Qué Democracia

Abril 2020

Contra la plurinacionalidad mediante el PJ con feudos como el de Insfrán y dirigentes como Felipe Sola partícipe de los asesinatos de Darío y Maxi y legalizador de la invasión de soja transgénica.

 

 

 

Legalidad-legitimidad de la gran burguesía/Bloqueo de la lucha de clases/Alternativas emancipatorias

 

 

Legalidad-legitimidad de la gran burguesía

 

Es clave en la actual inflexión histórica generalizar la ruptura con la legalidad-legitimidad de la gran burguesía para no entramparse como la Unión de Trabajadores de la Tierra. Para la UTT, una de las organizaciones integrantes del Foro por un Programa Agrario Soberano y Popular, la solución de fondo debe ser superadora de los abordajes coyunturales: hace falta un Ministerio de Alimentación en la Casa Rosada. Lo explica Nahuel Levaggi, coordinador general de la UTT: “La alimentación, como la salud o el trabajo, es una necesidad básica de toda la población, no importa la clase social a la que pertenezcas. El Estado Argentino debería tener una política totalizadora para un tema fundamental como la alimentación”.Leer   No atiende a la vinculación estrecha del ministro de Agricultura con Insfran, quien ha establecido durante décadas un neofeudo extractivista ni al papel protagónico de Felipe Solá en el gobierno de los Fernández cuando no sólo fue uno de los principales mandamás del fusilamiento de Maxi y Darío para poner fin a la antineoliberal rebelión popular sino también hizo a la invasión 'democrática' de monocultivos de soja transgénica. Tampoco repara que la expansión de esta última y de todo el sistema imperialista de agronegocios está formulada e instituida por el Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial desde 2010 (es decir Cristina Fernández es responsable) hasta 2020, se halla en vigencia y será prolongado como su consecuente emergencia alimentaria. Reflexionemos a qué da la espalda:

 

 

Nuevos transgénicos, más riesgos

 

19 de marzo de 2020

Por Darío Aranda

Una nueva generación de transgénicos llega a los campos y a las mesas. No se trata solo de cultivos, sino también de animales diseñados mediante manipulación genética. Sin estudios independientes que avalen su inocuidad, empresas y gobiernos publicitan la “seguridad” de los productos. La responsabilidad científica.

Cortar y pegar genes. Y así lograr cultivos (o animales) de laboratorio a medida del cliente. Desde soja resistente a más agrotóxicos hasta papas que no se oxidan (“ennegrecen”), caballos supuestamente más fuertes y vacas con más kilos. Y hasta prometen bebés de diseño, inmunes a enfermedades. Son las promesas de una nueva técnica, denominada Crips/Cas9, que las empresas de biotecnología publicitan como una solución mágica para “producir más” y mejorar razas. Los gobiernos (con Argentina y Brasil a la cabeza) impulsan la propuesta empresaria e incluso evaden las regulaciones con la que cuentan los transgénicos.

Compañías de biotecnología, científicos y funcionarios no presentan estudios sobre cómo esta tecnología, y los alimentos y animales de laboratorio, impactan en la salud y el ambiente.

Discurso empresario

"Tarde o temprano será posible modificar la especie", tituló el diario La Nación en Argentina. “La edición de genes logra luchar contra las infecciones”, destacó el diario Clarín. El portal de noticias Infobae celebró: “La vaca argentina del futuro. Logran mejorar el ADN de los animales en una sola generación”.

Los genes son unidades moleculares de los seres vivos que, en su interacción con el ambiente, inciden en las características de los organismos (también son unidades que se heredan, que pasan de padres a hijos).

Los artículos periodísticos difunden acríticamente la técnica de modificación de genes llamada “edición genética (o génica)”. Consiste en un conjunto de métodos y tecnologías que permiten realizar modificaciones en el genoma sin requerir la introducción de un gen foráneo. Con está nueva tecnología se pueden eliminar genes, invertirlos, modificar su secuencia, silenciarlos o aumentar su expresión. Nahuel Pallitto y Guillermo Folguera, investigadores de la UBA y el Conicet, explican que las posibilidades de manipulación, en principio, parecen ser mayores que las que tradicionalmente ofrece la transgénesis.

 La técnica más publicitada de la edición genética es la llamada Crispr (“Repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente interespaciadas”, por sus siglas en inglés). Una manera muy simple de explicar de qué se trata: es una suerte de GPS con un par de tijeras. Crispr es un GPS que lleva a una parte específica del genoma, y Cas9 son las tijeras que cortan esos genes. La publicitan como una forma más precisa, barata y eficaz que los transgénicos anteriores, que permitiría resolver el hambre, las enfermedades y hasta “diseñar” seres humanos que resistirán enfermedades. Cuenta con una gran maniobra de propaganda mediática para no pasar por ninguna ley de bioseguridad y, al mismo tiempo, ocultar las críticas o dudas que implica la tecnología.

 Con edición genética las empresas pueden producir cualquier tipo de organismos genéticamente modificados, con resistencia a diversos y cuestionados agrotóxicos.

 Gobiernos

Argentina fue el primer país de América Latina en aprobar la soja transgénica. Fue en marzo de 1996 y en tiempo récord, 81 días. Lo hizo en base a estudios de la empresa Monsanto, sin tener en cuenta los impactos sociales, ambientales ni sanitarios. Significó un cambio drástico en el modelo agropecuario argentino. Fue una decisión tomada por un puñado de funcionarios (encabezada por el secretario de Agricultura y actual canciller, Felipe Solá), sin ningún tipo de información pública ni participación ciudadana.

 De igual forma, Argentina avanzó en la regulación de la edición genética. No fue una ley tratada en el Congreso Nacional y, al igual que con la soja, no hubo ningún tipo de información a la ciudadanía. Se trata de una simple resolución ministerial (173/15), del 12 de mayo de 2015, firmada por el secretario de Agricultura, Gabriel Delgado. En una interpretación tendenciosa define que la edición genética está dentro de las “Nuevas Técnicas de Mejoramiento (NBT)” y no se trata de transgénicos. Por lo cual considera que no es necesario ningún estudio sobre posibles impactos en el ambiente ni la salud de la población.

 “Argentina es el primer país del mundo que tiene regulación para la edición génica”, suele ufanarse Martín Lema, titular de la Dirección de Biotecnología del Ministerio de Agricultura. Lema, que tiene papers “científicos” firmados juntos a Bayer/Monsanto y Syngenta, es un camaleón político, pasa de un color a otro sin sonrojarse: fue funcionario del kirchnerismo, luego del macrismo y ahora responde a Alberto Fernández. Se mantuvo siempre fiel a las empresas transgénicas: defiende los intereses del agronegocio, niega cualquier prueba sobre los efectos tóxicos de los agroquímicos y nunca escucha a las víctimas del modelo.

 Brasil sigue el mismo camino que la Argentina. En 2018, mediante una polémica resolución normativa (RN 16) de la CTNbio (Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad), dio luz verde para la producción de semillas e insectos producidos mediante edición genética, sin considerarlos transgénicos.

En 2018 se realizó en Egipto la Conferencia de las Partes (COP14) del Convenio sobre Diversidad Biológica (CBD),donde se regula la biotecnología mundial. Argentina fue el principal impulsor pro-edición genética. Martín Lema, director de Biotecnología de Argentina, fue el vocero fundamental para disociar edición genética de los transgénicos y rechazó burlonamente la aplicación de los derechos indígenas (propuesto por Bolivia). Negó que se aplique el derecho a la consulta libre, previa e informada, vigente en normativas internacionales. También reiteró en diversas oportunidades que Argentina tenía “regulada” la edición genética desde 2015 y afirmó que no eran necesarios estudios extras.

El gobierno de Argentina resaltó la rapidez en la aprobación de semillas mediante la edición genética porque, argumenta, no se debe pasar por las pruebas y trámites que atraviesan los transgénicos. La cuestionada técnica atraviesa y unifica a los gobiernos: comenzó con Cristina Fernández de Kirchner, continuó con Mauricio Macri y se mantiene con Alberto Fernández.

En noviembre de 2018 el gobierno argentino presentó ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) una “declaración sobre biotecnologías de precisión aplicadas al sector”. Según dice el comunicado oficial “se expresa la importancia de la edición génica para la agroindustria y procura su aceptación a nivel internacional”.

Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC, explica que las grandes empresas instalaron agresivamente que no se consideren los productos de estas tecnologías como transgénicos, porque en algunos casos el producto final no necesariamente contiene material genético foráneo, aunque su genoma haya sido manipulado. “Este absurdo intento de la industria biotecnológica y de los agronegocios tuvo un revés significativo cuando en 2018 el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminó que los productos de las nuevas biotecnologías son organismos genéticamente modificados y deben seguir las regulaciones de bioseguridad. Paradójicamente, los gobiernos de Brasil y Argentina, comportándose como buenos lacayos de las trasnacionales del agronegocio, emitieron normativas de bioseguridad sobre edición genética que son más laxas aún que las regulaciones existentes sobre transgénicos” [1].

Riesgos

Elizabeth Bravo, doctora en ecología de microorganismos y miembro de la Red por una América Latina Libre de Transgénicos (Rallt), explica que estas nuevas tecnologías moleculares alteran la estructura y funciones de la molécula viva, la forma en como estas se relacionan con su medio ambiente inmediato, trastocan los ciclos biológicos y evolutivos. “Hasta ahora no es técnicamente posible hacer ni un sólo cambio aislado en el genoma usando Crispr y que sea totalmente preciso y seguro. Crispr acaba generando en múltiples ocasiones modificaciones distintas a las deseadas, incorporando más ‘ruido genético, más alteraciones’”.

Bravo afirmó que la mayoría de las funciones génicas están reguladas mediante redes bioquímicas altamente complejas que dependen de un gran número de factores que las condicionan, como la presencia de otros genes y sus variantes, las condiciones del medio, la edad del organismo e incluso el azar. Cuestiona que, ignorando estos hechos, los genetistas y biólogos moleculares han creado sistemas experimentales artificiales en los que las fuentes de variación ambientales o de otro tipo se ven minimizadas.

Pallitto y Folguera, integrantes del Grupo de Filosofía de la Biología de la UBA, confrontan contra el discurso empresario y mediático: “No es cierto que la edición genética sea totalmente controlada ni que sea del todo predecible”. Si bien reconocen que la herramienta Crispr/Cas9 presenta una especie de “etiqueta” molecular que indica a qué lugar del genoma debe dirigirse el complejo que introduce los cambios, se trata de tecnologías que usualmente van acompañadas de “efectos imprevisibles, tales como modificaciones en otros lugares del genoma o de cambios no previstos en la región que interesa”.

Cuestionan que se deje en manos de la ciencia y de las empresas cuestiones que son de interés general. Les parece insólito que, al igual que con los agrotóxicos, se les pida a los afectados que demuestren los daños que provocan los transgénicos, cuando en realidad deben ser los mismos desarrolladores de tecnologías los que debieran comprobar que sus productos nos provocan daños. Subrayan que en edición genética no se ha confirmado que sean inofensivos para la salud ni el ambiente.

“Cuando hay estudios usualmente corresponden a investigaciones que se limitan a indagar los denominados niveles inferiores de organización. Así, se estudia lo que puede suceder a nivel molecular o celular, excluyendo del análisis aproximaciones que contemplen lo que podría llegar a suceder en los niveles poblacional y ecosistémico”, alertan.

Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC (Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración), cita a la organización inglesa GM Watch [2], que reporta estudios de 2019 en los que confirma que Crispr provoca desarreglos genómicos en plantas, animales y células humanas. Precisa que en el caso de alimentos o forrajes pueden causar alergias y otras formas de toxicidad.

Leonardo Melgarejo es doctor en ingeniería de producción y miembro fundador del Movimiento Ciencia Ciudadana (Brasil). Afirma que la edición genética produce “cambios impredecibles” en el genoma. Y precisa que en la mayoría de los casos de aplicación de edición genética se realiza con microorganismos, sin evaluación de riesgos a mayor escala, con posibilidades de contaminación. Melgarejo, que participó de forma crítica en la CTNbio de Brasil, deja un interrogante que la industria transgénica aún no contestó: “¿Cómo prevenir el flujo de microorganismos vivos entre países (con su consecuente contaminación)?”.

¿Por qué?

El impulso de nuevas tecnologías tiene entre sus objetivos, además de mayor rentabilidad, responder a un problema autogenerado por el agronegocio: la resistencia de malezas a los agrotóxicos (como el glifosato), que ya no son eficaces en el control de plantas no deseadas.

Elizabeth Bravo puntualiza que la edición genética es parte de un combo de tecnologías que busca asegurar el incremento en el uso de agrotóxicos y consolidar el rol del agronegocio en la producción agroalimentaria. Pallito y Folguera resumen: “Los transgénicos ya nos prometían el paraíso alimentario. Vemos ya las consecuencias de los OGM (Organismos Genéticamente Modificados --transgénicos--) en términos de contaminación, deterioro de la calidad de la tierra, pérdida de soberanía alimentaria y diversidad de cultivos. La lista es interminable. Las tecnologías de edición genética buscan ocupar su lugar”.

Transgénicos en la mesa

Estados Unidos ya aprobó una decena de cultivos mediante edición genética: soja, maíz, arroz, papa, alfalfa, tabaco y tomate, entre otros.

El 30 de enero de 2020 el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) celebró en un comunicado: “El INTA siembra las primeras papas que no se oxidan”. Utilizaron Crispr/Cas9 para evitar el “pardeamiento enzimático”, que traducido a lo cotidiano es evitar el ennegrecimiento luego de pelarlas.

No dieron a conocer estudios sobre posibles efectos en la salud.

El INTA, el mayor ámbito oficial argentino dedicado al agro, destaca como un logro la papa por edición genética. Y avanzan en los ensayos a campo.

Elizabeth Bravo, desde Ecuador, no sale de su asombro: “¿Este experimento es para que la papa no se haga negra después de pelarla? ¿Para qué se necesita eso?”.

Por otro lado, la empresa Bioheuris anunció su trabajo de edición genética en soja, sorgo y trigo.

Carlos Pérez, director de la compañía, reconoció cuál es la búsqueda: “El glifosato dejó de ser completamente efectivo, por lo que es necesario introducir otras resistencias; ese es el objetivo" [3]. Pérez fue gerente de la empresa Bioceres (que desarrolló el primer trigo transgénico) y de la multinacional Bayer/Monsanto. Sus socios, Lucas Lieber y Hugo Permingeat, son parte de la Conabia (Comisión Nacional de Biotecnología), el organismo responsable de la aprobación de los transgénicos en el país.

En Brasil, luego de la cuestionada resolución RN16, se aprobó el registro de una levadura para la producción de bioetanol por parte de la empresa Globalyeast.

 Animales transgénicos

“Caballos clonados con genes editados, otra hazaña de científicos argentinos”, festejó la gacetilla de prensa del Ministerio de Agricultura, el 9 de enero de 2018.

“El equipo de científicos utilizó el denominado ‘progreso genético de precisión’ para identificar secuencias de genes existentes de forma natural en los caballos que codifican para ciertas características, pero en vez de adquirirlos en sus crías mediante cruza convencional, estas secuencias son incorporadas en el laboratorio mediante edición genética. La técnica que permitió realizar estas ediciones en el ADN de los animales es Cispr-Cas9”, explicó la compañía Kheiron Biotech, responsable del experimento. Y afirmó ser “la primera empresa del mundo en lograr embriones equinos genéticamente editados”.

El Ministerio destacó que mejorarían el potencial y destreza de caballos de polo. Según la empresa, con la modificación genética se logran “mejoras relacionadas con el desarrollo muscular, la resistencia y la velocidad de los caballos”. Remarcan la supuesta importancia de ser una empresas “totalmente nacional” y destaca que en 2017 tuvieron un subsidio de dos millones de pesos del Gobierno (mediante la Agencia Nacional de Promoción Científica).

Daniel Sammartino, directivo de la empresa, anunció que “el próximo desafío” es ampliar la edición genética y la clonación a bovinos y porcinos para mejorar “la salud, alimentación y bienestar”.

En junio de 2019 Kheiron Biotech anunció que avanzó en vacunos desarrollados mediante Crispr/Cas9, bajo la promesa de “generar 20 por ciento más de carne” [4]. Señalaron que en 2020 tendrían la primera camada de terneros obtenidos vía edición genética.

No dieron a conocer qué estudios se realizan respecto a la inocuidad del animal y de su posible cruzamientos con otros vacunos. Pero igual aseguraron: “Un animal editado genéticamente en Kheiron Biotech es idéntico a uno que podría obtenerse naturalmente a través de cruza convencional” [5]. Y repiten la publicidad empresaria sobre Crispr/Cas9: “Se trata de una tecnología innovadora que permite la edición de genes de manera precisa provocando pequeños ajustes en el genoma de los animales de manera segura”.

El INTA también experimenta con edición genética en vacunos [6]. Promete generar “animales que produzcan leche de mejor calidad nutricional”.

En la otra vereda de los promotores de la edición genética, la Red por una América Latina Libre de Transgénicos (Rallt) difundió en junio de 2018 un documento de la organización Independent Science News (Noticias de Ciencia Independiente): “Los genetistas y biólogos moleculares han construido argumentos circulares para favorecer una visión determinista e ingenua sobre la función de los genes. Este paradigma le resta importancia habitualmente a las enormes complejidades por las que la información circula entre los organismos y sus genomas. Esto ha creado un gran sesgo en la comprensión pública sobre los genes y el ADN”.

Remarca que el mayor problema surge cuando esta conceptualización estrecha de la genética se aplica al mundo real, fuera del laboratorio: “En el caso de los cerdos ‘súper-musculosos’ reportados por la revista científica Nature, la fuerza no es su única función. Deben también tener más piel para cubrir sus cuerpos y huesos más fuertes para sostenerlos. También tienen dificultades para parir; y si estos chanchos son alguna vez liberados a la naturaleza es de suponer que tendrían que comer más. Así, este cambio genético, supuestamente simple puede tener efectos amplios sobre el organismo a lo largo de su ciclo de vida”.

“El artículo de Nature también revela que el 33 por ciento de los chanchos murieron prematuramente, y sólo un animal fue considerado sano al momento en que los autores de esta investigación fueron entrevistados. ¡Qué técnica tan precisa!”, ironiza la organización.

Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC, recordó que la Academia de Ciencias de China, liderado por Kui Li, suprimió un gen para lograr cerdos con menos grasa. La carne de las crías que nacieron es 12 por ciento más magra. Pero una de cada cinco tuvo una vértebra extra en el tórax. “Es un fenómeno que los científicos no pueden explicar. Aseguran, sin embargo, que la carne de esos cerdos manipulados tiene el mismo contenido nutricional”, cuestiona Ribeiro.

Rol de la ciencia

Los científicos que impulsan la edición genética aseguran una y otra vez que es una técnica “precisa” y “segura”. No exhiben investigaciones que den cuenta de ninguna de esas dos promesas. Y, al mismo tiempo, no son voces ni independientes ni objetivas, ya que tienen intereses económicos en el desarrollo de esa tecnología.

¿Se le creería a un médico, contratado por una tabacalera, al decir que el cigarrillo es inocuo? ¿Qué veracidad tendría un científico, contratado por petroleras, al cuestionar el calentamiento global?

Nahuel Pallitto y Guillermo Folguera reflexionan de forma sistemática sobre el rol de la academia en los procesos sociales y políticos. Cuestionan la sobrevaloración del discurso científico, presentado muchas veces como objetivo y verdadero. “La ciencia y la tecnología son las productoras de las herramientas de edición genética. Sin embargo, son al mismo tiempo las que las validan y las que legitiman. En el caso de los transgénicos, las voces autorizadas para hablar de sus usos y consecuencias suelen ser la de los mismos técnicos que los desarrollan y evalúan. Con Crispr/Cas9 sucede exactamente lo mismo. Se genera de este modo una estructura de generación/validación cerrada que solo contempla la voz de los propios científicos y científicas de esos campos específicos. Procesos de exclusión de la mayor parte de la comunidad científica y, por supuesto, también de la comunidad no científica”, cuestionan.

El “principio precautorio” es un aspecto legal vigente en diversas normativas nacionales (Ley 25.675, en Argentina). Indica que ante la posibilidad de perjuicio ambiental es necesario tomar medidas protectoras. Incluso la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió una resolución inédita en 2018, donde instó a los Estados a “actuar conforme al principio de precaución frente a posibles daños graves o irreversibles al medio ambiente, que afecten los derechos a la vida y a la integridad personal, aún en ausencia de certeza científica” [7]. También llamó a garantizar el acceso a la información, exigió que se cumpla el derecho a la participación pública en la toma de decisiones que pueden afectar el ambiente.

Nada de esto es tenido en cuenta al momento de aprobar productos realizados bajo edición genética.

En humanos

En noviembre de 2018 el genetista chino He Jiankui anunció haber creado los primeros bebés modificados genéticamente, mediante la técnica de edición genética Crispr/Cas9 y con el objetivo de “dar a las niñas la habilidad natural para resistir a una posible futura infección del VIH”.

Se ganó el (merecido) repudio mayoritario de científicos de todo el mundo. Le reprocharon haber pasado un límite: experimentar con humanos.

Curioso que esos mismos científicos justifican la experimentación y liberación de transgénicos, agrotóxicos y frutas, hortalizas y animales de laboratorio, sin considerar los impactos sociales, ambientales y sanitarios.

Un año después, diciembre de 2019, la Justicia china condena a He Jiankui a tres años de cárcel y a pagar una multa de tres millones de yuanes (430.000 dólares) por desarrollar “de manera ilegal la edición genética de embriones humanos con fines reproductivos”.

 ¿Quién está detrás?

Elizabeth Bravo encuentra muchas similitudes con la época en la empezaron a investigarse los transgénicos. Primero se decía que era una técnica fácil, económica y que podía hacerse en cualquier universidad. Existían pequeñas empresas que hacían inversiones, con frecuencia con apoyo de las grandes multinacionales. Y si encontraba algo de verdad prometedor, la gran empresa compraba a la pequeña. “Eso sucedió por ejemplo con la empresa que tenía la patente de la soja transgénica y que fue comprada por Monsanto. Es posible que algo similar esté sucediendo ahora. Hay muchas de pequeñas empresas trabajando en estas tecnologías, y a veces cuentan con inversión de las grandes”, explica.

Syngenta, Bayer-Monsanto y Corteva están desde hace años trabajando en edición genética. Lo publicitan en su sitios corporativos y con sus periodistas aliados. Siempre bajo la misma promesa que con los transgénicos: mayor producción para calmar el hambre del mundo.

El mismo relato de hace treinta años, pero ahora bajo el nombre de “edición genética”.

 

Este artículo es parte del proyecto Atlas del Agronegocio Transgénico en el Cono Sur realizado con el apoyo de Misereor.

 

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Fuente: https://contrahegemoniaweb.com.ar/nuevos-transgenicos-mas-riesgos

 

En consecuencia, la «reforma agraria integral» anticapitalista tendría que ser la respuesta a la contrarreforma del sistema mundo capitalista que desterritorializa la vida humana y la no humana para reterritorializar la desaparición forzada de ambas y uniformar las existencias en acuerdo al ilimitado crecimiento oligopólico de riquezas y poder. Pero uno de los principales sujetos sociales de los cambios radicales (acompañado de intelectuales) se ha subsumido en:

Argentina. Mercado Esperanza

Por Santiago Somonte / Resumen Latinoamericano, La luna con gatillo – Revista Sonámbula, 7 abril 2020

Segunda publicación del dossier “Escrituras de #Cuarentena, una crítica política de la cultura y la lucha de clases”, una iniciativa conjunta de las revistas Sonámbula y La Luna con gatillo. A lo largo de toda esta semana iremos compartiendo artículos de ambas revistas con distintos acercamientos a la pandemia mundial desde la cultura.

Una pandemia inusitada se esparce como algoritmos infinitos, con velocidad inaudita por los confines del planisferio. Cualquier hipótesis, cualquier proyección, se enfrascan en un camino sinuoso, sin señales claras y con un tendal de muerte, que llega desde lugares, que ayer nomás, mirábamos como sitios con cierta “estabilidad”. Y es cierto, pues. En esta Abya Yala sangrante, aplastada por cinco siglos de opresión colonialista todo pende de un hilo, o de madejas tambaleantes, para ser compasivxs. Porque gobiernos al margen, la salud, la economía, el sistema es hiperdeficiente. En esta pandemia sólo tracciona, a pura voluntad y amor, la vocación de profesionales, voluntarixs de todo tipo y laburantes que sostienen este presente incierto. También hubo un par de reflejos rápidos, aparentemente a tiempo, de quienes llevan las riendas.

Entonces, hay que evadirse un rato de la catarata de información que vuela por guasap, redes y correrías sórdidas. Y ante el miedo omnipresente, porque la globalización no permite esquivar tamaño desastre histórico, el pánico toma la escena. La ineptitud u omisión de la clase política de los países más poderosos como gendarmes del nuevo-viejo orden mundial, empeora el panorama. Pero, ¿Qué rol tenemos nosotrxs?. Ese amplio nosotrxs que malabarea desde hace tiempo entre laburos formales, militancias diversas, contradicciones lógicas y un montón de cosas que tenemos pendientes.

En ese bagaje variopinto, en esos pequeños submundos, emerge la construcción colectiva: la solidaridad, la empatía, la interacción voluntaria. Articuladas por decenas de organizaciones que nacieron antes de la crisis del 2001, y aguantaron el menemato; herederxs de aquellos fuegos de las décadas anteriores, y de cientos de espacios que surgieron recientemente en un enclave nacional más que diverso. Así, la economía social, el cooperativismo, los movimientos barriales, articulan sobre la marcha, improvisan, activan, despliegan solidaridad. Del otro lado, siempre enfrente, las presiones empresariales en la segunda parte de la cuarentena, afloran con su natural capacidad destructiva, con su inercia de ambición.

El recorrido de UTT, la Unión de Trabajadores de la Tierra, es una muestra de toda esa conjunción: el sentido comunitario contra los embates de los especuladores de siempre. Más de diez años de lucha, de visibilizar una realidad tapada por los grandes medios, y sus aliados-socios que se han autotitulado en afiatada sintonía como “el campo”. Sobre las periferias de las ciudades, en las márgenes de la economía formal y la rutina marcada por patrones y horarios, surge a diario otra realidad, que ahora propone y dispone; toma protagonismo y a la vez precisa de soluciones urgentes, en las villas y los caseríos.

En plena pandemia, el gobierno nacional le confió a Nahuel Levaggi, referente nacional de la UTT, la presidencia del Mercado Central. Enorme desafío ante una economía inflacionaria, regida por una decena de supermercadistas y la inefable cadena de intermediarios. “Fueron tomados muchos de los planteos que veníamos haciendo históricamente. Para nuestra organización representa un claro apoyo al modelo de producción, comercialización y consumo que proponemos. La primer medida fue fortalecer y poner en funcionamiento un protocolo sanitario para cuidar la salud de todo la comunidad del mercado, para quienes trabajan y quienes transitan diariamente: extremamos tareas de limpieza y desinfección, cambiamos sistemas internos de circulación…”, cuenta Nahuel a la distancia prudencial que obliga la pandemia y el aluvión de notas que lo ocupan más de la cuenta, a partir de la designación en uno de los mercados más grandes de Sudamérica, territorio hostil y símbolo de los vaivenes económicos que atraviesan la alimentación básica del área metropolitana de Buenos Aires. Un conglomerado de más de quince millones de personas, que directa o indirectamente destinan una porción de sus salarios allí.

“El compromiso social de abastecimiento lo deben tener todos los sectores de la producción y comercialización agroalimentaria. Tienen que hacerse cargo del rol social que cumplen”, asegura. Para contrarrestar la suba de precios, se lanzaron una serie de artículos básicos, urgentes, con precios mayoristas. Entre medio se dispararon los costos de carne, verduras y lácteos en locales y grandes supermercados. ¿Cómo fijar precios ante el riesgo de un virus invisible, persianas de comercios que se bajan y millones de personas en un encrucijada vital?: sino laburan, no comen. Corta y sencilla ecuación ante cualquier versito neoliberaloide. “Fue un acuerdo de consenso y no de imposición. Se planteó en una reunión con operadores, a partir de la conciencia social que se había generado. Es un acuerdo histórico”.

A pesar del malestar general y los bolsillos que empiezan a flaquear por la inactividad laboral, la ecuación no es tan sencilla: el Mercado Central alquila los puestos pero los valores de cada producto se fijan desde cada uno de ellos, entonces resulta difícil el control. “Con mucha iniciativa se establecieron precios con cada uno de los operadores”, remarca Levaggi. En tanto, la incertidumbre y las medidas económicas marcan el pulso diario. No hay certeza del mañana, sugieren políticos, rosqueros de turno, opinólogos de todos los colores y periodistas-estrellas. Las jornadas se acortan en la vorágine imparable de marchas y contramarchas, atadas a precios regidos con logística reducida y una población con necesidades de aprovisionamiento, desde un letargo producto del encierro hogareño, inverso al de quienes encaran de frente al virus.

En el interior de cada organización, ya sea social, política o no gubernamental hay necesidad de (re) organizarse, ser rápidos y expeditivxs. Todos los colectivos, cuando las urgencias arrecian, son la vanguardia ante situaciones desbordantes. ¿Cómo afrontaría esta realidad el gobierno nacional, provincial o barrial, sin aquellxs que están asistiendo a los sectores más desprotegidos, desde hace semanas?. Los roles parecen intercambiarse, y estos espacios comunitarios, en muchos casos autogestivos, con historias que se leen en este y otros medios compañeros, sostienen este presente. Las bases campesinas de la UTT son parte de ese entramado, muchas veces ninguneado en las consideraciones generales. Pero desde esas zonas postergadas llega la solidaridad: desde los Verdurazos y las ollas populares a las donaciones recientes de frutas, verduras y alimentos.

Lo primero que entendimos fue el estado de excepcionalidad que estamos viviendo, a partir de la emergencia de salud y el acceso a los alimentos. Hacer algo para garantizar el bienestar del pueblo, se transformó en una cuestión de responsabilidad”, cuenta desde su casa-quinta-huerta en las afueras de La Plata, Rosalía Pellegrini, coordinadora de la Secretaría de Género de la organización, y mujer todoterreno en tiempos de pandemia. Las detenciones arbitrarias a compañerxs es uno de los principales temas que la ocupan en estos días: salen de sus casas de zonas rurales en busca de alimentos y terminan durmiendo a la intemperie por la persecución policial, por agentes que les impiden regresar. La coordinación del funcionamiento de los almacenes de Capital Federal y Gran Buenos Aires, la recolección de plantas medicinales para diversos proyectos de la organización y la críanza de sus hijxs, ocupan el resto de su tiempo.  

Venimos hace muchísimos años denunciando la injusticia en la comercialización de lo que producimos, entonces la designación en el Mercado Central representa un desafío: ver si desde cierto lugar de la cadena que provee de frutas y verduras, podemos generar este cambio, que es en definitiva, la regulación de los precios con fines sociales, por el bien común. No dejamos de trabajar la tierra y seguimos realizando asambleas con los referentes de cada base. Lo que están ganando nuestros productores y productoras, no tiene nada que ver con lo que están cobrando supermercados y verdulerías”, remarca Pellegrini. Una asimetría que se intentará cambiar dentro del mercado con una nave propia para la venta de alimentos de la agricultura familiar, y fuera de él, con la implementación de nuevas colonias agrícolas, y el acceso a la tierra, reclamo y motor de lucha de todos los movimientos campesinos de la historia argentina.

A través de las horas, se insiste desde estas líneas que también caducarán, la situación social se altera. Los contagios y muertes, las roscas y presiones para reactivar las actividades comerciales, aumentan. El futuro ya llegó, como lo presentíamos, pero no lo esperábamos. La voluntad dispar de aquel concepto discutido por sociólogos y filósofos, al que llaman sociedad, no funciona evidentemente, en bloque. La heterogeneidad de su composición económica, los lazos que emparentan a las distintas sub-clases, si cabe el término, han evidenciado comportamientos identitarios de esperanza, solidaridad colectivizada y por otro lado, fragmentación e individualismo, que se emparentan indirectamente con la imagen de pobres reprimiendo pobres, o aposentadxs huyendo a lugares más peligrosos que un campo rodeado de frutos y animales, lejos de ciudades que escuchan un inquietante silencio.

Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2020/04/07/mercado-esperanza/

 

 

En simultáneo el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra de Brasil, de larga trayectoria que también sufrió desviaciones de sus verdaderas necesidades e intereses por adhesión al progresismo y al Papa Francisco, plantea hoy:

 

 

Brasil. Reforma agraria popular

y lucha por la tierra

Por Instituto Tricontinental, Resumen Latinoamericano, 7 abril 2020

 

(...)La reforma agraria popular

En este contexto, el MST se ve estimulado a redefinir sus acciones estratégicas y su programa agrario. Con la consolidación del agronegocio a principios de la década de 2000, ya no cabía luchar por una reforma agraria de tipo clásico, pues era evidente que el desarrollo de las fuerzas productivas en el campo se estaba produciendo en las bases del capital, ya marcadas por una profunda crisis estructural, que disminuía aun más los márgenes de participación democrática del pueblo en el acceso a la tierra, lo que supondría una reforma agraria que reconstruyera las relaciones de poder existentes en torno a la propiedad privada. El gran capital, ahora hegemonizado por el sistema financiero y no por el industrial, ya no tenía la necesidad de realizar una reforma agraria, como sucedió en décadas anteriores; se había reinventado y descubierto nuevas formas de acumular riqueza. Las mismas tierras que en su día fueron objeto de disputa entre lxs sin tierra y los latifundistas atrasados e improductivos pasan a ser blancos del agronegocio.

Cada vez más, la lucha por la reforma agraria implica enfrentar al capital, lo que se manifiesta en la lucha contra las grandes empresas transnacionales, como las del agronegocio, responsables por la producción de los agrotóxicos, las semillas transgénicas y el agotamiento de los recursos naturales.

Las consecuencias de este modelo destructivo del medioambiente pasan a ser paulatinamente sentidas por la mayor parte de la población que vive en los grandes centros urbanos. Contaminación y escasez de agua, envenenamiento de alimentos por agrotóxicos, cambio climático y aumento de la población en las grandes ciudades son solo algunos ejemplos de la intrínseca relación entre las cuestiones agraria y urbana en la actualidad.

La realidad impone la necesidad de actualizar la lucha por la reforma agraria. De esta forma, el concepto de reforma agraria clásica pasa a ser sustituido por el concepto de reforma agraria popular, que ahora incorpora no solo la necesidad de tierra para quien la trabaja, categoría central en los años 80 y 90, sino la necesidad de producir alimentos saludables para toda la población, dándole un carácter popular a la reforma agraria.

La reforma agraria deja de ser de interés solo para las poblaciones que viven en el campo y se transforma en una necesidad del conjunto de la sociedad. De la misma manera, el campesinado solo ya no es capaz de alterar la correlación de fuerzas para reorganizar la estructura agraria. Ello solo será posible cuando las poblaciones de las ciudades también comprendan la necesidad de realizarla.

En ese sentido, la centralidad de la lucha por la tierra pasa a ser en torno a la disputa por el modelo agrícola. Si antes el enemigo se centraba en la figura del antiguo latifundista, ahora se volvió mucho más poderoso, ya que el propietario de tierras se alió con las grandes multinacionales del sector, con el sistema financiero y los medios de comunicación de masa, responsables por propagandear ideológicamente la concepción de agricultura propuesta por el agronegocio. El antiguo latifundio arcaico e improductivo se “modernizó” y ahora cuenta con alta capacidad productiva.

Por lo tanto, la reforma agraria popular es una estrategia de resistencia al modelo del agronegocio, que apunta hacia nuevas formas de lucha y reúne los fundamentos del modelo que queremos construir en el futuro, pero con acciones efectivas de cambio en el presente.

Sembrar la reforma agraria popular en el momento histórico actual implica modificar la forma hegemónica de producir alimentos. Presupone disputar los medios de producción, teniendo en la agroecología y en la cooperación los instrumentos de estudio y aplicación teórico-práctica en contrapartida al agronegocio. La base del modelo del agronegocio tiene como fundamento una producción extensiva de commodities para la exportación. La desvinculación con el medioambiente —al deforestar enormes áreas— obliga a la utilización masiva de agrotóxicos, agotando el suelo, contaminando el agua, la capa freática y los alimentos.

Por otro lado, el programa de reforma agraria popular tiene la matriz agroecológica como base de la producción agrícola, priorizando la producción de alimentos saludables y diversificados para el mercado interno en armonía con el medioambiente. Junto a eso, es preciso desarrollar un modelo económico que distribuya los ingresos y que mantenga a las personas en el campo para combatir el éxodo rural. Por eso, ella presupone la creación de agroindustrias al mando de lxs propixs trabajadorxs en los asentamientos.

Sin embargo, el concepto de reforma agraria popular va mucho más allá de las cuestiones productivas. Pasa también por la construcción de nuevas relaciones humanas, sociales y de género, enfrentando el machismo y la lgbtfobia, por ejemplo. Pasa por garantizar el acceso a la educación en todos los niveles en el medio rural, al mismo tiempo que tiene como propósito construir formas autónomas de cooperación entre lxs trabajadorxs que viven en el campo y su relación política con las masas urbanas.

Ya son muchas las iniciativas en este sentido, mediante la agrosilvicultura, el cultivo de semillas criollas, el procesamiento y la agroindustria, las ferias de comercialización directa, la investigación científica, la formación técnica y el uso de nuevas tecnologías.

Ante la complejidad del asunto y de los desafíos que se enfrentan, todavía es importante resaltar que no fueron solamente los cambios en la naturaleza del capital los que llevaron al MST a reformular la lucha por la tierra. La génesis de esos movimientos pasa necesariamente por la transformación de la sociedad, y fue justamente a partir de este elemento que fue gestada una cultura política y organizativa entre las familias sin tierra que maduró en la concepción de reforma agraria popular. Su plena realización, evidentemente, depende de cambios estructurales en la sociedad. Por ello, busca compartir con la clase trabajadora no solamente una reivindicación justa, sino un proyecto de poder, soberano y popular.(...)Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2020/04/07/brasil-reforma-agraria-popular-y-lucha-por-la-tierra/

 

 Bloqueo de la lucha de clases

 

Es clave en la actual inflexión histórica generalizar la ruptura del Pacto Social que establecieron los Fernández (Alberto y Cristina) aprovechando su rotundo triunfo en las PASO. Es decir, hicieron virar el Nunca Más a Macri-Cambiemos hacia un contubernio entreambos (pese a presentarse como de antagonismo irreconciliable) para garantizar la continuidad y profundización de la acumulación gran capitalista local e imperialista. Durante los cuatro meses hasta asunción de los F-F  el gobierno de Macri agravó la precarización tanto de la vida como del trabajo, en tanto que los F-F construyeron la gobernabilidad de la intensificación de ajuste y de extractivismos. La concretaron con el bloqueo a las luchas de las diversidades de abajo a través del Pacto Social y el Plan Argentina contra el Hambre.

 

Es hora de tener en cuenta cuán nefasto ha sido y es el papel del Papa Francisco pero también de los dirigentes progresistas o socialdemócratas. Han bloqueado el imprescindible internacionalismo revolucionario que sólo será obra de los pueblos y sus trabajadores al confrontar -de modo consecuente y coordinado- las respectivas alianzas de capitales y estados imperialistas con los locales. Pero hay otra cuestión previa e ineludible que se desprende de analizar los encuentros internacionales de organizaciones de los pueblos que se han subordinado al Papa-Vaticano y a toda la Iglesia Católica.

 

Tres días históricos: Declaración final

Encuentro Mundial Movimientos Populares
octubre 2014

 

 

En el marco de la finalización del EMMP, queremos hacer llegar a la opinión pública un breve resumen de lo que sucedió durante estos tres históricos días.

1. Convocado por el Pontificio Consejo Justicia y Paz, la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales y diversos movimientos populares del mundo bajo la inspiración del Papa Francisco una delegación de más de 100 dirigentes sociales de todos los continentes nos reunimos en Roma para debatir en base a tres ejes –tierra, trabajo, vivienda– los grandes problemas y desafíos que enfrenta la familia humana (especialmente exclusión, desigualdad, violencia y crisis ambiental) desde la perspectiva de los pobres y sus organizaciones.  

 

 2. Las jornadas se desarrollaron intentando practicar la Cultura del Encuentro e integrando compañeros, compañeras, hermanos y hermanas, de distintos continentes, generaciones, oficios, religiones, ideas y experiencias. Además de los sectores representativos de los tres ejes principales del encuentro, participaron un importante número de obispos y agentes pastorales, intelectuales y académicos, que contribuyeron significativamente al encuentro pero siempre respetando el protagonismo de los sectores y movimientos populares. El Encuentro no estuvo exento de tensiones que pudimos asumir colectivamente como hermanos.

 

3. En primer lugar, siempre desde la perspectiva de los pobres y los pueblos pobres, en este caso de los campesinos, trabajadores sin derechos y habitantes de barrios populares (villas, favelas, chabolas, slums), se analizaron las causas estructurales de la desigualdad y la exclusión, desde su raigambre sistémica global hasta sus expresiones locales. Se compartieron las cifras horrorosas de la desigualdad y la concentración de la riqueza en manos de un puñado de megamillonarios. Los panelistas y oradores coincidieron en que debe buscarse en la naturaleza inequitativa y depredatoria del sistema capitalista que pone el lucro por encima del ser humano la raíz de los males sociales y ambientales. El enorme poder de las empresas trasnacionales que pretenden devorar y privatizarlo todo –mercancías, servicios, pensamiento– son primer violín de esta sinfonía de la destrucción.

 

4. Durante el trabajo en talleres se concluyó que el acceso pleno, estable, seguro e integral a la tierra, el trabajo y la vivienda constituyen derechos humanos inalienables, inherentes a las personas y su dignidad, que deben ser garantizados y respetados. La vivienda y el barrio como un espacio inviolable por Estados y corporaciones, la tierra como un bien común que debe ser compartido entre todos los que la trabajan evitando su acaparamiento y el trabajo digno como eje estructurador de un proyecto de vida fueron algunos de los reclamos compartidos.

 

5. También abordamos el problema de la violencia y la guerra, una guerra total o como dice Francisco, una tercera guerra mundial en cuotas. Sin perder de vista el carácter global de estos problemas, se trató con particular intensidad la situación en Medio Oriente, principalmente la agresión contra el pueblo palestino y kurdo. La violencia que desatan las mafias del narcoterrorismo, el tráfico de armas y la trata de personas fueron también objeto de profundo debate. Los desplazamientos forzados por la violencia, el agronegocio, la minería contaminante y todas las formas de extractivismo, y la represión sobre campesinos, pueblos originarios y afrodecendientes estuvieron presentes en todos los talleres. También el grave problema de los golpes de estado como en Honduras y Paraguay y el intervencionismo de grandes potencias sobre los países más pobres.

 

6. La cuestión ambiental estuvo presente en un rico intercambio entre la perspectiva académica y la popular. Pudimos conocer los datos más recientes sobre contaminación y cambio climático, las predicciones sobre futuros desastres naturales y las pruebas científicas de que el consumismo insaciable y la práctica de un industrialismo irresponsable que promueve el poder económico explican la catástrofe ecológica en ciernes. Debemos combatir la cultura del descarte y aunque sus causas son estructurales, nosotros también debemos promover un cambio desde abajo en los hábitos y conductas de nuestros pueblos priorizando los intercambios al interior de la economía popular y la recuperación de lo que este sistema desecha.

 

7. Nuevamente, pudimos concluir que la guerra y la violencia, la agudización de los conflictos étnicos y la utilización de la religión para la legitimación de la violencia, así como la desforestación, el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad, tiene su principal motor en la búsqueda incesante del lucro y la pretensión criminal de subordinar a los pueblos más pobres para saquear sus riquezas naturales y humanas. Consideramos que la acción y las palabras de los movimientos populares y la Iglesia son imprescindibles para frenar este verdadero genocidio y terricidio.

 

8. Particular atención merece la situación de las mujeres particularmente golpeadas por este sistema. Reconocemos en esa realidad la urgente necesidad de un compromiso profundo y serio con esa causa justa e histórica de todas nuestras compañeras, motor de luchas, procesos y propuestas de vida, emancipatorias e inspiradoras. También exigimos la finalización de la estigmatización, descarte y abandono de los niños y jóvenes, especialmente los pobres, afrodecendientes y migrantes. Si los niños no tienen infancia, si los jóvenes no tienen proyecto, la Tierra no tiene futuro.

 

9. Lejos de regodearnos en la autocompasión y los lamentos por todas estas realidades destructoras, los movimientos populares, en particular los reunidos por este Encuentro, reivindicamos que los excluidos, los oprimidos, los pobres no resignados, organizados, podemos y debemos enfrentar con todas nuestras fuerzas la caótica situación a la que nos ha llevado este sistema. En ese sentido, se compartieron innumerables experiencias de trabajo, organización y lucha que han permitido la creación de millones de fuentes de trabajo digno en el sector popular de la economía, la recuperación de millones de hectáreas de tierra para la agricultura campesina y la construcción, integración, mejoramiento o defensa de millones de viviendas y comunidades urbanas en el mundo. La participación protagónica de los sectores populares en el marco de democracias secuestradas o directamente plutocracias es indispensable para las transformaciones que necesitamos.

 

10. Teniendo en cuenta el especial contexto de este encuentro y el invalorable aporte de la Iglesia Católica que en cabeza del Papa Francisco permitió su realización, nos detuvimos para analizar en el marco de nuestras realidades el imprescindible aporte de la doctrina social de la iglesia y el pensamiento de su pastor para la lucha por la justicia social. Nuestro material principal de trabajo fue la Evengelii Gaudium que se abordó teniendo en cuenta la necesidad de recuperar pautas éticas de conducta en la dimensión individual, grupal y social de la vida humana. Es dable desatacar la participación e intervención de numerosos sacerdotes y obispos católicos a lo largo de todo el Encuentro, viva encarnación de todos aquellos agentes pastorales laicos y consagrados, comprometidos con las luchas populares que, consideramos, deben ser reforzados en su importante labor.

 

11. Todos y todas, muchos de nosotros católicos, pudimos asistir a la celebración de una misa en la Basílica de San Pedro celebrada por uno de nuestros anfitriones el Cardenal Peter Turkson donde se presentaron como ofrendas tres símbolos de nuestros anhelos, carencias y luchas: un carro de cartoneros, frutos de la tierra campesina y una maqueta de una casilla típica de los barrios pobres. Contamos con la presencia de un importante número de obispos de todos los continentes.

 

12. En este ambiente de debate apasionado y fraternidad intercultural, tuvimos la inolvidable oportunidad de asistir a un momento histórico: la participación del Papa Francisco en nuestro Encuentro que sintetizó en su discurso gran parte de nuestra realidad, nuestras denuncias y nuestras propuestas. La claridad y contundencia de sus palabras no admiten dobles interpretaciones y reafirman que la preocupación por los pobres está en el centro mismo del Evangelio. En coherencia con sus palabras, la actitud fraterna, paciente y cálida de Francisco con todos y cada uno de nosotros, en especial con los perseguidos, también expresa su solidaridad con nuestra lucha tantas veces desvalorizada y prejuzgada, incluso perseguida, reprimida o criminalizada.

 

13. Otro de los momentos importantes fue la participación del hermano Evo Morales, presidente de la Asamblea Mundial de los Pueblos Indígenas, que participó en carácter de dirigente popular y nos ofreció una exposición centrada en la crítica al sistema capitalista y en todo lo que podemos hacer los excluidos en términos de tierra, trabajo, vivienda, paz y ambiente cuando nos organizamos y logramos acceder a posiciones de poder, pero de un poder entendido como servicio y no como privilegio. Su abrazo con Francisco nos emocionó y quedará por siempre en nuestra memoria.

 

14. Entre los productos inmediatos del encuentro, nos llevamos dos cosas: la “Carta a los Movimientos Populares” para trabajar con las bases de los sectores y movimientos populares, la cual nos comprometemos a distribuir masivamente junto al Discurso del Papa Francisco y las memorias; y la propuesta de crear un Espacio de Interlocución permanente entre los movimientos populares y la Iglesia.

 

15. Junto a este breve comunicado, le pedimos especialmente a todos los trabajadores y trabajadoras de prensa que nos ayuden a difundir la versión completa del discurso del Papa Francisco que, repetimos, sintetiza gran parte de nuestra experiencia, pensamiento y anhelos. Repitamos junto al: ¡Tierra, Techo y Trabajo son derechos sagrados! ¡Ningún trabajador sin derechos! ¡Ninguna familia sin viviendas! ¡Ningún campesino sin tierra! ¡Ningún pueblo sin territorio! ¡Arriba los pobres que se organizan y luchan por una alternativa humana a la globalización excluyente! ¡Larga vida al Papa Francisco y su Iglesia pobre para los pobres!

Fuente: https://movimientospopulares.org/2014/10/declaracion-final-encuentro-mundial-movimientos-populares/

 

 

Es hora de atrevernos a emanciparnos del sistema opresor ante la actual inflexión histórica en el mundo y el país-continente que el sistema capitalista e imperialista pretende aprovechar para maximizar su expoliación de los trabajadores, su manipulación de los miedos y deseos en las grandes mayorías, nuestro aislamiento social, el exterminio de les que desposeyó de todo y de quienes ya son viejos, etc.

 

Pero en ese desafío no sólo confrontamos con quienes nos enclaustran y  nos despojan de cuanto somos y  necesitamos sino también estamos incomunicados con quienes componen, como nosotres, a los pueblos pero veneran al Papa-Iglesia Católica de larguísima trayectoria compatible con su actual función de que rija la delegación de la autodeterminación en Francisco (o Cristina) por percibirlo como quien "sintetiza gran parte de nuestra experiencia, pensamiento y anhelos".

 

Así como no analizan al Vaticano en lucha permanente contra la liberación de los pueblos, tampoco  repararon en que el segundo encuentro se hiciese en la ciudad de la Bolivia neoliberal por excelencia y por supuesto, la máscara de Evo Morales permaneció inmutable. Observemos que si bien se debatió sobre reivindicaciones e incluso sobre porqué revolucionar estructuras se llegó a conclusiones reformistas y por tanto, anacrónicas e ilusas a causa de no trascender en enfoque integral de nuestra subsunción real y efectiva en sistema mundo capitalista y cómo desestructurarla.

 

Resulta increíble en esta época que dirigentes piensen: "Nuestro grito, el de los más postergados y marginados, obliga a que los poderosos comprendan que así, no se puede seguir".

 

 

 

Carta de Santa Cruz

Julio de 2015

 

Las organizaciones sociales reunidas en el Segundo Encuentro Mundial de Movimientos Populares, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, durante los días 7, 8 y 9 de julio de 2015, coincidimos con el Papa Francisco en que la problemática social y ambiental emergen como dos caras de la misma moneda. Un sistema que no puede brindar tierra, techo y trabajo para todos, que socava la paz entre las personas y amenaza la propia subsistencia de la Madre Tierra, no puede seguir rigiendo el destino del planeta. Debemos superar un modelo social, político, económico y cultural donde el mercado y el dinero se han convertido en el eje regulador de las relaciones humanas en todos los niveles. Nuestro grito, el de los más postergados y marginados, obliga a que los poderosos comprendan que así, no se puede seguir. Los pobres del mundo se han levantado contra la exclusión social que sufren día a día. No queremos explotar ni ser explotados. No queremos excluir ni ser excluidos. Queremos construir un modo de vida en el que la dignidad se alce por encima de todas las cosas. Por eso, nos comprometemos a:

 

1. Impulsar y profundizar el proceso de cambio
Reafirmamos nuestro compromiso con los procesos de cambio y liberación como resultado de la acción de los pueblos organizados, que desde su memoria colectiva toman la historia en sus manos y se deciden a transformarla, para dar vida a las esperanzas y las utopías que nos convocan a revolucionar las estructuras más profundas de opresión, dominación, colonización y explotación.

 

2. Vivir bien en armonía con la Madre Tierra
Seguiremos luchando para defender y proteger a la Madre Tierra, promoviendo la “ecología integral” de la que habla el Papa Francisco. Somos fieles a la filosofía ancestral del “Vivir Bien”, nuevo orden de vida que propone armonía y equilibrio en las relaciones entre los seres humanos y entre éstos y la naturaleza. La tierra no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la tierra. Debemos cuidarla y labrarla en beneficio de todos. Queremos leyes medioambientales en todos los países en función del cuidado de los bienes comunes. Exigimos la reparación histórica y un marco jurídico que resguarde los derechos de los pueblos indígenas a nivel nacional e internacional, promoviendo un diálogo sincero a fin de superar los diversos y múltiples conflictos que atraviesan los pueblos indígenas, originarios, campesinos y afrodescendientes.

 

3. Defender el trabajo digno
Nos comprometemos a luchar por la defensa del trabajo como derecho humano. Por la creación de fuentes de trabajo digno, por el diseño e implementación de políticas que restituyan todos los derechos laborales eliminados por el capitalismo neoliberal, tales como los sistemas de seguridad social, de jubilación y el derecho a la sindicalización. Rechazamos la precarización, la tercerización y buscamos que se supere la informalidad a través de la inclusión, nunca con persecución ni represión. Asimismo, levantamos la causa de los migrantes, desplazados y refugiados. Instamos a los gobiernos de los países ricos a que deroguen todas aquellas normas que promueven un trato discriminatorio contra ellos y establezcan formas de regulación que eliminen el trabajo esclavo, la trata, el tráfico de personas y la explotación infantil. Impulsaremos formas alternativas de economía, tanto en áreas urbanas como en zonas rurales. Queremos una economía popular y social comunitaria que resguarde la vida de las comunidades y en la que prevalezca la solidaridad por sobre el lucro. Para esto es necesario que los gobiernos fortalezcan los esfuerzos que emergen de las bases sociales.

 

4. Mejorar nuestros barrios y construir viviendas dignas

Denunciamos la especulación y mercantilización de los terrenos y los bienes urbanos. Rechazamos los desalojos forzosos, el éxodo rural y el crecimiento de los barrios marginados. Rechazamos cualquier tipo de persecución judicial contra quienes luchan por una casa para su familia, porque entendemos a la vivienda como un derecho humano básico, el cual debe ser de carácter universal. Exigimos políticas públicas participativas que garanticen el derecho a la vivienda, la integración urbana de los barrios marginados y el acceso integral al hábitat para edificar hogares con seguridad y dignidad.

 

5. Defender la Tierra y la soberanía alimentaria

Promovemos la reforma agraria integral para distribuir la tierra de manera justa y equitativa. Llamamos la atención de los pueblos sobre el surgimiento de nuevas formas de acumulación y especulación de la tierra y el territorio como mercancía, vinculadas al agro-negocio, que promueve el monocultivo destruyendo la biodiversidad, consumiendo y contaminando el agua, 2 desplazando poblaciones campesinas y utilizando agro-tóxicos que contaminan los alimentos. Reafirmamos nuestra lucha por la eliminación definitiva del hambre, la defensa de la soberanía alimentaria y la producción de alimentos sanos. Asimismo rechazamos enfáticamente la propiedad privada de semillas por grandes grupos agroindustriales, así como la introducción de productos transgénicos en sustitución de los nativos, debido a que destruyen la reproducción de la vida y la biodiversidad, crean dependencia alimentaria y causan efectos irreversibles sobre la salud humana y el medio ambiente. De igual manera, reafirmamos la defensa de los conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas sobre la agricultura sustentable.

 

6. Construir la paz y la cultura del encuentro
Nos comprometemos, desde la vocación pacífica de nuestros pueblos a intensificar las acciones colectivas que garanticen la paz entre todas las personas, pueblos, religiones, etnias y culturas. Reafirmamos la pluralidad de nuestras identidades culturales y tradiciones que deben convivir armónicamente sin que unas sometan a otras. Nos levantamos en contra de la criminalización de nuestra lucha, pues están criminalizando nuestras costumbres. Condenamos cualquier tipo de agresión militar y nos movilizamos por el cese inmediato de todas las guerras y de las acciones desestabilizadoras o golpes de Estado, que atentan contra la democracia y la elección de los pueblos libres. Rechazamos el imperialismo y las nuevas formas de colonialismo, sean militares, financieras o mediáticas. Nos pronunciamos contra la impunidad de los poderosos y a favor de la libertad de los luchadores sociales. 7. Combatir la discriminación Nos comprometemos a luchar contra cualquier forma de discriminación entre los seres humanos, sea por diferencias étnicas, color de la piel, género, origen, edad, religión u orientación sexual. Todos nosotros, mujeres y hombres, debemos tener los mismos derechos. Condenamos el machismo, cualquier forma de violencia contra la mujer, en particular los femicidios, y gritamos ¡Ni una menos!

 

8. Promover la libertad de expresión
Promovemos el desarrollo de medios de comunicación alternativos, populares y comunitarios, frente al avance de los monopolios mediáticos que ocultan la verdad. El acceso a la información y la libertad de expresión son derechos de los pueblos y fundamento de cualquier sociedad que se pretenda democrática, libre y soberana. 3 La protesta es también una legítima forma de expresión popular. Es un derecho y quienes lo ejercemos no debemos ser perseguidos por ello.

 

9. Poner la ciencia y tecnología al servicio de los pueblos
Nos comprometemos a luchar para que la ciencia y el conocimiento sean utilizados al servicio del bienestar de los pueblos. Ciencia y conocimiento son conquistas de toda la humanidad y no pueden estar al servicio de la ganancia, explotación, manipulación o acumulación de riquezas por parte de algunos grupos. Persuadimos a que las universidades se llenen de pueblo y sus conocimientos estén orientados a resolver los problemas estructurales más que a generar riquezas para las grandes corporaciones. A denunciar y controlar a las multinacionales farmacéuticas que por un lado, lucran con la expropiación de conocimientos milenarios de los pueblos originarios y, por el otro, especulan y generan ganancias con la salud de millones de personas, poniendo el negocio por delante de la vida.

 

10. Rechazamos el consumismo y defendemos la solidaridad como proyecto de vida
Defendemos la solidaridad como proyecto de vida personal y colectivo. Nos comprometemos a luchar contra el individualismo, la ambición, la envidia y la codicia que anidan en nuestras sociedades y muchas veces en nosotros mismos. Trabajaremos incansablemente para erradicar el consumismo y la cultura del descarte. Seguiremos trabajando para construir puentes entre los pueblos, que nos permitan derribar los muros de la exclusión y la explotación!

 

Fuente: https://movimientospopulares.org/wp-content/uploads/2015/06/Documento-final-EMMP.pdf

 

 

Es hora de superar la incoherencia entre lo que somos capaces de comprender sobre la realidad social e internacional y lo que proyectamos, nos proponemos como solución. Esta contradicción la hace evidente Nahuel Levaggi, coordinador de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), afirma que el censo muestra “el resultado de un modelo agropecuario que atraviesa los distintos gobiernos, un modelo que concentra la tierra, dominado por multinacionales de semillas, y es la muestra del capitalismo en su máxima expresión”. Levaggi explica que a los desalojos de campesinos se suma que quienes tenían fincas comienzan a ser rentistas y dejar el campo o directamente vender sus chacras: “Hace años que alertamos que es un modelo sin agricultores, donde los más grandes se comen a medianos y pequeños”.

 

Pero Nahuel Levaggi exige: “Diversos sectores políticos se siguen refiriendo a la Mesa de Enlace como ‘el campo’. Tienen que entender que hay otro sujeto rural, con otro rol económico, otra base social, que es otro campo, con un modelo que incluye beneficios para toda la sociedad y para el ambiente”.

 

 

El campo cada vez está más concentrado

21 de enero de 2020

Por Darío Aranda     

Según los últimos datos oficiales, el 1 por ciento de las explotaciones agropecuarias concentra el 36 por ciento de la tierra, una dinámica que continúa expulsando familias.

En treinta años desapareció el 41 por ciento de las explotaciones agropecuarias y se acentuó la concentración de tierras en pocas manos: el 1 por ciento de las explotaciones controla el 36 por ciento de la tierra, mientras que el 55 por ciento de las chacras (las más pequeñas) tiene solo el 2 por ciento de la tierra. Son datos del último Censo Nacional Agropecuario (CNA). 

Campesinos, indígenas y académicos no tienen dudas:  la desaparición de chacras y la expulsión de familias del campo tiene directa relación con el agronegocio, modelo que prioriza la exportación, dominado por grandes empresas, y deja de lado la producción de alimentos y a los productores.

El Censo Nacional Agropecuario 2018 (CNA) relevó datos sobre las características de las explotaciones agropecuarias (EAP) y del productor. Se relevaron 206 millones de hectáreas y se cesaron 250.881 explotaciones agropecuarias.

Los resultados preliminares figuran en un documento de 232 páginas presentado por el Indec. Entre 2002 y 2018 desapareció el 25,5 por ciento de las explotaciones agropecuarias. Y, si se compara con el censo de 1988, en sólo treinta años desapareció el 41,5 por ciento de la chacras.

Un hecho que ningún sector político jamás se animó a abordar en la concentración de tierras. Y eso favorece a los más grandes. El CNA confirma con datos lo que campesinos, indígenas y académicos críticos denuncian desde hace décadas: el 1,08 por ciento de las fincas (2473) concentra el 36,4 por ciento de la tierra (57 millones de hectáreas). Se trata de las propiedades de más de 10.000 hectáreas.

En el otro extremo, las chacras más pequeñas (menos de 100 hectáreas) representan el 54,6 del total de las explotaciones agropecuarias (125.023 fincas), pero tienen solo el 2,25 de la tierra (3,5 millones de hectáreas). Argentina experimenta una reforma agraria pero al revés, donde muy pocos (el 1,08 por ciento) tiene demasiado. Y donde la mayoría (el 54,6 por ciento) tiene muy poco.

Nahuel Levaggi, de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), afirma que el censo muestra “el resultado de un modelo agropecuario que atraviesa los distintos gobiernos, un modelo que concentra la tierra, dominado por multinacionales de semillas, y es la muestra del capitalismo en su máxima expresión”. Levaggi explica que a los desalojos de campesinos se suma que quienes tenían fincas comienzan a ser rentistas y dejar el campo o directamente vender sus chacras: “Hace años que alertamos que es un modelo sin agricultores, donde los más grandes se comen a medianos y pequeños”.

Jorge Frías es productor agroecológico en su chacra “La tierra sin mal”, en Puerto Tirol (Chaco). Recuerda que el modelo prioriza los cultivos extensivos (soja, maíz, girasol, caña de azúcar y, por otro lado, monocultivo de árboles), que avanzaron sobre regiones de campesinos e indígenas. “Es un modelo que no produce alimentos para nuestra población. Es un modelo que vacía el campo de gente. Hace años que alertamos de las graves consecuencias productivas, ambientales y sociales”, afirma. El censo precisó que solo en el 46 por ciento de explotaciones los productores viven en el campo. Y detalló que existen 75.193 viviendas deshabitadas.

Frías participa del Movimiento Popular la Dignidad y del espacio Somos Monte, de Chaco, que lucha por la defensa del poco bosque nativo que permanece en pie. Explica que todo el sudeste chaqueño ya fue arrasado, y que el agronegocio retomó su embestida contra El Impenetrable, de la mano de una “soja nacional” (de la empresa Bioceres) resistente a la sequía. Exige que algún Gobierno ponga en debate el modelo de agronegocio, pero no solo las retenciones, y que se discuta la tierra para qué y para quién.

Los investigadores Eduardo Azcuy Ameghino y Diego Fernández, del Centro Interdisciplinario de Estudios Agrarios (UBA), analizaron el censo. Destacan que entre 2002 y 2018 desaparecieron en Argentina 82.652 explotaciones agropecuarias, casi un 25 por ciento del total, a un promedio de 5166 chacras por mes. “Se ratifica la vigencia y eficacia del proceso de concentración económica consolidado durante los noventa y prolongado hasta la actualidad”, afirman los autores. Si se toma el censo de 1988, en 20 años se perdió el 41,5 por ciento de las chacras.

Desde el Foro Agrario, espacio de articulación de decenas de organizaciones campesinas y de la agricultura familiar, presentaron en mayo pasado un programa que propone otro modelo agropecuario, de base popular, con políticas de estado que fomenten el arraigo rural y la producción de alimentos accesibles para el pueblo. “Diversos sectores políticos se siguen refiriendo a la Mesa de Enlace como ‘el campo’. Tienen que entender que hay otro sujeto rural, con otro rol económico, otra base social, que es otro campo, con un modelo que incluye beneficios para toda la sociedad y para el ambiente”, exige Levaggi de la UTT.

Jeremías Chauque es mapuche, vive en Desvío Arijón (Santa Fe) y forma parte de la organización de productores “Desvío a la raíz, agricultura ancestral”. No lo sorprendió el dato de la concentración de tierras, afirma que es un mal que se repite en la Patagonia mapuche, pero también en el Norte wichí y en la Mesopotamia guaraní, sólo por citar tres latitudes. “El agronegocio funciona explotando hasta el último aliento de vida, con desmonte, saqueo, contaminación”, recuerda. Chauque forma parte del Colectivo Paren de Fumigar Santa Fe y resalta la necesidad de otro modelo, que tenga como prioridad lo social y los alimentos sanos (sin agrotóxicos ni transgénicos), “una agricultura sin mano de obra barata, con agricultores dueños de su destino, con tierras para trabajar, con producción de alimentos y no commodities para los chanchos de Europa y Asia”.

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Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Recomendamos/El-campo-cada-vez-esta-mas-concentrado

 

En consecuencia, es crucial que la «reforma agraria integral» resulte de la unión de autoorganizaciones en diversidad pero con la voluntad común de contraponerse a la concentración y transnacionalización económico territorial que el Capital Estado logró por expansión de todos los extractivismos. Que esa unión luche hacia erradicar a todos los extractivismos por:

Arrasar con la vida

8 de abril de 2020

Por Darío Aranda para la Agencia de Noticias Biodiversidadla    

El avance del agronegocio y la pérdida de millones de hectáreas de bosque. La crisis climática, el aumento de la temperatura global y los territorios de sacrificio en el Sur global.

En paralelo al avance del modelo sojero en el Cono Sur se arrasaron 35 millones de hectáreas de bosque nativo. El equivalente a la superficie de Alemania, donde se ubica la sede central de Bayer-Monsanto, u ocho veces la superficie de Suiza, donde nació la multinacional Syngenta-ChemChina. A pesar de leyes que protegen las áreas boscosas, el desmonte avanza en Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay. Un modelo, el agronegocio, publicitado como “exitoso”, pero con enormes consecuencias en los territorios.

Millones de hectáreas

La aprobación de la soja transgénica sucedió en forma escalonada en los países de Cono Sur. En Argentina fue en marzo de 1996. En Uruguay se dio luz verde en octubre del mismo año. En el resto de los países se cultivó de forma ilegal desde fines de los ‘90 y la autorización formal llegó años después: en 2003 en Brasil, un año después en Paraguay y en 2005 en Bolivia.

El avance transgénico tuvo su correlato de devastación ambiental. En Argentina se destruyeron 5,6 millones de hectáreas de monte nativo entre 1998 y 2017. Las provincias más desmontadas fueron Santiago del Estero (1,8 millones de hectáreas), Salta (1,4 millones), Chaco (650 mil) y Formosa (418 mil). Todas zonas ajenas al agro industrial, todas zonas de campesinos, indígenas y agricultores familiares.

La Fundación Tierra de Bolivia precisó que en ese país se arrasaron 5,1 millones de hectáreas entre 1990 y 2016. El departamento con mayor deforestación es Santa Cruz de la Sierra, corazón de las empresas agroindustriales. Otros departamentos, con cifras menores, son Tarija, Beni, La Paz y Chuquisaca.

En Paraguay, entre 2001 al 2017, se destruyeron 5,4 millones de hectáreas. La organización Base-Is explicó que el desmonte mayormente se produjo en losdepartamentos de Alto Paraguay, Presidente Hayes, Concepción, Amambay, Canindeyú, Alto Paraná. Son los mismos departamentos donde se produjo el mayor avance del modelo agroexportador.

En Brasil se desmontaron 19,1 millones de hectáreas entre 1990 y 2019. Se dio principalmente en la región llamada Amazonia Legal, un área que engloba en su totalidad los estados de Acre, Amapá, Amazonas, Pará, Rondônia, Roraima, Tocantins y Mato Grosso, y parcialmente el estado de Maranhao, todos pertenecientes a la cuenca amazónica.

Un elemento fundamental, muchas veces silenciado por organizaciones conservacionistas, en los territorios con bosque vivían (y viven) pueblos indígenas, campesinos, agricultores familias. Actores imprescindibles para la soberanía alimentaria y la defensa del monte nativo.

Los millones de hectáreas devastadas fueron transformadas en monocultivos. Argentina contaba con 6,6 millones de hectáreas con soja (convencional) en 1996. Y llegó al pico máximo de 20,5 millones hectáreas de soja transgénica en 2015. El maíz pasó de 4,1 millones de hectáreas en 1996 a 6,9 millones en 2015. En Paraguay se pasó de 1,1 millones de hectáreas con soja en 1997 a 3,4 en 2018. El maíz también se multiplicó: de 356.600 hectáreas en 1997 se llegó a un millón en 2016. En Bolivia se pasó de 200.000 hectáreas con soja en 1990 a 1,2 millones en 2017. A fines de la década del ‘90 Brasil contaba con tres millones de hectáreas declaradas. En la cosecha 2019 llegó a 36 millones de hectáreas.

Otro monocultivo, mismo modelo

Uruguay es un caso muy particular referido al avance del agro y sus bosques. La Ley 15.939 (de 1987) prohíbe la tala de monte nativo (con excepciones para el uso doméstico, y con autorización de la Dirección General Forestal) y obliga a reforestar con especies nativas. De esta forma, la superficie de monte nativo pasó de 664 mil hectáreas en 1990 a 850 mil en 2019. Pero la misma ley estimula el desarrollo de la industria forestal, que genera el avance del monocultivo de árboles, parte del modelo de agronegocio. En 1987 la superficie de plantaciones forestales (pino y eucaliptus) era de 46.000 hectáreas. En 2017 llegó a las 2,2 millones de hectáreas. Lo que implicó acaparamiento de tierras, uso masivo de agrotóxicos y la instalación de plantas de celulosa, con denuncias de contaminación del agua y el aire. El caso más famoso: Botnia-UPM, de capitales fidlandeses.

Región chaqueña

 La ONG paraguaya Guyra analiza la situación del Gran Chaco Sudamericano, que incluye a la Argentina, Paraguay y Bolivia. Analizó el avance de los deforestación entre 2010 y 2018. En 2010 y 2011 contabilizó picos de desmonte de hasta 1400 hectáreas por día en promedio. Y en 2012 y 2013 aumentó incluso hasta un promedio de 2000 hectáreas diarias. A modo global, entre 2010 y 2013 se destruyeron más de 1,6 millones de hectáreas. Paraguay encabezó el ranking con un millón de hectáreas destruídas.

En junio de 2018, último informe mensual disponible, detectaron 34.000 hectáreas arrasadas, un promedio de 1096 hectáreas por día. Argentina representó el 80 por ciento y Paraguay el 18 por ciento.

“Monitoreo desmonte”, es un sitio web colaborativo que analiza la situación de bosques de la región chaqueña de Argentina, doce provincias del norte del país donde avanzó el modelo agropecuario. Mediante imágenes satelitales precisa los desmontes desde la década del ‘70 hasta la actualidad. Entre el año 2000 y el 2018 se perdieron 5,7 millones de hectáreas, un promedio anual de 300 mil hectáreas. “Las tasas de deforestación en esta región se encuentran entre las más altas del mundo y están promovidas principalmente por el avance de la frontera agropecuaria. Este proceso ha generado importantes conflictos territoriales que incrementaron la preocupación y el interés por conservar los bienes naturales y culturales asociados a estos bosques”, explican los autores del relevamiento, la Red Agroforestal Chaco Argentina (Redaf), el Laboratorio de Análisis Regional y Teledetección (LART) de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (Fauba) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

En Argentina se aprobó en 2007 la llamada “Ley de bosques” (26.331), que buscaba frenar la deforestación. Desde la sanción de la ley hasta fines de 2016 se destruyeron en Argentina 2,4 millones de hectáreas: equivalente a 120 veces la superficie de la ciudad de Buenos Aires. El 80 por ciento de los desmontes se concentró en las provincias de Santiago del Estero, Salta, Formosa y Chaco.

Crisis climática

Además de las emisiones de gases de efecto invernadero, un factor clave en el rol de los bosques es que absorben el dióxido de carbono, proveen oxígeno y son fundamentales para bajar la temperatura del planeta. Sin embargo, entre 1990 y 2019 se destruyeron en el mundo más de 129 millones de hectáreas de bosques, superficie equivalente a la de Sudáfrica1. El agronegocio, que incluye la ganadería industrial, es un factor clave en la destrucción de esos bosques.

"Perspectivas del Medio Ambiente Mundial", es el nombre del informe de Naciones Unidas (ONU), presentado en marzo de 2019. Brinda un alerta contundente: el planeta se dirige hacia el colapso climático, sanitario y social.

Desde 1880 la temperatura mundial aumentó entre 0,8 y 1,2 grados centígrados. Y en la última década se produjeron ocho de los diez años más cálidos de la historia. El Acuerdo de París (2015) establece que los países firmantes deben adaptar acciones para que la temperatura del planeta no aumente por encima del 1,5 grados centígrados. Fue (y es) muy criticado por organizaciones sociales por no cuestionar el modelo de consumo que lleva al desastre climático, no ser vinculante, no frenar la extracción de hidrocarburos (como se había propuesto en la cumbre mundial de Kioto --Japón-- en 1997) y proponer "falsas soluciones" (monocultivo de árboles, bonos de "compensación" para contaminar, geoingeniería para modificar el clima, entre otros).

Las grandes potencias económicas del mundo comandan el Grupo de los 20 (G20). Y esos mismos países también son los máximos responsables del cambio climático, el aumento de la temperatura global y los consiguientes desastres ambientales: el 76 por ciento de las emisiones del dióxido de carbono (principal factor del ascenso de la temperatura) proviene de los países del G20. Encabezan el ranking de contaminación China, Estados Unidos, la Unión Europea, India, Rusia, Japón y Alemania.

El informe de la ONU es concluyente: "Las actividades antropógenas (humanas) han degradado los ecosistemas de la Tierra y socavado los cimientos ecológicos de la sociedad". Aclara que es necesario "adoptar medidas urgentes a una escala sin precedentes para detener y revertir esa situación y proteger así la salud humana y ambiental". Algunas de las medidas esenciales son reducir la degradación de la tierra, frenar la pérdida de biodiversidad y la contaminación del aire, la tierra y las aguas; mitigar el cambio climático y reducir la quema de combustibles fósiles”. Joyce Msuya, directora ejecutiva de ONU Medio Ambiente, fue tajante: "Estamos causando el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. No habrá mañana para muchas personas, a menos que nos detengamos".

Este artículo es parte del proyecto Atlas del agronegocio transgénico en el Cono Sur realizado con el apoyo de Misereor.

Tweet sugeridos:

#AtlasOGMConoSur | Arrasar con la vida: el avance del agronegocio y la pérdida de millones de hectáreas de bosque. La crisis climática, el aumento de la temperatura global y los territorios de sacrificio en el Sur global.

#AtlasOGMConoSur | El avance transgénico tuvo su correlato de devastación ambiental. Los millones de hectáreas devastadas fueron transformadas en monocultivos. 

#AtlasOGMConoSur | La ONG paraguaya Guyra analiza la situación del Gran Chaco Sudamericano, que incluye a la Argentina, Paraguay y Bolivia. A modo global, entre 2010 y 2013 se destruyeron más de 1,6 millones de hectáreas. 

#AtlasOGMConoSur | Entre 1990 y 2019 se destruyeron en el mundo más de 129 millones de hectáreas de bosques, superficie equivalente a la de Sudáfrica.  

Referencia:

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Agencia-de-Noticias-Biodiversidadla/Arrasar-con-la-vida

 

 

 

En el informe de la ONU se aclara que es imprescindible "adoptar medidas urgentes a una escala sin precedentes para detener y revertir esa situación y proteger así la salud humana y ambiental. Algunas de las medidas esenciales son reducir la degradación de la tierra, frenar la pérdida de biodiversidad y la contaminación del aire, la tierra y las aguas; mitigar el cambio climático y reducir la quema de combustibles fósiles”. Joyce Msuya, directora ejecutiva de ONU Medio Ambiente, fue tajante: "Estamos causando el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. No habrá mañana para muchas personas, a menos que nos detengamos".

 

En Argentina, pese a que Alberto Fernández sostiene optar por la salud de la población y es reconocido como gobierno con esa decisión:

 

Estancia La Fidelidad: 

 

“Están en peligro 8.000 hectáreas del monte mejor conservado del Impenetrable”

En plena cuarentena a nivel nacional el desmonte no cesa. En la Estancia La Fidelidad se abrieron picadas que anteceden a la destrucción de 8.ooo hectáreas del monte mejor conservado del Impenetrabe. 

La Crisis Climática y la pandemia de coronavirus han puesto a la humanidad frente a la pregunta sobre nuestra forma de estar en el mundo. Las evidencias de que estamos en un rumbo al abismo son cada vez más difíciles de ignorar, y el drama en ciernes sobre La Fidelidad es uno de esos episodios que podrían ser parte de la tragedia colectiva a la que nos arrastra la depredación capitalista. Nos toca torcer este rumbo, y somos millones en todo el mundo con cada vez más fuerza.

Sobre lo que pasa en el Impenetrable conversamos con Nora Giménez y Riccardo Tiddi del colectivo
 Somos Monte.
Leer

 

En verdad quienes luchan por la salud pública no son sólo los trabajadores del sector y de actividades esenciales a la vida sino también quienes sostienen solidaridad con los desposeídos por el capitalismo y  quienes resisten la actual continuidad e intensificación de los extractivismos:

 

 

 

Documento - 100 organizaciones de todo el país preguntamos:

 

¿De la pandemia del agronegocio

quién nos cuida?

 

Mientras millones de argentinos y argentinas nos quedamos en nuestras casas para preservar nuestra salud ante la pandemia global de coronavirus, el agronegocio continúa regando nuestros territorios con agrotóxicos que comprometen la capacidad de nuestro organismo para hacer frente al virus

 

Entre las actividades “esenciales” que el Estado exceptúa de la obligatoriedad de suspender la actividad está “la producción agropecuaria”; sin distinción, como si fuera lo mismo sostener la producción de alimentos que la de commodities de exportación o agrocombustibles. 

 

En paralelo está en curso una enorme operación publicitaria: aprovechando la pandemia las organizaciones del agronegocio se muestran “preocupadas por la salud” de las comunidades y “solidarias”, ofreciendo las mismas máquinas fumigadoras con las que liberan al ambiente sus agrotóxicos para “combatir a los mosquitos trasmisores de dengue” y otras enfermedades. Una nueva mentira, porque además de ser inefectivos para el control del vector generan deriva de los piretroides afectando la biodiversidad y contaminando el ambiente, como quedó demostrado con el estudio científico del Ing. Qco. Marcos Tomasoni (5). También están ofreciendo el uso de mosquitos fumigadores para rociar hipoclorito de sodio como mecanismo para combatir el coronavirus, sin ninguna evidencia científica que respalde la efectividad de esa medida.

 

También ofrecen “silos-bolsa para fabricar ropa de protección para el personal sanitario”, material que se encuentra contaminado con biocidas y debe ser tratado como residuo peligroso conforme la Ley Nacional N° 24.051. Si realmente son solidarios y se preocupan por nuestra salud paren de fumigarnos y cambien a la agroecología.

 

Durante estos días de aislamiento ha habido “incidentes” con fumigaciones en Santiago del Estero, Buenos Aires, Santa Fé, Entre Ríos o Chaco; en aquellas zonas donde la producción de commodities se realiza parece haber vía libre para fumigar(nos). Esto no es nuevo, es la trágica cotidianeidad de los Pueblos Fumigados de nuestro país, donde se liberan cada año alrededor de 500 millones de kilos/litros de agrotóxicos (1) en miles de formulados comerciales y con principios activos prohibidos en buena parte del mundo sin control alguno, e incumpliendo la Ley General del Ambiente nro 25.675.

 

Está comprobado científicamente y reconocido por las mismas empresas que elaboran estos agrotóxicos que estas sustancias producen inmunodepresión, irritan las vías respiratorias y gastrointestinalesjunto a un largo rosario de enfermedades por exposición crónica; lo que las comunidades y la ciencia digna han puesto de manifiesto. 

 

El agronegocio ha cambiado la forma de enfermar y morir en nuestros pueblos (2), y en medio de esta emergencia el Estado no puede seguir mirando para otro lado. Mucho más cuando el efecto inmunodepresivo de los agrotóxicos, científicamente demostrado, pone a la población en una situación de riesgo ante la actual pandemia (3). ¿Cómo puede soportar un virus agresivo una persona en tratamiento por cáncer con todas sus defensas destruidas?

 

También es impactante saber que este mismo agronegocio sigue destruyendo nuestros bosques. En plena cuarentena organizaciones del Chaco denuncian que “las topadoras trabajan a apenas 8 km de la estación biológica que opera en el Parque Nacional El Impenetrable, lugar donde hace pocos meses se encontró uno de los últimos ejemplares de yaguareté del Chaco. El desmonte afectará 7 mil hectáreas de la estancia La Fidelidad, en la provincia de Formosa” (4)

 

Es inaceptable que distintos estamentos del Estado acepten estos “generosos ofrecimientos” mientras siguen sin escuchar lo que venimos denunciando hace años. Olvidan además que esta “explosión de solidaridad” viene del sector que hace menos de un mes realizó 4 días de paro agropecuario, acaparando granos y carne, contra el aumento de 3% en los derechos de exportación para grandes productores de soja; hecho que fue repudiado por el campo que produce alimentos y amplias franjas de nuestra población, tanto urbana como rural.

 

Como dijo Alberto Fernandez “Una economía que cae siempre se levanta. Una vida que se termina no la levantamos más.”. Ojalá esta frase quede sonando fuerte más allá de sofocada la pandemia.

 

La terrible paradoja, es que existen evidencias a nivel global que vinculan fuertemente al modelo del agronegocio con el surgimiento de las pandemias. En una entrevista reciente el investigador Rob Wallace afirmaba: “El aumento de la aparición de virus está estrechamente relacionado con la producción de alimentos y la rentabilidad de las corporaciones multinacionales. Cualquiera que pretenda comprender por qué los virus se están volviendo más peligrosos debe investigar el modelo industrial de la agricultura y, más específicamente, la producción ganadera. En la actualidad, pocos gobiernos y pocos científicos están preparados para hacerlo. Más bien todo lo contrario.” (6)

 

La sociedad global debe recoger la experiencia de otras grandes pandemias, como la Peste Negra, donde la avaricia y la acumulación de los señores feudales fue a contramano de las necesidades alimentarias de la población desencadenando aquella gran pandemia. Hoy el Coronavirus vuelve a tener la misma aliada: la malnutrición, ahora junto a inmunodepresores.

 

Sabemos que toda crisis es una oportunidad. Mientras las organizaciones del agronegocio la usan para lavarse la cara frente a la sociedad a la que envenenan cotidianamente mientras destruyen el ambiente, acaparando recursos y poder; quienes firmamos al pie les pedimos a nuestros gobernantes (una vez más) que defiendan nuestra salud. Y entendemos, como millones en todo el mundo, que es tiempo de cambiar este modelo agropecuario basado en transgénicos y venenos, para impulsar y consolidar a la agroecología como base de un nuevo modelo agropecuario, con tierra y dignidad para las familias productoras rurales y alimentos sanos a precios justos para quienes viven en las ciudades; en fin Soberanía Alimentaria para nuestro pueblo.

 

Argentina, 31 de marzo de 2020

 

1- Investigación de Naturaleza de Derechos (Junio de 2019)

2- Transformaciones en los modos de enfermar y morir en la región agroindustrial de Argentina - Damián Verzeñassi y Alejandro Vallini (Noviembre de 2019)

3- Riesgo de utilizar piretroides en el hogar. 185 citas de investigaciones científicas nacionales e internacionales publicadas hasta el 20 de marzo de 2020 – Compilación de Eduardo Rossi

4- Somos Monte denuncia desmonte a 8 km del Parque Nacional El Impenetrable

5- No hay fumigación controlable. Generación de Derivas de Plaguicidas – Ing. Qco. Marcos Tomasoni

6- La responsabilidad de la agroindustria en el Covid-19 y otras enfermedades virales

Primeras firmas:(...)

Para sumar su adhesión:  huerquenweb@gmail.com                                                                            Argentina, 31 de marzo de 2020
Fuente:
 http://www.biodiversidadla.org/Campanas-y-Acciones/De-la-pandemia-del-agronegocio-quien-nos-cuida

 

 

En tan complejo funcionamiento de los desequilibrios socio ecológicos y de las interrelaciones sociales e internacionales en juego parece mentira la confianza en que una celebridad y su equipo puede no sólo cambiar de raíz al Estado de la gran burguesía (cuya función antipopular y de transnacionalización se perfeccionó sobre todo desde los setenta hasta hoy) sino sobre todo cambiar al modo capitalista de producción. Más aún si Cerdá define: "Nosotros desde ese fomento, desde esa concientización, podemos aumentar el número de productores y eso no es en contra de nadie, sino ayudando a los que quieren reducir sus costos y de paso trabajar más sano. Hemos hecho una experiencia concreta en el campo La Primavera ( 112): bajamos de 9 mil litros de glifosato a 4 mil, después a 3 mil, hoy estamos en unos 600 litros (reducción en más de un 93%). Quiere decir que se hizo una progresión que puede ser un modelo para el país. Y lo más importante: todo lo que eso representaría para la alimentación, la salud y el medio ambiente. Ese es otro cálculo que en algún momento habrá que hacer”. 

 

 

Estado verde

29 de marzo de 2020

Por Sergio Ciancaglini

Eduardo Cerdá, ingeniero agrónomo. Lo designaron Director de Agroecología del Ministerio de Agricultura. El desafío de actuar desde lo estatal para consolidar producciones sin venenos y alimentos sanos, frente a un modelo colapsado. Por Sergio Ciancaglini.

A Eduardo Cerdá le gusta oler puñados de la tierra de los campos que recorre, para saber cuán vivo y fértil está ese suelo. Todo indica que en los próximos tiempos tendrá la nariz más ocupada que de costumbre: ha sido propuesto como Director de Agroecología (área aún en gestación administrativa) de la Secretaría de Agricultura Familiar del Ministerio de Agricultura. 

El vaso medio vacío determinaría que ese escalón jerárquico en el Estado puede tener olor a poco reconocimiento ante un estilo de agricultura considerado clave para lograr otra matriz productiva, alimentos sanos, campos recuperados y hasta un planeta algo más alejado del precipicio climático. 

El vaso medio lleno exhibe en cambio el aroma de la entrada oficial en agenda de un saber y una tecnología que hasta hace pocos años parecía reducida a algunos pioneros dispersos como la familia Vénica-Kleiner en la Granja Naturaleza Viva de Santa Fe, o Juan Kiehr, productor agropecuario asesorado por el propio Cerdá desde hace 25 años en Benito Juárez, Buenos Aires. Tiempos en que hasta la palabra “agroecología” sonaba como un enigmático trabalenguas para quien no había oído hablar del tema. 

Pero a esos y otros pioneros se fueron sumando experiencias que se materializan, por ejemplo, en las verdulerías y mercados de la UTT (Unión de Trabajadores de la Tierra) y otras organizaciones; en el crecimiento de la RENAMA (Red Nacional de Municipios y Comunidades que fomentan la Agroecología). Y a nivel internacional; en la FAO recomendando a los gobiernos el fomento concreto de esta actividad e incluso, como asunto de derechos humanos, cuando la Relatora de la ONU sobre el Derecho a la Alimentación, Hilal Elver, postula que la agroecología es la clave alimentaria del futuro. Y lo empiezan a reclamar de forma creciente las personas que sospechan que el sistema convencional quiere hacerles tragar cosas no muy recomendables.  

Más allá de cómo se mire el vaso, el ingeniero Cerdá está feliz: “Siento que la creación de la Dirección es una posibilidad de avanzar más rápido. Y si se avanza siempre es muy bueno para acercarnos a lo que imaginamos desde hace mucho: la agroecología es la agricultura que se viene”. 

Llueve glifosato

El argumento de Cerdá parte de la noción de que el modelo agrícola convencional y transgénico está colapsando: “Dentro de pocos años ya no serán aceptados en el mundo alimentos ni granos que tengan sustancias tóxicas. Pero aquí se han hecho las cosas en sentido inverso. De 38 millones de litros de agroquímicos y pesticidas que se fumigaban en los 90 se pasó a 500 millones actuales: el 1.300% más. Pero la superficie cultivada aumentó sólo el 50%. Encima, hay cada vez más yuyos resistentes al glifosato. En los 90 no había ninguno, y hoy son 33” (según el registro del grupo de agronegocios Aapresid, aunque pueden ser más todavía). 

Todo esto había sido anticipado a comienzos de siglo por el propio Cerdá y el ingeniero agrónomo Santiago Sarandón, creador de la primera cátedra obligatoria de Agroecología en el país. (UNLP). Analizado técnica y científicamente, el modelo de pesticidas masivos sólo podía derivar en mayores costos de producción, más uso de pesticidas y –nada paradójicamente- más plantas consideradas “malezas”. La resistencia al glifosato crece geométricamente como se podía prever desde una mirada biológica y práctica, obligando a usar mezclas cada vez más potentes y en mayor cantidad. Y a que los productores queden cada vez más entrampados en el uso de insumos costosos, suelos destruidos y enfermedades sobre sus cabezas.  

Cerdá, en ese punto, es literal: “El doctor Damián Marino del EMISA (Espacio Multidisciplinario de Interacción Socio Ambiental) ya demostró que en las zonas rurales llueve glifosato, además de todo lo que llega a los suelos, los ríos y las napas subterráneas.

O sea: ya hay nubes agroquímicas. Entonces el modelo basado en insumos tóxicos está mal enfocado. ¿Qué van a hacer con eso? ¿Tirar 1.000 millones de litros? ¿O empezamos a hacer algo distinto?”.

El ofrecimiento le llegó de parte del secretario de Agricultura Familiar Miguel Gómez. “Me comentó que conocía todo el trabajo de la RENAMA y querían ver si podía desarrollarse ese tipo de acción desde el ministerio”. La RENAMA cuenta con 21 municipios asociados (incluido el uruguayo de Canelones), tres facultades de Agronomía (La Plata, Río Cuarto y Villa María), las defensorías del pueblo de provincia de Buenos Aires y de Río Cuarto (Córdoba), 29 grupos de productores y 70 profesionales, abarcando unas 85.000 hectáreas cultivadas agroecológicamente. “Sumale lo que ha crecido la UTT, y para mí los datos del Censo Nacional Agropecuario que plantean que hay 5.277 producciones agroecológicas, biodinámicas y orgánicas están subestimados: creo que son muchas más”. La UTT es el mayor gremio de campesinos y agricultores del país:  no menos de 10.000 familias. Una parte pequeña pero creciente de ellas se están volcando a la agroecología para producir frutas y verduras en el gran Buenos Aires y distintas provincias. La organización ha logrado abrir verdulerías al público (Almacenes de ramos generales) y mercados de abasto para proveer a verdulerías convencionales. 

Para comprender en parte al modelo convencional, Cerdá aporta datos reunidos de ese Censo de 2018/19: 

Desapareció el 25,2% de las EAP (explotaciones agropecuarias) desde 2002 al 2018, en pleno auge del “modelo”. Calcula Cerdá que son 80.000 productores menos en 16 años.  

Aumentó la superficie promedio de 550 a 690 hectáreas, lo que indica que desaparecen pequeños y medianos agricultores y se concentra la tierra. 

El 1,08 % de los establecimientos concentra el 36,4% de propiedad de la tierra. 

El 54,62% de los establecimientos poseen apenas el 2,25% de la tierra.  

Sostiene Cerdá: “Hay explotaciones más grandes y sojeras, Entonces, además, se invierte en equipos y no en trabajo humano, se vacían los campos, se genera desarraigo”. 

Esa ruralidad encogida y vaciada se confirma en otro dato: los productores viven en el campo solo en el 45,9% de los establecimientos y hay 75.193 viviendas deshabitadas. La duda flota: ¿se puede hacer algo distinto?

Agricultura minera

Huele Cerdá otras posibilidades: “Según el Censo Nacional Agropecuario (datos 2018) hay un establecimiento agroecológico, orgánico o biodinámico, cada 50, o el 2% del total. Ya eso significa 10 millones de litros de agroquímicos que no se usan. ¿Qué pasa si en este ciclo de gobierno vamos aumentando esa cantidad un 10% por año, o si al menos bajamos un 30% las fumigaciones? Ya serían 150 millones de litros menos, unos 500 o 600 millones de dólares. Bajarían los costos para los productores, mejoraría la balanza comercial y el gobierno podría premiar y bajar las retenciones a quien produzca de forma agroecológica”. 

Siguiente paso: “Nosotros desde ese fomento, desde esa concientización, podemos aumentar el número de productores y eso no es en contra de nadie, sino ayudando a los que quieren reducir sus costos y de paso trabajar más sano. Hemos hecho una experiencia concreta en el campo La Primavera ( 112): bajamos de 9 mil litros de glifosato a 4 mil, después a 3 mil, hoy estamos en unos 600 litros (reducción en más de un 93%). Quiere decir que se hizo una progresión que puede ser un modelo para el país. Y lo más importante: todo lo que eso representaría para la alimentación, la salud y el medio ambiente. Ese es otro cálculo que en algún momento habrá que hacer”. 

Cerdá propone una imagen: “La agricultura es extractiva. Se parece más a la minería que al cultivo y cuidado de un organismo vivo. Se plantea como monocultivo, con lo cual arrasa con una producción diversa, y extrae nutrientes y minerales del suelo que se exportan. El 80% de los granos producidos en el país alimentan a cerdos, vacas y gallinas en Europa y China principalmente, y ahí se van los nutrientes de nuestros suelos”. 

¿Qué efecto provocan esos nutrientes perdidos? “Los suelos están secos, laminados, sin capacidad de absorber el agua. Por eso hay inundaciones, y la gente pide obras hidráulicas. Todo un error: lo que está pasando es que la tierra no retiene el agua porque está casi muerta. Y eso es por haber hecho una agricultura extractiva”. Recuerda el ingeniero que el INTA comprobó en diferentes zonas que se ha perdido el 50% de la capacidad de los suelos.

Campos drogadictos

Suele plantear Eduardo Cerdá que los campos están drogados de tóxicos, adictos. Parte de su trabajo en estos años ha consistido en desactivar esa drogadicción a biocidas y fertilizantes mediante la agroecología. ¿De qué modo? “Aquí primó una idea de aumentar los rendimientos, que los cultivos dieran cada vez más, y para eso había que usar mucho fertilizante y matar a todas las plantas que no eran el cultivo en sí, el monocultivo. Y matar además a todos los insectos. Por eso hablamos de biocidas, que matan bichos y plantas, pero matan y contaminan también la vida del suelo, sus microorganismos. El suelo degradado no permite tener plantas sanas y aparecen las plagas al percibir el desequilibrio. ¿Cuál es la solución del modelo?  Poner más fertilizantes y más biocidas. Nosotros en cambio no tenemos la idea del monocultivo, y apostamos a la vitalidad del suelo. Asociamos cultivos para que no haya espacio para las plantas que son indeseables o pueden dificultar la cosecha o la calidad de producto que se quiere lograr”. 

Un asociativismo o cooperativismo biológico, con cultivos complementarios que cubren, defienden y nutren el suelo. Explica: “Y los rendimientos son similares. Eso permite que el margen de ganancia del que produce sin esos insumos sea mucho más amplio que el que tiene que comprarlos, a valor dólar encima. O sea: la producción agroecológica beneficia también por el lado económico al productor”. 

Por eso Cerdá cree que lo mejor que puede ocurrir es que los agricultores tengan la oportunidad de escuchar qué es la agroecología: “No es una agricultura de máquinas especiales, ni tampoco volver a los años 60. Es una mirada que incluye lo biológico, lo económico, la vinculación con la tierra. Una mirada social, de producción y de salud”. 

Una de las ideas que piensa impulsar es el incentivo a las huertas y producciones de cercanía en cada ciudad y cada pueblo: “Es lo que se está pensando en el programa Argentina contra el hambre, desarrollar alimentos de proximidad. Frutas y verduras, también pollos, huevos, carne, leche, y eso en coordinación con los municipios y el INTA. Recuperar esa riqueza que se eliminó con el monocultivo”.

En esa sencilla complejidad que representa la agroecología, Cerdá plantea que esos alimentos agroecológicos “tienen, además, el doble de nutrientes que los convencionales. Como las producciones se están vendiendo a precios similares, estás comprando por el mismo valor el doble de calidad y de nutrición”.

Salud y alimentación

Está sublevado Cerdá por un twit. El ex ministro de Salud de Mauricio Macri, Adolfo Rubinstein, publicó hace poco en Twitter una pequeña radiografía del infierno. Reproduce una nota sobre el éxito del etiquetado frontal de alimentos industrializados en Perú (los que se venden principalmente en supermercados). La nota comenta que “tres de cada cinco limeños revisan la información nutricional de los productos”. El artículo informa que tras la implantación de advertencias como “alto en azúcar”, “alto en grasas saturadas”, “contiene grasas trans” y “alto en sodio”, el 77% de los consumidores eliminó todos o algunos de esos productos de sus dietas. Rubinstein entonces declara en su twit: “Resultados del etiquetado frontal de advertencia de alimentos en Perú. Ya está en Chile, Perú, Uruguay y México. En @msalnacion no pudimos por los obstáculos de la industria alimentaria y su influencia en la sec de comercio. Una asignatura pendiente de nuestros legisladores!”. 

O sea: la confirmación de todo lo que se ha venido publicando sobre la complicidad entre la industria alimentaria y los funcionarios que juegan con la salud de la gente en pro de los negocios. Que un ministro de Salud recién mencione esto a meses de haberse ido califica también su gestión. 

Cerdá: “Aquí debería existir un etiquetado que le permita al consumidor discernir si quiere comer transgénicos, o si quiere comer algo cuando el Estado le está diciendo: ‘ojo, guarda que esto es alto en azúcar’. O si tiene jarabe de fructosa que es tremendo y, lo mismo que si tiene soja, viene con glifosato. Esa declaración confirma que cedieron a las presiones y que es crucial volver a tratar el tema del etiquetado en el país”. 

Una duda aún mayor: “Hay muchos trabajos que señalan que a medida que se elevó el uso de agroquímicos, aumentaron la celiaquía, el cáncer, los problemas de tiroides. No es que vos puedas asegurar. ‘aumentó el uso de glifosato y eso generó tanto cáncer’. Pero lo que sí está claro es que el Garrahan está superpoblado de chicos con cáncer de zonas fumigadas, o que ha aumentado el autismo. O, como te decía, la celiaquía. Sin hacer una relación directa, uno puede preguntarse: ¿Qué es lo que ha cambiado? La respuesta es: la matriz productiva, la cantidad de agroquímicos que tenemos alrededor. Estamos trabajando con la Asociación de Médicos Generalistas de la provincia de Buenos Aires cómo plantear una reducción en gran escala del uso de agroquímicos”. 

A los productores convencionales hay que decirles dos palabras, según Cerdá: haga números. “Si anda con un tiempito que mire cuánto le salía hacer un cultivo de maíz o soja en 2000, 2010 y ahora, Qué pasó con los costos, los rendimientos y el suelo. Qué pasa cuando no acompaña el clima. ¿Y la salud? Porque si ganaste plata pero te enfermaste, no sé cuánto vale eso, ni quién te lo paga. Lo que yo veo es que en estos años todos han ido perdiendo, que hay más desigualdad, más enfermedad, una matriz ambiental de biocidas. Eso tampoco hay nadie que lo pague, pero por lo menos podemos empezar a hacer algo para dejar de ser tan poco inteligentes de seguir haciendo siempre lo mismo”.

https://www.lavaca.org/mu145/estado-verde/
Fuente: https://contrahegemoniaweb.com.ar/estado-verde

 

En la actualidad el Estado de la gran burguesía ha maximizado su función antipopular y transnacionalizadora se perfeccionó sobre todo desde los setenta hasta hoy y no sólo por el gobierno de Macri. Comprobamos una vez más como el Partido Justicialista ha sido y es fundamental en garantizar los criminales negocios del contubernio entre capitales y estados imperialistas con los locales:

 

 

La frutilla del postre

12 de abril de 2020

 

 

Aquellos que participamos hace unos meses del Parlamento por el Agua y en Defensa del Río Chubut nos quedamos estupefactos al escuchar los terribles efectos en la salud provocado por la aplicación de una sustancia "bromuro de metilo" a las frutillas de El Maitén; sustancia que deja la tierra estéril y es altamente contaminante, ese veneno penetra en las napas con el agua de riego y termina, inevitablemente, en el río Chubut. (https://www.elchubut.com.ar/nota/2020-1-31-11-1-0-el-maiten-analisis-bacteriologico-del-rio-chubut-revelo-que-no-es-apta-para-el-consumo-humano).

Nos enterábamos ahí de un "agronegocio" muy fructífero...por decirlo de algún modo: la "fabricación" industrial de plantas de frutilla. La empresa manufacturera confiesa, en su página web http://www.viansa.com.ar/seccion.php?id=3, que utilizan bromuro de metilo en el proceso.

Es por eso que no debería asombrarnos que, en plena cuarentena, nos encontremos con un rimbombante anuncio de la Municipalidad de El Hoyo de que está "enviando" tres remesas de 12 trabajadores a El Maitén a trabajar en "un importante vivero de frutillas". https://cholilaonline.com/2020/04/partio-hoy-hacia-el-maiten-el-primer-grupo-de-trabajadores-de-el-hoyo.html 

 Es interesante analizar como cada iniciativa "productiva" de los municipios de la cuenca sostienen emprendimientos que de sustentables tienen muy poco, y que además ponen en riesgo la salud de la población. En tanto el poblador común, el albañil, el cosechero, es obligado prácticamente a  recibir la limosna del Estado, estas actividades (la cosecha de plantines de frutillas para ser enviados al Norte del pais y al exterior) "pasan" como prioritarias o de primera necesidad (como la megamineria o la actividad forestal) y no solo las apañan y las fomentan, sino que también las publicitan como un gran logro.

Es llamativo que las "malas decisiones" siempre tienen como perjudicado al mismo sujeto colectivo: el pueblo trabajador. En vez de propiciar políticas respecto al trabajo enfocado con la autonomía alimentaria y el buen vivir, se abona al extractivismo y el deterioro de la salud tanto física como espiritual del hombre en su territorio. 

Y siempre, beneficiando a unos pocos... como el tan promocionado "pescado solidario"

El día viernes se publicitaba con bombos y platillos la llegada a la cordillera del "pescado solidario", que venía no obstante envuelto con un halo de sospecha de preferencias políticas y negociaciones por debajo de la mesa.   Aunque todo eso fue quedando en segundo plano debido al estado de putrefaccion en que llegó el pescado. https://www.eldiariodemadryn.com/2020/04/que-hay-detras-de-la-solidaria-donacion-de-merluza/ 

Numerosos testimonios y un video dan cuenta de un pescado totalmente invadido por parásitos (https://www.facebook.com/prensamalafama/posts/2808783065825823 ) y con signos constatados por bromatologia de Esquel como "no apto para ser consumido" https://www.eqsnotas.com/esquel-por-que-1100-kgs-de-pescado-terminaron-en-la-basura/ 

Ese pescado podrido varios municipios de la cordillera lo repartieron a sus vecinos.

En estas circunstancias nos preguntamos si nuestros gobernantes están capacitados para decir que "nos cuidan", y por eso nos mantienen encerrados.

Creemos que evidencias sobran para pensar que muchas "malas decisiones" no pueden ser casualidad y que el deterioro que le han causado al ambiente, al agua, a la tierra y al aire son los responsables de la pandemia que nos toca atravesar (como quedó comprobado con la H1N1) y sin embargo, en pos de un sistema capitalista centrado en el extractivismo, se siguen sosteniendo las malas políticas de empleo, de salud y de producción que están reñidas con la salud de los territorios.

Por todo ello venimos a denunciar:

-Están jugando con nuestra salud!

-No nos vamos a quedar callados!

-Seguiremos defendiendo un modo de vida autónomo y sostenible.

 

Asamblea en Defensa de la Cuenca del Río Epuyen – Adcre

 

 Alternativas emancipatorias

 

Es clave en la actual inflexión histórica generalizar la ruptura con el sistema global de agronegocios y de los otros extractivismos. De ahí la importancia emancipatoria de la agroecología si es desde y con los movimientos sociales de base:

 

"La agroecología es ciencia, acción y movimiento" explica Walter Pengue

21 de enero de 2020

Por Resumen Chile

 

Durante los días 17 y 18 de octubre de 2019, justo en el comienzo del estallido social que removió al país, se realizó el Primer Congreso Chileno de Agroecología en la región de la Araucanía, Pucón. Resumen pudo asistir y conversar con algunos/as de sus conferencistas. En la siguiente nota entrevistamos a Walter Pengue, director en la universidad de Buenos Aires y profesor titular de ecología en la Universidad Nacional de General Sarmiento. También trabaja en Naciones Unidas en un grupo llamado TEEB que significa «The Economics of Ecosystems and Biodiversity», que pertenece a la división ambiental de las Naciones Unidas.

"La agroecología es ciencia, acción y movimiento" explica Walter Pengue en el Primer Congreso Chileno de Agroecología

El Primer Congreso Chileno de Agroecología fue llevado a cabo por el Laboratorio de Agroecología y Sustentabilidad Alimentaria de la Facultad de Ciencias Agropecuarias y Forestales (UFRO) y la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología, capitulo chileno (SOCLA-Chile). La actividad buscó generar un dialogo de saberes entre el conocimiento que proviene de las universidades, con el conocimiento tradicional sobre la naturaleza que tienen las comunidades campesinas.

¿Qué es la agroecología y cuál es su importancia?

De alguna manera nosotros en estos últimos tiempos en particular estamos diciendo claramente que la «agroecología» es ciencia, acción y movimiento, y es ciencia porque de alguna forma claramente se tiene que sostener y apoyar en la concreción de una fundamentación científica fuerte, sólida, validada para poder contrarrestar una discusión importante con respecto a la agricultura industrial u otras formas de hacer agricultura, en ese sentido, hemos crecido muchísimo en lo que tiene que ver con la producción agroecológica desde el punto de vista del análisis científico porque estamos produciendo mucha información. Es decir, los congresos de Brasil, el congreso en Argentina, este exitoso congreso aquí en Pucón, muestran claramente por un lado la avidez de la gente por participar en congresos que son en definitiva reuniones científicas para poder mostrar frente a pares y discutirlo con los pares. Serás criticado, cambiarás tus posturas, mejorarás, optimizarás parte de lo que estás investigando pero justamente desde el punto de vista científico la agroecología está creciendo y hoy en día se valida como una disciplina científica.

Pero también es acción porque la agroecología de alguna manera también acciona para tratar de cambiar este desigual sistema agroalimentario que nosotros estamos teniendo, es decir, no podemos hablar de agroecología y tener digamos una parte del mundo hambreada y una parte del mundo malnutrida, tenemos que tratar de promover y es lo que estamos haciendo, de promover los cambios; y es movimiento porque de alguna manera la agroecología como tal se acompaña o acompaña a los movimientos sociales, desde nuestro punto de vista la SOCLA que es la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología, no es un movimiento como tal, es un grupo científico, pero apoya, nutre, da información a los movimientos sociales de base, especialmente los movimientos campesinos entre ellos la Vía Campesina, pero no la única, porque hay muchos agricultores que no están asociados a ningún grupo en particular y sin embargo luchan continuamente por sus espacios de vida.

Entonces nosotros estamos tratando de trabajar sobre esos agricultores institucionalizados o no, esos agricultores nos son importantes porque son los que están ocupando el territorio y digamos, ayudando a validar un sistema de producción totalmente diferente al que nosotros estamos teniendo. La agroecología de por sí pone un énfasis muy fuerte en el uso de los recursos naturales, justamente en forma integral y justamente la sociedad por el otro lado tratando de sostener por un lado los agricultores y por el otro lado darle de comer mejor, nutritivo, sano, barato a una buena parte de la población que hoy en día está comiendo porquerías.

¿Cuáles son los costos ambientales y sociales de la agricultura convencional?

Bueno ni que hablar ya cuando hablábamos de la Revolución verde, tuvimos todo un racconto de impactos ambientales, de impactos agronómicos, de impactos sociales. Esta segunda Revolución esta nueva bio-revolución o esta nueva segunda generación de la Revolución verde, lo que ha traído son más impactos, es decir, hoy está muy vinculado, por ejemplo, los procesos de expansión de este modelo agroindustrial generando procesos de deforestación, lo vemos claramente en la zona amazónica, lo vemos en la zona chaqueña, la chiquitanía, es decir hoy en día América Latina está compitiendo muy fuertemente por la demanda de suelo para esta producción agroindustrial, es decir, ese es un impacto directo generado por la agricultura industrial.

Nos prometían y nos decían que iban a incrementar la productividad de los sistemas y que con eso iban a disminuir, o parar directamente los procesos de deforestación, nos mintieron tremendamente. Y eso realmente fue una de las primeras falacias del modelo agrícola industrial. Sí se han expandido y se están expandiendo muy fuertemente donde de alguna manera están ahorrando tierra como lo vimos en parte de la presentación, están ahorrando tierra en los países desarrollados y expanden su demanda de tierra sobre las economías en vías de desarrollo. Eso vinculado directamente con lo que nosotros llamamos biopolíticas o geopolíticas del territorio, es algo importante tener en cuenta porque esa perspectiva hoy de biopolítica en términos del uso de los recursos naturales, tierra, agua, recurso genético, se pone en el centro de la discusión cuando éstos son, como decía Gloria, también son bienes fondo, que de alguna manera son la base de la agricultura y la base de la sociedad porque una sociedad sin esta estructura no termina siendo una sociedad.

Estamos por un lado poniendo lo que nosotros llamamos las externalidades, los costos no considerados dentro del sistema de producción y agregando algo nuevo, que se presentó a quien en parte de los documentos, que es de los invisibles ambientales, los intangibles ambientales, es decir el suelo virtual, el agua virtual, la huella de nutrientes, la huella ecológica, la huella hídrica, la huella de carbono, es decir todo ese paquete de huellas y mochilas ecológicas que nos permite a nosotros analizar la agricultura o los impactos de la agricultura y de todo el sistema agroindustrial a través de sus tasas metabólicas.

Entonces nosotros medimos ese estándar metabólico de esa agricultura y comprendemos sin ponerle un número económico de que eso es totalmente insostenible; si a eso le agregas la demanda de energía de esta agricultura se ve mucho más claramente que la agricultura industrial lleva y arrastra muchísimos materiales en términos energéticos y termina degradando muy fuertemente, lo que está haciendo entonces en el balance entre lo que pongo en energía y lo que saco en energía; tengo ciudades, tengo una agricultura fuertemente subsidiada con insumos baratos, petróleo, que nosotros llamamos energívora y que es totalmente insostenible mientras que, por otro lado, si yo comparo la agroecología contra la agricultura industrial se ve claramente que los balances cierran mucho mejor. Además los sistemas de producción agroecológica por supuesto desde el punto de vista ambiental tienen estándares muchísimo más elevados.

Diste algunos datos, por ejemplo de la cantidad de comida que se bota a nivel mundial ¿Nos puedes contar un poco sobre esos porcentajes escandalosos?

Eso es escandaloso porque la realidad es que por un lado están diciendo que falta comida en el mundo y por el otro lado una parte de la población mundial está tirando comida, particularmente los países desarrollados: Inglaterra en el consumo doméstico están tirando aproximadamente el 40% de su producción, en Japón tiran los alimentos antes de que estos lleguen a su fecha de vencimiento, como pasa en los países nórdicos y eso no puede ser, eso básicamente es algo que realmente hay que tratar de cambiar. Es algo que no puede seguir siendo así y que bueno, la agroecología por el otro lado tratando de hacer eficiente el uso de los recursos, el uso de los recursos locales de la producción, hasta el consumo, hasta el aprovechamiento, de prácticamente todos los residuos, digamos este quiebra esas lógicas de una manera muy muy fuerte.

Dijiste que la comida y la vida quiebran pautas culturales y también dijiste que no solamente se debe abortar a los clásicos Monsanto-Bayer .... ¿A qué te refieres?

Sí, porque hoy en día lo que pasa es que la gente, digamos, habla de Monsanto pero Monsanto ya no existe más, ha sido comprado por la compañía internacional que es Bayer, en realidad compró un problema, pero bueno, es un problema de las decisiones de los ejecutivos de Bayer si quiebran o no en el mediano plazo, pero eso le está, digamos, generando también la compra de todos los juicios que Monsanto empieza a perder en los Estados Unidos y perderá en otras partes del mundo justamente porque la documentación científica empieza a mostrar que los impactos del glifosato existían y que alguna de estas compañías lo sabían. Entonces bueno, ahí por un lado tenemos, tendrán ellos sus costos y sus problemas, pero por el otro lado también tenemos, este, una cuestión que se vincula con el cambio de pauta alimenticia, es decir qué pasa con las bebidas, qué pasa con las bebidas Cola, qué pasa con las bebidas azucaradas, ahí hay una cuestión interesante, las bebidas cola están quebrando pautas culturales, nuestro propio sistema de producción.

Como sucedería en México y si esa campesina consumiendo una Coca Cola y diciéndote que para ella es su refresquito cuando por el otro lado te muestra la riqueza de la diversidad de sus alimentos, es un contrasentido pero es un efecto directo de la enorme inserción que han tenido las compañías cola dentro de estos sistemas. Y eso es algo que realmente hay que tratar de revertir e intentar cambiar, y a eso le tenés que sumar qué es lo que está pasando con la alimentación en los niños y cómo los niños están por un lado alimentándose en base a azúcar, grasas, sales, y a bebidas cola, y esos niños hoy en día que serán adultos en el mediano plazo responden a la estadística que estuvimos mostrando, es decir, el engrosamiento de la población a nivel mundial será de 40%, es decir la población gorda obesa, el problema no es estético ni mucho menos, el problema es de salud y de salud social también, es decir, la gente que tiene este problema, además de la discriminación que sufre en las propias sociedades, que no la comprende, que esto es claramente una enfermedad y esto es lo que hay que entender, es decir, esto es una enfermedad inducida por el propio sistema alimentario.

Entonces una vez que se le induce este sistema donde le ponen la droga-dependencia de estos alimentos y la gente no lo puede abandonar y consume de manera recurrente todo esto, generamos una población gorda, obesa, con muchísimos problemas hasta de morbilidad, con costos altísimos para el sistema de salud en cada uno de los países. Lo mostrábamos para el caso de Inglaterra, pero eso se repite en distintas partes del mundo, el caso de Argentina, el caso de Chile, que tiene una población creciente obesa, caso de México, caso de Sudáfrica, es decir, eso o lo cambiamos con fuertes pautas de política pública o nuestra población realmente vamos a ser una población enfermada, no enferma.

Este tipo de comida, la comida de la agricultura industrial básicamente no es alimento, es comida que enferma, entonces hay que tratar de cambiar estas lógicas, empezar a comprender a los colegas de las ciencias de la salud que empiezan a insertarse dentro de todo esto y bueno, tratar de cambiar a las sociedades, porque las grandes compañías no van a cambiar. Porque lo que te dicen, me lo dijo el director, el CEO de Nestlé en una reunión en Europa hace muy poco "bueno nosotros lo haríamos pero lo que pasa que la demanda nos lo está generando", quiere decir que de alguna manera ellos no lo están haciendo porque han creado otro tipo de demanda. Bueno a ese tipo de demanda que ellos han creado, nosotros tenemos que cambiarlo, Y esta es una lucha día a día de educar, de alguna manera nosotros consideramos, como lo decía un viejo estadista en Argentina, «hay que educar al soberano, ¿y quién es el soberano?, soberano es el pueblo».

¿Cuál es la importancia de la soberanía alimentaria?

Desde el punto de vista de la agroecología, la «soberanía alimentaria» es el derecho de los pueblos a la propia producción de sus alimentos en el marco de sus propias pautas culturales, en el marco de sus propios gustos y básicamente vinculada también al uso de los recursos de base que ellos tienen, su tierra, su agua, su biodiversidad para poder satisfacer en primera instancia una nutrición sana que en definitiva es una mente sana y un pueblo sano básicamente.

Conceptualmente la idea de la «soberanía alimentaria» se diferencia de la seguridad alimentaria en la cual yo le tiro comida a la gente, resuelvo el problema, pero yo se lo dije una vez a la ex esposa de un presidente de Argentina en la crisis, es decir, porque ella quería implementar lo que ahora nuevamente estamos teniendo en Argentina que eran las sojas solidarias y yo le dije señora si usted le quiere llenar, este, la panza a los chicos, se la puede llenar con papel picado hoy en día estamos teniendo una crisis, usted lo quiere llenar con esto, nosotros tenemos a la agroecología y alimentamos a 3 millones de argentinos.

Resumen. Cl

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Documentos/La-agroecologia-es-ciencia-accion-y-movimiento-explica-Walter-Pengue

 

 

Es clave en la actual inflexión histórica generalizar la ruptura con el régimen de los extractivismos para la salud del planeta y la consiguiente salud de los pueblos e individuos. Implica advertir como enemigos populares a todos los poderes públicos en especial el judicial y el represivo por constituir la permanente columna vertebral de la democracia instaurada para nuestra derrota. Por eso, persistiremos en callejones sin salida para nuestra lucha por buenos vivires abajo si seguimos mayoritariamente enfocándola como reclama Domínguez: “Hace falta voluntad política de frenar los avances empresarios y la apropiación de las islas. El estado municipal, provincial y nacional deben poner un freno a la destrucción y apropiación indebida de los humedales”

 

 

 

Humedales y biodiversidad en riesgo

3 febrero 2020

Por Darío Aranda 

    

Barrios cerrados, agronegocio y minería de litio. Son tres de las actividades que más atentan contra los humedales, reservorios naturales de agua que son vitales para regular las inundaciones, preservar la biodiversidad y evitar el calentamiento global. En el Día Mundial de los Humedales, organizaciones sociales, pueblos indígenas y académicos exigen el freno a su destrucción. Los humedales abarcan el 21 por ciento del territorio nacional, 60 millones de hectáreas y aún no hay una ley específica que los proteja.

 

Los humedales son sitios de gran biodiversidad, zonas de inundación permanente o temporaria, que actúan como "esponja" y regulan el caudal de agua. Absorben y atenúan inundaciones. Ejemplos de humedales son los Esteros del Iberá (Corrientes), el Delta del Paraná (Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires), la Laguna de los Pozuelos y las Salinas Grandes (Jujuy), entre otros. Almacenan el 30 por ciento del carbono terrestre (son fundamentales para mitigar los efectos de la crisis climática y el calentamiento global).

En las últimas décadas sufrieron el avance de actividades perjudiciales, desde agronegocio (ganadería, arrozales, soja), minería (sobre todo de litio) hasta de grandes empresas inmobiliarias (los countries suelen ubicarse, y destruir, humedales).

Patricia Pintos es investigadora del Centro de Investigaciones Geográficas de la Universidad de La Plata. Explica que décadas atrás los humedales eran catalogados como espacios marginales o exentos de valor, pero a medida que en esos lugares se observaron sus potencialidades económicas comenzaron a ser ecosistemas altamente amenazados. “Se multiplicaron proyectos de agricultura comercial, emprendimientos inmobiliarios para el segmento ABC1 y proyectos de minería. Estos cambios son portadores, cada vez más, de un sinnúmero de conflictos ecológico-distributivos, que en su origen incluyen a los poderes públicos responsables de otorgar los permisos, y cada vez más al Poder Judicial y a las organizaciones sociales en las calles”, afirma.

Una investigación de Pintos, “Urbanismo privado y gestión del suelo sobre humedales de la cuenca baja del Río Luján”, contabilizó al menos 66 barrios privados que ocupan 9065 hectáreas en la cuenca baja del río Luján (Pilar, Campana, Escobar y Tigre).

Diego Domínguez vive en la zona de las islas de Tigre. Es investigador del Conicet, parte del Observatorio de Humedales y de la Cooperativa Isla Esperanza, que reúne a junqueros, habitantes históricos del lugar, los “campesinos” de las islas. Enumera dos problemas graves y básicos de los humedales del Delta del Paraná. La contaminación: “Millones de litros de glifosato y otros agrotóxicos en el río. Vivimos rodeados de agua y tenemos que buscar bidones en la ciudad para tomar”. Esa agua con agrotóxicos va al Río de La Plata, de dónde se provee de agua la Ciudad de Buenos Aires.

El segundo mayor problema es la disputa por el agua y la tierra. Y allí tienen protagonismo los countries. Domínguez precisa nombres propios: Eduardo Costantini (Consultatio-Nordelta), Jorge O'Reilly (Eidico), los hermanos Hugo y Adrián Schwartz (Colony Park) y el Grupo Soldati, entre otros. Denuncia que hay un plan sostenido por distintos gobiernos y empresarios para vaciar la región de isleños, sus históricos habitantes, y dejar vía libre a los barrios cerrados.

Clemente Flores es parte del Pueblo Kolla y uno de los voceros de la Mesa de Comunidades de Salinas Grandes y Laguna de Guayatayoc (Jujuy), región que también es parte de los humedales de Argentina, ya no con islas y frondosa vegetación, sino con llanuras de sal y agua dulce. Desde hace más de una década luchan contra las mineras de litio, que quieren explotar las salinas. “Trabajamos y vivimos acá. Cuidamos el territorio para las futuras generaciones, mientras los gobiernos favorecen la depredación empresaria”, afirma Flores. También recuerda que están vigentes los derechos indígenas (Constitución Nacional y Convenio 169 de la OIT, entre otros), que obligan a que el Estado consulte a los pueblos originarios ante cada afectación que pudieran tener. Denuncia que jueces y fiscales no están haciendo cumplir la ley, y así favorecen a las mineras.

El Programa Humedales Sin Fronteras es un colectivo de organizaciones de Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Países Bajos que trabajan por la sustentabilidad de la Cuenca del Plata. Por Argentina participan Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), Taller Ecologista, Casa Río y Fundación Cauce. Recuerdan que también hay humedales en riesgo en el Gran Buenos Aires (Reserva Santa Catalina, Lomas de Zamora) y también vinculan actividades extractivas como el fracking con la destrucción de humedales: para las petroleras en Vaca Muerta se extraen arenas silíceas del lecho del Río Paraná, a la altura de la ciudad entrerriana de Diamante. En Chubut también hay humedales en riesgo, por ejemplo el conocido “mallín de los Cual” (de la comunidad Mapuche-Tehuelche Cual) en la localidad de Gan Gan, amenazado por un proyecto de explotación de plata y plomo.

“Hace falta voluntad política de frenar los avances empresarios y la apropiación de las islas. El estado municipal, provincial y nacional deben poner un freno a la destrucción y apropiación indebida de los humedales”, reclama Domínguez. Y recuerda lo que en tiempos de lluvia luego todos lamentan: “Menos humedales es igual a más inundaciones”.

Página 12

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Noticias/Humedales-y-biodiversidad-en-riesgo

En consecuencia, la «reforma agraria integral» requiere fundamentarse en que la:

"«soberanía alimentaria» es el derecho de los pueblos a la propia producción de sus alimentos en el marco de sus propias pautas culturales, en el marco de sus propios gustos y básicamente vinculada también al uso de los recursos de base que ellos tienen, su tierra, su agua, su biodiversidad para poder satisfacer en primera instancia una nutrición sana que en definitiva es una mente sana y un pueblo sano básicamente.

Conceptualmente la idea de la «soberanía alimentaria» se diferencia de la seguridad alimentaria en la cual yo le tiro comida a la gente, resuelvo el problema, pero yo se lo dije una vez a la ex esposa de un presidente de Argentina en la crisis, es decir, porque ella quería implementar lo que ahora nuevamente estamos teniendo en Argentina que eran las sojas solidarias y yo le dije señora si usted le quiere llenar, este, la panza a los chicos, se la puede llenar con papel picado hoy en día estamos teniendo una crisis, usted lo quiere llenar con esto, nosotros tenemos a la agroecología y alimentamos a 3 millones de argentinos".Bien define Walter Pengue. De modo que la voluntad política debe ser creación de los pueblos.

Vandana Shiva nos señala hacia dónde dirigirla:

 

"Tenemos que aprender de una vez por todas que somos miembros de la familia planetaria y que la verdadera economía es la economía de los cuidados: el cuidado del planeta y el cuidado mutuo.

Tenemos que reducir de manera consciente nuestra huella ecológica para dejar recursos y espacio disponibles para otras especies, para el resto de seres humanos y para las generaciones futuras. La emergencia sanitaria y el confinamiento ha demostrado que cuando hay voluntad política, se puede revertir el proceso de globalización. Hagamos que esta reversión sea permanente y volvamos a la producción local y de cercanía en línea con los principios del swadeshi (autosuficiencia) que promulgaba Gandhi, es decir, el restablecimiento de la economía doméstica".

 

Un virus, la humanidad

y la tierra

12 de abril de 2020

¿Qué lecciones podemos aprender gracias al coronavirus sobre nuestra especie humana, los paradigmas económicos y tecnológicos dominantes y la tierra?

Por Vandana Shiva para El Salto

Un pequeño virus ha confinado el mundo, ha parado la economía global, se ha llevado por delante la vida de miles y el sustento de millones de personas.

 

¿Qué lecciones podemos aprender gracias al coronavirus sobre nuestra especie humana, los paradigmas económicos y tecnológicos dominantes y la tierra?

 

Lo primero que nos recuerda el confinamiento es que la tierra es para todas las especies y que cuando dejamos espacio y liberamos las calles de coches, la contaminación se reduce. Los elefantes pueden acceder a las zonas residenciales de Dehradun y bañarse en el Ganges en el ghat de Har Ki Pauri, en Haridwar. Un leopardo campa a sus anchas en

Chandigarh, la ciudad diseñada por Le Corbusier.

 

La segunda lección es que esta pandemia no es un desastre natural, al igual que los fenómenos climáticos extremos tampoco lo son. Las epidemias emergentes, así como el cambio climático, son antropogénicas, es decir, causadas por las actividades humanas.

 

Una economía global basada en la ilusión del crecimiento ilimitado […] se traduce en una ilimitada transgresión de los límites del planeta, de los ecosistemas y de las especies.

 

Los científicos nos avisan de que al invadir los ecosistemas forestales, destruir los hábitats de muchas especies y manipular las plantas y los animales para obtener beneficio económico fomentamos la aparición de nuevas enfermedades. A lo largo de los últimos 50 años han aparecido 300 nuevos patógenos. Está sobradamente documentado que un 70 % de los patógenos que afectan al ser humano, entre los que se encuentran el VIH, el ébola, la gripe, el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS, por sus siglas en inglés) y el síndrome respiratorio agudo grave (SARS, por sus siglas en inglés) surgen cuando se invaden los ecosistemas forestales y los virus se transfieren de animales a personas. Cuando se apiñan animales en granjas industriales para maximizar los beneficios afloran nuevas enfermedades como la gripe porcina o aviar.

 

La avaricia humana, que no respeta los derechos de otras especies ni los derechos de los miembros de nuestra misma especie, es la raíz de esta pandemia y de las pandemias que la seguirán. Una economía global basada en la ilusión del crecimiento ilimitado se traduce en un apetito insaciable por los recursos planetarios, lo que en consecuencia se traduce en una ilimitada transgresión de los límites del planeta, de los ecosistemas y de las especies.

 

La tercera lección que nos enseña el virus es que la emergencia sanitaria está relacionada con la emergencia de la extinción masiva de especies. También con la emergencia climática. Al usar venenos como insecticidas y herbicidas para matar insectos y plantas es inevitable provocar una crisis de extinción. Al quemar combustibles que la tierra fosilizó hace 600 millones de años transgredimos los límites planetarios. La consecuencia es el cambio climático.

 

Los pronósticos de los científicos establecen que si no frenamos esta guerra antropogénica contra la tierra y las especies que la habitan, en cien años habremos destruido las condiciones que permiten a los humanos vivir y prosperar. Nuestra extinción será una más de las 200 que se producen a diario. Nos vamos a convertir en una especie en peligro de extinción por la avaricia, arrogancia e irresponsabilidad humanas.

Si no frenamos esta guerra antropogénica contra la tierra y las especies que la habitan, en cien años habremos destruido las condiciones que permiten a los humanos vivir y prosperar.

Todas las emergencias que en la actualidad ponen en peligro vidas tienen su origen en la visión mecanicista, militarista y antropogénica de los humanos como seres al margen de la naturaleza, como amos y señores de la tierra que pueden dominar, manipular y controlar a otras especies como fuentes de beneficio. También tienen su origen en un modelo económico que considera los límites ecológicos y éticos como obstáculos que se deben superar para aumentar el crecimiento de los beneficios empresariales. En ese modelo no caben los derechos de la Madre Tierra, los derechos de otras especies, los derechos humanos, ni los de las generaciones futuras. Durante esta crisis y la recuperación tras el confinamiento, necesitamos aprender a proteger la tierra, su clima, los derechos y los hábitats de las diferentes especies, los derechos de los pueblos indígenas, de las mujeres, de los agricultores y agricultoras y de los trabajadores y trabajadoras.

 

Tenemos que romper con la economía del lucro y el crecimiento ilimitado que nos ha llevado a una crisis de supervivencia. Tenemos que aprender de una vez por todas que somos miembros de la familia planetaria y que la verdadera economía es la economía de los cuidados: el cuidado del planeta y el cuidado mutuo.

Para prevenir futuras pandemias, hambrunas, y la perspectiva de convertirnos en sociedades en las que la vida humana no tenga valor, tenemos que romper con el sistema económico global que está generando el cambio climático, la extinción de muchas especies y la propagación de enfermedades mortales. La vuelta a lo local deja espacio para que las distintas especies, las diferentes culturas y las variadas economías locales se desarrollen.

Tenemos que aprender de una vez por todas que somos miembros de la familia planetaria y que la verdadera economía es la economía de los cuidados: el cuidado del planeta y el cuidado mutuo.

Tenemos que reducir de manera consciente nuestra huella ecológica para dejar recursos y espacio disponibles para otras especies, para el resto de seres humanos y para las generaciones futuras. La emergencia sanitaria y el confinamiento ha demostrado que cuando hay voluntad política, se puede revertir el proceso de globalización. Hagamos que esta reversión sea permanente y volvamos a la producción local y de cercanía en línea con los principios del swadeshi (autosuficiencia) que promulgaba Gandhi, es decir, el restablecimiento de la economía doméstica.

 

Nuestra experiencia en Navdanya nos ha enseñado a lo largo de tres décadas que los sistemas de producción de pluricultivos locales y ecológicos son capaces de proveer de alimento a la población sin empobrecer el suelo, contaminar el agua ni dañar la biodiversidad.

La riqueza de la biodiversidad en los bosques, las granjas, los alimentos que consumimos, la microbiota intestinal, es un hilo conductor que comunica el planeta y sus diferentes especies, también los seres humanos, a través de la salud, no de la enfermedad.

Un pequeño virus puede ayudarnos a dar un gran paso adelante para fundar una nueva civilización planetaria ecologista basada en la armonía con la naturaleza. O bien podemos seguir viviendo la fantasía del dominio sobre el planeta y seguir avanzando hasta la próxima pandemia. Y por último, hasta la extinción.

La tierra seguirá adelante, con nosotros o sin nosotros.

Fuente: https://www.anred.org/2020/04/12/un-virus-la-humanidad-y-la-tierra/

 

 

Vandana Shiva nos aparta de condenar al sistema mundo capitalista cuyo criminal objetivo, cada vez más exclusivo y excluyente, es el crecimiento incesante del lucro oligopólico. Nos dice:

Los pronósticos de los científicos establecen que si no frenamos esta guerra antropogénica contra la tierra y las especies que la habitan, en cien años habremos destruido las condiciones que permiten a los humanos vivir y prosperar. Nuestra extinción será una más de las 200 que se producen a diario. Nos vamos a convertir en una especie en peligro de extinción por la avaricia, arrogancia e irresponsabilidad humanas.

Si no frenamos esta guerra antropogénica contra la tierra y las especies que la habitan, en cien años habremos destruido las condiciones que permiten a los humanos vivir y prosperar.

Renán Vega Cantor nos plantea con mayor precisión que debemos emanciparnos, los pueblos y sus diversidades, del sistema mundo capitalista y sus locales para garantizar la vida humana y la no humana en el planeta.

 

 

 

El capitaloceno
27 de febrero de 2017

Por Renán Vega Cantor

 

Al borde del precipicio

Varias informaciones recientes indican el acelerado proceso de destrucción de la naturaleza y de trastorno climático en el mundo, así como de la miseria de millones de seres humanos, afectado por catástrofes que se pretenden naturales pero que tienen un claro origen social, aunque eso no sea evidente a primera vista. Sin pretender ser sistemáticos recordemos algunas de las noticias que se registraron en el 2016 sobre caos climático, extinción de especies, pérdida de biodiversidad y las mal llamadas “catástrofes naturales”. (...)

 

Las características del capitalismo, su lógica de funcionamiento, explican que se haya convertido en una destructiva fuerza, que ataca a la mayor parte de los seres humanos y destruye la naturaleza, habiendo originado el capitaloceno (La época del capitalismo). Algunos de los elementos centrales de su funcionamiento son los siguientes:

 

  • Primer elemento: la acumulación capitalista que crece en forma exponencial e ininterrumpida en la búsqueda insaciable de ganancias. Para obtener ganancias se debe explotar intensivamente a los trabajadores y expoliar el medio ambiente, sin interesar si se destruyen a otras formas de vida. Se supone que puede haber crecimiento al infinito, como requisito de la acumulación de capital, en una tierra cerrada y limitada en recursos.

  • Segundo elemento: para obtener ganancias el capital rebasa las fronteras nacionales y se expande por el mundo en búsqueda de fuentes de materias primas, trabajo barato y nuevos mercados de inversión y consumo. Incluso, algunos lunáticos hoy hablan de la “colonización de Marte”, como forma de huir de la tierra. Esta expansión tiene como motor principal la competencia desenfrenada de capitales, que primero compiten a escala local y luego en el mundo entero.

  • Tercer elemento: obtener réditos en el corto plazo, porque, como decía Keynes, en el largo plazo todos estaremos muertos. Esto supone que no se tienen en cuenta los tiempos de la naturaleza, sino los tiempos del capital y los negocios. Como consecuencia se aniquila a los ecosistemas, tal y como lo evidencia la explotación mineral o de hidrocarburos, ya que no se tiene en cuenta el tiempo de reposición de los ecosistemas (cuando hablamos de bienes renovables) y se actúa en contra de los límites naturales.

  • Cuarto elemento: para conseguir el incremento de ganancia en forma permanente se produce un crecimiento ininterrumpido de las fuerzas productivas-destructivas, lo que se expresa entre otras cosas en el desarrollo de la tecnociencia, lo que lleva a inventar tecnologías más potentes, y que consumen mayores cantidades de materia y energía, para extraer más materia y consumir hasta la última porción de energía disponible. Esto genera una particular forma de arrogancia tecnocrática, para la cual no hay límites naturales, ni de ninguna otra índole, y que postula que tarde o temprano se encontraran las soluciones técnicas a los problemas que ha generado el capitalismo.

  • Quinto elemento: se estructura una jerarquía de valores que exaltan la competencia, el individualismo, el egoísmo, la codicia, la sed de ganancias, el consumismo, la explotación de otros seres humanos, como propias de la “naturaleza humana”. Esos valores son inculcados desde la escuela, y por los medios de comunicación, lo que legitima al capitalismo, que es visto como el orden natural de las cosas, un sistema eterno e insustituible.

  • Sexto elemento: la producción de mercancías obliga a su consumo, para poder obtener ganancia por parte de los capitalistas. Esto conduce a impulsar el consumo, creando necesidades artificiales e innecesarias, como puede verse hoy al examinar gran parte de las mercancías que se generan en el capitalismo, muchas de las cuales son inherentemente nocivas.

 

Con estos elementos, puede concluirse sin mucho esfuerzo que el capitalismo es insustentable a corto plazo. Como indican Fred Magdoff y John Bellamy Foster: El sistema capitalista mundial es insustentable en: (1) su búsqueda por una acumulación sin fin de capital tendiente a una producción que debe expandirse continuamente para obtener ganancias; (2) su sistema agrícola y alimentario que contamina el ambiente y sin embargo no garantiza el acceso cuantitativo y cualitativo universal de comida; (3) su desenfrenada destrucción del ambiente; (4) su continua reproducción y aumento de la estratificación de riqueza dentro y entre los países; y (5) su búsqueda por la “bala de plata” tecnológica para evadir los crecientes problemas sociales y ecológicos emergentes de sus propias operaciones34.

 

El término capitaloceno hace referencia a un periodo de tiempo reciente, una nueva era geológica, y a una categoría analítica y explicativa.

En el primer sentido, establece una cronología para englobar un conjunto de procesos cuyo nexo articulador es la existencia y el predominio de la relación social capitalista, desde el momento mismo de su génesis, como capitalismo de guerra en el siglo XVI, en algunos lugares de Europa y que luego, se expande por el resto del mundo durante los últimos siglos, adquiriendo una fuerza e impacto mundial tras la revolución industrial a finales del siglo XVIII.

 

En el segundo sentido, es una noción que se dirige a dar una explicación de los fundamentos de funcionamiento del capitalismo y sus impactos destructivos sobre el planeta tierra. Busca explicar en forma racional las raíces de lo que sucede. Aunque el capitaloceno representa un período muy corto, su impacto es tal que la mayor parte de las transformaciones que ha generado tienen un carácter de irreversibles. El capitalismo es una fuerza geofísica global, eminentemente destructora, aunque se suponga que es creadora, su carácter devastador es de tal dimensión que puede catalogarse como un nuevo meteorito, pero de origen social, similar al meteorito que se estrelló contra el Golfo de México hace 65 millones de años y que produjo la quinta extinción de especies y arrasó con el 90 por ciento de la vida que por entonces existía en la tierra35.

 

Al hablar de capitaloceno no importa tanto que se le conciba como una época histórica o una era geológica, y lo menos interesante es argüir que hoy no pueden leerse los registros estratigráficos que demuestren su existencia. Es poco importante que exista un reconocimiento estratigráfico del capitaloceno. Lo fundamental es el sentido político del término y al desafío cognitivo de orden colectivo que debería generar, que conduzca no solamente a cambiar nuestra comprensión de la realidad, sino lo que es más importante y decisivo, nuestro accionar como sociedades. El asunto es crucial, no es una cuestión terminológica ni una querella entre geólogos. Tiene que ver con el esclarecimiento de las razones y de las causas que producen la destrucción de la naturaleza, la extinción de especies, el vuelco climático, la acidificación de los mares, la destrucción de los corales…. El capitaloceno sí está dejando huellas de tipo geológico. Al respecto, uno de los cambios geológicamente más significativos, aunque aparezca casi invisible para nosotros, es la modificación en la composición de la atmosfera: las emisiones de bióxido de carbono (CO2), cuya contribución al calentamiento global es innegable –lo que produce cambios climáticos, concretamente elevación de la temperatura, que no se presentaban hace millones de años– y que permanecen durante miles de años en la atmósfera. Asimismo, el desplazamiento de plantas y animales hacia los polos, un movimiento migratorio forzado por el aumento de la temperatura, que ya se está presentando, va a dejar su registro fósil, en idéntica forma que la elevación del nivel del mar en varios metros, con lo cual se hundirán ciudades completas.

 

Es probable que mucho tiempo después de que nuestros autos, ciudades y fábricas se hayan convertido en polvo, las consecuencias de quemar carbón y petróleo equivalente a miles de millones de toneladas sean claramente ostensibles. El bióxido de carbono calienta el planeta y, al mismo tiempo, se cuela en los océanos y los acidifica. En algún momento de este siglo serán tan ácidos que los corales ya no podrán construir arrecifes, lo que se registrará geológicamente como "un hiato de arrecifes". Estos hiatos han marcado cada una de las últimas cinco extinciones masivas principales. La más reciente, que se cree fue causada por el impacto de un asteroide, tuvo lugar hace 65 millones de años, al final del periodo Cretácico; no sólo eliminó a los dinosaurios, sino también a los plesiosaurios, los pterosaurios y los ammonoideos. La escala de lo que les está sucediendo ahora a los océanos es, de acuerdo con muchos expertos, incomparable desde entonces. Para los geólogos futuros, dice Zalasiewicz, nuestro impacto podría parecer tan repentino y profundo como el de un asteroide. (Bienvenido al Antropoceno, la era del hombre36)

 

Entre algunos de los cambios que ha generado el capitalismo se encuentran: un aumento en la tasa de extinción de la fauna y la flora a niveles sin precedentes desde la aparición del homo sapiens; aumento en los niveles de C02 en la atmosfera, que modifica el clima y aumenta las temperaturas, de tal forma que no había sucedido hace 66 millones de años; producción masiva de plásticos, que inundan ríos, lagos y océanos, interfiriendo en la vida de miles de especies; la utilización de fertilizantes ha duplicado la cantidad de nitrógeno y de fosforo en las tierras de cultivo. Se calcula que esto puede causar un impacto sobre el ciclo de nitrógeno que no se presentaba hace 2.500 millones de años; “la presencia de una capa permanente de partículas transportadas por el aire en los hielos glaciares y sedimentos, como por ejemplo carbono negro procedente del consumo de combustibles fósiles” 37. Con estas evidencias, advierten algunos geólogos, "Muchos de estos cambios son geológicamente duraderos y algunos son efectivamente irreversibles"38.

 

Los rasgos distintivos del capitaloceno no apuntan a señalar en abstracto al ser humano como una fuerza geológica en sí misma de extinción masiva, sino al sistema capitalista, como una forma de organización social e histórica particular, cuyo funcionamiento ocasiona los problemas que vivimos en la actualidad. Como tal, desde su origen el Homo sapiens ha vivido en diversas formas de organización social, y en ninguna de ellas se puso en peligro global la supervivencia de la misma humanidad y de otras formas de vida a una escala masiva, como hoy acontece. Uno de los aspectos que suele resaltarse cuando se habla de Antropoceno es el tamaño de la población humana, cuyo número creció en forma exponencial en los últimos dos siglos, tras la Revolución Industrial y en forma más veloz en los últimos cincuenta años. Este crecimiento está asociado a las energías fósiles, porque sin ellas no hubiera sido posible, algo que se deriva entonces del mismo desarrollo del capitalismo. Pero un elemento adicional que no puede ser negado es que no todos los seres humanos que hoy vivimos en el planeta tierra tenemos el mismo grado de responsabilidad, puesto que hay una asimetría evidente entre una ínfima minoría de grandes capitalistas y el resto de la población mundial.

 

En otros términos, existe una segmentación en términos de producción y consumo entre unos pocos países y el resto, y más en general, entre los más ricos entre los ricos y millones de pobres y miserables. Oxfam lo ha dicho en sus informes de enero de 2016 y de enero de 2017. En este último proporciona algunos datos sobre la aterradora desigualdad social y económica en el mundo:

1. Cuando una de cada diez personas en el mundo sobrevive con menos de dos dólares al día, la inmensa riqueza que acumulan tan sólo unos pocos resulta obscena. Sólo ocho personas (concretamente ocho hombres), poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, 3.600 millones de personas. […]

2. Siete de cada diez personas vive en un país en el que la desigualdad ha aumentado en los últimos 30 años.

3. La desigualdad extrema tiene un enorme impacto en las vidas de las mujeres, sobrerrepresentadas en los sectores con peores salarios y que sufren mayores niveles de discriminación en el ámbito laboral y asumen la mayor parte del trabajo de cuidados no remunerado. Al ritmo actual, llevará 170 años alcanzar la igualdad salarial entre hombres y mujeres.

4. La evasión y elusión fiscal por parte de las grandes multinacionales priva a los países pobres de al menos 100.000 millones de dólares cada año en ingresos fiscales, dinero suficiente para financiar servicios educativos para los 124 millones de niños y niñas sin escolarizar o servicios sanitarios que podrían evitar la muerte de al menos seis millones de niños y niñas cada año39.(...) Leer

 

 

Vandana Shiva nos ubica en la increíble e irracional realidad concreta del mundo:

Un pequeño virus ha confinado el mundo, ha parado la economía global, se ha llevado por delante la vida de miles y el sustento de millones de personas.

Es hora de generalizar la percepción sobre el nexo del progreso incesante en la acumulación gran capitalista con el crecimiento de la desigualdad social e internacional y de la desertificación. Pero esto nos plantea, abajo y a la izquierda, descubrirlo en el extractivismo promovido tanto por los gobiernos progresistas como por los neoliberales en Nuestra América. De modo que, ante todo, precisamos la crítica pública de los primeros por ser quienes hablan sobre nuestros ideales pero, en los hechos, han posibilitado y posibilitan el único avance capitalista existente y que es contra todos los pueblos planetarios. Debemos refutar a esos dirigentes con argumentos y alternativas populares como las formuladas por el sociólogo venezolano Emiliano Terán Mantovani. Leer

Es tratar de desenmascararlos frente a sus bases y a todas las diversidades de abajo en forma tal de instalar diálogos con ellas o elaboraciones conjuntas de enfoques y soluciones a los problemas fundamentales.

 

Miguel Mazzeo nos ayuda a comprender el desafío a asumir.

 

 

 

Quien siembra jetones recoge garcas: ¿socialismo o pospolítica?

25 de agosto de 2017

 

Por Miguel Mazzeo

 

Miguel Mazzeo[1] responde a los interrogantes que le hizo llegar Contrahegemoniaweb sobre las recientes elecciones y la intervención de las izquierdas

¿Qué estrategias de construcción tendría que darse la izquierda revolucionaria y con qué práctica política?

 Una izquierda revolucionaria, radical, socialista, no debería abjurar de una estrategia orientada a la construcción de espacios de autorregulación de la convivencia social más allá del Estado y más allá del capital. Una estrategia tendiente a revertir el proceso de descolectivización social y política, que otorgue cuotas de materialidad a la fuerza del pueblo trabajador y que contribuya a la identificación/diferenciación de sus intereses, que ponga en acción una fuerza práctica orientada a la realización de ideas emancipatorias.

O sea, una izquierda que aspire a la condición de revolucionaria debería fundar una política emancipatoria desde las bases, construir espacios autogestionarios de reproducción de la vida y espacios de deliberación y politización no liberales y reconstruir la polis. Debería articular nodos de una democracia radical (autogobierno) y comunalizar el poder.   Y si bien ésta es una formulación muy general y ambiciosa, queda claro que buena parte de la izquierda argentina que en algún momento se le arrimó, en los últimos tiempos tiende a abandonarla, sobredimensionando las posibilidades que ofrece un campo delineado por y para las clases dominantes, siguiendo la línea de menor resistencia,  sin cuestionar los condicionamientos del capital y en función de gestar –en algunos casos abiertamente– una nueva vía reformista. (Usamos una palabra del viejo lenguaje político pero aclaramos que no nos convence del todo). La izquierda tradicional, por su parte, mantiene en alto los fundamentos anticapitalistas y las banderas del socialismo. Lo que constituye un mérito enorme en este contexto y hay que reconocerlo y valorarlo. Pero como sigue igual a sí misma: dogmática, vertical, sectaria, desarraigada, no tiene muchas chances de masificarse y convertirse en alternativa real de poder.  

En general, consideramos que existe una tendencia de la izquierda a adaptarse cada vez más a los juegos de la política convencional, lo que en algún sentido refleja su aceptación de la subjetividad dominante respecto de lo posible. Y, hoy por hoy, lo posible es una restauración, un retorno a los tiempos del “capitalismo con rostro humano” y al neo-desarrollismo “con inclusión”. Pocas veces en las últimas décadas, ha resonado tan reiteradamente la expresión “no hay otra”. Que, en realidad, en muchos casos, podría decodificarse: “no hay otra… que sumarse al kirchnerismo, tardía y culposamente como la única forma de resistir al reflujo”. ¿Acaso no puede verse esta postura como una forma de aportar una cuota más al reflujo desde la izquierda?

Creemos que existen otras formas de resistencia que no alientan la integración/disolución de los espacios más críticos, que no ponen en juego su sobrevivencia.   En los últimos años se acumularon demasiados indicios respecto de las limitaciones de las vías llamadas “progresistas”: el no reconocimiento del carácter sistémico de la crisis del capital, su desinterés en modificar las estructuras económicas y sociales junto con las tendencias a la profundización de la matriz extractivista, su orientación a la redistribución del ingreso por la vía del consumo sin socialización y democratización de los medios de producción, su aceptación a rajatabla de la vieja institucionalidad, sus compromisos con las clases dominantes, su temor al protagonismo social directo, su incapacidad para promover cambios en las superestructuras, etcétera.

 

Entonces, cuesta entender que, justo cuando estas taras quedan bien expuestas en el plano nacional y continental, una parte de la izquierda, algunos movimientos sociales y algunas organizaciones populares decidan que es el momento de subirse a ese tren (que antes no abordaron en aras de la fidelidad a un proyecto emancipador) para recomponer la vía reformista. Es difícil no ver en esa opción una especie de intento de oportunismo fallido y extemporáneo. El avance de la derecha en el gobierno, en el Estado y en la sociedad, es un dato fundamental pero no alcanza para explicar dosis tan elevadas de conformismo y la renuncia a construir un proyecto que vaya más allá de la gestión progresista del ciclo y las reformas democráticas.  

Luego, en líneas generales, la izquierda cae en las redes de la representación y la delegación, en las redes del electoralismo, incluyendo a la izquierda tradicional. O sobre todo la izquierda tradicional.  

Percibimos que es cada vez más marcada la identificación de la izquierda con la figura política burguesa del gestor o el/la que resuelve problemas. Eso no sólo remite a una coincidencia formal o táctica con la ideología dominante, se trata de una coincidencia ideológica, de fondo. La izquierda, de este modo, contribuye con los procesos de despolitización de la sociedad civil popular o promueve formas de politización que son verticales y acotadas. El discurso de la política como gestión (para colmo de males: una gestión individualizada) genera sujetos a-críticos y conformistas, no produce sujetos políticos críticos y rebeldes, obtura cualquier confrontación auto-consciente de los trabajadores y las trabajadoras. Se trata de una política de la despolitización, abiertamente antipedagógica que no hace más que alimentar la representatividad social y electoral de la derecha.  

Entonces, para quienes se niegan a renunciar a un horizonte de transformaciones radicales pocas veces el escenario político argentino se presentó tan pero tan opaco. Entre otras cosas porque las intervenciones políticas de la izquierda se deterioran cada vez más y deterioran la conciencia de las bases. Sus referentes públicos se asemejan a administradores de consorcios o algo por el estilo. El problema de fondo es que la praxis política de la izquierda termina convirtiendo en referencia social organizativa a los formatos tradicionales de las clases dominantes. Naturaliza el mercado, la gestión, la empresa privada, junto con la representación, la delegación, etcétera. No promueve formas de ser y estar en el mundo que sean alternativas a las hegemónicas. Por el contrario, termina ratificando estas últimas.  

La campaña electoral y las PASO de agosto de 2017 pusieron en evidencia que buena parte de la izquierda está atravesada por los modos de la denominada “pospolítica” con sus técnicas gerenciales a las que presenta como “técnicas neutrales”. Con un agravante: no logra utilizarlas con eficacia. O sea, cambia la formación militante y la pedagogía crítica por el marketing y la manipulación de la militancia y las bases, las tareas de organización popular y la solidaridad de clase por las decisiones técnicas, el desarrollo de las formas autónomas de producción y reproducción de la vida por las formas heterónomas auspiciadas por las “políticas públicas”. También ahueca el discurso, busca disociarlo de las ideologías (lo que no deja de ser una maniobra ideológica), despolitiza al Estado. Todo eso, sin “réditos” de ninguna especie. Quiere incursionar en el espacio intra-sistémico y encima le sale muy mal. En lugar de revertir el proceso de despolitización popular impulsado por el kirchnerismo (o el proceso de politización acotada y subordinada) busca aprovecharse del mismo. Pero en ese terreno tiene mucha competencia. O sea: renuncia a la celebración de la vida, la militancia y la rebeldía, pero también al goce del poder.   Al abjurar de sus rasgos más auténticos, se torna patética, decadente. Gradualmente desdibuja sus mejores perfiles.

Creemos que, de no rectificar el rumbo, de no ofrecerse como un componente más de la argamasa para algo nuevo, sus dirigentes, cuadros y referentes, expuestos a los típicos procesos del “transformismo”, probablemente terminen integrándose a alguna elite política del sistema. Por cierto, algunos y algunas ya han avanzado en ese sentido. Cabe señalar que los movimientos sociales y las organizaciones populares no han estado y no están exentas de caer en los modos del gerenciamiento pospolítico. Existe una especie de círculo vicioso de la pospolítica que degrada, a la vez, a los colectivos populares y a las organizaciones políticas referenciadas con ellos.   Usamos el concepto de pospolítica. También podríamos recurrir a un lenguaje un poco más riguroso y decir: alienación o superstición política que dan cuenta, claro está, de un abanico de alienaciones y supersticiones.  

 

·Cuáles serían las potencialidades y los límites para desarrollar esas estrategias?

  Las potencialidades responden a que, a pesar de todo, perduran en la sociedad civil popular y en amplias franjas de la militancia, un conjunto de saberes políticos emancipatorios que, por lo general, se ponen en evidencia en espacios y praxis extra-electorales. Se trata una especie de “general intellect” político-social de los y las de abajo, de saberes abstractos que, mediante una praxis crítico-radical y las dosis necesarias de energía militante, podrán hacerse concretos. Existen trincheras  desde las que el pueblo trabajador resiste a la potencia objetivada que succiona la potencia popular. La reunión de los y las de abajo que contrarresta el fatalismo que tratan de inocular las clases dominantes.   Los límites de la izquierda en todas sus expresiones, se explican por sus dificultades –nuestras dificultades– a la hora de asumir la construcción de los espacios de autorregulación de la convivencia social más allá del Estado y más allá del capital que mencionábamos. Y también por dejarse –y dejarnos– seducir por atajos de todo tipo que la distraen de esa tarea estratégica.

Desde los proyectos que enfatizan los roles de lo instrumental y tratan de compatibilizar las necesidades de valorización del capital local y transnacional con agendas sociales básicas, hasta los proyectos que invocan el anticapitalismo pero no logran exceder lo testimonial mientras persisten en anacronismos evidentes y promueven el sustitucionismo, el sectarismo y las lógicas de aparato, sin promover decididamente los procesos autodeterminación popular.  

Los diversos espacios políticos que hace algunos años entusiasmaron a una generación, hoy están en crisis. No lograron coagular en una referencia política común y además no lograron contener la dispersión de su base social. Los acontecimientos que instituyeron la autoconfianza y el orgullo de sus militantes quedaron muy lejos. Y no se instituyeron otros nuevos. No se han encontrado los modos más adecuados para recrear y enriquecer la memoria de la rebelión de 2001. Y el juego de la política convencional no hace más que abonar esa crisis.   En estos días, se hace difícil encontrar espacios de debate político estratégico. A pocos y pocas les interesa generarlos. Se discute poco y nada sobre políticas anticapitalistas de largo plazo, sobre las formas de sustituir el trabajo informal –o apenas asalariado– por el trabajo asociado. Es el tiempo del reformismo pragmático, del tacticismo. Es el tiempo de una obsesión por la política convencional: representativa, espectacular y pro-sistémica que relega lo social emancipatorio a segundo plano. El riesgo del “tacticismo” de la izquierda es que puede terminar absorbido por la táctica de la derecha o de lo que no es de izquierda (reformismo o como quiera llamárselo).  

 

·¿De qué manera la izquierda debería intervenir en el panorama electoral?

Consideramos que hay que rechazar cualquier tipo de acumulación electoral que signifique desacumulación estratégica o deterioro de una territorialidad propia. Porque eso es pan para hoy y hambre para mañana y siempre.   Luego, también creemos que son muy contraproducentes las incursiones en espacios virtuales que no hacen más que deslegitimar a las construcciones reales. Una cosa es visibilizarlas y otra muy distinta es mancillarlas. Por ejemplo: el o la referente barrial que obtiene unos pocos votos más (¡o menos!) que el candidato de la ultraderecha o que el candidato cavernícola que insiste con su trilogía (“garrote, garrote, garrote”); el o la  dirigente de un espacio sindical combativo y democrático que no llega al 1%, y así, los casos abundan.   Lo ideal sería generar una herramienta político electoral muy amplia, generosa, y no hipostasiada. Que exprese un espacio ecuménico donde confluyan los y las que asumen un proyecto contra-moderno, anticolonial, antiimperialista, anticapitalista, desmercantilizador, anti-patriarcal, ecológico. El objetivo de esa herramienta, no debería ser otro que potenciar los espacios y las experiencias de base realmente existentes: sindicales, campesinas, estudiantiles, territoriales, culturales, identitarias, etcétera.   Dadas las condiciones actuales esto parece prácticamente imposible. Entre otras cosas implicaría romper con aspectos negativos de la cultura de izquierda que están muy arraigados. ¿Cómo exceder las lógicas de aparato, el elitismo, el dirigismo, el sustitucionismo, el lugar ético de la inoperancia, la competencia chiquita al interior de la izquierda, la jactancia y la soberbia fundadas en los votos “cualitativos”, los malos hábitos de la especialización política, el vedettismo de entre-casa y los caudillismos en miniatura?  

Seguimos pensando que la intervención de las organizaciones populares en los espacios de la institucionalidad vigente sólo adquiere sentido emancipador si se construyen, en paralelo, espacios propios, territorios propios, autónomos y autogobernados; en fin: poder popular, aunque suene formula reiterada. La experiencia demuestra que quien siembra jetones, recoge garcas.   Luego, creemos que es importante tener siempre presente que los gobiernos populares pueden colaborar con los procesos emancipatorios, pero que no son, ni pueden, ni deben ser, el sujeto privilegiado de la transformación.

O sea, insistimos en la importancia de asumir, desde el vamos, un desplazamiento del eje de la política desde Estado y el poder instituido hacia la sociedad civil popular y el poder instituyente.  

 

·         ¿Cómo ve el escenario después de las PASO, tanto de cara a las elecciones de octubre como posteriormente, ante los anuncios de más ajuste?

 En primer lugar vemos un escenario signado por una inédita concentración de poder de la derecha en todos los campos, material, social, político, judicial, mediático, cultural y simbólico. De este escenario se deriva una marcada polarización entre “capitalismo salvaje”/democracia restringida y “capitalismo con rostro humano”/democracia susceptible de ser ampliada. En la medida en que el primer maridaje, representado por el gobierno de Mauricio Macri y la coalición Cambiemos avance en políticas de ajuste (y represión), se consolidará la segunda alternativa. Queda por ver si este ultimo espacio es hegemonizado por el kirchnerismo, con Cristina Fernández de Kirchner al frente, o por otro espacio y otra figura del universo ancho, diverso, cambiante y flexible del peronismo.   A pesar de que el resultado de las PASO no haya sido muy alentador para las aspiraciones del kirchnerismo, creemos que este conserva todavía sus capacidades para articular un frente “anti-neoliberal” y “anti-derechista”. Sigue siendo el espacio con más posibilidades de consolidarse como alternativa al gobierno de Macri y la coalición Cambiemos en un escenario de fuerte polarización. Dudamos que otras fuerzas políticas puedan disputarle a CFK el liderazgo del frente policlasista en su versión más “progresista”. Eventualmente el peronismo, en caso de gestar un liderazgo alternativo al de CFK, no hará otra cosa que articular un frente antimacrista, pero más a la derecha de la versión kirchnerista. Pero es evidente que los tiempos no dan.

El 2019 está muy cerca. Y ese partido también lo juega el espacio de Sergio Massa y sus aliados, pero con menos posibilidades.   Sabemos que esa contradicción entre versiones del capitalismo es falsa, o en todo caso es superficial y, como queda a la vista, nos propone un horizonte muy pobre. Es de un conformismo tremendo y cínico aceptar que “es mejor” un 25% de pobreza que un 50%. Obviamente, es mejor luchar por ampliar derechos que por recuperarlos. Pero, si de izquierda y socialismo se trata, debemos militar por cambios estructurales profundos en las relaciones de producción y propiedad;  debemos generar las condiciones para una democracia radical; en fin, tenemos que asumir compromisos en pos de las acciones y los pensamientos que hagan posible la consolidación y el avance de un proyecto popular desde abajo y no auspiciar reformas desde arriba que perpetúan la dominación social del capital y dejan abiertas las puertas de la regresión.  

Esto no significa que haya que desistir de la construcción de espacios de resistencia y movilización más amplios y buscar acuerdos básicos con sectores de lo más diversos. No quedara otra alternativa frente a los intentos de las fracciones de las clases dominantes que buscan imponer las políticas neoliberales en su versión más cruda, frente a la concentración de poder de la derecha más retrógrada. Sería una irresponsabilidad no plantearse estas articulaciones. Claro está, lo óptimo (que además es lo necesario a mediano y largo plazo) sería hacerlo desde un espacio crítico-radical, con inserción e influencia extendidas en la sociedad civil popular, un espacio que logre construir una posición sólida.   Muchos y muchas insisten en que el gobierno de Macri y la coalición Cambiemos representa una nueva derecha e incluso algo más original que ni siquiera puede considerarse como “de derecha”; aunque sea igual de oscuro y despótico… o más. Se lo presenta como el signo de toda una etapa histórica caracterizada por la colonización potente de las subjetividades por parte del mercado, por lograr que los hombres y las mujeres se sientan absolutamente extranjeros en relación a su destino, por la consumación del sentido más negativo de la libertad del liberalismo (la libertad de los propietarios).

Proceso al que han hecho su aporte los gobiernos denominados progresistas, sea dicho de paso.   Todo esto, creemos, es rigurosamente cierto. Pero también existen costados que demuestran que gobierno de Macri y la coalición Cambiemos se sitúa en una línea de continuidad respecto de las tradiciones reaccionarias argentinas: el catolicismo ultramontano que considera a Francisco I un Papa populista (y hasta un “zurdo”); el anticomunismo vulgar, la gestión policial de los conflictos sociales y las prácticas cuasi contrainsurgentes remozadas; la reivindicación de patrones económicos primario exportadores, de valorización financiera y rentistas; el endeudamiento externo y la apertura económica; el culto al libre mercado y la libre empresa junto con los lamentos por el costo laboral argentino; el desprecio y la impiedad para con el universo plebeyo-popular; el ultragorilismo y la tilinguería. Fiel a esas tradiciones, el gobierno de Macri y la coalición Cambiemos buscará generar consenso en torno a las pulsiones consumistas, la “seguridad” y la “tranquilidad” de una parte de la sociedad. Así, con policías y gendarmes, con balas de goma y de las otras, con bici-sendas y metro-bus, con apología de la informalidad, con rigurosa separación de los residuos, con funcionarios que resignan el uso de sus apellidos siempre a favor del nombre de pila; así, buscará sacrificar los fragmentos más sustanciales de la democracia junto con la libertad y la igualdad de las mayorías. Ejercerá el control social a través de la angustia y el miedo colectivos.   Porque, sostenemos, este gobierno está desatando las fuerzas más retrógradas de la sociedad argentina y buscará sostenerse en ellas. Está abriendo cajas de Pandora o, más claro y directo: abriendo las jaulas de los monstruos o las compuertas de un río de mierda. Está amplificando los mensajes más perversos y psicópatas. Hay muchísimos signos: estigmatización de grupos subalternos y oprimidos, represión, policialización de ciudades enteras, presos políticos y presas políticas, un desaparecido, manipulación del proceso electoral, entre otros.   Está claro que hay frenar a la derecha, generar situaciones de movilización permanente, evitar la consolidación de la versión dura y despótica del neoliberalismo. La mejor fórmula que conocemos para ganar posiciones sólidas en la sociedad civil popular (e incluso en el Estado) consiste en crear poder popular, auspiciando la auto-organización desde abajo, en los barrios, los sindicatos, los centros de estudiantes; consolidando espacios productivos no mercantiles que garanticen la reproducción de la vida.

Esto incluye el fortalecimiento indentitario y programático del campo popular para evitar la consolidación de las alternativas intra-sistémicas, siempre dispuestas a capitalizar los avances populares. Por ahí –creemos– transita una eficacia política a la que adherimos. Una eficacia política que instaure un principio de ruptura, que haga posible el despliegue de una inteligencia política que esté en exceso respecto de los límites de “la política”. La única eficacia afín a los intereses del pueblo trabajador.

  [1] Profesor de Historia y Doctor en Ciencias Sociales. Docente e investigador de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la Universidad de Lanús (UNLa). Escritor, autor de varios libros publicados en Argentina, Venezuela, Chile y Perú, entre otros: Piqueter@s. Breve historia de un movimiento popular argentino; ¿Qué (no) Hacer? Apuntes para una crítica de los regimenes emancipatorios; Introducción al poder popular (el sueño de una cosa); El socialismo enraizado. José Carlos Mariátegui: vigencia de su concepto de “socialismo práctico”; El Hereje, apuntes sobre John William Cooke. Colaborador de los portales Contrahegemonía.web, Resumen Latinoamericano, La Haine, entre otros.  
Fuente: https://contrahegemoniaweb.com.ar/quien-siembra-jetones-recoge-garcas-socialismo-o-pospolitica