Qué Mundo

Mayo 2019


En crisis civilizatoria (alimentaria, ecológica, hídrica… y democrática local e internacional) por el capitalismo.

 

 

 

 

SITUACIÓN/ CRISIS CIVILIZATORIA / ALTERNATIVAS

 

 

 Situación

 

Destapemos el doble discurso de Evo Morales y cómo su gobierno manipula a los pueblos de Bolivia aprovechando conceptos distorsionados por el capitalismo como son: crecimiento económico igual a bienestar social, mayores posibilidades de trabajo y extensión de propiedad como futuro venturoso:

 

Evo asegura que desviar alimentos para biocombustibles es atentar contra la vida

 

12 de mayo de 2008

Por ABI

 

    

El presidente boliviano Evo Morales Ayma calificó hoy como un crimen para la humanidad el desvío de alimentos para la fabricación de biocombustibles, porque ocasiona escasez y el aumento de precios de esos productos en el mundo

Esa posición fue expresada por el Mandatario boliviano en ocasión de su discurso en la Cumbre de Mandatarios sobre la Soberanía y Seguridad Alimentaria que se realiza en la capital nicaragüense.

Morales Ayma dijo que llegó a esa conclusión después de evaluar la crisis alimentaria en su país y en el mundo por causa de intereses de empresarios que solo buscan el lucro, mediante la dominación y el sometimiento de los pueblos.

"Llego a la conclusión que por culpa del llamado biocombustible, agrocombustible, los precios de los productos (alimentos) se están disparando, entonces ¿qué es biocombustible para mi?, el biocombustible es un crimen para la humanidad", aseguró.

También exhortó a frenar la industrialización ilimitada que está destrozando el medio ambiente.

"Yo llego a la conclusión que la industrialización ilimitada es la droga para el planeta Tierra", dijo Morales al sugerir que se inicien debates para ver cómo se puede resolver ese problema que está afectando a la humanidad.

En ese marco, llamó a los gobiernos del mundo a entender que el "capitalismo es el sinónimo de la muerte" y advirtió que sino se asumen medidas inmediatas para evitar la crisis alimentaria de los pueblos por causa de políticas neoliberales, será imposible garantizar seguridad alimentaria en el mundo.

El Jefe de Estado boliviano dijo que desde que asumió la Presidencia de la República en su país se resistió a la siembra de productos transgénicos porque considera que no solamente es un veneno para la Tierra, sino también para la vida.

Por ello reivindicó la revolución agraria para terminar con el latifundio improductivo y fomentar la producción de trigo, maíz, arroz y soya con créditos de cero por ciento de interés a los pequeños y micro empresarios agrícolas, quienes no están obligados a pagar su deuda con dinero, sino con sus productos.

"Hemos creado una empresa de apoyo a la producción para fomentar la producción agrícola, y de esta manera buscar cómo resolver los problemas urgentes cuando hay escasez de alimentos", aseguró el Mandatario boliviano.

La Cumbre Presidencial ha congregado a 12 países de Centroamérica, el Caribe, México, Venezuela, Ecuador y Bolivia. Sin embargo, a este evento no asistieron los jefes de Estado Martín Torrijos (Panamá), Álvaro Colom (Guatemala) y Antonio Saca (El Salvador), pero enviaron a sus representantes.

ABI, Internet, 7-5-08

 Fuente: 

http://www.biodiversidadla.org/Principal/Prensa/Evo_asegura_que_desviar_alimentos_para_biocombustible_es_atentar_contra_la_vida

 

Hallamos, diez años más tarde, que el gobierno de Evo Morales aplica desembozadamente la lógica capitalista al gestionar la política económica y usa esa lógica también para conseguir el consenso mayoritario teniendo en cuenta la adaptación de los de abajo al sistema.

 

Bolivia apuesta a los biocombustibles para dinamizar su economía

12 de Septiembre de 2018

Autor: Xinhua

La Paz. Bolivia apuesta a los biocombustibles (etanol y biodiésel) como una estrategia alterna para dinamizar su economía, coincidieron un funcionario de gobierno y un experto del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE, privado).

El objetivo de esta estrategia es generar empleos, bajar la subvención de hidrocarburos, ahorro millonario al Estado y beneficios para el medio ambiente.

El viceministro de Industria, Comercio, Transporte y Almacenaje de Hidrocarburos, Humberto Salinas, explicó este martes a Xinhua que Bolivia ingresará en la era del biocombustible antes de finalizar septiembre, una vez promulgada la ley del etanol.

De acuerdo con Salinas, esta ley garantizará las inversiones de maquinaria en el campo y en la industria, y coadyuvará en la seguridad alimentaria y energética con soberanía.

El proyecto beneficiará a más de 1.500 agricultores cañeros que incrementarán la producción de sus cultivos y recibirán un mejor precio por el litro de alcohol de exportación y el litro de alcohol destinado al bioetanol.

Según el viceministro, Bolivia apuesta al etanol y al biodiésel como productos que fortalecerán la dinámica económica por su efecto multiplicador.

Salinas explicó que el etanol se produce a partir de la fermentación de materia orgánica y rica en azúcar (caña, maíz y sorgo), así como de la transformación en azúcar del almidón presente en los cereales. También se utiliza como aditivo a la gasolina.

Manifestó que el impacto de incorporar el etanol a la matriz energética nacional en los próximos ocho años trascenderá en un crecimiento del área cañera cultivada de 150.000 a 305.000 hectáreas.

De igual forma, permitirá la sustitución de 380 millones de litros de gasolina por etanol, el ingreso de US$480 millones a las cuentas públicas, unos 27.000 empleos directos e indirectos, y la mitigación de un 6% de la contaminación de emisiones de CO2 (dióxido de carbono).

El proyecto beneficiará a más de 1.500 agricultores cañeros que incrementarán la producción de sus cultivos y recibirán un mejor precio por el litro de alcohol de exportación y el litro de alcohol destinado al bioetanol.

El pleno de la Cámara de Diputados aprobó en primera instancia el proyecto de ley del etanol, y se prevé que esta semana sancione y posteriormente se promulgue la norma para su puesta en vigencia oficial.

Sobre las ventajas y efectos de los biocombustibles, el gerente general del IBCE, Gary Rodríguez, precisó este martes a Xinhua que el emprendimiento beneficia a Bolivia con el movimiento económico, la generación de empleos, la eliminación de importaciones y el cambio de la matriz energética con combustibles limpios.

"La ventaja principal es que Bolivia, con la producción de biocombustibles, inicialmente el bioetanol o alcohol anhidro, es que va a avanzar a su autosuficiencia energética. Bolivia importa cada año alrededor de US$200 millones en gasolina, además de aditivos y eso ocasiona un drenaje de divisas hacia el exterior y también impide un mayor crecimiento a la economía", afirmó.

De acuerdo con el gerente general del IBCE, al contar con un alcohol anhidro o bioetanol se podrá tener una cuarta opción de gasolina con un mayor octanaje que la gasolina especial, que es de 85 octanos.

Desde el punto de vista ambiental, se destaca la menor emisión de gases de efecto invernadero.

Según Rodríguez, esta gasolina ecológica va a ser más amigable con el medio ambiente frente a sus competidores, los combustibles fósiles, al tiempo que se ampliará la frontera agrícola.

Fuente: https://www.americaeconomia.com/negocios-industrias/bolivia-apuesta-los-biocombustibles-para-dinamizara-su-economia

 

La anterior posición de una institución privada no se diferencia de la estatal:

Bolivia ingresa a la era del biocombustible y YPFB dejará de importar 80 millones de litros de gasolina

8 de marzo de 2018

Santa Cruz, AN-YPFB.-  Bolivia ingresa a la era del biocombustible. El sector agroindustrial comercializará en el primer año 80 millones de litros de etanol a YPFB, volumen que evitará la importación de gasolina por aproximadamente  Bs 400 millones en el primer año, según estable el memorándum firmado este jueves entre el Ministerio de Hidrocarburos, la estatal petrolera y la Federación de Empresarios Privados de Santa Cruz. El presidente Evo Morales, asistió a la firma del presente documento.

“Aquí no solamente un sector se beneficia, sino gana Bolivia, eso es pensar en Bolivia. No solamente el cañero gana, no solo el obrero, no solamente el departamento de Santa Cruz, sino ganamos todos los bolivianos y las bolivianas, son políticas de Estado que permite pensar en nuestra querida Bolivia”, señaló el primer mandatario.

Agregó que se incrementarán aproximadamente 18 mil hectáreas de caña de azúcar por año hasta alcanzar una superficie cultivada de 155 mil hectáreas  adicionales al 2025 y la producción de etanol subirá de 80 millones a 380 millones de litros.

IMPACTOS Y COMPROMISOS
Entre los impactos que se espera está incorporar etanol a la matriz energética, impulsar la política de seguridad energética a través  de una reducción gradual de importaciones de combustibles, reducir la subvención por reemplazo de gasolina importada con etanol, garantizar el abastecimiento de combustible, fortalecer los lazos entre el sector privado y el Estado.

Además de incrementar  la producción de caña de azúcar, sustituir hasta 380 millones de litros de gasolina  importada al 2025 por etanol, dinamizar la economía a través de la inversión de $us 1.600 millones y generar 27 mil nuevo empleos.

Las instituciones firmantes del memorándum de entendimiento asumen los compromisos de garantizar las inversiones  en maquinaria industrial, prevalecer la seguridad alimentaria, incrementar la productividad de caña de azúcar, fomentar y ampliar el uso de la urea y avalar la calidad de etanol en 99.5% de deshidratación.

GASOLINA
A juicio del ministro de Hidrocarburos, Luis Alberto Sánchez, la firma del memorándum debe ser uno de los proyectos más importantes para Bolivia porque permite unir a  dos sectores de la economía nacional, el agroindustrial e hidrocarburos.

“El sector hidrocarburos es muy importante en la economía boliviana, aportamos gas a las termoeléctricas, a la minería, próximamente al proyecto litio, seguramente al mutún, a la industria y al agro con la producción de urea y hoy nos convertimos en socios con el agro porque vamos a comprar grandes volúmenes de alcohol anhidro”, afirmó Sánchez.

“Comprar 80 millones de litros de etanol significa que vamos dejar de importar  80 millones de litros de gasolina, eso tiene un impacto sobre la balanza comercial de forma directa. Estamos hablando que alrededor de 400 millones de bolivianos aproximadamente que van a reinyectarse a la economía nacional. Estamos hablando al 2025 de más de dos mil millones de bolivianos que dejarían de salir del país y se reinyectarían directamente  en la economía por la compra de 380 millones de litros de alcohol”, señaló el presidente ejecutivo de YPFB, Óscar Barriga Arteaga.

Agregó que el tema tendrá su impacto directo sobre  el Producto Interno Bruto (PIB) que llegará a un punto porcentual durante el primer año y entre 0,4 a 0,5 de incremento del PIB en los años sucesivos. “Este proyecto tiene implicancia en el sector hidrocarburos, nosotros a la fecha hemos ampliado nuestra capacidad de refinación a 64 mil  barriles por día, sin embargo tenemos una tasa de crecimiento del parque automotor que oscila entre 5% y 8%, si hoy tenemos 1.7 millones de vehículos  en el parque automotor, al 2025 tendremos 2.5 millones de vehículos que circularán a nivel nacional, lo que implica que YPFB debe garantizar  el abastecimiento de combustible para ese parque automotor”.

En este proyecto, la estatal petrolera tiene previsto invertir más de $us 5 millones para adecuar sus instalaciones, sistemas de almacenamiento, sistema de inyección, adecuación de las estaciones de servicios y comercialización en general.

Fuente: https://www.ypfb.gob.bo/es/informacion-institucional/noticias/841-bolivia-ingresa-a-la-era-del-biocombustible-y-ypfb-dejar%C3%A1-de-importar-80-millones-de-litros-de-gasolina-2.html

 

 

La crítica desde la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO):

 

 

Representante de FAO critica la apuesta boliviana por los biocombustibles

17 de abril de 2019

 

LA PAZ (Sputnik) — La apuesta del Gobierno de Bolivia por los biocombustibles no ayudará al desarrollo del país, dijo el representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Theodor Friedrich, según un medio local.

 

"Esa es una decisión fatal; no ayuda a la alimentación del país, no ayuda al medio ambiente, no ayuda al cambio climático, es una decisión que realmente no creo que debería apostarse", dijo el funcionario en una declaración divulgada por la Agencia de Noticias Fides.

 

Friedrich se sumó así a las críticas de organizaciones no gubernamentales contra el plan de biocombustibles puesto en marcha en 2018 y presentado por el Gobierno como un modelo de alianza entre los sectores público y privado por su capacidad de generar inversiones y reducir las importaciones de combustibles fósiles.

El representante de la FAO, en su primera declaración sobre el plan, advirtió que la ampliación de la frontera agrícola para producir biocombustibles provocaría la degradación del ambiente, deforestación y alteraciones climáticas, según Fides.

"También habrá una baja en la producción de alimentos porque también la productividad puede bajar", añadió Friedrich.

El Gobierno de Evo Morales, en una alianza sin precedentes con el sector agroindustrial de Santa Cruz (este), lanzó el año pasado el programa de etanol que prevé inversiones privadas de hasta 1.600 millones de dólares en un quinquenio, para ampliar los cultivos de caña de azúcar e instalar plantas de deshidratación de alcohol.

El plan arrancó con notable éxito, según el Ministerio de Hidrocarburos, que anunció para 2019 la comercialización de 150 millones de litros de etanol, como aditivo incorporado en la gasolina, el doble de lo programado inicialmente.

Las inversiones comprometidas por el sector privado apuntan a la duplicación de los cañaverales, hasta unas 350.000 hectáreas, para alcanzar una capacidad anual de producción de 350 millones de litros de etanol deshidratado, sin afectar la oferta interna de azúcar.

Más aquí: Bolivia ingresa a era de biocombustibles con primeras ventas de gasolina mezclada con etanol

También en acuerdo con el empresariado privado, el Gobierno aprobó a principios de este año un programa de producción de biodiésel en base a la habilitación adicional de hasta un millón de hectáreas de cultivos de soja con semillas de una nueva variedad genética resistente a la sequía.

El representante de la FAO dijo que la nueva soja transgénica no constituía en sí misma un problema para la salud.

"El problema está en la combinación con herbicidas, ése es el problema", señaló.

En Bolivia solo está permitido el uso de semillas modificadas genéticamente en la producción de soja, pero los empresarios de Santa Cruz presionan por extender la biotecnología al maíz, el sorgo y el algodón, en los que según el representante de la FAO se utilizan ya semillas transgénicas "a escondidas".

La soja y sus derivados son el principal rubro de exportación de Bolivia, después de los hidrocarburos y los minerales

Fuente: https://mundo.sputniknews.com/america-latina/201904171086754547-friedrich-critica-apuesta-de-bolivia-por-biocombustibles/

 

 

Comprobemos que el sistema mundo capitalista avanza haciendo a la desaparición forzada de campesinos e indígenas. Y:

 

 

Los biocombustibles van desplazando a

la producción de alimentos, alertan en Malí.

26 de febrero de 2007

Por Luís  Hernández Navarro

 

La preocupación por el medio ambiente tiene el signo de dólares, dicen en el foro mundial

Selingue, Mali, 25 de febrero . En los pequeños restoranes de Sélingué, como sucede en las comunidades remotas de México y en sus barrios populares, se sirve Nescafé y leche en polvo Nido. No importa que la ganadería local produzca leche y que en Malí se coseche café.

El arroz es uno de los principales alimentos nacionales, junto con el mijo. Se come hervido y mezclado con una salsa de tomate ligeramente picante a mediodía. En ocasiones se le añade un poco de carne, pescado o pollo. El grano se cultiva en los márgenes del río Níger, pero también se importa, a menor precio, de Tailandia.

La presencia de Nestlé, la trasnacional con base en suiza que labora el Nescafé y la leche Nido, ha provocado algunos escándalos en Africa. En una región en la que es difícil encontrar agua potable, nutrir a bebés recién nacidos con leche en polvo, en lugar de leche materna con anticuerpos, provocó muchas muertes infantiles. En Europa, Canadá y Estados Unidos se organizó un gran y efectivo boicot contra la compañía, uno de los primeros en su tipo, embrión de lo que hoy es el movimiento altermundista.

 

Un escándalo más fue el denunciado por José Bové en el Foro Mundial para la Soberanía Alimentaria. Como una muestra de cómo las grandes trasnacionales fijan la agenda de la Unión Europea en contra de países que no pertenecen a ella explicó que, a petición de Nestlé, recientemente decidió modificar la fórmula de elaboración reconocida para producir el chocolate, reduciendo el contenido de cacao para agregarle aceites vegetales. Como resultado de ello Senegal, uno de los países más pobres del mundo, ha reducido las exportaciones de este producto, vital para su economía, en 25 por ciento.

Pero lo que sucede en la mesa de los restoranes malienses, y en la de sus hogares, no es una excepción sino la regla. Las decenas de testimonios de casi todo el mundo presentados en el foro pintan un panorama desolador. Las exportaciones masivas de alimentos y fibras subsidiados en los países del norte, la acción de las trasnacionales agropecuarias, el modelo de agricultura industrializada están destruyendo tanto las agriculturas de los países más pobres como a los agricultores familiares de las naciones ricas.

En el mismo Senegal, denunció una de las delegadas de ese país al foro, las donaciones masivas de leche en polvo para combatir el hambre han devastado la ganadería local. Estos programas están, además, inundando la región de comida transgénica.

Es por ello que Joao Pedro Stedilé, el dirigente del Movimiento sin Tierra de Brasil, explica en la reunión que la comida no debe ser una mercancía más, sino un derecho de todas las personas, como lo debe ser, también, el agua, "que no debe ser propiedad de nadie". Según su perspectiva, el comercio agrícola no debe basarse en la lógica de la ganancia sino en las necesidades de los pueblos. Es necesario, asegura, valorar los cultivos locales y consumir lo que se produce localmente.

La Organización Mundial del Comercio (OMC) no tiene razón alguna para legislar sobre la producción de alimentos ya que, afirma, no representa los intereses del pueblo. Por ello, dice, "no es suficiente señalar que la agricultura debe salir de la OMC, sino hay que luchar contra ella".

 

El nuevo fantasma agrícola

Un nuevo fantasma recorre los campos y mercados agrícolas: el fantasma de los bioenergéticos. En distintas regiones del mundo se dedican cada vez más extensiones de terreno que antes se destinaban al cultivo de alimentos para producir materia prima para fabricar combustibles biológicos. En parte, por ello el precio del maíz y de la tortilla se elevó dramáticamente a comienzos de este año.

La delegada de la Confederación de Campesinos del Perú al foro emitió la señal de alarma: "los biocombustibles están desplazando la producción de alimentos."

Silvia Ribeiro, del grupo ETC, explica cómo es que esta ola productiva está asociando a grandes gigantes económicos: las industrias del petróleo, automotriz, de producción de semillas, de producción y comercialización de cereales. Irónicamente, en nombre de la defensa del medio ambiente, la nueva industria va a desplazar más a campesinos de sus tierras, va a estimular la siembra de monocultivos, el uso de fertilizantes elaborados con base en el petróleo y va a propiciar mayor deforestación.

La preocupación por el medio ambiente tiene en este caso el signo de dólares. Eric Holt-Giménez, director ejecutivo de Food First, un instituto especializado en temas rurales establecido en California, Estados Unidos, denunció cómo la British Petroleum donó a la Universidad de California y a la Illinois 500 mil millones de dólares para realizar investigaciones sobre bioenergéticos. ¿Por qué los hace esta petrolera? Porque necesita posicionarse frente al boom. Requiere llevar la delantera en la investigación. Esta compitiendo con otros titanes.

Joao Pedro Stedile matiza esta posición. Según él, hay que analizar la problemática de los nuevos combustibles; debe ser cuidadosamente analizada, y no puede ser vista al margen de un cambio en la matriz energética mundial. "El capital quiere sacar los alimentos de los pueblos para ponerlos en las burguesías del norte. Tenemos que luchar contra esto desde la raíz. El mundo tiene que cambiar su matriz energética de transporte. Debemos oponernos al transporte individual y luchar por el transporte colectivo", indicó

Su organización, los Sin Tierra, se opone a la siembra de grandes extensiones de monocultivos propios de las grandes plantaciones que abastecen las plantas que fabrican el biocombustible, pero están de acuerdo con producirlo en pequeñas explotaciones para abaratar el costo de los carburantes con los que funciona los tractores y la maquinaria agrícola.

 

Transgénicos

Sobre la ola de los bioenergéticos se han montado los grandes consorcios que producen semillas transgénicas y sus apologistas. Su tecnología, aseguran, servirá no sólo para resolver los problemas de hambre en el mundo, sino para solucionar la crisis del petróleo.

El asunto de los organismos genéticamente modificados (OGM) ha sido permanentemente discutido en el foro ¿Cuál es la relación entre la producción transgénica y la soberanía alimentaria? ¿Puede existir ésta sin aquélla? El asunto es medular. Dirigentes campesinos como el francés José Bové, el vasco Paul Nicholson y cientos de campesinos indios han participado en acciones directas destruyendo campos de producción de semillas modificadas genéticamente en varios países, y enfrentan procesos judiciales por ello.

Para algunos, las semillas frankestein refuerzan la dependencia de los países más pobres a las grandes empresas trasnacionales que controlan su fabricación. Expropian a los campesinos las simientes con las que han trabajo durante centenares de generaciones, al tiempo que acaban con la diversidad genética existente. No hay pues, desde su lógica, compatibilidad alguna posible entre organismos genéticamente modificados y control soberano de la agricultura.

Unos cuantos, en cambio, sostienen lo contrario. Según ellos, no es posible que, manteniendo vigentes los principios de precaución necesarios, se busque el mejoramiento de la producción local haciendo uso de todos los recursos tecnológicos posibles. Más aun cuando el hambre realmente existente obliga a hacer más productivas las cosechas. Y entre esos recursos tecnológicos se encuentran los OGM. Esa es la posición personal, según aclaró el ministro de Agricultura de Malí.

Quienes objetan el uso de transgénicos argumentan que es falso que incrementen la producción, que reduzcan el uso de agroquímicos y que el problema del hambre en el mundo no es de falta de alimentos, sino que es resultado de la desigualdad en los ingresos. En el mundo sobra comida, lo que no hay, dicen, es justicia social para garantizar que todos tengan acceso a ellos. Además, insisten, están uniformando peligrosamente la variedad genética de los granos y dañando los saberes campesinos. Por ello, en lugar de nombrarlos OGM, dice el delegado indígena mexicano Aldo González, habría que llamarlos Organismos Genéticamente Transformados, o sea OGT, porque eso es lo que son, organismos ojetes.

La Jornada, México, 26-2-07

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/content/view/full/30321

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El nudo gordiano de los biocombustibles

21 de mayo 2008

 

 El intento de atajar los efectos del cambio climático a golpe de combustibles producidos a partir de alimentos ha generado un debate a escala mundial donde las opiniones se dividen en dos bloques: la mejor solución al problema medioambiental o la causa de la crisis alimentaria

En el último de ellos se sitúa la reclamación realizada este lunes ante Naciones Unidas por la Alianza para la Convención de Diversidad Biológica: que se frene la producción de cultivos vegetales destinados a la fabricación de biocombustibles.

 

La plataforma, que engloba a más de cien organizaciones ecologistas, sociales e indígenas, sostiene que la producción de esos carburantes "exarcebará la crisis alimentaria y la competencia por la tierra y el agua".

En esta línea, la Alianza aseguró que el cultivo de materias primas como la soja, la palma o la caña de azúcar, se traduce en la tala indiscriminada de bosques y "tendrá devastadores efectos en los pueblos marginados y en importantes ecosistemas".

 

La demanda figura en el decálogo de 'criterios de éxito', elaborado por la plataforma para la Novena Conferencia de las Partes (COP9) de la Convención sobre Biodiversidad de la ONU, que se celebra en Bonn (Alemania) hasta el próximo día 30.

 

¿Medio ambiente o capitalismo?
"Se van a talar los bosques y plantar cultivos para producir biocombustibles sólo para que las limusinas de los ricos sean híbridas, en lugar de simplemente reducir el número de vehículos".

Con estas palabras, el delegado alemán de Greenpeace, Martin Kaiser, ha pedido que se entierren los programas que persiguen reducir las emisiones de carbono a través de los biocombustibles.

En esta línea, el Instituto de Ciencia y Tecnología del Medio Ambiente de la Universidad de Barcelona realizó hace ahora un año un estudio sobre estos combustibles, concluyendo que en lugar de solucionar el cambio climático, podrían perjudicarlo todavía más.

 

Impacto negativo
Vista por sus defensores como una fuente limpia y renovable de energía, el estudio subrayó el impacto negativo, tanto económico como social y medioambiental, de los biocombustibles.

Los biocombustibles, al igual que el biodiesel y el etanol, se derivan de productos orgánicos como el maiz, la caña de azúcar, los aceites vegetales o el estiércol.

El principal beneficio que se le atribuye es la reducción de la concentración de gases de efecto invernadero. Sin embargo, el análisis detallado del ciclo de vida de estos combustibles ha revelado que el ahorro energético y de CO2 no es tan alto.

Según explica el informe de la Universidad de Barcelona, la materia prima que se usa en la producción de biocombustibles se obtiene mediante agricultura intensiva, un sistema que implica un alto uso de fertilizantes, pesticidas y maquinaria dependientes del petróleo.

 

Precios más altos
Otra de las posibles consecuencias del uso de biocombustibles, la más usada por sus detractores, es la reducción en la disponibilidad de alimentos y el aumento en los precios.
En esta línea, y pese a las protestas de colectivos ecologistas, la canciller alemana Ángela Merkel ha suscrito el pasado miércoles un acuerdo con Brasil sobre el comercio de biocombustibles.

Ambos países han pasado por alto las revueltas de las últimas semanas por el hambre, tras un aumento fulminante de los precios de los alimentos de primera necesidad. Los expertos lo atribuyen, en parte, al aumento de la demanda de "materias primas renovables" para la producción de biocombustibles.

 

Lula, contra los ecologistas
Brasil es, después de USA, el segundo mayor productor mundial de biocombustibles. Su presidente, Lula da Silva, ha defendido el uso de los biocombustibles. A su juicio, la producción no se da en gran escala como para atribuirle el actual alza internacional de los precios de los alimentos.

 

Además, Lula ha insistido en que los biocombustibles permiten a los países en desarrollo reducir su dependencia del petróleo, y ofrecen un producto que puede ser vendido al mundo industrializado, al tiempo que se reducen las emisiones de gases causantes del calentamiento global.

 

Pero los ecologistas no comulgan con los argumentos del mandatario brasileño. Buena parte de los biocombustibles se están obteniendo a partir de plantas cultivadas en Brasil y el sudeste de Asia, en donde las selvas están siendo destruidas para establecer cultivos.

 

La ONU también pide mesura
También las Naciones Unidas han instado a la Unión Europea y a Estados Unidos a limitar sus programas de biocombustibles. "En Estados Unidos, este año un tercio de la cosecha de maíz va a parar a los depósitos de gasolina, lo cual supone un duro revés para las reservas mundiales de alimentos".

¿Combustibles, medio ambiente o alimentos? El informe de la Universidad de Barcelona trata de responder a esta cuestión.

Los biocombustibles contribuyen a la carestía del precio de los alimentos, dice. Y cita como ejemplo a Estados Unidos, donde el precio del maíz aumentó a su valor más alto en 10 años debido a la creciente demanda de bioetanol derivado de maíz.

Además, subraya que la única forma de frenar la dependencia de los combustibles fósiles es modificar los patrones de consumo con medidas de ahorro energético y diversificación de las fuentes de energía.

El Progreso, España, 19-5-08

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Prensa/El_nudo_gordiano_de_los_biocombustibles

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Paraguay: “Los llaman biocombustibles

para dar sensación de vida, pero es muerte”.

24 de febrero de 2014

El exministro de Medio Ambiente de Paraguay lucha por que los pueblos puedan disponer de sus tierras para cultivar alimentos y no combustibles que usan los países desarrollados.

Era un adolescente cuando descubrió algunas de las injusticias que ocurrían en su país. Hacía un trabajo en Secundaria y comenzó a comprobar cómo vivían los indígenas en Paraguay y cómo sufrían un “franco proceso de destrucción”. Desde entonces, –corría el año 1986– Óscar Rivas, ha convertido la defensa de las tierras en su obsesión y su trabajo. Lucha por la soberanía alimentaria de su país –desde 2009 a 2012 lo hizo como ministro de Medio Ambiente– y del entorno que lo rodea, aunque ve cómo crecen sin cesar campos dedicados a algo que, en su opinión, no hacen ningún bien a la zona: los agrocombustibles.

“Los llaman biocombustibles en una hábil operación de márketing, porque bio suena a vida, cuando realmente es muerte”, afirma Rivas, ganador del premio Goldman en el año 2000, algo parecido al Nobel a la protección del medio ambiente. En su opinión, todo es perjuicio para países como el suyo: “Los estados llamados desarrollados nos perjudican con sus emisiones y después arrasan nuestros campos para dedicarlos a agrocombustibles en lugar de producir alimentos. Y lo que es peor, no está nada claro que estos materiales contaminen menos; el saldo puede ser incluso de más contaminación que los fósiles, con lo cual no hay aspecto positivo por ningún lado”.

En los últimos diez años, Paraguay ha visto cómo se multiplicaba por cuatro la tierra destinada a la plantación de granos, muchos de los cuales van destinados a combustibles. Y cuanto más crece esta superficie, más amenazados están los pueblos indígenas que llevaban años viviendo en ellas. Uno de los muchos ejemplos es el de los guaraníes, que sufren la deforestación de la selva que habitan en beneficio de cultivos de soja.

En opinión de Rivas, que ha estado este jueves charlando sobre el tema en unas jornadas organizadas por Ecologistas en Acción, Amigos de la Tierra y Alianza por la Solidaridad, ha sido la lucha contra estas prácticas lo que dio lugar al conocido como “golpe de Estado parlamentario” de Paraguay en 2012. “El Gobierno por voto popular fue interrumpido porque estaba llevando adelante agenda que privilegiaba este las iniciativas verdes en el Paraguay y que apuntaban a la soberanía alimentaria de nuestros pueblos”.

 

Pero no todo son derrotas para el movimiento que Rivas defiende. Hay pequeñas comunidades campesinas que consiguen organizarse a nivel local e imponer su propio sistema agrícola. “La Pastora es un ejemplo de cómo 1.500 familias, es decir, unas 8.000 personas, están resistiendo con procesos de diseño de ordenamiento territorial, generando leyes locales y usando la autonomía de estos núcleos para poder producir lo que quieren y no lo que les imponen”, explica el exministro.

Con un remedio (los agrocombustibles) que Rivas califica como “peor que la enfermedad” (la contaminación), su solución pasa por “energías renovables y sustentables”, como la solar o la eólica: “No podemos echar mano de los suelos, los están agotando, destruyendo su productividad. Si a eso sumamos el coste que suponen los desplazamientos forzosos, la destrucción de comunidades y la desaparición de pueblos enteros, ya no sólo hablamos de daños, sino de genocidio”.

El País 

Fuente:

http://www.biodiversidadla.org/Noticias/Paraguay_Los_llaman_biocombustibles_para_dar_sensacion_de_vida_pero_es_muerte

 

 

Enfrentamos esta realidad del sistema mundo capitalista que el progresismo y las izquierdas reformistas niegan ilusionando de que nos hallamos ante el neoliberalismo o capitalismo salvaje. Sin embargo, el menemismo fue continuado y profundizado por los gobiernos K. Lo prueban tanto la expansión del modelo de soja transgénica como el Plan Estratégico Agroalimentario 2010-2020. También todos los gobiernos progresistas han contribuido a la expansión de los monocultivos de transgénicos que agravan el acaparamiento económico territorial mediante los «agrocombustibles» eufemísticamente denominados biocombustibles. Comencemos por analizar qué significa ese desarrollo de la agricultura industrial o sin campesinos e indígenas para luego definir el carácter antidemocrático y antipopular del gobierno de Evo Morales al imponer por decreto los intereses lucrativos de la gran burguesía terrateniente de Santa Cruz, antes su enemiga de clase.

 

 

Si envenena, no es buena práctica
22 de agosto de 2018

 

20 años de un modelo basado en transgénicos y agrotóxicos trazaron una huella de daño y dolor difícil de dimensionar. Imposible de cuantificar desde las lógicas mercantiles, e intolerable para cualquier ser sensible.

 

Por Huerquen Comunicación en Colectivo

 

Mientras el crecimiento del área sembrada aumentó alrededor del 30%, la venta de agrotóxicos lo hizo casi un 900%, lo que significa que cada vez se aplica más veneno por hectárea. De esta manera el agronegocio desató una verdadera crisis sanitaria y ambiental, que reflejan muchos estudios independientes de Universidades Nacionales. La voz de alarma que llegó de pequeños grupos de vecinxs (rápidamente tildadxs de "locxs" o “ambientalistas”) es hoy un reclamo ineludible. No sólo en los pueblos donde el cáncer, los abortos espontáneos o las malformaciones en nacimientos han hecho estragos, sino en la población de las grandes ciudades que descubre horrorizada que los venenos estuvieron todo este tiempo en sus ensaladas y tartas; algodones, aceites o dulces.

Frente a este clamor, el ninguneo y el silencio de empresas y funcionarios se desmorona. Por eso el miércoles 11/7, los Ministros de Agroindustria, Medio Ambiente, Salud, y Ciencia y Tecnología dieron una conferencia de prensa donde presentaron un documento y escenificaron una nueva lavada de cara a un sistema que envenena y mata: el Estado asume los criterios de las llamadas “Buenas Prácticas Agrícolas” (BPAs) para el establecimiento del “resguardo” frente al peligro de las fumigaciones, y se dispone a impulsar legislación con ese criterio.

Decimos que es una “lavada de cara” porque durante años dijeron que los "productos fitosanitarios" eran "inocuos para la población y el ambiente", aún cuando ya sabían que eran todo lo contrario, como revelan documentos de la propia Monsanto. Cuando ya no pudieron seguir tapando el sol con la mano, y las mentiras de inocuidad fueron evidentes, sacaron de la galera este discurso de “buenas prácticas” para endosarle el daño a los productores por “malas prácticas”.

 El discurso de BPAs lo elaboraron las propias organizaciones que se benefician con el agronegocio: Aapresid, CREA, ASA, Casafe, ArgenBio, la Bolsa de Cereales, etc. atrás de las que están corporaciones como Bayer-Monsanto, Syngenta, Corteva (Dow+Dupont) y otras. Han invertido en él mucho dinero para publicidad y marketing; y desde esta plataforma intentan influir en los programas educativos y en la definición de políticas públicas.

 

Lo nuevo es que ahora este discurso empresarial es asumido por el Estado como propio.

 

Esto viene de la mano de un Gobierno que cambió el nombre del Ministerio de Agricultura por Agroindustria, cuyo titular es quién hasta hace poco era presidente de la Sociedad Rural Argentina; y que sostuvo a Lino Barañao en Ciencia, un archi-conocido impulsor del agro transgénico que llegó a comparar el glifosato con “agua con sal”.

 

De paso buscan dar por tierra con los avances que muchas comunidades fueron logrando a través de ordenanzas de restricción de fumigaciones o prohibición de venenos en los ejidos. Las más resonantes quizá sean las que prohiben el glifosato en Rosario y Gualeguaychú, y que al momento de estas líneas están bajo fuego en los medios y la justicia.

 

Levantando la bandera de la BPAs intentan, nuevamente, negar lo inegable: que la deriva de los agrotóxicos es incontrolable; que poco y nada sabemos sobre la dinámica y la sinergia que esas cientos de moléculas o "principios activos" desarrollan en el ambiente y entre sí una vez liberadas; y que no pueden afirmar que todo esto carece de los impactos en la salud de la población, ante lo que debe regir el principio precautorio consagrado en nuestra legislación. 

 

No pueden explicar por qué hay glifosato y AMPA en el agua de lluvia, incluso la que cae mucho más allá de las zonas agrícolas (como la Antártida...); por qué hay pesticidas en la carne de los peces, o en los lechos de nuestras principales cuencas hídricas; o por qué hay rastros de agrotóxicos en sangre y orina de todo aquel homo-sapiens que se hace un análisis. 

 

Tampoco dicen nada sobre las verdaderas razones que empujan a los productores a aplicar cada vez más cantidad de veneno por hectárea para obtener los mismos resultados.

 

Estamos frente a una huida hacia adelante de quienes llevan muchos, demasiados años, embolsando enormes ganancias a costa de nuestra salud y del ambiente, profundizando la desigualdad y la violencia en nuestros territorios. 

 

Este, como todo modelo extractivo, hipoteca los bienes comunes que nuestra generación debe preservar para las que vienen, como cínicamente enuncian en el documento presentado, citando los objetivos de “Desarrollo Sostenible” de la ONU. 

 

Como corolario, abrieron la convocatoria a realizar "aportes" para darle una pátina democrática y participativa a una decisión que ya está tomada. Saben que es un latiguillo "que garpa" con una parte de la población: por eso se muestran plurales y dialoguistas, mientras encubren su compromiso a fuego con un modelo jamás sometido al debate democrático.

 

Si de verdaderas buenas prácticas se trata, hay que virar 180° hacia la agroecología: a recomponer los ciclos de la vida, los suelos, la biodiversidad. A una agricultura con familias en los campos, recuperando saberes y prácticas. A construir un nuevo vínculo entre el campo y la ciudad, democratizando los territorios.

 

Este camino no es un cuentito: ya está en marcha. Son miles de hectáreas produciendo de otra manera. Son productores que miran rindes y rentabilidades; son familias campesinas, quinteras y de la agricultura familiar peleando por tierra para vivir y producir; son técnicxs con ganas de aportar a otra cosa; son ferias donde el precio es el trabajo; son miles le vecinos de ciudades y pueblos que quieren dejar de comer veneno. Es una semilla milenaria que germinó, aún con 20 años de invierno tóxico en los campos, en los platos y en las mentes.

 

....

 

Y a propósito de semillas, también hay cosas para decir al respecto.

 

(continuará)

 

Leer también #1 - ¿Fiesta en La Rural?

 

Van algunos videos a modo de aporte:

Debate sobre agrotóxicos en el Senado de la Nación (Septiembre de 2015), intervenciones de:

Damián Marino

Damián Verzeñassi

Medardo Avila Vázquez

Emanuel Garrido

 

 

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Fuente: https://www.anred.org/?p=102033

 

En consecuencia, hay un solo capitalismo y no sólo está conduciendo a la extinción de la vida planetaria sino que subsume a toda la humanidad en:

Crisis civilizatoria
18 de abril de 2019

Por Renán Vega Cantor

Por estos días, las noticias que recibimos a diario se centran en la crisis financiera, presentada como un fenómeno particular de un sector de la economía, y pocas personas se atreven a hablar de crisis del capitalismo, como una muestra de que el imaginario “libre mercado” ha obnubilado a gran parte de la especie humana, bombardeada durante 20 años por las mentiras sobre el fin de la historia, la eternidad del capitalismo y la pretendida imposibilidad de construir alternativas a este sistema irracional.

 

Confluencia de múltiples crisis

 

Hablar de crisis capitalista es, desde luego, mucho más apropiado que de crisis financiera, sencillamente porque apunta a enfatizar que no es solamente un sector particular, el financiero, el que está en crisis, sino que es el conjunto de relaciones capitalistas, lo cual supone considerar, parece de Perogrullo, la economía real, esto es: la producción, con todo su cortejo de víctimas: desempleados, trabajadores precarizados, mujeres y niños recibiendo peores salarios si es que mantienen sus empleos, campesinos a los que no les compran sus productos y expulsados de sus tierras, pequeños empresarios en la quiebra total, sectores populares todavía más empobrecidos ante la reducción de sus posibilidades de trabajo y subsistencia, porque es evidente que la gente no puede vivir ni del aire ni de la especulación financiera.

Pero ni siquiera la noción de crisis capitalista hoy es suficiente para entender la situación que hoy está viviendo la humanidad: una verdadera encrucijada histórica, que puede catalogarse como una auténtica crisis civilizatoria, por las múltiples dimensiones que ésta conlleva, porque al mismo tiempo estamos viviendo, por lo menos, cuatro crisis de manera simultánea: ecológica, climática, energética y alimentaria, todas producidas por la suicida mundialización del capital, como se intenta mostrar enseguida.

Crisis ecológica: El aumento de los niveles de consumo a escala mundial por un porcentaje exiguo de los habitantes del planeta (los viejos y los nuevos ricos, junto con importantes fracciones de las llamadas clases medias) está conduciendo a la extracción desaforada de fuentes de energía y materiales indispensables para hacer posible dicho sobreconsumo. Al fin y al cabo, para construir automóviles, aviones, computadores, celulares, tanques de guerra, armas y todas las mercancías que inundan nuestra vida cotidiana se precisa de materia y energía y éstas hay que extraerlas de algún lugar de la Tierra, porque no se encuentran en ningún otro lado, ni se puede reproducir en laboratorio de manera artificial y de la nada. Como consecuencia de esa búsqueda frenética de materiales se están destruyendo los ecosistemas a una escala sin precedentes, lo que se evidencia en que después de 65 millones de años (cuando desaparecieron los dinosaurios), hoy se presenta la extinción de especies más terrible de toda la historia, junto con la deforestación, el arrasamiento de las últimas zonas boscosas y selváticas del mundo, la reducción de las reservas de agua dulce, la contaminación química, y un interminable etcétera.

Crisis climática: Estamos asistiendo a un cambio drástico en el clima del planeta, causado por el sobreconsumo propio de la sociedad capitalista, que se manifiesta en el aumento de las temperaturas en unos lugares del mundo y el descenso en otros, a la par con huracanes y tifones cada vez más destructores, veranos más prolongados e intensos, e inviernos más lluviosos. Se han convertido en pan de cada día los desastres provocados por la alteración de los ciclos climáticos en todo el mundo, aunque, como siempre, los perjudicados sean los más pobres y desvalidos, que ven cómo se caen sus precarias viviendas, cómo se destruyen sus formas de subsistencia y sus sistemas de pesca. Esa brusca alteración climática ya está teniendo efectos desastrosos, puesto que el clima es un regulador natural de la vida en la Tierra y su modificación altera por completo a los ecosistemas y las formas vitales que allí existen, tal y como lo experimentan los habitantes (humanos y animales) de la zona polar ártica, que soportan el deshielo de los casquetes en donde han vivido durante miles de años, hecho que no solamente los amenaza a ellos con la extinción inmediata sino que pone en peligro a muchas zonas costeras del mundo, que soportarán el aumento del nivel del mar, lo cual conllevara la inundación de ciudades y zonas habitadas.

Crisis energética: Hoy estamos asistiendo al comienzo del fin de la época del petróleo, como resultado de la generalización del consumismo exacerbado y de la universalización ideológica (que no puede ser real) del modo de muerte americano, lo que supone que países como China se hayan integrado al mercado mundial de consumo de hidrocarburos y de toda clase de materias primas, siguiendo el ritmo nefasto de los países capitalistas. Eso mismo ha sucedido en todos los lugares del mundo, porque sus clases dominantes a escala nacional han adoptado el modelo despilfarrador de energía, replicando para sí mismas el uso del automóvil y el gasto de materiales derivados del petróleo en todas las actividades diarias como forma predominante de vida, a través de la apertura económica y el mal llamado libre comercio. En esa perspectiva, en unas dos o tres décadas, ante el aumento del consumo a nivel mundial y el crecimiento de la población, se estarán agotando las últimas reservas de petróleo, lo cual causará el colapso del sistema erigido sobre el oro negro, con más guerras, invasiones y lucha por el control de los pocos recursos existentes entre las viejas y nuevas potencias imperialistas.

Crisis energética: Hoy estamos asistiendo al comienzo del fin de la época del petróleo, como resultado de la generalización del consumismo exacerbado y de la universalización ideológica (que no puede ser real) del modo de muerte americano, lo que supone que países como China se hayan integrado al mercado mundial de consumo de hidrocarburos y de toda clase de materias primas, siguiendo el ritmo nefasto de los países capitalistas. Eso mismo ha sucedido en todos los lugares del mundo, porque sus clases dominantes a escala nacional han adoptado el modelo despilfarrador de energía, replicando para sí mismas el uso del automóvil y el gasto de materiales derivados del petróleo en todas las actividades diarias como forma predominante de vida, a través de la apertura económica y el mal llamado libre comercio. En esa perspectiva, en unas dos o tres décadas, ante el aumento del consumo a nivel mundial y el crecimiento de la población, se estarán agotando las últimas reservas de petróleo, lo cual causará el colapso del sistema erigido sobre el oro negro, con más guerras, invasiones y lucha por el control de los pocos recursos existentes entre las viejas y nuevas potencias imperialistas.

Crisis alimenticia: Mientras en el mundo hay suficiente producción de alimentos como para abastecer a unos 12 mil millones de personas (casi el doble de la población actual), el hambre y la desnutrición se han extendido por todo el planeta, al tiempo que productos de la dieta básica de la gente común y corriente han sido transformados, por las multinacionales agrícolas y los empresarios capitalistas, en materias primas para la producción de cosas que no benefician de manera directa a cinco mil millones de habitantes del planeta, porque ellos no los pueden comprar por sus elevados costos. (Un ejemplo claro al respecto es el del cacao, materia prima del chocolate, cuya producción es monopolizada por multinacionales como la Nestlé, la que luego lo revende a precios inalcanzables para las economías campesinas que lo producen en África, donde sus niños nativos que juegan con las pepas de cacao nunca pueden comprar ni comer una chocolatina). Otra parte de esos alimentos se destinan de manera criminal a la producción de agrocombustibles para mover los carros y los aviones, lo que conlleva que se dediquen millones de hectáreas a producir géneros de exportación que antes se dedicaban a alimentar a los seres humanos. Como consecuencia de la constitución de las economías de exportación han aumentado la pobreza rural y el éxodo hacia las ciudades, se ha acelerado la desaparición de los campesinos y ha desaparecido la soberanía alimentaria de los países antes productores de alimentos esenciales en todo el Sur del mundo, que ahora deben comprarlos a los países imperialistas. Como un resultado de esta crisis han aumentado las revueltas de subsistencia de los hambreados del orbe, que se han presentado en más de 50 países del mundo en el último año.

Algo más que una pasajera crisis capitalista

Todas estas crisis indican que no es una pura crisis económica más la que estamos soportando sino algo más profundo, en el sentido de que hoy por hoy el capitalismo ha llevado a la humanidad a un callejón sin salida en el ámbito del mismo capitalismo, es decir, a una crisis civilizatoria, lo cual significa que en estos momentos lo que está en cuestión es el modelo intensivo en el consumo de materiales y energías fósiles construido en los dos últimos siglos, tras la revolución industrial, y generalizado en el mundo en los últimos 20 años.

Al hablar solamente de crisis capitalista, en el sentido económico del término, se está admitiendo que en la lógica capitalista el sistema puede recuperar sus niveles de acumulación, incluso a escala ampliada, y que, como si nada hubiera pasado, se va a continuar con ese nivel de sobreconsumo y se van a preservar las exigencias del crecimiento. El capitalismo se podrá recuperar, pero eso no supone que se beneficie a la humanidad, sino a unos cuantos oligarcas opulentos, los mismos responsables de la crisis financiera.

Pero si ese mismo asunto se observa desde la perspectiva de una crisis civilizatoria, puede concluirse que el colapso financiero señala que se ha acelerado el paso que nos conduce al abismo, si es que no se toman las medidas urgentes e indispensables para evitar todas las crisis que nos asolan, y eso pasa necesariamente por el fin del capitalismo y su sustitución por una sociedad diferente, con otros valores no mercantiles ni basados en la sed infinita de ganancia y acumulación. En ese contexto, hoy es más necesaria que nunca la revolución anticapitalista pero no para desarrollar las fuerzas productivas (que bien vistas son destructivas), sino como lo decía Walter Benjamin, para accionar los frenos de emergencia que impidan que el capitalismo destruya a la humanidad.

Fuente: https://prensarural.org/spip/spip.php?article2197

 

Nos explica,  Renán Vega Cantor, que: "La noción de «crisis civilizatoria» es importante porque con ella se quiere enfatizar que estamos asistiendo al agotamiento de un modelo de organización económica, productiva y social, con sus respectivas expresiones en el ámbito ideológico, simbólico y cultural. Esta crisis señala las terribles consecuencias de la producción de mercancías, que se ha hecho universal en los últimos 25 años, con el objetivo de acumular ganancias para los capitalistas de todo el mundo y que sólo es posible con el gasto exacerbado de materiales y energía".

 

 

 

Crisis Civilizatoria

Por Renán Vega Cantor

 

En estos momentos se desenvuelve otra crisis que, a primera vista, hace parte del recurrente ciclo capitalista que en forma periódica desemboca en una caída drástica en todos los órdenes de la vida económica. Pero si se mira con algún cuidado, la crisis actual tiene unas características diferentes a todas ambientales, climáticos, energéticos, hídricos y alimenticios. La noción de crisis civilizatoria es importante porque con ella se quiere enfatizar que estamos asistiendo al agotamiento de un modelo de organización económica, productiva y social, con sus respectivas expresiones en el ámbito ideológico, simbólico y cultural. Esta crisis señala las terribles consecuencias de la producción de mercancías, que se ha hecho universal en los últimos 25 años, con el objetivo de acumular ganancias para los capitalistas de todo el mundo y que sólo es posible con el gasto exacerbado de materiales y energía.

 

1. Crisis energética: el comienzo del fin del petróleo
La civilización industrial capitalista consolidada durante los dos últimos siglos, un breve lapso de la historia humana, se ha sustentado en la extracción intensiva de combustibles fósiles (carbón, gas y, de manera primordial, petróleo). Las transformaciones tecnológicas que se han producido desde la Revolución Industrial en Inglaterra, a finales del siglo XVIII, han sido posibles por el uso de estos combustibles, a los cuales están asociados la maquina de vapor, el ferrocarril, el avión, el televisor, el tanque de guerra, el automóvil, el computador, el teléfono celular y en la práctica casi cualquier artefacto que se nos ocurra. El uso de esos combustibles ha permitido al capitalismo extenderse por todo el mundo ya que los medios de transporte han aumentado su velocidad, tamaño y alcance, con lo cual la producción de mercancías ha rebasado el ámbito local y se ha desplegado por el orbe entero.

 

La utilización de petróleo a vasta escala ha urbanizado el mundo, como nunca había sucedido en la historia humana, hasta el punto que hoy por primera vez habita en las ciudades un poco más del 50 por ciento de la población mundial, una tendencia que se incrementará en los años por venir, marcando la desruralización del planeta. En las ciudades se reproduce a escala planetaria la diferenciación social, entre una minoría opulenta que reproduce el American Way of Life y una mayoría que vive en la más espantosa pobreza, sin tener acceso a los servicios públicos fundamentales, apiñados en tugurios y sin contar con lo básico para vivir en forma digna, constituyendo las ciudades de la miseria .[1]

 

Aun más, la expansión mundial del capitalismo, que tanto se aplaude, no habría sido posible sin el petróleo, ya que la producción de China o India, que vincula a millones de personas al mercado capitalista como productores (en las maquilas y fábricas de la muerte) y consumidores (vía uso de automóviles o celulares, para indicar los íconos de este sistema), se ha logrado con la reproducción de la lógica depredadora del capitalismo y el uso a vasta escala de combustibles fósiles. En ese sentido, no resulta extraño que China sea el segundo productor mundial de CO2 y necesite para mantener su irracional sistema de producción capitalista, concentrado en la zona norte del país, de ingentes cantidades de agua, madera, minerales y toda clase de materiales.

Pero el petróleo tiene un problema, es un recurso no renovable, y en estos momentos nos encontramos en un punto de inflexión, cuando ha comenzado su agotamiento irreversible. Esto se explica por el hecho elemental que la cantidad de combustibles fósiles existentes es fija y en la medida en que sean extraídos a una mayor velocidad, más rápido se acabarán. Y eso es lo que está sucediendo hoy como consecuencia de la generalización de la lógica capitalista de producción y consumo a todo el mundo, puesto que las clases dominantes replican el modelo estadounidense por doquier. Esto ha conducido al aumento del consumo diario de petróleo para garantizar que se incremente la producción de cualquier tipo de mercancías que se consumen a vasta escala en las cuatro esquinas del planeta, así como para permitir la construcción de infraestructura que posibilite el transporte de esas mercancías, con nuevas ciudades, carreteras, puertos, viaductos y aeropuertos.

Dado el aumento de la población vinculada al mercado capitalista, y del consumo que de allí se deriva, no hay duda que nos encontramos en el cénit no solamente de la producción de petróleo y de carbón sino de los principales recursos minerales que posibilitan el funcionamiento de la civilización capitalista. Para recalcar la importancia crucial de la crisis energética valga recordar que desde hace algunos años ciertos investigadores vienen estudiando el pico del petróleo, a partir de los descubrimientos del ingeniero estadounidense King Hubber, y vaticinaron que ese pico se alcanzaría entre el 2000 y el 2010, momento en el que nos encontramos, y que coincide en forma milimétrica con el estallido de la actual crisis económica. En rigor, las dos no están desconectadas porque la sobreproducción capitalista –el origen fundamental de la crisis económica– ha sido posible por la incorporación de nuevos territorios a la producción mercantil, con lo cual se incrementa el gasto de energía y de materiales.

 

Al respecto resulta necesario referirse a la Teoría de Olduvai del ingeniero Richard Duncan, quien sostiene que la época del petróleo va a durar, casi en forma exacta, sólo un siglo, puesto que su despegue se presentó en la década de 1930 y se proyectará hasta comienzos de la década de 2030. Basándose en múltiples cálculos, Duncan considera que el eclipse del petróleo se consumará en las próximas dos décadas, lo cual implica un cambio radical en la forma de vida que nosotros conocemos, incluyendo una disminución de la población, una reducción del tamaño las ciudades y una desaparición de los grandes sistemas de transporte hoy existentes. Uno de los esquemas elaborados por Duncan ilustra el alcance de su análisis:

 

Según Duncan, la época del petróleo puede considerarse como una fiesta de corta duración que va a durar sólo un siglo y al cabo de la cual terminará el derroche energético emprendido por el capitalismo, a lo que se llegará en escasas dos décadas, cuando se retorne a otra era, en la cual ya no habrá petróleo, que puede catalogarse como el regreso a Olduvai. Este nombre es significativo, si se recuerda que así se ha denominado a una de las grutas, localizada en Tanzania (África), en las que se encontraron algunos de los restos humanos más antiguos, y cuya sociedad no conocía la luz artificial.[2]

 

Aunque sean difíciles de admitir a primera vista, las predicciones de este ingeniero se están volviendo realidad, a partir del hecho indiscutible de la llegada al pico de petróleo mundial, en el cual ya hemos entrado, y que según algunos autores se alcanzó en julio de 2008, cuando se logró la cota máxima de producción de petróleo de todos los tiempos.[3] En estas condiciones, entre más aumente la producción y consumo de energía fósil, esta última se acabará más rápido de lo previsto, y tal carencia provocará el regreso a las crisis precapitalistas de subproducción por la imposibilidad de mantener los ritmos frenéticos de despilfarro de petróleo en el mundo actual, como una expresión de la decadencia y parasitismo ya señalados. Por supuesto, esto también acarrea el aumento de guerras por el control de los últimos reductos de hidrocarburos, como ya se aprecia con los diversos conflictos que asolan a los territorios que tienen la desgracia de poseer petróleo (Irak), que están cerca de las fuentes de petróleo o de gas (Afganistán) o se ubican en lugares estratégicos de la circulación mundial de mercancías (Somalia y el cuerno africano).

Pero la reducción acelerada no es sólo del petróleo, puesto que los más recientes estudios indican que el carbón –del que hasta hace poco se anunciaba que iba a durar por varios siglos- también se acerca a su pico máximo, al cual se llegará en las próximas dos décadas. Lo mismo acontece con otros minerales estratégicos, cuyo agotamiento está próximo: uranio, 40 años; antinomio y plata entre 15 y 20 años; tantalio y zinc entre 20 y 30 años; indio entre 5 y 10 años; platino, 15 años; hafnio, menos de 10 años.[4] Lo verdaderamente crítico radica en que “el pico del petróleo será un punto de inflexión histórico, cuyo impacto mundial sobrepasará todo cuanto se ha visto hasta ahora, y eso pasará en la vida de la mayoría de las personas que viven hoy en el planeta”[5].

2. Crisis alimenticia: el regreso de los motines de subsistencia

El capitalismo es una fábrica simultánea de riqueza y de miseria, productor constante de injusticia y desigualdad, en razón de lo cual la polarización de clase es una de sus características intrínsecas. Eso se manifiesta en los más diversos tópicos de la vida social, como sucede con la producción de alimentos. Que el capitalismo produzca hambrientos no es nuevo, puesto que su expansión mundial ha generado, de manera invariable, hambre a vasta escala, como resultado de la destrucción de las economías locales, sometidas a nuevas exigencias para que se “adapten” a los requerimientos del mercado mundial, como reza la formula de los economistas ortodoxos.En la práctica, la mundialización del capital ha dado origen a una realidad profundamente injusta en términos alimenticios, porque al mismo tiempo unos pocos consumen hasta el hartazgo (como puede apreciarse en los “esbeltos cuerpos” de millones de estadounidenses, mofletudos y regordetes, que no pueden ni andar de tanto ingerir comida basura), mientras que en todos los continentes millones de seres humanos soportan la desnutrición o mueren de hambre. En tal sentido, el hambre y la desnutrición actuales son un resultado directo de la destrucción de las economías campesinas por parte de las empresas agroindustriales, que monopolizan las mejores tierras, imponen costosos paquetes tecnológicos y controlan la producción de alimentos y materias primas de origen agrícola. Esto ha venido acompañado del despojo y expulsión de los campesinos e indígenas de sus territorios ancestrales por compañías transnacionales y empresarios locales, con lo que la producción agrícola y pecuaria es dominada por pocos países, unas cuantas empresas y algunos terratenientes, habiéndose liquidado la soberanía alimenticia de territorios antaño autosuficientes, en los cuales se siembran productos comerciales en sustitución de alimentos esenciales. Ese proceso anticampesino se fortalece con la llamada revolución genética, que pretende convertir, en el mejor de los casos, a algunos pequeños productores en empleados de las multinacionales para la producción de materias primas que forman parte de cadenas productivas, desde la generación de semillas hasta la venta de productos elaborados en los supermercados, que son controladas por esas empresas, proceso en el cual los alimentos ya no son la base de la producción agrícola. Justamente, la conversión de los alimentos en mercancías y la aplicación de los principios criminales del libre comercio destruyen los mecanismos de producción, distribución, comercialización y consumo que posibilitan la supervivencia de los pueblos de la periferia, entre los cuales sobresalían la ayuda mutua, la solidaridad, el don y la reciprocidad, mecanismos todos arrasados por el librecambio, que ha asesinado a millones de personas de inanición.

Las grandes empresas han despojado a los pequeños agricultores basándose en la retórica del libre comercio, falacia con la cual justifican la eliminación de los subsidios y los mecanismos proteccionistas por parte de los Estados, obligan a los países dependientes a especializarse en la producción de géneros agrícolas para el mercado mundial (los de siempre, café, banano, azúcar, o los nuevos, como palma aceitera, soja, colza o frutas exóticas), impulsan la conversión de las mejores tierras en zonas ganaderas, de cultivos forestales y, últimamente, las destinan a la siembra de cultivos de los que se extraen necrocombustibles(combustibles de la muerte es su verdadero nombre, pues el de biocombustibles que se emplea frecuentemente es un embuste). Todo esto ha ocasionado la pérdida de la seguridad alimenticia en los países pobres, en los cuales ya no se producen los alimentos básicos, que deben ser comprados en el mercado mundial, a los precios que fijen las empresas multinacionales y los países imperialistas.

Este modelo agrícola capitalista es el responsable del hambre que se extiende por el mundo y que afecta a millones de seres humanos- se calcula que 1.200 millones de personas soportarán hambre crónica de aquí a 2025-, y que ha vuelto cotidianas las escenas de muerte de niños por inanición en Sudán, Argentina, Haití, Colombia y muchos otros países y también en todos ellos han reaparecido los motines de subsistencia en épocas de “capitalismo posmoderno”, cuando se suponía estaba solucionado el problema del hambre. En realidad, para el capitalismo actual la mejor forma de solucionar el problema del hambre es devorando a los pobres, como lo sugería Jonathan Swift en Una modesta proposición (1729), cuando en forma satírica proponía que los irlandeses pobres devoraran a sus propios hijos, con lo cual aparte de evitar la hambruna, le ahorrarían a los niños más sufrimientos; o, como gráficamente, lo decía un graffiti en la ciudad de Buenos Aires: “¡Combata el hambre y la pobreza! ¡Cómase a un pobre!”. Eso es lo que efectivamente sucede cuando el maíz o la caña se siembran para producir gasolina. Cuando a un automóvil se le está suministrando combustible, originado en los alimentos, se está devorando a un pobre, porque, por un antinatural metabolismo que sólo puede ser resultado del capitalismo, el alimento ya no tiene por destino saciar el hambre de los seres humanos sino el de las voraces máquinas de cuatro ruedas, la máxima expresión del “modo americano de muerte”.

Por otro lado, la crisis alimenticia se conecta con la crisis energética por múltiples vías: la industrialización de la agricultura la hace petrodependiente en todos los ámbitos, por el uso de fertilizantes, abonos y fungicidas y por la utilización de medios de transporte que requieren de combustibles fósiles para funcionar; el aumento en los precios del petróleo, una tendencia que cobrará más fuerza a medida que se agote el crudo, incide en la producción agrícola; los intentos de sustituir petróleo por agrocombustibles, originan un proceso de concentración de tierras para sembrar productos destinados a alimentar carros y aviones y no seres humanos y aumenta también los precios de los alimentos. Así, el arroz, azúcar, maíz, papa y otros productos esenciales se están convirtiendo en biomasa para producir combustibles y no para satisfacer las necesidades nutricionales de millones de seres humanos que viven en la periferia.

 

De igual forma, la crisis alimenticia está vinculada con las modificaciones climáticas en marcha puesto que estas últimas inciden en forma directa en la disminución de las cosechas, sobre todo en las zonas más pobres del mundo. Así, por los cambios en la temperatura y en el volumen de precipitaciones se calcula que en los próximos años caerán los rendimientos de los principales productos alimenticios en diversos lugares del mundo: la caña de azúcar en un 3 por ciento en los Andes; el arroz en un 10 por ciento en Asia Meridional; el maíz en un 47 por ciento en el sur de África; el trigo en un 3 por ciento en Asia oriental.[6] 

 

3. Crisis hídrica: secando la fuente de la vida

A la par de la crisis alimenticia discurre otra relacionada con la destrucción de los reservorios de agua, el agotamiento del agua dulce y la contaminación de ríos, lagos y mares, junto al arrasamiento de los humedales. Hasta no hace mucho tiempo se suponía que el agua era un recurso inagotable y no había ningún problema en garantizar su suministro de manera permanente. Hoy se sabe que el agua dulce es limitada y su agotamiento y escasez corre en paralelo al aumento demográfico, al crecimiento urbano, a la industrialización de la agricultura, a las modificaciones climáticas y a su derroche en la producción de mercancías. En esta dirección, la crisis hídrica es un resultado de la expansión mundial del capitalismo porque el agua misma se ha convertido en una mercancía y ha dejado de ser un bien común y público, ya que conglomerados transnacionales (como Coca-Cola, Danone y otros) la han convertido en un nicho de mercado, con el que obtienen cuantiosas ganancias por diversos medios: la producción de agua embotellada, la privatización de los servicios de acueducto y cloacas y la apropiación de ríos y lagos por empresarios capitalistas.

A esto debe añadírsele que la urbanización acelerada necesita de importantes cantidades de agua, aunque su distribución y calidad sigan los parámetros de clase propios del capitalismo, puesto que en las grandes urbes sólo una parte de la población tiene acceso a agua potable y suficiente, mientras que la mayoría no la disfruta y tampoco cuenta con redes cloacales. De la misma manera, los procesos tecnológicos más sofisticados requieren cantidades ingentes de agua, como la que precisa la producción de automóviles, computadores, celulares y televisores. Igual acontece con la producción de determinado tipo de cultivos, como las flores, que consumen enormes volúmenes de agua.

A la par con todo lo anterior, los procesos de industrialización, la urbanización desaforada, la agricultura industrial, los megaproyectos y la explotación de recursos minerales y energéticos han contaminado las más importantes fuentes de agua en el mundo. No sorprende que, casi sin excepción, junto a una gran ciudad se encuentre un río convertido en una fuente de aguas fétidas y malolientes, al lado del cual malviven los sectores más empobrecidos.

 

Tanto a nivel interno en los países como en el plano mundial existe una distribución injusta y desigual del agua, porque mientras sectores minoritarios tienen a su disposición agua de calidad que despilfarran sin vergüenza (para lavar autos, regar campos de golf, o surtir su propia piscina), la mayor parte de la sociedad carece del vital liquido, lo cual ocasiona la muerte diaria de miles de personas por problemas estomacales y produce la enfermedad de millones de ellos por consumir agua no potable. Esta desigual apropiación del agua también existe en el terreno mundial, ya que algunos países cuentan con importantes reservas hídricas o por su poder económico, militar y político pueden apropiarse del agua de sus vecinos, a los que dejan exhaustos y muriéndose de sed (el caso de Israel con los palestinos es emblemático al respecto), con lo cual se avizora una de las contradicciones determinantes de los conflictos del futuro inmediato que va a ocasionar guerras por el agua, con la misma frecuencia que las actuales guerras por el petróleo.  

 

Entre otras cosas, valga recordar, para mostrar las interrelaciones entre la explotación de hidrocarburos y el agua, que la extracción de los primeros conlleva siempre despilfarro de la segunda de múltiples formas: para extraer un barril de petróleo o de gas se precisan cientos o miles de barriles de agua; con todas las labores propias de la industria petrolera se contaminan las fuentes de agua; los derrames de crudo llegan inexorablemente a los cursos de agua, como nos lo recuerdan las tragedias de contaminación hídrica que han generado los numerosos accidentes de grandes buques petroleros en los mares del mundo. 

 

Y el otro aspecto que debe mencionarse es el relativo a los nexos directos entre el trastorno climático y la crisis hídrica. Así, el trastorno climático se manifiesta en primera instancia con un aumento de la temperatura en diversos sitios del planeta, lo que ocasiona transformaciones bruscas e inesperadas: se producirá, y se está produciendo ya, el deshielo de glaciares, con lo que se reducirá la oferta hídrica en muchos países, pues las principales reservas de agua dulce están en los nevados y en los paramos. Al mismo tiempo, y como consecuencia de lo anterior, aumentara el caudal de muchos ríos mientras que otros se secarán, lo cual afectará a las poblaciones que viven gracias a esos cursos de agua. Esto generará inundaciones y sequías a un ritmo antes no conocido, como ya se evidencia en algunos continentes, como Europa, donde se han presentado en los últimos años inviernos más lluviosos y veranos más calidos. De la misma manera, la transformación climática influye en el cambio de la cantidad y la calidad del agua disponible, ya que al aumentar la temperatura del aire se altera la temperatura del agua, con lo cual se reduce su contenido de oxigeno, se afecta la distribución de los organismos acuáticos y se altera el ciclo de los nutrientes, entre otras muchas consecuencias nefastas. Igualmente, las modificaciones climáticas ocasionan la mezcla de agua salada con aguas dulces en los acuíferos litorales, afectando otra importante reserva de agua dulce en muchos lugares del planeta.

Adicionalmente, en la medida en que cambia el clima mundial se altera el régimen de lluvias en ciertas zonas del planeta lo que produce la sequía, la desertificación y la hambruna y genera las migraciones hídricas, cuando la gente huye de sus terrenos ancestrales, convertidos en lugares yermos y sin vida, donde han desaparecido las fuentes de agua que les posibilitaban la subsistencia, como es el caso de algunos países del Sahel en África.

 

 

4. Crisis ambiental: la destrucción de las condiciones de producción y de vida

 

Junto con todas las crisis antes nombradas, y como síntesis de las mismas, hay que considerar la crisis ambiental, hoy generalizada a todo el planeta. Son numerosos los componentes de la degradación medioambiental que hoy soportamos, en la que deben incluirse la destrucción de fuentes de agua, la desaparición de tierras y suelos aptos para la agricultura, el arrasamiento de selvas y bosques, la reducción de recursos pesqueros, la disminución de la biodiversidad, la extinción de especies animales y vegetales, la generalización de distintos tipos de contaminación, la reducción de la capa de ozono y la destrucción de ecosistemas.

Todos estos componentes de la catástrofe ambiental que ponen en riesgo la misma continuidad de la especie humana, se han originado en la lógica depredadora del capitalismo con su concepción arrogante de mercantilizar todo lo existente y de dominar la naturaleza a su antojo. Pretendiendo eludir los límites naturales, la expansión mundial del capitalismo ha transformado los paisajes del planeta, sometiendo a los recursos y a las especies a la férula de la valorización del capital, dando por sentado, en forma optimista, que la naturaleza es una externalidad que no tiene costo y que, al no contabilizarse en términos económicos, se puede destruir impunemente, y además es posible regenerarla muy rápido o sustituirla de manera artificial.

El resultado no podía ser más terrible, si se considera que nunca antes se había asistido a una situación como la actual con su cúmulo de desastres pretendidamente “naturales”, de lo cual tienen muy poco, como huracanes, tifones, inundaciones, maremotos, avalanchas, tsunamis y terremotos que año a año matan a miles de personas y hunden en mayor pobreza a los miserables del mundo. Esta es una clara manifestación del precio que debe pagarse por haber sometido a una transformación acelerada a la naturaleza, como parte del uso intensivo de combustibles fósiles y del uso descomunal de materiales y de recursos naturales para obtener ganancias. Esto se ha acentuado en las últimas décadas por el incremento en el consumo mundial de mercancías y por la apropiación subsecuente de los bienes naturales, considerados ahora como propiedad privada.

 

Nada tiene de raro, en esa perspectiva, que se libre una guerra mundial por parte de los países imperialistas y sus compañías multinacionales para apoderarse de los recursos energéticos, naturales, forestales e hídricos en aquellas zonas que todavía los tienen, como se evidencia en el Congo, en Colombia, en Brasil, en México, en Indonesia y otros países. El consumo a vasta escala de ciertos artefactos electrónicos, viene acompañado del arrasamiento de ecosistemas y de guerras locales en países africanos, por ejemplo, para satisfacer la necesidad de suministrar materias primas (metales y minerales) a las empresas transnacionales que financian ejércitos estatales y privados con el fin de asegurarse el abastecimiento de esas materias primas y mantener la oferta de sofisticados instrumentos tecnológicos.[7]

 

De otra parte, una de las expresiones más críticas de la situación ambiental está relacionada con la reducción de la biodiversidad y con la extinción de especies, un fenómeno que ha alcanzado una escala nunca antes vista. En efecto, ahora se está presentando la sexta extinción de especies, provocada no por causas naturales sino económicas y sociales, por acción de la lógica capitalista, si recordamos que la quinta extinción se presentó hace 65 millones de años, cuando desaparecieron los dinosaurios y gran parte de la vida existente en la tierra, por obra de un meteorito que se estrelló contra nuestro planeta. La extinción actual es producida de manera directa e indirecta por el capitalismo, al generalizar la mercantilización de la vida, lo que ha conducido a considerar a los animales y plantas como una fuente más de ganancia, sin importar su impacto destructor, como puede verse con el tráfico mundial de especies (la segunda actividad ilícita en el mundo por las ganancias económicas que genera) y la conversión de los animales en factorías de leche, carne o grasa, que ha desencadenado enfermedades como las de la vaca loca, la gripa aviar o la gripe porcina, tan de moda en estos días.

 

Algunos datos elementales son indicativos de las pérdidas de especies en curso: el Índice de Planeta Viviente, que pretende medir el estado de la biodiversidad mundial, muestra que se ha presentado un declive promedio del 30 por ciento entre 1970 y 2005 entre 3.309 poblaciones de 1.235 especies y ese mismo Índice pero aplicado a los trópicos constata que allí el declive ha sido más dramático, alcanzando un 51 por ciento en ese mismo período al considerar 1.333 poblaciones de 185 especies. De la misma manera, nuestra huella ecológica –con la que se establece la cantidad de recursos de la tierra y el mar, medido en hectáreas, que cada uno de nosotros necesita para vivir, incluyendo la destinada a absorber nuestros desechos- señala que la demanda humana sobre la biosfera aumentó más del doble entre 1961 y 2005, lo que indica en términos más concretos que en la actualidad, al ritmo de población y consumo existentes, es necesario algo así como 1,2 planetas tierra para vivir y que en el 2030 se necesitaran dos planetas, algo insostenible por supuesto.

 

Como es obvio, la huella ecológica de todos los países y todos los seres humanos no es similar, puesto que el nivel de consumo de los países capitalistas del centro es sensiblemente mayor que la del resto del mundo, ya que Estados Unidos es el país que tiene una mayor huella ecológica, que de lejos supera su capacidad de carga. Así, esa huella es de un promedio de una hectárea en los países más pobres, mientras que en los Estados Unidos ce acerca a las 10 hectáreas y en promedio para toda la población humana es de 2.1 hectáreas[8]. Eso puede apreciarse en la gráfica siguiente:

 

Asimismo, la desaparición de las selvas y bosques para extraer maderas y otros recursos o como parte de la expansión de la frontera agrícola para soportar el crecimiento demográfico y la concentración de suelos productivos en pocas manos, les reduce el espacio indispensable para subsistir a muchas especies animales y vegetales. De la misma forma, el modelo exportador, como mecanismo de vinculación al capitalismo mundial por parte de las clases dominantes de los países periféricos, destruye los ecosistemas para cumplir con las exigencias de los conglomerados multinacionales de extraer todos los recursos exigidos en zonas ecológicamente frágiles, como sucede en la Amazonia o en la costa pacífica colombiana. Esta última se ha convertido en una tierra de megaproyectos para explotar oro, maderas, platino o sembrar cultivos como el caucho o la palma aceitera, o para diseñar represas que garanticen el funcionamiento energético de tales engendros del capitalismo mundial.

 

Al final, sin embargo, la crisis ambiental influye sobre el funcionamiento económico del capitalismo, así éste intente escamotearla, en razón de que este sistema no puede eludir las leyes físicas de la materia y la energía y no puede producir a partir de la nada y tampoco lograr que los desechos, cada vez más abundantes, desaparezcan como por arte de magia. Como no es posible construir un capitalismo posmaterial (una de las falacias de los cultores de la información), la expansión mundial del modo de producción capitalista requiere, como un Dios devorador, de cantidades ingentes de recursos y energía. Sin embargo, como estos recursos son finitos (salvo el sol en términos de la temporalidad humana, pues va a existir durante otros cinco mil millones de años), el capitalismo tiene que enfrentar la dura realidad de estar sometido a ese límite, el del agotamiento y carácter finito de los combustibles fósiles y la reducción acelerada de los recursos naturales, así estos sean renovables. No es posible conciliar, en última instancia, una lógica de crecimiento ilimitado, propia del capitalismo, con la existencia limitada de recursos energéticos y materiales, si tenemos en cuenta que la tierra es un sistema cerrado en términos de materia.

 

5. Trastorno climático por el uso intensivo de combustibles fósiles

Para completar el círculo perverso, todos los elementos anteriores influyen en otra modificación de dimensiones imprevisibles, como es el trastorno climático. Utilizamos este nombre para enfatizar que no puede seguir considerándose como un simple cambio, porque con ello se estaría indicando que es algo gradual y puramente natural. Aunque a lo largo de la historia del planeta tierra se hayan presentado incontables modificaciones climáticas, con bruscos cambios hacia épocas glaciales o calidas, todas las modificaciones anteriores tenían un origen natural. Ahora, existe un trastorno climático asociado de manera directa al uso de combustibles fósiles, especialmente del petróleo. No por casualidad, en la medida en que se llegaba al pico del petróleo han aumentado en forma proporcional las emisiones de CO2 y su concentración en la atmósfera, como se observa en la gráfica adjunta.

 

Algunos científicos han establecido que el clima es uno de los factores fundamentales para explicar la extraordinaria biodiversidad y, por lo mismo, sus modificaciones tienen efectos devastadores sobre variadas formas de vida. Aunque entre los climatólogos no exista consenso sobre la magnitud que tendrá el trastorno climático, muy pocos dudan que estamos asistiendo a una transformación brusca que es resultado de la acción antropica, ligada a la constitución de la moderna sociedad industrial desde finales del siglo XVIII. Esa transformación climática ya ha tenido sus primeras manifestaciones desde hace unos cuarenta años, cuando se detectó la destrucción de la capa de ozono en algunos lugares de la Antártida. En tiempos más recientes se ha incrementado el número de huracanes, cada vez más destructivos, en el Mar Caribe por el aumento de la temperatura del agua del océano, debido al efecto invernadero. Incluso, hace poco tiempo se presentó un primer huracán que azoto a las costas de España, un fenómeno nunca antes visto. En general durante el siglo XX la temperatura promedio del mundo se modificó en 0.6 grados centígrados, como consecuencia del uso de combustibles fósiles y de la producción de otros gases de efecto invernadero. Como no hay perspectivas reales en la actualidad de una reducción del empleo de esos combustibles –pese a su agotamiento irreversible-, puede predecirse con toda seguridad un aumento aún mayor de la temperatura del planeta, lo cual va a originar una catástrofe climática con efectos desastrosos, como ya se comienza a observar a nuestro alrededor.[9]

 

Eso se constata con los anuncios preocupantes sobre la desaparición de los páramos en Colombia, el deshielo de grandes nevados en diversos lugares de América del Sur (Argentina, Chile, Bolivia, entre otros) y el descongelamiento del casquete polar que cubre al Ártico. Hasta hace poco se predecía que este último suceso podría acontecer en 50 ó 100 años, pero los últimos estudios han indicado que eso puede ser posible en los próximos 5 ó 10 años, con devastadoras consecuencias no sólo para diferentes especies, empezando por el oso polar, sino para grandes comunidades humanas, porque el deshielo aumenta la cantidad de agua y el nivel del mar que de inmediato repercutirá en las zonas costeras habitadas, del norte de América. Al respecto, ciertos estudios anuncian que en un lapso de 50 años desaparecerán, como resultado de las modificaciones climáticas, unas 450 mil especies animales y vegetales, algo así como el 30 por ciento de todas las especies vivas actualmente existentes.

 

Como para sopesar el interés y las preocupaciones que esta transformación climática suscita en el capitalismo, ya hay quienes -en Estados Unidos, Rusia, Canadá y otros países- piensan que el descongelamiento del polo norte es una buena noticia porque propiciará negocios y nuevas oportunidades de obtener dividendos, al dejar un espacio libre para que por allí circulen embarcaciones y se acorte la distancia entre ciertos lugares del norte (por ejemplo, se afirma que la distancia entre Rótterdam y Yokohama se podría reducir en un 42 por ciento), al tiempo que será más barato realizar prospecciones petroleras y extraer los hidrocarburos que se encuentran en el subsuelo de esa zona ártica, congelada durante miles de años.[10] Finalmente, este optimismo cínico se sustenta en la falacia de que la economía puede crecer sin límites y superar todos los obstáculos que encuentre a su paso, incluyendo, las modificaciones climáticas.

 

 

6. El capitalismo y sus límites

 

Como acabamos de mostrar, la actual crisis es completamente distinta a todas las anteriores, en virtud de la sincronía de diversos factores, que hacen de la presente una crisis civilizatoria, que marca la frontera de una época histórica en la que se ha puesto en peligro la misma permanencia de la especie humana, conducida al abismo por un sistema ecocida y genocida, regido por el afán de lucro.

Sin embargo, el capitalismo pretende en forma arrogante que no existen ningún tipo de límite que impida su funcionamiento hacia el futuro inmediato, y por ello sus voceros más emblemáticos (jefes de Estado, banqueros, empresarios, economistas) proponen como recuperación de la economía más de lo mismo, es decir, un regreso a las pautas de crecimiento económico existente antes de que comenzara la crisis, esto es, más producción en gran escala de mercancías, con derroche de materia y energía, para que se sigan consumiendo y se reactive la economía en su conjunto. Efectivamente, el capitalismo no va a desaparecer en esta crisis, por la sencilla razón que, por lo menos por ahora, no se dibuja en el horizonte una fuerza alternativa que lo derrote, pero esto no quiere decir que vaya a seguir funcionando “armónicamente” como antes, porque debe afrontar límites infranqueables, que como nunca antes la crisis civilizatoria actual ha puesto al orden del día y no pueden eludirse. Entre dichos límites debe mencionarse los siguientes: el límite energético, relacionado con el agotamiento del petróleo, el gas y el carbón y cuando no emerge a la vista una alternativa real a esos combustibles fósiles, lo cual indica que la sociedad del automóvil y de las ciudades iluminadas no tiene perspectivas de mantenerse en el largo plazo, aunque de seguro se va extender en los próximos años, con lo cual se estará metido con plena certeza, para usar una metáfora del mismo medio automovilístico, en un carro de alto cilindraje pero sin combustible para andar; el límite científico y tecnológico, que en la práctica supone reconocer el carácter restringido y relativo de cualquier solución basada en los desarrollos de la ciencia y la tecnología como panacea que va a solucionar cualquiera de los problemas creados por la sociedad capitalista, los cuales incluso, en muchos casos, son causados y agravados por los mismos inventos tecnológicos o los descubrimientos científicos, lo que se ejemplifica con el caso del automóvil, considerado hoy, con toda razón, como uno de los peores inventos de todos los tiempos; el límite ambiental, que resulta del hecho comprobado que los recursos naturales se encuentran en un momento crítico, en razón del ritmo desenfrenado de explotación a que han sido sometidos en los últimos decenios, junto con la extinción de miles de especies, y aunque esto último no parece preocupar al capitalismo, éste si debe enfrentar la perspectiva poco halagadora de mantener unos irracionales ritmos de producción y consumo que no pueden ser satisfechos ante la disminución real de los recursos materiales que posibilitan la producción; el límite demográfico, como producto del crecimiento de la población, que se apiña en grandes urbes de miseria, y cuya mayoría soporta deplorables condiciones de vida –mientras recibe mensajes ideológicos y propagandísticos de que las cosas van a mejorar para los exitosos y triunfadores– y que deben luchar por participar en la repartición de un pedazo de la tarta, cada vez más concentrada en pocas manos, hace que tarde o temprano el capitalismo busque la reducción de población y para eso, como está demostrado hasta la saciedad, empezará por eliminar a los más pobres, como se ejemplifica hoy con las epidemias, hambrunas, guerras y otros mecanismos maltusianos de control demográfico; límites sociales y laborales, porque con la crisis se acentúan las diferencias de clases, la explotación y diversas formas de opresión que, de seguro, originarán resistencias, rebeliones, revoluciones y estallidos sociales, de los cuales no sabremos hacia donde conduzcan, pero si podemos decir que estarán presentes ante la confluencia de todas las crisis señaladas en este escrito.

 

En forma sintética el problema de los límites reales para el capitalismo puede expresarse con una formula elemental: I = C x T x P(Impacto sobre la tierra = Consumo x Tecnología x Población).[11] Aunque en teoría existirían varias posibilidades por parte del capitalismo para contrarrestar su impacto sobre la tierra y alargar su permanencia, en la práctica se está impulsando la reducción de la población más pobre del planeta, mientras se incrementan los niveles de consumo y el desarrollo tecnológico. Valga recordar los diferentes instrumentos de reducción demográfica en marcha en estos momentos, como las guerras, las epidemias, las nuevas enfermedades, la privatización de los servicios médicos y sanitarios, la conversión del agua en una mercancía, todos los cuales pueden considerarse como mecanismos neomalthusianos.

 

Con respecto a todos los elementos antes esbozados, el pensador brasileño Leonardo Boff ha entendido bien el sentido de los límites al capitalismo, resaltando la importancia decisiva de los aspectos ecológicos:

 

Una naturaleza devastada y un tejido social mundial desgarrado por el hambre y por la exclusión anulan las condiciones para reproducir el proyecto del capital dentro de un nuevo ciclo. Todo indica que los límites de la Tierra son los límites terminales de este sistema que ha imperado durante varios siglos.

El camino más corto hacia el fracaso de todas las iniciativas que buscan salir de la crisis sistémica es esta desconsideración del factor ecológico. No es una “externalidad” que se pueda tolerar por ser inevitable. O lo situamos en el centro de cualquier solución posible o tendremos que aceptar el eventual fracaso de la especie humana. La bomba ecológica es más peligrosa que todas las bombas letales ya construidas y almacenadas.[12]

 

Esta situación plantea la pregunta sobre la posibilidad de colapso de la civilización capitalista y con ella de la humanidad, pero esta última perspectiva sólo si no se admite la existencia de alternativas revolucionarias, imprescindibles para evitarlo. Como diría Walter Benjamin hoy la revolución es más actual que nunca para colocar los frenos de emergencia que detengan la caída rauda en el abismo e impida que el capital nos hunda en la locura mercantil que nos conduce hacia la muerte como especie y a la desaparición de diversas formas de vida.[13]

Ahora bien, la posibilidad de un colapso para el sistema capitalista no quiere decir que los capitalistas del mundo vayan a renunciar a seguirlo siendo y vayan a optar por otra forma de organización social, pues está demostrado a través de la historia que el capitalismo no va a desaparecer gracias a sus propias crisis, sino por acción de sujetos colectivos, conscientes de la necesidad de superar esta forma de organización social y que actúan en consecuencia, como sucedió al estallar los procesos revolucionarios que se presentaron durante el siglo XX.  

 

Y, en ese sentido, la actual crisis no es diferente, puesto que, como modo de producción, el capitalismo va a reactivar el crecimiento por un breve tiempo, pero eso va a agravar tanto las condiciones de reproducción del sistema como la vida de la mayor parte de la población mundial. Estas dos circunstancias son las que indican que la crisis actual, en la que confluyen todos los aspectos mencionados en este ensayo, no es otra más, pasajera y circunstancial, sino de repercusiones de largo plazo, porque su costo humano y ambiental va a incidir en la vida de millones de seres humanos, lo cual puede conducir o a un cambio revolucionario o a que se acentúen las tendencias más destructivas y criminales del capitalismo, cuyo funcionamiento se enfrenta a un límite insuperable, el fin del petróleo y el agotamiento de los recursos.

De igual forma, con la crisis civilizatoria ya no se presenta sólo un desplome económico al que sigue una rápida recuperación, sino que por el contrario se asiste, como ahora, a un deterioro incontrolable de las condiciones naturales y sociales de la producción, motivado por la acción del mismo capitalismo, aunque eso no impida que en el cortísimo plazo algunas fracciones del capital alcancen ganancias extraordinarias, como resultado del acaparamiento, la especulación o la inversión en actividades relacionadas con la misma crisis, tal como la compra de empresas petroleras o de automóviles. En pocas palabras, la crisis civilizatoria “es silenciosa persistente, caladora y su sorda devastación se prolonga por lustros o décadas, marcados por estallidos a veces intensos, pero no definitivos, que en la perspectiva de la cuenta larga configuran un periodo de crisis epocal”.[14] 

 

Y este carácter insoluble de la crisis civilizatoria plantea la urgencia de un cambio revolucionario para sustituir al capitalismo si es que la humanidad quiere tener un mañana. Esto exige la construcción de otra civilización distinta al capitalismo que recobre los valores de la justicia, la igualdad, el valor de uso, la solidaridad, la fraternidad y otro tipo de relaciones con la naturaleza y que rompa con el culto al consumo, a la mercancía y al dinero. Eso supone reconocer la existencia de límites de diversa clase para los seres humanos: naturales, materiales, energéticos, económicos, tecnológicos y sociales que tornan imposible un crecimiento ilimitado, como el postulado por el capitalismo realmente existente, y que hoy se exalta como el milagro salvador que va a sacar al capitalismo de la crisis, y que pretende estar por encima de cualquier tipo de condicionamiento para sostener que no hay ningún tipo de barrera, ni natural ni social, que pueda impedir una expansión incontenible de la acumulación de capital.

 

Un movimiento anticapitalista en las actuales circunstancias de crisis civilizatoria debe plantearse una estrategia doble, que es complementaria y no antagónica: uno, impulsar todas las medidas indispensables para mejorar las condiciones de vida de la población pobre mediante la redistribución mundial y nacional de la riqueza que permitan romper con la injusticia y la desigualdad de clase, sin que esto se de por la órbita mercantil que privilegia el afán de lucro sino mediante la recuperación del valor de uso, la solidaridad y la fraternidad, todo lo cual sólo puede hacerse con una revolución que posibilite el control de los medios de producción por los productores asociados que, por supuesto, requiere como condición fundamental la “expropiación de los expropiadores”; y dos, replantear en forma radical la noción de progreso tecnológico, proponiendo un programa político y económico que cuestione la producción mercantil y todos sus efectos ambientales y energéticos.

 

Esto, desde luego, supone todo un reto ideológico y político para afrontar la crisis porque implica que las izquierdas históricas deben romper con su inveterado culto al progreso, a las fuerzas productivas y a los artefactos tecnológicos generados por el capitalismo, lo cual requiere de un nuevo tipo de educación y politización, porque “es imprescindible refundar un movimiento comunista rojo-verde, que ponga en el centro de su actividad política las medidas ambientalistas radicales”.[15]   

 

En esta dirección, hoy ante la crisis civilizatoria se precisa complementar dos tipos de crítica, la de Marx a la explotación de los trabajadores y otra, más reciente del ecologismo anticapitalista, a la destrucción de las condiciones que permiten la reproducción de la vida. Y esta doble crítica debería recobrar la indignación, aquella que Marx mostró cuando denunció que la búsqueda insaciable de plusvalía por parte de los capitalistas degrada las relaciones humanas y esa misma indignación se requiere para enfrentar las consecuencias de la crisis ambiental y la transformación climática, ya que “frente a esta posibilidad de una gran perturbación que pondría en peligro la base material de la reproducción social, los sectores dominantes de la burguesía han caído aún más bajo, en una degradación moral sin precedentes, que pone en peligro el futuro de la humanidad en su temerario intento de continuar las prácticas productivas que han creado esta situación”.[16]

 

 

Artículo enviado por el autor para su publicación en Herramienta

[1] Mike Davis, Planeta de ciudades de la miseria, Madrid, Editorial Foca, 2007.

[2] Richard C. Duncan, “La teoría de Olduvai. El declive final es inminente”, enwww.crisisenergetica.org/ ficheros/TeoriaOlduvaiFeb2007.pdf  

[3] Juan Jesús Bermúdez, “Julio de 2008, cenit del petróleo” en Rebelión, junio 22 de 2009. 

[4] Pedro Prieto y Manuel Talens, “Michael Moore y el caso de la General Motors: ¿Se avecina el fin del capitalismo?”, en Rebelión, junio 12 de 2009.

[5] Richard Duncan citado en Ramón Fernández Durán, El crepúsculo de la era trágica del petróleo, copia a máquina, pág. 1.

[6] Joel K. Bourne, “El fin de la abundancia. La crisis alimentaria mundial”, en National Geographic en Español, junio de 2009, págs. 44-45.

[7] Michael Klare, Planeta sediento, recursos menguantes. La nueva geopolítica de la energía, Barcelona, Ediciones Urano, 2008, págs. 207 y ss.

[8]. Fondo Mundial por la Naturaleza, Informe de Planeta Vivo, 2006 y 2008, págs. 2-3; Edward O. Wilson, El futuro de la vida, Barcelona, 2002, Círculo de Lectores, pág. 54.

[9]. Federico Velásquez de Castro, 25 preguntas sobre el cambio climático. Conceptos básicos del efecto invernadero y del cambio climático, Le Monde Diplomatique, Buenos Aires, 2008.

[10]. Ver al respecto Mckenzie Funk, “El Ártico en conflicto”, en National Geographic en Español, mayo de 2009, págs. 30 y ss.

[11]. Susan George, El informe Lugano, Barcelona, Editorial Icaria, 2002. 

[12] Leonardo Boff, “El camino más corto hacia el fracaso”, Rebelión, abril 26 de 2009.

[13]. Cf. Jared Diamond, Colapso, Editorial Debate, Madrid, 2005, y Franz J. Broswimmer, Ecocidio. Breve historia de la extinción en masa de las especies,Pamplona, Laetoli, 2005.

[14]. Armando Bartra, “Achicando la crisis. De la crisis múltiple a la recesión”, La Jornada, junio 28 de 2009.

[15]. Mauricio Schoijet, Límites del crecimiento y cambio climático, México, Siglo XXI Editores, 2008, pág. 344.

[16]. Ibíd., pág. 341.

[17]. Jorge Riechmann, Gente que no quiere viajar a Marte. Ensayos sobre ecología, ética y autolimitación, Madrid, Ediciones La Catarata, 2004. pág. 113.

[18]. Adolfo Gilly y Riox, “Capitales, tecnologías y mundos de la vida. El despojo de los cuatro elementos”, en Herramienta, N° 40, marzo de 2009, pág. 38.

Fuente:  https://www.herramienta.com.ar/articulo.php?id=1052

 

 Crisis civilizatoria

 

Descubramos cómo el sistema mundo capitalista usó el acaparamiento oligopólico de los bienes comunes y del trabajo social e internacional hasta hundir la humanidad en:

 

Las coordenadas de la crisis que viene

14 de noviembre de 2015

 

Por Michel Husson (Viento Sur)

Mientras que la zona euro esboza una fase de recuperación muy moderada, los pronósticos alarmistas respecto a la trayectoria general de la economía mundial se multiplican: por ejemplo, Le Monde del 20 de octubre titulaba "El crecimiento chino se ralentiza, la economía mundial sufre". Christine Lagarde/1 enumera las "razones para estar inquietos en torno a la situación económica" y Jacques Attali/2 anuncia que "el mundo se acerca a una gran catástrofe económica".

 

Comencemos trazando un breve panorama de la coyuntura: el crecimiento mundial se ralentiza, principalmente en los países emergentes, salvo en India. Esta tendencia se retroalimenta con la caída de los precios de las materias primas y se transmite a los países avanzados. El comercio internacional también se ralentiza, al mismo ritmo que el PIB mundial, como si la globalización productiva hubiera tocado techo. La zona euro registra una recuperación muy tímida y desigual. Estados Unidos y el Reino unido, siguen aprovechándose de las circunstancias (se benefician un poco) pero el crecimiento tiende a ralentizarse en un caso y en el otro resulta artificial.

 

En el campo de la "esfera financiera", el quantitative easing (flexibilidad monetaria) alimenta la burbuja de activos en lugar de alimentar la inversión productiva, que se estanca. Y la única perspectiva -hasta ahora retrasada- de un repunte del tipo de interés del FED (Banco Central de EE UU) pesa como una espada de Damocles hasta el punto de desestabilizar las monedas y los mercados financieros de numerosos países. En fin, "la incertidumbre y las fuerzas complejas pesan sobre el crecimiento mundial" para retomar la fórmula del FMI en sus últimas perspectivas/3.

De este cuadro puntilloso, se pueden extraer las tres características fundamentales de la coyuntura actual:

· La persistencia de las "secuelas de la crisis financiera mundial";

· Las perturbaciones de la economía mundial;

· La perspectiva de un "estancamiento secular".

 

Las secuelas de la crisis financiera mundial

La flexibilización monetaria permite a un Banco Central la compra de títulos. De ese modo crea moneda que, inyectada en la economía, debería hacerle despegar. Admitamos que eso haya podido funcionar durante un tiempo en Estados Unidos. Pero el hecho nuevo es que se comienza a tomar conciencia de que este tipo de medidas tiene efectos colaterales preocupantes.

El presidente del Banco federal de Dallas, Richard Fisher (de poco peso en el seno del FED), resume de esta manera su escepticismo: "el dinero que hemos impreso no se ha distribuido tan bien como lo hubiéramos deseados. Un gran cantidad ha servido para la especulación corrupta o, con más exactitud, corrosiva"/4. Durante esa conferencia, llegó incluso a citar un poema de Jonathan Swift, fechado en 1735: "El dinero, la sangre vital de la nación/ Se estanca e infecta en las venas/Al menos que una buena circulación/garantice su movimiento y su calor"/5.

La ineficacia a largo plazo de las políticas monetarias se explica en función de varios mecanismos o de los efectos secundarios que pesan en la coyuntura actual. De entrada, la inyección de moneda se hace a ciegas y nada garantiza que la liquidez se vaya a utilizar para favorecer las inversiones. Por el contrario, termina por alimentar la especulación y provocar un incremento del precio de los activos que no beneficia más que a los ricos y conduce a la formación de burbujas [financieras].

Tipos de interés históricamente bajos

La flexibilidad monetaria conduce simultáneamente a una reducción de los tipos de interés (Gráfico 1:Tipo de interés real 1972-2014). También podría contribuir a la recuperación de las inversiones en vivienda y sobre todo en las inversiones productivas, puras y simples. La recuperación de las inversiones es, por otra parte, la cuestión clave para toda recuperación. Ahora bien, nos encontramos con que esta recuperación no llega porque las empresas, a falta de mercados y/o de beneficios, no invierten. Restablecen sus márgenes hacen caja, multiplican las fusiones y adquisiciones, distribuyen dividendos, pero sus inversiones no avanzan.

Al mismo tiempo, es verdad que la inyección de moneda conduce a la inflación de activos, pero no a la inflación pura y simple, la de los precios. Tipos de interés bajos e inflación débil se combinan entonces de tal forma que los tipos de interés reales (descontada la inflación) no pueden devenir altamente negativos. Los tipos de interés nominales llevan a lo que los economistas americanos denominan ZLB (zero lower bound): cero como tipo base. Este límite es para algunos, como Lawrence Summers/7, el resultado del estancamiento secular, caracterizado por elevadas tasas de ahorro, una aversión al riesgo y una débil disposición a invertir. Para restablecer la situación, serían necesarios tipos de interés reales negativos para relanzar la actividad, lo que está fuera de toda perspectiva. Esta interpretación es muy discutible porque no tiene en cuenta determinantes más estructurales del eventual estancamiento secular/8.

Sin embargo, Summers tiene razón en un punto cuando pone de manifiesto su temor de que "si se produce una recesión, las autoridades monetarias no tendrían instrumentos para hacerle frente. No existe más margen para una flexibilización [monetaria]". La misma preocupación la expresa Claudio Borio/9, economista del BRI (Banco de Pagos Internacional, con sede en Basilea), en la presentación de su informe anual: "Los tipos de interés han sido extraordinariamente bajos durante un tiempo extraordinariamente largo. Reflejan la respuesta de los bancos centrales y de los actores del mercado a una recuperación post-crisis inhabitualmente débil, como si estuvieran tanteando a ciegas para encontrar nuevas certitudes". Dicho de otro modo, a la política monetaria se le ha pedido más de la cuenta para relanzar el crecimiento.

Acumulación de deudas

El resultado es una enorme acumulación de deudas privadas y públicas. Según un estudio del McKinsey Global Institute/10, representan casi 200 billones de dólares a escala mundial; es decir el 286 % del PIB mundial, contra el 269 % en 2007, antes del estallido de la crisis. Esta progresión resulta particularmente neta para la deuda de los Estados, pero también para la de las empresas (Gráfico 2 Deudas mundiales acumuladas Fuente: McKinsey Global Institute).

Esta tendencia concierne especialmente a la deuda de las empresas no financieras de los países emergentes, que se ha cuadruplicado entre 2004 y 2014. El FMI se pregunta si hay que inquietarse por ello /11 y recomienda prepararse para el endurecimiento de las condiciones para la financiación. Como las economías financieras van "a normalizar sus políticas monetarias, los mercados emergentes deberían prepararse para un incremento de quiebras de empresas".

Por tanto, este panorama conduce a dos escenarios de cara al desencadenamiento de la próxima crisis.

  • El primero fue descrito por François Morin en su último libro/12. Su punto de partida es la existencia de burbujas financieras en torno a las deudas públicas pero, también, en los mercados financieros drogados por tipos de interés muy bajos. El elemento desencadenante podría ser la quiebra de un banco sistémico, con reacción en cadena sobre otros grandes bancos.

El segundo escenario nos remite a las inquietudes del FMI en relación a los países emergentes. El elemento desencadenante sería entonces, un incremento del tipo de interés del FED de Estados Unidos; el endurecimiento de las condiciones financieras evocadas por el FMI. Esto conduciría a una explosión de las burbujas, comenzando por los países emergentes y, evidentemente, con repercusiones sobre el conjunto de las finanzas mundiales.

En resumen, actualmente están reunidos los factores de riesgo en torno a esta contradicción: de un lado, las políticas de flexibilización monetariano repercuten en la economía real, alimentan las burbujas y sitúan a las finanzas mundiales en una trayectoria que no puede continuar así sine die. Pero el incremento de los tipos de interés provocaría la explosión incontrolada de las burbujas, en un contexto en el que los Estados apenas tienen munición para salvar de nuevo a los bancos.

 

En defensa del capital ficticio

Así pues, Christine Lagarde tiene razón cuando habla de las "secuelas de la crisis financiera mundial". Más en concreto, el esquema global es el siguiente: el periodo precedente de la crisis se caracterizó por una enorme acumulación de capital ficticio; dicho de otro modo, de derecho adquiridos sobre la plusvalía producida por la explotación del trabajo asalariado. Para que el capitalismo despegue de nuevo sobre bases sanas, hubiera sido necesario destruir ese capital ficticio (y también, sin duda, una parte del capital productivo). Ha habido pérdidas, pero las políticas desarrolladas en todo el mundo han estado guiadas por un principio básico: preservar el capital ficticio y los derechos adquiridos que representan. Esto se ha hecho de dos maneras: de una parte, a través de convertir las deudas privadas en deudas públicas y mediante una punción sobre el plus valor a través de las medidas de austeridad; de otra parte, por la inyección masiva de liquidez. En el primer caso, se puede decir que el capitalismo respeta la ley del valor porque busca ajustar la ratio capital ficticio/plus-valía aumentando la plus-valía. En el segundo, por el contrario, trata de negar o contornear la ley del valor operando sobre el numerador. Por tanto, en su sentido más profundo, la próxima crisis se podrá interpretar como una severo recuerdo de la [existencia de la] ley del valor.

Incluso si privilegia la austeridad a través de "reformas estructurales", la Europa capitalista se vuelve, con cierto atraso, hacia soluciones artificiales. Existe la flexibilización monetaria al estilo Juncker que patina tanto como en Estados Unidos. Pero hay más: la última gran idea de la Comisión europea fue la de lanzar una "iniciativa para la titularización"/13 como parte de un proyecto más amplio de "unión de mercados de capitales". Bajo la cobertura de su reglamentación, el objetivo real es el de relanzar la titularización/14pero esta vez "con seguridad total", para obtener por esa vía "más de 100 mil millones de euros de financiación suplementaria"; es decir, la mitad de los niveles anteriores a la crisis. No hay que olvidar que este objetivo también lo fue del FMI en… octubre del 2009, cuando intentaba "discernir cómo la titularización podría contribuir positivamente a la estabilidad financiera y al crecimiento económico durable"/15. He aquí un ejemplo terrible de la voluntad del sistema para favorecer el crecimiento del capital ficticio.

La inestabilidad de la economía mundial

Antes de la crisis, la economía mundial estaba estructurada en torno al eje China-Estados Unidos, a menudo bautizada como "Chinamérica"/16. Este eje está camino de deshilacharse y es, sin duda, uno de los elementos fundamentales de la remodelación de la economía mundial.

 

El fin de la Chinamérica

La desinversión es simétrica: de un lado, el modelo estadounidense se aleja de su funcionamiento anterior a la crisis -crecimiento a base de crédito- debido a la recuperación de la capacidad de ahorro de los hogares y de una menor dependencia energética. Estos dos factores reducen el papel de motor de la economía mundial otorgado hasta entonces a EE.UU..

Por su parte China había entrado en una fase de transición, es verdad que dura y difícil, hacia un modelo centrado en la demanda interior. Y en todo caso alejada del crecimiento basado en las exportaciones: su participación en el PIB chino ha pasado del 36 % en 2006 al 26 % actualmente. La complementariedad entre las dos grandes economías se reduce y esta retracción, con sus efectos colaterales en los países emergentes y Europa, desequilibra toda la economía mundial.

Esta reorientación de la economía china se manifiesta a través de un cambio en la estructura de su comercio exterior/17, que también contribuye a la ralentización del comercio mundial. Lo que constituye otro elemento inquietante para los economistas que se interrogan sobre sus causas y se plantean si se trata de un fenómeno pasajero o más estructural. Todo hace pensar que se trata de un cambio de tendencia a largo plazo/18, que se corresponde con la ralentización del fraccionamiento de las cadenas de valor.

 

Esta organización de la producción, a caballo entre diferentes zonas de la economía mundial, característica de la globalización contemporánea, está a punto de alcanzar su límite, al igual que el crecimiento del comercio mundial a un ritmo más rápido que el PIB que había impulsado. Este fenómeno afecta fundamentalmente a China, pero también a EE UU, Corea y Japón, lo que confirma que el eje China-EE UU está a punto de deshacerse.

Desincronización y volatilidad

La inestabilidad de la economía mundial se agrava aún mas debido a la desincronización de las coyunturas entre EE UU y la zona euro. Un estudio minucioso del FMI/19 muestra que estas divergencias tienen efectos colaterales (spillovers) importantes. Ahí también, los autores ponen de relieve su inquietud, planteándose "si el despegue de EE UU no sólo podría reforzar el dólar frente al euro sino también incrementar los tipos de interés en la zona euro, o si la flexibilización monetaria en la zona euro podría no solo debilitar al euro, sino continuar presionando a la baja en los rendimientos de EE.UU.".

El mismo documento arroja una luz interesante en lo que concierne a los países emergentes. Sus autores distinguen dos canales de transmisión. El canal "tradicional" es que los capitales van hacia la zona (EE.UU. o zona euro) aprovechando un repunte del crecimiento, que tendrá por efecto una apreciación de la moneda de la zona que se beneficie de esta afluencia de capitales. Pero también identifican otro canal, originado por la atracción del riesgo (risk-appetite): los capitales anticipan la recuperación en los países emergentes provocada por la de la zona del "centro" (EE.UU. o zona euro). Este flujo de capitales en los países emergentes conducirá a una apreciación de su moneda.

Estos análisis muestran que el funcionamiento de la economía mundial escapa a cualquier regulación y que los países emergentes están expuestos a movimientos de capitales que, salgan o entren, tienen efectos desestabilizadores. El período actual se caracteriza precisamente por un incremento de la volatilidad de estos movimientos de capitales.

El agotamiento de los incrementos de productividad

Durante la presentación de las últimas previsiones de la OCDE, su economista-jefe, Catherine Mann, subrayó que "la ralentización del crecimiento potencial en los países avanzados es una preocupación permanente"/20. Christine Legarde, por el FMI, hizo referencia a la "nueva mediocridad"o, dicho de otro modo, "al riesgo de un persistente crecimiento débil " que, según ella, se acerca.

Como base de estas afirmaciones está el agotamiento de los incrementos de productividad. Esta tendencia no es nueva, porque se desencadenó en los países avanzados a mediados de los años 1980, con fluctuaciones fuertes en el caso de EE.UU.. Pero, al final, los países emergentes tomaron el relevo y los incrementos de productividad que lograron pudieron ser captados en gran parte por los "viejos países capitalistas". Al inicio de la crisis, los países emergentes sostuvieron el crecimiento mundial. Pero puede ser que esta gran transformación de la economía mundial haya llegado a un punto de inflexión: en efecto, los datos más recientes del Conference Board muestran que el crecimiento de la productividad horaria del trabajo ha retrocedido de forma neta en los países emergentes desde el inicio de la crisis ( Gráfico 3 Tendencia del crecimiento de la productividad del trabajo Fuente : The Conference Board/21)

 

Ahora bien, la productividad y, más en concreto, la productividad global de los factores es un elemento fundamental en la dinámica de la tasa de beneficio. Sin embargo, esta última se ha recuperado en los principales países capitalistas a pesar del agotamiento de la productividad/22. Esta proeza sólo ha sido posible por la puesta en pie de toda una serie de dispositivos: financiarización, endeudamiento, desigualdades, reducción de las rentas salariales, etc. Al mismo tiempo, la rarificación de las oportunidades para inversiones rentables ha conducido a un estancamiento de las tasas de inversión productiva.(...)

 

La crisis que viene

Después de este análisis somero una cosa es segura: la "Gran recesión" ha abierto un período de "regulación caótica" a escala mundial. Hoy en día la perspectiva de una nueva crisis parece casi inevitable y es difícil discernir donde se dará el punto de ruptura (¿la bolsa, la banca, la deuda, el tipo de cambio?), pero este episodio será en todo caso la expresión de profundas contradicciones estructurales.

Hoy en día el capitalismo mundial se encuentra sometido a una tensión fundamental. De un lado, la gestión de la crisis que estalló en 2008 se abordó según dos principios fundamentales: no arreglar las cuentas (sus "secuelas"), y reconstituir el modelo neoliberal previo a la crisis tratando de controlar sus efectos más nocivos. En la práctica se trata de garantizar los derecho adquiridos por el "1 %" y la libertad de acción de los bancos y las multinacionales. Pero, actualmente, el mecanismo fundamental del dinamismo del capitalismo, a saber los incrementos de productividad, está agotándose.

Esta configuración conduce a interacciones complejas entre las evoluciones que se dan en el seno de la esfera productiva y el manejo de los instrumentos financieros y monetarios. Por ello, como en 2007-2008, el punto de desencadenamiento de la próxima crisis no bastará para sacar a la luz sus causas profundas.

23/10/2015

http://alencontre.org/laune/economi...

Traducción VIENTO SUR

Notas
Fuente original: http://www.vientosur.info/spip.php?article10680

 

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=205638

En consecuencia, es hora de generalizar la deliberación y toma de decisiones de los pueblos planetarios sobre:

 

Crisis civilizatoria y Vivir Bien1 Una crítica filosófica del modelo capitalista desde el allin kawsay/suma qamaña andino
7 de noviembre de 2012

 

Josef Estermann

Instituto Superior Ecuménico Andino de Teología (ISEAT), La Paz, Bolivia. Email: investigación@iseatbolivia.org

Resumen: El presente artículo propone el paradigma andino del "Vivir Bien" como alternativa al modelo económico, civilizatorio y social de un capitalismo neoliberal y depredador que manifiesta serias señales de crisis. Estas crisis se manifiestan en lo financiero, económico, político, axiológico y ecológico, de modo que se puede hablar de una "crisis civilizatoria". El "Vivir Bien" andino es la expresión de una civilización opuesta en muchos aspectos al paradigma filosófico y civilizatorio de Occidente. Las contradicciones y tensiones entre los dos modelos pueden verse, por ejemplo, en el proceso de cambio actual en Bolivia.

A pesar de los grandes esfuerzos de las agencias de cooperación, delas instituciones internacionales financieras (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Interamericano, etc.) y de un sinnúmero de Organizaciones No Gubernamentales (ONGs), durante las últimas cuatro décadas, la brecha entre un Norte global minoritario y un Sur mayoritario, no se ha disminuido, al contrario: el abismo se ha vuelta trampa mortal para muchos pueblos y sociedades enteras. La población del mal llamado "Tercer Mundo" es declarado "excedente" por las Bolsas de Valores más importantes del planeta, con tal de que la llamada "globalización" de tipo neoliberal sólo beneficia con el derroche posmoderno a los "pocos felices"(happy few) y excluye a las tres cuartas partes de la humanidad de las delicias que propaga la publicidad incesante del Mercado.

Además de esta situación más o menos conocida, es preciso hacer hincapié en el estado de nuestra Tierra, este planeta azul en medio de un desierto cósmico, que es cada vez más alarmante. Las predicciones más espectaculares del Informe del "Club de Roma",2 de la década de los setenta del siglo pasado, han sido superadas ampliamente por la realidad. Estamos a un paso del colapso ecológico, y seguimos inyectando a todo dar el veneno que conduce inevitablemente al fin de la vida en nuestro planeta.

Las múltiples crisis como síntomas de una crisis civilizatoria

La caída del Muro de Berlín en 1989 no solamente ha demostrado la inviabilidad y no deseabilidad del socialismo realmente existente y burocrático, sino que alimentaba, al mismo tiempo, la ilusión de que el modelo capitalista fuera el único posible y que la historia como pugna por la hegemonía política y económica llegara definitivamente a su fin (Francis Fukuyama)3 , en la apoteosis del modelo económico neoliberal y del way of life estadounidense. La bipolaridad global daba paso a la unipolaridad, y ésta se traducía en términos culturales y religiosas como la supremacía definitiva de la civilización occidental y de la religión cristiana, justificada y defendida por los ideólogos del conservadurismo de la nueva economía y de la teología neoliberal4 .

Veinte años más tarde, el primer poder mundial no sólo habrá pasado por el Feuerbach ("riachuelo de fuego") de las torres gemelas de Manhattan (2001), sino fue arrastrado por una de las peores crisis financieras de su historia, la crisis originada por las hipotecas chatarras (sub prime) y sus secuelas (2008), ni siquiera hablar de las guerras invencibles en Afganistán e Irak, y el surgimiento de nuevos poderes que vienen cuestionando con cada vez más ímpetu la hegemonía auto-declarada de Occidente: China y la India. Empezada la segunda década del siglo XXI, nos vemos envuelto en una serie de crisis que por primera vez en la historia de la humanidad se juntan de manera explosiva y catastrófica, y que, además, gracias a la globalización de los mercados, de los medios de comunicación y de la contaminación, se han mundializado: crisis financiera, crisis económica, crisis de deuda estatal, crisis ecológica, crisis alimentaria, crisis de valores, crisis energética, crisis militar y crisis espiritual. Todos indicios apuntan a que ya no se trate de una crisis entre otras, tal como era la Gran Depresión de los años 1920, sino de una crisis de un modelo civilizatorio que, después de más de cuatrocientos años de aparente superioridad, llega a su fin, en una decadencia que se convierte en descomposición vertiginosa ante la mirada incrédula de propios y ajenos.5

A pesar de que los banqueros de Wall Street y Tokio, los gobernantes del G8 y las instituciones financieras internacionales nos hagan cree que nuevamente "todo está bajo control", en todo el mundo estallan las burbujas especulativas de una economía basada en capital ficticio y trabajo improductivo. A pesar de las acciones desesperadas de "salvatajes" de los bancos que resultan "demasiado grandes" para quebrar –nótese: no se pretende "salvar" a la gente, sino al dinero–, cada vez más estados están al borde de la bancarrota. En este momento, el caso de Grecia con una deuda de más del 200% de su PIB (Producto Interno Bruto), hace sacudir a la Eurozona, pero la mayor potencia mundial, Estados Unidos, ha acumulado en las últimas décadas una deuda de más del 300% del PIB, de la que China posee prácticamente la mitad en bonos. Económicamente, EE.UU. se ha convertido en rehén del Reino del Medio, y desde 2008, éste ya no está dispuesto a comprar los bonos de deuda estadounidense, con la consecuencia de que la espiral hacia la bancarrota del estado norteamericano empieza a girar con cada vez mayor velocidad.

A pesar de las declaraciones verbales de las potencias mundiales de contrarrestar el cambio climático cada vez más visible y desastroso, las soluciones propuestas son las de siempre: más tecnología, mayor cantidad de energías renovables, llamamientos a los países del sur de cuidar los "pulmones del planeta". Tanto en Copenhague como en Cancún y Durban, el tema se concentró en lo cuantitativo: ¿hasta qué porcentaje se puede reducir la emisión de gases que producen el efecto invernadero? El sistema mismo de despilfarro de energía6 queda intocado, porque sigue formando parte de la lógica intrínseca del modelo capitalista de producción y acumulación. Lo mismo puede decirse de la actitud de las potencias mundiales ante el agotamiento de los recursos naturales no renovables, tal como el petróleo, el gas natural, los minerales, pero también el agua y el aire: Consumir hasta que se acabe. Si los países del Sur, ricos en materia prima, no estuvieran dispuestos voluntariamente a explotar sus recursos y venderlos a la codicia hedonista del Norte, serán obligados a hacerlo a manu militari.

La verdadera perversidad del actual sistema económico se manifiesta en las crisis energética y alimentaria. No sólo la tierra, sino también os alimentos de primera necesidad se han convertido en objetos de especulación bursátil y "energías renovables" mal llamadas "biocombustibles".La alimentación de las personas humanas es subsumida a la "alimentación" energética del complejo industrial-militar en los países industrializados. Los países periféricos, hasta hace poco con soberanía alimentaria, se han convertido en adictos de las importaciones de alimentos baratos y exportadores de "necrocombustibles", una bomba a tiempo para que estallen hambrunas de magnitud desconocida. México, cuna de la cultura del maíz, ahora importa maíz transgénico. Y si vemos el despilfarro de energía y dinero en el Norte, no caben palabras para describir lo absolutamente perverso del sistema considerado el "mejor posible": a nivel mundial, se gasta tres veces más para cosméticos que para erradicar el analfabetismo, lo mismo en comida para mascotas que para programas de lucha contra el hambre, más en maquillaje que en programas de salud reproductiva para mujeres (Diercksxens 2011: 84).

¿Por qué se puede hablar de una "crisis civilizatoria" y no simplemente de una "crisis económica" o una concatenación coyuntural de varias crisis? Creo que todas las crisis mencionadas se fundamentan en un solo tipo de racionalidad y valores que se remontan a la civilización occidental dominante de los últimos trescientos o cuatrocientos años. Y esta racionalidad está plagada de una serie de "falacias" y presupuestos incompatibles con la vida en general, y la vida humana en particular. Que las consecuencias desastrosas prácticas e históricas recién empiezan a manifestarse hoy de manera innegable, tiene que ver con dos factores trascendentales: el proceso histórico de la "globalización" o mundialización del modelo occidental en los últimos cincuenta años, sobre todo a través de la ideología del "desarrollismo" y el consumismo, por un lado, y la aceleración de la economía ficticia especulativa en desmedro de una economía real, en la mayor parte del hemisferio norte. Lo que se daba antes a escala local y regional, hoy tiene repercusiones mundiales, y lo que antes era la pérdida de unos aventureros bursátiles, se ha convertido en la bancarrota del "casino mundo". El Sur global ya no se puede sustraer del "Efecto Mariposa": el resfrío de Wall Street produce neumonía en México, Bolivia o Perú.

La modernidad occidental descarrillada

Desde la (temprana) Edad Media, Occidente ha bebido principalmente de dos pozos espirituales: por un lado, de la sabiduría semita (judeocristiana), y, por otro lado, de la filosofía helénica (grecorromana). Mientras la primera fuente le heredó a Occidente el hijo pródigo de la "historia" y de la perspectiva trascendente en la "escatología", la segunda le regaló la hija pródiga de la "verdad eterna", de la "ciencia" y "tecnología". Dos concepciones del tiempo supuestamente contradictorias –una lineal y otra circular–, dos modelos de la ética y antropología –una altruista y otra heroica–, dos paradigmas de lo político –uno democrático y otro aristocrático– y dos concepciones de lo divino y religioso –una liberacionista y otra fatalista– se encuentran en un "matrimonio imposible" que viene forjando la modernidad occidental y sus secuelas.7

A partir del Renacimiento, estas dos vetas milenarias se han "secularizado", sin dejar por ello la carga religiosa "mesiánica" y trascendente. El Panteón griego con las características de circularidad, fatalidad y eternidad viene plasmándose en la irrefutabilidad de las ciencias modernas, en el "determinismo" económico del capitalismo y en la estratificación cuasi religiosa de las sociedades y culturas. La religiosidad judeo-cristiana, por su parte, se ha encarnado en el mesianismo secular del progreso principalmente ilimitado, en las libertades civiles y empresariales, y en la transformación humana de la Naturaleza mediante el trabajo.8

En esta amalgama de ideas y concepciones no sólo se gesta la modernidad occidental, sino también el paradigma dominante de lo que en el siglo XX iba a manifestarse como "desarrollo" y "crecimiento ilimitado".El proceso de la secularización de la salvación religiosa se remonta a la Ilustración europea, al historicismo en sus dos vertientes principales (idealismo y materialismo), al positivismo y cientificismo del siglo XIX.9 A pesar de las muchas desmitificaciones, sea por las dos Guerras Mundiales, sea por los planteamientos irracionalistas o inclusive por los planteamientos posmodernos, el paradigma involucrado no ha perdido aún su vigencia y sigue siendo sustentado, contra viento y mareas, por una intelligentsia que está al servicio de la hegemonía cultural, militar y económica de Occidente.10

En lo que viene, quiero señalar algunos axiomas inherentes a la tradición occidental moderna que sirven de fundamento "ideológico" para el metarrelato del "desarrollo", tal como está vigente aún en nuestro tiempo.

El "optimismo" dogmático de que la humanidad estuviera avanzando, de un inicio "seminal" hacia un final "escatológico". Esta concepción secularizada de lo que religiosamente ha sido la "historia de la salvación", contiene, sin embargo, todavía una carga religiosa muy fuerte. El juego lingüístico del desarrollismo habla de la meta del "desarrollo" en términos de un paraíso terrenal y de las bonazas materiales, tal como nos relatan los grandes mitos religiosos de la humanidad. Sea esta meta la "sociedad sin clases", "el sueño americano", "una vida sin dolor" o un "consumo sin límites", las imágenes reproducen y difunden un icono religioso que antes fue reservado para la divinidad, o, a lo máximo, para sus seguidores en un futuro trascendente. El optimismo religioso ha sido secularizado e inmanentizado por los teóricos del "progreso"; la publicidad hoy día está llena de símbolos religiosos.11 

Junto a este optimismo secular, se ha enraizado en la cultura occidental y sus culturas subalternas la convicción de la irreversibilidad del tiempo y de la historia. La linealidad y unidireccionalidad del tiempo, herencia de la tradición judeo-cristiana, no permite ni "volver al pasado" ni revertir un proceso emprendido. El pasado está atrás, el futuro adelante, y nuestra mirada está fijada en el horizonte prometedor delante. "Progresar" y "avanzar" son –en la idiosincrasia occidental– sinónimos de "mejorar" y "madurar". Lo anterior es necesariamente peor, menos desarrollado, "atrasado" y más alejado de la meta trazada que lo que viene. Cada "revisión","desaceleración", "regreso" o "restitución" –la palabra "recesión" es muy reveladora en este contexto– suele ser interpretado como nefasto para el mismo "desarrollo".
12 He aquí un dogma del capitalismo neoliberal que al mismo tiempo es una falacia con consecuencias catastróficas: sólo una economía que "crece" (en ganancias, productos de consumo, capital), garantiza el bienestar de las personas. Estancamiento y descrecimiento son sinónimos de "barbarie", "incivilización" y "primitividad".

Esta irreversibilidad y unidireccionalidad del movimiento temporal se junta con una cuantificación, no sólo del tiempo, sino de todo tipo devalores y metas. El tiempo se vuelve segundos, minutos, horas y días, y deahí se convierte en "dinero" (time is money); la vida humana se define porestadísticas, y las metas del "desarrollo" por números (tal como las "Metas del Milenio"). Esto significa que categorías orgánicas y cualitativas como"desarrollo"13 , "maduración", "mejoramiento", "bienestar" y "calidad devida" se traducen en categorías monetarizadas y cuantificadas. Lo orgánico, tal como plantas y animales, se convierte en "bienes" y "productos"; lo incalculable como es la vida humana, se trascribe en términos de riesgo de aseguradoras y expectativa de vida, o –en el peor de los casos– en "daños colaterales", "capital humano" y "población excedente". 

Estos aspectos llevan a una artificialidad del mundo, en el sentido de que la riqueza equivale a la conversión de lo "natural" en un "artefacto" o "producto". El ser humano moderno de Occidente se convierte de "agricultor" en "productor", usurpando la fuerza creativa divina de "producir", es decir de crear bienes, en base a la Naturaleza como simple "medio de producción" o "materia prima". Esta artificialización de la vida emboca hoy día en los engendros de la ingeniería genética, la robótica y la sustitución de procesos biológicos básicos, como la fecundación, por procesos artificiales. Este aspecto manifiesta una tendencia sumamente necrófila de Occidente, según la cual el "producto muerto" (congelado, momificado, conservado) vale más que el organismo vivo.
14 El American Way of Life, ideal incuestionado del modelo actualmente vigente de consumo, es altamente "artificial"; para contrabalancear los efectos de una vida sedentaria hedonista, hay que desplegar todo una industria dedicada al adelgazamiento, el fitness corpóreo y las cirugías plásticas. 

Todos estos principios se plasman de manera muy nítida en la relación que establece el ser humano con la Naturaleza y el resto del universo. Para la modernidad occidental, la naturaleza no-humana es la res extensa (cosa con extensión), la materia prima desalmada, el medio de producción y transformación, el campo de batalla para la humanización del mundo, un objeto explotable y manipulable, sin derecho ni libertad (el puro "en-sí" o el "reino de la necesidad").
15 Por tanto, el ser humano como "sujeto" no sólo tiene el derecho, sino el deber de "someter" a la Naturaleza a su voluntad y transformarla de acuerdo a sus deseos y aspiraciones. Este principio revela la postura eminentemente antropocéntrica de la modernidad occidental, sin tomar en cuenta que con la objetivación de la Naturaleza se desnaturaliza el propio ser humano.16

Para el espíritu moderno de Occidente, los recursos naturales (agua, tierra, aire, minerales, hidrocarburos, etc.) son la materia prima para el proceso de producción y transformación de bienes de consumo. El ser humano, por considerarse "superior", se concibe "dueño" y destinatario único de estas riquezas. Tanto para Adam Smith como para Carlos Marx, los recursos naturales son "medios de producción", es decir: instrumentos en las manos del homo faber para la "humanización" del mundo; eran los  románticos que se opusieron en pleno siglo XIX a esta idea "tecnócrata" de las economías capitalista y socialista. Aunque el socialismo aboga por la colectivización o socialización de los recursos naturales –que es una primera forma de expropiación–, la privatización de los recursos naturales es la consecuencia lógica de su objetivación y desvitalización.17 
Respecto a la concepción "económica" de la Naturaleza, entre capitalismo y socialismo(real) no hay grandes diferencias: para ambos, se trata de un "medio de producción" y medio de humanización a través del trabajo. Lo novedoso del capitalismo especulativo contemporáneo es el hecho de que la Naturaleza se ha convertido en objeto de especulación, es decir: en simple mercancía. 

La riqueza y calidad de vida se miden en Occidente en términos de acumulación de dinero y bienes. Esto implica que el afán por el progreso y desarrollo lleva a una carrera ilimitada de juntar bienes, en forma física o simbólica (dinero). Como los bienes tienen fecha de vencimiento, se acumula en dinero o simplemente en acciones y opciones especulativas. La perversidad de que el dinero "crezca", ya observada por Aristóteles, lleva ala situación cada vez más anti-natural de que el dinero reemplace los bienes necesarios para la vida. Este hecho dejó atónitos a los líderes espirituales de los pueblos originarios de Abya Yala, al ver a los conquistadores lanzarse sobre el oro y la plata como si fueran delicias inimaginables, mientras que para las y los indígenas tenían ante todo valor ritual y religioso.
18 La monetarización universal ("todo tiene valor monetario") subsume todos los demás valores (solidaridad, amor, cariño, justicia) a un valor totalmente ficticio y muerto, pero omnipotente y universalmente presente. El dinero ha reemplazado en Occidente, en forma inconsciente y poco percibida, al Dios medieval. 

La ciencia y los saberes se subordinan en la modernidad occidental a la racionalidad instrumental de la tecnología que se rige por los principios de rentabilidad, eficiencia y fluctuación acelerada. El sueño moderno de superar las limitaciones naturales del ser humano, las enfermedades, la muerte, las incapacidades, los límites físicos –la ilusión del "crecimiento ilimitado"–, se ha truncado ante la "venganza" de esta misma Naturaleza maltratada y explotada. Los cambios climáticos con tifones, huracanes, tsunamis, sequías e inundaciones parecen ser la factura que el orden físico de las cosas presente a la soberbia prometeica (hybris) del ser humano. Además, el ser humano, en vez de servirse de la tecnología para una mejor vida, se vuelve cada vez más esclavo de ella, al punto de que la tecnología le controle y determine hasta en los aspectos más íntimos de su vida. Hoy, hay gente que ya no puede desprenderse del celular o de Twitter para no "perderse" nada; en España, un 30% contesta el celular mientras haga el amor.

El antropocentrismo y androcentrismo de la modernidad occidental lleva a una instrumentalización del mundo no-humano y de la mujer, en todos sus aspectos. Occidente tiende a identificar lo femenino con la naturaleza irracional y pasiva, equiparando "materia" con "madre" (mater; matrix; materia), y lo masculino, con lo racional y activo (vir; virtud). Estas concepciones llevan a una desnaturalización del ser humano (sobre todo del varón) y una deshumanización de la Naturaleza, incluyendo a la mujer.En última instancia, el fuerte androcentrismo implica una tendencia necrófila porque atenta contra la organicidad e integralidad de la vida, a través de la analiticidad de los métodos y la artificialidad del entorno de vida.19 El feminismo filosófico radical desvela una relación sistémica entre las múltiples crisis que vivimos actualmente, y el androcentrismo vigente en la racionalidad capitalista de acumulación, especulación y necrofilia. El capitalismo se nutre de los valores típicamente "masculinos", como son la competencia, la analiticidad, el control pasional, la sublimación y la instrumentalización, señalados por el psicoanálisis como "regresiones anales" y tendencias necrófilas. 

Finalmente, Occidente ha fomentado, desde sus principios filosóficos, un fuerte economicismo en todos los ámbitos, incluyendo los campos del "desarrollo". Desde Descartes, la realidad "material" viene a ser identificada como no-animada, cuantificable, manipulable y negociable. La cuantificación de todo lo que no es "alma" y "espíritu", incluyendo al propio cuerpo humano, lleva a su instrumentalización y monetarización, en el sentido de un medio de producción, es decir: de un factor económico. El capitalismo y su reencarnación contemporánea en el neoliberalismo hablan hasta de "recursos humanos", "material humano" y "capital humano", y las guerras que se llevan a cabo para perpetuar las ganancias exorbitantes de unos pocos, tienen un lenguaje cada vez más perverso ("bombas quirúrgicas"; "daños colaterales"; "guerras preventivas").

"Desarrollo" en la perspectiva de la pachasofía20 andina

Ante este panorama desolador, surgen voces cada vez más frecuentes y fuertes que no solamente plantean medidas "cosméticas" al modelo del desarrollismo, sino que cuestionan de fondo este mismo modelo y sus presupuestos filosóficos y civilizatorios. Aparte de los movimientos juveniles de los y las "indignados/as" en el Norte, muchas de estas voces provienen de la Periferia, desde las regiones declaradas "subdesarrolladas" y "excedentes", desde las víctimas y de la población desilusionada por las promesas reiteradas del trickle down effect (el efecto de goteo de que a lo largo todos se mojaran). Aunque hay que decir al mismo tiempo, que para una mayoría de las y los que sufren las consecuencias de décadas de aplicaciones de programas de ajustes, los íconos y las ilusiones del "desarrollo" en clave neoliberal y posmoderna no ha perdido aún su hechizo y encanto. El American Dream es tan fuerte que, a pesar de todas las evidencias, la gente pobre e iletrada sigue aferrándose a las telenovelas y las imágenes del paraíso consumista que está a la vuelta de la esquina.

Entre estas voces anteriormente mencionadas, también figura la sabiduría milenaria de la población indígena de los Andes, plasmada en su cosmovisión o pachasofía. Los parámetros de este paradigma filosófico y civilizatorio contradicen, en su gran mayoría, los principios de la modernidad occidental anteriormente expuestos. Por tanto, también cuestionan gran parte de los supuestos que fungen de base para el modelo de desarrollo vigente, es decir de lo que es el desarrollismo occidental. Una primera falacia que hay que desmontar, es la convicción –en forma de tautología– de que "modernidad" y "desarrollo" son monopolizados exclusivamente por Occidente.21 Hay que insistir en la diversidad y pluralidad cultural de "modernidades" y modelos de "desarrollo".

En lo que sigue, voy a plantear algunos elementos claves de lapachasofía andina para establecer un modelo de "desarrollo" sustentable y sostenible, compatible con la vida y la naturaleza, y corresponsable con las futuras generaciones y el cosmos entero que se condensa en la metáfora del "Vivir Bien" (allin kawsay; suma qamaña; ivi maräei; etc.).22

Todo tiene vida, nada es simplemente materia inerte. Este principio "panzoísta" implica que el universo o Pacha no es una máquina o un mecanismo gigantesco que se organiza y mueve simplemente por leyes mecánicas, tal como afirmaron los filósofos europeos modernos, ante todo Descartes y sus seguidores. Pacha es más bien un organismo vivo en el que todas las partes están relacionadas entre si, en constante interdependencia e intercambio. El principio básico de cualquier "desarrollo" debe ser, entonces, la vida (kawsay, qamaña, jakaña) en su totalidad, no solamente del ser humano o de animales y plantas, sino de toda la Pacha. 

Esto quiere decir, en segundo lugar, que los llamados "recursos naturales", tal como la tierra, el aire, el agua, los minerales y los hidrocarburos, la energía solar, eólica y geotérmica, no son simples "recursos" que están a disposición del ser humano, sino seres vivos, órganos en el gran organismo cósmico, vida y fuentes de vida. Para la pachasofía andina –al igual que para la gran mayoría de las sabidurías indígenas– el intento de "privatizar" estos recursos es una idea absurda y un sacrilegio. Como no se vende a su propia madre, tampoco se vende a la Pachamama, al agua o a los minerales del subsuelo (uray o manqha pacha). La vida es justamente el resultado de un intercambio armonioso entre todos los seres, y no de la usurpación y soberbia de algunos por encima de otros. 
 

Y de ahí llegamos a la conclusión de que el ser humano no tiene su dignidad por ser "mejor" o "superior" que los demás seres vivos y supuestamente "inertes", sino por su lugar específico, es decir: por su función que tiene y cumple en este orden cósmico llamado Pacha. El ser humano, para las y los andinos/as, no es propietario ni productor, sino "cuidante" (arariwa), "cultivador" y "facilitador". La única fuerza productora en sentido estricto es la madre tierra, la Pachamama, y sus diferentes aspectos como el agua, los minerales, los hidrocarburos, los energéticos en general. El ser humano no "produce" o "crea", sino cultiva o cría para que la Pachamama produzca. El ser humano es "transformador" de elementos y procesos que de por si no dependen de él."Desarrollo" no puede orientarse solamente en el bienestar humano y en el mejoramiento de las condiciones de vida para los seres humanos. Además, no se guía por el "crecimiento" económico de bienes y "productos", sino por el equilibrio cósmico que se expresa –entre otros– en el equilibrio ecológico y social. 


La meta final de todo tipo de "desarrollo" es el Vivir Bien (allin o sumak kawsay; suma qamaña; ivi maräei; küme mogen). Este ideal incluye a los demás seres, animales, plantas, minerales, astros, espíritus y divinidades.
El Vivir Bien es un modo de existencia que está en equilibrio con todos los demás elementos de la Pacha, de acuerdo a los principios básicos de la pachasofía andina, que son los principios de relacionalidad, complementariedad, correspondencia, reciprocidad y ciclicidad. El Vivir Bien ni es riqueza ni pobreza, ni despilfarro ni escasez, ni lujo ni carencia, sino una vida en armonía con todos los demás seres, una convivencia intercultural, interbiótica e intergeneracional. Tampoco se trata del "vivir mejor", porque éste implicaría necesariamente que otros seres vivirían "peor"; en un mundo que se rige por el equilibrio de la conservación de masa y energía, cada "crecimiento" de una parte irremediablemente lleva a una "reducción" de otra parte del sistema.23 

Esto quiere decir que el "desarrollo" no apunta a la acumulación de bienes o de dinero, sino a la maduración orgánica de cada uno de los seres, según sus necesidades y capacidades, pero en interdependencia y dentro del equilibro macro-cósmico y ecológico. El desarrollo en sentido humano se orienta en la colectividad y no en la individualidad; no existe "desarrollo" de unos pocos en desmedro o a costa de otros.
24 La pachasofía andina toma el principio de "globalidad" o "universalización" en sentido muy fundamental y estricto: solamente aquélla medida económica, social y política es buena, que contribuye a la mejora de todos los seres humanos (principio de universabilidad) y que es compatible con la vida en general, incluyendo las futuras generaciones (principio de transgeneracionabilidad). 

La economía, y, por tanto, el desarrollo económico, es para la pachasofía andina el manejo prudente y cuidadoso de la Casa Común (wasi; uta) que es el universo (Pacha).25 El desarrollo económico que en Occidente es sinónimo de crecimiento y desarrollo sin más, para elser humano andino es parte íntegra de todo un proceso holístico de mejoramiento y maduración, al ritmo del desenvolvimiento orgánico ("desarrollo") de la Pacha. Por tanto, el desarrollo económico siempre está sujeto a un proceso mayor que incluye aspectos espirituales, religiosos, culturales, civilizatorios, sociales y políticos. En lo práctico, esto significa que la economía tiene que someterse a la política y ética, y éstas ala cosmovisión o pachasofía.26

El "desarrollo" –para seguir usando un término occidental–para el mundo andino no es unidireccional ni irreversible. Como la concepción dominante de los Andes no es lineal, sino cíclica (en forma espiral), la meta del desarrollo que es el Vivir Bien (allin kawsay; suma qamaña) no necesariamente está por delante, en un futuro desconocido,sino puede estar atrás, en un pasado por conquistar. El ser humano andino camina de espalda (qhipa) hacia el futuro (qhipa), mirando con los ojos( ñawi; naira) hacia el pasado (ñawpapacha; naira pacha), para orientarse y buscar la utopía. El axioma de la modernidad occidental de que lo que viene siempre debe ser "mejor" de lo que ya ha pasado (optimismo metafísico-histórico), no es válido para los Andes; lo anterior puede ser "mejor", es decir más perfecto en equilibrio, que lo posterior. 

El "desarrollo" para el mundo andino no es antropocéntrico ni antropomorfa. No puede haber crecimiento y mejoramiento para lahumanidad en detrimento de la Naturaleza. Todos los esfuerzos de "desarrollo" tienen que apuntar a un equilibrio mayor que es ecológicoy –en última instancia– cósmico (o pachasófico). El ser humano no es lamedida de todas las cosas, sino una chakana, un puente mediador para contribuir a constituir y restituir la armonía y el equilibrio universal. Por tanto, no se puede medir el "desarrollo" en forma monetaria y cuantitativa, ni mediante indicadores que sólo toman en cuenta la mejora de las condiciones de vida de los seres humanos, tal como plantean lasMetas del Milenio. Los Derechos Humanos deben ser complementados por los Derechos de la Tierra. 

Los recursos naturales sirven para mantener, conservar y fomentar la vida en general. Su explotación irreversible atenta contra el principio de reciprocidad y equilibrio cósmico. Los recursos naturales tienen que ser renovables y renovados
27 para las futuras generaciones y para la vida no-humana. Su finitud innegable exige un tratamiento prudente y cuidadoso que se orienta en los procesos orgánicos de los ciclos vitales. La explotación indiscriminada de los recursos no-renovables (petróleo, gas natural) atenta contra el principio de reciprocidad y conlleva un desequilibrio cada vez más peligroso y preocupante. De acuerdo a la sabiduría indígena, un recurso sólo puede ser "usado", si hay una manera real de restituirlo; la talla de madera sólo es permitida en la medida en que el bosque puede "cicatrizar". 

10. En la práctica, cualquier "proyecto de desarrollo", desde el punto de vista indígena, tiene que orientarse por los principios de compatibilidad ecológica, social, intergeneracional, pachasófica y cultural. La sostenibilidad y sustentabilidad del "desarrollo" en clave indígena sólo se garantiza en la medida en que contribuye al ideal del Vivir Bien que incluye estos principios mencionados. Un "desarrollo" que saquea los recursos naturales, que fomenta la disparidad entre los seres humanos, que atenta contra el equilibrio cósmico y ecológico, que fomenta el patriarcalismo y machismo, que no se orienta por las futuras generaciones, no es desarrollo sostenible, y, por tanto, no es ningún "progreso", sino un tremendo retroceso de la humanidad.
28

Para los pueblos indígenas, el "progreso" no se mide por el PIB (Producto Interno Bruto), ni por algunos indicadores cuantitativos (por ejemplo las Metas del Milenio), sino por la calidad de vida (el "Vivir Bien") que incluye factores como la alegría, la fiesta, la celebración, la diversidad, la espiritualidad y religiosidad. La acumulación de bienes no es un indicio de "riqueza", ni la carencia de bienes un signo de "pobreza". En clave intercultural e indígena, habrá que redefinir "pobreza" y "riqueza", "progreso" y "desarrollo" de otra manera mucho más holística e integral.29 

La "modernidad" no es un monopolio de Occidente. Los pueblos indígenas tienen su propio modelo de la "modernidad" que no se contrapone a la "tradición" y que no es la última época de todo un proceso recorrido y dejado atrás. El pasado está presente en la vida actual, y el futuro sigue siendo un ideal ya realizado, pero por reconquistar. Hay que deconstruir los principios fundamentales de la "modernidad" occidental como monoculturales y eurocéntricos, tal como el fuerte individualismo, la secularización absoluta, la mecanización de la Naturaleza, el antropo- y androcentrismo y el racionalismo exagerado. Habrá que pensar en una transmodernidad (que no es posmodernidad) en la que las sociedades indígenas (llamadas muchas veces "pre-modernas") se acerquen a los sectores disidentes de las sociedades occidentales.
30 

Por fin, habrá que tomar en cuenta el carácter cualitativo del tiempo y de todo proceso. Los proyectos de desarrollo que partende la idea de que el tiempo fuera como un medio neutro y cuantificable en medidas iguales, no van a ser sostenibles en el contexto de lacosmovisión indígena. Hay momentos más propicios y menos propicios para empezar con un proyecto, hay que tomar en cuenta "días intocables" (de la Pachamama), seguir los ritmos naturales y los ciclos vitales, sin romper los lazos de relacionalidad, como son los padrinazgos, el compadrazgo, el ayni, los prestes (mayordomía), la reciprocidad religiosa, la responsabilidad transgeneracional y transmortal, los cambioscualitativos (pachakuti) y lo que es el orden cósmico o la justicia universal. 

El "Vivir Bien": ¿una alternativa al "desarrollo"?

La idea del "Vivir Bien" no es una idea nueva, ni algo exclusivo del mundo andino y mucho menos de las culturas aimara y quechua. En Occidente, Aristóteles planteaba el ideal de la "buena vida" (eubiós) como el vivir en el medio entre dos extremos; se trata de un planteamiento para el "hombre libre", es decir el varón adulto que vive en la polis y que es propietario de un terreno. La "buena vida" aristotélica no es destinada ni a las mujeres, ni a los niños, esclavos, extranjeros, ni a los que no son ciudadanos (pobladores de la ciudad con voz y voto). Es un ideal muy restringido y extremadamente individualista. El epicureismo retomaba posteriormente este ideal y lo interpretó en el sentido de la "imperturbabilidad" (ataraxia)del alma, aunque agregaba el valor supremo de la amistad. La posmodernidad occidental replantea este ideal de la Antigüedad occidental, pero ahora en un sentido consumista y hedonista como una "vida cómoda, agradable y en abundancia". En este sentido, la "buena vida" posmoderna muy bien encaja en las ideologías neoliberales del "crecimiento" y "progreso", plasmada metafóricamente en la compañía estadounidense de electrodomésticos LG que significa literalmente life is good ("la vida es buena").

El planteamiento del "Vivir Bien" (más que "buena vida")31 porparte de las culturas indígenas de Abya Yala (y de otras en otros continentes) tiene un trasfondo filosófico y sapiencial totalmente distinto al idealplanteado por Aristóteles, Epicuro o Baudrillard.32 Las cosmovisiones indígenas de Abya Yala no comparten ni la concepción circular del mundo grecorromano ni la linealidad y progresividad del tiempo en acepción judeocristiana. Más bien plantean una concepción cíclica del tiempo, reflejada en la metáfora de la espiral y expresada por las características de la discontinuidad (pachakuti), reversibilidad, calidad y no-homogeneidad. Como acabo de explicar, para el ser humano andino, por ejemplo, el futuro (qhipapacha) queda atrás (qhipa), y el pasado (ñawpa o naira pacha) delante; se fija los ojos (ñawi; naira;) en el pasado que es conocido y, por tanto, orientador para el camino, pero se camina, de retroceso, hacia el futuro desconocido (en la espalda).33

De ahí surge la idea de una "utopía retrospectiva", un ideal que hayque recuperar de un pasado inconcluso, pero con aspiración a ofrecer alternativas realmente sostenibles y sustentables, es decir compatibles con la Naturaleza, la humanidad entera y las futuras generaciones. Esta "utopía" se encarna en lo que es el "Vivir Bien" amerindio y que tiene repercusiones culturales, económicas, sociales, espirituales y políticas. Este ideal figura en las Constituciones Políticas del Estado de Bolivia y Ecuador, y forma parte de las políticas públicas del gobierno boliviano, sobre todo a través del Viceministerio de Planificación Estratégica. ¿Pero qué quiere decir este ideal, y en qué medida es operacional?

El concepto del "Vivir Bien" fue planteado por algunos intelectuales aimaras, como traducción al castellano de suma qamaña, y traspuesto al quechua como allin/sumaj/sumak kawsay, de acuerdo a la región, al guaraní comoivi maräei o teko kavi y al mapudungun como küme mogen. Aunque existe cierto disenso en el mundo académico sobre la pertinencia y aceptación de este concepto en la población indígena, no sólo ha sido incorporado a la nueva Constitución Política del Estado de Bolivia, sino que últimamente ha ganado un espacio inesperado en el debate sobre alternativas almodelo neo-capitalista y a las múltiples crisis que acechan al mundo.34

En primer lugar, el suma qamaña o allin kawsay refleja una concepción de la "vida" no antropocéntrica ni biologicista, sino cosmocéntrica y holista. Esto quiere decir que para las cosmovisiones y filosofías indígenas, no existe una separación o dicotomía entre lo que tiene vida ("seres vivos")y lo que (según Occidente) no lo tiene ("entes inertes"). El cosmos o Pacha es como un organismo vivo, cuyas "partes" están en íntima interrelación e interdependencia, de tal modo que la vida o "vivacidad" se definen por el grado de equilibrio o armonía que existe entre ellas. Por tanto, se distingue radicalmente del paradigma occidental de un individualismo o atomismo que parte de la autosuficiencia de la "sustancia" particular y llega a afirmar–en la teoría económica capitalista– una antropología conflictiva y competitiva.

El "Vivir Bien" amerindio mide la "bondad" de cada elemento por la "bondad" del todo, es decir: el "vivir" depende fundamentalmente del "con-vivir" en un sentido antropológico, ecológico (o "ecosófico") y cósmico. No se puede –en sentido estricto– hablar de que alguien tiene "buena vida" (un tercio de la humanidad), si otros/as viven en la miseria o son pisoteados/as por los demás. Por tanto, el "Vivir Bien" no aspira a una "mejor vida", porque en un mundo finito y limitado en cuanto a recursos, espacio y tiempo, el incremento de la calidad de vida de algunos/as conlleva el deterioro de la calidad de vida de otros/as. Ésta es la ley que se manifiesta en el proceso del "desarrollo del subdesarrollo", amén de la lógica capitalista de competitividad y exclusión.

En segundo lugar, la "vida" y el ideal del "Vivir Bien" se extienden a la Naturaleza no-humana y al cosmos entero que incluye al mundo espiritual y religioso. No existe justicia social y económica, es decir: una armonía entre los seres humanos, si a la vez se perjudica el equilibrio ecológico y trans-generacional. Por tanto, el ideal del "Vivir Bien" apunta a una convivencia armoniosa del género humano con su entorno natural, el mundo espiritual y las futuras generaciones. Una actitud económica o política que se fundamenta en principios que destruyen las bases para la vida de futuras generaciones (una suerte de "después de nosotros el diluvio") o que prioriza los bienes de lujo por sobre los bienes de primera necesidad y los valores éticos y espirituales, no es sostenible ni sustentable.

En tercer lugar, el ideal amerindio del "Vivir Bien" cuestiona radicalmente la ideología occidental del "desarrollismo" y los principios ideológicos del "crecimiento ilimitado" neoliberal. El verdadero "progreso" no consiste en un incremento cuantitativo de bienes de consumo y de la producción, ni en el aumento de las ganancias de una empresa, sino en el nivel de distribución justa y equitativa de la riqueza existente y el uso prudente y "pachasófico" (de acuerdo al orden holístico del cosmos) de los recursos naturales y humanos. No hay "progreso" o "avance", si algunos/as se quedan atrás o incluso son considerados/as "excedentes". La carrera loca del "crecimiento económico" y del consumismo desenfrenado a toda costa no lleva a más "progreso", sino a un "regreso" inevitable de la vida, con la consecuencia de un deterioro catastrófico del equilibrio cósmico que conlleva, para el mundo indígena, un pachakuti, una revolución cósmica de dimensiones "apocalípticas".

El concepto del "Vivir Bien" andino sólo puede se comprendido a cabalidad como expresión de una cosmovisión y filosofía totalmente distintas a la occidental dominante, y no como receta económica, ecológica o cultural. En este sentido, se trata de una metáfora que representa otro modelo civilizatorio que se presenta como alternativa ante la decadencia y el agotamiento del modelo dominante de la modernidad occidental y el ideal capitalista que ésta conlleva. Es evidente que el modelo de "desarrollo" que plantea Occidente y el estilo de vida concomitante no son "globalizables"; se requiere de más de cinco planetas Tierra para "globalizar" el estilo de vida estadounidense, y si China imitaría este ideal consumista, el plantea colapsaría dentro de unas dos décadas. Por tanto, no sólo es deseable, sino absolutamente imperativo buscar alternativas a la "única vía"propuesta por los ideólogos del capitalismo tardío de casino y producción ficticia. En vez de TINA (There is no alternative), hay que abogar por TATA (There are thousands of alternatives), entre ellas el "Vivir Bien" andino.

Una de las convicciones de la sabiduría indígena andina, es que todo tiene que ver con todo, es decir que el "desarrollo" de una parte de la humanidad tiene que ver con el "subdesarrollo" de la otra parte. La Tierra (y el universo en su totalidad) es un sistema limitado que no permite un "crecimiento ilimitado" que sólo se da en el caso del cáncer. Y hemos visto que el capitalismo aún vigente, en su agonía, es un sistema sumamente cancerígeno que produce metástasis lejos del origen de la enfermedad (sistema bancario especulativo en el Norte) en las extremidades (economías subalternasen el Sur). Una economía realmente sustentable y sostenible en términos dela sobrevivencia de la humanidad y de la vida en general, es decir una economía compatible con la totalidad de la humanidad, la Naturaleza, el mundo espiritual y las futuras generaciones, debe de renunciar a la ideología del "crecimiento" como base del "Vivir Bien", a la especulación bursátil y el capital improductivo ficticio. Y esto significa, aunque todavía suena a herejía política y económica, un decrecimiento ("recesión") de la economía en gran parte del mundo, un estancamiento en otra, y un leve crecimiento en la parte más pobre del planeta.35Además, implica la virtud de "renuncia" a nivel individual en los países industrializados, virtud por mucho tiempo descartada como "anticuada".

El hecho de que es muy difícil "operacionalizar" el ideal del "Vivir Bien", se debe en parte a la incompatibilidad entre las dos matrices civilizatorias, la occidental-moderna y la amerindia-pachasófica. Si queremos implementar el suma qamaña/allin kawsay andino para una economía alternativa, para otro tipo de "desarrollo", sin cambiar la misma matriz civilizatoria, nos veremos enredados/as en una serie de inconsistencias, tensiones y hasta callejones sin salido. A manera de ilustrar este tipo de problemas "estructurales" y de tipo civilizatorio, quisiera hacer hincapié brevemente en el conflicto por el TIPNIS que se llevó a cabo en Bolivia en los últimos meses, y que seguramente va ocupar el escenario social y político del país por mucho tiempo.

A manera de conclusión: el ejemplo del TIPNIS

Para las personas que no están tan familiarizadas con el tema, he aquí una breve descripción del conflicto. Desde varias décadas, existen planes en el gobierno boliviano de construir una carretera de penetración, desde Cochabamba (en concreto: Villa Tunari en el Chapare) a Trinidad en la Amazonía (en concreto: San Ignacio de Moxos), que debe formar parte de un corredor bioceánico entre Brasil y la costa del Pacífico en Chile. Esta carretera de unos 350 kilómetros debería atravesar el "Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure", abreviado y conocido mundialmente por las siglas TIPNIS. Mientras que los gobiernos neoliberales no se atrevían ejecutar la obra, el Gobierno de Evo Morales firmó en 2008, a espaldas del pueblo boliviano y de los pueblos indígenas del TIPNIS, un convenio con Brasil, especialmente con la empresa constructora OAS y el banco BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social) que otorgaría un crédito para la construcción de dicha obra.

La nueva Constitución Política de Estado prevé, en sus artículos 30II, inc. 10, 343 y 35236 la obligatoriedad de la consulta popular a los pueblos indígenas afectados en el caso del plan de un proyecto de envergadura (exploración de petróleo, exploración de minería, hidroeléctricas, carreteras de penetración, etc.). Sin embargo, el Gobierno no se veía en la obligación de realizar esta consulta, y en abril del año pasado, la constructora brasileña empezó con los trabajos en la zona. Y esto provocó, a su vez, laprotesta de los pueblos indígenas afectados que decidieron realizar una marcha de Trinidad a La Paz (más de 500 kilómetros). En el proceso de esta marcha, muchos sectores de la sociedad civil, incluyendo una oposición de la derecha totalmente anti-indígena y anti-ambientalista, se adhirieron a las demandas de las marchistas, con tal de que al final de los 65 días, Bolivia se encontrara totalmente dividida entre "desarrollistas" y "conservacionistas".

Cabe detenerse un momento en este conflicto, para detectar detrásde las bambalinas políticas y electorales la pugna de dos matrices civilizatorias y modelos de "desarrollo" totalmente incompatibles entre si.Y no que la línea divisoria correría entre el "mundo indígena" y el "mundo occidental", sino que revela fisuras en ambos mundos aparentemente homogéneos. Una parte del Gobierno –el ala "desarrollista" con el vicepresidente e ideólogo marxista Álvaro García Linera a la cabeza–, sectores de las llamadas "comunidades interculturales" (en realidad: "colonizadores")que incluyen muchos aimaras y quechuas de las tierras altas (Confederación Sindical de Comunidades Interculturales de Bolivia: CSCIB), las asociaciones de cocaleros, la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), y la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia-Bartolina Sisa(CNMCIOB-BS), se pronunciaron en el conflicto a favor del proyecto (grupo A). Otra parte del Gobierno –el ala "pachamámica" con el canciller David Choquehuanca a la cabeza–, el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullusuyu (CONAMAQ) y la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB), junto a los oportunistas del caso (derecha oligárquica; ambientalistas; clase media intelectual; etc.), están luchando contra el proyecto (grupo B). Podemos ver claramente que en ambos bandos hay instituciones de representación indígena que defienden, cada una por su lado, el "desarrollo" de tipo occidental y el "Vivir Bien" de tipo andino-indígena, respectivamente.

El grupo A, a pesar de tratarse en su mayoría de "indígenas" en sentido étnico y cultural, aboga por la necesidad de la carretera para promover el "desarrollo" (palabra enunciada de manera inflacionaria, sin mayores especificaciones), es decir: de ciertas comodidades, acceso a los mercados, medios de comunicación masiva, industrialización y cultivo detierras "perezosas". Mientras que el grupo B, constituido por indígenas y no-indígenas, aboga por la "intangibilidad" de su territorio, a fin de salvaguardar la biodiversidad, el equilibrio ecológico, el modo ancestral de vivir y cultivar la reserva boliviana más grande de agua potable y el pulmón de la Amazonía. En ambos casos, se escuchaba a menudo la expresión del "Vivir Bien", pero en un sentido totalmente antagónico: para el grupo A, el "Vivir Bien" quiere decir "progreso", "crecimiento", "desarrollo" y "prosperidad" (no es por casualidad que ha surgido, en los últimos años, una nueva "burguesía aimara" y una clase cocalera muy pudiente), para el grupo B, el "Vivir Bien" se traduce en términos más espirituales como "equilibrio ecológico", "economía de subsistencia", "hábitat en armonía con la Naturaleza".

Parece que se trate de dos concepciones totalmente distintas del "Vivir Bien": el primero más en la línea aristotélica y de la modernidad occidental vigente ("buena vida"), el segundo más en la línea de la pachasofía amerindia. La experiencia histórica ha demostrado que el famoso "desarrollo" que conllevaría una carretera para los pueblos indígenas "penetrados",consiste ante todo en el "progreso" de los invasores (llamados "colonos" o eufemísticamente "comunidades interculturales") y la expulsión forzosa de los mismos pueblos indígenas. Esto ocurrió, por ejemplo, con las carreteras de Cochabamba a Santa Cruz, y de Santa Cruz a Trinidad, en el siglo XX.

Según la idiosincrasia "desarrollista" heredada de la modernidad europea, el "Vivir Bien" amerindio es considerado como "retroceso", modelo "anacrónico y arcaico", "pre-moderno" y no operacionalizable. Mientras que no exista la voluntad en la ceguera del capitalismo depredador de dejarse interpelar, todo tipo de evolución alternativa a la escatología occidental resulta "inviable" y es descartada de entrada. Ya no es suficiente una crítica económica y política al sistema-mundo dominante. Urge una crítica filosófica desde la interculturalidad que toma en cuenta los presupuestos civilizatorios de este sistema y de su carácter necrófilo y destructor. La matriz civilizatoria indígena –de la que la filosofía andina es una expresión nítida– puede aportar en esta deconstrucción crítica de la "única vía", predicada después de la caída del socialismo realmente existente.

A pesar de que el modelo de un "capitalismo salvaje" y de un "desarrollo" de tipo occidental esté agonizando en los centros del capital especulativo (Wall Street; Banco Central Europeo; etc.), ejerce aún un hechizo irrefrenable sobre sociedades constituidas por mayorías indígenas como la boliviana. No es solamente un reflejo de la alienación cultural y civilizatoria, sino también una expresión de aspiraciones legítimas de mejorar las condiciones de vida. Mientras que en el Norte se descarta en todas las reuniones de la G7, del Foro Económico de Davos, del Fondo Monetario Internacional e inclusive a nivel popular la contracción del crecimiento económico, el descrecimiento inevitable y la renuncia al despilfarro energético y mercantil, no se puede esperar de los países emergentes que "renuncien" deliberadamente a las bondades exhibidas a diario hasta el cansancio en los medios de comunicación. Falta una conversión civilizatoria mayor, tanto en el Norte como en el Sur, para que el modelo del "Vivir Bien" y la civilización subyacente tengan la más mínima oportunidad de ser asumidos como alternativa al colapso del planeta. El movimiento de los "indignados" en el hemisferio norte es una señal de esperanza.

Notas

1 Artículo presentado como ponencia en el Congreso Internacional "Hacia la Construcción de un nuevo Paradigma Social", Universidad Autónoma Metropolitana UAM- Xochimilco, México D.F., 4 a 7 de marzo de 2012

2 El Club de Roma es una organización formada por prominentes personalidades, que busca la promoción de un crecimiento económico estable y sostenible de la humanidad. Tiene entre sus miembros a importantes científicos (algunos premios Nobel), economistas, políticos, jefes de estado, e incluso asociaciones internacionales. Se reunió por primera vez en 1968, y en 1972 fue publicado el informe Los límites del crecimiento. La tesis principal del libro es que, en un planeta limitado, no es posible un continuo crecimiento económico, y estos límites pueden ser de dos tipos: de recursos naturales y de la capacidad de la tierra para absorber la polución sin mermar la calidad del medio ambiente. 1992, veinte años después, se publicó Más allá de los límites del crecimiento, y en 2004 Más allá del crecimiento: 30 años después. (VV.AA. (2006). Más allá del crecimiento: 30 años después. Madrid: Galaxia Gutemberg).

3 Cf. Fukuyama 1992. En 1989, Fukuyama escribió en la revista The Nacional Interest un artículo llamado «The End of History? (¿El fin de la historia?)», que luego dio origen al libro: The End of History and the last Man (El fin de la historia y el último hombre) (1992), donde se afirmaba que la caída del comunismo y el triunfo de las democracias liberales marcaban el comienzo de la «etapa final» en la que no había más lugar para largas batallas ideológicas. Esta ideología de la "única vía" se suele abreviar con las siglas TINA en inglés (There Is No Alternative) que contrasta con el lema de los Foros Sociales, el TATA (There Are Thousands of Alternatives).

4 Cabe mencionar, en especial, a Michel Camdessus, anterior secretario general del Fondo Monetario Internacional, y Michael Novak, filósofo católico y sacerdote estadounidense. Cf. Aguiló 2010; Galbraith 1994; 189ss.; Cooper 2008.

5 Cf. Dierckxsens 2011.

6 Un 20% de la población gasta el 80% de la energía total del planeta. Para mantener el estilo de vida de EE.UU. se necesitaría 5.2 Tierras, para el del Reino Unido 3.1, para el de Francia 3, para el de Alemania 2.5, para el de Brasil 2 planetas Tierra.

7 En este sentido, Lovejoy habló de "inconsistencias fructíferas" en el mismo seno de la filosofía occidental (Lovejoy 1983; 1936), que puede ser caracterizada como síntesis de los paradigmas griego y semita. Las fricciones más resaltantes se producen con respecto al modelo ontológico (mundo creado - mundo eterno), metafísico (contingencia - necesidad), epistemológico (verdad histórica - verdad eterna) y ética (libertad personal - ley universal). Muchas de estas inconsistencias dieron lugar a un debate muy acalorado en la Edad Media, sobre todo entre el "averroísmo latino" y los defensores de la ortodoxia cristiana.

8 Hay que advertir que este proceso de "secularización" no es irreversible, como muchos teóricos de la religión nos hacen creer. Estamos ante una "re-religionización" de contenidos considerados netamente "seculares", tal como el dinero, el Mercado, las Bolsas de Valores, el éxito, el capitalismo neoliberal, la globalización civilizatoria occidental, etc. Sólo que las ideas "mesiánicas" de antes (tradición judeo-cristiana), en el contexto posmoderno, ya no contienen el ideal de una sociedad justa e igualitaria, sino la predestinación "monetaria" de unos pocos para la felicidad plena dentro del hedonismo pos-secular.

9 Se trata prácticamente de los "megarrelatos" o las "metanarrativas" de la modernidad que viene desmontando la teoría posmoderna. François Lyotard menciona en La Condición Posmoderna tres principales metarrelatos o metanarrativas: 1) El hegeliano, que concebía la historia como el autodespliegue del Espíritu. Todo lo que sucede en la historia, incluido el sufrimiento, está justificado en tanto que contribuye al progreso del Espíritu hacia la máxima libertad y auto-conciencia. El saber y la sociedad están legitimados en función del Espíritu. 2) El relato emancipatorio. La nación, el pueblo y su camino hacia la libertad es lo que legitima a las instituciones y al saber, que le proporcionan los instrumentos para que, por medio de la deliberación, llegue hasta ella. Esta es la idea de la Revolución Francesa, que recoge el marxismo, poniendo como sujeto de emancipación a la humanidad por la mediación del proletariado. 3) El funcionalismo, que entiende la sociedad como un sistema unitario y autorregulado. Toda acción realizada en el marco del sistema sólo puede contribuir a su desarrollo o a su decadencia. En su forma originaria, el funcionalismo de Parsons, el desarrollo implica todavía la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos. En su versión tecnocrática, esta idea se sostiene a duras penas, pues salta a la vista que la optimización de las actuaciones del sistema choca con el desarrollo del individuo.

10 Por lo tanto, la Posmodernidad no ha acabado con los "metarrelatos", sólo que los ha reducido a un único "metarrelato" vigente que se alinea a la concepción unipolar del mundo y su nuevo (des-) orden.

11 Despojados de su sustento teológico, el "progreso" y "optimismo" se tornan ideología que sirve tanto a los "pocos felices" (the happy few) para legitimar su derroche y hedonismo, como a la muchedumbre para soñar una vida mejor que nunca llegará, lo que viene a ser exactamente la definición de la religión como "opio del pueblo" de Carlos Marx.

12 Las advertencias de las Bolsas de Valor, de los bancos centrales nacionales y de las instituciones financieras y empresariales transnacionales de la "caída del crecimiento", de la "desaceleración del crecimiento" o de un "estancamiento del crecimiento", suelen aparecer en los medios de comunicación como prédicas apocalípticas oanatémata ex cathedra.

13 El concepto biológico y orgánico de "desarrollo" (des-envolvimiento) fue indebidamente usurpado por la economía y aplicado a procesos no-biológicos e in-orgánicos, lo que resulta en las convicciones perversas de que "el dinero crece" (lo que ya Aristóteles criticó como "anti-natural") o de que la "economía crece". Parafraseando a Marx, se trata del carácter "fetichista" del desarrollo y de la economía.

14 La economía capitalista ha convertido prácticamente todo en "producto": la manzana recogida del árbol es un "producto"; el recién nacido es un "producto"; hasta la puesta del sol e un "producto". ¿Cuál es la diferencia entre "fruto" y "producto"? El lenguaje nos dilata a menudo.

15 Cabe recordar que la res extensa, según René Descartes, no sólo abarca la naturaleza no-humana, sino también el aspecto material del mismo ser humano, es decir: el cuerpo. Como consecuencia, el cuerpo humano obedece estrictamente a leyes mecánicas y se presta a la misma explotación ilimitada que la naturaleza no-humana, lo que hoy día podemos constatar en los fenómenos (entre muchos otros) de la explotación sexual, de la manipulación genética y del tráfico de órganos, ni hablar de la industria biomédica.

16 En este punto, capitalismo y socialismo no difieren de principio, porque ambos insisten en la transformación de la Naturaleza, mediante el trabajo, para fines antropológicos. Ni para el uno ni para el otro, la Naturaleza es un fin en si mismo.

17 El primer paso consiste en la des-naturalización (la "primera expropiación") de los recursos llamados "naturales", al convertirlos en meros "medios de producción". Este giro antropocéntrico fue asumido tanto por el capitalismo como por el socialismo, con lo que el tema "medioambiental" nunca era un tema ni en el capitalismo salvaje de Manchester ni en el socialismo industrial del Pacto de Varsovia. El segundo paso –que fomenta el capitalismo– consiste en la expropiación de la propiedad colectiva de los "recursos naturales", por parte de personas o empresas "privadas".

18 Para el Inca Atawallpa, no quedaba duda de decisión ante la alternativa entre la vida y una habitación llena de plata, porque en su lógica, ésta última sólo sirve en contextos religiosos y rituales, con lo que no podía entender la avaricia de sus captores. La misma perplejidad se puede observar hoy día en visitantes al presenciar el "despilfarro" y "derroche" de dinero acumulado durante años, en una fiesta patronal, de quinceañera, de casamiento o simplemente de alegría, por los pobladores de un barrio vecinal o una comunidad rural en los Andes. El afán de acumulación revela –según Freud– el carácter eminentemente "anal" del capitalismo y de la sociedad occidental que se construye sobre este principio. Guardar y retener bienes y dinero más allá de lo necesario para vivir bien, es una forma de estreñimiento del que sufre gran parte de la economía capitalista: no "suelta" los remanentes.

19 La analiticidad pretende "conocer" la realidad a través de la descomposición (analysis) del conjunto en sus partes. Esta actitud típicamente masculina da excelentes resultados con artefactos (automóviles, computadoras, etc.), pero resulta nefasta para cualquier organismo vivo que sólo puede ser "analizado" a costa de la vida misma.

20 El término quechua/aimara-griego "pachasofía" sustituye la noción occidental de "filosofía", para indicar la sabiduría (sophia) de y sobre la pacha, concepto denso y fundamental del pensamiento andino. Pacha quiere decir "universo ordenado", "tiempo y espacio", "todo lo que existe y tiene vida".

21 La tautología se expresa en forma de una proposición analítica: "La modernidad es occidental", lo que equivale a "Es imposible que la modernidad no sea occidental", con lo que queda demostrado que fuera del modelo civilizatorio occidental, no hay ni modernidad ni desarrollo auténtico (extra Occidentem non est salus: "fuera de Occidente no hay salvación").

22 Para mayores informaciones, véase: Estermann 2006.

23 En la lógica neoliberal capitalista, esta "reducción" o "pérdida" se invisibiliza y se camufla bajo un manto general de complicidad. Cuando alguien "gana" en la Bolsa de Valores, necesariamente alguien tiene que perder, sólo que el perdedor queda invisible, porque se trata del cafetero en Guatemala, del minero en Zimbabwe, de la capa de ozono, de la biodiversidad amazónica o de las reservas de agua potable.

24 Por lo tanto, un "desarrollo" de una parte de la humanidad que a la vez produce el "subdesarrollo" de otra parte, no puede ser llamado "desarrollo", ni es un mejoramiento real de las condiciones de vida de la humanidad, sino que es un "retroceso" y la prueba tangible del fracaso de este modelo de desarrollo.

25 Éste es el significado original de "economía": ley de la casa, que se refería en primer lugar a la casa concreta y el manejo de sus recursos, pero en segundo lugar también al universo (oikumene) y el cuidado prudente de sus recursos. La "economía" en Occidente se ha vuelto "cleptonomía" y "arte de acumulación" (crematística).

26 La actividad "económica" incluye aspectos espirituales y religiosos: no se puede trabajar la tierra sin pedirle permiso; hay que retribuirle lo propio para restablecer el equilibrio dañado. Véase: Estermann 2007.

27 En sentido estricto, no existe la distinción entre "recursos renovables" y "recursos no renovables". El petróleo y gas, por ejemplo, son renovables, pero para ello se requiere de procesos muy largos (millones de años), y el agua (hidroenergía), el viento (energía eólica) o la geotérmica sólo son renovables en la medida en que los grandes cambios climáticos no afecten sustancialmente su disponibilidad.

28 Últimamente, se promueve en Occidente las "pruebas de compatibilidad" para fondos de inversiones, proyectos de desarrollo, portafolios, explotación de recursos naturales, etc. Existen ciertos estándares éticos para bancos y empresas que incluyen la compatibilidad ecológica, social y cultural. Muy pocos incluyen los criterios de compatibilidad intergeneracional y cósmica. Véase: Jonas 1995.

29 Los indicadores de "desarrollo" y "felicidad" que son manejados por las agencias de cooperación, normalmente no toman en cuenta estos factores "suaves" que son vitales para la población indígena: fiesta, alegría, música, celebración, compañerismo, ritualidad, espiritualidad, tiempo disponible, oración, poesía, sonrisas, paisajes, aire limpio, narraciones colectivas, memoria ancestral, etc. Tal como el "desarrollo" normalmente se mide por indicadores económicos, también se suele caracterizar "riqueza" y "pobreza" por estos mismos indicadores: una persona es "desarrollada" siempre y cuando tiene los medios necesarios para llevar adelante su vida de forma digna e independiente, no importa si es "feliz", "alegre", "contenta" y "satisfecha". Estos factores llamados light (onice to have), en realidad tendrían que ser los factores más importantes e imprescindibles para medir el "desarrollo".

30 Véase: Rodríguez 2004; Dussel 2005. La noción de "transmodernidad" pretende presentar un nuevo paradigma a través del cual pensar el presente: con él se recuperan los retos pendientes de la modernidad: sujeto, emancipación, justicia, razón..., asumiendo las críticas posmodernas, intentando a la vez describir el panorama teórico de nuestra contemporaneidad y señalar nuevas líneas de teorización.

31 Es importante notar que en la expresiones nativas, el "bien" (suma; allin; sumak) es entendido en sentido de adverbio, es decir de un cualitativo del mismo hecho y proceso de "vivir", y no de un estado estático dado. Como los idiomas nativos de los Andes son verbocéntricos –y no sustantivocéntricos como los indoeuropeos–, el "Vivir Bien" en acepción andina contiene el principio fundamental de la relacionalidad.

32 Cf. Estermann 2011.

33 Para mayores referencias sobre los principios de la filosofía andina, cf. Estermann 2006.

34 Existe un debate sobre la pertinencia indígena o su introducción por una inteligentsia occidentalizada de este concepto. Véase: Spedding 2010. Según Medina (2006), qamaña se refiere al "lugar de vivir", a una existencia en circunstancias concretas (como el "estar" castellano), y jakaña se refiere más al lugar donde se desarrolla un ser, al lugar de la reproducción. Ambos conceptos, al igual que el concepto quechua kawsay, no son usados por la misma población indígena para indicar un ideal. Spedding propone más bien la expresión sum sarnaqaña (o allin puriy en quechua), es decir: "Andar Bien". Cuando en el campo se pregunta a la gente: "¿Cómo están?", normalmente se dice: "Andamos bien". Lo mismo se dice de una pareja feliz, de una comunidad con suficiente productos, de un negocio, de la salud de la familia: "Andamos bien" (sum sarnaqapxtawa; allin purisqayku). La expresión guaraní ivi maräei significa literalmente: "caminar erguido/a", lo que implica el aspecto de dignidad y autoestima; teko kavi se suele traducir por "buena vida". Alison Spedding plantea que el concepto aimara delsuma qamaña es una elaboración de académicos aimaras y no coincide con el sentimiento de la misma población aimara que preferiría la expresión sum sarnaqaña ("andar juntos"). Cf. Spedding 2010. El año pasado (2010), el MUSEF (Museo de Etnografía y Folclore) de La Paz puso como tema central de su Reunión Anual de Etnología el "Vivir Bien". Véase: Museo de Etnografía 2011.

35 Cf. Dierckxsens 2011: 91-97.

36 Aunque los artículos mencionados no se refieren explícitamente a la "construcción de carreteras" por territorios indígenas, sino a la explotación de recursos naturales, se puede derivar de la experiencia pasada, que la construcción e una carretera de penetración conlleva la colonización del territorio adyacente y la exploración y posterior explotación de los recursos naturales de la zona. En el Art. 30 II, inc. 10, el texto constitucional boliviano dice textualmente: "…las naciones y pueblos indígena originario campesinos gozan de los siguientes derechos: (…) A ser consultados mediante procedimientos apropiados, y en particular a través de sus instituciones, cada vez que se prevean medidas legislativas o administrativas susceptibles de afectarles. En este marco, se respetará y garantizará el derecho a la consulta previa obligatoria, realizada por el Estado, de buena fe y concertada, respecto a la explotación de los recursos naturales no renovables en el territorio que habitan.

Bibliografía

Recibido: 09.08.2012 Aceptado: 07.11.2012

Fuente:  https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-65682012000300007

 

 

 Alternativas postcapitalistas

 

 

 

Apreciemos como desafío de una creciente mayoría de la humanidad a la:

 

 

Declaración de la V Cumbre de los Pueblos Indígenas

Abya Yala de toda América

(Panamá – Abril de 2.015)
11 de abril de 2015

Defendiendo el futuro de Nuestras Naciones.




CONSIDERANDO:

Que toda la doctrina, políticas y prácticas basadas en la superioridad de determinados pueblos o individuos o que son propugnadas aduciendo a razones de origen nacional, diferencias raciales, religiosas, étnicas o culturales: son racistas, científicamente falsas, jurídicamente inválidas, moralmente condenables y socialmente injustas.


Que los Pueblos Indígenas hemos sido sistemáticamente discriminados desde la invasión de los europeos a Abya Yala, quienes, apoyados en las Bulas Papales de 1.455 y 1.493, justificaron la doctrina del descubrimiento para, de esa forma, cometer genocidio de más de 90 Millones de Indígenas y el despojo de nuestras tierras, territorios y recursos naturales. Que las actuales repúblicas significan la continuidad de las injusticias impuestas a través del sistema legal a los pueblos indígenas de Abya Yala.

Que los actuales Estados de América erradiquen la desigualdad, discriminación y colonización de los pueblos indígenas, establecido en la Resolución 1514 del 14 de diciembre de 1960; el convenio 169 de la OIT de 1989;la Declaración de Viena de 2003; la Convención sobre la eliminación de todas las formas de Discriminación Racial; la declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los Pueblos Indígenas de 2007 y el Documento final de la Conferencia Mundial sobre los Pueblos Indígenas de la Asamblea General de la ONU de septiembre de 2014, entre otros.

Que en Abya Yala, persiste el asesinato, desaparición física y persecución de líderes y lideresas de los Pueblos Indígenas, por la defensa de sus tierras, territorios y recursos, encaminados a la imposición de programas y mega proyectos tales como: la minería, hidroeléctricas e hidrocarburos en nombre del desarrollo y del interés común, que se ejecutan sin el consentimiento libre, previo e informado.


Que las seis Cumbres de las Américas no han contribuido con sus metas a erradicar la pobreza, la exclusión y la desigualdad, sino que han permitido el desarrollo de nuevas formas de colonización, en ocasiones, a través de la democracia electoral, otra veces con el espejismo del desarrollo económico y con el comercio salvaje de los recursos comunes de la humanidad. Estas declaraciones han quedado en meras intenciones, ya que la situación de los más de 50 millones de Indígenas no han variado en nada, al contrario, se recrudece la violación a nuestros derechos colectivos humanos.

Ante las consideraciones expuestas la V Cumbre de los Pueblos Indígenas de Abya Yala, "Defendiendo el Futuro de Nuestra Naciones", DEMANDAMOS a los Jefes de Estado y Gobierno de las Américas lo siguiente:

1- Las reformas constitucionales, legales y administrativas que faciliten a los estados el ejercicio efectivo de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los Pueblos Indígenas.
2- Cumplir con el derecho del consentimiento libre, previo e informado antes de la adopción y ejecución de cualquier programa o mega proyectos que afecte a nuestros territorios.
3- Desarrollar e implementar, el Buen Vivir en las políticas sociales, culturales, económicas de los pueblos indígenas, como principio rector de derecho colectivo humano.
4- Eliminar la discriminación en todos los sistemas educativos e incluir el aporte de nuestro conocimiento en la historia, ciencias, artes, filosofía e identidad.
5- Implementar la educación Bilingüe Intercultural a fin de reflejar la identidad cultural, garantizando la participación activa en la vida nacional, reconociendo la diversidad lingüística.
6- Proteger y restaurar sitios sagrados, incluyendo la repatriación de los efectos culturales y ceremoniales que pertenecen a los pueblos indígenas, apoyando plenamente acciones unificadas para educar y asegurar las expresiones de arte y cultura.
7- Adoptar en las políticas de salud, la visión holística de los pueblos indígenas, de modo que no se aprueben proyectos de desarrollo en territorios que puedan afectar la salud de los pueblos, sean o no indígenas.
8- Rechazar todos los proyectos energéticos que supongan la violación de derechos colectivos humanos, en especial, aquellos que conlleven el desplazamiento forzoso.
9- La titulación, demarcación, saneamiento y protección de nuestras tierras, territorios y recursos.
10- Rechazar el uso de nuestras tierras, territorios y recursos hídricos y bosques en los proyectos de cambio climático que permiten, a los países desarrollados evadir la responsabilidad de reducir emisiones contaminantes.
11- Promover y adoptar el derecho de la libre determinación de los pueblos indígenas, y en este sentido, desarrollar los regímenes autónomos necesarios que permitan a la niñez, mujer, juventud y organización de los pueblos de Abya Yala, ser los sujetos del desarrollo, la democratización y gobernanza sobre nuestras tierras y recursos naturales, reconociendo la jurisdicción indígena.
12- Exigimos a todos Jefes de Estado reunido en la VII Cumbre de las Américas el cumplimiento de todas nuestras exigencias contenidas en esta declaración, cumpliendo con los estándares de derechos humanos establecidos en los Convenios y Tratados Internacionales del que todos los Estados son parte.
13- Derecho a las comunicaciones, redes comunitarias y el uso y acceso a las tecnologías de comunicación en nuestros propios idiomas y lenguas.
14- Que la voz de la juventud indígena de Abya Yala sea incorporada en los diferentes procesos de debate a fin de dar nuestras aportaciones y punto de vista como jóvenes, así como a la niñez y a la mujer de nuestros territorios indígenas para el bienestar de nuestra cosmovisión.

Para que se fortalezca la paz en todos los pueblos de nuestra Abya Yala es necesario abolir las leyes que propugnan el racismo, la falta de respeto, discriminación y violación de todos los derechos de los pueblos indígenas y reconocer y dar cumplimiento a los diferentes Tratados y Convenios Internacionales que reconocen los Derechos de los Pueblos Indígenas.
Dado en la Ciudad de Panamá el 9 y 10 de abril de 2015.
Tomado de:
http://cronicasinmal.blogspot.com.ar/2015/04/declaracion-de-la-v-cumbre-de-los.html

Fuente: http://www.funpat3mil.com.ar/novedades_ant02.php?ID=117

 

Es cierto:"Para que se fortalezca la paz en todos los pueblos de nuestra Abya Yala es necesario abolir las leyes que propugnan el racismo, la falta de respeto, discriminación y violación de todos los derechos de los pueblos indígenas y reconocer y dar cumplimiento a los diferentes Tratados y Convenios Internacionales que reconocen los Derechos de los Pueblos Indígenas".

 

Pero erradicar esa estructura e institucionalización opresora y represora nos exige, abajo y a la izquierda, construcción desde ahora de nuevas relaciones sociales, plurinacionales e internacionales sobre la base de compartir objetivos de las luchas anticapitalistas. Es recoger las experiencias e ideas de las resistencias para instalarlas en la deliberación de los pueblos. Por ejemplo:

 

 

"Estamos ad portas de un camino sin retorno a la más grave transformación que ha sufrido la Tierra desde el descubrimiento de la agricultura y las primeras tecnologías. Si los movimientos sociales no logran hacer crecer con fuerza sus demandas por un freno al capitalismo y su despilfarro de recursos naturales esta vez ya será tarde. Ante la urgencia, la única posibilidad es el levantamiento de todos nosotros, los terrestres, en la defensa de la Tierra, nuestro único hogar".

 

 

 

Día de la Tierra

El capitalismo globalizado,

la principal causa del calentamiento global

25 de abril de 2019

 

Por Paul Walder
Alai

Este lunes 22 de abril se celebra el Día de la Tierra. El homenaje, instaurado desde 1970, adquiere cada día más fuerza, no por su ritual ni los festejos, sino por la urgencia, ya evidente, de frenar el proceso de calentamiento global y sus efectos sobre el planeta. Con toda la comunidad científica de acuerdo sobre las causas de este fenómeno y con una clase dirigente global ya lo suficientemente informada sobre el proceso y sus catastróficos eventos, la temperatura media de la Tierra continúa en ascenso con el riesgo inminente que el cambio climático ya sea irreversible.  

Los cambios que ha provocado en el planeta la quema de combustibles fósiles desde la Revolución Industrial, en sus inicios carbón y actualmente petróleo, apuntan a esta actividad como la principal causa del drama que hoy vivimos. Hay una relación directa entre nuestro modo de vida y sus efectos en el medio ambiente, una relación que arriesga nuestra futura presencia, tal como la hemos vivido desde el neolítico, en el planeta.  

El punto más crítico en el calentamiento global es la emisión de dióxido de carbono (CO2) aunque la explotación indiscriminada de recursos naturales contribuye a otros fenómenos críticos que afectan los ecosistemas, las especies animales y vegetales y, por cierto, a los humanos. Las mediciones y registros que se realizan sobre la concentración de CO2 muestran un incremento sostenido desde la industrialización, que aumenta de manera progresiva junto a las tasas de crecimiento económico. Durante las últimas décadas este ritmo no se ha apaciguado, con la sola excepción del 2009, año de recesión provocado por la crisis global de las hipotecas subprime.  

Los efectos en el clima son ya innegables. Tanto, que las organizaciones globales como la ONU y los países miembros han asumido desde hace décadas que es necesario disminuir las emisiones de carbono. De lo contrario, en pocos años más ya será tarde para frenar el calentamiento. La superación en pocos grados la temperatura actual desatará alteraciones que harán muy difícil la vida futura en el planeta. Un escenario que conoce, o debiera conocer, desde hace mucho tiempo toda la clase dirigente.  

Ha sido el movimiento ecologista el que ha levantado desde finales del siglo pasado la alerta. Pero su activismo no ha sido suficiente, o fue errado. Hoy, cuando el fenómeno ya tiene un carácter de urgencia, es posible observar de manera crítica las equivocaciones que cometió este movimiento al no enfrentar directamente sus causas: el modelo capitalista desregulado y hoy globalizado.  

Los movimientos ecologistas tradicionales evitaron un enfrentamiento directo con las fuerzas políticas y, principalmente, con los dueños del capital. Esta evasión ha tenido como consecuencia la apropiación de las medidas para enfrentar el calentamiento global por las clases políticas que conviven muy bien con los programas de las grandes corporaciones y el sistema financiero mundial. De ahí políticas como los bonos de carbono, inversiones de las cuales han gozado inversionistas y especuladores y que poco han hecho para frenar las emisiones de carbono.  

El curso que han seguido los acontecimientos durante los últimos años ha sido desastroso. No solo las emisiones no dan tregua, sino también asistimos a una degradación en todo su sentido de las clases gobernantes, hoy expresada en un poder detentado por banqueros, especuladores, corruptos de toda ralea y hasta comediantes. Si las decadentes socialdemocracias se han dedicado a mirar hacia otro lado cuando le han enrostrado la gravedad de los registros, ha comenzado a controlar las políticas nacionales y mundiales actores que hacen de portavoces de las corporaciones y del gran capital. El caso más significativo es Donald Trump y Jair Bolsonaro, que han optado por la ceguera, la ignorancia y la negación, porque sí, del calentamiento global.  

Trump y la ultraderecha inscrita en movimientos como el Tea Party actúan como si Estados Unidos, el mayor responsable de las emisiones, no fuera parte del planeta Tierra. El retiro de esta nación el 2017 del Acuerdo de París es posiblemente el evento más significativo en el ideario conservador y el que marca el momento presente para el movimiento ambientalista, hoy retomado por nuevas generaciones que observan que no tendrán un futuro más o menos tranquilo sobre la faz de la Tierra. La retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París se instala como el momento en que el gran capital le declara la guerra al mundo y a sus habitantes. De cierta forma, debemos agradecer a Trump por haber transparentado el plan: el modelo capitalista basado en la quema de combustibles fósiles no dará tregua.

El capitalismo en su actual fase actúa como una religión. Y una religión tiene creencias que resisten a cualquier evidencia que pueda alterarlas. El modo de vida que desarrolló Estados Unidos apoyado en los combustibles fósiles, se ha levantado como el paraíso en la Tierra. Un modelo que el proyecto de globalización económica y financiera se ocupó de exportar. Como consecuencia, apertura de mercados e integración de todas las naciones del mundo al mismo sistema y aumento sin precedentes de las emisiones, de la explotación de recursos naturales y de la mercantilización de todo lo existente. Sobre esta base, que mezcla el conservadurismo y el miedo, se ha instalado el negacionismo climático, hoy difundido mediante mentiras a través de la prensa afín y las redes sociales.  

Ante la fusión explícita de estos grupos gobernantes con los intereses del gran capital y ante el temor de perder sus vínculos con las corporaciones de otra clase política, cualquier cambio a los crecientes niveles de emisiones no pasa por este poder en decadencia. El freno al calentamiento global pasa por un cambio radical de las fuentes de energía y el reemplazo del modelo neoliberal globalizado, un impulso que toma fuerza desde las millares de localidades que ven afectados sus territorios por el impulso de esta nefasta globalización que solo ha favorecido a las elites y su insondable codicia.  

Estamos ad portas de un camino sin retorno a la más grave transformación que ha sufrido la Tierra desde el descubrimiento de la agricultura y las primeras tecnologías. Si los movimientos sociales no logran hacer crecer con fuerza sus demandas por un freno al capitalismo y su despilfarro de recursos naturales esta vez ya será tarde. Ante la urgencia, la única posibilidad es el levantamiento de todos nosotros, los terrestres, en la defensa de la Tierra, nuestro único hogar.  

Paul Walder, periodista y escritor chileno, director del portal politia.cl . Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la )

 

https://www.alainet.org/es/articulo/199441 

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=255207 

 

 

Nos "dicen los campesinos de Jalisco en reunión estatal: Con el gobierno de López Obrador hay un cambio de discurso, hablan de reactivar el campo con subsidios y reactivar las plantas oficiales de fertilizantes. No hay, por ningún lado, reconfiguración de la vida campesina. Se está promoviendo un nuevo extensionismo rural del que resurgirá más dependencia de semillas, técnicos e insumos. El monocultivo es la política de Estado. Lo chiquito e integral no cuenta para ellos, aunque sea lo que realmente llega a las mesas de la gente y lo de mejor calidad. La población no está en su horizonte".

 

 

 

El fraude de los gigantes agroalimentarios

26 abril 2019

 

Por José Godoy, Evangelina Robles, David Sánchez, Colectivo por la Autonomía

 

Existe el mito oficial de que la agroindustria y todo su paquete tecnológico son la solución para alimentar a la población mundial y “salvarnos de la hambruna”. Ya la Vía Campesina y organizaciones internacionales como GRAIN y el Grupo ETC se han dedicado a demostrar y difundir que” los campesinos somos los que alimentamos al mundo” y que “los campesinos podemos enfriar el planeta”.

 

Pero los supuestos esfuerzos por “remediar el hambre” por parte de las corporaciones no cotejan contra los esfuerzos reales por desmantelar —en beneficio de las grandes corporaciones de la agroindustria— todo el andamiaje de saberes, estrategias, cuidados y esfuerzos individuales, familiares y colectivos que conforman eso que sueltamente llamamos agricultura campesina.

En los últimos seis años el gobierno ha promovido al estado de Jalisco, en México, como “el gigante agroalimentario” dando prioridad a pocos productos de exportación, como “moras”, frambuesas, tequila, limón, azúcar y aguacate, mientras cada vez comemos alimentos de menor calidad y más caros, con costos de producción ambiental y de salud humana muy altos y efectos nocivos de largo aliento.

Entre tanto, las comunidades indígenas y campesinas tienen clarísimo el resultado de su esfuerzo, “siempre el campesino es el que produce la comida. Aunque, la gente de la ciudad no se dé cuenta. El hambre será general si la cultura campesina desaparece, por eso la importancia por la lucha de la vida campesina”.1 La variedad, calidad y cercanía del alimento depende de los campesinos. No puede depender del flujo del capital, del mercado y del petróleo.

En México, el Estado justifica el fracasado programa de “cruzada contra el hambre” mientras la agroindustria devasta impunemente el territorio y el saber campesino ofreciendo nutrir a la población con los desechos de la alimentación industrializada.

Mientras, en asambleas, talleres y denuncias, los campesinos identifican los efectos de la agroindustria promovida por “Jalisco, el Gigante Agroalimentario”: aumento de plagas y enfermedades, erosión de suelos, desabasto de agua, cambio de clima y múltiples afectaciones sociales. Proponen hacer agroecología como una vía, como una caja de herramientas prácticas para volver a la agricultura tradicional, que en la concepción cíclica de la historia siempre está en el horizonte, sobre todo desde que este ataque inició con la Revolución Verde. Por eso en los talleres de la Red en Defensa del Maíz en el sur de Jalisco se propuso: “convivir con lo silvestre, cuidar comunitariamente la naturaleza, conocer bien el territorio, recuperar la memoria de los viejos y la historia ambiental del entorno, ser menos dependientes de la tecnología, recuperar y usar técnicas propias, hacer parcelas comunitarias con los viejos, jóvenes, niños y el resto de la comunidad con agricultura tradicional e involucrar a la gente de la ciudad”. E insisten en que “se hace necesaria la agroecología hoy. Es una manera de remontar lo que nos han quitado, despreciado y prohibido, incluida la criminalización por usar semillas campesinas y el libre intercambio; es crucial usar estas herramientas, pero ponerlas en su lugar, no como receta: porque justamente la destrucción de nuestra confianza, de nuestros saberes, de la rentabilidad en el campo hacen que sea muy difícil, pues el discurso ha ido desacreditando la agricultura”.2 Los jóvenes denuncian que “este gigante viola el derecho de las futuras generaciones a un medio ambiente sano, al suelo, al agua, al monte” y añaden: “queremos vivir dignamente en el campo, cubriendo nuestras necesidades de subsistencia y recreación personal y comunitaria”. 3

Desde el año 2000, en el contexto del Plan Puebla Panamá, ¿ahora llamado Tren Maya?, se viene diciendo que en México se tiene que reducir de 20 millones a 2 millones de campesinos. No quiere decir que se vayan a ir a estudiar o tener una vida mejor, quieren que la gente deje su territorio y se vaya a las ciudades u otros países a servir a los campos agrícolas, de jornaleros u obreros de la industria y la maquila, ya no campesinos dueños de su tierra.

Camila Montecinos relata el fenómeno de “Chile potencia alimentaria”. Esto comenzó en 1984 y es muy parecido a lo que ocurre en México. Después de treinta años de potencia agroalimentaria, el resultado es que la producción de alimentos prácticamente no ha aumentado, pero ahora el 80 por ciento de la producción agrícola de Chile se va al extranjero, “ahora somos un país totalmente dependiente de lo que llega de fuera, incluso de las hortalizas; muchas vienen de China. En Chile había un ajo local que fue desplazado por el chino. Es absurdo traer ajo de China. Y las utilidades de esas exportaciones se gastan en comida”.

Esto sólo empodera el sector empresarial y afecta a las comunidades rurales. El precio de los alimentos aumenta. La calidad nutrimental y la variedad de la alimentación local se reducen. La huella de carbono es inmensa, pues las empresas del agronegocio exportan, importan, contaminan, desechan, refrigeran, congelan, especulan y desperdician.

En el boom agroindustrial la cantidad de gente empleada en producir no ha aumentado, sólo ha migrado del trabajo campesino al trabajo proletarizado o explotado y desregularizado, incluso cayendo en situación esclavizada.4 Esto deja secuelas de enfermedades crónicas o terminales, drogadicción, intoxicación y muerte.

 

En Chile, como en toda América Latina, se vive un acaparamiento de tierras por arrendamiento, invasión y contaminación. Desplazando a los campesinos y destruyendo las fuentes naturales de vida en todas las regiones.

En el “Encuentro de Personas Afectadas por los Agronegocios en Costa Rica” las y los participantes realizaron un análisis sobre las problemáticas que enfrentan en sus comunidades a consecuencia de la expansión de los monocultivos de banano, piña, arroz y palma africana: falta acceso a agua potable, hay contaminación de las fuentes de agua a causa de los plaguicidas, un excesivo uso de agroquímicos y fumigaciones aéreas más conflictos territoriales que provocan que cada vez más personas sean peones sin propiedad. Las empresas convencen a las poblaciones de que generarán fuentes de empleo. También impacta en las formas de producción y en la economía familiar: algunos campesinos apuestan por usar paquetes de agroquímicos, dejan de producir lo suyo, olvidan el conocimiento tradicional y deciden vender sus fincas a las grandes corporaciones”. “La piña ocupa el segundo lugar de cultivos en los que se usan más plaguicidas”.

Las ganancias no quedan en el país ni en los trabajadores; 43 por ciento de las ganancias se van a los supermercados europeos.

El 80 por ciento de las importaciones que hace Costa Rica de plaguicidas son altamente peligrosos, y pueden generar efectos o síntomas graves de intoxicación a las pocas horas de trabajar con ellos si entran al organismo e incluso causar la muerte. Costa Rica importa unos 12 millones de kilogramos de ingredientes activos y formulaciones de plaguicidas por año, provenientes principalmente de China, India y Estados Unidos. La gran mayoría se aplican en cultivos a lo largo y ancho de todo el territorio costarricense.5

En México el caso del aguacate (otro cultivo agroindustrial), lo documentó a detalle la preaudiencia del Tribunal Permanente de los Pueblos celebrada en Michoacán, encontrando violaciones a derechos de carácter internacional con repercusiones locales que resultan de un sistema caracterizado por acuerdos de libre comercio que benefician sólo a los propietarios del capital y a los gobiernos que son cómplices en su implementación, violando los derechos de trabajadores, mujeres, campesinos, pueblos indígenas y comunidades locales. En particular el TLCAN es responsable “de la intensificación del desarrollo industrial, la devastación ambiental y la violación de los derechos humanos asociada con ellos en Michoacán”, así como “la expropiación de tierras para cultivos intensivos de productos para la exportación” como aguacates, fresas, frambuesas y otros similares lo que, a su vez facilita la expropiación de tierras indígenas y el cambio de uso del suelo de agricultura tradicional a agricultura industrial, el uso de pesticidas altamente peligrosos —prohibidos en otros países, pero considerados legales en México— y la contaminación intensiva de las fuentes de agua.

En esa sesión se denunció que jornaleras y jornaleros no sólo están expuestos a los plaguicidas de todo tipo durante las horas de trabajo sino que, también el resto del tiempo, al estar sus viviendas cerca de las zonas de cultivo. “A los agroquímicos se les atribuye una mayor frecuencia de abortos, de niños con espina bífida mutaciones y descerebrados, con leucemia, enfermedades renales y una relación directa con el cáncer, así como la diabetes. La aplicación en promedio de 900 mil 450 toneladas de pesticidas al año, además de 30 mil toneladas de fertilizantes químicos en la zona aguacatera contamina los mantos freáticos”.6

 

“Dados los agravios y mecanismos utilizados por el Estado en general, los dictaminadores consideramos que hay una clara desviación de poder de manos del pueblo hacia empresas transnacionales y algunas nacionales, que imponen una estructura económica-productiva favorecedora de sus intereses pero, a la vez, provocadora de todos los daños socio-ambientales denunciados. Las resistencias colectivas, comunitarias y ciudadanas llaman la atención porque actúan del lado de la conservación, protección y buen uso de los recursos de la naturaleza, y porque vuelven visibles nuevos derechos no contemplados aún por la legislación vigente, tales como: los derechos a la autodeterminación o autogestión política, social y cultural, a la autodefensa, generando sus propios cuerpos de seguridad local o comunitaria, así como a la soberanía en todas sus vertientes: alimentaria, energética, financiera, tecnológica, comunicadora y cultural”.7

El cultivo del aguacate se expande hacia Jalisco, que importa las crisis del modelo michoacano. Se expanden los infernales invernaderos hiper-tecnificados de todo tipo de bayas: “moras” (azules, zarzamoras, arándanos, frambuesas y fresas) y el emblemático agave azul tequilero que utiliza en su proceso de producción al menos 18 agroquímicos. “Es grave que la incidencia de plagas y enfermedades en el agave azul se acentúe con los ciclos de sobreproducción”. y dañe profundamente los suelos. Pese a todo, el “Paisaje Agavero” es declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO desde 2006.8

El imaginario agroindustrial es la “monopolización industrial de los valores personales” del que habla Ivan Illich. Pensar que las fábricas agrotóxicas pueden producir alimentos sanos en equidad social y equilibrio ambiental. El “ordenado” paisaje agroindustrial, que sustituye lo silvestre, está más alto en la escala de valores que la salud o la alimentación sana, e invade todo el espacio de la ruralidad. Esto es una confusión de orden vital que privilegia invernaderos y criaderos con la más avanzada tecnología “inteligente y de precisión”, derrochando energía y polución, por encima de todas las variantes que definen la calidad de vida de los seres humanos. El neoliberalismo pretende invadirnos con su solución tecnocrática de la necesidad alimentaria y todas las necesidades humanas.

“La agricultura tradicional y la soberanía alimentaria que existía antes de la firma del TLCAN fue suplantada por una reconstrucción deformada de una agricultura de exportación. México perdió la soberanía en la mayoría de sus áreas básicas: granos, leguminosas, hortalizas, frutas, carne, alimentos procesados, etcétera. Hoy el país importa diez millones de toneladas de maíz, a la vez que subordina la nueva producción agropecuaria a los gustos del mercado estadounidense: hortalizas, ‘berries’, aguacates, frutas tropicales, marihuana, amapola, etcétera”.9 Como lo señala la sentencia final del Tribunal Permanente de los Pueblos, capítulo México, todos los programas de apoyo a la producción rural fueron desmantelados, así como las principales leyes que protegían la propiedad ejidal (colectiva) de la tierra, fomentando su privatización. Aun así, la mayor parte de la propiedad rural de la tierra se mantiene, en la mitad del país, en manos de propietarios colectivos que se resisten a registrar de forma privada sus tierras.

En realidad lo que se visibiliza es una intención de acabar con la capacidad de los pueblos y comunidades de asegurar de manera autónoma su subsistencia y formas de vida, para imponerles su integración en el mercado industrial globalizado.

Como se señaló en el Dictamen de la Audiencia sobre Violencia contra el Maíz, la Soberanía Alimentaria y la Autonomía de los Pueblos (19-21 de noviembre de 2013): “La pérdida de soberanía alimentaria que esta política ha provocado tiene como uno de sus componentes principales una modificación inducida de la dieta mexicana con efectos catastróficos. México padece uno de los más altos índices del mundo de obesidad, diabetes e hipertensión. Ocupa el primer lugar mundial en el consumo por persona de refrescos y uno de los primeros lugares en el consumo de la llamada ‘comida basura’. Al mismo tiempo, ha empezado a disminuir el consumo de productos de maíz por primera vez en la historia. A ello se ha unido la estrategia de penetración del maíz transgénico”.

Dicen los campesinos de Jalisco en reunión estatal: Con el gobierno de López Obrador hay un cambio de discurso, hablan de reactivar el campo con subsidios y reactivar las plantas oficiales de fertilizantes. No hay, por ningún lado, reconfiguración de la vida campesina. Se está promoviendo un nuevo extensionismo rural del que resurgirá más dependencia de semillas, técnicos e insumos. El monocultivo es la política de Estado. Lo chiquito e integral no cuenta para ellos, aunque sea lo que realmente llega a las mesas de la gente y lo de mejor calidad. La población no está en su horizonte.10

Notas:

[1] Taller: “Práctica crítica de la agroecología; desde una visión comunitaria y el saber campesino frente a la agroindustria” GRAIN: Camila Montecinos Urbina y Ramón Vera-Herrera. Ejido San Isidro, Jalisco, México. Marzo 2017

[2] Ibidem

[3] Ibidem

[4] https://www.proceso.com.mx/344623/empresa-mantenia-como-esclavos-a-270-jornaleros-en-jalisco

[5] Fabiola Pomareda García, Memoria del Encuentro de Personas Afectadas por los Agronegocios en Costa Rica. 21 y 22 de junio, 2017. San José, Costa Rica.

[6] Silvia Rodríguez Cervantes (Costa Rica), Richard Girard (Canadá), Víctor M. Toledo (México) Tribunal Permanente de los Pueblos, Capítulo México, Preaudiencia sobre la Devastación Ambiental y Derechos de los Pueblos. San Francisco Cherán, Michoacán, 9 de noviembre de 2012.

[7] Ibidem

[8] Peter R.W. Gerritsen, Jesús Juan Rosales Adame, Arturo Moreno Hernández y Luis Manuel Martínez Rivera, Agave azul y el desarrollo sustentable en la cuenca baja del río Ayuquila, Costa Sur de Jalisco (1994-2004).

[9] Tribunal Permanente De los Pueblos. “Libre Comercio, Violencia, Impunidad y Derechos de los Pueblos en México (2011-2014)”, sentencia, audiencia final, ciudad de México, 12-15 de noviembre de 2014.

[10] Reunión regional en defensa del maíz, las semillas y la vida campesina. Caracol Psicosocial, Palos Altos, Jalisco 2 y3 de Marzo de 2019.

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El fraude de los gigantes a...

 Revista Biodiversidad, sustento y culturas N° 100

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Documentos/El-fraude-de-los-gigantes-agroalimentarios

 

 

Verificamos en todo el mundo y no sólo en la Argentina bajo gobierno de Macri: "Mientras que los aparatos estatales nacionales y transnacionales se resisten a intervenir para imponer regulaciones al capital financiero global, sí lo han hecho para imponer los costos de la crisis a la clase trabajadora. Las crisis presupuestarias y fiscales que, supuestamente, justifican los recortes en el gasto y la austeridad, en realidad son las consecuencias de las políticas financieras fallidas del capitalismo y sus agentes, y una vez más transfieren los costos de la crisis a las clases trabajadoras y populares a través de reducción de salarios, más impuestos, reformas a las jubilaciones y pensiones, flexibilidad laboral, y por ende conlleva a la precarización del empleo".

 

En verdad, los Estados bajo gestión progresista o neoliberal hacen explícita y totalitaria su intervención -en la lucha de clases- a favor de la gran burguesía local e imperialista y contra los expropiados, expoliados, marginados...

 

 

Un “precario” momento global

Los eufemismos de

la crisis ¿cíclica?

 

8 de mayo de 2019

Por Eduardo Camín

Estrategia.la

 

 

En los primeros días de abril, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional Christine Lagarde destacó en su discurso el "precario momento global de la economía mundial". Este eufemismo que pretende desvirtuar el trasfondo de la dialéctica inherente a la crisis del capitalismo, nos pone en evidencia que lo precario es aquello que no solo carece de recursos, que es poco estable y que objetivamente no está en condiciones de sostenerse en el tiempo.

Poco a poco se hace cada más visible que los poderes fácticos del sistema mundial están cada vez más a la deriva, a medida que la crisis del capitalismo global se les va de las manos.

Las inmensas desigualdades estructurales de la economía política mundial ya no pueden ser acalladas a través de mecanismos consensuales de control social. Las clases dominantes han perdido legitimidad y estamos asistiendo a una ruptura de la hegemonía del núcleo central del capitalismo a escala mundial. Es muy difícil vislumbrar una seguridad política y social, en un mundo donde millones de personas continúan atrapados en el ciclo de pobreza, de un sistema global que es discriminatorio e injusto.

Es obvio, que las elites globales esperaban -así lo manifestaban en sus conferencias, cumbres o foros- que la "Gran Depresión", que comenzó con la crisis de las hipotecas y el colapso del sistema financiero mundial en 2008, fuera una recesión cíclica, es decir estos episodios regulares en el sistema capitalista, que ocurren aproximadamente una vez por década, y por lo general no duran más de dos años.

Pero la crisis estructural a la cual nos enfrentamos es más profunda, y su resolución requiere de una reestructuración a fondo del sistema. Las crisis estructurales mundiales en las décadas pasadas se resolvieron mediante una reorganización del sistema que produjo nuevos modelos de capitalismo. Pero estos paliativos, no quiere decir que los problemas que enfrentaba la mayoría de la humanidad bajo el capitalismo se hayan resuelto, o se vayan a resolver, sino que la reorganización del sistema capitalista en cada caso fueron dirigidas a la reanudación de la acumulación de capital a escala mundial.

Las recetas del capitalismo mundial trazaron los mecanismos de la exportación de capitales y de una nueva onda de expansión imperialista o posteriormente se resolvió con variantes de la socialdemocracia, de bienestar, capitalismo populista o desarrollista que implicaba redistribución, privatizaciones y tercerizaciones en el sector público y la regulación del mercado por el Estado.

No obstante, la globalización y la crisis estructural actual se desarrolló a partir de la propia respuesta que dieron los distintos protagonistas a los episodios anteriores a las crisis, en su preámbulo en particular, a la crisis de los ‘70 de la socialdemocracia, o dicho más técnicamente, del fordismo-keynesianismo, o del capitalismo redistributivo, “con rostro humano”.

A raíz de esa crisis, el capital pasó a ser global, como una estrategia de la emergente clase transnacional y sus representantes políticos para reconstituir su poder de clase, al liberarse de las restricciones a la acumulación que imponían los Estados-nación. Las elites globalizantes se adueñaron del poder estatal en la mayoría de países del mundo y utilizaron ese poder para impulsar la globalización capitalista a través del modelo neoliberal.

La globalización y las políticas neoliberales, junto a la revolución en la tecnología de la que se apodero el gran capital, computación, robótica e informática y otros avances tecnológicos ayudaron al capital transnacional emergente a lograr grandes avances en la productividad y a reestructurar, "flexibilizar" y deshacerse de mano de obra en todo el mundo.

Esto, a su vez, debilitó el trabajo asalariado, significó la pérdida de los beneficios sociales y facilitó una libretransferencia de ingresos y salidas sin control de capital. Estimulando el crecimiento a través del consumo en su máxima expresión. Sin embargo, el modelo neoliberal se ha traducido también en una polarización social a nivel global.

Es una ruptura entre la lógica de acumulación y la de reproducción social, que ha repercutido en un crecimiento sin precedentes de la desigualdad social y ha intensificado las crisis de supervivencia de miles de millones de personas mundialmente. Los efectos de pauperización desatados por la globalización han generado conflictos sociales y crisis políticas que el sistema hoy encuentra cada vez más difícil contener.

La polarización social global agudiza el problema crónico de sobre acumulación, y la concentración de la riqueza esta cada vez en menos manos, hasta que el mercado mundial sea incapaz de absorber la producción mundial y el sistema colapse. A los capitalistas transnacionales les resulta cada vez más difícil desembarazarse de su masa ya abultada y aún creciente de excedentes: no pueden encontrar salidas donde invertir su dinero con el fin de generar nuevas ganancias, por lo que el sistema entra en una recesión o algo peor.

En los últimos años, la clase capitalista transnacional ha recurrido a la acumulación militarizada, a la especulación financiera salvaje y al allanamiento o saqueo de las finanzas públicas, bajo diferentes instrumentos de endeudamientos públicos y privados a fin de sostener su lucro.

El capital financiero transnacional y sus agentes políticos utilizaron la crisis para imponer una austeridad brutal e intentar desmantelar lo que queda de los sistemas de bienestar y los estados sociales desarrollados de Europa, América del Norte, para exprimir más plusvalía de la mano de obra, directamente a través de una explotación más intensa, e indirectamente a través de las arcas estatales. Los niveles de endeudamiento de los países desarrollados y no desarrollados han aumentado a niveles históricos.

Sin embargo, el sistema es incapaz de recuperarse, y por el contrario se hunde más en el caos. Las “elites globales” con la complicidad de sus “socios locales” no pueden manejar las contradicciones explosivas. Es imposible predecir el resultado de la crisis. Sin embargo, algunas cosas están claras en la actual coyuntura mundial.

La magnitud de los medios de violencia y control social no tiene precedentes. Las guerras informatizadas, aviones teledirigidos, bombas antibúnker, guerras de las galaxias y otros similares han cambiado el rostro de la guerra. La guerra ha sido convertida en algo "normal" y "sanitaria" para quienes no están en la mira directa de una agresión armada. También sin precedentes está la concentración en manos del capital transnacional del control de los medios de comunicación y de la producción de símbolos, imágenes y mensajes. Hemos llegado a la sociedad de video-vigilancia y al control orwelliano del pensamiento.

Paulatinamente estamos llegando a los límites de la gran expansión del capitalismo, en el sentido de que ya no hay nuevos territorios de importancia que puedan ser integrados al capitalismo mundial; la desruralización ya está muy avanzada, y se ha intensificado la mercantilización del campo y de los espacios pre-y no capitalistas, convertidos al estilo invernadero en espacios del capital, de modo que la expansión intensiva está llegando a niveles nunca antes vistos.

Emerge un gran excedente de población que habita un planeta de ciudades miseria, excluido de la economía productiva, arrojado a los márgenes, y sujeto a sofisticados sistemas de control social y de crisis de supervivencia, como también a un ciclo mortal de despojo-explotación-exclusión. Este hecho plantea de manera nueva el peligro de un fascismo del siglo XXI y de nuevos episodios de genocidio para contener la masa excedente de humanidad y su rebelión real o potencial.

Las élites mundiales han sido incapaces de plantear soluciones, se encuentran en la bancarrota política y son impotentes para dirigir el curso de los acontecimientos que se desenvuelve ante sus ojos. En el G-8, G-20, otros foros y en otros organismos internacionales, como la Organización Mundial del Comercio (OMC) priman las disputas, divisiones y una aparente parálisis, donde se muestran indispuestos a cuestionar el poder y la prerrogativa del capital financiero transnacional: esa fracción del capital que es hegemónica a escala mundial, es a la vez la fracción más rapaz y desestabilizadora.

Mientras que los aparatos estatales nacionales y transnacionales se resisten a intervenir para imponer regulaciones al capital financiero global, sí lo han hecho para imponer los costos de la crisis a la clase trabajadora. Las crisis presupuestarias y fiscales que, supuestamente, justifican los recortes en el gasto y la austeridad, en realidad son las consecuencias de las políticas financieras fallidas del capitalismo y sus agentes, y una vez más transfieren los costos de la crisis a las clases trabajadoras y populares a través de reducción de salarios, más impuestos, reformas a las jubilaciones y pensiones, flexibilidad laboral, y por ende conlleva a la precarización del empleo.

En conclusión, no habrá salida rápida del caos mundial que crece. Nos espera un periodo de grandes conflictos y trastornos profundos. En los cuales tres sectores del capital transnacional, en particular, se destacan como los más agresivos y propensos a buscar acuerdos políticos neo-fascistas (Brasil, Italia, Austria) para garantizar la acumulación continua a medida que la crisis avanza: el capital financiero especulativo, el complejo militar-industrial-seguridad y el sector extractivo-energético.

La acumulación de capital en el complejo militar-industrial-seguridad depende de interminables conflictos y guerras -incluyendo las llamadas guerras contra el terrorismo y las drogas-, así como de la militarización del control social.

Las industrias extractivas dependen de nuevas rondas de despojo violento y la degradación ambiental en todo el planeta.

Como señalaba un reciente informe de la OIT que un total de 2.000.000.000 (dos mil millones) de trabajadores tienen un empleo informal, es decir el 61% de la población mundial activa. Esto nos ilustra sobre la precariedad, peligrosidad y magnitud del capitalismo en su fase actual que alienta una recesión, estanflación, y otros impactos económicos/financieros/sociales de alcance global, la indiferencia mecánica del capitalismo como sistema se robustece con las desgracias humanas.

Eduardo Camín. Periodista uruguayo, corresponsal de prensa de la ONU en Ginebra. Asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la )

http://estrategia.la/2019/05/05/un-precario-momento-global-los-eufemismos-de-la-crisis-ciclica/

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=255676

En consecuencia, es crucial la suscitación -en una creciente mayorías de los diversos oprimidos sin fronteras- de una sensibilidad sintonizada con los cambios radicales a protagonizar por los pueblos para su autodeterminación y buenos vivires convivires. Porque:

 

En el capitalismo unos fuegos arden más que otros

Notre Dame y la selva amazónica

25 de abril de 2019

 

Por Renán Vega Cantor

 

“Es una tragedia el incendio de Notre Dame en Francia, pero seguramente la reconstruirán. Ahora, ¿por qué no es una tragedia el incendio de miles de hectáreas en la Amazonia de Colombia, en nuestro país? ¿Por qué la gente no se “conmueve” con esa catástrofe nacional? ¿Por qué no suben a Facebook fotos de los bosques o los animales quemados? Eso sí que nunca se podrá reconstruir.” Mauricio Cote, citado en Julio Andrés Rozo, “Envidia: Notre Dame recogió 800 millones de euros en 3 días y la Amazonia 5 pesos”, Dinero, marzo 18 de 2019. “¿Qué estamos viendo? […] ‘El fin del mundo. En este momento están quemando el último espacio grande de selvas del piedemonte colombiano. De donde sale el agua del futuro, donde está la biodiversidad. Todo por tres putas vacas y por la corrupción’”. Brigite Baptiste, citada en María López, “El fracaso del ambientalismo colombiano”, Semana, marzo 18 de 2019. os medios de desinformación colombianos al hablar del incendio de la catedral de Notre Dame utilizaron titulares ditirámbicos y lacrimógenos del variado tono, con poca originalidad porque se limitaron a reproducir lo que decían los poderes mediáticos de Europa, Mencionemos algunos. 10 cifras para entender por qué la humanidad llora a Notre Dame, fue el título de Dinero (de El Tiempo); ¡Llora la humanidad! Así quedó el interior de la catedral de Notre Dame en París, repite El Diario del Cauca; Paris y el mundo lloran a Notre Dame, titulan los Diarios del César y del Magdalena, replicando un título de periódicos europeos; Notre Dame: el dolor que unió a la humanidad, titula Semana, la cual encabeza otra nota de esta forma: Lo que pierde la humanidad con el incendio de la colosal catedral de Notre Dame. Estos titulares se refieren a un incendio que afectó a una edificación medieval, que no fue resultado de ningún ataque, sino de un accidente o un descuido.

Llama la atención que ese mismo ruido mediático no se presente cuando los poderes imperialistas occidentales además de masacrar seres humanos destruyen en forma directa alguna reliquia cultural, histórica o religiosa, como lo han hecho en diversos lugares del mundo en las últimas décadas, destacándose por su crueldad el ataque al patrimonio histórico y cultural de Irak, tras la invasión de los Estados Unidos en 2003. Tampoco se hace un bochinche parecido al de Notre Dame para referirse a los ataques diarios que con saña criminal realiza el Estado de Israel en tierras palestinas, en donde bombardea, arrasa y quema las construcciones de sus indefensos habitantes. Ante esos fuegos que destruyen seres humanos en forma planificada y sistemática no hay humanidad que valga, ni recolectas millonarios, ni transmisión en vivo y directo de los principales canales de televisión mundiales. Sobre lo sucedido en Notre Dame se han difundido miles de fotos y videos para presentar la magnitud de las llamas, que se replican en los medios de desinformación colombianos, al hablar de un lugar perfectamente localizado, de poca extensión, y cuyo impacto ambiental es mínimo. La pérdida es histórica y artística y, aunque significativa, no tiene la magnitud, ni el efecto catastrófico de los incendios que en este mismo momento, y desde hace varios años, se producen en forma ininterrumpida en nuestras selvas del sur del país, como parte del proyecto del bloque de poder contra-insurgente, encabezado por los terratenientes, junto con las multinacionales, de convertirlas en potreros para sembrar vacas o/y promover cultivos como la palma aceitera.

Resulta aleccionador que en Colombia y más allá se haga un gran despliegue mediático al referirse al incendio de Notre Dame, pero ni se mencionen otros incendios de magnitud colosal, frente a los cuales las llamas de la catedral de París aparecen como un juego de niños, algo así como la chispa de una cerilla, mientras que lo que acontece en nuestra selva amazónica tiene dimensiones de un cataclismo nuclear, con un fuego gigantesco, interminable y dantesco. Además, el incendio del que hablamos es premeditado y lo organizan los nuevos y viejos terratenientes y sus ejércitos paramilitares en las selvas colombianas. ¿Qué es lo que se está incendiando, sin que eso ni siquiera se nombre?

 

Dantesco fuego en la Amazonia

En la Amazonia colombiana está en marcha un ecocidio planificado, que recurre a los incendios para acentuar la deforestación, es decir, la desaparición del bosque natural para convertir la selva en sabanas artificiales, que se llenan con vacas. Se encuentra en marcha el incendio en el territorio de los departamentos de Guaviare, Caquetá y Amazonas.

Algunos datos muestran el impacto de lo que acontece: el 65% de la deforestación del país se concentra en la Amazonia; en 2018 fueron deforestadas 200 mil hectáreas; cada hora son destruidos 13 mil árboles; cada sesenta minutos desaparecen diez hectáreas de bosque; la mayor parte de la destrucción se presenta cerca de una carretera o a las orillas de un río principal; en diciembre de 2018 se habían detectado 2156 incendios en la región amazónica de nuestro país; entre 2010 y 2017 desaparecieron 1.400.000 hectáreas de bosque natural y unos 20 millones de árboles. Las implicaciones de este ecocidio no tienen parangón, porque “tumbar una hectárea de bosque es arrasar al menos 14.000 árboles de 600 especies distintas. Talar un árbol en la Amazonia es acabar con miles de insectos, centenares de aves y decenas de mamíferos que obtienen alimento de su tronco, hojas, flores y frutos” 1.

De esas 600 especies, luego de la tala solamente se aprovechan dos, porque ni siquiera el objetivo es la madera ni su potencial forestal, sino quemar la tierra para apropiarse de ella a la fuerza. Para ser más precisos: “Lo que perdemos no sólo son palos de madera. En una sola hectárea de bosque hay un contenido, un ecosistema forestal conformado por fauna, flora, suelo y relaciones ecosistémicas que queda destruido. Además, pone en riesgo el soporte de vida de los campesinos, quienes necesitan de la fauna de monte para sobrevivir”2. La destrucción de cada árbol supone arrasar con las 50 relaciones ecológicas que cada uno de ellos tiene, ya que “en un árbol hay miles de insectos de centenares de especies que interactúan con él. Cientos de especies de aves lo visitan a diario para alimentarse de sus frutos, quienes además esparcen sus semillas en otras zonas”3.

Ahora bien, ¿quiénes están detrás de los incendios y la deforestación, puesto que esta no es una acción de la naturaleza? La respuesta es simple: los mismos que siempre en Colombia se han apropiado de las “tierras nacionales” y los baldíos, es decir, los terratenientes y ganaderos, ahora asociados a las grandes empresas multinacionales y sus súbditos capitalistas locales. Esto quiere decir que los incendios, a diferencia de lo que sucedió en Notre Dame, son causados de manera intencional, con el fin de despejar la selva, convertirla en sabana y apropiarse de ella. Eso solo lo pueden hacer aquellos que poseen grandes reservas de dinero y capital y, para cumplir su propósito criminal, contratan a paramilitares para que destruyan la selva. Esta acción arrasa con los suelos, genera erosión y contribuye de manera directa al calentamiento global al liberar las toneladas de dióxido de carbono que contienen los árboles, ya que se estima que en cada hectárea de bosque amazónico se almacenan 250 toneladas de dióxido de carbono.

 

Por eso, cuando esa hectárea de bosque se quema y se tala, esas toneladas de CO2 son liberadas a la atmósfera. Así, de las 144 mil hectáreas de bosque arrasadas en 2017 en la Amazonia se liberaron en promedio 36 millones de toneladas de este gas de efecto invernadero y con ello se calentó aún más nuestro achicharrado planeta. Con los suelos desnudos, se desprende material rocoso lo cual aumenta el caudal de los ríos y estos se desbordan, produciendo desastres como el de Mocoa en 2018, cuando “los suelos desnudos sin vegetación en la parte alta de las montañas se desprendieron, generando una avalancha de rocas, lodo y agua que ocasionó la tragedia”4.

 

En concreto, tres sectores tienen una incidencia directa de los incendios y deforestación de la selva amazónica colombiana, el ganadero, el palmero y el del transporte, que a su vez está asociado a la extracción de hidrocarburos. Solamente en los alrededores de Chiribiquete se incrementó el hato ganadero entre 2015 y 2018 en medio millón de cabezas de vacas. Y como respaldo el Estado colombiano, un “Estado pirómano y deforestador”, cuya presencia en la región, antes y después de las Farc, es puramente represiva y se limita a apoyar, abierta o soterradamente, los proyectos ganaderos y extractivistas, lo cual se remonta a finales del siglo XIX, con el ciclo ecocida y genocida del caucho. Porque el Estado colombiano solo sabe de bombardear insurgentes y campesinos o fumigar con glifosato, pero jamás le ha importado ni la selva ni sus habitantes, en razón de lo cual es un promotor activo de la deforestación. No sorprende en esa dirección que el Plan Anti-Nacional de Sub- Desarrollo del gobierno de Iván Duque contemple una tasa de deforestación anual del 23%, unas 220.000 hectáreas, para un total de un millón de hectáreas en los próximos cuatro años, con lo que se arrasaría con 14 millones de árboles.

 

Nuevamente, la pregunta es ¿en manos de quiénes queda ese millón de hectáreas despojados de su cubierta selvática? No precisamente de campesinos sin tierra, sino de gente adinerada, proveniente del centro de Colombia, porque “con la salida de la guerrilla llegaron nuevos actores políticos a tomar control a esos sitios, que buscan la titulación por parte del Estado y tienen una intencionalidad territorial por medio de la apropiación y el dominio”5. No es solamente una apropiación económica, lo es también política, puesto que se busca erradicar cualquier influjo que haya podido quedar del movimiento guerrillero, para instalar en la zona a paramilitares, matones y sicarios a sueldo de ganaderos, terratenientes, y empresas multinacionales, con el fin de eliminar cualquier obstáculo que se oponga a su proyecto de destruir la amazonia y convertirla en una fuente de efímeras ganancias.

Incendios en Chiribiquete, el paraiso de la biodiversidad

Un lugar emblemático por su riqueza biológica y cultural es el Parque Nacional de Chiribiquete, situado en la serranía del mismo nombre, con un área de 4.268.095 de hectáreas, ubicado entre los departamentos de Guaviare y Caquetá, en territorio de la cuenca amazónica colombiana. Este parque natural es tres veces más grande que el Parque Nacional Serengueti en África. Chiribiquete significa en karijona “cerro donde se dibuja”.

A este lugar se le ha bautizado de varias maneras: el arca de Noé por su biodiversidad; la “Maloca del Padre Jaguar”, para hacer referencia a dos componentes (uno humano y otro natural), emblemáticos de la cultura construida durante miles de años; también se le ha denominado con el anacronismo eurocéntrico de la “Capilla Sixtina de la Amazonia”. Entre sus enormes riquezas biológicas se encuentran: 708 especies de flora, 216 de peces, 53 de anfibios, 41 de reptiles, 410 de aves y 30 de mamíferos, entre medianos y grandes, 293 de mariposas, 261 de hormigas, 3 de nutrias y 48 de murciélagos. (Ver mapa). Hasta ahora se han encontrado 1.333 especies, pero se calcula que pueden ser el doble, porque cada vez que se levanta una piedra se descubre una nueva especie. En el Chiribiquete viven el 70 por ciento de los mamíferos, el 35 por ciento de las aves, el 51 por ciento de los reptiles, el 40 por ciento de los anfibios y el 70 por ciento de los peces continentales presentes en nuestro territorio.

En Chiribiquete los árboles alcanzan hasta 20 metros de altura y se erigen las montañas rocosas, conocidas como tepuyes (“La mesa de los Dioses”, en lengua indígena), una formación de 1.500 millones de años de antigüedad, con una extensión de 240 kilómetros de largo y 90 de ancho y una altura de hasta 800 metros. Entre su riqueza cultural e histórica se destaca que es el lugar del mundo en donde se encuentra la mayor cantidad de arte rupestre, con una antigüedad de hasta 20 mil años, atribuidos a los Karijonas, una etnia ya desaparecida. Cuenta con 36 abrigos rocosos de diferente tamaño, en donde existen unas 250 mil pinturas, distribuidas en unos 60 paneles rupestres, cada uno de siete metros en promedio.

En esas pinturas se pueden identificar mamíferos de la zona (chigüiros, monos, perezosos y venados), caimanes, tortugas, peces e insectos y también representaciones de plantas (yopo, ayahuasca y coca). “¿Cómo fue creado este misterioso lugar? ¿Quién tuvo la habilidad para pintar figuras en sitios con más de 300 metros de altura? ¿Cuál es el significado de los pictogramas regados en los tepuyes de su serranía […]?”6 Cerca de Chiribiquete habitan los macuna, barasano, eduria, tatuyo, tuyuca, itana y carapana, de la familia lingüística tukano, los cuales se identifican como “hijos del jaguar del Yuruparí”. Alrededor del parque existen 21 resguardos indígenas de diferentes grupos étnicos, también afectados por el ecocidio.

 

Chiribiquete fue descubierto hace treinta años. Luego de la ida de las Farc, que contaba con diez frentes alrededor del lugar, se ha abierto el espacio para la nueva conquista de este paraíso de la biodiversidad. La nueva conquista recurre al fuego criminal para limpiar la selva y dejarle el camino expedito a terratenientes, ganaderos y empresas extractivistas. En el 2018, las quemas ocurrían en territorios aledaños y en el interior del Parque de Chiribiquete, hasta el punto que pusieron en peligro las grutas en donde se encuentran las pinturas rupestres. Las llamas estuvieron a solo 500 metros de estos impactantes dibujos ancestrales. Además, "el fuego ya ha afectado más de 300 hectáreas de selva al costado norte del cerro, el hogar de cientos de especies animales y vegetales, muchas de ellas endémicas y algunas de las cuales quizás pertenecen a especies sin descubrir7.

Hasta este momento del parque han desaparecido más de 1000 hectáreas, abrazadas por las llamas y luego deforestadas. En este emblemático lugar, y en toda la región, la principal amenaza la constituyen la usurpación de baldíos, la ganadería extensiva, la extracción de madera, los cultivos de coca, las carreteras y posibles proyectos extractivos. “La deforestación está desaforada en la zona, principalmente porque ya no hay un actor armado que haga las veces de autoridad y porque el Estado se ha demorado mucho en hacer la debida presencia […] La gente se está apropiando de las tierras, y ni siquiera con ganado sino simplemente tumbando árboles” 8. En el futuro inmediato, si no se detienen los incendios y la deforestación, pueden desaparecer unas 4300 especies animales y vegetales de la amazonia, incluyendo muchas de Chiribiquete. Nuevamente, la motosierra homicida de los terratenientes y ganaderos, que se ha empleado para desmembrar cuerpos humanos, retumba en nuestras selvas, arrasando con todas las formas de vida que encuentra a su paso. El Parque Chiribiquete está acorralado. En 2018 se abrieron cinco nuevos potreros, con un total de 900 hectáreas, en la entrada occidental del Parque. En lo que hasta poco antes era una hermosa selva, con árboles de más de 20 metros de altura se arrasaron casi mil hectáreas. Ese proceso avanza terrible y rápidamente. Así: (…)

 

De esa magnitud es la destrucción de nuestra selva. Pero esa tragedia, provocada para beneficiar a unos cuantos “emprendedores de la muerte” en desmedro de la mayoría de habitantes de Colombia y el mundo, no genera el selectivo éxtasis mediático de incendios como el de Notre Dame. Esto indica que los incendios son importantes dependiendo qué y quiénes son los afectados, mientras que otros no parecieran existir, aunque su magnitud sea inconmensurable y sus efectos sean devastadores para diferentes formas de vida. Literalmente, es como si unos incendios ardieran más que otros. Arder debe entenderse en su doble sentido: como quema y como dolor. Paradójicamente, los fuegos más pequeños, como el de Notre Dame, arden (duelen) más que las gigantescas llamas de nuestra selva amazónica, cuyo trepidar no produce el más mínimo escozor.

CONCLUSION

Al hablar de lo sucedió en París, una nota de prensa comenta: “Quizás no ha existido una causa colectiva que albergue más esperanza en tan poco tiempo como la idea de rescatar a Notre Dame de las llamas”. Agrega: “Los rostros de los franceses y los turistas que se agolpaban a lado y lado del Sena eran conmovedores. Rezaban de rodillas, lloraban sin consuelo, cantaban el Ave María”. Pero, además, “junto con ellos, los líderes (sic) mundiales se unieron en una sola plegaria. ‘Dolor de toda una nación, para todos los católicos y para todos los franceses’, dijo el presidente Emmanuel Macron. Por primera vez en mucho tiempo, el Twitter de Donald Trump estalló en trinos, pero de solidaridad. ‘Es horrible ver el enorme incendio en la catedral de Notre Dame en París’, escribió y ofreció desplegar aviones cisternas desde Estados Unidos para ayudar a controlar la emergencia”. Muy rápidamente, “la generosidad del mundo (sic) comenzó a verse. El presidente Macron llamó a una colecta nacional. Una de las familias más ricas del país, los Pinault, ya ofreció 100 millones de euros para la reconstrucción”10.

 

Aparte de que es difícil percibir tanta hipocresía y mentiras en tan pocas líneas, sobre todo en lo referente a Macron y Trump, vale la pena preguntarse: ¿por qué nada de esos sentimientos afloran cuando se trata de referirse a la destrucción de la selva amazónica (de toda, incluyendo a la colombiana)? ¿Por qué sobre ese dantesco fuego no hay escándalo mediático, ni lágrimas colectivas, ni llamados etéreos a la humanidad, ni los multimillonarios meten sus sucias manos a sus contaminados bolsillos? Es evidente que en el capitalismo, donde todo tiene sello de clase, hay tragedias que son más importantes que otras, máxime si afectan a algún país imperialista. El colonialismo mental y cultural tiene tal peso que le atribuye más importancia a lo que acontece en alguno de los centros imperialistas (antaño colonialistas) que a lo que sucede en la periferia del planeta, así acá se destruya un patrimonio no solo de la humanidad sino de la vida misma.

 

¿Por qué nos obligan a llorar por ciertos desastres pero no por todos, y menos por los que se desenvuelven en nuestro propio territorio? Sin demeritar la importancia histórica y cultural de las catedrales góticas, recordemos que toda construcción humana es, según la célebre sentencia de Walter Benjamin, “una obra de cultura y de barbarie”. Esto nos debería ayudar a recordar cuánta energía y trabajo de artesanos se dilapidó en la construcción de Notre Dame y cuántos bosques de robles se destruyeron para erigirla. Bertolt Brecht preguntaría: “La inmensa Catedral de Notre Dame, ¿quiénes la construyeron? ¿Arrastraron los obispos y pontífices del Vaticano los grandes bloques de piedra”? Pero, no es este el punto que hemos querido resaltar en este artículo. En conclusión, lo de París fue un incendio perfectamente localizado, se controló rápidamente, en gran medida se puede restaurar una parte de lo destruido por las llamas, no hubo ni un solo muerto ni tampoco murieron animales.

 

En contraposición nuestra Amazonia se lleva a cabo un incendio continuado desde hace años, que no ha c, en esado, arrasa millones de hectáreas, destruye ecosistemas, aniquila miles de especies animales y vegetales, arrincona a las comunidades indígenas, pone en peligro el arte rupestre milenario… y todo eso es un resultado del proyecto, consciente y planificado, de quemar la selva. ¿Es que el colonialismo mental no nos deja ver nada de esto? ¿Por qué tiene más precio (que no valor) una catedral de París que nuestros complejos y extraordinarios ecosistemas, con su apabullante biodiversidad y cultura? Por supuesto, entre otras cosas, por la ganancia y el negocio. Mientras que Paris y Notre Dame son un centro del turismo mundial, que deja fabulosas ganancias a los negociantes de la fe, en la amazonia otros negociantes se lucran con la destrucción de la selva y su biodiversidad. Negocios como es usual en el capitalismo, y por eso entidades capitalistas han hecho donaciones, que no tienen nada de filantrópicas, para que siga funcionando el negocio de Notre Dame y de paso evadir impuestos. En este caso el negocio es re-construir, mientras que el negocio en la selva es destruir. Y los dos, aunque no parezca a primera vista, se encuentran íntimamente vinculados, ya que se basan en la lógica capitalista de que hasta el dolor y la muerte que acompañan al fuego pueden convertirse en una fuente de ganancias.

NOTAS 1. La vida que agoniza en cada hectárea. Disponible en: https://sostenibilidad.semana.com/medioambiente/articulo/la-biodiversidad-que-se-pierde-cada-vez-que-se-quema-o-tala-una-hectarea-debosques/43141 2. Palabras de Eugenia Ponce de León, citadas en Ibíd. 3. Palabras de Carlos Rodríguez, citadas en Ibíd. 4. Palabras de Germán Darío Álvarez, citadas en Ibíd. 5. Palabras de Juan Pablo Ruíz, citadas en Deforestación: ¿una política de ocupación del territorio?, abril 2 de 2019. Disponible en: https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/deforestacionuna-politica-de-ocupacion-del-territorio/43647. 6. Jhon Barros, Así lee a Chiribiquete el último chaman de la etnia Matapí. Disponible en: https://semanarural.com/web/articulo/los-secretos-de-chiribiquete-descifrados-por-el-ultimochaman-matapi-/924 7. Palabras de Diego Pedraza, citadas en Diego Camilo Carranza Jiménez, Pinturas rupestres de 12 mil años, en riesgo por incendio en Colombia, 01.03.2018. Disponible en: https://www.aa.com.tr/es/mundo/pinturas-rupestres-de-12-mil-a%C3%B1os-en-riesgo-porincendio-en-colombia/1076664 8. Palabras de Harold Ospino, citadas en Tatiana Pardo Ibarra, “Los secretos de Chiribiquete, nuevo patrimonio de la humanidad”, El Tiempo, julio 1 de 2018. Disponible en: https://www.eltiempo.com/vida/medio-ambiente/chiribiquete-el-parque-mas-grande-de-colombia-ypatrimonio-mixto-de-la-humanidad-238128 9. Así desaparecen más 10 hectáreas de bosque cada hora, octubre 1 de 2018. Disponible en: https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/asi-desaparecen-mas-de-10-hectareasde-bosque-amazonico-cada-hora/41745 10. “Notre Dame: el dolor que unió a la humanidad”, Semana, abril 16 de 2019. Disponible en: https://www.semana.com/mundo/articulo/incendio-en-notre-dame-reconstruccion-y-solidaridadmundial/609597

Fuente: http://www.rebelion.org/docs/255218.pdf

 

"Nos parece clave inspirar y alentar procesos formativos e investigación que tomen como piso y horizonte el desafío de la crisis civilizatoria, en tanto crisis radical y crisis terminal. (...)Se trata de comprometerse con presupuestos filosófico-científicos que colocan como punto de partida de la producción de conocimientos una reflexividad básica sobre la politicidad intrínseca del saber humano (su papel central constituyente en la producción – transformación – legitimación de la realidad), y por consiguiente, sobre la responsabilidad histórica inherente al oficio. (...)

 

La crisis brasileña desnuda la crisis terminal del proyecto moderno hegemónico del «humanismo»; es la crisis del humanismo occidental imperial; el humanismo antropocéntrico; el humanismo propietario y productivista; el humanismo blanco; el humanismo macho-patriarcal-heterosexual… Es la crisis de ese proyecto civilizatorio, de su institucionalidad y de su subjetividad(es)".

 

 

Boletín Onteaiken N° 26 - Noviembre 2018

Presentación

Brasil en crisis:

Un lugar apropiado para

repensar nuestra humusidad.

 

Por Horacio Machado Aráoz

Cuando en la reunión de Abril de este año, en una reunión del Comité Académico del Doctorado en Ciencias Humanas (Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Catamarca), Adrián Scribano, como integrante del mismo, propuso que asumiéramos la coordinación editorial de este número de Onteaiken, (cuyo eje temático, como ya estaba programado, estaría dedicado a Brasil) el desafío no podía resultarnos más que irresistible. Fundamentalmente, por la pertinencia de fondo y la oportunidad específica que el campo problemático planteado evocaba respecto a la propuesta general de este Programa de formación doctoral. Pues, se trata de un proyecto epistémico-político en el que buscamos redoblar los esfuerzos de las ciencias humanas y sociales para abocarlas a comprender y analizar la fenomenal crisis civilizatoria del Proyecto de la Modernidad, así entendida como el elemento central constituyente del momento histórico que nos toca.

Desde el Cuerpo Académico del Doctorado, nos parece clave inspirar y alentar procesos formativos y de investigación que tomen como piso y horizonte el desafío de la crisis civilizatoria, en tanto crisis radical y crisis terminal. Esto es, una crisis cuyas raíces nos remiten a la propia concepción/producción de “lo humano” que la Razón (imperial) Moderna ha consagrado (y fosilizado); y una crisis terminal, pues -con muchas y muchos- consideramos que estamos ante la epifanía del Antropoceno/Capitaloceno como evento límite (Haraway, 2016); lo que nos conmina a afrontar la falacia de la razón proléptica (Santos, 2009) y sus implicaciones. Se trata de presupuestos filosófico-científicos que colocan como punto de partida de la producción de conocimientos una reflexividad básica sobre la politicidad intrínseca del saber humano (su papel central constituyente en la producción – transformación – legitimación de la realidad), y por consiguiente, sobre la responsabilidad histórica inherente al oficio.

La naturaleza de la crisis plantea la inquietud de revisar el devenir moderno hegemónico de lo “humano” como desafío clave para la tarea de las ciencias en nuestros días. Un desafío tal que lo entendemos, no en términos abstractos (pseudo-universales, sería), sino en la especificidad de nuestro contexto, propio y apropiado; vale decir, desde una epistemología de la humildad que parte de reconocerse (siempre) como un saber situado, obligado a lidiar con su incompletud y, a la vez, con (una actitud de responsabilidad por) su potencia. En nuestro caso, asumiendo que, en los orígenes de la Modernidad/Colonialidad, se sitúa precisamente la invención de “América” como locus de la Hybris (sensu Castro Gómez), punto de partida y condición de posibilidad para la irrupción y mundialización de ese proyecto de lo “Humano” hegemónico, esta tarea supone, por un lado, indagar en las particularidades histórico-políticas, en las modulaciones y declinaciones específicas que ese proyecto ha tenido en nuestra bio-región; por el otro, implica también pensar Nuestra América/Abya Yala como lugar de enunciación privilegiado para ver y revisar las fronteras, los límites y las categorías de todo tipo (físicas, jurídicas, estéticas, políticas, geográficas, filosóficas, científicas, disciplinares), desde las cuales ha tenido lugar el proceso de producción del espacio-tiempo que hoy habitamos y que nos habita; y por tanto también, para vislumbrar horizontes otros.

Es en ese registro que nos resulta más que apropiado este convite a pensar, hoy, Brasil. Porque precisamente este Brasil en crisis (la condensación de diferentes espaciotemporalidades abigarradas en el presente, al decir de su gran geógrafo Milton Santos), emerge como síntoma emblemático de la crisis civilizatoria general -radical/terminal de la que partimos. Se nos presenta (lo vemos) como un campo de desafíos epistémico políticos tan vasto, tan rico, con complejidades tan diversas y profundas, como la propia inconmensurabilidad de la geografía y sociobiodiversidad de ese país superlativo, en todo sentido. Nos parece, en particular, necesario indagar en su proceso sociopolítico reciente; un proceso cuya temporalidad queda marcada entre dos acontecimientos históricos simétricamente estremecedores (la elección de Lula en el 2002 y la de Bolsonaro en este mes) pero a la vez extremadamente contrapuestos, en los que el país pasó de la euforia, la felicidad y la esperanza, a una situación como la actual, ya no sólo de frustración y de dolor, sino más bien miedo, y hasta terror generalizado.

Pues efectivamente, la postal predominante de la sociedad brasileña hoy, es la de una sociedad sumida en el terror; escindida por brechas abismales de miedos múltiples atravesados que enfrentan a sus partes. Una sociedad donde han implosionado las inviabilidades políticas gemelas, tanto la de la gubernamentalidad neocolonial del neoliberalismo, como la del proyecto presuntamente alternativo/transformador del progresismo. La crisis de Brasil, es la crisis del capitalismo periférico-dependiente en la fase (terminal) de recolonización neoliberal del mundo. Pero es la crisis también de (lo que se imaginaron como) las alternativas neodesarrollistas a ese lugar subalterno.

La crisis de Brasil es la crisis económica (y ecológica) del “Desarrollo” y es la crisis política (y humanitaria) de la “Democracia”; de sus nociones y principios fundantes (las ideas de Justicia, de Igualdad de Libertad, de Autonomía) y de sus mecanismos, estructuras y actores institucionales.

Estamos en una situación en la que afrontamos la evidencia de la inviabilidad de estas dos promesas de la Modernidad: Desarrollo y Democracia. A distintos niveles, diferentes sujetos/as, en los más variados registros epistémicos, hay un punto de coincidencia articulado en el descrédito absoluto respecto a ambas promesas; descrédito por lo que son y descrédito respecto a lo que pueden llegar a ser. Así, la crisis de la sociedad brasileña es la crisis de una sociedad profundamente descreída y desesperanzada; una sociedad que (sobre)vive en bajo niveles mínimos elementales de fe en sus relaciones e instituciones; en su presente y, menos todavía, en su futuro. Una sociedad donde la vertiginosa expansión del crédito financiero ha minado letalmente el fondo fiduciario de las relaciones interpersonales. Una sociedad donde el enamoramiento con los objetos-de-consumo ha alimentado la generalización del odio entre personas-de-distinta-clase. Como se ve, estamos hablando de algo mucho más profundo y más complejo que una crisis económica (por más terrible que sean los niveles de ajuste, desempleo, indigencia, concentración, etc.) y/o que una crisis política (de representación, de legitimidad, de actores, de instituciones, de la propia posibilidad de hallar bases de sustentación para el ejercicio no ya legítimo, sino aceptable del poder, etc.). Tiene las dimensiones de una crisis radical y terminal. Porque una sociedad donde el odio es la emoción predominante, lo que más intensa y generalizadamente sienten sus integrantes, es una sociedad que está justo en el punto más álgido de di-solución; al borde mismo del abismo(-fascismo). Por esto, en esto, la crisis brasileña se muestra como expresión paradigmática de la crisis civilizatoria.

En su radicalidad, es una crisis teologal: una crisis de la fe, de la esperanza y del amor. O, mejor dicho, es la crisis del capitalismo como religión colonial (Scribano, 2012; 2013). Por supuesto, es una crisis humanitaria; no tanto por las víctimas humanas que provoca (y que son muchas), sino por los efectos de des-humanización que produce la dinámica hegemónica de las prácticas sociales imperantes.

La crisis brasileña desnuda la crisis terminal del proyecto moderno hegemónico del “humanismo”; es la crisis del humanismo occidental imperial; el humanismo antropocéntrico; el humanismo propietario y productivista; el humanismo blanco; el humanismo macho-patriarcal-heterosexual… Es la crisis de ese proyecto civilizatorio, de su institucionalidad y de su subjetividad(es); la crisis de su trasfondo teológico y de su fondo ontológico. Porque es precisamente el colapso de una noción de lo Humano pensado fuera de la Tierra, propiamente deshumanizado, pues hemos perdido memoria sobre lo que somos; hemos olvidado nuestro nombre, de dónde venimos y hasta el significado de nuestra especie. (Y, vale recordarlo, la palabra humano es de origen latín, formada por “humus” que significa “tierra”, y el sufijo “-anus” que indica “procedencia”; humanus: procedente de la Tierra).

En su suelo ontológico, la crisis civilizatoria se resume en eso: es la crisis del Humanismo del destierro; de una especie que -en los últimos cinco o seis siglos- se fue (de)formando como una especie empecinada en renegar de su lugar en el mundo para afirmarse en el estatus del Dominio. Ese prototipo de lo humano moderno-hegemónico, el del conquistador (pero también el del torturador), es lo que ha desencadenado esta profunda, radical y terminal crisis en la que nos hallamos inmersos. Es la crisis no del Humanismos “abstracto”, sino concreto: la crisis del Humanismo latifundiario y esclavista. Por eso mismo, la crisis brasileña actual, remite a las raíces de Brasil (Buarque de Holanda, 1936). Y las raíces de Brasil, remiten a los orígenes del Capitaloceno (Machado Aráoz, 2018).

 

***

Si el término fascismo evoca la implantación de régimen de dominación que se exime ab-initio de cualquier pretensión de justificación, de cualquier auto o heterolimitación, y que se exhibe y se ejerce como pura violencia absoluta, esa forma política no puede germinar en cualquier ecosistema. Sus brotes requieren y se alimentan de un clima de odio tropical. Y es justamente ése el que pareciera estar instalándose como clima de época.

 

Desde las ciencias ambientales hace ya por lo menos 50 años se nos viene advirtiendo severamente de la crisis climática derivada del calentamiento global, como un evento probablemente catastrófico. Pero desde nuestra mirada ecobiopolítica, la crisis climática hace referencia no sólo a los impactos a escala geológica del sociometabolismo del capital, sino también a sus efectos antropológicos; a cómo aquel afecta los capilares más elementales de la sensibilidad humana, y cómo tales trastornos dan lugar a la producción política del miedo y el odio como estados emocionales generalizados y predominantes.

 

En este clima de época parece estar aflorando a nivel global, pero con diferentes intensidades localizadas, lo que nos remite al lugar emblemático del Brasil y al papel crucial que tendrá lo que allí suceda para la suerte del clima global. Sin exagerar, como dijimos, por su tamaño, por su peso geopolítico y ecometabólico y por la intensidad política de los estados emocionales, una porción relevante del curso porvenir de la humanidad se juega en ese país, con nombre del primer ser-objeto de explotación colonial en sus tierrascuerpos (el pau brasil). Empezando por su tamaño, no puede pasar inadvertido que estamos hablando del segundo mayor país en extensión territorial continua del Continente Americano, detrás de Canadá, y el cuarto a nivel mundial; el segundo país en términos demográficos y de PBI a nivel continental y el quinto a nivel mundial (en el año 2011) (Porto Goncalves, 2016). Pero sobre todo, no se puede dejar de mencionar que es el país que tiene la jurisdicción más extensa sobre el bosque tropical más extenso del mundo (la Amazonía), con una superficie que llega a los 5,5 millones de kilómetros cuadrados de lo que hoy, económica y geopolíticamente, aparece como la última gran frontera (de recursos) del capital (sensu Moore, 2013) (Porto Goncalves, 2017). Y por eso precisamente, como gran cantera de materiales, nutrientes, agua, energía y biodiversidad, por los millones de toneladas anuales de bienes territoriales que -vía exportaciones- el Brasil ha venido trasvasando a la cuenca económica del Asia Pacífico, su lugar y función política y ecológica en el geometabolismo del capital es simplemente determinante. La súper-avanzada de la frontera extractivista en el Brasil en las dos últimas décadas ha jugado un papel crucial en estas grandes transformaciones de la acumulación capitalista a nivel mundial: no sólo el desplazamiento del eje geoeconómico desde el Atlántico Norte al Pacífico Sur, sino, sobre todo, la gran transformación y aceleración sociometabólica que está aconteciendo en el interior mismo del “molino satánico” (sensu Polanyi, 1949). Por último, al destacar la intensidad de los procesos ecobiopolíticos del ciclo que se abre con el primer obrero en la historia que llega a la presidencia del Brasil y que culmina con el peligroso ascenso de un exponente ejemplar de la metamorfosis fascista en curso (Traverso, 2018), queremos señalar, al menos, dos aspectos claves para la reflexión y el análisis. Por un lado, respecto del caso específico, la hipérbole que sintetizamos en la fórmula provocativa con la que caracterizamos el ciclo y su desenlace (“siembra extractivismo y cosecharás fascismo”1 ) indica la envergadura de los desafíos políticos que tenemos enfrente; porque más allá de la consabida inviabilidad del neoliberalismo, lo que muestra el proceso brasileño es la profunda defraudación y el fracaso absoluto que -en términos de expectativas emancipatorias- deja como saldo la vía neodesarrollista de los progresismos (del brasileño, en particular, en este caso; pero de los latinoamericanos también en general).

 

Cómo es que un proceso político que fue producto de largo periodo de acumulación de fuerzas populares y de constitución y articulación de sujetos políticos con vocación transformadora (el MST, el PT, la CUT, ETC.), que abrió las más promisorias expectativas de cambio, cómo es que, al cabo de casi tres ciclos de gobierno, el desenlace sea el que tenemos hoy. Sin entender las contradicciones del Brasil del PT, del ciclo progresista en América Latina, será muy difícil salir de este clima de época, donde al calor del odio (clasista, racista, patriarcal, heterosexista) cunde este fascismo póstumo que se cierne sobre nuestras sociedades. Es necesario hacer una hermenéutica de las pasiones humanas para poder comprender los distintos Lulas que coexisten en el líder histórico, pues, como señalara Eliane Brum2:

 

En el caso de Lula, Brasil está sometido a los afectos. Quien odia a Lula, como encarnación de todos los males, solo ve una parte. Y quien ama a Lula, también como acto desesperado para no verse ante las ruinas de un proyecto tan querido, se muestra incapaz de ver la otra parte. Sorprende leer los análisis de la izquierda que creen que se puede escribir sobre el momento negando la corrupción evidente del PT en el poder. E ignorando lo que Belo Monte provocó en la vida justamente de los más desamparados. De la misma forma que sorprende ver a Lula demonizado por gente que se benefició enormemente con su gobierno, un gobierno que no dejó solo a los pobres menos pobres, sino a los ricos más ricos.

 

En segundo lugar, yendo a lo más general, pensar desde las ciencias humanas la crisis de la sociedad brasileña, verla e inquirirla como síntoma emblemático de la crisis humanitaria en la que ha desembocado el proyecto civilizatorio de la Modernidad occidental hegemónica, nos vuelve la mirada hacia aquella dimensión de lo humano justamente renegado por dicho proyecto: el mundo de los afectos; de las emociones y los sentimientos. Ese es precisamente el núcleo del campo de investigación por abierto y propuesto por Adrián Scribano, que nos reúne en la red de trabajo colectivo del Centro de Investigaciones y Estudios Sociológicos (CIES).

 

Desde las perspectivas que venimos trabajando procuramos poner en evidencia cómo aquello que paradigmáticamente la Razón Imperial extirpara de la órbita de lo humano, emerge ahora, con toda claridad, como el filón más complejo y más políticamente sensible donde se juega justamente el destino de lo humano como tarea, como horizonte de realización. Este Brasil en crisis, que nos lleva a repensar la cuestión crucial de la crisis civilizatoria, pone de manifiesto la centralidad que tiene la producción sociopolítica de los estados emocionales como clave para comprender no sólo las dinámicas de estructuración – sedimentación – legitimación de la(s) dominación(es), sino ya, el suelo donde deberemos afrontar el desafío de aprender a cultivar una nueva humanidad; más que eso, a sentir-nos y a vivir como humus que somos.

 

***

 

En este número, tan especial por todo lo dicho, iniciamos el recorrido con el artículo de Fabio Luis Barbosa dos Santos (autor de un libro clave como “Além do PT. A crise da esquerda brasileira em perspectiva latino-americana”, Elefante Ed.) en el que nos propone uma panorâmica general del ciclo de los gobiernos del PT, cuyo análisis se centra en lo que llama “modo lulista” de regulación del conflicto social. Desde ese prisma, nos plantea una lectura crítico comprensiva de una trayectoria que define como el pasaje de un “neoliberalismo inclusivo” hacia el de un “neoliberalismo de expoliación”; de una política de conciliación de clases, a una frontal guerra de clases.

 

En “Do lulismo a Bolsonaro: agonia da Nova República no Brasil”, el autor plantea que, para la elite dominante, el curso de la economía no estuvo en disputa en las últimas elecciones; pues, tanto bajo la modulación utópica de un “neoliberalismo inclusivo” como de la finalmente triunfante vía del “ultraneoliberalismo”, se aseguraban sostener la matriz de su base de dominación. Lo que sí estuvo en juego y queda abierto a la contingencia de los futuros procesos políticos, fue la fachada institucional, jurídica y cultural que sustituirá a la Nova República, definitivamente en disolución.

 

A continuación, el artículo de María Ceci Araujo Misoczky (“Del pacto de clases a la autocracia”) ofrece otra perspectiva, con otros matices del mismo proceso bajo análisis. En este caso, apoyado en los desarrollos teóricos de Luckacs sobre lo político y de Vaisman y Assunção (2016) sobre el politicismo como renunciamiento de la política, la autora ofrece una analítica de la trayectoria del PT en su derrotero de transformismo hacia el Gobierno y, ya en él, en su recaída en el “mito del capitalismo progresista” como clave de bóveda para indagar en sus limitaciones y en los modos de su desenlace.

 

En tercer lugar, siguiendo con esta perspectiva de análisis en clave político, el texto de Elsa Ponce, compañera integrante del cuerpo académico del Doctorado, nos presenta en “El gobierno Lula: notas sobre un sinuoso derrotero”, una mirada desde la perspectiva de dos grandes actores políticos del proceso del PT: el Movimiento de los Sin Tierra (MST) y la Central Única de Trabajadores (CUT). Al respecto, planteando como marco analítico el reinado del pensamiento único en la filosofía política y la correlativa derechización del entorno sociológico contemporáneo, la autora aborda la problemática de la relación compleja entre movimientos sociales, partido y gobiernos a la luz de lo que valora como un claro proceso de cooptación y de aplanamiento de la movilización social contestataria, en el caso del Brasil del PT.

 

En cuarto lugar, les lectores encontrarán el artículo de Ana Paula Dávila y Pedro Robertt, titulado “As transformações das relações de trabalho no Brasil recente: incerteza e desregulação irrestrita”, que justamente pone el foco en los regímenes de regulación de las relaciones laborarles en los últimos cincuenta años del Brasil, más bien para dar cuenta de los desafíos y amenazas que se ciernen en el actual contexto sobre el ya precario sistema de protección laboral vigente en el Brasil.

 

Seguidamente, nuestro texto “El Brasil del PT. Ecología política de una frustración”, procuramos presentar una crítica de las imbricaciones a nuestro juicio existentes entre neoliberalismo, progresismo y extractivismo como clave para analizar un ciclo cuya trayectoria se presentó como una gobernanza racional, pero que se ejerció como extractivismo pasional y que desembocó en el actual estado de odio visceral predominante en la sociedad brasileña.

 

Por su parte, Mariano Féliz y Daiana Elisa Melón en “El PT y la razón subimperialista. El capital brasileño y la integración suramericana en los 2000” presentan una perspectiva que parte de la crítica de la economía política como clave de lectura de la política regional del PT. Partiendo del concepto de “subimperialismo” propuesto por Marini, les autores analizan el papel de la Iniciativa para Infraestructura de Integración de la Región Sudamericana (IIRSA) en la centralidad del capital financiero para la política semibonapartista del PT al interior del país, y su objetivo de lograr expandir su control sobre territorios y recursos estratégicos de la región.

 

Finalmente, este número se completa con entrevistas a dos pensadores claves y agudos analistas de la realidad y los procesos sociopolíticos regionales, como son Raúl Zibechi y Maristella Svampa; ambas realizadas por integrantes del Equipo de Investigación de Ecología Política del Sur (CITCA-CONICET-UNCA).

 

En el caso de Raúl Zibechi, lo sabemos, se trata de alguien que ha seguido muy de cerca y desde abajo -como es su costumbre- el proceso brasileño; un primer aporte sobre el proceso de gubernamentalización del PT nos lo ha brindado en su libro “Brasil Potencia”, de 2013, y que hemos tenido como trasfondo de la conversación. Allí ya señalaba dos aspectos que él considera centrales para comprender el temprano abandono de la vocación siquiera reformista del PT en el gobierno: el proceso de burocratización-cooptación de los cuadros militantes más promisorios de las organizaciones y movimientos sociales; y la articulación subordinada del PT como núcleo de gestores de las pretensiones subimperialistas de la élite brasileña. Ahí mismo, Raúl nos ofrece lo que, a su juicio, fue el acto fallido de esas pretensiones, su ‘talón de Aquiles’, que nosotros resaltamos a modo de título de la conversación: “Un país que se basa en la exportación de comoditties no puede salir de la periferia de ningún modo”.

 

A modo de cierre, nos ha parecido más que apropiado contar con el análisis general e integrador de Maristella Svampa, cuya trayectoria no merece presentación y que en los últimos años nos ha venido brindando textos, conceptos y categorías fundamentales para analizar y pensar críticamente los procesos sociopolíticos regionales. En esta oportunidad, teniendo como telón de fondo los desarrollos planteados en su libro “Del cambio de época al fin de ciclo. Gobiernos progresistas, extractivismo y movimientos sociales en América Latina” (Edhasa, 2017), la conversación ha tenido como uno de los principales ejes, la deriva de derechización de los gobiernos progresistas, que desde una expectativa de transformación posneoliberal, fueron finalmente incurriendo en las remanidas modalidades de los populismos latinoamericanos. La obsesión desarrollista y la incapacidad para (re)pensar los desafíos emancipatorios en claves de descolonización, despatriarcalización y sustentabilidad fuerte aparecen, en este cuadro, como los límites a afrontar/transformar en pos de la renovación de las izquierdas en la región.

Referencias: (…)

Fuente: http://onteaiken.com.ar/ver/boletin26/onteaiken26-00-presentacion.pdf

 

 

Nos interpela, a los diversos de abajo sin fronteras, el "imperativo que se geste cuanto antes una justicia social y ambiental en armonía con la naturaleza. No sólo en interés del beneficio humano. Hacen falta, por tanto, unas nuevas o renovadas cosmovisiones que hagan parte a los seres humanos de la naturaleza, de un modo similar a las observadas en todos los pueblos originarios que han mantenido un estrecho vínculo con su entorno, sin que ello se interprete como una regresión utópica automática sino como la necesidad de emprender un nuevo rumbo civilizatorio, diferente en mucho (o en todo) al existente".

 

 

Crisis económica y crisis ecológica:

manifestaciones de una crisis civilizatoria global

13 de abril de 2019

 

 

Por Homar Garcés (Rebelión)

 

Expuesta a una vulnerabilidad ascendente y extrema, a la humanidad entera se le plantea actualmente resolver con diligencia y sensatez los graves problemas de contaminación ambiental causados -principalmente- por el sistema capitalista. Algo que no se podrá obviar aunque sus apologistas afirmen todo lo contrario. La prueba es el cambio climático (más bien, la catástrofe climática) que amenaza con barrer todo vestigio de vida sobre la Tierra. Esto, no obstante, es reiteradamente negado por sus principales beneficiarios -representados por las grandes corporaciones transnacionales que explotan recursos naturales de una diversidad de naciones y controlan a su antojo el mercado internacional capitalista- haciendo creer que todo ello es normal y es el precio que se ha de pagar para alcanzar y disfrutar las bondades del progreso.

Mientras algunos dirigentes políticos, algo más conscientes que otros, probablemente presionados por la opinión pública, consideran que sólo bastan algunas regulaciones acordadas por los gobiernos, al estilo del Protocolo de Kioto o la Convención sobre Cambio Climático, otros hacen gala de una completa ignorancia respecto a dicho tema, cuyo ejemplo más inmediato es el presidente Donald Trump. Posiciones que no ayudan a definir con mayor claridad el meollo de este delicado asunto, dejándolo en un segundo plano. En este caso, la solución implica una revolución en términos absolutos que transforme por completo el modelo civilizatorio actual, el cual -no está de más recordarlo- se basa en la lógica capitalista y crea un cúmulo de contradicciones y de relaciones de poder que pone en constante tensión a la mayoría de los ciudadanos, afectados, directa e indirectamente, por éste. 

Tal como lo denota Win Direckxsens en La transición hacia el postcapitalismo: el socialismo del siglo XXI, “el incremento en la velocidad de la rotación del capital significa una intensificación en la explotación de recursos naturales. El ritmo de reproducción de capital supera cada vez más el ritmo de reproducción en la naturaleza. Esta tendencia se desarrolla a costa de la naturaleza y en detrimento del medio ambiente, algo que ya se manifiesta a gritos a partir de los años setenta”. Como se ve comúnmente en el caso de las naciones sudamericanas que comparten la variada y rica extensión territorial de la Amazonía (presevada desde hace siglos por los pueblos originarios que la habitan), la cual es blanco de la mirada codiciosa de las grandes corporaciones transnacionales por la biodiversidad y la gran porción de recursos minerales estratégicos que alberga, todos indispensables para la continuidad del estilo de vida consumista de Occidente, causante principal del alarmante deterioro medioambiental sufrido a escala mundial.


Para muchos analistas, la crisis económica a nivel global se revela paralelamente con la crisis ecológica suscitada, de un modo general y constante, por el capitalismo, lo que conduciría, a su vez, a entablar un serio cuestionamiento de lo que representa el modelo civilizatorio actual para la sobrevivencia de todo género de vida en la Tierra. Es vital comprender que el sistema capitalista es víctima de la paradoja de no poder no expandirse; es decir, si éste permanece estable, se estanca y muere, cuestión que no importara mucho si la misma no representara un holocausto general, de incalculables proporciones. Es imperativo que se geste cuanto antes una justicia social y ambiental en armonía con la naturaleza. No sólo en interés del beneficio humano. Hacen falta, por tanto, unas nuevas o renovadas cosmovisiones que hagan parte a los seres humanos de la naturaleza, de un modo similar a las observadas en todos los pueblos originarios que han mantenido un estrecho vínculo con su entorno, sin que ello se interprete como una regresión utópica automática sino como la necesidad de emprender un nuevo rumbo civilizatorio, diferente en mucho (o en todo) al existente. 

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=254772