Qué Democracia

Mayo 2020

Con conversión en oligocracia gracias a castas en los poderes públicos, burocracias sindicales y neofeudos.

 

 

 

Legalidad-legitimidad de la gran burguesía/Bloqueo de la lucha de clases/Alternativas emancipatorias

 

 

Legalidad-legitimidad de la gran burguesía

 

Prestemos atención a nuestra cotidianeidad familiar y social hallaremos formas de mayor disfrute corporal, afectivo, artístico...cuyo origen  está en las rupturas del autoritarismo, homogeneización e hipocresía del capitalismo que concretaron sobre todo las juventudes mundiales en los sesenta-setenta. Hoy, abajo y a la izquierda sin fronteras ni muros de tipo alguno, tenemos el desafío de desentramparnos de las 'normalidades' conductuales conque el sistema mundo y los locales nos aprisionan cada vez más para garantizar su expoliación. Lo primero es cuestionarlas y expandir esa crítica fundamentada en análisis nuestros y de otres. Se trata de abandonar nuestro conformismo o resignación y comprometernos, por ejemplo, preguntándonos cómo la humanidad ha llegado a que su confinamiento sea la única respuesta a la pandemia como si estuviésemos en el medioevo y peor aún, esa defensa sea involucionando hacia la condición de ser sin vínculos afectivos, confraternales, sociales. Es un retroceso total respecto a lo conseguido por quienes éramos jóvenes en los sesenta-setenta.

 

Sin embargo, en la actualidad, diversidades de abajo han adquirido potencial de aproximación mayor a la complejidad de la actual realidad plurinacional e internacional. Descubramos esas luchas, a la vez, construcciones desde ahora de otra sociedad, otro país-continente y otro mundo en las disputas por territorios y trabajos al Capital Estado. Son sobretodo afirmaciones de comunalidades con perspectivas libertarias de la vida y los pueblos planetarios. Observamos que se ha avanzado más en recuperar, defender y crear territorios que en las disputas de trabajos al Capital Estado, por el contrario, se multiplican conflictos de las resistencias territoriales a los extractivismos con los trabajadores.

 

Examinemos cómo Lina Merino y Alfil Finola enfocan el trabajo de los colectivos e individuos científicos y también la disputa territorial implícita en democratizar saberes e instituciones. En efecto señalan: "para no caer en una neutralidad instrumental y reivindicar la ciencia por sí misma, debemos asumir la responsabilidad de posicionarnos frente a la realidad que estamos atravesando. En este sentido, el control o conducción sobre el desarrollo de las telecomunicaciones y la producción de fármacos y biotecnología, así como de todo el espectro de la producción de conocimiento, son condiciones indispensables para erigirse como pueblos soberanos".Parten de preguntas basadas en la lógica del Capital que nos ha inculcado a todes:

 

¿Telecomunicaciones y sector biotecnológico-farmacéutico?

¿Quién gana con el Covid-19?

14 de abril de 2020

Por Lina Merino y Alfil Finola

CLAE

En la actualidad de lo único que se habla, prácticamente, es del Covid-19 ¿Cómo se previene? ¿Cómo se contagia? ¿Es necesario el aislamiento? ¿Hay suficientes respiradores e insumos médicos? Incluso se ensayan números sobre las pérdidas a nivel económico y las transformaciones a nivel social que esta crisis causará. 

 Sabemos quiénes serán los perdedores, pero ¿quién saldrá ganando en este contexto? ¿Dónde se encuentra metida y revolviendo la mano invisible del mercado? Los campos de la tecnología y farmacología son terrenos que este contexto amerita observar. Por todo lo que se ha dicho sobre el tema, es necesario pensar en ello, en los escenarios y batallas que será necesario dar. 

Más allá del bombardeo de información sobre lo que minuto a minuto está pasando en cada país respecto del Covid-19, podemos observar que:

Las disputas tecnológicas y farmacéuticas detrás de la pandemia

Desde la situación de pandemia se ha logrado implementar forzosamente el uso masivo del teletrabajo, accesos remotos y portales online. Las estadísticas muestran que, desde el inicio de la cuarentena, se han experimentado incrementos de tráfico de datos cercanos al 40%, lo que se debe principalmente al consumo de videoconferencia y llamadas desde WhatsAppSkype u otras plataformas.

Adicionalmente, existe una disputa por el control de este sector. En este sentido, se puede señalar el caso de la denominada “guerra comercial” chino-estadounidense por el desarrollo y manejo de las nuevas tecnologías (5G, Internet de las Cosas, Inteligencia Artificial y Big Data).

Con estos instrumentos no sólo los individuos son subordinados sino también todo el entramado productivo. Quien tenga la capacidad de imponer intereses y niveles de consumo, conducirá no sólo a los consumidores, sino también el destino de los que tienen que producir esas mercancías y servicios y sus mecanismos de comercialización (realización de la plusvalía).

Se ha demostrado que gran parte de los trabajos no requieren como condición indispensable la presencia física de un gran número de personas y pueden ser mediados por las telecomunicaciones. Estos nuevos modos de producción, basados en el aislamiento, allanan el camino a una alienación y profundización del individualismo en el plano social y político y profundizan cambios en la estructura económica con mayor dependencia a las grandes empresas de la robótica y telecomunicaciones.

En Argentina, como en el resto de la región, estos sectores no están desarrollados en forma soberana. Es momento para empezar a plantearlo.

La posible cura al Covid-19

El otro gran conjunto de conocimiento científico que consideramos central en la disputa estratégica de este nuevo momento de la sociedad es el biotecnológico-farmacéutico. Éste es un complejo de desarrollo tecnológico que, además de controlar la “salud” humana, también contempla la producción de alimentos (vegetales y animales).

En los últimos días, se han publicado una serie de potenciales tratamientos para el nuevo Covid-19, en una carrera contrarreloj mundial no solo por frenar un virus que cada día devasta más la economía global, sino también por demostrar quién se encuentra a la vanguardia en desarrollo científico.

Entre estos tratamientos se reportan el antiparasitario Ivermectin que, aseguran, mata al Covid-19 en 48 horas (publicado en Antiviral Research); el Interferón Alfa 2b recombinante, con tecnología cubana producido en la empresa mixta Chang Heber, utilizado en China para el tratamiento contra el COVID-19, y otros 70 fármacos que se proponen como candidatos para frenar este tipo de coronavirus, dentro de los cuales existen unas posibles 20 vacunas en investigación. 

Si bien este panorama parece prometedor, el desarrollo de la cura puede llevar varios meses y la accesibilidad al mismo para el conjunto de la población corre el riesgo de quedar atrapada en la lógica mercantil. Es decir, la disputa estará entre la especulación de hacer un negocio de la cura o ponerlo a disposición en forma accesible para toda la humanidad.

Un dato relevante en este tema es que la Administración de Drogas y Alimentos estadounidense (FDA, por sus siglas en inglés) otorgó el estatus de medicamento «huérfano» al remdesivir, uno de los tantos que se están probando como tratamientos potenciales para el coronavirus. Ese estatus de “orfandad” implica conceder el monopolio de su producción, incluso con beneficios impositivos, durante siete años.

La compañía productora del remdesivir, beneficiada por las decisiones de la Administración de Trump,  es la farmacéutica Gilead Sciences, un holding donde juegan las inversiones de los gigantes financieros globales. Blackrock PLCVanguard Group y Capital Research Global Investors, que son las entidades que controlan la composición accionaria de la compañía.

Días después, y luego de que el demócrata Bernie Sanders denunciara la situación, Gilead Sciences tuvo que rechazar la designación de medicamento huérfano, renunciando a la exclusividad para la producción y comercialización del tratamiento.

No es un debate menor. Lo que allí se está discutiendo es quién logra desarrollar la cura y quiénes serán los beneficiarios de la cura y de su rédito económico. Es decir, quién “ganará” esta carrera. En ese marco, la puja por el desarrollo científico-tecnológico se da entre dos polos: entre aquellos que pretenden hacer de la salud un negocio (donde hay disputas al interior de éste por quién se lo queda) y quienes entendemos la salud como un derecho. 

Por esto, para no caer en una neutralidad instrumental y reivindicar la ciencia por sí misma, debemos asumir la responsabilidad de posicionarnos frente a la realidad que estamos atravesando. En este sentido, el control o conducción sobre el desarrollo de las telecomunicaciones y la producción de fármacos y biotecnología, así como de todo el espectro de la producción de conocimiento, son condiciones indispensables para erigirse como pueblos soberanos.

Lina Merino es licenciada en Biotecnología y Biología Molecular (UNLP) y Doctora en Ciencias Biológicas (UNLP). Alfio Finola es licenciado y profesor en Geografía (UNRC).  Ambos, investigadores del Observatorio de Ciencia y Tecnología,  asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE www.estrategia.la).

http://estrategia.la/2020/04/11/quien-gana-con-el-covid-19-telecomunicaciones-y-el-sector-biotecnologico-farmaceutico/

Fuente: https://rebelion.org/quien-gana-con-el-covid-19/

 

 

Precisamos, para dejar de interpretar como correctas o normales las gestiones gubernamentales de la actual crisis estructural del sistema mundo capitalista,  salir de la cerrazón en que un medicamento o una vacuna nos sacará de la catástrofe en que estamos subsumidos y analizar cómo funciona el capitalismo, en este grave caso particular, para aclarar porqué emanciparnos del sistema mundo.

 

Las dudosas prácticas de la industria farmacéutica que ha de librarnos del virus

8 de mayo de 2020

 

Por Vicente Clavero  

Público

Casos de sobornos a médicos, acusaciones de lucrar de la investigación ajena y de lanzar algunos medicamentos que apenas aportan nada, precios desorbitados… extienden una sombra de sospecha sobre el sector farmacéutico.

La victoria sobre el coronavirus, mediante un medicamento que cure la enfermedad o una vacuna que la evite, involucra a diversos colectivos, entre ellos los laboratorios farmacéuticos, cuyo papel en la producción y comercialización del remedio será sin duda determinante.

Hay mucho dinero en juego, dado el alcance mundial del problema, y todo invita a pensar que esta industria hará cuanto esté en su mano para ganarlo, como hace cada vez que se le ha presentado la oportunidad, no siempre con prácticas irreprochables.

Una de sus principales estrategias de venta es presionar sobre quienes deciden el consumo en una parte fundamental del mercado, el de prescripción (productos que sólo se expiden con receta), desplegando acciones que a veces pueden tener la apariencia de ayuda a la formación continua de los médicos (suministro insistente de información sobre nuevos fármacos, aportaciones para la organización o asistencia a congresos), pero otras son ajenas a la más mínima exigencia ética.

Entre esas acciones figuran los sobornos, que durante décadas fueron un secreto a voces, siempre negado por la industria, si bien algunos acontecimientos relativamente recientes han demostrado su existencia.

La multinacional Novartis tuvo que afrontar en 2015 una multa de 390 millones de dólares (357,8 millones de euros) por haber pagado viajes, banquetes y dinero a médicos estadounidenses para que recomendasen sus medicamentos. Ese mismo año, otro gigante farmacéutico, Pfizer, zanjó una denuncia por incumplimientos de su propio código ético con el despido de 30 de sus directivos en España.

Las compañías suelen rebajar estos casos a la condición de hechos aislados, aunque algunos estudios muestran que no lo son tanto. Uno de 2014, patrocinado por la Fundación de Bill y Melinda Gates, con el concurso del Departamento Británico para el Desarrollo Internacional y el Ministerio de Asuntos Exteriores holandés, sostiene que 18 de las 20 multinacionales farmacéuticas analizadas habían sido objeto de sanción en algún momento por motivos tan poco edificantes como el soborno o la violación de las leyes de la competencia.

El importe de los pagos directos o indirectos a los médicos es uno de los secretos mejor guardados de la industria, aunque en España el proyecto Medicamentalia, de la Fundación Ciudadana Civio, aportó en 2018 alguna luz sobre el asunto. Según este organismo independiente, que trabaja por la transparencia de las instituciones, dichos pagos habían ascendido el año anterior a 182,5 millones. Dieciocho médicos, adscritos a la sanidad pública y privada, fueron agraciados con más de 50.000 euros por cabeza.

Otra acusación frecuente a los laboratorios es que se lucran con medicamentos cuya investigación y ensayos clínicos son posibles gracias, en buena medida, a la inversión ajena. Un informe dado a conocer en 2018, dentro de la campaña No Es Sano, respaldada por instituciones como la Organización Médica Colegial de España, ponía ejemplos concretos al respecto. El producto estrella de Roche contra el cáncer de mama, el Trastuzumab, que para entonces le había proporcionado más de 60.000 millones de euros de ingresos en todo el mundo, se obtuvo con financiación procedente de universidades, centros de investigación y fundaciones sin ánimo de lucro.

Esa circunstancia no impide que los laboratorios fijen precios muy altos para sus productos, sobre todo en el ámbito de las nuevas inmunoterapias. Es el caso del Kymriah, de Novartis, indicado contra ciertos tipos de leucemia, y del Yescarta, de Gilea, que sirve para tratar algunos linfomas no Hodgkyn. Sus precios de salida en el mercado estadounidense fueron de nada menos que 475 .000 y 373.000 dólares (438.600 y 344.400 euros), respectivamente, pese a ser fruto de investigaciones sufragadas en gran parte con dinero público.

La respuesta de la industria a las afirmaciones del estudio de No Es Sano fue que su actividad entraña gran riesgo, ya que sólo una de cada 10.000 moléculas investigadas llega a convertirse finalmente en un medicamento, lo que requiere de fuertes inversiones, que las farmacéuticas pagan con sus propios recursos. De ahí que el precio de cada producto, según el sector, no deba reflejar sólo el coste de su investigación, sino de alguna manera también el de aquellas que han fracasado, porque en caso contrario el negocio sería inviable.

Otras voces recuerdan, sin embargo, que el gasto en I+D y en producción sólo supone el 13% del coste de un medicamento, mientras que el gasto asociado a la comercialización y promoción (estudios de mercado, análisis de la competencia, publicidad, deferencias con los médicos) oscila entre el 30% y el 35%. Con la particularidad, además, de que sólo uno de cada cuatro fármacos que salen al mercado son realmente innovadores o mejoran los resultados de otros ya existentes pero más baratos.

Como quiera que sea, el hecho cierto es que el precio de los medicamentos, en particular el de los más modernos, es una de las mayores amenazas que penden sobre los sistemas nacionales de salud, sobre todo aquellos que contemplan su financiación pública total o parcial, como ocurre en España.

Pese a la extensión de los genéricos (productos cuya patente ya ha expirado) y a los mecanismos de control introducidos en los últimos años, el gasto público en medicamentos supera en nuestro país los 16.000 millones de euros anuales, de los que dos tercios corresponden a recetas y el resto, a hospitales.

https://www.publico.es/economia/dudosas-practicas-industria-farmaceutica-librarnos-virus.html

Fuente: https://rebelion.org/las-dudosas-practicas-de-la-industria-farmaceutica-que-ha-de-librarnos-del-virus/

En consecuencia, es fundamental el involucramiento de una mayoría creciente en realizar la «reforma agraria integral» (o toma emancipadoras de territorios y trabajos) desde rupturas colectivas e individuales de conformismos con el qué y cómo hacer para vivir según la normalidad fijada por el capitalismo y por supuesto, según sus ofertas condicionadas. Rupturas que abrevan en recuperar la «Contracultura» conquistada por el internacionalismo revolucionario de los 60-70. Es un sentipensar que hoy tiende a unir las rebeliones contra las injusticias ambiental y social. Esta unión ya posee caminos abiertos por los adolescentes y jóvenes que se movilizan mundialmente para soluciones efectivas a la emergencia climática a causa de las emergencias ecológica y social.

 

Reparemos en la vigencia dentro de nuestra cotidianeidad de: "Las conductas sociales de la «Contracultura» que estaban totalmente asimiladas por los jóvenes en 1968, en donde los procesos sociales y las luchas culturales adquieren un significado político y se vuelven el primer gran movimiento social de carácter internacional con correspondencias nacionales, pero con una sincronía que muestra el final de un tiempo social y político construido durante la segunda posguerra".

 

 

Los 68: encuentro de muchas historias y

culminación de muchas batallas*

Perfiles latinoamericanos vol.22 no.43 México enero/junio 2014

 

 Ricardo Pozas Horcasitas**

 Resumen

El presente texto se mueve en el entramado de los eventos que fueron forjando la imagen y la representación de los sesenta por los habitantes de ese tiempo histórico, hasta desembocar en los movimientos estudiantiles de 1968, movimientos sociales que son su culminación y que condensan, política y culturalmente, las transformaciones surgidas durante la segunda posguerra mundial.

(…)Los nuevos movimientos estudiantiles tuvieron como característica común su fuerza contestataria y sus nuevas concepciones del contenido de la libertad, construida ésta a partir de la crítica y la revuelta conductual frente a las normas y valores establecidos que tejen el orden y la reproducción de las tradiciones instituidas. Estos movimientos protagonizados por los jóvenes eran, sobre todo, la ruptura del eje estructurador de los valores que mantienen vigentes la reproducción del orden social y su posibilidad de continuidad, a través de su aceptación y su validación cotidiana en las conductas de los miembros de las generaciones del relevo social.

En la sexta década del siglo XX, las sociedades metropolitanas y algunas periféricas o en vías de desarrollo, como las llamaba entonces la sociología, con su evolucionismo implícito, se encuentran en un proceso de crecimiento acelerado, con estabilidad macroeconómica y financiera. En el principio de los años cincuenta, se inicia un nuevo período de intenso desarrollo que alcanza incrementos nunca antes conseguidos: el 5.3% entre 1953 y 1963. A partir de este último año, el ritmo de crecimiento anual del PIB llega al 6.2% hasta que se interrumpe en 1973, año en el que se ingresa a una nueva fase de desaceleración, la llamada Revolución de los Precios en la que aumenta cuatro veces el precio del petróleo, que había sido la fuente primaria de energía más barata por más de sesenta años (Pasquale, 1997: 93). En términos económicos este año es el final de las décadas de los cincuenta y sesenta conocidas como las décadas doradas del siglo XX.

La década de los sesenta, como todos los períodos intensos de la historia, es desbordada en sus orígenes e inconmensurable en sus influencias. Esta década es, como todas las otras unidades históricas sobrepuestas a la sucesión uniformizada y ascendente del tiempo, la formalización de un conjunto de procesos y eventos referidos a la cronología, que adquieren ubicación en la memoria colectiva.

El acotamiento de los hechos en el tiempo, no rigidiza, ni delimita los contenidos de la historia al cuadrante del reloj.

Esta década, stricto sensu, no son diez años, ni empieza en 1960 pero tampoco termina en 1970: es un ámbito temporal prioritario que identifica el sentido de un conjunto de eventos acaecidos en el tiempo, que forman una unidad de acciones políticas y sociales interconectadas, productoras de tendencias políticas y económicas identificables y constituyentes de representaciones sociales que dan significado cultural e identidad a una época. En ese tiempo, llamado los sesenta, se edificaron algunos de los más importantes relatos omnicomprensivos del siglo XX sobre la sociedad, el Estado y el individuo.

Los años sesenta fueron una década de intenso debate en la que se confrontan las ideologías como "sistemas intelectuales que reclamaban la verdad para sus concepciones del mundo" (Bell, 1988:19). Estos sistemas conceptuales conclusivos tendieron a establecer, en la práctica del ejercicio del poder institucional y organizativo de grupos sociales, una acción cultural de carácter autorreferencial, cuyo objetivo central era organizar a la sociedad con un proyecto previamente diseñado.

El modelo cultural del período intenso de la Guerra Fría estuvo sustentado en las ideologías binarias que dividían al mundo en democracia o comunismo. Este modelo cultural entró en un proceso de agotamiento representativo desde finales de los años cincuenta y culminó en los movimientos sociales de 1968, cuando las concepciones sobre las necesidades sociales e individuales ya no se realizan a través del modelo de bienestar propuesto por La Sociedad Opulenta (Galbraith, 1992); La Sociedad Postindustrial (Touraine, 1969); El advenimiento de la sociedad pos-industrial (Bell, 1973); El reto de la sociedad opulenta (Myrdal, 1962). Este modelo cultural, construido en la posguerra, va siendo confrontado por las nuevas necesidades de libertad social e individual. En el centro de esta confrontación en contra del modelo cultural vigente está la Contracultura, construida en un proceso de agregación de cambios de valores, de actitudes, de prácticas sociales y personales y de versiones particulares, que dan sentido a las acciones contestatarias de grupos en contra de lo establecido. Estos cambios de prácticas culturales fueron ejercidos por los grupos de jóvenes que en su acción colectiva fueron durante toda la década de los sesenta agregando y construyendo, a través de una nueva solidaridad social, nuevos sentidos del mundo. Proceso de cambio que culmina en la manifestación política internacional y sincrónica de los sesenta y ochos.

Las grandes ideologías omnicomprensivas de los años sesenta, construyeron los macro relatos de la historia y formaron la base teórica de los proyectos y programas políticos tanto de desarrollo como revolucionarios para el cambio del conjunto de la sociedad. A finales de los sesenta, estos relatos holísticos empezaron a ser desplazados por la construcción de proyectos de políticas —en plural— pragmáticas, tendientes a encontrar soluciones particulares a los problemas concretos y diferenciados entre sí de la sociedad.

(...)En los años sesenta el mundo sufre un vuelco y los inferiores y subordinados de las décadas anteriores se convierten en los actores centrales de la propuesta del cambio social y político: los jóvenes y los pueblos colonizados o periféricos, los llamados entonces "los negros y los de raza amarilla" escenificaron las nuevas revueltas por la libertad, en el interior o frente a las metrópolis del mundo occidental.

En esos años, el mundo paría lo nuevo y lo inédito abriendo el horizonte de los imaginarios colectivos a una nueva moral pública y privada que reemplazaba las medidas en el sistema de valores, con las que se juzgaban las conductas de los "diferentes". En esta década, el status de los inferiores pasa a ser el status de "los otros": de los diferentes pero iguales. Las relaciones sociales verticales de poder que dieron sentido a la autoridad y a la obediencia enraizando culturalmente el poder político, inician al final de los años cincuenta el camino de su reversión simbólica, cambio que desacredita las relaciones verticales e incuestionables volviéndolas, cada vez más, relaciones sociales horizontales y culturalmente correspondientes.

A mediados de los cincuenta aparecen representados en el ámbito de la cultura mediática de masas, los primeros signos de la nueva rebeldía juvenil que cubrirían crecientemente la segunda mitad de los años cincuenta y más allá de los sesenta. El cine, que es el espectáculo de masas más importante de la época, convierte al actor en celebridad y al artista en una de las figuras emblemáticas de la sociedad. Los actores y actrices aparecen ya como los verdaderos prototipos culturales, se vuelven los nuevos ídolos, "los símbolos" de la moda, de la elegancia, de la sexualidad y de la violencia. Sus figuras producen las imágenes que sostienen las modalidades del consumo masivo y dan forma a modalidades de identidad colectivas, sobre todo de ese nuevo nicho de mercado que son los jóvenes. El rostro de las celebridades, su cuerpo o su vestimenta, dan forma a las imágenes que sustenta la publicidad creciente en el mercado y construye el mensaje de la mercadotecnia —que en esa década se consolida— , estrategia publicitaria que pone al actor o a la actriz en el centro de la cultura de masas.

El 27 de octubre de 1955,8 se estrena la película "Rebelde sin Causa", protagonizada por James Dean de 24 años y dirigida por Nicholas Ray, en la que se escenifica la rebeldía juvenil y se construye su estereotipo social y cultural. La actuación convirtió a James Dean en uno de los ídolos juveniles, con millones de adolescentes como sus fanáticos. Esta condición de ídolo se transforma en mito al morir en un accidente automovilístico dos meses después de estrenada la película. Es la figura del rebelde sin causa la que pone en el centro de la moda adolescente la chamarra de cuero negro como el símbolo de identidad y de mayor consumo de la época, prenda de vestir a la que acompaña la gesticulación provocativa.

Una de las revoluciones culturales edificadas por los jóvenes y que es parte constitutiva de la «Contracultura» fue el cambio de actitud y el surgimiento de una nueva conducta social hacia la sexualidad. Este cambio aparece abiertamente en el espacio público mediático a la mitad de la década de los cincuenta con el surgimiento de la nueva música, el Rock and Roll9 y su primer gran ícono, Elvis Aaron Presley, conocido como "el Rey del Rock and Roll" o simplemente "el Rey". En 1956, aparece su primer sencillo Heartbreak Hotel,10 que se convirtió en el éxito número uno del hit parade. Tras sus apariciones en los medios, el rey se convirtió en la figura principal del popular sonido del rock, con una serie de presentaciones televisivas11 y éxitos que lo llevaron a la cima de las listas de ventas en el mundo. Elvis aparecía en público interpretando sus canciones y haciendo movimientos de cadera de carácter sexual y en abierta provocación a la moral puritana de los adultos de la clase media americana.12

Un cambio central en la interpretación musical es el reemplazo de la Gran Orquesta de la década de los 40's y 50's por el cantante de rock y su banda, integrada por tres o cuatro músicos, agrupación musical cuyo nombre designa lo mismo a un grupo de jóvenes que tocan música que a un grupo de jóvenes que practican la violencia y en la década de los sesenta pueblan los barrios de las ciudades.

Las bandas adquieren su presencia en la cultura cinematográfica de masas con la película West Side Story (1961) (conocida como Amor sin barreras en Hispanoamérica), musical que narra la trama de dos pandillas callejeras en el Upper West Side, en Nueva York y que es la versión moderna de Romeo y Julieta. Esta película, novedosa por los bailes, obtiene el éxito de la Academia en Hollywood,13 volviéndose un éxito de taquilla, al ser vista por millones de jóvenes y adolescentes en el mundo occidental. Su música fue escrita por el compositor americano de música clásica Leonard Bernstein y sus temas musicales vendieron millones de discos en el mundo.

En los sesenta, la producción cinematográfica y discográfica tuvo consumidores en todo el mundo y sus productos culturales masivos ejercieron influencia mundial. Esta década fue el inicio de la americanización cultural del mundo ligada al desarrollo de las estrategias del marketing de masas cuya teorización se inicia en la Harvard Business School por el economista Theodore Levitt , cuyos influyentes artículos14 aparecieron por primera vez en 1956 en la más importante revista de negocios del mundo: la Harvard Business Reviei.

Frente a la mirada educada por el deber ser de la tradición "burguesa" (el nombre es utilizado como adjetivo por los jóvenes y como estigma de las conductas de la generación adulta y no como categoría histórico analítica) los jóvenes sumergidos en la «Contracultura»  "buscaban" la apertura de las percepciones sensoriales dadas por el consumo de estimulantes que rompieron las ataduras de la conciencia. Estas nuevas percepciones y estados sensoriales son acompañados por la nueva música que construye el ritmo experimental de la época psicodélica (psychedelia), que en la concepción de su creador, Humphry Osmond, la categoría manifiesta el alma. La droga masiva fue la mariguana y la droga psicodélica semi sintética por excelencia fue el LSD (ácido lisérgico) y sus efectos fueron conocidos como "viaje". Estos "viajes" producen estados alterados de conciencia equivalentes a la esquizofrenia que los hippies consideraban como experiencia mística.

El consumo de drogas acompañó a la experimentación sonora —musical—que lleva al límite a la música rock en la composición Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band que es el octavo álbum de estudio de la banda británica The Beatles aparecido el 26 de mayo de 1967.15 Este álbum es considerado la culminación de la experimentación musical de los sesenta. La idea central del álbum es romper con las nociones de ritmo y secuencia musical y construir una nueva lógica de la composición y de la escucha. La nueva música conjuga orquestaciones, instrumentos hindúes, grabaciones tocadas al revés y sonidos de animales. Rock, Music Hall, Baladas, Jazz y hasta música oriental se mezclaron en la realización del álbum. La tercera canción del disco, Lucy in the Sky with Diamonds, fue la primera canción rock escrita en dos compases diferentes y es considerada como la primera composición psicodélica de la historia. Según Paul McCartney, integrante de los Beatles, la canción fue inspirada en los alucinógenos, como se puede ver en las iniciales de su título, con las cuales se forma la palabra LSD.16 Su difusión mundial y su consumo masivo hicieron que para la mayoría de jóvenes que participaron en los movimientos del 68 este disco fuera un referente obligado de su cultura.

El cuerpo reencontrado. El reencuentro con el cuerpo

La revolución sexual promovida por los jóvenes encontró en 196017 el apoyo químico con aplicaciones médicas a su lucha por la libertad femenina. El 23 de junio de 1960, al ser aprobada para su comercialización en los Estados Unidos de América por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés), la píldora anticonceptiva se vendió de manera libre en el mercado. A lo largo de la década, la difusión de la píldora anticonceptiva fue mundial y cambió la vida de las mujeres diferenciado la sexualidad del determinismo biológico de la procreación que durante siglos dio sentido a las familias y sus linajes, maternidad sancionada por las religiones y custodiada por las iglesias y las familias.18

El uso de la píldora anticonceptiva se difundió por todo Occidente, pero fue bloqueado por los médicos soviéticos quienes la rechazaron, alabando las virtudes de los condones (conocidos coloquialmente como "galoshes"), el dispositivo intrauterino (DIU) y el diafragma. En 1968 el ministro de salud pública Boris Petrovsky declaró que la Unión Soviética se concentraría en un dispositivo de control de natalidad porque la píldora tenía "efectos secundarios negativos" (Kaser, 1976).19 Debido a la dificultad de hacerse de un control de natalidad fiable, el aborto, legalizado en 1955 se mantuvo, desde la guerra fría hasta los noventa, como el método anticonceptivo más extendido (J. Raleigh, 2012:144), con graves consecuencias entre las madres, principalmente jóvenes.

La actitud y el manejo de la sexualidad como parte integrante de la «Contracultura» y del inicio de los nuevos valores sociales que asientan un derecho individual y colectivo en contra de una concepción moral que estigmatiza la homosexualidad, se muestra en la primera manifestación abierta y lucha pública por ser diferente de la heterosexualidad dominante. A inicios de la década de 1960 el Alcalde de la ciudad de Nueva York, Robert F. Wagner, Jr., prepara a la ciudad para la Feria Mundial de Nueva York de 1964, iniciando una campaña mediante la cual buscaba erradicar los bares homosexuales de la ciudad. El 28 de junio de 1969, en el barrio de Greenwich Village, en Christopher Street, la policía organiza una redada en el bar gay, Stoneiall Bar, que terminó en enfrentamientos y marchas de protesta contra la represión.20 Estas acciones colectivas que dieron origen a un nuevo movimiento social, que se nombró, como se nombraba en la época a lo nuevo, con el adjetivo: power; de poder, como black power (poder negro) y en este caso el poder gay (gay power).

El barrio de Greeniich Village se había vuelto, al final de la primera guerra mundial, el espacio urbano de la subcultura gay. En este barrio habitaban importantes representantes de la cultura intelectual y artística de la ruptura, como el poeta americano Allen Ginsberg quien fuera el enlace entre el movimiento beat de los años cincuenta y los hippies de los años sesenta y cuyo censurado poema Hoil (Aullido),21 marca un punto de inflexión en la posvanguardia. Este personaje afirmó:

"¡Poder gay! ¿No es genial? Somos una de las más grandes minorías en el país, 10% como tú sabes. Era tiempo de que hiciéramos algo para reafirmarnos. [...] Los chicos allí estaban tan guapos, habían perdido esa mirada herida que todos los maricones tenían hace diez años".22

Un año después de la represión, el 28 de junio de 1970 se celebró el primer aniversario de los disturbios con la primera marcha del orgullo gay de la historia. La marcha partió del bar Stoneiall y recorrió 51 manzanas hasta llegar a Central Park.23 La fecha quedó fijada en la representación colectiva, primero en los EUA y después en el mundo entero como la fecha del Orgullo Gay y la manifestación con la que este orgullo se demuestra. En Nueva York la marcha sigue iniciando en Stoneiall, mientras que en el caso de la URSS la homosexualidad estuvo prohibida legalmente y sancionada con la cárcel durante sesenta años, desde 1933 hasta 1993.24

Las luchas de los sesenta abrieron los espacios culturales y a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, la «Contracultura» se fue desagregando en subculturas particulares que fueron el resultado de las confrontaciones y movilizaciones juveniles en contra de la censura general, fundada en la moral puritana.

En la sociedad de los sesenta se inició el proceso de cambio cultural hacia el cuerpo humano, revolución sensual promovida por los jóvenes que tuvieron un cuerpo distinto al de sus padres formados en la rígida disciplina corporal de la cultura judeo-cristiana del pecado, con su representación del cuerpo como el objeto del mal (del pecado judío cristiano) y el límite y cárcel del alma. Los jóvenes de los sesenta revolucionaron el cuerpo, volviéndolo uno de los ámbitos de la vida más ricos y diversos del conocimiento humano.

Como parte de las batallas culturales por la creación de nuevos valores de conducta pública y las prácticas y derechos privados, aparece en el escenario social la Segunda Ola del Feminismo fechada el año mismo en el que se inicia la década: 1960, y que se extiende más allá de los años ochenta.25

Para 1960, las mujeres habían ganado ya —no de manera homogénea para todas las razas, los grupos étnicos y la minorías, ni en todas las sociedades, ni reconocido como derecho por todos los regímenes legales de los Estados Nacionales— las batallas legales que contenían el derecho a la propiedad, a la herencia, a la igualdad política, al sufragismo: a votar y a ser votadas, derecho político que abrió la posibilidad del desempeño en cargos institucionales, tanto en los gobiernos como en los de representación civiles y laborales, al trabajo legalmente reconocido y protegido en su condición de trabajo femenino. La lucha por estas demandas dio forma a la llamada Primer Ola del Feminismo, cuyo origen está en las mujeres y sus ancestrales batallas por su individualización y que las especialistas no llegan a fechar. En el caso de la Segunda Ola del Feminismo las teóricas están de acuerdo, en que 1960 fue el punto de partida. Las demandas de las mujeres avanzaron —en sintonía con las otras luchas sociales y políticas expandidas en la década de los sesenta— hacia los derechos sexuales y reproductivos, en los que la maternidad se constituye como un acto de conciencia y voluntad individual. Junto con la revolución en los derechos privados, el feminismo de los sesenta luchó por un derecho igualitario en el trabajo y en la familia.26 Es en esta segunda ola feminista que se construye la categoría de "género".

La categoría de género es establecida por primera vez en 1955 por el sicólogo y sexólogo John William Money quien estableció la diferencia entre sexualidad, identidad de género y roles de género (gender roles) para describir el conjunto de conductas atribuidas a los hombres y a las mujeres. Hacia el final de la década, en 1968, el psiquiatra Robert Stoller fija los términos de la diferencia entre "sexo" y "género", siendo el sexo determinado por la diferencia fijada en el cuerpo, y el género por los significados que cada cultura le atribuye a las funciones sociales de lo masculino y lo femenino.27 Desde finales de los sesenta las instituciones educativas y las organizaciones sociales explicarán las diferencias en la relación social entre hombres y mujeres a través de esta categoría.

En esos años sesenta, el cuerpo femenino se resensualiza masivamente, primero en Londres y después en las otras capitales del mundo —había habido tiempos en donde las vanguardias feministas enarbolaron la libertad sexual— y se despoja de lo que lo oculta, de lo que lo cubre como el objeto del deseo y mostrarlo deja de ser un acto de vergüenza frente a los prejuicios públicos. La revolución en la percepción del cuerpo fue absorbida por el mercado y volvió a la provocación tendencia de la moda, subiendo la falda veinte centímetros por arriba de la rodilla. Según la diseñadora Mary Quant, —quien reclama junto con el francés André Courréges, la invención de la minifalda, presentada en el desfile de modas del invierno de 1965 en París—, las mujeres debían mostrar las rodillas pues son una de las partes más sensuales del cuerpo femenino. La minifalda se volverá la prenda más usada por las mujeres jóvenes de los sesenta.

La minifalda tuvo como equivalente en el traje de baño al bikini, inventado por Louis Reard y mostrado al público parisino el 5 de julio de 1946 en la Piscine Molitor, una popular alberca en París. El traje de baño tuvo que ser mostrado por Micheline Bernardini, bailarina nudista del Casino de Paris, ya que ninguna modelo profesional aceptó ponérselo.28 El bikini adquirió popularidad y fue masivamente usado a principios de los años sesenta, convirtiéndose en un escándalo para la sociedad de esa época puesto que dejaba ver primero, las piernas de las mujeres, el abdomen y parte de los senos, y posteriormente el ombligo.

El bikini abrió el debate sobre el cuerpo de la mujer y las formas de la desnudez. En muchas playas de Estados Unidos y Europa se prohibió su uso, bajo amenaza de arresto. Pero también tuvo sus seguidoras, una de ellas fue la actriz Brigitte Bardot, quien además de posar en sesiones fotográficas con este atuendo, en 1956, popularizó su uso en la película 'Y Dios creó a la mujer',29 dirigida por su marido, Roger Vadim. La actriz se volvió un de los símbolos sexuales a nivel internacional compartiendo la fama de la sensualidad mundial con Marilyn Monroe, símbolos que forman parte del mercado cinematográfico y su marketing. Pero la exhibición del cuerpo femenino no acabó ahí. En 1964 apareció en el mundo de la moda el "monokini" o "topless swimsuit", con el que se dejaba al descubierto los senos de las mujeres.30

La sensualidad del cuerpo femenino no sólo se manifestó en el ámbito de lo público, sino que se trasladó a la ropa interior, a lo privado y fue la invención de las panties, la prenda femenina más sexy —como se anunciaba y exhibía en los maniquíes en las tiendas departamentales— la que revistió a las mujeres con una nueva ropa íntima, sensual y liberadora, confrontando con su uso el peso de los mitos y prejuicios que caían sobre la pareja y que imponían el mandato de la sexualidad fría y reproductiva como la conducta aceptable de la esposa y con la esposa. Esta nueva prenda desplazó a los austeros calzones de las décadas anteriores.

La expresión correspondiente de la liberación sexual femenina en el mundo público se expresó en el cambio de las conductas privadas y en la transformación de las actitudes en la intimidad. Este cambio de actitud, libre y abierta, se dio en el interior de una de las tres instituciones que forma la base de la sociedad: la familia y la relación en la pareja que la forma, institución sustentada en una cultura del matrimonio presidida por los dogmas que cercaban al cuerpo femenino con los mitos del deber ser, estigmatizando su libertad sexual y anulando su posibilidad seductora. Lo nuevo en la cultura de masas, promovido por la publicidad y orientado por el marketing, fue una mirada distinta hacia lo femenino, que consideraba natural exponer el cuerpo para revestirlo culturalmente de nuevos atractivos que reafirmaban la sensualidad que estimula la sexualidad. El derecho de las mujeres a la realización sexual fue la transformación en la conducta privada de la revolución pública feminista. Este derecho, que antes de los sesenta fue la lucha de una vanguardia, se irá estableciendo como parte de la llamada Segunda Ola del Feminismo, a lo largo de las décadas siguientes, hasta quedar asentado como parte de la vida cotidiana.

La «Contracultura»

Los distintos procesos particulares iniciados por la masa de jóvenes como actos de rebeldía en contra de los valores del statu quo motivaron conductas individuales, de grupo y acciones colectivas que van constituyendo, a lo largo de la década de los sesenta, lo que se conceptualizó como Contracultura. La cual fue caracterizada por Theodore Roszak, uno de sus más importantes analistas y teóricos, en los siguientes términos:

Se cuestionaba todo: la familia, el trabajo, la enseñanza, el éxito, la educación de los hijos, las relaciones entre hombre y mujer, la sexualidad, el urbanismo, la ciencia, la tecnología, el progreso. Los medios de la riqueza. El significado del amor, de la vida, todo necesita someterse a evaluación ¿Qué es la cultura? ¿Quién decide lo que es excelencia? ¿Y conocimiento o razón? (Roszak, 1995: XXVI).

Las conductas sociales de la Contracultura estaban totalmente asimiladas por los jóvenes en 1968, en donde los procesos sociales y las luchas culturales adquieren un significado político y se vuelven el primer gran movimiento social de carácter internacional con correspondencias nacionales, pero con una sincronía que muestra el final de un tiempo social y político construido durante la segunda postguerra*-.(…)

** Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México. Doctor en Sociología Política por la Escuela de Altos Estudios de París, Francia. Investigador Titular C de tiempo completo del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

 

Recibido el 17 de octubre de 2013.
Aceptado el 6 de diciembre de 2013.

Bibliografía (...)Notas (...)http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-76532014000100002

 

 Bloqueo de la lucha de clases

 

Intentemos indagar porqué el bloqueo nacional e internacional de la lucha de clases tuvo éxito de instauración y de desarrollo pese a que la «contracultura» de los sesenta persiste sobre todo en las mayorías urbanas. Aún más, está arraigada honda y diversificadamente en quienes representan a potenciales autores de los cambios revolucionarios por cuanto son singulares subjetividades colectivas con origen en el rechazo al capitalismo e imperialismos. Es decir se rebelan contra el acaparamiento de tierras y otros bienes comunes (sociales y naturales), la ocupación económico territorial de los extractivismos, los variados envenenamientos y manipulaciones de la vida planetaria. También no concilian con el patriarcado, el régimen jerárquico y racista y el bastardeo cultural e ideológico de la mercantilización de todo hasta de los sentipensares de artistas e intelectuales.

 

En ese preguntarnos hallamos un paradigma actual de bloqueo de la lucha de clases desde quienes se identifican como de izquierda:

Documento

“Hacia un Gran Pacto Ecosocial y

Económico en Argentina”
 

11 de mayo de 2020

 

Vivimos una encrucijada civilizatoria cuyo alcance y consecuencias - todavía inciertas - envuelven las diferentes esferas del mundo de la vida.

La pandemia ha expuesto nuestra vulnerabilidad social y nuestra condición humana, a la par de desnudar y agudizar las desigualdades sociales y económicas haciéndolas más insoportables que nunca. Esto nos impulsa a mirar el estado, los mercados, la familia, la comunidad y la naturaleza desde otra perspectiva, mientras recuperamos aquellas alternativas que hace solo unos meses parecían inviables, para encontrar una salida diferente a esta crisis, a partir de una reconfiguración integral que sea social, sanitaria, económica y ecológica y que tribute a la vida y a los pueblos.

Así, adquiere cada vez más relevancia la capacidad del Estado para transformar la economía mediante un plan holístico que salve al planeta y, a la vez, persiga una sociedad más justa e igualitaria.

Pero no nos engañemos: el “retorno a la normalidad” o el “volver a crecer como antes” forman parte de las falsas soluciones que nos conducirán a más colapso ecosistémico, a más desigualdades, a más capitalismo. Lo peor que puede ocurrir es que el Estado y el Mercado disparen nuevamente contra la naturaleza y los seres humanos, profundizando la presente crisis global y local.

Con todo lo horroroso que ha traído la pandemia, es cierto también que estamos ante un portal: el debate y la instalación de una agenda de transición justa puede convertirse en una bandera para combatir el pensamiento neoliberal hoy replegado, neutralizar las visiones colapsistas y distópicas dominantes y vencer la persistente ceguera epistémica de tantos progresismos desarrollistas que privilegian la lógica del crecimiento económico mediante la explotación y mercantilización de los bienes naturales.

 

Desde nuestra perspectiva, cinco son los ejes fundamentales para construir este nuevo acuerdo a debatir:

 

1. Ingreso Ciudadano Universal. La actual catástrofe pone en evidencia que todo ser humano debe tener garantizado un ingreso básico que abra la posibilidad de una vida digna. Quienes tiene acceso a este Ingreso universal, son todas aquellas personas que existen y revisten la condición de ciudadano/a. Este ingreso esta desvinculado del empleo asalariado, no exige contraprestación alguna, no refuerza la trampa de la pobreza ni el clientelismo. Lejos de ser algo irrealizable, el Ingreso Universal hoy está en el centro de debate de la agenda global.

 

2. Reforma Tributaria Progresiva. Es imprescindible una Reforma Tributaria Progresiva que reconfigure la base del actual sistema fiscal en un sentido equitativo y que incluya el impuesto a la herencia, a las grandes fortunas, además de nuevos impuestos verdes a las actividades contaminantes. Nuestro país cuenta con un sistema fiscal regresivo basado en los impuestos al consumo y el impuesto a las ganancias, que golpean especialmente a los sectores medios y bajos. Por el contrario, los grandes patrimonios, las herencias, los daños y pasivos ambientales, las rentas financieras, son todas fuentes tributarias que tienen nula o muy baja presencia en el sistema impositivo del país.

 

3. Suspensión del pago de la Deuda Externa. En estos momentos extraordinarios es cuando se justifican la suspensión de las grandes deudas de los Estados. Ningún país puede pagar colosales montos de divisas sin antes garantizar a sus habitantes una vida digna, mucho menos en un contexto de inédita recesión económica global y nacional. La necesidad de rehacer el orden económico mundial, que impulse no solo un jubileo de la deuda sino también una investigación pública acerca de las condiciones en que fue contraída, hoy aparece como necesario.

 

4. Sistema Nacional Público de Cuidados. La pandemia debe abrir paso a la construcción de sociedades ligadas al paradigma del cuidado, por la vía de la implementación y el reconocimiento de la solidaridad y la interdependencia también en las políticas públicas, mediante un redireccionamiento de las inversiones del Estado. Así, es necesaria la implantación de un Sistema Nacional Público de Cuidados destinado a atender las necesidades de personas mayores en situación de dependencia, niños y niñas, personas con discapacidad severa y demás individuos que no puedan atender sus necesidades básicas, abandonando de una buena vez la perversa lógica mercantilista, clasista y concentradora de ganancias en los monopolios de las empresas de salud. En paralelo, este nuevo paradigma del cuidado humano debe incluir también el cuidado de la Madre Tierra, colocando en la agenda pública la inextricable relación que existe entre cuidado, salud y ambiente, de cara al colapso climático. Nos aguardan no solo otras pandemias, sino la multiplicación de enfermedades ligadas a la degradación ecológica y a la agravación de la crisis climática. 

 

5. Transición socio-ecológica radical. Es tiempo de que Argentina comience una transición socioecológica radical entendida como una salida ordenada y progresiva del modelo productivo fosilista y extractivista, cuyo horizonte societal sea nuestra transformación en un país con matriz energética limpia, renovable y también democrática, en razón de que el acceso a la energía es un derecho humano. Así, la justicia ambiental es complemento de la justicia social y viceversa.

Esta transición debe potenciar también la Agroecología, primero, para transformar el sistema agroalimentario argentino y recuperar nuestra soberanía con sistemas de producción y distribución dirigidos al desarrollo de mercados locales agroecológicos y solidarios de pequeños productores, enfocados en fomentar una cultura asociativa y comunitaria y una responsabilidad ciudadana en el consumo. Segundo, puesto que el Antropoceno refleja, cuando se mira hacia el espejo, un Urbanoceno, y puesto que la gran mayoría de la población nacional vive en ciudades planificadas, crece la necesidad de un cambio radical acerca de la forma en que vivimos en las metrópolis. Debemos ruralizar la urbanidad en las grandes ciudades donde la relación con la Naturaleza es prácticamente nula, como una forma de reparar la separación que tienen los habitantes urbanos respecto de la naturaleza.

Finalmente, la otra forma de reparar esta separación consiste en otorgar reconocimiento legal a los Derechos de la Naturaleza, es decir, los seres humanos debemos admitir a la Naturaleza como sujeto de derechos y no como un mero objeto, conviviendo en armonía y respetando sus ritmos y capacidades.

La apuesta es, entonces, construir una verdadera agenda nacional – ejemplificadora a nivel global - con una batería de acciones orientadas hacia una transición justa, que cuente con la participación y la imaginación popular; que logre una interseccionalidad entre las nuevas y viejas luchas, sociales e interculturales, feministas y ecologistas; impulsando un nuevo diálogo Norte-Sur, Centro/Periferia en el marco de un política cosmopolita en clave de autodeterminación, solidaridad y emancipación.  

 

Primeras Firmas (...) Adhesiones a: granpactoecosocialyeconomico@gmail.com

Leer
https://www.analisisdigital.com.ar/interes-general/2020/05/11/documento-hacia-un-gran-pacto-ecosocial-y-economico-en-argentina

 

 

En vez de denominar Antropoceno a nuestra época, como la nombra "Hacia un Gran Pacto...", la designamos Capitaloceno. Al hacerlo nos distanciamos de las ambigüedades de ese documento y precisamos que la humanidad está subsumida  por el sistema mundo capitalista en crisis civilizatoria:sanitaria, social, económico-financiera, energética, alimentaria, ecológica, política e ideológica....

 

Renán Vega Cantor explica:"Al hablar de capitaloceno no importa tanto que se le conciba como una época histórica o una era geológica, y lo menos interesante es argüir que hoy no pueden leerse los registros estratigráficos que demuestren su existencia. Es poco importante que exista un reconocimiento estratigráfico del capitaloceno. Lo fundamental es el sentido político del término y el desafío cognitivo de orden colectivo que debería generar, que conduzca no solamente a cambiar nuestra comprensión de la realidad, sino lo que es más importante y decisivo, nuestro accionar como sociedades. El asunto es crucial, no es una cuestión terminológica ni una querella entre geólogos. Tiene que ver con el esclarecimiento de las razones y de las causas que producen la destrucción de la naturaleza, la extinción de especies, el vuelco climático, la acidificación de los mares, la destrucción de los corales…. El capitaloceno sí está dejando huellas de tipo geológico". 

Fuente: https://rebelion.org/docs/223396.pdf

 

A su vez Samuel Sosa Fuentes sostiene en marzo de 2017:

 

 "Finalmente, en nuestro presente sistema-mundo, las complejas y múltiples derivaciones negativas y depredadoras de la actual crisis civilizatoria en la economía y sociedad internacional, en los Estados naciones y sus sistemas de partidos políticos y democracias representativas, en el medio ambiente y en las áreas geo-culturales e identitarias, nos confirman, claramente, que estamos en presencia de una crisis capitalista que rebasa, significativa y ampliamente, su caracterización e interpretación como una crisis exclusivamente económico-financiera global y, cuyas respuestas, por tanto, se busquen también dentro de estos límites reduccionistas del análisis económico. Ello se evidencia, precisamente, en la concepción e interpretación que los economistas neoliberales y neokeynesianos hacen de la actual crisis civilizatoria, determinándola como una más de las crisis económicas cíclicas o recurrentes de sobreproducción inmanentes a la historia del capitalismo, o bien, caracterizándola como una crisis coyuntural, pasajera y exclusivamente económico-financiera y, en consecuencia, sus respuestas y soluciones se deben buscar y/o manejar, siguiendo el credo y la doctrina neoliberal, dentro del análisis económico con nuevos esquemas de regulación financiara. Sin embargo, la realidad y magnitud integral de la actual crisis civilizatoria rebasa y supera, radicalmente, tanto la interpretación falaz de una crisis estrictamente económica y coyuntural, como la explicación, manejo y búsqueda de la solución a la crisis dentro de la teoría y el análisis económico neoliberal que, de manera evidente, resultan obsoletos. Al respecto, Mariátegui, en un tercer momento, nos revela el encubrimiento y la falsedad de dicha explicación, hoy neokeynesiana y neoliberal, a través de su crítica a la solución exclusivamente económica de la crisis mundial que propuso, en su momento, el economista inglés, John Maynard Keynes. El Amauta, señala:

Aunque no ha descubierto la decadencia de la civilización occidental…el pensamiento de Keynes localiza la solución de la crisis europea en la reglamentación económica de la paz. En su primer libro escribía, sin embargo, que ‘la organización económica, por la cual ha vivido Europa occidental durante el último medio siglo, es esencialmente extraordinaria inestable, compleja, incierta y temporaria’. La crisis, por consiguiente, no se reduce a la existencia de la cuestión de las reparaciones y de las deudas interaliadas. Los problemas económicos de la paz exacerban, exasperan la crisis; pero no la causan íntegramente 6 ".

Así y todo, podemos concluir, afirmando que la complejidad de los actuales procesos globales de cambio nos confirman, por un lado, la crisis terminal e irreversible de los fundamentos filosófico-políticos e ideológicos y de las bases económico-sociales y culturales que dieron sustento, por más de 500 años, al proceso de imposición y dominación de la racionalidad instrumental moderno-capitalista y, por el otro, nos comprueba que el agravamiento y prolongación de la crisis sistémica del capitalismo mundial, no solo provocaron crisis múltiples interconectadas globalmente que, a su vez, produjeron los mecanismos que conformaron los factores de la actual crisis civilizatoria, sino sobre todo, han conllevado al conjunto de la humanidad y al entorno natural y ambiental hacia el riesgo irreversible de su destrucción. En relación a ello, José Carlos Mariátegui, nos expone un agudo y conclusivo escenario mundial de una extraordinaria vigencia y actualidad en la segunda década del siglo XXI:

"Las crisis financieras, como las crisis industriales, son inherentes a la mecánica del capitalismo. Y la estabilización capitalista no importa, bajo ningún aspecto, su atenuación temporal. Por el contrario, todo induce a creer que en esta época de monopolio, trustificación y capital financiero, las crisis se manifestarán con mayor violencia.” 7 “Vivimos, en suma, una época dramática de la historia del mundo…Presenciamos actualmente la desintegración de la sociedad vieja; la gestación, la formación, la elaboración lenta, dolorosa e inquieta de la sociedad nueva. Todos debemos fijar hondamente la mirada en este período trascendental, fecundo y dramático de la historia humana. Porque, repito, en esta gran crisis se están jugando los destinos del mundo. Y nosotros somos también una partícula del mundo 8 .

2. LA ACTUAL CONSTRUCCIÓN DECOLONIZADORA DE LOS SABERES INDÍGENAS Y LA VIGENCIA DEL PENSAMIENTO DE MARIÁTEGUI

Desde las últimas tres décadas del siglo XX hasta nuestro tiempo presente, América Latina ha presenciado la renovación de la teoría y el pensamiento social crítico y descolonizador y, de manera paralela y reveladora, el surgimiento de nuevos saberes y cosmovisiones representados en el resurgimiento de los movimientos indígenas con gran influencia e incidencia política en la construcción alternativa de una nueva democracia horizontal y deliberativa en la región, pero, sobre todo, con propuestas políticas que representan una nueva forma de pensar y resinificar en la praxis social, los valores de la identidad cultural, la igualdad social y el reconocimiento a la diferencia, del respeto a todas las formas de la diversidad y, sobre todo, el derecho a la autonomía, es decir, movimientos indígenas que intentan superar tanto las formas tradicionales de la democracia liberal electoral e institucional como las actuales formas y estructuras obsoletas -y en crisis permanente- de los sistemas políticos latinoamericanos, mediante la construcción nuevas forma de participación social directa, plural e incluyente.

Los movimientos indígenas en América Latina se han transformado en el proceso mismo de sus prácticas de socialización colectiva, más cercanas a su realidad concreta que aquellas –las del progreso y desarrollo infinito de la modernidad capitalista- que promueven un proyecto político verticalista, jerárquico y de control social propio del Estado-Nación y de los partidos políticos. Ello se explica así, porque entre los nuevos movimientos sociales y las políticas del Estado-nación, existen concepciones, dinámicas y procesos de construcción social abismalmente distintas y con objetivos sociopolíticos y culturales diametralmente opuestos.

Finalmente, un factor de gran importancia sociopolítica a destacar es que, en el ámbito de la investigación y el pensamiento social, la emergencia de los movimientos indígenas “han abierto un amplio espectro de reflexión académica que en algunos casos ha problematizado la tradicional relación entre el conocimiento y la práctica social. En América Latina es evidente que el terreno de los movimientos sociales ha ido configurando también un nuevo “lugar” para la ciencia social, planteando retos a todas las disciplinas” 9 . Pero, más importante aún, es que con el resurgimiento de lo indígena y sus proyectos alternativos al capitalismo neoliberal se produce, de manera incuestionable, una profunda crítica teórica y política de los paradigmas y la epistemología del pensamiento dominante eurocéntrico 10 que, a su vez, condujo a un nuevo replanteamiento de los conceptos creados e impuestos por el gran proyecto político e ideológico la modernidad capitalista occidental –actualmente en irreversible crisis sistémica- tales como Estado, territorio, nación, soberanía, pueblo, democracia, desarrollo, bienestar, ciudadano, libertad e identidad pero, ahora, desde la propia realidad histórico-social y cultural especifica de las cosmovisiones indígenas de América Latina". Fuente: https://www.redalyc.org/jatsRepo/279/27952380009/html/index.html

 

 

Nos aflige y preocupa que quienes redactaron el Documento idealicen al Estado que impuso con dictadura genocida a la miseria planificada, como Rodolfo Walsh anticipó, o la incesante acumulación gran capitalista que la democracia legalizó y legitimó hasta hoy.  Es decir las castas en los poderes públicos y en los neofeudos hicieron posible esa fachada de representación de la voluntad popular. Es hora de repudio y juicio a los partidos de estado: el Partido Justicialista y la Unión Cívica Radical que fueron y son esenciales a la inculcación de la creencia mayoritaria en el antagonismo irreconciliable de la democracia representativa con la dictadura genocida. Ya México, en 1968, mostró qué democracias hay en nuestro Abya Yala.

 

México 68.

La lucha de los estudiantes

contra el Estado represor

31 de mayo de 2018

 

Fernando Coll

Publicado en 1968 el año de la revuelta global, Dossier

"Ya no más frases injuriosas, olvídense de los insultos y de la violencia. No lleven banderas rojas. No carguen pancartas del Che, ni de Mao. Ahora vamos a llevar las figuras de Hidalgo, la de Morelos, la de Zapata, pa’que no digan. Son nuestros héroes. ¡Qué viva Zapata!"  (Consejo Nacional de Huelga-México 1968)

La revuelta estudiantil de 1968 en México es conocida en todo el mundo por la masacre del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco; matanza organizada por el Estado. Hacía más de dos meses que el movimiento estudiantil se enfrentaba al gobierno del priista Díaz Ordaz. Ese día para las 17:30,  miles de personas se habían reunido en ese lugar, con el fin de escuchar a los líderes estudiantiles. Nadie imaginaba la causa de presencia de tantas  tropas, tanquetas y policías, que se apostaban en los principales puntos de acceso y en los alrededores de la plaza. Hacia las 18:10 horas inició la llamada Operación Galeana con el lanzamiento de bengalas desde un helicóptero, señal para que francotiradores del Estado Mayor junto a  grupos paramilitares emplazados en diferentes edificios circundantes  y en el techo del templo colonial, dispararon indiscriminadamente en contra de los manifestantes. Los tanques ligeros del Escuadrón Blindado entraron en la plaza disparando contra todos y en dirección al edificio “Chihuahua”, donde se encontraban los oradores. Entre fuegos cruzados, los civiles huyeron despavoridos hacia la iglesia, que se convertiría en un  paredón de fusilamiento, también trataron de dirigirse hacia la salida lógica, ubicada en el corredor que forman la plaza y el edificio “Chihuahua”, para ser recibidos por soldados que los atacaban con sus bayonetas.

Al mismo tiempo, en el edificio “Chihuahua” los integrantes del Batallón Olimpia, compuesto por diferentes cuerpos del ejército bajo el comando de la Guardia Presidencial, vestidos de civiles y que portaban un guante blanco como distintivo, cumplieron sus órdenes: bloquear el edificio, detener a los miembros del Consejo Nacional de Huelga, tomar el segundo y tercer piso, y disparar sobre la multitud. Durante horas, el Batallón Olimpia allanó los apartamentos de los edificios donde muchos estudiantes se habían refugiado en las azoteas o encontraron refugio con algunos vecinos: fueron detenidos, golpeados, forzados a quitarse la ropa.

Aún continuaba la masacre en Tlatelolco cuando en casi todos los medios informativos se daba a conocer la versión oficial impuesta por el gobierno; el ejército había sido atacado por estudiantes, no hubo más alternativa que iniciar el combate ante la provocación de quienes se decía eran terroristas y comunistas que pretendían derrocar el gobierno de Díaz Ordaz. Las fuentes  coinciden en que en la madrugada del 3 de octubre los soldados estaban apilando infinidad de cadáveres en la Plaza de las Tres Culturas, el objetivo era eliminar en lo posible las evidencias de la matanza y coordinar la limpieza de la plaza donde corrían ríos de sangre. Casi no existen registros fotográficos de las victimas dado que el ejército cerró el área no permitiendo acceder a los medios de prensa Muchos de los jóvenes activistas que sobrevivieron a la matanza fueron perseguidos, hubo innumerables secuestros, cientos quedaron aislados y detenidos sin orden de aprehensión, en instalaciones militares. Fueron objeto de toda clase de atrocidades y torturas, golpes y presiones morales, para obligarlos a rendir declaraciones que coincidieran con la historia oficial de los hechos; se fabricaron pruebas en su contra. El saldo de la represión fue de innumerables muertos y heridos. 

Según los datos aportados por la Comisión de la Verdad el total de víctimas fatales alcanzó a las trescientas, además de cientos de heridos y  más de 2.000 personas arrestadas el 2 de octubre, incluidos activistas y miembros del Consejo Nacional de Huelga (CNH)  que sufrieron la de tortura, intimidación, secuestro y violencia hacia sus familiares. Se trataba de un crimen de Estado premeditado, organizado en cada detalle con el objetivo de imponer una solución definitiva a un conflicto que había puesto en movimiento a cientos de miles de personas y  que se ganó la simpatía de amplios sectores sociales en todo el país. El accionar del Estado fue la Persecución generalizada, estado de sitio no declarado, control de los medios de comunicación, suspensión de facto de las garantías constitucionales, contra la subversión imaginada;  había actuado con el objetivo de  liquidar al movimiento estudiantil.    

Esta historia de violencia institucional comienza el  22 de julio.  Producto de la rivalidad entre alumnos de dos escuelas, en la Plaza de la Ciudadela se desata una pelea  entre alumnos de la Vocacional 2  del Instituto Politécnico Nacional IPN y  los de la preparatoria particular Isaac Ochotorena (afiliada a la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM), en la pelea se interponen dos pandillas. Al día siguiente, los estudiantes de preparatoria apedrean la Vocacio­nal 2, ese día intervienen las fuerzas policiales que  lejos de resolver la situación pacíficamente, la agravan al atacar indiscriminadamente a estudiantes y profesores ingresando violentamente al interior de las vocacionales 2 y 5, donde detienen jóvenes de manera arbitraria.  En una primera reacción, al día siguiente  la Escuela Nacional de Ciencias Políticas, declara la huelga, en solidaridad con los estudiantes presos. La Federación Nacional de Estudiantes Técnicos llama a una movilización para el 26 de julio.

Ese día, se convertiría en el verdadero comienzo del movimiento estudiantil, la manifestación convocada por los politécnicos contra esta acción  se transformó en una demostración de apoyo a la Revolución Cubana, organizada principalmente por los estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma. Al mismo tiempo se realizó, como había sido anunciada, la protesta organizada por la FNET,  que llamó a protestar por la intervención y la violencia policíaca de los días anteriores. La manifestación es reprimida duramente por la policía. La policía rodeó todo el antiguo distrito universitario en el centro histórico de la ciudad;  para protegerse los manifestantes improvisan barricadas y luego contraatacan, por lo que se intensifica la batalla campal. El Gobierno aprovechando la situación lanza al mismo tiempo, un operativo para encarcelar “subversivos”. La jornada resulta extremadamente violenta y con un saldo trágico;  entre los estu­diantes hay 8 muertos, 500 heridos y 200 detenidos. Tan pronto como se conocieron los eventos  del 26 de julio, comenzaron  las movilizaciones y a buscar modos de ligazón como la creación de un comité de coordinación del IPN y una convocatoria a la huelga general. 

Desde el día siguiente, los alumnos de las Preparatorias 1, 2 y 3 toman las instalaciones de sus escuelas como protesta por la represión gubernamental y se organizan Comités de Huelga en diversas facultades y escuelas superiores. En pocos días la huelga involucró a todos los institutos del IPN, la UNAM, el Instituto Nacional de Agricultura Chapingo, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Escuela Normal y la Escuela Normal  superior. Muchas escuelas y universidades de todo el país pronto se unieron a la huelga, así como también instituciones educativas de gestión privadas.      

El gobierno no había previsto la respuesta inesperada y totalmente espontáneas de los estudiantes, la reacción de este fue un ascenso en la represión y una generalización de los enfrentamientos que culminaron con la intervención del ejército en la noche del 29 de julio y la toma de varias escuelas, universidades y  politécnicas.  Lugares sitiados por la policía, autobuses incendiados convertidos en barricadas, heridos, detenidos, desaparecidos;  incluso se habló de muertes al final de esos días. La violencia del Estado fue el origen del movimiento estudiantil mexicano de 1968. Con  actos y comportamientos claramente provocativos por parte del gobierno, que buscaba la confrontación.  La potencia y rapidez con que se desenvolvió la movilización asombró al gobierno, como así también al  mismo movimiento. La réplica desde el primer momento fue la represión; y  lo único que consiguió fue que el movimiento tomara más fuerza.

El  día 30 de julio, el rector de la UNAM, ingeniero Javier Barros Sierra llama a defender la autonomía universitaria que ha sido violada Los estudiantes conformaban brigadas de información que,  bajo la presión de las circunstancias, se transformaron en brigadas de autodefensa. En ese momento se generaliza la huelga en la UNAM, el IPN, Chapingo, y en universidades de provincia. Al día siguiente comenzó a funcionar una coordina­ción de escuelas en huelga, formada por estudiantes y maestros de esas instituciones y de las  escuelas normales. Ante la sorpresa del Gobierno y el reconocimiento de la sociedad, el 1 de agosto el rector de la UNAM, encabeza una manifestación de 100,000 universitarios, que parte de Ciudad Universitaria, y recorre varias avenidas de la ciudad, concluyendo con un mensaje del ingeniero Barros Sierra. Al mismo tiempo, en una actitud provocadora, el presidente Gustavo Díaz Ordaz, en un discurso pronunciado en Guadalajara, ofrece su “mano tendida” a quien quisiera estrecharla.

La organización espontánea de estudiantes en asambleas generales, brigadas y comités de control por establecimiento fue creciendo.  Estos esfuerzos de coordinación y centralización lograron que el 4 de agosto la coordinadora estudiantil de la que surgiría el Consejo Nacional de Huelga dieran a conocer un primer manifiesto reivindicatorio unitario con seis puntos: “Libertad de todos los presos políticos. Derogación del artículo 145 del Código Penal Federal, que dictaba el delito de disolución social y sirvió como instrumento legal para reprimir a los estudiantes;  Supresión del cuerpo de granaderos, un instrumento directo en represión, sin ser reemplazado por un cuerpo similar; Remoción de generales que han actuado como jefes de policía, Luis Cueto, Raúl Mendiolea y A. Frías.; Indemnización a los familiares de todos los muertos y heridos desde el inicio del conflicto;  Deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios culpables de los hechos sangrientos. 

Requerían que el gobierno respondiera dentro de las 72 horas amenazando con generalizar la lucha”. Ese mismo día las brigadas estudiantiles reparten miles de volantes con sus deman­das, éstas se convierten en el vínculo de los estudiantes con el pueblo en general y le dan enorme fuerza al movimiento. La demanda de libertad a los presos políticos in­cluye a los dirigentes obreros y políticos encarcelados por el Gobier­no como Demetrio Vallejo, Valentín Campa y otros sindicalistas presos en 1959-1960. El movimiento rompe el marco estrecho de los centros escolares y se convierte en un movimiento democrático popular y nacional. El siguiente lunes 5 de agosto se realiza una manifestación de 100.000 personas de Zacatenco al Casco de Santo Tomás. Se le conoce como la “manifestación politécnica”; los estudiantes pasan a la ofensiva, dando un ultimátum de 72 horas al Gobierno para responder a sus demandas al mismo tiempo que llaman a las masas populares a juntarse al movimiento.

El 8 de agosto, siguiente viernes, se organiza la Coalición de Maestros de Enseñanza Media y Superior por Libertades Democráticas, quienes declaran: “Los maestros entendemos la lección de nuestros alumnos, hemos comprendido que todos los ciudadanos pueden y deben participar en la vida política del país e influir en el mejoramiento de la sociedad”. El día 9 de agosto surge el histórico Consejo Nacional de Huelga (CNH) con la participación de 38 comités representativos de diversos centros educativos: la UNAM, el IPN, las Normales, el Colegio de México, universidades públicas de provincia y privadas como la Iberoamericana y La Salle. Reunidos en la Escuela Superior de Físico-Matemáticas del IPN, los representantes estudiantiles acordaron ese sábado, que el CNH se integrará con base en tres principios:

1) Que participarán sólo representan­tes electos en asamblea por las escuelas que estuvieran en huelga y no en paro activo,

2) Que se aceptarán tres delegados por escuela y,

3) Que las decisiones se tomarán por mayoría simple de votos, para lo cual cada representante tenía un voto.

El Consejo Nacional de Huelga (CNH)  asumiría la coordinación general y la dirección, promoviendo  varias acciones que lo mantendrían a la ofensiva. Su presencia se hizo más fuerte y más legítima a medida que el movimiento alcanzó su apogeo. Seis semanas durante las cuales alimentó su relación con las asambleas estudiantiles, contribuyó al fortalecimiento del trabajo de las brigadas que, invadieron por completo la ciudad, desarrollaron un discurso antiautoritario y democrático que será su identidad. Iba a mantener su desafío al gobierno frente a sus estratagemas, sus amenazas y sus acciones de represión.

Su defensa del diálogo público, establecido como un principio absoluto, permitió mantener la cohesión y la coherencia del movimiento, al tiempo que se preservaba de  los mecanismos tradicionales de cooptación del régimen. El debate y la propuesta de diálogo público fue un verdadero desafío para el régimen de control corporativista; y para el gobierno, aceptar tal diálogo equivalía a reconocer la existencia de otro poder, de un actor social independiente incontrolado que exigía transformaciones. Las asambleas incluyeron un gran número de estudiantes que discutieron y tomaron decisiones colectivas, era una verdadera escuela de politización, reflexión y socialización. La información y las propuestas circularon entre los diversos organismos que favorecieron las discusiones intensas, así como las decisiones y actividades conjuntas, cada vez mejor coordinadas y centralizadas. Al designar los comités de lucha, las asambleas impidieron que estos se convirtieran en instancias monopolizadas por activistas o militantes de  los partidos de izquierda, sin ninguna representatividad. Esta operación le dio al movimiento su carácter democrático y le dio una cohesión innegable.

Las brigadas estudiantiles fueron el mecanismo más amplio y efectivo de difusión, movilización y organización política y social.  Estas  también se volcaron a las fábricas,  las zonas industriales, las oficinas, los mercados; también fueron a barrios difíciles, aparentemente impenetrables, donde los estudiantes siempre fueron recibidos con interés y solidaridad. El desafío fue ante todo enfrentar la  manipulación de la información ejercida por la prensa, negando las calumnias proferidas por el gobierno y sus portavoces. El papel de las brigadas fue decisivo para la conquista de la opinión pública, para crear conciencia y conducir a la simpatía e incluso a la solidaridad a grupos sociales muy diversos. La difusión del movimiento en todo el país fue en gran parte obra de los brigadistas. Incluyeron los medios de comunicación, especialmente la prensa y la radio,  que a pesar de encontrarse presionados pudieron lograr que algunos periodistas hicieran esfuerzos para que  los estudiantes, pudieran expresar sus objetivos y hacerse entender. Esto se pudo concretar gracias al impacto obvio de un movimiento como este.

Todo este ímpetu organizacional y participativo no vino de la nada, ni era completamente nuevo. Fue  la expresión de un largo proceso de reestructuración social y política de organizaciones estudiantiles y populares anteriores, como la Federación de Estudiantes Socialistas Campesinos, o intentos fallidos como el Centro Nacional para Estudiantes Democráticos (CNED), luchas obreras;  o claramente políticas, de índole regional, en donde los  estudiantes fueron el centro o uno de los actores, en estados como Chihuahua, Michoacán, Guerrero, Puebla, Sinaloa, Sonora, Nuevo León y Tabasco y en la capital del país , en la UNAM, el IPN y las escuelas normales. El 13 de agosto se realiza una nueva manifestación, desde el Casco de Santo Tomás al Zócalo de la Ciudad de México, espacio simbólico e histórico por excelencia en México; ese mismo día se realizan manifestaciones en varios estados de la República. También se unen nuevos contingentes estudiantiles de otras instituciones, es importante destacar se suman, obreros y campesinos;  se crea una nueva consigna estudiantil: extender el movimiento por medio de brigadas informativas a fábricas y colonias populares;  el vínculo con la sociedad se va profundizando.

En los días siguientes la actividad adquiere un mayor ritmo y se realizan los mítines relámpago por toda la ciudad, el CNH  invita a diputados y senadores a un debate el 20 de agosto en Ciudad Universitaria, cosa que nunca se concretó, el 16 de agosto se crea la Asamblea de Intelectuales, Artistas y Escritores que exige “la inmediata solu­ción al conflicto de acuerdo con el pliego petitorio del CNH”. La Academia de Danza Mexicana de Bellas Artes y los profesores de la Universi­dad Iberoamericana se adhieren al movimiento. También lo hacen el 19 de agosto los maestros democráticos del Movimiento Revolucionario del Magisterio, escisión  del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación llamando a “hacer suyas las demandas estudiantiles”. Si el movimiento logró ser considerado un movimiento popular, fue porque el pueblo de la Ciudad de México  irrumpió en la política. Maestros, artistas, pequeños comerciantes, familias enteras de la clase media, trabajadores, etc., se manifestaron  a  favor de los estudiantes. 

En las asambleas del CNH, cada vez más grupos de todo tipo llegaron para expresar su solidaridad. Este proceso provocó un cambio en el estado de ánimo de los sectores populares. El momento más significativo, el que reveló el giro de la opinión pública a favor de los estudiantes, fue el día 27 de agosto  con una la manifestación que trajo el movimiento a la cumbre con una participación multitudinaria. Se ganó la batalla de la opinión pública, el resquebrajamiento del control institucional simbolizó un cambio decisivo que ciertamente influyó en la decisión del gobierno de recurrir a la salida militar del conflicto. El movimiento crecía, se había fortalecido en pocas semanas,  cientos de miles de personas que parten del Museo de Antropología y culmina en el Zócalo, se la llama la “manifestación de las antorchas”, la movilización había crecido como una enorme marea, la opinión pública se iba inclinando a favor de los jóvenes. Los estudiantes apelaban al pueblo ¡Únete Pueblo, no nos abandones! muchas familias de los estudiantes se les unen.

En esa concentración además de estudiantes, participaron contingentes de obreros como los electricistas y petroleros. Cuando  comenzó a llegar la noche  se utilizaron  periódicos a los que se prendió fuego para hacer antorchas. Grupos menores realizan actos provocativos como la quema de la bandera mexicana. El Gobier­no por fin contó con su pretexto para contraatacar violentamente durante la misma madrugada del 28 de agosto. Del Palacio Nacional salen tanques para atacar a los que permanecían de guardia en la Plaza de la Constitución desalojando a los manifestantes. Mientras tanto la prensa callaba o falseaba los hechos y realizaba una gran campaña contra los “al­borotadores”, “agitadores” y “agentes extranjeros”. Acusan al movimiento de estar manipulado por agitadores comunistas, soviéticos y cubanos y que era un complot para impedir las próximas Olimpiadas en México La  Central Campesina Independiente y diversos sindicatos obreros apoyan abiertamente al movimiento estudiantil, que busca nuevas tácticas para atraer a los trabajadores y a la población, como se vería el 13 de septiembre  que se  realiza una multitudinaria manifestación silenciosa, que tuvo un fuerte impacto  que contrarrestaba la imagen que el Gobierno y los medios querían divulgar, para desprestigiar al movimiento.

El domingo 15 de septiembre, se realiza una gran celebración al conmemorarse el aniversario de la Independencia de México, con una fiesta popular en Ciudad Universitaria y en el IPN.  Como respuesta el ejército ocupa la Ciudad Universitaria y son detenidas más de 500 personas. La Cámara de Diputados el PRI  apoya la ocupación y la política represiva de Díaz Ordaz, mientras que el rector Javier Barros Sierra la repudia, en respuesta a esto  se multiplican los ataques contra su persona por parte del aparato oficial y de la prensa, poco después  presenta su renuncia. El siguiente objetivo es el Politécnico, pero los estudiantes preparan la defensa y la noche del 21 al 22 de septiembre se da un duro enfrentamiento entre estudiantes y vecinos de Tlatelolco contra las fuerzas represivas que querían tomar las instalaciones. El 23 de septiembre se enfrentan las fuerzas del Gobierno y los estudiantes en el Casco de Santo Tomás, luego de largas horas de batalla el ejército logra su objetivo y controla el campus principal del IPN y la Unidad Profesional de Zacatenco. Tlatelolco se había convertido en un bastión del movimiento democrático y el movimiento estudiantil.

A los tres días se realiza un mitin en la Plaza de las Tres Culturas, ahí se invita a otro para el 2 de octubre, en ese mismo lugar a las cinco de la tarde. Desde que se inició el movimiento estudiantil hasta el miércoles dos de octubre se habían organizado ahí ocho movilizaciones. La tarde del 2 de octubre la ciudad guardaba silencio y presenciaba una gran movilización militar, a la que ya muchos se habían acos­tumbrado desde agosto. A pesar de todos los síntomas amenazantes, miles de estudiantes se congregaron en la Plaza de las Tres Culturas. El autoritarismo gubernamental, ya se había hecho presente en persecuciones, secuestros, torturas y asesinatos contra quienes mostraban públicamente su rechazo, pero ni en las peores pesadillas se podría imaginar la violencia que ejercería el Gobierno durante esa jornada. Cientos de  estudiantes permanecerán en las cárceles; el gobierno, por su parte, repetirá la tesis de un complot internacional para desprestigiar a México. Tres días después se inauguran los XIX Juegos Olímpicos con un sonriente Gustavo Díaz Ordaz en el palco del estadio de Ciudad Universitaria. Los estudiantes hacen volar un papalote en forma de paloma sobre su cabeza, responsabilizándolo de la matanza. En los días siguientes, hubo una reacción internacional con fuerte  lazos de solidaridad.  El descontento de las bases obreras en la Confederación de Trabajadores de México (CTM) obliga a la burocracia sindical  a declarar como culpable de la masacre al gobierno.      

Cuando la Revolución mexicana se institucionalizó en medio de grandes movilizaciones populares en tiempos de Lázaro Cárdenas; el espíritu de lucha, la autonomía, la capacidad de organización y expresión de los trabajadores y campesinos fueron confiscados por el Estado dirigido por el PRI. Cárdenas se balanceó entre las clases en pugna por un lado tomó muchas demandas de los trabajadores,  nacionalizó la industria petrolera y los ferrocarriles;  sin embargo también se apoyó en los sectores populares para fortalecer una burguesía nacional frente a las potencias imperialistas. Cárdenas retomó la demanda popular de la educación y la utilizó como un instrumento de cualificación de la mano de obra para las demandas empresariales. La política de  incorporar a los sindicatos como parte del Estado fue un duro golpe para los trabajadores que, aunque en aquel momento no se sintió, a lo largo de las diferentes décadas  los dejó sin la  posibilidad utilizar una herramienta de lucha y organización de los trabajadores; acostumbró a los trabajadores a negociar antes que a luchar por sus derechos.

Las fuerzas colectivas de la sociedad fueron paralizadas por un sistema político extremadamente jerárquico que dividió a la población en diferentes sectores,  por un lado, trabajadores, campesinos y  pueblo en general;  por el otro las diversas corporaciones controladas por la intervención del Estado; donde  nunca se permitió la expresión ciudadana. Disciplinada, sujeta a divisiones y jerarquías impuestas que rompieron sus lazos de solidaridad, la sociedad iba a sufrir el desgarro y la distorsión de sus tradiciones comunitarias y asociativas, características de pueblos ancestrales y grupos sociales populares. El gobierno de Cárdenas realizó una serie de reformas a favor de los trabajadores, sin embargo los presidentes que le siguieron se caracterizaron por todo lo contrario. Las políticas dictaminadas por Ávila Camacho eran encaminadas a minar todas las reformas progresistas del periodo cardenista, entre el 50 y 60% de la inversión pública se destinó a favorecer la iniciativa privada. En el plano sindical este periodo se caracterizó por afianzar la incorporación de los sindicatos al Estado que había iniciado Cárdenas.

La coyuntura internacional de la Segunda Guerra Mundial permitió la expansión de exportaciones y un desarrollo del mercado interno, esto permitió dar concesiones por parte del Estado a los sindicatos incorporados al mismo. La llegada de Miquel Alemán a la presidencia significó el ascenso de esa burguesía desarrollada bajo los auspicios de la revolución, él representaba a una parte de la burocracia y acaparadores de la revolución que se hicieron ricos durante este periodo. A lo largo de este periodo la industria se desarrolló y la economía siguió creciendo, al mismo tiempo miles de campesinos emigraban del campo a la ciudad para incorporarse al mercado de trabajo en expansión. La industria se versificó y la prosperidad reinaba. En el periodo conocido como periodo estabilizador la economía crecía, sin embargo como los bienes de capital eran principalmente de capitales extranjeros las importaciones crecieron de forma espectacular y con ellas el endeudamiento externo.

Luego de un ciclo de luchas del movimiento obrero durante los años 50, que fueron cerrados con represión. Después de esta escalada de violencia que sufrieron los trabajadores el gobierno cambio de táctica, comenzó a dar ciertas concesiones selectivas que llegaron a la modificación de la Ley Federal del Trabajo y el aumento en el gasto social y educación, esto ayudó a desactivar las protestas. Durante la década de los sesenta hubo un proceso de masificación en las escuelas; miles de hijos de trabajadores y campesinos que emigraban a la ciudad para buscar trabajo en el proceso de industrialización se incorporaban a las escuelas superiores. Los jóvenes que se incorporaban a las instituciones educativas  no escapaban del ambiente general de asfixia que se vivía en la sociedad, algunos de ellos seguramente eran hijos de ferrocarrileros, telefonistas, metalúrgicos o de cualquier otro trabajador que había sido víctima de la brutalidad del gobierno cuando demandaban democracia sindical y cuestionaban el Estatus Quo existente.

Estos jóvenes que emergieron del “desarrollo estabilizador” exigían un lugar en el marco del sistema, sin embargo el sistema no estaba interesado, ni en escuchar, ni en dar ningún tipo de espacio. Si bien hasta el momento los problemas del Estado con respecto a las masas se había arreglado con la incorporación del movimiento de los trabajadores a éste, y que por medio de la violencia había aplastado las voces de la democracia sindical, el movimiento de los jóvenes que se avecinaba provocaría nuevas demandas. La política en México se limitaba a lo que ocurría en las filas del PRI, una especie de maquinaria política que, bajo mandato del Presidente de la República, se encargada de garantizar el dominio de todo el  espacio institucional.  La distribución del poder se realizaba  entre los actores políticos pertenecientes a la llamada "familia revolucionaria". Podrían surgir nuevos disidentes y nuevos actores políticos, pero fueron inmediatamente descalificados o cooptados  de una manera u otra. 

Este instrumento era parte de la maquinaria del aparato estatal y sus políticas públicas, para garantizar el orden, la estabilidad e incluso la legitimidad existentes,  que todavía estaban instituidas desde la Revolución mexicana. Cuando los estudiantes y los maestros comenzaron a rebelarse contra la represión arbitraria, las mentiras y la impunidad del Estado;  irrumpieron en un espacio reservado para pocos, la actividad  política.  Rompiendo las reglas que  hicieron posible la amplia reproducción de la dominación, y la seguridad del orden económico-social  que predominaba. Es por eso que el movimiento estudiantil mexicano apareció desde el principio como un movimiento deliberadamente político, sus demandas iban contra el autoritarismo: liberación de presos políticos, lucha contra la impunidad de las fuerzas represivas y  su disolución, rechazo de abusos el poder, la necesidad de justicia y el respeto de las libertades democráticas. 

Es necesario aclarar que en México, todos los movimientos sociales, invariablemente se politizan, debido a la intervención que el Estado realiza. Es la propia naturaleza del sistema político lo que licúa las diferencias  entre lo social y lo político e impone la paradoja de la politización de todos los conflictos sociales debido a que el mismo régimen se asienta  en la despolitización. En los sesenta el capitalismo había suavizado su rostro en occidente, por medio de la política expansiva de la demanda, los subsidios y la acción del Estado que se transformó en propietario de sectores estratégicos de la economía, y con ello afianzó su condición como rector de la misma y regulador del mercado, asunto éste, que generó grandes tensiones y debates, pues los intereses monopólicos habían sido trastocados con la regulación, modificando parcialmente en su funcionamiento al sistema capitalista. En esos años el Estado mexicano fue endureciéndose en contra de los movimientos laborales y populares. El impulso de éstos fue muy fuerte, hizo que para el Gobierno no fuera fácil controlar a los grandes sindicatos que se consolidaron a lo largo de la primera mitad del siglo xx. Los movimientos de ferrocarrileros y maestros en 1958 y el de los médicos internos y residentes en 1965 fueron movilizaciones muy profundas, que luchaban por derechos elementales y terminaron violentamente reprimidos. La represión era constante, y brutal, no sólo contra los obreros, también contra dirigentes rurales. En mayo de 1962 había sido asesinado en Morelos, Rubén Jaramillo, junto con su esposa embarazada y sus hijos cuyos cadáveres fueron abandonados en Xochicalco. Así pues, el clima de represión en México, fue uno de los detonantes de  la rebeldía en la juventud consciente de todo el país. Los estudiantes, muchos de ellos hijos de obreros y campesinos, tomaron la iniciativa, oponiéndose al autoritarismo de los gobiernos del PRI, hubo en diversos estados de la República movilizaciones de estudiantes. La lucha estudiantil continúa la tradición combativa de los jóvenes en los años cincuenta en la que se destacó el movimiento de los politécnicos en 1956 y 57, contra el alza de los precios del transporte, así como la huelga de la Escuela de Agricultura “Antonio Narro”. De modo que en los años sesenta el movimiento estudiantil tiene continuidad y llegado el momento crucial da un salto cualitativo. La situación internacional y el ambiente de movilización y protestas previas a las jornadas estudiantiles de la ciudad de México, crearon un ambiente propicio a la toma de conciencia de los estudiantes. Esto tenía muy preocupado al gobierno de Gustavo Díaz Ordaz que se caracterizaba por su extremo autoritarismo, rigidez y falta de comprensión de los fenómenos sociales. Por su mentalidad, era proclive a creer en “complots” y en la amenaza inminente del comunismo. En México, antes del estallido del movimiento estudiantil del 68 se habían desatado luchas de gran significado en diversos sectores sociales como los mineros, campesinos, petroleros, electricistas, maestros, ferrocarrileros, y el movimiento médico entre otros.

Es importante destacar la formación del Movimiento de Liberación Nacional que se había ido forjando a partir de la Conferencia Latinoamericana por la Soberanía Nacional, la Emancipación Económica y la Paz; asimismo estaban en marcha las luchas guerrilleras en los estados de Chihuahua y Guerrero. Fueron  años de reorganización y, hasta cierto punto, fortalecimiento de la izquierda mexicana. Este proceso de crisis, rupturas y surgimiento de corrientes y grupos izquierdistas innovadores fue en realidad el resultado de las grandes luchas sindicales independientes que terminaron en 1959 con la derrota militar. La crisis del Partido Comunista Mexicano (PCM), en el contexto del triunfo de la Revolución Cubana y el conflicto chino-soviético, condujo al surgimiento de corrientes críticas que abrieron la puerta a otras experiencias.

Las opciones de izquierda, hasta ahora limitadas principalmente al comunismo y el lombardismo, corriente encarnada por Vicente Lombardo Toledano, que era una especie de nacionalismo populista estalinista que jugó un papel fundamental en la formación del régimen empresarial en la década de 1930, convirtiéndose prácticamente en indispensable para Lázaro Cárdenas; siendo  promotor de la colaboración de clases, y de la "alianza" subordinada con el régimen de la revolución mexicana. El espartismo, creado por el escritor José Revueltas, fue la corriente más diversificada y extensiva; pero también fue el impulso del trotskismo, el maoísmo y el guevarismo. Nuevas experiencias generacionales y sociales, que trascendieron  a la izquierda,  con la integración de muchos jóvenes, principalmente estudiantes e intelectuales que escaparon de las redes institucionalizadas,  madurarían  bajo la influencia y el  aliento de los vientos tumultuosos que conformaban la atmósfera internacional. La revolución cubana, la guerra de Vietnam, la invasión estadounidense en la República Dominicana, la rebelión negra y las Panteras Negras, las revueltas  contra el colonialismo, el derramamiento de sangre en Indonesia, la guerra de seis días y la revolución palestina, el símbolo del Che Guevara, la lucha de liberación argelina, la insurrección obrera-estudiantil de mayo francés, las revueltas contra el estalinismo en Praga, las diversas resistencias populares a gobiernos autoritarios en América Latina, las primeras experiencias de lucha armada, los procesos de descolonización,  etc.. Junto con esto, la desaceleración de la economía internacional y los primeros síntomas de crisis hegemónica del capitalismo generaron nuevas condiciones para la aparición de procesos de resistencia. Todas estas experiencias alimentaron la experiencia del movimiento estudiantil mexicano.    

El régimen de Díaz Ordaz enfrentó problemas políticos muy serios, que agudizaron los conflictos sociales, tanto en el campo como en las ciudades que llevó a una afirmación de los rasgos autoritarios y represivos del sistema, el elemento nuevo fue su capacidad de repercusión en el interior mismo del aparato de gobierno. Esta resonancia se explica porque involucra a uno de los puntales del régimen, que son los sectores medios,  varias luchas previas como así también un creciente abstencionismo electoral, indicaban una erosión de la legitimidad del régimen. Es el periodo donde se afirmaron los rasgos autoritarios, represivos y excluyentes del sistema; sin embargo estas tendencias tenían fuertes raíces sociales. La burguesía y de gran parte de los sectores medios privilegiados  tenían temor  ante la emergencia de nuevas fuerzas populares que presionaban  por una mayor participación política y económica y que aparecen a sus ojos con un carácter subversivo. Se trata del mismo fenómeno, aunque con una importante diferencia de grado, al proceso de radicalización hacia la derecha que experimentaron estos mismos grupos sociales en toda América Latina años después, y que culminó con su apoyo  a la instauración de las sangrientas dictaduras militares. Se produjeron cambios al interior del aparato del Estado, fundamentalmente el control de la cúpula por parte de una burguesía de origen burocrático y que de hecho constituye una fracción de la clase económica dominante; incremento del peso del ejercito debido a su creciente intervención en los conflictos sociales; burocratización de los cuadros políticos y alejamiento de los sectores sociales de donde surgieron. La lógica misma de la estrategia de desarrollo que se ha seguido,  exigía asegurar la “paz social” por cualquier medio como condición para que continúe el proceso de acumulación de capital. En este contexto, el régimen mostró tendencias autoritarias; desde antes de la matanza de estudiantes, se venía utilizando la represión contra las movilizaciones populares, como así también formas más sutiles de represión política e ideológica. Después del sesenta y ocho estas tendencias  se acentuaron; aparecieron grupos paramilitares, se multiplicaron grupos de ultraderecha fomentados desde el poder, y se incrementó la hostilidad hacia la poca prensa independiente. En contrapartida, desde los inicios del gobierno de Díaz Ordaz, se habían manifestado dentro y en torno al aparato de estado, tendencias reformistas que replanteaban la política económica, como la relación con la oposición política. Si bien se acentuaron los rasgos autoritarios del sistema no por ello había renunciado a mantener una cierta política redistributiva, como por ejemplo el reparto de tierras.  Y también la integración de todas las confederaciones y sindicatos en un organismo institucional. Esto profundizó la subordinación de la burocracia sindical a la política del régimen del PRI. Los órganos obreros oficiales más importantes, entre ellos el Congreso del  Trabajo, apoyaron la política presidencial, incluso la represión al movimiento estudiantil. Históricamente  las respuestas del régimen revolucionario a los conflictos laborales variaron tradicionalmente en cuanto a la flexibilidad  y al grado de los alcances represivos; la solución  que se dio a todos ellos prueba que el Estado podía ceder en el terreno de las reivindicaciones salariales y  en algunos beneficios sociales, e incluso el reparto de tierras entre el campesinado.  Pero lo que no toleraría una política independiente y de enfrentamiento directo, como así tampoco direcciones sindicales autónomas al oficialismo. Una de las banderas de diversos grupos de estudiantes era la democratización del país y ésta implicaba el desmantelamiento del corporativismo y con ello poner fin al control del movimiento obrero; sin embargo, no lo lograron, pese a los afanes por establecer vínculos con organizaciones obreras y en menor medida con campesinas y de colonos. Por el contrario, el sindicalismo oficial era utilizado por el Estado para acusar  al movimiento estudiantil, de estar financiado por el “comunismo y el anarquismo internacional y por la CIA.  El “premio” del gobierno de Díaz Ordaz por este hecho, y no haberse involucrado en apoyo al movimiento estudiantil, fue la aprobación y promulgación de la Ley Federal del Trabajo de 1970, que si bien contiene diversos avances en materia individual, también incluye otras normas que coadyuvan al control del movimiento obrero, como: el registro sindical y la toma de nota de las directivas sindicales, la posibilidad legal del mal uso de la renuncia o la expulsión del sindicato.    

La violencia fue, una constante del llamado Régimen de la Revolución Mexicana, que se construyó a través de la incorporación obligatoria de las  fuerzas sociales en el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y una  presencia todopoderosa encarnando al Estado y la Nación. El poder centralizado y el orden jerárquico impuesto no toleraron la disidencia ni permitieron el desarrollo de formas democráticas de participación; las elecciones eran rituales sin otro efecto práctico que la legitimación de los candidatos designados con anticipación, por la cúpula del partido. El terror en todas sus formas, legal y no legal, era la esencia de un orden cerrado, reaccionario y clientelar. Cegado por el auge económico y la consolidación del estado que siguió a las derrotas de las luchas obreras de 1958-1959, el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, un  extremista tradicionalista, un anticomunismo patológico. No percibió las transformaciones económicas y sociales que trajo consigo el "milagro económico": urbanización, una fuerte industrialización, mayores desigualdades, crisis agraria, éxodo rural y miseria, cambios culturales, etc. 

Todos estos elementos estimularon la maduración de una nueva sociedad y por lo tanto un cambio en su relación con  un estado y régimen intolerante y de exclusión. El movimiento estudiantil de 1968  anunció la decadencia del régimen político y el advenimiento de una sociedad que estaba produciendo cambios profundos y rápidos. Sus reclamos de derecho, justicia y libertad, sus prácticas democráticas, el despliegue de su creatividad y su capacidad de comunicación, su autonomía, su valentía, su rápida politización, iban a caer como un ácido corrosivo, sobre la lógica despótica del poder del PRI. Sobre un régimen cerrado, sin ninguna apertura surgió la paradoja de un  poder absoluto,  conteniendo fuerzas y contradicciones que preparaban  su implosión. Los estudiantes habían reaccionado de manera espontánea, librando un aluvión de movilizaciones que no dejaron de crecer a pesar de las repetidas intervenciones del aparato represivo del Estado. 

La ciudad de México se encontraba  llena de vida, transformada por multitudes de estudiantes.  Paulatinamente  ella se transformó en un  lugar de expresión, protesta, y creación, recuperando espacios públicos como el Zócalo, normalmente reservados a los partidarios del régimen. También las escuelas,  mercados, plazas públicas, calles, barrios, transporte, oficinas, negocios, todos se convierten en lugares de diálogo. Las grandes manifestaciones que se organizaron prácticamente sin medios materiales, fueron solo los indicadores de una actividad difusa, que se volvió frenética, de miles e incluso decenas de miles de estudiantes, que llegaron hasta último rincón de la ciudad. El movimiento estudiantil mexicano fue un despertar de conciencia que tuvo objetivos semejantes a la lucha de los estudiantes de otros países; que se expresa en la lucha contra el autoritarismo, que se refleja en la exigencia de liberación de los presos políticos; contra la represión abierta o disimulada, por la derogación de los artículos 145 y 145bis del código penal (disolución social) que fueron utilizados durante muchos años para perseguir y encarcelar sin fundamento real a los luchadores sociales, al tiempo que se enarbolaban como banderas la democracia real y la justicia social.

La movilización estudiantil personificó para el régimen del partido hegemónico en México un desafío diferente a lo acostumbrado;  porque provino principalmente de los jóvenes de las clases populares favorecidas por las políticas desarrollistas instrumentadas por los gobiernos posrevolucionarios; en segundo lugar, porque no planteó demandas gremiales, sino reivindicaciones de índole políticas que apuntaban a debilitar los cimientos del autoritarismo priísta. Lo que en esencia se reclamó  fue la vigencia real de las libertades democráticas. La expresión de descontento de los estudiantes era incomprensible para el gobierno, en el pensamiento del jefe de Estado, solo podía ser el producto de;  fuerzas extranjeras, subversivas, del comunismo internacional, destinado a manipular a los estudiantes para desestabilizar el país y sabotear la realización de los Juegos Olímpicos tan queridos por el gobierno. Al irrumpir en la escena nacional, el movimiento estudiantil  ocupó el espacio público, transformando  toda la ciudad en un campo de acción y comunicación política. 

Los lugares de trabajo, educación, vivienda, se convirtieron en territorios de convivencia, de diálogo, de debate;  en espacios políticos.  Pudo capturar la  comprensión del pueblo, su solidaridad, su complicidad, en un contexto donde los medios de comunicación masiva; que siempre habían tenido características totalitarias y sujetos a la censura del Estado y autocensura oportunista, siempre al servicio del régimen político y el poder económico; intentaban ocultar su existencia. Sin duda, la imaginación de los estudiantes, su sensibilidad, su creatividad y su capacidad para inventar modos de organización y movilización entusiasmaron a una sociedad que estaba  sujeta al abuso de poder, la arbitrariedad, la corrupción, las relaciones clientelares.  Es por eso que más y más personas de diferentes sectores y niveles sociales comenzaron a escuchar sus demandas, que a pesar de los golpes y las persecuciones seguían expresándolas,  desafiando a la persistente parálisis por miedo y persistiendo en la lucha. 

La indignación de los estudiantes liberó la ira acumulada, alentó el espíritu de rebelión latente en otros sectores del pueblo, como así también profundizó la pérdida de confianza en el gobierno y en el  presidente. Un proyecto de politización de las masas comenzó a abrirse camino,  gracias a la acción del movimiento estudiantil que desconcertó al poder por su autonomía, su osadía y su determinación.   El  movimiento estudiantil de 1968 en México fue ante todo una lucha contra la impunidad, la mentira, la terquedad no solo del presidente Gustavo Díaz Ordaz, sino también del poder institucional,  sin representatividad y sin legalidad, sujetas a corrupción y poder discrecional. Los seis puntos de la plataforma tenían  que ver con la violación de derechos, con una legalidad punitiva que se superponía a las libertades, las garantías consagradas en la Constitución, y con  el deseo de restablecer la legalidad violada por aquellos quienes estuvieron a cargo de garantizar los derechos democráticos y sociales nacidos en la Revolución. El aprendizaje de la legalidad para los estudiantes, especialmente para los más politizados, fue algo difícil, contra la corriente en un país extremadamente legalista pero sin apego a las leyes;   sujeto a la arbitrariedad y la ausencia de un estado de Derecho. 

El orden constitucional era en sí mismo contradictorio, producto de una Revolución que se había institucionalizado  aplastando sus principales fuerzas impulsoras, la parte popular de sus actores. El absolutismo presidencial, consagrado, se había convertido en un régimen político sin equilibrios ni controles, donde predominaban los poderes de los sectores más acomodados de la sociedad. Los tres poderes (ejecutivo, legislativo, judicial) fueron absorbidos por un poder presidencial único y omnipotente. El gobierno y los jueces carecían de autoridad, estaban acostumbrados a la arbitrariedad, realizaban acusaciones sin sentido y llevaban a cabo juicios basados ​​en mentiras y planes turbios, especialmente cuando había implicaciones políticas o que tocaran a intereses de la burguesía o del capital.  Una de las demandas de 1968 incluyó la liberación de líderes sindicales encarcelados sin ningún proceso legal real, como Demetrio Vallejo, Valentín Campa, Víctor Rico Galán, etc. El estado diario de las violaciones a la ley por parte del gobierno era asombroso, así como la ausencia  de  respeto por los derechos democráticos y sociales. Esto,  evidenció  la existencia de un régimen despótico, omnipotente e intolerante, sin ningún tipo de mediación democrática. Los estudiantes y todos aquellos que recurrieran  a la actividad política tuvieron que actuar en forma clandestina.

La "violencia institucional" fue complementada por la violencia paramilitar. Durante la revuelta estudiantil, ejecutó acciones atemorizantes, utilizando fuerzas paramilitares,  como atacar con fuego de ametralladoras contra escuelas, golpizas a estudiantes, secuestros;  una guerra sucia que presagió el 2 de octubre y la violencia institucional ejercida por las dictaduras latinoamericanas durante los años setenta. Las brigadas, las reuniones diarias, las asambleas;  con o sin ataques policiales,  llevaron finalmente a que se ejercieran derechos democráticos establecidos legalmente, siempre condicionados y cancelados por el gobierno. Gradualmente se entendió y aceptó que la exigencia por el cumplimiento  los derechos establecidos legalmente en la Constitución, podría ser también un medio de denuncia al régimen, un  refugio democrático, exigencia por las libertades socavadas,  protesta contra la impunidad y la ilegalidad del poder. El movimiento adquirió así un aspecto legalista por el  requisito de respeto a la Constitución y la ley ultrajada por el régimen que los había instituido. Por lo tanto, el movimiento estudiantil también fue el precursor de la lucha por los derechos humanos en México y la lucha por la democracia. Hasta la noche de Tlatelolco, cuando toda la nación se sintió avergonzada  a causa de la matanza del gobierno;  las casi diez semanas durante las cuales se desarrolló la rebelión fueron intensas y largas jornadas de politización masiva. Sobre todo, la de los estudiantes y profesores que escaparon a la inercia y los impedimentos que sometieron durante muchos años al conjunto del pueblo,  a la apatía, el conformismo, la reproducción de las relaciones jerárquicas, la falta de comunicación y el aislamiento.

El movimiento fue un aliento igualitario que desató relaciones de solidaridad, cooperación y cordialidad. Los debates en asamblea, la conquista de las calles, el aprendizaje de la libertad, el encuentro vital con personas de todos los orígenes sociales y culturales, el reconocimiento de la ciudad en su diversidad, el despliegue de capacidades de comunicación insospechadas y especialmente el movimiento colectivo que  confrontaba con el gobierno, su aparato, las manipulaciones de los medios. La capacidad de respuesta que el movimiento construyó, a esto significó un proceso de politización, conciencia, cambio cultural irreversible para toda una generación. La sociedad con sus diferencias y desigualdades, descubrió manifestaciones y prácticas políticas, opiniones y críticas hacia el régimen que reunió a innumerables grupos sociales no solo estudiantes en el ejercicio de la política. Fue también por esta razón que el movimiento apareció como una posibilidad de devolver a la política su dignidad, como algo necesario y respetable, que podría conducirse con procedimientos diferentes a los del PRI,  como una práctica de confrontación con esta política institucional que todavía se referenciaba en la Revolución mexicana. Ciertamente, muchos estudiantes se politizaron en las distintas instancias del movimiento, hicieron sus armas y luego ingresaron al mundo de la política. Pero muchos actores del movimiento venían  de otras luchas, de experiencias que los habían capacitado en prácticas políticas y sociales, clandestinas o semiclandestinas. La mayoría de los líderes más destacados del CNH fueron activistas  de organizaciones de izquierda y sociales, así como muchos miembros de los comités de lucha, animadores de las asambleas y brigadas. En cierto modo, representaron  la memoria, y la continuidad de un legado teórico y político que de alguna manera había sobrevivido y se modelaba contra la corriente de un régimen aplastante que había surgido desde la primera Revolución del XX  siglo basado en mitos populares y nacionalistas. Todas las corrientes que se desempeñaban dentro del movimiento estudiantil,  llevaron al Consejo Nacional de Huelgas (CNH) sus planteos, a pesar de que esto las arrastró, las desorganizó, y las transformó  y el desenlace de la rebelión  eventualmente las terminó. Después de la masacre de  1968, el colapso de estas organizaciones fue seguido a diferentes ritmos y niveles y trajo una  nueva configuración de la izquierda. Pero durante el movimiento el  CNH se enriqueció con debates y contribuciones que estas aportaban, a menudo polarizados, pero que colectivamente favorecían la construcción en el centro de los acontecimientos de una estrategia que inicialmente organizó el movimiento, lo proyectó a la sociedad y  también logró aislar y mostrar al gobierno del PRI en su verdadera luz. A pesar de la diversidad de su composición, en el Consejo se formó un liderazgo, totalmente legitimado como un cuerpo colectivo, independientemente del peso real de algunos de sus miembros como Raúl Álvarez Garín o Gilberto Guevara Niebla. El problema más  significativo, fue la incapacidad para percibir el cambio de la situación política después del 13 de septiembre con el redespliegue militar y la guerra sucia. Fue la prueba final para la consagración del CNH como una dirección consumada del movimiento político-social más importante de México de la segunda mitad del siglo XX. La masacre del 2 de octubre con el arresto de los principales líderes del CNH y la persecución que no se detuvo incluso durante los Juegos Olímpicos, eliminaron la dirección del movimiento, que perdió su capacidad de iniciativa.     El movimiento estudiantil reveló las debilidades del régimen cuando este último estaba en su apogeo, y al mismo tiempo descubrió libertades y prácticas sociales, mostró la posibilidad de vivir lo político de otra forma, democráticamente, sin subordinaciones impuestas. El movimiento estudiantil fue aplastado militarmente, brutalmente, por el aparato  estatal. Toda la nación estaba avergonzada por la bajeza del Genocidio nocturno de Tlatelolco. En el largo plazo, en la perspectiva histórica, el movimiento estudiantil popular de 1968 ha triunfado poniendo de manifiesto las verdaderas características de los regímenes sustentados en él capital.  

BIBLIOGRAFÍA: 1968: El Fuego de la Esperanza, Raúl Jardón, Siglo Veintiuno Editores. Crónica 1968, Daniel Cazés, México: Plaza y Valdés. Historia mexicana, economía y lucha de clases,  Enrique Semo, Editorial Era. La izquierda mexicana a través del siglo XX , Carr Barry, Editorial Era. La Noche de Tlatelolco, Elena  Poniatowska, Marea La Revolución Mexicana, gasto federal y cambio social, James Wilkie, FCE.  

Fuente: https://contrahegemoniaweb.com.ar/2018/05/31/mexico-68-la-lucha-de-los-estudiantes-contra-el-estado-represor/

 

 

Nos resulta increíble que el documento no sólo refuerce la mirada superficial e inmediata de nuestra situación ante la pandemia como urgencia de dominio del Estado sobre el Mercado sino también sostenga que: 

"adquiere cada vez más relevancia la capacidad del Estado para transformar la economía mediante un plan holístico que salve al planeta y, a la vez, persiga una sociedad más justa e igualitaria".

 

¿Cómo un Estado nacional puede salvar al planeta? Y hacerlo transformando la economía cuando ésta es la  de las transnacionales y transnacionalizados gracias a la continuidad y profundización de la dictadura genocida de los setenta por la democracia para nuestra derrota. De ahí que sea tramposo hablar de un Estado nacional cuando es gestor local del sistema mundo capitalista. Es embaucar afirmar que la justicia social y la transición a otro modo de vida será por establecimiento de: ingreso básico universal; sistemas impositivos progresivos; suspensión del pago de la deuda externa pública; sistema nacional público de cuidados; y  transición socioecológica como salida ordenada y progresiva del modelo productivo netamente fosilista y extractivista.

 

El documento niega el imperativo de la lucha de clases cuando las profundas pobreza estructural, desigualdad social y dominación de las privatizaciones sobre los bienes comunes (naturales y sociales) han sido viabilizadas por instauración victoriosa sobre les oprimidos, desde los setenta hasta hoy, del privilegio de intereses lucrativos de los oligopolios locales e imperialistas.

 

El documento y la nota siguiente prueban que la deliberación de las diversidades de abajo y toma de decisiones sobre los problemas fundamentales en común requieren, previamente, discutir razones para oponerse a propuestas de pensamiento mágico por fetichización del Estado e interpretación de la transformación de la realidad locoglobal según vías supuestamente más pragmáticas por imaginarlas como simples constancia en la presión a gobierno y viraje de las relaciones interestatales en el mundo.

 

En efecto,  Jesús Aller asevera: "desde los movimientos sociales se lograra transmitir la presión suficiente sobre los gobiernos para abordar las políticas redistributivas y medioambientales urgentes. No obstante, éstas sólo tendrían posibilidades de éxito si se produjeran en el marco de una estrecha colaboración interestatal para controlar y gravar los flujos de capital y atajar los desmanes de los imperios corporativos".  Desconoce que los gobiernos, al menos en los capitalismos dependientes, son elegidos directa o indirectamente por las transnacionales y sus socios locales, también que los extractivismos motores de la economía en nuestro Abya Yala no sólo destruyen condiciones de vida y trabajo en el presente/futuro sino también profundizan desigualdad social e internacional. Por último, los estados en el sistema mundo capitalista nunca regularán el funcionamiento del que forman parte a través de los entramados de negocios lícitos e ilícitos

 

 

Covid-19: La militarización del desastre

14 de abril de 2020

Por Jesús Aller (Rebelión)

En estos días tristes se impone la evidencia de que no estábamos preparados para lo que ha caído sobre nosotros, pero lo que no es cierto, por más que se nos predique desde altos púlpitos mediáticos, es que fuera inevitable no estarlo. La raíz del desastre son las partidas presupuestarias que van cada año inexorablemente a donde siempre han ido, con la lógica perversa de la inercia y escasa previsión en lo que respecta a un bien tan precioso como es la salud. Así se consiguió que nadie en los círculos de decisión política escuchara las advertencias de los científicos que hablaban de coronavirus peligrosos, de posibles epidemias, de la necesidad de tomar precauciones. La dinámica que se impone es la del mercado, el beneficio a corto plazo… Y entonces viene un tsunami de realidad y despertamos.

El despertar no es agradable, lo estamos viendo, y la oscilación fatal del péndulo hace que pasemos de la postura extrema de no hacer nada a la no menos extrema militarización del desastre. Decretado el gran encierro, resultan imprescindibles generales y comisarios de policía en las ruedas de prensa del gobierno, y una parte esencial de la lucha contra el virus pasa a ser la persecución de los que violen el confinamiento. No dudo de la necesidad de medidas de este tipo en la situación a la que lamentablemente se ha llegado, y es de agradecer el apoyo de todos los que trabajan para que sean más efectivas y arriesgan sus vidas en ello, pero creo que se ha apostado por un modelo muy extremo sin considerar lo que significa para las personas que viven en condiciones más precarias, y que, por poner un ejemplo, podrían haberse concedido a los niños los mismos derechos que a las mascotas. Se trasmite un sentimiento desproporcionado de culpabilidad, y al fin tenemos a una nueva Gestapo en los balcones en el momento en que deberíamos estar ocupados sobre todo en desentrañar las causas de lo que ocurre para que no vuelva a repetirse.

Todos los analistas están de acuerdo en que tras cuatro décadas de dominio neoliberal en la planificación económica, a partir de esta crisis asistiremos a un fortalecimiento de los estados, únicos capaces de hacer frente a los desafíos que se plantean. Con este escenario tenemos que estar expectantes, porque es seguro que la lucha por la dignidad y la libertad va a estar sometida a nuevas tensiones. La militarización del desastre llega para quedarse y es previsible que no se va a desperdiciar una oportunidad de oro para implementar medidas de control social. A partir de ahora, es de temer que con la disculpa de salvaguardar nuestra salud, espiarán nuestros movimientos y acumularán y no dudarán en utilizar todo tipo de información sobre hábitos y comportamientos. No habrá más remedio que estar alerta y esforzarse cada día para desmentir falacias, descubrir trampas y conjurar amenazas. Y se hace necesario sobre todo no dejarse atrapar en el falso dilema entre salud y libertad, porque bien poco vale la primera sin la segunda.

Hay que decir sin embargo que en esta época marcada por la dictadura global de las empresas transnacionales, el fortalecimiento de los estados podría constituir una oportunidad si desde los movimientos sociales se lograra transmitir la presión suficiente sobre los gobiernos para abordar las políticas redistributivas y medioambientales urgentes. No obstante, éstas sólo tendrían posibilidades de éxito si se produjeran en el marco de una estrecha colaboración interestatal para controlar y gravar los flujos de capital y atajar los desmanes de los imperios corporativos. Demasiadas condiciones y muy difíciles, pero a través de ellas se perfila una vía para afrontar los desafíos planteados en este momento.

Blog del autor: http://www.jesusaller.com/

Fuente: https://rebelion.org/autor/jesus-aller/

En consecuencia, la «reforma agraria integral» como poder (territorial y laboral) de los pueblos de Argentina y del Abya Yala para ir creando otra sociedad, otros países y  otros pluriversos arranca de:

 

Los pueblos en movimiento

son la luz al final del túnel

1 de mayo de 2020

 

Por Raúl Zibechi (APe)

“Estamos en resistencia”, sentencia el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), en Colombia. La organización que agrupa a diez pueblos indígenas, 127 autoridades tradicionales y a la Guardia Indígena que protege los resguardos (territorios indígenas reconocidos), denuncia que las fuerzas armadas han intensificado la guerra con las disidencias de la guerrilla, como una estrategia para “vulnerar nuestros espacios para contagiar a nuestra población”.

La Guardia Indígena efectúa el control territorial, cerrando el paso a las personas y vehículos no autorizados por los cabildos (autoridad territorial indígena), pero el ejército se despliega para “generar el caos con el recrudecimiento de la guerra”, como forma de debilitar al movimiento, infiltrar el virus en las comunidad y debilitar las autodefensas indígenas.

El CRIC llamó a los pueblos a iniciar una “Minga Hacia Adentro”, invirtiendo las tradicionales mingas que han sido movilizaciones para visibilizar una situación determinada, “caminar la palabra” como indica la tradición del movimiento. Una minga hacia adentro coloca en primer plano la medicina tradicional y la armonización de las personas en el territorio.

El comunicador y periodista misak, Didier Chirimuscay, que reside en Silvia, resguardo de Guambia, a 60 kilómetros de kilómetros de Popayán, explica por teléfono cómo viven la “Minga Hacia Adentro” en su pueblo: “Las emisoras indígenas se han vuelto estratégicas y claves de este proceso, ya que siguen las instrucciones de las autoridades territoriales”.

“Los misak de Silvia somos hijos de las dos lagunas, la Piendamó que es macho y la Ñimbe que es hembra, y junto a los páramos nos hemos congregado para revitalizar los sahumerios, recoger las plantas ceremoniales y hacer los fogones en las comunidades”. La ritualidad misak permite enfrentar la pandemia al combinar los cuidados con sus plantas medicinales y armonizar a las personas con la tierra y el territorio.

Didier relata que muchos jóvenes acuden a los sitios sagrados durante las noches, se acompañan con médicos tradicionales y conversan en torno de fogones. “Hicimos una visita de agradecimiento a la laguna hembra para contrarrestar las desarmonías en base a nuestra cosmovisión”, concluye Didier.

Las noticias más conmovedoras son las que muestran la solidaridad entre los pueblos, de pobre a pobre. Leonardo Tello dirige la Radio Ucamara, en Nauta (Amazonia del Perú), allí donde los ríos Marañón y Ucayali se confluyen formando el Amazonas. Las comunidades kukama, que hablan lengua tupí-guaraní y han sido declaradas por a UNESCO en peligro de extinción, hicieron llegar a Nauta, capital de la provincia Loreto, 160 racimos de plátano, 150 kilos de pescado, además de frutas y verduras producidas en sus chacras.

“Son comunidades declaradas por el Estado peruano como comunidades en extrema pobreza”, asegura Tello. Se pregunta si los centros comerciales de la ciudad, las grandes empresas de la región y los municipios y gobiernos “abrirán sus arcas” como lo hicieron los más pobres, practicando una generosa solidaridad.

En Chile la revuelta iniciada en octubre pasado está lejos de haber finalizado. Ni el estado de sitio, ni la masiva militarización del país, ni los temores al virus, han llevado a la población a arriar las banderas de libertad y dignidad.

Radio Villa Olímpica nos muestra cómo el estallido de octubre continúa por otros canales, ya no en las masivas movilizaciones sino en la el fortalecimiento de una amplia red de distribución de alimentos por fuera del mercado. El nombre completo es “Red de Abastecimiento Cooperativo y Comunitario La Kanasta”. Se definen como “organizaciones autónomas, asamblearias y comunitarias que tienen por objetivo gestionar en común el abastecimiento básico del hogar”.

Dicen que van mucho más allá de “parar la olla”, combinando el apoyo mutuo con la resistencia popular. Además existe desde hace cuatro años la “Red de Abastecimiento Feminista La Uslera”, que si entendí bien la explicación por wasap, es el nombre del clásico palote de amasar con el que las mujeres también se defienden de los violentos.

Ambas redes son “organizaciones madre, semilleras que han servido de alero e inspiración a otras iniciativas”. En general, se trata de redes nacidas antes de la revuelta de octubre de 2019, pero que se multiplicaron al calor de movimiento. La Kanasta está integrada por diez organizaciones territoriales, sociales y cooperativas de trabajo. Hacen una compra mensual que fraccionan y “embolsan” para las familias que han hecho pedidos.

Todo funciona en base al trabajo solidario, la confianza y cooperación para manejar finanzas, almacenar productos y realizar los repartos. La red feminista La Uslera se propone además “politizar lo doméstico, la economía de la chaucha y hacer magia con lo que tenemos”, como explica Jessica en el programa de Radio Villa Olímpica. Ellas combinan el acceso a la comida “a través de circuitos que permitan generar también redes de afecto”, que el modo de potenciar y sostener el movimiento social.

En el sur, la Coordinadora de Tomas y Campamentos de Temuco enseña la resistencia de unas dos mil familias que, cansadas de esperar respuestas a la demanda de viviendas, ocuparon terrenos en la periferia de la ciudad. Son 49 tomas convertidas en campamentos, donde ya se están levantando viviendas. De ellas, 32 están agrupadas en la Coordinadora que ahora lucha por agua, ya que con la pandemia es la principal preocupación.

Malva Antúnez es una de las coordinadoras de los campamentos. Del otro lado del teléfono su voz suena serena y enérgica: “Hace dos meses decidimos las tomas porque no había diálogo con las autoridades. Con la cuarentena empezamos a priorizar el acceso al agua. Cero respuesta oficial. Gracias a la solidaridad conseguimos instalar tanques comunitarios de 500 litros”.

En Temuco el principal problema de los acampados es el frío, el hambre y la falta de agua. Si el campamento es tradición entre los pobres de Chile, las ollas comunes son parte de la identidad popular, cuando el Estado no les da nada, salvo represión. “Hay muchos hermanos mapuche en el campamento y la organización es muy sólida, por eso no pudieron desalojarnos. Los políticos no contaban con nuestra fuerza organizada, nos creen ignorantes, pero aquí la gente sabe y tiene poder”, explica Malva.

En los campamentos conviven haitianos, peruanos, chilenos, colombianos y mapuche, abundan los artesanos y los artistas, profesionales y micro empresarios. La pobreza en Chile, como en toda América Latina, es diversa y multifacética, lo que explica en parte su potencia y el rechazo a lo que Malva denomina “las ayudas paliativas que sólo nos desgastan”.

Finalmente, en la Villa 21 de Buenos Aires, en el barrio Barracas, el padre Carlos Olivero del Hogar de Cristo analiza las relaciones con el Estado. Las parroquias trabajan junto a los movimientos territoriales: Barrios de Pie, Darío Santillán, La Dignidad, CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular) y el Movimiento Evita, entre otros.

“El gobierno no entiende la situación de los barrios populares”. No se queja ni está molesto, sencillamente constata una realidad. Los llamados “curas villeros” arman protocolos para los barrios populares, porque las autoridades “tienen plan para la población en general, no para los pobres”. El “quedate en casa” no funciona en estos barrios, donde se amontonan diez personas en viviendas precarias.

Por eso triunfó el lema “quedate en el barrio”, que responde a la lógica comunitaria de los pobres, que no tienen calefacción o aire acondicionado, ni internet ni una computadora por persona. Por eso apelan a los movimientos y a los curas villeros.

“Los del gobierno no entienden los barrios, pero saben que nosotros sí. Por eso nos escuchan y conseguimos recursos”. Respecto a la policía, reconoce que las relaciones son ambivalentes: en algunos barrios son brutales pero en otros aceptan lo que dicen las organizaciones populares porque ellos ni siquiera saben ubicar el barrio en un mapa.

Mucho más allá de los gobiernos y del egoísmo de las clases medias y altas, los sectores populares profundizan su organización, estrechan lazos porque intuyen, y saben por experiencia de vida, que sólo el pobre puede ayudar al pobre, sin humillarlo, sin poner en cuestión su dignidad.

https://www.pelotadetrapo.org.ar/2013-09-05-12-30-19/2020/5425-los-pueblos-en-movimiento-son-la-luz-al-final-del-tunel.html
Fuente:
 https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2020/05/01/los-pueblos-en-movimiento-son-la-luz-al-final-del-tunel/

 

 

No perdamos de vista, nos advierte Horacio Machado Aráoz respecto al proceso bolivariano, "que ese histórico proceso insurgente en Nuestra América/Abya Yala se levantó no sólo para impugnar el ‘orden’ neoliberal, sino para cuestionar y poner en crisis el propio capitalismo, como proyecto civilizatorio colonial-occidentalocéntrico, impuesto como modelo presuntamente único, universal, a seguir y alcanzar. Y -a diferencia de la suerte que estos procesos corrieron en otros países, a diferencia del resto de los gobiernos progresistas y el oficialismo de ‘izquierda’ circundante-, el movimiento bolivariano nunca olvidó ni dejó de tener como horizonte la construcción del «socialismo del siglo XXI»”.

 

Horacio Machado Aráoz nos ayuda a descubrir rumbos emancipatorios del capitalismo. Reflexionemos sobre los siguientes párrafos de "Extractivismo y dialéctica de la dependencia":

  • Lo que debiera haber sido un punto de partida transitorio, se fue constituyendo en un factor cada vez más importante y condicionante, que terminó obnubilando el rumbo del proceso. Si bien permitió “salir de la pobreza a millones de pobres”, la fenomenal redistribución de la renta petrolera realizada por el chavismo -hasta antes de la crisis de la cotización internacional del crudo-, lejos de ir abriendo paso a las transformaciones radicales (económicas, políticas y culturales) que implicaba ir progresivamente dejando atrás una formación social capitalista-dependiente (por caso, la reapropiación colectiva de los procesos y medios de producción, cambios a nivel de las fuerzas productivas y mediaciones tecnológicas, de la orientación, el sentido y los valores sociales que regulan los procesos económicos, en fin, de cambios a nivel de las subjetividades que -como productores y consumidores- agencian la (re)producción material de la sociedad en su conjunto), fue, por el contrario, abriendo las puertas del infierno. La pretendida “dignificación popular a través de la renta petrolera” derivó, en el seno de la revolución bolivariana, en el “renacimiento del Petro-Estado Desarrollista” (Terán Maontovani, 2014). Se terminó alentando la fantasía de la socialización del consumismo importador como presunta vía de salida de la opresión histórico-estructural. Y esa fantasía duró poco; duró lo que duraron las altas cotizaciones internacionales del crudo. Sus efectos perversos, en cambio, serían profundos y duraderos; cada vez más gravosos, hasta llegar a la actual situación de debacle y crisis terminal generalizada.
     

  • Un programa político basado en la pretensión de la satisfacción (así sea “para todos y todas”) de las necesidades existentes, es como tal un programa reaccionario, que inhibe de raíz la posibilidad de imaginar y avanzar en la dirección de los cambios que precisamos realizar. El sistema justamente nos constituye como sujetos-sujetados a su reproducción a partir de la estructuración misma de las necesidades (y la colonización de los deseos): las necesidades existentes son, en realidad, las que el sistema precisa para su reproducción; son, por tanto, un aspecto clave de lo que precisamos cambiar.
     

  • Los movimientos del ecologismo popular hemos venido señalando ese punto ciego de los gobiernos progresistas. Las políticas de “crecimiento con inclusión social” no sólo son funcionales a la reproducción del sistema, sino que además se basan en la quimérica creencia de que, dentro del capitalismo, sería posible “incluir a todos los excluidos”, o peor, de que “incluyendo a los excluidos” se va transformando el sistema… El programa de la “inclusión social” no sólo es inviable socialmente (pues el capitalismo es por definición un régimen oligárquico de apropiación y usufructo diferencial de las energías vitales, donde “la pobreza de la mayoría, a pesar de lo mucho que trabajan” sólo va a engordar “la riqueza de una minoría, riqueza que no cesa de crecer aunque haga ya muchísimo tiempo que hayan dejado de trabajar”), sino también ecológicamente: hay taxativos límites biológicos y físicos dentro del Sistema Tierra que hacen inviable un horizonte de “crecimiento infinito”.
     

  • La irrupción de los movimientos del ecologismo popular en la escena política del siglo XXI está dando cuenta de la necesidad de una profunda renovación y radicalización del contenido y el sentido de la práctica revolucionaria; acorde a las necesidades de nuestro tiempo. Porque en nuestro tiempo, está claro que no se trata de “incluir” sino de “transformar”.
    Hay que tomar seriamente -en términos políticos y epistémicos- que estamos viviendo los momentos extremos de la Era del Capitaloceno (Altvater, 2014; Moore, 2003), una era signada por las huellas prácticamente irreversibles que la destructividad intrínseca del capitalismo ha impreso sobre la Biósfera, la Madre Tierra. Justamente por ello, el sentido de la acción política y el cambio social que como especie, como comunidad biológica, asumamos, signará decisivamente nuestras posibilidades de sobrevivencia, o no. Ese es el escenario en el que nos hallamos.

     

  • El ecologismo popular -los sujetos y movimientos sociales que lo encarnan- se toma seriamente este desafío; piensan/pensamos la revolución como cambio sociometabólico, como una radical transición socioecológica hacia un absolutamente nuevo modo de producción social (de la vida), que supone y requiere no apenas “oponernos al neoliberalismo” sino deconstruir de raíz las formas elementales del capital.
     

  • Esos sectores, esas izquierdas no perciben aún “los límites de la civilización industrial” (Lander, 1996); no pueden ver más allá del muro mental de la colonialidad progresista. Justamente, no pueden ver que más allá de esos muros, hay mucha comunalidad viviente; personas, organizaciones, comunidades enteras que no demandan más asfalto ni quieren “progresar”, que no sueñan con “salir de shopping” ni luchan por el aumento de su “poder adquisitivo”… Sujetos colectivos que, por el contrario, se hallan movilizados por la defensa de sus territorios, congregados por los desafíos de la gestión autonómica de la vida en común, por la producción de la soberanía alimentaria, por la justicia hídrica, la democratización y sostenibilidad energética.

    Esos sujetos -tenemos la esperanza y la convicción- son quienes  están conjugando en sus luchas, el verbo de la revolución, del socialismo del siglo XXI… Al comunalizar los bienes, los nutrientes y las energías, los saberes, los sabores y las semillas, estos sujetos están emprendiendo el camino de la gran migración civilizatoria que nos saque del Capitaloceno y nos lleve a la Tierra de un nuevo y auténtico Antropoceno: la Era Geológica del Hombre Nuevo.

 

 

Extractivismo y

dialéctica de la dependencia.
26 de agosto de 2017
 

Por Horacio Machado Araoz

Hay un extractivismo progresista, ¿post-neoliberal y anti-imperialista?

-Pretender “salir del neoliberalismo”, luchar contra el “imperialismo”, peor incluso, proyectar “la revolución” o impulsar un “proceso revolucionario” mediante la intensificación del extractivismo es el más absurdo oxímoron político que nos ha legado el fallido ciclo progresista en América Latina- Nos dice Horacio Machado Araoz en este particular y rico  análisis de Ecología Política Latinoamericana

Para bajar en pdf para imprimir haga click aqui: extraxtivismo y dependencia (328)

 

Debatir Venezuela… debatir el “ciclo progresista”

La construcción del socialismo es para nosotros razón de vida (…) No se trata sólo hoy ya de un impulso político, moral, ético, ideológico. Se trata, mucho más que eso, de salvar la vida en este planeta. Porque el modelo capitalista, el modelo desarrollista, el modelo consumista que desde el Norte han impuesto al mundo, está acabando con el planeta Tierra”. (Comandante Hugo Chávez, cumbre contra el ALCA, Mar del Plata, Noviembre de 2005).

 

Para nosotros es claro que el proceso bolivariano constituye la enunciación más radical y potente del ciclo de movilizaciones y luchas populares que irrumpieron en nuestra región para fracturar lo que hasta entonces era la monolítica geografía política del neoliberalismo. Si en algunos países esas luchas fueron dinamizadas y sostenidas por movimientos sociales fuertes y arraigados, en Venezuela ese proceso hubiera sido inimaginable sin la descomunal fuerza carismática y el liderazgo disruptivo del comandante Chávez. No perdamos de vista que ese histórico proceso insurgente en Nuestra América/Abya Yala se levantó no sólo para impugnar el ‘orden’ neoliberal, sino para cuestionar y poner en crisis el propio capitalismo, como proyecto civilizatorio colonial-occidentalocéntrico, impuesto como modelo presuntamente único, universal, a seguir y alcanzar. Y -a diferencia de la suerte que estos procesos corrieron en otros países, a diferencia del resto de los gobiernos progresistas y el oficialismo de ‘izquierda’ circundante-, el movimiento bolivariano nunca olvidó ni dejó de tener como horizonte la construcción del “socialismo del siglo XXI”.

 

A nuestro entender, la gran osadía de Chávez (la del chavismo) fue la de haber encarnado la convicción política de la necesidad histórica de construir un horizonte social radicalmente post-capitalista, como única salida para nuestros pueblos. Volver a hablar de la revolución, en serio, en términos realistas y sin ambages, como proyecto histórico y como programa de gobierno; encima, en pleno apogeo de la era de la resignación posmoderna/neoliberal… Y, decisivamente, haber hecho de la revolución -así concebida radicalmente como un movimiento histórico de superación del capitalismo-, no una entelequia, sino un proyecto político popular, masivo, abrazado y asumido por millones de cuerpos humanos vivientes, dentro y fuera de Venezuela, y más allá de nuestro continente, una fuerza históricamente actuante en pleno siglo XXI, en eso consiste la grandeza de su figura y el carácter perenne y vigente de su legado.

 

Por eso mismo, el chavismo en particular, el movimiento bolivariano más abarcativamente, no pueden ser reducidos ni asimilados a lo que hoy es y representa el actual gobierno venezolano. Si bien sería inconcebible sin el liderazgo de Chávez y si bien también fue predominantemente gestado desde el Estado (lo cual forma parte de los problemas), nos parece fundamental ver y reconocerlo como un proceso histórico colectivo que ha trascendido a sus gestores y que hoy va más allá de quienes se atribuyen la responsabilidad de “dirigirlo” desde el gobierno estatal. Hablamos de un proceso y un movimiento mucho más denso y complejo que ha hecho de la construcción del socialismo del siglo XXI su horizonte de sentido histórico, su proyecto político y núcleo identitario.

Por eso mismo también, lo que está en debate en torno al “caso venezolano” excede largamente la escala espaciotemporal de los próximos años en ese país, e incluso de las próximas décadas en la región y en el mundo. En función de la increíble condensación y nucleamiento de energías revolucionarias que el proyecto bolivariano ha concitado, lo que resulte de él afectará, para bien o para mal, las posibilidades transformativas de los pueblos a nivel del sistema-mundo. Por eso será vital lo que seamos capaces de rescatar y de sostener de ese proceso.

 

Ahora bien, ese desafío no tiene nada que ver con “sostener a como dé lugar, el gobierno de Maduro”, sino con la necesidad de re-pensar profundamente esta experiencia y aprender de ella, para recuperar y fortalecer a futuro las capacidades colectivas de transformación radical. Inspirándonos en las potencialidades emancipatorias que ha abierto, hoy más que nunca, necesitamos hacer los aprendizajes históricos de este proceso; ser capaces de ver sus equívocos y sus puntos ciegos, para -a partir de allí- re-encauzar el rumbo de nuestras luchas y redefinir el horizonte de nuestros sueños. Porque lo que está en juego no es apenas una cuestión de “cambios de gobierno”, sino de transformación civilizatoria.

En ese sentido, como venimos insistiendo desde diversos movimientos y colectivos para quienes la aspiración de un cambio revolucionario, de un horizonte civilizatorio postcapitalista, es más que un deseo político, una necesidad histórica de supervivencia de la especie, el punto ciego determinante del proceso bolivariano -la falla insalvable del “ciclo progresista”- ha sido la cuestión del (mal llamado y peor entendido) “extractivismo”1.

 

Siembra de petróleo… Cosecha de tempestades.

“Somos una casa invadida por las termitas. Por fuera, todo se mira bien. Ahora se construye mucho, se hacen grandes carreteras con el dinero del petróleo, se hará mañana una gran ciudad, hasta cambiarán por otra a nuestra Caracas, pero la procesión va por dentro, hijo. El suelo se sostiene sobre el aire. El corazón de la tierra ha sido perforado, y a medida que sacan el petróleo, queda vacío. Se va la soberanía y con el dinero vienen los vicios…”. (Mario Briceño Iragorry, “Los Riberas”, 1957)2

A esta altura de los acontecimientos, ante el panorama desolador del descalabro socioeconómico y político que está viviendo la sociedad venezolana, pocas dudas caben que el error histórico del Chavismo (acá enunciado como conjunto de políticas aplicadas desde la gestión gubernamental del Estado) ha sido la continuación y profundización de esa forma extrema de los regímenes extractivistas que constituye el rentismo petrolero.

Pese al carácter históricamente extraordinario de su liderazgo, la siembra de Chávez, fue en gran medida, mal que nos pese, siembra de petróleo3. La revolución bolivariana ha sido inicialmente detonada como una gran siembra de petróleo y, a pesar de todas las advertencias en contra, el proceso bolivariano -en su curso fundamental- no ha logrado salirse de la inercia histórica de una sociedad una economía y una estructura de poder asentada sobre esa letal trampa. En el ejercicio del gobierno, el chavismo no ha sido capaz de modificar un ápice la matriz petro-dependiente de la economía venezolana; al contrario, a lo largo de casi dos décadas que lleva en el control del Estado, ha intensificado y profundizado a niveles insólitos la dependencia del funcionamiento general de la sociedad de las exportaciones petroleras4.

 

Por cierto, el proceso bolivariano no puede ser reducido a sólo una apropiación y redistribución estatalista de la renta petrolera. Para bien y para mal, ha sido y ha implicado mucho más que eso. Pero ha sido justamente el nervio principal del proceso, y se trata, por tanto, del problema de fondo. De un lado, la redistribución de la renta petrolera ha sido el mecanismo que en lo inmediato permitió en su momento, una tan necesaria como urgente reparación histórica de una larga cadena de privaciones, humillaciones y ultrajes acumulados en los cuerpos de los sectores populares. Ese acto de reparación dinamizó un vigoroso proceso de movilización y concientización política que, en definitiva, fue la base del poder popular y la energía revolucionaria insurgente que caracterizó al chavismo, sobre todo en su primera etapa.

 

Del otro lado, sin embargo, lo que debiera haber sido un punto de partida transitorio, se fue constituyendo en un factor cada vez más importante y condicionante, que terminó obnubilando el rumbo del proceso. Si bien permitió “salir de la pobreza a millones de pobres”, la fenomenal redistribución de la renta petrolera realizada por el chavismo -hasta antes de la crisis de la cotización internacional del crudo-, lejos de ir abriendo paso a las transformaciones radicales (económicas, políticas y culturales) que implicaba ir progresivamente dejando atrás una formación social capitalista-dependiente (por caso, la reapropiación colectiva de los procesos y medios de producción, cambios a nivel de las fuerzas productivas y mediaciones tecnológicas, de la orientación, el sentido y los valores sociales que regulan los procesos económicos, en fin, de cambios a nivel de las subjetividades que -como productores y consumidores- agencian la (re)producción material de la sociedad en su conjunto), fue, por el contrario, abriendo las puertas del infierno.

La pretendida “dignificación popular a través de la renta petrolera” derivó, en el seno de la revolución bolivariana, en el “renacimiento del Petro-Estado Desarrollista” (Terán Maontovani, 2014). Se terminó alentando la fantasía de la socialización del consumismo importador como presunta vía de salida de la opresión histórico-estructural. Y esa fantasía duró poco; duró lo que duraron las altas cotizaciones internacionales del crudo. Sus efectos perversos, en cambio, serían profundos y duraderos; cada vez más gravosos, hasta llegar a la actual situación de debacle y crisis terminal generalizada.

La mentada “guerra económica” a la que alude el oficialismo para explicar la actual situación de caos social y económico que se vive, no es producto de planes desestabilizadores de la derecha, ni tampoco de las impericias políticas del actual gobierno. Aunque estos factores están operando y contribuyen a agravar aún más la crisis, no son por sí mismos suficientes para dar cuenta de ella. Más allá de las maniobras conspirativas de la oligarquía interna, de la hartera injerencia norteamericana, y más allá de la corrupción, la ineficiencia que atraviesan al gobierno de Maduro, el desabastecimiento de bienes básicos, la falta de alimentos, de medicamentos y de otros productos elementales para la vida cotidiana, la generalización de la especulación, el contrabando, los mercados paralelos y la proliferación de la economía delictual, etc., son síntomas extremos de cómo en las dos últimas décadas el rentismo petrolero ha erosionado el tejido productivo interno y hasta el suelo mismo de la sociabilidad.

 

A esta altura de los acontecimientos, es claro que el problema no es (sólo) quién siembre, sino también cómo siembra y, fundamentalmente qué siembra. La “indigestión de divisas” como advirtiera emblemáticamente el “Padre de la OPEP”, terminó una vez más, hundiendo a la sociedad venezolana en “el excremento del diablo” (Pérez Alfonzo, 1976). Y no es sólo que, como ya fuera advertido por una gran cantidad de lúcidos economistas de la región, que la “inundación de divisas” está asociada inexorablemente a una serie de graves alteraciones monetarias y macroeconómicas (depreciación de la moneda nacional, presiones inflacionarias internas, incremento del consumo de bienes finales importados y sustitución de la producción interna vía importaciones, fuga de divisas, endeudamiento externo, incentivos a mecanismos de corrupción en el sector público y privado); lo que Alberto Acosta (2009) caracterizó como “la maldición de la abundancia”. Es, además, que esos problemas no son sólo “económicos”, sino que tienen graves y peores connotaciones o dimensiones políticas y culturales.

 

En el curso de la “revolución bolivariana” se fue dando una desproporción manifiesta y creciente entre el “desarrollo” (expansión del consumo interno y de la infraestructura pública bajo los patrones de consumo y usos sociales preexistentes) vía políticas redistributivas estadocéntricas y petrodependientes, respecto de las políticas de impulso de economías populares alternativas, medios de producción y emprendimientos productivos bajo el control y al servicio de la ampliación de las capacidades autonómicas de producción y satisfacción de necesidades vitales. La “economía de las grandes Misiones” no sólo le ganó por lejos a la “economía de las Comunas”, sino que terminó asfixiando y aplastando estructuralmente todo lo que de allí podría haber germinado en términos de poder económico y político popular, autogestión solidaria, concientización ecológico-política, consumo responsable, comercio justo, expansión y valorización de la economía del cuidado, igualdad de género en las condiciones de producción, en fin, soberanía alimentaria, hídrica y energética, justicia ambiental. La economía de las Comunas fue resultando un pequeño conjunto de islotes con diferentes grados de vulnerabilidad, sin capacidad real para el abastecimiento interno autonómico, en un mar de consumismo importador moldeado bajo los patrones hegemónicos de “estándares de vida” del mercado mundial.

Si económicamente esto gatilló un dispositivo en el que cada nueva cuota de “redistribución del ingreso” paradójicamente iba a la hoguera de las importaciones, quemando así posibilidades y capacidades productivas endógenas y, por tanto, atentando contra una sustentabilidad básica del proceso, políticamente la siembra de petróleo vía las Misiones fue erosionando desde su propia base material, el crecimiento del poder autogestionario, la soberanía económica popular, la democratización y descentralización de los procesos de toma de decisiones (económicas y políticas en general), los mecanismos de autogobierno, democracia directa y participativa.

La redistribución de la renta petrolera, lejos de fortalecer el poder popular, fue un poderoso dispositivo de acentuación de la (vieja) matriz burocrática, verticalista y centralizada del Estado. En lugar de avanzar en la socialización/comunalización, la gestión/ producción de la Vida en Común fue concentrándose cada vez más en una élite (vale decir, en una minoría privilegiada; aunque se diga “revolucionaria”). Están ahí puestas las bases para la arbitrariedad, los abusos del poder y la corrupción generalizada.

Esto que fuera tempranamente advertido por diversos estudiosos del “problema venezolano” (Juan Pablo Pérez Alfonzo, Rodolfo Quinteros, Orlando Araujo, Fernando Coronil, Edgardo Lander, entre otros) volvió a resurgir como maleza en el suelo mismo de la revolución bolivariana.

 

Como señala Terán Mantovani: “El tipo de esquema de poder asimétrico y monopolizado que conforma la estructura del Petro-Estado y la economía rentista en general, determina que los procesos políticos de distribución de la renta produzcan y reproduzcan la polarización y estratificación social, en la cual el pueblo aparece como altamente dependiente respecto de las élites políticas y económicas. Por un lado, los nuevos gestores de la ‘siembra del petróleo’ son envueltos por esta marejada de petrodólares. Se produce un ensanchamiento del Estado y de la ilusión de “desarrollo”, motorizada por la renta, lo que a su vez nos ha llevado a la formación de una nueva burguesía corporativa en el seno de la Revolución bolivariana, que mantiene una relación contradictoria con su pueblo aliado” (2014: 15).

Por fin, culturalmente, los efectos perversos de la “siembra de petróleo” sobre las subjetividades y las sociabilidades son tanto o más ruines que los ya mencionados. Como ha sido largamente señalado y a estas alturas es o debiera ser algo obvio, el consumo (bajo las pautas hegemónicas vigentes) funciona como el gran útero de gestación y reproducción de subjetividades capitalistas. Si algo define al capitalismo neoliberal es su mutación como régimen de consumo, más que de producción: estamos ante un sistema cuya dinámica funciona menos como un “modo de producción de objetos-mercancías” que como un “modo de producción de sujetos-mercantilizados/mercantilizables”. La expansión del consumismo de mercado es algo absolutamente contraindicado para impulsar, siquiera sostener, el más mínimo esfuerzo o voluntad social transformadora; es el máximo depredador de las energías revolucionarias. En el caso del proceso bolivariano, esto no fue una excepción. La siembra de petróleo infectó esferas cada vez más amplias de la vida social con la letal toxina de la mercantilización.

 

Extractivismo progresista, ¿post-neoliberal y anti-imperialista?

“Para luchar contra el imperialismo es indispensable entender que no se trata de un factor externo a la sociedad nacional latinoamericana, sino por el contrario, forma el terreno en el cual esta sociedad hunde sus raíces y constituye un elemento que la permea en todos sus aspectos”. (Ruy Mauro Marini, Prefacio a la 5° edición de “Subdesarrollo y revolución”, 1974).

 

Lo que señalamos para el caso bolivariano -la expresión de la voluntad política más audaz y ambiciosa del último ciclo de rebeliones populares en Nuestramérica Abyayalense-, es perfectamente aplicable a todos y a cualquiera de las experiencias de los gobiernos progresistas del reciente ciclo. Las razones de la profunda crisis que hoy se cierne sobre Venezuela son en gran medida las razones del ocaso y del “fin de ciclo progresista”. Por cierto, con matices, pero sin diferencias en lo fundamental, lo dicho y analizado sobre el rentismo petrolero es válido para la soja, la pasta de celulosa, el cobre, el litio, el hierro, la palma aceitera, en fin, para cualquier commodity. El capitalismo, desde sus orígenes hasta la fecha, se ha caracterizado por sembrar en sus periferias países-commodities, economías coloniales que le abastecen los imprescindibles subsidios ecológicos que precisa para alimentar la voracidad insaciable del “molino satánico” (Polanyi, 1949) de la acumulación sin fin/como fin en sí mismo.

 

Estamos hablando en todos los casos de la configuración de regímenes extractivistas, de los cuales, (tratándose del excremento del diablo), el extractivismo petrolero es el peor y más extremo de los modelos. Así, el gran yerro no sólo de los conductores estatales del proceso bolivariano, sino de las experiencias de los gobiernos progresistas en general, fue haber pretendido pensar y/o construir una sociedad más justa, más igualitaria y más democrática sobre la base de la profundización del extractivismo.

Pretender “salir del neoliberalismo”, luchar contra el “imperialismo”, peor incluso, proyectar “la revolución” o impulsar un “proceso revolucionario” mediante la intensificación del extractivismo es el más absurdo oxímoron político que nos ha legado el fallido ciclo progresista en América Latina. Sencillamente, porque el extractivismo no es una característica pasajera de una economía nacional, sino que da cuenta de una función geometabólica del capital, fundamental e imprescindible para el sostenimiento continuo y sistemático de la acumulación a escala global.

“Extractivismo” no se circunscribe a las economías primario-exportadoras, sino que refiere a esa matriz de relacionamiento histórico estructural que el capitalismo como sistema-mundo ha urdido desde sus orígenes entre las economías imperiales y “sus” colonias; se trata de ese vínculo ecológico-geográfico, orgánico, que “une” asimétricamente las geografías de la pura y mera extracción/expolio, con las geografías donde se concentra la disposición y el destino final de las riquezas naturales. La apropiación desigual del mundo, la concentración del poder de control y disposición de las energías vitales, primarias (Tierra/materia) y sociales (Cuerpos/trabajo), en manos de una minoría, a costa del despojo de vastas mayorías de pueblos, culturas y clases sociales, eso es lo que el extractivismo asegura y hace posible.

En definitiva, este fenómeno da cuenta de la dimensión ecológica del imperialismo, como factor fundamental y condición de posibilidad material del sostenimiento del sistema capitalista global. La economía imperial del capital ha precisado -como condición histórico-material de posibilidad- la constitución de regímenes extractivistas para poder afianzarse y expandirse hegemónicamente como sistema-mundo. Nuestro continente “nació” (fue, en realidad, violentamente incrustado al naciente sistema-mundo) como producto de un zarpazo colonial que nos constituyó, desde fines del siglo XV hasta la fecha, como una economía minera, zona de sacrificio. Desde entonces, nuestras sociedades se con-formaron bajo el formato de regímenes extractivistas, más aún incluso, a partir de las “guerras de independencia” y la constitución de nuestros países como “estados nacionales”.

 

Así, el extractivismo en América Latina no significa apenas un tipo de “explotación de los recursos naturales”, sino que da cuenta de todo un patrón de poder que estructura, organiza y regula la vida social en su conjunto en torno a la apropiación y explotación oligárquica (por tanto, estructuralmente violenta) de la Naturaleza toda, (incluida, esa forma especialmente compleja y frágil de la Naturaleza que son los cuerpos humanos vivientes). El extractivismo en nuestra región es la perenne marca de origen de nuestra condición colonial, que no se ha borrado sino que se ha afianzado, durante nuestra etapa ‘post-colonial’. El extractivismo ha permeado nuestra cultura, ha moldeado nuestra institucionalidad, nuestra territorialidad e ‘idiosincrasia nacional’; ha dejado su huella indeleble en la estructura de clases, en las desigualdades racistas y sexistas; en fin, en la naturaleza de los regímenes políticos, el tipo de estructura de relaciones de poder y sus modalidades de ejercicio y reproducción. En una palabra, los regímenes extractivistas son, ni más ni menos, que la base estructural de las formaciones geo-sociales (Santos, 1996) propias del capitalismo colonial-periférico-dependiente; expresan la modalidad específica que el capitalismo adquiere en la periferia.

Por eso, en todo caso, la profundización, ampliación o intensificación del extractivismo, es la profundización, ampliación e intensificación de nuestra condición periférico-dependiente, colonial, dentro del capitalismo mundial. El extractivismo funciona como dispositivo clave de reproducción de nuestra integración subordinada al sistema-mundo; está en el meollo mismo de la dialéctica de la dependencia. Esto significa que, en nuestras sociedades, la expansión del crecimiento económico va insoslayablemente aparejado a la profundización de la dependencia y a la intensificación de los mecanismos estructurales de expropiación. La razón progresista ha sido ciega a este elemental (y viejo) problema constitutivo de nuestras formaciones sociales. (...)

 

Ecologismo popular y radicalización de la praxis revolucionaria

“El cambio supone una subversión gradual de las necesidades existentes, es decir, un cambio en los mismos individuos, de manera que, en los propios individuos, su interés por la satisfacción compensatoria ceda ante las necesidades emancipatorias. (…)) Evidentemente, la satisfacción de estas necesidades emancipatorias es incompatible con las sociedades establecidas de estados capitalistas y estados socialistas”. (Herbert Marcuse, 1979).

“Desde el punto de vista de una formación económico-social superior, la propiedad privada del planeta en manos de individuos aislados parecerá tan absurda como la propiedad privada de un hombre en manos de otro hombre. Ni siquiera toda una sociedad, una nación o, es más, todas las sociedades contemporáneas reunidas, son propietarias de la tierra. Sólo son sus poseedoras, sus usufructuarias, y deben legarla mejorada, como boni patres familias, a las generaciones venideras”. (Karl Marx, 1867).

Las gravosas e insoslayables consecuencias económicas, políticas y culturales del extractivismo sobre nuestras sociedades, es lo que desde un amplio y diverso conjunto de actores (no sólo intelectuales, investigadores, sino movimientos sociales, pueblos originarios, comunidades campesinas, organizaciones sociales de base comunitaria, colectivos asamblearios nucleados en torno al ecologismo popular) hemos venido tan insistente como infructuosamente planteando al interior de estos procesos políticos en nuestra región. Nuestras luchas contra el extractivismo no procuraban “hacerle el juego a la derecha”, ni erosionar la base de sustentabilidad económica y política de los gobiernos progresistas, sino al contrario. En todo caso, buscaron siempre mantener claridad en el sentido y el rumbo de la práctica revolucionaria.

El oficialismo de izquierda, en particular los “intelectuales orgánicos” que se abroquelaron acríticamente detrás de una defensa impermeable de esos gobiernos, hoy en su ocaso, desconsideraron absolutamente esas advertencias. Por negligencia o conveniencia, con soberbia y/o necedad, ignoraron sistemáticamente los planteos provenientes de los movimientos del ecologismo popular; muchas veces con mala fe, los asimilaron a los planteos del ambientalismo nórdico. Desde la oficialidad del poder, se apropiaron del nuevo lenguaje emancipatorio arduamente construido desde las luchas: el Buen Vivir o Sumaj Kawsay, Plurinacionalidad, Derechos de la Naturaleza, Bienes Comunes, Socialismo del Siglo XXI. Lo usaron, sin embargo, como una nueva retórica para solapar el viejo imaginario (colonial y políticamente perimido) del desarrollismo “nacional y popular”, centrado en un “Estado fuerte” que “controla al mercado” y comanda el proceso de “crecimiento con inclusión social y redistribución de la riqueza”. Lo que nació como expresión de un nuevo paradigma civilizatorio radicalmente post-capitalista, descolonial, despatriarcal y ecologista, fue sencillamente banalizado y vaciado de contenido.

 

Hasta hoy en día, esa izquierda oficialista sigue mostrándose completamente ciega ante el extractivismo y su dialéctica de la dependencia. No sólo no entienden la relevancia, gravedad y urgencia de la problemática ecológica, sino que tampoco entienden, al parecer, que el extractivismo no es sólo un problema regional, sino global; no es sólo “ambiental”, sino civilizatorio. Como muestra dolorosamente la coyuntura crítica de la sociedad venezolana (la de América Latina toda, pero también la dramática situación del planeta en general), el problema del extractivismo no es “sólo” la cuestión de la devastación ecológica de ciertos territorios, sino, en el fondo, la cuestión de raíz de la depredación capitalista del mundo de la vida como tal.

 

La lección histórica que nos deja este amargo fin de ciclo, es que, de una vez por todas, deberíamos ya definitivamente desafiliarnos de la religión colonial del “progreso”, despejar de nuestro imaginario la ilusión fetichista de que sería posible desacoplar el engranaje de la producción (capitalista de riqueza) del de la devastación (de las fuentes y formas de Vida). Pues, en plena Era del Capitaloceno, en la que nos hallamos, está a la vista que ambos mecanismos forman parte inseparable del mismo “molino satánico”. El aprendizaje histórico que deberíamos ser capaces de hacer de la frustrada experiencia del “ciclo progresista” es que el (neo)desarrollismo de ninguna manera es una alternativa válida para nuestros pueblos; lejos de ser una vía siquiera ‘transitoria’ hacia el “socialismo del Siglo XXI”, fue un atajo que nos hundió aún más en las condiciones estructurales de subalternidad y súper-explotación propias de nuestra posición colonial-periférico-dependiente dentro del capitalismo global.

 

No se trata de una cuestión de “reforma” o “revolución”. No es que los cambios “iban bien”, pero que faltó “seguir avanzando” en la misma dirección. Se trata de tomar nota de que la política de “crecimiento con inclusión social” no sólo no alcanza como horizonte político de cambio social revolucionario, sino que en realidad es una política completamente errada e históricamente perimida, si a lo que aspiramos es a un verdadero proceso de emancipación social. Un programa político basado en la pretensión de la satisfacción (así sea “para todos y todas”) de las necesidades existentes, es como tal un programa reaccionario, que inhibe de raíz la posibilidad de imaginar y avanzar en la dirección de los cambios que precisamos realizar. El sistema justamente nos constituye como sujetos-sujetados a su reproducción a partir de la estructuración misma de las necesidades (y la colonización de los deseos): las necesidades existentes son, en realidad, las que el sistema necesita para su reproducción; son, por tanto, un aspecto clave de lo que precisamos cambiar.

 

Los movimientos del ecologismo popular hemos venido señalando ese punto ciego de los gobiernos progresistas. Las políticas de “crecimiento con inclusión social” no sólo son funcionales a la reproducción del sistema, sino que además se basan en la quimérica creencia de que, dentro del capitalismo, sería posible “incluir a todos los excluidos”, o peor, de que “incluyendo a los excluidos” se va transformando el sistema… El programa de la “inclusión social” no sólo es inviable socialmente (pues el capitalismo es por definición un régimen oligárquico de apropiación y usufructo diferencial de las energías vitales, donde “la pobreza de la mayoría, a pesar de lo mucho que trabajan” sólo va a engordar “la riqueza de una minoría, riqueza que no cesa de crecer aunque haga ya muchísimo tiempo que hayan dejado de trabajar”), sino también ecológicamente: hay taxativos límites biológicos y físicos dentro del Sistema Tierra que hacen inviable un horizonte de “crecimiento infinito”.

 

Si a mediados del siglo XIX podría haber sido todavía comprensible, la ceguera ante la crucial cuestión ecológica de fuerzas sociales que se dicen revolucionarias, anti-capitalistas, resulta, en el siglo XXI, lisa y llanamente inadmisible. La crisis ecológica, las desigualdades e injusticias socioambientales, los impactos tóxicos y destructivos del industrialismo, el urbanocentrismo, el patrón energético moderno, la producción a gran escala y el consumismo (no sólo sobre los ecosistemas, sino sobre la condición humana), no pueden no estar en la agenda de un programa que se proponga seriamente la construcción del socialismo del siglo XXI. Como lo dijera el comandante Chávez, la construcción del socialismo es, en este siglo, “razón de vida”.

El ecologismo, así, (el ecologismo popular, que nada tiene que ver con el conservacionismo, el maltusianismo, la economía verde ni cualesquiera de las distintas expresiones del eco-capitalismo tecnocrático) lejos de constituir un programa social ‘reaccionario’ o ‘funcional a la derecha’, expresa en realidad un nuevo umbral del pensamiento crítico y las energías utópicas. La irrupción de los movimientos del ecologismo popular en la escena política del siglo XXI está dando cuenta de la necesidad de una profunda renovación y radicalización del contenido y el sentido de la práctica revolucionaria; acorde a las necesidades de nuestro tiempo. Porque en nuestro tiempo, está claro que no se trata de “incluir” sino de “transformar”.

 

Hay que tomar seriamente -en términos políticos y epistémicos- que estamos viviendo los momentos extremos de la Era del Capitaloceno (Altvater, 2014; Moore, 2003), una era signada por las huellas prácticamente irreversibles que la destructividad intrínseca del capitalismo ha impreso sobre la Biósfera, la Madre Tierra. Justamente por ello, el sentido de la acción política y el cambio social que como especie, como comunidad biológica, asumamos, signará decisivamente nuestras posibilidades de sobrevivencia, o no. Ese es el escenario en el que nos hallamos.

 

No se trata de ‘catastrofismo’, sino del más crudo realismo. Como lo advierte Donna Haraway (2016), el Capitaloceno no es una “nueva” era geológica, otro horizonte espacio-temporal de larga duración; al contrario, el Capitaloceno designa un “evento límite”, es decir, un momento de la historia de la Tierra cuyos presupuestos y condiciones ecológicas y políticas lo hacen inviable: o se transforman esos presupuestos, o se extingue.

La cuestión ecológica, tal como es planteada por el ecologismo popular, es así crucial para la sobrevivencia de la especie. Por eso mismo, nos empuja a atrevernos a pensar el fin del capitalismo, a recuperar y renovar formas y modos de vida no-capitalistas. Nos incita a pensar la revolución no apenas como ‘cambio de políticas/políticas redistributivas’, ‘cambio de gobierno’ o ‘toma del Estado’, sino como un radical y profundo cambio civilizatorio. Es decir, el escenario del Capitaloceno, la posibilidad cierta de un colapso terminal de las condiciones ambientales que hacen posible la vida humana en el planeta como consecuencia de la huella ecológica provocada por el capitalismo, nos desafía a pensar el cambio revolucionario completamente en otra escala; una escala espacio-temporal mucho más amplia que la que hasta ahora se ha considerado. Necesitamos pensar la revolución como un cambio de Era Geológica. Si el Capitaloceno es un momento crítico, donde la vida (al menos en su forma humana) está expuesta a la extinción, si designa el tiempo geológico en el que el capitalismo ha trastornado hasta tal punto los flujos elementales del sistema Tierra casi al extremo de volverla in-habitable, hacer la revolución en el presente, significa realizar todas las transformaciones que sean necesarias a fin de restituir las condiciones de habitabilidad del planeta; volver a hacer de la Tierra, nuestro Oikos/Hogar, el lugar apto para la (re)producción de nuestra vida como comunidad biológica.

Si la idea de un socialismo del Siglo XXI es algo más que un mero eslogan político, y lo consideramos, en términos realistas y concretos como un nuevo horizonte político, un nuevo modo histórico de (re)producción social de la vida, y un nuevo régimen de relaciones sociales, esa noción de “socialismo del siglo XXI” nos lleva a pensar la revolución como una profunda migración civilizatoria que nos saque de la era insostenible del Capitaloceno. El ecologismo popular -los sujetos y movimientos sociales que lo encarnan- se toma seriamente este desafío; piensan/pensamos la revolución como cambio sociometabólico, como una radical transición socioecológica hacia un absolutamente nuevo modo de producción social (de la vida), que supone y requiere no apenas “oponernos al neoliberalismo” sino deconstruir de raíz las formas elementales del capital.

 

En este punto, hallamos la convergencia fundamental entre el chavismo y el ecologismo popular. Si algo precisamos rescatar y recuperar del movimiento bolivariano, si en algo reside su originalidad, su pertinencia histórica y su potencia revolucionaria, es en la centralidad que se le ha querido dar a las comunas como nuevas bases ecobiopolíticas y unidades de producción de la vida social. Eso que ha sido su gran aporte histórico, ha sido también -hoy lo podemos ver con claridad- su límite y su contradicción: construir el socialismo comunal ha quedado sólo como una expresión de deseos. El chavismo en el gobierno siguió el camino de la “siembra del petróleo”, en lugar del sendero alter-civilizatorio de la comunalización. Lejos de favorecer la germinación del poder popular, esa siembra de petróleo lo intoxicó y lo fue asfixiando cada vez más.

 

En las horas aciagas que corren, sería de gran utilidad volver y juntar fuerzas en torno a ese proyecto político que fue truncado. “Comuna o nada” es un lema que resume el legado perenne del comandante Chávez y es también un principio elemental clave para orientar el cambio revolucionario, la transición socioecológica hacia una nueva era Civilizatoria y Geológica.

Comunalizar es el verbo donde convergen el chavismo y el ecologismo popular como fuerzas sociales revolucionarias; es lo que tenemos en común, como horizonte guía y aspiración transformadora. Comunalizar es, por supuesto, des-mercantilizar, pero también des-estatalizar: el Estado no es lo opuesto del Mercado, sino la contracara jurídico-política del capital. Avanzar hacia un socialismo comunal no implica un “Estado comunal”, sino la deconstrucción radical de la lógica racional-burocrática, centralizada y vertical de ejercicio del poder y gestión de la vida colectiva. Comunalizar es democratizar y descentralizar los procesos de producción de la vida; implica sembrar poder y capacidades autogestionarias, construir autonomía social desde las bases, tanto en las esferas de la vida doméstica, como de la vida pública. Comunalizar es des-privatizar y desmercantilizar las relaciones sociales, los imaginarios, los cuerpos y los territorios. No basta con suprimir la propiedad privada de “los medios de producción”; tenemos que suprimirla de la faz de la tierra; hacer que llegue el día en el que “la propiedad privada del planeta en manos de individuos aislados” sea un absurdo inaceptable.

 

Así, radicalizar la revolución es comunalizar la Madre Tierra; es diseñar, construir y asumir como forma de vida, un nuevo metabolismo social que la reconozca, la considere y la trate como lo que en realidad es: base imprescindible y fuente de Vida en Común.

 

Producir un radical giro sociometabólico que parta del respeto y el cuidado radical de la Madre Tierra, supone salirnos de los engranajes del productivismo y el consumismo que hacen girar “el molino satánico” de la acumulación como fin-en-sí-mismo; supone también corrernos del industrialismo, del urbanocentrismo y el fetichismo tecnológico que nos hace creer que el “desarrollo de las fuerzas productivas” es una línea evolutiva universal y que para cualquier problema social y/o ecológico siempre bastará y será posible hallar una solución tecnológica. Ese cambio sociometabólico no implica “aumentar los salarios” sino des-salarizar el trabajo; no “redistribuir el ingreso”, sino redefinir radicalmente el sentido social de la riqueza, esta vez, en función de los valores de uso y de la sustentabilidad de la vida y no de la valorización abstracta y la super-producción de mercancías.

En fin, procurar ese giro sociometabólico involucra, en última instancia, des-mercantilizar las emociones, vale decir, buscar, sentir y vivir la felicidad en las relaciones, y no en las cosas. En lugar de la expansión (incluso ‘igualitaria’) de los ‘bienes de consumo’, el nuevo horizonte utópico que se vislumbra desde esta perspectiva pasa más bien por un escenario donde “el hombre socializado, los productores libremente asociados, regulen racionalmente su intercambio de materias con la naturaleza, lo pongan bajo su control común en vez de dejarse dominar por él como por un poder ciego, y lo lleven a cabo con el menor gasto posible de energías y en las condiciones más adecuadas y más dignas de su naturaleza humana” (Marx, 1981: 1045).

Claro, somos conscientes de que el giro sociometabólico del que hablamos como medio y proceso revolucionario, constituye un desafío ideológico, existencial y emocional no apenas para la derecha, sino también para amplios sectores que se consideran de “izquierda”; claramente es así para la izquierda oficialista. Todavía estos sectores siguen anclados en el socialismo (realmente in-existente) del siglo pasado: concibiendo la revolución como “desarrollo de las fuerzas productivas”, creyendo que el imperativo de la liberación pasa por “industrializarnos”, “crear puestos de trabajo”, “aumentar salarios”, construir más carreteras” y “ampliar las políticas sociales”.

 

Esos sectores, esa izquierda no percibe aún “los límites de la civilización industrial” (Lander, 1996); no puede ver más allá del muro mental de la colonialidad progresista. Justamente, no pueden ver que más allá de esos muros, hay mucha comunalidad viviente; personas, organizaciones, comunidades enteras que no demandan más asfalto ni quieren “progresar”, que no sueñan con “salir de shopping” ni luchan por el aumento de su “poder adquisitivo”… Sujetos colectivos que, por el contrario, se hallan movilizados por la defensa de sus territorios, congregados por los desafíos de la gestión autonómica de la vida en común, por la producción de la soberanía alimentaria, por la justicia hídrica, la democratización y sostenibilidad energética.

Esos sujetos -tenemos la esperanza y la convicción- son quienes que están conjugando en sus luchas, el verbo de la revolución, del socialismo del siglo XXI… Al comunalizar los bienes, los nutrientes y las energías, los saberes, los sabores y las semillas, estos sujetos están emprendiendo el camino de la gran migración civilizatoria que nos saque del Capitaloceno y nos lleve a la Tierra de un nuevo y auténtico Antropoceno: la Era Geológica del Hombre Nuevo.

 

Bibliografía:

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Altvater, Elmar (2014). “El Capital y el Capitaloceno”. En “Mundo Siglo XXI”, revista del CIECAS-IPN, N° 33, Vol. IX.

Haraway, Donna (2016). “Antropoceno, Capitaloceno, Plantacionoceno, Chthuluceno: generando relaciones de parentesco”. Revista Latinoamericana de Estudios Criticos Animales, Año III, Vol. I.

Lander, Edgardo (1996). “El límite de la civilización industrial. Perspectivas latinoamericanas en torno al posdesarrollo”. FACES, Universidad Central de Venezuela, Caracas.

Marcuse, Herbert [1979] (1993). “La ecología y la crítica de la sociedad moderna”. Revista Ecología Política N° 5. Icaria, Barcelona.

Marini, Ruy Mauro (1974). “Subdesarrollo y revolución”. Ediciones Era, México.

Marx, Karl [1867] (1981). “El Capital”. Siglo XXI, México.

Moore, Jason (2003). “Capitalism as World-Ecology: Braudel and Marx on Environmental History”. Organization & Environment 16/4 (December).

Pérez Alfonzo, Juan Pablo [1979] (2009). “Hundiéndonos en el excremento del diablo”. Fund. Editorial El perro y la rana, Caracas.

Polany, Karl [1949] (2003). “La Gran Transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo”. Fondo de Cultura Económica, México.

Santos, Milton (1996). “De la totalidad al lugar”. Tau, Barcelona.

Svmpa, Maristella (2013). “Consenso de los commodities y lenguajes de valoración en América Latina”. Revista Nueva Sociedad N° 244.

Terán Mantovani, Emiliano (2014). “La crisis del capitalismo rentístico y el neoliberalismo mutante”. Documento de Trabajo N° 5, CELARG, Caracas.

1[1] Decimos “mal llamado y peor entendido” porque generalmente se ha empleado el concepto de extractivismo para referir a un sector, un tipo de actividades y/o una fase de los procesos económicos; a lo sumo, se lo ha usado para caracterizar a economías específicas (locales, nacionales o regionales) basadas en la sobre-explotación exportadora de materias primas. Eso es ver apenas una parte del fenómeno, lo que es lo mismo que no entender el problema como tal, que, a nuestro juicio, tiene que ver con la dinámica geometabólica del capitalismo como economía-mundo.

2[1] Cita extraída de Emiliano Terán Mantovani, “La crisis del capitalismo rentístico y el neoliberalismo mutante”. Documento de Trabajo N° 5, CELARG, Caracas: 2014.

3[1] Esa expresión remite a una nota publicada por Arturo Uslar Pietri en el periódico “Ahora” en 1936 y que, desde entonces, se ha convertido en una pieza emblemática de una visión nacional-desarrollista basada en la idea de invertir la efímera renta petrolera en la gestación de otros sectores productivos más sostenibles. Un fragmento de dicha nota dice: “Urge aprovechar la riqueza transitoria de la actual economía destructiva para crear las bases sanas y amplias y coordinadas de esa futura economía progresiva que será nuestra verdadera acta de independencia. Es menester sacar la mayor renta de las minas para invertirla totalmente en ayudas, facilidades y estímulos a la agricultura, la cría y las industrias nacionales. Que en lugar de ser el petróleo una maldición que haya de convertirnos en un pueblo parásito e inútil, sea la afortunada coyuntura que permita con su súbita riqueza acelerar y fortificar la evolución productora del pueblo venezolano en condiciones excepcionales.” (Arturo Uslar Pietri, “Sembrar el petróleo”, 14 de julio de 1936). Al día de hoy, el lema de PDVSA y el título del Boletín oficial es “Siembra petrolera…. Cosechando Patria”.

4[1] Las exportaciones petroleras venezolanas pasaron del 65 % en 1998 al 96 % en el año 2014.

Fuente: http://reduas.com.ar/extractivismo-y-dialectica-de-la-dependencia/

 

 Alternativas emancipatorias

 

Hagamos al escudriñamiento general sobre que es imprescindible poner fin a la democracia representativa u oligocracia gracias a castas en los poderes públicos, burocracias sindicales y neofeudos. Destapemos la mentira del gobierno FF de privilegiar la salud y la vida de todes:

 

 

a) Convirtió en actividades esenciales a las que son las causantes principales de la pandemia: la deforestación y la fumigación imprescindibles ambas para la expansión de monocultivos transgénicos destinados a exportación, contaminantes y desertificadores. Prestemos atención como la impunidad de la casta política permite su continuidad vitalicia sin juicio a su criminalidad de lesa humanidad, por ejemplo, en:

 

 

 

En un guiño al agronegocio,

bajan aranceles para importar insumos

para fabricar glifosato

4 de mayo de 2020

Por Gastón Rodríguez

Tiempo argentino

 

Lo anunció el Ministerio de Relaciones Exteriores. Se trata de precursores para la elaboración de herbicidas. Fuerte rechazo a la medida de las asambleas de pueblos fumigados.

Aun en días de pandemia y emergencia sanitaria, los intereses del agronegocio fueron, una vez más, favorecidos. El Ministerio de Relaciones Exteriores anunció la reducción de aranceles para la importación de insumos que se utilizan en la fabricación de potentes herbicidas como la atrazina y el glifosato. “Estos productos nos están matando, envenenando, y además aumentan los riesgos porque disminuyen considerablemente nuestras capacidades inmunológicas ante el coronavirus”, denuncian desde los pueblos fumigados. 

A través de su publicación en el Boletín Oficial, se informó la puesta en vigencia de acuerdos de complementación económica entre los países del Mercosur que implican una rebaja del 2% sobre el valor FOB (el valor de la mercancía puesta a bordo de un transporte marítimo) de los ingresos al país de monoisopropilamina y sus sales, con un cupo de 26.282 toneladas, y dimetilamina, con un límite de 6000 toneladas, por los próximos seis meses. El “descuento” había sido solicitado por la Argentina a principios de marzo durante una reunión de los cancilleres en Montevideo.

“Son compuestos que se usan como precursores, intermediarios para la fabricación de, por ejemplo, atrazina y glifosato, que son los herbicidas presentes en todo lo que nos imaginemos, no sólo en la soja transgénica, sino también en la producción hortícola, en las frutas, el tabaco y la yerba”, advierte Javier Souza Casadinho, ingeniero agrónomo, docente y coordinador de la Red de Acción en Plaguicidas de América Latina (Rapal).

“La atrazina –continúa– está prohibida incluso en su país de origen, que es Suiza. Es un producto desconocido en la Argentina, no está posicionado en la prensa, pero es peligroso porque está demostrado que se solubiliza en agua y se arrastra a las napas. También que, mezclado con otros componentes como ocurre durante las fumigaciones, afecta el sistema endócrino”.

Si bien es cierto que su nombre no es muy conocido, la atrazina es un herbicida usado hace muchos años Argentina, al principio asociado fundamentalmente a la fumigación de campos de trigo y maíz y, en el último tiempo, extendido a prácticamente todos los cultivos. Tanto que, junto al glifosato y el 2,4D, es de los más aplicados en el país. 

“Nos resulta preocupante que en medio de la pandemia de Covid-19, que afecta la salud de todas las comunidades, el ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Solá, haya reducido los aranceles para potenciar la importación de insumos para la fabricación de agrotóxicos en el país. Esta resulta, además, una maniobra que implica un beneficio para las multinacionales que operan en el negocio de la agroindustria extractivista, con el fin de asegurar sus ingresos en el suministro de venenos para la próxima temporada de siembra de cultivos transgénicos”, se lee en el comunicado de repudio publicado por las “Asambleas de Pueblos Fumigados de la provincia de Buenos Aires y colectivos hermanos”.

Precisamente, la figura del canciller Solá generó una molestia extra entre los ambientalistas, quienes no olvidan su insistente gestión para autorizar el uso de la primera soja transgénica hace más de 25 años (ver aparte).

“La baja de aranceles –reflexiona Souza– va a generar un abaratamiento en la fabricación y por ende en el costo de los herbicidas. El gobierno busca un equilibrio: por un lado, subir las retenciones y, por otro, reducir los costos de producción. Esa fue siempre la política de Solá de mantener contentos a los productores”.

Contradicción

El 22 de abril, en el marco de la celebración del Día de la Tierra, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, a cargo de Juan Cabandié, difundió un video que tomó muchos de los reclamos que se le vienen haciendo al actual modelo de producción. Sin embargo, el abaratamiento de los insumos para fabricar agrotóxicos o la inclusión de las fumigaciones dentro de las actividades esenciales exceptuadas de cumplir la cuarentena (junto a la minería y la explotación forestal) constituyen, para los ambientalistas, una “gigantesca contradicción”.

“Nos parece muy triste que se siga apostando al mismo modelo químico de producción de commodities que provocó un desequilibrio biológico, la destrucción del hábitat y una deforestación que tiene mucho que ver con lo que estamos viviendo”, se lamenta Gabriel Arisnabarreta, productor agroecológico e integrante de Ecos de Saladillo. En el mismo sentido se expresa Yanina Gambetti, del Frente de Lucha por la Soberanía Alimentaria Argentina: “Lo más grave es que estas multinacionales beneficiadas son justamente las que están acabando desde hace décadas con la salud de los pueblos y de la tierra”.

Solá y los transgénicos

La conformación del marco regulatorio sobre semillas genéticamente modificadas comenzó en el país en el año 1991, con la creación de la Comisión Nacional de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA), bajo la órbita de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación. Cinco años más tarde, en 1996, el entonces secretario de Agricultura del gobierno de Carlos Menem, Felipe Solá, autorizó de manera exprés y en base a estudios de Monsanto que ni siquiera fueron traducidos al español, la primera soja RR (por Roundup Ready), tolerante al herbicida glifosato y producida, obviamente, por esa multinacional, hoy en manos de la alemana Bayer. Desde entonces, los gobiernos sucesivos no dejaron de incentivar el modelo transgénico. Durante la presidencia de Mauricio Macri, por ejemplo, el ritmo de aprobación de los Organismos Vegetales Genéticamente Modificados (OVGM) se disparó, avalando 25 desarrollos transgénicos, casi la mitad (el 41%) de todos los autorizados en los últimos 23 ejercicios. De ellos, 18 fueron aprobados sólo en los últimos dos años de gestión.

@Soyelpapadeleon

Fuente: https://www.tiempoar.com.ar/nota/en-un-guino-al-agronegocio-bajan-aranceles-para-importar-insumos-para-fabricar-glifosato

 

Veamos el porqué referirse a criminalidad de lesa humanidad e involucrémonos en el repudio.

Argentina: Petitorio de

 

Asambleas de Pueblos Fumigados

y colectivos hermanos

Las asambleas y colectivos participantes de los Encuentros de Pueblos Fumigados de la Provincia de Buenos Aires y colectivos hermanos, repudiamos las recientes medidas que el Gobierno Nacional ha dictaminado en beneficio de los agronegocios y otras actividades extractivas.

En primer lugar, nos resulta preocupante que en medio de la pandemia COVID19 que afecta la salud de todas las comunidades, y de acuerdo a lo publicado en el Boletín Oficial del 22 de abril, el Ministro de Relaciones Exteriores de la Nación, Felipe Solá, haya reducido los aranceles para potenciar la importación de insumos para la fabricación de agrotóxicos en el país. Esta resulta, además, una maniobra que implica un beneficio para las multinacionales que operan en el negocio de la Agroindustria extractivista, con el fin de asegurar sus ingresos en el suministro de venenos para la próxima temporada de siembra de cultivos transgénicos.

Tanto las empresas, hoy beneficiadas, como quienes son fervientes adherentes al modelo de producción agroindustrial, son justamente quienes están acabando, desde hace décadas, con la salud de los pueblos y con la salud de la Tierra, es decir, con la Salud con mayúscula, ya que Tierra y seres vivimos conformamos una sola Salud.

En segundo lugar, exigimos que se recapitule sobre el decreto 450/2020 (y consecuentes resoluciones y decisiones administrativas a nivel nacional y provincial) en donde se declara a las fumigaciones con agrotóxicos como actividades esenciales exceptuadas de la cuarentena (junto a la minería y la forestal), considerando que dicha decisión constituye una medida abiertamente contraprudecente y contradictoria para el cuidado de la salud de todos y todas, en el marco de la grave emergencia sanitaria en la que se encuentra todo el país.

El pueblo está realizando un enorme esfuerzo por salir de esta crisis, cumpliendo con el aislamiento obligatorio, cuidándonos entre todos y todas, sobrellevando el hambre y la falta de trabajo, incluso en ambientes sumamente contaminados como es el caso, en particular, de los pueblos fumigados expuestos directamente a millones de litros de venenos. En este sentido cabe recordar que estos productos que utiliza el agronegocio nos están matando, envenenando, y que, además, aumentan los riesgos ante la pandemia ya que disminuyen considerablemente nuestras capacidades inmunológicas ante el Coronavirus. Resaltamos y recordamos que fueron más 320 de organizaciones, asambleas, comunidades y personas de la Argentina, junto a más de 800 de más 40 países en el mundo que lo plantearon bajo la consigna: “Un Planeta, Una Salud”. Invitamos a la lectura de este auténtico reclamo planetario.

Fundamentamos nuestro pedido de acuerdo a las vastas pruebas, informes e investigaciones científicas al respecto, que ya abundan, y en la plena vigencia del Principio de Precaución que establece nuestra Ley General de Ambiente en Argentina.

https://www.redeco.com.ar/nacional/ambiente/29081-petitorio-de-asambleas-de-pueblos-fumigados-y-colectivos-hermanos

enlace relacionado:

https://asamblearegionaldepueblosfumigados.wordpress.com/

https://www.facebook.com/pg/parendefumigarnos/posts/

Fuente: https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2020/05/04/argentina-petitorio-de-asambleas-de-pueblos-fumigados-y-colectivos-hermanos/

 

 

b) Refuerza la desposesión de derechos humanos esenciales y la marginación de las barriadas pobres y pueblos originarios al preocuparse sólo por establecer una asistencia racista y un  estado clasista de sitio sobre esas personas, familias, comunidades.

 

 

Las comunidades indígenas reclaman agua y alimentos

Pandemia de los pueblos olvidados

5 de mayo de 2020

Por Darío Aranda

Página12

La ONU llamó a que los gobiernos tengan un cuidado especial con las comunidades originarias. Denuncian discriminación.

Falta de alimentos y agua, escasez de leña e imposibilidad de trasladar insumos básicos, discriminación y hasta un adolescente baleado por la espalda (en un campo del millonario Eduardo Eurnekian). Son algunas de los impactos del coronavirus en los pueblos indígenas de Argentina. Naciones Unidas llamó a que los Estados tengan políticas especiales de cuidado y protección para con las comunidades originarias. “Basta de genocidio contra las comunidades”, reclamó Gladis Jara, de la comunidad qom Las Lomas (Santa Fe).

La comunidad qom Campo Medina está ubicada en Pampa del Indio, Chaco. Trabajan la tierra, siembran alimentos para autoconsumo y cosechan algodón. También hacen changas fuera de la comunidad, pero se cortaron por completo con la pandemia. El 1 de abril, Edgardo Peñaloza, de 17 años, fue al monte a “mariscar”, recolectar frutos y cazar, en el campo vecino, la estancia Don Panos, 96.000 hectáreas del millonario Eduardo Eurnekian. Cuando estaba monte adentro, fue emboscado por guardias privados y efectivos de la policía chaqueña. Lo balearon por la espalda. Estuvo al borde de la muerte. Fue trasladado de urgencia a la capital provincial y estuvo una semana en terapia intensiva. Su delito: buscar alimentos en el monte. Los agresores, empleados de la estancia y policías, están en libertad y ni siquiera fueron procesados.

En la ciudad de Santa Fe sucedió el primer caso de coronavirus en indígenas, una mujer qom proveniente de Chaco. Se detectó en la comunidad qom del barrio Las Lomas y Santo Domingo. La Red de Instituciones y Vecinxs, espacio intercultural del lugar, emitió un comunicado denunciando que las autoridades sanitarias demoraron cinco días entre el alerta de síntomas y la confirmación/internación de la afectada.

En el comunicado denunciaron que, como con otras situaciones de salud y derechos, se atiende de manera diferencial según la clase social.

Gladis Jara, de la comunidad qom Las Lomas, explicó que el caso de Covid-19 sumó más discriminación al barrio. Detalló que circuló un audio en el que una supuesta médica señalaba 70 casos en la comunidad. Luego de ese hecho, Jara denunció que un integrante de la comunidad sufrió un accidente cardiovascular y la ambulancia se negó a ingresar por temor al virus. Una joven qom fue con contracciones al hospital José María Cullen y no la atendieron. También cuestionó que en los supermercados de la zona no permiten ingresar a los qom. “Hubo amenazas de parte de la gente criolla de querer echar a las familias de la comunidad. También en las redes sociales hubo gente que subía fotos con armas diciendo que si veía a un ‘toba’ le pegaba un tiro. Estamos en el Siglo XXI y aún existen casos de racismo”, lamentó Jara. Señaló que por la pandemia no puede salir a vender sus artesanías ni hacer sus changas habituales. Ante el virus, la falta de asistencia estatal suficiente, la pobreza y el racismo, dejó un pedido para las autoridades y para a la sociedad argentina: “Basta de genocidio contra las comunidades”.

En Río Negro, comunidades originarias conformaron en el marco del Covid-19, la Mesa de Emergencia Territorial Mapuche de Río Negro. Nuclea a referentes políticos mapuche, miembros de la Coordinadora del Parlamento Mapuche y del Consejo de Desarrollo de Comunidades Indígenas (Codeci), entre otros. “Se hace urgente visibilizar la situación de comunidades y pobladores que habitan en la zona rural”, resalta el comunicado y puntualiza las dificultades para el abastecimiento de alimentos, los sobreprecios, serios problemas para obtener leña y garrafas, y la ausencia de atención sanitaria.

Elizabeth González (Logoixé, según su nombre qom), habló con la agencia de noticias internacional RadioEncuentros. Remarcó la contradicción de llamar a lavarse las manos ante comunidades indígenas que no cuentan con lo más básico. “Acá, en el Impenetrable de Chaco, solo hay un poco de agua para tomar, hace dos meses que no llueve”, cuestionó. González recordó que los pueblos indígenas ya padecieron enfermedades traídas por los blancos. Enumeró la fiebre amarilla, tuberculosis y viruela. Ante la falta de recursos básicos, sinceró que si el Covid-19 llega a las comunidades puede implicar un exterminio.

En Misiones, la comunidad mbya guaraní Takuapí Mirí abrió una página de Facebook “para que se pueda visibilizar nuestra realidad en medio de esta pandemia”. Ubicada en el departamento de Eldorado, en zona rural, solicitan alimentos, ropa de invierno y productos de limpieza. “El pueblo mbya guaraní resiste desde siempre, tenemos la sabiduría del monte, cazamos y recolectamos en la poca selva que todavía nos queda, pero necesitamos asistencia. Esta triste realidad es la que viven la mayoría de los mbya guaraní de Misiones”, afirma el escrito de la comunidad que termina con un pedido: “Compartan por favor nuestro mensaje. No nos hagan invisibles”.

En el marco de Naciones Unidas (ONU) funciona el “Mecanismo de Expertos sobre Derechos de los Pueblos indígenas (Mepdi)”, que brinda asesoría especial al Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Alertó que el Covid-19 afectará a los pueblos indígenas “de manera desproporcionada” porque “ha exacerbado y seguirá exacerbando una situación ya crítica para muchos pueblos indígenas, una situación en la que ya abundan las desigualdades y la discriminación”.

El organismo de Naciones Unidas recordó que, antes de la crisis, los pueblos indígenas ya carecían de acceso básico a la salud, al agua potable, a una dieta suficiente y equilibrada, y a saneamiento básico. “Muchos pueblos indígenas son invisibles en nuestras sociedades”, lamentó el Mepdi e instó a los Estados a que “se comprometan firmemente a evitar la expulsión de los pueblos indígenas de sus tierras”.

Sin electricidad y con maltratos policiales

En la meseta de Chubut, centro geográfico de la provincia, vive la comunidad mapuche-tehuelche Chacay Oeste, a 30 kilómetros de la localidad de Gan Gan. Desde hace veinte días no cuentan de energía eléctrica. Por la cuarentena no se les permite buscar los repuestos para el motor que brinda el servicio. En la misma región, las comunidades indígenas Laguna Fría y El Escorial denuncian el cierre de caminos y que no se les permite el traslado de insumos básicos. “La policía ha tenido una presencia muy fuerte pero lamentablemente no solo para hacer cumplir la cuarentena, sino con más atropellos y maltratos con los pobladores”, afirmó Angel Cayupil, que trabaja con las comunidades. Y precisó el caso de la comunidad mapuche-tehuelche Lagunita Salada, donde efectivos denunciaron a una abuela con sus dos nietos por estar a tres cuadras de su casa.

https://www.pagina12.com.ar/263653-pandemia-de-los-pueblos-olvidados

Fuente: https://rebelion.org/pandemia-de-los-pueblos-olvidados/

 

 

c) Menosprecia que Ramón Carrillo promovió, y ejerció política de, la salud pública como cuidados por las condiciones de vida y trabajo de todes sin discriminación de tipo alguno. Pero el autodenominado proceso de reorganización significó miseria planificada que todos los gobiernos constitucionales respetaron y subsidiaron. De modo que casi la mitad de la población de Argentina ha sido empobrecida y los hospitales públicos desmantelados. En esta expoliación ha sido clave la CGT que hoy sigue atentando contra la salud de los trabajadores.

 

 

CGT-UIA: el pacto “viral”

Por Red Eco Alternativo

La CGT le dice a los acreedores financieros que se banquen el ajuste de la renegociación de la deuda. Sin embargo, acuerda con los empresarios de Argentina que los trabajadores soporten, con recorte salarial, el parate de la actividad. Las ganancias son para los empresarios, las pérdidas hay que repartirlas con los trabajadores. Esta sería una síntesis de lo que el acuerdo significa.

(Red Eco) Argentina – El 25 de abril el Consejo Directivo Nacional de la CGT emitió un comunicado de respaldo a la oferta del Gobierno a los acreedores financieros de la Argentina. Afirmó entonces que “la deuda externa no se debe negociar sobre la pobreza de nuestros trabajadores”.  Y que “los pobres enfrentan en lucha desigual su pobreza, los ricos deberán ajustar sus ganancias y aceptar las ofertas realizadas”.

Peculiar mirada la de principal central obrera (¿obrera?), cuando se la contrasta con la firma del acuerdo que hizo dos días después con la Unión Industrial Argentina – con la venia del ministerio de Trabajo -, en el que aconsejan que los trabajadores suspendidos en el marco del covid-19 puedan ver reducido en un 25% el salario de bolsillo que cobrarían en condiciones laborales normales.

En el texto del documento se establece que “el monto que los empleadores deberán abonar como prestación no remunerativa o las asignaciones en dinero que se entreguen en compensación por suspensiones de la prestación laboral en este marco no podrá ser inferior al 75% del salario neto que le hubiere correspondido al trabajador en caso de haber laborado”.  Y que sobre ese monto “deberán realizarse la totalidad de los aportes y contribuciones por la ley 23660 (obras sociales) y 23661 (seguro nacional de salud) y el pago de la cuota sindical”.

Nótese que habilita a pagar cifras no remunerativas o compensaciones sobre las cuales no se le hacen las retenciones para aportar a la seguridad social (ANSeS) pero también las empresas se libran de pagar sus contribuciones patronales con ese destino.

Así, los acuerdos firmados entre empleados y empleadores que establezcan la suspensión con pago de no menos del 75% pueden homologarse en forma automática. “Solamente en esas condiciones o cuando se establezca un porcentual mayor, la autoridad de aplicación homologará en forma automática los acuerdos que se presenten”, detalla el documento.

El acuerdo fue presentado al ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y al titular de la cartera de Trabajo, Claudio Moroni. Lleva las firmas de los secretarios generales de la CGT, Héctor Daer y Carlos Acuña; del titular de la Unión Obrera Metalúrgica, Antonio Caló y el secretario adjunto de la CGT, Andrés Rodríguez. Por el lado de la UIA, rubricó el acuerdo su presidente, Miguel Acevedo, y el vice, Daniel Funes de Rioja.

El convenio fue aceptado por la CGT a cambio del compromiso por parte de las empresas de no despedir. Abarca a las compañías forzadas a paralizar sus  actividades debido a las restricciones decretadas por el gobierno durante la cuarentena. Las cláusulas del convenio tendrán validez por 60 días contados desde el 1 de abril.

“Esto lo que hace es generar un piso de ingresos y garantía del empleo”, manifestó este martes el secretario general de la CGT, Héctor Daer. El además líder de la Asociación de Trabajadores de la Sanidad Argentinas (ATSA) aseguró: “Estos acuerdos van a permitir al país la salida (de la crisis). De esto, la economía, la sociedad y el país en general salen con un gran acuerdo político, con todos los actores sociales. Es un buen puntapié, porque genera certidumbre. Y agregó: “La salida de la pandemia va a ser también con muchísimo esfuerzo”.

“La otra opción es que las empresas salgan a despedir gente”, dijo por su lado Andrés Rodríguez, secretario Adjunto de la central sindical para defender el acuerdo firmado.

A partir de la firma, varios gremios enrolados en la CGT comenzaron a acordar recortes salariales.

La Unión Obrera Metalúrgica (UOM), dirigida por Antonio Caló, pactó con 3 de las 5 cámaras del sector empresarial el pago del 70% del salario bruto, que representa el 86% del neto, para los empleados que estén suspendidos. El entendimiento mejora el piso fijado por la CGT y se extenderá por el lapso de cuatro meses.

No lo rubricaron aún las Pymes del sector.  Hasta el momento sólo acordaron con la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), la Asociación de Fábricas Argentinas Terminales de Electrónica (AFARTE) y Federación de Cámaras Industriales De Artefactos Para El Hogar (FEDEHOGAR).

La Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios (Faecys), dirigida por Armando Cavalieri  y las tres cámaras empresarias del sector – Cámara Argentina de Comercio (CAC), la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y la Unión de Entidades Comerciales Argentinas (Udeca)- acordaron  una baja salarial del 25 % en el marco de restricciones por el aislamiento social.  Los empresarios se comprometieron a continuar ingresando los aportes y contribuciones para la obra social del gremio (Osecac) y la cuota sindical. Así uno de los gremios más numerosos se garantiza seguir recibiendo estos fondos.

“La reducción salarial es, en este momento, necesaria para evitar despidos masivos”, dijo por su parte el secretario general de la Federación Argentina Sindical de Petróleo, Gas y Biocombustibles (FASiPeGyBio)

Pedro Milla se jactó de haber podido lograr que en lugar de una reducción salarial del 70%, como proponían las empresas, solo le quiten un 40% a unos 25.000 trabajadores suspendidos. “Es para evitar despidos masivos”, aseguró.

Otra de las centrales sindicales, CTA Autónoma, manifestó su “absoluto rechazo” y dijo que ese pacto “tiende a colocar al trabajador en estado de indefensión” poniéndolos en situación desventajosa frente a futuras negociaciones colectivas.

La Central sostuvo que con el acuerdo “se pretende universalizar una quita del 25% del salario de los trabajadores, sumado a un sistema de subvenciones, donde sectores de empresas concentradas transfieren el pago de salarios al erario público”.

“De esta forma, solo se hacen cargo de una pequeña parte con un costo insignificante en función de sus ingresos y ganancias habituales. El acuerdo pone en el mismo plano a las pequeñas y medianas empresas que verdaderamente requieren el apoyo del Estado”, agregó.

Como la CGT no los representa, aseguraron que están “en libertad de acción para reclamar lo que los trabajadores resuelvan”, advirtiendo al gobierno nacional que la emergencia sanitaria por el coronavirus “no es motivo suficiente como para anular la consulta y la participación de otras entidades de trabajadores”.

También  el Sindicato de Empleados de la ex Caja de Subsidios Familiares para el Personal de la Industria (SECASFPI), que conduce Carlos Ortega, rechazó el acuerdo suscripto entre la CGT y la UIA.   “Nuestra Organización sindical que está regida por la Ley de Contrato de Trabajo (LCT), rechaza totalmente cualquier rebaja o descuento salarial, en la modalidad que se quiera imponer. Desde nuestra organización gremial exigimos el pago completo de salarios comprendido por la Ley de Contrato de Trabajo”, remarcó.

“Amigos y compañeros esto no es lo ideal pero es lo posible”,  cierra el comunicado que firma  el Consejo Directivo Nacional de la Asociación Obrera Textil de la República Argentina (AOT).  “Ni los trabajadores ni los empresarios tienen la culpa de lo que está pasando y tenemos que repartir las pérdidas”, afirmó Hugo Benitez,  su titular, luego del acuerdo logrado con la Federación de Industrias Textiles (FITA) de pagar sumas no remunerativas para los trabajadores eximidos de realizar sus tareas.

Las ganancias son para los empresarios, las pérdidas hay que  repartirlas con los trabajadores. Esta sería una síntesis de lo que el acuerdo significa.

Encima las empresas recibirán como subsidio del Estado el 50 % de los salarios de bolsillo de sus trabajadores, la postergación para el pago de las contribuciones patronales a la seguridad social o su posible reducción en un 95 %.

Volviendo a lo que la CGT manifestó ante la propuesta del gobierno para renegociar parte de la deuda – “los pobres enfrentan en lucha desigual su pobreza, los ricos deberán ajustar sus ganancias y aceptar las ofertas realizadas”- nos queda claro que “la oferta” para la más numerosa de las centrales sindicales de Argentina no se escribe hacia el capitalismo de “adentro” como hacia el capitalismo de “afuera”.

Mientras el impuesto por única vez a las grandes fortunas camina lento, la rebaja salarial ya está en marcha.

A dos días del 1 de mayo, en el que se reivindica la lucha de los trabajadores y trabajadoras por sus derechos, la burocracia sindical homenajea al capital, acordando recortes a esos derechos.

Fuente: https://contrahegemoniaweb.com.ar/2020/05/04/cgt-uia-el-pacto-viral/ 

 

 

d) Desinforma para que, abajo y a la izquierda, no nos preguntémonos y esclarezcámonos sobre:

 

Las cárceles, el feminismo y

la delgada línea del punitivismo

1 de mayo de 2020

¿Realmente la sociedad se da el debate de pensar quiénes deben acceder al arresto domiciliario y quienes no? ¿Por qué causa más indignación este planteo que los beneficios y tratos especiales a criminales de lesa humanidad? ¿Se está cuestionando tras la pandemia la función de las cárceles, la criminalidad penitenciaria y policial, y la inoperancia del poder judicial? Las pantallas y las redes estallan de indignación por la supuesta “liberación masiva de presos” que en realidad, hilando fino, resulta ser muy selectiva. En general, las cárceles no están ni en la agenda ni en los discursos políticamente correctos porque, como bien decimos las feministas, lo que no se nombra no existe, y dentro de la (súper) población carcelaria, las mujeres y disidencias también son invisibilizadas como en todos los aspectos sociales. ¿Alguien está hablando de las mujeres con hijos, las embarazadas y las personas con enfermedades inmunosupresoras en contexto de encierro?

Por Natalia Tangona para ANRed.

Siempre ha sucedido que ciertas noticias recién demandan atención cuando explotan “del lado de adentro de la Gral. Paz”. En los últimos días la situación del penal de Devoto acaparó las pantallas, siendo que las cárceles del interior comenzaron sus demandas, sus comunicados, sus huelgas de hambre, desde hace casi un mes. Los internos advirtieron de la presencia de agentes penitenciarios infectados mucho antes de la confirmación de casos positivos en Bariloche, Olmos, Campana y Devoto. Advirtieron de los traslados de internos desde cárceles ubicadas en zonas de riesgo hacia penales del interior en pueblos donde no se registraban casos, como Junín. De hecho, el 16 de marzo las mujeres privadas de la libertad en la cárcel de Batán fueron las primeras en tomar la iniciativa de solicitar que se suspendieran las visitas por prevención y cuidado teniendo en cuenta que sus familias viajan horas en transportes masivos para verlas.

En general, las cárceles no están ni en la agenda ni en los discursos políticamente correctos porque, como bien decimos las feministas, lo que no se nombra no existe. Y si los muros ya hacen su parte evitándonos poder ver y los medios tergiversan las voces para no escuchar lo que realmente deberíamos escuchar, el silencio es el remate final para legitimar la barbarie en los sótanos del Estado. Barbarie es la palabra que resume a la concepción del sistema carcelario como centros de hacinamiento, de tortura, violaciones, infecciones y asesinatos declarados por la versión oficial como “suicidios” o “enfrentamientos” entre reclusxs, y archivados como “muertes dudosas”.

El punitivismo es una de las cuestiones más teorizadas y debatidas por los feminismos, en este último tiempo, a partir de la práctica del escrache a abusadores, golpeadores y femicidas. La delgada línea del punitivismo serpentea entre los justificativos, los discursos éticos y el dolor. Lo cierto es que los feminismos no buscamos generar el mismo dolor al escrachado ni venganza, sino advertir, exigir, gritar, no olvidar, cuidar y aplicar la condena social en tanto no haya políticas efectivas de prevención y contención ni justicia. Porque ellos, los pedófilos, los violadores, los femicidas, en su mayoría, no están presos (la mayor parte de los internos en las penitenciarias federales cumplen condenas por robo y narcotráfico, sólo el 5% corresponde a delitos sexuales y el 6% a homicidios). Y por eso, en tanto no haya justicia efectiva, habrá escrache. Muy diferente es entender a la justicia como el ejercicio de la tortura y el asesinato sistemáticos.

Lo irrefutable es que para los genocidas y para estos hijos sanos del patriarcado el único lugar posible es la cárcel. Entre éstos hay un conjunto en común de crímenes cometidos contra mujeres, adolescentes y niñas. Aún así, muchos criminales de la dictadura cumplen la preventiva en cárceles vip como la de Campo de Mayo o gozan de prisión domiciliaria. ¿Acaso hablamos de que deben tener todos los mismos beneficios por igual?, no. Se deben regularizar las condiciones sanitarias básicas de las cárceles comunes y allí deben permanecer todos ellos cumplimentando sus penas y los protocolos de prevención ante la pandemia, tal como debe asegurarlo un Estado de derecho que respeta las garantías constitucionales incluso de los que representan las violencias que combatimos quienes luchamos por los derechos humanos. El beneficio del arresto domiciliario frente a los riegos de contagio del coronavirus se aplica a personas con condenas menores o pertenecientes a la población de riesgo, sin embargo quienes deberían acceder a ello aún se encuentran hacinados en las cárceles mientras que genocidas, violadores y femicidas ya están en sus domicilios y, en varios casos, sin previa notificación a las víctimas o sus familiares. Mientras tanto, presxs políticos, presxs por causas armadas, presxs por cultivar cannabis para uso medicinal, o por portación de cantidades insignificantes, por robos menores, con prisiones preventivas por doquier, están en penitenciarías y comisarías colapsadas frente un inminente contagio masivo y devastador que, además, puede extenderse más allá de los muros y calabozos.

Dentro de la (súper)población carcelaria, las mujeres y disidencias también son invisibilizadas como en todos los aspectos sociales. ¿Alguien está hablando de las mujeres con hijos, las embarazadas y las personas con enfermedades inmunosupresoras en contexto de encierro?

En el caso de las mujeres privadas de la libertad la primera causa de detención es el menudeo y transporte de estupefacientes. El 70% se encuentra en prisión preventiva a la espera del inicio de un juicio. Capítulo aparte, o un libro entero, merecerían las causas armadas por el aparato policial y los periplos del horror que padecen quienes no han hecho absolutamente nada y están presxs.

En Argentina no hay un registro sistematizado ni actualizado de datos sobre presas por aborto. El Código Penal establece una pena de 1 a 4 años pero la libre interpretación de jueces y juezas hace que muchos casos se caratulen como “Homicidio agravado por el vínculo”. Ésto, sumado a la falta de relevamientos completos, contribuye a la total invisibilización de las mujeres condenadas por abortar. ¿Cuántas están en prisión a la espera de un juicio caratulado vaya a saber de qué forma?.

El 8 de abril, el juez de la Cámara de Casación Penal bonaerense, Víctor Violini , dispuso mediante una resolución el beneficio del arresto domiciliario a detenidos por delitos leves y en riesgo sanitario. Según él mismo declaró no lo permite a quienes están presxs por delitos cometidos con armas, delitos de violencia de género, delitos de abuso sexual o delitos cometidos con violencia. Sin embargo, la realidad siempre es bien distinta cuando el poder judicial es deshumanizado y patriarcal.

En un artículo publicado por Página 12, el 18 de marzo, Adriana Meyer resumió claramente estas desigualdades: “La ley 24.660 indica en el artículo 32 que los jueces pueden disponer la prisión domiciliaria a las mujeres embarazadas y a las que tienen hijes pequeñes a su cargo. Pero el cumplimiento queda a la arbitrariedad de jueces y juezas. La selectividad del sistema penal se ve con claridad en estos casos, cuando en gran medida se le concede con facilidad la domiciliaria a los genocidas, pero a las mujeres pobres y con hijxs, no. También se pidió que se revisen las causas por homicidios agravados o intentos de homicidio en los que las mujeres están detenidas por defenderse de sus parejas.”

La feminización de la pobreza, la criminalización de las mujeres y disidencias y la justicia patriarcal se complementan y retroalimentan calando tan hondo que ni en los discursos ni las agendas de los feminismos más representativos las presas y les preses están presentes. En la última reunión informativa por videoconferencia de la Comisión de Mujeres y Diversidad con del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad ninguna de las asistentes, ni la ministra siquiera, dijeron una sola palabra sobre la situación de las encarceladas ante la pandemia de Covid 19, siendo que ya el 20 de abril, las internas de la Unidad Penitenciaria n°33 de Los Hornos habían emitido un comunicado donde expresaron “un penal que no sólo aloja mujeres sino también a sus hijos hasta los cuatro años de edad; a adultas mayores; con VIH; con enfermedades respiratorias (…)

Pedimos ser contempladas en el Plan de Emergencia Sanitaria y que las malas condiciones en nuestra situación de encierro sean tenidas en cuenta en el contexto actual de pandemia por COVID 19. La cárcel no está preparada para atendernos si nos enfermamos y los efectos serían devastadores (..) Vinimos a pagar una condena, no a morir en una cárcel.” Además, el pasado 24 de abril, las mujeres privadas de la libertad en la Unidad Penitenciaria n°3 del Borbollón, en Mendoza, fueron reprimidas por el grupo masculino de choque del Complejo Boulogne Sur Mer con golpizas y disparos, tras iniciar un reclamo sonoro ante una nueva negativa de parte de las autoridades a sus notas solicitando garantías de higiene y celulares para comunicarse con sus hijes (beneficios que sí se habían otorgado en el Complejo de varones).

Por su parte, el Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos elaboró recomendaciones irrisorias al Servicio Penitenciario Federal, como si el actual estado de las prisiones cumpliera con los mínimos requisitos de sanidad y como si la idiosincrasia del personal carcelario guardara algo de respeto por la dignidad humana cuando se trata de presxs comunes y pobres. A nadie se le ocurre considerar la formación de género.

En las últimas horas, cinco de los seis módulos del Complejo IV de Mujeres de Ezeiza comenzaron una protesta pacífica exigiendo el cumplimiento del protocolo de salud y que se tomen medidas para descomprimir la superpoblación. Las internas del Centro de Rehabilitación de Drogadependientes (CRD) denuncian que se relizan requisas excesivas (30 requisas para 11 mujeres, obligándolas a quitarse la ropa y tocándolas a todas con los mismos guantes) y el recrudecimiento de la falta de insumos sanitarios como guantes, barbijos y botas para las encargadas de la limpieza de los pabellones.

En lo que va de la cuarentena se contabilizan oficialmente los asesinatos de José Candía, en Corrientes, y Federico Rey, en Florencio Varela, ambos a balazos, por parte del SPF. Se sospecha de otras dos posibles muertes más en Devoto. Y en la Unidad 40 de Lomas de Zamora, Magalí Saraco, de 27 años, fue hallada ahorcada en una celda de castigo, estando a días de recuperar la libertad y reencontrarse con sus hijes. También hubo “suicidios” en San Luis: Florencia Magalí Morales, de 39 años, en la comisaría 25ª de Santa Rosa de Conlara y un chico de 16 años en la Comisaría de Atención a la Niñez, Adolescencia y Familia, de Villa Mercedes.

¿Realmente la sociedad se da el debate de pensar quiénes deben acceder al arresto domiciliario y quienes no? ¿Por qué causa más indignación este planteo que los beneficios y tratos especiales a criminales de lesa humanidad? ¿Se está cuestionando tras la pandemia la función de las cárceles, la criminalidad penitenciaria y policial, y la inoperancia del poder judicial?

Mientras las pantallas y las redes estallan de indignación por la supuesta “liberación masiva de presos” que en realidad, hilando fino, resulta ser muy selectiva, Miguel Ángel Pierri es designado como colaborador de Sergio Berni, en el Ministerio de Seguridad Bonaerense. Pierri fue el abogado defensor del femicida de Ángeles Rawson, Jorge Mangieri; participó de la defensa del padre Julio Grassi e incluso estuvo detenido por encubrimiento en esta causa. Al parecer, el Estado está muy lejos aún de discusiones y acciones estructurales en torno a las cárceles y la perspectiva de género, demasiado distante de las representaciones no sesgadas y por demás enviciado con la misma doble vara de la justicia patriarcal, de la cual no se eximen legisladores y mandatarixs escudadxs en el discurso de la división de poderes.

Del otro lado de la reja está la realidad, de este lado de la reja también está la realidad”, pero lo que no puede ni quiere verse, ni escucharse, ni pensarse, no puede ser puesto en palabras. En nuestros feminismos tan llenos de voces desapresadas y no olvidadas habrá que escuchar con los ojos y observar las voces a través de los muros donde “la libertad es real aunque no se sabe bien si pertenece al mundo de los vivos, al mundo de los muertos, al mundo de las fantasías o al mundo de la vigilia” Después de todo, si hay algo que nosotres sabemos muy bien es que “la única irreal es la reja.”*

*Fragmentos de Paco Urondo.

Fuente: https://www.anred.org/2020/05/01/las-carceles-el-feminismo-y-la-delgada-linea-del-punitivismo

Observemos que el capitalismo hoy completamente mundializado no sólo expropia bienes comunes y derechos a una creciente mayoría sino también llena sus cárceles de esos desposeídos. Cárceles bajo estado de excepción desde décadas y aisladas, aceptadas por nosotres, les diverses de abajo sin fronteras.

 

Voces de Guayaquil, epicentro de la pandemia en Ecuador (XIII)

«Es más fácil presentar

 a los encarcelados como

desadaptados a los que temer,

que como personas con necesidades»

 

5 de mayo de 2020

Por Silvia Arana (Rebelión)

En la décima tercera entrega de la serie, la docente de cine que imparte talleres en dos cárceles de Guayaquil, Priscilla Aguirre, se refiere a la situación de las personas privadas de libertad durante la pandemia. Advierte de que incluso si se implementara la necesaria liberación por razones humanitarias de los presos poco peligrosos, pero al mismo tiempo se continuara enviando a la cárcel a otras personas (por incumplir la cuarentena, por ejemplo) no se estaría modificando sustancialmente la situación de hacinamiento y, por ende, de extremo peligro a contagio del coronavirus dentro de las cárceles.

Entrevista a Priscilla Aguirre, docente de cine y documentalista. Imparte (en tiempos normales) talleres de cine y fotografía en dos cárceles de Guayaquil.

¿Podría hablarnos de su trabajo como educadora en centros de detención de Guayaquil?

Llevo trabajando desde marzo de 2018 con el Centro de Privación de Libertad Femenino de Guayaquil y desde agosto de 2019 con el Centro de Adolescentes Infractores Varones de Guayaquil. En ambos centros imparto dos talleres de cine documental y fotografía. Es por este motivo que he desarrollado un profundo interés por la situación de las personas privadas de libertad y sus familias. Me une una gran amistad y un gran cariño con todos/as mis estudiantes en ambos centros y por eso me preocupa la situación de las cárceles en el país. 

¿De qué rango de edad son las mujeres que asisten a los talleres?

Mis estudiantes en la cárcel de mujeres tienen entre 21 y 56 años.

¿Y los adolescentes estaban por microtráfico de droga o por varias razones?

Los adolescentes casi todos eran por sicariato tristemente. 

Según las autoridades penitenciarias hubo “motines” de presos el 20 de marzo en Lago Agrio-Sucumbíos, el 22 de marzo en Ibarra y el 19 de abril de 2020 en Ambato. Dado que ni familiares ni abogados pueden ingresar a las cárceles por la emergencia sanitaria y el estado de excepción, ¿alguien ha podido corroborar las causas de las protestas de los presos? 

Yo en verdad no tengo datos concretos sobre esos motines, lo que sí podría decir al respecto es que desde que desapareció el Ministerio de Justicia, Derechos Humanos y Cultos, institución que regía antes las cárceles del país, varios acontecimientos de este tipo empezaron a suscitarse que iban encaminados a exigir mejoras en la calidad de vida de las personas privadas de libertad dentro de los centros. 

Muchas cosas cambiaron con la eliminación de este ministerio. Muchos presupuestos se redujeron para este sector de atención prioritaria, y las consecuencias se vieron en la serie de actos violentos que ocurrieron durante el año pasado en varias cárceles del país. Esto no sé si recuerdan, desencadenó que se instaure un estado de excepción en todo el sistema de rehabilitación social, medida que trajo muchas consecuencias. Podría suponer que estos motines están relacionados a pedidos parecidos a los de aquel entonces. Muchas personas privadas de libertad están solicitando más protocolos preventivos para los guías penitenciarios y el personal que entrega las comidas, que entra y sale a diario de los centros. También tengo entendido que les preocupa con justa razón el hacinamiento en este contexto. Entonces uno de los motivos que podría haber detrás de los descontentos de la población penitenciaria es la atención que desean que se establezca:

 1) Que no se llenen las cárceles de personas que sean apresadas por no cumplir las reglas del confinamiento, 2) Que liberen a las personas sin sentencia o con penas leves, 3) Que se creen espacios adecuados de aislamiento para posibles contagiados.

En resumen, no desean contagiarse ni morir de esa forma, pues conocen que acceder a medicina y atención médica de calidad en ese contexto, es sumamente complejo. 

 ¿Nos podría comentar sobre las cárceles de mujeres en Guayaquil? ¿Cómo era la situación previa al coronavirus? ¿Y actualmente?

La cárcel de mujeres de Guayaquil suele albergar entre 800 y 900 mujeres, casi el doble de su capacidad. En ella existen mujeres con todo tipo de casos y sentencias que conviven en cinco áreas de pabellones. En su día a día se ofrecían dentro del centro penitenciario clases de educación primaria, secundaria e institutos tecnológicos. A su vez existían cursos de manualidades, deportes, música, cine, fotografía, teatro y sesiones de diferentes iglesias que trabajaban en el centro también. En estos espacios las chicas podían aprender cosas nuevas y entretenerse. A partir del coronavirus, toda actividad se vio interrumpida, así como el ingreso de visitas. Las últimas visitas permitidas en este centro fueron la primera semana de marzo. Es decir, hoy se siente el encierro mucho más porque una cosa es no poder salir de tu casa y estar con tu familia, y otra es no poder salir de tu celda o pabellón y tener la angustia de no entender bien lo que ocurre afuera. Tengo entendido que el personal administrativo de este centro tampoco está asistiendo a realizar trabajo presencial, por tanto hay muchas dudas de las privadas de libertad sobre la situación que les depara en todo sentido, y sobre todo en torno a los casos de personas que tienen ya sentencias cumplidas y no pueden salir porque no se les da trámite a sus casos y demás. 

Según información proporcionada por la madre de una de mis alumnas privadas de libertad, en los inicios de la pandemia, se permitió el ingreso de medicinas que los familiares podían llevarles, pero ahora eso también está restringido. Varias de ellas han estado con gripes y otro tipo de dolores, y el acceso a atención médica dentro del centro está también complicado por el contexto. Sin embargo, también por testimonio de familiares de privadas de libertad, se que se considera de cierto modo la privación de la libertad como algo «ventajoso» en estos momentos debido a que al menos en esa situación las personas tienen las tres comidas diarias aseguradas, en contraste con muchos ecuatorianos de a pie que se encuentran luchando por conseguir cómo alimentarse una vez al día.

¿El SNAI ha tomado medidas de prevención adecuadas contra el contagio de COVID-19?

Sí, tengo entendido que se han proporcionado mascarillas y guantes al personal de guías penitenciarios, sin embargo he estado leyendo en la prensa, reportajes donde indican que no existen suficientes implementos de bioseguridad como en muchos sectores del país. Adicional a esto, las personas privadas de libertad se organizan en brigadas por pabellones para limpiar y desinfectar sus áreas comunes. También se han extendido los turnos de los guías para que duren 24 horas y así tengan que salir y entrar con menos frecuencia. Sin embargo ya se ha registrado un muerto privado de libertad por COVID-19 en el CDP (Centro de Detención Provisional) del Inca, en Quito. A su vez el director del SNAI Edmundo Moncayo, ha indicado que (hasta el 17 de abril) solo había dos casos de guías penitenciarios con COVID-19 positivo. Es decir, se vuelve evidente que los guías penitenciarios que deben entrar y salir para cambios de turno, constituyen los principales agentes de riesgo para el contagio del COVID-19  en las cárceles, lamentablemente. 

¿Tiene conocimiento de que haya ocurrido una protesta en alguna cárcel de mujeres?

No tengo conocimiento sobre esto. Lo que sé es que en la cárcel de mujeres de Guayaquil el ambiente se ha mantenido pacífico. Este centro de mujeres es muy pacífico en general. En él aún no se detectan casos de contagio y espero de corazón que así se mantenga. A ellas lo que les preocupa sobremanera es que no vaya a entrar el virus a través del personal que ingresa a diario, sus familiares en el exterior y que las personas sin sentencias ejecutoriadas o con sentencias cumplidas, no puedan tener el debido proceso en sus trámites.

Debido a la pandemia de COVID-19, diversos países (incluido EE.UU., el país con mayor población carcelaria por habitante del mundo) han dejado en libertad en el último mes a miles de personas que habían sido detenidas por delitos menores o próximas a cumplir su condena -siguiendo el pedido humanitario de la ONU de liberar a los presos poco peligrosos. ¿Qué está sucediendo en Ecuador con los detenidos por causas menores entre la población carcelaria de 40.000 personas?

 En Ecuador se habló desde hace varias semanas sobre este asunto. La información que tengo sobre el tema es la que circula por la prensa y que indica que el Servicio Nacional de Atención Integral a Privados de la Libertad (SNAI)  para precautelar la salud de la comunidad penitenciaria incrementó el envío de pedidos de prelibertad a los jueces, quienes  despachan estas solicitudes desde las unidades de flagrancia a escala nacional. Según la entidad, solo en marzo se enviaron 700 solicitudes para que los juzgados los aprueben. Un mes antes se remitieron 279 expedientes. Por ende, en teoría se están haciendo esfuerzos para agilizar este proceso…Lo que habría que pensar en este caso, es listo, gente sale con prelibertad porque cumplen el 60% de sus sentencias. Pero ¿qué cantidad de gente está ingresando al mismo tiempo a las cárceles? ¿Han disminuido los crímenes y detenciones en este contexto? Pues si la respuesta es negativa (es decir, si continúan deteniendo gente como antes), da un poco lo mismo todo esto. 

Una persona privada de la libertad (PPL) de la cárcel de El Inca -donde los presos realizan una huelga de hambre y una protesta en demanda de protección sanitaria (recordemos que el viernes 17 de abril falleció un preso de esa prisión), dijo que los reportes policiales de motines eran exageraciones. Que los presos entienden la medida de aislamiento, que solo demandan protección para no morir contagiados. ¿Cómo ve la situación?

No tengo mucho conocimiento sobre este caso y no me gustaría decir que es una exageración o no. Lo que sí sé, por el conocimiento que tengo del sistema penitenciario local, es que por lo general intenta ser mostrado por el lado fácil. Es decir, es más fácil presentar a los privados de libertad como desadaptados a los que hay que temer, en vez de seres humanos con las mismas necesidades de quienes estamos afuera. 

Independiente de lo que cada uno de ellos haya cometido, dentro de las cárceles habitan seres humanos. Todos tienen familias, seres queridos y merecen dignidad en su contexto de encierro. Si esto no se cumple, y se sienten amenazados por el miedo al contagio, es probable que puedan desatarse amotinamientos. Esto lo haría cualquier ser humano que se siente olvidado, rechazado y en peligro. 

«Voces de Guayaquil, epicentro de la pandemia en Ecuador» consiste en una serie de entrevistas a residentes días posteriores a que su ciudad estuvo en la primera plana de los noticieros internacionales por los muertos sin sepultura y sus familiares clamando por ayuda a un Estado aparentemente inexistente. Trabajadores, artistas, estudiantes, docentes comparten sus vivencias desde la ciudad que es el centro económico y financiero del país y que paradójicamente también es la ciudad con mayor concentración de pobreza. Se estima que un 17% de los 2.700.000 habitantes de la urbe viven en condiciones de pobreza. Recostada sobre las aguas terrosas del río Guayas, con un clima muy cálido y húmedo que no hace mella en la actividad intensa y el carácter hospitalario y amable de sus habitantes, Guayaquil tiene la mayor densidad de población del país y el sistema de transporte público con más usuarios. Estos elementos junto a las profundas deficiencias del sistema de salud pública nacional cuyo presupuesto fue reducido un 36% en el último año y la desorganización del gobierno municipal son factores que ayudarían a explicar por qué la ciudad concentra el 70% de los casos de COVID-19 en Ecuador y la mayor cantidad de contagios per cápita en toda América Latina.

Libertad Gills coordinó la realización de todas las entrevistas de esta serie.

Enlaces a las entrevistas previas de la serie:

.https://rebelion.org/la-inaccion-y-las-mentiras-solo-generan-mas-caos/

.https://rebelion.org/la-situacion-en-guayaquil-es-como-estar-a-la-deriva/

.https://rebelion.org/las-mujeres-en-especial-de-las-clases-populares-son-las-que-estan-llevando-en-su-espalda-el-mayor-peso-de-la-crisis/

https://rebelion.org/hay-quejas-de-que-ya-no-se-aguanta-el-olor-que-emana-el-hospital-del-guasmo/

.https://rebelion.org/debehaberuncambioevidente/

https://rebelion.org/dolor-e-impotencia-al-ver-que-ni-el-gobierno-nacional-ni-la-municipalidad-de-guayaquil-mostraron-preocupacion-ante-esta-grave-pandemia/

https://rebelion.org/guayaquil-es-una-ciudad-de-la-calle-muchos-negocios-son-de-venta-informal/

. https://rebelion.org/en-monte-sinai-no-tenemos-agua-ni-alimento-suficiente/

https://rebelion.org/hay-companeras-que-piden-auxilio-y-no-puedo-hacer-nada/

https://rebelion.org/unas-3-000-familias-no-tienen-acceso-a-atencion-medica-para-el-covid-19-ni-para-cualquier-otra-enfermedad-en-este-sector-del-guasmo-sur/
Fuente: https://rebelion.org/es-mas-facil-presentar-a-los-privados-de-libertad-como-desadaptados-a-los-que-hay-que-temer-en-

En consecuencia, la «reforma agraria integral» mirando por el binomio indisoluble de la salud pública con la salud de la Madre Tierra hoy la construyen barriadas empobrecidas y las poblaciones en las oficializadas como "zonas de sacrificio". Por ejemplo:

La Comarca se moviliza por una salida colectiva y comunitaria de la crisis sanitaria

5 de mayo de 2020

 

 

Asambleas, organizaciones sociales y vecinos de Río Negro y Chubut lograron coordinar una acción de reencuentro y trueque de alimentos, juguetes, libros y plantines en pleno retén policial que separa en dos la Comarca. Desde la Emergencia Sanitaria, el Paralelo 42 que separa la ciudad rionegrina de El Bolsón de las localidades chubutenses de Lago Puelo, El Hoyo, Epuyén y El Maitén, se encuentra bloqueado por las fuerzas de seguridad. Los vecinos recuerdan que la Comarca es una sola.

 

Por Corresponsal popular para ANRed. 


Los 4 de cada mes las comunidades y asambleas que defienden los territorios del extractivismo se movilizan para renovar su compromiso con el buen vivir y su lucha contra las empresas mineras. Por eso, ayer 4 de mayo, la movilización necesitó desbordar la orden estatal de aislamiento ante la excepción de la cuarentena a la minería y las fumigaciones, la baja de aranceles para la producción de glifosato, el relanzamiento del proyecto Suyay en Esquel, con Eduardo Elztain de socio, y la constante extorsión de Pan American Silver que intenta lavarse la cara en la meseta. Esto se suma a los preocupantes intentos legislativos por habilitar una actividad ecocida y sin licencia social. Los discursos del presidente, gobernadores y ministro de ambiente, presas fáciles de lobbys extractivos, no generan confianza ni tranquilidad con respecto al modelo extractivo neocolonial, más bien lo contrario.

A este reclamo central hoy en el paralelo, se sumaron varios más:

  • El pedido para la libre circulación en la Comarca Andina del paralelo 42 (llevando los controles al puente Villegas por el Norte y Leleque por el Sur) y el fin de la criminalización a trabajadores/as autónomas, feriantes, albañiles y otras actividades, impidiéndoles trabajar a familias enteras con economías de subsistencia, en un contexto de inflación que no registra grieta alguna. La frontera provincial, un límite sólo para los mapas, ahora se ha transformado en pequeño muro de Berlín, separando familias, y afectando gravemente la vida social, económica y cultural de una Comarca con marcada identidad regional. Una problemática que hasta ahora no ha encontrado respuestas en intendentes ni gobernadores.

 

  • El rechazo total a la presencia del Ejército Argentino en El Hoyo y a los excesos represivos durante la cuarentena especialmente del lado chubutense. En la Comarca permanece en la memoria los genocidios del Ejército contra el pueblo nación mapuche y mapuche tehuelche y el perpetrado durante la última dictadura cívico-eclesiástico-militar. Con una pregunta que quemaba barbijos: ¿cómo los recursos que faltan en Salud y Educación, incluso aún hoy en Chubut debiendo dos meses de salarios a estatales y jubilados, parecen sobrar para contratar cibervigilancia, movilizar tropas o equipar a las fuerzas policiales y militares?

  • Y por último, la apuesta, la afirmación convencida, acerca de la urgente construcción de otra salud, una salud comunitaria que incorpore otras prácticas, otros saberes, más allá de la medicina hegemónica, iatrogénica, alopática y colonial. Asumiendo que construir y sostener lazos comunitarios es una práctica de salud en sí misma, una red de cuidados vecinal, fraterna y solidaria capaz de apuntalar integralmente el sistema inmunitario de muchos y muchas al mismo tiempo. ¿Cómo no enfermar si nos fumigan con veneno, nos contaminan el agua o nos debatimos entre el hambre y la malnutrición con “alimentos” industriales?, ¿es racional un sistema donde las mismas corporaciones que se enriquecen envenenando luego vuelvan a enriquecerse vendiendo los remedios y vacunas?

Luego de trocar frutas, dulces caseros, nueces, aceite, harinas, libros y juguetes, se decidió donar una buena cantidad de productos a los comedores populares de los barrios Irigoyen y Esperanza de El Bolsón y a las gratiferias de Paraje Entre Ríos y Golondrinas, en Lago Puelo. La asamblea y el trueque culminaron sobre la legendaria ruta 40, con aplausos, un compromiso a seguir movilizando y organizándose comunitariamente.

 

https://www.anred.org/2020/05/05/la-comarca-se-moviliza-por-una-salida-colectiva-y-comunitaria-de-la-crisis/

 

 

Hemos mirado, hasta hoy ante la pandemia, a las grandes ciudades como hábitats y ámbitos privilegiados sin descubrirlas, al menos en nuestro Abya Yala, también consecuencia de los extractivismos que despojan y expulsan a comunidades locales. Hoy las grandes ciudades sufren más a la pandemia:

"Decimos que no es casual porque las megalópolis nos ofrecen a diario causas estructurales para esperar diversos colapsos sanitarios: hacinamiento, sedentarismo, enfermedades pre-existentes asociadas a la mala calidad alimentaria, escasez o contaminación del agua, y altos niveles de polución ambiental (1) , entre otros factores que bien aplican a las grandes capitales de provincia argentina".

 

Rumbeemos hacia "experiencias (como las de UTT, MTE-Rural, Renama, MNCI) de promover territorios concebidos desde la agroecología, y su multi-dimensión alimentaria, ecológica, sanitaria, social y política, se torna un desafío fundamental. Se trata, en el horizonte, de empezar a habitar comunidades que hagan de la salud de la tierra, de los cuerpos, y de los vínculos humanos el ethos político para la pos-pandemia".

 

Aspectos sanitarios para una necesaria y urgente reconversión agroecológica como paradigma eco-social

 

De los planetas de ciudades miseria a

las comunidades de la tierra digna

15 de mayo de 2020

Por Leonardo Rossi
Huerquen Comunicación en colectivo

Debemos comenzar por marcar que las grandes ciudades modernas se han presentado ante la pandemia como territorios eminentemente problemáticos en términos sanitarios, “verdaderas trampas mortales”, dicen las voces críticas. No es casual que paradigmas de la urbanidad capitalista como Nueva York se conviertan en focos de contagio masivo, o que aquellas que pudieron contener la expansión del virus debieran extremar al tope el aislamiento físico. Decimos que no es casual porque las megalópolis nos ofrecen a diario causas estructurales para esperar diversos colapsos sanitarios: hacinamiento, sedentarismo, enfermedades pre-existentes asociadas a la mala calidad alimentaria, escasez o contaminación del agua, y altos niveles de polución ambiental (1) , entre otros factores que bien aplican a las grandes capitales de provincia argentina. Sobre la contaminación del aire urbano, algunos análisis ya esbozan la relación entre zonas de mayor polución atmosférica y mayor incidencia de mortalidad por coronavirus (2). Asimismo hemos visto como los “parates económicos” han reflejado de forma elocuente la toxicidad de la “vida normal” de las urbes. En el caso argentino, se reportó mayor polución allí donde existe mayor tamaño de la ciudad (3). Ignorar estos datos como parte de los sistemas sanitarios, sus implicancias directas en la vida de millones de personas, la drástica afección que implica en la infancia (4), es cuanto menos negligente.

Estos cuadros se agravan al extremo en el contexto de sociedades empobrecidas, con deficientes sistemas de salud pública, y masivos sectores de la población malnutridos, expuestos a contaminación fuera y dentro de su hogar. Lo acontecido en Guayaquil o Manaos merecerían atención en esta línea. Pero incluso al interior de las ciudades, la afectación causada por la pandemia tiene, como todo problema sanitario, distinto impacto según la estratificación social. Es decir, en el mediano plazo, los más afectados son los grupos empobrecidos de las ciudades, una pandemia “transclasista”, donde la ciudad neoliberal deja la mesa servida al virus, como dice el epidemiólogo ecuatoriano Jaime Breilh (5). “Las diferencias más extremas de salud ya no se encuentran entre la ciudad y el campo, sino entre las burguesías urbanas y los pobres urbanos”, apunta el geógrafo Mike Davis (6), quien se ha dedicado a investigar la insostenibilidad social, ecológica y sanitaria de los actuales modelos urbanos dominantes.

En ese mismo sentido hay que decir que “el Covid-19 tiene todas las características para que la consideremos no solo una pandemia vírica sino una ‘pandemia de la desigualdad’”, que encuentra causas en la urbanización violenta y desorganizada y la destrucción sistemática de ecosistemas y culturas campesinas, por un lado, y cierra su ciclo afectando de forma más virulenta a quienes habitan la marginalidad de las grandes urbes, como apunta el salubrista catalán Joan Benach (7).

En esta dinámica, organismos internacionales marcan que tres cuartas partes del peso del futuro crecimiento de la población mundial recaerán sobre áreas urbanas con escasa o nula planificación para acomodar y brindar servicios básicos, una tendencia bien conocida en los conurbanos argentinos, y no sólo de las grandes capitales sino ya de varias ciudades intermedias. Esa es la dinámica en un mundo donde el mercado ha regulado el uso y ocupación de la tierra, rural y urbana. Entre otras consecuencias directas, esto implica en América Latina que el noventa por ciento de la basura termine en ríos y arroyos sin ningún tratamiento previo, con las consecuencias sociales y sanitarias esperables. En este sentido queda claro que justicia social y justicia ecológica no pueden seguir escindidas. Los barrios más pobres de nuestros territorios actúan como verdaderas cloacas colapsadas de este planeta de ciudades miseria, como les llama Davis.

En definitiva, estos modelos de urbanidad se constituyen sobre la negación permanente de las condiciones biofísicas, por lo tanto sanitarias, que necesita un territorio para poder ser habitable por comunidades humanas. No se puede pensar todavía hoy a la salud como una abstracción desligada de nuestra condición de especie, y nuestros requerimientos vitales (aire, agua y alimento sano). En ese sentido, la medida profiláctica de extensión de las cuarentenas con mayor restricción a conglomerados de más de 500 mil habitantes debiera permitir hacer un análisis más profundo sobre las bases ecológicas y sociales de largo alcance que subyacen a esa acción de coyuntura, con las especificidades vividas en los asentamientos y barrios hacinados. Asimismo esto debe movilizar de forma urgente y sin excusas, las alternativas para desarticular estas cartografías.

No se trata de hacer una reivindicación ingenua de la ruralidad, porque justamente el tipo de patrón rural que ha ido acompañando al crecimiento de estas megalópolis es el del agro de grandes extensiones de monocultivos, con saturación de tóxicos en tierra y agua (8) (9), con erosión y voladura de suelos, sequías extremas e inundaciones, deforestación, zoonosis asociadas (10), producción de alimentos cargados de pesticidas para el consumo masivo (11), y desnutrición y muerte de niños como recientemente hemos padecido en Salta. En ese proceso se potenció la desposesión de las prácticas agroculturales que brindaban autonomía alimentaria, diversidad en la producción, y en las dietas ajustadas a las diversas eco-regiones, con sus implicancias en la conformación de sistemas inmunológicos adecuados al territorio habitado (12). Como correlato, se coadyuvó al hacinamiento en los márgenes urbanos, por un lado, y se estructuró un sistema agroalimentario cada vez más deslocalizado, altamente contaminante e insostenible en términos energéticos, potenciando las tasas de contaminación y el calentamiento global (13), como así también la conformación de dietas estandarizadas hechas para el mercado y no para nutrir. Sobre este punto, el país presenta un panorama realmente dramático en términos de exceso de peso –incluye las categorías de sobrepeso y de obesidad- tanto en niñas y niños (13, 6 %), adolescentes (41,1 %) como adultos (67,9 %). “La epidemia de sobrepeso y obesidad es la forma más frecuente de malnutrición y se confirma que continúa aumentando sostenidamente en Argentina”. Además los sectores con menos ingresos son los más afectados, por ejemplo la prevalencia de obesidad en adultos fue un 21% mayor en el quintil de ingresos más bajos respecto del más alto (Segunda Encuesta Nacional de Alimentación y Salud Argentina; Secretaría de Salud, 2019). En el paroxismo de este modelo urbano hallamos hoy pequeñas comunidades en zonas eminentemente rurales, que replican todos los vicios de las grandes ciudades, como la cementación y estructuración en función del automóvil, creación de mega-basurales, consumo masivo de alimentos ultraprocesados, y la importación extra-regional de alimentos de fácil producción como buena parte de frutas y verduras.

Es justamente esta relación la que debe comenzar a invertirse como parte de una política sanitaria de fondo. Todo ese camino hay que desandar para efectivamente “elegir la salud” más allá del corto plazo. Las medidas profilácticas podrán correr el problema hacia adelante pero un sistema sanitario de calidad y socialmente justo sólo podrá empezar a construirse desde bases ecológicas y comunitarias saludables, donde el sistema agroalimentario pensando desde principios agroecológicos es la primera barrera inmunológica que debemos sostener. El alimento, el agua y el aire son la principal vía de salubridad de los organismos. Lo que se decida sobre el modelo de planificación territorial en torno a estos ejes será crucial para configurar un sistema de salud acorde al tiempo histórico que atraviesa la humanidad, que es el de un planeta ecológicamente devastado, listo para las próximas pandemias y con el cambio climático como principal problemática sanitaria debido a las múltiples derivas de mortalidad que acarrea, tal como advirtió hace semanas la OMS (14). El modo de vida urbano-céntrico, y su contraparte del agronegocios son los motores básicos de este problema que deben empezar a desarmarse, si al menos queremos mitigar los daños que ya están en marcha. En el mismo sentido, un colectivo científico internacional publicó un artículo de gran impacto donde se definió como “sindemia global” (15) este modelo agroalimentario actual, que deriva en tasas de desnutrición y obesidad sin precedentes e interactúan con un calentamiento climático creciente provocado por este mismo sistema productivo. Un proceso de emanación constante de enfermedades a escala planetaria.

No se puede insistir en concebir la salud desde la atención de la enfermedad, como si habitar sociedades crónicamente enfermas fuese la normalidad. La pandemia nos muestra que no es viable continuar escondiendo esta estructural injusticia social, sanitaria y ecológica bajo el relato del ‘capitalismo sustentable’, ‘las buenas prácticas agrícolas del agronegocios’, y ‘sellos de ciudades eco’.

 

Para la construcción de sociedades saludables, indefectiblemente se deben habitar territorios que garanticen esas condiciones. Esto implica una distribución territorial adecuada, la reconversión y salida de ramas productivas de alto impacto ambiental, la definición de “actividades esenciales” para esas transiciones, y la construcción de masivos programas de educación y cultura tendientes a desalentar el consumismo, una educación eco-social con cultura agroalimentaria de enfoque agroecológico, revalorización de formas de vida centradas en el ‘cuidado común’, que den cuenta de la innegable inviabilidad ecológica del actual modelo de producción-consumo.

Se trata de reconstruir una forma de habitación territorial donde el horizonte deseable sea una nueva rur-urbanidad acoplada al territorio, a la bio-región, donde, parafraseando a Jorge Riechmann, el objetivo sea “producir vida digna” para muchas generaciones humanas, y “no producir mercancías” para un presente de insatisfacción e insalubridad permanente. En este sentido, y como recomendara la Relatora de Derecho a la Alimentación en una reciente visita a Argentina (2018) (16 17), y principalmente como dan cuenta infinidad de experiencias (UTT, MTE-Rural, Renama, MNCI) promover territorios concebidos desde la agroecología, y su multi-dimensión alimentaria, ecológica, sanitaria, social y política, se torna un desafío fundamental. Se trata, en el horizonte, de empezar a habitar comunidades que hagan de la salud de la tierra, de los cuerpos, y de los vínculos humanos el ethos político para la pos-pandemia.

Leonardo Rossi integra el Colectivo de Ecología Política del Sur (Citca-Conicet)

http://huerquen.com.ar/de-los-planetas-de-ciudades-miseria-a-las-comunidades-de-la-tierra-digna/

Fuente: https://rebelion.org/de-los-planetas-de-ciudades-miseria-a-las-comunidades-de-la-tierra-digna/

 

 

Partamos del acuerdo mayoritario: 

"acerca de la necesidad de encaminarnos como humanidad a una relación más saludable con la naturaleza, y en la necesidad de realizar cambios en la manera de producir nuestros alimentos para evitar futuras y próximas catástrofes civilizatorias. Prácticamente desde todos los sectores, sean de izquierda, liberales o ideologías alternativas, se habla de sustentabilidad y de producción sustentable. La humanidad, para evitar una catástrofe civilizatoria, debe encaminarse urgentemente hacia la construcción de una relación armoniosa con la naturaleza. En este debate, uno de los modelos que han estado en el centro de la reflexión ha sido la agroecología. Se trata, de forma resumida, de un sistema de producción de alimentos que busca integrar de manera armónica el proceso productivo con el entorno ecológico, valorando todos los elementos naturales y biológicos intervinientes en el mismo. Un sistema de producción que, en lugar de ser invasivo del ambiente natural, se integra a él".

"Para lograr reconvertir nuestra matriz agrícola al modelo agroecológico, deberíamos llevar adelante una verdadera revolución productiva, y también económica

Nos encontramos por lo tanto encerrados en una trampa de la que no es posible salir dentro del sistema capitalista".

"La única alternativa para evitar una catástrofe civilizatoria en el mediano (o en el corto) plazo, es comenzar a construir de manera urgente un sistema global de producción de alimentos integrado a la naturaleza y dirigido al bien social. Lo que implica necesariamente un profundo plan de transición que debe desarrollarse democráticamente y desde abajo, con el protagonismo de los colectivos y asociaciones campesinas, la población rural y la sociedad organizada".

 

Es asumir la «soberanía alimentaria» como fue definida por la Vía Campesina. En 1996 la contrapuso a la seguridad alimentaria de la FAO. Y la enfocó con base y motor en la «reforma agraria Integral» que, en la actualidad, debe ser: anticapitalista, antiimperialista, antirracista, antipatrialcal y decolonial. Avizorémosla como poder de los pueblos arraigado en comunalidades territoriales y laborales con unión plurinacional e internacionalista revolucionaria.

 

 

La agroecología sólo podrá expandirse

superando el capitalismo

15 de mayo de 2020

Por Santiago Clement

La izquierda diario

La crisis desatada por el Coronavirus, deja al descubierto la necesidad de una transformación radical en el modo de producir alimentos y de relacionarnos con la naturaleza. Hacia un sistema productivo agroecológico.

Desde que se desató la crisis global de la pandemia, el debate acerca de la relación del hombre con la naturaleza, y del efecto catastrófico que nuestra civilización globalizada ha venido ejerciendo sobre el medio ambiente, se ha expandido y profundizado. Se han publicado en los últimos tiempos numerosos trabajos y artículos que exponen la manera en que el avance del hombre por sobre la naturaleza y la producción animal en confinamiento a gran escala, provocan o favorecen la aparición de epidemias y pandemias (consultar Rob Wallace, David Harvey, Mike Davis, Silvia Ribeiro, John Vidal entre otros), e incluso se propone que estas podrían ser las causas de la atroz pandemia que estamos sufriendo.

Hay un acuerdo muy mayoritario entre la población mundial y en el ámbito científico (en este casi unánime) acerca de la necesidad de encaminarnos como humanidad a una relación más saludable con la naturaleza, y en la necesidad de realizar cambios en la manera de producir nuestros alimentos para evitar futuras y próximas catástrofes civilizatorias. Prácticamente desde todos los sectores, sean de izquierda, liberales o ideologías alternativas, se habla de sustentabilidad y de producción sustentable. La humanidad, para evitar una catástrofe civilizatoria, debe encaminarse urgentemente hacia la construcción de una relación armoniosa con la naturaleza. En este debate, uno de los modelos que han estado en el centro de la reflexión ha sido la agroecología. Se trata, de forma resumida, de un sistema de producción de alimentos que busca integrar de manera armónica el proceso productivo con el entorno ecológico, valorando todos los elementos naturales y biológicos intervinientes en el mismo. Un sistema de producción que, en lugar de ser invasivo del ambiente natural, se integra a él.

El modelo agroecológico viene siendo promovido desde hace décadas, con muy importantes experiencias en diversos países (puede consultarse el programa Zonas Agroecológicas Mundiales “ZAE” de la FAO). En nuestro país, de hecho, se anunció, poco tiempo antes del estallido de la pandemia, la creación de una “Dirección Nacional de Agroecología”. Sin embargo, la realidad es que el sistema productivo mundial y el sistema productivo de nuestro país se encuentran enormemente alejados del modelo agroecológico. Por lo contrario, si se analizan las últimas cuatro o cinco décadas, se revela que el modelo productivo que se viene impulsando ha venido siendo, en lugar de más amigable, cada vez más destructivo con el ambiente, derivando en la pérdida de grandes nichos ecológicos por causa del desmonte, de incendios, contribuyendo al calentamiento global por el uso de combustibles fósiles y la cría de ganado rumiante y provocando diversas catástrofes, entre ellas, quizás, la que estamos sufriendo con la actual pandemia.

La humanidad, para evitar una catástrofe civilizatoria, debe encaminarse urgentemente hacia la construcción de una relación armoniosa con la naturaleza. En este debate, uno de los modelos que han estado en el centro de la reflexión ha sido la agroecología. Se trata, de forma resumida, de un sistema de producción de alimentos que busca integrar de manera armónica el proceso productivo con el entorno ecológico

El Green New Deal y la lógica del capital

Cabe entonces hacerse esta pregunta; ¿es posible la expansión de la agroecología cuando la producción de alimentos está sujeta a las reglas del mercado capitalista y los alimentos son considerados antes una mercancía que un bien social?, ¿Puede expandirse la agroecología si los alimentos continúan siendo una mercancía regida por la lógica del sistema capitalista?

Hay sectores de la población, líderes y gobernantes que proponen la realización de un “pacto social” para que el capitalismo se vuelva “verde” o “sustentable”; esto se expresa en el llamado “Green New Deal”. Los defensores de esta estrategia, manifiestan la necesidad de promover o implementar una serie de regulaciones ambientales y se apoyan, entre otras cosas, en la idea de que el modelo de producción agroecológico puede ser más rentable que el modelo convencional con el que se produce actualmente. Es decir, que se lograría a la vez, en teoría, un beneficio ambiental y un beneficio económico. Es cierto que el modelo convencional, al ser destructivo de la naturaleza, sería, efectivamente, menos rentable a largo plazo que cualquier otro modelo que sea más amigable con el ambiente, puesto que si se destruye el ambiente necesario para producir luego ya no se puede producir y por lo tanto no se genera ninguna rentabilidad.

Sin embargo, la realidad es que los requerimientos de la producción agroecológica se encuentran contrapuestos a los requerimientos del capital; se trata de dos modelos que se hayan en oposición, en constante tensión. La única manera de que la agroecología se adopte de manera global como modelo de producción (es decir, la única manera de establecer un sistema productivo verdaderamente sustentable, en armonía con la naturaleza), es haciendo que la producción de alimentos deje de estar determinada por la lógica del mercado capitalista; es decir, aboliendo la esencia mercantil de los alimentos e instituyéndolos como un bien social, e instituyendo a la producción de alimentos como un servicio para la sociedad (en armonía con la naturaleza), en lugar de continuar desarrollándola como una actividad lucrativa. No se trata de hallar las condiciones para que la producción agroecológica sea rentable, sino de producir en base a las necesidades de la humanidad y del planeta. La salud de la humanidad y de la naturaleza, no pueden seguir supeditadas a la rentabilidad y a las necesidades del capital.

¿Es posible la expansión de la agroecología cuando la producción de alimentos está sujeta a las reglas del mercado capitalista y los alimentos son considerados antes una mercancía que un bien social?

El panorama local

En nuestro país, la producción de sólo 4 cultivos (soja, maíz, trigo, girasol), ocupa, según las estadísticas del Ministerio de Agricultura Ganadería y Pesca de la Nación para la campaña 2018/2019, unos 29,2 millones de has., lo que representa aproximadamente el 72% de la superficie cultivable total del país (que es de cerca de 40 millones de has.). Se sembraron en dicha campaña 12 millones de has. de soja (“de primera”), 9 millones de has. de maíz, 6,3 millones de has. de trigo, y 1,9 millones de has de girasol, más 5 millones de has de soja “de segunda” (es decir, sembrada en una misma superficie luego de la cosecha de otro cultivo, principalmente trigo). El 70% de la producción de soja y maíz (79 millones de tn –entre granos y sus derivados como pellet o aceite- en la campaña 2018/2019), fue exportada para ser utilizada en su mayoría como alimento en la producción de carne, generalmente en confinamiento a gran escala (producción porcina, aviar, bobina). Es decir que gran parte la superficie cultivable de nuestro país (llegaría al 60% sumando soja y maíz), está destinada a la producción de un insumo (alimento animal) del sistema productivo que es causante de la aparición periódica de epidemias globales y, quizás, que es responsable de la actual pandemia. Algunos defensores de aquella idea del “capitalismo verde” o de un Green New Deal local, proponen reconvertir la producción de soja y maíz al modelo agroecológico, algo que, en definitiva, terminaría siendo por completo contradictorio si esa soja y ese maíz son luego destinados a la producción masiva de carne en confinamiento. Respecto al trigo y al girasol (8,2 millones de has, o el 20% de la superficie cultivada total) son destinados en gran parte a la alimentación humana (harinas, aceites). Sin embargo, su actual modelo productivo se sostiene en la adopción de un paquete tecnológico que se encuentra muy alejado del modelo agroecológico (alta dependencia del uso de agroquímicos y de maquinaria de combustión a gasoil y uniformidad genética y varietal).

Es así que la enorme superficie cultivable de nuestro país, es cultivada bajo un modelo que se encuentra sumamente alejado de los requerimientos de la agroecología (es decir, de los requerimientos del cuidado ambiental). Uno de los pilares de la agroecología es la diversidad genética de los cultivos, pero la realidad nos muestra que más del 70% de la superficie cultivable del país es utilizada de manera sistemática (con algún período eventual de rotación), para sólo 4 cultivos. Y para colmo, la mayor parte de lo cosechado se destina, en última instancia, a la producción de carne en confinamiento a gran escala, una actividad destructiva y peligrosa para la salud global.

Si tomamos entonces por caso nuestro país (uno de los principales productores de alimentos del mundo), nos daremos cuenta de que, para lograr reconvertir nuestra matriz agrícola al modelo agroecológico, debiéramos llevar adelante una verdadera revolución productiva, y también económica, ya que gran parte de la economía de nuestro país se sostiene, efectivamente, en la producción de estos 4 cultivos. ¿Sería acaso posible concretar esta transformación radical sin romper con el sistema de producción capitalista, por más modificaciones y regulaciones que se implementen y por más “Green New Deal” que se ensaye?

Para lograr reconvertir nuestra matriz agrícola al modelo agroecológico, deberíamos llevar adelante una verdadera revolución productiva, y también económica

Nos encontramos por lo tanto encerrados en una trampa de la que no es posible salir dentro del sistema capitalista. Los intentos de expandir la agroecología sin atacar la raíz del problema (el hecho de que la producción de alimentos sea una actividad que persiga el lucro en lugar de perseguir el bien social, la salud y el cuidado de la naturaleza), chocarán frontalmente con esta realidad: los requerimientos del capital son contrarios a los de la ecología. La creación de direcciones nacionales de agroecología o la instauración de un “Green new deal” que promuevan maneras más amigables de producción pero que busquen a su vez conciliar los intereses del capital, serán acciones por completo ineficaces para lograr el objetivo colosal que se requiere, la instauración de un sistema nacional (y mundial) de producción de alimentos integrado a la naturaleza y que proteja la salud global. Esto, a su vez, requeriría un cambio profundo no sólo en el modo de producción sino en el régimen de tenencia y utilización de la tierra, su socialización y democratización de su uso y protección.

La actual crisis que estamos viviendo, nos demuestra que la única alternativa para evitar una catástrofe civilizatoria en el mediano (o en el corto) plazo, es comenzar a construir de manera urgente un sistema global de producción de alimentos integrado a la naturaleza y dirigido al bien social. Lo que implica necesariamente un profundo plan de transición que debe desarrollarse democráticamente y desde abajo, con el protagonismo de los colectivos y asociaciones campesinas, la población rural y la sociedad organizada, que han históricamente luchado en defensa de los derechos de las comunidades y el cuidado de la tierra. Este desafío, además, debemos ponerlo en práctica en un sistema-mundo deteriorado, frágil y que se encuentra sufriendo un proceso de calentamiento global de consecuencias impredecibles. No se trata de la adopción de pequeños cambios progresivos que nos lleven de a poco a lograr un sistema “más amigable” con el ambiente; hace por lo menos un siglo que no venimos precisamente siendo “amigables” con el ambiente. El desafío es inmenso, e implica cambios inmensos y radicales. Se trata de una verdadera revolución ecológica que requiere, entre otras cosas, una condición fundamental, la superación del capitalismo y la construcción de un modelo global alternativo, democrático, centrado en el cuidado del planeta y en el desarrollo de una civilización igualitaria que conviva de manera armónica con la naturaleza.

La única alternativa para evitar una catástrofe civilizatoria en el mediano (o en el corto) plazo, es comenzar a construir de manera urgente un sistema global de producción de alimentos integrado a la naturaleza y dirigido al bien social. Lo que implica necesariamente un profundo plan de transición que debe desarrollarse democráticamente y desde abajo, con el protagonismo de los colectivos y asociaciones campesinas, la población rural y la sociedad organizada.

Notas de interés / Bibliografía:

John Vidal; “Destruction of hábitat and loss of biodiversity are creating the perfect conditions for diseases like Covid-19 to emerge” (2020), disponible en: https://ensia.com/features/covid-19-coronavirus-biodiversity-planetary-health-zoonoses/

Pablo Rivas; “El peligroso vínculo entre destrucción de ecosistemas y enfermedades infecciosas” (2020); disponible en https://www.elsaltodiario.com/biodiversidad/peligroso-vinculo-destruccion-ecosistemas-enfermedades-infecciosas

Entrevista a Rob Wallace; “La responsabilidad de la agroindustria en el Covid-19 y otras enfermedades virales” (por Yaak Pabst (2020), disponible en http://www.biodiversidadla.org/Documentos/La-responsabilidad-de-la-agroindustria-en-el-Covid-19-y-otras-enfermedades-virales

Roberto Andrés; “Menos distopía, más utopía: el Covid-19, el agronegocio y la crisis ecológica global”, visiones de Mike Davis y Robe Wallace, disponible en: https://www.laizquierdadiario.com/Menos-distopia-mas-utopia-el-Covid-19-el-agronegocio-y-la-crisis-ecologica-global

Silvia Ribeiro; “No le echen la culpa al murciélago” (2020); disponible en: https://amp.pagina12.com.ar/256569-no-le-echen-la-culpa-al-murcielago?__twitter_impression=true

Tomas Quindt; “Por qué grandes granjas producen grandes gripes”, apuntes sobre “Big Farms Make Big Flu: Dispatches on infectious disease, agribusiness, and the nature of science” de Rob Wallace (2020). Disponible en http://www.laizquierdadiario.com/Por-que-las-grandes-granjas-producen-grandes-gripes

FAO: http://www.fao.org/nr/gaez/es/

Estadísticas MAGyP: http://datosestimaciones.magyp.gob.ar/

Santiago Clement. Ingeniero agrónomo (UBA), Msc en viticultura y enología (UNCuyo)

https://www.laizquierdadiario.com/La-agroecologia-solo-podra-expandirse-superando-el-capitalismo

Fuente: https://rebelion.org/la-agroecologia-solo-podra-expandirse-superando-el-capitalismo/