina en ese apartado del departamento de Cushamen implica el resguardo de zonas por respeto a la naturaleza, la realización de rituales y ofrendas y, por supuesto, también el trabajo. Crí­a de gallinas, huertas que se ensayan una y otra vez sobre terrenos rebeldes, procurarse la leña o asegurarse el agua son parte de las tareas. Tampoco faltan quienes tejen, confeccionan sogas o practican la orfebrerí­a en plata.

Trigo, papa, tomates, perejil, son algunos de los cultivos que más se llevan a cabo en el Pu Lof, aunque siempre sujetos al comportamiento del clima.

El charqui, carne salada expuesta al sol, también forma parte casi a diario de la dieta de la comunidad. Todo integrado a una cosmovisión de mapuche en la que se privilegia la interac

ción con el ambiente.

"Nuestras creencias ancestrales tienen su espacio acá. La relación con las fuerzas de la naturaleza, el respeto del territorio, es algo que se practica sin pensarse porque está directamente en nosotros como pueblo", aseguraron los mapuches.

Las ceremonias hacen también a la rutina diaria en el Pu Lof: según los entrevistados, los dí­as se inician con ritos de adoración a la tierra y el cielo.

"Cuando corresponde se hacen fogones pero siempre con el cuidado de sostener los rituales en lugares determinados. Ante todo se evita la profanación, el saqueo de la tierra que puede verse en el capitalismo. Las construcciones que hacemos, por ejemplo, responden a una necesidad. La armoní­a es lo que más se busca mantener", dijo uno de los interlocutores.

En todo momento, la referencia es al movimiento del ya mencionadoMapuche Autónomo del Puel Mapu (MAP). La figura en cuestión, de acuerdo a su pronunciamiento en Internet, "nuclea comunidades, organizaciones y militantes mapuches que se reconocen parte de la Nación Mapuche y que también se definen en la práctica como parte de un movimiento autónomo (independiente del Estado, fundaciones, de las empresas capitalistas y ONGs), desde que existe un sector que se define como tal". 

"Queremos territorio y autonomía. El territorio se recupera y se controla y la autonomí­a se practica, no se pide", expone un manifiesto de MAP, al tiempo que aclara que "la confrontación no es con cualquiera, sino sobre todo contra el gran capital, las grandes estancias y las multinacionales".

Los mapuches que accedieron a dialogar con este cronista señalaron a las mineras, los intentos de represas hidroeléctricas, y la presencia de dueños de grandes extensiones de tierras como Grupo Benetton y Joe Lewis, como los enemigos a vencer y desterrar en la búsqueda de un estado independiente.

"La descolonización es algo que está en marcha, lo mismo el plan de autonomí­a y el planteo de liberación nacional mapuche. Demorará tiempo, claro, porque tenemos a todo un Estado en contra. Que se sostiene a partir de la lógica capitalista que nuestra cosmovisión condena. Pero el pueblo mapuche entiende que la única forma de sobreponerse a todo esto es a través de la lucha. Y eso es lo que sostenemos y sostendremos hasta el final", expuso el último interlocutor que atendió a este enviado.

 

Territorio invisible
Por su posición geográfica, el Pu Lof en resistencia de Cushamen se encuentra prácticamente desprovisto de cobertura en términos de telefonía -sólo puede ubicarse la tenue señal de una sola operadora móvil en puntos determinados- y la comunidad 
carece de tendido eléctrico.

El nivel de desconexión del área es tal que incluso las imágenes disponibles en Google View corresponde a 2014. O sea, registros previos al establecimiento de la comunidad en las 1.200 hectáreas que el Estado todaví­a reconoce como propiedad de Benetton.

Para asegurarse el control del territorio, los mapuches rotan a diario entre puestos de vigilancia -al menos seis- ubicados mayormente en puntos cercanos al trazado de la ruta 40.

La escasa vegetación simplifica la vigilancia aunque la etnia denunció en reiteradas oportunidades sendas incursiones llevadas a cabo por fuerzas de seguridad. La mayoría de estos ingresos ocurrieron en horas de la noche.

En plena convulsión inherente a la aparición de un cuerpo que presuntamente pertenece a Santiago Maldonado, la cotidianidad del Pu Lof vuelve a verse sacudida por un proceso que lejos está de garantizar la armonía pretendida por los mapuches.

Las definiciones que se esperan para las próximas horas dejan en claro que la Patagonia seguirá siendo el epicentro de tiempos agitados.

Fuente: http://www.iprofesional.com/politica/257480-tierras-gobierno-protesta-Pu-Lof-Cushamen-como-es-y-de-que-manera-se-vive-en-el-territorio-sagrado-mapuche-donde-Prefectura-hallo-el-cuerpo

 

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[UAC] Flia.Benetton

 

Buenos días, compañeros y compañeras de pu  lof Cushamen : 

La tragedia del puente que cae en Génova que ha dejado tantas víctimas,  es parte de Austrostrade per l'Italia de la cual el mayor accionista es la familia BENETTON. 

Es lamentable esperar que un drama así doloroso sea finalmente la ocasión para que las personas comunes en Italia se den cuenta y tomen conciencia de la responsabilidad de la multinacional italiana BENETTON que una vez más ha privilegiado los propios intereses , faltando a los controles de manutención y de seguridad de estas infraestructuras que están en sus manos,  por las cuales reciben millones y millones de euros , las fáciles ganancias , manchadas de  sangre inocentes , culpa de esta violencia capitalista que BENETTON está  aplicando en territorio Mapuche , en Italia y en otros lugares del mundo,

Hoy,,las miradas están fijadas en el grupo BENETTON,  la web y la prensa han explotado delante a esta terrible masacre humana, pero sin embargo,  ellos siguen hablando de los valores en la Bolsa , de pérdidas y de ganancias , totalmente indiferentes al dolor humano, 

Como solidaria con la LUCHA del pueblo mapuche,  espero con todo el respeto que merece esta tragedia, que será momento para fortalecer nuestra protesta y denuncia contra BENETTON,  de abrir los ojos y la conciencia a las personas a boicotear sus productos y sobre todo a detener toda violencia y acción deshonesta en territorio Mapuche,  aquí en Italia y en cualquier lugar donde estos criminales quieran explotar en nombre del dinero.

Será sólo nuestra LUCHA que ya estábamos llevando adelante, a debilitar su Imperio capitalista,  a defender nuestras propias vidas y sobretodo la vida de los  pueblos oprimidos y reprimidos .

Espero que será finalmente el momento  de unir todas las fuerzas,  para alzar la voz , para movilizarse y para exigir que United killers of BENETTON paguen por sus crímenes y que  no continúen en ejercer impunemente  su sucio poder .

Por los reprimidos,  perseguidos y encarcelados en territorio  mapuche.

Por SANTIAGO y RAFAEL.

Por todas las víctimas de Génova.

BASTA DE LA VIOLENCIA CAPITALISTA DE BENETTON!

FACUNDO LIBRE !

CUSHAMEN RESISTE!

Geraldine.

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Evaluemos cómo se da esa lucha de opresores y servidores con los avasallados, usurpados.

 

 

 

Médico acusado de filtrar foto del cuerpo de Santiago Maldonado

pretende amordazar a Noticias de Esquel.

29 de julio de 2018

El médico Werther Augusto Aguiar amenazó a través de una carta documento a Noticias de Esquel, a raíz de una publicación en la cual este medio informó a sus lectores que el cuestionado doctor continúa trabajando en el Hospital Zonal de Esquel, a pesar de haber sido imputado por filtrar ilegalmente al menos una fotografía del cuerpo sin vida de Santiago Andrés Maldonado, desaparecido el día 1° de agosto de 2017.

La desaparición seguida de muerte del artesano y tatuador, ocurrió en el marco de un operativo represivo desplegado por efectivos de la Gendarmería Nacional en el Territorio ocupado ancestralmente por la Pu Lof en Resistencia de Cushamen.

Al respecto, la Fiscalía Federal de Esquel informó que en su investigación reunió elementos que permitirían acreditar que la responsabilidad de la filtración recae sobre Aguiar, “quien participó del procedimiento de recuperación del cuerpo del río Chubut y su resguardo en la Morgue de la ciudad de Esquel” el 17 de octubre del año pasado, día de la aparición del cuerpo de Santiago Maldonado en aguas del río Chubut. Recordemos que el cuerpo sin vida, apareció a aproximadamente ochenta metros río arriba respecto del lugar donde se lo había visto ingresar por última vez, mientras era perseguido por una partida de gendarmes.

Asimismo la Fiscalía Federal actuante comunicó que, entre las medidas investigativas desplegadas a partir de la filtración, se recuperaron las fotografías tomadas por las otras tres personas que sí tenían autorización para hacerlo y que ninguna de ellas se corresponde con las que fueron viralizadas por las redes sociales. También se secuestró el celular del médico involucrado, y su ordenó su peritaje. Además, se tomaron declaraciones testimoniales, se agregaron soportes fílmicos y fotográficos que ubican al imputado tomando las fotografías, se recopiló la información relativa al sumario administrativo labrado de rigor por las autoridades de la Policía Federal Argentina y se recabaron informes de instituciones públicas sobre elementos de interés para la investigación.

Insólitamente, ahora el cuestionado Werther Augusto Aguiar pretende amordazar a Noticias de Esquel, amenazándonos con iniciarnos acciones legales para que este medio no hable de sus fechorías, y reclamándonos para que le paguemos la suma por él estimada “liminar y provisoriamente” en quinientos mil pesos (¡¡¡¡????), en concepto de hipotéticos daños y perjuicios que dice haber padecido a partir de la revelación de Noticias de Esquel.

Desde Noticias de Esquel repudiamos de manera enérgica el apriete de dicho profesional a nuestro medio y vemos que el umbral de lo macabro, para algunas personas carece de límites…

A la fecha, ningún integrante del Ministerio de Salud aceptó formular declaraciones ni dar explicaciones públicas acerca de la permanencia de Aguiar en el Hospital Zonal Esquel.  

Imágenes santiagomaldonado.com

Fuente: http://www.santiagomaldonado.com/

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Santiago Maldonado:

la encrucijada de una llama frente a los estamentos bajo cero


30 de julio de 2018

 Por Lea Ross*

Un aniversario de la desaparición seguida de muerte del joven artesano. Un escenario de dudas sobre lo ocurrido. Un pesar ancestral frente a un Estado nacido en una patria financiada. Los dilemas de la progresía. Y las dudas hacía la búsqueda de la rebeldía.

El 01 de agosto de 2017, alrededor de las 11:30hs., decenas de gendarmes entran al puesto del Pu Lof en Resistencia Cushamen. Uno de ellos saca una fotografía. Allí aparece Santiago Maldonado, con una campera celeste y la cara tapada, al costado del puesto mientras veía el avance de los gendarmes. Inmediatamente corre hacia donde está el río.

Lucas Pilquiman y Santiago se sumergen en las heladas aguas del río Chubut. Pilquiman lo agarra del brazo, sabiendo que “El Brujo” no sabe nadar y le tiene fobia al agua. “No puedo, peñi”. Y retrocede. Pilquiman sigue adelante y nada hasta llegar a la otra orilla. Mientras los gendarmes bajan, uno de ellos grita: “Tenemos a uno”.

Matías Santana, desde arriba de una colina, al otro lado del río, asegura haber sostenido con sus binoculares una figura celeste siendo capturado por los gendarmes y su cuerpo llevado al interior de un vehículo.

Minutos después, los gendarmes salen del río. El subalférez Emmanuel Echazú sube ensangrentado y con una escopeta Bataan en la mano. Las camionetas y unimogs se mueven.

Entre los vehículos presentes en la zona, se encuentra una camioneta blanca Ford Ranger, con patente OLW 237, que ingresó al puesto de la Pu Lof con dos conos viales. Luego, sale del puesto con un bulto envuelto en una bolsa negra. Tiempo después, la camioneta retorna al puesto sin ese bulto. Dentro del vehículo, el propio Echazú librá el acta por el allanamiento y los objetos incautados a los mapuches. No se encuentran armas de fuego.

El cuerpo de Santiago aparecerá 78 días después. 300 metros río arriba, a contracorriente.

Hasta el día de hoy, la causa a cargo del juez Gustavo Lleral, mantiene la carátula de desaparición forzada con un único imputado: Echazú.

Pasó un año que Santiago Andrés Maldonado perdió su vida y hasta el momento no hemos podido descifrar lo que le pasó. Detrás de su rostro de frente, de ojos cálidos, émulo de un Jesucristo, nos lleva a sumergirnos a las corrientes heladas de un transcurrir ancestral que nos deja helados.

La pesada herencia

La sangre indígena lleva derramada desde que la patria no existía. Cuando comenzó a existir, vimos que el comienzo de la historia nacional del presidencialismo fue también el comienzo de la historia nacional del remate. El empréstito de la Baring Brother como inicio de la deuda externa, viajaba en paralelo con la “hipotequización” de las tierras públicas. Estaba emergiendo la figura del latifundio. Y de allí, la Oligarquía.

Faltaba la Patagonia. Había que esperar el ascenso de esa Oligarquía en el poder para concretarlo. Para eso, se tenía que construir el Estado Moderno, como lo conocemos hoy en día. Lo contradictorio era que si la base política apuntaba a la fórmula de Alberdi, “gobernar es poblar”, la prometida campaña desertificó más al “desierto” mismo. La Patagonia se llenó más de cadáveres que de personas vivas.

Tal como señala el historiador Ramón Minieri en su libro Ese ajeno sur: un dominio británico de un millón de hectáreas en la Patagonia, distintas empresas británicas se apoderaban de las tierras patagónicas, con la curiosidad que varios de sus directorios estaban conformadas por las mismas personas. De a poquito, las empresas se unificarían y conformarían la Compañía de Tierras del Sud Argentino S.A. o simplemente “La Compañía”. Para los años noventa del siglo XX, las acciones de La Compañía se venderían al magnate textil italiano Luciano Benetton, convirtiéndose en el mayor terrateniente de la Argentina con el alcance actual de 900.000 hectáreas donde habitan sus ovejas, cuya lana es exportada a Europa.

Hoy se estima que hay una treintena de pueblos indígenas u originarios en el actual territorio argentino, divididos en más de 1.600 comunidades. La quinta parte vive en zonas rurales, que abarcaría un total de 14 millones de hectáreas.

Cuando Mauricio Macri asumió la presidencia recibió como “pesada herencia” unos 185 conflictos indígenas en todo el país, según un relevamiento de Amnistía Internacional, mediante el aporte del periodista Darío Aranda. Hablamos de casos referidos a disputas de tierras, hechos represivos, contaminación en los territorios y causas judiciales, entre otros.

La tercera parte de ese mapa, se concentra en el suelo neuquino y sus alrededores, donde hay una fuerte presencia mapuche. Un caso judicial muy recordado, además del proceso de extradicción contra Facundo Jones Huala, fue la causa penal contra la dirigente mapuche Relmu Ñamku en 2015, de la comunidad Winkul Newen, que fue absuelta por tentativa de homicidio, en pleno conflicto contra una petrolera. La absolución fue acompañada por un jurado popular.

Las razones de por qué tanta saña contra la comunidad mapuche podemos encontrarlas desde tres variantes:

  1. Desde lo geopolítico: el territorio mapuche llamado Wallmapu se divide entre el Gulumapu (región chilena) y Puelmapu (argentina). Este mismo abarca como media docena de provincias, desde el sur de Buenos Aires hasta Santa Cruz. Es decir, que la reivindicación mapuche como Nación propia es profetizada por distintas comunidades que ocupan una gran extensión. Desde el Estado moderno, eso genera mayor preocupación por su compostura liberal de competencia. Tratándose de un territorio transfronterizo, se permite al aparato estatal ser más plausible en la aplicación de fuerzas represivas fronterizas, tal como es el caso de Gendarmería, con lo cual la presencia del Estado por esos lugares termina siendo su faceta más violenta.
     

  2. Desde lo social: el mapuche en general se abstiene de mostrarse como víctima y se posiciona bajo un trato igualitario frente al no-mapuche. En algunos casos, con un trabajo más aguerrido y de acción directa a la hora de no claudicar por sus reclamos. Sin mencionar que varios de sus dirigentes tienen formación política y académica; lo cual no sorprende que eso reaviva el recelo racista que hay en el argentino blanco. Y más aún si se trata de alguien que ejerce la actividad represiva en zona fronteriza, que llevan a tener una mayor carga chauvinista xenófoba.
     

  3. Desde lo económicoen todo ese territorio donde habitan los mapuches, hay una gran cantidad de bienes comunes que son apropiables para ciertos intereses sectoriales y estatales. El agua es el más fundamental, como también el menos atendible, aún con los casos evidentes como la apropiación de Lago Escondido por parte de Joe Lewis. Pero a su vez, están los recursos energéticos y gasíferos, donde el acceso a esas reservas se han elevado a partir del acceso en estado no convencional que se extraen mediante el fracking, cuyo eje central es el gran doradísmo de Vaca Muerta. A esto se le suma la gran extensión de tierras en manos de terratenientes extranjeros. Con lo cual, las tensiones que se generan entre estos propietarios y los indígenas, pueden generar un ambiente dificultoso en la seguridad jurídica financiera para el Estado, al asustar las inversiones de afuera.

Se calcula que la cuarta parte de la localidad chubutense de Cushamen está extranjerizada. Según el lonko Facundo Jones Huala, en la década del ’20, parte de los ingleses de “La Compañía” habían adulterado los mapas que dividían las tierras de sus ancestros. Si esa información es correcta, el gran empresario de las ropas coloridas, Luciano Benetton, perdería una parte de las tierras de su “Compañía” y sería una derrota frente a los mugrosos indios que tanto aterra a las corporaciones. Algo no deseable para un modelo económico como el de Macri, que hasta el momento no logra atraer esas inversiones y sólo se sustenta con el endeudamiento externo.

Y precisamente, la única fuente que cuenta el gobierno para paliar esa deuda eterna son las ganancias que se generan en Vaca Muerta, cuyo funcionamiento de infraestructura sólo puede llevarse con un paquete de medidas como son la flexibilización laboral, los planes de Participación Público-Privadas (PPP) y los tarifazos de gas y combustible. Es decir, un megacanje para la emisión de petrodólares para paliar la deuda a costa de la población.

En particular, de las distintas comunidades mapuches, que liberan sus luchas contra las petroleras y sus derrames, sin mencionar el incertidumbre paquete de impactos que acompaña la extracción de recursos no convencionales conocida como fracking.

Billiken

Santiago Maldonado sería el último personaje de portada para la revista Billiken. Y quizás acorde a estos tiempos líquidos, y sin llegar a ser un cuadro político, padeció el más veloz proceso de “billikenización” de su persona. Todo un personaje cuyo contenido político es borrado bajo el encanto de su abultada barba negra. Es notable cómo el cristianismo atraviesa incluso al más ateo de todos y todas. La carga de su pasión se ha extendido a todos los sectores de pensamiento político, y apropiado por una gran parte de la militancia adherida al pensamiento progresista y/o nacionalista, a pesar de que Santiago era anarquista. Todo lo contrario a lo que ocurrió con el rostro de Mariano Ferreyra, con sus rasgos faciales semejantes a los de Santiago. La juventud adherida a la lucha de clases contempló a aquel mártir involuntario del Partido Obrero, no sólo por la fascinación cristiana que todo latinoamericano lleva desde hace siglos, sino por lo explícito en cuanto dar el cuerpo por un proyecto político compadecido.

En el caso de Santiago, es curioso que gran parte de los que levantan su bandera por él, son los mismos que rechazan el uso de la capucha y las piedras en las marchas. ¡Pucha, che, qué mala la capucha! O que, directamente, el que tira piedras es un infiltrado. Como si el tira-piedra no merece ser una toma de discusión estratégica política, y se opta más por salir a “policializar” el caso y denunciarlo como un servicio.

Así también pasa por la figura del indígena como sujeto político. Tanto por derecha como por izquierda, el asunto indígena es leído por dos variantes: “la folclórica” y “la miserabilista”. Si no son los vecinos blancos o el mismísimo Presidente realizando la ceremonia de la Pacha Mama en Humahuaca, maravillados por los colores de la Whipala, son los distintos sectores políticos o mediáticos que sólo hablan de las comunidades cuando hay una represión policial o puedan exponer casos de extrema pobreza o de desnutrición. Los indios: o son simpáticos o son víctimas.

Todo a contramano con los acontecimientos actuales que se libran en Latinoamérica, desde el ascenso de Evo Morales y todas polémicas que hay en su figura, como la organización y discusiones internas que libran las comunidades indígenas en nuestro propio país. A tal punto que han emergido dirigentes que representan propuestas de los más disímiles. Desde el más confrontativo lonko Facundo Jones Huala desde las heladas de la Patagonia hasta el más dialoguista como el qarashe Félix Díaz, por los campos norteños y cálidos del país. A pesar que ciertos activistas de las grandes urbes aseguren que éste último es un servicio de Clarín.

De todas maneras, queda presente el planteo sobre la contraposición entre las figuras de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, donde supuestamente el segundo permanece siempre en un segundo plano, al no contemplar los requisitos antropológicos que fascinan a los sectores blancos organizados (y cristianos reprimidos). Sin embargo, para el presente cronista no lo ve tan así. Si bien uno puede creer que la búsqueda en masa, reclamando justicia por Rafael, tuvo como impulso inicial lo ocurrido por la desaparición seguida de muerte de Santiago, es más que probable que si Rafael hubiera sido asesinado antes, la reacción iba a ser la misma.

Quizás pocos lo recuerden. Pero el día que salió la noticia de su homicidio, en manos de Prefectura, la versión de que los mapuches llevaban armas se había disparado dentro de los canales apegados al Gobierno Nacional. En medio de eso, salió a responder una fotografía de “Rafita” trabajando en un taller de oficio. La imagen fue subida por un referente social, a cargo de los cursos de capacitación para los jóvenes, señalando que no era ni un “delincuente” ni un “violento”.

Aquel mensaje fotográfico, de un pibe laburante y dispuesto a capacitarse para obtener un cargo laboral fue quizás lo que ha encandilado a una parte de ese pueblo de apoyo organizado. Curiosamente, una actitud distante a la de Santiago, que se rehusó a aceptar toda ayuda del Estado y tomar los pocos billetes que tenía, con mochila en mano, partiendo rumbo al sur hacia un destino incierto.

Producciones

Hasta el momento, existen dos producciones literarias y dos fílmicas que giran en torno al caso de Santiago. Un primer libro, El caso Maldonado escrito por Marcos Novaro, apunta en duros términos a los organismos de Derechos Humanos al postular que el hallazgo del cuerpo “desarmó la fábula”; y, en menor medida al Gobierno, sólo por no saber actuar con prevención o por fallas en comunicación (curiosamente, la misma crítica que se inculca así mismo el Gobierno en distintos ámbitos como la Economía). Según la conclusión del propio autor, esto demuestra que se vive en una sociedad donde los hechos no importan (posverdad).

Y un segundo libro, que acaba de publicarse, con una mirada crítica a la cobertura de los medios de comunicación masivos, lleva de nombre Pasen música: el caso Santiago Maldonado en la era de la posverdad, escrita por Mariana Romano y Diego Rojas. Es decir, que lo metadiscursivo o la disputa de sentidos sobre Santiago Maldonado pasa exclusivamente al formato libro.

En cuanto a películas, ambas documentales, se espera a estrenarse El camino de Santiago: desaparición y muerte de Santiago Maldonado, dirigida por Tristan Bauer, co-escrita por Florencia Kirchner y bajo la tutela periodística de Juan Alonso, y Lechu Vive: un documental sobre Santiago Maldonado.

A partir de los respectivos trailers, podemos visualizar que la versión de Bauer, recolecta los registros realizados por una serie de documentales que filmaron Daniel Tognetti y el propio Alonso para el canal C5N. En estos trabajos, se observa la secuencia de la represión, a partir de los registros de celulares, con un montaje vertiginoso que emula un desorden, semejante a otras producciones audiovisuales, apegados al kirchnerismo, a la hora de analizar las jornadas represivas de 2001 y la Masacre de Avellaneda de 2002: una pesadilla donde no se logra dilucidar un ordenamiento entre toma y toma por causa y efecto. Esa proclama de orden (y progresismo, fórmula que caracterizó el periodista Martín Rodríguez al proyecto kirchnerista), se hace denotar por la ausencia de la figura del encapuchado o de los que habitan en el puesto de la Pu Lof, donde convivió Santiago hasta su muerte.

En cuanto a Lechu Vive, es un proyecto más colectivo, que se financia por aportes solidarios mediante plataformas virtuales y sin financiamiento del INCAA (o sea del Estado). Está basado en el artículo de la Revista Anfibia escrita por María Florencia Alcaraz, titulada Lechuga Not Dead, con registros fotográficos de Constanza Niscovolos sobre las muraleadas y tatuajes que realizó Santiago en la ciudad de 25 de Mayo, provincia de Buenos Aires, su pueblo natal. Dicha crónica no debe sorprender que sea la que canaliza las ideas y delineaciones estéticas a la hora de buscar una construcción biopic sobre el joven artesano y sus comienzos como aventurero, más alejado del impacto de su desaparición, seguida de muerte.

Seguimos sosteniendo la veracidad de los testimonios”

Según la resolución de levantamientos de medidas cautelares 2/2018, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), se “considera pertinente recordar que de conformidad con los artículos 8 y 25 de la Convención Americana, el Estado de Argentina se encuentra obligado a investigar de manera diligente las circunstancias que dieron lugar a la muerte del propuesto beneficiario. En este sentido, corresponde al Estado investigar de manera exhaustiva la totalidad de las hipótesis que han surgido a lo largo la propia investigación, garantizando una adecuada participación a sus familiares y representantes. La Comisión Interamericana insta al Estado a continuar la investigación y esclarecer las circunstancias relacionadas con la muerte del señor Santiago Maldonado, de ser el caso, estableciendo las responsabilidades de cualquier índole a que dieren lugar”. Fecha: 13 de enero de 2018.

Dos semanas después, el Ministerio de Seguridad, a cargo de Patricia Bullrich, denunció a ocho testigos (siete mapuches y un amigo de Santiago Maldonado) por falso testimonio. Otras dos semanas después, Gendarmería denunció a los dos abogados, junto a los mapuches, que presentaron la denuncia por desaparición forzada ante la CIDH por “asociación ilícita”. Y un mes después, la propia Bullrich denunció a los dos abogados por distintos delitos penales: propiciar fraudulentamente sanciones políticas contra el Estado argentino, inducir a sufragar en contra del gobierno nacional, falsa denuncia, estafa procesal, asociación ilícita y usurpación de títulos y honores.

Carlos González Quintana es uno de esos letrados que se presentó ante la CIDH y denunciado por el Estado Nacional. Reconocido interviniente de distintos conflictos socio-ambientales de la provincia de Córdoba, asegura creer todavía en el testimonio de los mapuches y que la autopsia no ha podido revelar el momento y el marco en que murió Santiago. Además, afirma que hubo una operación mediática para ayudar al Gobierno Nacional para desprender toda responsabilidad a los gendarmes.

“Yo creo que no han sido contradictorios los testimonios dados entre Santana y Pilquiman, y entre lo que nos dijeron a nosotros y lo que finalmente se incluyó en la causa. Fíjense que el testimonio de Santana es exacto entre lo que declaró en la CIDH ante instancia nuestra y lo que declaró ante los tribunales de (Guido) Otranto (primer juez de la causa). El testimonio de Pilquiman puede tener matices. Pero eso no lo pone en un falso testimonio. En absoluto. Eso es una operación que está implementando el Estado, con el único objetivo de quitarle valor convictivo a los únicos testimonios que involucran a Gendarmería en el hecho y cerrar el caso. Claramente nosotros seguimos sosteniendo la veracidad de los testimonios que nos fueron aportados en ese momento, con la reserva lógica que no declaran bajo el juramento de decir la verdad. Pero con ese otro aliciente con una relación de confianza que se generó con la comunidad, a partir de un trabajo que se venía realizando desde hace un año”.

“Lo que consigue responder puntualmente la autopsia son solo unas pocas de la cantidad de preguntas que tiene esta causa. Una es la causa eficiente de muerte: que Santiago ha muerto por inmersión, coadyuvado por un cuadro de hipotermia. El otro es el tiempo en que ha estado bajo el agua, con tres fórmulas que dan distintos días, que dan desde los 56 días hasta los 73 días. Y después, la cuestión de las diatomeas como factor determinante para ésta conclusión pericial de que Santiago murió ahogado. Pero hay algo que la pericia no determina que es cuándo murió Santiago. Acá se determina de qué murió pero no cuándo. Tampoco consigue esclarecer en qué contexto murió Santiago. Eso lo tenemos más o menores reconstruido a partir de los testimonios de Lucas Pilquiman y Matías Santana, en ese intento por cruzar el río y no conseguirlo, y regresar a la costa”, señala el abogado González Quintana, en algún lugar del monte cordobés.

Prosapia de un país bajo cero

Santiago Maldonado habría cumplido recientemente 29 años de edad. Entre los múltiples apodos que tenía, desde Lechuga por su peinado, o El Brujo por sus conocimientos sobre medicina natural, se dice que le gustaría ser recordado como LHT: Las Hice Todas. Anarquista, vegano y antiespecista, experimentador musical y tatuador por profesión, Santiago Maldonado renegaba las imposturas dadas de su lugar de crianza, donde el agronegocio era la envidia emprendedora y la labor urbana como un pasar de sustento vital.

Tal como lo sintetiza María Florencia Alcaraz: “Santiago Maldonado no quería tener hijos, ni pasar los días encerrado en una fábrica como todos sus amigos; tampoco quiso terminar una carrera universitaria porque no quería nada del Estado. Desertó de ese futuro preestablecido. Sustituyó la ética capitalista del trabajo productivo por una búsqueda personal que desbordaba vitalidad. En 25 de Mayo no tenía lugar para ser joven: los niños se vuelven viejos sin intervalos”.

Y allí, a mil kilómetros y medio de distancia, por las heladas aguas del Río Chubut, su cuerpo sin ingesta de la cantidad y calidad de nutrientes requeridas, con temperaturas nunca antes expuestas, padeció el inicio de su martirio corporal. Quizás lo suficiente como para retornar a la orilla y, en caso de ser capturado, recibir los golpes necesarios para ser tumbado y ser aprestado a la eternidad.

Escribía Mijaíl Bakunin, autor que Santiago habrá leído muy seguido, en su libro Dios y el Estado, en épocas en donde la Argentina ya tenía conformado su Estado bajo las arriendas de la Oligarquía: “La rebelión del individuo contra la sociedad es más difícil que su rebelión contra el Estado. El Estado es una institución histórica, transitoria, una forma pasajera de la sociedad, como la iglesia misma de la cual no es sino el hermano menor, pero no tiene el carácter fatal e inmutable de la sociedad, que es anterior a todos los desenvolvimientos de la humanidad y que, participando plenamente de la omnipotencia de las leyes, de la acción y de las manifestaciones naturales, constituye la base misma de toda existencia humana. El hombre, al menos desde que dio su primer paso hacia la humanidad, desde que ha comenzado a ser un ente humano, es decir un ser que habla y que piensa más o menos, nace en la sociedad como la hormiga nace en el hormiguero y como la abeja en su colmena; no la elige, al contrario, es producto de ella, y está fatalmente sometido a las leyes naturales que presiden sus desenvolvimientos necesarios, como a todas las otras leyes naturales”.

Es en esa rebelión contra la dichosa sociedad que Santiago mantiene aún después de su fatal desenlace. En plena disputa e interpelaciones que nos lleva su figura, imagen, rebeldía y coraje, donde se va mutando y dando forma nuestros pesares a pensares. Y de allí, tomar en nuestras manos el fuego de una rebeldía que siempre persiste en nosotros, frente a los helados estamentos de los poderes que pretenden mantenernos bajo cero. Pero que siempre le costará opacar esas llamas tan presentes y tanto se requieren para cambiar(nos) a un mundo mejor.

Dossier Santiago Maldonado, elaboración colectiva de La luna con gatilloResumen LatinoamericanoContrahegemonía webLobo suelto y La tinta.

 *Periodista. Columnista de cine en el portal y programa radial La luna con gatillo. Integrante de Radio Panamericana FM 99.3 (Huerta Grande, Córdoba). Columnista del portal Striptease del Poder.

Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/07/30/santiago-maldonado-la-encrucijada-de-una-llama-frente-a-los-estamentos-bajo-cero/

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Santiago Maldonado y el pueblo mapuche.

Bajo el signo de viejos estereotipos.

 

6 de agosto de 2018

 

Por Fernando Coll

Santiago Maldonado puso en primera plana el escenario de los pueblos originarios en Argentina, en especial  la situación de los mapuches en la Patagonia. Una historia plagada de demandas insatisfechas  y estereotipos.

La construcción discursiva del Estado nación capitalista responde a lógicas que subordinan a ciertos grupos sociales por su identidad cultural y que legitiman la dominación de otros actores a nivel simbólico y material. Tanto las instituciones sociales más elementales de la sociedad como la familia, la escuela y el Estado, así como otras esferas, entre ellas la academia, producen y reproducen indiscriminadamente estereotipos.

Al  pueblo mapuche a lo largo de la historia argentina se lo ha clasificado socialmente por medio de signos muy simplificados y generalizados, maloneros,  chilenos, apátridas, terroristas, guerrilleros, entre otros. Representando un conjunto de valores juicios y suposiciones acerca de sus conductas y su historia; que representan los intereses de los sectores oligárquicos. Uno de los objetivos de la utilización de estos estereotipos es la organización del discurso de sentido común en el conjunto de población.

Los medios de comunicación han desempeñado un papel fundamental al generar y legitimar estereotipos y prejuicios en relación a todo aquello que no se adscribe al ser “nacional”.  La programación de las grandes empresas de comunicación está plagada de contenidos en los que, a nombre del sentido común, se denigra la diversidad cultural de nuestro país y  la identidad del  pueblo mapuche. Los discursos y representaciones abiertamente discriminatorias en términos étnicos se refuerzan con prejuicios de género, regionales y de clase. Problematizar este racismo sin tomar en cuenta las contradicciones entre actores antagónicos de la sociedad en términos de su posicionamiento en el proceso productivo resulta limitado, sobre todo al reflexionar sobre las alternativas a la discriminación en sus diversas expresiones.

Una de las claves para entender la producción y reproducción de patrones de discriminación étnica y cultural radica en identificar y analizar las interacciones entre la dimensión simbólica de los estereotipos como construcción histórico-social y las relaciones materiales, las cuales se combinan fuertemente con dinámicas de clase y con comportamientos cotidianos que subordinan la diferencia.

El año 2017 estuvo marcado por la visibilización en Argentina de una serie de conflictos que involucraron al pueblo mapuche. La represión desplegada por las fuerzas de Gendarmería, Prefectura Naval, Policía de Seguridad Aeroportuaria y las policías provinciales de Chubut y Río Negro se cobró las vidas de  Santiago Maldonado y Rafael Nahuel. Estos casos forman parte y son el resultado de una política del gobierno nacional en acuerdo con los gobiernos provinciales de criminalización de la protesta social, especialmente la de las comunidades de los pueblos originarios, que ha llevado a la judicialización de sus acciones y demandas, y al procesamiento y encarcelamiento de sus miembros.

El gobierno de Macri desarrolló una política de seguridad  basada en la represión  a los futuros conflictos sociales. El acuerdo entre Estado, grupos económicos y fuerzas represivas en Argentina parece no haberse corrido desde que las corporaciones nacionales e internacionales asumieron el ejercicio del poder en la Argentina. Tal vez valga la pena una vez más, recordar que la desaparición de Santiago Maldonado se produce en un contexto de apropiación de territorios campesinos e indígenas.

Ha pasado un año desde la desaparición de Maldonado. La represión a la Lof en Resistencia, comunidad ubicada en el departamento patagónico de Cushamen,  alcanzó una enorme notoriedad. Estos hechos expresaron la intención represiva ejemplificadora del Estado nacional y los poderes económicos contra las formas de organización y los reclamos populares.

Desde entonces, distintos medios de prensa y diversos sectores políticos han profundizado su  campaña de estigmatización de la comunidad mapuche y del propio Maldonado, presentándolos como peligrosos. El discurso es simple: se los describe como violentos que amenazan la propiedad privada y que estarían vinculados con organizaciones terroristas internacionales.  Esta construcción no es novedosa. Es la reactualización del viejo estereotipo de los pueblos originarios, calificados históricamente como aquellos que amenazan los bienes, la seguridad de las personas, la integridad y el progreso nacional.

Se los describe como fundamentalistas étnicos, violentos, irracionales y como una amenaza a los bienes y personas, a la propiedad privada de la tierra y a las mismas áreas naturales protegidas como los parques nacionales como un peligro para la integridad nacional y la seguridad de los ciudadanos, todo esto anclado en el viejo argumento que cuestiona la condición  de “pueblo originario” al pueblo mapuche, la única extranjería cuestionada en la Patagonia, siendo que existen numerosos sectores de la población, especialmente entre los grandes terratenientes e inversionistas en actividades extractivas, que en efecto son extranjeros, inmigrantes o descendientes de inmigrantes.

La particularidad de pueblo invasor atribuida a los mapuche, un elemento cultural instalado de forma muy profunda en la sociedad argentina, está relacionada con el estereotipo del indígena malonero que se construyó desde la década de 1870 en el contexto del sometimiento e incorporación estatal de las poblaciones de la Pampa y la Patagonia y de sus territorios con las llamadas campañas al desierto de 1878 a 1885. En otras palabras, se trata de la construcción de un enemigo interno, amenazante del orden social y económico, que ha servido en distintos momentos históricos para establecer el proceso mismo de construcción de la matriz Estado-nación-territorio.

La representación de los malones indígenas como grupos organizados para saquear que debían ser neutralizados por las campañas de conquista ocultó  las previas relaciones entre hispano-criollos y pueblos originarios. Estas relaciones habían comprendido alianzas, intercambios económicos, enfrentamientos y firma de tratados entre autoridades indígenas, coloniales y luego republicanas.  Se argumentaba entonces que se trataba de “salvajes” que no conformaban entidades sociopolíticas con las cuales fuese posible y correspondiese negociar más allá de la rendición incondicional o su aniquilamiento; se consideraba que el “indio malonero” debía desaparecer, debía ser eliminado, un ser sacrificable  para la construcción de la matriz Estado-nación-territorio. La población de las Pampas y la Patagonia era asociada en conjunto a la poderosa figura del malón; el estereotipo del indígena malonero constituirá una imagen y una construcción cultural de aquello que no puede ser incorporado a la comunidad nacional, con el objeto de marcar el modo en que se deberán comportar y actuar los indígenas que deseen no ser sacrificados.

Otro elemento clave en el contexto de las campañas estatales de sometimiento a los mapuches  es la construcción de la idea de “desierto”. El desierto es donde proviene el no-asimilable “indio malonero”, pero es también la idea fundamental para definir al espacio como territorio del Estado, ya que de esta forma no se lo reconoce como un otro territorio y mucho menos como un territorio indígena. Al mismo tiempo, se lo describe como espacio no cultivado, no trabajado y no social, que espera por el brazo laborioso de los argentinos que le extraiga sus riquezas, lo habite y transforme.

Es necesario recorrer los procesos históricos para comprender por qué y cómo determinados acentos fueron fijados en la definición de la otredad indígena en relación con la construcción de las ideas de nación, territorio y Estado. Los estereotipos del “indio malonero” y del desierto no sólo vinieron a cumplir, en el discurso político,  sino que permanecerá como una construcción cultural clave en las elaboraciones ideológicas de la diferenciación social, la explotación y el orden y disciplina social. El genocidio desplegado por el Estado argentino  es fundamentalmente la eliminación del otro, del enemigo interno, en aras de la construcción de una nueva sociedad capitalista.

Desde fines del siglo XIX y principio del XX hasta la actualidad, los distintos gobiernos nacionales invisibilizaron la existencia de comunidades de los pueblos originarios en la Patagonia.  En muchas ocasiones, se utilizó al aparato represivo del Estado y la justicia letrada para su expropiación, reclusión injustificada y aun torturas. En ocasión de las masacres de Napalpí (1924), en Chaco, y en La Bomba (1947), en la localidad norteña de Formosa, la prensa difundió previamente entre la población que los indígenas se estaban reuniendo para preparar un malón. La expropiación de la comunidad de Boquete Nahuelpán, en Chubut, en 1937, tuvo como único argumento que se trataba de indígenas araucanos y que practicaban el cuatrerismo. En todas las oportunidades se justificaba  el accionar estatal  como respuesta a  un peligro a la propiedad y por parte de una agresión  foránea.

Recordemos que la última dictadura militar desplegó  un discurso reivindicatorio de la llamada “epopeya del desierto”,celebrando en 1979 el centenario de las campañas de  Roca con una serie de actividades.  No sólo se dedicó  a reeditar la narrativa de la conquista del desierto sino de hacerla presente en la ciudadanía. En  la figura del “indio malonero”, eliminado para la cimentación cultural de la sociedad, se reflejaba la construcción del enemigo interno que la dictadura hacía sobre la movilización política a la que identificaba en términos de guerrilla subversiva. Los sacrificables eran violentos que representaban una amenaza a los bienes, las personas y al mismo orden social, una violencia identificada con otras amenazas externas. Para ellos no había asimilación posible.

La construcción de la idea de nación en la matriz Estado-nación-territorio ha estado hegemónicamente sostenida en aquello de lo que se diferenciaba al ser excluido, el enemigo interno. En las complejas relaciones entre las construcciones de nación y de territorio, este mismo umbral de la inclusión/exclusión ha estado representado también, entre otros seres sacrificables, por la cuestión indígena tanto a través del estereotipo del “indio malonero” como de la idea de desierto en tanto territorio estatal, pero no social. Por lo tanto, quienes lo habitan, quienes provienen de él o se dirigen a él, a quienes les ha sido colocada dicha clasificación, devienen en eliminables, sacrificables.

De esta forma, a través de las «campañas del desierto», desde el Estado e instituciones de la sociedad civil, se operó tanto hacia la eliminación del orden social, económico y cultural de los pueblos originarios, como también hacia el disciplinamiento y la limitación de las formas de vida, acceso reducido a la tierra, censura de sus formas de expresión cultural, negación de sus formas de organización social. Simultáneamente, se aseguró la distribución de los territorios incorporados a favor  los sectores oligárquicos, y  como parte de la acumulación primitiva del capital,  desposeyendo a la población mapuche y tehuelche  del acceso a la tierra.

La larga lucha de los pueblos originarios multiplicó las formas de acción política.  Las modalidades de la articulación han variado según las regiones, los pueblos involucrados y los contextos políticos locales y nacionales. Se han producido recuperaciones de territorios ancestrales y también expropiaciones y desalojos, judicialización de reclamos y criminalización y represión de protestas. También se han hecho visibles las articulaciones entre demandas de comunidades y pobladores indígenas con otros habitantes rurales y urbanos en contra de emprendimientos extractivos.

La respuesta por parte del Estado argentino fue sistemáticamente, el uso de la fuerza para reprimir , la violencia, el  manejo arbitrario y la utilización del andamiaje judicial, que necesita de ese estereotipo del sujeto peligroso, guerrillero, militante, irracional y violento , como jusficación ideológica. Utilizando como instrumentos; los artículos en la prensa hegemónica, las expresiones en las redes sociales, producidas desde usinas oficiales pero también desde sectores de la misma sociedad que comparten y construyen las nuevas imágenes y los viejos estereotipos; los “mapuches chilenos”, de los violentos,  los terroristas, de una asociación ilícita, no de una organización social o una comunidad; de un sucio hippie.

El relato del poder sobre el asesinato de  Santiago Maldonado, reproducido sistemáticamente por gran parte de la prensa, ha servido al gobierno nacional  en alianza con los gobiernos provinciales y diferentes sectores vinculados a los latifundios patagónicos para afirmar ante la población que existe un nuevo enemigo interno; el supuesto terrorismo mapuche al cual se le atribuye todo; un otro peligroso para los bienes, las personas y la misma integridad nacional, que con su accionar convierte en “desierto” y territorio “salvaje” lo que ocupa y ante lo cual se anuncian como necesarias, nuevamente, medidas especiales para su exterminio.

Fuente: http://contrahegemoniaweb.com.ar/santiago-maldonado-y-el-pueblo-mapuche-bajo-el-signo-de-viejos-estereotipos/

En consecuencia, abajo y a la izquierda sin fronteras de tipo alguno, prestemos atención a cómo explica un representante mapuche:"Esta recuperación es un ejemplo de la idea de autonomía que se impulsa desde el movimiento mapuche. Todo parte desde la liberación nacional de nuestro pueblo y la lucha contra los extranjeros que usan al Estado argentino para tener el control de los territorios. Un control que tiene un trasfondo siempre económico".

 

Necesitamos generalizar el viraje de la mirada desde la estigmatización al pueblo nación Mapuche y descubrir que coincidimos en sus objetivos:

 

"Los mapuches que accedieron a dialogar con este cronista señalaron a las mineras, los intentos de represas hidroeléctricas, y la presencia de dueños de grandes extensiones de tierras como Grupo Benetton y Joe Lewis, como los enemigos a vencer y desterrar en la búsqueda de un estado independiente".

 

Porque se trata de contraponer democracias directas a los estados de excepción conque el sistema mundo capitalista pretende garantizar su constante acaparamiento oligopólico del planeta y la humanidad.

 

América Latina en el cambio de época:

¿normalizar el estado de excepción?

23 de marzo de 2018

 

 

Por Emiliano Teran Mantovani (Rebelión)

 

 

A Marielle Franco, Sabino Romero, Berta Cáceres, Santiago Maldonado, Macarena Valdés, Yolanda Maturana. A todas y todos los que nos arrebataron, los que murieron por la vida

  

Panoramas inciertos y cambio de época en América Latina

 

Tiempos complejos y difíciles se viven para América Latina en la actualidad, de reflujo para las izquierdas y los progresismos, y de intensificación de las múltiples contradicciones sociales, políticas, económicas y geopolíticas que caracterizan la región. A estas alturas, antes que seguir preguntándonos si se ha cerrado un ciclo, parece más pertinente y estratégico tratar de revelar cuáles son las formas generales que pueden tener los nuevos tiempos que se están configurando.

Las cosas, en efecto, ya han cambiado. Las nuevas condiciones materiales que se han desarrollado en los últimos tres lustros –agudización de las crisis urbanas, avances de la frontera extractiva, crecimiento absoluto de los metabolismos sociales, sistemas sociales más complejos y emergencia de nuevos grupos de poder, vigorización de las economías informales, crecimiento y sofisticación de grupos delincuenciales urbanos y rurales, avance geopolítico de China y Rusia en la región, entre otros factores–, apuntan al potencial crecimiento de conflictos, revueltas sociales e intensas disputas territoriales por los bienes comunes y los territorios.

 

Los mecanismos de construcción de consenso social por medio de la distribución masiva de las rentas del extractivismo, que caracterizó en muy buena medida a los gobiernos progresistas y en general a este ciclo político regional determinado por el boom de las commodities, han sido afectados de manera importante (aunque de forma diferenciada dependiendo el país). Esto ha sido así por los efectos de corto y mediano plazo que provocó el período de recesión económica detonado desde la crisis mundial 2008-2009, pasando por el derrumbe de los precios internacionales de las materias primas iniciado en 2014 hasta la actualidad.

 

Esto tiene importantes implicaciones políticas, que no pueden ser sólo evaluadas en el corto plazo, ante una ‘recuperación’ económica regional en 2017: el atornillamiento y la profundización de la dependencia a los sectores primarios, los altos niveles de endeudamiento externo público y privado, y los límites estructurales en la capacidad de respuesta de las economías de la región, entre otros factores, minan las bases económicas que han permitido un tipo de gobernabilidades “inclusivas” que, en diversos grados, se expresaron en el ciclo progresista.

 

Ante esto, parece redimensionarse y cobrar aún mayor relevancia el rol de la violencia como mecanismo de poder estatal y para-estatal, y de intermediación en las disputas económicas y ecológicas en la región.

En el horizonte se vislumbran al menos dos factores determinantes en el desarrollo de este cambio de época:

 

·         Por un lado, los ingredientes para una nueva crisis global, con iguales o mayores dimensiones de la desencadenada diez años atrás, persisten. Destacan las tendencias al ‘estancamiento secular’ de la economía mundial (FMI dixit ) , la incertidumbre sobre la economía china, el fin de los estímulos monetarios de la Reserva Federal de los Estados Unidos ( ‘quantitative easing’ o QE ) o la ya cada vez más anunciada burbuja global de los precios de los activos –¿la madre de todas las burbujas?
Estos elementos, como ha ocurrido en otros procesos históricos en América Latina, pueden operar como detonantes de nuevos ciclos de crisis.

 

·         Por otro lado, y en consonancia con esta situación global, América Latina está siendo atravesada con mayor profundidad por la confrontación internacional entre los Estados Unidos (y sus aliados) y China y Rusia (y sus aliados), resaltando la aceleración de la lógica belicista y militarista del Gobierno norteamericano, con su explícita idea de “ Preservar la paz mediante el uso de la fuerza ” ( PILLAR III Preserve Peace Through Strength [1] ) y su persistente y progresivo re-posicionamiento militar en la región (directo o indirecto), con especial foco en Venezuela.

 

El fin de ciclo se estructura desde arriba como contención: ¿el estado de excepción como norma?

El conjunto de factores descritos parecen apuntar a una temporalidad en la región donde se van instalando y consolidando el escenario y las lógicas de una situación extraordinaria o de emergencia, que sirven de pilares a la normalización y permanencia de regímenes de excepción. Esto amerita evaluarlo con mucho cuidado en la medida en la que proliferan normativas de emergencia y nuevas doctrinas de seguridad nacional, donde prevalecen los criterios de eficiencia política en detrimento del estado formal de derechos sociales consagrados.

A su vez, toman un nuevo auge las narrativas beligerantes en las cuales resalta la tipificación de amenazas y el ‘enemigo público’ a combatir, lo que da carta blanca a las fuerzas militares y cuerpos de seguridad para actuar con “mano dura” y celeridad, a penetrar todo tejido social e institucional para enfrentar estos “desafíos” a los “intereses de la nación”. Todo esto va poniendo en suspenso las ya subordinadas, frágiles y agredidas ‘democracias’ latinoamericanas.

 

Pero es necesario insistir que no se trata únicamente de la reformulación de políticas impulsadas por viejos gobiernos de derecha u otros recién instalados, luego del desplazamiento de gobiernos progresistas. Estas dinámicas de excepcionalidad y beligerancia atraviesan tanto a conservadores como a progresistas. En cada caso varía, ciertamente. Sin embargo, antes que evaluar estos procesos sólo como propios de los gobiernos conservadores, es necesario resaltar cómo también van permeando y determinando de manera creciente la política de los progresismos, cómo inciden significativamente en sus regímenes de gobernabilidad, y por tanto, en el perfil del cambio de época que se configura desde arriba. En cualquiera de los casos, prevalece la razón de Estado, la conservación del poder y la búsqueda de viabilidad política para ejecutar las reestructuraciones y flexibilizaciones económicas que están en desarrollo en esta nueva fase del extractivismo en América Latina.

 

En Argentina, en el contexto de la declaración de la Emergencia en Seguridad Pública a partir de 2016, la ministra de seguridad, Patricia Bullrich, anuncia una "nueva doctrina" del ejercicio de la autoridad en la cual “el Estado es el que realiza las acciones para impedir el delito" [2] . Mediante una modificación al Código Penal se buscaría darle más garantías a la policía –pues "sólo" se les permite disparar en legítima defensa − y otorgarle funciones de seguridad interior al sector militar.

 

En Brasil, tras el reciente decreto de militarización de Río de Janeiro –medida tomada ante la ‘emergencia’ para ‘combatir el crimen organizado en la ciudad’−, el gobierno de facto de Michel Temer declaró que este plan servirá como un "laboratorio" para todo el país, por lo que no descartó que las fuerzas armadas sean desplegadas en otras regiones [3].

 

En Venezuela, en medio de la situación de alta conflictividad política y geopolítica, y de colapso económico, se ha impulsado una creciente militarización de todos los ámbitos de la vida y la instauración, de hecho y de derecho, de un estado de excepción en el país. El mismo se ha convertido en condición permanente dada su ejecución por medio de decretos oficiales emitidos desde enero de 2016 – declarando el “ estado de excepción y emergencia económica en todo el territorio nacional ”– , los cuales son prorrogados continuamente hasta nuestros días. El Decreto N° 2.849 del 13 de mayo de 2017 [4] indica que podrán ser restringidas las garantías para el ejercicio de los derechos consagrados en la Constitución, con algunas salvedades.

 

En Colombia, donde el estado de excepción constituye un instrumento ordinario de la política gubernamental y de las estructuras jurídicas desde hace ya varias décadas, el escenario post-acuerdo (desde noviembre de 2016) no supone la interrupción del proceso de militarización imperante, la asistencia militar por parte de los EEUU, ni la intensa represión social y desaparición de activistas que está en desarrollo en el país [5] .

 

El caso mexicano es también conocido, en el cual se instaura de facto un régimen de excepcionalidad desde la declaración de “Guerra contra el narcotráfico” en el gobierno de Felipe Calderón (2006-2012) – que ha dejado miles y miles de muertos − hasta la reciente promulgación de la controvertida Ley de Seguridad Interior (diciembre de 2017) en el gobierno de Enrique Peña Nieto, que ordena la intervención de las Fuerzas Armadas cuando se identifiquen amenazas a la seguridad interna.

 

En Honduras, país que refleja de manera dramática estas lógicas imperantes en Centroamérica, se va desarrollando un incremento de la militarización desde el Golpe de Estado ejecutado en 2009 contra el presidente Manuel Zelaya, lo cual se va intensificando a partir de 2012-2013 (durante la presidencia de Porfirio Lobo) con la ampliación de funciones que el Ejército cumple en relación al control de la seguridad ciudadana y la creación de laPolicía Militar de Orden Público (2013) [6] . A raíz de las intensas protestas sociales que se produjeron ante las irregulares y dudosas [7] elecciones presidenciales de diciembre de 2017, que dieran como ganador a Juan Orlando Hernández (JOH), se declaraba el estado de excepción y la suspensión de varias garantías constitucionales en 18 departamentos del país, lo que en definitiva dejó más de una veintena de muertos, adjudicados por ONU a una fuerza excesiva y letal por parte de los cuerpos de seguridad de Honduras , en particular de la policía militar [8] . Cabe añadir que JOH declaró que América Latina debe prepararse y “adelantarse” ante posibles atentados terroristas [9] , lo que va en consonancia con la progresiva reinstauración de las doctrinas de seguridad nacional en esta sub-región.

 

Una semana después de iniciada la presidencia de Horacio Cartes en Paraguay (agosto de 2013), se procedió a la reforma de la Ley 1337/99 de Defensa Nacional y de Seguridad Interna, lo cual otorgaba al presidente vía decreto, sin acuerdo del Parlamento y por el tiempo que éste considerase conveniente, la facultad de militarizar zonas enteras del país con el objetivo de “enfrentar cualquier forma de agresión externa e interna que ponga en peligro la soberanía, la independencia y la integridad territorial” [10] . La medida hacía alusión al combate de grupos armados, como el denominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), a quienes se le atribuyese el asesinato de cinco personas en Tacuatí, ese mismo mes de agosto. Las órdenes de militarización se asignaron a los departamentos de Concepción, San Pedro y Amambay, destacando el rol de la “ Fuerza de Tarea Conjunta ” (FTC), unidad especial asignada para estos fines, principalmente en el norte del país.

 

La configuración de regímenes de excepción no debe ser interpretada únicamente como un proceso centralizado, homogéneo y estable. Se trata también de la combinación de zonas de “paz” y de consumo, y algunas políticas de asistencia social, con lo que podríamos entender como estados de excepción selectivos, que se van estableciendo local e incluso flexiblemente, dependiendo de diversos factores coyunturales y de los diferentes focos de resistencia y movilización social que puedan provocar los acontecimientos. Conviene destacar a su vez, que el desencadenamiento de nuevos sucesos entendidos como “perturbaciones”, pueden ser utilizados como la “evidencia” o “confirmación” de la existencia de una amenaza a la seguridad nacional, lo cual sirve para establecer, consolidar, reforzar e incluso radicalizar estas tendencias generales de excepcionalidad.

 

En estas claves pueden ser evaluados, por ejemplo, el decreto de estado de excepción que el presidente de Ecuador, Lenin Moreno, estableció a fines de enero de 2018 en San Lorenzo y Eloy Alfaro, provincia de Esmeraldas (frontera con Colombia), a raíz del atentado con un carro bomba ocurrido frente a una estación de la Policía, lo que fue calificado por Moreno como un ataque “terrorista” atribuido al narcotráfico [11] . Del mismo modo, durante dos meses se estableció el estado excepción en la provincia amazónica Morona Santiago, a raíz del levantamiento de la comunidad indígena shuar contra las actividades mineras en su territorios a mediados de diciembre de 2016[12] (gobierno de Rafael Correa), mientras que el ministro del Interior, César Navas, indicaba que la presencia militar se mantendría en la zona atenta ante cualquier eventualidad; o bien, similar decreto en el cantón Zaruma (provincia fronteriza de El Oro) en septiembre de 2017, gravemente afectada por la minería ilegal [13] .

 

Destacan también varias declaraciones de estado de emergencia en Perú, las cuales se van volviendo permanentes y normalizándose en ciertas localidades andinas, como ocurrió en los distritos de Chalhuahuacho, Haquira y Mara (Apurimac) y Capacmarca (Cuzco), donde, a raíz de protestas contra las empresas mineras [14] , se suspendían varios derechos constitucionales y se autorizaba a la Policía Nacional a mantener el control del orden interno con el apoyo de las Fuerzas Armadas. A su vez, en septiembre de 2016 se decretaba el estado de excepción en tres distritos de Huancavelica, Ayacucho y Cuzco, con el objetivo de combatir a los “remanentes terroristas” y los cárteles del narcotráfico en la zona [15].

 

Otros ejemplos de formas selectivas de regímenes de excepción pueden situarse con la militarización de los territorios ancestrales del pueblo mapuche (Wall Mapu), en poder de grandes empresas extractivas forestales, latifundistas y capital transnacional, con el consiguiente crecimiento de la criminalización de las movilizaciones indígenas. Del mismo modo, cabe evaluar la evolución de las lógicas de militarización urbana ante una potencial proliferación de saqueos y estallidos sociales como los ocurridos en enero de 2017 en México, a fines de febrero de 2018 en Bogotá y otras ciudades de los departamentos de Cundinamarca, Tolima, Boyacá y Quindío (Colombia), y en Colón, en marzo 2018 (Panamá) .

 

Por último, pero no menos importante, el rol de los desastres ambientales en la instauración, consolidación y/o radicalización de los estados excepción en la región puede ser significativo, si tomamos en cuenta el incremento de su incidencia ante la crisis ambiental global. Esto ha ocurrido de formas parciales en varios países –por ejemplo, con l a explosión del volcán Cotopaxi en agosto 2015, que implicó declaración de estado de excepción a nivel nacional y la orden de movilización de todas las fuerzas armadas en el Ecuador [16] −, aunque un caso emblemático es el de Puerto Rico, donde se reimpulsa y busca normalizarse el estado de excepción instalado desde la crisis de la deuda de 2006, a raíz de las devastadoras consecuencias del paso del huracán María por la isla, en septiembre de 2017.

 

En el contexto traumático de este desastre , uno de los mecanismos para normalizar el régimen de excepción ha sido la firma a mediados de diciembre de 2017 de la “Ley del Nuevo Gobierno de Puerto Rico”, que le otorga los poderes necesarios al gobernador y a la Autoridad de Asesoría Financiera y Agencia Fiscal (AAFAF) para reorganizar el conjunto de instituciones y dispositivos de las instituciones estatales e impulsar medidas de reestructuración económica, mediante orden ejecutiva emitida conforme a las disposiciones de la Ley, por un período de 10 años [17] .

 

Estos procesos no deben ser leídos únicamente en clave nacional-estatal, en la medida en la que pueden operar en articulación con la política exterior de las potencias en disputa en la región, principalmente de los Estados Unidos, que instala nuevas bases militares o “task forces” en diversos países (especialmente en Perú, Paraguay, Colombia y Argentina) o impulsa maniobras conjuntas de fuerzas militares (como las operaciones militares que desarrolló con Brasil, Colombia y Perú en la frontera amazónica de estos tres países en noviembre de 2017).

 

El juego sigue abierto: ¿un nuevo ciclo de luchas en tiempos de beligerancia?

Estas dinámicas descritas no son en ningún sentido lineales, irresistibles y homogéneas. Si bien revelan la conformación y el avance progresivo de figuras y marcos formales de excepcionalidad ‘desde arriba’, estas no sólo aparecen como decretos, sino también como dispositivos biopolíticos que buscan penetrar los tejidos socio-territoriales, la vida cotidiana de los latinoamericanos, por medio de lógicas militar/policiales de control, sitio, vigilancia y represión social. Se articulan también con estrategias de lo contingente, de lo informal y persiguen adaptarse a las variadas condiciones territoriales existentes. Pero esto también se debe a la volatilidad y complejidad del escenario. Al hecho de que todo esto sigue siendo un juego abierto, inestable, en ciertas formas regionalizado y en disputa.

 

El cambio de época en América Latina también expresa que estamos ante una nueva correlación de fuerzas, no sólo determinada por el reposicionamiento de sectores y corrientes conservadoras, la emergencia de nuevos actores y subjetividades, el agotamiento de ciertos horizontes y modos de hacer política, o por la intensificación de las tensiones geopolíticas; sino también por lo que los actores en disputa están dispuestos a hacer y poner en juego para lograr sus objetivos. Son tiempos de altos riesgos y peligros.

 

En estos escenarios, el fin de ciclo no necesariamente supone una era “post-progresista”, sencillamente porque los progresismos, como un modo de hacer política, no van a desaparecer, del mismo modo en que el ciclo progresista nunca fue un período “post-neoliberal”. Aunque el progresismo ya no es el gran rasgo de peso en la región, seguirá teniendo presencia en la disputa política latinoamericana.

 

Pero ante esta situación no se trata, nuevamente, aumentar la colección de gobiernos de centro-izquierda, o crear mayor presencia de nominaciones y discursos progresistas. Vale las preguntas, ¿qué es y será el progresismo en este cambio de época? ¿Será exactamente el mismo de 10-15 años atrás? ¿Cómo serviría este progresismo al conjunto de luchas que desde abajo intenta impulsar re-existencias y alternativas a los modelos imperantes? En este sentido, es necesario evaluar:

 

·         Por un lado, cuáles son las posibilidades de concreción de sus objetivos de posicionamiento político y de realmente impulsar una agenda “progresista”, en esta particular correlación de fuerzas actual.

·         Por otro lado y por consiguiente, de ser exitosos, ¿cómo ensamblarían sus modos de gobernabilidad y sus patrones de acumulación extractivistas ante las duras dinámicas de crisis económica y beligerancia global? ¿Prevalecerían y se intensificarían los pragmatismos, las lógicas de seguridad y orden interno, los mecanismos de cooperación con sus aliados geopolíticos en esta especie de Guerra Fría que vivimos a escala global?

 

Es en estas claves que creemos que también deben ser interpretadas las mutaciones y giros políticos de Lenin Moreno en Ecuador, el probable fraude electoral en Honduras en diciembre de 2017, la forma que va tomando el Gobierno Bolivariano en Venezuela, el posible encarcelamiento de Luiz Inácio “Lula” da Silva en Brasil, o los condicionamientos a las posibilidades de éxito electoral e incluso gubernamental de Gustavo Petro en Colombia y Andrés Manuel López Obrador en México.

 

Todo esto deja abiertas múltiples interrogantes vitales: ¿cuál es la agenda de las izquierdas, o si se quiere, de los diversos movimientos contra-hegemónicos, ante estos tiempos de reflujo, pragmatismo, securitización, sobrevivencia política de los gobiernos y reestructuraciones económicas en la región? A fin de cuentas, ¿quiénes son los principales afectados por las lógicas de excepción y “seguridad nacional” que van avanzando en la región, sean de cuño conservador o progresista? ¿Cuál es la postura ética de la izquierda ante esto, o incluso, qué significa ser de izquierda en estos tiempos de beligerancia? ¿Cuál sería el programa contestatario ante esta coyuntura? ¿O es que se afirma que ya no es posible un programa tal?

 

El agotamiento del “ciclo progresista”, no representa el final de una historia de luchas, sino la continuación de la misma bajo nuevas condiciones. Muy duras, probablemente. Pero precisamente la intensificación de las contradicciones que constituyen esta vibrante y muy activa región del mundo, abre al mismo tiempo las posibilidades para la masividad de un nuevo ciclo de luchas, posiblemente con nuevas modalidades, narrativas y formatos que, en su emergencia, discutan críticamente con la ya tradicional propuesta impulsada por los progresismos.

 

Pero lo fundamental es no olvidar que el estado de la correlación de fuerzas estará siempre determinado y atravesado por las luchas desde abajo que, dependiendo de la impronta y masividad de las mismas, puede mejorar las condiciones de disputa, la gestión común de la vida, las posibilidades de transformación social, e incluso incidir en la composición política del Estado en un período determinado.

 

Ante el caos, la guerra y la excepcionalidad, el principio es la comunidad, la comunalidad, la resiliencia, la reproducción de la vida y la defensa territorial. Múltiples experiencias siguen ofreciendo horizontes de actuación, de referencia: la Guardia Indígena del Cauca (Colombia), las fogatas y las guardias comunitarias en Cherán y los caracoles zapatistas (México), las Oficinas de Seguridad de los indígenas yekwana en el río Caura, la experiencia de la comuna El Maizal y los campamentos de pioneros (Venezuela), las Rondas Campesinas de Cajamarca (Perú), las resistencias contra la minería por parte de la comunidad de Intag (Ecuador), y un largo etcétera. Todas son semillas de transformación social; son referentes y planes piloto ante los tiempos de confusión y caos que crecen.

Tiempos duros se visualizan en el horizonte. Sí. Pero si hay un tiempo para incidir en el curso de los próximos acontecimientos, es éste.

Caracas, marzo de 2018

*Emiliano Teran Mantovani es sociólogo de la UCV, ecologista político y master en Economía Ecológica por la Universidad Autónoma de Barcelona. Investigador asociado al Centro de Estudios para el Desarrollo (CENDES), miembro del Observatorio de Ecología Política de Venezuela y mención honorífica del Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2015 por el libro ‘El fantasma de la Gran Venezuela’.

Notas

[1] https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2017/12/NSS-Final-12-18-2017-0905.pdf

[2] Pardo, Daniel. Qué es la "nueva doctrina" de seguridad de Mauricio Macri y por qué genera preocupación en Argentina. BBC Mundo. 12 de febrero de 2018. Disponible en http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-43012434

[3] Telesur. Temer amenaza con militarizar otras regiones de Brasil. 28 de febrero de 2018. Disponible enhttps://www.telesurtv.net/news/temer-amenaza-con-militarizar-otras-regiones-brasil-20180228-0028.html

[4] http://dctos.finanzasdigital.com/Gaceta-Extraordinaria-6298-Extension-Estado-Excepcion.pdf

[5] Fundación Paz y Reconciliación. El perfil de los líderes asesinados. El Espectador. 2 de marzo de 2018. Disponible en https://colombia2020.elespectador.com/opinion/el-perfil-de-los-lideres-asesinados

[6] http://pmop.ffaa.mil.hn/

[7] García, Jacobo. La OEA pide nuevas elecciones en Honduras mientras el órgano electoral hace presidente a Juan Orlando. El País. 18 de diciembre de 2017. Disponible en https://elpais.com/internacional/2017/12/18/america/1513557348_630202.html

[8] Oficina del Alto Comisionado – ONU. En Honduras las protestas por las elecciones se reprimieron con fuerza excesiva y letal - informe de la ONU. 12 de marzo de 2018. Disponible en http://www.ohchr.org/SP/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=22799&LangID=S

[9] EFE. JOH espera que Honduras no sea objeto de ataques terroristas. La Prensa. 28 de agosto de 2017. Disponible en http://www.laprensa.hn/honduras/1101831-410/honduras-atentados-terroristas-joh-barcelona-

[10] Brom, Diego. La militarización ya es ley en Paraguay. Página 12. Disponible en https://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-227383-2013-08-23.html

[11] Telesur. Ecuador: Declaran estado de excepción en San Lorenzo tras explosión. 27 de enero de 2018. Disponible en https://www.telesurtv.net/news/Ecuador-Declaran-estado-de-excepcion-en-San-Lorenzo-tras-explosion-20180127-0030.html

[12] Masapanta, Daisy. ECUADOR: Termina estado de excepción en Morona Santiago. CAOI. 15 de febrero de 2017. Disponible en http://www.coordinadoracaoi.org/web/extractivismo/ecuador-termina-estado-de-excepcion-en-morona-santiago/

[13] AFP. Decretan estado de excepción por minería ilegal en el sur de Ecuador. El Tiempo. 14 de septiembre de 207. Disponible en http://www.eltiempo.com/mundo/latinoamerica/decretan-estado-de-excepcion-en-ecuador-por-mineria-ilegal-130826

[14] El Comercio. Las Bambas: declaran en emergencia a 3 distritos de Apurímac para evitar actos de violencia. 16 de agosto de 2017. Disponible en https://elcomercio.pe/peru/apurimac/declaran-emergencia-3-distritos-apurimac-evitar-actos-violencia-noticia-450779

[15] El Universal. Gobierno peruano declara estado de excepción en 3 distritos por terrorismo. 11 de septiembre de 2016. Disponible en http://www.eluniversal.com.mx/articulo/mundo/2016/09/11/gobierno-peruano-declara-estado-de-excepcion-en-3-distritos-por-terrorismo

[16] Constante, Soraya. Correa declara el estado de excepción por la erupción de un volcán. El País. 17 de agosto de 2015. Disponible en https://elpais.com/internacional/2015/08/15/actualidad/1439662969_985121.html

[17] Atiles-Osoria, José. Proyecto de ley del “Nuevo Gobierno de Puerto Rico”: Estado de Excepción interno y la desposesión generalizada. La Pupila. 25 de octubre de 2017. Disponible en http://lapupila.net/proyecto-de-ley-del-nuevo-gobierno-de-puerto-rico-estado-de-excepcion-interno-y-la-desposesion-generalizada/ ; Cintrón, Joel. Naomi Klein en Puerto Rico: “No es shock, es el trauma lo que se ha estado explotando”. CPI. 26 de enero de 2018. Disponible en http://periodismoinvestigativo.com/2018/01/naomi-klein-en-puerto-rico-no-es-shock-es-el-trauma-lo-que-se-ha-estado-explotando/

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=239373

 

 

 

Porque se trata de contraponer democracias directas también a las formas más sutiles del sistema de modelar comportamientos sociales e individuales que hacen al statu quo.

 

 

Otras formas de violencia en América Latina en el Siglo XXI

La violencia a través del disciplinamiento social

27 de octubre de 2018

Por Robinson Salazar Pérez (Rebelión)

Contexto

El advenimiento de la globalización y la instrumentación práctica de sus ideales a través del modelo neoliberal no fue un relato ni mucho menos una pieza discursiva, estuvo y aun permanece inserta en el lenguaje de la política actual. El proceso derivó en un nuevo modelo de sociedad fincado en un conjunto de instituciones nacionales y globales transmisoras de sincronía en cada paso o etapa de funcionamiento, especialmente en la esfera económica, también imprimió un redireccionamiento a la visión prevaleciente sobre la naturaleza, la educación, la política, la familia, el trabajo, los espacios públicos, los de recreación y socialización, la técnica y la tecnología tuvieron un papel preponderante y las ciudades y servicios públicos entraron el zaguán de reingeniería privada y nueva administración de la cosa pública.

El agente estatal, vital en la modernidad, tuvo metamorfosis en su estructura y funcionamiento, fue reducida su actuación de organizador de la vida pública y otras esferas adyacentes hasta dejarlo en un estricto escaque vigilante. La supremacía instrumental llegó con fuerza discursiva, técnica, militar, financiera e ideológica para imponer sus ideas, las reformas necesarias, los instrumentos y herramientas para orientar la "nueva sociedad" dibujando algunas facetas innovadoras en los discursos académicos y en la política gubernamental.

Individualismo, emprendedores, ciudadanía global, fin de las ideología, liberalismo del Siglo XXI, sociedad de la información, ciudadanía digital, gobierno electrónico, nuevos espacios de interacción entre las personas a través del internet y las redes sociales, comunidades virtuales, sexo en línea, robotización del trabajo, cine en casa, aplicaciones en celular para evitar desplazamientos, compras en línea, enseñanza a distancia, reducción del tiempo y el espacio, ruptura del eje conectivo del tiempo, en fin, el aluvión de cambios tuvo celeridad inusitada, podríamos afirmar, hasta ahora no estábamos acostumbrados a reflexionar de manera expedita ante las dislocaciones acontecidas y aun sobrevienen con la sociedad moderna. En tan sólo 20 años las relaciones sociales, el uso de nuevas tecnologías, el mundo del trabajo, la vida cotidiana y la política cambió rotundamente, tanto fue el cambio en la naturaleza del escenario que los opositores del estatus quo no concluyen ni construyen consenso sobre si mantienen las mismas herramientas, y estrategias de confrontación o de plano la reinvención es necesaria para sobrevivir.

Por un lado, un sector significativo acude a sustentar y defender el mundo de vida de la racionalidad instrumental, basada en el cálculo, seleccionando los mejores instrumentos o medios-fines para cumplir con sus metas y sobrevivir en el mundo de hoy. La auto realización, maximizar sus ganancias o vida material, aislarse sin mediar el conflicto, convivir con los otros a través de las redes, confinarse en su espacio privado, vestir su mirada de indiferencia y hasta indolencia, sólo interesarse por una parte de la sociedad principalmente donde me compete, el otro no es referente siempre y cuando no lo afecte.

Entonces vemos un modelo de sociedad fraguado y regido por la robotización y las nuevas tecnologías, con nuevos tentáculos vigilantes inductores de la disciplina imperante y dócilmente aceptada por la mayoría de los agentes que son parte de la sociedad.

Cada día son menos los oponentes al "nuevo modelo de sociedad", prevalecen los portadores de ideología de izquierda sin esgrimir ni revelar un modelo alternativo, a cambio ofrece resistencia, confrontaciones y medidas coactivas no muy eficaces, dado los resultados obtenidos hasta ahora. Es más, muchas veces hacen uso de la razón instrumental en sus acciones colectivas dejando entrever su poca destreza y observación al recurrir a herramientas y prácticas producidas por los agentes vitales de la sociedad posmoderna o posindustrial.

CONJETURAS

UNA

La violencia acoplada y ajustada para el nuevo modelo de sociedad posindustrial cambia de rostro, visibilidad y efectividad si la comparamos con la imperante en la sociedad moderna cuyo matiz fue frontal dura, directa, mortal, guerrerista y pulverizadora. Parafraseando los escritos de Byung-Chul Han, en la actualidad esa violencia muta de visible a invisible, de frontal en viral, de directa a mediada, de real a virtual, de física en psíquica, de negativa a positiva, y va diluyéndose a espacios subcutáneos, subcomunicativos, capilares y neuronales, dando la impresión de haber desaparecido…es una violencia anónima, desubjetivada y sistémica, no es posible muchas veces observar dado porque coincide con la propia sociedad. Su aplicación efectiva la lleva a confundirse con la libertad en tanto quien la recibe la elige, acepta como algo normal y necesario en su cotidianidad pero en esencia es una nueva forma de sometimiento imbricante con la libertad de elección, la violencia y el poder de la dominación.

Desandemos las premisas del autor surcoreano, quien es un avezado para explicar la metamorfosis institucional y la violencia perversa imbricada en forma de grasa subcutánea e intramuscular en la estructura de la nueva sociedad.

DOS

Si la violencia es una lengua de fuego hiriente, daña a quien recibe la ofensa o insulto por cualquier otra persona, el carácter del lenguaje cambia, de su razón comunicativa e interlocutora promotora del diálogo a una violencia psíquica, merodeando y acechando la esencia física del injuriado. Hoy el lenguaje transita por las redes bajo la anuencia y complicidad nuestra, incluso la preferimos y optamos como la mejor manera de socializar ante de escoger el contacto físico y cercano. No obstante, el nuevo uso del lenguaje circula con sello o póliza difamatoria y desacreditadora, denigrante, desatenta, insultante, descalificadora, retadora y hasta con desdén y desprecio ante los desacuerdos o las opiniones escritas del otro. No acepta la desigualdad, la pluralidad y lo distinto, afanosamente pretende imponerse ante todos los demás sus verdades, su visión de la sociedad y por supuesto los postulados enunciados por él.

Además de ser un ejercicio violento es contagioso, cuya pegajosidad actúa como lo describe metafóricamente el autor surcoreano mencionado, "la spamización del lenguaje" en la gigantesca burbuja de la sobre comunicación y la sobre información abunda en las redes infectada de odio, venganzas, discriminación, insultos escondidos en el anonimato, la lejanía o la inexistencia del espacio físico. Toda esta imbricación del espacio virtual, la violencia, los contagios y propagación de rabias, son aprobadas tácitamente por los actores intervinientes en las redes

TRES

Haciendo uso de nuestra libertad para ingresar en las redes, aceptamos amistades desconocidas físicamente, a sabiendas del riesgo un sinnúmero de "simpatizantes" conlleva a un mundo global sin normas ni reglas de juego, todos ingresan consintiendo que ahí pulula la violencia y por tanto tiene posibilidad de ser agredido.

El otro detalle, admitimos la existencia de una sociedad virtual sin gobierno, los límites de la libertad son infinitos, sin cortapisas ni tabicamientos, apreciada de manera singular porque es contrapuesta a la libertad limitada ejercida en la vida real, en la realidad social donde estamos inscritos. Entonces es la puerta de escape para sacar las ansias sin darnos cuenta lo falso del acceso a la fuga, en tanto caemos en el sometimiento de la nueva sociedad, el poder invisible el cual configura y diseña el futuro a través de la voluntad dirigida, esto es, dominando la voluntad de los actores, inculcándole la obediencia de manera sutil hasta presuponerla como ejercicio de la libertad, sin coerción pero domesticada para aceptar la violencia sin darse cuenta de ello en tanto la violencia es interiorizada, alojada en la psique, la adoptamos y hacemos de ella un comportamiento cotidiano, vehiculizamos el lenguaje del odio, la venganza sin contención alguna, adoptando la violencia a nuestro antojo pero en realidad somos quienes la sufrimos.

CUATRO

Aquí aparece un detalle interesante, la libertad y el sometimiento coinciden en los hombres cuando ejercitan su autonomía, en cuanto el poder invisible y sus instrumentos tecnológicos nos roban la libertad y guían las acciones sutil e imperceptiblemente, por ello la violencia de hoy es atrapar la libertad y mutar su esencia sin alterar su rostro y ropaje.

Una vez más la psicopolítica es parte del arsenal de la violencia, utiliza el poder de la seducción y persuasión para conquistar a la diversidad de actores inscritos en la sociedad del Siglo XXI, la urdimbre es infinita, a diario surgen nuevas estrategias de incorporación para los aduladores de las nuevas tecnologías y en especial los jóvenes navegantes por largas horas en medio del mar de redes e intercambios virtuales para ir aceptando las nuevas reglas del juego, admiten intercambio de datos digitales con un crecimiento exponencial inusitado y calculado en duplicarse cada año, previéndose un mundo de cosas conectadas en casi a 52 mil millones para el año 2020-24 ; en consecuencia, no hay duda de quienes manejan los datos y otros profesionales cibernéticos lucran con ellos sirviendo a gobierno, empresas, negocios, universidades, crimen organizado y acciones militares, quienes están ávidos de las grandes concentraciones de Big data.

El universo de datos, filiaciones, perfiles, hábitos de consumo, preferencias y adscripciones son engranajes de la plataforma digital/real para someter a la sociedad por sí mismos, o sea, la violencia invisible domina a la sociedad a través de la violencia psíquica o desmentalizadora, buscando perfilar una verdadera mutación antropológica en nosotros alejada de las ideologías, negación en la construcción de nuevas comunidades reales, competitiva entre sí, uniforme y desintegradora del otro, individualista, indolente, indiferente, en conclusión un fenómeno cercenador de la soberanía en todos los ámbitos de la sociedad.

CINCO

El disciplinamiento social está presente en la referencia puntual de las reflexiones de Byung-Chul Han a "la sociedad del rendimiento" devenida con la flexibilización laboral, sepulturera del mundo del trabajo en el Siglo XX y trajo la innovación en el campo laboral y por consiguiente en la subjetividad del trabajador.

La idea principal del paradigma de la sociedad del rendimiento era y permanece como prioridad, disciplinar al actor para borrar de su conciencia las reglas existentes en el mundo del trabajo y pasivamente las trasladara al mundo de vida sin revelar su esencia de imposición, sino una suerte de auto-sometimiento, donde el trabajador no percibe, tampoco detecta ni observa el poder, su obnubilación es de tal magnitud que no distingue el sentido de sus actos, mucho menos el dominio violento y dominante sobre su humanidad.

El primer paso fue desubjetivar al sujeto, esto es, evitar que no estuviese sujeto a nadie visible ante él, el segundo, fragmentarlo, aislarlo y desplazarlo del lugar de poder y control de su papel de actor y fabricante de su propia historia, donde no fuese arquitecto y obrero de su presente y, por tanto, decidiera a pensar su propio pasado y proyectos futuros desde otra perspectiva. alejadas de la modernidad del Siglo XX y con un perfil más individualista, consumidor, auto-empleador, competitivo, sin lazos social ni ideología, con desdén y desprecio a todo aquello proveniente de la pobreza y el descuido y ante todo buscando la perfección de su personalidad diseñada ante el espejo de la globalización y el éxito personal.

Una vez elaborada la plataforma de dominio del actor, lo instrumentó como medida coactiva y coercitiva en el subconsciente sin mediación de fuerza, esto es, con una serie de pautas comportamentales le dibujaron el camino hacia el éxito personal, cuya finalidad sería el pedestal del reconocimiento social demandante de su ego porque al estar aislado, solo y sin vínculos sociales, solamente las redes virtuales, la necesidad de reconocimiento fue su sed, anhelo y deseo endémico, como si fuese una enfermedad de codicia indisoluble ante las críticas y los reclamos familiares.

La apetencia por el triunfo y las ansias de exterminar al oponente o competidor en la carrera hacia el pináculo de la bonanza y el estrellato le obnubiló la mente y poco o nada pudo percibir del toldo atalayador y sus hilos extensores en forma de tentáculos atrapadores de conciencia y cuerpo hasta despojarlo de su capacidad de decidir y mansamente ejercitar su libertad cumpliendo con lo establecido, o sea, la libertad sometida donde los actos del actor atentan contra sí mismo.

Los dispositivos del auto control del tiempo para pagar las tarjetas, llegar justo a tiempo al centro de trabajo o estudios, las convocatorias en líneas, los acceso vehiculares a vías y rutas, la asistencia anticipada y puntual en los aeropuertos, terminales de autobuses, colectivos, horarios estrictos de escuelas, almacenes, centros comerciales, farmacias y otros sitios de consumo o de atención a clientes, en fin, la vida del actor de la sociedad del rendimiento quedó bajo los grilletes del tiempo impuesto desde el poder, lo instalaron pero su conciencia aun no lo capta.

Otra acepción son las metas laborales, el horario tiene significancia al ingresar pero no al salir, borran las 8 horas habituales de la jornada de trabajo y la salida es extensiva aun fuera del sitio donde realiza su faena remunerativa. Cumplir objetivos, competir con sus colegas, asistir a capacitación continua, leer manuales de procedimientos, los catálogos de certificaciones empresariales, rebasar topes de venta, registrar nuevos clientes, escribir con mayor continuidad, asistir a eventos, atender la telefonía celular las cuales son más de dos por personas, ingresar a la carrera de las compensaciones para atender las nuevas adquisiciones de auto nuevo, hipotecas, colegios privados, membrecías al club, viajes de vacaciones, optimizar el tiempo hasta estrangular el sistema de salud, deteriorar su resistencia y quedar en situación lastimosa en aras de incrementar sus ingresos, consumir lo ofertado por el mercado, endeudarse para mantener el ascenso hacia la cúspide sin garantizar el empleo obtenido ni su perdurabilidad, las contingencias en la órbita empresarial muchas veces provoca los despidos y son cotidianidades inatajables.

SEIS

Finalmente, el actor obediente está coaccionado por sí mismo a través del deber, "tener que hacer" las cosas porque así ha constituido y fortalecido un patrón de conducta ante las redes sociales, el trabajo, los compromisos de amplio abanico de pagos, cobros, trámites, traslados y reuniones, toda una gama de actividades asimiladas dócilmente pero causantes de perturbaciones emocionales, psíquicas y enfermizas; en la mayoría de las veces este modelo provoca padecimientos costosos o con grandes dificultades para ser atendidas sin dejar de trabajar y vivir bajo el paraguas de la violencia invisible en la sociedad del agobio eterno.

Los dispositivos adicionales al disciplinamiento son el miedo, los temores y la angustia los perseguidores y/o acosadores del actor de manera constante, aunque no son ficticio los ingredientes de la guirnalda mortificadora, sí torturan la psique hasta convertirlo en un ser paranoico ante la ola de inseguridad, robos, asaltos, secuestros entre otras expresiones de vulnerabilidad social. Atrapado en la red del agobio hace uso de la libertad y busca desesperadamente huir, hallar la solución ante la persecución anímica y es así como gestiona, busca y haya un lugar seguro y son las privadas, coto residenciales, con circuitos de seguridad, alambrados eléctricos, cámaras de vigilancia, policías en los accesos; a su vez agencian una salida a sus ingresos con el auto-empleo, auto explotarse para cubrir las demandas de sus expectativas y vivir seguro, violentado su esencia y su intimidad. La libertad es el imperativo de rendir más, ganar lo suficiente, abandona el lugar de explotación pero lo cambia por la auto explotación, explotarse a sí mismo hasta extinguirse. Afirma Byung-Chul Han, "en ese sentido, la violencia y la libertad son lo mismo. La violencia se dirige a uno mismo, el explotador es el explotado".

Bibliografía

Han, Byung-Chul, 2014, Psicopolítica, Editorial Herder, España.  

2016, Topología de la violencia

2016, La sociedad de la transparecia

2017, La expulsión de lo distinto

2017, La sociedad del cansancio

2018, Sobre el poder

Robinson Salazar Pérez. Red Investigadores Latinoamericanos por la Democracia y la Paz

www.insumisos.com 

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=248304

 

 En/con el capitalismo mundializado

 

Nos urge, desde las izquierdas consecuentes a no conciliar con la burguesía, superar el predominio político e ideológico del progresismo y las izquierdas afines. Descubramos la decadencia del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica que contesta su pregunta mediante descripción de la realidad inmediata de Brasil.

 

¿Por qué Brasil votó así?
30 de octubre de 2018

Por Alfredo Serrano Mancilla

Rebelión / CELAG

 

 

¿Por qué ganó Jair Bolsonaro con más de 57 millones de votos y 11 puntos de diferencia con respecto al candidato del PT, Fernando Haddad? Esta es la pregunta que medio mundo se está haciendo luego del resultado electoral en Brasil. No hay respuesta sencilla ni basada en un único argumento. Son múltiples los factores, algunos propios de un clima global y otros más ajustados al contexto nacional. Aquí se esbozan algunas ideas para comprender este fenómeno.
  
1. La volatilidad de las preferencias electorales. Cada día la realidad es más efímera. Todo cambia a una velocidad incomprensible. En la actualidad, con un simple clic somos capaces de cambiar de país, de conversación, de relaciones personales... Las nuevas tecnologías y las redes sociales permiten creer que todo se puede modificar en un segundo. Esto se va instalando como marco lógico hasta el punto de tener un poder de influencia mayor de lo previsto a la hora de tomar decisiones en otros asuntos. En lo electoral, en un marco de crisis de representatividad de los partidos tradicionales, también está presente esta nueva manera de actuar, que se percibe en un patrón electoral volátil, en el que el voto se mueve de lado a lado sin tiempo real para que se produzcan grandes cambios estructurales en el medio. Un dato lo ejemplifica: Dilma Rousseff obtuvo casi 55 millones de votos hace cuatro años; ahora Bolsonaro, la antítesis, 57 millones.

2. Cuando la democracia ya es cualquier cosa. Decía Gilbert Rist que “el desarrollo ya puede ser concebido como cualquier cosa” porque “el desarrollo es la construcción de una letrina allá donde se necesita, pero también es un rascacielos en una gran ciudad”. Lo mismo puede suceder con el término democracia, cuando ésta se basa en un mínimo excesivamente mínimo. Así, tan vaciada de contenido, limitada a un voto cada cuatro años, sin importar nada más que eso, entonces, la ciudadanía puede llegar a frivolizarla tanto como cualquier votación que se produce para elegir al ganador de un reality show. Esta democracia tan banalizada, en forma light, es un terreno demasiado fértil para que los candidatos poco demócratas sea elegidos.

3. Una nueva cancha embarrada de juego. Vale todo. En el caso de Brasil, la elección se dio luego de un golpe parlamentario que arrebató a Dilma su condición de presidenta electa y con Lula, el candidato mejor valorado, en la cárcel. Además, como así también pasó en la campaña del 2014 con la muerte de Ocampo, esta vez, también apareció un hecho sospechoso: la puñalada que sufrió Bolsonaro, que tuvo un tratamiento mediático de telenovela con final feliz. Y tampoco hay que olvidar las fake news que se fueron propagando gracias a un control del uso de datos privados, de teléfonos, con el envío masivo de mensajes de WhatsApp. Se mire por donde se mire, en estos tiempos que corren, ya no hay elecciones en condiciones limpias.

4. Cuando gana lo auténtico y no lo políticamente correcto. Viendo a Bolsonaro, a uno se le caen todos los mitos del marketing electoral de los últimos años. Pareciera que nace un contramanual de Durán Barba. Ni globos de colores ni mensaje de felicidad eterna; ni ambientalismo ni animalismos. En el caso de Bolsonaro, así como ocurrió con Trump, venció lo genuino, el “no disimular casi nada”. Decirle al pan, pan, y al vino, vino. Un lenguaje más directo, sin rodeos, sin diplomacia, en el que la mayoría de la ciudadanía se siente reflejada. 

5. El odio y el “que se vayan todos”. El hartazgo se impone. Se creó un clima de opinión, en gran medida provocado por los medios de comunicación, marcado por la animadversión y hostilidad. La corrupción fue una de las principales variables elegida para crear un ambiente antipetista. Pero también se utilizó la elevada inseguridad, para construir ese sentimiento de repulsión contra el estatus quo. En el caso brasileño, como así ocurrió también con Trump, se impone cada vez más una propuesta del anti, del rechazo, del encono, buscando una mayor sintonía con aquella sensación de infelicidad que tiene una buena parte de la ciudadanía que vive en condiciones económicas y materiales muy negativas.

6. La mentira que nos contaron: era mejor no confrontar. Fue absolutamente desacertado creer que había un exceso de confrontación por parte de muchos líderes-presidentes representantes del progresismo latinoamericano. ¿Cómo encaja Bolsonaro en este paradigma? ¿Y Trump? Por lo visto electoralmente, a la ciudadanía le agrada mucho más aquel político que interpela de frente en vez de ser una suerte de “chicha ni limoná”. Debemos distinguir mejor entre el porcentaje de imagen favorable y la verdadera intención de voto; e incluso puede ocurrir que se puede ganar elecciones a pesar de tener un alto porcentaje de rechazo en las encuestas.

7. El repliegue sobre el individuo. El Balón de Oro en fútbol es casi tan importante como un campeonato; Messi es tan poderoso o más que un club de fútbol. El personalismo en la política pisa fuerte. Es por ello que Bolsonaro no necesitó ni de partidos ni de ningún gran movimiento colectivo que lo arropara. Una suerte de superhéroe que muchos aspiran a ser.

8. Regresa el nacionalismo en la época global. Nunca dejó de ser un valor, pero ahora el nacionalismo retoma un papel más protagónico en una era donde todo es global. La gente busca mucho más aferrarse a algo cercano, a un referente más nacional. Bolsonaro lo logró mostrándose como militar, con un lenguaje de repulsión a todo lo que tuviera que ver con lo extranjero.

9. El laberinto de nuestras burbujas. Un mal endémico es querer hacer análisis en función de nuestro particular focus group entre la gente más cercana que nos rodea. O mucho peor aún es preguntarnos lo siguiente: ¿por qué la gente vota a un fascista, homofóbico y que defiende a la dictadura? Esto es tener mal el foco de mira. ¿Por qué? Pues seguramente porque no hay 57 millones de brasileños y brasileñas que tienen esos mismos valores. Lo cierto es que cada quién tiene la información que tiene, que le llega por muchas vías diferentes, y no siempre es la misma que tenemos en ciertos círculos endogámicos en los que el deber ser, en lo ético y en lo político, prevalece por encima de cualquier mirada de lo que está ocurriendo en cada esquina. 

Entre tantas otras, las razones aquí expuestas en su conjunto hacen que hoy estemos ante un país, Brasil, que ha elegido mayoritariamente a Bolsonaro, con el 55% de los votos. Sin embargo, lo difícil está en otro punto: a partir de ahora saber cómo hacer para que no lleguen más Bolsonaros a ser elegidos presidentes de cualquier país. 

Alfredo Serrano Mancilla, Director CELAG.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=248370

 

 

Pensemos en que el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra tan valioso apoyó a los gobiernos del PT pese a la promoción de éste del sistema imperialista de agronegocios cuya tendencia mundial es a la desaparición forzada de campesinos, productores pequeños y medianos e indígenas. También destaquemos su subordinación al papa Francisco para la unidad de movimientos sociales del planeta.

 

Sus dirigentes si bien señalan la necesidad del PT de romper su conciliación con el poder económico transnacionalizado, lo consideran como la verdadera izquierda, creen en la unión originada durante el balotaje, apuestan a un trabajo político de territorialidad al estilo burgués, no critican programa de Haddad con una formulación capitalista de desarrollo y esperan ver cómo va a gobernar Bolsonaro como si no fuese suficiente la realidad de las tres B.

 

En vez de la guerra que es el campo de acción perfeccionado durante siglos por la burguesía, es crucial avanzar en la democracia directa lo cual implica recuperar o crear comunidades interrelacionadas hacia buenos vivires convivires de todos los pueblos planetarios. Pero, además, plantearse cómo se construyeron los poderes de las tres "B" en Brasil y no quedarse reducido a atribuir todo al voto mayoritario.

 

 

Brasil / Entrevista a dirigente del MST: “Perdimos la batalla pero salimos fortalecidos para seguir la guerra”

31 de octubre de 2018

Entrevista a Edson Bagnara del MST

Todos los análisis permitían prever que Jair Bolsonaro ganaría las elecciones en Brasil. El impacto de esta victoria de la extrema derecha en un país tan importante en nuestro continente ha encendido el debate, circulan análisis, opiniones. La izquierda reconoce que la derrota del PT implica un duro golpe al proyecto emancipador del pueblo brasilero y del continente todo, y un paso fuerte del imperialismo estadounidense en su esfuerzo por reconquistar los espacios perdidos en América Latina.

A propósito de esta compleja conyuntura, Prensa Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora conversó con Edson Bagnara, integrante de la Coordinación Nacional del Movimiento Sin Tierras de Brasil y dirigente de la brigada de ese movimiento en Venezuela, para indagar en las claves de la victoria derechista que puedan servir de análisis y orientación a los propios procesos de la izquierda en el continente.

¿Qué análisis tienes, en términos generales, sobre las causas que llevaron a que el presidente de Brasil sea hoy Bolsonaro?

Quisiera comenzar el análisis recordando que esto se trata de una lucha de clases, donde nos estamos enfrentando dos enemigos, la clase trabajadora, de un lado, y la burguesía, de otro. Hay una guerra desde que la burguesía llegó al poder, desde la revolución industrial y la revolución francesa, y eso continúa. No seamos ingenuos. Esto no es solo un problema de Brasil, sino mundial.

Debemos decir que en Brasil los trabajadores empezamos a ser un actor político con capacidad de disputar poder hace muy poco tiempo. Antes, la clase trabajadora en Brasil éramos esclavos. Había lucha y resistencia, pero esas luchas eran masacradas, no había posibilidad de que la clase trabajadora tuviese condiciones de tener una ofensiva nacional. Pero se fue abriendo camino, Brasil conquistó la república y por ahí fuimos acumulando hasta llegar a la década del 30 cuando hubo el ascenso de los comunistas liderado por Luis Carlos Prestes, que luego fue derrotado y asume el poder Getúlio Vargas, para establecer desde 1930 hasta 1945 una dictadura que derrotó tanto a los comunistas como a la oligarquía. Durante este período hubo muchas concesiones a la clase trabajadora (la conquistas del voto para las mujeres, las leyes laborales, la carta de trabajo). Luis Carlos Prestes estuvo 6 años en la cárcel, y después que sale aparece en alianza con Getulio Vargas, que era el gobierno que lo había encarcelado. ¿Por qué la izquierda en ese momento tomó esta opción? Porque había saldo político para la clase obrera y no había condiciones para enfrentar ese bloque que estaba en el poder. Entonces, se hizo esa especie de alianza política para garantizar más conquistas y más derechos para la clase trabajadora y acumular fuerza política. De allí venimos. Esto es importante recordarlo.

Con la salida del régimen militar en Brasil, los sectores democráticos brasileños se dividieron en varios frentes y el frente más a la izquierda lo encabezó el PT junto a otros partidos menores. El PT ha tenido la conducción de las batallas por la izquierda, y para llegar al gobierno el PT fue construyendo alianzas, tomando posiciones radicales a la izquierda, pero también perdiendo sectores de la izquierda, como PSOL. Efectivamente el PT gana el gobierno con Lula y fue perdiendo terreno en el sector más popular y en el sector de la izquierda más radical. En lo agrario, por ejemplo, opta claramente por el agro-negocio, que es, de hecho, el negocio que sirve de fuente de acumulación a la extrema derecha en Brasil.

En ese proceso donde hubo desafiliaciones por condenar o criticar esas concesiones que iba haciendo el PT o el gobierno, ¿el MST como se situó?

El MST siempre tuvo una posición crítica hacia el gobierno. Pero nosotros sabíamos que no podíamos romper porque nos aislaríamos. Una cosa es PSOL, se aísla del PT porque ellos eran diputados, gente que estaba en la universidad, y sus críticas eran más bien ideológicas. Otra cosa es el MST, que está en un flanco de batalla, con tomas de tierras, con gente organizada y un acumulado. Es una posición en la que se puede morir. Por eso siempre mantuvimos una crítica al PT en contra de algunas políticas que nos tocaban a nosotros, pero manteniendo el apoyo. De hecho, fuimos la principal organización que sale en defensa de Dilma cuando el golpe, y también fue así con la defensa de Lula ahora que lo encarcelaron.

Pero volvamos al tema de las causas de la actual derrota…

Me parece que el problema no está necesariamente en las alianzas que el PT hizo para alcanzar el gobierno, sino en no haber aprovechado este período histórico en el poder para hacer una construcción de base. El PT se enfocó mucho, como estrategia central, y no como táctica, en la disputa electoral. Me parece que es un error poner la disputa electoral como si fuera la estrategia, ocupar cargos del Estado no puede ser entendido como si ésa fuera la estrategia, sino como acumulación de fuerza para hacer las transformaciones. Entonces el PT fue bajando el trabajo político con los pobres, con la base, y se centró en políticas sociales sin trabajo político. Eso explica que mucha gente que ganó un título de universidad con el gobierno del PT hoy votó por Bolsonaro porque no tiene conciencia de que el hecho de que la gente pobre pudiera llegar a una universidad, construir su vivienda, mejorar su vida, estaba conectado a una estrategia, a una política económica distinta a la política económica liberal.

Al no politizar, algunas iglesias lo hicieron, con falsos mesías politizaron hacia la derecha, y utilizaron a su favor la fuerza que debía estar a nuestro favor. El pueblo conseguía una casa y daba gracias a dios por la casa, cosa que no está mal, pero también tenía que entender que lo central en la conquista de la casa es que había una política de la izquierda que estaba en el Estado brasileño, para que eso pudiera ser.

Después viene el golpe a Dilma, y en el PT hubo una depuración. Sectores oportunistas fueron saliendo al cambiar las condiciones. Y crecieron en el PT los sectores que siempre denunciaron los errores y señalaron que se debía seguir construyendo con las bases. Empieza a afianzarse la idea de que si el PT quiere seguir existiendo en Brasil, no es posible, en este momento, hacer una conciliación de clase. Hay que tener un proyecto muy claro para disputar las conciencias de la gente, en los debates políticos, en el trabajo de base. Porque la derecha aprovechó los gobiernos del PT para acumular fuerzas, primero con Lula y después con Dilma. La derecha acumuló fuerzas en todos los sentidos, más fuerza que la izquierda en mi opinión. Y fuerza incluso económica, porque ellos ganaron mucho a través de sus grupos económicos.

Otro aspecto es el éxito de la derecha en asociar el PT a corrupción. ¿Cómo hicieron eso? En el PT hubo un sector que de verdad se corrompió y eso lo explotó el enemigo. Y los medios no le dieron tregua en ningún momento, no le dieron ningún momento de chance para que el PT respirase tranquilo, todo el tiempo golpeando, golpeando. Y en esto de lo mediático hubo otro de los errores. No se desarrollaron formas y medios de comunicación alternos a los hegemónicos, no hubo una política de crear medios públicos y comunitarios.

¿Por qué el imperialismo y las élites nacionales terminan tomando la opción más extrema, la más de derechista, la más fascista, y por qué ésta termina siendo comprada por la gente?

Yo creo que hay un movimiento internacional de la burguesía para intentar salir de la crisis en la que ellos entraron y no están logrando salir a través de gobiernos democráticos. En Brasil, por ejemplo, aunque hayamos perdido la elección, la izquierda creció mucho. Entonces, un gobierno democrático sería como dejar las puertas abiertas para que la izquierda dé un avance tremendo. ¿Por qué? Porque no iría a matar, no iría a reprimir con la fuerza necesaria para imponer su proyecto, que es el proyecto de salvar el capitalismo, salvar el imperialismo y salvar las multinacionales. Porque un gobierno de extrema derecha va a matar, a torturar, a encarcelar, a aislar gente. Bolsonaro lo dijo el domingo pasado: “Los rojos pueden escoger cárcel o exilio”. Un político como Alckmin, si hubiera sido la opción, no diría eso y no haría algo así. Entonces, un gobierno así no garantiza el control social necesario para impedir la acumulación de la izquierda.

Eso que dices explica por qué la derecha opta por esa alternativa, ahora bien, ¿por qué la mayoría de la población votó por esa opción, con una alta participación, además, sólo 21% de abstención?

La gente está como anestesiada. Yo no creo que la población brasileña de forma general sea neofascista, pero la gente fue bombardeada durante años contra el PT. Y el encarcelamiento de Lula fue determinante. De no encarcelar a Lula el resultado sería otro. Además, contra el PT estaba la izquierda esa ideológica, que no es poca gente. Y hay una masa que votaba a la izquierda y dejó de hacerlo por el distanciamiento del PT de las bases, y por el feroz ataque permanente en los medios y en sectores de las iglesias. Pero la mayoría de la gente no sabe lo que votó. Por eso es que yo creo que hay un campo abierto allí para que la izquierda pueda volver a acumular y a fortalecerse. La izquierda sale de esta elección unificada me parece.

Hay zonas de Brasil importantes donde ganó la opción izquierda, ¿qué pasó allí?

El PT ganó en el nordeste con una proporción casi de 70 a 30, y perdió en todas las demás. La razón es porque es una zona históricamente olvidada que fue muy atendida por los gobiernos del PT. Es una zona que para agricultura es complicada porque es muy seca y debe hacerse mucha inversión para tener rentabilidad en la agricultura. La política hacia esa zona siempre fue la de sacar gente para ocupar el resto del territorio nacional, y ser mano de obra. El agronegocio, por ejemplo, sale del sur oriental y va subiendo, hasta llegar al Roraima, y la mano de obra sale del noreste, hasta llegar por lo menos hasta San Pablo, que es donde está la fuerza industrial más grande en Brasil. En el nordeste no hubo nunca inversión y el PT cambió eso, la gente recibió una vida mejor, casa, vivienda, salud, educación. Se detuvo la salida de mano de obra y se desarrolló la región. De hecho, la gente del sur despreció eso, lo condenaron con el argumento de que en el sur se produce la riqueza y se le regala a los del nordeste.

En tu opinión, ¿qué peso tuvieron los sectores medios en el resultado? ¿se construyó un discurso y una política hacia estos sectores?

Comenzaría por decir que los sectores medios están siempre presionados, de un lado por el miedo a “bajar” a la clase trabajadora, y de otro lado la aspiración a ascender a la burguesía. Cuando la derecha la asusta y le quita derechos viene con nosotros, pero cuando nosotros tenemos mejoras de vida ella se siente amenazada. Es difícil hacer un discurso y una política para este sector. El PT, de hecho, dio muchas ventajas a la clase media en Brasil y ésta creció y mejoró. La clave está en lograr que esas mejoras de calidad de vida para la gente no impliquen simpatía ideológica con el proyecto capitalista del enemigo. Y es importante hacerlo. Hay sectores de la clase media que ya están con nosotros, pero hay que ampliar el nivel de inserción y de conocimiento en ese sector, porque allí están los profesores, los magistrados, la propia policía, los pequeños productores, los pequeños empresarios, ese sector tiene que estar con la clase trabajadora.

Es diferente al sector de la banca nacional e internacional, de los grandes oligopolios económicos. Si, por ejemplo, como hizo se hizo en Brasil, se fortalece mucho el sector agroindustrial entonces los medios y pequeños desaparecen. Veamos un solo dato. En 2016 Dilma dio aproximadamente 150 mil millones de reales para al agronegocio, que son como 20 mil propietarios, la élite del agro negocio brasileño, y para los pequeños y medianos agricultores, que son casi 4 millones de familias, fue apenas aproximadamente 20 mil millones de reales. Y esto se puede decirse también de los sectores industriales. Allí vemos claramente un error en política económica que tiene graves consecuencias en la lucha política.

¿Qué podemos esperar ahora con Bolsonaro presidente? ¿Por dónde debería de caminar ahora la izquierda?

La izquierda sale fortalecida de este proceso, nosotros fuimos derrotados en una batalla, pero estamos más fortalecidos para la guerra. Primero, porque dentro de la izquierda a habido una depuración, está más claro el enemigo y mucho oportunista ha salido. Estamos más conectados con el pueblo y estamos más a la izquierda y más claros del proyecto de izquierda que antes. Ahora debemos saber aprovechar esta energía para defendernos de los ataques que vienen y para desarrollar un trabajo amplio de reconstrucción, de reconexión con los sectores que nosotros perdimos en esta trayectoria.

Con respecto al gobierno de Bolsonaro, creo hay que esperar un poco. Hay posiciones como la Boulos, del PSOL, planteando salir de inmediato a la calle a protestar. Éste no es momento para meter el pecho porque saldríamos reventados. Así que creo que hay que dar tiempo para ver con qué viene el enemigo. Claro que si nos empiezan a matar nos vamos a defender, pero es posible que no sea así. Puede que haya alguna moderación. Y en general, a mí me parece que salimos fortalecidos, salimos con más unidad que la que teníamos antes, con más claridad y ahora a esperar un poco para reposicionar las fuerzas. Una cosas es clara: hay que hacer trabajo de base, hay que hacer conexión con el pueblo.

¿Qué esperar del gobierno Bolsonaro para América Latina y Caribe?

Es evidente que el continente gira a la derecha con la victoria de Bolsonaro. Él prometió romper con los espacios de integración latinoamericana, prometió una aproximación subordinada a los intereses de EEUU, prometió guerra contra Venezuela y Bolivia y limpiar de la izquierda a América Latina.

Eso nos apunta un posicionamiento político claro, pero creo que no es tan sencillo meterse en una guerra. No creo que eso se va dar pronto o si se va dar. Debemos aguardar los movimientos de ellos para verificar con claridad qué pretenden realmente hacer y también ir relacionando con la geopolítica internacional. El conflicto se da en los territorios, los países, las regiones, pero la disputa es global. Nada va a ocurrir aislado del contexto de la disputa mundial.

Prensa Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora

Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/10/31/brasil-entrevista-a-dirigente-del-mst-perdimos-la-batalla-pero-salimos-fortalecidos-para-seguir-la-guerra/

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Jair Bolsonaro: biblia, bala y buey,

los 3 grupos de poder que pueden ayudar al

presidente electo de Brasil a concretar sus propuestas

(aunque no tenga mayoría)

30 octubre 2018

En el Brasil del presidente electo Jair Bolsonaro asoman otras tres "B" cruciales para impulsar su agenda conservadora en el Congreso. Son las iniciales de Biblia, bala y buey.

Los brasileños usan las siglas BBB para referirse a una bancada compuesta por grupos religiosos, armamentistas y de agronegocios que tendrán gran peso en el próximo Congreso.

Esa combinación de fuerzas puede ser un pilar del gobierno de Bolsonaro —que carece de mayorías legislativas propias pero sintoniza con los tres grupos— para aprobar medidas polémicas sobre seguridad pública, conservadurismo social y medioambiente.

·  5 polémicos proyectos de Jair Bolsonaro, presidente electo de Brasil

 

"Esa bancada creció numéricamente, pero además viene legitimada por las urnas: es la primera vez que esa agenda conservadora es debatida de modo ostensible en una elección con un candidato que incorpora ese ideal", dice Antônio Augusto Queiroz, director del Departamento Intersindical de Asesoría Parlamentaria (DIAP), un centro de estudios políticos en Brasilia.

"Ese grupo más conservador va a constituirse en una especie de escudo para hacer la disputa política del gobierno con las fuerzas de izquierda y dar soporte a la agenda gubernamental", agrega Queiroz en diálogo con BBC Mundo.

 

"Ideologías totalitarias"

Aunque creció de forma exponencial desde la elección anterior, el Partido Social Liberal (PSL) de Bolsonaro tendrá apenas 52 diputados en una cámara de 513 miembros. Además, serán cuatro senadores de un total de 81.

Derechos de autor de la imagen Getty Images Image caption Bolsonaro tendrá que conseguir acuerdos para mover su agenda en un Congreso fuertemente fragmentado.

Eso significa que, tras asumir el próximo 1 de enero, Bolsonaro va a necesitar acuerdos para mover su agenda en un Congreso fragmentado que se instalará en febrero, con 30 partidos representados con diputados.

Si bien Bolsonaro y sus colaboradores ya tienden puentes con otros partidos, los expertos creen que el apoyo que ya le dan los parlamentarios de la "Biblia, bala y buey" puede facilitarle la tarea de obtener mayorías, sobre todo en diputados.

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Sólo la bancada evangélica tendrá unos 80 miembros, según cálculos de DIAP, pero suele unir fuerzas en un frente con creyentes de otras religiones que ha sumado más de 180 integrantes.

Para resultar electo el domingo con 55% de los votos válidos contra 45% del izquierdista Fernando Haddad, Bolsonaro recibió un apoyo importante de líderes evangélicos en la recta final de la campaña.

Según encuestas previas al balotaje, tres de cada cinco evangélicos optaron por el militar retirado en un país donde casi 30% de la población sigue esa religión.

Los moviliza sobre todo su oposición al aborto y a lo que denominan como "ideología de género", incluida la enseñanza en aulas de temas como el respeto a la diversidad sexual, los derechos gay y la igualdad de género.

"La instrumentalización de las escuelas y universidades públicas al servicio de ideologías totalitarias y dictaduras comunistas envenenó el alma y el espíritu de las últimas generaciones", sostuvo el Frente Parlamentario Evangélico en un documento enviado a Bolsonaro en vísperas de su elección.

El documento para la próxima legislatura aborda otros temas defendidos también por el presidente electo, como la reducción del número de ministerios y del intervencionismo estatal en la economía.

 

"Más eficientes"

Por su lado, la "bancada de la bala", los armamentistas, prácticamente duplicó en estas elecciones su peso en el Congreso, llegando a unos 70 congresistas según los cálculos de DIAP.

Está compuesta en gran parte por expolicías y exmilitares que defienden medidas de seguridad pública como la liberación del porte de armas, una reducción de la edad mínima de imputabilidad penal y la eliminación de eventuales castigos a policías que matan en servicio.

Han recibido apoyo de empresas vinculadas al sector armamentista y a menudo coinciden con los evangélicos en temas como el rechazo a la promoción de la diversidad sexual.

Tener un presidente electo como Bolsonaro, que se ha pronunciado a favor de liberar la posesión y tenencia de armas limitadas por ley desde 2003, es para ellos un sueño hecho realidad.

·    Quiénes son los 4 hombres fuertes del nuevo gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil

"Tienes de un lado una bancada que trae el tema de los valores morales mirando mucho a la tradición y de otro lado una bancada que representa un retroceso muy grande sobre cómo pensar la seguridad pública", dice Marco Antonio Teixeira, un politólogo de la Fundación Getúlio Vargas, una universidad de élite en Brasil.

"Esos dos sectores van a traer la posibilidad de una agenda conservadora que dé pasos atrás en derechos", añade en declaraciones a BBC Mundo.

Derechos de autor de la imagen Getty Images Image caption El nuevo presidente electo de Brasil no ha expresado compromisos claros respecto a temas como el calentamiento global y el impacto medioambiental de la deforestación amazónica.

A su vez, la bancada "ruralista" vinculada al agronegocio y con más de un centenar de parlamentarios se reducirá en la próxima legislatura. Pero expertos como Queiroz creen que podría compensar eso subiéndose a la ola conservadora que llegará al Congreso.

Entre sus prioridades está cambiar los criterios de demarcación y explotación de tierras indígenas, dar amnistías e incentivos fiscales a los productores rurales, y flexibilizar disposiciones contra el trabajo esclavo en zonas rurales.

Las señales de Bolsonaro de que dará respaldo al agronegocio y su falta de compromisos claros en materia de combate al calentamiento global generan en activistas medioambientales, sobre todo por el posible impacto en la deforestación amazónica.

·    Los 5 grupos que le dieron el triunfo a Jair Bolsonaro en Brasil

Las tres son bancadas informales, que están esparcidas entre distintos partidos. Pero los analistas creen que pueden ser decisivas en asuntos polémicos donde los partidos carecen de consensos internos.

"En Brasil no tienes una historia de castigos a parlamentarios que no votan según la orientación de su partido", explica Teixeira. "Y ahí las bancadas informales, que llamamos de parapartidarias, suelen ser más eficientes que las bancadas de los partidos".

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Fuente: https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-46027058

 

 

Indaguemos más allá de las reacciones del electorado brasileño. Subrayemos la maximación de concentración-centralización económica territorial de la gran burguesía representada por el capitalismo mundializado. Explica, como Aram Aharonian señala para Brasil pero es válido en Argentina y tiende a ser realidad mundial, que ese "poder fáctico ha desechado a la democracia como instancia de negociación y marcha hacia un enfrentamiento radical contra los sectores populares, en una guerra de imposición ideológica que tiende a borrar las conquistas sociales, inclusión social y de redistribución de la riqueza de la etapa del progresismo, que incluye confrontaciones de clase, de grupos étnicos, de género".

 

Sin embargo precisamos desechar la promoción por progresistas e izquierdistas afines no sólo de los extractivismos sino también de la sociedad de consumo. Se trata de fundamentar nuestro posicionamiento contrapuesto,  reconocer las diversidades culturales que el actual sistema mundo pretende hacer desaparecer y distinguir las capas medias como, mayoritariamente, resultantes de la homogeneización y alienación por la sociedad de consumo.

 

 

Brasil: Bolsonaro y la derrota cultural del progresismo

27 de octubre de 2018

Por Aram Aharonian

Rebelión.org

La expresiva actuación del candidato ultraderechista Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL) en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, puede ser explicada por tres factores que actuaron de forma simultánea: antipetismo (odio), rechazo al sistema político (frustración) y la consolidación de valores conservadores en la sociedad, tras la derrota cultural del progresismo brasileño.

Hay un punto que hay que tener en cuenta: el poder fáctico desechó a la democracia como instancia de negociación y marcha hacia un enfrentamiento radical contra los sectores populares, en una guerra de imposición ideológica que tiende a borrar las conquistas sociales, inclusión social y de redistribución de la riqueza de la etapa del progresismo, que incluye confrontaciones de clase, de grupos étnicos, de género.

Dos conceptos definen la importancia que tiene Brasil. El exsecretario de Estado de EEUU, Henry Kissinger, dijo que “Hacia donde se incline Brasil, se inclinará Latinoamérica” y definió al gigante sudamericano como el “satélite privilegiado” de las políticas de Washington en estos territorios.

No hay que olvidar que la dictadura militar en Brasil fue larga (1964-2003) y tuvo gobiernos desarrollistas conservadores durante los cuales el país creció y se industrializó, de la mano de una gigantesca exclusión y desigualdad social. Pero el desprestigio de los militares en el imaginario colectivo de los brasileños fue inferior al desarrollado en los otros países del área.

La victoria en primera vuelta del candidato ultraderechista Jair Bolsonaro en Brasil, da cuenta que más allá de una derrota electoral del progresismo, éste debe asimilar la derrota cultural. Incluso si gana en la segunda vuelta, a Fernando Haddad, el delfín de Lula, le será muy difícil gobernar: la derecha acumuló 301 de los 513 escaños en Diputados (sumaba 238 en 2014), mientras la izquierda pasó de 166 a 137 diputados, y el centro, el gran derrotado, apenas logró 75 bancas (tenía 137): el MDB de Temer y el PSDB de Fernando Henrique Cardoso lograron 31 y 25 diputados respectivamente.

Si bien no participa directamente en el escenario electoral, la prensa hegemónica era poseedora casi exclusiva del contacto diario y directo con los ciudadanos. Pero ahora ve su relevancia amenazada por otros medios de comunicación, las redes sociales y la militancia de las iglesias evangélicas (a través de la oligopólica Red Record) fueron las que produjeron los fenómenos electorales de Bolsonaro y tantos otros desconocidos de la gran prensa que, de la noche a la mañana, conquistaron victorias electorales impensable.

En 2019, la cuestión mediática será crucial. Independientemente de quien gane la elección, las redes Globo y Record estarán en franca disputa por las pautas oficiales y las redes sociales permanecerán dominadas por el odio hacia la izquierda, propagado por ambas concesionarias públicas, y por la milicia virtual del mesías, que cuenta con hartos recursos de empresarios brasileños y extranjeros, como estamos viendo a lo largo de esta campaña, señala Joaquim Palhares, director de Carta Maior.

El Laboratório de Estudos de Mídia e Esfera Pública señala que se está pasando de un paradigma donde la comunicación con el elector se daba por medio de los partidos y los medios tradicionales a un paradigma donde éstos, sin quedar totalmente fuera de la ecuación, se ven sobrepasados por las iglesias evangélicas y las redes sociales.

Lo cierto es que los partidos tampoco fueron aniquilados, en vista de las expresivas votaciones recibidas por el PT, PSB, PP, pero perdieron mucho de su capacidad comunicativa. Para los grandes medios, junta a este cambio vino otro, la quiebra del patrón de competencia que había caracterizado a la Nueva República, el del enfrentamiento entre el PT y el PSDB. Esta vez, Geraldo Alckmin, el candidato tucán (del PMDB) no consiguió mostrarse competitivo, a pesar de su preponderancia en horario electoral gratuito, lo que demostró la carencia de capacidad comunicacional de los partidos, ya no solo del PT.

Algunos analistas se adelantan a los resultados de la segunda vuelta y hablan del mayor tsunami político, social y cultural que ha vivido Brasil en su historia, pero no hubo engaños: la gente sabía a quién votaba. Esta vez los grandes medios (la Red Globo, Folha de Sao Paulo, O Estado) no jugaron a favor del Bolsonaro (aunque dieron amplia difusión sus bravatas), e incluso lo criticaron.

El candidato ultraderechista tuvo muy poco tiempo en los espacios gratuitos de la televisión y el atentado sufrido jugó a su favor: fue una excelente excusa para rehuir debates.

Se presentó como el candidato antisistema aunque lleva 27 años como diputado (sin que se le conozca propuesta alguna), y consiguió captar los sentimientos de la mayoría, de la mano de la inteligencia y del financiamiento puesto a su disposición por la internacional capitalista (la Red Atlas), sus think tanks, sus ongs, sus redes y sus vendedores de esperanza evangélicos: pare de sufrir. Es más, aprovechó e insufló la ola conservadora, fascistoide, machista y racista.

Entre estos movimientos ultraconservadores, se destaca el Movimiento Brasil Libre (MBL), que lanzó la campaña anti-Dilma Rousseff en 2013. Kim Kataguiri, uno de sus líderes aspira a presidir la Cámara de Diputados. Janaina Paschoal, una de las autoras del juicio político a la expresidenta, obtuvo el mayor caudal de votos que se recuerde como diputada en Sao Paulo. El propio hijo del candidato, Eduardo, sumó 1,8 millones de votos, la mayor votación para diputado lograda en la historia.

Hoy, el bloque ruralista -del agronegocio y contra cualquier reforma agraria,- tiene dos centenares de diputados, el evangélico unos 76 y la “bancada de la bala”, defensora de la pena de muerte y de armar a la población, que no tenía senadores, pasó a contar con 18 de los 54 curules en disputa.

Para avizaorar lo que se viene, es necesario desmenuzar la actual crisis por la que atraviesa ese país; las debilidades del progresismo del Partido de los Trabajadores (PT), los generalizados problemas en materia de corrupción e inseguridad (utilizados por la propaganda del sistema), la herencia de la dictadura, el anunciado fin del lulismo, las limitaciones evidentes del progresismo y de la izquierda para comprender las nuevas realidades y sobre todo de afrontarlas.

Causas de la restauración conservadora

Entre sus principales logros de los gobiernos del PT (Lula y Dilma) se puede destacar que sacó de la pobreza a más de 20 millones de brasileños, de la mano de una política asistencialista, pero dejó incólumes las bases económicas del sistema empresarial que siguió dominando el poder, arraigado en los latifundistas y la poderosa Federación de Industriales de Sao Paulo (FIESP), con la que negociaba el poder político.

Lula dejó el Banco Central en manos del economista Henrique Meirelles, del sector financiero y amigo de la FIESP… y ministro del golpista Temer. Joaquim Levy, economista de la Escuela de Chicago, fue Ministro de Hacienda de Dilma. O sea, en lugar de producir cambios estructurales, profundos y de incentivar la participación popular, prefirieron dormir con el enemigo, facilitando el acoso de las trasnacionales y las conveniencias estratégicas de la política estadounidense en la región.

Fue el propio gobierno del PT, su tibieza, el que abrió las puertas para una restauración conservadora: el consumismo reemplazó a una necesaria formación ideológica y construcción de un poder en manos del pueblo organizado.

Para peor, aquellos movimientos sociales que llevaron al PT al gobierno, fueron desmantelados y sacados de la calle. Lo prueban el escaso protagonismo y movilización de la central obrera CUT, de la militancia del PT, y en menor grado del Movimiento de los Trabajadores sin Tierra, en los últimos acontecimientos lo prueban.

La persistente dictadura

Brasil es el único país sudamericano donde no hubo un Nunca Más a la dictadura militar, ni juicios a los militares (ningún torturador fue preso y Bolsonaro se dio el lujo de alabar al torturador de Dilma) y civiles del régimen. En el imaginario colectivo representó el lanzamiento de Brasil como potencia regional, con grandes obras de infraestructura y un crecimiento económico sostenido … hasta que llegó el estancamiento.

En esa época el general Golbery do Couto es Silva delineó la nueva geopolítica brasileña que convirtió al país en potencia regional (el subimprialismo del que hablaba Paulo Schilling), Sucedieron gobiernos “democráticos”, pero la dictadura siempre se sostuvo soterrada, la policía siguió militarizada, nadie osó tocar el poder castrense dejando en el camino las pretensiones hegemónicas de los militares argentinos.

Pero Bolsonaro no sólo alabó a torturadores sino que lanzó ataques permanentes contra homosexuales, mujeres, negros e indios. No fue el único: hasta José Antonio Dias Toffoli, el presidente del Supremo Tribunal Federal, elegido por el PT, en lugar de hablar de dictadura prefirió referirse al “movimiento de 1964”. El PT, que cuando Lula dejó el gobierno ostentaba un 84% de aprobación, no consiguió (ni intentó) terminar con la dictadura ni cambiar las estructuras del Estado.

Si bien Bolsonaro estuvo tentado de elegir como vice al “príncipe” Luiz Philippe de Orléans e Bragança, descendiente de familia imperial portuguesa, optó por el verborrágico y ultraderechista general Hamilton Mourão, cuyas banderas de campaña fueron la eliminación del aguinaldo y la redacción de una nueva Constitución por notables, sin participación ciudadana.

Corrupción, inseguridad, Venezuela: jugar con el miedo

Los temas de corrupción e inseguridad están en el centro de las cuestiones planteadas, con mucha influencia en las decisiones de los electores. Ambos problemas son reales pero han sido construidos de tal manera para que siembren el miedo y favorezcan políticas represivas; sirven al objetivo de despolitizar a la sociedad y dejar que solo el poder económico pueda gobernar e imponer sus criterios, obviamente al servicio de sus intereses.

La corrupción incluye los recursos necesarios para el financiamiento de un sistema político que deja afuera a quienes no tengan mucho dinero y su aprovechamiento por parte del sistema imperial de dominación que, de esa manera, se evita tener que adoptar otras formas de intervención que lo dejarían al descubierto. Esa circulación de dinero ilegal crea las condiciones para el enriquecimiento de la dirigencia que maneja esos recursos.

Los movimientos populares siempre reivindicaron el valor de la ética en el manejo de la cosa pública, pero ese valor se fue deshilachando cuando les tocó ser gobierno, recuerda el dirigente social argentino Juan Guahán. Esto constituye un acto de traición a los intereses que dicen defender y al sentido de los cambios que –en sus discursos- proponen realizar, añade.

El tema de la inseguridad -64 mil muertos en 2017- es una de las claves de las políticas de dominio de los poderosos: cuatro de cada cinco informaciones de los medios hegemónicos –no sólo en Brasil- se refiere a asuntos policiales, con el fin de estigmatizar a los pobres, fortalecer las políticas represivas y multiplicar la desconfianza y descreimiento en un sistema político institucional, que por méritos propios es cada vez más decrépito.

Antes de intentar ser presidente, Bolsonaro intentó producir un polémico filme de 26 minutos, difundido por youtube, con el título “Venezuela: um alerta para o Brasil”, que relata una cobarde conspiración comunista para tomar control de la mayor democracia latinoamericana para tornarla en un infierno bolivariano. “Es posible que Brasil se convierta en la Venezuela del mañana”, tuiteó Bolsonaro, con un link a su filme.

En sus primeros comentarios tras el triunfo del 7 de octubre, Bolsonaro señaló que había sólo dos caminos para los electores: el suyo, de prosperidad, libertad y santidad, o el de Haddad, “el camino de Venezuela”. Campañas similares se usaron para derrotar al candidato centroizquierdista Gustavo Petro en Colombia, acusado de “castrochavista”.

Ante esta arremetida de Bolsonaro fue el expresidente Fernando Henrique Cardoso, acérrimo crítico del PT y de Lula, calificó de “exagerados” los alegatos sobre la “amenaza comunista”. Haddad, acosado por periodistas extranjeros, reafirmó el compromiso del PT con el principio de no intervención en los asuntos internos de otros países: “La respuesta no son más balas, más bases militares, más guerra… el continente necesita más cooperación”.

El anunciado fin del lulismo

El sociólogo Raúl Zibechi recuerda que junio de 2013 fue el momento decisivo, el que formateó la coyuntura actual, desde la caída de Dilma hasta el ascenso de Bolsonaro. En ese momento comenzaron las manifestaciones de jóvenes estudiantes urbanos contra el aumento de las tarifas del transporte urbano, que encontraron la reacción brutal de la policía militar, que tuvo inmediata respuesta de miles de ciudadanos en 353 ciudades del país.

Era el primer aviso en reclamo de mayor igualdad, exigiendo “un paso más en las políticas sociales que se venían aplicando, lo que implicaba tocar los intereses del 1% más pudiente del país”. La que sí supo intrepretar la situación fue la ultraderecha. La izquierda, los movimientos sociales vaciaron las calles en junio de 2013 y se las dejó a una derecha que desde las vísperas de la dictadura había perdido toda conexión con las multitudes.

Luego vinieron las multitudinarias manifestaciones contra el gobierno del PT, la ilegítima destitución de Dilma, la multiplicación de los sentimientos contra los partidos y el sistema político y, finalmente, Bolsonaro, con el telón de fondo de la crisis económica.

El anunciado fin del lulismo tiene su raíz en la crisis económica de 2008 que derrumbó los precios de los commodities y las movilizaciones de 2013, que rompieron de facto el consenso trabajadores-empresarios y el esquema de coalición para gobernar, entre sectores de izquierda y varios grupos de centroderecha como el PMDB.

Esta coalición se rompió en 2014 cuando la derecha llenó el congreso y logró, finalmente, el juicio político y la destitución de Dilma, mientras se desmoronaba la socialdemocracia de Fernando Henrique Cardoso: su candidato Geraldo Alckim apenas logró el 4% de los votos y su base social emigró a Bolsonaro. El PSDB, que fuera el rival más fuerte del PT desde 2002, perdió toda relevancia, así como el MDB y el DEM, la base de la derecha neoliberal.

El intentó de Dilma de calmar al poder fáctico al asumir su segundo gobierno en 2015 con un ajuste fiscal, terminó por dinamitar las conquistas sociales de la década anterior. El descontento social fue capitalizado por la derecha radical, alimentada diariamente por la prensa hegemónica y las redes sociales.

Durante más de una década el desarrollismo lulista proporcionó bienestar a las grandes mayorías y enormes ganancias a la gran banca, pero el modelo se agotó cuando ni siquiera intentó realizar cambios estructurales en el país, temeroso de afectar al poder fáctico. Claro, ponía en riesgo los miles de cargos estatales y todos los beneficios materiales y simbólicos que conllevan. El PT mostró su incapacidad de cambiar su estrategia, la derecha sí lo hizo.

La paz social era la clave del consenso entre trabajadores y empresarios, así como de un “presidencialismo de coalición” que albergaba partidos de izquierda y de centro derecha, pero las consecuencias de la crisis económica de 2008, que derrumbó los precios de las commodities y derechizó a las elites, junto a las jornadas de junio de 2013 que hicieron añicos la paz social, enterraron el llamado consenso lulista.

Lo cierto es que el lulismo no fracasó, sino se agotó. Durante una década había proporcionado ganancias a la mayoría de los brasileños, incluyendo a la gran banca , que obtuvo los mayores dividendos de su historia. Pero el modelo desarrollista había llegado a su fin, ya que se había agotado la posibilidad de seguir mejorando la situación de los sectores populares sin realizar cambios estructurales que afectaran a los grupos dominantes. Algo que el PT aún se niega a aceptar.

En el terreno político, la gobernabilidad lulista se basaba en un amplio acuerdo que sumaba más de una decena de partidos, la mayoría de centro derecha liberal como el PMDB y el DEM. Pero esa coalición se desintegró durante el segundo gobierno de Dilma, entre otras cosas porque la sociedad eligió en 2014 el parlamento más derechista de las últimas décadas, que fue el que la destituyó en 2016.

Otra consecuencia del ascenso de la derecha más conservadora, es la crisis de la socialdemocracia de Cardoso: su candidato Geraldo Alckmin apenas alcanzó el 4% de los votos.. El PSDB perdió toda relevancia, y desnuda la crisis del partido histórico de las elites y las clases medias blancas urbanas. Su base social emigró a Bolsonaro.

La izquierda sin estrategia

Lo que se viene ahora es una fenomenal ofensiva contra los derechos laborales, contra la población negra e indígena, contra todos los movimientos sociales. Con o sin Bolsonaro, porque su política ya ganó y se ha hecho un lugar en la sociedad y en las instituciones.

No es un caso aislado. La ministra de Seguridad argentina Patricia Bullrich, acaba de lanzar su propio exabrupto, esta semana en una entrevista televisada, al vincular los movimientos sociales con el narcotráfico, abriendo de ese modo el grifo de la represión. Se trata de desviar el sentimiento de inseguridad hacia los actores colectivos que resultan obstáculos para implementar medidas más profundas contra las economías populares y la soberanía estatal sobre los bienes comunes.

Sobre el futuro inmediato, el cientista político César Benjamin señaló al portal Piauí: “Temo que un gobierno de Bolsonaro sea peor que el gobierno militar. Hay una movilización de grupos, de masas que lo apoyan, que el régimen militar nunca tuvo. Una vez que llegue a la presidencia, un hacendado puede entender que llegó la hora de lanzar sus pistoleros, un policía que participa de un grupo de exterminio entenderá que puede ir más lejos. El sistema vigente desde la Constitución de 1988, ya no existe más”.

Para el supuesto que Haddad logre remontar el resultado adverso del domingo pasado, Brasil seguirá una ruta semejante a la que tuvieron Lula y Dilma, pero con características particulares. Ese gobierno, tendrá mucho menos poder y estará sometido al constante acecho de este nuevo liderazgo de un conservadorismo militante y reaccionario.

A ello habrá que agregarle la presencia amenazante de una estructura militar fuertemente comprometida con una candidatura de surgida –según analistas- de la entrañas de la inteligencia militar. Todos esos antecedentes le darían un fuerte clima de inestabilidad institucional a un eventual gobierno del PT.

Paulo Guedes, quien ha sido presentado como el próximo ministro de Economía de Bolsonaro, ahora cuestionado por hechos de corrupción, es un liberal clásico, también formado en la Escuela de Chicago. Su política puede chocar con cierto “nacionalismo” de Bolsonaro y de algunos núcleos de sectores militares.

Se trataría de un gobierno de los BBB -buey (ganado), biblia y bala-, por la fuerza que tendrían los tradicionales terratenientes y dueños del poder; por la presencia decisiva de los sectores evangélicos integrantes de la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD), expulsada en1992 del seno de la “Alianza Evangélica de Iglesias” por sus actividades “non sanctas”; y por el anunciado carácter represivo del que hace alarde y promueve Bolsonaro.

De ganar Bolsonaro –incluso de no lograrlo-, se vendrá una fenomenal ofensiva contra los derechos laborales, contra la población negra e indígena, contra todos los movimientos sociales, porque su política ya ganó y se ha hecho un lugar en la sociedad y en las instituciones. Bolsonaro no alcanazó aún a la ministra argentina de Seguridad, Patricia Bullrich, quien vinculó los movimientos sociales con el narcotráfico, abriendo de ese modo el grifo de la represión.

Se trata de desviar el sentimiento de inseguridad hacia los actores colectivos que resultan obstáculos para implementar medidas más profundas contra las economías populares y la soberanía estatal sobre los bienes comunes, afirma Zibechi.

El cientista político César Benjamin señaló al portal Piauí su temor de que un gobierno de Boslonaro sea peor que el gobierno militar. “Hay una movilización de grupos, de masas que lo apoyan, que el régimen militar nunca tuvo. Una vez que llegue a la presidencia, un hacendado de Pará puede entender que llegó la hora de lanzar sus pistoleros, un policía que participa de un grupo de exterminio entenderá que puede ir más lejos.: “El sistema vigente de los años 80, especialmente desde la Constitución de 1988, ya no existe más”.

Es sabido que Argentina tiene en Brasil a su principal socio comercial. Esa situación puede cambiar o sufrir un severo deterioro si –finalmente- ese eventual gobierno decide dinamitar o profundizar la decadencia del Mercosur.

Hay dos formas de pararse ante la segunda vuelta. Desde la óptica de los partidos, sus plataformas electorales y lo dicho por sus dirigentes, surge que Haddad tendría buenas posibilidades de revertir el resultado. Si bien son pocos los que han pedido a sus adherentes que voten a Haddad, la mayoría de ha manifestado públicamente su oposición a Bolsonaro. Ese sería el modo racional, “políticamente correcto”, de analizar la realidad y Haddad tendría posibilidades.

Pero hay otra forma de mirarla, colocando el eje más en los aspectos emocionales y ese es el modo que Bolsonaro ha planteado su campaña. Uno de sus spots más difundidos dice: “o mito llegou e o Brasil acordou”, mientras un coloso de piedra se despereza ante una población emocionada que sale a ver ese fenómeno y donde se escucha “ordem e progresso, eu quero pro mi país” y se ve, al fondo, el lema “o gigante nao esta mais adormecido”.

Frente a ese despliegue emotivo y en un marco muy crítico a los partidos conocidos es –lamentablemente- poco probable que el racionalismo partidario, que puede reunir Haddad, logre quebrarlo, descontando los 18 millones de votos que los separaron en la primera vuelta. Pero el “voto útil” llegó a su máximo potencial: Bolsonaro se sintió frustrado de tner que disputar la segunda vuelta y suspendió la fiesta de celebrasción programada.

Esta ventaja no es estática: no hay automatismo en la escogencia de inmensas parcelas del electorado y por ende, la elección está abierta y es realista la posibilidad de Haddad venza a Bolsonaro. Una semana antes de la primera ronda, unos 20 millones de ciudadanos aún no tenía definido su voto. El “efecto manada” del voto útil derritió las principales candidaturas antipetistas (Marina Silva y Geraldo Alckmin), ayudó al crecimiento de Bolsonaro y generó resultados sorprendentes, como la elección inesperada de ciertos gobernadores, diputados y senadores.

Si uno sigue con la numerología, la votación de las candidaturas no-antipetistas (Haddad, Ciro Gomes, Ghillerme Boulos, Vera Lucía, Goulart) totalizaron 45, 4 millones de votos (42,36%), 13,7 millones menos que los estimados el 20 de agosto, cuando Lula aún mantenía posibilidades. Hoy, segmentos del antipetismo rechaza las barbaridades de Bolsonaro y sus prácticas truculentas y odiosas, lo que permite pensar que parte de ellos puede votar nulo, no votar, e incluso votar por Haddad.

Anticomunistas sin comunistas

Uno de los dramas del progresismo en nuestra región es que ha dejado a mitad de camino la transformación económica, la revolución cultural, la transferencia del poder a los ciudadanos, el ejercicio de nuevos tipos de gestión política, de gobierno, sin olvidar los vicios atávicos propios del poder: corrupción, nepotismo, tráfico de influencias, soberbia, prepotencia, autosuficiencia, dice Néstor Francia..

Mientras, la convivencia y connivencia con los usos electoralistas, propagandísticos y organizativos de los factores de la democracia burguesa, terminó por confundirlos con la derecha en la percepción popular que los considera tan “políticos” como los de la derecha, en el peor sentido de la palabra.

Los medios hegemónicos de información han impuesto el imaginario de que en todas las sociedades de nuestra región impera la sensación de desorden, anarquía y “crisis multidimensional”, donde se mueven poderosas bandas delictivas, con participación de policías y militares organizadas (como las milicias verdes de Bolsonaro), que practican el chantaje, el soborno, el contrabando, el tráfico de drogas, el sicariato, el paramilitarismo. Por eso cala tan hondo el discurso que ofrece “orden y “autoridad”.

Es innegable que Bolsonaro conquistó una inmensa base social. Su discurso de odio y violencia fue capturando las insatisfacciones desde jóvenes hasta las “viudas de la dictadura”, desde las periferias hasta las elites, bajo el aplauso de los vendedores de armas. Responsables de la construcción de la polarización social en el país, Globo (y también la pentecostal Red Record) diseminaron el antipetismo, reaplicando su vieja receta de anticomunismo básico.

Un tuit del investigador argentino Andrés Malamud, habla de “la paradoja brasileña: elegir a un fascista de verdad, creyendo que es de mentira, por miedo a un comunismo de mentira que creen que es de verdad”. Es mucho más que un juego de palabras: quizá resume el drama que se vive hoy en Brasil.

CLAE

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=247769

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Brasil: Bolsonaro es una creación de la clase media

27 de octubre de 2018

Por Raúl Zibechi

En una sociedad fuertemente estratificada, con una potente herencia colonial, las nuevas clases medias necesitan diferenciarse de los pobres

El 17 de marzo de 2016 la pediatra María Dolores Bressan envió un mensaje a la mamá de Francisco, un niño de un año, diciéndole que renunciaba “con carácter irrevocable” como pediatra de su hijo porque ella y su esposo “forman parte del Partido de los Trabajadores (él, del PSOL)”.

Su comportamiento fue avalado por el Sindicato Médico de Rio Grande do Sul, cuyo presidente dijo que esa actitud le hizo ganar su “admiración” y que ella debe estar orgullosa por la decisión tomada.

Ese año en la ciudad de Brasilia escuché, en diferentes espacios, un relato que me dejó perplejo. Una madre salía del cine abrazada a su hija, en un shopping lujoso de clase alta. Fueron golpeadas porque las confundieron con lesbianas.

En el mismo período, el comandante de un vuelo de Avianca que salía de Salvador, llamó a la Policía para expulsar al actor Érico Brás por considerarlo una “amenaza” para los demás pasajeros. Brás es un conocido actor de la Red Globo, pero es negro y mantuvo una discusión por el lugar donde debía colocar las maletas su esposa, también negra, porque no había espacio suficiente. El actor dijo que fue “tratado como un terrorista”. Ocho pasajeros salieron del avión en solidaridad en un acto que fue calificado como racista, por el tono y los modales de la tripulación.

La exposición Queermuseu — Cartografías de la Diferencia en el Arte Brasileño, que llevaba un mes en cartel, en setiembre de 2017, en el centro Santander Cultural en Porto Alegre, fue cancelada por el banco que la auspiciaba por el vendaval de reproches que recibió en las redes sociales. Los críticos acusaban a la muestra artística de “blasfemia” y de “apología de la zoofilia y la pedofilia”.

Se trataba de 270 obras de 85 artistas que defienden la diversidad sexual. Las críticas provinieron del Movimiento Brasil Libre (MBL). En un comunicado, el Santander llamó a reflexionar “sobre los retos a los que nos debemos enfrentar en relación con las cuestiones de género, diversidad y violencia”. Pero la amenaza de boicot pudo más que cualquier razonamiento.

Todos estos hechos, a los que podrían sumarse una enorme cantidad de otros muy similares, sucedieron mucho antes de la campaña electoral, cuando Jair Bolsonaro era un personaje poco conocido por los brasileños. Mi propuesta es entender que la sociedad fue virando hacia la derecha, lentamente primero, de modo exponencial desde las manifestaciones de junio de 2013 que comenzaron como una protesta contra el aumento del transporte urbano, organizadas por grupos juveniles de izquierda.

La derecha militante, formada por pequeños grupos de clase media, sobre todo estudiantiles, comprendió que había llegado su oportunidad para salir de la marginalidad política y se volcó a la calle ante la pasividad de la izquierda gubernamental, en particular del PT y los sindicatos.

Hasta ese momento los grupos de derecha eran minoritarios, pero ya no marginales.

Antes de junio de 2013, una nueva derecha había ganado los centros de estudiantes de universidades estatales como Minas Gerais, Rio Grande do Sul y Brasilia, espacios donde antes dominaba la izquierda. En 2011, la derecha ultra convocó a marchas contra la corrupción en 25 ciudades, siendo la de Brasilia la más numerosa con 20.000 personas con el apoyo de la Orden a Abogados de Brasil (OAB). Recién en 2014 nacen los grupos que convocaron a millones por la destitución de Dilma Rousseff: Movimento Brasil Livre, Vem Pra Rua y Revoltados On Line.

Luego del triunfo de Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones, las agresiones de sus partidarios estallaron en todo el país, pero principalmente en el sur y en el estado de Sao Paulo. El caso más grave fue el asesinato del maestro de ‘capoeira’ de 63 años, en Salvador, que recibió doce puñaladas de un partidario de Bolsonaro por identificarse con su adversario.

En apenas una semana se registraron hasta 50 agresiones contra gays y lesbianas, contra negros y mulatos y contra personas que llevaban pegatinas de la izquierda.

Las agresiones y la intolerancia provienen de las clases medias angustiadas ante la posibilidad de perder sus privilegios de color, de clase y de género. Los agresores suelen ser varones blancos, que viven en barrios ‘nobles’, como se llama en Brasil a los barrios de clase media para distinguirlos de las favelas y los barrios plebeyos.

En una sociedad fuertemente estratificada, con una potente herencia colonial, las nuevas clases medias necesitan diferenciarse de los pobres y se identifican con los más ricos. Porque saben que su repentino y reciente ascenso es frágil y temen deslizarse, en medio de la crisis, cuesta abajo hacia los estratos de los que provienen.

Por eso se aferran a algo, como el náufrago se aferra a una madera que ahora lleva el nombre de ‘orden’ y ‘seguridad’, en una sociedad violenta que es la más desigual del mundo.

Esta nueva derecha no puede combatirse con argumentos ideológicos, ni aplicándole adjetivos como “fascista” que solo entiende una minoría militante formada en universidades. La clave está en la disputa viva de la vida cotidiana. Eso es lo que vienen haciendo en las últimas décadas las iglesias evangélicas y pentecostales, con un éxito sorprendente.

Defienden un patriarcado fundamentalista, con la intención de retrotraer las relaciones sociales al siglo XIX. Han levantado miles de templos, sobre todo en los barrios pobres y favelas, desde donde proclaman sus verdades y han jugado un papel destacado en el crecimiento de la nueva derecha.

Los pentecostales atacan la cultura negra para disciplinar a los más pobres, que encuentran en las religiones de origen africano formas de relacionarse sin mediaciones, horizontales y con cierta autonomía en espacios propios, como los ‘terreiros’. En apenas cinco años, las denuncias por “intolerancia religiosa” crecieron 4.960%, de 15 en 2011 a 759 en 2016.

Atacan también a gays y lesbianas y a quienes defienden el aborto. Con una masa de 42,3 millones de personas —22% de la población—, los evangélicos son determinantes en las elecciones brasileñas. Tienen mucha más responsabilidad en el viraje derechista de los brasileños que el propio Bolsonaro, quien, sin embargo, se ha

Fuente: https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2018/10/27/brasil-bolsonaro-es-una-creacion-de-la-clase-media/

 

En consecuencia, abajo y a la izquierda sin fronteras ni conciliación con el bloque dominante, es fundamental desechar las dicotomías que el progresismo infunde para mantenernos en la obediencia debida al sistema mundo capitalista. Por ejemplo, nos ocultan que, en Argentina, la democracia no significó ruptura con la dictadura. El Nunca Más contra militares y policías ejecutores del genocidio es producto de las Madres y del movimiento de derechos humanos pero no del Estado ni del sistema político. Una de las pruebas más rotundas es la segunda desaparición forzada de Jorge Julio López.

 

Volvamos a las dicotomías distorsionadoras de la realidad social e internacional. El lulismo no se contrapuso al neoliberalismo. Al contrario expandió el sistema global de agronegocios y otros extractivismos reprimarizando a Brasil. También consolidó el Estado represor de los desposeídos de todo.

 

Ahora lo principal es no focalizar en el gobierno de turno y enfocar al sistema mundo capitalista. De ese modo tendremos claro que: "Cada vez más los enemigos del sistema son las poblaciones empobrecidas. (...) Y que es urgente el debate alrededor de la militarización de las periferias urbanas como estrategia de apropiación de territorios donde viven los más pobres".

 

Lula en Haití: sub-imperialismo brasileño en acción
30 de mayo de 2008

Por Sandra Quintela

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El pasado 28 de mayo, el Presidente Lula visitó Haití por segunda vez. La primera se llevó a cabo en 2004, junto con la selección brasileño. En esa ocasión, desfiló por las calles de Puerto Príncipe en coche (de guerra) abierto. En esta vez, llegaron en la comitiva la Odebrecht, Andrade Gutiérrez y Camargo Corrêa, entre otras empresas invitadas. Una de ellas, cuyo nombre se mantiene en reserva, ya recibió US$ 80 millones del Banco de Desarrollo Europeo para la primera fase de las obras de reconstrucción de las carreteras haitianas. Al mismo tiempo, el movimiento social haitiano Batalla Operaria solicitó autorización a la Policía para hacer un acto en la puerta del Palacio Nacional, en Puerto Príncipe, para protestar contra la presencia de las tropas militares en el país. La Policía Nacional haitiana negó el pedido.

Mientras tanto en Rio de Janeiro, la tropa de elite – el Bope – entrenó en la favela Tavares Bastos, que ocupa, desde el 2000, parte de las tropas brasileñas que componen el cuerpo de 1.213 hombres de las Fuerzas Armadas que están en Haití desde el 2004.

Allá, la población que ya no aguanta tanta hambre, sale a las calles a protestar contra el alza abusiva de los precios de los alimentos. Aquí, la población sale a las calles en las favelas a protestar también de forma espontánea contra los abusos policiales que matan diariamente 7, 8, 9 personas en cada incursión supuestamente buscando traficantes.

Aquí como allá, la estructura de la desigualdad es llamativa. En Brasil, según recientes estadísticas dadas a conocer por el IPEA (Instituto de Políticas Económicas Aplicadas), el 10% de los más ricos detenta 75% de la riqueza. Allá, el profundo deterioro de la economía haitiana ha llevado al 76% de la población a vivir en situación de pobreza.

La situación socio-política de Haití se agudiza. Las tropas de la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH) cumplen, cada vez más con el papel de policía, empleando todas las tácticas de represión a las poblaciones empobrecidas utilizadas por la policía de Río de Janeiro. 

La lógica es la misma. Cada vez más los enemigos del sistema son las poblaciones empobrecidas. Haití y Río están sirviendo muy bien como campo de experimentación de esas nuevas estrategias del sistema capitalista.

Aquí y allá, hay una proximidad de criterios del gobierno Lula con gobiernos que ponen en práctica esa estrategia. Las visitas de Lula y sus ministros a Río son frecuentes. Las matanzas también. La del Complexo do Alemão, ocurrida el 27 de junio de 2007, dejó 19 muertos y 10 personas gravemente heridas. El Ministro Tarso Genro, en reunión con los secretarios de seguridad de todo el país para discutir el llamado PAC de la Seguridad (Pronascin - Programa Nacional de Seguridad Pública con Ciudadanía), un día después de dicha matanza, consideró que la operación en Río era un ejemplo de cooperación, señalando: “Es una acción de las policías militar y civil, comandada por el gobernador del estado y por el secretario de seguridad, que tienen la retaguardia de la Fuerza Nacional”. (1) 

También Itamaraty considera un ejemplo de cooperación lo que Brasil está haciendo en Haití. En una reunión del pasado 26 de mayo, los integrantes de la Red Jubileo Sur llevaron un manifiesto firmado por 73 organizaciones sociales brasileñas. Un funcionario de la División de Naciones Unidas de aquel ministerio afirmó: “Haití también es prioridad para el gobierno brasileño, es la misión más importante por ser un país de la región. Es también la única donde Brasil tiene tropas, con apoyo del Congreso”.

El pasado 7 de abril, en Puerto Príncipe, 7 personas fueron asesinadas por protestar, junto a 3 manifestantes más, contra la subida generalizada de los precios de los alimentos. El 1º de mayo, en las manifestaciones por el Día Internacional del Trabajo, los nombres de todas las personas que hicieron uso del micrófono durante la marcha fueron apuntados por parte de la MINUSTAH y de la Policía Nacional.


El pueblo haitiano también está saliendo a las calles para protestar por la presencia de tropas extranjeras en el país. Crece el clamor por la retirada de las tropas compuestas en gran parte por soldados de los países del sur. La evaluación negativa de la efectividad de misiones como la MINUSTAH también se incrementa. Recientemente, activistas, ganadores del Premio Nobel e intelectuales también firmaron un documento afirmando que esas tropas “violan los derechos humanos con total y escandalosa impunidad, de modo flagrante y en contradicción con el mandato definido por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que les atribuyen la tarea de impulsar el respeto a los derechos humanos y reforzar el sistema judicial”.


La MINUSTAH fue establecida el 30 de abril de 2004, según resolución 1542 del Consejo de Seguridad, y tiene mandato hasta 15 de octubre de 2008 (S/RES/1780). Es urgente y necesario que se haga un esfuerzo en Brasil en el sentido de presionar/solicitar a los gobiernos nacionales a que retiren sus tropas a partir de un plan discutido con sectores representativos del pueblo haitiano.

A la vez, es urgente el debate alrededor de la militarización de las periferias urbanas como estrategia de apropiación de territorios donde viven los más pobres. Lula lleva en su comitiva a Haití a las mismas empresas que harán gran parte de las obras del Plan de Aceleración del Crecimiento. El Complexo do Alemão es el escenario de una de las obras del PAC. Fue necesario que entre la policía para limpiar el territorio y garantizar la obra. ¿No sería justo cuestionar que el mismo papel esté haciendo también la MINUSTAH para garantizar que esas mismas empresas realicen sus trabajos en Haití?

Limpiar territorio de negros, mujeres, viejos y niños pobres; ¿será que esto mismo es lo está detrás de esas políticas tanto aquí como en Haití? (Traducción ALAI)


- Sandra Quintela es miembro del Pacs y de Jubileo Sur.

(1) Correo Brasiliense, 29 de junio de 2007

Fuente: https://www.alainet.org/es/active/24402 

 

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Haití fue el laboratorio para

la ocupación de Río por el Ejército
1 de marzo de 2018

El día 1º de junio del 2004, el gobierno de Lula aceptaba la invitación realizada por la ONU para comandar las fuerzas militares de ocupación en Haití, la llamada Minustah (Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití). La misión era, en realidad, la continuidad de un golpe de Estado, perpetrado directamente por EE.UU, que depusieron al entonces presidente electo Jean-Bertrand Aristide, preso y deportado por marines hacia la República Centro-Africana.

 

Escribe Diego Cruz

Desgastado por la malograda invasión y ocupación de Irak y Afganistán, el entonces presidente de EE.UU., George W. Bush, recurrió a la ONU, a fin de concretar la ocupación en el país caribeño. El gobierno de Lula aceptó prontamente la oferta. Era una forma de agradar a Bush y, al mismo tiempo, anhelar la tan codiciada vacancia en el Consejo de Seguridad de la ONU, algo soñado por el gobierno, en esa época, como una compensación por los servicios prestados al imperialismo.

Liderada por Brasil, la Minustah reunió soldados de varios gobiernos “progresistas” de Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia, Paraguay, entre otros países. Trece años después que los primeros cascos azules desembarcaron en la isla, escenario de la primera revolución negra de la historia, la Minustah fue oficialmente desactivada en el 2017, dejando un largo rastro de denuncias de crímenes, como violaciones y asesinatos, además de una epidemia de cólera, que acabó con la vida de al menos 9 mil haitianos.

 

Detrás del discurso humanitario, que justificó la acción militar, estaba el interés de EE.UU de estabilizar la región, para la actuación plena de las llamadas “maquilas”, fábricas de grandes empresas extranjeras, que super explotan la mano de obra haitiana, con un salario que, muchas veces, se resumía a la mitad del que ganaba un obrero chino.

Para Brasil había un interés mayor. El envío de soldados, para que actuaran en áreas urbanas de Haití, sería el laboratorio perfecto para el posterior uso de las Fuerzas Armadas en el propio país. Precisamente en Río de Janeiro. “[El envío de las tropas a Haití] traerá (experiencia) para garantizar la ley y el orden interno, un objetivo que yo diría que puede ser alcanzado”, declaró al periódico Folha de São Paulo, en mayo del 2004, el general Américo Salvador, que estaba listo para asumir el comando de la brigada brasileña.

Y fue eso lo que hicieron los 37.500 militares brasileños, que pasaron por Haití, durante el tiempo que duró la Minustah (además de 53 policías militares). Entrenaron en situaciones reales de combate y probaron equipos militares. Brasil no ganó el asiento en el Consejo de Seguridad, pero aumentó sus exportaciones de armas para el país y quedó, aquí, con miles de militares con experiencia en actuación en las favelas. Como afirmó el investigador del Grupo de Estudios en Conflictos Internacionales, João Fernando Finazzi, al Nexo Jornal, “las intervenciones y ocupaciones de favelas, por parte de los más de 30 mil militares y policías brasileños, que pasaron por la Minustah, posibilitó el entrenamiento y perfeccionamiento de acciones de pacificación, que después fueron implementadas en contextos similares, como en las favelas cariocas, durante la Copa del Mundo y las Olimpíadas”.

Esa experiencia influenció directamente la política de las UPP’s (Unidades de Policía Pacificadora) en Río. La lógica partió de la creación de “puntos fuertes” en Cité Soleyl (mayor favela de Puerto Príncipe), a partir del 2015, o sea, la construcción de “fuertes” en medio de la comunidad, a partir de los cuales se establece un perímetro de seguridad, militarizado. La PM de Río, incluso, envió representantes para el acompañamiento de la operación. El propio gobierno de Cabral firmó un acuerdo de cooperación entre la PM y la Política Nacional Haitiana, con vistas a reproducir aquí esa experiencia.

 

Represión

Al contrario de lo que tanto se divulga por aquí, la actuación de las tropas no se resumía al combate a los “mercenarios”, pandillas o paramilitares. La represión a los movimientos populares, incluso movilizaciones estudiantiles y huelgas obreras, formaba parte del cotidiano de las tropas en el país. Como afirmó el dirigente de Batay Ouvriye (Batalla Obrera), Didier Dominique, al portal del PSTU: “en el 2008 y 2009, comenzaron a reprimir directamente a los obreros movilizados, tanto en las fábricas como en las luchas más generales, como en el 2009, contra el salario mínimo de miseria, que los burgueses del sector textil y su gobierno reaccionario querían imponer”.

La represión de las tropas de la ONU se volvió contra cualquier tipo de manifestación, incluso, contra protestas estudiantiles. En el 2009, la Policía Haitiana y las tropas brasileñas invadieron la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Estadual de Haití y reprimieron brutalmente os estudiantes, apresando a varios de ellos. Esta es la “estabilización” que la Minustah y los EE.UU. querían.

Durante años, el papel represivo cumplido por la Minustah fue exhaustivamente denunciado por organizaciones como la propia Batay Ouvriye y, en Brasil, por organizaciones como la CSP-Conlutas, Jubileu Sul y el PSTU.

En Brasil

La actuación del Ejército en las comunidades de Río no es una novedad. La llamada GLO (Garantía de la Ley y del Orden), dispositivo que permite el uso de las Fuerzas Armadas de forma puntual, autorizada por el presidente de la República, fue utilizada durante la Copa del Mundo, las Olimpiadas y la visita del Papa a Brasil, en el 2013.

En el 2007, las Fuerzas Armadas actuaron en el Complejo del Alemán, experiencia repetida en el 2010. En el 2012, el Ejército ocupó el Morro de la Providencia, para apoyar un proyecto del gobierno federal, en el área. En esa ocasión, tres jóvenes, de la comunidad, fueron detenidos por “desacato”, por los militares, y entregados a traficantes del morro de la Mineira, controlado por una facción opuesta a la que domina la Providencia. Los tres jóvenes, uno de ellos menor de edad, fueron ejecutados.

El día 24 de mayo del año pasado, cuando se realizaba una manifestación en Brasilia, contra el gobierno y sus reformas, enfrentó de forma tenaz una salvaje represión. Temer firmó una GLO que daba poder a las Fuerzas Armadas para reprimir.

La intervención militar, decretada por Temer, no debe ser vista como un caso más del Ejército en las calles. Se trata de una medida de excepción, grave, y la mera intención de lanzar mano de mandatos colectivos, busca mostrar como eso va a representar el aumento de la represión contra la población de las comunidades de Río. No fue por casualidad que, el mismo general Augusto Heleno, quien comandó a las tropas en Haití, haya sugerido que jueces sean llevados a las operaciones, para que pudiesen, en el lugar, emitir mandatos colectivos instantáneos, tal como fue hecho en el país caribeño. De la misma forma, el general propone que sean flexibilizadas las leyes para los soldados, en ese tipo de operación. Es, en la práctica, la carta blanca para hacer lo que quieran, como fue el caso de los militares brasileños denunciados por violaciones en Haití, que nunca tuvieron ningún tipo de penalización.

La intervención tiene, como telón de fondo, el desgaste político del gobierno de Temer, ante una crisis profunda, un descontrol de las instituciones, en un Estado prácticamente quebrado y, contando con la experiencia de la actuación del Ejército en Haití, incluso, el riesgo de una explosión social.

Traducción Laura Sánchez

Fuente: https://litci.org/es/menu/mundo/latinoamerica/brasil/haiti-fue-laboratorio-la-ocupacion-rio-ejercito/

 

 

Hemos constatado que Lula, pese a sus orígenes sociales y su anterior condición de obrero metalúrgico, asumió la gestión del capitalismo de desposesión de los campesinos e indígenas, de superexplotación tanto de los trabajadores como de la naturaleza y de militarización de los conflictos con quienes el sistema avasalla en sus derechos humanos. De ahí la importancia de generalizar abajo la reflexión sobre:

 

 

Bolsonaro y la alternativa socialista

10 de octubre de 2018

Por Rolando Astarita

 

El triunfo de Bolsonaro en la elección del domingo pasado ha dado lugar a diversas explicaciones por parte de la izquierda. Haciendo un repaso somero de las mismas, encontramos:

1.     El ascenso de Bolsonaro es el producto de la “conspiración reaccionaria” del Lava Jato; de las manipulaciones de la corporación judicial; y de la tutela de las Fuerzas Armadas, que habrían impedido el derecho de la población a votar libremente a Lula (que tenía el 40% del voto). A esto se habría sumado el apoyo de parte de la gran burguesía, el agronegocio, y la iglesia evangélica. Con estos apoyos, Bolsonaro habría capitalizado el sentimiento anti PT.

2.    El retorno a la democracia siempre estuvo condicionado por la dictadura militar, y las FFAA nunca se replegaron totalmente. Su influencia corporativa permaneció intacta.

3.    En esta campaña el PT tuvo que enfrentar a las FFAA, a los grandes medios de comunicación, al Poder Judicial y a Washington.

4.    La influencia de las Iglesias evangélicas; y el deseo de “orden” de buena parte significativa de la sociedad explican por qué Bolsonaro pudo presentarse como “lo nuevo”, con un discurso moralista en defensa de la familia, contra la violencia urbana, de condena a la corrupción. Así atrajo a la gente desencantada con la política y desilusionada con el PT.

5.    Los medios concentrados inculcaron el miedo y el odio a la igualación social y la ampliación de los derechos humanos, que estarían en la esencia del PT.

6.    Bolsonaro logró capitalizar el sentimiento anti-PT. Este sentimiento se debe a que el PT gobernó con el gran capital brasileño e internacional y los partidos corruptos de la burguesía. El gobierno de Dilma Rousseff aplicó un plan de ajuste neoliberal. La corrupción de sus gobiernos también contribuyó al desprestigio de las alternativas de izquierda. El PT traicionó cuando estuvo en el Gobierno y también al no movilizar a los trabajadores contra Temer y contra el fascismo. En la versión stalinista clásica, el PT no traicionó, pero cometió “errores”, como fueron la corrupción y la aplicación “de una política socioeconómica de corte neoliberal”.

7.    El triunfo de Bolsonaro se explica por la profunda crisis económica y social, y porque Temer la agravó. En consecuencia, “millones de trabajadores votaron a Bolsonaro abrumados por la crisis y la descomposición de la vida urbana”.

 

El triunfo de Bolsonaro en perspectiva

Si bien pueden haber sido importantes algunos de los factores mencionados en las anteriores explicaciones, la cuestión central es preguntarse por qué un candidato como Bolsonaro, con sus posiciones misóginas, racistas y homofóbicas, defensor de la dictadura militar y de la tortura, que postula un programa económico que es continuación del de Temer, ha obtenido el 46% de los votos. Y aquí hay que evitar recurrir a peticiones de principio. Esto es, si decimos que ese voto se explica por la influencia de los evangelistas, o de las fuerzas armadas, o de los medios de comunicación, habrá que preguntarse por qué los evangelistas, las fuerzas armadas y los medios de comunicación tuvieron tal poder de convencimiento sobre millones de trabajadores. De la misma manera, si se sostiene que millones de trabajadores votaron a la ultraderecha porque están abrumados por la crisis, hay que preguntarse por qué votaron de esa manera, y no apoyaron a alguna variante anticapitalista y socialista (el Partido Socialismo y Libertad, una organización más o menos “radical”, obtuvo menos del 1% de los votos).

Pues bien, pienso que es necesario ubicar lo que ocurrió en Brasil en una perspectiva más amplia. La misma hace referencia a un fenómeno que ha sido señalado repetidas veces por los medios y analistas, pero que la izquierda parece reacia a reconocer (¿acaso porque desmiente los análisis enfebrecidos del tipo “existe una situación revolucionaria en el mundo”?). Se trata del ascenso de la ultraderecha y de la derecha conservadora y nacionalista en una cantidad apreciable de lugares. Por ejemplo, si tomamos la situación en Europa, vemos que en las últimas elecciones partidos de ultraderecha obtuvieron el 65% de los votos en Hungría; 54,6% en Grecia; 51,2% en Polonia; 50% en Italia; 49,6 en República Checa; 35,4 en Chipre; 34,3% en Eslovaquia; 32,9 en Estonia; 32,8% en Lituania; 32,7% en Bulgaria. Hay que agregar la Gran Bretaña del Brexit; el 20%, por lo menos, del voto que cosecha Le Pen en Francia; el 25% que recibió el ultraderechista Partido Demócrata Esloveno; y el 17,6% de los votos que obtuvo la ultraderecha sueca en las últimas elecciones. En Hungría, con Víktor Orban, y en Polonia, con  Mateusz Morawiecki, la ultraderecha gobierna en solitario. Y partidos de ultraderecha gobiernan en coalición en Italia, Bulgaria, Austria y Eslovaquia.

Mencionemos también a Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas (según Amnistía Internacional, incitados por el gobierno las fuerzas policiales y sicarios han matado a miles de personas bajo el disfraz de una campaña nacional para erradicar la droga). O el triunfo de Trump, un personaje que se lleva de maravillas con los supremacistas blancos, aplica un programa brutal contra los inmigrantes, hace todo lo posible por agredir al medio ambiente y embiste contra el derecho al aborto, apoyado por cristianos evangélicos y conservadores religiosos. Y tengamos presente que en la ex patria del “socialismo real” la inmensa mayoría de los trabajadores apoya las políticas nacionalistas y represivas de Putin.

Estas evoluciones entonces no se pueden explicar por particularidades nacionales. Por debajo de esto tiene que haber una cuestión más general. Y una de las primeras cosas que saltan a la vista es que estos movimientos, partidos y gobiernos se presentan como alternativas a la globalización capitalista. Este es el “universal” que se desarrolla a través de los casos nacionalmente particularizados. No son los particulares los que explican el impulso general, sino al revés, es la tendencia general la que se expresa en los desarrollos nacionales. Pero entonces la pregunta central es por qué la respuesta a la globalización ha sido capitalizada por partidos, regímenes y gobiernos de derecha, y no por la izquierda.

 

La crisis de la alternativa socialista

La raíz del problema está, por supuesto, en la crisis de la alternativa socialista. Es claro, por empezar, que la socialdemocracia –mezcla de fabianismo y keynesianismo de izquierda- terminó asociada con los partidos burgueses tradicionales, aplicando las políticas capitalistas tradicionales. La alianza, en Alemania, de los socialdemócratas con los conservadores de Merkel, es tal vez el caso más representativo.

Pero más significativa y conmocionante para la izquierda fue la caída de la URSS y de los regímenes de Europa del Este. Es que a los ojos de las masas trabajadoras esto se identificó (y se identifica) con el fracaso del socialismo. De ahí la fuerza que tiene el slogan de “no hay alternativa” (al capitalismo), con el cual la burguesía descalifica cualquier propuesta de cambio social profundo. En varios países del ex “socialismo real” (Hungría y Polonia los más destacados) han tomado fuerza algunas de las expresiones más brutales de la derecha. Agreguemos el giro de China hacia el capitalismo, operado desde la más alta dirección del partido Comunista chino. Algo similar podemos decir de lo ocurrido en Vietnam. Vietnam, que constituyó el máximo referente de la lucha antiimperialista en los 1960 y 1970, terminó siendo el mejor alumno del FMI en los 1990 y 2000 (y hoy es un paraíso de la explotación de mano de obra por parte de grandes multinacionales). Sumemos la trágica desintegración de Yugoslavia: donde se suponía que reinaba la solidaridad y fraternidad entre los pueblos, se desató una brutal guerra nacionalista, con un saldo de incontables víctimas y devastación.

En una nota anterior del blog, escribí sobre esta cuestión: “Los fracasos de los “socialismos reales”, o el actual desastre del “socialismo siglo XXI”, no son cuestiones menores. La izquierda no puede desconocerlos. En 1927, o sea, apenas una década después del triunfo de la revolución, Trotsky pronosticó que una vuelta de la URSS al capitalismo provocaría un retroceso “infinito” en la conciencia socialista de la clase obrera mundial. En 2015, y con las experiencias (y horrores) stalinistas a cuestas, aquel pronóstico de Trotsky tiene validez multiplicada” (sobre estas cuestiones, véase aquí, aquí). En otra nota: “lo que importa es que en la conciencia de millones, el ideario del socialismo se había derrumbado. Y sobre este derrumbe avanzó el “no hay alternativa”, consigna asumida no sólo por el neoliberalismo, sino también por la socialdemocracia, los movimientos nacionalistas y por millones de militantes o ex militantes de los partidos Comunistas”.

 

Para hacerlo más actual, ¿se puede desconocer la influencia desmoralizante y desorientadora de lo que hizo el chavismo en Venezuela? ¿O lo que está haciendo Ortega en Nicaragua? ¿O Syriza en Grecia? ¿O lo que hizo la burocracia “progre-izquierdista” con grandes empresas estatales, utilizadas para saquear las arcas públicas, como ocurrió con Petrobrás? ¿Por qué los trabajadores brasileños, por caso, deberían entusiasmarse con el capitalismo de Estado? ¿Por qué los trabajadores de Santa Cruz, para citar otro caso representativo, deberían considerar “progresistas” a los gobiernos K de esa provincia? Para explicarlo con otro caso histórico: ¿se puede concebir algo más desolador para un militante comunista, argentino, cuando en 1976-1977 se enteraba de que Fidel Castro, el PC cubano, la URSS y su propio partido apoyaban a Videla? ¿O para un maoísta cuando supo que el gobierno chino estuvo entre los primeros en reconocer a Pinochet, después del golpe militar? ¿O para un ex combatiente sandinista ver y vivir lo que está haciendo hoy Ortega?

Es imposible desconocer estas cuestiones a la hora de explicar la situación que atravesamos. Con el condimento, para agravar la crisis ideológica y política, que buena parte de la izquierda en las últimas décadas consideró progresista cualquier forma de política nacionalista burguesa. Por ejemplo, cuando fue el ataque de Al Qaeda a las Torres Gemelas hubo gente de izquierda que saludó a Ben Laden como un “revolucionario”. Cuando el triunfo del Brexit, partidos de izquierda dijeron que se había producido un avance en la dirección anti-capitalista (aquí, aquí, aquí, aquí).

 

Con una lógica parecida, muchos izquierdistas, e incluso marxistas, ayudaron a la exaltación nacionalista en Cataluña y fomentaron la división en la clase obrera española (aquí). Así, atizaron el nacionalismo frente a la mundialización de la explotación capitalista. Esto es, justo cuando presentar la alternativa socialista e internacionalista era más urgente y necesaria. Aunque puestos a ser nacionalistas, no hay nada como un buen fascista para fomentar el odio xenófobo (que siempre va de la mano del machismo y del racismo).

Pienso entonces que es muy limitado explicar el triunfo de Bolsonaro por la crisis económica, o la violencia social. Después de todo, la crisis debería abonar el terreno para el avance de la crítica marxista. Pero si con la crisis ocurre exactamente lo contrario, estamos en un problema. Y si cuando los trabajadores se desilusionan con el socialismo burgués, en lugar de girar a la izquierda, giran a la derecha, de nuevo estamos en un problema. Por eso, es una tontería decir que la dificultad para el socialismo reside en las iglesias, las FFAA, Washington o los grandes medios. ¿O se piensa que se puede avanzar al socialismo con el beneplácito de las iglesias, las FFAA, Washington y los grandes medios?  Además, si frente a la mundialización del capital la izquierda abraza a la nación burguesa, ¿qué queda del internacionalismo socialista? La respuesta es que poco y nada.

Por otra parte, esta situación no se supera con meros llamados a la lucha. En este punto recuerdo que cuando caía la URSS, gente de izquierda pronosticaba que, inevitablemente, estallaría una revolución obrera y socialista, que barrería no solo con la burocracia, sino también con todo atisbo de restauración capitalista. Lo mismo se dijo sobre los países del Este Europeo. Por caso, algunos llegaron a afirmar que con las masas movilizadas y organizadas en Solidaridad, era imposible que en Polonia volviera el capitalismo. Luego, cuando ya el capitalismo se extendía por todos lados, el diagnóstico fue que apenas los trabajadores lo sufrieran en carne propia, volverían a los ideales de Lenin y Trotsky. Siempre con la convicción de que la experiencia generaría conciencia socialista. Pero la cosa no se demostró tan sencilla, y hoy millones de obreros del ex bloque soviético votan por la derecha nacionalista. Los ideales del internacionalismo socialista parecen enterrados bajo una pesada losa de inmundicia nacional-estatista.

Naturalmente, la agitación por demandas cotidianas y la participación en las luchas son necesarias e imprescindibles. Pero hay que tomar conciencia de que por sí mismas no darán lugar a la reconstitución de un programa y una estrategia socialista correcta. Las experiencias con gobiernos de derecha de las masas trabajadoras pueden dar lugar a gobiernos del llamado centro-izquierda, que a su vez vuelven a ser reemplazados por gobiernos de derecha. Fue la función de hecho que cumplió la “tercera vía”, cuando se presentó como alternativa al “neoliberalismo tatcheriano reaganiano” de los 1980, para dar paso luego a la ola de los nacionalismos xenófobos. Alternancias de este tipo no se pueden descartar en el futuro, ni en Brasil ni en otros países de América Latina.

Necesitamos poner el debate ideológico en el primer plano. Y hay que enfrentar las cuestiones sin excusas ni palabrerío izquierdista consolador. En este respecto, para terminar, reproduzco un pasaje de una de las notas antes citadas: “… es necesario elaborar una perspectiva sobre la base del análisis crítico de las experiencias pasadas. (….) … la reconstrucción de un ideario socialista no podrá efectuarse pasando por alto estos estudios y debates. Por eso también, hay que ser consciente de que estas cuestiones exigirán tiempo y una intensa lucha y enfrentamiento con la ideología burguesa dominante. Y por sobre todas las cosas, una actitud abierta a admitir el problema y la necesidad de encararlo de frente, y con toda honestidad intelectual”. Fuente: https://rolandoastarita.blog/2018/10/10/bolsonaro-y-la-alternativa-socialista/

 

 Alternativas postcapitalistas

 

Generalicemos la toma de conciencia sobre el capitalismo cada vez más centrado en el acaparamiento oligopólico económico territorial y en el avasallamiento de los derechos tanto de la naturaleza como de los pueblos y trabajadores. Es fundamental para que las mayorías superen su creencia en las elecciones como expresión de democracia y solución a los problemas fundamentales. Pero también no sean manipuladas para que rechacen a los inmigrantes del Abya Yala cuando lo cierto es que nuestro empobrecimiento y mal vivir es impuesto por el G20-FMI en alianza con los poderes locales. Examinemos:

Honduras

Las rutas que tienen que cambiarlo todo

27 de octubre de 2018

Por Gustavo Duch y Patricia Dopazo

Revista SABC

 

 A veces comparamos la vida con un viaje en el que lo importante no es tanto el destino como el propio camino. Pero ¿para cuánta gente el viaje es simplemente una huida?

La otra noche hablamos con Wendy Cruz y Rafael Alegría, dos líderes del campesinado hondureño. Estaban en el descanso de una reunión de urgencia de las organizaciones de La Vía Campesina de Centroamérica para tratar sobre la caravana migrante que vemos estos días en medios de comunicación y redes sociales, de la que saldría esta declaración. Para miles de compatriotas suyos, salir del país es la única oportunidad, pues éste «no ofrece ninguna, ninguna, esperanza para vivir en él». Siete mil personas caminando hacia el norte hasta conseguir su objetivo, entrar a EE.UU. «Entre ellas», explica Wendy, «hay casi 1000 niñas y niños, y muchos marchan sin haber aprendido aún a andar».

La fecha de partida ha sido este mes de octubre, pero debemos remontarnos al 2009, porque fue entonces cuando el viaje empezó a fraguarse. Ese año las oligarquías locales, con el apoyo de EE.UU., destituyeron con un golpe de estado al presidente Zelaya, que se había alejado de los mandatos de Washington y prometía un proceso constituyente. «Han sido 9 años de una crisis social, económica y política que se mantiene y agranda en un escenario de violencia permanente en el que cada día hay asesinatos. Solo en este año llevamos más de 60 masacres; nuestro país se ha convertido en el más peligroso de toda América», cuenta Rafael.

Honduras es un país inmensamente rico en bienes naturales; paradójicamente, una maldición. «El Gobierno actual, producto de un fraude electoral, está permitiendo todo tipo de proyectos: minería, represas, monocultivos… Estas intervenciones expulsan a la población agraria y rural. Para hacerse una idea de la dimensión de esto, sólo para represas y minería se han aprobado más de 400 proyectos a favor de grandes multinacionales desde 2013», explica Wendy. Como decían los movimientos campesinos en México hace unos años, en Honduras el campo está en venta, pero no para producir alimentos: «la mayoría de tierras las controlan grandes empresarios que gestionan monocultivos de palma africana para la exportación de su aceite». Tal y como ha compartido recientemente la organización Entrepobles, las fincas de palma ocupan más de 300.000 ha y consumen la misma cantidad de agua que 18 millones de personas (en un país de 8 millones de habitantes).

El Gobierno hondureño ha ido anulando políticas de desarrollo rural y de reforma agraria y privatizando instituciones relacionadas con la tierra. «Finalmente, el presupuesto de la República dedicado a todas las necesidades rurales es del 1,4 % del total, cuando la mitad de habitantes del país vivimos en el campo y hubo un tiempo en el que teníamos nuestras necesidades cubiertas», señala Rafael, que añade que ahora, de cada 100 mujeres viviendo en áreas rurales, 86 no tienen acceso a la tierra; en el caso de los hombres, 69 de cada 100. La distribución de la tierra en Honduras es una de las más desiguales de todo el mundo.

Wendy y Rafael cuentan el caso de la empresa campesina La Montañuela. Después de 36 años de inversiones en una finca de titularidad propia para generar mano de obra y producción de consumo interno y exportación, la empresa ha sido expulsada en favor de un terrateniente de la zona a partir de un fallo de la Corte Suprema. «Habían creado un proyecto agrícola y ganadero que les permitía una vida de suficiencia y con calidad, pero ahora lo han perdido todo».

Según el Instituto Nacional de Estadística de Honduras, la mitad de la población activa no tiene trabajo y un 68 % del total de la población vive en condiciones de pobreza. Pero el gobierno no solo no asume sus responsabilidades, sino que pretende crear un relato donde son los dirigentes sociales quienes instigan una marcha provocada para desestabilizar el país. «Existe una verdadera cacería contra quienes defendemos la tierra, como el mundo pudo ver con el caso de la compañera Berta Cáceres. Ya son más de 5000 campesinos y 1700 campesinas las que han sido procesadas por la defensa de sus derechos y por la protección del territorio».

La fecha final del viaje la desconocemos. En cualquier caso, no será cuando lleguen a EE.UU. La Caravana de Honduras, como los miles de personas que atraviesan el Mediterráneo, refleja una crisis global: el colapso del sistema neoliberal, programado ciegamente para acumular riqueza. ¿Podemos acompañar esos días de camino, de cruzar fronteras, de hambres, violencias y fríos? Wendy y Rafael señalan la importancia de la solidaridad de los pueblos y la denuncia conjunta a un sistema opresor. La interpretación de esta llamada, que pasa por revisar nuestros privilegios, puede convertirse en un gran viaje colectivo hacia los cambios globales que nuestra civilización necesita urgentemente. Ese debe ser el final del viaje.

http://www.soberaniaalimentaria.info/otros-documentos/luchas/580-las-rutas-que-tienen-que-cambiarlo-todo

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=248291

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El desafío de la caravana migratoria centroamericana

27 de octubre de 2018

Por Eduardo Nava Hernández (Rebelión)

 

La caravana migrante va. Originada en Honduras, uno de los países más pobres, más olvidados y más saqueados de Nuestra América, incluye en su contingente también a salvadoreños, guatemaltecos y, desde su ingreso a territorio mexicano, a algunos de nuestros connacionales que se les han unido en Chiapas y que intentarán vencer las barreras fronterizas que amenaza el gobierno estadounidense con ponerles para impedir su entrada a la Unión Americana, así como lograron sortear las que el gobierno mexicano les montó en la frontera con Guatemala.

Con pocas pertenencias, a pie o en algunos tramos en vehículos de carga, unos cientos de hombres, mujeres, niños y adolescentes salieron de San Pedro Sula el 13 de octubre con la voluntad de llegar a la frontera entre México y los Estados Unidos, impulsados, como ellos mismos lo proclaman, por el hambre y la muerte. Esos cientos han ido creciendo hasta ser, según las estimaciones de distintos observadores periodísticos y sociales cinco mil, siete mil o más, con fuerza para derribar las vallas fronterizas, enfrentar a la Policía Federal en Chiapas, y avanzar en el territorio mexicano. Algunos, es cierto, han decidido regresar a su país o se han acogido a los ofrecimientos del gobierno mexicano de otorgarles visas de refugiados si realizan los trámites; pero la columna se ha acrecentado en el trayecto con miles que continúan su marcha hacia el norte a través de Chiapas y esperan atravesar el resto de nuestro territorio.

Honduras es un país de más de nueve millones de habitantes, 69 por ciento de los cuales viven en condiciones de pobreza, dedicados a la agricultura, el comercio o las actividades informales, dada la carencia de industrias y de fuentes de empleo. Presenta Honduras la infernal tasa de homicidios de 43 por cada 100 mil habitantes, por lo que es considerado como uno de los países más violentos del mundo, y en particular San Pedro Sula una tasa de 142 por 100 mil habitantes, lo que la hace la ciudad más violenta del mundo (L. Hernández Navarro, “El nuevo éxodo hondureño”, La Jornada, 23 oct. 2018). El narcotráfico y el pandillerismo han asentado sus reales en esa nación, como en Guatemala y El Salvador. Que los migrantes masivos digan hoy que sus promotores son la muerte y el hambre no es, por ello, ninguna metáfora.

Pero Honduras, con su atraso económico a cuestas, ha vivido en años recientes dos conflictivos procesos políticos, siempre conducidos por la mano invisible —o no tan invisible— del gobierno de los Estados Unidos. El primero, el derrocamiento en 2009 del presidente constitucional Manuel Zelaya por el Ejército y la instalación de un gobernante ilegítimo, con lo que la inteligencia estadounidense inició su combate contra los regímenes progresistas de Nuestra América, que siguieron con el golpe blando contra Fernando Lugo en Paraguay, el cerco económico y político al régimen venezolano, el apoyo a Mauricio Macri en la Argentina, la defenestración parlamentaria con infundios de Dilma Rousseff y el encarcelamiento bajo cargos falsos a Luiz Inacio Lula Da Silva en el Brasil. En este último país, es casi inminente el arribo de un nuevo gobierno fascistoide y semidictatorial (o pseudodemocrático: surgido de las urnas, pero que operará como una dictadura militar).

El segundo episodio fue el fraude electoral y la reelección anticonstitucional del presidente Juan Orlando Hernández a finales de 2017, siempre con apoyo del Departamento de Estado, y cuya imposición costó al país 33 muertes en las protestas callejeras. La caravana es hija, también, del fraude y de un régimen antipopular que reprime con violencia las expresiones de resistencia social u oposición política.

En México, particularmente en Chiapas, trabajan desde hace mucho miles de hondureños y centroamericanos que levantan las cosechas de café y hacen otras faenas agrícolas. Ahora se han estado uniendo también a la caravana y esperan llegar a la frontera norte. Quizá no pocos mexicanos lo hagan también.

El también llamado éxodo centroamericano ocurre en medio del proceso electoral en los Estados Unidos, que en los sondeos se presenta hasta ahora adverso al presidente Trump y a su partido. Mostrar a la columna de migrantes como una amenaza que se dirige a las puertas del imperio, y en la que van delincuentes, terroristas, narcotraficantes y hasta islámicos es, desde luego un recurso electoral para los republicanos que podrían perder la Cámara de Representantes y su mayoría en la de Senadores ante el Partido Demócrata en las elecciones del próximo 6 de noviembre. Pero son argumentos desatinados y no probados, al igual que culpar a los legisladores demócratas de promover la migración masiva o de ser demasiado permisivos por no aprobar leyes más duras contra los migrantes. Si el partido en la Presidencia pierde su mayoría en las cámaras será sólo por los errores y desatinos del presidente mismo y el incumplimiento de muchos de sus compromisos de campaña.

Pero la coyuntura comicial estadounidense no alcanza a explicar la movilización de los parias centroamericanos hacia el norte. El mismo Trump, antes que realizar una demostración de fuerza en su propia frontera sur —que le sería más conveniente para efectos electorales—, ha presionado a los gobiernos de Honduras, Guatemala y México para que sean éstos los que atajen a los migrantes. Para eso envió a México a Mike Pompeo, su secretario de Estado, a entrevistarse con el presidente Peña, el canciller Videgaray y el futuro secretario de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard. Por eso, en un acto de indigno sometimiento al imperio, el gobierno mexicano envió a la Policía Federal a la frontera con Guatemala. Y por eso el mismo Donald Trump no pudo contener su ira al amenazar en sus acostumbrados tuits al gobierno hondureño y al guatemalteco con retirarles apoyos económicos. Es el emperador disciplinando a sus vasallos.

La diferencia entre la migración tradicional, realizada individualmente o en pequeños grupos —para protegerse, cuando es posible, de los ataques de la delincuencia organizada en el territorio mexicano— y la caravana masiva de San Pedro Sula da cuenta de hechos importantes. Es un grito de hastío con la miseria y la violencia que el Imperio mismo ha propiciado con el saqueo y con su imparable consumo de estupefacientes, y de defensa del derecho a buscar la felicidad, plasmado en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos por los Padres Fundadores de esa nación. Como las potencias coloniales, el imperio estadounidense no quiere hacerse cargo de las consecuencias antisociales de su dominación sobre otros pueblos. Son éstas las que ahora se le revierten.

En su búsqueda de la felicidad los hondureños y centroamericanos han decidido salir a la luz pública y expresarse como un movimiento social. Cito al sociólogo marxista alemán Claus Offe, quien caracteriza a los nuevos movimientos sociales por tres de sus rasgos más notables:a) el aumento de ideologías y de actitudes ‘participativas’ que llevan a la gente a servirse cada vez más del repertorio de los derechos democráticos existentes. b) El uso creciente de formas no institucionales o no convencionales de participación política, tales como protestas, manifestaciones huelgas salvajes. Y c) las exigencias políticas y los conflictos políticos relacionados con cuestiones que se solían considerar temas morales (el aborto) o temas económicos (p. ej. la humanización del trabajo) más que estrictamente políticos”.

Como todos los movimientos sociales auténticos, el éxodo centroamericano busca visibilizar una situación de injusticia, anteponer derechos frente a ésta y ganar adeptos y simpatías en el medio social. Ése es su desafío a las estructuras jurídicas y de opresión prevalecientes. La fuerza moral y la numérica son también sus argumentos. Por eso polarizan a los factores formales e informales de poder y a la parte de la opinión pública que se pliega a éstos. La aplicación de leyes hechas para mantener las estructuras dominantes y de dominación, y la despolitización de los conflictos económicos son los recursos que en nuestros tiempos utilizan los poderes reales para frenar la insurgencia de los sectores más damnificados por el capital ultraliberal. El racismo, la xenofobia y la aporofobia, o terror y rechazo a los pobres, son sus expresiones ideológicas.

La única posición digna y social ante el parafascismo de Donald Trump y sus semejantes, así como ante la sumisión del gobierno de Enrique Peña Nieto es la defensa de los derechos humanos, el apoyo ético y material a los desvalidos y la lucha por un cambio moral de la sociedad que progresivamente vaya abriendo espacios desde abajo a la inclusión y a la vida, no a la opresión y a la muerte.

Eduardo Nava Hernández. Politólogo – UMSNH

http://www.cambiodemichoacan.com.mx/columna-nc48047

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=248312

 

 

Precisamos, cada vez más,  instalar la deliberación popular sobre la democracia vigente tanto en el país como en el mundo para destaparla en su función de garantía a los opresores y de represión a los expoliados. Es descubrirla ocultando las violencias del capitalismo (neoliberal, progresista...). Pensemos qué significa la expansión K del sistema de soja transgénica, de la mega minería y de la IIRSA y la implantación del fracking.

 

Multipliquemos los espacios  en  común de deliberación sobre que hoy frente al G2O-FMI gestionando los extractivismos a lo largo y ancho del continente, debemos establecer la unión de las disputas territoriales en el Abya Yala si queremos que no haya éxodos internos y migraciones.

 

 

Chomsky: “La caravana huye de la miseria y

de los horrores de los que EE.UU. es responsable”

5 de noviembre de 2018

 

Los migrantes escapan de la violencia y de la pobreza en tres países “que han estado bajo la dura dominación de EE.UU. desde hace mucho tiempo”, pero sobre todo desde la década de los 80, destaca el filósofo.

Los integrantes de la caravana de migrantes centroamericanos que se dirigen hacia EE.UU. “huyen de la miseria y de los horrores” de los que Washington es responsable, sostiene el reconocido filósofo, lingüista y activista estadounidense Noam Chomsky.

En una entrevista en Democracy Now, el intelectual subraya que esta caravana “de personas pobres y miserables” huye de “la opresión severa, la violencia, el terror y la pobreza extrema” en Honduras, Guatemala y El Salvador, tres países “que han estado bajo la dura dominación de EE.UU. desde hace mucho tiempo, particularmente desde la década de los 80″, cuando las guerras de terror de Ronald Reagan “devastaron particularmente a El Salvador y Guatemala y, en segundo lugar, a Honduras”.

 

“Increíble farsa”

Sobre Honduras, “la fuente más extrema de migrantes en este momento”, Chomsky recordó que, si bien siempre fue amargamente oprimido, en 2009 tenía “un presidente moderadamente reformista”, Manuel Zelaya, que fue expulsado tras un golpe militar “condenado severamente en todo el hemisferio, con una excepción notable: EE.UU.“.

El Gobierno de Barack Obama se negó a llamarlo golpe militar “porque si lo hubieran hecho, la ley los habría obligado a retirar los fondos” del régimen militar que estaba imponiendo un “terror brutal”, afirmó el filósofo, agregando que, en consecuencia, Honduras se convirtió “en la capital mundial del asesinato”.

Chomsky ve como una “increíble farsa” que la Administración Trump envíe a la frontera miles de militares para detener a esos “pobres, miserables, familias, madres, niños, que huyen del terror y la represión de los que somos responsables”. Además, subraya que “los soldados enviados a la frontera superan en número a los niños que huyen”, mientras que una “notable campaña de relaciones públicas” asusta a los ciudadanos estadounidenses haciéndolos creer “que estamos justo al borde de una invasión”.

 

“Troika de la tiranía”

Por otro lado, el activista se refirió también a las declaraciones del asesor de Seguridad Nacional de EE.UU., John Bolton, que este jueves calificó a Venezuela, Cuba y Nicaragua como “la troika de la tiranía”.

Según Chomsky, esta afirmación evoca inmediatamente el discurso del “eje del mal” de George Bush en 2002, que “sentó las bases para la invasión de Irak, el peor crimen de este siglo con horrendas consecuencias”. Para el filósofo, la “troika”, al igual que el “eje del mal”, son aquellos “que sencillamente no obedecen las órdenes de los Estados Unidos”.

Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/11/05/chomsky-la-caravana-huye-de-la-miseria-y-de-los-horrores-de-los-que-ee-uu-es-responsable/

En consecuencia, abajo y a la izquierda, prestemos atención a las disputas de territorios.

7N- Patagonia resiste al Extractivismo de las corporaciones mineras.

 

En Chubut los legisladores quieren zonificar a más del 70 % del territorio provincial para sacrificarlo y destinarlo a la minería a cielo abierto, con uso de sustancias tóxicas, y dejar a más de 140 mil personas sin el agua del río y de las cuencas subterráneas que hoy abastecen de agua potable a las comunidades y que permiten la producción agrícola y ganadera, entre otras actividades económicas que se vienen desarrollando en toda la región y a pesar de todos los embates gubernamentales. La Comarca de la Meseta Central de Chubut está viva y de pie! Las comunidades coordilleranas y costeras resistimos y acompañamos la lucha histórica por decidir el destino y uso de nuestras tierras!

 

De máxima difusión:

Se solicita a todos los medios de comunicación, periodistas freelance y aficionados, la colaboración en la cobertura, difusión e información de la marcha familiar que se realizará el próximo  miércoles 7 de noviembre, a las 18 horas, en la plaza central de Rawson, Chubut.  Marcharemos en contra de la minería a cielo abierto que las corporaciones y gobiernos pretenden imponer en toda la provincia en desmedro de la salud y el derecho a decidir de las comunidades que habitan el territorio.

Desde el año 2002 afirmamos con argumentos No es No, contamos con evidencias latinoamericanas y argentinas que constatan que la minería a cielo abierto contamina naturaleza, cuerpos y sociedades.  Por ello exigimos a nuestros legisladores que no traicionen al pueblo. Decimos NO a la actividad minera en Chubut y decimos NO a la zonificación que consideran imponer mediante escabrosas maniobras legislativas. Decimos SÍ a las economías regionales agrícola-ganadera de pequeña escala. Decimos SÍ al desarrollo turístico rural, arqueológico y paleontológico. Decimos SÍ al cultivo de plantas aromáticas y medicinales nativas de la zona. Decimos SÍ al valor agregado de la lana, hilado, teñido con tintes naturales  y tejido artesanal ancestral. Decimos SÍ a la creación de un circuito comercial que le dé prioridad a los productos originados en la Comarca de la Meseta Central.

Por último: Marchamos porque reafirmamos: la tierra, para quien la trabaja; la tierra, para quien la habita; y la tierra para quien la ama.

Más información en:

Facebook: Asamblea en Defensa del Territorio 
www.noalamina.org 
http://www.conflictosmineros.net
http://www.minesandcommunities.org

-- 
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UAC Unión de Asambleas Ciudadanas Contra el Saqueo y la Contaminación
prensa@asambleasciudadanas.org.ar
www.asambleasciudadanas.org.ar
facebook.com/unionasambleasciudadanas
http://twitter.com/prensauac
 
NUEVO 2018 -->(Cuadernillo Sistematización Encuentros de la UAC -PDF-) -->
https://goo.gl/7GXjqB

 

 

Verificamos que en las disputas de territorios, desde diversidades de abajo, al Capital-Estado no hay simple estar contra el saqueo y contaminación sino también afirmación de principios fundamentales: "la tierra, para quien la trabaja; la tierra, para quien la habita; y la tierra para quien la ama".

Estamos totalmente de acuerdo en que “los pueblos originarios son el corazón de numerosas alternativas antisistémicas y de que, en los últimos 20 años, han demostrado una enorme capacidad sujetica, de construcción de proyecto alternativo y resistencia frente a la desposesión, el desprecio y el colonialismo interno.”

“Los movimientos de los pueblos originarios han generado multiformes y complejos procesos de activación comunal que, a la vez, recuperan, recrean y transforman las relaciones de reciprocidad, cooperación, apoyo mutuo y trabajo colectivo, en movimiento societal antagónico y emancipatorio.”

 

 

Reflexiones sobre el libro "Arde el Wallmapu: autonomía, insubordinación y

movimiento radical mapuche".

4 de noviembre de 2018

 

Por Gilberto López y Rivas (Rebelión)

El libro de Cesar Enrique Pineda, Arde el Wallmapu: autonomía, insubordinación y movimiento radical mapuche en Chile, publicado este año por la UNAM, el Centro de Investigaciones sobre América Latina y El Caribe y Bajo Tierra ediciones, es singularmente relevante en el ámbito de las investigaciones en torno a movimientos sociales, pueblos originarios y procesos autonómicos.

La obra constituye un riguroso, fundado, comprometido y logrado esfuerzo teórico-empírico por adentrarse en una de las experiencias de lucha indígena más avanzadas y congruentes del continente: la de la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM), movimiento del pueblo mapuche que, entre 1997 y 2003, protagoniza un proceso de disputa de tierras ancestrales y reivindicación de autodeterminación y autonomía, en una intensa confrontación con el Estado chileno, latifundistas y corporaciones trasnacionales. El trabajo, señala Pineda, “Intenta narrar esa historia y, en especial, comprender e interpretar dicho proceso de insubordinación (...) El ciclo de insubordinación, antagonismo y proyecto emancipatorio abierto por la Coordinadora Arauco Malleco constituye (su) eje conductor.”

El autor se plantea un objetivo doble:

  • Por un lado, “recuperar, sistematizar y narrar la historia…(de) un actor colectivo sumamente polémico tanto para el propio movimiento mapuche como para la intelectualidad chilena; un sujeto demonizado por los medios de comunicación, categorizado como terrorista, grupo radical o subversivo por el Estado y los grupos dominantes de Chile.”

  • Por el otro lado, se busca comprender, afirma Pineda, “como se produce socialmente el fenómeno de la insubordinación; por entender las formas, modos tiempos, pasos, potencias y límites de las clases, etnias y pueblos subalternos en la construcción de su disposición a luchar.”

Se intenta “comprender los complejos procesos de producción de rebeldía e insubordinación, así como su posterior estabilización y disciplinamiento,” ya que el Estado chileno, --destaca Pineda--, responde a este movimiento, “con un agresivo y sofisticado proceso de desarticulación, de contención, de contrainsurgencia social y represiva que, entre 2003 y 2009, provocaría la contracción y el debilitamiento de la movilización mapuche y, posteriormente, el cierre del ciclo de lucha por la tierra y la autonomía, al ser encarcelados sus lideres, quienes fueron condenados de manera definitiva en 2011.”

El libro inicia con un prólogo de Raúl Zibechi, que es, en sí mismo, un reconocimiento a la valiosa aportación de Pineda; “un trabajo de años”, afirma, “en el cual la experiencia directa, el conocimiento de las personas, comunidades y geografías, es uno de los aspectos más notables de una investigación comprometida y en absoluto neutral.”

Dividida en dos partes, una suerte de introducción, seis capítulos, reflexiones finales, extensa y actualizada bibliografía, y más de una docena de entrevistas claves, la obra trata en su primer capitulo sobre la situación del pueblo mapuche en Chile, el proceso extractivista, el colonialismo interno y la interpretación que de ello hacen las dirigencias de la CAM. El capitulo dos se centra en los entramados comunitarios mapuche, el despojo y las experiencias que crean las condiciones y motivaciones para luchar por la tierra y la autonomía y se analizan las militancias y dirigencias de la CAM. El capítulo tres describe la acción colectiva radical, que Pineda denomina “Newen Mapuche, la fuerza de un pueblo.” El capitulo cuatro versa sobre la discusión en torno a la autonomía, la libre determinación de los pueblos, “o, incluso, el separatismo y la independencia, sobre los etnonacionalismos y el Estado liberal chileno.” En el capitulo cinco, se narra y analiza el control de la insubordinación, la reacción conservadora y la gobernanza neoliberal, la respuesta brutal del Estado chileno y las clases dominantes para recuperar el orden establecido. En el capitulo seis, “Resistencia. La lucha continua.”, se hace un balance del movimiento mapuche y la Coordinadora frente al Estado chileno contemporáneo.

Pineda aclara, que su investigación tiene un fuerte componente testimonial, “que se explica desde un enfoque sociohistórico construido a partir de largas y numerosas entrevistas realizadas con presos mapuches en la cárcel y con activistas entrevistados en sus comunidades, el cual se contrasta y se pone en dialogo con lo expresado por varios historiadores y especialistas chilenos.” A ello se suma, una extensa investigación hemerográfica y las correspondientes interpretaciones teóricas que proveen la base analítica de lo investigado.

Coincido plenamente con Pineda en cuanto a que uno de los principales aportes de su investigación radica no sólo en la reconstrucción de la historia de la CAM, “sino, en especial, haber tratado de comprenderla desde adentro, desde la lucha social, desde la perspectiva de los de abajo.”

El autor investiga, asimismo, junto con la política represiva del Estado chileno, “las contradicciones internas del movimiento y la CAM (para) aprender de las lecciones que deja su propia historia, comparar los paralelismos entre su lucha y la de otros procesos sociales, y en particular, reflexionar sobre los límites que se presentan en la defensa del territorio, así como los alcances y las contradicciones de la violencia política.”

A partir de nuestras propias experiencias de estudios comparativos entre diversos procesos autonómicos en América Latina, en el Proyecto Latautonomy, coincidimos con Pineda en el sentido de que “la disputa por la tierra, el territorio y los bienes naturales, así como la autodeterminación, la autorregulación social y la autonomía, son luchas decisivas de nuestro tiempo.” Asimismo, estamos totalmente de acuerdo en que “los pueblos originarios son el corazón de numerosas alternativas antisistémicas y de que, en los últimos 20 años, han demostrado una enorme capacidad sujetica, de construcción de proyecto alternativo y resistencia frente a la desposesión, el desprecio y el colonialismo interno.” Prueba irrefutable de esta aseveración en nuestro país, lo constituye el proceso iniciado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, a partir de 1994, y, como pudimos constatarlo muy recientemente, la fortaleza, creatividad y amplitud del “sujeto autonómico” expresado en el Congreso Nacional Indígena – Concejo Indígena de Gobierno. Como escribí el viernes pasado en La Jornada, con respecto a la Segunda Asamblea Nacional del Congreso Nacional Indígena-Concejo Indígena de Gobierno-Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, llevada a cabo del 11 al 14 de octubre en el CIDECI-UNITIERRA, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, que constituyó un acontecimiento histórico: “La extraordinaria capacidad organizativa, manifiesta en una metodología de espiral ascendente (dialéctica) de ejes de trabajo-comisiones operativas-resolutivos y posicionamientos; las formas democráticas de llegar a consensos; la coherencia y concientización políticas de delegados (as) y concejales (as), refieren a un movimiento caracterizado por su anticapitalismo y el fortalecimiento de autonomías que se despliegan como un invaluable instrumento de lucha contra la recolonización de las corporaciones capitalistas y los grupos represivos “legales” y clandestinos del mal gobierno”.

También, en el espacio de las coincidencias con Pineda, resulta muy benéfica su advertencia de no idealizar estos procesos. “muchas veces, --señala el autor--, el tejido organizativo de estos movimientos se encuentra atravesado por el colonialismo ideológico, por numerosas contradicciones subalternas, por límites y errores peligrosos; en ocasiones, por sectarismos, esencialismos y milenarismos fundamentalistas; por una profunda fragilidad de sus estructuras frente a la guerra, la represión o la cooptación.” Sobre esto último, es posible observar, también en nuestro país, a las organizaciones e intelectuales que en el pasado se integraron como asesores del EZLN, ahora han optado por apoyar la política neo indigenista del próximo gobierno, que se concretará, el espacio de lo político, con la imposición del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas.

Igualmente, me parecen muy acertadas las reflexiones finales de una obra cuyos alcances informativos e interpretativos van más allá de esta breve reseña, en el sentido de que: “los entramados de parentesco, relaciones, afectivos, etnoproductivos, espirituales, simbólicos y materiales, con base en la forma social “comunidad”, están activándose y reactualizándose con los proyectos políticos indígenas, como resistencia y freno de las invasoras relaciones expansivas de la forma social “capital”, pero también como aspiración y práctica emancipatoria.” Totalmente de acuerdo en que, en los procesos autonómicos contemporáneos, los sujetos que los protagonizan sufren “verdaderas metamorfosis” en sus relaciones sociales, que los potencian como sujetos de cambio, como sujetos políticos “otros”. Asimismo, hay coincidencia plena en la reflexión conclusiva acerca de que: “Los movimientos de los pueblos originarios han generado multiformes y complejos procesos de activación comunal que, a la vez, recuperan, recrean y transforman las relaciones de reciprocidad, cooperación, apoyo mutuo y trabajo colectivo, en movimiento societal antagónico y emancipatorio.”

Resulta gratificante que, en un entorno académico hegemonizado por el productivismo puntillista y las investigaciones extractivistas, se produzcan y se publiquen libros como el que hoy presentamos. Felicitaciones a Cesar Enrique Pineda por escribir este excelente instrumento teórico para la lucha abajo y a la izquierda. Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=2485977

 

Veamos cuán valiosos son los aportes de los pueblos originarios para los cambios radicales en la sociedad y el mundo. "Al integrar la cosmovisión indígena del sumak kawsay, o buen vivir, las propuestas de plurinacionalidad e interculturalidad, pero sobre todo los Derechos de la Naturaleza en la Constitución de la República del Ecuador en 2008, se marcó un hito histórico para el país y el constitucionalismo mundial".

 

 

Una lectura comprometida

Buen Vivir, Plurinacionalidad y Derechos de la Naturaleza en el debate constituyente.

4 de octubre de 2018

 

Por Alberto Acosta (Rebelión)

 

“El ejercicio de la autoridad, responsable con quienes le designan, respetuosa del mandato encomendado, ennoblece. Lo contrario, el ejercicio del poder por el poder, embrutece. Ese riesgo no me lo correré, prefiero seguir siendo fiel a mis principios, aun cuando mi renuncia pudiera no ser adecuadamente comprendida.

Alberto Acostaen su renuncia la Presidencia de la Asamblea Constituyente Junio 24, 2008

 

Este texto lo dedico a todos/as quienes me acompañaron activamente en esta minga democrática, en especial a mis asesoras/es, así como a la maravillosa gente de Montecristi.

 

 

Al integrar la cosmovisión indígena del sumak kawsay, o buen vivir, las propuestas de plurinacionalidad e interculturalidad, pero sobre todo los Derechos de la Naturaleza en la Constitución de la República del Ecuador en 2008, se marcó un hito histórico para el país y el constitucionalismo mundial. La génesis y alcances de este proceso merecen al menos una primera y comprometida lectura al cumplirse 10 años de que la mayoría del pueblo -por primera vez luego de un proceso constituyente- aprobara la Constitución de Montecristi aquel domingo 28 de septiembre de 2008 [2] .

A pesar de su contundente aprobación, la vigencia de la Constitución no es nada satisfactoria. Falta mucho para que sus principios fundamentales se enraícen en la sociedad y emerjan nuevas instituciones sociales, económicas y políticas prefiguradas en la Constitución. La sociedad, por diversas razones, aún no se empodera de lo que realmente representa esta carta magna: un proyecto de vida en común. Los gobernantes en estos últimos diez años –sobre todo Rafael Correa- han irrespetado sistemáticamente la Constitución que juraron defender: los que debían ser sus principales defensores terminaron siendo los violadores más contumaces. Pero incluso ante esa cruda realidad, muchos elementos raizales de la Constitución han sido y son motivo de discusión dentro y aún más fuera del país, como son los ya mencionados principios de plurinacionalidad, Buen Vivir y Derechos de la Naturaleza, temas que merecen nuestra reflexión permanente.

1. La Constitución: un proyecto de vida en común

 

“Una constitución no es solo una norma jurídica sino un proceso social,

un sistema de derechos imbuido en la conciencia de los ciudadanos,

la constitución es una cultura”.

Agustín Grijalva [3]

Toda Constitución refleja un momento histórico, cristaliza procesos sociales acumulados y plasma una determinada forma de entender la vida; no es el mero resultado de un ejercicio jurídico de avanzada (como lo ven algunos entendidos en materia constitucional). Tampoco resulta del esfuerzo de un individuo inspirado o de varios iluminados. Una Constitución, más allá de su indudable trascendencia jurídica, es siempre un proyecto político; en el caso de la Constitución de Montecristi se trata de un proyecto político de vida en común, con elementos que auguran un cambio civilizatorio.

Es más, esta Constitución es un proyecto elaborado y puesto en vigencia con el concurso activo de la sociedad misma, rompiendo con la larga y conflictiva vida constitucional del Ecuador. La participación ciudadana dentro y fuera de Montecristi fue una de sus más notables características. Esta Constitución de 2008 intentó reconocer las demandas y expectativas acumuladas, sintonizarse con los problemas globales y volverse un medio que ayude a impulsar cambios estructurales. Su contenido intentó recoger múltiples alternativas y propuestas de transformaciones de fondo, planteadas al calor de décadas de resistencias y de luchas sociales que tanto dolor le costaron al pueblo ecuatoriano.

El debate fue una verdadera minga democrática inédita en la compleja historia constitucional del Ecuador (que tiene en su haber veintiún constituciones desde 1830 y un número elevado de asambleas constituyentes). Más que la labor de los asambleístas, fue crucial el concurso de muchas organizaciones sociales que apoyaron y propiciaron en un debate democrático y plural alentado desde Montecristi, enfrentando posiciones conservadoras y retardatorias hasta desde el propio Rafael Correa y su gobierno.

De tales luchas, resistencias, debates y propuestas surgieron “alternativas de desarrollo” y luego -más avanzado el proceso- “alternativas al desarrollo” como el Buen Vivir o sumak kawsay. Desde el incorporar temas trascendentales como los Derechos de la Naturaleza, hasta el poner en entredicho al caduco Estado nación declarándolo plurinacional e intercultural, los debates constituyentes dejaron enseñanzas diversas.

La Constitución, con sus 444 artículos rompió, además, la visión clásica que prioriza unos derechos sobre otros al reconocer a los derechos como interdependientes y de igual jerarquía (Art. 11, numeral 6). Esta Constitución clasifica a los derechos de forma distinta a la tradicional y colonizadora inspiración europea (con generaciones de derechos que priorizan los derechos de libertad, de propiedad y los derechos políticos propios de una democracia representativa). Ahora todos los derechos tienen igual jerarquía, pero siempre aceptando la necesidad de proteger a grupos de atención prioritaria, comunidades, pueblos y nacionalidades, incluyendo a la Naturaleza. A su vez, todos estos derechos tienen un correlato en una sección dedicada a las responsabilidades.

Seguidamente la Constitución indica dos regímenes con igual jerarquía: el “del Buen Vivir” y el “de desarrollo”, aflorando la tensión de dos conceptos enfrentados en su esencia. Es más, la Constitución plantea hasta confusiones y contradicciones al decir que:

“el régimen de desarrollo es el conjunto organizado, sostenible y dinámico de los sistemas económicos, políticos, socio-culturales y ambientales, que garantizan la realización del Buen Vivir, del sumak kawsay” (artículo 275).

En la Constitución, el “régimen de desarrollo” exige una planificación participativa y que debe expresarse en las áreas del trabajo, tanto como de soberanías alimentaria, económica y energética. En paralelo, el “régimen del Buen Vivir” recoge cuestiones de inclusión y equidad (educación, salud, vivienda, cultura, etc.), biodiversidad y recursos naturales. Paradójicamente, en el caso ecuatoriano la conquista del Buen Vivir se vincula con varios derechos que, para cristalizarse, exigen superar conceptual y estructuralmente las “estrategias de desarrollo”. Otra tensión notable es la Naturaleza vista en dos dimensiones: o como sujeto de derechos , con seres que no pueden ser apropiados y cuyo manejo es un derecho de los pueblos indígenas (dimensión “dogmática” según algunos); o como mera proveedora de recursos naturales y cuya propiedad corresponde al Estado.

A pesar de estas tensiones, en la Constitución quedaron impregnados principios y directrices del Buen Vivir como resultado de una disputa del sentido histórico para superar al “desarrollo”. Es más, desde varios planteamientos constitucionales se podría ver al Buen Vivir como una opción post-desarrollista por construirse.

Cabe aclarar que el Buen Vivir no es una novelería de Montecristi ni de sus participantes. El Buen Vivir emerge de una larga búsqueda de alternativas de vida fraguadas en el calor de las luchas populares - en particular indígenas (Acosta 2018e) - mucho antes de que Rafael Correa acceda al poder político; una búsqueda que recoge prácticas y formas de vida de muchos pueblos y nacionalidades del Ecuador. Dichas conquistas constitucionales, que intentaron sintetizar los anhelos populares, obviamente son difíciles o imposibles de aceptar (e incluso de entender) para los constitucionalistas tradicionales y para los conservadores de todo cuño.

 

Quienes ven amenazados sus privilegios con la Constitución de Montecristi o se asumen como únicos portadores de la verdad acotada a la Modernidad, no descansan en combatirla. Así, en estos años han convergido diversas posiciones conservadoras desde múltiples ideologías -de liberales a socialistas- opuestas a las esencias de la Constitución como, por ejemplo, la plurinacionalidad o los Derechos de la Naturaleza.

 

Sintetizando, la Constitución solo establece bases para desarrollar leyes, políticas y acciones a construirse desde las experiencias de cada persona y grupo implicado. Es la sociedad quien escribe la Constitución, no al revés; hecho que no minimiza el potencial transformador de una Constitución, siempre que se la aplique de manera adecuada.

Esta cuestión aún posee enormes y continuadas deudas: la Constitución es la meta al reflejar los objetivos de las luchas de resistencia y de construcción de nuevas visiones de vida, pero es apenas un punto de partida cuando se trata de cristalizar la sociedad prefigurada en el texto constituyente. Una Constitución transformadora, como la de Montecristi, no es un instrumento para mantener el status quo. Es, en suma, una meta y un inicio para construir, en democracia, una sociedad democrática.

 

2. La compleja construcción de un Estado plurinacional

“El paso del Estado-nación al Estado plurinacional, comunitario y autonómico es todo un desafío. Se trata de dejar la modernidad, la historia de la soberanía en la modernidad, la historia del Estado en la modernidad, la historia de la relación entre Estado y sociedad, una historia que define la separación entre gobernantes y gobernados… Dejamos atrás una historia de la colonización y dominaciones polimorfas… dejamos atrás entonces la ilusión que provocaron los Estados nación subalternos…”.

-Raúl Prada Alcoreza (2010)

La crisis de representación política que afectaba a las instituciones democráticas –en parte resultado de la profunda crisis social del tornasiglo- implicó también una crisis del derecho constitucional. La soberanía popular estaba sometida a varios apetitos privados. Y, de hecho, incluso luego de aprobarse la Constitución en 2008, ese sometimiento continuó de la mano de viejos y nuevos grupos de poder burgués que tuvieron como principal artífice a Rafael Correa, erigido como el caudillo del siglo XXI, irrespetando los elementos más democratizadores de la propia Constitución.

 

Incluso la soberanía nacional, que tanto retumbaba en los discursos de Correa, en la práctica se deterioró gravemente. En el neoliberalismo se consideró a la soberanía nacional como una antigualla, un concepto en disolución e inútil; visión que terminó golpeando también a la soberanía popular. Estas limitaciones crearon conflictos en el sistema de legitimación, y volvieron al derecho constitucional una letra muerta; realidad lacerante del “correísmo” (y también del “morenismo”), pues el régimen de Correa -que despertó tantos sueños y expectativas- ahondó la dependencia externa del país y sus extractivismos –petrolero, minero y agrario- entregando enormes concesiones a capitales transnacionales, endeudó al país sobre todo con China, hipotecó gran parte de las políticas nacionales al firmar un TLC con la Unión Europea… entre otras acciones que, a la postre, limitaron la soberanía e hicieron que -con Correael país regrese al neoliberalismo : fue, quién lo duda, una década desperdiciada (Acosta y Cajas-Guijarro 2018) .

 

Así, el “correísmo” traicionó la tarea encomendada desde Montecristi -pueblo del general Eloy Alfaro, líder de la única revolución de la historia ecuatoriana en el cambio del siglo XIX al siglo XX-: en el corto plazo superar al neoliberalismo (y su Constitución de 1998) y a largo plazo la transformación estructural y la construcción del Buen Vivir.

Mientras que la Constitución de Montecristi buscó terminar con las normas neoliberales (emanadas desde el Consenso de Washington, intereses privados e incluso desde el FMI, la OMC o el Banco Mundial), en los hechos el “correísmo” se volvió funcional a viejos y nuevos intereses transnacionales -particularmente chinos-. Correa llevó al país a una suerte de neoliberalismo transgénico (Acosta – Cajas Guijarro 2016) : un neoliberalismo donde el propio Estado fortalecido y disciplinador de la sociedad, sirvió para poder modernizar autoritariamente al capitalismo, al tiempo que transnacionalizaba la economía.

 

Pero más allá de la felonía “correísta, la Constitución de Montecristi intentó combatir la desvalorización del derecho constitucional de la época neoliberal, recuperar la soberanía popular y plantear una visión de la soberanía en plural (Acosta – Martínez, editores 2012) . Clara muestra es la declaración de un “Estado constitucional de derechos y justicia, social, democrático, soberano, independiente, unitario, intercultural, plurinacional y laico”. Tan amplia definición buscaba un pacto de convivencia de múltiples entradas. En particular la “plurinacionalidad” lleva a repensar el Estado (Boaventura de Souza Santos 2010) como la unidad de múltiples pueblos y nacionalidades indígenas, afroecuatorianas, montubios, cholos y muchas otras comunidades nacionales: un salto cualitativo respecto al monoculturalismo eurocéntrico del Estado-nación, funcional a la visión de una sociedad homogénea útil para el neoliberalismo y, sobre todo, para el capitalismo.

La plurinacionalidad exige reformular las relaciones de poder entre Estado y ciudadanas/os -en tanto individuos siempre viviendo en comunidad- para que sean éstos los auténticos poseedores de soberanía. Esto demanda, de entrada, consolidar los Derechos Humanos (individuales y colectivos), enriquecidos con los Derechos de la Naturaleza para construir el Buen Vivir.

 

El Preámbulo de la Constitución de 2008 es claro al respecto, cuando propugna:

una nueva forma de convivencia ciudadana, en diversidad y armonía con la Naturaleza, para alcanzar el buen vivir, el sumak kawsay”.

 

 

Al plantearse un nuevo Estado debe incorporarse al Buen Vivir y a los Derechos de la Naturaleza como pilares para consolidar y ampliar los derechos colectivos o comunitarios. Esto no se opone a la participación ciudadana. Al contrario, se plantea una democracia abierta no solo a una ciudadanía individual/liberal.

Desde la lógica de los derechos colectivos se abre espacio a ciudadanías colectivas, comunitarias, interculturales. Por igual, los Derechos de la Naturaleza necesitan -y originan- otra definición de ciudadanía, individual, colectiva, pero también ecológica. Por igual acoge una justicia ecológica que supera a la justicia tradicional: “meta-ciudadanías ecológicas” en palabras de Eduardo Gudynas (2009) Tal visión de ciudadanías es siempre plural, pues depende de las historias sociales, territoriales y de los ambientes. Para alcanzarlas hay que consolidar y ampliar el pluralismo jurídico, así como una gestión pública plurinacional e intercultural, que asegure una mayor y efectiva participación ciudadana y comunitaria.

 

Para superar la colonialidad del poder-saber-ser se necesita una descolonización profunda con prácticas interculturales permanentes en toda dimensión vital en colectividad siguiendo a Catherine Walsh (2009). Todos estos son temas de discusión del neoconstitucionalismo transformador y descolonizador (ver el valioso aporte de Ramiro Ávila Santamaría, 2011). Esto exige crear esquemas horizontales que redistribuyan riqueza y poder creando equidades en plural, pues a más de superar al capital urge dejar atrás otras taras como aquellas nacidas del concepto de “raza” y del racismo como el configurador más crudo de estas sociedades. Asimismo, es crucial entender que el capitalismo es patriarcal, otra tara atávica de tantas civilizaciones que debe superarse.

 

Así, la propia discusión sobre la plurinacionalidad es un resarcimiento histórico para pueblos y nacionalidades. A su vez, es una oportunidad para que nuestras sociedades aprendan de “el otro” en un importante ejercicio de alteridad, asumiendo una convivencia democrática y equitativa, en donde la armonía rija las relaciones humanas y con la Naturaleza. Es decir, la interculturalidad como fundamento de la plurinacionalidad. Tal propuesta se sintetiza, además, en el reconocimiento diario de las diversidades. Se trata de una vida en común e inclusiva, sin cabida a la exclusión ni la inclusión subordinada como ejecutan/ron los progresismos-caudillescos de Ecuador y Bolivia (Luis Tapia 2011), que aceptaron la plurinacionalidad en sus constituciones, pero no en sus prácticas.

En suma, este neoconstitucionalismo transformador, fundamental para crear otro Estado, es eminentemente emancipatorio. Es un punto de partida para construir alternativas al “desarrollo” y superar las aberraciones antropocéntricas que arriesgan gravemente la existencia de su propio centro: la Humanidad.

La tarea es aprender, desaprender y reaprender a la vez (Nina Pacari, 2010). Algo complejo que exigirá siempre más democracia, nunca menos. La consolidación constitucional, en consecuencia, depende de profundizar la democracia en sociedades pluriculturales, que incluyan a las poblaciones históricamente marginadas.

 

Concluyamos aceptando que el desafío es complejo, mas no imposible. Para enfrentarlo se requiere claridad sobre los “horizontes del Estado plurinacional”. Horizontes sintetizados por Raúl Prada Alcoreza (2010) al señalar que:

“El paso del Estado-nación al Estado plurinacional, comunitario y autonómico es todo un desafío. Se trata de dejar la modernidad, la historia de la soberanía en la modernidad, la historia del Estado en la modernidad, la historia de una relación entre Estado y sociedad, una historia que define la separación entre gobernantes y gobernados, entre sociedad política y sociedad civil, en un contexto matricial donde se demarcó la relación entre dominantes y dominados, a partir de mecanismos de dominación y diagramas de poder que atraviesan los cuerpos y los territorios, incidiendo en las conductas y comportamientos, en la administración de la tierra y los territorios, en la explotación de la fuerza de trabajo. Dejamos atrás una historia de colonización y dominaciones polimorfas desplegadas en el mundo, donde la geopolítica de la economía-mundo y del sistema-mundo capitalista divide el planeta entre centro y periferia, racializando la explotación de la fuerza de trabajo y controlando las reservas y recursos naturales, estableciendo una división del trabajo planetaria, convirtiendo a los países periféricos en exportadores de materias primas y reservas de mano de obra barata, transfiriéndoles más tarde, a algunos de estos países que ingresan tardíamente a la revolución industrial, tecnología obsoleta, desplazando la industria pesada, considerada de alta y masiva inversión de capital, pero con bajos rendimientos a mediano y largo plazo, prefiriendo optar por eso por la circulación y la inversión del capital financiero, que rinde grandes beneficios a corto plazo. Dejamos atrás entonces la ilusión que provocaron los Estado-nación subalternos, una vez concluidas las guerras de independencia y las luchas de liberación nacional, la ilusión de nuestra independencia e igualdad en el concierto de las naciones, en el marco jerárquico de las Naciones Unidas.”  

 

En consecuencia, urge construir sobre la marcha una nueva historia, “una nueva democracia pensada y sentida desde los aportes culturales de los pueblos originarios. Una democracia incluyente, armónica y respetuosa de lo diverso” (Nina Pacari, 2010). Todo esto como parte de propuestas de transformaciones profundas, civilizatorias, que enfaticen simultáneamente pluralidad y radicalidad. Una tarea que requerirá de sucesivas aproximaciones que enfrenten todas aquellas maquinarias de muerte que amenazan a la Humanidad y al planeta. Un esfuerzo que libere las fuerzas sociales hoy atrapadas en diversas institucionalidades del poder estatal, potenciando sus capacidades de autosuficiencia, autogestión y autogobierno. Todo esto demanda inteligencia en la crítica, profundidad en las alternativas y, sobre todo, la acción de las fuerzas políticas que lideren y viabilicen estos procesos emancipatorios.

 

De lo anterior surgen varias interrogantes: ¿Servirán estas reflexiones para configurar Estados que ya no sean herramientas de dominación (si es que eso es posible)? ¿Es viable descolonizar, despatriarcalizar, emancipar, sin el instrumento estatal? ¿Será posible configurar Estados profundamente democráticos que impulsen transiciones civilizatorias? ¿Podrían transformarse los Estados subalternos y dependientes del poder del capital transnacional en actores que superen el círculo vicioso que alimenta a dicho poder? ¿Serán viables estas transformaciones dada la condición dominante del capitalismo mundial? ¿Son posibles otras organizaciones internacionales que no reproduzcan -desde lo global- las estructuras de dominación? ¿Serán estas reflexiones válidas para la Humanidad o será mejor empezar a despedirnos del Estado?

 

El no comprender ni asumir las verdaderas raíces de Latinoamérica ha llevado a crear Estados (casi) fallidos o naciones en ciernes permanente. La propia inviabilidad histórica de estos Estados nacionales se explica en gran parte por no incorporar a pueblos y nacionalidades indígenas. Sin embargo, aún queda la duda de si la incorporación y no marginación de esos grupos basta para crear otra estructura estatal que nos lleve a la gran transformación civilizatoria post-capitalista urgente para que la Humanidad tenga algún futuro (algo complejo si vemos que, en una sociedad dividida en clases, el Estado apunta a la clase que logra hacerse de su manejo). Es más, quizás la propuesta de Estado plurinacional sirva más como herramienta para descolonizar, antes que como un aporte concreto de cómo debería ser el nuevo Estado, si es que tiene sentido insistir en buscarlo.

Algo sin duda es claro: para que las grandes transformaciones no se queden en los discursos urge descolonizar y despatriarcalizar (tareas cruciales para superar la explotación del ser humano y de la Naturaleza por parte del capital); urge rebasar los Estados-Nación capitalistas, coloniales, oligárquicos... De todas formas, nada cuesta pensar en que quizá la mayor utopía a la que podría aspirar la Humanidad es la vigencia del Buen Vivir y de todas aquellas formas de vida en armonía en un mundo sin Estados .

En Nuestra América, el Estado es matizado por una ambigüedad fundacional en la construcción de “la nación”. Tal matiz, sustentado en la colonialidad del poder, resultó excluyente y limitante para el avance cultural, productivo y social en general. Más aún, al decir de Raúl Prada, en el mundo subalterno los Estado-nación son funcionales al sistema-mundo pues dependen de la lógica de acumulación capitalista global. A pesar de eso, los debates sobre el Estado muchas veces se limitaron a coyunturas importantes, pero menores en esencia. Así, sin agotar los temas tratados, recordemos que en ocasiones la discusión giró sobre el Estado unitario o federal o sobre el tamaño del Estado [4] , pero muy pocas veces se profundizó sobre la esencia misma de la ideología estatal y sus distintas pretensiones paradigmáticas. Y estas discusiones a la postre, una y otra vez, se diluyeron en la compulsión de “conservar el poder por el poder”.

 

3. Otro mundo posible desde el Buen Vivir

“El Buen Vivir, un concepto en construcción, tiene, todavía, un largo camino que recorrer como concepto y como guía de un gobierno que tiene como precepto constitucional garantizar el Sumak Kawsay. No es fácil, en efecto, encontrar una buena definición del mismo ni parece disponible el conjunto de indicadores que podría permitir saber si el gobierno está en la dirección correcta marcada por la Constitución o se aleja en la dirección opuesta. (…) sea en términos de desarrollo alternativo que es la más benévola interpretación del SENPLADES, de alternativa al desarrollo que es lo que afirman los indígenas y algunos intelectuales (…) o simple retórica que es lo que acaba diciendo el presidente Correa y que es quien tiene y controla el poder. Parece que la respuesta sigue abierta.”

-José María Tortosa (2012)

 

En la Asamblea Constituyente de Montecristi, un debate medular fue el cuestionamiento al “régimen de desarrollo” imperante. La discusión se enriqueció con propuestas diversas y plurales desde dentro e incluso fuera del país.

En especial se rescató la visión de los marginados de la historia por más de 500 años, al plantearse al Buen Vivir osumak kausay (en kichwa) como oportunidad para construir otra sociedad de convivencia ciudadana en diversidad -multiplicidad cultural- y en armonía con la Naturaleza. Con tal declaración, una Constitución ecuatoriana “por primera vez toma un concepto de tradiciones indígenas como base para el ordenamiento y legitimación de la vida política” (Cortez 2009) . Al asumir el Buen Vivir desde la cosmovisión indígena, como “el sentido de un objetivo general hacia el cual se orienta la vida económica, política, social y cultural” se pretendía desmontar “el poder colonial” (Cortez 2009). O eso se creía al aprobarse la Constitución.

Incorporar en la Constitución al Buen Vivir anticipó una severa y profunda crítica al “desarrollo”, entelequia creada para embobar a gran parte de la Humanidad a la que ni siquiera le es posible alcanzarla. El Buen Vivir justamente desnuda los errores de las “teorías del desarrollo” (Unceta 2014) . Incluso, desde éste podemos preguntar: ¿hasta cuándo el fantasma del “desarrollo” (Acosta 2018c) -guiado por un mandato imperialista- seguirá atormentando y robando una vida en armonía?, ¿se podrá crear un ordenamiento social donde realmente rijan los Derechos Humanos (en sus múltiples dimensiones sociales: políticos, culturales, económicos, ambientales…) y los Derechos de la Naturaleza? La respuesta a estas preguntas es crucial para el Ecuador y la Humanidad.

La propuesta -en construcción- del Buen Vivir, que atraviesa transversalmente a toda la Constitución, motivó varias interpretaciones en la Asamblea Constituyente y en la sociedad, primando el desconocimiento y el temor en ciertos sectores. Algunos asambleístas, secundados por alguna prensa interesada en el fracaso de la Constituyente -y acostumbrados a verdades indiscutibles- clamaban concreciones definitivas. Para otros, que entendían al Buen Vivir “ingenuamente” como una despreocupada y pasiva dolce vita, les resultaba inaceptable. No faltaron quienes, temerosos de perder privilegios, no dudaron en anticipar que el Buen Vivir implicaba retornar a las cavernas. Incluso algunos que apoyaron con su voto este principio fundacional de la Constitución, al parecer no tenían clara la trascendencia de esa decisión… Y unos cuantos, opuestos desde una izquierda autista, se aferraron a tradicionales -pero huecos- conceptos de cambio, carentes de trascendencia al no haberse cristalizado en la práctica de las luchas sociales.

Para entender al Buen Vivir -muy diferente del “bienestar occidental”- se debe recuperar la cosmovisión indígena, cuestión que intentó cristalizarse tanto en la Constitución de Ecuador como en la de Bolivia. Tal recuperación, de plano, no significa dejar de aprovechar, por ejemplo, muchos y valiosos avances tecnológicos que podrían combinarse con el Buen Vivir. Combinación posible con un diálogo permanente, constructivo y respetuoso entre saberes y conocimientos ancestrales y lo más emancipador del pensamiento universal, siempre desde la descolonización y despatriarcalización permanentes.

Además, urge reconocer -desde la realidad y complejidad social ecuatoriana- la necesidad de aceptar instituciones que sirvan “de transición” o que podrían ser el pivote para pensar estructuras diferentes a las actuales estructuras capitalistas. Eso sí, sin copiar simplonamente experiencias foráneas, pues algo crucial para satisfacer las demandas sociales es reconocer y apropiarse del ámbito cultural propio de cada sociedad.

Dicho esto, entendamos que en el mundo indígena no existía el concepto de “desarrollo”. Eso se ve al confrontar tal concepto occidental con el Buen Vivir, recuperando experiencias concretas de comunidades indígenas. En la cosmovisión indígena no existe un proceso lineal que delimite un estado anterior o posterior. No hay ni la visión de un “subdesarrollo” a superarse, ni la de un “desarrollo” a alcanzarse (corolario de la visión de “progreso” típica del mundo occidental). Para los pueblos indígenas tampoco existe la “pobreza”, vista como carencia de bienes materiales o la “riqueza” vista como su abundancia.

Para la cosmovisión indígena la mejora social está en permanente construcción y reproducción. De ella depende la vida misma, pero desde el holismo, donde diversos elementos condicionan las acciones humanas que propician el Buen Vivir, y en donde los bienes materiales no son los determinantes. Hay otros valores en juego: conocimiento, reconocimiento social y cultural, códigos de conductas éticas -e incluso espirituales- en la relación con la sociedad y la Naturaleza, valores humanos, visión de futuro… El Buen Vivir aparece como una categoría en la “filosofía” de vida indígena ancestral, pero que ha perdido terreno por el implacable avance de la modernidad occidental. Sin embargo, su aporte invita a asumir otros “saberes” y otras prácticas, sin llegar a una equivocada idealización de la vida indígena.

Pero la visión andina no es la única fuente que impulsa al Buen Vivir. Este tipo de propuestas -similares en muchos aspectos- están presentes en otras partes del mundo, con varios nombres y características. Se trata de valores, experiencias y prácticas de diferentes períodos y regiones de la Madre Tierra. Cabría destacar el ubuntu (sentido comunitario: una persona es solo a través de las demás personas y demás seres vivos) en África o el eco-swaraj(democracia ecológica radical) en la India (Kothari, Demaria, Acosta 2015) . Las repercusiones internacionales de estos debates sobre el Buen Vivir (Ecuador) o Vivir Bien (Bolivia), emparentadas con muchas otras visiones similares (no necesariamente iguales) en el mundo, son cada vez mayores: propuestas transformadoras, reflexiones políticas, estudios académicos e iniciativas se expanden cual efecto de círculos concéntricos de una piedra lanzada en un lago. [5]

Incluso desde la propia cultura occidental hay cada vez más voces que podrían sintonizar con el debate planteado desde las visiones de la “indigenidad” y viceversa. En el mundo se comprende, paulatinamente, cuán inviable es elcapitalist way of life. Así, el Buen Vivir no solo tiene un anclaje histórico en la visión indígena, sino que puede y debe nutrirse de muchos otros principios filosóficos (marxistas, ecologistas, feministas, decrecentistas, postextractivistas, cooperativistas, humanistas...).

 

El Buen Vivir –pensémoslo siempre en plural: Buenos Convivires, para no reeditar al “desarrollo” en tanto perverso mandato global único- asoma, además, como plataforma para discutir respuestas urgentes frente a los devastadores efectos de los cambios climáticos (Acosta, Viale 2017) . Hay cada vez más conciencia sobre la necesidad imperiosa de transformaciones profundas que permitan a la Humanidad escapar con vida de los graves riesgos ecológicos y sociales en ciernes, y que la misma Humanidad ha creado durante su desvarío capitalista. Apenas un ejemplo es el crecimiento material sin fin que podría culminar en un suicidio colectivo.

Incluso a escala global, la (¡equivocada!) concepción del crecimiento basado en inagotables recursos naturales y en un supuesto mercado capaz de absorberlo todo, no conduce al “desarrollo”. Lo que se observa -como señala José María Tortosa (2011), un notable sociólogo europeo-, es un “maldesarrollo” generalizado , existente inclusive en el supuesto mundo “desarrollado”. Tortosa va más allá, afirmando que:

“El funcionamiento del sistema mundial contemporáneo es “maldesarrollador” porque es un sistema basado en la eficiencia que trata de maximizar los resultados, reducir costes y conseguir la acumulación incesante de capital. Ésa es la regla de juego que para nada es atemperada por la “mano invisible” de los sentimientos morales de que hablaba Adam Smith, es decir, por el sentido de la responsabilidad. Si “todo vale”, el problema son las mismas reglas del juego dictadas y cambiadas coyunturalmente desde arriba para satisfacer aquellos intereses que pueden ser cambiantes. En otras palabras, el sistema mundial está maldesarrollado por su propia lógica y es a esa lógica a donde hay que dirigir la atención” (Tortosa 2011).

Eso no es todo. A más de que la mayoría de la población mundial está lejos de obtener el bienestar material, se están afectando su seguridad, libertad y hasta su identidad. Ese “maldesarrollo” generado desde arriba (sea por gobiernos, transnacionales, o élites nacionales o mundiales), tan propio del capitalismo, genera complejidades múltiples inexplicables desde versiones monocausales. Por ello también se debe cuestionar la propia división del mundo entre “desarrollo” y “subdesarrollo”.

Tampoco se puede caer en la trampa del “desarrollo sustentable” o “capitalismo verde” pues estos solo son otras herramientas para la revalorización del capital (el mercantilismo ambiental, vigente desde hace décadas, no ha mejorado la situación; solo la ha maquillado y mercantilizado). Y tampoco podemos tener una confianza desmedida en la ciencia y la técnica. En definitiva, está en cuestión el mandato tradicional del “progreso” material acumulativo e indefinido. Y para superarlo hay que dar paso al pluriverso , un mundo en donde quepan todos los mundos, asegurando para todos los seres humanos (y no humanos) la justicia social y ecológica (Acosta 2018b) .

En suma, es inaceptable un estilo de vida fácil para un grupo reducido de gente, mientras que la mayoría sufre para sostener a los privilegiados, y hasta opresores. Esta es la realidad del régimen de “desarrollo” actual, un régimen que siempre fue capitalista.

El capitalismo muestra una gran capacidad productiva. Ha generado progresos tecnológicos sustanciales y sin precedentes. Ha reducido la pobreza en varios países. Pero también crea procesos sociales desiguales entre países y dentro de ellos. Sí, se crea riqueza, pero también demasiadas personas no participan de ésta. La riqueza, como aseguraba el mismísimo Adam Smith en 1776, solo se explica por una masiva pobreza:

“Cuando hay grandes propiedades hay grandes desigualdades. Por cada hombre muy rico debe haber al menos quinientos pobres, y la opulencia de unos pocos supone la indigencia de muchos ” .

La construcción del Buen Vivir conduce o debería conducir, por cierto, a una distribución profunda de esas cosas acumuladas en muy pocas manos. Hay quienes no participan ni de lo mínimo necesario para una vida digna. En oposición al mal vivir imperante, el Buen Vivir busca una convivencia sin miseria ni discriminación, asegurando siempre un mínimo de cosas necesarias, pero sin que éstas sean la meta. Esto exige construir nuevos patrones de consumo que satisfagan necesidades fundamentales que son siempre iguales en todo tiempo y lugar (axiológicas y existenciales, como plantean los chilenos Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martin Hopenhayn 1986) .

El Buen Vivir, entonces, rebasa a la satisfacción de necesidades y acceso a servicios y bienes materiales. Es más, para el Buen Vivir la acumulación material permanente no tiene ni sentido ni futuro; hasta impide alcanzar una vida en armonía a los seres humanos entre sí y con la Pachamama: la Madre Tierra.

La tarea es clara, pero en extremo compleja. En vez de mantener el divorcio Naturaleza-Humanidad, se debe propiciar su reencuentro, algo así como atar el nudo gordiano roto por una concepción de vida depredadora e intolerable (pero en extremo atractiva gracias al mundo de los fetiches, piezas clave en la construcción de hegemonía).

Desde esa lectura, el Buen Vivir plantea una transformación civilizatoria al ser -al menos- biocéntrica, ya no más antropocéntrica (aunque es mejor verla como una trama de relaciones armoniosas vacías de todo centro); comunitaria, pero sin rechazar al individuo; plural y diversa, no unidimensional, ni monocultural.

Tal transformación civilizatoria implica necesariamente desmercantilizar la Naturaleza: el agua, en tanto Derecho Humano fundamental (Acosta y Martínez editores 2012) , por ejemplo, no puede privatizarse, como manda la Constitución de Montecristi (mandato que tampoco cumplió Correa). Los objetivos económicos deben subordinarse a las leyes de los sistemas naturales y siempre respetando la dignidad humana; tarea en donde el crecimiento económico quizá puede ser un medio, pero no un fin.

Lo que interesa, más allá de las contradicciones y problemas en su cristalización en Ecuador, es que muchos de estos derechos se sembraron en el planeta, basta ver lo que sucede con los Derechos de la Naturaleza...

 

4. Los Derechos de la Naturaleza: del Ecuador al mundo

 “La idea de considerar a la Naturaleza como un sujeto revestido de derechos ha dejado de ser una rareza. Se cumplen en 2018 diez años del primer paso en esa dirección, que ocurrió con el reconocimiento constitucional otorgado en Ecuador. Allí se utilizó una fórmula novedosa no sólo por entenderla como un sujeto, sino por ser intercultural, asociando las ideas de Naturaleza con la de Pachamama.

Aquella formulación generó tanto críticas como escepticismos, y su aplicación padece debilidades, pero sirvió como ejemplo. Y es así que en la última década no han dejado de sumarse otros ensayos, tanto en América Latina, como en otros continentes.”

-Eduardo Gudynas (2018) 

Una primera lectura, realizada desde la aplicación real de los Derechos de la Naturaleza en la vida jurídica cotidiana, podría ser muy desalentadora. Sin embargo, hay cabida para el optimismo. Más aún si notamos que la vigencia constitucional es reciente y que está rompiendo con visiones conservadoras, al tiempo que estos derechos proponen salidas civilizatorias. Solo pensemos: cuánto tiempo ha tomado hasta que se acepten los Derechos Humanos, cuyo cumplimiento en muchas partes es más que deficitario.

Los Derechos de la Naturaleza (Acosta y Martínez editores 2011) , cuya aceptación en la Asamblea y fuera de ella no fue fácil [6] , paulatinamente han permeado cada vez más en los procesos sociales, en las agendas de muchos movimientos, en algunos análisis desde la academia. En general han provocado sensibilidad social.

A nivel del Ecuador, el colectivo Yasunidos (Colectivo de Investigación y Acción Psicosocial Ecuador 2015)evidenció cuán importante es para la sociedad la Naturaleza en su propuesta de una consulta popular para dejar el crudo del Yasuní ITT en el subsuelo (Acosta 2014) , luego de que esta iniciativa fallará en manos del gobierno correísta. De hecho, para muchas organizaciones de la sociedad civil los Derechos de la Naturaleza representan un cambio de visión importante, son una herramienta de trabajo, además de un hecho simbólico básico para la transformación.

Esto no sorprende pues ciertos movimientos sociales, sobre todo indígenas y campesinos, desde mucho antes de la expedición constitucional de estos derechos, han defendido la Naturaleza en las luchas por los territorios o en contra de las diferentes formas de despojo. Sus luchas por los territorios, en contextos de presión por nuevos proyectos extractivos (petroleros, mineros, agronegocios, forestales, etc.) alcanzan su máxima expresión. Actualmente los Derechos de la Naturaleza son clave, no sólo por la defensa de los territorios, sino porque destacan el papel de los/as defensores/as que están siendo criminalizados por sus luchas. Hablar de los Derechos de la Naturaleza es hablar al mismo tiempo de los derechos de sus defensores y sus defensoras, es decir, de los Derechos Humanos.

El aprendizaje y desarrollo de mecanismos de exigibilidad de los Derechos de la Naturaleza (Martínez, Acosta 2017)se observa también en las denuncias legales presentadas por los movimientos sociales. En muchos casos se exige respeto y se desarrollan argumentos sobre las relaciones de interdependencia y las amenazas a los ecosistemas, la destrucción de la biodiversidad y la ruptura de los ciclos de la Naturaleza sobre todo en los casos de varios megaproyectos, así como la falta de garantías para la restauración de los ecosistemas.

En el ámbito de la justicia ecuatoriana, el reconocimiento de los Derechos de la Naturaleza no resolvió el conflicto entre la naturaleza-objeto y la naturaleza-sujeto. Eso no es novedad. Una Constitución no cambia la realidad, pero sí abre el camino hacia cambios indispensables siempre que la sociedad se empodere de ella.

A pesar del avance constitucional, los conceptos de recursos naturales, bienes naturales o servicios ambientales, utilizados en diferentes leyes, mantienen el sello naturaleza-objeto. Basta ver los cuerpos legales expedidos luego de la aprobación de la Constitución en 2008: la Ley de Minería, la Ley de Soberanía Alimentaria, la Ley Orgánica de Tierras Rurales y Territorios Ancestrales, la Ley Orgánica de Recursos Hídricos Usos y Aprovechamiento de Agua, la Ley de Agrobiodiversidad, Semillas y Fomento Agroecológico. Inclusive en el Código Orgánico Ambiental hay retrocesos en temas relacionados al sujeto-Naturaleza, pues se afecta la integridad de ecosistemas considerados de extrema fragilidad como las áreas protegidas.

Veamos simplemente cómo se finalizó jurídicamente la Iniciativa-Yasuni-ITT. El Decreto Ejecutivo No. 74, del 15 de agosto de 2013, firmado por el presidente Rafael Correa, al que le quedó muy grande dicha Iniciativa (Martínez Alier 2013) y la Constitución misma, autorizó actividades que afectarán territorios de Pueblos en Aislamiento Voluntario, irrespetando olímpicamente los mandatos constitucionales. Como corolario de esta lamentable situación, el presidente Correa diría –demostrando que no entendió los Derechos de la Naturaleza- el 15 de agosto de 2013 que “el mayor atentado a los Derechos Humanos es la miseria, y el mayor error es subordinar esos Derechos Humanos a supuestos Derechos de la Naturaleza” (Gudynas 2013) .

Hay situaciones aún más aberrantes. Los jueces han sido más abiertos al calificar demandas en contra de detractores del gobierno central que a aceptar demandas en contra de éste último. Por ejemplo, no se acepta un caso referente a los Derechos de la Naturaleza para proteger el Yasuní, uno de los últimos espacios, refugio del jaguar y de dos pueblos indígenas en aislamiento (Tagaeri y Taromenani); pero sí se acepta y se condena a un campesino que mató a un jaguar. No se acepta el caso de minería a gran escala en la Cordillera de El Cóndor (Proyecto Mirador), pero sí un caso de minería artesanal... pero para abrir la puerta a la gran minería tal como lo hizo el gobierno del presidente Rafael Correa: en clara manipulación de los Derechos de la Naturaleza.

Es complejo superar el pasado de dominación y opresión a la Naturaleza. Ésta ha sido históricamente discriminada, y lo sigue siendo en la actualidad, a pesar de ser sujeto de derechos. De hecho, la economía y el “desarrollo” desde sus visiones convencionales, aspiran perpetuamente a dominar y subordinar la Naturaleza.

Veamos la otra cara de la medalla. De igual forma como ha sido discriminada la Naturaleza, hay causas históricas de desigualdad asociadas a un orden político, económico y social injusto. Un orden que ha constituido estereotipos o prejuicios sociales que pretenden castigar a los más pobres, o que ocultan la responsabilidad de empresas o grupos poderosos asumiendo que para ellos no existen los permisos.

Un caso emblemático en donde emerge una jurisprudencia sobre Derechos de la Naturaleza es el de Vilcabamba (Suárez 2013) , aunque se perdió en la siguiente instancia, pero que estableció al Río Vilcabamba como sujeto de derechos: un hecho histórico que tendría repercusiones internacionales. En ese caso se apeló al ejercicio del Principio de Jurisdicción Universal y se presentó una acción de protección constitucional a favor de la Naturaleza, particularmente a favor del Río Vilcabamba, en la provincia de Loja, Ecuador. Y en la decisión de primera instancia señaló que “dada la indiscutible, elemental e irrenunciable importancia que tiene la Naturaleza, y teniendo en cuenta como hecho notorio o evidente su proceso de degradación, la acción de protección resulta la única vía idónea y eficaz para poner fin y remediar de manera inmediata un daño ambiental focalizado.” Por cierto, este caso -como otros muchos- no prosperó.

Casi a diez años de aprobada la Constitución se alcanzó un logro notable. La decisión de la Corte Provincial de Justicia de Azuay de suspender en segunda instancia la minería en Río Blanco, tomada el 3 de agosto del presente año, fue histórica (Acosta 2018g). La larga lucha de las comunidades de la zona, en particular de Molleturo en la provincia del Azuay, va dando frutos. Poco a poco la resistencia de los comuneros fue creando conciencia en la provincia y especialmente en su capital, provocando una potente reacción en la Asamblea Ciudadana por la Defensa del Agua y los Páramos de Cuenca. Fue un triunfo histórico en contra de la avalancha extractivista encabezada por la ministra de Minería y por el entonces ministro del Ambiente, algo que no sorprende si se considera su campaña a favor del extractivismo “responsable”, sea minero o petrolero . [7]

La sentencia ratificatoria reconoce la importancia de la zona al destacar la declaratoria d el Macizo del Cajas como parte de la red mundial de Reservas de Biósfera de la UNESCO , desde 2013. Esta inclusión - como reconoce la sentencia - se debió a que el área tiene las condiciones físicas, biológicas y socioeconómicas que un espacio geográfico debe tener para acceder a dicha declaratoria y, por tanto, requiere protección. Esta Reserva de la Biosfera abarca las vertientes pacífica y atlántica de la Cordillera de los Andes y está conformada por las zonas núcleo, de amortiguamiento y de transición. Con una extensión total de casi un millón de hectáreas incluye territorio de las provincias de Azuay, Cañar, El Oro y Guayas. Es decir, posee páramos, humedales, manglares y ecosistemas marinos. Debido a sus condiciones geográficas y climáticas, en este territorio existe una exuberante diversidad biológica: en la zona núcleo se halla el Parque Nacional Cajas que posee 71 especies endémicas, de la cuales 16 son únicas de la zona. Además, hay una gran dinámica económica, incluyendo cultivos, plantaciones y actividades manufactureras. Se trata de una región con aproximadamente un millón de pobladores.

Esta ratificación sienta un precedente jurídico histórico al defender varios derechos constitucionales: Buen Vivir /sumak kawsay, Derechos Humanos, derechos territoriales y comunitarios, Derechos de la Naturaleza. Se reconoce que el Estado no garantizó el derecho a la consulta previa, libre e informada de comunidades indígenas y menos aún el consentimiento expreso en una región que resiste a la minería por más de 20 años; un hecho repetido en la mayoría de proyectos mineros del país.

Incluso se rescata el resultado del referéndum del 4 de febrero de 2018, cuando en la quinta pregunta se consultó si ¿Está usted de acuerdo con enmendar la Constitución de la República del Ecuador para que se prohíba sin excepción la minería metálica en todas sus etapas, en áreas protegidas, zonas intangibles y centros urbanos? El pronunciamiento favorable a esta pregunta fue contundente tanto a nivel nacional como en Molleturo (donde cerca del 70% de la población respondió SI). Un resultado que, según la sentencia, prohíbe sin excepción la minería metálica en las áreas protegidas. Y, como indica la misma sentencia, el Parque Nacional Cajas es un área protegida.

La sentencia avanza más en su razonamiento y establece la necesidad de superar el utilitarismo antropocéntrico y pasar a visiones biocéntricas, que constituyen la base de los Derechos de la Naturaleza . Desde su aprobación constitucional, la cristalización de estos derechos ha sido compleja, pero avanza, notando que estos derechos constituyen una puerta de entrada a otro mundo posible . Así, en dicho documento se establece que:

“Los derechos humanos reconocidos en distintos instrumentos internacionales e incluso dentro de las legislaciones internas de cada país, tuvieron en un momento determinado una visión completamente antropocéntrica del derecho ambiental. Pero hoy en día, se habla de otro tipo de posición del derecho ambiental con la denominada biocéntrica o ecocéntrica, la cual considera que el ser humano, no constituye el único ser que necesita protección y es importante. Todo ser vivo e incluso la propia tierra o naturaleza, son entidades que merecen respeto y protección por parte del sistema jurídico de un país. En este sentido se dice que el reconocimiento del derecho humano a un medio ambiente sano no tiene como único objetivo, otorgar al ser humano sus condiciones necesarias para su desarrollo de vida; sino que también a través de este reconocimiento lo que se busca es la conservación y protección del medio ambiente. La naturaleza debe ser vista como un conjunto en donde cohabitan distintos ecosistemas, seres vivos, recursos naturales, y el ser humano; quien es también parte de ese sistema y por lo tanto al ser parte de un todo, debe proteger el lugar donde vive; esta posición biocéntrica o ecocéntrica lo reconoce nuestra Constitución al otorgarle derechos a la naturaleza y al considerarlo al ser humano como parte de ella.”

La importancia de estos derechos rebasa nuestras fronteras. Y la sentencia sobre Río Blanco da un paso más que -sin duda- aumenta su significado histórico, al defender el derecho al Buen Vivir (Acosta 2018c) afirmando que

“no podemos pasar por alto que el Ecuador mediante la vigencia de la nueva Constitución decidió constituir una nueva forma de convivencia ciudadana en la diversidad pero en armonía, en la búsqueda del buen vivir (sumak kawsay), definido como: Sumak.- significa lo ideal, lo hermoso, lo bueno, la realización; y kawsay.- es la vida, en referencia a una vida digna, en armonía y equilibrio con el universo y el ser humano, en síntesis el sumak kawsay significa la plenitud de la vida ”.

Cabría añadir que este proyecto minero tampoco cumplió con el Mandato Constituyente número 6 , conocido como mandato minero, expedido en Montecristi el 18 de abril de 2008, y desde entonces arrancó el festín minero del siglo XXI (Acosta y Hurtado 2016) . En ese Mandato Constituyente -entre otros puntos irrespetados por el correísmo y el “morenismo”- se prohíbe toda minería que afecte fuentes y nacimientos de agua. Es decir, no puede haber minería en páramos, ríos, lagos y lagunas, humedales, manglares, selvas y bosques primarios… Algo vital pues, pues si se afecta agua y biodiversidad, se pone en peligro la vida de las comunidades.

Realmente éste es un triunfo importante. Es una forma potente de reconocer la fuerza del espíritu de Montecristi, el cual ha sido cuestionado desde sus inicios por conservadores de todo tinte ideológico. Conservadores que desde hace algunos años claman por una nueva constituyente; reclamo al que se suma el correísmo en retirada.

La sentencia de Río Blanco –sumada al lento proceso de descriminalización de los defensores de los Derechos Humanos y de la Pachamama, como sucede con los perseguidos en Saraguro- está en línea con otros triunfos de similar trascendencia registrados en este mismo tiempo. [8]

En síntesis, vivimos una hora histórica.

Más allá de los resultados de los procesos en los 25 casos registrados hasta la fecha que demandan los Derechos de la Naturaleza ante las cortes, el ejercicio que hace la sociedad es importante, pues plantea nuevos horizontes y geografías.

Algo más. Cabe destacar la visión de los Derechos de la Naturaleza como derechos universales, así fue la demanda planteada en Ecuador contra la empresa BP (British Petroleum), por la explosión e incendió en la plataforma Macondo y el posterior derrame sobre el Golfo de México (Acosta 2010) . Una empresa que no opera en el Ecuador y un Golfo que tampoco pertenece a su delimitación nacional, sin embargo, la argumentación presentada fue que la Naturaleza es una sola, tiene derechos y debe protegerse. A pesar de que se desechó la demanda, su solo planteamiento provocó importantes reflexiones.

Nuestro ejemplo se expande por el mundo.

En noviembre de 2016 al Río Atrato y su cuenca en Colombia ( Benöhr y González Astorga 2017 ) se le reconoció similares derechos por la Corte Constitucional: “la sentencia dictada por la Sala Sexta de la Corte Constitucional de Colombia es significativa porque proviene del máximo órgano de control constitucional del país sudamericano; que, además, goza de alto prestigio”, resalta el jurista Hugo Echeverría; igual sucedió más tarde en 2018 con la Amazonia colombiana; dos acciones realmente notables en un país en donde estos Derechos de la Naturaleza se conquistan con respuestas creativas de ámbito ciudadano. En 2016 la Corte Suprema de Uttarakhand en Naintal, al norte de la India, sentenció declarando que los ríos Ganges y Yumana son entidades vivientes. En marzo de 2017 el Río Whanganui en Nueva Zelanda fue reconocido como sujeto de derechos para que pueda presentarse en los estrados judiciales a través de sus representantes: el pueblo Whanganui iwi. En 2013, el Parque Nacional Te Urewera, también de ese país, fue reconocido como entidad legal con los derechos de una persona; si bien la tierra no tiene dueño, es manejada en conjunto por los pueblos Crown y Tuhoe. En Argentina, el senador Fernando Pino Solanas ha propuesto un proyecto de ley sobre los Derechos de la Naturaleza. Y así por el estilo, este tema se difunde por el mundo con creciente velocidad e intensidad.

Las luchas inspiradas en los Derechos de la Naturaleza, sobre todo luego de su adopción constitucional en Ecuador, se multiplican. Además, los Derechos de la Naturaleza de la Constitución ecuatoriana actúan como elemento para defender territorios indígenas fuera del país, como es el caso de la acción pública para impedir la construcción de la Hidroeléctrica en Bello Monte, Brasil. La demanda señaló que, teniendo como referente la Constitución de Ecuador, “podía ser más didáctico claro y oportuno aplicar los Derechos de la Naturaleza por la destrucción del territorio de Xingu”. [9]

A nivel subnacional, el condado de Tamaqua, Pennsylvania fue el primer municipio de EEUU en aprobar una ordenanza local reconociendo los derechos de la Naturaleza de existir, prosperar y evolucionar en 2006. Desde entonces más de 36 comunidades en los estados de Pennsylvania, Ohio, New Mexico, New York, Maryland, New Hampshire y Maine aprobaron ordenanzas similares que codifican los Derechos de la Naturaleza. En Nepal está en proceso una iniciativa para reconocer los derechos de la Naturaleza a través de una enmienda constitucional. De otro lado un grupo de ciudadanos norteamericanos presentó una demanda para que las Montañas Rocosas o el desierto de Nevada puedan demandar legalmente a individuos, corporaciones o gobiernos en EEUU.

Hay muchas propuestas emparentadas con este objetivo. Por ejemplo, están la Carta de la Tierra como intento decarta magna constitución del planeta , promovida en el entorno de las Naciones Unidas y de sus organizaciones desde el año 2000; o la Declaración Universal de los Derechos de la Tierra, impulsada por EnAct International: organización impulsada por Comac Cullinam, que ha trabajado por años sobre esta materia y tiene varios aportes al respecto. También la UICN reconoce la importancia de los Derechos de la Naturaleza en su resolución “La incorporación de los Derechos de la Naturaleza como punto focal de organización en la toma de decisiones de la UICN” adoptada en el Congreso Mundial de la Naturaleza 2012 de la UICN en Jeju. La Resolución invita a la UICN y a sus miembros a promover una Declaración Universal de los Derechos de la Naturaleza para reconciliarnos como seres humanos con la Tierra.

También aquí se puede destacar los avances y retrocesos bolivianos. Bolivia -en cuya Constitución no constan los Derechos de la Naturaleza- asumió un importante liderazgo, al menos en el discurso internacional. Desde el fracaso de la Cumbre (COP) de Copenhague en diciembre de 2009, el presidente Evo Morales convocó a la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, realizada en Tikipaya, cerca de Cochabamba, en abril de 2010.

Allí, a más de adoptar la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra (2010) , se planteó crear un tribunal internacional que sancione delitos ambientales. Más adelante, en julio del mismo año, Bolivia consiguió otro logro al declararse al agua como derecho humano fundamental en Naciones Unidas; algo ya conseguido en la Asamblea Constituyente ecuatoriana de 2007-2008. Como se ve, tal declaración universal sobre el agua, aunque no es de obligatorio cumplimiento, puede ser otro punto de referencia.

Debemos entender que las relaciones emancipatorias con la Naturaleza, entre la sociedad, géneros y generaciones, se construyen desde las prácticas sociales. Son patrimonio de las sociedades y, en su relación con el Estado, deben ser fortalecidas, protegidas y reconocidas para que no sean reprimidas. Las relaciones de armonía con la Naturaleza son ejercidas por muchos pueblos y personas. Son un proceso en construcción, que marca las pautas para asegurar otras formas de reproducción social, respetuosas de la Naturaleza y de las culturas, destinadas a formular demandas y crear otros imperativos.

El tránsito de objeto a sujeto de la Naturaleza ha empezado. Si en un pequeño país andino como Ecuador se dio un paso de trascendencia planetaria, motiva que en otras latitudes se comienza a debatir sobre el tema. Esta es una cuestión global, a todas luces.

Entonces, si estamos frente a una cuestión global, es hora de impulsar a nivel de Naciones Unidas la Declaración Universal de los Derechos de la Naturaleza (Acosta 2010) . Igualmente urgente es establecer un tribunal internacional para sancionar los delitos ambientales, contra las personas y la Naturaleza (Acosta 2014) .

En síntesis, la tarea pendiente es ardua. Hay que vencer tanto visiones miopes como resistencias conservadoras y prepotentes que esconden y protegen varios privilegios, a la vez que se construyen diversas y plurales estrategias de acción. La vigencia de los Derechos de la Naturaleza y de los inseparables Derechos Humanos exige la existencia de marcos jurídicos locales, nacionales e internacionales adecuados, considerando que estos temas atañen a la Humanidad en su conjunto; también atañen a otras teorías del derecho, que desafíen la propiedad privada, la gobernanza de una solo especie, a un sistema organizado para explotar la Naturaleza, y a todo lo que nos ha llevado a crisis ecológicas sin precedentes, en el marco de lo que se conoce como antropoceno, que en realidad debería considerarse como capitaloceno, sustentado en el faloceno y racismoceno (Acosta 2018d) .

La recepción de los Derechos de la Naturaleza, más allá de su incumplimiento en Ecuador, ha sido una suerte de advertencia y simultáneamente un mensaje que abre la puerta a respuestas de alcance civilizatorio.

Los pasos vanguardistas dados en la Asamblea Constituyente de Montecristi indican por dónde debemos empezar a construir una nueva organización social, si realmente se busca una opción de vida en respeto y convivencia dentro de la Naturaleza, garantizando una existencia digna a todo tipo de vida.

En la Constitución ecuatoriana de 2008, al reconocer los Derechos de la Naturaleza, es decir entender a la Naturaleza como sujeto de derechos, y sumarle el derecho a ser restaurada integralmente cuando ha sido destruida, se estableció un hito. Igual de trascendente fue incorporar al término Pacha Mama, sinónimo de Naturaleza, en tanto reconocimiento de plurinacionalidad e interculturalidad (Tortosa 2009) .

A lo largo de la historia, cada ampliación de derechos fue anteriormente impensable. La emancipación de los esclavos o la extensión de derechos a afroamericanos, mujeres y niños y niñas fueron una vez rechazadas por considerarse un absurdo. Se ha requerido que a lo largo de la historia se reconozca “el derecho de tener derechos”, lo cual se ha conseguido siempre con un esfuerzo político para cambiar las visiones, costumbres y leyes que negaban esos derechos. Es curioso que muchas personas, opuestas a ampliar estos derechos, no tienen empacho en entregar derechos casi humanos a las personas jurídicas… esa sí, una de las mayores aberraciones del derecho.

Esta aceptación de los Derechos de la Naturaleza es una fuente pedagógica potente, que supera el solo cumplimiento de normas constitucionales. Aunque, la compleja judicialización de dichas normas provocará, a no dudarlo, mayores espacios de apertura para producir conocimientos desde nuevos marcos conceptuales.

La liberación de la Naturaleza de la condición de sujeto sin derechos o de mero objeto de propiedad, exigió y exige, un esfuerzo político que la reconozca como sujeto de derechos. Asimismo, dicho esfuerzo deberá buscar la aceptación de que toda vida tiene el mismo valor ontológico en medio de la diversidad. Dotar de Derechos a la Naturaleza significa, entonces, alentar políticamente su paso de objeto a sujeto, dentro de un proceso centenario de ampliación de los sujetos del derecho. En síntesis, visto incluso desde un simple egoísmo ilustrado, la cuestión radica en rescatar el “derecho a la existencia” de la propia Humanidad. Aquí cabe la célebre frase de un gran filósofo racionalista del siglo XVII, el holandés Baruch de Spinoza (1632-1677) quien, en oposición con la actual postura teórica sobre la racionalidad, reclamaba que

“cualquier cosa que sea contraria a la Naturaleza lo es también a la razón, y cualquier cosa que sea contraria a la razón es absurda”.  

Lo que hacemos por la Naturaleza lo hacemos por nosotros mismos. Esa es la esencia de los Derechos de la Naturaleza desde una perspectiva de egoísmo ilustrado. Insistamos hasta el cansancio que el ser humano no puede vivir al margen de ésta, peor si la destruye. Somos Naturaleza, y siempre lo seremos. El Papa Francisco en su Encíclica Laudato Si (2015) es categórico:

“Nosotros mismos somos tierra. Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta (…) Cuando se habla de «medio ambiente», se indica particularmente una relación, la que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita. Esto nos impide entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y estamos interpenetrados.”  

Así, garantizar la vida de la Naturaleza es indispensable para asegurar la vida humana. Esta lucha de liberación, en tanto esfuerzo político, empieza por reconocer que el capitalismo destruye sus propias condiciones biofísicas de existencia en su desesperada búsqueda por acumular bienes materiales, capital y poder.

Aprendiendo de la diplomática boliviana para impulsar los Derechos de la Madre Tierra -que no tuvo una cristalización dentro de ese país- y la declaración sobre el agua en el seno de Naciones Unidas, con el fin de impulsar la Declaración de los Derechos de la Naturaleza se debería constituir un bloque de países comprometidos con el tema, que planteen estas luchas desde la colaboración y complementación internacional, considerando que tales acciones tomarán tiempo en cristalizarse. Y que, por tanto, estas acciones, con una diplomacia profundamente renovada y renovadora, deberían ser múltiples y plurales para sumar adeptos a la causa. Aunque, también es necesario que el compromiso de dicho bloque rebase los discursos y sea consistente con sus prácticas locales, incluso para motivar a la acción internacional. Basta ver que uno es el discurso del gobierno boliviano y otra muy diferente la práctica de un régimen extractivista que arrasa con la Pacha Mama y las comunidades.

Es evidente que no se trata solo de acciones gubernamentales. Sabemos que en no pocas ocasiones los cambios de gobierno desvían el rumbo trazado inicialmente o inclusive en los países proponentes puede declinar el interés por los proyectos iniciados. Eso exige que la sociedad civil, al liderar esta acción, proponga e incluso dirija actividades y campañas a nivel nacional e internacional. Este es un punto medular: la sociedad civil –en concreto los movimientos sociales y ciudadanos- debe mantener siempre la presión y no perder nunca la iniciativa.

Es preciso estudiar todas las opciones internacionales, conscientes de que no se puede esperar que una Declaración como la aquí propuesta dé resultados inmediatos. Los Derechos Humanos no nacieron plenamente desarrollados. Desde la Revolución Francesa en 1789, pasando por su Declaración Universal en diciembre de 1948, hasta la creación de mecanismos de exigibilidad internacional desde los años sesenta en adelante con sistemas regionales y universales de exigibilidad de derechos, fueron muchas las luchas y frustraciones acumuladas. Su diseño y aplicación implicaron e implican un esfuerzo sostenido. Y desde ahí cada nuevo derecho exige una compleja acción y lucha política junto con redoblados pasos diplomáticos. Así, el Derecho Humano a la educación y al trabajo, incorporado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, exigió un largo debate. Algo similar fue con el Pacto Internacional sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales o con la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.

En consecuencia, téngase presente lo difícil que es aceptar y ampliar -en la práctica- los Derechos Humanos, asumidos formalmente como un mandato universal ya en 1948. Esto, sin embargo, no condujo ni debe conducir al desaliento cuando aspiramos a nuevas ampliaciones de derechos. Se debe superar tradiciones que consideran como sujetos de derechos solo a quienes pueden reconocer qué es un derecho y ejercerlo directamente (desconociendo incluso a personas incapacitadas por diversas razones de asumir directamente esos derechos, pero que no están desprovistas de éstos).

Para avanzar en este campo urge generar varias propuestas estratégicas de acción para traducir los avances constitucionales, por ejemplo, en leyes, normas, indicadores y políticas. Se precisan –a nivel local, nacional, regional, global- respuestas específicas sobre agua, biodiversidad, patrimonio natural, ecosistemas, recursos naturales renovables y no renovables, así como sobre aspectos conceptuales de responsabilidad jurídica ambiental, tanto individual como colectiva.

Desde lo internacional la tarea es más compleja aún. La estricta vigencia de los Derechos de la Naturaleza exige crear marcos jurídicos e instancias internacionales adecuadas, como el ya mencionado tribunal internacional para sancionar delitos ambientales. Los problemas ecológicos atañen a toda la Humanidad.

Es mucho lo que se puede hacer desde la sociedad civil. Aquí cabe mencionar las acciones desplegadas por diversas organizaciones y personas de todos los continentes para constituir el Tribunal Internacional por los Derechos de la Naturaleza y de la Madre Tierra, cuyo empeño es profundizar la discusión de esta cuestión vital al tiempo que se prepara el terreno para construir un tribunal que haga realidad la sanción a las violaciones de estos derechos, seguramente afincado en el seno de Naciones Unidas. Este es un espacio ético que trabaja por hacer realidad dichos derechos y que cada vez repercute más en el ámbito internacional.

En definitiva, si la Naturaleza incluye a la Humanidad, sus derechos no están aislados de los Derechos Humanos, aunque tampoco se reducen a estos. Inversamente, los Derechos Humanos como el derecho al trabajo, a la vivienda o a la salud deben entenderse en términos ecológicos. Esto exige reconceptualizar los Derechos Humanos de forma ecológica profunda y transversal, pues la destrucción de la Naturaleza niega la existencia humana y, por tanto, los Derechos Humanos serían imposibles. Así, la justicia ecológica y la justicia social se complementan: la una no es posible sin la otra.

Los Derechos Humanos y los Derechos de la Naturaleza, que articulan una “igualdad biocéntrica”, unos derechos bioculturales, un derecho salvaje (como lo denomina Cormac Cullinan), una propuesta desde “lo común”, aun siendo analíticamente diferenciables, se perfeccionan y conforman una suerte de “derechos de y a la vida”. Por eso, los Derechos de la Naturaleza, imbricados cada vez más con los Derechos Humanos, conminan a construir democráticamente sociedades sustentables, a partir de ciudadanías plurales pensadas también desde lo ecológico.

En suma, requerimos un mundo reencantado alrededor de la vida, abriendo diálogos y reencuentros entre los seres humanos, en tanto individuos y comunidades, y de todos con la Naturaleza, entendiendo que todos formamos un todo: en definitiva, hablar y defender la Naturaleza es hablar y defendernos a nosotros mismos.

 

5. Diez años después, hemos avanzado... pero la tarea está pendiente

“Mañana tal vez tengamos que sentarnos frente a nuestros hijos y decirles que fuimos derrotados.

Pero no podremos mirarlos a los ojos y decirles que viven así porque no nos animamos a pelear.”

-Mahatma Gandhi

Aún falta hacer un balance crítico sobre la situación actual y el impacto de la Constitución en la sociedad ecuatoriana. Lo cierto es que -desde su aprobación- ésta ha sufrido y sufre reiteradas violaciones. Ejemplos claros son: la “metida de mano a la justicia” en mayo de 2011 impulsada por Correa, vía una consulta inconstitucional; los también inconstitucionales cambios a la Constitución en diciembre de 2015, retirados luego en 2018 a través de la misma Corte Constitucional que aceptó los cambios de 2015 y que nunca estuvo a la altura del espíritu de Montecristi; la gran cantidad de leyes y disposiciones atentatorias a la Constitución, empezando por la ley de minería en enero de 2009... Como ya dijimos, el gobierno que impulsó la Constitución devino en su mayor transgresor.

A Rafael Correa, el caudillo del siglo XXI, la Constitución de Montecristi le resultó una camisa de fuerza para sus apetencias de poder y una camisa de once varas ante su incapacidad para cumplir con los cambios profundos propuestos en esa carta magna, tal como pasó con la cuestión de la Plurinacionalidad, el Buen Vivir y los mismos Derechos de la Naturaleza.

De hecho, hay muchos más temas que merecen analizarse. Entre los que no puede faltar un debate sobre si la Constitución es el origen del régimen autoritario de Correa: hay varios puntos cuestionables en la Constitución, incluyendo aquellos que consolidan tradicionales estructuras y prácticas presidencialistas, pero tampoco podemos ser ingenuos y explicar el autoritarismo del correísmo por el presidencialismo reforzado de la Constitución… la calentura no está en las sábanas. Tampoco podemos centrarnos solo en lecturas desde el populismo y el caudillismo, buscando explicaciones en la persona del caudillo del siglo XXI. Requerimos lecturas estructurales, como aquellas asociadas a la modalidad de acumulación primario-exportadora: en dicha modalidad de acumulación, de prácticas extractivistas, encontramos las raíces de una economía y un Estado rentísticos, una sociedad clientelar y profundos rasgos de autoritarismo y corrupción ( Acosta, Cajas-Guijarro 2017 ) en la gestión del gobierno: ¡A más extractivismo, menos democracia!, es evidente.

Eso deja claro que una Constitución garantista no asegura en la práctica que las instituciones y el gobierno sean consecuentes con los postulados constitucionales, ni tampoco que la Constitución sea la herramienta clave para engendrar al autoritarismo. La realidad no se escribe con una Constitución, sino al revés. Las personas no gozan de los derechos constitucionales solo por estar consagrados en el texto constitucional, ni tampoco ganan poderes especiales por el mero hecho de que éstos se encuentren escritos en el papel. La vigencia de la Constitución -para bien o para mal- es un aspecto que debe disputarse desde la lucha política concreta.

 

Si bien una Constitución no cambia la realidad, su conocimiento y vigencia contribuyen a modelarla. Por eso, para que su cumplimiento genere confianza, cohesión social e institucionalidad se precisa una sociedad en marcha, empoderada de su Constitución, que haga realidad el cumplimiento de sus derechos y garantías, y que cumpla con sus obligaciones. Y también, como parte de ese empoderamiento, se necesita que la misma sociedad cuestione a la Constitución y vea todo aquello que necesite mejorarse y superarse. De nuevo, la sociedad debe disputar la vigencia y perfeccionamiento permanente de su Constitución.

Justo a esa disputa aporta el Buen Vivir -en tanto filosofía de vida- como base para construir un proyecto liberador y tolerante, sin prejuicios ni dogmas. Y ahí ya tenemos una primera tarea concreta: hacer que en la Constitución ya no exista esa ambigüedad entre Buen Vivir y «desarrollo». Pues, reiteremos, el Buen Vivir es un proyecto que, al sumar muchas historias de resistencia y de propuestas de cambio, al nutrirse de experiencias diversas, se posiciona como inicio no del “desarrollo” sino de la construcción en democracia de una sociedad radicalmente democrática.

 

Alberto Acosta es ex-Presidente de la Asamblea Constituyente de Montecristi.

 

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[1]   Economista ecuatoriano. Profesor universitario. Ex-ministro de Energía y Minas. Ex-presidente de la Asamblea Constituyente. Ex-candidato a la Presidencia de la República.

NOTA: El autor agradece los valiosos aportes y sugerencias del doctor Ramiro Ávila Santamaría y del economista John Cajas-Guijarro.

[2] El “Sí” obtuvo 63,93% de los votos; el “No” 28,1%; los votos nulos fueron 7,23% y los blancos 0,75%. Se recomienda leer el Informe Final sobre el Referéndum Constitucional Aprobatorio de Ecuador del 28 de septiembre de 2008, elaborado por el Centro Carter, 25 de octubre de ese año .

[3] Del prólogo del libro Ramiro Ávila Santamaría (2011); El neoconstitucionalismo transformador – El estado y el derecho en la Constitución de 2008.

[4] Basta ver la discusión propuesta por el autor de estas líneas en su libro El Estado como solución , ILDIS, Quito (1998), tanto como la discusión posterior del tema en diversos textos: 2007, 2008, 2009, 2010… Sin tratar de negar las fallas de dichos textos, cabe anotar que hay que ubicarlos en los correspondientes momentos políticos, sobre todo al inicio de enfrentamiento al Estado mínimo de la ideología neoliberal. Por cierto un paso sustantivo da el autor en el artículo: “Repensando nuevamente el Estado ¿Reconstruirlo u olvidarlo”, varios autores, América Latina: Expansión capitalista,   conflictos sociales y ecológicos (2018a) , Universidad de Concepción, Chile.

[5] La lista de textos existentes crece. Basta ver la enorme acogida por parte de autores/as y lectoras/as que tiene la Serie Debate Constituyente, que edito con Esperanza Martínez, y que ya tiene una veintena de títulos como se aprecia en la bibliografía. Igualmente se podría mencionar, como ejemplo simbólico de este creciente interés, la realización anual del Día del Buen Vivir (der Tag des Guten Lebens) instalado desde hace seis años en la cuarta ciudad alemana: Colonia (Köln) y cuyo ejemplo se expande aceleradamente.

[6] Algún momento cabría recordar los detalles de algunos debates constituyentes donde se avanzó con mecanismos y apoyos suigéneris, como la misma aprobación de los Derechos de la Naturaleza, proceso en el que “intervino” el gran pensador uruguayo Eduardo Galeano (2008) . Basta recordar ese célebre artículo “La Naturaleza no es muda”, del que podemos extraer, entre otras, la siguiente idea fuerza: “La Naturaleza tiene mucho que decir, y ya va siendo hora de que nosotros, sus hijos, no sigamos haciéndonos los sordos. Y quizás hasta Dios escuche la llamada que suena desde este país andino –Ecuador-, y agregue el undécimo mandamiento que se le había olvidado en las instrucciones que nos dio desde el monte Sinaí: Amarás a la Naturaleza, de la que formas parte”. (Sobre esta cuestión se puede consultar en Acosta 2015).

[7] Como en muchos otros emprendimientos mineros, el punto medular radica en que al proyecto aurífero Río Blanco, uno de los cinco proyectos considerados “estratégicos”, se le impulsó atropellando derechos a diestra y siniestra. Es decir, se impuso la minería en contra de las comunidades, sin importar las afectaciones a la Naturaleza (Sacher 2018). La violencia no es consecuencia, sino condición necesaria para la minería. Estas son normalmente actividades impuestas sin considerar sus impactos nocivos, sean sociales, ambientales, políticos, culturales e incluso económicos. Lo vemos en otros lugares del país: Cordillera del Cóndor en Morona Santiago y Zamora Chinchipe; Intag en Imbabura.

[8] Otro caso importante se registró también en la Amazonía. El juez de la Unidad Multicompetente del cantón Gonzalo Pizarro, provincia de Sucumbíos, falló en agosto de 2018 a favor de la comunidad Cofán Sinangoe y la Defensoría del Pueblo de Sucumbíos, que interpusieron una Acción de Protección para frenar la minería de oro en su territorio. El juez, como se puede leer en la respectiva sentencia , declaró, entre otros puntos a más de las afectaciones a la Naturaleza, la vulneración del derecho a la consulta previa, libre e informada, disponiendo la inmediata suspensión de todas las concesiones mineras otorgadas a la fecha en ese territorio, además de las que están en trámite, y que ocupan más de 31 mil hectáreas aledañas al parque Nacional Cayambe Coca y al territorio de la comunidad Cofán. Otra resolución judicial histórica es la de la Corte Constitucional del Ecuador , expedida el 27 de junio y dada a conocer el 10 de julio del año 2018. La Corte rechazó la acción de protección interpuesta por la transnacional Chevron-Texaco ratificando la sentencia en su contra por daños sociales y ambientales ocasionados en la Amazonía ecuatoriana ( Beristain, Rovira, Fernández 2010) durante el tiempo que operó entre 1964 y 1992. La transnacional petrolera está obligada a pagar una indemnización de 9.500 millones de dólares. Con esta resolución se cierra la batalla jurídica en las cortes ecuatorianas. Desde hace 25 años las comunidades indígenas y de colonos afectadas por la transnacional vienen exigiendo justicia, en un proceso lleno de cortapisas por parte de la empresa en contubernio con gobiernos ecuatorianos , incluyendo el gobierno de Correa (Alerta Verde 170, 2014). Es una lucha que continua en instancias internacionales y que llegaría, como habrían afirmado los directivos de la empresa –según Pablo Fajardo, uno de los abogados históricos de los afectados-, hasta lasfronteras del infierno . Con este proceso, más allá del fallo adverso en el Tribunal de Arbitrajes de la Corte de la Haya, se construye paso a paso lo que constituye –como lo anoté en 2011- “un triunfo de la Humanidad ”.

[9] AÇÃO CIVIL PÚBLICA AMBIENTAL com Pedido de Liminar em face de: Norte Energia S/A (NESA) – concessionária de Uso de Bem Público para exploração da UHE Belo Monte, CNPJ/MF 12.300.288/0001-07, com sede no Setor Bancário Norte, Quadra 02, Bloco F, Lote 12, salas 706/708 (parte), Edifício Via Capital, Brasília/DF, CEP 70.041- 906.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=247244