Qué Democracia

Agosto 2019

Con burocracias política y sindical, medios masivos y fuerzas de seguridad e inteligencia vs. Confederación de comunidades y naciones autónomas.

 

 

 

Legalidad-legitimidad de la gran burguesía/Bloqueo de la lucha de clases/Alternativas emancipatorias

 

 

Legalidad-legitimidad de la gran burguesía

 

Reflexionemos sobre qué democracia vivimos. Hagámoslo en base a conocimientos e ideas elaboradas por la autoorganización de las diversidades de abajo para resistir el avasallamiento de derechos desde la problematización de nuestro acostumbramiento al capitalismo. En efecto:

 

 

La Comisión Provincial por la Memoria, desde el período 2013 a 2014, caracteriza de “sistema de la crueldad” a cárceles, comisarías, centros de menores, neuropsiquiátricos y políticas de “seguridad”. Monitorea e investiga sobre esa violación de derechos humanos desde 1999 en la provincia de Buenos Aires. Recopila y analiza esos datos en informes anuales y el de 2015 lo presentó en el Teatro Coliseo de La Plata. Además la Procuración Penitenciaria de la Nación , la Comisión Provincial por la Memoria y el Grupo de Estudios sobre sistema penal y Derechos Humanos publican un informe anual desde hace 6 años y documentan porqué hablar de “cárceles de la miseria” en todo el país.

 

En octubre de 2011 organizaciones de diferentes sectores ante el avance de las políticas represivas deciden construir una herramienta de articulación que les permita nacionalizar las luchas y afianzar las respuestas al Estado represor. Así fundan el Encuentro Nacional Antirrepresivo para actuar en conjunto ante hechos represivos en distintos puntos del país como las razzias, los casos de gatillo fácil, la muerte y tortura en cárceles y comisarías, o la persecución a los trabajadores organizados y en lucha.

 

Sin embargo, tanto la deliberación como la comunicación social e información entre los diversos de abajo se ve inhibida por la adaptación al capitalismo de las grandes mayorías. Sabemos sobre neofeudos en casi todas las provincias e incluso en el Gran Buenos Aires con los barones del conurbano que hacen a la ciudadanía de baja intensidad desde hace décadas. Avasallamiento de derechos humanos no sólo en las zonas de sacrificio para los extractivismos sino también en los asentamientos precarios de los que han sido desposeído de todo y expulsados hacia las grandes ciudades. Violación que se multiplica y profundiza según la acumulación gran capitalista avanza en su maximización. En la actualidad refuerza la alienación en las grandes ciudades.

 

Acaparamiento de tierras y

bienes comunes

marzo 2015

Por Amigos de la Tierra Argentina

(….)Acaparamiento del espacio urbano

(….)El diseño de los territorios

Se establece así un diseño del territorio dictado por el mercado y ejecutado por tomadores de decisiones sin consulta alguna a la población, que va imponiendo un proyecto de ciudad hacia los demás sectores sociales. “Vivimos, después de todo, en un mundo donde los derechos a la propiedad privada y el beneficio aplastan todas las demás nociones de derechos”, afirma David Harvey en “El derecho a la ciudad” (Harvey, 1969, p1). Entre los que deciden este proyecto, encontramos sectores de alto poder económico con gran influencia, vinculados a la adquisición de tierras, la especulación financiera, la explotación agropecuaria, la industria y el sector transnacional. Algunas de las empresas más influyentes en cuanto a especulación inmobiliaria son IRSA (ver cuadro), CREAURBAN (empresa del grupo Macri que cuenta con emprendimientos conflictivos en varias locaciones del AMBA), CONSULTATIO (desarrolladora del barrio exclusivo Nordelta), RAGHSA y CRIBA.

 

Estos sectores modelan los espacios y las relaciones sociales que contienen, mediante el fomento de ciertos patrones de consumo y el lobby político. Deciden dónde se instala una fábrica, dónde un barrio cerrado, dónde un centro de consumo, quiénes deben vivir en uno u otro lugar y cuándo deben ocuparse o desocuparse estos territorios, generando una crisis socioambiental de relevancia y vulnerando derechos de los pobladores. Una de las facetas de esta crisis es la profundización de la crisis de la vivienda: atrás quedó el sueño de nuestros abuelos inmigrantes, cuando trabajando se podía adquirir una vivienda. Hoy, la posibilidad de compra de un hogar depende de las compañías especuladoras, que inciden en el planeamiento urbano, en la alimentación, en la calidad de vida, en la capacidad de ayuda de los bancos, y que construyen viviendas para una minoría que no necesita ayuda crediticia. “La calidad de vida urbana se ha convertido en una mercancía” (Harvey D, 1969, p31). “Hoy el acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los grandes problemas para amplios sectores de la población y paradojalmente una de las principales fuentes de beneficios especulativos (alquileres exorbitantes, altos precios de las propiedades). (...)

 

El Censo 2010 arroja el dato para la Ciudad de Buenos Aires de que existirían 340.945 viviendas deshabitadas, lo cual correspondería a 24% de las viviendas totales. Este dato resulta aún más obsceno si consideramos que más de 1.500.000 personas no acceden a una vivienda y alrededor de 250.000 personas viven en villas y asentamientos, sector que en diez años se incrementó un 52%” (Espacio Chico Mendes, 2013, p9).

 

Esta expansión genera un proceso de expulsión de los territorios y un aumento de la brecha socioeconómica muy contrastante. El llamado “proceso de gentrificación”3. La palabra “gentrificación” procede del inglés “gentry” y significa, literalmente, aburguesamiento. Este concepto viene a definir el proceso mediante el cual un barrio de clase obrera, que ha sufrido una situación previa de abandono y degradación del caserío, vive un proceso de revalorización que implica la expulsión de sus habitantes tradicionales y su sustitución por habitantes de clase media-alta.

 

La llamada “puesta en valor” de los territorios puede significar la lisa y llana expulsión de sus habitantes tradicionales. “Este es un mundo en el que la ética neoliberal de un intenso individualismo posesivo y su correspondiente retirada política de las formas de acción colectiva se convierte en el modelo de la socialización humana” (Harvey, 1969, p31). El ordenamiento territorial de las ciudades se decide así por presión de estos intereses, sumados a los intereses corporativos transnacionales y sus bastiones industriales. En el resto del territorio, contaminado y/o no pretendido por estos actores, debe asentarse la mayor parte de la población.

 

En palabras de la socióloga M. Svampa, “esto genera un mecanismo de especulación inmobiliaria y de alza de los precios enorme, que ha sido uno de los casos que explica el actual problema de acceso, no sólo a la tierra sino a la vivienda… vemos un círculo perverso: sectores sociales vulnerables que se ven expulsados de su tierra por la expansión del agronegocio, los megaemprendimientos turísticos, y prontamente con la megaminería a cielo abierto… lo que vemos son modelos productivos que se basan en el acaparamiento de tierras. Entonces hay población rural que es expulsada a los sectores urbanos, ahora bien: en las poblaciones urbanas no hay posibilidad de tener acceso a la tierra porque ha habido un encarecimiento de la tierra y la vivienda altísimo, a partir de la alta concentración del mercado y la gran especulación inmobiliaria, es muy perverso el sistema. Es expulsivo, tanto en el ámbito rural como el propio ámbito urbano” (Amigos de la Tierra Argentina, 2012).

 

Podemos vincular también este tipo de expansión y acaparamiento de tierras en áreas urbanas y periurbanas, a la especulación de interesados nacionales beneficiados por el acaparamiento de tierras rural, favorecido e impulsado por las trasnacionales. Aparece clara aquí la relación entre el acaparamiento de territorio urbano y el medio rural, mediante el excelente rinde de la soja transgénica, que permite se vuelquen fondos a otros activos como los inmuebles (ver cuadro IRSA).

 

Los actores corporativos reproducen así la misma lógica en cualquier sitio. Siempre se trata de ordenar el territorio según intereses del poder económico, en pos de un modelo expulsivo, extractivista y desarrollista; el cual resulta profundamente insustentable. Se produce un desplazamiento a los márgenes del mundo, a lugares de “no existencia” a personas expulsadas del campo por el modelo del agronegocio, y también expulsadas de las ciudades por el modelo de urbanización, resultando en una marginación absoluta. Se trata en realidad de un modelo de desposesión, que no da cabida en ningún lugar a las personas indeseadas para el sistema.

 

“Nuestro territorio deja de pertenecernos. Poco importan nuestras actividades cotidianas, nuestras culturas, nuestros sueños. De la misma manera que los territorios rurales son pensados como espacios vacíos para implementar una ‘agricultura sin agricultores’, las ciudades son pensadas de manera cada vez más excluyente, donde vale más la renta que se extraiga por medio de desarrollos urbanos, que la propia vida urbana caracterizada por la convivencia de lo distinto, en torno al espacio público” (Espacio Chico Mendes, 2013, p4).

 

Habitar un ecosistema

Los conflictos a nivel ambiental se agravan especialmente en zonas vinculadas a cursos y fuentes de agua: «los humedales». Al hablar de «humedales» se hace referencia a una amplia variedad de hábitats interiores, costeros y marinos, en los cuales el agua juega un rol fundamental al determinar su estructura y funciones ecológicas. Generalmente se los identifica como áreas que se inundan temporalmente, donde el agua subterránea aflora en la superficie o en suelos de baja permeabilidad cubiertos por agua poco profunda. Los humedales brindan importantes beneficios. Entre los procesos hidrológicos que allí se desarrollan, se encuentra la recarga de acuíferos, que consiste en el agua acumulada descendiendo hasta las napas subterráneas.

 

Las funciones ecológicas que desarrollan los humedales favorecen la mitigación de las inundaciones (abundan los ejemplos de inundaciones urbanas por falta de vegetación boscosa o por rellenos en áreas de retención de agua) y de la erosión costera: en la costa rioplatense es reiterada la ocurrencia de sudestadas, en las cuales la vegetación de los humedales oficia de amortiguador entre el agua del río y la tierra firme, donde se asientan las poblaciones.

 

Además, a través de la retención, transformación y/o remoción de sedimentos, nutrientes y contaminantes, juegan un papel fundamental en los ciclos de la materia y en la calidad de las aguas, ya que muchas de las plantas comunes en los humedales son capaces de eliminar sustancias tóxicas procedentes de plaguicidas, descargas industriales y actividades mineras. Se ha comprobado que algunas de estas plantas acumulan metales pesados en sus tejidos, en concentraciones 100.000 veces superiores a la del agua que las rodea, y así son capaces de detoxificar ciertas clases de efluentes.

 

No hace falta explicar aquí el deteriorado estado sanitario de nuestro principal río y la importancia de esta vegetación en la mitigación de sus niveles de contaminación. Con respecto a la salud, la degradación de los humedales, y más específicamente la declinación en la cantidad y calidad del agua, son causales de un grave deterioro, especialmente en los países en desarrollo como el nuestro. Asimismo podemos nombrar la importante función de los humedales y su volumen de vegetación como generadores de oxígeno. La principal área protegida de la ciudad, la Reserva Ecológica Costanera Sur, es un humedal que provee a los habitantes, entre otros beneficios, de aire puro que respirar. También desempeñan otras funciones: la protección contra tormentas (ya hablamos de las sudestadas) y la mitigación del cambio climático, además de ser reservorio de biodiversidad. Por otro lado, proveen de numerosos productos valiosos a la sociedad, tales como fruta, pescado, crustáceos, resinas, madera de construcción, leña, cañas para construir techos y trenzar, forraje para animales, etc.

 

En nuestro territorio esto ocurre principalmente en la zona del Delta del Paraná e inicio del Río de la Plata, que aún hoy se debate entre la producción tradicional y el “modelo” de barrios privados (Amigos de la Tierra, 2010). Por último, pero no menos importante, está el derecho de cada ciudadano a acceder al río4, tanto de manera recreativa como para la conservación de la salud. Lamentablemente no es factible ya en nuestra ciudad la posibilidad de un balneario, como hace décadas atrás existía en Costanera Sur, dado que la industrialización intensiva y descontrolada de la zona ha contaminado el Río de la Plata, del que sin embargo se continúa extrayendo agua para dar de beber a millones de habitantes. Buenos Aires no es hoy una ciudad balnearia porque esta posibilidad fue sacrificada ante el altar del “progreso”.

 

La contaminación completa de la cuenca hídrica (costas, cursos de agua, acuíferos e incluso suelo) es la sombra de la industrialización descontrolada que busca el desarrollo infinito en un mundo finito. La naturalización o asimilación acrítica de este hecho por parte de los pobladores de la ciudad es uno de los aspectos que trabajan las organizaciones ambientales, entre ellas Amigos de la Tierra Argentina. El modelo industrial permea en las mentes del habitante urbano, convenciéndonos con la idea de que no es posible otro modo de vida distinto al impuesto por la tiranía del modelo económico asignado por terceros.

 

 

El futuro

En algunos lugares, entre los que analizamos, se da una resistencia al avance de la expansión inmobiliaria (ver “Algunos casos testigo”). Los pobladores tradicionales no tienen cabida en este nuevo modelo que se impone, y esta situación genera una dicotomía entre el modelo comunitario, vecinal y de bienes comunes, y el paradigma neoliberal a ultranza, con la propiedad privada como único valor y la mercantilización de la naturaleza y las relaciones sociales como resultado. Aquí se continúa y amplía la discusión sobre la privatización de los bienes y espacios comunes, lo que también puede ser entendido como acaparamiento de tierras. Buenos Aires, luego del terror de la dictadura militar de los ‘70, el sueño neoliberal de los ‘90 y la crisis del 2001, tomó conciencia de la importancia de la organización popular y la necesidad de un cambio que humanizara las relaciones sociales. En la ciudad, contra todo pronóstico, se multiplican las iniciativas populares que buscan alternativas al modo de vida que imponen las corporaciones: asambleas, centros culturales comunitarios, cine en plazas, reservas, huertas comunitarias, bibliotecas, encuentros, marchas, propuestas culturales… buscan respuestas afuera del shopping. Es un esfuerzo por humanizar las ciudades y pensarlas a escala humana.

 

El derecho a la ciudad, como lo afirmó David Harvey durante el Foro Urbano Mundial en Belém, “no se trata de un derecho a tener las ‘migajas’ que caen de la mesa de los ricos. Todo el mundo debería tener los mismos derechos para construir los diferentes tipos de ciudades que queremos [...], no es simplemente el derecho a lo que ya está en la ciudad, sino el derecho a transformar la ciudad en algo radicalmente distinto” (Harvey, 2009) (ver recuadro “El derecho a la ciudad”). Con gran esfuerzo, se construye otro paradigma, el cual incluye pensar y hacer otra ciudad. Una ciudad a escala humana, donde los megaemprendimientos sean sólo un sueño de gigantes invisibles.

 

Los inversores: el caso IRSA

IRSA, responsable directo de muchos de los casos que analizamos aquí, es una empresa inmobiliaria fundada en 1943. Se autodefine como “una de las empresas inmobiliarias líderes en la Argentina”, la cual se dedica “en forma directa e indirecta” a “una diversificada gama de actividades inmobiliarias” que incluyen no solo la compra y construcción de propiedades, sino su explotación comercial en oficinas y shoppings como Alto Palermo, así como la “financiación del consumo” con la tarjeta de crédito Shopping. Sus áreas de inversión estratégica son hoteles, oficinas, centros comerciales y viviendas para clase media-alta. También posee una alta participación en el Banco Hipotecario (29,77%), una de las principales entidades financieras del país. La estrategia publicada en su página especifica que “nos concentramos principalmente en el desarrollo de comunidades residenciales para individuos de ingresos medios y altos, que no necesitan financiar la adquisición de viviendas” (IRSA, 2014). Uno de sus objetivos es “seguir adquiriendo parcelas de tierra no explotadas en ubicaciones que consideramos atractivas dentro y fuera de Buenos Aires, y adquirir tierras con potencial de desarrollo o valorización para su posterior venta” (IRSA, 2014) (ver caso “Solares de Santa María S.A.”).

 

IRSA es dueña prácticamente de todos los shoppings de Buenos Aires y muchos del interior del país, además de torres y otros emprendimientos de lujo. CRESUD, la “hermana rural” de IRSA, es una de las compañías agropecuarias líderes, que se dedica, entre otras cosas, a la producción de granos y alimentación de feedlots (ver capítulo “Acaparamiento por agronegocios” en esta misma publicación). Al igual que IRSA, sus acciones cotizan en la Bolsa de Buenos Aires y Nasdaq. Según “Clarín iECO” del 23 de junio de 2011, “la agropecuaria de la familia Elsztain es una de las mayores propietarias de tierras de la Argentina. (…) Cresud tiene más de 900.000 hectáreas en la Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia. En el país posee 80.000 hectáreas con producción de soja, maíz y trigo; 230.000 dedicadas a la ganadería y otras 320.000 hectáreas de reserva”. La nota que citamos aquí se titula: “CRESUD negocia asociarse con una empresa china”, y trata ni más ni menos que del polémico caso de empresarios chinos que intentaron comprar 300.000 hectáreas en Río Negro para plantar soja (GRAIN, 2011). La familia Elsztain preside IRSA, CRESUD, y otros grupos empresariales, pero además creó la Fundación IRSA, en 1996. Sumándose así al gran grupo de empresas que crearan sus propias organizaciones para maquillaje verde y búsqueda de licencia social, las cuales mediante algunas actividades puntuales de beneficencia buscan legitimar su accionar corporativo. La Fundación IRSA maneja fondos de Alto Palermo, CRESUD e IRSA, para obras de filantropía, que la fundación llama “inversión social privada con fines de bien público” para “incentivar el ejercicio de la responsabilidad social en nuestra comunidad”.

 

El derecho a la ciudad

La ciudad debe cumplir una función social y no ser acaparada por sectores privilegiados que se benefician por las inversiones estatales y la supremacía de las reglas de mercado por sobre cualquier prioridad. Frente a los efectos del neoliberalismo, se propone una nueva perspectiva política denominada “derecho a la ciudad”.

 

En 2001, organizaciones sociales reunidas en Porto Alegre, definieron una Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad: “el derecho a la ciudad es el usufructo equitativo de las ciudades dentro de los principios de sustentabilidad, democracia, equidad y justicia social. Es un derecho colectivo de los habitantes de las ciudades, que les confiere legitimidad de acción y de organización, basado en el respeto a sus diferencias, expresiones y prácticas culturales, con el objetivo de alcanzar el pleno ejercicio del derecho a la libre autodeterminación y a un nivel de vida adecuado. El derecho a la ciudad es interdependiente de todos los derechos humanos internacionalmente reconocidos, concebidos integralmente, e incluye, por tanto, todos los derechos civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales reglamentados en los tratados internacionales de derechos humanos. En resumen, la Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad basa su propuesta en tres ejes fundamentales:

 

-El ejercicio pleno de la ciudadanía, es decir el Inversionistas presentan el proyecto inmobiliario Solares de Santa Maria en la Legislatura porteña, noviembre de 2011 / FOTO: Amigos de la Tierra Argentina ejercicio de todos los derechos humanos que aseguran el bienestar colectivo de los habitantes y la producción y gestión social del hábitat.

 

-La gestión democrática de la ciudad, a través de la participación de la sociedad de forma directa y participativa, en el planeamiento y gobierno de las ciudades, fortaleciendo las administraciones públicas a escala local, así como las organizaciones sociales.

 

-La función social de la propiedad y de la ciudad, donde predomine el bien común sobre el derecho individual de propiedad, lo que implica el uso socialmente justo y ambientalmente sustentable del espacio urbano” (Sugranyes, Mathivet, 2010). (…)

Fuente: http://amigosdelatierra.org.ar/wp-content/uploads/ACAPARAMIENTO-web.pdf

 

 

El modelo consolida el poder económico, estatal y mediático de las transnacionales

 

 

 

 

 

El modelo consolida el poder económico, estatal y mediático de las transnacionales

 

 

 

 

 

El modelo consolida el poder económico, estatal y mediático de las transnacionales

 

 

 

 

 

El modelo consolida el poder económico, estatal y mediático de las transnacionales

 

 

 

En consecuencia, comprobamos la incompatibilidad del capitalismo con la democracia y el desafío de interpelar a una creciente mayoría de nosotros para involucrarse en la articulación de las resistencias al avasallamiento de derechos. Hagámoslo desde la problematización de nuestro acostumbramiento al modo de vida y trabajo instaurado por el sistema. Habituación y naturalización que adquiere un carácter más alienante en las grandes ciudades.

 

Sobre la vida en las metrópolis contemporáneas (individualismo, racionalismo, hastío y desarraigo)
 

Por Enrique del Acebo Ibáñez

(…)Vida Metropolitana y Consumismo

En primer término debe mencionarse la expansión de una economía predominantemente de consumo paralelamente a la economía productiva, fenómeno que es muy vislumbrado por Mumford: "Si la forma inicial de la ciudad se logró mediante la unión de las economías paleolítica y neolítica, la de la metrópolis última parecería ser el resultado de dos fuerzas que se independizaron en formas institucionales muy rápidamente, a partir del siglo XVII: una economía productiva (industrial) que utiliza energías en una escala mayor que nunca, y una economía de consumo (comercial) hasta entonces confinada a la corte y la aristocracia, que multiplicó velozmente las comodidades y los lujos al alcance de los pocos, y que, paulatinamente, ensanchó el círculo de consumidores"(3). Pero lo malo de este proceso expansivo radica más bien en el sentido que el mismo adoptó. Producción y consumo dejaron de tener por única meta y medida las necesidades humanas. No existe prácticamente un referente externo a este inflacionado contexto económico que le otorgue un sentido cierto y, sobre todo, un sentido humano y humanizador. Esta economía hiperproductiva y consumista halla en su inmanencia la propia razón de existencia. La misma metrópolis se transforma en objeto de consumo.

El habitante metropolitano se siente "extrañado" dentro de este medio en que le toca vivir, un medio que no controla, que le prescribe específicas pautas de comportamiento y consumo, determinados "modos de ser feliz" aunque siempre vinculados al planteo dimensional "producción-consumo" y "éxito-fracaso" que está en las bases mismas de la civilización contemporánea. Todo ello torna al habitante medio de la gran ciudad en un ser esencialmente pasivo. Su modo de participación más adecuado al sistema imperante es el "no protagonismo", es un "vivir como se vive". Esto lo ven claramente autores como Ledrut y Mumford. Para este último, la metrópolis constituye un mundo "donde las grandes masas de la población, incapaces de alcanzar un medio de vida más pleno y satisfactorio, viven su vida por interpósita persona, en calidad de lectores, espectadores, oyentes y observadores pasivos. Viviendo así, año tras año, de segunda mano, alejados de la naturaleza que llevan en su interior, nada tiene de asombroso que transfieran cada vez más la funciones de la vida, incluso el mismo pensamiento, a las máquinas que sus inventores han creado"(4).


El gigantismo es la dimensión predominante en la metrópolis. Lo desmedido supone un cambio de escala en diversos niveles. Esta desmesura representa una consecuencia necesaria de todo ese proceso de exaltación cuantitativa que había comenzado a operarse con anterioridad. Producción en serie, consumo y producción masivos. Importa la extensión del número de consumidores, no tanto la intensidad y menos la profundidad y calidad en la satisfacción de reales necesidades humanas. El hombre se ve constreñido a ser una mera "unidad de consumo", con cada vez mayor olvido de su radical necesidad de realización existencial, ubicada en la dimensión "plenitud-desesperación"(V. Frankl).

Aceleración de Tiempo Histórico

El mundo sociocultural vive una aceleración del tiempo histórico. La "memoria viva" de la ciudad, otorga factor unitivo de primer orden respecto de las distintas generaciones, va perdiendo vigencia ante un continuo y pauperizante omnipresente. Aun bajo ensoñación del "progreso indefinido", el hombre de las grandes ciudades contemporáneas no deja, sin embargo, de tener sus ojos puestos también en el futuro. Quizás subconscientemente, porque el presente no le satisface. lo pretérito es sinónimo de decadencia, de "menos bueno", de atraso. En el mejor de los casos, es algo que "ya pasó". De lo que se trata ahora es de crecer, expandirse, superar todo tipo de límites.

Esto no es más que un indicador del gradual vacío cultural, generado por un progresismo excluyente. Para C. Dawson se está en presencia, precisamente, de un proceso de degradación urbana -el cual es origen de la pérdida de vitalidad de la cultura europea moderna- en virtud de esta falta de arraigo temporal: "Nuestra civilización se está tornando agonizante porque ha perdido sus raíces y no tiene ya equilibrio ni ritmo vital [...] ¿Por qué la actividad de un corredor de bolsa es de menor belleza que la de un guerrero homérico o la de un sacerdote egipcio? Porque está menos incorporada a la vida, no es inevitable, sino accidental y casi un parásito"(5). La ciudad, sin embargo, esté en el período histórico en el que esté -y muchas veces a pesar del modo de vivir de sus habitantes-, emerge siempre como un ámbito de arraigos espacio-temporal y socio-cultural.

Esta cultura urbana, con todas sus connotaciones consumistas, es ampliamente difundida a través de los medios masivos de comunicación social, dejando también su impronta sobre las áreas rurales. La migración campo-ciudad, así como la migración pequeña ciudad-gran ciudad, se inscribe como una de las consecuencias de este fenómeno. Los más media persiguen un objetivo común que es el logro de una justificación ideológica del sistema, una justificación del estilo de vida metropolitano y una confirmación del homo caber et consumen.

Nisbet observa con preocupación este fenómeno de la burocracia y el modernismo, en tanto desencadenantes de desarraigo: "La sociedad moderna es tan remota que resulta inaccesible, sus enormes estructuras organizativas le dan un aspecto apabullante y terrible; su complejidad impersonal la convierte en algo carente de sentido. El orden cultural en que otrora se participaba, hoy parece distante, despojado de lo que Burke llamó `las posadas y lugares de reposo´ del espíritu humano [...] La racionalización de la sociedad degenera en regimentación, y los valores primordiales de la cultura europea -el honor. la lealtad, la amistad- se marchitan bajo la carga opresiva de la objetación"(6).



Crecimiento Urbano Indiferenciado

Otra de las características metropolitanas la constituye el crecimiento indiferenciado del tejido urbano; es el proceso que se ha dado en llamar "conurbación". Cuando se produjo la primera "implosión industrial", en el siglo pasado y aun en el anterior, surgieron nuevas ciudades por doquier y aumentó el número de habitantes de los centros urbanos preexistentes. Ahora, en cambio, la "difusión de la superficie de radicación detuvo en buena medida este crecimiento y aumentó enormemente la producción del tejido urbano relativamente indiferenciado, sin relación alguna con un núcleo interiormente coherente o todavía, residualmente, una entidad, la conurbación es una nulidad y se vuelve cada vez más nula a medida que se va extendiendo"(7). Quiere decir que, de seguir este proceso difusivo, la forma urbana metropolitana devendrá "informe", en algo virtualmente sin forma, en relación directa con una expansión cada vez más huérfana de sentido. El sentido y lo cualitativo, precisamente, no interesan a los controles burocráticos, preocupados por estrictos criterios de racionalidad, eficiencia y cuantitatividad. Así es como la ciudad y la metrópolis dan lugar al "área" y a la "región" metropolitanas. Las comunidades locales se ven sobrepasadas por el peso de la sociedad global. Para Castells (8) se está en presencia de una creciente centralización del poder político, la cual, sumada a la presencia de una tecnocracia, confluyen en el mantenimiento del sistema a largo plazo; para lo cual es "necesaria" la gradual eliminación de los "particularismos" locales, que se da a través de una "planificación" y un aparato político-administrativo que tienden a tratar los problemas "funcionales" del sistema en unidades espaciales cuya significación se estipula en virtud de las interdependencias del sistema productivo, vale decir, en términos de "región metropolitana". Pero todo ello genera una suerte de tensión dinámica entre una organización social cada vez más compleja y lo que Bettin da en llamar una realidad dirigida a una "refundación institucional" de lo urbano.

Individualismo y masificación como formas de desarraigo social

Este sobredimencionamiento característico de las metrópolis se da, como ya dijimos, en todo el orden urbano. Y ello no puede dejar de repercutir negativamente sobre el habitante. De ahí la presencia de un individualismo extremo. El hombre se va transformando, como hemos visto, en simple número, en pieza fácilmente intercambiable dentro del engranaje. En las grandes urbes el todo se impone a las partes; pero no abarcándolas, comprendiéndolas, sino destruyéndolas al indiferenciarlas. Es precisamente frente a este cada vez mayor peso de lo social y tecnológico, como el habitante de la metrópolis reacciona a menudo con un individualismo extremo, a modo de desesperado intento por salvaguardar su más propia e íntima personalidad. Para Simmel "la atrofia de la cultura individual es consecuencia de una objetiva hipertrofia; allí ve la causa de la marcada animadversión que los propugnadores de un individualismo a ultranza -Nietzsche(9), por ejemplo- profesan hacia las grandes ciudades. Este individualismo no sería más que un esfuerzo, por parte del habitante metropolitano, a fin de evitar una nivelación compulsiva. Se trata de una huida de la masificación, de ese hombre-masa que, para Ortega y Gasset, era el hombre medio, ese que abunda más y que se siente a gusto siendo como todos".

Todo este proceso de complejización y diferenciación que sufren la sociedad y la vida metropolitanas, está suponiendo el pasaje de un estadio histórico en que predominaban círculos sociales de pertenencia concéntricos y homogéneos a una situación en donde prevalecen los círculos contiguos y heterogéneos, tema éste bien explicitado por la sociología simmeliana. Esto es: se trata del tránsito del predominio de agrupaciones por proximidad y adscripción (comunidad local y fisiológica) a asociaciones por fines individuales e intereses subjetivos. El hombre tendrá una más acabada conciencia de su individualidad en la medida en que exista una mayor diferencia entre los círculos a que pertenece, y ello porque el "cruce" de los distintos grupos de pertenencia no se verifica sino en el propio individuo.

En la sociedad contemporánea, además, se tiende a producir una expansión numérica en el seno de los grupos sociales, en cuyo caso tienden a fomentarse relaciones fundamentalmente impersonales, con roles claramente estatuidos, sin comprometer integralmente al sujeto. Touraine quiere decir lo mismo cuando sostiene que la pertenencia a grupos primarios y comunidades estructuradas supone una participación creadora en los valores sociales y culturales al seno de una sociedad cuya cultura es un sistema de significaciones ligadas a la experiencia profesional y social directamente vivida. "En una civilización de masas, en cambio, tal pertenencia no es ya más que la expresión de una abstracción cultural forzada, de una débil participación en los valores de la sociedad global". Quiere decir: al ser en gran parte destruidos los orígenes tradicionales, profesionales y sociales de la cultura, irrumpe con la moderna civilización industrial una escala axiológica "elaborada centralmente y no ya al nivel de la experiencia vivida individualmente..."(10)

De ahí la importancia significativa que inviste arraigo social, entendido como pertenencia a grupos fundantes de la personalidad, involucrantes del hombre en su totalidad. Es en estas condiciones como se facilita la irrupción de un sujeto-protagonista, protagonista tanto a nivel social global como a nivel de su propia vida individual. Protagonismo que abonará aún más el terreno de un auténtico arraigo social y también existencial, arraigo del hombre en sí mismo, partícipe ejecutor de una existencia auténtica (K. Jaspers).


El hombre masificado, por el contrario, es un ser sustancialmente desarraigado. Está no sólo fuera de todo ámbito decisional, de toda fuente de poder real, sino además, y fundamentalmente, está sacado de su propio quicio. Es un ser sin raíces: se encuentra desvinculado de lazos comunitarios fuertes y duraderos, Y, como consecuencia, es susceptible de ser fácilmente "transplantado" según le plazca al poder de turno, según sea el imperativo de los "regios" criterios de intersubjetividad.

El individualismo extremo, al escapar precisamente de toda masificación termina, paradójicamente, por resultar un desarraigo social, un ser que no se siente involucrado personalmente en ningún ámbito social de pertenencia. Y esto es tan nocivo y peligroso como la masificación. Esto es nuevamente visto con claridad por Mumford: "De la inicial integración urbana de santuario, ciudadela, aldea, taller y mercado, todas las formas posteriores de la ciudad han tomado, en cierta medida, su estructura física y sus pautas institucionales. Muchas partes de esta estructura son aún de importancia fundamental para la asociación humana eficaz; y no lo son menos las que surgieron originalmente del santuario y de la aldea. Sin la participación activa del grupo primario, en la familia y en el vecindario, es dudoso que puedan transmitirse [...] los mandamientos morales elementales: el respeto por el vecino y la reverencia ante la vida [...] Nuestros complejos rituales de mecanización no pueden ocupar el lugar del diálogo humano, del teatro, del círculo vivo de compañeros y asociados, de la sociedad de los amigos. Estos elementos apoyan el crecimiento y reproducción de la cultura humana; sin ellos toda la compleja estructura pierde el sentido, más aún, se vuelve activamente hostil a los objetivos de la vida"(11).

A pesar de todo, sin embargo, distintos autores no dejan de subrayar la injusticia que muchas veces implica acusar a la metrópolis, lisa y llanamente, de disolver ámbitos vitales y necesarios como la familia y el vecindario. En este sentido, Blumenfeld, apoyándose en un significativo número de estudios sociológicos sobre las metrópolis de Europa occidental y de Estados Unidos de América, destaca la permanencia de los vínculos primarios en dichos centros urbanos: ejemplo relevante de ello lo constituyen los barrios bajos o populares, los cuales presentan, contra toda predicción, un considerable grado de "organización comunitaria de carácter doméstico". También es de interés el análisis que Raymond Ledrut efectúa sobre la vida social en los grandes conjuntos de Toulouse (12), así como los comentarios de Toynbee a propósito del arraigo social presente en las villas de emergencia y/o barrios pobres de las metrópolis contemporáneas, en oportunidad de su visita a Brasilia. Dígase otro tanto respecto de Jane Jacobs y su revalorización de la calle.

Retomando el tema del "individualismo extremo", como característica de la vida en las grandes ciudades, debemos mencionar que, para Simmel, la división del trabajo se encuentra entre las más profundas causas por las que la vida en las metrópolis lleva a este individualismo exacerbado. Esta creciente división y especialización laborales no haría sino parcelar y escindir la personalidad del sujeto, cada vez más indefenso, de este modo, ante una sociedad global omnipotente y omnipresente. División del trabajo que, sin embargo, como su consecuente centralización, son los pilares sobre los que se fundamenta toda organización. Justamente la gran urbe, como espacio vital del hombre moderno, ofrece, como observa Philipp Lersch (13), el mejor ejemplo de una organización llevada a su alto grado. Todo esto no significa desconocer la necesidad que determinado grado de división del trabajo reviste en cualquier sociedad que intente funcionar adecuadamente. Y ello sin mencionar la radical dependencia que los hombres guardan entre sí en virtud de su naturaleza social.

Durkheim, precisamente, observaba la funcionalidad que revestía la especialización profesional, apuntaba que los riesgos que dicha especialización o división del trabajo suponía que podían y debían ser paliados a través de una adecuada participación del individuo, participación que se lograría a partir de la existencia de asociaciones colectivas intermedias entre el Estado y los individuos. Unica forma de compatibilizar individualismo con solidaridad, individuo con sociedad, arraigo con complejización de lo social y Este sobredimensionamiento característico de las grandes ciudades modernas no hace sino golpear sobre el habitante urbano, y muchas veces de un modo tan despersonalizante que en gran medida llega a inhibir su carácter de sujeto-protagonista. De un ser que "habita" se convierte, gradualmente, en alguien que simplemente "ocupa" un determinado espacio, espacio con el cual prácticamente ya no dialoga, en una suerte de "afonía" participacionista. Mal puede haber diálogo si uno de los interlocutores -la gran ciudad, y en muchas oportunidades sus planificadores, como ya hemos analizado- sólo se escucha a sí mismo.

 

Ciudad que, siendo también un canal comunicativo y hasta, en sí misma, un "mensaje", puede sin embargo transformarse en "ruido", virtual interferencia de toda comunicación auténticamente humana. Pues, como sostiene Mitscherlich, "si la idea de patria ha de ser sentida como un vínculo positivo, deberá el entorno hablar al hombre, deberá existir alguien que se comunique con él. Así es como desde niño aprende el lenguaje de ese territorio" (14). Participación, "lectura" y vivencia urbanas, constituyen factores muy relacionados con la dicotomía vida pública versus vida privada, la cual, para Bahrdt (15) "la metrópolis es un ámbito de convivencia en el cual se pueden desnaturalizar tanto la vida pública como la vida privada, especialmente en atención a la eventual libertad de elección por parte del individuo de pasar de una esfera a la otra. En las grandes ciudades el habitante puede vivir en el anonimato voluntariamente; claro que -justo es reconocerlo- las más de las veces vive en él a pesar de no desearlo, o al menos no buscando hacerlo de modo permanente. La vida pública se torna aparente (masificación) y la vida privada se empobrece (aislamiento)".

Tocqueville había observado ya este tipo de fenómeno, así como sus negativas consecuencias para la salud del cuerpo social. A propósito de su análisis de la democracia en América (16), se sorprende del número incontable de hombres, indiferenciados entre sí, que sólo se preocupan y esfuerzan por "producir los placeres mezquinos y miserables con que sacian su vida. Como cada uno de ellos vive aparte, cada uno es un extraño al destino de todo el resto; sus hijos y sus amigos privados constituyen para ellos el conjunto de la humanidad; por lo que hace al resto de sus conciudadanos, que están próximos a ellos, pero no los ve; toca, pero no los siente; sólo existe en sí mismo y para sí mismo; y si todavía le queda su parentela, puede decirse que, en cualquier caso, ha perdido su país" (17).

Una de las consecuencias del individualismo reinante en las grandes ciudades la constituye, para Simmel, precisamente la reserva o secreto desde el punto de vista sociológico, otro de los mecanismos de defensa adoptados por el hombre ante las múltiples solicitaciones de lo urbano, y vinculado a la cuestión vida pública-vida privada. Mientras en las pequeñas ciudades el habitante conoce a casi todos con quienes se encuentra, multiplicándose las interrelaciones, en la gran ciudad resulta imposible reaccionar personal y diferenciadamente para con cada uno de los contactos establecidos, con el riesgo de caer en un estado psicológico intolerable. Ese espacio intersticial que quedaría libre es ocupado, precisamente, por la reserva o secreto, fenómeno que abreva no sólo en la limitación psicofísica del hombre sino, además, en la gran libertad de que goza el habitante metropolitano. Pero además la reserva asume también formas corporativas: la sociedades secretas, ámbitos de convivencia en los cuales se trata de poner coto a la invasión de lo personal y privado por parte de una sociedad global cada vez más alienante y cohesivas e integrativas -que puedan llegar a un muy alto grado- pueden derivar en un ámbito de desocialización del individuo respecto de la sociedad global. De ahí las características "funcionales" -como bien apunta Nisbet- que dichas sociedades secretas pueden presentar y, de hecho, presentan. Ambitos de arraigo respecto del ámbito comunitario restringido pero, por otra parte, ámbito también de desarraigo respecto de lo social englobante.

Ante la falta de una adecuada y suficiente distancia exterior o física, el hombre despliega una sutil distancia interior o psicológica. Distancia que se nutre -especialmente en las grandes ciudades- del secreto o reserva. La máxima recordada por Simmel, en el sentido de que es bueno tener por amigo al vecino pero no por vecino al amigo, adquiere aquí toda su virtualidad.

Esta distancia psicológica entre los individuos, que se incentiva ante una excesiva y no buscada proximidad física o espacial, trae aparejadas distintas consecuencias. Una de ellas, que el habitante de la metrópolis viva en forma más patente sentimientos de soledad y abandono. Como sostiene von Hildebrand, "el drama de la sociedad en que vivimos descansa en el hecho que ponemos el máximo empeño en los contactos sociales, en tanto nuestra vida transcurre en un aislamiento trágico" (18).

De modo que las metrópolis vienen a provocar dos fenómenos de distinto signo, aunque íntimamente vinculados entre sí. De un lado hemos dicho que el estilo de vida metropolitano masifica, nivelando las individualidades. Y, por el otro, este mismo hecho provoca y mueve al espíritu humano, el cual reacciona con una actitud marcadamente individualista. Pasados ciertos límites, sin embargo, este individualismo no deja de redundar en perjuicio del propio sujeto, como ya hemos visto, al degenerar en aislamiento compulsivo, correspondiente carga patogénica.

Racionalismo: Lo Racional Versus lo Sensible

El racionalismo se erige como otra de las características de la vida en las metrópolis. Al transformarse en exclusivos principios estructurales y estructurantes de la vida moderna, el racionalismo y la racionalización se constituyen en factores etiológicos de variados fenómenos, íntimamente relacionados entre sí: la dictadura de lo cuantitativo en detrimento de lo cualitativo; la pérdida de un contacto directo con la vida por el surgimiento de todo un complejo de mediatizaciones creadas artificialmente por el hombre; la pérdida gradual de interioridad, con su correlato, la aparición del hombre-masa.

Uno de los más genuinos productos de este entramado racionalista presente en la sociedad global lo constituye, precisamente, el desarrollo y crecimiento acelerado de las grandes ciudades. Cuando todo el sistema social es inundado por la "racionalidad como finalidad en sí misma", y la sociedad opulenta hace expansionar y es expansionada por la tecnología desarrollada, todo el territorio del sistema social se transforma en "ciudad-metrópoli" (19).

El bombardeo sensitivo a que se ve sometido el habitante metropolitano ha adquirido, y adquiere cada vez más, una intensidad sin precedentes a influjo del acelerado cambio histórico y tecnológico. Las transformaciones de la ecología urbana han alcanzado tal magnitud que, al decir de Pinillos (20), el espacio de las ciudades empieza a disonar del esquema corporal humano, imponiéndole constricciones graves. Precisamente, lo que caracteriza al "tipo gran ciudadano" es, para Simmel, la intensificación de la vida nerviosa merced a los continuos requerimientos que nuestra estructura psicofísica enfrenta. Ello a diferencia de la vida en las ciudades pequeñas y en las áreas rurales, con un ritmo menos vertiginoso, más regular y tradicionalista.

Es como defensa a este continuo requerimiento sensorial que el habitante de la gran ciudad se torna cada vez más racionalista, en desmedro de sus afectos y sentimientos, creándose un caparazón que torna menos permeable su intercambio con el medio circundante. A efectos de protegerse contra el desarraigo que le puede provocar la fluidez y los contrastes del medio ambiente, el hombre se cierra neuróticamente sobre sí mismo lo cual, como subraya Simmel, lleva inevitablemente a un aislamiento mayor, a una delimitación más radical de esfera personal.

El arraigo supone, en cambio, un compromiso del hombre todo. Para que pueda darse integralmente es menester que el sujeto no se quede en un frío racionalismo funcional, colocando entre paréntesis sentimientos y quereres, finalidades y expectativas, intuiciones y poesía. Todo esto juega -y mucho- a la hora de un compromiso radical y sin mediatizaciones ante una realidad potencialmente convocante y sugerente.

Estos mismos criterios de racionalidad son los que muchas veces se aplican en forma excluyente en los modos de pensar y concebir la ciudad; tal el caso de distintas corrientes del pensamiento urbanista de corte "progresista". Por detrás de este urbanismo racionalista se vislumbra la influencia también ejercida aquí por esa aceleración del tiempo histórico padecida por el hombre contemporáneo. El derribo de calles sinuosas y la construcción de nuevas vías diagonales, el sistema moderno del ángulo recto, dice Simmel (21), ahorra espacio; pero desde el punto de vista del tráfico ciudadano es ante todo ahorro de tiempo (el "tiempo es oro"), exigencia justamente del racionalismo de la vida. Los espacios rígidamente cuadriculados de las ciudades modernas, despersonalizantes por los anónimos y por su elaboración predominantemente ex nihilo carecen, pues, de peculiaridad histórica, de las diferenciaciones e impronta que todo verdadero protagonismo humano imprime y adquiere.

Breve digresión sobre los sentidos de la vista y el oido

El espacio metropolitano, con sus características más específicas, motiva -tal como se ha dicho- una compulsiva adaptación del aparato sensitivo del hombre.

Tanto el espacio táctil, que define las relaciones del sujeto con los objetos, como el espacio visual, donde unos objetos se sitúan respecto de otros, se ven afectados en las grandes ciudades por una arquitectura y urbanización que se aleja cada vez más de las formas orgánicas y del espacio abierto: "Los límites claros y distintos, los contornos y líneas verticales, de rectas y ángulos, de superficies lisas o monótamente rotas por ventanas y balcones uniformes, confieren al espacio urbano una cualidad mecánica, ajena a la vida y a la irregularidad armoniosa de la naturaleza" (22).

Los sentidos de la vista y el oído reciben diferente influencia según la dimensión del ámbito urbano en el que se habita. Considera Simmel que lo que vemos de un hombre, lo interpretamos por lo oímos de él, siendo poco frecuente el caso contrario; por eso que el que ve sin oír es más confuso, desconcertado e intranquilo que el que oye sin ver.

En las ciudades pequeñas las personas que se encuentran en la calle son, generalmente, conocidos, de modo que bastan unas pocas palabras para el mutuo entendimiento, o quizás ninguna dado que la simple visión de nuestro interlocutor evoca en nosotros su personalidad, como bien observa Simmel. Hay un elemento que, para este sociólogo alemán, torna la situación significativamente distinta, y es la existencia masiva de los medios de transporte públicos: "Antes de que en el siglo XIX surgiesen los ómnibus, ferrocarriles y tranvías, los hombres no se hallaban nunca en la situación de estar mirándose mutuamente, minutos y horas, sin hablar. Las comunicaciones modernas hacen que la mayor parte de relaciones sensibles entabladas entre hombres queden confiadas, cada vez en mayor escala, exclusivamente al sentido de la vista" (23). De modo que un aspecto importante a tener en cuenta en una sociología de la gran ciudad sería que el tráfico metropolitano se basa mucho más en el ver que en el oír.

Lo mismo podría decirse de la producción en serie, del trabajo en las grandes fábricas, en donde el obrero se ve compelido a utilizar sus sentidos visual y auditivo de manera diversa. En efecto, a diferencia de las asociaciones gremiales antiguas, asociaciones estrechas e íntimas donde se daba un mayor contacto de tipo personal, nos encontramos ahora con los modernos talleres de fábrica y las asambleas masivas, en donde "se ven incontables personas sin oírse, verificándose aquella abstracción que reúne lo común a todos y que resulta con frecuencia obstaculizado en su desarrollo por lo individual, lo concreto, lo variable, lo que el oído nos transmite" (24). La vista captaría fundamentalmente lo general, mientras que la audición nos permitiría adentrarnos en las particularidades. El oído es, para Simmel, el órgano que mejor transmite la multitud de estados de ánimo, variables de un individuo a otro -y dentro del mismo individuo-. De modo que resulta difícil oír lo que hay de común en una persona respecto de otras; esas características generales se vislumbran más fácilmente a través de lo que se ve del sujeto.

F. Choay plantea, también, el peligro que entraña la primacía de la imagen visual en detrimento de una profunda intelección de los signos de la ciudad; una "apropiación" caracterizada por su inmediatez, merced sólo a la vista, le hace perder espesor simbólico y vida a la ciudad.

El hastío como desarrollo existencial

Hay otra característica de la vida en las metrópolis que involucra íntimamente a cada uno de sus habitantes. Se trata, en términos simmelianos, del hastío, lo que podríamos denominar -siguiendo el pensamiento filosófico clásico- acedia.

En efecto, el racionalismo y la racionalización de la vida, la aceleración histórica y el hiperactivismo pragmático del mundo moderno, van gradualmente atrofiando el contacto "personal" con lo real, reduciendo la inteligencia a una faceta meramente fabricadora, con olvido de su radical y fundante actividad teórico-especulativa. El ser humano se ve así acotado dentro de los estrechos límites del homo caber, circunscripto al ámbito del "hacer" o "fabricar", en donde la "eficiencia" y la pura "actividad" adquieren rango preminente. Una tal concepción instrumentalista, privilegiante del valor utilidad, está suponiendo, en última instancia, minusvalorar la integridad del hombre así como la de sus productos culturales.

Uno de los fenómenos que se desprende de esta situación lo constituye, pues, la aparición del hombre hastiado, para Simmel el hecho más exclusivamente propio de la gran ciudad. Este concepto de hastío nos remite, como decíamos, a la acedia, uno de los vicios humanos de mayor gravedad en tanto supone una suerte de pereza o dejadez profunda en la más honda interioridad que le impide al hombre actuar en aquello que le es más esencial y radicalmente necesario: su propia realización como persona, en la línea de sus más específicos fines existenciales. Viene a significar, la acedia, en última instancia, una virtual renuncia a la más auténtica vocación humana. Para Tomás de Aquino (25), la acedia consiste en un "entristecerse" ante el bien espiritual, desanimándose en cuanto a su consecución. Esta paradójica inacción interior, hiperactivo habitante de la metrópolis, respecto de lo que le es más intransferiblemente suyo, supone una incapacidad para "ver": para ver la realidad en general, la realidad en su entorno particular y su propia realidad como existente humano. Es ese hombre a-religioso de que habla Mircea Eliade, que busca sustitutos, inconscientemente, de lo "sagrado". La relativización de lo absoluto ha llevado a la absolutización de lo relativo.

El hombre hastiado es consecuencia de un modo de vida en que prima la exactitud, la precisión, lo cuantificable e impersonal. El "negocio" (negotium) prevalece sobre el ocio, ese otium verdaderamente creador que facilita al hombre acceder a la veritas rerum, a lo que la realidad es, pero no tanto en extensión sino fundamentalmente en intensidad, en hondura. Ocio que supone confiar en la relitas y en su orden, y que implica vivir y crear en un ámbito de sosiego, festividad y magnanimidad, ubicándose así en las antípodas de toda actitud acédica. Magnamidad, capacidad creadora y esa dilatación del ánimo que llamamos alegría se encuentran, para Julián Marías, tan estrechamente vinculadas que a veces se confunden.

La fiesta y el gozo suponen ocio (26), paz, esa tranquilitas ordinis agustiniana que permite al hombre tomar contacto con la realidad, mediatizaciones mistificadoras. Será, pues, a partir de un radical "permanecer" como se le manifestará más fácilmente al hombre el "ser" de las cosas.

La acedia, en cambio, no permite echar raíces: el hombre acédico es un ser substancialmente desarraigado, marcado por un hiperactivismo exteriorizante y evasivo. De esta manera el sujeto se ve cada vez más impedido de habitarse, habitación existencial que constituye el fundamento de todo arraigo (27).

Entre las causas más importantes del hastío ubica Simmel la hiperexitación sensitiva sufrida por el hombre metropolitano, que le va provocando reacciones fisiológicas cada vez menos intensas, conformando esa suerte de lasitud típica del hombre hastiado.

El hecho que para Simmel define más el hombre hastiado es su insensibilidad para con las diferencias entre las cosas. Si bien las percibe, su mirada no es atenta ni responsable, de modo que los objetos se le tornan indiferentes, no llamándole ninguno de ellos significativamente la atención. Este "no querer ver", esta especie de ceguera espiritual -en buena medida voluntaria-, lleva a un "querer hacer" cada vez más compulsivo. La pura acción del hombre contemporáneo ve llenando el vacío dejado por su orfandad contemplativa. Esta cuestión es también agudamente observada por Heidegger: "Lo sencillo conserva el enigma de lo perenne y de lo grande. Sin intermediarios y repentinamente, penetra en el hombre y requiere, sin embargo, una larga maduración. Oculta su bendición en lo inaparente de lo siempre mismo. Quienes no tengan oídos para entender esto tratarán, en vano, de ordenar el globo terráqueo con sus planes. Amenaza el peligro que los hombres de hoy permanezcan sordos a su lenguaje. A sus oídos llega sólo el ruido de los aparatos, que toman por la voz de Dios. El hombre deviene así distraído y sin camino. Al distraído lo sencillo le parece uniforme. Lo uniforme harta. Los hastiados encuentran sólo lo indistinto. Lo sencillo escapó. Su quieta fuerza está agotada" (28).
Hasta aquí algunas de las características que se observan en las grandes ciudades y en el seno mismo de la vida metropolitana, muchas de ellas negativas en tanto se inscriben entre factores etiológicos de mayor significación en punto a todo ese proceso de alienación, de autoextrañamiento, que se da en el hombre contemporáneo. Ese homo consumens que, en aras de un consumir cada vez más no se consuma como existente humano, consumido por la vida de inconsistente excentricidad. Excentricidad que supone negación de todo referente "transcendente" al propio individuo como tal, en un ahogo de pura inmanencia. "El pensamiento nihilista de la Voluntad de Poder -expresa Moya Valgañón- deviene Eterno Retorno de la Estructura cuya expansiva reproducción sigue excavando al vacío ontológico de la Muerte de Dios. Con la disolución de la Antropología Metafísica, el ser del hombre deviene vacío estructural, puro `ser ahí´ organizado política y económicamente [...] La `cuantificación´ y la `organización´ propias del discurso universal de la Técnica, configuran un mundo en que el Ser se olvida y evapora sobre el desierto de una existencia social tecnológicamente regimentada. La productividad burocrática, científicamente organizada, disuelve toda trascendencia subjetiva no reductible al Sistema. `El hombre Unidimensional´ no es sino el discurso en que Marcuse reproduce el pensamiento de Heidegger sobre la Técnica como Olvido del Ser"(29).

No debemos caer, sin embargo, en posiciones irremediablemente apocalípticas. Deberá rescatarse aquello que tenga valor dentro de la vida metropolitana, al mismo tiempo que se intenten subsanar o paliar sus aspectos negativos. Para Kevin Lynch no hay motivo alguno para que la vida en las grandes ciudades tenga que ser forzosamente desagradable o restrictiva, no hay "ninguna razón por la cual la vida metropolitana no pueda llegar a convertirse en un ámbito en donde hallen satisfacción tanto en la supervivencia humana como el desarrollo; ninguna razón, en suma, por la cual sus moradores no puedan deleitarse en ella como en la contemplación de un paisaje favorito". Al igual que König, Lynch previene contra la tentación romántica de valorar exageradamente la vida campesina, en detrimento de la vida ciudadana. No se trataría de oponer lisa y llanamente campo y ciudad, como sinónimo de salud, sosiego y bondad el primero, y de insalubridad, vértigo y maldad la segunda, dado que "la sensación de hallarse en la casa propia no depende de la pulcritud o de la pequeñez del lugar, sino de las relaciones activas entre el hombre y `su´ paisaje: de la penetrante significación de lo que se ve y contempla. Esta significación es tan posible en la ciudad como en cualquier otra parte y, probablemente, aún más realizable en aquélla que en otro lugar cualquiera"(30). Nisbet se extraña de que la visión de la ciudad, y de la vida que en ella se da, sea predominantemente negativa en la filosofía y el arte occidentales, así como también en las ciencias sociales. Para él en la ciudad occidental se han dado auténticas manifestaciones de comunidad, vecindad y asociación, conjugándose con adscripciones por ascendencia étnica en el caso de la ciudad americana, y por pertenencia a una clase social determinada en la ciudad europea. Allí ve un profundo sentido de la reciprocidad interhumana, del arraigo y de la identidad.

La gran ciudad, sin embargo, debe dejar de ser el reino exclusivo de la cantidad, lo útil y funcional, convirtiéndose o -mejor- recuperando el carácter de ámbito verdadera e integralmente humano y humanizador, auténtica antropópolis en donde el habitante juegue un verdadero papel protagónico, tanto en lo que hace al hábitat urbano como a la realización de su propio proyecto vital. Humanicemos, pues, la ciudad, humanizándonos.

La ciudad debe preservar, ante todo, su función de eminente ámbito de convivencia, inclusivo de otros ámbitos sociales -familia, vecindario, lugares de trabajo y recreación, municipio, etcétera-, así como su función de ámbito de encuentro del hombre consigo mismo. Para Mumfrod sólo la ciudad puede desempeñar la función de síntesis y sinergia de todos sus variados y numerosos componentes, y ello a través de una perseverante fijación témporo-espacial, facilitándose de ese modo las relaciones cara-a-cara. La función específica de la ciudad consistiría, en este sentido, en "aumentar la variedad, la velocidad, el grado y la continuidad de la relación humana". Vigilar hasta qué punto llega la gran ciudad a cumplir con esta función primordial -especialmente en cuanto al grado y continuidad-, se convierte en una tarea tan ardua como de impostergable necesidad.

Por otra parte, la tendencia individualista presente en los habitantes de las metrópolis concuerda, paradójicamente, con la pérdida de individualidad del todo urbano, de la ciudad moderna en su conjunto, en la medida en que ésta aumenta en forma desproporcionada, más allá de todo límite. También juega en ello el que sus habitantes no sientan como propio lo que allí sucede, de modo que el marco urbano no se constituye en escenario donde sean y se sientan actores principales. Para Ledrut (31), "la individualidad de la urbe es tanto más intensa cuanto más personas se reúnan y participen, cuanto más profundamente se vea afectada la vida de los individuos y de los grupos de los que éstos forman parte. Todo lo contrario de la atomización social habitualmente presente en las metrópolis, fenómeno directamente relacionado con un espacio urbano difuso e inorgánico".

A MODO DE CONCLUSION

Esa necesidad que tiene el hombre de habitar, esa característica o proprium que hace a su más específica esencia, halla en los espacios metropolitanos influencias de variada especie, muchos de los cuales han sido desarrollados precedentemente. Influencias que representan muchas veces importantes condicionantes de cara al desarrollo del ser-uno-mismo-en-sociedad, máxime teniendo en cuenta que el habitar humano se da a través de formas raigales. En efecto, la fijación de los actores sociales tiende a darse en forma de arraigo, fenómeno social total que representa una dimensión espacial, una dimensión cultural y una dimensión temporal. 

Siendo el espacio metropolitano el ámbito de la modernidad por antonomasia, no resulta difícil vislumbrar las desonancias y contradicciones presentes a nivel de las dimensiones componentes de arraigo, consecuencia de factores tales como la tendencia a la globalización, la aceleración del tiempo histórico, los intensos procesos de desocialización y resonancialización fruto de agentes tan eficaces y omnipresentes como los medios masivos de comunicación social.

En efecto, si el arraigo espacial supone fijarse en un territorio determinado, esa suerte de imperativo territorial presente también en el reino animal, la movilidad socio-espacial se va tornando cada vez más evidente en las áreas metropolitanas. Se trata de un espacio vivido tránsito de proximidades variables y no buscadas, generadoras de lejanías incomunicantes.

El arraigo social, fruto de sentido de pertenencia a grupos -fundamentalmente primarios- fundantes del individuo, y de un significativo nivel de participación, se ve opacado por un cada vez mayor individualismo -consecuencia del predominio de círculos sociales contiguos y heterogéneos, en términos de Simmel-, así como por la cada vez mayor importancia de la "audiencia", el "público" y, en último término, la masa. Una cada vez menor participación activa por parte del sujeto, centrado más bien en una participación meramente pasiva a través del acceso a bienes y servicios que deviene, las más de las veces, en consumismo, virtual paliativo buscado por el homo caber et consumen y retroalimentado a través de los distintos agentes de socialización que permiten la reproducción del sistema espacio-socio-cultural vigente.

Por su parte, el arraigo cultural deviene anomia, en un mundo sociocultural con marcos de referencia poco claros, cambiantes y muchas veces contradictorios en términos de relaciones entre fines distintos, y entre fines y medios.

El hombre, pues, ese habitante cada vez más peregrino, intenta con dificultad creciente recuperar su relación con la naturaleza -viciada de actitudes y comportamientos deprecatorios y contaminantes- y su relación con los demás -viciada de insolidaridad, individualismo exagerado, soledad, superficialidad e inautenticidad comunicacional-. Intenta, en suma, evitar la corrupción del habitar.
NOTAS: 

Fuente: http://www.ecopuerto.com/html/infhtml/382-urbanismo.html

 

 

 Bloqueo de la lucha de clases

 

 

Valoremos lo que Daniel Albarracín señala:"Se abre un ciclo político en el que resulta crucial seguir cuestionando el modo de vida existente, las relaciones de la sociedad con su entorno natural, el cómo disponemos de nuestro tiempo y cómo tomamos nuestras decisiones colectivas. No podemos apelar al miserabilismo, sino interpelar a la reflexión, la autoorganización y la propuesta superadora. No es cierto aquello de que cuanto peor mejor, más bien al contrario. La autoorganización popular resulta más consistente cuando la respuesta dada no es fruto de la desesperación sino del debate y crítica colectivos, y de la perspectiva, experiencia práctica y alternativa que se pueden derivar de ello. Esto es, del noble arte de la política bien entendida. No es cierto que cuanta más recuperación la gente estará más contenta, porque esa recuperación es la de los beneficios y privilegios de unos pocos contra la vida, la biosfera y el trabajo socialmente útil".

 

Contra esa "interpelación a la reflexión, la autoorganización y la propuesta superadora" está la batalla de ideas del progresismo e izquierdas adaptadas al capitalismo. Verifiquemos cómo el siguiente análisis, desde el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica, abstrae al banco central del funcionamiento capitalista de expoliación a los trabajadores, los pueblos y la Madre Tierra:

 

No hay manual para

los nuevos riesgos

6 de agosto de 2019

Por Guillermo Oglietti

Celag

 

La razón de ser de los bancos centrales es la estabilidad. Estabilidad del valor de la moneda frente a los bienes (estabilidad de precios), frente a las divisas (estabilidad cambiaria) y frente a los activos financieros (estabilidad financiera). Algunos bancos centrales incorporan en sus estatutos el objetivo del pleno empleo y el crecimiento. A nuestro entender, no se trata de un segundo objetivo, más altruista, sino de uno de los pilares que sostienen su objetivo principal, porque sólo con crecimiento y pleno empleo se logra una estabilidad sustentable.

En los países que democráticamente eligen tendencias políticas diferentes a las que prefieren los intereses hegemónicos, los bancos centrales enfrentan nuevos riesgos que dificultan esta tarea. Vale la pena analizarlos con detenimiento. Destacamos tres nuevas fuentes de grandes riesgos que son despreciados por las regulaciones internacionales bancarias (Basilea II) y las instituciones financieras internacionales: 1. Concentración financiera, 2. Integración financiera internacional y 3. Riesgos geopolíticos.

Concentración financiera internacional

Tres fondos de inversión privados que manejan fondos por más de 13 billones de dólares, son los principales accionistas del 90% de las 500 empresas más grandes de EE. UU. Los activos de los 500 fondos de inversión más grandes del planeta eran equivalentes al PIB global de 2017. Los fondos Blackrock y Vanguard administran activos superiores al PIB de China. Este nivel de concentración del sector financiero global está fuera de toda escala, no tiene parangón en la historia, es un fenómeno nuevo y los bancos centrales tienen que incorporarlo como una de las principales amenazas que enfrentan.

Las regulaciones domésticas solían poner algunos límites a la concentración bancaria, como la ley Glass-Steagall en EE. UU. Esta ley diferenciaba entre bancos de inversión (dedicados a la especulación que captaban depósitos de grandes inversores y los apostaban en los mercados financieros), y la banca comercial (que captaba depósitos de inversores comunes, hacían préstamos al consumo, el comercio y la industria, y estaban sujetos a mayores regulaciones). También prohibía que las dos bancas estuviesen vinculadas para que los riesgos de la banca especulativa no afectasen a los ciudadanos comunes. Hasta que fue derogada en 1999, EE. UU limitaba la concentración bancaria dentro del país, pero no ponía límites a su expansión en el resto del mundo, especialmente en los países permeables a los intereses norteamericanos, como los latinoamericanos, donde la banca estadounidense tiene una alta presencia[1]. Es por esto que el sector financiero pasó a ser el principal lobista en EE. UU., al que aporta directamente unos 500 millones de dólares anuales para hacer prevalecer sus intereses.[2]

La derogación de la ley Glass-Steagall impulsó una mayor concentración en el mercado financiero de EE. UU. que, unida a la concentración global, generó la semilla de la gran crisis financiera de 2007/8. Creó lo que hoy se denomina “banca en las sombras” (Shadowbanking), que son los grandes fondos de inversión que captan depósitos de todo tipo de inversores y eluden las mayores regulaciones a las que está sujeta la banca comercial. La banca en las sombras tiene una ventaja competitiva desleal que favorece su expansión a costa de la banca comercial tradicional. A nivel del globo, no hay regulaciones que limiten las acciones de la banca transnacional y la situación está fuera de control. El FMI (Fondo Monetario Internacional) tiene una relación simbiótica con esta banca transnacional: como su capacidad de préstamo es limitada, recurre y promueve los préstamos de la banca privada, favoreciendo su expansión y concentración; a su vez, la banca se apoya en la capacidad del FMI para poner exigencias a los países receptores, una forma indirecta de asegurar el cobro de los préstamos y su expansión. Este nivel de concentración genera riesgos evidentes. El mercado financiero está desequilibrado a favor de esta banca gigante que empequeñece a los bancos centrales y disminuye sus herramientas de estabilización. Cualquiera de sus decisiones puede implicar movimientos internacionales desestabilizadores.

Integración financiera

La contrapartida de esta concentración es la integración financiera global. El excelente estudio titulado “La red del control corporativo global” de Vital, Glattfelder y Battiston (2011) analizó las estructuras de propiedad de las corporaciones del planeta sobre una base de datos de 13 millones de relaciones de propiedad, es decir, de tenencias accionarias que generan control societario, con las que detectaron 43 mil transnacionales. El estudio concluye que 737 accionistas pueden controlar el 80% de estas corporaciones. Hilando más fino, los autores identificaron unos 140 accionistas que controlan el 40% de las corporaciones transnacionales.

En los años previos a la crisis de 2007/8, era moneda corriente escuchar a los economistas del establishmentdecir que la mayor integración financiera global era un elemento positivo, porque el riesgo bancario se distribuía entre muchos agentes así que, en caso de quiebra, las pérdidas serían más fáciles de asumir porque se repartían entre muchos. La experiencia de la crisis, sin embargo, nos demostró lo contrario. Cuando los riesgos financieros se distribuyen de esta forma, como lo hicieron los bancos a través del negocio de titulizaciones de activos más la imbricada red de tenencias accionarias compartidas entre entidades, los bancos tienen un incentivo para tomar más riesgos y, más que distribuir el riesgo, desparraman basura. La alta interconectividad propietaria del sector financiero hizo que todo el sector sufriese el contagio y puso en grave riesgo el sistema financiero global.

Riesgos geopolíticos

La errática política exterior de EE. UU. en el plano comercial y financiero es una nueva fuente de inestabilidad global. Tras los atentados del 9/11 de 2001, EE. UU. cambió su política de sanciones. Antes de los atentados, cuando aplicaba sanciones a algún país, su efecto se limitaba a la relación directa que mantenía con el país sancionado, prohibiendo, por ejemplo, las exportaciones o sus préstamos hacia dicho país. Pero, con el declive de la hegemonía productiva de EE. UU., estas sanciones directas fueron perdiendo efectividad.

Sin embargo, tras los atentados a las Torres Gemelas, todo cambió. EE. UU. presionó a la banca privada para que le sirviera de brazo para aplicar sus sanciones, y todos aceptaron para evitar ser acusados de apoyar el terrorismo internacional, el tráfico de drogas o el lavado de activos. Como el 95% de las transferencias transfronterizas se liquida a través del sistema de compensación norteamericano (denominado CHIPS), y el 44% del comercio global se liquida en dólares, EE. UU. se aprovecha de esta hegemonía en el sector financiero para aplicar sanciones indiscriminadamente. Los bancos pasaron a ser responsables de autoreportar las transferencias sospechosas de corresponder a empresas, personas o países afectados por las sanciones, por lo que el Gobierno estadounidense ni siquiera tiene que supervisar directamente las operaciones y recuesta el trabajo y los costos en el sistema bancario.

Los bancos también temen la discrecionalidad que deriva de la ley de 2001 conocida como el Acta Patriota, que le da al secretario del Tesoro de EE. UU. la potestad de prohibir las corresponsalías bancarias en ese país lo que implica, para cualquier banco del planeta, quedarse fuera del negocio por una decisión que no está sujeta a ningún escrutinio público ni en EE. UU. ni de cualquier entidad supranacional. Como casi la totalidad de las transferencias bancarias transfronterizas requieren combinar el uso del sistema de liquidación de operaciones CHIPS -controlado directamente por EE. UU.-, y el sistema de mensajería bancaria SWIFT, cualquier país, persona o entidad afectada por las sanciones queda inmediatamente aislada del mercado financiero y comercial internacional, porque no puede recibir ni préstamos ni realizar ni recibir transferencias internacionales. Existe el consenso de que EE. UU. está usando indiscriminadamente esta herramienta de guerra financiera. Recientemente, el Financial Times afirmó que “es vital para Washington usar las sanciones con prudencia. De lo contrario, en lugar de reforzar su poder, sólo acelerará el declive del sistema político y de comercio liderado por EE. UU.”.

La caja de herramientas de la economía neoclásica no tiene ningún artefacto para enfrentar estos nuevos desafíos porque el realismo geopolítico no entra en sus consideraciones. Sin embargo, no tener en cuenta estos elementos es una imprudencia. No se requiere una teoría conspirativa para llegar al estado actual del sistema, porque la concentración e integración financieras son un resultado inevitable y espontáneo, consecuencia de la desregulación y la apertura financiera promovida por el Fondo. Pero cuando hemos llegado al punto en el cual la lista de personas que detenta semejante control del sistema financiero cabe en la lista de invitados a una boda de clase media y que, por lo tanto, les es fácil reunirse en un club como Bilderberg o Davos[3] para llegar a acuerdos que pueden ser contrarios a los intereses de un Estado, no tener en cuenta los riesgos que esto implica es un caso grave de falta de imaginación o irresponsabilidad. Cualquier administrador eficaz de la banca central tiene que usar una caja de herramientas analíticas diferente a la neoclásica. La teoría de los sistemas complejos es una buena candidata para analizar estos nuevos escenarios. Dice que una forma de evitar estos riesgos es crear cortafuegos similares a los usados para evitar los apagones masivos de los sistemas eléctricos interconectados. En otras palabras, nacionalizar y aislar el sistema financiero lo más posible. Al final, Donald Trump tiene razón, al menos en lo que respecta al sistema financiero, lo mejor es “Latinoamérica First”.

Notas 

[1] file:///D:/Users/OK/Downloads/wp1760.pdf. La posición de América Latina de acuerdo a la presencia de banca extranjera se ubica por detrás de los países europeos exintegrantes de la URSS y de África.

[2] El sector financiero ocupa el primer o el segundo puesto del ranking de gasto de lobby por sector, habitualmente compartiendo el podio con el sector de la salud privada. De todos modos, debido a que el sector financiero es propietario de una gran porción de las corporaciones que también son lobistas, este gasto y posición seguramente están subestimados. http://www.opensecrets.org/[3] El libro “Relaciones Internacionales” de Marcelo Gullo es una muy buena guía para entender este y otros temas geopolíticos que enfrentan nuestros países.

Guillermo Oglietti es doctor en Economía Aplicada por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), postgraduado del Instituto Torcuato Di Tella de Buenos Aires y licenciado en Economía por la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC, Argentina). Dirigió el Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Territorio, Economía y Sociedad de la Sede.

Fuente original: https://www.celag.org/no-hay-manual-para-los-nuevos-riesgos/
Fuente:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=259065

En consecuencia, una forma importante de bloqueo de la lucha de clases consiste en su encubrimiento al fetichizar las instituciones burguesas. Tanto el progresismo como las izquierdas electoralistas, al igual que las derechas explícitas, no sólo ocultan que el modelo extractivo hace a la reestructuración socioeconómica o sea a la consolidación de la recolonización de nuestro Abya Yala. Sino también que los progresistas e izquierdistas afines lo asocian con el porvenir venturoso de todes y ningunean a los ecocidios-genocidios que esas expropiaciones sistémicas perpetran. Para aclarar sobre esta incompatibilidad del capitalismo (sea la gestión progresista sea neoliberal) con la democracia, propongo que leamos:

 

Acaparamiento de tierras y

bienes comunes

marzo 2015

Por Amigos de la Tierra Argentina

(…)Extractivismo y violencia

 

Por Darío Aranda1

Megaminería, agronegocios, forestales y petroleras avanzan sobre territoriales rurales. Ante la resistencia de organizaciones sociales, campesinos e indígenas: la respuesta estatal y empresaria es la represión. Cinco horas de gases lacrimógenos y balas de goma. Fue el accionar de la policía de Neuquén en la puerta de la Legislatura provincial. Enfrente, organizaciones sociales, estudiantes secundarios y universitarios, asambleas socioambientales, comunidades mapuches y personas de a pie que cuestionan la explotación de petróleo en la formación Vaca Muerta con la técnica de fractura hidráulica (“fracking”).

 

El día de la represión, los legisladores del Movimiento Popular Neuquino (MPN) y del Frente para la Victoria aprobaron un acuerdo entre Provincia e YPF, y abrieron la puerta a Chevron para desembarcar con fracking. Dos días después, desde Casa de Gobierno, el secretario general de la presidencia, Oscar Parrilli, justificó la represión: “Todo esto fue armado por los intereses que están en contra de Argentina, de la provincia, de YPF”. La represión vinculada al modelo extractivo se repite. Catamarca, Chubut, Tucumán, Córdoba, Misiones, Formosa, Chaco y La Rioja. Petróleo, megaminería, agronegocios y forestales. Postales del modelo. (…)

 

Conclusiones

A través de los casos analizados en el marco de la agricultura, de las plantaciones forestales, de la minería, del fracking o de las espacios urbanos, podemos apreciar una continuación histórica del acaparamiento de tierras en nuestro continente, que sin embargo adquiere dimensiones cada vez más complejas. A las nuevas tecnologías y nuevos actores se suma también la financierización de la naturaleza como elemento determinante. Es decir, el poder creciente del sector financiero sobre el control de los bienes naturales comunes, llamados usualmente recursos naturales. La necesidad de colocar un precio a la naturaleza está impulsada por la intención de introducirla en los mercados como “capital natural”, con el Banco Mundial como uno de sus principales impulsores. En consecuencia, la financierización de la naturaleza reduce todavía más la responsabilidad de las empresas, aumenta las injusticias sociales, fragmenta la compleja unidad sobre la que reposa un ecosistema y acentúa la crisis ecológica. Como dijo el jefe indio de la tribu Suwamis en el año 1885, en su carta al presidente de los Estados Unidos Franklin Pierce, quien pretendía comprar las tierras de su pueblo:

 

“¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña. Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos? Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja”.

 

El proceso de extracción de los bienes comunes, que es a menudo invocado como un motor fundamental del “crecimiento económico” del país y como una “contribución para combatir la pobreza”, es cada vez más cuestionado. Por supuesto, estas actividades permiten estimular un relativo crecimiento del país y su comercio exterior, pero dentro del paradigma extractivo-desarrollista dominante que invisibiliza los impactos sobre las comunidades y el territorio. En el caso de Argentina, los sucesivos gobiernos siguen estando interesados en el crecimiento de las fuerzas productivas enmarcados en dicho paradigma. Según Anthony Bebbington, “el progresismo representa un nacionalismo sobre los recursos, donde no se cuestiona la extracción en sí misma, pero sí su control privado y extranjero.

 

El Estado, ha tomado de nuevo el control de los recursos, pero reproduce los mismos procesos productivos, las mismas relaciones de poder y los mismos impactos socio-ambientales” (citado por Gudynas, 2009, p 220).

 

 La problemática ecológica está a veces considerada como una preocupación importada de los países “desarrollados”. En esa lógica, en los países “subdesarrollados” las consecuencias ambientales de la industrialización y el extractivismo son aceptados como “efectos colaterales” inherentes al desarrollo, y las preocupaciones ambientales se convierten en una amenaza externa para el desenvolvimiento de ese modelo.

Además, este modelo calificado por cierto de “ilusionista” (PREVOT-SHAPIRA M-F., 2008, p. 7.), ha usufructuado para su beneficio términos debatibles como el “desarrollo sustentable”1 o la “Responsabilidad Social Empresarial” (RSE)2, haciendo un uso vacuo e irrestricto de los mismos y generando una gran confusión en la opinión pública. De manera global, urge cambiar el modelo capitalista de desarrollo pues es el que genera la actual crisis social y ecológica planetaria, dejando cada vez más personas excluidas y el ambiente cada vez más degradado, olvidando la solidaridad inter-generacional en beneficio de los mercados. Ya en 1972, el informe Meadows alertaba sobre los límites del crecimiento relativos al agotamiento de los recursos naturales (MEADOWS y al, 1972).

 

De hecho, la consolidación del esquema “extractivista-exportador” y su consecuencia, el acaparamiento de los bienes comunes, ha intensificado los conflictos socioambientales. Es en estas luchas donde el argumento ambiental ha tomado un papel central a favor de la defensa del territorio. Los movimientos y los actores se movilizan para defender a su comunidad, a su tierra y a su ambiente y para reivindicar “la democratización del control de los bienes y recursos naturales”. En efecto, un hecho constante en los proyectos de acaparamiento es la ausencia de consulta a las poblaciones evitando la legislación sobre las consultas obligatorias. Sin embargo, reiteramos que la sociedad civil constituye, “un actor del peritaje, hoy en día ampliamente subestimado. Porque ellas sufren los riesgos, las poblaciones están en mejor posición para decir lo que es aceptable o lo que no es. Es una exigencia democrática. Lo que está en juego también es el conocimiento. La inteligencia colectiva de la sociedad civil puede contribuir a identificar situaciones de riesgo, negligencias, amenazas. La vigilancia de las poblaciones constituye un eslabón irremplazable”. (FRANCO J y al, 2013, p. 9).

 

En efecto, las actividades extractivistas y el acaparamiento llevan a cuestionar la gestión de los bienes comunes y el modelo de desarrollo impuesto y su sustentabilidad. Las movilizaciones se inscriben así, en un movimiento no sólo de resistencia sino, de manera más amplia, en la construcción de nuevos paradigmas. Las poblaciones locales son generalmente las primeras víctimas de los impactos económicos, políticos, sociales y ambientales generados por los acaparamientos de tierras. Según la socióloga Maristella Svampa, las luchas socioambientales, en América Latina, y en Argentina, son caracterizadas por un giro “eco-territorial”, es decir “expresando concepciones diferentes de la naturaleza que, en última instancia manifiestan una divergencia de fondo relativo a la noción de desarrollo” (SVAMPA, 2011, p.105). No se trata solamente de un problema de apropiación del territorio o del medioambiente, sino también de “la introducción de un modelo económico y político expoliando la soberanía de los pueblos, su cultura, su tejido social y que perjudica a la democracia” (SOLANAS, 2013).

 

Es ancestral en América Latina la «concepción del Buen vivir» como un modo de vida en armonía y diversidad con la Pachamama, concepciones incorporadas en el último tiempo en las constituciones de Bolivia y Ecuador. Resulta indispensable incorporar éstos y otros aportes y saberes ancestrales de los pueblos originarios para construir una sociedad basada sobre la solidaridad, el respeto por el territorio y la participación en la construcción de una sociedad mejor. No obstante, no se trata solamente de recuperar lo ancestral, sino de ser creativos al re-crearnos como habitantes del siglo XXI en los nuevos desafíos que nos representa la supervivencia en el planeta Tierra.

 

Día a día, desde Amigos de la Tierra Argentina junto a otras organizaciones participamos en espacios de encuentro y debate sobre la gestión de los bienes comunes y el territorio. Trabajamos en pos de la soberanía alimentaria de nuestro pueblo y de la semilla criolla, defendemos el monte nativo y el agua a través de su gestión comunitaria, propulsando iniciativas propositivas para el cambio de paradigma. De esta forma, buscamos ir más allá de la mera resistencia apostando a una articulación de las luchas, una reivindicación de los espacios públicos y comunitarios, fortaleciéndonos en nuestro rol como sociedad civil. En ese sentido, impulsamos espacios de debate para pensar de manera colectiva a qué llamamos modelo de desarrollo y qué proponemos para lograr una sociedad de personas que vivan con dignidad y en plenitud, afianzando a su vez un proyecto común de gestión del territorio.

Fuente: http://amigosdelatierra.org.ar/wp-content/uploads/ACAPARAMIENTO-web.pdf

Debido a esta política conciliadora de los gobiernos de turno con las corporaciones mercantilizadoras tanto de la naturaleza como de la sociedad se concretó la optimización de la incesante acumulación gran capitalista de riquezas y poder. Sobre todo comprobamos la actual e internacional ofensiva del sistema contra los pueblos y los trabajadores planetarios. Verificamos también cómo se está, desde más de una década, autoorganizando la resistencia que representa real y efectivamente las necesidades e intereses de los pueblos de Argentina y del Abya Yala o sea cómo se está construyendo la democracia a la plebeya:

 

Red Latina sin fronteras

Córdoba

Asambleas ciudadanas rechazan

presiones empresariales

para flexibilizar leyes ambientales

 

 26 de julio de 2019

Por Agencia FARCO

En Córdoba, continúan los intentos de modificar la legislación ambiental. El último tuvo que ver con la reunión que llevaron a cabo, Fabián López referente del Ministerio de Ambiente, Agua y Servicios de la Provincia y un grupo de empresarios de diferentes sectores, autodenominado G-6.

El objetivo fue flexibilizar las normativas ambientales vigentes y desarticular el mecanismo de las audiencias públicas, una de los principales herramientas con las que cuenta la comunidad para bregar por sus derechos.

En diálogo con Radio NexoCristian Schneider, integrante de la Coordinadora Ambiental y de Derechos Humanos de las Sierras Chicas, se refirió a esta reunión: “en esta reunión con el ministro de servicios públicos, los grandes empresarios presentaron su demanda de flexibilizar la aplicación de la legislación existente, que ya no se aplica en su totalidad, que se aplica discrecionalmente, que tampoco nos da todas las herramientas que necesitaríamos para bregar por la salud de la población y del entorno ambiental”.

El G6 está compuesto por seis grandes redes empresariales que reúnen a las principales organizaciones gremiales y empresariales de la industria, el comercio, la construcción y los servicios.

Sobre la intención de estos grupos empresarios de desarticular las audiencias públicas, expresó: “Están pidiendo desarmar el mecanismo de audiencias públicas, que no es el ideal, no es un proceso de decisión, son audiencias públicas no vinculantes, y aun así eso les molesta y quieren desarmar. Ni siquiera es un mecanismo de decisión, de decir cuál es la política pública que queremos en conservación, en desarrollo, cuáles son las formas de producir que queremos. Ni siquiera tenemos esos espacios, en las audiencias públicas no se puede discutir ese tipo de política a pesar de que las personas van y emiten opiniones”.

A su vez, agregó que el trasfondo de la situación es que “no hay una política pública construida desde lo participativo, que genere decisiones sino que la política pública es esta trama de relaciones de poder, donde el más fuerte es el que impone su forma de ver las cosas”.

Sobre el rol de estos grandes grupos empresarios en la imposición de formas de vivir, Schneider dijo: “Hemos naturalizado que la única forma de producir es con agrotóxicos, que la única forma de obtener materiales es instalar una fábrica contaminante en la ciudad. Parece que hemos naturalizado estos procesos, estos modelos que el capital nos ha impuesto”.

Fuente: http://agencia.farco.org.ar/noticias/cordoba-asambleas-ciudadanas-rechazan-presiones-empresariales-para-flexibilizar-leyes-ambientales/

 

 Alternativas emancipatorias

 

Aprendamos de los pueblos originarios en vez de delegar nuestro poder de cambio social en gobiernos e intelectuales progresistas que nos imponen obediencia debida y fanatismo en contra de los disensos. Sobre todo, concilian con nuestros opresores y con los genocidas de ayer-hoy.

 

Aprendamos y solidaricémonos. La ofensiva del Capital Estado contra los pueblos originarios nos atañe porque no puede haber democracia con esa flagrante violación de derechos humanos y sobre todo porque están contra los extractivismos en defensa de territorios y bienes comunes para ir construyendo buenos vivires.

 

Nación Mapuche. Héctor Llaitul, vocero de la CAM: «Si nos definimos como mapuches autonomistas y anticapitalistas, necesariamente hay una opción por el antiimperialismo»

 

Nicolás Romero / Resumen Latinoamericano / 28 de julio de 2019

Estuvimos conversando con Héctor Llaitul, emblemático líder mapuche vinculado a los sectores autonomistas del movimiento mapuche, quien se dio el tiempo para hablar sobre violencia política en Wallmapu y sobre  CHEM KA RAKIDUAM el libro donde la CAM sistematiza sus experiencias políticas a dos décadas de su nacimiento. Nos lo topamos en un acto de apoyo a la República Bolivariana de Venezuela realizado en la embajada de este país en Santiago, por lo que aprovechamos de profundizar en las posiciones de la CAM sobre el conflicto que atraviesa nuestro continente.

Chem Ka Rakiduam

 

-¿De qué trata el libro Chem Ka Rakiduam?

Inicialmente, la idea era hacer una compilación de una serie de artículos que hemos ido elaborando en el tiempo sobre el pensamiento y práctica de la CAM. El libro está dividido en dos partes, pensamiento y acción. Por un lado, está lo que son nuestros planteamientos teóricos o paradigmáticos, digamos, de la lucha mapuchista. Está la propuesta política nuestra; el proyecto político-estratégico de la CAM, y todos sus contenidos y alcances en distintos periodos, incluso, de lo que nos ha tocado en estas dos décadas ya de lucha. Y enseguida, hay una parte que tiene que ver con la práctica política, que es lo que nosotros hemos denominado líneas de acción de nuestra organización. Contiene relatos inéditos sobre acciones político-militares desarrolladas en estas dos décadas.

Más allá de la experiencia con el control territorial, conocidas en base a las recuperaciones de tierras y de las actividades productivas mediante las que nos vamos reapropiando de los espacios para reincorporarnos al mundo mapuche; el libro contiene testimonios sobre la lucha contra las faenas forestales, es en definitiva el combate en el territorio contra el extractivismo.  Y en ese contexto nos hacemos cargo de la violencia política. Ejercemos, ciertamente, acciones directas; principalmente,  acciones contra el capital y contra el empresariado comprometido en zona de conflicto. Hay entonces, una serie de relatos que están precisamente contados por sus propios protagonistas, que son Weichafe o guerreros mapuche. Nunca antes se había relatado este tipo de experiencias al menos desde el Movimiento Mapuche Autonomista.

 

-En el libro “Weichan, conversaciones con un Weichafe”, se relata el carácter espontáneo de la quema de camiones que dio origen al levantamiento de Lumaco en 1997 y que surge en parte como reacción al carácter racista de las fuerzas de ocupación forestales. ¿Qué continuidad existe entre dichos relatos y los contenidos en Chem Kam Rakiduam?

«Weichan», es un concepto que podría asemejarse al concepto de guerra. Pero para los mapuches, entendido como concepto plural, amplio, tiene que ver con convocar, autoconvocarse para defender lo propio. En el libro que se encuentra pronto a ser lanzado queremos dar cuenta de alguna manera de los alcances que ha tenido la lucha mapuche en el último tiempo.

 

Porque ciertamente, cuando surge la CAM con esa acción de la quema de camiones y la lucha frontal en contra de las forestales, ahí se expresa claramente el sentido que tenían las acciones, y cómo se desarrollaban en su momento, y que tiene mucho que ver con el dolor, con la rabia, el agravio con el que cargamos los mapuche. Por el racismo, por la discriminación, por la negación, por el olvido, la pobreza, la miseria. Entonces, obviamente las acciones de Lumaco grafican así espontáneamente lo que significó para nosotros ser tratado de esa forma.  Y por lo tanto, la acción surge como algo muy espontáneo, muy de adentro, muy de piel, muy del cuerpo, muy del alma.

A su vez 10 años después, muere Matías Catrileo y su muerte significó un salto cualitativo en algunos aspectos de cómo se viene desarrollando esta confrontación. Fue ahí que tomamos la decisión de ya no más entrar de forma espontánea a un predio a modo de montoneras y que teníamos que entrar a especializar a los grupos organizados,  para confrontar al enemigo que también es organizado y directo. Y ahí, surgen los que se conocen hoy como los Órganos de Resistencia Territorial (ORT), que son precisamente estas instancias orgánicas, que se encargan de aplicar el método de la violencia política. Es con el asesinato de Matías Catrileo, que se toman los  discursos, se toman nombres  y empieza la discusión sobre en qué ámbitos se van a mover, y cuáles van a ser sus campos de acción. Bueno, y han pasado 20 años.

 

Y hoy día, el conflicto mapuche es una realidad, gracias a las expresiones de las ORT mapuche e inclusive  más allá de la CAM como propuesta política es el pueblo mapuche en un acto de insubordinación el que se va expresando, reforzado con las acciones espectaculares de las ORT. Las ORT, han constituido un sujeto político en el Wallmapu. Y los diversos ORT, se han ido masificando, cualitativa y cuantitativamente a través de su expresión que es de resistencia, las cuales están muy arraigados en el mundo mapuche, en las comunidades, y en el pueblo mapuche en general y no sólo por su efectividad operativa con los sabotajes, sino porque son eminentemente simbólicas y culturales.

 

-¿Cómo se aborda en el libro la figura del Weichafe y de los ORT?

 Lo primero que debemos decir es que el weichan ya está instalado, y que dentro del weichan, el Weichafe ha cobrado notoriedad, porque se ha transformado en un actor político. Más allá, incluso, de otros personajes, u otros símbolos. Por lo tanto, no podemos sustraernos a esta realidad, de que el Weichafe, y la reposición del weichan, ha significado un salto cualitativo en la lucha mapuche. O sea, si hoy día los gremios, si hoy día las forestales, o el empresariado comprometido en zona de conflicto, ha solicitado una especie de tregua a la CAM y a otras organizaciones en resistencia, es por la acción de los ORT.

 

Es por la acción de sabotaje, que se han venido desarrollando permanentemente, y que les ha impedido tener un desarrollo respecto de su forma de industrializar el extractivismo en una zona de conflicto. Por lo tanto, hay aquí un más allá de las experiencias de control territorial, ahí hay un punto de inflexión que tiene que ver con el conflicto en sí, hoy día. Y si hay, está entre comillas “obsesión” de los detentores del poder, por perseguir y desmantelar a la CAM, que de alguna manera también obliga a que negocie y trance, tiene que ver con las expresiones de resistencia que se dan en este sentido.

Lo central aquí, es que la importancia del libro radica en situar en su justo momento la situación política de Wallmapu, contextualizadas en su momento histórico. Las expresiones de lucha, hoy en día tal cual se están dando, hay acciones muy fuertes, y acciones, que implican la presencia de grupos organizados y armados  mapuche, y esto no podría quedar fuera del registro histórico. Es una realidad, y hay que dar cuenta de aquello, y esto debe hacerse con responsabilidad y altura de miras. Como organización, nosotros vamos a visibilizar sus alcances y sus contenidos, más allá de su reivindicación puntual. Y también, tiene que ver con que la prensa, la historiografía, o los distintos especialistas que se hacen cargo del conflicto mapuche, no deben dejar de lado, la presencia de distintos órganos de resistencia que están hoy día operando, y que son parte de la lucha política que lleva el pueblo-nación mapuche. Por lo tanto, eso es lo que queremos representar en la propuesta, en el libro, y con la idea de generar una discusión, porque nosotros no tenemos ningún reparo ni de qué avergonzarnos, dar cuenta de que el pueblo mapuche tiene todo el derecho a la rebelión, el legítimo derecho a la resistencia. El pueblo mapuche, tiene el legítimo derecho a contar con su fuerza militar. Así como fue en antaño y precisamente, lo que le permitió ser conocido en el mundo como un pueblo independiente, soberano y heredar lo que hoy día nosotros somos, un Pueblo Nación originario. Nosotros no existiríamos si no hubiesen existido los militares mapuche, nuestros, futakeche kuifi pu Weichafe, para todo lo que fue la defensa de los territorios.

 

 -¿Qué rol la otorga la CAM a la violencia política en la actualidad?

Somos un pueblo ocupado, despojado, expoliado territorialmente y de todos sus recursos. Por lo tanto, nuestro diagnóstico es que en ese contexto seguimos viviendo bajo un sistema de opresión, con un sistema y un régimen de ocupación de tipo colonial. Por lo tanto, existe una respuesta casi natural frente a ese tipo de violencia, que es de tipo estructural y de tipo simbólica, que es discursiva, y también de tipo fáctica y militar. De hecho, en el actual escenario, a raíz del alza que ha tenido la movilización mapuche, en pos de sus derechos, principalmente históricos, de territorio, de autonomía, la respuesta del Estado ha sido de mayor violencia. Se ha definido al pueblo mapuche como un enemigo interno, a quien hay que combatir de forma político-militar.

 

A su vez la arremetida del capital en su forma estructural, también es violenta, toda vez que continúa con la expoliación y depredación de los territorios ancestrales. Y esto, no tiene un freno por la vía o por los mecanismos institucionalizados, o los mecanismos estatales correspondientes. Por lo tanto, la respuesta y la solución pasa por hacer frente, a través de la acción directa a este tipo de agresiones y de arremetidas. Entonces nos hacemos cargo del momento histórico y hacemos definiciones que dice relación con ejercer, no sólo en el ámbito de la reconstrucción nacional, también en el ámbito de la  resistencia, acciones concretas. Son acciones que contribuyen, y son parte del proceso de acumulación de fuerza que ha definido el movimiento mapuche autonomista también. Y esto, deja muy en claro que nosotros no somos los únicos que ejercemos este accionar. O sea, no somos los únicos que nos hacemos cargo de ejercer violencia, política, para la consecución de nuestros objetivos. A la CAM se le conoce por ser parte del Movimiento de Recuperación Territorial y Política, se le conoce por ser, por estar detrás de las acciones directas, principalmente, de acciones incendiarias que tienen el carácter de sabotaje, pero también, se le está conociendo a la CAM, por ser una de las expresiones autonomistas, que está levantando una propuesta de liberación nacional mapuche, elemento central de todo nuestro quehacer y nuestra teoría como organización.

 

Agresión imperial y Wallmapu

-Te queríamos preguntar sobre la escalada de violencia a escala regional. Vemos, que hay un gran conflicto global entre Estados Unidos y China y sus aliados, un retroceso de Estados Unidos en Medio Oriente y un vuelco y profundización de la política imperialista hacia Latinoamérica. ¿Cómo crees tú que la situación de violencia que existe en el Wallmapu ocupado, se altera, se profundiza o se mantiene, a partir de este giro de la política norteamericana?

 

La situación actual del capitalismo en el mundo, creemos dice relación al menos en esta parte, con lo que se conoce como la ocupación por desposesión de los territorios. Porque una vez, ya ocupados mayoritariamente, toda la territorialidad para la explotación indiscriminada de los recursos, aún se persisten con nuevos megaproyectos. Principalmente, en lo que respecta a monocultivos, centrales hidroeléctricas, mineras, que arremeten contra comunidades y otros colectivos.  Y esto, ha ido agudizando la contradicción en el último periodo. De hecho, el conflicto mapuche empieza a reflotar con la presencia de las  centrales hidroeléctricas en el Alto Bío Bío. Y también hace crisis con la política extractivista de los monocultivos y la industria forestal. Hoy en día existe un estado de beligerancia entre el Estado chileno, el Estado argentino frente a la nación mapuche, que se explica porque el sistema capitalista a nivel global y a nivel local, están en una etapa de reconversión, que ha agudizado las contradicciones.

 

Estas políticas van en la dirección de mayor represión, criminalización, y militarización contra el movimiento mapuche, sobre todo del Movimiento Mapuche Autonomista y de aquellos, que nos definimos bajo definiciones anticapitalistas. Esta agudización de contradicciones, ciertamente lleva a un escenario de confrontación, de guerra de baja intensidad en contra del movimiento mapuche organizado, y que plantea perspectivas de transformación. Por lo tanto, el orden de los acontecimientos lo va a ir indicando la economía, a nivel global. Estos tratados, estos grandes esquemas comerciales, van condicionando a los gobiernos en el Cono Sur, para una arremetida no sólo en el Wallmapu, sino que en el conjunto de lo que es la región para la apropiación aún más intensa de los recursos que se ambicionan de parte de corporaciones transnacionales. Esta realidad ha significado ciertamente, una derechización de un tipo de gobernanza en la región. Ahora, esto significa un desafío para los movimientos revolucionarios en general, y para el pueblo mapuche, que tiene en sus expresiones más comprometidas con las causas de transformación autonomista, revolucionaria y anticapitalista, como se plantea desde la CAM.

 

En este contexto prevemos un escenario de mayor confrontación, donde la militarización está instalada, y los procesos de persecución y criminalización están en marcha. Eso, explica los mecanismos que siempre se han utilizado, y que contravienen  normativas internacionales respecto a Derechos Humanos, como la aplicación de la Ley Antiterrorista, los montajes como el Caso Huracán, y otros que van graficando el compromiso del Estado, para salvaguardar los intereses de los poderosos. En este contexto, el movimiento mapuche autonomista, y principalmente, el movimiento mapuche revolucionario, hacemos esfuerzos por dotarnos de un mayor anticapitalismo en nuestras definiciones, y de cómo esto se expresa en la lucha por la autonomía.

 

Con el libro queremos dar cuenta de aquello. O sea, exponer básicamente cuáles son nuestras posiciones en el escenario actual. En el corto y mediano plazo, para una lucha de tipo territorial y autonómica. Entonces obviamente estamos muy atentos al devenir de los esquemas a nivel de la intromisión del imperialismo norteamericano, con sus propuestas económicas en el Cono Sur. Y ciertamente, ahí hay una posición al respecto, si nos definimos como mapuches autonomistas y anticapitalistas, necesariamente hay una opción por el antiimperialismo. Y por eso, acompañamos todas esas luchas; acompañamos la lucha del pueblo venezolano que resiste frente a la intromisión, a la injerencia, y también respecto a todos los sectores que se sienten representados por  luchas justas, por la soberanía y la autodeterminación de los pueblos.

 

La CAM y el Estado

-¿Qué relación pretende la CAM construir con el Estado?

Nosotros reivindicamos el concepto de nación, que es un concepto anterior a la formación y a la creación de esta idea de Estado. El pueblo mapuche, hay que entenderlo dentro de esta concepción de pueblo-nación. Para nosotros, hoy día lo central es la reconstrucción de la nación mapuche. Y eso pasa, con el rompimiento con las estructuras de dominación. Ahora, cuando nos plantean ser parte del Estado, ciertamente desde la CAM o desde los sectores más comprometidos con la autonomía revolucionaria, no es parte de nuestra propuesta, aunque éste sea definido como un Estado plurinacional. Pero hay aquí  un proceso en marcha, que en su momento tendrá que ser bien definido y redefinido, respecto de los alcances de nuestra propuesta política, de cómo se va a dar la reconstrucción de nuestra nación. En el pasado la nación mapuche mantuvo un tipo de soberanía con independencia, con autonomía. Por lo tanto, lo que nosotros planteamos es la construcción o liberación nacional, si eso significa, que en algún momento planteemos la independencia de la nación mapuche, lo vamos a hacer. Pero para eso, falta todavía una correlación de fuerzas necesaria. Nosotros, no estamos planteando ser parte del Estado chileno.

 

Hay propuestas, que tienen que ver con la inclusión, con la integración, éstas las consideramos un derrotero para la casa mapuche. Otras propuestas, que tienen que ver con un tipo de autonomía regionalista o federativa, y a su vez ser parte del Estado. Hay también un planteamiento de plurinacionalidad, pero que también es de integración y subordinación. En el fondo nuestro proyecto político, es la reconstrucción de la nación mapuche. Y eso implica, todo lo que hemos ya dicho respecto de autonomía que es independencia política, orgánica, ideológica, cultural; la construcción de un pensamiento propio, una propuesta política mapuchista. Y es por eso, que nuestra lucha principal hoy es de tipo territorial, como elemento necesario para la autonomía, y lo que hacemos es desde ya, desarrollar la autonomía en los hechos, de facto, confrontando con el Estado, confrontando con la institucionalidad opresora, y por eso también, esta idea fuerza de la acción directa como elemento central en nuestra práctica política porque esto nos va a llevar a un tipo de autonomía revolucionaria, que ciertamente va a confrontar con el poder.

 

La CAM y las izquierdas

-¿Cómo la CAM concibe el marco de alianzas entre los sectores mapuches autonomistas y el campo de las izquierdas anticapitalistas en Chile?

 

Bueno hay que conversar, hay que debatir y discutir mucho todavía, acercar posiciones. Como organización hemos participado de algunos debates que se dan en general y otros que resultan más específicos cuando se nos invitan, en los que se plantea como hacer una alianza del pueblo Nación Mapuche con las izquierdas. Ciertamente nuestra propuesta no tiene un horizonte hacia el socialismo visto desde el prisma de la izquierda clásica. Nuestra propuesta es de la reconstrucción Nacional del Pueblo Mapuche.

 

Aquí hay mucho que discutir al respecto por eso no es llegar y avanzar en acuerdos y definiciones solo por estar en una condición de oprimidos. Hay definiciones que tienen que ver con el anticapitalismo otras que tienen que ver con reconstrucción y las autonomías, y de las cuales podemos converger en algún sentido. Pero por ahora sostenemos que los procesos debieran tener sus propios cursos, y nosotros generando una fuerza propia mapuche. Y en algún momento la convergencia se va a dar también en un orden-estratégico porque el enemigo es común y tiene que ver con el Estado capitalista y el sistema de dominación, es la oligarquía histórica que es el pilar fundamental dentro de lo que es la dominación y es la que nos tiene en un estado de injusticia no solo al Pueblo nación mapuche, sino que también a diversos sectores de la sociedad chilena, tanto del campo popular como de los oprimidos en general.

 

Nosotros no tenemos una propuestas de alianzas por ahora ya que estas y sus tácticas deben basarse en una mayor comprensión respecto de lo que es la lucha emancipatoria mapuche. Todavía hay mucho camino que recorrer en ese sentido. Para la CAM no es antojadizo plantearnos la reconstrucción nacional desde la manera en como lo hacemos es decir de forma autonomista revolucionaria pero por sobre todo mapuchista que es lo más complejo en la comprensión de los no mapuche y del mundo de la izquierda. Lo mapuchista tiene que ver con esta dimensión de la causa que implica la reconstrucción de nuestro mundo y es desde un ámbito de la espiritualidad de una religiosidad propia de elementos idiosincrático y cosmovisionario que nos han pertenecido desde siempre y que al parecer le hacen contrasentido a esta mirada de tipo estructuralista que tiene la izquierda tradicional.

 

Pero desde esta visión, en que concebimos la relación hombre-tierra, como sagrada, hacemos un llamado al entendimiento de las diversas expresiones ideológicas en torno a la defensa de la Mapu y sus recursos y a la reconstrucción de un tipo de sociedad basado en la justicia social y que por lo tanto hay que iniciar un debate necesario con la izquierda revolucionaria para lograr procesos de convergencia en la lucha de los pueblos por la autodeterminación. Esperamos que el libro Chem Ka Rakiduam ayude a profundizar esa comprensión y este debate con las izquierdas anticapitalistas.

 

Por ahora con el Feyentun mapuche decimos Weuwaiñ.

Revista de Frente

Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2019/07/28/nacion-mapuche-hector-llaitul-vocero-de-la-cam-si-nos-definimos-como-mapuches-autonomistas-y-anticapitalistas-necesariamente-hay-una-opcion-por-el-antiimperialismo/

 

 

 

Advirtamos: "Cuanto más el sistema neoliberal oenegizaba a las organizaciones sociales e indígenas en Guatemala, y convertía a sus dirigentes en “fund raising”, CODECA se reinventaba como movimiento social auténtico en y desde las comunidades y territorios en resistencia. Pero, con un costo humano muy alto (CODECA pagó y paga su mística de resistencia al sistema neoliberal con encarcelamientos y/o asesinatos de sus defensores)".

 

 

Guatemala

Indígenas y campesinos, disruptores en movimiento

9 de agosto de 2019

Por Ollantay Itzamná (Rebelión)

Entre finales del pasado siglo, e inicios del presente, el norteamericano Clayton Christensen, acuñó/socializó el concepto de disrupción para explicar la introducción al mercado de un nuevo producto que modifica las dinámicas del funcionamiento del mismo.

Aunque la teoría de la disrupción nació y se utilizó en el área administrativo, con el tiempo la sociología contemporánea también recurrió a esta teoría para intentar explicar las dinámicas de los actuales movimientos sociales.

Indígenas y campesinos disruptores

Guatemala, producto de la larga hegemonía neoliberal, se ha convertido en una “sociedad del cansancio” (refiriendo al pensamiento del filósofo coreano Han). Un país en caída libre hacia el sin sentido y la incertidumbre. Al parecer, sin voces, ni luces, para revertir su nefasto destino.

Sin embargo, en ese desgano cultural generalizado, emergen los NO ciudadanos, en su gran mayoría indígenas y campesinos, organizados en comunidades en resistencia, articulados en el movimiento social Comité de Desarrollo Campesino (CODECA) planteando nuevos horizontes de esperanza posible, y con innovadora metodología de acción colectiva.

Si bien CODECA es una organización campesina que nació bajo el horizonte teórico de la “izquierda revolucionaria guatemalteca” del pasado, sin embargo, muy a pesar del colapso intelectual/místico de las y los revolucionarios, este movimiento social tuvo la capacidad de innovación intelectual y moral hasta convertirse en el movimiento social más disruptor en la Guatemala actual.

Cuanto más el sistema neoliberal oenegizaba a las organizaciones sociales e indígenas en Guatemala, y convertía a sus dirigentes en “fund raising”, CODECA se reinventaba como movimiento social auténtico en y desde las comunidades y territorios en resistencia. Pero, con un costo humano muy alto (CODECA pagó y paga su mística de resistencia al sistema neoliberal con encarcelamientos y/o asesinatos de sus defensores)

El sistema neoliberal afianzó e inculcó la “cultura pordiosera” en las grandes mayorías del país, bajo la creencia de: “sin ayuda extranjera nada podemos hacer”, pero CODECA demostró que el poder radica en la misma gente, y si se organizan pueden “caminar con sus propias piernas tras sus sueños”.

Y así fue. CODECA, excluido por la cooperación internacional, dio saltos inéditos en su constitución como sujeto colectivo plurinacional, y con una agenda propia. Hasta convertirse en este momento, sin buscarlo, en el único movimiento sociopolítico plurinacional capaz de oxigenar las esperanzas de la “sociedad del cansancio” de Guatemala.

¿En qué consiste la innovación de CODECA?

La sociedad civil guatemalteca, conformada por las ONG, priorizó y apostó por la formación de líderes y lideresas (individuos formados que compiten entre sí) desvinculadas de las dinámicas sociales de sus comunidades. Por su parte, CODECA, en y desde los territorios, apostó/apuesta a la formación de defensores comunitarios en sus comunidades, y de manera autofinanciada, en buena medida. CODECA promueve la horizontalidad, no la competencia.

Mientras la sociedad civil inculcaba como dogma la “apoliticidad” (sin praxis política) de sus actores y beneficiarios, CODECA apostó/apuesta por la construcción del poder local. Mientras las ONG, un tanto aristotélicos, divulgaban/legitimaban la consigna de: unos nacen para mandar y nosotros estamos para obedecer, CODECA promovía el ejercicio responsable de los derechos políticos. “Claridad política”, suele decir Mauro Vay, fundador y coordinador de CODECA.

Y así fue cómo, de manera inédita en la historia de los movimientos sociales latinoamericanos, CODECA creó su propio instrumento político MLP, y muy a pesar del fraude en las elecciones recientes, logró un histórico cuarto lugar, dentro de una veintena de partidos políticos neoliberales.

Mientras la prensa corporativa y los técnicos que intervenían en las comunidades indígenas y campesinas guardaban celosos sus conocimientos en el uso de tecnologías de comunicación, CODECA se apropió, con sus limitaciones, de los teléfonos celulares y de las redes sociales, en especial Facebook, para socializar sus “luchas”. De esta manera, bajo la consigna: “sin prensa canalla” están logrando romper el “cerco mediático” vigente en Guatemala. En CODECA hay tantos comunicadores comunitarios como defensores de derechos existen.

Otra de las grandes innovaciones de CODECA es su contenido y horizonte teórico/ético. En un país cansado, y sin mayores luces, este movimiento plantea para Guatemala un proceso de Asamblea Constituyente Popular y Plurinacional (con 14 ejes temáticos) para construir el Estado Plurinacional, y así buscar el bienestar integral que denominan Buen Vivir.

De esta manera, indígenas y campesinos en CODECA innovan la praxis y las dinámicas de los movimientos sociales actuales en América Latina, y desafían a las organizaciones indígenas y campesinas del Continente a caminar con sus propias piernas, sentir y pensar con sus propias almas. Por ello este movimiento es disruptor.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=259142