Qué Abya Yala

Diciembre 2019

Con la lógica del Capital, progresistas y derechas desembozadas contribuyeron a la actual emergencia socioecológica.

 

 

 

Historia y presente/ Ofensiva del sistema mundo capitalista / Alternativas emancipatorias

 

Historia y presente

 

El término Abya Yala es en sí mismo un símbolo de identidad y respeto hacia las raíces de los pueblos originarios; y en ese sentido, el poema Abya Yala Wawgeykuna (Hermanos Americanos), originario del pueblo Quechua de Argentina, hace un llamado a la unidad de los pueblos a mantener presente su origen y a continuar su camino siguiendo las huellas de sus ancestros. Tal como su título indica, Abya Yala Wawgeykuna.

 

Artes, saberes y vivencias de indígenas americanos, el libro que sostienen en sus manos es un tributo a la filosofía de ese poema, pues intenta plasmar el pasado y el presente de distintos pueblos originarios: sus modos de vida, sus manifestaciones artístico-culturales, sus creencias... y al fin y al cabo, su identidad. Leer

 

Necesitamos, abajo y a la izquierda sin fronteras ni muros, generalizar el viraje de mirada de una creciente mayoría desde el sentido común que inculca el bloque dominante sobre quienes defienden territorios hasta el descubrimiento de cuán importante para el destino común es disputar los territorios a los grandes capitales.

 

Medioambiente y lucha de clases: mujeres defensoras del territorio en Honduras

 

Josefina L. Martínez

 

El asesinato de la activista medioambiental Berta Cáceres en marzo de 2016 solo es la punta del ovillo. Cientos de activistas defensores del medioambiente han sido asesinados en Honduras, otros miles criminalizados y muchos deben exiliarse por riesgo de muerte.


Río, río, río
Río de verdad
Como un animal
Que ha sido puesto en libertad.


Un río es un curso de agua en movimiento, pero también es mucho más. Fuente de energía, riega la tierra, siembra el valle, alimenta comunidades enteras. Un río también puede ser lodo, veneno, gases, balas y sangre. Esta es una historia de ríos, bosques y montañas, una historia de mujeres bravas que desafían a sicarios de empresas multinacionales y al ejército. Una historia como llamarada en la piel.

 

En el mapa, Honduras forma esa espalda doblada de Centroamérica, territorio histórico de la United Fruit Company y escenario de golpes militares digitados por los gringos en gran parte del siglo XX -costumbre que no han perdido hasta el presente-. Sus principales productos de exportación siguen siendo las bananas, el café y la Palma, pero la minería y las industrias maquiladoras han ganado peso.

En época colonial, Honduras aportaba el 80% del mineral extraído en América Central por España, aunque con el tiempo el desarrollo de este sector fue muy desigual. La ofensiva neoliberal ha permitido una nueva expansión de la industria extractivista, con capitales locales y multinacionales, provocando una acelerada degradación del medioambiente, contaminación, deforestación, expulsión de comunidades campesinas e indígenas y una creciente militarización del conflicto social. El asesinato de la activista medioambiental Berta Cáceres en marzo de 2016 solo es la punta del ovillo. Según Front Line Defender, entre 2014 y 2017 fueron asesinados 64 activistas defensores del medioambiente, cientos están criminalizados y muchos deben exiliarse por riesgo de muerte.

En el norte del país, departamento de Colón, municipio de Tocoa, se encuentra la pequeña comunidad de Guapinol, a los pies de las Montañas de Botaderos. La región, que alberga diferentes comunidades campesinas e indígenas, fue declarada Parque Nacional por sus riquezas naturales.

El conflicto de Guapinol comienza cuando la empresa minera Inversiones Los Pinares consigue una concesión para perforación y explotación minera, por medio de un fraude legal que garantizó el gobierno de Juan Orlando Hernández.

“El primer daño por el cual nosotros nos alarmamos fue el sedimento, el desprendimiento de tierra, porque hicieron aperturas de calles muy cerca de nuestro río y en lo alto de la montaña. Entonces se produce el desprendimiento de tierra floja y volquetas cargadas de material que van soltando. Entonces el río con el sedimento estaba hecho lodo y así llegaba a las llaves de agua de cada uno de los habitantes de nuestra comunidad. Eso fue alarmante, para toda la comunidad fue una alerta”. Así lo cuenta Dalila Argueta, una joven hondureña que el pasado 4 de abril tuvo que salir de urgencia de Honduras por las amenazas sobre su vida y hoy se encuentra refugiada en España.

Se calcula que en todo el país hay más de 500 concesiones de proyectos mineros, las cuales desde el 2017 suman 59 en el departamento de Colón y 18 en el municipio de Tocoa.

La vida cotidiana de la comunidad se vio alterada: “El agua era inservible, no la podíamos tomar, comprábamos agua en garrafones para poder bañar a nuestros hijos o lavarles el uniforme de la escuela. Era alarmante. Ellos decían que eran lluvias, pero no estaba lloviendo arriba. Eran las consecuencias del deslave del proyecto este”.

La comunidad de Guapinol se organizó y comenzaron las manifestaciones frente a la empresa, cortando la calle o delante de la Municipalidad, pero nadie los escuchaba. “Nosotros pedíamos al gobierno municipal un Cabildo abierto para declarar la zona libre de minería. Es decisión del pueblo decir que no está permitido, porque es nuestra tierra, son nuestras montañas”.

Pero el conflicto tomó otra dimensión cuando los habitantes de Guapinol, junto con el Comité de Defensa de los Bienes Comunes, montaron un campamento y cortaron las vías de acceso a la obra, paralizando la actividad de la empresa.

“Nos instalamos a la altura de la montaña para impedir el paso de maquinaria. Fue cuando empezaron también las amenazas de esta empresa, gente contratada por ellos, intimidación también por parte de la policía, porque querían sacarnos. Y entre más días iban pasando, más comunidades se iban sumando, y esto se iba haciendo más grande”.

El campamento de la resistencia se mantuvo durante 88 días en base a la autoorganización de las comunidades campesinas y con el apoyo de las poblaciones cercanas. La tensión con la empresa, el gobierno y la policía también fue creciendo, con hostigamientos y amenazas cada vez más fuertes.

“Y en esos días empezaron a levantar perfiles de quienes liderábamos el comité, empezaron a amenazarnos, ahí empezaron a judicializar a los primeros 13 compañeros, y a varios compañeros se les giró una orden de captura. A otros compañeros los amenazaron cuando bajaban a comprar comida, un grupo de seguridad de la empresa los encañonó con armas largas”.

Un 70% de quienes participaban del campamento eran mujeres, y el personal de seguridad las acosaba al ir y venir del campamento. “Incluso se trató de abusar de una chica en los caminos”, era como para intimidar”, recuerda Dalila.

"Ser defensora en Honduras nos pone más en riesgo que en ningún otro país”.

Miriam Miranda es defensora de los derechos humanos del pueblo Garífuna, una comunidad afroindígena establecida en la costa atlántica de Honduras. En los últimos años viene aumentando la desposesión de sus territorios, entregados a empresas dedicadas al cultivo de la Palma o para mega emprendimientos turísticos de capitales extranjeros.

Miriam nos explica los altos riesgos que conlleva en Honduras la lucha por la defensa de los territorios y el medioambiente:

“Luchar por los recursos naturales, por la defensa de los bienes comunes de la naturaleza… Inmediatamente sos un peligro para el Estado, sos criminalizada, judicializada totalmente. Te colocan como delincuente, como terrorista. Yo tengo varios juicios abiertos, en los cuales se me criminalizó y judicializó por la defensa de los recursos naturales, por la defensa de los derechos del pueblo garífuna. Ser defensora en Honduras nos pone más en riesgo que en ningún otro país”.

Desde el golpe de estado de 2009 que destituyó al entonces presidente Manuel Zelaya, la criminalización de la protesta social, la militarización del país y el asesinato de activistas se ha multiplicado. “El estado de Honduras está cooptado no solo por la corporación internacional, por el capital financiero, sino por el crimen organizado. La lucha y la defensa de los territorios es más riesgosa que en cualquier país”, asegura Miriam, que fue secuestrada de forma ilegal durante varios días en 2017.

Cuando se cumplieron 10 años del golpe de Estado, el país atravesaba una nueva ola de huelgas y protestas populares (médicos, maestros, sectores públicos, estudiantes) exigiendo la renuncia del presidente, al que organizaciones sociales acusan de haber llegado al poder por vías fraudulentas. Desafiado por la calle, Juan Orlando Hernández desplegó al ejército y desató una fuerte represión que dejó varios muertos y cientos de heridos.

Poco después, entre el 27 y 29 de junio, más de 1500 mujeres de todos los departamentos de Honduras se reunieron en un Encuentro de Mujeres Diversas en defensa de los territorios. Jesica Trinidad, de la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos destaca la importancia de ese encuentro en el que participaron mujeres del área rural, periodistas, estudiantes, trabajadoras y militantes políticas.

“Pensamos nuevas formas de protección, porque ya vimos que todas las formas de protección que se han usado en estos años no nos funcionan. Con el asesinato de Berta en Honduras nos dimos cuenta de que las cámaras no funcionan, que los teléfonos seguros no funcionan… Este gobierno y los gobiernos anteriores han creado muchas policías. Ahora tenemos policía para todo, hay policías para el transporte, policías antimaras, policías antidisturbios, y vivimos constantemente asediadas por la policía. Luchar todos los días para que eso no sea normal para nosotras es un gran reto”.

Para eso rescatan una palabra: acuerpar. “El concepto de acuerpar es poner tu cuerpo frente a la otra, y nosotras es una práctica que hacemos. Dentro de la asamblea una de las prioridades es no dejarnos solas, acompañarnos, acuerparnos”.

"Nuestro rio no estaba en negociación"

El 27 de octubre de 2018 se produjo el violento desalojo del campamento de Guapinol, después de 88 días de resistencia. Las palabras de Dalila, cargadas de emoción, describen cada detalle.

“Ese día, desde las 3 de la mañana estuvimos en la calle principal esperando, porque ya se había dicho que venía el desalojo. Y miramos como pasaba una patrulla, y otra, y otra más, y camiones llenos de militares que venían a hacer efectivo el desalojo.”

“Y era miedo: porque es la primera vez que estamos luchando, estamos tiernitos, es la primera vez que nosotros hemos tenido que hacer esto para defender algo que es nuestro. Y era miedo: mirarnos a la cara con temor, no saber qué iba a pasar. Pero también era decirnos: ‘estamos todos juntos para lo que venga’. Ya ese día nos movilizamos en carros, en motos, para llegar hasta el campamento y no dejar solos a los que allí habían quedado.”

Un video de un medio local de Guapinol captó el momento del desalojo, donde se ve claramente la desproporción del operativo policial y militar.

“Había unas 400 personas en el campamento, y ellos eran entre 900 y 1000 efectivos contra nosotros, militares, marinos, cobras, policía preventiva. La gente que pasaba nos cuenta que parecía que iban a la guerra. Y nos decían: ‘¡Ahí vienen, ahí vienen, resistan!’. Era miedo, eran nervios, no puedo ni explicar lo que sentí yo. Yo pensaba: “¿será que no voy a volver a ver a mis bebés?”. Era incertidumbre, y entre nosotros, dándonos fortaleza.

Yo estaba en un grupo en la altura de la montaña, y desde lo alto miramos hacia abajo cómo venía la tanqueta, policías y militares, en filita y marchando contra nosotros. Buses llenos de marinos.

Y era miedo. Pero nuestra gente no se apartó. Nuestra gente estaba decidida a defender nuestra montaña y nuestro río. Y se lo gritaban. Nuestro rio no estaba en negociación. Nuestra montaña no estaba en negociación.”

Las mujeres al frente en la defensa de los recursos naturales

Le pregunto a Miriam Miranda por el término “ecofeminismo”, que se escucha cada vez en estos días, cuando emerge un fuerte movimiento de mujeres y el movimiento de la juventud por el clima se hace masivo en varios países.

“Podemos poner palabras, podemos crear palabras, pero el contenido de esas palabras es importante. Y yo lo entiendo como que ya llegó el tiempo de que las mujeres hablemos y pensemos no solo de nuestro propio cuerpo, cuerpo-territorio (…) sino que tenemos que entender que el feminismo ha dado muchas luchas fundamentales y hay otras mujeres que están dando la batalla por nuestros territorios, por la defensa de los recursos naturales. Y entender que esas luchas que están haciendo las mujeres por la defensa de los ríos, los bosques, son tan importantes como las luchas que se están haciendo en las áreas urbanas. Yo celebro haber conocido feministas históricas que están reconsiderando ese feminismo que habían venido ejerciendo por mucho tiempo, porque hubo siempre una separación absoluta de lo urbano y lo rural y era un feminismo más de la clase media, blanco e individualista”.

“Va a haber en los próximos años una riqueza en la construcción de un feminismo diferente del que se había venido desarrollando en las últimas décadas”, concluye.

La lucha de la comunidad de Guapinol contra el extractivismo minero, así como todos los conflictos y resistencias de las comunidades campesinas e indígenas en América Latina contra la desposesión del territorio por parte de empresas capitalistas muestran que la lucha medioambiental no está desligada de la lucha de clases, contra el capitalismo depredador, el imperialismo y los gobiernos cómplices.

*Entrevistas a Dalila Argueta, Miriam Miranda y Jesica Trinidad, realizadas en Madrid, octubre de 2019. Fotos y videos de Guapinol brindados por Dalila Argueta. Foto de Miriam Miranda y Jesica Trinidad, por Josefina L. Martínez.

Fuente: https://www.laizquierdadiario.com/Medioambiente-y-lucha-de-clases-mujeres-defensoras-del-territorio-en-Honduras

 

En consecuencia, la demolición de la «contrarreforma agraria integral» del sistema mundo capitalista (sea gestión neoliberal sea progresista) será obra de la organización y lucha de los pueblos. Resultará lucha socioambiental desde la de clases o sea por confrontación con el capitalismo, los imperialismos y los gobiernos-estados.

 

Por los Derechos de la Naturaleza

en el Chile de la dignidad

13 de diciembre de 2019

Por Andrés Kogan Valderrama (Rebelión)

 

A propósito de la realización de la Cumbre de los Pueblos 2019 en la Universidad de Santiago, a pesar de la suspensión de la COP25 en aquel país, ante un proceso político en marcha de carácter destituyente y constituyente, se hace interesante reflexionar y resaltar sobre lo ocurrido en la quinta versión del Tribunal Internacional por los Derechos de la Naturaleza, la cual sesionó el pasado 5 de diciembre en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.

Un Tribunal por los Derechos de la Naturaleza que tuvo su primera sesión en Quito (2014), al ser Ecuador el primer país en el mundo en declarar el año 2008 los Derechos de Naturaleza a nivel constitucional, y que luego ha tenido sesiones en Lima (2014), Paris (2015), Bonn (2017) y Santiago (2019), en los cuales lo que ha buscado es investigar, dictaminar y denunciar sobre las distintas violaciones a los bienes comunes en los distintos territorios de vida, de parte de Estados, empresas, organizaciones internacionales y personas del mundo público como privado.

En lo que respecta al jurado para este año en Chile, estuvo conformado por personas vinculadas a las luchas socioambientales de la región, como lo son Maristella Svampa de Argentina, Yaku Pérez de Ecuador, Antonio Elizalde de Chile, Nancy Yañez de Chile, Alberto Acosta de Ecuador, Raúl Sohr de Chile, Enrique Viale de Argentina (fiscal del tribunal) y Natalia Greene de Ecuador (secretaria del tribunal), quienes tuvieron la responsabilidad de escuchar distintos testimonios que evidenciaran las consecuencias de la Minería de litio en el desierto de Atacama, la amenaza a la Patagonia como reserva de vida y la privatización del agua en Chile.

En cuanto a la minería de litio, se dictaminó la existencia de violación de los Derechos de Naturaleza de parte de empresas mineras privadas y el Estado de Chile, quienes han afectado ecosistemas, seres humanos y no humanos en el Salar de Atacama, al consumir y contaminar grandes cantidades de agua para la explotación de distintos, lo que ha traído consigo desposeer a comunidades y territorios de fuentes básicas para la reproducción de la vida.

Sobre la amenaza a la Patagonia, también se dictaminó que el Estado de Chile ha permitido la vulneración de los derechos de la Naturaleza en aquella reserva de agua y vida, a través de la actividad minera y salmonicultura, las cuales han afectado el ecosistema. Además se denunció su complicidad con el genocidio de comunidades indígenas y la destrucción de sus economías de subsistencia .

Por último, en lo que refiere a la privatización del agua en Chile, el tribunal condenó rotundamente un modelo de lucro y extractivista que niega el agua como un sujeto de derechos y lo considera como un mero bien económico para su explotación y su venta en mercados intencionales, de manera que recomienda que sea incorporado como derecho en una nueva constitución para los pueblos.

En consecuencia, este tribunal internacional, con sus dictámenes no hizo otra cosa que evidenciar la necesidad de la elaboración de una nueva constitución de la dignidad para los pueblos de Chile, los cuales han sido postergados en sus derechos no solo humanos sino también como parte de territorios de vida, los cuales han sido sistemáticamente abusados y vulnerados por lógicas de saqueo y de despojo.

Por esto, resaltar la importancia de haber realizado igualmente la Cumbre de los Pueblos, a pesar de la cancelación de la COP25, ya que permitió un encuentro entre distintos pueblos de la región, en donde convergieron experiencias y perspectivas provenientes del ecofeminismo, la agroecología, el buen vivir, el vivir bien, la economía ecológica, el decrecimiento, entre otras, las cuales pusieron en el centro horizontes como la sustentabilidad, la justicia ambiental, la soberanía alimentaria, la defensa de bienes comunes y la ética del cuidado.

En definitiva, el proceso destituyente y constituyente en marcha en Chile, debiera tomar en consideración todas estas demandas plurinacionales presentadas en la Cumbre de los Pueblos 2019, las cuales ante la amenaza de la crisis socioambiental actual, más que una opción debiera ser una necesidad desprivatizar el agua y la idea de concebir a la Naturaleza o la Madre Tierra como sujeta de derechos.

Editor de Observatorio Plurinacional de Aguas www.oplas.org

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=263473

 

 

 

  Ofensiva del sistema mundo capitalista

 

Nos urge, tanto ante la crisis ecológica como ante la acelerada expansión extractivista, plantearnos porqué no podemos seguir creyendo en reformar el capitalismo.

 

Entrevista a Santiago Álvarez Cantalapiedra sobre La gran encrucijada. Crisis ecosocial y cambio de paradigma (I)

“Conocer cómo funciona la sociedad ayuda a proceder con prudencia, sensatez y acierto"

9 de diciembre de 2019

Por Salvador López Arnal

El Viejo Topo

 

Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Valladolid, Santiago Alvarez Cantalapiedra es Doctor en Economía Internacional por la Universidad Complutense de Madrid y ha ejercido la docencia en ambas universidades.

Director del FUHEM Ecosocial y de la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, es también miembro del consejo editor de la colección de libros “Economía Crítica & Ecologismo Social” y del consejo de redacción de la Revista de Economía Crítica.

Autor de numerosos artículos y capítulos en libros colectivos sobre necesidades sociales, consumo y las relaciones entre el bienestar social, la calidad de vida y la sostenibilidad en el marco de la globalización capitalista y la crisis económica.

La gran encrucijada. Crisis ecológica y cambio de paradigma ha sido publicado por Ediciones HOAC en julio de 2019. En sus tesis y argumentos centramos nuestra conversación.(...)

Permítame preguntarle en primer lugar por el título: “La gran encrucijada”. ¿En qué encrucijada estamos inmersos? ¿Por qué gran encrucijada?

La Gran encrucijada es consecuencia de la actual crisis ecosocial, que es una crisis multidimensional (es ecológica, económica y política y afecta a los planos biofísico, productivo y reproductivo) y multiescalar (se manifiesta desde local hasta lo global). Esta crisis nos sitúa en una encrucijada de caminos. La gran bifurcación en la que estamos representa, como la propia crisis ecosocial, una encrucijada de complejidades. Esta circunstancia plantea un doble reto para el pensamiento crítico : el primero, la necesidad de incorporar las diferentes dimensiones de la crisis a su análisis, superando el reduccionismo, evitando los “cismos”: el “economicismo” de quien solo contempla -como causa y/ o solución- la dimensión económica; el “ecologicismo” de quien solo contempla -como causa y/ o solución- la dimensión ecológica o el “politicismo” de quien solo piensa en la política; el segundo reto consiste en saber sortear la tentación de centrarse exclusivamente en la dinámica de los sistemas y contemplar también la lógica de la acción social. La historia no está escrita de antemano. La escribimos cada día. El pensamiento crítico que aspire a comprender la encrucijada en la que nos encontramos debe ser capaz de vincular estructura y agencia, pues la historia la hacemos los seres humanos, aunque -como decía Marx- sea en unas circunstancias no elegidas. Ciertamente, las circunstancias actuales son muy duras y proporcionan poco tiempo y margen de acción.

En cualquier caso, la imagen de una encrucijada es nítida y puede ayudarnos a saber de dónde venimos, a plantear la reflexión de hacia dónde queremos ir (y qué destinos evitar) y a sopesar las opciones o caminos que aún se encuentran transitables para ello.

Ha hecho referencia a la lógica de la acción social. ¿Qué lógica es esa? ¿En qué autores y teorías se inspira?

Lo que quiero señalar con esta expresión es que la acción colectiva cuenta, y mucho. Que en la realidad no hay sólo estructuras y tendencias; hay eso y mucho más, hay sujetos con intereses de clase y sujetos que deciden desclasarse, existen correlaciones de fuerza variables, siempre dinámicas, que se configuran en cada momento según los acuerdos y alianzas que alcanzan los diferentes grupos que conforman la estructura social, que en el comportamiento de los sujetos opera una pluralidad de motivaciones, hábitos, creencias y razones, que hay percepciones de las cosas muy arraigadas que se forman en el pasado, viven en el presente y, si no se cambian, condicionan el futuro. Lo que quiero expresar es lo que tantos han dicho ya: que el capitalismo no morirá de muerte natural ni la crisis energética o climática (ni ninguna otra crisis) conducirá por sí sola a un orden nuevo si no nos ponemos a ello desde este mismo momento, conscientes de nuestras fuerzas, de nuestra posición social y de lo que somos, pensamos y sentimos.  

Sigo con el subtítulo: crisis ecosocial. Como la palabra crisis se usa en muchos contextos, ¿cómo deberíamos entender aquí la noción de crisis ecosocial? ¿Ecosocial remite a una suma de asuntos ecológicos y sociales?

No existen dos crisis separadas, una social y otra ecológica, sino una única e inseparable crisis ecosocial. Más que una suma es una interrelación, el resultado de una dialéctica entre ambas. La “cuestión ecológica” se entremezcla inmediatamente con la “cuestión social” en un sentido básico y radical. Además, el deterioro ecológico y el deterioro social comparten las mismas causas. Ambos procesos son el resultado de la civilización industrial capitalista, que ha redefinido profundamente las relaciones sociales y el régimen de intercambios que establece la sociedad con el medio natural a partir de la apropiación depredatoria, es decir, a través de la explotación del trabajo humano y los ecosistemas, de modo que su historia es la historia de una doble depredación: social y ecológica.

Y esa apropiación depredatoria a la que alude, ¿es una característica singular de la civilización industrial capitalista o más bien la comparten todas las civilizaciones humanas que hasta ahora han existido, incluidas aquellas que se reclamaron o reclaman del socialismo o de nuevos modelos civilizatorios?

El capitalismo es un modo de producción y de dominación de clase con rasgos propios. Han existido (y aún existen) otras formas de opresión y dominación social. La fuerza de trabajo ha sido explotada de diferentes maneras a lo largo de la historia, pero en el capitalismo se hace de una manera peculiar; los mercados han existido siempre en las sociedades, pero un sistema económico basado en la idea de un mercado autorregulado es una novedad histórica que aparece con el capitalismo; la apropiación y uso de los recursos naturales varían sustancialmente si se gestionan como recursos comunes o como mercancías, como varía la forma de apropiación y orientación del excedente social según el tipo de propiedad -privada, social o pública- de los objetos y medios de trabajo que se emplean para transformar los recursos. Lo que quiero resaltar es que el capitalismo ha redefinido con rasgos propios las relaciones sociales y el régimen de intercambios que establece la sociedad con el medio natural. Desde su etapa industrial ha transformado por completo el régimen metabólico de las sociedades, provocando una ruptura histórica en el modo de intercambiar con la naturaleza los flujos de materiales y energía que resultan necesarios para su funcionamiento.

Otra cosa es que experiencias, como las del socialismo real, que se autoproclamaron alternativas al capitalismo, fuesen incapaces de romper con el horizonte capitalista del desarrollo, incurriendo en un productivismo tanto o más acentuado con unas consecuencias medioambientales catastróficas. Y esto revela que uno de los errores fundamentales de las experiencias burocráticas del llamado socialismo real, y podríamos decir que de la izquierda en general, ha sido no saber dar una respuesta a esta fractura metabólica: no haber discutido el tamaño ni los ingredientes del pastel económico, ni el cómo se cocina ese pastel, y haberse limitado tradicionalmente a decir únicamente cómo se debía repartir. 

Añade usted, en el subtítulo, la necesidad de un cambio de paradigma. ¿Cómo debemos entender aquí la noción de paradigma? ¿A qué tipo de cambio alude?

Tengo la impresión de que no sabemos hasta qué punto las sociedades actuales, con sus largas y complejas cadenas de causalidades e interdependencias, resultan vulnerables ante lo que estamos viviendo. Las olas de calor, las sequías, las inundaciones ocasionadas por lluvias torrenciales y, en general, los eventos climáticos extremos que cada vez son más frecuentes disparan los riesgos de colapsar un sistema social en el que los principios de organización que lo regulan se caracterizan por ofrecer bajos rangos de resiliencia. Nos encontramos en un escenario inédito para el que apenas estamos preparados, en el que converge una creciente escasez de recursos estratégicos con la hecatombe de la biodiversidad y la desestabilización abrupta del clima. El sexto informe de la ONU sobre las Perspectivas del medio ambiente, presentado en marzo de este año en Nairobi coincidiendo con la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, ha radiografiado a partir del mejor conocimiento científico hoy disponible los principales problemas del planeta: el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la reducción del agua dulce disponible, la contaminación del aire, de los mares y océanos, la sobrepesca y agotamiento de otros recursos, la deforestación y la desertización. Aunque algún aspecto mejora parcialmente, la situación global del planeta ha empeorado sustancialmente desde que se publicó la primera edición hace más de 20 años. La causa del deterioro se encuentra en el modo de producción y consumo que sostiene el paradigma de la modernización capitalista, exclusivamente orientado por la racionalidad instrumental y la mentalidad materialista y tecnocrática, con una fe ciega en el mercado y la tecnología, obsesionado por dominar la naturaleza y por el crecimiento y la acumulación de la riqueza y el poder. En este sentido hablo de paradigma, y es un paradigma mortalmente peligroso.

Cuando una civilización no civiliza y se muestra incapaz de ofrecer respuestas a sus propias contradicciones, entonces los tiempos reclaman la necesidad de abandonar viejos paradigmas y adoptar otros nuevos. Las categorías, conceptos, valores y maneras de razonar hoy vigentes nos impiden darnos cuenta de lo que pasa. Y si no nos damos suficiente cuenta de ello, no es por falta de información, sino más bien por todo lo contrario.

Uno de los grandes peligros y paradojas de nuestro hoy…

Efectivamente, lo que ocurre hoy es que padecemos un exceso de información que nos provoca ceguera. Una «ceguera blanca» que, como en la célebre novela de Saramago Ensayo sobre la ceguera, no se produce por falta de luz sino por lo contrario. Vivimos en un mundo ‘infoxicado’, con una sobresaturación de datos e informaciones que impide conocer lo que está ocurriendo. Se nos olvida con demasiada frecuencia que los datos no son información hasta que no se articulan y que la información no llega a convertirse en conocimiento hasta que no somos capaces de organizar nuestras ideas en un argumento coherente. Y que el conocimiento puede no ser la respuesta a nuestras preguntas si no va alimentado de sabiduría. Información, conocimiento y sabiduría son tres modos muy distintos de saber. Nos sobra lo primero, andamos justitos de lo segundo y en la sociedad actual se desprecia abiertamente la sabiduría. Pero la sabiduría es lo más necesario para responder a la pregunta de cuánto es bastante para vivir de forma justa y sostenible sobre este planeta. Gandhi, con su enorme sabiduría, puso las cosas en su sitio al afirmar que «el mundo es suficientemente grande para satisfacer las necesidades de todos, pero siempre será demasiado pequeño para la avaricia de unos pocos», y señaló el camino al exhortarnos a «vivir sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir». Necesitamos un paradigma que vuelva a poner las cosas en su sitio, capaz de armonizar el conocimiento y la sabiduría desde la plena consciencia de que todas las capacidades adquiridas por el desarrollo actual de las fuerzas productivas comprometen nuestra existencia en la medida en que se transforman bajo el capitalismo en fuerzas que destruyen los fundamentos naturales de la vida humana sobre el planeta.  

Creo que queda clara la diferencia entre información y conocimiento, pero no sé si el concepto de sabiduría es transparente. ¿Qué diferencia el conocimiento de la sabiduría? ¿Dónde y cómo podemos aprender a ser sabios? ¿Sólo unos pocos, como Gandhi, pueden ser sabios?

Posiblemente el término sabiduría sea bastante obscuro, pero de alguna forma remite a la facultad de las personas para actuar con sensatez, prudencia o acierto. Podemos saber mucha física atómica y mucha genética y actuar irresponsablemente. Por supuesto que conocer cómo funciona la sociedad, la vida o el mundo físico ayuda a proceder con prudencia, sensatez y acierto, pero el mero hecho de conocerlas no parece suficiente para convertirnos en sujetos prudentes y responsables. La verdad es que las formas de vida actuales, aunque basadas muchas de ellas en el conocimiento científico, no parecen demasiado sabias. En este sentido, el orden de la sabiduría es diferente al del conocimiento. Creo que hay mucha sabiduría en la experiencia de nuestros mayores, en las culturas campesinas, en los saberes ancestrales de los pueblos indígenas, en las religiones, en la filosofía, la literatura o las artes en general. Para los tiempos que corren, la sabiduría tiene que ver principalmente con todo aquello que contribuye a educar al deseo, orientándolo y poniéndole límites. En estos tiempos de crisis ecosocial, en los que la excepcionalidad se está convirtiendo en norma, necesitamos que la sabiduría -ahora un bien excepcional- se convierta en un atributo normal de la persona, proporcionándole sensatez, prudencia y acierto en cada uno de sus actos cotidianos. Aunque me temo que los tiros no van por ahí. El capitalismo, anclado en la explotación del deseo, nos hace necios, hasta el punto de confundir valor y precio (Machado) o conocer el precio de todo y el valor de nada (Oscar Wilde).  

Gracias por las referencias a Machado y Wilde. En el primer capítulo de la Parte I, “La crisis ecosocial”, habla de La gran aceleración que, le cito, “ha conducido a que la escala de la economía mundial sea demasiado grande para que su desarrollo sea compatible con la salud del planeta”. ¿Dónde se observa principalmente esa gran aceleración? ¿En qué aristas la escala de nuestra economía es demasiado grande para la salud de nuestro planeta?

Lagran aceleración es un periodo excepcional de crecimientos exponenciales que nos ha llevado a la situación de extralimitación en que hoy nos encontramos. A partir de la segunda mitad del siglo XX, se produce un fuerte incremento en la extracci ón de recursos energéticos y minerales y se disparan, como consecuencia, los niveles de residuos y emisiones. Esa inyección de recursos acelera el motor de la civilización industrial impulsando, a su vez, la población mundial, el proceso urbanizador, los niveles de transporte, la producción y el comercio internacionales, el consumo global de agua, de fertilizantes, las capturas pesqueras, etc. Prácticamente nada queda al margen de este impulso voraz: incluso la arena, una materia prima hasta hace poco abundante y barata, en la actualidad se torna escasa debido al elevado ritmo urbanizador y a la gran cantidad de infraestructuras que se expanden por todo el planeta (cada año se extraen alrededor de 59.000 millones de toneladas de materiales de la Tierra, y la arena representa cerca del 85%).  

¡Increíble, un dato que desconocía!

La mitad de los combustibles fósiles los hemos consumido en las cuatro últimas décadas de expansión acelerada del capitalismo mundial, durante ese periodo que habitualmente conocemos como globalización. El efecto de este crecimiento acelerado es que se agravan también exponencialmente los procesos de degradación de los ecosistemas (la pérdida de biodiversidad, la desaparición de los de bosques tropicales, la acidificación oceánica, la concentración de los gases de efecto invernadero en la atmósfera, la expansión de plásticos y nuevas sustancias hasta los rincones más remotos del planeta, etc.).

El Viejo Topo, noviembre de 2019.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=263206

En consecuencia, erradicar la «contrarreforma agraria integral» del sistema mundo capitalista (sea gestión neoliberal sea progresista) provendrá de los pueblos al defender, recuperar o crear territorios.

 

Discurso en las Naciones Unidas

No aceptamos que los Estados nos traten como enemigos internos,

que nos persigan por luchar,

que nos judicalicen por pensar diferente

 

19 de diciembre de 2019

Por Leonidas Iza (Rebelión)

 

En América Latina y el Caribe existen 826 pueblos indígenas, de los cuales 330 están en peligro de desaparecer y con ellos su cultura, idioma, todo lo que por miles de años ha sido una construcción social como aporte a la humanidad. Si queremos salvar el idioma de los pueblos indígenas, la primera tarea de los Estados es salvaguardar sus territorios donde recrean esta simbiosis de manera integral, sus culturas, sus tradiciones, sus costumbres, sus idiomas sus formas de vida

 

A todos los presentes y al mundo le decimos que, como pueblos indígenas, hijos e hijas de la Madre Tierra, estamos altamente preocupados por este tiempo de la historia que atraviesa la humanidad, se ovaciona sin vacilaciones el tipo de civilización que nos han construido, pero cada vez más, en nombre de esa civilización se acaba con la vida, se arrasan pueblos enteros de sus territorios, de sus costumbres, de sus tradiciones, de sus idiomas. Arrancan conscientemente nuestras raíces en nombre de la codicia, de la opulencia y del poder, y si no hay una transformación inmediata nos guían hacia un camino sin retorno para la vida de la humanidad.

Cuando en este laberinto de la humanidad hay chispas de esperanza que vislumbran otras formas de civilización que están guardadas en la memoria de los pueblos originarios, de los pueblos indígenas, de todos los trabajadores, de todas las latitudes del mundo, es necesario que esta chispa sea un aporte en la trasformación de la humanidad.

Saludamos enormemente la decisión de la ONU de declarar el año internacional de las lenguas indígenas, decisión muy acertada, pero, sin embargo, es de absoluta preocupación ya que en la práctica los gobiernos no adoptan las medidas necesarias, aun teniendo instrumentos importantes como la Declaración Sobre Derechos de los Pueblos Indígenas de las Naciones Unidas, el convenio 169 de la OIT, así también de la OEA, que los Estados firmaron su adhesión, pero no hay voluntad ni decisión política de sus gobernantes para cumplirla, prefieren fortalecer el aparato militar y gastar millones en recursos económicos, antes que salvaguardar la vida integral de los pueblos indígenas

En América Latina y el Caribe existen 826 pueblos indígenas, de los cuales 330 están en peligro de desaparecer y con ellos su cultura, idioma, todo lo que por miles de años ha sido una construcción social como aporte a la humanidad. Si queremos salvar el idioma de los pueblos indígenas, la primera tarea de los Estados es salvaguardar sus territorios donde recrean esta simbiosis de manera integral, sus culturas, sus tradiciones, sus costumbres, sus idiomas sus formas de vida. Aun siendo importante la declaratoria del año internacional de las lenguas indígenas, esto no se salvará sin la absoluta responsabilidad de los Estados, es necesario tener políticas claras para superar las grandes desigualdades económicas que nos tienen sumidos en la pobreza, se debe acabar con la discriminación, el racismo, la xenofobia, el machismo, que en muchas veces los mismos Estados lo han naturalizado.

Es importante el decenio de lenguas que comenzará en 2022, ese tiempo debe ser una enorme oportunidad para todos los Estados del mundo, para pasar de una declaratoria a políticas reales, pasar de políticas de asimilación, a políticas que respeten la autodeterminación de los pueblos.

Es el tiempo de reencontrarnos, volver con vitalidad a nuestros orígenes, para ello necesitamos respeto por parte de los Estados a nuestras prácticas y formas de hacer la economía comunitaria, comunicación comunitaria, justicia propia, nuestras tradiciones milenarias y esto lo podamos compartir en nuestros idiomas propios. No aceptamos que los Estados nos traten como enemigos internos de los Estados, que nos persigan por luchar, que nos judicialicen por pensar diferente, no queremos ser sometidos a las verdades de los medios de comunicación masivos, no queremos ser declarados terroristas en nuestros propios territorios, no queremos ser confundidos con la delincuencia común que ha creado esta civilización, no aceptamos el racismo, la xenofobia, el machismo por imposición del poder, solo queremos ser nosotros mismos y con nuestras diferencias construir un mundo de justicia y libertad y que eso podamos transmitir en nuestros propios idiomas.

Quiero finalizar mi intervención saludando a muchos compañeros y compañeras indígenas y no indígenas a nivel global que han ayudado a posesionar la agenda de los pueblos indígenas dentro de los Estados.

Leonidas Iza: Presidente del Movimiento Indigena y Campesino de Cotopaxi MICC (Ecuador) y dirigente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie).

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=263673

 

 

 

Alternativas emancipatorias

 

 

Ubiquémonos que la defensa de territorios, del agua y de los otros bienes comunes no es sólo cuestión de vida en cada lugar geográfico sino de toda la humanidad:

¿Por qué hablamos

de crisis civilizatoria?

Breve genealogía de nuestro actual tiempo

19 de diciembre de 2019

 

Por Emiliano Teran Mantovani

 

El tiempo que vivimos es un tiempo extraordinario. Todo está en juego. Las posibilidades de vida en el planeta Tierra, tal y como las conocemos, pueden cambiar radicalmente. Eso, más allá de diversos imaginarios sociales sobre colapsos y apocalipsis, tiene efectos concretos en los marcos de convivencia social, los ciclos de lluvia y períodos secos, en las migraciones, la producción y distribución de alimentos, la pérdida de los últimos refugios ecológicos, la conflictividad social y geopolítica por los recursos indispensables para la vida, el nivel de los océanos, el mantenimiento de las instituciones sociales y las infraestructuras, y un muy largo etcétera.

 

La diferencia de éste, con tiempos anteriores, pudiésemos resumirla en tres factores: uno, que llegamos a límites de capacidad de muy buena parte de los sistemas sociales y ecológicos para soportar las perturbaciones y agresiones que están sufriendo estos; dos, que los eventos sociales y ecológicos van teniendo características de eventos extremos; y tres, que dichos sistemas tienden a la caotización y que por su alto nivel de integración (dada en buena medida la globalización) pueden generar una  cadena de acontecimientos o puntos de inflexión –que también pueden ser pensados como ‘efecto dominó’– con consecuencias imprevisibles.

Pero precisamente por las dimensiones y la profundidad de esta crisis, se nos abre una oportunidad para re-pensárnoslo todo, absolutamente todo. No es sólo el problema del cambio climático, que además no se puede ni se debe segmentar como problema. No vivimos sólo una crisis de las democracias o las instituciones modernas. Tampoco esta crisis puede explicarse únicamente por una ‘escasez’ de recursos o por un ‘desbordamiento’ demográfico. Y aunque es un factor determinante, tampoco es únicamente un problema de la crisis estructural del capitalismo.

Se trata de una crisis total, esencial y existencial, que trastoca incluso el orden de la vida en la Tierra (y por tanto de las otras especies que conviven con nosotros), que nos interpela como especie en relación a nuestro rol en ella. No basta entonces rastrear sólo el ‘error’ en nuestro propio proyecto de construcción social contemporáneo, sino también el cómo se fue configurando lo que podríamos llamar la verdadera Gran Divergencia (nada que ver con lo planteado por  Huntington y Pomeranz sobre el despegue del poderío de Occidente); esto es, la que se produjo entre los patrones civilizatorios dominantes de las sociedades humanas, y los ritmos y dinámicas ecológicas y simbióticas de la Naturaleza.

Por ello, necesitamos también rastrear los antecedentes de más largo alcance de esta crisis, una de carácter civilizatorio.

¿Por qué hablamos de crisis civilizatoria?
Brechas en el debate sobre Antropoceno

Desde hace unos dos lustros el debate sobre el surgimiento de una nueva era geológica, el ‘Antropoceno’, ha cobrado gran popularidad y difusión, no sólo en el ámbito de las ciencias, sino también de las ciencias sociales y sectores del activismo global (en buena medida vinculados a reivindicaciones ecológicas). El Antropoceno tendría la particularidad de ser un período geológico en el cual el principal factor de cambio y transformación en la Tierra sería el humano.

Entre varias de las implicaciones de este debate, una de las que nos parece más interesante es que permite inscribir el debate político sobre las causas y orígenes de la crisis ecológica actual, en la propia historia reciente del planeta Tierra. Esto resulta en una invitación a rastrear factores de mucho más largo alcance temporal, y no sólo los recientes cambios en el metabolismo de las sociedades industriales contemporáneas. Esto, a su vez, nos permite enlazar con la idea de que la crisis en la que estamos inmersos es en realidad una de carácter civilizatorio.

Dos de las principales polémicas que se han generado en torno al debate sobre el Antropoceno nos pueden ayudar a dejar más claro por qué hablar de una crisis civilizatoria. La primera, tiene que ver con la crítica que se le ha hecho al concepto, por colocar al humano en abstracto como responsable de la crisis, cuando en cambio esto ha sido el resultado de patrones específicos de poder que han generado divisiones sociales y desigualdades en los procesos de apropiación, usufructo y degradación de la riqueza natural. De ahí que  Jason Moore haya hablado del ‘Capitaloceno’, señalando que es precisamente el capital y todas sus estructuras de poder, el factor que define esta nueva era geológica; o bien, Christophe Bonneuil proponga el ‘Occidentaloceno’, haciendo referencia a la responsabilidad de la crisis por parte de los países ricos industrializados de Occidente.

La segunda polémica tiene que ver con el punto de origen del Antropoceno. ¿Cuándo se produce el punto de inflexión histórico que convierte al humano o al particular orden civilizatorio, en la principal variable de transformación geológica?

A nuestro juicio, esto es fundamental pensarlo no a partir de un solo punto de origen (dado que la historia no es lineal y luego de un punto de inflexión se producen nuevas tensiones y diversas posibilidades), sino en el escalamiento de al menos tres períodos que han sido determinantes para comprender, en su profundidad, el carácter de la crisis civilizatoria.

 

El Imperio de los combustibles fósiles

Vayamos de adelante hacia atrás. Ciertamente el período más evidente es el radical cambio de metabolismo social y de las relaciones espacio-temporales que se produce a escala global a partir de los siglos XVIII/XIX con las llamadas ‘Revoluciones Industriales’, que van a desembocar en un cada vez más acelerado sistema mundializado de extracción, procesamiento y consumo de naturaleza, sin precedentes en toda la historia de la humanidad. Este momento particular del Antropoceno va a ir en escalada hasta que a mediados del siglo XX (con la imposición del modelo capitalista de la posguerra) se va a configurar “La Gran Aceleración”, un proceso en el cual las tasas de uso de energía, crecimiento del PIB, crecimiento de la población, de las emisiones de CO2, entre otros se disparan a niveles insospechados, intensificando esta particular relación depredadora con la naturaleza. El período neoliberal, en el marco de la llamada ‘globalización’, va a intensificar aún más este proceso.

El período previo al del Imperio de los combustibles fósiles, y constitutivo del mismo, pudiésemos ubicarlo desde mediados/fines del siglo XV en lo que se entiende como la Génesis de la modernidad capitalista colonial. Este proceso allanó el camino al particular desarrollo histórico del capitalismo, y destaca, al menos para lo que tratamos de explicar, en tres aspectos: la expansión geográfica de circuitos comerciales que, por primera vez en la historia de la humanidad, va a crear un sistema y una economía mundial; una lógica de colonización civilizatoria imperante, también expansiva, que va a tener como uno de sus objetos fundamentales a la Naturaleza (bases para la conformación histórica del extractivismo); y la configuración de patrones de poder que, como lo plantea Donna Haraway, se originaron y expresaron con fuerza en la generación de plantaciones. De ahí que Haraway reformule la apreciación sobre el Antropoceno y proponga en cambio el término  Plantacionoceno, tomando en cuenta que en las plantaciones se evidenciaron (y se evidencian aún) la conjunción entre simplificaciones ecológicas –el disciplinamiento de las plantas en particular– y el diseño de sistemas de trabajo humano forzado en torno a ellas (basado generalmente en patrones racistas). Para Haraway fue la Plantación la que generó el legado de esta nueva era geológica.

La verdadera Gran Divergencia

Pero, ¿por qué no mirar más hacia atrás, muy atrás, para poder formularnos ciertas preguntas esenciales? Hay algo aún más constitutivo, más raizal de este proceso histórico, que tiene precisamente que ver con un quiebre particular que ocurre en la ‘larga’ historia del homo sapiens, que remonta a unos 300.000 años. Dicho quiebre es en realidad ‘reciente’, y pudiésemos ubicarlo en un proceso que se desarrolló desde hace unos 9.000-7.000 años con la llamada ‘Revolución neolítica’, a inicios del Holoceno.

Ciertamente en este período se va a ir generando una multiplicación de las comunidades horticultoras, las culturas sedentarias y el surgimiento de las sociedades agrícolas, lo que al mismo tiempo va a ir produciendo un desplazamiento y progresivo desvanecimiento de las sociedades cazadoras y recolectoras, de perfil igualitario, que fueron imperantes en tiempos previos (sociedades que no tienen por qué ser romantizadas). Pero lo esencial de este proceso no es sólo el desarrollo de unas particulares condiciones materiales que van a cambiar drásticamente la forma de vida de la humanidad, sino que previamente y en ellas fueron surgiendo jerarquías que fueron configurando estructuras sociales de la dominación de unos pocos por sobre otras mayorías.

La ecología social, en especial  la obra de Murray Bookchin, contribuye a comprender dos elementos cruciales cuando hablamos de estas jerarquías: el primero es que no hay que entenderlas sólo en su dimensión inter-subjetiva (la gradación desigual que se da entre personas), sino primordialmente en su sentido socio-político y epistemológico. Es decir, en cómo estas jerarquías particulares se terminan traduciendo en sistemas integrales de dominación y en cosmovisiones piramidales y/o lineales que rompen con concepciones holísticas y fragmentan la construcción social de la realidad. El segundo elemento es fundamental: las jerarquías y los sistemas integrales de dominación son también causa y efecto de la ruptura de la relación holística que las sociedades reproducían con la naturaleza, lo que se tradujo no sólo en un enfoque de dominio sobre la misma, sino también en esquemas de organización e interacción social que van diferenciarse notablemente de la forma como lo hacen el resto de las especies.

A este, como uno de los tres períodos determinantes para comprender, en su profundidad, el carácter de la crisis civilizatoria, lo llamaremos la verdadera Gran Divergencia, dada la brecha histórica que se abre desde entonces en la relación entre los humanos, y entre estos y la naturaleza. Este momento particular del antropoceno, va a devenir en la emergencia de las grandes civilizaciones, de las economías de excedentes, de la configuración de nuevos metabolismos sociales, del surgimiento de las estructuras estatales, de la génesis del patriarcado, de la sociedad de castas y clases, de las lógicas imperiales. Se expanden las disputas por la tierra cultivable, y por ende la guerra se hace cada vez más común. En este entorno, van emergiendo los asuntos políticos y militares, con claros patrones masculinos, y estos asuntos van a escindirse, jerárquicamente, sobre la esfera doméstica.

Pero es fundamental subrayar que esta, no tenía que ser necesariamente la única evolución histórica de la humanidad, ni mucho menos la única forma que adquiriese la configuración de las civilizaciones. El comienzo de la dominación de los patrones civilizatorios jerarquizados no supuso la desaparición de otras formas de relacionamiento socio-ecológico más igualitario y armónico. Más bien revela una disputa de esta lógica civilizatoria/racista/imperial contra toda su otredad. No es una disputa que deba ser entendida en código binario. Más bien hay una enorme diversidad, grises, matices, entrecruzamientos entre ellos.

Sin embargo, lo que queremos resaltar es que los sistemas de jerarquías, la dominación de la naturaleza y el patriarcado, preceden al sistema capitalista y la modernidad. Y no son rasgos naturales, ontológicos ni inevitables. Son en realidad la expresión de una historia reciente del homo sapiens en la Tierra.

Además de la apuesta post-capitalista, el cambio es civilizatorio

A pesar de su longevidad, al día de hoy estos patrones de poder, conocimiento, subjetividad y relacionamiento socio-ecológico, persisten, aunque varíen en muchas de sus características. Son estos los pilares de esta crisis civilizatoria y, como plantea Bookchin, debemos escarbar, hacer arqueología, construir genealogía, en la vasta y milenaria historia de la sociedad jerárquica. Si el cambio tiene que ser del modelo civilizatorio, esto, repitámoslo, pone ante nosotros la necesidad de re-pensárnoslo todo.

Sabemos que es un cuestionamiento radical, porque pone en cuestión no sólo al capitalismo histórico y la modernidad colonial, sino incluso los rasgos históricos dominantes de la propia condición humana. Pero nos invita y permite reformular toda la cartografía de la transformación socio-ecológica.

No parece bastar la apuesta post-capitalista si no podemos resolver, retejer, rearticular, reconstituir el vínculo esencial entre humanos y naturaleza, compaginar nuestro estar en la Tierra con los ritmos de la vida en el planeta. No parece bastar aquella apuesta sin desarmar al patriarcado, al racismo, los esquemas de dominación jerárquica, los binarismos, las cosmovisiones fragmentadas, sin recuperar la relación holística y de totalidad con la naturaleza.

 

¿Es posible reformular el proyecto civilizatorio sin contar con las otras especies vivientes? ¿Es posible superar el antropocentrismo en vías hacia una nueva senda biocéntrica? Si así fuese, ¿cuál sería nuestra forma, nuestra condición, nuestro rol como humanos en esa nueva ruta?

Estos dilemas no han podido aún ser resueltos, no sólo por los conductores políticos e institucionales, o por los voceros de los saberes científicos dominantes, sino tampoco por las fuerzas políticas contrahegemónicas principales; las izquierdas incluidas. Las ideas de transformación imperantes deben ser interpeladas, escrutadas. No sólo las de progreso y desarrollo, sino la propia idea de revolución. E incluso la de emancipación. ¿Qué se revoluciona? ¿Qué se emancipa? ¿Quiénes se emancipan? ¿Cómo? ¿Por qué medios? ¿A costa de qué?

Todo esto no es un llamado a una supuesta apoliticidad. Nuestra apuesta podría ser en cambio la búsqueda de nuevas y otras politicidades. Tampoco es un llamado a una vuelta al pasado ancestral. No es posible ningún retorno. Todo debe ser reformulado, transformado, creado, desde aquí y desde ahora; desde lo que somos. Vivimos un tiempo extraordinario, y como tal, requiere de nosotros acciones extraordinarias. Se trata de una oportunidad histórica para transitar hacia otro mundo, a otra forma de relacionarnos y reproducir la vida radicalmente diferente a esta que domina el mundo.

 

Más allá de ser sólo una ‘eco-utopía’, este es en realidad el camino que esta larga historia civilizatoria nos ha puesto enfrente, para transitarlo. La gran crisis no es ya un panorama futuro de tiempos difíciles, de tiempos que vendrán. Es en cambio el tiempo actual. Estamos ya al interior de la gran crisis.

Ante la confusión que reina, lo mejor es siempre consultar y recurrir a los principios de la naturaleza, que tiene sus propios ritmos, sus formas simbióticas, interdependientes, cooperativas y mutuales de reproducirse. De reajustarse, de adaptarse, de transformarse. Los comunes parece ser un horizonte político constituyente, en el que pueden converger las bases de un proyecto de gestión colectiva, descentralizada y eco-social. Pero el giro a los comunes no puede esperar mucho más. Este es el tiempo de los cambios. Es ahora.

- Fotografía de  Glenn Nelson, 2009.

Observatorio de Ecología Política de Venezuela

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Documentos/Por-que-hablamos-de-crisis-civilizatoria-Breve-genealogia-de-nuestro-actual-tiempo-extraordinario

En consecuencia, erradicar la «contrarreforma agraria integral» del sistema mundo capitalista (sea gestión neoliberal sea progresista) nos interpela a “invitarnos a la cocreación colectiva de una forma de relacionarnos con la naturaleza y también de una forma consciente y amorosa de relacionarnos entre nosotros mismos. (…) Entendimos la necesidad de incorporar los derechos de la naturaleza y de todos los seres vivos que sustentan el tejido planetario, como constituyentes de nuestras vidas y de las leyes de los pueblos.”

 

Declaración Pública

Cumbre de los Pueblos

10 diciembre 2019

 Por Cumbre de los Pueblos - Chile 2019

    

La cumbre de los Pueblos emitió una declaración pública luego de su encuentro realizado los días 02 al 07 de diciembre en Santiago (Chile) y que convocó a integrantes de más un centenar de organizaciones de diversas nacionalidades y movimientos sociales.

La Cumbre de los Pueblos es un encuentro que congrega a representaciones e integrantes de organizaciones y articulaciones sociales de diversos territorios y sectores del mundo, para compartir experiencias e impulsar soluciones alternativas al sistema, fortaleciendo así la organización global y local para frenar la catástrofe socioambiental.

Luego de una intensa semana de encuentros comunitarios entre diversas expresiones sociales, bajo el lema: “SALVEMOS LA TIERRA, CAMBIEMOS EL SISTEMA”, se emitió una declaración pública que se comparte a continuación. Asimismo, se comparte el acceso a un video de Pejeperro Films (ver aquí) con imágenes que registraron buena parte las actividades que se desarrollaron.

 

DECLARACIÓN PÚBLICA

Entre el 2 y el 7 de diciembre de 2019, centenares de organizaciones, hombres, mujeres, pueblos indígenas y afrodescendientes, comunidades migrantes, campesinos, campesinas, trabajadores, trabajadoras, jóvenes, niñas y niños provenientes de Chile, América Latina y el mundo hemos sido parte del hito principal de la Cumbre de los Pueblos, en la Universidad de Santiago de Chile.

En medio de una ciudad y un país en estado de rebeldía frente a un sistema neoliberal injusto y depredador, y frente a un Estado violento y abusador, la Universidad pública, cumpliendo a cabalidad su rol, nos ha abierto las puertas para debatir en torno a la crisis planetaria y sus múltiples expresiones sociales y ambientales, nacionales o territoriales, a compartir nuestras luchas, nuestras denuncias y demandas, y a imaginar juntas y juntos otro mundo posible.

Más de 40 actividades en sala -paneles, talleres, cabildos, conversatorios y otros formatos- autogestionadas por las organizaciones participantes, dos espacios permanentes -la Carpa de las Mujeres y la Aldea de la Paz-, actividades artístico-culturales y los paneles y plenarias centrales de la Cumbre de los Pueblos acogieron la activa participación de alrededor de 1500 compañeras y compañeros acreditadxs.

A partir de la fraterna experiencia vivida y compartida durante estos 5 días, las organizaciones de la Cumbre de los Pueblos declaramos lo siguiente:

1. Reiteramos nuestro compromiso con los pueblos de Chile y otros países latinoamericanos que se han levantado contra las injusticias estructurales, la usurpación y privatización de bienes comunes, la precarización social, la violencia estructural contra las mujeres, el racismo sistémico, y la vulneración de derechos del sistema neoliberal; y exigimos justicia en los casos de muertes y violaciones de derechos humanos con que los Estados han respondido ante estas movilizaciones.

2. Respaldamos la demanda de los movimientos sociales y las asambleas territoriales que exigen en Chile una verdadera Asamblea Constituyente, conformada íntegramente por ciudadanos y ciudadanas sin privilegios para los partidos políticos, que considere paridad de género y cupos significativos para pueblos indígenas.

3. No concebimos un proceso constituyente generado según las reglas de un sistema político-electoral que ha sido uno de los pilares del modelo neoliberal chileno, y cuya clase política ha dado una nueva demostración de subordinación a los intereses empresariales, al aprobar en la Cámara de Diputados la llamada ley “anti-saqueo”, que incluye artículos que criminalizan abiertamente la legítima protesta social.

4. Apoyamos las aspiraciones de las organizaciones y comunidades de Chile de instaurar una constitución política dotada de los principios de la plurinacionalidad, el feminismo, y el reconocimiento de los derechos de la naturaleza.

5. En el marco de las negociaciones climáticas en la COP25 de Madrid:

Condenamos la mantención de la presidencia de la COP en manos del Gobierno de Piñera, responsable de asesinatos, torturas, violaciones, mutilaciones, heridas, vejámenes, detenciones arbitrarias y otras violaciones a los derechos humanos cometidas por agentes del Estado.

Rechazamos el impulso de falsas soluciones al cambio climático, que profundizan la crisis y robustecen el modelo que la genera, como los mercados de carbono, la hidroelectricidad y otras energías de base corporativa, los sumideros a base de monocultivos de árboles y agrocombustibles, la energía industrial a partir de biomasa forestal, la incineración, la geoingeniería y la fractura hidráulica o fracking.

Demandamos la toma de medidas efectivas para evitar la captura corporativa de las negociaciones, así como para que las grandes corporaciones y países más contaminantes reduzcan de manera radical sus emisiones de gases de efecto invernadero y paguen por los daños y perjuicios causados, fundamentalmente en los territorios más vulnerables.

Llamamos a dar mayor visibilidad a la migración climática y promover políticas migratorias con enfoque de derechos humanos.

Llamamos a impulsar de manera efectiva la transición justa y las soluciones verdaderamente sustentables, fuera de los mercados y el extractivismo, basadas en la soberanía territorial, en las prácticas, culturas y economías locales, en condiciones de trabajo y vida dignas, así como en el intercambio solidario entre pueblos y comunidades.

6. Rechazamos el impulso del extractivismo por parte de los gobiernos y organismos internacionales, en colusión con el poder corporativo, que concibe todos los territorios como potenciales zonas de sacrificio, y avanza destruyendo ecosistemas, desplazando comunidades o afectando sus estilos de vida y economías locales; incluyendo el fomento y el subsidio a la minería metálica o no metálica, las plantaciones forestales, la agroindustria y la ganadería convencional, la que carga también con una gran dosis de crueldad hacia los animales.

7. Reivindicamos y hacemos nuestras las demandas de pueblos indígenas y afro-descendientes, especialmente por la desmilitarización de sus territorios -en particular del Wallmapu-, la devolución de sus tierras ancestrales y el ejercicio pleno de sus derechos políticos, sociales y culturales.

8. Citando a la declaración de la Carpa de las Mujeres, “reivindicamos la economía feminista como una estrategia de resistencia y transformación para la vida de las mujeres y sus comunidades, como una forma de reconocer y valorizar los saberes, el trabajo doméstico y de cuidados que sustentan la vida y que, en este sistema capitalista, recae en las mujeres.”

9. Celebramos la fortaleza y participación activa de jóvenes, niñas y niños en los espacios de la Cumbre y reconocemos el rol protagónico que han asumido en denunciar la crisis y en promover cambios estructurales.

10. Demandamos la desprivatización del agua en Chile, la protección efectiva e integral de los glaciares, la recuperación de tierras para los y las campesinas y el impulso en los territorios y en las políticas públicas de modelos agroecológicos, libres de transgénicos y pesticidas químicos, basados en la soberanía alimentaria y en la recuperación e intercambio de productos y semillas, así como priorizando la conservación, regeneración y restauración ecosistémica.

11. Demandamos políticas y promovemos iniciativas comunitarias orientadas a generar ciudades más justas y amables, armonizando la relación ciudad-campo, desprivatizando los servicios básicos, impulsando una planificación territorial ampliamente participativa, implementando modelos de basura cero y sistemas de movilidad urbana sustentable.

12. Demandamos la transformación radical de los modelos energéticos, con criterios de soberanía, suficiencia y solidaridad, mediante sistemas de generación distribuida basados en fuentes limpias y diversas de base comunitaria.

13. Rechazamos la firma de tratados de libre comercio e inversión que benefician a las corporaciones, vulneran derechos sociales y atentan contra las economías locales y la soberanía alimentaria. Demandamos el retiro definitivo del TPP11 del parlamento.

14. Llamamos a construir movimientos y articulaciones latinoamericanas e internacionales, integrando organizaciones de justicia ecológica y climática, feministas, pueblos indígenas y afrodescendientes, migrantes, campesinos trabajadores, jóvenes, niños y niñas, para detener el modelo privatizador de bienes comunes y levantar paradigmas alternativos como el buen vivir y otras que surgen desde las cosmovisiones de los pueblos.

15. Finalmente, citando la declaración de la Aldea de la Paz, “nos invitamos a la cocreación colectiva de una forma de relacionarnos con la naturaleza y también de una forma consciente y amorosa de relacionarnos entre nosotros mismos. (…) Entendimos la necesidad de incorporar los derechos de la naturaleza y de todos los seres vivos que sustentan el tejido planetario, como constituyentes de nuestras vidas y de las leyes de los pueblos.”

CUMBRE DE LOS PUEBLOS 2019

Santiago, 7 de diciembre de 2019

“SALVEMOS LA TIERRA, CAMBIEMOS EL SISTEMA”

Radio del Mar

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Recomendamos/Declaracion-Publica-Cumbre-de-los-Pueblos

 

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