Qué Mundo

Diciembre 2016

Sin la tramposa y decadente democracia representativa.

 

 

 

 

SITUACIÓN/ CRISIS CIVILIZATORIA / ALTERNATIVAS

 

 

 Situación

 

Pongamos en discusión de una mayoría creciente de los diversos de abajo sin fronteras a la democracia representativa y a concepciones de la izquierda reformista como la siguiente:

La clase de Davos selló el destino de Estados Unidos

 

12 de noviembre de 2016

Por Naomi Klein (La Jornada)

Le echarán la culpa a James Comey y la Oficina Federal de Investigaciones (FBI). Le echarán la culpa a la supresión del voto y al racismo. Le echarán la culpa a Bernie y a la misoginia. Le echarán la culpa a los otros partidos y a los candidatos independientes. Le echarán la culpa a los grandes medios por darle una plataforma, a las redes sociales por ser un altavoz y a Wikileaks por sacar los trapitos al sol.

Pero todo esto no toma en cuenta la fuerza más responsable de crear la pesadilla en la cual estamos bien despiertos: el neoliberalismo. Esa visión del mundo –encarnada por Hillary Clinton y su maquinaria– no le hace competencia al extremismo estilo Donald Trump. La decisión de poner a competir a uno contra el otro es lo que selló nuestro destino. Si no aprendemos nada más, ¿podemos por favor aprender de este error?

Esto es lo que necesitamos entender: mucha gente está dolorida. Bajo las políticas neoliberales de desregulación, privatización, austeridad y comercio empresarial, sus estándares de vida han caído drásticamente. Han perdido sus empleos. Han perdido sus pensiones. Han perdido buena parte de la seguridad social que permitía que estas pérdidas fueran menos aterradoras. Ven un futuro aún peor que su precario presente.

Al mismo tiempo, son testigos del ascenso de la clase de Davos, una ultraconectada red de multimillonarios de los sectores banquero y tecnológico, líderes electos por el voto popular que están terriblemente cómodos con esos intereses, y celebridades de Hollywood que hacen que todo se vea insoportablemente glamoroso. El éxito es una fiesta a la cual no fueron invitados, y muy dentro de sí mismos saben que esta creciente riqueza y poder de alguna manera está conectada con sus crecientes deudas e impotencia.

Para la gente que asumía la seguridad y el estatus como un derecho de nacimiento –sobre todo los hombres blancos–, estas pérdidas son insoportables.

Trump le habla directamente a ese dolor. La campaña del Brexit le habló a ese dolor. También lo hacen todos los partidos de extrema derecha en ascenso en Europa. Responden a ese dolor con un nacionalismo nostálgico y un enojo contra las lejanas burocracias económicas, ya sea Washington, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, la Organización Mundial del Comercio o la Unión Europea. Y, claro, responden a él atacando a los inmigrantes y las personas de color, vilipendiando a los musulmanes y degradando a las mujeres. El neoliberalismo de élite no puede ofrecer algo contra ese dolor, porque el neoliberalismo dio rienda suelta a la clase de Davos. Gente como Hillary y Bill Clinton son el brindis de la fiesta de Davos. De hecho, ellos la organizaron.

El mensaje de Trump fue: Todo está del demonio. Clinton contestó: Todo está bien. Pero no está bien: está lejos de estarlo.

Las respuestas neofascistas a la desenfrenada inseguridad y desigualdad no se van a ir. Pero lo que sabemos de los años 30 del siglo pasado es que lo que hace falta para enfrentar al fascismo es una izquierda verdadera. Se le podría quitar buena parte del apoyo a Trump si hubiera una auténtica agenda de redistribución sobre la mesa, que enfrente a la clase multimillonaria con algo más que retórica y que use el dinero para un nuevo pacto verde. Un plan de este tipo podría crear una oleada de empleos sindicalizados bien pagos; llevar recursos y oportunidades, tan necesarios, a las comunidades afroestadunidenses e insistir en que quienes contaminan paguen para que los trabajadores vuelvan a ser capacitados y sean incluidos en este futuro.

Podría crear políticas que luchen, a la vez, contra el racismo institucional, la desigualdad económica y el cambio climático. Podría enfrentar los malos acuerdos comerciales y la violencia policiaca, y respetar a los pueblos indígenas como los protectores originales del territorio, el agua y el aire.

La gente tiene derecho a estar enojada, y una poderosa agenda de izquierda, intersectorial, puede canalizar ese enojo adonde debe estar, mientras lucha por soluciones holísticas que unifiquen a una crispada sociedad.

Una coalición así es posible. En Canadá comenzamos a construirla bajo la bandera de una agenda popular llamada El Manifiesto Dar el Salto, suscrito por más de 220 organizaciones, desde Greenpeace Canadá a Las Vidas Negras Importan-Toronto y algunos de nuestros mayores sindicatos.

La impresionante campaña de Bernie Sanders avanzó en la construcción de una coalición de este tipo, y demostró que hay hambre de un socialismo democrático. Pero al inicio la campaña falló en conectar con votantes latinos y negros de mayor edad, quienes son el sector demográfico que más sufre con nuestro actual modelo económico. Esa falla no dejó que la campaña alcanzara su máximo potencial. Esos errores pueden ser corregidos, y una audaz y transformadora coalición ya está ahí para construir sobre ella.

Esa es la principal tarea por delante. El Partido Demócrata necesita ser arrebatado de manos de los neoliberales pro empresariales o ser abandonado. Desde Elizabeth Warren a Nina Turner, a los egresados de Ocupa que llevaron la campaña de Bernie a escala supernova, este el más fuerte conjunto de líderes progresistas, promotores de una coalición, que haya habido en mi vida. Estamos llenos de líderes, como dicen muchos en el Movimiento por las Vidas Negras.

Así que salgamos del shock lo más rápido posible y construyamos un movimiento radical que tenga una auténtica respuesta al odio y al miedo que representan los Trumps de este mundo. Hagamos a un lado lo que sea que nos separa y comencemos ahora mismo.

Naomi Klein es autora de This Changes Everything

(Thischangeseverything.org). @NaomiAKlein

Este artículo se publicó en The Guardian

http://www.jornada.unam.mx/2016/11/11/opinion/022a2pol

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=219065

 

 

Es fundamental superar la visión del futuro que hay en el capitalismo distributivo o la socialdemocracia y de su viabilidad presente. También confiar en el capitalismo de China y examinar qué está concretando:

 

 

Todos a bordo del mundo post-TTP
14 de diciembre de 2016

 

 

 

Por Pepe Escobar (Fundación de la Cultura Estratégica)

Un apretón de manos no muy efusivo entre el presidente de EEUU, Barack Obama y el presidente de Rusia, Vladimir Putin, antes y después que conversaran "durante unos cuatro minutos", de pie, en el marco de la cumbre de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Lima, Perú, captó a la perfección el melancólico declive de la era de Obama.

En una breve retrospectiva, la díscola relación entre Obama y las "amenazas existenciales" de Rusia y China lo incluye todo, desde el Maidan en Kiev patrocinado por Washington hasta el "Assad se tiene que ir" en Siria, con una mención especial para la guerra de precios del petróleo, las sanciones económicas, las agresiones contra el rublo, la demonización de Putin y todo lo que sea ruso, las provocaciones en el Mar del Sur de China –todo eso hasta el floreado final con la muerte del muy alardeado tratado Asociación Trans-Pacífico (TPP), lo que fue reconfirmado en la APEC inmediatamente después de la elección de Donald Trump.

Fue casi demasiado doloroso ver a Obama defender su no precisamente espectacular legado en su última conferencia internacional de prensa, irónicamente con el telón de fondo de la costa sudamericana del Pacífico, justo cuando el presidente chino Xi Jinping disfrutaba muy a gusto de su aura geopolítica, algo que ya comparte con Putin. En cuanto a Trump, aunque invisible en Lima, estaba en todas partes.

El entierro ritual en aguas del Pacífico peruano del "brazo mercantil de la OTAN" y del pivote hacia Asia (anunciado pro primera vez en el mes de octubre del 2011 por Hillary Clinton) le proporcionó a Xi la plataforma perfecta para agitar los méritos de la Asociación General Económica Regional (AGER) ampliamente apoyada por China.

La AGER es una ambiciosa idea que apunta a convertirse en el más grande acuerdo de libre comercio del mundo: 46% de la población mundial, con un PIB combinado de 17 billones de dólares y el 40% del comercio mundial. La AGER incluye a diez naciones de la ASEAN más China, Japón, Corea del Sur, India, Australia y Nueva Zelanda.

La idea AGER nació hace cuatro años durante una cumbre de la ASEAN celebrada en Camboya y ha sostenido hasta el momento nueve rondas de negociaciones. Curiosamente la idea inicial vino de Japón como un mecanismo para modificar una plétora de acuerdos bilaterales que la ASEAN había logrado con sus socios. Pero ahora China está a la cabeza.

La AGER es también la piedra angular del Área de Libre Comercio de Asia-Pacífico, concepto que fue introducido durante una reunión de la APEC en Beijing por, quién más, China con el objeto de convencer a países cuyo principal socio comercial es China y alejarlos de la idea del TPP.

La AGER e incluso el ALCAP no constituyen un nuevo conjunto de normas comerciales ultra extensivas (fraguadas por corporaciones multinacionales norteamericanas) sino la ampliación de acuerdos existentes entre la ASEAN e importantes naciones de noreste asiático, el sur de Asia y Oceanía.

No son necesarios experimentados meteorólogos para darse cuenta en qué sentido los vientos del Pacífico están soplando. Perú y Chile ya están a bordo para unirse a la AGER. Y Japón, que estuvo negociando el TPP hasta el último aliento, ahora se dirige también a la AGER.

El Sultán entra en acción

Mientras tanto Putin y Xi se reunieron una vez más y Putin reveló que visitará China la próxima primavera para profundizar la participación de Rusia en la Nueva Ruta de la Seda, también conocida como Una Faja, Una Ruta (UFUR). El objetivo final será la fusión de la UFUR encabezada por China con el desarrollo de la Unión Económica Euroasiática (UEE) encabezada por Rusia.

Ese es el espíritu de los 25 acuerdos inter gubernamentales sobre inversiones económicas y en la industria nuclear firmados por el primer ministro ruso, Dmitry Medvedev, y el primer ministro chino, Li Keqiang, a comienzos de noviembre en la ciudad de San Petersburgo así como también la organización conjunta de un Fondo de Inversiones Rusia-China.

En paralelo, casi caído del cielo y de un solo plumazo, el presidente de Turquía, Tayyip Erdogan, de regreso de su visita a Paquistán y Uzbekistán confirmó lo que ya era evidente durante los últimos meses. "¿Por qué Turquía no debería estar entre los Cinco de Shangai? Se lo comenté al Sr. Putin, a Nazarbayev (el presidente kazajo) y a aquellos que conforman actualmente los Cinco de Shangai. Yo creo que si Turquía ingresa a los Cinco de Shangai esto los capacitaría para actuar con mucha mayor facilidad."

Esta bombam, por supuesto, se refiere a la Organización de Cooperación de Shangai que se formó el año 2001 como los Cinco de Shangai –China, Rusia y tres países de Asia Central: Kazajstán, Kirguizistan y Tayikistán, ingresando posteriormente Uzbekistán- como un bloque de seguridad contra los Salafistas-jihadistas y contra el narcotráfico proveniente de Afganistán.

Con los años, la OCS ha evolucionado aún más convirtiéndose en un mecanismo de cooperación e integración de Asia. India, Paquistán, Irán, Afganistán y Mongolia son observadores. India y Paquistán podría decirse que serán aceptados como miembros con todo derecho durante el 2017, seguidos también por Irán. Desde el año 2013 Turquía y Bielorrusia son "interlocutores".

El astuto Erdogan hizo su apertura hacia la OCS haciendo hincapié en que Turquía no necesitaba ingresar a la Unión Europea "a toda costa". Ese aspecto ha sido más que evidente desde que Erdogan sobrevivió al golpe de estado del mes de julio pasado y ha desatado una durísima represión, que ha horrorizado a Bruselas (donde las negociaciones sobre el ingreso de Turquía a la UE ya llevan once años y ahora se encuentran totalmente paralizadas). Francia, la potencia número dos de la UE después de Alemania, inevitablemente las va a seguir bloqueando con independencia de quién sea elegido presidente el próximo año.

Si Turquía ingresase en la OCS, a largo plazo, junto con Irán, India y Pakistán, representaría un nuevo e importante enclave para la integración Euroasiática, en tanto la OCS se está progresivamente vinculando con la UFUR, la UEE, el Fondo de Inversiones de la Ruta de la Seda de China, el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (BAII) e incluso con el nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS, el cual comenzará financiando proyectos de los miembros para luego expandirse hacia otras naciones en el Hemisferio Sur. Moscú y Beijing recibirían a Ankara con los brazos abiertos.

Cualesquiera que sean los contornos de la política exterior de Trump hacia China y Asia, la integración euroasiática continuará inalterable. China está desarrollando su propio pivote tanto interno como externo lo cual implica la modificación de sus políticas financieras, fiscales e impositivas para promover el consumo en el comercio minorista, la salud, los deportes y los viajes en paralelo con el impulso de la UFUR a través de toda Eurasia, en todas sus formas, con el objeto de solidificarse como la superpotencia económica.

El TPP –o brazo comercial de la OTAN en su versión asiática— es sólo un rasguño en una larga y serpenteante ruta. El diálogo sobre el Mar del Sur de China avanza lentamente evitando la confrontación que ha sido fomentada durante todo el gobierno de Obama.

Durante la APEC, Xi también se reunió con el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, e hizo un llamado para que China y Filipinas desarrollen la cooperación marítima. Un resultado práctico de esto es que los pescadores filipinos continuarán teniendo acceso al Scarborough Shoal, espacio de abundante pesca dentro de la zona económica exclusiva de las Filipinas (ZEE) y que ha estado bajo control chino desde el año 2012. Beijing también se comprometió a ayudar a los pescadores filipinos en industrias alternativas como la acuacultura.

Lo llaman Asociación Trans-Mar del Sur de China.

http://www.strategic-culture.org/news/2016/11/24/all-aboard-post-tpp-world.html

Traducido para el CEPRID (www.nodo50.org/ceprid) por María Valdés

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=220419

En consecuencia, quienes nos identificamos con la «izquierda plural» (o revolucionaria por asumir las luchas de la diversidad abajo sin fronteras por justicia social y libertad e igualdad de derechos humanos) debemos generalizar la discusión en los pueblos planetarios de que sus necesidades e intereses son incompatibles con el sistema capitalista mundializado bajo hegemonía sea de EE.UU. o de China. Es instalar la deliberación popular sobre, por ejemplo, de:

 

 

 

La realidad postelectoral no puede ser atribuida al voto mayoritario  y es crucial la percepción de (conocimiento y posicionamiento respecto a) la democracia representativa.

 

 

Trump, un cambio de estrategia del capitalismo
14 de diciembre de 2016

 

 

 

Por Antonio Lorca Siero (Rebelión)

Desde la época del capitalismo burgués, el ejercicio político prácticamente ha sido encomendado a profesionales de la política, salvo en casos puntuales que surgen como anécdota, simplemente para alimentar la voluntad de poder individual, no satisfecha con la distinción basada en la pertenencia a la clase superior. El capitalismo ha dirigido los hilos durante siglos, situándose en la trastienda del negocio, a través de empleados fieles a la doctrina, permitiendo que vuelen libremente dentro de los límites fijados por el sistema. La cuestión es que, si gozan de un cierto grado de libertad positiva y habida cuenta del significado asignado al ejercicio del poder oficial, ¿no sucederá que acaben por gobernar con independencia? Para evitarlo, ya desde aquella época, se construyeron dos sólidas limitaciones al ejercicio de la voluntad de poder -antes había una meramente simbólica, a la que Maquiavelo llamó razón de Estado-, se trataba del sometimiento a las normas del ordenamiento jurídico y pasar por el sufragio periódico -no necesariamente por sus resultados-. Con lo que la posibilidad de caminar por libre se estrechaba.

Por otra parte, el arraigo del sentido institucional frente al personalismo, convirtió al Estado en soberano del ejercicio político, es decir, en empleador de los políticos. De ahí que su actividad se haya centrado, primero, en acceder a un puesto en el organigrama mediante la lucha de partidos y, segundo, en hacerlo vitalicio. En contraprestación se les abona un salario digno. El acceso responde a las estrategias ideológicas propias de la lucha política, con la mirada puesta en el ejercicio del poder. La conservación pasa por la habilidad del individuo para reaccionar ante las circunstancias cambiantes y adaptarse a ellas. De todo esto le queda el poder personal residual que aún permite satisfacer la voluntad de poder. En tales condiciones, la actividad del político aparece definida en términos de burocracia, su patrón es el Estado, los individuos, sus administrados u objeto sobre el que ejerce el poder, mientras que el capitalismo y las masas se definen en el sistema como sus jefes. No hay que dar al término burócrata un sentido peyorativo porque no lo tiene, ya Weber dejó meridianamente claro que burocracia en sentido técnico, si bien acusa el problema de la lentitud, suele ser segura y eficaz.

La política burocratizada viene siendo la representación de la tendencia seguida por la política práctica a lo largo de los dos últimos siglos, auspiciada por un capitalismo centrado en dirigir la actividad económica, pero en el presente parece intuirse un cambio de postura por parte del capitalismo dirigente. Una de las causas que se puede apuntar es que el proyecto de mundialización de la economía, en el que el capitalismo basa sus recursos, se ha desbordado de los cauces previstos. El vender y especular sin limitaciones, arrasando cuanto se presenta como obstáculo o explotando lo que pueda ser objeto de explotación, ha llevado al capitalismo a entregarse a la irracionalidad desde el punto de vista de los espectadores, aunque sea simple racionalidad para sus intereses. Las masas reclaman regulación, y la burocracia de los Estados hegemónicos, influenciada, de un lado, por el interés electoral y, de otro, por la conservación del estatus político, ha mostrado cierta disposición a llevarla a la práctica. Esto supone aumentar las funciones del aparato estatal. Tales funciones han superado las primitivamente asignadas al Estado guardián del orden, asumiendo demasiadas competencias con la creación del Estado benefactor, todavía más al ascender a la condición de Estado moderador. La consecuencia para la política es que maneja un operativo colmado de funciones, lo que deriva en un incremento de ese poder residual.

En conclusión, ponderando su dependencia electoral y las atribuciones asumidas, empieza a ser un riesgo para el capitalismo, aunque todo su funcionamiento esté en manos del capital financiero. Como el eje de la política, los partidos, depende para su financiación del capital -entre otras dependencias que no es menester considerar ahora-, en este punto no habría problemas de fidelidad. Sin embargo, los mismos argumentos que en su día surgieron para limitar la voluntad del poder -el Derecho y la democracia representativa-, hoy se presentan como obstáculos para el capitalismo. La racionalidad jurídica no puede ser disfrazada, tiene que descender al terreno real, donde encuentra las bases para su funcionamiento, y aquí se exige poner límites a la sinrazón capitalista. Las masas, conforme progresan en calidad de vida, se vuelven menos tolerantes en algunos puntos y reclaman, además de bienestar, coherencia. Ambos resultan ser un problema que pesa sobre la dependencia a través de la financiación, porque son un componente decisivo a los efectos de mantenerse en activo como político percibiendo la nómina mensual y obteniendo los réditos personales del ejercicio del poder residual. En conclusión, la política burocratizada ya no tiene motivos para ser servil en exclusiva con el capitalismo, porque seguramente ponderen más los resultados de las urnas que el dinero.

En la política global, basada en la publicidad empresarial y la cultura industrializada, de la que hablaba Habermas, se ha recaído en la práctica de las creencias, frente a las tesis de racionalidad y utilidad que estableció el capitalismo. Pero las masas, aun contando con la ilustración dirigida desde la propaganda gubernamental, a veces despiertan del letargo, movidas por la realidad existencial que, por otra parte, no le interesa gran cosa al gran patrón si no ofrece rendimiento directo. Tal es el caso de tener que compartir la tarta del bienestar con extraños en el plano nacional. Si el tema se airea y azuza por los ideólogos contestatarios -ahora se llaman de derechas-, que aspiran a ocupar posiciones en el organigrama estatal como ejercientes del poder, aparecen los primeros signos de oposición a la política oficial. En definitiva de lo que se trata, primero, es de tener los beneficios derivados de la globalización, siempre que sean directamente perceptibles para el Estado-nación y no se dilapiden por el Imperio; segundo, se exige que tales beneficios repercutan sólo en los nacionales -estar fuera para lo malo y dentro para lo bueno-. La crisis de la idea imperial dirigida por la burocracia tiene un primer exponente práctico en los resultados del brexit. Aunque sin duda calculada por el capitalismo, a la política le cogió por sorpresa y ha dejado tocado una parte del poder residual asumido con la práctica del neoliberalismo, pero el capitalismo aspira a más que una simple llamada de atención a la política burocratizada.

Parece que el capitalismo no está por la labor de dejarse conducir por veleidades políticas de los que basan su poder en la dependencia de la nómina estatal. Inevitablemente la acción tiene que partir del Estado hegemónico desde el que se ejerce la realidad imperial, sede de la elite del poder capitalista, para que surta efectos a nivel global. Sus nacionales han votado y al final han descubierto el resultado de la votación. Estamos ante esa realidad dominante expresada en el caso Trump, en el que el capitalismo ha bajado a la arena política y ha descolocado a la política oficial. En primer término, ha situado en la escena electoral a uno de los suyos, un capitalista de clase, es decir, ya no se trata del político profesional asalariado del sistema, sino de un representante directo del poder real. Para reafirmar su posición como capitalista, el presidente electo no oculta su condición y la confirma renunciando a su salario como futuro presidente de USA e incluso, ya por una cuestión de imagen, deja aparcada su condición de capitalista ejerciente en tanto mantenga la presidencia. Finalmente, su equipo se nutre de aquello que Wright Mills llamaba la elite del poder. El capital que se decía estaba con su rival político, resulta que ahora celebra en Wall Street, como nunca lo ha hecho, el triunfo del candidato elegido. Pese a lo dicho, no puede evitarse que surja una duda ¿será realmente un cambio de estrategia del capitalismo para poner orden frente al avance de la burocracia política del Imperio?

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=220408

 

 

La realidad de cada país planetario y de todos exige romper con la lógica electoral porque es efectiva en la subsunción de las grandes mayorías al capitalismo. Implica el desafío, abajo y a la izquierda, de generalizar la superación de debates locales y coyunturales que silencian e invisibilizan las grandes contradicciones del sistema con la vida y la dignidad humana de los pueblos y sus componentes. Es tiempo de discutir sobre:

 

 

 

Trump, la tendencia neoautoritaria y la crisis de la época del capitalismo

6 de diciembre de 2016

Por Luís Arizmendi (Rebelión)  

 

La vuelta de siglo ha comenzado haciendo estallar la crisis epocal del capitalismo. Una crisis de alcances mucho mayores que la Larga Depresión del siglo XIX y la Gran Depresión del siglo XX. La crisis de sobrefinanciamiento, que empezó en el segundo quinquenio del nuevo siglo, pusó al descubierto el inicio de una crisis de sobreproducción de impactos globales. Sin embargo, esta crisis es irreductible a una crisis cíclica de sobreacumulación. Constituye una crisis epocal porque desde la convergencia de diversas crisis, pero ante todo desde la crisis ambiental mundializada, conforma en sí misma una era. Sus orígenes pueden rastrearse varias décadas atrás y tiende a prolongarse todo el resto del siglo. La crisis mundial alimentaria comenzó en 2007-2008. La pobreza que no era mundial, se tornó pobreza global a partir de 1990. Una década después de que el Banco Mundial la empezara a medir para diseñar programas de combate contra los pobres, la ONU la reconoció al hablar del “desafío de los slums”. La crisis ambiental mundializada comienza más atrás. Con el informe del Club de Roma puede periodizarse su comienzo en 1972. El “cambio climático” está regido por un trend que apunta a desestabilizar amenazadoramente el proceso de reproducción de la sociedad global todo el siglo XXI, incluso más allá. 

El proyecto de capitalismo de Donald Trump debe ser evaluado ante la crisis epocal y sus tendencias. En ese marco, consigue identificarse mejor su significado histórico para EU y el mundo. En la vuelta de siglo, dos tendencias formalmente contrarias han jaloneado entre sí por definir el sentido del complejo tiempo de transición en que se encuentra inserto el capitalismo mundial. Una tendencia ha propugnado por conformar lo que puede reconocerse como un genuino liberalismo del siglo XXI. Ha adquirido diferentes formas de expresión convocando a enfrentar el hambre mundial, la pobreza global, la crisis ambiental, la transición energética y los derechos humanos con base en intervenciones del sistema de Estados que retrocedan ante la devastación social y natural generada en las últimas décadas. Asume que se ha llegado muy lejos en la ofensiva lanzada y que la acumulación capitalista enfrentará desestabilizaciones inmanejables si se sigue esa marcha.

Sin embargo, frente y contra el liberalismo del siglo XXI, una tendencia neoautoritaria le ha cerrado paso. Se niega a retroceder y apunta a reconfigurar el capitalismo global imponiendo trayectorias que, con tal de maximizar la tasa de acumulación, no se detengan en agudizar la devastación de los fundamentos de la vida social-natural y de la civilización. El proyecto de capitalismo de Donald Trump de ningún modo corresponde al liberalismo del siglo XXI. Conforma un obstáculo rígido caracterizarlo como neokeynesiano y puramente como proteccionista. Su propuesta de elevar el estándar de vida de la clase trabajadora americana se inserta en la violación de los derechos humanos y la confrontación de los distintos destacamentos étnicos de la clase trabajadora internacional. De su propuesta de un acuerdo de paz entre EU y Rusia deriva, sin duda, la promoción de una nueva geopolítica mundial para el siglo XXI. Si bien de modo directo neutraliza los riesgos de una guerra nuclear entre potencias, sin embargo, apunta a que el siglo XXI sea un siglo de apuntalamiento del poder militar nuclear. Su arribo a la Casa Blanca puede hacer que el periodo 2017-2020 detone un grave impacto en los siguientes 10 mil años del “planeta azul”.

El aferramiento neoautoritario al patrón energético basado en petróleo y gas agudiza el trend del sobrecalentamiento planetario hacia el colapso climático. Con todo lo que significa en términos de propulsión hacia guerras por la disputa de los yacimientos de energía fósil, de devastación de los países pobres mayormente vulnerables, de ecomigraciones y confrontación entre distintos conglomerados sociales por los recursos naturales y el agua en el marco de la agudización de la crisis ambiental mundializada. 

“Make America great again” es un eslogan que representa un proyecto, indudablemente confuso pero intransigente, de reconfiguración del capitalismo estadounidense y de su poder geopolítico para la disputa por la hegemonía mundial. Apunta a impactar no sólo en la relación del capitalismo estadounidense con la clase trabajadora americana, sino a integrarla agresivamente en la tendencia neoautoritaria por mantener a EU en la cumbre del poder planetario. Incuba violencia político destructiva creciente como postura histórica ante la crisis de nuestra era. El proyecto de capitalismo de Donald Trump personifica la tendencia neoautoritaria del capitalismo del siglo XXI. 

II Al concluir el siglo anterior, Carl Amery publicó un libro con un título de incuestionable vigencia: ¿Auschwitz comienza el siglo XXI? Hitler como precursor. Una obra que convoca a ser recibida como una advertencia: los mayores peligros ante la crisis epocal del capitalismo no conducirán hacia la reedición puntual del proyecto de la Alemania hitleriana, sino a su relanzamiento a partir de su metamorfosis histórica. El neonazismo no contiene necesariamente antisemitismo, sin embargo, no por eso deja de ser neonazismo. En el marco de diversas trayectorias que pueden seguirse, el nazismo está emergiendo nuevamente, pero como tendencia hacia el neonazismo. Cuando, ante los impactos de la crisis del 29, Karl Korsch teorizó la “contrarrevolución fascista” unidimensionalizó la integración de la clase trabajadora al nazismo alemán. Denunció la negación de las necesidades emancipatorias de los dominados modernos, con el nazismo presentándose al reves, es decir como presunta versión del socialismo basada en la expansión del Estado nacional, pero no visibilizó que el nacional-socialismo no fue sólo un engaño ideológico. Que su fundamento material lo conformó el entrecruzamiento, trágico pero profundo, de necesidades del capitalismo alemán con necesidades inmediatas de la clase trabajadora germana.

La desconexión de las necesidades inmediatas respecto de las necesidades históricas de la clase trabajadora alemana constituyó una desconexión esencial sine qua non para la existencia misma de la Alemania hitlerianaPara el capitalismo alemán, la “guerra relámpago” (blitzkrieg) contra los países de Europa era el medio para la integración de su “espacio vital”. La construcción del Grossraumwirtschaft, esto es del área económica amplia, apuntaba a volver realidad por primera vez el proyecto de una paneuropa, pero en tanto subordinada a la disputa del Estado hitleriano por la hegemonía mundial. Hitler buscaba impedir el posicionamiento definitivo de EU como hegemón. El proyecto de unificación violenta de Europa debía llevar invariablemente a invadir la URSS, buscando dotar a la Alemania nazi de un espacio geoeconómico suficiente para contender por el poder planetario. Logró la incorporación de la clase trabajadora germana porque al imponer la subordinación nazi a otros Estados, se avanzaba para contrarrestar no sólo la crisis del capitalismo alemán, sino el impacto de la crisis en esa misma clase trabajadora. Incluso, los integrantes de la alta jerarquía del partido nazi pudieron escalar y reposicionarse temporalmente como miembros de la burguesía a partir de apropiarse de las fábricas expropiadas en los Estados invadidos. La complicidad inexcusable pero efectiva de la clase trabajadora germana con el proyecto del Grossraumwirtschaft hitleriano conformó su estrategia de sobrevivencia ante la crisis del 29. En el marco de la disputa por los recursos económicos, la clase trabajadora alemana asumió la violencia político destructiva en su confrontación con los distintos destacamentos nacionales de la clase trabajadora europea.

El nazismo siempre hace de la bellum omnum contra omnes un medio esencial de desarrollo de su poder político.  Sin duda, la crisis epocal del capitalismo del siglo XXI está trayendo de regreso un escenario similar en EU y Europa. Si la ultraderecha europea empieza a ganar elecciones en 2017, la tendencia neoautoritaria podría abrirse paso desde los dos lados del Atlántico. A través de discursos políticos islamofóbicos, latinofóbicos, xenofóbicos, racistas, misóginos o abiertamente neonazis, esa tendencia ya tiene forma de expresión en el Partido de la Libertad en Austria, el Partido por la Libertad en Holanda, el UKIP en Gran Bretaña, el Fidesz en Hungría, Ley y Justicia en Polonia, el Partido Popular Danés, el Partido del Progreso en Noruega, y Alternativa para Alemania, a los que hay que agregar la alt-right americana –que recibió el desenlace de las elecciones con un “Heil Trump”–. Tienen en común un electorado racista blanco, de bajo nivel educativo, que pretende poner fin a la tolerancia religiosa, la integración pluriétnica, los derechos de las mujeres y terminar con las instituciones presentes para retornar, por la fuerza, a otras de un pasado imaginariamente glorioso. No es mera retórica que Le Pen vea en la victoria de Trump el “principio de un nuevo mundo”. 

El “efecto Trump” no es pura creación de los mass media, aunque ciertamente le brindaron una enorme proyección como presunto “outsider impugnador del establishment. Representa la absorción del descontento y el rechazo social a los impactos de la crisis contemporánea, pero para recanalizarlo hacia una reconfiguración cada vez más amenazante del ejercicio del poder político y del poder planetario. En este sentido, lo decisivo no reside en si Donald Trump representa hic et nunc el doble político exacto del proyecto de Estado de Hitler o Mussolini. El peligro emerge de que personifica la tendencia neoutoritaria más radical como falsa salida ante la crisis epocal del capitalismo del siglo XXI. El “huevo de la serpiente” al que aludiera Ingmar Berman está de regreso. 

III No ha sido casual que una de las fuerzas centrales del discurso político de Trump haya consistido en la promulgación cínica del adiós a la promesa del progreso para todos con la modernidad capitalista. No obstante, su proyecto no lleva la formulación de que en la modernidad americana la opulencia y el confort han ingresado en un colapso irreversible, más bien plantea que para que puedan garantizarse para unos cuantos, tendrá que admitirse el dolor y la exclusión –tendencialmente incluso la eliminación– de muchos más. 

El arribo de Trump a la Casa Blanca personifica un proyecto de capitalismo que tiene como uno de sus principales puntales la agresiva confrontación interétnica pero también intraétnica de los trabajadores modernos. Pero su sentido histórico reside no sólo en promover el cercenamiento de diversos conjuntos de la pluspoblación internacional, también apunta a llevar más lejos la sobre-explotación global de la fuerza de trabajo. México está colocado en primera fila en el proyecto de Trump por un capitalismo crecientemente ofensivo con la clase trabajadora internacional. La amenaza de la deportación de 2 millones de indocumentados mexicanos, tratados xenofóbicamente como si fueran criminales, encubre que en los hechos se está apuntando a imponer una sobre-explotación aún más agresiva, propiamente brutal, sobre los otros 9.5 millones de chicanos en EU. Sobre-explotación significa que se viola las leyes de la modernidad capitalista porque se roba salario a los trabajadores. Se ejerce de forma permanente o estructural sobre los migrantes indocumentados en EU, pero con Trump podría ser duplicada. A la sustracción de valor al salario de los indocumentados mexicanos por los capitales privados, podría sumarse la sustracción de valor desde el Estado. Las leyes internacionales serán violadas si se impone el robo de las remesas para financiar la construcción del Muro del Río Bravo, que anuncia horrores peores que los del Muro de Berlín.

Si el siglo XXI no aprende de la oscuridad del siglo XX. Será el símbolo par excellence de la tendencia a la conformación de un Estado de excepción, del proyecto de estatuir como ley la violación de las leyes. De llevarse a cabo, la incautación del envío de remesas significará un fuerte golpe para la clase trabajadora mexicana, que cuenta con el salario mínimo más bajo en siete décadas. De acuerdo a BBVA Research, México se ubica en el quinto lugar de países que más remesas reciben en el mundo. Después de India, China, Filipinas y Francia. La aglomeración de población internacional sobrante en la frontera propulsará la intensificación de la pobreza y, por tanto, el reclutamiento de fuerza de trabajo para la economía criminal. Crecerá la economía ilegal, la trata de blancas y la esclavización de mujeres –que ya constituye el segundo canal de acumulación de renta criminal en México–. Más de 200 años después de su promulgación por Miguel Hidalgo, la prohibición de la esclavitud en México es letra muerta. La trata de blancas constituye la nueva forma de esclavitud moderna en el siglo XXI. 

IV A partir del surgimiento del Estado neoliberal, a principios de los ochenta, México ha desplegado tres formas de acumulación por desposesión, que se sobreponen y no son simplemente sucesivas. De 1982 a 1988, estrenó una forma de acumulación por desposesión que en Argentina, en el sexenio previo, requirió la presencia de una dictadura militar. En México, sin dictadura, una enorme sustracción de valor al salario nacional se impuso como fuente de financiamiento de una enorme deuda externa. Desde ahí, la acumulación por desposesión por servicio de la deuda llegó para quedarse. Medida como proporción del PIB, excluyendo reservas internacionales y tenencias en oro, México se ubica como la octava economía más endeudada del orbe. De 1988 a 2006, como resultado de ser el único país en aplicar al pie de la letra el Consenso de Washington durante décadas, México transitó a una nueva forma de subordinación centro/periferia: la subordinación global. Todos los núcleos estratégicos de los diversos sectores de la economía nacional (innovación tecnológica, petróleo, gas, alimentación, banca, etc), pasaron a ser internamente subordinados por el capital transnacional. Estas dos formas de acumulación por desposesión masificaron la pobreza hasta impactar al 80% de la población. Específicamente desde 2006, el país transitó hacia una tercera forma de acumulación por desposesión: emergió el capitalismo necropolítico. Una configuración del capitalismo que, con base en la economía criminal, hace de la política de muerte fundamento de nuevos modos de acumulación imponiendo violencia decadente y abusos insólitos. Con el capitalismo necropolítico la renta criminal ha diversificado sus fuentes de modo insospechado: producción y mercado negro de drogas, trata de blancas, tributo criminal por circulación de mercancías y personas, tributo ilegal por operación de comercios y restaurantes, incluso por ocupación de casa habitación. Producto de la impunidad sobre el caso de Ayotzinapa, se abrió más el abanico de la renta criminal, pasando a incluir esclavización de niños, mercado negro de órganos, matrimonio servil y experimentación biomédica ilegal.

El capitalismo necropolítico edificó la acumulación por desposesión basada en violencia decadente. Ha hecho de México el país del continente americano con mayor número de personas en esclavitud. El proyecto de Estado de Trump conducirá a una creciente violación de derechos humanos en los dos lados de la frontera del Río Bravo. Como el flujo de migrantes indocumentados proviene desde Centroamérica, profundizará el impacto de la violencia decadente a lo largo de todo el territorio –que ya ha de México un país de fosas comunes clandestinas–. Aunque por su acelerada integración al lavado internacional de dinero, México nunca ha recibido los duros cuestionamientos que la ONU le dirigió a Colombia, es el país con más denuncias ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El proyecto de capitalismo neoautoritario latinofóbico de Trump, sin duda, propiciará el recrudecimiento del capitalismo necropolítico en México. 

V El TLC volvió a México un prototipo de dependencia energética, dependencia alimentaria y dependencia financiera. Aproximadamente, 75% de las exportaciones mexicanas se realizan hacia EU. La reproducción global del capitalismo mexicano opera entrecruzada sobremanera con el capitalismo estadounidense. La desindustrialización estratégica como fundamento de un tributo permanente hacia EU impactó, ante todo, a PEMEX. México es el único país con yacimientos petroleros que tan sólo cuenta con 6 refinerías. No invierte en petro químicas, por eso, se encuentra inserto en el círculo vicioso de una dependencia artificial: exporta petróleo barato a EU para importarle gasolina cara.

Entre los países petroleros, Venezuela cuenta 24 refinerías, Japón con 31, Rusia con 41, China con 51 y EU con más de 130. La subordinación global de México a EU no ha traído únicamente desindustrialización estratégica en el sector energético. Mientras en Irak hizo falta una guerra para entregar los yacimientos energéticos al capital transnacional, en México se hizo aplicando “reformas estructurales” neoliberales. La renta petrolera está reorganizada para operar no como renta nacional, sino cada vez más como tributo transnacional a favor de EU. Desde el TLC, la gran industria mexicana fue despedazada para ser sustituída por una gran maquiladora internacional. Después del petróleo crudo, las principales exportaciones de México son automóviles, piezas repuesto, camiones de reparto, televisores de pantalla plana, smartphones, computadoras, aparatos de radiofrecuencia, café y plata. Es inexistente un proyecto de desarrollo tecnológico y energético que asuma el relanzamiento de la soberanía nacional.

La subordinación global ha generado desindustrialización y desfinanciamiento estratégicos en ramas clave de la economía mexicana. El desfinanciamiento estratégico del campo golpeó drásticamente la autoproducción nacional de alimentos. El alza de los precios internacionales de los alimentos ha puesto al descubierto la grave vulnerabilidad mexicana. México ha transitado de ser un país ejemplar en el ejercicio de la soberanía alimentaria en el siglo XX, a ser un prototipo de dependencia alimentaria en el siglo XXI. Según datos del USDA, de principios de los ochenta a nuestros días, México pasó de una tasa de 10% a una de 46% en la importación de los alimentos. Para el año 2025, México podría depender de la importación de maíz estadounidense en prácticamente un 50%. A lo que se suma que, pese a el rescate bancario, prácticamente 95% de la banca es extranjera en México. Lejos de operar como banca de desarrollo, funciona como banca de acumulación por desposesión. Centrada en la sustracción de valor al salario nacional, a partir de crédito al consumo y préstamos por nómina, transfiere ganancias mayores para los bancos extranjeros que las que ellos obtienen en sus países de origen. La subordinación energética, alimentaria y financiera como principales expresiones de la subordinación global de México a EU, revelan la enorme ventaja que EU ha obtenido con el TLC. El ultimátum renegociación o abandono del TLC, sin dejar de ser retórica, es un arma internacional. El capital estadounidense ya domina prácticamente todos los núcleos estratégicos de la economía mexicana, pero es insaciable. Quiere más.

El proyecto de capitalismo neoautoritario va a llevar a Trump a no abandonar la subordinación global, sino a buscar imponer una asimetría comercial aún más ofensiva. Buscará que México se mantenga irrestrictamente abierto a las mercancías y el capital de EU, pero que EU cierre autoritariamente el acceso a las mercancías mexicanas, según convenga económica o políticamente incumplir lo ya firmado en el TLC. La renegociación del TLC podría producir recesión en la economía mexicana. El crecimiento del desempleo, el cierre de empresas, el aumento de la pobreza y el golpe a las remesas van a agudizar los impactos de las tres configuraciones de la acumulación por desposesión. México está convocado a asumir la compleja transición de reinventarse. A diversificar su juego de intercambios con el mercado mundial y sus potencias. A trascender la subordinación global asumiendo estratégicamente el desarrollo de la soberania nacional para contrarrestar todas las formas de acumulación por desposesión. En ese marco, México podría luchar por la soberanía sobre sus recursos naturales y levantar un Muro de agua en el Río Bravo. A fines de 2017, vence el tratado pactado con EU para “compartir” agua del Río Colorado y del Río Bravo. Arizona y Nevada dependen vitalmente de ese tratado ampliamente asimétrico. Ahí se producen 15% de los alimentos de EU. 

Lo que el proyecto neoautoritario de Trump no visibiliza es que EU ejerce la subordinación global sobre México, pero México tiene posibilidades efectivas para poner en práctica diversas políticas defensivas. Eso requeriría un gobierno contrahegemónico fuerte. Ser un México soberano ante la crisis epocal del capitalismo y su tendencia neoautoritaria es el gran reto histórico del México del siglo XXI. 

VI La postura latinofóbica de los votantes blancos de la América rural o de los trabajadores afectados por la migración de empresas que se deslocalizan no constituye la única base social de apoyo a Trump desde la clase trabajadora. Aunque obtuvo una amplia preponderancia en los estados donde la población blanca es superior a la media nacional, atrajo la preferencia de 1 de cada 5 de los votantes más pobres (es decir, con salarios inferiores a los 30 mil dls anuales). Y, más aún, atrajo 3 de cada 10 votos tanto entre latinos como entre asiáticos. Un giro sumamente relevante en las preferencias electorales que arrebató votos cruciales al Partido Demócrata. La complejidad de la atracción de la clase trabajadora americana hacia Trump de ningún modo se descifra suficientemente aludiendo a un retorno reaccionario pero simple al racismo clásico de la modernidad americana. El voto que otorga la victoria a Trump no expresa solamente el regreso al racismo basado en el fanatismo ético de la blancura de la raza.

Aunque deriva de él, en tanto los blancos europeos se encargaron de la mundialización capitalista y sus conquistas, la victoria de Trump proyecta la presencia de un “racismo” de otro orden, ejercido por poblaciones no blancas, como un fenómeno xenofóbico muy peculiar: la blanquitud. Blanquitud es el concepto que inventó Bolívar Echeverría para designar aquellas formas de bellum omnium contra omnes al interior de los dominados modernos que, reproduciendo la virulencia del racismo clásico, no responde al color de la piel ni a la identidad nacional o religiosa. Es un término que da cuenta de una reconfiguración violenta de la lucha moderna de clases que absorbe las luchas por la liberación social, abriendo nuevos espacios de acción a sujetos anteriormente excluidos pero no para dar un paso adelante en las luchas emancipatorias, sino para asimilarlos como sujetos integrados a la legalidad del poder capitalista. Absorber y vencer las luchas por la liberación social es su sentido. La blanquitud en diversos conjuntos étnicos es la expresión por excelencia de la crisis del american dream y su asunción violenta de que el confort y el progreso ya no son universalizables. La tendencia neoautoritaria que personifica Trump es peligrosa porque estimula confrontaciones inter-etnicas pero también intra-étnicas en acuerdo a la disputa por los recursos artificialmente escasos. Los latinos y asiáticos que cuentan con derechos de ciudadanía votaron por el ejercicio de la latinofobia contra sus propios connacionales indocumentados o por la islamofobia apoyando la presunta “guerra contra el terrorismo” en Medio Oriente. El proyecto de capitalismo neoautoritario de Trump da forma a un complejo caleidoscopio político que combina y sobrepone la xefonobia clásica de los blancos racistas americanos con la blanquitud de los latinos y asiáticos americanizados.  

VII Trump representa el intento de lanzamiento de una nueva geopolítica mundial para el siglo XXI. Su apuesta reside en una estrategia inédita de disputa por la hegemonía mundial resquebrajando o incluso quebrando la alianza ente Rusia y China. En la medida en que el mayor contendiente a hegemón global es China, una alianza EU-Rusia podría imprimirle un giro radical al “gran tablero de ajedrez” geoestratégico global. Pero existen profundos intereses económicos y resistencias políticas que se oponen desde dentro del establishment americano a una alianza ruso-americana. Trump significa la colisión de dos contrastantes proyectos geopolíticos para EU en el nuevo siglo. Lo único positivo, pero crucial, del boceto geoestratégico de Trump reside en que su proyecto de un pacto político inédito de paz con Rusia revierte la amenaza del inminente estallido de una guerra nuclear entre potencias. El insensato cerco logístico de las fuerzas militares de EU sobre las fronteras de Rusia y el despliegue del escudo de antimisiles de la OTAN, la construcción de enormes búnkeres anti-nucleares en Moscú para escudar a millones de personas, la promulgación de una ley rusa para suspender el pacto de reconversión de plutonio militar en combustible, los recientes desarrollos de nuevas armas nucleares rusas y coreanas, además de los preparativos de una guerra con China, son factores estratégicos que sustentan expresiones como las que realizó hasta el Papa cuando afirmó que “vivimos una Tercera Guerra Mundial por fragmentos”. 

La devastación no constituye una contingencia sino una necesidad intrínseca a la acumulación capitalista global. La devastación se torna una necesidad mayor para el capitalismo en tiempos de crisis. Sin embargo, puede adquirir configuraciones históricas sumamente diferentes y contrapuestas. Aunque Diana Johnston tiene razón cuando señala, en The queen of chaos, que el proyecto geopolítico de Clinton conducía directamente a la guerra nuclear entre EU y Rusia, es un grave error eximir a la tendencia neoautoritaria con Trump de riesgos de una conflagración atómica internacional. Ciertamente, existe una profunda relación entre el calentamiento global y el calentamiento global nuclear, pero no como la formula Trump. El abandono del acuerdo de la Cumbre de París tendría un doble impacto en el trend de la crisis epocal del capitalismo del siglo XXI. Radicalizaría desmesuaradamente la persecución esquizoide del capitalismo estadounidense por maximizar su tasa de acumulación buscando vencer a China en la disputa por la hegemonía imperial, sin detenerse ante la amenazadora devastación que acarrea el sobrecalentamiento planetario, incluso sobre la continuidad histórica del capitalismo mundial.

El proyecto fosilista de Trump desde la Casa Blanca puede levantar un impacto de larga duración para el siglo XXI, anulando toda posibilidad de impedir que el “caos climático” se desboque. En el fondo, la tendencia neoautoritaria y su aferramiento temerario al patrón petrolero constituye una falsa salida a la crisis epocal del capitalismo. El más radical peligro de la crisis epocal emerge del entrecruzamiento del trend de la crisis ambiental y la crisis alimentaria. El sobrecalentamiento planetario ha puesto en marcha la amenaza de la transición de una escasez espuria o artificial en la actual crisis alimentaria global hacia una escasez absoluta, que puede generarse por creciente devastación de los cultivos en el siglo XXI. Hacia el siglo XXII, el trend secular del caos climático podría llevar a una devastación de alcances equivalentes a guerra nuclear globalizada. Esos desenlaces no se definirán en el largo plazo. El corto período 2017-2020 podría pasar a la historia como el cuatrienio que tornó irreversible el trend secular del sobrecalentamiento planetario. A la par, el aferramiento de la tendencia neoautoritaria al capitalismo fosilista podría llegar a abrir al peligro, si no de guerra nuclear entre potencias, sí de guerra nuclear asimétrica. No se trata sólo de que entre los multimillonarios que financiaron la campaña de Trump se opongan radicalmente al acuerdo con Irán y promuevan una guerra nuclear con mini nukes. El patrón energético basado en energía fósil vuelve inevitable, como afirma Michael Klare, el binomio petróleo-sangre. En la era de la tendencia al agotamiento del petróleo, el capitalismo fosilista conduce implacablemente a disputas bélicas por las reservas estratégicas. Irán y Venezuela están en la mira de la tendencia neoautoritaria. Cuentan con las mayores reservas probadas de petróleo y gas natural. 

El discurso de campaña de Trump en el American Israel Public Affairs Committee (AIPAC) fue implacable. No es pura retórica política calificar a Irán como “el mayor patrocinador de terrorismo en todo el mundo”. Dejó claro que su principal aliado es Israel y lo apoyará totalmente como potencia económico-militar en Medio Oriente. Difícilmente una guerra nuclear asimétrica con Irán no desataría un efecto de arrastre bélico regional amplio e inestable. Siendo China el principal contendiente a la hegemonía global, ahora que ya es la tercera potencia militar, resulta geoestratégica la reciente alianza militar China-Irán. La triple alianza euroasiática Rusia-China-Irán era condición clave en la disputa oriental por la hegemonía global. Trump esta intentando abrir un complejo tiempo de transición. ¿Rusia estará dispuesta a redefinir su alianza con China e Irán en una nueva geopolítica global? 

La geopolítica neoautoritaria está dispuesta a admitir cierta ampliación del club de Estados nucleares. Incluso, exige mayor gasto militar de sus aliados, para no tener que financiar su defensa. Aunque el PIB de EU es menor al de la Unión Europea, triplica el gasto militar de todo el resto de la OTAN. Para mantener su liderazgo militar EU tiene que gastar 4% de su PIB anual, mientras la media en gastos militares para la OTAN se encuentra en el 1.28%. EU es sin parangón la máxima potencia militar global. Invierte en su poder militar, aproximadamente, 1000% más que Rusia. Sin embargo, el proyecto geopolítico de Trump se encuentra lejos de plantear reconvertir gasto militar en gasto civil. Solicitará al Congreso que apruebe la eliminación de todo límite legal al aumento en inversión militar. La geopolítica neoautoritaria apuesta a un siglo XXI nuclear: apunta a ampliar la lista de Estados con armas atómicas, llevando más lejos el poder de EU como máxima potencia capaz de producir un overkill atómico global. La crisis epocal del capitalismo ha hecho aparecer en el horizonte actual la potencialidad de una Tercera Guerra Mundial. Su amenaza inminente era directamente visible con Clinton. Ese peligro se posterga pero de modo incierto, sólo parece cambiar de forma con una nueva geopolítica mundial. Parafraseando a Amery, cabría preguntar: ¿Hirsohima comienza el siglo XXI? 
Luis Arizmendi, Director de la revista internacional Mundo Siglo XXI. 
 Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=220005

 

 

 Crisis civilizatoria

 

Pongamos en discusión de una creciente mayoría  de la diversidad de abajo sin fronteras a la manipulación del progresismo  y de izquierdas reformistas para que admitamos como verdad a la mentira:"En la última década, China ha desempeñado un rol estratégico en el crecimiento y progreso económico de América Latina y el Caribe. El desarrollo de nuevas formas de relacionamiento, de objetivos comunes y búsquedas compartidas, pero alejados de los viejos esquemas de dependencia, ha sido el pilar fundacional de los vínculos de cooperación bilateral entre el gigante asiático y la región". Leamos estos relatos:

 

China y América Latina en el nuevo reordenamiento mundial

24 de noviembre de 2016

Por Crismar Lujano (CELAG/Telesur)

 

En la última década, China ha desempeñado un rol estratégico en el crecimiento y progreso económico de América Latina y el Caribe. El desarrollo de nuevas formas de relacionamiento, de objetivos comunes y búsquedas compartidas, pero alejados de los viejos esquemas de dependencia, ha sido el pilar fundacional de los vínculos de cooperación bilateral entre el gigante asiático y la región. Es por ello que la tercera gira latinoamericana de Xi Jinping, Presidente de la República Popular China, iniciada el pasado jueves 17 de noviembre en Ecuador, se presentó como una oportuna ocasión tanto para destacar el compromiso con la región como para fortalecer el desarrollo de estas relaciones, no sólo en términos cuantitativos sino también cualitativos.

Relaciones Sur – Sur

China es el segundo mayor socio económico de América Latina. Esta posición de ventaja podría ser utilizada para condicionar las políticas económicas de los países de la región a cambio de apoyo financiero, tal y como lo hacen el grueso de los organismos internacionales de crédito. Sin embargo, la sintonía respecto a la gobernanza y el respeto mutuo sobre los asuntos internos de cada país, ha allanado en su lugar la construcción de un proceso abierto e inclusivo, sobre la base de un nuevo modelo de cooperación ganar-ganar.

En este sentido, no es de extrañar que el país asiático sea considerado como un puente hacia la transformación de la estructura de la matriz productiva de la región. Lo que China puede aportar no es solo comercio e inversiones centradas en compra y venta de recursos primarios. Transcurrida esta primera etapa de intenso acercamiento, el diseño de una nueva hoja de ruta además de lubricar los motores de la relación económica y financiera con Beijing, también debe vigorizar el intercambio integral en todas las áreas hacia la consolidación de un orden internacional más justo y equitativo capaz de quebrar el círculo vicioso de sumisión y subdesarrollo.

Gira latinoamericana de Xi Jinping

En el marco de esta gira, Ecuador fue la primera parada oficial. Xi Jinping fue recibido por su par ecuatoriano, Rafael Correa, quien calificó la visita como “la más importante” de un jefe de Estado en la historia de su país. Lógico si se tiene en cuenta que ambos gobiernos comparten más de 200 instrumentos de cooperación e inversión bilateral, siendo Ecuador el tercer receptor de financiación por parte de Beijing, después de Brasil y Venezuela.

La segunda, o primera, economía mundial; según como se le mida, financia proyectos de beneficio mutuo que sólo en 2015 superaron los 4 mil millones de dólares de inversión directa en los sectores petrolero, minero, infraestructura y energía. Las inversiones en esta última área, han fomentado la creación de más de 14 mil empleos directos. Por su parte, la balanza comercial de Ecuador también ha rendido ganancias de esta relación: desde 2011 las exportaciones ecuatorianas al país asiático han ido in crescendo en promedio de 30% anual.

El encuentro China – Ecuador se selló con la firma de 11 acuerdos de cooperación, la entrega de 150 millones de dólares no reembolsables para construir 400 viviendas y dos hospitales en la zona devastada por el terremoto del pasado 16 de abril, y la inauguración de la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, una mega obra de infraestructura que podrá generar más de 1500MW para abastecer de energía a todos los hogares de Ecuador, en la cual fueron invertidos 2.245 millones de dólares mancomunados con China.

La segunda escala de su visita a la región fue Perú. Luego de participar en la XXIV Cumbre del Foro de Cooperación Asia Pacífico (APEC), celebrado en Lima durante el fin de semana, el Presidente de China, extendió por un día más su permanencia en la capital peruana, a fin de tratar temas en materia de intercambio comercial con su homólogo peruano Pedro Pablo Kuczynski. Los gobiernos de ambas naciones suscribieron 18 acuerdos y un memorándum de entendimiento, que contempla la optimización del TLC vigente entre los dos países, cooperación de zonas industriales y fortalecimiento en el sector minero.

En Chile, tercera y última parada del periplo, el jefe de Estado chino suscribió 12 acuerdos y memorándums de entendimiento. Durante la ceremonia de la firma junto a la presidenta Michelle Bachelet en el palacio de La Moneda, sede del Gobierno chileno, Xi Jinping hizo un llamado a elevar las relaciones binacionales a la asociación estratégica integral y abrir una nueva página en los vínculos entre ambos países.

Si bien Venezuela no recibió la visita oficial del presidente chino, el país latinoamericano es actor clave de la agenda de cooperación China – América Latina. El mismo jueves iniciada la gira y mientras el presidente chino suscribía acuerdos en Ecuador, una delegación de la empresa china CNCP acordaba tras con la estatal venezolana PDVSA, un plan de inversión de 200 millones dólares para elevar la producción de petróleo conjunta a 227 mil barriles diarios extras en la faja petrolífera Hugo Chávez, así como la de otras empresas mixtas. De estos acuerdos, destaca la alianza para desarrollar el proyecto piloto de inyección alterna de vapor con lo cual se incrementará la producción de crudo extra pesado y la rehabilitación de 500 pozos de crudo liviano. Se trata pues, de una asociación sin otros objetivos que el de beneficio mutuo y ganancia compartida.

El compromiso chino con proyectos de gran alcance económico y social en América Latina es indicativo del avance de relaciones bilaterales cada vez más ambiciosas y transformadoras, y que llevadas de la mano con el desarrollo del tejido industrial de la región, serán capaces de generar cuantitativamente un mayor valor agregado y al mismo tiempo sustentar la integración cualitativa interregional. Si con la visita del presidente chino a Latinoamérica las relaciones bilaterales experimentan un nuevo impulso, la apuesta es entonces por la sincera diversificación y la superación de las asimetrías en el mismo grado de complementariedad.

(Este artículo ha sido realizado en colaboración con Telesur).

http://www.celag.org/china-y-america-latina-en-el-nuevo-reordenamiento-mundial/

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=219570

----

China echa raíces en América Latina

3 de diciembre de 2016

Por Hedelberto López Blanch (Rebelión)

La segunda economía del mundo, China, ocupa nuevos espacios en América Latina con la entrega de financiamientos en obras que ofrecen beneficios para las partes involucradas, tanto del gigante asiático como de las naciones de la región.

Desde que asumió el cargo en 2013, el presidente chino Xi Jinping ha viajado en tres ocasiones a la región lo que evidencia la importancia estratégica que Beijing le da a Latinoamérica.

En esta ocasión, Ecuador resultó la primera parada de Xi Jinping como parte de un recorrido efectuado por tres países de América del Sur (Ecuador, Perú y Chile), además de participar en Quito en el Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC).

Ecuador y China comparten más de 200 instrumentos bilaterales con inversiones en los sectores del petróleo, minería, infraestructura y energía y este país es el tercer receptor de financiación del gigante asiático en América Latina después de Brasil y Venezuela.

Más de 90 empresas están instaladas en el país y otras han diseñado las obras de infraestructura que abastecerán de energía a gran parte del país. La hidroeléctrica Coca Codo Sinclair con 1 500 megavatios y una inversión de 2 400 millones de dólares ha fomentado, junto a otros proyectos, puestos de trabajo para más de 14 000 personas.

La balanza comercial de Ecuador también se ha beneficiado de esta relación. Desde el 2011 las exportaciones hacia Beijing crecen al 30 % anuales y en el 2015 las inversiones directas superaron los 4 000 millones de dólares.

De Ecuador, Xi Jinping partió hacia Perú donde participó en el Foro Asia Pacífico y suscribió con esa nación, 18 acuerdos y un memorando de entendimiento entre los cuales se encuentra un mecanismo de diálogo estratégico sobre cooperación económica, la actualización del tratado de libre comercio entre las dos naciones, cooperación en zonas industriales y fortalecimiento en el sector minero.

El presidente chino ofreció sus buenos oficios para financiar un tren en América del Sur que vincularía a Brasil, Bolivia y Perú, es decir, del Atlántico al Pacífico.

Son formas de actuar y pensar diferentes que rompen estructuras del subdesarrollo para tratar de superar las asimetrías actuales.

Profundizar en el acuerdo de libre comercio que firmaron en 2004, resultó uno de los 12 acuerdos y memorandos firmados en Chile por la presidenta Michelle Bachelet y Xi Jinping. El mandatario de la nación asiática, en la tercera parada de su gira, declaró que han decidido juntos elevar las relaciones binacionales a la asociación estratégica integral y abrir una nueva página en sus vínculos.

El nuevo trato incluirá cooperación en la minería, agricultura, infraestructura, energías limpias y comunicación, además de simplificar los trámites para la emisión de visas de turismo, que quedaron exentas de pago.

Bachelet, subrayó que con China, actualmente el principal socio comercial de su país, existe una relación "madura, estable, que crece y se fortalece día a día"

El recorrido del presidente chino tuvo lugar en momentos en que una enorme incertidumbre se cierne sobre varias naciones latinoamericanas que mantienen estrechos lazos con Estados Unidos debido a varias declaraciones del presidente electo Donald Trump quien entre otras amenazas económicas, ha dicho que renegociará el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Para comprender cómo han cambiado las relaciones comerciales entre el gigante asiático y América Latina, estos datos son impactantes: China es hoy el principal socio comercial de Brasil, Chile y Perú y el segundo de México, Argentina y Venezuela. En los últimos 15 años el intercambio se multiplicó por 22.

A comienzos de 2015, en el primer Foro China-Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), efectuado en Beijing, Xi Jinping se comprometió a incrementar el comercio con la región a 500 000 millones de dólares e invertir 250 000 millones en el transcurso de la próxima década.

También el primer ministro Li Keqiang ha realizado visitas de negocios por la región y una de las más sobresalientes resultó cuando a mediados de 2015 estuvo en Brasil, Colombia, Perú y Chile, lo cual también consolidó las excelentes relaciones económico-comerciales con Latinoamérica.

Según un estudio realizado por las Naciones Unidas, en 2016, Beijing desplazará a la Unión Europea como el segundo socio comercial de Latinoamérica con 236 500 millones de dólares, siempre detrás de los Estados Unidos, aunque el centro de investigación China Policy Review, aseguró que en 15 años esa nación superará a Washington como el mayor socio comercial de la región.

Ya a mediados de 2016, ese país pasó a ser el principal prestamista de la región y superó a importantes mecanismos financieros como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), al Banco Mundial y al Banco de Desarrollo de América Latina.

Los beneficiarios de esos empréstitos han sido Venezuela con 56 300 millones de dólares, le siguió Brasil con 22 000 millones y Argentina, 19 000 millones, pero también resultaron importantes las entregas a Perú, Bolivia y Chile.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=219951

 

 

 

Evaluemos sólo una demostración concreta del capitalismo e imperialismo chino ejerciendo la criminalidad de lesa humanidad de envenenar las poblaciones a escala planetaria.

 

 

Carta abierta a Han Chang-fu, ministro de Agricultura de la República Popular China
28 de noviembre de 2016

Por Soberanía alimentaria

La empresa transnacional suiza Syngenta es una de las grandes productoras mundiales de semillas patentadas (incluyendo organismos genéticamente modificados) y de agrotóxicos, entre los que destaca el herbicida Paraquat. En febrero de 2016 se anunció la compra de Syngenta por parte de la empresa estatal china ChemChina, que representa la mayor parte de la industria agroquímica china y exporta al mercado mundial cantidades masivas de agroquímicos tóxicos, incluyendo el Paraquat.

Dicha adquisición se enmarca en los planes del gobierno chino para asegurar el suministro de alimentos a su población. En este contexto de seguridad alimentaria, el gobierno ha tomado medidas para regular el uso de productos y tecnologías que puedan plantear riesgos para la salud pública y el medio ambiente, como es el caso de plaguicidas como el Paraquat, cuya toxicidad ha sido recalificada por el Ministerio de Agricultura Chino de "medianamente tóxico" a "extremadamente tóxico", lo que supone una cuasi prohibición de su uso. Esta prohibición no ha sido acompañada de una prohibición de su producción, que se dedica principalmente a la exportación para su uso en otras partes del mundo, dañando la salud de quienes trabajan en explotaciones agrarias y de personas agricultoras, además del medio ambiente en estos países.

Por todo ello, un grupo de personas y organizaciones han escrito una carta al ministro de Agricultura de China solicitando un debate público sobre la compra de Syngenta, la clasificación del Paraquat y la prohibición de su producción en China para la exportación a otros países.

Para adherirte a esta petición, escribe a china @grain.org

Honorable Sr. Han Chang-fu, ministro de Agricultura de la República Popular China,

Acogemos con agrado la sugerencia del Ministerio de Agricultura de China el 9 de mayo de 2016 de reclasificar la toxicidad del plaguicida Paraquat de "medio tóxico" a "extremadamente tóxico" [i] así como las decisiones tomadas por su ministerio para prohibir el uso de todas las variantes de paraquat en China. [ii] Además, apreciamos que el Instituto para el Control de Agroquímicos (ICAMA) declaró correctamente que "el Paraquat no tiene antídoto específico, que su aplicación accidental es peligrosa y que la duración de la enfermedad es larga y dolorosa, y podría poner en peligro la vida". [iii]

Sin embargo, estamos profundamente preocupados porque el Ministerio de Agricultura de China el 24 de abril de 2012, y nuevamente el 9 de mayo de 2016, permite oficialmente la producción de Paraquat para la exportación y su uso en otras partes del mundo, dañando la salud de los trabajadores agrícolas, los agricultores y el medio ambiente en estos países.

Syngenta es uno de los principales productores de algunos de los plaguicidas más tóxicos a nivel mundial, incluyendo el Paraquat. ChemChina representa la mayor parte de la industria agroquímica china, que ya exporta al mercado mundial cantidades masivas de agroquímicos tóxicos, incluyendo el Paraquat.

Tras enterarse de que el gobierno chino anunció que el uso del Paraquat sería prohibido en China, Davor Pisk, Director de Operaciones de Syngenta, expresó a los medios en 2009: "En cuanto al tema del Paraquat, no consideramos apropiada la política del gobierno chino, pero respetaremos las discusiones que tuvimos y aplicaremos plenamente la decisión" [iv]. En cambio, Syngenta anunció en 2015 que su planta de Nantong en China estaba aumentando la capacidad de producción de Paraquat para la exportación de 6.000 a 10.000 toneladas. [v]

Nos preocupa que si la fusión de ChemChina con Syngenta concluye con éxito, esto pueda consolidar aún más el daño a la humanidad global causado por la exportación por parte de China de los agroquímicos más tóxicos, incluyendo la exportación de Paraquat.

El Ministerio de Agricultura de China invita a los productores de Paraquat de China a comentar las sugerencias antes mencionadas. Sin embargo, no se invita a los agricultores, trabajadores agrícolas o científicos, que son la parte interesada más importante con respecto al uso del Paraquat y sus consiguientes problemas de seguridad y de salud. Parece bastante obvio que Syngenta y otros productores de Paraquat en China se opondrán a la reclasificación del Paraquat.

Esta decisión debe ser discutida de forma amplia y públicamente, ya que una decisión final sobre la clasificación del Paraquat en la República Popular China podría afectar las decisiones sobre la fusión de Syngenta con ChemChina.

Lo que es aún más importante, estamos muy preocupados porque a pesar de todos estos reconocimientos de la toxicidad del Paraquat, no se considere la prohibición de su producción en China para la exportación a otros países. Esto es potencialmente perjudicial para los pueblos de otras naciones y es un crimen contra la humanidad. Las decisiones de China en este asunto tienen una enorme importancia a nivel golbal.

Por lo tanto, le instamos a reconsiderar su decisión en ese asunto y a trabajar en pro de la prohibición completa de la producción de Paraquat y de otros pesticidas extremadamente tóxicos y a revisar la intención de ChemChina de adquirir Syngenta por el bien de la salud de las personas y el medio ambiente en China, así como en todo el mundo.

Las organizaciones e individuos que suscriben: (...)

Notas:(...)
Fuente: http://soberaniaalimentaria.info/otros-documentos/luchas/387-carta-abierta-al-sr-han-chang-fu-ministro-de-agricultura-de-la-republica-popular-china

 

 

Reflexionemos porqué calificar de crimen de lesa humanidad a la agricultura industrial o dependiente de los pesticidas:

 

 

 

Proliferan el cáncer y las malformaciones por el uso del glifosato
1ro de julio de 2015 

Los pesticidas afectan el suelo, agua y aire que se respira. Científicos y organizaciones no paran de advertir sobre la mayor cantidad de casos de cáncer, enfermedades de piel, respiratorias, problemas neurológicos, malformaciones y abortos espontáneos. Un “país fumigado”, del que poco se habla. El problema data de hace una década, pero se agravó con marcada intensidad en este último tiempo. A punto tal que en mayo, nada menos que 30.000 profesionales de la salud exigieron que se prohíba uno de los productos más utilizados en la producción agrícola: el glifosato. 

Por Patricio Eleisegui/ Iprofesional en Agencia para la Libertad  

Nucleados en la Federación Sindical de Profesionales de la Salud de la República Argentina (Fesprosa), sus denuncias no hicieron más que hacerse eco del pronunciamiento de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), que depende de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Según las investigaciones, el glifosato es tan peligroso como el PCB de los viejos transformadores o el virus del papiloma humano (HPV). La OMS informó que existe evidencia científica suficiente para declarar potencialmente cancerígeno al producto que la multinacional estadounidense Monsanto desarrolló a fines de los años 60. “El glifosato no sólo provoca cáncer. También está asociado al aumento de abortos espontáneos, malformaciones genéticas, enfermedades de la piel, respiratorias y neurológicas”, enfatizaron desde Fesprosa. La posición de la entidad se basa en el estudio más contundente concretado hasta el momento en lo que hace a demostración de daños derivados del contacto con el químico.
Se trata de un trabajo realizado por Andrés Carrasco, un científico que – fallecido el año pasado- llegó a presidir el CONICET, y que probó que la sustancia produce desde muerte celular hasta malformaciones. La investigación de Carrasco (disponible en este link) reportó estos daños, con el agravante de que la experiencia científica se llevó a cabo sobre concentraciones de glifosato mucho menores a las que hoy se aplican en los campos. 

¿Qué es el glifosato? El glifosato – según CASAFE, una de las entidades que promueve su uso en el país- “se utiliza para eliminar la competencia de malezas en los cultivos por luz, agua y nutrientes”. El herbicida, autorizado por primera vez en Norteamérica en 1974, combina elementos químicos que inhiben el trabajo de enzimas que permiten a las plantas llevar a cabo procesos esenciales para la supervivencia. Si bien Monsanto es el principal responsable de su creación, lo cierto que la patente del pesticida se liberó en el año 2000, por lo que su fabricación ya se realiza en distintos lugares en el mundo. Una de las particularidades de este químico es que no actúa de manera selectiva: elimina toda la vegetación. De ahí la manipulación genética que derivó en el desarrollo de la soja transgénica. Sólo la incorporación del gen que resiste la potencia del glifosato permite a la oleaginosa continuar de pie y proseguir su crecimiento luego de las habituales fumigaciones. El glifosato es el principio componente del herbicida conocido comercialmente comoRoundup, aunque en la Argentina también se ofrece bajo otras marcas. “Se acaban de difundir los resultados de un estudio que pateó el tablero del modelo deagronegocios. Así, las denuncias que desde hace años vienen haciendo vecinos afectados y científicos fuera de las órbitas de las corporaciones cobró un renovado impulso”, afirman desde Fesprosa. “En nuestro país se aplica glifosato a más de 28 millones de hectáreas. Cada año, los suelos son rociados con más de 300 millones de litros, lo que implica 13 millones de personas en riesgo de ser afectadas, según datos de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados”, enfatizaron desde la entidad. Y completan: “No sólo la soja es adicta al glifosato: también se usa para el maíz transgénico y una gran variedad de cultivos. Donde cae el glifosato, sólo crecen los organismos genéticamente modificados. Todo lo demás muere”. Con relación a otros estudios vinculados a la toxicidad del producto, distintas experiencias demostraron que el plaguicida atraviesa la placenta, además de persistir en el medio ambiente manteniendo su efecto durante meses. En diciembre de 2008, la revista científica Chemical Research in Toxicology publicó una investigación que constató que es letal para las células humanas. Según el trabajo, en dosis incluso muy por debajo – diluidas 1.000 veces-, los herbicidas Roundup provocan la muerte celular en pocas horas. “Esto deriva en malformaciones, abortos, problemas hormonales, genitales o dereproduccion, además de distintos tipos de cánceres”, completaron los científicos. En Francia, investigaciones del científico Gilles-Eric Séralini vienen aportando nuevos argumentos a lo expuesto por Carrasco en la Argentina. “Hemos trabajado en células de recién nacidos con dosis del producto cien mil veces inferiores a las que cualquier jardinero común está en contacto. El Roundup programa la muerte de esas células en pocas horas”, indicó el profesional galo, especialista en biología molecular. Este académico – quien además es docente de la Universidad de Caen en Francia y director del Comité de Investigación e Información sobre Ingeniería Genética- recalcó lo riesgoso que resulta para las embarazadas tener contacto o habitar en zonas cercanas a las fumigaciones con glifosato. Séralini se focalizó en las células humanas de cordón umbilical, embrionarias, y de laplacenta, y descubrió que la totalidad de esas células mueren antes de las 24 horas de exposición específica al Roundup. 

Glifosato y muchos más Son innumerables las investigaciones que hacen referencia a la toxicidad de varios plaguicidas que, curiosamente, son utilizados en la Argentina. Este problema (del que poco se habla por los intereses en juego) abre la puerta a otra discusión: el modelo de producción agrícola vigente en el país, basado principalmente en el cultivo de soja transgénica. Esto es, el desarrollo de semillas modificadas con el fin de que puedan resistir determinados pesticidas, la siembra directa y, desde ya, la aplicación intensiva de agroquímicos, incluso sobre los granos ya cosechados. La magnitud de las fumigaciones es tal que, en la actualidad, según datos de CASAFE – cámara que aglutina a las compañías que elaboran y comercializan químicos-, en las zonas cultivadas se vierten alrededor de 300 millones de litros (algo así como 3,5 litros por argentino) por año. Todo esto forma parte de una “Argentina envenenada” sobre la que cae una lluvia permanente de plaguicidas. Entre los más utilizados figuran: • El mencionado glifosato. • La atrazina, prohibida en Europa desde 2004. • El 2,4-D, usado en armas químicas por Estados Unidos. • El endosulfan, prohibido en 60 países incluída la Argentina, aunque aquí se lo sigue aplicando. 

El cáncer y las malformaciones, presentes En este sentido, un relevamiento epidemiológico efectuado por la Universidad de Córdoba (UNC) sobre una localidad sojera – Monte Maíz- arrojó que los casos de cáncer duplican el promedio provincial y nacional. En esa zona del este cordobés, los tumores aparecen como la primera causa de muerte. No sólo eso: la tasa de mortalidad por cáncer triplica los indicadores de otras zonas y de la Argentina en general.
La experiencia arrojó, además, tasas sustancialmente mayores de otras enfermedades: neumopatías, hipotiroidismo, e incluso malformaciones congénitas y abortos espontáneos. Medardo Ávila Vázquez, investigador de la UNC – coordinador de la investigación y ex secretario de Salud de la ciudad de Córdoba- dio más detalles sobre la incidencia directa de los agroquímicos en la problemática sanitaria local. “Detectamos glifosato en el 100% de las muestras de suelo y la misma proporción en las cascarillas de los granos que circulan por el aire del pueblo. También ubicamos uninsecticida letal, el clorpirifos, y en el 50% de las muestras se detectó 2,4-D y atrazina”,precisa. “Como parte de la investigación se tomaron a casi 5.000 personas. Los afectados por cáncer duplican a los de otras zonas”, dispara. 

Entre Ríos, otro ejemplo Lo descripto en Córdoba es apenas un ejemplo más de lo que sucede en la geografía argentina. Equipos de las universidades de La Plata y Rosario realizaron un estudio epidemiológico-ambiental en San Salvador, área que antes fuera capital nacional del arroz y ahora cedió terreno a la soja. Esto, a raíz de las denuncias de proliferación de cáncer elevadas por la organización “Todos por Todos”. Con Andrea Kloster como referente, se concretó un muestreo que dio cuenta de que cerca del 45% de los fallecidos entre 2010 y 2013 fue a raíz del cáncer. El promedio nacional no alcanza al 20 por ciento. “Han tirado de todo en nuestras tierras. Estamos en un pozo, con las industrias arrocerasdentro de la ciudad y rodeados de campo, afectados seriamente por los agrotóxicos”, advierte Kloster. 

Pueblos fumigados El cambio en la escala de problemas sanitarios por efecto de los agroquímicos ya acumula años de reclamos. Y viene dando origen a actividades que apuntan a, cuanto menos, poner en discusión la utilización de químicos en el campo. Por ejemplo, a fines de agosto de 2010 se llevó a cabo en Córdoba el “Primer Encuentro Nacional de Médicos de Pueblos Fumigados”. En dicho evento los académicos vincularon las fumigaciones con el notable incremento de males como las malformaciones congénitas, los abortos espontáneos, las leucemias, distintos tipos de cáncer, afecciones respiratorias, las disrupciones hormonales, anemia odaños en el sistema nervioso central. Lo que más causa alarma a los médicos de los pueblos fumigados son dos temas: • Una mayor cantidad de recién nacidos que presentan malformaciones congénitas y una creciente cantidad de abortos espontáneos. • El gran número de casos de cáncer en niños y adultos, enfermedades severas como púrpuras, hepatopatías tóxicas y trastornos neurológicos. A través de un documento, los médicos que tomaron parte del encuentro destacaron que “atienden, en general, desde hace más de 25 años a las mismas poblaciones”. Sin embargo, se vienen encontrando últimamente con situaciones que consideran inusuales producto de las fumigaciones. 

Problema extendido De dicho pronunciamiento médico – revalidado en un nuevo encuentro que se realizó en Rosario- tomaron parte especialistas como Rodolfo Páramo, pediatra y neonatólogo que se desempeña en Santa Fe. El profesional expuso la alarma que le produjo encontrarse 12 casos de neonatos con malformaciones sobre 200 nacimientos anuales. En tanto, la doctora María del Carmen Seveso, jefa de Terapia Intensiva de un hospital en Chaco, reportó múltiples situaciones de enfermos con insuficiencia renal y malformaciones congénitas en hijos de madres jóvenes, cáncer en personas de corta edad, abortos espontáneos, problemas de fertilidad, respiratorios y alérgicos. “Todos ellos derivados del alto nivel de contaminación química, generado por la práctica agroindustrial en la zona”, destaca el documento de Médicos de Pueblos Fumigados. El mismo equipo de salud detectó “numerosos casos de distress respiratorio, compatibles con la inhalación del herbicida paraquat. Además, un fuerte aumento en situaciones de hipertensión inducida por el embarazo, eclampsias (convulsiones en embarazadas) y preeclampsias”

El alimento nuestro de cada día No es necesario irse a localidades del interior del país para dar con la “Argentina envenenada”. En ciudades como Mar del Plata también se ha confirmado la presencia de agroquímicos letales para el organismo. En ese sentido, la organización BIOS implementó una campaña a la que denominó “Mala Sangre”, que consistió en la realización de extracciones a cientos de personas. Silvana Buján, directora de BIOS, detalló los alcances y resultados: “Hicimos un muestreo en el que encontramos restos de plaguicidas en casi todos los casos analizados”. Señaló que en las personas analizadas se encontraron residuos de distintos componentes químicos nocivos que ingresaron por la vía digestiva. “Detectamos, por ejemplo, productos como el endosulfan, un insecticida que fue prohibido en la Argentina hace tres años. Comprobamos que las verduras incorporadas al organismo habían sido fumigadas con ese químico hace muy poco”, destaco. Las fumigaciones con plaguicidas comprenden a cultivos que van desde la soja al arándano, pasando por algodón, arroz, frutas, hortalizas, papa, maní, maíz, e incluso pasturas y granos almacenados, entre otras producciones. La perspectiva es alarmante y responde tanto a cuestiones de política productiva como a las ganancias que obtienen las empresas del sector. Sucede que, en la actualidad, el negocio de vender químicos – con el glifosato a la cabeza- le asegura a Monsanto, Dow y Syngenta, entre otras firmas, una facturación anual, sólo en la Argentina, superior a los 2.500 millones de dólares.
Fuente: http://www.anred.org/spip.php?article10138

En consecuencia, abajo y a la izquierda, tenemos el desafío de generalizar el destape al progresismo y a la izquierdas reformistas en su batalla de ideas a favor de la creencia mayoritaria de que China nos salva y salvará. Es atender a:

 

La soja transgénica en América Latina:

una maquinaria de hambre, deforestación y devastación socioecológica.
21 de abril de 2006

 

Por Miguel A. Altieri y Walter Pengue

Entre los múltiples impactos de la expansión sojera se destaca la reducción de la seguridad alimentaria de los países productores al destinarse a su cultivo la tierra que previamente se utilizaba para la producción lechera, granos o fruticultura. Mientras estos países continúen impulsando modelos neoliberales de desarrollo y respondan a las señales de los mercados externos y a la economía globalizada, la rápida proliferación de la soja seguirá creciendo y, por supuesto, lo harán también sus impactos ecológicos y sociales asociados.

 

Por noveno año consecutivo la industria biotecnológica y sus aliados festejan una continua expansión de los cultivos transgénicos, que llegó a una tasa del 20%, superando incluso la de 2003 de 15%. El área global estimada de cultivos liberados comercialmente en 2004 fue de 81 millones de hectáreas, lo que se considera un triunfo ya que alcanzaron a 22 países y donde lo que destacan es que los cultivos transgénicos lograron las expectativas de millones de grandes y pequeños agricultores tanto en países industrializados como en aquellos en vías de desarrollo. También resaltan que los cultivos transgénicos han traído beneficios a los consumidores y a la sociedad en su conjunto, al brindar comidas mejor elaboradas, alimento y fibras que requieren menos agroquímicos y por tanto un ambiente más sustentable (James, 2004).

 

Es difícil imaginar de qué manera esta expansión de la industria biotecnológica está viniendo a resolver las necesidades de los pequeños agricultores o los consumidores, cuando el 60% del área global con plantas transgénicas (48,4 millones de hectáreas) está dedicada a la soja resistente a herbicidas (sojas Roundup Ready), un cultivo sembrado mayormente por agricultores de gran escala para exportación (y no de consumo local) y que, por otro lado, es utilizado en los países importadores para alimentación animal y producción cárnica que se consume principalmente por los sectores más pudientes y mejor alimentados de estos países.

 

En América Latina, los países productores de soja (transgénica y convencional) incluyen a Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay. Esta expansión de la soja está motorizada por los buenos precios internacionales, el apoyo de los gobiernos y el sector agroindustrial y la demanda de las naciones importadoras, especialmente China, convertida hoy en día en el mayor importador de la soja y sus derivados, un mercado que impulsa la rápida proliferación de la producción de esta oleaginosa.

 

La expansión del complejo sojero está acompañada por un aumento importante de la logística y el transporte, junto con grandes proyectos de infraestructura que conllevan a una cadena de eventos que destruyen los hábitats naturales de grandes áreas, además de la deforestación directamente causada por la expansión de tierras para el cultivo de soja. En Brasil, los beneficios de la soja justificaron la refacción, mejora o construcción de ocho hidrovías, tres líneas ferroviarias y una extensa red de carreteras que traen insumos agropecuarios y se llevan la producción agrícola.

 

El proceso atrajo a otras inversiones privadas para la forestación, minería, ganadería extensiva y otras prácticas con severos impactos sobre la biodiversidad, aún no contemplados por ningún estudio de impacto ambiental (Fearnside, 2001). En la Argentina, el cluster agroindustrial de transformación de la soja en aceites y pellets se concentra en la zona de Rosafé sobre el río Paraná, el área más grande de transformación sojera a escala planetaria, con toda la infraestructura asociada y los impactos ambientales que ello implica.

 

Para los años inmediatos, el sector agrícola argentino se ha planteado el objetivo de alcanzar los 100 millones de toneladas de granos, lo que requerirá del incremento del área sembrada con soja hasta 17 millones de hectáreas.

 

Expansión sojera y deforestación

El área de tierra dedicada a la producción sojera ha crecido a una tasa anual del 3,2%, y la soja ocupa actualmente una superficie más grande que todo otro cultivo en Brasil, con el 21% del total de la tierra cultivada. Desde 1995 el área sembrada aumentó en 2,3 millones de hectáreas, a un promedio de 320.000 hectáreas por año. Desde 1961, el incremento en superficie creció 57 veces y el volumen producido lo hizo 138 veces. La soja paraguaya, se sembró sobre más del 25% de toda la tierra agríc ola, y en la Argentina el promedio sembrado alcanzó en 2005 los quince millones de hectáreas con una producción de 38,3 millones de toneladas.

 

Esta expansión se produce de manera drástica afectando directamente a los bosques y otros hábitats relevantes. En Paraguay, una porción de la selva paranaense está siendo deforestada (Jasón, 2004). En Argentina, 118.000 hectáreas han sido desmontadas en cuatro años (1998/02) para la producción de soja en el Chaco, 160.000 en Salta y un récord de 223.000 en Santiago del Estero. La "pampeanización", el proceso de importación del modelo industrial de la agricultura pampeana sobre otras ecoregiones "que no son Pampa", como el Chaco, es el primer paso de un sendero expansivo que pone en riesgo la estabilidad social y ecológica de esta ecoregión tan lábil (Pengue, 2005 b). En el noreste de la provincia de Salta en 2002/03, el 51% de la soja sembrada (157.000 hectáreas) correspondía a lo que en 1988/89 eran todavía áreas naturales (Paruelo, Guerscham y Verón, 2005). En Brasil los Cerrados y las sabanas están sucumbiendo, víctimas del arado, a pasos agigantados.

 

Soja, expulsión de pequeños agricultores y pérdida de la seguridad alimentaria

Los promotores de la industria biotecnológica siempre citan a la expansión del área sembrada con soja como una forma de medir el éxito de la adopción tecnológica por parte de los agricultores. Pero estos datos esconden el hecho que la expansión sojera conlleva a extremar la demanda por tierras y a una concentración de los beneficios en pocas manos. En Brasil, el modelo sojero desplaza a once trabajadores rurales por cada uno que encuentra empleo en el sector. El dato no es novedoso, ya que desde los setenta 2,5 millones de personas fueron desplazadas por la producción sojera en el Estado de Paraná y 300.000 en Rio Grande do Sul. Muchos de estos sin tierra se movieron hacia el Amazonas donde deforestaron selvas tropicales presionados por fuerzas estructurales y el entorno. Por otro lado, en los Cerrados, donde la soja transgénica está expandiéndose, el índice de desplazamiento es más bajo porque el área no estaba ampliamente poblada previamente (Donald, 2004).

 

En Argentina, la situación es bastante dramática ya que mientras el área sembrada con soja se triplicó, prácticamente 60.000 establecimientos agropecuarios fueron desapareciendo sólo en Las Pampas. En 1988 había en toda la Argentina un total de 422.000 establecimientos que se redujeron a 318.000 en 2002 (un 24,6%). En una década el área productiva con soja se incrementó un 126% a expensas de la tierra que se dedicaba a lechería, maíz, trigo o a las producciones frutícola u hortícola.

 

Durante la campaña 2003/04, 13,7 millones de hectáreas fueron sembradas a expensas de 2,9 millones de hectáreas de maíz y 2,15 millones de hectáreas de girasol (Pengue, 2005).

 

A pesar que la industria biotecnológica resalta los importantes incrementos del área cultivada con soja y más que la duplicación de los rendimientos por hectárea, consideradas como un éxito económico y agronómico, para el país esa clase de aumentos implica más importación de alimentos básicos, además de la pérdida de la soberanía alimentaria, y para los pequeños agricultores familiares o para los consumidores esa clase de incrementos sólo implica un aumento en los precios de los alimentos y más hambre (Jordan, 2001).

 

La expansión de la soja en América Latina está también relacionada con la biopiratería y el poder de las multinacionales. La manera en que en el período 2002/04 se sembraron millones de hectáreas de soja transgénica en Brasil (mientras existía una moratoria en contrario) hace que nos preguntemos cómo las corporaciones se manejaron en esas instancias de prohibición para sin embargo alcanzar tal expansión de sus productos en las naciones en vía de desarrollo.

 

En los primeros años de la liberación comercial de la soja transgénica en Argentina, la compañía Monsanto no cobraba por el fee tecnológico a los agricultores para utilizar la tecnología transgénica en sus semillas. Hoy en día, que la soja transgénica y el glifosato se han instalado como insumos estratégicos para el país, los agricultores quedaron atrapados, ya que la multinacional está presionando al gobierno, haciendo reclamos por el pago de sus derechos de propiedad intelectual. Esto, a pesar del hecho que Argentina es signataria del convenio UPOV 78, que permite a los agricultores guardar semilla para uso propio en la campaña agrícola siguiente. Por otro lado, los agricultores paraguayos negociaron un acuerdo con Monsanto por el que pagarán a la multinacional 2 dólares americanos por tonelada. La tendencia en el control de las semillas que utilizan los agricultores está creciendo, a pesar que las compañías prometían a principios de los noventa no cobrar cargos por patentes a los agricultores, momento en que el cultivo transgénico se estaba expandiendo.

 

El cultivo de soja y la degradación de los suelos

El cultivo de soja tiende a erosionar los suelos, especialmente en aquellas situaciones donde no es parte de rotaciones largas. La pérdida de suelos alcanza las 16 toneladas por hectárea en el medio oeste de los Estados Unidos, un valor que podría llegar a valores entre 19 y 30 toneladas por hectárea en Brasil o la Argentina, en función del manejo, la pendiente del suelo o el clima. La siembra directa puede reducir la pérdida de suelos, pero con la llegada de las sojas resistentes a los herbicidas muchos agricultores se han expandido hacia zonas marginales altamente erosionables o son sembradas en forma recurrente año tras año, fomentando el monocultivo. Los agricultores creen erróneamente que con la siembra directa no habría erosión, pero los resultados de la investigación demuestran que a pesar del incremento de la cobertura del suelo, la erosión y los cambios negativos que afectan a la estructura de los suelos, pueden resultar sustanciales en tierras altamente erosionables si la cobertura del suelo por rastrojo es reducida. El rastrojo dejado por la soja es relativamente escaso y no puede cubrir correctamente el suelo si no existe una adecuada rotación entre cereales y oleaginosas.

 

La monocultura sojera en gran escala ha inutilizado los suelos amazónicos. En lugares con suelos pobres, después de sólo dos años de agricultura se necesitan aplicar intensamente fertilizantes y piedra caliza. En Bolivia, la producción sojera se expande hacia el este haciendo que ya muchas de esas áreas de producción estén compactadas o exhiban severos problemas de degradación de suelos. Cien mil hectáreas de suelos exhaustos por la soja fueron dejadas al ganado, que también bajo esta circunstancia es altamente degradante. A medida que abandonan los suelos, los agricultores buscan nuevas regiones donde otra vez volverán a plantar soja, repitiendo así el círculo vicioso de la degradación.

 

En Argentina, la intensificación de la producción sojera ha llevado a una importante caída en el contenido de nutrientes del suelo. La producción continua de soja ha facilitado la extracción, sólo en el año 2003, de casi un millón de toneladas de nitrógeno y alrededor de 227.000 de fósforo. Sólo para reponer a estos dos nutrientes, en su equivalente de fertilizante comercial, se necesitarían unos 910 millones de dólares (Pengue, 2005). Los incrementos de nitrógeno y fósforo en varias regiones ribereñas se encuentran ciertamente ligados a la creciente producción sojera en el marco de las cuencas de varios importantes ríos sudamericanos.

 

Un factor técnico importante en la expansión de la producción sojera brasileña se debió al desarrollo de combinaciones soja-bacteria con conocidas características simbióticas que le permitían la producción sin fertilizantes. Esta ventaja productiva de la soja brasileña puede rápidamente desaparecer a la luz de los reportes sobre los efectos directos del herbicida glifosato sobre la fijación bacteriana del nitrógeno (Rhizobium), que potencialmente obligaría a la soja a depender de la fertilización nitrogenada mineral. Asimismo, la práctica actual de convertir los pastizales hacia soja resulta en una reducción económica de la importancia del Rhizobium, haciendo nuevamente que se deba recurrir al nitrógeno sintético.

 

Monocultura sojera y vulnerabilidad ecológica

La investigación ecológica sugiere que la reducción de la diversidad paisajística devenida por la expansión de las monoculturas a expensas de la vegetación natural, ha conducido a alteraciones en el balance de insectos plagas y enfermedades. En estos paisajes, pobres en especies y genéticamente homogéneos, los insectos y patógenos encuentran las condiciones ideales para crecer sin controles naturales (Altieri y Nicholls, 2004). El resultado es un aumento en el uso de agroquímicos los que, por supuesto, luego de un tiempo ya dejan de ser efectivos, debido a la aparición de resistencia o trastornos ecológicos típicos de la aplicación de pesticidas. Además, los agroquímicos conducen a mayores problemas de contaminación de suelos y polución de aguas, eliminación de la biodiversidad y envenenamiento humano.

 

En la Amazonia brasileña las condiciones de alta humedad y temperaturas cálidas inducen al desarrollo de poblaciones y ataques fúngicos, con el consiguiente incremento en el consumo de fungicidas. En las regiones brasileñas dedicadas a la producción sojera se incrementaron los casos de cancrosis (Diaporthe phaseolorum) y del síndrome de la muerte súbita (Fusarium solani). La roya asiática de la soja (Phakopsora pachyrhizi) es una nueva enfermedad cuyos efectos se incrementan en Sudamérica, motorizados por las condiciones ambientales favorables (por ejemplo, humedad) sumados a la uniformidad genética de cultivos en monocultura. Nuevamente la roya comanda el incremento en las aplicaciones de fungicidas. Desde 1992 más de dos millones de hectáreas fueron afectadas por el nematodo del quiste de la soja (Heterodera glycines). Muchas de estas enfermedades pueden ligarse a la uniformidad genética y al aumento de la vulnerabilidad por la monocultura sojera, pero también a los efectos directos del herbicida glifosato sobre la ecología del suelo, a través de la depresión de las poblaciones micorríticas y la eliminación de antagonistas que mantienen a muchos patógenos del suelo bajo control (Altieri, 2004).

 

El 25% del total de agroquímicos consumidos en Brasil se aplican a la soja, la que recibió en 2002 alrededor de 50.000 toneladas de pesticidas. Mientras el área sojera se expande rápidamente también lo hacen los agroquímicos, cuyo consumo crece a una tasa del 22% anual. Mientras los promotores de la biotecnología argumentan que con una sola aplicación del herbicida es suficiente durante la temporada del cultivo, por otro lado comienzan a presentarse estudios que demuestran que con las sojas transgénicas se incrementan tanto el volumen como la cantidad de aplicaciones de glifosato. En Estados Unidos el consumo de glifosato pasó de 2,9 millones de kilos en 1995 a 19,0 millones en el año 2000, siendo actualmente aplicado sobre el 62% de las tierras destinadas a la producción de soja. En la campaña 2004/05 en Argentina las aplicaciones con glifosato alcanzaron los 160 millones de litros de producto comercial. Se espera un incremento aún mayor en el uso de este herbicida, a medida que las malezas comiencen a tornarse tolerantes al glifosato.

 

Los rendimientos de la soja transgénica en la región promedian los 2,3 a 2,6 toneladas por hectárea, alrededor de un 6% menos que algunas variedades convencionales, rendimiento sustancialmente más bajo en condiciones de sequía. Debido a los efectos pleiotrópicos las sojas transgénicas sufren pérdidas 25% superiores con respecto a sus pares convencionales (por ejemplo, quebraduras de tallos bajo stress hídrico).

 

En Río Grande do Sul durante la sequía del 2004/05 se perdió el 72% de la producción de soja transgénica, estimándose una caída del 95% en las exportaciones, con consecuencias económicas severas. Aproximadamente un tercio de los agricultores quedaron endeudados y no pueden hacer frente a sus obligaciones con el gobierno y las empresas.

 

Otras consideraciones ecológicas

Con la creación de cultivos transgénicos tolerantes a sus propios herbicidas las compañías biotecnológicas pueden expandir sus mercados para sus propios agroquímicos patentados. En 1995, los analistas daban un valor de mercado para los cultivos tolerantes a herbicidas de 75 millones de dólares, que ascendieron a 805 millones en el año 2000.

 

Globalmente, en 2002 las sojas resistentes al glifosato ocupaban 36.500.000 hectáreas, convirtiéndose en el cultivo transgénico número uno en términos de área sembrada (James, 2004). El glifosato es más barato que los otros herbicidas, y a pesar de la reducción general en su utilización los resultados obtenidos indican que las compañías venden más herbicidas (especialmente glifosato) que antes. La utilización recurrente del herbicida glifosato (llamado Roundup Ready, como marca comercial de Monsanto) sobre los cultivos tolerantes al mismo puede acarrear serios problemas ecológicos.

 

Se encuentra bien documentado el hecho que un único herbicida aplicado repetidamente sobre un mismo cultivo puede incrementar fuertemente las posibilidades de aparición de malezas resistentes. Se han reportado alrededor de 216 casos de resistencia en varias malezas a una o mas familias químicas de herbicidas (Rissler y Mellon, 1996).

 

A medida que aumenta la presión de la agroindustria para incrementar las ventas de herbicidas y se incrementa el área tratada con herbicidas de amplio espectro, los problemas de resistencia se exacerban. Mientras el área tratada con glifosato se expande, el incremento en la utilización de este herbicida puede resultar, aún lentamente, en la aparición de malezas resistentes. La situación ya ha sido documentada en poblaciones australianas de rye grass anual (Lolium multiflorum), Agropiro (Agropyrum repens), lotus de hoja ancha o trébol pata de pájaro (Lotus corniculatus), Cirsium arvense y Eleusine indica (Altieri, 2004). En Las Pampas de Argentina, ocho especies de malezas, entre ellas dos especies de Verbena y una de Ipomoea, ya presentan tolerancia al glifosato (Pengue, 2005).

 

La resistencia a los herbicidas se convierte en un problema complejo cuando el número de modos de acción del herbicida a los cuales son expuestas las malezas se reducen más y más, una tendencia que las sojas transgénicas refuerzan en el marco de las presiones del mercado. De hecho, algunas especies de malezas pueden tolerar o "evitar" a ciertos herbicidas, como sucedió por ejemplo en Iowa donde las poblaciones de Amaranthus rudis presentaron atraso en su germinación y "escaparon" a las aplicaciones planificadas del glifosato. También el mismo cultivo transgénico puede asumir el rol de maleza en el cultivo posterior. Por ejemplo en Canadá, con las poblaciones espontáneas de canola resistentes a tres herbicidas (glifosato, imidazolinonas y glufosinato), se ha detectado un proceso de resistencia "múltiple", donde ahora los agricultores han tenido que recurrir nuevamente al 2,4 D para controlarla. En el nordeste de Argentina las malezas no pueden ser ya controladas adecuadamente, por lo que los agricultores recurren nuevamente a otros herbicidas que habían dejado de lado por su mayor toxicidad, costo y manejo.

 

Las compañías biotecnológicas argumentan que cuando los herbicidas son aplicados correctamente no producen efectos negativos ni sobre el hombre ni sobre el ambiente. Los cultivos transgénicos a gran escala favorecen aplicaciones aéreas de herbicidas y muchos de sus residuos acumulados afectan a microorganismos como los hongos micorríticos o la fauna del suelo. Pero las compañías sostienen que el glifosato se degrada rápidamente en el suelo y no se acumula en los alimentos, agua o el propio suelo. El glifosato ha sido reportado como tóxico para algunos organismos del suelo, sean controladores benéficos como arañas, ácaros, carábidos y coccinélidos o detritívoros como las lombrices y algunas especies de la microfauna. Existen reportes que el glifosato también afecta a algunos seres acuáticos como los peces y que incluso actúa como disruptor endocrinológico en anfibios. El glifosato es un herbicida sistémico (se desplaza por el floema) y es conducido a todas las partes de la planta, incluidas aquellas que son cosechables. Esto es preocupante ya que se desconoce exactamente cuánto glifosato se presenta en los granos de maíz o soja transgénicos, ya que las pruebas convencionales no lo incluyen en sus análisis de residuos de agroquímicos. El hecho es, que es sabido que éste y otros herbicidas se acumulan en frutos y otros órganos dado que sufren escasa metabolización en la planta, lo que genera la pertinente pregunta acerca de la inocuidad de alimentos tratados, especialmente ahora que más de 37 millones de libras del herbicida son utilizadas solamente en los Estados Unidos (Risller y Mellon, 1996). Aún en el caso de ausencia de efectos inmediatos, puede tomar hasta cuarenta años a un carcinógeno potencial actuar en una suficiente cantidad de personas para ser detectado como un causal.

 

Por otro lado, las investigaciones han demostrado que el glifosato parece actuar de manera similar a los antibióticos en la alteración de la biología del suelo por un camino desconocido y produciendo efectos como:

 

- reducción de la habilidad de las sojas o el trébol para la fijación de nitrógeno;

- tornando a plantas de poroto (frijol) más vulnerables a las enfermedades; y

- reduciendo el desarrollo de hongos micorríticos, que son una puerta de acceso a la extracción de fósforo del suelo.

 

En evaluaciones de los efectos de cultivos resistentes a herbicidas recientemente realizadas en el Reino Unido, los investigadores demostraron que la reducción de biomasa en malezas, floración y semillas, dentro y alrededor de campos de remolacha y canola (o colza) resistentes a herbicidas, implicó cambios en la disponibilidad de recursos alimenticios para insectos, con efectos secundarios que resultaron en la reducción sustancial de varias especies de chinches, lepidópteros y coleópteros. Los datos dan cuenta también de una reducción de los coleópteros predadores que se alimentan de semillas de malezas en campos transgénicos. La abundancia de invertebrados que son fuente alimenticia de mamíferos, aves u otros invertebrados se demostró más baja en campos de remolacha o canola transgénica.

La ausencia de malezas en floración en campos transgénicos puede traer serias consecuencias sobre los insectos benéficos (predadores de plagas y parasitoides), que requieren polen y néctar para sobrevivir en el agroecosistema. La reducción de los enemigos naturales conduce inevitablemente a agravar los problemas de plagas insectiles.

 

Conclusiones

La expansión de la soja en América Latina representa una reciente y poderosa amenaza sobre la biodiversidad del Brasil, Argentina, Paraguay, Bolivia y Uruguay.

La soja transgénica es ambientalmente mucho más perjudicial que otros cultivos porque además de los efectos directos derivados de los métodos de producción, principalmente del copioso uso de herbicidas y la contaminación genética, requiere proyectos de infraestructura y transporte masivo (hidrovías, autopistas, ferrovías y puertos) que impactan sobre los ecosistemas y facilitan la apertura de enormes extensiones de territorios a prácticas económicas degradantes y actividades extractivistas.

 

La producción de sojas resistentes a los herbicidas conlleva también a problemas ambientales como la deforestación, la degradación de suelos, polución con severa concentración de tierras e ingresos, expulsión de la población rural a la frontera amazónica o áreas urbanas, fomentando la concentración de los pobres en las ciudades.

 

La expansión sojera distrae también fondos públicos que podrían haber sido destinados a la educación, la salud o la investigación de métodos agroecológicos alternativos de producción.

Entre los múltiples impactos de la expansión sojera se destaca la reducción de la seguridad alimentaria de los países productores al destinarse a su cultivo la tierra que previamente se utilizaba para la producción lechera, granos o fruticultura. Mientras estos países continúen impulsando modelos neoliberales de desarrollo y respondan a las señales de los mercados externos (especialmente China) y a la economía globalizada, la rápida proliferación de la soja seguirá creciendo y, por supuesto, lo harán también sus impactos ecológicos y sociales asociados.

Referencias(…)

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/content/view/full/23297

 

 

 

Es comprender que diversos de abajo del mundo se reúnen "para discutir sobre cómo recuperar nuestro - cada vez más controlado por las corporaciones - sistema alimentario y agrícola" por ejemplo:

 

 

Da comienzo en Rumanía el encuentro del

mayor movimiento europeo por la soberanía alimentaria

31 de octubre de 2016

 

Por Foro Europeo por la Soberanía Alimentaria (Rebelión)

 

27 de octubre, Cluj-Napoca – el mayor encuentro europeo de la historia sobre soberanía alimentaria comenzó ayer, con la participación de más de 500 personas de alrededor de 40 países para discutir sobre cómo recuperar nuestro - cada vez más controlado por las corporaciones - sistema alimentario y agrícola.

El segundo Foro Europeo por la Soberanía Alimentaria – Nyéléni fue inaugurado por personas campesinas, pescadoras, pastoras, trabajadoras del sistema alimenticio y agrícola, investigadoras, activistas, consumidoras, ecologistas, sindicatos, etc. “Estamos aquí para defender algo absolutamente fundamental: la alimentación”

El Foro Internacional Nyéléni para la Soberanía Alimentaria en Malí, en 2007 fue un hito y contó con la participación de 500 representantes de organizaciones de productores de alimentos, consumidores y movimientos ecologistas de todas partes del mundo. Fue el punto de partida para el movimiento global de la Soberanía Alimentaria. En este Foro se adoptaron seis principios y la Declaración de Nyéléni. Posteriormente se organizó el Foro Nyéléni Europa en 2011, que tuvo lugar en Krems, Austria, donde se acordó la Declaración de Nyéléni Europa y un plan de acción. En febrero de 2015, estos movimientos también participaron en el Foro Internacional de Agroecología en el centro de Nyéléni en Malí, y contribuyeron a su Declaración. Estos documentos constituyen la base política del movimiento, aclaran lo que representa, y a lo que se opone.

Estas reuniones mundiales y regionales han hecho que aumente el número de personas que participan en la transformación del sistema alimentario y agrícola dominante, que resisten el modelo agroindustrial de producción y consumo, y construyen el movimiento de Soberanía Alimentaria en Europa y en el mundo.

Las tres palabras clave en los planes de acción se manifiestan alto y claro:

¡Transformar! ¡Resistir! ¡Construir!

Durante el primer día, las delegaciones se han conocido unas a otras un a través de un “mercado campesino”. Posteriormente, las personas participantes se han dividido en de los cuatro ejes de debate: la producción y consumo de alimentos, la distribución, el derecho al acceso a los bienes comunes, y de cómo mejorar las condiciones sociales y laborales en los sistemas de agrícolas y de producción de alimentos. Los próximos días se proyectarán películas y se realizarán visitas in situ a campesinos y campesinas locales, quienes compartirán sus métodos de agricultura sostenible y sus luchas por la justicia medioambiental, incluyendo la visita a Roșia Montană, una controvertida mina de oro.

Una delegación de Euskal Herria, coordinada por el sindicato Ehne-Bizkaia también estará presente. Compuesta por baserritarras y activistas, cabe destacar la participación de un grupo de 5 personas, ganadoras del concurso Sutondotik Plazara. Sus trabajos “artivistas”, seleccionados entre un total de 67 piezas, promueven la soberanía alimentaria desde el arte, utilizando diversos lenguajes comunicativos, y por ello, se incorporarán en el equipo de comunicación del Foro.

Portavoces de diferentes sectores, historias y nacionalidades estarán disponibles para entrevistas en persona o por teléfono en castellano, euskara, portugués, inglés, rumano, francés, alemán…

Para contactos con la delegación de Euskal Herria, tanto en castellano como euskara contactar con euskalherria @bizilur.org / 34676394354 (Miren Saiz) o poriektuak @ehnebizkaia.eu/(Ana Gonzalez) y/o el equipo de prensa de Nyéléni Europa: communication @nyelenieurope.net

***

Notas

[1] Más información sobre el Foro y l movimiento Nyéléni: www.nyelenieurope.net

RECURSOS:

 Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=218644

----

 

Argentina: Hacia un debate público sobre qué modelo agropecuario queremos. 

Entre el modelo del Agronegocio y el de la Soberanía Alimentaria.
29 de junio de 2015  

 Hace unos años se viene debatiendo en torno a una posible Ley de semillas. Un modelo de Agronegocio de mano de las grandes multinacionales y un modelo de producción de alimentos y construcción de SOBERANÍA se chocan y contraponen, y ponen en evidencia las decisiones y contradicciones de las políticas públicas del Gobierno en esta materia.  

 

De un lado las multinacionales imponen un modelo de agro-negocios que no produce alimentos sino mercancías, donde el mayor insumo es el petróleo (para la producción de agroquímicos y combustibles del país y del mundo).

Un país donde la biotecnología no es avance para el bien común sino la creación de productos patentados para luego poder cobrar por su utilización, donde el “productor” (o empresario del agro) y el trabajador de la tierra son esclavos de un paquete tecnológico que genera riquezas para las multinacionales. Del otro lado, se propone, se lucha, se defiende y se construye un modelo de Soberanía Alimentaria que produzca alimentos, que enfatice en la soberanía del pueblo sobre su producción, su semilla, su comercialización y su consumo. Un modelo de Agronegocio no es compatible con un modelo de Soberanía Alimentaria. El Agronegocio puede convivir con algunos subsidios y acciones simbólicas hacia la agricultura familiar y campesina. Pero nosotros discutimos y proponemos un modelo distinto de producción agropecuaria, tecnología, producción y transmisión de conocimiento, utilización y relación con los bienes naturales, trabajo rural, comercialización, distribución y consumo. Un modelo de Soberanía Popular, donde no cabe la posibilidad de reconocer la legalidad de que un productor sea esclavo de una multinacional. El pasado 19 de mayo, “el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, adelantó que el gobierno nacional emitirá un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que fijará que todos los pagos por derecho de propiedad deben realizarse en la semilla, además de crear un registro de uso propio"(párrafo de una nota del portal del Ministerio de Agricultura). Ante esto varias organizaciones nos pronunciamos sobre la necesidad del debate en lugar del decreto, y asimismo el propio Monsanto se pronunció contrario a ese posible decreto ya que no le otorgaba el total de lo que reclamaba (además del cobro por la patente de la semilla, la multinacional exige el cobro de un porcentaje de la comercialización del grano). Posteriormente se planteó la elaboración de una ley en lugar de un decreto. La política pública está en tensión. Los lobby del poder en los pasillos de los ministerios y del parlamento son fuertes. 

 

Paralelamente en estos tiempos, su supo que la ley 27.118 de Reparación Histórica de la Agricultura Familiar, no tendría presupuesto. Ley que esperó años de discusiones, borradores, actividades, foros, acciones y presiones de organizaciones de productores, campesinos y pueblos originarios, para que finalmente se vote sin presupuesto... Como dijimos, los lobby del poder son poderosos. El modelo productivo basado en este paquete tecnológico, con la desmesurada aplicación de agrotóxicos, está afectando la salud de la población y no sólo de las zonas que abarcan los pueblos fumigados, donde se multiplican las enfermedades malignas, degenerativas, metabólicas y demás como lo denuncian los profesionales de Córdoba, del Chaco, de Entre Ríos, de Santa Fe sino que nos incluye a todos los que consumimos a diario las “mercancías” que contienen derivados de transgénicos, que se expenden mayoritariamente en los supermercados y que se publicitan a diario a través de los medios de difusión, aliados en sus negocios, publicidad “engañosa” dirigida especialmente a los niños comprometiendo su futuro y de todo elplaneta Hay en la sociedad un debate incipiente, pero está ausente en los pronunciamientos de los candidatos a suceder el gobierno.Esta no es solo una discusión ambiental, ni un problema de los productores… es una discusión sobre asegurar el Derecho a la Alimentación y a un ambiente sano, en defensa de la vida y de la soberanía nacional. Este Martes 30 estaremos dando un paso más en ese necesario debate. 

UNIÓN DE TRABAJADORES DE LA TIERRA, FRENTE POPULAR DARÍO SANTILLAN 

CONTACTO PRENSA: Agustín Suarez 011-1560471013   Leer

 

 

 

 Alternativas postcapitalistas

 

 

Pongamos en discusión de una creciente mayoría ( de la diversidad de abajo sin fronteras) a la modernidad y el racismo que suscitan menosprecio por campesinos e indígenas. Será debatir para crear involucramiento en:

La lucha por la tierra es la lucha por el territorio.

Una perspectiva decolonial de la lucha campesina, indígena y originaria en América latina.

Carlos Vacaflores Rivero-JAINA/UNESP Presidente Prudente

vacaflores.carlos67@gmail.com

 

Resumen

La reivindicación fundamental de los movimientos campesinos en Latinoamérica fue usualmente caracterizada como la conquista de la tierra, entendida ésta como la parcela agrícola familiar; pero los movimientos campesinos contemporáneos manejan ahora un discurso que hace evidente su concepción de lucha por un territorio, ya sea éste en la perspectiva del territorio con cualidad política del estado plurinacional, o bien como el territorio campesino en la disputa con el territorio del agronegocio. En todo caso, ya no se trata de sólo una reivindicación de parcelas agrícolas familiares, sino que las mismas deben estar articuladas a una condición diferente de reconocimiento de derechos colectivos en el seno del estado-nación. Este aparente tránsito de la lucha campesina por la tierra a la lucha por el territorio, suele ser interpretado como una construcción intelectual reciente de los movimientos campesinos, en una suerte de tránsito de una movilización pre-política hacia otra más propiamente política.

Sin embargo, en este artículo argumentamos que la lucha por el territorio es una condición inherente a todos los Estados-nación modernos, cuya naturaleza de origen colonial nunca fue superada, y cuyos criterios de estratificación social en base a jerarquías construidas a partir de la diferencia étnica siguen operando para la territorialización de la diferencia con fines de dominación, ocultando la imposición de la territorialidad del estado-nación por sobre las territorialidades diversas de la sociedad nacional.

1. La lucha por la tierra en nuestros estados coloniales

La disputa por la tierra ha tomado una notoria especificidad en América Latina en las últimas dos décadas, pues de reivindicar la tierra como parcela para trabajarla, los movimientos campesinos e indígenas han pasado a reivindicar un territorio, con todas las implicaciones conceptuales y políticas que este tránsito discursivo impone. Por ejemplo, para el caso de Brasil, Oliveira caracteriza la lucha contemporánea por la tierra como una lucha contra la apropiación privada de la misma, en la perspectiva de un paso hacia la posesión colectiva de los medios de producción, y cuya práctica demuestra que “no basta apenas la propiedad colectiva, es preciso el control, pose y administración colectiva de esos medios de producción; en una palabra: toda la soberanía a las asambleas de los trabajadores” (OLIVEIRA, 1991:15). Esta parece ser una diferenciación conceptual entre tierra y territorio. Sin embargo, si bien aparenta ser una novedad de estos tiempos, no lo es, ya que el reclamo de un espacio territorial es una reivindicación tan antigua como el proceso de conquista y colonización del continente americano, pero que en el transcurso de la historia de formación de los actuales países latinoamericanos este hecho se oculta detrás de la consolidación del Estado-nación moderno, naturalizando así la destrucción y negación de la diversidad identitaria y territorial que es intrínseca a la población, y las necesidades de expresión política de estas estructuras identitarias diferenciadas que se fueron ocultando bajo mecanismos modernos y liberales de adscripción al Estado, es decir, a partir de la ciudadanía individual y de la propiedad privada, desprovistas de cualquier connotación política que significase un desafío a la concepción dominante de organización política y territorial de la sociedad moderna.

¿Pero por qué es pertinente considerar la necesidad de expresión territorial de las estructuras identitarias diferenciadas?, ¿acaso el Estado-nación y su estructura territorial no es marco suficiente para resolver la cuestión de la ciudadanía y la representación política? Porque los movimientos campesinos e indígenas de Latinoamérica plantean en las últimas décadas sus reivindicaciones con una perspectiva explícita de territorio; y no podemos olvidar que el origen del campesino latinoamericano está directamente ligado a los pueblos indígenas, cuya condición de pueblos implica una identidad cultural, organizativa y territorial que no pudo ser destruida por la colonia ni la república, por un lado; y por otro lado a los esclavos negros, cuya resistencia histórica produjo la figura de los territorio libres, como los quilombos y asentamientos de campesinos sin tierra (FERNANDES, 2000). Este origen nos remite, también, a la división del trabajo a partir de criterios raciales, siendo los indios y esclavos los trabajadores brutos del campo, de las minas, de las plantaciones; y los europeos eran los dueños de las tierras, capataces y autoridades, naturalizando así un orden social que luego en la república fue sancionado con la existencia de ciudadanos de primera y segunda, siendo los indios y los esclavos los que forman el contingente de dudosa ciudadanía de segunda.

Aquí cabe aclarar que en este artículo usamos el concepto de campesino como una categoría que reconoce el proceso colonial de formación del campesinado, y a lo que hoy llamamos campesino es fruto de un largo y penoso transitar histórico de transformación de pueblos a indios, de pueblos a esclavos, de indio a campesino, o de esclavo a campesino, de campesino a indígena y originario, o a agricultor familiar, pequeño productor, etc. en un permanente juego de nuevas designaciones desde el discurso dominante para ocultar una y otra vez la potencia política de las masas dominadas . Con el paso del tiempo estos trabajadores de la tierra, indios y esclavos, y posteriormente migrantes pobres de Europa y Asia, se convirtieron en los campesinos de la modernidad, pero manteniendo sus formas de vida como pueblos, o bien reconstituyendo identidades colectivas comunitarias y sus experiencias de lucha a pesar de los esfuerzos de homogenización cultural y desarticulación de la identidad étnica del proyecto ciudadanizador del Estado-nación.

Por eso la lucha campesina reivindicó siempre la noción del territorio, pues se trata del territorio indio usurpado por el invasor o la posibilidad de erigir un territorio libre del régimen colonial esclavista. Este reclamo fue siempre re-interpretado por la clase dominante bajo la más conveniente noción de tierra como parcela de producción agropecuaria, nada más, ya que al excluir la posibilidad política que implica el territorio, se mantienen las condiciones que permiten la dominación colonial de las clases señoriales. La lucha por la tierra es una característica central de las sociedades de clases, en las que la cuestión agraria se caracteriza por una tendencia a la concentración de la tierra y su consiguiente dinámica de desigualdad y/o inequidad en su acceso: algunos tienen mucha tierra, y muchos no la tienen o la tienen de forma insuficiente como para satisfacer sus necesidades de reproducción socioeconómica. Recurro aquí a la noción de inequidad porque la lucha se da en el seno del Estado-nación, donde los ciudadanos, en tanto miembros de una misma comunidad política nacional, tienen supuestamente derechos y obligaciones iguales, por lo tanto, el acceso a la tierra debería estar regulado por el Estado de tal manera que no quepa lugar a inequidades entre ciudadanos a la hora de su acceso. Más esto no ocurre así en la realidad, y después de algunos siglos de haberse impuesto el Estado-nación como vehículo privilegiado para llevar adelante el proyecto de la modernidad, (SANTOS, 1997), éste no ha logrado construir, mucho menos llevar a la práctica, un sistema razonable de igualdades entre sus ciudadanos, y más bien a nombre de una equidad e igualdad formal y enunciativa, se ha naturalizado la desigualdad y la inequidad entre clases, estamentos, castas, regiones, etc. (GONZÁLES, 2006).

Para nuestros países de origen colonial, la explicación de la sociedad de clases del tipo burgués-proletario pareciera insuficiente cuando se constata una alta correlación entre condición de clase y condición étnica-cultural; lo cual es evidente al observar la lucha social, particularmente la lucha por la tierra, que se establece entre los descendientes del conquistador europeo y los descendientes de los indios y esclavos. Los migrantes pobres europeos que llegan tardíamente a las colonias, tienen otras posibilidades de desarrollo debido precisamente a su condición étnico-cultural que los predispone hacia una asimilación relativamente más fácil hacia el estamento dominante, en el que no requieren de un proceso violento de mestizaje cultural ni biológico como mecanismo de ascenso social, de manera que no es extraño encontrar historias de suceso vinculadas a los antiguos migrantes pobres de origen europeo transformados en los nuevos capitalistas de nuestros países, lo cual sería bastante más extraño para el caso de los descendientes de indios y esclavos negros, a no ser que se sometan a la enajenación y rechazo de su origen étnico-cultural. Para el caso del Brasil, por ejemplo, Darcy Ribeiro (2008:212) hace notar a partir del análisis del censo de 1950 las condiciones diferenciadas de ascenso social entre los negros descendientes de los esclavos y blancos estrangeiros, “…e visível que esses estrangeiros, vinculados ao Brasil nas últimas décadas como imigrantes, encontraram condicoes de ascensao social muito máis rápida que o conjunto da populacao existente, porém enormemente mais intensa que o grupo negro”.

Esta situación provee pautas sobre la condición diferenciada de formación de clases en nuestros países de origen colonizado, y donde el uso de las categorías de colonialismo, colonialismo interno y colonialidad revierte una enorme potencia explicativa a la hora de su comprensión, como veremos más adelante en relación a la colonialidad. La comprensión de la inequidad en el acceso a la tierra en nuestros países implica además considerar la violencia con que ésta se acompaña, completamente naturalizada además cuando se aplica contra los indios y campesinos sin tierra, tanto en el despojo sin consideraciones como en la política explícita de los gobiernos para evitar la aplicación de estrategias de redistribución de tierras para resolver el problema de las poblaciones campesinas y sus necesidades de apoyo público para el desarrollo económico. No se trata sólo de una condición concentradora inherente al desarrollo del capitalismo en una perspectiva de “competencia leal bajo reglas del mercado”, es además una condición psicológica naturalizada que permite operar la violencia explícita y legitimada contra las identidades colonizadas y subalternas en la dinámica estructurante de la sociedad. En el continente americano, nuestros países se disputan el liderazgo a la hora de establecer los índices más altos de inequidad en el acceso a la tierra (FERNANDES, 2000), situación que se arrastra desde su creación como Estadosnación a principios del siglo XIX, y que es heredada a su vez de la experiencia colonial del continente.

Precisamente es el hecho colonial que deviene en el hecho constitutivo y fundante de nuestras sociedades y Estados contemporáneos (RIVERA,1993; GARCIA, 2005; URQUIDI, 1990), y es en este proceso violento que se establecen los mecanismos y dinámicas iniciales que conforman las estructuras sociales, económicas, políticas y culturales de diferenciación de clases, castas y estamentos sociales, bajo criterios de superioridad e inferioridad, que orientan la forma en que opera la lucha por la tierra en los actuales Estados-nación del Abya Yala , llamado también América.

El objetivo de este artículo es bosquejar un recorrido por ese camino de disputa del sentido de la lucha social en el campo agrario de Latinoamérica. Para eso, nuestra metodología se basa en revisar referencial teórico sobre lucha campesina y colonialidad producido para el contexto de Bolivia y Brasil, con autores como S.Rivera, P.Gonzales Cassanova, A.Quijano, D.Riveiro, A.U.de Oliveira, y otros; complementadas con algunas obras que describen una perspectiva latinoamericana, como Piñeiro y Chonchol, por ejemplo, y otros autores que trabajan la perspectiva geográfica, como B.M.Fernandes, C.Raffestin, ó M.Santos; para con esas referencias construir un argumento desde la perspectiva geográfica y decolonial que explique la lucha campesina e indígena contemporánea en Latinoamérica.

2. Sobre el origen colonial de las concepciones raciales de superioridad e inferioridad
La conquista y colonización europea del continente americano sirvió para arrebatar la tierra y sus recursos a los pueblos indígenas que habitaban estos lugares, y para poder hacerlo, fue preciso construir un dispositivo ideológico capaz de justificar semejante barbarie en la conciencia y en el ordenamiento jurídico impuesto por los usurpadores. Tal es así que los españoles y portugueses justifican su “derecho natural” para despojar la tierra a los nativos y apropiarse de la misma a partir de inventar la noción, hasta entonces inexistente, de “raza” (QUIJANO, 2003), con la que se explicita objetivamente la diferencia entre europeos e indios para clarificar quien es el conquistador y quien el conquistado, quien es el civilizador y quien debe ser civilizado, inaugurando así un ciclo de identificación de castas sociales asociadas a las características fenotípicas de la población, asignándole una supuesta superioridad a los europeos blancos respecto de una supuesta inferioridad de los nativos indios (RIVERA, 1993), cuyas repercusiones en el orden social, económico, territorial, político y cultural se proyectan hasta los tiempos actuales (GARCÍA, 2005). Desde esta construcción ideológica colonial se procedió a efectivizar la conquista, por la vía del genocidio y limpieza del territorio, en unos casos; o bien por la vía del sometimiento violento de la población nativa y apropiación de su espacio territorial, conocimiento productivo, organización y fuerza laboral, en otros casos. Así, el continente americano se puede diferenciar por una estructura básica que proviene de estas dos modalidades de conquista y colonia. Estas modalidades de colonización dieron lugar a sistemas de producción también diferentes, emblemáticamente expresados en los sistema de plantaciones, chacras y en el de haciendas (PIÑEIRO,2004) cuyas características diferenciadas radican en el mantenimiento o no de la población nativa con sus estructuras comunitarias para su explotación como mano de obra forzada, como ocurrió en el caso de las haciendas (provenientes de las titulaciones, repartimientos y encomiendas) (URQUIDI,1990) característica de las zonas montañosas del continente; o bien en la incorporación de mano de obra esclava en las grandes propiedades limpiadas de indígenas, como es el caso de las plantaciones y chacras característica de las grandes planicies de Sudamérica (FERNANDES, 2000; MORISAWA, 2006; PIÑEIRO, 2005).

La independencia de los nuevos Estados-nación americanos en el siglo XIX no cambia esta estructura básica, ya que la rebelión que da lugar a la llamada Guerra de la Independencia no es de la población indígena sometida, sino de los criollos y mestizos que le disputaban a su metrópoli el derecho a los privilegios coloniales hasta entonces reservados solo para los peninsulares. Es más, un par de décadas antes de la guerra de la independencia de las colonias españolas, los españoles, criollos y mestizos se unieron para derrotar militarmente las rebeliones indias de Tupac Amaru y de Tupac Katari en los Andes, que exigían un nuevo sistema de igualdades y convivencia respetuosa entre indios y blancos, afectando, claro está, los principios que sustenta el régimen de explotación y desigualdad que permite a los españoles, criollos y en menor medida los mestizos acceder a riqueza a costa de la explotación del indio4 (VALENCIA, 1960). Estas rebeliones canalizaron el reclamo y la violencia del indio, haciendo tambalear el poder español en la colonia, aunque luego fueron reprimidas duramente por la coalición de españoles, criollos, y mestizos, dando lugar a masacres ejemplarizadoras de los indios levantados, marcando así la imposibilidad de resolver el problema de la dominación por vía de la concertación o de la convivencia de las “dos repúblicas” (RIVERA, 1993), estableciendo un patrón de comportamiento repetitivo a lo largo de la historia de nuestros países con sucesivas y permanentes rebeliones y respectivas represiones, de manera que no sorprende que la conformación de los nuevos Estados se haya hecho sobre la continuidad de la diferenciación negativa y explotadora entre blancos y los indios y negros.

3. De la tierra al territorio
Los conceptos son espacios de disputa política y su significado es construido en el forcejeo de las relaciones sociales mediadas por el poder, donde los sujetos sociales se posicionan a partir de su propia experiencia histórica. En el contexto de la lucha de clases, los sujetos sociales disputan el poder asignarle significado a la realidad desde su propia intencionalidad contrapuesta, con evidentes ventajas para las clases dominantes, siendo así que el dotar de significación a los conceptos que se imponen en lo cotidiano es un ejercicio del poder: el poder de significar, de interpretar y de imponer (FERNANDES, 2008). La evolución histórica de la lucha campesina en Latinoamérica es descrita por algunos autores como una suerte de complejización de su sentido político (PIÑEIRO, 2004), partiendo desde una condición pré-política hacia otra más propiamente política, en una comprensión de la evolución y articulación de las demandas campesinas desde aspectos simples y elementales de la convivencia colonial hacia contenidos más complejos de reivindicación política en su articulación colectiva al Estado-nación en épocas recientes.

Siguiendo esta lógica de comprensión lineal moderna, corremos el riesgo de percibir a las sociedades campesinas como transitando desde una condición intelectual de simplicidad hacia otra de complejidad en su capacidad de comprensión de la realidad, como podría interpretarse la evolución discursiva de la demanda campesina que antes exigía tierra y ahora exige territorio, y que de hecho se impone como explicación dominante desde el discurso de la política pública, sugiriendo por ejemplo, que la reforma agraria consiste solamente en la dotación de tierra para la producción agropecuaria. Por suerte Piñeiro (2004) nos advierte ya en su obra que la lucha campesina se da en un contexto sociopolítico muy adverso, que en la época colonial y principios de la republicana prácticamente no contaba con espacios para manifestarse si no era a través de las revueltas y sublevaciones, que más temprano o más tarde terminaron con la derrota militar, sellando la extrema dificultad de poder posicionar su proyecto político.

No es sino hasta que los procesos de reforma agraria de la segunda mitad del siglo XX, con el auge de la tractorización e introducción de las semillas mejoradas de la revolución verde, que se consolida la conquista de algunos derechos ciudadanos individuales que permite la ilusión de una mayor articulación de los campesinos al Estado y al mercado, vía la ciudadanización del indio convertido en campesino, con lo cual la lucha por la tierra toma un carácter de acceso individual a la parcela agrícola. El desencanto de este modelo sobreviene rápidamente después de los primeros años de implantadas las reformas agrarias, ya que las promesas del desarrollo del campesino vía la revolución verde y la articulación al mercado no tuvieron los efectos esperados, principalmente porque los campesinos no tenían ningún control sobre las políticas públicas de desarrollo, y a partir de esta limitación el Estado y todo su aparataje no podía ser usado para el desarrollo de los campesinos; aunque sí era usado por la clase dominante para beneficiarse como sector agroempresarial con créditos, apoyo técnico y políticas favorables.

Desde la óptica de los campesinos, era evidente que la inclusión ciudadana vía el dispositivo de los derechos ciudadanos individuales y la vinculación al mercado no era suficiente, ya que de alguna manera seguía funcionando la estructura de exclusión y dominación en el seno del Estado, exigiendo replantear la comprensión de la naturaleza del problema del atraso del campesino, con lo que se reposiciona la lectura de la naturaleza colonial de las relaciones sociales, políticas, económicas y culturales del Estado, en un retorno a la perspectiva de la lucha por el territorio, cuyas manifestaciones más evidentes fueron las movilizaciones de los pueblos indígenas en las décadas del 80 y 90, reclamando al Estado el reconocimiento al derecho a un espacio territorial donde puedan reproducirse como pueblos.

La comprensión campesina de esta lucha, en Bolivia por ejemplo, fue expresada bajo la bandera de tierra-territorio en la década de los 80 y 90, que luego evoluciona hacia la idea del Estado plurinacional comunitario con autonomías campesinas e indígenas en los 2000. Lo que se pone en cuestión con esto, es el conjunto de supuestos sobre los cuales se erigen los Estados-nación en nuestro continente. El concepto tradicional de Estado, en tanto entidad política, define al mismo como una entidad compuesta por una población, un gobierno y un territorio (SCELLE en GOTTMANN, 1973:14; RAFFESTIN, 1993). El supuesto es que la población de un país correspondería a una sola comunidad política, es decir a una nación, armonizada por la estructura de representación política que le provee la condición de ciudadanía, a partir de una lógica de organización jerárquica del territorio nacional que provee los niveles territoriales correspondientes de representación política para conformar un gobierno con participación de los representantes de todas las unidades territoriales subnacionales. A su vez, la condición ciudadana garantiza la participación de todos los ciudadanos de cada unidad territorial subnacional en el gobierno nacional a través de las estructuras de representación política vía partidos políticos.

Al estar resuelto el problema de la adscripción del individuo a la comunidad política nacional a través de la ciudadanía, la consolidación del territorio nacional en la lógica del Estado es suficiente y absoluta. El territorio, según esta concepción, es sólo la “porción del espacio definido por las leyes y la unidad de gobierno” de un Estado (GOTTMANN, 1973), y por tanto no es posible aceptar otro territorio dentro del territorio nacional, porque eso sería violar la soberanía del Estado. Bajo este entendido, y en el supuesto de que todos los habitantes del territorio gozan de iguales derechos ciudadanos individuales que garantizan su adscripción a la nación, el territorio nacional es suficiente, absoluto, único e incontestatable, y es dentro de este territorio nacional que se organizan las propiedades de tierra bajo la normativa que produce el gobierno nacional que representa a todos los ciudadanos. Esta concepción de territorio, estrechamente ligada a la concepción hegemónica de organización política de la sociedad, condiciona una comprensión dominante del acceso a la tierra en tanto propiedad privada, solo tierra para trabajar, donde el problema se reduce a hacer más eficiente la redistribución de la misma entre los ciudadanos, y claro, lo que se discute es la propiedad individual de la tierra, no el territorio, porque eso estaría resuelto indubitablemente en el nivel del Estado-nación. Esta condición explica en principio el manejo dominante del concepto de “tierra” sólo como parcela de trabajo o propiedad agrícola. Sin embargo, la realidad de la composición social y el origen colonial de nuestros países no pueden ser ignorados, esta sigue estructuralmente allí, y como en cada ciclo histórico de encantamiento de la dominación, este llega a un punto de crisis que no permite mantener más los principios hegemónicos y surgen nuevamente los atavismos de nuestra historia social y política.

Silvia Rivera (1993) se preguntará sobre la razón de que las reivindicaciones de corte indigenista resurgen cada vez con la misma renovada vitalidad de antaño, a pesar de haberse sentenciado innumeras veces su desaparición con la implantación de modelos novedosos de homogenización cultural y política. Igualmente se preguntarán angustiados los convencidos de la primacía capitalista el por qué de la persistencia del campesinado en estos tiempos donde esta incomoda clase se tendría que haber acabado. El convencimiento de la clase dominante de su derecho legítimo de propiedad sobre el territorio conquistado, construido en la conquista y colonia del continente, sigue plenamente vigente en la idiosincrasia contemporánea de nuestras sociedades latinoamericanas, y la implicación de esta creencia es absolutamente marcante en la configuración social y política actual de nuestros países. Para la clase dominante, el territorio nacional es de su propiedad por derecho de conquista, así de sencillo, en la misma lógica feudal pero reubicada a tiempos modernos con un discurso democrático. No fueron los campesinos sin tierra, de origen plebeyo, indio, o esclavo, los que invirtieron fortuna en conquistar y colonizar el territorio. Esta comprensión es necesaria para mantener el orden colonial, sólo que debe ser impuesta como sentido común para orientar un devenir fluido de la sociedad y del Estado. Pero este sentido común empieza a resquebrajarse en la década de los 90 a partir de las limitaciones que muestra el modelo neoliberal impuesto a nuestros países en la década de los 80 como la receta de continuidad del modelo desarrollista de las décadas de los 50, 60 y 70 para lograr el desarrollo nacional.

La extrema dificultad para participar en las decisiones políticas por parte de los sectores subalternos, entre los cuales están los campesinos e indígenas, llevó también a una crisis de los sistemas tradicionales de representación política, nominalmente los partidos políticos; y a un cuestionamiento de la condición de ciudadanía construida sobre los supuestos liberales de los Estadosnación modernos. De a poco fue creciendo una comprensión cada vez más clara de que el Estado-nación y su estrategia de desarrollo no estaban pensados en el desarrollo de toda la sociedad, a lo sumo los beneficios podrían gotear hacia la población excluida en dosis cada vez más pequeñas. Es lógico que la identidad indígena resurja nuevamente en este periodo para exigir de nuevo el derecho a constituirse como sociedades plenas y tomar control de su propio destino, en un espacio territorial propio, por derecho de propiedad pre-existente a los actuales Estados, desafiando abiertamente la noción del derecho de propiedad por conquista. Esta emergencia es fundamental para promover en la conciencia de los sectores subalternos una revisión de los supuestos de la organización de la sociedad en los Estados-nación y en el seno de los modelos de desarrollo dominantes, y rápidamente se cae en cuenta de que lo que está en cuestión es una disputa por el territorio nacional entre estamentos sociales separados colonialmente.

En los países de fuerte presencia indígena, que disputa el derecho propietario original del territorio, se condensa el discurso de la tierra-territorio, del territorio indígena, y finalmente de la plurinacionalidad como condición de reorganización del territorio del Estado; y en los países de composición social sin una aparente presencia significativa de lo indígena, como Argentina y Brasil, la expansión de modelos de desarrollo que arrasan con la población rural campesina exige también una respuesta en base a la comprensión de la disputa del territorio nacional, que al igual que el caso indígena campesino, de lo que se trata es de concebir un Estado que garantice la pertenencia al espacio territorial nacional a la población que tiene condiciones diferenciadas de reproducción social, económica y cultural. Para el caso de Brasil, el proceso de ocupación de tierras que realizan los campesinos sin tierra es comprendido como un acto de resistencia frente al Estado controlado por las clases dominantes que aplican políticas contrarias a la reproducción de las familias campesinas, y esta resistencia trae implícita una noción de espacio territorial donde el Estado garantice la reproducción campesina (FERNANDES, 2008) Así, en principio, en la noción campesina no se trata de fraccionar o desconocer de pleno el territorio nacional, sino que se trata de efectivizar la condición ciudadana de todos los individuos en el espacio territorial nacional. De esta manera, se construye una conciencia no sólo de la posibilidad de existencia del territorio campesino o el territorio indígena, sino de una necesidad política ineludible en la reconfiguración del Estado para que éste asuma en la realidad lo que en términos enunciativos ya prometió hace tiempo. Se trata, en cierta manera, de exigirle al proyecto de la modernidad que cumpla sus promesas.

4. La territorialización de la identidad para la dominación

La división de castas para organizar la sociedad produce el fenómeno del mestizaje, y la división del trabajo bajo criterios raciales, asignándole a los indios el estigma de la inferioridad, y a los europeos la cualidad de lo superior, de manera que el mestizaje biológico y/o cultural vino a ser el único vehículo para escapar del polo negativo de la oposición indio-blanco, por tanto de ascenso social, estableciendo una compleja gradación fenotípica de la población que tuvo su correlato con las ocupaciones laborales y los espacios territoriales asignados a estas identidades, siendo que los cargos de mando y poder, ubicados en las ciudades, estaban reservados para los miembros de la cúspide de la jerarquía social, los blancos, siendo los mandos medios reservados para los criollos, los oficios artesanales para los mestizos, y el trabajo de la tierra a cargo de los indios (GARCÍA, 2005; RIVERA, 1993; PIÑEIRO, 2004; YAMPARA, 2005). En aquellos lugares donde se introdujo el trabajo esclavo, los negros estaban destinados a una casta social incluso mas baja, con su correlato laboral. Así, mientras el territorio no estaba bajo el control político del señor europeo, era susceptible de conquista. Para los indios, para los trabajadores sin tierra, o para los esclavos fujidos era inconcebible pensar en erigir un territorio libre de la influencia del sistema colonial, y cuando se daba su existencia era posible solo en la efímera rebelión, o en la profundidad del territorio inexplorado, o en la medida en que estén bajo el control político del europeo, susceptibles siempre de ser atacados y destruidos por el poder colonial (FERNANDES, 2000). De esta manera, en los espacios donde se reproducía el trabajo indígena y esclavo, libre o subordinado, se establecía el territorio de los inferiores, el territorio dominado o destinado a ser dominado, el territorio a ser usurpado, dándose así la territorialización de las identidades (DELANEY, 2005) en una perspectiva de estructuración espacial de la desigualdad social para la dominación y explotación colonial.

Con la imposición de la perspectiva europea de colonización se establece un complejo sistema de territorialización de la dominación y de la explotación, asignándole al espacio rural donde viven las comunidades indígenas, los trabajadores sin tierra y los esclavos una cualidad territorial equivalente al espacio “salvaje”, “atrasado”, “incivilizado”, por lo tanto susceptible de recibir una labor civilizadora por parte de los que constituyen el mundo civilizado, es decir, de los blancos. Es la territorialidad de la dominación colonial, donde el estamento dominante impone un significante al territorio y su estructura. Son los blancos los que controlan el poder de la argumentación y de la posibilidad de nombrar las cosas, controlan el Estado y sus aparatos ideológicos, y construyen una conciencia común que naturaliza esta concepción. Dice Gonzáles Casanova (2006) que las clases dominantes del actual sistema capitalista cuentan con un capital de conocimiento con bases científicas muchísimo mayor que bajo otros sistemas de explotación anteriores, y su nivel de conciencia sobre el funcionamiento del sistema es muy alto, con lo cual despliega acciones y estrategias que le permiten establecer condiciones favorables para mantener las estructuras de dominación, desigualdad y explotación de la manera más conveniente posible para sus intereses de clase. Esta gran capacidad y poder les permite eventualmente tomar control de los procesos de cambio que empujan las clases subalternas, vaciarlos de los elementos peligrosos, y redireccionar estos cambios hacia condiciones que aparentan mejorar pero que no afectan en esencia los privilegios de su clase, es decir, cambiar para que nada cambie.

No es casualidad que los campesinos rebeldes que luchan por la tierra sean los descendientes, directos o simbólicos, de los indios y los negros; y que los propietarios de grandes latifundios y funcionarios del Estado sean los descendientes, directos o simbólicos, de los españoles y portugueses conquistadores, pues la raíz de todo esto está en la contraposición entre colonizadores y colonizados, dirá la socióloga boliviana Silvia Rivera (1993). La lucha social muestra en la América, sobre todo india pero también en los países con poblaciones de origen esclavo, una alta correlación entre la condición de clase y la condición étnica de los individuos, desafiando la concepción tradicional de Estado-nación y ciudadanía que se había impuesto hegemónicamente después de la guerra de la independencia. A esta condición, asociada a la supuesta inherencia de la superioridad e inferioridad de las razas, denominamos como la colonialidad (RIVERA, 1993; GONSALEZ, 2006) El Estado-nación, criatura de la modernidad, fue el vehículo privilegiado para llevar a cabo las promesas de la modernidad, construido sobre el mito de la igualdad entre los seres humanos que conforman la “comunidad política imaginada” que se constituye en un territorio soberano (SANTOS, 1997) La fórmula europea para lograr esto, fue superar la diversidad de identidades étnicas de los grupos humanos que estarían conviniendo en constituir el Estado y conformar una sola identidad nacional, por sobre todas las otras identidades previas (MORAES, 1986) para lo cual la modernidad declaró la irreversible declinación de las comunidades étnicas tradicionales para dar lugar a una nueva forma de organización de la comunidad nacional bajo el principio de la ciudadanía (SANTOS, 1997, p.316) que implicaba dotar de igualdad de derechos de todos los ciudadanos, sin distinción de etnia, clase o religión.

En América esta fórmula, aplicada como modelo de formación de los Estados-nación, sirvió para deslegitimar a las naciones y pueblos indígenas y someterlos a una condición cultural y organizativa según cánones de la cultura conquistadora dominante, la europea española y portuguesa, naturalizando con la idea del Estado-nación la dominación y explotación de las poblaciones indígenas y esclavas por los civilizados blancos, condición que se ha venido a denominar como el Estado monocultural de una sociedad multinacional (GARCÍA, 2005 p.29). En los países de la América española la población, lejos de haberse homogenizado por procesos de ciudadanización y mestizaje, se mantiene heterogénea, y se mantiene jerarquizada en base a las identidades construidas en el proceso colonial (YAMPARA, 2005; RIVERA, 1993, GARCIA, 2005). La experiencia reciente de Bolivia para la elaboración y aprobación de una nueva Constitución Política del Estado sirve para observar claramente la persistencia inalterable de las estructuras de origen colonial del Estado y la sociedad.

El proyecto de refundación del Estado en base a los planteamientos y demandas de autonomía indígena y campesina se vieron fuertemente enfrentados con el sujeto social del Estado-nación: el mestizo, contraponiendo dos agendas que disputan la concepción del cambio: autonomía indígena-originariacampesina versus autonomía departamental, ambos vinculados directamente con el reconocimiento del orden comunitario plurinacional y con el reconocimiento del orden capitalista de dominación colonial de la propiedad privada individual, respectivamente. En los territorios donde prevaleció la Hacienda como sistema de producción, la construcción del Estado-nación se hizo en base a la destrucción de las identidades comunitarias étnicas, basadas en la comunidad de parentesco de pueblos indígenas, y para efectivizar la dominación política el régimen colonial destruyó toda posibilidad de articulación de la capacidad política de estos pueblos, aplicando una serie de medidas de desarticulación de los pueblos, pero manteniendo sus células mínimas de estructuración del trabajo para su explotación: la comunidad, y rebajando hasta este nivel la posibilidad de relacionamiento con la autoridad española, siempre cuidando de subalternizar y suplantar los liderazgos comunitarios indígenas, con lo cual se atomizó y despolitizó la posibilidad de la acción política indígena (RIVERA, 1993; DIAZ-POLANCO, 2003)

En los territorios donde se despoblaron de indígenas y se usó el trabajo esclavo, se cuidó de evitar la conformación de estructuras comunitarias de los trabajadores, mucho menos su territorialización, ya que era muy claro para los latifundistas que estas eran los núcleos de gestación de la acción política de los oprimidos. Los quilombos y los grupos de salteadores de caminos formados por esclavos negros o blancos que logran escapar de las plantaciones coloniales en el actual territorio brasilero (MORISAWA, 2001; FERNANDES, 2000) son ejemplos de la formación de estructuras comunitarias del mundo agrario para hacer frente a la adversidad desde la subalternidad. La atomización y desarticulación de las estructuras comunitarias fue objeto constante de las políticas de Estado para viabilizar la dominación de la población indígena y esclava, y las reformas agrarias y su concepción de dotación de propiedades privadas individuales a los productores campesinos también responde a esta lógica liberal de estructuración del Estado-nación. 5. La lucha es por el territorio La lucha por la tierra es, en la experiencia de los campesinos latinoamericanos, una tarea que excede la simple redistribución de la tierra, ya que ese tipo de reformas no pudieron dotar al campesino de verdaderas posibilidades de desarrollo que le permitan salir de sus condiciones estructurales de atraso, marginación, explotación y pobreza. Ya en la colonia se debatía en las movilizaciones y rebeliones indígenas andinas la necesidad de resolver el problema social consolidando la república de indios y la república de españoles (RIVERA, 1993) en una clara alusión al reconocimiento de la soberanía indígena en el seno de una organización jurídica estatal compleja. La revolución boliviana de 1952 estuvo muy marcada por las demandas de consolidación de los territorios y naciones indígenas (HUIZER, 1978) y en el proceso constituyente reciente se consagra una constitución política que reconoce un Estado Plurinacional Comunitario (BOLIVIA, 2009), lo mismo que en la nueva Constitución Política del Ecuador, en el seno del cual es posible reconocer la cualidad política de las estructuras comunitarias campesinas como fuente legítima y legal de representación política e implementación de políticas públicas de desarrollo local y regional.

En la colonia portuguesa existen varios ejemplos de rebeliones de regiones donde las clases dominantes regionales, compuestas de criollos, junto con la población explotada, indios, negros y mestizos pobres, se levantaban contra el imperio portugués, y en algunos casos lograron prosperar con la implantación momentánea de gobiernos regionales propios que establecieron medidas radicales, como la abolición de la esclavitud, expulsión de portugueses, redistribución de la riqueza, la igualdad entre los  hombres, lo cual siempre terminó siendo el motivo de la alianza de los sectores criollos dominantes levantados con los portugueses para controlar a los esclavos y trabajadores pobres (MORISSAWA, 2001). No es solo la posibilidad de la acción política en el seno de un esquema de Estado, sino que la producción en pequeña escala, como la campesina, también requiere de un entorno comunitario que le provea los recursos necesarios para la reproducción económica y social del campesino. El conocimiento productivo, la institucionalidad local necesaria para gestionar el uso y acceso a recursos productivos, el intercambio de insumos productivos, la reciprocidad posible para prestar y recibir oportunamente insumos productivos, en fin, solo un entorno comunitario hace posible el poder construir colectivamente la posibilidad de tener a disposición insumos productivos en los momentos oportunos, cosa que sería muy difícil o hasta imposible para un pequeño productor en un entorno dominado únicamente por relaciones mercantiles.

La forma comunitaria de vida produce un núcleo cultural diferenciado, es fuente de diversidad y diversificación de lo social, en términos culturales, de arreglos institucionales, de conocimiento, de artefactos e instrumentos producidos y construidos, de cultivos y tipos de animales criados, y así estos núcleos diferenciados a partir de su adaptación a los entornos ambientales se constituyen en formas peculiares de constitución de sociedad desde lo local hacia lo regional y hacia lo global, con una territorialidad característica propia que encierra en si mismo el germen de un potencial de desarrollo humano, cultural, económico y social cuyos límites los podría colocar la propia voluntad del pueblo o entidad social en cuestión. Sin embargo, este potencial es restringido por la dominación y la explotación a que están sujetos las identidades campesinas e indígenas, con su territorialidad e institucionalidad propia, por el capitalismo y su montaje territorial del Estado-nación moderno hegemónico. Por eso el simple acceso a la parcela productiva no es condición suficiente para garantizar el acceso a una mejor condición de vida de la familia campesina, sino que esta parcela debe estar inserta en un contexto que le permita su viabilidad económica, cultural, social y política, es decir, en un entorno tal que la forma de vida campesinaindígena no sólo sea reconocida como una forma legítima y válida en sí misma, con todas sus características intrínsecas, sino que además sea apoyada por el entorno social y político para acceder a los bienes y servicios que produce una sociedad organizada estatalmente. Esto implica una nueva concepción de Estado, alternativa en todo caso a la concepción hegemónica del Estado-nación que impone su propia estructura y lógica a todas las estructuras sociales de su jurisdicción; una nueva concepción en la cual sea posible la expresión vital de las lógicas autóctonas de las sociedades locales y regionales. La disputa de esta concepción tiene, en todo caso, amplias posibilidades, tantas como las historias particulares de cada país y sociedad, cuyas historias particulares de constitución, formación y lucha social ya proveen posibles horizontes alternativos. La lucha por la tierra adquiere así un horizonte de lucha por el territorio, por un espacio vital donde se garantice la reproducción social de los grupos humanos en una perspectiva de mejorar sus condiciones de vida, ejercer sus derechos en forma constante y en base a los criterios y visiones propias del grupo. (...)Referencias:(...)Fuente: http://www.uff.br/vsinga/trabalhos/Trabalhos%20Completos/Carlos%20Alfredo%20Vacaflores%20Rivero.pdf

En consecuencia, abajo y a la izquierda, es crucial hacer al involucramiento de una creciente mayoría en la afirmación territorial de pueblos y comunidades rururbanos, campesinos e indígenas. Valoremos:

La lucha por la tierra es la lucha por el territorio.

Una perspectiva decolonial de la lucha campesina, indígena y originaria en América latina.

Carlos Vacaflores Rivero-JAINA/UNESP Presidente Prudente

vacaflores.carlos67@gmail.com

(...)6. Consideraciones finales

En la cabeza de los movimientos campesinos latinoamericanos (indios, esclavos, sin tierras, peones, etc.) siempre ha estado claro que el objetivo de la lucha es la rearticulación de ellos mismos como sujetos excluidos de los estados coloniales, en la legitimidad y legalidad de la sociedad nacional, y la demanda de tierra es hecha en el entendido que la misma está inserta en un espacio territorial que garantiza su derecho legítimo a existir, es decir, para el campesinado el concepto de tierra como “espacio de trabajo” no se abstrae de su contenido político de territorio. En el caso de los países donde la población indígena no ha sido diezmada con el genocidio colonial, y su presencia contemporánea es muy significativa, como el caso de Bolivia, Perú, Ecuador, Guatemala o México, sin duda que estas estructuras sociales cuyo origen se remonta a los tiempos prehispánicos ya se constituyen en entidades legítimas de concreción de la comunidad política específica para articularse al Estado. La figura del Estado Plurinacional y Comunitario surge en los casos de Bolivia y Ecuador, donde las autonomías indígenas y campesinas emergen como figuras jurídicas reactualizadas para el contexto de los nuevos Estados nacionales, pero esta vez plurinacionales. Es la idea de las dos repúblicas manejada por las rebeliones indígenas andinas del siglo XVIII reactualizada para estos tiempos. La posibilidad de concreción de las autonomías campesinas, es así un espacio real en el nuevo marco jurídico, que para el caso boliviano está prevista en su nueva Constitución Política del Estado (BOLIVIA, 2009) e implica la posibilidad de redescubrir la territorialidad campesina que se produce en la práctica cotidiana de las comunidades campesinas, y formalizar creativamente estas territorialidades en un esquema estatal que reconozca las mismas y les asigne jurisdicción, recursos y competencias como para que les permita aplicar políticas de desarrollo desde el control y la decisión de la población local, en una clara estrategia de descolonización del territorio al dotarle de posibilidades de construir y ejercer un esquema autónomo de vinculación al gobierno nacional. Más aún, la noción de territorio campesino no se circunscribe solo a la realidad del mundo indígena en el Abya Yala, sino que es una noción que se impone en el seno de todos los contextos estatales y societales de nuestros países, desde cuya argumentación se disputa la concepción dominante de territorio nacional de origen colonial, y desafía los supuestos de la igualdad, equidad y libertad en la conformación de los Estadosnación erigidos bajo principios liberales de ciudadanía individual, ignorando los derechos colectivos de entidades sociales, culturales o étnicas que luchan por acceder a los derechos ciudadanos que formalmente pregona el pacto social del Estado moderno. El derecho de las comunidades campesinas a existir y vivir bajo la plena articulación a la sociedad y al Estado en un territorio que no este expuesto a la vorágine devastadora del agronegocio es una condición central de la reconstitución de nuestros países. Aunque parezca ser una novedad en el ocaso de la modernidad capitalista, la lucha por el territorio es en realidad una lucha antigua inherente a la condición de colonialidad del proyecto civilizatorio de la modernidad, y la lucha por la tierra siempre estuvo cargada de esa connotación de espacio de reproducción social, económica, cultural y política para los campesinos y los indígenas en el seno de un Estado-nación, pero en cuya condición de construcción de la nación no se parta de la negación y destrucción de la diversidad, sino más bien en su reconocimiento y potenciamiento como parte de la articulación y estructuración de la sociedad.
Fuente: http://www.uff.br/vsinga/trabalhos/Trabalhos%20Completos/Carlos%20Alfredo%20Vacaflores%20Rivero.pdf

 

 

 

Comprobemos cómo se  expande la unión en diversidad abajo:

I. “Creemos en una Medicina Social que reconoce los saberes ancestrales y la medicina natural, en contraposición con esta sociedad capitalista que construye sobre la institucionalización de políticas neoliberales y de una medicina basada en la enfermedad y la medicalización de la sociedad”.

II Encuentro Latinoamericano de organizaciones y movimientos sociales

por el derecho universal a la salud
2 de noviembre de 2016

La salud no es una mercancía. No queremos los eufemismos de la mercantilización apoyados por algunos organismos multilaterales que hablan de “las coberturas de salud universales”, o el “acceso financiero a servicios de salud”, o “pisos mínimos de protección social!”, No aceptamos!, la salud es un derecho, sólo se entiende universal, integral y colectiva.

CARTA DE ASUNCIÓN:

Las y los participantes del II Encuentro Latinoamericano de Organizaciones y Movimientos Sociales por el Derecho Universal a la Salud, reunidos en Asunción (Paraguay) el día 25 de octubre del 2016, queremos expresar a los participantes del XIV Congreso de Medicina Social y Salud Colectiva que aquí se está celebrando, a las organizaciones y movimientos sociales, a nuestros pueblos latinoamericanos, y a todos los gobiernos de nuestros países cuanto sigue:

- Ha pasado un año desde el primer encuentro que realizáramos en Brasilia, cuyo firme propósito fue unir a las organizaciones y movimientos sociales de América Latina y el Caribe que luchan por el derecho a la salud de los pueblos, haciendo alianzas frente a la tendencia mercantilista y privatizadora de la vida y la salud que hoy amenaza toda la región.

- Habiendo realizado este Segundo Encuentro nos sentimos fortalecidos, hoy hemos sumado nuevas fuerzas y hemos ratificado nuestro propósito de hacer frente a un modelo civilizatorio que consideramos agotado, hemos vuelto a encontrarnos para decir unidos que queremos radicalizar la democracia. Está en crisis esta manera de vivir, de producir, de alimentarnos, de jugar, de amar, estamos en una sociedad basada en una cultura de muerte, la ideología hegemónica pretende internalizar que hagamos de todo una mercancía, banalizar la vida.

- Radicalizar la democracia es hacerle frente a este sistema capitalista depredador de los recursos, basado en un modelo extractivista, que crea trabajadores en régimen de semiesclavitud, que expulsa a los campesinos y a los indígenas de sus tierras, que deforesta, que envenena los cauces hídricos con sus agrotóxicos, que menoscaba la biodiversidad y las semillas nativas con sus cultivos transgénicos y que amenaza la vida de los pueblos y los territorios, afectando a la soberanía en todas sus expresiones. Sentimos el dolor de los pueblos frente a este sistema excluyente, empobrecedor y profundamente injusto, y vamos a seguir caminando, levantando una misma bandera y construyendo un muro de resistencia ante los embates del capital.

Un capital que encuentra en los gobiernos conservadores su mayor aliado y socaba la soberanía popular mediante golpes de Estado blandos, institucionales, parlamentarios. Pero les advertimos que NO estamos dispuestos a tolerar esos gobiernos ilegítimos que están generando. Como movimientos sociales nos solidarizamos con el pueblo brasilero y decimos: Fuera Temer!. Ningún gobierno puede gobernar a espaldas del pueblo.

De igual manera, a nuestros hermanos y hermanas venezolanos les decimos “Sigan resistiendo”, ni un paso atrás ante los intentos de golpe de Estado y el avance de los intereses del capital!

A nuestros queridos hermanos y hermanas de Colombia, golpeados por más de 50 años de violencia, les enviamos nuestro calor latinoamericano y apoyamos la continuación del cese al fuego y hostilidades de manera bilateral y definitiva, respetando el proceso de paz para tan querido pueblo.

Nos solidarizamos con las compañeras y compañeros paraguayos que sufrieron por la mano de los aliados de los intereses mercantiles la pérdida de 17 personas en el llamado caso Curuguaty. Así como denunciamos la multitud de desalojos violentos de comunidades campesinas e indígenas de sus tierras. Damos también nuestro apoyo a los Indígenas del Bajo Chaco de Paraguay para que el Estado les otorgue el derecho sobre 6.000 hectáreas que les permita asentar a su comunidad de 1.000 personas.

Los movimientos sociales decimos SÍ A LA PAZ y exigimos el cese de las expresiones de violencia en todas sus formas. En este año hemos visto como esta se ha recrudecido. Se persiguen, se encarcelan, torturan y matan a luchadores sociales por el derecho a la vida y a la salud, por defender los recursos naturales y el derecho a un pedazo de tierra. Pero no estamos dispuestos a retroceder, por cada luchador social que el capital ha golpeado nosotros damos un paso hacia delante fortaleciéndonos en la lucha.

La salud es un derecho, lo vamos a defender, es una responsabilidad del Estado y sabemos de las estrategias de nuestros gobiernos conservadores que crean imaginarios de mal funcionamiento de la salud pública, de quiebra, de insostenibilidad, de ineficiencia, a través de la deliberada precarización de los servicios, realizando desabastecimientos programados, dejando sin insumos los centros de salud para justificar la privatización de los servicios, y por eso haremos el esfuerzo de trabajar desde las comunidades, concienciando sobre estas estrategias mercantilistas.

La salud no es una mercancía. No queremos los eufemismos de la mercantilización apoyados por algunos organismos multilaterales que hablan de “las coberturas de salud universales”, o el “acceso financiero a servicios de salud”, o “pisos mínimos de protección social!”, No aceptamos!, la salud es un derecho, sólo se entiende universal, integral y colectiva. La asumimos como el proceso salud-enfermedad y su determinación social, como nos lo ha enseñado la Salud Colectiva. Entendemos la salud como Buen Vivir, el vivir en plenitud, el Saber Amar la Vida, que nos enseñaron nuestros ancestros.

Creemos en una Medicina Social que reconoce los saberes ancestrales y la medicina natural, en contraposición con esta sociedad capitalista que construye sobre la institucionalización de políticas neoliberales y de una medicina basada en la enfermedad y la medicalización de la sociedad. Es desde la visión hegemónica del individualismo que se pretende negar el aporte de los pueblos en la tradición de la salud comunitaria. Rechazamos el modelo hegemónico biologicista, individual, curativo y hospitalario.

Así que en este contexto, las organizaciones y movimientos sociales por el derecho universal a la salud como agenda común decidimos:

1. Crear la RED LATINOAMERICANA Y DEL CARIBE DE ORGANIZACIONES Y MOVIMIENTOS SOCIALES POR EL DERECHO A LA SALUD, que tendrá representación en todos los países hermanos y estará alerta ante las amenazas de la mercantilización y la deshumanización en este sector.

2. Generar y apoyar acciones en aspectos que afectan la salud colectiva como: el Complejo Médico Industrial que mercantiliza la salud, la reforma agraria integral, el acceso a la tierra y el territorio, la amenaza de los transgénicos y los agrotóxicos, el acceso y garantía del derecho al agua, la libertad de las semillas, la valorización y oficialización del uso práctico de la medicina natural, la despenalización de la marihuana para uso medicinal, la violencia hacia las mujeres, los proyectos de inversión lucrativos en salud, entre otros.

3. Comprometernos a fortalecer la creación del dossier latinoamericano sobre las empresas de agrotóxicos a través de la participación activa de nuestra Red.

4. Generar condiciones para que los países miembros promuevan una salud colectiva que reconozca la igualdad de hombres y mujeres, así como de las personas LGTBI con orientación sexual e identidad de género diversas, rompiendo las barreras patriarcales que generan violencias machistas en los sistemas de salud.

5. Promover la descolonización de los cuerpos de las mujeres, exigiendo la despenalización del aborto y la garantía de una asistencia humanista y de calidad en los procedimientos médicos.

6. Crear líneas de formación popular para apoyar la capacitación de los profesionales y de las comunidades en una promoción de la salud emancipadora.

Hoy les decimos desde la ternura de los pueblos que nos unimos para hacer frente a las tendencias deshumanizadoras de este sistema, para construir el Buen Vivir a través de modelos de convivencia radicalmente incluyentes y desde nuestros pueblos, garantizando la salud a través de otras formas de relación que apunten a tejer lazos con la vida.

Octubre 2016, Asunción (Paraguay)

CONAMURI

Leer

 

 

Comprobemos cómo se  expande la unión en diversidad abajo:

II. "Hemos discutido mucho a nivel de la Plataforma Global del Derecho a la Ciudad; apenas se acabó, hicimos una evaluación y veíamos que es muy interesante porque está incorporado el concepto de la función social y ambiental de la ciudad y la propiedad, está incorporado el tema de democracia participativa y está incorporada la necesidad de hacer una redistribución de la renta urbana. Es decir, los componentes sustantivos del derecho a la ciudad están planteados".

 

 

 

Entrevista con Augusto Barrera, académico y ex alcalde de Quito

Hoy la urbanización es del Sur

7 de diciembre de 2016

Por Rally Burch (ALAI)

El contexto urbano hoy es muy distinto de lo que era hace 40 años, o incluso hace 20, cuando se realizaron las anteriores ediciones mundiales de Hábitat. Para profundizar sobre este tema, y los nuevos desafíos de esta época, conversamos con Augusto Barrera, investigador y coordinador del Centro de Investigación de Política Pública y Territorio (CITE) de Flacso-Ecuador y ex alcalde de Quito (2009-2014). Barrera señala, como principales factores del nuevo contexto: primero, la urbanización a escala planetaria, que es una urbanización básicamente del Sur global; y segundo, el proceso de globalización en clave urbana. Al respecto de este último, precisa que ya no se trata solo de “esta globalización económica que se pintaba de transformación tecnológica, del ‘post-fordismo bueno’, sino que hoy esta globalización tiene un rostro profundamente extractivista… No solo es el extractivismo de la fase industrial primaria como podían ser las minas y el petróleo, sino que ahora tenemos también esta lógica extractivista en el sector inmobiliario, en el sector financiero e incluso en el sector de información”. El exalcalde desarrolló más estos puntos en los siguientes términos:

(A.B.) Cuando se hizo Hábitat I (en 1976), el mundo era mayoritariamente rural y particularmente América Latina y el Sur global eran mayoritariamente rurales. La urbanización ha sido un proceso extremadamente acelerado e intenso, fundamentalmente en el Sur. Hay que cambiar esta idea de que la urbanización es un proceso del Norte; fue un proceso del Norte en la primera mitad del siglo XX, probablemente en el siglo XIX, pero en las últimas décadas y, en lo que va del siglo XXI, la urbanización es básicamente en el Sur. Significa que la mayor cantidad de gente que vive en ciudades ahora es del Sur: no es sólo que ya estaba urbanizado el Norte, sino que cuando comparas las tasas demográficas, las grandes ciudades –a excepción de Londres y probablemente Nueva York– están cada vez más en el Sur. Las grandes aglomeraciones las encuentras en Asia, India, China, en algunas localidades de África y en América Latina: San Pablo, México, etc. Entonces, creo que una primera caracterización que podríamos decir es que ahora vivimos en un planeta mayoritariamente urbano; y, en segundo lugar, es una urbanización básicamente del Sur.

Un segundo elemento que es clave entender es el proceso de globalización económica. La urbanización ha sido modelada por una nueva dinámica de la economía global en la que, como todos conocemos, hay cada vez más un flujo libre de capitales, fundamentalmente de bienes y mercancías y no necesariamente de personas. Este modelo económico ha provocado según todos los estudios –y Piquetty en eso es probablemente un referente muy claro–, procesos cada vez más grandes de concentración económica y de desigualdad que se expresan fundamentalmente en las ciudades.

Me parece que otra de las características de este proceso de globalización económica tiene que ver con el énfasis de lo que algunos autores llaman economías extractivistas. Lo que tenemos ahora como dinámica financiera no es lo que teníamos en el siglo XX sobre los bancos; antes el banco te prestaba y tú le pagabas el costo del dinero; hoy, la financiarización de gran parte de la estructura material de las ciudades, de los edificios, etc., termina provocando que probablemente tengas flujos financieros que son infinitamente superiores, 7, 8, 10 veces más que el producto material
que existe en la sociedad y en la economía, y esto ocurre también en las ciudades. Entonces empezamos a ver paradojas enormes de grandes edificios comprados por grandes corporaciones que pasan vacíos y que terminan perdiendo absolutamente lo que podía llamarse su valor de uso. Cumplen el mismo rol que los lingotes de oro en el siglo XIX, es decir son una lejana referencia material a procesos de financiarización de la economía. Pongo este ejemplo porque me parece clave para entender fenómenos como las crisis financieras e hipotecarias que ha vivido no solamente Europa sino también EE.UU. de una manera muy fuerte y a veces muy silenciosa. Se hablaba de cerca de 10 millones de hogares que han perdido sus viviendas en EE.UU., que es un fenómeno brutal.

Hay también un proceso extraordinario de modificación en estas décadas de lo que podríamos llamar la espacialidad de la globalización, que tiene tres elementos muy fuertes.

  • El primero es el proceso de urbanización brutal de China, que sin duda ha sido el más agresivo y probablemente el de mayor desplazamiento y de generación de desigualdad y el de mayor nivel de consumo de recursos, a tal punto que David Harvey ha dicho que este crecimiento fundamentalmente urbano de los chinos ha sido el mecanismo a través del cual el capitalismo en esta fase ha terminado salvándose; es decir la tabla de salvación del capitalismo en estas últimas décadas es fundamentalmente el crecimiento chino y particularmente la expansión urbana. Esto relocaliza estas racionalidades que teníamos de centro-periferia; es decir, ya no es tan claro en estos momentos qué son los centros y qué son las periferias.

  • En segundo lugar, hay un modelo espacial de crecimiento urbano que es absolutamente dispendioso del ecosistema circundante: estas ciudades que crecen con suburbios ricos y todo este conjunto de categorías de las exópolis, de las ciudades de frontera, etc., que configuran un nuevo arreglo espacial, un nuevo dominio del espacio.

  • Y, evidentemente, el tercer componente tiene que ver con las grandes transformaciones de propiedad de la tierra en general a nivel mundial y de la tierra urbana en particular.
    Durante estas décadas hay claramente un proceso de compra, por qataríes, saudíes, norteamericanos, de buena parte de los centros de Tokio, Nueva York, de cualquier lugar del mundo. Entonces, hay actores que son los nuevos dueños de unos sectores de la ciudad y en algunos casos hay empresas que son de otras empresas, y éstas a su vez son de otras empresas y que al final terminan en paraísos fiscales.

Estos son algunos elementos nuevos que tienen que ser analizados desde una perspectiva liberadora, y desde la globalización, para poder contrastar con el hecho que, por otro lado, tenemos mil millones de seres en el planeta que no tienen agua potable y suelo seguro, que la pobreza tiene un rostro muchísimo más urbano, (lo cual no quiere decir que no haya pobreza en el campo, pero numéricamente es urbano); casi el 65% de las ciudades africanas carecen de servicios básicos, tienes este gran desafío del modelo civilizatorio y de la igualdad. Ésta es la gran diferencia en la discusión con respecto a la que hubo hace 20 ó 40 años.

¿En qué medida Hábitat III responde efectivamente a este contexto? ¿Qué aportes, qué avances, qué consensos salen y cuáles consideras las principales falencias y vacíos?

A esta altura de la historia, suponer que una declaración de Naciones Unidas resuelve el mundo no sólo sería ingenuo, sino imperdonable. No obstante, tengo la firme convicción de que un proceso mucho más complejo, más largo, básicamente más social, más extra-institucional, de conquistas, de libertades, de derechos, de luchas por la igualdad, sí tiene –en cierto nivel, de reconocimiento de instrumentos, instituciones, de leyes o incluso del poder político– más recursos para poder desarrollarse. En ese sentido, yo respeto mucho las visiones autogestionarias y totalmente marginales respecto de la dinámica del Estado y del sistema de Naciones Unidas que muchos sectores de la izquierda tienen. Pero me parece que hay que tener la eficacia política suficiente para dar disputas; y pongo ejemplos: hace dos décadas, el tema del VIH Sida era un problema casi religioso, pero se logró que sea uno de los muy fuertes objetivos planteados en los Objetivos del Milenio y permitió una comprensión de política pública y de responsabilidad estatal sobre el tema. No es que esté resuelto; no es que se ha resuelto el problema de la desigualdad en África y los siglos de colonia; pero ha permitido que deje de ser un problema privado y que se convierta en un problema por lo menos público. El valor que en este momento pueden tener los debates de la agenda global en versión Naciones Unidas es que permiten visibilizar y colocar un conjunto de problemáticas cuyo sentido debe ser disputado por los sectores populares, sociales y democráticos del mundo.
 

También contribuye a legitimar ciertas luchas…

Exactamente; hace unos años, muchos de nosotros levantamos el derecho a la vivienda y la vida digna. Y se decía ¿cómo así plantear el derecho a la vivienda? ¿quién iba a reconocer? Resulta que 20 años después, casi 100 Estados han incorporado a nivel constitucional o a nivel legal, o incluso a nivel de programas de gobierno, el tema de la vivienda como un derecho. Hace 20 años no existía, pero hoy sería impensable un Estado que no desarrolle por lo menos una preocupación retórica con respecto a este tema… pero de ahí que esto se cumpla hay un trecho.

Yo creo que en este sentido hay que leer los avances en el contexto de la historicidad específica de cada proceso. Y esto hay que aclarar mucho porque una discusión de la gama de Hábitats alternativos fue precisamente si tiene sentido o no participar. Yo particularmente participé de manera muy activa en la discusión de los policy units, de los papers previos y de la incidencia para tratar de que, por ejemplo, tesis como la del derecho a la ciudad consten, hagan parte de la Agenda Urbana, porque me parece que de aquí a 20 años es mucho más fácil que todo el movimiento popular del planeta, y los sectores sociales y los gobiernos progresistas que quieren luchar por el derecho a la ciudad tengan en eso una referencia, a que no la tengan. No digo que eso va a provocar el derecho a la ciudad. La cosa mejor que tener leyes es cumplirlas, pero para eso hay que tenerlas.

Dicho esto, diría que la declaración tal cual está tiene algunos avances y algunos grandes límites. Yo señalaría tres o cuatro avances: uno, me parece muy importante que por lo menos hay una mención del propio concepto del derecho a la ciudad, porque no existía ningún documento de Naciones Unidas que incorpore el derecho a la ciudad.

Y también incorpora varios de los componentes de ese derecho...

Eso lo hemos discutido mucho a nivel de la Plataforma Global del Derecho a la Ciudad; apenas se acabó, hicimos una evaluación y veíamos que es muy interesante porque está
incorporado el concepto de la función social y ambiental de la ciudad y la propiedad, está incorporado el tema de democracia participativa y está incorporada la necesidad de hacer una redistribución de la renta urbana. Es decir, los componentes sustantivos del derecho están planteados.

Un segundo avance es el reconocimiento, que no suele ser muy claro, de la necesidad de la acción pública, la acción colectiva, en aspectos como la planificación urbana. No olvidemos que hemos pasado, en estos 20 años, una buena parte del neoliberalismo puro y duro que sostuvo de manera paladina que no había que planificar las ciudades, ni regular el suelo y que el libre mercado iba a hacer una distribución adecuada, nos iba a dar calles perfectas y espacios públicos ideales. Y resulta que esta agenda dice claramente que eso no es así: que si no hay acción colectiva que intervenga, que recupere, que participe, que planifique, no habrá manera de construir ciudades adecuadas. Eso me parece de un gran valor porque recupera la noción de espacio público, la noción de transporte público.
 

Un tercer elemento valioso, y al cual hay que sacarle más filo a futuro, es el concepto de nuevo paradigma, que plantea que no podemos hacer más de lo mismo y que incorpora de manera bastante fuerte la dimensión ambiental. Claramente hay nítida comprensión en el mundo de que si no modificamos el modelo energético de las ciudades, no vamos a poder cumplir las promesas que hemos hecho, no solo en la Nueva Agenda Urbana, sino en la COP 21; si el 70% de los gases de efecto invernadero se producen en modelos de ciudades basados en el auto privado, nunca vas a bajar las emisiones. Eso significa que este nuevo paradigma, que implica otra vez la recuperación del peatón, del viario, la ciudad a escala humana, los temas de integración, de multiculturalidad son elementos interesantes para repensar la ciudad desde otra perspectiva civilizatoria. Son los tres elementos que yo mas valoraría de la agenda urbana.

Pero también hay muchos vacíos. Para poner nombre y apellido: cuando se discutió el derecho a la ciudad, algunos países lo vetaron o lo recortaron muchísimo. Otros países fueron explícitos en la no incorporación del derecho de los grupos de GLBTI; y otros países prácticamente desaparecieron el concepto de democracia local, no solo representativa sino participativa. Estos tres componentes son muy débiles o ausentes. Por ejemplo, no se levanta finalmente un planteamiento robusto y claro en relación a lo que podría ser una reforma urbana, como alguna vez se habló de reforma agraria. Y es débil en los mecanismos de implementación y de seguimiento. Es decir, es una agenda mucho más de conceptos que de políticas concretas y mucho más de formulaciones globales y de llamados a la acción que de instrumentos financieros y de metas y objetivos.

Pero también hay una diferencia con otras conferencias de la ONU: que si bien son los Estados que aprueban la agenda urbana, quienes implementan son más bien los municipios.

Así es, aunque las realidades de las ciudades del mundo no son exactamente iguales, porque hay estructuras más centralistas que otras. En ese sentido, yo sí echo de menos que la agenda no haya recogido un modelo de implementación y seguimiento, que algunos sectores planteamos, que sea un modelo multi-actor. Si la NAU constata que el gobierno nacional, gobiernos locales, pero también universidades o sociedad civil deben participar, no puede ser que el mecanismo de seguimiento e implementación va a seguir siendo el sistema de Naciones Unidas. También debo decir que sí hubo una voz importante de los gobiernos locales, pero pudo haber sido más importante, sobre todo de la región latinoamericana.

Para los actores sociales y también para los gobiernos seccionales que asuman ese derecho a la ciudad, ¿qué desafíos surgen a raíz de este contexto? Por ejemplo, ¿cómo concretar este derecho en un contexto dónde prima la lógica neoliberal del business en lo urbano? ¿Cómo se plantea ahora la agenda?

Creo que hay que entender el derecho a la ciudad en el buen sentido de un horizonte utópico; es decir, es un llamado a la acción, es una disputa incluso de carácter civilizatorio; entonces, el esfuerzo que hay que hacer en este momento es aterrizar el concepto del derecho a la ciudad en las urgencias y condiciones concretas de cada una de las realidades. Para mí, por ejemplo, es absolutamente claro que en muchos sitios, ese derecho a la ciudad es la conquista de los mínimos, es decir suelo seguro, vivienda digna, agua, alcantarillado, acceso adecuado, movilidad que permita que la gente que no se muera en el transporte y ahora también conectividad; o sea, los elementos básicos que cambian la vida de la gente. Para miles de millones de personas, esto sería una transformación absoluta en la vida y el derecho a la ciudad tiene que materializarse en eso. Hay que establecer metas anuales de disminución de los problemas de asentamientos, de desalojos forzosos, de poblaciones sin cobertura de agua. Además, lo podemos costear, porque sabemos cuánto cuesta un sistema de agua potable, un sistema de alcantarillado, debemos financiar eso. Probablemente en el caso europeo, el tema central en relación al derecho a la ciudad debe ser entendido como el derecho a la diversidad y refugio. Por las enormes asimetrías políticas que hay en muchas ciudades de América Latina, tienen que ver con democracia participativa, etc.

El concepto del derecho a la ciudad, tal vez simplificando demasiado, es un concepto que tiene tres pilares muy fuertes: lo que podrían ser condiciones materiales de vida –las que acabo de mencionar–, más democracia efectiva que es participar en las decisiones, más el respeto a la diversidad y a una economía sana. El derecho a la ciudad no es o lo uno o lo otro, el derecho a la ciudad debería ser las tres cosas. Evidentemente éste, que es un gran concepto, tiene que materializarse en relación a cuáles son las necesidades concretas y la constitución de sujetos concretos en cada lugar. Me parece que este es el gran desafío que ahora tienen los movimientos sociales.

Todo este periodo hicimos mucho más una actividad de incidencia en el debate global y probablemente eso provocó un cierto vaciamiento o debilitamiento de las conexiones con dinámicas locales, esto lo asumimos perfectamente. Ahora es un momento en que al derecho de la ciudad hay que darle contenidos concretos, y hay que hacer un esfuerzo por fortalecer lo local, es decir la lucha del barrio, el trabajo que hace un municipio, una alcaldía, etc.; pero a la vez construir todo esto en el contexto de una gran narrativa global del derecho a la ciudad, porque esta es la maravilla, pero también es la trampa que podría tener la lucha de lo local. La lucha de lo local puede terminar sin modificar absolutamente nada, ni de las correlaciones ni de las narrativas, terminas haciendo una vida autogestionaria con tu lucha testimonial pequeñita en algún lugar, que es absolutamente substantiva, pero no está incorporada a un proyecto de transformación global. Entonces hay que hacer las dos cosas: el trabajo local y el global.


¿Qué esfuerzos se pueden realizar para avanzar en ese sentido y cómo articular esa relación de lo local y lo global?


Creo que uno de los grandes desafíos es poder comprender y actuar bien en esta multiescalaridad, la cual no solamente es el juego de lo pequeño con lo grande, sino es el juego de la especificidad de cada nivel. O sea, no es que la lucha de un barrio es pequeña, es específica, es concreta, tiene unas características y no es que sea pequeña frente a la gran lucha global. Las dos son absolutamente importantes; de hecho, la una sin la otra y la otra sin la una pierde cierto sentido. Ahora estamos empeñados en desarrollar más y mejores instrumentos para poder mejorar la capacidad de los pueblos para que hagan de esta declaración y del derecho a la ciudad una herramienta de su propio empoderamiento. Y esta es una fase en la que debemos entrar ahora en términos de capacitación, de sensibilización, de disputa. Es una declaración que evidentemente se va a prestar a una disputa de narrativas y hay que entrar a esa disputa; pero al mismo tiempo, hay que construir los mecanismos de articulación, es decir, todos los problemas que tenemos alrededor de la vivienda, todos los problemas que tenemos de desalojos, todos los problemas de empoderamiento, todos los problemas de opresión de género en el espacio público, todos los problemas de privilegio del auto privado versus el transporte público, cuando se gastan millones en hacer calles que se van a llenar en cuatro años y eso está “bien”, y cuando haces una calle peatonalizada, o pones un bus o haces una ciclo-vía eso está “mal”; eso es una cosa de locos. Es decir, aprobamos la agenda urbana y al siguiente día se hace exactamente lo contrario. Me parece que es un esfuerzo de articulación social, de fortalecimiento de lo local, de una narrativa y de unos mecanismos de coordinación global y una lucha en términos de lo que podríamos llamar opinión pública. Yo creo que esto es vital.

Artículo publicado en la Revista América Latina en Movimiento: Las agendas del Hábitat 22/11/2016
http://www.alainet.org/es/articulo/182109 Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=220122