Qué Estado

Diciembre 2015

Sin seguridad jurídica al Council of Americas y a la Asociación Empresaria Argentina.

 

 

 

 

Lucha de clases/capitalismo/alternativas

 

 

 En/con la lucha de clases

 

Predominan entre nosotros, abajo y a la izquierda, posicionamientos que abstraen las elecciones de la realidad fundamental: el sistema mundo capitalista en crisis civilizatoria y la situación socioeconómica e institucional del país a causa de más de una deKada en acelerada expansión del extractivismo exportador, de los mega emprendimientos turísticos e inmobiliarios, del desendeudamiento que desmantela el Estado social y de las redes de negocios legales e ilegales. A muchos el triunfo de Mauricio Macri recién los despierta al horror del capitalismo pero lo atribuyen a su condición neoliberal. De ahí la importancia de reflexionar sobre porqué:

 

 

El kirchnerismo no es progresivo en relación al macrismo.

 

 

Del Caño y un análisis equivocado

26 de octubre de 2015

 

Por Rolando Astarita

“El kirchnerismo, con un candidato derechista, le abrió el camino a Macri”. “El kirchnerismo eligió a un candidato derechista, hijo político del menemismo que hace pocos días anunció un gabinete (con Sergio Berni o Alejandro Granados, entre otros) que tranquilamente podría ser nombrado por Mauricio Macri. Frente a esto no sabemos por qué muchos kirchneristas se sorprenden de los resultados que está logrando el PRO”. Son declaraciones de Del Caño -en Izquierda Diario http://www.laizquierdadiario.com/– adelantando un primer análisis de los resultados de la elección de ayer.

 

La declaración es significativa porque atañe a la caracterización de las tendencias de clase que están detrás de los dos candidatos que se enfrentarán en el ballotage. El diagnóstico de Del Caño está en consonancia con la caracterización más general que hace el PTS –pero también otras fuerzas de la izquierda- del kirchnerismo. La idea básica es que éste sería un movimiento reformista burgués, inconsecuente y timorato para enfrentar “a la derecha, los grupos económicos y el imperialismo”, y que por lo tanto habría “claudicado” frente a estos enemigos. En el mismo sentido, se sostiene que el kirchnerismo reflejó “el ascenso de las luchas populares contra el neoliberalismo y la ruptura del 2001” (declaraciones de Bregman en la TV). Por eso, llegados al poder, los gobiernos kirchneristas aprovecharon los mayores márgenes de maniobra frente al imperialismo –posibilitados, en primer lugar, por la suba del precio de la soja- para conceder algunas mejoras a una clase obrera combativa y a los sectores más empobrecidos. Sin embargo, no rompieron con la dominación imperialista, y mantuvieron los numerosos compromisos contraídos por los gobiernos anteriores con el gran capital. De ahí el techo para la mejora de las condiciones de vida de la clase obrera y los sectores populares, y la acumulación de desequilibrios que se hacen insostenibles. Por eso, siempre desde este enfoque, se afirma que “las pretensiones reformistas del proyecto kirchnerista se dieron sobre la base de asegurar todos los ‘derechos’ del capital transnacional”. En consecuencia, las soluciones a los problemas de las masas pasarían por romper “con la expoliación imperialista”, controlando sus empresas; acabar “con el dictado de los centros financieros y la banca internacional” y con el poder del “agropower”, y “cuestionar las reglas del juego de la economía capitalista semicolonial”. Y frente a las “claudicaciones” K, lo que se necesita es “no cruzarse de brazos” ante “la descarada desinversión de las grandes empresas, así como ante sus maniobras con el abastecimiento y los precios” (véase La economía argentina en su laberinto. Lo que dejan doce años de kirchnerismo, de Esteban Mercatante, Buenos Aires, 2015, IPS. Mercatante es economista y militante del PTS). Puede advertirse que las declaraciones de Del Caño se encuadran en estos análisis.

 

Mi análisis es muy diferente. Sostengo que la candidatura de Scioli y su programa no son el producto de alguna “inconsecuencia frente a la derecha”, sino la expresión política de las exigencias del capital, en un contexto de crecientes dificultades económicas del capitalismo argentino (véase aquí). Cuestión que también ponen en evidencia los pagos al CIADI o al Club de París, la admisión de que se debe negociar con los holdouts, los acuerdos con Chevron y Shell, la vía libre que se dio a las grandes mineras, el trato “amable” con Monsanto, la colocación de deuda a tasas usurarias y el “reviente” de reservas del Banco Central que está llevando adelante el gobierno K. No se puede decir que si todo esto lo hace Macri, lo hace porque “es un neoliberal de derecha”, pero si lo hace el kirchnerismo se debe a que “es vacilante y timorato”. Ni hay lugar para sostener que el segundo, por algún error de cálculo, “le abrió el camino a la derecha”. Aquí no hubo error de cálculo, sino convergencia de propuestas burguesas. La forma en que se dividieron los votos entre estas propuestas es una cuestión importante, pero de menor relevancia (y lo más significativo es que el 95% de la población votó a candidatos de la burguesía; ver aquí). Por eso también, hay que decir que los intelectuales K que votaron a Scioli “con la cara larga” no estuvieron confundidos: eran perfectamente conscientes de lo que estaban votando.

 

En definitiva, análisis como los de Del Caño llevan agua al molino de la confusión, o alimentan la idea de que, de alguna manera, el kirchnerismo es progresivo (¿no sería presionable para que supere sus “vacilaciones”?) en relación al macrismo. La realidad es que el programa de Scioli –el que adelantaron en declaraciones Urtubey, Beim, Blejer- es la herencia lógica del kirchnerismo, y no el resultado de gente “timorata” o “inconsecuente” frente a los poderes establecidos. Es el programa que deriva del “mandato de los inversores”, que es el mismo que se expresó en las propuestas de Macri y de Massa. Un programa que no abrió ninguna puerta nueva, porque esa puerta ya estaba abierta en la orientación de los principales candidatos.

Es por esta razón que ante el ballotage la posición de los socialistas es el voto en blanco (o alguna variante, como el voto nulo). La base teórica y política para una línea de independencia de clase es una correcta caracterización de los intereses de clase que expresan los candidatos.

 

 

La caracterización "de izquierda" o "de derecha" de los candidatos (que garantizan la gobernabilidad del sistema de acumulación gran capitalista local e imperialista) engaña.

 

 

Coyuntura: ¿Por qué “giro a la derecha”?
1 de noviembre de 2015

 

“El país gira electoralmente a la derecha”. Esta caracterización, que tomo del sitio web del Movimiento Al Socialismo, a la vista de los resultados electorales, está muy extendida en la izquierda. Pero… ¿por qué se caracteriza a Macri como la derecha de Scioli? ¿Qué hay distintivamente “de izquierda” en el kirchnerismo y Scioli con respecto a Cambiemos, cuando se considera el programa político global? 

Por Rolando Astarita

Por empezar, y a la luz de las experiencias pasadas, ¿no es necesario tener algo más de prudencia a la hora de caracterizar como “de izquierda” o “derecha” a candidatos, gestiones y programas? Por caso, en 1983 muchos de los que hoy argumentan acaloradamente que votar en blanco es “facilitar el camino de la derecha”, sostenían, con la misma vehemencia, que Luder (sí, el que pedía amnistía para los milicos del Proceso) y Herminio Iglesias encarnaban la “liberación nacional”, contra el candidato Alfonsín. Y en 1989 decían que el voto “contra la derecha” era Menem. Aunque en 1999 era a la Alianza (¿recuerdan las bondades que le atribuían a la “tercera vía”?) contra Menem. Y en 2003 lo “progresista” era Kirchner, que subía apoyado por Duhalde. Aunque en 2011 la derecha era Duhalde, frente a Cristina Kirchner. Con un agregado “de yapa”: el mismo “analista social” que recorrió todo este espinel de caracterizaciones, en 1973 me trataba de convencer de que el voto a Perón era de izquierda (después de que Lastiri y López Rega hubieran desplazado a Cámpora); y que en 1976 había un ala militar “progresista” frente al ala “ultra y fascista” de la dictadura. Pero sin llegar a los extremos de las piruetas mentales de la militancia, o ex militancia, PC, el enfoque está instalado: en cada coyuntura aparecen los más que sutiles análisis de las sutiles diferencias para establecer las improbables “líneas divisorias” entre las también sutiles “izquierda y derecha”. Y para abrir la puerta a los oportunismos de ocasión.

¿No es hora entonces de poner un poco de orden en estos vaivenes, asentando los análisis en las relaciones sociales subyacentes, y en la caracterización del régimen político? Por supuesto, un análisis materialista dará un “trazo grueso” en el que no habrá espacio para el verso progre-K del tipo “la construcción retórica de una nueva subjetividad por parte del kirchnerismo se pone en juego en el próximo ballotage en la confrontación de los estilos discursivos”. ¿La nueva “subjetividad” es la que se expresó en el voto del domingo pasado? ¿O es que con este palabrerío “de alto vuelo intelectual” se busca disimular la falta de alternativa real de los teóricos de “la construcción discursiva de lo real” frente a los crecientes problemas que enfrenta la economía argentina? Para “bajarlo a tierra” (aunque sea una tarea sin horizonte cuando se trata de algunos ensayistas, evadidos del rigor de las relaciones sociales reales): ¿qué diferencia de fondo hay entre las condiciones a los inversores que propone dar Scioli y las que propone Macri? La respuesta: ninguna diferencia sustancial, como hemos explicado en otras notas.

Sin embargo, lo más importante es que en estas caracterizaciones, tan superficiales como acomodaticias, subyace un error elemental: considerar que un gobierno capitalista pasa a ser “de derecha” cuando la economía enfrenta dificultades y aplica las medidas que, aproximadamente, aplican todos los gobiernos capitalistas en circunstancias parecidas. El caso de Dilma Rousseff es ilustrativo: “progresista” cuando se estaba en la fase ascendente del ciclo, “derechista” cuando vino la crisis y aplica las recetas “de toda la vida”. ¿Qué dicen ahora los que recomendaban en las últimas elecciones votar a Dilma para “enfrentar el programa de la derecha”? Nada, no dicen palabra. Jamás los vamos a ver hacerse responsables por las irresponsabilidades discursivas a las que nos tienen acostumbrados. Pero es la misma manera de barrer debajo de la alfombra, aquí en Argentina, la historia de los peronistas de izquierda en los últimos 25 años: “derechistas” sosteniendo y participando del gobierno junto a Menem cuando el capital demandaba los “ajustes” (¿o quiénes apoyaron las privatizaciones de YPF, de las cajas de jubilación, del banco de Santa Cruz y similares?); progres “izquierdistas” en la fase de ascenso del ciclo económico y bonanza de los términos de intercambio, para girar al apoyo de un auténtico producto del menemismo en el 2015. Por eso Scioli hoy es la viva corporización de estos vaivenes.

 

Por supuesto, todo esto se puede disimular agitando el peligro del fascismo, o del golpe de Estado. Pero la realidad es que aquí no está en juego un cambio de régimen político (de democracia burguesa a dictadura militar, o régimen nazi), sino simples variantes al interior del dominio burgués “ad usum” desde 1983. Pero si esto es así, ¿por qué es de “izquierda” pagar hasta el último centavo al Club de París, sin chistar, y es de derecha decir, desde la oposición, que está bien arreglar con el Club de París? ¿Por qué es de izquierda afirmar que en última instancia hay que arreglar con los holdouts (declaración de Kicillof a La Nación), y es de “derecha” prometer que si se llega al gobierno se va a arreglar con los holdouts (declaraciones de Macri, pero también de Scioli)? Más atrás, y para tocar una “conquista histórica” del gobierno K, ¿por qué el pedido de la oposición burguesa de una asignación universal por hijo era una propuesta “de derecha” durante las elecciones de 2009, pero fue una “medida revolucionaria” cuando la instaló el gobierno de Cristina K por decreto? O también, ¿qué tiene “de izquierda” endeudarse con Venezuela al 15% anual en dólares, o colocar deuda hoy al 10%?

Pero incluso desde el punto de vista de los que defienden el estatismo burgués, ¿qué tiene de “izquierdista” haber destrozado el INDEC y por qué es “derechista” criticar la destrucción del INDEC? ¿Por qué es “izquierdista” haber “logrado” que la matrícula en la escuela pública haya descendido en relación a la matrícula en la escuela privada? ¿Qué tiene de “izquierda” haber vaciado YPF con el grupo Eskenazi? ¿Qué tiene de “izquierda” vaciar de reservas al Banco Central? Y así podría seguir.

 

Vayamos por un momento a la cuestión ambiental, otro punto axial de cualquier política progresista, sin importar aquí el carácter de clase de un gobierno. ¿Qué tiene de “izquierdista” no haber avanzado en la aplicación de la ley de glaciares? ¿Qué tiene de “izquierdista” no cumplir con la ley de bosques, sancionada hace ya 8 años? ¿Por qué es “de derecha” exigir la aplicación de estas leyes elementales de preservación del medio ambiente, y “de izquierda” negarse a hacerlo?

Por otra parte, ¿qué razones hay para decir que los Alperovich, los Berni, los Urtubey, los Beder Herrera, los Curto, los Insfrán, los Granado, son “de izquierda” comparados con los elementos que trae el macrismo + la UCR + Coalición Cívica? ¿Por qué es “de izquierda” estar con Caló o Yasky, y “de derecha” estar con Moyano? ¿Dónde está la diferencia? Más en general, ¿por qué está “a la izquierda” la represión a los qom, o a los manifestantes de Neuquén contra los acuerdos de Chevron, y “a la derecha” la represión de la policía metropolitana en el Borda? ¿Por qué están a la “derecha” las escuchas telefónicas de Macri, y “a la izquierda” el proyecto X y la infiltración de los servicios en las organizaciones sociales y los partidos de izquierda? ¿Qué tiene “de izquierda” defender a Milani? ¿O la ley antiterrorista? ¿Qué tiene de “izquierda” decir que hay que bajar la edad de imputabilidad de los menores, designar ejecutores de políticas de mano dura y seguir amparando las torturas en las cárceles como “solución” a la inseguridad en la provincia de Buenos Aires, por ejemplo? ¿Qué tiene de “izquierda” el ocultamiento por parte de Aníbal Fernández y de Capitanich de las responsabilidades de la policía del Chaco en la muerte de Ángel Verón?

En definitiva, hay un cambio político, pero no porque la sociedad haya “girado de la izquierda a la derecha”, sino porque, dentro del apoyo a las corrientes y gobiernos burgueses, lo que ha cambiado es la coyuntura económica. Tengamos presente el dato fundamental: desde 1983 a la fecha más del 90% de la población ha votado, sistemáticamente, a partidos y candidatos enemigos del socialismo y defensores del régimen capitalista (incluidos los progresistas “a lo Stolbizer”). Es dentro de estos marcos que se desenvuelven las políticas gubernamentales, que cambian ante los cambios del ciclo económico. De conjunto, en América Latina se asiste a este giro, marcado por la falta de perspectivas del capitalismo estatista, en el contexto de la caída del precio de las materias primas y el crecimiento débil de la economía mundial. La historia de Lula y Dilma es el espejo en el que se puede mirar el progresismo K izquierdista argentino. No hay cambio de régimen (ni se viene el fascismo, como exageran algunos). La clase trabajadora no tiene nada para ganar apoyando a alguno de los dos candidatos principales. Mal que les pese a los apologistas de la “construcción discursiva de la realidad”.

https://rolandoastarita.wordpress.com/

Fuente: http://www.anred.org/spip.php?article10965

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Relaciones sociales y el “giro a la derecha”

 

5 de noviembre de 2015

 

Por Rolando Astarita

A partir del resultado de la elección del 25 de octubre, la caracterización, dominante en la izquierda es que el país ha virado a la derecha (aquí). La idea se presenta bajo diversas formulaciones. Una que goza de mucha aceptación, sostiene que el kirchnerismo perdió terreno porque derechizó su discurso y presentó un candidato “demasiado conservador e hijo del menemismo”. A su vez Macri habría tenido la habilidad de camuflar sus inclinaciones neoliberales, presentándose con rasgos continuistas y adoptando un discurso más estatista (por ejemplo, prometiendo que no reprivatizaría YPF).

Estos análisis son comunes en la izquierda K. Allí se sostiene que Cristina Kirchner cometió un error táctico al elegir como candidato a Scioli; y que la manera de derrotar a Macri pasa por radicalizar el discurso pro-Estado, frente a la orientación pro-mercado de Cambiemos. Pero también sectores de la izquierda que llaman a votar en blanco comparten la matriz de ese análisis. Sostienen que las políticas estatistas –“precios cuidados”, subsidios, tarifas de servicios públicos controladas, cepo cambiario, retraso del tipo de cambio frente a la inflación, además de algunas estatizaciones- habrían sintetizado la fase “a la izquierda” del gobierno K, que ahora habría girado “a la derecha”, proponiendo a Scioli. Y este viraje habría servido en bandeja el triunfo a Cambiemos.

La historia parece bien armada, pero tiene el inconveniente que no puede explicar por qué los candidatos que encarnaban de forma más pura el estatismo K sacaron menos votos que Scioli. El ejemplo del ministro de Economía, Axel Kicillof, es paradigmático: obtuvo 40.000 votos menos que la fórmula presidencial. Y hay muchos otros casos donde los candidatos más identificados con el kirchnerismo “puro” obtuvieron iguales, o peores, resultados que Scioli.

 

Una explicación distinta: el estatismo burgués no es alternativa

La explicación que propongo es distinta de la que he reseñado más arriba. La idea es que los candidatos K perdieron terreno porque el estatismo burgués hace agua por todos lados. Más específicamente, el problema central es que no logra dar salida al estancamiento de la acumulación (o sea, de la inversión) en Argentina, ni a las crecientes dificultades que enfrenta la economía de conjunto. Por ejemplo, la caída de reservas del Banco Central es insostenible, y no hay forma de continuar tomando deuda al 10% en dólares, o vendiendo los verdes a futuro; ni hay manera de seguir retrasando el tipo de cambio para “controlar” la inflación (típica receta “a lo Martínez de Hoz”, por otra parte). Y como este, hay muchos otros ejemplos.

Pero el problema no atañe simplemente a algunos desequilibrios en la macroeconomía, ya que tiene que ver con la imposibilidad de escapar de la “coerción” que imponen las relaciones sociales subyacentes. Relaciones sociales que se manifiestan en las leyes del mercado (la ley del valor) y en la lógica con que actúan los capitales, sean grandes o chicos, nacionales o extranjeros. Por eso, el estatismo burgués despliega una secuencia típica, en sus rasgos esenciales, y responde a una lógica hasta cierto punto objetiva. El punto de partida siempre lo da el funcionario lleno de ínfulas, que cree poder gobernar, desde sus altos poderes estatales, el curso de los precios y las inversiones, de las ofertas y las demandas. Pero la realidad es que en la sociedad capitalista esto es imposible. La misma evolución de YPF de los últimos años, para dar solo un ejemplo, lo pone en evidencia (¿o por qué YPF, bajo control del Estado, no ha dejado de aumentar los precios de las naftas? ¿No tendrá algo que decir la ley del valor? ¿Dónde quedó la pretensión de excluirla del chaleco de fuerza de la consecución de rentabilidad?).

Por eso, llega un punto en que las políticas del estatismo burgués empiezan a dar resultados cada vez peores. Más todavía, en la medida en que las economías están más internacionalizadas (y Argentina no es excepción, ver aquí), los límites de estas políticas aparecen más rápido y se hacen más y más evidentes. Por eso, ya en 2011, y cuando el kirchnerismo comenzó a plantear que había que reducir los subsidios a los servicios y aumentar las tarifas, decíamos que eso era admitir que no podía controlarse lo que se decía manejar. Y si bien luego la política de los subsidios dio otro giro hacia su mantenimiento, la cuestión siguió planteada, y vuelve a surgir a cada paso (y la encarará el próximo gobierno, sea de Scioli o Macri). Como también aparecen los problemas vinculados a la fuga de capitales, o la falta de inversión, o las altas tasas de interés, o el déficit fiscal creciente (Marangoni, mano derecha de Scioli, reconoció que es el 7% del PBI e insostenible). Por eso, los arreglos con el CIADI, con el Club de París, con Chevron, no son eventos raros, y ni siquiera “traiciones”, sino la expresión concentrada de las presiones que derivan de las relaciones de propiedad dominantes. Scioli y Macri, así como el desempeño electoral de los Kicillof, se explican en este escenario. Los personajes son cuestiones menores; expresan, en última instancia, fuerzas que no dominan a voluntad.

Es por estas razones que en 2011 planteamos que los “giros a la derecha” en los regímenes estatistas burgueses estaban precedidos de la acumulación creciente de contradicciones.  Decíamos:

“… paulatinamente se acumulan desequilibrios, surgen cuellos de botella y aparecen crecientes problemas de productividad, en uno u otro sector. Los capitalistas que sobreviven con subsidios invierten poco y no amplían su capacidad productiva; los costos son crecientes, y los precios no se adecuan con la rapidez o flexibilidad que lo exigen los capitales. Además, la falta de inversión en sectores claves distorsiona más aún la estructura productiva, o se hace sentir en la balanza comercial. Los casos de la producción energética, o la industria de la carne y frigorífica en Argentina, son demostrativos de esta dinámica. De esta forma, los desequilibrios en los sistemas de subsidios y precios administrados desde el Estado se reproducen a escala ampliada a medida que avanza la acumulación del capital.

“En definitiva, no se logra lo que se decía buscar, un desarrollo relativamente armónico de las fuerzas productivas, con distribución progresista de los ingresos. Por eso, llega algún punto en que es imposible mantener el esquema. Generalmente, esto ocurre en coyunturas específicas, como pueden ser crisis capitalistas (internas o externas), que agravan las condiciones de reproducción del capital y de recaudación fiscal. También puede contribuir la salida de capitales, un deterioro de la competitividad del tipo de cambio, o alguna combinación de estos factores (u otros). (…) El principio básico del capitalismo termina imponiéndose: la tasa de ganancia rige la decisión de inversión, por más discursos “científicos” que quisieron negarlo. (…) Ahora el énfasis pasa a estar en el aumento de la productividad y bajar costos. (…) Lo importante, para lo que nos ocupa, es que el giro significa que no se ha dominado al mercado. En la óptica de la izquierda radical esto se interpreta como un “giro a la derecha”, pero en realidad, está en la lógica del capitalismo. El gobierno K es un gobierno capitalista, al frente de un Estado capitalista, y nadie tenía que esperar peras del olmo” (véase aquí).

Hoy agregaría que, naturalmente, Scioli no es una pera del olmo, sino el resultado genuino del estatismo burgués senil y carente de toda alternativa.

Fuente: https://rolandoastarita.wordpress.com/

 

 

La democracia representativa continúa a la dictadura genocida en garantizar la acumulación del poder económico e imperialista y los gobiernos K mintieron al presentarse distintos.

 

 

¿Preeminencia de la política, o mandato de los inversores?
16 de octubre de 2015

 

Por Rolando Astarita

Una de las ideas más repetidas por funcionarios y defensores de los gobiernos kirchneristas fue que, a partir de 2003, “la política” (así, a secas) había pasado a dominar a la “economía” (también a secas). Una idea que pareció ser cierta durante la fase de ascenso del ciclo económico, y la mejora de los términos de intercambio, ocurrida en la primera década de los 2000. Aunque la “preeminencia de la política” mostró sus lagunas-por caso, la inflación no pudo ser manejada a voluntad por la política gubernamental- los años de crecimiento alimentaron la ilusión de que la política de Estado podía superar la restricción de lo económico. Sin embargo, el estancamiento que sufre la economía desde hace cuatro años, combinado con problemas crecientes –caída de las reservas internacionales y endeudamiento a tasas insostenibles, entre otros-, y la propuesta económica del mismo candidato del oficialismo, desnudan la vaciedad del discurso que anunciaba que, gracias al gobierno Kirchner, la política domina a la economía.

El programa del oficialismo

Efectivamente, lo que adelanta Daniel Scioli en reuniones con empresarios e inversores tiene el sello del peso determinante de lo económico: “Vamos a generar un clima inmejorable de negocios”, prometió en el coloquio de IDEA. Luego, en un encuentro con el fondo Greenmantle, dijo que iba a negociar con los fondos buitres, “pero no voy a pagar de más”. Declaraciones que están en línea con lo que habían manifestado algunos de sus colaboradores, el gobernador Juan Manuel Urtubey y los economistas Miguel Beim y Mario Blejer. En EEUU Urtubey afirmó que hay que arreglar con los holdouts, que es necesario normalizarse el INDEC, y que Argentina tiene que volver al mercado de capitales. De regreso en el país, ratificó sus declaraciones, y fue amparado por Scioli.

Blejer sostuvo algo parecido: “hay que buscar la forma de que el problema de los fondos buitre desaparezca”; y agregó que sería positivo para la Argentina convenir una revisión anual del llamado artículo IV, del FMI. Y Beim planteó que es necesario ajustar tarifas, eliminar retenciones, y tomar deuda en el exterior, para lo cual habría que “destrabar la agenda externa”. Lo que equivale a arreglar con los holdouts y normalizar relaciones con los organismos internacionales de crédito. Recordemos que los delegados de Scioli viajaron a Lima para participar en la Asamblea Anual del FMI. Por otra parte, han prometido quitar las retenciones al trigo, el maíz y los productos regionales, y bajar las de la soja, al menos para las zonas menos favorecidas.

Nada de esto es muy distinto de lo que dicen y prometen los economistas de Massa o Macri. Se discuten detalles y formas, no la orientación más general. Por supuesto, algunos altos funcionarios kirchneristas, como fue el caso del Jefe de Gabinete y candidato a gobernador por Buenos Aires, toman distancia y protestan. Pero nadie del oficialismo cuestiona con alguna profundidad la propuesta de Scioli. Es que todos son conscientes de que, en los marcos del capitalismo argentino, dependiente y atrasado, no tienen muchas alternativas. Kicillof puede posar de “patriota antiimperialista heterodoxo”, pero en diálogo con el periodista Morales Solá, de La Nación, sabe explicarse: “Pagar [a los holdouts] es una trampa. No pagar es imposible. Lo entiendo. Estamos trabajando en una negociación, que implica una correlación de fuerzas, como pasó con Repsol” (4/08/15). Como era de esperar, el progresismo “nacional y popular” no hizo escándalo por estas declaraciones. Como tampoco dijo palabra cuando se indemnizó a Repsol (¿no era que debía dinero a Argentina?) o cuando se pagó sin chistar una exorbitancia al Club de París, o cuando se acordaron cláusulas secretas con Chevron. Está todo dentro de lo previsible. Aunque no deja de hablarse sobre la “preeminencia de lo político”.

Más aún, desde el propio ministerio de Economía se admite, de hecho, que la realidad no encaja con el discurso que se difunde. Por ejemplo, los propagandistas del “modelo nacional y popular” afirman que hay que sostener la demanda mediante el gasto público, aun a cosa de un alto déficit fiscal. Pero el Presupuesto enviado por Kicillof al Congreso prevé, para 2016, una reducción del gasto público de 250.000 millones de pesos a 96.000 millones. De la misma manera, se bate el parche del desendeudamiento, pero se toma deuda pagando una tasa de más del 9% en dólares (y aun a esa tasa, hay problemas para endeudarse). Y el Presupuesto prevé una inflación del 14% para 2016, pero Economía paga tasas, en pesos, de más del 25%.

 

Estancamiento económico y mandato del capital

La cuestión de fondo, la que rige las declaraciones de los Urtubey y Blejer, de los Scioli y Macri, y similares, es clara: las principales fuerzas burguesas son conscientes de que necesitan intentar generar condiciones para que el capital, nacional o extranjero, invierta. Es una constricción que se impone con toda su fuerza a partir del agravamiento de las condiciones económicas. Pero entonces es también la confesión de que la política tiene que subordinarse a la necesidad primera y dominante en una sociedad en que decide la propiedad privada de los medios de producción. Es la admisión de que el Estado tiene, como función clave, “crear un clima inmejorable de negocios” para que los capitalistas se decidan a invertir.

Pero a esto apuntaba Kicillof cuando pagó la indemnización a Repsol por YPF; y cuando pagó al Club de París y al CIADI. Por eso en su momento dije desde este blog que se iba hacia el arreglo con los holdouts. Aunque el arreglo no se produjo, eso no cambia la tendencia de fondo. Se alteran las formas y los tiempos, – y en esto entra el cálculo político- pero no la sustancia. Cualquiera sea el que gane, va a buscar alguna forma de volver al mercado internacional de capitales. Es que durante las crisis, o en los períodos en que se agudizan los problemas económicos, la determinación de la política por las relaciones de producción subyacentes se hace sentir con toda su fuerza.

 

Los vaivenes de la “autonomía del Estado”

Lo planteado en el punto anterior se relaciona con la dialéctica que parece existir entre autonomía del Estado (o de la política) y el ciclo económico. Desde un punto de vista muy general, durante las fases de ascenso del ciclo económico, a la par que se profundiza la dependencia mutua de productores y consumidores, se desarrollan la independencia e indiferencia mutua, no sólo de los productores y consumidores, sino también del Estado. Este último entonces parece estar por encima de las restricciones que impone el mercado. Los gobiernos, los funcionarios, las instituciones del Estado, parecen independizarse de la constricción económica. El Estado dispone de más libertad y autonomía relativa; por ejemplo, para disponer de la parte del excedente del que se apropia por vía de los impuestos.

Por eso, en esas coyunturas de alza se desarrollan las más fantásticas ideas sobre el poder estatal; por ejemplo, que puede suprimir las crisis capitalistas, fijar los precios adecuados, controlar plenamente a las empresas. En tanto se hace abstracción de las condiciones reales de existencia del capital, por doquier se declara que “la política domina a la economía”. Son los tiempos propicios para que los teóricos del “discurso que crea realidades” expliquen que se acabó “la tiranía de la economía” y acusen al marxismo por su “burdo determinismo mecanicista”.

 

Pero incluso esa idea de independencia de la instancia política, esa abstracción de la idea dominando las relaciones sociales, no es más que la expresión teórica de las relaciones que dominan a los seres humanos (Marx). Seres humanos y Estado proclaman su autonomía y libertad, cuando en realidad son cada vez más dependientes y en esencia están más subordinados a la lógica del mercado y de la valorización del capital. Por eso, el idilio con la independencia abstracta es violentamente barrido cuando hay crisis, o cuando las dificultades económicas, que los seres humanos no manejan, se agravan. En ese punto se acaban los relatos sobre la construcción discursiva de la realidad. La constricción de lo económico se impone con toda su fuerza a través de la no inversión. Por eso, los discursos no pueden cambiar el hecho de que, por ejemplo, el Gobierno argentino se endeuda pagando una tasa de interés que es el doble de la que pagan otros países latinoamericanos. Ni que los capitales solo consideren las perspectivas de ganancias a la hora de decidir una inversión. Por eso también, los integrantes de Carta Abierta ahora podrían seguir publicando sus abstrusas meditaciones sobre la autonomía de lo político, sin que ello alterara en lo más mínimo el hecho de que los dueños del capital no invierten hasta que no consideran adecuada la cuota en el botín de plusvalía que les corresponde.

Como conclusión política

Por eso, las propuestas electorales de Scioli, Massa o Macri, no se explican por alguna debilidad psicológica de los candidatos, sino por una lógica de clase. Que es la lógica del capital “en general”. El ministro Kicillof, o el gobierno de Cristina Kirchner, o el presidente que asuma en diciembre, no actúan como lo hacen porque son “traidores del pueblo”, o porque “claudiquen frente a las exigencias de los grandes capitales”. Más en general, es un error pensar que el gobierno de los Kirchner es un gobierno “reformista, con vacilaciones”. Aquí no se trata de características personales, sino de las relaciones de clase y los intereses que encarnan.

Al margen de roces y tensiones, los gobiernos capitalistas están insertos en relaciones de producción capitalistas. Y lo decisivo para que una economía funcione, y para que el Estado capitalista funcione, es que el capital reinvierta la plusvalía. Pero para eso desde el Estado hay que garantizar las condiciones de reproducción del capital. En esto no hay vueltas. De ahí que este sea el “mandato del capital” para estas elecciones, por sobre los vanos cacareos sobre la autonomía de la política. Por supuesto, un gobierno puede intentar, dentro de un régimen capitalista, el camino alternativo del capitalismo de Estado. Es lo que trató el chavismo en Venezuela, a partir del manejo estatal de la renta petrolera. Pero ni aun con la gigantesca renta que recibió en los 2000 pudo evitar el colapso económico, provocado por la salida de los capitales. Las posibilidades en Argentina son aún más limitadas. Y de esto hay conciencia en la clase dominante, y en sus representantes. Es lo que le aseguran los candidatos del sistema a los inversores. Aunque algunos lo disimulen con melodía nac & pop.

Fuente: https://rolandoastarita.wordpress.com/2015/10/16/preeminencia-de-la-politica-o-mandato-de-los-inversores/

En consecuencia, abajo y a la izquierda, el desafío previo al de crear unión en diversidad consiste en expandir la toma de conciencia sobre que:

 

El problema no son los CEO
5 de diciembre de 2015

 

Por Rolando Astarita

En los últimos días, en los ámbitos de la izquierda, se ha hecho hincapié en la designación de ejecutivos de grandes empresas para integrar los gobiernos nacional, de Ciudad de Buenos Aires y Provincia, de Cambiemos. “Es el gobierno de los dueños del país”, se afirma. Una  formulación que no sería mala si se la planteara como parte de una estrategia propagandística, a fin de popularizar la idea de que el gobierno de Cambiemos es un gobierno capitalista, al frente de un Estado capitalista. Pero esto no debería llevar a la idea de que se produjo un cambio cualitativo, en lo que hace al contenido de clase, o al régimen político, por el hecho de que haya CEOs como ministros.

Es que, básicamente, el carácter de clase del gobierno no se modifica a partir de que haya ejecutivos de empresas en su seno. Y tampoco desaparece por ello la autonomía relativa que caracteriza a todo gobierno capitalista (véase aquí, por ejemplo, para una caracterización del gobierno Kirchner, y algunas cuestiones de método). Por eso, la integración de un gobierno con muchos CEO tampoco hace desaparecer los problemas que son característicos de toda dominación burguesa. En particular, las que atañen a la igualdad de reglas de juego que los “capitales en general” reclaman de los funcionarios del Estado; y las que afectan a la legitimación y predominio ideológico sobre las clases subordinadas, que se despliegan sobre el telón de fondo de las fuerzas de coerción estatales.

Por eso, y lo fundamental a retener, es que, dada la relación de propiedad capitalista, las políticas gubernamentales, o de Estado, están determinadas por una compleja red de factores e influencias recíprocas –entre ellas, la situación económica, las relaciones internacionales, la relación entre las grandes clases sociales- y no por las características personales de los funcionarios a cargo. Estas últimas juegan un rol muy subordinado. Es desde esta perspectiva que decimos, por ejemplo, que un socialista, puesto a ministro en un gobierno capitalista, no es un ministro socialista, sino un ministro capitalista. Para presentar otro caso práctico: bajo el primer gobierno de Menem hubo tres ministros de Economía. El primero, Néstor Rapanelli, era alto ejecutivo del grupo Bunge y Born; los dos que vinieron después, Erman González y Domingo Cavallo, no eran ejecutivos, ni propietarios de empresas. Sin embargo, no cambió por ello el carácter capitalista de ese gobierno, ni su orientación central. Y así podríamos seguir con los ejemplos. Más aún, para la clase dominante a veces es más conveniente un cuadro político consciente de los intereses del capital “en general”, que un ejecutivo que sólo atiende a intereses sectoriales. Por ejemplo, Ernesto Sanz, el dirigente que llevó al radicalismo a Cambiemos, seguramente fue más útil en esa tarea que cualquier alto ejecutivo de una gran empresa. De todos modos, estas son cuestiones internas a la clase dominante, en las cuales los socialistas no tenemos por qué tener preferencias. Es el  terreno “de ellos”.

 

Recordemos también que el debate marxista clásico sobre esta cuestión se dio hace años, entre Ralph Milliband y Nicos Poulantzas. Milliband (véase, por ejemplo, El Estado en la sociedad capitalista, México, Siglo XXI, 1970) intentó demostrar el carácter capitalista del Estado a partir de las relaciones que mantienen los partidos y altos funcionarios estatales con la clase capitalista. Poulantzas (véase Poder político y clases sociales en el Estado capitalista, México, Siglo XXI, 1969) criticó ese enfoque por “empirista”, y sostuvo que el carácter capitalista del Estado y del gobierno está determinado por las estructuras económicas y sociales subyacentes. No vamos a volver aquí sobre esta polémica, pero dejemos señalado que incluso Milliband nunca pretendió demostrar el carácter capitalista de un gobierno por la presencia directa, o no, de ejecutivos de empresas.

 

Por otra parte, y a partir de la información que está disponible y circula, cualquiera puede hacerse una idea de cómo los vínculos entre funcionarios del Estado, sean o no ejecutivos de empresas, y los capitalistas, se reproducen y profundizan de forma sistémica. Sus expresiones empíricas son variadas: funcionarios que son propietarios de empresas; ministros que vienen de ser consultores o abogados de empresas, o vuelven a estas ocupaciones cuando abandonan los cargos públicos; empresas que exigen tales o cuales medidas del Estado so pena de no invertir; sobornos y todo tipo de escandalosos negociados entre funcionarios y capitalistas, y así de seguido. Son expresiones de la misma lógica de lucro y ganancia, de enriquecimiento y explotación. Es un fenómeno independiente de que sean CEOs los ministros, o no lo sean. El sistema transpira capitalismo por todos los poros y por eso también, que haya ejecutivos de empresas (privadas o estatales) encaramados al Estado, no debiera resultar sorprendente. Es la misma sustancia, que engendra sus representantes, bajo distintos modos y formas. Y nada de esto varía, por supuesto, el régimen político; no pasamos de una democracia burguesa limitada al fascismo porque asuman algunos ejecutivos como ministros.

Tampoco altera, en alguna medida esencial, el “ajuste” contra los salarios y las condiciones de vida de los trabajadores y las masas populares que está en marcha con el gobierno K, y continuará el gobierno de Macri. Por eso es de una superficialidad exasperante encontrarse hoy con marxistas quejándose, al mejor estilo “Carta abierta”, de la “rebelión de los CEO”. Para usar las palabras de El Manifiesto Comunista, parecen escritos para instrucción y provecho de “los filántropos, los que pretenden mejorar la suerte de las clases trabajadoras, los organizadores de la beneficencia, los protectores de animales, los fundadores de las sociedades de templanza, los reformadores domésticos de toda laya”. Agrego: y para beneficio de todos los oportunistas que ahora van a venir con el llamado a “la unidad nacional contra el neoliberalismo de los CEO”.

En contraposición, es necesario anclar el análisis en las relaciones de clase. No se trata de personas, sino de las relaciones sociales que ellas encarnan desde los puestos de gobierno. Es el ABC del materialismo histórico, la base para una actitud crítica frente al Estado capitalista y el Ejecutivo, pero también para posicionarse ante las corrientes burguesas que hasta ayer mismo estaban al mando, y hoy van a posar de “revolucionarias”, o poco menos. Para estas últimas, nada más conveniente que disimular los antagonismos sociales detrás del palabrerío del “se vinieron los CEO”. Es el camino, sin salida para los explotados, de la eterna conciliación de clases.

Fuente: https://rolandoastarita.wordpress.com

 

 

De modo que es fundamental y fundante de otra sociedad romper con la conciliación de clases que nos venden como  voluntad popular cuando ésta es expropiada por la democracia representativa. Frente a la agudización de la degradación de la última por el capitalismo como Francia lo ratifica, en vez de atribuirla a la derechización popular, nos urge:

 

 

Resistir la institucionalización, recuperar el Anti-capitalismo

Colectivo La Fogata - Julio de 2015

Desde La Fogata hemos venido señalando la progresiva re-institucionalización de los movimientos y grupos sociales en Argentina desde que el Kirchnerismo asumió el gobierno. (Editorial: Un debate necesario, Donde hubo rebeldías y Los movimientos sociales frente al progresismo, estos materiales están en nuestra Web, y también materiales de otros compañeros en la sección DEBATES

 

Seguimos pensando hoy que este problema debe ser puesto en el centro del debate, y en consecuencia lo analizaremos desde el arriba y desde el abajo, desde la estrategia del poder y desde las propias tendencias a institucionalizarse de los movimientos sociales.

 

Tendencias a la institucionalización desde las organizaciones sociales

La paulatina recuperación de confianza de las mayorías populares en el Estado y los partidos políticos que el kirchnerismo fue logrando a partir del 2003, puso a los movimientos en crisis: Se debilitaban las incipientes ideas y prácticas de autonomía y auto-organización que se estaban gestando en muchos grupos sociales, y se profundizaban divisiones internas.

Fundamentalmente se debilitaba lo que desde nuestro punto de vista era el avance más importante que se había logrado, el principio de una ruptura con la subjetividad dependiente generada por el peronismo, cuya ideología siempre hizo de "dique de contención", frenando y encauzando las rebeldías dentro de límites institucionales.

De esa grieta que los movimientos sociales habían generado, hoy queda muy poco y la vuelta atrás de esa conquista, de esa radicalidad alcanzada, es la clave de este regreso a la institucionalización que estamos señalando.

Para analizar el tema nos apoyaremos en parte, en la muy buena nota "La nueva izquierda ya está vieja" de Martín Echenbaum publicada en la página de La Fogata. (http://www.lafogatadigital.org/15arg/arg04/arg.26.2.htm).

En dicha nota se señala que "…las organizaciones grandes del sector ven agotada la ‘política’ desarrollada hasta el momento y deciden, en distintos momentos, dar el ‘salto adelante’ y competir en elecciones…., tomando el camino de institucionalizarse" Son los casos de Pueblo en Marcha en su apoyo a la izquierda clásica trotskista del FIT y Patria Grande apoyando al Frente Popular, resaltando en sus argumentos "la identidad peronista de amplios sectores" (*). La nota continúa diciendo que otras organizaciones "se refugiaron en lo conocido, en la resistencia de las construcciones sociales"

(*) Patria Grande manifiesta que: "hay amplios sectores populares que portan una fuerte identidad peronista con potencialidades plebeyas, contraculturales. Desde nuestro punto de vista, el peronismo como identidad política persiste mayoritariamente en la dirigencia de muchas organizaciones, algunas explícitamente peronistas y otras no"- "en las actuales condiciones sociales y políticas de nuestro país, la vía electoral es la principal hipótesis de acceso al poder político"

Coincidimos con Echenbaum cuando dice que existe desorientación y falta de elaboración política en el sector. Esto se da tanto en los grupos que "vuelven a creer" en el Estado y el partido político como medio de las transformaciones sociales, como en los grupos que supuestamente mantienen convicciones de construcción fuera del Estado.

El colectivo La Fogata se encuentra entre los grupos de este último bloque y desde ese lugar venimos tratando de aportar al debate y a la búsqueda de alternativas ante estos problemas.

Intentaremos entonces esbozar algunas de las posibles causas del momento crítico en que se encuentran nuestras experiencias militantes.

En primer lugar no podemos desconocer que existe inexperiencia en la militancia autónoma o independiente, aunque más no sea por el sólo hecho de recorrer caminos con pocos antecedentes. Las ideas de construcción social y política por fuera del Estado eran más fáciles de sostener en la época menemista (y su continuidad hasta De La Rúa), cuando el Estado estaba absolutamente ausente. Pero, como decíamos al principio, cuando el kirchnerismo comienza a recuperar empleo, a reivindicar desde el Estado algunas de las demandas movimientistas de los 90, y a relacionarse con los movimientos a través de los planes sociales, comienza una paulatina desmovilización de las organizaciones cuyo aglutinante original había sido la lucha colectiva contra el desempleo.

Con desmovilización nos referimos a la pérdida de iniciativa en la búsqueda de alternativas de auto-organización colectiva, a la falta de reacción ante estos cambios que el Estado kirchnerista ofrece como seducción para re-institucionalizar a los movimientos y grupos sociales que se habían "descarriado".

Se volvía a mirar hacia el Estado, hacia el partido peronista, ahora aggiornado como kirchnerismo, y hacia los sindicatos (otro mediador social que estaba desprestigiado).

La subjetividad peronista y el control social, recuperaban terreno.

No hubo, en medio de esta situación, un debate profundo sobre qué hacer ante el nuevo escenario, creemos que inclusive no se llegó a visualizar cabalmente este proceso de re-institucionalización. Los pocos debates políticos que existieron en el campo de la autonomía se vieron atravesados por la controversia "gobierno progresista versus oposición corporativa". "La política con mayúsculas" se metía en nuestras políticas y las anulaba.

A nivel regional, la re-institucionalización se extendió por Latinoamérica contrarrestando en parte, la influencia que el movimiento zapatista estaba ejerciendo en mayor o menor medida sobre los movimientos, en cuanto a la forma de pensar, de organizarse en forma comunitaria, y de luchar desde una perspectiva anti-capitalista y autónoma frente a las instituciones estatales.

Como contrapartida, el bloque de los nuevos gobiernos progresistas latinoamericanos cumplió y cumple un papel de recuperación institucional y de control social para el capitalismo del continente.

Y ese control social desplegado por estos gobiernos no es espontáneo ni casual, existe una estrategia pensada por sus líderes que luego va siendo rediseñada a medida que van acumulando experiencia en el poder.

Analizaremos estas estrategias a través del discurso de Álvaro García Linera en el "Foro Internacional por la Emancipación y la Igualdad" realizado en Marzo de este año en Buenos Aires (https://www.youtube.com/watch?v=beta2M46dSg) ya que Linera no sólo es uno de los intelectuales más importantes del progresismo, sino que en su exposición en el mencionado foro, explicitó este pensamiento de una forma directa como nunca lo habíamos escuchado.

 

La estrategia progresista del control social. Álvaro Linera y la institucionalización de las rebeldías

Linera comienza describiendo dos tipos de democracias existentes actualmente: las viejas democracias que se reducen al voto, a las que llama "democracias fósiles" y las nuevas democracias que tienen un valor agregado: "La Plaza"

Linera dice:

· ……. la democracia no se puede reducir al voto. Hay otras formas de enriquecer la democracia, esa otra forma es la plaza, la calle; marchas, sindicatos, comunidades….

· …... La democracia no se hubiera sostenido ante los embates de la derecha si no hubiera sido enriquecida y defendida por la democracia en las calles, de las organizaciones, si no fuera por la fuerza de los movimientos sociales…

El planteo de Linera no es a primera vista novedoso: propone llenar la cáscara de la representación democrática con el contenido de la gente en la calle, de los movimientos sociales, de las plazas. Esta situación se da en Bolivia, pero también en Ecuador, Argentina, Brasil, Venezuela etc., obviamente con sus muchos matices.

El "valor agregado" que como diferenciación tienen estas democracias progresistas con las "fósiles", es el tras-basamento del poder de la movilización, de la energía de los movimientos sociales a los gobiernos progresistas como base y apoyo a la representación democrática y a la vez de escudo protector contra las derechas.

Pero lo novedoso de esta estrategia consiste en que los nuevos sujetos, los movimientos y grupos sociales que constituirían "la plaza", no necesariamente deben formar parte del partido político gobernante, ni de ningún otro partido. En cambio son convocados a "la plaza" a tener una actividad participativa relacionada a este esquema de "democracia+plaza" planteada por Linera.

Y con esta participación no nos referimos (ni Linera tampoco) a concurrir a actos oficiales (como por ejemplo los festejos del 25 de Mayo en Argentina), sino a mantener una actividad, incluso de protesta, pero dentro de ese marco institucional extendido hasta la calle.

La estrategia entonces, se concreta a través de esta transacción, a la cual pareciera que la mayoría de las organizaciones sociales en Argentina no puede escapar; La transacción progresista es lo que al mismo tiempo que le da contenido a la representación y al Estado, frena y re-encausa los procesos autónomos previos, coarta la posibilidad de que los mismos se sigan desarrollando.

La estrategia de inclusión/contención que Linera describe en su discurso, está relacionada y mucho, con la situación previa a su acceso al gobierno junto a Evo Morales, ya que como sabemos, en Bolivia los movimientos sociales tenían un alto grado de auto-organización por fuera de lo institucional.

Es por eso que un nuevo tipo de gobernabilidad debía basarse en la institucionalización de los movimientos, otorgándole a las autonomías un lugar dentro de este esquema, para poder controlarlas desde el Estado como veremos ahora.

Linera dice:

- Hay una aparente contradicción entre Estado y autonomía….entre

Estado o construcción autónoma. ….. hay que cultivar las estructuras

autónomas (comunidades, barrios etc.) y ocupar El Estado a la vez…. se

debe construir sociedad y Estado a la vez….

Linera nos dice que es falso el debate entra Estado y autonomía, que esta dualidad debe integrarse en la democracia. Admite la contradicción entre ambos pero frente a eso argumenta que hay que fortalecer las "esferas de autonomía al mismo tiempo que se ocupa el Estado".

Esta es la línea argumental de la estrategia progresista que recogen muchos movimientos y grupos sociales, aceptando el lugar participativo que les ofrece el Estado. Esta es la transacción que se realiza consciente o inconscientemente, y a través de la cual se le delega la fuerza y la energía de la lucha anticapitalista al Estado que no es otra cosa que capitalista.

(*)Mientras en el mercado el plusvalor producido por los trabajadores es distribuido entre los capitales singulares a través de la competencia, la "intervención del Estado" implica que una porción significativa del plusvalor es canalizada hacia el Estado a través de la imposición fiscal (en cualquier forma) y reorientada por aquel a través del gasto, con el objetivo de mantener las mejores condiciones posibles para la acumulación del capital. Holloway, John, "keynesianismo una peligrosa ilusión" ED. Herramienta, 2003, Buenos Aires

Cuando Linera propone "convertir la indignación en esperanza" está proponiendo que la rebeldía de hoy se transforme en esperanza, y esa esperanza se deposite en el Estado. O mejor dicho, que la indignación no se transforme en rebelión, sino que se aplaque, se quede en esperanza, que se aplace la rebeldía para un futuro que siempre va a ser futuro.

El paquete de ideas que Linera arma en su discurso termina anudándose, como no podía ser de otra manera, con "la economía":

Linera dice:

- ……la voluntad y la esperanza tienen un límite, entonces hay que crear

un régimen económico sostenible, redistributivo, generador de riqueza.

… Sin créditos y economía las ideas no se sostienen.

Es decir: Si estas democracias progresistas no obtienen créditos de los centros de poder mundiales, esto es de los organismos internacionales de crédito, este capitalismo progresista, no se sostiene.

Queda claro que la convocatoria a los movimientos a entregar su energía para fortalecer la democracia y el Estado capitalistas, se completa con el sinceramiento de lo que finalmente constituye el objetivo más importante: La inserción en la economía capitalista mundial aunque como "democracia progresista". Esta misma línea fue la que comenzó a trazar el entonces presidente de Venezuela Hugo Chávez en Mar del Plata, en la Cumbre de las Américas en 2005.

Es aquí donde decimos que una cosa es reconocer las diferencias que existen entre el progresismo y la derecha ultra neoliberal, y otra es caer en la transacción progresista y no ver que las estrategias del "progresismo" y del "neoliberalismo" son estrategias de control social a través del estado, con el objetivo común de asegurar la reproducción de las relaciones sociales del trabajo asalariado, la reproducción del capital.

Proponemos en cambio recuperar la rebeldía y las energías delegadas a la representación partidaria y el Estado; recuperemos las ideas de auto-organización, recuperemos el anticapitalismo.

 

La necesidad de recuperar el anticapitalismo

Lo primero que (nos) proponemos es la recuperación de los ejes de debate, las ideas que en el caso de nuestro país, comenzaron a discutirse a partir de la segunda mitad de los noventa; La relación con el Estado, la influencia de este sobre los grupos sociales, la necesidad de habilitarse un espacio para pensar independientemente de instituciones y partidos políticos, cómo organizarse sin mediarse por los distintos componentes estatales.

Esos ejes se fueron desplazando hacia el eje "progresismo vs. neoliberalismo", es decir dos expresiones, dos líneas de la producción y reproducción de la ideología y de las relaciones sociales capitalistas. Empecemos por romper con la trampa de esta dicotomía y recuperemos la autonomía de pensamiento.

Hay que mirar más allá de las coyunturas políticas; Tal vez para pensar y re-organizarnos no sea necesario tener protagonismo político, o justamente, el no ser protagonista sea una condición -en un principio al menos- para avanzar en nuestras estrategias.

En todo caso, el accionar dentro de lógicas institucionales ocasiona la invisibilización y la disolución ideológica.

Recuperemos la esencia de ese sujeto político surgido de las luchas de los noventa como militante autónomo, y rompamos con el militante-institucionalizado. No nos olvidemos que en determinado momento, desde el encuentro en la calle y la organización espontánea se pudo influir fuertemente en los escenarios político-sociales, rompiendo con la aparente inamovilidad del estado de las situaciones.

Discutamos por ejemplo, si queremos buscar formas de emanciparnos del capitalismo desde ahora y hacia adelante o si en cambio seguimos dejando esa rebeldía para "otro momento", para "cuando las condiciones estén dadas", cultivando la ilusión del "mientras tanto" progresista.

Pensamos que debemos recuperar la radicalidad, y al mismo tiempo no dejamos de reconocer que tenemos pocas certezas sobre cómo seguir. Pero esos caminos más claros, sólo los podremos encontrar si insistimos en el caminar.

Las formas de organizarnos también deben entrar en debate. Inclusive para quienes optamos hace años rechazar el verticalismo de los partidos políticos, se nos hace evidente que los buenos ensayos que realizamos en la década pasada deben ser repensados o recreados frente a la recuperación institucional. En esa línea, creemos que es necesario por ejemplo, generar mejores conexiones y articulaciones entre las distintas experiencias colectivas, además de espacios de debate.

Seguramente las únicas certezas que tenemos están relacionadas con lo que no queremos: el capitalismo y su vida miserable bajo la coerción del trabajo asalariado, la "libertad" de vender nuestra fuerza de trabajo y ser explotados, o "la libertad" de negarse y morir de hambre, o consumir en lugar de disfrutar, o la destrucción del planeta para llevar al infinito las ganancias capitalistas.

Pero a partir de negarnos a aceptar esta "realidad" como si fuera perpetua, debemos buscar otras formas alternativas de vivir que puedan superar las capitalistas.

De aquí surge, creemos, el mayor desafío, lo más difícil de imaginar: cómo revolucionar el mundo, como terminar con el capitalismo con y contra las limitaciones que nos impone el trabajo asalariado. Cómo salirse de esa trampa y relacionarse en comunidad, sobreviviendo a la vez.

Desde La Fogata seguimos pensando que hay que buscar formas de organización comunitaria de la vida, formas que necesariamente son anti-capitalistas, que requieren de relaciones no jerárquicas entre las personas y que deben ir generando un cambio en la subjetividad desde el primer momento. Y esa nueva subjetividad y esas nuevas relaciones sociales comunitarias, pueden ser el embrión de "una otra sociedad" como dirían los zapatistas.

Para que las ideas de cada uno de nosotros, de cada grupo, no queden en el aire, debemos juntarnos a discutirlas. Para que las cosas que hacemos políticamente en grupos aislados puedan potenciarse o puedan generar otras, debemos conectarlas, ponerlas en juego y amplificarlas.

Fuente: http://www.lafogatadigital.org/debate2015/debate.1.1.htm

 

 En/con el capitalismo mundializado

 

Existe, abajo y a la izquierda del planeta, un cuestionamiento a las democracias representativas que induce a Christian Laval y Pierre Dardot (dos investigadores sobre el concepto de lo común) a sostener que:

 

“La idea de que el Estado es la solución está agotada”.
1 de diciembre de 2015

 

 

Por César de Vicente y Julia G.Arconada (Diagonal)

Al final de su libro La nueva razón del mundo (2009), Pierre Dardot y Christian Laval escribían: "Las prácticas de 'comunización' del saber, de asistencia mutua, de trabajo cooperativo, pueden esbozar otra razón del mundo. A esta razón alternativa no podría dársele mejor nombre que éste: la razón del común". En efecto, éste fue el eje central del libro publicado en 2014, Común, con el que describen otra construcción de la sociedad diferente al neoliberalismo.

¿Podrían señalar los grandes rasgos de lo que ustedes han llamado la sociedad neoliberal?

Christian Laval: En La nueva razón del mundo describimos una lógica normativa que se llama neoliberalismo y que tiene dos grandes aspectos.

Al final de La nueva razón del mundo escriben que la razón liberal está agotada; sin embargo, todo el libro repasa esa nueva racionalidad.

Pierre Dardot: Son los movimientos mismos los que dicen "no nos representan". Finalmente hemos entrado a través de las movilizaciones en una fase de cuestionamiento directo de la lógica representativa que manifiestamente hoy produce formas oligárquicas de poder.

Lo que ha aparecido claramente con el neoliberalismo es que las oligarquías tenían dos caras: la cara económica y la cara política, que estaban completamente entremezcladas. Entonces, las democracias representativas aparecen cada vez más como una forma que enmascara cada vez peor una dominación oligárquica brutal, violenta, bajo la forma de privatizaciones, de managerilizaciones, etc. Las formas de reivindicación y de esperanza política no tienen la forma antigua del Estado frente al mercado. La idea de que el Estado sería la solución también está agotada.

De hecho, es el neoliberalismo mismo, en un primer momento, el que ha vaciado la democracia liberal bajo su forma clásica: no la ha borrado, seguimos hablando de ella, tenemos elecciones, la legitimidad del pueblo, etc. Pero cuando lo comparamos con el antiguo liberalismo, nos damos cuenta de que, por ejemplo, había una primacía reconocida del poder legislativo que está desapareciendo desde hace ya algún tiempo en beneficio de una primacía del ejecutivo, hasta el punto de que la división de poderes, que era propia de la democracia liberal clásica, está hoy completamente amenazada. Ése es el agotamiento de la democracia liberal clásica.

C. L.: Por no hablar de Europa, cuyo Parlamento está completamente vaciado.

¿En qué sentido "lo común" puede ser una salida y en qué solamente una reforma del capitalismo?

P.D.: Salida. Salida. En definitiva, lo que está en juego es la relación entre el principio de lo común y el capitalismo. Y creo que es algo que merece ser precisado porque a menudo la gente puede reivindicar lo común sin por eso considerar que es necesario romper con el capitalismo.

Nosotros consideramos que lo común es un principio político y que la puesta en práctica de ese principio exige, en un plazo más o menos largo, la ruptura con el capitalismo, lo que no quiere decir suprimir el mercado, no somos en absoluto favorables a la supresión del comercio privado y del mercado. Consideramos que el principio de lo común debe ser el principio a partir del cual las relaciones sociales se reorganizan, pero no somos favorables a que todo sea común. Sería bastante contradictorio en la medida en que la crítica que hacemos al neoliberalismo es tratar de imponer la lógica del mercado más allá de la esfera del mercado, seríamos incoherentes si respondiéramos que lo que hay que hacer es suprimir completamente la lógica del mercado para hacer prevalecer que todo sea completamente común. No decimos eso, decimos que la lógica del mercado debe ser limitada, lo que es completamente diferente. Lo común debe subordinar al mercado, pero no suprimirlo. No identificamos capitalismo y mercado.

¿Podría decirse que iríamos a un modelo mixto?

P.D.: Depende de lo que se entienda por modelo mixto, porque a menudo la gente dice mixto y piensa en Estado y capitalismo, mientras que con mixto habría que entender que hay una economía de mercado, que continúa subsistiendo, pero que se encuentra reencajada, como diría Po­lanyi, en el interior de la sociedad por la lógica de lo común.

C.L.: Hacemos de lo común un principio de transformación de la economía y de la acción política. Es decir, por ejemplo, al final de nuestro libro explicamos cómo la producción misma debe escapar a la dominación del capital. Una empresa debe convertirse en una forma política democrática en la que la cooperación –sin la que no hay producción– encuentre su existencia política, su forma institucional democrática. Es un punto esencial. No solamente bajo la forma de consejos obreros o autogestión, sino bajo la forma de una coparticipación de los trabajadores y de los usuarios del resultado de la actividad.

P.D.: Eso no impide que los productos de la empresa sean comercializados, vendidos, es decir, que haya un mercado.

Sin el capitalismo el mercado podría ser controlado, limitado.

P.D.: Exactamente, la ilimitación pertenece al capitalismo. El mercado no es en sí mismo y por naturaleza algo ilimitado. Ha sido históricamente construido. Es la lógica del siempre más, ése es el principio de ilimitación. Nunca suficiente, nunca suficiente, nunca suficiente, siempre hay que acumular, eso es la ilimitación. Pero esto no es el mercado. No podemos acusar al mercado, Christian tiene razón. La gente que dice "abajo el mercado", porque el mercado es responsable de todos nuestros males, está equivocada, es una confusión para nosotros terrible.

¿Quién pone la limitación? ¿No es esto un principio conocido como el de la "regulación del mercado"?

P.D.: Exactamente, regulación institucional. No una regulación natural espontánea ni regulación por el Estado. Lo común, en sentido político, no es lo mismo que el Estado. El Estado no es el centro. No somos anarquistas, no estamos por la supresión del Estado, pero tampoco somos estatalistas, porque no consideramos que el Estado deba constituir el centro de toda la vida social.

Pero entonces ¿cómo se limita? ¿quién lo limita?

P.D.: Lo común es un principio de limitación, precisamente un principio de limitación del mercado, un principio que debe bloquear la transformación que del mercado hace la lógica de lo ilimitado que es propia del capitalismo. Hay un común político.

Lo común político de base es la municipalidad, es el autogobierno local municipal. En municipal está munus que es la misma raíz latina que lo común. La idea de una coobligación, de una obligación compartida. Estamos por una doble federación de lo común, una federación de lo común sobre el plano político a partir de lo común territorial de la base que es la municipalidad, y una federación de comunes socioprofesional, lo que quiere decir que no es puramente profesional, no hay común profesional, lo que sería un contrasentido. Si fuera profesional, sería estrecho, limitado, y no común.

C.L.: Profesional excluye a los usuarios, a todos los implicados o a los habitantes de los alrededores de una fábrica.

P.D.: Quienes sufren el impacto de la actividad y que deben estar integrados en el gobierno de la empresa, y no como algo exterior.

3¿Una institución que podría funcionar en este proyecto serían las organizaciones de consumidores?

P.D.: Por supuesto, las cooperativas de consumidores para nosotros son un muy buen ejemplo. C.L.: O las asociaciones de consumidores que controlan, dan su opinión, etc. Eso va completamente en la línea de lo que decimos.

P.D.: En Francia incluso comienza a experimentarse un proyecto de tienda gestionado completamente por los habitantes del barrio y los clientes. Se hace cada vez en más ciudades.

C.L.: O los consumidores son a la vez trabajadores, hacen algunas horas por mes…

Lo común en el libro se ve como una alternativa jurídica, pero no productiva. ¿No han contemplado la posibilidad de que lo común sea también un elemento productivo?

C.L.: No distinguimos radicalmente la esfera económica de la esfera jurídica. Nuestra idea es que la democracia política de los comunes debe concernir a la forma de la producción. La gran aportación de los economistas, a partir de Elinor Ostrom, es que las formas de producción más eficaces, más duraderas en el tiempo, eran precisamente las organizadas sobre la institución de lo común.

Esto tuvo un efecto extraordinario en múltiples esferas de la sociedad y en mucha gente que trabajaba en internet, que han entendido que no teníamos que elegir entre el capitalismo tradicional y el Estado, la jerarquía burocrática, sino que la autoorganización con formas jurídicas nuevas era extremadamente eficaz.

Lo que internet nos ha enseñado, que desde hace un tiempo ha sido inventado como un común por gente que pensaba en esos términos, es que lo común podía revolucionar la economía, formas técnicas y prácticas, etc. Hemos salido de la idea según la cual el mercado capitalista es eficaz y el Estado burocrático comunista era ineficaz, eso se ha terminado en los años noventa.

Hoy sabemos que formas nuevas no capitalistas y a la vez no burocráticas son perfectamente eficaces. Esa ha sido la verdadera revolución digital, la verdadera revolución intelectual, que ha permitido comprender eso y que ha proyectado la problemática de los comunes en el mundo entero.

P.D.: Con lo que hay que romper es con la idea de que el derecho o lo jurídico sería una superestructura y la producción una infraestructura, el viejo esquema marxista. Eso hoy tiene aún menos sentido que ayer. Consideramos, junto con Weber, Foucault y otros, que las relaciones jurídicas son parte integrante de las relaciones de producción.

¿Cuáles serían los rasgos de la democracia social que ustedes proponen al final del libro?

C.L.: Que no debe confundirse con la socialdemocracia. Lo que explicamos es que el principio de lo común no es solamente institución de algo nuevo, sino también transformación de lo ya existente.

La democracia social es, por un lado, la puesta en común de recursos para pensiones, salud y educación, es una sociedad que decide que una parte de los recursos debe destinarse a actividades, servicios y bienes que favorecen el bienestar de toda la población. Esta puesta en común ha sido monopolizada por el estado burocrático, el Estado social ha desposeído a los actores sociales de su capacidad de deliberación y decisión. Esta burocratización ha desembocado en una situación en la que unas oligarquías dominantes venden, liquidan, destruyen la democracia social hoy.

Se trata no sólo de volver al Estado social de los años cuarenta, cincuenta y sesenta, sino de reinventar esta puesta en común. Como decíamos antes, se trata de construir instituciones nuevas que permitan a los usuarios dar su opinión, controlar las decisiones, controlar el uso de los recursos. Poner en común significa que los bienes puestos en común están destinados a todos, y eso supone que todos tienen por partes iguales el derecho a decidir. Se trata de reinventar una verdadera democracia para todos sin excepción.

La empresa interiorizada por el sujeto

“Detrás de la llamada a reinventarse cada día, siempre de manera ilimitada, está el modelo de la empresa que se ha tomado como modelo para el sujeto, modelo para lo íntimo”, comenta en un momento de la entrevista Pierre Dardot. La violencia del neoliberalismo, comentan los autores de Común, se extiende hasta crear una competencia en el interior mismo de los sujetos.

http://www.diagonalperiodico.net/saberes/28423-la-idea-estado-es-la-solucion-esta-agotada.html
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=206259

 

En consecuencia, "las democracias representativas aparecen cada vez más como una forma que enmascara cada vez peor una dominación oligárquica brutal, violenta". Es que vivimos subsumidos por un capitalismo mundializado con maximización de la concentración de riquezas y poder en una minúscula minoría de la humanidad. Lo que sucede en París ratifica la agudización del Estado represor en el sistema con independencia de que la ciudadanía sea la de una potencia imperialista y el gobierno sea del partido socialista. Elijamos la siguiente nota:

 

Masacre en París, Hollande decreta el estado de excepción
13 de noviembre de 2015

La izquierda revolucionaria francesa frente a los brutales atentados en París. Publicamos la declaración de la Corriente Comunista Revolucionaria, integrante del Nuevo Partido Anticapitalista de Francia.

Comité de Redacción Revolution Permanente 

Un centenar de muertos solamente en el teatro Bataclan, una verdadera masacre. Los ataques casi simultáneos se llevaron a cabo en 5 distritos de París, en las calles y en los alrededores del Stade de France en Saint-Denis.

El balance provisorio eleva a 118 personas las muertes al azar, sin contar las decenas de víctimas que están en grave estado de emergencia. Diez meses después del atentado a Charlie- Hebdo y al supermercado kosher de Vincennes, terroristas (islámicos, según la prensa) habrían elegido responder de manera asimétrica y bárbara a la barbarie imperialista que se abate desde año y medio en Siria e Iraq en nombre de la libertad y los derechos humanos contra el Estado Islámico. Francia vive, esta noche, lo que ya vivió Beirut el 12 de noviembre, y que es la vida cotidiana para las poblaciones de Siria, Iraq y Yemen.

Sincronizado, el terror asesino se volvió total poco antes de las 21:30 hs: rafagas de ametralladora en cervecerías, toma de rehenes en el Bataclan, una de las salas de espectáculos más concurridas de la capital, ataques con granadas en las proximidades del Stade de France, donde jugaban los seleccionados de fútbol de Francia y Alemania con la presencia del presidente Hollande. La conmoción es completa, de cara a este asesinato en gran escala. Condenamos firmemente estos brutales atentados y nos solidarizamos con las víctimas y sus familiares.

 

Del lado del gobierno, apoyado por el conjunto de las fuerzas del arco político, la crisis es completa, incluso si Hollande y sus ministros tratan de responder a través de medidas en el marco del estado de excepción. Poco antes de la medianoche, de manera breve, la presidencia ha anunciado que el ejército estaba preparado para intervenir al lado de las fuerzas especiales de la policía. El estado de emergencia se declaró en todo el territorio nacional, por primera vez desde el fin de la guerra de Argelia, y no solamente para la “Ile-de-France” (región metropolitana de París) como en 2005 en los días de las revueltas de los suburbios. Esto otorga prerrogativas especiales a los prefectos y a las fuerzas de la policía, para suspender el transito, cerrar establecimientos, y sobre todo detener a cualquiera, en la región parisina, sin ningún marco jurídico regular. Las fronteras por último, están bloqueadas.

 

Es una hoja de ruta reaccionaria, la que Hollande desarrolla para reforzar las prerrogativas del poder ejecutivo sobre el conjunto del Estado y relanzar un giro bonapartista. Políticamente, sabe que será seguido de cerca por Sarkozy y Marine Le Pen, quienes querrán tomar ventaja de la situación de cara a las elecciones regionales próximas, a pesar de que desde varios de los "estados mayores" de los partidos políticos anunciaron la suspensión de la campaña. Mientras, en el exterior, se puede esperar también un estruendo general de ruidos de sables, por la intensificación de las operaciones militares contra el “terrorismo islámico”. Es lo que se desprende de la primera declaración de Barak Obama.

 

Hollande apela a la unidad nacional, como después de los atentados de enero, y nos demanda que tengamos “confianza en nuestras fuerzas de seguridad”. Pero estas fuerzas de "inseguridad" no solamente son incapaces de prevenir este tipo de ataques, sino que llevan adelante su propio “terrorismo” contra las clases populares y los inmigrantes. Y son las operaciones imperialistas exteriores del Estado francés, dos por año promedio desde que Hollande está en el poder, las que siembran el terrorismo islamista. Un enemigo de la liberación de los pueblos del yugo imperialista y sionista, y, en última instancia, un reflejo distorsionado de la barbarie militar occidental.

Es por esto que sólo oponiéndonos fuertemente a este giro “securitario”, reaccionario, racista y bonapartista, es que será posible resistir a toda forma de terrorismo, empezando por el más institucional, rechazando el racismo y la islamofobia, que se incrementarán, y rechazando toda amalgama contra los refugiados que son acusados por algunos medios de comunicación por el terrorismo en Europa. Esto implica que las organizaciones de nuestra clase, del movimiento obrero y de la juventud, rechacen integralmente, esta vez sí, el mismo chantaje que vimos luego de los atentados a Chalie-Hebdo. Esta es la condición para pensar una posible resistencia, rechazando cualquier bloque con el gobierno y sus aliados, que son los que siembran las guerras, la miseria, el desempleo, la xenofobia y la explotación.

  Révolution Permanente: Carnage à Paris. Hollande décrète l’état d’exception

Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/Masacre-en-Paris-Hollande-decreta-el-estado-de-excepcion

 

 

Ante el totalitarismo y belicismo capitalista sólo cabe aprender cómo se está construyendo democracia desde abajo y a la izquierda.

 

 

La Autonomía Zapatista en perspectiva social

10 de agosto de 2013

Por  Gallo Téenek

A 10 años de construcción constante de autonomía zapatista vale la pena reflexionar sobre ella, mirar la autonomía zapatista, y aunque sea de forma breve describir la forma de organización del gobierno autónomo, haciendo particular énfasis en los proyectos de educación, salud, agroecología, y destacando el papel que tiene la mujer en estos procesos.

En este sentido, para comprender el concepto de autonomía hay que partir de dos premisas: 1) los sujetos poseen libre determinación, es decir, la capacidad de decisión en lo que se refiere a las formas de organización; y 2) poseen un territorio, el ámbito en donde se llevan a cabo la toma de decisiones, la ejecución de las acciones, la administración de los recursos y la creación de las identidades.

 

Así, con el impulso de la autonomía en territorio zapatista, han venido reinventando desde la práctica el sentido de la democracia, funcionando con sus propias contradicciones. Así lo señala El investigador Ramírez Zaragoza (2008: 82):

(…) no sólo desde el levantamiento de 1994, si no sobre todo, a partir de la forma de los acuerdos de San Andrés incumplidos por el gobierno en 1996 y después de la aprobación de la ley sobre los derechos y la cultura indígena de 2001 que en términos reales y legales negó la posibilidad a tales comunidades de autodeterminarse con base en sus usos y costumbres.

Es importante puntualizar también, que el giro a la reivindicación de la autonomía tiene que ver con consideraciones territoriales, las cuales llevan implícita una idea de sustentabilidad vinculada con el estilo de organización social-territorial prehispánico, que corresponde también a una visión moderna anticapitalista de concepción del mundo. El territorio tiene que ver con el lugar donde se asienta la cultura, como territorio cultural, como el producto en incesante cambio de un proceso social y no sólo geográfico-político. (Ceceña, 2004: 602)           

Es en el territorio controlado por el zapatismo donde encontramos la construcción de los cinco Aguascalientes como resultado de las redes de identidad que se vinculan en el territorio en rebeldía en Chiapas, donde los indígenas zapatistas construyen la posibilidad de mejorar sus condiciones de vida.

En un primer momento personas de la llamada sociedad civil impulsaron y apoyaron los proyectos productivos de educación y salud en diferentes Municipios Autónomos del estado de Chiapas. Por ejemplo, en el Caracol II de Oventic, se atienden las necesidades de educación y salud de más de 38 comunidades aledañas, a través de la clínica-hospital “La Guadalupana” y una Escuela Secundaria, estos fueron de los primeros proyectos que se generaron en territorio zapatista. (Sub Comandante Insurgente Marcos, 2001: 249)

Así pues, las bases de apoyo zapatistas junto con los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas [MAREZ] y las instancias de gobierno rebelde, juegan el papel más importante de la lucha zapatista, pues son ellos los que llevan a cabo su autonomía, siempre sin el reconocimiento del gobierno mexicano.

 

A través de sus propios medios e incorporando proyectos productivos, las comunidades zapatistas y sus bases de apoyo construyen otras formas de hacer política  donde se lleva a cabo el mandar obedeciendo, siendo las prácticas que emergen de esto, las que se distancian de las organizaciones institucionales de forma radical:

Las JBG (…) de estos 5 caracoles llevan a cabo para sí la revocación de mandato, pues quienes no cumplen bien sus funciones son removidos por las comunidades, además el cargo es rotativo y no tiene remuneración, ya que es concebido como un trabajo y beneficio colectivo (…) Éste órgano (JBG) son (…) una instancia colectiva en donde sus integrante se rotan semanalmente (…) permanecen de domingo a domingo y enseguida regresan a sus municipios y comunidades de origen de las autoridades; y vuelven (…) al cabo de tres o cuatro semanas. Este mecanismo de representación se origina a partir de que las distintas comunidades de un municipio nombran el Consejo Autónomo del municipio y a sus distintos representantes en las comisiones municipales. A su vez, los integrantes del Consejo de cada municipio se organizan por turnos de modo que se pueda garantizar su participación permanente. (Cerda García, 2011: 147)

 

La renovación del Consejo Autónomo municipal se hace cada tres años, mediante la asamblea. Durante los seis meses posteriores al término de su mandato, las antiguas autoridades autónomas tienen la responsabilidad de asesorar y acompañar a las nuevas autoridades. De esta forma, la JBG queda conformada por alrededor de 12 personas, tanto mujeres como hombres que pertenecen a los distintos municipios y cuentan con la representación de tzeltales, tzotziles, tojolabales y mestizos. El trabajo cotidiano se organiza a través de comisiones de proyectos autónomos, finanzas, denuncias, problemas, respuestas a solicitudes, entre otras. (op. cit., 2011: 148)

Los Consejos Autónomos fungen como órganos que representan a los Municipios, y por otro lado, las Juntas de Buen Gobierno son órganos que representan a varios Municipios Autónomos; el representante se convierte en la voz de todos los miembros de las comunidades que pertenezcan a una etnia, de la misma manera que los representantes de la JBG se convierten en representantes de todos los municipios que correspondan a su jurisdicción sin importar a qué municipio en particular pertenezca el representante.(Ramírez Zaragoza, 2009: 37-39)

Respecto a la organización zapatista, la Junta de Buen Gobierno del Caracol de Oventic durante la brigada en que participó Regeneración Radio en solidaridad con las comunidades zapatista en el año 2011, platicó el significado de los trabajos que tienen como organismo autónomo:

 

(…) estamos dando el servicio para nuestro pueblo; nosotros sabemos qué es lo que hemos dicho desde el 94, (…) sí tenemos que cambiar unas situación de que es del pueblo (…) nosotros vemos cuáles son las necesidades que hay aquí (…) es nuestra obligación de recibir los visitantes nacionales e internacionales y además es nuestra obligación de ver la necesidad de cada pueblo, de cada municipio. (Junta de Buen Gobierno de Oventic, 2011, entrevista)

 

En el territorio donde hay presencia de Bases de Apoyo de EZLN  se llevan a cabo actividades que conciernen a la salud, la educación, proyectos de agroecología, entre otros más.  La idea de gobierno autónomo que se tiene en los pueblos zapatistas supone una vida comunitaria en la que la democracia no sólo se refiere a la elección de autoridades que son gobierno, sino que es un ejercicio permanente vinculado a la práctica cotidiana de los responsables de todos los cargos que la comunidad necesita para organizarse, para producir y reproducirse como pueblos indígenas.

Sobre las características que tienen que ver con la reproducción del zapatismo destaco cuatro de ellas: la educación, salud, proyectos de agroecología; y por otro lado, el papel de la mujer indígena en la construcción de los procesos de la comunidad.

En la educación zapatista se estudia la historia de los pueblos, de “los abuelos y ante pasados”. La enseñanza se hace a través de promotores de educación, así como de libros de texto que surgen de los mismos pueblos coordinados junto con asesores de la sociedad civil. Se trabaja con ejercicios extra escolares, como la elaboración y discusión de contenidos murales sobre la historia de México, la trayectoria del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, la historia de los municipios Autónomos y de la educación Autónoma. (Cerda García, 2011: 201)

 

Los proyectos educativos están presentes en gran parte de los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas, los contenidos que se enseñan en las escuelas son aprobados por los consejos autónomos y en la mayoría de las comunidades en donde hay Bases de Apoyo del EZLN. Así lo hizo saber la Junta de buen gobierno en la misma brigada de observación de agresiones en contra de sus comunidades:

 

(…) las comunidades tienen sus promotores, sus promotoras, los mismos pueblos lo organizaron; pero los promotores de la educación están dando un servicio gratuitamente, están trabajando a tiempo completo, así nomas, voluntario. (Junta de Buen Gobierno de La Realidad, 2011, entrevista)

 

La diferencia entre las escuelas oficiales y las escuelas autónomas  zapatistas es la impartición del conocimiento y el contenido de éste. Por un lado, en las escuelas oficiales las clases se imparten sólo en español, se deja a un lado la cultura indígena; mientras que en las escuelas zapatistas se fomenta la identidad de los pueblos indios, las clases se dan en español, zoque, tzeltal y chol; y se habla de la lucha y los antecedentes zapatista. La historia que aprenden los niños autónomos es la de sus propios pueblos y su lucha. El reto en educación es ahora relacionar todos los proyectos. Se busca que en las escuelas se impartan también clases de salud y de agroecología (Muñoz Ramírez, 2004: Internet). Los proyectos educativos autónomos son muy importantes en el movimiento indígena de Chiapas, ya que es el medio por el cual reproducen sus prácticas sociales, es decir, se va concientizando a los niños y niñas zapatistas, generando la reproducción y continuidad de su lucha. 

 

En lo tocante a la salud autónoma, el proyecto zapatista ha construido sus propias clínicas, ellos mismos organizan a promotores de salud que realizan campañas de higiene y de prevención. De la misma manera llevan a cabo proyectos donde rescatan la medicina tradicional y la construcción de clínicas dentales.      

 

Ya tenemos una clínica central (…) igual en cada Municipios Autónomos (…) ¿Por qué? Porque los Municipios están muy retirados (…) pero no solo, también tenemos casas de salud en cada comunidad (…) nosotros como zapatistas, el pueblo mismo empezamos a organizarlo (…) no están recibiendo dinero, paga (…) estamos en la resistencia. (Junta de Buen Gobierno de Oventic, 2011, entrevista)

 

En las regiones autónomas existe una red de casas de salud y clínicas, consultorios dentales, laboratorios de análisis clínicos y de herbolaria, donde se practica oftalmología y ginecología, así como farmacias. En el sistema de salud comunitaria de los zapatistas, las consultas tienen un precio simbólico y a veces son gratuitas, además se atiende a todo aquel que lo solicita, sea o no Base de Apoyo del EZLN. La medicina tradicional es gratuita, mientras que en la medicina farmacéutica, solo se cobra el precio de costo. (Zibechi, 2008: 43)

 

A pesar de la ausencia de reconocimiento por parte del Estado mexicano, las estrategias que en el campo de la salud vienen implementando las Bases de Apoyo Zapatista muestran no solo su eficiencia (disminución de tasas de mortalidad infantil y materna), sino también que es posible la conformación de una estrategia local de salud controlada por la misma población indígena.

 

De los proyectos zapatistas con los cuales están tratando de garantizar la soberanía alimentaria y prácticas que respeten “a la madre tierra” son los proyectos de agroecología. Estos también cuentan con promotores y promotoras del trabajo en las comunidades y municipios donde hay Bases de Apoyo Zapatistas.

 

Uno de los proyectos, es un plan de mejoramiento del suelo que consiste, entre otras cosas, en eliminar poco a poco la quema de acahuales, utilizar abonos orgánicos y dejar de usar insecticidas para las plagas, con el fin de recuperar la fertilidad de las tierras. (Muñoz Ramírez, 2004: Internet)

 

En este sentido La Junta de Buen Gobierno señala:

Se dieron cuenta de los productos químicos que están vendiendo los ricos y el mal gobierno solo están matando la madre tierra, están contaminando el suelo, el río el aire (…) la tierra y hasta nosotros; porque los productos químicos (…) trae mucha enfermedad (…) Ahorita ya casi hay muchas comunidades, muchos municipios en todas partes, ya saben cómo se preparan los abonos orgánicos (…) no están usando los productos químicos, así en pura natural están aprendiendo para que salga bien la producción; ahorita están aprendiendo sobre la conservación de suelo (…) los pueblos ya están sembrando milpas, frijoles, hortalizas (…) natural (…) ya están buscando buena forma de cómo sobrevivir (Junta de buen Gobierno de Oventic, 2011, entrevista)

Los proyectos de agroecología, debido a la forma de concebir la naturaleza y de disponer de recursos naturales de una forma equilibrada, respetuosa con la naturaleza y con el medio ambiente de los pueblos indios, en particular de los zapatistas, posibilitan conservar la ecología del lugar, además desarrollar un conocimiento amplio de sus posibilidades alimenticias, curativas o facilitadoras de la vida.

 

Otra de las características fundamentales del zapatismo es que ha generado una serie de cambios en las formas de relación que cotidianamente se establecen entre hombres y mujeres. En este sentido, ha posibilitado la participación de las mujeres desde los primeros días de actividad pública del EZLN; antes del levantamiento de 1994 las mujeres no tenían derecho a participar en los trabajos de los pueblos, de esta forma, un gran logro de la organización autónoma tiene que ver con la dignidad de la mujer, pues se ha avanzado en la lucha contra la costumbre de “vender” a las mujeres, las cuales anteriormente no podían elegir libremente a su pareja. (Cerda García, 2011: 114)

 

En los espacios de los Municipios Autónomos o de los Caracoles se pueden ejercer con mayor libertad las experiencias de noviazgo, la formación de parejas, el ejercicio de sexualidad. Existe así mismo, una intencionalidad y una serie de medidas para que, durante los encuentros y reuniones de trabajo, las tareas tradicionalmente reservadas a las mujeres tales como el aseo o la preparación de alimentos, sean igualmente desempeñadas por ellos y ellas. (op. cit., 2011: 114)

 

No sólo los hombres, también las mujeres están haciendo su trabajo, son coordinadoras, coordinan juntos hombres y mujeres (…) cuando hablamos  de la comercialización pues están las cooperativas, esas son las mismas mujeres que llevan a cabo todos los trabajos que se hacen ahí. Actualmente en los Altos de Chiapas hay dos sociedades cooperativas que están funcionando y el grupo de colectivos de mujeres, son ellas las mesas directiva (…) ahí son las mismas compañeras que toman la decisión, que toman iniciativa, resuelven problema cuando surgen algún problema sobre su cooperativa (…) pues de todo lo que se necesita ahí. (Mujer de la Junta de Buen gobierno de Oventic, 2011, entrevista)

Estas cooperativas, tiendas, granjas y hornos colectivos sirven también para la discusión y deliberación colectiva, como espacios de autogestión  y discusión sobre las identidades de género, posibilitan la participación mixta, así como la participación de las mujeres en la discusión política.

Un rasgo importante que resalta del zapatismo y que no puedo dejar pasar es la concepción del poder que tienen, ya que no admiten protagonismos, ni una revolución individual, más bien se plantean como una fuerza moral que se diluye entre el pueblo. Ante la imposición (hegemonía) los zapatistas anteponen reconocer la diferencia. El lema “mandar obedeciendo” designa la forma de hacer la elección de autoridades por medios de asambleas, la revocación del mandato, rendición de cuentas, así como el trabajo comunitario, son aspectos muy importantes en la construcción de nuevas prácticas políticas.

 

El ejercicio y la construcción del poder en los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno no se construye bajo la lógica del Estado; es decir, de la centralización del poder y la dominación; en lugar de concentrar el poder político en un sólo hombre o en una institución, las comunidades indígenas zapatistas realizan una forma de redistribución equitativa del poder, donde cada miembro de la comunidad tiene la capacidad de incidir en las decisiones de la comunidad, acompañados de una democracia directa y un poder generado de la comunidad:

 

Los Caracoles zapatistas representan también una ruptura con esa visión de los movimientos revolucionarios del siglo XX que pretendían tomar el poder por la fuerza para luego cambiar el mundo. En lugar de esto los pueblos mayas rebeldes construyen el poder desde abajo (en lo micro) y de esta forma buscan hacer redes de resistencia con otras comunidades u otros movimientos. (Romero, 2010: Internet)

 

La organización autónoma de las comunidades indígenas no es nueva. Incluso en México, las tres cuartas partes de los municipios de Oaxaca (donde coexisten 15 etnias) eligen a sus autoridades según sus usos y costumbres y aproximadamente 70% de la población del estado es gobernada por autoridades indígenas. En los más de 400 municipios involucrados, la "autodeterminación comunitaria'' va de la gestión de asuntos locales, de tierras y recursos comunales, naturales y de la cultura. (Le Bot, 1998, 29 de marzo: Internet)

Sin embargo, sí fueron los zapatistas quienes le han otorgado un carácter emancipador, rebelde, independiente y autogestivo en sus formas de organización. Es la democracia directa que se practica en las comunidades zapatistas bajo el principio de “Mandar Obedeciendo”; sobre todo con la creación  de las Juntas de Buen Gobierno, lo que hace diferente al movimiento zapatista. Como afirma Ramírez (2008: 63) respecto a las construcciones sociales que lleva a cabo el movimiento, es un ejemplo de las posibilidades reales de generar espacios, que funcionen y nutran al movimiento: la construcción de una cultura política democrática participativa y directa que es producto de la práctica política del mandar obedeciendo como base de la construcción y fortalecimiento de autonomía y que será el sustento para el mantenimiento de sus estructuras políticas: Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas y Juntas de Buen Gobierno.

Con escasos recursos económicos los hombres, mujeres, niños y ancianos de las comunidades indígenas zapatistas organizan sus escuelas, casas de salud, hospitales, cooperativas, farmacias, bodegas de comercio, todos estos proyectos que engloba lo que ellos definen como autonomía. Lo que se apuesta es el rompimiento de las relaciones con las instituciones de gobierno, con el poder, sin obligar al pueblo, a la sociedad civil a organizarse de la forma zapatista; de esta manera, se busca una relación emancipadora, donde se respete la cultura, el conocimiento tradicional en una dimensión territorial local.

 

Las prácticas que ofrecen al mundo decenas de miles de hombres, mujeres y niños tzotziles, tzeltales, tojolabales, choles, zoques, mames y mestizos, todos zapatistas, son un laboratorio social de autonomía y autogobierno que hace que la comunidad internacional, el “primer mundo” camine junto con los zapatistas, prácticas que se contraponen con la idea de la democracia representativa que existe actualmente no solamente en México, sino en el mundo.

 

Bibliografía(…)

Fuente: http://www.regeneracionradio.org/index.php/autonomia/autonomia/item/3984-la-autonom%C3%ADa-en-perspectiva-social

 

 Alternativas postcapitalistas

 

Necesitamos  de la toma generalizada de conciencia sobre la actual intensificación de la lucha de clases. Resulta que la democracia representativa y su largísimo período de elecciones la bloquearon para el triunfo legitimador de derechas partidarias. Tamaño despliegue de disciplinamiento sociopolítico tuvo éxito no sólo en los votos mayoritarios sino sobre todo en la convicción masiva del deber de cada cual de contribuir a la victoria o la derrota de determinados candidatos (no programas). Pese a esta concepción mayoritaria sobre qué es la democracia, tanto en el país como en su provincia,  diversos de abajo se movilizaron con un pronunciamiento tan democratizador como:

"En tu Estado Policial te marchamos de frente mar"
14 de noviembre de 2015

Diversas organizaciones sociales, políticas, culturales y de derechos humanos de Córdoba, nucleados en el "Colectivo de Jóvenes por Nuestros Derechos", realizarán este miércoles 18 de noviembre a las 17 la Novena edición de la "Marcha de la Gorra". Partirán desde el cruce de Colón y Cañada, en pleno centro cordobés, contra "los linchamientos, las razzias, la muerte de los pibes, las desapariciones, el accionar corrupto de la policía y la Justicia", y contra el Código de Faltas. La actividad finalizará con un acto y festival en la plaza San Martín. "Somos pibes, trabajadoras sexuales, carreros, artesanos, estudiantes, laburantes, músicos, madres, padres, somos todos los que sentimos y nos imaginamos un futuro lejos del Estado Policial que nos rige", remarcan en su convocatoria, que reproducimos.

 

ANRed difunde gacetilla de prensa:

Córdoba, 12 de Noviembre de 2015

9na. MARCHA DE LA GORRA

Desde la mesa organizadora de la Marcha de la Gorra, te invitamos a participar de la novena movilización. Nos convocan los linchamientos, las razzias, la muerte de lxs pibxs, las desapariciones, el accionar corrupto de la policía y la Justicia. Nos cansamos de que nos prohíban llegar al centro, de que nos discriminen por el trabajo que elegimos. No soportamos las declaraciones del gobernador de Córdoba que continúa criminalizando nuestros reclamos, ante el maldito Código de Faltas. Nos organizamos.

Somos pibes, trabajadoras sexuales, carreros, artesanxs, estudiantes, laburantes, músicos, madres, padres, somos todxs lxs que sentimos y nos imaginamos un futuro lejos del Estado Policial que nos rige. Promovemos la igualdad ante la ley y el acceso real a derechos básicos de lxs marginadxs de la sociedad. Pensamos las juventudes y nos hacemos cargo de nuestro presente, interpelados ante las injusticias que sentimos y la violencia que nos imponen. Somos esas gorras, carros y tacos que hace nueve años luchan juntas al pedido de Abajo el Código de Faltas.

El viernes 20 a las 8 de la mañana comienza la veda electoral, por lo que muchos espacios políticos partidarios no podrían marchar con sus respectivas identificaciones, más allá de que entendemos que todas las expresiones convocadas a marchar, sean partidarias o no, son políticas. Además nos preocupa que la veda sea una excusa adicional para que la Policía realice detenciones o demoras que impidan a los pibes y las pibas llegar a la Marcha. Queremos que todas y todos estén en la calle, por eso tomamos la decisión de cambiar la fecha. Porque la represión no espera, convocamos a marchar el 18 de Noviembre a las 17 hs, desde Colón y Cañada. Respetamos las distintas visiones de todas las organizaciones que año a año marchan y, en este escenario, reivindicamos más que nunca tanto nuestra independencia de todos los partidos políticos como nuestro derecho a articular con todxs lxs que luchan por la causa de la Marcha independientemente de cuál sea su posición en relación al balotaje o a cualquier otra elección. La mesa de organización de la Marcha de la Gorra es un espacio que históricamente ha representado la unidad entre sectores en muchos casos antagónicos y por lo tanto no tiene una posición unificada en relación a las elecciones.

El Colectivo de Jóvenes por Nuestros Derechos nació en el año 2007 en Córdoba, en respuesta a las persecuciones y el hostigamiento a determinadas expresiones culturales juveniles. La Marcha de la Gorra es la forma que, desde el año 2007, elegimos para exigir junto a otros y otras jóvenes de más de 60 organizaciones la derogación del Código de Faltas y que se escuchen bien fuerte nuestras voces.

Acompañanos, salí a la calle, gritá fuerte la consigna: “En tu Estado Policial te marchamos de frente mar”. Recorreremos el centro, nos manifestaremos artísticamente sobre lo que nos pasa y sentimos. Terminaremos leyendo un documento en la plaza San Martín con un festival de bandas locales y populares: Sin Remedio, Zona de Cuarentena, Sangre Cuartetera, y Rimando Entreversos (con una invitada sorpresa). Bandas que darán cuenta de la alegría y resistencia que siempre sostenemos como banderas.

CONTACTOS:

 Lucre Cuello (Col. De Jóvenes): 0351-155164403

 Joaquin Collazo (Col. De Jóvenes). 0294-4208880

 Juli Castro (Col. De Jóvenes): 03537-15672631

CONSIGNAS DE MARCHAS ANTERIORES:

1ª Marcha de la Gorra: ¿Por qué tu gorra sí, la mía no?
20 de noviembre de 2007

2ª Marcha de la Gorra: Una oreja para los chicos.
20 de noviembre de 2008

3ª Marcha de la Gorra: Los jóvenes al centro.
20 de noviembre de 2009

4ª Marcha de la Gorra: Contra el Código de Faltas. ¿Y los Derechos que nos faltan?
19 de noviembre de 2010

5ª Marcha de la Gorra: Nos detienen por la cultura.
18 de noviembre de 2011

6ª Marcha de la Gorra: Tu código trata de desaparecer nuestra alegría callejera
20 de noviembre de 2012

7ª Marcha de la Gorra: Tu seguridad nos limita, nuestra Resistencia es infinita.
20 de noviembre de 2013

8ª Marcha de la Gorra: Más vale gorras embrollando, que la policía matando
20 de noviembre de 2014


KIT DE PRENSA:

http://marchadelagorra.org/kit-de-p...

https://vimeo.com/mdlg2015

http://www.ivoox.com/podcast-marcha...

https://www.youtube.com/watch?v=HCh...

Fuente: http://www.anred.org/spip.php?article11039

 

 

Enfocar los desarrollos del 2001 de otra sociedad-mundo es descubrirlos, por ejemplo,  en la Marcha de la Gorra. Pero es también contextualizarlos reconociendo:

 

 

La violenta regulación del territorio en el capitalismo criminal

5 de noviembre de 2015

 

Por Esteban Rodríguez Alzueta 

1. Conflictividades violentas urgentes

 

La política, esto es, las organizaciones y movimientos sociales de izquierda, se sienten interpelados por nuevas conflictividades sociales. ¿Qué hacer frente a la violencia policial? ¿Qué hacer ante la violencia de transas y narcos? No son preguntas abstractas sino realidades con las que se miden periódicamente. No son especulaciones teóricas sino desafíos concretos. Tampoco son violencias episódicas, sino sistemáticas, regulares, cada vez más cotidianas. Violencias que agregan violencias a otros conflictos.

En muchos barrios donde las organizaciones sociales desarrollan sus tareas militantes suelen coincidir con las bandas narcos y las policías. No sólo el territorio está en disputa sino los jóvenes que viven en esos mismos barrios. Los jóvenes son objeto de un doble proceso de reclutamiento. Por un lado, el reclutamiento policial, por el otro el reclutamiento transa o narco. No se trata de procesos paralelos ni contradictorios, sino muchas veces solapados. Los policías “patean” el barrio con los transas y los narcos, o al revés. La policía regula el narcotráfico cuando tutela la comercialización, pero también cuando provee la fuerza de trabajo que necesitan estas economías para poder funcionar. Y cuando los narcos se autonomizan de la policía, todavía los jóvenes seguirán siendo el pato de la boda. Se sabe, el hilo se corta por lo más delgado, y el eslabón más débil de cualquier cadena seguirán siendo los jóvenes.

Esas prácticas de reclutamiento no siempre son pacíficas. Muchas veces están hechas de violencia. La policía recluta a los jóvenes cuando practica la violencia institucional, a través de prácticas informales violentas. Los transas y los narcos, cuando los convierten en su grupo de acción pero también cuando son el destinatario de la fuerza o la amenaza de la fuerza. De cualquiera de las dos formas, los jóvenes se vuelven protagonistas de la violencia, una violencia que practican, sufren, aguantan, los seduce.

No estamos postulando una relación mecánica entre las organizaciones criminales y la violencia. Como bien nos recuerda Kessler, estudios de otras regiones muestran que uno de los objetivos de las organizaciones criminales es reducir la violencia para poder operar con la menor visibilidad pública y presión estatal posible (Kessler, 2011: 57). Pero en la Argentina, hoy día, todo parece indicar que la violencia es una de las características que distingue tanto a las policías como a las organizaciones narcos. Una violencia que asume varias formas (amenazas extorsivas, coacciones, lesiones, secuestros, homicidios), y se usa con diferentes finalidades (para ganar respeto o reforzar el prestigio, la autoridad; como represalia o vengar una ofensa; para obtener recursos económicos para luego financiar un hábito; para cobrar deudas; para avanzar sobre un territorio o protegerlo; para evitar que determinado transa crezca demasiado y se autonomice; para eliminar una competencia; para resolver otros conflictos vinculados al tráfico o que involucra a los actores que se dedican al tráfico). Una violencia que se expande por el entramado social, y se convierte en la referencia para encarar otros conflictos que pueden tener lugar en el barrio. Por su puesto que no hay que atribuir al narcotráfico toda la responsabilidad. Hay una historia detrás del narcotráfico, una historia de violencia que merece ser tenida en cuenta para comprender también la centralidad que adquiere la violencia en la resolución de las disputas eventuales que puedan tener lugar. Una solución impuesta por el control policial.

En esos barrios, la droga se lleva la atención de todos: de la policía, los vecinos, padres, organizaciones sociales, maestros, punteros políticos y, por supuesto, de los jóvenes. Por distintas razones, la droga gana cada vez mayor centralidad. Entre los jóvenes, porque la droga no sólo es referenciada como una estrategia de sobrevivencia, sino de pertenencia. El mundo de la droga aporta insumos morales para componer vínculos y tramar solidaridades, además de despertar emociones muy distintas. La cultura narco es una identidad seductora que rivaliza con los movimientos sociales, toda vez que las respectivas militancias están hechas con valores y proyectos diferentes. Las narrativas que giran en torno al universo transa, los estilos de vida que promociona y los hábitos asociados al consumo mitificado, empiezan a ganarse la atención y atracción de muchos jóvenes. El narco se vuelve rápidamente objeto de admiración y muchos quieren o juega a emularlo. La droga, su consumo y venta, es una promesa rápida de movilidad social.

No se trata de un tema menor, puesto que sobre la base de esa fascinación se monta la adhesión de los jóvenes. La ayuda social, una asistencia hecha de cupos en cooperativas o subsidios de distinto tipo (Plan trabajar, plan Envión, Plan Fines, Plan Argentina Trabaja, Plan Progresar,) no puede competir con estas economías, ni si quiera con sus emprendimientos más domésticos y precarios. Ni si quiera los movimientos sociales o las redes clientelares. Los jóvenes pendulan entre la ayuda social, la desocupación, la militancia barrial, el delito predatorio y el ocio forzado. Mientras, van mariposeando por distintas “juntas”, hacen “paradas” en distintas esquinas, incluso en distintos barrios. Van en búsqueda de aventuras y oportunidades que les permitan el acceso rápido a determinados bienes a los que se encuentra asociado el éxito, la masculinidad, el respeto, etc. En esa búsqueda vertiginosa, el universo de la droga, se gana la atención de muchos jóvenes.

Esos barrios no son territorios sin Estado. La policía es la forma que asume el Estado en los espacios relegados. No sólo la policía, pero ella sigue siendo una agencia relevante. Una policía que interviene de manera discrecional, es decir, de forma discriminatoria, abusiva y brutal. No se trata de una violencia paralela, que transita por andarivel separado. Hay estrechas y oscuras relaciones de reciprocidad entre los policías, transas y narcos, o mejor dicho entre la red policial y el universo transa. La policía es una suerte de bolsa laboral que recluta la fuerza de trabajo que necesitan las economías ilegales que operan en la clandestinidad. Y no solo eso, además de tutelar a las organizaciones criminales, es la mano invisible que contribuye a regular el mercado.

De allí que la pregunta por la violencia transa o narco no se puede resolver apelando ingenuamente a la policía, llamando al 911. La policía es la agencia que se encarga de regular el narcotráfico. Los vecinos lo saben y por eso muchas veces apelan a sus propios repertorios para resolver los conflictos que tienen lugar en el barrio (con linchamientos, escraches, estigmatizando, etc.).

En este trabajo nos interesa analizar las dinámicas y el uso de la violencia en el universo transa, pero también las prácticas violentas de la policía. Dos formas de violencia, dicho sea de paso, que alimentan a esas otras violencias. Porque alrededor de la violencia policial y la violencia transa, orbitan una serie de conflictos, muchas veces violentos o que se van volviendo cada vez más violentos. Tanto la violencia de los transas o narcos, como la violencia policial, constituyen insumos para aquellas otras conflictividades. No estamos diciendo simplemente que las violencias se encuentran de manera encadenada y que se produce una suerte de efecto dominó entre ellas. Hablamos de una violencia-insumo. Una violencia (la policial o transa) que contribuye a referenciar la violencia como una forma efectiva y rápida de solucionar o encarar los otros conflictos que puedan tener lugar en la vida cotidiana. Violencias que pueden modificar nuestros umbrales de sensibilidad moral, que podrían estar empezando a correr la frontera entre lo aceptable y lo inaceptable.

 

2. Violencias estructuradas y estructurantes, violencias acumuladas y violencias encadenadas

 

La violencia no es nueva. Lo que es nuevo es su frecuencia, la publicidad, la prensa que tiene, la multiplicación de imágenes, incluso la familiarización o acostumbramiento entre los que la practican y/o la padecen. La historia de los países de la región es una historia de violencias, hecha de violencias de distinto tipo. Violencias acumuladas y violencias encadenadas.

Comencemos por las violencias que se fueron sedimentando, acumulando en napas. La violencia es el telón de fondo de muy distintas experiencias sociales. La violencia, no es un dato coyuntural, sino estructural, una invariante histórica.

En Argentina, ella ha estado latente –y ha emergido a la superficie muchas veces– en las movilizaciones sindicales y estudiantiles del país. Recordemos el terrorismo de estado de la última dictadura cívico-militar; la guerra de Malvinas; los estallidos sociales y los saqueos; la violencia policial; los delitos violentos.

Otras veces, la violencia está encapsulada en el interior de organizaciones o prácticas cotidianas y forma parte del folklore de las instituciones o de ciertas actividades de la vida cotidiana. Vaya por caso las patotas sindicales; los ritos de iniciación en las fuerzas armadas o policiales destinadas a humillar y denigrar a los aspirantes para inspirarles un nuevo self, un espíritu de cuerpo, que los distancia de la sociedad civil; las disputas entre las diferentes “ranchadas” al interior de los espacios de encierro; las torturas de la policía o del personal integrante del servicio penitenciario; en las hinchadas de fútbol; los “enfrentamientos” entre la policía y las barritas de jóvenes de barrios marginales; los escuadrones de la muerte y los casos de gatillo fácil; el uso de violencia por parte de patovicas o personal de empresas de seguridad privada; la violencia propiciada por los penitenciarios; los linchamientos y la venganza por mano propia, etcétera. Todo ello, pero también la violencia en las familias, en las escuelas; la violencia de género, la trata de personas, los feminicidios; la discriminación según raza, etnia o religión que también está a la orden del día; el uso de violencia en la comisión de determinados delitos (secuestros, robo a camiones blindados que transportan caudales o mercaderías; robo de autos, narcotráfico, el turismo sexual y las redes de explotación infantil), etcétera.

Pero tampoco hay que perder de vista que la violencia no solamente es la violencia directa, esa que se pone de manifiesto con la fuerza física o moral. También es la violencia indirecta. Todo aquello que crea las condiciones para la muerte, moviliza formas de violencia: la falta de salud, de equipamiento en los hospitales, la falta de enfermeros o médicos, la falta de trabajo, vivienda digna, de redes de agua potables y redes fluviales, es violencia porque crea condiciones para la muerte (Foucault, 1975-6).

Lo dicho no significa afirmar que la violencia es la materia prima principal de la sociabilidad argentina, pero sí reconocer que ella forma parte integral de la vida cotidiana del país, un dato histórico que no puede imputarse a un actor en particular. Sería un error, también, pensar que la violencia es una excepción, un estallido, mera contingencia, algo que no se esperaba y que de pronto irrumpió, un hecho aislado. Forma parte del lenguaje político y social de la vida cotidiana a través de la cual “la comuna se expresa en sus disputas diarias en torno a cuestiones de relevancia pública” (Gargarella, 2007: 449).

Además, en un contexto de impotencia instituyente, cuando el Estado ha perdido protagonismo en la modelación del lazo social, cuando el Estado deja de ser la meta-institución dadora de sentido, en este contexto desinstituyente, muchos actores –y no solamente los jóvenes– encuentran en distintos rituales violentos (“la violencia situacional”) la manera de forjar una identidad (Dutschatzky y Corea, 2004). La violencia ritual se desarrolla como una estrategia de pertenencia, de organizar las relaciones de reciprocidad y los intercambios de honor y prestigio en las relaciones entre pares, una forma de adquirir respeto y modelar las masculinidades para hacer frente a las humillaciones periódicas con las que tienen que lidiar algunos actores sociales.

Eugenia Cozzi (2013) distingue diversos usos de la violencia letal en la vida cotidiana en los barrios pobres y segregados, a saber: la violencia como búsqueda de respeto, esto es, como forma colectiva de construcción de identidad, prestigio y reconocimiento en contextos de inclusión/exclusión, relacionados con la valentía y la masculinidad. La violencia como la manera de hacerse ver, darse un nombre en contexto de crisis de identidad y autovalorización. Segundo, la violencia como búsqueda de afectos, es decir, como forma de construir o reforzar vínculos, confirmar una grupalidad o hacer amigos, a través de las diferentes formas de solidaridad y aguante en su grupo de pares. Tercero, la violencia como búsqueda de emociones, o sea, como la forma de motorizar la grupalidad a través de la diversión, el esparcimiento o el entretenimiento. Cuarto, la violencia como búsqueda de obediencia, como forma instrumental, el modo de “pilotear” las situaciones durante los arrebatos, escraches y robos.

Entonces, en estos contextos, teniendo en cuenta todos estos elementos y factores, es donde debe analizarse la violencia. La pregunta por la violencia no es una cuestión abstracta. Es una pregunta que debe responderse atendiendo todas estas dimensiones cotidianas, y no perdiendo de vista tampoco los contextos históricos con los que se están midiendo sus protagonistas referenciados como violentos.

Pero la violencia también como círculo vicioso de factores que se retroalimentan de manera acumulativa. Esto es lo que el antropólogo brasileño Michel Misse, denominó “la acumulación social de la violencia”. No hay forma de comprender la violencia contemporánea sin que esas conflictividades sean asociadas a un proceso de larga duración. Un proceso que postula como una “circularidad causal acumulativa” (Misse, 2010: 32), un “círculo vicioso de factores que se retroalimentan de forma acumulativa” (Ibíd.: 21). En el caso de Brasil, ese núcleo se retroalimenta a partir de dos dimensiones constituidas por formas ilegales de intercambio, a saber: 1) la acumulación de redes de venta al menudeo de mercaderías ilícitas; 2) el aumento de la oferta de mercancías políticas. La sobreposición de estos mercados que se fueron expandiendo desde la década del ’50 del siglo pasado, tiene más importancia para la comprensión de la violencia.

En el caso de la Argentina, podríamos detectar un núcleo de violencia que alimenta la espiral acumulativa, en la connivencia entre las redes policiales y las redes criminales: la dinámica que se fueron tejiendo entre estas dos redes, fueron sentando las bases para su consolidación y expansión, y al mismo tiempo fueron agregando violencias a otras conflictividades satélites a estos actores o creando condiciones para el desarrollo de otras experiencias sociales o prácticas institucionales formales o informales cada vez más violentas.

Pero ese círculo vicioso va más allá de las policías y el universo transa. Involucra otras experiencias sociales y políticas. Por ejemplo, comprende los procesos de estigmatización social y determinadas formas de clientelismo político. Tanto la estigmatización como el clientelismo, sobre todo cuando éste no es experimentado como una performance identitaria (Auyero, 2001), son procesos percibidos como violentos. En el caso de la estigmatización, porque genera identidades devaluadas, desautoriza vínculos, impugna hábitos y estilos de vida, genera discriminación, humilla. En cuanto al clientelismo, porque contribuye a consolidar una ciudadanía de segunda, corroe la ciudadanía al volver a los ciudadanos objeto de obligaciones (por los servicios o bienes prestados) que tienen que retribuir (Rodríguez Alzueta, 2014b; Auyero, 2013).

Ahora bien, no sólo las violencias se van acumulando a partir de un círculo vicioso, sino que además tienden a encadenarse. Esta es la tesis sugerida por Javier Auyero y María Fernanda Berti en La violencia en los márgenes. La violencia ha permeado la vida cotidiana, no sólo asume formas diferentes como ya se dijo, sino que suele utilizarse con objetivos muy distintos. La violencia se esparce y derrama, puede emigrar hacia otros lugares. No se encuentran encapsuladas o compartimentadas, sino que están conectadas entre sí, “encadenadas”. Los actos violentos no son ni repentinos ni hechos aislados, están concatenados y forman una cadena que conecta la calle con el hogar, el espacio público con la esfera privada. (Auyero y Berti, 2013: 109). La violencia doméstica, la violencia sexual, callejera, policial, criminal, son violencias intrincadamente asociadas. La violencia se parece a una cadena que conecta distintos tipos de violencia. Su encadenamiento no es mecánico: “La cadena hace referencia a las maneras en que distintos tipos de violencia, usualmente pensados como fenómenos apartados y analíticamente distintos (por el lugar donde ocurren, los actores a los que ponen en contacto, etc.) se vinculan y responden unos a otros” (Auyero y Berti; 2013: 94). La violencia interpersonal ya no funciona exclusivamente con la lógica del talión (como represalia, como respuesta frente a una ofensa previa), sino en base a la lógica del encadenamiento. A veces, una violación o abuso sexual puede ser seguido de un intento de linchamiento; otras veces, un ajuste de cuentas entre vendedores o consumidores, estar continuado con una pelea entre hermanos; o un intento de robo con una paliza a un hijo.

En todos estos casos ya no existe “ojo por ojo, y diente por diente”. La violencia se derrama, tiende a expandirse. ¿Qué es lo que conecta esas violencias? Auyero y Berti repasan diferentes interpretaciones. Para algunos será la fuente: las violencias tienen un origen común en la mentalidad belicosa. Otros, hacen hincapié en la dinámica situacional: las violencias comparten ciertos patrones de confrontación, tensión, flujo emocional. Y otras, entienden que el continuo hay que buscarlo en la violencia estructural, es decir, en el impacto cotidiano de las violencias invisibles, sean los “puños visibles” (criminalización y represión de la protesta social; la violencia policial; el encarcelamiento masivo; la ocupación militar y los desalojos violentos), “las patadas clandestinas” (desalojos por grupos parapoliciales), o sus “tentáculos invisibles” (el Ministerio de Desarrollo, etc.) (Auyero, 2013).

Auyero retoma la tesis de Bourdieu (1993) cuando distingue las dos manos del Estado: una mano derecha, compuesta por las agencias policiales y penitenciarias, y la mano izquierda, formada por todas aquellas dependencias sociales que canalizan la ayuda social a través de las redes políticas clientelares. Pero además de ser ambidiestro (juega con las dos manos), el Estado de Malestar (Rodríguez Alzueta, 2007) es esquizofrénico, es decir, está presente en la sociedad de dos maneras distintas: a través del estado de derecho –la fuerza ajustada a la forma– en las zonas civilizadas; y con el estado de excepción –la fuerza liberada de todo forma– en las zonas bárbaras (Rodríguez Alzueta, 2014a). Lo dicho hasta acá no debería llevarnos a concluir que el Estado continúa monopolizando la violencia y los sentidos para esa violencia. Pero de eso nos ocuparemos en el punto que sigue.

 

3. La violencia sin centro: La desmonopolización de la violencia y la despacificación de los barrios pobres. ¿Debilitamiento de las capacidades políticas del estado?

 

La despacificación contemporánea de las “costumbres civilizadas” coincide con la desestatalización de la violencia. El Estado perdió el monopolio de la violencia. Los conflictos se resuelven más allá del Estado o con las reglas informales que establecen las agencias estatales.

Norbert Elias (1979) postulaba una relación de continuidad entre la pacificación de la sociedad y la violencia del Estado, y entre la estructura social y la estructura emotiva. A medida que el Estado intervino en la vida cotidiana, regulando las disputas entre las personas y vigilando los espacios públicos, las relaciones sociales se fueron volviendo más pacíficas, menos violentas. Se modificaron las costumbres y con ello los afectos que se ponían en juego en las relaciones sociales. La agresividad se fue refinando, “civilizando”. Nuevos tabúes producidos por el Estado, van proponiendo un nuevo modelo de individuo, otra sensibilidad, cada vez menos impulsiva. Disciplinas más eficaces, capaces de inspirar un autocontrol creciente de sus instintos, fueron refrenando los impulsos violentos que descansaban en aquellas costumbres en común donde la violencia era la manera correcta de saldar las diferencias.

No desaparecía la violencia pero se transformaba la agresividad. Por un lado, se la reubicaba bajo el control del Estado y, por el otro, se la recluía en la vida privada. La violencia subsiste de manera encapsulada al interior de la familia toda vez que subraya la jefatura masculina en los hogares, certificando el contrato sexual desigual, pero también las sociedades patriarcales. De modo que la pacificación de la vida cotidiana consiste en el declive de la violencia pública para saldar las controversias sociales.

El Estado moderno, en tanto estado de derecho, monopolizaba la violencia, sus sentidos, decidía el destinatario de la fuerza letal y no letal y señalaba las agencias encargadas de practicarla. No se trataba de una violencia ciega sino de una fuerza ajustada a una forma. La violencia no desaparecía pero era redirigida hacia la guerra contra otras naciones y luego contra otros enemigos internos que ponían en riesgo el orden público. Solo que esa fuerza estatal se presentaba como una violencia legítima y, por tanto, era una violencia que ya no sería percibida como violencia sino como el modo de restablecer un orden perturbado. La violencia era la cárcel, la deportación, pero sobre todo la amenaza de la violencia. El Leviatán no suprimía la guerra sino que la coagulaba. La guerra de policía, la “defensa social”, el “orden público”, es una guerra sin sangre.

Mientras la burguesía se valorizaba en los mercados legales, la fuerza de trabajo debía mantenerse alejada de las malas influencias. La vagancia y la delincuencia juvenil fueron los mejores artefactos no sólo para reproducir malentendidos al interior de los sectores subalternos (Foucault, 1975), sino para montar un aparato de seguridad que vigilaba las espaldas de la clase dirigente que cuidaba a su vez los intereses de la burguesía (las elites) (Lenin, 1917), y para expandirse más allá de las fronteras en busca de nuevos mercados o materias primas que optimicen la rentabilidad de las burguesías locales (Engels, 1894).

Pero las cosas se han corrido de su lugar. Si la historia no siempre es la misma, y pretendemos todavía tener una intervención crítica en la realidad, no hay que vivir de contarse cuentos y seguir repitiendo axiomas que ponen las cosas en un lugar donde no se encuentran. Hay que dejar de lado aquella vieja fórmula que hizo escuela en la historia de las ideas, que sostiene que la violencia es uno de los rasgos fundamentales que define a los estados. Cien años después, el Estado ha perdido el monopolio de la violencia y el capitalismo es mucho más complejo. Por eso, la pregunta que nos hacemos ahora es la siguiente: ¿Existe una relación entre la desmonopolización de la fuerza y las transformaciones del capitalismo?

El capitalismo ya no se valoriza centralmente en la apropiación de la fuerza de trabajo material al interior de las fábricas (Marx, 1867), sino en la velocidad de rotación del dinero, en las apuestas oportunas sobre los activos empresariales en los mercados bursátiles (Plihon, 2003), y en el trabajo inmaterial o intelectual al interior de la sociedad (Negri y Hardt, 2002; Virno, 2003). Más aún, se valoriza optimizando sus costos laborales a través de la expansión de los mercados informales que pendulan entre la legalidad y la ilegalidad, y en el desarrollo de los mercados ilegales (Ruggiero, 1999; Sevares, 2003). Que conste que no se trata de mundos paralelos. Hay profundas relaciones de continuidad o intersección entre esas tres esferas. Los mercados formales necesitan tanto de los mercados informales como estos de los mercados ilegales. Es decir, no basta con la ley. Se necesita del crimen. El capitalismo necesita de la justicia formal, pero también de los cheques grises que periódicamente imparte a las policías u otros grupos satélites a las policías (parapoliciales). Necesita de reglas de juego transparentes (“seguridad jurídica”), pero también de otras reglas, no tan claras que digamos, para regular los mercados ilegales e informales. Y tanto los mercados ilegales como los informales, pero sobre todo los ilegales, necesitan de distintas formas de violencia para resolver los conflictos que no podrán encararse apelando en los tribunales formales. Acá es donde la violencia entra en juego, cuando se convierte en un factor de producción.

Se trata de una violencia reticulada, sin centro, que brota desde todos los márgenes y se autonomiza del Estado. El Estado ha perdido no sólo el protagonismo para definir y canalizar las situaciones problemáticas, sino que ha perdido también el monopolio de la violencia. Una fuerza que comparte con otros actores sociales, o con agencias estatales que han adquirido una doble vida, o se han corporativizado y actúan, entonces, por cuenta propia, en función de sus intereses corporativos o de los intereses de los actores que dirigen la agencia (Sain, 2007). Porque incluso la violencia legítima ya no puede ser significada y dirigida por cada gestión. Los gobiernos no pueden o tienen muy serias dificultades para contener y dar sentido a la fuerza que pusieron en manos de distintas agencias securitarias. A medida que las instituciones ganaron autonomía, la fuerza adquirió nuevos rumbos. Eso no significa que estemos frente al caos. La violencia seguirá otras reglas, se organizará en función de nuevos rituales, con otras prácticas.

La necesidad de una violencia excentrada no debería invitarnos a suponer que se trata de un proceso planificado. De la misma manera que su congregación no fue orquestada, tampoco su difusión. Su desarrollo tuvo movimientos en zigzag. La desmonopolización de la violencia tiene muchas causas. Una de ellas hay que buscarla en la crisis del Estado Bienestar, es decir, en la composición del Estado de Malestar. Un estado que empieza a desentenderse de muchos problemas que hasta entonces constituían su razón de ser. Cuando el Estado se desinvierte o ajusta, es decir, se desentiende de la mano izquierda, esto es, de la salud, la educación, la vivienda, el trabajo y la seguridad social, empieza a ganar terreno la mano derecha, a gobernar a través del delito (Simon, 2011; Rodríguez Alzueta, 2014a). La inseguridad se convierte en una obsesión política. La lucha contra el crimen se vuelve la vidriera de la política. Otra causa, hay que buscarla en el éxito de las transformaciones que el Estado Malestar llevó a cabo. No sólo en la desocupación y marginación social, sino en las facultades discrecionales que fueron reconociéndoles a las policías para contener a los sectores excluidos o integrados de manera subordinada. En este punto, y a medida que el mercado va ganando más espacio, la seguridad se convierte, paradójicamente, en una tarea que incumbe también a los ciudadanos, en una responsabilidad ciudadana. Los ciudadanos en tanto consumidores, deben velar por su seguridad y adoptar las medidas que sean necesarias: no hay que cargar todo a la cuenta del Estado, hay que filtrar las demandas sociales. Ahora son los ciudadanos, los que, en función de su capacidad económica deberán desarrollar distintas estrategias securitarias para cuidarse entre sí. Si en el relato hobbesiano los hombres debían resignar su libertad para ganar seguridad, ahora la recobran para sentirse más seguros. Libres para armarse, para apuntar con el revólver, para contratar custodios, para consumir seguridad privada.

Marx en El capital decía que todas las fuerzas de reproducción del capitalismo están en la legalidad. No estudió la ilegalidad del capitalismo que hoy es la fuerza más importante del capitalismo. No hay capitalismo sin ilegalidad. El capitalismo está por encima de la ley, de la Constitución, de la policía. El capitalismo crece y reproduce en las tramas informales e ilegales también. Pero también esas tramas policiales informales y las zonas de ilegalidad, crean nuevas oportunidades para aumentar la rentabilidad. No hay capitalismo sin paraísos fiscales, fraudes financieros, evasión impositiva, y la circulación y lavado de gigantescos flujos financieros provenientes de actividades delictivas. Y no hay capitalismo criminal sin corrupción política, o controles blandos, estructuras institucionales precarias, sin presupuestos y desarticuladas.

Mientras el capitalismo se expandía desarrollando los mercados legales, la burguesía le reclamaba al Estado que restringiera cada vez más la violencia interpersonal, pues difícilmente podía prosperar en un contexto desordenado y hostil. Necesitaba de la libertad pero también de la seguridad de los trabajadores y la tranquilidad de los consumidores. Ahora, cuando los mercados legales necesitan de la expansión de las economías informales y los mercados ilegales, entonces la violencia se vuelve un recurso productivo. La violencia, dentro de determinados parámetros, se vuelve necesaria y funcional. Una violencia que debe guardar determinados rituales y quedar encapsulada en determinados territorios. Más allá de los cuales llama la atención y se vuelve un problema. Pero mientras permanezca vinculada a los barrios marginales, asociada a determinados actores, será una violencia controlable, que se puede regular. La violencia letal, altamente lesiva, o la amenaza de la violencia letal, constituyen la manera de regular los mercados ilegales, incluso muchas veces los mercados informales. Una violencia social sobre-regulada por la violencia institucional. Una violencia policial que pretende encapsular la violencia marginal. Secretamente el capitalismo acepta la violencia, y los estados empiezan a tolerarla, porque se ha convertido, en última instancia, en la manera de reproducir las relaciones de producción ilegales que sostienen y expanden (pero también crean las condiciones para) las relaciones de producción legales. La acepta porque sabe que con ella se regulan los mercados ilegales que contribuyen a optimizar sus costos financieros; no solo a recuperar la cuota de ganancia, sino para multiplicarla exponencialmente. Pero también la acepta, finalmente, porque ella vive en ambientes pacificados y se mueve en circuitos “civilizados”, lejos de la violencia marginal y la violencia policial.

La gestión de la violencia se carga a la cuenta de las policías en que se delegó no sólo el gobierno de la inseguridad sino la regulación del delito. La violencia es el modo de regular las relaciones de intercambio en los mercados ilegales. Pero también la manera de modelar la fuerza de trabajo lumpen que necesitan las economías ilegales para expandirse.

Fuente: http://contrahegemoniaweb.com.ar/la-violenta-regulacion-del-territorio-en-el-capitalismo-criminal/

 

 

Multiplicar los espacios comunes de deliberación popular sobre porqué la lucha de la Unión de Asambleas Ciudadanas, un paradigma de los desarrollos del 2001 de otra sociedad-mundo, compete a todos los diversos de abajo del país-continente exige:

 

 

Territorios y cuerpos en disputa.

Extractivismo minero y ecología política de las emociones

6 de diciembre de 2015

 

"La violencia de las explotaciones mineras, que en el principio se ensañaba directamente sobre los cuerpos usados como medios de explotación de los suelos, hoy se invierte bajo la forma de tecnologías altamente destructivas aplicadas directamente sobre los territorios. La mina que trituraba cuerpos y los envenenaba hoy opera triturando montañas y regándolas con otras tantas sustancias tóxicas. Al hacerlo, tritura también lo más profundo de la naturaleza interior; no sólo los territorios-cuerpos, sino triturando ya la humanidad de lo humano."

 

Por Horacio Machado Aráoz

A pesar de que los principales y más difundidos eslóganes del marketing social de la minería transnacional afirman que ningún proyecto minero se hace sin el consentimiento previo de las comunidades involucradas, bien sabemos que este tipo de intervenciones involucra una afectación a las fuentes de vida, los medios de trabajo y las formas culturales y políticas de la reproducción social, generando resistencias y conflictos.

De hecho, la instalación de un proyecto de minería desencadena un conflicto multidimensional, cuya faceta económico-ecológica tiene que ver con la expropiación/degradación de la base material de vida de las poblaciones locales. En este plano, los conflictos se manifiestan como producto de las afectaciones que la apropiación desigual de los bienes naturales —y su uso destructivo— tienen tanto sobre las condiciones generales de habitabilidad de los territorios/sanidad de las poblaciones, como sobre el acceso y disposición de los mismos en cuanto medios de vida. En su dimensión cultural, los conflictos mineros se presentan como producto de representaciones antagónicas del mundo; visiones contrapuestas sobre la naturaleza, los vínculos, las relaciones sociales y la vida en general. En última instancia, como conflictos políticos, los conflictos mineros expresan disputas en torno a la capacidad y legitimidad de decidir sobre los territorios en cuanto espacios de vida en común: se trata de un antagonismo respecto a quiénes y cómo definen la regulación social válida para habitar/producir en el territorio.

Cuerpos colonizados. 

Para que los proyectos mineros en general puedan ser aceptados por las comunidades donde se radican, las grandes corporaciones desarrollan tecnologías de penetración sociocultural muy sofisticadas. Bajo el discurso de la «responsabilidad social empresarial» arremeten instalando y expandiendo la lógica mercantil de las compensaciones y las reparaciones como único criterio racional de negociación; la oferta de empleos locales, el apoyo a microemprendimientos, un festival de donaciones a entidades educativas y sanitarias, el patrocinio de actividades culturales, deportivas y hasta religiosas de los pueblos, la instalación de medios de comunicación propios y/o adictos a las pautas publicitarias de las mineras; en fin, los estrechos vínculos con los gobiernos locales y todo el espectro de la clase política hacen de las poblaciones intervenidas un ámbito socioterritorial signado por una nueva forma de ocupación neocolonial.

Para que estos procesos sean soportables precisan de una cuidadosa tarea de regulación de las emociones y las sensaciones que podemos denominar como proceso de mineralización social, es decir, de acostumbramiento, aceptación y adaptación a nuevos y crecientes niveles y formas de violencia y de destructividad a fin de volver tolerable la vida en un entorno minero. La dinámica de las compensaciones funciona como anestesia social que hace soportable el dolor de la amputación territorial.

Para entender esta mineralización hay que retroceder hasta la época de la fiebre del oro. La memoria biopolítica de las sociedades modernas está impregnada, colonizada, por el encantamiento fetichista del oro, al fin y al cabo, todavía hoy sustrato material y simbólico del dinero-capital. La fiebre del oro da lugar a una concepción completamente nueva de la riqueza, el trabajo humano, la economía en general y la propia idea de civilización.

A partir de este imaginario, la minería se erige como una actividad clave para generar riqueza, y es esta realidad la que define, condiciona y decide sobre la vida y la muerte; la que avanza generando el progreso, produciendo la historia, a toda costa; diversificando las formas de extrañamiento de la vida y destruyendo algunas de ellas... Todo vale si se genera riqueza.

Sólo a través de la creación de ese tipo de sentimientos corporales, las explotaciones se tornan soportables. Mineralización remite entonces a un proceso de colonización de la esfera íntima de las sensibilidades. Desde esta perspectiva, es posible analizar los conflictos socioterritoriales que estallan en las comunidades mineras como una abismal confrontación de sensibilidades.

 

Territorios invadidos. 

El progresivo agotamiento de los minerales ha intensificado los niveles de violencia estructural generados en torno a la minería; no sólo por las disputas geopolíticas en torno al control y apropiación de estos recursos, sino también por la utilización de tecnologías extractivas cada vez más gravosas para los ecosistemas.

Así, la violencia de las explotaciones mineras, que en el principio se ensañaba directamente sobre los cuerpos usados como medios de explotación de los suelos, hoy se invierte bajo la forma de tecnologías altamente destructivas aplicadas directamente sobre los territorios. La mina que trituraba cuerpos y los envenenaba hoy opera triturando montañas y regándolas con otras tantas sustancias tóxicas. Al hacerlo, tritura también lo más profundo de la naturaleza interior; no sólo los territorios-cuerpos, sino triturando ya la humanidad de lo humano.

Desde la fase de explotación, las localidades mineras se transforman en pueblos partidos; sociedades divididas y enfrentadas... Literalmente minadas por dentro. De un lado, quienes se adaptan y aceptan el nuevo orden minero y del otro lado, quienes lo rechazan de plano. El chantaje del empleo y las oportunidades de negocio van lixiviando —van disolviendo como las rocas a las que extraen los metales— las subjetividades y las sociabilidades; va creando sujetos cuyas sensibilidades están moldeadas bajo la lógica del interés hasta el punto que niegan auténticamente que haya violencia; creen a conciencia que los violentos son los otros; que no hay devastación ni contaminación. Y no mienten; es que, realmente, no lo sienten; porque, finalmente, ver y sentir las agresiones a los territorios como agresiones a los propios cuerpos es ciertamente una cuestión subjetiva.

De hecho, uno de los principales efectos que produce la prolongación reiterativa de las situaciones de dolor social es la producción de estados de desafección, lo que se refiere tanto a la naturalización de las fuentes de dolor como al aumento de la tolerancia al malestar.

En definitiva, las poblaciones mineralizadas de nuestro tiempo son poblaciones expropiadas de la mismísima capacidad de sentir sus propias emociones y sensaciones; poblaciones educadas para desconocer sus dolencias y afectividades; incapaces, por tanto, de percibir y de sentir el dolor social de la dominación.

 

Pese a todo, mal que les pese a burócratas de Estado y a inversionistas, todavía hay en estas tierras, cuerpos que, pese a tanta violencia, a tantas agresiones históricamente acumuladas, sienten en carne propia la devastación de los territorios... Son aquellos que no entienden la lógica de la compensación, pues creen que ciertos bienes están fuera de lo negociable.

*Horacio Machado Aráoz, Universidad Nacional de Catamarca, Argentina

Biodiversidad, sustento y culturas    Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Documentos/Territorios_y_cuerpos_en_disputa._Extractivismo_minero_y_ecologia_politica_de_las_emociones

 

En consecuencia, surgen y se multiplican las autoorganizaciones plurales de los de abajo a lo largo y ancho del país. El denominador común es la lucha contra el avasallamiento de derechos del sistema y por la vida digna. Entre estas resistencias, a la vez, empeños en construir otra sociedad-mundo destaco a la Unión de Asambleas Ciudadanas por confrontar con el extractivismo y cuestionar la modernidad, el progreso o el desarrollo del capitalismo. Pero, al mismo tiempo, potencia el despliegue de la comunalidad frente a los feudos provinciales.

 

La comunalidad como forma de vida y resistencia
4 de abril de 2013

Por Ana Lilia Esquivel Ayala

En la Sierra Juárez, estado de Oaxaca, en el sur de México, se vive la “comunalidad”. El pensador indígena zapoteco Jaime Martínez Luna, en su libro Eso que llaman Comunalidad (2010), explica: “Somos comunalidad, lo opuesto a la individualidad, somos territorio comunal, no propiedad privada; somos compartencia, no competencia; somos politeísmo, no monoteísmo. Somos intercambio, no negocio; diversidad, no igualdad, aunque a nombre de la igualdad también se nos oprima. Somos interdependientes, no libres. Tenemos autoridades, no monarcas. Así como las fuerzas imperiales se han basado en el derecho y en la violencia para someternos, en el derecho y en la concordia nos basamos para replicar, para anunciar lo que queremos y deseamos ser”.

El territorio es el espacio físico donde se yergue la comunidad, la relación con la naturaleza es especial, mágica, espiritual, pues se sabe que la vida depende de esa armonía entre seres humanos y naturaleza. Está constituido por bienes naturales y bienes sagrados, es la base de la reproducción física y social; es el sitio principal para el buen desarrollo de la cultura comunitaria.

La forma de organización social y política ha sido establecida de tal manera que cuenta con la participación de la totalidad de sus integrantes para la toma de decisiones. Se reúnen en la Asamblea General de Ciudadanos —considerada como el espacio que representa la máxima autoridad en la comunidad—, donde hombres y mujeres expresan libremente su opinión para llegar a consensos en beneficio de la comunidad. El consejo de ancianos o cuerpo de caracterizados (grupo designado por la Asamblea General, integrado por ciudadanos que desempeñaron de forma destacada algún cargo dentro de la comunidad), resulta ser un espacio de consulta y opinión, donde la experiencia y saberes guían y orientan el camino a seguir. Los cargos a desempeñar se deciden y asignan en la Asamblea General; así, nacen tanto autoridades comunales, como comisiones y comités integrados por los habitantes de la comunidad. La elección de autoridades se fundamenta en el prestigio y por consiguiente en el trabajo. La realización de cargos o desempeños públicos no conlleva un beneficio económico, pero trae consigo prestigio y confianza que va ascendiendo según la jerarquía del puesto que se desempeñe.

La resistencia de los pueblos indígenas-campesinos de la Sierra Juárez ha permitido que se conserven valores y principios de complementariedad y reciprocidad dentro de un ambiente armonioso que se ha visto socavado y violentado por la presencia de prácticas capitalistas caracterizadas por el control y depredación que ejercen sobre los bienes naturales y la violencia hacia comunidades de la región. Dicha resistencia, motivada por la historia de cada comunidad, ha conducido a que estos pueblos tengan mayores posibilidades de alcanzar y/o mantener el bienestar y la felicidad, aquello que llaman comunalidad (o vida comunitaria) y que empata muy bien con la idea del Buen Vivir proveniente del pensamiento andino.

 

Identidad con la Madre Tierra 
Santa Catarina Lachatao, 
comunidad de origen zapoteco, localizada en la Sierra Juárez, representa un claro ejemplo del reencuentro entre el ser humano y la naturaleza. En épocas pasadas, esta comunidad decidió explotar sus bienes naturales. La tala de árboles llegó a ser una de las principales actividades económicas de la comunidad.

Sin embargo, hoy en día, el camino es diferente. Juan Santiago Hernández, expresidente municipal y ahora representante comunal, explica a Noticias Aliadas, que la relación que existe con la naturaleza es de armonía. Para él, la Madre Tierra es parte de su identidad.

“Si tenemos tierra y la cuidamos, vamos a seguir existiendo”, dice. “Todo es una armonía con el suelo, el agua, el aire. La naturaleza es lo más importante para nosotros; es la vida”.

 

La sensibilidad hacia la naturaleza, dentro del vivir comunitario, se está transmitiendo a los niños. Verónica Hernández Cruz, asistente del Comité de Ecoturismo de la comunidad, señala: “Ahora estamos trabajando unas actividades con los niños, de llevarlos al bosque, porque deben sentirlo, vivirlo, de tal manera que se vayan dando cuenta de las consecuencias de no cuidar y respetar a la naturaleza. Les enseñamos lo que es la flora y la fauna. También mediante la realización de talleres queremos transmitirles la intención de seguir conservando lo que la naturaleza nos da”.

La actividad forestal, si bien trajo beneficios económicos importantes durante un corto periodo, ha dejado un gran vacío irreversible en el paisaje natural de la comunidad. Ahora, Santa Catarina Lachatao, mediante un rescate de su propia historia, ha ido construyendo y trabajando alternativas que conduzcan al bienestar y felicidad de la comunidad, pero siempre manteniendo un equilibrio con la naturaleza. Actividades como la agricultura —cultivo de maíz, frijol, chícharo, trigo, haba y calabaza— y el ecoturismo están siendo generadoras de ingresos económicos, pero no nublan el principio de conservación y buen manejo de los bienes naturales.

El proyecto de ecoturismo ofrece a los visitantes una verdadera convivencia con la naturaleza. Hernández Cruz nos comenta que las actividades que se realizan para el buen funcionamiento del proyecto van desde tratamiento de aguas residuales hasta reciclado de desechos y captación de agua de lluvia. Asimismo, para la construcción de cabañas, se utilizan materiales como el adobe y la teja con el fin de que el impacto hacia la naturaleza, sea mínimo.

 

Preservar el bosque

Por su lado, Santiago Hernández, recuerda: “Los abuelos nos hablaron de la armonía con la naturaleza; ellos nos dicen que antes había mucha agua, que antes iba uno al bosque y escuchaba aves y otros animales. Ahora vamos y el bosque está más seco, ya no encontramos las aves ni los animales que ellos veían. Por eso sabemos que sí se debe tener un respeto a la naturaleza. Pensamos también en las futuras generaciones, pues ellos nos dirán que nosotros tuvimos la oportunidad de conservar el bosque y de poner un alto a la explotación; y quizá piensen que por dinero, seguimos explotando y acabando con la naturaleza. Más bien queremos que digan que pusimos un alto, que intentamos iniciar esa lucha”.

Para entender la vida en comunalidad se deben tomar en cuenta elementos como la confianza, la complementariedad, la reciprocidad, la hermandad y la fiesta. Para las comunidades zapotecas de esta región, el trabajar en equipo y apoyarse en diversas actividades, mediante el tequio, les proporciona bienestar. El tequio es una práctica comunitaria que mediante el quehacer o servicio (sin remuneración económica), que cada ciudadano otorga a la comunidad, se realizan obras en beneficio de todos; como escuelas, sistemas de abastecimiento de agua, limpieza de caminos. Esta forma de vida no es nueva, es más bien algo intrínseco a la cosmovisión de los pueblos indígenas-campesinos; algo heredado de sus ancestros. Sin embargo, con la influencia del mundo occidental y los constantes embates de la privatización, sumados a la penetración de medios de comunicación basados en principios de mercado, esta cosmovisión se fue distorsionando, razón por la cual comunidades como Santa Catarina Lachatao buscan recuperar los valores trastocados y rescatar el equilibrio armonioso entre seres humanos y naturaleza.

Parafraseando al maestro Martínez Luna, la comunalidad es la ideología, pensamiento y acción que ha permitido a las comunidades enfrentar y resolver retos y problemas que la historia les ha deparado. Para él, la comunalidad es “sabiduría viva que facilita a todos convivir y colaborar en una colectividad al servicio de todos”.

La importancia de entender y preservar este modo de vida, dice Martínez Luna, “estriba en que en el futuro la sobrevivencia y trascendencia de los pueblos antiguos, con respecto al actuar del mundo que los rodea, descansará en mantener la resistencia-adecuación de este modo de ser comunitario (…), pues se sabe que los valores fundamentales de la sociedad occidental descansan en el individualismo”. Ecoportal.net

Noticias Aliadas http://www.comunicacionesaliadas.org

Fuente: http://www.ecoportal.net/Temas-Especiales/Pueblos-Indigenas/La_comunalidad_como_forma_de_vida_y_resistencia

 

 

Desde Bolivia nos iluminan sobre potencias y desarrollos de cambios radicales desde los diversos de abajo.

 

 

Pliegues y despliegues de los movimientos sociales

9 de diciembre de 2015

 

Por Raúl Prada Alcoreza

 

Necesitamos hablar de movimientos sociales en su singularidad. Un movimiento social no responde a regularidades, a analogías, aunque las pueda generar. El movimiento social emerge de una problemática también singular. Hay que encontrar el nacimiento de este movimiento social en esa problemática, en su estructura, su composición, su propia complejidad. Son sospechosas las teorías de los movimientos sociales, pues parten de un modelo, de una idea, si se quiere de un paradigma, desde el cual se decodifica e interpreta a los movimientos sociales. Las aproximaciones a los movimientos sociales se diferencian precisamente por el paradigma del que se parte. Quizás por corrientes teóricas, quizás también por periodo, de cuando se ha elaborado esa teoría. Nadie dice que las teorías sobre los movimientos sociales no hayan ayudado a comprenderlos. Lo han hecho. Sin embargo, ya no se trata de identificar, rasgos, características, condiciones, formas de organización y formas de desplegarse y de difundirse. Formas de mutar en el tiempo, además de formas y procedimientos de lucha, de convocatoria. Convertir estos rasgos, esas características, las condiciones, las formas, en signos de una interpretación, que se convierte en una narrativa que describe y explica el movimiento. Ahora, se trata de comprender la dinámica de la complejidad singular del movimiento social[1].

 

Esto parece que se puede lograr si desciframos la problemática de donde emerge el movimiento social, las conexiones, articulaciones,   participación en esa problemática. También lograr comprender la experiencia social en esa problemática, las interpretaciones colectivas de la problemática, de retener esa experiencia en la memoria social. Entonces podremos pasar a las formas de la acción, del despliegue de su movilización, del despliegue de su discurso, de su interpelación. Entonces podremos hurgar en el proceso de su politización. También entender sus relaciones con el resto de la sociedad, sus contradicciones y antagonismos con el Estado.

 

No se necesita olvidar las teorías de los movimientos sociales, lo que nos han enseñado, en sus investigaciones, en sus descripciones, en sus explicaciones, incluso en sus modelos construidos. Son parte de la memoria del análisis complejo. Están incorporadas en este análisis; sin embargo, el análisis complejo se diferencia de esas teorías por la mirada, mejor dicho, la percepción integral del movimiento social, que se desplaza y articula distintos planos y espesores de intensidad, del mundo que constituye y que lo constituye. Las teorías de los movimientos sociales han privilegiado algunos planos de intensidad, no necesariamente articulados, menos integrados. Conciben estos planos de intensidad como dimensiones donde aparece el movimiento social, donde deja su huella; la que es estudiada, para describir este despliegue. Sin embargo, esta dimensión dimensiones, en las que se desplaza el movimiento social, no es un espacio exterior donde la inscripción del movimiento social deja su huella. Ningún plano de intensidad es pasivo, tampoco exterior, así que no puede ser tomada como una dimensión. El plano de intensidad emerge de los cuerpos mismos del movimiento social; son los cuerpos los que pliegan y despliegan esos planos de intensidad. Los planos de intensidad atraviesan los cuerpos porque los cuerpos tejen, precisamente esos planos de intensidad.

Un movimiento social no es exactamente la multitud que la compone, no se resume en la masa en movimiento, no es la cantidad desplazada o si se quiere, de manera cualitativa, no es la intensidad o la fuerza del movimiento, en tanto capacidad de movilización y alcance. El movimiento social es la vibración, las vibraciones, en el tejido social. La pregunta es cómo el movimiento social, las cuerdas del movimiento social, afecta a las otras cuerdas del tejido social. Si sus vibraciones afectan a las otras vibraciones. Se necesita comprender la comunicación del movimiento social con el resto de la sociedad; si se da o no. ¿Depende de la capacidad de convocatoria del movimiento social? ¿Depende de la capacidad de recepción del resto de la sociedad? ¿Depende del momento, si éste es apropiado para las resonancias o no? ¿Depende de las tonalidades de las notas que emite el movimiento social? ¿Depende de la sensibilidad perceptiva del resto de la sociedad? ¿Cuándo la sociedad abre sus poros perceptivos y decodifica las vibraciones emitidas por el movimiento social[2]?

No podríamos aproximarnos a todo esto, a todas estas preguntas, sin comprendemos ante la problemática. ¿Las demandas del movimiento social qué problemática enfrentan? No confundamos esto con reducir la problemática 

al objeto de las demandas, a la clasificación de las demandas, al significado de las demandas. Eso no es la problemática, son listas, que son recogidas en los planteamientos o en los pliegos petitorios. La problemática se configura en los órdenes de relaciones que afectan a los miembros del movimiento social. ¿De qué modo estos órdenes de relaciones constriñen a los componentes de movimiento, lo agobian, lo despojan, lo afectan? Entonces, también, al revés, ¿cómo las cuerdas, múltiples cuerdas del tejido social afectan a las cuerdas del movimiento social; en este caso, no lo dejan vibrar a gusto?

Entonces, el movimiento social es parte del tejido social. Hay que leer entonces ese tejido, el juego de sus hilos, la composición de su textura, el juego de colores, de figuras que conforman los hilos en el tejido. No se puede estudiar el movimiento social; aislarlo como objeto de estudio. No hay movimientos sociales aislados, como una especie adelantada de la sociedad, la que actúa. El movimiento social es como una composición del mismo tejido social; nace en el tejido socialresuena en el tejido social, quiere tejer en el tejido social, cambiar composiciones, asociaciones y combinaciones sociales. Es aquí donde se puede conmensurar o dimensionar el alcance, la intensidad, del movimiento social.

A veces, no muchas, los movimientos sociales logran vibrar intensamente en todo el tejido social, logran hacer vibrar también a las otras cuerdas, múltiples y plurales, del tejido social. Es cuando se ocasiona una sinfonía social, que conmueve a todo el tejido, logrando mover, mutar, transformar las composiciones sociales. En la modernidad, se han llamado a estos acontecimientos, revoluciones. Como todos sabemos, este acontecimiento no es pan de cada día; se da muy de vez en cuando. Acontece cuando hay una conmoción en todo el tejido social; cuando las vibraciones de las cuerdas alcanzan intensidades fuertes, además de lograr en conjunto algo así como una explosión y su irradiación expansiva.

Sin embargo, lo que estudian las teorías de los movimientos sociales son los movimientos que no llegan a ocasionar ese acontecimiento mayúsculo, denominado revolución. Estos acontecimientos son estudiados por los historiadores o los analistas de la política, los estudiosos de la política. Los sociólogos de los movimientos sociales estudian los movimientos que aparecen con sus demandas, se movilizan, interpelan al Estado, al gobierno, a las autoridades pertinentes; pero, no necesariamente se prolongan hasta convertirse en un acontecimiento político. Desde la perspectiva de los historiadores, podrían interpretarse estos movimientos como truncados, por no haberse realizado como revolución o no tener efecto estatal. Aunque, dependiendo del carácter del movimiento pueden tener efecto cultural. Sin embargo, visto de otra manera, estos movimientos pueden, mas bien, interpretarse, como flujos permanentes de la misma sociedad, como parte de sus acciones, prácticas, de carácter, mas bien, alterativo, aunque puntuales, incluso imperceptibles. En otras palabras, los movimientos sociales pueden interpretarse como las pronunciaciones vitales de la sociedad. Entonces, más que movimiento social distinto, un tanto aislado, diferenciado de la sociedad, mas bien, es la sociedad misma en su dinámica, en su bullente actividad. Desde esta perspectiva, en tanto movimientos sociales circunscritos, acotados, singulares, la movilización social no es escasa, es, mas bien, proliferante.

Recogemos la propuesta que hicimos en La explosión de la vida[3]; estudiar las sociedades no desde la mirada institucional del Estado, sino desde la capacidad alterativa de las sociedades. Entonces, no se trata de la contradicción de la sociedad movilizada o parte de ella con el Estado, el gobierno, que la encarna, sino, al revés, la sociedad es desde ya alterativa, siempre, es su forma de vivir; es el estado el que se defiende de la sociedad en movimiento; por eso, prohíbe, norma, regula, administra, reprime, usa la violencia.

 

Consideramos que las teorías de los movimientos sociales se han equivocado en esto; por estudiar los movimientos sociales desde la mirada estatal, como con el estudio de la sociedad desde el enfoque estatal, deducen las contradicciones, hasta antagonismos, de los movimientos con el gobierno, con el Estado, con las autoridades. Sin embargo, no es así, no ocurre así, desde la perspectiva de la alterabilidad. Son las instituciones fijadas, ancladas, sin capacidad de movilidad, flexibilidad, ductilidad, mutación y cambio, las que resisten el embate constante de los flujos sociales.

Desde esta perspectiva, hay que hablar, mas bien, del análisis de las sociedades alterativas, no institucionalizadas, aunque una parte de la sociedad lo esté, la representada y reconocida por las instituciones estatales. Todas las sociedades son alterativas, sino fuera así, no podrían ser sociedades, es decir, constante asociación, constante composición, constante combinaciones de composiciones y asociaciones. Lo que pasa es que se ha invisibilizado, por el enfoque estatalista, de las ciencias sociales modernas, a la sociedad alterativa.

Desde esta otra mirada, se observa que las teorías sociales, incluyendo a las teorías de los movimientos sociales, forman parte de la legitimación del poder, aunque haya teorías que se reclamen, mas bien, de críticas, denunciantes, interpeladoras, hasta revolucionarias. El problema no está en que no lo quieran ser, mas bien, quieren que sea así, además su crítica apunta a cuestionar el Estado, el gobierno, el sistema. Pero, no se trata de buenas intenciones, de voluntad de cambiar, de, incluso, teorías críticas; el enfoque estatalista, que no quiere decir que necesariamente defiendan el Estado; pueden, mas bien, cuestionarlo; sino se trata que el enfoque estatalista observa la sociedad desde los ojos estatales, desde las clasificaciones institucionales, desde los estereotipos estatales, también desde los prejuicios estatales. Sin quererlo, mas bien, queriendo hacer lo contrario, el enfoque estatalista lleva a legitimar el poder, precisamente porque permite hacer, permite que lo cuestionen, hasta interpelen. Con esto no se dice, de ninguna manera, que no vale la pena hacer críticas, denunciar, interpelar, sino que estas actividades, disposiciones, posicionamientos, devela sólo parte de los planos de intensidad, parte de la problemática. No logra ver la integralidad de la complejidad misma que hace al movimiento social.

 

Por eso, hay que desplazarse, hay que dar lugar a enfoques no estatalistas, enfoques que partan de las percepciones sociales, de sus experiencias y memorias, sobre todo, de su alterabilidad. Hay que ver lo que no ven los enfoques estatalistas, hay que descubrir los espesores intensos que se entrelazan en el tejido social.

 

Alteridades y alternativas en la movilización prolongada

Como en los análisis realizados en Comuna[4]; después, como los ensayos Largo octubreHorizontes de la Asamblea Constituyente y Subversiones indígenas[5]; tres ensayos que corresponden al periodo de la movilización prolongada y al periodo siguiente del proceso constituyente, hablamos de movilización prolongada refiriéndonos a los movimientos sociales anti-sistémicos desatados desde la guerra del agua hasta la segunda guerra del gas, pasando por el bloqueo indígena campesino y la primera guerra del gas y la segunda guerra del agua; es decir, el periodo que arranca en abril del 2000 y alcanza junio del 2005. Todos estos análisis se efectúan desde la perspectiva del marxismo crítico y la perspectiva de las teorías nómadas. Después de la Asamblea Constituyente comienza otro periodo, que llamaría de evaluación crítica del llamado “proceso de cambio”, también de los enfoques dados en el análisis de la movilización prolongada. Los ensayos y análisis que se escriben, incluyendo una entrevista que se publica, desde aproximadamente el 2010 hasta el 2013, corresponden a esta evaluación crítica; también corresponden a un desplazamiento que comienza con la crítica al enfoque marxista, incluyendo al marxismo crítico, compartido. Quizás de una manera más suave, la crítica a las teorías nómadas, aunque también su retoma crítica. Desde el 2013 comienza otro periodo, que llamaría de incorporación al pensamiento complejo, lo que denomino episteme compleja. Este ensayo sobre los movimientos sociales pretende desplegar un análisis sobre los mismos, ahora, desde la perspectiva del pensamiento complejo. Volvemos entonces al acontecimiento de la movilización prolongada, empero, desde el enfoque de la complejidad.

¿Cuáles son las alteridades que desplegaron las movilizaciones del 2000 al 2005? ¿Cuáles son las problemáticas de la Coordinadora de la Defensa del Agua y de la Vida, de la CSUTCB del 2000, de los sindicatos campesinos del Altiplano y la Junta de Vecinos de la ciudad de El Alto, del conjunto de las organizaciones sociales, comprendiendo ayllus, comunidades, juntas de vecinos, sindicatos campesinos, sindicatos obreros, incorporándose notoriamente obreros mineros y cooperativistas mineros en las movilizaciones de mayo y junio del 2005?

Primero diremos que las alteridades que emergen, explosivas, en abril del 2000, en Cochabamba, cuando se inicia la llamada guerra del agua, teniendo como antecedentes, batallas del agua anteriores, sobre todo con los regantes, composición social y organización de los distribuidores del agua, tanto en zonas rurales como en zonas suburbanas, que no contaban con asistencia municipal de agua potable. Las alteridades forman parte de las dinámicas mismas de la sociedad, que nosotros definimos como sociedad alterativa. La sociedad institucionalizada es la misma sociedad alterativa, sólo que capturada por las mallas institucionales del Estado. Sin embargo, el Estado sólo puede capturar una parte de la sociedad alterativa, una parte de sus fuerzascaptura ciertas superficies, ciertas capas, de la sociedad alterativa. Con las fuerzas capturadas funcionan las mallas institucionales del Estado y de la sociedad institucionalizada. Con las fuerzas capturadas, se impone a la sociedad alterativa, se inscribe en sus cuerpos, se internaliza en suscuerpos, modulándolos, incidiendo en comportamientos y conductas; conformando habitus,subjetividades, imaginarios conservadoresnarrativas que legitiman la institucionalidad del Estado. Sin embargo, la sociedad alterativa no capturada, sigue su curso. Sigue el curso de la vida, como hace la vidasiempre; inventa, compone, combina, crea. Aparecen nuevas formas, distintas y variadas estrategias cotidianas; se comporta como flujos de fuga frente a las redes de las mallas institucionales. La sociedad es como río desbordante, ante la cual los diques de las represas del Estado no pueden detener su rebalse.

 

Las alteridades que se congregan, por así decirlo, en la guerra del agua, son las alteridades que ya borbotaban, fluían, en la sociedad, en estos sectores sociales, que recurren a la administración y manejo comunitario del agua. Estas alteridades sociales se combinan con las alteridades naturales, por así decirlo, de las corrientes del agua, de los ciclos del agua, de los ríos, de los pozos, de las aguas subterráneas, de las lluvias. La naturaleza, como ecología o, mejor dicho, como biodiversidad, como constelación de ecosistemas, se presenta como alteridad mayúscula a la sociedad institucionalizada, a la institución imaginaria de la sociedad, al Estado. Es algo que no controla el Estado, que no administra, que no somete, pues las alteridades no obedecen, sino que se despliegan de acuerdo a sus ciclos vitales.

Las alteridades ya se encontraban en las resistencias del proletariado nómada, sobre todo de mujeres, que trabajaban a destajo para la industria de zapatos Manaco. Por lo tanto, en la Federación de Trabajadores Fabriles de Cochabamba, que supo incorporar, organizar y sindicalizar al proletariado nómada, a diferencia de la COB, que se ha circunscrito en los límites del sindicalismo del proletariado fijo, que ya se ha vuelto, en comparación, en una clase privilegiada, a diferencia del mayoritario proletariado nómada, que tiene contratos esporádicos, sin seguro, sin estar sindicalizado, sin que sus derechos de trabajador se respeten; expuesto vulnerablemente a su suerte.

Las alteridades se encontraban en los estudiantes, en los jóvenes rebeldes, que hicieron, en la guerra del agua, de guerreros del agua, así como los llamaron los de la ciudad de Cochabamba. Las alteridades se encontraban, por lo menos, potencialmente, en predisposiciones de la gente que trabajaba en sus profesiones, que estaba incorporada en ONGs, sobre todo las vinculadas al medio ambiente y a la ecología. En fin, las alteridades estaban diseminadas en la ciudad, en su magma; cuando estalló el conflicto; estas alteridades se congregaron, se agolparon, se asociaron componiendo un torrente explosivo.

 

¿Qué es lo que hace que esto ocurra? ¿Qué las alteridades diseminadas en la sociedad, de pronto se coaliguen, y desborden a los diques institucionales? Ciertamente la crisis, sin embargo, este concepto es muy general, como para poder explicar la singularidad del acontecimiento. Las alteridades disueltas se congregan porque se convocan, se auto-convocan. Esto pasa porque el estado de situación las obliga a hacerlo. De alguna manera sus ciclos se interrumpen, son afectados; entonces, se presenta el problema. En la medida que este problema presente no se resuelve de las maneras usuales cotidianas, incluso, con reclamos, el problema se vuelve problemática. Aparecen escollos, son identificados, aparecen barreras, desde burocráticas hasta políticas. Se encuentran ante otro proyecto, en el que no son tomados en cuenta, tampoco sus necesidades, usando este término para ilustrar. Descubren que sus ciclos serán afectados, de tal manera, que la vida ya no será la misma. La convocatoria aparece como una necesidad imperiosa. Saben que estos problemas se resuelven congregando a todos y todas las afectadas. La asamblea convierte a estas alteridades individualessingulares mónadas, en una alteridad masiva, también singular. Comienza a formarse un discurso, en torno al problema, en este caso, el de la privatización del agua. Aparecen nombres, que van a volverse nombres comunes del discurso interpolador de la guerra del agua. Las radios populares entrevistan a los voceros del movimiento; se difunde el discurso. Los otros medios también retoman el discurso y el movimiento como noticia, como información. En la medida que la información aparece reiterativa, haciéndose continua, como que la impresión es que ésta es la atmósfera social y política conformada. Cuando la reacción de las autoridades, de las instituciones estatales, del gobierno, del Estado, es la descalificación del movimiento, después, incluso, la represión, el movimiento se convierte en un problema para el Estado. Lo nombra, en este sentido, lo institucionaliza, pero, esta institucionalización, este nombrarlo, es, mas bien, para descalificarlo, para convertirlo en el mal, en anomalía atentatoria al orden y a las leyes. La intensidad del conflicto sube si sale la policía, y si no puede, si sale el ejército. Es cuando, estos dispositivos de emergencia del Estado, estos dispositivos de la represión contra el pueblo, convierten al movimiento en una insurrección. Los primeros en atribuirle un carácter subversivo, son pues estos dispositivos del Estado.

Como se puede ver, el movimiento social singular, en cuestión, en este caso el movimiento social de la Coordinadora de la Defensa del Agua y de la Vida, no es un producto, por así decirlo, de las voluntades propias, atingentes al movimiento, sino también de las voluntades contrarias, las del Estado. En el roce entre estos distintos ámbitos; uno espontáneo, por así decirlo, el otro institucional; uno en constante movimiento, flujo, asociaciones y composiciones; el otro fijo, en movimiento retenido, de flujos canalizados, ya no de asociaciones y composiciones libres, sino de organización establecida e institucionalizada; es cuando emerge esta cordillera, usando esta metáfora geológica, de la colisión de dos placas tectónicas.

El movimiento social singular o los movimientos sociales singulares, si logran darse paralelamente y, además, logran converger, apoyarse, mejor si se coordinan, como ocurrió en Bolivia durante el periodo de los seis años de la movilización prolongada, son como levantamientos, en el sentido metafórico y literal de la palabra, de la colisión, siguiendo con la metáfora, de la placa social y la placa estatal. Los movimientos sociales, como dijimos, no solamente se conforman por la iniciativa de los y las movilizadas, sino también por resistencia – usando resistencia no como se acostumbra, atribuyendo, mas bien, esta acción, a los movimientos sociales, a estrategias sociales, a pueblos - del Estado a los movimientos. El Estado se constituye como resistencia fija, institucional, al constante, permanente, desborde social; cuando estallan movimientos sociales, refuerza esta actitud, esta perseverancia institucional, hasta tal punto que recurre a sus dispositivos de emergencia, a la represión, incluso puede llegar a dar batalla. Esta acción y represión estatal y gubernamental en contra de los movimientos sociales también define el perfil, la forma, la consistencia de éstos. El enemigo social es estigmatizado por el Estado; se lo define, se lo califica, se lo clasifica, se lo nombra, se le atribuye anomalías, incluso se le señala por estar manejado por conspiradores, subversivos, radicales. Estas acusaciones, en vez de alejar a los simpatizantes del movimiento, los aproxima más, incluso puede expandir la simpatía social hacia el movimiento. Paradójicamente, la reacción gubernamental, convierte al movimiento social, que puede haber sido local, provincial, departamental, o si se quiere, sectorial, en un tema nacional. Está en la agenda, además de aparecer en las noticias.

 

El movimiento social singular se ha transformado; siente, percibe, que esta experiencia en la lucha social concreta lo transforma, lo madura, lo templa. Esta maduración se transmite a sus discursos, a sus concepciones, a sus acciones. Los discursos tienden a ser más elaborados, tienden a construir una narrativa, que ya supone una memoria social del movimiento, memoria trabajada para lograr una interpretación estructurada. Al convertirse en un tema nacional, el movimiento social comienza a hacerpropuestas nacionalespropuestas políticas, incluso convoca a la sociedad entera a participar en la solución de problemas que la aquejan. Es cuando el movimiento social adquiere características de contra-gobierno, puede llegar a convertirse en contra-Estado si sus formas asambleístas, participativas, si susformas comunitarias, si sus formas autogestionarias, se proyectan como alternativas al gobierno, incluso al Estado.

 

Muchos de los movimientos sociales no llegan a vivir este proceso; algunos resuelven sus demandas temprano, otros después de haber insistido durante un tiempo; otros, quizás, por abandono de los mismos componentes, desalentados. Los movimientos que llegan a vivir el proceso de politización se transforman, devienen proyecto político. El proyecto tiene como un intervalo de opciones, donde en un extremo, en lo que podemos considerar el círculo vicioso del poder, se reproduce el poder al formularse un proyecto de Estado; en el otro extremo, abriendo el intervalo, se apertura, mas bien, un proyecto autogestionario.

El movimiento vinculado a la guerra del agua cumple su ciclo cuando termina la lucha por el bien común con la victoria de la Coordinadora de la defensa del agua y de la vida, prolongándose a la administración municipal del agua, que no era un objetivo de la guerra del agua ni de la Coordinadora. Lo que continúa después es el activismo circunscrito a una ONG, que se constituye sobre la base de la experiencia del movimiento.

 

En septiembre del 2000 resurge el movimiento indígena campesino, redituando, en sus formas actualizadas, el levantamiento pan-andino del siglo XVIII. La alteridad indígena siempre estuvo presente en la formación social boliviana; se trata de la alteridad inscrita en otros habitus, en otros lenguajes, en otros imaginarios, en otras subjetividades. En Comuna se habló de la forma comunitaria. Esta fue la figurausada en los análisis que se suceden desde el 2000; empero, habría que matizar el enunciado, pues no se trata de las comunidades ancestrales, que fueron delimitadas con el ordenamiento territorial del virrey Toledo. No son los mismos ayllus, denominadas en la clasificación colonial como comunidades originarias, de la época virreinal, pues sufrieron, por lo menos, en el Altiplano, el avasallamiento de sus tierras comunitarias por la expropiación latifundista liberal. No son las mismas comunidades dispersas y distribuidas en una geografía donde se asentaban las haciendas, pues la reforma agraria entregó títulos privados a las familias, convirtiendo a los comunitarios en campesinos con posesión y propiedad individual. Si bien habían sobrevivido ayllus, es decir, comunidades, la figura usada se refería al entramado comunitario, al tejido comunitario, que atraviesa tanto a los ayllus como a las formaciones campesinasDe todas maneras, esta alteridad, en el tejido social, conformaba una formación social abigarrada, constituía una sociedad alterativa singular, que se abría a recorridos alternativos.

 

El sitio de cuatro ciudades, El Alto, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, en septiembre del 2000, dio lugar a unmovimiento social indígena campesino, que puso en la mesa la interpelación a la herencia colonial, la  cuestión de la tierra, en las circunstancias y características de este fin de siglo y comienzo de otro. También se puede decir que puso en evidencia las contrastaciones y contradicciones entre campo y ciudad, a pesar de las migraciones rural-urbanas, de los circuitos entre provincias, particularmente rurales, y urbes, de redes sociales que atraviesan ambos ámbitos, el rural y el urbano, enlazándolos. La singularidad de este movimiento social radica, se podría decir, en un anacronismo alterativo, que descentra el cronograma del tiempo institucional. Hace patente que se experimentan múltiples ritmos espacio-temporales, que evidencian planos de intensidad social, escondidos a la mirada institucional, en tiempos de paz.

Particularmente, estos movimientos sociales, correspondientes a anacronismos alterativos, iluminan sobre la complejidad de los movimientos sociales anti-sistémicos, al mostrar la articulación de sus distintos planos de intensidad y espesores culturales. Además de mostrar la convencional cartografía republicana, que delimita espacios clasificados de una geografía política, al destrozar estas delimitaciones y reterritorializar el conflicto social con la emergencia de los espesores territoriales ancestrales.

El movimiento social indígena campesino, que venció en el bloqueo de caminos y en el sitio de ciudades, perdió fuerza en la mesa de negociaciones. La potencia del movimiento social fue desviada de su curso, dispersando su acumulación. El programa que se presentó en la mesa de negociaciones, como pliego petitorio, era, mas bien, un programa modernista, que incluía tractores. Este pliego no estaba a la altura de la potencia social del movimiento indígena campesino.

 

En octubre del 2003 estalla la llamada guerra del gas. Por decir algo, para caracterizar esta movilización, se trata de un movimiento social compuesto, que entrelaza dos movimientos sociales; el movimiento indígena campesino y el movimiento nacional-popular urbano. Por su misma composición, se puede ver la potencia social acumulada, la irradiación sumada de sus proyecciones interpelativas y alterativas. Además, por la combinación de sus espacios-tiempos singulares, muestra la complejidad de la simultaneidad dinámica del tejido espacio-temporal social. En Comuna se dijo que se encontraron, por primera vez, la trayectoria larga de la guerra anticolonial y la trayectoria mediana de la lucha nacional-popular; también podríamos incluir la trayectoria mediana de lucha del proletariado, sobre todo por la presencia de mineros, que vinieron a defender la Ciudad de El Alto, donde se encontraban sus familiares, relocalizados. Al respecto, también hay que matizar esta interpretación, pues ambas trayectoria o las tres trayectorias siempre estuvieron presentes, si se quiere, una al lado de la otra, sólo que por el imaginario histórico, de carácter linealista, por las “ideologías” modernas, tanto del nacionalismo revolucionario como del marxismo de guardatojo, no se visualizaba esta simultaneidad dinámica, tampoco se interpretaba la alteridad indígena.

 

El acontecimiento de la guerra del gas puso en evidencia la complejidad del presente, de la crisis múltiple del Estado-nación, en el contexto de la crisis estructural y orgánica del capitalismo. Los discursos modernos revolucionarios no captaban esta complejidad, salvo solo la contradicción principal, focalizada como el antagonismo entre proletariado y burguesía, o, en el otro caso, como el antagonismo entre nación oprimida e imperialismo. En su enfoque, no visualizaban, por lo tanto, no podía interpretar y expresar, el antagonismo entre naciones y pueblos indígenas, incluso pueblos mestizos, y colonialidad. Más aún, dejando su enfoque histórico a un lado, estaban lejos de hilar la complejidad articulada de planos y espesores de intensidad de una formación social singular.

 

La guerra del gas derrocó al régimen neoliberal. Cayó estrepitosamente, el gobierno neoliberal de entonces tuvo que huir a Santa Cruz, el presidente de entonces se vio obligado a renunciar, a pesar de que intentó gobernar desde Santa Cruz de la Sierra. Se puede decir, para ilustrar gráficamente, que este momento de intensidades de la movilización prolongada, fue la cumbre más alta de las movilizaciones. La ofensiva social, desatada desde el 2000, se convirtió en la apertura a otro tiempo político, por así decirlo. Interpretada por la Agenda de Octubre como el de la nacionalización de los hidrocarburos y la convocatoria a la Asamblea Constituyente.

 

La potencia social de esta movilización compuesta tuvo sus realizaciones radicales. En realidad, la movilización tomó la sede de gobierno, la ciudad de La Paz; en otras palabras, prácticamente tomó el poder. El ejército se encontraba atrincherado en los cuarteles, la plaza de armas estaba custodiada por un cordón de tanques. No había gobierno, el vacío de poder era patente. Medio millón de movilizados recorrían las calles de la ciudad, en los alrededores de la plaza de armas; una columna, se dirigió hacia la casa del entonces presidente. Con la ciudad tomada, con el poder factualmente tomado, la movilización de la guerra del gas no desembocó en la institucionalización de la toma del poder. ¿Por qué? Esta es la pregunta.

 

En Comuna se dejó pendiente una respuesta a esta pregunta. Se hicieron circular hipótesis, como que había que retomar la discusión sobre el partido revolucionario; también la hipótesis de la guerra civil. En los cabildos, los y las movilizadas, conscientes de lo que podría ocurrir dando el paso a la toma del poder efectivamente dado, prefirieron no ingresar a este acontecimiento, el de la guerra civil, cuya lógica era incontrolable. De la misma manera, el ejército, recordando su derrota en abril de 1952, su destrucción como ejército, por parte del pueblo armado, también prefirió no ingresar a la guerra civil, defendiendo al gobierno derrocado. El Estado Mayor le pidió la renuncia al presidente de entonces, que esperaba que el ejército salga a reprimir a la población alzada. De esta manera, ambos bandos, prefirieron no ingresaran a la incierta situación de la guerra civil.

 

La tercera hipótesis que se vertió fue la de que no se desplegó la posibilidad de la alternativa al Estado-nación, a la forma de gobierno vigente, posibilidad que se encontraba latente en las entrañas mismas de la movilización prolongada.

Ahora, habría que evaluar estas tres hipótesis, desde la perspectiva de la complejidad. No tanto para verificarlas o contrastarlas, sino para comprender la complejidad de esa coyuntura, visualizando la articulación de los planos y espesores de intensidad, descifrando e interpretando la coyuntura desde la perspectiva de la simultaneidad dinámica.

En mayo y junio de 2005 culmina el ciclo de movimientos sociales de la movilización prolongada. Se cierra el ciclo y se abre el periodo del gobierno popular de las gestiones de Evo Morales Ayma, presidente indígena. También se abre y se da lugar, efectivamente, a la Asamblea Constituyenteforma institucional del proceso constituyente. La composición de las movilizaciones relativas a la segunda guerra del gas, además del rechazo al intento de sustitución constitucional conservadora, que quería otorgar la presidencia al presidente del Congreso, un representante de la “derecha” contra la que se había combatido durante seis años de lucha, es más compleja que la de octubre de 2003, pues responde a la acumulación de fuerzas, de experiencias de luchas, fuera de sumarse más movimientos sociales, el de los y las prestatarias, el de losjubilados, sobre todo, el movimiento proletario, principalmente de trabajadores y cooperativistas mineros. Esta complejidad singular de la movilización de 2005 recoge las experiencias sociales acumuladas durante la movilización prolongada, proyecta los discursos y las narrativas de los movimientos sociales anti-sistémicos, casi conformando un entramado de narrativas similares, aunque no necesariamente el logro de una narrativa del conjunto. Es en este escenario, con la sustitución constitucional seleccionada por los y las movilizadas, que fue la última sustitución constitucional posible, la de la presidencia a cargo del presidente del poder judicial, que se concluye el ciclo con las elecciones de 2005, que llevan a la presidencia al dirigente de la Federación de Trabajadores Campesinos del Trópico de Cochabamba, la denominada Federación cocalera.

 

En lo que respecta a la movilización de la Federación de Trabajadores Campesinos del Trópico de Cochabamba, la movilización cocalera, vamos a transcribir lo que dijimos en Potencia y acontecimiento[6]:

En lo que respecta al tercer ejemplo – el relativo al MAS -, podemos encontrar el diseño de la estructura de la composición compleja singular, en la constelación de composiciones singulares, que hacen al acontecimiento de la “ideología” del populismo-indigenista, en una articulación sui generis entre las Federaciones Sindicales Campesinas del Trópico de Cochabamba, gestoras de la defensa de los cultivos de hoja de coca; primero, en su relación con su entidad matriz, la CSTCB; después, con la COB. Este contexto de relaciones y conexiones sindicales, sobre todo, las relativas a las organizaciones campesinas, es primordial para desprender el proyecto que va adquirir el nombre connotado de Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos. En principio, el Instrumento Político, que nace en el fragor de las reuniones, de los debates, de los foros, y, por último, en un Congreso campesino, como Asamblea por la Soberanía de los Pueblos, se proyecta novedosamente. Lo que se mostraba, por lo menos, en dos intenciones políticas e “ideológicas”; por una parte, conformar un Instrumento Político de las organizaciones sociales; lo que le daba un carácter distinto al partido o movimiento político. El partido, en este caso, está subordinado, por lo menos, en el proyecto inicial, a las organizaciones sociales. La otra intención proyectada, tiene que ver con una perspectiva descolonizadora, al concebir un Instrumento Político de las organizaciones sociales como de-colonial, Instrumento que se asumía como expresión de las naciones y pueblos, no solamente indígenas. Entonces, estamos ante un proyecto pluralista y plurinacional.

Podemos entonces comenzar a trazar un periodo político intenso, cuyo corte inicial se puede situar entre 1996-97, años en que el Congreso campesino asume el proyecto del Instrumento Político como propósito orgánico de los sindicatos campesinos.

Siguiendo con la descripción de las conexiones de la resistencia y defensa de los cultivos de la hoja de coca, en distintos planos de intensidad, con otros dispositivos, incluso composiciones singulares, podemos encontrar las conexiones de dispositivos orgánicos y de dispositivos políticos, en ciernes, en el proyecto y desarrollo inicial del Instrumento Político, con las ONGs. Por lo menos, aquellas, que, en principio, se encuentran en programas alternativos de desarrollo al cultivo de la hoja de coca; después, muy pocas, en compromisos, más que programas, de defensa de los cultivos de la hoja de coca; y posteriormente, con ONGs “izquierdistas”, que apoyan directamente la proyección del Instrumento Político. Muy temprano, en este proceso de constitución, de lo que debería haber sido el Instrumento Político de las organizaciones sociales, las formas orgánicas de gestación del Instrumento Político entran en contacto con organizaciones políticas, también fundaciones y ONGs de la “izquierda” internacional. En el mapa de estas conexiones, de la resistencia y la defensa de la hoja de coca, de sus formas orgánicas de la resistencia y defensa, teniendo como base operativa y orgánica a la Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos del Trópico de Cochabamba, se encuentran las organizaciones políticas de “izquierda” o lo que queda de ellas; después de la crisis política, la segunda, una vez dado el derrumbe de la UDP[7]. No se puede dejar de lado, en el mapa de estas conexiones, a los medios de comunicación, que, si bien, puede haberse dado una relación conflictiva y sensacionalista, hasta adversa, con un conjunto de medios empresariales, el MAS tenía también una relación, que podemos denominar solidaria, con medios no empresariales; hablamos no solo de las radios populares, sino de medios que forman parte de la Iglesia Católica. Lo que debería ser el Instrumento Político de las organizaciones sociales y terminó siendo el MAS, un partido, más que movimiento social, que no es Instrumento Político de las organizaciones sociales, sino que convierte a las organizaciones sociales en instrumentos del partido, es un fenómeno también mediático; este hecho no se puede obviar en el análisis.

 

No vamos a extender más la descripción del mapa de las articulaciones y conexiones de la composición compleja singular; dejaremos esta extensión para la investigación. El ejemplo sería abrumador; por otra parte, adquiriría connotaciones más complicadas. Lo que importa ahora, en esta ilustración, es mostrar las características del análisis complejo, su enfoque en los funcionamientos, los engranajes, las mecánicas y dinámicas de la composición compleja singular.

 

En esta perspectiva, la del pensamiento complejo, en el análisis de los tejidos sociales del acontecimiento, se destaca el impacto, de este diseño de la estructura de la composición singular, en el tejido social y político de la coyuntura y del inicio del periodo, en cuestión. Este impacto tiene que ver con la repercusión en los imaginarios de un símbolo cultural, el de la hoja de coca, que, a la vez, aparece como símbolo de-colonial, y, a la vez, como símbolo de resistencia antiimperialista. Ciertamente, en otros ámbitos, no populares, la hoja de coca, mas bien, aparece como un signo descalificado, debido al uso de la hoja de coca en la producción de cocaína. Entonces, asistimos a una especie de debate “ideológico”, mas bien mediático, en torno a las interpretaciones políticas del símbolo o signo de la hoja de coca. En otras palabras, la defensa de la hoja de coca se politiza, adquiere connotaciones antiimperialistas, en una micro-región, donde se desenvuelve lo que se puede llamar, acertadamente, guerra de baja intensidad.

 

Por lo tanto, la politización no sólo tiene como eje esto del proyecto del Instrumento Político y esto de la Asamblea por la Soberanía de los Pueblos, sino también el eje de la interpretación “izquierdista”, por lo menos de una parte de la “izquierda”, de que la defensa de la hoja de coca es antiimperialista. A la larga, el eje más efectivo y preponderante va a ser éste, el del carácter antimperialista de la defensa de la hoja de coca.

 

A propósito de lo que decimos, hay que salir de toda irradiación de las teorías de la conspiración. No se puede aceptar, por lo menos, demostrar y sustentar, la hipótesis de que todo lo que acontecía, en lo que respecta al impacto de los ejes mencionados, formaba parte de un plan, de una conspiración política, por más emancipadora que pueda pretender ser esta conspiración. De ninguna manera, los proyectos como los del Instrumento Político, sus características plurinacionales, evidentemente forman parte de un proyecto; empero, sus conexiones con los otros ejes, los impactos en el tejido social y político, son, mas bien, casuales, usando este término para ilustrar y contrastar. Es muy difícil sostener que los planes humanos se realicen plenamente; una vez que se despliegan, en busca de su realización, provocan consecuencias inesperadas, precisamente porque los dispositivos operativos no controlan el conjunto de variables intervinientes; son, mas bien, sobrepasados por la complejidad.

 

Se puede decir, sin mucho riesgo de errar, que el MAS, por sí solo, contando con este mapa de sus conexiones, con la composición compleja singular, en una constelación de composiciones singulares, que hacen al acontecimiento, no podría haber llegado a donde ha llegado, dicho popularmente, al poder. Es el estallido de otros movimientos sociales anti-sistémicos el que ha favorecido el decurso que toma el MAS. Entonces, en el mapa entran las relaciones, las conexiones, incluso contradictorias, de concurrencia, de debate y desacuerdos, entre este proyecto del Instrumento Político y los otros movimientos sociales anti-sistémicos.

 

La problemática, en esta cuestión última, es la siguiente: ¿Por qué el MAS ha terminado beneficiándose políticamente de la movilización prolongada y no los otros movimientos sociales anti-sistémicos, o alguno de ellos? Responder a esta pregunta equivale a comprender la dinámica molecular de las fuerzas concurrentes, en ese periodo político intenso, comprender la dinámica de la composición molar de esas fuerzas. Pero esta comprensión no se logra por medio de los análisis acostumbrados, basados en los esquematismos duales, atrapados en paradigmas racionalistas; hablando de la razón abstracta, que nombramos como razón fantasma; análisis lineales y deterministas. La comprensión es posible en el análisis complejo de las dinámicas inherentes al tejido espacio-tiempo-social-político-cultural del periodo, en cuestión (1996-2015).

 

En este ensayo no podemos explayarnos en la descripción de los diseños de las estructuras de las composiciones complejas singulares, relativas a los movimientos sociales anti-sistémicos, que se desplegaron en el periodo de la movilización prolongada (2000-2005). Aunque describimos, de manera más detallada, aspectos, características, formas y perfiles de estos movimientos sociales, en los análisis realizados por Comuna[8], estos análisis todavía se inscriben en la episteme moderna de los esquematismos dualistas. Ahora, se requiere del análisis complejo de los tejidos espacio-temporales-territoriales-sociales-culturales. Como se trata ahora, de exponer ejemplos ilustrativos, dejaremos para más adelante, para otros ensayos, la exposición de composiciones complejas singulares, relativas a estos movimientos sociales anti-sistémicos[9].

 

Por de pronto, lanzaremos la siguiente hipótesis interpretativa: el movimiento autogestionario de la guerra del agua, el movimiento indianista del bloqueo indígena-campesino, el movimiento nacional-popular de la guerra del gas, el movimiento descolonizador de las organizaciones indígenas originarias, los movimientos dispersos y diversos, relacionados a la resistencias al costo social neoliberal, en los que sobresalen los movimientos de los y las prestatarias, así como de los jubilados, el movimiento resurgente del proletariado, sobre todo del proletariado nómada, se presentan como movimientos, que adquieren otro perfil, de características autónomas y de autogobierno, por lo menos, en los dos primeros, como movimientos anti-estatalistas. Esta proyección política, ponderable por cierto, dada la crisis múltiple del Estado-nación, dada la experiencia acumulada a través de las historias políticas de la modernidad, convierten a estos movimientos sociales anti-sistémicos en imposibles, por así decirlo, en el marco institucional político establecido, el de la democracia formal. Solo podrían haber prosperado si la mayoría poblacional, si la mayoría del pueblo, hubiera adquirido también una propensión anti-estatal. Sin embargo, esto es precisamente lo que no pasó, lo que era difícil que pase, cuando el pueblo, por así decirlo, se encuentra atrapado en el imaginario estatal.

 

El MAS era y es estatalista, a diferencia de la Coordinadora del Agua y la defensa de la vida, por lo menos, en su proyección auténtica e intensa; a diferencia de la CSTCB de entonces (2000). Organizaciones que no propendían a mantenerse en reformas del Estado-nación, sino se proyectaban a la realización esperada de una forma política global alternativa. Esta proyección y límite estatalista del MAS, a la vez restringía sus pretensiones emancipadoras, sus poses de-coloniales, sus fintas soberanas, incluso sus retóricas socialistas, al tamaño de un Estado-nación subalterno, al tamaño del campo económico del capitalismo dependiente. Y, a la vez, lo convertía en viable, en los márgenes permitidos por el sistema-mundo capitalista. Ésta, quizás, es la razón de fondo del porque el MAS pudo beneficiarse de las victorias de la movilización prolongada, victorias políticas, como las de la guerra del agua y de las de la guerra del gas, en las que el MAS tuvo poco que ver, si es que no tuvo nada que ver.

 

Entonces, se puede decir que las cuerdas, inherentes a la resistencia y defensa de la hoja de coca, vibraron, de tal manera, que su vibración, si bien, no fue crucial en los desenlaces de la movilización prolongada, fueron como las notas finales de esta sinfonía social. Lo que recuerda la “memoria” – usando irónicamente el término - mediática son estas notas finales, no recuerda el proceso. Institucionalmente, políticamente, en sentido restringido, se impone lo mediático, en el periodo de las gestiones gubernamentales, aunque no se imponga históricamente, en el largo ciclo y en las estructuras de larga duración. Hay pues una historia oficial, que se sostiene institucionalmente, mediáticamente, propagandísticamente, que busca convencer de una “descripción” de los hechos, de la secuencia de hechos, eventos y sucesos, del llamado “proceso de cambio”; “descripción” que, sin embargo, no es sostenible. Al respecto, lo que importa no es oponer, a esta invención de la historia de los vencedores, la pretensión de objetividad, como se hacía en la episteme de la modernidad, pues esta objetividad solo se puede mover en algún plano de intensidad, o, en el mejor de los casos, en algunos planos de intensidad; desconectados y aislados, quizás vinculados, de manera forzada y no propia. Lo que se requiere es el análisis complejo de los tejidos entrelazados del acontecimiento, de la constelación de composiciones complejas singulares entrelazadas, que hacen al acontecimiento. Esto no es objetividad, sino comprensión integral de la simultaneidad dinámica[10].

 

Conclusiones

El análisis de los movimientos sociales anti-sistémicos, desde la perspectiva del pensamiento complejo, supone la matriz dinámica de la sociedad alterativa, a diferencia y en contraposición al supuesto de las ciencias sociales y la teoría de los movimientos sociales, que parten de la sociedad institucionalizada, desde la perspectiva estatalista. La sociedad alterativa es constante devenir, desborda los promontorios fijos de las mallas institucionales del Estado. En este sentido, se puede decir, que es el Estado el que se defiende, resiste, al desborde creativo de la sociedad alterativa. Los movimientos sociales anti-sistémicos forman parte de la vitalidad, de los ciclos vitales, de la sociedad alterativa. Aparecen intermitentemente, cuando las alterabilidades dispersas, múltiples y plurales, diseminadas en el tejido social, se congregan, convocadas por la crisis. Los movimientos sociales son singulares, es decir, únicos. Los movimientos sociales son distintos, experimentan distintos ritmos y procesos, además de alcances, que pueden ser limitados o, en contraste, radicales, cuando logran completar su propio ciclo, en forma de politización irradiante. La movilización prolongada boliviana, de características autogestionarias radicales, anti-estatalistas; predisposición afectiva, subjetiva y voluntaria, que sostuvo el proceso constituyente, el poder constituyente, y la escritura de una Constitución de un Estado en transición Plurinacional Comunitario autonómico, no pudo materializar su proyecto descolonizadoremancipatorio y libertario radical, en un contexto institucional estatalista, que se preservó, a pesar del sismo, en un sistema-mundo capitalista, que permite márgenes de maniobra, en un orden mundial imperial, que puede permitir, aunque sea a regañadientes, gobiernos populares, con tal que no crucen la línea civilizatoria de la modernidad y de las estructuras y diagramas de poder globales.

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Exposición en las Jornadas Académicas "El Poder y la Teorías Políticas Contemporáneas", asignatura a cargo del docente Leopoldo Múnera, en la Maestría en Estudios Políticos Latinoamericanos, de la Universidad Nacional de Colombia. Exposición que fue parte también de las exposiciones en el Encuentro de organizaciones sociales populares de la región central de Colombia y la ciudad de Bogotá, en aras de la construcción de una agenda común para la paz desde los territorios. Encuentro organizado por Carolina Jiménez, docente de la Universidad nacional y miembro del Planeta Paz. NOTAS: (…)

Fuente: http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2015120906#_ftn4